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Sociedad O Economía O Política

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CARLOS ABALO: La reconversión y las mutaciones de largo plazo en el

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capitalismo f NlDlA ARECES: Quinto centenario: recuperar la

memoria histórica f JANETTE HABEL: Cuba: rupturas en la “fortaleza sitiada“ Ta JAMES PETRAS: Crisis y desafío para la izquierda f A MICHAEL LÏÏWY: Marxismo y cristianismo en América latina f BORIS KAGARLITSKY: La revolución democrática de Europa Oriental vista desde la izquierda

PABLO RlEZNlK: Marxismo y populismo f ENZO TRAVER-

Sl): Walter Benjamin y León Trotsky.

Cuadernos del Sur

Número 13 I Diciembre de 1991

CONSEJO EDITORIAL _ ' Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto .1. Pla / Carlos Suárez

MéxiCo: Alejandro Dabat / Adolfo Gilly / José María Iglesias (Editor)

Italia: Guillermo Almeyra Brasil: Enrique Anda Francia: Hugo Moreno Perú: Alberto Di F ranco

El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina.

Publicado por Editorial Tierra del Fuego Número 13 Argentina - Diciembre 1991

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Distribuye Catálogos S.R.L. Av. Independencia 1860 (1225) Buenos Aires. Argentina

COMITE EDITORIAL

CARLOS ABALO

NIDIA ARECES

JANETI'E HABEL JAMES PETRAS

MICHAEL LOWY

BORIS KAGARLITSKY

PABLO RIEZNIK

ENZO TRAVERSO

INDICE

Elecciones '91: ¿Legitimación del ajuste estructural o sólo mayorías desesperanzadas?

La reconversión y las mutaciones de largo plazo en el capitalismo

Quinto centenario: recuperar la memoria histórica

Cuba: rupturas en la “fortaleza sitia "

Crisis y desafío para la izquierda

Marxísmo y cristianismo en América latina

La revolución democrática de Europa Oriental vista desde la izquierda

Marxismo y populismo

Walter Benjamín y León Trotsky

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71

91

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137

CUADERNOS DEL SUR responde a un acuerdo entre personas, las que integran el Consejo Editorial. La revista es ajena a toda organización. La pertenencia, actual o futura, de cualesquiera de sUs integrantes a partidos o agrupamientos políticos sólo afecta a éstos de modo individual; no compromete a la revista ni ésta interfiere en tales decisiones de sus redactores.

CUADERNOS DEL SUR es un órgano de análisis y de I debate; no se propone, ni ahora n'i en el futuro, ser un organizador político ni promover reagrupamientos programáticos.

El Consejo asume la responsabilidad del contenido de la revista, pero deslinda toda responsabilidad intelectual en lo que atañe a los textos firmados, que corren por exclusiva cuenta de sus autores, cuyas particulares ideas no son sometidas a otro requisito que el dela consistencia expositiva. El material de la revista puede ser reproducido si se cita fuente y se añade la gentileza de comunicárnoslo. Las colaboraciones espontáneas serán respondidas y, en la medida de nuestras posibilidades, atendidas.

L - _I

5 DICIEMBRE 1991

ELECCIONES ’91: ¿LEGITIMACION DEL AJUSTE ESTRUCTURAL O SOLO MAYORIAS DESESPERANZADAS?

En los últimos doce meses tres países de América Latina —Brasil, México, Argentina han atravesado procesos electorales de renovación de mandatos parlamentarios, elecciones de gobernadores y de dirigentes comu- nales. Como en tantos otros países de la región, que desde hace una década y media se ven fuertemente sacudidos por las consecuencias del ajuste estruc- tural, las elecciones concluyeron convirtiéndose en una suerte de ejercicio plebiscitario respecto de las políticas económicas en curso.

En México el desgaste del oficialismo histórico, el Partido Revo- lucionario Institucional (PRI), que se mostró en toda su dimensión en las elecciones de 1988, cuando sólo pudo retener el gobierno recurriendo a un fraude de proporciones nunca bien calculadas, se ha ahora relegitimado (no sin nuevas acusaciones de fraude), renovando su mayoría parlamentaria con el 60% de los votos emitidos y relegando al Partido de la Revolución Democrática (PRD), que tres años antes le disputara la mayoría, a una magra participación del 8%, dejando como lastre un 14% de votos para la derecha recalcitrante.

En Brasil el Partido de los Trabajadores (PT), fracasó al quebrarse la dinámica de polarización con las clases dominantes, como bien lo explicó Juárez Guimaraez en su artículo publicado en el. N9 12 de esta revista, quedando para las fuerzas políticas conservadoras una importante victoria electoral, cuando sólo un año antes el Frente Brasil Popular, articulado en torno a1 PT y la candidatura de Lula, había disputado la titularidad del Estado.

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En Argentina, los resultados del reciente 8 de septiembre volvieron a rati- ficar la tendencia histórica del voto a los partidos tradicionales, aunque tam- bién marcaron la continuidad de la’tendencia al quiebre de la polarización, ya que salvo en algunas provincias, los porcentajes agregados de los votos al Partido Justicialista (PJ) y a la Unión Cívica Radical (URC) son inferiores a los de las dos últimas elecciones. (Si en 1983 fue casi el 92%, en 1987 el 79%, ahora es sólo un poco superior al 65%.)

Tres países con rasgos propios, con formaciones seciales diferenciadas, y con una distinta inserción internacional, sin embargo los tres están sometidos a las tendencias de la reestructuración capitalista mundial y al ajuste que éstas implican. Más allá de las diferenciatfils, ¿hasta dónde el rumbo económico común impuesto por el mercado mundial y la lógica del gran capital han sido determinantes en los resultados electorales? ¿Constituyen éstos una legiti- mación por consenso de las políticas de ajuste? La estabilidad alcanzada pre- cariamcnte aún con fuertes costos sociales, condenayl a la marginalidad a las alternativas que proponen cambios radicales?

l. En Argentina el dato emergente de este acto electoral no es sólo que la expresión política se ha corrido fuertemente a la derecha, sino y sobre todo, que el país resultante es mucho más homogéneo y compacto en cuanto a seguir el rumbo propuesto y al afianzamiento del modelo de acumulación. y reproducción de capitales en curso. Así al menos pareciera expresarse en la nueva coalición social, producto del desplazamiento de los votos de la derecha liberal, que se muestra como apoyatura del gobierno peronista, pero que también se expresan en buena parte de la oposición radical.

La crisis hegemónica, entendida como la ausencia de un liderazgo bur- gués capaz de llevar adelante ciertas reformas y compromisos previamente acordados, pareciera, al menos en eLcorto plazo, haber sido resuelta, vía una reconstitución del esquema de poder. La burguesía argentina, como clase, a través de sus fracciones dominantes, ha logrado un importante grado de uni- form ¡dad y consolidación del poder político, correlato sin duda de la concen- tración del poder económico, que tendrá su prueba de fuego en el próximo período, donde se comprobará si es capaz de neutralizar las disputas interbur- guesas por la apropiación de la riqueza social producida por otros, en el marco de un capitalismo desorganizado donde el Estado, día a día, pierde capacidad de regulación delos conflictos.

Más aún cando la continuidad del modelo requiere como condición ine- ludible acelerar el ajuste, profundizando la ofensiva general que el Capital y el Estado despliegan contra el Trabajo, reduciendo el piso material de las

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condiciones de existencia de las masas obreras y populares, desmantelando las conquistas sociales, acentuando el cambio en la relación de fuerzas entre las clases antagónicas.

2. El apoyo de los Estados Unidos al Plan de Convertibilidad y al Gobierno tiene que ver con esta lectura, pero también con el reconocimiento de la debilidad intrínseca del sistema de partidos, por eso exige como contra- partida un acuerdo general cOn la oposición capaz de diseñar un tejido protec- tor que diluya las resistencias que inevitablemente generará la profundización del ajuste.

Es que contradictoriamente, los resultados que arrojaron las urnas no han hecho más que desnudar la crisis de las estructuras partidarias. Estas ya no parecieran resultar aptas para cumplir su rol de mediadores entre la sociedad civil y el Estado, imposibilitadas para contener las demandas de una sociedad sometida a profundos cambios.

Si el alfonsinismo resultó pródigo en esfuerzos por articular un sistema de partidos que convocara a la participación, canalizando las demandas hacia las instituciones del sistema, el menemismo (único peronismo posible en esta etapa) es exactamente lo contrario, se apoya en la apatía y en la anomia social que surge de la homogeneidad de la pobreza, de las angustias existenciales que ésta provoca y de la falta de perspectivas que sienten las capas medias, de la pérdida de las viejas identidades obreras, de la ruptura del tejido de soli- daridades que pr0vocan la crisis. y la recesión continuada y persistente.

En este modelo el voto a los partidos, sus programas y sus métodos, carece de sentido. El rumbo económico general, la reestructuración capita- lista, la transferencia de bienes publicos al sector privado, la inserción en el sistema de naciones, no se discute, se vuelve al caudillismo de vieja data pero ahora modemizado en la busqueda de “buenos administradores”. El pragma- tismo y la individualidad se han adueñado así del centro de la escena política nacional.

3. Estos determinantes del comportamiento social han sido usufructuados por el Gobierno nacional por medio de un sistema político que, como en casi todos los países degregión, presenta una doble condición, por un lado es formalmente plurali y competitivo, en tanto que por el otro se muestra fuer- temente condicionado y manipulado por el aparato estatal.

Así las campañas electorales abandonan cada vez más las viejas formas de la política, la modernidad impone la preeminencia de las imágenes sobre las palabras, el uso de los medios electrónicos sobre las concentraciones, los programas y las ideas. Frente a la carencia de liderazgos aparecen nuevos

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estilos políticos que surgen de las viejas estructuras partidarias pero que rompen con la cultura y las tradiciones políticas.

El condicionamiento estatal y la manipulación del electorado son ya parte inseparable de la lógica que preside el sistema. Si en épocas dela hegemonía alfonsinisa se utilizó hasta el cansancio la falacia argumental que explicaba las dificultades de la “transición’is política por la complejidad de la situación ecnómica; en tanto que la demora en remontar la crisis económica era expli- cada por las dificultades de la dinámica política de la transición, el menemis- mo utilizó ahora esta misma lógica, pero en un sentido inverso y positivo: la favorable evolución de la economía en los últimos dos meses previos a las elecciones recuperaba las posibilidades electorales, en tanto que estas ayuda- ban a consolidar el programa económico

En este contexto ¿hasta dónde puede resultar extraño que la marcha de la economía haya influido más aún que ningún otro dato, relegando a un segun- do plano la imagen del Presidente y su Gobierno, los viajes, los escándalos, la corrupción. . .?

Los resultados electorales tienen un componente centralmente económi- co, forjado en las inseguridades que da lafalta de horizonte y la ausencia de un proyecto de futuro que no resulte un agravamiento y profundización del presente. La estabilidad opera así como un flotante salvador que alberga tam- bién eSperanzas de cambio.

¿Cómo explicar sino el voto obrero, objetivamente en contra de sus con- quistas históricas, cuando el gobierno explicó hasta el cansancio el contenido de las modificaciones a la legislación laboral y la nueva Ley de Empleo, orientada a colocar el ajuste en el interior de las plantas fabriles, dejando el trabajo librado al libre juego de las fuerzas del mercado?

¿Constituye esta realidad una legitimación del ajuste estructural en curso o sólo resulta la expresión política de mayorías desesperanzadas, de indivi- dualidades agregadas, sin esperanzas ni proyectos?

La clase obrera, los sectores populares no encontraron altemativas, ni en la “oposición” burguesa, demasiado comprometida con el modelo .y que además ha dado muestras de su incapacidad para hacer frente ala crisis; ni en la izquierda. Ni en la izquierda amplia, que prisionera de su labilidad ideoló- gica recurrió a alianzas sin principios mostrando una feroz apetencia por los puestos públicos, ni en la izquierda marxista que una vez más hizo gala de su sectarismo, de su incapacidad para leer la realidad, de su falta de convicción para acordar un programa mínimo capaz de canalizar las ansias de cambio de la gente.

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4.. Inevitablemente el resultado de las urnas acelerará una recomposición del sistema de partidos, al interior de éstos, y de las relaciones entre éstos y el Estado, al mismo tiempo que impacta en los extremos del arco ideológico.

La derecha autoritaria vió reforzada su presencia, ya anunciada en ante- riores elecciones en el interior del país, con un 10% de los sufragios recogidos en la provincia de Buenos Aires. Resultado de un modelo económico que no contempla la satisfacción de mínimas demandas sociales, que siembra inse- guridad y temores, y que año a año arroja a la marginalidad social a miles de jóvenes 'que no logran establecer relaciones estables en el mercado de trabajo.

En este contexto el voto al MODIN (Movimiento por la Dignidad Na- cional) constituye un embrionario brote fascista, siendo la expresión tanto de franjas'sumergidas por la crisis como de sectores de obreros y de capas medias medias empobrecidas. Estos buscan la solución de sus problemas por medio de una delegación paternalista‘autoritaria, pero encarnan también la voz de la protesta (buena parte de la cual se manifestó antes-por la Izquierda Unida) y expresa también la esperanza de “cambiar las cosas”.

La izquierda ha sido fuertemente golpeada en estas elecciones. Tomada en conjunto su participación está por debajo de los resultados obtenidos en los años 1985 y 1987.

La izquierda amplia, Unidad Socialista y núcleos menores amontonados por la crisis, mantuvieron los niveles anteriores pero sólo mostraron cierto dinamismo en el epicentro político del país, sin poder superar los límites geográficos de la Capital Federal donde la pequeña burguesía progresista tiene una presencia histórica y expresa una suerte de intelectualidad sin suje- to, que no muestra ambiciones de cambios profundos pero una fuerte vocación democrática y por la defensa de los espacios públicos. Lo que se muestra en un crecimiento del 37% de los votos en este distrito (buena parte de ellos provenientes del radicalismo y de la IU), y la obtención de un diputa- do nacional por la Capital Federal. La izquierda orgánica realmente existente, Partido Comunista, el Movimiento al Socialismo, y el Partido Obrero, resultó arrastrada por la crisis interna que carcome a su fracción más dinámica (el MAS) y se mostró incapaz de ocupar el espacio que la crisis le abrió, e impo- tente para forjar una alternativa común y asumir la responsabilidad histórica de ofrecerse como eje articulador de ya línea defensiva para hacer frente a la feroz ofensiva del Capital y el Estado. Su participación no sólo no generó ninguna expectativa sino que mostró cómo dilapidó buena parte de lo que tra- bajosamente acumulara desde 1983. (Votos a diputados por Prov. de Bs. As., 3,7%, frente a 2,2 en 1983, y 5,1 en 1989.)

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No puede obviarse el impacto que la crisis del Este y particularmente el colapso del Estado Soviético, así como la identificación estalinismo/socialis- mo, descarga sobre las propuestas anticapitalistas y socialistas. Es posible también que la falta de unidad haya favorecido la ofensiva menemista, o que la ausencia de una clara alternativa por parte de la izquierda orgánica haya diluído una presencia autónoma de la izquierda argentina frente a los grandes partidos del sistema. Sin embargo esta lectura puede resultar insuficiente.

Las alianzas y acuerdos que en distintos momentos se alcanzaron no soportaron la confrontación con la realidad, y una y otra vez las distintas va- riantes de la izquierda sólo alcanzaron a superarse asimismas.

Es que la unidad no puede sostenerse en una simple cuestión aritmética, por el contrario cada vez más, y acicateada por la crisis, la unidad tiene que ver con la capacidad colectiva para pensar esta realidad contradictoria y com- pleja. No sólo con sostener ideas y propuestas generales, sino en acompañar éstas con respuestas concretas para las demandas sociales que no encuenu'an solución en el marco de la crisis.

Estas elecciones marcaron el cierre de un período y la lógica apertura de otro y en é-l la izquierda deberá enfrentar un duro y trabajoso proceso de recomposición social y política en un escenario que le presentará nuevos y serios desafíos.

Mientras tanto, sólo ese formidable laboratorio de experiencias que es la lucha de clases dirá las elecciones de septiembre legitiman realmente las políticas en curso o son la expresión de la desesperanza colectiva. Pero la resistencia al ajuste encarnará una vez más en el mundo obrero, en los traba- jadores manuales e intelectuales, en los hombres y mujeres que día a día, en esta tierra, son sometidos a la explotación del capital.

E.L. Buenos Aires 14/9/91

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LA RECONVERSION Y LAS MUTACIONES DE LARGO ALCANCE EN EL CAPITALISMO

Carlos Abalo

Al final de los últimos años sesenta y al comienzo de los primeros de la siguiente década, el sistema mundial capitalista pasó de una fase expansiva de largo alcance —que se prolonga desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial- a una fase de expansión más lenta. A partir de entonces, fue cada vez más evidente que se introducían nuevas modalidades de produc- ción e innovaciones tecnológicas de mayor amplitud que las empleadas en los años inmediatos anteriores, pero esta presunción adquirió verdadera relevan- cia en los umbrales de los noventa. El último decenio del siglo XX empezó acompañado también de una serie de mutacionespolíticas excepcionales.

Las ondas largas del capitalismo

Para el marxismo, la acumulación de capital no es uniforme, porque la anarquía de la concurrencia hace que las fases de expansión terminen inva- riablemente en una sobreproducción con respecto a los límites del capitalis- mo, que tolera la ampliación de la demanda solvente hasta el punto en que no vulnere un cierto mínimo de la tasa de ganancia. Cuando se inicia un ciclo expansivo hay un exceso de concurrencia. No todos los capitalistas podrán soportar hasta el final la prueba de la competencia. La concurrencia los selec- ciona. Entretanto, a medida que se desarrolla la acumulación aparece aquel exceso de producción señalado. La demanda ya no puede ampliarse, porque requeriría una u'ansferencia de ingresos hacia los consumidores-trabajadores que deteriorada la tasa de ganancia y ocasionaría un retiro masivo de la con-

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currencia. La competencia es la forma capitalista de eliminar capital y capaci- dad excedente. La crisis provoca entonces un corte de la producción, que puede ser más profundo que el necesario, pero, una vez que se produce la corrección, se eliminan los capitales excedentes, mejora la tasa de ganancia y la producción vuelve a arrancar para un nuevo ciclo de expansión.

Los ciclos cortos, de unos cinco años de duración según las características de cada sistema productivo y de las condiciones generales de reproducción, se resuelven sin grandes cambios. No sucede lo mismo cuando hay necesidad de introducir modificaciones más profundas en el sistema productivo. En estos casos los cambios se van insinuando -—a veces como prueba y error- a lo largo de extensos períodos. Por eso es posible hablar de ondas largas de producción y recesión, que pueden tener en total hasta cuarenta o cincuenta años de duración y aún más, a través de los cuales se preparan, se experimen- tan y se concretan transformaciones de grueso calibre en el sistema de pro- ducción y en la organización social. Esas transformaciones no eliminan los ciclos cortos. Estos forman parte de las ondas largas y' se adaptan a ellas. Si las ondas largas son de carácter expansivo, predominan las fases cortas de prosperidad; si la onda larga es depresiva, prevalecen los ciclos cortos de igual signo.

El capitalismo mundial está viviendo una fase de retracción o menor cre- cimiento desde fines de los sesenta o principios de los setenta. En los últimos diez años, aunque hay una dinámica larga recesiva, han recrudecido las inno- vaciones en ciertas ramas de la industria, se han acentuado las modificaciones en el proceso productivo y en el sistema laboral y se han introducido cambios en la división internacional del trabajo. Estos fenómenos aparecieron abrupta- mente. Forman parte de la dinámica general del capitalismo, pero hay perío- dos en que esa dinámica se acentúa. Ahora bien, si se generan las condiciones sociales y políticas, ¿estos fenómenos constituyen los síntomas de un próxi- mo cambio de tendencia, de una inversión de la fase recesiva de largo alcance? Es probable que estemos viviendo uno de esos grandes períodos de cambio, donde la larga serie de innovaciones tecnológicas se asocia con enormes tormentas sociales, transformaciones en las condiciones de trabajo y en el papel del Estado capitalista, con fenómenos políticos inéditos como los que convulsionaron al ex bloque de países llamados socialistas.

El marxismo cuenta con instrumentos idóneos para hacer frente a estos interrogantes. No obstante, es frecuente que aparezca una actitud dogmática o exageradamente cautelosa ante las ondas largas y sus derivaciones respecto a los cambios en'el modo de acumulación. La mayor resistencia se encuentra

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en la periodización del capitalismo, porque ésto implica indirectamente acep- tar un futuro para el mismo. Las discusiones pasadas y contemporáneas sobre el tema muestran a menudo actitudes prejuiciosas frente a estos problemas.l

La periodización del capitalismo, que no significa de ninguna manera dar por sentado que habrá futuras y sucesivas fases históricas —pero tampoco negarlo de antemano— se muestra como el instrumento más adecuado para entender las transformaciones que se producen en su seno y la lógica de sus cambios. Por ese motivo, la crisis es también una reconversión. El sistema mundial capitalista es un orden global. Las economías nacionales son, en una cierta medida, expresiones locales del orden global, pero como el capitalismo ha surgido también de las peculiaridades nacionales, esas economías nacionales constituyen, al mismo tiempo, células de la formación global. La economía mundial subordina a la economía nacional, pero esta marca a cada país con su peculiaridad específica. El sistema capitalista mundial es diferen- ciado y jerárquico,'no sólo por la dinámica global sino también por la pecu- liaridad de cada formación nacional. El centro del sistema da el sentido y la intensidad de las transformaciones y la periferia se amolda a ellas, con más o menos resistencias, con más o menos rapidez. El centro impone las carac- terísticas de la reconversión; la periferia se ajusta 'a ellas, mediante un largo período de adaptación. La crisis de los años setenta mostró que cuando el centro empezó a sufrir con cierta intensidad la crisis de reconversión, la pe- riferia tuvo un largo impulso inicial para transformarse en un sentido dife- rente, tendiendo a cubrir los espacios que el centro dejaba vacantes con la tecnología y el orden social que estaba entrando en crisis. Por eso, cuando en el decenio de los ochenta el centro ya había efectuado los ajustes necesarios para intensificar la reconversión y ésta ya empezaba a ser una realidad evi- dente, la periferia entró en una crisis profunda, resultado de un cambio tardío y de una lenta transmisión dela crisis desde el centro. De ahí los programas de ajuste y la reconversión.

¿Paso a una nueva dinámica de largo alcance?

Estamos ante el posible paso de un sistema mundial capitalista —confor- mado de acuerdo con las pautas de acumulación, de regulación y de organi- zación social que se desarrollaron en la última posguerra —a otro sistema mundial guiado por pautas de acumulación y regulación diferentes. Ninguna de ellas vulnera las características esenciales del capitalismo como sistema,

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pero modifica profundamente sus modalidades. Por lo demás, el tránsito no está asegurado. La acumulación de capital entró en crisis. Si el capitalismo permanece porque ninguna fuerza social puede aprovechar la crisis para sub- vertirlo, el orden se recompondrá de otra manera y el modo de acumulación se transformará a lo largo de los años y mediante una dialéctica de prueba y error con elevadísimo costo social. La política económica de los países cen- trales empuja en el sentido que indica la acumulación mundial y la inte- gración, modificando las normas de regulación y transformando las organiza- ciones sociales e institucionales del capitalismo, ya que éstas pueden conver- tirse en un obstáculo a la transformación que el capital está llevando a cabo en el mercado mundial.

No es extraño que haya una gran desorientación frente a los cambios. No hay respuesta porque no se entiende su alcance. El capital transita por ellos porque los cambios son un resultado de su dinámica. Pero las distintas fuerzas sociales tratan de juzgar esos cambios desde otros parámetros que no son los del capital en su dinámica de transformación. Si se pretende compren- der esos cambios por las características globales del capitalismo, se pasa a analizar las transformaciones desde circunstancias ahistóricas, como los prin- cipios o la estructura general del capital. Por lo conuario, esos cambios tienen su origen en la dinámica del capital y en las modalidades históricas que adop- ta. Por esta razón, el capital lleva la iniciativa de los cambios. Si los traba- jadores, las organizaciones capitalistas nacionales que serán afectadas por los cambios, o las formaciones sociales surgidas en el sistema mundial (como fueron los países llamados socialistas) no pueden torcer y subvertir la dinámi- ca del cambio transformando al capitalismo global en otra cosa, el capitalis- .mo global seguirá transformándose en el sentido que venía haciéndolo y pro- ducirá las transformaciones encaminadas a ese fm. Si se las examina desde otras perspectivas, esas transformaciones se vuelven incomprensibles y se pierde la posibilidad de efectuar respuestas políticas. Los impugnadores se sitúan entonces en el terreno de la ideología y de los principios. Cuando las ideologías se basan exclusivamente en los principios no encuentran la manera de entender la realidad histórica, no pueden transformarse en política y devienen fundamentalismos, donde los principios generales e inmutables dic- tan el comportamiento a seguir frente a la realidad. Por: eso el campo del cuestionamiento contemporáneo al sistema mundial capitalista está tan ocu- pado por los fundarnentalismos de distinta ideología. ¿r-

El mercado mundial es un producto del desarrollo del capital, de la misma manera que —en un'cierto sentido- los estados modernos. Por eso la

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línea fundamental del tránsito de uno a otro modo de acumulación reside en el capital. A fines de la Segunda Guerra Mundial cristalizó la hegemonía de la burguesía norteamericana sobre las ruinas del capitalismo europeo y japonés, aunque la manera de reconstruir el sistema mundial terminaría por revivirlas y conduciría —a lo largo de la onda larga expansiva de veinticinco años de duración- a una crisis en la hegemonía estadounidense. Sin embar- go, el ciclo largo de la posguerra se construyó a partir del ciclo anterior, ca- racterizado por el desgajamiento del mercado mundial. En ese entonces, obstruída' la posibilidad de conquistar un escalón más alto de la integración mundial, el capital se difundió en el mundo desde adentro de las economías nacionales. Tal característica, se vió apoyada por el crecimiento de la forrna- ción social soviética, basada en la propiedad estatal de los medios de produc- ción y por su consecuencia: la bipolaridad y la pérdida de la hegemonía política y militar absoluta por parte de Estados Unidos. Y, dado que la bipo- laridad expresaba el cuestionamiento al capitalismo mundial, el capital sólo pudo expandirse y asegurar su dominio en ese período conquistando más consumidores, atrayendo a su sistema político alos trabajadores de Occidente e incrementando el poder adquisitivo de sus salarios.

De ahí surgió la generalización del fordismo, que es la aplicación-del tay- lorismo —el principio del continuo acrecentamiento de la intensidad del tra- bajo- a la mayor porción posible de la producción}, lo que por otra parte requería la fabricación en serie, la demanda en continua expansión y el au- xilio del Estado benefactor, a través del salario indirecto representado por el gasto público social —que potenciaba la capacidad de consumo- y por los subsidios indirectos al capital —que promovían el déficit fiscal—. La pro- ducción y la demanda crecientes a través de la producción masiva y en gran escala eran el sustrato del modo de aCumulación de la posguerra, que condujo a la caída tendencial de la tasa de ganancia según la mayoría de las eviden- cias estadísticas existentes’ y a la inflación permanente y sus secuelas, la dis- minución de la inversión, el desempleo y la caída de los salarios reales, ésto es, a la crisis del modo específico de acumular y regular y distribuir social- mente la riqueza característico del capitalismo mundial de posguerra.

Los rasgos distintivos fundamentales del capitalismo general no han carn- biado, pero si está cambiando su forma histórica, la manera específica de acu- mular, de organizar el mercado mundial, las fuerzas laborales, la estructura empresaria y el Estado. No es la primera vez que en el sistema mundial se producen cambios de gran envergadura. El capitalismo identificado como de libre competencia no era igual al capitalismo de fin del siglo pasado —enel

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que surgió el imperialismo modemo- ni el capitalismo expansivo de la últi- ma posguerra se parece al capitalismo de entreguenas —caracterizado por la depresión, la dinámica de alto grado de autonomía de los mercados internos y la política anticíclica del Estado—. Al principio estos cambios son resistidos porque la abrumadora mayoría de los capitalistas los resistían, pero la fuerza del mercado los obliga a adaptarse o a desaparecer. Por supuesto, los traba- jadores los resisten con más intensidad, porque la casi totalidad del costo de la transformación recae sobre ellos, pero la situación tampoco los favoreceria si se preservaran las modalidades del pasado. Si el capitalismo no es erradica- do como un todo, la permanencia en el pasado es lo peor que podría suceder. La lucha de los trabajadores contra las máquinas’ es un buen ejemplo de esto. Las máquinas desalojaban obreros de las manufacturas, pero preparaban un desarrollo mayor de las fuerzas productivas y de la clase obrera. Por consi- guiente, la crítica más elevada al maquinismo fue la respuesta sindical que se inició con la gran industria, pero no la negación de las máquinas. La respues- ta a la mundialización de las fuerzas productivas tampoco está en retrotraerlas a lo que eran, sino en levantar, una estrategia y una política para las fuerzas socialistas en el período de la mundialización capitalista.

La revolución tecnológica, una explotación superintensiva de la fuerza de trabajo

El fin de la fase recesiva de una onda de larga duración significa el empalme con una posible fase expansiva. El capitalismo está en crisis no sólo desde un punto de vista histórico sino en la proyección a corto plazo. La cri- sis histórica consiste en que la acumulación ampliada del capital, para gene- rar una tasa de ganancia satisfactoria para los capitalistas, ocasiona periódica- mente una acumulación de mercancías invendibles y de capitales incapaces de ser colocados, que dan lugar a desocupación, guerras comerciales, conflic- tos sociales y a padecimientos periódicamente renovados de grandes masas. Los trabajadores, productores de la riqueza social, se encuentran con que la riqueza que producen se vuelve contra ellos, ocasionándoles desempleo, sufrimientos, privaciones y enfermedades, cuyo orígen se encuentra princi- palmente en la organización de la producción por parte del capital. Esta crisis es inevitable y el propio régimen de producción de capital es el que la recrea. La crisis histórica sólo se resuelve con la revolución. Si no se ha generado la potencia social y la capacidad política para sustituir al capitalismo, este ten-

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dera a reformularse o a reconvertirse, a buscar una nueva manera de seguir cumpliendo con su papel histórico: organizar la riqueza como medio para la obtención de ganancias por parte de una minoría cada vez más reducida de grandes capitalistas, sobre la base de la explotación de la mayoría de la población.

La primera polémica que tuvo lugar en el movimiento comunista intema- cional frente a las ondas largas fue en los primeros años veinte. Una polémica similar puede tener lugar en el presente. Hay una reconversión generalizada en el capitalismo mundial. Negarla equivale a no ver la naturaleza de las transformaciones presentes y a resucitar la teoría del derrumbe. El problema que hay que plantear es que, si el capitalismo no es derribado,,necesariamente se reconvertirá, porque el capital buscará una salida. La salida sólo se hace imposible por la revolución y la eliminación del mercado mundial capitalista. En caso contrario no hay una única salida necesaria. Más bien, hay varias probabilidades. Y nadie puede negar que la situación política de los últimos tiempos facilita el éxito de la reconversión. No existe a la vista ninguna salida obrera o socialista capaz de convulsionar el mercado mundial capitalista; la alternativa basada en la propiedad estatal fue vencida por el mercado mundial capitalista; los obreros de los mayores países industrializados no apuestan por un socialismo de corte revolucionario, y ni siquiera hay una alternativa socialista revolucionaria de masas en los ex países socialistas, porque la buro- cracia fue derribada por el mercado mundial en medio de una protesta social que no sólo no impide la restauración capitalista sino que en muchos casos la apoya. Si no se parte de esta realidad no es posible trazar una política para el futuro inmediato, porque ésta queda atada a la hipótesis improbable del de- rrumbe.

Hay una evidencia estadística de que la tasa de ganancia se ha reducido tendencialrnente durante la larga expansión de la posguerra; hay también evi- dencias de que en los últimos veinte años la tasa de ganancia se ha recupera- do de una manera no duradera ni consistente, y se sabe que la sola ofensiva contra los salarios, el empleo y la organización sindical no es capaz de reconstruir el mercado ni de restablecer de una manera permanente la tasa de ganancia. Un camino para reanimar a más largo plazo la tasa de ganancia consiste en limitar el peso del capital constante; otro camino es hacer más intensa la relación del obrero con la máquina y, en ambos casos, incrementar la productividad, lo cual invariablemente encierra una fórmula de mayor explotación e intensificación del trabajo.

El camino para el abordaje de esta cuestión es la innovación tecnológica,

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que en este caso se apoya en la llamada tercera revolución tecnológica, que consiste primordialmente en la introducción de la electrónica en las industrias mecánicas y, por lo tanto, en la transformación del modo de operación y con- trol de las máquinas, que son el corazón del capital constante.

Aunque hay sustittrción de máquinas mecánicas por electrónicas, lo más importante del presente cambio tecnológico en la actividad productiva no reside en dicha sustitución sino en la introducción de controles electrónicos en los sistemas mecánicos. De esta manera el capital logra disminuir los intervalos del proceso de trabajo (que es aumentar su intensidad); controlar mejor el trabajo vivo y hacerlo más adecuado a la valorización del capital, y separar los trabajos de concepción de los trabajos de ejecución, que consiste en expropiar el saber obrero y reproducirlo en la máquina, con lo que aquel queda aún más subordinado a ésta.J Además, la revolución tecnológica reside en el uso de nuevos procedimientos para abaratar el capital fijo y reducir la magnitud del equipo, que es lo que acontece con la utilización de la biotec- nología en vez de procesos físicos o químicos. Y por último se encuentra el uso de nuevos materiales, más livianos, fáciles de modelar, menos depen- diente de fuentes de abastecimiento naturales y capaces de ser producidos mediante procedimientos menos complejos, como sucede con la sustitución del hierro por materias plásticas duras. Por los caminos diversos de la intro- ducción ,de la electrónica en los comandos de equipos mecánicos (cuyo extremo es la robótica), la sustitución directa de la mecánica por la electróni- ca (sobre todo en las comunicaciones), o el empleo de nuevos procedimientos de producción o nuevos materiales, se incrementa la intensidad y la produc- tividad del trabajo y se estimula la generación de plusvalía, con lo que la tasa de ganancia se reanima.

La máquina es un instrumento de la explotación del trabajo. Si los perío- dos de crisis no se resuelven con la sustitución del capitalismo, tarde o tem- prano se deciden mediante mutaciones en la acumulación destinadas a inten- sificar la explotación, reanimar la tasa de ganancia y modificar la relación entre el capital y el trabajo. El maquinismo y sus transformaciones definen la revolución tecnológica y marcan etapas diferentes del capitalismo porque estos son problemas exclusivamente vinculados al grado de intensidad en la explotación del trabajo y de la extracción de plusvalía. De ahí que, en el capi- talismo, la revolución tecnológica constituya ante todo y sobre todo una relación social entre el capital y el trabajo.

Por eso es imposible disociar la revolución tecnológica de la crisis social.

El capitalismo crea en su seno formas de organización social que traban y

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obstruyen la competencia y el desarrollo del mercado. Los obreros organizan los sindicatos, pero cuando la revolución tecnológica lanza a muchos de ellos ala calle, se rompe la cohesión de los sindicatos, los obreros compiten entre si y toda la vida sindical se reforrnula y en parte pasa algo parecido con los partidos de base obrera. En cierta medida, los sindicatos se asimilan a la nueva etapa del capitalismo, porque su función es negociar, pero al mismo tiempo conquistan nuevas metas de lucha, con reivindicaciones que superan los límites del pasado.‘ Pero la contradicción de esta dinámica reside en que la unificación de la conciencia de clase no sólo es producto de la experiencia y el desarrollo político sino de la conquista de una base productiva más desarrollada,’ y ésto implica una expansión capitalista más profunda, integra- da y de alcance más universal. I

La dinámica larga del capitalismo tiene que ver con progresos en la com- posición orgánica del capital, que están directamente relacionados con la reducción de la tasa de ganancia —mediante la compresión de la porción rela- tiva del capital variable dentro del capital total- y con sus tendencias con- trarrestantes —a través del incremento de la productividad y de la intensidad del trabajo—. El aumento dela concentración y la centralización del capital producen una integración mayor de los capitales y de las economías na- cionales. El camino de la concentración es el camino hacia un mercado mundial más integrado y globalizado. Por eso tratar de impedir la mundia- lización es lo mismo que proponer la desconcentración. El capital tiende al mercado mundial y el mercado mundial tiende a su integración, dejando en el camino una larga estela de capitales desvalorizados, destruidos, expulsados de las fracciones dominantes. De ahí que los períodos de innovaciones o de incorporación de las revoluciones tecnológicas están asociados necesaria- mente con la crisis y de ahí que toda reconversión necesita una política de ajuste, en la que el Estado capitalista se convierte en agente de la depre- ciación de los capitales marginados y en promotor de la reorganización labo- ral del movimiento obrero, cuyas características dependen de la relación de fuerzas entre éste y el Estado capitalista.

La mundialización es una forma más elevada de organización de la pro- ducción y un grado más alto de desarrollo de las fuerzas productivas. La sociedad humana tiende a su integración por el mismo crecimiento de las fuerzas productivas. En un sentido, el capitalismo en tránsito a la mundia- lizaciónrepresenta un avance con respecto al capitalismo organizado en economías nacionales. Si cuando el capitalismo está en condiciones de mundializarse. la revolución no puede hacerlo, se mundializará el capital,

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pero no es posible un camino de vuelta hacia un estadio anterior, lo que no quiere decir que aún la mundialización no pueda coexistir con un determina- do grado de autonomía, si se entiende por esto último una integración intema compatible con la integración mundial. En los países capitalistas esta tarea compete al Estado. Si el Estado no es capaz de llevarla adelante en nombre de todos los capitalistas en su conjunto ningún capital individual va a poder ha- cerlo, porque éstos se orientan en función del mercado mundial. Pero si el capitalismo no es capaz de resolver la cuestión del papel activo del Estado como órgano del capitalismo en general y accesible a cierto tipo de influencia de otras clases, el mercado interno corre el riesgo de disociarse del mercado mundial y se resiente el tipo de integración. Una más profunda integración mundial con un Estado capitalista débil es una integración de segunda, de tipo marcadamente periférico, porque a la larga resiente la capacidad interna de acumulación.

Las innovaciones tecnológicas no pueden suplantar a las relaciones sociales y a las formas de gestión atrasadas y esto es tanto más válido cuanto más intensa sea la revolución tecnológica.

La reconversión, la reestructuración y los obstáculos que se presentan

La reconversión es la introducción dela revolución tecnológica en un sis- tema universal: el del capitalismo contemporáneo. Ese sistema es diferencia- do y jerárquico, y por eso la introducción de cambios acordes con el sentido de la revolución tecnológica en las ramas de punta desestructura todos los equilibrios transitorios del sistema. Si la revolución tecnológica tiende a resti- tuir la tasa de ganancia, se encaminara' elevar la productividad de acuerdo con los criterios del capital más concentrado y traslada esa presión a todas las ramas, subsistemas y estructuras de costos, y por consiguiente modifica la división internacional del trabajo y la asignación de recursos aún en las áreas más alejadas de aquellas en que se manifiesta directamente la revolución tec- nológica.

La reconversión es, por eso, larga y compleja, y deviene de la dinámica larga del capital. Su aplicación está llena de dificultades y obstáculos y nece- sita de una reestructuración del Estado capitalista, que tiene que adecuar sus funciones a la nueva dinámica del capital. Es posible que la reconversión se demore por los ¡resabios del período anterior, cristalizados en rentas fi-

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nancieras y naturales de dificultosa reducción o disolución, en la no genera- lización de las mejoras técnicas en todas las líneas de producción para abaratar costos y renovar el potencial de la demanda aún con desempleo "y subempleo, por la lenta desvalorización del capital obsoleto y-los obstáculos a la acción del Estado como agente de esa desvalorización, en el bloqueo de la industrialización en las áreas más atrasadas, porque la revolución tecnoló- gica por misma no disuelve las relaciones sociales del pasado.

No es posible examinar objetivamente un programa de reconversión y de ajuste sin atender a todas estas cuestiones. El plan de convertibilidad del actual gobierno tiene que ver con todo ésto en el sentido de que amolda el subsistema argentino a los cambios del sistema mundial, traslada las muta- ciones hacia todas las ramas, aunque en éstas no se opere la reconversión que guía al proceso de cambio, y en donde finalmente el Estado sólo ha tomado a su cargo el papel de agente de desvalorización del capital con todas sus con- secuencias sociales. Pero el programa es también un reflejo de los obstáculos y modificaciones del proceso de reconversión, con todas sus repercusiones en las clases sociales. De ahí que creer que pueda triunfar o fracasar en bloques es ya de por si una exageración y más aún subordinarlo a un cierre contable de cuentas.

Los obstáculos aislados a la reconversión sólo tienden a" demorarla y a acomodar el subsistema nacional a un nivel de menor integración, con secue- las de largo alcance sobre la producción y el empleo. De ahí que, dado que la reconversión es parte de un sistema mundial, el cuestionamiento debe tener una política alternativa y orientarse en el sentido de un movimiento social con tendencia a centralizarse en el cuestionamiento al orden mundial, no sólo de palabras, sino de masas que intervienen en la vida política, sindical y social. De lo contrario, no hay verdadera alternativa contra la reconversión del capitalismo. Esto es lo que ha hecho crisis en los últimos años.

Buenos Aires, octubre 1991

Notas

' N. Kondratieff, L. Trotsky. E. Mandel, G. Garvy, R. Day. Los ciclos económicos largos, Akal, Madrid, 1979.

2 Universidad Autónoma de Puebla, Programa de Estudios de Economía Inter- nacional, Orlando Caputo Leyva, La tasa de ganancia en los principales países capitalistas desarrollados, en Economía Internacional, mayo de 1989-, Puebla, Méjico.

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Karl Marx. El Capital, Tomo I, Vol. 2, Sección IV. Cap. III, Siglo XXI, México, 1979.

R. Boyer y Benjamín Coriat. Técnica y dinámica de la acumulación, Cuadernos Políticos, N9 43. México DF, abril-junio de 1985.

Dora Douthat. La pobreza en el mundo capitalista. ponencia presentada en el Congreso Latinoamericano de Sociología, La Habana, mayo de 1991. Aparecerá en IADE, Realidad Económica, N9 103 correspondiente a octubre-noviembre de 1991.

7 Stephen Hymer. Mercado mundial e internacionalización del capital, Monthly Review en castellano, Barcelona, septiembre de 1978.

sous le drflpe"u d”

socialisme

Correspondencia de Prensa Internacional poro Américo Lcrtincr

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QUINTO CENTENARIO: RECUPERAR LA MEMORIA HISTORICA

Nidia R. Areces

“Decid, ¿con qué derechos y con qué justicia teneis en tan cruel y

horrible servidumbre aquellos indios?. Con qué autoridad habéis

hecho tan detestables guerras a estas gentes... ¿Estos, no son hom- bres? ¿No tienen ánimas racionales?."

(Sermón del padre Fray Antón Montesino,

Santo Domingo de la isla Española, 14 de diciembre de 1511.)

Lo que quiero plantear acerca del significado de la conquista de América pretende situarse en un plano diferente al de juzgar lo bueno ..y lo malo con una interpretación maniquea del proceso histórico. Apreciaciones valorativas deben hacerse. pero creo en la cientificidad del conocimiento histórico, por lo que se trata entonces de hacer comprensibles los mecanismos de ciertos com- portamientos que relacionan a los sujetos sociales, a lo hombres y a las mujeres en determinados tiempos y espacios. Teniendo en cuenta los “feste- jos” o “el día de luto” que se avecina y la confusión que los precede, parece muy conveniente estimular el debate acerca del hecho histórico, del proceso de conformación de los pueblos americanos y de la situación y perspectiva de América en el mundo contemporáneo.

Comencemos con algunas cuestiones que no hacen sólo a los términos sino a su significación. De varias maneras puede interpretarse —y de hecho así ocurre- el término descubrimiento. El diccionario trae varias y variadas acepciones para el llamado “descubrimiento de América”, en cambio, el sen- tido parece ser universal. En general se resume la idea y se enseña que “el continente americano era desconocido hasta 1492”, aquí priva una visión

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eurocéntrica de la historia mundial. Pero además, la expresión “descubri- miento de América” quiere significar así el hallazgo de un continente hasta entonces ignorado por todos, en sentido absoluto, inclusive por sus propios “ignorantes” habitantes, por Io tanto, un continente no perteneciente a nadie y pasible de libre apropiación.

Sin embargo, cuando dos siglos antes de la llegada de Colón a suelo americano Marco Polo visitó el Extremo Oriente, no tuvo sentido acuñar la idea del “descubrimiento de Asia”. El ejemplo comparativo nos acerca al dis- tinto valor ideológico que se asigna al uso de la palabra. En ambos casos, Marco Polo y Colón habían llegado a tierras y paises relativamente ignorados por los europeos, pero'en un caso hubo descubrimiento y en el otro no. ¿Por qué? Simplemente porque todavía no estaban dadas las condiciones en Europa para afianzar la expansión fuera de sus límites. En cambio en el momento de la invasión europea a América el occidente europeo se encontra- ba en un ciclo de alza y la configuración de formas estatales unificadas y modemizadas que le posibilitaron la incorporación a corto plazo de vastos territorios. El concepto “descubrimiento de América” encierra pues, el dere- cho arrogado por Europa para apropiarse de un territorio y lo que él contenía, incluso sus habitantes. Descubrir significaba adquirir un derecho de apropiación, por el solo hecho de ser el primero o considerarse el primero que había tomado conocimiento de una zona, región o país de este continente; al descubrimiento sucedería la posesión y el usufructo. El descubrimiento con- ducía a la apropiación, era el paso anterior suficiente para fundamentar el segundo. La consecuencia necesaria para justificar el término “descubrimien- to” con el propósito de apropiación, sería la de negar al habitante original de América su capacidad de conocerse a mismo y por tanto ser él también un descubridor, un descubridor del otro y de mismo.

El europeo, sin embargo, se considera descubridor, no sólo de este conti- nente americano, sino también de su contenido; descubre también al abori- gen, lo llama “indio”, le asigna una función en la estructura social, económi- ca, política e ideológica que impone, le enseña qué es lo que debe sentir, qué es lo que debe pensar y en qué debe creer. Para ello el europeo necesita sostener que ha‘ descubierto América, es decir que tiene el derecho para hacer todo eso, porque el descubrimiento le da el derecho de apropiación y además, implica afirmar que el indio no tiene capacidad de conocer y de conocerse, con lo que le niega la posibilidad de descubrimiento y en consecuencia de apropiación.

Lanzada en América la idea de conmemorar el descubrimiento, el mexi-

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cano Miguel León Portilla propuso como solución la palabra encuentro. Recordemos que fue él quien había utilizado como título de un atrapador texto la sugestiva frase “La visión de los vencidos”. También el alemán Urs Bitterli empleó el término encuentro como título de su obra “Los ‘salvajes’ y los ‘civilizados’. El encuentro de Europa y Ultramar”, donde analiza las dis- tintas formas del mismo. Estas son: el roce cultural, el contacto cultural, el choque cultural y el entretejimiento cultural.

Veamos cada una de ellas. Entendimiento bajo el término de “roce cultu- ral el encuentro que, por ves primera y limitado en su duración —o con grandes interrupciones—, se produce entre un pequeño grupo de viajeros y representantes de un grupo de población cerrada y arcaica, especialmente en cuanto define el carácter de los primeros viajes de descubrimiento”. Es un primer encuentro cargado de incertidumbre, sin embargo, si bien el roce cul-' tura] es definido con frecuencia por la timidez, retraimiento temeroso y una elemental desconfianza esta pronto se pierde sobre todo por parte del europeo. El marino, el comerciante y el colono eran superiores desde un punto de vista militar, o en todo caso sabían arreglárselas de modo que pudieran actuar desde una posición de fuerza. Está claro que la conciencia de la superioridad militar e intelectual no siempre fue suficiente para neutralizar —en el plano racional de una relación de prepotencia política y económica unilateral- la misteriosa capacidad de fascinación que, pese a todo, emanaba de los pueblos arcaicos, es decir, la capacidad de fascinación de la cultura arcaica. Se da la existencia entonces de tránsfugas que se retiraban a vivir con los indígenas. Tarea recompensadora, aunque sin duda dificultosa, sería la de seguir las huellas de la historia, rodeada de leyendas de aquellos “tránsfugas de la civilización”. Asimismo este primer encuentro tiene. de absurdo en la medida que el indígena se mostraba como un anfitrión sobremanera solicito, se explica la amable acogida dispensada por los indígenas como consecuen- cia de la tradicional hospitalidad que en muchas comunidades tribales arcaicas había llegado a configurarse como un valor cultural ampliamente determinante de todoslos encuentros humanos. Y también cómo los europeos se dejaban seducir por el encanto del primer encuentro. Cualquiera que sea la atmósfera en que se desenvolviera la fase del roce cultural, la base de relación política y humana no paso nunca de ser estrecha y frágil. La hetero- geneidad de las costumbres en el trato social, el deficiente entendimiento y la falta de predisposición, sobre todo por parte de los europeos, a adecuar su conducta en los diferentes casos a la situación emo-cultural, condujeron a fre- cuentes malentendidos.

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Se llegó al contacto cultural —expresa Urs Bitterli en aquellos casos en que los vínculos hacia la metrópoli podían ser asegurados y fomentados, y, por otro lado, cuando el primer roce daba por resultado una situación duradera las relaciones mutuas con la población indígena, sin qtie, del lado europeo se diera el propósito de la apropiación y colonización de territorios. Aquí aparecen en las sociedades tribales, personalidades dirigentes que pueden ser aceptadas como negociadores por los europeos, y al mismo tiem- po contar con la suficiente autoridad entre los suyos como para poder estable- cer las alianzas. El contacto cultural halló su expresión característica en dos manifestaciones: en la relación comercial —sobre todo en el comercio de esclavos- y en la organización misionera.

A partir del momento en que este encuentro adquirió un carácter particu- larmente agresivo —continúa Bitterli- y los europeos se decidieron a emplear más o menos implacablemente su superioridad técnico-militar hasta conseguir o bien erradicar a los indígenas y relegarlos a los impenetra- bles territorios interiores, o bien sojuzgarlos hasta el punto de que se veían obligados a sacrificar su vida cultural en aras de una relación de dependencia que abarcaba amplios ámbitos de la existencia, tenemos que hablar de choque cultural. Exterminio, expulsión, esclavitud caracterizan al choque ende cul- turas.

Aculturación y entretejimiento cultural presuponen un más duradera con- vivencia y colaboración entre grupos de población de distintas culturas dentro de un mismo ámbito geográfico. El entretejimiento cultural se cumple princi- palmente frente a un, trasfondo de intensa interpenetración social. Acul- turación y entretejimiento cultural son procesos que se extienden alo largo de generaciones y jamás se les puede dar por conluído.

En este análisis donde se menciona la agresividad quedan desdibujadas las situaciones de cambio, conflicto y violencia casual y organizada intrínseca a todo proceso de conquista, de dominación. Entiendo que es una aproxi- mación culturísta al problema del contacto socio-cultural.

No podemos dejar de mencionar posiciones que hablan de genocidio y etnocidio. El genocidio en el sentido de exterminio de toda una población y etnocidio como la destrucción deliberada y sistemática de los modos de vida y pensamiento de grupos humanos y la supresión de sus particularidades cul- turales. J. Lafaye opina que entre el siglo XV y el presente, en América Latina y en la anglosajona, se efectuaron el genocidio de los indios nómadas y el etnocidio de los indios sedentarios. La generalidad de los primeros fueron eliminados en vista de la imposibilidad de dominarlos para utilizar su

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fuerza de trabajo; al contrario, los segundos han sido asimilados cultural- mente y explotados económicamente. La diferencia de proceder para con los indios no ha sido —como se ha repetido cien veces- efecto del mayor o menor racismo de españoles y anglosajones de un lado, portugueses y france- ses del otro. La destrucción cultural y física de las sociedades indias obedece a la lógica —“mecánica”, que diría Montaigne- de una colonización explotadora del suelo y el subsuelo y de una religión expansionista y prose- lista. Sobre las ruinas de las culturas indígenas (tabula rasa) se han edificado sociedades coloniales, que no vacilamos en llamarneoeuropeas. Pero, cuida- do, que ahí se inicia el proceso llamado antes por los antropólogos “acul- turación”, y hoy más bien “deculturación”.

Siguiendo con el análisis de los términos para denominar, calificar al V Centenario, nos encontramos con que el término encuentro es cuestionado por distintos intelectuales, entre otros por Edmundo O'Gorman, Bonfil Batalla, y, por supuesto, por los dirigentes indígenas, quienes consideran un inaceptable eufemismo llamar “encuentro de dos mundos” al aplastamiento de un mundo por otro. Así para otros intelectuales, como el colombiano O. Fals Borda y el italiano-peruano S. Varese, fue verdaderamente un “desen- cuentro”. La idea del encuentro se riñe con la imposición a sangre y fuego, para remitimos al diálogo, al mutuo respeto de la diversidad, al interés por el otro.

La idea que prefieren algunos estudiosos y no sólo los representantes indios es la de invasión. Steve Stern en “los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la conquista española” habla para el espacio andino —en particular de Huamanga- de la conquista incaica y de la invasión europea: Para el enfoque indigenista Europa logró conquistar buena parte del territorio indíge- na en la primera mitad del siglo XVI, el que sirvió a su vez de base a nuevas invasiones, muchas de las cuales fireron rechazadas, lo que permitió la sub- sistencia de zonas libres casi hasta nuestros días. Para este enfoque el 12 de octubre marcaría el comienzo de una larga serie de investigaciones, de avances y retrocesos, de rebeliones que a veces sustraían, por varias décadas, una región de la dominación occidental.

Asimismo, al caracterizar los hechos de esta manera, los indígenas, por medio de sus organizaciones representativas, quieren tomar la fecha en ciemes como ocasión propicia para renovar su reclamo por la sistemática negociación de sus derechos humanos, que ni la O.N.U. se atreve a reconocer en su justa medida, al negarles status de pueblos colonizados. En el Congreso de Ollantaytambo de 1980, cuando se funda el Consejo Indio de Sudamérica

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donde predominaron ampliamente las posturas indianistas, se reivindicó una identidad india genérica de los pueblos autóctonos de América: “Nos lla- mamos Indios porque con este nombre nos han sojuzgado por cinco siglos y con este nombre definitivamente hemos de liberarnos, ser indios es nuestro orgullo... el Indianismo propugnaba al Indio como el autor y protagonista de su propio destino y por eso nuestra bandera de lucha y consigna deliberación continental...el Indianismo se nutre de la concepción colectivista y comuni- taria de nuestra civilización Tawantinsuyana”.

Ahora bien, encuentro en el “acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una cosa contra otra” según define el Diccionario enciclopédico Salvat. De esto se trata, precisamente: de un encuentro que es choque, más bien encontronazo (“Encuentro inesperado entre personas o de personas y cosas” en ibídem). Otros entonces prefieren hablar de choque, que lejos de enmarcar la violencia —dice Adolfo Colombres uno de sus sostenedores- la integra como un componente ine- ludible. Ante la invasión sólo cabe la guerra para expulsar al intruso. El choque, en cambio, puede derivar en encuentro, en un autentico encuentro, el que no ocurrió hasta ahora pero deberá ocurrir, porque hacia allí camina la historia, continúa Colombres. “Elegí el concepto de choque porque éste supone la existencia de al menos dos cuerpos diferentes, con su propia identi- dad y mecánica, que se topan en un punto, lo que ya de por dificulta esa metódica abolición del otro que suele. formar parte de toda conquista realiza- da con fines coloniales.”

Y esto a pesar de que como bien señala Miguel Bartolomé, la línea hegemónica occidental se niegue a perder terreno en un conflicto que creía haber ganado hace siglos. Eulogio Frites, indígena kolla de Argentina, pro- motor entre otros de la formación de la Asociación Indígena de la República Argentina, AIRA, habla de encontronazos de pueblos y aclara “Hablar de que sólo los españoles son los ‘descubridores de América’ es simple petulancia o desconocimiento. A lo sumo podemos decir que hay un descubrimiento recíproco, entre pueblos”.

El gobierno español emplea el término de conmemoración, y otros más apropiadamente el de conmemoración crítica. Esta perspectiva puede ser encarada desde lo que Hobsbawm define como el estudio de la “invención de la tradición”, es decir, de un conjunto de prácticas de gran medida rituales y simbólicas que cumplen una función ideológica al querer inculcar por la repetición determinados valores y pautas de comportamiento. Para el histo- riador inglés, el estudio de las tradiciones tiene importancia en tanto ellas son

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síntomas, y por lo mismo indicadores, de problemas y desarrollos que de otra manera serían difíciles de identificar y ubicar en el tiempo. En cuanto eviden- cias de fenómenos más amplios, su estudio no puede ser separado del de la historia de la sociedad si es que se quiere ir más allá del mero descubrimiento de esas prácticas.

¿De qué se trata al pensar acerca del significado de la conquista? Se trata de hacer memoria, recuperar la memoria, no para enjuiciar a nadie, sino para orientar mejor nuestros pasos en el futuro. Aquí entramos en la cuestión de la memoria histórica y de uno de los que mejor la ha comprendido es Augusto Roa Basto, galardonado con el premio Cervantes. En la Introducción de “Las culturas condenadas”, selección que tiende a presentar un ejemplo limitado pero extendido del universo cultural de los grupos sobrevivientes indígenas del Paraguay, grupos que están irremediablemente condenados expresa: “Esta vieja tragedia de esclavitud, degradación y exterminio, que culmina en la actualidad con la inmolación de las últimas comunidades, no puede ser com- prendida en. toda su significación sino en el marco global de nuestras sociedades basadas en el régimen de opresión y expoliación de los estratos humanos que ellas consideran ‘inferiores’; su resultado es un proceso de extinción de estas comunidades —en algunos casos muy rápido—, que descarta toda posibilidad de preservación de sus valores materiales y cultu- rales, puesto que el hecho mismo de su destrucción biológica está sellado inexorablemente. Así, los intentos de “civilizar” al indio han terminado por exterminarlo. El etnocidio no es pues sino la fatal consecuencia de esta ideo- logía del privilegio y la pretendida superioridad racial —herencia del con- quistador—; es sólo una de las formas del genocidio generalizado en la ac- tualidad, tanto en nuestro continente como en varias partes del mundo donde“ las ‘razas inferiores’ padecen los desvelos de las ‘razas superiores’ por civi- lizarlas; es decir, por someterlas a sus inflexíbles y cruentos dictados de pre- dominio y opresión”.

Esta problemática aparece en la década del 70 como dice M. Berman en “Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernindad”. Uno de los temas centrales de la cultura de los años setenta fue la rehabi- litación de la memoria y la historia étnica como parte vital de la identidad personal. Esta ha sido una evolución notable en la historia de la modernidad. Los modemistas de hoy ya no insisten, como hicieron con tanta frecuencia los modemistas de ayer, en que debamos dejar de ser judíos, o negros, o italianos, o cualquier otra cosa, para ser modernos. Se puede decir que las sociedades en su conjunto aprenden algo, las sociedades modernas de los

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años setenta parecen haber aprendido que la identidad étnica —no sólo la propia sino la de todos- resulta esencial para la profundidad y plenitud de la personalidad que la vida moderna promete. y abre a todos. Esta conciencia hizo que “Raíces”, de Alex Haley, y “Holocausto”, de Gerald Green, tuvieran una audiencia no solamente inmensa —la mayor de la historia de la tele- visión- sino también activamente comprometida y genuinamente conmovi- da. La respuesta a “Raíces” y “Holocausto”, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo, sugiere que, cualesquiera que fueran las cualidades de que pudiera carecer la humanidad contemporánea, nuestra capacidad de empatía era considerable. Desgraciadamente, espectáculos como “Raíces” y “Holocausto” no tienen profundidad suficiente para transformar la empatía en una auténtica comprensión. Ambas obras presentan versiones excesivamente idéalizadas del pasado familiar y étnico, en las que todos los antepasados son hermosos, nobles y heroicos, y todo el dolor, el odio y los conflictos emana de grupos opresores “externos”. Esto aporta más al género tradicional del romance familiar que a una conciencia étnica moderna.

Esta memoria histórica etnica es rescatada, en el enfoque de Tzvetan Todorov quien trata la conquista de America a través de la cuestión del otro, en la que adopta una mirada de analista de crónica-relatos, en la que los hechos de la conquista aparecen en una lectura pr0veniente del análisis de los discursos.

La otredad, la alteridad y la diferencia se ubican para Todorov en el espa- cio de la historia donde se desarrollaron las conquistas territoriales. Para ello una serie de datos le permiten conformar las relaciones con el Otro, es decir el análisis de la otredad, como categoría, a partir de la reflexión sobre las mentalidades de la época. Cada uno de los ensayos que componen la obra recorren paradigmas de la conquista de América: Colón, Moctezuma, Cortés, Las Casas, Durán y Sahagún. En este marco incluyelos aspectos más signi- ficativos de la disputa entre Las Casas y Sepúlveda en 1550 y el en- frentamiento de las corrientes de pensamiento en la España del siglo XV sobre la igualdad de los indios con respecto alos españoles.

Pero como ya señalara en 1952 Lucien Goldman, la cuestión del otro es el problema de nosotros, cuestión a su vez de los fundamentos epistemológicos de la ciencia histórica. “Sólo hay Nosotros donde existe una comunidad auténtica. En la tradición filosófica que pone el acento en el Yo, al presen- tarse la cuestión de las relaciones entre los hombres, en ellas los otros son siempre algo ajeno. La afirmación de la primacía del nosotros, en cambio, supone considerar al ouo no como objeto sino como sujeto de la acción en

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común. el fundamento ontológico de la historia es la relación del hombre con los otros hombres —genéricamente hablando——, el yo individual para a un plano secundario y el nosotros ocupa el plano fundamental. Cuando el yo es primordial y el otro es ajeno, es claro que ese otro no es igual, de donde es posible considerarlo un objeto, no un sujeto.”

En el caso americano, el “descubrimiento” de los indígenas en el en- cubrimiento de su desconocimiento, es decir, de “la negación a admitirlos como un sujeto que tiene los mismos derechos que uno mismo, pero dife- rente”. En ese contexto adquiere sentido la expresión de Todorov “Colón ha descubierto América, pero no a los americanos”. Este proceso de negación y mistificación de los indígenas americanos se inicia con su descubrimiento y conquista por los europeos. La conquista y dominación del indígena se des- pliegan sobre la base de desvalorizar al hombre y la cultura nativos, poniendo en juego procedimientos que van desde la negación dela condición humana del vencido, hasta su valorización negativa: “pueblos bárbaros”, “primi- tivos”,“inferiores". De esta manera el vencedor justifica su acción conquista- dora, obra de “civilización”, de “salvación”, de “progreso” y de “moder- nización”, a la vez que intenta que el vencido interiorice su condición de pueblo inferior y deminado.

Consumada la conquista militar, los españoles iniciaron la desestruc- turación y deculturación progresiva de las bases materiales y culturales que permitían la reproducción de las condiciones de vida de la comunidad indíge- na. Al mismo tiempo llevaron a cabo una ejemplar tarea de indagación sobre la historia, las lenguas y costumbres de los pueblos americanos. Los frailes y misioneros que acompañaron al soldado y pusieron las bases para la “con- quista espiritual” del indio fueron los primeros etnólogos, elaboraron pre- ciosos vocabularios lingüísticos, recolectaron una muy abundante informa- ción y compusieron obras acerca de la religión, costumbres, tradiciones, aspectos de la vida cotidiana de la población aborigen. El objetivo declarado de esta prolija indagación era producir conocimientos útiles para el mejor adoctrinamiento y coñversión de los indios. En su conjunto, estas obras inter- pretan la historia delos pueblos indios con una visión que pasa a través de su lente el ojo analizado, o que no estaba hecha, en última instancia, para inten- tar comprender el significado de las producciones indígenas, explicable porque en la escala de valores asumida eran formas primitivas de organi- zación. El estudio de la religión, los ritos y costumbres nativas resultó im- prescindible para el proceso de “conquista eSpiritual” dirigido por la Iglesia. La manera de rescatar intencionadamente las producciones de estas culturas

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permitía asimismo hacer una defensa parcial y sutil de ciertos aspectos de las mismas, en particular, de aquellos que no chocaran con sus propios valores e intereses, mientras que de hecho se socavaban y destruían los soportes que los identificaban con su cultura original.

La Iglesia como una de sus estrategias "‘...irnbuía suavemente las almas tiernas de los niños, que todavía no están manchadas con la superstición de sus padres, en la disciplina y costumbres cristianas y... enséñeles a hacer mofa y burlas de las bagatelas y niñerías de sus padres. Atraiga y excite a los niños con premios y alabanzas, y a los mayores avergüencelos y atemorícelos con el ejemplo de los niños” (José de Acosta. Predicación del Evangelio en las Indias).

Hacia el final del período colonial el Obispo de Michoacán Abad y Queipó resumía la tarea de la iglesia española en América “...el pueblo vive sin casa, sin domicilio y casi errante. Vengan pues, los legisladores modernos y señalen, si lo encuentran, otros medios que puedan conservar estas clases en la subordinación a la leyes y al gobierno que el de la religión conservada en el fondo de sus corazones pro la predicación y el consejo en el púlpito y en el confesionario de los ministros de la iglesia. Ellos son, pues, los verdaderos custodios de las leyes. Ellos son también los que deben tener, y tienen en efecto, más influjo sobre el corazón del pueblo, y los que más trabajan en mantenerlo obediente y sumiso a la soberanía de V. Majesta

Las formas intrincadas de miscegenación complicaron el cuadro social que se iba conformando, con grados diversos de participación y conflicto, en una mezcla de elementos desiguales con ingredientes discriminatorios, en un mestizaje étnico y cultural. El conflicto individual interno del mestizo, de quien era una mezcla de dominador y de dominado, se transfirió a orden colectivo o social y así la relación etnía-clase tuvo una acentuada incidencia en los valores culturales, condicionando fuertemente los procesos sociales de la posterior historia latinoamericana, por lo que el problema común respecto a la identidad en uno y otro extremo de América Latina, es ineludiblemente, un problema de toda la región. Un problema que viene de ser parte de la his- toria de los descubridores y conquistadores del Continente.

Lo que hay de significante del descubrimiento de América por los eu- ropeos es que desde ese momento el mundo que se está constituyendo ya no es el mismo ni podrá volver a ser el mismo que era antes. El descubrimiento de América por los europeos es para estos un acontecimiento histórico. Procede de la transformación de la imagen medieval del mundo, provocada por los esfuerzos de los estados, la crisis religiosa, el desarrollo científico y

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técnico y marca un episodio de la competencia comercial y del feudaIÍSrno tardío. los efectos del descubrimiento contarían en la instauración de nuevos equilibrios económicos, la elaboración de un nuevo mito del imperio y la evolución del humanismo. Y por el contrario, para los denominados “indios” es un accidente o una fatalidad no sólo por los sufrimientos, por pasar a ser, dominados, sino porque el hecho del “descubrimiento” no puede insertarse en la continuidad de su propio tiempo. Los resultados del viaje colombino con- fluyeron en el suelo americano en una convivencia no siempre idílica. Luis de Velasco, Virrey de Nueva España en 1595, decía con respecto a “Las dos Repúblicas, la de los españoles y las de los indígenas de las cuales consiste este reino... se repugnan tanto la una.a la otra... que parece que la conser- vación de la primera siempre significa la opresión y destrucción de la segun- da”.

¿Cómo se prepara España? A raíz del V Centenario sectores políticos e intelectuales están sumergidos en un debate acerca de cuál fue la verdadera naturaleza de aquella empresa colonial de España en América. Una discusión histórica que algunos medios periodísticos han denominado “el nuevo des cubrimiento”. ¿Cuáles son las opiniones en pugna? Desde una perspectiva española entran en litigio concepciones diferenciadas acerca del descubri- miento: la nacional-católica, la izquierda antiimperialista y el‘intento de sín- tesis que trata de proponer una epopeya autocrítica, pero epopeya al fin.

La idea de la celebración surgió a principios de la década del 80, cuando gobernaba el Centro Democrático y Social (CDS) presidido por Adolfo Suárez. Con los socialistas en el gobierno se produjo una relativa modifi- cación que, para allanar el camino de las coincidencias empezó a hablar de conmemoración porque como explicaron algunos voceros “aquí no hay nada que celebrar”. La mutación semántica no satisfizo, sin embargo, a intelec- tuales de izquierda que constituyeron por su parte la Comisión Contra el Quinto Centenario, integrada por distintas figuras de prestigio, entre otros los escritores Manuel Vazquez Montallán y Mario Benedetti. Se aclaró que “toda conmemoración es, por naturaleza, apologética y, consiguientemente, no neu- tral, ni mucho menos crítica. Conmemorar. una cosa, comporta aprobarla y hasta glorificarla". Además de la revisión histórica que involucra el Quinto Centenario, este proceso es aún más interesante por lo que revela acerca de la sociedad y política española actual, en acelerado proceso a la integración con el resto de Europa.

La pregunta que cabe es si podemos hablar de comunidad iberoameri- cana. En 1989 se presentó el libro del ensayista venezolano Arturo Uslar

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Pieui “Iberoamérica, una comunidad”, análisis de lo que él denomina la gran comunidad iberoamericana.

En implícita confrontación con el concepto “hispanoamérica”, combatido por su vinculación con las aspiraciones colonialistas de España y también con el de Latinoamérica porque margina a la península europea. Uslar Pieui se refiere a un proyecto de unificación e integración del desarticulado mundo iberoamericano en una comunidad orgánica de naciones ¿Hasta que punto es esto posible? ¿Hasta dónde es hoy una tendencia real del Estado español? Hay sectores del Estado Español que hablan de la cooperación iberoameri- cana intemacional para el desarrollo. Otros expresan que para España, el desarrollo del capitalismo español está claramente orientado hacia su inte- gración en la comunidad Económica Europea y eso no deja margen para ninguna tendencia, y que las invocaciones a Iberoamérica son sólo eso, retóri- ca. Esto se observa en las limitaciones que se imponen a la inmigración proveniente del denominado Tercer Mundo. Pero hay signos de revertir esta tendencia, el ingreso de España a la Comunidad Económica Europea supuso, entre otras cosas, un vuelco casi total en el volumen de las exportaciones como, sobre todo, en la procedencia y destinos de las mismas. Hasta 1985, por ejemplo, España importaba cereales de Estados Unidos, Brasil y Argentina. A partir de 1986, sus proveedores fundamentales empezaron a ser Francia y Reino Unido, y algo subsidiariamente Estados Unidos. Todo esto por cláusulas expresas exigidas por la Comunidad Económica Europea en el proceso de la integración. Algunos políticos y economista españoles plantean ambas políticas como complementarias y sostienen entonces que “España aporta a Europa su latinoamericanismo y, a la vez, es más escuchada en Europa cuanto más avahza en el proceso de integración a la Comunidad Económica Europea”. Para apoyar esta posición se esgrirnen los convenios de cooperación firmados con Argentina y México en 1988 y los más recientes con Venezuela y Chile. Aunque para hacer un contrato con los paises ameri- canos, España no necesita de la intermediación con otros paises europeos.

Casi nada se hace hoy o se proyecta en España sino es bajo el signo de Quinto Centenario y de 1992. El “noventaydos” suena a palabra mágica que abrirá las puertas a un mundo nuevo y mejor. Para ese tiempo se ha programado a Madrid como capital cultural de Europa, a Sevilla como centro de la ¡Exposición Universal, y a Barcelona como sede de los XXV Juegos Olímpicos.

En América, el reacomodarniento de los sectores de poder frente a la cri- sis mundial hace a estos pensar el Quinto Centenario como una coyuntura

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favorable para integrarse al denominado Primer Mundo, mientras promueven una mirada acrítica ante las necesidades profundas de este fin de siglo que nos toca vivir y compartir.

Rosario, octubre 1991

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cipio de los atropellos, el principio-de los despojos de todo, el pririi- _ cipio: de la esclavitud. por deudas, e-l- principio-de .las': deudas '

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(El Libro de Chilarn Crónicálliiidígeiia, de de la- primera mitad"‘delgsiglóÏXVIZí‘VerSió ediz.¿,__, BOIIO, 531151036,. CostaRica, 1930);?" ¿"3” “"""1:ï

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CUBA: . RUPTURAS EN LA “FORTALEZA SITIAADA”*

Janette Habel

Desde octubre de 1989, fecha en que se terminó el libro “Rupturas en Cuba”, la historia se ha acelerado. Los pueblos del Este de Europa, conme- morando a su manera el bicentenario de la Revolución Francesa, se han su- blevado contra la dictadura burocrática ejercida sobre ellos en nombre de los “intereses superiores del proletariado”. Ha llegado a su fin una etapa históri- ca, la de la degeneración estaliniana y la de la desfiguración del socialismo. Pero la sublevación de los pueblos del Este aunque ha liberado energías y destrozado la coraza burocrática, por el momento no se ha orientado hacia un socialismo democrático y renovado; la atracción que ejercen el liberalismo económico y el parlamentarismo occidental, el resurgir del nacionalismo y a veces de la xenofobia ponen de manifiesto los estragos del estalinismo, iden- tificado con el comunismo por pueblos que tienen una visión ideal del capi- talismo occidental, como una sociedad de consumo en su versión óptima, la mas rica, sea alemana o sueca, sin comprender que ésta es sólo una pequeña parte del planeta, que no está al alcance de la mano, y que no sólo no está a la orden del día la posibilidad de gozar de éxitos similares, sino que se corre el riesgo de padecer las tensiones sociales derivadas de las dificultades económicas. Sin embargo, sólo la experiencia podrá modificar las ilusiones que empañan la conciencia popular en el Este. El socialismo democrático ten- drá grandes dificultades para encontrar su espacio entre el espíritu de empresa liberal y el nacionalismo integrista que se desarrollan en el terreno abonado por el estiércol estalinista.

* Prólogo de la autora a la edición inglesa de su libro “Rupturas en Cuba” que será publicado por la editorial Verso, ligada a la New Left Review.

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Los efectos generales en el Tercer Mundo

A diferencia de los pueblos del Este, los del Tercer Mundo saben que el ' capitalismo real es también miseria de centenarios de millones de hombres y mujeres de los países dominados que contribuyen a la prosperidad de una pequeña minoría. Para ellos, los acuerdos de Malta, la crisis del Este, están cargados de amenazas. Ya no existe lo que algunos —a pesar de los pe- sares— consideraban su retaguardia estratégica. La URSS está a la defensi- va, amenazada por la rebelión de sus nacionalidades, confrontada a op- ciones económicas drásticas, paralizada por contradicciones políticas: para cuestionar el monopolio del PCUS, Gorbachov se ha apoyado en el aparato del Estado; tras la elección de Yeltsin y la proclamación de la soberanía política de Rusia, la principal de las Repúblicas, el poder del presidente de todas las Rusias se ha fragilizado tantoque corre el riesgo de perder el con- trol del aparato del ‘partido ruso y de las otras repúblicas: ¿qué poder le quedará en el futuro si las otras repúblicas reivindican también su indepen- dencia?

En América Latina y en el istmo centroamericano, las consecuencias de esta situación no han tardado en hacerse sentir; apenas terminada la cumbre de Malta, el Pentágono desencadenó la invasión de Panamá sin provocar protestas de masas, porque la atención estaba puesta en los acontecimientos de Rumania; esta relativa impunidad fue facilitada por los medios de comu- nicación de masas, como se hace evidente hoy al conocer las cifras de vícti- mas en los dos países: alrededor de 100 muertos en Timisoara, cuatro mil en Panamá. No cabe duda de que la caída de las dictaduras del Este .y la pérdida de credibilidad del socialismo facilitaron la invasión violando la soberanía del pueblo panameño en nombre de la lucha contra el tráfico de drogas, de la que Noriega no era más que un comparsa entre otros, tras haber sido fiel aliado y subordinado de Bush cuando éste era responsable de la CIA.

Las dificultades de la ofensiva revolucionaria del FMLN en El Salvador en noviembre de 1989 es fruto también de esta.coyuntura internacional. “Conflicto regional” moles-to, esta “mosca en la leche” tenia que aparecer como un estorbo en la reaproximación soviético-americana Privado de su retaguardia tras las elecciones en Nicaragua, en adelante el FMLN se encuen- tra la defensiva, aunque la extrema derecha salvadoreña sólo se sostiene gra- cias a la ayuda. americana.

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La “fortaleza sitiada”

En fin, la derrota electoral de los sandinistas en febrero de 1990 pone freno a la extensión de la revolución en América Central y pone en una situación muy grave a Cuba: la victoria sandinista en 1979 puso fin al ais- lamiento cubano después de 20 años; en Granada, con Bishop, Fidel Castro había encontrado un aliado: en fin, más pronto o más tarde, la victoria sal- vadoreña parecía ineluctable. Hoy en día, el panorama se ha invertido: se comprende que Nicaragua sea un verdadero trauma para la isla de nuevo ais- lada. De nuevo ha adquirido actúalidad el concepto de “fortaleza sitiada”. ¿No es Castro, según los dirigentes americanos el último de los dinosaurios? Tras la victoria de Violeta Chamorro, Elliot Abrams antiguo secretario ad jun- to de Asuntos Interamericanos no lo ha ocultado: “Primero, Manuel (Noriega); hoy Daniel (Ortega); el próximo será Fidel (Castro)”... (La Jornada. Méjico, 21/3/1990). Para él “Cuba está en la lista... Castro está más aislado y más 'viejo que nunca... hay que ver cómo hacerlo” (id). Para otros es suficiente esperar y ver, sobre todo rio hacer nada y “dejar a Cuba sola” (Tad. Sz’luc. New York Review. 31/5/1990). Por otra parte, una enmienda incorporada recientemente a una ley adoptada por el Senado norteamericano, titulada “Ley de las democracias nacientes en 1990” —ley que tendrá vocación de extraterritorialidad- se propone prohibir las transacciones entre empresas americanas y Cuba, sancionar a las lanchas que hayan navegado a la isla y prohibirles que atraquen en puertos americanos... Según una comisión de la CEE, se trata de una medida que incluso en tiempo de guerra podría ser considerada como una infracción a la legislación internacional sobre la navegación neutral, y que por consiguiente a fortiori, es totalmente inaceptable en tiempos de paz. La misma enmienda buscaría cortar la ayuda a los países que importen azúcar cubano.

Víctima de- un bloqueo económico reforzado, aislada en la región, la re- volución cubana está realmente amenazada, y no se trata de ninguna exageración de Fidel Castro cuando estima que el país atraviesa el período más difícil de su historia. Es cierto que esas dificultades son semejantes a la de Otros países del Tercer Mundo: también ellos son víctimas del desfavo- rable clima económico de los años 80, también soportan las consecuencias de la drástica caída de los precios de las materias primas y de la ausencia de créditos. En 1990 lo puso en evidencia la convención de Lomé IV señalando que: economías de los países ACP (nota: aproximadamente 60 países de Africa, el Caribe y el Pacífico, cuyas relaciones con la CEE se establecen en

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las convenciones de Lomé) no se están desarrollando, sino todo lo contrario. Lo mismo ocurre en todos los sectores de la vida económica. La pobreza aumenta y la pauperización se extiende... se cierran hospitales y escuelas porque ya no hay dinero para pagar médicos, enfermeras y enseñantes, se cierran fábricas por falta de piezas de repuesto, de materias primas o com- bustible...” (El Correo ACP, CEE, Marzo/Abril 1990). Según la UNICEF, los países en vías de desarrollo pagan actualmente a los países industrializados 178.000 millones de dólares anuales para asegurar el servicio de la deuda, es decir, tres veces más que la asistencia que reciben.

Este balance confirma que, más allá de las promesas electorales, los paí- ses más ricos, “los países capitalistas en general, no son —como lo señala el escritor Saul Landau- ni un modelo, ni una alternativa válida que permitan guiar a los países del Tercer Mundo en una transición de un status colonial a una verdadera soberanía. . (The Cuba Reader, New York).

El recurso al “campo socialista”

Pero Cuba había elaborado, equivocadamente, sus perspectivas de desa- rrollo económico contando con el apoyo firme del “campo socialista”. La dirección castrista paga caro hoy la ceguera que ha mantenido en su análisis de la realidad socio-política de esos países: también en este terreno aparecen los graves efectos de la ausencia de democracia política. La prohibición de toda crítica, de todo debate en relación a la realidad de los países del Este, su presentación apologética ha tenido una doble consecuencia: por una parte, no han preparado al pueblo cubano para la situación actual y su desmoralización puede estar ahora a la altura de sus ilusiones en el pasado, o incluso desacre- ditar la idea misma del socialismo; por otra parte, el apoyo sin reservas a las dictaduras burocráticas ha aislado profundamente a la revolución cubana a los ojos de las masas populares del Este que no están, ciertamente, nada dis- puestas a manifestar su apoyo a ese país que, con la voz de Fidel Castro, no se desmarcó de la intervención en Checoslovaquia, apoyó el golpe de J aruzelski en Polonia y jamás protestó contra la represión que soportaban; así se revelan los límites de un intemacionalismo de sentido único. La enorme injusticia que se comete hoy con la revolución cubana está facilitada por estas posiciones del pasado; las profesiones de fe marxistas-leninistas de la direc- ción castrista resuenan en el vacío o son tratados despectivarnente porque estos “principios ideológicos” se muestran demasiado tarde respecto a la vio- lación de esos-mismos principios en el pasado.

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Los responsables cubanos a quienes se interroga hoy en día responden: “No lo sabíamos...” (Conferencia del embajador cubano en Francia en la Casa de América Latina, París, 15/5/1990). Esperemos que ahora saquen con- clusiones de este desconocimiento.

La vulnerabilidad económica

Porque la vulnerabilidad económica del país se evidencia de forma dramática. El temor de ser víctima de una reducción drástica de suministros de petróleo no es un espejismo: entre 1988-1989 las entregas de petróleo dis- minuyeron de 13 a 12 millones de toneladas; según Fidel Castro “el país debe estar preparado para lo peor... si no recibimos las 12 toneladas de petróleo anuales, debemos saber qué hacer si sólo recibiéramos 10, 8, 6, 5 o 4”. .. (dis- cursos pronunciados los días 4 y 7 de Marzo 1990).

El racionamiento del pan iniciado en febrero de 1990 por la falta de su- ministros de harina de trigo también es preocupante. Aunque es cierto que problemas internacionales han influido en estas dificultades (las huelgas de Ukrania han retrasado la entrega de harina de trigo; los conflictos étnicos en Bakú han perturbado a finales de 1989 la salida de los barcos petroleros), no es menos cierto que la campaña orquestada en la prensa soviética desacredi- tando la revolución cubana no servía para fomentar el entusiasmo, sino todo lo contrario. Resulta significativo que el diario “Argumenty i Fatky” (17- 23/3/90) haya revelado por primera vez el importe de la ayuda (hasta ahora secreto) basándose, hipócritamente, en “estimaciones occidentales”. Según el. periódico “el volumen de la ayuda soviética a Cuba sería de 5.000 millones de rublos anuales”. Bush se apresuró a tomar nota de esas cifras, para condi- cionar la eventual ayuda USA a URSS a la retirada de la ayuda soviética a Cuba, “pues resulta difícil hacer comprender a los americanos por que los 5.000 millones de dólares que van cada año a Cuba no pueden ser utilizados para ayudar al pueblo soviético. Tienen allí a Cuba, aislada, s’ola, que nada furiosamente contra la corriente de la libertad y la democracia: si quieren economizar 5.000 millones de dólares, es una buena manera de empezar” (entrevista concedida a periodistas europeos la víspera de las cumbres de la OTAN y de los 7 países más industrializados. Le Monde, 19/6/1990). No se podria explicar mejor que el cese de la ayuda a Cuba es una de las condi- ciones esenciales para la concesión de la ayuda americana solicitada por Gorbachov. Para no quedar atrás, Izvestia también ha dado a conocer el mon-

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tante de la'deuda cubana, no hecha pública hasta ahora: 15.000 millones de rublos. Estas revelaciones deben ponerse junto a artículos críticos de “Novedades de Moscú” (que por otra parte, no ha dudado en alabar el éxito económico del Chilede Pinochet, N9 12, 23-29/3/ 1990) y comentarios sarcas- ticos de la televisión soviética sobre los “principios ideológicos” de Fidel Castro. Se menciona con satisfacción el descontento de los disidentes y es conocido —porque la cancillería cubana ha protestado oficialmente- que un responsable del PCUS para América Latina entabló contacto con cubanos exiliados en Miami, sin duda para examinar las posibilidades de una “recon- ciliación nacional”...

Por ello no resulta extraño que, en este contexto, Bulgaria y Hungría votasen en la ONU a favor de una resolución apadrinada por Polonia y Checoslovaquia condenando a Cuba por no respetar los derechos humanos (los cubanos han repauiado a sus estudiantes de Budapest en Junio de 1990, como ha hecho también Vietnam y Corea del Norte). Estos votos han sido interpretados por los cubanos como la moneda de cambio destinada a pagar la ayuda financiera americana. Aunque esos países no representan más que el 15% del comercio cubano con la Europa del Este, el impacto de una ruptura con ellos no sería despreciable, sobre todo si se le añaden los que acarreará la integración de la RDA en la CEE tras su anexión por la RFA, ya que la RDA era el segundo comprador de azúcar cubano en el COMECON. La Alemania unificada ha desmantelado ya los acuerdos económicos establecidos entre la ex-RDA y Cuba. Según el ministro alemán para el Desarrollo, Juergen Wamke, esta medida está justificada por la situación política del país.

Aunque la URSS no va a suplir el abandono de los antiguos miembros del COMECON y es además previsible una disminución de su ayuda, diversos responsables soviéticos han afirmado en varias ocasiones que era poco proba- ble una ruptura total de los acuerdos; es posible que el gobierno soviético module los intercambios según los avatares de su política interior e intema- cional, en función de la evolución de las relaciones con La Habana, más aún cuando los beneficios de los intercambios económicos po son unilaterales. Cuba suministra a la URSS alrededor de un tercio de su consumo de azúcar, el 40% de los agrios y más de la mitad de la producción anual de níquel cubano (The Guardian, 11/5/1990, Financial Times, 21/3/90). No hay que olvidar que Cuba es el cuarto país productor mundial de níquel, y que se incorporó junto a la URSS al Consejo Inter-nacional del Níquel en Junio de 1990 (Tribune de l’Expansión, 21/6/90). Adquirir estos productos en el mer- cado costaría muy caro en divisas y la agricultura soviética no tiene capaci-

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dad para producir los 4 millones de toneladas de azúcar que le suministra Cuba.

Durante la vigésima sesión dela Comisión Intergubernamental soviético- cubana celebrada en La Habana en abril de 1990, un eminente representante soviético, Abalkin, viceministro y responsable de la aplicación de las refor- mas, no ha ocultado que la URSS obtiene también provecho de sus relaciones con Cuba: “Nosotros tenemos necesidad de azúcar y Cuba de petróleo” (Granma, 29/4/90). Pero todo indica que en adelante los intercambios serán planificados para uno o dos años en lugar de cinco, y que estarán sujetos a variantes impredecibles, en función de la evolución política y social de la URSS y de los intereses de las empresas soviéticas, cuya gestión será en ade- lante autónoma. Para contrarrestar los efectos de ello, esas empresas se bene- ficiarán provisionalmente, según Abalkin, de beneficios fiscales si comercian con Cuba (The Guardian, 11/5/1990). Pero el protocolo firmado en abril de

1990, además de tener solamente validez anual, es sólo una medida temporal. 1

Según el mismo, la URSS continuará suministrando a Cuba carburantes, ali- mentos, materias primas y bienes de equipo. Por su parte Cuba deberá conti- nuar exportando azúcar, minerales, agrios y, por primera vez, medicamentos y equipos de alta tecnología, réntabilizando su reciente especialización: en efecto, el nivel alcanzado por Cuba en materia de. sanidad pública —superior en determinados sectores al existente en la URSS- puede estimular los intercambios en este área. Estomatólogos cubanos contribuyen a la ayuda médica en la URSS, particularmente en las regiones mineras; alrededor de 10.000 niños de regiones afectadas por la catástrofe de Chernobyl son atendi- dos en centros médicos cubanos; númerosos soldados soviéticos heridos en Afganistán han sido atendidos en un centro ortopédico cubano de alta cali- dad.

Sin embargo, Abalkin no ha ocultado durante su visita que desconoce en que quedarán las relaciones económicas entre los dos países en 1991. Y aunque haya afirmado que las divergencias entre los dos gobiernos no son una tragedia, la economia cubana está a merced de las transformaciones que se dan en la URSS, más aún cuando elCOMECON está en vías de desapare- cer y los diferentes países que la componían adoptan diferentes caminos, al menos a corto plazo. Según un grupo de trabajo constituido en Sofía en enero de 1990, los precios en el seno del COMECON deberían estar fijados a nivel del comercio mundial y los pagos bilaterales efectuarse en moneda conver- tible y no ya en rubios transferibles. Esta es al menos la propuesta formulada por la comisión financiera permanente del COMECON, y cuya entrada en

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vigor a partir de 1991 debería ser progresiva: el COMECON debería “servir entonces de válvula de escape para, al menos, facilitar a los sectores de exportación más frágiles, una inserción menos costosa en el circuito comer- cial internacional” (J .D. Clavel. Le relations économiques Est-Ouest, Bruselas, Brylant, 1989). La idea de transformar el “falso mercado” del COMECON en un “verdadero mercado”, de eliminar el trueque en volumen y definir todos los intercambios el valor con pago de divisas fuertes tendría consecuencias imprevisibles para Cuba, país que aún se reclama de los estatutos del CAME en el que uno de los objetivos era “la elevación del nivel de industrialización de los industrialmente menos desarrollados” (art. l Objetivos y Principios, Estatuto del Consejo de Ayuda Económica Mutua). Pero, sean cuales sean los acuerdos alcanzados, es la dinámica misma de la política soviética lo realmente inquietante para la dirección castrista: en ella convergen responsables americanos y soviéticos. para Andrei Kortunov, con- sejero de Asuntos Exteriores en el Soviet Supremo, “la reunificación alemana es mucho más importante para la URSS que todo lo que puede pasar en Cuba en el terrenogeográfico, histórico o militar” y es partidario de revisar al alza los precios del petróleo vendido y a la baja los de la compra del azúcar. Durante los debates parlamentarios sobre el presupuesto de 1991 (Latin American Weekly Report, 7/J unio/ 1990) Kortunov ha justificado su posición por el apoyo que Castro aportaría alos conservadores de la URSS.

La actitud del Ejército soviético

Es evidente que Cuba está presente en las negociaciones entre las dos “grandes potencias”, al igual que entre las diferentes facciones soviéticas, y en este contexto el Ejército soviético juega su propio papel. La jerarquía mili- tar no es gorbachoviana: durante el Congreso de los comunistas de Rusia en Junio de 1990 el general Makachov, comandante de una región militar, en una intervención muy violenta, acusó a los-reformadores e indirectamente a Gorbachov —comparado implícitamente al rey Lear- de quebrar la defensa del país: considerando que la idea según la cual nadie va a atacar a la URSS no puede ser compartida más que por “semiidiotas” (El País, 2/6/1990), declaró: “El 68% de las tropas del Ejército soviético está acantonado en el territorio de la Federación Rusa. La delegación del partido en el Ejército re- presenta más de 800.000 comunistas. No vamos a ’rendimos ideológica- mente” (Le Monde, 28/6/ 199). Por lo tanto no es raro que Cuba se haya bene-

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ficiado de una ayuda militar importante, en particular de MIG 29 cedidos en 1990. El Ejército cubano goza de un prestigio particular entre los militares soviéticos, que están bien situados para saber que su ayuda en ese terreno, a diferencia de otros ejércitos de Oriente Medio, no será acordada-en vano. Y por el momento, las relaciones de fuerza en el interior del PCUS permiten disponer de una relativa autonomía a la jerarquía militar: es significativo que las visitas de los responsables militares soviéticos concluyan frecuentemente con comunicados conjuntos: el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la URSS, Mijail A. Moissev, durante una visita a La Habana en octubre de 1990 destacó las sólidas relaciones que han existido, existe y exis- tirán entre nuestros pueblos y nuestras fuerzas armadas”, y ha reafirmado que la colaboración y la ayuda mutua entre los dos países conserva toda su validez “y afecta a todas las cuestiones económicas, sociales y militares” (Granma, 21/10/1990).

Ciertamente, Pravda ha reiterado, en un pequeño artículo sin firma, el pasado 4 de noviembre, la necesidad de basar las relaciones económicas “en la eficacia y los beneficios mutuos”, porque todo desequilibrio de estas rela- ciones “conduciría a una agravación de la situación de ambos países”.

Pero el gobierno cubano no puede ignorar la fragilidad de este apoyo y se prepara para cualquier eventualidad: antes de las restricciones del verano de 1990, las movilizaciones organizadas en previsión de “períodos especiales en tiempos de paz” (que sucederían, particularmente, en caso de descenso del suministro del petróleo), demostraban que para Castro la revolución estaba ahora amenazada, tanto por la evolución política en Mos'cú, como por la vo- luntad de revancha de Washington.

Desde agosto de 1990 las autoridades cubanas anunciaron que los sumi- nistros de petróleo habían disminuido en dos millones de toneladas desde comienzos de año. Esta medida, ya grave en misma, coincidía con la crisis del Golfo, el aumento del precio del petróleo y la perspectiva de tener que pagar el petróleo soviético en divisas a partir de 1991. La dirección castrista está pues confrontada a una situación de extrema gravedad. La amplitud de las medidas decididas por el gobierno dan testimonio de ello. Se han adopta- do medidas para economizar energía en todos los terrenos; el consumo de gasolina ha disminuido un 50% en el sector estatal. La refinería de níquel de Punta Gorda, que en tiempos normales asegura el 35% de la producción nacional, ha sido cerrada provisionalmente en septiembre de 1990 por falta de fuel, lo que ha tenido el efecto (quizás buscado. . .) de poner fin a las entre- gas de níquel a la URSS, que en condiciones normales recibía casi la totali-

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dad de la producción de la fábrica, es decir. 15.000 toneladas de níquel anuales. La construcción de una central nuclear, de una refinería de petróleo en Cienfuegos, de fábricas terrnoeléctricas, ha sido paralizada, sin que ni siquiera el gobierno cubano esté en condiciones de prever cuando se reanudará o si se reanudará (Discurso de Castro en el 30° aniversario de los CDR. Granma, 14/ lO/ 1990). En cuanto a los equipamientos eléctricos dómés- ticos serán reservados estrictamente a los servicios sociales: no habrá frigorí- ficos disponibles en 1991 (en un país tropical en el que la temperatura alcan- za frecuentemente los 30° grados), ni aparatos de aire acondicionado que consuman mucha energía; los televisores, las lavadoras, las radios, los tocadiscos y los magnetófonos serán racionados así como las planchas, las cafeteras y las ollas a presión...

Habrá más artículos racionados; entre otros los zapatos, los muebles, la ropa de vestir,... En la alimentación, la cartilla de racionamiento incluía ya 35 productos básicos garantizados (arroz, aceites, carnes, leche, jamón,...), a los que se añadirán 28 productos suplementarios que antes podían encon- trarse en el mercado paralelo o en venta libre (carne y pescado en conserva, mayonesa, especias, pasteles, quesos, frutas en almíbar,... Bohemia, 5/10/1990).

Esta descripción basta por sola para medir la amplitud de la crisis: hay que añadir los efectos de la falta de energía sobre los regadíos, la refri- geración de productos agrícolasy los transportes; cerca de 400.000 animales de tiro están preparados para reemplazar a los tractores... La compra de una fábrica en China para fabricar centenares de miles de bicicletas no es en esev contexto más que un mal menor.

La falta de divisas, ya grave antes de la crisis actual, es hoy dramática: el gobierno cubano ha'vendido recientemente en Europa (por medio de la galería Sotheby’s) piezas importantes del patrimonio artístico del país, entre los cuales obras maestras y un manuscrito de García Lorca (El País, 17/10/1990). Jeane Kirkpatrick puede regocijarse cínicamente: Cuba está confrontada a un “especial período de privaciones cuando la revolución va a ser sometida a pruebas, como nunca en el pasado...” (International Herald Tribune, 6/1 1/ 1990).

Las promesas dadas recientemente a los exiliados de Miami por diversos enviados soviéticos sobre los cambios de escala de algunos vuelos de Aeroflot, que en adelante pasarían por Miami y no por La Habana, sólo pueden confortar las esperanzas del gobierno americano y de los sectores más reaccionarios de la comunidad cubana en el exilio; sirva de ejemplo que

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emisarios de Moscú se hayan reunido con la Cuban-American Fondatiom, instigadora junto con la CIA de todas las agresiones y complots contra la isla.

“Hoy nadie sabe cuáles serán las bases de nuestro comercio con la URSS el próximo año, nadie sabe a cuanto pagarán nuestro azúcar, nuestros produc- tos, qué precios deberemos pagar nosotros por los productos que nos suminis- tra la URSS, qué cantidad de combustible vamos a recibir..., todo eso nadie lo sabe por el momento y sin embargo estamos a tres meses de final de año (.. .) si el precio de barril de petróleo se mantiene a 40 dólares tendríamos que producir aproximadamente 18 millones de toneladas de azúcar (para cubrir las necesidades)” (Discurso de Fidel Castro, 28/9/ 1990).

Pero Cuba ha vendido el azúcar a la URSS a un precio medio equivalente, o a veces inferior, al coste de producción de la URSS, mientras que el precio pagado por el petróleo soviético ha sido superior a su cóste de producción.

Sin embargo dos meses después del discurso alarmista de Castro, la URSS confinnaría que mantendría sus acuerdos privilegiados con Cuba po'r un montante de 4,2 millones de toneladas de azúcar moreno anuales pagaderos en ru-blos y manufacturados en compensación. Tras los siete primeros meses de 1990, Cuba ha exportado ya 3,43 millones de toneladas de azúcar hacia la Unión Soviética, frente a 3,73 millones entre enero y julio de 1989. La cosecha de 1990-91, estimada en 7,5 millones de toneladas (frente a 8' millones en 1990-91) a causa de la sequía y de la penuria de fuel en las fábricas, debería en todo caso permitir a La Habana cumplir sus compromisos con Moscú (Marchés Tropicaux, 2/11/1990. París). Así pues como ya hemos. indicado, una ruptura completa parece descartada a corto plazo y sin embargo la dirección castrista evoca la posibilidad de una economía de subsistenciav ¿Quizás es excesiva la consigna de Castro: “Salvar la patria, salvar la revolu- ción, salvar el socialismo” (y el orden de los conceptos no dejar de ser signi- ficativo?)

Un importante giro

En realidad nadie puede negar la extrema gravedad de la crisis actual y el giro fundamental que vive la revolución cubana en este año treinta y dos de su existencia. En el terreno económico global, Andrew Zimbalist considera que las reservas de divisas fuertes de Cuba han disminuido en 337,1 millones de dólares, equivalente a un 27,1% (“Perspectives on Cuban Development and prospects for the l990’s”, citado en Nacla Report on the Americas, agos-

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to 1990). Pero esta constatación no puede escamotear la necesidad de un ba- lance más directamente político: en tal contexto, ¿cómo evaluar las opciones económico-políticas de la dirección castrista, sus opciones institucionales y su concepción del socialismo? Hay que medir las limitaciones objetivas y las Opciones subjetivas, incluso en términos comparativos respecto a otros paí- ses, otras economías del Tercer Mundo cuyas situaciones, si no son idénticas pueden ser similares. Es aún prematuro comprometerse en este camino que deberá ser objeto de trabajos posteriores, porque la revolución cubana —junto con la revolución rusa y la revolución china- representa una de las transformaciones sociales fundamentales de este siglo veinte y una de las experiencias políticas más ricas. Pero podemos ya precisar las dos cuestiones mencionadas anteriormente: las dudas que formulamos hacia la política económica y el sentido de la rectificación nos parecen confirmados; las con- secuencias de la falta de democracia política, también.

Porque si la revolución cubana está efectivamente amenazada, no puede estar realmente en peligro más que por la conjunción de un deterioro de la situación interna y de intervenciones exteriores. La radicalidad nacionalista cubana no se ejerce contra la URSS sino contra su gran vecino, “el norte revuelto y brutal” como decía José Martí; por eso una intervención directa está'abocada al fracaso si la movilización revolucionaria subsiste. Precisamente ahí puede estar el talón de Aquiles, si la dirección del partido no toma medidas radicales: económicas, en la medida que pueda hacerlo, y sobre todo políticas. La preparación del IV Congreso del PCC muestra las preocupaciones de la dirección en ese sentido. Pero el balance del proceso de rectificación emprendido en 1986 está lejos de haber sido realizado.

¿Mecanismos mercantiles o ley del mercado?

En la agricultura, cuatro años después de haber suprimido los mercados libres campesino, es. difícil realizar un balance. Según Maz Azicri (“Comparing two revolutions: the dynamics lf change in Cuba and Nica- ragua”, p. 18 in “Cuba after thirty years: Rectification and the revolution. Frank Cas. 1990, London) las consecuencias políticas de esta medida no habrían afectado al gobierno: los mercados del Este habrían sido capaces de garantizar el suministro de la alimentación base a un nivel aceptable aún cuando el consumidor no pueda beneficiarse a la vez de los mercados priva- dos y de los mercados del Estado. Esta constatación es sin duda demasiado

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optimista. De hecho, desde la supresión de los mercados libres campesinos en 1986 los consumidores tienen acceso a dos tipos de mercado de Estado: el de la cartilla de racionamiento y el mercado paralelo en el que los productos son vendidos a precio “de mercado”, lo cual no impide ni las colas en los dos sis- temas —porque la oferta sigue siendo insuficiente, en especial para los pro- ductos más solicitados—, ni el recurso masivo al mercado negro (Informe de la Comisión del CNRS; manuscrito de Denise Douzant Rosenfeld, julio 1990, Paris). Según Medea Benjamin —que desmiente las afirmaciones actuales de Eugenio Balari, responsable del Instituto Cubano de la Demanda Intema- responsables gubernamentales habrían señalado aumentos significativos en la producción de legumbres, arroz, cerdo, después de la autorización de los primeros mercados libres. Benjamin afirma haber hecho las mismas compro- baciones (Nacla. Report in the Americas, agosto, 1990). Las desigualdades provocadas por los mercados libres han justificado su prohibición, pero ¿en qué serían preferibles las desigualdades ligadas al mercado negro?

Según diferentes observadores, las contradicciones engendradas por los mercados libres habrían podido ser limitadas por la existencia de un ver- dadero control social.

A pesar de que la pequeña producción mercantil no ocupará más que el 8% de las tierras (en los sucesivo el 92% de las tierras están reagrupadas en granjas del Estado y en cooperativas) los autores cubanos reconocen que “los campesinos que no se incorporan a las cooperativas de producción venden al Estado más que los miembros de las cooperativas, cuando tienen menos per- sonal y menos hectáreas” (A. Toledo. Decano de la Facultad de Filosofía E Historia de la Habana. Cuba Socialista. Revista del CC del PCC, N9 38, 1989), lo que en otros términos confirma que la productividad de los pequeños campesinos privados es mucho más elevada que la de las granjas del Estado o de las cooperativas (aunque éstas funcionan mucho mejor que las granjas del Estado), y que tienen un papel muy importante en la prod'uc- ción de frutos y legumbres... Ahora bien, la rectificación ha acelerado la rea- grupación de las granjas privadas en cooperativas; el hecho de que los coo- perativistas trabajan una media diaria de 4 a 5 horas ha lleva'do ala dirección del panido a señalar la necesidad de aumentar la eficacia del sector estatal (Cuba socialista, 4‘1 , oct. 89, Pettersen Nodarse y Labrada Fernández).

En estas condiciones es legítimo preguntarse sobre las causas de la baja de producción de plátanos, tubérculos, legumbres o café. Es posible que sea resultado de la extensión de tierras consagradas a la producción azucarera en detrimento de la producción alimenticia. Esta opción corre el riesgo de ser

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puesta en cuestión, según Castro, dada la situación internacional. Pero aún es preciso preguntarse si la supresión de los mercados libres no ha llevado a los pequeños campesinos a disminuir, porque falta de estímulos, su producción. Si el estado reduce los precios pagados a los productores privados, ¿los campesinos no querrán reaccionar vendiendo sus productos en el mercado negro?, y si la represión se lo impide, ¿no querrán disminuir su producción? (Mesa Lago. ln Cuba after thirty years). La experiencia prueba que desva- lorizando el interés del productor por la tierra se llega a un callejón sin salida.- Es posible que la supresión de los'ínercados libres haya tenido que ver con la desmotivación de los campesinos privados; del mismo modo que las garan- tías sociales otorgadas a los campesinos de las cooperativas parecen haber tenido, paradójicamente, el mismo resultado. ¿Es necesario sacar la con- clusión, como Mesa Lago que sólo el interés monetario y la extensión del sector privado son susceptibles de aumentar la producción agrícola?. o bien ¿será preciso reflexionar sobre los mecanismos que permitirían mantener una iniciativa privada alos campesinos en el marco de cooperativas autónomas y gestionadas democráticamente?

Los graves disfuncionarnientos de los circuitos de distribución son un problema suplementario. Como señala el sociólogo cubano Juan Valdés “la ineficacia en el sector estatal es uno delos elementos más desestabilizadores en el momento actual" (Pensamiento Propio, agosto 1990). Según la opinión general, las pérdidas y la mala organización de los organismos del Estado especializados en la recolección de frutas y legumbres son notorios y la com- ercialización de los productos es. una calarnidaqun estas .condic'iones es necesario reexaminar la validez de las medidas tomadas en 1986; si la pro- hibición de las actividades privadas decretada entonces se ha traducido en la. práctica en un aumento de las dificultades para la población, hay que revisar las medidas tomadas; la socialización sólo tiene sentido si está en condi- ciones de aportar progresos reales y equitativos para el pueblo, que ya sufre suficientemente una coyuntura muy difícil. Tras este problema, lo que está en cuestión es toda la dinámica del proceso de'rectificación y de reformas económicas.

Un balance dela rectificación

En efectojcuatro años después, los objetivos iniciales del proceso de rec- tificación, no sólo no se han clarificado sino que están la deriva. En realidad

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no se diseña ningún esquema de conjunto, ningún plan, ninguna orientación. En su película realizada en Cuba “The uncompromising revolution”, Saul Landau muestra con claridad que el proceso de rectificación no es en realidad una alternativa y que Fidel Castro sólo insiste una y otra vez en la necesidad de hacer las cosas de un modo serio y eficaz, pero sin atacar las raíces del mal. Según José Luis Rodríguez, subdirector del CIEM, Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, la crítica a la política seguida durante los años 1976-86 debe centrarse en que “se ha dado prioridad a los estimulantes materiales positivos —las primas—, sin una contrapartida nece- saria en términos de control y de penalizaciones —las multas- indispen- sables para afrontar la no realización del plan y poder realizar un balance ade- cuado de los mecanismos de gestión y de estimulación” (Cuba Socialista, abril-junio, 1990). Esta interpretación, que tiende a hacer a los trabajadores responsables de los problemas encontrados por la economía cubana, tendría duras consecuencias si fuera puesta en práctica. El cuestionamiento de la política seguida dtn'ante esos diez años, los ataques contra los mecanismos capitalistas no han dado lugar a una orientación verdaderamente alternativa y, retrospectivamente, se plantean interrogantes sobre las causas del cese de los responsables de la Junta Central de Planificación.

Una vez más, como señalaban Zimbalist y Brundenius_(El desarrollo cubano en la perspectiva comparada. Cuadernos de Nuestra América, diCiembre 1989), “los puntos de vista no ideológicos, el eclectísmo y el pragmatismo han prevalecido en lo referente a la política del desarrollo”, pero estos puntos de vista no son reivindicados como tales. El discurso ofi- cial desde 1986 es cada vez más contradictorio con la política seguida, al menos en dos planos: la racionalización de la fuerza del trabajo y el desa- rrollo del turismo. El contraste entre los actos y los discursos no pueden más que alimentar el cinismo de los trabajadores que. no quieren hacer la expe- riencia, sobre todo en la medida en que la situación económica es difícil. El producto social bruto per capita que creció el 0,1% en 1986 bajó 4,4,% en 1987 y la situación financiera del país afectó gravemente a la importación de productos pagados en divisas. La producción de bienes de consumo fue la más perjudicada por estas restricciones. El crecimiento numérico de la fuerza de trabajo (82.900 más tras la retirada de Angola) generó tensiones suplementarias.

El perfeccionamiento del sistema de dirección de la economía, en el marco del proceso de rectificación, tal como lo resume Silvia Domenech (profesora tituhr de economía política en la escuela superior del PCC) impli-

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ca la centralización necesaria de las inversiones, la adecuada utilización de los eStímulos materiales, de las relaciones monetario-mercantiles; principal- mente pone el acento sobre la necesidad de una disciplina rígida tanto en los centros de trabajo como sobre el plan financiero; es preciso “controlar los costos de producción, terminar con el despilfarro, mejorar la calidad”; se reafirma el rol de la planificación central, pero igualmente la necesidad de “eliminar la tutela de los organismos administrativos” y dar “una autonomía económica real a las instancias económicas de base... aunque sea preciso ponerse en guardia para que al gerente no le preocupe más el interés de su empresa que el de su país”... Por lo que respecta a la política salarial, es necesario introducir “el orden, la organización y la disciplina” (Cuba Socialista, octubre 1989, N9 41) y corregir la actitud en el puesto de trabajo luchando contra la indisciplina y las negligencias; según un observador occi- dental, se perdieron en 1988 50 millones de horas de trabajo por ausentismo (Pensamiento Propio, agosto 1990). Tras denunciar el exceso cometido en el pago de salarios y primas, parece que e'n la agricultura no azucarera se vuelve a un sistema de pago ligado a los rendimientos productivos (“Agricultura no cañera: nuevo sistema de organización de trabajo y salarios”, Granma, 20/3/1990). ¿Quiénes son los garantes de estas medidas? “En última instancia el Partido, y el Estado socialista” (Cuba socialista, N9 38, Carlos García Valdez. “El proceso de rectificación: motivación y fuente para el desarrollo de la economía política del socialismo en Cuba”). La importancia adquirida por las joint-ventures en el desarrollo del turismo (El 70% de las construc- ciones emprendidas serán realizadas en el marco de empresas mixtas con fir- mas occidentales, según Casanova Montero y Monreal González en “Cuba after thirty years”) no ayuda a la clarificación de la naturaleza y el objeto exacto de la rectificación alos ojos de las masas populares. Hacia adelante no se trata sólo de desarrollar estas empresas mixtas incluso en la industria, sino que Castro se ha felicitado de que en el futuro se una competencia entre los hoteles administrados por gerentes cubanos y los administrados por ge- rentes extranjeros; por lo que respecta al Partido, presente en estos hoteles, no tendrá la misión de dictar al administrador lo que debe hacer sino de “apoyar los esfuerzos de la administración, sea el administrador cubano o español (. . .) siendo el guardián de la eficacia, de la disciplina y luchando para que el trabajo sea óptimo; el sindicato, presente también, deberá hacer los mismos esfuerzos, con el Partido y la Juventud”... (Discurso durante la inauguración de los hoteles “Paradiso” y “Sol Palmeras” en Varadero, Granma 27 de Mayo, 1990).

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Nuevas contradicciones sociales

El recurso al capital extranjero y el desarrollo de empresas mixtas tiene hoy una gran importancia, como afirma el presidente de la Cámara de Comercio cubana Julio García Olivera (Granma, 28/10/1990). Dado que cuanto más estrangulada está la economía cubana, más intensifica Washington el embargo y su cruzada anti-castrista (Financial Times, 1/8/1990), las joint-ventures representan un último recurso. Pero sería no solamente paradójico, sino también peligroso impulsar la creación de empre- sas capitalistas, en las que. el capital extranjero puede alcanzar el 50% y los empresarios tienen derecho a contratar o despedir obreros (derecho fonnal- mente prohibido en el resto del país), a la vez que se prohibe el desarrollo de actividades privadas en la agricultura, los servicios, el pequeño comercio o el artesanado, cuando el nivel de incompetencia y la ineficacia burocrática llega a la cumbre.

Una cierta extensión de los mecanismos mercantiles facilitaría pro- bablemente la vida cotidiana de las masas cubanas: controlar a los taxistas obligándoles a volver a su parada después de cada carrera no contribuye cier- tamente a resolver la terrible crisis de los transportes urbanos. Autorizar la actividad de los fontaneros privados, de los carpinteros, de los cerrajeros o de los mecánicos contribuiría a evitar el deterioro espectacular del hábitat; en la medida que el Estado no puede asumir tales actividades, hay que encontrar soluciones alternativas. Se mantiene un interrogante: “es posible prescindir del pequeño comercioprivado. En todo caso, en las grandes ciudades como La Habana, en la que los desvíos y los despilfarros del sistema de comercia- lización del Estado son flagrantes, hay que encontrar una solución para las dificultades de aprovisionamiento (Informe de la misión del CNRS, op. cit.).

Ciertamente, no hay que hacerse ilusiones: la utilización de los mecanis- mos mercantiles favorece efectivamente los apaños y la corrupción, pero además de que estos existen ya ahora, un control social por parte de los pro- ductores y consumidores puede limitar sus efectos. Esto significa entre otras cosas que las grandes decisiones económicas sobre las inversiones decisivas para el desarrollo del país y los principales servicios sociales no estén regula- dos por la ley del mercado. En la agricultura sería absurdo, en un país como Cuba en el que el asalariado agrícola existía antes de la toma del poder, pre- conizar la parcelación de las tierras y el retorno a la pequeña propiedad agrí- cola; por el contrario, las cooperativas son un éxito y su extensión debe ser estimulada.

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Sería ingenuo negar las contradicciones sociales engendradas por un cier- to desarrollo de las relaciones de mercado y de la privatización de activi- dades. La cólera y la irritación provocadas en ciertas capas de la, población hacia el enriquecimiento privado .no son una invención de Fidel y la sensibili- dad igualitaria es una adquisición de la revolución. Pero estas contradicciones sólo pueden ser parcialmente superadas por el control del conjunto de la sociedad sobre su propio desarrollo. La idea según la cual el control social, la soberanía de los productores y de los consumidores, es el problema clave de la economia de transición está, bajo diversas variantes, en el centro de los debates sobre el socialismo. ¿No habria que oponer al seudo-“socialismo de mercado" la socialización del mercado? Esta es la posición de Diane Elson en su polémica con Alec Nove y Ernest Mandel. Para ella, “los mecanismos de precios pueden ser un instrumento indispensable para la coordinación de una economía socialista, a condición de ser socializados para operar en favor y no en contra del socialismo (...) esto supone cambiar las relaciones sociales entre los compradores y los vendedores para que no sean antagónicas. El pro- ceso de formación de precios debe ser un proceso público, no controlado por la empresas” (Diane Elson, Inprecor 78). La ley del mercado, el regreso ge- neralizado a la propiedad privada, o dicho de otra manera, la restauración capitalista no son desde luego una solución para Cuba; basta para con- vencerse de ello examinar la situación de los países caribeños que no son víc- timas ni de bloqueos ni de restricciones económicas y donde reina la propiedad privada. Pero la asfixia burocrática lleva también a la perdición de la revolución.

¿Una contrarreforma?

Estamos convencidos que la dirección cubana está obligada a realizar numerosas concesiones, que sus márgenes de maniobra son extremadamente reducidos; quizás el turismo pueda provisionalmente dar —a pesar de sus nefastos efectos sobre el estado de conciencia del pueblo- las divisas tan necesarias al desarrollo de Cuba, más aislada que nunca. Pero el discurso cas- trista, aparte de su carácter contradictorio, repite recetas usadas y no puede sino desvalorizar el proceso de rectificación que había suscitado esperanzas de lucha anti-burocrática y de profundización de los derechos democráticos.

La idea de _C. Mesa Lago según la cual se trataría de una “contrarrefor- ma" (op. cit.) no es correcta. Como señala un ensayo que ha obtenido el

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Premio del Jurado del CEA (Centro de Estudios sobre América), en La Habana de 1989 “el retorno a una nueva experimentación que comporte aspectos descenn'alizadores ligados al mercado parece inevitable[ (Zimbalist y Brundenius en “Cuadernos de Nuestra América”, diciembre 1989). Este juicio es compartido por G. Timossi que prevee “un orden del día diferente para los cambios” (Pensamiento Propio, mayo 1990, Managua). Es positivo que el debate sobre estas opciones económicas sea abierto: las relaciones entre el plan y el mercado están en el centro de numerosos análisis alimenta- dos por la evolución de los países del Este. La discusión en ese terreno está lejos de haber concluido.

Según Juan Valdés “es en el terreno económico donde los debates del IV ¡Congreso están siendo más duros. Hay que desideologizar el sistema económico y descentralizarlo. Hemos nacionalizado a los vendedores de helados en nombre del socialismo v ahora los vendedores de helados provo- can en la gente un rechazo del socialismo”. Luis Suárez expresa una sensibili- dad diferente: “El coste social que implicaría la supresión del racionamiento y la instauración del mercado libre, eliminando el consumo social gratuito y el consumo individual subvencionado marginalizaría a 2,5 millones de habi- tantes; suprimiendo el pleno empleo se marginalizaría a un millón de traba- jadores. La cartilla de racionamiento garantiza una distribución igualitaria; eliminarla sería desestabilizador... No hemos resuelto la contradicción entre eficacia e igualitarismo, pero tampoco lo ha hecho el sistema de libre merca- do. Este es uno de los desafíos a que estamos confrontados. Pero una cosa está clara: el derecho al pleno empleo, garantizar las necesidades elementales es una conquista democrática del socialismo cubano”. Por su parte, Darío“ Machado, director del Equipo de Opinión del Pueblo, constata que “las leyes del mercado no han resuelto los problemas de productividad de México y Venezuela, países cuyos recursos son mucho más importantes que los de Cuba” (Pensamiento Propio, agosto 1990).

Pero si bien la discusión se da entre"‘especialistas” en economía de Cuba, por el momento no ha calado entre los principales implicados: aquellos a quienes se quiere estimular para que produzcan más riquezas. Y a esto no contribuye la concepción desarrollada por Castro. Rita Cauli —colaboradora de la revista nicaragüense Pensamiento Propio- se pregunta con razón “cómo canalizar las aspiraciones de una sociedad joven y antiautoritaria sin que al mismo tiempo escape al control de los actuales dirigentes y sin que sea canalizada por un movimiento de oposición 'que podría acarrear un retroceso histórico” (Pensamiento Propio, mayo 1990). Esta cuestión, que plantean

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amigos de la Revolución, debería estar subyacente en los debates del IV Congreso del PCC, cuya convocatoria da pie a pensar que puede ser el marco de un debate más abierto.

La urgencia de la democratización

El llamamiento para el IV Congreso publicado en marzo de 1990 (“Trabajadores”, 16/3/1990) tras el pleno del Comité Central de febrero de 1990 deja entrever la posibilidad de una puesta en cuestión de los métodos, de la estructura y de la política de los cuadros del PCC. El funcionamiento del poder popular, de la Asamblea Nacional, de las organizaciones de masa han sido criticados, así como la concepción del trabajo político e ideológico, la política cultural y de información (Granma, 17/2/1990). La democracia interna, el respeto de las diferentes corrientes de pensamiento en el seno de la revolución, la aceptación de creyentes en el Partido estarían a la orden del día. En lo sucesivo, la elección de la dirección del PCC se hará con voto secreto.

El llamamiento señala la necesidad de “reforzar primero el control del pueblo sobre la actividad del gobierno a fin de responder de manera más con- vincente y eficaz” a las expectativas de la. población; los delegados de base elegidos por sufragio directo y secreto, al igual que las Asambleas munici- pales y provinciales deberán ver reforzada su autoridad. En cuanto a la Asamblea Nacional (elegida por sufragio indirecto), deberá ser objeto de un control mucho más sistemático, al igual que otras instituciones estatales. La extensión de la elección directa a las instancias intermedias, un reforzamiento de los poderes de base en relación a los diputados de la Asamblea Nacional podría incluso provocar eventualmente cambios constitucionales (según Gerardo Timossi, investigador del CEA de La Habana en Pensamiento Propio, mayo 1990). Lo que no sería superfluo, pues su testimonio confirma que los mecanismos institucionales están muy lejos de un funcionamiento democrático. La rectificación ha puesto a la luz las trabas encontradas por las instancias de base del partido para imponer sus propias decisiones y corregir los errores de las direcciones, y lo mismo es verdad en relación a los Organismos de Poder Popular (OPP). Lo cierto es que ninguno de estos mecanismos de control funciona, y que el poder de decisión de los traba- jadores se reduce a su más simple expresión. Ahora bien, si la dirección cas- trista lo sabe, y los acontecimientos internacionales le ayudan a tomar con-

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ciencia de ello de forma más aguda, hay que temer que el IV Congreso se limite finalmente a tratar de restaurar la autoridad del Partido, procediendo a una depuración masiva de funcionarios burocráticos y parasitarios (el 50% dc los militares y responsables del PCC han perdido sus puestos como conse- cuencia de las medidas contra la hipertrofia de los órganos de dirección estatales y administrativos, y de las organizaciones políticas y de masas). No se trata solamente de mejorar sus relaciones con las masas, sino de cambiar fundamentalmente los mecanismos institucionales.

Pero las lecciones que se han extraído de la derrota de los sandinistas en Nicaragua no hacen sino reforzar las resistencias de Castro a toda forma de pluralismo político organizado. Es cierto que la experiencia nicaragüense llama a la reflexión: lo partidos de oposición fueron financiados por el impe- rialismo y, sobre todo, el cerco tendido desde hacía tiempo en el marco de la guerra de baja intensidad se cerró en tomo al FSLN. Después de años de guerra organizada desde Washington y un bloqueo económico que llegó hasta minar puertos, en una situación en la que el nivel de vida de las masas había disminuido, el voto pro Violeta Chamorro apareció como la única solución susceptible de poner fin a la guerra y a la miseria, con la condes- cendencia de los EEUU. Ciertamente, errores del FSLN (concesiones al sector privado capitalista, medidas autoritarias al comienzo de la revolución hacia ciertas minorías, relaciones verticalistas con el pueblo) han contribui- do a erosionar el apoyo popular al sandinismo. Pero el pluralismo político de los sandinistas ha refrescado el rostro del socialismo, especialmente en América Latina.

Guardando todas las distancias y aún cuando la situación no es la misma, se pueden comprender los temores de Castro sobre una campaña electoral teledirigida por los EEUU. y apoyada por “Tele Miami”. Probablemente la campaña presidencial a la americana de Ortega no ha debilitado sus convic- ciones. Teniendo esto en cuenta, probablemente la dirección castrista podría desactivar en parte las exigencias electorales de sus adversarios organizando unas elecciones pluralistas en el marco de sus instituciones, sin ingerencia extranjera y no teniendo que temer en su territorio, ni la presencia de contras ni de grandes capitalistas nacionales.

Pero hay otra lección de Nicaragua para el dirigente cubano: como mues- tran los propios balances de los sandinistas, el primer error del Frente fue no conceder a sus propios militantes las garantías de un debate democrático cuando sectores del FSLN lo reclamaban, con el pretexto de que la guerra y la crisis no lo permitían, sancionando de ese modo una situación paradójica,

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en la que el pluralismo político benefició más a la contrarrevolución que a los partidarios de la revolución. Puede ser que tal debate hubiera permitido evitar que se produjera lo que Henry Ruiz denomina “una ruptura entre la dirección y el pueblo” y puede ser que así se hubiera puesto en evidencia la necesidad de una auténtica democracia popular. Porque es cierto que el pluralismo en un país como Cuba puede adquirir diversas formas y que la expresión de diferentes corrientes políticas, el derecho de organización, puede ser regulado en un marco que no permita ingerencias, en particular financieras, de poten- cias extranjeras y que respete el marco de las instituciones del poder popular, a fin de garantizar la soberanía nacional de un pequeño país. agredido. Tran Bach Dang, responsable del PC vietnamita expresa la misma preocupación cuando declara: “Si se decreta el multipartidismo, tendremos sobre todo en el Sur, diez partidos del antiguo régimen financiados desde el extranjero” (Le Monde 23/5/1990). No se puede exigir, como destaca Saul Landau correcta- mente (“The Cuba reader”, Grove Press, New York) “de una dirección. revo- lucionaria del Tercer Mundo que se adhiera a las normas americanas en lo concerniente a las libertades civiles, a la vez que es atacada por la fuerza y la violencia del gobierno norteamericano”, mientras la propia CIA apoya la sub- versión. Bajo el vocablo de la democracia se oculta en. realidad la puesta en cuestión de la revolución a fin de restablecer intereses que, no tienen nada que ver con los de los pueblos. Pero si no se puede reprochar a- Castro negarse a intercambiar la legitimidad de la revolución por una legalidad electoral truca- da, si se puede entender que exija, al menos, el levantamiento del bloqueo y la restitución de la base militar de Guantánamo, sin embargo, no se puede suscribir su concepción general según la cual el Partido único/Partido del Estado es el único garante de la revolución. El argumento según el cual, tras 31 años de revolución, la publicidad de los debates del Comité Central, la organización de forums públicos y contradictórios sobre las grandes cues- tiones económicas, la realización de elecciones y la presentación de can- didatos apoyados por diversas organizaciones políticas en el marco de las OPP podría constituir una amenaza para la revolución, no tiene ninguna cre- dibilidad. Es significativo que Martha Hamecker, que no tiene poca influen- cia en Cuba, en su último libro (“Izquierda y crisis actual", 1990, Ed. TAE, Uruguay) haya cuestionado por primera vez “el modelo de socialismo cen- tralista burocrático” imputándolo a Stalin; también por primera vez- señala la condena de Lenin hacia Stalin y su defensade la libertad de debate y la exis‘ tencia de tendencias; recuerda en fin que Lenin quedó en minoría en su pro- pio partido y que tuvo. la, audacia no solamente de mantener sus posiciones,

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sino de expresarlas públicamente. Es difícil no ver en estas alusiones una crítica indirecta del funcionamiento actual del PC cubano.

El hecho de que “en lo sucesivo la democracia esté en el centro de los debates sobre el socialismo”, como escribe Frei Betto en la revista del PT brasileño “Teoría y Debate” de mayo 1990, es un punto de vista compartido por la mayoría _de la izquierda latinoamericana; el mismoFrei Betto por lo demás tiene gran cuidado de precisar que esa democracia debe ser una democracia “substancial” y no formal, y se refiere para más claridad a los escritos de Marx sobre la Comuna de Paris, así como a los de Lenin en “El Estado y la Revolución", para preconizar el autogobierno de los productores y el derecho a la revocabilidad permanente de los elegidos. Los PCs lati- noamericanos tornan distancias frente a los modelos autoritarios y represivos llamados socialistas (Declaración de los PC de Costa Rica, Honduras, Salvador, Argentina en la revista Quetzal, publicada en Italia, primavera de 1990). Autores cubanos comienzan a poner en cuestión “el síntoma de la una- nimidad”, afirman la necesidad de una “cultura de debate” para luchar contra la burocratización y que ni “la represión ni el mando arbitrario” son solu- ciones y es preciso “profundizar una democracia de tipo socialista” criticando la lectura staliniana del marxismo (artículos de Fernando González Rey, Jorge Luis Acand, Fernando Martínez Heredia, en la revista Casa de las Américas, N9 178, Enero/Febrero 1990).

Porque hay que constatar que, a despecho de las esperanzas suscitadas por las modificaciones introducidas en el Código Penal, la represión política no ha cesado completamente en 1990. Siete acusados responsables de la Creación de un Movimiento de Integración Democrática y que habrían tratado según Granma (l f7/ 1990) de “promover una lucha de pretendida desobedien- cia civil creando células municipales clandestinas de estructura piramidal y compartimentada, han sido juzgados por el Tribunal Popular Provincial de La Habana por delito de rebelión, elevado a delito de conspiración según los artículos 98 y 99 del Código Penal...”. Siempre según Granma “fue probado que algunos de ellos mantenían relaciones con la sección de intereses de los Estados Unidos en La Habana así- como con grupos que se presume (sic) son defensores supuestos (sic) de los derechos humanos... Fue incautado material de impresión de propaganda contrarrevolucionaria y se ha comprobado que se habia organizado una conferencia de prensa con periodistas extranjeros... En el proceso el procurador ha solicitado de 10 a 12 años de prisión para los .inculpados...” La argumentación dada por la acusación, en el supuesto de que sea exacta, muestra capacidades de iniciativa y organización clandestina

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nada despreciables. ¿Qué ocurrirá si se multiplican tales iniciativas? Pues aunque emanan de grupos sin influencia se han desarrollado en el último período. ¿No habría que temer que la terrible situación económica actual favorezca las disensiones, las deserciones (la última, un responsable cubano encargado de negociar la ayuda soviética, Ramón González Viguera, Financial Times 1/8/ 1990), la desmoralización y la división? ¿Es la represión la mejor manera de combatirlas? La experiencia histórica de los países del Este tal como se ha desarrollado es concluyente. Es de esperar que la direc- ción castrista extraiga las lecciones de ella, so pena de hacer del IV Congreso un Congreso para nada... o incluso, un Congreso de presagrios sombríos ante los peligros que corre la revolución.

Gracias a la revolución, Cuba ha pasado de un status neocolonial al de una nación independiente, en condiciones geopolíticas extremadamente difí- ciles. Preservar esta independencia exige hoy poner en cuestión el modelo burocrático que está devorando a la revolución.

París, 20 de noviembre de 1990

LA REVOLUCION ESTRANGULADA

Prevista luego del iesfondamiento del Consejo de Ayuda Económica Mutua (CAEM), la crisis golpea de lleno a Cuba. A partir de agosto de 1990, la isla ha entrado en “período especial en tiempos de paz”, eufemismo cas- trista para caracterizar al momento más grave que la revolución haya atrave- sado en sus 32 años de existencia.

El desarrollo económico del país, programado hasta el año 2000 en el marco de la llamada división socialista del trabajo, es' puesto en entredicho. Basada en la entrega de petróleo garantizada por la URSS, la industria- lización debía apoyarse en estrechas especializaciones: los derivados de la caña de azúcar, cuyo potencial industrial es muy importante; el desarrollo de la biotecnología, estimulado por las conquista cubanas en materia de salud —el descubrimiento de la vacuna contra la meningitis B así lo testimonia—; la responsabilidad en la fabricación de elementos de microinforrnática (en asociación con la ex-RDA); la modernización de las centrales azucareras; la puesta al día en materia tecnológica de las refinerías de níquel. De igual forma, la prospección petrolera y la construcción de una central nuclear debían crear las condiciones que permitieran a Cuba.superar su mayor

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desventaja: la carencia casi total de cualquier recurso energético, hecho que mete al país en una situación de terrible dependencia que la producción azu- carera no puede compensar en un contexto internacional caracterizado por la volatilidad de los precios de las materias primas y su manipulación a merced de los acontecimientos.

En efecto, la guerra del Golfo reveló la fragilidad y el carácter especulati- vo del mercado petrolero. La oferta de Irak a los países más desprotegidos de abastecerse de petróleo gratuito inmediatamente después del embargo decre- tado por la ONU no.se quedó sin eco: la mayor parte de los países del Tercer Mundo importadores de petróleo se abastecen al costo más elevado posible, en pequeñas cantidades y a corto plazo, porque carecen del financiamiento suficiente para solventar sus compras a largo plazo. Hasta 1989 y gracias a la URSS, Cuba escapaba a estos apremios. Esto era, sin duda alguna, la ventaja esencial de una ayuda económica por lo demás mucho más compleja y con- tradictoria de lo que generalmente se dice. En consecuencia, toda baja en la entrega de petróleo entraña inmediatamente una desorganización del trans- porte y el trabajo y tiene consecuencias tanto sobre el terreno industrial como sobre la producción alimenticia y el aprovisionamiento de una población cuyas dos terceras partes son urbanas.

En cuanto a la defensa del país, ésta está asegurada por un ejército con- siderado como el más poderoso de América Latina luego del brasileño —de una u otra forma, el 15% de la población realiza ejercicios militares- y su potencial militar a menudo es presentado como-una amenaza directa para el sur de los Estados Unidos. Recientemente, Jean Kirkpatrick evocó el riesgo de destrucción de la central nuclear de Turkey Point, en Florida, por un comando castrista.‘ Aseveraciones de esta naturaleza, cuya función política es presionar al gobierno soviético para que apriete todavía un poco más las tuercas, omiten precisar el carácter fundamentalmente defensivo del ejército cubano, limitado también por su dependencia casi total respecto a las fuentes exteriores en materia de petróleo y sus derivados, así como en cuestión de piezas de repuesto.

Por todas estas razones, no es entonces exagerado considerar que lo que realmente está en juego es la supervivencia de la revolución. Por primera vez no hay que temer al riesgo de una intervención militar directa, sino a la com- binación más sutil de una crisis económica extremadamente grave bajo los efectos de la ruptura con el bloque del Este, un bloqueo estadounidense reforzado y dificultades extremas de la vida cotidiana conjugadas con cam- bios políticos sociales pero bastante superficiales. Esta combinación podría

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desembocar en explosiones al interior de los sectores más desmovilizados, cuya dinámica es imprevisible.

¿Un respiro temporal?

Elaborados a lo largo de ocho meses de discusión —durante los cuales las inquietudes de los cubanos llegaron a su tope—,— los protocolos de los acuer- dos firmados a última hora el 29 de diciembre de 1990, en Moscú, con- cluyeron provisionalmente las negociaciones iniciadas en mayo del mismo año. Provisionalmente, porque si bien una época llegó a su fin, las nuevas relaciones comerciales bilaterales lejos están de haber quedado definitiva- mente establecidas.

Lo relevante de lo convenido sólo atañe a 1991. Posteriores negocia- ciones deberán precisar los nuevos mecanismos que regirán las futuras rela- ciones económicas y comerciales. Según Ricardo Cabrisas, ministro cubano de Comercio Exterior, estas incertidumbres se deben, en parte, al hecho de que las negociaciones tuvieron lugar cuando todavía nose aprobaban ni el plan para 1991 ni el presupuesto de la Unión Soviética. zSu concreción está menos garantizada en la medida en que los negociadores todavía deben deter- minar importantes detalles, incluidos ciertos precios. Pero. sobretodo, porque la crisis económica y política que castiga a la URSS no permite seguridad alguna en cuanto al futuro de cualquier acuerdo.

El viejo sistema del clearing (compensación bilateral) se aplicó hasta el 31 de marzo. A partir de esa fecha, los intercambios comerciales deberán efectuarse en divisas, y los precios de los productos intercambiados deberán establecerse sobre la base de los vigentes en el mercado mundial.’ Pero inclu- so a estos precios, y cualquiera que sea la calidad de lo intercarnbiado Cuba no tendrá otras alternativas, ya que las piezas de repuestos son de naturaleza soviética en numerosos sectores industriales equipados por la URSS desde hace varios años.

La consideración de los precios del mercado mundial no resulta evidente para productos como el azúcar. Cabrisas señala que estos precios no reflejan n'r las transacciones comerciales entre la Comunidad Económica Europea (CEE) y los países ACP (Africa-El Caribe-el Pacífico), por una parte, ni las existentes entre los EEUU. y sus tradicionales proveedores, por otra, transac- ciones que se realizan a un precio netamente superior al del mercado mun- dial. Finalmente, la URSS se comprometió a comprar 4 millones de toneladas

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de azúcar para 1991 al precio preferencial de 24 centavos de dólar la libra, precio inferior al anteriormente acordado, pero dos veces más elevado que el precio actual del mercado. Las entregas de petróleo serán de 10 millones de toneladas (bruto y derivados) —es decir, 3 millones de toneladas menos que en el pasado—, al precio de 20 dólares el barril (precio que en el momento actual no ofrece ventaja alguna en relación al mercado mundial). El costo del transporte correrá por cuenta de Cuba y también se cubrirá en divisas. Finalmente, se aplicarán numerosas restricciones a otras enn'egas decisivas.

Por otra parte, los acuerdos anteriormente establecidos con 62 institu- ciones soviéticas ahora involucran a 25 mil institutos autorizados para comer- ciar con la isla.‘ Esta situación ya tuvo serias consecuencias. En la medida en que algunos contratos todavía no habían sido concretados con los productores involucrados, hubo que contemplar lo más urgente y, en enero, proceder con urgencia a la entrega de petróleo con el fin de evitar una catástrofe.’

La medida política más imprevista atañe al pago de la deuda cubana con la URSS, cuya anulación Castro espera desde hace mucho tiempo. Estimada en 15 mil millones de rublos (evaluación necesariamente aproximada), a par- tir del año que entra se cubrirá en divisas a una tasa de cambio que todavía no se ha dado a conocer. Tomando en cuenta la grave escasez de divisas conver- tibles que padece la economía cubana —escasez agravada por la imposibili- dad de reexportar una parte del petróleo soviético en otros tiempos fuente de divisas adicionales—, los años noventa se anuncian bajo auspicios más som- bríos.

Restricciones y racionamiento

Cuba goza de un importante potencial agricola. Sin embargo, a pesar de los progresos alcanzados, ni la producción agrícola ni la ganadera resultan suficientes para alimentar a la población. Esto. se debe a la prioridad concedi- da a los cultivos de exportación (de entrada, a la caña y a los cítricos), al insuficiente rendimiento sobre todo de las granjas estatales, y a la importan- cia de las importaciones (fertilizantes. semillas, piezas sueltas), sin olvidar el costo en energía de la mecanización del corte de caña y de la modernización de la agricultura, concebida como un medio de paliar la falta de mano de obra en el campo. En este terreno, también la dependencia externa y anteriores decisiones político-económicas cuestan caro.

De ahora en adelante, las importaciones en materia de alimentos se

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reducen fuertemente, lo que repercute sobre el abastecimiento de la población y sobre el consumo urbano, en particular sobre el de La Habana, donde vive el 20% de la población. La importancia capital concedida al plan alimentario se explica por la necesidad, en la coyuntura actual, de asegurar la autosufi- ciencia alimentaria del país. Las alarrnantes carencias de 1990 han puesto en alerta a todo el país: el retraso en la entrega de trigo SOVÍético ha próvocado escasez de pan; la falta de granos para alimentar a las aves se ha traducido en la caída espectacular de la producción de huevos —antes de venta libre y ahora estrictamente racionados a cuatro o cinco por semana—; los pollos búl- garos o la cerveza checoslovaca no han llegado; finalmente, hubo que dis- minuir la cantidad de arroz importado, cuando se trata de un elemento básico para la alimentación...

Es cierto, los cubanos no están al borde del hambre. Por una parte, porque la libreta garantiza una alimentación básica poco variada pero suficiente para todos y, por otra y sobre todo, porque los cubanos hacen una comida diaria, en promedio, en las estructuras colectivas, los centros de trabajo, las escuelas, etc., instancias que gozan de su propia red de aprovisionamiento. Pero la situación no es más llevadera en la medida en que las restricciones se combi- nan con agudos problemas de distribución que hacen de la vida cotidiana un rompecabezas insoportable: ahora las colas duran horas y requieren una orga- nización verdaderamente compleja; los miembros de la familia que disponen de tiempo (los abuelos sobre todo) son movilizados; las “rotaciones” se orga- nizan con boletas numeradas; y el ausentismo en el trabajo ha aumentado.

Además, desde finales de 1990, el número de artículos racionados crece. Este es el caso de 242 artículos de consumo corriente, como el calzado, la ropa, los muebles, los juguetes y los productos higiénicos (recientemente, el detergente, el jabón, el champú y las navajas de afeitar pasaron a ser produc- tos inencontrables en ciertos sectores). La venta de aparatos eléctricos se ha limitado severamente por razones de ahorro de energía y porque falta dinero para importarlos. De esta manera, en un país tropical como Cuba, en 1991 no habrá frigoríficos, los aparatos de aire acondicionado (herencia urbana de la época americana) serán sustituidos por ventilados chinos, y sólo los recién casados podrán obtener planchas... La era de la bicicleta —china también- ha comenzado al precio de algunos graves accidentes: este modo de locomo- ción era desconocido en un país acostumbrado al uso del automóvil en la ciu- dad y al del caballo en el campo.

En cuanto a la prensa, el número de periódicos, su número de páginas y su circulación han sido estrictamente reducidos sin que la calidad de la infor-

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mación mejore (aunque éste es otro problema), La escasez de papel periódico también provoca una grave crisis al seno de la industria del libro. Según la edición del 9 de febrero de The Economist, hasta 1990 se publicaban cerca de 500 nuevos títulos por año, ya que “los habitantes de la isla son lectore s ávidos y los libros se venden tan bien que el Instituto Cubano del Libro

sostiene una crónica semanal de los diez titulos más vendidos” Y hay que recordar, como lo hace el corresponsal del periódico en La Habana, “que en 1'959 un cuarto de la población cubana era analfabeto”, lo que permite medir la revolución cultural realizada en 30 años, pero también la brutalidad del choque actual. En este terreno, los científicos intentan encontrar una solu- ción, sobre todo transformando el bagazo de la caña en papel. Mientras tanto, ya no se imprimcn libros. Pero a pesar de un incremento en los precios del 50%,,las reservas siguen desapareciendo. en los estantes de las librerías.

Pero el síntoma más significativo del agravamiento de la situación es el severo control de la distribución de medicamentos anunciado por el gobierno en marzo pasado. De ahora en adelante, se reducirá la venta de numerosas medicinas en las farmácias públicas, se controlarán las recetas médicas indi- viduales y las prescripciones esenciales se harán en los hospitales. Con el fin de evitar todo consumo superfluo, se aumentará el precio de ciertos medica- mentos. Cuando se conoce el orgullo cubano respecto a su siStema de salud —uno de los más avanzados del Tercer Mundo—, uno no puede menos que sentirse golpeado por la gravedad de la crisis que estas medidas indican.

Atender lo más urgente

Cuba debe prepararse “para la peor de las situaciones económicas”, a'dvirtió'Fídel Castro el 17 de febrero de 1991. “Debemos ganar tiempo en esta primera etapa de ‘periodo especial’ y prepararnos para la segunda y la tercera etapas”, temera etapa que podría desembocar, en el peor de los casos —aquel. en el que. el acuerdo actual. con la URSS no sea respetado—, en la instauración de una suerte de comunismo de guerra en tiempos de paz. Para evitarlo, la dirección castrista apuesta a la extensión de sus intercambios económicoscon China y' América Latina, al” desarrollo del turismo, al le- vantamiento (¿pero en qué condiciones?) de joint ventures (empresas aso- ciadas) con empresas europeas y' al término —por desgracia más hipotético que real- del bloqueo americano. Y esto, sin tomar en cuenta que habrá que definir. una política económica y una política a secas que permita al

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pueblo cubano sostenerse... hasta el final del túnel, y a la solidaridad inter- nacional manifestarse. Mientras tanto, hay que prepararse para lo peor, ahorrar en todos los terrenos —en particular en el de la enefgía- y ganar tiempo.

Por otra parte, el gobierno ha modificado su enfoque sobre las empresas mixtangn el sector del turismo ya se han creado numerosas joint ventures; empresas españolas y canadienses participan en la construcción de nuevos hoteles, contratando y despidiendo en función de sus necesidades.

Hasta ahora, recurrir al capital extranjero no involucraba a sectores indus- triales. Por primera vez, sin embargo, el gobierno ha roto con esta tradición de más de 30 años al autorizar a un consorcio francés integrado por la empre- sa Total y la Compagnie' européenne des pétroles (CEP) comenzar la explo- ración ofl-shore de la costa norte de Cuba —la CEP, especializada en la exploración y la producción de hicrocarburos. es una filial de lnteragra, grupo dirigido por Michel Coumeng, quien tiene un profundo conocimiento de los países del Este y-mantiene contratos‘en Vietnam y Laos.‘ El contrato a seis años fue firmado con la Unión del Petróleo de Cuba en La Habana, en diciembre de 1990, bajo condiciones financieras no reveladas y, según un diplomático cubano, implica que si se encuentra petróleo comercializable "las ganancias serán repartidas entre la CEP y los cubanos” . "

Cuba también estaría contemplando autorizar la participación de capital extranjero al interior de ciertas empresas en una proporción superior al 49%, límite fijado por la ley de inversiones extranjeras en 1982. Según el presi- dente de la Asociación de Economistas Cubanos, Luis Cardet Hernando, “‘lascinversiones extranjeras permitirán eliminar la dependencia económica respecto a un solo mercado" que Cuba sufre, al tiempo que favorecerían inversiones en centrales azucareras, los derivados de la caña de azúcar, la biotecnología y las computadoras, inversiones en otros tiempos planificadas en el marco del CEAM. '

Acuerdo con China

Otro acontecimiento significativo tuvo lugar el 16 de enero de este año. Ese día se firmó, por primera vez en la historia, un acuerdo comercial por cinco años con China. De esta manera, China se ha convertido, luego de la desaparición de la RDA, en el'» segundo socio económico de Cuba. La comisión mixta intergubemarnental, creada en 1988 —año en que los inter- cambios aumentarón 50%—, se reunió por tercera vez en Pekín en enero. En

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1990, el comercio entre los dos países alcanzó la cifra de 578.15 millones .de dólares. Ya se firmó un acuerdo quincenal hasta 1995, así como un! protocolo comercial para 1991. Los cubanos entregarán azúcar, cítricos, níquÏ'el y, por primera vez, productos de su biotecnología.

Pero, según Granma, es en materia de cooperación donde se presentan mejores perspectivas. Los chinos acordaron conceder créditos que posibili- tarán la construcción de fábricas de ventiladores y bicicletas. La colaboración también toca la confección textil, el calzado, cerámica, los motores, las máquinas herramienta, los tractores. la industria alimenticia, la industria eléc- trica, etc. El ministro de Comercio Exterior chino, Li Lanqing, señaló que el comercio entre Cuba y China revela intereses económicos —China busca ampliar sus relaciones con América Latina y Cuba quiere salidas a los pro- ductos quc antes vendía en Europa del Este- pero, también, una decisión política. Esto podría ser una alusión a las modalidades de pago previstas por el acuerdo 1991-1995 que no se han dado a conocer. '

Tradicionalmente, el comercio entre estos dos países se efectuaba en dólares. Pero es posible suponer que el gobierno chino ha hecho concesiones en este terreno, habida cuenta de la escasez de- divisas que Cuba enfrenta. Luego de marzo de 1990 China acordó conceder facilidades de pago y crédi- tos en condiciones preferenciales. Con todo, a pesar de que los intercambios parecen llamados a desarrollarse. lejos están, por el momento, de alcanzar el nivel que Cuba requiere para compensar las pérdidas sufridas.

El tercer vector de un posible alivio de las tensiones económicas es el tu- rismo. En 1989, más de 320 mil turistas visitaron la isla —más que en cual- quier'otro año antes de la revolución. La tasa anual de crecimiento de este sector durante los últimos seis años ha estado cercana al 10%. En 1992, el gobierno contempla cuadruplicar el número de hoteles, lo que implica incre. mentar las empresas mixtas con el Estado Español, Italia, Austria, Francia y Finlandia. Pero a pesar de que el número de turistas procedentes de Canadá y Europa ya es elevado —tomando en cuenta las cómodas tarifas estableci- das—, una expansión más consecuente supone un incremento sustancial en la llegada de los vecinos más próximos, los turistas estadounidenses. Y, ahora bien. la estancia de los estadounidenses en Cuba está fuertemente reglamenta- da (excepción heCha de los periodistas, las familias cubano-estadounidenses o los investigadores) y las multas pueden llegar hasta 250 mil dólares o 12 años de prisión.’ Incluso si se trata de sanciones hipotéticas, en el marco del embargo resultan lo suficientemente eficaces como para disuadir a los even- tuales viajeros.

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Finalmente, no hay que subestimar el resentimiento o el malestar de la población por lo que algunos cubanos llaman el “apartheid turístico”. Y es que el contraste entre un sector privilegiado y protegido y las dificultades de la vida cotidiana de la población deviene un contraste necesariamente con- flictivo.

Navegar a tientas

En teoría y gracias a la ruptura, de sus lazos con EuropaOriental, Cuba deberá reinsertarse en el cuadro geopolítico que le corresponde; el continente latinoamericano. En la práctica, el país ya no está aislado y las relaciones comerciales se desarrollan, aunque siguen siendo limitadas. Y esto es así, porque los países latinoamericanos están demasiado endeudados y la presión del. bIOqueo estadounidense es bastante fuerte. “El grupo de los tres” (México, Venezuela y Colombia), que producen hidrocarburos y a los que Cuba podría comprar el petróleo que le hace falta enfrentando un menor costo de transporte, no están dispuestos a hacer la menor concesión financiera, habida cuenta de las negociaciones en que se. han comprometido con los Estados Unidos. En materia de petróleo, la. renegociación del Acuerdo de San José ‘° con los paises de la región’no involucra a Cuba, salvo en lo que toca a imponer ala isla condiciones políticas que 'Castro no parece aceptar.

En el marco de drásticos apremios internacionales y de un ambiente inmediato por el momento poco favorable, la política económica se define al día. La tendencia parece ser a la descentralización: las empresas cubanas de comercio exterior ya gozan de mayor autonomía respecto a los ministerios, y la Cámara de Comercio de Cuba deberá jugar un papel más importante en los intercambios con el exterior. Por su parte, el Tribunal de Arbitraje del Comercio Exterior se reorganizará con el fin de resolver los conflictos que pueden surgir entre las empresas cubanas y las extranjeras, saltándose tanto como es posible la tutela burocrática. l

Pero el problema esencial reside en saber si esta descentralización tocará también el plano social y político. En otras palabras, si se acordarán poderes de control y gestión reales tanto al seno de las empresas como en el plano local, en una situación en la que el desbarajuste burocrático sólo agrava la escasez y exaspera a la población. En el terreno de la agricultura, la necesidad de reestablecer los mercados libres y de estimular alos campesinos privados para mejorar el abastecimiento aparece, al menos en La Habana, como una

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exigencia ampliamente- compartida. Las desigualdades provocadas por los mercados libres fueron utilizadas para justificar su prohibición. Pero es posi- ble preguntarse e‘n qué medida las desigualdades ligadas al mercado negro resultan preferibles... Se ha querido combatir el enriquecimiento de los campesinos y de los intermediarios pero, según un informe oficial que sigue siendo oficioso, La mercantilización de la criminalidad en Cuba: efectos actuales y peligros futuros, ‘2 el desarrollo de una economía subterránea fa- vorece “un verdadero proceso de capitalización a partir de sus crecientes ganancias comerciales” . a

Los principales problemas de funcionamiento de los circuitos de distribu- ción constituyen un problema adicional y son incontables los chistes que hacen escamio de la ineficacia del sector estatal y de los deSpilfarros de los que, sin embargo, se benefician los funcionarios corrompidOs cuyo teque- teque (el lenguaje estereotipado) enmascara la “doble moral”.

En su informe, Barral pone en evidencia “El crecimiento continuado de la actividad delictivo en nuestro pais, tanto cuando se aplicaba una politica penal severa, como después de la despenalización” y el peligro que existe, al utilizar el Código Penal, si se “reduce a hechos individuales los fenómenos sociales”. Barral estima que tres sectores de la población están implicados en Ia búsqueda de ganancias ilegales: “el grupo marginal o antisocial (que es) reforzado más que inhibido por la represión penal; la capa de empleados y funcionarios corrompidos que conforman la delincuencia ocupacional; la capa neoburguesa formada por los intermediarios y comerciantes ilegales y los restos de elementos de la antigua pequeña burguesía” , cuya‘ característica común es que "tienen intereses creados a los que no quieren renunciar, hy de hecho les sería difícil hacerlo... Como esos intereses son antagónicos con los de Ia Revolución, constituyen un gran grupo social de elevada peligrosi- dad potencial, cuya ideologización en sentido consumista y neocapitalista en determinada coyuntura favorable. . .- puede generar un movimiento politi- co espontáneo de considerable explosividad contrarrevolucionaria... Nuestra opinión es, por lo tanto, que el Orden Interior se aboca en un futuro no muy lejano a un posible vuelco del conjunto de la criminalidad hacia actitudes políticas negativas, que pueden dar lugar a movimientos espontá- neos de connotación contrarrevolucionaria, cuyo peligro sería aún mayor si en ese momento hay grupúsculos de intelectuales que les ayudan a tomar conciencia de si, de la identidad de sus intereses, si configuran ante ellos al 'enemigo’ en la persona de las instituciones revolucionarias y les proveen

de platanth y líderes”

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Es en este explosivo contexto que se prepara el IV Congreso del Partido

Comunista Cubano, que, según algunos cubanos, deberá ser de una “refun- dación”.

10 de abril de 1991

Notas

Ü O ‘l O h- . H N ¡-

5

¡2

International Herald Tribune (IHT). 30 y 310391.

Granma, 3 de febrero de 1991.

Informe Latinoamericano. 7 de febrero de 1991.

Ibid.

R. Cabrisas. Granma. 3 de febrero de 1991.

lnveStir. 8 de abril de 1991L

Financial Times, 8 de marzo de 1991.

IHT. l de abn'l de 1991.

IHT, 5 de abn'l de 1991.

Según el Acuerdo de San José. México y Venezuela alimentan de petróleo a los países del Caribe bajo condiciones preferenciales. El Acuerdo fue revisado en enero de esteaño y como resultado estos dos exportadores de bruto se han com- prometido a que el 80% del pago por la entrega de petróleo sea objeto de présta- mos a cinco años a título de cooperación económica. Informe Latinoamericano. 7 de febrero de 1991.

“Agricultura y alimentación: las apuestas del abastecimiento". Denise Douzant- Rosenfeld, en Problémes d’Amérique latine. N9 99. enero-marzo de 1991. Fernando Arrabal. La mercantilización de la criminalidad en Cuba: efectos actuales y peligrosflmiros, abril de 1990. AFP. La Habana.

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CRISIS Y DESAFIO PARA LA IZQUIERDA*

James Petras

Los cambios históricos mundiales ocurren a paso acelerado": las transfor- maciones y el dominio neoliberales de los setenta y de los ochenta han creado las condiciones para una nueva ronda de guerras, crisis económicas y revueltas sociales en la década del noventa.

La lógica de la polarización social, la sobreexpansión de las finanzas y la especulación inmobiliaria relacionada con la actividad productiva era inhe- rente a los cambios impuestos por los neoliberales provocando la crisis y volatilidad de'los mercados.

Implícito en el desarrollo irregular del poder económico y militar entre los bloques imperiales rivales existía la probabilidad de un intento por parte de los EEUU. por imponer su supremacía militar.

La aplicación implacable del capitalismo de libre mercado en Europa Oriental y el Tercer Mundo permitió la intensificación del saqueo occidental, acompañado de una espiral descendente sin final a la vista.

Las tensiones internas que resultan de las transformaciones de los setenta y de los ochenta nos ponen ante un mundo de conflictos internacionales acre- centados, competencia global intensificada y desigualdades sociales cada vez más profundas, condiciones objetivas maduras para una nueva ronda de revueltas sociales, que dependen del surgimiento de nuevos mediadores sociopoliticos capaces de insertarse en el nuevo contexto explosivo y de orga- nizar alternativas radicales.

Para que la izquierda pueda intervenir con éxito, debe luchar a brazo par- tido contra la envergadura de los cambios históricos mundiales de las últim’as décadas e identificar los eslabones débiles para romper la cadena.

" Publicado en Tuparnaros. mayo 1991. Montevideo, Uruguay.

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Las transformaciones de los ochenta

Los setenta y los ochenta fueron un período de contrarrevolución neoli- beral en'todo el mundo. Mediante las ametralladoras y los escuadrones de la muerte en el Sur y mediante regímenes electorales derechistas y de represión constitucional en el Norte, las políticas públicas pusieron en marcha el proce- so de reconcentración del ingreso en la cima, de marginalización abajo y de atomización e impotencia en el medio. Nuevas estructuras económicas enraizadas en el poder financiero y las corporaciones internacionales —li- gadas entre a través de circuitos electrónicos privados—, socavaron los mercados nacionales y trasladaron los subsidios estatales de los programas de asistencia social a la socialización de las pérdidas del capital privado. De modo creciente, el capital se volcó de las actividades productivas. a la especu- lación en los así llamados servicios, saqueando al Estado y aumentando la riqueza mediante la devaluación del trabajo y la introducción de tecnología electrónica, La así llamada “sociedad pos-industrial” especulativa era, como nos comunicaron sus voceros, una etapa superior del capitalismo, inmune a las crisis y los ciclos de las sociedades industriales “anteriores”

La carrera ascendente entre las tres potencias capitalistas principales acompaña a la contrarrevolución neoliberal 'y al dominio del capital financiero especulativo' con el propósito de lograr superioridad competitiva, formar regiones de bloques imperiales y penetrar y expandirse en los merca- dos de los cómpetidores. El resurgimiento de las rivalidades entre los países capitalistas reemplazó al conflicto bipolar entre los Estados Unidos y la Unión Soviétia. A mediados de los ochenta, el mercado,mundial se convirtió en el campo de batalla de bloques imperiales rivales.

La tercera transformación de la década anterior fue la desintegración del estalinismo, la marginación de la oposición socialista de izquierda y el dominio de los regímenes neoliberales en toda Europa Oriental y en muchas de las repúblicas soviéticas. La caída del estalinismo tuvo un efecto dual, el de debilitar las oportunidades comerciales y de ayuda a los movimientos anti- capitalistas del Tercer Mundo y el de abrir sus economías al pillaje y la pene- tración capitalista; en una palabra, el de extender el dominio de la hegemonía de Occidente. La contrapartida de la dialéctica del colapso 'estalinista, sin embargo, es la oportunidad estratégica para reafirmar la formación de nuevos movimientos y visiones de colectivismo democrático en contra del autoritarisma’burocrático del estalinismo así como del pillaje y la violencia del “mercado libre”.

73 DICIEMBRE 1991

La cuarta transfórmación fue la extensión de los 'regímenes electorales hacia vastas regiones del Tercer Mundo y de Europa Oriental y del Sur, ante- riormente bajo el mando de regímenes militares y dictaduras unipartidarias. El proceso, apodado por los medios de comunicación masivos como “transi- ciones a la democracia”, se insertaba en estructuras estatales autoritarias y sistemas económicos neoliberales elitistas que definieron en forma inmediata y definitiva la agenda política y económica. Los regímenes electorales se diseñaron para legitimizar el modelo neoliberal, el pillaje occidental de las economías y las estructuras estatales existentes.

Laquinta transformación fue de índole cultural .y se encontraba enraizada en las prácticas e ideología'del- neoliberalismo: por un lado, la creencia de que “la ambición era buena” y de que junto con la movilidad ascendente eran las voces cantantes del progreso; por el. otro, un aumento en las fuerzas de seguridad para imponer .el aislamiento y la segregación de‘los ricos de la vida decadente de los pobres. S'e importó el Tercer Mundo al corazón de Occidente: gran cantidad. de inmigrantes ilegales para ser sobre explotados a costos por debajo de los “niveles nacionales” de reproducción.

Crecio' una clase de los sin techo, a medida que el capital inmobiliario se convertía en el centro de la especulación del capital y la riqueza, cerran- do fábricas y.aumentando los alquileres. l

La sexta transformación- fue la integración ideológica y política a nivel mundial de los partidos comunistas y socialdemócratas tradicionales al “proyecto neoliberal” y 'la conversión de muchos de los izquierdistas de los sesenta al mismo proceso”. Desde Europa a América del Sur, desde Paris a Barcelona, desde Varsovia a Managua, los eri-izquierdistas de los sesenta se unieron en la aclamación del mercado como el mecanismo más eficaz para organizar la economía —aún cuando sus países se desintegraban bajo el impacto del mercado—. La integración y subordinación de los partidos tradi- cionales y la fuga de los'intelectuales desde los movimientos hacia los institu- tos, consolidó la hegemonía de la clase dirigente y creó una brecha enorme entre la. clase intelectual político-electoral y la masa de víctimas-de la eConomía neoliberal.

Sexo, droga y depresión

La séptima transformación se produjo en el área de los valores y las rela- ciones personales. Los principios formativos derivaban de Hobbes: “una

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guerra de todos contra todos”. El poder personal se convirtió en el valor supremo tanto de las elites como de sus supuestos adversarios. Se estigma- tizó, desdeñó o relegó la solidaridad para con los grupos marginales. La pri- vatización de la vida aumentó a medida que se degradaban las condiciones públicas y se maltrataba a los extranjeros. Los intercambios y amistades per- sonales fueron reemplazados por intercambios impersonales y relaciones instrumentales: la desconfianza universal se convirtió en sabiduría superior. El cálculo y la manipulación reemplazaron a la espontaneidad y la solidari- dad. Los ideales de los especuladores de la clase dirigente encontraron expre- sión en todos los niveles de la sociedad: los traficantes de drogas imitaron a los especuladores. La imagen de sujetos pasivos en el trabajo, objetos indife- rentes en la política y espectadores de los medios de comunicación (deportes, sexo y delitos) durante el tiempo libre se transformó en la realidad cultural masiva de los ochenta.

El amor se transformó en sexo, el sexo en ejercicio, el ejercicio en ali- mento: todos ellos se comercializaron. Freud fue enganchado al carro de Adam Smith. El impulso hacia una expresión sexual se disoció de un contex- to personal y social más amplio: el ideal era el aislamiento, el poder físico y un entorno opulento. La psiquiatría se volcó al “control del estrés” en lugar de estudiar a los controladores de estrés: los contarninadores de los espacios públicosesubvencionaban a los directores de los sentimientos privados. Los sentimientos personales de fruStración, impotencia y frigidez se disociaron de las formas de control, manipulación y trivialización personales e imperso-i nales. La depresión se transformó en un estilo de vida: una vida aislada, impotente y rutinaria, vacía de relaciones espontáneas y de afecto auténtico.

Crisis y transformaciones de la década del noventa

No obstante, estas transformaciones de los setenta y de los ochenta no han terminado con la historia. Por el contrario, como con-secuencia de estas se han producido en forma inmediata una nueva serie de desafíos, conflictos y crisis que definen las condiciones para la política revolucionaria de los noventa. En la siguiente sección, procederé a identificar y analizar la natu- raleza de cada una de las crisis y transformaciones inminentes o actuales, concluyendo con una discusión sobre los desafíos y oportunidades que pre- sentan para la izquierda.

Las transformaciones que ocurrieron durante las décadas del setenta y

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ochenta han dejado su marca profunda en las estructuras del estado, las clases, la economía y la cultura: los trabajadores industriales se han transfor- mado en trabajadores independientes o prestadores de servicios de baja remu- neración; los industriales han sido reemplazados por los financistas y especu- ladores, los ingenieros por los asesores de inversiones; los pobres se con- virtieron en gente de la calle. El Estado ya no defiende el capital a través de la asignación de gastos para el bienestar social: su papel está unido en forma cada vez más directa a la socialización de las pérdidas de capital y a la priva- tización de empresas públicas rentables. La economía está flotando cada vez más en una montaña de consumo financiado por la deuda y el crédito. La estructura de clase Se polariza cada vez más entre un 15 o 20 por ciento opu- .lento que actúa a través de circuitos privados de educación, salud, comunica- ciones y transporte y el resto, que depende cada. vez más de los servicios públicos en decadencia. Las transformaciones estructurales por las que se tra- bajó afanosarnente en los setenta y los Ochenta han creado una nueva serie de violentas contradicciones y divisiones cada vez más profundas para los noventa.

Nos encontramos en la actualidad en el comienzo de un nuevo periodo de transición: el desmoronamiento de la contrarrevolución neoliberal, el surgimiento del nuevo orden mundial y la evolución de las “crisis totales”, económicas, sociales, ecológicas, culturales y políticas que traspasan las' fronteras nacionales. Así como resulta evidente que la transformación estructural de los sesenta y de los ochenta no se limitó a ningún escenario en particular, los nuevos conflictos y contradicciones tendrán un impacto histórico a nivel mundial.

De la crisis a la catástrofe El neoliberalismo pos-estalinista

Los nuevos regímenes neoliberales no solucionaron la crisis producida por el estancamiento del estalinismo en Europa Oriental y la Unión Soviética. Por el contrario, la región se ha movido de la crisis a la catástrofe. según la mayoría de los indicadores sociales y económicos, la región ha experimenta- do un deslizamiento sin precedentes hacia el abismo. Millones de personas han perdido sus empleos, sus viviendas, asistencia social y campos. En menos de una año el hambre, la falta de vivienda y la miseria han azotado a la mayoría profundamente. Los nuevos regímenes neoliberales“ se han conver-

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tido en virtuales intermediarios de las políticas del FMI, del Banco Mundial y de los gobiernos y bancos occidentales. El grado de dependencia iguala o excede al que existía con anterioridad a la restauración capitalista. -En Alemania Oriental, los alemanes occidentales se han apropiado de los merca- dos, han forzado el cierre de fábricas y amenazado con despedir la mitad de la mano de obra —en una manera que se asemeja a la conquiSta colonial inglesa de la India—. La conquista económica, la dependencia política y la polarización social van acompañadas de la degradación de la cultura nacional: Budapest es conocida hoy en día como la Bangkok oriental, con la pornografía infantil como el protagonista principal del. capitalismo porno como uno de los pocos “sectores de crecimiento”. La brecha monumental entre la promeSa neoliberal en oposición al estalinismo y la realidad mise- rable del neoliberalismo en el poder es el punto de confrontación y-de crisis más evidente. A pesar de la hostilidad hacia el comunismo oficial'y la propa- ganda del mercado libre, la gran mayoría de losftrabajadores en el Este mantienen valores socialistas fundamentales —en contra de las ganancias exe- sivas y lo-s privilegios sobre la propiedad y a favOr del pleno empleo, el bienestar social y los servicios sociales.

La catástrofe socioeconómica que se desarrolla bajo el neoliberalismo erosiona la legitimidad y hegemonía de las clases dirigentes del mercado libre. Está surgiendo una nueva ronda de luchas de clase, étnicas, raciales y de sexos. Tampoco es inevitable que la lucha de clases"‘avance”: muchos son los resultados posibles, desde la emigración a una mayor miseria, a guerras nacionales chauvinistas, a nuevos movimientos sociales dinámicos, según la intervención política. Volveré a este punto en la conclusión. Por ahora, basta con señalar que el- llamado triunfo de “la democracia liberal y el mercado libre” del año. pasado fue prematuro. Los acontecimientos históricos desmoronaron y desgarra'ron aquella visión, dejando como saldo regímenes con legitimidad en decadencia. '

El “Nuevo Orden Mundial”

El poder mundial en decadencia de los Estados Unidos seda junto con la intensificación de la intervención militar. El tamaño y alcance de la interven- ción y los costos humanos aumentan en progresión geométrica: _

1983: Grenada, una isla con 120.000 habitantes fue atacada por 20.000 marines y hubo cientos .de víctimas .grenadinas, colegios y hospitales destruí-

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1989: Panamá, un país con tres millones de habitantes fue atacado por 30.000 soldados que combinaron ataques por aire y tierra. Hubieron miles de víctimas y barrios enteros fueron destruidos.

1991: Irak, un país de 17 millones de habitantes fue atacado por 450.000 infantes, decenas de miles de marinos y pilotos de la Fuerza Aérea con cien- tos de miles de víctimas y ciudades enteras destruidas.

Un retorno almilitarismo y al imperialismo

Es necesario destacar varios puntos. Además del alcance mayor de las operaciones militares y del aumento del tamaño del país atacado, el tiempo entre cada intervención ha disminuido: seis años transcurrieron entre Grenada y Panamá; un año y un mes transcturió entre Panamá. e Irak. Los Estados“ Unidos abandonan- su intervención en áreas marginales simbólicas por cen- tros de importancia estratégica para la economía mundial, La intervención en Grenada debía reafirmar la dominación norteamericana absoluta en su tradi-t cional área de dominio imperial (el Caribe) y debilitar el sentimiento antiin- tervencionista en los Estados Unidos (y reinstalar el concepto de que patrio- tismo e imperialismo son sinónimos). La invasión de Panamá se diseñó para reafirmar el domino norteamericano sobre el Canal y,'más importante aún, para fortalecer el bloqueo económico norteamericano a la Nicaragua revolu- cionaria.

Asimismo, se pretendió reforzar la opinión pro-intervencionista del públi- co y del Congreso y tener un modelo de prueba para intervenciones de mayor envergadura en otras regiones. Las intervenciones anteriores tuvieron como función desensibilizar a la opinión pública ante una agenda imperial más vasta. La creciente postura “triunfalista” de Washington afirmó la convicción de que los éxitos militares podrían multiplicarse en otras regiones estratégicas y convertirse con el tiempo en el medio para. lograr el poder estratégico del mundo: después de Irak —donde los Estados Unidos vencieron sin pérdidas costosas, ¿quién será el próximo? El uso de la enorme maquinaria militar para lanzar un segunda Guerra Fría contra la Unión Soviética con el pretexto de reprimir a las “repúblicas independientes” (los países del Báltico, Ucrania, etcétera). El empleo de intimidación militar contra Alemania y Japón para cubrir los gastos de la guerra, para obtener más préstamos, abrir los mercados europeos, etcétera.

Estaríamos ciegos si ignoramos la relación entre el. desrnoronamiento

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económiCO de los Estados Unidos y su agresión militar cada vez mayor, como también sería de miopes ignorar la creciente escalada militar desde los países periféricos a los centrales.

En contra de lo que pensaban los pensadores socialdemócratas y gorba- chovianos bien intencionados, el final de la antigua Guerra Fría no ha traído aparejada una era de “Nuevo Pensamiento” y cooperación pacífica. Nos encontramos más bien ante un período de creciente militarización e interven- ción, que se acerca más y más a una importante confrontación de poderes: estamos en camino hacia confrontaciones mayores y más violentas.

Para la izquierda, el desafío que presenta la militarización es doble: resis- tir la primera ola de,chauvinismo masivo inducido por los medios de comuni- cación estatales y prepararse para la segunda ronda de desilusión y descon-_ tento masivos a medida que los gastos de la guerra aumentan y que las con- frontaciones se acercan a nuestro. hogares.

El terna del intemacionalismo es crucial: los estados combinados luchan enla actualidad para vencei al Tercer Mundo y más adelante se enfrentarán entrej‘sígpor el botín, los gastos y el nuevo realineamiento del poder.

¿afirmo las crisis pos-industriales se expanden a través de las fronteras nacionales, de la misma manera las nuevas guerras cruzan los límites y cada vez,__más comprometen coaliciones imperiales como también rivali- dades. El marco internacional de crisis y, guerra solo puede confrontarse con un movimiento internacional.

Nuevo orden mundial: supremacía norteamericana y crisis de los noventa

Los setenta y los ochenta, en especial. luego del colapso de la Unión Soviética como poder mundial, presenciaron el surgimiento de una configu- ración de poder trilateral basada en los tres poderes capitalistas supremos: 'Japón, Alemania y los Estados Unidos. Con mayor frecuencia se evidenciaba la competencia y el conflicto económico en torno a la supremacía mundial en la negociaciones comerciales, y la capacidad debilitada de los Estados Unidos para competir en los mercados mundiales. La visión inicial de un nuevo orden mundial de cooperación sumado a una explotación conjunta del Tercer Mundo y de Europa Oriental cedió a la competencia ca'da vez mayor y al surgimiento: gradual de bloques regionales: Asia bajo la dominación japonesa; Europa bajo la alemana: y América Latina bajo la norteamericana.

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No obstante, en este mundo de rivalidades del mercado interimperialista, los Estados Unidos se encontraban en una posición inferior: su “ventaja com- parativa” estaba en su aparato militar e ideológico, no en su estructura'pro- ductiva. _

La invasión norteamericana en el Golfo es un intento por transformar las reglas de la competencia mundial: utilizar su superioridad militar para reafir. mar la dominación económica y política sobre sus rivales económicos. La visión de Washington es la de una hegemonía centrada en lo militar, que una los estados rentistas del Tercer Mundo (Arabia Saudí) y los clientes políticos que dependen de. su fuerza militar para sacar ventaja y lograr que sus com- petidores se retiren de los mercados. La visión de los Estados Unidos de un “Nuevo Orden Mundial” basado en la fuerza militar se enfrenta con las visiones alemana y japonesa de uno basado en la economía: cualquiera sean las coaliciones y concesiones temporarias, las diferencias en los aspectos fundamentales conducen a mayores conflictos y divisiones entre un Estados Unidos decadente, militarmente fuerte pero económicamente débil y las potencias alemana y japonesa militarmente débiles y económicamente fiiertes.

A medida que labompetencia internacional entre los centros. imperiales se intensifica, estos aumentan la explotación de “sus” respectivas regiones; Alemania explota al Este. En América Latina, Estados Unidos promueve la doctrina del libre mercado para adueñarse de los mercados existentes, usando las deudas comerciales de las empresas locales para un saqueo general de los recursos locales. Japón consolida sus lazos con los mercados asiáticos y los_ proveedores de materias primas, mientras que transfiere inversiones financieras desde los Estados Unidos a Asia. El final de la Guerra Fría entre Oriente y Occidente está- acompañado de una nueva competencia interimpe- rial que profundiza el conflicto y la explotación Norte-Sur, el antiimperialis- mo se convierte'una vez más en el punto central: desde la expínsión militar de los Estados Unidos a la conquista de los mercados pOr parte de alemanes y japoneses.

La tercera crisis que surge de la transformación de los '70 y de los '80 es la gran discrepancia entre el formidable poder militar e- ideológico de los Estados Unidos y su incapacidad económica para construir economías- clientes viables. El poder militar, la influencia y "presión de los Estados Unidos se relaciona directa e indirectamente con la violenta toma del poder por parte de los regímenes militares neoliberales en América Latina. En Centroamérica, los Estados Unidos financiaron las fuerzas armadas y los

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escuadrones de la muerte en El Salvador, entrenaron las máquinas asesinas en Guatemala y organizaron a los “contras”. Un apoyo similar se extendió a Argentina, Chile, Uruguay y Brasil: los Estados y las economías neoliberales se impusieron por medio de la violencia, no porque hayan fracasado las políticas nacionalista keynesianas y socialistas.

De la misma manera, en Europa Oriental y en Rusia, la carrera armamen- tista promocionada por los Estados Unidos contribuyó al debilitamiento de estas economías y junto con el mal manejo del estalinismo sentaron las bases para las revueltas populares y la restauración elitista del capitalismo. La capacidad idológica-militar del estado imperial fue capaz de llevar a cabo la transformación histórica mundial, la creación de la contrarrevolución neoli- beral.

Sin embargo, el capital norteamericano y las organizaciones económicas del estado imperial no han sido capaces de financiar el desarrollo de economías capitalistas viables. La contradicción entre la capacidad ideológi- co-militar norteamericana y la económica resulta evidente, aún a pequeña escala: en Grenada la economía está estancada, el desempleo llega al 30%y ninguna nueva inversión llega a Nicaragua y Panamá, con un panorama simi- lar. En una escala aún mayor, Estados Unidos-"ganó" la Guerra Fría en Europa del Este y perdió la competencia económica en favor de sus rivales. El abismo entre el poder ideológico-militar para imponer regímenes clientes del libre mercado y la incapacidad para sostenerlos significa que Estados Unidos no puede transformar la dominación militar en poder hegemónico: significa que el poder ideológico de este país para denibar a sus adversarios se erosiona rápidamente a medida que sus clientes potenciales descubren que no hay ayuda económica detrás de'él. Esto apunta con claridad a la crisis del “Nuevo Orden', lo que apunta a una apertura efectiva para la izquierda.

El. cuarto punto de ruptura de los» noventa es la crisis de las economías pos-industriales, producto de la reestructuración del capitalismo en las décadas pasadas. Por muchos años los ideólogos del “pos-industrialismo" argumentaron que la crisis Capitalista era una cosa del pasado, vinculada a las economías industriales. Con el advenimiento de la llamada “economía de servicios” y la alta tecnología vendría una diversificación mayor y un cre- cimiento estable y contínuo.

La profundización de la recesión de principios de los noventa ha dado por tierra con ese optimismo: a medida que las economías occidentales se deslizan hacia el crecimiento negativo, millones de trabajadores de servicios, jóvenes profesionales, agentes de bolsa y bienes raíces se. encuentran sin tra-

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bajo. La quiebra de los bancos se aproxima a niveles sin precedentes en décadas anteriores. La vulnerabilidad e inestabilidad de todo un precario edi- ficio de capitalismo especulativo es ya obvia, aún para sus defensores más acérrimos. Los ideólogos del pos-industrialismo ignoran por completo el grado en el que la propia “alta tecnología” dependió de las especulación financiera, y no de un factor económico independiente. No supieron darse cuenta de que el “capitalismo reestructurado” de “servicios” todavía dependía de la producción de bienes reales y servicios sociales. Sin embargo, la pro- moción que esto's ideólogos hicieron de la expansión de servicios especula- tivos sobre una base cada vez más. estrecha y restringida de producción —en la cual. la especulación se alimentaba a misma, ofertando, comprando y "vendiendo compañías como mercancías más allá de su crecimiento producti- vo- socavó la capacidad delos productbres de consumir y producir.

Las crisis pos-industriales

Las economías pos-industriales" no sólo están sujetas a las crisis cíclicas,‘ sino que la factibilidad de una recesión profunda y prolongada es, por lo tanto,- mucho más real. que las crisis anteriores de la “sociedad industrial”. ASimismo las. Vinculaciones internacionales entre los sectores financieros dominantes de los países capitalistas más importantes significan que la crisis se eXtenderá a escala mundial, forzando a cada estado capitalista (en particu- lar a Alemania y Japón) a la búsqueda de barreras-y constricciones contra los efectos internacionales de la crisis, surgidos de los “estados más pos-indus- triales": Estados Unidose Inglaterra. A medida 'que las 'mismas que organi- zaron y promovieron la estruótura e ideolOgía neoliberal caen víctimas de ella, la base de la economíapolítica neoliberal se estrecha, aún cuando sus instituciones (bancos, casas financieras, etcétera) todavía mantienen bajo su égida la política económica del gobierno.

En tanto la clase media neoliberal se “proletariza”, cae el estado de gracia y toma conciencia de las perspectivas cada vez menores para la “recu- peración” de viejas posiciones, es probable que en el largo plazo se una respuesta dual: un giro radical hacia la derecha que se resiste a la movilidad descendente, asociándose con los pobres en organizaciones comunes, que buscan a los grupos de derecha que prometen una vuelta a los “días dorados” de la opulencia neoliberal; o un giro ala izquierda, una revalorización la soli- daridad social, el bienestar público y las restricciones públicas sobre el mer- cado. A cono plazo, fieles a su origen, los jóvenes profesionales en descenso

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buscarán salidas individuales, personalizando sus problemas en busca de soluciones particulares. No, obstante, la crisis del capitalismo pos-industrial y la amplia red de clases sociales afectadas suma los ahorristas, dueños de viviendas y técnicos calificados a la larga lista de antiguos obreros indus- triales, inmigrantes, minorías y mujeres que han sido afectados por el período previo de “reestructuración” capitalista. La crisis del capitalismo pos-indus- trial ha creado una polarización muy pronunciada contra misma: sin embar- go, el alcance de .la polarización también está marcado por la hetereogeneidad de las fuerzas que la componen y la variedad de los sitios en los que los con- flictos -reales o potenciales- ocurren:- trabajo, vivienda, crédito, bienes de consumo (recuperados)..etcétera.‘

El desafio para la izquierda es llegar a una comprensión de las nuevas clases creadas por la reestructuración neoliberal y deteCtar los diverso-s puntos en los que surgen los conflictos. La tarea más difícil es la de crear un programa que vincule a las víctimas de la primer ola de la reestructuración capitalista con las de la segunda, los victimarios que se tornaron víctimas. El desafio programática es crear una alternativa que evite una vuelta o recuperación de_la “economía de servicios”, asi como la vuelta a la alta- mente contaminante “sociedad industrial”. Una alternativa que vincule la alta tecnología de la sociedad pos-industrial con las industrias productivas de baja contaminación de la sociedad industrial. La crisis de la sociedad pos-industrial destruyó toda ilusión sobre su estabilidad y seguridad: para la izquierda surge la oportunidad histórica de proponer una alternativa.

La crisis de los sistemas electorales

La quinta crisis de los noventa es el descenso en la legitimidad de los regímenes y los'procesos electorales a escala mundiaLj‘I'Los regímenes elec- torales ligados a la economía política mundial neoliberal han alienado a los votantes en todas partes, Oriente y Occidente, Norte y Sur. En las últimas elecciones para el Congreso en Estados Unidos, sólo se presentaron el 36% de los votantes. En Hungría y Polonia, las así llamadas democracias sólo atraen a una minoría de votantes potenciales, a medida que las políticas socioeconómicas de las élites electorales infligen un terrible castigo a los votantes. En Colombia, menos del 25% del electorado vota: lo hace menos de un tercio en las elecciones corruptas de México y tendencias similares se tor- nan evidentes en toda la región, a medida que .los regímenes electorales traicionan las promesas democráticas preelectorales a través de programas de

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austeridad estilo FMI. Una alienación del voto similar es evidente en Europa Occidenml a medida que las diferencias entre la izquierda tradicional y los conservadores convergen en una agenda neoliberal y los partidos comunistas decrecen por su incapacidad para responder a nuevos conflictos y crisis. En todas partes, las mayorías sienten desdén por los políticos burgueses quienes son percibidos —acertadamente- como corruptos y respondiendo a los poderes establecidos; las campanas en los medios masivos para estimular la participación del votante son ignoradas. Los partidos de fútbol atraen más al público que las campañas políticas. Aquellos brindan una distracción ante los desengaños, las inseguridades económicas y las dificultades que resultan de la gestión de la élite política.

A medida que aumenta la abstención y la alienación, se,erosiona seria- mente la legitimidaddel sistema político: ¿quién puede creer en la representa- tividad de un Congreso elegido por pna pluralidad del 18% de los votantes? (como. sucede en Estados Unidos). Es evidente que la abstención electoral de las mayor'ns populares deja expuesta la naturaleza elitista, no representativa, del proceso electoral. Aún los cientistas sociales de la burguesía “explican” que “cuesta” entre lO y 20 millones de dólares elegir un titular para el Senado de los Estados Unidos. Con los medios masivos de comunicación, la financiación partidaria y las regulaciones estatales que restringen al máximo las opciones electorales y la transparencia de los partidos durante las elec- ciones, resulta evidente para un gran número de la población —quizás para la mayoría- que los partidos y las campañas electorales no son medios para remediar las penurias, y mucho menos'paraprovocar un cambio. Resulta cada vez más común leer o escuchar a la gente decir que los regímenes electorales “no son lo mismo” que la democracia.

El futuro de los cambios socioeconómicos de base popular no pasa por las elecciones parlamentarias, dada la estructura elitista y el control ejerc i‘- do sobre este proceso.- La separación entre la clase politica electoral (y sus publicistas en los medios y el mundo académico) y la población se amplía cada vez más, extendiéndose en particular a los jóvenes que soportan el impacto de los efectos socioeconómicos y" no vislumbran- partido electoral alguno que represente sus intereses. e.

Crisis y movimientos sociales

Entre la crisis pos-industrial, la amenaza de militarización y la contrarre- volución neoliberal contra la mujer y el medio ambiente surgen una serie de

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movimientos de acción directa. Estos extienden sus derechos a lOs excluidos y reclaman vigorosamente por ellos sobre el conflictivo ámbito de la propiedad: los ecologistas, para restringir las operaciones del mercado que degradan el medio ambiente; la mujer, para revertir la ofensiva neoliberal que aumenta su dependencia personal, quitándole los derechos de bienestar social y violando su identidad colectiva al convertirlas en un producto en el merca- do de la pornografía.

Los movimientos resistieron los ataques y crearon áreas de reformas ecológicas. y sociales; pero a medida que avanzaron los ochenta bajo la con- trarrevolución neoliberal, se hizo evidente que estos cambios en el sistema eran reversibles, y de hecho fueron .revertidos. La así llamada revolución democrática en Europa Oriental'revocó las licencias por maternidad, del dere- cho al aborto y las guarderías como. parte de su proyecto de restauración y competencia capitalista para la inversión occidental. En el Oeste, las restric- ciones ecológicas para la explotación energética se borran gradualr'nente en los Estados Unidos y retoman las políticas de pillaje ecológico. Resulta evi- dente que las políticas movimientistas de presión son insuficientes; fuero n.. un buen punto de partida, pero ignoraron- el factor del poder estatal. Este factor se explióa en el caso del Foro Socialista de Alemania Oriental, que fue incapaz de convertir al moVirniento contra el estalinismo'enun movimiento para la toma del poder. En última instancia, la maquinaria política de Alemania Occidental invadió y m'arginalizó a los movimientos y tomó el con- trol del Estado.

En su mejor forma los movimientos contienen el embrión del nuevo- poder estatal: asambleas populares, elecciones directas y debates públicos. Los movimientos de izquierda enfrentan una oportunidad y un desafío sin precedentes: la de insertarse en ese abismo entre la clase electoral neoliberal y la mayoría abstencionista alienada. El desafío consiste en crear movimien- tos que formen organizaciones paralelas de poder político para controlar terri- torios, fábricas, servicios comunales, tierras. El camino de la acción directa al poder estatal pasa por la multiplicación de asambleas populares locales, que dirimen asuntos de interés directo. para la poblacióntlaantigua política movimientista vinculada a las campañas electorales ya no tienen fiauro: tampoco la tiene la simple acción directa, en particular en-defensa del terr i- torio local; el futuro de los movimientos yace en la creación .de poderes electorales autónomos basados en y coordinados con los movimientos regionales o nacionales de acción directa, a modo de ensayos de la creación de un nuevo poder estatal que responda a la saciedad civil.

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La desintegración de la sociedad civil

La- sexta crisis y desafío de los noventa es la desintegración de la sociedad civil, más avanzada en algunas regiones que en otras,.aunque se la reconoce en todas, partes. En el Tercer Mundo, la ofensiva neoliberal ha reducido los niveles de vida en Africa a niveles aún más bajos que antes de la independencia. En América Latina, la decadencia es tan palpable que es posi- ble ver a- millones de refugiados expulsados por las guerra de contrainsurgen- cia y la agricultura de exportación, amontonados en las villas urbanas, ejérci- tos de pobres que invaden las calles y plazas céntricas._ Cólera, fiebre amari- lla, malaria, tuberculosis —todas enfermedades del siglo diecinueve- se multiplican bajo el impacto de los córtes de gastos en salud, bienestar e in- fraestructura del plan neoliberal. La desintegración de la salud nacional, el crecimiento de lasepidemias masivasen Perú, Brasil y otras zonas y el vir- tual silencio de los medios y estados Occidentales sobre su responsabilidad es parte de un problema general: la “desensibilización” deliberada dela respon- sabilidad del mundo occidental por las plagas .ly los asesinatos masivos .que inflige al Tercer Mundo.2

Los ochenta fueron el punto de inflexión: cuando menos, antes de ese período la opinión occidental aparentaba escandalizarse por las violaciones de derechos humanos cometidos por los militares en América Latina, la ham- bruna en Africa, etcétera. Durante ese periodo, el público occidental se fue acostumbrando en forma gradual a los asesinatos en masa cometidos por los regímenes prooccidentales (en general clientes de Estados Unidos)._ En El Salvador, el asesinato de 75.000 personas desde el Estado no impidió la ayuda de cuatro mil millones de dólares por parte del CongreSO de Estados Unidos destinado a las máquinas de matar. en'Guatemala, 100.000 muertes no impidieron que Europa y Estados Unidos enviaran millones en ayuda extema a lo large de los últimos años de la década del ochenta. En Nicaragua, 30.000 personas fueron asesinadas y el ejército mercenario de Estados Unidos cometió un daño de diez mil millones sobre la propiedad, aunque ello no impidió que Estados’Unidós. y Europa enviasen ayuda a los mercemarios en el poder. La desintegración de la sociedad latinoamericana, así sea por hambre, enfermedad o escuadrones de la muerte, se ve acompañada del silen- cio y la complicidad de Occidente. A medida que las máquinas de asesinato masivo se tornan en rutina bajo fachadas doctorales, se vuelven aceptables y legítimas para los medios de comunicación masiva en Occidente. Pues- los regímenes electorales, lejos de desmantelar estas maquinarias, les han sumi-

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nistrado una seudolegitimidad e impunidad para crímenes pasados y pre- sentes. _

La desintegración moral de Occidente, su aceptación de los crímenes contra la humanidad e‘n Centroamérica, es el preludio de la complicidad activa de los medios en los bombardeos masivos sobre las ciudades iraquíes.

Izquierda y-conciencia ética

Los liberales, los socialdemócratas y los democratacristianos han abdica- do de su responsabilidad moral con su-complicidad en el terror masivo y la desintegración del Estado en el Tercer Mundo. Este vacío moral crea una oportunidad y un desafío para la izquierda: formar la conciencia moral del pueblo y elaborar nuevas categorías morales que destruyan los mitos tecno- imperiales.

Se sabe que Estados Unidos no es inocente cuando agentes militares pagados por ellos asesinan jesuitas. Se sabe, que los bombarderos B-52 arro- jan bombas que destruyen edificios enteros de viviendas y no sólo instala- ciones militares. El desafío para la izquierda es activar esa conciencia moral para renovar la sensibilidad ante los crímenes de las máquinas asesinas; luchar contra la aceptación de la rutina burocrática de los asesinatos en masa.

La desintegración social se ha extendido amplia y profundamente en Estados Unidos y Europa. Por todas partes proliferan los sin techo. Lo que una década atrás era considerado una excepción, ahora se convierte en rutina. Generaciones enteras de jóvenes “no tienen futuro” en este callejón sin sali- da, mal. pagos en el sector servicios y peor aún en las industrias de alta tec- nología. Vecindarios enteros están condenados a las drogas, los crímenes y las muertes prematuras o son comprados y demolidos por el capitalismo ren- tista. La desintegración se cierne sobre las: clases medias, a medida que pier- den el control de sus escasas posesiones, salud y servicios educativos y su propia fuente de trabajo se vuelve precaria. Una profunda recesión se puede convertir en el gran igualador entre las clases medias y bajas.

Sin embargo, la desintegración no conduce necesariamente a la radica- lización de la izquierda o a la “inevitabilidad” de revueltas sociales.

Las clases con movilidad descendente“ pueden resistirla aferrándose con más fuerza a sus diferencias de estatus marginal a través de políticas racistas, exclusionistas o chauvinistas; las frustraciones violentas pueden volcarse

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hacia dentro, hacia la casa y el mismo, los ataques individuales son tan probables como las revueltas colectivas. A medida que se derrumba el mode- lo neoliberal, la estrategia de la clase dominante es “aislarse” del resto de la sociedad: más policía, prisiones, jueces, más sistemas de seguridad, policías y ejércitos privados. La “mentalidad bunker” en la cima, con sus torres de tele- visión, espectáculos masivos y las guerras en el exterior para distraer a las masas o extemalizar sus agresiones. Sin embargo, aún aquí surge la dialéctica de la oposición; los espectáculos masivos se convierten en guerras callejeras, en la conciencia de los soldados que regresan a los ghetos anida un profundo resentimiento luego de servir a los ricos y retornar a la pobreza; el impacto de la propaganda de los medios repetida demasiadas veces en demasiados Con- textos, pierde su efectividad.

Clases y lucha de clases

La importancia del marxismo se basa en la noción de la explotación de la clase y la lucha de clases. Su descubrimiento “científico” de la contradicción entre la producción social y la propiedad privada se convirtió en la base de su noción dialéctica de que el capitalismo crea las condiciones de su caída en las propias faenas que crea para su reproducción. '

Lo que sugiero, es que los símbolos algebraicos, “clases” y “lucha de clases” se determinan histórica y socialmente y son especrficos a cada fase o tipo de capitalismo.

En la actual, no son sólo las clases trabajadoras y las capitalistas lasque ocupan el escenario central, sino una masa de jóvenes expulsados con con- tenido de género, edad. y raza específicos, que enfrentan una concentración de “capital ficticio”. Este “conflicto de clase” Ocurre no es un sitio de produc- ción en particular (la fábrica ola industria), sino en toda la sociedad (en las viviendas, las calles, las tiendas, la cultura, etcétera, en donde opera el capital ficticio) y constituye una lucha total en la medida en que la supervivencia y reproducción del capital ficticio no depende de trabajadores sanos y educados (como en el caso del capital industrial), sino de una marginalización continua y cada vez más profunda; quizás, en el caso más extremo, de su eliminación física (a través de las enfermedades, malnutrición en el Sur y las drogas, cárceles y guerras locales en el Norte).

Para ser útiles los conceptos marxistas deben reconocer e incorporar las nuevas realidades de los sistemas capitalistas de clase reestructurados; su

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concepto de lucha de clases debe profundizarse para visualizar las nuevas zonas de conflicto y nuevas organizaciones de lucha. .

En tanto los sindicatos y los partidos electorales surgieron de una estructura de trabajoindustrial homogénea, los movimientos sociopolíticos que reflejan una mayor heterogeneidad social y cultural responden a las necesidades organizativas de las nuevas” luchas.

La Concentración del poder político en la elite ejecutiva de gobierno y sus respuestas rápidas e inmediatas a las necesidades del capital ficticio “margina a los partidos y legislaturas. Cuando los intereses de bienes raíCes reclaman las tierras de 10s pobres, los ejecutivos organizan al ejército y a la policía pará preceder a las topadoras. La pólítica de la a'cc'ión ejecutiva directa milita-nte sólo se puede responder con la acción directa colectiva de los movimientos: Para cuando llega el momento de nuevas elecciones, el vecindario ya será una playa de estacionamiento; para c'uando el Congreso investigue sobre estos temas, ya se erigirán en el lugar oficinas de acero y vidrio y departamentos de lujo.

La alternativa marxista

La alternativa marxista al mundo Hobbesoniano se construye sobre tres pilares interrelacionados aunque atraveSados por tensiones: los movimientos sociopolíticos de los expulsados y marginados (villeros) cuya alianza e intereses sólo puede sostenerse a través, de la acción directa; los partidos políticos y los sindicatos vinculados a10s obreros industriales, los empleados públicos y privados ligados al accionar industrial y la política electoral; los movimientos internacionalistas de ecólogistas, mujeres, homosexuales y grupos de solidaridad que combinan y oscilan entre los dos grupos anteriores en el estilo y naturaleza de su acción. El primero tiene el estilo más revolu- cionario, airnque es difícil de mantener; el segundo continuidad y' solidez institucional, aunque tiende .a ser absorbidoen los canales rutinarios dela oposición; el último tiene continuidad y militancia, aunqueevita una estrate- gia revolucionaria globalizadora en- favor de demandas sectoriales y” políticas de presión.

El desafio para la izquierda es la lucha para trascender la inercia de los partidos electorales, llevar a cabo aciones directas .desdelo' local a lo nacional y lo internacional y volcar" en los movimientos sociales una c'on- cepción revolucionaria del poder.

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Hablemos de revolución

¿Por qué hablar ‘de revolución en-una época de contrarrevolución, de triunfalismo neoliberal y conquistas. militares de las superpotencias? Porque el uiunfalismo se construye sobre arena, como ya hemos visto en nuestra dis- cusión anterior... porque las condiciones objetivas están creando las condi- ciones para la confrontación... porque debe detenerse la marea ascendente de irracionalidad, si queremos evitar ser arrastrados en. la-vorágine del militaris- mo en ascenso, la competencia irnperial intensificada,,la desintegración social que utiliza el chauvinismo y las mentiras cotidianas para saturar a los medios masivos de comunicación todos los días de nuestra vida. ¿Por qué “revolu- cionario” y no "reformista"? Porq'ue no se trata de una guerra local, una; mentira ocasional, un racismo de poca- monta, sino de profundas fuerzas estructurales que cruzan fronteras y definen un período histórico. Hemos visto todo tipo de reforrnista, en el Nortey en el Sur," en. el Este y en el Oeste. que imponen controles energéticos .enfbase 'a años de movilización, para ver- los revertidos callada y rápidamente por los decretos ejecutivos del siguiente; aquellos que rehúsan pagar parte de la deuda externa, o que incrementan el bienestar social y sufren las consecuencias de la fuga del capital privado, quienes promueven reforrnas sociales en períodos de expansión capitalista y "las desmantelan en períodos de contracción. Los reformistas, que fabrican ilusiones de mejoras acumulativas que llevan utopías liberales .y/o social- demócratas y terminan colaborando en guerras contra el Tercer Mundo, en saqueos de naciones anexadas y órdenes de expulsión contra extranjeros indeseados. Por supuesto, esto sería lo mejor dentro del reforrnismo: el PSD ¿Y qué hay de los otros, los Walesas y Havels que han convertido sus países en crueles laboratorios para experimentos de saqueo y apropiaciones del libre mercado y ollas populares para los millones de subempleados y desemplea- dos? En la actualidad, ser racional es ser revolucionario: resistir el auge del ¡nacionalismo que habla de bombas inteligentes que matan millares; que pre- tende destruir objetivos militares arrasando ciudades enteras; que financia los regímenes de-escuadrones de la muerte para asesinar a un cuarto de millón de campesinos y obreros de, Centroamérica en el nombre de la democracia occi- dental; que satura los medios con estrategias militares, militarizando la cul- tura y haciendo que millones se conviertan en patriotas de pacotilla.

Cuando el crimen se vuelve respetable, los respetables se convierten en criminales. Resistir esta ola irracional que amenaza continundarnos requiere solidaridad, movilización, acción y coraje para mantener la racionalidad: eso

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es lo que significa ser un revolucionario el día de hoy, el viejo orden se muere y amenaza arrastramos con el. El nuevo orden está luchando por nacer.

Notas

El ocaso de los nuevos ricos: Esta es la primer crisis pos-industrial y las primeras víctimas son los nuevos ricos, especuladores, jóvenes profesionales neoliberales “¿interiormente fueron responsables de echar alos trabajadores de las fábricas y alos inquilinos de sus viviendas. Es una justicia irónica el hecho de que el mismo sistema que crearon los neoliberales se esté devorando a sus hijos. Aún más,,la crisis de las economías pos-industriales es mucho más profunda y seria que las anteriores crisis del capitalismo industrial, pues la economía de servicios financieros y de bienes raíces ha corrompido la base industrial para cualquier recuperación. La ecónomía de servicios en colapso no tiene ningún "colchón" sobre el cual descansar, excepto el Estado, y un Estado que ha sido severamente privado de ingresos, que ya se encuentra muy endeudado por el crecimiento artifi- cial de la década pasada.

Todos contra todos: El mundo que surge del modelo neoliberal se asemeja menea a la utopía liberal d/e John Smart Mills que al mtmdo hobbesiano de “guerra de todos contra todos". En oposición a Marx, la sociedad de productores autoorgani- zados no smgirá de la “socialización” de la economía capitalista existente. ¿Qué relación tienen los millones de expulsados por'el capital especulativo con la bolsa de valores, con las apropiaciónes ventajosas de firmas y edificios de oficinas?. El socialismo no puede crecer del capitalismo que atomiza a los productores, destruye las comunidades e incentiva la pasividad y la violencia individual. Sobre la economía del saqueo existe muy poco para construir para una nueva sociedad. Sus sitios de actividad económica no son las arenas para la organización y la lucha popular. Por el-contrario, éstas comienzan afuera. en las calles, asambleas y comunidades, que rodean alas fuentes de pillaje y se preparan para tomar efion- trol y expulsar a las instituciones del saqueo y las industrias que son pura “pala- brería" (abogados, publicistas, expertos en mercado y relaciones públicas, etcétera).

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MARXISMQ Y CRISTIANISMO EN AMERICA LATINA*

Michael Lówy

Durante medio .siglo el marxismo fue —bajo la forma caricaturesca de “comunismo ateo”— proscripto como el enemigo más irreductible y dia- bólico de la fe cristiana. La excomunión papal de la postguerra ha sido sólo la sanción canónica de este implacable y obsesivo combate, que creó, en América latina, así como en el mundo entero, un murode hostilidad entre los fieles de la Iglesia y los movimientos políticos de inspiración marxista.

Las brechas abiertas en ese muro gracias al sorprendente proceso de con- vergencia entre cristianismo y marxismo que se produjo en el curso de los últimos 30 años —en particular, pero no únicamente, a través de la teología de la liberación- fueron unos de los factores de transformación social más importantes de la historia moderna del continente. Algunos de los principales acontecimientos sociales y, políticos de los decenios recientes —como la re- volución nicaragüense, la insurrección popular en El Salvador y el nuevo movimiento obrero y popular en Brasil- son incomprensibles e inexplica- bles si no se toma en consideración la profunda mutación de la cultura católi- ca latinoamericana resultante de la integración, por parte de importantes sec- tores de la Iglesia, de ciertos temas esenciales del marxismo. Sea cual fuere el resultado de la actual ofensiva autoritaria de Roma —y no se puede excluir que encuentra cierto éxito- estos acontecimientos constituyen ya una reali- dad histórica irreversible.

Esta evolución inquieta y preocupa no sólo a los obispos y teólogos con-

Publicado en Rev. Tiers Monde. N‘l 123. julio-sept. 1990.

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r

’servadores, a los :defensores de la ortodoxia romana, a los doctrinarios de la fe en las altas esferas del Vaticano y del CELAM (Conferencia Episcopal lati- noamericana), sino también a los generales reunidos en Mar del Plata en 1987 y a los consejeros republicanos del-presidente norteamericano (reunidos en Santa Fe-en _1980 y 1988).

Intentando dar cuenta de este fenómeno inesperado, los consejeros de Ronald Reagan recurrieron, en el documento de Santa Fe de mayo de 1980, a la explicación. policial clásica, la “infiltración”: “La política exterior de los Estados Unidos debe Comenzar a hacer frente (y no solamente a reaccionar a. posteriori) a la teología de la liberación... En América latina, el rol de la Iglesia es vital para el concepto de libertad política. Desafortunadamente, las

_. fuerzas marxistas-leninistas utilizaron a la Iglesia como arma política contra la propiedad privada y el capitalismo de producción, infiltrando en la comu- nidad religiosa ideas más comunistas que cristianas”. Inútil es insistir sobre la inadecuación evidente de ese tipo de “análisis”, perfectamente incapaz de dar cuenta de la dinámica interna de estos sectbres de la Iglesia que los condujo a menudo a tomar, contra el sistema capitalista, posiciones mucho más radi- cales que aquellas adoptadas por las “fuerzas marxistas-leninistas” tradi- cionales (los partidos comunistas latinoamw'icanos).

Más recientemente, el mismo equipo de especialistas (esta vez al servicio del presidente Bush) publica un nuevo informe —denominado Santa Fe II- en el cual es retomado, de manera levemente más sofisticada, el mismo esquema. Se trata ahora de la técnica gramsciana de los marxistas que des- cubrieron que el método más prometedor para acceder al poder es “la domi- nación de la cultura nacional, que exige emprender un esfuerzo para-alcanzar fuerte influencia en la religión, en las escuelas, en los medios de comuni- cación y en las universidades”: “Es en este contexto que hay que comprender a la teología de la liberación: como una doctrina política disfrazada de creen- cia religiosa con un significado anti-papal y anti-libre-empresa, destinada a fragilizar la independencia de la sociedad frente al Control estatal”. -La relación compleja y original entre lo religioso y lo político en la teología de la iiberación es así reducida a un vulgar disfraz, fruto del maquiavelismc estratégico de los marxistas.

Es enel mismo espíritu que se sitúa el documento sobre la teología de la liberación presentado durante la Conferencia interamericana de los Ejércitos en diciembre de 1987. Esta vez, de manera mucho más detallada y calificada —sin duda redactado pór un teólogo conservador consejero de las Fuerzas Annadas—, interpreta también el fenómeno dentro del cuadro general de la

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“estrategia del movimiento comunista internacional en América latina a través de diversos modos de acción.

Sin embargo, ,el sentido común alcanza para explicar el hecho de que la teología de la liberación —y la convergencia, dentro de sectores de la Iglesia, del cristianismo y del marxismo-— no es consecuencia de una conspiración, estrategia, táctica, infiltración o maniobra de comunistas, marxistas, grams- cianos o leninistas, sino esencialmente de una evolución interna de la Iglesia, a partirdc su propia tradición y cultura. Lo que hay que comprender es porqué, en un momento da'do de la historia —el comienzo de los años 60- y en un espacio determinado —América latina—, una parte del clero y de lOs laicos cristianos (en particular católicos) experimentarán la necesidad de utilizar el método marxista de interpretación y transformación de la reali- dad, ._

Desde ese punto de vista, el análisis del principal adversario romano .de la teología de la liberación, el cardenal Ratzinger, es mucho más interesante y perspicaz. Según el eminente prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el curso de los años 60 “se produjo en el mundo occidental un va- ciamiento de sentido que se podía constatar”; en esta situación “las distintas formas de neo-marxismo se transformaron en impulso moral al mismo tiem- po que en promesa casi irresistible para la juventud universitaria”. Por otra parte, “el desafío moral que-representaba la pobreza y la opresión no podía ser ignorada cuando Europa y América del Norte; habían alcanzado un-grado de opulencia jamás conocido hasta el momento. Ese desafío exigía evidente- mente, nuevas respuestas que no podían ser encontradas en tradición de entonces. La situación teológica y filosófica empujaba a buscarlas en un cris- tianismo guiado por modelos de esperanza fundados científicamente, en apariencia; sobre filosofías marxistas”. El resultado fue la aparición de teólo- gos de la liberación que “adoptaron la opción marxista fundamental”. Se subestíma la gravedad del riesgo que representaba esta nueva- doctrina “porque no entra en“ ningún esquema de herejía conocido hasta entonces, su punto de partida se encuentra fuera de lo que puede ser controlado por esque- mas tradicionales de disóusión”. No se puede negar, reconoce el cardenal, que esta teología, combinando la exégesis bíblica y el análisis marxista, es “seductora” y “de una lógica casi sin falta”. Parece responder “tanto a las exi- gencias de la ciencia'cuanto a los desafíos morales de nuestro tiempo”. Pero esto noia torna menos peligrosa: “de hecho, el peligro de un error está en la medida del núcleo de verdad que comprende.”l

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La “afinidad electiva” del marxismo y del Evangelio

Resta saber porqué precisamente los “modelos de esperanza" de inspiración marxista pudieron seducir a sectores tan significativos de la 'lglesia católica apostólica romana en América latina. Más precisamente: si partimos de la evolución interna de la Iglesia ¿cuáles son los aspectos o ele- mentos de su propia doctrina que pudieron favorecer. facilitar y estimular la convergencia con el marxismo? Y. por otra parte. ¿cuáles son los aspectos o elementos del marxismo seleccionados en ese proceso de acercamiento?

Un concepto que puede ser útil para este tipo de análisis es el que emplea Marx Weber para estudiar la relación recíproca entre una forma religiosa (la ética protestante) y un ethos económico (el “espíritu del capitalismo”): afinidad electíva (wahlverwandtschft). A partir de algunas analogías. de algu- nas afinidades, de algunas correspondencias. dos figuras culturales pueden —en circunstancias históricas determinadas- entrar en una relación de atrac- ción, de búsqueda. de selección o de elección mutua. No se trata de un proce- so unilateral de influencia sino de un movimiento dinámico, activo de inte- racción dialéctica conducente. en algunos casos, a una simbiosis o incluso a una fusión de las dos estructuras significantes. A título de hipótesis, se podría intentar circunscribir algunos aires de afinidad o de correspondencia entre el cristianismo y el socialismo.

La liberación de los esclavos y oprimidos como irnperativo moral y como proceso histórico. Se trata de un terna originario del Antiguo Testamento; si las comunidades de base y la teología de la liberación le han dado gran importancia al libro bíblico del Exodo, no fue por azar.

La valorización del pobre como víctima inocente de la injusticia y exen- ta de la corrupción reinante; el imperativo moral de la acción en favor de la salvación de los pobres. Evidentemente hay una distancia considerable entre el pobre de la doctrina católica y el proletario de la teoría marxista pero no se puede negar cierta “afinidad” (Verwandtschafr) ético social entre ambos.

Universalismo, intemacionalismo (“catolicismo” en-el sentido etimológi- co), doctrina e instituciones transnacionales teniendo como objetivo a la humanidad como un todo. Humanismo, afirmación de la unidad sustancial del género humano, por sobre las razas, etnias y naciones.

Crítica al individualismo, como observa el sociólogo marxista Lucien Goldmann en su libro sobre Pascal (El Dios escondido). tanto el marxismo como el cristianismo rechazan el individualismo puro (liberal. racionalista.

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hedonista o empirista). Para ambos, los valores supremos son trans-indivi- duales: Dios para la religión. la comunidad humana para el socialismo.

Valorización de la comunidad, de la vida comunitaria, de la división comunitaria de los bienes. Crítica del anonimato, de la impersonalidad, de la alienación, de la competencia egoista en la vida “societal” moderna.

Anticapitalismo: Marx Weber notaba, con razón, la existencia de una pro- funda oposición entre la racionalidad ética. de la Iglesia católica y la raciona- lidad económica del capitalismo. La Iglesia rechaza un sistema económico totalmente impersonal y reifrcado (versachlicht), que escapa a sus impera- tivos morales y religiosos.2 La crítica del “capitalismo liberal” es uno de los temas clásicos del magisterio de la Iglesia desde el siglo XIX hasta hoy.

La esperanza de un reino futuro de justicia y de libertad, de paz y de fraternidad entre los seres humanos. Subrayar esta afinidad entre la utopía cristiana y la utopía socialista no significa necesariamente aceptar la tesis de Berdiaev, Karl Lówith y muchos otros, para quienes el marxismo no sería más que un avatar seculan'zado del mesianismo judeocristiano.

ES evidente que el significado de cada uno de los elementos es entera- mente diferente en ambos sistemas culturales y que sus analogías formales no engendran, por s-í mismas, ninguna necesidad de convergencia. Por ejemplo, nada está más opuesto al lugar del pobre en la doctrina tradicional de la Iglesia —objeto de caridad y protección patemal- que el rol del proletariado en el pensamiento marxista: sujeto de la acción revolucionaria. Las corres- pondencias que indicamos no impidieron que la Iglesia se reconciliara con el orden capitalista y que considerara al socialismo, comunismo y marxismo como los enemigos “intrínsecamente perversos” de la fe cristiana —aunque siempré haya habido en el seno del catolicismo ‘(y de las iglesias protestantes) individuos, grupos y corrientes atraídas por doctrinas revolucionarias moder- nas. Aquello que transforma a estas analogías puramente virtuales, en relación dinámica de afinidad electiva es una coyuntura histórica determi- nada, una constelación particular de hechos que acontecen a partir del finde los años 50. Por un lado se trata de una coyuntura mundial: la crisis y la reno- vación teológica del catolicismo europeo de la postguerra, la elección de Juan XXIII en 1958 y su convocatoria a un nuevo Concilio, buscando el aggior- namenrade la doctrina y de las prácticas de la Iglesia. Paralelamente se desarrolla una crisis del marxismo (burocráticamente) institucional, con el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) y la denuncia del stalinisrno. Estos hechos van a-crear condiciones favorables para

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una relación más abierta entre el cristianismo y el marxismo, pero sus conse- cuencias en Europa no irán (salvo algunas excepciones, principalmente en Francia) más allá de un “diálogo” entre-dos bloques opuestos política .y cul- turalmente.

El itinerario de una convergencia

Es en América latinadonde se producirán circunstancias que van a per-- mitir un proceso mucho más. radical de convergencia. La coyuntura lati- noamericana, que nace a partir de ese momento histórico está caracterizada por dos aspectos fundamentales: a) un desarrollo acelerado del capitalismo, una intensa urbanización y una rápida industrialización (bajo la égida del ca- pital norteamericano), que profundiza las contradicciones sociales tanto en la ciudad como en el campo; b) la revolución cubana (1959-1960), primer victo- ria popular contra el imperialismo-en América latina y primer revolución socialista en el continente —dirigida por un nuevo tipo de fuerzas marxistas, independientes del cómunismo tradicional (de inspiración stalinista). La com- binación de ambos procesos —uno estructural, económico-social y e'l otro político-ideológ'ico- tendría por resultado el comienzo de una nueva etapa en la historia de América latina, una etapa de luchas sociales, movimientos populares e insurrección, que descubre un nuevo salto cualitativo con la re- volución sandinista y que continúa hasta hoy. Una etapa que se caracteriza también por una mayor influencia y renovación del pensamiento marxista latinoamericano —en particular (pero no exclusivamente) en el medio univer- sitario. Es en esta coyuntura .en la que se va a desarrollar, en América latina, una relación de afinidad electiva, en ciertos sectores de Ia Iglesia y en su base social, entre cristianismo y marxismo. Una relación que va a conducir, a par- tir d'e las analogías existentes, a un acercamiento, cónvergencia, articulación entre estas dos culturas tradicionalmente opueStas —yendo en ciertos casos hasta la fusión, con la formación de una corriente marxista-cristiana. Además, el concepto de afinidad electiva (Wahlverwandtschaft).—que según Marx Weber describe solamente la relación de selección mutua y de refuerzo recíproco entre fenómenos socioculturales distintos- tiene su origen en una doctrina alquimista que buscaba-explicar la fusión de cuerpos por la afinidad entre elementos de su composición química. ..

En el curso de los últimos treinta años se desarrollaron innumerables manifestaciones de este proceso de convergencia por afinidad eleCtiva. En

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orden cronológico se destacantres momentos de importancia histórica decisiva: la izquierda cristiana brasileña de comienzos delos años 60, la teología de la liberación, y l'a revolución sandinista. Existen otros modelos y formas significativas que no podemos examinar dentro delos límites de este artículo. Por ejemplo el “camilismo” (a partir del ejemplo de Camilo Torres), la corriente “Cristianos por el Socialismo”, las diferentes sensibilidad cris- tianas del Partido de los trabajadores brasileños, etc.

Laizqu'ierda cristiana brasileña, tal como aparece en los años 60 en la JUC (Juventud Universitaria católica), en la JEC (Juventud de eStudiantes católicós) y en ’la AP (Acción popular) es la primer forma que toma en América latina, la articulación entre fe cristiana y política marxista —no como fenómeno individual, excepcional, sino como corriente que posee una- gran base social (en el medio universitario y aún en sectores del clero segun lar)—-. Es interesante observar que este proceso no es el resultado del Concilio Vaticano II, .ni de las comunidades de base, ni de la teología de la liberación, ni tampoco del golpe de estado militar de 1964: es muy anterior a todos estos hechos considerados habitualmente como causas de la evolución de la Iglesia .en Brasil y en América latina (y que, sin ninguna duda, jugaron un rol importante en una. etapa poSterior).

El-hecho de que la juventud estudiantil haya sido, al interior de la Iglesia, el primer sector que conoció la “tentación marxista” no tiene nada de sor- prendente, ya que era el medio social en el cual las ideas de Marx y de sus discípulos ejercían mayor influencia. Fenómenos semejantes se produjeron más tarde en Chile y otros países. Ia historia dela JUC es suficientemente conocida, gracias a los importantes trabajos de Luis Alberto Gómez de Souza, Óscar Beozzo, Emmanuel de Kadt y “mamas Bruneau; lo que nos interesa en el encuadre de este análisis es sólo situar el lugar de ésta' en el proceso histórico de transformación de la cultura católica en América latina. Dos aspectos merecen ser subrayados en este contexto:

La JUC de los años 60-62 representó la. primer tentativa, en todo el conti- nente, de desarrollar un pensamiento cristiano utilizando elementos del mar- xismo. Se trata pues, de un movimiento pionero con una sorprendente crea- tividad intelectual y política que, a pesar de su fracaso inmediato, difundió las semillas que germinarían mástarde en Brasil y en el conjunto del continente. Pablo Richard se refiere con razón, al Congreso del 10° aniversario de la J UC (1960) corno “el comienzo de una nueva etapa en la historia del cristianismo brasileño y latinoamericano”.s Hay que agregar que no se trataba solamente de un nuevo discurso, sino también de una nueva práctica en el seno del

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movimiento estudiantil, en el dominio de la educación popular (MEB) y más tarde en la acción política (Acción popular). Por otra parte, es cieno que la doctrina de la JUC no tenía carácter teológico, sino que representaba una elaboración de los laicos sobre la realidad histórica del país. No era un dis- curso sobre temas religiosos (Cristología, exégesis bíblica, eclesiologia), sino un análisis —de inspiración religiosa (católica)-— de los problemas económi- cos, sociales y políticos del Brasil.

En esta primera etapa (1960-1962) los elementos marxistas integrados en el discurso de la JUC son menos numerosos pero significativos: ciertos con- ceptos como alienación, condición proletaria, un esbozo de análisis de la explotación, la definición de la clase obrera como “el grupo de aquellos que están obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado a cambio de un salario que no corresponde al valor de su contribución en el proceso producti- v0, y que no participan de la gestión de ese mismo proceso de producción": y una opción general anticapitalista, por el socialismo (según las palabras de Herbert de Souza: “Somos contemporáneos del fin del capitalismo y del comienzo de la construcción socialista mundial"). Los ideólogos de la JUC no se autotitulan marxistas pero rechazan el tabú antimarxista: según Herbert de Souza “no tomamos a Marx como maestro porque ya teníamos otro ante- rior. Pero sabemos leer a Marx”. Las principales referencias a documentos son estrictamente de origen católico: Santo Tomás, León XIII, Pío XII, Juan XXIII, etc.‘ Agreguemos que la JUC no adhiere a ningún modelo de mar- xismo existente en Brasil —como el Partido comunista brasileño (PCB) o una de sus disidencias— sino que emprende su propia lectura del pensamien- to de Marx y de la realidad brasileña (llegando a conclusiones mucho más radicales que el PCB alienado en el populismo gubernamental). ¿Por qué fue Brasil el primer país en el cual esta dinámica de afinidad electiva entre cris- tianismo y marxismo pudo desarrollarse, provocando en el curso de los últi- mos 30 años un impulso mayor que en cualquier otra Iglesia de América lati- na? Se evidencian diversos factores históricos y culturales que entran en juego, pero hay uno que es particularmente importante, teniendo en cuenta el proceso de radicalización de la JUC: la influencia tradicional de la Iglesia y de la cultura católica francesa sobre Brasil, contrariamente al resto del conti- nente donde predominaron los modelos de cristiandad ibéricos e italianos. Ahora bien, la teología francesa de la post-guerra (Congar, Calvez, Duquoc. Chenu, de Lubac) representaba la avanzada de la renovación del catolicismo, proponiendo los temas que iban a ser consagrados enseguida por el Concilio Vaticano Il. Además, la cultura católica francesa es la única que conoció,

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durante todo el siglo XX una sucesión ininterrumpida de figuras y corrientes socialistas: de Charles Péguy al grupo “Esprit”, de los cristianos revolu- cionarios del Frente popular (1936-1938) al grupo “Témoignage chrétien” de la Resistencia (1940-1945) y de los curas obreros de la Misión de Francia ala corriente socialista de la Confederación francesa de Trabajadores cristianos que devino mayoritaria al comienzo de los añbs 60 (futura Confederación francesa democrática de los trabajadores: CF DT).

Además de esta influencia difusa, y del rol de los misioneros franceses presentes" en Brasil en esa época (Jean Cardonnel y muchos otros), des ft- guras del catolicismo progresista francés van a tener un impacto directo sobre la J UC de los años 60: el P. Lebret y sobretodo Emmanuel Mounier. Aunque hostil al marxismo, Lebret no dudaba de utilizar categorías de la economía marxista en sus trabajos, más aún, reconocía en el socialismo “una reacción en favor del hombre contra el capitalismo como sistema inhumano".’ Mounier, “el maestro más seguido por la juventud católica brasileña” de los años 60 según el P. Lima Vaz, ermás radical: "rechazando categóricamente el sistema\ capitalista, considera que los cristianos pueden aprender enorme- mente del marxismo. Definiendo su propia filosofía social,- escribe en 1947: “El personalismo considera que las estructuras del capitalismo son un obstáculo que se dirige sobre el camino de la liberación del hombre y que deben ser destruidas en beneficio de una organización socialista de la produc- ción y del consumo”.° En los documentos de la JUC —como ser las directi- vas para un ideal histórico de 1960- Mounier no sólo es citado frecuente- mente, sino que se percibe la presencia constante de los temas de su obra: crítica al anonimato y ala impersonalidad capitalista, a la tiranía del dinero, etc. No hay duda de que, para una generación entera de católicos brasileños, Emmanuel Mounier fue un puente entre el anticapitalismo cristiano y el anti- capitalismo marxista. En un contexto explosivo como era el de la sociedad brasileña de este período de crisis del modelo populista (1960-1964), Mounier y Lebret son reinterpretados e implicados en un proceso creciente de radicalización social y política. '

La teología de la liberación La teología de la liberación no es el origen del cristianismo radical, pero

como lo subrayan los propios teólogos, es el producto, el resultado de toda una práctica, de una experiencia anterior, comenzada por la JUC brasileña

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entre 1960-1962. Según Clodovis Boff “antes de la eclosión de la teología de la liberación, hacia el final de los años 60, ya había en la Iglesia de America latina toda una práctica liberadora. Antes del teólogo de la liberación, tuvi- mos al obispo profeta,.al laico comprometido y a las comunidades liberado- ras. Esto existe ya al comienzo de los años 60. La teología, por consecuencia, vino en un segundo momento. Y vino como expresión de esta práctica libe- radora de la Iglesia. Esto significa que la teología de la liberación es la teología de una Iglesia liberadora, de una Iglesia que opta preferencialmente y solidariamente por los pobres”.7 Efectivamente, en el curso de los años 60 se desarrolló en toda América latina (como resultado de la coyuntura mundial y continental evocada anteriormente), una corriente cristiana solidaria con los pobres, con una "práctica eoncientizadora y emancipadora, que participa de los movimientos de cultura popular, de alfabetimción, de organización de los barrios, de sindicalización rural y aún, en ciertos países, de los movimientos políticos de inspiración marxista. La idea'fundamental que comienza a genui- nar en el seno de esta práctica, fruto de la experiencia común con los pobres, con loscampesinos sin tierra, con los favelados (habitantes de las' villas mise- ria), cor'ï‘ los trabajadores, las mujeres, los negros y los indígenas, es que sólo un cambio radical de las estructuras sociales —promovido por los mismos pobres- puede terminar con la pobreza.

La teología de la liberación —es decir, el conjunto de escritos publicados, a partir de 1971, por hombres como Gustavo Gutiérrez,- I-Iugo Assmann, Pablo Richard, Leonardo y Clodovis Boff, Enrique Dussel, Frei Betto y muchos otros- se sirve de esta intuición y la ubica en el centro de su‘reinter- prelación del Evangelio, de su nueva hermenéutica del Antiguo Testamento y del mensaje de Cristo, de“ su reformulación del magisteiio de la Iglesia. Una reforrnulación en la que entran aspectos esenciales del marxismo, integrados de manera mucho más _“orgánica” y coherente con el discurso religioso si se lo compara con los documentos de la izquierda cristiana de los años 60. El marxismo apareció alos ojos de los teólogos de la liberación como la única teoria capaz de ofrecer, al mismo tiempo, un análisis precisó y sistemático de las causas de la pobreza y una propuesta precisa'y radical de método para. abolirla. La vieja tradición anticapitalista de la Iglesia entra así, en relación de afinidad electiva con el análisis marxista de la explotación capitalista y con la crítica de los marxistas latinoamericanos (teoría de la dependencia) en lo que concierne al capitalismo dependiente como causa estructural del sub- desarrollo, de _l_a miseria y del autoritarismo militar.

La solidaridad con el pobre es el punto de partida de este proceso de

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elaboración teológica. La gran diferencia, la novedad decisiva, el salto cuali- tativo, tuvo lugar en la concepción católica tradicional del pobre; este, desde ese momento, no es más considerado como víctima pasiva, objeto de caridad y asistencia, sino como sujeto de su propia liberación. Gracias _a esta ruptura —fruto de la experiencia práctica de los Cristianos comprometidos de los años 60 y 70- la problemática de la teología de la liberación va a converger con el principio fundamental del marxismo: la emancipación de los traba- jadores será la obra de los trabajadores mismos.

La Opción prioritaria por. los pobres, aprobada por la-Conferencia de Obispos latinoamericanos de Puebla (1979) es en realidad una fórmula de compromiso, interpretada en un sentido tradicional (“asistencialista”) por las corrientes más moderadas o conservadoras de la Iglesia, y en un sentido radi- cal por los teólogos de la liberación y las corrientes más avanzadas del clero: como un compromiso en la organización y en la lucha de los pobres por su propia» liberación. La lucha de clases —no sólo como método de análisis de la realidad sino también como guía para la acción- se transfonna así en un elemento central (implícito o explícito) de la nueva teología. Como escribía Gustavo Gutiérrez: “negar el hecho de la lucha de- clases, se transforma en la realidad en una toma de partido en favor de los sectores dominantes. La neu- tralidad en esta cuestión es imposible”.a

Ciertos teólogos de la liberación presentan su relación con el marxismo en términos utilitarios: se trata de un instrumento científico, de una herr a- miento analítica. Este tipo de aproximación distingue a menudo, dentro del marxismo, una filosofia (o ideología) rechazada por incompatible con la fe cristiana, y una ciencia" social que puede ser utilizada por la teología como mediación socioanalítica. Es una distinción que corresponde a dos motivos distintos pero convergentes.

a) la influencia de Althusser, con su teoría de la “ruptura epistemológica” entre ciencia e ideología, y su insistencia en hacer de Marx “un hombre de ciencia como los demás” (LaVOisier, Galileo, etc.);

b) frente a la presión antimarxista de Roma y de los obispos conser- vadores, la relación puramente instrumental con la ciencia marxista (sin la ideología) aparece como una posición más fácilmente defendible,

Sin subestimar la importancia de la ciencia social marxista, es difícil no ver que la relación entre cristianismo y marxismo en la teología de la li- beración es más larga y profunda que la simple impronta heurística de algunos conceptos analíticos. En tanto proceso de convergencia por afinidad electiva, esta relaCión se refiere también a ciertos valores (comunitarios), a

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ciertas opciones ético-políticas (la solidaridad con los pobres), a las utopías del futuro (una sociedad sin explotación ni opresión).

Esto no quiere decir que la teología dela liberación integre en su visión del mundo al conjunto del pensamiento marxista: ella rechaza evidentemente aquellos aspectos que le parecen incomprensibles con la religión cristiana: el ateismo, el materialismo cosmológico, la crítica de la alienación religiosa, etc. Su manera consiste en la incorporación selectiva de los elementos de la. teoría marxista pertinentes con su combate por la renovación de la teología, con su interpretación del Evangelio, del Antiguo Testan‘tento y del magisterio de la Iglesia. Pero la recíproca es también verdadera: esta reinterpretación se hace a la luz de la situación de los pobres en América latina y de la experien- cia de su combate por la liberación social (analizadas con la ayuda del mar- xismo). Es en esta compleja dialéctica, en esta interacción mutua, que se de- sarrolla el proceso alquimista de afinidad electiva.

La revolución sandinista es la primera desde 1789 en la que los cristianos -laicos y clérigos- jugaron un rol determinante tanto en la base como en la dirección del movimiento. La primera en la que los cristianos no fueron “alia- dos” (tácticos o estratégicos) sino un componente orgánico de la vanguardia revolucionaria, el Frente Sandinista de Liberación: Nacional (FSLN). Es la primera en la que el cristianismo fue uno de los elementos esenciales —unido al marxismo y a la tradición de Sandino- en la formaciónde la ideología que inspiró al combate revolucionario. En el curso de los años 70, un número creciente de jóvenes y de estudiantes cristianos descübre el “marxismo san- dinista”; diversos movimientos son formados con el apoyo de padres y reli- giosos (como el franciscano Uriel Molina y el jesuita Fernando Cardenal) —movimiento universitario cristiano, movimiento revolucionario cristiano- cuyos miembros, en su gran mayoría, van a adherir al FSLN. La primer célu- la cristiana del Frente sandinista se constituyó con la participación de Luis Carrion, Joaquín Cuadra, Alvaro Baltodano y Roberto Gutiénez que se trans- formarán rápidamente en importantes dirigentes de la organización. Aparentemente el P. Ernesto Cardenal, fundador de la comunidad de Salentiname; no duda, a partir de 1973, en declararse “un marxista que cree "en Dios y en la vida después de la muerte”. Poeta y místico, Cardenal insiste sobre el hecho que “no fue la lectura de Marx que me condujo al marxismo, sino la lectura del Evangelio". En un movimiento de síntesis espiritual, más intuitivo que teológico, afirma sin dudar que “el comunismo según Marx, a saber la sociedad sin egoismo ni injusticia de ningún tipo, es parecido a lo que nosotros los cristianos entendemos por reino de Dios en la tierra"! En

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1977, el P. Gaspar García Laviana (de origen español) adhiere a un frente de guerrilla del FSLN, porque la liberación de un pueblo oprimido es parte inte- grante de la redención total de Cristo. Mi contribución activa en este proceso es un signo de solidaridad cristiana con los oprimidos, con los que luchan porliberarlos”.'°

A través de estos lazos, tanto en la ciudad (en las comunidades de base) como en el campo (gracias al CEPA, Comité evangélico de promoción agraria), en el nivel de la acción práctica .y de la reflexión espiritual, se forma progresivamente enel seno del movimiento sandinista una forma de unidad orgánica inédita entre revolucionarios cristianos y ateos. Cuando se produce la insurrección final en 1978-1979, las regiones donde la lucha es más inten- sa, mejor organizada, son en general aquellas donde las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), los delegados de la palabra y los cristianos revolu- cionarios habían trabajado en los años anteriores: Monimbo, Masaya, Chanandega,'León, Matagalpa, Esteli y los barrios pobres de Managua.

En Nicaragua se produjo algo que no había tenido lugar en-ninguna parte: los cristianos radicales (tanto laicos como clérigos), no sólo participaron acti- vamente en la revolución contra Somoza, sino que asumieron además respon- sabilidades centrales en el gobierno revolucionario bajo el éjido del FSLN. Constatando esta novedad , el Frente Sandinista observa en su “Declaración sobre la religión” del 7 de octubre de 1980: “Los cristianos han sido parte integrante de nuestra historia revolucionario en un grado sin precedentes en ningún movimiento revolucionario de Amé-riCa latina y quizás- del mundo... Nuestra experiencia mostró que era posible ser al mismo tiempo creyente y revolucionario devoto, y que no había contradicción entre ambos.

Esta activa participación cristiana —criticada con hostilidad creciente por la jerarquía oficial de la Iglesia nicaragüense (el cardenal Obando y la ma- yoría de los obispos) y por el Vaticano, pero beneficiada por la simpatía de las órdenes religiosas del país (en particular los jesuitas)— influenció al pro- pio sandinismo, como ideología original constituida por la fusión del nacionalismo agrario radical de Sandino, del cristianismo. revolucionario y de la corriente guevarista del marxismo latinoamericano. La terminología, los símbolos, las imágenes de la cultura sandinista son frecuentemente de inspiración cristiana: este se percibe tanto en la base del movimiento como en los discursos de algunos de los principales dirigentes del FSLN como Luis Carrion y Tomás Borge. Comentando este fenómeno, el teólogo italiano Giulio Girardi observa en su libro sobre laz Nicaragua sandinista: “El signo más evidente de esta influencia se encuentra en el considerable impulso ético

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que marcela revolución. A tal panto que muchos teóricos europeos de la re- volución, paladines de la ‘cientificidad’ del discurso revolucionario, no dudaron en calificarlo de ‘moralista’ e ‘ideológico’. Por supuesto no hay razón para atribuir a los cristianos la exclusividad de las preocupaciones éti- cas: sin embargo la insistencia con la cual son invocados y el lenguaje empleado para formularlasla referencia explícita a Cristo, al Evangelio y a la Biblia, la parte de dirigentes conocidos como laicos, nos autoriza a ver tam- bién en esta sensibilidad el reflejo de la presencia cristiana”.“

La propia práctica del Frente sandinista fue influenciada también por las ideas cristianas: por ejemplo, en lo que concierne al principio proclamado por Tomás Borge: “Nuestra venganza será el perdón”. La revolución nica- ragüense abolió la pena de muerte y la convirtió en el primer movimiento revolucionario moderno, desde 1789, que no conoció la guillotina o las ejecu- ciones luego de su triunfo.

Es evidente que esta convergencia no fue sin contradicciones, resistencias y desconfianzas de ambos lados. Según Giulio Girardi había dos actitudes distintas entre los cuadros sandinistas:

- la vieja concepción “ortodoxa” —inspirada por los manuales soviéticos de marxismo-leninismo: los cristianos son aliados pero poco seguros en razón de su fe y sus lazos con la Iglesia. En el mejor de los casos, la convergencia puede realizarse con ellos en el nivel de la práctica, pero jamás en la teoría, porque la contradicción (entre “materialismo” e “idealismo”) es total. Esta actitud se encuentra frecuentemente entre los cuadros medios de reciente for- mación, sin experiencia anterior a 1979;

- la nue-va concepción, que se podría llamar “nicaragüense”, inspirada por la experiencia concreta de lucha común: los cristianos revolucionarios fueron parte de la vanguardia. Es necesario reforrnular (o actualizar) la tradicional teoría marxista de la religión y reconocer en ella una virtualidad revolu- cionaria. La convergencia con cristianos revolucionarios es, a la vez, práctica y teórica en lo que concierne a la cuestión de la liberación de los oprimidos.

_Es la actitud compartida por la mayoría de los dirigentes “históricos” del FSLN;12 1

Un ejemplo característico de esta original e innovadora posición de los sandinistas es el análisis del comandante Luis Carrion donde describe, en una entrevista de agosto de 1985, como se produjo este proceso de convergencia y de fusión orgánica en el curso del movimiento revolucionario que llevó al triunfo de julio de 1979: “No veo ningún obstáculo que pueda impedir que los cristianos se apropien, sin renunciar a su fe, de todos los instrumentos

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conceptuales marxistas que son necesarios para la comprensión científica de los procesos sociales y para la orientación revolucionaria de su práctica política. En otras palabras, un cristiano puede ser al mismo tiempo cristiano y marxista perfectamente consecuente. (. . .).En ese sentido, nuestra experiencia es rica en enseñanzas. Muchos cristianos militaron y militan en el Frente san- dinista y algunos entre ellos son incluso Padres. Y no me refiero sólo a los militantes de base: hay quienes son miembros de la Asamblea sandinista y ocupan altas responsabilidades políticas. (...) Pienso que algunos de la van- guardia marxista tuvieron la tendencia de percibir a los sectores progresistas y revolucionarios cristianos como una faerza rival que acapara a una fracción de la clientela política de esos partidos. Creo que es un error. haber evitado este error fue uno'de los grandes logros del FSLN. Nos aliarnos a las estruc- turas de base de —la Iglesia, no para desviarlas, sino para integrarlas al Frente sandinista como una etapa de su desarrollo político; pero sin que eso sig- nificara una Oposición a su participación en los organismos cristianos. Ai contrario, dejamos a las personas en estas estructuras para que este compro- miso superior se transformara en acción política en ese medio. Su integración al FSLN nunca les fue presentada como un. dilema entre su fe cristiana y su militancia en el Frente. Si hubiéramos planteado el debate en esos términos, nos habríamos visto reducido a un número ínfimo demilitantes”)3

Se podría discutir largamente entre marxistas y ateos sobre el enigma filosóficos —o el desafío teórico- que implica el cristianismo marxista desde el punto de vista del materialismo histórico o dialéctico. Si el marxis- mo se definió, antes que nada, como un materialismo (abstracto y metafísi- co), se trata sin duda de una herejía inaceptable. Si, por el contrario, es conce- bido prioritariamente como una filosofia de la praxis (Gramsci), una teoría de la práctica revolucionaria de transformación del mundo, su incorporación por afinidad electiva en el seno del cristianismo revolucionario, es perfectamente comprensible.

Bajo la forma que sea, para el método marxista, lo esencial es lo que pasa en la realidad. Ahora bien, los cristianos marxistas —de Nicaragua, de Brasil y de otros países- existen: se trata de un hecho social y político innegable. No sólo existen, sino que aportan al movimiento revolucionario una sensibili- dad moral, una experiencia de trabajo popular de base y una exigencia utópi- ca que no puede sino enriquecerlo.

París, mayo 1990

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Notas

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Cardenal Ratzinger. Les conséquences fondaméntales d‘une option marxiste,- en The'ologies de la libération, Paris, Cerf. 1985, p. 122-130. Este taxto es anterior a la famosa “Instrucción sobre algunos aspectos-de la Teología de la Liberación" de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el propio carde- nal Ratzinger.

Max Weber. Economic el Societé, París, Plon, 1971, p. 591-592.

Pablo Richard. Morte das cristiandades e nascimen‘lo da Ingreja, Sio’Paulo, Edicóes Paulinas, 1984, p. 154.

Regional Centro-Oeste da JUC, “Algumas diretrizes de urn ideal» histórico cristño para o póvo brasileiros" (1960) y Herbert de Souza, “Juventude Cristi Hoje" (1962), publicados en el anexo del libro de Luiz Gonzaga de Souza Lima. Evolugáo Politica dos Católicas e da Igreja no Brasil. Hipótesis para uma inter- pretagáo, Petropolis, Vozes, 1979, p. 84-97, 108-117.

LJ. Lebret. Pour une civilisatiOn solidaire (1959), Paris. Economic et Humanisme, 1963, p. 53. '

E. Mounier. Qu'est-ce que le personnnalisme? (1947),.en Auvres, III, Paris, 1963, p. 244.

Leonardo e Clodovis Boff. Teologia da Libertacáo no debate atual, Petrópolis, Vozes, 1985. p. 16.

G. Gutierrez. The'ologie-de la libération, Perspectives, Bruxelles, Lumen Vitae, 1974, p. 276-277.

Ernesto Cardenal. Comunismo igual reino de Dios en la tierra, en Muro Latino, Medellín, 1973, p. 37-42. . ._ Comandante Padre Gaspar García Laviana, Folletos Bopulares Gaspar García Laviana, N9 8, Managua, s.d., p. 21.

Giulio Girardi. Fe en la revolución, revolución en la cultura, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1983, p. 63.

Ibid, p. 69.

Comandante Luis Carrion. Les chrétiens dans la revolution sandiniste, en Inprecor, N9 246, Paris, 6 de julio de 1987, p. 16.

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LA REVOLUCION DEMOCRATICA DE EUROPA ORIENTAL VISTA DESDE LA IZQUIERDA Boris Kagarlitskyl

Entrevista de Gerardo Rénique

—Dados los últimos eventos .en Europa Oriental, no es difícil enten- der que, triunfalmente, la derecha los.considere como el fin del socialis- mo. Desde el campo opuesto, dentro de la izquierda, algunos críticos van incluso más lejos, negando la importancia histórica de la Revolución de Octubre. ¿Cómo entienden los socialistas soviéticos estos acontecimien- tos, ocurridos entre el iniciodel Glasnot y la caída del muro de Berlín, en relación a la vigencia del socialismo?

—-En primer lugar, no podemos hablar del fin del socialismo, ya que las- sociedades de Europa Oriental no han sido realmente socialistas. Lo que está finalizando en estos países es un período histórico caracterizado por uti- lización del Estado como el principal vehículo de modernización, y por la existencia de regímenes estalinistas totalitarios que se proponían a mismos como la única alternativa al capitalismo, reemplazando en la práctica a ver- daderas propuestas socialistas. En el largo plazo, creo que la caída de estos regímenes estalinistas será más bien positiva, ya que, a la vez que. cónstituían una altanativa al socialismo, en muchos casos también lo reemplazaron. Su sola presencia, de otro lado, ha dado lugar a un tremendo desprestigio para el socialismo en nuestros países. Con el estalinismo en el poder ha sido “muy difícil argumentar a favor del socialismo.

Ante esta situación, los socialistas en Europa Oriental confrontamos una situación bastante problemática. Ante todo, enfrentamos el gran desprestigio del socialismo ocasionado por estos regímenes qué sin serlo se denominaban de em manera, para las poblaciones de nuestro países, estos regímenes totali-

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tarios o postotalitarios, aparecen al menos como reales, mientras que una auténtica prOpuesta socialista es irreal, inexistente. En este sentido es que somos cuestionados en términos del significado de lo que proponemos como socialismo.

Bajo estos regímenes estalinistas, que yo denomino como estatocracias, se dio una lucha consciente contra toda .altemativa socialista, tanto a niVel nacional como internacional. Lo que en la práctica resultó favoreciendo a los países capitalistas al atentar contra el desarrollo de alternativas radicales den- tro de sus propias fronteras. En la atmósfera de la guerra fría fue posible uti- lizar el autoritarismo estalinista como una amenaza a las democracias occi- dentales. De esta forma, muchos izquierdistas en Occidente, confrontados con la realidad impuesta por el estalinismo, dejaron de lado sus aspiraciones de cambio social por la promesa democrática ofrecida en sus propios países. De otro lado, los interesados en la democracia descartaron las posibilidades de cambio social. Esta desmoralización a la que dio lugar la práctica estali- nista entre aquellos que favorecían transformaciones radicales tanto en Europa Oriental como en el resto del mundo, así como la represión de las fuerzas que luchaban por reformas democráticas en Hungría y Checoslovaquia por ejemplo, a la larga frenó el desarrollo del socialismo.

A pesar de que en el corto plazo el colapso de los regímenes autoritarios estalinistas será utilizado como recurso propagandístico por la derecha, .en el largo plazo las transformaciones en Europa Oriental favorecerán a la izquier- da, sobre todo debido a la desaparición del tremendo obstáculo que estas estatocracias han impuesto al desarrollodel socialismo. Esto es muy irnpor- tante, ya que de otro lado los problemas generados por el capitalismo no están desapareciendo. Las necesidades objetivas de cambios sociales en los países capitalistas siguen vigentes. Por unos años más se seguirá hablando de colapso del comunismo“, pero, al mismo tiempo, dentro de la emergen-te situación intemac'ional, crecerán las necesidades de cambio y transformación dentro del capitalismo. Además, las demandas por cambios que tarde o tem- prano se dejarán sentir, lo serán en un contexto libre de la “amenaza comu- nista”.

En ese momento, para vastos sectores será evidente que los sistemas más opresivos serán regímenes capitalistas y no comunistas.

l Si bien la caída de los regímenes comunistas en Europa Oriental ha dado lugar a una deSmoralización y crisis ideológica que lógicamente viene desfa- voreciendo a- la izquierda, las propuestas económicas y sociales de la derecha liberal no hacen presagiar un futuro muy optimista-Estos son, por ejemplo,_

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los casos de Polonia y Hungn'a, donde la imposición de programas monetaris- tas neoliberales está dando lugar a gran descontento. Si —wmo todo parece indicarlo— se mantiene este curso fondomonetarista, no a a pasar mucho tiempo para que la clase trabajadora. se cuenta del alto precio que les impondrá una transformación de esta naturaleza. Si bien la gran mayoría de la población de Europa del Este rechaza a las estatocracias estalinistas, al mismo tiempo tampoco van a aceptar las consecuencias que entraña el desa- rrollo del capitalismo. '

En el 'plano más global, la expansión del monetarismo creo que dará lugar a una situatiión muy interesante. Mientras que en la década de 1980 el mone- tarismo se restringió casi. exclusivamente al Primer Mundo —cOn notables excepciones, como Chile. y Argentina—, en este momento se viene también expandiendo hacia el resto del mundo. Los regímenes estalinistas del Segundo Mundo están siendo reemplazados por nuevos regímenes favorables a la aplicación de programas monetaristas neoliberales. Pero al mismo tiempo. que el monetarismo se desplaza hacia. la periferia, el propio centro capitalista confronta serios problemas. En Inglaterra, e incluso en los Estados Unidos, las políticas monetaristas han dado lugar a nefastas consecuencias. De ahí que dentro de este gran desorden y de la resistencia al monetarismo, tanto —en el centro capitalista como en su periferia, pueda muy. bien surgir una nueva alternativa global, un real desafío al capitalismo. En ese sentido soy bastante optimista respecto a la situación abierta con el colapso de las estatocracias estalinistas en Europa del Este,

—No existiendo dudas que fue bajo Stalin que .el régimen soviético toma una forma autoritaria definitiva, ¿sería entonces correcto“ señalar que este personaje fue a la Revolución Soviética lo que Napoleón a‘ la Revólución Francesa? ¿Considerarías, entonces, como contrarrevolu- cionario al régimen estalinista? ¿’Ï

—Para este particular. caso aplicaría más bien el concepto de “reacción terrnidoriana” sugerido por Trotsky. El Tennidor fue una especie de contra- rrevolución surgida de la revolución y, a la vez, producto de ésta. No fue, entonces, una contrarrevolución producida desde fuera de la revolución la que creó la nu'eva burocracia y las estructuras autoritarias que finalmente acabaron estrangulándola. Se trató de un proceso a la vez dialéctico y trági- co en el cual no se puede negar la responsabilidad de los bolchev'iques. El estalinismo no fue, pues, introducido desde' fuera del bolchevismo, sino que más bien se desarrolló en su interior, provocando a la vez su destruc- ción.

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—¿Qué rescatarías, entonces, de la experiencia bolcheviquepara la construcción de un nuevo proyecto socialista en la URSS?

—Dentro de la izquierda soviética actual, existe casi absoluto consenso en tomar distancia del “bolchevismo histórico”. No nos proponemos retornar la experiencia de Lenin y Trotsky como si nada hubiera pasado, pero sin embargo nos diferenciarnos de aquellos que proponen desechar por completo la experiencia bolchevique negándole toda validez histórica. Yo me inclino por la revaluación crítica de la experiencia bolchevique, así como por la incorporación de sus aportes más valiosos —que por cierto los tuvo- dentro

,de un nuevo proyecto socialista democrático. Los elementos elitistas y mesiánicos, que pueden ser muy útiles y eficientes durante la lucha por el poder, fácil y rápidamente se toman peligrosos y amenazantes, especialmente cuando no se tienen condiciones para el desarrollo de la democracia.

Sinembargo, no habría que reducir la experiencia revolucionaria soviéti- ca a la de los bolcheviques solamente. Debemos revaluar también las tradi- ciones de los movimientos espontáneos —como los entendió Rosa Luxem- burgo- y los de las corrientes de izquierda radicales alternativas al bol- chevismo, Integradas dentro del bolchevismo, desafortunadamente éstas fueron .suprimidas, dejándose de lado sus experiencias y tradiciones antiau- toritarias y de movilización directa. De la misma manera, ideas y experien- cias del joven Trotsky de 1905 fueron también dejadas de lado, tanto por el Cominterrn como por el propio Trotsky.

—¿Los socialistas soviéticos toman en cuenta las experiencias más recientes del Tercer Mundo?

—Por supuesto. Sobre todo nos interesa mucho la experiencia de América Latina, en particular la de Nicaragua. El que la revolución ni- caragüense haya sido capaz de sobrevivir por 12 años con partidos de oposi- ción legalizados, con sólo excepcionales momentos de restricción a la liber- tad de prensa, y finalmente convocando a elecciones, es un gran logro. A pesar de las difíciles condiciones impuestas sobre los sandinistas, éstos fueron capaces de llevar adelante una revolución que en otras circunstancias hubiera fracasado. Esta experiencia ha puesto en relevancia la gran importan- cia de la democracia como elemento central en el proyecto revolucionario, así ésta complique aún más las cosas en una situación de cambio y transforrna- ción, la democracia de cierta manera no solamente complica la transforma- ción revolucionaria, sino que también crea condiciones para una fácil desviación hacia el reformismo. Los procedimientos democráticos hacen más difícil actuar de manera revolucionaria, cambiando las cosas rápida y radical-

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mente. Si bien la democracia, con sus procedimientos y leyes que no pueden ser rotos, implica una contradicción, la experiencia de Nicaragua —y hasta cierto punto la de Chile- nos demuestran que la izquierda debe confrontar creativamente eStas complejas situaciones. A pesar de no ser el camino más fácil, creo sin embargo que es la democracia el camino por el cual debe tran- sitar la izquierda. A la larga, resulta la vía más segura tanto para la sociedad en su conjunto como para el mismo movimiento revolucionario. A través de este camino podrán. darse mayores problemas y dificultades, pero a la vez existen también menos riesgos de sacrificar ideas y principios democráticos fundamentales, sobre todo de producir la suerte de Terrnidor a que dio lugar la experiencia bolchevique. '

—¿Cuál sería, entonces, el legado de la Revolución Soviética para el futuro socialismo?

—En primer lugar la vigencia del marxismo como herramienta de análisis crítico. Y en segundo lugar el principio del poder de los trabajadores, en la forma en que fue concebido en los soviets originarios de 1905 y 1917, orga- nizaciones que no tienen nada que ver con lOs soviets de hoy día, convertidos en instituciones oficiales semiparlamentarias. El mismo principio de poder de la clase trabajadora, de democracia de los trabajadores, la movilización popu- lar en el lugar de trabajo y a nivel local y su transformación en poder local real, ese creo que es el principal legado de la experiencia revolucionaria de 1917.

De otro lado, aunque parezca paradójico, está el aporte de la “estatocra- cia” que, a pesar de sus muchos aspectos negativos contribuyó efectivamente a la modernización del país. Bajo este régimen, el país se industrializó, se mejoraron notablemente los estándars de vida de_ nuestra población que, sin ser iguales a los de occidente, son al menos comparables a éstos y están definitivamente por encima de los de los países del Tercer Mundo. La institu- cionalización de la educación, los servicios médicos gratuitos, el acceso a vivienda para los trabajadores, no hubieran sido posibles sin el trasfondo re- volucionario del régimen. Debido a su origen, el sistema tenía que legiti- marse a mismo aludiendo a su origen revolucionario. De esa manera, al mantener ciertas obligaciones hacia la clase trabajadora, preservaba su más importante base de apoyo so'cial. Estos son, pues, los logros que, en las actuales circunstancias, debemos defender contra los intentos del nuevo proyecto liberal que busca, si no su eliminación, su sustancial recorte.

—Dentro del actual debate respecto a la forma y extensión de princi- pios y procedimientos democráticos dentro del socialismo, existen sec-

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tores para los cuales la democracia en el terreno de la política tendría equivalente en la economía con la imposición "del mercado. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

—Bueno, creo queesto es un absurdo, sobre todo porque las necesidades del mercado son frecuentemente contradictorias con la democracia política. Pero más que eso, pienso que esta problemática respecto al mercado no está correctamente planteada, ya que todas las sociedades modernas a escala glo- bal mantienen relaciones de mercado. El problema del mercado no es exclusi- vo del sistema capitalista sino del desarrollo global de la humanidad alcanza- do hasta aho'ra. Esto significa que cualquier proyecto socialista, en un país particular o en un grupo de países, debe tomar en cuenta el hecho 'de que todas las sociedades actualmente existentes están basadasen la producción de mercancías. En la Unión Soviética tenemos dinero e intercambio de-mer- cancías; nuestra economía, en cierta forma, es una economía de mercado. El problema es que el modelo soviético como modelo de mercado no ha fun- cionado. Después de décadas se ha llegado a un estado en el cual las viejas estructuras de administración y los viejos principios que rigen nuestra economía centralizada no funcionan más.

Para la izquierda soviética no está en cuestión el problema del mercado, sino que más ‘bien nos preocupa la interferencia que sObre nuestra existencia nacional podrían provocar las fuerzas del mercado. No queremos un mercado que cree dependencia o que introduzca modelos monetaristas. Tampoco que- remos quevel mercado paralice nuestra capacidad de actuar'como nación inde- pendiente, que interfiera con nueStro derecho de establecer nuestra pro'pia estrategia y prioridades económicas. Ni mucho menos nos interesa que el mercado determine nuestro desarrollo social y cultural. En este sentido advo- camos un Sistema de planeamiento democrático que deberá superar las estrecheces y limitaciones del mercado.

La imposición total de las leyes del mercado, como lo vienen demandan- do algunos sectores de la burocracia, nos traería más problemas. En ese supuesto caso el mercado no solamente no produciría lo que los consumi- dores desean O necesitan, sino que daría lugar a desempleo, inflación, déficit de viviendas, desastre ecológico, etc. un deSarrollo de esta naturaleza desa- taría la resistencia popular. En ese caso los auspiciadores de la total libera- lización de la economía recurrirían al poder del Estado para defender el mer- cado. El caso de Pinochet es ilustrativo de cómo, sólo a través de formas dic- tatoriales, es .pos'ible defender al mercado de la presión social. Sin la menor duda, en eSCenarios de esta naturaleza el mercado contradice frontalmente la

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vigencia de toda forma de democracia política. Este muy bien podría ser el caso de algunos países de Europa Oriental, en los que la imposición de mode- los económicos monetaristas neoliberales, asociados al recorte del estándar de vida de lOs trabajadores, está generando una resistencia popular.

—Es lo que viene ocurriendo en Polonia...

—Cierto. Está sucediendo en Pólonia, con una resistencia de los traba- jadores debido a la traición del liderazgo de Solidaridad. Lo paradójico de esta situación es que la liberalización económica está siendo llevada a cabo por un gobierno que no ha sido democráticamente elegido, Sino que fue más bien producto de la negociación entre el PC y Solidaridad. Más aún, en las condiciones actuales, el gobierno polaco ha manifestado abiertamente que las elecciones libres serían contraproducentes para la estabilidad del régimen, sobre todo en este momento, cuando viene desarrollando sus re'fonnas. Si en los próximos dos o tres años las refOr'ma‘s' en Polonia no dan fruto, la Situación política se puede deteriorar al punto de no convocar elecciones, pudiendo muy bien producirse una dictadura militar o el establecimiento de un nuevo régimen oligárquico.

—Al desarrollo de un mercado en estas condiciones de capitalismo monetarista neoliberal, los socialistas soviéticos opondrían un Sistema de planeamiento democrático. Pero éste necesariamente tendría an- tecedentes en el planeamiento centralizado. . .

—Por supuesto, pero antes habría que tamizar muy cuidadosamente .la experiencia histórica de los regímenes “estatocráticos”, recuperar solamente los aspectos más positivos de su denominado planeamiento socialista. Bajo un sistema de planeamiento democrático, habrá absoluta garantía para las prioridades sociales, como salud, vivienda y educación, servicios considera- dos por el- pueblo soviético Como derechos naturales desde su inscripción en la Constitución desde tiempos de Stalin. No se tratará solamente de incorpo- rar derechos como los anteriormente mencionados dentro del nuevo sistema, sino que éste deberá ser sobre todo democrático.

—Esto implicaría la total reestructuración del Estado...

—Efectivamente. Es, por esto que en este momento nuevamente la cues- tión del Estado, el tipo de economía y la naturaleza del cambio se encuentran en el centro de la discusión dentro de la "izquierda socialista soviética. Así, ante los intentos de privatización de las empresas estatales levantamos la propuesta de su redistribución entre diferentes formas de propiedad dentro de un Estado democrático. Proponemos la creación de propiedades vecinales y comunales a diferentes niveles, así como la adjudicación de derechos de

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propiedad a los parlamentos y concejos locales y regionales, y a las asocia- ciones o juntas representativas de diferentes sectores sociales. A nivel de empresas, éstas se regirían por el principio de autogestión obrera.

—¿Conte’mplan también formas de dar mayor poder de partici- pación y decisión a los consumidores?

-—Por supuesto, sobre todo Si se toma en cuenta que una democracia obrera pura, en la que sólo los productores toman decisiones, puede en muchos casos atentar contra los intereses de los consumidores y la ecología. Esto representa un gran desafío, ya que este problema nunca fue abordado por el marxismo. A la vez, este es también uno de los elementos más débiles en la crítica anarcosindicalista al marxismo. Resulta entonces que sobre este crucial aspecto los críticos del marxismo están aún en peor pie que los pro- pios marxistas. Creo que todavía no se entiende suficientemente que una democracia exclusiva de productores en cierta forma limita el ejercicio democrático de aquellos que no sOn productores directos, y de los produc- tores directos en Otras ramas industriales.

—¿Cómo consideran, entonces, estas limitaciones en su formulación de un socialismo democrático?

—Una posible solución sería a través de la creación de empresas comu- nales en las que participen tanto consumidores como productores. La orga- nización interna de la empresa estará, empero, determinada por los produc- tos mismos. Es en la administración y manejo de las empresas donde el poder de los productores alcanzará su más alta expresión. Esto no puede ser de otra forma, ya que para los trabajadores el trabajo productivo no creo que se reduzca a un problema salarial o de supervivencia, sino que éste es más bien el elemento determinante de su existencia, de su reali- zación como seres humanos. Si el trabajo productivo es el elemento central de la vida y la existencia de los trabajadores, éstos tienen el derecho de organizarlo de la mejor manera que sirva a su realización. Este modelo, sin embargo, no estará libre de contradicciones y problemas. No tengo la menor duda de que se darán fricciones entre los productores y la comu- nidad, ya que los intereses de ambas partes no necesariamente serán siem- pre semejantes. Al igual que la vida, esta experiencia será también, por na- turaleza contradictoria.

Dentro de la nueva estructura productiva existirán también, por supuesto, diferentes prioridades sociales y nacionales. Asimism‘o, ciertos recursos estratégicos se mantendrán bajo control de la nación. El control y adminis- tración de estas empresas nacionales pasará de manos de lOs organismos

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burocráticos centralizados al control de comisiones especiales nombradas y controladas por el parlamento.

—Obviamente, esto implicará la democratización del aparato estatal y sobre todo del proceso de toma de decisiones...

—Exactamente. Al respecto, los socialistas favorecemos una combi- nación entre formas de democracia directa al estilo de los soviets revolu- cionarios, con formas tradiCionales propias de la democracia representativa. Elemento central de la reestructuración del Estado será la descentralización de la toma de decisiones, que descansará fundamentalmente en las formas de democracia directa. En la práctica, la labor parlamentaria descansará en los organismos democráticamente gestados a nivel de las bases entre sindicatos, comunidades, asociaciones representativas de diferentes sectores soCiales, etc. Esto, por supuesto, n"o estará exento de contradicciones y conflictos, pero creo que será la única manera de ir gestando una verdadera democracia, dife- rente a la propuesta. por las corrientes liberales que, por el contrario, tratan de reducir al mínimo la participación popular directa.

—Desde sus inicios las reformas de Gorbachov crearon grandes expectativas entre los más diversos sectores de la sociedad Soviética, creándose incluso un Frente Popular por la Perestroika. Desde tu posi- ción de fundador y activista en ese frente, ¿cómo evaluás el impacto que sobre éste ha tenido el debate respecto a la liberalización de la economia y la implantación de un sistema de mercado libre?

—En un principio, el apoyo a la Perestroika fue casi unánime. Todo el mtmdo estaba en favor de las reformas. Sin embargo, más adelante nos dimos cuenta de que diferentes personas teníamos diferentes ideas de lo que debería transformarse y de cómo debería transformarse. Así, de repente nos encon- tramos en una situación en la cual las diferencias entre la izquierda y los li- berales eran cada vez más evidentes. De esta forma, la inicial alianza de estos dos sectores que apoyaban las transformaciones democráticas empezó a desvanecerse.

—¿Podrías ser más explícito acerca de la naturaleza de esta alianza?

—El FPP fue organizado en 1988 en diferentes partes de Rusia como un movimiento en favor de las reformas propugnadas por Gorbachov, contando con participantes de las más variadas tendencias ideológicas. En el particular caso de Moscú, la organización recayó sobre todo en los socialistas. De ahí que en la capital nuestros objetivos fueran más definidos, demandando democracia a la vez que autogestión obrera. Ahora la situación es diferente, debido a que Gorbachov progresivamente se está inclinando por una vía pro-

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capitalista, al estilo de Polonia. Fortaleciendo su poder personal como presi- dente, Gorbachov fortalece a la vez los elementos autoritarios del sistema. Asimismo, también está tratando de apurar la transición hacia la imposición de un mercado puramente capitalista.

En cuanto a la Oposición oficial en el Congreso de Representantes del Pueblo, está fundamentalmente compuesta por burócratas que de una u otra manera entraron en conflicto con Gorbachov o fueron separados de su equipo de colaboradores más cercanos:

—¿Cómo fue el caso el Yeltsin?

—Efectivamente, 'y esos son también los casos de Afanisiev y Popov, quienes al igual que Yeltsin. también tienen una larga trayectoria como fun- ciones y cuentan con el apoyo de sectores. dela burocracia. En realidad, no se trata de una verdadera oposición, ya que en la práctica no se oponen en lo sustancial al proyecto de Gorbachov. .Se oponen simplemente a medidas y disposiciones muy particulares. En cambio nosotros, los socialistas, oponemosunc proyecto alternativo, socialista y democrático.

Así, del inicial apoyo crítico a las reformas de Gorbachov, el Frente asumió luego una posición de Oposición constructiva, para finalmente desin- tegrarse-en diferentes agrupamientos. En la actualidad, los socialistas nos estamos perfilando‘como alternativa política,.par lo cual estamos empeñados en la creación del Partido Socialista. Hasta el momento nos venimosdesen- volviendo con relativo- éxito. Por ejemplo, de los cuatrocientos representantes recientemente elegidos al Concejo Municipal .de Moscú, cuarenta lo fueron como representantes del‘programa socialista. Este logro electoral es bastante Significativo, sobre todo si se tiene en consideración la tremenda frag- mentación política en la capital. Sólo en el Concejo Municipal están repre- sentadas unas veinte tendencias o agrupaciones.

—¿Y cuál es el espectro político de estos diferentes grupos?

—Tenemos de todo. Desde liberales hasta fascistas como Samyat, e inclu- so algunos representantes anarquistas. Al momento n'o tengo resultados exac- tos de la elección... Pero me he enterado de que, mientras me encontraba de visita por los Estados Unidos, salí elegido por la lista socialista.

—Además de Moscú, ¿cuál es la influencia. de los Socialistas en el resto del país?

—Bueno, tenemos importante influencia en la clase trabajadora en Siberia. Fue durante las huelgas de 1989 en esa región y por presión de los trabajadores, que se creó el Comité Organizador del Partido Socialista. En ese contexto, los trabajadores demandaron la creación de una organización a

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nivel nacional que llevara la lucha sindical al plano de la lucha política. Así, el presidente del Comité de la Huelga en PrOkop’yevsk, el centro de la lucha minera, fue también elegido como representante al Congreso. de Diputados de Rusia, así como al Comité Organizador del Partido Socialista en Siberia. Otros importantes líderes en los diferentes comités de huelga en toda la región también se han incorporado a los comités locales de organización del partido; y entre aquellos que no se han incorporado directamente existe un gran apoyo al proyecto socialista. Creo que nuestro éxito reside en el hecho de que somos el único proyecto político que defiende los intereses de la clase trabajadora. Desde nuestros inicios tuvimos la intención no-Sólo de dar forma a una corriente intelectual, sino la de generar un movimiento asentado‘en la clase trabajadora A diferencia de los centros industriales de provincia, en los grandes Centros urbanos como Moscú o Leníngrado los socialistas somOS re- lativamente débiles debido a la gran influencia de ideas liberales entre la intelligentsia, así como-por el hecho de que en esas ciudades la clase obrera no está muy bien organizada, por tratarse de trabajadores temporales preve- nientes de otras regiones del país. La ciudad de lrkutz, con una irnportante universidad rodeada de centros industriales, es una importante zona de activi- dad socialista, donde la proximidad física entre intelectuales y trabajadores facilita bastante el trabajo organizativo.

—¿Atraen los socialistas a miembros del Partido Comunista?

—Por supuesto. Algunos de los líderes de la denominada “Orientación Democrática” dentro del PC, son a la vez participantes de las comisiones de organización del Partido Socialista. Esta participación ha 'sido uno de los ele- mentos fundamentales en la consolidación del proyecto socialista. Como lo mencioné anteriormente, el- Otro factor importante se gestó alrededor de los Comités de Huelga de las regiones mineras el año pasado. En este sentido, la oleada huelguística que pronosticarnos para fines del próximo verano (julio- agosto, G.R.) será determinante en el desarrollo de nuestro proyecto. La san- ción de un movimiento obrero independiente por parte- de los nuevos Comités de Huelga creará óptimas condiciones para la consolidación del proyecto socialista. De esta fortna no estamos solamente creando un partido sino tam- bién impulsando un movimiento con sólidas raíces en los sindicatos y los Comités de Huelga.

—Respecto a la juventud, ¿qué pasos han dado los socialistas para buscar su apoyo? '

—Hemos logrado algunos avances-a pesar de que desafortunadamente los estudiantes no tienen mucho interés en la política. Sin embargo, muchos de

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nuestros activistas son bastante jóvenes. Yo diría que su edad promedio fluc- túa alrededor de los 25 o 26 años. Los camaradas que han pasado de los 30 son considerados veteranos. Ese es, por ejemplo, el caso de uno de nuestros. principales organizadores en Moscú que, con solamente 22 años, es bastante conocido en todo el país y hasta ha sido atacado a través de Pravda.

—Bueno, solamente tienes 31 años de edad y has pasado un año en prisión:

—Sí, es cierto. Un paso importante respecto al trabajo juvenil es la orga- nización de la Federación de'Juventudes Socialistas. Esta se dio a raíz de la renuncia al PC de la Liga Juvenil Comunista (Komsommol) de la Universidad de Moscú, que se plegó a nuestro proyecto.

—¿Cuál es el próximo paso del Comité Organizador del Partido Socialista?

—Por el momento vamos a continuar con la consolidación y creación de comités organizadores que a varios niveles se vienen multiplicando en varias partes del país. Esto debido a que, por ahora, no queremos forzar a miembros del PC _a apurar su salida del partido. Mientras mantengamos esta situación, los miembros del PCUS pueden seguir perteneciendo _a este partido. Por ahora no creemos que sea conveniente acelerar la crisis de disolución del PC. Sin embargo, si las condiciones lo permiten, para fines de otoño podremos dar inicio al proceso de elección de representantes al congreso de fundación del PS.

—¿Se realizará en Moscú?

—Hay varias propuestas que piden- que se realice en Siberia. Será más claro y dificultoso, pero creo que altamente simbólico.- Todo parece indicar que se efectuará en Prokop’yevsk, que fue el centro de la huelga minera de 1989.

—Una de las tensiones desatadas por la Perestroika ha_sido la'de los movimientos nacionales y por la autodeterminación. ¿Cuáles la posición de los socialistas al respecto?

—Nuestra posición fundamental al respecto es la de defensa de los dere- chos de las minorías a la autodeterminación. Sin embargo, se dan casos en que algunas minorías son a su vez bastante opresivas con sus propios sectores minoritarios. Por ejemplo, nosotros apoyamos el derecho de Georgia a la independencia,.pero a la vez nos oponemos a que los georgianos limiten los derechos de los abakasianos. En este último caso apoyamos a esto últimos porque consideramos que cada minoría nacional debe tener los mismos dere- chos. Lo mismo Ocurre con Lituania. Los socialistas apoyarnos las demandas

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de independencia del pueblo lituano; sin embargo, apoyamos los derechos de sus minorías polacas a igualdad de derechos.

HSÍ pudieras ser más concreto eon esta posición, respecto a Lituania por ejemplo.

—Bueno, en primer lugar hay que tornar en cuenta la heterogeneidad del movimiento de independencia en Lituania, del cual participan funcionarios, intelectuales y trabajadores, unificados alrededor de un único punto: la inde- pendencia. El liderazgo del movimiento está compuesto exclusivamente de intelectuales de élite y burócratas, sobre todo estos últimos, que fundamental- mente buscan recuperar las prerrogativas y privilegios controlados desde Moscú. Fue, por ejemplo, el caso de Estonia, donde una consigna proclama- ba: “Todo el poder de los ministerios en Moscú a los ministerios en Tailin (capital de Estonia, G.R.)”. La columna vertebral de muchos de estos. movimientos independentistas la conforman burócratas que están a la búsqueda de más derechos y más poder. Esta es una de las razones por las cuales los socialistas sospechamos del liderazgo de algunos de estos movimientos. Esto, empero, no significa, repito, que estemos contra la demanda por independencia. Si las mayorías se pronuncian y manifiestan por ésta, se les debe conceder la independencia. A nuestro entender, la sola inde- pendencia no resolverá, sin embargo, todos los problemas. Deberá estar acompañada de un programa alternativo de mejoras económicas y sociales. En la mayoría de los casos, esto último no ha sido nisiquiera sugerido por los líderes de estos movimientos.

—¿Cómo resumirías, entonces, Ia política socialista hacia estos dife- rentes movimientos de independencia?

—Formulamos nuestra posición diferenciando la existencia de derechos humanos y derechos nacionales o étnicos. Los socialistas apoyamos ambas demandas. Pero si los derechos nacionales o étnicos se contradicen con los derechos humanos, en el sentido de que se quiera lograr la autodeterminación estableciendo regímenes antidemocráticos autoritarios o totalitarios, apoya- mos los derechos humanos y nos oponemos a esa independencia. El camino a la independencia y autodeterminación debe ser en mismo democrático. Por ejemplo, cuando en Estonia se intentó privar a los trabajadores rusos de sus derechos democráticos de expresión, los socialistas apoyamos a estos últi- mos. A la inversa, cuando Moscú envió tropas para aplastar las demandas de los liuanos, nosotros apoyamos el derecho de independencia.

—¿Cómo analizas los sucesos de Europa Oriental, en comparación con lo que viene ocurriendo en la Unión Soviética? ¿Cuál es la posibili-

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dad en estos países —si existe alguna- de que fuerzas socialistas. y democráticas sean capaces de construir una oposición fuerte y viable?

—La situación en Europa Oriental es algo complicada debido a la debili- dad de la izquierda y a la desmoralización entre vastos sectores populares creada por el propio liderazgo de la izquierda tradicional. Al menos esos son los casos de Polonia y Hungría. En este último caso, los líderes izquierdistas dela oposición se convirtieron en líderes de los demócratas libres, un partido de derecha de 'corte reaganiano o thatcherista. Así, tanto la izquierda húngara como la polaca se encuentran en una terrible crisis. 'Pero, por otro. lado, creo que las políticas económicas monetaristas que se están aplicando en esos paÍSes van a dar lugar a un descontento y una resistencia, de los cuales sin lugar a dudas emergerán fuerzas'políticas que muy rápidamente se podrán ‘convertir en elementos gravitantes en el espectro político. De eSIa manera, las fuerzas políticas que hoy día en Europa Oriental ocupan una posición marginal, en un futuro no muy lejano pueden tener importancia central. La situación puede cambiar más rápida de lo que a veces imaginamos.

Respecto a Hungría, soy menos optimista. Pareciera que la falta de expe- riencias y movimientos de masas después de la insurrección de 1956, junta- mente con las políticas monetaristas, están generando una situación de apatía y frustración. En Polonia, con la-Virtu'al fractura de Solidaridad, la reconstitu- ción de un poderoso movimiento obrero es bastante factible. En Alemania, por su parte, la situación se presenta bastante interesante; Si bien electoral- mente la izquierda fue derrotada —Nuevo Fórum apenas obtuvo el-3% de los votos—, la reunificación de las dos Alemanias Mbién- va a dar lugar a la reúnificación de sus izquierdas, que en conjunto se perfilan como una poderosa fuerza política. El mayor error de la izquierda de Alemania Oriental fue haber insistido en su propio socialismo, sin considerar la reunificación socialista de ambos países. Así perdió iniciativa política, La izquierda de Alemania Oriental tardó mucho en asimilar el hecho de que la reunificación contaba con el apoyo de las grandes mayorías en ambos países. En Alemania del Este, como en el resto de Europa Oriental, la opinión pública y los sen.- timientos y percepciones de sus poblaciones están pasando una profunda y dramática crisis, de suerte tal que la sitúación es bastante inestable y muy flexible. El que en este momento ciertas fuerzas políticas estén derrotadas, no significa que lo serán necesariamente enel futuro mediato.

—¿Y-en Checoslovaquia ¿cuál es la situación?

—La situación en Checoslovaquia es bastante particular. Este es un país más próspero y’estable, y creo que el de mayores posibilidades en Europa

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Oriental para lograr una exitosa integración en el mundo capitalista desarro-

llado. De otro lado, su gobierno es más moderado respecto a la aplicación de

medidas monetaristas, de manera que su integración a la economía capitalista. internacional no scrá tan acelerada como, digamos,-es el casode Polonia. L0 más probable es que su PC se socialdemocratizará, y en conjunto con otras

fuerzas políticas afines, establecerán una economía mixta similar a la exis-

tente en Suecia. A diferencia de otros países de Europa del Este, donde la' situación económica es crítica, Checoslovaquia no generará un modelo re-

volucionario muy radical. La situación de este país dependerá de los próxi-

mos acontecimientos europeos. Una posibilidad es que se integre al Mercado

Común Europeo como país capitalista de segundo orden —como es el caso

de España- o que se incorpore a un nuevo agrupamiento socialista de-

mocrático de los países de Europa Oriental.

El desenlace final de la situación en nuestros países no se jugará exclusi- vamente en Europa, sino más bien en el. plano internacional, ya que también dependerá de las luchas en el- Tercer Mundo y de la habilidad para conectar éstas con las nuestras, así como con las que libran los trabajadores del Primer Mundo.

—Finalmente, ¿cuál crees que será el impacto de los acontecimientos en Europa Oriental en el movimiento obrero capitalista, las luchas del Tercer Mundo y en la situación internacional en general?

—Bueno... para darte una idea de nuestra percepción de la situación, internacional, te diré que en la Unión Soviética los socialistas prestamos muy particularatención a los acontecimientos del Tercer Mundo. La situación que. confrontan nuestros países en EurOpa Oriental con la aplicación “del proyectos monetaristas del FMI, nos coloca en una irremediable situación de “tercer- mundización”. Al igual que en países como el tuyo, nosotros también empezamos a enfrentar problemas de deuda externa, economías de exportación dependientes del control de empresas multinacionales, tec- nologías que contaminan el ambiente, intentos de explotar fuerza laboral no sindicalizada. En otras palabras, existe el intento real de transformar Europa Oriental en elemento periférico del capitalismo internacional. De allí la necesidad del establecimiento de un frente unido contra este proyecto mone- tarista internacional.

En este contexto, la resistencia de los trabajadores en Europa Oriental en cierta medida ayudará al fortalecimiento de la izquierda en el Tercer Mundo. Esta lucha conjunta m'ultiplicará los problemas para las corporaciones multi- nacionales y los centros capitalistas. La resistencia a los planes del' FMI debe

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constituir nuestra primera e inmediata medida. En una segunda instancia, debemos elaborar una alternativa a la nueva división internacional del trabajo que acompaña al proyecto monetarista. Una iniciativa concreta podría ser la creación de un diálogo Este-Sur, así como el establecimiento de proyectos de c00peración económica de largo plazo, el desarrollo conjunto de tecnologías apropiadas combinando el potencial y recursos existentes en ambas regiones. De esta forma, tanto Europa Oriental como el Tercer Mundo estaremos en condiciones de crear una tecnología apropiada a nuestras condiciones y ecológicamente segura. En este sentido, asumimos el desarrollo de economías ecológicamente responsables no exclusivamente desde una pers- pectiva “verde”, sino sobre todo ”roja”, como parte de la lucha contra el capi- talismo y el imperialismo. Al respecto, el problema de la. contaminación ambiental no es solamente una consecuencia de la civilización industrial, sino sobre todo del capitalismo internacional y del tipo de desarrollo industrial impuesto sobre los países pobres.

Concretando sobre este punto, en nuestro análisis y perspectiva de la situación internacional, los socialistas soviéticos damos prioridad al Tercer Mundo. En ese sentido, cOnsideramos que los países de Europa Oriental y del Tercer Mundo compartimos los mismos intereses estratégicos. Socialmente nos podremos encontrar en mejor situación que muchas. partes del Tercer Mundo, pero por nuestra superior educación y potencial tecnológicoel capi- talismo internacional ha puesto sus miras en nuestros países con el propósito de aprovechar estos avances. Sus intenciones de explotar nuestros recursos, al igual que en los países del Tercer Mundo, no coinciden con los intereses de nuestras poblaciones, de ahí la necesidad de dar forma a estrategias tanto nacionales como internacionales contra .el capitalismo.

Nota

Los agitados y rápidos sucesos ocurridos después de esta entrevista: el empeo- ramiento del problema de las nacionalidades, la agitación laboral y la acelerada transición a una economía regida por las leyes de la oferta y la demanda no pare- cen sino confirmar las percepciones del entrevistado acerca del carácter dirigista y antidemocrático que desde el “verano caliente" de julio-setiembre de 1988 empezara a tomar Gorbachov y la Perestroika.

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POPULISMO Y MARXISMO Pablo Rieznik*

En su último número Cuadernos del Sur publicó sendos artículos que giran en tomo al significado —teórico y prá'ctico- del “populismo”; Uno de ellos se inscribe de un modo explícito en la reivindicación de la política po- pulista,‘ mientras que el segundo aborda, por el contrario, lo que considera su agotamiento y sus límites insuperables. 1

Dado que estos artículos replantean un viejo debate que no pierde actuali- dad, debate a’l que por otra parte nos convoca la propia revista, hemos creído oportuno recuperar un pequeño trabajo, escrito algunos años atrás sobre esta misma cuestión.

Se trata de una crítica al texto de Ernesto Laclau “Para una teoría del po- pulismo”, que forma parte de su libro “Política e ideología en la teoría mar- xista - Capitalismo, fascismo, populismo" que fuera publicado originalmente a fines de los años 70. Más recientes en cambio son sus traducciones al castellano y portugués. La oportunidad de esta crítica nos resulta pertinente ya que uno de los artículos publicados, el de Lozano y López, reclama su pro- pio sustento teórico en el mencionado trabajo al cual celebran con tardío entusiasmo, el mismo que le fue tributado en algunos ámbitos al momento de su publicación. Precisamente con estas consideraciones se inicia nuestro pro- pio trabajo, el cual reproducimos sin modificaciones.

Los textos de Laclau han tenido una calurosa acogida en medios académi- cos latinoamericanos identificados con la intelectualidad progresista. Su atractivo, en este caso, se explica por la pretenciosa tentativa del autor de abrir nuevos campos para el pensamiento marxista, para romper con el

"' Docente universitario, dirigente del Partido Obrero.

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supuesto “eurocentrismoprovinciano de la Segunda y Tercera Internacional”, que estaría marcado por un desvío teórico —que Laclau denomina “reduc- cionismo de clase”. A esto atribuye el autor la incapacidad del “marxismo”, para comprender fenómenos tan decisivos como el fascismo y el populismo.

Hablamos de atractivo para la “inteligencia” latinoamericana de izquierda porque ésta, en su absoluta mayoría, cultiva con particular entusiasmo todo tipo de eclectisismo que aparezca como innovador, superando lo que sería el carácter arcaico del marxismo clásico y que, en casi todas las Circunstancias, es apenas un regresión teórica monumental. El mecanismo teórico de esta regresión no es nuevo: puesto que el stalinismo surgió del'seno del partido de Lenin, es en las raíces mismas del bolChevismo y, por lo tanto del marxismo, quese busca la fuente primitiva de la barbarie posterior cometida en su nom- bre. La constatación formal suprime la dialéctica más simple, a saber, que el stalinismo es la negación del bolchevismo y no su continuidad, que su políti- ca interna y externa no es el- resultado de un determinado planteo teórico, sino que expresa, bajo la forma de un empirismo brutal, los‘intereses de una casta particular emergente del atraso y del aislamiento de la Rusia soviética y que —como todolo que brilla no es oro- no basta autotitularse marxista para ser considerado cómo. tal. La apreciación es pertinente, pues el propio Laclau procede a la crítica de las concepciones del stalinismo, o de ciertos teóricos de izquierda, sobre el nacionalismo y el fascismo, como si estuviera some- tiendo al análisis al “marxismo”, convertido en una verdadera bolsa de gatos. Stalin. y Trotsky, 'por ejemplo, Serían- variantes —derecha e izquierda- del propio marxismo.

El libro en cuestión incluye cuatro textos independientes, escritos en cir- cunstancias diversas. Tres de ellos constituyen una polémica con otros autores sobre la cuestión de los modos de producción en América Latina y sobre el fascismo; el cuarto plantea de una manera más orgánica la concep- ción de La'clau sobre la cuestión del populismo (“Para una Teoría del Populismo”); La obra de Laclau permite verificar que, lo que se presenta como novedad no es más que, en un lenguaje oscuro y esotérico, una reedi- ción disfrazada de viejos planteosnacionalistas, que tanto contribuyeron —y contribuyen— a afirrnar'el dominio de la política burguesa sobre el mo- vimiento de la clase obrera.

El populismo según el autor

De acuerdo a Laclau pocos conceptos como el de populismo “han sido

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tan ampliamente usados en el análisis político contemporáneo, aunque menos todavía haya sido definidos con menor preCisión (. . .) a la obscuridad del con- cepto se agrega la indeterminación del fenómeno al que se refiere”. ¿Será el populismo un tipo de movimiento o un tipo de ideología? ¿Cuáles sus fron- téras? De ahí que el objetivo central del texto sea “el de plantear propuestas que puedan contribuir para la superación de esta imprecisión” (págs. 149 y 150).

¿En qué consiste, entonces, el populismo para Laclau? En las reivindica- ciones no' clasistas integradas en el discurso o programa de determinado movimiento político de Oposición al régimen existente. En la definición más sofisticada del autor: “El elemento estrictamente populism no reside en el movimiento como tal, ni en su discurso ideológico característico —que, como tales tendrán siempre una pertenencia de clase- y en una contradicé ción' no clasista específica articulada a este discurso” (pág. 171.). La prueba .de que estas reivindicaciones no clasistas tendrían una existencia real se ma- nifiesta .-—según el autor— en las propias referencias de los marxistas a cosas tales como la “lucha secular del pueblo contra la opresión”, las- “tradiciones- pop'ularcs de lucha”, la clase obrera como “realizadora de tareas populares incompletas”, etc. (pág. 173). (Nótese en esta última referencia, de pasada, la pequeña trampa: el autor modifica una de las tesis clásicas de la teóría de la revolución permanente de Trotsky, el proletariado como ejecutor de tareas burguesas no cumplidas por la burguesía, sustituyendo burguesas por pOpu- lares, para atribuirles así, un carácter “no clasista”; ya volveremos sobre esta cuestión). Por lo tanto, Laclau concluye en que no toda reivindicación o ele- mento ideológico tiene un “carácter de clase”, y en que en el no re- conocimiento de esto consiste justamente el “reduccionismo de clase’-’- de la II y III Internacional. El razonamiento del autor se completa del siguiente modo: si la burguesía consigue integrar las. reivindicaciones “populares”, que no tienen ninguna determinación clasista, a su propio discurso, tendremos el populismo burgués; si es el proletariado el que lo logra alcanzaremos la va- riante de “populismo socialista”, su expresión más elevada y radical. “Enel socialismo, por consiguiente coinciden la forma más elevada de ‘populismo’ y la solución del último y más radical de los conflictos clasistas” (pág. 22).

Debe llamarse la atención para la afirmación de que, en el socialismo, populismo y clasismo “coinciden”. Esto es lo que Laclau presenta como lo esencial de su aporte teórico: el socialismo es la “fusión”,de populismo y cla- sismo y, en la misma meiida, ya no es ni una cosa ni la otra, por eso se define como “socialismo populiSla”. La innovación consistiría en cuestionar que 'el

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socialismo. sea la negación del populismo burgués, es decir, que'sea la rea- lización de los objetivos históricos del proletariado —dictadura de clase, abolición de la propiedad privada, desintegración progresiva del Estado, república mundial de los Soviets (todo esto sería reduccionismo clasista).

El razonamiento, en realidad, es tautológico ya que lo que el autor predica está implícito en su postulado. El socialismo no es la negación del populismo —según Laclau-‘—, porque él mismo ya le retiró a éste su carácter específico, o sea, burgués. El autor parte de un postulado falso, que los objetivos y reivindicaciones democrático-populares tienen un carácter neutro, “no cla- sista”, y , en este caso, su conclusión es apenas coherente con la falsedad de su punto de partida. En verdad, el carácter burgués de los objetivos de- mocráticos y populares está determinado por el hecho de que —la consecuencia de su resolución inteng corresponde al desarrollo de la sociedad burguesa: es la igualdad formal de los ciudadanos y la desigualdad real de las clases, el trabajador libre y no la liberación del trabajo asalariado, la libertad de los propietarios y no la liberación de la propiedad privada. El reino de lo popu- lar-democrático, el reino del populismo, es la sociedad burguesa, no precisa de aditamentos para ser calificado de burgués y no es casualidad que la ge- neralización del término —populismo- se haya desarrollado precisamente para designar al democratismo o al nacionalismo de contenido burgués. El planteo de Laclau coincide, exactamente con el populismo ruso, al que Lenin combatió, porque negaba, justamente, el carácter burgués de la revolución.

Laclau —también- eliminó el carácter específicamente clasista del po- pulismo (burgués) y el elemento puramente clasista del socialismo (obrero). En esto, el autor es plenamente “populista” porque la función básica del po- pulismo es la de confundir ambas cosas, eliminar las fronteras entre lo bur- gués y lo proletario, diluirlas en conceptos ahistóricos sobre lo popular y lo democrático, velar el carácter burgués de las tareas democráticas y populares, para mejor diluir al proletariado en la burguesía, durante la lucha común con- tra el feudalismo y/o el imperialismo. En esta fusión de clasismo y populis- mo, Laclau procede a un rescate político del nacionalismo burgués, al que presenta como antesala del socialismo; el socialismo sería la continuidad del nacionalismo, populismo radicalizado: “la ideología popular tomóse cada vez más antiliberal —afirma Laclau en relación a la Argentina de principios de la década pasada- y, en los sectores más radicalizados, pasó a fundirse con el socialismo, ‘socialismo nacional’ fue la fórmula acuñada en el transcurso del proceso” (pág._ 196). Esto es falso en dos sentidos. Primero, la fórmula de “socialismo nacional” no fue acuñada por lós seCtores populares más “radi-

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calizados” sino por "Perón, y fue históricamente planteada inclusive por la derecha faScistoide peronista. Segundo, cuando la izquierda peronista enar- boló esta bandera y levantó la consigna de “patria socialista”, esto no signifi- caba ninguna fusión con el socialismo. Al revés, el socialismo nacional fue la cobertura de su sometimiento al populismo, al nacionalismo burgués. Con el disfraz de “socialista”, la izquierda peronista se integró a un gobierno entera- mente burgués, de colaboración con el Conjunto de partidos patronales gorilas y las Fuerzas Armadas y, por esta vía, con el imperialismo. (Nótese que Laclau presenta elogiosamente a la tendencia antiliberal, olvidando el pequeño detalle de que era una tendencia corporativista, antidemocrática, de sometimiento policial y legal de las organizaciones Obreras. De “de- mocratista” Laclau culmina en antidemocrático. Es que “olvida” que el demócrata o nacionalista burgués —es absolutamente inconsecuente en sus planteos “no clasistas”, ya que le interesa la lucha contra la reacción sólo en la medida en que le permite su explotación del proletariado.)

El planteo de Laclau, desencamado del teoricismo abrumador de su texto es el de la Juventud Peronista: con Perón al socialismo. Su confusión política es idéntica: “el avance en la dirección del socialismo sólo puede consistir en una amplia serie de luchas, a través de las cuales el socialismo afirma su identidad popular y el pueblo sus objetivos socialista” (pág. 202). Todo aquí se encuentra invertido: lo específico del socialismo, que debe-afirmarse como su “identida es su carácter de clase obrera (y no popular) puesto que mate- rializa los objetivos históricos del proletariado, que son internacionales (y no nacionales); el pueblo, a su turno, es una abstracción que designa al conjunto de clases de la Nación que no ha completado su revolución democrática o nacional —trabajadores, campesinos, pequeña burguesía, burguesía— siendo que las tareas popular-democráticas no superan el cuadro burgués (y no son, por _lo tanto, socialistas). Laclau le da contenido “socialista” al pueblo y a las reivindicaciones democrático-populares, mistificando el carácter de clase de éstas; ésta es la esencia de su planteo.

No clasismo y lógica de clase

El planteamiento sobre la existencia de reivindicaciones, tradiciones, o elementos ideológicos “no clasistas”, carece de todo rigor. Los elementos ideológicos que no tienen una pertenencia clasista, históricamente detennina- da. no existen. En este punto conviene distinguir la apariencia de la esencia

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del problema en cuestión. Ninguna reivindicación o ideología, [en cualquier sociedad que consideremos, aparece como clasista directamente. En el desa- rrollo de la historia humana, cada nueva clase que tomaba el'poder era obli- gada —aunque sólo fuera para alcanzar su objetivo- a representar sus intereses Como los intéreses comunes de toda la sociedad o, para expresar lo mismo en el campo de las ideas, era obligada a dar a sus pensamientos" la forma de universalidad, de representarlos como siendo los únicos razonables, los únicos válidos de manera universal. Esta explicación, que es de Marx (“La ideología alemana”) es mucho más simple que-el alarnbicado juego de conceptos de Laclau e indica como éste último invirtió los términos del pro- blema. Lo que corresponde —en el análisis científico de la realidad social- es descubrir el fondo, la esencia clasista de la ideología o- reivindicaciones que esconden su filiación clasista: Laclau, en cambio, procede-al revés y pre- tende mostrar la ausencia de contenido de clase de las reivindicaciones que la historia ya ha probado como clasista. Postulando que estas reivindicaciones estarían externamente “fusionadas” a “discursos” de clase antagónicas po- pulismo burgués o populismo socialista. Esta. tentativa termina en una pura especulación ideológica en el sentido más estricto del término, es decir, en una construcción artificial de la realidad.

Es absolutamente trivial la verificación de que la clase obrera puede incorporar reivindicaciones históricamente propias de otras clases explotadas, pero que pueden Contribuir a, acelerar y clarificar la lucha por sus propios objetivos históricos. Esto, jsin embargo, no significa que tales reivindica- ciones o aspiraciones —“tradiciones populares de una lucha secular”— ten- gan un valor-“no clasista”, lo que equivale a situarlas en el limbo y no en‘ la historia real. Es exactamente lo que hace Laclau cuando considera a la democracia como una reivindicación que carece de connotación clasista, como si no hubiera surgido en un momento preciso y 'en correspondencia con el ascenso histórico de una nueva clase social: la burguesía. ¿Qué significa definir una reivindicación como no clasista, sino decir que no corresponde a ninguna forma concreta de sociedad, situarla fuera del tiempo y del espacio? Laclau parece confundirse por el- hecho de que la democracia fue planteada por el conjunto de clases que se levantaron Contra la vieja sociedad feudal. Esto, sin embargo, no le da un carácter univerSal ni le otorga el atributo de “no clasista”. Al revés, en todo caso se trata de ver cual es el interés del pro- letariado en luchar por la democracia política y es por esto mismo que la acti- tud de cada clase y capa social en la lucha por la democracia ha diferido enormemente.- En la Francia revolucionaria, desde la monarquía constitu-

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cional a Robespierre, todo el mundo luchó, desde 1789, con la bandera dela democracia. Este hecho no prueba que su contenido de clase fuera arbitrario (la convención decretó el carácter sagrado de la propiedad privada) sino que cada camada de la sociedad quería sacar un provecho diferente de la victoria (Laclau termina en esto, precisamente, en confundir la categoría de universa- lidad, que siempre es concreta, con la arbitrariedad). Pero no sólo esto: al mismo tiempo, la escasa diferenciación social y la consecuente precaria delimitación política entre las clases, impedía a los proletarios o futuros pro- letarios superar el horizonte ideológico y político de la democracia y del republicanismo burgués. Por eso, el movimiento obrero explica Marx, todavía inmaduro en 1830 y 1848, pretendía satisfacer sus aspiraciones dán- dole un carácter “social” a la República burguesa, es decir; dándole un carác- ter proletario al populismo! Qué lejos, hacia atrás se ubican las ideas de Laclau —en el proletariado clase en si.

En este punto Laclau, se une a las infinitas vertientes burguesas y pequeño burguesas que reivindican el “valor universal” de la democracia (puede verse un desarrollo de este tema en “El debate sobre la democracia en Brasil”, Revista “Intemacionalismo” N9 3) y, en especial el eurocomunismo (pretendiendo encontrar las raíces del stalinismo en el marxismo, los intelectuales académicos terminan del brazo de Togliatti, uno de los orquesta- dores de los “procesos de Moscú”).

Ahora bien, como Laclau se pretende materialista, busca el fundamento de aquellas reivindicaciones que define como “no clasistas.” en lo que llama la contradicción “pueblo-bloque de poder”, que es, afirma, la contradicción dominante a nivel de cualquier formación social. De este modo, a la con- fusión sobre el “no clasismo” agrega una concepción particular sobre la histo- ria. Si la contradicción “pueblo-bloque de poder” es una contradicción domi- nante en todas las formaciones sociales su naturaleza ficticia, ilusoria, está clara, pues todos los antagonismos del “pueblo” con el “poder” se resolvieron, en el pasado, recomponiendo esa contradicción. Es sólo cuando esa contradicción asume el carácter de un enfrentamiento burguesía-proleta- riado que puede ser resuelta. Laclau, plantea, por lo tanto, una contradicción indeterminada, que, en el mejor de los casos, lleva a apoyar siempre alos oprimidos contra los opresores y a sacrificarlos ante la nueva opresión. Lo relevante es la forma particular, social, que adquiere esa contradicción, pero aquí Laclau procede a un nuevo malabarismo teórico. Reconoce que la “lucha de clases asume prioridad sobre la lucha popular democrática” (pág. 172), pero de una manera puramente formal, porque las clases “constituyen una

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contradicción dominante al nivel del modo de producción” y se definen como “polos de relaciones de producción antagónicas que, como tales, no tienen ninguna forma de existencia necesaria en los niveles ideológico y político” (pág. 166). Nuevamente .tenemos aquí la lógica totalmente invertida. Primero: “al nivel de las relaciones de producción” no existe lucha de clases propia- mente dicha, la expresión cabal y acabada de la lucha de clases se da en el plano político, en la formación social en su conjunto, en relación a un proble- ma central: el Estado. La lucha de clases “a nivel de las relaciones de produc- ción”, bajo el capitalismo, es sindicalismo y no lucha de clases en el sentido pleno del término. Segundo: la constitución de las clases para desarrollar su real antagonismo tiene —al contrario de lo que afirma Laclau- una forma de existencia necesaria: el Estado para la burguesía, la organización política propia, partidaria, para el proletariado, porque sólo a través de la misma se constituye realmente como clase para sí, como afirmaba Marx. El marxismo no es reduccionista (esto, porque afirma que el hombre hace la historia), pero si es determinista (ya que la hace en determinadas condiciones que no eligió). Es así que los objetivos históricos de la clase obrera sólo pueden materia- lizarse si ésta adquiere su, propia independencia política y se organiza en tomo a una estrategia propia. Este es el sentido de su evolución ‘-‘necesaria”: es lo que planteaba Marx cuando —en una célebre carta a Weydemeyer- señalaba que no le cabía el descubrimiento de las clases y de su lucha, sino que la consecuencia de su desarrollo, de acuerdo a las leyes del desarrollo social, era la dictadura del proletariado. En las palabras del propio Marx: que “la existencia de las clases se vincula a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción (y que) la lucha de clases conduce, necesaria- mente, a la dictadura del proletariado (como) transición para la abolición de todas las clases y para una sociedad sin clases” (subrayado nuestro).

Laclau, como se ve, no critica el “reduccionismo” sino el determinismo, la base del pensamiento científico. Para Laclau las formas ideológicas y políticas son indeterminadas, es decir, no corresponden a una sustancia (las condiciones económicas de la producción y las clases que de ellas se derivan). Estas formas sólo pueden ser “interpretadas” en mismas por lo que ellas postulan de mismas, son iguales a su propio “discurso”. La elabo- ración concluye, así, en una estación terminal inevitable: el idealismo. La conciencia determinaría el ser social, y no al revés. El marxismo no sería la “forma necesaria” del proletariado con conciencia de clase. El “discurso” socialista sería, en definitiva, una forma elevada de populismo, de realización de valores universales, de- la “idea”.

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Desde el punto de vista político, la teoría pueblo-poder no .es nueva, fue formulada por el anarquismo, incapaz de desentrañar el carácter de clase del enfrentamiento entre explotadores y explotados en cada circunstancia históri- ca e incapaz de entender el problema clave del Estado, como el producto, no de una idea incompleta del mundo, sino de los antagonismos de clase en cier- to momento de su desarrollo, que sólo puede abolirse con la supresión de ese antagonismo. Desde el punto de vista político, la tesis de que la oposición entre pueblo y bloque de poder es la determinante en la lucha política es tam- bién parte de la charlatanería demagógica de todas las variantes del naciona- lismo no marxista y antimarxista: según la tal concepción toda tentativa de introducir la lucha de clases en el seno del “pueblo” y disputar su dirección a la burguesía ayudaría al “bloque de poder”. La originalidad, en todo caso, consiste apenas en repetir con los modismos de las universidades inglesas, banalidades que con vocabulario mucho más simple y accesible los voceros del nacionalismo latinoamericano repiten desde hace 50 años atrás, por lo menos. Medio siglo en el cual los líderes nacionalistas de todo tipo llevaron a la frustración y a la derrota al movimiento de masas, siempre atrincherados detrás de los mismos argumentos que Laclau ahora reproduce: que el marxis- mo es “eurocéntrico”, que el bolchevismo peca de reduccionismo de clase, etc. Las traiciones históricas del stalinismo, que se alió a las oligarquías nati- vas y al imperialismo yanqui contra los movimientos nacionalistas fueron siempre utilizadas por los voceros del nacionalismo como una prueba del fra- caso del marxismo en la comprensión de “lo nacional”, y esto debido al “reduccionismo clasista”. Pero se oculta escrupulosamente que histórica- mente, fue más frecuente el apoyo incondicional del stalinismo al nacionalis- mo de contenido burgués y que este mismo terminó mostrando su carácter antinacional. Esta identificación ridícula entre stalinismo y marxismo es tam- bién retomada por Laclau. Sin embargo, va todavía más lejos en una nueva dirección, procurando justificar ahora una original fusión-integración del marxismo, no sólo con el nacionalismo de las naciones oprimidas sino tam- bién con el nacionalismo imperialista más descompuesto: el Fascismo.

Socialismo y Fascismo, ¿pueden fundirse?

A pesar de una dialéctica verbal extremadamente opaca, el razonamiento de Laclau es cristalinamente mecánico; el populismo consiste en una serie de símbolos, mensajes, tradiciones y reivindicaciones neutros en mismos, pero que hacen a la tradición del “pueblo”. La “competencia” entre el fascismo y

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el nacionalismo, de un lado, y el socialismo, del otro, consiste en ver quien integra primero el “paquete” populista a su discurso: el que lo consiguió... ganó el combate; Ahora bien, en la medida en que la clase obrera siga el curso propuesto, la integración de los supuestos elementos “no clasistas” a su propio discurso o programa, se configuraría una variante intermedia —entre la revolución proletaria y el capitalismo. Por esta vía, como y’a señalamos, Laclau empalma con toda charlatanería sobre la tercera opción entre el socia- lismo y la sociedad capitalista. Con un agravante: como Laclau no distingue entre el nacionalismo opresor de los países imperialistas y el nacionalismo oprimido de los pueblos subyugados por los primeros, culmina una ultra- rreaccionaria teoría sobre la fusión socialismo-fascismo.

Esto aparece claramente cuando Laclau critica los planteos de Trotsky para Alemania, de 1931. Trotsky decía entonces: “‘El fascista Strasser dice que el 95 por ciento del pueblo está interesado en la revolución, consecuente- mente no se trata de una revolución de clase, sino de una revolución popular, Thalman (PC) le hace coro. En realidad el obrero comunista debería decir al obrero fascista: claro, el 95 por ciento. de la población, cuando no el 98 por ciento, son explotados por el capital financiero. Pero esta explotación está organizada jerárquicamente: existen explotadores, existen sub-explotadores, etc. Solamente gracias a esta jerarquía los superexplotadores consiguen man- tener sometida a la mayoría de la nación. A fin de que la nación pueda re- construirse en torno de un nuevo núcleo de clase, tendrá que ser reconstruida ideológicamente y esto sólo podrá ser realizado si el proletariado no se di- suelve en el pueblo, o en la ‘nación’, sino al contrario, desarrolla un progra- ma de su revolución proletaria y presiona a la pequeña burguesía a optar entre los dos regímenes” (“Contra el Nacional Comunismo: lecciones del plesbici- to rojo”). ¿Qué es lo que cuestiona nuestro autor? El “reduccionismo” sec- tario: “la revolución proletaria es el único objetivo que la clase obrera puede proponer a las-clases medias” (pág. 136, ambas citas). ¿Cuál sería la alternati- va? “la alianza entre la clase obrera y las clases medias (que) exigía la fusión ideológica del nacionalismo, el socialismo y la democracia” (pág. 137). Nótese bien: la “fusión” entre el nacionalismo imperialista reaccionario alemán y el socialismo. Pero siel socialismo se “fusionaba” con el naciona- lismo en Alemania: ¿qué debían hacer los socialistas franceses, checos y polacos?, ¿fusionarse con su propio nacionalismo antialemán? El resultado de todo esto es la guerra imperialista. El nacionalismo alemán no es defensivo y antiimperialista sino belicista y colonial, pero esta distinción elemental no fue tomada en cuenta por Laclau.

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No es cierto, por otra parte, que Trotsky propusiese la revolución prole- taria en abstracto, es decir, doctrinariamente. Trotsky propuso el frente único PC-PS en defensa de las libertades y la democracia obrera contra el totali- tarismo mzi. ¿No es ésta una reivindicación democrática esencial? ¿Un frente de combate PC-PS no hubiera volcado a las “clases medias” al campo de la revolución? Laclau “fusiona” literariamente lo que en la realidad alemana era incompatible: nacionalismo y democracia. En verdad, el agresivo nacionalis- mo alemán era la destrucción entera de las conquistas nacionales de la lucha delos explotados en el curso de la historia de la formación de la nación ale- mana, de sus organizaciones obreras y democráticas históricas y de todo su acervo cultural. El nazismo expresaba la disolución nacional provocada por el imperialismo y por esto la nación sólo podía reconstituirse en tomo a un nuevo eje o núcleo de clase. En este sentido y sólo' en este, la cuestión nacional tenía un aspecto progresivo, es decir, en tanto no es confundiera con el estado burgués alemán y planteara su destrucción. El proletariado intégra, así, no reivindicaciones “no clasistas” sino las conquistas logradas por la humanidad en su desarrollo. Por esto Trotsky habla de “reconstruir a la nación’.’ (Laclau no toma nota de esto) sobre un nuevo eje, el de la’revolución proletaria. Laclau se niega a distinguir el carácter absolutamente antagónico, de clase, entre la defensa de las democracias ya arrancadas. por el proletariado alemán a su burguesía en el curso de un siglo y la bandera del reaccionario nacionalismo alemán hitleriano.

La ausencia de un criterio de clase lo pierde a la hora de ver el distinto carácter de consignas igualmente burguesas en el plano formal (nacionalis- mo, democracia), pero donde el contenido de una es el imperialismo y el de la otra la defensa obrera contra el imperialismo. Su oposición al “reduccionis- mo clasista” es contrarrevolucionaria en el sentido lato de la palabra: la dialéctica real dela lucha de clases es sustituída por una fusión mecánica de peras y manzanas y su resultado es un engendro teórico reaccionario.

La síntesis “populista” entre el nacionalismo y el socialismo, propuesta por Laclau, fue justamente la que intentó Thaelman y el PC alemán: actuaron en frente único con los nazis para quebrar a la socialdemocracia y con- tribuyeron a la victoria del totalitarismo hitleriano, abandonaron la bandera “reduccionista” de la revolución proletaria y pasaron a defender una tercera alternativa de “revolución popular”, mimetizándose a los nazis, borrando toda frontera con ellos. Esto es loque Trotsky critica, a continuación de la cita que Laclau reproduce parcialmente: “La consigna de revolución p0pular adormece tanto a la pequeña burguesía como a las amplias masas obreras, las

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.concilia con la estructura jerárquica del ‘pueblo’, retarda su liberación. En las actuales condiciones” de Alemania, la consigna de revolución ‘popular’ anula las fronteras ideológicas entre el marxismo y el fascismo, concilia parte de los obreros y de la pequeña burguesía con la ideología del fascismo, perrni- tiéndoles creer que no hay necesidad de elegir, una vez que, tanto en uno como en otro caso, se trata de la revolución popular”. La anulación de las fronteras ideológicas entre el marxismo y el fascismo, concilia parte de los obreros y de la pequeña burguesía con la ideología del fascismo, permitién- doles creer que no hay necesidad de elegir, una vez que, tanto en uno como en otro caso, se trata de la revolución popular”. La anulación de las fronteras ideológicas entre el fascismo y el marxismo es la tarea que justamente ahora retoma Laclau y su significación práctica se revela en que él mismo se declara admirador de Togliatti, a quien considera un precursor del “socialis- mo populista”. El stalinista italiano propuso justamente el frente único con el fascismo en 1937 y es el precursor de la teoría de la “fusión” entre el socialis- mo y el clericalismo, que el PCI terminó planteando acabadamente con su estrategia del “compromiso histórico” con la Democracia Cristiana. ¿Cuál ha sido la función del “socialismo” togliattiano sino la de desarmar —literal- mente- al proletariado italiano en la posguerra y la de asegurar durante 40 años el monopolio del poder por parte de la corrupta DC?

El “socialismo populista” se presenta así, ya no en la teoría sino en la realidad, no como “fusión de socialismo y populismo” sino como subordi- nación completa del primero a las formas más bastardas del segundo.

La revisión filosófica

Al explicar l'os principios de su metodología de análisis de la realidad social, Laclau realiza una incursión en el campo epistemológico. Esto se comprende perfectamente porque lo que Laclau ha hecho es abandonar el materialismo por el idealismo, es decir, no se ha limitado a una revisión “política” del marxismo. Afirma entonces que “convendría llamar la atención para el hecho de que la práctica teórica se desarrolla exclusivamente en el plano del pensamiento (...) una teoría sólo es falsa en la medida en que sea internamente inconsistente, es decir, si en el proceso de construcción de sus conceptos, entra en contradicción con sus postulados (...) la resolución empírica del problema consiste, estrictamente hablando, en la negación de su existencia en el plano teórico” (págs. 66 y 67).

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El idealismo de este “marxrsta” es cristalino. El problema teórico que no es susceptible de verificación empírica, práctica, no existe como tal, puesto que “la cuestión de saber si el pensamiento humano corresponde a una verdad objetiva no es una cuestión teórica, sino práctica. Es en la práctica que el hombre debe demostrar la verdad o sea, la realidad y la fuerza, el carácter te- rreno de su pensamiento. La polémica en torno a la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica es un problema puramente escolástico” (Marx, “Tesis sobre Feuerbach”).

Laclau rechaza la “resolución empírica” de sus elaboraciones teóricas,

¿precisamente porque en la práctica el nacionalismo burgués, el populismo, el anarquismo y el eurocomunismo han fracasado miserablemente. Esto es, se mostraron no como el camino a un supuesto socialismo populista, sino como una subordinación a la burguesía oprimida u opresora, no como una vía para la emancipación del proletariado y las masas explotadas, sino como el terreno propio de sus derrotas y frustración.

De acuerdo al autor, su propia construcción teórica sólo sería falsa si “en el proceso de construcción de sus conceptos, entra en contradicción con sus postulados” (Laclau “interpreta” el mundo, lo “postula”, cuando se trata de transformarlo). Pero el problema son, precisamente, los postulados, que deben ser una abstracción legítima, científica, de la realidad, capaces de soportar, en las conclusiones, la “prueba de la práctica”. Son los postulados de Laclau, su definición equivocada del “no clasismo” y del “reduccionismo clasista”, la confusión de sus axiomas arbitrarios sobre lo “popular” del socialismo y lo “socialista” del pueblo, lo que toma absolutamente inconsis- tente su propio discurso teórico. Laclau considera que la verdad de una proposición teórica sería su carácter no contradictorio, cuando lo propio de un “discurso marxista” es el desenvolvimiento (movimiento y correlación) de las contradicciones objetivas. Las categorías del conocimiento deben corres- ponder al modo de existencia de la contradicciones de la realidad.

La “práctica teórica” es una muletilla con la cual numerosos intelectuales pueden encontrar una autojustificación de su vida, pero no pasa de un mero juego de palabras. La “práctica teórica” que acabamos de analizar no es otra cosa que un intento de revitalizar una doctrina nacionalista con modismo y clisés “marxistas”.

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Notas

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Lopez, Artemio; Lozano, Claudio, “Estado y política en el populismo", Cuadernos del Sur N9 12, Bs. A.s, Marzo 1991.

Pla, Alberto J., “Notas sobre el agotamiento del populismo", idem.

Laclau, Enresto, “Política e ideología en la teoría marxista - Capitalismo, fascis- mo, socialismo", Ed. Paz e Terra, San Pablo, Brasil, 1981.

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WALTER BENJAMIN Y LEON TROTSKY

Enzo Traverso

Hace 50 años, con unas cuantas semanas de diferencia, dos figuras cen- trales de la cultura y el pensamiento marxistas de este siglo encontraban la muerte: León Trotsky y Walter Benjamin. El primero, exiliado en México, era asesinado a golpes de piolet por un agente estalinista; el segundo se sui- cidaba en Port-Bou, en la frontera española, por temor a ser entregado a los nazis que acababan de ocupar Francia, el lugar de su exilio desde 1933. No hay nada azaroso en este doble aniversario. Respectivas víctimas del estali- nismo y del fascismo, Trotsky y Benjamin encarnaban —en planos dife- rentes- la lucha por la utopía comunista en medio de un mundo a punto de caer en la catástrofe. Esta es la razón por la que sus muertes se nos presentan cargadas de tan fuerte valor simbólico.

En primera instancia, este enfoque puede parecer extraño. ¿Qué tenían en común el dirigente de la Revolución de Octubre y un oscuro crítico literario alemán, irreductiblemente refractario a toda forma de militantismo político? Nunca se conocieron y nadie, en 1940, relacionó sus muertes. La noticia del asesinato del viejo jefe del Ejército Rojo dio la vuelta al mundo, mientras que la muerte de Benjamin pasó totalmente inadvertida, incluso para sus amigos más íntimos que no se enteraron sino mucho tiempo después. Se podria decir que los dos eran marxistas, pero, en realidad, Benjamin nunca escribió una obra de análisis social y político como La revolución traicionada, ni Trotsky un texto profundamente impregnado de mesianismo y de religión como las Tesis sobre la filosofia de la historia. Se podría agregar, después, que los dos eran judíos, pero" ¿qué tienen en común los campesinos judíos de un poblado

Traducción: Agustín del Moral Tejeda.

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de Ucrania y la familia israelita de un comerciante de arte berlinés? Este ele- mento no fue resaltado más que por las autoridades/nazis, que odiaban al “judeo-bolchevique” Trotsky y perseguían a Benjamin, culpable de ser, a la vez, judío y marxista.

Sus orígenes, sus formaciones culturales, sus experiencias políticas, en pecas palabras, sus vidas fueron profundamente diferentes. Con. todo, es posi- ble fijar ciertas correspondencias importantes en su desarrollo intelectual y, en términos más generales, en su pensamiento político. El nombre de Benjamin nunca figura en los escritos de Trotsky y no sabemos si el revolu- cionario ruso exiliado tuvo alguna vez oportunidad de leer las páginas lite- rarias de la Frankfurter Zeitung. En cambio, sabemos que Benjamin leyó atentamente varias obras de Trotsky y que las mismas lo marcaron fuerte- mente. En 1926 ya había leído ¿Adonde va Gran Bretaña? y, un año después, en un artículo dedicado a “La nueva literatura rusa”, citaba con mucha admiración la crítica a la Proletkult desarrollada por Trotsky en Literatura y Revolución, crítica que coincidía con la suya en varios aspectos.‘ Ambos compartían la opinión de que la tarea de la revolución no era crear una nueva “cultura proletaria” sino, sobre todo, permitir a los explotados asimilar la cul- tura acumulada en el curso de la historia, a lo largo de un pasado marcado por el sello de la dominación de clase (es decir, en este sentido, una cultura “bur- guesa”). En su juventud, los dos habían rendido homenaje a la tradición liter- aria clásica consagrando destacables estudios críticos a Goethe y a Tolstoi, respectivamente. Más tarde, compartieron un interés común por el freudismo y por la vanguardia artística y literaria, particularmente por el surrealismo. En su célebre Manifiesto por un arte revolucionario e independiente, redactado en México en colaboración con André Breton, Trotsky incluyó un pasaje en el que afirmaba con fuerza el principio de la libertad total en el terreno de la creación artística: “toda licencia en arte” .1 Esto recuerda de cerca las consid- eraciones que Benjamin hacía en 1929 a propósito del surrealismo, un movimiento en "el que encontraba “un concepto radical de libertad” que la Europa parecía haber perdido después de Bakunin.’

En una carta escrita a Gretel Adorno en la primavera de 1932, decía, en relación a la autobiografía y a la Historia de la Revolución Rusa de Trotsky, que “desde hace varios años” no había asimilado nada “con semejante ten- sión, incluso hasta cortar el aliento”.“ Durante su viaje a Moscú, entre diciembre de 1926 y febrero de 1927 —momento en el que el PCUS se sacudía por la lucha de la Oposición de Izquierda contra Stalin—, no prestó mucho interés a los asuntos internos de Rusia. Radek y Lunacharski no le

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causaron gran impresión y no pudo seguir las animadas discusiones de sus amigos sobre los conflictos fraccionales que desgarraban al partido en el poder porque las mismas se desarrollaban en ruso. Aun así, debió conservar algunos ecos, ya que, en su Diario de Moscú, señala que en la Unión Soviética el régimen intentaba “detener la dinámica del proceso revolu- cionario”, y concluía que, de ahora en adelante, el país “se quiera o no, ha entrado en un proceso de restauración”.’ En 1937, leyó La revolución traicionada, que había sido objeto de una elogiosa reseña en los 'Cahiers du Sud, y. la reflexión sobre Trotsky fue abordada varias veces durante sus discu- siones con Bertolt Brecht en Dinamarca. Bajo la influencia de Karl Korsch, Brecht manifestaba cierta simpatía por la crítica trotskista del estalinismo y de la teoría del “socialismo en un solo país”. Durante una conversación, cali- ficó a la URSS de “monarquía obrera", y Benjamin la comparó con “las grotescas fantasfas de la naturaleza que son extraídas del fondo del mar bajo la forma de un pescado con cuernos o de algún otro monstruo”.‘ S u desconfianza respecto al estalinismo se acentuó con la decepción engendrada .por el Frente Popular francés y por la derrota de la República Española, para transformarse en un rechazo radical luego del pacto germano-soviético de 1939, pacto estigmatizado en las Tesis a través de la denuncia de políticos que “corroboran su derrota traicionando su propia causa”.7 La simpatía de Benjamin por Trotsky también es señalada por diferentes testigos que se encuentran con él en los años treinta. Según Werner Kraft, Brecht estaba “contra Stalin y Benjamin a favor de Trotsky”; Jean Selz, que conoció a Benjamin en 1932 en las islas Baleares, precisa que era partidario de “un marxismo abiertamente anti-estalinista y manifestaba una gran admiración por Trotsky" .‘

Pero esta extraña afinidad entre dos figuras tan diferentes como el fun- dador de la Cuarta Internacional y el autor de Parfs, capital del siglo XIX, no se limitaba a la simpatía por el surrealismo y a la crítica a la URSS burocrati- zada bajo Stalin. Sus escritos encierran un análisis similar en varios aspectos de la socialdemocracia y del marxismo positivista de la II Internacional. Ninguno de los dos se andaba con miramientos para rechazar o refutar una concepción evolucionista y objetivista que veía al socialismo como el pro- ducto ineluctable de las “leyes naturales” de la historia y que no atribuía al movimiento obrero más que la tarea de consolidar sus conquistas, a la espera pasiva del advenimiento automático de un orden nuevo. Muy pronto, esta pasividad 'se transformó en el conservadurismo burocrático de los aparatos y en el temor feroz a toda ruptura revolucionaria. Antes de la Primera Guerra

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Mundial, los socialdemócratas rusos, alemanes y austriacos Criticaban la teoría de Trotsky sobre la revolución permanente por su carácter “utópico”, le reprochaban, sobre todo, no respetar las “leyes objetivas” del desarrollo' social y querer transformar la revolución rusa —democrática, anti-absolutista‘ y “antifeudal”— en revolución socialista. Contra la simpleza evolucionista de la gran mayoría de los marxistas rusos, Plejánov a la cabeza, Trotsky pensaba que ninguna ley de bronce de la historia condenaba a la sociedad rusa a sufrir un largo periodo de crecimiento económico capitalista antes de la conquista proletaria del poder. A pesar de su inmovilismo aparente, la formación social rusavestaba sometida a un desarrollo desigual y combinado que yuxtaponía el universo arcaico de los mujiks y la modernidad industrial. Los más “occiden- talistas” entre los intelectuales de Moscú y San Petersburgo consideraban herética la idea de construir el socialismo en la Rusia de los zares y las isbas, y apostaban todas sus esperanzas a una burguesía liberal inexistente. La Revolución de ,Octubre, que dio la razón a la teoría de la revolución perma- nente de Trotsky, fue percibida por muchos socialistas formados en la escuela de la II Internacional como una aberración histórica. En 1921, durante el III Congreso de la Comintem, Trotsky escribió que “la fe en la evolución au- tomática es el rasgo más importante y más característico del oportunismo".’ A continuación afirmó, en referencia a la obra de Kautsky, que el marxismo de la II Internacional se había formado en una época de desarrollo “orgánico” y pacífico del capitalismo, a 4grosso modo entre la derrota de la Comuna de Paris y la I Guerra Mundial, y que cargaba los estigmas de esta situación. La guerra, la crisis del capitalismo y el ascenso de la reacción habían puesto fin de manera brusca a las ciegas ilusiones en un crecimiento ininterrumpido de las fuerzas productivas y en un avance irresistible de la socialdemocracia. Benjamin, que no había aprendido el marxismo en los libros de Kautsky sino, sobre todo, gracias a una obra' heterodoxa como Historia y conciencia de clase de Lukacs, formuló por primera vez su crítica’de la socialdemocracia en un estudio de 1937 sobre el historiador y coleccionista alemán Eduard Fuchs. A finales del siglo pasado, escribió una forma de determinismo evolu- cionista y una fe ciega en el progreso se habían apoderado de la socialdemo- cracia que, a partir de ese momento, concebía a la historia como un desarrollo orgánico, continuo, que no se puede detener. Ironizaba sobre el positivismo ingenuo del socialista italiano Ferri, que desprendía la táctica del movimiento obrero de “leyes naturales", distinguïa los procesos sociales entre “fisiológi- cos” y “patológicos” y atribuía las “desviaciones anárquicas” de la izquierda a un mal conocimiento de la geografía y'la biología. “La concepción deter-

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minista —agregaba Benjamin- va, así, de la mano de un optimismo indes- tructible.” En consecuencia, “el partido estaba muy poco dispuesto a arries- gar lo que había alcanzado a conquistar. La historia toma rasgos ‘determi- nistas’ . La victoria no puede faltar”.'° Esta crítica de la idea de progreso y del fatalismo reforrnista se verá acabado en 1940 en las Tesis, con las si- guientes palabras: “El progreso, tal y- como se perfilaba en las cabezas de la socialdemocracia, file un progreso en primer lugar de la humanidad misma (no sólo de sus destrezas y conocimientos). En segundo lugar era un progre -- so inconcluible (en correspondencia con la infinita perfectibilidad humana). Pasaba por ser, en tercer lugar, esencialmente incesante (recorriendo por su propia virtud una órbita recta o en forma de eSpiral)”.“ Es en oposición al fetichismo de la técnica, el fatalismo histórico, el naturalismo y el cientificis- mo de la socialdemocracia que Benjamin redescubría la figura de Augusto Blanqui, cuya actividad revolucionaria no “suponía para nada la fe en el progreso”, sino que se fundaba, sobre todo, en su deseo “de eliminar la actual injusticia” ."

Como lo recuerda en su autobiografía, Trotsky se había formado en la escuela antipositivista de Antonio Labriola y había encontrado la hostilidad abierta de Plejánov desde su llegada a Suiza, al despuntar el siglo. Después, manifestó una considerable desconfianza respecto al neo-kantismo de los austro-marxistas que bordeó‘ por algunos años, durante su exilio vienés (1907- 1914). Sin embargo, a pesar de su crítica al positivismo de la II Internacional, su formación intelectual era la de un marxista ruso, rigurosamente aufk- ldrerisch (racionalista), para quien la herencia de las Luces era mucho más importante que las fuentes románticas de las que Benjamin había sacado los“ elementos para su crítica de la modernidad industrial y capitalista. Esto, me parece, vuelve todavía más destacable y golpeante la correspondencia de su oposición a la socialdemocracia. En un texto escrito en 1926, con motivo del I Congreso de Amigos de la Radio, en el que no faltan apreciaciones un poco ingenuas en cuanto a las potencialidades de la técnica —las mismas que se encuentra, por otra parte, en un estudio como la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, escrito por Benjamin en 1935-, Trotsky guar- daba su distancia respecto a una visión determinista de la historia dominada por la idea de progreso: “Los sabios liberales —escribía- comúnmente han descrito el conjunto de la historia de la humanidad como una sucesión lineal y continua de progreso. Esto es falso. La marcha del progreso no es rectilinea, es una curva quebrada, zigzagueante. 0ra la cultura progresa, ora declina” ."

En una célebre interpretación alegórica del cuadro de Paul Klee, Angelus

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Novus, Benjamin comparaba el progreso con una acumulación continua de escombros y ruinas, con una catástrofe ininterrumpida que el ángel de la his- toria, arrastrado por la tempestad, las alas desplegadas, miraba crecer ante él, impotente y horrorizado. Lo que sin razón se había considerado como una marcha triunfal de la humanidad hacia el progreso no'era, en realidad, más que una marcha triunfal de los vencedores, desembocando en el fascismo y la guerra. Hacia finales de los años treinta, y sobre todo en 1940, los escritos de Trotsky contienen alusiones cada vez más frecuentes sobre los peligros de la destrucción global de todas las conquistas fundamentales de la humanidad en caso de la victoria definitiva del nacional-socialismo en Europa. El resultado no podía ser más que “un régimen de decadencia que significaría el cre - púsculo de la civilización”.“ Muy similar era, también, su reflexión sobre el uso profundamente antihumanista y socialmente perjudicial de la técnica en el marco del capitalismo. Ya en 1930, en una crítica al libro de Ernest J unger Krieg und K rieg, Benjamin señalaba que el nacionalismo concebía a la técni- ca como un “fetiche del crepúsculo” en lugar de hacer de ella "una llave para la felicidad”.ls Por su parte, Trotsky destacaba en el Programa de Transición que el capitalismo tardío tendía cada vez más a transformar las fuerzas productivas en fuerzas destructivas. En 1940, al comienzo de la gue- rra, escribía que “entre las maravillas de la tecnología que ha conquistado para el hombre tanto el cielo como la tierra, la burguesía ha alcanzado a transformar nuestro planeta en una prisión abyecta” .‘°

Benjamin y Trotsky consideraban a la revolución como una ruptura pro- funda de la continuidad histórica. A los ojos del crítico alemán, aparecía como un “salto del tigre en el pasado" capaz de redimir a los oprimidos y a los vencidos de la historia, permitiéndoles actuar en el presente. El pasado debía ser penetrado dialécticamente y devuelto a sus víctimas; la tarea de la revolución era reactivar el pasado y separarlo del continuum de la historia. De igual forma, para Trotsky, la revolución no tenía nada que ver con el tiempo “homogéneo y vacío” del historicismo. En el prefació a la Historia de la Revolución Rusa, la caracterizaba como “la irrupción violenta de las masas en el dominio de sus propios destinos”.” Las correspondencias entre esta concepción y la de Benjamin se definen más claramente en las palabras que Isaac Deutscher consagró al Trotsky historiador: “La revolución es, para él, ese momento, breve pero cargado de sentido, en el que los humildes y los aprimidos tienen por fin algo que decir y, a sus ojos, ese momento compensa siglos de opresión. Y e'l vuelve a ella con una nostalgia. que concede a su reconstitución un relieve intenso y brillante” .'°

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Se puede, pues, encontrar en estos dos autores una concepción cualitativa de la temporalidad, opuesta a la temporalidad uniforme de los positivistas. Sin embargo, la crítica del historicismo y la idea del progreso era en Benjamin mucho más radical. Para Trotsky, así como para Marx y para toda la tradición del marxismo clásico, la revolución debía hacer avanzar la histo- ria. La comparaba con un motor, en el que las masas en acción representaban el vapor y los bolcheviques su dirección, el cilindro. Benjamin, en cambio, concebía a la revolución como el advenimiento de una era nueva que había interrumpido el curso de la historia. En lugar de hacer avanzar el curso de la historia, debía “detenerlo”. A diferencia de Marx, que definía a las revolu- ciones como las; “locomotoras de la historia”, Benjamin veía en ellas el “freno de emergencia” que podía detener el curso del tren hacia la catás- trofe.‘9

Esto nos lleva a una diferencia fundamental que subsiste entre las visiones del mundo de Benjamin y de Trotsky: la religiosidad y el mesianis- mo del filósofo alemán, el ateísmo radical del revolucionario ruso. Este últi- mo, que declaró en su testamento querer morir “marxista, materialista dialéctica y, en consecuencia, ateo irreconciliable”,2° nunca hubiera conce- bido a la revolución como una derrota del “anti-Cristo” -o como el adveni- miento de una era mesiánica. El curso de Benjamin consistía en borrar tOda barrera entre religión y política, para reinterpretar el materialismo histórico "a la luz del mesianismo judío. A sus ojos, Marx había secularizado, en la utopía comunista de una sociedad sin clases, la imagen de la humanidad redimida en una “era mesiánica” (messianische Zeit).2| El comunismo no era elccumpli- miento sino la superación dialéctica de la historia.

Otra divergencia importante tiene que ver, a mi entender, con sus concep- ciones de la relación entre sociedad y naturaleza. En este terreno, el pen- samiento de Trotsky estaba impregnado de una forma de productivismo ya presente en ciertos escritos de Marx y que había marcado profundamente a toda la tradición del “socialismo científico” de la II Internacional. En las páginas de Literatura y Revolución, reivindicaba con fuerza la vocación del hombre para dominar a la naturaleza: “El sitio actual de las montañas, los ríos, los campos y, a poca distancia, de las estepas, los bosques y las costas, no puede ser considerado como definitivo. El hombre ya ha operado ciertos cambios no carentes de importancia sobre el mapa de la naturaleza; simples ejercicios de escolar en comparación con lo que vendrá. (...) El hombre socialista dominará la naturaleza entera, incluidos sus faisanes y sus estu- riones, por medio de la máquina. Señalará los lugares en los que las mon-

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tañas deberán ser derribadas, cambiará el curso de los ríos y encerrará los océanos”.zz Se trata, simplemente, de unas cuantas observaciones embriona- rias y no desarrolladas que, sin embargo, son reveladoras de un pensamiento en el que la dimensión ecológica se encuentra ausente de una manera radical.

La reflexión de Benjamin sobre esta problemática se nos presenta mucho más actual y fecunda. Contra la concepción socialdemócrata del trabajo como instrumento relacionado con la “explotación de la naturaleza”, no duda en valorar las potencialidades de las utopías fourietistas que, a pesar de su ingenuidad, revelan a sus ojos un “sorprendente buen sentido”. Con pasión había descubierto los escritos de Johnn Jakob Bachofen, el teórico del ma- triarcado, escritos que le permitían percibir en las sociedades sin clase del pasado —el comunismo primitivo— los trazos de una experiencia cósmico natural que se había perdido en la modernidad. Interpretada en un sentido místico, la herencia intelectual de Bachofen había sido apropiada por el nacionalismo alemán (Stefan George y Ludwig Klages), pero también había inspirado las elaboraciones de numerosos autores marxistas, de Federico Engels a Paul Lafargue, de Augusto Bebel a Erich Fromm. Situándose, a su manera, en esta línea, Benjamin pensaba que la sociedad comunista del futuro no debía ni explotar ni dominar la naturaleza sino, sobre todo, restable- cer un equilibrio armónico entre el hombre y su ambiente.”

No se trata, entonces, de anexar a Benjamin al'trotskismo o de borrar las diferencias teóricas e intelectuales que lo separan del revolucionario ruso. Aun así, a pesar de estas diferencias, sus pensamientos presentaban también afinidades sorprendentes y siguen siendo portadores de una riqueza que hay que valorar. Según Terry Eagleton, “las Tesis son un soberbio documento revolucionario, pero evocan la lucha de clases sobre todo en términos de conciencia, de imágenes, de memoria y de experiencia, guardando un silen- cio casi total sobre el problema de sus formas políticas”. Concluye afirman- do que “lo que sigue siendo una imagen en Benjamin, deviene una estrate- gia política en Trotsky" .14 Hay sin duda un elemento de verdad en este señalamiento, pero ver las concepciones políticas del revolucionario ruso como la prolongación de la filosofía del crítico alemán significa resolver el problema de su relación de una manera bastante simplista. Me parece más útil y correcto considerar a Benjamin y a Trotsky como dos figuras distintas en la constelación del marxismo. Las correspondencias que hemos intentado extraer de sus escritos prueban que el marxismo puede enriquecerse a la vez de un crítico rómántico del progreso y de un análisis científico y racional del capitalismo (así como delas sociedades post-capitalistas), sobre todo cuando

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las mismas se unen en la perspectiva comunista de la superación de la reali- dad presente.” Benjamin y Trotsky siguen siendo dos fuentes fundamentales de inspiración para un pensamiento crítico y revolucionario con miras a inter- venir enel mundo actual, a fines del siglo XX.

Notas

' W. Benjamin. Gesamrnelte Schrifien ( GS ), Suhrkarnp, Frankfurt/M, 1977, II, 2, p.

755-762.

L. Trotsky. Litte'rature et Revolution, 10/18, Paris, 1974, p. 496.

W. Benjamin. Mythe et Violence, Denóel, Paris. 1971, p. 310.

. Corresporrdance II, Aubier-Montaigne, Paris, 1979, p. 68.

. Journal de Moscou, L'Arche, Paris, 1983, p. 81.

. Ecrits autobiographiques, Bourgois, Paris, 1990, p. 3.

. Tesis sobre la filosofía de la historia.

cf. W. Kraft. “Ueber Benjamin", en Sígfried Unseld (Hrsg.), Zur Aktualittït

Walter Benjamins, Suhrkamp, Frankfurt/M, 1972, p. 69; J. Selz, “Un incontro con

Benjamin", en W. Benjamin, Sull’hascisch, Einaudi, Torino, 1980, p. 151.

9 L. Trotsky. The firstflve years of communist international, Pathfinder Press. New York, 1972, vol. I, p. 211. Sobre la ruptura de Trotsky con el marxismo de la II Internacional, ver E. Mandel, Trotsky, Maspero, Paris, 1979.

‘° W. Benjamin. GS II. 2, p. 465-505.

. Tesis sobre la filosofía de la historia.

‘1 . Charles Baudelaire, Payot, Paris, 1982, p. 247.

" L. Trotsky. Litte'rature et Revolution, p. 353.

" Citado por Pierre Broué, Trotsky, Fayard, Paris, 1988.

W. Benjamin. GS III, p. 250.

L. Trotsky. Oeuvres, vol. 24, p. 28-29.

" L. Trotsky. prefacio a Histoire de la Revolution rosse, Le Seuil, Paris, 1975, vol. I.

" Isaac Deutscher. Trotsky, 10/18, Paris, 1980, vol. 5, pp. 319-320.

" W. Benjamin. GS I, 3, p. 1232.

"’ Citado por P. Broué, Trotsky, p. 947.

1‘ W. Benjamin. GS l, 3 p. 1231.

n L. Trotsky. Littératue et Revolution, pp. 286-287.

1’ W. Benjamin. GS II, l, pp. 219-233.

" T. Eagleton. Walter Benjamin or towards a revolutionary criticsm, Verso, Londron, 1983, pp. 176 y 178.

Ver Michael Lowy. “'I'he romantic and the marxist critique of modern civiliza- tion”, en Theory and society, 1987, N9 16, pp. 891-904.

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