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Sociedad O Economía O Política
‘ .' viejasy. anos: nuevas - Malvinas, ¿{armas de e . _. Mercosur ominacicín
MAXIME DURAND: ¿A dónde va la crisis2'f RUBEN R. DRI: 500 años: acumulación de capital, genocidio/y teo- ' l logia fMIKE PARKER / JANE 'SLA'UGHTERzEÉÜU: el . “trabajo de equipo”, ideología y realidadfMIKE DAVIS: Los Angeles: la compleja trama del estallido A
7 HABEL: Cuba: han batido mal la clara ADOLFO
LLY: Las tensiones y las crisis en el marxismo fJOHN HOLLOWAY: Crisis, fetichismo y composición de clasef MICHAEL LÓWY: La crítica marxista de la modernidad
Cuadernos del Sur
Número 14 I OCTUBRE de 1992
CONSEJO EDITORIAL Argentina: Eduardo Lucita/Roque Pt’düCl’/Aib€rt0 I. Pla’ Carlos Suare:
México: Alejandro Dubai/Adolfo Gilly/Alejandro Gálvez C. [ose’ Maria Iglesias (Editor)
Italia: Guillermo Almeyra
Brasil: Enrique Anda/Floresta'n Fernandez Francia: Hugo Moreno/Michael Lówy Perú: Alberto Di Franco
Escocia: [ohn Holloway
España: Daniel Pereyra
Uruguay: Washington Estellano
El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residmtes en Argentina.
Publicado por Editorial Tierra del Fuego
Número 14 Argentina-Octubre 1992
Toda correspondencia deberá dirigirse: En Argentina Casilla de Correos N9 167, 6-B, C.P. 1406
Buenos A'ires - Argentina
En México
EDITORIAL TIERRA DEL FUEGO Nebraska 43-402
México, 03810-D.F.
COMITE EDITORIAL:
MAXIME DURAND: RUBEN R. DRI: MIKE PARKER: JANE SLAUGI-ITER:
MIKE DAVIS:
JANETTE HABEL:
ADOLFO GILLY:
JOHN HOLLOWAY:
MICHAEL LÓWY:
INDICE
500 años, Malvinas, Mercosur Viejas y nuevas formas de dominación
¿A dónde va la crisis?
500 Años: Acumulación de capital, genocidio y teología
EEUU: el "trabajo de equipo”, ideología y realidad
Los Angeles: la compleja trama del estallido
Cuba: han batido mal la clara
Las tensiones y las crisis en el marxismo
Crisis, fetichismo y composición de clase
La crítica marxista de la Modernidad
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"El descubrimiento de las comarcas aurí- feras y argentíferas en América, el exter- minio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orien- tales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación origi_- naria.”
(subrayado en el original)
Carlos Marx. El Capital, Tomo I, vol. III, cap. XXIV, edición de Siglo XXI, México,1975,pag. 939.
500 años, Malvinas, Mercosur
VIEJAS Y NUEVAS FORMAS DE
EDOMINACION
n el año en curso los detentadores del
orden mundial han puesto sus mayores
empeños para celebrar este 12 de octu- bre, el V° Centenario del “descubrimiento” de América. A la vanguardia de estos fastos está indudablemente la España actual, de la modernidad y el consumismo, pero estos fes- tejos superan largamente los intereses del Es- tado español, para los principales países im- perialistas del "viejo continente” ésta consti- tuye una fecha histórica que dio inicio a la era de producción capitalista. Más que una epo- peya, el descubrimiento/ conquista debe ser visto como una gran empresa. "Estos proce- sos idílicos representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acu- mulación originaria” (Véase K. Marx El Capi- tal - Tomo 1). Claro está que este acontecimiento adquiere significación y contenidos diferentes para los indígenas, los negros y demás víctimas del genocidio y depredación que en definitiva significó la conquista del "nuevo mundo” por los conquistadores europeos. Pero también este año 1992 contiene fechas y acontecimientos históricos: 10 años de la gue-
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rra de Malvinas, y proyectos políticos. Inicia- tiva paras las Américas -MERCOSUR—, que van mostrando cómo en la base de la dialéc- tica Integración/Desintegración de nuestra América Latina subsisten viejas causas origi- nadas en el pasado cuando se inauguró una filosofía de colonialismo y dominación en las relaciones entre pueblos y culturas, que aún hoy se mantiene vigente.
0 Hace 500 años la concentración de fuerzas bélicas más importantes de Europa se lanzó a la conquista del resto del mundo impulsada por necesidades propias de la acumulación capitalista, la que se vio ampliamente favore- cida por la colonización de América, la apro- piación de sus recursos naturales y la explo- tación de la mano de obra indígena y de los esclavos negros provenientes de la inmigra- ción forzada del continente africano.
Los acontecimientos protagonizados por los europeos, particularmente los españoles, en América fueron de una crueldad inmensa, aún promediando el Siglo XVI cuando la humani- dad ingresaba de lleno a la modernidad ca- pitalista, y es sólo comparable a las cacerías de hombres y mujeres negras en Africa que hicieron ingleses, holandeses, franceses y portugueses, o a la colonización del oeste norteamericano.
Cinco siglos después de aquella llegada de los europeos, portadores de relaciones socia- les que alimentaron el camino del capitalis- mo, expoliando tierras y hombres en aras de la acumulación reproductiva y la civilización cristiana; que impusieron su cultura y creen- cias, es posible constatar la crisis de esos valo- res, el fracaso de los proyectos más ambicio- sos, la inexistencia aún de relaciones capita-
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listas en amplias regiones donde superviven formas serviles y cuasi esclavistas a pesar de los disfraces con que se las recubre. (véase AJ. Plá "Integración, Cultura, Universidad")
0 Ningún pais más que Argentina puede mostrar derechos históricos, geográficos y ju- rídicos que legitimen la titularidad de la so- beranía sobre las Islas Malvinas. Solamente una filosofía imperial, que se perpetua desde aquellas épocas de la invasión europea a otros continentes, puede desconocer esos derechos. Sin embargo estas cuestiones no alcanzan a explicar las motivaciones de una guerra que sorprendió a todos.
A una década de finalizada la demencia] aventura de los militares argentinos en el Atlántico Sur el carácter de "fuga hacia ade- lante”, de búsqueda de una salida a la crisis que ellos mismos habían contribuido a pro- fundizar, es un hecho irrefutable. Tan irrefu- table como lo es que para el Gobierno británi- co de entonces la guerra constituyó una opor- tunidad única para revitalizar viejos sueños imperiales, para unificar a su opinión pública y revitalizar un capitalismo en decadencia desde varias décadas atrás.
En la reivindicación de la soberanía argentina el Gobierno Militar creyó encontrar el ele- mento unificador de la opinión pública, esti- mulando los sentimientos patrioteros más atrasados. Elemento puramente emocional que se disolvió ante las primeras dificultades de la guerra, aún antes del desembarco britá- nico y mucho más cuando los combates fue- ron mostrando el absurdo y la inutilidad de la guerra.
La lógica de la guerra no fue entonces la idea de la libertad, como pretendían los defensores
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de la agresión británica que oponían la demo- cracia a la dictadura; ni tampoco la idea de la soberanía como pretendían quienes creían ver una posición antiimperialista en la Junta Mi- litar argentina. Diez años después es claro que "la lógica de la guerra estuvo presidida por las necesida- des de dos poderes en crisis”. (véase A. Gilly "Malvinas; La guerra del capital ”). Al cabo de la misma la Argentina resultó mu- cho más dependiente que antes y nunca como ahora ha estado tan lejos de concretar sus inalienables derechos sobre las islas del At- lántico Sur.
0 Como respuesta a su propia crisis el capital eStá 'reestructurando ' sus espacios industria- les y productivos, al mismo tiempo que des- pliega una fuerte ofensiva sobre el trabajo. Estos cambios profundos, que en la última década han adquirido un ritmo vertiginoso a escala mundial, han dado nuevo impulso a la internacionalización del capital y de los pro- cesos de trabajo y al, rediseño de la división _ internacional del trabajo.
JEn este marco las grandes naciones, que bus-
.can disputar, recuperar y ampliar viejas" y
nuevas zonas de influencia, asumen la direc- " ción del próceso-de acumulación y los seg- ' mentos más importantes de los procesos pro- ductivos,.desplazando el resto hacia la peri- . feria del- sistema. . Este reOrdenamiento de las relaciones políti- cas y económiCas en el plano internacional “encuentra'su contrapartida al interior de lós estados" nacionales cOn la constitución de un "núcleo tranSnaCÍOnal‘ que promuevela esci- ción ._de los sectores sociales y productivos . privilegiados #forzando Su integraciónregio- -
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nal- de los sectores sociales y productivos marginales, que se desconectan así de la ex- periencia de modernización, cambio tecnoló- gico y consumo creciente de este fin de siglo. (véase P. Ciccolella/ E. Laurelli/ A. Rofman "Integración Latinoamericana y Territorio”). Los mercados de amplitud continental que están surgiendo, dominados por la lógica de la competencia de las grandes corporaciones multinacionales, se expresan en la formación de bloques económicos regionales.
Los llamados megamercados hegemonizados por el imperialismo estadounidense, alemán o japonés, que desenvuelven una fuerte com- petencia comercial. (véase E. Mandel "Globa- lización, interdependencia y bloques económicos regionales” y M. Durand "¿Adonde va la cri- sis?”).
Estos macrofenómenos resultan particular- mente importantes para los países del Cono Sur de América Latina que con un desarrollo insuficiente y deformado de sus fuerzas pro- ductivas ven cada vez más debilitadas sus posiciones y buscan redifinir su inserción en el mercado mundial, en tanto son objeto a su vez de esos cambios.
Es en este marco en que se inscribe, y en el que debe analizarse, el proyecto aún en gesta- ción del Mercado Común del Sur -MERCO- SUR- que, no debe desestimarse, nació como una iniciativa autónoma de las burguesías regionales en 1985, particularmente de Ar- gentina y Brasil, pero que fue rápidamente cooptada por la Iniciativa para las Américas de la Administración Bush.
El MERCOSUR recorre un camino ya abona- do por frustradas experiencias anteriores, pero difiere sustancialmente de las formas y la in-
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tencionalidad de las propuestas elaboradas hace ya casi tres décadas atrás.
Si en los años 60, las políticas integracionistas tenían como objetivo la ampliación de los mercados locales y regionales y la sustitución de importaciones, en la actualidad la interna- cionalización de la producción liderada por. las grandes Corporaciones fuerza una integra- ción regional -fundamentalmente comercial- ligada a sus intereses y orientada a vincularse estrechamente con el mercado mundial.
El problema no es entonces la integración de América Latina, viejo sueño de variados na- cionalismos y también de expresiones obre- ras y populares, sino el caracter mercantilista y de clase del proyecto, que fragmenta y es- cinde cada vez más a nuestras sociedades. La integración latinoamericana es uno de los mitos más viejos de la región. Desde la inde- pendencia, que fragmenta la unidad colonial y fracasa en llevar adelante un nuevo tipo de unidad continental hasta nuestros días.
No es artificial entonces vincular este presen- te con aquel pasado, en una reflexión global que incluya las aventuras demenciales que acentuaron nuestras relaciones de depen- dencia prolongando una relación de domi- nación que hasta hoy ha impedido el desa- rrollo autónomo y soberano de nuestras na- ciones.
Como escribiera Eduardo Galeano: "La trage- dia se repite como farsa. Desde los tiempos de Colón, América Latina ha sufrido como tragedia propia el desarrollo capitalista aje- no”.
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maxime durand
¿Adónde va
la CRISIS?
uego de la década liberal, el
comienzo de los años noventa
marca toda una serie de trans- formaciones en el funcionamiento del capitalismo mundial. Este artí- culo tiene por objetivo inscribir es- tas transformaciones en una pers- pectiva a mediano plazo y propo- ner una lectura teórica.
Las dificultades de nuestro análisis teórico
Nuestro análisis de la crisis se asienta en dos pilares que rápida- mente podemos recordar. El pri- mero es l'a comprensión, específica- mente marxista, de la doble natu- raleza de la dinámica del capital: su funcionamiento necesita a la vez de ganancias y de mercados, y es de esta dobTe exrgencia que surge una de sus principales contradicciones. La segunda herramienta a nuestra disposición es la teoría de las ondas largas, que em el hecho de que el paso de una onda
la_rga expansrva a un n a agga
recesiva resulta de factores interrÏos al sistema, mientras que el levanta-
miento de las condiciones para una nueva onda expansrva suponeTa' intervención de factores exógenos. Evidentemente, esto no Significa que la lucha de clases sea exterior a la economía capitalista, sino que estos fe¿ctores exógenos no son automáti- cos, no estáfi garantizados.
Este enfoque llevó a los marxistas a formular un doble pronóstico a comienzos de los años ochenta. El primero se refería a la inminencia de una tercera gran recesión que veíamos ineluctable, en razón dela dificultad para el capitalismo de restablecer las ganancias al tiempo que mantenía mercados suficientes, dificultad a la que venian a agre- garse otros factores ligados a los desequilibrios interimperialistas y al desorden financiero internacional. Buscando restaurar las ganancias, las políticas de la burguesía tende- rían a quebrar los mercados, a des- encadenar una nueva recesión, esta vez del lado de la demanda. El se- gundo pronóstico ponía el acento en la idea según la cual no podía haber mejoramiento fundamental
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desde el punto de vista del capita- lismo sin una modificación radical de las relaciones entre las clases: los enfrentamientos estaban, pues, frente a nosotros.
Las especificidades de los años ochenta
Hoy en día es necesario constatar que los años ochenta infligieron)g_n doble mentís a este pronóstico. En primer lugar, no hubo una tercera recesión generalizada, así como tampoco un hundimiento financie- ro, ya que incluso el tropezón de la uiebra de octubre de 1987 fue bien superado. Egrestablecimiento de las wancias pudo realizarse, al tiem-
po quese mantuvo una tasa de cre- cimiento razonable.
Para comprender las razones de esta relativa buena salud es nece- sario examinar más de cerca las particularidades de la última déca- da. La gráfica correspondiente per- mite inscribirlas en una perspectiva de largo período, a partir de dos curvas que describen la evolución de la tasa de crecimiento de la pro- ducción y _de la tasa de ganancia. Estas dos variables han sido calcu- ladas a partir de datos de la Organi- zación para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y se refieren al "Grupo de los 7” (G7), constituido por los principales pai-
GANANCIA Y CRECIMIENTO SIETE PAISES PRINCIPALES
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TASA DE CRECIMIENTO .5 ‘P
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ses imperialistas (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá); luego, las mismas han sido tratadas de tal manera que han sido borradas las fluctuaciones. Esta gráfica es parti- cularmente rica en enseñanzas, por lo que conviene comentarla paso a paso. El primer resultado que salta a la vista es, obviamente, el parale- lismo de las dos curvas, lo gue ve- rifica ese teorema marxista según el cual es la evolución deÏa tasa de ganancia lo que—determina Ia ama- ”n'íiEeÏ del capitalismo. La segunda verificación es que Ta baja de la tasa de ganancia medio se engancha con la recesión americana de 1967 y va acompañada de una disminución del crecimiento, que es, así, en gran medida anterior al "choque petro- lero” de 1973. Al final de esta pri- mera fase, se puede constatar, por otra parte, una recuperación del crecimiento en 1972 y 1973 que co- rresponde a una estimulación de la
acumulación de capital con miras a contrarrestar los efectos de la pre- sión salarial.' .
Interviene entonces la primera re- cesión generalizada de 1975-1976, se- ñalada por un rectángulo oscuro en la gráfica. El crecimiento y la tasa de ganancia caen de común acuer- do, y esta caída es todavía más marcada que lo que aparece en la gráfica que, recordemos, está cons- truida de tal manera de “alisar” las evoluciones. Luego de esta primera recesión, se abre una nueva fase durante la cual las políticas de reactivación de la demanda condu- cen a un ligero mejoramiento de la ganancia y del crecimiento. Pero estas políticas ya no están a la me- dida de la amplitud de la crisis, y la segunda recesión generalizada de 1980- 1982 viene rápidamente a poner fin a esta segunda fase.
Con el giro general hacia el libe- ralismo, se abre entonces una terce- ra fase, que dura ahora cerca de diez
Las tres fases de la crisis Fase l 5mm Crecimiento fuerte Tasa de ganancia 1965-1973 5%) elevada (19%) Fase ll Políticas Crecimiento Tasa de ganancia 1976-1979 keynesimas medio (3.5%) med'nore (15%) Fase lll Polítims Crecimiento Tasa de ganancia 1983-1 992 Iberales medio (3%) media (17%) CUADRO I Cuadernos del Sur 13
años. El fenómeno nuevo, ue a a- rece claramente en a zona gris de
la gráfica, esgue las dos curvas,Ta
de la ganancia ¿la del crecimiento
tienden a diverger. La tasa de ga- Wa- mente. sm a canzar sm embargoxa reencontrar los niveles dela primgra f3, y el crecimiento se retoma sin alegar a despegar verdadera- mente. La coyuntura de comienzos de_Iós años noventa se caracteriza por una disminución marcada del crecimiento y por una reducción de la tasa de ganancia.
Las tres fases de este período de crisis pueden, pues, ser sintetizadas en el cuadro siguiente en el que las magnitudes son datos estilizados establecidos en los períodos fuera de recesión(Cuadro I):
Las modalidades del restablecimiento de
la tasa de ganancia
m El restablecimiento de la tw-
nancia constituye el fenómeno cen- tïail' del perfido. Resulta, erTlo esenciaL de un desplazamiento ge- neral dela parte de los salarios dïñ- tro del valor agregaïfo, cuyo examen detallado hace aparecer dos ten- deiigiasimportantefla primera es una disminución de la productividad del trabajo cuyo ritmo de progresión está en promedio dividido entre dos con la entrada en crisis En un pri- mer momento, la progresión del salario real tiende a disminuir ofreciendo una fuerte resistencia en paises como Francia o Italia. La década liberal está marcada enton- ces en todos los paises por una nueva disminución del salario real,. que a partir de ese momento progresa a menor velocidad que Ia producti- vidad. El resultado de estas dos in- flexiones es el retroceso de la parte de los salarios en los principales paises industriales, con excepción del Reino Unido, que dio este giro antes que los otros Cuadro Il).
División del valor agregado
Producllvldad Salerlo real Parte de los selarlos l ll Il I ll ui l I I i i
ESTADoswoos 13 0,1 io.a 15 0.2 t ,2 0.2 0.1 -0.6 JAPON aa 2 i 29 79 2.8 ¡ 14 -o.3 -o.1 4.5 RFA 4o :9 : 14 51 2.5 09 io -o,4 —o.4 ¡mmm 44 24 5 1.9 41 3.5 la 0.2| 1.o -0.6 ¿mm 56 se ¿ 18 so 35 «39 0.6 0.7 ¡0.9 ¡Emuioo 32 2? g 2.1 44 15 , 21 12 4.1 -o.o ¡CANADA 24 «,3 ¡ 1.3 2.5 Í 1.a 0.7 0.1 0.5 l -0.6 GT 3.5 1.6 17 3.9 1.5 0.9 0.2 0.o 0.a CUADRO II Tasas de crecimiento anuales promedio I 1965-73 II l973-79 III 1979-87
Fuente: OCDE
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Una economía de capital constan- te hubiera alimentado un medio de restablecer la tasa de ganancia sin ejercer presión excesiva sobre los salarios. Pero no fue así: hasta ahora, la introducción de las nuevas tec- nologías se ha acompañado del alza, o al menos del mantenimiento, de la composición del capital. El Cua- dro III muestra que el coeficiente de capital, es decir, el volumen de ca- pital fijo por unidad producida si- guió aumentando durante la última década.
Coeficiente de capital P I u m ; EU -0.2 1.1 0.4 Japon 2.6 3.2 1.7 ’RFA 1.4 1 o 0.9 1 marca -o.9 l o 0,4 . mu »o.3 3.3 0.6 ER. LNm 0.6 1.5 -0.5 ¿LOCDE 0.4 1.5 ' 0.a
Tasas de crecimiento anuales promedio I ¡960-73 II 1973-79 III ¡979-88
CUADROIII mecias de la Eroduc_tiyi-
dad han estado, ues, cada vez del salario real y an Sl o estina- das al restablecimiento de la tasfie ganancia. Ese modo de funciona- miento hace a un lado una de las reglas esenciales del "fordismo", a saber, el crecimiento a-ralelo del salario real la roductividad. El Memo-
duce el sistema en esas condiciones constituye entonces un buen hilo conductor. En efecto, sea en térmi- nos keynesianos o marxistas, esta brecha creciente entre produgtjví- (31d y salado debería conducir a una crisis de realización: si los trabaja- dores producen cada vez más sin ganar más, ¿quién va a comprar lo que producen? La compresión de los salarios, llevada a gran escala y al mismo tiempo por todos los pai- ses; muy pronto correría el riesgo de desembocar en un nuevo fracaso resultando esta vez, en lo esencial, en un estrechamiento de los merca- dos. Esta periodización conduce entonces a una interrogación sobre el modo de funciorarniento del ca- pitalismo de los años ochenta y so- bre lo que constituye la dificultad teórica, a saber, su capacidad para restablecer la ganancia sin quebrar el crecimiento.
Un nuevo modo de crecimiento
Es el dinamismo dela plusvalía con- sumida lo que constituyó el princi al actor de ajuste. a aqui de una tesis esencra , que deriva muy sim- plemente de un regreso a los es- quemas de la reproducción. El es- quema que presentarnos propone una representación estilizada de ese modo de crecimiento específico. Se razona aquí sobre un modelo sim- plificado dé Ia reproducción capi- talista. El ingreso se divide entre ganancia y salarios. El salario es íntegramente consumido, una par- te de la plusvalía es acumulada
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DOS ESQUEMAS DEL CRECIMIENTO CAPITALISTA . _ SALARIOS GANANCIA PERIODO IN'C'AL consumo Mm Pvc ACU SALARIOS GANANCIA CRECIMIENTO "FORDGTA" consumo SALARIAL PVC ACU SALARIOS CRECIMIENTO GANANCIA I 5030574" CONSUMO SALARIAL PVC ¡ACU I 'ESFEFIA FINANCIERA'
(ACU), el resto es consumida (PVC). En el crecimiento “fordista” la re- producción ampliada no implica ninguna deformación estructural en la distribución del ingreso y su afectación.
En el crecimiento “post-fordista” las cosas pasan de manera diferen- te. Se puede suponer, para simpli- ficar, que el ingreso aumenta pero no los salarios, que están bloquea- dos. Vale entonces, forzosamente, lo mismo para el consumo salarial. En esas condiciones, la realización del valor supone un crecimiento relativo de la fracción consumida de la plusvalía.
Este principio abstracto se acom- paña de tres modalidades concretas
que definen un esquema de acumu- lación muy específico. El elemento esencial es la distorsión de los in- gresos en detrimento de los salarios: se trata, a la vez, de restablecer la ganancia reorientando la demanda de manera más adecuada a las exi- gencias de realización de la misma. Un proceso de igual género se de- sarrolla en la puesta en marcha de una configuración de la economía mundial en la que el déficit estado- unidense, y el verdadero creci- miento del crédito que lo sostiene, corresponde a una transferencia del ingreso hacia las esferas de fuerte propensión al consumo. Finalmen- te, la financiarización debe interpre- tarse en sus dos vertientes: la infla-
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ción de la esfera financiera remite a una creación de plusvalía que no encuentra dónde acumularse, sino que desemboca en una modificación en la repartición de los ingresos de tal manera que asegura el reciclaje de esta plusvalía hacia el consumo.
Esta presentación se distingue de otros análisis. Sgyuede dar que en un sentido, es más regulaïïojis- ta que los regulac10nistas, que pro- gresivamente han renunC1a o a
proponer una lectura e conjunto
del ca italism tal como funciona desde hace diez, incluso culince años, y mrecen atenerse a una comparación dé los "Escenarios" posmles o déseables. Este análisis de la financiarización se distingue igualmente del discurso que con- siste en hablar de “economía-casi- no", de denunciar los "despilfarros" resultado de criterios de eficacia muy centrados en la sola “rentabili- dad financiera". Este discurso, que es particularmente el de los econo- mistas del Partido Comunista Francés, remite, sobre el fondo teó- rico, a una mala comprensión de la ley del valor (como si la esfera fi nanciera pudiera volverse total- mente autónoma frente al ciclo del capital) y va acompañada de ilu- siones en cuanto a la posibilidad de hacer funcionar el capitalismo “de manera diferente", en este caso de manera más "productiva".
El neo-dualismo
Si se quiere precisar las modali- dades actuales de reproducción del capital, es necesario insistir en su
tendencia a un fraccionamiento en dos gnydes sectores: el primero es el sector de la industria moderna y de los servicios informatizados o in- formatizables y se caracteriza esen- cialmente por las elevadas ganan- cias de productividad y por una muy débil creación de empleos. El segundo sector es el de los servicios de e 1 ro uctividad, por na - ramos de la com- petencia internacional. Este es el lugar privilegiado de la creación de empleos. Este esquema, que se ha podido presentar como una solución elegante a la crisis del empleo, sólo puede funcionar, por otra parte, si se cubren muchas condiciones.
La primera se refiere a la rentabi- lidad. Es necesario recordar aquí que la productividad es uno de los parámetros esenciales que determi- na el nivel y la evolución de la tasa de ganancia. Una disminución de la productividad, si la misma permite la creación de empleos más nume-. rosos, tiende entonces a hacer bajar la tasa de ganancia. Todo el pro- blemmconsiste entonces en ¿go- nectar la creación de empleos sobre la base de una débil productividad, por un lado, y la determinaciónsde la tasa de gananaa, por otro. La única solución lógica radica en el desarrollo de una esfera de la eco- nomía no sometida a las exigencias de la rentabilidad capitalista o que bien compense la débil productivi- dad a través de los bajos salarios. Las brechas de productividad con- ducen entonces a lo que podríamos
llamar un neodualismo. M
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La función económica de las desigualdades .
Este esquema teórico admite va- rios corolarios importantes. El pri- mero concierne a la funcionalidad de las desigualdades. Ciertamente, el capitalismo nunca ha tenido como objetivo central reducir las des- igualdades. Pero el modelo que está en camino de levantarse les atribu- ye un papel central. ¿Qué es nece- sario, en términosde ingresos, para que el esquema hasta aquí descrito funcione? En la esfera de los servi- cios, es necesario, evidentemente, que los salarios se mantengan a un nivel bajo, porque deberán inter- cambiarse bien por los salarios del sector competitivo, bien por la plusvalía redistribuida y, recípro- camente, es necesario asegurar una concentración de los ingresos a favor de los ricos que sólo podrán con- sumir ampliamente servicios a precios relativos crecientes. Se pue- de, luego, excluir la idea- límite de una expulsión por fuera de la esfera capitalista de un sector de la eco- nomía que funcionaría sobre sí mis- mo, porque el modelo, para ser creíble, implica una articulación de los dos sectores. En estas condicio- nes, la producción del sector servi- cios no puede ser comprado por este sector mismo; sólo puede ser com- prado por los salarios de los otros sectores, o por la plusvalía no acu- mulada. lnevitablemente, sea por- que las mismas vienen a incorpo- rarse a los salarios, sea porque puncionan a la plusvalía disponible para la acumulación, estas salidas
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en servicios permiten el desarrollo de un sector de servicios creador de empleos que van a tener efectos nuevamente nefastos sobre la tasa de ganancia y/o la tasa de acumu- lación.
La escapatoria es, pues, la emer- gencia de una "tercera demanda" característica, por otra parte, de numerosas paises semiindustriali- zados. Se trata de ¡gresos no sala- rigles ¿nie aumentan regularmeïte de tal manera que compran MW)- dÏJcción de los sectores de dóbil productividd, mientras que la pro- gresión del los salarios del sector productivo permanece bloqueada. Además, la manera en que los ricos
g reparten su ingreso entre inversio-
nes, compra de bienes industriales y salidas en servicios conviene me- jor a los criterios de la dinámica actual del capitalismo.
El rápido examen de este modelo teórico de crecimiento conduce a dos previsiones: la creación de em- pleos en los servicios debe ir acompañada de salarios inferiores, y la repartición del ingreso debe ser modificada en favor de una de- manda no salarial. El ejemplo de Estados Unidos confirma clara- mente estos dos pronósticos. Se había vuelto normal hablar de la “Great American Job Machine" (la gran máquina americana de crear empleos); en efecto, estados Unidos creó diez millones de empleos entre 1980 y 1986, cuando los cuatro prin- cipales paises europeos suprimían cerca de dos, y esto para una po- blación económicamente activa
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equivalente. PergLestos nuevos em- pleos son, en su inmensa mayoría, ein-pleos de servicios mal pagados: entre 1981 y 1987, los sectores creadores de empleo erogaron sa- larios inferiores en un tercio en re- lación a los otros (1983 dólares por mes contra 2700 dólares, cuando la diferencia era desprecie l. le durante los 20 años precedentes: se trata, entonces, de una ruptura con las tendencias anteriores.
Este giro está confirmado por numerosos estudios, tanto para Es- tados Unidos como para el Reino Unido.
Es una evolución análoga la que se ha iniciado en Francia desde 1983. El poder de compra del salario se estanca, y el excedente desprendido por los progresos de la productivi- dad es distribuidos bajo la forma de ingresos no salariales. Dos catego- rías se benefician de este maná: los detentadores de activos financieros, en la medida en que el alza de las tasas de interés significa un aumento de su parte de cuota de plusvalía, y las protecciones independientes, porque las mismas se benefician de una evolución muy favorable de los precios relativos. Este retroceso del consumo salarial ha sido confirma- do de manera espectacular por una encuesta del INSEE, que estab.ece que en diez años “las salidas reali- zadas por una cuarta parte de las familias más acomodadas han au- mentado alrededor de 20% en francos constantes, al tiempo que las de las familias más modestas se han estancado. La brecha de con-
sumo entre familias acomodadas y familias modestas se acentúa”.
A escala mundial, un fenómeno de igual naturaleza tiende a separar zonas enteras del desarrollo. En 1987, el mundo capitalista com- prendía aproximadamente 3.400 millones de habitantes. Su ingreso medio era de 3.600 dólares por año. Pero la mitad más pobre sólo ganó poco más de 1. 200 dólares por año, y dos terceras partes ganaron menos de 3.000 dólares. Más aún, durante toda la década de los ochenta, y esto por primera vez después de la II Guerra Mundial, el producto per cá- pita promedio retrocedió en zonas tan pobladas como Africa, Medio Oriente y América Latina.Los fa- mosos "cuatro dragones" de Asia del sureste (Corea del Sur, Singa- pur, Hong Kong y Taiwan) sólo existen como excepciones, pues sólo representan el 1,4% de Ia población mundial.
Retorno a los esquemas de reproducción
Con la noción de normas de con- sumo, los regulacionistas han insisj tido en un aspecto importante del análisis de la reproducción social, que .3 a. refiere a la articulación entre vaIO' y valor de uso. No cualquier modo de consumo es compatible con las condiciones de reproduc- ción. Uno no puede atenerse a un análisis global del valor examinan- do cómo se ventila entre salario y plusvalía. Es necesario, además, que la estructura de producción esté adecuada a la del consumo en lo
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que a valores de uso concierne. lille? sociedad no puede, por ejemplo, degir su esfuerzo aTa produccwji de bienes de lujo y privilegiar ¿il mismo tiempo los salarios. No se Fría aquídoor otra partg_de cÏal- qruier superación del marxismo sino, más bien, de una restitución de los análisis de Marx en cuanto al papel del valor de uso.
Desde este punto de vista, la onda larga expansiva ha sido posible, entre otros factores,por una ade- cuación entre normas de consumo y condiciones de producción, lo que los regulacionistas han bautizado como fordismo.
En pocas palabras, el consumo de los asalariados está constituído por una parte creciente de productos manufacturados que ellos mismos producen en condiciones que ase- guran importantes ganancias de productividad. Estas ganancias de productividd permiten, en su turno, compensar los efectos de un salario real creciente sobre la rentabilidad del capital.
Para que la reproducción del ca- pital se realice de manera dinámica, es necesario finalmente que se con- creten tres series de condiciones: 1) la producción de plusvalía que asegure la valorización del capital, 2) la realización de este valor en término de grandes masas de valor de intercambios, 3) la correspon- dencia entre lo que es producido y lo que es consumido por cada tipo de ingresos, Es necesario, además, que estas condiciones no solo se den de vez en cuando, sino que se re-
produzcan en dinámica, garantiza- das en el curso del tiempo.
Este tipo de lectura nos lleva a echar luz sobre un tercer factor de crisis: el capitalismo encuentra no sólo díficulteíïes crecientes para obtener ala vez ganancias y merTa- dos sino que, además, tiende cada vez más a chocar con un obstáculo síplementario, que reside en una desconexión creciente entre la es- tructura de las necesidades sociales,
las exi encia entabilidíd. Aquí, el principal problema econó- mico es el de la afectación del traba- jo social: si se considera a la sociedad como un todo, ésta dispone en un momento dado de cierta cantidad de trabajo, que va a decidir afectar en tal o cual sector, revelando así las prioridades que se fija explícita- mente o no. Ahora bien, esta afec- tación se realiza combinando dos series de criterios que no tiene razón alguna de coincidir. Por un lado, la búsqueda de la máxima ganancia, y de manera más precisa todavía, de las perspectivas de ganancia al nivel más elevado posible sobre un largo periodo de tiempo conduce a una regla que se puede resumir muy simplemente: los capitales tienden espontáneamente a invertirse en los sectores que aseguran el más fuerte crecimiento posible de la producti- vidad, porque ésta es la base y la garantía de una tasa de ganancia mantenida a un nivel elevado. La otra lógica, que con Engels se podría llamar la de los efectos sociales útiles, conduce a dar la prioridad a las necesidades sociales más ur-
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gentes, o a las más intensivas. Bajo el capitalismo, esta lógica está pre- sente, pero se mantiene dominada: no se puede vender mercancías que no responden a ninguna necesidad social, y la satisfacción de ciertas necesidad sociales acaba por impo- nerse a la lógica espontánea del ca- pitalismo, que no existe en su ver- sión pura más que en los manuales.
Nuestra tesis es que el periodo ac- tual del capitalismo se caracteriza por una brecha creciente entre las dos series de criterios; en otras palabras, por una dificultad creciente para asegurar la co- rrespondencia entre lo que la gente quiere comprar y lo que el capitalismo quiere producir. Cuando el período llamado fordista se caracterizaba por un desplazamiento de las nor- mas de consumo hacia los bienes manufacturados (automóvil, etc.) producidas en condiciones de fuerte productividad, la demanda salarial de los paises imperialistas se des- plazó hacia categorías de bienes cuya satisfaccion estaba asegurada en condiciones de menor producti- vidad. Si se vuelve a la cuestión de saber por qué no se hacia con otro producto lo que se hizo con el au- tomóvil, se percibe que la respuesta esencial se encuentra del lado de las normas de consumo y tiene dos puntos. Por una parte, los produc- tos de la electrónica casera, con los que se habría podido contar para enganchar un "neo-fordismo’f, no representan un volumen de merca- do suficiente: estéreos, videos, etc., están en plena expansión, pero un video vale 20 veces menos que un
vehículo... Y sobre todo, la deman- da de los asalariados se dirige es- pontáneamente hacia otra suerte de bienes, o más bien de servicios que no podrían, en el estado actual de las técnicas, ser “industrializados”.
El ejemplo más significativo es el de los gastos de salud, que de ma- nera espontánea aumentan más rá- pidamente que el ingreso y que se busca, sin embargo, frenar en todos los paises industrializados. La razón de fondo está en que los mismos no pueden dar lugar a una producción asociada a una fuerte productivi- dad. El capitalismo no trata en igualdad a los diferentes tipos de demanda: cuando un obrero compra un vehículo, reactiva la economía; cgando va al médico participa en un crecimiento juzgado "excesiyo" de los gastos de salud. Sin embarg), en uno y otro caso, é‘r obrero no hace má? que satisfacer una necesi- díd. r-—-
La modificación de la repartición del ingreso hacia la tercera deman- da es, pues, al mismo tiempo una modificación de la estructura del consumo hacia los bienes indus-í triales de valor medio superior. Uno de los corolarios de esta evolución es, por otra parte, el papel jugado por la reproducción incesante de la alta calidad: por cada producto que entra en la fase de la producción de masa con fuertes bajas de precio, es necesario recrear constantemente una diferenciación e introducir desde arriba nuevos modelos man- teniendo el volumen de la deman- da. Pero esto sólo puede hacerse
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privilegiando la demanda que ema- na de los alto ingresos cuya estruc- tura corresponde mejor a las exi- gencias de la valorización del capi- tal.
lnsistir en esta dimensión intro- duciendo la noción de norma de consumo no es, ciertamente, reto- mar por nuestra cuenta la posición regulacionista que, al contrario, hoy en día muestra sus imperfecciones. Uno de los aspectos de la crisis contemporánea es que, contraria- mente al postulado regulacionista, no existe ningún proceso de ajuste automático delas normas de con- sumo a la estructura de producción.
La exclusión tecnológica
Esta figura del fraccionamiento se refuerza todavía más bajo el efecto de las mutaciones tecnológicas. UA) de los principios del análisis mar- xi'sí del capitalismo consisteÏen nunca disoïiar las innovaciones téLnicas de las relaciones sociales, al seno de las cuales deben venir a
i__nsertarse- Emma no odría haber salida de la
crisis ue rernitiera ura sim le-
menteaftales innovaciorÉs. Una de las paradojas más sorprendentes de la situación actual es que el capita- lismo dispone hoy en día de nuevos métodos de producción que per- miten contemplar una progresión, cualitativa de la productividad del trabajo humano, así como una re- organización radical de los procesos de trabajo. Pero esas potencialidades no pueden tornar toda su extensión dentro del marco del capitalismo,
que para perpetuarse necesita re- producir, a la vez, el dominio de extensión de su principio de fun- cionamiento esencial, la ley del va- lor, y el avasallamiento salarial. Se tata de asegurar la sumisión del conjunto de la esfera económica a la dominación dela lógica del capi- tal. Ahora bien, los cambios tecno- lógicos representan una doble ex- cépcron con relacrón a esa domïïa- ción. Los mismos inlplican una cbnsiderable economía de tiem “de trabajo qge solo acentuará los pro- blemas que nacen de la crisis dEl trabajo. Además, los mismos supo- nen, en su esencra, una reorganiza- ción del trabajo en un senti o mie tí es compatible con la disciflina saflarial: polivalencia, trabajó‘de equipo, iniciativa, "compromiso", etc...
Sin duda, por primera vez erl_su historia, el capitalismo aparece in- capaz de piegar a su lógica toda una serie deTnnovaciones, que, de golpe, se quedan sin cultí/o.Ïas pósibilidades quema auto- ma tización en términos de economía de trabajo, así como los instrumen- tos electrónicos de comunicación en términos de circulación y cambio de información y de conocimiento, son absolutamente subexplotadas, o, si se prefiere, sobreexplotadas pero en segmentos estrechos que dan prioridad a lo fútil y al elitis- mo.
Un libro reciente‘ arroja un escla- recimiento interesante sobre estas cuestiones-Como su título lo indi- ca,'es uno de los análisis que se
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muestra más optimista en cuanto al contenido progresista de los nue- vos métodos de producción. Pero al mismo tiempo, sus autores insisten en esta idea fundamental: ” en tanto que los nuevos modelos de producción se mantengan encerrados en su mez- quino marco privado, constituirán, a lo sumo, una modernización trabada, sin satisfacer la exigencia, que implica esta noción, de una racionalidad interesante al conjunto de la sociedad Confron- tado a su' incapacidad de absorber todas esas potencialidades, el capi- talismo, y esta es una de sus carac- terísticas esenciales hoy, va a reac- cionar ind uciendo procesos de toda suerte de diferenciaciones, de los cuales hemos visto ya algunos ejemplos. en el dominio de la orga- nización del trabajo, la tendencia no es a la extensión progresiva en el conjunto de los sectores de las for- mas de organización y métodos más avanzados; es, En el contrario, una lógica de implantación selectian gue domina. Los dos sociólogos ya citados concluyen su obra insis- tiendo en las evoluciones que identifican en el corazón mismo de la industria alemana, y "¿jue consis- ten, para las empresas, en rechazar ha- cia el exterior, en Ia medida de lo posi- ble, los fenómenos negativos que acom- pañan a los nuevos modelos de pro- ducción y, si eso no es realizable, a concentrarlos en el interior, sobre los sectores aislados” y que constituye "un factor que acentúa la formación de segmentos". Esta contradicción, clá- sicamente marxista si la hay, entre desarrollo de las fuerzas producti-
vas y relaciones de producción, puede entonces ser formulada así: “¿la actual fragmentación del mundo del trabajo entre actores ganadores o resignados de la racionalización, entre obreros sin calificación alguna, 'margi- nalizados', entre victimas de la crisis, entre desempleados de mucho tiempo, expresa algo más que una nueva forma de desigualdad en contradicción con una concepción histórica y social de la mo- dernización ?
Estos términos de fragmentación, sggmentación, escisión, fracciona- miento o, incluso, desconexión, re- miten todos a una misma tendencia del capitalismo al delimitar la esfe- [af en la cual ¿puede desarrollarse integralmente. Este proceso está poderosamente en marcha a nivel mundial, bajo la forma de una des- conexión acrecentada entre Centro y Periferia: la disposición de las nuevas tecnologías crea una nueva base de dependencia v acompaña a la formación de una estructura im- pgïialista tripolar en la que cada una de las cumbre de la "Triada" es- tructura las zonas de mano de obra a bajos sararios en las que instalará de‘ producciómaïanzada. Estados Unidos está en camino de recon- quistar el continente americano con la iniciativa para las Américas, a base de tratado de libre comercio multilaterales que no son sino otros tantos contratos leoninos entre so- cios desiguales puestos a competir. Asia se reestructura en tono al gi- gante japonés, de manera perfecta- mente jerarquizada, de los "cuatro
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dragones” a los paises más pobres, pasando por las aspirantes a la 1n-
dustrialización a través de los bajos.
salarios como Malasia o Filipinas. En cuanto a Europa, organiza de manera menos densa sus diferentes círculos concéntricos que van del núcleo duro del centro de la CEE a las zonas de bajos salarios del sur y del este. La lógica de este modelo conduce, en lo que concierne a los paises del Este, a un pronóstico muy claro, por lo demás en curso de ve- rificación: ahí, la penetración de “la economía de mercado” no será li- neal. En lugar de precipitar se hacia un nuevo Eldorado, los inversionis- tas internacionales van, por el con- trario, a poner en marcha procedi- mientos de clasificación y selección de los sectores susceptibles de in- corporarse útilmente a la división internacional del trabajo. Este pro- ceso va, pues, a tener por efecto fraccionar, disociar a las sociedades involucradas, rechazando, margi- nalizando, “informalizando”, etc., a los sectores no competitivos y a los segmentos de la mano de obra in- capaces de adaptarse a las nuevas tecnologías. Esta frontera podrá pasar totalmente al exterior de ciertos paises particularmente des- protegidos.
La crisis y las crisis
El capitalism04puesLno ha salido w Pero conviene precisar "brevemente los diversos usos que se pueden hacer en economía de
distinción entre crisis periódica y
ran crisis: la primera resulta dEl iuncionamiéfiïóm' del mal- WWW re- c:esión. La forma dél aclo puede cambiar según se encuentre en una fase general de expansión o de re- cesión, y según el grado de sincro- nización entre las coyunturas de los diferentes paises. lame] punto de vista teórico, el principio de fondo es que el capitalismo sale _d¿ manera endcïena de este ¿po de cñsis o de recesión, es deciLïn llïnar a otros mecanismos gue no
sea el desarrollo espontáneo del ci- clo.
La gran crisis, c o la de los años treinta, marca el aso de una onda larga expansiva a una on a arga
recesrva, es un giro más o menos
brutaT, ero cu ¡unaiaad cuestiona todos los elementos del mo o e cr ' ' o su one
transformaciones ex ' enas, en otras
palabras, lainvensión de un nuevo marco de funcionamiento, necesario para volver a anudar con un creci- miento EÜargo plazo.
Pero todavía es necesario oponer dos acepciones del término crisis, ya que el mismo puede a la vez designar la fase brutal de cambio total y los periodos largos en los que el capitalismo funciona de ma- nera incierta, en los que su legiti- midad es cuestionada.
Finalmente, es necesario desenre- dar la madeja de los componentes
esa palabra maestra. de esta crisis, y examinar hasta qué Debe establecerse una primera grado se refiere a os rmcrp os A 24 octubre 1992
mismos de funcionamiento de la
eÉónomía capitalista. Desde eïe punto de vista, el período actual,
nos parece, debe ser caracterizado como un ¿eríodo de crisis de síst - Bla del cathaEsmo, mgueggor primera vez en su historia es su pjncipio mismo de funcionamien- MW- donado-
Esta verdadera crisis del trabajo es ieveïácïa por el ascenso inexora- blí del desempleo capgalista,31¿e no déja entrever ninguna inflexron si'g'mficativa‘í corto o mediano
lazo. Este ascenso ¿Ériva de la Sisminución del crecimiento qge Sé comlïna con la +urogresïón de lá productividad para conducir a un retroceso absoluto l nú r yd'e WS-
Frente a esta evolución, el capita- lismo escoge la solución del des- empleo, en otras palabras, la ex- pulsión por fuera de la esfera del
trLbajggntable. En todos los paises
capitalistas se puede constatar un
Hacia un largo periodo de 'crisis “rampante”
El marco del razonamientoapro- puesto ¿mi se inscribe perfecta- mente enla tesis central de la temía de las ondas largas sobre el carácter hiítóricamente fechado y nm- rïanendaïne- WS. Pero lo que hoy pasa no corresponde al cambio brutal (fascismo + guerra) de los años cuarenta. Ho en día, se trata más bien de unam- me, “rampante” y que toma la Hn- ma de destrucción lenta, de debili- ígrfientos suceïlvos, etc., más que d un cho l. Se trata de obtener el mismo resulta o a pre- c’ib de una aEír'nulación de derroAt‘as parCIales. Estamos,pues en una fat-se de transición entre una onda larga recesiva y una onda expansiva, pe- riodo" que se podría clasificar de crisis “rampante”. ,
¿Es/capaz el capitalismo de salir.
"desde arriba” de este periodo, sa- .
cando de la gangaރ a la crisis .un
deterioro global de la condición del modelo social atrayente? Nuestra
asalariado: los empleos precarios, mal remunerados, no declarados, ocupan una parte creciente que se evalúa en. Francia en uno de cada cinco empleos.
Este “fordismo” al revés significa en el fondo que la racionali d ca- pitalista, que hace del tiempo de trabajoïa medida de todo valoua no aTcanza a arreglar de manera Eogresista la afectación del traon socral.’
Ea ley del valor se opone cada
vez'íiás al ro r no.
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respuesta es negativa, en función
del análisis que precede. En primer lugar, no hay perspectiva de retor? no al fordismo, definido como un crecimiento de los salarios propor- cional al de la producción. La aus- teridad salarial y las desigualdades sociales se encuentran durable- mente en el corazón del modelo de crecimiento puesto en marcha des-
. de el inicio de los años ochenta. I-on
es imposible discernir una solución progresista al problema del desem- pleo dentro del marco del capitalis-
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mo. El capitalismo contemporáleo tiene sus éxitos: ha suscitado inno- Wcrones tecnológjcas revoluciona- rias, restablecido la ganancia y contenido los salarios, pero no
uede, or otra parteJuncionar mas que sobre una base cada vez más estrecha. Su lógica actual im- pmrecimiento de las des- igualdades y de los procesos de ex- clusión, tanto al interior de los pai- ses imperialistas, como a escala de la economía mundial. Sobre todos estos puntos, el análisis marxista nos parece confirmar su superioridad sobre los defensores de la armonía espontánea.
La coyuntura internacional a comienzos de 1992
La situación de la economía mun- dial se inscribe hoy día en un clima de morosidad en el que la inquie- tud comienza a hacerse sentir: un reciente artículo editorial del Eco- nomist estaba redactado en térmi- nos tranquilizantes, pero se titulaba "¿En caída libre?". Se sabe que las previsiones económicas registran fluctuaciones sin duda más impor- tantes todavía que los fenómenos económicos mismos. Así, luego de haber temido una nueva recesión americana a mediados de los años ochenta, luego de haber decretado que la crisis se acababa hacia finales de la década, los economistas quie- ren convencerse de la inminencia de una recuperación que, sin em- bargo, se hace esperar.
La OCDE ha debido revisar sus
previsiones a la baja.En 1991, el cre-
cimiento fue‘muy lento, del 1.1% para el conjunto del mundo capita- lista, en que el número de desem- pleados aumentó en un año 3.4 millones. La OCDE prevé que esto será un poco menor en 1992, con 2.2% de crecimiento, y como de costumbre, el año siguiente deberá ser todavía mejor, con 3.3%. Pero en realidad, no se ve emerger nin- guna perspectiva de crecimiento armonioso de la economía capita- lista mundial. Como lo escribe L’Expansión, “la recuperación, si tiene lugar, será frágil y carente de vigor: la economia de los grandes paises indus- triales entra en tratamiento de desin- toxicación".
Esta coyuntura morosa deja varias enseñanzas. En primer lugar, pone fin a un debate abierto con los re- sultados más bien buenos registra- dos en los años 1988-1990.Estos podían a priori explicarse de dos maneras. Los optimistas pensaban que la política liberal terminaba por dar sus frutos: el “ajuste estructural" había saneado suficientemente las economías que, finalmente, iban a poder anudar de nuevo con un rit- mo de crecimiento análogo al ante- rior a la crisis. Pero se podia también interpretar este periodo como una simple fase de reposición a nivel de la inversión y concluir que se trataba de una recuperación coyuntural. La disminución actual muestra que ésta era la interpretación correcta. Por otra parte, es claro que el cambio total es anterior a la guerra del Golfo y bastante escalonado según los
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paises. Se puede fechar a mediados de 1988 en el caso del Reino Unido, a mediados de 1989 en el de Estados Unidos, y a finales de 1989 en los de Francia e Italia.
La segunda característica de la fase actual aparece en el Cuadro VI, que muestra que, a partir de ahora, los grandes paises evolucionan de manera desincronizada.
Crecimiento del PIB
lismo triunfante han llegado, pues, al límite de sus cualidades: sus perspectivas han cambiado dura- blemente, y el tiempo en que cons- tituían un ejemplo a seguir ha pa- sado.
La segunda ilusión a la que las realidades económicas acaban de dar un mordaz mentís es la forma- ción del gran mercado europeo. El mito de "1992” había sido celebra- do con énfasis por los tecnócratas
. de Bruselas que prometían crear, al
193371939 199° 1991 1992 menos, 2 millones de empleos. En
E mm 1991, el número de empleos en la S 3.9 1,0 -0.5 2.2 I -
Japón 4.6 ¡5:6 4.5 ¿4 CEE se estanco, mientras que la tasa
l una 2.7 4.5 3,2 1.a de desempleo paso de 8.9 a 9.3% de
i la Población Económicamente Ac-
GranBretaña 3.5 0.3 4.9 2.2 tiva (PEA). La supresión de las
¡OCDE 3.7 2.6 H 22 aduanas no es ensr portadora de
una nueva dinamica de acumula-
CUADRO IV
Esta desincronización contribuye a explicar el hecho de que la eco- nomía mundial haya podido evitar una tercera recesión generalizada, en la que todas las economías hu- bieran retrocedido al mismo tiempo.
El fin de las ilusiones
Si se examinan más de cerca las evoluciones de cada uno de los grandes paises, se percibe que el año económico 1991 dobla las campanas por tres ilusiones. Para comenzar, la ilusión liberal: es golpeante, en efecto, constatar que la disminución es particularmente marcada para el Reino Unido y Estados Unidos, a tal punto que se puede hablar de una verdadera recesión en lo que los concierne. Los paises del libera-
ción, cuyos determinantes se sitúan en otra parte.
Un tercer globo económico acaba de ser desinflado: la reunificación alemana y, de manera general la apertura de nuevos mercados en el Este, debía procurar al capitalismo un soplo de aire que le haría salir definitivamente de la crisis. Ahí también se dio una decepción: la reunificación cuesta más caro que lo previsto y el crecimiento alemán, luego de haber progresado fuerte- mente en 1990, está en vías de dis- minuir. La balanza de pagos se de- gradó y la respuesta ha sido un a‘za de las tasas de interes que dice mucho de la coordinación de las políticas monetarias sobre las que tanto se nos ha machacado desde hace algunos meses. Los supuestos
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nuevos mercados abiertos en el Este siguen hundiéndose: durante la primera mitad de 1991, la produc- ción industrial retrocedió 29% en Bulgaria, 14% en Checoeslovaquia, 17% en Hungría, 9% en Polonia y 17% en Rumania. En la ex-Unión Soviética, el producto nacional re- trocedió alrededor de 12% en el mismo periodo.
Una crisis que dura
¿Cómo se puede explicar este mal clima a escala internacional? Es ne- cesario ver ahí, en lo esencial, el
ochenta fue sostenido por una disi- metría entre las tres grandes poten- cias financieras: el déficit estado- unidense creciente fue financiado por los excedentes japoneses y ale- manes. Este desequilibrio está en camino de reabsorberse, ya que el déficit americano y el excedente alemán retroceden, mientras que el excedente japonés sigue progresan- do (ver Cuadro V).
Balanzas comerciales
1989 1990 1991 1992
E U -116 -108 -72 -79 Japón 77 63 98 1 06 Alemania 78 73 20 21
efecto diferido de las contradiccio- nes que hasta ahora se logró pos- poner. La fundamentales ésta: el restablecimiento de la ganancia realizado durante la década que
acaba de terminar no pudo acom- pañarse de una dinámica suficiente de salidas. El crecimiento de la de- manda ha descansado en diversos dispositivos, de los cuales dos al menos están en vías de alcanzar sus límites. La distorsión creciente de los ingresos en detrimento de los salarios no pude ser profundizada indefinidamente. De la misma for- ma, la tendencia al endeudamiento generalizado que ha permitido, so- bre todo a Estados Unidos, sostener la demanda, ya no pude prolongarse más. El capitalismo está, pues, en camino de redescubrir la famosa contradicción entre ganancias y sa- lidas.
Otro elemento a tomar en consi- deración se refiere a la reducción de los desequilibrios financieros a nivel mundial. El crecimiento de los
Cuadro V Miles de millones de dólares Fuentes: OCDE
Otro rasgo golpeante de la co- yuntura actual reside en la reduce ción de los márgenes de maniobra de las políticas económicas. Ahí también, los efectos de la década liberal se hacen sentir: la recesión actual en Estados Unidos, es cierta- mente, de una gravedad inferior a la de comienzos de los ochenta, pero va para largo, mucho más de lo que estaba previsto. Un impulso presu- puestario permitiría retomar la economía, pero esto se vuelve im- posible por el peso ya acumula- do de la deuda pública. El mismo razonamiento se aplica al Reino Unido y a Francia.
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Un último factor marca esta co- yuntura. El mismo remite, en reali- dad, al mantenimiento de una re- lación de fuerzas mínimas entre trabajadores y patronal. Toda recu- peración del crecimiento en tanto resulte demasiado viva va acompa- ñada inmediatamente de un creci- miento de los salarios que se consi- dera demasiado rápido, y al que los patrones se apresuran a responder mediante el 'alza de los precios. Es este fenómeno el que contribuye a explicar el frenaje de las economías alemana y japonesa, que no hace, por lo demás, más que comenzar. En Japón, la inflación también pasó de 0% en 1987 a 4% a finales de 1990: no es mucho, pero se trata de un síntoma muy claro de una ten- sión bastante fuerte sobre el mer- cado de trabajo.
No se trata, pues de un hundi-
miento sino, más bien, de un atas- camiento progresivo dela acumu- l'áEión del capital a escala mundial: lí coyuntura actualïlustra, así, perfectamente la idea de que el ca- pitalismo no ha salido verdadera- mente dela crisis y, en este sentido, que no ha sabido encontrar nuevas modalidades suficientemente esta- bles que permitan garantizar su dinamismo. Los expedientes de los que hace uso para mantener este dinamismo tienden a revelarse cada vez menos eficaces y cada vez más costosos
* Publicado en Inprecor AL. NQ 20. Marzo 1992.
Notas:
1. Horst Kern y Michael Schuman. La fin de la división du travail?. Editions de la Maison des Sciences de l'Homme, París, 1989.
FA’ÑÜÍÏÉÏI’A
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rub én r. dri
ACUMULACION DE CAPITAL , GEN OCIDIO Y
ANOS TEOLOGIA
a. quinientos, años del inicio de la era capitalista, de la que el “descubri-
miento” y la conquista de América es un momento esencial, se produce
el colapso del denominado “socialismo real". Lo que pretendía ser la superación del capitalismo, parece no haber sido más que un paréntesis en su avance arrollador. Con la caída del muro de Berlín se produce, en el sentir de los voceros de las clases dominantes, el “fin de las ideologías", el “fin de la utopía". En nuestro país, Argentina, cada vez más abajo en el empobrecido Tercer Mundo, aunque con ínfulas de pretensiones primermundistas en su cúpula política, este fin de la utopía fue expresado como “posibilismo” en la época del presidente Alfonsín, para ser reemplazado luego, en la actual etapa de Menem, por el "pragmatismo".
N o sólo cayó el "socialismo real", sino que los movimientos de liberación que hasta cerca de la década de los 80' se mostraron activos, preocupando seriamente al imperio, fueron aplastados, dándose las clases dominantes el lujo de sustituir las dictaduras militares por gobiernos "democráticos" que rivalizan en celo con las dictaduras por cumplir las exigencias imperiales expresadas por órganos como el FMI, la banca Mundial, el Departamento de Estado o directamente la embajada que el imperio ha instalado en cada uno de los paises. De esta manera, parece cierto que hemos llegado al “fin de la historia" según la conocida tesis de Fukuyama.
Derrota del socialismo, aplastamiento de los movimientos de liberación, triunfo definitivo del capitalismo como el mejor sistema de organización social para la humanidad, sin contendientes a la vista, significan, en consecuencia, fin de las ideologías, fin de la utopía, fin de la historia. Un mundo homogéneo, sin contradicciones dignas de ese nombre, no sólo asoma en el horizonte, sino que ya se ha instalado entre nosotros.
Pero, ¿responde efectivamente esta visión a la verdadera realidad? ¿Han sucedido o están sucediendo efectivamente así las cosas? Hay signos que nos muestran una realidad totalmente contraria a esas afirmaciones. Nunca como
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ahora la organización mundial -el “Nuevo Orden"- ha implicado la margina- ción de tantos millones de seres humanos. El hambre constituye una realidad que golpea con todo su dramatismo. El cólera, cuyo nombre suscita imágenes de tiempos que creíamos definitivamente superados, se ha hechopresente entre nosotros, no para irse enseguida, sino para instalarse y crecer de manera alarmante. Las guerras no sólo no han terminado, sino que cad-a vez se vuel- ven más devastadoras‘. La guerra del Golfo ha sido un verdadero genocidio fríamente calculado y aprobado por todaslas-naciones que hoy comparten el poder mundial, que no puede menos que dejar una secuela de odios y re- sentimientos, terreno propicio para nuevos enfrentamientos.
De hecho, el actual proyecto neoliberal, con el que se pretende ponerle un broche definitivo a la historia, implica un espantoso genocidio a nivel mundial. Poblaciones enteras de millones y millones de seres que no tienen cabida en el mismo, están condenados a la muerte, ya sea por el cólera, el hambre ,0 directamente el exterminio violento, como aconteció en la citada guerra del Golfo.
Aquí es donde el proyecto neoliberal llama en su auxilio a la religión y, en consecuencia, a la teología. La religión deberá comunicar el necesario sentido, sin el cual ninguna vida humana y ninguna sociedad puede subsistir y la teología debe fundamentar, explicar y defender ese sentido.
1. El nacimiento del capitalismo y la teología
El nacimiento del capitalismo en el siglo XVI sólo fue posible mediante una previa “acumulación originaria" que implió una dosis de violencia esca- lofriante. Los seres humanos movidos por sus intereses pueden ejemtar actos de violencia brutales contra sus semejantes. Esto no ofrece dudas por cuanto la historia continuamente nos alecciona al respecto. Pero no pueden decirse a sí mismos lo que están haciendo. N o pueden decirse que lo que están haciendo es inhumano, injusto, violatorio de los derechos fundamentales de otras per- sonas. Necesitan autolegitimarse, autojustificarse. «
Este es un punto central para juzgar los comportamientos sociales, que generalmente no es tenido en cuenta en forma debida. Cuando se trata el tema se lo hace bajo el rubro de la ideología o de la legitimación, entendiendo por tales conceptos una justificación ante los demás. Este es un aspecto sin duda importante, esencial, pero no es el único a tener en cuenta. Tanto o más importante que la legitimación ante los demás es la autolegitimación. Nadie puede soportar por mucho tiempo actos criminales, genocidas, si no tiene a mano una vigorosa y profunda autolegitimación.
En este sentido la tesis de Max Weber sobre la necesidad de la formación de un "espíritu del capitalismo”, que habría sido modelado por la ética del calvinismo ascético, entraña una profunda verdad, independientemente de todas las particularidades que pueda tener el desarrollo de la tesis weberiana.
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La violencia genocida que implicaba la acumulación de capitales, previa al nacimiento capitalista, sólo podía ser llevada a cabo por hombres íntima- mente convencidos de que estaban realizando una de las tareas más importantes y trascendentes de la historia. Era imposible sin comprometerlo a Dios mismo en la empresa. La religión no faltó a la cita. Allí estuvo para decirle al capitalista que era una "predestinado" 1 que continuaba la obra de la creación dejada inconclusa por el Creador. Haciendo crecer sus fábricas, ahorrando, invirtiendo “racionalmente”, “metódicamente”, sometiendo a otros hombres a un trabajo agotador, incluso a mujeres y niños 2 continúa la obra de Dios mismo, la creación, y “da gloria a Dios” cumpliendo de esa manera la finalidad por la cual Dios creó el mundo y puso al hombre sobre la tierra.
Dios estuvo presente, vitalmente interesado, en el nacimiento del capita- lismo. Locke, el teórico de la "gloriosa revolución” de 1688, lo sabía y lo proclamó con la claridad que lo caracteriza: "Dios, que dio la tierra en común a los hombres, les dio también la razón para que se sirvan de ella de la manera más ventajosa parala vida y. más conveniente para todos” 3, Dios puso la tierra a disposición de todos los hombres. La creó para todos, pero "cada hombre tiene la propiedad de su propia. persona. Nadie fuera de él mismo tiene derecho alguno sobre ella. Podemos también afirmar que el esfuerzode su cuerpo y la obra de sus manos son también auténticamente suyos.- Por eso, siempre que alguien saca alguna cosa del estado en que la naturalezala produjo y la dejó, ha- puesto en esa cosa algo de su esfuerzo, le ha agregado algo que es propio suyo; y por ello, la ha convertido en propiedad suya”.
Dios está en el origen de la propiedad privada porque creó el mundo para todos en general, pero entregó a cada uno la luz de la razón y la fuerza de los músculos para que, mediante el trabajo sacasen la parte que quedarían ' para sí: "Al entregar Dios el mundo en común a todo el género humano le ordenó también que trabajase, y al encontrarse desprovisto de todo le obligaba a ello. Dios y-su razón le mandaba que se adueñase de la tierra, es decirque la pusiese en condiciones de- ser útil para la 'vida agregándole algo que fuese, suyo: el trabajo"_5. Dios es el gran burgués, el creador de la burguesía, a la que tuvonen su mente desde la creación del mundo. :_. ‘
Si para la apropiación dela tierra'era necesario desalojar de la misma a. aquellos que se oponían -los campesinos- esto encontraba perfecta justifica- ción en cuanto- que ésa .era la' voluntad de Dios, Creador del universo. La violencia en el centro-mismo donde habría de surgir el capitalismo se encon- traba así teológicamente justificada. '
Pero para el nacimiento del capitalismo fue necesario también la expolia- ción masiva de América, Asia y Africa. ¿Cómo se legitimaban lasvatrocidades. queir'nplicaba? ¿Era posible legitimar el genocidio que en poco tiempo, en un lapso de unos cincuenta años,-costaría la vida de-Iunos 50.000.000 de indios?6.
Sólo la religión podía hacerlo, y tampoco esta vez faltó a: la cita; Dios
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mismo habría de ponerse nuevamente al servicio del nacimiento del capitalis- mo. Efectivamente, el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón pisaba tierras americanas, tomando posesión de ellas en nombre de los reyes de Castilla y Aragón, Isabel y Fernando. Poco después, en mayo y setiembre del año si- guiente, el Papa Alejandro Vl daba a publicidad cuatro Bulas' en las que se establecía que el Sumo Pontífice, con toda la autoridad que le otorgaba el ser "Vicario de Cristo” y_ "Sucesor de San Pedro", donaba las nuevas tierras descubiertas y otras por descubrir a los reyes de España.
Se trataba de una intervención en la formulación de la legitimación ideológica de la conquista iniciada; legitimación ideológica que necesariamen- te, por el momento histórico en que se realizaba, y por ser España su ejecutora, debía asumir formas teológicas. La legitimación ideológica no es una tarea que se realiza frente a los demás -en este caso frente a las pretensiones de otros posibles competidores de España en la empresa colonial sino que debe calar profundamente en la psiquis del mismo sujeto cuya práctica legítima. Es decir, el sujeto debe hacer, que está cumpliendo una alta misión, que mediante esa práctica se realiza a sí mismo y ayuda a la realización de los demás. La legitimación ideológica asume necesariamente la forma de una cosmovisión que otorga plenitud de sentido a quien la realiza.
Independientemente de si el Papa en aquel momento tenía poder sobre los reyes de España, o éstos lo tenían sobre aquél, es induduble que una aprobación explícita del Pontífice a la tarea emprendida, constituía una con- tribución esencial para que el conquistador tuviese tranquilidad de conciencia para realizar su tarea. En este sentido, la intervención papal es de suma importancia.
Aquí está, pues, comprometido el sentido mismo de la empresa en tierras americanas. Este es el punto fundamental. La conquista y colonización, en la medida en que estaban motorizadas por la necesidad de la acumulación para el lanzamiento del capitalismo, entrañaba el total sometimiento de los nativos, su reducción a mera fuerza de trabajo, pues no sólo era cuestión de extraerles el oro y la plata que ellos habían acumulado para el embellecimiento de la vida, sino también emplearlos a ellos mismos, tanttopara extraer el oro y la plata -para esto se establecerá la mita- cuanto para los demás trabajos con los que se irá creando el capital que hará posible esa "grandiosa creación del espíritu humano" que es la sociedad capitalista. Para ello se establecerá la encomienda.
Naturalmente que todo esto iba a provocar resistencias en los nativos. Frente a ello sólo cabía la más despiadada represión, un genocidio. Pero no es fácil ser genocida. La propia conciencia humana se rebela, crea conflictos internos, experimenta sentimientos de culpabilidad. Estos conflictos aumen- tan cuando los genocidas son "cristianos" y se suponeq’ue deben amar a sus prójimos. Los conflictos pueden llevar a una paralización, o al menos a una
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notable disminución dela energía que es necesario emplear para esa gigantes- ca empresa. Es allí donde interviene decisivamente la ideología como momento de autolegitimación, tranquilizante de conciencia e impulso para seguir en una tara que, aunque presente aristas conflictivas, sin embargo le otorga el más alto sentido a la propia vida.
Los conquistadores entraban a sangre y fuego. Pero una cosa es matar a sangre fría y otra es hacerlo "después de haber oído misa" y de encomendarse a Dios y a Santa María, sin que falte la invocación "del nombre del Señor Santiago”. Esto ya es palabra mayor. Si Dios mismo, su Santa Madre y el Señor Santiago, aquél mismo que los capitaneaba en sus luchas contra los aborrecidos moros, estaban con ellos, acompañándolos y empujándolos a la matanza, ellos se encontraban plenamente autojustificados, todo su accionar hallaba plenitud de sentido.
Los reyes de España, y luego dela muerte de los reyes católicos, Fernan- do e Isabel, el rey de España, la monarquía española, en una palabra; la Iglesia representada por el Papa, los obispos y los frailes; la fe católica y el “imperio de Cristo" conformaban una estrecha unidad.
La finalidad primordial nunca afirmada como tal en los documentos oficiales, pero siempre presente en las acciones de los conquistadores, era la búsqueda del oro y la plata. Luego, el aprovechamiento dela fuerza de trabajo de los nativos. Cuando éstos empiecen a faltar, a raíz dela mortandad provocada por la conquista, serán suplidos por los negros. El mismo Bartolomé de Las Casas, como es sabido, dio su asentimiento para ello. De toda esta inmensa riqueza, parte quedaba en manos de los encomenderos y lo demás afluía a Europa. Muchas veces en la misma travesía oceánica las nacientes potencias coloniales como Holanda, Inglaterra y Francia, se hacían con los botines por medio de los asaltos de los piratas. Lo demás iba a España y servía para alimentar a los ejércitos imperiales que guerreaban en el continente europeo y para las transacciones comerciales con los paises que comenzaban la indus- trialización. Así nacía el capitalismo.
Pero una empresa que conllévaba iniquidades, tantos atropellos, tal ejer- cicio de la crueldady la violencia como fue la conquista de América, sólo podía realizarse si los sujetos empeñados en la misma estaban dotados de una poderosa y alta ideologia, capaz de hacerlos sentirse gestores de las más altas empresas del espíritu. Esa fue Ia función primordial cumplida por la Iglesia, en tanto trasmisora de la cosmovisión teológica que Iegitimaba y hacía nece- saria Ia conquista.
No puede verse esto simplemente como una muestra de cinismo o de máscara religiosa para justificar las atrocidades. Entre los conquistadores sin duda que hubo quienes tuvieron en mayor o menor grado una buena dosis de cinismo. Pero ello no constituye Io característico. El conquistador se sentia a si mismo como emngelizador 9. Esto comunicaba sentido a sus actos y disculpaba
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sus ambiciones, crueldades y crímenes. La seriedad con que esto era encarado se muestra no sólo en los múltiples documentos que nos han legado, sino en que sufren las desgracias como castigo por sus pecados ‘°, e incluso algunos de ellos terminan sus días en un convento. Es el caso del mismo Carlos V y de Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Aunque el conquistador en sus entrañas se viese movido por la más fuerte de las codicias, tenía absoluta necesidad de decirse a sí mismo que luchaba por lo más noble que puede haber sobre la tierra y en el cielo. La grandiosidad de la causa legitimaba la crueldad y la dureza dela empresa. El lucha por el engrandecimiento de la monarquía española que es, al mismo tiempo, ensanchamiento del “imperio de Cristo". Es la misión más alta que se pueda realizar sobre la tierra. Ella sola comunica plenitud de sentido a toda‘ una vida y a las penurias que comportaba.
2. Resistencia y teología (Las Casas)
El proyecto de dominación del imperio español configura la matriz de todos los proyectos de evangelización que acompañaron a la conquista y colonización legitimándola siempre en su esencia, si bien muchas veces cuestionándola en forma crítica y apasionada, como lo hizo Bartolomé de Las Casas en forma particular, pero en general todo el movimiento indigenista encabezado por los dominicos en el siglo XVI, y continuado luego por los jesuitas en el XVIII “.
El padre Joseph Acosta, aplicando a la conquista y evangelización de América, un texto de Daniel, afirma que "a este tiempo juzgó el Altísimo que aquella piedra de Daniel que quebró los reinos y monarquías del mundo quebrantase también lo de este otro Mundo Nuevo; y así como la ley de Cristo vino, Cuando la monarquía de Tomas había llegado a su cumbre, así también fue en las Indias Occidentales. Y verdaderamente fue una providencia del Señor; porque el haber en el orbe una cabeza y un señor temporal (como notan los sagrados doctores), hizo que el Evangelio se pudiese comunicar con faci- lidad a tantas gentes y naciones. Y lo mismo sucedió en las Indias, donde el haber llegado la noticia de Cristo a las cabezas de tantos reino y gentes, hizo que con facilidad pasase por todas ellas "‘2.
Retorna con toda claridad la teología imperial de Eusebio. El lugar que en aquella teología ocupaba el imperio romano, ahora lo ocupan los imperios azteca e inca, ellos prepararon el terreno, unificando América, como Roma había unificado el mundo occidental de entonces. Todo para que se pudiese predicar el evangelio. Pero todavía faltaba una tarea. Esos reinos o imperios ya habían cumplido su misión. Ahora debían ser demolidos, destruidos. Esa es la obra que realiza "la piedra de Daniel". La conquista con todas sus mons- truosidades queda así plenamente justificada.
La matriz de esta teología de Ia dominación (TdD) no es otra que el
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proyecto de dominación en el que se inserta como su alma, su aliento vital, su sentido. Todos los misioneros y evangelizadores -muchos de ellos abnegados hasta lo indecible- defensores de los indios frente a los atropellos, sobre todo de los encomenderos, participan de esta TdD. El mismo Bartolomé de Las Casas sostiene la concepción providencialista dela historia que hemos visto en el padre Acosta ‘3.
Efectivamente, Bartolomé de Las Casas, apoyándose entre otros autores, nada menos que en Eusebio y Pablo Orosio“ sostiene que Colón fue elegido por el mismo Dios para realizarla tarea del “descubrimiento”, tanto que lleva por nombre “Cristóbal”, es decir, “Christum ferens”, portador de Cristo, y por "sobrenombre Colón, que quiere decir poblador de nuevo el cual sobrenombre le convino en cuanto por su industria y trabajos fue causa que descubriendo a estas gentes, infinitas ánimas de ellas, mediante la predicación del Evangelio, y la administración de los eclesiásticos sacramentos, hayan ido y vayan cada día a poblar de nuevo aquella triunfante ciudad del cielo”‘5.
Ello no significa poner a Bartolomé de Las Casas, a los misioneros que participaron de su concepción y de su práctica e incluso a algunos conquista- dores cercanos a dicha concepción, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca ‘6, al lado y con el mismo título de opresores de Sepúlveda, Oviedo, Cortés o Alvarado. Todo lo contrario, Bartolomé de Las Casas es la figura sin duda más repre- sentativa de un proyecto que configura una práctica y una concepción que, si bien no logra romper los moldes de la TdD y, en consecuencia, no puede sobrepasar los límites del proyecto de dominación imperial, sin embargo se coloca en su seno mismo como un verdadero aguijón, un cuestionamiento a fondo de sus aristas más crueles e inhumanas.
La defensa que Las Casas, Valdivieso, Montesinos y tantos otros misio- neros llevan a cabo en defensa de los indios y en contra de la inhumana explotación de los mismos que realizan los encomenderos, asombra y conmue- ve. Algunos de ellos, como Valdivieso, son verdaderos mártires de esta lucha. Otros, como Las Casas, han debido recurrir a todo tipo de estratagemas para salvar su vida y correr a defender a los indígenas allí donde la acción era más necesaria y resultaba más eficaz.
En este sentido, esta corriente formada por misioneros abnegados, forma parte de las raíces latinoamericanas de lo que hoy denominamos Teología de la Liberación (Td L). Pero en esta tarea de recuperación debemos ser totalmente honestos y serios. Recuperar no es falsear, mentir o exagerar. Todas estas luchas y los esfuerzos teóricos que las acompañaron tuvieron sus limitaciones que debeit ser señaladas. Sólo así la recuperación significará un verdadero aporte a la propia identidad sin la cual no es pensable ningún proceso de libe- ración. Es en este sentido que señalamos las limitaciones de la teología de Bartolomé de Las Casas y en él, la de todos los misioneros que estuvieron a favor de los indígenas. En la teología de Las Casas Dios es concebido como
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“sumo y poderoso Señor”, cuya "Corte y Palacio Real" es el cielo, donde tiene "su silla imperial”. Es la misma concepción de Dios que tiene la Td D. Se parte del Dios emperador, todopoderoso.
A partir de esa premisa se realiza la lectura de los signos en la historia. Dios se manifiesta en la historia mediante signos que son puestos desde arriba, desde el poder: Por ello Colón es un signo de la presencia y del proyecto de Dios sobre América, porque expresa el poder de la católica monarquía espa- ñola. Todo lo contrario sucede con la TdL. Esta concepción no parte de Dios como emperador, sino de Dios presente en el pobre, en el oprimido, en el que exige justicia, en el que tiene hambre. Los signos están allí, abajo. Se encuen- tran en las luchas de los oprimidos, en los indios que no aceptan el vasallaje, en los Calchiqueles que resisten la dominación española y se niegan a pagar el tributo '5; están presentes en la protesta doliente y profunda de ICS mayas, expresada con intensidad y patetismo en el Chilam Balam “‘; están en la re- belión de Tupac Amaru que lúcidamente compara su lucha, la de los "infelices indios", con la del “infeliz pueblo de Israel", en poder de "Goliat y del Faraón".
Cuando la matriz teológica parte de una concepción de poder y dominio, el pobre, el oprimido, nunca es considerado como sujeto histórico de su libe- ración, sino como objeto. En este caso el pobre, ya se trate de sectores sociales o de pueblos enteros, deben ser bien tratados, con justicia, pero su sitio está debajo. Deben obedecer, estar sometidos.
Partiendo de esta concepción de un Dios todopoderoso dominador del universo, es lógico que Las Casas pueda afirmar que "pudo próvide, lícita y justamente el romano Pontífice, vicario de Cristo, por autoridad divina, cuyos son todos lós reinos de los cielos e de la tierra, investir a los reyes de Castilla y León del supremo e soberano imperio e señorío de todo aquel orbe universo de las Indias, constituyéndolos emperadores sobre muchos reyes, tomando sus católicas personas. Por ellos los reyes de Castilla y León son verdaderos príncipes soberanos e universales señores emperadores sobre muchos reyes"3°.
La dominación dela monarquía española, concedida por la Sede Apostó- lica en nombre de Dios, es indiscutible para Las Casas y para todos los defensores de los indios. Amigos y enemigos de los indios, Sepúlveda y Las Casas, comparten esta concepción inherente esencialmente a la Tquue legitimó la conquista. Pero a partir de allí se dividen las aguas. Para los enemigos de los indios éstos o son menos que seres humanos o lo son incompletamente, están sometidos al demonio, a las supersticiones, no obedecen a las leyes naturales, de modo que deben ser violentamente sometidos. Para las Casas y los suyos, en cambio, su estatuto humano no se halla en cuestión. Más aún, los indios están dotados de excelentes disposiciones, de modo que debe proponérseles pacíficamente el mensaje evangélico, y deben ser respetados sus señoríos y principados.
La lucha principal de Las Casas y su partido la llevarán a cabo en contra
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de los encomenderos, debido a que éstos constituían la expresión más violenta e inhumana del genocidio. En esta lucha Las Casas llegó a encontrar sólidos aliados en la corte española que tenía con los encomenderos agudas contradic- ciones. Esa lucha, la denuncia de los atropellos que los conquistadores realiza- ban en contra de los indígenas, constituyen lo mejor de Las Casas y de todo el partido indigenista.
3. Reconversión del capital y teología .
El capitalismo derrotó al feudalismo en Europa y a otras economías precapitalistas en América, Asia y Africa. Con crisis recurrentes, cada vez más profundas y universales, de las que supo salir recurriendo siempre que fue necesario a' medios masivos de destrucción, llegó, a partir de la década del 60', a la crisis tal vez más profunda de su historia. A partir de esa década se produce el fenómeno de “reconversión del capital" que no es sino un nuevo proceso de acumulación. Debido a Ia “baja tendencia] de la tasa de ganancia”, el capitalismo, para no morir, sino por el contrario, seguir con un crecimiento sostenido necesita recomenzar el proceso, lo que se logra mediante una con- centración mayor de capital.
Más específicamente, la reconversión implica la restitución dela rentabi- lidad a las corporaciones internacionales, el salvataje de la banca acreedora y de la burguesía transnacionalizada, es decir, del bloque mundial del capital más concentrado. Esta nueva acumulación es ahora una reconcentración del capital.
Pero ello implica ad optar los medios necesarios como la expropiación de los salarios, la reducción de la producción de acuerdo a “la recomposición de las ganancias”, la rejerarquización mundial del capitalismo de acuerdo a las nuevas hegemonías según la cual cada clase y cada pais debe ocupar el lugar que le corresponde en el sistema mundial. En ese sentido resultan ridículas las expresiones de deseo de pertenecer al primer mundo y realizar actos de servilismo, como los que hace el gobierno argentino con relación al de los Estados Unidos, a fin de ser considerado primermundista.
Las condiciones de vida de los paises del Tercer Mundo se están deterio- rando cada vez más y están destinadas a continuar esa vía descendente. En términos redondos los paises ricos tienen actualmente 800.000.000 hs. con el 70% del ingreso mundial, mientras que los paises pobres con 400.000.000.000 hs. sólo tienen el 30% restante, lo que significa que el 70% del ingreso mundial va a parar al 15% dela población. Ello significa inmediatamente subalimentación y con ello, analfabetismo, enfermedades endémicas y muertes prematuras. El cólera, el sarampión y otras enfermedades de resonancias medievales serán de ahora en adelante nuestras compañeras de ruta.
Para implementar esta reconversión del capital, denominada también “modernización”, los gobiernos están tomando diversas medidas como la
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"capitalización de la deuda”, la flexibilización laboral y pactos entre partidos políticos. Estas medidas toman diversas denominaciones de acuerdo a cada país, pero se están aplicando en todas partes.
La deuda externa nació en nuestros empobrecidos paises como por arte de magia. Y hoy, ya no sólo la deuda, sino sus simples intereses son absolu- tamente impagables. Por otra parte las Transnacionales no tienen ningún interés en su pago, es decir, en su pago hasta su cancelación porque de esa manera la deuda no cumpliría la función que está destinada a cumplir en este proceso de reconversión.
Efectivamente, la función dela deuda es su “capitalización”. ¿Qué signi- fica ello? Nada más y nada menos que el traspaso liso y llano del control dela economía a las Transnacionales a través de las "privatizaciones".
A pesar de la derrota de sus enemigos más peligrosos, los teóricos del capitalismo no se ocultan a sí mismo que una crisis de proporciones corroe las entrañas mismas del capitalismo. Para salir de ella, como siempre, por su lógica interna el capital debe recurrir a nuevas destrucciones, más profundas y masivas, que nunca, de vidas humanas y bienes materiales y culturales. La ideología con la que pretende salir de este marasmo en el que se encuentra envuelto y en el que ha arrojado a nuestros pueblos, es el denominado neoli- beralismo.
El capitalismo no nació como liberalismo. No nació con las banderas de la libertad, igualdad y fraternidad. N o desplegó las banderas dela democracia. Todo lo contrario. Su nacimiento fue gestado por la partera absolutista. Un Estado fuerte, verdadero Leviatán como lo denominara I-Iobbes, es el instru- mento idóneo para disciplinar a la masa obrera que ha de aportar su fuerza de trabajo para el desencadenamiento de la revolución capitalista. Luego, en un segundo acto, podrá venir el Estado liberal. Después de I-Iobbes, Locke.
Liberalismo, como el nombre lo señala, indica libertad. Libertad de mercado, ante todo, la libertad madre de todas las libertades. El mercado, sabio entre los sabios, sabrá distribuir los bienes entre todos los habitantes mucho mejor que cualquier tipo de planificación 2‘. Cada cual con su propie- dad, como vimos que sostenía Locke. Este primer liberalismo tenía motivos para pensar de esa manera. Los más lúcidos no se ocultaban los defectos que implicaba la distribución que realizaba la "mano invisible"? pero no se veía nada mejor. Por otro lado ,todo el mundo podía tener acceso a la propiedad. Había suficiente tierra para todos aquellos que quisiesen poner su sello personal sobre algún pedazo dela misma.
Pero en el neoliberalismo las cosas son a todas luces distintas. El trabajo no da acceso a la propiedad individual. Si siempre el trabajo fue social, pues el hombre es un ser esencialmente social, esta verdad hoy tiene una evidencia cegadora. No hay tierra sobre la que un obrero que hoy empieza a trabajar pueda poner su sello personal. Sólo puede ponerlo sobre productos que ya
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tienen “marca registrada". Por otra parte, el mercado ha mostrado toda su sabiduría al servicio de los que han acaparado los medios de producción. N o distribuye equitativamente. Todo esto es demasiado evidente.
¿Por qué entonces el capitalismo pretende superar su crisis recurriendo otra vez a la ideología liberal? Porque de esa manera puede alzar nuevamente la bandera de la libertad frente a todos los "totalitarismos", concepto bajo el cual se coloca a todos los regímenes que, de una u otra manera, pretenden escapar de las garras más feroces del capitalismo.
Esa bandera puede ser alzada, mostrada, alabada. Pero la práctica del capitalismo actual, denominada neoliberalismo, muestra exactamente lo con- trario. Es intervención descarada con las armas más sofisticadas a aquellos paises que resisten la “sabiduría” de la mano invisible; es imposición de una deuda externa 'que crece día La día y cuyos intereses se expresan en cifras “metafísicas”, impagable de por vida; es “privatización” de todo aquello que es rentable y había quedado en manos del Estado; es despido masivo de trabajadores; es programar y realizar una economía de la que millones de seres son dejados fuera, al margen, transformándose en “marginados”. Es ésta una característica, nueva, realmente novedosa, que ha producido el neoliberalismo. Implica un verdadero genocidio de características y masividad inéditas.
Frente a esta realidad no basta levantar la bandera dela libertad. N o hay ideología que pueda mostrar su racionalidad. Es terriblemente irracional. Sólo la religión puede venir en su ayuda. Los teóricos neoliberales lo saben y a ella acuden. Es necesario leerlos. Daniel Bell llama la atención sobre”la necesidad de un vínculo trascendente que una suficientemente a los individuos para que sean capaces, cuando es menester de hacer los necesarios sacrificios de su egoísmo”? El vínculo trascendente, o sea religioso, ocupará el lugar que debiera ocupar la racionalidad, y dará a los pueblos el sentido de los sacrificios a que el neoliberalismo los someterá.
Irving Kristol se muestra como nadie celoso de que la religión ocupe Su lugar de lucha en la etapa neoliberal. Ve cen la "tradición judeocristiana" la fuente misma del "capitalismo liberal” y lamenta que "las iglesias, convertidas ahora en una suerte de empresa privada y voluntaria, quedan desposeídas de toda sanción y respaldo públicos, siendo cada vez más incapaces de enfrentar a sus contrincantes”2“.
Michael Novak avanza más. Elabora una verdadera teología del "capita- lismo democrático" el cual, como la Santísima Trinidad, es “tres sistemas en uno: una economía predominantemente de mercado, una organización política respetuosa de los derechos individuales a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad y un conjunto de instituciones culturales movidas por ideales de libertad y de justicia para todos” 25. Desde las alturas de la Trinidad el "capi- talismo democrático” desciende a la humildad de la “Encarnación” y se hace realista, sabiendo que "si Dios anheló tanto que su amado Hijo padeciera ¿por
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qué había de ahorrarnos a nosotros el pad ecimiento? Si Dios no envió legiones de ángeles para que cambiaran el mundo para El, por qué habríamos nosotros de soñar con un cambio súbito?... La ausencia de ilusiones es una alta forma de conciencia cristiana y judía" 1°..
Nada de ilusiones, pues. "El argumento de la Encamación consiste en respetar el mundo tal cual, reconocer sus límites y sus debilidades, sus aspectos ¡nacionales y sus fuerzas malévolas y descreer de la promesa que ahora o en el futuro será transformado en la ciudad de Dios”.
Hasta la feroz y sangrienta lucha de todos contra todos en el mercado capitalista, que deja continuamente un tendal de muertos, encuentra su plena justificación teológica en la parábola de los talentos, delesús, San Pablo, por su parte, adelantándose en varios siglos al "capitalismo democrático", “insta a todos a competir” 17.
A la teología emanada desde el centro del imperio se suma la teología vaticana. Efectivamente, en la última encíclica sobre la cuestión social, la “Centesimus annus”, luego de dar por sentado "el fracaso del marxismo para construir una sociedad nueva y mejor” 33, propone la alternativa para nuestros paises del Tercer Mundo. Hela aquí: "Un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y dela consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía" 3°. Eso evidente- mente es capitalismo del más genuino. La salida es capitalista si bien un cierto santo lo lleva al Papa a decir que”quizá sería más apropiado hablar de ‘econo- mía de empresa', ’economía de mercado', o simplemente 'economía libre’ ” 3°.
Frente a esta propuesta ubicada totalmente en la línea del neoliberalismo, cuyas desastrosas consecuencias estamos sufriendo en carne propia, tal vez se levanten voces cristianas protestando por tantas injusticias y tantas muertes que el proyecto neoliberal, magistralmente descrito y apoyando por Juan Pablo II, está provocando en nuestro continente latinoamericano. Juan Pablo II, se adelanta a responder recordando que el hombre "lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja continuamente hacia el mal" 3‘, y que, en consecuencia, debe despedirse de la idea ilusoria de que se "puede cons- truir el paraíso en este mundo"32, como ya lo dijeron el neoliberal Popper. Sólo al final de los tiempos el Señor hará justicia. Mientras tanto, la cizaña seguirá creciendo junto al trigo.
La religión, de esa manera, no falta a la cita y acude a otorgar sentido a la práctica genocida liberal, legitimándola a través dela teología del Vaticano.
4. Resistencia popular y teología
El apriete del bloque hegemónico del capitalismo sobre las clases popu- lares genera resistencia por parte de éstas, originándose fuertes movimientos populares que luchan de diversas maneras para evitar la descomunal expro- .
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piación a que se les quiere someter. Estas luchas son acompañadas pcr nuevas tomas de conciencia y nuevas elaboraciones teóricas.
h Como la mayoría de las poblaciones latinoamericanas de una u otra manera son cristianas, las luchas de liberación conmueven hasta en sus cimientos la manera de ser y de sentir como cristianos. Surgen fenómenos nuevos y en primer lugar, la participación consciente de grupos cristianos, como tales, en movimientos populares, de liberación y revolucionarios. En segundo lugar, el nacimiento de una nueva manera de ser iglesia, la iglesia popular, de los pobres, iglesia que nace del pueblo; y finalmente, una nueva manera de hacer teología, la TdL. ‘
El fundamento de todas las transformaciones que se producen en el seno del cristianismo y generan la TdL se encuentra en esta nueva práctica junto a los sectores populares: Práctica con el pobre, desde el pobre; práctica política que asume diferentes matices: práctica social, práctica política en partidos políticos; participación en movilizaciones, en huelgas, en tomas de tierra e incluso en la lucha armada.
La TdL se replantea la relación entre práctica y conciencia, práctica y revelación, práctica y teología. Conforman siempre dos polos de una totalidad que se comportan dialécticamente. Así como no hay práctica sin conciencia, tampoco hay conciencia sin práctica. La revelación pertenece al momento de la conciencia y como tal debe darse necesariamente en la práctica. Pero, ¿en qué práctica? ¿Cuál es el sujeto de la misma?
El sujeto ya no es la Iglesia como institución, ni es la jerarquía, ni el magisterio sino el pobre, los pobres, ,el pueblo pobre. El pobre no es el objeto al que se dirige el sujeto dela revelación como podría ser la jerarquía eclesiástica, sino que es el sujeto de la revelación. Allí en el pobre, en su práctica, en sus necesidades, en su miseria que clama al cielo, se revela Dios, manifiesta sus mensajes, sus exigencias. La teología es una herrnenéutica, interpretación de los mensajes de Dios a través del pobre.
La práctica del pobre es comunitaria, expresándose a través de movi- mientos populares; es política, es reinvindicativa, clamando siempre por la satisfacción de sus necesidades elementales. Es a veces revolucionaria, cues- tionando radicalmente el sistema de dominación a que es sometido; es pacífica la mayoría de las veces, pero en ocasiones se torna violenta.
Es una práctica histórica. Por ello la revelación se da en la historia, no fuera de la misma. Por otra parte, la historia no pasó, sino que pasa, transcurre, está presente. Dios no se reveló sólo en el pasado. La revelación no se clausuró con el Apocalipsis. Continúa hoy. Dios hoy está presente, y lo está de manera particular en nuestros pueblos pobres y en los pobres de nuestros pueblos.
En contra de la práctica jerárquica de las clases dominantes, la práctica del pobre es diaconal. Aún cuando uno de los efectos más deletéreos en los pobres es la influencia de la ideología de la dominación, que introduce su
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propia concepción individualista y dominadora en los pobres, éstos siempre están más cerca de una actitud solidaria y servicial que los poderosos.
El proyecto a cuyo servicio se coloca la TdL es el Reino de Dios que no es el cielo, o el trasmundo, o el mundo de las almas. Es el proyecto de una nueva sociedad en cuyos bordes refulge la utopia de una sociedad igualitaria, donde todo se comparte, se posee la tierra y se hace translúcida la presencia de Dios, la plenitud del sentido.
¡La iglesia, sólo es instrumento-sacramento del Reino. Instrumento, en cuanto debe servir para apresurarlo. Sacramento, en cuanto lo prefigura. En ella se vive por anticipado el Reino. Si los valores de éste no se encaman en ella, es porque la iglesia ha traicionado su misión. La iglesia está formada por comunidades que se hallan en movimiento. Por movimientos que se configuran y expresan de diversas maneras.
El Dios dela teología tradicional es un Dios sin pueblo, un Dios que está en la alturas o en el templo, lejos de los espacios en donde los hombres llevan a cabo sus luchas, viven, aman, gozan, sufren y se angustian.
Es un Dios que creó el mundo para su propia gloria; que todo lo hizo jerárquicamente, que ama el poder, tiene intereses propios, siendo la Iglesia jerárquica la garante de los mismos. Es un Dios que exige sacrificios, que vive de los sacrificios de los hombres. f
El Dios de la TdL, en cambio, es un Dios en el pueblo. Entre Dios y el pueblo hay una alianza, un pacto, una mutua elección. Dios-pueblo conforman una totalidad con dos polos inescindibles. A veces se acentuará un polo, y a veces, otro. Ni Dios sin pueblo, ni pueblo sin Dios.
En la TdD la Iglesia ha sustituido al reino de Dios.Cristo aparece como fundador dela Iglesia que es jerárquica y teocrática, a pesar dela aguda critica de Jesús de Nazareth en contra de la concepción y la práctica del poder jerárquico (Mc.10, 35-45). En América Latina se recupera la iglesia-comunidad, la iglesia que nace del pueblo, la iglesia instrumento-sacramento del Reino. Para su comprensión es necesario distinguir los niveles teológico, sociológico y político.
Teológicamente, afirmamos que Dios es la fuente de la iglesia. Es la presencia de Dios la que le otorga su todo su sentido y razón de ser. Socioló- gicamente creemos que el sujeto de la misma es el pueblo pobre. Por eso es la iglesia, que nace del pueblo, porque el pueblo es el sujeto de la revelación de Dios. Políticamente, es una iglesia comprometida con la liberación, pero nunca asume el lugar de los instrumentos políticos.
Tiene distintas expresiones como Comunidades Eclesiales de Base, Mo- vimientos, grupos, etc. Es pueblo de Dios en camino. Es una iglesia ecuménica, comunitaria y diaconal.
Esta nueva y antigua manera de ser cristianos no se apartó de las luchas populares en contra de los ajustes neoliberales, sin que se incorporó a las
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mismas. O mejor, desde el mismo seno del pueblo participó en esas luchas y allí vivió su fe como fermento de liberación.
El imperio vio con claridad que esta manera de ser cristiano como iglesia popular, que se expresa teóricamente en la TdL, se constituía en uno de los grand es enemigos de su práctica dominadora, por lo cual decidió tomar cartas en el asunto. Por ello, ya en el primer documento de Santa Fe se afirmaba que "la política exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no sim- plemente a reaccionar con posterioridad) la teología de la liberación tal como
III
es utilizada en América Latina por el clero de la ’teología de la liberación . Esto no es de extrañar. Toda lucha política se desdobla siempre en una lucha ideológica; y toda lucha ideológica tiene siempre un componente religioso y, por consecuencia, teológicoDe la percepción de esta realidad por parte de los "intelectuales orgánicos” de las clases populares del Tercer Mundo, depende en gran parte que no hay que esperar otros quinientos años para lograr la
liberación. Buenos Aires, septiembre 1991.
" Ponencia presentada en el Simposio "500 años de la conquista” Univ de Nimega. Holanda. 5-10-91.
notas:
lSegún la tesis weberiana el dogma dela “predestinación” habría jugado un papel importan- te en el nacimiento del capitalismo, a través de una determinada hermenéutica realizada por el calvinismo. un decreto eterno de Dios o “doble decreto", algunos están destinados a ser salvos y otros, a ser condenados, nadie puede cambiar ese decreto. Para creyentes en serio eso sería insoportable. El decreto no se puede cambiar, pero se pueden tener "indicios" dela propia salvación. Si se tiene capital, se lo invierte racional y metódi- camente y el éxito acompaña, ello constituye un indicio seguro de salvación. (Cfr. Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Ed. Diez, Buenos Aires, 1974, pp. 111-206).
2 Cfr. Marx: El Capital, Ed. S. XXI, Buenos Aires cap. XIII, pp. 480-490.
3 Locke, ].: Ensayo sobre el gobierno civil. Ed. Aguilar, 7a Ed., Buenos Aires, 7° ed. 1977, p. 23.
‘ Op. cit., p. 23.
5 cit., p. 26. 6 Cfr. Todorov, T.: La conquista de América (La cuestión del otro), Ed.S. XXI, 1987, p. 144.
7 Bula "Inter cetera” del 3 de mayo de 1493; “Exirniae devotionis”, del mismo día y año; otra "Inter cétera”, del 4 de mayo de 1493, y "Dudum siquidem", del 26 de setiembre del mismo ano.
3 Díaz del Castillo, B.: La conquista de la Nueva España (Selección) ed.Eudeba, Buenos Aires, 1977, p. 134.’Y con el apellido del Señor Santiago comenzaron a subir” (Cortés, H.: Cartas de la conquista de México, Ed. Sarpe, Buenos Aires, 1985. p. 112.
9 "Lo otro que les demandó -Cortés— fue que dejasen sus ídolos y sacrificios, y respondieron que así lo harían; y les declaramos... las cosas tocantes a nuestra Santa Fé, y cómo éramos cristianos y adorábamos a un solo dios verdadero. Se les mostró una imagen muy devota de Nuestra Señora con su Hijo precioso en los brazos y se les declaró que en aquella santa imagen reverenciamos, porque así está en el cielo y es madre de Nuestro Señor Dios" (Díaz del Castillo: Op. cit., p.35).
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“' "Y tal era la tierra que nuestros pecados nos habían puesto” (Cabeza de Vaca, A.N.: Naufragios. Alianza Editorial Madrid, 1985. p. 88). “El cual aquel día se acabara de ganar si Dios, por nuestros pecados, no permitiera tan grande desmán" (Cortés: OP. cit., p. 136).”Y Cortés le respondió, saltándosele lágrimas de los ojos: "Oh hijo Sandoval que mis pecados lo han permitido' " (Díaz del Castillo: cit., p. 176).
” Para Ia lucha del movimiento indigenista y en particular de Las Casas, cfr. Mires, F.: La colonización de las almas. Ed., DEI, San José Costa Rica, 1990; y Friede, 1.: Bartolomé de las Casas: precursor del anticolonialismo", Ed. S. XXI, 1974.
‘3 Acosta 1.: Historia natural y moral de las Indias. F.C.E. México, 1979, pp.375—376.
” El padre Acosta participa plenamente de la TdD, pero no es para nada enemigo de los indios, como puede considerarse que lo son Sepúlveda y Oviedo.
“ Las Casas, B.: Historia de las Indias. F.C.E., México, I, p. ll.
'5 Las Casas, B.: Op. cit., pp. 28-29.
'" "Estas gentes todas, para ser atraídos a ser cristianos y a obediencia dela Imperial Majestad, han de ser llevados con buen tratamiento" Cabeza de Vaca, A.N.: Op. cit., p. 157.
‘7 Las Casas, 8.: Op. cit., p. 23.
"‘ “El día I Caok (27 de marzo de 1527) comenzó nuestra matanza por parte de los castellanos. Fueron combatidos por la gente y siguieron haciendo una guerra prolongada. La muerte nos hirió nuevamente, pero ninguno de los pueblos pagó el tributo” (Memorial de Solola (Anales de los Cakchiqueles). Edición de Adrián Recinos, F.C.E., México, 1980, p. 131.
I” Sobre todo en la "segunda Rueda profética de un doblez de Katunes" (Chilam Balam (El libro de), F.CE., México, pp. 68-85).
3' Las Casas, .B.: Tratados, Ed. F.C.E., I, pp. 479-181.
3' Cfr. Smith, A.: La riqueza de las naciones, F.C.E., 1979, p. 402.
:2 Cfr. Hegel: Filosofía del Derecho, tt 185; #tt 243-244.
Bell, D.: Las contradicciones culturales del capitalismo.Ed. AE, 2‘l edición, 1982, pp. 160-165. "¿qué nos mantiene aferrados a la realidad, si nuestro sistema secular de significados resulta ser una ilusión? Me arriesgaré a dar una respuesta anticuada: el retorno de la sociedad a alguna concepción de la religión" Op. cit., p. 40).
1‘ Kristel, l.: Reflexiones de un neoconservador, GEL, Bs. As, 1986, p. 5
5 Novak M.: el espíritu del capitalismo democráticoEdiciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 4a ed., pp. 11-12.
1° cit., pp. 364-365.
’J Op. cit., p. 369.
1' "Centésimus annus" (CA). Ediciones Paulinas, mayo, 1991, p. 68 Juan Pablo II no se preocupa por distinguir entre marxismo, socialismo real, comunismo. Utiliza los términos indiscriminadamente. Para él son variantes cuya distinción es meramente "escolástica".
5' CA, pp. 83-84.
"" CA, p. S4.
-" CA, p. 48. La reafirmación del PEC.
3: CA, p. 48. La reafirmación del pecado original preocupa a los teóricos neoliberales, pues cierra el camino de las utopías que llegan a penar en un mundo sin guerras, cuando es sabido que “la noción misma, de un mundo sin guerra es fantástica" (Kristol, l.: Reflexio- nes de un neoconservador, GEL, Buenos Aires, 1986, p. 365). Michel Novak, por su parte, afirma que el sistema del capitalismo democrático, que se considera el sistema natural de la libertad y el que mejor se ajusta -de todos los hasta ahora creados en la historia- a las premisas del pecado original, tiene como meta combatir la tiranía, fragmentar y controlar el poder, pero no reprimir el pecado” (Op. cit., p. 375).
J=CA, p. 49.
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mike parker-jane slaughter
el "trabajo de equipo”, ideología
EEUU
oy en día, explotando un clima
político que recuerda el clima
antisindical de los años veinte, los patrones se esfuerzan en minar tanto las negociaciones colectivas tal como las hemos conocido durante 50 años como la fuerza de nuestros sindicatos. En lo esencial, estos ata- ques no toman la forma de un asal- to para quebrarlos, incluso si esta forma también existe. Toman, más que nada, la forma de un asalto ideológico para conquistar la con- ciencia de los miembros de los sin- dicatos.
Los grandes grupos industriales intentan minar la unidad y la soli- daridad de los obreros, al interior tanto de la empresa como de los sindicatos, con el objetivo de arras- trarlos a una colaboración mítica. Quieren crear la ilusión de que los obreros pueden tener algo que de- cir en la administración de la em- presa. La punta de lanza de esta batalla para ganar la conciencia de los trabajadores es el team concept (Concepto de equipo).
Cierto, no es la primera vez que
realidad
los dirigentes empresariales buscan hacer tal manipulación de concien- cia. En los años veinte, John D. Ro- ckefeller Ir. preconizó la «represen- tación de los asalariados» y Charles Schwab, jefe del grupo ace-reto US Steel, promovió la “colaboración constructiva". Esta representación de los asalariados buscaba impedir que los sindicatos estuvieran pre- sentes en las empresas.
Hoy en día, frente a una,fuerza de trabajo sindicalizada, los patrones quieren minar a los sindicatos y reducir .el valor de los contratos. Para alcanzar esto, disponen de múltiples estrategias. Por ejemplo, hay acuerdos "modelos", como el contrato relativo al proyecto Satur- no de General Motors (GM) (l), que en realidad representa una vuelta al sindicato de empresa en oposición al sindicato nacional con acuerdos nacionales. Acuerdos como el.del proyecto Saturno oponen un Estado a otro, una comunidad a otra y un sindicato local a otro en la medida en que cada uno tiende a hacer concesiones más importantes a los
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patrones. En 1937, la United Auto Works (UAW) rechazó el sindica- lismo de empresa, la idea de un contrato separado para cada taller, y exigió un acuerdo nacional. Hoy en día, cae en la trampa que hace más de 50 años esquivó.
Mientras tanto, a nivel de la em- presa, los patrones han avanzado diferentes esquemas de coopera- ción, como el concepto de equipo. La introducción del concepto de equipo es algo más que un simple expe- diente: es una tentativa de los em- presarios para controlar no sólo el comportamiento de los obreros en la fábrica sino, también, sus senti- mientos y sus ideas. El patrón ex- plota la aspiración de los obreros a ver valorizadas su creatividad y su inteligencia. El concepto de equipo hace creer a los obreros que pueden ser algo más que una simple mano al servicio de la fábrica: los lleva a pensar y les pide cooperar con la dirección.
Pero, a fin de cuentas, la coopera- ción con la dirección se transforma en una competencia entre los obre- ros. En la lucha por la productivi- dad y por la calidad, un taller es enfrentado a otro, y un obrero a otro. Lo que al principio parecería un llamado al idealismo de los obreros transforma a éstos en espías y de- bilita la solidaridad sindical. Por otra parte, a menudo sucede que, si los obreros se muestran poco dis- puestos a aceptar el concepto de equipo, se les amenaza con cerrar la empresa.
En Japón, donde el concepto de
equ ipo apareció y se impuso, los tra- bajadores ya no piden la ayuda de los sindicatos. Un estudio de la cen- tral sindical Sohyo, publicado en marzo de 1986 bajo el título “La conciencia del pueblo", señala que los obreros japoneses ya no ponen sus problemas a consideración de los sindicatos. Sólo el 7% de los in- terrogados declaró que acude al delegado sindical cuando tiene al- gún problema en la fábrica.
En la actualidad, los sindicatos de Estados Unidos están mal prepara- dos para defenderse de la estrategia sutil e insidiosa de los patrones. Nuestros sindicatos se centralizan y burocratizan más y más. Muchos obreros piensan que las compañías arrancan concesiones, con el acuer- do de los sindicatos, incluso cuando estas no son estrictamente necesa- rias. Las direcciones sindicales no comprometen a los trabajadores en las discusiones. En consecuencia, contrariamente a lo que pasaba en los años treinta, cuarenta y cin- cuenta, los trabajadores ya no toman en serio a sus organizadores. Estos sindicatos no están en posibilidades de movilizar a sus miembros para hacer frente al nuevo desafío.
El UAW y otros sindicatos han aceptado el concepto de equipo. A partir de ahora resultará frecuente que, tomados de la mano, empresa- rios y sindicalistas canten la vieja canción We are all one big happy family here (Aquí todos somos una familia grande y feliz). Se tiene la impresión de volver a los años veinte: el jefe de equipo no es más
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que el presta nombre de la nueva época y la flexibilidad no es más que una palabra nueva para indicar el derecho de la empresa a disponer del obrero como mejor parezca.
La revitalización y la democrati- zación de los sindicatos resultan esenciales. Para responder a este desafío están tejiéndose redes de militantes sindicales activos, el mo- vimiento de las News Direction (Nuevas Direcciones) al interior del UAW y la red de relación entre miembros de diferentes sindicatos, asociados a Labour Notes, son ejemplos de esto. Los mismos po- sibilitan a los trabajadores estudiar el ataque desencadenado y desa- rrollar una estrategia para respon- der al mismo. Aquí están los pasos esenciales a dar para restablecer cierta credibilidad de los dirigentes ante los ojos de los militantes de base. Más aún: estas redes pueden poner en marcha la solidaridad ne- cesaria para rechazar el sindicalismo de empresa y las tentativas de di- visión entre una sección sindical y otra, y entre un obrero y otro.
¿Que es el concepto de equipo?
La mayoría de las veces se evoca el concepto de equipo en relación a la industria automotriz. La prensa ha insistido mucho en la oposición entre la industria estadounidense, que se queda atrás, y las muy ren- tables sociedades japonesas que deberían su éxito a la organización del trabajo en equipo. Las expe- riencias de humanización del trabajo
en Suecia a través de la introduc- ción de los equipos también atraen a numerosos sindicalistas.
En marzo de 1988, el concepto de equipo se aplicó o proyectó cuando menos en 17 fábricas de ensamblaje de GM y en seis fábricas de Chrys- ler, en la operación Acero Rojo de Ford y en la fábrica de motores Romeo, así como en todas las em- presas total o parcialmente japone- sas: Nisan, Honda, Mazda, Dia- mond, Star y New United Motors Manufacturing inc. (NUMM). GM también ha introducido amplia- mente el trabajo en equipo en la elaboración de componentes. En las fábricas de varias otras sociedades, este trabajo ha sido introducido a nivel de los talleres. En lo que con- cierne a otras empresas, ya se han negociado elementos esenciales del trabajo en equipo, entre otros la re- ducción del número de clasificacio- nes. El concepto de equipo también ha sido afirmado enel caso del pro- yecto Saturno de GM, que habría debido trastocar la producción automovilística en Estados Unidos. Por otra parte, el sindicato del au—« tomóvil UAW aceptó explícitamente el concepto de equipo en los con- tratos sindicales nacionales firma- dos en 1987 con Ford y GM.
Hay que señalar, sin embargo, que la interpretación del concepto de equipo varía sensiblemente de una sociedad a otra. Por ejemplo, las audaces innovaciones en la organi- zación del trabajo mediante la in- troducción de equipos por parte tanto de sociedades que producen
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bebidas como de compañías de se- guros fueron saludadas calurosa- mente.
Entre las sociedades más conoci- das, se puede mencionar a AT&T. General Electric (GE). Proctor and Gamble, Xerox, Honeywell, Cum- mins Engine, Best Food y United Technologies. El vice-presidente de GE pretende que las ganancias ob.- tenidas en el espacio de cinco años aumentaron 40% luego de la adop- ción del concepto de equipo en la empresa que opera en Quebec.
Tan pronto como el concepto de equipo pasa a formar parte de un contrato colectivo, como sucedió, por ejemplo, en la industria auto- movilística, se estimula la realiza- ción de acuerdos de conjunto que incluyen una serie de aspectos:
l. La re-escritura del contrato tendiendo a explicar que existe una nueva relación entre los patrones y la fuerza de trabajo.
2. La introducción de la “inter- cambiabilidad", lo que significa que los obreros están obligados o son llevados a cumplir múltiples tareas.
3. Una drástica reducción de las clasificaciones, lo que da a la direc- ción una mayor posibilidad de fijar las tareas de los obreros, ahí donde lo considera más útil. La abolición de las clasificaciones y la “inter- cambiabilidad" de los puestos: éste es el objetivo más importante que la direcciónquiere alcanzar con el dis- curso sobre el concepto de equipo.
4. Una disminución de la impor- tancia de la antigüedad. En algunos casos, la antigüedad es explícita-
mente abandonada o modificada. En otros, ya no existe la posibilidad de hacer valer la misma. Por ejem- plo, si se eliminan las clasificaciones, se suprime igualmente la posibili- dad de trasferencias a otras clasifi- caciones sobre la base de la anti- güedad. .
5. Una descripción detallada de cada acto en el cumplimiento de cada tarea, lo que incrementa el control de la dirección sobre la manera de cumplir el trabajo.
6. La colaboración de los obreros en el aumento de sus cargas de trabajo.
7. Una mayor responsabilidad de parte de los obreros en el cumpli- miento de tareas que antes perte- necían a los capataces de la empresa, sin que por ello dispongan de una mayor autoridad.
8. El esfuerzo de parte de la di- rección por volver a los obreros más sensibles a los lazos recíprocos en- tre los departamentos de la empre- sa y el lugar de cada individuo en este conjunto; el esfuerzo tanto de los sindicatos como de la dirección por hacer rechazar la idea de que "Yo estoy aquí para trabajar; cumplo mi tarea y no pienso más que en Io que me concierne."
9. .Un clima ideológico que pone el acento en la competencia entre los talleres y la responsabilidad que deben asumir los trabajadores para arrancar trabajo a otros talleres.
10. Un deslizamiento hacia sindicalismo de empresa, en-el cu.fl_ el sindicato se considera como socio de la dirección.
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Taylorismo y aceleración de las cadencias
A comienzos del siglo, Frederick W. Taylor fue el campeón de los “métodos de dirección científicos” simbolizados por el experto en análisis del tiempo y los movi- mientos con un cronómetro. Desde entonces, los empresarios han bus- cado el medio de descomponer las tareas en sus más mínimos ele- mentos, de analizar cada elemento del trabajo, de determinar el medio más rápido de hacer una operación y de que los obreros aprendan a utilizar tales métodos. Al mismo tiempo, los sindicatos han explica- do que las condiciones de trabajo aceptables exigen una limitación del taylorismo.
La mayor parte de las obras sobre las relaciones industriales normales presentan a la producción en equi- po, incluidas las variantes ligadas a la management-by stress (MBS) (di- rección mediante la tensión), como una alternativa humanista a los métodos de dirección científica. Por ejemplo, un editorialista del Business Week (31 de agosto de 1987) escribe: "Los sistemas basados en el equipo, acabados por los constructores de au- tomóviles en Iapón, representan una alternativa al sistema de ’dirección cientifica', utilizado durante mucho tiempo en Detroit, que trata a los traba- jadores como instrumentos pasivos a los que hay que indicar cada movimiento a hacer.”
Esto forma parte de las fantasías sobre la MBS. En realidad, la ten- dencia va en el sentido opuesto, es
decir, en el sentido de determinar, mucho más minuciosamente que antes, todos los movimientos que el obrero debe hacer. En lo funda- mental, lejos de rechazar el modo de dirección científica, la MBS in- tensifica el taylorismo.
En las empresas donde existe este sistema, así como en las empresas tradicionales, los miembros del equipo tienen muy poco control sobre la determinación real de sus propias funciones. La dirección es- coge el proceso, el marc'o esencial de la producción y las tecnologías a utilizar. En gran medida, esto con- diciona las tareas a cumplir y defi- ne su marco. Por ejemplo, cuando GM abrió su fábrica Fairfax ll, lue- go de un nuevo acuerdo sobre el trabajo en equipo, los obreros pen- saron que esto había influido sobre la definición de sus tareas. Con sorpresa debieron constatar que la dirección había nombrado a los je- fes de sus equipos, quienes, con la colaboración de ingenieros indus- triales, ya habían descompuesto las tareas en sus elementos básicos y determinado las funciones.
Cuando las tareas son efectiva- mente concebidas en el marco de los "equipos", la mayor parte de los miembros originarios de los mismos son ingenieros, supervisores y jefes de equipo escogidos por la direc- ción. Ellos establecen el diagrama de las tareas; en otros términos, descomponen cada tarea en gestos individuales, estudiando cada mo- vimiento y fijando el tiempo nece- sario para cumplirlo, adaptando los
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actos y estableciendo el trabajo de tal manera que las tareas sean más o menos iguales. El resultado final es una especificación detallada, por escrito, de los medios a través de los cuales cada equipo debe hacer su trabajo. Las tareas "son" equili- bradas para que la diferencia entre el tiempo takt (el número de se- gundos durante los cuales un coche permanece en cada puesto) y el tiempo del ciclo de trabajo (el nú- mero de segundos de que dispone un obrero para acabar todas las operaciones que le son asignadas) tienda a cero.
A medida que la producción se incrementa y los inconvenientes se superan hay cada vez menos cam- bios en las operaciones cumplidas. Corresponde a los obreros integra- dos en el equipo seguir las indica- ciones que han sido fijadas progre- sivamente con el objetivo de elimi- nar todo tiempo muerto y que es- pecifican cómo debe cumplirse cada movimiento.
Al miembro del equipo se le dice exactamente cuántos movimientos debe hacer y lo que su mano iz- quierda debe hacer cuando su mano derecha toma una llave.
Las tareas deben cumplirse exac- tamente de la misma manera, cada vez, por cada obrero. Si el plan in- dica que se debe tomar una pieza con la mano derecha y apretar con la mano izquierda, así hay que ha- cerlo. El obrero no puede cambiar el orden de las tareas sin el permiso de un vigilante. La dirección alega que es bajo esta condición que la
calidad está asegurada. ¿Por qué, entonces, correr el riesgo de una posible variante cambiando las operaciones de las dos manos?
Si esto puede ser lógico desde un punto de vista técnico, resulta duro desde el punto de vista humano. Para gente de talla pequeña, puede ser más fácil cumplir una tarea de manera diferente a como lo hace gente de talla grande. Algunas ve- ces, se puede tener ganas de cam- biar la forma de realizar un trabajo en medio de la jornada para hacer descansar algunos músculos po- niendo en trabajo otros. La sustan- cial rigidez del sistema es ilustrada por la idea de flexibilidad expresa- da por un jefe de equipo de Mazda: “Tenemos indemnizaciones para los zurdos.”
Con todo, incluso si los obreros aprenden a hacer mejor su tarea, no hay posibilidades de mantener una cadencia estable. Siempre hay már- genes para el kaizen, “el mejora- miento constante". Que esto sea mediante reuniones de equipo, cír- culos de calidad o propuestas, si alguien no mejora su trabajo, es al- tamente probable que otro esté dispuesto a hacerlo. La pequeña influencia que los obreros tienen sobre su trabajo sólo reside en el hecho de que están organizados de tal manera que ellos mismos fijan su tiempo en una suerte de “su- pertaylorismo".
El japonés Yasuhiro Monden, autor de un estudio sobre el sistema de producción en Toyota, da un ejemplo: la dirección quiere organi-
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zar las tareas de un equipo porque cinco obreros trabajan todos los se- gundos durante un minuto mien- tras un sexto, llamado F., dispone de 45 segundos de espera. Según Monden, este tiempo de espera "no debe ser utilizado distribuyéndolo en igual medida entre los seis obreros de la línea. Si se hace así, nuevamente seria disimulado porque cada obrero dismi- nuiría su ritmo de trabajo para tener su propia cuota de tiempo de espera. Ade- más , habría resistencia al momento de tratar de reexaminar la cadencia de las operaciones estandarizadas. Hay que volver, en cambio, al primer movimiento para verificar si es posible introducir en la linea mejoras suplementarias de tal manera que se supriman las operaciones descompuestas que F. cumplía.”
Así pues, los cambios en las tareas nunca pueden desembocar en una disminución del esfuerzo de los miembros del equipo. Cada mejora empuja a la dirección a buscar nuevos medios para acelerar la ca- dencia del equipo.
El obrero multifuncional
En la MBS todo está ligado. Se- gún uno de los principios del siste- ma just-in-time (IIT) (Justo a tiem- pO) (2), el obrero nunca produce para la reserva, incluso si no tiene nada que hacer. Toda reserva que rebase lo estrictamente necesario es considerada como un derroche. Por otra parte, no habría lugar para guardarla ni el medïó’de ocuparse de ella. Los obreros y las máquinas deben permanecer pasivos más que
producir más de lo inmediatamen- te necesario.
Pero la dirección no pude admitir que el tiempo muerto forme parte del sistema. El tiempo muerto re- duce la productividad del trabajo. El sistema es concebido de tal suerte que el tiempo muerto revela vi- sualmente que algo necesita ser re- ajustado. Por ejemplo, un obrero, que puede ahorrar algunos segun- dos en su ciclo de trabajo, no debe tomar la iniciativa de ayudar a sus camaradas o buscar otra tarea a cumplir. Es mejor que permanezca pasivo; así la dirección y los miem- bros del equipo pueden constatar que hay tiempo libre que puede ser utilizado para una tarea regular.
Si el IIT prohibe producir de an- temano, y el tiempo muerto no puede ser tolerado,-la única solu- ción es organizar el sistema de tal manera que las tareas puedan ser rectificadas y reajustadas fácilmen- te sin que el proceso de producción resulte afectado. Esto es particular- mente importante en la industria automovilística, donde el número de vehículos a construir y la com-' binación de los modelos pueden variar considerable y rápidamente.
Por ejemplo, si se quiere reajustar la producción, en caso de disminu- ción de ventas, hay que disminuir el ritmo de la línea de montaje. Una disminución de la velocidad de la línea crea un tiempo muerto para cada trabajador. Pero si la dirección puede prescindir de algunos obreros y redistribuir las tareas entre los obreros que quedan en el equipo, la
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mayor parte del tiempo muerto puede ser nuevamente eliminado. La facilidad y la rapidez mediante las cuales la dirección puede operar tal redistribución determinan en qué medida una fábrica pude adaptarse a los cambio de la de- manda. En la medida en que todas las fábricas de automóviles aplican este sistema, la gran capacidad de adaptación de las fábricas MBS contribuye de manera decisiva a su elevada productividad.
Esta flexibilidad en la redistribu- ción de las tareas y la eliminación del tiempo muerto exige que:
l) las tareas sean descompuestas en unidades lo más pequeñas posi- bles;
2) cada tarea sea precisada de tal suerte que pueda ser fácilmente reasignada; .I
3) la calificación para cada tarea sea al nivel más bajo posible;
4) los obreros sean capaces de cumplir toda tarea que se les asigne y estén dispuestos a hacerlo;
5) las tareas sean cumplidas bas- tante cerca una de otra para reducir el tiempo de desplazamiento no productivo.
Una solución puede combinar tareas de sub-ensamblaje y tareas sob e la línea principal. Esta solu- ción permite alos obreros pasar de una a otra según un modelo circu- lar, reduciendo el tiempo de despla- zamiento no productivo. Permite igualmente a la dirección transferir una tarea del obrero A al obrero B con el objetivo de equilibrar la línea o de eliminar a un obrero y redistri-
buir las tareas entre los que' que- dan.
Una condición todavía más im- portante es que los obreros sean capaces de cumplir todas las tareas y puedan ser transferidos según los deseos de la dirección. Los empre- sarios llaman a esto multiskiIling (calificación múltiple), pero la pa- labra es engañosa.
Las cualidades necesarias para cumplir en un breve plazo varias tareas conectadas, cuidadosamente descompuestas antes, son la habili- dad manual, la resistencia física y la disponibilidad para respetar escru- pulosamente las instrucciones. ln- cluso en el marco de este enfoque, la dirección se preocupa por no fijar tareas que exigen estas cualidades en una medida excepcional porque quiere que los obreros sean inter- cambiables. No son calificaciones en el sentido propio del término, 'es decir, calificaciones que exigen una formación y un conocimiento espe- ciales. En realidad, la esencia de la multiskilling consiste en una falta de resistencia de parte de los sindica- tos o los obreros, en tanto que indi- viduos, frente a los cambios de ta- reas que la dirección quiere intro- ducir por cualquier razón.
Al momento de la contratación, las fábricas MBS prestan poco inte- rés a las calificaciones previamente adquiridas por los obreros involu- crados. Prestan mucho más interés, en cambio, a su presencia regular, a su disponibilidad para seguir las instrucciones, a su resistencia física y a su actitud hacia la dirección en
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i
general. Una vez contratado, el obrero no tiene interés en adquirir nuevas calificaciones que pueda negociar. Sólo aprende a cumplir un gran número de tareas extrema- damente específicas. Cada una de las mismas no exige mucha forma- ción en el sentido de la adquisición de nuevas calificaciones; demanda, más bien, la práctica que permita aprender a cumplirla más rápida- mente. El'objetivo de la multiskilling,7 es, pues, menos el de formar a los obreros y más el de superar barre- ras como las condiciones fijadas por los contratos sindicales, las clasifi- caciones o las tradiciones que im- piden al obrero cumplir más de una tarea. Cuando hay formación, esta está centrada más en los métodos y los valores de la empresa que en las calificaciones técnicas negociables.
Un importante eslabón: el subcontratismo
El contrato firmado por el sindi- cato del automóvil UAW con NUMMI precisa que antes de des- pedir trabajadores, la dirección to- mará "medidas positivas”, incluida "la atribución de trabajos anteriormente realizados mediante el subcontratismo a unidades de trabajadores capaces de hacer dichos trabajos”. Este arreglo, que es una variante del sistema empleado en Japón, ha sido inter- pretado en el sentido de que en tanto la empresa garantice trabajo a todos los obreros regulares, el sindicato no se opondrá al subcontratismo y a la outsourcing (compra de piezas producidas por otras firmas). En
realidad NUMMI y Mazda, otra sociedad de participación japonesa, han recurrido tanto al subcontratis- mo como a la outsourcing a gran es- cala.
Dicho acuerdo parece garantizar la seguridad en el empleo, pero en realidad la seguridad en el empleo, es menor que si la outsourcing no existiera y si los obreros dispusie- ron, en caso de despidos, de ga- rantías de antigüedad tradicionales.
Supongamos que un taller de montaje tiene 1 000 obreros y que 200 obreros fabrican los cojines en una sociedad de sub-contratismo al lado. Si las ventas disminuyen, lo que normalmente provocaría el despido, digamos, de 200 obreros en la cadena, el taller de montaje está obligado a asumir directamente la fabricación de los cojines para evitar que 200 de sus obreros sean expulsados. Así, los 200 obreros sub- contratados perderán su empleo en provecho de los obreros del taller de montaje. '
Consideremos ahora una situa- ción análoga en una fábrica de montaje tradicional de 1.200 obreros; Esta fábrica tiene un taller para la fabricación de cojines ya que el sindicato ha conseguido prohibir a la sociedad encargar su produc- ción a terceros. Cuando las ventas disminuyen, 200 obreros del nivel más bajo son despedidos. Siempre habrá 1.000 obreros trabajando y 200 en la calle, pero los obreros despe- didos tendrán el derecho a ser contratados de nuevo por su em- presa. '
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Los 1.000 obreros del sistema MBS, que aparentemente disponen de la seguridad en el empleo o cambio de la aceptación de la outsourcing, ape- nas habrán obtenido una seguridad en'el empleo mayor que la de los obreros con derecho de antigüedad en una empresa tradicional. El re- sultado que los obreros MBS habrán obtenido será el de aislarse de los obreros que fabrican los cojines, que a partir de ahora trabajarán para una firma diferente con salarios más ba- jos y con menor seguridad en el empleo.
En realidad, la dirección alcanza a crear dos categorías de obreros: los de la fábrica principal, protegidos por el sindicato y el paternalismo de la firma, y los de las fábricas sub- contratistas, normalmente no sindi- calizadas que no tienen ninguna protección contra los despidos y, contrariamente a los obreros sindi- calizados, no gozan de ninguna in- demnización por desempleo adicio- _nal. A largo plazo, ni que decir tiene que los empleos se perderán por desgaste, incluso en la fábrica prin- cipal.
La aceptación de semejantes arre- glos por los sindicalistas justifica la acusación según la. cual los sindi- catos se preocupan por proteger a una élite limitada a expensas de los obreros más despojados y menos protegidos, es decir, sobre todo las mujeres y aquellos que pertenecen a minorías étnicas. Tal política tam- bién ha traído como resultado crear mayores dificultades para la orga- nización del número creciente de
trabajadores subcontratos o de la outsourcing.
Es a la outsourcing, por otra parte, a la que se debe ciertos ahorros atribuidos al IIT. La fábrica de montaje se descarga delos gastos de inventario cuando la firma sub- contratista está obligada a mantener el mismo (e incluso a rentar alma- cenes cerca de la firma IIT para la que trabaja) para estar en posibili- dades de entregar sus productos justo en el momento en que la fá- brica de montaje necesita de ellos. Por ejemplo, Mazda proyectó ren- tar a su abastecedores una superfi- cie, en Flat Rock, para sus almace- nes. Los abastecedores también de- bían verificar sus productos y cu- brir los costos de entrega directa a la fábrica de montaje. Así pues, las verificaciones, el tratamiento de materiales, el rework y las tareas administrativas deben ser cumpli- das. Pero este trabajo ya no perte- nece a la empresa principal: es asignado a abastecedores menos pagados, entre los cuales, la mayo- ría de las veces, no hay organiza- ción sindical.
La mayor parte del tiempo, la única coacción económica que in- duce a los empresarios a realizar directamente trabajos de sub-en- samblaje es la necesidad de contro- larlos muy de cerca. Por ejemplo, normalmente la mayor parte de las fábricas de montaje tenían sus pro- pios locales para almacenar cojines porque debían estar en posibilida- des de escoger a tiempo los colores y los modelos. Tan pronto como el
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control de la empresa principal so- bre los abastecederos se incremen- tó, se tendió a sub-contratar la fa- bricación de los cojines. Por ejem- plo, en NUMMI, I-Ioover Universal entrega los colores y los modelos apropiados en el plazo de unas cuantas horas. En la medida en que los medios de entregas directas JIT se han perfeccionado, el porcentaje de la outsourcing ha aumentado. De igual forma, ya que el sistema MBS se basa en la estandarización y la regularización de todos los tra- bajos, lo que no está adaptado aeste modelo, como el trabajo de cons- trucción y de acondicionamiento del medio ambiente, es igualmente atribuido al sub-contratismo.
Mistificación patronal y papel de los sindicatos
En los medios patronales, los par- tidarios del trabajo en equipo se- ñalan que uno de los principios de este trabajo es el de desplazar el poder y la responsabilidad de de- cisión hacia los niveles más bajos. En realidad, las responsabilidades (en el sentido de lo que se exige individualmente del obrero) son desplazadas lo más posible hacia los obreros en la cadena.
Pero el poder y el control que deciden en qué medida las exigen- cias son satisfechas no van más allá del nivel del jefe de grupo. Así, es el
jefe de grupo el que controla la de'—-
finición detallada delos estándares de trabajo que el obrero debe reali- zar cada hora. ,
Mantener la tensión del sistema
es esencial para asegurar un control de la dirección más estricto con menos gerentes. Si un obrero aban- dona su lugar, disminuye su caden- cia, se atrasa o hace algo de manera incorrecta, la rigidez del sistema, en sí misma, permite darse cuenta del inconveniente más rápidamente que en una fábrica tradicional. Se nece- sita menos supervisión porque los controladores de la dirección no necesitan localizar el lugar donde se produce el inconveniente: el sis- tema se encarga de ello a través del sesgo de las indicadores visuales o deteniéndose. La dirección puede concentrarse en los lugares en los que se presentó la dificultad. Para retomar las palabras de un gerente de Toyota, "el control de las anomalías se hace fácil. Basta con introducir las mejoras concentrando la atención en la maquinaria que se bloqueo y en los obreros que la detuvieron".
Además, un supervisor debe ha- cer frente a menos interferencias de parte del sindicato que en el marco
de un contrato tradicional. Con el
sistema MBS, los estándares de las tareas no están protegidos o con-« trolados por el sindicato. Los su- pervisores pueden cambiar a su
' voluntad los estándares o las cargas
de trabajo. En unafábrica tradicio- nal, algunas. veces los obreros pro- testan aplicando estrictamente las reglas. Pero cuando todas las reglas son fijadas por el supervisor es im- pósible "trabajar según las reglas”. Conectando estrictamente todas las operaciones, buscando conscien- temente eliminar todas las protec-
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Ciones y todos los amortiguadores y haciendo a todas las partes del sistema reactivas a los cambios, la MBS deviene un sistema muy eficaz para realizar la política de la di- reccron.
Pero estos puntos fuertes también constituyen su talón de Aquiles. La capacidad del sistema para reac- cionar a las decisiones fundamen- tales de la dirección tiene como consecuencia que un solo error de cáICUlo más allá de cierto límite pueda hacerlo saltar.
Una buena parte de las nuevas técnicas de dirección contemplan aumentar la productividad hacien- do también a los sindicatos poten- cialmente pedigrosos. Si los obreros emprenden colectivamente ciertas acciones, el sistema se vuelve ex- tremadamente vulnerable. Manu- facturing Week ha podido escribir: “Los sindicatos tienen más poder que antes " (3 de agosto de 1987). La acción de los obreros de un sector puede afectar inmediatamente todo un proceso, río arriba río abajo. La visibilidad explotada por la direc- ción con el objetivo de mantener la presión se vuelve también el medio para los trabajadores de toda la fá- brica de aprender que algo pasa.
La palabra clave es “colectiva- mente". El sistema puede hacer frente fácilmente a individuos o a pequeños grupos que resisten. Las técnicas de visibilidad, la apropia- ción del conocimiento obrero, la definición precisa de todas las ta- reas, la calificación múltiple, el pa- pel del jefe de equipo y el hecho de
que los supervisores trabajan regu- larmente con los obreros, permiten a la dirección identificar fácilmente y reemplazar a los “causantes de problemas".
Pero supongamos que todos co- mienzan a presionar el botón de detención de la línea, en el marco de una campaña organizada, para hacer saber a la dirección que las cadencias son muy rápidas o que hay que reemplazar a los ausentes. Ya no se trata de casos aislados de “causantes de problemas", y la di- rección ya no puede eludir el pro- blema.
Una disminución de la velocidad de la cadena organizada, un bloqueo o cualquier otra acción que involu- cre a una minoría importante de un sector puede desorganizar a toda una fábrica. Si los miembros de un equipo son solidarios y se niegan a colaborar con el jefe de equipo de- signado por la dirección, el equipo pude obligar a la dirección a de- signar a un jefe escogido por el equipo mismo. Y si el nivel de con- ciencia sindical es elevado y el sin- dicato apoya al jefe de equipo, éste y las reuniones del equipo pueden ser utilizados para avanzar las re- invindicaciones de los obreros.
Si la acción colectiva da un poder a los obreros tanto en las fábricas tradicionales como en las fábricas MBS, éstas resultan particularmen- te vulnerables a las acciones obreras de base incluso al seno de sectores limitados. Pero una acción colectiva de este género exige organización, organización que no puede ser
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asegurada formal e informalmente más que por los sindicatos.
En las fábricas MBS, la relación entre el sindicato y la dirección debe ser determinada desde el comienzo. La MBS supone una presión sobre los obreros. No puede funcionar mucho tiempo si un sindicato lucha contra tareas tensantes y organiza a sus miembros para desafiar a la dirección en el lugar de trabajo. Para la MBS, hay dos alternativas; bien impedir la sindicalización al princi- pio, bien disponer de un sindicato sumiso que ayude a prevenir toda acción colectiva y que desacti ve todo sentimiento de solidaridad y todo militantismo en el taller. En este sis- tema, no hay lugar para un sindica- to que represente los intereses de los obreros y que organice activa- mente a sus miembros para defen- der sus propios intereses.
La rotación: propaganda y realidad
A pesar de lo que los medios de información dicen, en realidad hay poca rotación en las empresas que aplican el concepto de equipo. Por ejemplo, en NUMMI, a pesar de la voluntad proclamada por la direc- ción en el sentido de que cada tra- bajador debería, en principio, aprender a cumplir todas las tareas, bajo la presión de las necesidades de la producción muchos controla- dores y equipos buscan evitar todo empleo del tiempo y todo esfuerzo suplementarios necesarios para realizar la rotación. En varios casos, sólo hay rotación si los miembros
de un equipo ejercen presión en ese sentido. Es difícil, por otra parte, organizar una rotación sin la parti- cipación de un grupo de superviso- res, salvo en el caso de equipos compuestos específicamente con ese objetivo. En otras empresas que aplican el concepto rie equipo, hay todavía menos circulación que en NUMMI. Si se les pregunta-en qué medida la rotación de tareas es rea- lizada en su taller, habitualmente los responsables sindicales y los obreros responden: "En ninguna”.
En lugar de la rotación, la direc- ción dispone de una flexibilidad en el desplazamiento de obreros de una tarea a otra sin provocar recrimi- naciones porque se exige a los obreros aprender más de un trabajo o se les paga por esto. Esta flexibi- lidad comporta para la dirección cierto número de ventajas:
1. Un ausente puede ser fácilmen- te reemplazado sin preocuparse por las clasificaciones, las calificaciones o la resistencia de los obreros.
2. Es más fácil distribuir los ele- mentos que componen diferentes tareas entre los miembros de un: equipo -por ejemplo, cuando la ta- rea de un equipo es suprimida- si los miembros del mismo ya están formados para cumplir todas las tareas. La rapidez de la línea puede modificarse más fácilmente al tiempo que se mantiene una pro- ductividad elevada.
3. Si los obreros conocen todas las tareas que se cumplen a nivel de la empresa, se supone que pueden identificarse con la misma y su pro-
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ducto: una vez que los obreros sa- ben cómo se liga todo, se dan cuen- ta de los problemas de la dirección y están más dispuestos a hacer su- gerenCIas.
4. Desde el momento en que un obrero conoce diferentes tareas, puede jugar un papel de inspector no oficial en lo que concierne al cumplimiento de las mismas. La dirección puede considerar que co- rresponde a los obreros descubrir las carencias en la ejecución no sólo de su propia función sino, también, de lo que ha sido realizado antes.
5. La flexibilidad de las tareas da a la dirección más posibilidades de oponer un obrero a otro. I-Iace más difíciles las reclamaciones sobre la atribución de tareas porque hay más gente que, cuando menos de tiem- po en tiempo, hace exactamente la misma tarea. Las cargas de trabajo pueden ser aumentadas con toda tranquilidad porque siempre se encontrará alguien dispuesto a aceptarlas.
Al mismo tiempo, la dirección tiene buenas razones para limitar la formación y las operaciones que la organización de la circulación a gran escala exigiría:
1. Los obreros con experiencia prolongada en el cumplimiento de una tarea determinada hacen un trabajo de más alta calidad y son más capaces de hacer frente a cir- cunstancias excepcionales.
2. Los costos de la formación son elevados. Incuso cuando la forma- ción se hace en el taller, siempre debe haber ahí otro obrero, un jefe
de equipo o un controlador que siga el proceso de formación; así pues, una tarea es realizada al costo de dos. También están los costos de los errores cometidos por obreros sin experiencia. Agreguemos los costos de toda formación por fuera del proceso de trabajo. Si cada persona recibe una. formación para cinco funciones, los costos Son cinco ve-
.ces más elevados que si cada uno es
formado para una sola función. Y si cada uno fuera formado para cum- plir todas las tareas de una empre- sa, los costos de formación serían astronómicos.
3. Para que una formación que permita a los trabajadores cumplir numerosas funciones sea rentable, sus calificaciones deben mantener- se. La habilidad adquirida por la formación o por la experiencia de una tarea particular se pierde en gran medida si el obrero no hace este trabajo durante cierto tiempo. Esto es verdad sobre todo en lo que concierne a las técnicas que se apli- can a una tarea particular (lob spe- cific skills). Por ejemplo, un estudio sobre la producción en equipo en Alemania señala casos de miembros de un equipo que hacían ciertas operaciones de ajuste de los robots tan raras veces que ya no se sentían capaces de hacerlas y las mismas debieron ser restituidas a obreros calificados para este trabajo.
4. Si el proceso del trabajo se rea- liza sobre la base de un plan de ro- tación regular, es más difícil para la dirección utilizar la atribución de tareas como recompensa o como
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castigo. Se le vuelve también más difícil relegar a sitios remotos de la empresa a obreros considerados como causantes de problemas.
En conclusión, la dirección quiere que los obreros aprendan varias tareas y acepten atribuciones de trabajo flexibles, de manera que puedan desplazar a la gente o ree- quilibrar el trabajo. Pero debe im- poner límites estrictos al conjunto de los movimientos para mantener la calidad y la productividad y ba- jar los costos de formación. Como varios investigadores lo han remar- cado, cuando la presión sube, la dirección tiende a retroceder en materia de rotación. En la empresa GM Poletown, al principio la di- rección pidió a los obreros aprender 20 tareas y realizar una rotación; pero luego, dio por terminada la rotación para resolver problemas de calidad.
Los desplazamientos de obreros bajo la forma de transferencia al seno de las empresas que aplican el concepto de equipo, pueden ser toda- vía más limitados que al seno de las empresas tradicionales. En Mazda, la dirección hizo saber que durante
los cinco primeros años hasta el momento en que se alcance una elevada calidad, las transferencias entre departamentos serían lirnita- das estrictamente, Resultado: la gente que había sido inicialmente colocada, al azar, en los sectores más duros, tiene poca oportunidad de ser transferida a sectores más aceptables, a los que irán los nue- vos contratados.
" Este artículo forma parte del libro "Choosing Sides: Unions and the team con-
cept. Labor Notes Book. Boston 1988.
Notas
l. El proyecto para un nuevo vehículo, llamado Saturno, fue adoptado oficialmente en julio de 1985, pero sólo se realizó a partir de finales de 1990. Este proyecto fue presen- tado, incluso en Europa, corno un "modelo" que buscaba asegurar una participación de los trabajadores en la gestión de la empresa. En realidad, como en su momento lo denun- ciaron sindicalistas norteamericanos de iz- quierda, contemplaba crear una separación entre tabajadores permanentes y trabajado- res llamados "asociados" con contrato tem- poral, y suprimir la representación sindical en los talleres.
2. El sistema justo a tiempo prevé una reducción extrema de las reservas. Sólo hay que producir lo estrictamente necesario en l
un momento dado del proceso de trabajo.
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mike
davis
LOS
ANG
ike Davis: Lo primero que ca- M bría decir del levantamiento es que incluso las editoriales de Los Angeles Times reconocían la re- lación entre la globalización de la
economía de la ciudad, que ha mi- nado las estructuras de empleo del
sur de Los Angeles, yfilahprirnera:
rgyuelta multiétnica moderna.
,i Creo que había tres diferentes
procesos sociales que conducían a la revuelta y que se entrecruzaron y dieron lugar al complejo tejido de este estallido.
En primer lugar, estaba el asunto de Rodney King como punto de acumulación de los agravios de los jóvenes de Ia calle, que sólo han co- nocido un régimen de brutalidad policial, sobre todo desde los barri- dos masivos de lo que se conoció como Operación Hammer: este régi- men ha criminalizado a la juventud negra de clase media tanto como a los jóvenes de la calle. Rodney King es el vínculo en la conciencia de millones de personas entre las con- dicionesde Los Angeles y la crisis que sufren los afro-americanos en
la comple'a trama de
ESTALLIDO
todo Estados Unidos y Canadá. Esta crisis se centra, como lo ha hecho históricamente, en el significado de la ciudadanía negra, dado que sus demandas democráticas más c0- rrientes no son atendidas ni solu- cionadas por la sociedad blanca. La crisis tiene esta clase de contenido revolucionario y democrático.
En segundo lugar, aunque el es- tallido saltó contra la'policía y contra los blancos, el grueso de la des- trucción, por lo menos en lo que respecta a las propiedades _v a al- gunas de las muertes provocadas por la revuelta, iba dirigida contra la comunidad coreana. Este es el eslabón intermedio entre la gente del gueto, negros y mejicanos, y el gran capital.
El nombre que más pronunciaba la gente durante la revuelta era el de Latisha Harlins, una muchacha negra de 15 años que murió el pa- sado marzo a manos de un tendero coreano por una disputa sobre una botella de naranjada de 1,79 dólares.
El tendero fue declarado culpa- ble, pero se le puso en libertad con
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una multa de 500 dólares y unos meses de trabajo gratis para la co- munidad. Esta sentencia es mucho más ligera-que la que reciben los homeless (literalmente, sin hogar) por haber violado el toque de queda - que deben pasar diez días en la cár- cel- o la que recibe alguien por ha- ber saqueado unas semillas de gi- rasol, que puede ser condenado a dos años de cárcel.
Al contrario de los propietarios judíos, a los que están sustituyendo, los coreanos no emplean a jóvenes negros. El resultado ha sido una especie de colapso catastrófico de las relaciones de las comunidades negra y coreana: alrededor de unos dos mil establecimientos coreanos fueron saqueados o destruídos.
Un tercer aspecto, que es obvio para cualquiera que viera las imá- genes, pero del que los comentaris- tas de noticias no se percataron hasta el último momento, es que, desde el principio, el" saqueo se convirtió en una versión posmo- derna de las tradicionales revueltas del pan, un levantamiento de los pobres. En muchos lugares, el buen humor era generalizado, era 'casi un carnaval. '
La gente, en algún caso, saqueaba artículos de lujo, pero en la mayoría de los casos se saqueaban produc- tos para las necesidades básicas. Y para entender esto, en lo que estu- vieron implicados tantos emigran- tes salvadoreños y mejicanos como afro-americanos, hace falta tener en cuenta el impacto de dos años de recesión en Los Angeles, que ha
hecho mella sobre todo entre las filas de los nuevos emigrantes.
El desempleo se ha triplicado. La gente es homeless o se apiña en casas que dan cobijo a varias familias. Es una auténtica crisis de existencia, probablemente la peor emergencia social del condado de Los Angeles desde la depresión.
En gran medida, los medios de comunicación y los líderes políticos se han negado a hablar del carácter de la crisis, sobre todo porque estos migrantes mejicanos y salvadoreños -que representan a las víctimas de la crisis mucho más que los despe- didos de la industria aeronáutica- no tienen ningún poder político. De hecho, la mayoría ni vota.
Lo que hemos visto es la pauperi- zación traducida en saqueo.
S.-R: ¿Qué puedes decirnos del alto el fuego establecido enre las dos principales pandillas negras, los Crips y los Bloods?
M. D.: Elasunto fue muy com- plejo, aunque tiene algo que yo creo que es muy positivo yjde enorme importancia, el cese de la guerra entre pandillas. Lo que muCha gente - hubiera pensado que era imposible se ha dado y está envuelto en un proceso de discusión política y movilización, que está dando lugar treguas permanentes a niveles, loca- les en Iglewood y Waats, y progre- sivamente extendiéndose por toda la ciudad. '
Muchas pandillas están empe- zando a hablar de no sólo Crips y
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Bloods, sino Crips, Bloods y mejica- nos. Se puede notar una enorme reafirmación, independientemente de lo que dure la tregua, de una identidad de luchadores negros por la libertad, de ser un movimiento negro de liberacion nacional. Desde luego, su horizonte ideológico es Farrakhan y su Nación de Islam (*) Farrakhan es la única figura políti- ca nacional sobre la que oído hablar a los numerosos chicos de las pan- dillas con los que he charlado.
En Inglewood, bajo los auspicios de la mezquita local, todas las pandillas locales, Crips y Bloods, hablaron ante los medios de comu- nicación locales. No estaban ha- blando a los medios de comunica- ción, sino usando estos medios blancos para transmitir su rabia y dolor ante el hecho de que nadie entre los líderes de más edad había reconocido que la revuelta había sido una rebelión. Decían: "Esto es una rebelión de esclavos, igual que las otras rebeliones de esclavos de la His- toria: estamos orgullosos de lo que he- mos hecho”.
El objetivo estratégico central de la rebelión no era sólo hacer llegar a la estructura de poder blanca las voces de los jóvenes negros crimi- nalizados, sino hacerlas llegar a los líderes negros.
S. R.: ¿Puede explicar más cómo la rebelión forjó la uni- dad entre negros y latinos?
M. D.: Los negros, en el condado de Los Angeles, están en el proceso
de pasar de ser la minoría mas nu- merosa a ser la tercera más nume- rosa. Con el tiempo, en toda Cali- fornia, los latinos serán el grupo más importante, aun sin llegar a ser mayoría. Los negros, que tradicio- nalmente han sido el segundo gru- po por población en todo el Estado, se encontrarán en cuarta posición: primero los latinos, luego los anglos, luego los asiáticos y por último los negros.
La comunidad negra está agarro- tada por la sensación de declive de las gananacias políticas y sociales tan costosamente conseguidas en la pasada generación. La comunidad latina está por detrás de todas las demás en cuanto a representación política y nivel de empleo en rela- ción con su número. I-Ia habido fricciones entre negros y latinos y ha habido numerosas peleas y re- vueltas entre negros y latinos, sobre todo en las prisiones.
Al principio del levantamiento, algunos latinos fueron atacados y apaleados brutalmente. Pero lo más importante, sobre todo en el este del gueto, que es una zona de mezcla racial donde cada chaval latino tiene un amigo negro y vice- versa, es que el pillaje fue totalmen- te birracial.
Hay una amplia conexión entre la cultura juvenil negra y latina. Kid Frost, el más importante rapero la- tino, se identifico totalmente con la rebelión. Un famoso grupo local de raperos samoanos ha dicho que la rebelión está bien, pero que no de- bería haber tenido como objetivo las
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tiendas coreanas, sino los ricos de Beverly I-Iills. '
Los líderes latinos no dijeron esta boca es mía durante la rebelión. Ahora que la participación de los latinos es algo reconocido y muy comentado, los republicanos están empezando a hablar de deporta- ciones y la política de regulariza- ción dela inmigración se ha puesto al rojo vivo. ,
Algunos líderes mejicanos han aceptado que "esto ha sido una re- vuelta latina también, la gente lo hizo porque tenia hambre”. Otros de de- rechas han intentado echarle la cul- pa a los centroamericanos: no eran emigrantes mejicanos, y sobre todo, no eran chicanos, sino esos descla- sados de emigrantes salvadoreños.
Hay casi una imaginería racista contra los salvadoreños: el grupo más deprimido y carente de poder de toda la ciudad es la comunidad centroamericana.
S. R.: ¿Y sobre la comunidad coreana?
M. D.: Algunos líderes negros creen que todo esto (la quema y destrucción de los negocios corea- nos) tendrá una consecuencia posi- ’tiva: que los arrasados negocios co- reanos podrán convertirse en ne- gocios negros, que puede ser que los empresarios negros reemplacen en la comunidad a los empresarios asiáticos.
En la comunidad coreana hay elementos ferozmente de derechas. Hay antiguos miembros de la CIA
coreana, tipos que recorrían las ca- lles con los AK 47 y disparaban a la multitud, pero esta comunidad tie- ne también un ala muy democráti- ca y progresista. _ ' La comunidad coreana se en- cuentra atrapada en el medio y tie- ne que hacer frente a toda la rabia generada no sólo por el racismo, sino también por la desindustriali- zacion y el nuevo peonaje industrial del sur de Los Angeles. Es la comu- nidad bocadillo entre eso y el centro de la ciudad, que no se vió afectado en absoluto, donde se asienta el ca- pital de la cuenca del Pacífico. S. R.: ¿Cuál será el impacto de la rebelión en el resto del país?
M. D.: Creo que espolea la re-
vuelta. Creo que incita a la gente a la rebelión, que agudiza el sentido jde injusticia. Enfrenta a la gente con Éla imagen de los negros o los ma- Jrrones, unidos por el odio racial y Éde clase. ’ En Los Angeles, la principal con- tradicción de la rebelión fue el ata- que a la comunidad coreana. Se po- drían justificar ataques a tenderos especialmente racistas, pero detrás del ataque generalizado hay una logica, una lógica al estilo Fa- rrakhan, que creo que cualquer persona socialista o progresista en- contraría inaceptable.
TQQaLebelión _no,.organízada tie- ne:ele_ment05 negativos y contra- dictorios. Pete lo principal es que ha "Sido muy positiva: toda una ge- neración se" ha dado cuenta que
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puede responder luchando. Aun- que tendrá que entender que (las autoridades) van a aprender a ser más efectivas y rápidas en la res- puesta.
" Publicado en Socialist Review, Gran Bre- taña, en español en Página Abierta N” 15, Madrid, julio 1992. o
“ Periodista de Los Angeles, publicó el estudio sobrp la ciudad: "City of quarz”. o
(') La nación del Islam es una secta musul- mana no ortodoxa negra que se ha desarro- llado en los Estados Unidos en los guettos, desde los años cincuenta, defendiendo un desarrollo separado y autosostenido de la comunidad negra frente al mito norteameri-
cano de la integración racial.
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hbóhoyñgoynnfl‘lfi pbo4'1086 mas
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LA CULTURAE lA CORNI A
Siete años recorriéndole las curvas al país, descubriendo sus zonas ocultas y paladeando sus regiones erogenas. Experimentando es- tilosy velocidadessin caerse al abismo. Siete años salteandosemá- forttils. Inventando rutas. Saliendo a contramano emocionando al pu ICO.
MEDIG‘S / VIDA CÜTIDIAHA l PROVOCACIOHES I TERRITORIOS / ÉXPLÜRRÉIÜNES/ PÜlI'Í'ICR / MÁRGINALES / POSMÜUERÑÓS/ PSICÜBÜLCHÉS / SENTIMIENTOS / ILUSIOHES / SUFRIMIEN'Ï'ÓS
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Rutas argentinas hasta el fin
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COOPERATIVA
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O Se acerca la opción cero? ó ¿Cómo se llegó a "esto"? El IV Con reso del Partido Comu- nista Cu ano (PCC) no dio res- puesta a esta pregunta. El mismo Fidel Castro lo hizo de una manera incidental: ”... en nuestro país esta- mos librando una batalla dura, difícil frente a la situación en que nos han dejado ——no voy a decir en que hemos quedado, porque no somos nosotros los culpables de todas estas cosas que han pasado— con toda esta gracia que nos han hecho nuestros amigos del llamado campo socialista, es que ya ni se puede llamar campo socialista: con el derrum- bamiento del campo socialista. Pero a mí no me gusta mucho llamar a eso derrumbamiento, porque me parece que las cosas que se derrumban son las co- sas sólidas (...) por eso, en vez de em- plear la palabra derrumbamiento, em- pleo la palabra desmerengamiento. ( . . .) pero pienso también que es un desme- rengamiento coyuntural, han batido mal la clara” 1. La ambigüedad de la metáfora no es menos reveladora: ¿de qué des- merengamiento se trata? ¿Era ne-
cesario ser más "duro"? La explica- ción es un poco limitada. En reali- dad, Fidel Castro paga hoy en día su ceguera frente al antiguo y pre- tendido campo socialista.
Cierto, Cuba no es responsable de lo que pasó en los países del Este y no había —no hay vía autónoma para un pequeño país dependiente del Tercer Mundo cuyo desarrollo ha sido trabado y deformado du- rante décadas y cuya economía es tributaria en tres cuartas partes de la venta de azúcar. Pero un análisis serio de las tensiones sociales y políticas de los países del Este Eu- ropeo hubiera permitido contem- plar los riesgos a los que se estaba” expuesto, no contar con la estabili- dad inquebrantable de los inter- cambios, tan inquebrantable como la fidelidad del “campo socialista", y, en consecuencia, poner en marcha cierta diversificación de la produc- ción y del comercio para reducir, incluso de manera limitada, la de- pendencia, así sólo fuera en rela- ción a ciertos productos alimenticios importados. Por no haberlas em-
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prendido antes, estas medidas se aplican hoy en día en medio de una situación de catástrofe.
No se trata de imaginar soluciones milagro a posteriori. Cuba sirvió de reserva azucarera al conjunto del Consejo de Ayuda Económica Mu- tua (CAEM) —sobre todo si se considera que el costo de la pro- ducción de azúcar de remolacha es más alto que el de la de azúcar de caña- y obtuvo a cambio substan- ciales cantidades de petróleo a un -precio ventajoso. La dramáticas consecuencias del cese de las en- tregas de petróleo soviético en di- ciembre de 1991 3 y las incertidum- bres‘que pesan sobre 1992, a pesar del acuerdo anunciado con la Fe- deración Rusa, son la prueba al respecto.
Pero la extensión de la superficie consagrada a la caña de azúcar hu- biera podido ser limitada parcial- mente para permitir una producción agrícola diversificada que asegura- ra una mayor autosuficiencia ali- mentaria 3. La prioridad dada hoy en día al plan alimentario va exac- tamente en ese sentido. Pero como lo señala Aurelio Alonso, sub-di- rector deI Centro de Estudios sobre América 4 de Cuba, el plan hubiera podido aplicarse antes para dismi- nuir la dependencia frente a los productos importados. Los cubanos más lúcidos se preguntan por qué se necesitaron 32 años para hacerlo que se hace hoy en día, en plena crisis.
Ni Castro ni el IV Congreso dieron una respuesta a esta cuestión. Con
todo, para saber cuándo y por qué “las claras” de octubre de 1917 se batieron mal Io que habría que ha- cer es realizar un balance del esta- linismo, balance que no se ha hecho.
El "Partido de Ia nación”
El Congreso del PCC adoptó seis resoluciones y eligió una dirección cuya composición ha sido profun- damente renovada. De las seis re- soluciones, tres tienen que ver con el partido en tanto que tal, y hacen referencia a los estatutos, el pro- grama y los poderes excepcionales acordados al Comité Central. Las otras tres tienen que ver con Ia orientación económica, el funcio- namiento de los Organos de Poder Popular (OPP) y la política exterior.
El congreso ratificó la existencia del partido único, a partir de ahora definido como "Partido de la nación cubano, martiano (de Iosé Marti), marxista y leninista”. Para superar Ia contradicción existente entre los dos conceptos —el partido dela nación entera difícilmente puede ser com- patible con el partido único—— se hi- cieron dos modificaciones a los ante- riores estatutos. Uno, de poco alcan- ce, hace referencia a la adhesión, a partir de ahora aceptada, de los creyentes; Ia otra, más importa te, cambia la concepción monolifica anterior afirmando la necesidad de concil...r "la disciplina consciente con la más amplia democracia interna”, auspiciando "el respeto a la plurali- dad de puntos de vista en su seno" y aceptando que puedan mantenerse y defenderse las opiniones minori-
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tarias. Este suavizamiento de las reglas no va acompañado, con todo, de derechos. de organización.
El único pluralismo organizado involucra a los practicantes de todo tipo de creencias en nombre de "el proyecto de unidad nacional dela Re- volución Tratándose de la santería, las prácticas religiosas afro-cubanas, su carácter no institucional no puede provocar conflictos; otro es el caso de la religión católica, cuya jerarquía mucho tiempo desacreditada ha dado un giro y goza de cierta au- tonomía gracias a sus lazos inter- nacionales con el Vaticano. Pero el número de católicos es todavía mi- noritario frente a los adeptos a la santería y a las iglesias evangélicas.
La discusión sobre los estatutos permitió abordar algunos temas sensibles: la “ejemplaridad” de los militantes y la política de cuadros.
La "ejemplaridad" de los cuadros es un tema recurrente en las discu- siones. Es evidente que los privile- gios —así sean restringidos- son mal aceptados por la población,. tomando en cuenta lo difícil de la situación actual. Numerosas inter- venciones insistieron en el hecho de que el papel dirigente correspon- diente al partido no era compatible con las prebendas personales y, al respecto, algunos hijos de dirigen- tes resultaron cuestionados. En cuanto a la política de cuadros, es fuente de numerosas tensiones: las —.mutaciones inexplicadas, las pro- mociones arbitrarias y las destitu- ciones brutales forman parte de los métodos burocráticos inherentes a
todo partido único y monolítico que comienzan, por primera vez, a ser tímidamente criticados a la luz de los acontecimientos ocurridos en el Este —el personaje del burócrata que se encuentra “en plan piyama", es decir, en desgracia, es ya un clá- sico de las obras literarias o cinema- tográficas.
De igual forma, se comienza a aplicar la necesaria separación entre los organismos administrativos y estatales, por una parte, y las orga- nizaciones políticas y de masas, por otra.
De manera implícita y muy ti- morata, la discusión dio comienzo al balance del funcionamiento-del PCC desde su primer congreso, en 1975, bajo el signo del alineamiento institucional a la URSS. La redacción de los estatutos que deberán ser elaborados por eI nuevo Comité Central en el plazo de un año, per- mitirá evaluar los cuestionamientos a los malos funcionamientos “co- piados” del "partido-hermano" de la URSS.
Los cuadros más conscientes de la dirección sienten la necesidad de cambios más radicales, pero se en- frentan a los intereses sociales y, políticos de poderosos sectores del aparato.
Tomando en cuenta la gravedad de la situación del país, es ilusorio pensar que a corto plazo puedan ocurrir grandes reformas. Es esto lo que explica que el congreso haya mandatado al Comité Central a decidir sobre los cambios a poner en marcha ulteriormente.
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Poderes excepcionales...
La medida más espectacular tiene que ver con los plenos poderes acordados a la dirección, sanciona- dos por una resolución específica que da "al Comité Central facultades excepcionales, para que en correspon- dencia con las situaciones que pueda enfrentar el país, adopte, las decisiones politicas y económicas que correspon- dan, en unos casos, y promueva en otros las legislaciones yacciones estatales que sean necesarias, a fin de hacer cumplir el objetivo supremo de salvar a la patria, la Revolución y el socialismo.)
Esta resolución es inmediatamen- te aplicable y modifica las compe- tencias de la conferencia nacional del PCC, instancia que puede ser convocada entre uno y otro con- greso "para tratar asuntos importantes dela pol {tica del partido Y ahora bien, de ahora en adelante, esta confe- rencia "estará facultada para realizar cambios en la composición del Comité Central, tanto incorporando nuevos miembros al organismo como separan- do o liberando de este a quienes consi- dere conveniente. El número de parti- cipantes, las formas de elección de estos y las normas para la preparación y de- sarrollo dela Conferencia Nacional, las establece el Comité Central ” 5.
Estas disposiciones son mucho más importantes porque la dirección del partido fue renovada en más de 50% a raíz del congreso. Es difícil evaluar exactamente su significado real en la medida en que los deba- tes y las divergencias internas dela dirección se mantienen en secreto. Una cosa es cierta: dada la grave-
dad de la crisis que atraviesa el país, el Comité Central tiene plenos po- deres; si el uso que de ellos se hace no resulta satisfactorio —¿pero quién podrá decidir si no es el pro- pio Fidel Castro?—, su composición podrá ser modificada, incluso al margen dela realización de un con- greso.
Los cambios introducidos en el terreno organizativo contrastan con la pobreza de la resolución sobre el programa presentada por Roberto Robaina (secretario de las Juventu- des Comunistas y nuevo miembro del Buró Político). El Comité Central está mandatado para redactar el futuro programa; el texto aprobado no tiene, pues, más que un interés limitado. El mismo deja atrás el tex- to adoptado en 1986, durante el III Congreso, porque "en lo que concier- ne a la transición al socialismo en las condiciones concretas de Cuba, el pro- grama no se corresponde cabalmente con los conceptos desarrollados en el proceso de rectificación de errores y tendencia negativas, a partir del 19 de abril de 1986.” El señalamiento es bastante sorprendente en Ia medida en que el anuncio del proceso de rectificación había sido hecho —a la manera castrista- fuera del con- greso, para ser ratificada durante la segunda sesión del III Congreso.
Entre las críticas sibilinas hechas al programa anterior, la más im- portante tiene que ver con "el peli- gro estratégico (que representaría) para la revolución (. . .) la concepción y aplicación delos mecanismos económi- cos ( . . .) (de) ideas economicistas y tec-
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nocra'ticas (que determinaban que) el trabajo político y la acción de la vanguardia revolucionaria quedaban reducidos a meros formalismos” 6. En otras palabras, el papel del partido era minimizado.
La resolución reitera su condena al sistema de dirección económica, implantado a partir de 1976, porque "entrañaba una excesiva apelación a los ingresos personales y al dinero". Sin embargo, estos "mecanismos capita- listas” condenados por Fidel Castro son reintroducidos hoy en día gra- cias a la nueva política económica. Pero se da crédito a la rectificación por "la ruptura con las prácticas me- diocres de planificación burocrática, dispersión irracional de los recursos, (...) el gigantismo de los proyectos, el despilfarro en el consumo material (. . .) la mentalidad importadora" y se im- puta al anterior sistema de dirección económica el retraso en la cons- trucción de viviendas y guarderías y la subestimación del trabajo vo- luntario, que serían típicos de una concepción tecnocrática. Aun así, todavía no se ha hecho ningún ba- lance del proceso de rectificación.
Todas estas ambigüedades hacen de la resolución un verdadero po- purrí de recetas contradictorias y coyunturales. Una de las apuestas de los debates de orientación eco- nómica toca, en realidad, la repar- tición de las prerrogativas entre el partido y los administradores (los “tecnócratas”), que reclaman menos injerencia del aparato y del primer secretario y más poderes. Derrota- dos durante el III Congreso, los
partidarios de las reformas ven esta vez reconocidas sus competencias gracias a la adopción de la nueva orientación económica que Fidel Castro no ha debido aceptar con agrado en la medida en que es contraria a sus tradiciones.
Es verdad que, precaución de úl- tima hora, las cuatro últimas líneas de la resolución sobre el programa recuerdan la voluntad del pueblo "de ser implacable con los que capitulen y traicionen” (. . .) de hacer desistir (al enemigo) de su pretensión de resta- blecer el capitalismo en Cuba”.
¿Una NEP cubana?
En efecto, es en el terreno econó- mico en el que las definiciones adoptadas por el congreso son las más claras: la nueva política eco- nómica, impuesta por las circuns- tancias internacionales y por el de- terioro interno que de ello resulta, rompe sin decirlo con las premisas del proceso de rectificación adop- tado por el anterior congreso. El desarrollo de empresas mixtas, la privatización aceptada de las acti- vidades artesanales con la notable excepción de los mercados libres campesinos, el llamado a los capi- tales extranjeros para la puesta en marcha de fábricas paralizadas por la falta de materias primas o de combustible y los acuerdos de co- mercialización deberán permitir llenar poco a poco el inmenso vacío dejado por el desfondamiento de los intercambios con el CAEM, re- orientar el comercio exterior y re- organizar un país que se encuentra
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confrontado a un dilema similar al de los años sesenta: ¿cómo recon- vertir una economía brutalmente privada de sus fuentes energéticas? ¿Bajo qué condiciones puede so- brevivir el país —en este nuevo or- den mundial?
Ahora bien, esta cuestión no es sólo una cuestión económica sino, además, una cuestión social y polí- tica. Suponiendo que la nueva po- lítica económica alcance cierto éxito —en otra palabra, suponiendo que las inversiones latinoamericanas (cuyo estatuto es privilegiado) o europeas se desarrollen realmente- , esto no hará más que incrementar las diferenciaciones sociales y las desigualdades: el desarrollo del tu- rismo ya suscita un tráfico de divi- sas y el mercado negro. Como lo señala Aurelio Alonso: "En Cuba existe un mercado enorme que nosotros llamamos 'informal', hay una cantidad significativa de circulante informal ca- minando. No es sólo el mercado negro de divisas, sino que se comercia con todo lo que escasea; así se crea acapa- ramiento con los productos regulados o limitados (...). El grueso de los pro- ductos de_importación que se ven cir- culando por las calles no es comprado con divisas, sino revendido en pesos cubanos luego de ser adquirido en al- guna tienda diplomática o turis tica. Sin embargo, este mercado con divisas se inserta en el informal que es mucho más grande” 7.
¿Cómo una población habituada a una tradición muy igualitaria va a aprehender una situación de esta naturaleza, que genera importantes
tensiones sociales?'¿Cómo van a resolverse los inevitables antago- nismos?
La orientación económica resultó muy controvertida durante el con- greso. Las discusiones y las opciones políticas tocan al funcionamiento y, sobre todo, a los poderes de los OPP. Su articulación con el PCC y Ia in- dependencia de las organizaciones de masas están en el centro de los debates.
En cuanto a las decisiones toma- das sobre las modalidades de elec- ción delos diputados a Ia Asamblea Nacional Popular, en principio de- berán concretarse en el curso de 1992. Las mismas implican cambios constitucionales que deberán ser decididos por la Asamblea Nacio-. nal. Pero esta última, que acaba de reunirse en diciembre de 1991, to- davía no ha adoptado nada. Las dificultades, son en efecto, consi- derables. Por no haber elaborado en las mejores condiciones, y cuando todavía estaba a tiempo, las moda- lidades electorales pluralistas en el marco de los OPP y apoyándose en las organizaciones de mas, la di- rección castrista se ve llevada hoy en día, bajo las peores condiciones, a tomar reformas cuya lógica par- lamentaria puede ser, ante la falta de un poder popular real, el medio para que el imperialismo apriete el "nudo corredizo democrático” a la manera nicaragüense.
¿Elecciones en 1992? Cierto, las elecciones directas de diputados previstas para finales de
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1992 a la Asamblea Nacional debe- rán tener lugar en el marco del partido único. ¿Pero cuál será Ia actitud del gobierno frente a las seguras candidaturas de los disi- dentes que está —tal vez- dis- puesta a tolerar localmente pero, con toda seguridad no nacionalmente? Y, ahora bien, esta es la exigencia fundamental de Washington, de los gobiernos latinoamericanos y de Madrid, cuyos objetivos frente a Cuba coinciden 3 y quienes esperan sacar provecho de la crisis actual para imponer por desgaste el fin del castrismo y de la revolución.
Los grupos de Miami ya intensi- fican sus actividades gracias a la creciente ayuda aportada por Esta- dos Unidos . Tampoco se excluye que sectores de la inmigración se lancen a provocaciones armadas 9, porque el bloqueo económico y las provocaciones son instrumentos complementarios. -‘
La dirección del país ha respon- dido a esta situación con la repre- sión, condenando a dos años de prisión a la responsable de un gru- po de disidentes por distribución de volantes y organización clan- destina. Resulta claro entender que Cuba, virtualmente en guerra, ais- lada y amenazada, organice su de- fensa. Pero eso no justifica la re- presión por delito de opinión, que hay que diferenciar de los actos de sabotaje. La revolución es agredida desde el exterior, pero también puede morir por asfixia burocrática desde el interior.
Es necesario “estar unidos como una
sola familia, siguiendo una sola linea, una sola bandera, un camino claro para todos”, dijo Fidel Castro el 26 de noviembre de 1991. Pero a partir de ahora la cohesión y la unidad del país necesitan algo más que el vo- luntarismo o las tentativas de des- burocratizar a la burocracia, cuyo proceso de rectificación fue el últi- mo avatar.
La defensa de la revolución su- pone que el pueblo tenga la posibi- lidad de debatir y de zanjar cues- tiones tan importantes como los mercados campesinos, la escasez de mano de obra en la agricultura, la naturaleza de la información y de los órganos de prensa, la designa- ción delos candidatos a los puestos de responsabilidad, el funciona- miento de los OPP, las modalida- des de elección de la Asamblea Na- cional, etc. .
La necesidad de lle-var a cabo ta- les debates se ve confirmada por las declaraciones de un viejo sociólogo cubano que dijo: “Hay una cosa que a mi me parece muy relevante y es que ya todos nosotros somos expertos en so- cialismo. Llevamos 30 años de socialis- mo cubano y todos sabemos lo que funcionó y lo que no funcionó y por eso todos tenemos opiniones sustantivas que expresar. Con esta crisis existe una gran controversia al interior de la revolución. Porque la inmensa mayoria del pueblo se ubica al interior de la revolución y al interior de la opción socialista. ¡pero de ahí pa'lante todo debe ser sana discu- sión” ‘°.
raIbemocratr'zar las instituciones políticas e impulsar el control po-
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pular en este periodo tan difícil son condiciones decisivas para la su- pervivencia de la revolución. La rectificación está muerta bajo el peso de sus contradicciones y bajo los efectos de la crisis. En tanto que tentativa de lucha antiburocrática desde arriba, ha caído prisionera de sus ambigüedades. Es necesario sacar las lecciones de ello.
Tal vez es en el terreno cultural en que el símbolo de este fracaso resulte más claro. Daniel Díaz To- rres, militante del PCC, es el autor de una película titulada Alicia en el país de las maravillas, que como él mismo lo dice, "nació del proceso de rectificación, se hizo dentro dela revo- lución, por la revolución i/ con Ia re-
volución”. La película denuncia los ,
daños dela burocracia y de la doble moral “. con todo, rara vez una obra había desencadenado tantas polé- micas violentas, provocando una crisis abierta entre el instituto de Cine y el partido, que apenas co- mienza a reabsorberse, lo que prue- ba que, como, lo dice Díaz Torres, "las cuestiones planteadas por el proce-
so de rectificación no están resueltas“. Es claro, pues, que si siguen sin respuesta, las "claras" terminarán
por desmerengar la situación. 10 de enero de 1992
" Publicado en Inprecor. AL. N° 19. Febrero 1992.
notas
1. Discurso de Fidel Castro del 9 de no- viembre de 1991. Gramma Internacional, 24 de noviembre de 1991.
2. Ver el artícqu de Ianette Habel en Le Monde Diplomatique de enero de 1991.
3. Ver Denise Douzant - Rosenfeld, Pro- blemes d'Ame'rique la tine, segundo trimestre de 1991, La Documentation francaise.
4. Ver Aurelio Alonso, ALA], septiembre de 1991.
5. Este es el congreso más democrático, p. 13 Editora Política. La Habana, 1991.
6. Ibídem, p. 38.
7. Aurelio Alonso, op. cit.
8. Sergio Berrocal, AFP, Madrid, 27 de noviembre de 1991.
9. Este artículo fue escrito antes del des- cubrimiento del desembarco de Betancourt, que confirma este pronóstico.
10. Envio, diciembre de 1991.
11. Ver L’Humanité, 27 de diciembre de 1991. Al final del cuarto dia, se intemunpió la proyección de la película.
12. Ibídem.
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adolfo gilly
LAS TENSIÓN ES Y LAS CRISIS EN EL MARXISMO
Proverbio del Infierno. El progreso traza los caminos rectos. Pero las sendas tortuosas, sin
progreso, son los caminos del genio. William Blake
1. El origen de las tensiones y la raíz de las crisis en el marxismo están ya contenidos en la tesis 11 sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diver- sos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". Se presenta aquí, entera, la conocida contradicción entre el teórico y el político en la cual el pensamiento de Marx vivió y creció, pero que trituró a otros pensamientos, otras personalidades, otros caracteres humanos para quienes la contradic- ción no es alimento sino muerte.
2. El marxismo quiere ser una teoría de la dominación, de la alienación, de la explotación, de la revolución y de la liberación. El foco de la in- vestigación y la reflexión de su pen- samiento sobre la sociedad se ubica en la relación de dominación/sub-
ordinación (social) o en la relación de soberanía / dependencia (políti- ca ) o enla relación de producción/ explotación (económica). Todas ellas, empero, pueden subsumirse bajo el enunciado más general de la primera, velada a su vez por las imágenes y las visiones de las ideologías dominantes.
Ese foco está ubicado así en rela- ciones de contradicción y antago- nismo parcial o totalmente enmas- caradas en la vida social. Pero, contradicción fundante de la propia teoría, ese pensamiento no es neu- tral. En la medida en que se postula como pensamiento activo, toma' partido, por amor de justicia, por uno de los polos en cada contra- dicción, y ese es el polo inferior o subordinado. También lo hace, en los términos de la propia teoría, por amor de verdad, pues ése es el polo desenmascarante de la contradic- ción oculta, aquel cuya actividad social la hará revelarse, el portador de la exigencia de tansformación que funda la existencia misma del marxrsmo.
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El marxismo no sólo indaga la contradicción sino que pretende hacerla estallar. De la objetividad del investigador pasa a la subjeti- vidad del actor, no al modo del científico que a partir de las leyes de movimiento de la materia inter- viene en sus procesos de transfor- mación, sino al modo del partici- pante que a partir de las leyes de movimiento de la sociedad —su so- ciedad- interviene a favor de lo que en esas transformaciones conviene a una de sus partes. Salto mortal o salto vital, como ustedes quieran. El marxismo, en cuanto teoría que se propone formular leyes genera- les, pasa sin embargo por encima de la necesaria neutralidad del científico con respecto a su objeto de estudio.
Para unos, esto equivale a la ab- dicación de sus pretensiones teóri- 'cas. Para otros, entre los cuales me incluyo, esa contradicción es la condición misma de su existencia como teoría capaz de aprehender, generalizar y explicar las leyes de movimiento dela realidad social.
Quienes así pensamos, creemos que la fuerza teórica del marxismo - es decir, la permanencia de su ca- pacidad- depende precisamente de que viva en esa contradicción, que si se rompe por cualquiera de sus polos —en palabras simples, por el teoricismo o por el practicismo- lo desintegra como unidad de pensa- miento.
Esta es la tensión contenida en la expresión "filosofía'de la praxis”, y si esta tensión se amortigua o cesa,
muere con ella el pensamiento que
‘We encarna, dejando sólo su cadáver embalsamado como el de Lenin en la Plaza Roja de Moscú.
3. En los Grundrisse escribe Marx: las relaciones de dependencia personal (al comienzo sobre una base del todo natural) son las primeras formas socia- les en las que la productividad humana se desarrolla solamente en un ámbito restringido y en lugares aislados. la ind dencia personal fundada en la dependencia respecto a las cosas es la segunda forma importante en que la que lle a a constituirse un sistema de meta- bo 'smo social general, un sistema de relaciones universales, de necsidades universales y de capacidades universa- les. .
La libre individualidad, fimdada en el
desarrollo universal delos individuos y
en la subordinadon de su productividad
colectiva, social, como patrimonio social, constituye el tercer estadio. El segundo crea las condiciones del tercero.
Tanto las condiciones patriarcales como
las antiguas (y también feudales) se dis-
gregan en el desarrollo del lu' , del di-
nero del valor de cambio, en misma
medida en que a la r va creciendo la sociedad moderna. Karl Marx, Elemen- tos fundamentales..., Siglo XXI Editores,
México, 19]], tl, p.85).
Y en otro pasaje de los Grundrisse,
en el “Capítqu del dinero”, Marx apunta:
Si la sociedad tal cual es no contuviera, ocultas, las condiciones materiales de
" y de circulación para una sociedad sin clases, todas las tentativas de hacerla estallar serian otras tantas quijotadas.
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Aquí Marx, “abuelo instantáneo de los dinamiteros” (como de Que- vedo diría César Vallejo) que quie- re hacer estallar la sociedad tal cual es (o filósofo de la praxis, para po- nerlo en otros términos), vuelve a aludir a las condiciones que permi- ten el tránsito del segundo estadio de formas sociales (la independen- cia personal fundada en la depen- dencia con res o a las cosas) al tercer estadio (la libre individuali- dad, fundada en el desarrollo uni- versal de los individuos). "El se- gundo estadio —dice- crea las condi- ciones del tercero”.
¿Cuáles son estas condiciones creadas por ese segundo estadio, la moderna sociedad capitalista "tal cual es”, el reino sin confines del valor del cambio, aunque las man- tenga ocultas en su seno? Ellas nos permitirán comprender por qué, en las tesis marxistas, el tercer estadio es posible, pero no inevitable. Y por qué, entonces, la coherencia del ca- rácter activo de esas tesis con su propia sustancia como tales.
4. La primera condición es la disgre- gación de las viejas relaciones de dependencia personal (consangui- neidad, fidelidad, lealtad, clientela, amistad, compadrazgo, las que se quiera) por "el desarrollo del lujo, del dinero, del valor de cambio".
La segunda condición es el creci- miento de "la sociedad moderna", la sociedad fundada en las leyes del intercambio mercantil y dela apro- piación capitalista, aquella que ter- mina de separar a los productores
de Sus medios de producción y transforma al trabajo manual e in- telectual en trabajo asalariado y en trabajo alienado, estableciendo un metabolismo social cuyo mediador general es el dinero.
La tercera condición es que estos modernos trabajadores asalariados constituyen 'una clase de productó- res libre que trabajan en cooperación bajo el comando de los propietarios (o de los detentadores) de los me- dios de producción sociales.
Esta clase social moderna, que no puede existir sin que se cumpla la primera y la segunda condición que a la vez que la engendran la des- pojan de todo, es la depositaria, la portadora y la encarnación de una relación social nueoa, la relación de cooperación en el trabajo entre pro- ductores libres de todo lazo de de- pendencia personal.
Esta relación, que bajo la forma de disciplina laboral y pensamiento colectivo requiere siglos para crecer y afirmarse —para hacerse rutina, necesidad y hasta naturaleza- bajo el mando despótico del capital en las condiciones de la sociedad ca- pitalista, es sin embargo la relación
fundante de la nueva sociedad de
los productores libres y asociados.
Allí, y no en su explotación, su alienación, su pobreza o Dios sepa qué, reside el carácter de sujeto fo- cal (no único) de la transformación revolucionaria de la sociedad mo- derna que Marx encuentra en la clase de los modernos trabajadores asalariados. Ellos son los protago- nistas, el sujeto, los portadores dela
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relación de cooperación y de soli- daridad, del mismo modo como en la sociedad de las relaciones de de- pendencia personal (el feudalismo, entre otras) otros sujetos sociales, independientemente de su con- ciencia individual o colectiva en cada época y lugar, eran los porta- dores y protagonistas de las rela- ciones fundantes dela nueva socie- dad (la capitalista), cuyas “condi- ciones materiales de producción y circulación" ya estaban contenidas, “ocultas”, en "la sociedad tal cual era" (la sociedad feudal, en el caso).
No está, a mi juicio, la raíz de las crisis del marxismo en esta tan mal planteada y mal tratada cuestión del sujeto de la historia o del sujeto de la revolución, que Marx a mi cono- cimiento nunca formuló en términos tan simplistas. Que luego vengan otros filósofos y, al vaivén de las modas y de las ondas largas de- presivas, digan adiós al proletaria- do (es decir, a los asalariados ma- nuales e intelectuales que no han cesado de crecer como proporción de la población mundial y como portadores de conocimiento), creo que no tiene que ver con un punto de fractura de la teoría marxista - cuyo núcleo fuerte está más bien allí- sino con un área de ruptura de la coherencia intelectual de quienes no llegaron a asimilar aquella ten- sión del pensamiento marxista de que hablaba al comienzo y entonces viven la contradicción como caída y como tragedia. No los acercó al marxismo su lado activo, sino la curiosidad, la ambición o la piedad:
sentimientos fuertes éstos, pero que, como cualquier otro sentimiento, no aumentan ni tienen que ver con la agudeza de percepción del pensa- miento ni con las condiciones de su enriquecimiento teórico. Aquel adiós induce una crisis de pensado- res que se alejan de la escuela mar- xista, algunas de cuyas premisas (no la de la praxis) antes asumieron. Pero no es ésa necesariamente una crisis de la teoría ni su revelador; hasta podría, por el contrario, con- firmar algunas de sus por esos pen- sadores no asumidas premisas.
5. El foco del pensamiento marxista sobre la sociedad se ubica, dije an- tes, en la relación de dominación / subordinación como inherente a to- das las sociedades divididas en cla- ses, es decir, a todas aquellas donde una parte de la sociedad controla - organización del saber y de la vio- lencia mediante- el plusproducto social proveniente de los producto- res directos.
La crisis contenida en la tesis 11 estalla precisamente en este punto. El marxismo inspira una acción práctica enla cual toma partido, en la contradicción que es su objeto de estudio, por los dominados contra los dominadores. Esa acción prácti- ca llevó en 1917 a una corriente del marxismo ruso al poder en el anti- guo Imperio de los Zares, hoy Unión Soviética.
Primera crisis: ni en la sociedad mundial, ni enla sociedad soviética a mayor razón, el segundo estadio de que hablaba Marx había llegado
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a crear las condiciones del tercero. En realidad, si las leyes del segun- do estadio -la sociedad capitalista- eran ya dominantes en las puntas dinámicas de la economía rusa, el pensamiento y las relaciones del primer estadio —las sociedades pre- capitalistas- eran absolutamente mayoritarias en la población y de- terminante en las formas que to- maban las relaciones de domina- ción/ subordinación (incluída la sa- larial) y de soberanía / dependencia. A esta contradicción aludían Pleja- nov y Kautsky cuando afirmaban que Rusia no podría saltarse la etapa del desarrollo capitalista o no esta- ba madura para la revolución so- cialista. También la percibió Rosa Luxemburgo pero, otro carácter y otro pensamiento, quiso darle una respuesta activa, es decir, descubrir las condiciones para hacer vivir la revolución en la contradicción.
Lo cierto es, sin embargo, que los marxistas rusos en el poder no en- contraron esta respuesta (por múl- tiples razones, a mi juicio más so- ciales que teóricas y políticas), pese a que Lenin la buscó desesperada- mente, como lo atestiguan sus últi- mos escritos. Y quienes se convir- tieron en los nuevos dominadores sobre una sociedad en la cual no había sido posible abrir realmente el paso del segundo estadio al ter- cero y ni siquiera disgregar, en el intento, los núcleos fuertes del pri- mero. Los marxistas rusos no tar- daron en percibir, con asombro y con angustia, con qué fuerza la vieja Rusia se les venía encima, aunque
hubieran podido arrebatar el poder a los antiguos señores opresores.
En ese poder, su práctica terminó por conducir en los hechos a tratar de crear —sin lujo, sin el dinero, sin el valor de cambio como palancas determinantes- las condiciones del segundo estadio: empresa imposi- ble. La disciplina en el trabajo, en lugar de ser impuesta por el látigo objetivo del mercado capitalista, fue impuesta por el látigo subjetivo del estado burocrático. Este se convirtió en el agente del despotismo indus- trial, ocupando el lugar del capita- lista individual y terminando por hacerse acreedor al mismo odio por parte de quienes sienten el látigo sobre sus espaldas, los trabajadores asalariados. Por eso muchos afirman que la empresa soviética no ha sido una de revolución socialista, sino una demodernización capitalista por otros medios.
Esa práctica llevó, por otro lado, a fundar una ficción de relaciones sociales del tercer estadio (un "so- cialismo") en la persistencia de las condiciones del primer estadio (las precapitalistas) y en un aparato económico correspondienteien grueso al segundo estadio (la in- dustrialización, la conversión for- zosa de los campesinos en trabaja- dores asalariados, la extensión del régimen salarial). Esto condujo a otros a ver en la sociedad soviética una reaparición del despotismo oriental propio de las "sociedades hidráulicas”.
Los nuevos dominadores llevados al poder por la revolución convir-
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tieron al marxismo en la filosofía de una nueva práctica: la de los domi- nadores. Es la subversión del mar- xismo, puesto sobre su cabeza y convertido en una ideología de la dominación y en ideología de Es- tado. Esta inversión de valores la registrarán ya desde los años 20 artistas e intelectuales soviéticos. La grabará con ironía feroz George Orwell en su 1984.
Otros marxistas, fieles a la tradi- ción original de su escuela teórica, fieles también al doble amor de justicia y de verdad, tomaron par- tido de un modo u otro por los do- minados de la nueva sociedad. Empresa difícil: primero, porque esa sociedad es por fuerza opaca para quienes la prepararon y le abrieron camino en sus inicios; se- gundo, porque buena parte de esos dominados ve en el marxismo no la filosofía de su praxis, sino la ideolo- gía que legitima el poder de su do- minadores; tercero, porque estos dominadores los perseguirán en nombre de su misma escuela de pensamiento, el marxismo. Es honor de esos marxistas haber enfrentado esa triple dificultad, cuyos corolarios inevitables fueron la revisión teóri- ca, el aislamiento político y la re- presión estatal, y haber vislumbra- do más temprano y más profundo que muchos las dimensiones, las consecuencias y las contradicciones de esta crisis desgarradora.
. La primera gran crisis del mar- xismo es, entonces, la del marxis- mo hecho er. No abandonará en ella. Quería sólo plantearlaen tér-
minos escuetos.
6. Segunda crisis: el marxismo, que como teoría de la sociedad aS'pira a "la dignidad dela práctica” (según escribía Lenin en sus Cuadernos fi- losóficos), funda explícitamente esa práctica en la existencia de una re- lación social objetiva, la coopera- ción, y en su corolario subjetivo, la solidaridad, que en la realidad so- cial apenas están, puede decirse, en sus primeras fases y son todavía fuertemente minoritarias tanto en la sociedad mundial como en la conciencia social (aún en quienes viven la relación salarial).
De este modo el marxismo, lejos de ser una obsoleta filosofía del si- glo XIX como afirman repetidores de comentaristas no demasiado se- rios, resulta ser un pensamiento que se adelanta a su tiempo, un pensa- miento delos albores de un estadio o de una era social cuyas premisas apenas se han manifestado en al- gunos países a mitad del siglo XIX y distan mucho de ser dominantes a nivel universal a fines del siglo XX.
Esta teoría habla de una práctica
‘posible, no de una quijotada o una
utopía, porque sus condiciones es- tán ya presentes, ocultas, en la so- ciedad tal cual es. Pero las premisas para la realidad de esa práctica apenas está extendiéndose. Pero entonces ésta es indispensable y al mismo tiempo prematura, casi ubi- cada en esa penumbra luminosa entre utopía y ciencia, entre presente y futuro, entre realidad y ensueño
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en que Ernst Bloch coloca su princi- pio-esperanza.
7. Si la'primera de estas crisis ma- dura y estalla a partir de las socie- dades postrevolucionarias, la se- gunda lo hace sobre todo -pero no solamente- a partir de aquellas de desarrollo capitalista intermedio, subordinado, parcial o incompleto, como las latinoamericanas o las asiáticas. Pero esa crisis existe tam- bién en'las sociedades capitalistas más desarrolladas, en cuanto éstas por un lado son sólo los proyectos hasta ahora más acabados, pero no la culminación, de lo que sería una completa generalización del valor de cambio sobre toda la vida y las relaciones sociales, y por el otro vi- ven inmersas en. una economía mundial en la cual sus rasgos se combinan en un todo único con los de las demás formaciones sociales, numéricamente muy mayoritarias.
Fundar la práctica que aspira a transformar la realidad social hacia una sociedad "lilindada en el desa- rrollo universal de los individuos y
en la subordinación de su produc-.
tividad colectiva, social, como pa- trimonio social” (el tercer estadio según Marx), en las condiciones existentes en sociedades sumergidas todavía hasta el cuello -0 mejor, hasta más dela mitad de sus hábi- tos- en las relaciones de dependen- cia personal (y en sus formas políti- cas y sociales de dominación/sub- ordinación), aparece también como una empresa de extrema dificultad: no existe allí, ni de lejos, ese "meta-
bolismo social general”, ese “siste- ma de valores universales, de nece- sidades universales y de capacida- des universales" que Marx define como característico del segundo estadio y condición previa del ter- cero.
De esta carencia sufren también los marxistas y, ante la ardua difi- cultad, la crisis se presenta como escición del marxismo hacia la aca- demia y el libro, por un lado, o hacia la práctica social, por el otro, no como partes complementarias e in- tegradas sino como actividades an- tagónicas y excluyentes entre sí, cuando no hostiles y hasta enemi- gas.
A partir de esta escisión en una teoría que por su naturaleza misma no la soporta, todas las derivas son posibles. En unos casos se produce la ruptura con las premisas funda-
mentales de la teoría y su negación
misma.. Estos por lo general son los portavoces dela crisis del marxismo,
' que suelen pasar de la religión al
ateísmo con el i'nismo fervor. En otros casos, se llega hasta la nega- ción de toda crisis en el marxismo y se lo afirma como doctrina, como sistema cerrado y aún como dogma (es cuaciwio el marxismo, en lugar .ie teca), es declarado “ciencia” y se terrmna por asimilarlo a un po- sitivismo). Estos suelen ser el ger- men, en nuestras sociedades, de los nuevos dominadores ya estableci- dos en las sociedades postrevolu- cionarias, aquellos políticos comu- nistas o socialistas que en el interior
de sus organizaciones reproducen,
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sin saberlo, formas de poder pasa- das, presentes y futuras, todo en nombre del marxismo como “guía para la acción”.
8. Finalmente, ambas crisis remiten a una contradicción más profunda, las separación entre trabajo n-anual y trabajo intelectual, la s'n-biosis entre saber y poder en la medida en que el saber es propiedad y privile- gio. Siendo los intelectuales porta- dores de la "filosofía de la praxis" en su expresión teórica, y estando tantos de estos intelectuales, no ne- cesariamente por intención o voca- ción sino por función, entre los es- tratos de los dominadores de la nueva sociedad y entre las capas dirigentes (inteligencias) de las cla- ses dominadas dela vieja sociedad, ese elemento de crisis es connatural al marxismo y no puede sino vivir con él. Pero no es éste el tema de estas páginas.
9. Entreviendo y atravesando esas tensiones, de donde nacerían las actuales crisis, vivió el pensamien- to de Marx en su última época, aquella que va de la derrota de la Comuna de París hasta su muerte. En esos años escribió algunas de sus reflexiones capitales sobre esos fo- cos de tensión: las sociedades pos- teriores al capitaliSmo y los países atrasados (es decir, lo que era en- tonces y seguiría todavía siendo hoy la enorme mayoría de la humani- dad). Son breves: la Critica al Pro- grama de Gotha, la correspondencia con Vera Zasulich y otros populis-
tas rusos y el prólogo de 1881 al Manifiesto Comunista.
Quien con atención, a la luz de las tensiones y las crisis del pensa- miento de los marxistas de nuestros días y de los dilemas que en estos países acosan su práctica, vuelva a leer esos escritos, encontrará en ellos no sólo anticipaciones de las contradicciones que en esas crisis estallaron después, sino también las últimas y cargadas pinceladas de un solo y vasto cuadro que este hombre genial pintó y corrigió du- rante toda su vida, obsesionado por alcanzar la perfección y la transpa- rencia del pensamiento que al fijar- se en la tela (en el papel) se congela y decae, sin perderse del todo, como en la aporía, tan amada por Marx, del pintor de Balzac en La obra maestra desconocida.
Para no ser desgarrado por esas tensiones que lo habitan, el mar- xismo mismo, cuya capacidad ex- plicativa como teoría está lejos de haberse agotado -único supuesto en que correspondería hablar de su muerte- sólo puede vivir si aplica sin reservas y sin límites esa capa- cidad sobre todo lo que aparece como secuela de su propia obra, a las sociedades postrevolucionarias; y si en ellas vuelve a tomar partido, como corresponde a su índole, por los dominados y oprimidos de esas sociedades (y entonces, de todas las demás), según el viejo principio del joven Marx en 1843, para compartir el cual no hace falta ser su discípulo: "la crítica despiadada de todo lo que existe, despiadada en el sentido de
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que la crítica no retrocede ante sus propios resultados ni teme entrar en conflicto con los poderes esta- blecidos".
Pues, como también diría William Blake, "the tigers of wrath are wiser the horses of instruction”.
México, D. F., 22 noviembre 1987.
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j ohn holloway
Crisis, Fetichismo y Composición ‘ de Clase
damente. El cambio es, fre-
cuentemente, el objeto del conflicto. De quienes se oponen a la transformación se dice que son irra- cionales, que están paralizados en el camino de lo inevitable, y son llevados por las luchas de épocas pasadas. Las tendencias sociales son consideradas ineludibles.
Estas afirmaciones se' escuchan con frecuencia en los últimos años, no sólo en los sectores derechistas sino también en los de izquierda. Se sostiene ampliamente que el capi- talismo está entrando en una nueva fase, a menudo llamada neo o pos- fordismo , y que los socialistas deben ajustarse a esta nueva realidad y re- pensar el sentido del socialismo.
Pero, ¿hasta qué punto es cierto que el capitalismo está entrando en una nueva fase? Y de ser así, ¿cómo se ha dado ésto? ¿Es tan sólo una fase -una tendencia ineludible- que simplemente está por reemplazar a otra? Si éste no es el caso, ¿cuál es entonces la naturaleza de esta transición? Esta pregunta es impor-
E l mundo está cambiando rápi-
tante tanto teórica como política- mente.
El mismo concepto de “fase” del capitalismo sugiere que de hecho existe un salto cualitativo, una ruptura del proceso normal de cambio. El cambio social siempre presente, se intensifica de modo que . hace que el resultado del cambio sea cualitativamente diferente en relación al período precedente.
1. Crisis
Un salto cualitativo, una ruptura en el proceso normal de cambio, es una crisis. El origen del término "crisis" proviene dela medicina. En su significado griego original hacía referencia al momento crucial o decisivo de una enfermedad, "cuando la muerte o la recuperación están en juego’”. La crisis se pro- ducía en una enfermedad "siempre que la enfermedad aumentara en intensidad, desapareciera, se tomara en otra enfermedad, o bien termi- nara por completo”. Entonces, en un sentido estrictamente médico, una crisis no es necesariamente algo
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malo, indica más bien la variabili- dad inherente al progreso de una enfermedad. Es la irrupción en pa- trones de desarrollo relativamente homogéneos, de momentos en los cuales el cambio para bien o para mal se intensifica, momentos en los que un patrón de desarrollo se cancela y otro (tal vez) se instaura. Es un tiempo de ansiedad y un tiempo de esperanza.
Si se aplica esta noción al desa- rrollo histórico y social, la crisis no se refiere únicamente a los “tiempos dificiles” sino a los saltos cualitati- vos. Dirige así, la atención a las discontinuidades de la historia, a fracturas en la trayectoria del desa- rrollo, a rupturas de un patrón de movimiento, a variaciones en la in- tensidad del tiempo. El concepto de crisis implica que la historia no es uniforme o predictíble, sino llena de virajes en la dirección y repleta de períodos de intensas transfor- maciones.
Si la historia no es uniforme, in- cluso en sus procesos de desarrollo, se sigue que el concepto de crisis debe estar presente en el centro de cualquier teoría sobre el cambio social. Como lo plantea O’ Connor: "la idea de la crisis se encuentra en el corazón de toda discusión seria del mundo contemporáneo”.
Los períodos de intenso cambio social pueden verse desde dos perspectivas: pueden ser observa- dos como etapas de reestructuración social, como momentos en los que las relaciones sociales del capitalis- mo se reorganizan y se establecen
sobre nuevas bases; o pueden ser vistos como períodos de ruptura, de quiebre potencial, momentos en los que el capitalismo alcanza sus propios límites. Como la analogía médica implica, el paciente puede recuperarse o no. El doctor observa la crisis y la examina buscando la recuperación del paciente; el sepul- turero contempla la crisis con una idea completamente distinta. La crisis del capitalismo tiene un sig- nificado muy especial para aquéllos que miran al capitalismo desde los ojos del sepulturero. Para el obser- vador indiferente, la crisis es un periodo de cambio intensificado que podría llevar en una u otra direc- ción; para la persona que desea un futuro radicalmente distinto, es el elemento de ruptura el que más atrae su atención.
El, concepto de crisis es importante para cualquier teoría del cambio social, es absolutamente central pa- ra aquellas teorías que consideran al capitalismo desde la perspectiva de su transformación radical. Esto es particularmente cierto para la tradición marxista. Lo que ostensi- blemente distingue al marxismo de otras formas de pensamiento radical es la idea de que una comprensión del capitalismo puede mostrar no sólo la conveniencia o necesidad de establecer una forma diferente de organización social, sino también la posibilidad de hacerlo. La transfor- mación radical de la sociedad es posible dado que el capitalismo es inherentemente inestable, y esta inestabilidad se expresa en crisis
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periódicas, en las que el capitalismo es confrontado con su propia mor- tandad. El concepto de crisis se en- cuentra en el corazón del marxismo. No es una exageración decir que el marxismo es una teoría de la crisis, una teoría de la inestabilidad es- tructural de la sociedad. En tanto que otras tradiciones radicales cen- tran su atención en la naturaleza opresiva de la sociedad capitalista, la característica que distingue al marxismo es la de no ser tan sólo una teoría de la opresión, sino también y sobre todo una teoría de la inestabilidad social.
Si el marxismo es una teoría de la crisis, es, entonces, una teoría abierta. El mismo Marx no dejó ninguna teoría de la crisis comple- tamente estipulada, y los debates acerca de la teoría de la crisis han continuado desde que El Capital fue publicado. Dentro de la tradición marxista existen serias divergencias en torno a la teoría de la crisis, entre la teoría de la desproporcionalidad, la teoría del subconsumo, la teoría de la sobreacumulación, etc. Estos debates son frecuentemente con- ducidos en lo que parece una dis- cusión en términos técnicos y eco- nómicos. Sin embargo, lo que está en juego en cualquier polémica so- bre la crisis es cómo se entiende la inestabilidad capitalista y la posi- bilidad de una transición a un tipo de sociedad radicalmente distinto. No se puede divorciar a la teoría de la crisis de nuestra concepción de la sociedad capitalista y de lo que la hace cambiar.
2. El concepto de cambio social en Marx
El capitalismo es inestable porque en sí mismo es antagónico. El anta- gonismo social es la fuente del cambio enla sociedad. Como Marx dijo en su famosa frase de apertura de El Manifiesto Comunista: "La his- toria de la humanidad hasta nues- tros días es la historia de la lucha de clases".4
Dentro de la tradición marxista hay, sin embargo, diversas maneras de conceptualizar el cambio social. En ocasiones las diferencias se pre- sentan en los términos de una dis- tinción hecha entre el joven Marx y el Marx maduro. De acuerdo con este planteamiento el joven Marx st
_jetiva como las fuentes del cambio histórico, en tanto gue el Marx ma- dm, eWarx de 1:] Capital, anali- zaba el desarrollo socialïn término de las "lÏyes objetivas del desarro- llo capitalista". En años recientes, esta istinción la han planteado de manera más rígida Althusser y la escuela estructuralista del marxis- mo, pero explícita o implícitamen- te— la separación de la lucha res- pecto de las leyes del desarrollo del capitalismo está ampliamente di- fundida al interior de la tradición marxista. Comúnmente se recongce l_ai\mportancia de laTucha de clases; sin embago, es vista como subsi- MW] marco de las leyes del desarrollo capitalista.
Los distintos énfasis pueden en- contrarse no sólo en las diferencias
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existentes entre el joven Marx y el Marx maduro, sino a lo largo de toda su obra. El texto que muchas veces ha sido considerado como la proposición clásica de la teoría de Marx es el pasaje del “Prólogo” a la Contribución ala critica de la Economia Politica de 1859 en el que Marx pre- senta las conclusiones de sus pri- meros estudios:
El resultado general al que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la pro- ducción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e indepen- dientes de su voluntad, relacio- nes de producción, que corres- ponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El con- junto de estas relaciones de pro- ducción forma la estructura eco- nómica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y polí- tica y a la que corresponden de- terminadas formas de concien- cia social. El modo de produc- ción de la vida material condi- ciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase del desarrollo, las fuerzas producti- vas materiales entran en contra- dicción con las relaciones de
producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurí- dica de ésto, con las relaciones de propiedad dentro de las cua- les se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas rela- ciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiarla base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura eri- gida sobre ella. 5
El "Prólogo" de 1859 ha sido muy criticado en años recientes. Esto ha sido parte de la crítica más general acerca de la “ortodoxia” de los partidos comunistas y acerca de los cambios en el movimiento intema- cional de los partidos comunistas desde la década de los sesenta. Esta crítica comúnmente enfatiza la "autonomía relativa” de la super- estructura, argumentando que lo económico es determinante exclu- sivamente "en última instancia": por lo tanto se presta más atención, pa- ra buscar el cambio social, a través de las esferas de acción políticas, ideológicas y legales que van más allá de lo que el “Prólogo” de 1859 pareciera permitir.
Esta crítica parece romper radi- calmente con el determinismo eco- nómico del texto de Marx. Sin em- bargo, tras reflexionar sobre el par- ticular, puede verse que esta discu- sión de hecho reproduce el mismo marco conceptual que inspiró el "Prólogo" de 1859. La sociedad se
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sigue analizando en términos de estructuras, ya sean económicas, política o ideológicas, la diferencia radica exclusivamente en la auto- nomía que se atribuye a cada una de éstas.
Existe una crítica más profunda al “Prólogo” de 1859 —la cual puede ciertamente aplicarse con mayor severidad a muchas de las críticas hechas almismo. Lo que es proble- mático enla formulación de Marx, no es la relación que se establece entre las diversas estructuras sino la ausencia de antagonismo en la metáfora base-superestructura. El único conflicto mencionado en el pasaje, es el existente entre las fuerzas productivas materiales de la sociedad y las relaciones sociales de producción un conflicto que, a juzgar por este preciso pasaje, tiene lugar muy independientemente de la voluntad humana. El modificar la formulación de Marx hablando acerca de la “autonomía relativa” de la superestructura hace poco para cambiar esta situación: el mismo modelo inerte se reproduce sim- plemente de otra forma.
Al "Prólogo" se le puede con- trastar con otro pasaje del mismo Marx que también enfatiza la rele- vancia de la producción, pero lo hace de manera muy distinta:
la forma económica específica en la que se le extrae el plustra- bajo impago al productor direc- to determina la relación de do- minación y servidumbre, tal como ésta surge directamente de
la propia producción y a su Vez reacciona en forma determinan- te sobre ella. Pero en esto se funda toda la configuración de la entidad comunitaria econó- mica, emanada delas propias relaciones de producción, y por ende, al mismo tiempo, su figu- ra política específica.“
La clave aquí es la producción, al igual que en el pasaje del "Prólogo" de 1859, pero en éste se presenta a la producción no como la base eco- nómica, sino como un antagonismo ininterrumpido. Cualquier sociedad de clases tiene en su seno una rela- ción antagónica, una relación con- flictiva: la extracción de plustraba- jo a los productores directos. El con- flicto nunca cesa, si la clase domi- nante deja de extraer excedentes, la sociedad sufriría un colapso. La forma que asume este antagonismo constante es la llave para entender cualquier sociedad de clases.
Este pasaje nos da un punto de partida muy distinto del que nos proporcionan las habituales inter- pretaciones del "Prólogo". El Pró- logo de 1859 nos deja indefensos, como meros objetos del cambio histórico que se produce de la con- tradicción de las fuerzas producti- vas y las relaciones de producción que experimentan colisiones por sobre nuestras cabezas. El pasaje de El Capital nos ubica en ei centro del análisis, nos hace parte del incesan- te antagonismo de clase del cual no hay posibilidad de escapar, pues todos nos relacionamos de alguna
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manera con la reproducción de la sociedad y con la extracción de plustrabajo de la cual depende la sociedad misma.
3. Forma y fetichismo
La lucha de clases, entonces, no es menos relevante para el Marx de El Capital de lo que era para el Marx que había escrito el Manifiesto Co- munista casi veinte años antes. Lo que puede apreciarse no es un viraje de la lucha de clases hacia el "desa- rrollo de las leyes del capitalismo" sino un viraje hecho desde la lucha de clases en general hacia la forma específica que toma la lucha de cla- ses en la sociedad capitalista. La importancia de El Capital no se sostiene en el hecho de que sea un estudio de la base económica o de las “leyes objetivas del desarrollo capitalista", sino en el hecho de que es un análisis de la lucha.
Esto no quiere decir que la pre- ocupación principal en El Capital fuera señalar la relevancia de tal lucha. Eso ya se había logrado en obras anteriores y era, en todo, ca- so evidente para las personas a las que Marx se dirigía en sus escritos. La preocupación de Marx era, más bien, comprender las diferencias específicas acerca del antagonismo de clase en la sociedad capitalista. El Capital constituye un análisis de la lucha en la sociedad capitalista, un análisis de las formas que toman las relaciones sociales antagónicas. Este es el porqué, por un lado, el puño cerrado no siempre es evi- dente para el lector, pero también a
ello se debe que todas las categorías de El Capital sean categorías de lu- cha.
Las categorías de El Capital son categorías de antagonismo desde el inicio. Ello no significa que Marx comience directamente desde la re- lación de explotación,—como Ne- gri,7 por ejemplo, sugiere que debió haber hecho—, el análisis de la producción de plusvalor, la forma en la que el plustrabajo es extraído de los productores directos bajo el régimen capitalista, no comienza sino hasta el capítulo 5. El Capital comienza más bien con el análisis de la mercancía y del valor. Esto ha llevado a interpretaciones econo- micistas que han visto en El Capital el libro de texto de la economía marxista —inferencia tácitamente aceptada incluso por muchos críti- cos de las interpretaciones econo- micistas del marxismo—. La argu- mentación de Marx, sin embargo, establece que estas categorías tienen importancia, no como la base de una economía marxista, sino porque ellas son las formas fundamentales a través de las cuales se presentan a sí mismas las relaciones sociales antagónicas.
El Capital comienza diciéndonos que en la sociedad capitalista, la riqueza se nos presenta como "un enorme cúmulo de mercancías" y “una mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior”.a En esta, apa- rentemente, inocente observación de que una mercancía es “un objeto fuera de nosotros”, estamos en presencia desde el inicio con el más
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violento antagonismo de todos: el capitalismo es la negación de nues- tra identidad, el dominio de todas las cosas.
La mercancía no es, por supuesto, solamente "un objeto exterior a nosotros mismos’. A lo largo del primer capítulo, Marx establece que las mercancías son el producto del trabajo humano, y que la magnitud de su valor (que es la base de la proporción en la que serán inter- cambiadas las mercancías) está de- terminada por la cantidad de trabajo socialmente necesario requerido para su producción. La mercancía no es un "objeto exterior”: es el fru- to de nuestro trabajo colectivo, la única fuente de su valor.
Sin embargo, bajo el capitalismo, la mercancía se nos presenta como, o es, “en primer lugar", "un objeto exterior a nosotros mismos”. No- sotros no controlamos las cosas que producimos ni las reconocemos, como nuestros productos. En una sociedad en la que las cosas son producidas para el intercambio y no para el uso, las relaciones entre los productores se establecen de acuerdo al valor de las mercancías producidas. No sólo eso, sino que la relación entre las mercancías viene a ocupar el lugar de las rela- ciones entre los productores que las generan: esto es, las relaciones en- tre productores toman la forma de relaciones entre cosas. A esto se re- fiere Marx como el fetichismo mer- cantil: de la misma manera que los dioses, la mercancía es obra de nuestra creación, pero se nos pre-
senta como una fuerza ajena que gobierna nuestras vidas. Bajo el capitalismo nuestras vidas están dominadas por las mercancías (in- cluido el dinero), como la forma que adquieren las relaciones entre pro- ductores. El libre flujo de relacio- nes entre la gente, "la absoluta agi- tación de la vida", como lo llama I-Iegel8 se mantiene cautiva en el fijo esquema de objetos: cosas que nos dominan, cosas que rompen la unidad de la vida en muchos ele- mentos discontinuos, que vuelven incomprensibles todas las interco- nexiones.
La teoría del valor-trabajo es una teoría del fetichismo. Al reflexionar acerca de la mercancía, Marx esta- blece que la magnitud del valor de una mercancía está determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesaria que se requiere para pro- ducirla. Sin embargo, existe un punto aún más importante. El ob- jetivo no es tan sólo comprender qué es lo que está atrás del valor, sino también comprender por qué el trabajo en la sociedad capitalista toma la mistificada y extraña forma de valor. Para Marx esto es lo que distingue su método de aquel em- pleado por los estudiosos clásicos de la economía política tales como Smith y Ricardo. Ellos estaban in- teresados solamente en comprender qué es lo que determina la magnitud del valor: esta segunda interrogan- te, la de por qué el trabajo toma la forma de valor, ni siquiera pudo habérseles ocurrido, dado que sus perspectivas se lirnitaban a consi-
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derar solamente la sociedad capita- lista en la que ellos vivían. Para Marx, que ve a la sociedad capita- lista como una sociedad de transi- ción encarninada hacia una sociedad comunista en la que el trabajo estaría organizado de forma completa- mente diferente, la pregunta sobre las formas que adoptan las relacio- nes entre productores es funda- mental. El concepto de forma es central para Marx, precisamente, por la razón de que se trata de un problema invisible, .o mejor, de un problema inexistente para cualquier teoría que suponga la permanencia de las relaciones sociales burguesas: a saber, porque estas'formas (mer- cancía, valor, etc.) “llevan escrita en ¡la frente su pertenencia a una for- mación social donde el proceso de producción‘domina al hombre, en vez de dominar el hombre a ese proceso.»9 El hecho de que el trabajo esté representado por valor, y de que las relaciones sociales entre los productores adopten la forma de relaciónes de valor entre cosas es, en sí mismo, una negación de la libertad, esto es, la incapacidad por parte de la gente de controlar sus propias vidas.
La teoría del valor es, por tanto, una teoria del fetichismo, y la teoría del fetichismo es, entonces una teoría de la dominación. El .tema abordado desde un principio por El Capital es el relativo a la ausencia de libertad: vivimos en un mundo rodeado de mercancías, de “objetos fuera de nosotros” que hemos pro- ducido, pero que no controlamos ni
reconocemos. Las formas que adoptan las relaciones entre las
, personas son, en sí mismas, expre-
siones del hecho de que “el proceso de producción domina al hombre, en vez de dominar el hombre a ese proceso". El hecho de que la “ab- soluta agitación de la vida” se en- cuentre congelada en formas que se oponen a la gente, que se presente como “objeto ajeno a nosotros", es en sí mismo la negación de la li- bertad en el sentido de autodeter- minación colectiva.
Los tres tomos de El Capital son un desarrollo del tema del fetichismo dela mercancía. Empezando por la relación de intercambio, Marx de- muestra cómo la igualdad de esta relación encubre la explotación in- herente al proceso de producción, y entonces cómo capa a capa se construyen mecanismos generado- res de mistificación que ocultan cada vez más las relaciones de explota- ción. El capitalismo es un “mundo encantado, invertido y puesto de cabeza”‘° de formas fetichizadas. El mundo fragmentado, en el cual las interrelaciones entre las personas permanecen ocultas ante nuestros ojos. Cuando miramos el mundo, no lo hacemos meramente a través de un lente opaco, sino a través de un lente quebrado en millones de fragmentos distintos.
Sin embargo, no es sólo nuestra percepción de la realidad lo que está fragmentada: la realidad misma también lo está. Las formas bajo las cuales las relaciones sociales se pre- sentan en el capitalismo no son
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meramente formas de apariencia. No se trata tan sólo de que las re- laciones sociales aparezcan en for- ma fragmentada como cosas: las re- laciones sociales de hecho están fragmentadas y mediadas a través de las cosas, es ésa la forma en la cual ellas existen. Cuando compra- mos un auto, por ejemplo, la natu- raleza de la relación entre los pro- ductores del auto y nuestro propio trabajo toma la forma de una rela- ción entre nuestro dinero y el auto: la relación social se presenta, apa- rece como una relación entre cosas. Incluso, aún después de haberlo entendido, la relación que se da entre nosotros y quienes produjeron el auto continúa siendo mediada por el intercambio de mercancías. La fragmentación de la sociedad no se encuentra sólo en nuestra mente, está de hecho establecida y es cons- tantemente reproducida a través de las prácticas sociales.
4. Fetichismo y descomposición de clase
La teoría marxista del fetichismo de la mercancía no es distinta de su teoría de clase. El papel dominante de la mercancía como mediadora de las relaciones sociales no es in- dependiente de la naturaleza de la explotación. Por el contrario, es cómo la explotación en la sociedad capitalista se establece mediante la compra-venta de fuerza de trabajo —como mercancía- lo que hace que las relaciones mercantiles se generalicen en la sociedad. Lo im- portante es la forma “mediante la
cual el plustrabajo no remunerado es extraído de los productores di- rectos”.
Como en otras tantas sociedades clasistas, el capitalismo está basado en la extracción del excedente de trabajo a los productores directos. Lo que distingue a la explotación capitalista de otros tipos 'de explo- tación es el hech‘G de estar mediada a través del intercambio. Los tra- bajadores son libres en el doble sentido de estar liberados de lazos personales de servidumbre, y de no tener control alguno sobre los me- dios de producción: el primer as- pecto de su libertad les permite, y el segundo los obliga, a vender su fuerza de trabajo para poder so- brevivir. En restitución reciben a cambio del valor de su fuerza de trabajo, un valor en forma de sala- rio. El capitalista pone a laborar a los trabajadores y ellos producen un valor superior al de su fuerza de trabajo; este valor adicional, o plusvalor, se lo apropia el capitalis- ta en forma de ganancia.
El hecho de que la explotación en la sociedad capitalista esté mediada a través de la compra-venta de fuerza de trabajo —como mercan- cía— oculta la naturaleza de clase de la relación entre el capitalista y el trabajador por lo menos en dos sentidos. En primer lugar, la rela- ción entre el capital y el trabajo está fragmentada. Asume la forma de muy variados contratos laborales pactados entre muy diversos tra- bajadores y muy diversos patrones. Esto no sólo genera divisiones en-
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tre capitales, sino también aplica divisiones entre los trabajadores contratados por diferentes capita- listas. La fragmentación general de la realidad social se refleja en la fragmentación (aparente y real) de las relaciones de clase. La sociedad no se presenta bajo la forma de cla- ses antagónicas, sino que lo hace como una gran variedad de grupos, cada uno con sus intereses particu- lares. La sociedad se presenta como , y propiamente es, una sociedad atomizada y fragmentada.
En segundo lugar, la relación existente entre el capital y el trabajo no se presenta en manera alguna como una relación de explotación, sino como una relación de des- igualdad, de una (posible) injusticia. La relación de explotación aparece como una relación de intercambio entre el patrón (rico) y el empleado (pobre). Lo que aparece no es el antagonismo directo de la explota- ción, el incesante conflicto asociado con la extracción de plustrabajo que se extrae a los productores directos, sino una sociedad en la cual hay desigualdad, injusticia, riqueza y pobreza. La relación de explotación se presenta como un problema de mala distribución. La sociedad ca- pitalista se nos presenta como con- formada por individuos (ricos o pobres) más bien que como inte- grada por un antagonismo incesante entre clases, la explotadora y la ex- plotada. Los-que luchan por un cambio social, no asumen la forma de una lucha contra la explotación, sino más bien claman por una ma-
yor justicia social, por campañas contra la pobreza, se pelea por “la libertad, la igualdad, la propiedad y Bentham”."
5. Fetichismo y fetichización
El cuadro que resulta de lo ante- rior es deprimente. La sociedad se basa en la explotación, en la ex- tracción de trabajo no remunerado de la masa de la población, sin embargo la forma que toma esta explotación tiene como consecuen- cia, tanto la fragmentación de la sociedad, como la apariencia de ésta como una sociedad no explotadora. La sociedad capitalista se nos pre- senta a sí misma como una serie de fragmentos que son generalizados de manera abstracta en los concep- tos de valor, dinero, renta, ganancia, Estado, tecnología grupos de pre- sión, etc. La única manera de com- prender las interconexiones entre todos estos conceptos es verlos como formas históricamente espe- cíficas de relaciones sociales, pero, como hemos visto, este camino está negado para la teoría burguesas: no necesariamente a causa de alguna estupidez o deshonestidad, sino‘ simplemente debido a que el con- cepto de forma solamente tiene sentido si uno ve a la sociedad ca- pitalista desde el punto de vista de su superación. Es inevitable, en- tonces, que la teoría burguesa (es decir toda teoría que da por senta- da la continua existencia de las re- laciones sociales capitalistas) sólo pueda levantarse sobre las formas discontinuas bajo las que se presen-
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tan las relaciones sociales. La divi- sión, el “divide y vencerás”, la iragmentación, tal es el principio de la abstracción teórica de las teorías burguesas en donde se construyen dl x-ersas disciplinas como la ciencia politica, la economía, la sociología, el derecho, las ciencias de la com- putación, etc. con el objeto de com- prender a la sociedad. El resultado no es mostrar las interconexiones existentes entre las diversas formas fragmentadas de la realidad social, sino el consolidar dicha fragmenta- ción. Mientras la sociología desarro- lla su teoría de grupos, la ciencia política desarrolla su teoría del Es- tado, y la economía su teoría del dinero, la fragmentación social ad- quiere mayor coherencia y sus in- terconexiones se vuelven menos penetra'oles.
Sin embargo, estas interconexio- nes no son totalmente impenetra- bles, El Capital en tanto crítica a la teoría burguesa, es una crítica a la aparente fragmentación de la so- ciedad. El concepto de forma im- plica que existe alguna interco- nexión subyacente entre todas las formas. Esa interconexión es la producción y la forma en que la gente se relaciona con ésta, es decir, las relaciones de producción. Sub- yacente a la presentación de la so- ciedad que se muestra a sí misma como compuesta de individuos más o menos iguales, se encuentra la interconexión de “individuos” a lo largo de la producción: la manera en la que se organiza la producción es lo que da lugar a la constitución
del individuo, así como a las apa- rentemente azarosas desigualdades que surgen entre ellos. Lo que sub- yace a la fragmentación de tan di- versos procesos de producción es el movimiento del valor, el hilo que une al mundo que hace que proce- sos de producción aparentemente desvinculados se junten, es el que crea la liga entre las luchas de los mineros de carbón en la Gran Bre- taña y las condiciones de trabajo de los trabajadores de la industria au- tomotriz en México, y vice versa. Sin embargo, el comprender las interconexiones entre las diversos segmentos de la sociedad, no sig- nifica que la fragmentación haya sido superada; "vela de hecho,,en vez de revelar, el carácter social de los trabajos privados, y por tanto las relaciones sociales entre los tra- bajadores individuales", 12pues ese velo es un producto de las relacio- nes sociales capitalistas. Pero, mientras esa neblina exista, mientras la sociedad siga fragmentada, ¿qué posibilidad tenemos de un cambio social radical? La posibilidad de una revolución anticapitalista presupo- ne que las relaciones de clase apa- rezcan como tales, que la fragmen- tación (o descomposición) dela cla- se obrera se supere. El capitalismo es una sociedad de clases que no parece serlo; pero si no aparenta ser una sociedad clasista, ¿cómo es posible que se pueda vislumbrar una revolución de la clase trabaja- dora? Si la descomposición de cla- ses como aspecto del fetichismo de la mercancía es inherente a la natu-
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raleza de las relaciones capitalistas, ¿cómo será posible imaginar la re- composición de la clase trabajado- ra, necesaria para reemplazar las relaciones sociales capitalistas?
Existen varias respuestas posibles a este dilema, todas localizables dentro de la tradición marxista. Una posible respuesta es aquella del in- telectual trágico: a pesar de que nosotros en calidad de intelectuales marxistas, podamos penetrar las apariencias, logrando apreciar lo que ocurre, la sociedad que nos ro- dea está cada vez más fetichizada. la clase trabajadora está a tal punto descompuesta o atomizada que ya no es posible considerarla en forma alguna como el sujeto revoluciona- rio. Nosotros podemos y debemos protestar en contra de la sociedad explotadora y destructora que nos rodea, pero cualquier optimismo de parte nuestra será poco realista. Esta postura, la que hace del intelectual marxista una Casandra profesional, advirtiendo en vano de los desas- tres por venir, tiene una larga tra- dición que se remonta a la escuela de Frankfurt y está diseminada de manera comprensible hasta nuestros días.
Una segunda respuesta al dilema consiste en decir que nosotros, en tanto intelectuales marxistas que hemos penetrado en las apariencias fetichizadas, tenemos la especial responsabilidad de disipar la ne- blina que entorpece la visión de las cosas, de señalar a la clase trabaja- dora las interconexiones, de mos- trarle qué es lo que se encuentra
bajo la superficie. Esa es, cruda- mente, la concepción-que inspira la distinción que hace Lenin entre la conciencia revolucionaria y la con- ciencia sindicalista, y el consiguien- te papel que le adjudica al partido revolucionario.
Lo que ambas respuestas tienen en común, dejando de lado sus ob- vias diferencias, es la atribución de un papel privilegiado al intelectual. En ambos casos se da por sentado que la impenetrabilidad fetichista de las relaciones capitalistas es un hecho establecido y que solamente por medio de la actividad intelec- tual, por medio de la razón, podre- mos ver a través de la neblina. El papel de la teoría marxista será el de actuar como antorcha, para alumbrar el camino a seguir (o para mostrarnos que no hay tal camino).
Sin embargo, se podría argumen- tar que la neblina del fetichismo no constituye la cortina impenetrable, como sugieren estas teorías. El Ca- pital era una crítica a la teoría bur- guesa que mostró su base en las relaciones de producción. Ello no significa que todo mundo esté completamente imbuido de las concepciones de la teoría burguesa. Como Marx señala,las interco- nexiones entre los fenómenos so- ciales son más claras para la "men- talidad popular” que para los teó- ricos dela burguesía: "No nos puede maravillar, [...] que la economía vulgar se sienta perfectamente a sus anchas y que esas relaciones se le aparezcan como tanto más eviden- tes cuanto más escondida esté en
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ellas la conexión interna, pero más correspondan a la representación ordi- naria".13
Esto sugerirá que las formas feti- chizadas dadas bajo las relaciones capitalistas no constituyen una cu- bierta opaca que oculte completa- mente la explotación de clase a quienes son objeto de ella. La apa- rente neutralidad y fragmentación de las formas, las engañosas desco- nexiones, desembocan en un cons- tante conflicto con la experiencia que tienen los trabajadores de la opresión de clase. Dinero, capital, interés, renta, ganancia, Estado son todos factores comúnmente vividos como aspectos de un sistema gene- ral de opresión, a pesar de que se sigan desconociendo sus interco- nexiones precisas. Si hemos de se- guir la metáfora de Marx acerca de la neblina tal vez sería mejor no considerarla como una estática e impenetrable niebla, sino como una cortina discontinua de neblina, con partes más o menos densas. Las interconexiones aparecen y des- aparecen, por momentos la neblina se dispersa, en otras ocasiones vuelve a descender. El fetichismo no es estático, sino un proceso constante de desfetichización/refe- tichización.
El concebir al fetichismo como un proceso de tal naturaleza tiene im- portantes consecuencias, tanto teó- rica como políticamente. La com- prensión del fetichismo como un hecho consumado, como una espe- sa niebla, lleva a un concepto de la revolución como mero evento, como
un evento exógeno que o será vir- tualmente imposible (la postura pesimista) o será la triunfal conclu- sión del crecimiento del partido. Antes de ese evento el capitalismo es un sistema cerrado que seguirá las "leyes del movimiento” anali- zadas en El Capital.
El concebir al fetichismo como un proceso de desfetichización/refeti- chización, equivalen a enfatizar la fragilidad inherente de las relacio- nes sociales capitalistas. Este pro- ceso de desfetichización/refetichi- zación es una lucha constante. El proceso de penetración de los feti- ches, el poner los fragmentos uno con otro, es simultáneamente un proceso de recomposición de clases, la superación del estado de frag- mentación de la clase trabajadora. Es mediante la organización práctica y la lucha de la clase trabajadora como se establecen las interco- nexiones sociales, tanto en la prác- tica como en la teoría.
La supervivencia del capital "de- pende del exitoso proceso de refe- tichización, o lo que es lo mismo, de la exitosa descomposición de la clase. La reproducción del capital no es automática: ésta se logra por medio de la lucha.
Si el fetichismo ha de ser com- prendido como un proceso, enton- ces, ello ha de afectar la compren- sión de las categorías planteadas por Marx. las formas de las relaciones sociales analizadas por Marx no son formas cerradas. Se ha visto que el valor no es sólo una forma de rela- ción social, sino también una forma
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de relaciones sociales antagónicas. Mas si el antagonismo ha de tener un sentido, tendrá que haber un elemento de incertidumbre, o de apertura, en el seno de la categoría. Decir que las relaciones sociales son antagónicas es lo mismo que decir que se desarrollan a través de lucha, que por ello mismo jamás podrán ser vistas como predeterminadas. Entonces, para entender al valor, debemos de abrir por completo la categoría, entender el valor como lucha, una lucha de la que inevita- blemente formados parte. Decir que las mercancías se intercambian por su valor constituye una generaliza- ción verdadera, pero ello cierta- mente no representa un proceso uniforme y automático. Esto no sólo se debe a las modificaciones intro- ducidas por Marx (las distinciones entre precio, precio de producción, valor, etc.) sino debido a que, de hecho, las mercancías a menudo son robadas. El valor depende del res- peto a la propiedad, y como cual- quiera que haya llevado a un niño pequeño a una tienda, o haya co- piado recientemente un cassette, un diskette, o un libro, bien sabe que el respeto a la propiedad es verdade- ramente muy débil en nuestra so- ciedad. Una más o menos uniforme operación de valor se mantiene en la práctica por un inmenso aparato de educación y coerción. Cuando decimos que el valor es una forma de relación social, estamos obliga- dos a reconocer el antagonismo contenido en esta afirmación, a re- conocer la fuerza de la antítesis del
valor no sólo en una sociedad pos- revolucionaria, sino dentro de la misma sociedad capitalista.
Tal vez se pueda hacer una analo- gía entre las formas de relación so- cial analizadas por Marx en las ca- tegorías de valor, dinero, renta, etc. y el matrimonio en una sociedad tradicional. Se podrá decir de tal sociedad que el matrimonio es la forma en que esa sociedad organiza las relaciones sexuales. Sin embar- go, aún en la sociedad más tradi- cional, la intensa agitación que ge- nera el sexo quebranta los lazos matrimoniales una y otra vez, tanto en el pensamiento como en la práctica. Eso no quiere decir que todo acto sexual fuera del matri- monio sea revolucionario, así como no lo es el robo al interior de la sociedad capitalista; por el contrario, inclusive podría juzgársele como un agente reforzador de la institución matrimonial. Más sería claramente equivocado aceptar de primer ins- tancia la proposición de que el ma- trimonio es la forma que asumen las relaciones sexuales en esa so- ciedad sin apreciar la fuerza de su antítesis.
Las formas de relación social analizadas en El Capital son formas que contienen su propia antítesis. El capitalismo es una sociedad feti- chizada y alienada, pero la razón que nos permite reconocerla como tal y la razón de que podamos concebir a una sociedad libre del fetichismo y de alienación, surge del hecho de que la antítesis de una sociedad está contenida en sí mis-
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ma. La "intensa agitación de la vida" se encuentra cautiva bajo formas fe- tichizadas, bajo una serie de obje- tos, pero está siempre allí, conti- nuamente excediendo sus límites, en todo momento forzando a las formas fetichizadas a reconstituirse de manera que la sigan teniendo cautiva.
Nuestra experiencia de la socie- dad capitalista es, por lo tanto, su- mamente contradictora. El dinero es el dinero, un objeto. Pero el dinero es asimismo ampliamente experi- mentado como poder, como una re- lación de clase, por muy vaga que ésta sea. La preocupación alrededor de la "justicia" del contrato salarial, coexiste con expresiones muy di- rectas de rebelión en contra de la explotación en el lugar de trabajo. Mientas más intensos son los anta- gonismos sociales, más inestables serán las apariencias fetichizadas de las relaciones sociales. No es la re- flexión teórica, sino la ira surgida de la experiencia de la opresión lo que proporciona el estilete para desbaratar las mistificaciones de la
sociedad capitalista. El papel de la-
teoría no es el de guía, sino el de llamar la atención sobre la natura- leza contradictoria de la experien- cia, el de darles mayor coherencia a las interconexiones vagamente percibidas, el de difundir las lec- ciones de la lucha.
Una neblina que va y viene, un continuo proceso desfetichización/ refetichización, podría parecer una concepción enteramente carente de estructura y dirección; pero no es
ése el caso. La variante neblina no se modifica sin dirección. Los pro- cesos de desfetichización/refetichi- zación, y los de recomposición y descomposición de clase son pro- cesos históricos que siguen ciertos ritmos. En una crisis la aparente- mente uniforme autorreproducción de la sociedad se interrumpe. Los antagonismos sociales se intensifi- can, surgen una nueva organización y una nueva lucha, conexiones no vistas durante largo tiempo reapa- recen. Las crisis expresan la desfe- tichización de la sociedad capitalis- ta, la recomposición de la clase tra- bajadora.
6. Crisis, economía marxista y ciencia política marxista
Las crisis no son crisis económi- cas pero se presentan como tales. Las crisis expresan la inestabilidad estructural de las relaciones sociales capitalistas, la inestabilidad de la relación básica existente entre ca- pital y trabajo sobre la cual se basa la sociedad. Se presentan como crisis de la economía, las cuales podrían llegar a tener efectos en otras esfe- ras de la vida social.
El concepto dela economía como un factor específico de la sociedad aparece sólo con el surgimiento del capitalismo. En épocas precapita- listas ese término se referia a los asuntos del hogar (del griego oikos- casa, hábitar), y no se hacía una distinción clara entre la adminis- tración del hogar y la economía, o entre la política y la economía, o entre teoría económica y filosofía
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moral. Esta ausencia de distinción de lo económico como un reino conceptual aparte tenía su base en la naturaleza de las relaciones so- ciales precapitalistas. Las relaciones sostenidas entre esclavo y amo, o entre siervo y señor feudal fueron relaciones indistinguiblemente po- líticas y económicas: el señor feu- dal no solamente extraía el trabajo excedente de sus siervos, sino que de igual forma ejercía autoridad ju- dicial y “política” sobre ellos.
Solamente con el advenimiento del capitalismo y con la separación de la explotación (ejercida por el capitalista) del mantenimiento del orden social (ejercido por el Estado) emergen como conceptos la "eco- nomía” (primero como economía política)y la “política”. Su consoli- dación como conceptos (y más tar- de como disciplinas universitarias) proviene de la separación mencio- nada.
Los conceptos de “política” y “economía” son por tanto expre- siones del capitalismo. Son catego- rías fetichizadas o superficiales en tanto que reflejan la fragmentación de la sociedad. La separación de la explotación del mantenimiento del orden es un aspecto de la "manera específica en la que el plusvalor es extraído de los productores direc- tos": es el hecho de que la explota- ción esté mediada a través de la compra-venta de la fuerza de trabajo -como mercancía- implica la sepa- ración del proceso inmediato de explotación, de la coerción social que inevitablemente se requiere
para mantenerla estabilidad en una sociedad de clases. La separación de lo económico y lo político es, entonces, un aspecto de las relacio- nes de clase capitalistas, o, en otras palabras, lo económico y lo político son, en virtud de la separación que los constituye, momentos de la re- lación que se da entre capital y tra- bajo, es decir, formas específicas de la relación del capital. El dar por sentada esta distinción de lo políti- co y lo económico implica el no percibir el problema de la forma, y por tanto, consolidar el fetichismo inherente en los conceptos. Marx escribió El Capital no como una elaboración de la teoría económica ni como el fundamento para una economía alternativa de la clase trabajadora, sino como una crítica a la economía política que muestra que los conceptos de esta disciplina expresan las formas de apariencia de las relaciones capitalistas de clase.
Por ello, es autocontradictorio, hablar de una ¡economía política marxista. La crítica de Marx no lo era solamente de teorías específicas, sino también de las elaboración de una teoría sobre la base de las for- mas superficiales bajo las cuales se presentan la relaciones de clase. La economía, es el estudio de los obje- tos, de las fuerzas (como dinero, el valor, la renta, el interés, etc.) que rigen la vida de la gente, y trata a tales entidades como tales, y no como formas de relación social que "llevan consignado en su superficie en caracteres inequívocos que per-
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tenecen a un tipo de sociedad en la que el proceso de producción ejerce el dominio sobre el hombre, en vez de que sea a la inversa”. Al tratar a sus categorías como objetos, y no como expresiones de relaciones so- ciales, la economía inevitablemente trata a las personas como objetos del cambio social abstractos y pasi- vos.
la economía burguesa acepta sus categorías tal y como éstas se pre- sentan. El dinero es dinero: la labor de la economía es comprender su relación con otras categorías eco- nómicas, las leyes que gobiernan el movimiento del dinero, etc. Debido a que- el dinero no es concebido como una forma de relación social, no se hace ningún intento por abrir completamente las categorías, por revelar "los origenes del desarrollo económico en las actividades con- cretas de hombres y mujeres com- prometidos en la vida social". ‘4
Aún así el fetichismo no desapa- rece con la crítica de su existencia, como tampoco el postulado con- ceptual burgués desaparece con el reconocimiento de su superficiali- dad. El uso que le dio el mismo Marx al término "económico" es ambiguo o contradictorio (como en el caso de “Prólogo” de 1859, por ejemplo) y la tradición de la “eco- nomía marxista” es muy fuerte, suavizando las contradicciones que surgen de la lectura de El Capital dentro del ambiente universitario.
Si contemplamos el valor y la cri- sis desde la perspectiva de la eco- nomía marxista, obtenemos una
imagen distinta de la presentada hasta ahora. Muchas de la suposi- ciones de la teoría burguesa son re- presentadas en la discusión de las categorías marxistas, una vez que tales categorías son vistas como económicas. Las categorías perma- necen cerradas. A pesar de señalar que el valor es una relación social, y que no tendría cabida en una so- ciedad socialista, se sigue supo- niendo que, dentro de los confines del capitalismo, se puede tratar al valor como una categoría económi- ca. Así por ejemplo, al analizar el valor, típicamente se presta más atención a la magnitud del mismo, y la cuestión de la forma es en gran medida olvidada. Esto es verdad no solamente de los llamados neori- cardianos, sino también de teóricos ampliamente reconocidos como marxistas. Comúnmente la ley del valor se considera como una de- mostración de "cómo las distintas cantidades de trabajo socialmente necesario para producir mercancías regulan los precios". ‘5 La crítica del valor como forma se pierde, y se conserva la rigidez del pensamien- to burgués. Aunque se dice que el. valor es una relación social, al as- pecto social de ella se le mantiene en el fondo y se le exibiría después de la revolución, "una vez que a los productores directos se les devuel- va su calidad de sujeto, y dejen de ser considerados objeto de la pro- ducción". ‘É Si los trabajadores no son más que objeto de producción, si, por implicación, el fetichismo es total, entonces ltoh tiene razón. No
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habrá necesidad de abrir por com- pleto la categoría de valor (aparte -- de verla desde una perspectiva his- tórica), y el capitalismo podrá ser entendido en términos de sus “leyes de movimiento". Pero, si los traba- jadores no son más que objetos de producción, la revolución parecería ser práctica y teóricamente imposi- ble. O, más bien, la única manera de pensar en la revolución será concibiéndola como un aconteci- miento externo.
Estas suposiCiones se reflejan en gran parte de la discusión de la teoria marxista de la crisis. Lo que distingue al marxismo de otras formas de pensamiento radical, se sugirió más arriba: no en tanto su análisis de la opresión capitalista o su visión del socialismo, sino el hecho de ser una teoría de la ines- tabilidad capitalista. El capitalismo es opresivo, mas se trata de una forma de opresión autocontradicto- ria e inestable.
Una teoría de la crisis constituye una teoría de esta inestabilidad, y por ello, una teoría de la volatilidad de las relaciones de clase. Sin em- bargo, muchas de las disputas sobre la crisis, la abordan como asunto exterior a las relaciones de clase y ajeno a la lucha de clases. En el mejor de los casos, el análisis de la crisis genera un marco conceptual en el que la lucha tendrá lugar, un re- cordatorio de la mortandad del ca- pitalismo, mas no una teoría de las relaciones de clase. Se discute, por ejemplo, que la crisis se vuelve in- evitable por obra de la ley de la baja
tendencia] de la tasa de ganancia; tal crisis implica una intensificación de la lucha de clases y puede crear oportunidades de una revolución: pero la crisis como tal y la tenden- cia de la tasa de ganancia a dismi- nuir, son todavía entendidas como procesos económicos, ajenos a la lucha de clase. Como O'Connor señala,”el énfasis cuando menos, de la teoría tradicional es que la fuerza humana de trabajo es tratada con éxito como si fuera meramente un objeto de cambio y trabajo, y que los trabajadores tienen poco o nin- gún poder para revertir, mucho menos redefinir, el proceso de au- toexpansión del capital excepto en el caso de una revolución socialis- ta”‘7.
Paradógicamente, lo que debía ser una teoría dela fragilidad capitalis- ta se convierte en una construcción de la reproducción capitalista. A menudo ésto adquiere matices su- mamente funcionalistas: la repro- ducción capitalista se vuelve un círculo cerrado hasta el momento en que se da una revolución socia-Ñ lista, por supuesto.
Las leyes del movimiento capita- lista prescriben deterrninada vía de evolución, y hasta el día de la re- volución los trabajadores son ob- jeto de dominación.
En años recientes se han sucedido intentos por liberarse del determi- nismo y del funcionalismo de la tradición de la economía marxista, procurando desarrollar una “teoría política marxista”.
El intento por desarrollar una
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teoría política marxista surge de la crítica a la exposición que hace Marx de su método en el "Prólogo" de 1859, discutido anteriormente.
En tanto que se tomó a éste como la prescripción definitiva del méto- do marxista —y tal fue el caso du- rante muchos años para la “orto- doxia” marxista de los partidos co- munistas—, se descuidó la discusión teórica acerca del Estado, dado que lo político era visto simplemente como parte de la superestructura. A partir de la crisis de la ortodoxia de los partidos comunistas ocurrida desde los años sesenta en adelante, al "Prólogo" de 1859 se le criticó por no permitir autonomía sufi- ciente a la superestructura, parti- cularmente a los niveles político e ideológico. Poulantzas en particular argumentó persuasivamente que la autonomía relativa de los distintos niveles le permitía a uno desarrollar una ciencia política marxista dis- tinta, que complementaria la eco- nomía desarrollada por Marx en El Capital. Desde esta perspectiva, el problema de la tradición económi- ca marxista es el ser incompleta y sobreestimada en el esquema teóri- co. La lógica de esta postura consiste en afirmar que el marxismo debería desarrollarse de una teoría econó- mica de la sociedad, a una teoría interdisciplinaria de la sociedad (siendo el factor económico deter- minante en última instancia).
El problema de la perspectiva in- terdisciplinaria es simplemente el de añadir fetichismo al fetichismo. El enfoque de la economía marxista
no es incompleto, pero es superfi- cial, en el sentido de que da por sentada la separación de las relacio- nes sociales enla forma de relacio- nes económicas y relaciones políti- cas. Pretender complementar ese enfoque con un análisis de lo polí- tico que de manera similar conside- ra a "lo político” como un punto de partida para el análisis, solamente multiplicaría la superficialidad, ocultando todavía más de nuestra visión la unidad de las relaciones sociales fragmentadas. Decir, por ejemplo, que una crisis no es sóla- mente económica, sino también política, no sirve de ayuda alguna, a menos que al mismo tiempo se cuestione la naturaleza de lo político y lo económico. En la práctica lo que ocurre a menudo es que los análisis “políticos” sencillamente aceptan como dados los marcos conceptuales elaborados en los análisis de los economistas.
Los supuestos funcionalistas de gran parte del análisis marxista (particularmente de la tradición de la economía marxista) frecuente- mente se reproducen en la noción misma de crisis. La crisis, como se vio más arriba, no implica simple- mente un rompimiento, sino, tam- bién, un salto cualitativo, una in- tensificación del proceso de cam- bio. La teoría de la crisis presenta dos aspectos, ambos contemplados en la reflexión hecha por Marx en El Capital. Por una parte, la crisis expresa un rompimiento en el pa- trón de acumulación y confronta al capital con indicios de su mortan-
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dad; el descenso en la tasa de ga- nancia “atestigua la limitación y el carácter solamente histórico y tran- sitorio del modo capitalista de pro- ducción“. Por otra parte, la crisis obliga a una reestructuración del capital: por medio dela destrucción de los capitales POCO eficientes y a través del aumento de la explotación se sientan las bases de un nuevo período de acumulación del capital. La crisis es al mismo tiempo un rom- pimiento y una reestructuración; implica a la vez la inestabilidad y la reestabilización de las relaciones de clase.
El problema radica en cómo in- terpretar la relación existente entre estas dos facetas de la crisis.
En distintos tiempos se enfatizan diversos aspectos de la crisis. A fi- nes de los sesenta y principios de los setenta, cuando aún no era evi- dente para todos que Keynes no había resuelto el problema de la crisis del capitalismo, el énfasis en las discuciones sobre la crisis se ponía, sobre todo, en su inevitabili- dad, y se la conceptualizaba pomo una ruptura en el proceso de acu- mulación.
A medida que la crisis se mani- festaba y quedaba claro que la re- volución no era inminente, el énfa- sis en la discusión cambio para ver a la crisis como un proceso de re- estructuración, haciendo un intento por interpretar los cambios sociales como manifestaciones de la rees- tructuración del capital. Lo que se perdió con este cambio de énfasis fue lo relativ'o a la relación existente
entre las dos facetas de Ia crisis, a saber, la ruptura y la reestructura- cron.
Con frecuencia se supone que las dos facetas de la crisis son de hecho
idénticas e inseparables. La des-
trucción de un patrón de acumula- ción es en sí misma la creación dela base de otro distinto: la crisis es una "destrucción creativa”, dicho esto con la frase de Schumpeter”. Así, desde la perspectiva de Negri (a pesar de que Negri esté lejos de pertenecer a la tradición económica marxista ortodoxa acepta muchos de los presupuestos de la economía marxista), se pone de manifiesto la relevancia de Schumpeter, quien hizo evidente para la burguesía lo que Marx había señalado ya con años de anticipación, esto es, que las crisis son parte integral del de- sarrollo capitalista”.
Parece existir un supuesto, tanto en el argumento de Negri como en las concepciones de muchos otros teóricos de la crisis, que la definen como un proceso de "destrucción creativa", y que asume que los dos aspectos dela crisis simplemente se funden. Pero esto es precisamente ahondar en el funcionalismo de la economía burguesa: si la crisis es también una inevitable reestructu- ración del capital, entonces la re- producción del mismo constituye un círculo cerrado del cual no hay escapatoria.
7. Crisis, fetichismo y composición de clase Los dos aspectos de la crisis no
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son idénticos: entre la concepción de la crisis como ruptura y la que la concibe como reestructuración, se encuentra todo un mundo de lucha.
La crisis es primeramente una ruptura, un rompimiento del patrón establecido de las relaciones de clase. Antes de una crisis se expe- rimenta un estado de estabilidad aparente, un. estado en el que se presume que los problemas graves, uno de ellos la crisis, ya han ido resueltos, que la lucha de clases es cosa del pasado. Ciertos fenómenos llegan a aceptarse como "normales":
panones en las relaciones interna- ‘
cionales, patrones de conflictos po- líticos, patrones de la estructura ocupacional y dela organización de la clase trabajadora, patrones de relación entre hombres y mujeres, entre adultos y niños, patrones de expresión cultural, etcétera. Al conflicto en estado latente se le en- tiende como armonía. .Y entonces surge una ruptura, el conflicto se manifiesta, lo “normal” es puesto en tela de juicio, otras concepciones de esta normalidad se vigorizan, aparecen interconexiones anterior- mente ocultas, y se ataca a los pa- trones de poder establecidos. El di- que entero se viene abajo. La ira acallada no permanecerá así por más tiempo.
Toda sociedad de clases, toda so- ciedad en la que la mayor parte de la población está subordinada en la actividad diaria a los intereses de la minoría, es una sociedad inestable. A lo largo de toda la historia hay revueltas y disturbios acaecidos
mucho antes de que el capitalismo y sus crisis irrumpieran en el esce- nario mundial. Sin embargo, bajo el Capitalismo la ruptura de los pa- trones establecidos sigue un ritmo * perceptible, ritmo que se refleja en las teorizaciones acerca de la crisis, de los ciclos mercantiles, ondas largas, etcétera. La acumulación de cólera acallada encuentra una ex- presión en estos levantamientos, más ello no explica la regularidad rítmica dela crisis. La inestabilidad inherente a toda sociedad de clases asume una forma eSpecïfica en el capitalismo, que puede ser explica- da únicamente con referencia a las peculiaridades presentes en la rela- ción que se da entre capitales (como lo hacen las teorías de la despro- porcionalidad). O simplemente en términos de los patrones de distri- bución en la sociedad (como lo ha- cen las teorías del subconsumo). Con el objeto de entender a la crisis como expresión de la peculiar inestabilidad estructural del capi- talismo derivada de la dominación de clase, hace falta encontrar un defecto, una falla geológica, —por así decirlo-, en la propia relación de explotación en‘ "la forma económi- ca específica enla que se le extrae el plustrabajo impago al productor directo“.
Marx analizó esta inestabilidad fundamental que se da en la rela- ción del capital en su análisis del plusvalor. Los capitalistas, a dife- rencia de las clases dominantes de las sociedades de clase que les pre- cedieron, se ven forzados a través
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de la competencia a incrementar el nivel de explotación por obra de la competencia, a aumentar la canti- dad de plustrabajo extraído a los productores directos. Es esta ”... sed vampiresca de sangre viva de tra- bajo”22 la que le confiere al capita- lismo su singular inestabilidad. Como Marx asiente en El Capital, la ambición del capitalista por apode- rarse del plusvalor asume dos for- mas fundamentales. La primera es el plusvalor absoluto, la lucha del capital para alargar la jornada la- boral con el objeto de incrementar el plusvalor producido. Esta situa- ción llega hasta un punto en el que la supervivencia de los trabajado- res se ve amenazada y por ende la supervivencia del capital mismo. La promulgación de la legislación la- boral que limita las jornadas de trabajo obliga al capital a satisfacer su ambición de forma distinta. En lugar de alargar constantemente la jornada laboral, intenta reducir la proporción de la jornada que repro- duce el valor de la fuerza de trabajo del obrero. Esto se logra primor- dialmente por medio de la innova- ción tecnológica y mediante la con- secución de mayores niveles de productividad y eficiencia. En tan- to que las mercancías se producen con mayor rapidez, la magnitud de su valor (que está determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlas) consi- guientemente disminuye. En la medida en que las mercancias que consumen los trabajadores pierden valor, la propia fuerza de trabajo
pierde valor, a pesar de que pue- dan subir los niveles de vida. Como resultado de ello, con una jornada laboral de duración controlada, se dedica menos tiempo a producir el valor equivalente a la fuerza de trabajo del trabajador, y más tiem- po es el dedicado a generar plus- valor. A esta forma de aumentar el plusvalor, Marx la denomina plus- valor relativo.
El plusvalor relativo implica una búsqueda constante de innovación tecnológica y una continua reorga- nización de los procesos de trabajo y de producción. Implica también un cambio en la relación existente entre trabajo vivo (el trabajador en ación), y trabajo muerto (la maqui- naria y las materias primas, el pro- ducto del trabajo muerto): confor- me progresa la tecnología, se da una tendencia en la que cada traba- jador opera sobre una mayor can- tidad de maquinaria y de materias primas. En términos de la composi- ción del capital, esto tiende a ex- presarse como un aumento relativo en aquella parte del capital inverti- do en lo que es el capital constante (maquinaria y materias primas) y un descenso relativo del capital va- Jiable (la parte del capital invertida en la compra de fuerza de trabajo): así se da, como Marx lo observó, un incremento en la composición or- gánica del capital.
La búsqueda de plusvalor relati- vo significa, entonces, que el capital nunca está estable, está siempre, inquieto, constantemente buscando el cambio, difiriendo así de las cla-
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ses dominantes pertenecientes a las sociedades de clase del pasado. Asimismo expele de continuo, en términos relativos, trabajo vivo que es la única fuente de su existencia en los procesos de producción. Es exclusivamente el trabajo vivo el que produce valor, y en la medida en que el capital se recarga sobre el trabajo muerto la proporción entre el plusvalor generado (por el trabajo vivo) y la» inversión total del capi- talista tiende a disminuir. En otras palabras, la búsqueda de plusvalor relativo se asocia a la tendencia al descenso de la tasa de ganancia. La tendencia a la baja'de la tasa de ganancia, analizada por Marx en el tercer volumen de El Capital es, por lo tanto, una manifestación económica de los constantes cam- bios en la organización de los pro- cesos de producción. Los mismos cambios garantizan que el antago- nismo entre trabajo y capital se mantenga vivo. La resistencia y la violencia latente son inherentes a cualquier relación de subordinación. Existe un antagonismo inclusive entre el esclavo más sumiso y el amo más dominante, una tensión (posi- blemente implícita) de mutua de- pendencia que hace de ella una re- lación dinámica. La dependencia del capital de cambios constantes en la producción, de la continua bús- queda de aumentos en el plusvalor obtenido, garantiza que el antago- nismo existente entre trabajo y ca- pital se mantenga abierto y cons- tante, inclusive durante periodos de estabilidad relativa. Los trabajado-
res se organizan, defensiva y ofen- sivamente; la lucha de los capita- listas por mantener el control es inseparable de la lucha de clases, tanto en sus variadas formas de ataque y contraataque, como en los cambios en la composición del tra- bajo y del capital. Una vez más, sur- ge aquí a la'vista, la dinámica ines- table del capitalismo. Mientras más exitosa sea la acumulación de plus- valor generado por el capital, mayor será la cantidad de trabajo que se convertirá en una fuerza destructi- va dentro de su seno. Un periodo de acumulación exitosa se expresa potencialmente en el aumento de la fuerza de la clase trabajadora y de su organización, en tanto que el desempleo es reducido y la capaci- dad de negociación del trabajo se ve vigorizada, Mientras más exito- so sea el capital, destaca más la contradicción fundamental de su existencia: su dependencia del tra- bajo. Todos los amos dependen para sobrevivir de sus sirvientes. En el caso del capital, este hecho funda- mental le es recordado justamente cuando llega a sentirse invulnerable.
La producción de plusvalor rela- tivo lleva consigo mismo su propia fuerza destructiva, que se manifiesta tanto en la tendencia de la tasa de ganancia a disminuir, como en el aumento de la composición de la clase trabajadora. Cuando los pe- riodos de rápida acumulación pro- gresan, se da una tendencia de la clase trabajadora que la lleva a or- ganizarse y aumentar en fuerza y combatividad, en tanto que la tasa
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de ganancia cae, se vuelve cada vez más difícil para el capital alcanzar la tasa de ganancia que esperaba, como también se dificulta cualquier reorganización del proceso de pro- ducción. Los antagonismos se in- tensifican, las contradicciones capi- talistas se hacen patentes, las inter- conexiones entre fenómenos pre- viamente desvinculados surgen a la luz, y el capitalismo como forma de organización social es, cada vez más, criticado ampliamente. Se aprecia que el capitalismo está en crisis. A esta crisis se la percibe como crisis de la economía: las ganancias dis- minuyen, se intensifica la compe- tencia, las corporaciones quedan en bancarrota y sectores completos y aún países enteros declinan estre- pitosamente. Mas esto no es sola- mente apreciado en tanto que fe- nómeno económico. Es visto a si mismo como una crisis del Estado: si antes el Estado parecía capaz de garantizar un desarrollo armonioso de la sociedad, ahora ello es muy dudoso. Todo esto representa, también, una crisis dela familia, de la moral, de la religión, de las es- tructuras sindicales, de todo lo que previamente parecía asegurar la estabilidad social y hoy en día no puede hacerlo más. Existe una arraigada convicción en la clase capitalista de que las cosas no pue- den. continuar así. El proceso de constante cambio inherente al capi- talismo es considerado insuficien- te en estos tiempos hace falta algo más radical. El proceso anterior de cambio es visto ahora como parte
de un patrón que ya ha llegado a su fin.
Esto es una crisis, una ruptura en el patrón de las relaciones sociales. Para la clase capitalista el futuro es incierto, peligroso. Aparte del ata- que a la fortaleza del trabajo orga- nizado o a cualquiera que se juzgue subversivo, no hay camino claro a seguir. Se hacen llamados por re- gresar a la moralidad, a las disci- plina, al orden. Ello no es reestruc- turación: es ruptura.
Evidentemente, la ruptura puede contener en sí la posibilidad de la reestructuración. Para algunos sec- tores de la clase capitalista ya no hay futuro: las bancarrotas aumen- tan con celeridad, partidos políticos asociados con el anterior orden so- cial experimentan un declive irre- versible. Sin embargo, nuevas in- dustrias pueden ocupar el lugar de las viejas, nuevos partidos políticos pueden surgir, la decadencia eco- nómica de un país podría balan- cearse por obra del encumbramien to económico de otro. El camino a se- guir no es claro, mas hay toda una serie de experimentos alrededor de nuevas formas gerenciales, de nue- vas tecnologías, de relaciones dis- tintas entre el estado y la industria, de nuevos patrones de organización política. Bien puede ser que la composición de la clase trabajadora pueda efectivamente romperse mediante una combinación de vio- lencia, restricciones legales y reor- ganización económica. Puede ser que, entonces, el capital sea capaz
e imponer todos los cambios de
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producción que le convienen. Todo ello podría ocurrir, mas no está pre- determinado en manera alguna. Puede ser que después de algún tiempo, el capital tenga más con- fianza en el futuro, que sea posible discernir bases tentativas de un nuevo patrón de acumulación rela- tivamente estable. Esta es la situa- ción en la que nos encontraremos por el momento. Es en este punto que el. funcionamiento marxista se vuelve mucho mas insidioso. Hay todo un mundo nuevo de análisis académico que apenas se inaugura: teorizar acerca de nuevos patrones de acumulación, el bautizar una nueva forma de dominación, y al hacerlo, llegar a consolidarla. La crisis como ruptura queda olvidada, o recordada solamente considerán- dola como fase preliminar a la res- tructuración. Se considera a los nuevos patrones como establecidos, habiendo “emergido” en calidad de nueva realidad que habrá de ser acomodada, en vez de visualizarlos como proyectos que el capital tiene todavía que imponer por medio de una seria y dura lucha. De ser el marxismo una teoría de la lucha, una vez que la lucha ha sido olvi- dada, fácilmente se torna en una teoría de la dominación. . Esto no puede ser así. El rompi- miento de un patrón de relaciones sociales no implica su exitosa e in- mediata reestructuración. Podría ser que la ruptura lleve en sí la po- sibilidad de reestructuración. Po- dria asimismo ocurrir que esa posi- bilidad se realice, como ha ocurrido
en el pasado. Pero ello no es seguro, inclusive ahora, y si un nuevo pa- trón relativamente estable de rela- ciones sociales capitalistas se esta- blece, éste no habrá emergido sim- plemente, sino que será el resultado de una larga y sangrienta lucha. Entre la crisis como ruptura y la . crisis como reestructuración hay un abismo de posibilidades, un “salto mortal” que habrá de dar el capital sin garantía de un aterrizaje seguro, entre ruptura y reestructuración hay una historia mundial de lucha.
' Traducción de Carolina Terán Castillo. Notas
‘ M.Rader, Marx 's, interpretation of history, Nueva York, 1979, p. 187, citado por O'Connor, 1987, p. 55.
2 R. Stern, "History and crisis", 1970, citado por O'Connor en el periódico Past and Present n° 52, Londres.
3 ].O'Connor,The Meaning of Crisis, Oxford, Ed.Blackwell, 1987, p. 49.
4 Carlos Marx. El manifiesto del partido co- munista, en Obras Escogidas, Moscú, Ed. Pro- greso, 1970, p. 378.
5 Carlos Marx, Contribución a la C rr’tica de la Economía Politica, 1859, México, Siglo XXI Editores, 1979, p. 20-21. l
° Carlos Marx, El Capital, tomo lll, vol. 8, México, Siglo XXI Editores, 1976, p. 1007.
7 A. Negri, "Marx on cycles and crisis” en A. Negri, Revolution Retried, Ed. Red Note, Londres, 1984, p. 198.
' En la versión inglesa de El Capital se se- ñala que una mercancía es un “objeto fuera de nosoüos", por esa razón, en lo subsi- guiente aparecerán ambas traducciones cuando se haga referencia a este pasaje. (N. del T.) ‘
° F. Hegel, Phaiomenolgy of Spirit, Oxford, Oxford University Press, 1977, p. 46. (Esta misma obra ha sido editada en español por el Fondo de Cultura Económica bajo el título Fenomenogía del espíritu. N. del T).
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9 Carlos Marx, El Capital, op. cit., tomo I, vol. 1, p.99.
1° Ibídem, torno III, vol. 8, p. 1056.
” Ibídem, tomo l, vol. l, p.214.
12Ibídem, p. 93. (En la versión inglesa de El Capital aparece en este pasaje la figura “ne- blina” en vez de "velo", es por eso que en lo sucesivo se respetará esta imagen para mantener el sentido de lo expuesto por el autor. N. del T).
13 Ibídem, tomo III, vol. 8, p.104], subraya- do mío. (La cita tomada directamente de El capital en la edición de Siglo XXI, no recupera el sentido dela frase en su versión en inglés en donde se alude a "aunque ellas sean com- prensibles a la mentalidad popular” que cree- mos, refleja mucho más el propósito teórico de I. Holloway. N. del T).
“l S. Clarke, "The value of value", revista Capital and Class n° lO, Londres, 1980, p. 5.
‘5 M. Itoh, Value and Prices, Londres, Ed.Plutho, 1980, p.132.
1‘ Ibídem, p. 135-136.
17].O'Connor, op. cit., p.91.
1° C.Marx, El Capital, op. cit., tomo III, vol. 6 p. 310. '
‘9 I. Pérez, "Structural change and asimi- lation of new techonology in the economic and social system”, publicado en el periódico Future, Londres, octubre, 1990, p.159.
2° A. Negri, op. cit., p. 198.
2‘ C.Marx, El Capital, op. cit, tomo III, vol. 8, p. 1007.
2: Ibídem, tomo l, vol. l, p. 309.
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michael lówy
LA CRITICA MARXISTA DE LA MODERNIDAD
E l romanticismo contra la modernidad capitalista
Los primeros críticos de la sociedad burguesa moderna de la civiliza- ción capitalista creada por la Revolución Industrial fueron —más de
medio siglo antes de Marx- los poetas y escritores románticos. El Romanticis- mo nació en la segunda mitad del siglo XVIII, pero nunca dejó de ser un componente esencial de la cultura moderna hasta nuestros días. Lo que ha- bitualmente se llama Movimiento Romántico en las artes y letras, sobre todo a comienzos del siglo XIX, es sólo una de sus múltiples y diversas manifestacio- nes. En cuanto Weltanschauung, es decir, visión global del mundo, estilo de pensamiento, estructura de sensibilidad fundamental, puede encontrarse no solamente en obras de poetas y escritores creadores de un universo fantástico e imaginario como N ovalis, E.T. I-Ioffmann y los surrealistas, sino también en las novelas de auténticos realistas como Balzac, Dickens y Thomas Mann, no solamente entre artistas como Delacroix o pintores Pre-Rafaelistas, sino también entre economistas como Sismoni o sociólogos como Tónnies.
Se puede definir la visión romántica del mundo como una crítica gene- ralizada dela civilización industrial (burguesa) moderna en nombre de ciertos valores sociales y culturales precapitalistas. La referencia a un pasado (real o imaginario) no significa necesariamente que ella tenga una orientación regresiva o reaccionaria. Puede ser también muy revolucionaria como puede ser reac- cionaria. Las dos tendencias se hicieron presentes en el Romanticismo desde sus orígenes hasta nuestros días: basta ver los contemporáneos Burke y Rous- seau, Coleridge y Blake, Balzac y Fourier, Carlyle y William Morris, Heidegger y Marcuse. A veces el conservador y el revolucionario coinciden en el mismo pensador como en el caso de Georges Sorel.
La primera ola anticapitalista romántica era la respuesta a la Revolución Industrial y a sus consecuencias económicas, sociales y culturales durante el siglo XIX. Pero el interés y la pertinencia de su crítica dela sociedad industrial y del trabajo industrial están lejos de ser sólo históricos. Esta crítica no se
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relaciona solamenle con los aspectos específicos, abusos e injusticias especifi- cos de este primer período -como por ejemplo la pauperización absoluta de los obreros, el trabajo infantil, el laissez faire salvaje, las jornadas de catorce horas- sino con las características más generales, esenciales y permanentes de la civilización (industrial/ capitalista) moderna, desde el fin del siglo XVIII hasta nuestros días.
La crítica romántica muy pocas veces fue sistemática o explícita y tampoco se refiere directamente al capitalismo como tal.
En la sociología y filosofía social alemanas del fin del siglo XIX existen ciertas tentativas de sistematización: en ellas existen la oposición entre Kultur, un conjunto de valores sociales, morales y culturales tradicionales, y Zivili- sation, desarrollo económico material y técnico moderno -frío y "sin alma"; o la oposición entre Gemeinschaf (la comunidad orgánica) y la Gesellschaft, agregado, mecánico y artificial de individuos alrededor de fines utilitarios.
El rasgo central de la civilización industrial (burguesa) que el Romanti- cismo anticapitalista critica no es la explotación de los obreros o la desigualdad social —aunque estos aspectos sean a veces denunciados, especialmente por la izquierda romántica- sino la cuantificación dela vida, es decir la dominación total del valor (cuantitativo) de intercambio, los cálculos fríos del precio y utilidades, las leyes del mercado, sobre el conjunto del tejido social. Todas las otras características negativas de la sociedad moderna son percibidas intuiti- vamente por los románticos como productos de esa fuente crucial y decisiva de corrupción: por ejemplo, la religión del dios Dinero (lo que Carlyle llama "el Mammonismo”), la decadencia de todos los valores cualitativos —sociales, religiosos, éticos, culturales o estéticos, la disolución de todos los lazos humanos cualitativos, la muerte de la imaginación, la uniformización tediosa de la vida, la relación puramente "utilitaria" cuantitativamente calculable- de los seres humanos entre sí, y con la naturaleza. El envenenamiento de la vida social por el dinero, y del medio ambiente por el smog industrial, son percibidos por muchos románticos como fenómenos paralelos, consecuencia de la misma raíz perversa.
Marx: la crítica dialéctica de la modernidad
Aparentemente, Marx nada tenía que ver con el Romanticismo. Rechazo como "reaccionario" cualquier sueño de volver al artesanado o a otros modos precapitalistas de producción. Celebró el papel históricamente progresista del capitalismo industrial, no solamente al desarrollar las fuerzas productivas a una escala gigantesca y sin precedentes, sino también alcrear la universidad, la unidad de la economía mundial -una precondición esencial para la futura humanidad socialista. Alabó también la modernidad capitalista por haber puesto a descubierto la explotación en las sociedades precapitalistas, pero este elogio esconde una punta de ironía: al introducir formas más brutales, más
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abiertas y cínicas de explotación, el modo capitalista de producción favorecía el desarrollo de la consciencia y de la lucha de clases de los oprimidos. El .anticapitalismo de Marx no tiene por blanco la negación abstracta deila civi- lización industrial (burguesa) moderna, sino más bien su Aufliebung, decir simultáneamente su abolición, la conservación de sus logros más importantes, y su superación por un modo de producción superior (el socialismo).i
Su enfoque es dialéctico: considera el capitalismo como un sisteina que "transforma cada progreso económico en una calamidad pública”. Es cuando analiza las calamidades sociales resultantes dela civilización capitalista moderna (y cuando se interesa por las comunidades precapitalistas) que él comparte, por lo menos en alguna medida, la tradición romántica.
Tanto Marx como Engels tenían en gran estima ciertos críticos románti- cos del capitalismo industrial, con quienes tenían una deuda inteledtual in- negable. Su obra fue significativamente influenciada no solamente ¡{por los economistas románticos como Sismondi -frecuentemente confrontado y com- parado con Ricardo en los escritos eConómicos de Marx- o el populista ruso Nikolai Danielson, con quien intercambiaron correspondencia durante veinte años, sino también por escritores como Dickens y Balzac, por filósofossociales como Carlyle, por historiadores de la antigua comunidad como Maurer, Niebuhr y Morgan- sin mencionar los socialistas románticos como Fourier, ljeroux o Moses I-less. ‘
El interés de Marx y Engels por las comunidades rurales primitivas - desde la Gens griega hasta la vieja Mark germánica y la obschtchina rusa-resulta de su convicción de que estas formaciones antiguas incorporaban cualidades sociales perdidas por las civiliZaciones modernas, cualidades que prbfiguran ciertos aspectos de una futura sociedad comunista. En una carta a Engels del 25 de marzo de 1868, Marx explicaba simultáneamente la semejanza y la diferencia entre su concepción de la historia y la del romanticismo tradicional: mientras la reacción romántica ala ilustración tomaba una forma medieval, la nueva reacción —compartida por los socialistas y por los eruditos como Mau- rer- consiste en remontar más allá de la Edad Media hacia una era primitiva de cada nación, es decir hacia viejas comunidades igualitarias“L De hecho, la nos- talgia por las formas de vida medievales está lejos de ser la única forma de Romanticismo: las sociedades primitivas y las comunidades rurales tradicio- nales sirvieron de referencia a las críticas románticas dela civilización, desde Rousseau hasta los populistas rusos; Marx y Engels manteníanlazos con esta tendencia en el seno dela tradición romántica.
La crítica de Marx a la civilización industrial/ capitalista no se restringe a la propiedad privada de los medios de producción: es mucho más amplia, radical y profunda. Es el conjunto del modo existente de producción industrial y el conjunto de la sociedad burguesa moderna que él cuestiona —oon argu- mentos y actitudes muchas veces similares a las de los románticosDe hecho, el
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Romanticismo es una de las fuentes olvidadas de Marx, una fuente que es también tan importante para su trabajo como el neohegelianismo alemán o el materialismo francés. La crítica de la cuantificación de la vida en la sociedad industrial (burguesa) ocupa un lugar central en los escritos de juventud de Marx, especialmente en los Manuscritos de 1844. Según este texto, el pod er del dinero es tan grande en el capitalismo que le permite destruir y disolver todas las “cualidades humanas y naturales”, sometiéndolas a su propia medida puramente cuantitativa: "la cantidad de dinero deviene cada vez más su única característica poderosa; en la medida en que ella reduce cada entidad a su propia abstracción, se reduce a si misma a su propio movimiento como enti- dad cuantitativa”.El intercambio entre cualidades humanas concretas —amor por amor, confianza por confianza- es sustituido por el intercambio abstracto del dinero por una mercancía. El mismo trabajador es reducido a una condi- ción de mercancía, la mercancía humana (Menschenware), tomándose un ser condenado, “física y espiritualmente deshumanizado (entmenschtes)", forzado a vivir en las cavernas modernas peores que las primitivas por estar “enve- nenadas por el soplo pestilente dela civilización”. Así como un comerciante de piedras preciosas “solamente ve su valor mercantil, y no la belleza o la natu- raleza particular de las piedras”, así también los individuos en la sociedad capitalista pierden su sensibilidad material y espiritual y en su lugar ponen el sentido exclusivo de la posesión. En una palabra: el ser, la libre expresión dela riqueza de la vida por las actividades sociales y culturales, es crecientemente sacrificado ai haber, a la acumulación del dinero, mercancías y capital“.
Estos temas de los escritos de juventud son menos explícitos en El Capital, pero aun así presentes: por ejemplo en el pasaje muy conocido donde Marx compara el ethos de la civilización capitalista moderna, que está únicamente interesada en la producción cada vez mayor de mercancías y la acumulación del capital —es decir en la “cantidad y el valor de intercambio”— con el espíritu de la antigüedad clásica que se basa “exclusivamente en la cualidad'y el valor de uso”?
El principal objeto de El Capital es evidentemente la explotación del trabajo, la extracción de la plusvalía por los propietarios capitalistas de los medios de producción. Pero contiene también una crítica radical dela propia naturaleza del trabajo industrial moderno. En su acta de acusación contra el carácter deshumanizador del trabajo industrial/ capitalista, El Capital es aún más explícito que los Manuscritos de 1844, y hay indudablemente unlazo entre esta crítica y las de los románticos.
Obviamente Marx no sueña, como los románticos, en restablecer el ar- tesanado medieval, sin embargo entiende el trabajo industrial moderno como una forma social y culturalmente degradada en relación a las cualidades humanas del trabajo precapitalista: "Los conocimientos, la inteligencia y la voluntad que despliegan el campesino y el artesano independientes” se pier-
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den entre los obreros parcelarios de la industria moderna. Al analizar esta degradación, Marx llama la atención en primer lugar sobre la división del trabajo, que "estropea al trabajador y lo transforma en algo monstruoso acti- vando el desarrollo ficticio de su habilidad para el detalle, sacrificando toda una gama de disposiciones e instintos productores”; en este contexto se refiere al romántico conservador (tory) David Urquhart. “Subdividir un hombre, es ejecutarlo, si él mereció una sentencia de muerte; es asesinarlo si él no la merece.La subdivisión del trabajo es un asesinato de un pueblo”. En lo que se refiere a la máquina, en cuanto tal un elemento de progreso, en el actual modo de producción deviene una maldición para el obrero: saca todo el interés al trabajo y "reduce toda la actividad libre del cuerpo y del espíritu". Gracias ala máquina capitalista, el trabajo "deviene una tortura” porque --y aquí Marx cita el libro de Engels, La condición de la clase obrera inglesa- se reduce a "una fastidiosa uniformidad de una labor sinfín... siempre la misma” que “se parece al suplicio de Sísifo; como una piedra, el peso del trabajo recae siempre y sin piedad sobre el trabajador agotado”. El obrero se transforma en apéndice vivo deun mecanismo de mue'tte, obligado a trabajar con la "regularidad de una pieza de máquina”. En el sistema industrial moderno, toda la organización del proceso de trabajo aplasta la vitalidad, la libertad y la independencia del trabajador. A este cuadro bastante sombrío añade la descripción de las condi- ciones materiales en las cuales se realiza el trabajo: sin espacio, sin luz o aire, ruido ensordecedor, atmósfera impregnada de polvo, mutilaciones y homici- dios por las máquinas,y una infinidad de enfermedades resultantes de la “patología industrial“. En una palabra, las cualidades naturales y culturales del obrero como ser humano son sacrificadas por el capital con fines puramente cuantitativos de producir más mercancías y obtener más ganancias.
La concepción marxista del socialismo está íntimamente ligada a esta crítica radical de la civilización moderna industrial / capitalistalmplica un cambio cualitativo,una nueva cultura social, un nuevo modo de vida, un'tipo de civilización diferente que restablecerá el papel de las "cualidades sociales y naturales” de la vida humana, y el papel del valor de uso en el proceso de producción. Ello exige la emancipación del trabajo, no solamente por la “ex- propiación de los expropiadores” y el control del proceso de producción por los productores asociados, sino también por una transformación completa de la naturaleza del propio trabajo.
¿Cómo alcanzar este objetivo? Marx analiza esta problemática sobre todo en los Grundrisse (1857-58). En su opinión, en la comunidad socialista,el pro- greso técnico y el maquinismo reducirán drásticamente el tiempo de “trabajo necesario" —el trabajo exigido para satisfacer las necesidades fundamentales de ia comunidad. La mayor parte del tiempo cotidiano quedará libre para lo que él llama, siguiendo a Fourier, trabajo atractivo; es decir un trabajo real- mente libre, un trabajo que es la autorrealización del individuo, Ese trabajo,
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esa producción —tanto material como espiritual- no es simplemente un ergo (y aquí Marx se aleja de Fourier), sino que puede exigir el más grande de los esfuerzos y seriedad; Marx menciona como ejemplo la composición musical’.
Seria totalmente errado inducir de estas notas que Marx era un románti- co: él debe mucho más a la Filosofía dela Ilustración y a la Economía Política Clásica que a los críticos románticos dela civilización moderna. Pero éstos le ayudaron a percibir los límites y las contradicciones de aquélla. En un pasaje muy revelador de los Manuscritos de 1844, Marx se refiere a la contradicción entre los viejos propietarios terratenientes y los nuevos capitalistas, expresada en la polémica entre los autores románticos (Iustus Móser, Sismondi) y los economistas políticos (Ricardo, Mill): "esta oposición es extremadamente agria y cada campo afirma la verdad acerca del otro“. De igual manera, es un tema recurrente en sus últimos escritos económicos la afirmación de que Sismondi es capaz de ver las limitaciones de Ricardo, y viceversa.
Las ideas del propio Marx no eran románticas, ni utilitaristas, sino una tentativa de Aufhebung dialéctica de ambas, en una visión del mundo nueva, crítica y revolucionaria. Ni apologético dela modernidad burguesa, ni ciego a sus logros, Marx tenía por blanco una forma superior de organización social, que integrara no sólo los avances técnicos dela sociedad moderna sino tam- bién algunas de las cualidades humanas de las comunidades precapitalistas - y sobre todo que abriera un campo nuevo e ilimitado al desarrollo y enri- quecimiento dela vida humana. '
Socialismo y modernidad despúes de Marx
Después de la desaparición de Marx, la tendencia dominante en el marxismo fue la que, retomando una sola dimensión dela herencia marxista, resultó en un culto acrítico del progreso, del industrialismo, del maquinismo, del Fordismo y del Taylorismo. El estalinismo, con su productivismo enajenante y su obsesión por la industria pesada, es una triste caricatura de este tipo de "corriente fría” en el marxismo (para emplear la terminología de Ernst Bloch).
Pero existe también una "corriente caliente”, cuya crítica radical y "glo- balizante” de la civilización moderna se nutre tanto en Marx como en la tradición romántica anticapitalista. Este tipo de "socialismo romántico" subra- ya la ruptura y la discontinuidad esencial entre la utopía socialista —corno modo de via y trabajo cualitativamente diferente- y la modernidad industrial presente, sin ocultar al mismo tiempo su nostalgia por ciertas formas sociales y culturales precapitalistas.
Es claro que este socialismo ’"antimodemista" mestá inmunizado contra las tentaciones unilaterales. Su fuerza y su debilidad pueden ser ilustradas por ' la obra de uno de sus primeros representantes, William Morris. Inicialmente poeta y artista romántico, miembro-de la Fraternidad Premfaelista, Morfis se adhiere al movimiento socialista durante el último cuarto del siglo XIX.Su
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crítica cortante y acerada de la sociedad capitalista/ industrial debe tanto a la ideología romántica de Ruskin como a Marx. Al referirse a John Ruskin en un artículo intitulado "Cómo me volvi socialista" (1894), Morris escribe: "A través de él (Marx) aprendí a dar forma a mi descontento,que —confieso- no era vago en absoluto. Además del deseo de producir cosas bellas, la pasión do- minante de mi vida era y es el odio a la civilización modema”9.
La característica principal de esta civilización es, para William Morris, "el trabajo inútil", es decir la producción para el mercado mundial, lo más barato posible, de una "cantidad ilimitada de tonterías inútiles". Las mercancías son hechas "para ser vendidas y no para ser utilizadas": los propietarios de las máquinas son indiferentes a su calidad, en la medida que pueden encontrar compradores para ellas”. El "comercialismo" acabó con el arte popular, que existía y florecía en todas las formas de producción anteriores a la expansión del sistema de la manufactura capitalista; destruyó todo el placer, toda la variedad y toda la imaginación en el trabajo. Morris está íntimamente con- vencido que no hay "ninguna necesidad para todo esto, excepto la necesidad de moler (grinding) los beneficios de las empresas con la vida de seres hu- manos”“. '
No obstante, Morris no se opone al maquinismo como tal.En su utopía socialista Noticias de ninguna parte (1890) describe un sistema de producción donde todo el trabajo manual desagradable se realizaría con las máquinas muy perfeccionadas; y para todo trabajo manual agradable ninguna máquina sería utilizada”. Al igual que Marx, Morris cuenta con el progreso técnico para emancipar al obrero del trabajo aburrido y liberar el tiempo para el trabajo agradable y creativo. Y se inspira en Fourier para anunciar la esperanza de que el trabajo se volverá, en una comunidad socialista, "un placer sensual cons- ciente” semejante ala actividad del artista”.
Como su amigo John Ruskin, Morris consideraba el arte no como un lujo sino como una dimensión esencial de la vida humana. El arte era todolo hecho por personas libres que sentían placer en su trabajo. En su utopía romántico- sócialista la mayoría de bienes útiles son productos manuales e_implicaban una cualidad artística, como el artesanado clásico; no poseen otra retribución que la creación misma, y no son vendidos ni comprados (el dinero no existiría) sino son gratuitamente cedidos a aquellos que los deseen o tienen necesidad de ellos.
Marx se refiere muchas veces a los románticos —hasta a los que apreciaba como Sismondi- como a "reaccionarios". Hubo sin duda momentos regresivos o conservadores en la mayoría de los románticos. Hasta en un socialista romántico como William Morris quien participó activamente en el movimien- to obrero inglés creando la Liga Socialista, se puede encontrar un aspecto patriarcal y regresiva, que se manifiesta en su actitud negativa hacia lo que él llama con ironía "este problema de la emancipación de la mujer en el siglo
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XIX”, como también en su visión fundamentalmente conservadora de la divi- sión sexual del trabajo: el cuidado de los niños y los trabajos domésticos están presentes en su utopía como actividades exclusivamente femeninas”.
Elegimos William Morris como ejemplo, pero seria un grave error concluir que el marxismo romántico de la civilización moderna es un fenómeno del siglo XIX. En Inglaterra, por ejemplo, Morris pareció olvidado durante dece- nios, pero en el decurso de los últimos treinta años, autores marxistas cercanos a la tradición romántica como Raymond Williams y EP. Thompson (autor de un libro excepcional sobre William Morris) poseen un vasto público más allá de los límites del campus universitario: E.P. Thompson es uno de los principales dirigentes e ideólogos del amplio movimiento pacifista y antinuclear de In- glaterra.
El centro principal de elaboración de este tipo de marxismo durante el siglo XX fue Alemania. Cada uno a su modo, Rosa Luxemburgo, G. Lukacs, Ernest Bloch y la Escuela de Francfort (especialmente W. Benjamin y Marcuse) integraron en sus interpretaciones del marxismo elementos de la tradición romántica. A través de Herbert Marcuse, esta crítica marxista semiromántica de la civilización moderna tuvo un profundo impacto en la Alemania con- temporánea y en los Estados Unidos, influenciando no solamente la Nueva Izquierda y el movimiento estudiantil de los años 60, sino también (de una manera más difusa e indirecta) los movimientos sociales más recientes como el ecológico, el feminismo y el pacifista. Por consiguiente, lejos de ser una ideología anacrónica del siglo pasado, la “corriente cálida” del marxismo alcanzó su marea alta precisamente en nuestra época especialmente en Inglaterra, Alemania y Estados Unidos —es decir en los países donde la civilización capitalista moderna alcanzó su desarrollo más puro, sistemático y despiadado.
Una de las razones que explica este renovado interés es, sin duda, la naturaleza poco atrayente del despotismo industrial burocrático (no-capitalis- ta) de Europa del Este (y de Asia), que pudo difícilmente aparecer como una alternativa a las desgracias de la sociedad burguesa moderna- y tanto más cuanto que sus dirigentes trataron de imitar la tecnocracia y el productivismo occidentales.
La crisis actual de estas sociedades demuestra claramente lo que los marxistas opositores constataban ya en los años 30 (a propósito de la URSS estalinista): este tipo de sistema postcapitalista autoritario, fundado sobre la economia del orden, la industrialización exagerada, y la dictadura del aparato burocrático, se encuentra aún muy lejos del socialismo —es decir de un nuevo modo de producción y de vida, donde los productores asociados son los maestros del proceso de producción, una sociedad basada en la más amplia democracia y en la autogestión económica y política.
Contrariamente a lo que afirman en una bella voz unísona, la prensa liberal,los economistas burgueses, los gobiernos occidentales, y una parte dela
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antigua nomenklatura, la modernidad capitalista —es decir la economía de mercado y el sistema de beneficios empresariales-— no es la única alternativa posible a las catástrofes del despotismo industrial y de la planificación buro- crática (el pretendido “socialismo real”). Tertium datur, existe una otra vía: la de la democracia socialista —es decir la autogestión generalizada (de la base hasta la cúpula), la planificación democrática por la propia sociedad, deter- minando libremente, después de un debate pluralista y abierto, las principales opciones económicas, las prioridades de inversión, las grandes líneas de la política económica.
Es la única vía que permite tener en cuenta las necesidades sociales reales (en términos de valor de uso) y la preservación del equilibrio ecológico. Es la solución que los numerosos movimientos alternativos reclaman,ecosocialistas y otros, nacidos en Europa del Este en los últimos meses, que rechazan tanto el totalitarismo burocrático de los regímenes caídos como el capitalismo oc- cidental.
También, contrariamente a lo que afirman numerosos economistas y dirigentes (tanto de la nomenklatura como de la oposición liberal) en los países del Este, no hay un lazo directo y lógico entre modernización económica mercantil y democracia política, entre liberalismo económico y libertad política. La China de Deng Xiao Ping —el hombre de las “cuatro modernizaciones” pragmáticas y de la apertura al capital occidental- ha dado un desmentido extraordinario a esta doctrina. El ejemplo chino también muestra que si las reformas mercantiles pueden solucionar transitoriamente ciertos problemas creados por la planificación burocrática, ellas crean problemas nuevos, tan graves como las anteriores: desempleo, éxodo rural, corrupción, alza de pre- cios, desiguladades sociales crecientes, regresión de los servicios sociales, criminalidad creciente, sumisión de la economía a los capitales imperialistas y a las imposiciones de los bancos internacionales. Son fenómenos que empie- zan ya a parecer también en ciertos países de Europa del Este, y que amenazan producir una "latinoamericanización" de las economiás y sociedades. América Latina es además un buen ejemplo del hecho de que la modernización capita- lista es perfectamente compatible con las formas de estado más autoritarias y dictatoriales. ..
Hoy más que nunca,el marxismo debe ser “la crítica despiadada delo que existe”. Pero no hay respuesta completa para los problemas de la transi- ción al socialismo: ¿Cómo ir más allá dela modernidad industrial y conservar sus logros?; ¿cómo combinar la democracia representativa y la democracia directa, la planificación democrática con las supervivencias inevitables del mercado?; ¿cómo conciliar el crecimiento económico con los imperativos ecológicos de la preservación de la naturaleza? Nadie puede pretender poseer el monopolio dela verdad: Estas Cuestiones y muchas otras exigen un debate pluralista y abiertof
Cuadernos del Sur I 121
' Ponencia presentada en el encuentro "Modernidad y Post-modemidad en los Andes”. Cuzco-Perú. Febrero 1990.
Notas:
l Marx, Engels, Über Kunst und Literatur, Berlin,Verlag Bruno Henschel,1948, p.231.
2 Marx Le Capital, vol. l, Paris, Gamier-Flammarion,l969, p. 350.
3 Marx-Engels, Ausgewahlte Briefe, Berlin, Dietz Verlag, l953,p. 233. Acerca de la relación Marx y Maurer y Morgan, ver L, Krader, Ethnologie und Anthropologie bei Marx, Frankfurt, Verlag Ullstein, 1976.
4 Marx, National-Oekoumnie und Philosophie, 1844, in Frühschriften, ed. Landshut, Stuttgart, Kroner Verla g, 1953, pp. 240, 243, 255, 299, 301, 202. Ver también las páginas del Manifiesto que describen cómo el capitalismo ahoga todos'los valores antiguos "en las aguas heladas del cálculo egoísta".
5 Marx, Le Capital, p. 269.
6 lbid., pp. 259, 266, 268, 304,306. ‘ y
7 Marx, Grundrisse der Kritik der Politischen Oekonomie, Berlin, Dietz Verlag, 1953, pp. 592-6m.
8 Marx, Frühschriften,p. 248.
9 William Morris, Political Writings, ed. por A.L. Morton, Londres, Lawrence and Wishart,
\ 1977, 1979, p. 243.
10 William Morris, News from Nowhere (1890), Londres, Lawrence and Wishart, 1977, p.276- 279.
ll William Morris, "Useful Work Versus Useles Toil" (1884), in Political Writings, p. 102-103.
12 William Morris, News from Nowhere, pp. 274-275-280. -
13 La ideologia patriarcal no está necesariamente relacionada con la visión del mundo romántico. también se puede encontrar entre los racionalistas y los positivistas (como en el caso del propio Augusto Comte).Además existen escritores sensibles al combate por la emancipación de las mujeres entre los socialistas románticos desde Fourier hasta Marcuse.
122 octubre 1992
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cs :"':':a y producción
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QUIIFOON l-l
BUSTOS: Reestructuración productiva e inserción inter- nacional de la economía argentina / RUBIO: La unidad de las izquierdas ¿qué hay entre la resignación y el delirio? / ANDERSON: Las antinomias de Antonio Gramsci (2“ par- te)/ PLA: La internacional comunista y el partido comunis- ta de Argentina (1918-1928)/ OSORIO: Acerca de la de- mocracia/HOLLOWAY: la rosa roja de Nissan/ALME- YRA: El pasado que no pasa y el futuro que se prepara/
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LUCIT A: Continuidad democrática y alternativa socialista (La izquierda en las elecciones)/ PLA: La Tablada, la crisis, el socialismo/MAKARZ: Crisis militar: La democracia al- fonsinista y las fuerzas armadas/ LOWY: Brasil: Un nuevo tipo de partido - el PT brasileño/GILLY: México: Fin de régimen, fin de época/ DI FRANCO: El Perú ante la en- crucijada: la crisis global y las elecciones/ ANDA: La crisis de la universidad latinoamericana/ RAPT IS: Marx, mar- xismo, comunismo/
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octubre 1992
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COMITE EDITORIAL: 1991, el principio del fin del si lo/ DREW: La etapa actual del desarrollo ca italista mun ial/ ANDRE UNDRY: Las contradicciones e la expansión del capital / LOPEZ LOZANO: Estado y política en el populis- mo/ PLA: Notas sobre el agotamiento del populismo/ ALMEYRA/ MORENO: La crisis del Golfo: un punto de vista latinoamericano/ GUIMARAES: Brasil: La esperan- za no fue a las urnas/ESTELLANO: Bolivia: del populis- mo a la economía de la coca/ALBARRACIN:_Mercado y plan en la crisis del socialismo real/POSSAS: El proyecto político de la "Escuela de la Regulación". Algunos comen- tarios./BROCATO: Aborto. La penúltima batalla de la moral dogmática/
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Este libro se terminó de imprimir en Talleres Gráficos CYAN. Potosí 4471 Cap. Fed. ' en al mes de setiembre de 1992.
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Las tensiones y las crisis en el marxismo
Crisis, fetichismo y composición de clase
La crítica marxista de la Modernidad
artista plástico invitado: Germán Schaer ,