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PIERRE SALAMA/ JACQUES VALIERi‘Arg‘¿eniin’gii Brasil, México: similitudes y diferencias del‘f antiinflacionario FERNANDO H. ‘AZCURRA&?"' EEUU: la decadencia del liderazgo“industrialf 1 CLAUDE GABRIEL: Europa en crisis f GEo-RGE í, LABICA: "Maastrítch no es nuestra Europa” f GUSTAVO GUEVARA: Mercosur, una vez más Adam Smith y Karl Marx WASHINGTON ESrELLANO: Uruguay: el Frente Amplio en la encrucijada f HORACIO ZAMBONI: Flexibilidad laboral: desandar la historia GIUSEPPE PRESTIPINO¿

Socialismos reales y capitalismos imperiales - Í

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EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

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A FINES DEL SIGLO xx EL SOCIALISMO COMO PENSAMIENTO Y PERSPECTIVA .

20 al 22 de Mayo de 1993 "

ORGANIZAN FACULTAD DE HUMANIDADES Y ARTES - UNR

CONVOCAN . ESCUELA DE HISTORIA . FH. y A. ' _ e CENTRO HACER , Cv. CUADERNOS DEL SUR ' ' ACTUEL MARx

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Cuadernos del Sur

Número 15 I ABRIL de 1993

CONSEJO EDITORIAL

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Argentina: Eduardo Lucita/Roque Pedace/Alberto I. Plá/Carlos Suárez

México: Alejandro Dabat/Adolfo Gilly/Alejandro Gálvez lose María Iglesias (Editor) _.

Italia: Guillermo Almeyra

Brasil: Enrique Anda/Florestan Fernández Francia: Hugo Moreno/Michael Lówy Perú: Alberto Di Franco

Escocia :_- john Holloway

España: Daniel Pereyra

Uruguay: Washington Estellano

El Comite Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina

cOLECTIVO DE GESTION

María Rosa Lorerizo-Alberto Bonet-Roberto Tarditi-Alicia Salomone-Fernando H. Azcurra-Gustavo Guevara-Eduardo Glavich-alejandro Fioríto-Leónidas Ceruti

Publicado .por'EditorIal Tierra del Fuego

- Número 15

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Argentina- Abril 1993

Toda correspondencia deberá dirigirse: En Argentina

Casilla de Correos N9167, 6-B,.C.P. 1406 Buenos Aires - Argentina

En México

EDITORIAL TIERRA DEL FUEGO Nebraska 43-402

México, 03810-D.F.

INDICE

COMITE EDITORIAL:

PIERRE SALAMA JACQUES VALIER:

FERNANDO H. AZCURRA:

CLAUDE GABRIEL:

GEORGE LABICA: GUSTAVO GUEVARA: WASHINGTON ESTELLANO: HORACIO ZAMBONI:

GIUSEPPE PRESTIPINO:

El triunfo de Clinton y las relaciones argentino/norteamericanas 5

'l Argentina, Brasil, México. .-

Sirnilitudes y diferencias del

ajuste antiinflacionario 9 EEUU. la decadencia I del liderazgo industrial 19" Europa en crisis 31 "Maastricht

no es nuestra Europa". 55

Mercosur: Una vez‘ más Adam Smith y Karl Marx 71

Uruguay: El Frente Amplio en la encrucijada 87

Flexibilidad laboral: desandar la historia. 99

Socialismosreales y ycapitalis'mos imperiales . 109

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El triunfo de. Clinton y las relauones

argentino/norteamericanas

l triunfo demócrata en los EEUU sacudió el entorno gubernamental argentino; Durante semanas los periódicos locales siguieron los vaivenes de la contienda

electoral norteamericana y tejieron hipótesis acerca de las posibles alteraciones que un triunfo de Clinton acarrearía para nuestras “relacrones camales” con EEUU.

Pero ¿en qué consistían estas relaciones? ¿se modificarán efectivamente, desde la perspectiva de Washington, con el triunfo demócrata?

El resultado electoral aparece como una reacción social frente a los doce años de “exceso conservador y capitalista" de la reaganomi cs ‘. A pesar de la no-obli gatoricdad del voto y de una marcada tradición abstencionista, esta elección contó con la mayor concurrencia de votantes desde 1972. El candidato demócrata obtuvo un 43% de los votos que. sin embargo, representan el 24% del electorado y ubica a Clinton en el tercer puesto en el orden de los presidentes menos votados de la historia .de EE.UU., detrás de Wilson y Lincoln. Teniendo en cuenta estas cifras difícilmente pueda hablarse de un mandato popular. Sin embargo, el triunfo se sustentó en la construcción con éxito de un bloque electoral orientado hacia el cambio (evitando, al mismo tiempo, recurrir a una defensa explícita de intereses sectoriales). Un bloque electoral que abarcó al 62% delos hispanos. el 50% de los jóvenes. el 51% de los jubilados y, además, un importante porcentaje de demócratas conservadores que en las últimas elecciones habían votado a los republicanos. En un contextode crisis económica y extrema pluralidad de intereses sociales en pugna, presionado por el giro que Perot imprimió a la contienda electoral antes de retirarse, Clinton construyó la alianza aprovechando las espectativas de cambio presentes en sectores muy diversos y centrando su discurso en cuestiones sociales y económicas intcmas a los EEUU. Las propuestas programáticas concretas, sin embargo, tuvieron escasapresenciaen sudiscurso.“Clinton aoentuan'a unos pocos principios fundamentales, prioridades que la gente y elCongreso de EEUU pueden identificar sin reclamarlas más tarde como lo esencial de aquello para lo que había sido elegido”.

El nuevo Presidente asumirá, tras doce años de gestión republicana, en el contexto de una crisis económico-social cuya magnitud solamente podría compararse con la Gran Depresión del ’29: caída generalizada de la productividad (aumento del 11% en los

Cuadernos del Sur 5

últimos 20 años. contra un promedio del 71% dentro del 6.7): aumento de la capacidad ociosa del aparato industrial (alrededor del 25% en 1992) yobsolecencia en importantes ramas (automotriz. siderúrgica textil. petroquímica): balances en rojo (los “tres grandes“ de la automotriz: General Motors. Chrysler y Ford) y quiebras de empresas uadicionales(caso Pan Am en l992.yotras 650.000durante l991):caídade los salarios (9% durante la década de 1980 y el l % anual durante los años de Bush), concentración de las riquezas (el 1% de las familias pasó de apropiarse el 27% de las riquezas antes de Reagan al 37% de las mismas a fines de los '80) y reducción del salario social en salud. educación. jubilaciones: aumento de la' desocupación (7.4% en 1992) y desca- lificación de la fuerza de trabajo (en particular. entre los inmigrantes. aunque existe un atraso general de la estructura educativa): eSpeculación y aumento de la economía en negro (539.000 millones para 1992. el 10% del total del PBN) y aumento del déficit fiscal (330.000 millones en 1992).

La gestión Bush parece haber superado la recesión del período 1988-92: aumento del 3.8% en el PBN durante el cuarto trimestre de 1992. inflación de 2.8% para 1992 -la mas baja desde 1986-. leve recuperación de la productividad del trabajoyde laactividad industrial. No obstante. la crisis económico-social que Clinton enfrenta trascienden los logros y los fracasos de la gestión republicana. Se trata. en primer lugar. de una crisis estructural de la economía que requiere una reconversión general y una reinserción de EEUU en el mercado mundial a fin de recuperar su liderazgo económico. En segundo lugar. podemos hablarde una crisis que sin duda la gestión republicana profundizó. pero que remonta su origen. por lo menos. hasta la denominada “crisis energética" de 1973. No sólo el "capitalismo salvaje" del conservadurismo está en crisis en los EEUU. - como pretenden quienes aspiran a "civili7.arlo"- sino el capitalismo norteamericano de posguena en general.

En el marco del proceso dc regionalización económica. los EEUU están obligados a - fortalecer. de manera estratégicamente dirigida por el Estado. su deteriorada capacidad competitiva frente al Oriente y ala CEE (EEUU. tuvo en 1992. por ejemplo. un déficit comercial de 42.000 millones con el Japón). Clinton propone. entonces, encarar un aflirmatit'e gobernmenl. definido por Schlesinger como “una’ buena dosis de inversión gubcmamental. de inversión pública. de apoyo público“ 3. El ajjirmatit'e gobernmem parece reunir. según Thurow y Reich (asesores del Presidente) tres grandes gmpos de medidas: intervención estatal para renovar infraestntctura productiva obsoleta. inver- sión pública para aumentar la productividad. e intervención estatal para capacitar fuerza de trabajo. ReiCh propone así invertir 220.000 millones, en cuatro años. en el área de infraestruclum y subvenciones para desarrollar nuevas tecnologías. LoS recursos para llevar adelante estas medidas serían obtenidos. por un lado. de una reforma tributaria y una reducción de la endémica evasión impositiva. y por otro. de una reducción del gasto militar que implica tanto consecuencias sociales desempleo- debido. a la importancia económica del complejo militar -industn'al. como también interrogantes acerca de la continuidad de la hegemonía militar norteamericana; Pero los EEUU necesitanademás de reestructurarsueconomía encrisis.ampliarsu espacioeconómico. Estos problemas. íntimamente relacionados. suscitaron respuestas desde dos ópticas políticas diferentes: una “intemacionalista” versus una “aislacionista”. centrada ésta

6 . abril 1993

principalmente en la reactivación del mercado interno. La regionalización económica sería enfrentada por Clinton mediante la profundización de los acuerdos con Canadá y México. Desde este punto de vista. el NAFTA habría sido un intento de Bush de conciliar aquellas dos tendencias. El giro aflirnrative de Clinton quizás conduzca, en la política económica extema, a un mayor proteccionismo. Cualquier suene de política aislacionista radical, empero. resulta completamente inviable para la'economía nor- teamericana en el actual contexto de interdependencia productiva 'y globalización teenológica y financiera 4. '

la diferencia enue la reaganomics y la política económica perf dada por Clinton no parece asimilarse. entonces, a una diferencia enue mercado e intervencionismo estatal -y mucho menos aún a una diferencia entre mercado y welfare state. Por un lado. esa asimilación conduciríaa una falsa imagen de la política republicana. El déficit presupuestario, la quiebra de las Cajas de Ahono y el “lunes negro" de Octubre de 1987 en Wall Street ya habían suscitado enérgicas intervenciones estatales republicanas. Por otro lado, esa asimilación daría pa resultado también una falsa imagen de la orientación política del nuevo equipo. Clinton es producto de un movimiento neoliberal. marcadamente pragmatista. engendme en el interior del prmido demócrata. que adquirió hegemonía paulatinamente a ¡m del desastre electoral post-Carter de 1980 (Thurow. Reich. Peters) 5. La crisis del welfare state -la Great Society de Johnson-desde comienzos de la década de 1970 y su desrnantelamiento durante la década de 1980 significa la clausura de todo un período del capitalismo estadunidense, un período abierto con la Gran Depresión del ‘29 por Roosvelt y el viejo liberalismo keynesiano. Ambos procesos parecen irreversibles y "luego de Reagan y Bush, los norteamericarm tiene la certeza de que no todos estan invitados al banquete“ 6.

La reaganomics significa el certificado de defunción para un período del capitalismo norteamericano. pero también para el bloque hegemónico que sustentaba dicho periodo -el New Deal. Clinton necesitará. entonces. construir un nuevo bloque hegemónico, en condiciones económico-sociales e ideológicas por demás adversas.

La nueva administración comienza a asumir esta bancarrota del american dream. que tuvo en la rebelión social y étnica de Los Angeles de mediados de 1992 unos de sus principales síntomas 7. Los valores ideológicos tradicionales de la sociedad estado- unidense: el individualismo anglosajón del siglo pasado. la maximización de la ganancia y del consumo como testimonios del éxito individual. devinieron una especie de "yuppie 's way of life" estrechamente ligada ala especulación de Wall Street. Si bien la instauración de estos valores como hegemónicos puede leerse como una victoria ideológica del periodo Reagan-Bush. chocan hoy con los valores ideológicos de otros modelos. más exitosos. de capitalismo. Por ejemplo. el modelo orgánico japonés. con grandes complejos privados productivo-financieros (keirersu), intensa investigación tecnológica estatal y una profunda integración de la fuerza de trabajo. con fuerte sentimiento de pertenencia a la corporación a pesar de los bajos salarios: o el modelo contractual alemán de concertación entre capital y trabajo. intensa investigación estatal y altos salarios. Reich cifra precisamente en la falta de solidaridad intema el déficit de los EEUU respecto de Japón y Alemania. Aunque explicaciones como estas suelen ser meramente ideológicas, contienen -como toda ideología- un núcleo de verdad.

Las repercusiones del triunfo de Clinton en el gobierno argentino. que temerariamente

Cuadernos del Sur 7

apostó hasta los últimos días de la contienda electoral al triunfo de Bush, resultan ahora más fácilmente explicables. La ciega adopción del modelo norteamericano por parte del menemismo (cif rada en unas ilusorias promesas de extensión del NAFTA “desde Alaska hasta Tiena delFuego”) enfrenta, independientemente del triunfo demócrata , tres inconvenientes: a) constituye la adopción de un modelo puramente ideológico de adoración fetichista del mercado, que carecía ya con Reagan y Bush de referentes reales; b) desconoce los inmensos costos sociales que el modelo en cuestión acarreó para los EEUU; yc) desconoce. además. las inmensas diferencias entre las características económico-sociales de los EEUU y las características de las regiones periféricas de América Latina.

El gobierno argentino ha descartado de hecho otras políticas de inserción económica: recuérdense, en este sentido, su alineamiento con las posiciones de EEUU en materia de banderas marítimas. dentro del Mercosur. Sin embargo, esto no sólo acarrea consecuencias sociales significativas, sino que resulta una estrategia burguesa de difícil viabilidad: pues los requisitos económicos, sociales y aún geográficos de dicho alineamiento no pueden sostenerse “políticamente” mediante naves en el Golfo, presiones contra Cuba y otras formas de “relaciones camales”.

Salvo en áreas restringidas (textiles y automotrices en México, por ejemplo) son los propios EEUU quienes demandan inversiones de manera creciente.Un gran flujo de capitales se dirigió desde 1982 hacia los EEUU, pasando de 28.100 millones en 1980 a 138.000 en 1987. “Una bomba de succión de capitales de todo el mundo”,con el cobro de intereses de la deuda y el mantenimiento de altas tasas de interés 3.

Las actuales relaciones de la Argentina con los EEUU no parecen alterarse con el triunfo de Clinton. Por un lado, una verdadera integración económica resultaría dudosa debido a la profunda crisis económico-social norteamericana. Pero por otro lado, continuaría el alineamiento político debido a la necesidad norteamericana de mantener en vigencia su hegemonía militar-ideológica mundial. El desconcierto del entorno gubernamental se debe a que parten de una versión meramente ideológica del modelo norteamericano y no de las condiciones reales de integración.

Lapregunta que queda planteada es ¿qué alternativa queda, para la burguesía argentina, de inserción de la Argentina en el mercado mundial? Más allá de las medidas de corto plazo adoptadas para mantener la estabilidad, parecería que no existen políticas viables de inserción a largo plazo. Las relaciones con los EEUU. en particular, no se alterarían conel triunfo demócratay continuarían siendo.ni más ni menos,una mera subordinación económico-política. e

Notas MRL/AB Buenos Aires, abril 1993

l. Buster. G.: "My name is C linton, ¿1nd I'm Pancha", en: “lnprecor”, Nro. 29, febrero de 1993, p.11 y ss. 2. Kramer. M.: Playing our rlre end game, en: “Time international". Nro. 43. 26 de Octubre de 1992.

3. Clarín, 28-11-92, p. 12. " *

4. Clarín, 16-3-92, p. 12. i

5. Boron. A.S./ Godinez. V.M.: Entre Roosvelry Reagan: contenido y límites de la alternativa neoliberal, en: ClDE. “Cuademos Semestrales". Nro.l4, segundo semestre de 1983, p.47 y ss.

6. Clarín, 14-2-93, p. 23.

7. Buster, G.: El sueño americano se convirtió en pesadilla, en: “lnprecor”, N9 22, junio de 1992. p.3 y ss.

8. Herrera, L.: Economía mundial: ¿gordura o hinchazón?, en: “Correo intemacional", Nro. 39. marzo de 1989. p. 2 y ss

8 ' abril 1993

pierre salama y j acques valier

Argentina, Brasil, Mexico,

srmilitudes

diferencras

del ajuste an iinflacionario

A su paso por Buenos Aires en el pasado mes de febrero, Pierre

Salama nos

dejó el artículo que aquí se publica que es una versión

abreviada del posifacio al libro escrito conjuntamente con Iacques Valier La Economía Gangrenada, que acaba de editar siglo IDH.

1990: Argentina y Brasil: Alza de precios de más de 1300% y decreci- miento del Producto Interno Bruto (PIB) de más de 4%. México: alza de precios de 30% y crecimiento del PIB de cerca de 4%. Argentina: re- ducción sustancial de la inflación a partir de abril. México: continuación de la desinflación. Brasil: importan- tes alzas de precios.

Estos ejemplos ilustran bastante bien la contrastada situación que han vivido los países latinoamericanos en estos últimos años. La mayor parte de ellos se estanca en una crisis ca- racterizada por la mezcla poco feliz de hiperinflación e hiperrecesión. Otros, menos numerosos, luego de una década de desgarramiento de su tejido económico y social, parecen Volver a anudar con un crecimiento no inflacionista'. Aquí presentaremos los escarpados caminos seguidos por

México, que lO han llevado a una desaceleración del alza de los precios a partir de una Situación de alta infla- ción y a un regreso seguro al creci- miento. Esta inversión de la Situación no va acompañada de una mayor equidad y parece amenazada por el desarrollo de un muy importante déficit de la balanza comercial. Pre- sentaremos, también, brevemente y de manera mucho más prudente, ha- bida cuenta de la rareza de las infor- maciones pertinentes, los escarpados caminos de la desaceleración del alza de precios seguidos 'por Argentina con el plan Cavallo, llamado de do- larización “activa” de la actividad económicaz.

El cese problemático de la hiperinflación abierta

1. Las políticas de ajuste orto-

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doxas llamadas de primera genera- ción, de inspiración liberal, tuvieron efectos perversos cuyo costo social fue extremadamente elevado. Lejos de reencontrar los grandes equili- brios buscados, las mismas acen-

tuaron los desequilibrios, al tiempo.

que, sin embargo, permitieron que pudieran efectuarse fuertes trans- ferencias de capitales, en concepto de servicio de la deuda externa. La alta inflación, y en algunos países la hiperinflación rampante, bien de- generaron en hiperi-nflaciones abiertas, las que sucedieron hiper- inflaciones rampantes a niveles su- periores, bien conocieron una ace- leración, sin que, no obstante, se pueda hablar de hiperinflación abierta. la espiral hiperinflación rampante-hiperinflación abierta - verdadero círculo vicioso- y el contexto de desindustrialización para algunos, de industrialización disminuida y más irregular para otros, dificultaban el éxito de las politicas de ajuste llamadas hetero- doxas (Plan Austral y Plan Cruza- do), de inspiración, keynesiano-es- tructuralista, en la medida en que la cuestión fiscal y los tratos de la deuda externa no estaban resueltos. Desde ese momento, la ineficacia de los políticas actuaba como causa del agravamiento de la crisis y de la pérdida de credibilidad de las po- líticas económicas. _

En algunos casos, las políticas de ajuste llamadas de segunda generación encontraron cierto éxito. También de inspiración-liberal (retirada del Estado, apertura de fronteras), con

un costo social elevado, pudieron detener la hiperinflación en algunos países, sin que el regreso al creci- miento durable esté garantizado 3.

En resumidas cuentas, el análisis de las hiperinflaciones latinoameri- canas, así como de las de Europa, muestra el papel clave de la tasa de cambio. Si la misma se estabiliza y se vuelve creíble, las anticipaciones auto- realizantes sobre el alza de precios cesan.

Las vías y los medios de esta estabilización son complejos: la ga- rantía exterior -que conduce, entre otras cosas, a una reducción sus- tancial del servicio de la deuda y, así, a un posible regreso a un déficit comercial sin riesgo-., pero también un pacto social hacen posible una estabilización de la relación de fuerzas y, finalmente, un nuevo papel atribuido al Estado.

En un contexto de desindustria- lización para unos y de sistemas productivos profundamente debili- tados para otros, en razón de una acumulación durante mucho tiem- po insuficiente, el regreso a uncreci- miento sostenido con una débil infla- ción, aparece como muy difícil y pro-

blemático 4, pero no imposible. Más

allá de una simple recuperación técnica de corta duración, el creci- miento puede ser alimentado por el enriquecimiento de ciertas capas de la población adquirido durante la “década perdida”. Estaríamos en- tonces, en presencia de un creci- miento todavía más excluyente que e_1 que caracterizó al período previo a la crisis. El crecimiento puede es- tar, igual y conjuntamente, sosteni-

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abril 1993

do por el desarrollo de ciertas em- presas que no incorporan tecnolo- gías sofisticadas, orientadas hacia la satisfacción de los mercados ex- ternos, si estas últimas alcanzan a acaparar estos mercados detentad os antes por otras empresas, residentes en otros países.

2. La tasa de cambio es la variable clave. Pero la política de tasa de cambio no puede, ella sola, condu- cir a una reducción de la tasa de inflación. Se sabe que, en general, la sobrevaluación del cambio, si la misma constituye un freno al desa- rrollo de las exportaciones, tiene efectos desinflacionistas 5. Esta po- lítica ha sido llevada a cabo estos , últimos años por la mayor parte de los gobiernos °. Fue seguida pOr‘la política de maxidevaluación de co- mienzos de los años ochentas, de la que hemos visto los efectos perver-

sos sobre la deuda interna. Sin em-I

bargo, esta política no suscitó efec- tos desinflacionistas en Argentina (al menos hasta abril de 1991) y en Brasil; por el contrario, en ese en- tonces se vio acompañada de una desinflación importante en México y en Argentina más recientemente. Evidentemente, esta contradictoria situación muestra los límites de una política de cambio cuando ésta no es acompañada de otras medidas y/o cuando no está garantizada, económica y/o políticamente, por las grandes potencias.

En el caso de Brasil, por ejemplo, el control de cambios se traduce en una tasa de cambio paralelo que se aleja, algunas veces considerable-

mente, de la tas'a de cambio oficial. La tasa de cambio paralelo sirve de indexador de hecho y el diferencial creciente con la tasa de cambio ofi- cial restituye las anticipaciones al alza de los precios más auto-reali- zantes. Este doble movimiento de alza y de precipitación al alza no queda sin efecto sobre la tasa de cambio oficial. La tasa de cambio nominal oficial sigue entonces a la tasa de cambio nominal paralela, pero aunque el movimiento de este último pesa sobre la tasa de cambio oficial, ésta puede apreciarse en el contexto inflacionista que provoca paralelamente.

El mantenimiento, difícil, de una sobrevaluación de la tasa de cambio real, por una parte pesa sobre :la competitividad de las exportacio- nes, y por otra va acompañada de una aceleración. del alza de los precios en algunos países. La polí- tica de sobrevaluación produce en ese caso, pues, efectos perversos.

Por el contrario, una política de sobrevaluación de la moneda, acompañada de una liberalización de los cambios, puede producir efectos desinflacionistas, como los casos de México y Argentina lo han mostrado, con la condición, sin embargo, de que se tomen otras medidas de acompañamiento.

Más precisamente, la credibili- dad dela nueva política de cambio en México va a producir efectos desinflacionistas. Acompañada de un pacto de solidaridad económica que prevé cláusulas de evolución más bajas de los precios adminis-

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trados de los servicios públicos que la del nivel general de los precios, medidas frente a los bajos salarios fuertemente deprimidos desde fi- nales de los años setentas .y más particularmente desde las políticas de estabilización, y medidas de li- beralización del comercio exterior, la apreciación de la tasa de cambio real va a suscitar una reducción de la tasa de interés nominal, vía una reducción de la tasa de inflación. Así como lo hemos visto, esta re- ducción va a suscitar una baja del déficit presupuestaria y a poner en marcha una secuencia inversa a

aquella que proponen lOs moneta-t'

ristas: la baja de los precios previa la del déficit. La apertura de las.

fronteras, sin medidas de acompa-'

ñamiento de parte del Estado, va a conducir a una reducción del exce- dente comercial y muy rápidamente (1991) a un déficit comercial muy importante (7 mil millones de dó- lares tomando en cuenta a las-ma- quiladoras).

Deben hacerse dos observacio- nes. La primera concierne a las transformaciones del aparato in- dustrial, que siguen a esta apertura. Las exportaciones en su conjunto han crecido relativamente poco, (un un poco más de 2%, es decir, menos que el PIB en 1991), y las importa- ciones han explotado (más de 23%).

].C. Casar 7 divide el aparato industrial en cuatro .subconjuntos. La productividad participa del me- joramiento de la competitividad en el primer subconjunto. Los otros tres siguen profundamente marcados

por el nivel poco elevado de los sa- larios. El segundo subconjunto es competitivo gracias a los bajos sala- rios. Los dos últimos subconjuntos ya no Son competitivos en razón de la política de apreciación del 'cambio llevada y de la reducción de los de- rechos aduanales. _En resumidas cuentas, el crecimiento de las ex- portaciones prevalece sobre el de las.importaciones en los dos pri- meros subgrupos, y sobre todo en el primero, al tiempo que los dos últimos conocen un desfondamiento de sus exportaciones y un infla- miento sin precedente de sus im- portaciones. Los tres últimos sub- conjuntos son deficitarios. Se puede, pues, considerar que la apertura se acompaña de una transformación de una parte del aparato industrial - sobre todo de aquella para la cual la competitividad descansa en la pro- ductividad-, amenazando a aquella cuya competitividad está fundada en los bajos salarios, y finalmente provoca un proceso de erradicación de las empresas que, a pesar de los bajos salarios, no son, además, competitivas. Estas industrias, que se beneficiaban de una ventaja de- rivada del solo hecho de que con- taban con una situación protegida o bien colocada, al abrigo de las ba- rreras aduanales, son así elimina- das por la apertura y la política de cambio llevada, porque nohay po- líticas industriales que contemplen adaptarlas a las nuevas condiciones. Esta transformación erradicación se hace, en cierto sentido, “sin mira- mientos” y México está en camino

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de descubrir la vía "prusiana de la reforma industrial” sin que, sin em- bargo, la eficacia de esta vía esté garantizada. '

Esta transformación del aparato industrial iniciada antes incluso de las medidas de liberación es, sin embargo, segura, aunque frágil. El aumento de la tasa-de formación bruta de capital fijo, incluso si no alcanza el niVel de los años setentas, está encaminado, sin embargo, a acentuarla.

La segunda observación con- cierne a los movimientos de capi- tales. La política monetaria seguida ha provocado importantes entradas de capitales llamados especulativos. Esta política monetaria ha consisti- do en crear un diferencial en las tasas de interés entre las practicadas en Estados Unidos (por lo demás bastante bajas) y la taSa mexicana, más elevada, de tal manera que se vuelve atractiva, tomando en cuenta las anticipaciones sobre el mante- nimiento de la política de cambio, para repatriar los capitales. El mo- vimiento ha sido masivo y, gracias a la entrada de capitales por con- cepto de' inversiones extranjeras directas (correspondientes, aproxi- madamente, a una cuarta parte de

los movimientos de capitales tota?

les), a una reducción del servicio de la deuda consecutiva a la baja de las tasas de interés internacionales y a los pasados acuerdos de reducción y, finalmente, a las nuevas posibi- lidades de pedir prestado a los mercados internacionales, el servi- cio de la deuda ha podido ser sacado

adelante a pesar del remolino pro- vocado pór el exceso de las impor- taciones sobre las exportaciones.

Dos aspectos son considerados como motivo de estas entradas de capitales. El primero concierne a las inversiones directas. La recupera- ción del crecimiento, el regreso a un alza modesta de los precios y las perspectivas ofrecidas por la próxi- ma firma del tratado de libre co- mercio con Estados Unidos y Ca- nadá incitan a un desarrollo delas inversiones-extranjeras. Estas com- prenden inversiones que, portado- ras de nuevas tecnologías acopla- das a procesos de trabajo más so- fisticados que en el pasado, partici- pan en la transformación del aparato industrial y financiero del país. El segundo aspecto concierne al carác- ter volátil delos capitales especula- tivos. La entrada de estos capitales está en función delas anticipaciones hechas sobre la tasa de interés y la tasa de cambio. Las tasas de interés americanas. pueden aumentar, ha- ciendo más difícil el mantenimien- to de un diferencial .de la tasa de interés positivo a favor de México, al menos que las tasas de interés mexicanas se mantengan, compro- metiendo un poco el financiamien- to de las inversiones y, de este he- cho, la decisión de invertir.

Más importante, el desarrollo del déficit comercial puede hacer más difí- cilmente creflvle la continuación de la política de apreciación de la moneda. Toda especulación sobre la tasa de cam- bio compromete, en efecto, la entrada de este tipo de capitales e inicia un círculo

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que de virtuoso se convertiría en vicioso.

Hay, en consecuencia, una carrera de velocidad entre la consolidación del aparato industrial y los'efectos negati- vos del creciente déficit comercial sobre la tasa de cambio, y, asi, a cierto plazo, sobre la inflación y el déficit presu- puestarios.

La recuperación del crecimiento, la baja de la tasa de inflación, la reducción de las desigualdades y la disminución de la exclusión social constituyen cuatro objetivos cuya complementariedad puede ser buscada. La opción tomada con- templa resolver los dos primeros esperando que los otros sigan apa- reciendo, en consecuencia, como eminentemente peligrosos y frági- les, porque dicha opción hace de- pender el conjunto de la posibili- dad de mantener una pareja cambio- interés adecuada. Se trata de una apuesta de un costo social extrema- damente elevado, tomando en cuen- ta el estado de deterioro de los ingre- 505 de gran parte de la población.

La opción inversa, consiste en apostar a la reducción de las des- igualdades y de la exclusión social, se hubiera podido tomar en la me- dida en que es verdad que la infla- ción no Viene de un exceso de los salarios, que la apertura exterior no es antinómica a un desarrollo del .mercado interno y que, finalmente, una política que se refiera más a la competitividad que en el pasado no es exclusiva de una intervención del Estado consecuente, así como lo muestran los países de Asia del Sudeste o Japón 9.

El caso argentino es interesante. El camino adoptado para salir de la hiperinflación y de la caótica situa- ción es original. Fijando la tasa de. cambio nominal, liberalizando el control de cambios, Argentina ase- gura a sus habitantes la convertibi- lidad de su moneda y su ósmosis al dólar. Convertibilidad y ósmosis se traducen, consecuentemente, en una dolarización activa de la economía. Cierto, esta dolarización provocada y ya no sufrida, acompañada de una liberalización del comercio exterior, de una retirada del Estado del sec- tor productivo (privatización), tiene puntos en común con la vía mexi- cana. Apreciación de la moneda (es decir, inflación en dólares) y ten- dencia al déficit comercial parece ser el precio pagado tanto en Ar- gentina como en México. Pero la situación de argentina difiere de la de México. De entrada, porque ar- gentina ha conocido una verdadera hiperinflación y porque la misma no ha quedado sin efectos sobre la creciente obsolescencia del aparato industrial del país, como así se ha podido mostrar, y luego porque Estados Unidos no tiene una larga frontera con este pais. A diferencia de otros paises, con excepción, pro- bablemente, de Perú, la dolarización había sido muy importante‘y una reserva considerable de dólares es detentada por habitantes argenti- nos, se trate de empresas o de in- dividuos 9. La política de aprecia- ción de la moneda nacional, me-- diante la fijación de la tasa de cambio nominal, acompañada de

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importantes medidas de liberaliza- ción y probablemente de un replie- gue del movimiento sindical, acenv tuado par su división, han podido conducir a una reducción sustancial de l_a tasa de inflación y a una ligera recuperación de la tasa de crecí- miento del PIB, a partir de un nivel muy deprimido.

La tasa de inflación bajó muy fuerte y muy rápidamente, alcan-

salta y adquiere una significación precisaf la evolución del saldo de la balanza comercial. El excedente co- mercial disminuye muy fuerte- mente, deviene negativo en octubre de 1991, y nulo en noviembre.La cOntinuación de la política de cam- bio llevada adelante por el gobierno se vuelve entonces más difícil al menos que los capitales especulati- vos sean captados por la Bolsa de

zando menos de 1% mensual, ele-""‘ Buenos Aires y colmen así la brecha

vándose sin embargo de nuevo, ocho meses después de la puesta en marcha del plan, a 3% mensual. En vísperas de la puesta en marcha del Plan, la capacidad productiva ociosa alcanzaba más del 60% de la capa- cidad instalada en la industria, y la inversión. estaba extremadamente deprimida. A partir de abril-mayo, la capacidad productiva ociosa disminuyó, pasando a 30%, la in- versión siguió retrocediendo, pero más débilmente, aumentó fuerte- mente durante dos o tres meses y retrocedió de nuevo, de tal suerte

que el crecimiento del PBI fue nue- -

vamente positivo en 1991. Agre- guemos a esto que la tasa de salario horario real se mantiene, lo que contrasta con el período anterior, y s la tasa de desempleo parece dismi- nuir ligeramente a finales de 199].

Los datos estadísticos son muy pobres y- no siempre muy fiables, y las estadísticas prefieren privilegiar la‘ difusión de los elementos sobre las masas monetarias más que sobre la producción, la productividad, los salarios, etc. Pero del conjunto de las estadísticas disponibles, una re-

provocada por la evolución del co- mercio exterior. El "colchón" de dólares detentado por el público, resultado de la dolarización pasiva, y las reservas gubemamentales‘s‘on, en efecto, insuficientes para contra- rrestar durablemente las tensiones sobre el mercado de cambios. La apuesta al “hot money” se reveló, en consecuencia, eminentemente arrieSgada.

Todavía es demasiado pronto para saber si la vía argentina de do- larización d'e la economía pued-e tener éxito. La misma echa luz sobre el papel del tipo de cambio y su credibilidad en el interior de las políticas antiinflacionistas. Sin em- bargo, la salida durable de la infla- ción sólo podrá estar asegurada si la acumulación se recupera, lo que lejos se encuentra de estar garanti- zado.

Salir de la alta inflación Ode a hiperinflación rampante es casi tan difícil como buscarle la cuadratura al círculo. Pero, contrariamente a lo que pasa en matemáticas, la cua- dratura puede'ser realizada en ecOnomía, siguiendo caminos ca-

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muflados, muy estrechos, escarpa- dos. Desde el momento en que la tasa de cambio alcanza a ser esta- bilizada de manera durable -lo que es, por lo menos problemático-, la disminución del alza de precios engrana un proceso acumulativo.La reducción de la tasa de inflación reduce, en efecto, las tasas de inte- rés nominales, y al menos que haya un alza considerable de las tasas de interés reales, el servicio de la deuda interna es considerablemente redu- cido, así como se ha podido igual- mente observar en México, mientras que los ingresos fiscales aumentan gracias al efecto Olivera-Tanzi in- vertido. Si no hay un aumento sensible del gasto público, el déficit presupuestario disminuye y el lla- mado al ahorro privado igualmen- te, dejando así más posibilidades de funcionamiento al mercado de ca- pitales. El préstamo es, entonces, más fácil para las empresas, si, con todo, las mismas deciden aumentar sus inversiones.

Pero encontrarle la cuadratura al círCulo de manera durable -du- rante el tiempo que el cultivo infla- cionista se vea profundamente afectado- implica que. algunas con- diciones sean respetadas. En Méxi- ‘c':o, las perspectivas del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá constituyen un hecho nuevo. Las inversiones extranjeras afluyen. La continuación del “con- venio” salarial y este nuevo contexto juegan contra la fuga de capitales, no Obstante el hecho de que el déficit comercial se hunde. En Argentina,

luego del fracaso, de julio de 1989 a marzo de 1991, de siete planes de estabilización, la dolarización, es decir‘ concretamente .el manteni- miento del tipo de cambio nominal a un nivel estable, en el marco de una política de liberalización y del rompimiento del compromiso del Estado con el sector productivo e infraestructura], ha provocado una primera fractura de las anticipacio- nes inflacionistas, a partir de abril de 1991.

Pero la salida no es únicamente monetaria y/o financiera. El cese durable de'los procesos hiperinfla- cionistas reside en el comporta- miento de las inversiones produc- tivas, y en la elección del régimen de acumulación. La no responsabi- lización directa de las desigualdades y la exclusión, trasladada a la su- puesta capacidad del crecimiento para resolver parcialmente este problema, constituye una apuesta extremadamente arriesgada y una salida socialmente costosa de la crisis. Existen otros caminos. La crisis no indica el único camino de salida, más que en el espíritu cada vez más dogmático de los econo- mistas llamados liberales. Volver a anudar durablemente con el creci- miento plantea, hoy más que ayer, el problema de la equidad, es decir, de un papel nuevo correspondiente por derecho al Estado tanto en sus funciones redistributivas (tributa- ción más justa) como en sus fun- ciones productivas (el paso de una intervención directa masiva a una intervención indirecta más sustan-

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cial y pertinente), diferente de lo que ha sido en Bolivia, en México y en Argentina. Es bajo esta condición que el circulo vicioso de la hiperin- flación-hiperrecesión podrá ceder durablemente el lugar al círculo virtuoso de la baja inflación y el crecimiento durable y más equita- tivo.

Saint Jean de Luz, Junio 1991

Notas

1. El calificativo de hiperinflación, así. sea rampante, parece abusivo en el caso de México. A partir de una infla- ción que puede ser calificada de alta, se desencadenó una dinámica hiperinfla- cionista bastante breve. Como lo mos- traremos, las discusiones en torno a los calificativos de alta inflación y de hipe- rinflación rampante no son semánticas.

2. "Activa"porque es decretada. Esta dolarización se opone a la dolarización "pasiva", es decir, sufrida.

3. Nadie duda, sin embargo, que la caída de la inflación puede constituir una fuente de legitimación para los gobier- nos que la han puesto en marcha, cuan- do incluso los procesos perversos de las precedentes politicas liberales. Los ejem- plos de México y, sobre todo, de Argen- tina, son convincentes al respecto.

Agreguemos finalmente que las po- líticas llamadas de segunda generación pueden encOntrar cierta legitimidad puliendo sus propios fracasos. Estos son, en efecto, abonados a la cuenta de un Estado todavía demasiado intervencio- nista -y porque es demasiado interven- cionista es ineficaz y despilfarrador-, y no a las medidas liberales que pudieron ser aplicadas. Este argumento constitu- ye, por otra. parte, el credo del Banco Mundial y de lo que se ha dado en lla-

mar el “Washington consensus”. La responsabilidad de la década perdida incumbiría a la intervención demasia- do importante del Estado, y las políti- cas de ajuste ortodoxas habrían frenado la decadencia provocada por estos ex- cesos intervencionistas.

4. Recordemos que la sensible re- ducción de las inversiones, a lo largo de los años ochentas, se realizó en el mo- mento en que se asistía a una verdadera mutación tecnológica en los países in- dustrializados y se tradujo en una rela- tiva pérdida de competitividad. Esta fue algunas veces artificialmente manteni- da mediante una política de subvalua- ción del tipo de cambio, más a menudo mediante los bajos salarios y, sobre todo, mediante fuertes subvenciones a las ex- portaciones. Sin embargo, la insuficien- cia de las inversiones, de los gastos en investigación y desarrollo, la degrada- ción de las infraestructuras, pesa es- tructuralmente de manera negativa so- bre la competitividad y hace más dificil una salida de la crisis mediante una mayor apertura de 'la economía al ex- terior.

5. A través del rodeo seguro de las importaciones vueltas más baratas. Por este efecto es relativamente poco im- portante porque estas economías son relativamente cerradas. Son, sin embaro go, muy sensibles al exterior y, en este sentido, se puede decir que son "abier- tas", a causa precisamente de los efectos de las variaciones del tipo de cambio sobre los precios ampliamente indexa- dos a élÏ

6. A la inversa, es una política de maxidevaluación la que, en Bolivia, rompió la hiperinflación abierta. Es verdad que la misma fue acompañada de un aumento muy sustancial de los precios de toda una serie de productos, antiguamente administrados, y de

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grandes facilidades, al nivel del trata- miento de la deuda externa que garan- tizan el nuevo tipo de cambio.

1 7. LC. Casar, "la competitividad de la industria manufacturera mexicana 1989- 1990”, mimeo., ILET, 1991.

8. El debate ya no es entre desarro- llo orientado hacia el interior y desarro- llo orientado hacia el exterior. El desa- rrollo descansa a la vez en una amplia- ción del mercado interno gracias a una reducción de las desigualdades decidi- da y puesta en marcha a través de una politica fiscal y una politica social con- secuentes, por una parte, y a través de una competitividad mejorada, por otra. En el marco de las mutaciones tecnoló- gicas y financieras que en esos últimos años conoce el mundo llamado desa- rrollado, calificadas a menudo con el término "globalización", este mejora- miento de la competitividad es el pro- ducto complejo de fuerzas del mercado y de intervenciones del Estado. la libe- ralización concebida como una retirada del Estado de la economía y, asi, la falta

depolitica industrial, tal como parece practicarse hoy día en México o en Ar- gentina, se opone a la politica de inte- gración activa dentro de la división in- ternacional del trabajo tal como es practicada or los Nuevos Países in- dustrializados (NPI), por ejemplo. El desarrollo puede ser sacado del interior y del exterior con la condición de que haya una intervención del Estado con- secuente, a la altura de las apuestas. Optar exclusivamente por el mercado externo, sin intervención consecuente del Estado. también lo es. L

9. En parte porque el gobierno ar- gentino habia frenado la retroventa de divisas derivadas de la exportación - con el fin de evitar que la masa moneta-' ria aumentara demasiado fuertemen- te...- de tal suerte que reembolsara me- nos de los que hubiera debido a los acreedores extranjeros. Los exportado- res conservan asi una parte en divisas del producto de sus exportaciones.

10. La reducción del déficit sigue a la de'sinflación y no a la inversa.

FÁW’SÏÍ’A

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fernando hugo azcurra EE.UU:

LA DECADENCIA DEL LIDERAZGO INDUSTRIAL

Cuando se intenta considerar la situación de conjunto de la sociedad norteamericana en la actualidad desde una perspectiva socio-política, es casi obligado comprobar una profunda fractura en las alianzas de clase y políticas establecidas decenios antes y' en particular de aquellas que arran- caron con un gran pragmatismo y una visión integradora de la administra- ción Roosveltiana de los años 30.

Tal bloque social y políticas globales se extendieron, aun con diferen- cias de estilo y medidas económicas, a lo largo de más 35 años, pasando claro está la etapa de la segunda guerra y el esfuerzo sucedáneo para la reconstrucción del capitalismo occidental.

Asi y con variantes el modelo del New-Deal se propagó bajo las suce- sivas administraciones abarcando los sectores medios, la Clase obrera y las burguesías comercial e industrial, en la búsqueda de plasmar en corto tiempo el “sueño americano” de poder y bienestar ilimitados.

La década del 70, no obstante, se abrió con hechos económicos y polí- ticos impensables poco tiempo antes: devaluación del dólar en 1971, derro- ta militar en Viet-N am, Crisis petrolera y manipulación delos exportadores de petróleo que provocaron un alza descomunal en el precio del mismo, etc.

El welfare-state, la alianza social que implicaba y las polí ticas integradoras practicadas por ambos partidos, pero sobre todo por el demócrata, co- menzaron a hacer agua, hasta desembocar diez años más tarde en una fuerte crisis económico social y una conflictividad entre partidos politicos y teóricos, que las administraciones republicanas no han hecho más que ir acentuando la polarización y disgregación social hasta llegar a hoy' en que el nuevo presidente Clinton y su elenco neoliberal apuntan a retornar aquella antigua política que sin embargo no pareciera tener una sólida base real como para augurar nuevos y mejores tiempos.

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Orígenes e inicios de la decadencia

l-Iacia fines de la década de los ’60 los EEUU. comenzaron a experi- mentar una serie de fenómenos económicos que afectarían su tasa de crecimiento en el largo plazo y que lejos estaban de considerar como amenazantes de su poderío industrial y de su domino político en el occi- dente capitalista.

La ampliación, en esos años, de los gastos gubernamentales en pro- gramas sociales y la aún mayor expansión de los gastos militares por la agresión a Viet-Nam, junto con el aumento espectacular, ya en los comienzos de los 70, delos precios del petróleo,provocaron un fuerte shock inflacio- nario. Duraria no menos de diez años el intento de controlarlo sin tener finalmente éxito total. Pero además aparecerian algunos problemas un tanto inesperados: aquellos derivados de la competencia en el mercado mundial con la C.E.E. y Japón.

La tradicional sabiduría académica sobre que la política económica de origen keynesiano no era otra cosa que dar con la sensata transacción entre desempleo e inflación comenzaba a revelarse como impotente ya que ambas variables manifestaban una tendencia a incrementarse simultáneamente

Y mirado un tanto en profundidad por esa época existían ya indicios de orden estructural en la economía norteamericana que daban señales de estancamiento en el mediano plazo .del cual no podrían salir rápidamente ni, mucho menos, fácilmente. .,

Las extraordinarias ventajas competitivas que los EEUU. habían logrado luego de la segunda posguerra traducidas básicamente en una enorme capacidad de acumulación y reproducción del capital tanto en lo interno como en lo externo daban la sensación de un desarrollo sólido e ininte- rrumpido, además de inalcanzable por otros competidores.

La economía de los EEUU. eran el mayor mercado mundial considerado tanto productivamente como de consumo; habían perfeccionado sus sis- temas de organización del trabajo en la producción masiva de productos variados y de alta calidad; en el ámbito de la tecnología las empresas norteamericanas no tenían ningún tipo de competencia que significara algún riesgo así fuera mínimo; y todo el proceso productivo y de servicios contaba con una mano de obra altamente educada y calificada; competente y moderna para los manejos de los negocios, lo que posibilitaba que su economía fuera de una gran capacidad de ahorro y de una más elevada capacidad de inversión, determinando así altos niveles de ocupación y del nivel de vida de su población mayoritaria. -

Como a veces se suele leer enla literatura económica, el mismo éxito de su desarrollo fue lo que paulatinamente minó las posibilidades hacia fines de los 60 comienzos de los 70.

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La gran magnitud de las inversiones en equipo fijo y Ia necesidad de largos plazos de'retomo del capital fueron los que impasiblemente con- formaron una situación de inercia teenológica y de retraso en las innova- ciones, precisamente cuando estas innovaciones son las que acortan sig- nificativamente los plazos de retorno y permiten un aumento de la pro- ductividad. Saturados por lasformas monopolistas de dominio, los mer- cados de productos fueron haciendo lentamente que las empresas y cor- poraciones perdieran su dinamismo e insistieran mucho más en la mani- pulación de los precios que en el aumento de la productividad y la mejora de los procedimientos productivos. Si a esto se le añade una política macroeconómica de gastos militares crecientes y un gran desarrollo del capital ficticio que es improductivo por definición, es sencillo ver como todo 'confluyó en un poderoso ralentizador de la potencia económica de los EEUU ante el avance cada vez más agresiVo de sus más acérrimos competidores: la C.E.E. y el Japón. l

Fue esta situación estructural, definida en grandes trazos, la que en- contrará Reagan a inicios de los '80 cuando accede a la presidencia y sobre la cual operaría con lo que se conoce como un renacimiento de las políticas económicas neoliberales l por oposición a las formas keynesianas que se habían implementado en la década anterior.

La administración reaganiana

Cuando Reagan asume la presidencia de los EEUU. a‘inicios de los ’80, la economía norteamericana padecía tasas de inflación notablemente altas, como también altas tasas de desempleo y un gran deterioro en el proceso de inversión. El cuadro de fondo en relación con sus competidores mun- diales; un voluminoso incremento de las importaciones industriales y de tecnología moderna que eran apetecidas por los consumidores e inverso- res estadounidenses; enormes déficits, por tanto, en la balanza comercial, que sumado al desplazamiento de capitales hacia el exterior bajo la forma de empréstitos superiores a la entrada de los mismos hacia el mercado interno fueron determinando persistentes y crecientes balanzas de pagos defióitarias; el surgimiento abrupto de enteras regiones industriales en decadencia, cuando no en el abandono total, que redundó en un ostensible aumento del desempleo estructural y un descenso global del nivel de vida de la clase obrera norteamericana sumó un cuadro preocupante que de- mandó la atención mundial.

Reagan se dispuso a enfrentar el problema dela economía y la sociedad norteamericana de una manera contundente y sin cortapisas contra aquellos que según él se oponían a un relanzamiento del liderazgo estadounidense en el mundo y de las fronteras para adentro. Diseñó, pues, una política

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económica que apuntó (y lo hizo) a bajar impuestos a las grandes corpora- ciones con el declarado propósito de obtener un estímulo de la acumula- ción de capital; simultáneamente atacó a la clase obrera mediante el de- - bilitamiento, o incluso la eliminación directa, de reglamentaciones sindica- les y de modo indirecto por medio de una brusca reducción de los gastos gubernamentales en asistencia social y educación, todo atado a-una polí- tica de deliberado aumento en los gastos de defensa hasta el punto de plantear la famosa “guerra de las galaxias”.

La administración de Reagan acompañó esto con una difusión y defensa ideológico dela desregulación de los mercados, la libre iniciativa y actividad sin restricciones del capital privado, que eran las supuestas marcas inde- lebles de un neoliberalismo económico apoyado en la más plena libertad de mercado que estarían en condiciones de realizar una óptima asignación de los recursos llevando a una mayor eficiencia económica y a una suba de la productividad del trabajo en relación con sus rivales, y dejaría atrás las tradicionales políticas keynesianas de fomento del consumo e intervención del Estado en la economía. '

La política monetaria que se practicó de carácter restrictivo y las altas tasas de interés empujaron la economía norteamericana hacia una grave recesión y consiguientemente a una vuelta de tuerca de los enormes déficits que lejos de disminuir crecieron casi descontroladamente. Afectada la demanda de consumo; bloqueada la inversión; disminuida la capacidad de ahorro que es la que permite que en tiempos normales sea aprovechada por la inversión en equipo fijo, maquinaria y construcciones inmobiliarias; estimulado el auge de la especulación bursátil y financiera; el crecimiento de la economía en el mediano plazo se vio en definitiva seriamente resentido y finalmente se fue traduciendo en un menor nivel de vida de la clase media y en menores oportunidades para el capital reproductivo. Eran los resultados tangibles de la economía smnin-sider, es decir del lado de la oferta que tanto habían pregonado los economistas conservadores al estilo de Arthur Laffer.

El resultado final a lo largo de los dos períodos del gobierno de Reagan y su continuidad con Bush, no fue otra cosa que un agravamiento de todas las tendencias negativas que venían de las décadas anteriores y visto de cerca no hubo nada en las administraciones republicanas últimas de an- tikeynesiano en pro de un pretendido neoliberalismo antikeynes.

Más aun, con la perspicacia que les es habitual, John Kenneth Galbrait pudo afirmar rotundamente que “Keynes nunca estuvo eclipsado ‘. La década del '80 fue un período extremadamente keynesiano de la economía norteamericana, en el que el gran déficit público se utilizó para financiar el desarrollo armamentista. Es un ejemplo clásico de la utilización keynesia- na del financiamiento del déficit para sostener la economía. La idea de que

zz ' ' ' abril 1993

vespecífica de intervención keynesiana del Estado en relación con la

f

Keynes fue abandonado en los 80 es un típico error de quienes confunden la retórica de la libre empresa con la realidad de un masivo gasto deficitario. De lo que ahora se habla es de usar el apoyo gubernamental no para las armas sino para los bienes civiles. Pero esto no altera la situación funda- mental” ("Global Viewpoint” Nueva York, 28-11-92).

De modo que en rigor habría que hablar más bien de una modalidad

líti- ca fiscal y social, que se tradujo en una mayúscula transferencia de Fgcur- sos por medio de la. primera hacia las franjas más ricas de la población norteamericana y en un deterioro de sus ingresos y de su calidad de vida para el resto. Hubo, pues, un divorcio entre la retórica y la realidad, es decir, entre la actitud ideológica y los hechos consumados de la. política económica, entre la posición económica real y la posición politica, liberal- keynesiana una, reaccionaria,'conservadora, autoritaria y declamatoria la otra.

La reaganomics que fue un intento de responder a la declinación econó- mica norteamericana se resolvió como una política de la élite gran burguesa financiera que atacó las conquistas y posiciones de los trabajadores logradas a partir de los años 40-50, y no pudo detener el descenso de la posición industrial que ya es una involución histórica de orden mayor para los EEUU.

Los que se han llamado los costos de la hegemonía yanqui, comenza- ban a hacer sentir su peso en el imperio: el dólar que se había constituido ‘en la divisa mundial fue alterando su valor hacia el alza lo que descolocaba a los productos norteamericanos; la función de guardián militar del mundo capitalista para enfrentar al oso Ruso, le significaba dedicar una proporción mayor de su producto en armamento y logística de alta sofisticación que sus rivales capitalistas no estaban obligados a hacerlo; el presupuesto se fue cargando año tras año de subsidios tributarios, y préstamos de garantía a las compañías; y finalmente la capacidad y rapacidad de los capitalistas norteamericanos para hacer del lucro financiero su principal actividad en detrimento de aquellas transformadoras dela industria, tuvieron un efecto crucial en el deterioro del liderazgo norteamericano.

Reacción actual contra la decadencia

Hacia la segunda mitad de este siglo, en particular a partir de los esfuerzos económicos que implicaban la restauración de Europa luego de la 2da. Guerra Mundial, los EEUU. se constituyeron en el gran prometor del desarrollo económico de occidente; fue la gran locomotora que/arrastró al capitalismo en su conjunto hacia una recuperación productiva; Bajo el paraguas protector deldesarrollo atómico y militar de los EEUU. la C.E.E.

I!

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y el Japón fueron las áreas económicas que en las décadas siguientes, reaccionaron creciendo a expensas de ellos si puede decirse.

EEUU. que definió las reglas de juego de las relaciones económicas mundiales hasta hoy, ha perdido la delantera y se enfrenta desde una

sición no inferior a la de sus rivales pero si debilitada.

El hecho de que la gran burguesía norteamericana, arrogante y confiada tanto en sus éxitos económicos como en las tropelías políticas de todo cuño, se durmiera sobre sus lauros, es más el resultado de su propia posición hegemónica y sus contradicciones intrínsecas que una pérdida de voluntad personal de sus empresarios para la lucha y la innovación como pretende el liberalismo y es ahora, cuando sus'rivales la han alcanzado y en algunas ramas de gran importancia económica la han sobrepasado, que toman conciencia de esta desagradable realidad. l ¿ ‘I

A inicios de los 90 el clamor levantado desde los estratos académicos y desde los niveles industriales más golpeados ha llevado a la necesidad de una toma de conciencia de que la situación norteamericana es de una gravedad estratégica y no se debe sólo a inepcias o incapacidades de personas o administraciones, y que debe apuntarse a buscar respuestas de orden estructural y de largo plazo, en sus propias bases productivas y en el comportamiento de su élite dirigente política tanto como en las fracciones financiero-industriales del gran capital.

Para este proceso de autoconciencia de sus fuerzas y limitaciones co- mienza por detenerse en el trazado de un cuidadoso diagnóstico sobre el- estado de algunas de sus principales industrias productivas tanto en el mercado interno como mundial, y que son reconocidas unánimemente como las más afectadas de manera decisiva ya desde mediados de los ’80, años en que el fenómeno se volvió ostensible al menos para los más advertidos economistas y críticos que iban más allá de la visión de corto plazo y de las euforias temporarias que a cada tanto otros sermoneaban con la gran capacidad de recuperación de los EEUU. para doblegar y salir de las depresiones.

0 Industria dela microelectrónica: nacida como norteamericana sin lugar a dudas y habiendo tomado la delantera los EE.UU han declinado en faVor de los japoneses que de. hecho han establecido un auténtico monopolio mundial sobre los chips de los semiconductores, NEC, Toshiba e Hitachi reinan sin competidores americanos. . En el área de las computadoras también su poderío está cediendo paso a los japoneses y en un futuro no muy lejano tanto Apple como IBM deberán aprestarse a librar severas luchas ya que su participación en el mercado mundial sigue retrocedien- do.

0 Industria de aviones comerciales: la Mc Donnel Douglas, la Boeineg la Lockheed, cargadas de dificultades financieras, han visto aparecer rivales

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de su mismo tamaño y con mayor capacidad de captación del mercado. La nueva competencia es la que ofrece el Airbus de la C.E.E. y prontamente aparecerá la de los japoneses que tienen ya un diseño estratégico para esta industria.

0 Bienes electrónicos de consumo masivo: era ésta una industria enla que los EE.UU. no tenían competidores a la vista hacia los 50. En la actualidad han quedado prácticamente eliminados por los japoneses y muy secun- dariamente por la Philips europea.

o Industria del acero: ha quedado rezagada tecnológicamente ya que en el momento en que debió proceder a la renovación por las altas inversio- nes realizada en el período anterior mostraron una gran inercia aún cuando hubieran realizado gastos enormes pero mal dirigidos y peor administrados. L. Thurow ("La guerra del siglo XXI” Javier Vergara Editor, 1992) manifiesta que “la historia de la industria siderúrgica no es interesante por lo que dice acerca del futuro del acero sino por lo que dice acerca de la revolución que se aproxima en los nuevos materiales elaborados a pedido, como la cerá- mica, los compuestos y los superconductores. En el horizonte apunta un nuevo movimiento tecnológico. Pero estos nuevos materiales no serán producidos en EELUU. a menos que a los norteamericanos les vaya mejor en su carácter de líderes tecnológicos en los materiales del futuro que lo que fue el caso en la función de líderes tecnológicos de los materiales del pasado” (p. 219).

0 Productos de origen químico: aquí se enseñorean las tres grandes firmas alemanas Bayer, BASF y Hoechst; inversión de grandes cantidades de capital y sólida organización de la creación científica y producción masiva industrial son los presupuestos que no se han encontrado en el caso americano.

o Productos textiles: en esta industria tanto los europeos (en especial Alemania, Francia e Italia) como los Chinos han demostrado una mayor flexibilidad de adaptación para abastecer a los consumidores. Los EEUU, luchan por sobrevivir fronteras adentro ya que en el mercado mundial no figuran. Penetrados por el concepto de producción masiva sin segmenta- ción del mercado y sin tener en cuenta la variedad en la calidad de la demanda de los diferentes consumidores según su nivel de ingreso, los empresarios norteamericanos han quedado produciendo bienes sin calidad ni variedad y con precios que los dejan fuera de mercado. Y aquí se ha comprobado que los bajos salarios no son lo decisivo ya que Alemania por ejemplo paga a sus obreros más que los americanos y sin embargo sus ventas son mayores.

0 Producción automotriz: el renglón que más tocó la sensibilidad de la burguesía norteamericana en su orgulloso monopolio y que consideraban llanamente como inalcanzables para siempre es el de los automotores. En

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ninguna otra industria como en esta se manifiesta de manera tan paten- te. Su declinación productiva considerando que fueron los “inventores” de la producción masiva de un bien semidurable y que ellos a su vez habían arrebatado la delantera a los europeos a principios de este siglo. Además es una industria con una gran capacidad de demanda de acero, aluminio y cauCho, por lo que su decaimiento en el mercado interno e internacional afecta directamente a a esas industrias. En este rubro hoy y a pesar de que hace años las tres grandes (General Motors, Ford, Chrysler) están intro- duciendo técnicas productivas, de gestión y marketing tomadas de los productores japoneses no los han superado y las mejoras no han resultado eficaces. Por lo que las mejores fábricas norteamericanas no son tan eficientes como las mejores japonesas, pero‘las peores norteamericanas son, eso , mucho peores que las peores japonesas.

Esta industria por su poder demandante de acero, aluminio, caucho y partes eléctricas, es de gran importancia porque al detener su crecimiento o incluso bajarlo,induce a la recesión de aquellas con lo cual agrava el desempleo afectando la demanda de consumo en‘ los EEUU.

o Y por último la industria de máqu¡nas-herramientas la que ya a me- diados de los ’80 estaba comprobadamente por detrás de los japoneses en precios, variedad y calidad. El retroceso en esta industria tiene a su vez importancia porque arrastró auna variada gama de otras que dependen de ella: relojería, aparatos de precisión, motores eléctricos, grandes camiones para obras públicas, bulldozers, tractores, vagones de ferrocarril y omni- buses. Esto es lo que llevó a una pregunta angustiada y a una respuesta categórica a Thurow en la obra ya citada "es posible tener una fabricación de categoría mundial sin máquinas-herramientas de jerarquía mundial? No!” (pág.‘ 232).

Por primera vez en su historia la burguesía norteamericana se plantea, ante el reto exitoso de sus rivales, una comprensión global de su crisis de largo plazo e incursiona hacia formas explicativas que cuestionan el modelo es cífico de su capitalismo que hasta hace dos décadas le había dado tantos resultados y que hoy ya no alcanza para mantener su posición de potencia económica. Sobre todo porque persistiendo en los moldes antiguos más tarde o más temprano la llevará adecaer también en su rol de potencia militar.

Panorámicamente hablando la forma del capitalismo americano estric- tamente en su faz económica se ha basado en: l) una agresiva burguesía individualista apoyada en la explotación tanto extensiva de sus recursos naturales como intensiva de la mano de obra; 2) una obsesiva finalidad maximizadora de la ganancia rápida sin mayores limitaciones de explo- tación de la fuerza productiva laboral; 3) el estímulo constante del consu- mo opulento de gran parte de su población, en particular de su franja más pudiente (lo que J. K. Galbraith ha llamado la cultura de la satisfacción

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denominando a esos estratos como subclase funcional de los satisfechos, y que ya fuera anticipadamente considerada con una mirada profunda pero absolutamente .despreciativa por Thorstein Veblen en su obra pionera "Teoría de la clase ociosa” hacia fines del siglo pasado); 4) desde el punto de vista técnico una insistencia abrumadora en desarrollar tecnologías de los productos, por encima o llanamente desconociendo, lo que se comienza a conocer como tecnologías de los procesos productivos que apuntan al largo plazo y a la consideración del consumidor no como fuente de nuevas explotaciones para la ganancia fácil sino como origen y destinatario de la riqueza social, que además produce un excedente reinvertible en manos de los empresarios bajo control del Estado y de los usuarios; 5) una relación organizativa entre capital y trabajo supeditada a formas excluyentes dela gestión y' de los procesos en su conjunto que descartan toda participación. Ocurre ahora que el tan conocido autoritarismo salvaje y casi esclavista del capitalista americano con su característica de maltrato y de dueño absoluto de vida y estancias dentro de las corporaciones se está demostrando ser mal "asignador de los recursos y peor utilizador del elemento primordial de la producción: el trabajo humano".

Podría decirse que el viejo modelo americano con todos aqüellos "de- fectos" del corto plazo y la concepción estrecha ha derivado en las des- ventajas competitivas actuales en que, cuando menos, el capital fijoactúa como un freno a más y mejores inversiones; han surgido nuevas líneas de producción con una mayor rentabilidad promedio que las "viejas" existentes y ha dado lugar a la expansión de empresas de producción'que aprovechan costos menores en otras regiones fuera de los EEUU.

Y como un proceso de autoconciencia de sus fuerzas y de sus límites actuales la burguesía norteamericana ha empezado a darse cuenta de dos aspectos cruciales: el primero de ellos es la necesidad de establecer un verdadero programa defensivo industrial, que ponga en caja a los "vikin- gos financieros” concebidos como salteadores del esfuerzo económico del país y reorientarlos hacia la producción, incluso obligándolos a una mayor asociación entre finanzas e industria poniendo aquella al servicio de ésta y no al revés como hasta ahora; “el desafío que nos aguarda no es el de la competitividad, como se lo suele definir. El desafío es mantener una so- ciedad coherente” (Roberto Reich, “Los Angeles Times Syndicate del 5-11- 91, reproducido en Clarín del 6-11-92); el segundo es la formulación de un plan estratégico nacional de largo alcance abarcador del comercio mundial y de las relaciones internacionales en materia militar y política, algo de lo cual ha comenzado a perfilarse con las proposiciones políticas y económi- cas dela administración de Bill Clinton.

Los norteamericanos no están ya en condiciones de obligar a sus rivales a que desempeñen roles subordinados en función de sus propios intereses,

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pero pueden hacer valer aún esos intereses imponiendo restricciones limitaciones, algo así como aceptar que si los demás quieren brusquedades y sacudidas en el mercado mundial tendrán respuestas bruscas y Sacudi- das. Parecería, pues, que la burguesía americana se dispone a dar batalla ya no al enemigo archiodiado del comunismo ante lo cual todos sus aliados debieron subordinarse bajo su política global, sino ante sus pares del propio campo capitalista.

Algunas hipótesis prospectivas

A la luz de los conceptos que hemos expuesto en las páginas anteriores pueden elaborarse de manera sucinta una serie de ideas o hipótesis no conclusivas sino más bien abiertas e interrogativas.

La situación de decadencia, además de tener origen en aspectos es- tructurales de la economía norteamericana incentiva grandes rivalidades entre las distintas fracciones del capital y los intereses políticos, en cuanto a planes y fines, plazos y estrategias, para salir de la crisis y hacer que los EE.UU recuperen su posición hegemónica global en e} mundo. Sin embargo, por todo lo antedicho, y dados los condicionamientos que ofrece su actual forma productiva es harto difícil que esto se alcance de modo rápido y vigoroso, si es que alguna vez se alcanza.

Para los EEUU (y esto con seguridad repercutirá en todos los mercados del mundo) sonó la hora del ajuste de sus políticas estatales. El programa dela nueva administración así lo ha comprendido y lo ha iniciado, des- mintiendo de inmediato sus redentoras promesas electorales.

La búsqueda afanosa se vuelca en el corto plazo por estrechar las cuentas fiscales, de manera que se obtengan fondos para el fomento de la Inversión y el empleo; habrá un leve recorte de los gastos militares cuya cuantía no se ha podido siquiera estimar por las luchas que ya se han desatado entre los Iobbies para no perder proyectos. Como complemento de lo anterior se despedirán agentes públicos, aumentarán los impuestos que castigarán a la clase media, aquella que en la campaña se dijo que se protegería eliminando gravámenes y que ha sido olvidada en sus primeras medidas. '

El resto de las acciones domésticas adoptadas harán el pretendido tránsito hacia la recuperación más oneroso y pesado para la población. Las corporaciones han dispuesto hacer pagar muy caro al pueblo sus políticas de reactivación capitalista.

'Y en cuanto a aspectos más generales lo que puede decirse es que la tendencia fundamental de los proceso económicos futuros tanto para la producción como para la circulación del capital mundial, pasarán más que hoy, o que en el pasado inmediato, por las relaciones entre los cada vez

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mayores conglomerados y holdings financieros de los tres bloques princi- pales del mundo. La periferia capitalista subdesarrollada, en esta perspec- tiva, quedará cada vez más marginada dando lugar a un agravamiento de la situación de desigualdad económica y social en sus fronteras internas.

Vivimos bajo una verdadera tendencia a la globalización de los diferen- tes mercados locales y nacionales en mercados regionales (NAFTA; CEE; Japón y el sudeste asiático) que bajo la égida de las gigantescas corporaciones monopolistas asistidas y respaldadas por el Estado que supera su carácter de entidad política tradicional, reguladora del espacio geográfico y eco- nómico, organizan a escala global la libre circulación y especulación del capital.

De cara al siglo XXI y teniendo presente las actuales formas de luchas comerciales y'monetarias, los grandes holdings de los tres bloques en disputa, desarrollarían sus rivalidades no por los mercados de la periferia subdesarrollada para obtener ventajas monopólicas de abastecimiento o provisión de materias primas de origen agropecuario y minero, como lo fue en la época colonial y de dependencia económica, sino más bien en tomo de procesos tecnológicos y científicos buscando ventajas diferenciales y liderazgos productivos. Podría así suceder que las bases económicas de posibles enfrentamientos militares o de intentos de resolver estas disputas por vías violentas no encuentren su razón en aquellas viejas causas sino en las que surgen de la nueva situación de los proceso tecnológicos de pro-. ducción y comercialización.

O sea que lo que fuera el- reparto del mundo por la posesión de mercados y ventajas monopolistas de viejo cuño, pasaría a deSplazarse hacia luchas despiadadas en el apoderamiento de nuevas formas monopólicas sobre patentes, procedimientos tecnológicos y mercados de demanda cautivos dentro mismo de las regiones o bloques en pugna. Las modalidades de violencia mafiosa, confrontaciones sordas o atronadoras.(por ej. escánda- los políticos y económiCos de las administraciones y de los partidos poli- ticos) junto con un mayor aumento del bandidaje industrial, etc. pueden“ llegar a adquirir niveles antes desconocidos e impensables. Las guerras localizadas y el militarismo como rama que es de la economía capitalista manifestaría una tendencia a adquirir proporciones alarmantes en lugar de disminuir como se suele pronosticar.

El incremento de la socialización de los procesos de producción y el abrumador dominio en ellos de la ciencia aplicada y de la tecnología de última generación, parecen destrozar si cabe el término, las formas tradi- cionales de relación entre la propiedad privada del capital sobre la pro- ducción y la sociedad y el trabajo como medio de producción y distribu- ción del excedente social.

El rol del Estado como actor decisivo de la economía y sus políticas

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macroeconómicas se reforzará y adquirida nuevas dimensiones, no sólo ante las crisis cíclicas y recesiones, sino como un inductor y sostenedor, en el largo plazo, de la inversión, el desarrollo y el nivel de vida de la población. Tal'lo que puede inferirse de las actitudes, planes y estrategias que el Estado norteamericano está tomando como concentrador y admi- nistrador general de su burguesía monopólica y como producto de la cnsrs. _

Su rol ha adquirido ya características estructurales para el funciona- miento del sistema capitalista, no provisorias y exógenas como a principios de este siglo. La utilización capitalista financiera del mismo por parte de las grandes burguesías aún siendo una especie de resolución negativa de los antagonismos sociales y económicos de la sociedad burguesa, parecería despuntar hacia formas socioeconómicas que están más allá del mismo sistema y lo superarían. Las condiciones estructurales en el sentido histórico pero también económico para el desarrollo de la crisis general del capita- lismo no sólo no habrían desaparecido sino que más bien se podrían desarrollar en toda su magnitud. '

l. Utilizamos el término neoliberalismo económico, para diferenciar de las significacion'es más habituales que se realizan en la literatura politica y sociológica de los centros académicos y publicaciones en general de otros países, las que aluden a neoliberalismo como una versión actualizada del viejo liberalismo sostenida por el partido demócrata y tendria sus mentores más conspicuos en R. Reich y Lester Thurow; reservándose el vocablo conservadurismo para las posiciones'de los republicanos. El ultraliberalismo a la Friedman, que es la tercera acepción se acercaría más a nuestra significación.

Buenos Aires, marzo 1993 Textos consultados

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Galbraith, J.l<.: La cultura de la satisfacción, Emece ed. 1992.

Frank, A.G.: La crisis mundial, Bruguera ed. 1989. l

Abalo, Carlos. “La reconversión y las mutaciones de largo plazo en el capita- lismo”, Cuadernos del Sur Ng 13, 1991.

Durand, Maxime: ¿Adonde va la crisis?. Cuadernos del Sur n9 14, 1992.

Brenner, Robert: Las raíces de la decadencia económica de EE.U U. Brecha N91? 3. 1986-1987.

Borón, A. y Godinez V.: Entre Roosvelt y Reagan: contenidos y limites de la alter- nativa neoliberal, Cuadernos de CIDE, 1983.

Solari, Andrés: El "ofertismo" y la política económica de Reagan, Teoria y Política 9, 1983.

Buster, Gustavo y Lebranc, Paul: varios artículos en Inprecor para América Latina, nos. 21, 22, 28 y 29. 1992-1993.

30 ' abril 1993

.cl‘aude gabriel ' E u ro.p.a CII Cl‘lSlS

, El tratado de Maastricht inauguró una nueva fase en el proceso de unificación europea. El resultado de los referen- dun francés y danés y‘los movimientos regionalistas progre- -- sistas o reaccionarios, por un lado; y el desfazaje actual en

los ritmos de unificación económica y política y las dificul-

tades de inserción en una economía mundial en crisis, por

otro, siembran de interrogantes el proceso de El articulo que incluimos a continuación -publicado en la re-' vista española Viento Sur números 1 y 3, de Febrero y lulio de 1992, indaga respuestas a algunos de estos interrogantes.

I Antes y Después de Maastricht

Losmediosdeeomunicadónmhan escatirnado el sus . A cada nuevo crujido en la preparación de Maastricht, los periódicos sacaban rápidamente la conclusión de que el yecto comu- nitario estaba hundido. Pero en cuanto se anunciaba un nuevo compromiso, algunos días más tarde, en La Haya, en Bonn o en París, los mismos editorialis- tas proclamaban que se había dado un paso importante. Sólo la prensa britá- nica, siguiendo en ello al gobierno de Major, ha mantenido en general una línea sostenida homogénea de critica y de dudas.

Abundando en este aspecto, al tiempo que la prensa francesa "te- mía" que la nueva Alemania rompie- ra el proyecto europeo para volverse hacia Europa central, la prensa ale-V mana anunciaba que era la voluntad europea de Francia la que se debili- taba por temor a una hegemonía de la nueva Alemania unificada. Así es como se forjan las opiniones públicas de los distintos países, en función de los deseos diplomáticos y de las ma- niobras politicas. En medio de un proceso en que los estados mayores capitalistas proceden a liberarse de las trabas “nacionales”, se continúa apelando a los fantasmas chovinistas

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para disimular el verdadero conteni- do de la reestructuración en curso.

¿Cómo desprenderse de este im- presionismo que lo invade todo? ¿Cómo traspasar la cortina de humo y hacerse con los mecanismos reales?

Cuando estalló la crisis yugosla- va, muchos editorialistas expresa- ron su desilución por la poca ho- mogeneidad demostrada por la Co- munidad y por su incapacidad para llevar a cabo una política realmente intervencionista. ¡Cuántas cosas se esperan de esta Europa! Unos es- peran que regule las diferencias nacionales y acabe con el paro; otros, que permita el relanzamiento eco- nómico; otros más, que sea capaz de convertirse en nuevo gendanne regional, etc.

¿Existe Europa?

Sin duda, hay que empezar por desenredar la madeja de las diver- gencias que han enfrentado, durante los últimos meses, a los estados y los gobiernos de la Comunidad.

._Ciertamente, la lista es larga, desde ¡a asociación de los países de Europa del Este hasta el papel del futuro banco central pasando por el peso del Parlamento Europeo, las pre- rrogativas de la Comisión de Bru- selas, la necesidad de una diplo- macia común, la perspectiva de una defensa integrada, etc.

¿Qué cosas dividen realmente las aguas y qué otras cosas no son más que contradicciones secundarias?

Por ejemplo, a buen seguro no son los acontecimientos en Europa

Central y la Unión soviética los que desestabilizarían de repente el pro- yecto de la Unión Económica y Mo- netaria (UEM). No hay razón algu- na para que, en un mundo como el actual, un país como Alemania se aventure sólo para obtener unas precarias ganancias en el Este, mientras haya en la Europa occi- dental un mercado de cerca de 400 millones de habitantes y consumi- dores siempre solventes formado desde hace mucho. Y si bien la economía alemana puede, sin duda, hacer frente al mismo tiempo a las dos políticas, no están, sin embargo, dispuesta a sacrificar las ventajas del gran mercado integrado europeo occidental.

Si enumeramos los diversos obstáculos en la construcción de la UEM, y al mismo tiempo, nos fija- m05 en las posiciones que en cada momento mantienen los diferentes Estados, nos daremos cuenta de que no hay un "campo" que defienda, respectivamente, doctrinas euro- peas terminadas y coherentes. De- pendiendo de que se discuta sobre la defensa, sobre el papel del Par- lamento de Estrasburgo, sobre la dosificación conveniente de “fede- ralismo”, o de “confederalismo”, sobre el papel del ECU, sobre los ritmos y etapas de la unión moneta- ria, sobre la política agraria común, etc,. los agrupamientos resultantes estarán compuestos por diferentes estados y gobiernos.

Esta diversidad puede interpre- tarse como una muestra más de de- bilidad de la Comunidad, al revelar

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la heterogeneidad de intereses. Pero, ¿qué hay de sorprendente en ello?. ¿Eran diferentes las cosas en la época del Tratado de Roma y de los primeros pasos del Mercado Co- mún? A fin de cuentas, fueron los intereses a largo plazo del capital los que empujaron los procesos, poco a poco, basándose en las inercias y en una serie de posiciones sectoriales. Así pues, podemos de- cir que, como mucho, las actuales diferencias favorecen el pragmatis- mo y los compromisos. El trasfon- do del asunto se encuentra en otra parte, en la reorganización de los sectores determinantes del capital y en la búsqueda de una salida a la crisis.

Un Nuevo Militarismo

Así pues, el problema no es tanto que los "europeos" no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo sobre Yugoslavia ni el hecho de que no hayan podido adoptar una acción intervencionista de forma vigorosa. En cualquier caso, lo embrollado de la situación en Yugoslavia hace muy aleatoria cualquier política de inter- vención exterior, incluyendo la de cada Estado por su cuenta (¿acaso hay una "política" clara y definida, eficaz y resuelta, que estados Unidos, Francia o Alemania hayan tomado separadamente?)

Si bien es cierto que algunos marcos no son los mismos para los socios europeos, es destacable que por primera vez -y “a fortiori" de un conflicto militar en Europa- se

hayan considerado una réplica y una intervención militar comunita- rias. El hecho de que estas cuestio- nes se hayan debatido seriamente es una muestra significativa de la tendencia vigente.

Por otra parte, se puede encon- trar en esta situación una parte de los debates sobre la "defensa euro- pea". El hecho de que la reciente cumbre de la Alianza Atlántica haya terminado con un compromiso que reconoce la conexión entre la CEE y la Unión Europa Occidental (UEO) confirma la tendencia a largo plazo hacia un nuevo militarismo euro- peo. En el mismo momento, Madrid anunciaba su'decisión de imbrin- carse en el proyecto de fuerzas franco-alemanas y tropas belgas participaban, algunas semanas más tarde, en maniobras junto a tropas miembros de esta famosa brigada franco-alemana.

Así, se ha vuelto muy difícil para los americanos pedir a Alemania que tome parte política y sobre todo financiera creciente en la defensa mundial, al tiempo que rechazan la progresiva cristalización de una de: fensa europea. La formación de un lobby militar-industrial europeo se asocia poco a poco a una doctrina europea de defensa y a intereses políticos y diplomáticos específicos.

No tiene por qué extrañar que esta perspectiva se combina con el mantenimiento de una Alianza At- lántica” revisada y con la conserva- ción del papel central del dispositivo militar americano. El mundo no está ya regido por una sola potencia he-

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gemónica, pero el capitalismo tie- ne, más que nunca, necesidad de una capacidad represiva multifor- me. Así pues, el cambio decisivo está en otra lado; en la relación que se va instaurando progresivamente entre instituciones políticas euro- peas en vías de integración y una parte del sistema de defensa "occi- dental”. Esta nueva estratificación de responsabilidades es consecuen- cia de dos factores: el debilitamien- to político y económico relativo de Estados Unidos (a pesar de la Guerra del Golfo, destinada, entre otras cosas, a resituar a este país en el seno del campo imperialista) y el aumento de los riesgos en Europa del Este y en el Tercer Mundo.

No obstante, sobre este segundo aspecto, la Comunidad tendrá sus propios intereses y especialmente sus responsabilidades particulares. Ni Francia, ni Alemania ni Gran Bretaña por separado podrán actuar de gendarmes incontestados en Africa, en el Océano Indico o en

Europa Oriental. Es, sin duda, un_

signo de los tiempos que sea en este preciso momento cuando se dibuje la posibilidad objetiva de una inte- gración militar europea, la única capaz de responder a los nuevos desafíos.

Sin duda hará falta todavía mu- cho tiempo para que se lleve a cabo esta transformación. Pero sobre éste, como sobre otros aspectos, el defi- nitivo bloqueo de la dinámica puesta en marcha no vendrá de las contradicciones económicas o polí- ticas “endógenas”. Solo las. luchas

sociales y la entrada en escena de movimientos políticos y sociales contestatarios podrían ser el grano de arena que impidiera a las bur- guesías europeas lograr esta muta- cron. -'

"La Voluntad Política

Dos categorias de problemas se entremezclan en la puesta en mar- cha de la UEM. La primera es la apertura de los mercados y la rees- tructuración de las empresas euro- peas en el marco del Acta Unica. La segunda es la de las instituciones, del tipo de comunidad politica .y extensión de las prerrogativas de ésta en materia de defensa y diplo- macia. Entre estos dos niveles, la cuestión monetaria juega un papel de bisagra, a la vez eslabón nece- sario del "gran mercado” y etapa decisiva para la puesta en marcha de una supranacionalidad institu- cional.

Es ahí donde se encuentra el mayor obstáculo en la actualidad. Es el momento decisivo en el que se da un desequilibrio entre los avan- ces de la internacionalización del capital y los procesos políticos que deberían derivarse de ello. Esta asincronía ha sido subrayada mu- chas veces, especialmente en lo que concierne a la enorme dificultad para sustituir los Estados “nacio- nales” actuales por un proto-Estado europeo.

Aparte de las resistencias socia- les y las luchas políticas, el único factor que puede provocar un fra-

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caso prolongado sería precisamen- te un desorden monetario debido a la pérdida de disciplina en el seno del sistema monetario (SM-E)... a causa de no haberse podido dotar a tiempo de una moneda única. No se puede descartar esta posibilidad. Hemos destacado ya que se trata ahora de una carrera de velocidad y que no será posible mantener por mucho tiempo la situación actual (libre circulación de los capitales y paridades relativas bajo vigilancia) sin instaurar paridades fijadas de- finitivamente en el seno del SME y sin una homogeneización de las ta- sas de descuento dicho de otra for- ma, un primer paso decisivo hacia la moneda única.

Habida cuenta de la creciente internacionalización de las econo- mías europeas, la UEM presentaría inmediatamente ventajas respecto a la transición actual. Permitiría, por ejemplo, la estabilidad de los cam- bios gracias a un ECU convertido en "moneda única”. Actualmente, los defensores de la UEM cifran el coste de las transacciones de cambio en un 0,5% del Producto Interior Bruto comunitarios. La estabilidad del cambio sería un elemento anti- inflacionista, así como la desapari- ción'de las anticipaciones, especu- lativas o de otro tipo, sobre las va- riaciones del cambio rendirían más colocándolas en ahorro en Europa, en comparación con el resto del mundo.

Las instituciones de la futura Europa, por otra parte, tienen tanta necesidad del ECU como moneda

única, como el ECU necesita, para existir realmente, de un “Estado europeo" en el que confíen las cla- ses dirigentes y las empresas. En efecto, no puede haber moneda "aceptada" por los detentadores de capital sin que ésta esté apoyada por un aparato de Estado fiable para

.la regulación general del sistema.

Las cuestiones monetarias e insti- tucionales representan, pues, un mismo problema con dos incógni- , tas.

Este es el verdadero marco y el nudo gordiano de la situación"; y no la crisis yugoslava, las exporta- ciones de carne checoslovaca o las candidaturas austriaca y sueca a la entrada en la CEE.

Esta contradicción fundamental entre los terrenos financieros y ecor nómicos, de un lado, y los moneta- rios y políticos de otro, podría pare- cer insuperable. Pero "la cada vez más compleja imbrincación de intereses industriales y financieros "europeos" y la puesta en marcha del “gran mer- cado" hacen que un fracaso definiti- vo de la UEM tuviera consecuencias gigantescas en el plano económico social. Esas consecuencias podrían' cambiar la relación de fuerzas entre las clases del viejo continente. Ello dejaría al sistema en el atolladero. Supondría una ruptura con las fomias pasadas de intervencionismo y de politicas económicas nacionales, sin que se realizara, por otra parte, el necesario transcrecimiento. Tal fraca- so abriría las puertas a muy profun- dos desarreglos económicos median- te los cuales se podría colar una nue-

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va era de conflictos sociales y de constestaciones masivas. Las clases dirigentes y los gobiernos son cons- cientes de ello, no lo dudemos; La voluntad política forma parte de los datos del problema y explica el prag- matismo y los compromisos actuales.

Lo que la prensa francesa ha in- terpretado (gracias a una estúpida anglofobia) como obsesiones an- tieuropeas de Margaret Tatcher en materia monetaria se ha visto fi- nalmente que corresponde a una visión más ajustada de los ritmos y las dificultades. El sueño "mitte- rrandiano” de un movimiento rá- pido hacia una Europa federal do- tada de su moneda única se ha quedado en humo de pajas. El propios presidente francés ha teni- do que conceder a los alemanes una perspectiva a más largo plazo para la última fase dela unión monetaria.

La posición británica actual no está guiada por una tendencia ideo- lógica al "atlantismo", a la defensa de la soberanía nacional, u otras majaderías. Es más bien la estruc- tura presente del capitalismo britá- nico la que explica las políticas eu- ropeas específicas de Londres/1. Y el paso de la era Tatcher a la era Major expresó, en estos temas, una ligera puesta en hora del péndulo de Downing Street, precisamente en función de las inflexiones en curso en las alianzas‘ y reestructuraciones industriales británicas.

Doble Desafío

Así, todos los países de la Comu-

nidad se ven enfrentados al mismo problema: llevar a cabo simultánea- mente la apertura de su mercado a la competencia exterior y la defensa de sus propios "campeones nacionales? . Hay dos procesos en marcha que se entremezclan: la reorganización mundial del capital, por una parte, y su reorganización específica en el plano europeo (incluyendo a los países de la Asociación Económica de Libre Cambio-AELC) por otra. Este doble proceso hace extremada- mente complicada la reestructura- ción industrial del viejo continente. Las alianzas, fusiones y reCompras se cruzan y entrecruzan entre eu- ropeos, americanos y japoneses, marcando áreas de interés diferen- tes según los sectores y productos. Ya‘ hemOs subrayado que no existe, hablando con propiedad, un tejido indústrial europeo ya constituido en estos momentos... Pero en algunos sectores y no precisamente los de menor importancia, las cosas están, sin embargo, bastante avanzadas: la banca y los seguros, la industria aeroespacial, la aeronáutica y el transporte, la industria del arma- mento en parte, la energía y la elec- tricidad, la distribución y, parcial- mente, el sector agroalimentario. Hay también sectores en los que, por el momento, el gran mercado europeo permite una simple com- petencia de socios europeos que se devoran tranquilamente, sin la in- tervención directa de los japoneses o de los americanos: por ejemplo, los transportes por carretera y, de momento, el ferroviario.

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Por el contrario, hay dos impor- tantes sectores industriales en los que la alianza europea sería priori- taria para sus planes estratégicos, pero sin duda no se ha logrado. Se trata, evidentemente, del automóvil, que muy malamente puede escapar a las alianzas con los japoneses y que irá perdiendo cada vez más terreno frente a sus fastidiosos co- legas. Y, a continuación, la electró- nica, donde la dependencia de los japoneses en materia de micropro- cesadores y la nueva alianza entre IBM y Macintosh dan al traste con las esperanzas europeas (Bull, Phi- llips, Olivetti). Parece, en fin, que la batalla en la televisión de alta defi- nición, librada a base de normas específicamente europeas con obje- tivos proteccionistas, está definiti- vamente perdida.

La amplitud de la reestructura- ción mundial es, pues, un pesado fardo sobre el tema de la UEM. Las reestructuraciones iniciadas hace más de diez años no están dirigidas solamente a concentrar el capital europeo, a superar la competencia entre "campeones nacionales" y a constituir un nuevo tejido industrial europeo sobre la base de un reparto del gran mercado... Están destinadas

' también, y sobre todo, a hacerse con una parte del merCado mundial. Además, en este terreno, hace falta, de una manera u otra, conquistar una parte del mercado americano para cada tipo de producto (ya que el mercado europeo no resulta ya suficiente) y es necesario situarse muy rápidamente entre los tres

primeros grupos mundiales. Así pues, hay que pasar de un plantea- miento industrial fundamental- mente ”nacional” a desafíos y marcos mundiales; entre ambos, la “industria europea" puede aparecer como una simple “virtualidad”.

A partir de ahí, los grandes gru- pos pueden oscilar entre una doc- trina proteccionista de Europa (véanse las posiciones de Peugeot frente a los japoneses) y una doc- trina de librecambio generalizada. Sin embargo, parece claro que el resultado actual de estas múltiples estrategias fragmentadas del capi- tal refuerzan finalmente la pers- pectiva de la UEM. Por otra parte, se realizan frecuentes llamamientos por parte de las grandes empresas europeas para acelerar el acuerdo monetario, así como las peticiones de ayuda a Bruselas para favorecer los polos europeos competitivos.

El fondo del asunto está, efecti- vamente, en el papel cada vez más importante del poder público, del “Estado”. Y ello pese a las tonterías liberales con las que se alimentan a las poblaciones de los diferentes países para justificar la austeridad... El poder público es tanto más útil cuanto que debe continuar ayu- dando a encuadrar las necesidades de investigación y ciertos proyectos de inversión que alcanzan sumas cada vez más gigantescas -véase el papel del Miti en Japón/ 2.

En el estadio actual -un poco a la manera de dos empresas que com- parten los riesgos de una investiga- ción o del lanzamiento de un pro-

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ducto- los Estados europeos deben intervenir conjuntamente para apo- yar ciertos grandes proyectos in- dustriales. Este es el papel de los programas de ayudas públicas a la investigación común: Race, Espirit,

Eureka, etc. Pero es también el caso .

de mercados como el del Airbus, de la sociedad. Ariane-Espace y del proyecto Hermes. l

El verdadero desafío se sitúa ahora en los futuros productos: la televisión de alta definición, las biotecnologías y la genética, el tren de alta velocidad, el coche “inteli- gente”, telecomunicación y pro- ductos multimedias, etc.

Este encuadramiento, esta ayuda y esta toma a su cargo de una parte de los riesgos por parte del poder público son elementos que abogan por un proto-Estado europeo capaz de financiar y coordinar estas nue- vas necesidades. El capital británico no escapará a estas necesidades. Major está sin duda convencido de ello, aunque debe antes maniobrar en su partido y no perder las elec- c10nes. j

La UEM estaba objetivamente inscrita en el Acta. Unica.;. No se puede dejar circular libremente los capitales sin plantearse rápidamente el problema de la divisa común. Porque, sin esto, el menor desequi- librio importante en el seno del SME, con la actual desreglamenta- ción, podría entrañar un vasto des- orden monetario, amplificado por la especulación. Fracasar en la UEM

implicaría, por lo tanto, una brutal

. marcha atrás en la puesta en marcha

del gran mercado... y, en conse- cuencia, una vuelta anacrónica a los proteccionismos estrictos naciona- les. Sería el tratado de Roma en su totalidad lo que quedaría en entre- dicho. ¿Es imaginable'una vuelta‘a 1959?

Por otra parte, la UEM repre- senta un importante eslabón de la política de "salida de la crisis”.

Consecuencia del Acta Unica,

combina reestructuraciones indus- triales, monetarias e institucionales. En última instancia, es decir a nivel político y Social, su logro constitui- ría un elemento rio-económico útil para una pósible salida de la onda larga recesiva. Constituye, pues, un reto mayor para las burguesías eu- ropeas y para los Estados.

¿Salida a la Crisis?

Hay dos tendencias que cohabi- tan, la de una mundialización en aumento y la que preconiza la constitución de una entidad políti- ca y económica europea específica. Deberá, pues, encontrarse un punto

¡de equilibrio entre un nuevo libe-

ralismo y un nuevo proteccionismo, en el marco de una hipotética salida a la crisis. Este es el marco de los tratos actuales del tratado General sobre tarifas y Comercio (GATT). Tres polos neo-proteccionistas pueden asi emerger en el seno de la OCDE: América del Norte (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Nafta), Japón-Asia'y Europa. Pero sería un error pensar que su forma se remitiría a una simple ré-

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plica de los viejos sistemas de "de- fensa" de las economías nacionales. Las guerras comerciales tomarán una forma totalmente distinta, ya que el desarrollo desigual y combis nado en el seno de los países;de la OCDE se va a hacer de manera multiforrne, según los sectores y productos: hegemonía japonesa, europea o americana, según los ca- sos. Ninguno de los polos tendrán una hegemonía absoluta, con algu- nas consecuencias en los planos militar y político.

Pero sería un error considerar este movimiento febril del capital como un movimiento caótico del cual fuera imposible prever futuras "racionali- dades". Una cosa es que la economía se mundialice cada vez más, o que los movimientos de capital sean cada vez más complejos, y otra que el sis- tema no tenga necesidad de un punto de equilibrio. Este no es generado pura y simplemente por la economía. La dimensión política y social, im- perativa para encontrar una salida ala crisis actual, debe incardinarse en un sistema socio-político nuevo en onda con la evolución mundial. La UEM y su paraguas político-inStitucional pueden ser precisamente una parte de la solución para los Estados euro-

peos.

Alcanzar al Adversario

Así pues, es necesario evitar una serie de errores. Por ejemplo, el de tornar sus deseos por realidades e interpretar las contradicciones inter- imperialistas como el último de los

avatares de la crisis'del sistema eu- ropeo. .

' Lo más urgente, sin duda alguna, es dotar al movimiento obrero y a las izquierdas anti'capitalistas de una respuesta alternativa a la Europa que

__ se va dibujando poco a poco. La nue-

va realidad hace“ que el repliegue es- tratégico en el marco nacional, por conservadurismo o por ilusión de autodefensa, constituya un callejón sin salida. Enseguida, quienes lo lle- ven a cabo acabarán por replegarse en la región o “nación”, en la ciudad o en la empresa. La micro-estrategia se convertirá en un refugio aleatOrio para todos aquellos que no hayan podido dotarse de un nuevo-intenta- cionalismo a la altura de las circuns- tancias. A partir de la interpretación de las luchas cotidianas y de toda las resistencias sociales que no dejarán de desarrollarse en los próximos años, hará falta comenzar a trazar los con- tornos de una Europa alternativa; al menos, los primeros elementos de una contraofensiva. Partiendo de las ne- cesidades inmediatas, sean económi- cas, sociales o políticas, habrá que construir una nueva coherencia, que combine el derecho a la autodetermi- nación de todos los colectivos de trabajo o de vida; y la audacia de un proyecto anticapitalista sin fronteras.-

La cumbre de Maastricht viene a recordarnos nuestro inmenso re- traso respecto al enemigo.

II Cinco Coordenadas

l. La perspectiva de la Unión Económica y Monetaria'(UEM) co-

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rresponde a una necesidad de valo-

rización del capital. Más allá de los problemas planteados por la com- petencia con las empresas japonesas y americanas, el gran mercado eu- ropeo tiene sus raíces en la natura- leza- del capital y' sus tendencias acumulativas: exportaciones y re- agrupamientos de capitales de orí- genes “nacionales” diferentes; de- sarrollos de estrategias y de técnicas de producción cuyos costes se es- tablecen cada vez menos en un único mercado nacional; insuficien- cia y pérdida de eficacia del Estado nacional para garantizar las condi- ciones generales de la producción.

El proceso emprendido en Eu- ropa para lograr una integración orgánica y finalmente política, aunque es muy complejo y audaz, no está al márgen, desde este punto de vista, del desarrollo de nuevas zonas de libre cambio, como la NAFTA en América del norte, AFTA en Asia, etc.

Precisamente porque nos en- contramos ante un proceso objetivo global, la Comunidad Europea (CE) constituye con la Asociación Eco- nómica de Libre Cambio (AELE) un "Espacio económico Europeo” (EEE), que prepara las condiciones de una uni ficación de toda la Europa Occidental.

El proyecto de unificación euro- pea, en tanto que reorganización del capital, juega, pues, un papel obje- tivo importante en la transforma- ción de numerosos elementos de la vida política y Social. El desarrollo hasta el final o no de la UEM, no

impide de forma alguna en la etapa actual, que este objetivo actúe de forma autónoma e importante en las mutaciones en curso.

2. En la medida que esta pers- pectiva no proviene, en primer lu- gar, de una voluntad política o ideológica, sino de una necesidad estructural del capitalismo, es lícito preguntarse cuáles podrían ser las consecuencias de un posible fraca- so. Dada la amplitud de los intere- ses en juego, así como la importancia creciente de las estrategias conti- nentales y mundiales para los principales sectores idustriales y financieros europeos, un fracaso irreversible de la Unión tendría consecuencias inconmensurables. La multiplicación de los montajes financieros y comerciales y la com- plejidad de la jurisdicción europea, ya'puesta en pie, no admitirán una larga parada en la primera o la se- gunda “etapas” de la Unión. No puede ya haber ahora un amplio intermedio histórico, por ejemplo, de varios decenios, estabilizado en las integraciones parciales ya reali- zadas. O bien se va a la UEM de forma relativamente rápida y con- trolada, o bien habrá una implosión por el retorno caótico a viejos pro- teccionismos. Una "regresión" hacia la situación anterior al Acta Unica haría entrar ahora al continente en la espiral de una crisis sin prece- dentes.

Por otra parte, es la comprensión de lo anterior lo que explica la fa- mosa “voluntad lítica", los Dife- rentes Estados y sus Gobiernos han

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identificado perfectamente este pe- ligro y avanzan, pues, de forma pragmática sabiendo llegar a los compromisos necesarios. Por el momento...

¿Pero es posible una "catástro- fe”? Sin duda, y sobre todo por la agudeza de las crisis políticas e institucionales. el ascenso de la ex- trema derecha en ciertos países, el rechazo al Tratado de Maastricht en Dinamarca, la importante oposición que encuentra en otros países, la agravación de la crisis monetaria bajo el impacto de la recesión..., pueden hacer descarrillar los con- sensos y compromisos realizados entre Gobiernos.

Tiene que haber» una cierta "so- lidaridad" entre el ascenso en cre- dibilidad de un ecumoneda-única y la constituciónde un proto-Estado que es su aporte institucional. Es ahí donde está el mayor problema: la desincronización actual entre la internacionalización del capital y la perspectiva muy aleatoria de una auténtica federación europea.

3. El Acta Unica, y ahora la UEM, se integran en las estrategias de sa- lida de la crisis.Se encuentran así numerosas relaciones entre la inte- gración europea y la reorganización de las empresas, en su búsqueda de un reestablecirniento de las tasas de ganancia y en su reorganización progresiva del proceso de trabajo. Este es el caso, por ejemplo, de las famosas "economías de escala”, que remiten a la idea de masa crítica para poder realizar hoy ciertas in- vestigaciones, y para fabricar e im-

poner a nivel mundial los nuevos productos. La masa de. financiación requerida, la dimensión de los ries- gos que se corren, imponen una su- peración del marco nacional, incluso regional, cuando la tasa de mono- polización del mercado es ya mu elevada. _ - ' 4. No hay que extrañarse de que la unificación europea se acompañe de ataques sistemáticos contra las conquistas sociales o que interven- ga como un factor agravante (o ace- lerante) en la precarización del tra- bajo y en los cierres de empresas. La mentira socialdemócrata de una

unión económica combinada con

una vertiente social progresista ha fracasado. Con toda evidencia, el tratado de Maastricht no invierte la tendencia ultraliberal del Acta Unica. La idea de una enmienda social a esta última había llevado a una “Carta Social" tan ineficaz como ridícula. ¡El capitalismo no saldrá de su largo período recesivo ha- ciendo regalos a quienes le propor- cionan su fuerza de trabajo!

5. Las convulsiones no esperan al último minuto.La reorganización capitalista conmociona, transforma e incluso desestabiliza a veces una parte de sus propios cimientos. Así ocurre con el Estado nacional, que había sido durante tanto tiempo tan profundamente necesario para la valorización de los mercados, su protección y la constitución de las condiciones generales de la pobla- ción.

Hay que precisar, sin embargo, que esta crisis institucional no está

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originada por el aumento de las prerrogativas de Bruselas. En su

origen se encuentra la pérdida de'

eficacia del estado nacional en lo que concierne a la regulación de un capitalismo cada vez más “mun- dializado”. . Una parte preponde- rante de los precios se realiza a ni- vel internacional y las políticas anti- crisis nacionales no tienen ya sus- tancia. La presión exterior ha deja- do de ser un embrollo reservado a los pequeños E‘stadosz-se ha con- vertido en un parámetro decisivo para todos los países.

La contradicción entre las exi- gencias del capitalismo y las limi- taciones del Estado nacional nunca ha sido tan fuerte. Los dos niveles se entrecruzan y se oponen. El Es- tado sigue siendo, en efecto, una pieza clave del equilibrio del con- junto. Conserva una parte de su antiguo papel en la valorización del capital y para todo lo que afecta al control social, a la producción ideológica y al monopolio de la fuerza. Pero el Estado sólo se en- tendía con sus fronteras nacionales y su legislación específica. lmponía su legitimidad por una relación idealizada, frecuentemente mítica, con la comunidad nacional.

Esta ha sido una larga historia, en la que guerras y revoluciones ju- garon papeles fundadores, hacien- do más o menos invisible, según las épocas, el lazo entre la ideología nacional y las neceéidades propias de la burguesía. El Estado aparecía,

pues, como algo inmutable: tan ne- '

cesario para la vida material como

para la propia identidad. “El” ha- bia sabido, incluso, convertirse a la vez en el Estado del Bienestar y el depositario de la identidad “nacio- nal”. ¿Cómo, entonces,iba a ser sos- pechoso de trabajar a favor de una clase social específica y en defenza de un régimen de explotación?

El Declive del Estado Nacional

Pero llega un día en el que la internacionalización deÑapital muestra desnudaTá complg’idadgel problema: eflstado pierde una parte de su funcionalidad para_lgs pgpios capitalistas. Aún útil, ya

fi 1 u -ntas a”n 'm rescindible

en muchos as ctos, no es a, sin embargo, elunico de'posrtario de los

intereses‘de ciertos sectores capita-

listas cryas políticas se juegan poco

ía poco a otra escala“ . El resu ta o está ahí: el _Acta

única pone en pie un sistema que debe hacer desaparecer las fronteras “nacionales” en lo que concierne a la circulación de las mercancías, de los capitales, de los servicios y de las mrsonas. Sigue srendo posible relativizar el acontecimiento evo- cando otras funciones del Estado, recordando que sigue siendo un instrumento central para una parte importante de las empresas y de la burguesía... Sin duda. Pero eso no quita para que la CE, en su nueva versión, consagre el fin de una época en lo que concierne a la realidad de los estados y su funcionalidad.

Por otra parte, en ese mismo movimiento histórico se Han acele-

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rado los procesos de desarrollo

Idesigual en el propios senovdeios ,¿

Estados europggs. La cnïis, y los

remedios parciales que el capital le aporta, han conmovido amplia- mente las jerarquías regionales. Las regiones más pobres y más desa- sistidas no han despegado a pesar de las ayudas y los "planes". Las otras, al contrario, han conocido, en el curso de los quince últimos años, importantes cambios relativos. Las regiones que habian e'stado en el centro del desarrollo capitalista durante más de un siglo han debi- do, a menudo, dejar sitio a otras en términos de crecimiento de la in- versión y de polarización de las nuevas industrias de alta tecnología. Resultado: las tasas de paro pueden ser muy diferentes entre los. anti- guos bastiones industriales y las

nuevas regiones dinámicas. El di-- ferencial de tasa de paro entre re- l

giones en Europa va de uno a un poco menos de seis.

La desigualdad y la disparidad.

se agrava en la medida que, una

vez más, la dimensión europea in-'

terviene aquí de forma autónoma. La "construcción europea” acentúa las desigualdades. Estimula sobre todo estos procesos por la distribu- ción regional de las inversiones no nacionales tras desaparecer las an- tiguas reglamentaciones.

Existían ya fondos estructurales encargados de compensar estas desigualdades. Las instituciones terminan interviniendo, por necesi- dad, pero lo hacen avalando los destrosos cometidos por el capita-

lismo. "Compensan", es decir, in.- tentan corregir utilizando las fi- nanzas públicas lo que ha sido provocado por los beneficios pri- vados. Pero se quedan muy cortas... Mantener el paro al nivel actual en las regiones más desfavorecidas ne- Cesitaría en ellas, según un alto funcionario de la. CE citado en Le Monde del l de-marzo pasado, la creación de dos millones de empleos deaquí al año 2000. Y para pasar del 50% del PIB medio comunita- rio, donde se encuentran ahora, al 70% sería preciso que esas regiones conocieran durante quince años un crecimiento ¡superior entre un 1,5% y un 2% al crecimiento medio eu- ropeo!

Ahora llegan los fondos de cohe- sión, que intentan en los esencial ayudar a los- cuatro países más desfavorecidos (Grecia, Irlanda, Portugal y el Estado español) para que reduzcan una parte de su re- traso en relación al núcleo duro de la Comunidad. Esos manás comu- nitarios continuarán jugando un papel de diferenciación interna.

Así nos encontramos con eljs- tadóïnacrggal._cggido en un bocadi- lBÏpBTdecirlo as’ÏeÏÉü-us cre-V

cientes dificultades para aseguLar

{ingestión fragmentana del capi- talismo mundial nggnísfiïeflstrate- gïas” regionales que intentan captar losdividendos de lasnuevas‘formas del desafio..." '

Hay claramente una ligazón en- tre esto y el desarrollo de las crisis institucionales en toda una serie de países. La lista no es exhaustiva,

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pero podemos mencionar a Italia, Francia, Bélgica (debate sobre el fe- deralismo del Estado), Gran Breta- ña y el Estado español. Cierto, no se trata siempre de crisis que enfrenten al Estado central, por un lado, y las regiones constituidas o naciones sometidas, por el otro. La crisis francesa o la crisis italiana no pro- vienen directamente de esos anta- gonismos; ello no impiden que los debates constitucionales que se de- sarrollan tengan algo que ver con los problemas de la representativi- dad y de los poderes de las diversas instituciones en el marco de la reor- ganización europea. De estas crisis repetidas resulta una pérdida de credibilidad en aumento de las ins- tituciones centrales y de los partidos tradicionales, que son su proyección aparente.

El presidente francés Francois Mitterrand resumía así su visión de la situación el pasado 29: "La con- tradicción está en todas partes: se expresa por una especie de dialéc- tica, que ya se ha señalado, entre la dislocación de hoy y la necesidad de unidad que continúa habitando en el espíritu de los europeos. Pero, por el momento, la dominante es la dislocación. Un primer período se dibuja ante nosotros: el de la exas- peración...”.

El Debate sobre la "Nueva Ciudadanía”

Se habla mucho de la crisis de representatividad política y de la crisis de la identidad nacional. Hay

que esforzarse por comprender sus raíces profundas y su carácter du- radero. Tanto más teniendo en cuenta que esto alimenta el racismo y el ascenso de la extrema derecha. Un informe de la Comisión Oficial de los Derechos Humanos francesa subraya que el racismo se. nutre, entre otras cosas, de "un sentimiento

_ de crisis del orden, de las institu-

ciones y dela identidad nacional”.

La “construcción europea”, combinada con la crisis del sistema económico, no es. ajena, sino todo lo contrario, a estos problemas. Si hay, en efecto, un inicio de entidades re- gionales, si el estado-nación pigde

una parte deggspoderesgroggye siendo r lo menos una Téza in- mglïïjfiïnfiría omïrïidad 'S‘e'íiiere dotar poco a poco de ciertas prerrogativas supra-nacio- }naqles, todo esto no ¡constituye por el momento una nueva estructura co- herente. Es el aspecto de crisis y de incoherencia el que domina, favo- reciendo teorías regional-reaccio- narias por parte de los "ricos": el Vlaams Block de flandes, las Ligas lombardas en Italia, la fuerte in- fluencia delos “republicanos” en el Bade-Wurtemberg, etc.

Por otra parte, la propia extrema derecha no está a cubierto de dife- renciaciones internas sobre la cues- tión europea. Su credo puede ser, bien la defensa de la soberanía na- cional contra los “eurócratas” de Bruselas (como hace el Frente Na- cional en Francia), bien un naciona- lismo de identidad regional/ 3.

En ese contexto se ha desarrolla-

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do el debate sobre la “nueva ciuda- danía”.

La ausencia de control sobre los cargos públicos electos es tan anti- gua como la democracia represen- tativa formal. Hoy la gente soporta cada vez menos una delegación de poder sin control regular y sin po- sibilidad de intervención: es una cuestión de interés. Esta evolución puede sorprender cuando asistimos a una crisis de la conciencia de clase y a un debilitamiento de las movi- lizaciones sociales de masas. ¿Qui- zás esta tendencia a sentir, cada vez más, la frustración de una demo- cracia, de fachada es una conciencia devaluada y apolítica, puesto que no se combina con el reconocimiento de una pertenencia de clase?

En realidad, parece que nos en- contramos ante un proceso combi- nado. Esta conciencia individual (que no hay que confundir con el individualismo cantado por los ideólogos burgueses) no es necesa- riamente el fruto de un deterioro de la conciencia colectiva. Expresa -o puede, al menos, expresar bajo ciertas formas- otro aspecto de la conciencia de clase, en las nuevas condiciones socioeconómicas.

El nivel cultural medio ha me- jorado; la urbanización ha aumen- tado hasta el punto de plantear problemas. nuevos de medio am- biente y de vida cotidiana; las cali- ficaciones y la organización del trabajo han cambiado; las mujeres han entrado masivamente en el mercado de trabajo; la escolaridad se ha prolongado, etc. Todo esto

produce reivindicaciones de nuevo tipo, que se expresan bajo formas específicas. La aspiración a autode- terminarse y a poder decidir sobre la propia vida puede así dar naci- miento a una nueva configuración de la conciencia social de los indi- viduos. '

Nuevas Formas de Exclusión Social

La clase obrera conoció un largo período durante el cual su relación con el Estado y la "ciudadanía" fue más tenso que lo que conocimos después de la II Guerra Mundial. Es lo que Etienne Balibar .llama una “extra-territorialidad"/4. Esta si- tuación engedraba formase específi- cas de representación obrera, de cultura y de solidaridad-Salvo pe- riodos excepcionales, la delegación de poder se. hacía I globalmente en beneficio de los “representantes cualificados" de la clase. Así, las fuertes concentraciones proletarias votaban en general y masivamente por quienes hablaban en nombre del proletariado. Y la rápida pérdida del control sobre estas burocracias po- líticas y sindicales parecía compen- sada por ganancias reales, logradas en las luchas pero luego garantiza- dos por negociaciones y legislacio- nes. Los jefes de partidos 'y de sin- dicatos se encontraban dotados de un mandato permanente para tratar con el adversario de clase. Esta forma de representación política de la clase alejaba de la conciencia de la mayoría el problema general de

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la democracia formal en el Estado.

Lo que el obrero obtenía para él, para su familia o para su comuni- dad, provenía delas luchas. Votaba para que esas victorias estuvieran protegidas “arriba” por gentes que representaban a su clase. Los bur- gueses no veían apenas en él a un consumidor, un usuario, o ni si- quiera un ciudadano de cuerpo entero. La opinión burguesa oscila- ba entre el patemalismo y el temor: se tenia compasión por la "pobre gente" y se fustigaba a la "chusma" de los barrios obreros.

Esta "extraterritorialidad”, por emplear el término de. Balibar, ha dejado de existir, hablando con propiedad. En su lugar, aparecen los problemas de los suburbios, los guetos de inmigrantes, las barriadas populares insalubres. Todo bastan- te diferente de lo que había sido característico de la antigua comuni- dad obrera, con sus fuertes lazos entre el hábitat y la fábrica. Nos en- contramos, pues, ante nuevas for- mas de exclusiones politicas y so- ciales. Estas mutaciones han sido ampliamente analizadas, en múlti- ples estudios, a propósito de la des- aparición de las colectividades so- ciales ligadas a los sectores indus- triales dominantes del pasado: asti- lleros navales, minas, siderurgia, ferrocarril, automóvil../ 5.

El Estado del Bienestar ha codi- ficado progresivamente la relación con él de los individuos (incluso proletarios). Se ha realizado un doble movimiento. Las burocracias “representativas” de la clase seohan

encontrado cada vez más cooptadas, integradas y comprometidas en la gestión global del sistema. Luego, el propio Estado ha ampliado y sis- tematizado su gestión de las rela- ciones sociales. El salario indirecto ha tomado amplitud; las negocia- ciones sociales se han sistematizado; el arbitraje aparente de los poderes públicos se ha extendido.

La mutación del estado burgués ha provocado y acompañado la mutación de las burocracias repre- sentativas del mundo obrero. La gestión municipal prolongada de estas últimas se ha comprometido cada vez más con la patronal local. La creciente extensión de las mu- tuales o la cogestión de las institu- ciones de protección social han au- mentado los fondos que gestionan en nombre del estado. A partir de ello, la calidad de representantes de los trabajadores pierde sentido pro- gresivamente en las conciencias y, por supuesto, en los hechos. Una terminología mediatizada viene a punto para regularizar la situación: se comienza a hablar de “clase po- lítica” para referirse tanto a partidos dela izquierda parlamentaria como partidos de la derecha tradicional. Y esta extraña "clase" es concebida por la mayor parte como el conjunto de quienes tienen como oficio hacer política para repartirse el pastel.

Por otra parte, las políticas de austeridad han debilitado la fiabili- dad de los servicios públicos, hasta tal punto que se ha hecho más com- plicado hoy defender nacionalizado- nes y hacer de ello una perspectiva

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progresista. Se ha pasado, un poco en todas partes, de tentativas de mejora de la formación profesional a una simple gestión del paro/ 6.

El sistema de convenios colecti- vos ha retrocedido en muchos paí- ses. La institución escolar está en crisis y no puede ya crear'ilusiones sobre la igualdad de oportunidades. La exclusión se desarrolla en todas partes, primero en terreno social, luego político... El Estado tiene cada vez más dificultades para presen- tarse como algo por encima de las clases y defensor de una justicia redistributiva... Pero no aparece tampoco como lo que es, es decir, como el Estado de una clase. Para un gran número "de gente se ha convertido sencillamente en una guarida de ladrones y de mafias.

¿Podría este rechazo de los polí- ticos atenuarse mediante el recurso a una "nueva ciudadanía” basada en la dimensión regional o nacio- nal? ¿Resuelve el problema votar como ciudadano valón por Walonia o como ciudadanoescocés por Es- cocia? Ciertamente no, mientras esas instituciones sigan siendo un vale- dor demagógico de la dictadura del mercado y de las ganancias.

Una "nueva ciudadanía” que reprodujera a nivel local las mismas delegaciones de poder que a nivel nacional: la ausencia de derecho de intervención directa de las pobla- ciones, la ausencia de revocabilidad de los electos, la ausencia de circu- lación en las informaciones, etc., no resolvería nada de la frustración actual. Ahora bien, en una época en

la que los viejos Estados pierden una parte de sus medios de inter- Vención, es particularmente escan- daloso pretender remediar el fa- moso “déficit democrático” de Eu- ropa sólo mediante. la mag-ia de las gestiones pretendidamente regio- nales o locales.

No se trata de negar la perti- nencia de las reivindicaciones loca- les, regionales o nacionales. Muy al

'contrario. La sociedad nueva que hay que construir debería apoyarse

en una profunda autoorganización local y en la autodeterminación... Pero esta perspectiva subversiva no es creíble más que inventando nuevas instituciones coherentes en relación a las evoluciones socio- económicas. Y esto debe referirse hoy a toda la dimensión europea.

Racismo e Igualdad de Derechos

Evidentemente la cuestión del racismo y de los inmigrantes que provienen del tercer Mundo o de la Europa del Este no es la menor de las cuestiones cuando se quieren abordar, en su conjunto, estos proa blemas de ciudadanía y de derechos.

Encontramos aquí, una vez más, la dicotomía productor/ ciudadano. En todo sistema de segregación del mercado del trabajo una disparidad de derechos cívicos acompaña a la estratificación de la fuerza de tra- bajo. Así ocurrió durante mucho tiempo con el derecho al voto de las mujeres; también con al aparthcid sudafricano. El final de estos‘siste- mas extraeconómicos de regulación

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no significó, por otra parte, que las segregaciones desaparecieran. La suerte dela mayoría de las mujeres trabajadoras o la suerte de los negros en la Sudáfrica postapartheid lo de- muestran sobradamente.

Pero, en todo caso, una parte de la fuerza de trabajo es “tratada” por el sistema como una “pura fuerza de trabajo", es decir, sin acceso a la ciudadanía convenída.

Estas complejas segmentaciones son legitimadas en nombre de los diversos prejuicios “naturales”, de sexo, nacionalidad, de Cultura y de “raza”. El Estado hace opaca su natu- raleza de clase a los ojos de los tra- bajadores, (re)presentándose de for- ma diferente a las diferentes catego- rías. Pone cara de dotar a algunas de una parte gratificante de soberanía que niega a otras. Algunos son “ciu- dadanos" de cuerpo entero, otros no... Es claramente un racismo de estado, ligado a la gestión de la fuerza de trabajo en beneficio del capital.

Este racismo no tiene especial- mente el color del fascismo, de la socialdemocracia o de la derecha tradicional. Es un dato permanente del Estado burgués. No es depen-

diente de los aires que corran, de,

las presiones demagógicas u otras cosas; se basa en la función perma- nente del Estado en lo quer concier- ne a las condiciones generales de la producción.

Se encuentra también en el acuerdo de Schengen y en las di- versas reuniones europeas que tra- tan de la emigración y de los "nue- vos flujos migratorios”.

Es interesante seguir, a este pro- pósito, lo que ocurre con Europa del Este. En estos países, en los que la transición hacia el capitalismo sigue siendo lenta, caótica y des- igual, hay una fuerte desconexión entre la circulación de los capitales, de las mercancias y de las personas. Ahora bien, las condiciones de la “caída del muro de Berlín” han hecho que una parte sustancial de la fuerza de trabajo de e‘sos países pueda ser libre de venderse, cuan- do otras componentes de la econo- mía de mercado está aún en sus balbuceos. Resultado: una parte de esas personas se estiman libres (debido a su "liberación del comu- nismo”) para venir a vender su tra- bajo allí donde el mercado de trabajo parece más abierto, en Europa del Oeste.

Esta desconexión entre la posi-e bilidad del libre circulación de las mercancía-trabajo 'y el resto del mercado plantea problemas inme- diatos a los señores de la Comuni- dad. Hemos visto con qué vigor Italia ha expulsado a los albaneses. Y el debate en Alemania sobre el derecho de asilo muestra claramente que no se trata simplemente de ideología y de prejuicios de extrema derecha.

Es necesario, pues, que el Estado -o los Estados- instaure nuevas re- glas para mantener las inercias y las segmentaciones tradicionales del mercado mundial, para que se per- petúe la separación entre, por una parte, la circulación de las mercan- cías y de los capitales, y por otra

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parte, la de la fuerza de trabajo. Nuevas jurisdicciones, nuevas re- presiones... el Estado desarrolla su racismo funcional.

A partir de esto, el Estado tiene necesidad de una justificación co- munitaria, "nacional" y cultural. Para romper la unidad objetiva de todos los que venden su fuerza de trabajo debe reproducir una ficción idealizada de la nación, o dela et- nicidad. La definición de la ciuda- danía viene así a coronar la segre- gación.

El "ciudadano" teórico, en Eu- ropa del Oeste o del Este, es impo- sible de encontrar. La separación querida entre productor y ciuda- dano es cuidadosamente reprodu- cida por el poder. Además, el pro- ductor no tiene poder, como el ciu- dadano carece de soberanías sobre su vida y sobre la sociedad. Pero en adelante, la crisis económica, las mutaciones sociales así como la unificación europea resaltan, más que en el pasado, el vacío de poder asociado a la noción de "ciudada- no”.

En la práctica, la gente está tan preocupada por poder determinar su vida profesional como su condi- ción de consumidora. No está más abierta a aceptar despidos como una simple fatalidad que para aceptar la construcción de una autopista a dos pasos de su casa en nombre del "interés general”. Mucha no ve ya por qué la razón de Estado bastaría para "justificar" los gastos militares y el envío de tropas al extranjero. Percibe cada vez menos para qué

puede servir votar regularmente a algunas camarillas políticas si ello, de todas formas, no tiene ninguna consecuencia práctica sobre el sis- tema educatívo, sobre el sistema de información y de decisión en gene- ral u otros asuntos...

Así empiezan a 'cohabitar dos frustraciones. La de una ciudadanía formal sin poder y la de una situa- ción social precaria. La fuerza polí- tica que una respuesta y una interpretación a todo esto ofrece recuperar una esperanza, o incluso un proyecto de contra-sociedad. No hay que olvidar que la extrema de- recha es ya candidata a esa tarea. Partiendo de la crisis del Estado, satanizando a “los otros” (los in- migrantes, el Tercer Múndo, o bien otras regiones del país), pretende responder a la aspiración popular a un mundo racional sin corrupción y sin miseria. ¡Un Orden reencon- trado!

Para Reunificar Productores(as) y Ciudadanas(os)

Es interesante señalar la apari-, ción de, diversas iniciativas de iz- quierda que buscan responder a estos problemas. En Francia la re- vista M, de marzo de 1992, acaba de publicar un "Manifiesto Ciudada- no” firmado por diversos intelec- tuales y subrayando principalmen- te “el derecho para cada cual a ser útil, socialmente, y a que esta utili- dad sea reconocida”. Poco más o menos, en el mismo momento se lanzó un llamamiento con el título

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de "Izquierda fin y continuación”, en el que, partiendo de la crisis de representación, se reclama un "nuevo equilibrio de poderes"... para “reanimar el espacio público de deliberación” / 7. El llamamiento termina diciendo! “Trabajamos por una utopía moderna y modesta, que no oponga ya al individuo y la so- ciedad, sino que esboce un futuro: hacer posible, con un mismo gesto, más individuo y mas sociedad...". En Bélgica han aparecido dos iniciativas paralelas. Tras la con- moción de las elecciones del 24 de noviembre de 1990, en las que el Vlaams Block alcanzó el 25% en Amberes, se constituyó en Flandes una "Carta 91" que se presenta como un "movimiento de ciudada- nos". Intenta "la puesta en pie de órganos y de nuevas instituciones que permitan el control y la parti- cipación directa del ciudadano”. Denuncia la crisis, la degradación de las ciudades, el racismo, una Unión Ecónomica y Monetaria ela- borada no democráticamente. Una carta análoga se ha formado en Valonia. En Bratislava, se ha cele- brado el pasado marzo una reunión titulada "Conferencia de los Ciu- dadanos” europeos, consagrada principalmente al nacionalismo y al racismo. Miembros de movimientos diversos, provenientes de toda Eu- ropa, han debatido sobre los pro- blemas de ciudadanía y de las insti- tuciones políticas en Europa / 8.

El problema está en la calle,"

cualquiera que sean los firmantes de tal o cual manifiesto.

No podemos damos por satisfe- chos con los apaños que intentan hacer los gobiernos para fomentar ilusiones. El derecho de voto y de eligibilidad en las elecciones para todo natural de la CE no es, ha- blando con propiedad, un “progre- so” en la medida que introduce el problema de una "identidad" eu- ropea que se basa en la política de seguridad e imperialista de Schen- gen.

El fracaso reciente del referén- dum local,organizado por.la Admi- nistración de Amsterdam, sobre la regulación del tráfico de automóvi- les muestra que no es así como se podrá pretender dar a la población trabajadora un poder de decisión. Igualmente, el derecho de voto de los inmigrantes en Holanda en las elecciones locales, aunque sea una conquista que habrá que defender, si llega el caso, no resuelve nada del racismo. Las instituciones burguesas no son capaces de proporcionar la menor parcela de derecho cívico real, y el sistema no puede sino engendrar un falso semblante de democracia directa. El deseo y la posibilidad real de control vendrán de las movilizaciones de masa, in- dependientemente de las institu- ciones. Nada que ver, pues, con una estrategia de desgaste y “contrapo- der” en el Estado.

Para que esto tenga una finalidad es preciso que haya una real estra- tegia, formas de movilización y re- laciones de fuerzas. No hay que contentarse con una microdemo- cracia basista: es claramente el poder

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de arriba y el objetivo... Hay, en- tonces, que llenar la separación en- tre las luchas de empresas y los movimientos sociales.

Hay que hacer experiencias complementarias y cada vez más imbrincadas. Y para ello hay que evitar dos errores simétricos: creer que la importancia de las luchas de empresa pertenece al pasado del viejo" movimiento obrero; o pensar que los movimientos sociales fuera de la empresa no representan sino una conciencia desviada, difumi- nada y coyuntural del "verdadero" combate de clase. Los dos se sitúan

parado conscientemente para

mutilar aún mejor la conciencia de

clase. Los primeros están ligados a la lucha en la producción; los se- gundos a los dominios de la repro- ducción de la fuerza de trabajo. To- camosaaquí un debate aún sin des- brozar sobre la naturaleza y la he- terogeneidad del “sujeto revolucio- nario" y sobre la diversidad de la <representación del movimiento de emancipación.

Soñemos, pues, un poco, puesto que tanto se habla de la "recons- trucción" del movimiento obrero y de los movimientos sociales. Ima- ginemos casas en barrios y ciudades en las que cohabitarían todas las asociaciones y todos los sindicatos, donde sería posible trabajar diaria- mente entre movimientos antimili- taristas, feministas, antirracistas, organizaciones de vecinos, grupos culturales, movimientos de jóvenes, estructuras pedagógicas alternati-

vas, sindicatos... Lugares en los que sería posible trabajar en la reunifi- cación del tejido social roto de los suburbios insalubres... Abiertos a todos y todas, como contrapoder, como centro de movilización y de vigilancia.

Esto podría permitir desarrollar campañas. unitarias de masas, que reunificaría productor/ productora/ ciudadano/ ciudadana. En este as- pecto, estoy totalmente de acuerdo con André Gorz cuando escribe: "El movimiento obrero debe acordarse (...) de que originalmente ha sahjo

j de asocracrones de cultura obrera. en terrenos que la burguesía ha se-:

Ño pod17a_perpetuarse como movi- _mierïo mas que si se interesa por el desarmlo humano fuera del traba- ‘jo, tanto como en el trabajo”/ 9.

- 1a cnsrs deT estado nos ofrece así hoy algunas oportunidades para volver a dar coherencia y credibili- dad a nuevas formasde radicaliza- ción que desemboquen en expe- riencias de masas de desobediencia civil. Utilizando las crisis institu- cionales actuales para denunciar la forma en que el sistema organiza el divorcio entre las dos esferas de nuestro ser social sería posible vol- ver a dar crédito a la idea de una sociedad alternativa. Nuevas expe- riencias podrían entonces renovar el antimilitarismo revolucionario mediante un rechazo masivo de la mili obligatoria (en los países en los que se practica) y una negativa a pagar los gastos militares. El femi- nismo podría recuperar una amplia audiencia encontrando los medios para una batalla de masas en el te-

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rreno del trabajo y de la igualdad. Recordemos aquí los debates de los asalariados ingleses de la Lucas Aerospace, que, en 1975, discutían la reconversión de su empresa en una producción civil, o también la ne- gativa “a pagar la poll tax en Gran Bretaña, o la campaña en Suiza por "la abolición del Ejército”, o la huelga de mujeres de 1991,.también en Suiza, todas estas luchas indican una dirección, una “tendencia”. Pero el objetivo no debe ser una estrategia fragtnentada, reducida a una especie de reformismo de “lo

más próximo". Por el contrario, es

lmnverggncia de estos movi- mientos y su inïe endencia social cms rms europeas lo uedebe chas antica italistas. Ello implica, paralelamente, un relanzamiento de los movimientos sindicales y el de- sarrollo de fuerzas políticas revolu- cionarias en un marco pluralista y democrático. Y por consiguiente, la necesidad de volver a pensar sobre una estrategia anticapitalista, reno- vando toda la problemática del control social y de la dualidad de poder.

La evolución del capitalismo nos abre así un nuevo campo de re- flexión. Ha‘pasado el tiempo en el que consignas anficapitalistaspo-

dían concebirse en‘el estricto marco "nacronal". A

hora el desafío es re- lacionar rnl ovimientos de lucha y de control en todos los aspectos de la vida social (educación, transportes, alojamientos, luchas reivindicativas

en la empresa, antirracismo, anti- militarismo, antisexismo, etc) con una convelgencia europea de conÏ

' jünto.

Este es el gran desafío de la iz- quierda revolucionaria europea: apoyarse en la crisis del estado-na- ción, unificar los diversos terrenos de lucha y volver a dar credibilidad al proyecto socialista, definiendo una Europa alternativa a la de Maastricht

Notas

1/ Gran Bretaña controla 120.000 mi- llones de dólares de inversión (a junio de 1990) en Estados Unidos, lo que equivale a más de una tercera parte de las inver- siones extranjeras directas (268.000 mi- llones de dólares en total para Europa). Entre 1980 y 1990, mientras que el con- junto de .las inversiones extranjeras se multiplicaron por cerca de 4,8, las britá- nicas lo hicieron por 8,5. en 1989, 4 de las 10 mayores operaciones de inversiones fueron hechas por los británicos, así como 28 de las 109 operaciones de inversión de más de 100 millones de dólares. Desde 1987, las nuevas inversiones británicas han supuesto para Estados Unidos un 40% del total de nuevas inversiones ex- tranjeras. Los activos británicos en Esta- dos Unidos representan el 16,7% de las ventas extranjeras (el 32,2% de las euro- peas). Dado que estas inversiones se han hecho mayoritariamente en sectores tra- dicionales, dependen más de la coyuntu- ra americana, lo que explica la ralentiza- ción delas mismas desde 1990.

2/ El Miti es un organismo público japonés que dirige las políticas de in- vestigación y desarrollo de las empre- sas. '

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abril 1993

3/ Ver en Le Monde del 1 de enero de 1992 las declaraciones del dirigente de las Ligas Lombardas, Gianfranco Mi- glio, explicando que la identidad lom- barda es el estar entre los más europeos de los italianos y abogando a favor _de una Europa de las regiones.

4/ Balibar, Etienne: Les Frontieres de la démocratie, París, La Decouverte, 1992.

5/ Bernard Francq, sobre las regiones mineras belgas, en Contradiction (Bru- selas), 56, 1989. Alain Bihr, sobre todo en L 'lromme et la sociéte’, París, 98, 1990. Francois Bon, en “Ouvries, ouvrieres", Autrement, 1992).

6/ Este es lo que Ocurre, incluso en países en los que había una larga tradi-

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ción de inserción profesional mediante el aprendizaje. En Gran Bretaña, el In-

dustrial Training Act (1964) ha sido des-

plazado por el Youth Training Scherne (1980). El primero era financiado por las empresas, el segundo por el Estado. El primero estaba gestionado paritaria- mente con los sindicatos, el segundo por los patronos. Se ha pasado de un salario de aprendizaje a una indemnización de formación...

7/ Le monde, (2, abril, 1992).

8/ Helsinki Citizens Assembly, 2a Asamblea General, 26-29 de marzo 1992. Bratislava.

/9 Gorz, André: Metamorphose du travail, París, Galilea, 1989.

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D

Publicado originalmente en Critique Communniste/ Abril-Mayo de 1992/ París.

TraducciónzAlberto Nadal

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george , labica

"Maastricht no es nuestra Europa”

Hacia fines de Octubre del año pasado, George Labica filósofo, vic‘eprefecto en la Universidad de Paris X-Nanterre autor de numerosas obras, entre las quese destaca el reconocido Dictionaire critique du marxisme estuvo en nuestro país ara dictar un seminario en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y dar un ciclo e conferencias en las ciudades de Buenos Aires y Rosario, auspiciadas por las revistas Actual Marx y Cuadernos del Sur.

Alberto R. Bonnet, Rossana Sansubrino y Eduardo Glavích, en nombre de Cuadernos v del Sur, realizaron un extenso reportaje del que publicamos los aspectos ma’s destacados.

Cuadernos del Sur: Acaba de llegar usted de Francia y resulta imposible dejar de pedirle su evaluación acerca de los resultados del referendum sobre el Tratado de Maastricht.

George Labica: Fue algo muy complejo. Hay dos cosas que me parecen importantesla primera es que la gente, masivamente, no ha votado para confirmar el Tratado de Maastricht. Hay sólo un 2% de los electores que ha votado después de leer el Tratado. Los otros han votado por tres cosas: la primera y segunda, por el temor a las desiciones de la Europa unida, en materia agropecuaria (los campesinos) y en materia de restricciones y regre- siones en el plano social. La tercera fue una cuestión de política interior francesa. El voto por el Tratado de Maastricht anticipó por poco tiempo las elecciones legislativas y éstas por poco tiempo las elecciones presidenciales; es decir, el voto fue en un caso favorable a la continuación en el poder de los socialistas y en el otro caso el voto fue una condena de la política de los socialistas. La segunda cuestión es el resultado de las elecciones. Las elecciones han sido la prueba de un fenómeno nuevo que es una recomposición del cuerpo electoral, porque en el campo del "sí" hubo tanto electores de la derecha como electores de la izquierda y en el campo del “no” lo mismo. Hay dos grandes partidos de derecha en Francia: en el PRP de Chirac, la dirección

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del partido ha llamado a votar "sí" y cerca de un 75% de los militantes han votado "no" porque en el interior del partido surgió una corriente animada por hombres de centro-derecha y cercanos a las opiniones del frente nacional, de extrema-derecha. En el segundo partido de la derecha, la UDF de Giscard, el 80% ha votado “si”. En el P.S., que ha llamado a votar "sí", hubo un 30 o 35% de la gente que no siguió las consignas y votó "no". A favor del “sí” estuvo la casi totalidad delos militantes del P.C.F., que votaba "no", y la casi totalidad de los militantes del Frente Nacional de Le Pen, que votaban "no". De tal suerte, la sociología del referendum fue la siguiente: por el "sí", la burguesía, las corrientes que impulsan desde hace veinte años una Europa integrada, de competencia con los EEUU y con Japón, una Europa que no se preocupe más de los problemas sociales y agrícolas, y un sector muy amplio de los intelectuales ligados al poder socialista. Y por el “no” votaron las grandes masas de obreros, de campesinos e intelectualesde la izquierda que, aunque no verdaderamente extremista, miran siempre a los intereses sociales de los trabajadores. El resultado del voto, en conSeCuencia, fue una suerte de recomposición politica y sociológica del cuerpo electoral, he aquí algo inte- resante. Aquí tengo una Solicitada por el "no" de izquierda que fue firmada por intelectuales de la izquierda. Toda la campañafue verdaderamente tre- menda porque los medios, en su casi totalidad, fueron partidarios del sí. Durante el tiempo que pasó desde el inicio de la campaña hasta el voto propiamente dicho, el porcentaje en favor del "no" creció siempre y esto produjo casi un pánico en el campo del “sí”, porque ellos creyeron al comienzo que habría un 75 a 78% en favor del "sí" y día tras día el "sí" retrocedía. En la campaña se vieron argumentos contra nosotros del tipo: "son prehistóricos”, prefieren los nazis a la Europa" o también “prefieren un espíritu chauvinista a un espíritu europeo”, y también nos acusaron de no ser capaces de com- prender la democracia y de no merecer el derecho de voto. Esta solicitada no fue reproducida por ningún órgano de prensa -salvo “Le Rouge"- y los medios renunciaron a hablar de esta solicitada, prefiriendo dar publicidad a hombres de derecha o a Le Pen o, más aún, del P.C. Porque hay que decir también que entre la posición del P.C. —y es una lástima decirlo- y las posicio- nes del Frente Nacional el denominador común fue el nacionalismo.

cas.- A partir de lo que usted dice, parece que, a pesar de haber perdido el "no" (aunque por poca diferencia), el impacto de la votación por el "no" es casi tanta como si hubiera ganado.

GL: Totalmente. Se puede decir que si hubiera habido una semana más, o diez días más, el "no" hubiera podido ganar. Y ahora las cosas pasan de tal manera que todo es como si el "no" hubiera ganado.

CdS: ¿Cuáles eran los contenidos políticos de la posición no-nacionalis- ta por el '.‘no”, que ustedes sostuvieron en esa declaración?¿Cuál es la diferencia con la posición del Partido Comunista, por ejemplo?

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GL: La diferencia es, en primer lugar, el rechazo del nacionalismo. En segundo lugar, la necesidad de extender el proyecto de la Europa unida al Este, para crear condiciones a fin de integrar a los países que piden su entrada como Rusia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, etc.En tercer lu- gar, la necesidad de crear las condiciones de una ciudadanía europea que no rechace a los trabajadores extranjeros a la Europa de los doce y también a los extranjeros a la Europa grande, es decir, a los trabajadores de Turquía, de Africa del Norte, de Africa negra, etc. La diferencia respecto de la igualdad y de una ciudadanía nueva. Las consecuencias del voto se ven a escala de Europa porque Francia fue uno de los dos países que eligieron el procedimiento de referendum para pronunciarse sobre Europa: Dinamarca, que votó "no", y Francia, que casi votó "no", un 50 y 50%. Y la influencia del voto francés se puede percibir claramente en España y en Italia, y en la Europa de Maastricht -que en sus principios no puede ser negociable, pues el Tratado está para tomarlo o dejarlo, pero no para transformarlo- se ve hoy que los principales jefes de gobierno como Mitterrand o como Kóhl declaran todos los días que hay que tomar en cuenta las reivindicaciones sociales, los temores de los campesinos y de los obreros, etc. La Europa en cuestión ahora no existe. No existe porque Dinamarca se fue, Gran Bretaña e Italia han salido del Sistema Monetario Europeo, y en los otros paises, se ha generado la conciencia de que en la Europa de los doce hay una escala de valores que permite distinguir entre los países más avanzados, que son Alemania y luego Francia, y los otros, más atrasados, entre los cuales se encuentran Grecia y Portugal. De tal suerte que la Europa aparece como una casa muy protegida y que quiere protegerse del exterior, y los que piden la entrada en Europa deben mostrar su propia dignidad: si tienen bastante dinero, si tienen un nivel de democracia aceptable, si tienen un nivel cultural, etc. Europa es casi una decoración. Ser ciudadano de Europa es un privilegio.

Cds: Vista desde Europa y teniendo en cuenta lo que dijo anteriormente sobre los resultados del referendum y la situación de la unificación euro- pea: ¿cómo se percibe la lucha por la hegemonía mundial, tras el derrumbe del denominado “socialismo real" y cuando las tendencias mundiales parecieran orientarse hacia la globalización económica, la interdependencia creciente y la articulación de pactos regionales? La CEE es un caso, pero están también el NAFTA, el Mercosur, el sudeste asiático.

GL: El primer punto es que en la Europa actual hay ya una potencia hegemónica, Alemania, eso suscitaba temores de parte de otros países por razón de la potencia económica, demográfica, y por el recuerdo del pasado de Alemania; y ahora el factor de regulación transnacional es el "Buba" (el Bundesbank), que va a reglar todo el sistema monetario. Son decisiones del "Buba" no escritas, naturalmente, las que provocaron la salida de Gran

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Bretaña y de Italia y las que controlan todas las economías. La potencia Europa-unida virtualmente puede ser la más peligrosa del mundopor el número de sus habitantes, su producción económica y, ante todo, su capacidad cientí fica en materia de investigaciones de punta. Pero no estamos aún en esa Europa. El desarrollo de laEuropa tal como lo previo el Tratado de Maastricht es un desarrollo totalmente orientado sobre la competencia a escala mundial, y hay .que ver que la Europa en cuestión tieneuahora entre los doce un poco más de 30 millones de desempleados“)! tiene, según las estadísticas internacionales, 8 millones de personas en situación de lo que se llama "gran pobreza". Se puede temer que todo eso va a crecer: el desempleo, la gran pobreza, etc. Enla lucha por la hegemonía mundial hay ahora tres polos: el europeo, el japonés y el estadounidense. En el caso de Japón, debe considerarse que ahora la economía japonesa conoce una suerte de crisis y que hay de parte del gobierno de Japón la voluntad de provocar una extensión‘ de su influencia mediante negociaciones con lo que se llaman los "dragones y también con la China, que representa un mercadoextraordinario. Existen ahora comienzos de una conexión entre “China y Japón, y esto se ve cuando Deng Xiao-Ping habla del concepto monstruoso de un "socialismo de mercado” o un "liberalismo socialista”. Yo estuve en Shangai hace un año y medio y he visto la construcción de empresas y de una bolsa de valores absurdamente gigantescas, que van a competir con Hong Kong, con Taiwan, etc. Los EEUU adquieren una configuración nueva, con acuerdos con Canadá y con México. Los EEUU se encuentran ahora en una posición que me parece defensiva. Para prote- gerse, deben ellos también provocar una extensión de su influencia y una extensión de su control sobre América Latina. El resultado de esa lucha no se puede saber, sólo se pueden hacer hipótesis.

Cds: ¿Y respecto de la expansión capitalista hacia la ex URSS? Un espacio económico con una importancia potencial de primer orden.

GS: Para emplear una metáfora que puede discutirse, pero que yo considero útil, el tipo de relación que va a establecerse entre la Europa privilegiada y la Europa del Este es del mismo tipo que las relaciones entre los EEUU y América Latina, o entre las antiguas potencias coloniales de Europa y Africa, porque en los países del Este, como se ve de manera concreta al interior de Alemania, la unificación fue casi un Schluss (una liquidación), es decir, una apropiación, una colonización, y el mismo fe- nómeno puede reproducirse a escala europea en la medida en que la Europa privilegiada va a tener una inmensa reserva de mano de obra en la Europa del Este y también una reserva de productos de base como petróleo, gas, etc., y va a realizar, cuando las cendiciones se reúnan, inversiones enormes. Ahora, cuando se discute con compañeros de Africa, ellos tienen la sensación de que son condenados por la deuda, por formas de neoco-

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lonialismo muy duras, muy agresivas, y además son condenados por el cambio de los circuitos de las inversiones que no van a ser hacia el Sur sino hacia el Este de Europa. ' _ -'

CdS: Eso dependerátambién- de cómo se desarrolle la crisis social en la Europa de Este, lo cual constituye un gran interrogante.

GL: Si, un gran interrogante,- porque ahora los fenómenos son total- mente negativos. Los nacionalismos, los retornos a la religión, son regre- siones profundas. Y en el caso, por ejemplo, de la ex-URSS, en Rusia, no se puede decir hoy que haya democracia, hay un tipo de régimen que al final se parece mucho al régimen precedente.

Cds: En una reciente entrevista que le hizo a Gorbatchov la televisión argentina, en Moscú, éste acusó a Yeltsin de ser neostalinista.

GL: Claro. Sucede que hombres como Yeltsin y Gorbatchov fueron y son hombres del antiguo aparato. Ellos creían y han creído hasta hoy que las cosas pueden cambiar pour la téte, y en el interior del partido el error. fundamental de Gorbatchov fue creer que un cambio se podía hacer al. interior del mismo.

CdS: Pasando a un plano diferente, ¿cómo considera los movimientos sociales actuales, dentro de Europa, como las huelgas y movilizaciones de Alemania, Italia, y de los mineros en Gran Bretaña?

GL: Me parece que hay dos elementos. El primero es un elemento actual. Lo que pasa con las huelgas y las movilizaciones testimonian nuevas. formas de lucha y una toma de conciencia de lo que paSa con la Europa y lo que va a venir. Es decir, políticas de austeridad como se venen Ita-lia o, también en Gran Bretaña, políticas de regresiones sociales como cuando . los gobiernos reconsideran las conquistas del movimiento obrero en ma-' teria de salud, de seguridad social, de enseñanza, de protección de la mujer, de los niños, etc. En Italia, donde el fenómeno es más importante, se ve que la brutalidad'de la política de austeridad produce una movilización que no tiene igual desde hace 10 a 15 años. Lo mismo pasa y va a pasar en Gran Bretaña y también en Francia. En Francia hubo muchas manifesta- ciones de trabajadores y de campesinos, pero hay que precisar que las motivaciones de los campesinos y de los obreros de las grandes empresas no son las mismas. El segundo elemento es un p0co prospectivo pues concierne al porvenir de la Europa, pero en función de su presente, de lo que pasa allá. En el referéndum,surgieron mrïhos arggmentos en relación con el nacionalismoLsosteniendo que los nacionalismos deÏas naciones eTrropeas estaban amenazados niebían motggerse. Yo creo que eso esuna idea totalmente anticuada. POI'L ue desde hace unos años en Euro a sewye u_n__fgnómeno de recomposicióanero de recomposición quegnofisggngtignge sobre bases deIEstado-Nación, en Francia, GranBretaña, ILaIia. El Estado-- nacron me parece una nocrón casr caduca. Las bases de la recomposrcro' n-

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son re ionalesl transnacionales. Y esto se ve bien, yo creo, en un país como rancia. Wplar, desde el punto de vista del Estado- nícióanor su uerte y antigua integración, su tipo de gestión política y admrfistñtwa verticaL iacobina. En un pais como Francia se ve una región‘ comoel Sudoeste (Toulouse-Montpellier) que se va reestructurando en relación cada día más estrecha con la Cataluña de España. hay un acuerdo entre Toulouse y Barcelona, que se'concretizó durante la preparación de los Juegos Olímpicos de Barcelona, con construcción de rutas, de ferroca- rriles, nuevas líneas de aviación; hay integración de la economía de Cataluña con la economía del Sudoeste francés. Lo mismo sucede en el Norte. Lile tiene su mirada puesta en Bélgica y Holanda. Y en el Este, Alsacia-Lorena, vinculada por tradición con la Renania. No es por azar que el máximo de votos por el "sí" fue en el Este de Francia. Cuando se mira a Italia, está el fenómeno nuevo de las ligas. Las ligas, como la liga Lombarda, no se deben apreciar como un movimiento de tipo nacionalista, neofascistizante, porque no es el caso. IncluSo hay trabajadores en la Liga Lombarda. Lo que las motiva es la voluntad de terminar con la ayuda en dirección del Mezzogiomo: donde se crean las riquezas debe estar la posibilidad de conservarlas, y no de servir de ayuda al Mezzogiomo (se sabe hoy que el Mezzogiomo italiano está totalmente controlado por la mafia: un estudio reciente de un grupo de sociólogos italianos muestra que el presupuesto de la mafia es hoy una vez y media superior al presupuesto de todo el Estado Italiano). Un fenómeno análogo se produce en Escocia, La Gran Bretaña, desde el punto de vista del nacionalismo y de la recomposición, tiene desde ya su problema con Irlanda. Pero hay un nuevo problema con Escocia. Parece manifestar un deseo de autonomía. No es el deseo de autonomía lo que me parece interesante, sino las condiciones de este deseo. Es que Escocia, como la Lombardía en Italia, como la Cataluña en España, tiene ahora muchas riquezas: son las riquezas petroleras del Mar del Norte. Y no quiere participar para el desarrollo de ciertas regiones que en gran Bretaña son regiones casi muertas, como las antiguas capitales del siglo XIX, Manchester, Liverpool, que son ciudades abandonadas, deser- tificadas.

CdS: Y respecto de estas recomposicion'es regionales, ¿qué papel juga- ron y juegan los partidos, las organizaciones de izquierda?

GL: Creo qúe hasta hoy no comprendieron nada de esta situación... Salvo un partido como el Partido Comunista de Cataluña, que tiene una posición muy lúcida sobre el fenómeno de la recomposición. No por su propia influencia, sino por su pensamiento. La izquierda en Francia está en “descomposición. Hay fuerzas centrífugas en el Partido Socialista y en el Partido Comunista, cuya influencia se reduce de día en día. La cuestión es saber si pueden reunirse las condiciones para agrupar todas esas fuerzas

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diversas que provienen del Partido Socialista, del Partido Comunista, de la extrema-izquierda, de los ecologistas, del movimiento de los jóvenes contra el racismo, en favor de la paz, el movimiento de las mujeres. Hay un potencial considerable, pero es un potencial muerto si no se producen las condiciones de una unión, y de una unión de tipo orgánico, con un programa de alternativa. Ahora, hay deseos de muchas partes, pero no hay realidades.

CdS: Pero, volviendo a lo que usted decía antes respecto de que en esta década asistimos al derrumbe de los Estados-nación, y de que toda esta recomposición geográfica está sustentada más en razones económicas que en cuestiones nacionalistas o fundamentalistas, ¿puede esto dar lugar a la construcción de un nuevo internacionalismo en los movimientos sociales, acorde con la nueva transnacionalización del capital, o vamos a asistir más bien a recomposiciones sociales regionales?

GL: Es dificil de responder, porque ahora son tendencias más que realidades. Pero si por otro lado se observa lo que pasó en Yugoeslavia, se advierte que el fenómeno de descomposición dela federación yugoeslava se inició con una primera secesión que fue la dela Eslovenia. Ahora nadie habla de Eslovenia. Se habla de Serbia, Boznia-Herzegobina, Montenegro, pero no de Eslovenia. Fue captada por el antiguo arco austro-alemán sin problema. Durante todo el período del comunismo en Yugoslavia, la Es- lovenia, que es el país más desarrollado de toda Yugoslavia, orientó su economía más en dirección de la Europa (Alemania y_Austria), que en dirección de los países del Este. Los medios ahora tienen la vista puesta sobre la guerra, que es naturalmente dramática, de demencia, pero hay también recomposición. El papel de Alemania en Yugoslavia es un papel considerable. también el papel del Vaticano. No hablamos aquí, como según las viejas costumbres, de una actitud sospechosa, de las manos del extranjero, de los servicios secretos, pero el Vaticano ha tenido un papel importante incluso en la liberación de Darmas. Pero son tendencias. hay también movimientos que podrían contrariar esas tendencias.

CdS: Y en esas condiciones, ¿cuáles serían las líneas generales de un programa de alternativa?

GL: Un programa de alternativa tiene ahora dos niveles. Elprimero es el de una lucha cotidiana, digamos una lucha generalizada, para impedir las regresiones dela democracia, para defender y, si se puede, extender los procedimientos democráticos en todos los países. Y el segundo nivel es el de la necesidadde recomposición de las fuerzas agotadas para una alter- nativa. En Francia hay un movimiento que va a esbozarse y que es una alianza entre verdes, rojos, y rosas que salen del Partido Socialista. Y, en lo que concierne al poder socialista, se ve hoy que renuncia definitivamente a una unión de izquierda.Ahora se orienta, mirando las próximas elecciones legislativas, hacia una estructura socialista y centro-izquierdista. Pero no

Cuadernos del Sur 61

sólo centro izquierda, como dicen ellos, también centro-derechista, una recomposición con hombres como Mitterrand, pero también con Rocard, Fabius y el ex-presidente Giscard "D'Estaigne. El problema en Francia y también en Alemania y bajo otras formas en Italia -en España sucede otra cosa- es el problema del movimiento ecologista. Porque el movimiento del medio ambiente hoy se ha dado estructuras: en Francia tenemos dos partidos verdes, y la insistencia enuna organización de tipo institucional, de tipo partidario, en el movimiento, va a estorbar la movilización que estuvo en el origen del mismo. Ahora los jefes de los dos movimientos ecologistas se comp0rtan como jefes de partidos mirando a las elecciones. Ahora están negociando circunscripciones electorales con los socialistas mañana negociarán también con la derecha, si la oferta de la derecha es más portante que la de la izquierda, y los militantes tienen totalmente un sentimiento de decepción. Se ve en el referendum. Antes del voto de Maastricht hubo congresos de ecologistas, en los dos movimientos, y la dirección de cada uno decidió impulsar el voto en favor del y los votos internos en los congresos ecológicos mostraron que ambos movimientos se cortaron en dos. No se puede decidir una posición en nombre del movi- miento. Ahora hay una lucha. En Alemania, las cosas son un poco diferentes, pero la etapa de la discusión entre los que se llamaban "realistas" y los "fundamentalistas" fue un poco sobrepasada hoy. Hay formas de inte- gración de los verdes alemanes en las instituciones de las provincia-s, de los gobiernos locales, como se ve en Frankfurt con el "revolucionario" Cohn- Bendit. J

CdS: Y este proceso de reorganización de. la izquierda y de las fuerzas sociales: "implica una reformulación teórica del marxismo, conforme una perspectiva de reorganización de la izquierda?

GL: Seguro. En lo que concierne al marxismo hay una doble operación que se debe cumplir. La primera es la de una liberación, sin preguntas sofisticadas, como las que hacía ayer una compañera en la presentación de vuestro libro *: "interrogación semántica"... Es una tontería. No sólo h'ay que liberar a Marx de los errores, de los dogmatismos, sino también devolver a su pensamiento su fuerza de transformación. El primertrabajo es un trabajo de salud, de higiene se puede decir, cómo volver a poner en marcha al propio Marx. Sartre tenía razón hace treinta años: el marxismo se paró, y hoy hay que volver a ponerlo en marcha. En el segundo trabajo no podemos contentarnos con la voluntad de limpiar a Marx. Se necesita tomar en cuenta fenómenos que ya Marx no conocía, que sonfenómenos nuevos, numerosos. Marx fue un hombre que estuvo totalmente conven- cido de que los días del capitalismo estaban contados. Pensaba que la revolución socialista pronto se produciría. Hoy nosotros sabemos que las cosas no fueron así y que nuevos fenómenos surgieron en la realidad: el

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fenómeno de Hiroshima, el fenómeno de la sumisión total del capital productivo al capital financiero, el fenómeno totalmente desconocido por. Marx de la posibilidad de una extraordinaria integración de las concien- cias a la ideología dominante a través de los medios de información. Cuando se ve que hay una vinculación estrecha'entre el hundimiento de lo que se llamaba antes la forma-partido y que los partidos ahora se des- componen y de otro lado la potencia extraordinaria de los medios de Comunicación se puede comprender que éïl capitalismo en su crisis tiene una fuerza más grande que en el tiempo en que Marx escribió “El Capital”. Nosotros debemos estudiar todos estos fenómenos y comprender también que la lucha por el poder no puede tener la simplicidad que tenía en las cabezas de. hombres como Lenin o Trotsky. Ellos pensaban que con el partido, con militantes heroicos, decididos, con masas que los apoyaran, la revolución se podría hacer temprano y después de la revolución, un de- sarrollo nuevo de las relaciones sociales, de la organización de la producción, etc. Eso hoy acabó totalmente. Hoy se ve que un proceso de transformación no se puede concebir más que con la vinculación, al mismo tiempo, de parte de todas las fuerzas, la vinculación delo que pasa en el movimiento obrero, tomando en cuenta su tradición, sus conquistas, y también de los movimientos nuevos, de los colectivos,_el movimiento de las mujeres, de jóvenes, de lucha por la defensa del medio ambiente. Hoy la pregunta que hay que responder es la de se puede organizar todo eso a través de la forma tradicional del partido. Porque detrás de todo esto hay también otro hecho: el crecimiento verdaderamente considerable de la conciencia de- mocrática de los trabajadores de países como los de la Europa occidental, y por cierto afuera es más alto, la de los trabajadores que hicieron la revolución del '17.

Cds: Nos resulta difícil conciliar esa elevación de la conciencia demo- crática de los trabajadores con lo que usted decía anteriormente del acople de esos mismos trabajadores con la ideología dominante. ¿Cómo puede explicarse esta aparente contradicción?

GL: Justamente, ellos viven las luchas en una contradicción. Los que en un barrio se movilizan para impedir la instalación de unsitio nuclear, contra la polución creada por una empresa, son militantes fuertes, movi- lizados, determinados, pero no se vinculan a un proyecto social más am- plio que debería integrar otros movimientos. Es por eso que los colectivos de base sustituyeron en los últimos años a los sindicatos. Fueron luchadores, realmente luchadores, con fuerzas importantes, pero esas luchas no pu- dieron tener una salida, un éxito. real, porque no confluyeron con otras luchas. Se ve bien en Francia con la lucha de los agentes de telecomuni- caciones y también con una lucha que vuelve constantemente de las en- fermeras, luchas que no son controladas por los sindicatos.

Cuadernos del Sur- 63

CdS: ¿Cómo se logra, entonces, darle una perspectiva global a las luchas?, ¿cómo se hace para unir estos elementos aparentemente antagóni- cos -sin hacer futurología- en caso de que el partido haya dejado de ser la organización que puede unificarlos?

GL: Ese es nuestro trabajo. Lo que es propiamente sorprendente hoy es que en el tiempo pasado el movimiento obrero, aún cuando no estuvo fuerte, tenía sus propios medios de información, sus propios canales. Hoy expresar masivamente esas ideas, nuestras ideas, no es posible. hay una suerte de prohibición. Lo que se dice en la solicitada anterior no puede salir en cadena de televisión, no puede escribirse en la prensa, es una cosa tremenda. Madonna se puede hacer escuchar a escala mundial, nosotros no. Aún cuando estuviéramos mostrando nuestro culo.

CdS: Tal vez sea más tremendo viéndolo desde la perspectiva de un europeo, que en otro momento tuvo otras prácticas. En países como la Argentina, la censura ha sido permanente y los períodos de libertades públicas muy puntuales. Hay un dato que parece ser interesante: usted habla de los comités de base que se expresan por fuera de las estructuras tradicionales en Europa. Pero acá en la Argentina y en otros países de América Latina también parece ser que hay un agotamiento de las es- tructuras sindicales tradicionales. Pareciera ser una tendencia mundial. De hecho, cuando surgió Solidaridad en Polonia o la lucha de los mineros de Vorkuta, o cuando surgió el PT en Brasil, al margen de la estructura sindical tradicional. Ahora bien, llegó a la Argentina, con retraso, una vieja discusión europea acerca de la pérdida de centralidad del movimiento obrero. Sin embargo, la semana pasada los mineros ingleses se pusieron otra vez en movimiento y toda la parte contestataria de la sociedad se nucleó en una movilización de 150.000 personas alrededor de ellos; tam- bién la semana pasada en Bolivia, después de muchos años desde que la COB fue derrotada y aplastada y surgieron muchos movimientos sociales, cristianos de base, agrarios, etc., que no podían salir de sus reivindicaciones regionales, se pusieron en movimiento los mineros y hubo una manifes- tación en La Paz de 70.000 personas. Pareciera ser que las viejas disputas de la centralidad obrera no están resueltas, como dijeran André Gorz y tantos otros.

GL: No está resuelta, tienen razón. Las condiciones materiales están cam- biando ahora, y es por eso que Major en Gran Bretaña no podrá tratar a los mineros como Thatcher ha tratado al movimiento que luchó durante más de un año en condiciones muy difíciles. Ahora los fenómenos que menciona son una fuente de esperanza. Creo en la posibilidad de difundir considerablemente nuestras ideas, porque las opiniones están muy maduras ahora. Las masas hacen la historia, y no los revolucionarios ni los intelectuales, pero hay que contribuir a crear las condiciones a informar, a tener debates.

64 ' abril 1993

Cds: Volviendo al plano de la reformulación teórica del marxismo, ¿qué aportes de corrientes marxistas del _siglo XXV le parecen a usted más importantes en vistas a esta tarea de reformulación?

GL: Todas las corrientes antidogmáticas. todos las corrientes que adoptan una actitud crítica sobre bases democráticas, de lucha, de rechazo a la integración en la ideología dominante. Son muchas. La de ustedes es una de ellas. Lo que intentamos crear en Francia con revistas como "Actual Marx". Ahora hay que tomar todo lo que se presenta, tratar de unir y debatir. '

'C‘dS: Y específicamente dentro de marxismo francés, deSpués de la época de Sartre y Althusser y los debates de entonces, ¿qué pasó? ¿qué diría usted que sucedió después de ese rico período?

GL: Creo que en Francia hay una especificidad que fue la cooptación de losintelectuales de izquierda en las instituciones políticas, administrativas, y otras creadas por el Partido Socialista cuando accedió al poder en el ’81. Y a ese fenómeno yo l'o llamo, como en el pasado Julien Benda, "trahison des clercs” (traición de los intelectuales). En Francia se utiliza una expre- sión muy sabrosa que es "¡Is sont montés a la sup" o "¡Is sont alles'a- la Sup". La mayoría, la enoMe mayoría se pone al servicio del poder socialista en sus instituciones, como directores del gabinete ministerial, como autori-- dades en la universidad, como embajadores, etc. Y al servicio, también, de la ideología dominante. La mayoría de ellos fueron o se pretendieron marxistas, marxistas ortodoxos, maoístas, y hoy son ellos quienes hacen la ley, en las elecciones, los medios, la prensa, de tal suerte que en Francia es hoy una basura utilizar la palabra "marxismo", la palabra “comunismo”, la palabra "revolución", verdaderamente existe una degradación de aquellos términos por parte de los “ex-marxistas". Son maoístas que creyeron hacer la revolución en Nanterre los que se encuentran entre los intelectuales que firmaron hace d‘os años'una solicitada que apareció en una página entera del diario Le Monde, antes del referendum de Maastricht, dirigida a los miembros del congreso americano para que decidieran votar una inter- vención militar en Nicaragua. Es decir que las condiciones para expresar hoy, en Francia, una posición marxista, para hacer trabajar los conceptos del marxismo, y más aún, para expresar, publicar, son muy difíciles. Es menos difícil en Italia -no existen las mismas tradiciones-, o en Alemania.

CdS: En su seminario, alguien comparó ayer esa cooptación de los intelectuales con lo que sucedió en México durante años. Ahora bien, usted habló de una especificidad francesa, y los marxistas ingleses hablan, en el plano teórico, de otra "especificidad" para referirse a su propia corriente. ¿Cómo considera usted el marxismo inglés, que se desarrolló tanto mientras el desarrollo de las otras corrientes del marxismo, de alguna manera, se estancaba?

Cuadernos del Sur ' 65

GL: El marxismo inglés, en toda su historia, no ha tenido otra cosa que grupos de intelectuales, pero no intelectuales vinculados al movimiento obrero. Son intelectuales brillantes, investigadores remarcables como Hobsbawm, Thompson u otros, pero no “intelectuales orgánicos" -como decía Gramsci- vinculados a los obreros como lo fueron los intelectuales que atravesaron‘ el Pártido Comunista .francés o los movimientos de iz- quierda. '

Cds: Y como contracara de este proceso, acerca del pensamiento bur- gués en filosofía y en ciencias sociales en general: mientras el marxismo es percibido de alguna manera como una corriente en debate, cuando no en crisis, ¿cómo considera la situación del pensamiento burgués?

GL: Yo creo que la evolución de la filosofía en Francia, en los últimos años, es muy sintomática. hace diez años, los tres polos filosóficos se identificaron con las figuras de Freud, Nietzche y Marx. Hubo también muchos trabajos sobre Hegel. Hoy hay un doble movimiento de vuelta al pasado, antes de Hegel. No se habla de Freud, ni de Nietzsche, ni de Marx,- se habla de Kant, de Fichte. Pero no del Kant y del Fichte progresistas, sino del Fichte teórico de la nación, etc. También de la filosofía medieval y antigua. Y el otro movimiento es casi una dominación de Heidegger. La actitud de los intelectuales franceses al respecto se ve claramente. Cuando salió el libro del chileno (Farías) sobre el hecho de que Heidegger fue nazi del principio al fin de su vida, hubo en Francia una protesta extraordinaria contra el libro de Farías. Esa protesta es interesante porque puede significar dos cosas: o bien los intelectuales que protestaron eran totalmente igno- rantes, no conocían las posiciones de alemanes como Habermas, que decía la misma cosa que Farías, pero desde hacía 20 años. La posición misma en Francia de Bourdieu. O bien son unos mentirosos totales, restringiendo Heidegger a la crítica de la metafísica, a la crítica de la técnica. Respecto de la más alta figura actual en filosofia política, Hannah Arendt, cada día un alumno me presenta un proyecto de tesis sobre Hannah Arendt, y ya estoy harto. Casi nadie en Francia menciona el tipo de relaciones que se esta- blecieron entre Heidegger y Hannah Arendt. Arendt, la mujer del antito- talitarismo, y Heidegger, el hombre contra la técnica: una mujer que por una parte critica al nazismo y por otra parte vivieron juntos. Es un misterio, pero un misterio que no interesa a los intelectuales franceses.

CdS: De todos modos, ese auge de la filosofía heideggeriana invadió también, en parte, al propio marxismo. También hubo en Francia y en Europa en general marxistas existencialistas de raíz heideggeriana.

GL: No franceses, lo digo sin chauvinismo. Porque le diré que se olvidó totalmente que la primera tentativa de pensar Heidegger y la crítica de la técnica de Heidegger en términos marxistas es la de Henri Lefebre, hace más de 30 años. Después los ideólogos ortodoxos, los que yo llamo “in-

es ' abril 1993

telectuales Hi-Fi" (High Fidelity) del P.C.F. prohibieron totalmente la lec- tura de Heidegger, de manera tonta, como es tonta la actitud pro-heideg- geriana de los otros hoy. Los intelectuales de izquierda se convirtieron en heideggerianos: una cosa triste, pero una cosa real.

Cds: Esta recuperación de la filosofía heideggeriana'que usted descri- be, junto con toda una línea de pensamiento posestructuralista, confluyen en las tendencias posmodemas -que Jameson relaciona con la crisis de legitimidad del capitalismo tardío- que en Francia parecen seguir siendo fuertes.

GL: Muy fuertes. En Francia es una verdadera moda, una moda del "neo", neoliberalismo, neofascismo, nueva cocina también. La nueva cocina se caracteriza como los otros "neo" (nueva historia, etc.) porque no tienes nada que comer en tu plato, pequeñitas verduras, pequeñitos biftecs, etc. Y el “post”, postmodernismo, postcapitalismo, postsocialismo, todo "post". Y todo eso para enterrar toda forma de pensamiento político que vaya a poner en cuestión el estado real de las cosas. Es un rechazo, un verdadero rechazo: fin de la historia, fin de los grandes relatos -como dice Lyotard. Lyotard en otro tiempo fue una alta figura dela crítica marxista antidog- mática y hoy va a pasar su tiempo en las universidades de los EEUU -que le pagan bien, por cierto. Es una lástima. Y aquí no arreglo ninguna cuenta personal. Creo que esta situación refleja las condiciones generales de la crisis, la crisis del pensamiento de izquierda, vinculada con la crisis del mundo capitalista. pero eso va a cambiar y los marxistas van a recuperar la palabra. Mañana, dentro de unos días, un mes, un año, pero eso va a cambiar.

Cds: Muchas gracias. Quisiéramos terminar aquí, porque sabemos de la intensa actividad que usted ha desarrollado en nuestro país durante los últimos días. Una última cuestión, sin embargo, nos interesa particular- mente, a propósito de los que usted dijo anoche en la presentación de La liberación de Marx: la propuesta de elaborar una red de revistas, a nivelv internacional. Para Cuadernos del Sur, por cierto, constituye una tarea ne- cesaria en la que quisiéramos trabajar. ¿En qué consiste la propuesta?

GL: Enviaré, a partir de miretorno a Francia, la lista de revistas que hemos realizado entre Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Portugal..., una red de revistas que ahora están decidiendo unir sus fuerzas, cambian- do artículos y publicidad, pero de una manera muy orgánica. Y no hay ninguna intención de limitar esta organización a la Europa de los doce. Tenemos ya relaciones con compañeros de los países del Este, que luchan sobre bases marxistas en condiciones mucho más difíciles que las nuestras. Yo conozco muchos compañeros de los países del Este que fueron encar- celados y torturados por los regímenes estalinistas y que intentaron trabajar por una alternativa socialista en lo que se namó "Revolution des Velours”

Cuadernos del Sur 67

en toda la prensa, refiriéndose a la revolución en Checoslovaquia. Ellos

ahora no pueden tener la palabra ni en Checoslovaquia, ni en Rusia, ni en

Hungría, ni en Bulgaria. Cuando se expresan es a través de "Le Rouge",

por ejemplo, o "Critique Communiste". Y cómo no incluir aportes de

América Latina, y en particular de Cuadernos del Sur, teniendo en cuenta

el magnífico esfuerzo que ustedes realizan en condiciones tan difíciles. Cds: Otra vez muchas gracias.

Buenos Aires, octubre 1992

. sous le droP°°° d".

socrolisme

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Corrospondencro de Prensa lnternocronol ¡para America Lotlncr

* Labica se refiera al debate realizado en la presentación de la"Ficha Tematica Nro. 4 de CdS: La liberación de Marx, el 28 de Octubre de 1992.

68 ' abril 1993

i El “no” de izquierda j Por Europa, contra Maastricht

Partidarios de una Europa democrática donde todos los que viven y trabajan gozan de derechos sociales y cívicos iguales, sin privilegio particular para los naturales europeos de origen, de una Europa movilizada contra la llaga del desempleo y por la ampliación de los derechos sociales de una Europa portadora de un nuevo impulso laico frente al retorno de los integrismos religiosos, de una Europa solidaria con el Sur y el Este, de una Europa resuelta a buscar la vía de un desarrollo compatible con la defensa del entorno y con la protección planetaria de los recursos naturales, nos oponemos 'al Tratado de Maastricht y a sus consecuencias.

Maastricht no es nuestra Europa.

Es la Europa de la moneda y de las mercancías contra la de las mujeres y los hombres. Es la Europa de los banqueros y de los jueces contra la de los ciudadanos. Es un conjunto económico egoísta que pone sus buenas tierras yermas en el desierto de miseria que es el mundo. Es una fortaleza integrada en la Alianza atlántica bajo el cetro americano, y dispuesta a nuevas guerras del Golfo, y finalmen- te xenófoba.

Lo que se decide en el referendum no es pro o contra la Europa, sino por o contra este tratado, contra una Santa Alianza de los ricos contra los pobres, que recusa a las naciónes para sofocar mejor la expresión democrática. A pregunta clara, respuesta clarazla nuestra es "no". Ahora que voceros del gobierno y dirigentes de la oposición liberal sellan una vergonzosa alianza para llevar adelante la campa- ña por el "sí", numerosos son los y las que rechazan Maastricht pero temen justificadamente mezclar sus voces con el "no" reaccionario y chauvinista de un Le Pen o de un de Villiers. Es necesario que se haga escudhar, sin compromiso con la derecha y respetando de nuestra diversidad, un "no" a Maastricht que, lejos de volver la espalda a Europa, sea un "no" europeo e internacionalista, para una Europa social y ciudadana, factor de mayor igualdad y justicia entre todos los pueblos del mundo.

K Aparecido en Le Rouge, 9-VII-1992. J

Primeros firmantes: David Assouline, Michele Veavillard, Yves Bénot, Daniel Bensaid, Claude Bourdet, Suzanne de Brunhoff, Alain Calles, Gérard Chaouat. Monique Chemellier-Cendreau, Antoine Comte, Didier Daeninckx, Christine Daure-Serfat , Michele Dayras, Christine Delphy, Alain Dugrand, René Dumont, Gérard Filoche, René Calissot, ax Gallo, Gisele Halimi, Albert Jac%uard, Raymond lean, Sylvian Joubert, Lean-Jacques Kirkyacharian, Alain Krivine, Georges Labica ernard Laglois, Danielle Le Bricquir, Jean-Pierre Lemaire, Michel bquenne, Anicet Le Pors, Albert Levy, Michael Lówy, Gilbert Marquis, Andrée Michel. Florence Montreynaud, Didier Motchane Gilles Perrault, Gé- raud de la Pradelle, Maurice Rajsfus, Siné, Francesca Solleville, Maya Surduts.

Cuadernos del Sur 69

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gustavo guevara

Me Co *

Desde la firma del Tratado de Asunción (marzo de 1991) el Mer-

CoSur se ha convertido en un punto .

de referencia permanente de dis- cursos oficiales, medios masivos de comunicación, reuniones empresa- rias, agenda de encuentros políticos, foros académicos y en menor me- dida tema de atención de la buro- cracia sindical.

Esta generalizada difusión no suele ir acompañada de un auténtico y amplio debate acerca de la viabi- lidad, beneficios y consecuencias para el conjunto de la sociedad del proyecto en marcha. El cauce que adopta la discusión, reiterada in- cluso en algunos círculos de iz- quierda, es que estamos en presen- cia de una realidad que se impone por si misma, por tanto irreversible, se trata de ver entonces como los distintos sujetos sociales involucra- dos logran la mejor adaptación ,a ella.

Preocupados por los problemas contemporáneos de América Latina no podemos dejar de percibir al MerCoSur como un factor destina-

Una ez más Ad S 'th doyaejercer una impronta profun- da sobre los "países-miembros". Para elucidar algunas de sus claves ' hemos tomado como punto de par- tida la situación de América Latina en la década perdida” -en el marco dela crisis mundial del capitalismo- para contextualizar el contenido de la Iniciativa para las Américas lan- zada por el presidente Bush en 1991 y poder avanzar en las considera- ciones sobre el origen, antecedentes, curso y destino del neoliberalismo

que conduce al actual proceso de integración.

América Latina. La década perdida

La década del 80 ha constituido para América Latina la “década perdida" según la popularizada expresión acuñada por la CEPAL. Los indicadores socioeconómicos remarcan el agudo retroceso de la evolución económica de la región y el generalizado deterioro de las condiciones de vida de una porción mayoritaria de su población.

Cuadernos del Sur

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El crecimiento del Producto In- terno Bruto para el período de 1980- 90 se ubicó por debajo del 1,0%

mientras que para la década anterior.

se registra un índice del 5,5% ello significa que la economía de la re- gión considerada globalmente casi no ha crecido y la situación es más dramática si se considera el retro- ceso en el crecimiento del PIB por habitante que fue de 3.0 promedio para 1970-80 y cayó a -1,6 para el quinquenio 1980-85. Los coeficientes de la inversión interna bruta caye- ron de 24.1 en 1980 a 16.3 en 1989. Todo esto sin olvidar el creciente endeudamiento externo que pasó de 228,236 millones de dólares para 1980 a 410.090 millones de dólares en 1989 1.

Esta presentación de algunos indicadores críticos no explica, ni muestra por si misma la naturaleza compleja y profunda de la crisis cuyas causas van más allá de la ineptitud y/o lucidez de las políti- cas económicas aplicadas por los distintos gobiernos de la región. En el análisis cabe distinguir dos ele- mentos centrales para su compren- sron.

1. El ciclo de la economía lati- noamericana está ligado al compor- tamiento de la economía mundial en la actual etapa de transnaciona- lización del capital.

2. Esto no debe llevar a borrar las eSpecificidades nacionales, aun- que estas deben ser entendidas y analizadas en el marco más general arriba mencionado.

Si comparamos la evolución del

PIB de la OCDE (Organización de Comprensión y Desarrollo Econó- mico) constituido por los 24 países más industrializados del mundo y A.L. aparece muy claramente la sincronicidad del brusco descenso y crisis de la producción en 1975 y 1982, aunque con niveles distintos de caída y recuperación. Pero para el funcionamiento de la economía mundial no es lo mismo la caída de la Bolsa de Buenos Aires que la de Nueva York, la crisis no se trasmite entonces de la periferia al centro sino que se halla instalada en el epicentro mismo del sistema, es decir, en primer lugar en el princi- pal país capitalista del sigo XX y en menor medida, aunque con conse- cuencias igualmente amenazantes, en el resto de los países del Norte. No corresponde aquí discutir los diVersos diagnósticos que se han hecho sobre las causas y caracterís- ticas de la crisis, al respecto puede consultarse una extensa bibliogra- fíaz; nos interesa destacar que desde nuestra línea de análisis ve- mos en la crisis actual un papel si- milar al que desempeñaron para la historia del capitalismo las de 1873 y 1930. Crisis estructurales, que expresan el agotamiento de un modelo de acumulación y repro- ducción del capital pero que al mismo tiempo operan en un senti- do remodelador que permite crista- lizar un nuevo esquema de funcio- namiento sin cuestionar las premi- sas fundamentales del sistema. Para América Latina esta reor- ganización se hizo evidente a través

72

abril 1993

de las sucesivas formas de inserción al mercado mundial. En la etapa del surgimiento del imperialismo, en las últimas décadas del siglo XIX, su aparato productivo se orientó a la monoexportación primaria para atender a la demanda creciente de materias primas de los países cen- trales contando para su financiación con la inversión directa del capital extranjero en obra de infraestructura y el marco brindado por los conso- lidados Estados Nacionales. La cri- sis de 1930 conlleva una mutación igualmente profunda, generando una extendida industrialización sustitutiva de importaciones sus- tentada en la activa implementación por parte de los Estados de políti- cas intervencionistas mercado in- temistas. “Crecimiento hacia afue- ra" y “Crecimiento hacia adentro" fueron las fórmulas que vinieron a sintetizar las modalidades que adoptaba el desarrollo capitalista en América Latina.

La crisis de los ochenta, que es la crisis del modelo fordista de acumu- lación que alimentó la vertiginosa expansión de la segunda posguerra ha puesto al descubierto un conjunto de contradicciones que parecen como insolubles. Nos encontramos entonces con una creciente internacionalización del capital desplegando las nuevas tecnologías, remodelando el mundo del trabajo con sus consecuentes re- calificación y desocupación de la fuerza laboral, expandiendo el creci- miento del comercio mündial a ritmos superiores que los de la producción generando una nueva división inter-

nacional del trabajo. No obstante es- tas inéditas transformaciones, el ca- pitalismo debe seguir ubicando en el centro de sus preocupaciones las po- tencialidades (e incapacidades) para remontar la crisis y volver a ritmos de crecimiento similares a los de treinta años atrás.

Ni la euforia que siguió a la caí- da del Muro de Berlín, ni el éxito de la Guerra del Golfo alcanzaron para sanear el crónico cuadro por el que atraviesa la mayor economía capi- talista del globo, algunos indicado- res como:

- Déficit fiscal para 1992 de uSs 335.500 millones, y estimándose para 1993 en los uSs 341.000 millo- nes.

- Caída del 66% de la Inversión extranjera directa entre 1990 y 1991 ..

- Tasa de desempleo del 7,8% de la PEA, el más alto desde octubre de 1984.

- Pérdida de competitividad no solo frente a Japón y Alemania, sino que pasó a ocupar el quinto lugar detrás de Suiza y Dinamarca.

De una manera elocuente mues- tran las dificultades de Estados“ Unidos por remontar esta persis- tente crisis cuyo origen está lejos de ser el poco interés del presidente Bush por los asuntos internos o el inadecuado manejo del déficit fiscal como nos propone Galbraith 3 en clave Keynesiana, que por otra parte no disimula su preocupación por- que Estados Unidos siga un camino similar a que condujo al derrumbe de las economías del Este.

Por ahora los pronósticos de la

Cuadernos del Sur

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OCDE parecen mostrarnos que es- tamos frente a un moderadísimo crecimiento que cada vez más se presenta como con traste frente a las espectativas de un vigoroso au- mento de la producción mundial. ¿Estaremos a las puertas de un mo- delo posfordista de regulación olas contradicciones del capital transna- cional siguen operando para impe- dir el fin de la historia prometido?

América Latina tampoco ha quedado al margen de los efectos de las transformaciones del capita- lismo, aunque paradójicamente las mutaciones de este trazan una nueva geografía en la división in- ternacional del trabajo que la con- ducen a la marginalidad. Las ven- tajas comparativas que antes brin- daban la abundancia de materias primas y la baratura del precio de la mano de obra son tendencial- mente devaluadas por el nuevo modelo donde la revolución cientí- fico técnica permite la elaboración de materiales sintéticos y un uso intensivo de la fuerza de trabajo calificada con un alto nivel de pro- ductividad.

Con viene no perder de vista que los alcance dela crisis para A.L. no se limitan a los efectos mecánicos de la propagación internacional de la crisis del centro que operan través del comercio y las finanzas sino como muy bien lo destaca Ominani sesuman:

“Los efectos secundarios de la internacionalización cuyas conse- cuencias más importantes son la in- toxicación financiera, la petrolari-

zación y la industrialización extra- vertida. Por último, los bloqueos propiamente endógenos, que se re- fieren ala fragilidad de la regulación de conjunto, a la falta de institucio- nalización de la relación salarial y las desarticulaciones sectoriales". 4

En este sentido la disminución del precio de las materias primas o del quantum de exportación/im- portación de A.L. con respecto a Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea ola caída de la Inversión Extranjera Directa que para la región en 1980/84 repre- sentaba el 12,3 del total mundial a 7,6% en 1985/90, pueden dar una imagen de homogeneidad del con- junto de A.L. Sin embargo es esta una visión superficial, es más real que sobre la base de un retroceso del conjunto se ha dado un proceso diferenciador de las economías lo- cales que culminó en distintos gra- dos de inserción selectiva al merca- do mundial, particularmente de al- gunos países como Brasil, Chile y México.

Estancamiento desigual pero también retroceso de los regímenes autoritarios marca el contexto reo gional de fines de los 80. Sobre este escenario EEUU. necesita llenar de contenido su vacío de política ex- terior frente a América Latina al momento de la volatilización del conflicto Este-Oeste.

Iniciativa para las Américas

El 27 de junio de 1990 en la Casa Blanca el Presidente George Bush

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Ü

abril 1993

pronuncia ante diplomáticos Lati- noamericanos y del Caribe, miem- bros de su gobierno y represen- tantes del Banco Mundial, Fondo Monetario internacional, Banco de Integración y Desarrollo y "líderes en las comunidades de negocios y finanzas" el discurso en el que es- bozó la "Iniciativa para las Améri- cas".

El diagnóstico parte de la cons- tatación del resurgimiento de regí- menes democráticos, "con una ex- cepción": Cuba. Las transformacio- nes políticas, siempre en la visión de la administración de Bush, que se extienden al resto del continente, hallarían su correlato en la esfera económica:

“En toda la región, las naciones se están apartando de las políticas económicas estatistas que sofocan al crecimiento y buscan ahora el poder del mercado libre para ayu- dar a este hemisferio a darse cuenta de su potencial para el progreso todavía sin explotar. Ha surgido un nuevo liderazgo, apoyado por la fuerza del mandato del pueblo. Un liderazgo que entiende que el futuro de América Latina está‘en los go- biernos y mercados libres" 5.

La Iniciativa surge como un instrumento destinado a promover políticas neoliberales de desregula- ción estatal, privatización de em- presas públicas y mayor apertura al comercio exterior frente a las rece- tas populistas, que son consideradas por su proteccionismo y distribu- clggnismo la causa de todos los ma-

EI "nuevo liderazgo" emergen- te,- _a pesar del respaldo de Was- hington, aparece cuestionado y amenazado en Venezuela por lo desolador del ajuste, en Perú por el sesgo anticonstitucional de Fujimo- ri, en Argentina y Brasil por la hi- percorrupción de los altos funcio- narios de gobierno y las dudas so- bre la seguridad jurídicalde los ac- tos de gobierno. En síntesis, demo- cracia y ajuste se presentan como términos difícilmente conciliables antes que compatibles.

Más allá de la retórica coyuntu- ral ¿Por qué Estados Unidos apun- ta a “cambiar el foco" de la inte- racción económica? ¿Por qué ca- racterizar ahora a la región como de "vital importancia"?

Para contestar a esto nos remiti-‘ mos una vez más a la crisis, que pone en evidencia el vertiginoso declive de la economía norteameri- cana, de allí la naturaleza contras- tante entre la Iniciativa y la Alianza para el Progreso lanzada en 1961 por el presidente J. F. Kennedy.

La centralidad de América Lati- na estaba dada entonces por razones de seguridad hemisférica, para blo- quear la posibilidad de que el ejemplo de la Revolución Cubana de 1959 se generalizara al con tinen- te. Se buscaba mediante la reforma agraria, los avances técnicos y una fuerte corriente de inversión de ca- pitales alcanzar los objetivos ofi- cialmente reconocidos de creci- miento económico, cambio estruc- tural y democratización política. Este era el sentido más general de

Cuadernos del Sur

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la "alianza para el progreso", sin

embargo el programa quedó pron-

tamente opacado.

Treinta años deSpués la Iniciati--

va se inscribe en un marco interna- cional signado por la descompresión del conflicto Este-Oeste, la obsesión por el libremercado y una agenda donde Washington coloca Como te- mas destacados para su tratamien- to con latinoamérica: inmigración, narcotráfico, protección del medio ambiente, control del terrorismo, etc.

El nuevo programa se asienta en tres pilares, luego de haber dejado en claro que ahora el crecimiento es entendido como producto dela res- ponsabilidad de cada país en parti- cular. El comercio constituye el eje central de la nueva política, la que debe contemplar también las in- versiones y el tratamiento de la deuda.

"La prosperidad de nuestro he- misferio depende del comercio, o de la ayuda... la nueva Iniciativa para las Américas creará incentivos que refuerzan el creciente reconoci- miento en América Latina de que la reforma hacia mercados libres es la clave para el crecimiento sostenido y la estabilidad política" 6.

La responsabilidad por el retra- so del crecimientodel comercio he- misférico frente a la totalidad del intercambio mundial en los ochen- ta recae sobre las barreras aduane- ras excesivamente restrictivas que separan asfixiantemente las econo- mías de la región.

"Estas barreras son la herencia

de la equivocada noción según la cual la economía de una nación ne- cesita protección para crecer. La gran lección económica de este siglo es que el proteccionismo sofoca el progreso y los mercados libres en- gendran la prosperidad" 7.

Para ello se propone crear una zona de libre comercio que abarque desde Alaska hasta Tierra del Fue- go donde todos serán "socios igua- les".

¿De alcanzar semejante pro- puesta algún grado de concresión Estados Unidos estaría resolviendo su crisis de mercados?

La rivalidad comercial con la

. cuenca del Pacífico liderada por Ja- . pón y la Comunidad Económica

Europea encabezada por Alemania unificada obliga a los Estados Uni- dos a recrear las condiciones que devuelvan rentabilidad y eficiencia a sus capitales para poder recuperar el creciente espacio ganado por sus competidores. Una de las opciones para ello es ampliar su espacio económico de modo de apropiarse de las ventajas que brinda una economía de escala, no solo con la ampliación del mercado sino con un uso más "racional" de los factores productivos.

En esta búsqueda estratégica por remontar el terreno perdido es que debe inscribirse el Acuerdo de Libre Comercio firmado por Canadá, México y Estados Unidos (NAFTA). La generalizada revitalización de los acuerdos subregionales como el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano o el Mercado co-

76

abril 1993

mún del C0no Sur vienen a colocar- se en paralelo con aquel proyecto, pero conviene destacar la política celosamente selectiva del gran país del Norte por sellar formas de aso- ciación más estrechas y orgánicas. En este sentido su próximo socio latinoamericano habrá de ser Chile y parece no haber urgencia ni inte- rés por dar ese status a otras nacio- nes del continente.

Considerado globalmente el co- mercio con América Latina parece brindar una base frágil e insuficien- te para una sostenida recuperación de la crisis. Alrededor del 40% del comercio latinoamericano se orien- había Estados Unidos pero para su Balanza Comercial esto repre- sentó un escaso 13%.

Este escenario pesimista se agra- va aún más si se piensa en el asfixiante de la deuda de América Latina que durante la década del 80 no dejó de crecer en proyección geométrica. Así pasó de 228.236 en 1980 a 420.000 millones de dólares en 1990; pero mientras la deuda crecía a un ritmo firme, el pago de los inte- reses lo hacía mucho más leve y fluc- tuante, en 1980 se pagaron 26.776,5 en 1982: 47,153 y en 1989: 39,461,3 millones de dólares.

El Plan Brady fue la propuesta elaborada para dar certidumbre al funcionamiento del sistema finan- ciero internacional. Con el ingreso reciente de Brasil al Plan se completa la lista de grandes deudores adhe- ridos a él, se puede hablar entonces deléxito poli tico dela iniciativa, que básicamente concede un discreto

descuento en el valor teórico de cada una de las deudas a cambio de ase- gurar el pago pleno del remanente en forma puntual.

El Plan contempla además el cambio "deuda por naturaleza" y el Presidente Bush no dejó de remar- car que las acciones en tornode todo tipo de negociaciones sobre la deuda deben ser emprendidas sobre la base de "caso por caso".

La compleja ingeniería del Brady no pude evitar dejar flotando en el aire una sencilla pregunta: ¿podrán los países deudores cumplir sus compromisos de aquí a treinta años cuando las propias estimaciones del Fondo Monetario Internacional contemplan un aumento, al menos en términos nominales, dela deuda de la región, que sería de 435 mi- llones de dólares para 1992 y se in- crementaría av 442,7 millones de dólares en 1993? '

La inversión está sujeta a la creación de "un clima atractivo" que reconOce como imperativo la aperé tura de las economías, de desregu- lación de las actividades producti- vas y la privatización de servicios esenciales suministrados por el Es- tado y una legislación laboral acorde a las nuevas condiciones de libre mercado. ¿Todo ello resulta condi- ción. necesaria pero será suficiente para que la IED se radique en estas latitudes?

Las medidas propuestas para aumentar la financiación mediante un programa de préstamos y un fondo multilateral de inversión son tan escasas e insuficientes que ni

Cuadernos del Sur

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siquiera merecen ser consideradas como mecanismos a tener algún impacto sobre la región.

Crisis de Estados Unidos, crisis de América Latina, las opciones son

muchas y la dirigenCia del status.

quo ha asumido el paradigma neo- liberal como la fórmula para en- frentar esta situación. Politicas de corte keynesiano o “populistas” son desechadas por inviables en la ac- tual fase de transnacionalización del capital. En una clara maniobra ideológica el Presidente Bush lo expresa con total transparencia:

"Con las palabras del valiente lider colombiano -el presidente Virgilio Barco-z el largo partido entre Karl Marx y Adam Smith se está fi- nalmente acabando" "Z

¿Qué es el MerCoSur?

El 26 de. marzo de 1991 en la ciudad de Asunción los gobiemos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay suscribieron el Acta por el cual se comprometen a constituir a partir del 31 de diciembre de 1994 un mercado que implica:

a) "La libre circulación de bic- nes, servicios y factores producti- vos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los de- rechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente:

b) El establecimiento de un arancel externo común y la adop- ción de un apolítica comercial co- mún con relación a terceros estados

o agrupaciones de estados y la co- ordinación de posiciones en foros económicos comerciales regionales e iternacionales;

c) La coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre les Estados Partes: de comercio ex- terior, agrícola industrial, fiscal, monetaria, cambiaría y de capitales, de servicios, aduanera, de trans- porte y comunicaciones y otras que se acuerden, a fin de asegurar con- diciones adecuadas de competencia entre los Estados Partes".

Desde la entrada en vigor del Tratado hasta la fecha señalada se establece un período de transición en el que se adopta un Régimen General de Origen, un Sistema de Solución de Controversias y Claú- sulas de Salvaguardia. Se reconoce además el ritmo diferencial en el proceso de integración para las Re- públicas del Paraguay y Uruguay, concedióndose un año para la en- trada en plena vigencia de la libe- ralización comercial.

Se crea la estructura orgánica encargada de administrar y ejecutar el tratado, conformándose para tal fin: A -Consejo del Mercado Común, órgano superior responsable de la conducción política y la toma de decisiones para la constitución de- finitiva del Mercado Común, inte- grada por los Ministros de Relacio- nes Exteriores y Economía de los Estados-Partes; y B -Grupo Merca- do Común, órgano ejecutivo coor- dinado por los Ministros de Rela- ciones Exteriores, que podrá cons- tituir sub-grupos de trabajo.

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La toma de decisiones está con- centrada en los Poderes Ejecutivos de cada uno de los países que "mantendrán informados a los res-

tivos Poderes Legislativos”.

De la lectura de los 24 artículos se infiere claramente que la inte- gración está planteada de manera exclusiva en términos comerciales y es la lógica del mercado la que debe comandar el proceso. Asuntos tan acuciantes para las economías del cono sur como la deuda extema,

no aparece ni mencionado, ni insi-

'nuado.

No es la primera vez que países latinoamericanos firman convenios de integración económica y men- cionando los antecedentes que más directamente han involucrado a los actuales Estados-partes podemos apuntar: En la década del 50, el fa- llido ABC, que impulsado por el entonces presidente de la Argentina General Perón, intentaba vertebrar las economías de Argentina, Brasil y Chile.

En 1960, en Montevideo, se crea la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALA LC), integrada por Argentina, Brasil, México, Pa- raguay, Perú y Uruguay, su anémica existencia intentó ser revitalizada con la creación de la ALADI. En 1980, nuevamente en Montevideo, se crea la» Asociación Latinoameri- cana de Integración, cuyos resulta- dos a la fecha no han sido cualita- tivamente significativos.

Estas formas de integración multilateral, inspiradas en el para- digma del “crecimiento hacia aden-

tro", parecieron encontrar su punto de estancamiento en los desequili- brios de las balanzas comerciales de los países de menor desarrollo frente a los que habían alcanzado un esta- dio superior. Esto no significa su- poner que estas experiencias acota- das no han aportado una pequeña cuota positiva en la medida que han contribuido a cierto conocimiento y distensión entre nuestros países.

Sin embargo, el antecedente más importante e inmediato que debe nombrarse es la confluencia de Ar- gentina y Brasil materializada en la Declaración del Iguazú del 30 de noviembre de 1985. El eje del pro- grama de convergencia era eminen- temente político, a a partir dela co- incidencia e'n el posicionamiento internacional respecto de diversos puntos (consenso de Cartagena, Grupo de Apoyo .a Contadora, creación de una Zona de Paz y Co- operación en el Atlántico Sur, etc.). Las consecuencias políticas fueron importantes para desactivar espíri- tus belicistas que siempre de uno y otro lado de la frontera habían ali- mentado la hipótesis de conflicto con el vecino.

El 29 de julio de 1986 se establece el Programa de Integración y Co- operación Económica (PICE) entre la República Argentina y la Repú- blica Federativa del Brasil. Se pro- piciaba un criterio gra iualista, flexible y progresivo a través del tratamiento de producto por pro- ducto. Esto llevó a la firma de 24 protocolos, de los cuales muy pocos pudieron ser realmente implemen-

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tados (trigo, alimentos, autopartes y cooperación nuclear).

El 29 de noviembre de 1988 se fim'raba el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, que implicaba un cambio de enfoque ya que su objetivo era el establecimiento de "un espacio económico común" aunque manteniendo las pautas de "gradualidad, flexibilidad y equili- brio" a las que ahora se suma la "simetría", para permitir la adap- tación progresiva de los habitantes y de las empresas de cada Estado parte a las nuevas condiciones de competencia y de legislación eco- nómica".

La fuerte presencia de los lobby, la hiperinflación en la Argentina y los cambios de gobierno en ambos países pareció dejar trunca esta ex- periencia, pero a mediados de 1990 los recientemente electos presiden- tes Carlos Saúl Menem y Fernando Collor de Mello vuelven a dar im- pulso a la integración pero sobre la base de un nuevo esquema de re- ducción lineal y automática de aranceles.

-' Debe señalarse aquí un cambio importante_a__la_grrentaaón y di- rección del procesoïírïtegr‘a‘ciórr. Los acuerdos de 1985186 eran rg- mmm de fracciones, p'ólíficas de las burguríías locales- encaminadas por los Presidentes Sapey y Alfonsín We los Estados jugaban un rol central en el direccionamiento de los programas. Pero a partir del cambio de ad-

ministraciones y el acentuamiento de las políticas neoliberales y de ajuste estructural particularmente en Argentina, tanto la iniciativa como la dirección han quedado en manos de las fracciones'de Capital más concentradas, particularmente en las corporaciones Transnaciona- les quedando para los Estados- partes solo los acuerdos marco. .

La integración adoptó un giro pragmatista y la retórica oficial pre- sentó cuatro indicadores como ele- mentos claves para avanzar en un proyecto que en América Latina ve- nia fracasando sistemáticamente desde los intentos mismos de Simón Bolívar. Las cifras que parecían anunciar el engendro de una nueva potencia en el Cono Sur eran las siguientes: El Mercosur

9 abarca el 60% de la superficie de A.L.

0 representa el 45% dela pobla- cron.

0 posee un mercado potencial de 190 millones de habitantes.

Tiene un PBI de 416.000 millones de dólares equivalente a más del 50% del PBI de toda el área. La complejidad de la realidad supera- ba con creces la sencillez de las formulaciones oficiales. Incluso es- tas comenzaron a aceptar que los caminos que se abrían no conducían necesariamente a una situación be- neficiosa para el conjunto de los Estados-partes y sus habitantes.

El subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alieto Guadagni lo manifestaba así:

"Esta reconversión y transfor-

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mación implica que muchas activi- dades productivas actuales tendrán que expandirse, mientras que otras tendrán que declinar... La interac- ción no es una panacea. Nada nos garantiza automática y mágica- mente el éxito y, ni siquiera la equidad... La integración no cons- tituye un seguro contra los riesgos y las dificultades que nos plantea el mundo Contemporáneo, pero nos pone en mejores condiciones para enfrentarlo... No ignoramos los problemas y las aristas traumáticas que presenta el proceso que se ini- cia, pero un nuevo espacio econó- mico crea oportunidades que no existirían de preservarse la actual situación... 9.

La mistificación que muchas veces ha ganado el tema tiene como corolario la expresión .que el Mer- cosur se presenta como la solución para el crecimiento capitalista, siempre que se sea capaz de alcan- zar la competitividad a la que de- safia el libre mercado.

Discursos "ideológicos" al mar- gen y tomando en cuenta la comple- jidad de las variables intervinientes y que se trata de la dinámica de un proceso en marcha que se haya en sus inicios podemos avanzar en lo que pareCe convertirse en la caracte- rística central del perfil integrador entre los dos principales socios.

Con el actual esquema de inter- cambio no parece debilitarse la ten- dencia observada desde mediados de la década, del setenta en que ar- gentina provee productos primarios y Brasil refuerza su papel como ex-

portador de bienes manufacturados. A continuación transcribimos la vi- sión que sobre el punto nos dan di- versos informes técnicos elaborado por personas, fundaciones y corpo- raciones que adhieren al proyecto integrador.

”... en la medida que se forta- lezca el proceso de integración, el perfil se irá decantando hacia pro- ductos agroalimentarios de capital, complementados por todos aquellos procesos que requieran series cortas o crecientes de sofisticación tecno- lógica, con fuerte incidencia de mano de obra calificada en la com- posición del costo y calidad nece-

saria, para el caso argentino. Esto,

parece se complementará'con cierta provisión de insumos energéticos (gas, petróleo).

A la inversa, el perfil de Brasil es netamente de productor de series largas y de una amplia variedad de productos industriales" 1°.

Horacio Cepeda en un reciente trabajo elaborado para la Unión In- dustrial Argentina destacaba:

"Si se observa como ha evolu¡ cionado la estructura del comercio en los últimos tres años, puede ad- vertirse que se está dando un cierto patrón de especialización, de acuerdo con el cual Brasil es pro- veedor de productos industrializa- dos (el 72,5% de sus exportaciones) en tanto que la Argentina lo es de productos primarios y manufactu- ras de origen agropecuario (el 67% de las exportaciones)” ".

“Se puede concluir que la con- formación del mercado brasileño en

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lo que hace a su poder de compra es diferente a la Argentina, pues mayores porcentajes dela población viven en estado de pobreza y la mayor parte del ingreso está distri- buida en franjas porcentualmente menores de la población. Existen demandas cautivas que podrán ser satisfechas por productores argen- tinos. Adicionalmente, Rebolini (1990), resalta la potencialidad de expansión de las necesidades ali- mentarias de Brasil. Este autor sos- tiene que este factor podrá dinami- zar el crecimiento económico de los demás países miembros del Mer- CoSur" ‘3.

Durante los años 1989, 1990 y 1991 el intercambio con Brasil dejó un saldo favorable en la balanza comercial argentina. Este marco brindó un clima de “optimismo” y unanimidad empresarial que los resultados negativos de 1992 em- piezan a quebrar y no es casual entonces que la Unión Industrial Argentina (UIA) salga a reclamar públicamente "una banda de valo- res relativos de tipo de cambio" frente a la avalancha de manufactu- ras que parece ir creciendo desde el país vecino- Es conveniente no ol- vidar que esta corporación repre- senta sin embargo al sector más concentrado y transnacionalizado del capital industrial, por tanto con mayores posibilidades de reinser- tarse con ventajas competitivas en el proceso.

En resumen para nosotros la historia no recorre una linealidad inapelable, el presente es complejo

y borrar sus contradicciones impli- ca simplificar la realidad para justi- ficar el proyecto neoliberal y negar alternativas al capital transnacional. Sin embargo el modelo parece im- ponerse, lo que implicará una pro- funda reestructuración de los espa- cios económicos y sociales, y que en parte ya viene dibujándose.

Si entre los beneficiados ya se puede incluir a las grandes firmas transnacionales que realizan el co- mercio intraindustrial (CII) repre- sentando un tercio del intercambio total, el destino de los trabajadores parece bastante sombrío: la libre circulación de la mano de obra fa- vorece las migraciones generando una sobre oferta que presiona hacia

'abajo los salarios y precariza las

condiciones laborales en general. La mejor suerte que puede correrestá atada a: _

"la ratificación de los convenios dela Organización Internacional del Trabajo (OIT) por los gobiemos de los cuatro países. La ratificación de los convenios significaría poner un piso a la protección social de los trabajadores y evitar que su des- protección sea una herramienta para ganar competitividad y atraer in- versiones (dumping social)" ‘3.

No es ocioso tener presente las conclusiones elaboradas en el re- ciente Balance de Desarrollo Hu- mano elaborado por las Naciones Unidas:

“El crecimiento económico no mejora automáticamente las vidas de las personas, ni en sus propias nacio- nes ni a escala internacional. Existen

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considerables disparidades de ingre- sos- en el interior de los países. La r disparidad nacional es la de Brasil: 26 entre el 20% más n'co de la población y el 20% más pobre, de acuerdo con su ingreso per cápita» “. Hoy se visualiza a Brasil como “motor de la reactivación” y se ar- gumenta el sostenido crecimiento mantenido durante la difícil década del ochenta, pero no es menos cierto que el desarrollo es también un motor de las desigualdades y una vez más la contundencia de las es- tadísticas nos devuelven la certeza que la búsqueda capitalista de la ganancia y la resolución de las ne- cesidades humanas son dos ten- dencias francamente antagónicas.

Smith o Marx

Bush opone Smith a Marx y des- califica a Keynes porque hoy los re- presentantes del capital reconocen a la transnacionalización como un fenómeno tangible, irreversible y que evoluciona hacia un control cada vez más amplio de la produc- ción nacional.Esto que ya nadie dis- cute, está acompañado de un reco- nocimiento del agotamiento de las políticas keynesianas como fórmu- la anticrisis y premisas para la re- creación de las condiciones de ren- tabilidad del capital transnacional.

Se vuelve a las banderas de un capitalismo librecambista capaz de devolver mercados y ganancias. Se vuelve a la política más funcional a la actual lógica del desarrollo del capital. Adam Smith lo expresaba

en 1776 haciendo no selo una de- fensa de la mecánica de la libre competencia, sino sosteniendo que los intereses privados de los indi- viduos coinciden en la búsqueda de su resolución egoísta conlos inte- reses del conjunto de la sociedad. ' Karl Marx en enero de 1848 pro- nunciaba su "Discurso Sobre la cuestión del librecambio". Allí analiza las consecuencias que para los sectores de la sociedad inglesa trae la abolición de las leyes de granos, pero también para el resto del sistema ligado a la economía de Inglaterra. En el reino del mercado, todo productor de mercancías es susceptible de ser reemplazado por medios menos costosos, el ejemplo es el de los tejedores indios, conde- nados a la miseria por los artÍCUlos ingleses elaborados por medio del telar a vapor. Aclara además que su crítica de la libertad comercial no tiene por que ser entendida como la defensa al sistema proteccionista. La analogía que se puede plan- tear entre el ayer y el hoy deja de ser exterior si se lee con deteni- miento este pasaje de Marx y el de la hasta hace muy poco Ministra de economía de Brasil Zelia Cardoso. "El Señor Bowring habla de al- gunos males individuales... habla de sufrimientos pasajeros en el tiempo de transición y simultánea- mente no disimula que estos sufri- mientos pasajeros han consistido para la mayoría en el paso de la vida a la muerte y para el resto el movimiento de transición a una condición inferior a aquella en la

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cual estaban situados anteriormen- te. Si más adelante dice que las desgracias de estos obreros son in-

separables del progreso de la in--

dustria y necesarias para el bienes- tar nacional, explica simplemente que el bienestar de la clase burguesa tiene por condición necesaria la desgracia dela clase trabajadora“?

Sobre el plan económico aplica- do por Collor, Zelia Cardoso dice:

”-Creo que probablemente mu- cha gente murió por este plan.

-¿Y lo llevó adelante con ese convencimiento?

-Ese es el dilema que yo quería mostrar en el libro: la diferencia entre el sentido nacional y el senti- do individual. Tal vez por un obje- tivo nacional haya pérdidas en lo individual y es necesario optar...

-¿Y cree que no hay alternativas a eso?

- No conozco ningún programa de ajuste en elmundo sin costo so- cial, si alguien tiene alguno me gustaría conocerlo" ‘6.

Es insuficiente para entender al capitalismo actual la sola lectura de la obra de Marx, como son insustitui- bles las herramientas que nos brinda el autor de El ital para analizar las transformaciones del capital transna- cional en sus manifestaciones con- cretas. Lavigencia del pensamiento de Marx, a pesar del proclamado fin de las ideologías, está ligado a la per- sistencia, a pesar de sus cambios, de la contradicción constitutiva del sis- tema entre Capital y Trabajo.

Si en la era de la revolución científico-técnica, si a finales del si-

glo veinte sigue teniendo plena vi- gencia aquella frase de principios de siglo de Rafael Barret “No se si en la época de las cavernas la hu- manidad se mo-ría de hambre, aho- ra no me cabe duda". Se nos figura que la construcción de una socie- dad distinta no solo es una utopía' deseable sino también posible. Rosario, septiembre 1992

Notas

1. CEPAL Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe, Nueva York, Naciones Unidas, años 1980-1990.

2. Citamos a continuación algunos de los muchos que consideramos im- prescindibles:

- Aglietta, M, "El capitalismo mun- dial en los ochentas”, Cuadernos Politi- cos, México, julio-septiembre 1983.

- Boyer, R., Capitalisme fin de sie'cle, P.U.F., Paris, 1987.

- Durand, M., "¿A donde va la cri- sis?", Cuadernos del Sur N9 14. 1992.

- Mandel, E., La crisis 1974-1980, Era, México, 1980.

- Mandel, E., El capitalismo tardío, Era, México,1979.

- Dos Santos, T., Imperialismo y de- pendencia, Era, México, 1986.

- Pla, A. “La mundialización de la crisis del sistema : más allá de los lími- tes del capital”, anuario 13, Escuela de Historia, Rosario, 1988.

3. Galbraith, J. K., La cultura de la sa- tisfacción, Emece, Bs. As. 1992.

4. Ominani, C., El tercer mundo en crisis, G.E.L. Bs.As., 1987, p. 17.

5. Bush, G., “Iniciativa para las Américas” una versión completa se ha"- lla en O'Donnel, M., El descubrimiento de Europa, Planeta, Bs. As., 1992.

7. Idem.

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abril 1993

8. Idem.

9. Guadagni, A., "Mercosur una nueva frontera productiva”, Anrbito Fi- nanciero, Bs. As. 26/3/91, p.16.

10. Dalmasso, E., El Mercosur, Cór- doba,l991, p. 50.

11. Citado por El Econonrista, Bs.As. 21/8/1992, p. 5.

12. Fiel, Argentina y el Mercosur, Bs. A5., Manantial, 1992, p. 96. (Revollini, "El Mercosur”, 1990 s/d)

13. Bustos, P., El Mercosur ¿Más de lo mismo?”Febrero, Bs. A5., 1992. p. 51.

14. Diario El país, Madrid, 30/04/92, p. 4. 15. Marx, K., "Discurso sobre la cuestión del librecambio_’_’, Miseria de la Filosofía, Jucar, Madrid, 1974, p. 298. .

16. Diario Página 12, Bs. As. 1/12/ 91, p. 21.

" Ponencia presentada al Coloquio de Americanistas -UNC- Córdoba, setiem-

bre 1992.

Gustavo Guevara: Escuela de Historia. Fac. de Humanidades y Artes. UNR.

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IACULTURA ES LACORNISA

Siete años recorriéndole las curvas al país, descubriendo sus zonas ocultas y paladeando sus regiones erógenas. Experimentando es- tilos y velocidades sin caerse al abismo. Siete años salteando semá- tortas. Inventando rutas. Saliendo a contramano emocionando al pu no.

"¡DIOS/VIDA corrormlmvocnnonlsmmrosl exaronncronesr norma / "ANIMALES I mmmosr PSICOBOLCHES / ssnrmmnosr rrusroues I ¡asumimos

Row". Manwe! i

COOPERATIVA

Rutas argentinas hasta el fin

washington es_tellan(_)_ Uruguay: .

El frente ampllo enla encrucrj ada

"No hay nada tan terrible que no ser dueño de las victorias que uno ha obtenido” René Zavaleta Mercado

El masivo rechazo electoral del 13 de diciembre último a cinco artículos clave de la Ley de Privatización de Empresas Públicas -aprobada un año antes por una mayoría parlamentaria exigua- se ha interpretado como una derrota contundente del proyecto neoliberal del presidente Luis A. Lacaé lle. Lo tajante del pronunciamiento 72% contra 27% ha mostrado lafalta de representatividad y legitimidad de los poderes legislativo "y ejecutivo. En los hechos no sólo fue una derrota premonitoria de la suerte que le espera al Partido Nacional para las próximas elecciones de noviembre de 1994, sino además una muestra de la transformación del mapa electoral, en especial de interior del país, tradicional reserva de los partidos de la burguesía.

Asimismo a nadie se le escapa que es toda la estructura institucional la, que sale seriamente afectada habida cuenta del contexto de movilizaciones y luchas que precedieron al pronunciamiento electoral.En efecto, la cam- paña por el referendo, se realizó enmarcada en un proceso de resistencia popular que comprendió desde estudiantes de secundaria, jubilados, mé- dicos, magistrados del Poder Judicial, huelgas de textiles, metalúrgicos y de obreros rurales contra el cierre de empresas, hasta una huelga nacional de la policía. Esta huelga policial, donde los huelguistas estaban armados, mostró el grado de descomposición del aparato represivo, porque hasta altos mandos de las FF.AA. se negaron a reprimirla. Esto es, el referendo evidenció la posibilidad concreta de transformar la correlación de fuerzas sociales y políticas en la medida que se apela a la movilización y la intervención dela población. Esto lo percibieron muy claramente tanto el partido de gobierno como los voceros periodísticos que responden al

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capital financiero y las clases hegemónicas. Paradójicamente fueron los dirigentes del Frente Amplio (F.A.) quienes buscaron quitar trascendencia al triunfo popular, negándose a convocar a las masas a "salir a la calle a festejar, las movilizaciones que hubo fueron semi espontáneas, y afirman- do que el resultado electoral no cuestionaba la "gobernabilidad" y la continuidad institucional del gobierno del Dr. Lacalle.

Esta verdadera derrota de la política neoliberal del gobierno, abre un abanico de posibilidades a las fuerzas populares, cuya muestra más noto- ria es la huelga general de todas las ramas de la enseñanza pública, al inicio del año lectivo, y el Paro General del PIT-CNT del 11 de marzo del 92 exigiendo la renuncia del Ministro de Hacienda y un cambio de la política económica. Y al mismo tiempo, ha desatado la discusión en la interna del Frente Amplio, sobre problemas organizativos y programáticos, que fuera expresamente postergada para después del Referendo. El eje temático en discusión es el carácter mismo del F .A. en cuanto a la vigencia actual de su programa antimperialista original. Y como consecuencia, la validez de su estructura organizativa. Esta consiste hoy en una combina- ción de coalición política de diversos grupos y partidos nacionalistas y de izquierda, y de un movimiento social estructurado en una red de comités de base en los barrios y lugares de trabajo y estudio.

El triunfo electoral del F.A. en las elecciones de 1989 en el departamento de Montevideo, que le permitió controlar el municipio más importante demográfica y políticamente del país y este triunfo nacional -ahora aliado a otras fuerzas, donde se incluye la fracción del P.Colorado del ex Presidente Julio Ma.Sanguinetti- permite pronosticar la posibilidad cierta de que el Frente pueda disputar con éxito el control del gobierno nacional en las próximas elecciones. Para la mayoría de la dirección del F.A., empero, esto solo sería posible, realizando una alianza muy amplia con fracciones de los partidos burgueses, lo que trae como consecuencia, rebajar o desdibujar el programa antimperialista.

En alguna medida esto ya se ensayó en el proceso mismo de la lucha por imponer el referendo contra las privatizaciones. La iniciativa la tomaron los sindicatos y el PIT-CNT. La dirección del F. A. al tiempo de hacerla suya la mediatizó, proponiendo que sólo se pusiera a votación cinco artí- culos y no toda la Ley de Privatización como era el proyecto original. Con esto se tendió un puente hacia la fracción del: Partido Colorado del ex- ‘Presidente Sanguinetti, cuyos parlamentarios apoyaron la Ley, y sólo vo« tarOn en contra esos cinco artículos. No obstante, Sanguinetti al inicio se opuso a la campaña pro-referendo, y recién la apoyó cuando su base se lo impuso y la movilización de los sindicatos y de la Comisión nacional mostraron en los hechos la posibilidad concreta de derrotar electoralmente la política privatizadora ‘.

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Todo este movimiento y campaña pro-referendum la condujo política- mente la Comisión Nacional, integrada por varias fracciones de partidos burgueses. Incluso del Partido Nacional sin que la dirección media del F.A. (el Plenario Nacional, donde tienen un peso mayoritario los comités de base) fuera convocada ni consultada. Luego del triunfo del referendo, en la reunión del Plenario Nacional del 26 de diciembre, fue derrotada la posición que llevara la cúpula dirigente del F.A. en el sentido de abrir un proceso de discusión de acuerdos políticos (sobre reforma del Estado y las leyes electorales) con todos los grupos y partidos que habían apoyado el referendo. La resolución del Plenario, en cambio fue poner como eje la discusióny rechazo de la política económica y definir un programa al- ternativo, a lo que se opone, principalmente el sector de Sanguinetti, que en la administración pasada continuó la política neo liberal dela dictadura, aunque con evidentes matices sobre todo en los ritmos y profundidad de su aplicación.

Es decir, en el F.A. existen dos grandes interpretaciones de las posibi- lidades que abre la derrota y la soledad del Poder Ejecutivo en su política neoliberal. Una que se expresa esencialmente en las bases, de poner el acento en cambiar ya la política económica defendiendo el nivel de vida y de trabajo de la población trabajadora. Otra, que entiende que es priorita- rio hacer una amplia alianza para alcanzar el gobierno y desde allí verificar los cambios posibles...

En nuestra opinión, para comprender los problemas del F.A. es necesario indagar en su contradicción estructural. Es decir, en su peculiaridad, de coalición política y movimiento social, que es también fuente de su riqueza y originalidad.

La contradicción estructural del F.A.

Porque sucede que en los hechos, en la definición de los aspectos tácticos o políticos se prescinde de la característica de movimiento político- social y se actúa como una coalición de dirigentes que resuelven por encima de los militantes, a quienes se acude ya con los hechos consumados para que avalen con su voto la elaboración de las cúpulas. Se niega así lo más auténtico e innovador de la experiencia frentista, su carácter de mo- vimiento político y social. Sin dudas, este es uno de los factores que concurren a debilitar la adhesión militante de los jóvenes, de los cuadros más abnegados. si no se los consulta para la elaboración y la definición de la política, no se espere, pues, que participen disciplinadamente en su aplicación. "Bajar línea" y esperar una adhesión mecánica, es una de las secuelas más nefastas del burocratismo stalinista.

En la medida que los movimientos político-sociales se institucionaliza

Cuadernos del Sur 89

-un mal ¿necesario?- se separan de sus raíces originarias y sus dirigentes, aun los más legítimos, tienden a autonomizarse, a desprenderse de sus fuentes de origen. De ahí la necesidad de recurrir a los rescoldos de la memoria histórica siempre latente en las masas populares. El F.A. nació como coronación de un amplio movimiento social y político, en el. transcurso de la década de los años 60, que se fue amalgamando en las fábricas, en fábricas, en las barriadas, en las aulas de estudio, en las polémicas uni- versitarias, en las oficinas, en las reuniones públicas y clandestinas de los sindicatos; en el extenso movimiento de comités de apoyo a la Revolución Cubana, en las Mesas Zonales de la CNT y, antes aún, en las comisiones solidarias que se creaban a propósito de los conflictos laborales; la formación del F.A. es tributaria de la alianza obrero-estudiantil del 58 y del proceso posterior, y no podría explicarse sin tener en cuenta la formación de la CNT en 1964 y el Plan de Lucha que se inició en enero de 1965 con movilizaciones y asambleas de fábrica, con mitines en los barrios; que confluyó en el Paro General de abril y que culminó en el Congreso del Pueblo y la definición de un programa popular y antimperialista. Un programa cuyos ejes fueron la Reforma Agraria, la Estatización de la Banca, del Comercio Exterior y de las industrias básicas.

El F.A. en sus mejores momentos siempre fue percibido como un mo- vimiento social y político que trascendía, que iba más allá de la sumatoria de partidos y gruposl'que lo integraban. Hoy es más claro aún, ante la endeblez organizativa y política de los partidos y grupos que lo encabezan, que el F.A. se revitalizará como un movimiento o no será más que un acuerdo cupular de dirigentes al mejor estilo de los partidos tradicionales de la burguesía.

Los necesarios ajustes al programa del EA.

Otra de las zonas problemática que hacen a la crisis estructural del F.A., y que surge aquí y allá apesar de la reticencia de sus dirigentes en abordarlo de frente y consultando a sus militantes de base, es la indudable necesidad de ajustar y precisar su programa histórico y definir nuevas tácticas para alcanzarlo.

Aquí tampoco podemos desconocer y hacer a un lado su historia: el programa del F.A. fue. un producto directo de la maduración social y política de amplios sectores de las masas trabajadoras y de los intelectuales revolucionarios de Uruguay. No era un programa socialista, pero en su eventual aplicación abría la posibilidad de establecer una dinámica an- timperialista, que en potencia llevaba a trascender al sistema capitalista. Sobre todo porque si el movimiento social le imprimía su ritmo y su modalidad de masas autorganizadas, la propia acción llevaría a plantear

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una transformación socio-política del Estado en tanto relación histórico- social de dominación / subordinación. " ,_

Hoy, se dice con razón, vivimos una sitúación distinta de la de enton- ces. Aunque es indudable que la ambigüedad del aserto acepta lecturas diversas y hasta permite extraer conclusiones opuestas.

La derrota de la Huelga General de 1973 y la dictadura cívico-militar, es cierto, no pasaron en vano. En otro trabajo decíamos: "En la historia del movimiento obrero y revolucionario, los golpes represivos generan ine- vitablemente un debilitamiento del nivel ideológico general retrotrayéndolo a etapas ya superadas. Tampoco es nuevo que los cambiode perspectiva estratégica se pretendan plantear como problemas tácticos”. Sin embargo, a la salida'de la dictadura se produce una reactivación del movimiento de masas: se organiza el PIT-CNT, se retoman las grandes movilizaciones sociales, se reorganizan los Comités de Base del F.A. En respuesta, desde los centros dirigentes de la burguesía nacional e internacional, se organiza entonces -pacto del Club Naval medianth una acción política e ideológica, tendiente a contener y controlar esa movilización popular, reduciendo su accionar al mercado de la política, entendiendo por ello el mero juego de los partidos en el plano estrictamente electoral y parlamentario. Todo lo que se proponga ir más allá de esos "bienes políticos” es estigmatizado como subversivo y atentatorio de la "democracia", y de la "estabilidad de las instituciones". Nace entonces el concepto de gobernabilidad que supone separar los problemas económicos de los politicos, .postergando las rei- vindicaciones e interesesde las clases subordinadas mediante acuerdos políticos que maniaten la resistencia popular. Es el reaseguro necesario para garantizar la continuación del proyecto-neoliberal.

El otro factor nuevo que obra como un elemento ideológico y político todopoderoso, es el cambio operada en la ¿situación mundial. La crisis eco- nómica, los cambios enel patrón de acumulación, el peso asimétrico de la especulación financiera sobre la inversión productiva, la revolución tecnoló-‘ gica que multiplica la incidencia del trabajo muerto sobre el trabajo vivo, desplazando y despreciando la fuerza de trabajo, son todas variables que hay que introducir en el análisis. Y finalmente tenemos, para complicar más aún las cosas, el derrumbe de .lo que consideraba todo un modelo de transición al socialismo. No obstante, el libre juego de las leyes tendenciales del desarrollo del sistema capitalista, no hacen más que, por un lado, deslumbrarnos con los avances tecnológicos y científicos, y por el otro, mostrar expresiones letales de una decadencia moral, hambrunas y miseria'que desbordan la imaginación y horrorizan la inteligencia. Ni los crímenes del stalinismo ni las aberraciones de las burocracias postea pi talista, alcanzan ni son suficientes, como pretenden los ideólogos de la burguesía, para ocultar las tremendas contradicciones antagónicas del modo de producción capitalista.

Cuadernos del Sur 91

Pues bien, la necesaria puesta al día del programa alternativo y revolu- cionario exige tomar en cuenta todo ello, lo que no implica buscar una “tercera vía”, un camino del medio que nadie concretiza ni ha experi- mentado. Hasta ahora las experiencias socialdemócratas de Carlos A. Pé- rez en Venezuela o de Alan García en Perú, asi como los intentos de un "capitalismo nacional” bajo conducciones populistas, han dejado un pro- fuso legado de frustraciones e impotencias

Las nuevas dimensiones del programa alternativo

La internacionalización del capital y_la conformación de grandes bloques con sus resgectivas zonas de influenciaJ‘nos llevan la mano a una CQlïflniÍM‘Lll-ifime: PMWQUE es imposible e inviable un “capitalismo nacional ”, también lo es un "socialismo naciona Es más, Eímo se ha analiza o É en gran medida las desviaciones y crisis de la ex- URSS y del llamado “socialismo realmente existente” y el rebrote actual de choques nacionalistas se debe, entre otros factores, -cnyo análisis escapa al objetivo de este artículo- al carácter estrictamente nacional de su econo- mía, a la falta de una verdadera planificación integiacional que perrm'ÏrLera lí'c'onformación de un bloque homogéneo y un desarrollo internacionalista Metaim, al mismo tiempnda particularidades culturales We cada nación opaís. Ñ’

Una nueva dimensión internacionalista del plograma del F.A., _e_n_t_(_)n- ces, Www una visTón regional que, desde ltggo, nada tTe'ne que ver con la intención y orientación neoliberal del MERCO- SUR, pensado y abierto al libre iuego de las transnacionales. Proponer, empero, un enfoque internacionalista no significa esperaflïiego que los proceso de cambio se den simultáneamente. Las luchas por las transfor- maciones comienzan siempre en el plano nacional de acuerdo a los ritmos y peculiaridades de la lucha de clases en cada país, pero se afirma y consolida sólo cuando se proyecta a la arena internacional en un bloque o federación de países de matriz social similar.

El otro aspecto, es que la elaboración del programa no es un problema técnico o de especialista, sino que utilizando en todo su valor el aporte y la capacidad de los intelectuales revolucionarios y de los técnicos deberá procesarse en la lucha de los movimientos sociales de resistencia al actual estado de cosas que nos ha llevado la crisis del capitalismo. Es decir, esto nose resuelve discutiendo como elevar la competitividad del capitalismo uruguayo, ni elaborando "modelitos" sofisticados, sino profundizando la organización y la lucha de clases que es, como ha sido siempre, el gran motor de los cambios, de las transformaciones, incluso de las innovaciones tecnológicas.

92 abril 1993

La elaboración del programa del F.A. hoy, por ejemplo, no puede soslayar discutir y apoyar la lucha de los obreros del Espiníllar en defensa dela industria azucarera nacional. Al mismo tiempo estudiar el problema en sus dimensiones regionales formulando propuestas que comprendan los intereses de los trabajadores azucareros de Brasil, Argentina, Bolivia y Paraguay, etc. Y promoviendo reuniones conjuntas para analizar la situación desde una perspectiva regional.

Asimismo, lo que vendría a ser algo así como la tercera dimensión programática, habrá que redefinir el objetivo estratégico del F.A. y la adopción de tácticas operativas que están subordinadas a él. Es evidente que si la estrategia se orienta a transitar una transformación social profunda, -y no sólo 'a restaurar el viejo Estado Benefactor y lograr una mejor dis- tribución del ingreso (descontando desde ya que éstos solos propósitos, por más “inofensivos y concertados” que se presenten, encontrarán la más tenaz y furiosa resistencia de las clases dominantes)- hay puntos insosla- yables a reivindicar y tener en cuenta: la tenencia y uso de la tierra y el control de la renta rural y urbana; el control del ahorro interno, los exce- dentes y la orientación de la inversión; y los flujos financieros hacia y desde el exterior. Como anotamos más arriba, el programa histórico del F.A. originado en las movilizaciones y conflictos sociales de la época y configurado en el proceso de construcción de la CNT y en el Congreso del Pueblo, planteaba la Reforma Agraria, nacionalización de la Banca, del Comercio Exterior y de las industrias básicas. Los problemas estructurales que lo aconsejaban entonces, ¿Ya están resueltos? ¿Hay que revisarlo y sustituirlo?

El proyecto alternativo y cómo conquistarlo

Para intentar responder a esa pregunta partamos de la disyuntiva que hoy se propone en cualquier discusión sobre qué proyecto de país pre- tendemos: ¿Plaza financiera o inversión productiva? En la respuesta a este interrogante todos estamos de acuerdo. El problema, empero, se plantea cuando se trata de concretar el proyecto y programa especifico'para poner en marcha la inversión productiva. Los especialistas en economía han mostrado donde están los capitales. Se calcula en alrededor de cinco mil millones de dólares los depósitos en la Banca instalada en el país, y en unos cuatro mil millones los depósitos de uruguayos en el exterior. Es decir, los capitales están ahí, pero ¿quién logra quese inviertan en, por ejemplo, reciclar la industria y en aumentar la productividad de los cam- pos? No se trata solamente de que los sucesivos gobiernos desde la dictadura militar hayan apostado, con matices diversos, al proyecto neoliberal. El problema radica, sobre todo, en que la burguesía, en sus variadas fraccio-

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nes, no invierte sino allí donde obtiene ganancias rápidas, fáciles y sin riesgos. Las transformaciones tecnológicas más importantes producidas en el país se realizaron durante la dictadura militar estimuladas con base en una represión generalizada sobre la fuerza de trabajo, una'caída en flecha del salario real y la protección y subsidios por parte del Estado. Sólo enesas condiciones el capital estuvo dispuesto a una renovación tecnológica significativa. Hoy, en cambio , la reconversión se‘hace en el sentido de importar y comercializar lo que antes se producía. la tendencia a la recon- versión es comercial-importadora, de los propios fabricantes. Y ni que hablar de los ganaderos que prefieren la exportación del ganado en pie, antes que involucrarse en un proceso industrializador.

'El problemas central que se plantea para cualquier proyecto de desarrollo económico, es cómo obligar a invertir a los dueños del capital, es decir, cómo disciplinar a la burguesía. En un excelente estudio sobre el proceso de industrialización en el Este asiático, con énfasis en el de Corea, una investigadora del tema, Alice Amsden 5, luego de señalar que si bien la represión sobre el trabajo es el denominador común en los procesos de industrialización tardía, las diferencias de desarrollo entre ellos -Co_rea, Taiwan, India, Brasil, México, Argentina, etc.- se "explica mejor en término de la disciplina impuesta a los grandes negocios, y no sobre el trabajo...”. En el curso del artículo explica en qué consistió ese proceso de disciplinar a la burguesía de los grandes negocios. Uno de los primeros actos del general Park Cheng Hee, luego del golpe de Estado de 1961, fue nacionalizar el sistema bancario. Recuérdese que después de la ll Guerra, tanto en Corea, como Taiwan y Japón el ejército de ocupación de los EEUU. ya había realizado una Reforma Agraria que liquidó a la vieja clase terrate- niente lo que permitió consolidar el poder estatal burgués. el gobierno de Cheng Hee llevó adelante una suerte de planificación estatal centralizada del desarrollo donde un sistema de fuerte protección y subsidio, tenia como contrapartida la exigencia de exportar para toda empresa -grande o pequeña poco competitiva-g control de precios sobre 110 artículos desde los de consumo diario hasta insumos industrialles; control de fuga de capitales, con penas que iban de 10 años de prisión hasta la pena de muerte; obligación de aplicar la ganancia comercial a la inversión indus- trial; control de las divisas, etc. la principal planta integrada de producción de hierro y acero, la POSCO, es estatal, pero sus trabajadores laboran 56 horas por semana y descansa un día por mes...

Desde luego no podemos olvidar que el objetivo determinante de este proceso en Asia, era desactivar la acción y el avance revolucionario de las masas campesinas de China, Vietnam, Corea estimulada entonces por la contagiosa consigna de "Tierra para quien la trabaja”. Tampoco se debe ignorar la férrea disciplina laboral a que fue sometido el proletariado y las

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masas de estos países. No obstante, ello no impidió la existencia de un fuerte movimiento obrero contestataria ylas grandes ocupaciones de fábrica de 1987 en Corea, y la formación de sindicatos independienes. Y que, en un estudio comparativo del salario real de aquellos países de industrialización tardía, haya sido el de los trabajadores coreanos el que más aumentó, como demuestra la autora antes citada.

Es obvio que no pretendemos proponer la‘ limitación para Uruguay del modelo coreano de industrialización, a pesar de su portentoso desarrollo. Quizá sea paradigmático para aquellos que aspiran para la burguesía uruguaya una alta competitividad internacional, y se olvidan que el objetivo esencial de la economía debe ser el ser humano. Para nosotros no es un ejemplo a seguir, primero, porque este proceso de modernización de punta se hace bajo el control y para la mayor gloria dela oligarquía de empresas coreanas transnacionales. Luego, por las diferencias notorias en tradicio- nes e historia que han tenido en Corea un rol fundamental en moldear aquella fuerza de trabajo.

Son rescatables, no obstante las políticas estatales de educación y en- trenamiento, y la planificación por el Estado de la investigación para el desarrollo. Y sobre todo, en nuestra Opinión, el ejemplo tiene validez y justifica su inclusión en este artículo, por el rol notable que jugó la' impo- sición de una disciplina, desde el Estado, a la burguesía. En nuestro en- foque habrá que suplantar el autoritarismo militar por la organización democrático-revolucionaria de las masas. Asimismo tiene validez, en esta época histórica de centralización y concentración, de internacionalización de la economía, y del avance de la ciencia y la tecnología aplicada a la producción y a las comunicación, una Reforma Agraria que liquide a la clase terrateniente parasitaria “, y la necesidad de la nacionaliZación de la Banca y del control Estatal del comercio exterior. Además de una cuasi planificación 7 desde el Estado del desarrollo económico, controlando también el Estado las industrias estratégicas.

A la vista de este ejemplo, creemos que mantiene toda su validez la necesidad del programa histórico del Frente Amplio. Ese programa, sin duda alguna, es el necesario. Otro problema y a otro nivel, es el de la posibilidad hoy y ahora de conquistarlo. Entre la necesidad y la posibili- dad media todo un espacio de maniobras tácticas, de alianzas, de organi- zación popular.

Es imprescindible la organización de un poder popular desde la sociedad civil, en los centros del poder oligárquico, desde las fábricas, las empresas, los centros de estudio. Cuando la cúpula dirigente del F.A., objetivamente se adapta a la desmovilización que se proyectó en el Pacto del Club Naval, -a imagen y semejanza del Pacto de la Moncloa- cuando centra su activi- dad exclusivamente en los trámites electorales y en el Parlamento, en los

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hechos, aunque no sea su intención, deja las puertas abiertas para que se aplique el programa neoliberal. Aunque se critiquen y se denuncien puntualmente los efectos de la política neoliberal.

A la burguesía no se la puede disciplinar desde el Parlamento, ni siquiera con una mayoría. Ni desde el gobierno, si no se controlan sus centros de poder económico y financiero. El Parlamento, más allá de una eventual utilización Cómo tribuna de propaganda y denuncias, sirve hoy sobre todo para entretener a la gente. Los propios representantes del gobierno, los Posadas, los De Haedo, etc. así lo expresan en sus actitudes de menosprecio. A esta conclusión incluso han llegado los voceros más lúcidos del liberalismo. En una entrevista reciente, un diputado del Foro Batllista decía. . tengo la más absoluta convicción que las soluciones para los problemas del país no están pasando ni habrán de pasar en lo sucesivo por el Parlamento”.

El programa debe surgir de la lucha

Los ajustes e innovaciones que necesita el programa del F.A. deben hacerse en la lucha, interpelando a las bases populares de la misma manera que se hizo en su etapa fundacional. En ese entonces, como señalamos más arriba, desde las luchas concretas del movimiento sindical o social, a partir de sus propias reivindicaciones económicas, sociales, culturales y políticas, se fueron definiendo los puntos progra'máticos que luego el F.A. hizo suyas. Y esto exige, como premisa esencial, rechazar la separación, la segregación como si fueran compartimentos estancos, las luchas sociales y sindicales de la actividad política. Esa separación de lo económico y lo político, como exige la “gobernabilidad” al uso, es lo que facilita al gobierno aplicar el programa neoliberal.

De ahí que tampoco se pueda dilucidar la crisis del F.A. sin relacionarla con la crisis que envuelve a la dirección sindical del PIT-CNT. Y esta exige realizar un balance profundo de cara a las bases. Primero, de la derrota sufrida a consecuencias de la dictadura militar y de salida tutelada que derivó del Pacto del Club Naval; luego, de la falsa perspectiva de cola- boración de clases que se pretendió dar con la CONAPRO, y finalmente una discusión democrática de la nueva situación del movimiento sindical, de los cambios en la composición de la clase trabajadora, del aumento de su heterogeneidad. Todo esto exige un tratamiento particular que no es posible abordarlo aquí.

Sin embargo diremos que, en relación a la heterogeneidad de la clase trabajadora, con la reducción o desaparición de las grandes unidades fabriles y la proliferación de pequeños talleres, los trabajos llamados "in- formales", y la existencia de amplios sectores que sin ser obreros o asala-

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riados, son igualmente explotados y expoliados por el capital, deben dis- cutirse nuevas formas de organización territorial. Como también la nece- sidad de organizar junto al movimiento sindical los movimientos sociales por vivienda, servicios educativos, culturales, sanitarios, el control de precios de artículos de Consumo cotidiano, etc. y asimismo, la incorpora- ción y/o coordinación con los movimientos por los derechos humanos, de la mujer, de los jóvenes, de los diversos movimientos que reivindican sus diferencias específicas.

Todas estas situaciones nuevas -y algunas no tan nuevas- exigen del F.A. y del movimiento sindical la convocatoria de un nuevo Congreso del Pueblo. Allí están las mayorías necesarias de organizar y centralizar, y que serán el principal punto de apoyo para cualquier gobierno pOpular y antimperialista

Algunas conclusiones

Es evidente que durante y después del Referendo del 13 de diciembre, la cúpula dirigente del FtA. -que pasando por encima de los Estatutos ha creado un triunvirato de dirección de facto integrado por sus líderes de mayor carisma y autoridad (el general Líber Seregnei, el académico Danilo Astori y el actua] Intendente de Montevideo, médico oncólogo Tabaré Vázquez)- ha comenzado por la vía de los hechos una revisión programática y organizativa del Frente. Es así que se han lanzado mensajes muy claros dirigidos a la burguesía, al imperialismo y al ejército, en el sentido de que un eventual triunfo del F.A. no alteraría el poder de la banca financiera extranjera, no cuestionaría el pago de la Deuda Externa ni de los intereses; como tampoco tocaría la actual estructura y tenencia de la tierra.

Para ello la corriente “renovadora” que cuenta con el apoyb de la mayoría de los partidos políticos, y de un alto porcentaje de los parla- mentarios 9, debería cambiar ia actual estructura organizativa ya que en el Plenario Nacional son las corrientes "radicales" quienes controlan los comités de base y las coordinadoras regionales. En el congreso -órgano máximo- también serían los militantes de base, como movimiento político y social, quienes tendrían el control.

Sólo el Deus ex máchina de una nueva ley electoral y de partidos que obligara a nominar dirigentes por medio de elecciones por voto directo y universal de votantes, podría venir en ayuda de la cúpula del F.A. y hacer perder el control de las bases militantes. En esto obviamente también están interesados los posibles aliados burgueses del F.A., en especial el grupo del Dr. Sanguinetti.

Sólo recurriendo a las bases, llevando la discusión al seno de la clase trabajadora y los sectores populares, la actual crisis del RA. encontrará una

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vía de resolución progresiva. De lo contrario quedará atascada enmedio del marasmo, del agua podrida de los pleitos de los bajos fondos de la politiquen'a.

El aporte esencial del F.A. a la historia política y social de Uruguay, y de América latina, fue su carácter de movimiento político y social y su proyecto popular y antimperialista.

Para el F.A. está planteada la disyuntiva'de, o proyectarse hacia una lucha de masas por la transformación social, o ser un partido más del sistema político tradicional. En este caso sólo servirá para administrar la crisis del capitalismo y para legitimar medidas antinacionales y antipo- pulares. Una muestra anticipada de esto último, la vernos hoy en la evo- lución del gobierno "socialista" de Felipe Gonzáles.

Montevideo, Marzo 1993

Notas

1. El análisis de los cambios operados en el comportamiento del electorado en la consulta del 19 de octubre se realiza en nota aparte.

2. El Dr. Sanguinetti y otros dirigentes del Foro, manifestaron surpreocupación de que la campaña por el referendo provocara "una nueva agitacióñ'que alterara la tarea normal del Parlamento".

_ Esta es una idea recurrente del pensamiento liberal, el considerar que toda actividad política ciudadana debe constreñirse al voto cada cinco años y que sólo los representantes electos poseen legitimidad.

3. Estellano, Latorre y Elizalde, ¿Qué frente amplio necesitamos? Ed. TAE, Montevideo, 1990, Pág. 77.

5T Adeen, Alice, La industrialización del tercer mundo: ¿fordismo global? o un nuevo modelo, Revista Trabajo y Capital, N9 4, Montevideo (en prensa).

6. En materia de transformación agraria se trata de revisar los viejos contenidos de las categorías de minifundio y latifundio en su simple significación peyorativa.El minifundio debe ser enfocado como expresión de numerosos problemas. Va más allá de la extensión o tipo de propiedad. Al latifundio, por su parte, no se trata de verlo como una extensión geográfica absoluta, sino también como una realidad demográfica concreta. El problema radica ante todo en el uso que se le da a la extensión territorial. Un problema clave en Uruguay es su casi vaciamiento poblacional del campo.

7. En sentido estn'cto no se puede hablar de planificación, imposible en el sistema capitalista, sino de una programación indicativa. El carácter autoritario o dictatorial del gobierno, en este caso, la hizo poco menos que ineludible para los capitales individuales. l

8. Stirling, Guillermo. Entrevista del Semanario "Búsqueda", setiembre 10 de 1992.

.9. La crisis del Partido Comunista, determinó el alejamiento de la totalidad de los parlamentarios, y de los principales dirigentes sindicales de este partido, que ahora actúan en forma individual e independiente en una línea conciliadora. Pero al mismo tiempo facilitó la intervención de las bases expresando la presión de la población.

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horacio zamboni

Flexib

dad Laboral

desandar la historia

Nadie duda ya que los modelos neoliberales en curso tienen como precondicio'n una fuerte ofensiva del Capital sobre el Trabajo que imponga una nueva relación de fuerzas sociales. Sin embargo, el autor de este artículo, abogado laboralista y especialista en Dere- cho del Trabajo, va ma’s alla'. Sostiene que la liquidación de la legislación social en curso y el intento de imponer una nueva Iuridicidad laboral no hacen más que desandar la historia, volviendo a épocas propias de los inicios del siglo que estamos concluyendo.

Por flexibilización laboral, se entiende en líneas generales -en todo el mundo- desde la segunda mitad de la década del 70, la parte de la política conservadora que tiene como objetivo la derOgación máxi- ma posible de la legislación que en su conjunto se conoce como Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.

Decía en 1980 el Premio Nobel de Economía F.A. Hayek: "No hay salvación para Gran Bretaña o para cualquier otro país en situación si- milar, hasta que los privilegios es- peciales concedidos a los sindicatos hace tres cuartos de siglo sean anulados” '.

Se trata en primer término de saber qué es lo que se pretende derogar y para entenderlo hay que

recurrir -necesariamente- al análi- sis histórico.

Sin pretensiones de ser preciso puede afirmarse que el Derecho del Trabajo, adquiere características uni- formes -en líneas generales- luego del fin de la Segunda guerra Mundial, en coincidencia -no casual por cierto- con el auge del "estado del bienestar”, de la "economía mixta", etc.

Es importante entender que se trata de una política general, a dife- rencia de los constantes intentos que los capitalistas vienen teniendo contra la legislación laboral desde inicios del siglo XIX. Para nosotros los ciudadanos de América Latina, acostumbrados a golpes de Estado y suspensión de garantías constitu- cionales vía Estado de Sitio, la dis-

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tinción es mucho más importante. Esta vez, como que es parte de una política destructora del llamado “Estado de Bienestar", no se trata de intentos tendientes a mejorar la situación de fuerza de la clase ca- pitalista frente a la clase obrera or- ganizada sindicalmente, suspen- diendo por ejemplo, el derecho de huelga o el de la negociación co- lectiva, etc. Se trata de retornar al sistema de mercados libres, entre ellos fundamental y principalmen- te el de la fuerza de trabajo, para lo cual se trata también si no de eli- minar (más por razones de propa- ganda que por cualquier otra), de reducir al mínimo el poder de las organizaciones sindicales.

En otras palabras, esta vez se trata de un cambio completo, de la derogación prácticamente total de las leyes que la clase obrera arrancó al capitalismo en las luchas que constituyen su historia, además de las que éste por razones de conser- vación del sistema pudiera haber concedido en forma preventiva. Además también es importante para entender la cuestión, recordar (o aprehender) que aquel resultado fi- nal conocido como “Derecho del Trabajo" y de la “Seguridad Social", tiene un final apto para ser genera- lizado por sus rasgos comunes, pero con antecedentes distintos que ha- cen a los orígenes diversos, en sus destacamentos nacionales, del mo- vimiento obrero y su historia pos- terior hasta ese momento.

Ni siquiera es necesario ser mar- xista para entender que las razones

que explican tan radical cambio en la relación de los estados capitalistas frente a la clase obrera, desde That- cher y Reagan, son económicas. Los propios voceros de los explotadores son los encargados de explicar hasta el hartang que ello es así.

Si bien la definición general so- bre el significado de la "flexibiliza- ción laboral" es sumamente sencilla, se complica bastante al precisar su contenido. En mi opinión la confu- sión es intencionada y el origen se encuentra en los mismos promoto- res dela política conservadora, aun- que con la complicidad de algunos otros -sobre todo socialdemócratas- como veremos seguidamente.

La confusión entre flexibilización laboral y reforma laboral

Incipientemente en la década del '50, pero claramente en la del '60 el desarrollo de las fuerzas productivas venía produciendo en determinadas ramas industriales (claro está en los países con alto nivel de desarrollo), conflictos con las formas clásicas de organización del proceso de trabajo, conocidas como tayloristas y/o for- distas, dentro de la empresa. Como fenómeno social -característico del sistema- al mismo tiempo se verifica- ba la reducción de la cantidad de la fuerza de trabajo para la producción de un idéntico volumen físico de mercancías.

En Alemania Federal el segundo problema provocado por el desarro- llo técnico y científico se resolvió en aquel momento, con una reducción

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de la jornada laboral para evitar la pérdida de puestos de trabajo; por ejemplo, los metalúrgicos en 1984 llegaron a una jornada semanal de 38,5 hs. que este año llegará segura- mente a las 36... El gobierno de Me- nem, en Argentina, mientras tanto propone en su proyecto de la ley para las PyMES, mantener el límite de 48 hs. de trabajo semanales, pero pro- mediarlo en forma anual y llevar el límite diario de 8 a 12 hs. Se necesita mucha mala intención para insinuar por omisión que en Alemania y en Argentina, se está frente a un mismo problema y que las soluciones que propone el sistema son de la misma naturaleza.

La otra cuestión es la que se plan- tea a nivel de organización del trabajo, como consecuencia del avance de la ciencia aplicada. Una planta fabril en el nivel del trabajo “automático” plantea, en materia de organización de la fuerza de trabajo, los mismos problemas en Hong Kong, en Detroit que en Buenos Aires; esto tiene que ver con la división del "trabajo den- tro del taller" como diría Marx. Este problema supone discutir en la rela- ción “capital-trabajo asalariado" una nueva forma o manera de organizar el trabajo que es distinto a proponer la derogación general de la legisla- ción laboral y social tomando como excusa el avance técnico y científico, como hace la derecha en todo el mundo.

¿Cuál es la legislación a derogar?

Decíamos que es toda la que

pueda la restauración conservado- ra, con un objetivo primero: liqui- dar el sistema jurídiCo del “estado del bienestar", pero y es funda- mental señalarlo, al liquidar dicho sistema se retorna al anterior con todos sus problemas. Precisamente uno de los principales era la legis- lación obrera que en la década del 20 ya había puesto un límite legal a la jornada de trabajo en práctica- mente todo el mundo y luego avanzado con la negociación colec- tiva y el reconocimiento de las or- ganizaciones sindicales.

La legislación obrera en sus grandes rasgos, puede precisarse en sus puntos fundamentales, en: jor- nada reducida de trabajo a 8 hs. diarias y 38 semanales, descanso semanal (domingo primero y luego sábado inglés), negociación colecti- va y antes, naturalmente, reconoci- miento de las organizaciones sin- dicales y del derecho de huelga.

Está totalmente claro que el con- junto de normas legales y conven- cionales (entendiendo por éstas las contenidas en los convenios colecti- vos de trabajo) que son el centro del ataque flexibilizador, son las que fi- nalmente quedaron configuradas en la mejor época del "estado de bien- estar”. La historia de la legislación obrera, como se la conoció en sus orígenes, y que sigue luego como la del Derecho del Trabajo, será la clave para interpretar, primero los orígenes del estado benefactor o fordista y luego la crisis que des- emboca en la restauración conser- vadora.

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Se da la tentación en el terreno de las elaboraciones teóricas, de explicar el Estado de bienestar, como un re- sultado de la voluntad conciente -y talentosa- de la clase capitalista, en vez de la involuntaria gestión a la que se vio empujada por la lucha de clases, para decirlo en palabras del Manifiesto Comunista.

La his-toria de la legislación obrera y/o la del Derecho del Tra- bajo muestra algo totalmente dis- tinto... Muestra a mi entender cómo las luchas sindicales en todo el mundo jaqueaban, en el sentido es: tricto del término ajedrecístico, a la burguesía industrial a fines de la Primera Guerra Mundial.

Todas las “instituciones” del Derecho del Trabajo, en el sentido que el mismo les da, fueron primero objetivos reivindicativos de las or- ganizaciones obreras, sindicales y políticas y la razón de su creación. El recuerdo de la cronología es fundamental para ubicarse frente al nacimiento del Estado del bienestar, que no las inventa por cierto, las hace jugar con otros instrumentos de política económica, sobre todo monetaria, de modo tal que las piezas que jaqueaban el sistema se transforman en su defensa...

Cronología sintética de las leyes sobre jornada de trabajo y su sig- nificación en la transformación del modo de producción capitalista en uno, prácticamente exclusivo de plusvalía relativa

La firma en enero de 1919, de la

Convención n9 l de la actual Orga- nización internacional del Trabajo

-'de las Naciones Unidas (en ese en-

tonces, más modestamente, Oficina Internacional del Trabajo de la So,- ciedad de las Naciones) es segura- mente el momento en que se expre- sa el triunfo de la clase obrera inter- nacional en lucha por la limitación de la homada de trabajo a ocho horas diarias o cuarenta y ocho ho- ras semanales. A partir de ese mo- mento todas las naciones con un mínimo de desarrollo capitalista aprobarán sus propias leyes e irán ratificando el tratado de la OIT.

Una cita de uno de los tratados- má's prestigiosos del Derecho del Trabajo, ilustrará tanto sobre la his- toria, como sobre la forma en que era considerado el tema, forma no- toriamente distinta a la que hoy se acostumbra:

La adopción mundial de la jornada de ocho horas

“La jornada de trabajo de ocho horas fue por vez primera aplicada en Sidney. en 1855, limitada a los trabajadores de la construcción; y con carácter general, en Melbourne, el 21 de abril de 1856. Muchos años después, el Tratado de Versalles, y los en él inspirados, propusieron como objetivo, allí donde no hubie- ra sido aún alcanzado, el de la jor- nada de ocho horas. La primera convención adoptada por la Confe- rencia de la Organización Interna- cional del Trabajo fue la de limitar la jornada laboral a ocho horas dia-

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rias (cuarenta y ocho semanales) en todos los establecimientos indus- triales.

En Europa, Alemania fijó la jor- nada de ocho joras para las empre- sas industriales y mineras, por De- creto del 23 de noviembre de 1918 a los empleados, Bélgica, por‘bey del 14 de junio de 1921; Francia, por la Ley de 23 de abril de='1\919, y Ho- landa, el 19 de noviembre de 1919, adoptaron. las ocho horas de traba- jo. Italia, por Decreto-Ley del 15 de mayo de 1919, estableció la jornada de ocho horas para los trabajadores ferroviarios, tranviarios y maríti- mos, y amplió los beneficios de la limitación de la jornada, por Ley del 15 de marzo de 1923 y Regla- mento del 10 de setiembre del mis- mo año, a los obreros y empleados de la industria y el comercio y a los trabajadores agrícolas. Polonia, el 23 de noviembre de 1918; Portugal, el 10 de mayo de 1919; Rumania, el 8 de abril de 1918; Suecia, el de enero de 1920, y Suiza, el 12 de marzo de 1919, implantaron asi- mismo la jornada de ocho horas.

En España... Numerosos decre- tos antecedieron al del 3 de abril de 1919, por el cual se implantó la jor- nada de ocho horas, decisión ratifi- cada por el Decreto del de julio de 1931...

En América, creemos que fue Chile el primer país en aceptar la limitación de la jornada de trabajo,en 1908, fijándola en ocho horas para los trabajadores del Es- tado; siguióle Cuba, que determinó dicho régimen por Decreto del 26

de enero de 1909. De aplicación ge- neral a todos los trabajadores, fue el Uruguay el primer país hispano- americano que implantó la jornada máxima de ocho horas el 15 de fe- brero de 1915, donde se comprendía

_. a la totalidad delos trabajadores al

servicio de empresas privadas y también a los obreros y empleados en trabajos realizados por el Estado. Le sigue cronológicamente el Peru, que estableció legalmente la jorna- da máxima de ocho horas el 15 de enero de 1919. Por leyes especiales, todos los países hispanoamericanos vienen adoptado el principio de las ocho horas de trabajo como dura- ción máxima de la jornada legal...

La guerra mundial de 1939-1945 imp’uso en los países beligerantes la necesidad de derogar transitoria- mente la limitación a ocho horas de‘ la jornada laboral, a causa de los perentorios problemas de las in- dustrias militares y de las ordina- rias, escasas de mano de obra. Pero tan pronto como la guerra finalizó, dichas excepciones fueron deroga- das; y de nuevo se revela una orientación tendiente a reducir la, jornada de trabajo a cuarenta horas semanales, aSpiración ya hecha realidad hace algunos años en Francia” 3.

En Argentina la Ley 11.544 es sancionada en el año 1929, genera- lizando a todo el país la jornada de ocho horas, que ya se había dado en algunas provincias.

En este punto es preciso señalar que el sistema capitalista, por la li- mitación de la jornada de trabajo,

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se había transformado en uno que aumentaba la plusvalía casi exClu- sivamente por el método de la plusvalía relativa, es decir aumen- tado la capacidad productiva del trabajo y reduciendo por ende el “tiempo de trabajo necesario”.

Pero además de las leyes limita- tivas de la jornada de trabajo, el movimiento sindical también había

-impuesto (o luchaba por ello) otros objetivos, comenzando por el propio reconocimiento de sus organizacio- nes, de la huelga y de la negociación colectiva.

Anarquistas, socialistas, comu- nistas e incluso los cristianos socia- les, coincidían sistemáticamente en esos objetivos, muchos de los cuales ya eran leyes promediando la dé- cada del ’20. Con el gobierno de Roosvelt en EEUU y el de L.Blum en Francia, se puede tomando como dato 1936 con la firma en París de los acuerdos de Matignon, afirmar que la legislación laboral (o Derecho

',del Trabajo a esa altura) había re-

adondeado sus puntos principales en el centro del mundo capitalista.

El salario mínimo vital y móvil, la negociación y contratación co- lectiva por rama de industria en vez de oficio y la decidida intervención del Estado por medio de las auto- ridades administrativas del trabajo (generalmente Ministerio de Tra- bajo) laudando o presionando los arreglos, constituyeron el eje de lo que se conoció entonces como “po- lítica de ingresos". Esta política es la que tomaba el salario como una gran variable de la economía y en

función del orden que suponía la contratación colectiva regulaba el nivel de los salarios. La política mo- netaria neutralizaba lo que pudieran ser excesos en el nivel final de las negociaciones, por .el camino de la inflación de los precios. Keynes dirá que “teniendo en cuenta la natura- leza humana y nuestras institucio- nes, solamente un tonto preferiría una política de salarios flexibles a una política monetaria elástica...”3. En otras palabras era más simple devaluar los signos de la moneda (inflación) que mantenerlos y reba- jar los salarios por la fuerza como en gran Bretaña en 1926.

No es el objeto del presente, hacer la historia del “Estado del Bienestar " o del “keynesianismo”, que, por otra parte ya están hechas, de modo que basta con señalar que luego del fin de la segunda Guerra Mundial se había impuesto en el mundo capitalista y que parte mencíal del mismo era la legislación laboral o si se prefiere el Derecho del Trabajo. Importa si, re- cordar que las instituciones de esa legislación son anteriores a la idea del “Estado del Bienestar", que ha- bían nacido al calor de la lucha de clases, que eran el resultado de la reflexión proletaria como respuesta a sus problemas. Las políticas inter- vencionistas desde Keynes y Roos- velt a Perón e Ibañez, se caracterizan no por el invento de las instituciones (limitación de la jornada, derecho a sindicalizarse, negociación colectiva en vez de individual, huelga, etc.) que ya estaban concebidas como objetivo a alcanzar o realidad conquistada,

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sino en su'utilización en bloque como medio de neutralizar las reivindica- ciones sindicales y ordenar al sistema capitalista a partir de la planificación estatal; la política monetaria y la in- flación controlada, junto al pleno empleo serán la clave del sistema, pero esto es algo que excede los lími- tes del presente artículo.

Intento advertir, y mi experien- cia profesional melo grita día a día, que el fin del Estado del Bienestar no es sólo eso, la derogación de la legislación laboral va mucho más atrás en la historia. En otras palabras no se trata solamente de derogar el bloque legal que constituyó el "ke- ynesianismo”, sino también las leyes (como la de la jornadade ocho ho- ras) que precedieron por mucho tiempo al inicio del "Estado del Bienestar”.

El sistema capitalista guiado por los conservadores, pretende salir del cepo keynesiano (o pretendía hasta antes de Clynton) pero no para caer en el acoso proletario como el que tenía en la década del '20 y que tan bien define la consigna de los mi- neros ingleses de “ni un minuto más de trabajo, ni un centavo menos de salario”, consigna que de ser reali- dad impide el aumento de la plus-

valía en sus dos formas: absoluta

(ni un minuto más de trabajo) y relativa (ni un centavo menos de salario).

Se trata en síntesis de terminar con el dominio capitalista del "Es- tado de bienestar’ ', pero no para caer en la situación caótica que fue pre- cisamente la causa de su nacimien-

to (la gran crisis del ’30) con la ame- naza de la revolución social, sino de recuperar niveles de explotación con los más antiguos métodos capita- lista, incluyendo la “acumulación primitiva". La clase obrera no pierde las conquistas del “Estado del bienestar" solamente, está también perdiendo la de los Mártires de Chicago y tantos otros que dieron todo mucho tiempo antes del naci- miento de las políticas anticiclas y del “constitucionalismo social”. .. Más de medio siglo de integra- ción delas organización defensivas de la clase obrera o sindicatos al sistema de la política de ingresos, por la vía de las negociaciones co- lectivas por rama de industria y con acuerdos más o menos explícitos con los gobiernos de turno, conclu- yeron en una dirección sindical ga- nada, como decía Marx, por la idea de la "eternidad de las relaciones capitalistas de producción”, pero al mismo tiempo y por ello, incapaz de entender que el capitalismo puede ser también el del siglo XIX. Que hay otro capitalismo que no

contempla la burocracia sindical y‘

los convenios colectivos de trabajo, que pretende el triunfo total, con los obreros individuales vendiendo su fuerza de trabajo al margen del sindicato, de la huelga y de las leyes por las cuales lucharan y murieran las generaciones anteriores. En la Argentina hoy los vemos en su pa- tético final de catatónicos sociales...

Como en algunas otras oportu- nidades de la historia, el progreso es esgrimido por los explotadores

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como la razón que explica y justifi- ca las desgracias actuales de los ex- plotados. Está de moda considerar a la automatización y al mundo de la robótica y las computadoras. como la razón dela necesidad de la flexi- bilización, diría Marx, “en el taller”. Esta problemática se dio en los años '60 y fue planteada por los desta- camentos más radicalizados o revo- lucionarios del proletariado, cues- tionando el proceso de trabajo ca- pi talista frente al avance científico y su aplicación práctica en la indus- tria, y a partir de ese cuestiona- miento se proyectan al de la con- ducta de las direcciones sindicales y políticas que terminarán hun- diéndose- definitivamente con el Muro de Berlín.

El avance científico y técnico tuvo una primera respuesta, ante- rior. a las modas capitalistas de la polivalencia y la polifuncionalidad, en la década del '60. Me remito al documento que el Sindicato de Obreros y Empleados petroquími- cos Unidos de San Lorenzo -Santa Fé, planteara en 1971, aclarando que consecuente con esas ideas, ese destacamento obrero, en 1974 ocu- y gestionó la planta durante 28 días, batiendo todos los records de

producción y logrando la mayor de,

sus victorias al final del conflicto ', (la historia del conflicto puede verse en “Nuevas tendencias en el sindi- calismo; Argentina-Brasil". J. A. Dowling Editorial Fundación Simón Rodríguez). Similares propuestas hubo en Italia, Francia, EEUU, etc.

Este aspecto de la flexibilización,

es el que tiene que ver con las mo- dificaciones a las normas legales o

convencionales (más convenciona-

les que legales) que vienen regu- lando las condiciones del proceso de trabajo. Por condiciónes de tra- bajo, capítulo especial de todo con- venio colectivo de trabajo, se en- tienden: rhorarios, lugares, seguri- dad e higiene, herramientas, equi- pos especiales, etc. igualmente se trata de derogar el sistema de califi- cación del personal y la determina- ción o atribución de sus tareas.

En esto el modo de producción capitalista en los últimos años no demuestra ser nada original: final- mente se trata de la división del tra- bajo dentro de la sociedad y de la división del trabajo dentro del "ta- ller" como decían los clásicos (in- cluso Marx).

En este segundo punto, trillado bastante por los apologetas de la restauración conservadora como por supuestos marxistas, se ignora la historia. El fenómeno del proceso automático de producción, tan ma- noseado a partir de los micropro- cesadores, ordenadores y compu- tadoras, era tema de discusión co- mún a mediados del siglo XIX y sus conclusiones son fundamentales en la ‘obra de Marx, de los filósofos industriales tan citados por él en El Capital. Babage y Ure, como en Proudhon, etc. Además en el auge del fordismo o del Estado del bienestar, los talleres automáticos

que surgían, fueron el terreno donde

crecieron los militantes obreros que custionaron la vieja dirigencia sin-

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dical nacida al amparo de aquel es- tado y consolidada en la práctica del mismo, con la burocratización de sus tareas, y el enriquecimiento personal en función de sus cargos de dirigentes sindicales. ..

Afirrnaba Marx en el invierno boreal de 1846/7 redactando Mise- ria de la Filosofía: '

“Lo que caracteriza la división del trabajo en el interior de la so- ciedad moderna es que engendra las especialidades, las especies, y con ellas el idiotismo del oficio.

Nos sorprendernos admirados -dice Lemontey- al ver que entre los antiguos el mismo personaje es ala vez, en grado eminente, filósofo, poeta, orador, histo- riador, sacerdote, administrador, gene- ral del ejército. Nuestras almas se es- pantan ante la perspectiva deïun tan vasto domino. Cada uno planta su seto y Se encierra en su cercado. Ignore si a causa de este recorte el campo se agrande, pero estoy seguro de que el hombre se achica.

Lo que caracteriza a la división del trabajo en el taller automático es que en él el trabajo ha perdido todo su carácter de especialidad. Pero desde el momento en que se detiene todo desarróllo espeCial, comienza a hacerse sentir la nece- sidad de universalidad, la tendencia hacia un deasrrollo integral del in- dividuo. El taller automático borra las especies y el idiotismo profesio- nales" 4. - ._

Hay una trampa, que es la que hace aparecer la flexibilización como un problema común que está por arriba de las desigualdades en el

desarrollo del capitalismo e incluso también por encima de las distintas etapas en que se encuentran las economías nacionales dentro del ciclo. Esto es especialmente válido en lo que respecta a las diferencias entre "capital viejo” y “capital nuevo”, que se expresan entre otros aspectos, en la productividad dis- tinta y , al comparecer sus mercan- cías en el mercado mundial, en preciosldistintos y tasas de ganan- cias distintas.

Este punto de la división del tra- bajo, del proceso del trabajo y su organización en el capitalismo con- temporáneo, es el punto más débil de la clase obrera en la polémica, por el olvido de la teoría ya cente- naria y de aquellas historias más recientes que son en la literatura de la izquierda actual, a lo menos, un olvido imperdonable.-

Los conservadores no solo pre- tenden terminar, como casi lo han hecho, con el “Estado del Bienestar”, también pretenden liquidar las po- siciones obreras conquistadas antes del nacimiento de aquel sistema in- tervencionista. Huérfana de direc- ción sindical, pues su integración a las negociaciones y al sistema key- nesiano produjo una dirección sin- dical absolutamente impotente frente a la restauración conserva- dora, la clase obrera debe buscar en la historia los antecedentes de sus luchas contra el capitalismo priva- tista de mercados libres y en la crí- tica de la economía política, los li- neamientos para ubicarse frente al nuevo nivel de desarrollo de las

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fuerzas productivas, pues debe le- vantar un nuevo programa inexo- rablemente. Claro está, en el futuro inmediato, muy poco quedará del mundo que conocimos como sindi- calismo, lo que precisamente no es como para llorar.

Rosario, abril 1993

Notas

1. "1980" Unemployment and the Unions, IEA, Londres, 1984, pág. 58, ci-

tado por Rojas Eduardo -La Flexibili- dad Productiva y los Sindicatos- en Fle- xibilidad Laboral - Fundación Friedrich Ebert- Bs. As. 1991.

2. Cabanellas Guillermo. Tratado de derecho laboral.Tomo II. pág. 479 y ss. Editorial Bibliográfica Argentina. Bs. As. 19 de setiembre de 1949.

3. Keynes ].M. "T eoría General de la ocupación, el interés y el dinero”. Fondo de Cultura Económica. México 1971. pág. 236.

4. Marx Karl. Miseria de la Filosofía. Ediciones ]ucar. págs. 218 y 219.

" N. de R. : Este trabajo va acompañado de un apéndice “La organización del trabajo en el Convenio Colectivo de la Industria Petroquímica” que por razones de

espacio no podemos reproducir.

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giuseppe prestipino Soqlalismos. reales y cap1tahsmos 1mper1ales

1. ¿Socialismo o capitalismo de Estado?

Entre los presupuestos teóricos del partido bolchevique y los de la socialdemocracia occidental (en especial la alemana) había, a principios de siglo, un parentesco más estrecho de cuanto comúnmente se cree.

La dirección prevaleciente en la socialdemocracia alemana se basaba sobre el diagnóstico de un desarrollo capitalista que, a través de una concentración progresiva de las empresas y mediante formas propias de organización en gran escala (“capitalismo organizado”), habría hecho po- sible la estatización de los mayores complejos económicos y, en consecuen- cia, el pasaje al socialismo ‘. Lenin compartía, en sustancia, esa previsión y ese modelo de transición (piénsese en los debates teóricos que él había tenido con I-Iilferding en su concepción del imperialismo, con Kautski sobre la cuestión agraria y con otros teóricos de la Segunda Internacional sobre la estrategia de las alianzas. También en su concepción del partido como vanguardia intelectual que habría suscitado la “conciencia de clase” obrera “desde el exterior”, Lenin se avecinaba a Kautski. l

Sin embargo, mientras en la socialdemocracia alemana perduraba una concepción deterrninista del desarrollo y una confianza en la ineluctabilidad de los procesos que habrían de llevar de manera casi indolora al socialis- mo, y por ello se afirmaba una estrategia reformista y gradualista, en Lenin el factor subjetivo y el rol de la iniciativa política devenían determinantes: en el leninismo el atraso de Rusia, o sea la distancia que la separaba del “capitalismo organizado” (piénsese en el vivo debate que había ocupado a los populistas, Plejanov y al mismo Lenin), devenía un argumento en favor de la revolución. Por otra parte la circunstancia histórica en la que se desenvolvía la revolución y su' prolongación por muchos años en un país atrasado, multiétnico y asediado por las potencias-occidentales, habrían inducido a los sucesores de Lenin a- receptar, más que a remover, la

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tradición absolutista del estado zarista. Y les habría inducido por lo tanto a exasperar la concepción kautskiana-leniniana del partido, acentúandole los carácteres elitistas y jacobinos, en la ya ruinosa identificación entre el partido y el Estado (o resolución del Estado en el partido).

Pero la elección leniniana por la revolución, en alternativa a la vía reformista, brotaba también de una ruptura con la Segunda Internacional que se consumaba, en la primer guerra mundial, ante la pasiva aceptación del belicismo chovinista por parte de las fuerzas socialdemocráticas más representativas (aún en las totalmente alteradas condiciones históricas, es posible entrever hoy alguna analogía en la pasividad de la Internacional Socialista frente a los aspectos más controvertidos de la guerra del Golfo?) A la consigna “transformar la guerra imperialista en revolución socialista" es, en efecto, reconducible la génesis de los partidos comunistas organiza- dos en la Tercera internacional. *

Después de Lenin, la URSS se replegaba hacia una suerte de nacionalis- mo gran ruso, (cómplice del cual fue ante todo la teoría stalinista del “socialismo en un solo país", que era un equivalente audaz del que habría sido para las corrientes reformistas occidentales el Estado-nación como "Estado social”. La victoria en la segunda guerra mundial habría también alimentado en la URSS. una tendencia -según la China maoísta, "social- imperialista" - a someter (más que a liberar) otros pueblos. La actual explosión de rebeliones étnicas o nacionalistas es continuación dela fallida integración Supranacional y de la profunda crisis hegemónica que ha concurrido a debilitar una de las dos mayores superpotencias, facilitando la victoria de la otra 3.

A través del filtro del binomio imperialismo-guerra quizá sea posible una lectura histórica comprensiva de los tres cuartos de siglo transcurridos desde la revolución de octubre hasta hoy, para poder descifrar mejor el enigma URSS. La revolución de octubre quiso ser una respuesta, en nombre del internacionalismo, a la primera guerra mundial. La segunda guerra mundial, a su vez, marca la divisoria de aguas entre dos respuestas distintas de Occidente a la revolución de octubre. La respuesta nazi-fascista intenta derrotar al comunismo con los regímenes totalitarios de derecha y con la invasión militar, aún cuando sea dentro del cuadro de un nuevo c'onflicto mundial entre Estados capitalistas. La Unión Soviética sale del conflicto exhausta pero vencedora. La respuesta "democrática" conducida por los Estados Unidos logra en cambio derrotar a la Unión Soviética en la "ter- cera guerra mundial” realizada por medio del uso simbólico de armas reales (y misilísticas) cada vez más potentes. La atómica sobre Japón (1945) sirvió para establecer, escribe L.Cortesi, los confines de seguridad para los Estados Unidos bien afuera del propio territorio y sobre todo para lanzar una admonición y una intimidación en la'confrontación con la URSS 3.

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La intensificación de la producción bélica en ambos campos, fomenta- da por los Estados Unidos, en el período [que va desde su monopolio atómico a su reciente proyecto de escudo espacial, y la manifiesta impo- sibilidad para la URSS de marchar tras una incesante carrera al rearme, convierte a las sobrevenidas dificultades de su economía en una derrota irreparable. Fomentar en la producción de annas la fiebre de la innovación tecnológica que rápidamente se había apoderado de la gran empresa ca- pitalista: he aquí el secreto de la victoria estadounidense sobre la URSS. "El discurso principal debe ahora desplazarse sobre las debilidades del modelo ecOnómico-social en sí; y sin embargo la misma experiencia de 1979-1989 sugiere la imagen de una derrota, económica y tecnológica al que la Unión Soviética fue incapaz de sustraerse y al cual había creído poder responder en una ruinosa puja. pero que en un lúcido cálculo de riesgo era muy desigual para haber podido vencer a Occidente, incuso sin una guerra efectiva entre los dos sistemas" 4.

Que el uso de nuevas y potentísimas armas de exterminio haya sido en la “tercera guerra mundial" solamente simbólico y que por mucho tiempo las potencias occidentales no se hayan empeñado directamente en conflictos armados ha dependido del relativo equilibrio (“del terror”) que la URSS pudo de vez en cuando restablecer entre los opuestos arsenales y entre los opuestos 'sistemas. Cuando en 1956, enseguida de la primera crisis del bloque soviético culminada en la revuelta húngara, el equilibrio insinuó romperse, se reanudó la guerra efectiva con la intervención anglo-francesa en el medio oriente en defensa del canal de Suez. Y cuando en 1991 el equilibrio se rompió desembozadamente, por el colapso de la URSS como potencia económica y como sistema imperial, he aquí que las “tempesta- des del desierto” bajo el comando eStadounidense sobrevinieron pun- tualmente en la misma área medioriental, en defensa del petróleo. Guerra efectiva (como antes de Yalta) y, conjuntamente, uso simbólico (como después de Yalta) de las armas -y de la misma guerra efectiva- dirigido a desalentar con las demostraciones prácticas de la potencia tecnológica estadounidense,- las veleidades de cualquier adversario que osase desafiarlas en el futuro: el balance de la guerra del Golfo comprende también estas cosas, no solamente el Cuestionario sobre guerras justas y guerras injustas-Í

Efectivamente, entre los efectos positivos del relativo equilibrio que la URSS consiguió en la competencia militar con el occidente no han de com- putarse solamente el uso meramente simbólico de las annas deben computarse las conquistas del Estado Social y del desarrollo ulterior de la democracia en la forma del sufragio universal en varios países de occidente (en particular, las características innovadoras de la constitución republicana de nuestro país). El impacto -aún arduo y contradictorio- sobre los movimientos de emancipación de los pueblos del tercer y cuarto mundo es ampliamente notorio. Domenico

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Losurdo sostiene, sin equivocarse, que las conquistas de la revolución de octubre son visibles más que en las vicisitudes interiores de la URSS, en sus repercusiónes externas en los países avanzados de occidente y en el llamado "Sud del mundo”. Y, en efecto, cuando la URSS mostró los primeros signos de flaquear, no sólo el Sud conoció nuevas formas de dependencia económica y política, no sólo el Estado Social fue gradualmente anulado en occidente, sino también la democracia -aún en su mayor difusión entre nuevos pueblos- entró en crisis. A esa crisis involutiva, por otra parte, concurrieron las nuevas dimensiones supranacionales de los poderes económicos, de las relaciones de mercado y de los correspondientes circuitos de información (o de formación de consenso). En consecuencia el socialismo, si bien limitado a la URSS procuró ventajas a las clases trabajadoras y a los pueblos del resto del mundo más que a la misma URSS? No el socialismo, sino -una vez más- la potencia “simbólica” del socialismo. Un fantasma no recorre más Europa. .

Los comunistas italianos, en su intento de llevar a cabo una revisión crítica de juicios que en otros momentos han alentado en solidaridad hacia el llamado “campo socialista”, tal vez deberían aún colmar una omisión. Que aquellos regímenes no fuesen democráticos lo comprendieron a partir del pre-memorial de Yalta y, en términos más explícitos, en los años de Berlinguer. Pero que esos regímenes no fuesen ni siquiera socialista (y sobre todo que de ninguna ma nera se encontrasen sobre la vía que conduce al comunismo) lo sostuvieron solamente algunos estudiosos que analiza- ron su estructura de clases 6, y algúnos grupos de gauchistas o de leftist de los cuales el PCI por lo general tomaba distancias. Los análisis de Ch. Bettelheim y otros que encontraron en la sociedad soviética una forma extrema de "capitalismo de Estado” inSpiraron en la publicistica de iz- quierda solamente a quienes se colocaban fuera del PCI. Hasta Lucio Lombardo Radice, que luego de los hechos de Praga del 68 fue uno de los más intransigentes entre los intelectuales del PCI en el rechazo del modelo soviético, se limitó a definirlo como “socialismo de Estado”, reconociendo explícitamente de esa manera su carácter socialista.

Y, sin embargo, una lectura atenta de algunos escritos de Lenin habrían podido ponernos sobre aviso. Lenin opinaba que el capitalismo de Estado podía constituir la premisa estructural (capitalista precisamente) para una posterior y cercana transformación socialista. En la "Historia de la URSS” G. Boffa juzga que esos escritos de Lenin son “esenciales para la comprensión de su pensamiento". Tal vez se capte el verdadero significado de la NEP si se arriesga la hipótesis de ser, a juicio de Lenin una salida, desilusionada por demás, del capitalismo de Estado, ya a comienzos de una experimentación apenas iniciada. Quizás la NEP no fuese un repliegue táctico hecho necesario por haber osado avanzar demasiado sobre la vía del socialismo; sino el fruto de una constatación amarga (e inconfesada): como "antecámara del socialis-

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mo” el capitalismo de Estado se revelaba -al menos en el campo- peor que la iniciativa privada. Y quizás bajo esta luz logremos entender mejor la obsesión que no da tregua a Lenin, ya moribundo, cuando intenta poner en guardia al partido sobre las posibles degeneraciones burocráticas y, en ese contexto, del incipiente autoritarismo de Stalin.

Rossana Rossanda afirma que, si en los años treinta la URSS deviene un país industrial, el mérito fue por cierto de la planificación; pero si Lenin había declarado realistamente que lo realizado en la URSS después de Octubre era una suerte de'capitalismo monopolista de Estado, no aún el socialismo, el mismo Lenin, cuando contribuyó a desplazar a los soVÍets en beneficio del partido, perjudicó la socialización que habría debido seguir inmediatamente después. La colectivización forzada por obra de Stalin repitió en ciertos aspectos la acumulación capitalista originaria en perjui- cio de los campesinos y creó una fosa entre los campesinos y los obreros, entre los campesinos y el partido-Estado 7.

2. La confrontación Este-Oeste

Aquel “capitalismo de Estado” conoció, desde el advenimiento de Stalin a la muerte de Breznev, los desarrollo y las involuciones que los libros de historia y la publicística política han registrado. Como medio para realizar una acumulación acelerada y para acortar las distancias con los países más avanzados, en una etapa todavía caracterizada por el industrialismo clásico y por la preeminencia de los mercados nacionales o imperiales, el sistema -dentro de sus límites- fue relativamente eficaz. En un período en el cual el empleo de la fuerza de trabajo, aunque modernamente organizada según los cánones tayloristas y fordistas y mantenida a raya con el ejército de reserva, constituía aún el casi exclusivo fundamento de la valorización capitalista, el desafío soviético, que apuntaba sobre el crecimiento de lag ocupación obrera (aún cuando neutralizada en parte por la ausencia de un ejército de reserva, o por la seguridad del puesto de trabajo, y por la consiguiente pérdida de eficiencia de la empresa) podía maniobrar en su ventaja” la función anti-crisis de una economía planificada. Cuando la compenetración entre la intervención estatal y los programas de las em- presas privadas se acentuó también en Occidente, cuando comenzó a perfilarse la actual revolución tecnológica en Occidente _y el mercado mundial unificado hubo impuesto a todos sus propias leyes, el sistema soviético -manteniéndose rígidamente en los módulos de la moderna di- visión del trabajo obrero y privándose de cualquier estímulo a “expeler” una parte del trabajo obrero- gradualmente ceso de funcionar. O mejor aún: pudo todavía funcionar solamente en el sector de los armamentos y de las empresas espaciales, en el cual el Estado es productor y consumidor

Cuadernos del Sur 113

en forma conjunta (consumidor que por lo tanto decide de cual y de cuanta producción tienen necesidad). De manera que, si para sostener la definición de “capitalismo de Estado" se quiere aducir la existencia en la URSS de una única y grande empresa, en la que se compensan las deseconomías o las manifiestas ineficacias de las fábricas singulares, en un proceso de acumulación forzada que por último hace de la producción misma el fin de la producción, entonces la definición más apropiada seria aquella que reconociese allí un capitalismo (monopolista) de Estado tendiente a incre- mentar el surplus (producto excedente) destinado a la acumulación de medios de producción bélica para estar adelante en la competencia con la otra su perpotencia imperial. Veremos luego como a la crisis macroscópica de la URSS corresponde una crisis mucho menos aguda, pero en ciertos aspectos análoga, de los EEUU y de su economía ampliamente militarizada.

Hannes Hofbauer y Andrea Komlosy, en un estudio aún inédito, sobre “Restructuring (Eastern) Europe", efectuado en Viena, sostienen que los años cincuenta y sesenta fueron en el Este europeo años de crecimiento extensivo. El socialismo fue una especie de proteccionismo dirigido a la construcción de una industria local en países periféricos, prevalentemente agrícolas o desvastados por la guerra. La distancia con los países occi- dentales podía disminuir relativamente. El producto bruto interno (PBI) per capita (segúnlos cálculos UN, Economic Bulletin for Europe, v. 31, n“ 2, New York, 1980) creció en efecto entre 1955 y 1973 en 5,21 veces en la URSS, en un mínimo de 4,3 veces (Alemania del Este) y en un máximo de 6,65 veces (Bulgaria) en los otros países del Este, mientras aumentó en 3,38 veces en USA, en 3,73 en Canadá, en 3,47 en Australia, en 3,36 en Gran Bretaña, en 3,88 en Suecia, en 4,38 en Alemania Federal, en 4,51 en Francia, en 4,66 en Austria y conoció incrementos no muy disímiles en los otros países industriales avanzados, excepción hecha de Italia (5,1 veces) y, sobre todo, del Japón (7,13 veces).

En los años sesenta el desarrollo extensivo del Este europeo reveló sus propios límites y el sistema apareció como incapaz de promover la inno- vación tecnológica. Los objetivos del crecimiento industrial y los standars de competitividad fueron por lo tanto dados por Occidente. A partir de 1971 y en medida siempre creciente, aquellos gobiernos echaron mano a los créditos occidentales para poder importar tecnologías y bienes de consumo. Los créditos ascendieron (para la URSS y Europa Oriental en conjunto) a 6,7 millones de dólares en 1970 y se multiplican hasta los 134,5 millones en 1987. Los datos son suministrados por el Instituto de Viena para los estudios económicos comparados. También I. Wallerstein 8 sostiene que industrialización y crecimiento acelerado eran posibles, en el Este europeo mientras prevalecieron en esos países (o más en general?) técnicas de desarrollo extensivo, fuerza de trabajo a bajo costo, consumo contenido

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y ausencia de guerras, pero rígido control político. Agotada dicha fase, no quedaban más que los remedios del Tercer mundo (recursos petrolíferos, deuda externa). Pero en los años ochenta también para tales medios llega la horade la verdad. Declinación estadounidense y estancamiento de los países periféricos fueron, agrega l. Wallerstein, la base de las vicisitudes más recientes de los países del Este, considerados equivocadamente al reparo de la economía-mundo capitalista.

Al empuje hacia el endeudamiento, que se advirtió en el Este, corres- pondió una nueva necesidad de prestar dinero en los mayores países del Oeste. Los países del “socialismo real”,'dicen H. Hofbauer y A. Komlosy, no pudieron nunca desengancharse realmente del sistema mundial capi- talista. La acumulación de capital fue el principal criterio regulador tam- bién para. las economías socialistas, que estuvieron siempre condicionadas por los procesos de reconstrucción y por los períodos de prosperidad o de crisis que se sucedían en el Occidente capitalista. Como consecuencia de la recesión económica verificada a nivel mundial, a fines de los años sesenta, en lugar del objetivo político-estratégico de una desintegración económica Este-Oeste. En tal coyuntura, la caída de las ganancias y las tendencias especulativas surgidas por la dificultad de nuevas inversiones productivas, se tradujeron en la disponibilidad de los tenedores de capital a prestar dinero a tasas de interés muy bajas (la prima rate baja en USA al 5,2% y en RFA al 6,8% durante 1972) que animaron a los países del Este europeo y a los del Tercer mundo a contraer deudas en cantidades elevadísimas.

Pero hete aquí que las tasas de interés subieron, alcanzando en 1981 al 18,7% al 13,6%, respectivamente, en USA y en RFA. Los países del Este europeo y los del Tercer mundo se encontraron en graves dificultades y constreñidos a endeudarse aún más, para poder pagar los intereses de las viejas deudas. Los países del Este contribuyeron así a financiar el déficit comercial de USA, mientras las elevadas tasas de interés aseguraron un flujo constante de capitales alemanes y japoneses a los bancos estadouni- denses. Al endeudamiento creciente del Este, no correspondió, por otra parte, la esperada disminución del gap tecnológico que lo separaba del Occcidente, porque éste último continuó boicoteando el acceso a sus propias tecnologías. El gap, así, se acrecentó. Los créditos se revelaron como una buena inversión para Occidente, porque tomaron dependientes a las economías orientales y las obligaron a dar una contribución financiera a las economías occidentales para permitirles enfrentar la crisis mundial.

El único país que, en los años 80, se empeño a fondo para pagar todas las deudas contraídas y que se ganó así la estima de occidente fue Rumania, que para eso redujo drásticamente las importaciones de Occidente, inten- sificó las exportaciones y sacrificó brutalmente el nivel de vida de la población. La revuelta explotó pocos meses después que fue enteramente

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saldada la deuda, cuando el nivel de vida habría podido volver a subir la pendiente. Polonia se puso en el mismo camino, pero no alcanzó a recorrerlo hasta la extinción de la deuda porque la rebelión obrera guiada por Soli- daridad eXplotó enseguida después de los primeros y tangibles empeora- miento de nivel de vida; a partir de diciembre de 1981, estado de sitio y aceptación de las directivas del FMI para la liberación de los precios procedieron parejamente. '

El cepo de la deuda y de sus intereses debía empujar a los países del Este a someterse a las condiciones del FMI en materia de reglas y métodos de política económica, en reemplazo de los viejos postulados socialistas. Y, en países caracterizados por una estrecha conexión entre política y eco- nomía, los cambio económicos debían provocar otros tantos rápidos mo- vimientos políticos (libre mercado y monopolio del partido eran eviden- temente incompatibles). Por lo demás, observan los dos estudiosos aus- tríacos, júzguese cuanta desconfianza podía difundirse en la población en relación a la proclamada superioridad del modo de producción socialista, si los mismos gobernantes confesaban poder garantizar niveles decentes de subsistencia para todos solamente echando mano a los dineros de los países capitalistas occidentales. Nuevas clases medias, formadas rápida- mente en tal contexto, y nuevo rol de los intelectuales hicieron el resto. Las tentativas de reforma económica fuero encaminadas, sobre todo en Hun- gría, a la finalidad de incrementar las exportaciones hacia Occidente, de- sarrollar el turismo y obtener dineros frescos. Concluyen los autores (sobre cuyos análisis he querido detenerme en extenso), que las élites políticas vieron en la reforma económica la posibilidad de conservar el poder, no sospechando que con esa misma reforma se habría cumplido el último acto de su gestión.

De mi parte querría observar que los dos autores, atentos a una diná- mica económica regional e internacional por cierto relevante, tal vez no hayan valorado adecuadamente, entre las causas del colapso de la economía imperial soviética, la insostenibilidad de la competencia tecnológica im- puesta por los Estados Unidos en el terreno militar y, en consecuencia, de las pesadas cargas soportadas para acrecentar las zonas de influencia en varias regiones del globo.

Es provechoso por lo tanto integrar aquellos análisis con otros juicio y otros datos. Pero, antes de echar mano a otras contribuciones, querría proponer un esquema orientativo que tal vez resulte útil.

3. Militarización y revolución tecnológica

La estatización de la economía en la forma de la militarización no es invención exclusiva del régimen soviético. Ya en la primera guerra mun-

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dial, los Estados europeos de manera más o menos acentuada habían recurrido a ello y son conocidas las reconstrucciones historiográficas de la intervención pública en Italia, especialmente bajo el fascismo, con pro- longación y ampliación de aquellas primeras experiencias cumplidas en el clima de la guerra total. La estatización-militarización (aún parcial) de la economía es por consiguiente una de las vías estratégicas recorridas por el sistema de los Estados en este siglo. En los años que siguieron a la segunda guerra mundial, USA ha recorrido prevalentemente esa vía, mientras la URSS ha recorrido solamente esa vía. ¿Hay otras?. En el mismo período, por ejemplo, Japón ha experimentado la vía de un gobierno indirecto del Estado sobre la economía, de un gobierno ejercido principalmente a través de la promoción de la ciencia, de la tecnología civil y de la instrucción pública generalizada ° (el capital privado ha hecho el resto, con viejas y nuevas formas de disciplina de la fuerza de trabajo) 1°. _ '

La revolución del modo de producción que se desenvuelve ante nuestros ojos tiene un alcance epocal mucho mayor que otras "revoluciones" que han acompañado, en el pasado, a la modernización capitalista. Por ciertos aspectos, se podrían reconocer los caracteres de la transición hacia un modo de producción no más capitalista. Pero hasta ahora, también por algunas circunstancias históricas cruciales, esos caracteres se desenvuel ven por impulso y bajo el control del capitalismo occidental, en el mercado- mundo capitalista. Se desarrollan por eso más en daño (que en beneficio) de las periferias y, ahora, también en perjuicio de los países ex-socialistas. La incapacidad histórica de estos últimos es, en el terreno "estructural", sobre todo la de no haber sabido ni podido encabezar, con una impronta no capitalista, la revolución del modo de producción. Al subrayar este aspecto negativo, Godelier “, La Grassa y otros autores hacen notar que el capitalismo, en cambio,dejando de apoyarse en técnicas anteriores, ha sabido rápidamentecrearse una "base material (e intelectual) propia", o sea operar el pasaje de la “subsunción formal” a la “real”.

Los estudiosos sugieren, por lo común, una periodización que pone .a ese respecto una discriminación decisiva hacia el fin de los años sesenta. En el período precedente la vía estratégica de la estatización-militarización tomó la delantera y dio frutos también por las derivaciones positivas en los incipientes procesos de innovación tecnológica generalizada que ya intere- san a la producción civil, especialmente en algunos campos. El ministerio de Defensa y la Nasa, han sido las fuentes fundamentales del dominio tecnológico estadounidense también en la producción civil? Sí, responde R.R. Nelson, si se mira a un primer período (en la post-guerra) y a las tecnologías que entonces eran las más avanzadas (calculadoras y semi- conductores”). En el período siguiente, en cambio, las derivaciones se hacen menos significativas y crece la carga negativa que las inversiones

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militares importan en el cuadro más general de las inversiones para la investigación, para la innovación y para la educación. Una fuerte declina- ción de las derivaciones Sobre la tecnología civil se tuvo enseguida, desde fines de los años sesenta, cuando otros países se adelantaron gastando más que USA en inversiones directamente dirigidas a la investigación no mi- litar .

El período dela guerra fría reproduce algunos elementos que, durante la última guerra mundial, habían favorecido el desarrollo de la innovación tecnológica. Los reproduce sustituyendo la regulación a través de la con- currencia con la regulación burocrática. Si en el sector militar el planificador es el mismo consumidor (y setrata de una ventaja), la planificación militar autoritaria presenta cierta desventaja respecto a una planificación (aún cuando sea centralizada, burocrática o sustraída al control del mercado) que por lo menos se beneficie de un control político democrático a través del cual pueden valer“ las presiones del público “.

Algunos autores han notado que el gasto militar, además de sostener el desarrollo de tecnologías avanzadas, absorbía una cuota desmedida de recursos científicos y tecnológicos sustraídos a otros usos y que, por aña- didura, inducía "malos hábitos de proyección y de marketing”, maximi- zando los costos y eliminando los controles del mercado. La observación es fundada para el período'sucesivo a los años sesenta, según Kaldor. “Hoy, tanto en el Este como en el Oeste, el sistema industrial caracteriza- do por grandes empresas, con producción en masa y planificación indus- trial de largo período, descripto profundamente por John Galbraith en el libro El nuevo Estado Industrial, está en crisis” ‘5. La guerra fría ha sumi- nistrado a la economía de USA un lubricante keynesiano, pero “ha debi- litad‘o las prestaciones económicas de largo plazo dela economía america- na” 6. . -r Por su parte, el Estado soviético ha obtenido y luego perdido también ' su "lubricante". Un giro negativo se ha verificado también en la URSS, con el agravante de sus mayores atrasos en las tecnologías civiles. En una conferencia de 1957 O. Lange ve en aquella de tipo estalinista “una econo- mía de guerra sui generis”. A su juicio, si bien necesarios en un período de _ transición revolucionaria, aquellos métodos no eran socialistas (como no era por cierto socialista la entrega obligatoria de productos agrícolas intro- ducidas por primera vez por los ejércitos del Kaiser Guillermo ll, en los territorios ocupados). En efecto, prosigue Kaldor, el sistema estalinista "ha funcionado verdaderamente con eficiencia solamente en tiempos de gue- rra"; pese a las destrucciones sufridas, etc., a fines de la segunda guerra mundial “la producción bélica soviética era análoga a la americana". Lue- go, el sector militar soviético ha podido gozar de dos beneficios (relativos): cierto grado de soberanía en relación al “consumidor” y cierto estímulo

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externo, por la carrera de armamentos emprendida en competencia con los EEUU. Pero en 'el Este, al atenuarse la guerra fría, “los altos niveles de gasto militar, el estancamiento de las capacidades tecnológicas y el endeu-- damiento han bloqueado la dinámica de las economías socialistas” '7.

4. La confrontación Norte-Sur

En este estado era necesario terminar con la guerra fría, en cuanto guerra simbólica sí, pero pagándose un precio cada vez más alto por ambas partes. Solo con un desarme (aunque fuera parcial) los EEUU habrían podido esperar una cierta (y parcial) conversión hacia la que, por comodidad expositiva, he indicado como la vía japonesa. Pero para poder cerrar el capítulo de la guerra fría los EE.UU. debían ganarla. Y, para ganarla, debían intensificarla con proyectos aún más costos y ambiciosós, como el proyecto del escudo espacial.

En lo que concierne a la URSS, la única vía quese le abría por delante era un camino sin salida. Después del fin de los años sesenta la guerra fría registró su impacto negatiVo sobre la economía soviética en una medida mucho mayor que en los EEUU (por la fuerte diferencia entre los respectivos puntos de partida y entre ellos respectivos potenciales productivos). Si hacer cesar la guerra fría era para los EE.UU. una necesidad para el mantenimiento-de un rol de punta enla economía mundial, para la URSS era una condición necesaria y no suficiente para evitar caer en el infierno de los países subdesarrollados. Y, de hecho, puede hoy la URSS evitar, con certeza, ser atraída por el remolino del subdesarrollo, aún si se libera del peso de la guerra fría?

Se abre aquí otro problema crucial. El pasaje de la economía de guerra (del Estado-guerra- a la “vía japonesa" y a los procesos generalizados de la cada vez más rápida obsolencia, tecnológica, no ya de la producción bélica, sino de la “civil”. Estepasaje (que comienza a volverse visible hacia fines de los años sesenta) inaugura, por sus caracteres estructurales, otro tipo de guerra, cuyos vencedores están todavía más implacablemente anticipa- damente predestinados: la guerra entre una minoría (minoría por necesi- dad estructural) de países siempre más “avanzados” y una correspondiente mayoría de países siempre más "atrasados". Pero por qué los vencedores están predestinados? ¿Cuál es el “destino” que los escoge?

Antes de los fines de los años sesenta, la guerra fría‘era condición para que el Estado, a su costo, procurase al desarrollo de las empresas públicas o privadas los efectos, de derivación tecnológica que antes he indiCado. Después de los fines de los años sesenta sucede algo distinto a la “deri- vación”. Sucede que el estado asume directamente una mayor suma de costos sociales necesarios para garantizar, en la carrera universal por la

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innovación tecnológica, las altas ganancias de las empresas. Es verdad que son desmovilizados algunos institutos del “Estado social” en perjuicio de los trabajadores, pero en beneficio de las empresas se multiplican los sostenes estatales para la investigación científica, para la instrucción pública cada vez más calificada y generalizada (sin la cual no hay hoy ninguna posibilidad de innovación y de aplicación tecnológica en amplia escala) 13, para la falta de amortización de las tecnologías prematuramente abando- nadas en el curso de una competición dispendiosa (que empuja hacia una incesante cuanto artificiosa obsolencia de las innovaciones), para la nueva infraestructura necesaria y, en fin, para un parcial y no obstante dispendioso resarcimiento de los deterioros ambientales producidos por el crecimiento del consumo, además del aumento de los aportes energéticos y del producto bruto.

Es evidente que si en el siglo recorrido la concurrencia se desarrollaba entre empresas (y empresas singulares equipadas y bien dotadas podían afirmarse aún en países atrasados) al menos de veinte años a esta parte la competencia se desarrolla de hecho, en primer lugar, entre áreas geográ- ficas, en consecuencia entre Estados o entre sistemas de Estados y en base a su diversa capacidad de ofrecer ese articulado sostén a las empresas adosándose los costos culturales y ambientales (hoy devenidos decisivos). En una tal concurrencia geográfica entre Estados o sistemas de Estados en el mercado único mundial, es fácil profetizar no solo quien vence y quien pierde, sino qué regiones enteras del globo están condenadas a perder y cual será el crecimiento exponencial del alejamiento entre vencedores y vencidos.

Es verdad que para desalentar la competitividad sobre el mercado de los productos industriales y agrícolas de los países más pobres serían suficientes las colosales concentraciones que hoy se realizan entre las empresas (privadas) multinacionales ‘9, haciendo cabeza en los países más ricos, y que este fenómeno de por si comporta, en el mercado mundial ya unificado, una reducción de los costos unitarios por producto (y por ello de los precios) capaz de eliminar cualquier concurrencia provocando, en los países más pobres, cierres de fábricas y sobre todo el abandono-de culturas agrícolas. Pero la reducción d'e los costos (y por ello de precios) derivada de la intervención de los grandes Estados en sostén de las em- presas, para los nuevos aprovisionamientos culturales, ambientales, etc., es el factor principal entre los que anulan de entrada la capacidad compe- titiva de las economías marginalizadas.

Si en los años treinta el capitalismo de Estado estaliniano pudo, con drásticas medias, acortar las distancias del potencial productivo de los países más industrializados, en el contexto mundial actual dominado por las innovaciones tecnológicas incesantes- vale una regla general con po-

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quísimas excepciones aparentes: al igual que el capitalismo de Estado, o quizá peor, el de los grupos privados (también admitiendo que puedan surgir como por encanto en regiones desprovistas por largo tiempo del mismo). solo logrará acrecentar el propio subdesarrollo y la diferencia que lo aleja de los países-guía de Occidente.

Ciertamente, alguno de los países de Europa centrooriental podría -por el concurso de circunstancias favorables y, si así place, esforzándose por emular a los “cuatro dragones” del Asia oriental- alinearse en la exigua hilera de los países más desarrollados (aún cuando el resorte “originario” de los bajos salarios incida cada vez menos en las economías "post-in- dustriales” actuales). Pero todos los otros se encontrarán frente al dilema: o conservar, con el mercado, la posición que, con las políticas planificadas, han ocupado hasta ayer en la gradación entre todos los países del mundo por su rédito medio per cápita 9 es decir, conservar una posición de “se- gundo mundo”, renunciando ellos también traumáticamente a las viejas medidas burocráticas de protección social); o precipitarse hacia el "tercer mundo" mirando de soslayo el no lejano abismo del “cuarto” 2°. En tal caso, nosotros los occidentales (rechazando a los albaneses y otros incómodos vecinos nuestros) comenzaremos, quizá por contraposición, a apreciar a los pueblos que, en el Africa negra o en otro lugar, están muy lejanos de nuestras puertas o de nuestras fronteras y, sobre todo, están desde tiempos inmemoriales vacunados contra el espíritu de rebelión, porque están más habituados a la indigencia atávica y a la muerte por hambre 2‘.

La URSS, ciertamente, tiene aún grandes recursos. Pero adrnitiremos, paradojalmente, que hoy sólo el aparato productivo militar -el único habilita- do de cualquier modo a funcionar, por las razones dichas- podría hacerse responsable (y abastecedor de expertos, de tecnologías, etc. en concurso con aportes occidentales si fueran disponibles) para la reconstrucción de una economía de tipo colectivista o aún privatista que tendiera a superar la grave crisis abatida sobre todo los otros sectores? La democratización podría generarse de modo independiente de una solución de tal género que fuese buscada sobre el terreno económico? Y, más aún podría penetrar en el mismo complejo militar-industrial en rápida transformación? La China de hoy hace alimentar algunas dudas 22. Y el fracaso del clamoroso golpe de Estado últimamente intentado en la URSS hace poco verosímil la hipótesis de una próxima revancha del aparato militar soviético.

Responder no es fácil aún para quien a diferencia del suscripto, sea un experto en este campo. Por ello querría volver a las definiciones del sistema soviético. Si nuestro juicio actual sobre aquella experiencia subraya la impronta “comunista”, reforzaría ciertamente en nosotros, la necesidad de declararse "no comunistas” (en algunos casos hasta "anticomunistas"). Si, en cambio, juzgáramos aquella experiencia, no solo lejana del camino de la

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democracia moderna, sino aún lejanísima‘de toda idea o práctica de comu- nismo, entonces podríamos quizá sospechar que el mundo (la economía- mundo segura y garantida, el mundo natural amenazado, el "Sud del mundo" amenazante porque ya está condenado) requiera hoy más co- munismo y no menos. .

Las concentraciones del capital son hoy más grandes y potentes. Y porque disponen también de nuevos y más potentes medios de comunica- ción de masas, por todos lados lentamente se instaura una práctica de “democracia bloqueada" que inmoviliza a la oposición, no ya solamente la de un partido comunista, sino del reformismo socialdemocrático o laboris- ta, que concede solamente el control del Congreso al partido demócrata estadounidense, que directamente cristaliza las relaciones internas en los principales partidos, impidiendo de hecho el recambio de las mayorías. Qué tareas teóricas se darían para una reflexión sobre la democracia que se proyecte hacia el futuro? Y qué nuevas garantías de ciudadanía política se vuelven necesarias para las minorías en general, en especial para las por- tadoras de una palabra; no obstante todo, sobrecargada de historia y grávida de porvenir?

De la amenaza de autodestrucción económica, ecológica, tecnológica- que pesa sobre los hombres, una salvación posible está en la reapropiación (no estatalista) de los medios fundamentales de producción por parte del género humano unificado: una reapropiación de aquellos que son hoy realmente los fundamentales medios de producción, esto es de los poderes de información y de innovación científico-tecnológica y de los principales resortes materiales o energéticos activados por aquellos mismos poderes”. Si los pozos pretrolíferos, por ejemplo, fueran quitados a quienes los poseen y convertidos en propiedad común del género humano, y también las invenciones, las tecnologías, las patentes, etc. fueran puestas a dispo- sición de todos, no solo no habría habida guerra del Golfo, sino que la renuncia del Sud a sus materias primas sería largamente compensada por la redistribución planetaria (y por el uso no mercantilizado ni consumis- tico) de las tecnologías de vanguardia.

Fallida la presunta vocación dela clase obrera como "clase general", y tomada poco creíble una rebelión intencionada y consciente de las masas que pueblan los continentes dela marginación y de la pobreza, qué sujetos pueden hoy (aún sin ninguna pretensión de encarnar lo universal o los intereses del género humano) proveer la contribución más eficaz para el redescrubrimiento de una perspectiva que no sea la de “etemizar” nuestro maravilloso preSente? Quizá los hombres de cultura (o sea todos los hombres en cuanto devenidos "filósofos", aún con su “filosofía espontánea”, como diagnosticaba Gramsci ya en los años treinta). O quizá, más parti- cularmente, aquéllos que poseen una alta cultura “especializada” y que,

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por ello, pueden hacerla pesar sobre. nuestra suerte: por ejemplo, acordan- do formas nuevas y generalizadas (planetarias?) de abstención del trabajo en sectores tornados vitales para los Estados-en-guerra (hoy, empeñados contra el Sur del mundo) y para grandes empresas privadas de Estado (hoy, empeñadas en el saqrieo de los recursos culturales y naturales). Ciencia y naturaleza son hoy las dos grandes fuerzas de producción. No ya los fábricas o el trabajo manual. La escuela es hoy la gran "fábrica dilatada”. Las fuentes energéticas son hoy la "fuerza-trabajo” física más extensamente explotada. En esto reside la diferencia entre los socialismos reales, que ya 'no son, y el comunismo posible que no es aún pero que, aunque estadísticamente improbable, solamente ahora aparece como (éti- camente) irrenunciable. Roma, diciembre 1991

Notas

1. Tanto la crítica de Marx al estatismo de Lasalle y en consecuencia a cierta socialdemocracia alemana, como los reproches de Engels y de Lenin a esa social; democracia de estar impregnada de idolatría por el Estado han sido señalados por M. Dogelier y por J. Tex'ier en sus intervenciones en el Coloquio Internacional desarrollado en la Sorbona del 17 al 19 de mayo de 1990. Véase M. Godelier "Los contextos ilusorios de la transición al socialismo” y ].Texier “El mundo moderno y la idea de comunismo" en "Fin del comunismo? Actualidad del marxismo?", bajo la dirección del J. Bidet y J. Texier, Paris, PUF “Actual Marx, confrontación”, 1990,. en páginas 199 y 46, respectivamente. l

2. Luego de haber considerado que toda: burguesía (privada o sobre el modelo de la "n’omenklatura") es siempre burguesía de Estado, E. Balibar afirma que hoy las aspiraciones nacionales conciernen solo a la periferia o a la semiperiferia; "el viejo ‘centro’, en cambio, ha entrado en diversos grados en la fase de descomposición de las estructuras nacionales" (en E. Balibar-I. Wallerstein, "Raza, nación y clase. La identidad ambigua”. Nota introductoria de G. Baratta, Roma Edizioni Associate, 1991, p. 101). En su comentario a algunas tesis- de Balibar, T. Negri no se equivoca al sostener que el resurgir de la identidades nacionales particulares, como tentativa para mantener una ligazón social, es un fenómeno reencontrable en la disgregación del socialismo real, por un repentino “vacío de universalidad" positiva. Distinto, a su parecer, es el reflorecimiento de la particularidad nacional o local cuando se confronta con ese “pleno de universalidad" negativa que hoy es dado por el mercado mundial capitalista. En ambos casos el fenómeno puede manifestarse en forma de particularidad agresiva contra otra particularidad (para acceder con ventaja a los beneficios o a las migajas del mercado mundial). El único antídoto a tales fenómenos y a sus posibles salidas facistas, puede provenir, concluye Negri, de la (universal) movilidad de las etnias que hoy se entremezclan irreversiblemente. (cfr. "El lenguaje inarticulado de la nación, Crisis de las identidades fuertes y mercado mundial frente a los particularísimos" en "II manifiesto" de 20/ 11/ 91).

3. Cfr. L. Cortesi, “Las armas ‘de la crítica. Guerra y revolución pacifista”.

. 1

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Nápoles, Cuen, 1991, p. 34. La atómica de 1945 y la sucesiva guerra fría influyeron en forma desigual sobre las dos superpotencias; ya que los Estados Unidos conser- varon intacta su capacidad económica, mientras la URSS había sufrido en el con- flicto con Alemania pérdidas ingentísimas, humanas y materiales (pgs. 37-38).

4. L. Cortesi, op.cit, pgs. 10-11. En la carrera tecnológica sobre el terreno militar los Estados Unidos han precedido siempre a la URSS, que ha buscado contraatacar con algunas ventajas cuantitativas (p. 39). La forzada persecución tecnológico- militar de los Estados Unidos por parte de la URSS, por otra parte, ha acrecentado notablemente el poder de atracción que el capitalismo y la cultura indústrial- capitalista han ejercido de todos modos, desde el comienzo, sobre la experiencia del “socialismo real" (p. 101).

5. Entre los muy calificados estudiosos que, en el campo internacional, han resucitado el concepto de guerra justa para defender la guerra del Golfo, esta M. Walser. Pero su tesis sobre el Golfo no puede ser aislada de sus otras visiones sobre la relación Norte-Sur. por ejemplo, en "Esferas de justicias", traducción italiana Milan, Feltrinelli, 1987, pgs. 49 y 70-71, aún admitiendo que los trabajadores “huéspedes” deben gozar de la ciudadanía plena y de sus correspondientes derechos en el país que los acoge, patrocina no obstante la necesidad de obstáculos y vedas contra la inmigración, invocando la tarea de proteger las identidades culturales.

6. Una reseña sumaria se encuentra en una nota del libro de I. Bidet “Teoría de la modernidad seguida de Marx y el mercado", París, PUF, 1990, p. 87. En Italia algunas tesis de Bettelheim fueron acogidas por G. La Grassa. Entre los que desconfían de la clasificación del sistema soviético como "capitalismo de Estado” quiero indicar a A.Catone, sobre todo por algunas de sus intervenciones públicas recientes y por un estudio suyo en curso en elaboración.

7. Cfr. Rossanda "Para un análisis marxista de la crisis de las sociedades del Este” en "Fin del comunismo? Actualidad del marxismo» cit, pgs. 34 y 36. M. Florio duda de que pueda definirse como capitalismo de Estado un sistema en el cual no hay mercado (cfr. "Transición hacia qué?, en "Marx ciento uno, n9 4, 1991). Pero, aparte del hecho de que el sistema soviético es definible como capitalismo mono- polista de Estado, no basta con observar el destino de esa acumulación capitalista primitiva (Rossanda) es decir, el empleo de gran parte del excedente para armas y tecnología bélica desproporcionadas respecto a los recursos económicos conjuntos y respecto al tenor de vida de las asas? En el mismo número de “Marx ciento uno” figuran otras intervenciones sobre la crisis de la URSS y del Este europeo (Cfr. en particular A.Catone "La crisis de la economía soviética" figuran otras intervencio- nes sobre la crisis de la URSS y del Este europeo (Cfr. en particular A. Catone “La crisis de la economía soviética” que se refiere, entre otros, al libro de Agambejian sobre "El futuro de la economía soviética", Milan 1989, y A.Natoli "El fin del modelo estalinista” que insiste sobre la plena ocupación a toda costa y la sobrecarga de fuerza de trabajo como causa principal del retardo tecnológico en la URSS).

8. Cfr. "El marxismo-leninismo murió o quién vive?" en "Fin del comunismo? Actualidad del marxismo?, cit, pág. 106.

9. La "competencia espasmódica” entre los escolares en Japón, injertando la competitividad capitalista en la tradición confucionista, "formalmente proclama premiar la cultura y no el origen social (...). Esto tiene en cuenta el valor personal

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del individuo mejor que pone su competencia al servicio del estado y por lo tanto del conjunto de la sociedad”. Por otro lado "los dirigentes japoneses tienen una retribución que es diez veces menor a la de sus colegas americanos, a igualdad de funciones. En los años ochenta la diferencia salarial entre dirigentes y empleados era apenas de siete veces y medio, era de diez a fines de los años sesenta y de cien. en los años veinte. Esta tendencia a un relativo igualitarismo es interna a la lógica de tipo neocorporativo, y se refleja también en las diferencias de estatuto simbólico ad- ministrativo, que son extremadamente reducidas, desde la vestimenta hasta las estructuras”. "El olmismo es la versión moderna del taylorismo, adecuada a la gran revolución industrial dela automatización y del control ”. Y el "toyotismo" corresponde, en la mutación del tiempo, al "fordismo": el robot aprende las operaciones manuales parcializadasy luego las repite al infinito, lo nuevo es, sobre todo, la multifuncio- nalidad de trabajo y máquinas. (C. Filosa -G. Pala "El nuevo imperialismo japonés. Las bases económicas y sociales del neocorporativismo nipón”, en "La Contra- dicción", ng 18, 1990, pgs. 12-13-25-34). El “toyotismo” es, según L. Cillario, en la edad tecnológico-informática, "la vía japonesa a la utilización consciente de la fragmentación de las funciones” ya experimentada a partir de la manufactura y hasta el taylorismo. Se busca aplicar el criterio de la fragmentación a la psicología de los hombres, es decir de introducir una separación de funciones también en cada uno de nosotros». (Cfr. L. Cillario, "El hombre de probeta” en el trabajo organizado. Perfiles postmodernos de la alienación del sentido y de la subjetividad”, reseña bibliográfica crítica, Bologna, Editorial Mongolfier, 1990, p. 226).

10. La fuerza de trabajo es económica, disciplinada, instruida pero flexible y sin expecialización predeterminada. El relativo control que le es confiado sobre el proceso de trabajo, también a los fines de la innovación, es subalterno y marginal, pero útil para la empresa. Los trabajadores están "en continua competitividad y emulación”, también porque los retardos y las ausencias de unos deben tomarlas a su cargo los otros, pero colaboran entre sí. "Dos personas suspendidas en el vacío con la misma cuerda deben colaborar, aunque se detesten, siempre que quieran salvar el pellejo. El patrón pone la cuerda, una sola, el resto lo deben’pensar ellol”. Y el patrón vierte en su propio beneficio los frutos de aquello que Marx llamaba el “trabajo combinado” (C. Filosa- G. Pala, op.cit. pgs. 23-26).

11. M. Codelier, "Los contextos ilusorios de la transición al socialismo” en Fin del comunismo? Actualidad del marxismo?, cit. p. 194. G. Pala ve "una singular forma de sumisión "formal" invertida en el capitalismo tardío: no la modalidad productiva precapitalista sino las nuevas fuerzas productivas tecnologizadas y por ello virtualmente post-capitalistas "quedan encerradas en la "vieja piel”, es decir, son objeto de subsunción formal por parte del capital. (Cfr. "El mundo hechizado por el Señor Capital” en "la contradicción" nQ 0, 1987, p. 75).

12. Cfr. R.R. Nelson "Ascenso y caída de la supremacía tecnológica de los Estados Unidos" en "La economía global. Estados Unidos, Europa y Iapón entre competencia y conflicto”, al cuidado de M. Pianta, Roma, Ediciones Lavoro, 1989,

gs. 45-46.

13. Ibid, pgs. 50-51.

14. Mary Kaldor, "La economía después de la guerra fría”, en "La economía global, cit, p.131-132.

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15. Ibid, p.125. El “Estado industrial requería altos niveles de gastos militares, tenía necesidad de la guerra fria" y conducía a una cierta convergencia entre los dos sistemas (id. p,126).

16. Ibid. p.132.

17. Ibid. pgs.134-137.

18. Escribe R.R.Nelson que la ciencia moderna, es desde el inicio, un campo abierto a la recíproca información en escala internacional, mientras que las tecno- logíaaestán sujetas a varios derechos de propiedad (pero más que las patentes cuentan el Know how y la experiencia acumulada ampliamente reservadas). En la última post-guerra crece la comunicación también en el campo tecnológico. Pero, se objetará, crece también la cantidad y la importancia de las tecnologías todavia monopolizadas. En los hechos, admite Nelson, también las tecnologías que resul- tan del dominonpúblico son poco accesibles si faltan las bases de instrucción (especializada) indispensables también a nivel de masa. Los países subdesarrollados sufren, sobre todo, por esta carencia (pgs. 52-54). Y véase en p. 66, la tabla referente a la instrucción superior: Japón está en ventaja sobre todos los otros paises). Dos economistas soviéticos, V. I. Maslennikov y L.E. Mindeli hacen notar que "en la segunda post-guerra el ritmo de aumento de los científicos ha emparejado en la URSS al americano hacia la mitad de los años setenta y después ha caído ostensi- blemente". (en Vestnik AN SSSr, 1989, n" 10,'el artículo está citado por Ciencia sociedad, 43-44, 1990).

19. “La concentración-centralización del capital ha conducido a la constitución de gigantes mundiales, las firmas multinacionales, para las que el área de acción es casi planetaria y la parte del mercado considerable, aunque toda expansión no puede en adelante hacerse sino en detrimento de otros'capitales gigantes". (Ch. Barrere. "Leer la crisis", Paris, PUF, 1986, pags. 364-365):

20. En Argentina, Costa de Marfil, Bangladesh, etc., las cosas andan mal porque ha sido abandonado el mercado? (I. Wallerstein "El marxismo-leninismo está muerto quién vive?" en "Fin del comunismo? Actualidad del marxismo?”, cit. p. 153).

21. Hoy en día los “graves desequilibrios entre las diversas áreas geográficas” “en cierto sentido han transferido el centro de la cuestión social del ámbito nacional al nivel internacional”. "Pero otra forma de propiedad existe, en particular, en nuestro tiempo y reviste una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento de la técnica y del saber. Sobre este tipo de propiedad se funda la riqueza de las Naciones industrializadas mucho más que sobre la de los recursos naturales". (id, pgs, 126-127). "De hecho, muchos hombres, quizá la mayoria (...) no tienen la posibilidad de adquirir los conocimientos básicos” necesarios para valorizar su cualidad propia. “Ellos sino propiamente explotados son ampliamente marginados”. “incapaces de resistir a la competencia de mercancías producidas en nuevas formas”, abandonan su actividad tradicional y se agolpan en condiciones de miseria en las ciudades del Tercer mundo. Las "carencias humanas del capita- lismo, con el consiguiente dominio de las cosas sobre los hombres, no es sino la desaparición, más aún para los pobres; a la falta de bienes materiales se agrega la del saber y del conocimiento que les impide salir del estado de humillante sub- ordinación (id. pgs. 128-129). (Carta Enciclica de S.S. Papa Pablo II “Centessimun

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annus”. La enseñanza social de la Iglesia de la Rerum Novarum a hoy. El texto íntegro dela nueva encíclica y de la Rerum Novarum con introducción y análisis histórico de Monseñor Franco Biffi, Casale Monferrato, Ediciones Piemme, 1991, p. 115).

22. Rossana Rossanda, en "Para un análisis marxista de la crisis de las socieda- dades del Este" (cit. p.37) hacer notar que según los gobernantes de China (y según algunos críticos de Gorbachov) primero debe arribar el mercado, después la demo- cracia, sobre el ejemplo de cuanto se ha verificado en Occidente, donde el bienestar actual recompensa también con la democracia el hambre y la miseria que el mercado ha provocado en un tiempo anterior en gran escala. g

23. J. Texier dice que la información y el ambiente no pueden ser confiados al mercado capitalista.-(Cfr. "El mundo moderno y la idea de comunismo” en Fin del comunismo? Actualidad del marxismo? cit. p. 49). Por su parte L. Seve afirma que en Marx se encuentra ya "una perspectiva comunista de la era industrial toda vez que la revolución tecnológica pone a la orden del día una perspectiva comunista de la era informacional que vuelve a aquella mucho más creíble (Cfr. “Fin del comunismo?" en el mismo volumen, p. 147).

Traducción Leandro Ferreyra y Edgardo Logiudice

Cuadernos del Sur 127

Este libro se terminó de imprimir en talleres Graficos CYAN \ Potosi 4471 Capital Federal TE. 982-4426 en 'el mes de abril de 1993

REMosz. . . Uno InlCIOl’lVO para no perder lo memoria

Hace ya mós de dos años, precisamente en noviembre de 1991, se ponía en marcho en Buenos Aires un proyecto que tenía por finalidad nuclear o instituciones y personas interesados en lo recuperación y preservación de archivos del movimiento obrero y de los movimientos sociales. El éxito de'lu convocatoria dio lugar o lo constitución de REMOS, "Red poro lo recuperación de archivos de los trabajadores y de los movimientos sociales argentinos”. Lo Red tiene hoy alcance nocionol y estó integrado por mós de óO organizacio- nes públicos y privados entre los que se cuentan centros de investigación, sindicatos, bibliotecas populares y de partidos políticos, revistas de ciencias sociales -como Cuadernos del Sur-, archivos públicos y particulares, orgo- nismos internacionales, redes constituidos o nivel regional, etc.

REMOS tiene por objetivo fundamental promover lo identificación y pre- servación de archivos y asimismo hacerlos accesibles o los ersonos interesados en lo investigación. Pero, por otro porte, apunto o contrí uir ol desarrollo de uno conciencia colectivo sobre la necesidad de preservar los testimonios de nuestro historia social. Es cosí un lugor común afirmar que nuestro pois podece lo enfermedad del olvido del posado o de lo folio de memoria y si- esto es cierto de modo enérico lo es mucho mós en cuanto o lo historia de los trobo'odores y de os movimientos sociales. Son numerosos los ejemplos y onéc otos que suelen recogerse sobre lo manero, o veces ozoroso, en que ciertos documentos sobrevivieron o lo destrucción intencionada de'uno dictadura o ol descuido o que llevo lo falto de conciencia sobre el valor que pueden tener poro reconstruir lo historia de lo Vido y de los luchos de los trabajadores de nuestro país.

Poro impulsor estos tareas se constituyó lo Red REMOS, que ho adoptado uno estructura de luncionomiento de tipo cooperativo y horizontal. De esto formo es posible encoro'r con éxito, colectivo solidariamente, royectos de trobojo que por su magnitud, costo o dificulta es técnicos no po ricm llevarse o cobo o partir de esfuerzos individuales.

Lo convocatoria de REMOS es absolutamente amplio abierto. Paro co- nectarse y recibir información sobre los actividades e lo Red, quienes deseen pueden dirigirse al Nodo Coordinador de REMOS, Cosíllo de Correo 100, CP: 1409, Buenos Aires, Argentino.

Alicia Salomone

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Cuadernos del Sur

COMlT E EDITORLAL: PIERRE SALAMA/ JACQUES VALlER:

FERNANDO H. AZCURRA:

CLAUDECABREL: GEORCELAMCA: CKBTAVOClEVARA: \VASHNGTON EmruANQ HORÁCKDZAMBONL CJUSEPPEPRESTHHNCM

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El triunfo de Clinton y las relaciones argen- tino/ norteamericanas

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' ferencias del ajuste antiinflacionario

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co invitado: Ricardo Roux

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