Cuadernos del Sur

Sociedad Economía O Política

num» ii

MAGUI BELLOTTI: 1934/1939 El feminismo [y El movimiento de Mujeres

1‘ GUILLERMO GIGLIAÑI: La. Economía Política de AlfónSín (1983/ 1989): ¿Ajuste o Modernización? f EDUARDO LUCI-TA: 1984/1989 Reestructuración del Capital y Reorganización de los trabajadores > f f MICHAEL LOWY: Notas. sobre la recepción del marxismo en Amé- rica Latina f ALEJANDRÓ DABAT-MIGUELA .RIVERA RIOS: Los

cambios tecnológicos en la economía, las exportaciones de los países semi-

industrializados f DANIEL GUERIN: Burgueses y “Sans -Culottes”, La

revolución permanente en la revolución francesa.

Tie rrefiurw

Cuadernos del Sur

Número 10 I Noviembre de 1989

CONSEJO EDITORIAL Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto J. Pla / Carlos Suárez

MéXico LA lejandro LDabat / Adolfo. Gilly José Maria Iglesias (Editor)

Italia: Guillermo Almeyra

Brasil: Enrique Anda

Francia: Hugo Moreno

Perú: Alberto Di Franco

El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residen tes en Argentina.

Publicado por Editorial Tierra del Fuego

Número 10

Argentina - Noviembre de 1989

Toda correspondencia deberá dirigirse: En Argentina:

Casilla de Correos No 167, 6-B, C.P. 1406 Buenos Aires - Argentina

En México:

EDITORIAL TIERRA DEL FUEGO Nebraska 43-402

México, 03810 - D.F.

CUADERNOS 'DEL SUR lO

COMITE EDITORIAL:

MAGUI BELLOTI'I:

GUILLERMO GIGLIANI:

EDUARDO LUCITA:

MICHAEL LOWY:

ALEJANDRO DABAT MIGUEL A. RIVERA RIOS:

DANIEL GUERIN:

INDICE

Seis años en democracia: 1984/1989 diez números

de Cuadernos ¿del Sur? e.

1984/ 1989 El Feminismo y el Movimiento de mujeres

La economía política de Alfonsín

11

(1983/1989): ¿Ajuste o modernización? 43

1984/1989 Reestructuración del Capital y reorganización de los trabajadores

Notas sobre la recepción del marxismo en América'Latina

Los cambios tecnológicos

en la economía mundial

y las exportaciones

de los países semiindustrializados

Burgueses y “Sans-Culottes”, La revolución permanente en la revolución francesa.

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4 NOVIEMBRE 1989

Nuestro lema debe ser, pues: reforma de la conciencia, no por medio de dog- mas, sino mediante el análisis de la con- ciencia” que no se ve con claridad a misma, o" se presenta en forma religiosa o política. Se revelará entonces que el mundo tiene desde hace mucho tiempo el sueño de una cosa. . .

K. MARX, de una carta a Ruge enviada desde Kreutznach. (Septiermbre de 1843)

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SEIS AÑOS EN DEMOCRACIA 1984 - 1989 DIEZ NUMEROS DE CUADERNOS DEL SUR

Cuando en el marco de la apertura política de 1982 un grupo de compa- ñeros que cargábamos un bagaje de distintas experiencias político-militan- tes —pero que teníamos en común compartir los exilios, el externo y el in- temo- comenzamos a discutir, aún ala distancia, la posibilidad de reorga- nizar el espacio teórico-político, destruido en nuestro país por el avasalla- miento dictatorial y carente de formulación por la fragmentación e insufi- ciencia delas izquierdas, no éramos totalmente concientes de las dificulta- des a enfrentar. Dificultades para pensar la realidad, para indagarla con in- dependencia de forzadas homologaciones con otras precedentes y acciónar sobre ella sin sumisión a los modelos que la doctrina había congelado.

Cuadernos del Sur se formuló, y refonnuló, en ese escenario, buscan- do realizar y al mismo tiempo inducir una reflexión amplia sobre el marxis- mo como cuerpo teórico y la realidad, que partiendo del contexto mundial contemporáneo, se ubicara en el espacio nacional y latinoamericano. Un es- pacio habitado por tendencias universales pero que incorpora rasgos y pe- culiaridades específicas, que conforman esa unidad en la diversidad de las formaciones sociales que lo componen.

Una lectura incompleta del país post-dictatorial, y viejos modelos de pu- blicaciones se superponían, enturbiando más que aclarando nuestras discu- siones. El tiempo nos mostraría que sólo intuíamos la profundidad de las mutaciones operadas en nuestra sociedad, que no conocíamos la demanda de lectura que esta contenía, y que la tarea primera, con la continuidad y pe- riodicidad necesarias, devendría en la construcción del lector.

La situación abierta a partir del 10 de diciembre de 1983, la irrupción dc

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las formas democráticas de gobierno facilitaron el proyecto, y la recupera- ción de las libertades públicas y el libre ejercicio de la pluralidad y el dicen- so viabilizaron el incipiente debate y el proceso de reflexión buscados.

Seis años después, y no sin contratiempos, el régimen ha logrado cubrir sus objetivos formales: transferir el mandato presidencial en cl marco de la Constitución y delas instituciones parlamentarias. Sin embargo las refor- mas democráticas en la sociedad civil y en la política no fueron parejas. Las esperanzas de cambios y reformas puestas en una democracia ampliada y con contenidos, depositada por millones de ciudadanos en el ’83, los cam- bios operados en la vida cotidiana, no tuvieron su correlado en la esfera de la sociedad política.

De la denuncia a las corporaciones y el fortalecimiento del régimen de partidos se continuó en alianza con aquellas primero y la ruptura del siste- ma de mediaciones ahora; del enfrentamiento a la crisis económica ala a- lianza con los grandes grupos primero y a la pérdida del control del Estado ahora; del juzgamiento a las Juntas y el juicio a cientos de militares compro- metidos en la represión y la tortura, ala “obediencia debida” y el “punto fi- nal”, y el indulto presidencial ahora... Es. que sólo se intentó operar desde la “autonomía de lo político”, sin siquiera intentar tocar las bases materia- les dela sociedad.

Precisamente uno de los rasgos dominantes del período fue la capacidad demostrada por el gran capital nacional para imponer sus condiciones. Incrementó el grado de concentración económica, bajó el piso del nivel de vida de las grandes masas populares y culminó con una fuerte ingerencia en la gestión política, definiendola continuidad del curso general de la política económica inaugurada en 1976.

En todos estos años los nuevos demócratas de izquierda elaboraron pro- fusas teorías acerca de la “transición a la democracia”, obviando lo inocul- table y sabido: que el régimen democrático no es otra cosa que una forma política de control social por parte de las clases dominantes. Al cabo de es- te período la transición reveló. su falacia: hoy conocen que la democracia es en cada momento, lo que es la reclación de fuerzas sociales en cada momen- to.

En este contexto la materialización de nn proyecto como Cuadernos del Sur, confiado enla capacidad removedora de las ideas y posicionado en la perspectiva del socialismo, constituye un intento de reflexión acerca de las actuales condiciones de nuestras sociedades y la recreación de la utopía so- cialista, transformadora de conciencias y realidades.

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Más aún cuando para nosotros este proyecto no podia quedarse en- la pro- pagandización del socialismo como forma superior de organización econó- mica, sino que debía incorporar con fuerza propia la cuestión de la demo- cracia, no sólo porque en ella el movimiento obrero encuentra mejores con- diciones para: saldar sus luchas en conciencia y organización, sino porque a la luz de los resultados en los países del llamado “socialismo real” esta se convierte en determinante para la construcción de las nuevas sociedades fu- turas.

La necesidad de precisar el perfil de la publicación nos llevó adefinir un estilo de los artículos y un criterio de selección de los mismos. Finalmente nos orientamos preferentemente en la búsqueda de ensayos y artículos pro- ducidos localmente para larrevista y a la reproducción. de textos elaborados en el exterior, que estimularan el debate y cubrieran el vacío de información existente.

La conjugación en esta revista de distintas individualidades, geográfica- mente dispersas —como lo muestra-nuestro Consejo Editorial—. constitu- un esfuerzo colectivo, por encima de nuestros debates y discusiones, por reenlazar la dispersión Argentina producto de los avatares de nuestra histo- ria política. Al mismo tiempo que nos ha permitido sumamos a ese arco múl- tiple formado por quienes, en estos tiempos y en distintas regiones del mun- do, unen sus esfuerzos de investigación, reflexión y diálogo para superaran- tiguos hábitos, y los rasgos de rigidez, retraso e intolerancia de un pensa- miento que llegó a ser convertido en dogma por las distintas instituciones que lo corporizan.

Así hemos ido concertando distintos tipos de colaboración, canje e in ter- cambio de materiales con: New Left Review, de Gran Bretaña; Critiques de la Economique Politique, Mensuel, Marxisme, Mouvement y Sous le Dra- peau du Socialisme, de Francia; Against the Current y Socialist Review,,de Estados Unidos; Cuadernos Políticos, Nexos y Brecha —Teoría y Política y Coyoacán- de México; Lua Nova Teoría y Debate de Brasil; y las-más jóvenes Trabajo y Capital, de Uruguay y Aguafuerte de nuestro país.

Combinando aciertos y desaciertos las páginas de estos diez primeros nú- meros han dado cabida a un abanico de temas sociales, económicos, políti- cos y culturales de actualidad en la Argentina y en el mundo: golpismo y mi- litarismo; modernidad y revolución; ecología y feminismo; política y eco- nomía en la crisis mundial y en América Latina; crisis y salud; innovación tecnológica y clase obrera; crisis política y movimiento social; la fábrica moderna y las transformaciones de los espacios productivos; elecciones na-

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cionales y sindicales; arte y sociedad; la izquierda en la Argentina y en América latina; democracia, perestroika y socialismo; cuestiones del mar- xismo contemporáneo...

Esta enumeración no cubrió nuestras expectativas; seguramente tampo- co las necesidades de los lectores, pero para una publicación independien- te, celosa de su autonomía, que no está amparada por ninguna institución ni sostenida por ninguna fuente de financiamiento —cuando este pareciera ser hoy el motor de toda iniciativa- que sólo se mantiene por la voluntad del núcleo que la edita y-por los hombres y mujeres que la circulan, la promo- cionan y la adquieren, no deja de ser un logro.

Una publicación así expresa un proyecto, que en última instancia es el que sus artículos y sus lectores le confieran ser, y es en función de este pro- yecto y en su continuidad que debe balancearse su existencia. Su desarro- llo, en el marco de la profunda crisis del capitalismo local, es en definitiva el proyecto mismo.

Para el pensamiento, como para las sociedades y los individuos, asumir la crisis significa asumir y agudizar la propia capacidad crítica. Si el socia- lismo ha de ser crítico —y sino no será socialismo— debe serlo también so- bre sus propias obras y pensamiento. Esa capacidad crítica, conquista his- tórica de la humanidad, es el punto de partida de cualquier empresa intelec- tual. Lo es también de Cuadernos del Sur.

Esta premisa, nos ha permitido constatar que las distintas contribuciones personales y grupales provenientes del marxismo —o, si se prefiere, de las distintas corrientes y escuelas del marxismo— en las últimas décadas con- firman, en áspera controversia, la persistencia de la savia teórica con que si- guen alimentándolo las herramientas conceptuales que lo configuraron.

Si acordamos con Marx en que las grandes crisis son reveladorasde lo que estaba oculto, y que exponen en toda su profundidad la suma de contra- dicciones de la sociedad capitalista, la etapa inaugurada en la Argentina el 8 de julio de 1989 presentará nuevos desafíos a los que Cuadernos del Sur desde su modesto espacio espera poder responder en los próximos diez nú- meros. Será hasta entonces.

Comité Editorial Buenos Aires, Noviembre 1989

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1984/ 1989: EL FEMINISMO Y EL MOVIMIENTO DE MUJERES

Magui Bel‘lotti

I - Los aportes del feminismo

La percepción de la desigualdad social entre los sexos y el emerger de las mujeres como sujetos sociales, .no son fenómenos nuevos.

Lo que tiene de original el feminismo de los siglos XIX y XX —y espe- cialmente la llamada “segunda ola”1— es la elaboración de un método de a- nálisis y el desarrollo de un conjunto de conceptos que permiten hablar de la existencia de una teoría-feminista.

No es propósito de este artículo abarcar la diversidad de corrientes y los constantes debates que forman parte de la vida de este movimiento. Sólo nos limitaremos aseñalar brevemente algunas de las ideas fundamentales.

Salvo la aparición en los últimos añosde una tendenciadenominada “fe- minismo de la diferencia”, es un tema común a las distintas corrientes, el cuestionamiento del naturalismo, que pretende explicar la desigualdad se- xual en términos de características naturales.

La distinción entre sexo y género aporta en ese sentido. Mientras el se- xo alude a los atributosbiológicos, el género refiere a una construcción so- cial, a un conjunto de atribuciones psico-sociales que definen la femeneidad y la masculinidad.

Gayle Rubin habla del “sistema sexo/género”, definiéndolo como “el conjunto de disposiciones porel que una sociedadtransforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, yen. el cual se satisfacen

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esas necesidades humanas transformadas”-

Este concepto no señala por mismo la existencia de una jerarquía cn- tre los géneros masculino 'y femenino. En teoría, un sistema sexo/género puede ser de predominio femenino o masculino o igualitario.

El término patriarcado tiene la ventaja de precisar esta cuestión.

El patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales, que se caracteriza por la dominación que los hombres ejercen sobre las mu- jeres.

Este concepto presenta en la literatura feminista una gran variedad de si g- nificados, que remiten a distintos puntos de vista acerca de las bases que sus- tentan la opresión de las mujeres.

Mientras que algunas corrientes del feminismo marxista y el feminismo radical materialista“ buscan bases materiales como raíz de la subordinación, otras prefieren ubicarla en un plano ideológico, ya sea como poder simbó- lico de los padres (Juliet Mitchell) o como un conjunto de ideas y represen- taciones materializadas.

Pero sea cual fuere la óptica que privilegiemos, el empleo de este ténni- no nos remite al poder masculino o a un sistema de predominio masculino, que permite a los hombres como grupo social controlar el trabajo, la repro- ducción y la sexualidad de las mujeres.

Claro está que dentro de las sociedades patriarcales actualmente existen- tes, las relaciones entre los hombres tampoco son igualitarias. Se establecen entre ellos formas de explotación y de poder. Pero coincido con Heidi Hart- mann cuando señala que “están unidos para compartir su relación de domi- nación sobre las mujeres”?

El sostenimiento del poder patriarcal requiere de una política sexual es- pecífica, que permita presentar como natural e inevitable la opresión de las mujeres.

Si bien las normas de esta política varían según las épocas y países, pre- sentan como rasgo común la inferiorización femenina.

La definición del sexo como categoría política alude a esta situación.

La posibilidad de mantenimiento de estas relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres, radica tanto en la obtención del consenso de las oprimi- das como en el ejercicio de la violenciaó.

El consenso se logra cn virtud de la socialización genérica, que nos ins- taura en la femeneidad y nos hace considerar como esenciales aspectos de nuestra personalidad y del mundo de relaciones que son producidos por

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una educación y un bombardeo ideológico sistemáticos.

La violencia, ejercida realmente (en forma de golpes, violaciones, psi- quiatrización de las que escapan de los límites de la femeneidad, etc.) o in- teriorizada como terror paralizante, produce también efectos de consenso, además de su utilidad para castigar las transgresiones.

Estas relaciones de poder entre los sexos se desarrollan en todos los ámbitos de la Vida. Pero las características propias de la opresión fe- menina han permitido desenmax. "arar el poder en una esfera aparentemen- te neutra desde la perspectiva qt... z ubica a la política como el reino de lo pú- blico.

Hablar de opresión cuando nos referimos a la vida privada, a la sexuali- dad, alas relaciones afectivas, a la reproducción, implica colocar estas cues- tiones en el terreno dela política.

Esta politización de lo privado, unida a la comprensión de que la situa- ción de las mujeres en esta esfera condiciona su ubicación en otros ámbitos, ha ampliado y redefinido el campo de la política.

La opresión de las mujeres no es una realidad estática, siempre igual a misma. No sólo existen diferentes formas históricas .de sociedades patriar- cales, sino también una resistencia individual y colectiva 'que las mujeres han opuesto durante siglos.

El movimiento feminista actual expresa los diversos modos con que hoy se desarrolla esa resistencia.

II - El feminismo como fenómeno social

Si bien el objetivo de este artículo es realizar un balance de los años ochenta y especialmente de la etapa democrática, resulta necesario hacer al- gunas referencias al feminismo en los años setenta, pues el resurgimiento de esta “segunda ola” en Argentina ha condicionado y permitido el desarrollo posterior.

1 - Los años setenta: el resurgimiento del feminismo7

Al comenzar de los años setenta, surgen en Buenos Aires varios grupos feministas.

Su actividad se centra en la reflexión grupal de las experiencias indivi- duales (los llamados grupos de autoconciencia‘), en las lecturas de la litera-

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tura feminista que comienzaa llegar de lospaísescentrales, en la realización de conferencias, debates, películas .y de denuncias públicas sobre diversas manifestaciones de la opresión femenina e incluso de medidas gubernamen- tales que afectan a las mujeres”.

El grupo de mayor importancia numérica de ese período fue UFA (Unión Feminista Argentina), pero florecieron varios más, como el MLF (Movimiento de Liberación Femenina), ALMA (Asociación para la Li- beración de las Mujeres Argentinas), y una editorial feminista: Nueva Mu- jer, que llega a publicar dos libros: “Las mujeres dicen basta” y “La mito- logía de la femeneidad”. El MLF, a partir de 1974, edita la revista “Per- sona”.

EstOs grupos expresan mayoritariamente posiciones del feminismo radical que se estaba desarrollando en Estados Unidos y Europa, aun- que con particularidades determinadas por la situación local. Sin embargo, en algunos se evidenciaba la influencia del feminismo marxista o socialis- tam.

Asimismo, se forman agrupaciones ligadas a‘ partidos políticos, especial- mente al FlP (Frente de Izquierda Popular) y al PST (Partido Socialista de losTrabajadores)‘, antecedente inmediato del actual MAS (Movimiento al Socialismo), que: Se proponían desenvolver corrientes llamadas del “femi- nismo popular” en el primer caso o que intentaban ligar la opresión de gé- nero a la lucha de clases en el segundo.

Estas ligazones con “lo nacional” o con la “lucha de-clases”, resultaban aún bastante precarias y con predominio de estos últimos términos sobre las posiciones feministas. Sin embargo,- la agrupación ligada al FIP: el MOFEP (Movimiento Feminista Popular),cambia en 1975 su nombre por el de CES- MA (Centro de Estudios Sociales de la Mujer Argentina), por considerar que el término “popular” era restrictivo, ya que concluyen que la opresión abar- ca a mujeres de todas las clases sociales.

Surgidos en una épocade grandes luchas sociales, estos grupos no pudie- ron sustraerse a las mismas. Los enfrentamientos internos entre quienes pri- vilegiaban la opresión de género y las que ponían el acento en las luchas na- cionales o de clases, no se definían a niveles de un debate teórico sobre las distintas corrientes, sino en términos de participación o no en huelgas o ma- nifestaciones.

En 1975, Año Internacional de la Mujer, declarado tal por las Na- ciones Unidas, mujeres de partidos políticos organizaron un Congre- so en el Teatro San Martín, inaugurando la Década de la Mujer. Las feministas que intentaron asistir fueron prácticamente sacadas a em- pellones.

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Precisamente en ese año se fOrmó el Frentede Lucha por la Mujer (FLM), constituido por feministas de- grupos autónomos y de partidos políticos, cón- un programa de 10 puntos“.

La acción de las formaciones paramilitares de extrema derecha, que lle- garon a amenazar a una feminista, y el posterior golpe de Estado del 24. de marzo de 1976, lleva a la disolución de las agrupaciones.

2 - Los primeros años de la Dictadura

En los primeros años de la Dictadura, el encuentro entre feminis- tas se produce en pequeñas reuniones de reflexión o de estudio que se rea- lizan en casas particulares y con bastante reserva y selección de las participantes.

Entre 1976 y .1979, sólo logra mantenerse el Centro de Estudios Socia- les de la Mujer Argentina, ligado al FIP, Se forman dos nuevas agrupacio- nes: AMA (Asocíación de Mujeres Argentinas), en 1977, constituida por mujeres del FIP-Corriente Nacional y otras sin militancia partidaria. Luego, en 1978, se transforma en AMAS (Asociación de Mujeres Alfonsina Stor- ni). En ese año, surge en Córdoba la Asociación Juana Manso.

Las condiciones políticas de ese momento no facilitaban la expresión pú- blica de corrientes más radicalizadas. De todas maneras, la acción de las a.- grupaciones mencionadas no iba más allá de reuniones de discusión yrefle- xión y la realización de alguna charla.

En 1979 se crea el CEM (Centro de Estudios de la Mujer), un espacio a- cadémico formado especialmente por mujeres psicoanalistas. Tiene la es- tructura interna de una asociación civil y no se define claramente como fe- minista, aunque lo son la mayoría de sus integrantes y su producción teóri- ca tiene una clara orientación en ese sentido.

También en ese año aparece la Unión de Mujeres Socialistas, ligada a la Confederación Socialista Argentina y presidida por Alicia Moreau de Justo.

3 - Los años Ochenta

Los ochenta son los años del desarrollo del feminismo como movimien- to mundial.

En Argentina, aún existe la Dietadura, pero ha pasado la etapa más du- ra de la represión.

Con escasos contactos internacionales, y sin acceso a la nueva literatu-

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ra feminista ni a las experiencias que se están desenvolviendo en Latinoa- mérica y en el resto del mundo, el feminismo argentino retoma la actividad púbhca.

El eje reivindicativo que elige se inscribe en la ampliación de los derechos civiles, parcialmente logrados con las reformas al Código Civil de 1926 y 1968. Se trata de la modificación del régimen de Patria Po- testad, que otorgaba derechos en relación alos hijos solamente al padre. Se solicita que le sean también concedidos a la madre. En la segunda mitad de 1980, se inicia así la Campaña por la Reforma del Régimen de Patria Potes- tad.

Pese a la tibieza del reclamo, esta campaña dura, con diversos protago- nistas, hasta 1985, en que el Congreso Nacional sanciona la modificación le- gal y establece la patria potestad compartida.

En ese mismo año comienza a publicarse la revista TODAS , en la que in- tervienen mujeres feministas ligadas al socialismo y otras independientes.

En 1981, nace OFA (Organización Feminista Argentina), un grupo de fe- ministas radicales que se organiza sobre las mismas bases ideológicas del MLF y con varias de las que fueron sus integrantes. Ya el año anterior ha- bían recomenzado la edición de la revista"‘Persona”

Por la misma época surge LIBERA, que se reúne alrededor de la lectura de teóricas feministas, realiza un grupo de reflexión y otras actividades in- ternas e interviene en tareas comunes con otras-agrupaciones. Se disuelve en 1985.

Asimismo, se organiza DIMA (Derechos Iguales para la Mujer Argen- tina), con objetivos de lograr reformas en el terreno legal.

El 8 de- marzo de 1982 se presenta un nuevo grupo: ATEM (Asociación de Trabajo y Estudio de la Mujer) “25 de Noviembre”, con un volante que reparte en los dos actos que se hacen para el Día Internacional de la Mujer: uno en el local del CEM y otro en CESMA.

El 27 de abril de ese mismo año, la agrupación inaugura sus aCtividades con una reunión de mujeres y comienza a formar comisiones de estudio y re- flexión feminista.

La fecha elegida como parte de su nombre lo vincula al feminismo lati- noamericano: el 25 de noviembre había sido declarado por el Primer En- cuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe —Bogotá, 1981— el “Día Internacional contra la Violencia Social, Sexual y Política que se ejer- ce sobre las mujeres”, en homenaje a las tres hermanas Mirabel, torturadas y asesinadas por la dictadura trujillista en 1960. También marca su preocu- pación por sacar a luz la cuestión de la violencia sobre las mujeres.

CUADERNOS DEL SUR lO 17

Desde sus comienzos, el grupo apoya al Movimiento de Derechos Huma- nos, interviniendo en las marchas, dándole espacio en las Jornadas que or- ganiza y discutiendo los problemas vinculados a la represión y a la lucha an- tidictaton'al.

Estos dos ejes: la violencia contra las mujeres y la vinculación con la lu- cha antidictatorial y por los derechos humanos, le da a la agrupación desde sus comienzos un perfil diferenciado en relación a los grupos anterio- res, aunque recoge buena parte de su experiencia: el acento puesto en la o- presión de género,‘ la defensa. de la autonomía y la organización horizontal.

Publica una revista feminista: “Brujas”, en cuyo número 3 el grupo se de- clara antiimperialista. Organiza jornadas anuales, charlas, talleres e inter- vienen en la segunda etapa de la Campaña de Patria potestad, junto con O- FA y Reunión de Mujeres”. Con estos grupos, el CEM, Libera y la Libre- ría de la Mujer, realizan el 8 de marzo un acto por el Día Internacional de la Mujer en el Teatro Bambalinas.

Alrededor de 1982, se crea una Librería de la Mujer, que luego de dos o tres años deja de funcionar por razones económicas.

En octubre de ese año, DIMA realiza un Congreso: “La mujer en el mun- do de hoy”.

El 6 de noviembre, tiene lugar la Jornada sobre Mujer y Familia organi- zada por Atem y Cesma, en la que se resuelve retomar la campaña por la Pa- tria Potestad, que se reinicia el 8 de marzo de 1983 con recolección de fir- mas en las calles.

En agosto de 1983, ve la luz una institución formada mayoritariamente por mujeres feministas; LUGAR DE MUJER. Se propone constituir —co- mo su nombre lo indica- un lugar donde puedan concurrir las mujeres. Or- ganizan talleres, charlas, grupos de reflexión, etc., tienen un bar y suelen ex- hibir en su biblioteca publicaciones feministas.

Este proyecto atrae a- una cantidad importante de mujeres, que concurren a las actividades y se asocian a la institución, que logra así autofinanciarse por más de dos años.

La agrupación no se define originariamente como feminista, aunque con posterioridad resuelven que se trata de una asociación “con orientación fe- minista”. Incorporan asesoramiento jurídico, psicológico y sexológico y re- ciben gran cantidad de visitantes extranjeras, que difunden las ideas del fe- minismo.

En la segunda mitad del año 1983, a raíz de la muerte de Mabel Adria- na Montoya, una joven de 18 años quese arroja desde un 4Q piso para evi-

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tar ser violada, se forma el Tribunal de Violencia contra la Mujer, que se o- cupa de denunciar públicamente este hecho. Inicialmente constituido por O- FA, ATEM y Reunión de Mujeres, luego se retiran los dos grupos mencio- nados en último término y continúa sólo OFA, quien recibe eventuales apo- yos de otras feministas. _

La separación de las dos agrupaciones se debió a_ la imposibilidad de res- ponder a los múltiples reclamos de asistencia que despertó la actividad de denuncia. Se llegó a la conclusión que tal iniciativa requería de la existen- cia de servicios de apoyo para mujeres golpeadas y violadas. De lo contra- rio, se corría el riesgo de producir una mayor. frustración.

4 - Los años de la democracia

A partir del gobierno democrático, la posibilidad de abrir nuevos ámbi- tos de actuación y de opinión, repercute en el movimiento feminista y co- mienzan a florecer nuevos proyectos.

A fines de 1983 se organiza la MULTISECTORIAL DE LA MUJER, pa- ra conmemorar el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 1984. Si bien no se trata de una organización feminista, la mencionamos aquí por la importancia que tuvo en hacer públicas la presencia y las reivindicaciones de las mujeres. Esta constituida por mujeres de partidos políticos, sindica- tos, grupos feministas, organizaciones de derechos humanos, de amas de ca- sa y, a partir de 1988, se incorporan los grupos de lesbianas feministas y en 1989 las mujeres de la Comunidad Homosexual Argenina.

El primer 8 de marzo (1984), con una modesta plataforma de siete pun- tos“, reunió en Plaza Congreso a alrededor de 5.000 mujeres.

En 1985, se inicia el Movimiento por el Divorcio.

En 1984, surge de una escisión de ATEM, “Alternativa Feminista”, que publica un boletín con el mismo nombre y se disuelve en 1987. “Asimismo, entre 1984 y 1986 desenvuelve sus actividades PRISMA (Programa de Investigación-Participación de la Mujer Argentina), que realiza reuniones quincenales en las cuales se presentan investigaciones realizadas por mu- jeres”.

En el verano de 1985 se forma el MEM (Mujeres en Movimiento), cons- tituida por algunas mujeres que se separan de Alternativa Feminista y por otras que se acercan a este nuevo proyecto. Las primeras publican un folle- to: “Feminismo y Política”, donde se expresan ideas del feminismo socia-

CUADERNOS DEL SUR 10 19

lista. En conjunto, editan un número de una revista que lleva el nombre de la agrupación. Dejan de aparecer públicamente a mediados de 1987.

A fines de 1985, se crea Nosotras mujeres que, al año siguiente, realiza unas jornadas sobre creatividad y deja de actuar en 1989.

En 1986, surge el GRUPO FEMINISTA DE DENUNCIA, que sale pe- riódicamente a la calle con carteles denunciando hechos de violencia con- tra las mujeres. Tiene una actuación destacada al producirse el asesinato de Alicia Muñiz.

Un grupo de mujeres llamada FEIMUS (Fundación para el Estudio de la Interrelación Mujeres y Sociedad), se transforma en FEM (Fundación de Es- tudios de la Mujer), cuyos ejes están puestos en trabajo y salud.

Aparece también la revista “Unidas”, iniciativa de un grupo de mujeres peronistas. Salen tres números, el último a principios de 1988.

El 8 de marzo de 1987 hace su aparición pública en el acto de Plaza Con- greso una nueva publicación: “Cuadernos de Existencia lesbiana”. Es el pri- mer grupo de lesbianas feministas que se presenta en escena. Continúan fun- cionando y ya llevan publicados. ocho números.

La Fundación Alicia Moreau de Justo abre sus puertas. Presta apoyo a mujeres golpeadas y servicios de asistencia jurídica y psicológica.

También en 1987, inaugura su local en el barrio de Once, la Casa de la Mujer, que ya venía funcionando desde 1985, pero sin local propio. Com- puesta mayoritariamente por mujeres peronistas, esta identidad política no define el perfil de la Casa. Las integrantes son en su mayoría feministas y ponen-énfasis en diferenciar la- actuación en el espacio de la casa de su mi- litancia político-partidaria.

El eje de su actividad está colocado en la temática de. mujer y trabajo y se dirigen principalmente-a mujeres ubicadas en el mercado de trabajo in- formal. Cuentan con una bolsa de trabajo paraempleadas de servicio domes- tico, han intervenido en la-formación de cooperativas; realizan capacitación laboral, tienen asistencia jurídica y recientemente han incorporado en su programación talleres sobre diversas cuestiones, como salud, legislación, sexualidad, etc. Actualmente, han trasladado su sede a la Av. Córdoba, en el barrio de Palermo. Se autodefinen como-corriente feminista de los secto- res populares.

En 1988, a raíz del “caso Monzón”, se forma la Red de Prevención y A- sistencia a las Víctimas de la Violencia Familiar, constituída por los grupos dedicados a esta temática.

Como resultado del taller de Derechos Humanos del IV Encuentro Femi-

20 NOVIEMBRE 1989

nista Latinoamericano y del Caribe (México- 1987), se constituye la Red Fe- minista de Derechos Humanos de Latinoamérica y el Caribe.

Entra también en actividad el Taller Permanente de la Mujer, con un lo- cal en el centro de Buenos Aires, Organiza talleres, realiza trabajo barrial y edita cartillas de difusión.

Aparece una nueva revista: “Feminaria” y se inaugura una nueva Libre- ria de la Mujer, en Once.

En Quilmes, se abre una nueva casa, vinculada al trabajo en barrios po- pulares: la Casa de la Mujer “María Luisa Martínez”. Lleva el nombre de u- na enfermera desaparecida durante el régimen militar. H'an realizado en- cuentros de mujeres de la zona, trabajan con talleres de sexualidad y cola- boran en la organización barrial de las mujeres frente a la crisis.

“En abril de 1989, en La Plata, un grupo de estudio, reflexión y difusión de ideas, toma el nombre de “Azucena Villaflor”, la primera presidenta de Madres de Plaza de Mayo, secuestrada y desaparecida”.

En Córdoba, en 1985, surge un nuevo centro: el CAM (Centro de Acción de la Mujer), vinculado a la actividad barrial. Durante un tiempo publicó f o- lletos con el nombre de “Descubriéndono's”. Se definen como una organi- zación autónoma, orientada a la participación y reflexión de la situación de las mujeres.

En la misma ciudad, se había ya creado la Casa de la Mujer, por inicia- tiva de la Asociación Juana Manso.

En 1988, aparece CAIMG (Centro de Asistencia Integral a la Mujer Gol- peada), que se presenta como un grupo independiente, que tiene por fm brin- dar asistencia integral a la mujer golpeada y desarrollar tareas orientadas a la prevención de la violencia doméstica.

En Rosario, surge el INDESO-Mujer (Instituto de Estudios J urídico-So- ciales de la Mujer), comienza a trabajar con Asesoría legal, crea una biblio- teca-hemeroteca de la mujer, publica folletos de difusión sobre diversos te- mas bajo el nombre de “La Chancleta” y los “Cuadernos de Divulgación”, que incluyen investigaciones e información.

Además de estos nuevos agrupamientos, surgidos en el período democrá- tico, continúan su actividad varios de los grupos e instituciones que comen- zaron a existir durante el gobierno militar, aunque con cambios, en algunos casos significativos.

El, CESMA deja de actuar como tal alrededor de 1984. Sus militantes se abocan a la formación del Sindicato de Amas de Casa (tarea que ya habían comenzado en 1983) y abandonan paulatinamente su definición feminista.

CUADERNOS DEL SUR 10 21

A pesar de ello, su periódico muestra aún preocupaciones de esa naturale- za, como la violencia contra las mujeres, el trabajo doméstico, etc. De to- das formas, el Sindicato se inscribe más claramente en el movimiento de mujeres.

En 1985, varios grupos se reúnen bajo cl nombre de Movimiento Femi- nista para realizar un encuentro en ocasión del Día Internacional de la Mu- jer, que tiene lugar el sábado 9 de marzo en el patio del Centro Cultural Ge- neral San Martín“. Estos grupos también asistieron al acto del día 8 en Pla- za Congreso, organizado por la Multisectorial de la Mujer.

El “Movimiento Feminista” realiza diversas actividades públicas duran- te varios meses de 1985, repartiendo volantes sobre los reclamos propues- tos el 9 de marzo y luego se disuelve. Algunas de las mujeres integrantes de- ciden contin uarlo y, en definitiva es un pequeño grupo el que se apropia del nombre.

Esta usurpación de la denominación “Movimiento Feminista” encierra el intento de considerarse las únicas representantes legítimas del mismo y así se presentan en los medios de comunicación. Ese hecho, unido a posicio- nes decididamente contrarias a las posturas de defensa de los derechos hu- manos en Argentina, determina el aislamiento de esta agrupación del con- junto del movimiento”.

El CEM, por su parte, incorpora nuevas áreas de investigación (educa- ción, servicio doméstico, etc.), para lo cual recibe subsidios de organismos internacionales y realiza anualmente Jornadas Multidisciplinarias. A inicia- tiva de este Centro, se abre en 1987 una Carrera de Pos-grado en Estudios de la Mujer en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

ATEM continúa editando la revista “Brujas” e incorpora otros dos tipos de publicaciones: las síntesis de las, Jornadas Feministas que realiza todos los años en noviembre y “Cuadernos Feministas” en los cuales se reprodu- cen artículos de teóricas latinoamericanas, europeas y norteamericanas, que son usados como materiales de estudio en sus grupos de debate.

LUGAR DE MUJER amplia sus tareas asistenciales. En 1985 incorpo- ra grupos de autoayuda de mujeres golpeadasm. Asimismo, continúa la aten- ción psicológica, jurídica y ginecológica. Los grupos de autoayuda y la atención psicoterapéutica ocupan el ’lugar más importante en el trabajo de esta institución.

A partir de esta descripción general es posible encarar un balance del pe- ríodo 1984- 1989.

22 NOVIEMBRE 1989

III- Intentando un balance

El feminismo que comienza a resurgir en los primeros años de esta década y que se extiende a partir del inicio del gobierno democrático, no se caracteriza por una clara diferenciación de corrientes.

Se podrían señalar algunas excepciones: DIMA (Derechos Iguales para la Mujer Argentina) estaria ubicado en el campo ideológico de un femin- ismo liberal que busca la consecución dealgunas reformas legales, pero sin afectar las estructuras básicas de la opresión patriarcal; el grupo que se separa de Alternativa Feminista para luego formar mujeres en Movimiento, puede caracterizarse como feminista socialista; OFA (Organización Fem- inista Argentina) se autodefinía como radical. Pero estas expresiones no reflejan las tendencias dominantes, ya que o son muy pequeños o ya se ha disuelto o su actividad pública es prácticamente nula.

existen en varios casos preocupaciones teóricas. Ejemplo de ello son las mujeres que publicaron el folleto "Feminismo y Política". También en ATEM se evidencia una imponente dedicación al debate de las ideas, habiendo llegado —en algunos momentos de su existencia- a definir posiciones respecto al feminismo de la igualdad, a la necesidad de la articulación con otras opresiones e incluso al llamado feminismo radical materialista, Sin embargo, en la actualidad coexisten en esa agrupación corrientes diversas y la unidad. interna está definida por los acuerdos polí- ticos y el abordaje de proyectos comunes. El Centro de Estudios de la Mujer es una institución dedicada a la producción teórica y a la investigación, además de prestar otros servicios. También INDESO-Mujer muestra este tipo de intereses.

En otros casos el perfil delos agrupamientos se define de manera más prag-mática, alrededor de proyectos concretos, aunque la orientación y la valoración de dichas acciones conlleven Cierta perspectiva teórica.

Son más claras las diferenciaciones alrededor de problemas políticos. Las discusiones acerca del movimiento de mujeres, del financiamiento, de la relación con Derechos Humanos, del significado de la autonomia, han te- nido repercusiones importantes en la vida de los grupos y en las relaciones mutuas. Existen otras cuestiones pendientes de debate, como el lugar de la asistencia en‘ un proyecto político feminista o las relaciones con el Estado, o bien temas como lesbianismo, prostitución, etc.

CUADERNOS DEL SUR 10 23

l - Feminismo y Movimiento de Mujeres

El feminismo se organiza como movimiento a partir de constatar la exis- tencia de la opresión como género, es decir de una contradicción que se ex- presa como dominación sexual sobre las mujeres, ejercida por los hombres y las instituciones con predominio masculino. Se propone poner fin a esta sujeción, transformando las relaciones de poder de signo patriarcal. Plante- a objetivos tales como:la abolición de la división sexual del trabajo, la so- cialización y distribución igualitaria entre ambos sexos de las cargas del tra- bajo doméstico y el cuidado de los niños, igualdad jurídica y política, libre elección de la maternidad, medidas contra la violencia que se ejerce contra las mujeres, etc.

El Movimiento de Mujeres, por su parte, se organiza según dos vertien- tes: la primera surge el rol reproductivo y doméstico atribuido a las muje- res, de sus condiciones concretas en la división sexual del trabajo; la segun- da, de la búsqueda conciente de espacios de poder público.

Si bien la existencia social de la lucha de las mujeres tiene antecedentes, que en nuestro país se remontan cuando menos a fines del siglo XIX, la re- aparición del movimiento de mujeres en los últimos 12 años tiene caracte- rísticas propias que merecen un análisis particularizado.

A - La politización del rol reproductivo y doméstico

La primera vertiente señalada presenta, a su vez, una diversidad de movimientos, con distintos objetivos, problemas y propuestas.

Desde sus papeles de amas de casa-esposas-madres, las mujeres irrum- pen en la vida pública con reclamos surgidos de la cotidianeidad y ajenos a la esfera política tradicional.

En base a los motivos de su movilización, podemos distinguir tres tipos de movimientos: los ligados a la defensa de la vida, los que se organizan a partir de los problemas de consumo y de los derechos de las amas de casa, y los que procuran la resolución de cuestiones de sobreviVencia y bienestar familiar y comunitario.

a - Defensa de la vida:

Los más significativos de estos movimientos son los de Madres y Abue- las de Plaza de Mayo. .-

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Surgen durante la última dictadura, cpmo respuesta al accionar represi- vo del Estado terrorista, reclamando por los hi jos/as desaparecidosly por los nietos/as secuestrados.

Si bien estos dos organismos son los únicos de derechos humanos forma- dos exclusivamente por mujeres, preferimos incluir también en este análi- sis al conjunto de las mujeres de este movimiento; ya que la presencia feme- nina es importante —incluso a nivel de los órganos de dirección- en las o- tras organizaciones, especialmente en Familiares de Detenidos y Desapare- cidos por Razones Políticas.

La primera cuestión que se nos plantea es acerca de la pertinencia de a- nalizar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo dentro del movimiento de mujeres. La causa de derechos humanos excede las razones de género. Da origen a un movimiento social con características propias y de gran influen- cia en la sociedad argentina. Los reclamos por la vida y contra la impunidad tampoco pueden visualizarse sólo desde una óptica de clase. Se han erigi- do en un principio ético de regulación de la sociedad, incorporando una nue- va valoración de la política y redefiniendo la relación entre ética y política.

No es ajena a esta nueva mirada la cuestión de género, que ha tenido un peso decisivo en la gestación y desarrollo del movimiento. De allí que —con las salvedades indicadas incluyamos también a las Madres y Abuelas dentro de la consideración del movimiento de mujeres.

La defensa de la vida no ha sido nunca un tema político. En la política tra- dicional, mundo fundamentalmente masculino, se puede “dar la vida”, pe- ro ésta ha sido siempre un bien relativo. Es a las mujeres a quienes se reser- va el cuidado de la misma. La ecuación mujer=madre=vida, pertenece a la esfera privada, alos afeCtos, a la femeneidad.

Es desde esc lugar —reservado a las mujeres por la división sexual jerár- quica, desvalorizado por la sociedad patriarcal, adjudicado al ámbito priva- do—, que las madres de desaparecidos acceden a la plaza pública y al reco- nocimiento internacional.

Su lucha y sus principios acaban inscribiéndose en la vida política.

Las mujeres de Derechos Humanos, aún sin proponérselo inicialmente, politizaron el mundo privado y colectivizaron la defensa de sus hijos, con- virtiéndola en acción política.

Desde el punto de vista feminista, es imposible hacer una análisis line- al. Una primera aproximación podría llevarnos a afirmar que esa politiza- ción del mundo privado se corresponde con la concepción del carácter po- líticode la dimensión personal. Pero es necesario profundizar en el signifi- cado que esto tiene en cada caso.

CUADERNOS DEL SUR 10 25

Cuando desde el feminismo se afirma que “lo personal es político”, se está haciendo referencia a las relaciones de poder en la vida cotidiana, a la jerarquía sexual que se desenvuelve principalmente-aunque no exclusiva- mente— en el ámbito privado. Alude a que la sexualidad, la maternidad, la violencia domestica, son temas políticos, son la expresión de una domina- ción sexual que es necesario eliminar.

Las mujeres de Derechos Humanos parten de su papel en la reproduc- ción, de su condición de madres. Defienden a sus hijos. Politizan esa defen- sa al transformarla de un problema individual en unacuestión social. Si bien actúan en función de madres, ya no juegan ese papel en el lugar que el sis- tema patriarcal les asigna; la interioridad el hogar; ya no defienden sólo al propio hijo con exclusión de todos los demás. Es esta inscripción en el te- rreno público lo que las convierte en transgresoras del orden patriarcal, mo- dificando en ese mismo movimiento el modelo tradicional de madres.

Esta transformación de lo personal en político enfrenta e impugna al-Es- tado terrorista, pone al descubierto la arbitrariedad del poder, la perversión de un orden que necesita la clandestinidad de las desapariciones para justi- ficar su existencia, la falsedad de un discurso que erige al Estado como el rew presentante de la sociedad y el detentador de la justicia. Un Estado que des- nuda, su dimensión patriarcal, cuando las llama “locas”, porque sólo pue» de percibir como locura la lucha de mujeres que han perdido sus hijos17 y se animan a cuestionar la legitimidad del terror.

Se parte de lo privado para impugnar al mundo público,a su represen- tación máxima: el Estado. No se cuestionan, en principio, las relaciones de poder en el ámbito de la vida cotidiana. Esta es la principal diferencia con la postulación de la teoría feminista respecto al carácter político de lo per- sonal.

Sin embargo, la acción organizada, la presencia como mujeres-madres incluyéndose grupalmente en la vida pública, la politización del 'dolor indi- vidual, producen transformaciones profundas en sus vidas y en sus familias, más aún en el caso de aquellas que hasta ese momento habían acatado el pa- pel femenino tradicional.

Dejaron de ser las madres que la ideología patriarcal designa, limitadas al mundo del hogar, impotentes frente al espacio público, al cual sólo acce- dían por mediación de sus maridos o hijos. Para cumplir con el mandato de cuidar a sus hijos, nacidos de esa misma ideología y de la sociedad que la sustenta, debieron cruzar la puerta de sus casas, la relación individual con el hijo, e irrumpir en la calle para defender a toda una comunidad agredida

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por el terror que generaba el Estado.

No nos es posible predecir cuál aspecto va a predominar: si la reafirma- ción del ideal materno, aunque bajo nuevas formas; o la superación de los límites impuestos al genero, la ampliación del horizonte femenino y la asun- ción de mismas como agentes transformadores de la sociedad e impugna- doras de su propia opresión como mujeres.

Es probable que no se trate de un camino único, de una sola posibilidad, sino de un proceso más complejo, en el cual las condiciones sociales y per- sonales influyan en las distintas opciones que las mujeres de derechos hu- manos vayan creando.

Para el feminismo argentino, para el desarrollo de sus teorías y la formu- lación de sus políticas,"’tiene un enorme valor comprender estas transforma- ciones. De hecho, han habido valiosos intentos en este sentido“-

Además, la mayor parte “de los grupos feministas apoyan la causa de de- rechos humanos”-

Existe asimismo una preocupación por articular esta lucha con la opre- sión de genero. Se ha sacado a luz que el 30% de personas desaparecidas son mujeres, lo cual pone en cuestión el paradigma masculino desde el que se alude a las/los deSaparecidos/as, es decir a las/os militantes. Se han señala- do las torturas específicas ejercidas contra las mujeres, que reproducen y amplifican» las violencias cotidianas: violaciones, atribución de papeles do- mesticos, amenazas de hacer abortar a las mujeres embarazadas, robo de sus hijos. Se ha puesto de manifiesto la naturaleza patriarcal del Estado terro- rista.

Por otra parte, es significativo que el tema levantado por las feministas que ha cobrado mayor difusión y legitimidad social, sea el relativo a las mu- jeres golpeadas. Las semejanzas con la tortura física y psicológica y con las tecnicas de destrucción de la identidad, empleadas por el terrorismo de Es- tado contra sus víctimas, seguramente ha tenido influencia en el desarrollo de este fenómeno.

Además, muchas de las mujeres de Derechos Humanos han intervenido en los últimos años en los actos del Día Internacional de la Mujer y en joma- das y debates feministas, estableciendo en muchos casos sólidos lazos con das- incluyamos también a las Madres y Abuelas dentro de la considera- ción del movimiento de'mujeres.

La defensa de la vida no ha sido nunca un tema político. En la política tra- dicional, mundo fundamentalmente masculino, se puede “dar la vida”, pe- ro esta ha sido siempre un bien relativo. Es a las mujeres a quienes se reser-

CUADERNOS DEL SUR 10 27

va el cuidado de la misma. La ecuación mujemmadre=vida, pertenece a la esfera privada, a los afectos, ala femeneidad.

Es desde ese lugar —rcscrvado a las mujeres por la división sexual jerárqui- ca, desvalorizado por la sociedad patriarcal, adjudicado al ámbito privado- , que las madres de desaparecidos acceden a la plaza pública y al reconoci- miento internacional.

b) Los‘problemas del consumo y los derechos de las amas de casa

Los movimientos de amas de casa que emergen a partir de 1982, presen- tan características propias, que los diferencian delos preexisténtesk

Las agrupaciones de mujeres organizadas a partir de su papel domésti- co se habían desarrollado hasta ese momento, ligadas a partidos políticos (UMA-fundada en 1947), a la Iglesia, o a sectores de derecha (liga de de Casa - 1956)”-

Los nuevos agrupamientos, surgidos en el período de retroceso de Ia dic- tadura, están formados por mujeres diversas: algunas con experiencia póli- tica o vecinal, otras sin ninguna experiencia de participación social. ó polí- tica 2‘.

Los dos más importantes y que aún perduran, son: el Movimiento de A- mas de Casa del País (ACP) y el Sindicato de Amas de Casa.

El Movimiento de Amas de Casa del País nace en el año 1982 en un ba- rrio del partido de San Martín, motivado por el alza de precios. Lanzan la ca- maña “No compre los jueves”.

A partir de entonces, el movimiento se extiende y hoy tiene expresiones en la mayoría de las provincias. Sus luchas y propuestas están centradas en los problemas originados por el aumento de precios y tarifas.

Pero también apoyan otro tipo de demandas, solidarizándose con el Mo- vimiento de Derechos Humanos e incorporando algunas resivindicaciones de genero a partir de su pertenencia a la Multisectorial de la Mujer, a la que se unieron desde su inicio. Estuvieron especialmente activas en la campa- ña por la Reglamentacióin de la Ley de Jardines Matemales Zonales que im- pulsó este organismo y defendieron en su seno la jubilación para las amas de casa, pero asumieron también reclamos en relación a la violencia que se ejerce contra las mujeres, anticonceptivos, etc.

El Sindicato de Amas de Casa surge en 1983 por iniciativa de mujeres vinculadas al FIP, habiéndose luego extendido a otros sectores. Hoy tiene representaciones en varias provincias.

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Sus reivindicaciones están centradas en demandas de derechos para las amas de casa y en reclamos de servicios públicos: salario, obra social y ju- bilación para las amas de casa, lavanderías municipales, guarderías, etc. A- simismo, denuncian la violencia masculina contra las mujeres y exigen so- luciones.

En el primer grupo —ACP- el eje de su accionar está puesto en los pro- blemas de consumo, es decir en la defensa de la economía familiar, aunque luego incluyan otras cuestiones que buscan resolver las dificultades de las mujeres derivadas de su situación en la familia y en la sociedad.

En el Sindicato, sus demandas tienen como sujetos y destinatarios a las mujeres amas de casa y van dirigidas a aliviar y distribuir las cargas del tra- bajo casero.

En ambas experiencias, se combina una imagen femenina tradicional ba- sada en el rol doméstico, con reivindicaciones que buscan superar la opre- sión generica o, al menos, mejorar la situación de las mujeres.

La relación de estos movimentos con el feminismo se concreta, en el ca- so de ACP, por su pertenencia a la Multisectorial de la Mujer, a la que con- curren grupos feministas. El permanente intercambio de ideas, el carácter a- bierto de este organismo y el impuso de' acciones comunes, permiten reali- zar múltiples y cambiantes conexiones entre la heterogeneidad de deman- das que cada agrupación lleva a su seno. Las reivindicaciones de género se fueron ampliando y profundizando desde su surgimiento a fines de 1983 y se enfocaron otro tipo de cuestiones desde una óptica que contiene la espe- cificidad de las mujeres.

En cuanto al Sindicato, el origen feminista de sus impulsoras iniciales se evidencia en el carácter de varias de las demandas que impulsa, aunque ya no se reconocen como tales y el anclaje en el papel de amas de casa, limi- ta la percepción del carácter global de la opresión femenina.

c) La sobrevivencia y el bienestar familiar y comunitario:

El desenvolvimiento de la crisis socio-económica, vinculado al nuevo modelo deacumulación capitalista, que ha sigfnificado el desempleo y la precarización del nivel de vida de una gran parte de la población, ha dado lugar a un crecimiento significativo de otras formas de participación social de las mujeres, aquellas ligadas a la sobrevivencia y al bienestar familiar y comunitario.

Esta vertiente del movimiento de mujeres se desarrolla a partir de la ne-

CUADERNOS DEL SUR 10 29

cesidad de resolver acuciantes problemas inmediatos. Se ocupan de preven- ción de salud en los barrios, de las ollas populares, de problemas de vivien- da, etc.

Aunque la pobreza afecta a hombres y mujeres, son estas las que se ocu- pan de encarar la gestión colectiva de la miseria.

Para explicarnos este fenómeno, no nos basta un análisis de clase que ex- plicite las consecuenicas sociales de las actuales formas de desarrolo capi- talista. Ello nos permitirá entender la desocupación, el empobrecimiento, la informalización del mercado de trabajo, la disminución de los derechos la- borales el desarrollo de unas ramas de la producción en detrimento de otras, etc. Pero será insuficnete para entender el lugar de las mujeres en el merca- do laboral, la “feminización” de la pobreza, o esto que señalamos aquí: son las mujeres —y no, por ejemplo, los hombres desocupados- las que se or- ganizan frente alas situaciones de extrema pobreza.

Para comprender esto, deberemos recurrir a los instrumentos de análisis que nos proporciona el punto de vista feminista, sobre las condiciones con- cretas en que se desenvuelve la vida de las mujeres en el marco de la divi- sión sexual del trabajo. Es desde su papel reproductor, entendido en el sen- tido de las funciones sociales atribuidas a la reproducción biológica (cuida- do del bienestar de la familia) como pueden entenderse estas formas de par- ticipación.

Cuando los recursos familiares son escasos, son las mujeres quienes se encargan de administrarlos, de manera tal que alcancen para cubrir las ne- cesidades de alimentación, vestido, salud y educación del marido y los hi- jos. La falta de dinero se suple con más trabajo domestico: se inventan for- mas variadas de preparar comidas con bajo costo, se zurce, se cose, se reco- rren varios negocios para conseguir productos más baratos, se acarrea el a- gua. El tiempo de las “tareas del hogar” se prolonga.

Cuando la escasez se convierte en total carencia, ya no basta trabajar más en cada casa, o en cada grupo familiar, cuando sólo se tiene un cuarto de cha- pas. Entonces las mujeres organizan estas tareas colectivamente. Su traba- jo comunitario es la prologanción de su papel domestico.

Las experiencias son diversas. En algunos casos intervienen en la pro- moción de los grupos barriales de mujeres, organismos del Estado, partidos políticos o centros de mujeres de sectores medios. En otros, se han consti- tuido espontáneamente. Hay agrupaciones que se plantean objetivos de lar- go plazo, mientras que otras se han formado a partir de una situación de e- mergencia y las formas que pueden adoptar dependen de una serie de fac-

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tores ajenos en su mayoría a las propias organizaciones: políticas del Esta- do medidas económicas, alternativas propuestas por organismos intemacio- nales, etc. El caso de las ollas populares es tal vez el más significativo en es- te último sentido, dado que es dudoso que puedan perdurar en sus formas ac- tuales. Es preciso observar el papel que pueden cumplir determinadas estra- tegias estatales como el bono solidario, ola posibilidad de reparto de alimen- tos y la formación de comedores populares con intervención de organizacio- nes no gubernamentales (nacionalese internacionales) como aportadores de subsidios o productos. 22

Otro factor a tener en cuenta es la participación de partidos políticos, por un lado, y de mujeres de sectores medios, por el otro.

Los partidos políticos conciben a estos movimientos como expresiones pre-políticas”. y su participación tiene como objetivo convertirlas en “po- líticas” es decir conducirlasa sus propias conclusiones, despreciando el sig- nificado que asumen estos movimentos al colocar en la agenda política los problemas de la cotidianeidad, excluidos en general de los planteos partida- rios que la conciben exclusivamente como el reino del poder público.

Respecto a las mujeres de sectores medios, ya se trate de promotoras y/ o investigadoras de centrosprivados a aquellas ligadas al Estado, cumplen papeles diversos. Algunas intentan ligar las acciones comunitarias con la problemática de genero; otras sólo tratan de canalizar más adecuadamente la gestión de la miseria, sin cuestionar el sistema social ni la opresión feme- nina.

Por otra parte, todas estas actividades delas mujeres en la autogestión de la miseria, tienden a cubrir el terreno abandonado por el Estado en el cam- po del bienestar público, facilitando de esta manera la consolidación del Es- tado neoliberal, que arroja a la comunidad la resolución de los problemas de sobrevivencia, salud y educación.

Pero tambien supone un nuevo espacio de autoorganización colectiva, que crea condiciones más favorables para la politización de la vida cotidia- na y para el desarrollo de una conciencia de género.

Algunas asociaciones feministas encaran un trabajo donde tratan de unir el apoyo alas tareas que se dan los organismos barriales, con la difusión de la problemática específica de los grupos. Editan publicaciones en las que se explican los derechos femeninos en los campos del trabajo, la familia, la re- producción, etc., prestan asesoramiento legal, proporcionan capacitación laboral, realizan talleres. Suelen definir su orientación como “feminismo de los sectores populares”

CUADERNOS DEL SUR 10 31 B.- Los espacios de poder público

Nos referimos aquí a las mujeres militantes de partidos políticos y sindi- catos que han percibido que su exclusión de los espacios de poder tiene el sentido de una discriminación en razón de su sexo.

A partir de ello se organizan como mujeres dentro de su partido o cons- truyen Secretarías de la mujer en sus Sindicatos. También intervienen en or- ganismos de mujeres junto a las de otros Partidos Políticos y a agrupacio- nes de amas de casa, feministas, etc.“

En este proceso, muchas de ellas consiguen relacionar su apartamiento de los lugares de decisión con las relaciones de poder que se desarrollan en la vida cotidiana y asumen propuestas tendientes a superar las condiciones de opresión femenina en todos los campos. Otras, han llegado a las mismas conclusiones a partir de sus experiencias en el exilio.

Llama la atención que en este grupo resulten una pequeña minoría las mujeres de partidos de izquierda, sobre todo teniendo en cuenta que en los años setenta se agruparon como feministas.” La mayoría de estos partidos tienden a reproducir ciertas ideas de la izquierda —aún no revisadas- a- cerca del carácter burgués del feminismo o de su potencialidad para “divi- dir la lucha de clases”. Esto es una distinción importante respecto a lo suce- dido en la mayoría de los países latinoamericanos, en los cuales el movi- miento feminista surge del seno de la izquierda.

A diferencia de la primera vertiente señalada, en este caso no es el rol re- productor y doméstico el que lanza a estas mujeres a la acción, sino una rup- tura previa con las atribuciones de la femineidad: su acceso al mundo públi- co de la militancia política o sindical. Las restricciones que descubren en es- te campo son las principales motivadoras de su incorporación al Movimien- to de Mujeres.

Muchas de ellas se consideran feministas, e incluso suelen intervenir en agrupaciones de este tipo. Otras aún ponen el acento en las posiciones par- tidarias e intentan canalizarlas a través del movimiento, desde una concep- ción de los movimientos sociales entendidos como espacios políticamente “vacíos”, alos que es necesario “llenar” de contenidos.

En realidad, la mayor parte de las militantes partidarias que se incorpo- ran al Movimiento de Mujeres, pertenecen al peronismo. Es posible que la razón de esto deba buscarse en la experiencia que tiene el justicialismo, ca- si desde sus comienzos, en la organización de las mujeres, así como en la im- portancia de la figura de Eva Perón. Recuérdese el Partido Peronista Feme-

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nino, luego transformado en Rama Femenina.

Pero esta misma experiencia encierra contradicciones. Mientras que por un lado posibilitó la salida a la vida pública, el fortalecimiento mutuo y la autonomía personal de numerosas mujeres; por el otro, en el mensaje ide- ológico predominaban los elementos tradicionales referidos al papel feme- nino en la familia.

Esta herencia histórica influye en la dinámica que estas mujeres desarro- llan dentro del movimiento. A la vez que aportan militantes muy activas y, en algunos casos, muy lúcidas, suelen constituir, en ciertas oportunidades, un factor de retraso en la asunción de posiciones más avanzadas. Por ejem- plo, en la preparación del Día Internacional de la Mujer, en 1988, el grupo peronista de Capital Federal, impidió que sc asumiera la reivindicación de anticonceptivos, por considerarla contraria a un proyecto político que sos- tenía la necesidad de crecimiento demográfico. Sin embargo, ésta no era en- tre ellas una posición unánime y, para 1989, habian variado su postura.

Por su parte, las militantes de partidos de izquierda, enfocan la “cuestión femenina”desde una perspectiva que sólo les permite pensar a las mujeres en relación a su f amilia o a su clase. No logran Comprender que la pertenen- cia al genero femenino tiene implicancias'económicas, sociales, sexuales y políticas que no se explican desde una exclusiva óptica de clase.

Su enfoque adolece, además, de un marcado economicismo, que reduce todo acontecimiento social a una única explicación, donde lo económico y la coyuntura sirven de clave privilegiada para comprenderlo todo.

Esa versión vulgarizada del marxismo exhibe una sorprendente pobreza teórica y política, incapaz de entender las distintas opresiones que se desa- rrollan en una sociedad compleja, la especificidad de los mecanismos de do- minación, la consiguiente necesidad de un análisis particular de los distin- tos movimentos sociales y de los caminos de articulación de las luchas.

Suprimir de esta manera la posibilidad de un análisis concreto de la opre- sión de las mujeres, implica negar la misma y ser cómplice de su permanen- cia.

Sería injusto desconocer que existen militantes de partidos de izquierda que muestran una actitud abierta y una comprensión de la subordinación de las mujeres, que las incluye dentro del feminismo.Nos referimos, en. nues- tra crítica, sólo a la tendencia mayoritaria.

En cuanto a las mujeres radicales, no actúan en forma coordinada ni con ideas únicas.

Por último, cabe señalar que el hecho de que algunas mujeres ocupen es- pacios de poder público no redunda por mismo en beneficio del conjun- to del genero, si quienes acceden a esos lugares no asumen una visión más

CUADERNOS DEL SUR 10 33

abarc'ativa de la política, que cuenta de ios hilos que el poder teje en la vi- da cotidiana.

2. Algunas reflexiones finales.

Un proyecto político feminista en Argentina, no podrá eludir la presen- cia cada vez más extendida del movimiento de mujeres.

Esto —supone afinar los instrumentos teóricos con que intentamos dar cuenta de nuestra realidad y evitar los entusiasmos apresurados tanto como las rigideces dogmá’ticas.

También implica reafirmar la autonomía del feminismo y definir más claramente su perfil.

La Autonomía sigue siendo una condición básica para posibilitar nues- tro desarrollo; es casi una condición de existencia del movimiento.

Fue a partir de ella que las mujeres pudimos encontrar un ámbito adecua- do para volcar nuestras experiencias y desde allí elaborar nuestras teorías y orientar nuestras acciones.

Como grupo oprimido, necesitamos de nuestra propia organización y de nuestras propias ideas y recursos.

Autonomía no es aislamiento. Es la definición del lugar y la óptica des- de las que partimos en la lucha por la transformación social.

Los problemas que plantea este aspecto —a mi juicio, fundamental-tie- nen que ver con las relaciones, tanto con el movimiento de mujeres y otros movimientos sociales, como con los partidos políticos, los sindicatos, el Es- tado y las instituciones que financian grupos o actividades feministas.

La presencia feminista en el movimiento de mu jeres representa una par- te importante de nuestra politica. I,

A lo largo de este artículo, he ido señalando las variaciones y los distin- tos avatares de esa presencia y hasta ahora nuestra intervención, las preocu- paciones teóricas y los avances prácticos, arrojan un saldo positivo.

No “nos hemos perdido” dentro de ese movimiento, como algunas te- mían. Hemos preservado nuestra identidad e impulsado nuestros puntos de vista.

De todas maneras, es un camino no libre de cscollos. Las viejas concep- ciones partidistas de ir hacia los movimientos sociales, a “llenarlos” de sus contenidos, son sufridas repetidamente por el movimiento de mujeres, aun- que se perciben algunos cambios. El desarrollo de grupos de mujeres orga-

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nizados alrededor de la autogestión de la miseria, nos exigen un esfuerzo pa- ra comprender mejor es to y para trabajar con ellas desde una óptica feminis- ta.

Tal vez la relación más satisfactoria sea la que tenemos con las mujeres del movimiento de derechos humanos, no sólo porque allí pusimos nuestra mejor dedicación, sino por el propio proceso de las mismas.

Más conflictiva resulta la relación con el Estado.

Los años de democracia han posibilitado la apertura de espacios de par- ticipación social y han permitido el crecimiento de múltiples proyectos fe- ministas.

También se han generado espacios dentro del Estado: Subsecretarías de la Mujera nivel nacional; Consejo de la Mujer en la Provincia de Buenos Ai- res, Servicios para la atención de mujeres golpeadas o de tratamiento de la violencia familiar en la Escuela de Salud Pública y en hospitales y centros municipales, una comisaría de la mujer en La Plata, etc.

Estos espacios dentro del Estado contribuyen a crear conciencia sobre la situación de las mujeres, por su acceso a los medios de comunicación y la prestación de servicios de asistencia. También han proporcionado subsidios para proyectos de este tipo, aunque en general cuentan con recursos limita- dos y con escaso poder.

Una cierta cantidad de militantes feministas intervienen como f unciona- rias o asesoras de estas instituciones públicas. Un número mayor sostiene re- laciones muy próximas con las funcionarias.

Esto se traduce en inlfuencia de las ideas feministas en las propuestas y acciones que surgen de estos lugares del poder público, pero también en te- mores a la radicalización en los propios grupos por los efectos perturbado- res que ello puede tener en sus fluidas relaciones con las mujeres que ocu- pan esos puestos.

La falta de un movimiento autónomo fuerte, capaz de vincularse con el Estado apartir de sus propias condiciones, influye negativamente en los pro- cesos internos de los agrupamientos más ligados a éste.

Frente a ello, están los grupos que sólo se relacionan con el Estado a par- tir de una política de presión para el logro de reivindicaciones y eluden ex- presamente toda participación más cercana, por considerar que afecta la au- tonomía del movimiento, especialmente en las actuales condiciones.

La cuestión del financiamiento de las actividades de los grupos consti- tuyen un arduovtema de debate. La posibilidad de obtener subsidios se rela-

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ciona cion tareas de tipo asistencial, con investigaciones o con la realización de jornadas o encuentros. El dinero proviene generalmente de agencias in- temacionales.

Es un tema particularmente difícil por las dificultades económicas que enfrentamos las mujeres en un país como Argentina y que influyen en las ac- tividades que se proponen los grupos.

Pero si nuestras limitaciones económicas condicionan las acciones y el desarrollo del movimiento, el financiamiento externo actúa también como un fuerte determinante del tipo de trabajos que se encaran y de la orientación de los mismos.

Una vez que 10s grupos asumen la financiación externa (o en menor me- dida, del Estado) como imprescindible para su funcionamiento, se genera u- na dinámica entre las necesidades y pr0pósitos del movimiento y los obje- tivos de las agencias, que oscurece la percepción de los primeros.

Tal vez en la primera oportunidad en que se solicita ayuda externa, se lo haga en función de un proyecto elaborado y determinado por el propio gru- po. Pero como la financiación es temporaria y renovable, la continuidad de los subsidios depende de la evaluación que del proyecto hacen las Agencias y de los intereses de éstas. Si los informes presentados por las instituciones financiadas no conforman a aquéllas o si sus intereses inmediatos cambia- ron, el proyecto inicial puede desaparecer o sufrir cambios sustanciales, no por iniciativa de las impulsoras, sino por la necesidad de conseguir dinero para mantenerlo.

Así, los financiamientos van creando modelos de actividades feministas: prestación de servicios, apoyo a los grupos de mujeres que autogestionan la miseria, actividades en el campo de la “planificación familiar”.

Estos trabajos, que implican cierto alivio para la situación de algunas mu- jeres, sirven asimismo “para contrarrestar en parte la irresponsabilidad de les Estados con relación al bienestar social de la Población’“, liberando a éstos de la presión de las demandas de prestación de servicios.

Las actividades asistenciales pasan así a tener un peso decisivo en el mo- vimiento.

No hay que subestimar la importancia de tales tareas, ya que crean espa- cios donde las mujeres pueden encontrar apoyo, tomar fuerza para denun- ciar yvoponerse a las arbitrariedades que se comenten con ellas e incluso per- miten la relación con mujeres que habitualmente no se'acercan al movimien- to. Pero al absorber la mayor parte de la energía militante y no articularse con

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un proyecto feminista que cuestione globalmente la opresión de las muje- res, corre el riesgo de permanecer en una especie de asistencialismo sin más propósito que mejorar en alguna medida la situación de algunas mujeres.

Por otra parte, los recursos que vuelcan las financiadoras, con destino al movimiento feminista, son escasos en relación a las propuestas que piden ser subsidiadas, lo cual es una fuente constante de competencia entre las muje- res que encaran proyectos diversos. Es evidente que esto no contribuye al desarrollo del propio movimiento, ni al debate político, ni a establecer cri- terios de unidad.

La búsqueda de caminos para superar esta doble limitación: la escasez de recursos propios y los condicionamientos de hecho que crea el financia- miento externo, pasa necesariamente por construir un movimiento fuerte y auto-organizado.

Dicha construcción no puede ser sustituída por las agencias ni por el Es- tado, aún suponiendo que éstos tuvieran ese objetivo. Más aún, estas ayu- das la retrasan y distorsionan, pues Clausuran la necesidad de generar recur- sos propíos y la competencia de cada grupo por los subsidios es un obstácu- lo serio para la organización.

Otro aspecto a considerar en el balance de las actividades del movimen- to son las campañas por reivindicaciones específicas.

Podemos señalar como las más destacadas las siguientes: reforma del ré- gimen de Patria Potestad, divorcio, reglamentación de la Ley 20582 de J ar- dines Matemales Zonales, violencia y aborto.

En las demandas levantadas por la Multisectorial de la Mujer figuran además otros puntos referentes a la discriminación laboral, anticonceptivos, etc., que han sido trabajados por algunos sectores.

Tanto la campaña de patria potestad como la de divorcio, se inscriben en la ampliación de los derechos civiles, sin trascender el marco de las refor- mas legales. Sin embargo, en los contenidos de las mismas se incluyó el cuestionamiento de la familia patriarcal y la propuesta de modificaciones que aliviarán la situación actual de desigualdadital el caso del derecho a la cuota alimentaria dependiente de la inferior situación económica derivada del divorcio y no de la culpa). Ambas reformas fueron conseguidas, aunque no en los términos propuestos por las feministas y por algunos sectores del Movimiento de Mujeres (caso de la Multisectorial de la Mujer, por ejemplo)

La demanda de reglamentación de la ley de J ardines Matemales Zon'a- les, que se unió al mismo reclamo en relación al art. 179de la Ley de Con- trato de Trabajo (salas maternales en los lugares de trabajo) va dirigida a res-

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ponder al problema de la crianza de los hijos. La idea orientadora impugna la concepción de que ésta es una tarea “natural” de las mujeres y propone —siguiendo los lineamientos de la Convención contra todas las formas de discriminación sobre la Mujer (Naciones Unidas 1979)— que la misma es responsabilidad de hombres y mujeres y de toda la sociedad. Sin duda, es- te es un reclamo que excede el marco de la reglamentación legal, para ins- cribirse en una prestación de servicios exigidos al Estado y a los empresa- rios, que responden a una necesidad de la infancia. Sólo la adscripción de las mujeres al rol maternal la conviertten en una reivindicación femenina. Pe- ro tal demanda no tiende a reforzar ese papel, sino a cuestionarlo. Hasta ahora, nada se ha conseguido en cuanto a este reclamo y la campaña ha de- caído, esperemos que temporariamente.

En cuanto ala violencia contra las mujeres, existe una campaña de hecho, aunque no articulada, que comprende actividades de diverso orden: denun- cia, reclamos de modificaciones. legales y prestación de servicios.

Si bien se han abordado diversas expresiones de este tipo de violencia, especialmente violación y acoso sexual en las relaciones laborales, el tema que ha adquirido mayores dimensiones y trascendencia social, es el de las mujeres golpeadas.

Por la importancia que tiene la violencia como constitutiva ¡de la opresión femenina, trabajar sobre la misma permite desenmascarar aspectos funda- mentales del poder masculino y nos lleva a comprender que la consecución de la igualdad es mucho más compleja que el logro de algunas mejoras le- gales o la mayor participación en los espacios de poder público o los efec- tos supuestamente automáticos de un cambio en las relaciones de produc- ción.

Al revelar asimismo que la violencia contra las mujeres se halla presen- te en todas las clases sociales, ha desarticulado el discurso que la ubica co- mo resultado de la explotación, la miseria, el alcoholismo o la enfermedad mental. Ha puesto de relieve las relaciones de poder entre los sexos, que atraviesa toda la sociedad.

Por último, la Comisión por el Derecho al Aborto va ampliando lenta- mente su radio de acción, pero aún no ha alcanzado suficiente repercusión pública, salvo en un caso reciente que trascendió a los medios de comuni- cación. Tiene la importancia de poner de relieve una cuestión f undamental,: el derecho de las mujeres a nuestro propio cuerpo.

El control sobre nuestros propios cuerpos es una de las cuestiones más profundas que aborda el feminismo. Como dice la teórica francesa Monique

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PLaza: “La opresión de las mujeres se funda sobre la apropiación de sus cuerpos por el patriarcado, sobre el encierro de la sexualidad en los cuadros impuestos por la oposición masculino-femenino, sobre la sujeción de la mu- jer parturienta al poder médico, el. desprecio por la menstruación, el desco- nocimiento de la sexualidad”

A este comlpejo conjunto de fuerzas que se ejercen sobre la sexualidad femenina, para con trolarla y regularla, habría que agregar el papel que cum- plen la ley, la religión, la psiquiatría, diversas corrientes psicoanalíticas y psicoterapéuticas, la modema sexología- y la publicidad. La reflexión sobre la sexualidad emprendida por el feminismo, ha desenredado una madeja en la que los hilos del poder que se desenvuelven en esta esfera aparentemen- te tan íntima, se entretejen con los del poder público. Ley, ciencia, religión, ideologías y costumbres, proporcionan mecanismos de control de la sexua- lidad femenina.

Las decisiones patriarcales sobre nuestros cuerpos definen el placer o el displacer, la reproducción, la salud, lo permitido y lo prohibido. Cuerpo Ob- jeto, cuerpo para otros. Imagen erótica o máquina reproductora, o ambas co- sas a la vez. Mujer puro cuerpo, que es manipulado y definido por la acción y el pensamiento masculinos.

Apropiamos de nuestros propios cuerpos es asumimos como sujetos de- seantes y pensantes, es romper la lógica patriarcal que afirma nuestra de- pendencia estructural de la sexualidad y las decisiones de la otra mitad de la especie humana.

De allí la importancia de la sexualidad en todo discurso feminista. Por ello también, el salto que si gnificó la masiva presencia de mujeres de los sec- tores más diversos en los talleres de sexualidad, en el IV Encuentro Nacio- nal de Mujeres (Rosario, agosto de 1989)

Feminismo y movimiento de mujeres experimentaron un nuevo momen- to de encuentro, un nuevo punto de unidad, tal vez el más profundo.

Es que uno y otro (o unas y otras), desde diversos puntos de partida y en- frentando numerosas contradicciones, han emprendido el camino de la abo- lición de los géneros, o, como dice con más precisión Celia Amorós, de “di- luir los gcnéricos””, aludiendo a un proceso y no a un acto único y defini- tivo.

Diluir los genéricos no supone uniformar a los seres humanos sobre la ba- se de un único modelo andrógino, sino posibilitar el emerger de la diversi- dad individual. Por primera vez en la historia.

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La igualdad, entonces, no es la identificación al modelo masculino pre-

establecido ni la complicidad con la opresión, sino la condición de posibi- lidad de nuevas y diversas identidades humanas.

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Buenos Aires, setiembre de 1989 NOTAS

Se llama “segunda ola" al feminismo que resurge, a mediados de los años sesenta en E- EUU y luego se extiende a‘Europa y América Latina. Se diferencia asi dela “primera o- la" que abarca desde la primera mitad del' siglo XIX hasta bien entrados los años treinta de este siglo.

El llamado “feminismo de la diferencia" no es una corriente única, con un cuerpo de ide- as cohcrente. Se caracteriza por reivindicar la diferencia femenina, considerándola señal de superioridad sobre las características masculinas. En algunos casos, tienen posiciones naturalistas, que consideran la subcultura femenina como resultante de los ciclos bioló- gicos. En otros, ubican su análisis en el campo de lo simbólico.

Gayle Rubin: "El tráfico de mujeres: notas sóbre la “economía política del sexo" - Revis- ta "Nueva Antropología", vol. VIH, N9 30, México, 1986.

El feminismo radical materialista tiene su origen en Francia. Su principal exponente es Christine Delphy. Afirma la existencia de un modo de producción doméstico, en el que se encuentran inmersas las mujeres casadas, quienes realizan un trabajo gratuito al servi- cio de otras personas: el trabajo doméstico. El vínculo matrimonial constituye así, para to- das las esposas, una relación de producción, una manera de ganarse la vida, que las redu- ce a depender de la voluntad del patrón-marido. Esta situación, común a mujeres de to- das las clases, lleva a postular la existencia de una "clase social de género.

Heidi Hartmann: “Elinfeliz matrimonio entre marxismo y feminismo". Cuadernos del Sur N9 S'Marzo-mayo 1987. Ps. 113 y sgs.

En esta parte, sigo los lineamientos generales del articulo de Marta Fontenla: ‘Apuntes so- bre política sexual’ - Revista “Brujas” N9 14, Buenos Aires, Argentina, Ps. 34 y sgs. La información sobre el feminismo de los setenta ha sido extraída del artículo de Inés Ca- no ‘El movimiento feminista argentino en la década del ‘70’ - Revista “Todo es Historia", N9 183, Agosto 1982. Ps. 84 y sgs.

Los grupos de autoconcíencia surgieron en Estados Unidos a medidados de los años se- senta y dieron origen a 1a segunda oleada de feministas. En ellos, las mujeres se-reúnen a hablar de mismas, descubriendo el carácter común de experiencias que se suponían individuales. Fueron el punto de partida de importantes desarrollos dela teoria feminis- ta.

Tal fue el caso del Decreto dictado en 1974, que prohibe la difusión y venta de anticon- ceptivos. El mismo fue derogado durante el gobierno radical.

El feminismo radical considera la opresión de género corno la fundamental opresión hu- mana. Tiene diversas con'ientes. El feminismo marxista o socialista busca la interrelación entre género y clase, con distintos énfasis en uno u otro término. También ofrece diferen- tes vertientes.

Los puntos del programa eran los siguientes: l) Reforma y cumplirnento de la ley de guar- derías; 2) Igualdad de posibilidades en el acceso a la educación, capacitación técnica y tra-

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bajo; 3) Derogación del decreto que prohibe la difusión y uso de anticonceptivos; 4) Abor- to legal y gratuito; 5) Remuneración para el trabajo hogareño; 6) Creación de un organis- mo gubemamental que vigile la aplicación real de la legislación que reprime la trata de blancas; 7) Inclusión de los artículos referidos a la protección de la maternidad dentro del sistema de seguridad social en la Ley de Contrato de Trabajo; 8) Patria Potestad y tenen- cia delos hijos compartidas por padre y madre; 9) No discriminación a la madre soltera y protección especial para su hijo; 10) Derogación de la ley que obliga a la mujer a seguir al marido al domicilio que éste fije. (Fuente: artículo citado en Nota 7).

El grupo “Reunión de Mu jeres" no era una agrupación feminista, pero acompañó campa- ñas como la de Patria Potestad y el Tribunal de Violencia contra la Mujer. Surgió en mar- zo de 1982 a raíz de una invitación realizada por una mujer, a través de la radio, para reu- nirse en su casa a conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Acudieron 50 mujeres. Du- rante dos o tres años, realizaron reuniones semanales sobre diversos temas culturales y/o científicos. Luego se disolvieron.

Los puntos de acuerdo del 8/3/84, fueron: l) Ratificación dc la Convención de Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; 2) Igual- dad delos hijos ante la ley; 3) Modificación del régimen de Patria Potestad; 4) Cumplimien- to dela ley “igual salario por igual trabajo"; 5) Reglamentación de la ley de guarderías in- fantiles; 6) Modificación de la ley dejubilación para el ama de casa; 7) Creación de la Se- cretaría de Estado de la Mujer.

Luego de cinco años, en el sexto acto organizado por la Multisectorial, se llega alas siguien- tes demandas: l) Cese de la explotación, el trabajo en negro y la desocupación, del que son víctimas las trabajadoras: —Vigencia de la ley “Igual salario por igual trabajo" - Igualdad de oportunidades en el empleo y en la capacitación - participación en las Comisiones pa- ritarias - Inclusión de las trabajadoras rurales, domésticas y domiciliarias en las leyes de Contrato de Trabajo y Accidentes - Derogación de todas las leyes laborales y sindicales de la Dictadura; 2) Cese de toda forma de violencia contra las mujeres; 3) Defensa integral de los Derechos Humanos: Derogación y nulidad delas leyes de Punto final y Obediencia De- bida. Rechazo a todo tipo de anmistía. Juicio y castigo a todos los culpables. Restitución de los niños secuestrados; 4) Legislación que garantice información adecuada y amplia so- bre educación sexual y anticoncepción en centros educativos y de salud. Acceso a méto- dos anticonceptivos gratuitos y no nocivos en hospitales y obras sociales; 5) Reglamenta- ción de la ley 20.582 de Jardines Matemales Zonales; 6) Jubilación de las amas de casa, sin aportes; 7) Adecuación de la legislación vigente a la Convención de Naciones Unidas pa- ra eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer; 8) Integración proporcio- nal de mujeres a los cargos electivos y de decisión en los partidos políticos y organizacio- nes gremiales y sociales.

Las demandas del “Movimiento Feminista" eran: 1)Ratificación de la Convención de Na- ciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, 2) Régimen de Patria Potestad indistinta; 3) Igualdad de los hijos ante la ley; 4) Deroga- ción de los decretos que prohíben la difusión y la venta libre de anticonceptivos; 5) Dcs- penalización del aborto; 6) Despenalización del adulterio; 7) Divorcio vincular, 8) Conde- na n'gurosa a los violadores y golpeadores; 9) Basta de explotación sexual de la mujer (Pu- blicidad, casa de masajes, prostíbulos).

Para esa época, las propuestas del Movimiento de Derechos Humanos habían sido asumi- das por el conjunto del feminismo en Buenos Aires salvo por este grupo (OFA) que tení- a una posición decididamente contraria.

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" Los grupos de autoayuda son espacios de reunión —en este caso, de mujeres golpeadas-

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donde las afectadas cuentan sus experiencias y buscan caminos para resolver su situación. Los coordina una mujer que ha vivido y superado experiencias similares.

Sigo aquí los lineamientos generales del artículo de Alicia Lombardi: “Madres de Plaza de Mayo: un enfoque feminista", publicada en Revista ijas, Buenos Aires, Argentina, N9 9, noviembre de 1985, p. lO; y Ng 10, Noviembre de 1986, p. 46.

Además del artículo citado en la nota anterior, podemos registrar los siguientes a) Gloria Bonder: “Mujer y Política": Contribuciones al estudio de la política desde la perspectiva delas mujeres", Publicación del Centro de Estudios de la Mujer, 1983; b) Nélida Foifman - Magui Bellotti: “Una óptica feminista sobre los derechos humanos”, Ponencia presenta- da en la Jornada de Mujeres sobre “Vida Cotidiana y Política" (ATEM, Noviembre 1985). Inédito; c) Laura Rossi" “Las Madres de Plaza de Mayo o cómo quitarle la careta a la hi- pocresía burguesa", Revista “Alternativa Feminista”, N9 l, Marzo de 1985, d) Piera Orí- a: “De la casa a la Plaza"; e) “Mitos viejos, luchas nuevas; ¿Transformación o ruptura de la cotidianidad en la lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo?, publicación de dos Me- sas de Trabajo realizadas por el Encuentro Cristiano, agosto de 1986; f) María del Carmen Feijóo, Mónica Gogna: “Las mujeres en la transición a 1a democracia", publicado en el li- bro “Los nuevos movimentos sociales", compilado por Elizabeth Jelin, Colección Biblio- teca Política Argentina del Centro Editor de América Latina, 1985; g) Mesa Redonda con participación de Madres, y Abuelas de Plaza de Mayo, mujeres de Familiares de Deteni- dos y Desaparecidos por Razones Políticas y feministas. Jornadas sobre “Vida Cotidiana y el hacer político de las mujeres", (ATEM, 1985), Publicado por el menciónado grupo co- mo Síntesis y Conclusiones de tales Jornadas.

Hasta 1985, sólo ATEM (Asociación de Trabajo y Estudio de la Mujer) “25 de Noviem- bre", daba su apoyo, mientras que los otros grupos existentes en ese momento, oscilaban entre la indiferencia, alguna participación individual y la consideración de que estos mo-' vimientos reafirmaban el papel tradicional de las mujeres y por ende no tenían ninguna co- nexión con el feminismo. En 1985, la actitud comienza a cambiar y, salvo el caso de OFA (hoy “Movimiento Feminista"), existe consenso respecto a la legitimidad del apoyo y la participación.

María del Carmen Feijoó, Mónica Gogna: “Las mujeres en la transición a la democracia", publicado en “Los nuevos movimientos sociales". Compilación de Elizabeth Jelin, Colec- ción Biblioteca Política Argentina, Centro Editor de América Latina, 1985.

Idem.

En Perú, por ejemplo, a partir de 1979, “se multiplicaron las organizaciones populares de mujeres, convocadas por los víveres que la UD-AID entrega al gobierno peruano e insti- tuciones filantrópicas para el fomento del desarrollo comunal" (Maruja Bani g: “Democra- cia emergente y movirniento de mujeres"). Se organizan comedores populares, atendidos por mujeres.

Virginia Vargas Valente: “Reflexiones sobre la construcción del movimiento social de mu- jeres". Nuevo Cuaderno N9 9: “Movimientos Sociales y educación popular en el Perú", Pu- blicación del Centro Latinoamericano de Trabajo Social (CELATS), Lima, 1986.

La experiencia más importante en Buenos Aires, en este sentido, es la de la Multisecotrial de la Mujer.

El caso de un grupo de mujeres del Partido Socialista de los Trabajadores (PST).

Marta Cecilia Vélez Saldarri aga: “Propuestas para una discusión sobre el proyecto políti- co del feminismo", Revista Brujas, Colombia, Setiembre 1987.

“Entrevista a Celia Amorós", Revista “Brujas”, Buenos Aires, Argentina, N9 12, Marzo de

1988.

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LA ECONOMIA POLITICA DE ALFONSIN ¿AJUSTE o MODERNIZACION?

Guillermo E. Giglíani.

El curso fundamental de la política económica de Raúl Alfonsín estuvo signado por el pago de la deuda externa. A lo largo de cinco años y medio (diciembre de 1983- julio 1989), el gobierno radical trasitó por el camino del ajuste exigido por el FMI y la banca acreedora. Tal gestión provocó una ex- traordinaria transferencia del excedente y tuvo un impacto desvast'ador so- bre el proceso productivo.

En medio de la crisis y de la violenta inflación, el bloque dominante, in- dustrial, bancario y agropecuario, que “se había consolidado durante el pe- ríodo Martínez de Hoz, fortaleció su poder económico y político.

Durante estos años, además de haberse acentuado la dependenciaexter- na, continuó desarrolándose el proceso de centralización y concentración del capital. Este crecimiento de la gran burguesía descansó, al igual que du- rante el período militar, en la “acumulación primitiva” de fondos estatales, lo cual contribuyó a agravar la situación del presu’pesto fiscal y a exacerbar la inflación.

En los primeros meses del gobierno radical, a principios de 1984, el blo- que hegemóníco presiónó para que se llegara a un acuerdo con el comité de bancos acreedores, cómandado por William Rhodes, del Citicorp. Tal pre- sión apuntaba a que el alfonsinismo se allanara a aplicar el ajuste del FMI. Los depósitos radicados en el exterior determinaban que esa política, ave- nirse a las exigencias de la banca, fuera lo más conveniente a sus intereses.

La gestión de Bernardo Grinspun en el Ministerio de Economía, no cum- plió ese objetivo y recién el plan Austral, lanzado en junio de 1985, por el nuevo ministro Juan Sourrouille marcó el inicio de un entendimiento más estable con la burguesía local y con el sistema imperialista.

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Pero, el propósito de Alfonsín era llegar a un acuerdo con el bloque do- minante que fuera más allá del ajuste y que pudiera encarar un proceso de reorganización profunda del capitalismo argentino. Este cometido, que se dio en llamar el “proyecto de modernización”, suponía ahondar las transfor- maciones económicas y sociales operadas desde 1976, aumentar la capaci- dad generadora de plusvalía del sistema económico y orientar su funciona- miento hacia el mercado mundial.

Los resultados obtenidos por el gobierno radical deben ser juzgados des- de esa doble perspectiva. Alfonsín fue un ejecutor contumaz del ajuste, pe- ro no pudo contener el desenvolvimiento ciego de la crisis. La mayor par- te de su ciclo estuvo signado por la caída del salario real, el retroceso de la producción y de la inversión, la especulación financiera permanente y cul- minó en la hiperinflación.

La explosión in flacionaria de la primera mitad de 1989 determinó una a- brupta interrupción del proceso de producción y realización de la plusvalí- a, la virtual desaparición de la moneda y la pulverización del poder de com- pra de los salarios. Estas condiciones sellaron la suerte de las elecciones del 14 de mayo. El candidato peronista Carlos Menem resultó electo presiden- te por una abrumadora mayoría.

La crisis económica y financiera con que concluyó la gestión alfonsinis- ta sumergió a millones de argentinos en el hambre y en la desesperación. A fines de mayo, decenas de miles de hombres y mujeres se lanzaron a asal- tar supermercados. en Rosario y en el Gran Buenos Aires, para poder comer. La respuesta del gobierno radical —con el apoyo del peronismo—, fue la declaración del estado de sitio y una represión brutal que arrojó 14 muertos. El 12 de junio, Alfonsín, acosado por la fuerza de la conmoción social, de- cidió abandonar la presidencia.

En el contexto de esta sucesión ininterrumpida de crisis, el modelo de a- cum ulación impuesto en 1976, continuó consolidándose. Es cierto que elra- dicalismo no pudo plasmar el “proyecto de modernización”, en forma aca- bada, y que tampoco consiguió inaugurar un ciclo de expansión produCtiva. Pero, la reconversión capitalista continuó avanzando a toda máquina. En 1988, en plena recesión, las exportaciones industriales crecieron un 45% y el PBl industrial cayó un 7%. En los primeros seis meses de 1989, las expor- taciones manufactureras volvieron a crecer otro 40% y el PBI industrial se desplomó otro 12%.

De esta forma, el alfonsinismo ocupó una etapa particular del capitalis- mo contemporáneo. Suslogros están ligados ala afirmación, en un sentido

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reaccionado, de los resultados económicos del período anterior, del ciclo Martínez de Hoz. La reconversión, ejecutada por los militares de manera brutal, encontró una legitimación en cl gobierno radical, que la continuó por medios parlamentarios. El ritmo de este proceso no deja lugar a dudas: du- rante estos años, la cúpula de la burguesía se consolidó más que en el período anterior.

Comparte, además, con el “proceso”, un fracaso decisivo: no haber po- dido plasmar un curso expansivo.

Durante estos años, la marcha del capitalismo argentino estuvo estrecha- mente condicionada por la economía mundial. La explosión de la deuda ex- terna en 1982 agravó la crisis de las finanzas internacionales y una de las ví- as para arnortíguarla fue transferir los costos a la periferia. el ajuste repre- sentó la adaptación de los países deudores a las exigencias de reestructura- ción del imperialismo, y ello se tradujo en recesión e inflación.

La tarea inconclusa de consolidar una fase productiva pasó al gobierno de Carlos S. Menem. El jefe actual del peronismo había empezado su cam- paña electoral con las consignas de “moratoria” y de“salariazo”. Pero, ame- dida que se acercaba la fecha de las elecciones, el mensaje de Menem se di- ferenció de la dupla Angeloz-Alsogaray y tendía a remitirse, aunque espo- rádicamente, al discurso del peronismo histórico.

Pero, despues del 14 de mayo, Menem jugó una carta inesperada. Anu- un acuerdo con Bunge y Born y colocó a su máximo ejecutivo en el Mi- nisterio de Economía. La nueva política cosechó el respaldo del bloque do- minante, del FMI y del cartel bancario acreedor.

En pocos días, el jefe del cuarto peronismo, de lo que Horowicz llamó el “peronismo de la derrota”l , conSumó una campaña arrolladora de privatiza- ciones, deSregulación y apertura extema. Con ello el programa económico de Menem se erigió en la continuación, y en la profundización, en todos los planos, del proceso de reorganización capitalista abierto en 1976, reforza- do por la legitimidad política de ocho millones de votos.

En los tiempos que se vienen se verá el grado de éxito o de fracaso de es- ta nueva versión del proyecto del bloque hegemónico y, al mismo tiempo, en que medida la clase obrera podrá recomponer sus fuerzas y su dirección política para resistir una ofensiva que vulnera sus intereses más inmediatos, en primer lugar, el de contar con niveles mínimos de subsistencia.

Pero, en lo que sigue, se analizará el curso alfonsinista. En particular, se tratará de indagar cuáles fueron los factores que permitieron que el radica- lismo avanzara, sin pausas y sin una oposición relevante, en el camino del

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ajuste y de la reconversión. Ello equivale a preguntarse cómo resultó posi- ble sostener unapolítica económica continuadora de la estrategia del gobier- no militar, en el contexto de un gobierno civil, con elecciones parlamenta- rias cada dos años; Cuáles fueron, por consiguiente, las condiciones socia- les, políticas y económicas que garantizaron la marcha de la política alfon- sinista y su poder para condicionar a los demás partidos del sistema, en par- ticular, al peronismo.

La derrota del 76 y la reconversión del capitalismo.

Existe una razón decisiva que explica la“estabilidad” de la gestión alfon- sinista, su insistencia en el ajuste a lo largo de cinco años, sin que ese rum- bo haya sido afectado por rectificaciones fundamentales:

Entre la política aplicada por el gobierno radical y los anteriores planes de ajuste, medió el proceso militar de 1976-83. Esto es, la derrota política de la clase obrera, conseguida a sangre -y fuego, y además, el Conjunto de transformaciones que se operaron en la economía argentina. Resultaría im- posible concebir la perdurabilidad, durante todo ese tiempo, de la política de Juan Sourrouille, de no haber mediado los cambios introducidos por Mar- tínez de Hoz.

Entre esos cambios, existen dos, cuya consideración resulta fundamen- tal.'Primero, a partir de 1976, quedó saldada la cuestión de cuál es l'a frac- ción hegemónica de la burguesía argentina. La política de Martínerz de'Hoz tuvo la virtud de unificar a las clases dominantes sobre la base del modelo de acumulación sustitutivo, vigente hasta entonces, y puso en marcha un ci- clo de concentración del capital nacional, que arrojó a la ruina a segmentos considerables de la burguesía chica y mediana. Esto es, los barrió delma- patindustrial.

Segundo, la “estabilidad” de la política económica del radicalismo se a- sentó sobre la derrota de la clase obrera, llevada a cabo durante la dictadu- ra militar mediante una represión brutal. La continuidad de las condiciones de retroceso obrero y la falta de una dirección político-sindical, permitieron que el alfonsinismo consolidara la situación abierta en 1976, por medios e- conómicos yr sociales.

El golpe del 76 se propusotreorganizar estructuralmente el funciona- miento del capitalismo argentino. El programa impulsado por Martínez de Hoz buscó reconvertir la'indusuia' para orientarla al mercado mundial, re-

CUADERNOS DEL SUR 10 47

ducir la importancia del mercado interno y aumentar rápidamente la renta- bilidad del capital.

El resultado fue incrementar, en forma drástica, la masa de plusvalía ge-

nerada por el sistema. Entre 1975 y 1976, la participación de los salarios en el PBI cayó del 43,1 % al 27,6%.

El proyecto económico del gobierno militar se llevó a cabo en una fase del ciclo imperialista caracterizada por un auge extraordinario de la expor- tación de capitales monetarios, de eurodólares, a la periferia.2 Martínez de Hoz aprovechó estas condiciones y dió impulso a una estrategia de transna- cionalización financiera que provocó un ingreso arrollador de préstamos de corto plazo. Entre 1975 y 1981, el endeudamiento externo argentino saltó de 8.085 a 35.671 millones de dólares.

Esa masa extraordinaria de divisas sirvió a dos fines principalesLPrime- ro, fue un instrumento que consolidó el proceso de concentración del capi- tal. En particular,-el crecimiento formidable de grupos pertenecientes ala gran burguesía local. De acuerdo a Eduardo Basualdo’, a fines de 1983, 30 grupos internos participaban en el 34,5% de la deuda externa privada. A su vez, 106 empresas extranjeras concentraban otro 34,0%. Esto significa que un centenar de consorcios imperialistas y 30 monopolios de capital local, responden por la parte del león, por el 68,5% del endeudamiento privado.

Segundo, la deuda sirvió para financiar la fuga de capitales más extraor- dinaria dela historia argentina. En. los últimos quince años, las clases domi- nantes territorializaron en los países metropolitanos una suma estimada por la banca Morgan en 46.000 millones de dólares. La mayor parte de esa f u- ga de divisas se llevó a cabo en aquella época, esto es, entre 1978 y 1982.

Uno y otro aspecto verifican que la deuda externa es, en un sentido fun- damental, un problema interno del capitalismo argentino. Sirvió para finan- ciar el proceso de reconversión iniciado en 1976 y, además, convirtió a los capitalistas argentinos en una “clase acreedora”, parala cual, como dice J a- mes Petras, el pago de la deuda tiene un carácter positivo.‘

El proceso de reconversión industrial impulsado por Martínez de Hoz, que provocó el cierre de empresas y la expulsión de 150.000 asalariados del centro de la producción manufacturera, se desarrolló en un contexto de cri- sis y de recesiones periódicas y, finalmente, explotó con el colapso de ba- lanza de pagos de marzo de 1981. En otros términos, el proyecto fundacio- nal inaugurado en 1976 removió las bases del viejo modelo de acumulación, echó las bases de otro nuevo, pero tuvo un pobre resultado en términos de

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iniciar un ciclo de expansión capitalista, de acumulación del capital repro- ductivo.

A pesar de esta limitación, el “proceso” tuvo un logro indiscutido. El blo- que burgués se unificó sobre la base de su sector más concentrado, consti- tuido por industriales, banqueros y terratenientes.

A lo largo de este período, se consolidaron los rasgos dominantes de la cúpula burguesa. En forma casi invariable, los grupos monopólicos nacio- nales se expandieron diversificando sus actividades en la industria, el agro, la banca y los servicios. En una alta proporción, esos conglomerados enca- raron su transnacionalización, estableciendo vínculos con el exterior de ca- rácter comercial, financiero y productivo.

Por otra parte, durante estos años, el crecimiento de la burguesía se apo- en un proceso de “acumulación primitiva”, sostenido por el subsidio es- tatal.

Ello ocurrió desde un principio, mediante los regímenes de obra públi- ca, de promoción industrial, y el mecanismo de la “tablita cambiaria” (1979- 81) para ingresar capitales externos. Pero, adquirió proporciones gigantes- cas, a partir del crac de balanza de pagos de 1981. Esta fecha marca el ini- cio de la aplicación de una serie de políticas impuestas por el bloque domi- nante (seguros de cambio, estatización de la deuda externa, licuación de la deuda interna), tendientes a descargar los costos de la crisis sobre toda la so- ciedad. En este último período, la magnitud del subsidio estatal directo a la inversión capitalista alcanzó valores inéditos. El efecto de este conjunto de operaciones fue arrojar al Estado a una situación de virtual quiebra f inancie- ra.

De la dictadura a la democracia

El crac de balanza de pagos de 1981 señaló el fin de la gestión Martínez de Hoz y abrió una etapa de crisis continuadas. Cuando, en agosto de 1982, el gobierno de México se declaró en cesación de pagos, la crisis de la deu- da mundial se sobreimprimió a la crisis argentina.

El colapso de la deuda de América Latina inauguró un período de brutal exacción imperialista sobre los países deudores. La banca acreedora se agru- en un “cartel” unificado, recibió el apoyo del gobierno de EEUU. y, a- demás, contó con la gestión del FMI, cuya misión principal fue coordinar con los deudores la aplicación de programas de ajuste que permitieran acu- mular divisas; a costa de provocar la recesión interna.

CUADERNOS DEL SUR lO 49

El último turno del gobierno militar presidido por el general Bi gnone, se allanó a las exigencias del FMI, sin ningún tipo de resistencia y empezó a pagar la deuda. El bloque dominante endosó esa política. Para los “capita- listas transnacionales” de la Argentina, el mantenimiento de relaciones “ar- mónicas” con el imperialismo era un asunto que encajaba con sus intereses, por su condición de “clase acreedora”.

Existe una razón adicional que explica la falta de una actitud defensiva mínima de la burguesía frente a la banca. Tal como lo comprobó una inves- tigación encarada por el propio Banco Central que 1 lnunca tomó estado pú- blicos, la deuda externa privada era, en gran parte, un fraude. La investiga- ción documentó perfectamente que lo que aparecía como deuda externa de Ford, Fiat, Pérez Companc, Renault y otros monopolios, eran en realidad, operaciones ficticias para comprar dólares baratos. Se trataba, por ejemplo, de simular deudas mediante la constitución de depósitos en el banco pres- tamista, para poder obtener dólares a precios subsidiados por el Estado.

Obviamente, discutir con los bancos y el FMI en otros términos, “polí- tizar” la deuda, arrastraba el riesgo de echar luz sobre esas estafas que abar- caban una alta proporción de los préstamos privados. En estas 'circunstan- cias, lo mejor era pagar sin hacer mucho ruido.

Sourrouille: un ministro para el bloque dominante.

La derrota de las Malvinas determinó la caída del general Galtieri y la convocatoria a elecciones para el 30 de octubre de 1983. Para la banca y el FMI, negociar con un gobierno débil y en retirada no ofrecía demasiadas perspectivas. En consecuencia, el futuro de los pagos dependía del signo del gobierno civil que resultara electo.

El resultado de los comicios colocó en el gobierno a Raúl Alfonsín, un candidato que había explicitado su intención de no tocar un ápice los inte- reses del imperialismo y de las clases dominantes.

Como responsable del área, Alfonsín designó a Bernardo Grinspun, un economista para el cual el proceso de reconversión había pasado inadverti- do. Pagar la deuda, pelearse con los enviados del fondo y mantener deter- minados niveles de actividad en el mercado interno, no ofrecía, en su par- ticular óptica, dificultades insalvables.

Cuando el agravamiento de la crisis y la presión del FMI hizo insosteni- ble su posición, el presidente Alfonsín lo reemplazó por el hombre indica- do. El hasta entonces Secretario de Planificación, Juan V. Sourrouille, asu-

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mió sus funciones en febrero de 1985. Para el nuevo ministro y su equipo, no existía ninguna chance de manejar la coyuntura si no se establecía un a- cuerdo con el FMI.

Entre febrero y junio de 1985, varias cosas quedaron resueltas. Primero, el gobierno argentino inició tratativas inmediatas en Washington para con- venir un programa de ajuste. Segundo, la conducción económica pasó a un hombre convencido de que el mercado interno. no contaba para dinamizar el capitalismo argentino. Tercero, para el nuevo ministro, elv salario real debí- a caer y ello empezó a ser ejecutado desde el primer día de su gestión.

En marzo de 1985, Alfonsín anunció desde Houston, EE.UU., una nue- va política petrolera. Este fue el punto de partida para entablar una relación más estable con el bloque dominante. En este nuevo curso, se planteó el de- bate del “proyecto de modernización”. En otros términos, la discusión de cuál habría de ser el modelo futuro de la Argentina.

En sus diagnósticos de la crisis, los políticos y los economistas del sis- tema, los capitalistas y los acreedores, coincidían en un punto fundamental. El crac de marzo de 1981 y la brutal exacción provocada por la deuda ex- terna, habían agravado, hasta límites inéditos, la crisis del capitalismo ar- gentino, pero no la habían provocado. Uno y otro factor tuvieron por efec- to, exacerbar, profundizar, una crisis ya existente.

Tal crisis, su naturaleza y su intensidad, se vinculaba a los condicionan- tes estruCturales de la economía nacional, subdesarrollada y dependiente, los cuales constituyeron un factor fundamental del endeudamiento, más a- llá de lo ocurrido a fines de los años 70. El problema de la deuda no hizo si- no exacerbar aquellos desequilibrios básicos, imprimiéndoles una dimen- sión extraordinaria.

Entonces, si la crisis estaba vinculada a los fundamentos mismos del ré- gimen productivo, salir de ella requería, más allá de dominar la coyuntura, una reorganización profunda del sistema, que fuera capaz de dinamizar el

crecimiento de las fuerzas productivas, y en particular, de incrementar la ca pacidad de generar plusvalía relativa a través de nuevas inversiones. Tales la última ratio del “pro ecto de modernización”, que el gobierno se apres- taba a discutir con el b oquc dominante.

Estado, crisis e inflación.

A mediados de 1985, la inflación cruzaba la barrera del 1000% anual. La reccsrón sacudía todos los mercados y el salario real sufría un fuerte dete- rroro.

Frente a esta situación, la preocupación número uno del gobierno de Al-

CUADERNOS DEL SUR 10 51

fonsín y del bloque dominante pasó a ser controlar el desenvolvimiento cie- go de la crisis por dos razones básicas: 1) su desbocamiento podía generar un alto costo social y político; 2) para la burguesía, el desarrollo de la cri- sis no aseguraba, por solo, el cumplimiento de las metas de reorganización del capitalismo, entre otras razones, por el riesgo inminente de la hiperinfla ción.

En estas circunstancias, Alfonsín jugó todas SUS cartas-a ganarla confian- za delos banqueros internacionales. En el mes de mayo, José L. Machine- a y Mario Brodersohn se trasladaron a Washington a discutir un nuevo plan de ajuste con Jacques de Laroisiere, del FMI y Paul Volcke‘r, presidente de la Reserva Federal.

La existencia de estas tratativas fue completamente desconocida en la Argentina, hasta la fecha del anuncio del plan. En la noche del 14 de junio de 1985, Alfonsín y su ministro, dieron a conocer el Plan Austral; El progra- ma, cuyo objetivo inmediato era frenar la carrera violenta de los precios, contenía las metas fiscales, monetarias y cambiarias, propias de cualquier plan de ajuste. A estas medidas, se le agregaba un congelamiento del sala- rio, el tipo de cambio y- los precios industriales. Porsu lado, el compromi- so de pagar losintereses de la deuda se mantenía inconmovible.

En otras palabras, el plan se proponía posibilitar que la transferencia de recursos se realizara en. un marco de equilibrio, El drenaje de divisas debí- a continuar, pero cuidando que ello no originara un incendio inflacionario.

El plan Austral y la fantasía alfonsinista

El Austral fue, en su comienzo, en su época de esplendor, una victoria al- fonsiniSta en toda la línea. Las medidas recibieron el respaldo de todas las fracciones de la burguesía. La Unión Industrial, ADEBA y la “Sociedad Ru- ral apoyaron el programa-Roberto Alemann y Adalbert Krieger Vasena, en- tre otros economistas cuyas voces son escuchadas atentamente por la ban- ca extranjera, impartieron su conformidad pública.

El radicalismo lo-presentó' como un plan “heterodoxo”, que posibilitarí- a eliminar la inflación y retomar el crecimiento. Además, tales logros habrí- an de ser aleanzados con la colaboración del FMI y del propio gobierno de Reagan. En vez del conflicto, que era propiciado por la izquierda, Alfonsín

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y Sorrouille optaban por el acuerdo. Era la negociación y no la moratoria o el enfrentamiento, lo que permitiría borrar el fantasma de la hiperinflación.

El éxito del alfonsinismo fue “politizar” el problema de la inflación y di- sociarlo del tema de la deuda externa, del parasitismo de la burguesía y de la polí tica del ajuste. La deuda era desplazada en el orden temporal, para ser resuelta más adelante, con la ayuda de los acreedores. La crisis quedaba re- ducida, así, a una cuestión técnica, que podía ser conjurada por un equipo notable de expertos en “efectos inerciales” y en “shocks”. En la cumbre de esta Ofensiva ideológica, Sourrouille y sus hombres repetían, a los cuatro vientos, que el plan resultaba “neutral” desde el punto de vista de la distri- bución del ingreso.

El primer fascinado por los resultados inmediatos fue el propio Alfonsín. Con este plan, sus ideas encontraban una traducción práctica, algo que los propios economistas del radicalismo, como Bernardo Grinspun, no le habí- an sabido proporcionar.

Con el razonamiento simplista que le inculcaban sus asesores (los del Plan Austral y los del Club Socialista), Alfonsín pensó que una vez resuel- to el problema de la inflación, quedaba expedito el camino para que la bur- guesía argentina pusiera en f uneionamiento el proceso productivo.

En el partido justicialista, las actitudes oscilaron entre el apoyo entusias- ta y e‘l visto bueno. Esta reacción no era casual. El cuarto peronismo, que a- rrancó en la época del Rodrigazo y de Isabel Perón, se expresaba, en esta é- poca, en el proceso de alfonsinización de la sociedad. Desde el punto de vis- ta de la estabilidad del sistema, el merito de Alfonsín no puede ser medido únicamente por su victoria aplastante sobre el peronismo en 1983, sino ade- más, por su capacidad para reconvertirlo, para “democratizarlo”, despoján- dolo de todo contenido obrero o sindical.

Frente al Austral, ni un socialcrístiano como Cafiero (o socialdemócra- ta, según se prefiera), ni un histórico como Menem, tenía objeciones rele- vantes, ni un proyecto alternativo. Por eso, lo apoyaron.

Este dato crucial, la falta de una propuesta económica diferente a la del radicalismo (a la del bloque dominante), que empalmara, por lo menos ti- biamente, con el nacionalismo económico (burgués), permite entender la trayectoria posterior del peronismo, la facilidad con que el alfonsinismo po- día influirlo y, también, la extraordinaria rapidez con que Menem fue coop- tado por el bloque dominante, días despues de las elecciones del 14 de ma- yo de 1989.

CUADERNOS DEL SUR 10 53 El plan Austral y la ofensiva del capital

Para la burguesía, el plan encerraba dos elementos decisivos. Primero, buscaba conseguir un reordenamiento fiscal y monetario que permitiera que el drenaje de divisas se operara en un marco de “normalida Segundo, ten- día a recuperar las condiciones de rentabilidad y a crear las bases para rees- tructurar el proceso de producción.

Como ocurre con todos los programas de ajuste, el Austral operó sobre el empleo y el salarioal. La evolución del salario real y de la productividad indusuial permite evaluar en que medida la gestión de Sourrouille transfi- rió el costo del ajuste a los asalariados. Entre el último trimestre de 1984 y el último de 1985, el costo salarial de la industria se redujo un 26.7%, co- mo consecuencia del incremento de la productividad y de la caída del sala- no.

Cuadro 1 Productividad y Costo Salarial (1983: 100) Período Salario Horario Productividad Costo Real horaria Salarial

1984 (IV trimestre) 136,6 100,6 135,8 1985 (IV trimestre) 130,4 114,6 99,1 1986 124,7 111,8 111,5 1987 121,9 114,0 106,9 1988 100,6 104,3 96,5 1989* 91,8 104,9 87,5

* Estimado primer semestre. FUENTE: B.C.R.A. - INDEC.

En términos de las cuentas nacionales disponibles, el costo salarial per- mite obtener una aproximación a la tasa de plusvalía“. Esto da una idea del incremento notable de la explotación de la fuerza de trabajo a lo largo del primer año del Austral.

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El programa del 14 de junio de 1985 experimentó, a partir de agosto de 1986, sucesivos retoques y modificaciones, pero esas actualizaciones man- tuvieron la política del ajuste hasta comienzos de 1989.

Esto tuvo un impacto contundente sobre los niveles de empleo, confor- mando una situación de desocupación estructural sin precedentes en la se- rie histórica.

La tasa de desocupación pasó del 4,1%, en 1984, al 6,1%, en 1988. A su vez, la subocupación, subió de 4,5%, en 1984, al 7,9%, en 1988. La suma de ambas tasas se ubica en niveles récord, aún si se toma en cuenta el perí- odo militar, alcanzando al 14,0%, en 1988, En abril de 1989, llegó al 16,0%.

Además de consolidar una tasa estable de desocupación estructural, el gobiemo-deprimió fuertamente el salario real. La participación de los asa- lariados en el PBI permite medir esa caída. Con la excepción del incremen- to Otorgado por Grinspun en 1984, que no alcanzó para acercar los salarios a los niveles de la primera mitad de la década del 70, la distribución del in- greso del alfonsinismo no se diferencia de la de Martínez de Hoz.

En este campo se puede verificar que los resultados del golpe de 1976 se prolongan a nuestros días. La- política de Alfonsín profundizó la caída sala- rial para restaurar la rentabilidad capitalista, aumentar los saldos exporta- bles y expandir las exportaciones industriales con mano de obra barata.

Estos cambios quedaron consolidados por la hiperinflación de 1989 y re- presentan el punto de partida del prOyecto r'eaccionario que Carlos Menem está dispuesto a llevar adelante.

Ajuste y “dolarización”

El plan Austral, como se señaló, fue seguido por sucesivos ajustes, cada uno de los cuales estuvo supervisado por el FMI. Entre junio de 1985 y fe- brero de 1988, elMinistro Sourrouille firmó ocho memorandum de en- tendimiento’. Cuando, a mediados de 1988, la crisis se hizo inmanejable pa- ra el gobierno, la supervisión del Fondo obviamente, dejó de tener un sen- tido práctico.

Más allá de las declaraciones que se vertían en los papeles, el aju'ste es- taba orientado a asegurar el pago de la deuda. En la década del 80, la misión del FMI se centró en garantizar la circulación de plusvalía desde la perife- ria latinoamericana hacia las naciones metropólitanas.

Por esta misma razón, el objetivo antiinflacionario, que solía ser presen- tado como meta principal de los programas de ajuste era, a todas luces, un

CUADERNOS DEL SUR 10 55

objetivo secundario, subordinado a la exigencia de incrementar, de maximi- zar, el excedente de la balanza-comercial“.

Más aún, los planes de ajuste, como el caso del Austral, no solamente ca- recían de una estrategia global para erradicar la inflación, sino que por su propia finalidad, por sus objetivos verdaderos, tendían a acentuarla.

Por lo menos, dos patas del ajuste contribuyeron a reciclar la inflación. Primero, el pago de los intereses externos. Segundo, la política de especu- lación financiera.

Pagar la deuda y estabilizar los precios es un contrasentido. El destino de los préstamos externos fue alimentar una fuga de capitales, cuyo costo fue transferido ala sociedad. Por eso, el 90% de la deuda es de carácter públi- co (por su origen o por haber sido nacionalizada) y el Estado carece de re- cursos genuinos para afrontar su cumplimiento.

La política encarada por Alfonsín intentaba solucionar el llamado “pro- blema real” de la deuda: acumular el máximo saldo comercial posible. Por- esta razón, el FMI la aprobó y el Tesoro de EE.UU. aportó un crédito-puen- te. Pero, el ajuste era incapaz de resolver el “problema presupuestario”: có- mo conseguir los recursos fiscales genuinos para comprarlos dólares gene- rados por la balanza comercial.

Esta contradicción estuvo en el acta misma de nacimiento del Plan Aus- tral y ello explica por que la inflación retornó, con toda virulencia, a partir de 1986.

Lapolítica“heterodoxa” aplicadapor Sourrouille tenía otro elemento de- sestabilizador. Este consistía en mantener altas tasas de interés y congelar el crecimiento del dólar. Mediante este sencillo mecanismo, las distintas fracciones de la burguesía obtuvierón superganancias especulativas en el mercado bancario. En un año, los inversores pudieron duplicar su capital i- nicial. El que había depositado 1.000 dólares en julio de 1985, se juntó con 2.000 en junio de 1986.

Para los “capitalistas transnacionales” de la Argentina, las altas tasas de interés internas acarrean la posibilidad de pingües beneficios porque traen sus capitales del exterior y los invierten en bancos o en títulos públicos. En consecuencia, lo que parece irracional para el capitalismo en general (tasas de interés exhorbitantes), resulta racional desde el punto de vista de la cla- se capitalista argentina’.

Pero, la especulación introducida por el equipo Sourrouille terminó por

56 NOVIEMBRE 1989

adquirir elcarácter de una fuerza enormemente destructiva. Por un lado, blo- queó toda perspectiva de reactivación productiva. Por el otro, provocó un crecimiento descomunal de los depósitos bancarios, lo cual tuvo como con- trapartida la realimentación de una deuda interna peculiar: el sistema de en- cajes bancarios remunerados por el Banco Central. El pago de estos enca- jes (el déficit cuasi-fiscal, en la jerga del FMI), se convirtió en un factor in- flacionario permanente.

Cuando, en 1987, la inflación se hizo incontrolable y la especulación em- pezó a desplazarse de los depósitos hacia el dólar, el gobierno emitió títu- los del Tesoro ajustados por la divisa norteameIicana y dio curso a lo que Pierre Salama llamó la “dolarización” del sistema económico”.

El pago de la deuda externa requirió un ajuste que elevara la tasa de in- terés y devaluara permanentemente la moneda. Al atar la deuda interna al dólar, se hizo depender el gasto público y el déficit fiscal del sector exter- no. Para Salama, la “dolarización” somete el sistema financiero a los vaive- nes del tipo de cambio, lo cual exponencia el crecimiento de la inflación.

De esta forma, el vértigo especulativo abrió el paso al vértigo inflacio- nario. Con la “dolarización” de los títul‘os públicos bastaba un shock carn- biario para que la deuda interna y el déficit fiscal se potenciaran. El cami- no a la hiperinflación quedó franqueado.

Argentina en la década del 80: la exacción imperialista

“El mundo ha quedado dividido en un puñado de Estados usureros y u- na enorme mayoría de Estados deudores”“. Con esta frase Lenin retrató la capacidad del capital metropolitano invertido en las semicolonias, en la é- poca de auge del imperialismo (1875-1914).

Seis décadas más tarde, aquel cuadro se repetía con igual intensidad. La exacción del capital imperialista representó, en la década del 80, el Obstácu- lo más formidable para la marcha de la periferia latinoamericana.

La crisis de la deuda, que estalló en 1982 y continúa a nuestros días, con- virtió alos países de América Latina en exportadores netos de plusvalía.

El excedente anual del intercambio comercial mide la capacidad de pa- gos del país y es la forma más directa de calcular la transferencia neta al ex- terior. Entre 1982 y 1989, la transferencia argentina así estimada, fue de 24.512 millones de dólares. Si se considera el período de Alfonsín (1984- 89), corresponden 18.891 millones.

CUADERNOS DEL SUR 10 57

Cuadro 2 Deuda externa y transferencia de recursos (en millones de dólares)

Servicios financieros

Deuda Servicios en % en % Transferencia externa financieros impor- impor- neta taciones taciones al exterior totales bienes Año de equipo 1982 43.634 4.719 88,4 603,5 2.288 1983 45.069 5.408 119,8 845,0 3.332 1984 46.171 5.712 124,6 944,1 3.523 1985 49.326 5.304 139,0 885,5 4.583 1986 51.422 4.416 93,5 407,8 2.130 1987 58.324 4.485 77,1 460,0 542 1988 59.000 5.127 96,3 512,7 3.813 1989* s/d 6.400 148,8 640,0 4.300

"' Estimado. FUENTE: INDEC, B.C.R.A. y estimaciones.

En su mayor parte, ese giro de dólares se destinó al pago de intereses a la banca internacional. Pero, en medio de la crisis, todas las fuentes de ex- tracción del excedente se intensificaron. El pago de utilidades a l-a inversión directa y de royalties alcanzó, en estos años, un valor récor 11.

La salida de plusvalía operada en este período representa una magnitud extraordinaria, medida por cualquier patrón. Una sencilla comparación ser- virá para verificar esta afirmación. De acuerdo a estimaciones del FMI, el valor del stock de inversión directa extranjera existente en la Argentina e- ra, a lines de 1983, de 5.800 millones de dólares. Por lo tanto, el “tributo co- lonial” pagado durante el gobierno radical (1984-89) es equivalente a dos veces y media el valor de los activos de propiedad extranjera acumulados a lo largo de décadas. Si se tiene en cuenta todo el período (1982-89), este tri- buto equivale a casi cuatro veces el valor del stock físico de capital impe- rialista radicado en el país.

Esta salida de divisas no representó, sin embargo, la única forma deapro-

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piación del excedente. El pago de la deuda exige que los países deudores ex- porten cadavez más, aunque los precios de sus productos caigan a niveles históricos. En consecuencia, la cobranza de la deuda tiene por efecto agra- var las pérdidas originadas en el intercambio desigual. En virtud de ello, las dos formas de explotación imperialista, la deuda y el comercio no equiva- lente, se refuerzan y adquieren una intensidad inédita.

Tomando como referencia los términos del intercambio vigentes en 1980, se puede tener una medida indirecta de la transferencia de valor a tra- vés del comercio. Entre 1982 y 1988, la Argentina perdió la suma de 18.104 millones de dólares. Esta cifra aumentaría, si se computaran las cifras co- rrespondientes a 1989.

Pago de la deuda y recesión permanente

En una sociedad capitalista, la reproducción simple significa que la plus- valía anual se consume totalmente en forma improductiva por la clase bur- guesa y que falta la acumulación del capital.

En la Argentina, el impacto de la deuda externa no sólo impidió que la economía creciera,_sino, incluso, que cumpliera el ciclo de la reproducción simple. El impacto de los programas de ajuste sobre la actividad producti- va fue demoledor. La recesión y la desinversión se convirtieron en el méto- do normal para girar divisas al exterior.

Las estadísticas oficiales reflejan esta situación. Entre 1980 y 1988, el PBI per cápita registró una caída del 17,6%. Si se computa la caída estima- da para 1989, el valor del PBI por habitante habrá de ser inferior en un 22% al de 1980 y de un nivel equivalente al de comienzos de los años sesenta. En el caso del PBI industrial per capita, la contracción fue, entre 1980 y 1988, del 24,4%.

En la década del 70 (1970-79), el valorpromedio anual del coeficiente inversión fi ja/PBI fue del 21,5%. Este nivel se desplomó hasta el 11,6% en 1985 y al 10,7% en 1989. Ambos valores son los másbajos de la serie his- tórica del siglo.

Esta caída de la inversión bruta determinó la existencia de una desinver- sión neta. En otros términos, a lo largo de la década del 80, el stock del ca- pital reproductivo (maquinaria y equipo) experimentó un achicamiento con- tinuo. S u valor, en 1988 era un 34,2% inferior al existente en 1980. Ello quie- re decir que la deuda externa no se pagó únicamente con parte de la produc- ción anual sino, también, con parte del stock de capital existente.

CUADERNOS DEL SUR 10 5'9 Ajuste sí, modernización no

La aplicación continua del ajuste redujo, pues, el flujo anual de produc- ción, anuló la inversión, hipotecó la capacidad futura del crecimiento y su- mió a millones de argentinos en la pobreza.

En estas condiciones de drenaje continuo del excedente y de destrucción del capital físico, las promesas de modemizaciónrlanzadas por Alfonsín y por los estrategas del plan-Austral, pertenecían al reino de la'utopía.

Las elecciones parlamentarias ¡del 6 de septiembre de 1987 dieron cuen- ta de la impopularidad del programa del FMI y Sourrouille. El radicalismo perdió en casi todas las provincias y el partido justicialista sumó votos ba- jo la conducción de Antonio "Cafiero.

Esta derrota electoral fue una amarga lección para Raúl Alfonsín. Su i- lusión de que la burguesía repauiara sus capitales prófu gos y replanteara su comportamiento parasitario se esfumó de’golpe.

La política de Sourrouille había conseguido reducir el salarioreal (el plan Austral operó una transferencia adicional de la clase obrera a la burguesí- a por 5.000 millones de dólares anuales, esto es, aproximadamente 7% del PBI), pero este aumento de la masa de plusvalía no se tradujo en un aumen- to correlativo de la inversión.

Por otra parte, el gobierno radical continuaba suministrando subsidios sin cortapisa, a la burguesía argentina. En un contexto de colapso de las fi- nanzas públicas (precipitado por la crisis de los pagos externos), el proce- so de “acumulación primitiva” de la burguesía continuaba sin interrupcio- nes".

En un informe enviado al Con greso", el gobierno dio cuenta que en 1987, la suma de subsidios al sector privado llegó a 3.995 millones de dólares. Es- to es, 5% del PBI.

Para tener una idea de la magnitud de esta transferencia, basta señalar que representó el 70% del déficit del sector público de ese año, el 70% de la in- versión pública, el 37% de los sueldos de la Administración nacional y ca- si el 23% de la recaudación tributaria.

Del total de subsidios, 1.986 millones de dólares, esto es, el 50%, corres- pondieron al régimen de promoción industrial. Azpiazu y Basualdo han de- mostrado, en una investigación que abarca los años 1980-85, que este régi- men posibilitó a la burguesía industrial invertir cada vez menos con fondos propios.”

En 1985, toda la inversión neta del sector industrial fue financiada con

60 NOVIEMBRE 1989

subsidio estatal. En otras palabras, en el sector industrial argentino, toda la acumulación es “acumulación primitiva” con subsidios estatales. Cada aus- tral que invierte la burguesía, es un austral suministrado por ell erario públi- co.

El reverso de esta situación de parasitismo delos capitalistas nacionales, de recesión y de desinversión neta global, estaba dado por la obstinación de Alfonsín y de Sourrouille en pagar la deuda.

El ajuste bloqueaba indefinidamente la perspectiva de ingresar a una fa- se productiva, pero la política de Sourrouille frente ala banca era incapaz de percibir hasta los cambios más significativos.

En épocas del Austral, el valor de la deuda argentina en Nueva York, e- ra de 70 centavos por dólar. En octubre de 1986, ese valor había caido a 60 y en julio de 1987, después de la moratoria de Brasil (febrero de 1987), a 47 centavos. En mayo de 1989, se desplomó a un mínimo de 12 centavos. Pe- ro ningún hecho, ni siquiera la propuesta secreta de Brasil de iniciar una mo- ratoria conjunta, sacudió la contumacia de Sourrouille, de transitar por la ru- ta del ajuste.

Para el bloque dominante, incluso para sus sectores más concentrados, esta estrategia empezaba a mostrar su debilidad, en tanto su aplicación in- definida comprometía el proceso de reproducción y abría la posibilidad de que la legitimidad del regimen inaugurado en 1983 empezara a ser cuestio- nada.

Esta sensación se hizo más fuerte cuando, a comienzos de 1988, el go- bierno de Alfonsín intentó privatizar algunas empresas —como parte de la “reforma estructural” del Banco Mundial- sin dar participación a los ca- pitalistas nacionales. A partir de allí, los “capitanes de la industria” se dis- tanciaron del gobierno y empezaron a hostilizarlo.

Poder económico y protagonismo político

En julio de 1988, la Argentina se encontró de nuevo al borde de la hipe- rinflación. El gobierno de Alfonsín, acorralado por la crisis, buscó negociar con la burguesía una salida para evitar una explosión inflacionaria, cuando faltaban unos pocos meses para las elecciones presidenciales.

A diferencia de lo que había ocurrido tres años atrás, en 1985, cuando el bloque dominante observaba a distancia de qué manera Sourrouille y sus hombres elaboraban el salvataje, en esta oportunidad, la burguesía hizo u- na abierta irrupción-en la cúspide del poder. Estableció un comando unifi-

CUADERNOS DEL SUR lO 61

cado, el Grupo de los 8, para negociar con Alfonsín. De las tratativas, sur- gió el Plan Primavera (agosto de 1988), un programa que reeditaba el me- canismo de subir la tasa de interés y atrasar el dólar, pero al cual se le agre- gaba un componente adicional. El Banco Central proporcionaba un cofre de divisas para serrematadas en el merCado libre.

En otras palabras, Sourrouille se lanzaba a frenar la inflación hasta el 14 de mayo de 1989, a costa de entronizar una especulación fenomenal.

La gestión directa de la burguesía, su capacidad para imponer y supervi- sar medidas, era la contracara de su impresionante avance en la arena eco- nómica.

Durante el ciclo alfonsinista, el boque dOminante contabilizó varias vic- torias: instituyó un nuevo piso para el salario real, consiguió incrementar el ejército industrial de reserva y aumentó su propio grado de concentración e- conómica.

Para ponerlo en todos sus términos: el proceso de centralización y con- centración del capital continuó siendo el rasgo dominante de la Argentina, aún en medio de una crisis descomunal". o

Al tiempo que la producción retrocedía y que se intensificaba la exacción del imperialismo, la gran burguesía se fortalecía. Al igual que en 1976-83, ese crecimiento registró un ritmo mayor que el de las empresas extranjeras radicadas en el país.

Lacúpula burguesa continuó diversificando sus actividades. En virtud de

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ello, “patria contratista , patria financiera , patria exportadora , patria terrateniente”, “capitanes de la industria”, pasaron a ser distintas denomina- ciones de un sólo bloque hegemónico.

Tal proceso de concentración y diversificación, que se verifica desde 1976, determinó la expulsión de fracciones de la burguesía subordinada, tendió a homogeneizar, en algunos casos, las diferencias entre las fraccio- nes monOpólicas y modificó los términos de la antinomia tradicional “sec- tor agrario”, “sector industrial”. En la actualidad, ya no es cierto que sola- mente la burguesía agraria produce para el mercado mundial y que la bur- guesía industrial lo hace para el mercado interno.

El bloque exportador, que pugna por una mayor inserción en el sistema mundial, está formado por la burguesía terrateniente y por las fracciones de la burguesía industrial reconvertida que realizan una parte de su producción en el mercado externo y que, por ello, no dependen del salario para su ex- pansión.‘7

62 NOVIEMBRE 1989 El “proyecto de modernización” y las elecciones de 1989

A partir de 1988, el proyecto del bloque dominante de reestructurar el Es- tado y de orientar la-producción al mercado internacional- gozaba de un pre- dominio indiscutido. Tal predominio estaba edificado sobre las cenizas del Plan Austral.

Todas las fracciones de la burguesía coincidían en la necesidad de abrir una fase expansiva que dejara atrás la inflación, la especulación y las regu- laciones. Aún cuando tales aspiraciones no estaban traducidas en un plan a- cabado, el nuevo curso requería la adopción de medidas de fondo, entre e- llas, el remate de las empresas estatales y la “capitalización” de la deuda ex- terna a gran escala.

La crisis convirtió a las propuestas económicas en un punto de referen- cia de las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989.

Tanto Eduardo An geloz como Alvaro Alsogaray, no bien fueron un gidos candidatos, se pronunciaron por el proyecto del bloque dominante. En un comienzo, Menem intentó diferenciarse de la propuesta radical. Eran las é- pocas en que el caudillo riojano inspiraba desconfianza con las amenazas de “salariazo” y de “moratoria”

Pero, con el correr de los meses, el candidato peronista fue conforman- do una versión"‘aggiomada” de sus propuestas iniciales. La palabra “mora- toria” fue complementada con el vocablo alfonsinista “concertación”. En cuanto al “salariazo”, Menem explicó cuidadosamente que esa expresión denotaba que los salarios crecerían si aumentaba la productividad.

A fines de 1988, las propuestas del peronismo se acercaban, cada vez más, a las de An geloz. Domingo Cavallo se convirtió en un ministeriable de primera línea. La privatización de empresas, la unificación cambiaria, la “flexibilización” laboral, el respeto ala deuda interna y externa, quedaron perfectamente explicitados en la propuesta de Menem. En síntesis, el mo- delo de acumulación de la burguesía estaba incorporado en el programa del peronismo, del radicalismo y de la UCD, aun cuándo se pudieran apreciar diferencias más o menos importantes.

A lo largo de la campaña electoral se escucharon dos variantes de un mis- mo proyecto estratégico.

Por un lado, Angeloz y Alsogaray encarnaban la variante “neoliberal” del esquema exportador, que enfatizaba la apertura indiscriminada, el pro- pósito de privatizar todo, la reducciónal máximo .de la. intervención estatal y la necesidad de seguir bajando el salario.

CUADERNOS DEL SUR 10 63

Del otro lado, el peronismo representaba la variante “pragmática” o “desarrollista”. Menem se mostraba partidario de mantener cierto margen de regulación estatal, de expandir limitadamente el mercado interno y de servirse de los subsidios para impulsar la producción. Además,.dada la ex- uacción obrera de su electorado, insinuaba una propensión a buscar salidas negociadas con la burocracia sindical.

Se trataba de diferencias no menores, pero que no llegaban a alterar la e- sencia del rumbo estratégico elegido.

La defensa de un programa alternativo estuvo acargo de Izquierda Uni- da, conformada a fines -de 1988 por el Partido Comunista, el MAS y otros grupos. Detrás de la fórmula Néstor Vicente-Luis Zamora, el acuerdo de iz- quierda impulsó un'programa de contenido anticapitalista, que propiciaba la expropiación del bloque hegemónico“.

Plan Primavera e hiperinflación

El 6 de febrero de 1989, cien días antes de las elecciones, el Plan Prima- vera estalló en las manos de sus autores. El gobierno decretó un feriado ban- cario y el dólar, en pocas semanas, empezó a multiplicar su cotización in- definidamente. De estafonna, se abrió un proceso de crisis fulminante, que desembocó en la hiperinflación.

El esquema básico del Plan Primavera había sido. retrasar 1a devaluación del dólar, para lograr una estabilización ficticia hasta el 14 de mayo. Se tra- taba, según lo reconoció más tarde el elocuente Adolfo Canitrot, de una ju- garreta electoral. Había que llegar al mes de abril con una inflación del 2% o del 4%, a costa de dilapidar las reservas del Banco Central. Los costos del ajuste debían quedar agendados para después de las elecciones.

Pero, la gravedad de la crisis económica, la impaciencia de la banca acre- edora frente al despilfarro de divisas y, finalmente, el carácter intrínseca- mente explosivo del plan, condujeron a1 crac cambiario del 6 de febrero. La pérdida de reservas ascendió, entre agosto .de 1988 y enero de 1989, a 1.753 millones de dólares.

La crisis selló, desde el primer momento, la suerte electoral de Eduardo Angeloz. Pero, además, determinó que la burguesía, el Grupo delos 8, to- mara el control directo de la gestión económica. Las distintas fracciones del empresariado iban y venían de la Quinta de Olivos para imponer sus polí- ticas. Su objetivo más importante era obtener la liberación cambiaria para aprovechar la estampida del dólar en toda su magnitud.

64 NOVIEMBRE 1989

Cuando la crisis se hizo insostenible, el equipo Sourrouille emprendió la huída y fuereemplazado por Juan Carlos Pugliese. El hasta entonces presi- dente de la Cámara de Diputados, con su incapacidad profesional y su con- servatismo cerril, ejecutó íntegramente el programa de la burguesía concen- trada. Con el asesoramiento de Roberto Alemann y Adalbert Kriger Vase- na, liberó el mercado de cambios. En pocos días, el dólar trepó de 50 a 500 australes. La crisis entró, así, en una fase inédita.

A pesar de que el Banco Central emitía continuamente billetes de eleva- da nominación, el dinero empezó a desaparecer de la economía. Todas las operaciones comerciales, aún las más pequeñas, se hacian en dólares y el dó- lar se convirtió en la fuente exclusiva de valor. El déficit fiscal alcanzó ci- fras descomunales (20% del PBI), por la licuación de los ingresos y por los vencimientos continuos de la deuda gubernamental dolarizada por Sou- rrouille. La inversión se desplomó y la recesión se extendió a todos los cir- cuitos productivos. El ciclo de producción y realización de plusvalía se des- moronó y la desocupación creció fuertemente. En mayo, la inflación llegó al 80% y el salario mínimo anotó un nivel de 20 dólares. El ingreso de los asalariados registró el valor más bajo del capitalismo contemporáneo y se ubicó por debajo del mínimo de América Latina.

El 14 de mayo consagró el triunfo de Carlos Menem con el voto de com- posición mayoritariamente obrera. Esa fecha abre un período clave de 30 dí- as en la historia argentina.

La agudización de la crisis y del receso productivo arrojó a millones de argentinos al hambre y a la desesperación. A fines de mayo, en Rosario y en algunos puntos del Gran Buenos Aires (Quilmes, Moreno, General Sar- miento), decenas de miles de trabajadores y desocupados se lanzaron sobre los supermercados para apoderarse de alimentos.

La reacción del sistema fue instantáneo. La respuesta a la crisis social fue la represión. El radicalismo y el peronismo, erigidos juntos en el “partido del orden”, votaron el estado de sitio. Según el Ministerio del Interior, la repre- sión cobró 14 muertos, 80 heridos y centenares de detenidos. La ingoberna- bilidad de la situación empujó a Alfonsín a abandonar la presidencia.

En tanto, Menem daba a conocer su programa económico con un gesto lacónico. Le bastó designar a Miguel Roig, de Bunge y Born, en el Minis- terio de Econom ía, para afirmar su intención de continuar, por todos los me- dios, el proyecto excluyente de la gran burguesía inaugurado por Martínez de Hoz en 1976.

Esta nueva Ofensiva del capital, por un lado, abre un espacio de confron-

CUADERNOS DEL SUR 10 65

tación global con los intereses de la clase trabajadora. Por el otro, la subor- dinación del programa de la burguesía a las determinaciones del imperialis- mo, esto es, al pago de la deuda, determina que la lucha contra la opresión externa se vincule cada vez más a la lucha contra el bloque dominante in- temo.

Este eje de las contradicciones nacionales servbirá de guía'para la resis-

tencia obrera y popular a la aplicación del proyecto de Menem y Bunge y Bom.

Buenos Aires, octubre 1989.

NOTAS

Para Horowicz, la muerte de Perón y la asunción de Isabel marca el comienzo de la cuarta etapa del peronismo. Las anteriores comprenden, el primer gobierno peronista que concluye con el golpe del 55, la resistencia que se extiende de 1955 hasta el retorno de Perón y, la tercera, que se inicia con la asunción del gobierno de Héctor Cám ora. Ver Alejandro Horowicz, Los cuatro peronismos, Ed. Legasa, Buenos Aires, 198 .

Guillermo E. Gigliani, El "erac" de w'áu Streety-Ja hegemonía norteamericana, Realidad Económica N9 79, 6- bimestre de 1987, pags. 32-53.

Eduardo M. Basualdo, Deuda externa y poder económico en la Argentina, Nueva Amé- rica, Buenos Aires, 1987, pag 75.

James Petras, ¿Quién manda en América Latina?, Realidad Económica N9 81, 2- bimestre de 1988, pags. 34-66

Eduardo Halliburton, José Mauro Bianco y Carlos 'A. Villalva, Deuda externa privada. El destino de una investigación, Realidad Económica N9 87, bimestre de 1989, pags. 72- 1 13. La investigación fue llevada a cabo en 1984. Sobre un total de 43.006 millones de dó- lares, la cantidad exami2nada alcanzó nada más que a 5.080 millones. Los inspectores en- contraron irregularidades y solicitaron que fueran dadas de baja operaciones por aproxi madamente 1.500 millones de dólares, esto es, el 29.5% delo investigado.

Michel Aglietta, Regulación y crisis del capitalismo, Siglo XXI, México 1979, pags. 67- 70. Señala Aglietta: "Llegamos, pues, a la siguiente proposición: el mejor indicador esta- dístico para representar la evolución real de la tasa de plusvalía es la evolución del costo salarial social real. Este indicador varía inversamente con la tasa de plusvalor a largo pla-

zo", pag. 67.

Los memorandum de entendimiento se firmaron en junio y julio de 1985, en enero y julio de 1986, en enero, julio y octubre de 1987 y, finalmente, en febrero de 1988.

Para un análisis dc los programas de ajuste ver, Hilda Sánchez y José Luis Solís, ¿Ajuste o reactivación?: los dilemas de la política económica en la actual crisis, Economía de Amé- rica Latina N9 14, CIDE, México, 1986, pags. 13-26.

66 NOVIEMBRE 1989

9 James Petras, op. cit., pag. 42

Pierre Salama, Deudas y dolarización, Economía de América Latina N9 14, CIDE, Mé- xico, 1986, pags. l79-l9l

Vladimir I. Lenin, El imperialismo, etapa superior del capitalismo, Polémica, Buenos Ai- res, l974,,pag. 124.

‘1 Guillermo E. Gigliani, La crisis externa argentina: ¿préstamos financieros o inversión di- recta?. Realidad Económica N9 82, 3er. bimestre de 1988, pags. 60-74.

A partir de la intervención estatal en la década del 30, la acumulación capitalista en la Ar- gentina se ha apoyado, en diverso grado, sobre la "acumulación primitiva", esto es, en formas de apropiación del excedente o de realización de ganancias fuera del proceso regu- lar del mercado, garantizadas por la gestión del Estado. El mecanismo clásico ha sido el subsidio directo a la empresa privada. La "acumulación primitiva" representa el estadio inicial en el desarrollo capitalista. Ver Carlos Marx, El Capital, Tomo I, capítulo 24, Fondo de Cultura Económica, México, 1973, especialmente pags. 606-609 y 637-646.

Cámara de Diputados de la Nación, Trámite Parlamentario N9 108, Mensaje y proyecto de ley de presupuesto general 1989, 29 de setiembre de 1988, pags. 3033-36

‘5 Daniel Azpiazu y Eduardo Basualdo, Cara y contracara de los grupos económicos. Estado y promoción industrial en la Argentina, Cántaro, Buenos Aires, 1989.

‘5 Manuel Acevedo, Eduardo Basualdo y Miguel Khavisse, Estructura empresarial de la cú- pula industrial (1973-87), mirneo, Buenos Aires, 1989.

Cárlos Abalo, ¿Hacia un nuevo conservadorismo popular?, Sur, 9 de julio de 1989. “‘ Las propuestas de Izquierda Unida fueron elaboradas por una comisión integrada por eco- nomistas del Partido Comunista, el Mas e independientes. La discusión pública del pro- grama se llevó a cabo en el I Seminario de Economistas de Izquierda Unida reunido los días 30 y 31 de marzo de 1989. Ver, Qué Pasa NQ 421, 27 de abril de 1989 y Solidaridad Socialista N‘-> 279, 24 de abril de 1989.

CUADERNOS DEL SUR IO 67

1984-1989, REESTRUCTURACION DEL CAPITAL Y REORGANIZACION DE LOS TRABAJADORES

Eduardo Lucila

Los años recientes, los que van desde la restauración de las formas demo- cráticas de gobierno en los finales de 1983 hasta nuestros días, han sido tes- tigos de intensas discusiones y de ricos debates acerca de la presencia del movimiento obrero en la sociedad. La pérdida de peso absoluto y relativo en el conjunto del tejido social; sus relaciones con otras clases o fracciones de clases; las modificaciones en su composición interna; su relación con otros sujetos sociales que disputan un espacio en la escena política nacional, son algunos de los problemas abordados.

En última instancia, explícitamente o no, lo que se debatía, en rigor aún se debate, es la capacidad actual de los trabajadores para impulsar transfor- maciones profundas en nuestra sociedad.

Dos concepciones extremas subyacen en estos debates, ambas sustenta- das en lecturas particularizadas y diferenciadas del período 1976-1983. Y ambas también tienen como telón de fondo el debate internacional acerca del porvenir del trabajo humano y los límites del capital

La primera niega la existencia de una derrota de la clase en 1976 y se a- poya en una lectura que privilegia la resistencia obrera a los planes de la dic- taduramilitar,que sería así el artífice del fracaso y posteriorderrota del “pro- ceso”. Hay aquí una suerte de reificación, una idealización de una clase siempre igual a. misma, cuya mayor prueba de continuidad sería la resis- tencia alos planes de modernización en los años que nos ocupan.

La segunda por el contrario asienta su argumentación en la extensión y

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profundidad de la derrota del movimiento social a manos de la dictadura, y en el grado de desorganización y desarticulación con que éste ingresó en la nueva etapa democrática. Situación que se habría proyectado en todos es- tos años. Esta lectura cristaliza la derrota, prolonga sus efectos casi indefi- nidamente y en definitiva no alcanza a valorar en su justa dimensión los he- chos y acontecimientos protagonizados por los trabajadores en todos estos años.

Más allá del debate de estas posiciones, cuya importancia relativa no des- deñamos, nos parece que cualquier intento de hacer un balance de estos a- ños no puede dejar de tener como términos de referencia, al menos dos as- pectos. Primero, que por primera vez en la historia de los golpes militares en el país, un gobierno dictatorial no se retira expulsado por una alianza ob- jetiva del movimiento obrero con una fracción de la burguesía. Esta cons- tatación sintetiza buena parte de los elementos en discusión. Segundo, que la crisis del sistema a escala mundial y local tiene como resultado la rees- tructuración del Capital, el que está reconvirtiendo sus espacios industria- les y productivos al mismo tiempo que despliega una fuerte ofensiva sobre el Trabajo.

En este artículo nos interesa afirmar una visión del movimiento de los tra- bajadores manuales e intelectuales de nuestro país, en una doble perspecti- va. Por un lado, partir de la relación Capital/Trabajo y el impacto que su mo- dificación va produciendo en la clase. Porel otro, puntualizar algunos aspec- tos de la dinámica interna del movimiento, en el desarrollo de sus organis- mos de base, porque desde allí se proyectan las condiciones específicas y los determinantes para la generalización del conflicto social.

Integrar estas dos cuestiones, la relación Capital/1‘ rabajo, y la dinámica social que de ella emerge, nos-lleva a centrar el análisis donde las contradic- ciones ——aquéllas del carácter privado de la apropiación, y el social de la producción—— son más cristalinas porque no aparecen mediatizadas por los aparatos ideológicos del Estado y los mecanismos de control de las estruc- turas sindicales. Es ubicarse allí en las fábricas, en las oficinas, en los esta- blecimentos, en los talleres y comercios, donde venden su fuerza de traba- jo manual e intelectual los hombres y mujeres que día a día son sometidos a la explotación del capital.

En lo que sigue se tratará de precisar los principales aspectos de la ofen- siva del capital y el Estado en el marco de la reestructuración capitalista pa- ra luego ver los términos de la reorganización de los trabajadores.

CUADERNOS DEL SUR 10 69 LA REESTRUCTURACION DEL CAPITAL

Enfocar la reestructuración capitalista desde las relaciones Capital/Tra- bajo* requiere partir de la interrelación con la crisis mundial, no como una simple formalidad sino porque surge de la percepción de que en esta época de profunda y agresiva internacionalización del capital y de los proceso de trabajo los problemas que afectan a los trabajadores argentinos no son só- lo producto de las contradicciones de nuestra sociedad. Indudablemente és- tas juegan un papel central, pero es necesario integrar el análisis en el mar- co de un sistema mundial que se está restructurando y esta reestruauración en Argentina adquiere formas propias y rasgos específicos pero responde, o no puede escapar, a las tendencias del mercado mundial.

Esto hace que sin tener una concepción de la crisis no es posible compren- der cabalmente los.cambios ocunidos y los que aún están en curso.

Entendemos la crisis como momento de interrupción del proceso de ac u- mulación, como instancia propia del ciclo de producción en la que prevale- cen la depresión y el estancamiento que conllevan la inutilización -y destruc- ción de medios de producción, incluida la fuerza de trabajo. Sin embargo, enfocada desde las relaciones sociales de producción la crisis no resultaba sólo esto. El agotamiento del modelo taylorista-fordista en el mundo se ex- presó también con particularidades en nuestro país bajo la forma de una cri- sis en la relación de dominación y en el agotamiento de una forma especí- fica de gestionar la fuerza de trabajo. “Una situación donde todo era posi- ble y donde el Capital tenía que reestablecer su derecho de mando”.l

La política de la burguesía, como clase, expresa también un proyecto po- lítico-social que va más allá de la desvalorización del precio de la fuerza de trabajo y de la recomposición de la tasa de ganancia. Es el “uso capitalista de la crisis”. Esto es, el aprovechamiento de la depresión y el estancamien- to, con su correlato de debilidad relativa al interior de las filas del movimien- to obrero, para cristalizar una nueva relación de fuerzas en términos dura- deros.

Al compás de la crisis, y como resultado de ella misma, el Capital está re- convirtiendo sus espacios industriales y productivos al mismo tiempo que despliega una fuerte ofensiva sobre el Trabajo.

Esta ofensiva es generalizada y sostenida. Sos tenida en el tiempo porque se desarrolla sin solución de continuidad desde 1976 en adelante, y es ge-

‘He presentado una ponencia con este enfoque en el Seminario de Economistas de Izquierda Unida, con el título de 'Clase Obrera y Flexibilidad Laboral" ,Bs. As. - Marzo 1989

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neralizada porque se despliega desde distintos ángulos sobre el conjunto de las conquistas obreras con que los trabajadores fueron construyendo una es- tructura homogénea y un tejido de solidaridad en la defensa de sus condicio- nes de vida y de la reproducción de su fuerza de trabajo.

Esta combinación de reestructuración del Capital y ofensiva sobre el Tra- bajo tiene un fuerte impacto en un país capitalista dependiente, con fuertes rasgos oligopólicos y con un desarrollo insuficiente y “deformado” de sus fuerzas productivas, que como la Argentina está redefiniendo su inserción en el mercado mundial y siendo a su vez objeto de los cambios que se pro- ducen en los países capitalistas centrales.

En este contexto deben ubicarse las modificaciones operadas en la últi- ma década comO-producto de la reestructuración en curso y que han impac- tado en la estructura social, en las relaciones entre las clases y fracciones de clases. La clase obrera, entendida como categoría que abarca a la totalidad de los asalariados, no estuvo al margen de esta reestructuración, ha cam bia- do su relación con el conjunto de la sociedad, y se han producido cambios en su interior que modifican su comportamiento como sujeto social colec- tivo.

La comparación intercensal y los datos disponibles hasta mediados de 1987.muestran una expansión de las relaciones asalariadas en general y u- na pérdida relativa del peso específico de los obreros industriales, cuyo nú- mero, en 1987, se estimaba cercano al millón, siendo de 1.114.000 en 1974 y 995.000 en 1985, en tanto que la población se ha duplicado en los últimos 20 años. 2 Al mismo tiempo se verifica una reducción en el tamaño medio de los establecimientos, los que ocupaban a más de 1.000 obreros se han redu- cido ala mitad, 122 en 1974, 64 en 1985, y una fuerte expansión del sector servicios y de las actividades donde no aparece una relación de dependen- cia formal..3 De todas maneras las cifras aparecen distorsionadas por el for- midable crecimiento de la economía informal, estimada en un orden supe- rior al 40% del producto bruto interno, y su secuela de “trabajo negro”.4

Por otra parte, se verifica que la caída de los puestos industriales se da en las zonas tradicionales (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, etc.) pero hay un crecimiento en provincias sin mayor tradición industrial (La Rioja, Cata- marca, San Luis, Tierra del Fuego).

En síntesis hay una expansión de las relaciones asalariadas basada en las actividades tereiarias y una reducción relativa de los obreros industriales, a- compañado esto último con un movimiento conjunto de descentralización fabril (reducción del tamaño medio de los establecimientos) y descentrali-

CUADERNOS DEL SUR 10 71

zación regional (que como contrapartida lleva implícita una incipiente terri- torialización del empleo industrial).

Sobre estos cambios en la estructura social y en la distribución espacial del aparato productivo se pueden puntualizar algunos de los aspectos prin- cipales que caracterizan la ofensiva del Capital y el Estado sobre el Traba- jo.

a) La caída estructural de los salarios:

La política de ingresos diseñada por el Estado, que durante más de tres décadas operó como un mecanismo de transferencia de riqueza articulando precios, tarifas, salarios, impuestos y tipos de cambio, ha sido modificada radicalmente. La liberación progresiva de los mercados, el aumento de los subsidios al capital y la inducción a una baja generalizada del valor de ven- ta de la fuerza de trabajo le dió un seng más regresivo y cada vez más corn- plejo.

Hay varios momentos decisivos en la caída estructural de los salarios. En 1975/76 cuando la participación de los trabajadores en el ingreso nacional descendió del 43,5 al 27,2. En 1982 donde luego de un leve repunte volvió a estar por debajo del 30%, y en este año con la hiperinflación desatada en el primer semestre y el Plan Bunge & Born en que se encuentra ubicado por debajo del 20%, no sólo por la caída del salario sino también por el fuerte incremento de la tasa de desocupación.S

El quiebre estructural del nivel de la remuneración a los asalariados es a- un rasgo principal del proceso de reestructuración capitalista abierto en 1976, en que se rompe la secuencia de acumulación reproductiva que se a- limentaba por el ensanchamiento de la masa salarial. La combinación en to- dos estos años de salarios en permanente baja con fuertes incrementos de la tasa de desocupación culminó en una fuerte expropiación a los trabajadores que entre 1984 y lo que va de 1989 vieron caer su salario real promedio en un 50% (ver gráfico) y que perdieron más de quince puntos en la participa- ción de la riqueza social producida (Cuadro 1).

La lógica del modelo de acumulación necesitó hasta ahora periódicas re- bajas del piso de participación asalariada, y los distintos planes de estabili- zación, como el actualmente en curso, buscan cristalizar esta estructura de distribución profundamente regresiva.

Pero la cuestión salarial no es sólo esto, hay también fuertes cambios en la estructura relativa de los salarios sectoriales que desde hace más de una

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década muestran altos coeficientes de dispersión salarial, incluso si se los compara con otros países del mundo desarrollado, por una serie de causas confluentes: diferenciales de productividad por rama industrial; distinta composición orgánica del capital y tamaño de las empresas; el grado de con- centración de los mercados de productos y la posibilidad de transferir a los precios los incrementos salariales, etc. A partir de 1984 la dispersión pro- medio se acentuó creciendo del 36 al 45% 6

Pero las expl ¡caciones de esta situación no resultan solo económicas, hay políticas estatales que acentúan o diluyen estos efectos, y en nuestro caso hay que incorporar al análisis la persistencia de un manejo discrecional de la política salarial, tanto por el Estado como por el capital, que al mantener bajos los mínimos de convenio y dejar librado el resto de las escalas a la ne- gociación por empresa, con lo que aparecen los adicionales por productivi- dad, presentismo, refrigerio, premios que no se incorporan al sueldo, pagos en negro, etc., se produce una gran dispersión ya no entre ramas sino al in- terior de las escalas salariales, pierden así efectividad los convenios colec- tivos y se diluye el papel del sindicato como negociador colectivo, pues los acuerdos se realizan entre las comisiones internas y las patronales en forma individual.

Este tratamiento diferenciado de la cuestión salarial, que aparece tanto en el sector privado como en el sector público, se ha hecho más notorio a par- tir del Plan Austral, y seguramente se acentuará con el Plan Bunge & Born ya que éste intenta definir rápidamente las ramas y sectores de la economí- a que entran en la modernización.

Con este mecanismo el Capital va logrando un objetivo estratégico.- Pri- mero ha logrado dividir a los trabajadores en ocupados y desocupados, y lue- go a los ocupados se los vuelve a dividir con los diferenciales salariales; a esto se le puede adicionar el crecimiento del personal con contrato tempo- rario, o la separación entre trabajadores del sector público y privado. Todo en conjunto opera sobre la fragmentación del mercado de trabajo. Así la quiebra de los Convenios Colectivos en 1976 y el escaso control sobre la es- tructura salarial acentúan la pérdida de homogeneidad interna y buscan la ruptura de los lazos de solidaridad al interior de la clase.

b) La desocupación permanente:

En todo el mundo capitalista y también en nuestro país, se ha instalado como un dato estructural, como una variable que es funcional a la dinámi-

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ca del sistema. Esto es, pareciera ser que el capitalismo argentino ha roto su “anormalidad” de cuatro décadas y es capaz de funcionar, al menos por un determinado tiempo, con un elevado porcentaje de desocupados. Los datos oficiales para abril de 1989 señalan que un 16% de la PEA está desocupa- da o subocupada con una tasa promedio de crecimiento del 17% anual (Cua- dro 3), arrojando a la marginalidad social a miles y miles de jóvenes que a- ño a año no logran establecer relaciones permanentes con el mercado de tra- bajo. En la actualidad el 22,9% de los desocupados son jóvenes de entre 15 y 19 años 7 y según estimaciones deberían crearse más de 250.000 puestos de trabajo al año.*

Los estudios empresarios arrojan un dato de importancia: aún volviendo a los niveles de producción de 1970 no se recuperarían en igual proporción los empleos industriales.B

Por otra parte las nuevas tecnologías dejan planteado un interrogante: frente a un determinado nivel de innovación tecnológica, ¿cuál es la tasa de crecimiento del PBI industrial capaz de neutralizar el desempleo de este o- rigen?

c) Racionalización productiva, innovación tecnológica y procesos de trabajo

La reestructuración en curso llevada adelante por el Capital y el Estado, y liderada por los sectores cuyas cúpulas oligopólicas se han fortalecido en las últimas décadas y que controlan segmentos importantes de los mercados en que actúan, se orienta en la búsqueda de una mayor competitividad indus- trial y agresividad comercial.

Es que como producto de la crisis de rentabilidad y acumulación se ven empujados a valorizar la producción nacional en el mercado mundial (ex- portar valor agregado industrial) y por lo tanto a producir un incremento im- portante de la productividad global, particularmente de la productividad del trabajo, que es una de las desventajas comparativas estructurales del capi- talismo argentino, en términos de calidad, eficiencia, flexibilidad y discipli- na laboral.

En este sentido durante la recesión del periodo 1981 /82, un buen núme- ro de empresas medianas y grandes aprovechó para racionalizar sus insta-

* Esta cifra puede ser corregida en base a estimaciones que hablan de 80.000 jubilaciones/año y una mortalidad de 35.000/año, lo que arrojaría la necesidad de crear 135.000 puestos de trabajo netos al año.

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laciones, readecuar sus “lay-out” de planta y lograr un proceso de circula- ción interno de materias primas, bienes intermedios y productos finales que optimizaba todo el proceso de producción, de esta manera, sin mayores in- versiones de capital, lograba la misma producción con menor fuerza de tra- bajo aplicada.

Paralelamente se da un proceso de innovación tecnológica. Lento, par- cializado en algunas ramas industriales y dentro de éstas en las empresas lí- deres más o menos ligadas al mercado mundial. Hay que distinguir aquí la automatización de la máquina-herramienta en general, que en nuestro país está bastante extendida, de aquella que se sustenta en la microelectrónica. En este último sentido no es posible hablar de una innovación masiva. En- tre otras cosas porque la burguesía argentina no invierte y como clase no ha demostrado tener una clara vocación empresaria, pero para el tamaño de nuestra economía hayya instaladas un número importante de máquinas he- rramientas de control numérico, estimaciones privadas hablan de 800 a 1000 M HCN, y un número no determinado de robots, instalados o en prueba, en- tre 20 y 90 según la definición de robot industrial que se utilice, todos en la industria automotriz y el 95% de ellos en firmas multinacionales*.9 Que en lo inmediato, al menos, no crean nuevos puestos de trabajo sino que limitan las posibilidades de creación de empleos.

Vale la pena destacar que un número importante de empresas grandes y medianas. que están exportando se encuentran hoy con una capacidad insta- lada capaz de duplicar o uiplicar su producción manteniendo la planta de personal de dos o tres años atrás.

Las nuevas tecnologías, basadas en el uso intensivo de la microelectró- nica, agregan a la racionalización de los sistemas de producción cambios im- portantes en los procesos de trabajo, abarcando tanto a la industria como a los servicios, modificando oficios y calificaciones; ritmos e intensidades del trabajo, los riesgos para la salud; la movilidad en los puestos, etc.

Es que la tecnología no es neutra, expresa siempre una determinada re- lación de poder y constituye una opción predeterminada en términos socia- les. El cambio tecnológico se revela así como una necesidad del capital, en un período de aguda crisis, de apropiarse del oficio y el conocimiento obre- ro (la expropiación del saber obrero) y de retomar el control patronal más pleno del proceso de trabajo (restableciendo su derecho de mando).

La flexibilidad del trabajo, como arquetipo de la modernización en las f á-

* No obstante, estudios empresarios muestran una tendencia favorable a la incorporación en ramas como: la textil; siderurgta; altmentacrón; fannacéutrca y montaje electrónico.

CUADERNOS DEL SUR 10 75

bricas, no es más que la reducción de los costos laborales por vías de mo- dificar las normas de trabajo, que sintetizan conquistas acumuladas duran- te décadas, para adecuar la productividad a las exigencias de la valorización internacional. Significa la eliminación de la rigidez laboral, “el derecho de la empresa a decirle a los trabajadores qué hacer, dónde hacerlo y a qué rit- mo...”‘°

La flexibilidad como tendencia mundial tiene su origen en la intemacio- nalización de los riUnos de producción y en la modificación de los procesos de trabajo por la difusión masiva de las nuevas tecnologías. En nuestro país esto está fuertemente impulsado por las transnacionales y las empresas de capital local más avanzadas y ligadas al mercado mundial e implica una fuerte modificación del sistema de relaciones laborales vigente (SRT) ade- cuando el “insumo” mano de obra a las variables condiciones del mercado y de las empresas.

Impone la movilidad laboral en los aspectos funcionales, geográficos y horarios, incorporando la negociación flexible en el nivel de las empresas, atacando el sistema de convenciones colectivas, privilegiando el trabajo temporario, y desregulando la actividad en el sector público. Implica tam- bién reducir el papel del Estado en beneficio de la negociación entre las par- tes modificando todo el marco jurídico-nonnativo, desregulando el merca- do de trabajo.

d) Precariedad del trabajo obrero:

Los diferentes aSpectos señalados en los puntos anteriores van acompa- ñados de cambios en las estrategias empresariales. Hay una tendencia cre- ciente a:

1) La descentralización integrada de los circuitos de producción, con la subcontratación de partes a empresas pequeñas, con lo que se reduce el ta- maño medio de los establecimientos y se agudiza la desconcentración obre- ra.

2) La relocalización geográfica con la implantación de plantas y seccio- nes fabriles en lugares nuevos y sin tradición sindical. Los regímenes de pro- moción industrial* han sido el mecanismo local que ha vehiculizado en par- te estos cambios dando lugar a la llamada “industria sobre ruedas”. Como en Tierra del Fuego, simples armadurías de partes importadas que duran

Esta legislación fue parcialmente modificada por el Parlamento Nacional en 1988 y a

partir de octubre del corriente año el subsidio estatal será reducido al 50 % hasta marzo de 1990.

76 NOVIEMBRE 1989

Cuadro l

Evolución de la Participación de los Asalariados en el Ingreso Nacional

AÑO %

1984 36.7

1985 32.8

1986 32.9

1987 30.1

1988 29.6

1989 18.0 (estimado a setiembre)

22.0 (estimado como promedio final para el año) FuentevaIDE: COyuntura y Desarrollo NQ 130, Junio 1989

Cuadro 2 Evolución del Salario Real (categorías seleccionadas - Dic. ’83:100) AÑO Industria Adm. Pública Empresas del Manufacturera (cat. 16) ESTADO

1984 112.4 91.9 97.9 1985 90.3 71.1 86.5 1986 92.2 67.1 92.9 1987 86.7 66.3 86.9 1988 82.5 70.4 81.6 1989 * 82.1 67.7 85.2

* promedio seis primeros meses Fuente: Fiel, Indicadores de Coyuntura, agosto 1989

Cuadro 3

Desocupación - Subocupación (Capital Federal y Gran Bs. As.) ‘70 de la fuerza laboral en abril de cada año

ANO Desocupado Subocupado Desoc.+Sub. Tasa de crecimiento

1984 4.1 4.5 8.6 -

1985 5.7 5.5 11.2 30.2

1986 4.8 6.4 l 1.2

1987 5.4 8.0 13.4 19.6

1988 6.3 7.7 14.0 4.5

1989 7.7 8.3 16.0 14.3

Fuente: INDEC

CUADERNOS DEL SUR lO 77

mientras dura la prebenda impositiva, con lo que los obreros locales se con- vierten en aliados de las multinacionales para exigir la renovación del régi- men de excepción; o los parques industriales de La Rioja, San Luis y otros donde en algunos casos se instalan plantas al sólo efecto de la evasión del IVA; o en zonas industriales tradicionales donde frente al aumento de la con- flictividad las patronales amenazan con trasladar las fábricas a provincias promocionadas, donde la falta de cultura fabril garantiza la disciplina social.

3) La recurrencia permanente a la extensión de la jornada laboral median- te el arbitrio de las horas extras*ll y la contratación por agencias de em- pleo, en muchas empresas líderes el personal en esta situación promedia el 50%,12 con lo que se incrementa el grado de alienación del trabajo y se pro- duce una disociación en la relación de dominación pues uno es el patrón pa- ra el que se trabaja, quien se apropia del plusvalor, y otro es quien paga el salario.

4) La explosión de la economía informal, no registrada, en realidad clan- destina, que evade impuestos y no aporta cargas sociales, ha dado lugar al surgimiento de una ancha franja de empleo de muy bajos salarios y escasa o nula protección legal (se estima que el 25% delos asalariados del Gran Bs.As. se encuentra trabajando en situación de empleo ilegal, siendo su sa- lario inferior en más de un 50% del ingreso medio de los asalariados de la misma zona).

El crecimiento del despotismo fabril, con los despidos arbitrarios; des- conocimiento de delegados y Comisiones Internas; y el aumento de los ries- gos del trabajo, tanto por enfermedades profesiOnales como por accidentes derivados de la imposición de mayores ritmos y exigencias de producción, o porque las patronales muestran menor interés en invertir en seguridad in- dustrial.

Toda esta precariedad del trabajo se expresa en una degradación progre- siva dela calidad de vida de la familia obrera y un agravamiento de las con- diciones de reproducción de la fuerza de trabajo.

e) Estas acciones del Capital, llevadas adelante no sin conflictos y con- tradicciones en la esfera de la producción y circulación de mercancías y ser- vicios, son reforzadas por el Estado en la esfera de la dominación y la coerción social con los cambios en el rol del Estado y en la formade gestio- nar la administración de la sociedad, con claros límites a la acción regula-

* 20 a 22 horas adicionales a1 mes cuando la media normal era de lO horas. Claro que esto no es uniforme en todas las ramas industriales.

78 NOVIEMBRE 1989

dora; también en la manera de arbitrar la con frontación entre las clases, con la imposición de nuevas relaciones jurídicas.

La desregulación estatal y el intento de reforma laboral profunda, parcia- lizada luego por elacuerdo con la burocracia sindical, pero siempre laten- te, implican dejar librado el empleo y las condiciones de trabajo al libre jue- go de las fuerzas del mercado.”

LA REORGANIZACION DE LOS TRABAJADORES

Los trabajadores argentinos no resultaron un sujeto pasivo de esta rees- tructuración capitalista. Por el contrario se constituyeron en un sujeto acti- vo que en su reorganización como movimiento social desplegaron su accio- nar en un doble sentido. Por un lado en la reconstitución de sus organismos naturales, las comisiones internas, los cuerpos de delegados, las mesas de re- presentantes, los comités en lucha; y en la recuperación de los distintos ni- veles de dirección en que articula la estructura sindical (nacional, seccional, regional). Por otro lado, en la resistencia a la ofensiva del capital, que es la forma en que se expresó la reestructuración en el plano de las relaciones so- ciales.

Esta doble orientación de sus luchas, la recuperación de las formas ins- titucionales de organización y el enfrentamiento a la modernización im- puesta desde arriba por el Estado, se expresó univocamente también en un doble aspecto: el combate antipatronal y antiburocrático y de enfrentamien- to al Gobierno, y la búsqueda de los términos de su unidad social que via- bilizaran este combate.

Dos cuestiones merecen destacarse en estos años: la emergencia de la pluralidad política, producto de que el peronismo siendo aún ampliamente mayoritario ya no es más hegemónico; y la profundidad y extensión de la conflictividad social del período que analizamos.

Las Listas Pluralistas

El ingreso en la institucionalidad democrática y la revalorización de las representaciones sociales y políticas hizo aflorar un numeroso activismo sindical, independiente muchas veces, organizado partidariarnente otras, que se había ido gestando en los duros años de la dictadura y que cargado de ilusiones y esperanzas debaja atrás un pasado de horror e impotencia, que buscaba el camino de su unidad de clase y la articulación de formas de or-

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ganización capaces de abarcar las distintas expresiones políticas de su mi- litancia gremial.

La reorganización sindical promovida por el gobierno radical, que se plasmó en las elecciones sindicales de los años 84/85, 14 fue el contexto en el cual se expresó esta realidad posdictatorial con la presencia de listas opo- sitoras a la burocracia sindical tradicional en una magnitud nunca antes co- nocida.

La memoria histórica de los trabajadores se expresó puntualmente en la recuperación de sus viejos baluartes del combate antipatronal y antiburocrá- tico, en la reposición en sus cargos de dirigentes destituidos por la arban- riedad del anterior gobierno peronista o por las intervenciones de la dicta- dura militar. Esta profundidad del movimiento social se mostró también arn- pliarnente poco tiempo después en el nivel de las comisiones internas y los cuerpos de delegados. En todos los casos y más allá del resultado electoral las listas pluralistas se constituyeron en un referente ineludible para el fu- turo inmediato.

Un denominador común englobaba a todas ellas: la vocación democrá- tica; el respeto a las decisiones colectivas; la defensa de los derechos huma- nos; la recuperación de los espacios de libertad perdidos en la producción y en la vida social. Es este hilo conductor, abarcador de un abanico de es- peranzas y carencias colectivo, el que mostró una nueva síntesis de unidad social: el pluralismo político en el plano gremial*

Sin embargo éste no resultó un valor homogéneo, susceptible de ser pre- cisado con exactitud. Por el contrario resultó una categoría que en su unidad contenía una diversidad. Coexistieron variados pluralismos según la com- posición interna y como se resolviera la cuestión de la hegemonía. Así aflo- raron listas que aglutinaban a una diversidad de tendencias y expresiones políticas en tomo a liderazgos personales (SGA, gráficos); o que eran expre- sión de una coordinadora de agrupaciones (APBA, prensa); o que surgían de una sola agrupación que contenía en misma la diversidad de tendencias (ANUSATE, estatales); o que se articulaban en una suerte de frente en tor- no a la capacidad convocante de dirigentes independientes (UOM, Villa Constitución); o bien conformaban un conglomerado exclusivamente de- limitado por el enfrentamiento a la burocracia (Metalúrgicos, Matanza; Mu- nicipales, Capital).

Las alianzas que se expresaron en su interior así como las hegemonías re-

"' He desarrollado ampliamente este terna en mi artículo: "La crisis de las listas pluralistas y la unidad social de los trabajadores", mirneo, Bs. As. 1986

80 NOVIEMBRE 1989

sultantes fueron también de lo más variadas: en algunos casos fueron listas hegemonizadas por el sector más progresista de “los 25” (ATE); en otros a- ún con esta misma hegemonía contenían una fuerte presencia de la izquier- da más contestataria (ATSA, Capital); en otras ésta fue expresamente ex- cluida, o bien se autoexcluyó, finalmente en muchas de ellas hubo presen- cia de trabajadores radicales y también de burócratas desplazados.

En todos los casos es posible identificar el punto de convergencia que u- nificaba la necesidad del momento: aislar a la fracción más recalcitrante de la burocracia sindical peronista. Esta breve caracterización permite identi- ficar uno de los rasgos centrales de la experiencia: su heterogeneidad y su falta de homogeneidad interna.

Este doble condicionamiento fue definiendo con el correr del tiempo los límites de este pluralismo, que frente a una única realidad elaboró distintas lecturas, y por lo tanto diferentes cursos de acción práctica, muchas veces en función de necesidades partidarias —cuando no de luchas fraccionales intemas- que hicieron alumbrar propuestas que muchas veces poco y na- da tenían que ver con las necesidades concretas y los intereses objetivos de los trabajadores.

Las diferencias internas en el peronismo, producto de su propia crisis; la aparición de tendencias radicales pequeñas pero dispuestas a todo tipo de transacción con tal de lograr espacios; la agudización de la pérdida de iden- tidad intransigente; el fortalecimiento de un polo de izquierda aún con sus contradicciones, su propia crisis, su infantilismo e insuficiencias, resultaron todas manifestaciones que tensaron las relaciones al interior dc las listas plu- ralistas que en muchos casos llegaron a neutralizar su accionar, tal vez los casos de prensa y sanidad de Capital resulten los ejemplos más nítidos de es- ta situación.

Sin embargo estos aspectos confluentes no eran más que la superficie del problema. Porque en realidad era la perspectiva de la crisis del capitalismo en la Argentina, las dificultades para aprehender-la en su real dimensión, la impotencia para generar una propuesta alternativa, abarcadora del con j un- to de tendencias y fracciones políticas, lo que de verdad subyacía y final- mente fue la causante de la crisis del pluralismo.

Es que al compás de la crisis nacional la situación fue cambiando, el pun- to de no retorno que significó para el Gobierno y el conjunto de los partidos burgueses, el lanzamiento del Plan Austral no permitía ya el sostenimien- to de situaciOnes indefinidas. No alcanzaba ya en el terreno sindical con a-

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grupar fuerzas para “aislar a las 6 o tener una política consecuente en ma- teria de derechos humanos o la deuda externa, éstos, siendo puntos necesa- rios, resultaban insuficientes.

Los problemas que se planteaban, y que siguen vigentes, tenían que ver con cómo hacer frente a la crisis y cómo generar un debate en el seno de los trabajadores que partiendo de una revalorización democrática y el replan- teo de las formas políticas, aportara a la definición de una alternativa pro- pia para. ofrecer al conjunto de la sociedad.

Así el proceso de fragmentación del pluralismo fue recibiendo el impac- to de los realinearnientos de fuerzas que se operaban en la superestructura política. Estos desplazamientos presionaron en elplano sindical donde len- tamente se fue operando un realineamiento de fuerzas que aglutinó por un lado a renovadores, militantes del partido intransigente, socialistas demo- cráticos e independientes, y por el otro comenzó a agrupar a comunistas, so- cialistas del MAS, peronistas de izquierda y socialistas independientes. Es- te no es un proceso cristalizado, por el contrario en muchos casos las dife- rencias en el seno de la izquierda trabaron la posibilidad de acuerdos perma- nentes, y en su desarrollo fue, lo sigue aún , depurando posiciones que se ex- presaron en la reconstitución de un pluralismo amplio y democrático en al- gunos casos, y de izquierda más definido en otros.

Esta nueva realidad se mostró con toda intensidad en la nueva ronda de elecciones sindicales iniciada a finales de 1986 y continuada hasta media- dos de 1989.”

Tanto la nueva legislación sindical, sancionada con el acuerdo de radi- cales y peronistas, como el triunfo del menemismo en las internas del pero- nismo fortalecieron a la burocracia sindical tradicional (ortodoxa o renova- dora), pero particularmente al poder sindical real, el “Grupo de los 15”.

En casi todos los casos triunfaron las listas impulsadas por la burocracia, garantizando la permanencia en las direcciones por cuatro años más, no só- lo convalidando a las viejas conducciones sino haciendo retroceder electo- ralmente a la oposición antiburocrática. S in embargo el proceso de construir una dirección de alternativa no se detuvo y numerosas listas de oposición continuaron presentándose en las elecciones sindicales.ls

En ATE, (estatales), una dirección plural y democrática, totalmente he- gemonizada por el peronismo renovador con participación de comunistas y socialistas independientes, retuvo el sindicato, sin embargo la Lista Naran- ja impulsada por el MAS obtuvo el 8% de los votos a nivel nacional y ca- si el 14% en la seccional Bs.As., la más importante del país. En el SGA.,

82 NOVIEMBRE 1989

(gráficos) la ruptura de la lista que recuperara el sindicato en el ’85 fue arro- jando a la dirección histórica cada vez más a posiciones burocráticas y po- líticamente de derecha, también aquí una Lista Naranja orientada por el Par- tido Obrero con el apoyo de otras fuerzas de izquierda e independientes a1- canzó el 25% de los votos. En la Unión Ferroviaria, el conjunto de las lis- tas impulsadas por distintas vertientes de la izquierda obtuvo alrededor del l 1% de los votos, llegando en algunas seccionales al 25 %. En ATSA, capi- tal una lista (le izquierda definida, donde confluyen militantes del MAS, del PC, socialistas independientes y peronistas de izquierda logró recuperar el sindicato de la debacle anterior. En CTERA (docentes) la izquierda fue ex- pulsada de la conducción pero mantiene una fuerte presencia en los sindi- catos de base. En petroleros, la oposición de izquierda se amplía y va gana- nado espacios y en señaleros la presencia de la izquierda tiene peso tanto en la conducción nacional como en numerosas seccionales, etc.

En términos generales las listas naranjas oscilan en promedio en el 10% de los votos a nivel nacional, siendo su presencia mucho más fuerte en el ni- vel delas Comisiones Internas y los Cuerpos de Delegados,

Sin hacer de estos datos un contexto exitista y generalizado los mismos marcan una tendencia creciente y sostenida, que no alcanza a expresar de conjunto la realidad por la ausencia de una política unitaria de las fuerzas de izquierda y antiburocráticas, pero que se potencia por la presencia persisten- te de ésta en la vanguardia de los conflictos.

La conflictividad del período:

La evolución del número de conflictos en el período 1984-1989 (gráfi- co 1), muestra una tendencia creciente, en tanto que el comportamiento de la serie mensual de conflictos y su relación con la evolución de la produc- ción industrial permitiría concluir que hay cierto grado de correlatividad con el nivel de la actividad económica, el comportamiento del mercado de tra- bajo y el impacto que éstos tienen en el nivel de salarios y en la ocupación.

S in embargo la fuerte conflictividad social, que se muestra en la cantidad de trabajadores adheridos y en los días/hombres caídos (cuadro 4), difundi- da en todas las ramas económicas y por todo el país muestra una combina- ción de medidas defensivas y ofensivas que hablan de una problemática más profunda que se condensa en los paros generales convocados por la CGT.

La huelga general, esa formidable arma con que los trabajadores argen- tinos generación tras generación impusieron sus derechOs y defendieron sus

EVOLUCION DE LOS CONFLICTOS LABORALES

Años: 1985/86/87/88/89

Y DEL SALARIO REAL

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Referencias: —J-c CL., número mensual de conflictos laborales : SR., salario real medio de la economía, 1983 = 100

0 : Huelgas generales

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CUADERNOS DEL SUR lO 85

conquistas, fue demostrando en estos años que a pesar de los cambios ocu- rridos, de la desarticulación social, del desdibujamiento de su referente po- lítico, de su impotencia para forjar una dirmción de alternativa a escala na- cional, el movimiento de los trabajadores manuales e intelectuales es poten- cialmente capaz de expresarse en forma independiente y de pesar con f uer- za propia en la política n'acional.

Las direcciones burocráticas usufructuaron esta enorme vitalidad social para, una y otra vez, retomar el centro de la escena política y disputarle la iniciativa al gobierno radical, pero prisioneros de la lógica vandorista de “presionar para negociar” concluyeron recuperando espacios para cederlos rápidamente.

Pasó así con la formidable movilización obrera de mayo de 1985, que fue inmediatamente negociada entre otras cosas por la participación en la dele- gación a la Convención anual de la OIT, en Ginebra; o con el vastísimo pa- ro del 24 de enero de 1986 que por su alcance y extensión resultó una suer- te de acto plebiscitario respecto de la política económica en curso, y que fue rápidamente desviado al callejón sin salida del “Congreso de la Unidad Na- cional” (al que fueron invitados partidos como la UCD y el MID. y repre- sentaciones patronales como la UIA) y el “Programa de los 26 puntos” que salvo el 1ro. Moratoria de la deuda externa, no contemplaba avances en la cuestión económica ni en la democrática y por el contrario incluía aspectos que resultaban concesivos frente al gran capital.

A pesar de su indudable importancia y repercusión política la_ seguidilla de paros generales, pasivos algunos, con concentraciones y movilizaciones otros, no contiene un comportamiento homogéneo ni en las causas que los motivaron ni en el grado de adhesión alcanzado.

La evolución de la curva de conflictos y la ubicación temporal de los pa- ros generales no guarda una estricta correlación. Así en momentos de alta conflictividad (como el año 1986) la CGTaparece centralizando los conflic- tos, en tanto que en períodos de baja (como en 19-85) la CGT aparece alen- tándolos; en algunos casos éstos estuvieron directamente ligados a las de- mandas sociales de los trabajadores, en otros constituyeron un claro cues- tionamiento a políticas gubernamentales y en otros jugó un papel determi- nante la disputa interburocrática al interior de la central obrera.

Sin embargo los paros lanzados por la central obrera si bien daban cuen- ta de la vitalidad del movimiento obrero no le daban salida concreta a las de- mandas sociales de los trabajadores, y muchas veces parecieron operar co- mo una válvula de escape, que liberaba tensiones acumuladas y descompri-

86 NOVIEMBRE 1989

mía la situación social. Así el nivel de adhesiones fue variando desde el pri- mer paro en el período democrático (3/9/84) que cosechó adhesiones y re- chazos con un acatamiento disciplinado entre los obreros industriales y re- lativo en el sector público y de servicios; o en el tercero que, convocado con la oposición de la mayoría de las direcciones sindicales, se constituyó en un claro enfrentamiento al Plan Austral con una adhesión total y una concen- tración multitudinaria que enc um bró la figura de Saul Ubaldini como Secre- tario General de la CGT. y líder de la “protesta social”, hasta los últimos que mostraron un nivel de adhesiones en disminución y una escasa concurren- cia a las concentraciones. Como el del paro del 9/9/88 cuya decisión fue fuertemente cuestionada desde las bases, y que tuvo un relativo nivel de ad- hesiones y una concentración que superó escasamente las 15.000 personas. Sin embargo, ésta fue violentamente reprimida por el gobierno lo que hizo que 48 hs. después el décimo tercer paro general en repudio a la violencia oficial, resultara masivo y extendido por todo el país.

En este contexto general, como señala el investigador Héctor Palomino, “...el clima social que generaron permite definirlo como algo más que pu- ras reivindicaciones económicas, por más que éstas hubieran estado en la base de los reclamos. Fueron de hecho una toma de posición frente a la po- lítica económica del gobierno y de las políticas empresarias, una actitud o- fensiva de los asalariados frente a sus interlocutores sociales y el Estado. 16

Esto es, no se puede fijar la lectura solo en los aspectos meramente sa- lariales a riesgo de perder la dimensión del movimiento huelguistico.

Es que relacionando la curva mensual de conflictos con la evolución del salario real (gráfico 1) se verifica el efecto combinado de la caída estructu- ral de los salarios y la espiral inflacionaria como mecanismo de realimen- tación permanente de los conflictos, ya que todos los acuerdos tienen un al- to grado de provisoriedad. Sin embargo los registros oficiales del orígen de los conflictos señalan que el 60% lo fue por demandas salariales; pero el 13% lo fue por despidos y suspensiones; el 17% por condiciones de traba- jo, y el resto se distribuye en incumplimientos patronales; atrasos en los pa- gos; cierre de establecimentos; traslados de empresas a zonas promociona- das, etc. (cuadro 5).

El desagregado de los datos permite conocer otros aspectos vinculados a los cambios estructurales. Por un lado la alta participación de los asalaria- dos del sector terciario (bancarios, judiciales, docentes, empleados de mi- nisterios y municipalidades), lo que pone en evidencia que la terciarización

CUADERNOS DEL SUR 10 87

temprana de la economía ya insinuada en la década de los ’60 se expandió ampliamente, creciendo a tasas mayores que la de las actividades produc- tivas. En la actualidad más del 65% de los trabajadores urbanos son tercia- rios superando a los de la industria y de la construcción.

Por el otro, el protagonismo de los trabajadores del sector público, más del 50% de los conflictos del período, lo que muestra no sólo que uno de los ejes de la reestructuración capitalista es el Estado sino también la fuerte ex- pansión operada en el empleo estatal entre 1960 y 1985, que creció el 155%, con una fuerte incidencia de los empleos provinciales y municipales (cua- dro 6) ligado a la crisis de las economías regionales contribuyó a la distri- bución espacial de los conflictos, al mismo tiempo que señala la falta de co- ordinación de los mismos y el escaso papel que juegan las burocracias re- gionales.

Finalmente otros aspectos que merecen destacarse. La extensión de los conflictos que en el caso de los docentes de la Provincia de Mendoza se pro- longó por 52 días, o el de los empleados de correos de la Provincia de Chu- but y los obreros de la represa Yaciretá, más de un centenar de días, o los ca- si tres meses de la huelga de los trabajadores de los Hospitales Nacionales, o el conflicto de varios meses de los docentes universitarios.

La variedad de las medidas de fuerza empleadas que van desde el sim- ple reclamo o petitorio, el paro parcial o total, hasta las tomas de fábricas y las movilizaciones callejeras, siendo que la mayoria de estas acciones fue- ron decididas en asambleas de establecimientos o por sindicatos o seccio- nales locales, sin la participación, y muchas veces, en contra de las direccio- nes nacionales, o regionales, lo que da una idea del desborde social de los conflictos y las dificultades crecientes de las direcciones sindicales tradicio- nales para encauzarlos y orientarlos hacia la negociación y la mediación es- tatal.

Esta resistencia de los trabajadores diseminada en infinidad de conflic- tos y expresada en múltiples formas de lucha, tuvo a lo largo de los seis a- ños momentos constitutivos. Como en la huelga de la Ford. (1985) donde los obreros mecánicos defendiendo su fuente de trabajo concluyeron impug- nando el principio sacrosanto de la propiedad privada y desatando una ole- ada de tomas de fábricas y establecimientos l7; o la huelga de los Hospita- les Nacionales donde la horizontalidad de las decisiones y el estado asam- bleario presidieron todo el conflicto y al mismo tiempo hechó luz sobre la crisis del sistema de salud pública nacional; o el paro por tiempo indetermi- nado de los obreros metal úrgicos de la seccional Río Grande (Tierra del Fue-

88 NOVIEMBRE 1989 Cuadro 4

Cantidad de trabajadores Adheridos y días/hombres caídos

1987 1988 1989 * Trabajadores Adheridos 5.464.166 3.075.971 743.284 % sector público 49.7 80.0 s/d Días/hombre caídos 10.428.095 7.876.899 573.178 % sector público 60.6 80.0 s/d

"‘ 5 meses de 1989, a partir de agosto de 1988 el MT y SS cambió la metodología solo revista conflictos nacionales, por lo tanto los valores son anteriores.

Fuente: MT y SS - DNRH y E

Cuadro 5 Causas de los conflictos 1987 1988 1989 *

por salarios 57% 56% 65% por suspensiones y

despidos 15% 15% 8% por condiciones de

trabajo 18% 19% 13%

* 5 meses de 1989 Fuente: Elaboración propia en base a datos del MT y SS - DNRH y E

Cuadro 6 Volumen del Empleo en el Sector Público (en miles)

1960 1980 1985 Adm. Pública Nacional 507 495 539 Empresas y Bancos 440 325 354 Provincias 315 648 753 Municipios 125 1692 1899

1387 3160 3545

Fuente: MT y SS - DNRH .y E - Informe 7

CUADERNOS DEL SUR lO 89

go) (1988), o la huelga de los docentes de todo el país(1987), que se insta- en toda la sociedad y cuyo grado de solidaridad y politización resultaron inéditos, que expuso públicamente las falencias del sistema educativo y cul- minó con el reconocimiento de la CTERA como organismo nacional.

Estos mojones van señalando, más allá de los hechos puntuales, un len- to proceso de mad uración colectiva que con su práctica asarnblearia, la par- ticipación masiva, la consulta a las bases, la politización creciente a pun- tan a una nueva forma del protagonismo social y de intervención en la cri- sis nacional.

A modo de conclusión:

¡E pur si muovel Esta frase que en voz baja mascullara Galileo Galilei co- mo forma de resistencia a la inquisición de su época, puede tal vez superar el debate inconcluso que señalarámos al inicio de estas notas.

Un movimiento obrero sacudido por la crisis, diezmado en su vanguar- dia por la represión de la dictadura y la desocupación creciente, acosado por la reestructuración capitalista. Que en la búsqueda de los caminos de su re- organización debe enfrentar la alianza de la burocracia y el Estado, que pri- sionero de una conciencia nacionalista anclada aún en el pasado —que ya no encuentra las bases materiales para volver a hacerse realidad— no alcan- za a darse una dirección de alternativa ni un programa propio frente a la cri- sis... ¡y sin embargo se mueve!

La reestructuración del capital impulsó en todos estos años un fuerte pro- ceso expropiatorio de las condiciones materiales de existencia imponiéndo- le nuevas condiciones de vida a la clase obrera, que en su reorganización co- mo movimiento social se fue estructurando, y desplegando su accionar a partir del reconocimiento de estos cambios. En la resistencia a la modemi- zaciíon salvaje y en la búsqueda de plasmar políticamente su unidad social.

Este es el contenido más general de todo lo ocurrido en estos seis años.

Así la vitalidad de los trabajadores se vió realimentada por los propios cambios del sistema. Estos, en el marco de la lógica de la economía políti- ca del capital, resuelven algunos problemas pero generan nuevas contradi- cicones que surgen del desfasaje entre la base material y el marco socio-ins- titucional que no muestra la misma dinámica.

La redistribución espacial de la industria debilitó los viejos baluartes o- breros pero llevó las relaciones asalariadas a regiones no tradicionales don- de surgieron conducciones locales que no siempre respondieron a las buro-

90 NOVIEMBRE 1989

cracias centrales. La expansión del empleo público provincial y municipal junto con la debacle de las economías provinciales fueron creando focos de conflicto casi permanentes en todo el interior del país. La quiebra de los con- venios colectivos y la pérdida de homogeneidad interna desdibujaron el rol de los sindicatos como negociadores colectivos pero pusieron el acento en las relaciones de las Comisiones Internas y las patronales individuales, en tanto que la nueva Ley de Asociaciones Profesionales supone nuevamente una fuerte centralización del poder sindical lo que hace que todo conflicto que no se resuelve en cl lugar de ori gen presente serias dificultades para que las direcciones nacionales lo centralicen y lo encaucen por la vía de la ne- gociación. Esto lleva a que el conflicto antipatronal pueda difundirse rápi- damente en términos antiburocráticos.

De eSta forma las razones de la conflictividad social, fuertemente impul- sadas por reivindicaciones salariales y económicas en general, comenzaron a trascender rápidamente estos niveles, en un proceso de transformación de las demandas que está en la base misma del ascenso de las luchas obreras de todo el período, que fueron acompañadas por una crisis de las estructuras sindicales para adaptarse a las condiciones que impone el capital, que soca- va los determinantes del poder sindical, pero también hay una continuidad de la crisis abierta en 1975, y que ahora resulta agudizada por la falta de es- pacios para una política de concesiones y reformas.

Sin embargo el movimento de los trabajadores no alcanzó a superar la di- námica de las bases. Solo constituyó un despliegue de erupciones aisladas, casi desconectadas entre sí, que no alcanzó a trascender los marcos de sus estructuras sindicales, o más aún los límites de las fábricas o establecimien- tos. La clase no encontró todavía la forma de forjar estructuras organiza- tivas alternativas, como lo fueron por ejemplo las Coordinadoras del 75.

Tal vez el ejemplo más dramático de estas carencias se de en el sector pú- blico, donde a pesar de la enorme conflictividad desplegada se registran po- cas experiencias de coordinación. No solo en el nivel nacional sino que tam- poco en el regional. Los asalariados de las empresas del Estado afectados to- dos en mayor o menor medida por una polí tica presupuestaria restrictiva que deteriora fuertemente los servicios y posibilidades de desarrollo, y que son el centro de las privatizaciones enajenadoras del patrimonio social acumu- lado, que ponen en serio riesgo la continuidad laboral, se mostraron impo- tentes para pelear decon junto. Menos aún fue posible establecer relaciones entre los trabajadores del sector público y el privado. Solo las huelgas ge- nerales convocadas por la CGT. fueron capaces de unificar los reclamos. Es

CUADERNOS DEL SUR 10 91

que los canales para la generalización de los conflictos y la extensión de la red de solidaridades permanecen aún en manos de la burocracia sindical.

Por otra parte este período no registra ningún triunfo que por su enver- gadura pudiera difundirse al conjunto del movimento y potenciarlo, y aún cuando las luchas tienden a politizarse en el enfrentamiento con el gobier- no y el Estado no alcanzaron a desenvolver contenidos anticapitalistas, sal- vo casos aislados como en la ocupación de Ford, donde objetivamente se cuestionó a la propiedad privada y se gestionó 1a producción bajo control o- brero.

La situación es entonces contradictoria. El contenido político de la rees- tructuración en curso busca encerrar a los trabajadores en sus fábricas y lu- gares de trabajo, despolitizando al conjunto de sus reivindicaciones, pero las contradicciones del sistema no dejan cerrar el círculo. Las luchas no tienen salida sino sobre la base de una politización creciente, pero son los limites del propio móvimiento los que traban su evolución.

Estos límites tienen que ver con la crisis de dirección ya señalada, pero también con la falta de un debate al interior de los trabajadores acerca de un programa alternativo para enfrentar la crisis. Una propuesta político-demo- crática que contemple las grandes cuestiones nacionales pero también las demandas sociales concretas que surgen de la reestructuración capitalista, que impulse 1a cuestión democrática y el pleno ejercicio de las libertades ciudadanas y busque democratizar el conjunto de las estructuras sindicales.

En las condiciones abiertas a partir del 14 de mayo de este año, donde la lógica implacable de la política económica inaugurada en 1976 es ahora pi- loteada por un gobierno votado mayoritariamente por los trabajadores y cu- yo curso va a contrapelo de la cultura histórica del peronismo, la posibili- dad de una crisis de legitimación política está latente, así como una fuerte ruptura entre la dirección burguesa-burocrática y la base obrera y popular.

Sin embargo en la ponderación delos escenarios futuros es necesario ser criteriosos. No quedarse aferrados a la derrota de 1976, pero no recaer en la política de los 60 y 70 donde se confundía combatividad con conciencia. Menos aún, trasladar mecánicamente la incipiente representatividad social de la izquierda al plano político.

La maduración colectiva configura un proceso casi molecular, que tiene sus tiempos y sus propios ritmos, aunque la historia también nos enseña que son las grandes crisis las que promueven los saltos cualitativos en la con- ciencia.

En el periodo que hemos intentado analizar el movimento de los traba-

92 NOVIEMBRE 1989

jadores manuales e intelectuales de nuestro país, dio muestras una vez más, como tantas otras veces en su historia más que centenaria, que sin más pro- piedad que su cabeza, sus brazos y su corazón fue capaz de hacer sentir su presencia en la escena política nacional. Los tiempos que se aproximan y las difíciles condiciones impuestas por el capital dirán si es capaz de transgre- dir Sus propios límites y abrir un cauce esperanzado diferente de la moder- na mediocridad actual.

Buenos Aires, septiembre 1989.

NOTAS

Holloway, John, La Rosa Roja de Nissan, Cuadernos del Sur N9 7, Bs.As. 1988.

1 Palomino, Héctor, Cambios ocupacionales y sociales en Argentina, 1974-1985,

CISEA, Bs.As. 1988.

Dorfman, Adolfo, Cambios en la industria argentina, Realidad Económica N9 80, Bs.

As. 1988.

Varios autores, Economía no registrada, INDEC, Serie Estudios NQ 9, Bs. As. 1987.

Lozano, Claudio, Página 12, 4 de septiembre de 1989.

6 La estructura relativa de los salarios - 1977/1989. MTySS. DRHyE - Documentos N9 19

7 FIDE-Coyuntura y Desarrollo, N9 131, julio 1989.

5 Serie Estudios de FIEL.

9 Varios autores, Robótica Industrial, presentado en el Seminario de la SECyT. Chudnosky, Daniel, La difusión de la tecnología de punta en Argentina: el caso de las MHCN y los Robots, Desarrollo Económico N9 96, Enero-Marzo 1985.

Holloway, J. op. cit.

ver Novick, Marta y otros, La jornada extraordinaria de labor en América Latina, CEIL- OIT, Bs. As. 1987.

‘2 En la industria metalúrgica se estima que el 30% del personal de planta se encuentra bajo

contrato temporario. En Capital Federal y el Gran Bs. As. hay unas 180 Agencias de

Empleo registradas, y se calcula otras tantas clandestinas.

ver Lucita, Eduardo, La reforma laboral, ola imposición de nuevas relaciones jurídicas

entre las clases, Cuadernos del Suri 9 5, Bs. As. 1985.

Un estudio detallado de estas elecciones he realizado en Elecciones Sindicales y

autoorganización obrera. Cuadernos del Sur N9 3, Bs. As. 1985.

Pueden consultarse también: Gaudio, R. y Domeniconi, H. Elecciones sindicales, continui

dad y cambio de la dirigencia sindical, mimeo, 1986; Palomino, H. El movimiento de de

mocratización sindical, en Los nuevos Movimientos sociales, tomo II, CEAL, Bs.As.

1986.

El Centro de Estudios “Unión para la Nueva Mayoría", sostiene que en los últimos 22

meses se realizaron 47 elecciones para renovar aurtoridades, 20 a nivel nacional y 27 en

sindicatos locales. El peronismo ortodoxo triunfó en 14 (29,8%), los renovadores en 16

(34%), la izquierda a través de diferentes frentes y alianzas en 1 l (23,4%), las 6 restantes

13

15

CUADERNOSDELSURIO

16

11

93

(12,8%) pueden considerarse independientes..." En momentos de redactar este artículo sólo faltan concretar eleciones como gremios importantes, en FOETRA-Capital y en la UOCRA, a nivel nacional y seccionales.

Palomino, Héctor, Los conflictos laborales bajo el gobierno constitucional (1986/1987), Fund. F. Ebcrt, Bs.As. 1988.

En el mes de Julio de 1985 fueron ocupadas entre otras las plantas de: la textil marplatense Tejidos Universal; la metalúrgica Volcán en Capital Federal; la cementera Minetti en Mendoza; los Bancos Juncal e Italia y Río de la Plata y el Obrador dela electrificación del F.C. R0ca, en Capital y la Bodega Luchessi en Córdoba.

j aguafuertel

Revista de Ciencias Sociales

Editada por Alumnos, Docentes

y Graduados de las Facultades de Filosofía y Letras

y Ciencias Sociales de la UBA

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Escriben: LUCITA-MAKARZ-GENTILI MANGONE—SUAREZ-ECKHARDT-BONNET LORENZO-SANSUBRINO-DUJOVNEY- SEOANE y otros

Re orta es exclusivos M. GUUEEIER y D. CUHN BENDIT

NOTA ESPECIAL PERRY ANDERSON

- Auspicia C E F Y L -

NOVIEMBRE 1989 ¡III-¡llull-III-Illlllllll

LACULTURAE IACORNIA

Siete años recorrie’ndole ¡as curvas al país, descubriendo sus zonas ocultas y paladeando sus regiones erógenas. Experimentando es- tilos y velocidades sin caerse al abismo. Siete años salteando semá- fortpls. Inventando rutas. Saliendo a contramano emocionando al pu ICO.

MEÜIÜS / VIDA CÜ’I'IDIMM / PROVOCACIOHES / TERRITORIOS / ÉXPLÜRRÉIÜHES/ PÜÍJÏICA / MRRÉINRLES / PÓSMÜDÉRÑÜS / PSICÜBÜLÉHES / SENTIMIENTOS l ILUSIOHES / SUFRIMIEN‘I’OS

Revrslíl Mensual

:1. Utt ¿il

Rutas argentinas hasta el fin

LI

COOPERATIVA

CUADERNOS DEL SUR 95

NOTAS SOBRE LA RECEPCION DEL MARXISMO EN AMERICA LATINA *

Michael Lówy

La obra de Marx y la teoría marxista han sido recibidas de dos maneras fundamentales en América Latina:

1) Una lectura evolucionista “europeizante”, que veía en el papel civilizador del capitalismo —en especial el combate antifeudal de la burguesía democrática— la clave del desarrollo económico y social del continente.

2) Una lectura dialéctica, que considera como agotado el papel pro- gresista de la burguesía y avanza en una perspectiva revolucionaria, a la vez democrática y socialista, enraizada en las tradiciones sociales y culturales de las clases populares.

Dos figuras encarnan, de manera típica estas dos lecturas: Juan B, Justo y José Carlos Mariátegui. En el alba del movimiento obrero en América Latina, se dieron esas dos interpretaciones radicalmente opuestas del pensamiento de Marx.

Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista Argentino (1895), es con- siderado como el primer marxista latinoamericano, en especial por haber sido el autor de la primera traducción de El Capital en la lengua española, publicada en 1898. Antes que Justo, otros autores habían intentado intro- ducir las ideas marxistas en Argentina, en especial Germán Ave-Lallamant, un emigrado alemán que vivía en Buenos Aires, que era el corresponsal latinoamericano de la revista Neue Zeit (publicada por Karl Kautsky), pero su influencia y la de su grupo —que editaba un periódico titulado E1 obrero

socialista- siempre fue marginal. * Publicado en La Batalla, Mexico N914, marzo-abril 1986

96 NOVIEMBRE 1989

El pensamiento de Marx fue introducido en el movimiento obrero argentino y también latinoamericano bajo la lógica de Justo.

Sin embargo, lo menos que se puede decir del marxismo de Juan B. Justo es que estaba fuertemente di luido en una mezcolanza ecléctica, que contenía apreciables dosis de sociología (Comte, Spencer) y de economía política burguesa. A tal punto que, en un editorial de 1894 para el periódico La Prensa (“periódico socialista científico, defensor de la clase trabajadora”), el escribía: “Venimos a difundir las doctrinas económicas creadas por Adam Smith, Ricardo y Marx, presentando las cosas como son, y preparando entre nosotros la gran transformación social que se aproxima“. En efecto, lo que Justo guardaba para de Marx -a diferencia del “objetivo final” socialista, al cual concibe como una perspectiva lejana es el papel- económicamente revolucionario de la burguesía, el resultado objetivamente progresista del desarrollo capitalista. Hace suyos los análisis de Marx sobre los beneficios del libre cambio en Europa (1847) y los aplica sin dudar a la Argentina de inicios del siglo XX. La “libertad de comercio internacional” y “la unifica- ción económica del mundo (bajo el liderazgo del capital) son algunos de los temas principales de su intervención en 1910 en el Congreso de la Internacional Socialista en Copenhage. En un artículo publicado en el periódico socialista La Vanguardia (2 de noviembre de 1895), saluda el papel benéfico del capital extranjero: “la llegada de grandes masas de capital extranjero es necesario e inevitable. Para que este país se desarrolle, es necesario que esto suceda. El capital extranjero va a acelerar su evolución política y social”.

Esta manera de reducir el materialismo históricoala defensae ilustración del progreso industrial capitalista —como etapa indispensable dela evolución social en América Latina- nos hace recordar el “marxismo legal” en Rusia en la misma época (Piotr Struve).Pero el entusiasmo de Justo por el papel civilizador del capital va más lejos aún, y se transforma en muchas ocaciones en una apología directa de las guerras coloniales y del imperial- ismo.

En su principal obra teórica, Teoría y Práctica dela Historia (1909), Justo explica lo siguiente: “Frente a las vastas superficies de tierra no cultivada y de preciosos depósitos de minerales que yacen abandonados, nada detendrá la expansión del progreso técnico, incluso si para realizarlo la guerra se convierte en necesaria...Con esfuerzo militar que no afecta ni la vida ni el desarrollo de la masa superior del pueblo, esas guerras abren a la civilización territorios inmensos. ¿Acaso se puede reprochar a los europeos su inter-

CUADERNOS DEL SUR 97

vención en Africa, porque esta es acompañada de crueldades?...

¿Vamos a reprochamos haber hecho a un lado a los caciques indígenas del dominio sobre la Pampa?...

Una vez suprimidos(¡sic!) o sometidos los pueblos salvajes y bárbaros, e incorporados a eso que hoy llamamos civilización, el mundo estará más próximo a la unidad y a la paz, lo que se traducirá en una mayor uniformi- dad para el progreso”.

Estamos aquí bien lejos del marxismo, este tipo de argumentos están más próximos de Cecil Rhodes que de Karl Kautsky; así pues, no fue sorpren- dente que una oposición interna se desarrollara al interior del socialismo argentino, que rechazaba la concepción de Justo y que finalmente desembo- caría en la fundación del Partido Comunista Argentino en 1918 (gracias, especialmente, a la acción del marxista chileno Luis Emilio Recabaren, fundador del Partido Comunista de Chile).

Sin embargo, diez años después se va a desarrollar, en el seno del comunismo argentino y latinoamericano (bajo la influencia del estalin- ismo), una nueva versión del evolucionismo progresista, en el otro extremo de Justo, pero que compartía con él algunas premisas fundamentales.

Ese nuevo evolucionismo rechaza las ideas revisionistas de Justo; se reclama de las ideas de Marx y Lenin, y opone al imperialismo la perspectiva de la revolución democrática-nacional, realizada por las clases populares (proletariado y campesinado) en alianza con la burguesía progresista. Las soluciones imperialistas promovidas por Justo son rechazadas, pero se comparte con él el presupuesto de que el capital tiene aún un papel progresista que jugar en América Latina, y que un período de desarrollo capitalista de las fuerzas productivas (con algunas transformaciones socia- les y políticas democráticas, como la reforma agraria, etc.) es una etapa necesaria en la evolución de este continente. Desde luego, contrariamente a lo que planteó Justo, ese papel histórico no es atribuido al capital extranjero, sino al capital nacional, más precisamente a la burguesía nacional, antifeudal y democrática, ubicándola entre los opositores a los haccndados y a la dominación imperialista, como aliada de las fuerzas populares.

Las dos versiones tienen en comúr'r una concepción estrictamente evolu- cionista de la historia, en la cual se suceden, según un orden prestablecido (similar al de Europa Occidental) feudalismo, capitalismo comercial, capi- talismo industrial y socialismo; las dos concepciones entienden la industri- alización y la modernización capitalista de los países latinoamericanos

98 NOVIEMBRE 1989

como la próxima etapa del progreso histórico, y como la condición necesaria para superar el retraso económico y social, y romper las relaciones sociales arcaicas y desarrollar al país.

Obviamente, la diferencia entre el “marxismo” de Justo y el de los evolucionistas de tipo estalinista, la cuestión del antimperialismo, es esen- cial; esto explica por que Justo no tuvo jamás mucho éxito en América Latina, salvo en Argentina y Uruguay (sobre todo antes de la Segunda Guerra Mundial), en tanto que los segundos se convirtieron rápidamente en una de las principales fuerzas del movimiento obrero de este continente. Sin embargo, la existencia de premisas comunes explica por qué, en varios momentos, se pueden observar deslizamientos o regresiones de los segun- dos hacia el primero. Por ejemplo: Vittorio Codovilla, uno de los fundadores del Partido Comunista Argentino, enemigo irreductible de Justo y eminente representante del estalinismo, afirmaba en 1944 con convicción: “Los Estados Unidos e Inglaterra llegarán a un acuerdo sobre la política económica en América Latina, con el objetivo de contribuir al desarrollo económico, político y social en un sentido progresista”. Se trata de elaborar un programa angloamericano que, “al mismo tiempo que ofrece un mercado diez o veinte veces superior al actual mercado, para‘sus capitales, sus máquinas y sus productos industriales, contribuya al desarrollo independiente de la econ- omía de los países de América, permitiendoles en pocos años liquidar el atraso en el cual viven desde hace decenas de años“. Sin duda este texto corresponde a una coyuntura particular (un período determinado de la política exterior de la URSS), pero el hecho de que haya podido ser formulado (y existen muchos otros textos que son totalmente similares) nos demuestra la existencia de ese acuerdo común sobre el “capitalismo pro- gresista”.

El segundo tipo de aceptación del marxismo en América Latina, clara- mente representado por José Carlos Mariátegui, representa una visión radicalmente diferente. Considera que la burguesía actual llegó muy tarde a la escena de la historia para poder jugar un papel emancipador, nacional o democrático.

América Latina no es comparable ala Europa del siglo XIX. En la era del imperialismo, los países latinoamericanos están condenados a la dependen- cia, y su única alternativa real está representada por el socialismo. Se trata, así pues, de utilizar el materialismo histórico de una manera creativa, para interpretar una realidad social diferente, no europea, y para formular una perspectiva revolucionaria que toma en cuenta las características concretas

CUADERNOS DEL SUR 99

(económicas, políticas y culturales) de las formaciones latioamericanas, en especial las tradiciones comunitarias del campesinado indígena, que en algunos países constituye la mayoría de la población. Esto implica la superación de las interpretaciones evolucionistas del marxismo y un en- foque dialéctico de la historia social, que observa la posibilidad de rupturas en la continuidad, de saltos cualitativos, de fusión de etapas.

Esta lectura no se distingue de la primera por alguna referencia textual a la obra de Carlos Marx; no se preocupa de la ortodoxia literaria, sino sobre todo de encontrar la esencia del método marxista, de su dialéctica revolu- cionaria, para aplicarla a la realidad latinoamericana.

El punto de partida de Mariátegui, que inaugura esta nueva aceptación teórica y política del marxismo, es precisamente la ruptura con el “pro- gresismo” evolucionista de una manera que nos hace recordar el recorrido espiritual del joven Lukacs y del joven Gramsci, en su combate radical contra el marxismo positivista dominante en la II Internacional.

En un artículo publicado en 1925, Mariátegui escribió: “La filosofía evolucionista, historicista, funcionaba antes de la primera guerra, más allá de las fronteras políticas y sociales, a las dos clases antagónicas”.

El bienestar material, el desarrollo físico de las ciudades engendró un respeto supersticioso por la idea del progreso...Conservadores y revolucion- arios aceptaron prácticamente las consecuencias de las tesis evolucionistas. Los unos y los otros coincidían en la misma adhesión a la idea del progreso y en la misma aversión por la violencia”. Saluda a Georges Sorel como uno de los pensadores que, incluso antes de la guerra, rechazó esta “serena y confortable filosofía” y elogia a los bolcheviques como revolucionarios que no se corrompieron por la superstición del progreso, aportando así una energía romántica y un alma nueva al socialismos.

Se trata así de un enfoque marxista resueltamente antievolucionista con el que Mariátegui va a examinar, en el curso de los años 20, la realidad peruana y latinoamericana.

Por proponer una revolución obrera y campesina será acusado tanto de “europeizante” como de “populista” indigenista. En realidad, el enfoque de Mariátegui se caracteriza precisamente por la unidad dialéctica entre lo universal y particular, entre los principales fundamentos del marxismo y las características pr0pias de America Latina.

Si el romanticismo anticapitalista no es ajeno a su estilo de pensar, no aspira, de ninguna manera, como los romanticos (o los populistas rusos) a restablecer el orden social precapitalista, en el caso de Perú, el “comunismo

100 NOVIEMBRE 1989

Inca”. Su objetivo es articular, de manera dialectica, la necesaria moder- nidad tecnica (de origen europeo) y las tradiciones comunitarias indígenas favorables a una perspectiva socialista 6.

El aspecto políticamente decisivo de la ruptura con el evolucionismo se encuentra en la convicción por parte de Mariátegui de que el progreso” no puede ya aportar soluciones a los problemas del subdesarrollo latinoameri- cano y que la burguesía local es incapaz de jugar un papel democrático revolucionario consecuente o de liberar al continente del yugo de los hacendados y de los monopolios imperialistas. Lo que está, asi pues, al orden del día en Perú y en indoarnérica, es una revolución social global que combina las tareas nacionales, democráticas, agrarias y socialistas, fu- sionando en un solo proceso revolucionario el combate anticapitalista.

Mariátegui fue el fundador del Partido Comunista Peruano, pero después de su muerte (1930), su mensaje y su lectura del marxismo serían reempla- zadas en el seno del movimiento comunista por el nuevo evolucionismo estaliniano. El pensamiento mariateguista no sobrevivirá más que en algunas corrientes marginales y heterodoxas del marxismo latinoameri- cano, hasta principios de los años 70.

Con la revolución cubana, la revolución nicaragüense y el movimiento revolucionario actual en El Salvador y Guatemala, se abre un nuevo capítulo en la aceptación del marxismo en América Latina. Sin tener necesariamente una relación directa con la obra de Mariátegui, esos movimientos van a reencontrar o reinventar un marxismo no evolucionista, capaz de orientar una praxis radical de cambio social.

A partir de su búsqueda de una solución socialista basada en la cultura revolucionaria de cada pueblo -Martí y la guerra de independencia en Cuba; Sandino y la guerra contra la intervención norteamericana en Nicaragua; Farabundo Martí y la insurrección de 1932 en El Salvador; el combate secular de los indígenas contra la colonización en Guatemala-, los movim- ientos revolucionarios que han sacudido el continente en los últimos 20 años han traducido a Marx al español de una manera totalmente eficaz, como nunca lo hizo Juan B. Justo.

Notas.

Citado por Dardo Cuneo. Juan B. Justo y las luchas sociales en Argentina, Buenos Aires, Ed. Alpe, 1956, p. 88.

CUADERNOS DEL SUR 101

1 Juan B. Justo, Intemacionalisrno y patria, Buenos Aires, Ed. La Vanguardia, 1933, p. 23- 27, 187-188.

Juan B. Justo, Teoría y Práctica dela Historia, 1909, Buenos Aires, Ed. Libera. 1969, p. 135-136.

" V. Codovilla, En marcha por un mundo mejor, Buenos Aires, 1944.

5 José Carlos Mariátegui, Dos concepciones dela vida, 1925, en El alma Matinal, Obras Completas, vol 3, Editorial Amauta, Lima, 1964, p. 14-15 sobre el “sorelismo” de Mariátegui, ver el excelente trabajo de Roberto Paris, “El marxismo de Mariátegui", en Mariátegui y los orígenes del marxisno latinoamericano, Siglo XXI, México, 1978. Agreguemos que esta manera de utilizar a Sorel contra el progresismo positivista y de asociarlo alos bolcheviques recuerda una vez más, de manera impresionante, la posición de Lukacs, Gramsci y Walter Benjamín alrededor de los años 1917-1923 paralelismo que no implica, por otro lado, ninguna influencia directa de esos autores sobre Mariátegui.

° Ver José Carlos Mariátegui, “Programa del partido comunista", 1928, en El proletariado y su organización, Mexico, Ed. Grijalbo, 1970, p. 126-127.

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JUSTICIA SOCIAL

La revista del CeDEL

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NOVIEMBRE 1989

CUADERNOS DEL SUR 103

Los CAMBIOS TECNOLOGICOS EN LA ECONOMIA MUNDIAL Y LAS EXPORTACIONES DE LOS PAISES EN DESARROLLO*

Alejandro Dabat Miguel A. Rivera Ríos

"Lo que es espectacular es el ascenso de los paises semiindustriales como exportadores de bienes industriales. Su participación se duplicó prácticamente en diez años. Pasó de 6.3% del total mundial en 1975 a 11.2% actualmente.”

E. Mandel, Las consecuencias sociales de la crisis económica en la Europa capitalista, 1986.

En meses recientes se ha incrementado el número de artículos, ensayos e investigaciones que tratan sobre las transformaciones industriales y tecno- lógicas que están teniendo lugar en los países desarrollados. Dentro de es- ta corriente existe una línea particular de análisis y divulgación que prevé e identifica repercusiones no sólo de grandes dimensiones, Sino catastrófi- cas para los países en desarrollo, especialmente por lo que se refiere a su in- serción en el mismo proceso de modernización y su futuro en el comercio mundial.l Estas ideas junto con otras relativas al impacto general de la au- tomatización, se están convirtiendo en verdades aceptadas en amplísimos círculos académicos y políticos, sin indagar seriamente sobre su validez científica y su fundamentación empírica. Dada la importancia del tema, la significación y actualidad de los fenómenos que intenta explicar, procede- remos a efectuar una crítica global sobre ellas, empezando por un resumen

* Publicado en Brecha N9 4, México, Verano 1987

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de las tesis más comunes; a continuación revisaremos su metodología y el grado de correspondencia con los hechos reales. Finalizaremos este comen- tario crítico con un planteamiento propio sobre la significación política del debate.

Según el tipo de interpretación en boga la economía mundial habría su- frido en la última década un número importante de cambios, dos de los cua- les serían esenciales para los países en desarrollo. Primero, por efecto de la aplicación de la microelectrónica al proceso productivo y la automatización, estaríamos frente a menores y decrecientes requerimientos unitarios de ma- terias primas y, en segundo lugar, de fuerza de trabajo en la producción in- dustrial. Se considera que lo anterior impactará profundamente a las venta- jas comparativas sobre las que está basada la actual división internacional del trabajo, afectando fundamentalmente tanto a los países productores de productos primarios como a los de productos manufactureros sustentados en el aprovechamiento de la baratura de la mano de obra. O sea, alo que cons- tituye el fundamento mismo del comercio exterior de los países en desarro- llo en general y semiindustriales en particular, que en el futuro tenderían a quedar completamerrte marginados del mercado mundial.

"“S’flos autores mencionados están de acuerdo en la" descripción de las ten- dencias, no concuerdan, sin embargo, en el tipo de alternativa que propug- nan para estos países. Peter Drucker sostiene que la única alternativa que queda a disposición de nuestros países es la complementaridad con las em- presas transnacionales, bajo la forma de operaciones de ensamble y de pro- ducción de piezas y partes requeridas en pequeñas cantidades. En cambio o- tros, como Gerard J unne, sólo les conceden la posibilidad de la vuelta ha- cia adentro, como una necesidad frente a la amenaza de las nuevas tecnolo- gías, “renunciando a tiempo a sus estrategias de desarrollo con miras a la ex- portación”, lo cual en el contexto de los cambios que se prevén sólo puede significar, obviamente la automarginación de las corrientes fundamentales del comercio mundial.

Antes de proceder a confrontar estas tesis con los hechos reales es nece- sario efectuar un breve comentario previo sobre la orientación de la meto- dología que explícita o implícitamente ha apoyado las conclusiones anterio- res. Sin profundizar demasiado en estos estudios se observa que sus autores no ofrecen datos sistemáticos o información empírica básica global para a- poyar sus conclusiones; se limitan a lo sumo a proporcionar ejemplos ais- lados y extrapolar tendencias, al margen del análisis histórico global delos

CUADERNOS DEL SUR 105

procesos de transformación productiva y tecnológica del capitalismo y del juego de contratendencias.

Esto da lugar a unilateralizaciones de tipo subjetivo del proceso históri- co, lo que tiende a producir exageraciones y mitos aún mayores, como re- sultado de la vulgarización ulterior. Hecha esta presentación, pasaremos a considerar las tesis planteadas por los autores mencionados, tratando de cen- trarnos en el análisis de las tendencias objetivas y las cuestiones metodoló- gicas planteadas por esa necesidad.

1. Materias primas y comercio de productos básicos

Hace sólo una década, cuando los altos precios de las materias primas a- hogaban los esfuerzos del capital imperialista por restablecer sus niveles de rentabilidad, estuvo de moda el repetir la conocida profesía del Club de Ro- ma, que augurabael agotamiento de las materias primas para fin de siglo y precios cada vez más altos para casi todas ellas. Dentro de este marco tuvie- ron lugar un buen número de proyectos descabellados en todo el mundo, co- mo los de López Portillo y otros gobiernos de países petroleros que creye- ron encontrar en esa materia prima una veta inagotable de riqueza. Hoy, cuando la crisis mundial y los progresos de la reestructuración capitalista han logrado deprimir fuertemente la demanda y el precio de las materias pri- mas y energéticas, pregonan que la Situación se ha invertido también para Siempre y no cabe esperar nada significativo de los productos primarios. En realidad la opinión dominante de hace diez años fue tan incorrecta y subje- tiva como lo es la expresada hoy por esta corriente de autores.

Es un hecho indiscutible que la reconversión industrial en curso se basa en buena medida en el desarrollo de ramas poco intensivas en el uso de ma- terias primas o en la sustitución de diversos materiales tradicionales por o- tros nuevos. Pero es equivocado considerar que estos fenómenos constitu- yen en mismos una nueva característica de la etapa actual de la reorgani- zación capitalista, que autores como J unne llaman de “desmaterialización” de 1a producción o de “desacople” entre producción industrial y materias primas (Drucker). En realidad, procesos sustitutivos semejantes al actual han tenido lugar en diversa medida en todos los grandes ciclos de reestruc- turación del capitalismo alo largo de su historia.

La revolución industrial, por ejemplo, racionalizó el empleo de materia- les y convirtió el carbón, el algodón y la lana en los principales productos básicos en detrimento de otros como la leña, el lino o el cuero. Con la apa-

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rición del ferrocarril, en la cuarta y quinta décadas del Siglo XIX, comenzó el predominio del hierro que se consolidan'a hacia fines de siglo, en el mar- co de la llamada, no muy propiamente, “segunda revolución industrial” (que significó la entrada en la era del acero). Pero también esa reestructuración tecnológica introdujo nuevos materiales como el cobre, el petróleo o el cau- cho, al mismo tiempo que irrumpían industrias tan poco intensivas en el u- so de materiales como la química o la telegrafía sin hilos y la radio, que fue- ron en su momento (junto al alto horno, la electrografía y el motor de com- bustión interna) los fundamentos de la nueva tecnología industrial. Desde entonces desaparecieron prácticamente del mercado los tintes naturales (a- ñil, índigo, cochinilla), se debilitó aún más el consumo de cuero, pasó a se- gundo plano el de la madera y concluyó la era del caballo como instrumen- to básico de la agricultura, los transportes y la vida militar. En la década si- guiente entrarían en escena la producción de fibras textiles sintéticas o el caucho lo que afectaría muy fuertemente a los diversos materiales tradicio- nales. Pero, a pesar de ello, algunos como el hierro y el acero seguirían sien- do la base fundamental de la producción industrial, y otros, como el carbón, el algodón o aún el caucho natural, no dejarían de ser insumos industriales básicos y fuentes muy importantes de ingresos de exportación para nume- rosos países. Uno de los casos más aleccionadores de la historia reciente de nuestros países fue el auge de las exportaciones algodoneras en México y Perú, inmediatamente después de la Segunda Guerra mundial.

La reestructuración industrial actual está provocando consecuencias si- milares. Las industrias microelectrónicas utilizan pequeñas cantidades de materiales básicos, pues el hardware opera a partir de minúsculos transisto- res construidos de un material tan común como el silicio, mientras que el software constituye fundamentalmente un almacenamiento de conocim ien- tos. El desarrollo de la física molecular, de la biogenética y de otras disci- plinas científicas y tencológicas, han posibilitado la creación de nuevos ma- teriales y productos. Las industrias de servicios, que producen bienes no al- macenables como la electricidad, la información, la educación y la salud, crecen más rápidamente que las industrias tradicionales. Todo ello no pue- de menos que afectar muy fuertemente la demanda de numerosos materia- les, en una medida exacervada por la depresión mundial. Con todo, no pue- de comprobarse que exista un rápido proceso de “desmaterialización” de la industria mundial, que implique una ruptura de su ligazón con las materias primas y energéticos.

En el caso de los materiales de origen mineral se puede constatar el es-

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tancanriento de varios de ellos, como el plomo o el estaño, el lento creci- miento del hierro o el cinc o también la reducción de la tasa de crecimien- to de otros como el cobre,2 a causa del impacto sustitutivo de productos co- mo la fibra óptica. Al mismo tiempo se puede advertir que otros productos como el aluminio continúan su rápido proceso de crecimiento, en parte gra- cias a su papel como material sustitutivo del hierro y otros metales.

El papel de los sustitutivos es sin duda importante, pero no siempre im- plica la incorporación de productos químicos o de fuerzas físicas comple- tamente nuevas, ya que en una medida muy importante expresa tan sólo el reemplazo de unos materiales tradicionales por otros (como los plásticos). Además, muchos de los procesos más mencionados, como el caso de la-a- plicación de la cerámica en la producción del núcleo central de los motores de automóvil o en los superconductores, no pasan de constituir experimen- tos de laboratorio y parece hallarse a punto de ser abandonados o están en fase de difícil experimentación.3 En lo referente al petróleo, por su impor- tancia particular, se tratará en el apartado siguiente para considerarlo más extensamente.

En el caso de los productos agrícolas, el ejemplo regresivo más impor- tante es el del azúcar de caña, desplazado rápidamente por el de remolacha, los sucedáneos químicos derivados de la fructuosa y el cambio en los hábi- tos alimenticios. Pero no Sólo existe una demanda creciente de muchos o- tros productos como la soya, el jugo de naranja olas drogas ilegales, sino que otros, como los granosbásicos (trigo, maíz, arroz), atraviesan por una difí- cil coyuntura comercial por razones enteramente-distintas a una supuesta re- ducción del consumo de los mismos atribuibles a cambios tecnológicos. En este último caso, no puede hablarse de tendencias hacia la reducción del con- sumo (la demanda de granos alimenticios sigue siendo una de las mayores necesidades insatisfechas de la humanidad) o de la irrupción de sustitutos, sino, por el contrario, de la existencia de una enorme sobreproducción que es el resultado conjugado de la revolución tecnológica en curso, aplicada a la agricultura y, coyunturalmente, del debilitamiento de la capacidad de im- portación de los países deudores y la ola proteccionista en los industrializa- dos.4

Las únicas conclusiones válidas que pueden extraerse de las tesis en bo- ga serían las siguientes: a) que el peso relativo de la producción primaria en relación a1 conjunto de la producción mundial, continuará descendiendo, como ha sucedido anteriormente; b) que mientras subsista la actual tenden- cia depresiva de la economía mundial, no cabe esperar más que modestos in-

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crementos de la demanda mundial; c) que en algunos casos, como en la ca- ña de azucar y posiblemente el plomo y el estaño, puede darse una disminu- ción absoluta de las cantidades demandadas, y d) que, por todo ello, la par- ticipación de las materias primas no puede constituir la base principal de la integración al mercado mundial de los países en desarrollo dinámicos. Sin em bargo, estas conclusiones no implican, en modo alguno que: a) el descen- so relativo de la demanda industrial mundial de materias primas se traduz- ca en la misma medida en descenso de la participación de las exportaciones respectivas de los países en desarrollo; b) algunas de esas exportaciones no puedan seguir teniendo, para ciertos países, una enorme importancia. Para poder apreciar correctamente estas dos últimas cuestiones es necesario pa- sar a considerar la posición específica de los países en desarrollo dentro del conjunto de la producción mundial.

La evidencia histórica demuestra que junto a la tendencia al descenso re- lativo del comercio internacional de básicos frente al de bienes manufactu- rados, opera paralelamente otra que significa el desplazamiento progresivo de la localización geográfica de la producción, exportación y generación de sobreganancias extraordinarias (rentas internacionales del suelo), desde los países centrales hacia los paí ses en desarrollo. Esta última tendencia, que ve- remos a continuación, eS la que explica el aumento significativo de las ex- portaciones primarias de los países en desarrollo a pesar del estancamien- to relativo de la demanda mundial de los mismos.

En la minería la causa del desplazamiento está dada principalmente por el agotamiento de los yacimientos de explotación más temprana, situados en las áreas y países industriales, por los recursos mucho más vastos y ricos de los países y áreas periféricos de incorporación más tardía a la producción, aunque también actuan otros factores como el precio de la fuerza de traba- jo (cuestión que veremos en el apartado tres). En este caso, la tendencia es nítida y puede comprobarse estadísticamente, en especial desde la segunda posguerra (véase cuadro 1). Hasta cierto punto este tipo de causa opera tam- bién en el caso de la silvicultura y la pesca, aunque subordinado ala nece- sidad de introducir métodos racionales de explotación, que respeten los len- tos ciclos de reproducción. Finalmente, en la agricultura, junto a la venta- ja puramente geográfico-climática que se da sólo en el caso de los produc- tos tropicales, la razón estriba en el diferente nivel del precio de la tierra y la renta del suelo. Los países industriales pueden neutralizar esa desventa- ja por medio del revolucionamiento de sus condiciones de producción agrí- cola, como lo demuestra la experiencia histórica y, en particular, la de la se-

CUADERNOS DEL SUR 109

gunda posguerra. Pero también los países en desarrollo pueden transformar las condiciones de producción agrícola y acortar distancias en términos de productividad del trabajo y rendimiento del suelo, que es lo que parece es- tar sucediendo en la actualidad. Las estadísticas sobre la evolución del ren- dimiento del suelo en la producción de granos básicos muestran la siguien- te evolución histórica. La de los países industriales se elevó en un 1% anual entre la década del treinta y mediados de los cincuenta, en 3% desde enton- ces hasta fines de los sesenta y en 2.3% en los sesenta y principios de los o- chenta. En cuanto a los paises en desarrollo, que hacia 1934- 1938 contaban con rendimientos similares alos de los países desarrollados, sus rendimien- tos no tuvieron ningún crecimiento en el primer período, crecieron muy len- tamente en el segundo (solo 1% anual contra 3% de los países industriales), para dar un gran salto en el período más reciente, cuando alcanzaron un cre- cimiento del 3% anual, esta vez superior al de estos últimos.s La coinciden-

Cuadro 1

Participación de los países industrializados y en desarrollo * en la producción mundial de algunos productos mineros. 1966-1984 (Millones de toneladas métricas)

1954 1966 1975 1984 Mineral de hierro Países industrializados 81.004 101.197 127.283 63.744

Países en desarrollo 20.402 115.946 200.833 252.392 Mineral de cobre

Países industrializados 1.278 1.759 2.222 1.805

Países en desarrollo 1.058 2.308 3.450 3.057 Mineral de plomo

Países industrializados 741 760 1.244 686

Países en desarrollo 753 868 1.087 1.037 Mineral de cinc

Países industrializados 1.283 1.738 2.325 1.702

Países en desarrollo 684 1.063 1.781 1.858

FUENTE: ONU, Statistical Yearbook, Nueva York, varios años. * No se incluyen países del COMECON, Australia ni Nueva Zelandia

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cia entre el elevamiento de los rendimientos y los diferenciales en los pre- cios del suelo y los salarios (o los ingresos del pequeño agricultor) han ten- dido pues a favorecer la posición competitiva de la agricultura de los países en desarrollo en los-últimos años, lo que se ha expresado en la acentuación del proteccionismo defensivo de los países industriales y los subsidios a la exportación a costo fiscal y social cada vez más alto. Esos subsidios paga- dos por el consumidor y el resto de la economía han comenzado, sin embar- go, a ser cuestionados por sectores cada vez más grandes de la población y los planes en curso en la CEE o el Japón apuntan más bien hacia una dismi- nución al parecer considerable.6

Dentro de estas tendencias de largo plazo debe ubicarse la problemática específica de la coyuntura actual abierta a partir de la crisis de 1982, que se tradujo en una aguda caída de los precios de los productos básicos que ha prevalecido hasta 1986 a un nivel excepcionalmente bajo. Drucker, por e- jemplo, ve en esta caída la constatación de la tendencia general que él seña- la y concluye en que nunca más volverán a recuperarse los precios de las ma- terias primas. Pero omite considerar las fuerzas particulares presentes en es- ta coyuntura que, todas ellas, actúan complementariamente en el sentido de deprimir los-precios. Según distintos análisis del actual ciclo del mercado de productos básicos, esas fuerzas serían, por lo menos, seis: a) El ciclo depre- sivo de la producción mundial centrado en 1982 seguido luego por una re- cuperación aún muy débil;7 b) La generación en la segunda mitad de la dé- cada de los setenta, de una enorme capacidad excedente de producción, do- minada por una coyuntura eufórica de los precios y ganancias (acompaña- da de las previsiones del tipo Club de Roma“) que aún subsiste; c) reestruc- turación internacional de la minería y notables avances en la productividad mundial, que se expresaron en la reducción de costos; d) situación financie- ra angustiosa de los países deudores aparecida en 1982, que condujo a ésos a sobreexpandir las ven tas de productos básicos con el propósito de obtener divisas adicionales para pagar el servicio de la deuda, a un nivel no justifi- cado en términos económicos normales (situación posibilitada adicional- mente por 1a drástica depreciación del tipo de cambio en la mayor parte de estos países y el peso desmesurado de sus empresas públicas en la explota- ción de básicos); e) elevamiento ininterrumpido del valor del dólar duran- te los primeros seis años de la década actual, y f) acentuación de las políti- cas proteccionistas de los mercados agrícolas de los países industriales y de las exportaciones subsidiadas (fenómeno al que ya nos referimos).

CUADERNOS DEL SUR lll

Está fuera de discusión que estas tendencias generaron una situación que afectó muy agudamente alos países en desarrollo en un momento particu- larmente difícil, marcado por la crisis de la deuda. Pero lo que no está cla- ro en absoluto es que el derrumbe analizado de los precios de los productos básicos constituya una tendencia irreversible provocada por los cambios de la economía mundial, en el sentido de Junne o Drucker. La experiencia his- tórica y algunos claros cambios de tendencia que comienzan a manifestar- se, apuntan más bien en el sentido de que se trató de una caída coyuntural particularmente aguda que tenderá a revertirse como resultado de la caída de la inversión en el sector inducida por el derrumbe de la rentabilidad y o- tros fenómenos concomitantes propios de la fase del ciclo (caída del valor dólar, política más cuidadosa de ventas de los países exportadores, etc.). Pe- ro esto no es todo. También la crisis debiera de haber servido para reducir la participación en los mercados de los productores marginales de altos cos- tos (trátese tanto de los países industriales como de los “en desarrollo”, que no han estado en condiciones de racionalizar su producción durante la cri- sis) y, por lo tanto, para fortalecer la posición en el mercado de los países ex- ploradores que cuentan con ventajas comparativas en el sector, aún en con- diciones de lento crecimiento de las exportaciones de productos primarios de países como Brasil, México o Chile parece confirmar más bien esta úl- tima tendencia. Pero, sobretodo, ello podrá deducirse del análisis del mer- cado petrolero que pasamos a hacer.

2. El caso del petróleo

La evolución del mercado petrolero es excepcionalmente instructiva e importante como botón de muestra de las tendencias que dominan los mer- cados de materias primas. Por su enorme importancia tecnológica como principal materia energética, por su enorme importancia económica (su va- lor comercial equivale al de las exportaciones de todos los otros productos primarios juntos) y por su significación política, el petróleo sigue siendo el material básico más importante de la economía contemporánea. Como es sa- bido, los precios del petróleo crecieron en forma impresionante entre 1974 y 1980 en una proporción mucho mayor que el resto de las materias primas y a un ritmo bastante más sostenido. En ese periodo los precios del petróle- o se multiplicaron por trece, mientras los del resto de los productos prima- rios lo hacía en proporciones mucho más modestas y luego lograron man-

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tenerse a un nivel de suave descenso en la primera mitad de los ochenta, mientras se derrumbaban las cotizaciones del resto de los productos básicos. Este comportamiento relativamente anómalo de los ritmos y niveles del mo- vimiento de los precios del petróleo llevó alos economistas y políticos a con- siderar que se trataba de un caso excepcional, que se regia por parámetros muy diferentes a los de los otros básicos. En realidad, como se está demos- trando ahora, la única verdadera diferencia consistía en el nivel de carteli- zación excepcionalmente alto que llegó a tener el mercado como resultado del fortalecimiento de la OPEP, sin que este fenómeno pudiera sustraer al petróleo del juego de las fuerzas de largo plazo que conformaban el merca- do. La fuerza de la OPEP pudo hacer que el alza del nivel de precios alcan- zara un nivel estratosférico cuando las fuerzas del mercado actuaban en e- sa dirección y pudo luego posponer y atenuar la caída cuando éstas actua- ban en sentido contrario. Pero no pudo evitarla, como se comprobó en 1986, cuando los precios del petróleo se derrumbaron a 6 ó 7 dólares el barril.

En el caso del petróleo actuaron con particular intensidad un conjunto de fuerzas que tendieron a disminuir considerablemente la demanda, ya sea por vía sustitutiva (energía nuclear o solar, mayor uso del carbón o el gas, etc.), por la aplicación de nuevos materiales como las fibras ópticas o por ejem- plo de técnicas conservadoras de energía, que se tradujeron en una drástica caída de la demanda internacional del orden del 15% entre 1979 y 1983. U- na apreciación superficial de ese fenómeno, puede llevar a la conclusión de que el ciclo histórico del petróleo ha tocado a su fin, como sugieren diver- sos autores, como resultado de la “desmaterialización” de la producción in- dustrial. Pero un análisis más cuidadoso demuestra la inconsistencia de e- sa conclusión. En primer lugar, el futuro de los principales sustitutos es com- pletamente incierto, ya que el gas y el carbón,por ejemplo, han agotado prác- ticamente sus posibilidades técnicas, la energía solar es apenas algo más que un sueño esperanzador y la energía nuclear está dejando de ser, al parecer, una alternativa válida por su peligrosidad, costo y significación sociopolí- tica, cuyo futuro depende en gran medida del desenlace de la lucha políti- co cultural, que contrapone al movimiento democrático y ecologista, con los círculos militaristas y nacionalistas del mundo entero.

En segundo lugar, las técnicas conservadoras son costosas, limitadas y parecen haber alcanzado cierto umbral tecnológico. En tercer término, la ba- ja demanda de algunas de las nuevas industrias, por su escasa incidencia en el consumo total, Sólo autorizaría a esperar una reducción residual en el rit-

CUADERNOS DEL SUR 113

mo de crecimiento del consumo. Pero además la nueva tecnología tiende a promover campos más amplios para la utilización del petróleo, como la ma- yor demanda de plásticos.

En realidad, la caída de la demanda de petróleo sólo estuvo marginalmen- te determinada por el impacto de nuevas tecnologías. En lo sustancial fue un fenómeno comercial, inducido por el nivel completamente inusual al que se elevaron los precios en menos de seis años (desde 3 dólares por barril a 38 en 1980), en una época caracterizada por el derrumbe de la rentabilidad ca- pitalista a nivel mundial. El nuevo nivel de precios indujo un rápido proce- so de incorporación de tecnologías ahorradoras de energía y de uso de sus- titutos, en condiciones de fácil adaptación (dada la tendencia a la sobreuti- lización de energía en el periodo previo).

Otra consecuencia del alto precio fue la entrada en el nuevo mercado de una impresionante oleada de nuevos productores (Mexico, Mar del Norte, etc.), lo que junto con la contracción de la demanda, desarticuló el control de la OPEP y generó una escala descendente de precios. Ello indu jo una ten- dencia inversa (incentivo al consumo, expulsión de los productores margi- nales) que afectó particularmente al mercado norteamericano, en el cual la masa de los productores produce a costos cercanos a los 18/20 dólares por barril. La consecuencia fue el cierre de pozos, la paralización de los nuevos proyectos, en tanto aumentaba el consumo y las importaciones. A nivel mundial, la nueva relación de fuerzas entre productores y consumidores de- terminó una estabilización relativa de los precios, cercano a los 18 dólares (de “equilibrio” según especialistas). Este precio impediría el crecimiento de la producción en Texas, Alaska o Mar del Norte y similares, desalentan- do las inversiones en tecnologías ahorradoras y fuentes sustitutivas. Inde- pendientemente de la validez de lo anterior, el nuevo precio sugiere por lo menos tres observaciones. La primera es que en esas condiciones, la deman- da mundial continuará creciendo moderadamente hasta fin de siglo. La se- gunda es que el nuevo precio representaría de hecho Sólo la mitad del pre- cio real correspondiente en 1979- 1980, siendo, sin embargo, casi tres veces superior al de 1973. La tercera es que el nuevo nivel de precios continuará garantizando a los principales productores una enorme renta petrolera, gra- cias al diferencial de costos a su favor (se sabe que el costo de producción de Mexico es de entre 6 y 8 dólares por barril, lo que da una renta petrole- ra de unos 12 dólares?

1 14 NOVIEMBRE 1989

3. Automatización, empleo industrial y ventajas comparativas salariales

La otra tesis que discutimos en el presente artículo y sobre la que hace- mos énfasis en particular, es la relación que los autores mencionados esta- blecen entre el proceso de automatización, la caída del empleo y la repercu- sión de este último fenómeno, primero sobre la estructura de costos de las em presas automatizadas (en particular sus costos salariales); segundo sobre las exportaciones de manufacturas de los países semiindustrializados de ba- jos salarios. Tal relación es planteada en forma mecánica, sin señalar posi- bles contratendencias, ni considerar las relaciones entre el sector automati- zado de los países industriales (y como, por ejemplo, los costos salariales de los segundos incidirían sobre los costos totales del primero a través de los insumos de bienes y servicios), ni tener en cuenta los ritmos del proceso y su expresión en términos de corto y largo plazo. Una evaluación objetiva de- biera tener en cuenta todos estos problemas, considerar la cuestión en tér- minos de economías nacionales y ramas productivas y no de empresas ais- ladas, considerar también que los trabajadores son una fuerza activa que al- go tienen que ver con el empleo y el salario; que lo mismo sucede con los países en desarrollo, que también pueden modificar sus condiciones inter- nas de producción.

Debiera finalmente tratar de demostrar con elementos estadísticos las manifestaciones concretas de la tesis planteada.

Como muestra de las implicaciones que pueden tener la omisión de es- te tipo de cuestiones en el análisis, haremos una breve referencia al supues- to implícito que establece una relación puramente técnica entre menores in- sumos de trabajo, nivel de empleo y de costos salariales, como si en la de- terminación del empleo y el salario no entrase también la consideración de la lucha reivindicativa de los trabajadores.

En este sentido, resulta muy útil referirse ala experiencia histórica. En- tre 1870 y 1920, para citar la otra gran revolución tecnológica que antece- dió a la actual. La industria europea vivió una impresionante ola de sustitu- ción de trabajo manual por máquinas, sin que ello diminuyera en lo absolu- to ni el empleo ni el salario. Esto fue debido a que a lo largo de esos cincuen- ta años tuvo lugar una aún más impresionante reducción de la jornada de tra- bajo (que pasó de 14 a 8 horas diarias) y de incremento del salario, que ca- si se duplicó. Por esa: razón, podemos decir que así como la sustitución de

CUADERNOS DEL SUR 115

trabajo manual por máquinas es una constante en el desarrollo histórico del capitalismo (cuya función es elevar el plusvalor y la rentabilidad del capi- tal), tarnbién lo es la lucha de la clase obrera contra el capital por apropiar- se una parte creciente de las ganancias de productividad, en un tipo de con- frontación cuya definición ulterior (nivel preciso de la jornada de trabajo y salario) no está determinado de antemano. De allí que no exista ninguna re- lación mecánica entre un determinado nivel de utilización de máquinas y o- tro de empleo —mucho menos- de reducción del costo salarial, tanto en términos absolutos (salario-horario) como relativos (proporción que guar- da el salario con la masa de plusvalía apropiada por el capital). Efectuado este comentario pasaremos a analizar las consecuencias del cambio tecno- lógico actual sobre el empleo, los costos salariales y las ventajas compara-

tivas intemacionales. _ u _ u . . . Los procesos de robotrzacron e rntroduccron de control numérico junto

a otros procedimientos de automatización y flexibilización de la planta pro- ductiva, han tenido consecuencias muy importantes en términos de la reduc- ción de empleos y costos, del elevamiento de la productividad y del mejo- ramiento de la competitividad intemacionalde numerosas ramas industria- les en los países capitalistas avanzados. Pero ni la reconversión se ha limi- tado ala sustitución de mano de obra, ni mucho menos ha implicado la e- liminación de empleos en una escala que transforme la faz de la civilización industrial moderna.

Los datos señalan que el desempleo de origen tecnológico ha afectado muy desigualmente a las distintas ramas industriales. Mucho a la ingenie- ría mecánica, especialmente a las secciones de montaje; bastante menos a las de proceso continuo, que —por lo general- estaban ya muy automati- zadas previamente; relativamente poco alas semiartesanales, como las del vestido o el calzado, en las que el desempleo proviene más de los continuos progresos de la competencia externa que del cambio tecnológico, cuestión que no se reconoce en los análisis que se critican.

En ramas como la confección o el calzado los efectos parecen haber si- do relativamente pequeños. En la primeralo parecen haber alcanzado sola- mente algunos segmentos del proceso de trabajo, como el diseño de mode- los en pantalla y el corte, en tanto que lo predominante es más bien-el taller ilegal y la sobreexplotación de la fuerza de trabajo. En la industria del cal- zado la situación es bastante parecida y sólo ha logrado resistir la competen- cia de los países del tercer mundo, por medio de la especialización en líne-

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as muy particulares e incorporando los métodos de sobreexplotación típicos de éstos. En Estados Unidos, por ejemplo, ocupando segmentos del merca- do que aún no se producen en los países en desarrollo u ofreciendo mayor variedad de medidasprovenien tes de talleres aglomerados que emplean tra- bajadores migratorios ilegales, para compensar las enormes diferencias de salario del orden de múltiplos como 3 o 5.ll

El impacto de la automatización sobre las distintas categorías de traba- jadores ha sido también desigual. Principalmente tiende a descender el pe- so de los operarios no calificados o semicalificados; el de los oficiales me- cánicos o de los hombres de edad madura, mientras crece el del personal de mantenimiento,delos técnicos, ingenieros y los oficiales electricistas, de las mujeres y de los jóvenes escolarizados.12 A su vez, una gran parte del desem- pleo atribuido a la reconversión industrial especialmente en la siderurgia, automotriz, textil, confección, electrónica, etcétera, debe explicarse más bien por la creciente competencia de los países semiindustriales (o la com- petencia japonesa) más que por razones tecnológicas. Como veremos las es- tadísticas industriales constatan una desigual caída del empleo, que en ca- si ninguna rama tiene características catastróficas.

La información del cuadro 2 ilustra la experiencia norteamericana, que ha diferido en el comportamiento del empleo y los salarios dela europea, es- pecialmente después de la crisis de 1980-1982. En Estados Unidos si bien ha existido un movimiento desigual del empleo, globalmente éste ha aumen- tado y los salarios han mostrado en términos generales mayor flexibilidad a la baja. En cambio en Europa Occidental, especialmente entre los países más dinámicos (como Alemania Federal, Italia y acaso Francia), ha sucedi- do a la inversa: el desempleo ha sido relativamente mayor, pero los salarios han sido inflexibles a la baja, lo cual refuta aún más a autores como J enne, Drucker, Tan gelson, etcétera. Examinaremos primero la experiencia norte- americana para después referirnos, en términos muy generales a la de Eu- ropa Occidental.

De acuerdo al cuadro de referencia, el empleo manufacturero efectiva- mente se mantuvo estable entre 1975 y 1984. En la minería aumentó 21%, en la construcción 20%. Las mayores reducciones ocurrieron en la metalur- gia (—26%), calzado ( 24%), textil (—l4%) y confección (—5%). En cambio creció en electrónica (24%), editorial (21%), equipo de precisión (19%), equipo de transporte (5,5%) y en medida moderada en automotriz (10%).

CUADERNOS DEL SUR 117 Cuadro 2 Evolución del empleo industrial y dela productividad por hora

de trabajo en Estados Unidos (En miles de trabajadores e índice)

Cambio 1975 1980 1984 porcentual 1984- 1985 Minería 571 762 693 21 Construcción 2.808 3.421 3 .375 20 Manufactura 13.043 14.214 13.310 2 1 .Metalúrgica 887 878 652 —26 2.Equipo de transporte 1.154 1.233 1.218 5,5 2.1 Automotriz 602 575 663 10 3 .Eléctrica y electrónica 1.091 1.328 1.354 24 4.Textil 752 737 646 —l 4 5.Confección 1.067 1.079 1.012 —5,l 6.Calzado 213 197 160 —24 7.Químicos 580 626 582 8.Editorial 624 699 756 21 9.Equipo de precisión 332 426 398 19,8

Productividad por hora de trabajo (industrial-manufacturera) 100 104 1 16

FUENTES: Para empleo industrial. U.S. Bureau of Census, Statistical Abstract of the Uni- ted States, 1986. Para productividad, FMI, World Economic Outlook, Washington 1985.

1 Trabajadores de producción.

2. La base corresponde a 1974.

En cuanto a la evolución del salario en los Estados Unidos, puede apre- ciarse una tendencia desigual de acuerdo al tipo de rama industrial. El sala- rio medio real bajó levemente entre 1975 y 1984 (el descenso hubiera sido mayor si se toma como punto de partida el año de 1974, punto culminante del ascenso del boom de posguerra). En dos de los sectores históricamente mejor remunerados y organizados (automotriz y minero), a pesar de los gol- pes propinados a los convenios colectivos de trabajo, hubo una leve mejo- ra. En cambio en el metalúrgico hubo un descenso moderado. La verdade- ra caída salarial correspondió alos sectores tradicionalmente intensivos en mano de obra, que también son los menos afectados por la revolución tec- nológica y por tanto más propensos a la aplicación de métodos brutales de reorganización productiva y laboral (véase cuadro 3).

1 18 NOVIEMBRE 1989

Cuadro 3 Salario industrial en los Estados Unidos (Dólares por hora)

Variación 1975 1980 1984 porcentual nominal real nominal real 1984/1975 Minería 5,95 9,71 5,99 11,63 6,05 1,6 Construcción 7,31 9,94 6,49 12,12 6,31 —13,6 Industrial medio 4,83 7,27 4,75 9,1 8 4,78 —l ,0 Metalúrgica 6,18 9,77 6,3 8 1 1,47 5,97 —3 ,3 Equipo de transporte 6,07 9,35 6,11 12,12 6,31 4 Automotriz 6,44 9,85 6,43 12,74 6,63 2,9 Eléctrica y electrónica 4,64 6,94 4,53 9,04 7,40 1,3 Textil 3 ,42 5,07 3,31 6,46 3 ,36 —1,7 Confección 3,17 4,56 2,98 5,55 2,89 —8,8 Químicos 5 ,39 8,30 5,42 l 1,08 5,77 7 Editorial 5,38 7,53 4,92 9,4 4,89 —9 Equipo de precisión 4,53 6,8 4,44 8,85 4,61 1,7

Indice de precios (al consumidor 100 153,1 192,6

FUENTE: Bureau of Census, op. cit., 1986.

Con la información proporcionada por los cuadros 2 y 3 se puede probar que no existe una tendencia a la reducción salarial en Estados Unidos rela- cionada con la reconversión productiva y tecnológica. El descenso en el sa- lario real en algunas industrias se puede atribuir más bien al impacto de la crisis económica (sobre todo la de 1980-1982) y a la agresión concomitan- te contra los contratos colectivos y sobre todo a los métodos tercermundis- tas de reorganización laboral.

Obsérvese que el modesto ritmo de crecimiento de la productividad glo- bal de la industria manufacturera (parte inferior cuadro 2) en el contexto de leve crecimiento del empleo global y leve descenso delos salarios reales, su- giere que el costo salarial en Estados Unidos, no disminuyó apreciablemen- te en este periodo, al contrario de como lo supone Drucker. Esta demostra- ción podría haber sido más completos.

En Europa Occidental el empleo y los salarios reales han evolucionado en un sentido'aproximadamente inverso al de Estados Unidos, aunque el re-

CUADERNOS DEL SUR 119

sultado sobre los costos laborales de las empresas sea, finalmente, pareci- do. Por un lado los salarios reales han mantenido un ritmo comparativamen- te mayor de crecimiento, aun cuando éste fue mayor antes de la crisis de 1973- 1975 que después de ella y ha estado totalmente subordinada a la evo- lución de la productividad del trabajo. En cambio el desempleo ha aumen- tado continuamente desde 1974 (véase cuadro 4). Este proceso de ajuste constituye una reacción directa a la crisis y a la caída dela tasa de ganancia que trajo aparejada, dentro de los marcos institucionales propios del merca- do labOral europeo, o sea los esquemas de indexación salarial que han im- pedido el ajuste a la baja en las ramas donde existe cierta organización sin- dical. El mayor desempleo ha tenido lugar entre la población más joven, que ha visto retardado su ingreso al mercado laboral y por supuesto los trabaja- dores migratorios que han sido las víctimas directas de la eliminación de puestos de trabajo. El hecho de que los salarios han aumentado en medio de la crisis prueba que la clase obrera continúa luchando y que existen un con- junto de factores institucionales y políticos que juegan un rol esencial ala hora de definir el cauce y el impacto de 1a reorganización capitalista.

Cuadro4 Evolución del salario‘, la productividad’ y el empleo en Europa Occidental’

(índices, 1974: 100)

1974 1976 1978 1980 1982 1984

Salario real 100 102 117 123 133 136 Productividad del

trabajo 100 102 107 121 130 136 Empleo 100 91 89 87 85 80

FUENTE: FMI, op. cit., 1985. Salario horario, deflactado por el valor agregado sectorial.

1 En la industria manufacturera. Los nueve países más industrializados.

Vistas las consecuencias de la reestructuración en los países industriali- zados, pasaremos a considerar sus efectos sobre 1a ventaja salarial propia de los países del tercer mundo.

120 NOVIEMBRE 1989

Es preciso efectuar primero algunas precisiones sobre lo que significa re- almente la ventaja comparativa derivada del ba jo salario. Esta no es una ven- taja que actúe por misma en razón de las simples diferencias de niveles sa- larios de país a país, por más grandes que éstas sean. Lo que importa más bien en el terreno de la lucha por el mercado mundial es el costo capitalis- ta del trabajo (llamado también costo salarial real o costo directo del traba- jo). Marx es muy claro al plantear esta cuestión13 asentando claramente 1a importancia de la productividad (que Sabemos depende entre otras cosas del desarrollo de la técnica y su aplicación al proceso productivo); de la com- plejidad del trabajo (o sea su mayor nivel de capacitación y adiestramien- to) y de la intensidad (resultante de 1a mayor tensión física o nerviosa del tra- bajador). Sin embargo, su concepción ha sido burdamente tergiversada por autores tercermundistas como Emmanuel o Amin, que conciben las diferen- cias nacionales exclusivamente en términos puramente monetarios, sin re- ferencia alguna a los factores mencionados.

Un breve ejemplo servirá para ilustrar esta cuestión. S upongamos que en un país A (capitalista atrasado), el salario por hora de trabajo es de un dó- lar. En otro país, el B (capitalista desarrollado), el salario por hora sería de 8 dólares. Sin embargo en el país B, el obrero rinde en una misma cantidad de tiempo, un trabajo doblemente intensivo y doblemente complejo, utili- zando una tecnología superior, que se traduce en una producción intemacio- nal de valor dos y media veces superior. El producto de estos tres compo- nentes de la productividad del trabajo (entendido en un sentido general o am- plio) da un producto horario diez veces superior, lo que determina que, en el ejemplo, el costo capitalista sea menor en el país B, ya que alcanza a 0,8 dólar por unidad de producto, contra 1 dólar en el país A (véase cuadro 5).

Cuadro 5

Ejemplo hipotético sobre la constitución del costo capitalista del trabajo en un país capitalista atrasado (A) y otro desarrollado (B) que compiten en el mercado mundial

A B C D E F Salario Productividad Complejidad Intensidad Productividad Costo nominal técnica general capitalista (horario) (B.C.D.) del trabajo (A/E) País A 1 1 l l l l

País B 8 2,5 2 2 10 0,8

CUADERNOS DEL SUR 121

En el trabajo sobre el proceso de industrialización en América Latina de 1965, la CEPAL presenta el caso de 1a industria textil hacia fines de los cin- cuenta, en el que la industria norteamericana, con un salario monetario me- dido en dólares cinco veces superior al brasileño y el chileno (1,68 dólares contra 0,31 y 0,35 respectivamente) en razón de las diferencias de produc- tividad (entre 8 y 2 veces superior en Estados Unidos), lo que se traducía en mayor capacidad competitiva internacional.14 Esta situación característica de mediados de los sesenta se ha modificado desde entonces, no tanto por el ahondamiento de la brecha salarial, sino más bien por la modernización tecnológica de un determinado número de industrias y otros factores que tendremos oportunidad de considerar más adelante.

Por la razón expuesta, los más bajos salarios nacionales sólo constituyen en mismos una ventaja comparativa de tipo potencial, que puede efecti- vizarse únicamente en la medida en que el desarrollo del capitalismo se tra- duzca en una transformación económica, tecnológica y cultural que eleve la productividad del trabajo, y que por lo tanto sea plenamente compatible con un elevamiento del propio nivel de salarios. Por esa razón los países que cuentan con ventajas comparativas salariales efectivas, no son los que pa- gan los salarios más bajos, como sería el caso de Haití, Paraguay, Hondu- ras, Birmania o los pa‘í ses del Africa Negra, sino los que teniendo niveles sa- lariales mucho más bajos que los países industriales (aunque puedan ser bas- tante más altos que los de países más atrasados), han alcanzado un determi- nado nivel de industrialización y desarrollo tecnológico y cultural, como Brasil, Corea, México, Argentina o Taiwán que les permite acercarse en de- terminadas áreas industriales a los niveles de productividad de los países a- vanzados. Estos últimos países, en cambio, a pesar de que gozan de indis- cutidas ventajas de productividad, tienden en algún momento a perder ca- pacidad competitiva tanto por sus salarios “excesivamente” altos, como por otros factores tales como el desmesurado costo de la depreciación del capi- tal acumulado, de la renta del suelo del mantenimiento de la hegemonía (gastos militares, etc.) o los causados por el envejecimiento de la población.

La conversión de algunos países en desarrollo en potencias exportadoras de productos industriales, que se inicia con la segunda mitad de los sesen- ta, si bien es parte de un proceso más amplio de internacionalización del ca- pital directamente vinculado al establecimiento de plataformas de exporta- ción por las grandes empresas transnacionales,” tiene un origen que tras- ciende estos procesos. Fue necesario que un conjunto de países semiindus-

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triales alcanzara un determinado nivel de desarrollo capitalista interno al que nos hemos referido para alcanzar ese nuevo status." Así la difusión de la maquila y las exportaciones de las transnacionales marcha aparejada a o- tros tipos de exportaciones impulsadas por el capital nacional y las empre- sas públicas en, por lo menos, los siguientes campos: l) las de insumos in- dustriales básicos (acero, petroquímica, aluminio o cobre refinado), basadas en la conjunción de las ventajas comparativas naturales que ya hemos con- siderado en la primera parte del trabajo, con las del costo salarial y la incor- poración de tecnologías competitivas, que son factibles de adquirir en el mercado mundial; 2) las de productos industriales de tecnología tradicional y menores exigencias de inversión, como la textil, que conllevan diferencias salariales muy grandes, y 3) productos de ramas industriales aún semiarte- sanales, de débil insumo de capital y tecnología y alta intensidad en el uso de la fuerza de trabajo, como el caso del vestido y el calzado. Mientras que las exportaciones del primer tipo fueron impulsadas generalmente por em- presas estatales con financiamiento internacional, las del segundo y tercer tipo fueron efectuadas por empresas privadas nacionales. El cuadro 6 ilus- tra la continuidad del notable progreso de las exportaciones industriales de los países en desarrollo en distintos productos representativos de las tres ca- tegorías indicadas, aún en el contexto de la crisis de 1974- 1975 y los progre- sos de la reestructuración industrial en Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, y de sus procesos de automatización y “flexibilización” producti- va, que supuestamente deberían frenar tal ascenso. En este sentido, como ya se planteó en otro trabajo," el periodo que se abre con la irrupción de la cri- sis y la reestructuración del capitalismo mundial, implica una sustancial continuidad con el de 1965-1974 y no una ruptura como pretenden los au- tores que criticamos.

La evidencia empírica proporcionada por el cuadro 6 muestra pues, que en la última década se ha continuado incrementando la exportación de pro- ductos manufactureros de los países en desarrollo en casi todos los merca- dos, lo que se traduce cn términos totales, en un aumento de su participación en las exportaciones mundiales de manufacturas desde el 6.5% en 1975 al 11.2% en 1985. Cabe señalar que dichas exportaciones no son en lo esen- cial exportaciones de las transnacionales, ya que éstas sólo representan en la actualidad entre el. 20% y el 25% del total."

CUADERNOS DEL SUR 123

4. Las perspectivas: ¿reducción o ampliación de las ventajas comparativas salariales?

Una vez entendida la tendencia de los países semiindustrializados a una mayor participación en el' mercado mundial de productos manufacturados, podemos preguntarnos sobre las perspectivas de este proceso. Ciertamen- te es poco probable que se modifique en el futuro próximo por tres siguien- tes razones: a) el carácter limitado y relativo del proceso de automatización en los países industrializados, b) la tendencia coyuntura! al ahondamiento de la brecha salarial y cambiaria entre los países industrializados y nume- rosos semiindustrializados, como resultado de la crisis y el estrangulamien- to externo provocado por la deuda, que no presenta visos de revertirse en el mediano plazo, y c) la profundización del desarrollo del capitalismo en ca- si todos los países semiindustrializados, que incluye la incorporación de nueva tecnología, como parte de los procesos de reestructuración que viven estos países. Como ya hemos visto el primer punto, pasaremos a examinar los otros dos.

En América Latina, la crisis ha implicado una drástica reducción de los salarios, especialmente a partir de 1982. En México, el salario industrial me- dio ha descendido continuamente desde 1975 en cerca de un 40%.” En Ar- gentina los salarios se hallan todavía un 10% por debajo de su nivel de 1974- 1975. En Brasil el salario industrial medio llegó a un máximo en 1982 y en- tre ese año y 1985-1986, ha descendido un 11% (siendo no obstante supe- rior en un 33% alos de 1975) (véase todo ello en el cuadro 7).

Además de la caída salarial ha tenido lugar una depredación drástica del tipo de cambio frente al dólar, en la mayoría de los casos a partir de 1982, que ha revertido la política de tipos de cambio sobrevaluados que fue común en muchos países de América Latina hasta ese año (este hecho ha acentua- do la caída salarial medida en dólares). En el caso de México, por ejemplo, desde ese año el tipo de cambio ha caído unas 20 veces, en tanto que los pre- cios sólo han subido unas 6 veces.” En Brasil, tan sólo entre 1982-1984, el tipo de cambio real ha caído un 25% frente al dólar.“

En el caso de México, la doble caída, la del salario y la del tipo de cam- bio produjo, entre 1982 y 1986, una brecha abismal con respecto a los sa- larios internacionales, al nivel del salario mínimo, que lo llevó de una esca- la de 1 a 4 a otra de 1 a 12.22 Este fenómeno, obviamente, mejora la venta- ja comparativa potenc ial de la industria manufacturera de una gran parte de los países latinoamericanos, no sólo en relación a los viejos países industria-

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lizados, sino también respecto a los del sudeste asiático, en los que, a dife- rencia de lo sucedido en nuestra región, el salario ha tendido a elevarse con- siderablemente en la última década. Así, el salario industrial medio de Corea del Sur, era de 0.43 dólares por hora en 197473 y se elevó a 1.37 en la actua- lidad en la industria textil, ya no tan lejos del salario recibido por los traba- jadores ilegales en la industria textil norteamericana. Pero como lo hemos explicado, el crecimiento de las exportaciones industriales, no sólo se expli- ca por la diferencia salarial, sino por el desarrollo de la capacidad produc- tiva del trabajo. Los casos de Corea del Sur y Taiwán son ejemplos defini- tivos de lo anterior, ya que pese a la reducción de su ventaja salarial, comien- zan a competir en sectores cada vez más avanzados de la industria mundial, como la automotriz, electrónica, máquinas y herramientas, etcétera.

Existen en los países de América Latina ejemplos notables de exporta- ciones industriales que implican tecnología y procesos de producción avan- zados. Está el automotor, la petroquímica o la minería en México; el alumi- nio en Venezuela, una amplia gama de industrias de orientación bélica au- tomoviles y máquinas y herramientas en Brasil ( Romi, Embraer, etc.) de e- quipo industrial y construcción naval en Argentina (Pescarmona, Artarsa)."

Uno de los aspectos más interesantes que plantea la evolución de las ven- tajas comparativas en la última década, es la constatación de que éstas tam- bién comienzan a aparecer en favor de países industrializados en ciertas in- dustrias de alta tecnología y, especialmente, en algunas ramas y procesos del sector servicios.

El nuevo fenómeno resulta no sólo de la introducción selectiva de la tec- nología más avanzada como en los sectores donde ofrecimos ejemplos, si- no también en el intelectual. En ramas donde el trabajo intelectual es muy importante se observa hoy en día un gran aumento de la competitividad de- bida a diferencias salariales de tipo abismal, cercanas al 15 a 1, entre las re- muneraciones de los científicos y técnicos norteamericanos respecto de los latinoamericanos, en tanto que las del trabajo manual oscilarían actualmen- te entre 6 a 1 y 12 a 1. Esta situación estaría dando lugar a la entrada, en los mercados de alta tecnología a empresas de países semiindustriales avanza- dos,empezando por surcoreanos (semiconductores)18 brasileñas (aviación militar). Estaría también induciendo a las empresas transnacionales a des- plazarse hacia países como éstos para ahorrar en procesos de producción de conocimientos (laboratorios, etc.) o en trabajos de oficina o para obtener in- sumos avanzados que implican procesamientos que utilizan la mano de o-

CUADERNOS DEL SUR 125

bra especializada de los países del tercer mundo. Un ejemplo muy claro de la influencia que esto ejerce en el mercado mundial de las grandes transna- cionales que refuta ampliamente la tesis que criticamos, especialmente en la versión de Junne, es la lucha entre los “modelos” de internacionalización de la General Motors y la Ford. La primera he desarrollado una política de concentración de casi toda la producción de sus diversos modelos (autos completos) en países que considera estratégicos, mientras que la Ford ha dis- persado internacionalmente sus aprovisionamientos, buscando minimizar los costos de producción de acuerdo a las ventajas comparativas nacionales llegando a depender mucho más frecuentemente, y en ins'umos vitales y complejos, de países semiindustrializados. Los resultados logrados por la GM han sido muy pobres y ha obtenido pérdidas entre los años de 1981 y 1986 tanto en Estados Unidos como en Europa, debido a que sus costos son entre un 7 y 8% más altos que los de su competidor.25 Este ejemplo parecie- ra ser una prueba adicional de que las ventajas comparativas se están pro- f undizando hasta abarcar segmentos situados en el corazón mismo de la re- volución tecnológica. Finalmente, en relación al mercado internacional de servicios, podría mencionarse la ventaja creciente que tienen las compañí- as constructoras brasileñas, surcoreanas, indias, mexicanas o yugoslavas en los mercados internacionales. También el de la reparación de buques don- de los astilleros de Corea del Sur o Paquistán han puesto en crisis a los cen- tros tradicionales de mantenimiento y servicio en España, Grecia o el pro- pio Estados Unidos.

En el terreno de las perspectivas existe otro aspecto que reviste gran im- portancia: la posibilidad de ampliar el comercio de manufacturas entre los propios países en desarrollo. Autores como Drucker de hecho consideran que esta corriente comercial no tiene ninguna relevancia. Al contrario, tie- ne lugar y en una magnitud creciente, tal como se desprende de los siguien- tes datos: entre 1973 y 1983, de acuerdo al GATT, este comercio pasó del 18 al 26% del total mundial y creció entre 1979 y 1980, antes de la segun- da caída recesiva mundial y del recrudecimiento del proteccionismo defen- sivo de los países ricos, a una tasa de 33%, dos y media veces superior a su contraparte correspondiente a estos últimos.

Si bien ambos tipos de comercio no responden exactamente a los mismos parámetros (el efectuado entre los industrializados supone mayores exigen- cias tecnológicas y de calidad y constituye el medio insustituible para acce- der a la tecnología y equipo más avanzado), el que tiene lugar entre los pa-

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En dicho comercio han aparecido o cobrado fuerza tres nuevos fenóme- nos que tienen una significación extraordinaria a la hora de prever su f utu- ra ampliación. Se trata de: 1) la constitución de espacios regiónales de libre comercio por mediorde la desgravación rápida y drástica de las cargas del comercio recíproco, 2) la integración física de países vecinos por medio de grandes obras de ingeniería civil, que son plenamente realizables por los principales países semiindustrializados, a costos y calidades intemacional- mente competitivos, y 3) la utilización de algunas de las principales apor- taciones de la nueva tecnología, como “la de menor gi gantismo relativo de las plantas y la reducción de los costos de ciertos componentes microelec- trónicos” (Chudnovsky), viables en las condiciones de espacio económico ampliado. En cuanto a lo primero actualmente se están gestando espacios re- gionales importantes en torno a grandes potencias semiindustrializadas co- mo Brasil (conjuntamente con Argentina y Uruguay) o la India, para no mencionar los intentos de reorganización del Pacto Andino a los esfuerzos de S udáfrica por integrar un espacio regional en el extremo sur del continen- te (esfuerzo por ahora obstruído por la propia política racista de Sudáfrica).

En el caso de México esta posibilidad aún es débil, a raíz del fracaso en integrar unaárea comercial privilegiada con Centroamérica, la lejanía de pa- íses de desarrollo equivalente y las fuerzas objetivas que tienden a integrar su economía con la de Estados Unidos. Esta tendencia sólo puede ser equi- librada, no mediante el fomento del aislamiento económico, sino a partir de una integración más amplia con la economía mundial que contemple como una de sus bases la ampliación de las relaciones económicas con los princi- pales países de América Latina.

5. El marco político del debate y las alternativas de desarrollo

El gran interés despertado por la discusión del tema que consideramos o- bedece a sus evidentes implicancias políticas.

Tanto en los países industriales como en los países en desarrollo la pre- sente discusión se halla directa o indirectamente vinculada al carácter de la reestructuración capitalista en curso, el pago de los costos de la misma y, ob- viamente, de sus ventajas. Se trata por lo tanto, de un debate que está cen- trado tanto sobre el reconocimiento de las consecuencias objetivas del cam- bio tecnológico sobre el comercio internacional, como de su apreciación en términos de intereses de diferentes clases sociales y fracciones de clase de conveniencias nacionales.

CUADERNOS DEL SUR 127

En los países industriales existe una fuerte confrontación intercapitalis- ta entre los sectores más conservadores y vulnerables a la competencia in- .temacional, que pugnan por mayores barreras proteccionistas y las más di- námicas que no temen al reto y reclaman una mayor ampliación de la divi- sión internacional del trabajo. Sin embargo, el mismo, no se limita a la bur- guesía. La burocracia obrera reformista de esos países, por ejemplo, actú- a junto a los sectores más proteccionistas de la clase dominante apoyando una política de cortas miras que en última instancia no hará otra cosa que a- hondar la declinación industrial del primer mundo y del peso social de su cla- se obrera ante su incapacidad de trascender su orientación, puramente eco- nomicista. Los sectores dinámicos del capital y la sociedad en esos países insisten en la necesidad de profundizar los procesos de reindustrialización basados en el cambio tecnológico, el impulso a la investigación científica y la educación y la ampliación del mercado internacional. Las opiniones de Peter Drucker, por ejemplo, se ubican en esta perspectiva expresando el punto de vista del gran capital transnacional que concibe a la reorganización del mercado mundial como un proceso completamente subordinado a la ex- pansión de la empresa transnacional en el mundo entero. Pero también exis- ten posturas progresistas, como las de Reich26 que asocian la reindustriali- zación ala ampliación del gasto de seguridad social y expresiones socialis- tas radicales que comparten esa asociación, como la de Brenner, que enfa- tiza la lucha contra el gasto militar y a favor de la gestión obrera.21

En la mayor parte de los países semiindustriales también tiene lugar u- na fuerte confrontación de este tipo. Un amplio bloque multiclasista confor- mado por las fracciones de la burguesía más atrasadas o protegidas por las estructuras oligopólicas interiores, la mayor parte de la burocracia estatal, los aparatos corporativos de control social y la izquierda nacionalista se o- ponen a todo tipo de apertura económica, rechazan por “antinacionales” los intentos de ampliar las exportaciones y preconizan el elevamiento de la pro- ducción dirigida al mercado nacional y a la sustitución de importaciones. In- dependientemente de sus acusadas diferencias de matices (dentro de ello ca- ben tanto sectores cavernarios de la gran burguesía como la parte mayori- taria de la izquierda que se reivindica revolucionaria), se trata de una pers- pectiva ahistórica, que no comprende que las tendencias hacia el cambio tec- nológico, la internacionalización de la producción hacia la nueva división internacional del trabajo constituye un proceso histórico objetivo que con- dena a los países que se marginan del mismo a la decadencia económica y social, dentro de la cual (a la alarga) todas las clases nacionales pierden, con

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la única excepción de las fracciones sociales carentes de futuro (fracciones retardatarias de la burguesía) y la burocracia estatal, etc.). Es precisamen- te por eso, que no sólo la mayor parte de los países semiindustriales y en de- sarrollo son arrastrados a este proceso, sino que lo mismo ocurren en Chi- na Popular o la URSS de Gorbachov, para sólo poner el ejemplo de las dos grandes potencias no capitalistas del mundo.

Por esa razón, sectores cada vez más amplios de la burocracia estatal y amplias capas de la población comprenden la necesidad de aceptar el reto de la “modernidad” también en este plano. Pero, como a otros niveles del lla- mado proceso de modernización, la problemática de la apertura al comer- cio internacional y la búsqueda del aprovechamiento de las ventajas com- parativas nacionales que lo hace posible, plantea opciones muy distintas, que expresan puntos de vista de clase diversos y vías alternativas de desa- rrollo de las sociedades nacionales. En términos generales este tipo de op- ciones podría sintetizarse en tres modalidades principales.

a La basada en la inversión extranjera y la empresa trasnacional. Es- te punto de vista, que coincide con el de Drucker, coloca en el centro de su análisis el papel de la entrada de recursos externos, el establecimiento de f i- liales'de empresas trasnacionales con propósitos de exportación y la subcon- tratación de la empresa nacional (énfasis sobre la maquina). Dentro de es- ta perspectiva tienden a minimizar toda otra ventaja comparativa que afec- te, o compita abiertamente, con la empresa trasnacional.

b) La del capital nacional basada en la superexplotación de los tra- bajadores. Esta tendencia pone el énfasis en el impulso a todas las posibi- lidades de exportación, sea por medio de la empresa privada nacional, de la empresa pública o de la empresa trasnacional y la maquila (aunque con al- gún nivel de control y regulación estatal sobre estas últimas). El tipo de me- didas que plantea para estimular las exportaciones es el de la ampliación de la brecha salarial por medio de políticas de ingreso reaccionarias, la subva- luación del tipo de cambio y el elevamiento de la intensidad del trabajo. Es lo que podríamos llamar, la vía antipopular de aprovechamiento de las ven- tajas comparativas, dentro de la cual se relega a un segundo plano el cam- bio tecnológico, el desarrollo científico y educacional o el mejoramiento de las condiciones de trabajo.

c)La com patible con el progreso social y el mejoramiento del salario. Mientras que las alternativas anteriores tratan de mantener o ampliar la ven- taja comparativa derivada del bajo salario, la restricción del consumo popu-

CUADERNOS DEL SUR 129

lar y el deterioro de las condiciones de trabajo, para la clase obrera, los sec- tores populares y la intelectualidad progresista, las ventajs comparativas só- lo constituyen un dato objetivo que resulta del retraso del capitalismo en nuestros países, que puede ser un factor aprovechable en términos del ele- vamiento del empleo, el nivel de vida y la industrialización de los mismos. Esta posibilidad surge en la medida en que pueda conjugarse el avance tec- nológico y educativo que efectiviza y amplía las ventajas comparativas po- tenciales), con la lucha reivindicativa de masas por el elevamiento del sala- rio y las condiciones de vida de los trabajadores, Tal conjunción sólo pue- de ser efectiva, a partir de una concepción de la lucha obrera y popular que trascienda el ámbito de la fábrica o la colonia y la pura pugna por la distri- bución del ingreso, para proyectarse al ámbito político nacional, en favor de un desarrollo educacional y tecnológico amplio y moderno y una democra- tización de la vida política que abra espacios para la lucha reivindicativa de masas.

La existencia de este último tipo de alternativa es generalmente ignora- da por la mayor parte de la izquierda, que tiende a identificartodo tipo de ampliación del comercio exterior con alguna de las alternativas señaladas en los puntos a) y b). Sin embargo, la propia lucha obrera y popular tiende a u- bicarse espontáneamente a cada momento en este camino, esté o no cons- ciente de ello. Lo hace cada vez que asume la necesidad de que la moder- nización de la educación y la investigación científica (elemento crucial pa- ra el incremento de la capacidad eXportadora) no sea un proceso elitista cos- teado con la marginación de centenares de miles de estudiantes, como fue el caso de la lucha del CEU en México, o de que las exportaciones al mer- cado norteamer’icano no deben basarse en la sobreexplotación de los traba- jadores, sino que pueden ser un medio de generar empleos y elevar salarios, como lo expresó la lucha de los obreros de la Ford de Hermosillo. Podn'a- mos concluir diciendo que si la existencia de ventajas comparativas poten- ciales es un hecho objetivo que surge del desarrollo desigual del capitalis- mo a nivel mundial, lo mismo su tendencia a efectivizarse como resultado de los progresos de la industrialización en un amplio segmento de países a- trasados. Pero que el resultante social de estas tendencias sobre el nivel de vida de los trabajadores y las modalidades del desarrollo del país no estápre- figurado de antemano, pues caben diversos resultados posibles conforme e- volucionen la lucha social y política de los trabajadores y del pueblo.

130 NOVIEMBRE 1989 Conclusiones

De toda nuestra exposición queremos precisar las siguientes conclusio- nes. Nuestro trabajo no pretende discutir el conjunto de las tesis de Drucker, J unne y otros autores mencionados, sino sólo aquellas que se refieren a los efectos de la automatización y el cambio tecnológico sobre las exportacio- nes de los países en desarrollo. Los elementos críticos vertidos en nuestro trabajo, así como la información estadística citada, cuestionan sustancial- mente la validez de la tesis de esos autores. Más bien tienden a demostrar precisamente lo contrario; o sea que si bien es cierto que la crisis y la reor- ganización del capitalismo mundial ha impactado profundamente a los pa- íses en desarrollo, en ningún sentido (visto el conjunto del período 1974- 1986), ha producido su marginación del comercio mundial sino, en el caso de los países más dinámicos más bien, una confirmación o aún, una acen- tuación de las ventajas comparativas de que ya gozaban anteriormente en la explotación de sus recursos naturales y en el aprovechamiento de sus bajos niveles salariales.

En cuanto a los productos primarios, vimos que la contracción del mer- cado posterior a 1980 ha afectado muy fuertemente a los'precios e ingresos de los países en desarrollo; pero no a la participación de los principales ex- portadores en los mercados respectivos que ha tendido más bien a incremen- tarse en relación a los países industrales, ni a la subsistencia de volumino- sas rentas internacionales del suelo derivadas de sus menores costos de pro- ducción. La contracción del mercado, a su vez, no puede explicarse sólo por el cambio tecnológico en los países industriales, sino por un conjunto de cir- cunstancias que incluyen a la anterior, como también la depresión mundial, la coyuntura cíclica del mercado mundial de básicos, la situación financie- ra de los países deudores o la evolución del dólar. El ejemplo del petróleo, principal producto del comercio internacional, confirma las tendencias ex- puestas y reafirma mejor que en ningún otro producto la subsistencia de las enormes sobreganancias comerciales derivadas de la renta del suelo.

En cuanto ala tesis de que la revolución tecnológica ha reducido sustan- cialmente el peso de los costos de mano de obra como factor de competen- cia debido a los menores requerimientos de fuerza de trabajo, los datos apor- tados demuestran que se trata de una unilateralización carente de verifica- ción empírica que no tiene en cuenta la acción contrarrestante de numero-

CUADERNOS DEL SUR 131

sas otras fuerzas (resistencia de los trabajadores, avances en la restructura- ción capitalista en los países semiindustriales, lentitud de los progresos de automatización,etc.). La caída del empleo y el salario y las ganancias de pro- ductividad en los países industriales se hallan lejos de ser espectaculares y, en todo caso, no más acusadas que las de los países semiindustriales, por lo que no puede hablarse de una existencia de una reducción de las ventajas que gozaban los países del segundo tipo en materia de costos capitalistas del tra- bajo. La información que utilizamos al contrario abona el argumento de que existe una profundización de las mismas en la mayor parte de las ramas in- dustriales consideradas y, en particular, en las industrias básicas en las que se conjuga las ventajas del bajo costo de las materias primas con las del sa- lario. Finalmente, a este nivel, creemos haber también demostrado que no es dable prever un cambio apreciable.

La última conclusión se halla referida al marco político del debate. En torno a él se contraponen distintos intereses sociales y nacionales, que cap- tan la realidad a partir de sus particulares puntos de vista y se traducen en vi- siones unilaterales del problema y exageraciones evidentes. La tesis de Drucker, por ejemplo, expresa un tipo de concepción que coincide en lo e- sencial con los intereses de las grandes corporaciones internacionales, en el- que se exageran las consecuencias negativas de la automatización sobre las principales exportaciones actuales de los paises en desarrollo, mientras se elude la consideración del principal obstáculo (el proteccionismo de los pa- íses industrializados) y se magnifican las virtudes de las operaciones más convenientes al capital trasnacional (exportación de piezas y partes, opera- ciones de ensamble, etc.). Los argumentos de los autores latinoamericanos que aceptan solo una parte de los argumentos de Drucker para oponerse a to- do tipo de apertura comercial por considerarla invalida, expresan por el con- trario, puntos de vista coincidentes con los del bloque de fuerzas proteccio- nistas que defienden intereses conservadores o que no comprenden adecua- damente las tendencias dominantes de la reestructuración del capitalismo mundial. Pero también existe una captación ideológica del problema por los voceros del capital nacional y la burocracia estatal modemizante que en nombre del aprovechamiento de las ventajas comparativas existentes a fa- vor de nuestros países, proponen políticas exportadoras basadas esencial- mente en la reducción aún mayor del salario, la subvaluación del tipo de cambio y la intensificación del trabajo, como si éstos fueran los principales

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NOVIEMBRE 1989

mecanismos de impulsar las exportaciones manufactureras. Nuestro traba- jo, trata de ayudar a desmitifrcar tales puntos de vista, procurando dejar en claro que el aprovechamiento más eficiente es el único progresista ya que pasa por el avance educacional y tecnológico y la obtención de condiciones de trabajo más favorables para los trabajadores.

México, Diciembre 1987.

NOTAS

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Se trata entre otros de Peter Drucker autor de un artículo de divulgación que ha logrado mucho éxito “El cambio en la economía mundi al", publicado en México en el Mercado de Valores (núm. 34, 25 de agosto de 1987). Apareció originalmente en Foreign Affairs del Council of Foreign Relations (vol. 6, núm. 4 primavera de 1986). En la misma líne- a están los trabajos de Gerard Junne dc la Universidad de Amsterdan, los de Moisés Iko- nicoff de la Revue Tiers-Monde. En México ‘se puede encontrar a Mario Tangelson o al comité organizador del seminario “Revolución tecnológica y empleo" (Facultad de Cien- cias Políti‘cas, UNAM, verano de 1986). Autores como Eduardo González (en Proceso del 22 de septiembre de 1986) o Raúl Olmedo (Excélsior, 20 de abril de 1987) retoman las te- sis de Drucker acrílicamente, para sustentar una visión o una propuesta política basada en el nacionalismo y el proteccionismo, ante la supuesta inviabilidad de las exportaciones in- dustria-les de nuestros países.

Datos extraídos de Statistical Abstract of the United States, 1985.

Véase Excélsior, Sección financiera del 22 de agosto de 1986.

Para un balance de los avances recientes de la agricultura mundial, véase Contextos, oc-

tubre de 1986.

Datos de la FAO, citados por Schuh en la revista Contextos, de marzo de 1987.

En relación al ciclo comercial delas materias primas, véase Marx, El capital, III, cap. VI, ap. I y M. Kalecki, Teoría de la dinámica económica, cap. l.

Al respecto se puede ver el detallado análisis aparecido en The Economist del 18 de abril de l987_.

Para los incisos a) y b), véase R. l’erlman y C. Gilbert, “Perspectivas de las materias pri- mas", en Contextos, mayo de 1987.

Miguel A. Rivera R. Crisis y reorganización del capitalismo mexicano, 1986, cap. 'IV. D. D. James, Microelectronics in the Garment Industries. Para un planteamiento general véase B. Coriat, La robótica, 1985. En cuanto a] impacto sobre el empleo y la estructura de la clase obrera pueden verse los artículos de E. Mandel y Harman para Europa, en re- vista La Batalla, núm. 16 y en International Socialism, núm. 86'y de Robert Brenner pa- ra Estados Unidos en Against the Current núm. .l y 2. En lo que'hace al empleo femeni- no existen libros recientes como el de la profesora B. R. Bergmann.

Véase Excélsior, Sección financiera, 25 dc septiembre de 1985.

Véase Paul Singer, Economía política del trabajo, 1980 y Michel Aglietta, Regulación y crisis del, capitalismo, 1979.

Véase El capital I, cap. XX “Diferencias nacionales de salarios y en cap. I sobre trabajo complejo. y

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Paul Singer, op. cit., pág. 197.

Esta es la tesis clásica expuesta en los trabajos de Frobel et al., de I. Minian, de Gunder

Franck, etcétera. En ellas tiende a identificarse a las exportaciones manufactureras con la

inversión de las empresas transnacionales.

Véase Alejandro Dabat, “La economía mundial y los países periféricos en la segunda mi-

tad de la década de los sesenta", en Teoría y Política, núm. l, 1980.

Alejandro Dabat, op. cit.

E. Mandel, Las consecuencias sociales de la crisis económica en la Europa capitalista,

1986.

Véase Cuademos del CDESTAC, núm. l y Jeffrey Bortz, El salario en México, 1986.

Consultar al respecto Rául Rojas, “El valor internacional del peso mexicano, en Teoría y

Política, núm. 12/ 13, 1985 y Alejandro Dabat, "Notas sobre la moneda fiduciaria, el cam-

bio internacional y el valor internacional del peso mexicano” (mimeo).

Perlman y Gilbert, op. cit.

J. Bortz, op. cit.

Véase I. Miniarn, Progreso técnico, pág. 68. l

D. Chudnovsky, Automatización y transnacionalización, El caso de la industria de bienes

de capital. Economía de América Latina, CIDE, 1er. semestre 1984.

A. Areaga y J. Michelli, “El nuevo modelo de las relaciones capital-trabajo en la indus-

tria automotriz en México, Brecha núm. 3. Sobre la competencia GM-Ford, Excélsior, l4

de febrero de 1987.

Para un resumen de los principales trabajos de Robert E. Reich, puede verse el artículo de Fan jzylber, “El debate industrial en Estados Unidos: Entre el desafío japonés y el espec-

tro de Inglaterra". En México se ha publicado otro artículo de Reich, “La formulación de

la política industrial", en la revista del CIDE, Estados Unidos. Perspectiva Latinoameri-

cana, cuadernos semestrales 13.

Robert Brenner, Brecha, núm. 3.

NOVIEMBRE 1989

LA REFORMULAGION DEL PAPEL DEL ESTADO

¿EL ¡TN DE LOS ESPACIOS ESTATALES NACIONALES? Mabel Thwaites Rey

LA FUNCION DEL ESTADO DEMOCRATICO Osvaldo Alvarez Guerrero

LA DESCENTRALIZACIÓN COMO ORGANIZACION DE LA FRAGMENTACION

Aida Arango

ACERCA DE LA REFORMA DEL ESTADO Economistas de IU

mE

“WWW plso4’1086 humanas

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BURGUESES Y “SANS-CULOTTES”* La revolución permanente en la revolución francesa

Daniel Guerin

Albert Soboul ha creido un deber abrir su tesis magistral sobre los sans-_, culottes parisienses con la declaración de principios que sigue: “La Revoi lución Francesa constituye con la revolución inglesa del siglo XVII, el co- ronamiento de una larga evolución económica y social que ha hecho de la burguesía dueña del mundo’“.

Así desde la primera línea el acento está puesto sobre el carácter eXClu- sivamente burgués de la revolución francesa. En cuanto a la revolución in- glesa del siglo XVII, evocada a título de comparación, la misma actitud. No hay nada allí sobre la interesante tentativa de sobrepasar la revolución bur- guesa que Soboul haya visto cuando evoca el precedente británico.

Soboul entiende ubicarse estrictamente en el terreno de la revolución burguesa, cuyas exigencias, proclama, no podían ser transgredidas por las aspiraciones igualitarias de la “sans-culotterie”2.

Todas estas precauciones de lenguaje tienen sin duda un motivo. El emi- nente historiador, trata, desde el comienzo, de tomar distancia con respec- to a una nueva interpretación de la revolución francesa que él expresa en los siguientes términos: I

“En contraste, Daniel Guerin, en la Lucha de clases bajo la primera Re- pública, ha ubicado a Robespierre como precursor de la reacción termido- riana. Ha querido ver en la sans-culotterie parisina una vanguardia y en su tentativa del año II un embrión de la revolución proletaria: así se verifica la teoría de la revolución permanente según la cual, en el cuadro de 1a revolu- ción burguesa del siglo XVIII, se perfilaría ya la revolución proletaria del

* Publicado en Sous le Drapeau du Socialisme. N9 108/109 - Novi-Dic. 1988 Traducción "Nuevo Curso"

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siglo XX (. . .). Es transferir al siglo SVIII los problemas de nuestro tiempo, hacer de la sans-culotterie artesanal y bolichera un proletariado de fábrica, tomar por vanguardia proletaria lo que no es más que una retaguardia que defiende las posiciones de la economía tradicional; es quitarle al movimien- to popular bajo la revolución todo carácter específico“.

Después, una vez redactada esta profesión de fe y con j urado el fantasma de la revolución permanente en algunas fórmulas de exorcismo, Albert So- boul emprende un relato muy próximo al mío sobre la tentativa de sobrepa- sar la revolución burguesa por los sans-culottes de 1793. Por qué, entonces, uno tiene el derecho de preguntarse, tantas precauciones mágicas?

Es cierto que yo jamás puse en duda ¿y quién podría hacerlo? que la re- volución francesa ha sido una revolución burguesa, al menos en sus resul- tados. Pero creo que habría que utilizar con precaución las múltiples afirma- ciones sobre este punto hechas por nuestros comunes maestros, los de Soboul y de mismo: Marx y Engels.

Me parece, en efecto, que poniendo tanto el acento sobre el carácter ex- clusivamente burgués de los resultados de la revolución francesa, Marx y Engels han querido sobre todo reaccionar contra la pretensión mentirosa pregonada por la burguesía de haber, de una vez por todas, emancipado al hombre. Su preocupación ha sido demostrar que en realidad sólo la clase burguesa había sacado provecho dc la revolución francesa.

Pero, en mi opinión, los historiadores de inspiración marxista pierden de- masiado de vista que Marx y Engels, considerando esta vez la revolución francesa, no solamente en sus resultados sino en su mecanismo interno, le han descubierto el carácter de una revolución permanente. A sus ojos, eso que ellos llaman movimiento revolucionario, había pasado por una serie de etapas sucesivas, ininterrumpidas, derivando la una de la otra, llevado al po- der, (o al umbral del poder), a capas cada vez más avanzadas de la población y había, incluso por un corto tiempo, franqueado abiertamente el marco, transgredido las exigencias, para retomar los términos de Soboul, de la re- volución burguesa.

Engels había ya hecho estas constataciones en su estudio de las luchas so- ciales en Alemania del siglo XVI: Mientras que nobles y burgueses se toma- ban de los cabellos, la guerra de los campesinos alemanes anuncia ya las lu- chas de clases del futuro, pues ellas hacen entrar en escena no solamente los campesinos sublevados —lo que no era nada nuevo—, sino detrás de ellos los primeros elementos del proletariado actual, que agitaban la bandera ro- ja y reclamaban la reivindicación de la comunidad de bienes. De esta ten-

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tativa, aún más prematura que la revolución francesa, Engels, sin embargo, no vacilaba en extraer esta generalización histórica: “todo partido burgués (. . .) en el momento que se encuentra ubicado a la cabeza del movimiento, se ve desbordado por este movimiento por el partido plebeyo o proletario que tiene detrás de él. Detrás de los grandes burgueses están los proleta- rios’“.

Si Marx y Engels hubieran tenido la posibilidad de estudiar en detalle las revoluciones de Florencia del siglo XVI, como lo ha hecho, en nuestros días, el historiador Julián Luchaire, hubieran encontrado ahí también, las huellas esenciales de la revolución permanente. Por turno, las diversas cla- ses dela sociedad se habían apoderado del poder. En la capital Toscana: la alta burguesía (los Mayores), la pequeño burguesía (los Menores), el prole- tariado (los Ciompi). La derrota (en 1378) de los Ciompi que habían queri- do, observa Luchaire, otra cosa, más que una revolución política, una revo- lución social, marca el punto culminante, seguido muy pronto del reflujo del movimiento revolucionarioï

Es intencionalmente que Engels había hecho de Tomas Munzer (y no de Lutero), un héroe de la Reforma burguésa oficial, la figura central de su estudio. Tomando su ejemplo, el socialista alemán Eduardo Bernstein cen- tra su penetrante análisis dela revolución inglesa del siglo XVII mucho me- nos en Oliver Cronwell que en el nivelador Libume y en el precomunista Wintanley‘.

No habíaescapado a Engels que al lado del antagonismo de la feudali- dad y de la burguesía existía el antagonismo universal de exploradores y ex- plotados, de ricos perezosos y de pobres laboriosos. “Desde su nacimiento, la burguesía fue sacudida por su propio antagonismo (. . .). Al lado de cada gran movimiento burgués estalla el movimiento de la clase que ha sido la a- delantada más o menos desarrollada del proletariado moderno: así vimos le- vantarse durante la Reforma alemana, a Tomas Munzer; durante la revolu- ción inglesa a los niveladores; durante la revolución francesa; a BabeuF’7.

Cuando yo he ensayado, por mi modesta parte, en aplicar la teoría de la revolución permanente a la revolución francesa, he tenido, pues, necesidad de inspirarme en las indicaciones dadas por Marx y Engels.

Desde 1843, en su ensayo sobre la cuestión judía, Marx emplea la expre- sión de revolución permanente a propósito de la revolución francesa, “El movimiento revolucionario en 1793 llega hasta la supresión de la religión (. . .) hasta la supresión dela propiedad privada, al máximo, ala confiscación

138 NOVIEMBRE 1989

poniéndose en contradicción violenta con las exigencias de la sociedad bur- guesa, declarando la revolución en estado permanente”'.

En 1845, en la Sagrada Familia, Marx observaba que el movimiento re- volucionario, “que tuvo como representante principal en medio de su evo- lución, a Leclerc y Roux y termina por sucumbir un instante con la conspi- ración de Babeuf, había hecho nacer la idea com unista”9. Observemos de pa- so: para Marx, los representantes principales del movimiento revoluciona- rio habían sido Teófilo Leclerc y Jacques Roux, no justamente Robespierre.

En 1847, en otro trabajo, Marx explicitaba: la primera aparición de un partido comunista realmente activando se produce en el cuadro de la revo- lución burguesa, en el momento en que la monarquía constitucional acaba de ser abolida. Los republicanos los más consecuentes, en Inglaterra los ni- veleurs, en Francia Babeuf, Buonarroti, etc. . .. son los primeros que habían proclamado las cuestiones sociales. La conspiración de Babeuf, escrita por su amigo y compañero B uonarrotti, muestra cómo esos republicanos han ex- traído del movimiento la idea muy clara que desembarazándose aquél de la cuestión polí tica: Monarquía o República, no se había resuelto todavía la mí- nima cuestión social con respecto al proletariado”'°. Soboul no ignora, por otra parte, esta cita puesto que el la ha agregado en notaa lareedición de 1951 de su revolución francesa.l 1. Es verdad que la suprimió de la edición más re- ciente de su obra aparecida en edición de bolsillo.

En un escrito al final de su vida, Engels, haciendo una vuelta al pasado, observa que “la revolución de 1848 había sido como en la gran revolución francesa el punto de partida de un largo movimiento revolucionario en el cual el pueblo, por sus propias luchas, ha alcanzado una etapa superior de su desarrollo y donde los partidos se han dividido cada vez más claramen- te (. . .) y en la cual diversas posiciones han sido conquistadas una después de la otra por el proletariado en una serie de jornadas de lucha”. Y Engels felicitaba a Marat por haber rechazado considerar la revolución como ter- minada, queriendo que ella fuera declarada permanente”.

No obstante, los historiadores marxistas tienen excusas para desconocer o para subestimar las opiniones de Marx y Engels sobre los aspectos anti- burgueses de la revolución francesa. La cuestión, en efecto, no es absoluta- mente clara en el espíritu o en todo caso bajo la pluma de los fundadores del socialismo científico. Si se confronta, pacientemente los numerosos pasa- jes de sus escritos consagrados a la revolución francesa, estamos obligados a constatar (no me animo a decir lamentar).que su pensamiento es al menos fluctuantc. Tanto se aperciben y tanto pierden de vista el carácter de “revo-

CUADERNOS DEL SUR lO 139

lución permanente”. Son tironeados entre una posición comunista y una po- sición que yo llamaría jacobina, que los llevaa extasiarse desmesuradamen- te sobre los alcances de la revolución burguesa. Es así que se le escapa a En- gels al escribir que “el proletariado de 1793 podía a lo sumo, recibir ayuda de arriba”13 opinión que se concilia difícilmente con la afirmación de Marx según la cual Jacques Roux y Teófilo Leclerc eran los representantes prin- cipales del movimiento revolucionario.

Porotra parte, Marx y Engels han tenido dificultad para deshacerse del mito jacobino de la centralización rigurosa ofrecida como modelo por la Francia de 1793“. Lo lograron tardía e incompletamente, y no llegaron a per- cibir los caracteres relativamente reaccionarios de esta centralización, mar- cada, especialmente por el decreto del 14. La influencia jacobina es toda- vía más acentuada en Lenin que en los fundadores del marxismo. Si bien te- nía por momentos la intuición del aspecto de revolución permanente de la revolución franCesa, el portavoz del bolchevismo tenía demasiada tenden- cia a extasiarse ciegamente ante la revolución burguesa y a ver en el jaco- bismouno de los puntos culminantes que la clase oprimida había alcanza- do en la lucha por su emancipación”.

Con respecto a Stalin y su escuela, la divinización de la revolución bur- guesa franqueó una etapa más. Robespierre es reverenciado como el mejor de la revolución francesa. Dejemos de lado aquí las afinidades subjetivas que no pueden sino basarse sobre analogías vagas y superficiales. Yo mis- mo he sido acusado, bien o mal, de ver en Robespierre un anticipo de la fi- gura de Stalin” y de haber transferido sobre Robespierre mi odio a Stalin”. Albert Soboul está persuadido que haciendo esto, habría develado segundas intenciones políticas que me descalificaban”. Me cuidaré de sugerir que el Robespierre de los grandes procesos contra las fracciones, el Robespierre a- mal gamando las oposiciones de derecha y de izquierda para aniquilarlas me- jor, el Robespierre organizando el culto de su propia personalidad al día si- guiente de la fiesta del Ser Supremo ha podido seducir a Stalin.

Creo, ante todo que las razones profundas que llevaron a los estalinistas a adoptar a Robespierre y a pactar en su culto con los historiadores de la de- mocracia burguesa no marxista son menos personales. Les era necesario buscar en una concepción esquemática y mesiánica de la historia que se di- vide artificialmente en pedazos, rigurosamente aislados unos de los otros, sin posibilidad de superponerse o de interpenetrarse: de un lado, la revolu- ción burguesa que forma un todo hermético; y del otro, a bastante distancia, separada de ella por una especie de cordón sanitario, la revolución proleta-

140 NOVIEMBRE 1989

ria. Atreverse a percibir en la revolución francesa embriones, rudimentos de revolución proletaria, es (o más bien era) pecar contra uno de los dogmas más intangibles del estalinismo. Se debe estar agradecido a Albert Soboul que haya alcanzado a-franquear poco a poco, discretamente, laboriosamen- te, este conformismo esterilizante, lamentando que no se haya todavía ple- namente desprendido del mismo.

Es necesario destacar que los dos puntos de vista bajo los cuales debe ser considerada la revolución francesa, uno resultante de las condiciones obje- tivas de la época (revolución burguesa) y el otro del mecanismo interno del movimiento revolucionario (revolución permanente) no son de ningún mo- do contradictorios. Ellas exigen una síntesis. He aquí cual.

El hecho que en el curso de la revolución francesa la dinámica interna del movimiento haya conducido a la sans-culotterie a tornar más o menos con- ciencia de sus propios intereses antiburgueses, a oponer más o menos con- fusamente su propio poder al de la burguesía revolucionaria, no infringe nin- gún desmentido a la concepción materialista de la historia según la cual las relaciones materiales condicionan de manera imperiosa la evolución de las sociedades. Así, una concepción voluntarista no se halla para nada justifi- cada, ella haría poco caso de lo que es objetivamente posible y se imagina- ría, en no importa qué momento de la historia, que es suficiente querer pa- ra poder. La superación de la revolución burguesa se explica no por la inter- vención idealista de la voluntad humana, sino por ciertas circunstancias de orden puramente material. Una sociedad, cualquiera que ella sea, no es ja- más homogénea. Y ésto, como resultado del desarrollo desigual de las fuer- zas productivas, de lo que también se ha llamado desarrollo combinado.

Ya, en 1847, Marx, a propósito de Alemania, había observado: “En ese país, donde la miseria política de la monarquía absolutista existe todavía con toda su secuela de castas y de condiciones semifeudales en descomposición, existe desde ya, por otra parte, parcialmente, consecuencia del desarrollo in- dustrial y de la dependencia de Alemania del mercado mundial, las oposi- ciones modemas entre la burguesía y la clase obrera con la lucha que de ello resulta”. Y el examen de esta contradicción le inspiraba la siguiente ob- servación: “La burguesía alemana se encuentra pues ya, ella también, en o- posición con el proletariado, aún antes de estar políticamente constituida co- mo clase”'9.

El desarrollo combinado nos permite percibir por qué la revolución f ran- cesa revistió e_l doble carácter de una revolución burguesa y de una revolu- ción permanente. Por supuesto, las condiciones objetivas de la época no per-

CUADERNOS DEL SUR 10 141

mitían más que la victoria de la burguesía, pero la revolución burguesa lle- vaba ya en sus flancos un embrión de revolución antíburguesa. ¿Por qué? Porque Francia de 1793, desde el punto de vista de las formas de producción, era una combinación heterócli-ta de elementos retrógados y de elementos modernos. Las condiciones arcaicas de la apropiación y del cultivo de la tie- rra en ciertas regiones como la Vendée y la Bretaña habían contribuido a mantener esas provincias en la noche de la servidumbre. Por el contrario, los progresos de la técnica en los comienzos de la revolución industrial, la evo- lución económica que se había concentrado en las ciudades, y sobre todo en la capital, frente a una burguesía ya rica y poderosa, una masa ya conside- rable de trabajadores, concentración reforzada, en los comienzos de 1794, por el nacimiento de la industria de armamentos, que había hecho a los sans- culottes (y en eSpecial a los sans-culottes parisinos) avanzar siglos sobre los campesinos del Oeste y del Mediodía. Por otro lado, el peso de una guerra exterior sobre las espaldas de las masas por una burguesía revolucionaria co- diciosa, la inflación, la vida cara, la penuria de subsistencias, precipitaron la fractura entre las masas populares y los poseedores.

La Francia de la gran revolución era doble. En muchos aspectos, era to- davía la Francia de la Edad Media. El analfabetismo, la superstición, la cos- tumbre secular de la sumisión, pesaban todavía sobre algunas de esas pobla- ciones. Pero, al mismo tiempo, la Francia moderna se deSprendía a pasos rá- pidos de la escoria del pasado. Dos mundos se enfrentaban el uno al otro. En el mismo carruaje -—yo lo había señalado hace veinte años- que conducí- a a Luis, rey por la gracia de Dios, al cadalso, había tomado lugar, el repre- sentante de la Comuna de París, el enragé Jacques Roux, pionero aún bal- buceante de la revolución antiburguesa.

La síntesis de la revolución burguesa y de la revolución antiburguesa a- parecían todavía bajo otro ángulo. La burguesía francesa de 1793 no era ca- paz, ella sola, de dirigir la revolución burguesa hasta su fin. Estaba frenada a la vez por un resto de solidaridad con la clase que ella despojaba y por el miedo que demostraba al poder de las masas. Así la vemos vacilar en cada etapa delante del cumplimiento de sus tareas históricas. Para que vaya ade- lante, fue necesario sin cesar que se le haya forzado la mano por los sans- culottes. Bajo su solo impulso, la Bastilla no hubiera sido tomada, la decla- ración de los derechos del Hombre no hubiera sido sancionada, la Repúbli- ca y el sufragio universal no hubieran visto el día en 1792, los girondinos no hubieran sido derrotados en 1793, y así continuamente.

En suma, la revolución burguesa no hubiera acabado si no hubiera esta-

'142 NOVIEMBRE 1989

do acompañada de un embrión de revolución antiburguesa. Los historiado- res que reprochan a la vanguardia sans-culotte de haber complicado la tare- a de la burguesía atacando torpemente en momentos en que estaba ocupa- da en hacer frente a sus adversarios de derecha, no han comprendido nada, creo, de este hecho fundamental. Es precisamente, porque la burguesía fue continuamente empujada hacia adelante, acicateada por una vanguardia agresiva, que pudieron ser dados los golpes a las secuelas del antiguo régi- men. Como Marx lo hace notar: “a la burguesía, con sus concepciones timo- ratas y demasiado conciliadoras, no le hubieran alcanzado muchas decenas de años para acabar este trabajo. Si lo cumplió en menos de cinco años, fue gracias a la intervención ajustada del proletariado”2°.

Otro aspecto aún de la revolución permanente en la revolución francesa pertenece al dominio de la psicología existencial. Las masas populares no tienen —no pueden tener- la percepción de las leyes abstractas del mate- rialismo histórico, o, más exactamente, ellas no lo sienten sino cuando su- fren, dolorosamente, los golpes en retorno, es decir, cuando las exigencias de la revolución burguesa no se dejan transgredir. Ellas, no cortan la histo- ria en pedazos. Cuando se despiertan de su sumisión secular, porque han per- dido la paciencia y estiman tener derecho,'al fin, a la igualdad y a la liber- tad, cuando la burguesía misma les presenta, con una audacia rayana en la temeridad, el problema de la emancipación total del hombre, no descienden a la calle para hacer la revolución burguesa, sino la revolución a secas.

Cuando, un día, perciben que de esta gran tormenta donde han dado to- do, sus brazos y su sangre, la explotación del hombre por el hombre ha sa- lido reforzada, que el absolutismo real ha sido reemplazado por el de la pro- piedad, que la burguesía ha sacado provecho exclusivamente de una revo- lución que debía ser aprovechada por todos, cómo sorprenderse que los sans-culottes griten traición, que la decepción los gane, que manifiesten en los motines de la desesperanza y que, en fin, reflexionando sobrelas causas del fraude del que han sido víctimas, algunos de entre ellos, elaboren, con Babeuf, los rudimentos de un programa comunista?

París, Francia 1958

NOTAS

' Albert Soboul, Les sans-culotte parisiens de I'An II, 1958. 2 Ibid., p. 45 3 Ibid., p. 9-10

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15 16 17

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Engels, Socialisme utopique et socialisme scientifique, 1880, trad. Lafargue, 8.

Karl Marx, La question juive, 1843, in Oeuvres philosophiques, éd. Molitor, I, 1927, 181.

Marx, La Sainte Familleou critique de la Critique critique, 1845, in Ouevres philosophiques, II, 213.

Marx, La critique moralisante ou la morale critique, 1847, in Ouevres philosophiques, HI, 134-135.

Soboul, La revolution francaise, 2e éd., 1951, 330.

Engels, Marx und di neue Rheinische Zeitung, 1884.

Engels, Monsieur E. Dühring bouleverse la science, 1878, trad. Bracke, III, 1933, 8 Engels, note de 1885 ajoutée “a l'Adresse du Coseil central ‘a la Ligue des communis tes, mars 1850, in Karl marx devant les jurés de Cologne, éd. Molitor, 1939, 247. Lénine Oeuvres, trad. francaise, 1928, XX, p. 640.

Sylvain Molini'er, article dans La Pensée, mars-avril 1947, p. 116.

Jean Dautry, ibid., octobre 1951, p. 82-83.

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atendidas.

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MAGUI BELLOTTI: El feminismo y El movimiento de Mujeres

GUILLERMO GIGLIANI: La Economía Política de Alfonsín (1983/1989): ¿Ajuste o Modernización?

EDUARDO LUCITA: 1984/1989 Reestructu- ración del Capital y Reorganización de los trabajadores

MICHAEL LOWY: Notas sobre la recepción

del marxismo en América Latina

ALEJANDRO DABAT - .

MIGUEL A RIVERA RIOS: r Los cambios tecnológicos en la economía, la expor- tación de los países semiindustrializados

DANIEL GUERIN: Burgueses y “Sans- Cu lottes”, La revolución permanente en la revo- lución francesa.

artista plástico invitado: Daniel Faunes