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y. mi Camino política de rosas

i ALBERTO BONNET / EDUARDO GLAVI'CH: Reestructuración capitalista régimen demo- crático f ROLANDOASTARITA: Plan Cavallo y ciclo de acumulación 1‘ JESUS ALBARRACIN \ /PEDRO MONTES: El capital en su laberlnlof JOHN HOLLOWAY: Reforma del Estado: dine- ro global y Estado Nacional f ROLAND LEW: China: Un capitalismo llamado socialismo BORIS KAGARLITSKY: Ex URSS: Todos con- tra todos f GEORGE LABICA / EDUARDO LUCITA: La lección de Rosario f

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Cuadernos del Sur

Número 16 I OCTUBRE de 1993

CONSEJO EDITORIAL Argentina: Eduardo Lucila/Roque Palace/Alberto J. Plá /Carlos Suárez

México: Alejandro Dabat/Adolfo Gilly/Alejandro Gálvez C. /Jos¿ Maria Iglesias (Editor) Italia: Guillermo Almeyra

Brasil: Enrique Anda/Florestá n Fernández

Francia: Hugo Moreno/Michael Lówy

Perú: Alberto Di Franco

Escocia: John Holloway

España: Daniel Pereyra

Uruguay: Washington Estellano

Rusia: Boris Kagarlitsky

El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina

COLECTIVO DE GESTIÓN

María Rosa Lorenzo-Alberto Bonnet-Roberto Tarditi-Alicia Salomone- Fernando H.Azcurra-Mariano Resels-Gustavo Guevara-Eduardo Glavich- Alejandro Fiorito-Leo'nidas Cerruti-Am'bal Zanini

Publicado por Editorial Tierra del Fuego

Número 16 Argentina - Octubre 1993

Toda correspondencia deberá dirigirse:

En Argentina Casilla de Correos N" 167, 6-B, C.P. 1406 Buenos Aires - Argentina

En México

EDITORIAL TIERRA DEL FUEGO Nebraska 43-402

México, 03810-D.F.

Comité Editorial

Alberto Bonnet Eduardo Glavich

Rolando Ast'arita

Jesús Albarracín Pedro Montes

John Holloway

Roland Levy Boris Kagarlítsky

Gwrge Labica Eduardo Lucita

INDICE

Economía y política; el futuro no es un camino de rosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5

El huevo y la serpiente. Notas acerca de la crisis del régimen democrático de dominación y la reestructuración capitalista en Argentina, 1983-- 1993 (Primera Parte) . . . . . . . . . . . . . . 9

Plan Cavallo y ciclo de acumulación capita- lista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31

El capital en su laberinto . . . . . . . . . . . 61

Reforma del estado: capital global y estado nacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75

China: un capitalismo llamado socialismo . 99

Ex-URSS: todos contra todos . . . . . . . 109

La Lección de Rosario . . . . . . . . . . . . 127

Cuba y el bloqueo

Desde hace más de tres décadas, CUBA resiste con dignidad y entereza las hostilidades, las agresiones, y el acoso de la potencia imperialista más poderosa de la historia.

Con la caida de las burocracias de estado del Este el bloqueo forma parte constitutiva del llamado nuevo orden (desor- den) internacional con el que se intenta borrar de la memoria colectiva de los pueblos la posibilidad de construir sociedades alternativas a las sustentadas en la explotación y el saqueo.

Para este nuevo orden (desorden) la CUBA desafiante es una realidad más que emblemática de que el capitalismo, como sistema, no ha de ser eterno ni universal.

El bloqueo hoy, reforzado hasta sus extremos, amenaza como nunca antes la independencia misma de Ia nación y las condiciones de vida y existencia de su población. Los trabajado- res y el pueblo cubano luchan asi, con sus carencias y fortalezas, por su supervivencia en lo económico, en lo social, en lo cultural.

CUADERNOS DEL SUR suma su voz y sus esfuerzos alos de quienes, desde distintos ámbitos y latitudes geográficas, denuncian el cerco imperialista y se solidarizan con la fortaleza sitiada.

La solidaridad es hoy la defensa intransigente del principio de no intervención, y del derecho a la autodeterminación de los pueblos. La defensa de CUBA y de sus conquistas revolucionarias pasan por reivindicar la separación del partido y el estado; la pluralidad democrática para todas las tendencias que defiendan la revolución y por una efectiva independencia de los sindicatos y organizaciones de control social frente al estado.

La solidaridad con la CUBA revolucionaria es hoy la defensa y el rechazo a Ia agresión imperialista. Y aqui estamos a su lado sin reserva alguna.

Colectivo de Gestión

Buenos Aires/Rosario, Octubre |993.

4 ' Octubre 1993

Economía y política; el futuro no es un camino de rosas

l - Las recientes elecciones legislativas en Argentina se desarrollaron en un escenario dominado por crecientes evidencias de inseguridad jurídica (vicios de nulidad en los actos estatales) e inseguridad social (ola de amenazas y atentados), y el retorno de las disputas interburguesas por la apropiación de partes crecientes de la riqueza social.

En el juego de partidos. propio de la democracia parlamentaria, estas elecciones no revestl'an mas que una importancia relativa, ligada a la renovación parcial del poder legislativo. Sin embargo, su importancia era indirecta: estaban en juego las posibilidades del oficialismo de impulsar una reforma constitucional y abrir asi el camino a la reelección presidencial.

NO obstante, ninguno de estos elementos pareciera haber jugado un papel decisivo en los resultados finales, que favorecieron ampliamente al oficialismo (ver el art. de Bonnet y Glavich - segunda parte). Por el contrario, es en la esfera de la economía donde deben buscarse las raices de los mismos.

La política económica en curso ha tenido una adhesión social que va mucho mas allá de lo previsto. Ha superado holgadamente a los anteriores planes de estabilización y ha impactado fuertemente en el comportamiento de las clases sociales subalternas. Estas, acosadas por la crisis. las transformaciones en el mercado laboral y el recuerdo de las hiperinflaciones, sienten como propia la ausencia de un proyecto de futuro que no signifique un agravamiento y profundización de las condiciones presentes.

Los aparatos de dominación ideológica controlados por el Estado

y las clases dominantes han sacado buen fruto de esta realidad. La relativa estabilidad de precios alcanzada ha sido el eje, deformando lo que

Cuadernos del Sur 5

la teoría define como una economía estabilizada: aquella que funciona con tasas de inflación bajas, menores al 3% anual, durante un período prolongado, al menos una década. Esto implica una estructura de precios relativos integrada y funcional a un desarrollo capitalista sostenido. Nada de ésto se ha verificado aún en la economía argentina.

Lo que sf se ha logrado son tasas de inflación sustancialmente bajas en relación a los promedios históricos, acompañadas de un ciclo expansivo del crecimiento del PBI, con fuerte alza de la actividad industrial, aunque muy desigual, con ramas de alta actividad y otras en franca decadencia que afectan los niveles de ocupación, y un sostenido auge consumista, que ha jugado un rol politico determinante en la coyuntura.

La manipulación de la información, las permanentes referencias a las bondades del reino del mercado, a la libre competencia y a la libertad de precios completaron el escenario desde lo ideológico.

A diferencia del alfonsinismo que ponia el acento en la política, en el fortalecimiento de la democracia representativa y en el juego de partidos, el menemismo ha hecho de la reforma del Estado y de la transformación de la economía el eje de su gestión de gobierno.

Los "éxitos" del plan económico fueron colocados así como el sustento de un nuevo triunfo electoral del peronismo y de la reelección presidencial, al mismo tiempo que estos logros eran señalados como necesarios para la continuidad de aquellos "éxitos" . En cierta forma el menemismo ha hecho política desde la economía.

2 - Los resultados electorales parecieran garantizar la estabilidad del gobierno, la gobernabilidad del sistema y la posible reelección. Pero ¿alcanzan los mismos para despejar el horizonte del plan económico?. La coalición social expresada por los votos, de una amplitud pocas veces conocida en el país, ¿es suficiente para hablar de un nuevo consenso o para pensar que nos encontramos en las vísperas de un nuevo ciclo político?

Los meses previos a las elecciones fueron testigos de disputas interburguesas, que expresaban una fuerte confrontación por definir el rol de los sectores productivos en la nueva inserción internacional. Estas concluyeron en alteraciones parciales al curso general del modelo que no son otra cosa que modificaciones indirectas de la paridad cambiaria sin recurrir a la devaluación del peso en términos nominales.

Lo central de estas medidas es que las mismas tienen una dirección contraria a la orientación general de la política de apertura

6 Octubre 1993

económica, y dejan abierta la posibilidad de nuevos reclamos y concesio- nes. Sin embargo es necesario recordar que este plan es una imposición de la crisis, luego de la frustración de varios intentos de estabilización y el desemboque en dos hiperinflaciones, y en ella el equipo económico no tiene mayor margen de maniobras.

La política económica está en una verdadera encerrona, particu- larmente en lo que hace al tipo de cambio. Por un lado es necesario devaluar, pero producto de la alteración de los precios relativos, el impacto de la misma sería hoy mucho mayor que en la anterior configura- ción de la economía, y de hacerse efectiva provocaría un crecimiento generalizado de los precios y un retorno a la espiral inflacionaria.

Lo que fuera característico de la Argentina durante décadas, esto es, la ausencia de una liderazgo burgués capaz de imponer un programa de reformas y compromisos previamente acordados, que parecía haberse resuelto a partir de la convertibilidad, cuando las distintas fracciones del capital cerraron filas detrás del Ministro Cavallo y el Gobierno del Dr. Menem, pareciera insinuarse nuevamente.

3 - El detonante de esta situación es el déficit del comercio exterior que se verifica creciente en el último año y medio. Estos saldos del balance comercial tienden a expresar , aún en forma mediatizada, la medida de la productividad relativa de un país en relación al mercado mundial, así como las tasas de cambio y de inflación resultan formas indirectas y fetichistas de la acumulación del capital. Sin embargo es bajo estas formas que la política de los estados burgueses funciona.

En Argentina ya no hay discusión acerca de la envergadura y profundidad de la crisis capitalista. Sin embargo el debate sobre las "formas", esto es sobre las medidas prácticas de política económica, busca instalar ciertas ilusiones que ocultan las causas reales de la crisis: la debilidad intrínseca del capital productivo en nuestro país (ver en este mismo número el art. de Astarita), agudizada por la onda larga depresiva por la que atraviesa el capitalismo mundial.

Es en las características del ciclo actual, circunscripto a la esfera de la circulación de las mercancías, que no impulsa la formación de capitales y por lo tanto se muestra impotente para sostener un proceso de acumulación ampliada, donde aparecen los condicionantes para la constitución de un nuevo consenso y la inauguración de un nuevo ciclo político en el país.

4 - Las formas con que se pretende enmascarar esta realidad por parte de

Cuadernos del Sur 7

las esferas gubernamentales, los ideólogos locales del liberalismo y los formadores de opinión pública, encuentran muchas veces su contrapartida en los análisis de la izquierda.

Estos aparecen preñados de catastrofismo, de anuncios de colapsos que la'mayoría de las veces no se verifican, que no ayudan a comprender las características de la crisis sistémica. el contenido real de las transformaciones en curso que el propio capital impulsa como respuesta a ésa (su) crisis, y la capacidad de desorganización y desmovili- zación del movimiento obrero y popular que las mismas han mostrado hasta el presente.

Se dificultan así las posibilidades de definir una política práctica de intervención, que partiendo de una orientación anticapitalista resulte capaz de dar respuestas a las necesidades más urgentes de la gente.

5 - Los resultados electorales parecieran demostrar que los valores democráticos, éticos y aún morales, han perdido relevancia en la sociedad argentina. Con excepción del distrito federal donde las candidaturas de centroizquierda han tenido cierta significación. el resto del país ha privilegiado el "voto economicista", de estructura conservadora y quietista, aún en aquellas regiones donde triunfó la oposición.

Si en el análisis de las elecciones de |99| nos preguntábamos: ¿"legitimación del ajuste estructural o solo mayorías desesperanzadas"? (ver Cuadernos del Sur l3), es posible que hoy la respuesta esté mas cercana a lo primero. Sin embargo lo segundo no puede obviarse. La falta de alternativas creíbles, aún en el marco de los partidos burgueses, de proyectos diferenciados que viabilizaran la alternancia jugó un rol determinante.

Esto no puede ocultar los síntomas de estancamiento que registra la sociedad, los datos de la desindustrialización y de la desocupación creciente, la falta de horizontes.

Es en el desarrollo de las bases materiales de la sociedad, en sus perspectivas, donde no hay un mundo de certezas, sino por el contrario un cúmulo de incertidumbres. El futuro finalmente no encierra un camino de rosas para nadie.

E.L. Buenos Aires, Octubre 1993.

8 Octubre 1993

Webcams; eduardo glavich

El huevo y la serpiente

Notas acerca de la crisis del régimen democrático

l

de dominacion y la rees

tructuraCIón capitallsta en

Argentina, 1983-1993 (Primera Parte).'

l. Introducción.

A 10 años de su reestable- cimiento, el régimen democrático de dominación política atraviesa en la Argentina una profunda crisis. Los corruptos, las patotas. los can- didatos cantantes, los dislates dis- cursivos del presidente, los desocu- pados. los paseantes domingueros de los shoppings y la tortuga del embajador norteamericano, confor- man en el imaginario social un pano-rama carnavalesco que apenas parece descriptible por el realismo mágico latinoamericano. La finali- dad de estas páginas, sin embargo.

escapa a la literatura. lntentaremos analizar desde una perspectiva so- cialista las principales característi- cas de la gestación y evolución de esta crisis.

La hipótesis que orienta nuestro análisis consiste en afirmar la existencia de una estrecha rela- ción entre el desarrollo de este régimen de dominación política y los avances y estancamientos con- temporáneos del proceso de rees- tructuración capitalista.

Algunas experiencias lati- noamericanas recientes apuntalan esta hipótesis. EI proceso de rees-

. La segunda parte dc este trabajo será publicada en cl próximo número dc Cuadenlos del Sur

Cuadernos del Sur

tructuración capitalista en México determina modificaciones inéditas en su régimen político. El régimen de dominación autocrático corpora- tivo, estructurado desde los tiem- pos de la Revolución Mexicana alrededor del PRI como partido de Estado, se rompe con la formación de una tendencia de derecha liberal (el PAN) y la escición de una iz- quierda populista (el Cardenismo), que en 1988 arrancan al PRI el control de numerosos distritos.l La reestructuración capitalista en Bra- sil enfrenta la simultánea reorgani- zación del movimiento social y la consolidación de un partido de masas (el PT) nacido en las gran- des huelgas que en 1978-80 enmar- caron la caída de la dictadura. Tras el prolongado período de marchas y contramarchas de Sarney, la ofensiva de Collor de Melo en Marzo de 1990 -reforma fiscal y monetaria, congelamiento de pre- cios y salarios, y medidas a largo plazo como la reforma administra- tiva, el achicamiento del Estado y la apertura externa- enfrenta suce- sivas crisis parlamentarias y una resistencia de masas que conducen a su caída y a una inédita crisis del régimen dos años más tarde.2 A estos dos casos, opuestos si atende- mos al avance de la reestructura- ción capitalista en México y su estancamiento en Brasil, podrían agregarse otras experiencias, como el derrumbe de Pérez en Venezuela y el autogolpe de Fujimori en Pe-

rú.3 Analizar la crisis del régimen democrático en la Argentina si- guiendo esta hipótesis presupone admitir dos cosas: primero, que el capitalismo argentino atraviesa un proceso de reestructuración y, se- gundo, que su burguesía mantiene durante los años de democracia la iniciativa en la lucha de clases. Esto no implica -como veremos más adelante- suponer que la rees- tructuración avanzó sin contradic- ciones ni crisis y, menos aún, sin enfrentar la resistencia de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos. A menudo, la izquierda argentina combinó en sus caracteri- zaciones dos errores mutuamente relacionados: una manifiesta cegue- ra para discernir en medio de las reCurrentes crisis las tendencias hacia una reestructuración de largo plazo, con un insólito exitismo en la evaluación de las luchas popula- res que dichos fenómenos enfrenta- ron. Estos errores tienen su contra- cara en la "nueva izquierda" -una manera piadosa de llamar a quienes siguen soñando con un capitalismo civilizado- que, pronta a asumir como una "necesidad objetiva" la reestructuración en curso, ignoran las luchas que la enfrentan o las menosprecian como "resabios del pasado". Nos parece necesario, por ende, precisar ambos supuestos adoptados.

Las políticas económicas de ajuste de comienzos de los años 70 deben distinguirse de las imple-

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mentadas hacia fines de los 50 y comienzos de los 60, pues respon- den a coyunturas diferentes de las economías latinoamericanas y mun- dial. La recesión generalizada de 1974-5 clausura una fase expansiva de la economía mundial abierta en la posguerra y arrastra paulatina- mente a las economías capitalistas dependientes de los países latino- americanos.“ La nueva recesión de 1980-82, con sus dramáticas secue- las para América Latina, tomará irreversible este proceso; pero ya las consecuencias de la anterior crisis habían conducido a la adop- ción de políticas económicas de ajuste diferentes de las tradiciona- les. Los ajustes implementados por las dictaduras chilena (1973), uru- guaya (1974) y argentina (1976) conjugaron shocks anti-inflaciona- rios de corto plazo (más ortodoxos y recesivos que los anteriores) con medidas de reestructuración capi- talista a largo plazo.‘ Para analizar mediante nuestra hipótesis la reali- dad argentina, entonces, es impres- cindible distinguir entre las reitera- das escaladas inflacionarias y las políticas de shock por un lado, y la crisis estructural del capitalismo y las políticas de reestructuración del mismo por Otro. Es cierto que am- bos fenómenos están determinados por la lucha de clases y revisten importancia para entender la evolu- ción y la crisis del régimen de dominación política, pero la dife- rencia entre ellos debe conservar-

se. Las escaladas inflacionarias son ofensivas expropiatorias del gran capital contra los trabajadores y las fracciones subordinadas de la bur- guesía, necesariamente coyuntura- les, y las políticas de shock apun- tan a estabilizar la estructura de precios relativos emergente de ellas en vistas de reiniciar el proceso de valorización normal del capital.‘5 La crisis estructural del capitalis- mo, en cambio, implica el cierre de una etapa de acumulación, y las políticas de reestructuración inten- tan cristalizar nuevas relaciones de fuerza entre clases (es decir, re- componer la tasa de ganancia) y fracciones de clase (modificar la distribución de la plusvalía) para abrir una nueva etapa de acumula- ción. Esta combinación de shocks con medidas de reestructuración de largo aliento puede verse ya en la política económica que Martínez de Hoz encara en 1976. Mediante una política de shock (desdoblamiento del tipo de cambio, indexación de los ingresos tributarios, reducción de los salarios en un 35%), el mi- nistro detuvo una inflación que había alcanzado un 63% de incre- mento en los dos meses siguientes a la devaluación de Rodrigo (Ju- nio-Julio, 1975) en un 8% mensual un año después. Pero luego esta- blece un imprevisto congelamiento de precios por 120 días, para implementar una reforma financie- ra que dispararía las tasas de inte- rés y sería un explosivo factor

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inflacionario.7 Esta reforma recor- taría definitivamente los instrumen- tos estatales para controlar la inflación y sólo puede explicarse en vistas de su funcionalidad para abrir, especulativamente, el proce- . so de concentración y centraliza- ción de capitales necesario para iniciar una reestructuración del capitalismo argentino que —como veremos más adelante- continuaría con la restauración del régimen democrático.

Estas combinaciones a menudo contradictorias de shocks anti-inflacionarios y medidas de reestructuración capitalista enfren- taron la resistencia de los trabaja- dores y el conjunto de los sectores por ellas afectados aún durante 'la dictadura más sangrienta padecida por nuestro país. Los trabajadores argentinos habían acreditado ya su capacidad de resistencia enfrentan- do a Onganía en el "Cordobazo" de 1969 y, a pesar de las persecu- ciones y represión vigentes, volvie- ron a resistir la nueva ofensiva burguesa. Sahotajes (Fiat, Merce- des Benz,

Rigoleau), huelgas locales (General Motors, Ford, Chrisler, Volcán, Atma, Crónica, Bonaflde, Prati-- Fruhehauf, Good-Year. Fiat) y conflictos nacionales como el de Luz y Fuerza, enfrentaron a la dictadura ya en 1976.a Sin embar- go, aquellas eran luchas defensivas ante el deterioro generalizado de las condiciones de vida derivado de

las políticas de shock. La iniciativa política -es decir, el correlato polí- tico de la ofensiva reestructurado- ra- quedó en manos de la burgue- sía a través de las Fuerzas Arma- das, los partidos políticos tradicio- nales y la burocracia sindical, y esto no cambiaría con el reestable- cimiento del régimen democrático.

Los trabajadores fueron el sector más afectado por esta rees- tructuración, aunque no el único. Los pequeños y medianos empresa- rios sufrieron un intenso proceso de concentración y centralización del capital, inherente a la rees- tructuración en marcha, que redujo sus porcentajes de participación en la producción industrial a 7,15 y 24,05% del total hacia 1983, res- pectivamente. La burguesía agro- pecuaria sufrió la caída del precio de sus productos y la supresión de los créditos subsidiados (los pre- cios agrarios pampeanos de la cosecha de 1980-81 fueron los más bajos en décadas y los precios ganaderos de 1978-81 impusieron una reducción igualmente histórica de stocks). Reconocer la existencia de sectores de la propia burguesía afectados por la reestructuración capitalista permite diferenciar las fracciones beneficiadas por la misma y que continuarían impul- sándola en adelante. Nos referimos a los denominados "capitanes de la industria" o "grandes grupos eco- nómicos" (y también, secundaria- mente, a empresas transnacionales)

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como Perez Companc, Bunge y Born, Techint, Garovaglio y Zo- rraquín, Astra y Celulosa Argenti- na. Estas organizaciones existían con anterioridad a la dictadura y estaban vinculadas, en algunos casos, a grandes proyectos aproba- dos a comienzos de los 70, pero adquirieron en tiempos

de la dictadura su configuración actual como conglomerados inte- grados y/o diversificados en diver- sas ramas de la producción agrope- cuaria e industrial, oligopólicos en sus mercados locales y capaces de ingresar competitivamente en el mercado mundial, estrechamente vinculados al Estadócomo provee- dores o beneficiarios de la promo- ción industrial y otras prebendas, y consolidados mediante la especula- ción financiera.° Es decir, la gran burguesía monopolista, que condi- cionaría permanentemente la evolu- ción posterior del régimen demo- crático en Argentina.

Ahora bien, el proceso de reestructuracióncapitalistadetermi- nara la evolución y crisis del régi- men democrático de dominación a través de una serie de factores que -para evitar interpretaciones econo- micistas- conviene discernir. En primer lugar, factores sociales que ponen claramente de manifiesto el carácter de clase de la reestructura- ción (deterioro del salario real y de las conquistas sociales, incremento de la desocupación, modificaciones en la composición de la clase obre-

ra, así como el aumento resultante de la explotación y las modificacio- nes en la composición de la bur- guesía). En segundo lugar, factores políticos que corresponden a las distintas formas de implementación de la reestructuración y de las re- sistencias que enfrenta (fundamen- talmente, las vías democrático-bur- guesa y autoritaria que asume dicha

reestructuración durante el alfonsi- nismo y el menemismo, y las co- rrespOndientes respuestas que am- bas generan). Finalmente, en tercer lugar, factores ideológicos que, enmarcando estas distintas formas de implementar la reestructuración, encubren sus contenidos de clase (las ideologías "democratizante" y "pragmatista" del alfonsinismo y el menemismo). La reestructuración capitalista determinara la evolución y crisis del régimen democrático de dominación, por ende, a través de un complejo entramado de factores sociales, políticos e ideo- lógicos: seguidamente intentaremos analizar, orientados por esta hipó- tesis, los lineamientos generales de aquella evolución y crisis del régimen democrático.

II. El reestablecimiento del régi- men democrático.

El Proceso de Reorganización Nacional encaró a partir de 1976 una serie de iniciativas que apunta- ban a transformar el capitalismo argentino económica, social y polí-

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ticamente. Sin embargo, a comien- zos de 1981 estas iniciativas en- frentaron serios obstáculos. En el plano económico, la liquidación del BIR y otros importantes bancos y financieras locales había desatado a comienzos del año anterior una primera corrida financiera que ha- bía sido frenada garantizando esta- talmente los depósitos. Pero la estabilidad de la economía había sido dejada en manos de los "ope- radores financieros" -es decir, de los grandes capitales monopolistas- y las expectativas acerca de una modificación en la política cambia- ria por el equipo que asumiría a comienzos de 1981 (Viola-Sigaut) desató una deserción masiva de ahorristas hacia la compra de dóla- res, una acelerada merma de las reservas, una creciente emisión monetaria y un aumento del endeu- damiento externo, en un contexto internacional de profunda crisis. A partir de esta coyuntura, la dicta- dura perdería paulatinamente el rumbo.lo Tras sucesivas devalua- ciones, a fines de 1981 la situación se descontroló y asumió Galtieri con la misión de profundizar la Ofensiva burguesa iniciada por Martínez de Hoz (Alemann en economía) y relegitimar a la dicta- dura ante una creciente resistencia popular (guerra de Malvinas).

En el plano social, la re- sistencia de los trabajadores se había incrementado a raíz del dete- - rioro de los salarios y de los despi-

dos causados por la recesión y las quiebras. Ya en Abril de 1979, "los 25" (el ubaldinismo) habían convocado la primera huelga gene- ral de la dictadura, y ésta estable- ció una legislación (ley 22.105, de Asociaciones Profesionales) para regular las actividades sindicales e inició tratativas con la burocracia sindical. La serie de conflictos desatados desde entonces en frigo- ríficos, textiles, bancarios, meta- lúrgicos -algunos de los cuales ya empezaban a incluir ocupaciones de fábricas y movilizaciones y a sumar la solidaridad de otros gre- mios y sectores de la comunidad- culminaron en la jornada nacional de protesta convocada por la CGT-Brasil en Julio de 1981 y la misa por los desocupados, con- vertida en protesta bajo la consigna 'de "paz, pan y trabajo", de No- viembre del mismo año. La lucha de las Madres de Plaza de Mayo por la aparición con vida de los desaparecidos y el juicio a los cul- pables de 1a represión ganó una nueva dimensión y el movimiento estudiantil comenzó a enfrentar los aranceles y cupos de la Universi- dad. Estos acontecimientos signifi- caron un importante avance en la resistencia contra la dictadura, a raíz de su masividad y de la inci- piente convergencia entre reivindi- caciones económicas y democráti- cas. Sectores de la propia burgue- sía (SRA, FAA, UIA, CAP, etc.) y la Iglesia Católica, que habían

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apoyado a la dictadura, comenza- ron también a plantear disidencias. Huelgas y movilizaciones posterio- res culminaron en otra jornada nacional de protesta en Marzo de 1982 que concluyó con una marcha hacia Plaza de Mayo prohibida y duramente reprimida por los mili- tares. _

Dos días después, la dic- tadura invadió las Malvinas y se inició una etapa en la que se acele- raría su descomposición. El em- prendimiento de esta criminal aventura bélica respondió, sin duda, a profundas motiVaciones económicas y estratégicas muy anteriores (la posibilidad de explo- tar las dos cuencas petroleras ubicadas cerca de las islas, de Obtener sustento legal para deman- dar el sector antártico y de conver- tir a las Fuerzas Armadas locales en gendarmes militares del Atlánti- co Sur, en alianza con los EEUU y Sudáfrica), pues los primeros pla- nes de invasión se remontaban a 1977,. Empero, la decisión puntual de invadir las islas ese trágico 2 de Abril respondió a motivaciones más coyunturales: la necesidad de relegitimar socialmente a la dicta- dura y negociar una transición a largo plazo controlada por ella.l2 Dos meses después, los militares argentinos volvían derrotados asumía un nuevo presidente y se anunciaba el reestablecimiento del régimen democrático.

Analizar adecuadamente el

período de transición abierto tras la derrota de Malvinas reviste suma importancia para comprender las

características del régimen demo-

crático que entraría en vigencia desde fines de 1983. Dos procesos son determinantes en este período: las movilizaciones sociales por abajo y las negociaciones de los partidos burgueses y la burocracia sindical por arriba.l Las moviliza- ciones de los trabajadores (portua- rios, tranviarios, ferroviarios, em- pleados públicos, docentes), las huelgas generales (23/9, 6/12/82 y 28/3/83), las protestas de los deso- cupados (las "ollas populares" y marchas a San Cayetano), de las amas de casa "(marcha de las "bol- sas vacías") y de los soldados ex- combatientes de Malvinas, las acti- vidades de los organismos de dere- chos humanos ¡(campañas de fir- mas, recursos judiciales, marcha de la resistencia) y las movilizacio- nes democráticas (marcha por la democracia de la Multipartidaria y marcha de repudio al "Documento Final " de la dictadura), constituye- ron- los principales acontecimientos que testimonian un alza de la resis- tencia contra el régimen. Las nego- ciaciones que iniciaron a comien- zos de 1983 la Multipartidaria y las dos CGT con la dictadura, sin embargo, tendieron a encauzar esta resistencia dentro de los límites

aceptables para la burguesía. Des-

de Marzo de 1981, la Multipartida- ría reunía a los principales partidos

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burgueses (UCR, PJ, Pl, PDC y MID), los que habían mantenido su complicidad con la dictadura apo- yándola desde el golpe de 1976 hasta la invasión de las Malvinas en 1982, incluída la "guerra santa" librada por los militares contra miles de militantes populares. La CGT se había reorganizado ilegal- mente a fines de 1980 (futura CGT- Brasil de Ubaldini), pero en Mayo de 1982 se escindía una línea "participacionista" (la CGT-- Azopardo de Triaca), es decir, conciliadora con la dictadura.“ La Multipartidaria y la burocracia sindical fueron arrastradas (desde la derrota de Malvinas -lunio del 82- hasta el comienzo del proceso democratizador -Marzo del 83-) por las movilizaciones, pero inicia- do 1983 empezaron ambas a imple- mentar una política sumamente conciliadora. La Multipartidaria apoyó a Bignone y comenzó a boicotear las movilizaciones (Mar- cha contra el "Documento Final"), los dos principales partidos políti- cos burgueses (Pl y UCR) acorda- ron con sectores de las Fuerzas Armadas, divididas por la crisis, y comenzaron las campañas electora- les.

La organización y movi- lización de los trabajadores y am- plios sectores de la pequeñobur- guesía se habían ampliado de ma- nera considerable desde mediados de 1982, pero no habían alcanzado a madurar hasta sentar las bases de

una alternativa diferente a la buro- cracia sindical y a los partidos políticos heredados. La izquierda política, diezmada materialmente por las persecusiones y asesinatos y paralizada ideológicamente por sus propias convicciones -desde las que condujeron a los comunistas a dar un "apoyo crítico" a Videla y su comercio de granos con la URSS hasta las que impulsaron a los trotskystas a apoyar a Galtieri en su aventura de las Malvinas-. poco podía aportar para la cons- trucción de aquella alternativa.

El reestablecimiento del régimen democrático de dominación en Argentina quedaría determinado por esta situación. No se trataría propiamente de una transición su- pervisada por las Fuerzas Armadas como acontecería en Chile, donde los éxitos parciales de la reestruc- turación capitalista emprendida por A.Pinochet le permitirían conser- var una amplia base social burgue- sa y pequeñoburguesa y gravitar fuertemente en la transición, por- que las Fuerzas Armadas argenti- nas dejaron sus puestos muy des- prestigiadas ante el conjunto de la comunidad. Tampoco podría asimi- larse -naturalmente- con una transi- ción democrático-revolucionaria, como en los casos de las caídas de las dictaduras oligárquicas mexi- cana, boliviana y cubana décadas antes, o cualesquiera casos seme- jantes."

La burguesía conservaría

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la iniciativa reestructuradora abierta durante la dictadura, en- cauzando la restauración del régi- men democrático a trave's de sus partidos e instituciones. Pero se vería obligada a realizar importan- tes concesiones que obstaculizar/an por largos años aquella reestructu- ración.

III. 1983-1989: El desarme de la democracia.

La reestructuración capi- talista había alcanzado algunos exitos parciales: la imposición de un fuerte incremento en la tasa de explotación del trabajo era el pri- mero, el inicio de una reconversión del aparato productivo el segundo. La dictadura, en verdad, había im- plementado la primera tarea del proceso reestructurador: la cristali- zación de una nueva relación de fuerzas que favorecía a la burgue- sía -en particular, la gran burgue- sía monopolista- y subordinaba a los trabajadores. La crisis de 1981 y los hechos posteriores habían impedido, sin embargo, iniciar una nueva etapa de acumulación. Esta tarea quedaría pendiente.

El reestablecimiento del régimen democrático asumiría la forma general -invirtiendo la sen- tencia de Clausewitz- del reestable- cimiento de una política que siguió siendo aquella guerra de la dicta- dura por otros medios. Pero es necesario atender a los matices.

Los partidos burgueses que

conformaron la Multipartidaria condujeron la restauración del régi- men democrático, pero sólo pudie- ron encauzar las expectativas que el pueblo depositaba en dicha res- tauración operando modificaciones en sus anteriores perfiles y Otor- gando importantes concesiones democráticas. El amplio triunfo que la Unión Cívica Radical obtu- vo contra el Partido Justicialista en las elecciones de Octubre de 1983 fue un acontecimiento inédito (la primera elección sin proscripciones que la UCR ganara al peronismo) que solamente puede explicarse a partir de la capacidad política de- mostrada por los radicales para

‘modificar su perfil anterior -es

decir, de complicidad con la dicta- dura- y aparecer como único repre- sentante de los valores democráti- cos frente a amplios sectores de la pequeña burguesía y aún de los trabajadores.16 Esta capacidad radi- có, sin duda, en que la UCR era un partido democrático-burgués a la manera tradicional. Es decir, principalmente. un partido que sustenta su legitimidad interna en votaciones periódicas de sus afilia- dos y su legitimidad externa inter- pelando abstractamente a los votan- tes como ciudadanos argentinos. Estos rasgos le permitieron modifi- car internamente su perfil con la victoria de la línea "Renovación y Cambio" liderada por Alfonsín y canalizar externamente amplias expectativas democráticas vacián-

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dolas de contenido. El PJ, en cambio, era un movimiento legiti- mado internamente por la conduc- ción personal de un líder (que ha- bía muerto) y externamente por la convocatoria masiva de las clases y fracciones de clase consideradas como "nacionales y populares". Estos rasgos dificultaron la modifi- cación de su perfil, reduciendo su capacidad de canalizar las expecta- tivas democráticas ante las eleccio- nes. - La UCR apareció como representante de la democracia pagando un precio relativamente bajo: renovando parte de su diri- gencia y aggiornando su discurso. Contín, De La Rúa, Perette, T róc- coli y otras figuras semejantes fue- ron dejadas de lado en la confec- ción de las listas de candidatos, Balbín e Illia fueron canonizados, respectivamente, como un baluarte del pluralismo (abrazo con Perón de 1974) y un convencido demó- crata víctima del autoritarismo (golpe de 1966), y una nueva generación de dirigentes (Storani, Moreau, Stubrin, Suarez Lastra, Nosiglia, Rodríguez) fue ascendida a puestos claves. Los discursos electorales de Alfonsín respondían a una matriz sencilla pero efectiva: contraponían el valor "democracia" al disvalor "caos", identificando al primero con la UCR y al PJ con el segundo. La noción formal de de- mocracia (recuérdese las lecturas del Preámbulo de la Constitución

que Alfonsín reiteraba al cerrar sus discursos) se asociaba arbitraria- mente con amplios contenidos eco- nómicos y sociales ("con la demo- cracia se come, se educa, se cu- ra"). La noción de "caos" sintetiza- ba a su vez contenidos diversos, desde el "pacto militar-sindical" de Miguel hasta alusiones veladas a los acontecimientos del último gobierno peronista que habrían causado el golpe del 76 (triple A, subversión, desgobierno). Así, el discurso alfonsinista (acompañado por la prensa) recuperaba en buena medida tradicionales motivos "go- rilas" del 55, pero éstos inducirían respuestas diferentes en el contexto posdictatorial de 1983. Las propias actitudes de la conducción del PJ en la campaña, por su parte, pare- cían confirmar aquella imágen.17 Basta comparar los masivos actos de cierre de campaña para ilustrar esta situación: La Nación (27 y 29/10/83) exponía minuciosamen- te, al día siguiente de cada acto, los disturbios protagonizados por los seguidores de Luder y la que- ma del ataúd con la inscripción "Alfonsín q.e.p.d." por Iglesias (quien, junto a Miguel, aparecía fotografiado "custodiando" a Lu- der), mientras los seguidores de Alfonsín aparecían escuchando pacíficamente el Preámbulo.

El perfil "democratizante" adoptado por el alfonsinismo du- rante la campaña explica su triunfo en 1983, pero esto no significa que

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se tratara de una mera táctica elec- toral para la coyuntura. Antes bien, el gobierno alfonsinista pon- dría en práctica una serie de polí- ticas tendientes a democratizar diversos aparatos de estado y organizaciones sociales. Entre ellas se encuentran la derogación del decreto de autoamnistía de la dictadura (9/82) y el inicio del juicio a los responsables de las torturas y desapariciones, medidas que apuntaban explícitamente a democratizar las Fuerzas Armadas; la legislación enviada al Congreso en Marzo de 1984 para la demo- cratización de los sindicatos y rechazada en el mismo; el Plan Nacional de Alfabetización, el Programa Alimentario Nacional y el Congreso Pedagógico, que apuntaban a modificar las pautas en educación, alimentación e higie- ne mediante la participación de los sectores afectados; la normaliza- ción de las universidades, dero- gando las restricciones al ingreso y los aranceles y restaurando el cogobierno y los concursos; e iniciativas locales como el Progra- ma Cultural en Barrios de la MCBA. Estas políticas fueron acompañadas por la difusión de un discurso ideológico democratizante y participacionista, cuya elabora- ción reuniría alrededor del alfonsi- nismo una corte de intelectuales que, alineados en la izquierda antes de la dictadura, habían desertado arrepentidos de sus filas.m

Estas políticas y discursos democratizantes apuntaban a cons- truir una nueva hegemonía burgue- sa relativamente estable sustentan- dose en la herencia de la dictadura, a saber: una amplia derrota de los movimientos sociales iniciados en los 60 y el resurgimiento de las reivindicaciones democráticas bási- cas en el ocaso de la dictadura. La nueva hegemonía en cuestión ya había sido presentada por Alfonsín durante la campaña electoral -com0 el "tercer movimiento histórico"- y aparecía como empresa a concretar paulatinamente debido a la impor- tante porción de poder político que el PJ había obtenido en las eleccio- nes ‘9 y al peso que conservaban la burocracia sindical, las Fuerzas Armadas y los sectores Opositores de la UCR. La construcción de esta nueva hegemonía era una meta central del alfonsinismo debido al modo particular con que intentaría articular dicha hegemonía política con la solución de problemas eco- nómicos y sociales. En efecto, con- dicionado por una notable ignoran- cia de las profundas transformacio- nes económico-sociales realizadas en la dictadura, de la gravedad de la crisis económica y del contexto internacional, de un lado, y por los intereses sociales que la UCR re- presentaba y las consecuentes limi- taciones político-ideológicas pro- pias, del otro, el gobierno alfonsi- nista enfrentaría los problemas mediante una suerte de "politicis-

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mo abstracto" que requería una hegemonía democráticamente consensuada.” Alfonsín decía en este sentido: "el equilibrio demo- crático supone igualmente la subor- dinación de la economía a los propósitos políticos que lo inspi- ran" (discurso en la Central de Trabajadores Venezolanos el 15-1-83, publicado en Entre/íneas Nro.17, Marzo de 1983).

La designación de Grins- pun en economía y las medidas que implementó resultan ahora com- prensibles. La crisis económica iniciada a comienzos de los años 80 seguía agravándose: una marca- da inestabilidad inflacionaria que venía acelerándose, se agregaba a los desequilibrios estructurales (estancamiento en la producción, desempleo y subempleo, déficit inmanejable en el balance de pa- gos)?‘ Grinspun aplicó medidas de ajuste gradualistas, manejando salarios, tipos de cambio, tasas de interés y tarifas como variables, y evitando medidas más profundas. Esta política chocaría casi inmedia- tamente con las presiones del FMI, en un acontecimiento que simboli- zaría las viscicitudes posteriores del alfonsinismo. A propósito de las primeras tratativas con el FMI, Alfonsín declaraba: "no debería- mos considerar como un enemigo al Fondo Monetario Internacional ya que nos da créditos; pero no queremos aceptar esta fórmula recesiva y por lo contrario, desea-

mos que el país crezca, aumentar los salarios y combatir así la infla- ción" (La Nación, 4-6-84). La restauración per se del régimen democrático -siguiendo las ilusio- nes politicistas del presidente- permitiría reinsertar al país en el mercado mundial y mejorar las condiciones de negociación con los organismos financieros internacio- nales. Unos meses después, el F Ml impuso al gobierno un shock anti- -inflacionario (con devaluación, ajuste de tarifas y restricción mo- netaria) que ocasionó una mayor recesión y una abrupta caída del salario. Las limitaciones materiales de la política democratizante del alfonsinismo comenzaban a poner- se de manifiesto seis meses después de su arribo al gobierno. Mientras tanto, durante Noviembre-Diciem- bre y Marzo-Abril, comenzaron a producirse importantes luchas obreras contra la abrupta caída del salario?2

El shock monetarista, sin embargo, no detuvo la inflación -que se incrementó un 303% (IPC, año base 1974) entre Enero y Junio de 1985. El gobierno implementó entonces un nuevo shock anti-infla- cionario complejo, prolongado, y reajustado varias veces: el Plan Austral, a cargo de un nuevo equi- po económico encabezado por Sou- rouille. El Austral, negociado antes con el FMI y la Reserva Federal por Machinea y Broderson, combi- naba medidas fiscales, monetarias

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y cambiarias con congelamiento de los salarios, precios industriales y tipo de cambio (reunión de medi- das calificada como "heterodoxa" aún como "neutral" por los alfonsinistas, para ocultar su carác- ter reaccionario) y fue monolítica- mente apoyado por la burguesía (UIA, ADEBA, SRA). Los traba- jadores, naturalmente, pagaron el ajuste (el costo salarial para la industria se redujo un 26,7% entre fines de 1984 y fines de 1985).?"1

Los resultados iniciales del Plan Austral (reducción de la infla- ción a un 3% mensual promedio para Julio-Diciembre de 1985 y del déficit fiscal a un 6%, y recupera- ción temporaria de la producción y la inversión) permitieron al alfonsi- nismo imponerse sobre el peronis- mo en las elecciones para renovar diputados de Noviembre de 1985 2‘ y lanzar iniciativas tales como la reforma constitucional y el traslado de la Capital Federal a Viedma. Sin embargo, hacia 1986 aparece- rían los primeros problemas.

El balance de pagos em- peoraba desde fines de 1985 (-952 millones de dólares para 1985, -2859 para 1986, -4239 para 1987) debido a los pagos de la deuda externa, el deterioro de los térmi- nos de intercambio y una caída en las exportaciones agropecuarias debida a inundaciones. Durante 1984-1986, entonces, la relación intereses de la deuda/exportaciones aumenta hasta un promedio de

61,4%.25 Este problemático panorama fue enfrentado por el alfonsinismo, una vez más, me- diante su politicismo abstracto: con protestas externas contra el protec- cionismo de la CEE y con medidas internas,principalmentetributarias, negociadas con la gran burguesía monopolista. Las pautas estableci- das en el Austral fueron suspen- diéndose conforme se intensifica- ban la presiones de las diferentes fracciones de la burguesía sobre la estructura de precios relativos. Desde comienzos de 1986, ade- mas, hubo una importante alza en la lucha de los trabajadores por salarios, despidos y condiciones de trabajo (acompañada por cuatro huelgas generales de la CGT, ads- cripta a la "renovación" peronista) que impuso al gobierno paritarias limitadas a mediados de 1986, desbordadas más tarde por aumen- tos alos metalúrgicos que desenca- denaron las presiones de otros sin- dicatos. El alfonsinismo negoció entonces con los sectores de la burocracia que había denunciado como miembros del "pacto mili- tar-sindical" (la UOM del ortodoxo Miguel), pero el acercamiento polí- tico de "los 15" posibilitó nuevas negociaciones que culminaron con el nombramiento de Alderete como Ministro de Trabajo en 1987. Hacia fines de 1986 tuvo lugar la primera corrida (aumento del dólar paralelo) y el alfonsinismo comen- a perder paulatinamente el

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rumbo.

Es interesante advertir có- mo estas crisis desnudan la faceta oculta del discurso democratizante alfonsinista. En Parque Norte (Di- ciembre de 1985), Alfonsín había propuesto "la idea de pacto demo- crático, esto es, de un compromiso que, respetando la autonomía de los actores sociales, defina un mar- co global compartido dentro del cual los conflictos puedan proce- sarse sin desembocar en el caos y las diferencias coexistan sin disol- verse". En Villa Regina (Enero de 1986, 5 días antes de realizarse la primera huelga general contra el Austral), subrayaba: "no puede ser, de ninguna manera, que levan- temos por encima de los intereses nacionales los intereses partidistas " y denunciaba explícitamente a los partidos de izquierda como "aven- tureros que conspiran contra la democracia" .

A comienzos de 1987, Alfonsín sancionaba la "Ley de Punto Final " para mejorar las rela- ciones del gobierno deterioradas por el desarrollo de los juicios y las primeras condenas- con las Fuerzas Armadas. Comenzaban a ponerse de manifiesto las limitacio- nes jurídico-formales de la política democratizante del alfonsinismo. La sublevación militar de Semana Santa de 1987 -encabezada por Rico y otros "héroes de Malvinas", en palabras del presidente- sería superada por Alfonsín mediante la

desmovilización del pueblo y una nueva medida aún mas vergonzosa que la anterior: la "Ley de Obe- diencia Debida", que libraba de responsabilidad a la mayoría de los militares culpables de torturas y asesinatos de luchadores populares durante la dictadura.

En medio de una nueva escalada de luchas obreras, se realizaron en Septiembre de 1987 las elecciones para renovar diputa- dos y gobernadores provinciales. Reorganizado por la conducción "renovadora" de Cafiero -que había vencido a los dirigentes peronistas responsables de la de- rrota de 1983 y cuyo perfil, para- dójicamente, se acercaba al alfonsi- nista- el PJ se impuso con un 41% de los votos, contra un 37 para el radicalismo, a pesar de haber intentado ampliar su base mediante el acuerdo con "los 15" y otras medidas.26 A partir de aquí, una serie de iniciativas alfonsinistas tendientes a acelerar la reestructu- ración capitalista -reforma laboral y privatizaciones de empresas pú- blicas incluídas- será bloqueada en el Congreso por el peronismo.

Estas elecciones pondrían de manifiesto una inflexión en la evolución política del período, estrechamente vinculada con la crisis del Austral: el alfonsinismo retrocedería como corriente y sería vencido en 1988 por Angeloz -que había triunfado en Córdoba-; el cafierismo -victorioso ante Casella,

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hombre de Alfonsín- sería derrota- do por Menem el mismo año; y la UCD aparece como una alternativa de derecha con cierta importancia en las elecciones (5,7% de los vo- tos). Tenía lugar un giro a derecha en el espectro político.

Durante 1986, la inflación acumulada había bajado a 73,7% (IPC, año base 1974), mantenién- dose en cifras razonables en 1987. Pero hacia 1988 vuelve a disparar- se para alcanzar en Agosto un in- cremento acumulado del 254,7%. El reajuste del Austral (el llamado "Plan Primavera") implementado entonces, iniciada ya la campaña para las elecciones presidenciales de 1989, reviste una particular importancia para comprender el colapso final del alfonsinismo y el ascenso posterior del menemismo. El Primavera fue un acuerdo desin- dexatorio con los grandes capitales monopolistas que, ademas, incluía un desdoblamiento del tipo de cambio. Es decir, era un ajuste atado de pies y manos a la volun- tad de 1a gran burguesía y los organismos financieros interna- cionales -que comenzaban a distan- ciarse del gobierno (El Informador Público, 5/8/88).

La represión desatada en la marcha de la CGT del 9/9/88, la sublevación carapintada de Monte Caseros en Diciembre del mismo año -base del futuro indulto a los genocidas-, el asalto al Regimiento de La Tablada en Febrero de 1989

por un grupo de militantes -moti- vados por la supuesta gestación de un golpe militar- que fueron feroz- mente reprimidos por las fuerzas de seguridad, son tres hechos que parecen poner la situación política fuera del control del gobierno. La respuesta de Alfonsín fue la crea- ción del COSENA -con los Jefes de Estado Mayor y de la SlDE-, el envío al Parlamento de una ley anti-terrorista y la sanción del de- creto 327 que faculta al Poder Eje- cutivo para convocar a las FFAA para la represión de actos conside- rados subversivos (Clarín, 19-3- 89). En Mayo de 1989, una infla- ción del 80% mensual, un salario de 20 dólares y un desempleo y subempleo del 15% arrojaron a la población de los suburbios de Ro- sario y Buenos Aires a una acción desesperada e inédita: el asalto a los supermercados. La respuesta del gobierno arrojó -siguiendo ci- fras Oficiales- 14 muertos, 80 heri- dos, cientos de detenidos y perse- cusiones y encarcelamiento de militantes de izquierda considera- dos como "agitadores" y responsa- bles directos de los saqueos, una vez decretado el estado de sitio. El bloqueo del financia- miento internacional por el FMI y el Banco Mundial a raíz la morato- ria de hecho en que el país incu- rriera desde Abril de 1988, redujo las reservas del Banco Central ne- cesarias para sostener el tipo de cambio. En una nueva corrida

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cambiaria (el 6/2/89), los grandes capitales diezmaron las reservas de un gobierno que se vió obligado a retirarse del mercado de divisas, iniciándose un proceso hiperinfla- cionario. La inflación, que había sido reducida a alrededor de un 7% a fines de 1988, aumenta geométricamente a 9,6% en F ebre- ro, 17% en Marzo, 33,4% en Abril. 78,4% en Mayo y 114,5% en Junio del año siguiente. El gobierno pierde así el control de la economía en manos de los grandes capitales: se suceden los ministros de economía (Rodríguez y Puglie- se), se adelantan las elecciones para el 14 de Mayo, la UCR es ampliamente derrotada por el PJ, y Alfonsín se ve obligado a renun- ciar a la presidencia en Julio.

La caída del alfonsinismo reviste suma importancia para ana- lizar la evolución y crisis del régi- men democrático en la Argentina. La política económica implementa- da entre 1984 y 1989 se compuso de sucesivos ajustes anti-inflacio- narios, cada vez más severos para los trabajadores: la desocupación y la subocupación aumentaron de 4,1% y 6,1%, respectivamente, en 1984, a 6,1% y 7,9% en 1988, alcanzando sumadas récords del 14% para 1988 y 16% para Abril de 1989;, superiores a los de la dictadura. Los salarios cayeron de n'i'anera constante durante el perío- do, desde l36,6_\‘; en 1984 (1983:100) a 91,8i‘e'n 1989, al-

canzando el récord para toda Lati- noamérica de uSs 20 en Mayo de 1989. Esta degradación del nivel de vida de los trabajadores sería acompañada por un prolongado auge de sus luchas y una cierta recomposición de sus vanguardias y la izquierda.

Sin embargo, esta política económica no avanzó, con medidas más profundas, en la reestructura- ción capitalista. Cuando el Plan Austral comenzó a chocar con los primeros inconvenientes y la UCR perdía parte del poder político con- quistado en la transición (es decir, hacia la segunda mitad de 1987). el alfonsinismo lanzó las primeras medidas concretas hacia una "mo- dernización" -nombre dado por los alfonsinistas a la reestructuración. La presión de los grandes capitales monopolistas -a quienes la política económica alfonsinista entregara. desde el comienzo. las condiciones reales de su éxito- comenzaba a sentirse muy claramente. "Cuando el gobierno se puso nervioso por la demora en las inversiones prometi- das, los Grupos cambiaron de con- versación. Hablemos del Estado, propusieron" escribe gráficamente Verbitsky (Página ¡2, 10-7-88). Liderados por Terragno, los radi- cales enviaron al Congreso una serie de medidas (nueva ley de coparticipación de impuestos. venta del 40% de Aerolíneas Argentinas, reforma de regímenes de promo- ción industrial, desregulación en

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materia petrolera. apertura a las importaciones, desregulación co- mercial en siderurgia, papel y pe- troquímica), pero las limitaciones políticas derivadas de la crisis im- pidieron la concreción de la mayo- ría de estas iniciativas. Las iniciati- vas que efectivamente fueron con- cretadas llevaron los nombres de quienes conducían el rumbo econó- mico: Techint en Siat y Fábrica Argentina de Material Aeroespa- cial, Pescarmona en Austral, Pérez Companc en Siam, etc. El alfonsi- nismo entregaba por entonces la gestión 'de la economía (y la políti- ca) a los grandes capitales mono- polistas locales que luego tomarían en sus manos, sin más mediacio- nes, el gobierno.

Esta entrega de la econo- ml'a fue acompañada de procesos políticos e ideológicos que deben remarcarse. La política abstracta- mente democratizante desarrollada durante los dos primeros años de gobierno. y su correspondiente ideología, contribuirían a vaciar de contenido las reivindicaciones de- mocráticas nacidas en la resistencia a la dictadura, y pondría de mani- fiesto su contenido concreto de cluse una vez consumado dicho

vaciamiento. Mientras la política de ajuste supuestamente "neutral" aparecía cada vez más como una nueva ofensiva de los grandes capi- tales, se degradaba el nivel de vida de los trabajadores, se limitaban los plazos y el número de los procesos a los torturadores y asesi- nos de militantes populares, se mataba y encarcelaba en los ba- rrios a quienes robaban alimentos. El alfonsinismo no pudo avanzar en el proceso de reestructuración del capitalismo pero, como gobier- no de transición, realizó con éxito una tarea previa: el desarme de la democracia.

El alfonsinismo había ma- durado un huevo, ahora nacerl'a la serpiente: el menemismo instaura una dictadura del capital y acelera la restructuración en curso.

Buenos Aires, Octubre 1993

dialéktica

Secretaría General C-E-F-Y L- ° Revista de Filosofía y Teoría Social

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Notas

l. Ver RIVERA RIOS, M.: El nuevo capitalismo mexicano. El proceso de restnlcturación en los años ochenta, México, ERA, 1992. III.

2. Ver CARNEIRO, D.D.: Lo primeros tres meses del Plan Collorl en ROZENWURCEL,G.: “Elecciones y política económica en América Latina", Bs.As., Tesis, l99l. p.149 y ss.

3. El caso peruano es paradigmático de la violencia del ajuste y las consecuencias que acarrea para el régimen de dominación vigente. Fujimori, candidato populista de una nueva agrupación (Cambio 90). triunfa en las elecciones y lanza en Agosto de 1990 un ajuste con fulminantes medidas fiscales y monetarias (aumento de impuestos -en especial, para combustibles-, liberación de precios y congelamiento de salarios). Los alimentos aumentan un 446%, los medicamentos un 1385 %, el vestido y el calzado un 297%, los servicio de salud un 702%. El aumento de salarios autorizado (100%) no compensa, obviamente, los aumentos de precios. Fuentes del propio gobierno aceptaron las cifras que cuantifican el resultado del ajuste: la personas en situación de extrema pobreza aumentaron de 7 a l2 millones. Desde el comienzo. Fujimori sustenta su ofensiva en el apoyo externo del FMI y el Japón e interno de las Fuerzas Armadas, en un proceso que culminará en el mencionado autogolpe (Ver: IGUIÑIZ ECHEVERRIAJ .: Ajuste e inflación en el Plan Fujimoril en ROZENWURCEL,G: op.cit, p.387 y ss.

4. Para un análisis de la recesión económica mundial, ver DURAND.M.: ¿Adónde va la crisis?, en Cuadernos del Sur Nro. 14. Bs.As., 1992, p.11 y ss.

5. Distinción entre ambas formas de política económica elaborada a partir de FOXLEY,A.: Experimentos neoliberales en América Latina, México, FCE, ¡988, l y II.

6. Acerca de la relación entre capitales monopólicos e inflación en Argentina. ver ASTARITA,R.: Inflación, en Izquierda Nro.2. 1986, p.28 y ss.

7. Ver SCHVARZER,J.: La política económica de Martínez de Hoz, Bs.As., Hyspamérica, 1986, I (Schvalzer evidencia esta aparente paradoja de la política económica de Martínez de Hoz, aunque explicándola de manera diferente y, a nuestro entender, insuficiente).

8. Datos tomados de Situación sindical en la República Argentina 76-79, informe publicado por la Secretaría de Relaciones Sindicales de la Federación Gráfica Bonaerense.

9. Ver ASPIAZU,D./KHAVISSE.M./BASUALDO,E.M.: El nuevo poder económic , Bs.As., Legasa, 1986, 4 y 5.

10. La gravedad de la crisis carecía de precedentes desde la depreión de 1930. La deuda externa había aumentado desde uSs 7.875 millones en l97S hasta 35.67l millones en |98| (el 70% de estos capitales Se habían fugudo al extranjero desde 1979). En 1981 tiene lugar una profunda crisis en la balanza de pagos y en [982 Cavallo cargó sobre el BCRA el 90% de la deuda y Wehbe -en el marco de los peligros de crsc derivados de la crisis de la deuda en México- firma un acuerdo Stand by con el FMI. Mientras tanto, la inflación se había acelerado de un 100% anual en 1980 a un 130% en |98|, para dispararse tras la guerra de Malvinas y ubicarse en un 350% en 1983, y hacia 1981 había

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comenzado a caer la producción (un 5.7 del PIB) y seguiría cayendo hasta l983.

l l . Los datos correponden al informe mencionado en la nota 7 y a POZZl,P.: MEM la dictadura (1976-1982), Bs.As., Contrapunto, 1988, lll.

l2. Seguimos, en lo que respecta a la guerra de Malvinas, el agudo análisis realizado por Dabat y Lorenzano (DABAT,A./ LORENZANO,L.: Conflicto malvinense y crisis nacional, México, Teoría y Política, ¡982, ll y Ill).

l3. Ver DABAT.A.: El derrumbe de la dictadura, en AAVV: "La década trágica. Ocho ensayos sobre la crisis argentina 1973- 1983“, Bs.As., Tierra del Fuego, ¡984, p.l27 y ss.

l4. Ver FERNANDEZ,A.: Las prácticas sociogolíticas del sindicalismo, Bs.As., CEAL, tomo Il, 1988.

lS. Ver al respecto las publicaciones del MAS, desde 1982, comienza la revolución de N.Moreno hasta el Documento del lll Congreso de l988.

16. Los resultados de las elecciones de ¡983 fueron los siguientes para la presidencia: UCR 5 l ,82%; PJ 40.16%; Pl 2.33%; Partidos provinciales 2,5%; MlD 1,21%; UCeDe' 0.38% A.Pederal 0,38%: PDC 0,31%; A.Demócrata-Socialista 0.28%; MAS 0,28%; PSP 0.l4%: FlP 0.09% y PO 0,09% (de La Nación, MIS/89). La UCR obtuvo así colegio electoral propio, con 317 electores contra 259 del PJ y un total de 600. El voto de la UCR provino de diferentes clases sociales. Un estudio habla de un 71% de los votos en los “sectores altos y medios altos' contra un 20% para el PJ; de un 67% en los "sectores medios- medios" contra un 25 % para el PJ: y -aquí radicaría la novedad- de un 53 % en los “sectores bajos estructurados" contra un 38% para el PJ. El PJ sólo superaría a la UCR en los 'sectores bajos no estructurados/marginales" con un 56% contra un 41 % RlZ,L./ADRO- GUE.G.: Democracia yeleccionesen la Agentina: l983-l989, Bs.As., CEDES/SZ, 1990). En 1973, había sido el peronismo quien había arrastrado detrás suyo el amplio arco social que diez años después arrastraría la UCR, venciéndola rotundamente con un 49,53 % de los votos contra 21 ,29% . l7. Alfonsín decía en un reportaje. acerca de la dirección del PJ: "es la línea que no ha entendido la revalorización de la democracia. Su prédica es insincera y calumniosa y apela a metodologías de agresión. Hacen un análisis de la realidad absolutamente falso. Están hablándole a un país que ya no existe.(...) Yo lamento las brechas actuales porque allí se filtran las minorías que terminan por utilizar a los militares como brazo armado de un esquema de dominación social" (Clarín, 28-10-83). l8. Uno de los principales ideólogos del alfonsinismo afirmaba por enton‘ccs que "la democracia es un proceso de constitución social y cultural autónomo de la economía" (J.C.Portantiero, redactor dc discursos para Alfonsín, en Entre dichos Nro.7). Las mencionadas política e ideología abstractamente democratizantes son definidas en esta cita del sociólogo alfonsinista: esencialmente, se definen por hacer abstracción de los contenidos de clase. Una inmensa corte de intelectuales socialdemócratas (J.C.Ponantiero, E.De lpola, E.Vazquez, F.Delich, Pacho O‘Donnell, el mismo R.Ten'agno) y publicaciones (Entre dichos, Punto de Vista, Debates, Espacios, Crítica y Utopía, Nueva Sociedad, La Ciudad Futura) repitieron ideas semejantes hasta que la crisis del alfonsinismo comenzó a disgregarlos.

¡9. En las elecciones de 1983 el PJ había obtenido parejo caudal de votos en los tres niveles de la elección (nacional. provincial. local). La UCR. en cambio. obtuvo más adhesiones para su candidato

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presidencial (un 50%, contra un 48% para diputados y un 32% para gobernadores y senadores: mientras el PJ obtenía 39% para presidente y 38% para diputados, pero 54% para gobernadores y senadores). Es decir, el radicalismo tuvo mayoría absoluta en diputados 029/254. contra l l l del PJ). pero minoría en senadores (IB/46. contra 2| del PJ) y en las gobemacioncs (7/22)(DE RlZ.L.: Argentina: el comportamiento electoral durante la transición democrática (l983-l990). CEDES/4l, Bs.As.. 1990).

20. Entendemos por "politicismo" el predominio otorgado a la política haciendo abstracción de los intereses de clase en juego en la economía. La relación que la economía del tecnócrata Sourrouille establecería con la política sería cl centro de este politicismo. Las condiciones para realizar una "política de inflación neutral“ eran. para Sourrouille. una tarea de políticos. "Si surgen nuevos conductores para ofrecer a la Argentina una alternativa viable, tal vez el agotamiento de la política económica de impasse les permita obtener el apoyo popular para llevar a cabo algo parecido al programa que expusimos en estos capítulos". concluía ya en l973. Sourrouille. su clásico texto (SOURROUlLLE.J.V./MALLON. R.D.: La política económica en una sociedad conflictiva. El caso argentino. Bs.As.. Amorronu. l973. p.268-9).

21. Se trataba de una prufunda crisis: el PBl de l983 era igual al de l975. La inversión bruta de ¡983, un 25 % inferior a la de 1975. El ahorro interno cae a un ll% del PBI, contra 2| % en los años 70. El déficit fiscal de 16,4% del producto era superior al de ¡975. El déficit de la cuenta corriente -del balance de pagOS era superior a los 2400 millones uSs (a pesar del superávit de 3300 millones del balance comercial. debido al endeudamiento externo). Los intereses de la deuda representaban un 69% de las exportaciones para l983. contra menos de |5% para l975. la deuda ncta un 707 del PBl anual y servicios financieros un 8% del mismo (DAMlLL.M./FRENKEL,R.: Malos tiempos. La economía argentina en la década de los ochenta. Bs.As.. CEDES/46. l990). Sin embargo. los salarios habían recuperado los niveles de ¡974 (46% sobre el promedio para l976-83) y se indexaban automáticamente con la inflación (que alcanzaba un l5% mensual). Esto es muy imponante para entender el auge posterior de las luchas obreras contra los shocks que volverían a deprimir los salarios.

22. Durante l984 hubo una inflación acumulada de 688% (lPC.año base 1974). una reducción del déficit de la tesorería a través de una reducción de gastos con ingresos estables. un incremento del PBI del 2% y dcl consumo del 6.5%. una caída de las inversiones del 48.2% y de la exportaciones del —l .l 96 y un aumento de las importaciones de 2.9%. El desempleo fue del 3.6‘1 (al l0-84) y el salario real medio del trabajador industrial aumentó un 24%. siempre en relación a l983 (los datos sobre estas variables son del Informe Económico de Coyuntura del CPCE y los correspondientes a conflictosobreros de El Bimeslre del CISEA.

23. Ver GlGLlANl.G.E.: economía politica de Alfonsín ¿aiuste o modemización?, en: Cuadernos del Sur Nro.l0, Bs.As., l989. p.43 y ss.. para un análisis del Austral. 24. Los resultados de las elecciones de l985 en diputados fueron los siguientes: UCR 43‘1: PJ 34.4%: Derecha y partidos provinciales l0.7% e Izquierda y Centro-izquierda l0.2‘1 .(enLa Nación. 3/l0/93) La UCR conservaba sus l29 bancas. pero el PJ -dividido entre renovadores y ortodoxos- perdía lO bancas. La dispersión del voto. inherente a las legislativas. condujo la polarización del

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85.96% en l983 al 77.4%, favoreciendo a los partidos provinciales. al Pl y a la UCcDé.

25. El pago de servicios de la deuda crecería de uSs 3.523 millones en 1984 a 4.583 millones en ¡985. mientras la caida en los temiinos de intercambio implicaba -en relación a los precios de 1980- perdidas de 2963.4 millones para I985. de 3.830,9 para l986 y de 2.5312 para 1987. Las presiones que la deuda externa ejerce sobre la economia son indiscutiblcs. Sin embargo. la deuda cs esencial- mente un problema interno de la economía argentina y es la gran burguesía monopolista local la principal beneficiaria de su pago -est0 adquiere fundamental importancia a la hora de determinar cuáles son las principales clases dominantes de nuestra sociedad y de diseñar estrategias políticas para enfrentarlas. Ver GlGLlANl,G.E.: Si el austral lo llenó de tensión. su éxito lo deiara’ sin alieM en: Cnnsignas Nro.l. Bs.As., l987. p.l2.

26. Los resultados de las elecciones de l987 en diputados fueron: PJ 42.2%: UCR 36.7%: Derecha y provinciales ¡2.8%2 Izquierda y Centro-izquierda 6.8 91-. La UCR retrocedió a ll4 bancas perdiendo la mayoría absoluta y el P.I aumentó a l06. El PJ ganó a la UCR 5 delas 7 provincias que había obtenido en l983. además de conservar las que tenía. La UCR mantuvo sólo Córdoba y Rio Negro. perdiendo Buenos Aires cn manos de la renovación peronista y apareciendo Caliero como principal referente del PJ: pero en las internas de Julio de [988 -las primeras desde la constitución del peronismo- Cafiero perdería frcntc al menemismo por 53.44% contra 45.82 ‘Z‘. Por su parte. a raíz de su tn'unfo en Córdoba. Angeloz aparece como el nuevo referente de la UCR. La polarización se mantiene en un 78.9% y la dispersión del voto favorece a la UCeDé -que pasó de un 3 a un 6%-

y a los partidos provinciales.

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Plan Cavallo y ciclo de acumulación capitalista“

El 1°” de mayo de 1993 el gobierno presentó un documento titulado " Argentina en Crecimiento 1993-1995", en el que se dan pro- yecciones económicas para los pró- ximos años. Entre ellas se habla de un crecimiento del producto bruto interno del orden del 6% anual hasta el 2000, de exportaciones au- mentando a una tasa superior a las importaciones y de una inflación descendente que para el año 2000 se ubicarfa a nivel internacional (aproximadamente el 3%.). En el camino hacia esos objetivos se contempla que la exportación debe-

ría crecer en 1994 un 8% y que la inflación en 1993 debería ser del 6,8%. Dado que la economía ar- gentina viene experimentando un ciclo de crecimiento desde hace va- rios meses, estas cifras serían las proyecciones de tal crecimiento hacia un ciclo de acumulación sos- tenida. En este artículo intentare- mos explorar el estado de algunas de las variables económicas esen- ciales -desde el ángulo del marxis- mo- que pueden echar luz sobre las bases materiales que tienen estas proyecciones, y en qué perspecti- vas generales de la acumulación

Este artículo es una versi ón modificada y ampliada de uno previo aparecido en "Debate Marxis-

ta", número l, ¡993.

Quiero agradecer los valiosos comentarios que sobre el borrador previo me hizo llegar E.Lucita. También la colaboraci ón en lo que respecta a fuentes y comentarios de Gabriel Macaggi.

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capitalista, nacional e internacio- nal, se inscriben.

El marco general de la crisis ca- pitalista

La economia mundial capi- talista entró en una onda larga de crecimiento débil' desde principios de los años setenta; hasta ahora la economia capitalista no ha supera- do los problemas de baja inver- sión, desempleo creciente y ten- dencia al estancamiento que arras- tra desde entonces. Los ciclos de ascenso económico en los países adelantados, luego de las recesio- nes generales de 1974-75 y de 1979-82, no lograron revertir la tónica general: más aún. la crisis se mundializó, llegándose a un estancamiento progresivo de con- junto. En la década del sesentas la economia del mundo capitalista creció a una tasa del 4,9% anual, en los setentas el crecimiento fue del 3,8%, en los ochentas la tasa siguió cayendo, 2.7%, y en lo que va de los noventas -hasta fin de 1992- la economía mundial crece menos del 1% en promedio.

En la esencia de la crisis mundial se encuentra la caída de la tasa de ganancia (ver por ejemplo Mandel (1979) ). Se efectivizó así la ley descubierta por Marx, de la tendencia de la tasa de ganancia a caer en la medida en que aumentó la inversión en capital constante por obrero y en que los mecanis-

mos contrarrestantes a esta caída perdieron progresivamente relevan- cial. Una tasa de ganancia que no logra recuperar los niveles de los años cincuenta y sesenta es el fac- tor principal que explica la persis- tencia de la fase larga de creci- miento débil y recesiones. (al res- pecto, ver Th.R. Michl (1991) ). Hablar de una fase larga con ten- dencia al estancamiento no implica negar la existencia en su seno de ciclos de crecimiento. Pero estos se distinguen de los ciclos de creci- miento que conforman un período de desarrollo prolongado.

Los períodos de desarrollo como los de la posguerra se carac- terizaron por la existencia de gran- des inversiones en plantas y con- juntos de equipos, por el auge de las construcciones —industriales e ¡nfraestructura- y el desarrollo de nuevos sectores dinámicos, que abrían más y más posibilidades de inversión y arrastraban al conjunto de la economia. Si bien este tipo de ciclos se dieron en su forma más "pura" en los países capitalis- tas adelantados, son registrados también en paises atrasados. con las caracteristicas particulares que les da la estructura económica de- pendiente y sometida al imperialis- mo“.

Contrariamente a lo ante-. rior, los ciclos de alza que se ins- criben en fases depresivas no cam- bian la tónica general del período porque la inversión sigue siendo

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débil. El ascenso económico que se produce en estos ciclos se caracte- riza por basarse principalmente en la reactivación del consumo, en la renovación de stocks, la utilización de capacidad instalada que antes estaba ociosa, e inversiones en equipos, racionalizadoras y de re- novación, pero que no se amplían hasta llegar a conformar las bases para entrar en un período de desa- rrollo prolongado. Estructural- mente la desocupación no disminu- ye significativamente durante el alza. o peor aún, tiende a aumen- tar. Trataremos de demostrar que el actual ciclo capitalista de nuestro pais se inscribe dentro de los ciclos con estas características.

La crisis argentina sigue la lógica de la crisis mundial

La economia argentina acompañó la fase larga depresiva de la economía mundial, y en espe- cial la larga "década perdida" de los ochenta de América Latina. Enmarcar esta crisis en la crisis mundial contribuye a entender las características del actual ciclo ar- gentino de crecimiento.

En este artículo adoptamos un enfoque que trata de evitar dos tipos de errores en que puede incu- rrirse: por un lado, considerar que la prolongada crisis argentina fue un mero reflejo de la crisis mun- dial, y por el otro reducirla a cau- sas internas, a la crisis del llamado

modelo sustitutivo de importacio- nes; en este último enfoque, la crisis mundial es "adosada" a la crisis de la estructura económica del país, pero sin integrar ambas orgánicamente. La primera orienta- ción tiene el defecto de que pasa por alto la especificidad de la crisis interna del capitalismo argentino. Pero es la segunda interpretación la más extendida, y la que merece mayor atención. Por lo general se considera que la explicación de la crisis por la caída de la tasa de ga- nancia -en el sentido desarrollado por Marx- sólo es aplicable a los países centrales, y que los países dependientes tienen leyes propias de la crisis que no responden a las generales del sistema capitalista. En sus versiones extremas se cae en visiones conspirativas de la

'crisis, como asignar su origen al

carácter antipopular del gobierno, a la ideología liberal, etc.

Pensamos por el contrario que dada la internacionalización de la economía y el desarrollo previo del sistema capitalista, todos los países periféricos siguen cada vez más la lógica del capital mundial, particularizada en esta fase larga de crecimiento débil.

Para explicarlo más clara- mente, comparemos el desarrollo de la actual crisis en Argentina con la del treinta. En los treinta la cri- sis capitalista mundial produjo hasta ciert'o punto un proceso in- verso al que se operaba entonces

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en los países adelantados. Mientras en estos se desarrollaba una inten- sísima desvalorización de capitales, cierres de empresas, caída de las fuerzas productivas, países como el nuestro comenzaban en los prime- ros años de la década un proceso de industrialización liviana vincu- lado al mercado interno. Este era un reflejo de la crisis mundial, pero con dinámica interna distinta a la existente en los paises centra- les.

Hoy es todo lo contrario. La crisis mundial ha puesto nue- vamente a la orden del dia la des- valorización de capitales, el cierre de empresas, el achicamiento del gasto social, la desvalorización de la fuerza de trabajo, pero esta vez abarca a practicamente todos los paises dependientes. Es una lógica que se impone a cada pais y a cada capitalista individual a través de los mecanismos intensificados de la competencia y de la internacionali- zación de la economia.

El principal argumento que se esgrime contra la explicación de la crisis argentina por la acción de la ley de la tasa decreciente de ganancia es que esta teoría sobre el origen de la crisis sólo es aplicable a los países adelantados; sólo en estos, se dice, habría operado efec- tivamente la tendencia a la eleva- ción dela composición orgánica de capitales. Para los países depen- dientes esta ley no tendria validez, porque si bien la composición de

capital pudo haber aumentado en algunos sectores 0 países, sus re- percusiones sobre la acumulación del capital son despreciables.

En este enfoque se olvida que la caida de la tasa de ganancia se impone sobre el conjunto de los capitales a través de la competen- cia y de la acción del mercado mundial. Es cierto que no todos los países siguen el mismo ritmo de cambio tecnológico; existe una es- tratificación de los capitales de acuerdo a sus diversas productivi- dades, y esta estratificación es im- portante a los efectos de ver cómo opera la caída de la tasa de ganan- cia en concreto (ver Reuten (1991) quien da así un fundamento micro, clave para explicar el comporta- miento capitalista y la acción de la ley). La caida de la tasa de ganan- cia se efectiviza a través de la caf- da de los precios, originada en la presión que ejercen los sectores más tecnificados (ver Bullock y Yaffe (1975) y Reuten); en deter- minado momento del ciclo la caida de precios erosiona la rentabilidad de los capitales, los más tecnifica- dos dejan de realizar plusvalías extraordinarias y los que han que- dado atrás en el avance tecnológico pasan a experimentar pérdidas. Entonces la necesidad de renovar equipos y plantas se hace imperio- sa, pero el debilitamiento de la tasa de ganancia puede hacer esto im- practicable para los capitales, máxime en condiciones de acrecen-

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tada competencia internacional. Es el momento de la crisis, la hora de la liquidación de los capitales im- productivos; la ley del valor hace valer sus derechos en el mercado mundial, arrastrando al torbellino atodos los países capitalistas, ade- lantados o dependientes. Todos los capitales, hayan o no aumentado la composición orgánica, son afecta- dos por la acción de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y están obligados a su- bordinarse a las tendencias que emanan del desarrollo de la crisis de conjunto. Esto incluye a los capitales de los paises dependien- tes. Al internacionalizarse más y más la economia, la lógica se hace valer para todos. Por este motivo hoy en nuestro país el desarrollo de la economía muestra rasgos muy semejantes alo que sucede en otros lugares del mundo capitalista.

En segundo lugar nuestro enfoque trata de no caer en una vi- sión simplificada o esencialista de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia; esta expli- cación se puede considerar "el pri- mer corte" en la explicación mar- xista de la crisis (D. Harvey (1990) utiliza esta expresión). En particular es esencial articular otros factores, tales como la extensión del trabajo improductivo, caracte- rística en esta fase del capitalismo, y más importante aún, los fenó- menos financieros y monetarios, que tienen una fuerte incidencia so-

bre la tasa de ganancia neta em- presaria (la que resulta luego de deducir intereses y renta), que a su vez es la decisiva en la marcha de las inversiones productivas (Crotty (1985) subraya este punto con a- cierto).

La internacionalización del capital financiero y la inestabilidad monetaria a partir del quiebre del orden monetario mundial estableci- do en Bretton Woods, actuaron como mecanismos poderosos de extensión de la crisis a los países dependientes, junto a la caida de los precios de las materias primas y la crisis de superproducción (ver Ominami (1986) ).

De esta manera, lo que hu- biera sido una crisis (en 1975) de las tantas que afectaron cl'clicamen- te a nuestro país, —crisis de balanza de pagos, baja productividad, agu- dización de los conflictos de clase- empalmó entonces con las exigen- cias de la crisis mundial capitalista de largo plazo. Marcó sf el fin de la etapa de la acumulación basada en la sustitución de importaciones, pero lo más importante es ver que, a diferencia de lo que sucedió en la crisis del treinta, se impuso la lógi- ca típica de una crisis estructural del capitalismo: una carrera hacia adelante por bajar costos salariales, una lucha interburguesa desespera- da por sobrevivir ante la inevitable caída de empresas, mayor dominio del capital financiero -basado en la separación entre capital productivo

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y monetario que se produce en toda crisis económica4 - tendencia a la centralización de capitales y un cuestionamiento de las condicio- nes anteriores en que se accedía a un lugar en la división internacio- nal del trabajo. Examinaremos ahora las bases débiles que presen- ta el actual ciclo alcista de la eco- nomía argentina.

El problema clave: la falta de in- versión productiva

Un error de algunos crí- ticos del gobierno —en especial en los análisis de la izquierda- es el moverse con una óptica catastro- fista, del tipo de las que anuncian siempre el colapso inminente del capitalismo o del plan económico. Es un dato de la realidad, que no debería desconocerse que en junio de este año se cumplieron 12 tri- mestres consecutivos de crecimien- to medidos contra igual período del año anterior; desde el lanzamiento del Plan de Convertibilidad hasta fines de abril de 1993 la produc- ción industrial creció un 27%.

De lo que se trata entonces no es de desconocer este ciclo al- cista, sino de ubicarlo en su justa perspectiva. La pregunta central es ¿Qué tipo de ciclo es éste? ¿Marca el inicio de una fase sostenida de desarrollo económico, que coloca- ría al capitalismo argentino con tasas de crecimiento parecidas a las de Corea del Sur, por ejemplo?

Para contestar estas preguntas em- pezaremos examinando el compor- tamiento de la inversión privada, que debe ser considerada como la variable clave. Esto se refuerza ante la virtual desaparición de la inversión pública. El promedio de inversión pública, ya muy bajo en los años 1985-1990 -el 2,3% del PBl- se ha reducido aún más: entre 1991 y 1993 fue de sólo el 0,9%. La inversión privada es entonces el mejor indicador de la solidez del actual ciclo.

Durante el primer año del plan económico el gobierno sostu- vo en repetidas oportunidades que la inversión progresaba a buen ritmo. al compás del afianzamiento del Plan de Convertibilidad. Si bien las estadísticas en nuestro país son muy escasas y de poca fiabi- lidad, los integrantes del equipo económico sostenían que a través de los datos de la importación de equipos y maquinas (bienes de capital en la terminología burgue- sa) se podía deducir la existencia de un buen nivel de inversión. Pos- teriormente se precisaron cifras de crecimiento de las inversiones. aparentemente "impresionantes". ya que mostraban un aumento en 1991 del 25% con respecto a 1990 y en 1992 del 30% con respecto a 1991.

Pero vistas en relación al PBl. no son importantes. Impresio- nan porque se arranca de niveles muy bajos, pero la inversión sigue

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siendo débil. Los países que expe- rimentaron desarrollos económicos fuertes y sostenidos tuvieron tasas de inversión equivalentes al 30% o más del PBI; es el caso de Corea del Sur, una de los modelos a imi- tar para la mayoría de los econo- mistas burgueses de nuestro país. En Argentina la inversión es ape- nas el 16,7% del PBl (de acuerdo a las nuevas mediciones del PBI, y según datos de inversión propor- cionados por el Ministerio de Eco- nomía). Pero esta cifra miserable aún parece "infiada" porque otros estudios, esta vez privados, la ubi- can todavía mucho más abajo. Por ejemplo según un cálculo reciente de A. Andersen, "Economic Trends in Argentina", la tasa de inversión sería de sólo el 10% del PBI.

Estos datos demuestran que el crecimiento económico de nues- tro país en los últimos dos años tiene muchos rasgos de los ciclos con altos niveles especulativos e inversiones "livianas". Es un creci- miento basado en inversiones como servicios, en la reconstitución de stocks debida al crecimiento del consumo y a la renovación de equipos y a la racionalización, pero sin aumento importante de las inversiones de largo aliento. A partir del plan de Convertibilidad y el descenso de la tasa de inflación, sectores de la alta y mediana bur- guesía y de las clases medias vol- caron parte de sus ahorros en el

consumo de bienes durables (auto- móviles, electrodomésticos, par- cialmente construcciones lujosas). Esto generó un auge (mediatizado en buena medida por el aumento de las importaciones). Que a su vez tuvo algunos efectos multiplicado- res; por ejemplo el aumento de horas extras en las ramas de pro- ducción para este mercado interno generó un aumento parcial de la demanda de bienes de consumo no durables. Por consiguiente empre- sas dedicadas a la producción masiva para el mercado interno (alimentos por ejemplo) mejoraron sus índices de producción y ren- tabilidad. Hoy los sectores que están trabajando con índices más bajos de capacidad ociosa son los dedicados a la producción de bie- nes de consumo durables. Pero aun estos sectores que muestran altos índices de producción no aumentan en general su capacidad instalada (o sea, invierten poco en nuevas plantas industriales).

Pero, sin embargo, es la situación de los sectores básicos como petroquímica, celulosa, acero, química, máquinas herra- mientas. Es significativo que este último sector trabaje en promedio con un 50% de capacidad ociosa. Otros, como la petroquímica, están en muchos casos al borde de la quiebra. Por su parte, los afectados directamente por las importaciones destinadas al mercado de consumo

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interno tampoco invierten, o peor aún, desinvierten.

El gobierno y muchos de sus defensores apuntan a las inver- siones en equipos que sin embargo se detectan en muchas empresas. Efectivamente, en este tipo de ci- clos es típica la inversión "racio- nalizadora" (también se observa en las recuperaciones de los setenta y ochenta de los países industrializa- dos) que registran los estudios so- bre las empresas de Argentina. Son inversiones que buscan el aumento de la productividad y de la rentabi- lidad mediante la renovación par- cial de equipos y el aumento de los ritmos de trabajo. Pero no asisti- mos a una importante ampliación de inversiones de más largo alien- to, en especial en plantas indus- triales, infraestructura productiva, etc. En general se advierte una tendencia muy marcada a racionali- zar, suprimiendo empleos, sin que por otra parte haya una reabsor- ción importante de los despedidos, en particular en el sector manufac- turero.

Como señalamos antes, los integrantes del equipo económico presentan el aumento de las impor- taciones de equipos como prueba del alto grado de inversión existen- te. Las estadísticas muestran que un 43% de las importaciones de 1992 estuvieron integradas por me- dios de producción de diverso tipo. Pero esta cifrase relativiza mucho cuando se comprueba que los ru-

bros más dinámicos son los com- puestos por la importación de bie- nes de oficina y aparatos de telefo- nía (ver recuadro):

Importaciones de bienes de capital, 1992 principales rubros en dólares, y % cel total

Equipos de oficina y cálculo 41713,5% Aparatos de telefonía 227 7,3% Aviones de más de

15.000 kg 150 4,9% Vehículos automotores de transporte de mercancías Barcos de pesca

143 4,6% 86 2,8%

(Fte: "El Economista" 2/7/93 en base a datos del Ministerio de Eco- nomía).

En la misma línea de pen- samiento, podemos citar los datos que aportan Roberto Bisang y Ber- nardo Kosacoff, de la CEPAL: las principales empresas del país in- crementaron sus importaciones en los dos últimos años un 160%, pero sólo un 6,9% de esas com- pras externas estuvieron constitui- das por bienes de capital.

Las inversiones en centros comerciales, supermercados, etc que tanto emocionan a algunos apologistas —al estilo Neustadt- ayudan a crear un clima de recupe- ración e inclusive circunstancial- mente de "boom", pero en mis-

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mas son incapaces de generar y de sostener una acumulación capita- lista ampliada. Por su parte los ligados a actividades agrarias, co- mo tractores o químicos, también experimentan retracción. Es que el agro se ha visto afectado por la si- tuación internacional y la caída del tipo de cambio. Sobre un índice 100 para 1986, los ingresos por exportaciones del sector exportador de productos agrícolas fueron en 1992 de 67,2 para el trigo, de 81,7 para el maíz y de 72,5 para la soja, siempre según datos del BCRA.

Un párrafo especial merece la situación de amplias zonas del interior del país, que están literal- mente desvastadas. Algunos datos relevantes dan idea de la magnitud del desastre: en La Rioja queda en pie sólo el 40% de la industria, en el Chaco cerraron todos los frigorí- ficos, las aceiteras y las fábricas textiles, y el cultivo del algodón desciende vertiginosamente (44% menor que el año anterior), en Mí- siones el banco provincial está al borde de la quiebra, arrastrado por la caída de la producción regional, en especial la tabacalera, y así po- dríamos seguir con una larga lista de provincias y regiones.

Con respecto a las inver- siones provenientes de las priva- tizaciones, el "logro" más festejado por los partidarios de plan econó- mico - y dejando de lado el tema de las prebendas, negociados,

precios viles, etc-, éstas de por no implican un aumento de la inversión neta productiva del país. Por empezar, comprar una empre- sa existente no significa, obvia- mente, construir una empresa, sino un simple cambio de manos, una transacción. Si el dinero pagado al estado va a cubrir anteriores défi- cits o deudas, en el mejor de los casos dara algo de "aire" al cone sumo, pero no es decisivo en la sustentación del ciclo. Pero en segundo lugar, es sabido que gran parte de estas privatizaciones no fueron ni siquiera abonadas con dinero en efectivo. El total de la inversión nacional por privatizacio- nes entre 1989 y 1993 fue de 9840 millones de dólares en efectivo (en buena medida correspondiente a repatriaciones de capitales naciona- les) y l4.400 millones provenientes de conversión de deuda a valor nominal (datos proporcionados por la consultora Infupa S.A.).

Todo lo que decimos no niega la existencia de un aumento de la inversión durante estos tri- mestres de crecimiento. Por ejem- plo en sectores como la alimenta- ción se abren algunas plantas in- dustriales nuevas, la racionaliza- ción implicó compras de equipos y las empresas telefónicas han reali- zado algunas inversiones. Lo que negamos es que este grado y tipo de inversión estén marcando el despegue de un desarrollo sosteni- do en Argentina. Tal vez nada

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resume mejor la situación que lo manifestado el año pasado, en un simposio de inversores interna- cionales por un capitalista chileno, quien decía que el mejor negocio en Argentina era "invertir en res- taurantes Esta apreciación indivi- dual es confirmada por las cifras globales. De acuerdo a Diego Videla, presidente del departamen- to de Relaciones Exteriores de la Unión Industrial Argentina, el 98% del total de las inversiones extran- jeras directas realizadas en el país en los últimos dos años se volcó al sector servicios, sobre todo al suministro para las empresas priva- tizadas (La Nación, 8/8/93).

No es casual entonces que los sectores financieros, de seguros e inmuebles sigan presentando las tasas de crecimiento más dinámi- cas, mientras que el sector manu- facturero es el que más pierde en la participación relativa en el pro- ducto bruto, ya que pasa del 31% en 1989 al 22% en 1992.

El tema del ahorro y la inversión

Un hecho significativo es la existencia de una masa impor- tante de capitales líquidos que no se invierten en la producción, (lo que coincide con lo anotado por Marx durante las crisis"). A la in- versa de lo que dicen Cavallo y otros "adoradores" del FMl, que hablan de la falta de ahorro, en estos momentos existen en los cir-

cuitos financieros y bancarios enor- mes masas de recursos líquidos que permanecen ociosos, a la vez que las tasas interbancarias bajaron a niveles irrisorios. Este es un fe- nómeno mundial, que se reproduce a escala nacional. Sin embargo las empresas —en especial las media- nas, las productoras de bienes de producción, etc- se quejan de que no consiguen financiamiento pro- ductivo. A partir de la reforma financiera de febrero de este año la capacidad prestable del sistema bancario en nuestro país ha crecido a una tasa anual del 40% entre enero y marzo y en mayo se ubica- ba en casi 22 mil millones de dó- lares (entre moneda local y extran- jera). Pero el sector capitalista pro- ductivo no capta esos "ahorros" (que no son otra cosa que la con- centración de todas las disponibi- lidades líquidas de las clases me- dias en manos de los grandes capi- tales y el flujo cotidiano de cash de estos, la acumulación de ingresos por amortizaciones, etc); o sea, no se invierte productivamente a pesar de que hay una gran masa de dine- ro prestable. Estos capitales líqui- dos "dan vueltas" buscando en los circuitos financieros y especulati- vos ganancias rápidas; fuertes sumas de capitales que provienen del exterior —en marzo algunos estudios los ubican en 2.000 millo- nes de dólares, el 5% del produc- to- alimentan también el crecimien- to del consumo de sectores burgue-

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ses y la masa prestable, pero no entran en la producción. Por este motivo diversos estudios registran quejas de sectores empresarios; por ejemplo una encuesta realizada por la Asociación Católica de Empre- sarios (ACDE) dice que un 47% de las causas de postergación de proyectos de inversión se debe "a la falta de financiación a largo plazo". Pero los bancos no dan financiación porque las tasas de ganancia de las empresas no son lo suficientemente fuertes.

En los últimos tiempos el tema de la escasa tasa de ahorro se ha instalado como uno de los ejes en torno a los que discurren las disquisiciones de los expertos neo- clásicos. Inclusive integrantes del equipo de Cavallo (Llach y Cottani en un trabajo presentado en la con- vención anual de Adeba de este año) han justificado el déficit c0- mercial como supuesta compensa- ción -pr0visoria- de la falta de aho- rro interno. El consenso general en el mundillo de los economistas defensores de la actual orientación es que la ausencia de un ahorro suficiente presenta obstáculos al desarrollo de una inversión sosteni- da. Para ellos el dinero es el factor causal o activo en el desarrollo económico y la inversión. LJ. Junker (1967), en su crítica a este enfoque de los neoclásicos, sinteti- za muy bien el razonamiento de estos: "El fondo monetario es el agente creativo por excelencia del

sistema industrial, el cual puede avanzar sólo si se consigue una acumulación previa de fondos monetarios y luego es prestada y adelantada para propósitos indus- triales".

Para los ofertistas y para la

' mayoría de los neoclásicos la fuen-

te de ahorros -y por lo tanto de inversión- reside en los ahorros personales; el problema sería en- tonces cómo introducir arreglos monetarios que fomenten el aho- rro, abriendo cajas especiales para los pequeños montos dinerarios de capas medias, y aun de los jubila- dos (lo que se parece más a un chiste de mal gusto).

La primera objeción que se puede hacer a este enfoque es que olvida que el ahorro decisivo está en manos de las grandes corpora- ciones y capitalistas, que son los que disponen de la inmensa masa de plusvalor arrancado a la clase trabajadoras. Pero además hemos visto cómo aumentó la liquidez y la inversión sigue sin aparecer. Esto revela que la falta de inver- sión no se debe a una "oferta de capital restringida". Además se puede decir que el problema tiene doble cara en esta lógica burguesa, porque por un lado bajas tasas de interés supuestamente desal entarían el ahorro, pero altas tasas harían lo mismo con la inversión.

No se puede salir de esta aporía sin replantear todo el pro- blema. Una vez más la ortodoxia

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neoclásica hace agua, y una vez mas los "primitivos clásicos" (Ricardo en particular) plantearon bien el problema. Para estos el ahorro importante es el del empre- sario capitalista, y el interés es una remuneración que va al capital dinerario, que de por no puede jugar un rol activo independiente. Marx a su vez retomó este enfoque enmarcandolo en su teoría de la plusvalía y la acumulación capita- lista. Para Marx el interés también está determinado por la tasa de ganancia; cuando ésta es alta existe la inversión productiva, y el interés se adecua por ser una parte de la plusvalía arrancada en la produc- ción. Cuando la tasa de ganancia industrial desciende, y con ella la inversión y los negocios, la tasa de interés tenderá a subir, como movimiento derivado del ciclo económico. Por su parte el ahorro, lejos de ser un dato inmutablemen- te determinado por la tasa de interés y de tener un papel activo independiente, pasa a ser en la óp- tica de Marx y de los clásicos una variable determinada por la inver- sión y por la tasa de ganancia. Se ahorra para la inversión, y cuando ésta no es rentable, el ahorro permanece en estado líquido (esta crítica sigue en gran medida el lineamiento de la que dirige a los neoclásicos S. Amin (1975) ).

Por último digamos que, además de la mistificación inhe- rente a la teoría neoclásica sobre el

ahorro y la inversión, la propagan- da a favor del primero juega el rol ideológico de justificar "apretar el cinturón" de la inmensa mayoría de la población, para que no gaste, y la política de "concentrar in- gresos en los ricos" para supuesta- mente incentivar la inversión. Pero además la polémica es un reflejo, distorsionado por la lente del aparato conceptual neoclásico, del talón de Aquiles para la marcha de la acumulación capitalista: la inver- sión sigue siendo débil porque la tasa de rentabilidad en los sectores manufactureros sigue siendo baja. Llegamos así a otra determinante del ciclo que nos falta estudiar. Si los bancos exigen altas tasas no es porque "en sí" tengan la perversi- dad de la "patria financiera" -como se gusta decir en algunos ambien- tes de izquierda y del marxismo vulgar- sino porque responden a la lógica de la rentabilidad del ca- pital, lógica que gobierna todas sus decisiones.

Aumento de la explotación y tasa de ganancia

Nunca se insistirá lo sufi- ciente en el rol que tiene la tasa de ganancia en el ciclo económico. El capital produce con vistas ala ren- tabilidad, y este objetivo rige todo el ciclo. Una tasa de ganancia con- veniente empuja a la inversión. A su vez, ésta reactúa sobre la tasa de ganancia, ya que amplía los

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mercados, la demanda y la mayor inversión. La reestructuración, la centralización de capitales, el aumento de la tasa de plusvalía, buscan reestablecer esta tasa. Sobre el aumento de la tasa de explotación los datos son con- tundentes: por un lado, disminuyó sustancialmente el salario: sobre un índice 100 para 1985 del salario real devengado, en mayo de este año se ubicaba en 66,9. El poder de compra, para la misma fecha, era del 74,8, también contra un índice 100 en 1985 (datos de FIEL, "Indicadores de Coyuntura" julio 1993; no se incluye salario proveniente de horas extras). Por otra parte aumentó la productivi- dad: según el Instituto de Desa- rrollo Industrial de la Fundación UIA ("Costo laboral relativo: un análisis sectorial", mayo de 1993) la productividad media para la industria manufacturera, calculada como el cociente entre el producto bruto industrial y el número de obreros ocupados aumentó un 23% entre 1990 y 1992. En resumen, baja del salario y aumento de la productividad —por racionalización y aumento de ritmos de trabajo y/o tecnificación parcial- significan un aumento importantísimo de la tasa de explotación, que tiende a elevar a su vez la tasa de ganancia. La alta tasa de desocupación (entre desocupados y subocupados suma- ria el 23% de la población activa) actúa como un elemento clave con-

tra la capacidad de respuesta del movimiento obrero.

Se ha pensado muchas ve- ces que bastaría que la rentabilidad de los capitales mejorara para que inmediatamente se asistiera a un gran crecimiento de la inversión. Sin embargo no debe entenderse esto de forma lineal, mecánica. El débil crecimiento de las economías capitalistas en los ochenta nos muestra que, a pesar del aumento de la explotación obrera, de las racionalizaciones y del aumento de la productividad, el ciclo de fuertes inversiones sigue sin aparecer. La rentabilidad general del capitalismo mejoró pero la economía mundial sigue débil. El factor más impor- tante que explica esto (siguiendo la investigación de Michl citada) es la elevada composición orgánica de capital‘. Pero ademas deben ser estudiados otros factores, muy im- portantes.

Lo que decimos se aplica en mucha mayor medida a la eco- nomía argentina. Al estudiar cómo el aumento de la explotación se refleja en la rentabilidad de los capitales industriales es necesario tener en cuenta otras determinacio- nes: en primer lugar, cómo incide la generalización de la caída de la tasa de ganancia internacional -vía presión internacional de la compe- tencia capitalista en esta fase de apertura comercial- en el caso par- ticular argentino, dada la apertura comercial y la estructura de pre-

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cios derivada del tipo de cambio fijo. En segundo lugar las transfe- rencias de plusvalía a sectores improductivos, comerciales y financieros. Empezaremos por ubicar el significado de la apertura comercial desde el punto de vista de la lógica de la ley del valor.

Apertura comercial e internacio- nalización creciente de la econo- mía

La apertura comercial a la que asistimos responde a la tenden- cia de creciente internacionaliza- ción de la economía mundial. Su papel objetivo es imponer la disci- plina del mercado sobre el conjun- to del capital, que se concreta en la presión por el aumento de la tasa de explotación y por el "desgrase" de los capitales improductivos, así como por la reducción del gasto público.

Esto devela a su vez el sentido más profundo de la com- petencia capitalista. Como decía Marx, los economistas burgueses charlan sobre la competencia y la convierten en el fundamento de toda la producción moderna, pero nunca descubren su significado esencial: hacer que las tendencias inmanentes del capitalismo -la ten- dencia al aumento de la plusvalía, al crecimiento de la productividad- se le presenten al capitalista indivi- dual como una coerción externa a que lo somete el capital ajeno’. La

exacerbada competencia mundial entre monopolios juega este rol en forma multiplicada. Cada capitalis- ta individual y cada estado nacional está obligado a llevar hasta las últi- mas consecuencias la tendencia que se deriva de la lógica del desa- rrollo de la crisis, en particular en lo que respecta a la relación con el trabajo asalariado; esta presión se ejerce en grado superlativo sobre los países dependientes. El medio para imponerse no es otro que la creciente mundialización y movili- dad de los capitales -líquidos y mercancías- a través de las fron- teras. De esta forma las aperturas comerciales hacen valer la fuerza internacionalizada del capital frente a un movimiento obrero que sigue sujeto a una ideología y políticas estrechamente nacionales. Como muy acertadamente afirma Blecker (1989), "en términos marxistas podemos decir que las relaciones de comercio exterior crean relacio- nes de producción internacionales". Los obreros son obligados a com- petir internacionalmente -con la complicidad nacionalista de direc- ciones sindicales, que buscan en los acuerdos proteccionistas su sal- vación- y a cambiar recortes sala- riales por empleos siempre pre- carios ante la competencia siempre exacerbada. El país que no se somete a las exigencias del capital internacionalizado corre el peligro de ver cuestionada su inserción en el mercado mundial. Los capitales

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ejercen una permanente presión sobre los estados nacionales, al invertir sólo donde las condiciones generales para la explotación de la

mano de obra son óptimas. Esta es'

una reproducción a nivel mundial de una tendencia que ya había señalado Marx. Como sostiene D. Harvey (1990): "Marx llama la atención principalmente sobre el poder extraordinario del capital para adaptarse a las variables circunstancias en que se encuentra por ejemplo, la amenaza de la movilidad del capital, el cierre de la planta o de que se trasladen a otra parte los talleres con la conse- cuente pérdida de empleos, es una fuerza poderosa con la que se pue- de disciplinar a los trabajadores" (pag. 123).

La acción del capital finan- ciero merece una atención especial. La presión y dominio del capital financiero sobre los estados nacio- nales fue señalada por Lenin a principios de siglo“; hoy se da en forma muy acentuada por el grado de internacionalización del capital financiero y del régimen moneta- rio°. Bonefeld (1993) muestra có- mo los movimientos de capital monetario internacional imponen su disciplina por sobre las políticas monetarias, fiscales y sociales de los estados nacionales. "Las polí- ticas estatales son subordinadas directamente a los flujos de dinero en los mercados internacionales" (pag 58). Cuando una política

nacional no es compatible con las necesidades de la acumulación capitalista, la moneda nacional res- pectiva se ve sometida a una fuerte presión especulativa. En los países dependientes y endeudados la suje- ción alcanza los mayores niveles, ya que las posibilidades de resistir movimientos especulativos contra la propia moneda son mínimos.

De esta manera se va con- formando una nueva división inter- nacional del trabajo, que no surge como producto de las decisiones conscientes de algún poder oculto, o de la "perversidad moral " de tal o cual gobernante subido a la moda reaccionaria de la hora, sino como resultante de múltiples movi- mientos, presiones y choques, entre clases sociales, interburgue- sas y entre los estados.

Tipo de cambio y estructura rela- tiva de precios

El tipo de cambio sobreva- Iuado es el precio pagado por fre- nar el proceso inflacionario a partir de anclar la tasa de cambio (ver Salama y Valier (1993) ). Detener la espiral hiperinflacionaria se con- virtió en unï imperativo para el conjunto del capital, dada la impo- sibilidad de continuar con una acu- mulación basada en la expansión inflacionista de las exportaciones y en la desvalorización de la fuerza de trabajo vía desvalorización de la moneda. Asumiendo los intereses

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del conjunto del capital, el estado reestableció el poder de la moneda —dolarizada, es decir, renunciando en gran medida a su manejo sobe- rano-, condición esencial del poder de los capitales y de su acumula- ción (ver S. Clarke (1988) sobre la importancia de este punto). Las tasas de interés, más elevadas con respecto a los Estados Unidos y otros países adelantados, provocan una entrada de capitales que a su vez mantienen y acentúan la sobre- valuación del tipo de cambio; o sea, ésta no refleja un aumento de la productividad industrial del país —como lo indicaría la teoría del tipo de cambio por la paridad del poder de compra de las monedas- sino los movimientos del capital finan- ciero con altos componentes espe- culativos“.

Esta sobrevaluación del tipo de cambio transmite las pre- siones del mercado mundial al mercado interno en forma amplifi- cada, imponiendo la constricción imperiosa de nivelar las condicio- nes de trabajo y salarios a los ni- veles más bajos, dada la situación de sobreproducción y crecimiento débil de la economía mundial.

La apertura comercial y el tipo de cambio fijo dieron como resultado importantes modificacio- nes en la estructura de va- lor-precios, lo que implica cambios en la apropiación y realización de plusvalía por uno u otro sector. Esto provoca transformaciones

muy abruptas en el aparato indus- trial. A pesar del aumento de la explotación, no todas las empresas logran niveles de rentabilidad sa- tisfactorios para impulsar la acu- mulación capitalista, dada la caída de los precios internacionales y la apertura en estas condiciones. Por ejemplo en los últimos 4 años los precios de productos petroquímicos bajaron alrededor del 50%, el alu- minio más del 40%, muchos pro- ductos siderúrgicos entre el 15 y el 20%.

Esto explica que la tenden- cia hacia la internacionalización de la economía genere a su vez contra tendencias hacia un mayor protec- cionismo. Así como la internacio- nalización responde a la lógica del capital "en general ", sabemos que éste no actúa en abstracto como tal, sino particularizado en los "muchos capitales". Cada capi- talista y cada sector está de acuer- do con la apertura comercial a ex- cepción de la que afecta su propia industria. De allí que constante- mente se renueven presiones por el proteccionismo, y las grandes potencias tiendan ala formación de grandes espacios económicos, fortalecidos detrás de barreras arancelarias. La intervención esta- tal, con subvenciones, proteccio- nes, aperturas parciales, etc, puede jugar un rol importante en la redis- tribución de plusvalía entre los diferentes sectores. La apertura de la economía argentina responde a

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la tendencia general hacia la inter- nacionalización de las fuerzas pro- ductivas, pero mediada por las presiones proteccionistas y los jue- gos de lobbies de las diferentes fracciones burguesas. Sin embargo los países imperialistas, con mayor poder económico y político, son los que imponen las mayores ba- rreras y tratan de asegurarse zonas privilegiadas.

En nuestro país los sec- tores menos sometidos a la com- petencia externa pueden evadir par- cialmente los efectos de la sobre- producción mundial. Se origina así un movimiento de precios que determina a su vez un amplio aba- nico de tasas de ganancias entre sectores. Desde el lanzamiento del plan de Convertibilidad los precios de las manufacturas industriales bajaron en el orden del 40 al 50% con relación a los precios de sec- tores de servicios o productos protegidos en la comercialización para el mercado interno. Esto significa una transferencia de plusvalor importantísima hacia sectores monopólicos internos - entre ellos los que se beneficiaron con las privatizaciones de los servicios públicos - y hacia secto- res improductivos ligados a la co- mercialización (sus efectos sobre la tasa de ganancia se tratan luego), así como la transferencia de plus- valor a sectores financieros, afec- tando negativamente la rentabilidad y por lo tanto las inversiones en

sectores manufactureros como celulosa y papel, petroquímica, siderurgia, aluminio, etc. A pesar de que en nuestro país las estadísti- cas sobre rentabilidad empresaria son casi inexistentes, puede tenerse un panorama del problema a través de las empresas cotizantes en la Bolsa. Es cierto que en muchos casos la productividad por obrero ha mejorado sustancialmente, y los márgenes de beneficio aumentaron con respecto a 1991, pero sin em- bargo siguen siendo exiguos en grandes ramas del sector manufac- turero“.

La situación es altamente inestable, ya que está condicionada por los cambios en la economía mundial y por las posibles varia- ciones en el tipo de cambio y la estabilidad financiera de conjunto. Por eso la conformación de los grupos y de las relaciones interbur- guesas está lejos de configurarse de manera medianamente estable. Por ejemplo, desde mediados de la década de los ochenta parecía deli- nearse una estructura productiva con un sector exportador dinámico, liderado por empresas pertenecien- tes a los grandes grupos económi- cos, que lograban ocupar "nichos" en la división internacional del trabajo, junto a los grandes con- glomerados vinculados al petróleo y a contratos estatales.

Si comparamos la actual estructura exportadora con la que existía hace apenas tres años, nota-

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mos cambios importantes en el dinamismo de las principales ex- portaciones manufactureras. Secto- res productores de insumos indus- triales básicos pierden fuerza con respecto a tres años atrás. Es el caso de las siderúrgicas como Si- derca o Aceros Paraná (ex Somi- sa); de Aluar (aluminio); de las petroquímicas. También pierden relativamente los frigoríficos e industria del cuero, mientras que por otro lado avanzan las petrole- ras, las automotrices y algunos sectores de la alimentación como las aceiteras (datos tomados del estudio especial sobre empresas industriales que más exportan de "Prensa Económica", julio 1993).

Hoy adquieren más dina- mismo los grandes conglomerados ligados al área energética y nuevos grupos, como los que prestan servicios volcados al mercado interno; la estructura final depen- derá en gran medida de las resul- tantes delas presiones interburgue- sas en torno al tipo de cambio y la política industrial, y de la evolu- ción de la economía mundial.

Lo mismo podemos decir de la tendencia a la diversificación de los grandes grupos, tendencia que fue muy clara en los ochenta y que se prolongó durante toda la fase de privatizaciones intensas. Hoy pareciera que hay una rever- sión - por lo menos parcial- en el empuje hacia la diversificación (lo mismo se registra en Estados Uni-

dos desde mediados de los ochen- ta). Grandes grupos como Perez Companc,. Garovaglio y Zorroa- quín, Comercial del Plata o Alpar- gatas empezaron a abandonar em- prendimientos, para concentrarse en ramas específicas.

Tasa de ganancia y trabajo im- productivo

El pensamiento económico vulgar, desprovisto de una teoría objetiva del valor, no distingue entre trabajo productivo e impro- ductivo. Se le escapa que los bene- ficios de sectores como el comer- cio (en la medida que correspon- dan a las operaciones derivadas de la metamorfosis de la mercancía) no son otra cosa que transferencias del valor generado en la produc- ción”. Esta distinción entre secto- res productivos e improductivos, fundada en la teoría marxista del valor, cobra relieve a la hora de analizar el comportamiento de la rentabilidad del capital. Es que el crecimiento de un amplio sector ligado al comercio y otros sectores no productivos de plusvalor agudi- za las tensiones sobre la tasa de ganancia. Fred Moseley (1992) ha insistido en la importancia de los gastos improductivos, en particular en el crecimiento de la estructura comercial, para deprimir la tasa de ganancia en las economías capi- talistas desarrolladas.

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En Argentina podemos obtener un índice de la disminu- ción del trabajo productivo con respecto al improductivo a partir de comparar los ratios entre tra- bajadores ocupados en la manu- factura y la construcción con res- pecto a los ocupados en el comer- cio” (ver recuadro):

Distribución porcentual de la población ocupada por rama de actividad, Capital Federal y Gran Buenos Aires:

1980 1992 ( l) personal ocupado en manufactura + construcción 39,6 30,0 (2) comercio 18,4 21,0 Ratio (1)/(2) 2,15 ¡,42

(Fte: Indec).

Como puede apreciarse, la estructura fuertemente improducti- va de 1980 ha tendido a agravarse. En aquel año por cada ocupado en el comercio había 2,15 ocupados en la industria o en la construc- ción; en 1992 ese ratio había dis- minuido a 1,42, una caída del 34%. Este ejército de trabajadores improductivos es alimentado por el permanente flujo de trabajadores que son expulsados del sector productivo. Sólo de las empresas públicas más de 200 mil perdieron el trabajo desde 1989 (fueron da-

dos de baja 258.000 de los cuales sólo 55.700 pasaron a las empresas privatizadas). La mayoría han entrado en las variantes del kiosko o actividades semejantes.

Como sostiene Moseley, a pesar de que el aumento de la pro- ductividad contribuye al aumento de la tasa de beneficio - por el aumento de la tasa de plusvalía- el resultado del incremento es mucho menor que el requerido para una restauración adecuada de la tasa de beneficio.

La tendencia al crecimiento del trabajo improductivo destinado al comercio parece ser general en el capitalismo actual (a diferencia del trabajo bancario y financiero, que estuvo sujeto a una amplia mecanización y automatización). Moseley concluye que alrededor de dos tercios del aumento del trabajo improductivo en los países capi- talistas adelantados se debió al trabajo comercial. Considera que la causa fundamental está en las dificultades que encuentra el capi- talismo para tecnificar estos tra- bajos. Si bien esto es cierto, pode- mos posiblemente adelantar otras dos hipótesis: por un lado, las difi- cultades de realización de plus- valía, lo que obliga a la intensifi- cación de las cadenas de comer- cialización, acción de propaganda, etc. En segundo lugar, el refugio que encuentran los sectores despla- zados de la producción en los "nichos" de la comercialización no

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monopolizados, recreando una estructura de clase pequeño bur- guesa empobrecida.

Gnstopiblicoypagadedana

Otro elemento importantísi- mo en la disminución dela plusva- lía disponible para la inversión está constituido por el drenaje que sig- nifica el mantenimiento del gasto estatal y en particular de la deuda pública, interna y externa.

Desde el punto de vista teórico el problema del gasto público y de su financiamiento no está completamente saldado en la discusión marxista. Nosotros nos inclinamos por la tesis de que, salvo el gasto en servicios de se- guridad social (que sería capital variable social, esto es, parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo, tomado, de conjunto por el capitalismo), todos los gastos que hacen al mantenimiento del aparato represivo, administrativo, y los gastos de reproducción y mejoramiento de la red de infra- estructura son financiados con plusvalía. A ello se suma el pago de los intereses y capital de la deuda pública.

Para analizar el problema del gasto público y su influencia en la acumulación de capital, conside- ramos esencial situarnos al nivel de la producción. Como dice Yaffe (1979), "las contradicciones de la intervención estatal han de ser lo-

calizadas en el punto de produc- ción de plusvalor y no en la distri- bución del ingreso nacional" (pag. 74). En una fase de crisis, oca- sionada precisamente por la caída de la rentabilidad de los capitales, la presión por reducir toda transfe- rencia de plusvalía al estado se agudiza. Pero al mismo tiempo la reducción de la inversión privada, y con ello de la producción de plusvalor, agudiza la crisis fiscal, y con ello el endeudamiento ge- neral. A su vez, las presiones de diferentes sectores burgueses por subvenciones, por salvarse del disciplinamiento que impone la ley del mercado durante la crisis, se agudiza. Cada capitalista acepta "en general " que la superación de la crisis de rentabilidad implica la desvalorización de importantes sectores del capital total, siempre que no afecte a su capital en parti- cular. Las presiones y las necesida- des del estado de acudir en socorro de sectores afectados regenera défi- cit fiscal que drena plusvalor. En lo que respecta a los gastos socia- les, si bien durante la crisis se reducen considerablemente, tam- bién tienen límites que se hacen difíciles de superar hacia abajo, sin provocar graves problemas de legi- timidad al estado.

Estas tendencias provocan efectos contradictorios. Por ejem- plo, la caída de la inversión públi- ca debilita la infraestructura pro- ductiva (capital constante social,

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según la categoría que tomamos de B. Theret y M. Wieviorka (1980) ). Si bien esta caída aligera la presión sobre el plusvalor disponi- ble para la acumulación capitalista privada, al mismo tiempo el dete- rioro de la estructura productiva reactúa aumentando los gastos generales del capital. Este es un resultado general de la onda larga recesiva en los países capitalistas (inclusive algunos sostienen que la actual infraestructura productiva de los EE.UU. está más deteriorada que en los años treinta). En Ar- gentina se manifiesta agudamente, dado el largo estancamiento de la inversión en este terreno. El dete- rioro de la infraestructura producti- va y los gastos que conlleva pre- sionan sobre las cuentas públicas y reducen las posibilidades de tribu- tación fiscal.

Todos estos elementos ex- plican la siguiente paradoja que se advierte en todos los países capita- listas: al tiempo que pregonan la reducción del gasto público, éste no deja de aumentar. En el caso de nuestro país, el problema se agudi- za por los enormes servicios finan- cieros que implica la deuda públi- ca. De enero a junio de este año, los servicios financieros insumie- ron erogaciones al Tesoro por un promedio de 418 millones de dólares mensuales (para tener un parametro de comparación, los gastos en personal fueron en pro- medio de 323,9 millones. Datos de

Fiel, "Indicadores de coyuntura", julio de 1993). Este es un drenaje de plusvalía, que inevitablemente incide sobre la tasa general de ganancia del sector productivo.

privado de las empresas

El pago de las deudas por capitales prestados es una fracción de la plusvalía, que en condiciones "normales" de la acumulación no deberían poner en peligro a ésta. Pero en la medida en que las con- diciones de realización del produc- to se dificultan, y con ello la facili- dad para la rotación de los capita- les industriales, existe una tenden- cia al aumento del endeudamiento a corto plazo. En determinado m0-

' mento los intereses adeudados pue- :den comenzar a exceder el ingreso

generado por el capital en activo, de manera que se empiezan a con- traer deudas para pagar intereses; entonces la deuda pendiente crece- debido a los intereses que se acumulan sobre la deuda existente. Es lo que Minsky (1982) llama "fi- nanciamiento Ponzi", que lleva por lo general a una crisis financiera. Un aumento del ratio deuda/in- gresos de las empresas acrecienta el peligro de entrar en un finan- ciamiento en eSpiral "a lo Ponzi", dado que disminuye el porcentaje de declinación del ingreso que provocará dificultades en el cum- plimiento de las deudas (ver en

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Minsky (1982), "Can "It" Happen Again?").

Si bien en nuestro país no se ha llegado a una situación de tipo Ponzi, el ratio de deudas sobre ventas y patrimonio ha crecido en forma importante, lo que significa una importante disminución de la plusvalía que queda en el sector productivo. De acuerdo con un es- tudio realizado sobre el endeuda- miento de las empresas cotizantes en Bolsa, (J. Hansen en "Ambito Financiero", 31/5/1993) desde el primer trimestre de l99l hasta fines de 1992 la deuda global de las empresas había crecido 613 millones de dólares, llegando el total de la deuda a los 3.943 millo- nes. Tomando como indicador la relación deuda total/patrimonio neto, este era de 36% en el primer trimestre de 1991 y llegaba al 50,9% en diciembre de 1992. El plazo de vencimiento del 63% de estas deudas era menor de un año. En estas condiciones una caída de ventas, una recesión, podría tener efectos graves sobre el conjunto del sistema bancario y profundizar a su vez la recesión. Debe tenerse en cuenta que más del 60% de la deuda de las empresas está con- traída en dólares (lo que representa dificultades crecientes para la balanza de pagos). Ya en los últi- mos meses los bancos debieron refinanciar forzosamente arriba de 300 millones de dólares sólo en operaciones de salvataje de grandes

empresas (Indupa, Massuh, Fri- gorífico Río Platense, Georgalos), además de las quiebras y la situa- ción crítica que afecta a amplios sectores de la producción mediana y pequeña, industrial o agrícola. Son todos elementos característicos de un ciclo de bases débiles, que a mediano plazo pueden adquirir enorme importancia.

Por otra parte, si se toma de conjunto el tema del endeuda- miento, se ve que la deuda privada ronda los 8.000 millones de dóla- res. Tomando como referencia el año anterior al del plan de Con- vertibilidad, el endeudamiento total habría pasado de representar un 12% del PBI a un 19% (estimado) en 1993 (de acuerdo a cálculos privados; "La Nación", 11/4/1993). Esto confirma otra similitud con los ciclos de otros países capitalistas en esta fase larga de crecimiento débil, porque gran parte de ese endeudamiento fue a financiar el "boom" de consumo de las capas medias de la población.

WWytïpode cambio

La contrapartida de la fija- ción del tipo de cambio fue la des- aparición del excedente comercial. que se transformó en déficit. Este engrosa a su vez el déficit de la cuenta corriente (suma del saldo de la balanza comercial y de las trans- ferencias por servicios financie-

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ros). Si en los 5 años que van desde 1985 a 1990 el déficit de la cuenta corriente sumó 9.125 millo- nes de dólares, en sólo dos años (1991 y 1992) superó los 11.200 millones. A mediano plazo esta situación impone nuevos problemas a la marcha de la economía argen- tina, en particular por su fuerte endeudamiento externo.

El pago de la deuda exter- na debe realizarse en divisas fuer- tes, en dólares, para lo cual es ne- cesario proveerse de los mismos. Esto puede darse por dos vías: o bien por excedente de la balanza comercial, o por ingresos de ca- pitales (Argentina no dispone de inversiones extranjeras de magni- tud significativa, que podrían ser otra fuente de ingreso). Este año los datos del comercio exterior disponibles muestran que la situa- ción tiende a agravarse. El déficit de la balanza comercial en los pri- meros seis meses del año fue de 770,9 millones de dólares, un 33,4% superior si se lo compara con el mismo período de 1992. Las exportaciones crecieron un 6,6% pero las importaciones lo hicieron un 9%.

Los servicios de la deuda externa para los próximos años son difíciles de calcular, pero de acuer- do con lo informado por el propio ministro Cavallo, los mismos se- rían algo menores al 2% del PBI, con lo que rondarían los 3.500 millones de dólares anuales.

Hasta el momento el déficit de cuenta corriente fue cubierto por el ingreso de capitales extran- jeros, una parte del cual vino por las privatizaciones, otra parte son capitales especulativos que entran al corto plazo, otros son repatria- ciones de capitales. Pero ésta es una base muy endeble, que en cualquier momento se quiebra; ningún país puede resistir la pre- sión de las inmensas masas de capitales golondrinas cuando deci- den retirarse, luego de haber reali- zado fuertes diferencias; mucho menos puede hacerlo una economía débil, con fuertes déficits comer- ciales y endeudada como la ar- gentina.

Paralelamente la inflación no cede en la medida suficiente como para mantener la paridad fija con el dólar“. Inclusive el Banco Mundial y Brady han hecho alu- sión a la inadecuación del tipo de cambio para revertir el déficit de la balanza comercial. Pero la solución no es tan sencilla porque una deva- luación debilitaría fuertemente el disciplinamiento monetario, impul- sando inmediatamente a la infla- ción, y entonces los efectos sobre los precios relativos serían nulos. La situación de los mercados inter- nacionales no es promisoria, ya que las proyecciones de crecimien- to para los países adelantados indican que seguirá débil, y el deterioro de los términos de inter- cambio para los productos prima-

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rios no da muestras de revertirse. Por este lado entonces no se avizo- ran condiciones para un cambio sustancial en la balanza comercial. Eventualmente, de conti- nuarse en esta dirección, se podría desembocar en un "estallido" con similitudes a lo que hoy vemos en España. Este país, tan alabado en su momento como "modelo" a imi- tar por los partidarios de la actual política económica, entró en una profunda crisis. Luego de años de "boom" de consumo e inversiones especulativas, de política económi- ca ilusionada con la magia de los manejos monetarios, las reservas y la moneda se derrumbaron, la tasa de desocupación hoy llega al 22% de la población activa, en diez años la deuda pública se multiplicó por cinco, el crecimiento económi- co es casi nulo y la balanza de cuenta corriente fuertemente nega- tiva. La economía argentina tiene para colmo el peso de una colosal deuda externa y una estructura pro- ductiva mucho más deteriorada.

A modo de conclusión

Toda crisis económica es- tructural, como la que vive el mundo capitalista en esta onda larga plantea la emergencia de transformaciones en tres planos: a nivel de las relaciones intercapita- listas, de las relaciones capital-tra- bajo y en la división internacional del trabajo.

En la estructura económica y social argentina se han estado produciendo enormes transforma- ciones en los tres sentidos. Pero pensamos que aún no se vislumbra la emergencia de ninguna nueva etapa de acumulación capitalista (o

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para decirlo en términos tan caros a la escuela de la regulación, no vemos que haya surgido un nuevo régimen que pueda ser calificado de post-fordista). Existe un ciclo de crecimiento económico que no modifica por ahora las condiciones generales de la fase larga depresi- va, y que está inmerso en un con- texto mundial en el que la econo- mía no supera la tendencia al es- tancamiento. Lo que predomina por ahora es la crisis, y las res- puestas del capital a la misma, tendientes a reestablecer la tasa de ganancia y a adecuarse a las ne- cesidades de la economía mun- dial. Los cambios son profun- dos, pero creemos necesario sub- rayar que el resultado final de todo este proceso y la eventual supe- ración de la fase larga depresiva (ya que no existe crisis sin sali-da para el capitalismo) no está aún definida y dependerá de la evolu- ción de la lucha de clases y de las relaciones de fuerza intercapitalis- tas y a nivel mundial.

Buenos Aires, Septiembre 1993

Notas

l Cuando hablamos de onda larga depresiva nos referimos a un período largo de tendencia al estancamiento, sin querer por ello significar un ciclo del tipo Kondratief. En nuestra opinión. es indudable la existencia de pen'odos largos de tónica depresiva, así como períodos largos expansivoa en la economía capitalista. Pero las evidencias empíricas son hasta ahora inconsistentes con la tesis de los ciclos Kondratief-o sea, con la existencia de ciclos de aproximadamente 25 años de ascenso

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y 25 de descens0-. en especial en lo que hace a las cifras de acumulación y producción real. Ver al respecto M.N. Clearly y G.D. Hohbs (1983) N.Rosenberg y CR. Frisdhtak (1984).

2. Para una comprobación empírica de la tendencia al aumento de la composición de capital. que durante mucho fue negada por los neo-ricardianos, ver E. Ochoa (1986). Sobre la relación entre la acción de la ley y las causas contrarreslantes. ver Th.R. Michl (1991).

3, Al respecto hay que superar una visión que estuvo muy en boga en la izquierda latinoamericana, cuya máxima expresión teórica fue la teoría de la dependencia. que negaba toda posibilidad de desarrollo económico a los países subdesarrollados. Para citar una vez ma's una crítica que muchas veces se le hizo. la teoría de la dependencia nunca pudo dar cuenta teórica del caso coreano.

4. "...en la crisis general de la superproducción la contradicción no se da entre los diferentes géneros del capital productivo. sino entre el capital industrial y cl "Ioanable' (que puede prestarse): entre el capital tal cual se introduce directamente en el proceso de producción y el capital tal cual se presenta como dinero. de manera autónoma (relativamente) y al margen del proceso). Marx (1989) pags 365-7).

5. En los EEUU se ha calculado que el 72% del ahorro en la posguerra estuvo en manos de grandes empresas y sólo el 28% en promedio estuvo fonnado por ahorros personales. Más aún. la mayoría de estos se deslinaban no a la industria. sino a la construcción de viviendas.

6. El trabajo de Michl tiene importancia en cttanlo demuestra cómo la ley descubierta por Marx actúa en el largo plazo. creando las condiciones estructurales para la fase larga depresiva. El bloqueo progresivo de las causas conlrarrestantes entre fines de los sesenta y comienzos de los setenta -subida del salario real por presión sindical y subida de los precios de las materias primas- se combinó entonces con una presión ascendente de la composición orgánica del capital. para dar como resultado la caida de la tasa de ganancia. La inestabilidad financiera que acompañó al proceso'y la cn'sis de sobreproducción a su vez reacluaron sobre la tasa de ganancia.

A fines de los setenta los salarios se habian contenido y habían comenzado a deteriorarse seriamente. y los terminos de intercambio volvían a ser favorables para los países adelantados. Sin embargo la composición orgánica de capital siguio actuando como causa estructural de largo plazo. que daba el sesgo general de inversiones débiles y recesiones a todo el período. Sobre la elevación de la composición orgánica durante la posguerra. ver Ochoa (1986) y también V. Perlo (1968) para una crítica a los que negaron durante un tiempo la validez empírica de la Icy. De todas maneras. en nuestra opinión los lrabajos de Ochoa son los más concluyentes al respecto.

7. Ver Marx (1989) Tomo l pag 366: Marx insiste en este punto en "El Capital" cap. 10 del lomo l.

8. " El capital financiero. escribió Lenin. es una fuerza tan decisiva "en todo lo economico y en todas las relaciones internacionales, que es capaz de someter incluso a los estados (y de hecho lo hace) disfrutando la plena independencia política". Esto puede ocurrir sólo si la corriente de capital a interés alcanza un aspecto supranacional. muy por encima de las meras relaciones de poder entre los estados. Los gobiernos contraen deudas fuera de sus fronteras y quedan así sometidos a cierta disciplina fiscal y monetaria La conducta de las economías nacionales puede ser sometida igualmente a la disciplina de las corrientes internacionales. particularmente del capital-dinero. El

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capital financiero. afirmó Lenin. es esta etapa en que el capital "echa sus redes- sobre todos los países del mundo" por medio de la exportación de capital-dinero más bien que de mercth las" (D. Harvey (l990) pag. 327).

9, Nótese nuevamente la diferencia con los años treinta. en que se impuso un fraccionamiento de la economía mundial en zonas monetarias: este fraccionamiento sobredeterminó la existencia de lógicas nacionales que no seguían la de la crisis mundial. Hoy existe una mundialización del sistema monetario que permite un rápido y amplio movimiento de los capitales líquidos y condicionan ampliamente los desarrollos nacionales.

IO. Otra característica general de muchos ciclos alcistas de las monedas en esta fase del capitalismo: con el importante aditamento de que en los países dependientes estos movimientos suelen terminar con reversiones violentas. cuando los capitales deciden retirarse. Por otra parte. es necesario relacionar estas reversiones con los cambios a nivel internacional de las políticas monetarias y financieras. En los países centrales. a los intentos de salida de la recesión del 74-75 por vía inflacionista -que llevó a una política de endeudamiento intemacional- le siguió una reversión brutal hacia la reaserción de la constricción monetaria a comienzos de los ochenta (ver Aglietta (1984) ). En ese entonces las altas tasas de interes en los Estados Unidos, en condiciones recesivas de amplias zonas del planeta. aumentaron la presión especulativa contra las monedas de países endeudados debido a Ia fuga de capitales. Un aflojamiento de la política monetaria en los países centrales ayuda en estos momentos a la entrada de capitales a los países dependientes: situación que. por supuesto. puede cambiar rápidamente. dadas las condiciones generales de inestabilidad económica y linanciera. ll. Algunos casos son ilustrativos, como el de Acíndar. empresa siderúrgica en que los trabajadores debieron enfrentar una fuerte ofensiva de reestructuración y explotación. Con menor personal e intensificación de los ritmos de producción la productividad medida por horas/hombre mejoró un 35% en |99|-92 y la dirección de la empresa espera que mejore de un l7 al 21% adicional entre 1992-93. (datos tomados de "El Economista" 265/93). Los márgenes de rentabilidad no subieron sin embargo en la misma proporción. por muchos de los factores discutidOs a lo largo de este artícu- lo. '

12. 'Liberado de las múltiples funciones que pueden vincularse con el como por ejemplo acopio. expedición. transporte. distribución. entrega al menudeo. el capital comercial, limitado a sti verdadera función, que consiste en comprar para vender. no crea valor ni plusvalía, sino que se conforma con cumplir la función que implica la realización de ambos. y por lo tanto el verdadero intercambio de las mercancías. su paso de una mano a la otra: el intercambio social de sustancia" (Marx, tomo 3 capítulo l7).

l3. Lo que buscamos es un índice del grado de evolución. no una división precisa entre trabajo productivo industrial e improductivo comercial. Como se indicó, dentro del trabajo comercial se encierra un trabajo productivo. el del transporte. almacenamiento, clc. Y dentro del personal ocupado en manufactura las estadísticas incluyen una parte dedicada a la comercialización dentro de las empresas.

l4. A pesar del cero. mentiroso. de inflación en agosto, la inflación anual para los últimos l2 meses (más del 9%) sigue siendo incompatible con el tipo de cambio fijo. Digamos además que dados los

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incrementos de la productividad. una inflación nominal cero significa una inflación real igual al aumento de la productividad. En términos de la ley del valor, el incremento de 1a productividad debería traducirse cn deflación nominal de los precios. Esto muestra a las claras cómo el mecanismo monetario permite al capital apropiarse íntegramente de la plusvalía generada por el aumento de productividad.

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CE.

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Cuadernos de Ciencias Sociales

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jesús albarracín pedro montes

El capital en su laberinto

Los debates de fondo

La última expansión cíclica del capitalismo ha sido más larga de lo que cabía esperar, pues se inicio con Ia decada de los ochenta y ha concluido con ella. No obstante. su intensidad ha sido sensiblemente menor que la registrada en la fase expansiva anterior a la crisis econó- mica actual. ha ido acompaña (le fuertes desequilibrios e inestabilidad. no ha permitido una recuperacion de la tasa de beneficio suficiente para alcanzar los niveles previos a la crisis y ha desembocado en una nueva recesión cuya gravedad está por determinarse. A pesar de ello, ¿se están creando las condiciones para una fase expansiva de larga duración?

Para la explicación tradicional se requiere un aumento sustancial de la tasa de beneficio para remontar la fase recesiva que sólo se puede producir si la lucha de clases lo permite. Pero, para algunos. este es un falso criterio porque se están produciendo transformaciones internas muy significativas en el seno del sistema que están creando, paulatinamente. las condiciones para que el capitalismo se adentre en una etapa de relativa estabilidad económica y social. Para estos autores, nos encontramos en un período transitorio entre la fase recesiva y la expansion de Ia onda larga. Aunque de una forma relativamente novedosa. el debate sobre la salida endógena o exógena de la crisis vuelve a estar sobre el tapete.

La última expansión cíclica del capitalismo a escala internacional ha sido larga. pero su intensidad. en términos (le crecimiento del PIB y

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de acumulación, ha sido sensiblemente menor que la que se registró en la fase expansiva de la onda larga que precedió a la crisis iniciada en 1973. El PIB de los países de la OCDE creció durante el período de [983-1989 el 3,6% al año, para caer en 1990 y 1991 al 2,6 y 1,1%, respectivamente, mientras que de 1960 a 1973 la tasa anual media fue del 4,9%. Y esto es así, tanto para el conjunto de la OCDE como para cada uno de los principales bloques imperialistas.

Los motores de la recuperación cíclica

La recuperación se ha producido en unas circunstancias ventajosas que no se pueden repetir en los años venideros. En primer lugar, la economia mundial contó con el impulso de la expansión norteamericana que, incurriendo en un enorme déficit exterior, impulsó la exportaciones del resto de los países, facilitando la recuperación de éstos. La balanza por cuenta corriente de Estados Unidos pasó de un superávit de 7.000 millones de dólares en 1981 a un déficit de ¡60.000 en 1987, el 3,6% de su PIB. Este déficit exterior se reflejó en un aumento sustancial del déficit público, que ha permanecido durante el período 1982 a 1988 por encima del 3% del PIB. En segundo lugar, la caída de los precios de las materias primas entre 1982 y 1986 y el brusco descenso del precio del petróleo en 1985 (de 27,4 dólares en 1985 a 15 en 1986, para la media del petróleo importado por los países de la OCDE), supusieron un sustancial trasvase de renta de los países productores a los paises consumidores, que contribuyó a prolongar la recuperación. Por último, aunque el hecho no tenga la trascendencia de los anteriores, a raíz del crash bursátil de octubre de 1987, los gobiernos tomaron transitoriamente medidas monetarias expansivas para evitar el riesgo de que al desplome de los mercados financieros siguiese una recesión, que se apuntaba en algunos paises. Este conjunto de factores ha desempeñado un papel importante, tanto en la intensidad del crecimiento de los años ochenta como, sobre todo, en su larga duración, de modo que el período tiene algo de irrepetible y de artificial.

La opinión anterior se refuerza si se analizan otro conjunto de rasgos de la evolución económica reciente. El fuerte endeudamiento en que han incurrido todos los sectores económicos en la mayoría de los paises ha tenido el efecto de aumentar la demanda y sostener la actividad en el pasado, pero limita las posibilidades de expansión en el futuro. Los

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déficits del sector público se han ido acumulando y al principio de los años noventa todos los países tienen una relación de endeudamiento del sector público/PIB sensiblemente más alta que antes de la recuperación. En la CEE esa relación ha aumentado en 15 puntos, pasando del 45% al 60%, con aumentos espectaculares en algunos países como Bélgica, Italia y Holanda, y en Estados Unidos el aumento también ha sido de 15 puntos. La mayor parte de los países están incurriendo todavía en déficit públicos y la carga de intereses ha crecido significativamente en. muchos de ellos, lo que representa otra rémora importante para la política fiscal. Se ha reducido, pues, el margen de maniobra de los países para adoptar una política fiscal expansiva. Otro tanto puede decirse de las empresas. La relación en sus balances entre los recursos propios y ajenos y su endeudamiento en relación con el PIB muestran un empeoramiento a lo largo de la década, a pesar de la recuperación de los beneficios que se ha registrado. Y, en fin, lo mismo puede decirse de las economías domésti- cas, cuyo endeudamiento en relación con la renta disponible se ha degra- dado acusadamente. Así, por ejemplo, entre 1980 y 1990, el endeudamiento de las familias ha aumentado en Estados Unidos desde el 77% de la renta disponible al 96%, en Japón del 58 al 92%, en Alemania del 76 al 87%, en Gran Bretaña del 48 al 105%. Cualquier recuperación cuenta. con este aumento del endeudamiento de todos los sectores económicos, con una limitación importante.

El reducido crecimiento de la productividad

El aumento del endeudamiento ha ido acompañado de una caída sensible del ahorro nacional, cuyo nivel es más bajo que el que se registró en la fase expansiva de la onda larga. Para los países que integran el Grupo de los Siete, frente a una tasa de ahorro neto del 13,5% del PIB en la década de los sesenta y de los setenta, en la de los ochenta ha sido del 10%. En el caso de las economías domésticas y em- presas familiares, entre 1980 y 1990, la tasa de ahorro ha descendido en Estados Unidos desde el 7,3 al 4,3%, en Japón desde el 17,9 al 14,3%, en Francia del 17,6 al 12%, en Italia del 21,6 al 15,6%, y así al resto de los principales países, a excepción de Alemania. El retroceso del ahorro ha discurrido paralelo a una caída del nivel medio de la participación de la inversión en el PIB, lo que se ha traducido en una caída apreciable del aumento de la productividad. Frente a un aumento medio del 3,8% en el período 1960-73 para los países de la OCDE, el aumento ha quedado

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de acumulación, ha sido sensiblemente menor que la que se registró en la fase expansiva de la onda larga que precedió a la crisis iniciada en 1973. El PIB de los países de la OCDE creció durante el período de ¡983-1989 el 3,6% al año, para caer en 1990 y 1991 al 2,6 y 1,1%, respectivamente, mientras que de 1960 a 1973 la tasa anual media fue del 4,9%. Y esto es así, tanto para el conjunto de la OCDE como para cada uno de los principales bloques imperialistas.

Los motores de la recuperación cíclica

La recuperación se ha producido en unas circunstancias ventajosas que no se pueden repetir en los años venideros. En primer lugar, la economía mundial contó con el impulso de la expansión norteamericana que, incurriendo en un enorme déficit exterior, impulsó la exportaciones del resto de los países, facilitando la recuperación de éstos. La balanza por cuenta corriente de Estados Unidos pasó de un superávit de 7.000 millones de dólares en 1981 a un déficit de 160.000 en 1987, el 3,6% de su PIB. Este déficit exterior se reflejó en un aumento sustancial del déficit público, que ha permanecido durante el período 1982 a 1988 por encima del 3% del PIB. En segundo lugar, la caída de los precios de las materias primas entre 1982 y 1986 y el brusco descenso del precio del petróleo en 1985 (de 27,4 dólares en 1985 a 15 en 1986, para la media del petróleo importado por los países de la OCDE), supusieron un sustancial trasvase de renta de los países productores a los países consumidores, que contribuyó a prolongar la recuperación. Por último, aunque el hecho no tenga la trascendencia de los anteriores, a raíz del crash bursátil de octubre de 1987, los gobiernos tomaron transitoriamente medidas monetarias expansivas para evitar el riesgo de que al desplome de los mercados financieros siguiese una recesión, que se apuntaba en algunos países. Este conjunto de factores ha desempeñado un papel importante, tanto en la intensidad del crecimiento de los años ochenta como, sobre todo, en su larga duración, de modo que el período tiene algo de irrepetible y de artificial.

La opinión anterior se refuerza si se analizan otro conjunto de rasgos de la evolución económica reciente. El fuerte endeudamiento en que han incurrido todos los sectores económicos en la mayoría de los países ha tenido el efecto de aumentar la demanda y sostener la actividad en el pasado, pero limita las posibilidades de expansión en el futuro. Los

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déficits del sector público se han ido acumulando y al principio de los años noventa todos los países tienen una relación de endeudamiento del sector público/PIB sensiblemente más alta que antes de la recuperación. En la CEE esa relación ha aumentado en 15 puntos, pasando del 45 % al 60%, con aumentos espectaculares en algunos países como Bélgica, Italia y Holanda, y en Estados Unidos el aumento también ha sido de 15 puntos. La mayor parte de los países están incurriendo todavía en déficit públicos y la carga de intereses ha crecido significativamente en. muchos de ellos, lo que representa otra rémora importante para la política fiscal. Se ha reducido, pues, el margen de maniobra de los países para adoptar una política fiscal expansiva. Otro tanto puede decirse de las empresas. La relación en sus balances entre los recursos propios y ajenos y su endeudamiento en relación con el PIB muestran un empeoramiento a lo largo de la década, a pesar de la recuperación de los beneficios que se ha registrado. Y, en fin, lo mismo puede decirse de las economías domésti- cas, cuyo endeudamiento en relación con la renta disponible se ha degra- dado acusadamente. Así, por ejemplo, entre 1980 y 1990, el endeudamiento de las familias ha aumentado en Estados Unidos desde el 77% de la renta disponible al 96%, en Japón del 58 al 92%, en Alemania del 76 al 87%, en Gran Bretaña del 48 al 105%. Cualquier recuperación cuenta, con este aumento del endeudamiento de todos los sectores económicos, con una limitación importante.

El reducido crecimiento de la productividad

El aumento del endeudamiento ha ido acompañado de una caída sensible del ahorro nacional, cuyo nivel es más bajo que el que se registró en la fase expansiva de la onda larga. Para los países que integran el Grupo de los Siete, frente a una tasa de ahorro neto del 13,5% del PIB en la década de los sesenta y de los setenta, en la de los ochenta ha sido del 10%. En el caso de las economías domésticas y em- presas familiares, entre 1980 y 1990, la tasa de ahorro ha descendido en Estados Unidos desde el 7,3 al 4,3%, en Japón desde el 17,9 al 14,3%, en Francia del 17,6 al 12%, en Italia del 21,6 al 15,6%, y así al resto de los principales países, a excepción de Alemania. El retroceso del ahorro ha discurrido paralelo a una caída del nivel medio de la participación de la inversión en el PIB, lo que se ha traducido en una caída apreciable del aumento de la productividad. Frente a un aumento medio del 3,8% en el período 1960-73 para los países de la OCDE, el aumento ha quedado

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reducido al 2% entre 1983 y 1990. En el sector empresarial, del 4,1% en aquél período, no se ha superado el 1,5% entre 1973 y 1990, siendo éste un fenómeno que afecta a todos los países salvadas las diferencias acusadas de niveles que existen entre ellos.

El menor crecimiento de la productividad es un rasgo importante del último período, pero debe matizarse que se ha registrado una diferencia muy marcada por sectores económicos. En la industria, núcleo de la producción del valor, el aumento de la productividad ha sido más alto que en los servicios. pero ese crecimiento; en contraste con el pasado, ha sido producto fundamentalmente de la disminución del empleo. El aumento del empleo se ha concentrado en el sector servicios, lo que ha hecho que la productividad del sector haya aumentado muy débilmente, revistiendo los puestos de trabajo una gran precariedad. Por lo demás. el paro se ha reducido en los últimos años -hasta fechas recien- tes en que de nuevo ha comenzado a crecer con la recesión en algunos países-, pero su nivel se mantiene en cotas muy altas, reafirmándose que cada ciclo coyuntural expansivo se inicia con un nivel de paro, en términos absolutos y relativos, superior. En la cúspide de la pasada recuperación, el desempleo azotaba a 25 millones de personas y en estos momentos son ya 28 millones los afectados. (N de R: La OCDE estima en 36 millones de personas el paro forzoso para 1994).

La inestabilidad internacional

La última recuperación ha ido acompañada de fuertes desequi- librios económicos internacionales. Como contrapartida del agudo déficit exterior americano, las balanzas de pago de Japón y Alemania han registrado intensos superávit. La brecha de estos desequilibrios se ha reducido en los últimos tiempos, pero los flujos financieros que tienen que producirse para saldar las balanzas corrientes no han disminuido, puesto que a las necesidades de financiación que suscita cada nuevo déficit han de sumarse las derivadas de la refinanciación de los saldos pasados en la medida en que no se han cubierto con recursos estables. Estos desequilibrios de la balanzas de pagos están en la base de la im- portancia creciente de los flujos financieros internacionales. pero la complejidad y las dimensiones que ha cobrado la esfera financiera transciende la magnitud de dichos desequilibrios. La internacionalización de los mercados de capitales y la eliminación de las restricciones -

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desregulación de mercados- han creado una enorme burbuja financiera, en la que se despliega una hiperactividad, desconexa de la economía real. alimentada principalmente por la especulación. Adicionalmente debe recordarse que el problema de la deuda del Tercer Mundo dista de estar resuelto, a pesar de que se ha logrado desactivar y reducir los riesgos sobre los sistemas bancarios de los países acreedores, aunque, por otro lado, se ha agravado con la bancarrota de los países del Este.

L0 mencionado para los mercados financieros se puede hacer extensivo para los mercados de cambio, un terreno más donde ejercer la especulación. Los ochenta han sido testigos de una gran inestabilidad de los tipos de cambio. Al telón de fondo de los desequilibrios exteriores se une la fuerza de la especulación y la carencia de una moneda estable como base del sistema monetario internacional, todo lo cual contribuye y fomenta un clima de inseguridad económica internacional poco propicio para un desarrollo estable y firme de la acumulación del capital.

La limitada recuperación de la tasa de beneficio

Como se ha tratado de poner de manifiesto, el capitalismo está recorrido por graves problemas que ensombrecen los resultados obtenidos en la última década y levantan obstáculos a una pronta recuperación. Pero con respecto a las posibilidades de que esa recuperación represente además el inicio de una nueva onda expansiva, hay que resaltar que los logros en el pasado de una restauración de la tasa de beneficio han sido bastante limitados. En la CEE la recuperación a lo largo de los ochenta no ha sido suficiente para restablecer el nivel que existía a principios de los setenta. Esa recuperación se ha sustentado en el crecimiento del excedente derivado de la propia expansión económica y fundamentalmente de los efectos redistributivos de la renta que han logrado imponer los gobiernos, con mayor o menor resistencia de los trabajadores. Fruto de ella, los salarios directos han perdido participación en la renta nacional y los indirectos y diferidos han sufrido recortes derivados de la puesta en cuestión del Estado del Bienestar. No obstante, ni los salarios directos ni el Estado del Bienestar han retrocedido tan drásticamente como para restaurar la tasa de beneficio al nivel anterior a la crisis de los setenta. Los salarios reales han aumentado aunque sea levemente y se puede considerar irrelevante la disminución de los gastos públicos sin perjuicio de que se ha detenido la tendencia expansiva de los setenta.

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Las transformaciones durante la crisis

Desde mediado de la década de los setenta, una serie de autores franceses han analizado la crisis desde una perspectiva novedosa. Reclamándose de todo o en parte de Marx, según quien sea el autor, tienen muy en cuenta las contribuciones de Keynes‘. Las aportaciones de esta corriente se encuentran muy dispersas y su heterogeneidad interna es muy grande, pero sus elementos comunes han hecho que estos autores se puedan agrupar en lo que se conoce como "escuela de la regulación". Recientemente el debate se ha enriquecido porque otros autores que se sitúan en el campo de análisis de las ondas largas y que sostienen el carácter exógeno del paso de la fase recesiva a la expansiva han incorpo- rado una parte sustancial de los esquemas de los "regulacionistas".

Para estos autores, la recuperación sostenida de la tasa de beneficio no es el criterio para juzgar si la economía capitalista está saliendo de la crisis, sino el de si podrá alcanzar una estabilidad social, independientemente del nivel de la tasa de beneficio o del crecimiento económico, mediante nuevas articulaciones y nuevas regulaciones que le permitan conciliar sus contradicciones con un suficiente grado de consenso social y de eficacia económica. Y en este sentido, a lo largo de la última década se habrían producido cambios significativos. Estos se podrían esquematizar de la siguiente forma:

En primer lugar, se han producido transformaciones en la regulación de los salarios que pueden terminar desempeñando el mismo papel a mediano plazo que las derrotas de la clase obrera que se dieron en otras ondas largas recesivas. Antes se aceptaba que los salarios reales crecieran como la productividad, de forma que su participación en la renta se mantenía, ahora ha ganado legitimidad la norma de que en el mejor de los casos, solo mantengan su poder adquisitivo. Se acepta pues, el retroceso de la participación de los salarios en la renta nacional, esto es, el aumento de la tasa de explotación. Relacionado con esto, se ha producido una verdadera crisis del trabajo. Durante la fase expansiva, el empleo crecía porque la producción lo hacia más que la productividad y la jornada de trabajo se reducía. Ahora, el crecimiento de la productividad se está produciendo a costa del empleo y del mantenimiento de la jornada de trabajo. La crisis del empleo en los sectores productivos, el nivel del paro, la precariedad y la marginación, muestran que se está produciendo una "dualización" entre los trabajadores. La división interna

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de la clase obrera no es nueva, pero durante la fase expansiva había una tendencia hacia la homogeneización mientras que hoy funciona al revés. Todo esto no constituye una victoria decisiva de la burguesía, pero es un avance para sus intereses.

En segundo lugar, la recuperación de la tasa de beneficio ha sido insuficiente también porque el crecimiento de la productividad es muy bajo en relación con las tecnologías existentes y las nuevas formas de organización del trabajo, pero se pueden señalar algunos elementos que matizarían este hecho. Primeramente, la última expansión cíclica se ha basado en los servicios, cuya productividad es menor, lo que ha empujado hacia abajo el crecimiento de la productividad global, pero no quiere decir que la de la industria no este creciendo. Asimismo, no hay una realización integral de los cambios tecnológicos por la incapacidad del capitalismo para incorporarlos (son métodos más costosos y difíciles de generalizar, implican una penetración más lenta, etc.), pero la potencialidad existe. Finalmente, el cambio que se ha producido en la norma salarial permite compensar en la tasa de beneficio el menor crecimiento de la productividad.

En tercer lugar, la forma en que se ha sostenido la demanda, a pesar del bajo crecimiento de los salarios, también supone un cambio significativo. Durante la fase expansiva se había establecido una regula- ción mediante la cual la participación de los salarios en la renta se mantenía y la producción y la demanda crecían armónicamente impulsa- das por el consumo salarial. Ahora, cuando se produce crecimiento, los salarios no se benefician de él, sino que lo hacen los beneficios. El consumo que proviene de los salarios no crece, pero el sistema financiero está canalizando una parte del excedente generado en las empresas hacia el consumo no salarial. En efecto, las dificultades para encontrar inversiones productivas rentables hace que grandes flujos de capitales se dirijan hacia el sistema financiero, que se está inflando considerablemente. Pero a través de los altos tipos de interés, parte de los beneficios termina llegando a las familias ricas que aumentan su consumo. La "financiarización" creciente de la economía desempeña el papel de facilitar el consumo, amortiguando los efectos negativos que tiene la distribución de la renta contraria a los salarios en la realización de la plusvalía, por falta de demanda.

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Finalmente, se puede detectar un "nuevo dualismo", esto es, una tendencia al fraccionamiento de las economías en dos sectores: por un lado, la industria moderna y algunos servicios informatizados o informati- zables caracterizados por crecimientos elevados de la productividad, débil creación de empleo y relativamente altos salarios, y, por otro el resto de los servicios con baja productividad más abrigado de la compe- tencia, creadores de empleo, pero más precario y con menores salarios. Esta dualización es necesaria para que pueda funcionar la reproducción del capital dado los cambios que se han señalado más arriba. En efecto, durante la última expansión cíclica, la contradicción entre la recuperación de la tasa de beneficio y el mantenimiento de la demanda ha podido ser salvada porque el consumo no salarial ha sustituido al salarial. Pero esta no puede ser una solución permanente, por lo que, a largo plazo la única solución es desconectar la determinación de la tasa de beneficio del mantenimiento de la demanda mediante un nuevo dualismo: por un lado un sector competitivo, con un fuerte crecimiento de la productividad y alta tasa de beneficio. Por otro, un sector no sometido a las exigencias de la rentabilidad, que es el creador de empleos.

En conclusión, para estos autores, la fase recesiva se ha caracteri- zado por una caída menos brutal que en otras ondas anteriores y ahora estamos en una fase intermedia prolongada en la que el dualismo creciente puede desempeñar lo que el fascismo en la onda larga anterior. La nueva expansión lo será a costa de la degradación de las condiciones de vida de una gran parte de los trabajadores, de forma que el capitalismo no será "progresivo Pero se puede dar una salida de la fase recesiva sin un gran salto en la acumulación y el crecimiento porque el capitalismo encuentre una forma de estabilidad social distinta a la de los años 50 y 60. Un crecimiento sostenido aunque sea débil, le puede permitir un cierto apoyo social, estabilizar las relaciones sociales y obtener un cierto consenso y legitimación a pesar del dualismo, y además, siempre queda el recurso de la coerción. Pero, de todos modos, estas bases todavía no están definitivamente sentadas: tiene que haber un desgaste de la clase obrera aún mayor para que la gente acepte cualquier empleo. No todo será fácil para el capitalismo, pero es el modo en que está tratando de salir de la crisis.

¿Nuevos mecanismos reguladores?

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Las opiniones sobre la situación -los resultados moderados obtenidos por el capitalismo en la última recuperación, creciente "financiarización", dual ¡zación social, insuficiente recuperación de la tasa de beneficio, elementos de inestabilidad-. basadas como están en un examen de las condiciones económicas y sociales dominantes en la mayo- ría de los países, constituyen un substrato común de toda la izquierda. Igualmente parece ser una idea compartida que no se da la circunstancia para que el capitalismo emprenda una recuperación vigorosa, preludio del inicio de una nueva onda expansiva. Sin embargo, la cuestión de si hay una senda estable para el capitalismo es bastante discutida. Los regulacio- nistas creen que y piensan en ella como el futuro lógico y previsible. Por nuestra parte, aunque sería muy atrevido considerar ese futuro como descartable, sostenemos que los cambios no tienen la importancia que se les asignan y que no son muy diferentes de los que se han producido en otras fases de crisis del capitalismo, pronosticando que no cabe esperar un período estable para la economía del sistema. Como en otros momen- tos históricos equiparables, el desenlace será previsiblemente más convulso y no ajeno a acontecimientos políticos y sociales de gran trascendencia, en los que desempeñaría un papel decisivo la lucha de clases.

Uno de los problemas del "regulacionismo" es que tiende a interpretar como características específicas de un período lo que no son sino rasgos generales de cualquier situación de crisis, lo que le lleva a generalizaciones abusivas y a dar importancia crucial a algunos fenóme- nos. Esto es lo que ocurre con el "neodualismo", un fenómeno que no es nuevo en las crisis del capitalismo y que no debiera considerarseun mecanismo de regulación específico de la actuali. El paro como primera expresión de esa dualidad ha sido masivo en otras etapas históricas, y la secuela de debilitamiento y segmentación de la clase obrera, sobre explotación de algunos sectores, degradación de las condiciones laborales, son manifestaciones usuales en cualquier crisis. Históricamente por vía de la dualización no se ha conseguido un aumento suficiente de la tasa de explotación que permita una recuperación de la tasa de beneficio catalizadora de un cambio de tendencia.

Del mismo modo, los "regulacionistas" hacen hincapié en la importancia de las nuevas "normas salariales", con la recuperación del poder adquisitivo como objetivo frente al mantenimiento de la participa- ción en la renta (aumentos de los salarios equivalentes al de la productivi-

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dad) del pasado. Pasando por alto que la "norma salarial " en un concepto "regulacionista" muy problemático, no parece que sea algo novedoso que en tiempos de crisis los trabajadores estén en condiciones menos fa- vorables para negociar sus salarios. Además, en lo que respecta al período actual, cabe resaltar algunos hechos que limitan el alcance de los avances logrados por el capital. Durante los años ochenta, los salarios han crecido por debajo de la productividad en la mayoría de los países, pero esta situación se ha revertido en los últimos años en algunas eco- nomías, pues no en balde se ha ido agotando el discurso de los gobiernos que asegura a los trabajadores que la moderación salarial era la vía para lograr la recuperación económica y acabar con el paro. Por otra parte, los salarios se han desacelerado alo largo de la década pasada, pero también lo ha hecho la productividad, de modo que la diferencia que ha podido obtener el capital, en torno al 1%, no puede considerarse una gran mordida. Por la vía de la regulación de los salarios, habría que concluir, no se están sentando las bases de una salida a la crisis.

El tema de la baja productividad es más importante para la evolución del sistema de lo que sugieren los "regulacionistas". Por la "regla salarial dominante" podría parecer inocuo, pero ya hemos destacado que la regla no está estabilizada ni ha proporcionado grandes ventajas en la redistribución de la renta. Adicionalmente hay que tener en cuenta que la tasa de beneficio no es independiente de la productividad: aumenta proporcionalmente con ella así como con la distribución de la renta a favor de los beneficios, en tanto que disminuye cuando crece la intensidad de capital’. Desde el punto de vista de la demanda, no es indiferente el avance de la productividad, ya que, para una diferencia dada entre el crecimiento de la productividad y salarios, no es lo mismo el nivel que mantengan ambas variables. Tampoco es despreciable la cuestión política de que el sistema aparecerá tanto más progresivo y su aceptación será tanto mayor cuanto más productivo sea.

Financiarización 0 hipertrofia financiera

Sobre el tema de la hipertrofia financiera cabría matizar las posiciones "regulacionistas" en un doble sentido. Por un lado, restándole importancia al papel que se le asigna como vía para resolver la contradic- ción de la demanda. Por otro, realzando la inestabilidad que ha introduci- do en el sistema, que dista de haberse desactivado. Ha sido un rasgo en la historia del capitalismo que en las fases de prolongado estancamiento,

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a falta de una rentabilidad suficiente del capital en la esfera productiva, se desarrollan actividades especulativas que implican un mecanismo de explotación adicional de los trabajadores. Esto no es nuevo, aunque no está de más resaltar que la explotación por esta vía burda nunca ha sido un procedimiento para superar las ondas largas depresivas, no le aporta estabilidad al sistema y le resta parte de la legitimidad conseguida a través de la explotación aséptica que proporciona la "neutralidad y eficiencia del mercado", incluido el de la fuerza de trabajo.

Pero, por otra parte, la "financiarización" de la economía es algo más complejo que un mecanismo de regularización. El extraordinario desarrollo de la actividad financiera que ha tenido lugar en la última fase de expansión y las alzas especulativas en los mercados de valores y el sector inmobiliario, que todavía no se han desinflado, constituyen una bomba de relojería adosada al sistema, que puede estallar en cualquier momento y provocar una crisis de alcance imprevisible. Multitud de nuevos instrumentos financieros, de nuevos mercados, de nuevas institu- ciones y d’e nuevas operaciones han convertido al capitalismo en un enorme casino, donde masas astronómicas de capitales errantes, sin apenas relación con los flujos reales a los que centuplican, buscan rentabilidades a través de apuestas especulativas que se suceden las veinticuatro horas del día. La inestabilidad intrínseca de todo ese montaje es indiscutible y es así como en los últimos tiempos se han vivido algunas conmociones financieras —el crash de los mercados de valores en 1987, la repetición en 1989, el pánico desatado en algunos otros momentos como al estallar el conflicto del Cercano Oriente, la caída en más de un treinta por ciento de la Bolsa de Tokio desde 1990- que deben interpretarse como preavisos de algo que esta por ocurrir: la de- sactivación de la burbuja financiera que se ha creado. La magnitud que ha cobrado la esfera financiera supera cualquier otra etapa histórica, incluidos los años que precedieron ala gran depresión del 29. Los niveles de las cotizaciones de las principales bolsas, a excepción de la de Tokio, están todavía más altos que antes del crash de 1987, después de haberse recuperado de aquellas jornadas y otras de cariz parecido. Por esos niveles, que dan una rentabilidad de las acciones muy por debajo de los tipos de interés en los mercados financieros sin que existan expectativas de plusvalías, por el carácter especulativo que tienen y por la volatilidad que han adquirido las operaciones y los movimientos de capitales, no pueden descartarse nuevas convulsiones financieras. Antes de que se inicie otro ciclo expansivo como el de los años ochenta y, sobre todo,

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antes de que se emprenda una onda larga expansiva, parece imprescindible un saneamiento del sistema que destruya parte del capital financiero. Ninguna recuperación firme puede desarrollarse con la rémora de la hipertrofia y la degeneración financiera que han tenido lugar.

Así, pues, sin perjuicio del papel que la "financiarización" haya desempeñado en los últimos años como regulador económico, por el que ha podido cerrarse la brecha entre la producción y la demanda en la con- diciones dadas de distribución de la renta, en nuestra opinión, este efecto, ni ha sido muy importante ni puede ocultar la dimensión desquiciada que ha adquirido la esfera financiera. El desarrollo de ésta como un mecanis- mo de sostener la expansión económica repite otras etapas históricas del capitalismo, pero magnitud y características reflejan condiciones especifi- cas de su actual estadio de evolución —internacionalismo del capital, descomposición del sistema monetario internacional, desregulación de los mercados-, que hacen más inestable y peligroso el castillo de naipes levantado con la expansión financiera y crediticia. Como se indicaba, no parece posible una nueva onda larga expansiva sin un previo saneamiento, y probablemente ni siquiera una recuperación coyuntura].

¿Una salida "rampante" de la crisis?

Algunos "regulacionistas" sostienen que el capitalismo se encuen- tra en una fase de transición entre una onda larga recesiva y otra expansiva, esto es, que se estaría produciendo una salida "rampante" de la crisis. Desde nuestro punto de vista, esto no es correcto. Como hemos tratado de exponer, no sólo no hay cambios decisivos que permitan afirmar que se han creado o se están preparando las condiciones para que el capitalismo inicie una onda expansiva -lo que sería compartido por los "regulacionistas", pues no en balde hablan de una fase de transición-, sino que las regulaciones internas ni siquiera están asegurando una fase estable de moderado crecimiento. La inestabilidad será un rasgo dominante del próximo futuro, tanto en la superficie —débil crecimiento, paro creciente, desavenencias interimperialistas, tendencias proteccio- nistas, agitación financiera- como en el fondo del sistema -posibilidad de una recesión generalizada. deterioro de la situación social, crisis financieras-. No hay mecanismos que garanticen una reproducción y una acumulación sostenidas, aunque sea a un ritmo más bajo que durante las ondas largas, pero, al mismo tiempo, no cabe pensar que podrá prolon- garse indefinidamente esta situación.

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La "dualización" social, a la que tanta importancia se concede, es un proceso que tiende a enfrentar a las clases. La burguesía tratará de aprovechar el debilitamiento de los trabajadores para imponer la política necesaria para salir de la crisis. Para remontarla es necesaria una drástica recuperación de la tasa de beneficio y. por consiguiente, de un aumento sensible de la tasa de explotación, que requiere, a su vez, de un cambio agudo de la relación de fuerzas entre las clases, o, si se quiere. de una derrota política de los trabajadores. Los efectos corrosivos de la crisis debilitan a la clase obrera, pero la derrota no es inexorable. Los trabajadores. por su parte. enfrentados a una degradación continua de su situación sin expectativas de mejora, pueden ofrecer una resistencia tan enconada y librar tan duras batallas que hagan desistir a la burguesía de sus proyectos para no poner en peligro su interés supremo de defender el sistema. En este caso, se produciría un giro en la orientación de la política económica en el que el liberalismo como doctrina y el mercado como panacea serían las víctimas, dando paso a una política inter- vencionista del Estado y de sostenimiento de la demanda. recuperándose, como una forma de ganar tiempo, la tradición keynesiana.

Madrid. Marzo 1992

Notas

l. Véase Aglietta. Michel: Regulación v crisis del capitalismo. Madrid. Siglo XXI. 1979. Boyer Robert: Q lheorie de la regulation. une analyse critique.. Paris. l986 y. en general. los estudios llevados "a cabo en el CEPREMAT (Centre d'eludes prospectives d'economie mathématique applicjuées a la planification) y en el GRESP (Groupe de recherchcs et d‘etudes sur les systemes productifs). I f 2. Algunos fenómenos que se están dando en la actual crisis. como la precarización. los bajos salarios en algunos sectores o la segmentación de la clase obrera. nos parecen nuevos. pero‘no lo son en absolutos. Durante los años 30. por ejemplo. eran legiones lOs trabajadores a destajo que no sabían por la mañana si ese dia iban a ganar un jornal o no y las desigualdades salariales eran enormes: enlrc los que cobraban semanalmente y los que lo hacían por meses. entre destajistas y trabajadores tijos. entre empleados privados y funcionarios. etcétera. Buin período en el que se producían deflaciones de precios, muy a menudo los intereses inmediatos'de unas capas de trabajadores y otras no coincidían (los destajistas. por ejemplo, veian reducirse sus ingresos conforme bajaban los precios.

Io que no ocurría con los empleados y los funcionarios. cuyo poder adquisitivo aumentaba mes a

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mes). Véase al respecto: Kindelberger, C.P., La crisis económica 1929-1939, Madrid, Editorial Crítica. 1985.

3. Lo anterior se puede comprobar con unas sencillas fórmulas. Sean. r: tasa de beneficio: Y: PIB; B: beneficios: K: capital: L: empleo. Tendríamos:

La tasa de beneficio es directamente proporcional a la participación de los beneficios en el PIB (B/Y) y la productividad (Y/L) e inversamente proporcional a la relación capital/trabajo (K/L).

= (BIY) = (HIV) = (DIY) - (171-)

- 2 ' K (Km (mn (Y/L) (K/L)

Reproducido de Viento Sur No. 2. Marzo - Abril 1992, Madrid.

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socialisme

Lorrospondencro de Prensa Internoctonol para America Latino

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jth holloway‘

Reforma del estado: capital global y estado nacional

1. ¿Cuál estado?

Este artículo es resultado de la experiencia de dictar un curso sobre "La Crisis del Estado de Bienestar" en la Maestría de Ciencias Sociales de FLACSO (México). Hablar acerca de la crisis del "estado de bienestar" ó la reforma de "el estado" en un escenario internacional hace que inmediatamente surja la pregunta: "¿cuál estado? ¿donde?". Para alguien que ha vivido la mayor parte de su vida en Europa, hay un problema adicional: ¿qué tan relevantes son las ideas desarrolladas en Europa acerca de "el estado" para gente cuyo punto de referencia es el estado paraguayo, boliviano o argentino? La respuesta puede encontrarse sólo en un concepto de fragmentación de un mundo unido. Este artículo trata de desarrollar este punto.

2. El estado

El concepto mismo de la "reforma del estado" la "crisis del estado de bienestar") señala el hecho de que estamos identificando algo

lnvestigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Puebla

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común en el desarrollo de los diferentes estados y, por lo tanto, procla- mando que un análisis orientado a un estado en particular es insuficiente. Los estados parecen ser entidades separadas bien definidas, y sin embargo hablamos de la reforma de "el estado" ó la crisis de "el estado" como si hubiera solo un estado, asumiendo algún tipo de unidad entre eso que parece estar separado. ¿Cómo entender la relación entre el desarrollo de diferentes estados como una unidad de lo separado, como la unidad-en- separación / separación-en-unidad de "el estado" y la multiplicidad de diferentes estados?

En la tradición de ciencias políticas, el estado es tomado en gran medida como una categoría básica e incuestionada. La gran mayoría del trabajo en la disciplina toma un estado particular como su marco de refe- rencia casi exclusivo, analizando desarrollos políticos como si estos pudiesen ser entendidos puramente en términos nacionales. Este es el caso, particularmente en Estados Unidos y en Europa, donde los teóricos todavía se revuelcan en el mito de la autosuficiencia nacional. Ha sido común, por ejemplo, tanto en la izquierda como en la derecha, analizar al "thatcherismo" ó al "reaganismo" como un fenómeno puramente nacional, en lugar de entenderlos en términos de un cambio global en la relación entre el estado y el capital. En América Latina. la gente ha sido mucho más consciente del contexto mundial dentro del cuál se están llevando a cabo los cambios actuales, pero la categoría incuestionada del "estado" sigue restringiendo y definiendo la discusión.

Si el estado es tomado como el punto de partida. entonces el mundo (si es que aparece) aparece como la suma de estados-nacionales. Tendencias o desarrollos que van más allá de las fronteras de un estado son discutidos en términos ya sea de relaciones inter-estatales (como en la tradición de la "sub-disciplina" de "relaciones internacionales") o en términos de analogía (como en la subdisciplina de "política comparativa"). Ambas sub-disciplinas empienzan no a partir de un concepto de la unidad de los estados-nacionales sino, a partir de su separación: tendencias comunes pueden ser entendidas sólo como parte de la red inter-estatal de relaciones de poder ejercidas ya sea directamente entre estados, o a través de instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional; o si no en términos de similitudes entre estados en ideas, instituciones políticas o estructuras sociales - como en la teoría regula- cionista que ahora tiene tanta influencia, con sus conceptos de fordismo y posfordismo, conceptos que se analizan en el contexto de un marco nacional.

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Es cierto que la presiones inter-estatales, las presiones por parte de los organismos internacionales y la moda institucional y teóricajuegan un papel importante en moldear el desarrollo del estado, pero son insufi- cientes para explicar la profundidad y el alcance global de los cambios que se están dando actualmente. Explicar estos cambios en términos de la presión ejercida por el FMI, por ejemplo, simplemente remite la pre- gunta a otro nivel: ¿qué existe detrás de la orientación política y de la influencia del FMI? De modo semejante, explicar los cambios en términos de la influencia de las ideas neo-liberales suscita la pregunta ¿por qué el pensamiento neo-liberal ha ganado tanta'influencia en dife- rentes países en este momento en particular? Los análisis comparativos que enfocan la ocurrencia de cambios socio-económicos semejantes en países diferentes, como en el análisis regulacionista del fordismo, son más profundos, pero las analogías, aunque sugerentes, son muchas veces superficiales (Clarke 1988/1991). Parecería ser que para llegar a una comprensión más adecuada de los cambios actuales en la organización del estado, necesitamos ir más allá de la categoría de "el estado", ó mejor dicho, necesitamos ir más allá de lo separado de los diferentes estados para encontrar la forma de discutir su unidad.

En este contexto, la teoría de l'a dependencia se ofrece como una alternativa atractiva, en cuanto enfatiza el carácter unitario del mundo. lnsiste en la importancia de entender las acciones de los estados particula- res en el contexto de la relación bipolar entre el centro y la periferia. En esta relación, la periferia está sometida a la explotación por el centro. Aquí encontrarnos un concepto de la unidad de los estados separados, en tanto todos son elementos de un mundo bipolar. Sin embargo, en tanto el "centro" y la "periferia" son entendidos como "estados centrales" y "estados periféricos", el análisis se queda todavía dentro de un marco de referencia estatal. En este sentido la teoría de la dependencia está estrechamente relacionada con la tradición de las "relaciones internaciona- les", aunque se destaca la primacía del sistema mundial sobre los estados particulares, el sistema mundial se concibe como sistema estatal interna- cional, con los estados centrales como actores dominantes, y la única salida de la dependencia sería a través de las acciones de los estados peri- féricos (ver Dabat 1992 para una crítica similar). Como en la tradición ortodoxa de las ciencias políticas, el estado define una distinción entre lo interno y lo externo: la única diferencia es que la teoría dela dependencia enfatiza los determinantes externos de la acción estatal (en el caso de los estados dependientes). Desde esta perspectiva desarrollos tales como las

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reformas del estado llevadas a cabo en los países periféricos se entienden sólo en términos de las fuerzas externas que surgen de la relación centro- periferia, pero no existe ningún concepto que nos permita entender la dinámica de esta relación.

3. El estado como forma de relaciones sociales

Cada estado proclama su propia separación de los otros estados, su soberanía nacional. Para entender lo que nos permite hablar de 1a crisis o de la reforma de "el estado" como si hubiera solamente un estado, tenemos que suavizar esta separación, necesitamos disolver el estado como categoría.

Disolver el estado como categoría quiere decir entender al estado no como una cosa en sí, sino como una forma social, una forma de las relaciones sociales. De la misma manera que en la física hemos llegado a aceptar que, a pesar de las apariencias, no hay separaciones absolutas, que la energía se puede transformar en masa y la masa en energía, también en la sociedad no hay separaciones absolutas, no hay categorías rígidas. Pensar científicamente es disolver las categorías del pensamiento, entender los fenómenos sociales precisamente como tales, es decir como formas de relaciones sociales. Las relaciones sociales, las relaciones entre personas, son fluidas, impredecibles, inestables, muchas veces apasiona- das, pero se rigidizan en ciertas formas, formas que parecen adquirir su propia autonomía, su propia dinámica, formas que son cruciales para la estabilidad de la sociedad. Las varias disciplinas académicas toman estas formas (estado, dinero, familia, etc.) como su punto de partida y contribuyen de esta manera a su apariencia de solidez y, por lo tanto, a la estabilidad de la sociedad capitalista. Pensar científicamente es criticar a las disciplinas, disolver las formas, entenderlas como formas; actuar libremente es destruir estas formas.

El estado, pues, es una forma rigidizada (o "fetichizada" para usar el término de Marx) de relaciones sociales. Es una relación entre personas que no parece ser una relación entre personas, es una relación social que existe en la forma de algo externo a las relaciones sociales. Este es el punto de partida para entender la unidad entre los estados: todo;l son formas rigidizadas y aparentemente autónomas de relaciones socr es.

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Pero ¿porqué se rigidizan las relaciones sociales de esta manera? y ¿cómo nos ayuda esto a entender el desarrollo del estado? Esta fue la respuesta que se planteó el llamado "debate sobre la derivación del estado“, una discusión un poco peculiar pero muy importante que se ex- tendió desde Alemania Occidental a otros países durante los años setenta'. El debate se desarrolló en un lenguaje muy abstracto y, en la mayoría de los casos, sin hacer explícitas las implicaciones teóricas y políticas del argumento. La oscuridad del lenguaje y el hecho que los participantes muchas veces no desarrollaron (o no estaban conscientes de) las implica- ciones del debate dejó Ia discusión abierta a malentendidos. Por tanto, el enfoque ha sido criticado como una teoría "económica" del estado, o como un enfoque que se basa en la lógica del capital, tratando de comprender el desarrollo político como expresión funcional de la lógica del capital. Si bien es cierto que estas críticas se pueden hacer en contra de algunas de las aportaciones, la importancia de la discusión en general es precisamente que creó una base para romper con el determinismo económi ‘o y el funcionalismo que han caracterizado tantas discusiones de la relacign entre el estado y la sociedad capitalista, y para discutir al estado como elemento o, mejor dicho, como momento de la totalidad de las relaciones sociales del capitalismo.

El análisis del estado como FORMA particular de la relaciones sociales es la ruptura crucial con el determinismo económico que se encuentra implícitamente en el modelo de base y superestructura (y sus variantes estructuralistas). En el modelo de base y superestructura, la base económica determina (en última instancia, por supuesto) lo que HACE el estado, es decir las funciones del estado. Enfocar las funciones del estado de esta manera implica tomar por sentado la existencia del estado: en el modelo de base y superestructura no queda ningún espacio para cuestionar la forma del estado, es decir para preguntar primero por qué las relaciones sociales se rigidizan en la forma aparentemente autónoma del estado. Cuestionar la forma del estado es plantear la cuestión de su especificidad histórica: la existencia del estado como algo separado de la sociedad es una peculiaridad de la sociedad capitalista, como también la existencia de lo "económico" como algo distinto de las relaciones de clase abiertamente coercitivas (Gerstenberger 1990). Entonces, la pregunta no es cómo lo económico determina la superestruc- tura política sino, qué es Io peculiar acerca de las relaciones sociales del capitalismo que da origen a la rigidización (o particularización) de las relaciones sociales en la forma del estadoz. El corolario de esta pregunta

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es qué es lo que da origen a la constitución de lo económico y lo político como momentos distintos de las mismas relaciones sociales. La respuesta seguramente es que existe algo distintivo en el antagonismo social en el cual el capitalismo está basado (como cualquier sociedad de clase). Bajo el capitalismo el antagonismo social (la relación entre las clases) se basa en una forma de explotación que se lleva a cabo no abiertamente sino a través de la compra y venta "libre" de la fuerza de trabajo como mercancía en el mercado. Esta forma de relación entre las clases presupone una separación entre el proceso inmediato de explotación. que se basa en la "libertad" del trabajo, y el proceso de mantener orden en una sociedad explotadora, lo que implica la posibilidad de coerción (Hirsch 1974/1978).

Entender al estado como forma de relaciones sociales implica obviamente que el desarrollo del estado sólo se puede entender como momento del desarrollo de la totalidad de las relaciones sociales: es una parte del desarrollo antagónico y sujeto a crisis de la sociedad capitalista. Como una forma de las relaciones sociales capitalistas, su existencia depende de la reproducción de estas relaciones: por lo tanto no es sim- plemente un estado en una sociedad capitalista sino un estado capitalista, ya que su supervivencia como estado está ligada a su capacidad de promover la reproducción de las relaciones capitalistas en su conjunto. El hecho que el estado existe como forma particular o rigidizada de relaciones sociales tiene por consecuencia, al mismo tiempo. que la relación entre el estado y la reproducción del capitalismo es una relación compleja: no se puede asumir, como lo hacen los funcionalistas. que todo lo que el estado hace es necesariamente en el interés del capital, ni que el estado pueda siempre realizar lo que es necesario para asegurar la reproducción de la sociedad capitalista. La relación entre el estado y la reproducción de las relaciones sociales del capitalismo es una relación de prueba y error.

Hablar del estado cono forma rigidizada de las relaciones sociales es hablar de su separación de. y al mismo tiempo de su unidad con, la sociedad. La separación o rigidización (o fetichización) es un proceso que se repite todo el tiempo". La existencia del estado implica un proceso constante de separar ciertos aspectos de las relaciones sociales y de definirlos como "políticos". y por lo tanto como distintos de los "econó- mico". Así, el antagonismo sobre el cual la sociedad se basa está frag- mentado: las luchas sociales son canalizadas en formas políticas y

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económicas, ninguna de las cuales deja espacio para plantear preguntas sobre la estructura de la sociedad en su conjunto. Venezuela es un ejemplo obvio en este momento, donde la estabilidad de la sociedad actual depende de la capacidad de canalizar el descontento social dentro de los procedimientos establecidos en el sistema político, su capacidad de imponer ciertas definiciones en un rechazo mal definido del orden existente. Este proceso de imponer ciertas definiciones en las luchas sociales es al mismo tiempo, por parte del estado, un proceso de definirse a mismo. Como forma rigidizada de relaciones sociales, el estado es al mismo tiempo un proceso de rigidizar las relaciones sociales, y es a través de este proceso que el estado está constantemente reconstituido como una instancia separada de la sociedad (Holloway 1980,1990).

4. Los estados nacionales como formas de la totalidad global de las relaciones sociales

"El estado", por lo tanto, está doblemente disuelto: no es una estructura. sino una forma de relaciones sociales; no es una forma de relaciones sociales totalmente fetichizada, sino un proceso de formar (o fetichizar) las relaciones sociales (y por consiguiente un proceso constante de auto-constitución). Pero la discusión queda'todavía al nivel de "el estado": aún no se ha dicho nada acerca de que "el estado" no es un estado sino una multiplicidad de__estados. Como ya ha sido señalado (Barker 1978/1991, von BraunmUhl 1974, 1978), el debate "trata al estado como si existiese sólo en el singular. El capitalismo, sin embargo, es un sistema mundial de estados. y la forma que el estado capitalista toma es la forma del estado-nación" (Barker ¡978/1991, 204).

A cierto nivel, esta crítica se basa en un malentendido, porque el debate sobre la derivación del estado no se ocupaba de la comprensión de un estado en particular. sino de la comprensión de la estatalidad o, mejor dicho, de lo político. La derivación de lo "político" a partir de la naturaleza de las relaciones sociales se discutió con abstracción del hecho de que ‘el estado’ existe únicamente en la forma de una multiplicidad de estados. En el contexto de analizar la relación general entre estado y so- ciedad. era "conveniente". como señala Picciotto, "asumir una correla- ción entre la sociedad y las clases en ella y el estado en esta sociedad "4. Sin embargo, conveniente o no, este punto nunca se hizo claro en el debate. y el resultado fue una confusión seria entre "el estado" en el sentido de ‘lo político’ (de aquí en adelante simplemente "lo político") y

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el estado en el sentido del estado mexicano, argentino 0 alemán (de aquí en adelante "el estado nacional ")’. Esta confusión condujo a un empobrecimiento del concepto de "lo político", y contribuyó también a las dificultades que se presentaron cuando se trataba de desarrollar el enfoque más allá del argumento teórico general.

¿Cuales son las implicaciones de hacer esta distinción entre lo político y el estado nacional? Lo político, como ya vimos, es un momento de la totalidad de las relaciones sociales capitalistas. Una vez que el estado deja de definir el marco de referencia del análisis, queda claro que "la totalidad de las relaciones sociales" sólo se puede entender como totalidad global. El carácter global de la sociedad no es resultado de la reciente "internacionalización" del capital (un concepto que implica un movimiento que parte de una sociedad nacional lógica e históricamente anterior), sino es inherente en la naturaleza del capitalismo desde el principio (ver von BraunmUhl 1978; Clarke 1991; Picciotto 1985/1991). Las relaciones entre obreros y empresarios, entre productores y consumi- dores, entre financistas e industriales, todas trascienden las fronteras nacionales. El capital es inherentemente una relación global.

L0 político, entonces, es un momento de una relación global, pero se expresa no en la existencia de un estado mundial sino en la existencia de una multiplicidad de estados nacionales aparentemente autónomos. Lo político está fracturado; esta fragmentación es fundamental para entender lo político, es un elemento crucial que se pierde si se asume una correlación espacial entre estado y sociedad. El mundo no es una agregación de estados nacionales, capitalismos nacionales o sociedades nacionales; al contrario, el mundo está des- compuesto por la existencia fracturada de lo político en múltiples unidades aparentemente autónomas.

La distinción entre lo político y el estado nacional, por lo tanto, da una nueva dimensión al concepto del estado como proceso de fetichizar y rigidizar las relaciones sociales. La fractura o des- composición de la sociedad mundial en estados nacionales no es algo que está terminado una vez que se definen las fronteras nacionales. Al contrario, todos los estados nacionales participan en un proceso constantemente repetido de fracturar las relaciones sociales mundiales: a través de las proclamaciones de la soberanía nacional; exhortaciones a la "nación"; ceremonias a la bandera; himnos nacionales; discriminación

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administrativa contra "los extranjeros"; la guerra. Mientras más débil es la base social de esta fragmentación nacional de la sociedad —como en América Latina, por ejemplo- tanto más obvias son sus formas de expresión. Esta descomposición de las relaciones sociales globales es un elemento crucial en la fragmentación de la oposición a la dominación capitalista, en la des-composición del trabajo como clase.

El estado nacional es entonces una forma de fracturar a la sociedad mundial. Por lo tanto, hay una no-coincidencia territorial básica entre el estado y la sociedad con la cual se relaciona. La "conveniente" presuposición (que menciona Picciotto) de una correlación entre estado y sociedad es simplemente falsa. Cada estado nacional es un momento de la sociedad global, una fragmentación territorial de una sociedad que se extiende por todo el mundo. Ningún estado nacional, sea "rico" o "pobre", se puede entender en abstracción de su existencia como momento de la relación mundial del capital. La distinción que se hace tan seguido entre los estados "dependientes" y los "no-dependientes" se derrumba. Todos los estados nacionales se definen, históricamente y constantemente, a través de su relación con la totalidad de las relaciones sociales capitalistas. No se puede mantener, por ejemplo, la distinción que hace Evers, en su adaptación del debate derivacionista a la "periferia" capitalista, entre los estados "centrales" en los cuales existe una "identidad social de la esfera económica y política" y los estados "periféricos" en los cuales no existe tal identidad (Evers 1979, 77-79). A pesar de la orientación nacional de la mayoría de los teóricos en los países más "ricos", la existencia del estado nacional como momento de la relación global del capital es tan crucial para la comprensión del thatcherismo en Gran Bretaña, por ejemplo, como lo es para la comprensión del auge del neo-liberalismo en cualquier país "periférico" (como demuestra Bonefeld 1990).

Esto no quiere decir que la relación entre el capital global y todos los estados nacionales es idéntica. Al contrario, aunque todos los estados nacionales son constituidos como momentos de la relación global, son momentos distintos y no-idénticos de esta relación. La fragmentación del mundo en sociedades nacionales implica que cada estado tiene una defi- nición territorial específica y, por consiguiente, una relación específica con la gente dentro de su territorio, de los cuales algunos (usualmente pero no siempre la mayoría - Sudafrica, Kuwait) son definidos como "ciudadanos", los demás como "extranjeros". La definición territorial

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implica que cada estado nacional tiene una relación diferente con la totalidad de las relaciones capitalistas.

La definición territorial implica también que cada estado es inmóvil de una manera que contrasta claramente con la movilidad del capital. El estado nacional puede cambiar sus fronteras sólo con dificultad, mientras el capital se puede mover de un lado del mundo al otro en cuestión de segundos. Mientras los estados nacionales son sólidos, el capital es esencialmente líquido, fluyendo a cualquier lugar del mundo para obtener la mayor ganancia. Obviamente existen obstáculos a este flujo, límites a esta movilidad. La reproducción del capital en su conjunto depende, de manera crucial, de su inmovilización (transitoria) en la forma de capital productivo, lo que implica su incorporación en máquinas, fuer- za de trabajo, tierra. edificios, mercancías. Existen también otros obstáculos que impiden el flujo libre del capital, tales como regulaciones estatales o la existencia de monopolios. sin embargo en su forma más general y abstracta, es decir. dinero. el capital es global, líquido y rápi- do. El dinero no conoce sentimientos personales ni nacionales.

La relación entre estado nacional y capital es una relación de un estado nacionalmente fijo con un capital globalmente móvil. Es en estos términos que se tienen que conceptualizar tanto la relación entre el estado nacional y el mundo, como la relación entre los estados nacionales. Es importante subrayar este punto porque ha sido muy común (especialmente por parte de la izquierda) discutir la relación entre el estado y el capital como si el capital fuese inmóvil, como si estuviese ligado a ciertas activi- dades, lugares o personas. Esto da lugar a análisis de desarrollo político en términos de "fracciones" capitalistas (capital textil contra capital farmacéutico, por ejemplo, o capital bancario contra capital industrial) como si el capital estuviese atado de alguna manera a una actividad especifica“, o a discusiones del estado en términos de algún tipo de fusión, unidad o engranaje entre el estado y el "capital nacional", como si el capital estuviese atado de alguna manera a una parte específica del mundo. El vínculo entre el estado y el capital es demostrado en términos de vínculos familiares, la existencia de complejos militar-industriales, etc. Estos vínculos son analizados teóricamente como una prueba del carácter capitalista del estado (como en Miliband 1969); o en términos de una fusión entre estado y monopolios (como en las teorías del capitalismo monopolista de estado); o como la formación de estado-capitales competitivos (como en la teorías del capitalismo de estado, como en

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Barker 1978/19917); o en las teorías clásicas del imperialismo. Todos estos enfoques tratan al capital como si este pudiera ser entendido en términos de su adherencia personal, institucional o territorial, en lugar de ver estas adherencias como momentos transitorios, paradas en el flujo incesante del capital. Claro que existen vínculos personales, institucio- nales y políticos entre grupos de capitalistas y estados nacionales, pero "grupos de capitalistas" no son lo mismo que el capital y muchas veces los estados nacionales se ven obligados a romper los vínculos con sus amigos capitalistas y actuar en contra de ellos para asegurar la reproduc- ción del capital en su conjunto (ver Hirsch 1974/1978). La inmovilidad relativa del estado nacional y la movilidad extremadamente alta del capital hace imposible establecer una relación sencilla entre un estado nacional y una parte específica del capital mundial (Murray 1971; Picciotto 1985/ 1991).

La competencia entre estados y las posiciones cambiantes de los estados nacionales en relación con el capital mundial no pueden ser entendidas de manera adecuada en términos de una competencia entre "capitales nacionales". El punto de partida de la discusión tiene que ser no la inmovilidad del capital sino su movilidad. En tanto que la existencia de cualquier estado nacional depende no solamente de la reproducción del capitalismo mundial, sino de la reproducción del capitalismo dentro de sus fronteras, el estado tiene que tratar de atraer y, una vez atraído, de inmovilizar al capital dentro de su territorio“. La lucha competitiva entre los estados nacionales no es una lucha entre capitales nacionales. sino una lucha entre estados para atraer y/o retener una parte del capital mundial (y por lo tanto una parte de la plusvalía global). Para conseguir eso, el estado nacional tiene que tratar de asegurar condiciones favorables para la reproducción del capital dentro de sus fronteras (proveyendo la infraestructura, el orden público, la educación y la regulación de la fuerza de trabajo, etc). Además tiene que dar apoyo inter-nacional (a través de la política comercial, política monetaria, intervención militar, etc) al capi- tal operando dentro de sus fronteras, generalmente haciendo caso omiso de la nacionalidad de los propietarios legales de ese capital.

En esta lucha competitiva se establecen posiciones de hegemonía y de subordinación, pero una posición hegemónica no libera a los estados de la competencia global para atraer y retener al capital. Las posiciones relativas de hegemonía y de subordinación se basan en última instancia en la existencia de condiciones más o menos favorables para la acumula-

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ción del capital en los territorios de los diferentes estados: de ahí vienen la decadencia al largo plazo de Gran Bretaña como poder hegemónico y la inestabilidad actual de la posición inter-nacional de los Estados Unidos. Las condiciones para la acumulación del capital dependen a su vez de las condiciones para la explotación del trabajo por el capital, pero no existe ninguna relación territorial directa. El capital se puede acumular en el territorio de un estado nacional como resultado de la explotación del trabajo en otroterritorio nacional - como en el caso de situaciones coloniales o neo-coloniales, pero también en casos donde un estado, a través de un régimen impositivo favorable o de otros incentivos, logra hacerse atractivo como sitio para la acumulación del capital (las Islas Cayman o Liechtenstein son ejemplos obvios).

Los estados nacionales compiten, pues, para atraer a su territorio una porción de la plusvalía producida globalmente. El antagonismo entre ellos no es expresión de la explotación de los estados "periféricos" por los estados "centrales" (como sugieren los teóricos de la dependencia), sino expresa la competencia (sumamente desigual) entre los estados para atraer a sus territorios (o retener dentro de sus territorios) una porción de la plusvalía global. Por esta razón, todos los estados tienen un interés en la explotación global del trabajo. Es cierto, como argumentan los teóricos de la dependencia, que los estados nacionales se pueden entender solamente en el contexto de su existencia dentro de un mundo bipolar caracterizado por la explotación, pero la explotación no es la explotación de los países pobres por los países ricos, sino la explotación del trabajo global por el capital global, y la bipolaridad no es una bipolaridad entre centro y periferia sino una bipolaridad de clase, una bipolaridad en la cual TODOS los estados, en virtud de su existencia misma como estados que dependen de la reproducción del capital, se encuentran en el polo del capital.

La relación entre estados nacionales, por lo tanto, no se puede entender como una relación externa, aunque se presenta como tal. Si el estado nacional es un momento de la relación global capitalista, entonces ni la relación global capitalista ni los otros estados se pueden entender como externos a él. Para entender el desarrollo de cualquier estado nacional, no es cuestión de escoger entre los determinantes "externos" del desarrollo estatal (favorecidos por la teoría de la dependencia en el caso de los estados "periféricos") y los determinantes "internos" (favorecidos por la teoría regulacionista, por ejemplo, Hirsch 1992). Tampoco es

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posible entender el desarrollo estatal como resultado de una combinación de fuerzas motrices endógenas y exógenas (como lo hace Dabat 1992). La distinción entre dentro/fuera, interno/externo, endógeno/exógeno reproduce la autonomía aparente de los estados nacionales, y refuerza así la rigidización matadora de las relaciones sociales que representan las fronteras nacionales, pero no es adecuada como explicación del desarrollo estatal. Todos los estados nacionales manipulan la distinción entre interno y externo como un elemento crucial de la política práctica. Todos los estados que tienen tratos con el FMI, por ejemplo, presentan los resultados de estos tratos como algo impuesto desde afuera, mientras que en realidad son parte integrante del conflicto político "nacional" o más bien de la integración del conflicto nacional y global. Esto es verdad tanto en el caso de las condiciones "impuestas" por el FMI en el estado británico en 1976 (una victoria importante para la derecha en Gran Bretaña), como el caso de las condiciones "impuestas" por el FMI en el estado venezolano, que forman un elemento importante de la estrategia del estado venezolano para restructurar a la sociedad de tal forma que se establezcan condiciones favorables para la acumulación del capital. El capital global no es más externo a Cochabamba, Zacatlán o incluso Sant"Ana do Agreste que a Nueva York, Tokio o Londres, aunque las formas y consecuencias de su presencia difieren enormemente.

Entender el desarrollo del estado nacional no es cuestión de analizar los determinantes internos y externos, sino ver las implicaciones de la existencia del estado nacional como momento de la relación global del capital. Obviamente, implica en primer lugar que el desarrollo de cualquier estado nacional específico se puede entender sólo en el contexto del desarrollo global de las relaciones sociales capitalistas, de las cuales forma parte integrante. El "desarrollo global de las relaciones sociales capitalistas" no es ni un proceso lógico ni algo externo a nosotros, sino el resultado histórico del conflicto, de un conflicto que, aunque fragmentado, es mundial. La estructura de este conflicto (es decir la forma de la dependencia del trabajo al capital) crea ciertos ritmos de desarrollo, que se expresan más claramente en la tendencia del capital hacia la crisis (ver Holloway 1991). Sin embargo, la relación entre cual- quier estado nacional en particular y el desarrollo global es compleja. Por un lado, la unidad de todos los estados nacionales como momentos de la misma relación se refleja en la presencia de patrones comunes de desarrollo (como indica el tema de "la reforma del estado"); por otro lado, la relación diferencial entre los estados nacionales y el capital global

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tiene como consecuencia que las formas tomadas por el desarrollo de los estados nacionales, pueden diferir enormemente. Muchas veces lo que parece a primera vista ser un desarrollo común (la reforma del estado, por ejemplo) resulta que esconde estrategias diferentes (y competitivas) para lograr una redefinición de la relación con un capital global que está en el proceso de restructurarse.

En todo esto no puede tener cabida el funcionalismo. Uno de los problemas asociados con el análisis del "estado capitalista" como si hubiera sólo un estado, es que conduce fácilmente al supuesto funcionalis- ta de que el estado, por ser estado capitalista, necesariamente cumple las funciones requeridas por el capital. Como ya señalamos en la presentación del debate sobre la derivación del estado, esta es una conclusión que ya no se puede justificar al nivel de "el estado", pero la debilidad del argumento funcionalista se manifiesta mucho más claramente cuando se tiene presente que el capital es global y "el estado" es una multiplicidad de estados nacionales. A partir del hecho que la reproducción del capital "requiere" cierta acción política, no puede asumirse que algún estado o algunos estados van a cumplir lo requerido (Picciotto 1985/1991). No se puede asumir que el capital siempre resolverá sus crisis. '

5. La reforma del estado: la política nacional de la sobreacumulación global

El estado nacional es fijo, el capital fluye globalmente. El capital fluye globalmente pero en cualquier momento dado tiene una ubicación territorial, sea en la cuenta de alguna institución financiera o ligado a los ladrillos y cemento de alguna fábrica. Los diferentes estados compiten para atraer e inmovilizar el flujo de capital. La relación de los estados nacionales con el capital global es mediada a través de este proceso competitivo de atracción-e-inmovilización. La relación se puede imaginar en términos de una serie de reservas buscando competitivamente atraer y retener la máxima cantidad de agua de un río poderoso y en gran

__.,médida,;incontrolable.

Como sugiere la metáfora del río, los estados nacionales no controlan la presrón, la velocrdad y el volumen de la totalidad del flujo de agua. Esto se puede entender solo en términos de aquello que produce

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el movimiento del agua en primera instancia. Los estados nacionales, las reservas de nuestra metáfora, sólo pueden responder a cambios en la magnitud y el poder del río.

Los cambios importantes en la organización y conceptualización del estado han tenido lugar los últimos quince años no sólo en América Latina sino en todo el mundo son una respuesta al cambio radical en el flujo del río del capital.

Para entender el cambio en el flujo del capital, tenemos que ir a su fuente, a las relaciones de producción capitalista. La forma que asume el flujo de capital depende de las condiciones de producción capitalista. El flujo de capital es incesante pero no sin diferenciación. El capital fluye a través de formas funcionales diferentes, existiendo ahora como dinero, ahora como capital productivo incorporado en los medios de producción y en la fuerza de trabajo empleada, ahora como mercancías. Cada forma tiene implicaciones diferentes en términos de la velocidad de su movilidad geográfica. El capital en la forma de dinero puede viajar de Londres a Tokio en segundos. El capital en la forma de capital productivo in- corporado en maquinaria, edificios, trabajadores, etc. es mucho menos movible geográficamente. El capital en la forma de mercancías está claramente en medio de las otras dos formas en términos de movilidad. En todo esto el capital productivo juega un papel decisivo, ya que es la producción la única fuente de plusvalía y por tanto de reproducción y expansión del capital. El capital, sin embargo, es ciego a tales considera- ciones teóricas: fluirá en la forma que ofrezca ganancias más grandes, las mejores posibilidades de expansión. Si la producción no ofrece buenas ganancias y si los mercados de mercancías están saturados, el capital se convertirá en la forma de dinero. El resultado será un cambio radical en la movilidad del capital. Esto esencialmente es lo que ha pasado en los últimos veinte años, y es la clave de los cambios en la organización de los estados nacionales.

La destrucción causada por la segunda guerra mundial y por la depresión prebélica, combinada con la experiencia del fascismo en varios países. creó condiciones favorables para la producción capitalista global- mente. Los veinticinco años después de la guerra fueron generalmente un período de crecimiento alto y sostenido basado en la rentabilidad de la producción capitalista. El flujo de dinero fue por supuesto importante, pero jugó un papel subordinado al desarrollo de la producción. La

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resultante estabilidad relativa del capital creó las bases para el desarrollo de un cierto tipo de relación entre el estado nacional y el capital global, dando credibilidad la imagen de un mundo compuesto de "economías nacionales". La estabilidad relativa creó también un ambiente en el cual fue posible regular las relaciones económicas entre los estados nacionales mediante los acuerdos internacionales establecidos después de la guerra: particularmente importante en este respecto fue el acuerdo de Bretton Woods, el cuál, mediante la creación de un sistema de tasas de cambio fijas, reguló en cierta medida el movimiento del dinero entre estados nacionales, aislándolos así hasta cierto punto del movimiento global del capital (ver Bonefeld 1990; Holloway 1992). Este aislamiento relativo, basado en la estabilidad relativa del capital productivo y reforzado por la regulación internacional y por políticas nacionales para controlar el movimiento del capital. Esto sentó las bases para la política orientada hacia el estado en este período, ya sea la política del estado de bienestar keynesiano o la política de substitución de importaciones. Esta misma estabilidad relativa también hizo posible la creación de alianzas razonable- mente estables entre el estado nacional y grupos de capitalistas, la clase de alianzas reflejada conceptualmente en las teorías ya mencionadas (com- plejo militar-industrial, capitalismo monopolista de estado, etc); y también entre el estado y los movimientos obreros burocratizados, como se puede ver en los diferentes tipos de desarrollo corporativista". Muchas de las concepciones teóricas concernientes al estado que todavía son comunes - sobre todo la abstracción de "el estado" del mundo, ya mencionada - resultaron de la experiencia de este período, período que vio también el auge y la expansión de las ciencias políticas y de las ciencias sociales en general.

El aislamiento relativo del estado nacional terminó cuando el largo período de expansión de la posguerra llegó a su fin. Desde mediados de los años sesenta, hay claros indicios de creciente inestabilidad. Las condiciones que habían hecho rentable a la producción a lo largo del período de la posguerra se estaban debilitando: los costos asociados a la explotación de los trabajadores (la llamada composición orgánica del capital) se estaban incrementando, la disciplina establecida por el período de la guerra se estaba desintegrando, las burocracias estatales asociadas con el patrón previo de desarrollo se estaban haciendo costosas para el capital. La inversión en la producción llegó a ser una forma insegura de expandir el capital. Hubo, en otras palabras, un exceso de capital, una sobreacumulación de capital. Durante los años de la

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expansión se había dado una acumulación rápida del capital: más capital había sido acumulado del que ahora podría encontrar una salida segura y rentable en inversión productiva. Cuando esto pasa, entonces, en la misma manera en que las abejas enjambran cuando ya no hay miel suficiente en la colmena para apoyar una población que se ha expandido, el capital enjambra, una parte se levanta y vuela en busca de un nuevo hogar”. Más precisamente, el capital asume la forma líquida de dinero y fluye por el mundo en busca de una manera de obtener ganancias. En lugar de incorporarse en los ladrillos y cemento, maquinaria y obreros de la inversión productiva, fluye en busca de medios de expansión especulativos y frecuentemente a corto plazo. Muchas de las fábricas que ahora son no rentables cierran y los edificios y maquinaria son vendidos: el capital liberado se queda en la forma de dinero, que puede ser transfor- mado en inversión productiva en algún otro lado, pero es más probable que permanezca en la forma dinero mientras las condiciones para la inversión productiva permanecen relativamente desfavorables. Las dificul- tades en la producción se eXpresan en un incremento tanto de la oferta de dinero (en cuanto el capital previamente productivo se convierte en dinero y se ofrece para préstamo) como en la demanda de dinero (en cuanto el capital que permanece en la producción trata de superar las dificultades a través de préstamos, y los estados tratan de reconciliar las crecientes tensiones sociales a través de incrementar su deuda).

Las crisis de las relaciones de producción es expresada en la licuación del capital. Hay un cambio brusco en la relación entre el capital productivo y el capital en la forma dinero“: el dinero, en lugar de aparecer subordinado a la producción ahora aparece como un fin en si mismo. El flujo de capital, antes relativamente estable, ahora se convierte en un torrente que arrastra las instituciones y supuestos del mundo de la posguerra. Uno de los primeros pilares del mundo de la posguerra que se derrumba fue el sistema de Bretton Woods de tasas de cambio fijas basadas en una paridad fija del dolar con el oro. El crecimiento rápido durante los años sesenta de la cantidad de dólares mantenidos como dinero fuera de los Estados Unidos (y fuera de los poderes regulatorios de cualquier estado nacional), los llamados eurodólares, llevó al deterioro de la posición del dólar y al abandono en 1971 del sistema de Bretton Woods, el cuál fue eventualmente reemplazado por un sistema de tasas de cambio flotantes. El derrumbe del sistema de tasas de cambio fijas tiene como resultado que los estados nacionales están ahora mucho más directamente subordinados al flujo global de dinero: la adopción por un

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estado nacional de políticas aparentemente dañinas a los intereses del capital conduce ahora a reacciones mucho más rápidas en los mercados de dinero y al debilitamiento de la moneda nacional (Clarke 1988; Bonefeld 1990).

El derrumbe de Bretton Woods fue sólo el primer paso. El crecimiento rápido en los mercados mundiales de dinero durante los años 70 y 80, y el aumento en la velocidad del dinero, el cuál es facilitado por el uso de la nueva tecnología, tiene consecuencias drásticas para la organización de los estados nacionales. Los estados nacionales buscan atraer y retener al capital dentro de sus territorios: lo que esto significa cambia radicalmente con la nueva liquidez del capital. La competencia entre estados para atraer su parte del capital se intensifica, obligando a todos los estados nacionales a encontrar nuevas formas de hacerse atractivos para el capital. El hecho de que una parte mucho mayor del capital es invertido a corto plazo, significa que los estados están bajo una constante presión para mantener las condiciones que retendrán al capital dentro de su territorio. Las viejas ideologías se van: el nuevo dominio del dinero encuentra expresión en las nuevas ideologías de neo-liberalismo, teoría ofertista, monetarismo, las cuales dicen de una forma y otra que el estado se debe retirar, y el mercado y el dinero deben dominar. Las viejas alianzas se van: los vínculos establecidos entre grupos de capitalistas y el estado llegan a ser vistos como un obstáculo una vez que se realiza el hecho de que el capital en su forma de dinero no se adhiere a ningún grupo específico ni a ninguna actividad en particular. Los patrones de dominación corporativista también están bajo presión: lo que se necesita para atraer dinero global es una nueva organización del trabajo, una nueva "flexibilidad" y una nueva disciplina que es incompatible con las viejas estructuras sindicalistas, una nueva forma de "aprender a someterse" (ver Peláez y Holloway 1990/1991). El dinero, en su desesperación de encontrar Ia forma de expandirse, abre por la fuerza áreaspreviamente cerradas a la inversión capitalista privada: en todos lados, áreas de actividad previamente controladas por los estados nacionales están siendo privatizadas. abiertas al torrente de dinero que busca un hogar rentable.

Y después está la deuda. La transformación del capital en forma dinero significa que gran parte de ese dinero se ofrece como préstamo, se convierte en crédito y deuda. Los últimos años de la expansión de la posguerra fueron mantenidos por la expansión rápida de la deuda. A

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finales de los 70, una vez que la crisis de rentabilidad se había hecho evidente en los países más ricos y que había sido proclamada la austeridad monetaria, el flujo de dinero vino al sur, particularmente a América- Latina, ofreciéndose a gobiernos que buscaban formas de contener las tensiones sociales, y convirtiéndose en deuda. Una vez que llegó a ser claro, después de la declaración por parte del gobierno mexicano de dificultades en 1982, que América Latina no era un lugar seguro para préstamos, el dinero fluyó hacia el norte otra vez, rompiendo los intentos de imponer un controlmonetario estricto en los Estados Unidos y dando lugar a una expansión masiva de la deuda de los consumidores y, especialmente en los Estados Unidos, de la deuda gubernamental dominada por los gastos militares. Con la deuda viene una nueva política de la deuda, tanto inter-nacional como dentro de los estados nacionales (ver Holloway 1990; Cleaver 1989). El crecimiento de la deuda significa el crecimiento de la discriminación, discriminación entre aquellos juzgados dignos de crédito y aquellos que no lo son, una nueva división que se ha hecho horriblemente obvia tanto entre los estados nacionales como en la sociedad de todo el mundo. Para los deudores, ya sea deudores estatales o deudores privados, la deuda significa una subordinación más intensa al dinero.

El estado nacional no es lo que antes era. Como momento de la relación global del capital, ya no tiene el mismo significado: se ha dado un cambio en las formas de dominación capitalista. Hay. como dice Marazzi. "un cambio del poder estatal hacia el nivel mundial - el nivel del terrorismo monetario" (Marazzi 1976. 107). Las decisiones políticas tomadas al nivel del estado nacional están ahora más integradas en el movimiento global del capital. En este sentido se puede decir que el estado nacional está ahuecado. La democracia (donde existe) también está ahuecada: ya que las decisiones políticas están subordinadas más directamente al capital global, llega a ser más fácil reconciliar la forma democrática con los intereses del capital. Es este ahuecamiento de la democracia (como sugieren Cavarozzi et al. 1992), la clave para entender por qué el desarrollo de la democracia en América Latina en los años recientes ha sido acompañado por un crecimiento de la pobreza y la desigualdad social (lo que no quiere decir que estos fenómenos han sido peculiares a América Latina). El ahuecamiento de la democracia, sin embargo, también trae problemas: la subordinación del estado nacional al capital global hace más difícil la fragmentación nacional de la sociedad. y da lugar a tensiones que se manifiestan de forma muy diferente en las

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dificultades actuales del gobierno venezolano, en la caída de Thatcher en Gran Bretaña o en el discurso reciente del Presidente Salinas de México, destacando la diferencia entre su "liberalismo social" patriótico y el neo- liberalismo que no conoce ningún sentimiento nacional.

En todo esto, el capital aparece como todopoderoso. El dinero es la forma más ruda, más arrogante del capital. Sus éxitos en todo el mundo han sido muchos y obvios. Aun así, el dominio del dinero es la manifestación de la debilidad del capital. Las abejas en enjambre también son la forma más ruda, más arrogante de la abeja. Sin embargo, están en enjambre precisamente porque no había suficiente miel para todas. El dinero domina porque la producción ha cesado de ser atractiva para el capital, pero a fin de cuentas es la producción y sólo la producción la que provee la miel: la producción es la única fuente de la auto-expansión del capital. No es el rompimiento de los viejos patrones por el dinero, ni la "reforma del estado", lo que tiene la llave para la recuperación de la salud del capital, sino la reorganización de la producción, la sujeción restructurada del poder del trabajo al capital; y a pesar de todos los cambios en la organización de la producción, y a pesar de la política agresiva del capital en los últimos diez o quince años, no está claro que el capital haya tenido éxito en lograr este fin.

Las abejas que se enjambran por mucho tiempo mueren de hambre. La debilidad de la base del dominio del dinero ha llegado a ser cada vez más obvia en los últimos años, desde el derrumbe del mercado de valores en 1987; el derrumbe de tantos bancos e instituciones financie- ras, en medio de escándalo tras escándalo en todos los centros financieros, lo ha puesto en claro. Muchas de la abejas en enjambre han muerto, y continuarán muriendo en la "apertura del crédito" que está en el centro de la recesión actual. Sin embargo, permanece en duda hasta qué punto esta destrucción de capital sobreacumulado será suficiente para el retorno a una producción capitalista saludable a nivel global, y parece cada vez más improbable que el derrumbe de la Unión Soviética provea la solución esperada. La profunda recesión experimentada en el último par de años por todas la "economías" aparentemente poderosas hace inconvincente el argumento de que el capitalismo está entrando en una nueva fase de producción rentable (el llamado "posfordismo"). El tan discutido flujo actual de capital hacia América Latina es probablemente más un viraje en el flujo de capital (alejándose de las condiciones desfa- vorables actuales en otros países) que la solución regional a las

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dificultades del capital. Parece probable que el mundo continúe sufriendo la violencia y la volatilidad de la política nacional (e inter-nacronal) de la sobreacumulación global.

México DF, 1992

Notas:

l. Para el debate sobre la derivación del Estado y su expansión, ver por ejemplo Holloway y Picciotto (1978); Clarke (1991) (Gran Bretaña); Vincent (1975) (Francia); Perez Sainz (1981) (España):

Cn'tica de la Economía Política (1979; 1980); Sánchez Susarrey (1986) (México); Archila (1980); Rojas y Moncayo (1980) (Colombia); Fausto (1987) (Brasil).

2. El debate sobre la derivación del estado resucitó la pregunta que Pashukanis había planteado en 1923: "¿Por qué la dominación de una clase no continua siendo lo que es - es decir la subordinación de hecho de una parte de la población a otra parte? ¿Por que' toma la forma de la dominación estatal oficial? 0, lo que es la misma cosa. ¿por qué el mecanismo de coerción estatal no está creado como el mecanismo privado de la clase dominante? ¿Por qué está disociado de la clase dominante - tomando la forma de un mecanismo impersonal de autoridad pública aislado de la sociedad?" (Pashukanis 1923/ 1951, 185) Esta pregunta eventualmente le costó la vida a Pashukanis, ya que la implicación de la pregunta es que el estado en una forma de relaciones sociales específicamente capitalista. lo cual era incompatible con el intento de Stalin de constntir un “socialismo (estatal) en un país”.

3. No se puede asumir, como lo hace Jessop (1991). y como parece hacerlo Hirsch, por lo menos en sus obras más recientes, que la particularización del estado es un proceso terminado en los orígenes del capitalismo. Para una cn'tica a Jessop. ver Holloway (1991).

4. 'Ha habido una tendencia por parte del análisis marxista del estado capitalista de enfocar el estado, el estado individual. Esta es tal vez una tendencia más destacada en las obras marxistas que en las no-marxistas, ya que el énfasis marxista en la naturaleza clasista del estado hace necesario discutir el estado en relación con la estructura de la sociedad, y llega a ser conveniente asumir una con-e- lación entre la sociedad y las clases dentro de ella y el estado en esa sociedad“ (Picciotto 1985/1991 . 217).

5. En ese sentido Colin Barker (¡978/ 1991, 208) tiene razón cuando critica un artículo de Sol Picciotto y mío (Holloway y Picciotto 1977/1980/1985). diciendo "todo su artículo trata de una abstracción llamada 'el estado" cuya conexión con los estados reales del sistema capitalista no está desarrollada adecuadamente" .

6. Para una crítica importante del "fraccionalismo', ver Clarke (1978).

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7. Aunque la crítica de Barker a las limitaciones del dcbate sobre la derivación del estado es básicamente correcta, las conclusiones que saca sobre la necesidad de analizar los estados nacionales en términos de una competencia entre unidades estado-capitalistas es totalmente falsa.

8. Hasta que punto los estados particulares pueden romper con estas restricciones en situaciones revolucionarias requiere una discusión separada. que no se intenta desarrollar aquí.

9. Muchas de estas conexiones han sido analizadas por la discusión regulacionista del fordismo. pero. ya que la teoría regulacionista toma como marco dc referencia al estado nacional y no al capital global (ver Clarke 1987/1991: Hirsch 1992). no ha logrado relacionar estas cuestiones con la movilidad del capital. La orientación de la teoria regulacionista hacia el estado nacional refleja el hecho de que los estados nacionales jugaron probablemente un papel más central en la contención global del trabajo durante la posguerra que en cualquier otra epoca; pero. ya que el estado nacional se toma por sentado en la teoría regulacionista. estos vínculos no se pueden teorizar.

10. Las metáforas se mezclan sin vergüenza en esta sección. Pero con ríos y abejas ya es suficiente. 11. Para un análisis mucho más detallado de los procesos que describen en estos párrafos. ver Bonefeld (1990), con el cual este aniculo tiene una deuda considerable.

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7. Aunque la crítica de Barker a las limitaciones del debate sobre la derivación del estado es básicamente correcta, las conclusiones que saca sobre la necesidad de analizar los estados nacionales en términos de una competencia entre unidades estado-capitalistas es totalmente falsa.

8. Hasta que punto los estados particulares pueden romper con estas restricciones en situaciones revolucionarias requiere una discusión separada. que no se intenta desarrollar aquí.

9. Muchas de estas conexiones han sido analizadas por la discusión regulacionista del fordismo. pero. ya que la teoría regulacionista toma como marco de referencia al estado nacional y no al capital global (ver Clarke l987/l99l: Hirsch ¡992). no ha logrado relacionar estas cuestiones con la movilidad del capital. La orientación de la teoría regulacionista hacia el estado nacional refleja el hecho de que los estados nacionales jugaron probablemente un papel más central en la contención global del trabajo durante la posguerra que en cualquier otra época: pero. ya que el estado nacional se toma por sentado en la teoría regulacionista. estos vínculos no se pueden teorizar.

lO. Las metáforas se mezclan sin vergüenza en esta sección. Pero con ríos y abejas ya es suficiente. ll. Para un análisis mucho más detallado de los procesos que se describen en estos párrafos. ver Bonefeld (l990). con el cual este artículo tiene una deuda considerable.

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roland less

China: un capitalismo llamado socialismo

En China ya ha quedado atrás la primavera/masacre de la plaza Han An Men de 1989. El centro de escena lo ocupa hoy la reconversión capitalista, eufemisticamente denominada "socialismo de mercado " e inscripto como tal en la nueva Constitución Nacional oficializada en el XIV Congreso del PCCh en Octubre de 1992, poco después del articulo que aquí reproducimos.

Los hechos posteriores no han hecho más que confirmar el ciclo expansivo que atraviesa su economía, 12,8% en 1992 (20% en la industria) y 14% en el primer semestre de 1993, acompañado de un fuerte viraje individualista en la sociedad y una desenfrenada carrera por el dinero y la búsqueda de negocios.

Sociedad en transición y al mismo tiempo impregnada de rasgos tradicionales a la que en otro artículo el autor de este, especialista en el estudio de China, define, como un "imperio presa del cambio " del que poco o nada se conoce en nuestros países.

Los tres años que han se- ponsables de la masacre de junio guido a la sangrienta represión de de 1989: se han beneficiado de una la Plaza de Tiananmen de Pekin se coyuntura económica propicia y han desarrollado más favorable- han reducido su aislamiento en el mente de Io previsto por los res- plano internacional. Esta prórroga

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toca a su fm, ya que se hace nece- sario tomar rápidamente decisiones importantes y los viejos dirigentes están a punto de terminar. Sin em- bargo, estos éxitos facilitan a su vez una relativa "paz social" y, paradójicamente, un ascenso de fuerzas que preparan la transfor- mación capitalista de China.

Deng Xiaoping, en una ofensiva impresionante para un hombre de 88 años de edad, acaba de imponer, apoyando abiertamen- te a los partidarios del cambio, un retorno a una transición hacia un capitalismo con fuerte presencia estatal, favorable a las iniciativas privadas, abierto al exteriOr y diri- gido con mano firme por un parti- do-Estado reconvertido. Esta Ofen- siva, iniciada en enero con una visita dc Deng Xiaoping alas pro- vincias del sur, las más implicadas en la reforma, y particularmente a la zona económica especial de Shenzen, la plaza fuertedel capi- talismo en la República Popular, ha continuado a partir de marzo; se implementó una vasta e inusual acción de propaganda con el fin de reducir la resistencia de un aparato central cuanto menos reticente.

El éxito de esta campaña está marcado, para muchos, por una incógnita: el estado de salud de Deng Xiaoping y el de sus adversarios. Hay algo de siniestro, una especie de prueba de decaden- cia del régimen, en el hecho de que el porvenir de más. de mil

millones de personas dependa dela sorprendente resistencia de un puñado de ancianos. Con motivo del decimocuarto congreso del Partido Comunista, previsto para septiembre y octubre, la parálisis de decisión de la dirección no puede prolongarse. Una China que busca vias de transformación se ve ast' mantenida en suspenso por la temible cuestión de si Deng Xiao- pin sobrevivirá O no a su eterno ri- val, Chen Yun, jefe de filas de los conservadores, de ochenta y siete años de edad. Esta espera de toda una población contemplando la descomposición fisica de unos pa- triarcas al borde de la muerte recuerda el fin del periodo maoísta y subraya la ruptura total entre un poder visto casi como parte de un antiguo régimen y el conjunto dela sociedad, incluida una buena parte de los cuadros del partido.

La lucha en la cumbre continúa abierta y tanto más encar- nizada cuanto más está contra la pared la corriente conservadora, la cual, controlando numerosas es- tructuras de mando a nivel central, se ve a menudo impotente en lO profundo de la sociedad frente a las autoridades que controlan Sólidamente las regiones. Estos poderes regionales y locales, inclu- so cuando no son favorables al contenido efectivo de las "refor- mas", es decir a un capitalismo cada vez más evidente, temen sin embargo las tendencias hacia un

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nuevo centralismo por parte del primer ministro, Li Peng. Puedeparecersorprendente que el equipo de Li Peng esté en tan lamentable estado cuando el balance de su gestión económica está lejos de ser negativo, al menos a corto plazo. La situación es y seguirá siendo frágil, pero, por ahora, China forma parte del grupo de los "dragones" de Asia: entre un 6% y un 7% en la tasa de crecimiento de los últimos años (7% en l99l, 10% en el primer trimestre de 1992 quizás entre un 8% y un 10% para el conjunto del año). Y algo aún más inesperado: el poder ha conseguido reducir fuertemente la tasa de inflación (2% en 1990 contra 18% en ¡989, y 3% en 1991). Lo que prueba. al menos, un dominio de la politica macroeconómica, una cierta capa- cidad para hacerse obedecer -situa- ción nada evidente hace apenas tres años. Pero estos resultados supo- nen. paradójicamente, otras tantas victorias de los adversarios del equipo de Li Peng. China ha conti- nuado. desde 1989. abriéndose económicamente al mundo. Más aún. ha practicado con e'xito una agresiva política de exportación de productos de bajo contenido tecno- logico. En su conjunto, las ventas al extranjero se han doblado entre ¡985 y 1990 (mientras que se han reducido severamente las importa- ciones. política de austeridad obli- ga). El saldo comercial se ha

convertido en positivo en 1990 y l99l (en mas de ¡2000 millones de dólares); China es, después de Japón, el país cuyos intercambios con Estados Unidos resultan más excedentarios (con un saldo positi- vo de 11500 millones de dólares en 1990). Ahora bien, esta política comercial tendiente a ocupar los rubros de base tecnológica aban- donados por países como Singapur, Taiwan o Corea del Sur, había sido propuesta por Zao Ziyang, el antiguo secretario general del Partido Comunista, reformista eliminado en la primavera de quien cada vez hay más motivos para rehabilitar.

El crecimiento del sector privado

Y una constatación aún más agobiante para el equipo de Li Peng: lo esencial del crecimiento proviene del sector no estatal —em- presas privadas rurales y urbanas y del sector cooperativo, mixto y colectivo (de hecho ampliamente privatizados, o fuera del control de los cuadros locales). El sector esta- tal abarcaba. en ¡978. el 73% de la producción industrial. pero en l990 este porcentaje era ya solo del 35%. El sector privado (com- prendido el controlado por el ex- tranjero). partiendo de cero en l978 (estaba entonces prohibido). representaba el 5% de la capacidad industrial en 1985 y el 38% en l990.'

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Las políticas puestas en práctica iban,, en contraposición con el discurso oficial, en el senti- do de profundizar la reforma, de ir más allá en ella, y de la reintegra- ción progresiva de China en la economía capitalista mundial y de su subordinación a ella.

El poder, en palabras del propio Deng Xiaoping, se ha arre- pentido recientemente de no haber permitido antes a Shangai, durante mucho tiempo bastión de la indus- tria estatal, convertirse en centro capitalista activo, capaz de atraer capitales del exterior.

Tras estos tres años de inesperada tregua, el poder debe ahora trazar con urgencia una línea de conducta de cara al futuro. Por otra parte, este era el objetivo principal de Deng Xiaoping en enero. No podía haber sido más claro. El socialismo es el desarro- llo, es lo que decía en esencia. Y el desarrollo a la china está repre- sentado por la zona económica especial de Shenzen. Y el modelo de Shenzen es Hong Kong, con quien compite en la misma zona. Así pues, el socialismo chino es... un Hong Kong socialista. No tomemos en cuenta la provocación, sin duda deliberada.

Todo chino ya sea favora- ble u hostil de Deng Xiaoping, lo comprende perfectamente: el mo- delo es capitalista. Y Deng Liqun, uno de los dirigentes más conser- vadores, inventor a principios de

los años 80 de la noción de "polu- ción espiritual " , está perfectamente autorizado para decir que Deng Xiaoping se desprende del maois- mo y del marxismo-leninismo.2 En efecto, éste ha subrayado, como no lo ha hecho ningún otro, la nece- sidad de preparar la mutación eco- nómica del país y la salida (y no la autoreforrna) del socialismo real. El socialismo que se proclama no tiene ningún otro contenido que que la perpetuación del aparato comunista, al menos de aquellos que, en su seno, están dispuestos a reconvertirse a un régimen socia- lista que combine el poder del partido-Estado con una economía capitalista bajo fuerte control esta- tal. Una combinación hasta tal punto explosiva que no extraña el silencio oficial en lo que se refiere a las modalidades de su puesta en práctica...

Al decidir valorizar Shen- zen de forma tan ostentosa, y al poner los puntos sobre las [es pro- poniendo hacer de Hong Kong un modelo para las regiones más desa- rrolladas del país, Deng Xiaoping ha quemado, en cualquier caso, sus últimos cartuchos porque no hay perspectiva de vuelta atrás. Cuando Shenzen, un territorio de 330 kiló- metros cuadrados, fue elegido co- mo zona económica especial en 1979, al comienzo de la reforma, se trataba realmente de forjar una cabeza de playa para las inversio- nes exteriores y de beneficiarse de

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la vecindad de Hong Kong. Pero también había la intención de pre- servar al resto de China de una contaminación capitalista. Para gente muy concreta, China se ini- ciaría en la tecnología a cambio de inversiones en principio rentables para los capitalistas extranjeros. Ahora bien, las zonas económicas especiales, a pesar de sus difíciles comienzos y de su incapacidad para atraer la alta tecnología", se han multiplicado y se sitúan en el corazón del desarrollo de las pro- vincias costeras -fachada marítima considerada en sf misma como el elemento motor del crecimiento de una China abierta al mundo. La zona de Shenzen tenía 70000 habi- tantes en 1978; ahora cuenta con más de dos millones, a los que hay que añadir varios centenares de miles de trabajadores ilegales, mientras que en el proyecto inicial, se pensaba llegar a los 800000 habitantes para el año 2000.4

Los chinos echan a andar hacia el muevo Eldorado. Se ven atraídos por salarios muy superio- res a los del resto del país. Pero estos salarios están reservados a los residentes (y han sido obtenidos gracias a fuertes presiones obre- ras), ya que gran número de cam- pesinos que se instalan en la re- gión, se encuentran rápidamente en las condiciones que tan bien cono- cen los trabajadores del distrito de Baoan —incluido sin embargo en la zona de Shenzen-, que sufren la

fuerte y nueva explotación capita- lista, y donde los obreros ganan a menudo menos de los 200 yuanes del salario mínimo, cuando los salarios alcanzan frecuentemente los 500 y 1000 yuanes en el resto de la zona; la norma de las 48 horas de trabajo semanales se ha sobrepasado tranquilamente. No existen ni contratos ni verdadera protección social o médica. Los reglamentos de seguridad apenas se aplican: en 1991 los accidentes de trabajo causaron 540 muertos y heridos.’ Sin embargo, el flujo de campesinos no se detiene, pues el paro y el subempleo arrojan por millones a la población rural a las carreteras del sur, a la búsqueda de recursos que la tierra ya no les procura.

Los capitalistas de Hong Kong invierten masivamente en la zona de Shenzen: dos tercios de los capitales provienen de allí. Dispo- nen de una mano de obra barata, de un acceso al continente y de ventajas sustanciales: las jóvenes campesinas llegan para contratarse como sirvientes, a veces como amantes, si no como prostitutas, en la segundas viviendas de los amos de Hong Kong. Un capitalismo salvaje poco escrupuloso como modelo, con la bendición del pa- triarca. lo cual es, ciertamente, muy poco maofsta.

No se trata sólo de ven- derse al más afortunado o al que más ofrezca (venta cuyo producto,

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por lo demás, no hará sino volver pronto, en el caso de Hong Kong, al seno de la madre patria). El ob- jetivo es igualarse con Hong Kong, valorar a los que. especialmente en la zona de la fachada marítima del país, piensan poder participar con algún éxito en esta competencia. Tal es el caso de Shangai, que, habiendo salido tarde en la carrera hacia el capitalismo, trata de com- pensar su desventaja.

Hay que aprender. pagar el precio de este aprendizaje y esfor- zarse en favorecer la eclosión de los empresarios de la China conti- nental, en preguntarse demasiado sobre el origen de los capitales de esta nueva clase. China está mucho más avanzada que Rusia en la constitución de una clase de hom- bres de negocios, producto de una mezcla de burócratas ( o sus hijos) y nuevos capitalistas.

Los otros (la mayoría de las regiones y de los habitantes del pais) no pueden esperar sino que las zonas prósperas contribuyan en su momento a desarrollar los vas- tos espacios dejados de lado. La China que avanza es más que nunca una China con varias veloci- dades. El editorial del diario del Pueblo del pasado de mayo anunciaba a los obreros una era de sacrificios -temporales, según se les asegura. El tono del texto no deja apenas dudas sobre la resisten- cia obrera a la nueva orientación 7. Una resistencia que se manifiesta

desde los comienzos de la reforma y que ha limitado el impacto de esta. Esta vez, el grupo reformador parece decidido a pasar por encima de ella.

La distancia entre la ideo- logía que se proclama y la práctica es inmensa. Más que en las bata- llas en la cumbre, de incierto resultado, ahí es donde se puede ver de forma más evidente la derrota del régimen "comunista". La rigidez del discurso, la rugosi- dad de la lengua oficial han masti- cado una flexibilidad en Ia gestión concreta que se ha impuesto en sectores cada vez más amplios del aparato. Tal es el reto principal para una parte de los dirigentes: organizar las transformaciones. asegurar la reconversión del régi- men y de una fracción de la élite, evitando así un derrumbe del poder. "Cambiarlo todo para que todo siga igual". según la célere fórmula del heroe del El Gatopar- do“. Y, sobre todo, organizar el cambio dando la impresión de que no se quiere cambiar nada. Esta es. en cierta medida, una constan- te. Las capas dominantes tienen en Occidente la reputación, desde hace siglos, de desear ante todo la perennidad china, la continuidad de los valores de su civilización y la perpetuación de las élites tradicio- nales. Hasta el punto de que la burocracia comunista y la ruptura maoísta de l949 han sido situadas en esa continuidad. ¡Qué no se

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habra dicho sobre el inmovilismo chino, sobre el bloqueo de cual- quier evolución por parte de los mandarines; y, más recientemnete, sobre las rigideces del maoísmo y de estos maoístas tardíos acaudilla- dos por Li Peng, que ocuparon la totalidad del poder tras la represión de 1989!

Más bien es lo contrario lo que prima hoy en día. Si nos atenemos a los últimos siglos del imperio, que son los que cuentan a la hora de comprender la China moderna, hay que constatar una flexibilidad, una relativa capacidad de adaptacióon del poder y de los componentes de la sociedad. No se trata tanto de realzar la flexibilidad en tanto que tal como de responder a una tarea que requiere, en mis- ma, la inflexibilidad más absoluta: la asunción de la unidad china.

Ha sido necesario que el mundo occidental constate la sor- prendente facultad y adaptación. desde hace dos o tres decenios. de las diásporas chinas. como las de Hong Kong, Singapur o Taiwan, para que los investigadores y ob- servadores se den cuenta de que la flexibilidad es un rasgo esencial de la civilización china. al menos en el transcurso de los últimos siglos. Al contrario que Max Weber, que insistía en las trabas culturales. hoy en día se tiende más bien a poner el acento sobre aquello que en los valores chinos hacen a este pueblo tan apto para el comercio,

para el capitalismo. para la asimi- lación de las innovaciones del mundo exterior.

Los tres últimos años han sido los de la regresión política. de la reafirmación del maoísmo hasta la caricatura, Io cual no ha frenado esta capacidad de efervescencia bajo la apariencia de inmovilismo, a todos los niveles de la sociedad. Socialismo, comunismo o maoísmo significan poco más que nada más -a|lá del imperativo de grandeza, de unidad y de cambio tendiente a garantizar la continuidad. El mode- lo soviético parecía, hace algunas decenas de años, poder cumplir esta función. Hoy, el capitalismo está considerado, por parte de las élites urbanas. como el modelo a adoptar y a adaptar. El riesgo, nada despreciable, de que en un capitalismo que introduce una diversidad plena de contradicciones y una multiplicidad de Chinas, pueda provocar el estallido del país —y, por lo tanto, lo contrario del objetivo buscado- parece temerse menos que el peligro de derrumbe de una nación que . como en el siglo XIX, se dejaría dominar. Si se exceptúa una cierta tentación independentista aún minoritaria en Taiwan, la unidad del territorio no se pone en cuestión, ni en las regiones favorecidas ni en las regiones estancadas. Salvo en algunas provincias periféricas no muy antiguas del país, sobre todo en el Tíbet.

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Docilidad del mundo rural

El poder no sólo ha obteni- do éxitos económicos, sin duda provisionales pero preciosos para un régimen desacreditado. Los males sociales, la indisciplina, la inseguridad en las ciudades y en el campo, la resistencia obrera, la desafección de los intelectuales, todo ello está tan presente como hace tres años; pero la oposición organizada ha desaparecido. Es la época del cada uno a lo suyo. El gusto por los negocios se ha adue- ñado de algunos contestatarios. Otros se han desanimado. Los inte- lectuales se han retirado de la polí- tica, como sus antepasados lo ha- bían hecho tras los desastrosos comienzos de la primera Repú- blica, en 1912.

Las acciones obreras de una cierta magnitud se están ha- ciendo esperar. Todos los días se da un considerable distanciamiento entre la vivacidad de la resistencia obrera por la base, resistencia a veces muy corporativista, y la au- sencia, a escala bastante importan- te, de organizaciones (sindicales y otras) independientes del poder. Es cierto que la represión de todas las tentativas que van en ese sentido ha sido siempre inmediata y feroz, más sistemática que la que ha caí- do sobre los intelectuales.

En cuanto al campo, se ha visto aliviado por el fracaso de las

tentativas de restaurar en parte las estructuras colectivas. Se han bene- ficiado de un alza sustancial de los precios, de una cosecha record (lo uno está ligado a lo otro), de un relanzamiento de un importante sector de la pequeña industria rural que había sufrido mucho con la politica de austeridad llevada ade- lante a partir de 1988. El campo ha conquistado una cierta autono- mía económica y de gestión de la vida cotidiana; a cambio, hacen gala de una gran docilidad frente al poder. Este consentimiento sin aprobación, no carente de cálculo, sigue siendo la gran baza de las autoridades.

Sin embargo, no se puede descartar ninguno de los grandes peligros. El peso demográfico con- tinúa representando el mas terrible fardo, junto a los graves problemas ecológicos. La economía continúa siendo frágil, la inflación vuelve a despegar (se habla de un 5% y un 6% para este año, posiblemente). Las fracturas sociales se agravan en este país-continente cada vez más desigualitario, en el que las

periferias, en el sentido social y

geográfico, son abandonadas a su suerte, lo que provoca crecientes tensiones entre las minorías nacio- nales fuertemente representadas en las zonas alejadas. A esto se aña- den las incertidumbres sobre el régimen, la guerra de sucesión que no termina, bloqueando la bús- queda de espacios políticos nuevos.

106

Octubre 1993

Hay una sola convicción: el socia- cas o por la sorprendente longevi- lismo real chino agoniza, aunque la dad de algunos personajes históri- muerte clínica pueda retrasarse por cos.

el miedo al caos, por las manio-

bras burocráti

Notas

l. Far Eastem Economic Review (Hong Kong), (23 abril 1992).

2. survey of World Broadcasting (SWB), BBC, Londres, (22 mayo, 1992), que reprodujo un discurso de Deng Liqun de enero, poco mlas o menos en el momento en que Deng Xiaoping hacia su gira por el sur.

3. He Bochum. China on the Edge: The Crisis of Ecology and Development, San Francisco, China Books, ¡991 (ver Le Monde diplomatique, junio 1992).

4. Far eastern Economic ReviewI 14-5-92

5. Ibid 6. ki Lampedusa, Giuseppe Tomasi: El gatopardo. (traducción francesa), Paris, Le Seuil, 1959)

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Cuadernos del Sur 107

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EX-URSS: todos contra todos

Boris Kagarlirslty es un joven sociólogo y militante socialista moscovita. Escribió The Thinking Reed (1988), una vasta historia de la inte- lectualidad rusa, The Dialectic of Change (1990) y Farewell to Peres- troika (1990) sobre las transformaciones en la ex- URSS y las perspectivas de la Perestroika de Gorbatchov. Cuadernos del Sur publicó con ante- rioridad, en los números ll y ¡3 respectivamente. dos artículos suyos." "No vemos una vía (¡ue no sea la socialista hacia la democracia en nuestro país" (con Efim Ostrovskii) y "La revolución democrática de Europa Oriental vista desde la izquierda Su último libro, acerca de la "desintegración del monolito " soviético, actualiza aquellos análisis y dellnea las perspectivas fixturas de una politica socialista para la F edera- ción Rusa. Kagarlitslty es, además, miembro fundador del Partido del Trabajo, activista de la Federación de Sindicatos de Moscú, redactor del semanario Solidarnost y miembro del Soviet de Moscú.

Con motivo de la presentación de la versión portuguesa de su último libro, A desintegracáo do monolito (San Pablo, Editora UNESP, 1993), Kagarlitslg' viajó a Brasil. En la ciudad de Marilia-SP, Eduardo Lucita y Alberto Bonnet lo entrevistaron para Cuadernos del Sur acerca de la situación política actual en la ex-URSS.

CdS.: Tu acabas de llegar de Moscú para asistir a este seminario en Marflia’. Por la información que tenemos en Buenos Aires, los últimos acontecimientos en Ia Federación Rusa han vuelto a poner en el centro

Cuadernos del Sur 109

de la escena mundial el que sin duda constituye el proceso de transfonna- ciones más importante en muchas décadas, tanto por sus implicancias políticas como sociales. ¿ Cómo aprecias la actual situación de confronta- ción entre un presidente que para occidente aparece como un gran demócrata y un parlamento que este mismo occidente considera como conservador?

B.K.: No es correcto considerar a Yeltsin como alguien cualitativamente diferente del parlamento. Yeltsin fue elegido por este mismo parlamento en el año 1990, como un presidente de este mismo parlamento, que ha llevado a Yeltsin al poder desde la situación de aislamiento político en que estaba antes como enemigo de Gorbatchov. Ahora también este mismo parlamento ha votado crear el puesto de presidente especialmente para que Yeltsin pudiera ser presidente. Este mismo parlamento ha votado muchas veces por privatizaciones, por la destrucción de la Unión Soviética, la liberalización de precios, etc. El problema central, en realidad, no es la oposición del parlamento a Yeltsin, sino que este parla- mento, que tiene responsabilidad junto con Yeltsin de todo lo que sucede ahora en la Federación Rusa, no puede ser una verdadera y eficaz oposición precisamente por eso. Es una oposición muy débil.

Pero es muy característico el hecho de que esa oposición está emergiendo, porque ahora las mismas capas sociales y grupos políticos que apoyaban decididamente a Yeltsin dos años antes están en la oposición, están en contra, porque nada funciona, porque las reformas neoliberales en Rusia no tienen más éxito que en América Latina. Es un desastre internacional y Rusia no constituye ninguna excepción. Pero la situación en Rusia es peor aún que en América Latina desde el punto de vista psicológico, no desde el punto de vista de la pobreza, porque no estamos tan pobres como la gente en Brasil, en Perú o naturalmente en Africa. El problema, sin embargo, es que la gente en Rusia está habituada a un nivel de vida no muy alto, pero tampoco muy bajo, y el mensaje del neoliberalismo fue que con el gobierno neoliberal en ocho meses —como ha dicho Yeltsin- podíamos entrar en el club del occidente, de los países ricos. Como resultado, después de ocho meses hemos entrado en la masa de los países pobres y esto es un shock político, psicológico y moral que ha creado una oposición aún entre las capas sociales "semi-burguesas", que en principio quieren el aburguesamiento de la sociedad soviética, pero no quieren el neoliberalismo como modelo del desastre.

CdS. .' ¿Esto significa que la base social que apoyaba a Yeltsin, la base social del régimen actual, está en un proceso de descomposición?

I 10 Octubre 1993

B.K.: Exactamente. Y por eso Yeltsin no tiene chance, no tiene posibilidades de vencer.

CdS.: ¿A esta descomposición te refieres en el libro que acabas de presentar, La desintegración del monolitoz?

B.K.: Si, exactamente. La palabra descomposición para todo lo que pasa ahora en Rusia es una palabra muy característica. Siempre hablamos de la descomposición de algo, pero en realidad es una descomposición de todo.

CdS.: Pareciera ser que la figura presidencial se ha debilitado en este proceso de descomposición y que, para sostenerse, se apoya en los militares y está quedando comprometida con el sector militar. ¿Cuál es el peso real de los militares en las decisiones políticas, luego del frus- trado golpe de Agosto de 1991?

B.K.: Después de Agosto, el rol de los militares es importante porque no existe. Y por eso, irónicamente, la importancia del ejército está creciendo. Fuerza tienen, pero la ausencia de sus actividades es su actividad más importante desde el punto de vista político. El ejército tiene miedo de ser fragmentado, como todos los otros sectores. En caso de que el ejército empiece a actuar políticamente, de inmediato empieza a fragmentarse, porque hay varios sectores políticos y sociales que tienen apoyo en sectores militares. Pero esa es una situación de peligro, de gue- rra civil, que los militares no quieren, y por eso son demostrativamente neutrales.

CdS.: Más allá de la cuestión de la desintegración de la base social, ¿qué posibilidades tiene el neoliberalismo en el plano económico?

B.K.: Por ejemplo, la caída de la producción fue el año pasado, oficialmente, del 26%. En este año esperamos que la caída de la producción no sea tan impresionante, pero las consecuencias sociales de la caída de la producción del año pasado, de la destrucción de la base productiva, pueden experimentarse en este año de 1993.

Ahora el desempleo en Rusia es muy bajo y es muy importante aclarar que, cuando hablamos de desintegración, en realidad no todo está desintegrándose y, por ejemplo, la tecnocracia, los managers de grandes empresas, entienden que el capital más importante que tienen es los trabajadores con cualificación, y por eso no quieren desemplear gente. No porque sean buenos, ni porque sean socialistas, ni siquiera estalinistas, sino sólo por razones económicas. Sería una autodestrucción. Desemplear es destruir la posibilidad de recuperar la producción. Y por eso tenemos ahora un bloque entre los tecnócratas y los trabajadores contra esta tendencia del gobierno de destruir la industria y desemplear

Cuadernos del Sur I I I

la gente. Porque los neoliberales no prevén ningún futuro para la industria ex-soviética. Pero futuro existe, porque tecnológicamente no estamos tan atrasados como dicen. Tenemos algunos problemas, pero tecnológicamente no estamos más atrasados —por lo menos en algunos niveles de la industria- que, por ejemplo, Inglaterra, que es un país desa- rrollado. Por ende, no es una situación en que no haya posibilidades de desarrollar o reestructurar la industria. El problema es sólo que, sin inversiones directas estatales, controladas también por el público, no es posible reestructurar esta industria. pues capitales privados de tanta mag- nitud no existen.

CdS.: Sin embargo, Boris, yo encuentro un problema en lo que dices, porque pareciera ser que uno de los elementos que ha jugado un rol importante en la crisis de la ex-URSS ha sido que el bloque del denomi- nado "socialismo real "perdió la batalla en el terreno de la productividad frente al bloque de los países capitalistas.

B.K.: De acuerdo. Pero me parece que no es el problema más grande. El problema más grande es el problema del éxito mismo del régimen burocrático. Porque el régimen burocrático, gracias al impulso revolucio- nario de los años de la Gran Revolución Rusa, fue capaz de desarrollar un país, podemos decir "subdesarrollado", a un nivel en que la población esperaba seriamente entrar al club de los países más desarrollados. Y por eso no estamos atrasados -aunque naturalmente no estamos tan desarrolla- dos como occidente. Estamos en una situación paradójica, donde el nivel de desarrollo ya obtenido ahora está en peligro. Podemos reestructurar la industria y fortalecer nuestro desarrollo. pero cambiando las prioridades. o podemos subdesarrollarnos.

CdS. .' Justamente en este sentido pareciera ser (¡ue uno de los grandes campos de disputa en la ex-URSS es la orientación del modelo económico a desarrollar. Ypareciera ser (¡ue lo que va triunfando, encabezado por Yeltsin, es un modelo de claro restablecimiento de la propiedad privada. del mercado, en una orientación decididamente capitalista.

B.K.: No solo es capitalista, es reaccionaria, porque ideológicamente es también una tentativa de restablecer el régimen pre-revolucionario, que no era democrático-burgués sino burgués-feudal.

CdS.: Vos comparahas ese proceso, en tu libro, con la caida del imperio romano en manos de los bárbaros. Ahora bien, es evidente que esta orientación cuenta con todo el apoyo de los grandes países capitalistas del G7, del Club de París, lo que ha sido puesto de manifiesto, por ejemplo, en las recientes declaraciones de Clinton en los EEUU. Pero, por otro lado, pareciera ser que existen múltiples

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dificultades para constituir una clase capitalista y que no existen grandes proyectos de inversión. ¿Cuál es hoy el verdadero alcance del capitalismo en Rusia?

B.K.: En realidad, la clase capitalista no existe, y no es posible formar una clase capitalista como clase, con alguna tradición, con alguna integración social horizontal, y no como grupo "Iumpenizado" de propie- tarios aislados, en un año, en dos años, diez o aún veinte años. Podemos olvidar por un momento que somos de izquierda y retomar el razonamiento liberal. También desde esta perspectiva, siendo la clase de propietarios importante para la ideología liberal, existe esta contradicción. La clase burguesa real no puede formarse en dos o tres años. Pero la crisis existe ahora, las dificultades existen ahora, y es necesario hacer algo ahora para salvar el país. También esto puede explicar porqué algunos sectores de centro derecha o algunos sectores socialdemócratas de derecha están ahora izquierdizándose. porque no hay por el momento, objetivamente, una solución capitalista.

CdS.: Estamos pasando revista a los problemas económicos objetivos que enfrenta la restauración capitalista en la ex-URSS, pero ¿que está pasando con el pueblo, con la gente?

B.K.: Es una situación de frustración. Para la izquierda, por ejemplo, es un gran problema. La gente no cree más en el capitalismo, no cree más en el neoliberalismo, no cree más en Yeltsin, pero al mismo tiempo no es una situación en que la gente crea en la izquierda, crea en el socialismo. La gente está esceptica. está frustrada, desilusionada y dice: bien, no podemos hacer nada. o dice: podemos boicotear al gobierno. Pero boicotear al gobierno no es suficiente para cambiar las cosas. Es suficiente para hacer ineficaz todo lo que el gobierno hace. para paralizarlo, pero no es suficiente para cambiar las cosas. Y la actividad política de la clase obrera es baja. Sólo los sindicatos son políticamente activos, pero es una situación muy paradojal porque casi todos los obre- ros están sindicalizados, pero la clase obrera espera que los sindicatos puedan hacer algo sin militancia obrera. La clase obrera llega a elegir los líderes sindicales y después de elegirlos se queda esperando los resultados.

CdS.: No hay una participación activa.

B.K.: Casi no hay militancia. Los obreros son muy leales a los sindicatos, pero leales pasivamente.

CdS.: Sin embargo, vos indicabas en otros reportajes“, y en tu propio libro, que existe una especie de restructuración de los sindicatos y también de los partidos de izquierda.

Cuadernos del Sur H3

B.K.: Si, es un proceso muy importante, importantísimo, esta restructuración de la izquierda y de los sindicatos. En el año 1990 tuvimos un congreso de los sindicatos de Rusia que ha formado una nueva federación sindical (Federación Independiente Sindical de Rusia). Algunos jefes sindicales y algunas estructuras de los viejos sindicatos permanecen, y no esta siempre mal, porque con esas estructuras hemos insertado algunos funcionarios muy competentes. Pero también es un problema, porque la gente no siempre tiene la capacidad de hacer cosas en esta situación que es muy diferente. Por eso los sindicatos tienen importancia, pero su restructuración es muy difícil. La izquierda ahora también está en el proceso difícil de la restructuración. La izquierda socialista está ligada a los sindicatos y puede controlar algunas posiciones centrales en la Federación Sindical Rusa. Esta tendencia es representada por el Partido del Trabajo, del que soy miembro. Este partido carga también con todos los problemas de la sociedad: no hay experiencia, no hay participación de masas, y por eso la izquierda socialista tiene influencia, tiene importancia en el país, pero no tiene una participación de masas. No somos un movimiento de masas, y es un problema. Otro problema es que la fragmentación de la izquierda no es superada. Estamos en proceso de superar esta fragmentación, pero aún no podemos decir que tenemos un sólo partido socialista, porque también tenemos un fuerte partido comunista muy tradicional...

CdS.: ...¿un partido estalinista?

B.K.: No. Tenemos dos partidos comunistas. Uno es abiertamente estalinista, el Partido Comunista Obrero de Rusia, de estalinistas no arrepentidos que dicen que la única causa de esta crisis es que Jrushov ha denunciado a Stalin, y todas las otras cosas eran muy buenas. Pero hay otro partido comunista más grande, llamado Partido Comunista de la Federación Rusa, que es tradicionalista pero no estalinista. Podemos decir que es breznevista. Es un partido grande, importante, pero también muy pasivo, muy incapaz de actuar en la situación nueva, y sostiene siempre que el fracaso del neoliberalismo automáticamente puede darles a ellos una posibilidad de acceder al poder, lo que es incorrecto. Y tenemos el Partido del Trabajo junto con otro partido de izquierda con el cual queremos ahora unificarnos que se llama Partido Socialista de los Trabajadores. La diferencia es que el Partido del Trabajo organiza la gente de los sindicatos y también la gente que estaba en la oposición de izquierda al régimen comunista (anarcosindicalistas, algunos trotskistas, socialistas de izquierda, marxistas, socialdemócratas de izquierda, etc.) mientras que el Partido Socialista de los Trabajadores organiza una

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corriente reformadora del mismo Partido Comunista de la URSS. Históricamente, no es tan facil unificar esas corrientes, con una experien- cia de socialización diferente.

CdS.: ¿Cómo definirtas vos a esa izquierda socialista del Partido del Trabajo? ¿Es una izquierda que se asemeja al ala izquierda de la socialdemocracia 0 es una izquierda que se define en términos clasistas, anti capitalistas ?

B.K.: Naturalmente, como partido amplio —no puedo decir grande, porque no somos grandes desde el punto de vista del número de mujeres y hombres- tenemos algunas corrientes muy diferentes. Ahora se habla mucho de una "unidad intuitiva", porque esas corrientes son tan diferentes que podríamos hacernos la pregunta: ¿por qué estamos juntos, en una misma organización? Siempre la respuesta es que hay una unidad intuitiva, porque algunos sectores no son tan diferentes en la realidad co- mo puede pensarse, pues existen diferencias de lenguas, de tradiciones, de personalidades, que no son necesariamente políticas o referidas a la base social. Por eso es importante crear un espacio social-político para que estas tendencias puedan desarrollarse de un modo no sectario. Y por eso tenemos socialdemócratas de izquierda claramente socialdemócratas, tenemos comunistas no miembros del PCUS pero gente de la tradición leninista-comunista, tenemos gente de tradición anarcosindicalista o anarquista (ahora resulta interesante ver que este grupo está reencontrando el marxismo, es una tendencia muy interesante). Podemos decir que hay dos tendencias en nuestro PT: una socialdemócrata de iz- quierda, claramente de izquierda, no de derecha, y una tendencia marxista, socialista de izquierda. Ahora, la tendencia más de izquierda predomina en el partido, y espero que eso continúe. No queremos socialdemocratizarnos.

CdS.: ¿Cuál es, en esta crisis de la Federación Rusa, el papel que han jugado y que juegan los intelectuales y cuál es el peso de los intelectuales en toda esta recomposición de la izquierda?

B.K.: Es otro tema de mi libro. Mi primer libro -que no fue publicado en portugués ni en españols, es un libro sobre la historia de los intelectua- les soviéticos, desde la Revolución Rusa hasta la Perestroika, y ahora este tema es para mi muy importante. Tenemos un desarrollo muy atrasado o regresivo, porque algunos sectores de los intelectuales están muy integrados en el poder y muy corrompidos por el poder, por el mercado, por el capitalismo, etc., aunque hay otros sectores más privilegiados que están izquierdizados. No hay una intelligentsia, sino varias intelligentsias. Como todo, también la intelligentsia está fragmentada, y tenemos dos o

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tres intelligentsias simultáneamente. Es un drama, porque la importancia de la intelligentsia radicó siempre en un factor: en que estaba socialmen- te, culturalmente integrada, en que la élite de la intelligentsia no era tan diferente de la masa de la gente, de los trabajadores, y se sentía como parte de esa masa. Ahora no es como era. Pero probablemente estemos en un período de formación de una nueva intelligentsia. Y puede ser más o menos como en los países más desarrollados de América Latina. del Tercer Mundo, donde los intelectuales, como tradicionalmente era en Rusia, son críticos y de izquierda. Tenemos una experiencia muy interesante, la experiencia del diario ............ diario independiente que fue creado por el gobierno como un diario más o menos serio para los intelectuales —es paradójico, porque un diario independiente creado con dinero del gobierno no es muy independiente. Es interesante ver que, cuando la mayoría de los lectores comenzó a izquierdizarse, el diario empezó también a izquierdizarse. abriendo sus páginas a la gente más progresista, más de izquierda. y el gobierno empezó a sabotear el mismo diario que había financiado. Ahora no hay más inversiones y el gobierno ha apoyado a otro diario, más de derecha. que se llama ....... ..(Hoy en castellano). Es llamativo que este nuevo diario. creado por la gente del gobierno para sustituir a la ........... ..que está izquierdizada (no es de izquierda, pero podemos hablar de "liberales izquierdizados" como tipo psicológico) no tiene ningún exito. La gente continúa leyendo ........ porque en él permanecen juntos todos los intelectuales de masas.

CdS. .' Entre los intelectuales marxistas de la ex- URSS, de cualquiera de las corrientes que existen ¿hay una producción teórica, se genera un debate, hay edición de revistas como la nuestra?

B.K.: Hay muchos problemas técnicos. Hay conferencias, aún internacionales, y gracias a los sindicatos, que pueden financiar algunas reuniones, tenemos un debate permanente a nivel muy serio y no es algo aislado, marginal. Pero con las publicaciones de la izquierda y las publicaciones marxistas la situación es peor. porque los sindicatos pueden financiar una conferencia, una reunión, pero financiar una revista es más complicado y, para decir la verdad, no tienen mucho interés permanente en hacerlo porque una conferencia es una cosa muy importante. que podemos mostrar a la gente, pero una revista que sirve sólo para los lectores no es algo tan importante para los líderes sindicales, y es algo comprensible. Por eso, prácticamente, no hay revistas de debate de izquierda. Es un problema. Ahora hemos empezado a editar una revista, un suplemento semanal, Solidarnost, de la dirección sindical de Moscú y también del Partido del Trabajo. Ahora, Solidarnost empieza a publicar

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un suplemento mensual que se llama ........... ..("Casa de las Uniones"), es el nombre de un edificio en el centro de Moscú que era originalmente un edificio para las reuniones de los nobles y después de la Revolución fue trasferido a los sindicatos. Y esa me parece que es la única publicación permanente de debate socialista, más o menos marxista. porque las otras publicaciones de izquierda y marxistas están ya cerradas por razones económicas.

CdS.: Ustedes, los miembros del Partido del Trabajo, tendrán segura- mente un programa o esbozo de programa. ¿Que lineamientos generales tiene ese programa para enfrentar la crisis de la ex-URSS?

B.K.: Tenemos un programa y organizamos reuniones programáticas para discutir estas cosas. El programa es un programa de economía mixta. dominado por un sector público. Nuestra idea central es esta idea de la economía mixta, democráticamente organizada, dominada por el sector público. Y es muy diferente de las ideas socialdemócratas de economía mixta porque para nosotros sólo el sector público puede jugar un rol estratégico para el desarrollo y por eso es necesario reestructurar, fortalecer, y no dar la posibilidad de destruir el sector público. Natural- mente. es necesario reestructurarlo pero no es siempre necesario reestruc- turar de modo mercantil. La reestructuración del sector público no es para que pueda ser eficaz el mercado, sino para que sirva a algunas prioridades nacionales democráticamente aprobadas. Esto no significa decir que el sector público no debe ser eficaz en el mercado, en el contexto de la economía mixta; porque no estamos en la sociedad socialista: aún cuando la economía mixta este dominada por el sector público, no es automáticamente socialista. Nosotros pensamos que la eficacia del mercado es necesaria pero no puede ser el único criterio de eficacia, especialmente en el sector público, porque hay otras cosas más importantes que el mercado. El empleo, el desarrollo tecnológico, los factores ambientales, etc., no son menos importantes que la eficacia del mercado, y el problema es hacer al sector público capaz de ser flexible y responder a todos esos factores, todas esas presiones objetivas y subjetivas positivamente. Por eso hablamos ahora también de Ia gestión coordinada del sector público, que no es un sector público burocráticamente coordinado desde el centro como en los modelos comunistas. Pero no podemos ahora —la mayoría de nosotros, porque hay varias opiniones 'en este momento- pensar inmediatamente en la necesidad y posibilidad de autogestión total. integral, y hablamos de la coordinación de gestión, de que los trabajadores y especialmente los sindicatos puedan participar en decisiones centrales estratégicas y puedan tener derecho de

Cuadernos del Sur l l 7

veto sobre algunas decisiones que no pueden ser realizadas sin aprobación de los trabajadores de las empresas, por ejemplo.

CdS.: Este ejercicio de veto de los trabajadores en las empresas públicas presente en vuestro programa ¿ustedes lo conciben como una cogestión de obreros que participan en un directorio o como una autogestión de los trabajadores con peso en todos los niveles de las decisiones?

B.K.: La idea general —porque tenemos un debate sobre esto- es que la perspectiva es la autogestión, pero ahora, a nivel práctico de propuestas concretas, hablamos de cogestión y del rol importante de los sindicatos en esta cogestión. Pensamos la cogestión como una etapa hacia una auto- gestión más integral. Porque esta cogestión no es una autogestión socialista. Nosotros no queremos idealizar las decisiones parciales, no queremos idealizar las decisiones transitorias como los comunistas o los socialdemócratas hacen de maneras diferentes. Esta idealización de un modelo transicional, de un cambio parcial, que está congelado como un modelo ideal que en realidad no puede serlo —al contrario, tiene muchas contradicciones- puede ser contraproducente.

CdS.: Claro. Lo que dices es muy importante porque implica resolver en la práctica, sin idealizaciones, un problema teórico que no siempre ha estado resuelto. Es decir, el problema de las mediaciones entre los objetivos inmediatos y concretos y el objetivo final.

B.K.: En efecto. Tenemos necesidad también de las soluciones parciales y transicionales. Pero es importante entender que son parciales y que es necesario continuar, que la lucha continúa. Esto no es una consigna ni un slogan. Por ejemplo, podemos nacionalizar o restablecer el poder público sobre algunas empresas (es posible ahora que aún algunos sectores pro-capitalistas puedan apoyar este proyecto para salvar a la economía rusa), pero tampoco después de la nacionalización la lucha está acabada. La lucha sobre la naturaleza del sector público, sobre los modelos de gestión, no está acabada.

CdS. .' Toda esta propuesta de economía mixta con un importante sector público, sin embargo, presupone de alguna manera la existencia de un Estado-nación que hoy en la ex-URSS está cuestionada por los conflictos entre naciones, etnias... .

B.K.: No. Nosotros hablamos de. la nueva unión que debe aparecer, todos —aún en Ucrania, que era la república más separatista- ahora hablan de la necesidad de reintegración. Por eso hablamos de un nuevo federalis- mo, de realizar en su totalidad la federalización de la Federación Rusa, que aún no está acabada, y de federalizar también Ucrania, y estas

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federaciones pueden configurar una confederación y podemos alcanzar también una coordinación internacional a nivel más alto. Esto es sumamente importante. Y, por otro lado, es importante cambiar las reglas a nivel internacional. Ahora toda la economía mundial está organizada centralmente, como era la economía soviética, en realidad, puesto que ahora el FMI y el Banco Mundial funcionan como funcionaba el Gossplan. Ahora la economía mundial está más centralizada de lo que estaba la economía soviética en algunos años, por ejemplo en el período de Gorbatchov: el FMI dice a los gobiernos qué tienen que hacer, puede controlar algunas operaciones muy locales, y por eso hay que luchar para descentralizar la economía mundial, el mercado mundial, y localizar e integrar horizontalmente algunos países directamente unos con otros sin control del FMI y contra esos controles. Por eso, por ejemplo, los contactos con Europa Oriental y con el Tercer Mundo, especialmente con los países más desarrollados que puedan intercambiar los productos más refinados, más sofisticados, son importantes no sólo como un camino para buscar algunas soluciones inmediatas sino también como una idea es- trategica.

CdS.: ¿Qué perspectiva internacionalista construyen ustedes como izquierda socialista? ¿Tienen relaciones con fuerzas politicas de Europa o de otros paises?

B.K.: Nuestro perspectiva internacional se basa en que, cuando el capitalismo es ahora verdaderamente global, la izquierda tiene necesidad de ser también verdaderamente global. Pero los proyectos del tipo viejas Internacionales no son ahora posibles, porque hoy las estructuras del tipo Internacional, como la socialdemócrata (que, irónicamente, se llama "Internacional Socialista") o la trotskista, por ejemplo, no pueden servir porque están fundadas sobre la convergencia ideológica y no sobre la convergencia de actividades politicas, que para nosotros es más importante que la convergencia ideológica. Estamos en una situación en la que es necesario repensar y clarificar muchas fórmulas ideológicas, y la convergencia ideológica ahora no resulta técnicamente más posible a escala mundial que a escala nacional. Entonces, partidos tipo PT de Brasil —personalmente, no es una posición oficial del Partido del Trabajo sino mi posición personal, aún como academico o sociólogo- son más adecuados a esta situación, al tipo de problemas y de cambios que hoy enfrentamos. Y es necesario crear algo internacional que sea más o menos una formación del mismo tipo que el PT, en tanto formación nacional aquí en Brasil. Nosotros nos interesamos mucho en el foro de San Pablo, pero no fuimos invitados porque no somos latinoamericanos. En principio, podría

Cuadernos del Sur I 19

ser interesante pensar como es posible expandir formaciones de este tipo como el foro de San Pablo o algo similar. El problema es también material, porque no hay dinero para posibilitar un funcionamiento perma- nente. También tenemos algunos contactos con los socialdemócratas de izquierda, y aún centristas. Con los alemanes no tenemos contactos porque en Alemania tenemos contactos oficiales con el Partido Democrático Socialista, que es un partido muy interesante, formado sobre la base del viejo Partido Comunista pero muy transformado y muy abier- to, un partido de muchas corrientes. Por eso no tenemos contactos con la socialdemocracia alemana, el partido que de alguna manera simbolizó la derechización de la socialdemocracia. Con algunos partidos socialdemócratas tenemos contactos, sin embargo. Tenemos contactos con el Partido Laborista inglés, con algunos partidos socialdemócratas de Europa Oriental y con algunos partidos pos-comunistas verdaderamente transformados, como pensamos nosotros. o en vías de transformación. Pero los contactos preferidos son con los partidos pluralistas o partidos socialistas de izquierda, como el partido de izquierda socialista de Noruega u otros partidos de este tipo. También tenemos contactos con Rifundazione Comunista de Italia. En fin, nuestros contactos son muy eclécticos, dependen de como piensa la gente.

CdS. .- Volviendo abruptamente a la política cotidiana. nosotros sabemos que afines de este mes de Abril se realiza el famoso referendum en Rusia. ¿Que expectativas tienes en este referendum y que proyecciones realizas ?

B.K.: Tengo cierto miedo de decir algo erróneo, algo que no sea confirmado. A mi me parece que un gran peligro que tenemos es que la gente no asista a votar. En caso de que la gente vote, es más probable que vote por elecciones anticipadas de presidente y parlamento, que es exactamente lo que nosotros queremos obtener. En caso de que haya una gran abstención, la situación es más compleja porque ningún resultado podria ser automáticamente realizado desde el punto de vista de la constitución. También es posible el fraude, mas posible cuando la gente no asiste. Pero a mi me parece probable que obtengamos, en cualquier caso, este resultado de que el presidente y el parlamento deben ser reelegidos, lo cual es importante para formar Ia nueva estructura de relaciones de fuerzas políticas y para crear las brechas objetivas para las actividades de izquierda.

CdS. .' Para finalizar, tu has puesto en el epígrafe de tu libro una cita de Hobbes. quien caracterizó a la sociedad feudal y bárbara de occidente antes del absolutismo como una guerra de todos contra todos. Ahora que

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en el mundo el modelo neoliberal está llegando a su termino y que encuentra serios problemas también en la ex-URSS: ¿como aparece este "todos contra todos " en Ia situación mundial que comienza a darse en este fin de siglo?

B.K.: Yo no estoy siempre de acuerdo con Hobbes, pero Hobbes es mi autor político preferido, después de Marx y probablemente de Weber. Hobbes ha dado una respuesta a este "todos contra todos" que consiste en una dictadura, no sólo como forma del poder sino como método del mismo. Yo pienso que esa es una posibilidad real, pero que no es la única. La otra posibilidad —más difícil pero no imposible- es la integración de fuerzas sociales que luchan contra aquella desintegración.

CdS.: Muchas gracias.

Marilia-SP, Abril de 1993.

Notas

l. Se refiere al seminario internacional "Liberalismo e Socialismo: velhos e novos paradigmas". reali- zado en Man'lia-SP, Brasil. del l3 al IS de Abril de l993.

2. Presentación mencionada más arriba. realizada en cl marco del seminario.

3. Declaraciones de Clinton. cn apoyo a Yeltsin. de mediados de Abril de l993.

4. Rcmilimos a "O ideal de Yeltsin é Pinochet". reportaje a Kagartlisky publicado en cl Jornal do Brasil el l4-4-93.

5. Se refiere a The thinking reed. En realidad. ninguno de los libros de Kagartlitsky fue publicado

aún en español.

Nota de la redacción.

Los resultados del plebiscito ruso confirmaron, unos dias más tarde, las previsiones realizadas por Kagarlitsky en el reportaje. La abstención alcanzó al 40% del padrón. Yeltsin y su política económica obtuvieron ambos un respaldo de arriba del 50% de los votos —equivalente a un 38% del padrón- pero, a la vez, el adelanto de las elecciones presidenciales alcanzó un 50% de los votos emitidos y el de las elecciones parlamentarias un 68%. En estos resultados, parciales y contradictorios, parece imposible encontrar la expresión de mandato alguno, y prolongan

Cuadernos del Sur [2]

así la impasse que atraviesa la conducción política burocrática en la Federación Rusa.

Entrado en prensa este número hemos recibido una comunicación de Boris con comentarios que formarán parte de su libro de próxima publicación en Argentina y que a continuación reproducimos para nuestros lectores. Los dramáticos acontecimientos en Rusia están demos- trando que esa sociedad está escindida: endurecimiento del régimen, el ejército en las calles, censura, crisis de legitimidad. Anticipándose a los hechos el autor plantea la posibilidad del autoritarismo y el ejercicio de la violencia como forma de control social.

RUSIA DESPUES DE YELTSIN

Nos guste o no nos guste, la lucha por la reorganización post-yeltsinista de Rusia empezó ya en l993, tal como la lucha por la herencia gorbacheviana comenzara mucho antes de agosto de l99l. La oposición mitológica "buenos demócratas"-"nomenklatura reaccionaria" no funciona más. Gracias a este mito se unieron la intelligentsia, los ex disidentes y los ex funcionarios del partido, en la lucha por las reformas "progresistas". Le perdonaron a Gorbachov las muertes en Georgia y Lituania; a Yeltsin el desbarranque del país y la usurpación de la propiedad estatal por los clanes de burócratas; a Gaidar, los fracasos

catastróficos en la economía y una inflación galopante

Mientras tanto, ya en |99|, en la "Rusia democrática" hubo una feroz lucha interior. La fracción "liberal-occidentalista", al vencer en esta confrontación, intentaba llevar adelante, en forma mecánica, su propia línea como si fuera aprobada por todos. A Gaidar le resultaba cómodo presentar toda oposición como "oposición comunista". Hasta en su último discurso, en el VIII Congreso, él acusaba a sus críticos, que proponían introducir métodos de planificación estatal, bastante comunes en occiden- te, de estar haciendo un intento de introducir de nuevo el Gulag en el país.

No tuvo éxito. El Congreso desplazó a Gaidar y más tarde la propaganda oficial se puso a trabajar activamente en la conformación de un nuevo escenario: el Presidente y el pueblo, que se aman, frente a un Congreso pérfido y a los saboteadores comunistas del aparato partidario.

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Pero el fracaso del gobierno en el VII y VIII Congresos, no fue provocado por los comunistas, sino por las mismas fuerzas que llevaron a Yeltsin al poder. El conflicto entre el poder legislativo y el ejecutivo; el pasaje a la oposición de los líderes de la "Unión Cívica"; de los demócratas-patriotas; de la izquierda moderada; de los militantes sindicales y de la mayor parte de sus cuerpos directivos, dejó como resultado un nuevo balance de fuerzas en Rusia.

En el país se produjeron cambios profundos que determinaron el aislamiento y los fracasos del "gobierno de reformas". Gracias a los mecanismos del mercado comenzó una rápida diferenciación de intereses. Los obreros industriales, los ingenieros, los tecnócratas, las elites regionales, los pequeños y medianos burgueses, que en l99l habían apoyado a Yeltsin, descubrieron en l992 que el rumbo elegido no se correspondía con sus intereses. El grupo gobernante ha quedado así prácticamente aislado. Ni el apoyo de los medios de información, ni las reuniones de cineastas, ni los conciertos de rock podían compensar el creciente vacío social que rodeó al poder.

Yeltsin y sus partidarios, en su obsesión por luchar en contra del Congreso optaron por las elecciones parlamentarias. Al exigir organizar un Referendum sobre la confianza al Presidente, Yeltsin calculaba obtener un éxito rotundo con la ayuda del ejercicio del monopolio propa- gandista estatal y la difusión masiva por los medios de comunicacion. Y en esta oleada propagandista entrar en la Casa Blanca rusa substituyendo a un parlamento caprichoso por otro, constituido por su clientela política. Por si acaso tenían otro guión: "una nueva Constitución". El proyecto elaborado por el círculo presidencial interpretaba los principios de la "división de los poderes" igual que en la Rusia absolutista. Conforme a este proyecto el Presidente obtenía el derecho a disolver el parlamento recién elegido, si este no estuviera de acuerdo con el rumbo seguido por el gobierno. El único derecho del parlamento era decir "si" al poder ejecutivo. '

Los resultados del referendum desengañaron al grupo gobernante. Aproximadamente, una tercera parte de los ciudadanos no fue a votar, y de los que fueron sólo un poco más de la mitad apoyó la política del go- bierno. Sin embargo es necesario decir que este recibió un apoyo mayor de aquellos grupos sociales y regiones geográficas que más han sufrido el impacto de las reformas. La desvastada provincia de Ivanovo dijo "sí";

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las regiones del Volga, relativamente estables, dijeron "no". Los desem- pleados y la gente más pobre han apoyado unánimemente al presidente, los empresarios vacilaron; la gente de ingresos medios en su gran mayoría no votó. Los artistas, que se quejaban de que la nueva política los había arruinado, en su mayoría votaron por la afirmativa.

La política neoliberal tiene en Rusia una base social estrecha, pero de momento el apoyo de la muchedumbre pro-yeltsinista lo compensa. La conciencia del "hombre muchedumbre" no tiene nada que ver con la "psicología del mercado". El "hombre muchedumbre" no reflexiona sobre sus intereses, sino que sigue al "leader", al que cree. El que —en contradicción con la psicología del mercado- prometió felicidad y prosperidad para todos a la vez. Si las promesas no se cumplen no tiene mucha importancia: el "hombre muchedumbre" posee una memoria corta, pero un amor fuerte y devoto. Por desgracia para Yeltsin. no obstante los decenios de educación totalitaria. el "hombre muchedumbre" contituye la minoría en Rusia.

En este contexto los poderes se encuentran en una situación paradójica: no pueden cumplir el encargo social de la nueva élite sin herir constantemente los intereses de sus seguidores. Para la naciente burguesía cada concesión a las masas significa una traición. Los círculos financieros exigieron, después del referendum, la liberación absoluta de los precios, el rechazo a las subvenciones, la reducción de los gastos sociales, etc. El "hombre muchedumbre" ha resultado ser el primero en sufrir las conse- cuencias. Ha debido pagar caro su amor.

Así no es nada sorprendente que unos pocos meses después de la "victoria" el poder se encuentra en un callejón sin salida. Los intentos de aprobar rápidamente la nueva Constitución también fracasaron. La crisis del régimen, lentamente, se transforma en su agonía.

Las reformas "irreversibles" apenas sobrevivirán al actual equipo del Presidente. Al comenzar la redistribución de la propiedad estatal, los liberales rusos destruyeron todo respeto a la propiedad como tal y crearon asi un verdadero caos legislativo, en el que prácticamente no hay ningún derecho garantizado. Aún entre los economistas ajenos a las ideas socialistas va ganando espacio la idea de la llamada opción cero: parar las privatizaciones, reintegrar la mayor parte de las empresas al estado, privatizar algunas tal vez. pero solamente sobre la base de reglas claras

¡24 Octubre 1993

y estables. Los intentos de liberalizar el mercado llevaron a la'descompo- sición de las relaciones económicas y generaron un brutal déficit de inversiones. Como un resultado directo, y contrariando los deseos manifiestos de los reformadores, ha crecido objetivamente la necesidad de regulación y de inversiones estatales.

No resulta sorprendente entonces constatar un mayor espacio social hacia posiciones de izquierda. Luego del fuerte viraje del sistema estalinista hacia las formas más extremas de liberalismo y capitalismo salvaje, la sociedad se inclina cada vez mas hacia posiciones centristas. El pasaje a la oposición del Vice-presidente Rutskoi, la aparición de la "Unión Cívica", de características centristas, y el crecimiento de la izquierda democrática, son pruebas evidentes.

El fracaso de la reformas llevó a una radicalización de la Federa- ción de los Sindicatos Independientes de Rusia (FNPR). En agosto del año en curso, en la llamada "acción colectiva" en toda Rusia, participaron apróximadarnente dos millones de personas. La gente exigía el desplaza- miento del gobierno y decían: "asi no se puede vivir más".

El giro hacia el centro resulta así un final lógico de un período completo de la historia rusa. No se trata de la "perestroika", sino de un proceso histórico mucho más importante, que se iniciara en l9l7. Al fin y al cabo, los intentos de los publicistas y propagandistas liberales en los últimos tiempos por anular todo lo sucedido en 70 años, por demostrar que no había sido otra cosa que "el camino a ninguna parte", un "experimento catastrófico"; o los gritos denunciando la "amenaza de un nuevo octubre" o la "vuelta del Gulag" sólo sirven para comprobar que esta gente esta profana en la historia.

La Revolución Rusa, como la inglesa o la francesa, generó el extremismo, el terror y la dictadura. Pero ella introdujo cambios sociales, económicos y culturales irreversibles, que resultan imposibles de eliminar sin una violencia de escala estalinista.

La degeneración del regimen revolucionario en nuestro país. como siglos antes en Francia o Inglaterra, creó las bases para la constitu- ción de la burocracia de estado, de la corrupción y del expansionismo, en nombre de las ideas progresistas y socialistas. Naturalmente todo esto debía terminar en los intentos restauracionistas. Cuanto mas tiempo la

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sociedad rusa permaneciera congelada en la fase del "socialismo desarrollado", -una degeneración burocrática total- tanto mas radical debía ser el viraje a derecha. Pero ésto no ha durado mucho tiempo.

Los intentos por "salvar las reformas" son aún mas absurdos que las esperanzas de reconstruir el breznevismo. La sociedad aspira a un nuevo balance social y político. Esto es, una recuperación gloriosa de las viejas conquistas del socialismo ruso, éxitos reales y no míticos de la época soviética, unidos al desarrollo de las ideas en una sociedad abierta y democrática. '

El "primer presidente de Rusia" y su entorno pueden, claro, actuar contra la corriente. Incentivar la máquina propagandística para que trabaje sin parar. A la oposición le pueden tapar la boca. En caso extremo pueden recurrir ala violencia. No es simple casualidad que entre los políticos oficialistas y una parte de la intelligentsia "progresista" se hayan puesto de moda Pinochet, Franco y otros dictadores. Pero los cambios sociales de los últimos años pronto se harán conocer. Se puede ganar un referendum gracias a la propaganda, pero es imposible dirigir así un país.

Podremos hablar del triunfo de la democracia sólo cuando el gobierno deje el poder por haber perdido las elecciones, algo nunca visto aún en Rusia. El gobierno de Yeltsin tiene la posibilidad de ser el primero que lo haga, pero es difícil esperar sabiduría de quienes la historia ya ha condenado.

Moscú, Julio 1993

126 Octubre 1993

La lección de Rosario

El Seminario Internacional organizado en Rosario por las Fa- cultades de Ciencia Política y de Humanidades y Artes, bajo el aus- picio del Rectorado de la Universi- dad Nacional y en colaboración con las revistas Actuel Marx y Cuadernos del Sur, amerita ser rescatado por más de un motivo. Su tema central: "El nuevo orden mundial a fines del siglo XX - El Socialismo como pensamiento y perspectiva" dió lugar a la vez a conferencias plenarias y a comi- siones de trabajo consagradas a "La mundialización capitalista", "El fin de a guerra fría", "La crisis de los modelos socialistas", "So- ciedad y modernidad", "América latina", "La crisis del socialismo y su porvenir", "Marxismo, teoría y ciencia", "El estado, la democracia y el socialismo", "La superviven- cia del género humano, la ecolo- gía, la libertad, la igualdad, la di- ferencia", "Los medios de comu- nicación y el cambio social", "La crisis de la ideología y el socialis- mo", así como a un encuentro entre una quincena de revistas ya reunidas en una red que afirmó su ambición de extenderse en el futu- ro.

george labica

Al llamado del Comité de Organización respondieron más de 70 participantes venidos de toda la Argentina y también de Cuba, Uruguay, México, Ecuador, Perú, Estados Unidos, Francia e Italia. Más de seiscientas inscripciones fueron tomadas. La asistencia a las conferencias de síntesis reunió en cada caso entre cuatrocientas y quinientas personas, sobre una cifra de más de dos mil para el conjunto de las actividades, a la vez que la casi totalidad de las exposiciones era inmediatamente puesta en circulación bajo la forma de fotocopias. El público -cuya atención, interés y entusiasmo fue constante- estuvo compuesto en su inmensa mayoría por jóvenes estudiantes de todas las disciplinas que no solamente tomaron parte activa en los debates sino que, durante tres días, crearon un am- biente de un dinamismo excep- cional, incluso fuera de las sesio- nes, interpelando sin descanso a los oradores.

A este rasgo, ya remarca- ble, se agregó otro. A través de una gama extremadamente diversa de intervenciones, desde las expo- siciones científicas hasta las decla- raciones políticas a veces apasiona-

Cuadernos del Sur

127

das, desde las reservas académicas hasta los contrastes ideológicos e incluso algunos restos del lenguaje de barricada, prevaleció un clima general de respecto mutuo, toleran- cia, convivencia y, sobre todo, la voluntad común de escucha e inter- cambio.

La necesidad de realizar un balance fue unánime y hubo un acuerdo general respecto de las consecuencias de la caída del "so- cialismo real", la crítica de los regímenes burocráticos y las tareas a encarar en profundidad ya com- prendidas en estos conceptos: y también, frente a la situación nueva de la mundialización, en lo que concierne a las terribles ame- nazas inherentes al neoliberalismo en el campo de la democracia, el medio ambiente, la desocupación desde ahora estructural, la deuda, el hambre o la miseria incrementa- da. Acerca de las perspectivas, el acuerdo colectivo fue aún más neto. Y, en primer lugar, en el vocabulario. No se podría estar más lejos que aquí, en Rosario, respecto de las desesperanzas del "fin de la historia" o de la "era del vacío", de las así llamadas fatalida- des económicas y de las resigna- ciones reformistas al triunfo del capitalismo: realidad de las luchas de clase y de las estrategias del imperialismo; necesidad y urgencia de definir una alternativa socialista o comunista, por medio de una re- composición de las fuerzas nacio-

nales e internacionales de la iz- quierda; reafirmación de la deci- sión, en el Norte como en el Sur, en el Oeste como en el Este, de defender, profundizar y extender incansablemente la democracia, sus derechos reales y su finalidad so- cial de libertad e igualdad. Es por esto que se habló de una verdadera liberación de Marx, una vez apar- tada la nostalgia, las actitudes de duelo, los dogmatismos de todo tipo y las profecías mismas. Para nosotros, europeos, una pregunta: ¿somos capaces, en nuestros res- pectivos países, de comprometemos con tales manifes- taciones y de hacer de nuestras universidades crisoles a la manera de Rosario? seguramente pueden algunos de nuestros ideólogos, considerando esta situación, evocar un efecto teórico del subdesarrollo o la remanencia de ilusiones en algunos intelectuales aquejados de ceguera. Yo estoy convencido de lo contrario. La audacia y el coraje de pensar contra la corriente, dominantes en los organizadores de este Seminario, nos dan una lec- ción. Prueban que existe una de- manda, apremiante aún cuando ellos no lo piensen, y que existen igualmente las fuerzas para hacerse cargo de ella. La vieja tradición obrera de la ciudad no explica todo, ni tampoco el pasado reciente de duras luchas contra la dictadura militar. Conviene más bien ver que la lejanía respecto de Europa y de

128

Octubre ¡993

nes esmeradamente orquestadas, así como la presión directa y coti- diana del "nuevo orden" norte- americano, hacen de- América Latina, particularmente, un labo- ratorio de las luchas transfonna- doras en el sentido de la decimo- primera tesis de Marx sobre Feuer- bach.

Estos estudiantes, esta ju- ventud que rechaza la elección (?) entre el maletin y la jeringa, ofre- cen un ejemplo a los nuestros y a nosotros mismos, intelectuales to- davia ligados a la solidaridad mili

tante con los más oprimidos. ¿Un encuentro sin futuro? No depende en absoluto del azar, pues la últi- masesión del Seminario de Rosario concluyó con la decisión entusiasta de seguir sobre el camino abierto, a través de un trabajo continuo, aquí, más allá, en todos lados.

Es momento de abocarse a ello.

La lección de Rosario (II)

El artículo de George Labi- ca que precede estas lineas, origi- nalmente redactado para Il Mani- festo de Roma, nos exime de ma- yores comentarios.

Están allí sintéticamente colocados la multiplicidad de temas planteados, la capacidad de convo- catoria puesta de manifiesto tanto por el número de panelistas presen- tes como por el público asistente; la intensidad de los debates plan- teados que en conjunto le impri- mieron una dinámica particular y estimulante al evento.

Esos comentarios no son gratuitos, es que George no ha

eduardo Iucita

sido un participante más. Aún a la distancia y en nombre de Actuel Marx formó parte del Comite Or- ganizador, como lo fuimos noso- tros a nombre de esta revista, y es también parte de los logros alcan- zados por el Simposio Internacio- nal y del vértigo emocionante del mismo.

Coloca allí lo que creemos es su conclusión central: "la auda- cia y el coraje de pensar contra la corriente. "Aunque creemos entre- ver que esto esta dicho en "clave" europea. Esto es, para contrapo- nerlo al desinterés y desasosiego de quienes por aquellas geografías han

Cuadernos del Sur

129

optado por flotar a favor del to- rrente.

Pero este acerto no puede llevarnos a obviar que por estos lares y estos territorios también es necesario luchar en contra de la corriente. Fue necesario también en Rosario, en los momentos previos, cuando su organización, corno en su desarrollo posterior. No sólo se disputa contra el neoli- beralismo, que pretende mostrarse victorioso por siempre, sino tam- bién con las alternativas socialde- mócratas, y las elaboraciones regu- lacionistas y contractualistas, que amenazan con borrar toda posibili- dad de cambio en nuestras socieda- des.

El entusiasmo y la dinámi- ca ya señalados, tal vez hayan conspirado, a pesar del esfuerzo organizativo, para que el encuentro no saldara todo lo que potencial- mente contenía. La multiplicidad de ponencias presentadas obligó a la conformación de mesas que mu- chas veces no tuvieron un eje co- mún sobre el cual centrar el deba- te. Tal vez hubo una sobrerepre- sentación de temas en detrimento de otros de particular importancia para los latinoamericanos (las experiencias de Nicaragua y El Salvador, o las perspectivas del PT. en Brasil,por ejemplo, estuvie- ron ausentes).

Pero no es esto lo central a destacar, en última instancia la forma de organización de los con-

gresos, los temas a tratar, el núme- ro y extensión de las ponencias a aceptar, entre otras, son cuestiones de permanente discusión en los medios académicos y políticos, y sobre los que hay que reflexionar si queremos hacer efectivo el man- dato general del Seminario: darle el carácter de un foro de discu- sión permanente.

Lo que creo necesario señalar es que no ha sido éste un esfuerzo aislado, por el contrario esta engarzado con el esfuerzo colectivo que hombres y mujeres de distintas latitudes, en esta época de cambios y trasformaciones, y también de duras realidades, aunan sus esfuerzos de reflexión, investi- gación y crítica. Y aún en áspera controversia buscan recuperar la savia teórica del pensamiento trans- formador, que con persistencia continúa alimentando las herra- mientas conceptuales que lo conti- guran.

En este sentido el Semina- rio es continuador del Simposio Internacional que se realizara en |99| en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.; o el organizado por el Dpto. de Historia de las Universidad de San Pablo con mo- tivo del "50 aniversario del asesi- nato de León Trostky"; el realiza- do en la UNAM. de Mexico "El socialismo en el final del siglo XX" o recientemente en Marilia, UNESP, "Liberalismo y Socialis- mo,Viejos y Nuevos Paradigmas".

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Octubre ¡993

El rasgo dominante en todos ellos, y particularmente en Rosario, ha sido la recuperación de la capacidad critica, esa conquista histórica de Ia humanidad que, como está también en los orígenes mismos de Cuadernos del Sur. es el punto de partida de toda empre- sa intelectual.

El proceso de cambios y transformaciones en curso a escala mundial y la crisis de los paises del Este nos colocan frente a nue- vos desafíos en un fin de milenio cargado de incertidumbres, pero al mismo tiempo el desplome del sistema estalinista abre nuevas posibilidades para Ia recuperación del pensamiento crítico colocándo- lo

como una cuña entre quienes si- guen aferrados a un mundo de certezas y quienes han preferido la duda sin método alguno.

El camino no es sencillo, y seguramente habremos de enfrentar enormes dificultades. Pero la Lec- ción de Rosario ha sido una boca- nada de aire fresco. De nosotros depende que no se nos escape.

Cuadernos del Sur

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