Sociedad-Economía-Político.

ade mos del ur

THABAJ O Y N O TH; BAJ O JESUS ALBARRACIN/PEDRO MONTES: E] debate sobre el reparto del empleo. CLAUDIO LOZANO/ROBERTO FELETTI: Convertibilidad y desempleo. Crisis ocupacional en la Argentina. ALAIN LIPIETZ/MAXIME DURAND: Francia: La reducción del tiempo de trabajo y la compensación salarial. OSKAR NEGT: La imaginación productiva.

ADOLFO GILLY: Entre Babel y la ciudad futura ARTURO ANGUIANO: ¿Una nueva izquierda en México? ADOLFO GILLY: Ernest Mandel: recuerdos de] olvido RESEÑAS: Del

Moncada a Chiapas. Historia de la lucha armada en América

Latina.

Tierrafiuego del

Glademos del Sur

AÑO 11 - N9 20 Diciembre de 1995

Tiergffuego

Consejo Editorial

Argentina: Eduardo Lucila / Roque Pcdace / Alberto J. Plá / Carlos Suárez

Brasil: Enrique Anda / Floresta“ Fernandez

Bolivia: Washington Estellano

Chile: Alicia Salomone

Perú: Alberto Di Franco

Méxieo: Alejandro Dabal / Adolfo Gilly / Alejandro Gálvez C. / José María Iglesias (editor)

Escocia: John Holloway

España: Daniel Pereyra

aneia: Hugo Moreno/ Michael Liiwy

Italia: Guillermo Almeyra

Rusia: Boris Kagarlitsky

El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argenlina.

Colectivo de Gestión María Rosa Lorenzo / Alberto Bonnet / Roberto Tardili / Mariano Resels / Gustavo Guevara / Eduardo Glavieh / Leónidas Cerruti.

Coordinació'n Anística Juan Carlos Romero

Publicado por Editorial Tierra del Fuego Número 20

Argentina - Diciembre 1995

Toda correspondencia deberá dirigirse a: Casilla de Correos n’ 167. 6-B. CP. [406 Buenos Aims - Argentina

INDICE

EDITORIAL

JESUS ALBARRACIN/ PEDRO MONTES

CLAUDIO LOZANO/ ROBERTO FELETI‘I

ALAIN LIPIETZ/ MAXIME DURAND

OSKAR NEGT ADOLFO GILLY ARTURO ANGUIANO

ADOLFO GlLLY

RESEÑAS

Trabajo y no trabajo.

El debate sobre el reparto del empleo,

Convertihilidad y desempleo Crisis ocupacional en la Argentina.

Francia: La reduccion del tiempo de trabajo y la compenSación salarial.

La imaginacion productiva. Entre Babel y la ciudad futura ¿Una nueva izquierda en México?

Ernest Mandel: recuerdos del olvido.

Del Moncada a Chiapas.Historia de la lucha armada en América Latina.

REVISTAS DE REVISTAS

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F RIEDRIC ENGELS

En el centenario de su muerte

En agosto pasado se cumplieron 100 años de la muerte de Engels. Nacido en Bartnen cl 28 de noviembre de 1820, murió en Londres el 5 de agosto de 1895. Figura destacada de un siglo por demás exuberante en ideas y creador del último gran movimiento social tnoderno, el movimiento obrero y socialista.

« Había conocido a París en los dos últimos años de la monarquía, en los tiem- pos en que la burguesía vivía en sus glorias, disfrutando plenamente de su pode- río... y donde incluso una parte de los obreros vivía sin grandes aprietos y podía participar de la alegría y la despreocupación generales. Encontré de nuevo a París entregado a la fitgaz borrachera de la luna de miel republicana, en marzo y en abril, cuando los obreros, aquellos locos llenos de esperanza, ponían a disposición de la República, sin pensar para nada en el fitturo, «tres meses de miseria», cuando no comían en todo el día mas que pan seco y patatas... y ardían de entusiasmo y cantaban jubilosos la Marsellesa, mientras los burgue- ses se pasaban el día encerrados en sus casas y trataban de aquietar con faroles de colores la cólera del pueblo.

Volví -y no ciertamente por mi voluntad- en el mes de octubre. Entre el París de entonces y el de ahora se interponían el 15 de mayo y el 25 de junio, la más tremenda lucha que jamás ltaya visto el mundo, se interponían un mar de sangre y quince mi] cadáveres. Las granadas ltabían hecho saltar por el aire la insupe- rable alegría de París, habían enmudecido la Marsellesa y el Chant du départ, y sólo la burguesía musitaba todavía entre dientes su «Mourir pour la patria». Los obreros sin pan y sin armas rechinaban los dientes y apretaban los puños... la licenciosa república había aprendido a ser honesta, prudente y moderada (sage et modereé).

Pero París estaba muerto... Volvía a ser el París de 1847, pero sin el espíritu, sin la vida, sin el fuego ni el fermento que en aquellos días ponían en todo los obreros. París estaba muerto y el hermoso cadáver resultaba tanto más espanto- so cuanto más bello era.

No me encontraba a gusto en este París muerto. Tenía que huir de allí, adonde fuera. Por el momento a Suiza. Como no tenía mucho dinero, decidí hacer el viaje a pie. Pero no por el camino más corto, pues no es fácil separarse de París.»

Párrafos de su cuaderno de notas de París a Berna Escrito luego de la derrota del 48. Publicado en 1898-1899.

Trabajo y no trabajo

n los últimos años el núcleo de los debates en torno a la rcorganiza

ción social y politica del movimiento obrero ha tenido como susten

to de las distintas interpretaciones los cambios estructurales opera

dos en el mundo del trabajo y en el comportamiento del mercado labo-

ral. Pero en el capitalismo de este fin de milenio, y en la Argentina de nuestros días, sometida a la hegemonía de las concepciones neoliberales, hablar del trabajo requiere, necesariamente, hablar del no trabajo.

La cuestión de la ausencia de trabajo, del paro forzoso, de la desocupación creciente y de la exclusión social es una realidad que recorre el mundo, y en nuestro país ha ganado abruptamente espacio público a partir de que en Julio pasado se conocieran los datos oficiales correspondientes a .la medición de abril de este año. La magnitud de los datos informados la ha instalado como discusión insoslayable en distintos ámbitos políticos, académicos y sociales.

No resulta una cuestión menor. Los datos oficiales dados a conocer no sólo baten el record histórico desde que estos indicadores son utilizados, sino que. muestran una fuerte aceleración ascendente en los últimos años, en lo que no se duda en considerar un avance cualitativo de importancia.

Si se analizan las cifras de desocupación y subocupación desde el 83 hasta ahora es posible verificar ese salto cualitativo. Si en la década de los ochenta la tasa de desempleo abierta oscilaba en promedio entre el 4% y el 6%, y en los últimos dos años estuvo siempre por arriba del 10%, la última medición la ubica en un 18.6%, y en 11.3 el porcentaje de subocupación. Mas aún, algunas proyecciones, entre las que se encuentran las del propio Banco Mundial, basa- das en un pronóstico de crecimiento cero para la economía argentina en 1995, la ubicarían a fines de año entre un 20 y un 23%, en tanto que estimaciones priva- das recientes la calculan aún por encima de estos guarismos. Por otra parte des- de 1983 nunca ha sido tau baja como ahora la proporción de gente que tiene empleo respecto de la población total: sólo un 34.9%.

Ahora bien si estos datos son significativos, mas aún lo es la aceleración que tnuestra la evolución de la tasa entre los distintos momentos de medición. A partir del Plan de Convertibilidad (1991) el PBI ha registrado fuertes tasas de crecimiento, pero al mismo tiempo y a partir de esc mismo año la tasa de des- ocupación inicia también un fuerte ascenso. A la par que la tasa de actividad crecía el empleo comenzó a decrecer.

En esta etapa de reestructuración productiva, de apertura de la economía, de ruptura de las convenciones colectivas, el trabajo ha perdido homogeneidad, es cada día mas fragmentado y desparejo, y el no trabajo es mas desparejo aún.

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Afecta principalmente a los jóvenes, que no consiguen ingresar al mercado de. laboral, a los mayores dc. 40 años que son expulsados del mismo. a las mujeres y a los menos calificados. Este conglomerado constituye Io que los tccnócralas dc turno llaman. el «núcleo duro» de la desocupación. Y cs tambien desparejo por ramas de la economía y por ambito geográfico, afecta mas a las ramas que cslan ligadas al tncrcado interno, que a las quc han logrado inscnarsc cn cl tncrcado mundial, cs mucho mas fuertc cn las conccntraciones urbanas que en las ar'as rurales.

La reestructuración productiva, los cambios cn los procesos dc trabajo y las nuevas tecnologías traen como consecuencia una rapida obsolcsccncia de las profesiones -_v los oficios. Por los cambios dc las dcslrczas sc produce un doblc lllOVÍlllÍt‘lllOZ- por un lado una fracción tnittorila ria dc la clasc altatncnlc califica- da y cn contínuo proceso de rccalil'tcacit'm. y por cl otro una fracción mayorita- ria en recambio consta nlc. con una dinamica dc destrucción dc fuer/.a dc. trabajo y dc sustitución por olra nucva.

Esto cs lo que hace que hasta no hace tnucho la estructura dc la desocupación mostraba una fuerte presencia dc trabajadorcs uintermitentes», que entran y sa- lcn alternativameme del mercado dc trabajo, pero en los últimos tiempos cl período para cottchuir un nuevo ctnplco sc va alargando con lo que ya sc co- micnla a hablar dc desocupados dc largo plazo.

La envergadura de las cifras exptlcslas ponen dc rclievc los profundos cam- bios cstrucluralcs en la dinamica y el funcionamiento del mercado dc trabajo. Ni esta realidad ni la desocupación son rccicntcs en la Argentina, sc arrastran desde hace años. Si bien se mira las causas dc su carácter estructural pueden encontrar- sc. ya cn los años Si), pero como Io_cxplicara hace mas de una decada cl rccícn- lemcntc desaparecido Entest Mandel, en Lus consecuencias socia/cs de la crisis en la Europa capitalista, el efecto acumulativ'o dc cstos cambios aparece con fucrïa recien cuando el lettómcno adquiere cierto nivel cuantitativo

Frente a la evidencia funcionarios gubernamentales, empresarios, comunicadores sociales y miembros dc la oposición parlamentaria, reacciona- ron con manifestaciones dc sotprcsa, como si l'ucra cl resultado de un hecho fatal o dc la naturaleza. Mas aún, los mas agudos críticos cximcn dc toda respon- sabilidad al sistema. y lo exponen como cl rcsultado dc una determinada política o dc un plan económico.

Unos _v otros no hacen mas que ocultar lo que Albarracín y Montes explican en este tnistno volumen, quc para cl capital la salida dc la crisis exige una política económica y social destinada a la rccupcración dc la tasa de ganancia. cuyo dcsccnso está cn cl orígen dc la crisis actual. Para cllo debc lograr una reducción significativa _v duradera dc los salarios rcalcs y un paralelo aumento dc la productividad, y en ambas cuestiones. la desregulación dc la relaciones laborales desempeña un papel fundamental..»

Discutir'la desocupación y la exclusión social cn Argentina no puede hacerse

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sin una perspectiva de lo que está pasando a nivel mundial. De la lógica del capital en este largo período de crisis y reestructuración. En este sentido es nece- sario afinnar que los problemas que afectan a los trabajadores argentinos tienen rasgos propios, tietten que ver con las peculiaridades de la formación social argentina y con las características de las políticas gubernatnentalcs que se llevan adelante. pero que no escapan o no pueden escapar a las tendencias generales del capitalismo mundial. Sin duda se trata de la tendencia del capital a reempla- zar trabajo vivo por trabajo muerto, acelerada en el marco de la crisis. Esta tendencia se encuentra hoy cxacerbada con la implantación de las nuevas tecno- logías, que. incrementan l'enomenalmente Ia productividad del trabajo, pero tam- bien con la racionalización _v modificación de los procesos de trabajo, cuyas implicancias en nuestros países sort muchas veces mas importantcs'que Ia deri- vadas de la innovación tecnológica.

Las causas de la desocupación y la exclusión social generalizadas sc encuen- tran en las entrañas mismas de un sistetna que no alcanza ya a dar respuestas a las necesidades crecientes dc la humanidad. El capital no puede reSolver en un mismo momento la crisis y el desempleo, porque siempre las salidas capitalis- tas de la crisis presuponen fuertes incrementos de productividad. que como cort- trapanida generan perdidas de empleo. Por ahora el capital a escala mundial no ha encontrado una salida duradera. sólo ha sabido recurrir a la sociedad dual, y los pronósticos no son alcntadores.

Los artículos sobre el tema que reúne este volumen, a ma nera de un «dossier». en un todo complementario del que que publicáramos en el nútnero anterior, buscan abrir el debate sobre Ia disminución de la jornada laboral y el reparto del empleo existente. Jesús Albarracín y Pedro Montes, desde una perspectiva clara- mente anticapitalista, dedican la mayor pa rte de su trabajo a desmontar el argu- mento según el cual, toda reducción del horario de trabajo debe implicar una reducción proporcional del salario. Claudio Lozano _v Roberto Feletti efectúan uno de los análisis mas serios y documentados sobre la situación argentina, aun- que en sus conclusiones dejan abierta la posibilidad de resolver el problema en el marco de las reglas propuestas por el sistema, con concepciones de tipo popu- lista o neokeynesianas. En tanto que la polemica entre Maxime Durand, del gmpo de economistas de la LCR francesa _v colaborador permanente de nuestra revista, y Alain Lipietz, de la Comisión Económica de los Verdes y asiduo visi- tante de nuestro pais, refleja la discusión al interior del movimiento ACl, Acción Chontagel, en Francia sobre la jomada de 35 hs. semanales con o sin reducción salarial.

Por último, la carta que Oskar Negt escribiera con motivo del onomastico de André Gorz es en realidad un complemento del número anterior, pero coloca. entre otras, una discusión que nos parece relevante destacar aquí: establece una ligazón entre liberación en el trabajo y liberación del trabajo. Aplicada a la lucha anticapitalista contra el paro for/.oso podríamos concluir que lla reducción

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de la jornada laboral, acompañada del reparto del trabajo socialmente existente, no es sólo un mecanismo defensivo en el marco de la crisis, es también una propuesta que avanza hacia la extensión del tiempo libre, hacia un plano de actividad libre y creativa que rompa con la alienación del capital, y que, por otra, parte permite forjar la cohesión de clase articulando la relación entre in- cluidos y excluidos de la producción y el consumo.

Pensamos que los articulos aquí reurtidos sort lo suficientemente interesantes y atractivos como para estimular el debate y el cambio de. opiniones. Colocar en primer plano este debate no es para Cuadernos de] Sur una mera especulación teórica, ni tampoco un tributo al dramatismo de las cifras. Sino que surge de la comprensión que no se avizora una salida a la crisis, sino que por el contrario en el horizonte está su profundización, con la secuela de miseria y degradación social que esta conlleva. El Gobierno Nacional ya ha impuesto la rebaja salarial en el sector público, varios Gobiernos provinciales han sacionado leyes que per- miten la disminución horaria y salarial; desde la Unión Industrial Argentina se impulsa el debate sobre la reducción generalizada de los salarios, como forma de devaluación indirecta sin alterar la paridad cambiaria. La derecha se prepara teórica y políticamente.

Instalar este debate, acerca de uno de los temas centrales del momento, que supera lo meramente coyuntura] responde objetivamente a una necesidad social, ya qUe en el reino del mercado los excluidos de la producción y del consumo sort irrelevantes, «..el capita] no necesita lo que ellos pueden ofrecer, y estos no pueden comprar lo qUe se les quiere vender».

La exclusión social ha llegado a la Argentina para quedarse, y requiere con urgencia iniciativas desde la izquierda, acordes con las implicancias sociales y politicas que de ella se derivan.

Eduardo Lueita Buenos Aires, noviembre 1995

8 Diciembre de 1995

El debate sobre el reparto del emple0*

Jesús Albarracín / Pedro Montes

l debate sobre la jornada ha

cobrado gran interés social

ante el paro que asola a los

paises capitalistas occiden-

tales y la profundidad de la actual recesión económica. Pero este interés es más fruto del impulso que la derecha y sus grupos políticos afi- nes están dando al tema, en la ver- sión de que es necesario repartir el trabajo como si de un bien escaso se tratara, que del empuje de la iz- quierda y los sindicatos, cuya rei- vindicación histórica se centra en una reducción generalizada de la jornada laboral. La ponencia marco para el congreso del PSOE, el Go- bierno, las patronales, el senado francés, el ministro de Economía alemán e, incluso, una multinacio- nal tan significativa como Volks- wagen han reconocido que la eco- nomía occidental no puede dar empleo a todos los que quieren y lo necesitan, y , por tanto que es nece- sario repartir el trabajo. Esta preocu- pación que se ha apoderado de la de-

recha responde al acuciante proble- ma del paro y sus sombrias perspec- tivas, pero en el tema de la reduc- ción de la jornada hay demasiados intereses en juego para que las dife- rentes propuestas sean aceptadas sin más.

La reducción de la jornada es una necesidad histórica, dado el avance tecnológico que se ha producido, pero no es esto lo que está movien- do a proponerla a los representantes del capital. En unos casos tratan de reducir una producción que no en- cuentra demanda, haciendo que sus plantillas trabajen sólo cuatro días a la semana o dando tres meses de vacaciones no pagadas. En otros han visto la oportunidad de aumentar la“ precarización del empleo, propo- niendo la generalización del contra- to a tiempo parcial o el cómputo anual de las horas trabajadas. Su preocupación por el paro no llega al punto de promover la creación de empleo mejorando las condiciones de vida de los trabajadores, sino que

’Reproducido de UTOPIAS N9 158, Madrid Enero/Marzo 1994

Cuadernos del Sur

pretenden repartir entre éstos el empleo existente, eondieionándolo a que paguen el ajuste con la corres- pondiente reducción salarial.

Ante la propuesta de una reduc- ción drástica de la jornada con una reducción equivalente en salarios. que colocaría a muchos trabajado- res en una situación desesperada con unos ingresos por debajo de los ni- veles de subsistencia. ya sea en ca- sos de empresas o sectores concre- tos o con caracter general con la extensión de los contratos a tiempo parcial, es preciso desde la izquier- da levantar una alternativa con sen- tido histórico y que responda a los intereses de los trabajadores y no los debilite. Esa alternativa debe tener como objetivo inmediato mitigar el problema permanente del paro, por- quehay que dar por sentado que ni en el, mejor de los casos, esto es, si se produce Lina reactivación de las economías, podría absorberse signi- ficativamente las actuales cotas de desempleo, y porqtte estas costas re- presentan una rómora insoportable en la lucha de clases, que estzin sien- do aprovechadas por la burguesía para arrasar conquistas del movi- miento logradas en luchas de gene- raciones.

l. La política del capital Desde el punto de vista del capi-

tal, la salida de la crisis exige una política económica y social destina-

da a la recuperación de la tasa de beneficio, cuyo descenso esta en el origen de la crisis actual. Para ello debe lograr una reducción signifi- cativa y duradera de los salarios rea- les y un paralelo aumento de la pro- ductividad y, en ambas cuestiones. la desregulación de las relaciones laborales desempeña un papel l'un- damental. Por un lado se trata de reimplemenlar la "ley de la selva" en el mercado de trabajo para con- seguir que el deterioro de las condi- ciones laborales presione a la baja a los salarios, ya que los trabajadores se encontranin en peores condiciones de negociación. Por otro. con la des- regulación se pretende rentalizar el máximo la utilización dela fuer/a de trabajo -precari'/ación del empleo, movilidad funcional y geográfica, cómputo anual de la jornada laboral adaptzindola a las necesidades esta- cionales y coyunturales que marque la demanda. despido libre, elc.-. oh- teniendo asi un aumento sustancial de la productividad.

Para el neoliberalismo. hegemó- nico en la mayoría de los gobiernos europeos, tal política tiene una ló- gica. Según esta, la crisis sólo pue- de ser remontada si se crean las con- diciones para una nueva l'ase de expansión, dejando que el mercado

juegue libremente para sanear la eco-

nomía, a través de que desaparez- can las empresas menos rentables. Pero, cn una economía abierta, para no caer en un torbellino que arrastre

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Cuadro l. El debate europeo sobre el reparto del empleo

A lo largo del mes de octubre se ha desarrollado un debate sobre el reparto del empleo. cuyos principales eslabones son los siguientes:

COMUNIDAD EUROPEA. El Partido Socialista Europeo pre- senta, en el Parlamento Europeo. un proyecto de resolución a l'avor dc la semana laboral de 4 días o las 35 horas semanales dc trabajo. La propuesta reclama la adopción de acuerdos entre los agentes sociales para reorganizar el trabajo existente.

FRANCIA. A principios de septiembre. Giraud. ministro l'ran- ces de Trabajo, dice que las 37 horas semanales deben ser el objetivo para crear empleo. A l'inalcs dc octubre, Rocard propone Ia semana laboral de 4 días en Francia. Tambien a finales de octubre, la Conti- sión de Asuntos Sociales del Senado aprueba, con los votos en contra de socialistas y comunistas, una entnienda a la Ley Quinquenal de. Empleo. para que las empresas qUe opten por la reducción dc la sema- na laboral y aumenten su plantilla cn un l() por 100 paguen entre un 30 por 100 y un 4t) por ¡00 menos cn concepto de cargas sociales. Force Ouvricre y CGT sc muestran cn contra. a causa de las reducciones sala- riales que implica y porque no se trata dc repartir el paro. sino dc crear trabajo, mientras que la CFDT esta dispuesta a discutir la propuesta.

" ALEMANIA. Volkswagen propone la reducción de la semana laboral dc 4 dias. con reducción del Zt) por 100 de los salarios, para evitar el despido de 31.000 trabajadores como consecuencia de la cai- da de la demanda de automóviles que ha producido. Rexrodt, ministro aleman de Economía, interviene en cl debate proponiendo una varian- lc alternativa a la semana dc 4 días: un premio de lrcs meses sin dere- cho a retribución. Kohl interviene diciendo que menos horas de traba- jo y mas vacaciones no es la receta para ser mas competitivos. El sindicato lG Metal se muestra de acuerdo en negociar con Volkswagen la semana laboral de 4 días. previo acuerdo sobre la reducción de los salarios.

" SUIZA. La Federación Suiza de Sindicatos Patronales hace pú- blico un documento sobre el reparto del empleo, en el que se sostiene que tal medida es sólo completncntaria y defensiva para proteger los puestos de trabajo existentes sin permitir la creación de nuevos etn- pleos. _

ESTADO ESPANOL. El PSOE incluye en Ia ponencia marco para su congreso la necesidad de debatir el reparto dc trabajo por la via de la generalización del contrato a tiempo parcial o la reducción de jornada con reducción de salarios. Los sindicatos, en su comparecen- cia cn el Congreso de los Diputados, aceptan la negociación de jorna- da por salarios. Aznar, presidente del PP, tacha tal propuesta de estúpi- da, pues hay que trabajas más para salir de la crisis.

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a la mayoría de las empresas, es pre- ciso aumentar la competitividad. Como nueVO talismán, la mejora de la competitividad se ha convertido en el supremo objetivo de la políti- ca económica, exigiendo la reduc- ción de los salarios y el aumento de la productividad. Y es en este senti- do en el que hay que situar las pro- clamas neoliberales, por absurdas y estúpidas que parezcan cuando el paro se acumula ante la falta de empleo, a que para salir de la crisis hay que trabajar más y mas duro. Se trata de que los que tienen em- pleo trabajen con mayor intensidad par aumentar la productividad -lo que se consigue con la contrarrefor- ma del mercado de trabajo, no con la reducción de la jornada-, aunque trabaje menos gente, porque la ren- tabilización de la fuerza de trabajo, en un contexto de crisis económica, implica destruir empleo.

Así, pues, la reducción de la jor- nada no forma parte de los objeti- vos de la patronal. Nótese, a este respecto, la rapidez con la que el Gobierno español reaccionó a las propuestas que surgian, señalando que lo que estaba sobre la mesa de negociación no era la reducción de la jornada, sino la reforma del mer- cado de trabajo. No obstante, no han podido evitar que el debate saltara a la opinión pública, porque existen ta- zones poderosas para que así sea.

Desde que se inició la actual onda larga del capitalismo al principio de

los setenta, las fases de recuperación cíclica no han permitido absorber el paro acumulado en las recesioncs y el crecimiento vegetativo de la po- blación activa, por lo que los suce- sivos momentos de auge se han al- canzado con niveles de paro cada vez mas altos y en las recesioncs el desempleo ha cobrado cada vez tin- tes más inquietantes. En los paises de la OCDE, 35 millones de perso- nas se encuentran actualmente en desempleo -el 7,5 por 100 de la po- blación activa-, pronosticandose un aumento el año que viene hasta 37 millones. Y cn la CE, el paro se ele- va a 17 millones, el 10,5 por 100 de la población activa.

La preocupación por la evolución y el nivel del paro ha empezado a cundir en los propios medios de la burguesía, porque lo que es una ven- taja para los capitalistas en la lucha de clases -la existencia de un copio- so ejército de reserva-, traspasado cierto límite, puede ser contrapro- ducente para el sistema por la agita- ción social que puede desencadenar y la falta de legitimidad que lo pue- de empañar por su incapacidad para generar empleo, condenando a la desesperación a millones de traba- jadores. La derecha está preocupa- da y lo mismo ocurre con algunos socialdemócratas que como gesto- res del capitalismo no tienen nada que envidiarle a los propios capita- listas, y de ahí que el tema de la re- ducción de jornada haya cobrado

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actualidad, cuando ha sido una rei- vindicación histórica de la izquier- da que ha merecido poca atención de los poderes económicos y políti- cos.

Conibinando la preocupación po- lítica con el cuidado de sus intere- ses económicos, las propuestas de la derecha no van en el sentido de repartir el trabajo para que se cree empleo, sino en el de repartir la masa de los salarios entre los trabajado- res actualmente ocupados y los pa- rados, de fonna que se desactive la amenaza social del desempleo ma- sivo, pero sin coste para el capital. Y, si es posible, con ventajas, tra- tando que el reparto del trabajo im- plique una elevación en la tasa de explotación y de la tasa beneficio “l y se aproveche para avanzar en la flexibilización del mercado de tra- bajo y en el debilitamiento de los trabajadores. Así, el Gobierno es- pañol propone que el reparto debe basarse en la generalización del con- trato a tiempo parcial -dejando ad calendas grecas la reducción de la jomada- o el francés aprueba un “ex- perimento” con el que se subvencio- nará a las empresas que reduzcan jornada y salarios.

Hay razón adicional para que el tema de la reducción de la jornada haya cobrado actualidad impulsado por la derecha. La recesión está cau- sando estragos en algunos sectores, como ocurre destacadamente en el del automóvil, cuyos niveles de pro-

ducción sobrepasan ampliamente la demanda, acumulándose las merca- derías sin vender. En estas condicio- nes es necesario reducir la produc- ción y, si se quieren preservar los beneficios, deben hacerlo también el empleo y los salarios. Se puede pro- ceder a un despido masivo de plan- tillas, pero esto, además de la resis- tencia social que encuentra, significaría desperdiciar todo el ca- pital humano que han ido acumu- lando las empresas, por lo que apuestan por una disminución pro- porcional de la jornada y los sala- rios. Tal como ha propuesto Volk swagen: reducir un 20 por 100 la jornada y un 20 por 100 los sala- rios, para evitar así el despido de 31.000 trabajadores. Esta opción, en la medida que se aplicase para toda la compañía, sería como si adoptara un masivo Expediente de Regula- ción de Empleo basado en la reduc- ción de jornada (3’.

En ningún momento la reducción de jornada ha sido desde el punto de vista del capital un objetivo de- seable, como lo pone de manifiesto el hecho de que el continuo e inten- so incremento de la productividad durante los últimos decenios sólo ha originado mínimas disminuciones de jornada, que nunca además han sido fruto de concesiones, sino que han tenido que ser arrancadas por la lucha. Tan descompasado ha mar- chado el ritmo de la productividad del trabajo en comparación con el

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ritmo del descenso de la jornada, que puede afirmarse que ahora, ante el paro acumulado, son necesarios cambios “revolucionarios” por la resistencia que han opuesto los ca- pitalista a las reformas.

Para la izquierda, en cambio, la disminución del tiempo de trabajo no sólo representa un aspecto esen- cial del avance histórico que debe redundar en beneficio de todos -li- berarse del esfuerzo para cubrir las necesidades materiales como conse- cuencia del dominio que la humani- dad ha ido imponiendo sobre la na- turaleza—, sino que constituye también una de sus reivindicaciones históricas. como condición para mejorar el nivel de vida dentro de un sistema con intereses contrapues- tos regido por la lucha de clases y, mas recientemente, como una rei- vindicación neCesaria para paliar el problema del paro.

2. La reducción de la jornada y el empleo

La situación del paro y sus ad- versas perspectivas son, efectiva- mente, las que han promovido a un primer plano cl tema de la reduc- ción de jornada. Surge de ello de inmediato la cuestión de en que medida una tal reducción puede con- tribuir a crear empleo.

Es fácil demostrar que la tasa de crecimiento del empleo es igual a la tasa de crecimiento del PlB, más la

reducción de la jornada laboral me- nos la tasa del aumento de la pro- ductividad por la hora trabajada que pueda originarsc por esa reducción ‘3'. Si el PlB permanece constante, una reducción de jornada no dará lugar a un incremento del empleo si aumenta la productividad por hora en el mismo porcentaje. O dicho de otra forma: si no hay incremento de la productividad de la producción, la tasa de crecimiento del empleo derivada de una reducción de jorna- da serz't la diferencia entre el porcen- taje que disminuya ésta y la tasa a la que se eleve la productividad por hora.

Con esta referencia aritmética cabe examinar a grandes rasgos lo que podría esperarse que ocurriera en la productividad y en el empleo de los grandes sectores económicos ante una reducción significativa de la jornada.

En la agricultura, que representa un lt) por 100 de la ocupación, por las características productivas del sector, no debería esperarse un au- mento relevante dela productividad horaria por la reducción de la jorna- da de los asalariados. Sin embargo, por las relaciones de propiedad y laborales que rigen en el sector, se- ría difícil poner en practica una re- ducción sensible de la jornada, lo que significa que el empleo, aunque aumente la productividad, tiene es- caso margen para aumentar.

En el sector industrial, cuya ocu-

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pación representa el 23 por 100 del total, pueden distinguirse dos situa- ciones: las empresas o sectores que están operando a plena capacidad o que su nivel de ocupación se ajusta a su nivel de producción y las em- presas o sectores que tienen exce- dentes de plantilla, bien porque es- tán acumulando producción sin vender o bien porque tienen a una parte de ella subocupada. En el pri- mer caso, para un nivel de produc- ción dado, una reducción de la jor- nada podria promover un aumento del empleo, aunque de menor inten- sidad, puesto que está demostrado, una disminución de la jornada siem- pre va acompañada de un aumento de la productividad. En el segundo caso, cuando hay excedentes de plantilla, la reducción de jornada iría también acompañada de un aumen- to de la productividad, pero como lo que se pretende es reducir la pro- ducción con la reducción de jorna- da, el empleo llegaría a disminuir en el porcentaje de la producción, menos lo que disminuya la jornada y más lo que aumente la productivi- dad por hora. Para mantener el em- pleo en estas empresas o sectores sería necesario apostar por una re- ducción de la producción equivalen- te a la diferencia entre la reducción de la jornada y el incremento de la productividad ‘4'.

Dada la situación excedentaria de plantillas en que la recesión ha co- locado a muchos sectores industria-

les, cabe anticipar que una reducción intensa de la jornada, por ejemplo, una rebaja de las 40 horas a 32, equi- valente al 20 por 100, daría lugar a un crecimiento del empleo que ape- nas se aproximaría en torno al 15 por 100, lo cual, dado el peso de la ocupación en la industria, represen- taría en torno al l por 100 del em- pleo de la economía. En el futuro, una posible recuperación de la acti- vidad industrial, en la medida en que la reducción de jornada absorbicra la mano de obra excedente, procu- raría un crecimiento del empleo mayor que el que tendría lugar man- teniendo la jornada intacta.

Por lo que se refiere al sector de la construcción, cuya ocupación re- presenta el 10 por 100 del total, las características productivas de una parte considerable de su actividad - contratos de obra que se realizan a destajo- hacen difícil una aplicación efectiva de una reducción de jorna- da, lo que impide que por esta 'vía se pueda crear empleo.

En el sector servicios, que im- plica el 57 por 100 de la ocupación, se dan situaciones muy variadas y complejas en torno al tema. Existen sectores en los que una intensa re- ducción de jornada induciria un in- cremento de la productividad hora- ria casi de la misma intensidad, con efectos practicamente nulos sobre el cmpleo.Tal sería el caso de muchos servicios de la Administración Pú- blica, la banca o los seguros. En los

Cuadernos del Sur

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servicios más directamente ligados a la prestación personal - comercio, hotelería, transportes, reparaciones, educación, sanidad, doméstico- una reducción de la jornada podría oca- sionar tanto un crecimiento de la productividad como un crecimiento del empleo, dependiendo de la res- puesta que se diera a dicha reduc- ción: concentración de los servicios, reducción de horarios o aumento del empleo para compensar la menor jornada, manteniendo la calidad de las prestaciones. No obstante, te- niendo en cuenta las razones de fon- do que están impulsando la discu- sión del tema de la jornada, que forman parte de una ofensiva gene- ral del capital, y la situación de de- bilidad en que están colocados los trabajadores (que propicia una pro- longación ilegal de la jornada), una reducción legal del horario se tra- duciría antes en una degradación de los servicios que en un aumento del empleo en el sector terciario.

Esta visión general, aunque no se detiene en la prolija casuística que puede darse en los distintos secto- res y ramas de la producción, ni en la diversidad de respuestas empre- saria‘les a la disminución de la jor- nada, ,ni en los problemas sindica- les que suscitaría su aplicación (turnos, horarios), permite llegar a la conclusión: en los momentos ac- tuales, dominados por la debilidad de la demanda y la depresión de la actividad en lo económico y por el

intento de recortar el estado de bien- estar en lo social, una reducción in- tensa y general de la jornada labo- ral, del orden del 20 por 100 indicado, tendría unos efectos muy amortiguados sobre el empleo, que llegaría a crecer más de un 3 o 4 por 100, o entre 300.000 o 400.000 nue- vos puestos de trabajo en el caso de la economía española.

Si la reducción se limitase a los sectores o empresas en crisis con ob- jeto de reducir la producción, como de hecho están proponiendo las pa- tronales para repartir simplemente el trabajo y evitar los despidos, el impacto sobre el empleo sería nulo. Y, a todos los efectos, este reparto propuesto tiene el mismo significa- do que la alternativa de proporcio- nar el trabajo a tiempo parcial, tal como propugna el PSOE con la pre- tensión de aparentar ser progresis- ta, pero sin descuidar al mismo tiem- po los intereses fundamentales del sistema. Se trataría de repartir el tra- bajo existente entre más gente con las reducciones salariales pertinen- tes, lo que en última instancia está fuera de la cuestión planteada. esto es, en qué medida la reducción con carácter general de la jornada puede crear empleo.

Por supuesto, los efectos limita- dos sobre el empleo que tendría esa reducción no ocultan dos hechos fundamentales por los que la medi- da debe ser defendida vigorosamen- te por la izquierda: porque la condi-

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Cuadro 2. Principales posiciones sobre el reparto del empleo

* PSOE

. Ponencia marco para el Congreso. "En una situación como la actual. en la que el trabajo se ha convertido en un bien especialmente escaso. es necesario abrir un debate sobre la posibilidad de repartirlo. como ya se discute en otros paises europeos. mediante la extensión del uso de la contra- tación a tiempo parcial. Deben discutirse también las propuestas de reducción de Ia semana laboral con reducción de salario. posibilidad que ya se plantea como solución temporal para evitar los recortes de plantillas en empresas o ramos en crisis".

.Gobiemo (Narcís Serra el 2 de noviembre). El debate sobre cl reparto dc trabajo como fórmu- la frente ala crisis "esta mas ligado a las transformaciones a medio plazo que a los remedios a corto plazo. Hay que dcsvincular este tema del Gobierno y'situarlo en el debate del congreso del partido".

* PP

. Aznar (en el congreso de Nuevas Generaciones). El absurdo repa rlo de tra bajo es congruente con el reparto de la pobreza socialdemócrata. Para salir de la crisis y crear empleo hay que trabajar más. Es una grave irresponsabilidad que desde el ejecutivo y los sindicatos se lance un mensaje que significa menos esfuerzo y trabajar menos. Una empresa puede necesitar. por su particular situa- ción, que sus empleados trabajen sólo cuatro días a la semana, pero sería absurdo extender tal medi- da a todo el sistema.

* IU

. Programa electoral (legislativas de 1993). "Toma en consideración de medidas de reparto del desempleo existentes. orientadas a:

- Una reducción efectiva de lajornada laboral. lndicativamente basada en las empresas en tur- nos de seis horas. con control sindical. de forma que crezcan las plantillas para realizar los mismos cometidos. Para ello se propondn'an reducciones salariales no lineales -y en cuantía no proporcional con la menna del horario laboral-. con el límite de que las retribuciones nunca fueran inferiores a las siete octavas partes del salario del tra bajador/a. Ademas. se realizaría una primera aproximación de esta propuesta en ramas y territorios piloto. y en el sector público.

- Un adelanto de la edad dejubilación, teniendo como objetivo a mediano plazo lajubilación a los sesenta años‘ contemplando simultáneamente el facilitar lajubilación parcial y el contrato de relevo - contrato de solidaridad-. asícomo reduciendo la penalización de lajubilación anticipada

- Eliminación de las horas extraordinarias -a través de los mecanismos legales oportunos- o. en su defecto, para casos excepcionales. establecimiento de un número maximo de horas extras a rea- lizar por cada trabajador/a. que se compensaría obligatoriamente con jornadas de descanso (...).

- Establecimiento dela semana de vacaciones enla próxima legislatura.

* CC. OO./UGT

. Bases para un acuerdo para el empleo. En concreto proponemos:

- Reducción progresiva dc Ia jornada laboral. con el objetivo dc 37 horas semanales vinculadas al objetivo de la creación de nuevos empleos.

- Reordenación legal de la jornada de trabajo, limitando y controlando Ia realización de horas extraordinarias. y sustituyendo su retribución por compensación en tiempo de descanso.

- Favorecer el derecho a la jubilación anticipada para trabajadores mayores de 60 años. garan- tizándolos una pensión ajustada a sus cotizaciones, estableciendo el consiguiente contrato de relevo.

. Comparecencia en el Congreso de Nicolás Redondo yAntonio Gutiérrez. el 29 de octubre. Según las referencias dela prensa. admiten la posibilidad de negociar Ia reducción dejornada con reducción de salarios.

Cuadernos del Sur 17

ciones de vida de los trabajadores mejorarían apreciablemente como exige el desarrollo de las fuerzas productivas y porque en el futuro, por la "limpieza" en profundidad que supondría de los excedentes de mano de obra existentes en todo el tejido productivo, los aumentos del PIB se traducirían en crecimientos mas intensos del empleo.

3. La reducción de la jornada y los salarios

Fuera de los efectos directos o mecánicos de la reducción de la jor- nada sobre el empleo, como han sido comentados en el apartado anterior, dicha redUCción tiene un aspecto esencial y polémico ——la cuestión de los salarios——, que tiene repercusio- nes directas sobre la distribución de la renta, o si se quiere, en la tasa de exportación de los trabajadores, e indirectas sobre el propio empleo, ya que la evolución de la economía no es indiferente de la evolución de la demanda, determinada en gran medida por la evolución de los sa- larios. Deben examinarse, pues, las propuestas salariales que han surgi- do en el debate y sus consecuencias, así como las posiciones que la iz- quierda debe defender.

Como es sabido, para qUe los sa- larios mantengan su participación en la renta nacional es necesario que el salario real por persona, o sea, al margen del aumento de los precios,

crezca como la productividad por persona, es decir, la diferencia entre los crecimientos del PIB y el ern- pleo (5). El mantenimiento de dicha participación debe ser el punto de partida con el que la izquierda abor- de la cuestión salarial del debate de la jornada, lo que permite llegar a una conclusión inmediata de carác- ter general: suponiendo que el PIB no varíe, el salario real sólo debería disminuir en la proporción que au- mente el empleo. Pero dicha varia- ción del empleo, como se ha visto, es la diferencia entre el porcentaje en que disminuye la jornada y el porcentaje en que crece la producti- vidad horaria, por lo que el salario real por ocupado no puede dismi- nuir en la misma proporción en que disminuye la jornada, como se pre- tende desde las posiciones patrona- les. En tal caso, se produciría una redistribución de la renta contra los salarios, tanto más intensa cuanto más se incrementase la productivi- dad horaria.

Esta norma general debe tener su concreción en cada empresa o sec- tor desde el momento en que una rc- ducción, por ejemplo, hasta las 32 horas, no representa para todas ellas el mismo porcentaje y desde el mo- mento en que el supuesto del man- tenimiento del nivel de productivi- dad no tiene por qué darse en' los casos concretos, siendo también muy desigual las respuestas que pue- den registrarse en las variaciones del

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empleo. La regla que debe regir en la negociación de los casos particu- lares es que el salario real por per- sona debe aumentar (o disminuir) por la diferencia entre el incremen- to de la producción (o cualquier otra medida de la actividad de la empre- sa) y el crecimiento del empleo. En la situación de las empresas en que se pretende reducir la producción y la jornada para mantener el empleo, tendría que producirse una reducción de los salarios reales proporcional a la disminución de la producción - no de la jomada-, aunque no debe perderse de vista que estas empre- sas no garantizan el mantenimiento del empleo, porque siempre produ-

cen bajas o jubilaciones anticipadas que determinarían un mejor compor- tamiento de la productividad por ocupado que tiene que reflejarse en los salarios reales.

El esquematismo cuantitativo de estos planteamientos como marco de referencia no puede eliminar los as- pectos cualitativos de toda posición política y toda negociación sindical. Durante la última década, el aumen- to de la productividad ha sido nota- blemente superior al de los salarios reales y es esto lo que está detrás del retroceso que ha producido en la distribución de la renta. Utilizan- do los datos de la Contabilidad Na- cional, de 1982 a 1992, la producti-

6.- 4' PRODUCTMDAD 2... 0t-

IllllllLJJLllllllll LLLJIJ 1905 1975 1m mo ms mo

Gráfico I : Los salarios y la productividad en la economía española.

Cuadernos del Sur

19

vidad ha crecido el 25 por 100, mientras que el salario real lo ha he- cho el 7 por 100. Este 18 por 100 de aumento de la productividad del que se ha apropiado el capital —véase el gráfico 1— de ahora un enorme margen de maniobra en la discusión cuando se plantea la cuestión de la reducción de la jornada.

A otro nivel, el reparto del tra- bajo entraña efectos redistributivo importantes en el conjunto de la eco- nomía, ya que un aumento del em- pleo como consecuencia de la dis- minución de la jornada o su reducción para evitar paro en el caso de las empresas en crisis o los con- tratos a tiempo parcial implican que hay menos parados, lo que a su vez implica, aun garantizando la distri- bución de la renta entre salarios y beneficios, que el conjunto de los trabajadores reciben menos retribu- ciones: justamente las prestaciones y subvenciones por desempleo que se evitarían. De ellas, una parte se financia con los impuestos y las co- tizaciones de los trabajadores, pero otra parte (la menor) se sufraga con los impuestos sobre los beneficios y el consumo de los capitalistas. Este aspecto redistributivo secundario de la disminución de jornada tiene im- portancia por si mimo -aunque re- sulte difícil de cuantíficar- y porque representa una detracción de renta del conjunto de los trabajadores, con efectos sobre la demanda, la produc- ción y el empleo.

4. Algunas conclusiones

Desde la izquierda, la reducción de la jornada se debe seguir plan- teando con firmeza como reivindi- cación ajustada al desarrollo de las fuerzas productivas. Es evidente que el problema del paro, cuya trascen- dencia política y social tiene que ser realizada por la izquierda, no podra encontrar soluciones sólo a través de una reducción de jornada, aunque sea apreciable, por lo que ahí es pre- ciso reclamar junto a ella una polí- tica económica expansiva que gene- re más trabajo y más empleo. Ypara que la producción de jornada se tra- duzca en una creación de empleo significativa debe cumplir algunos requisitos:

a) No puede ser una medida co- yuntura] para afrontar la recesión, sino que ha de tener un carácter per- manente y debe reflejarse en las le- yes, pues si no, sólo será un meca- nismo para que algunos empresarios hagan frente a la crisis a costa de sus plantillas. En este sentido, no puede ser concebida como un Ex- pediente de Regulación de Empleo al que los empresarios se pueden acoger, según les convenga, sino como un mecanismo de creación de puestos de trabajo y de mejora de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores.

b) Debe ser una reducción drás- tica de la jornada de trabajo, pues pequeñas reducciones o reducciones

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Diciembre de 1995

paulatinas pueden ser absorbidas por los aumentos de la productividad horaria, con lo que no se crearían puestos de trabajo.

c) Debe ser universal, pues si sólo la adoptan los empresarios que tienen problemas de demanda no se creará empleo, sino que simplemen- te se absorberá capacidad ociosa. Para que sea medida eficaz a medio y largo plazo debe cobrar carta de naturaleza en la sociedad que lajor- nada laboral ha dejado de ser de ocho horas.

d) No puede ir acompañada de una reducción de salarios por el por- centaje en que realmente disminuya la jornada, pues significaría que los incrementos de productividad se hurtaran a los trabajadores, lo que implicaría una redistribución de la renta contraria a éstos, que hundiría la demanda de consumo y podría acabar cayendo el empleo más por el hecho que lo que podría creer a causa de la reducción de la jornada.

Para que se mantenga la participa- ción de los salarios en el valor de la producción, en cada sector o empre- sa, éstos deben crecer la diferencia entre el aumento de la producción y el incremento del empleo. Si con la reducción de la jornada se pretende la red ucír la producción, los salarios no deben caer tanto como la jorna- da, sino como producción en el caso de que realmente se mantenga el empleo. Si éste cae también, como será lógico (jubilaciones anticipa- das), los salarios no pueden caer más que la diferencia entre la caída de la producción y la del empleo.

e) Finalmente, si se tiene en cuenta que los salarios son uno de los componentes más importantes de la demanda y que, durante la última década, han crecido un 18 por 100 menos que la productividad, existe un margen de maniobra suficiente para que sea satisfecha la reducción de la jornada sin reducción de sala- nos.

(l) La proposición dc que los salarios no deben reducir en el mismo porcentaje en que lo haga la jornada laboral encierra una redistribución de la renta en contra de los salarios. En efecto. sean a la participación de los salarios en la renta, w el salario medio y L el empleo. En efecto. la participación

de los salarios en el valor de la producción es:

a-

Y

La productividad horario. q. sería (siendo h la jornada laboral):

Y L. h Es decir, Y = q.L.h, y sustituyendo en a:

q:

W r

q.h

a:

Cuadernos del Sur

lintonccs. si el salario w se reduce en el mismo porcentaje que la jornada h. como normalmente la productividad horaria crecc cuando reduce la jornada. la participación de los salarios cn el valor dc la producción se reducirá y la dc los beneficios aumentará.

(2) (‘on la propuesta de que los salarios reduzcan tanto como lo haga lajornada. trata también de evitar que el descenso dc la producción y las horas trabajadas. necesarios para disminuir la capa- cidad ociosa. se traduzca en un descenso de la tasa dc beneficio de la misma intensidad. lïn estos sectores. en los que el reparto de trabajo cncubrc la reducción de la producción que no encuentra demanda. la propuesta dcque los salarios disminuyan en la misma intensidad significa pura y sim- plemente que sobre ellos recaiga todo cl peso del ajuste. con un agravante: en los líRl‘s al menos un 70 por ltKI dc los salarios que no se perciben sc cobran de los fondos de; seguro de paro.

(3) (‘omo señaló en la nota l, la productnidad horario. q. scría (siendo h la jornada laboral. Y la producción y l. cl empleo):

Y

q =-

li. , h lis dccir. Y: q.l..h. Y en tasas dc crecimiento:

W = ¡ya + + h’Á Si j’;"r es cl porcentaje de reducción dc la jornada. es decir. i'z = -h'.7r.-. entonces: [1% = Y’Z. + (j'ñ. -q'7'i)

Es decir. la tasa dc crecimiento del desempleo cs igual a la tasa dc crecimiento dc la producción mas la diferencia entre el porcentaje cn que se reduzca la jornada y el aumento de la productividad horaria.

a) A corto plazo. si la producción no varía. el empleo sólo crecerá por la diferencia entre el porcentaje dc reducción de jornada y cl que lo haga la productividad.

b) A medio plazo. al margen del acortamiento de la jornada. los factores que determinan un crecimiento continuo de la productividad por persona empleada seguirá operando y. por consiguien- tc. para que crezca el empleo. será necesario que la economía crezca a medio plazo a un ritmo supe- rior al de la productividad. F.n cl último decenio. por ejemplo. la productividad por ocupado ha crecido a una tasa anual del 2.3. por lo que. teniendo en cuenta que el PIB se ha elevado en un 3.2 por l()(l anual. el empleo ha aumentado sólo cn un 0.9 por lttO anual.

(4) Recordando la ecuación L'lo = Y’7n + - q%). el empleo disminuirá. por lo que lo haga la producción para disminuir el excedente de producción. más lo que aumente la productividad. menos lo que se reduzca la jornada. Si se quiere mantener el empleo. esto es. si se desea que L‘Z. : (t. entonces se tendrá que Y‘li; = q‘lc - esto es. la producción habrá de disminuir por la diferencia entre lo que aumente la productividad horaria y lo que se reduzca la jornada.

(5) Sea Y el PIB. p los precios. w el salario monetario por persona y L el nivel de empleo. La participación de los salarios en el l’lB sería:

remuneración asalariados W.L (w/p)

Plli monetario p.Y (Y/L)

Para que "a" no varíe. esto es. para que cl PIB no se redistribuya en contra de los salarios. se necesitará que el crecimiento del salario real por persona sea igual al de la productividad. F.n este caso. el aumento del PIB se repartirá "equitativamente": un a% irá a los salarios y un (l-a)% al excedente. Sin embargo. si el salario real por persona crece menos que la productividad. que es lo que se pretende con el pacto , "a" disminuirá y la participación del excedente en el PlB aumentará. No todos se beneficiarán por igual de los frutos del progreso. porque los beneficiOs se llevarán una

22 Diciembre de 1995

parte creciente de los aumentos del PIB. El argumento no cambia porque la parte dc la productividad que no va a aumentar los salarios reales se dedique a crear empleo. porque si l. crece. también Y. (6) Ambas proposiciones se pueden resumir en la ecuación:

w‘k =Y‘ñ _ La =q'r -j’.Z

Si la producción no varia. esto es. si Y‘ït'r :0. para que no se altere la distribución de la renta. el salario sólo puede descender cl porcentaje en que aumente el empleo. pero. como sc ha visto. cl empleo aumentará por la diferencia entre el porcentaje cn que sc reduzca la jornada y el que aumente la productividad horaria. liz: evidente que los salarios no pueden reducirse en el mismo porcentaje en que lo haga la jornada. sin en el que crc/ca el empleo y que en cada empresa. estc último criterio es el más relevante. porque es cl que mejor pueden controlar.

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Cuadernos del Sur 23

Ernesto (le la Óa’rcova "Sin pan y sin

trabajo " (180-1).

-!.—'t‘-——'-.r-.—.t7 -

Convertibilidad y desempleo. Cn31s ocupacional en la Argentma

Claudio Lozano / Roberto Feletti"

Frente al desolador panorama que ha evidenciado la última información sobre desempleo del Instituto Nacio- nal de Estadísticas y Censos, este Ira- bajo pretende aportar elementos en tres direcciones:

a) Una presentación más exhausti-

CUADRO NRO. l

va de los datos que proporciona el or- ganismo oficial.

b) Algunas líneas de análisis que pretenden aportar a la comprensión de] proceso que vivimos

e) Evaluación de las propuestas ofi- ciales y altemativas frente al problema.

Intensidad de la disponibilidad para la actividad laboral: Grupo de población

segun gradación de la intensidad

Ocupados plenos Año Onda PEA(1) Desocupados(2) Demandantes de Subocupados no sobreoeup. no Total (6) empleo ocupados(3) demandantes(4) demandantes %

% % % disponibles(5)% 199) Mayo 1C!) 3.50 13.30 4.33 11.95 38.71 Octubre 100 SID 12.83 5.41 11.91 36.14 1991 Mayo 100 5.31 12.40 4.70 11.23 34.84 Octubre 100 5.30 10.94 4.31 10.59 31.91 1992 Mayo 100 5.70 12.80 4.47 9.64 33.56 Octubre 100 6.70 12.70 4.CB 9.37 32.48 1993 Mayo 1C!) 10.61 15.27 4.58 9.18 39.59 Octubre 10) 9.53 13% 5.32 8.75 37.54 1994 Mayo 10) 11.05 15.02 5.80 9.0) 41.39 Octubre 103 13.12 18.70 4.73 9r71 44. 25 1995 Mayo 1C!) 20.20 21.20 4.00 8.50 54.0)

(t) Población Econanicamente Activa

(2) Desowpados abiertos (no tienen ocupación y Ia buscan acfivarnente)

(3) Ocupados que buscan activamente otra ocupación (Incluye también subocupados demandantes) (4) Subacupados (ocupados que trabajan menos de 35 hs. y estan dispuestos a trabaiar más) que no buscan activamente otra ocupación

Los sabompados demandantes estan incluidos enla cdumna anterior

(5) Ocupados olmos y sobteocupados (tiabaian 15 o más notas semanales) que no buscan activamente atra ompación.

(6) Calculado sobre la PEA Fuente INDEC

"Im‘lilrdo de Estudios Sobre Estado y Participación de ÍaAsocíacíón de ¡rabajudores del Estado. (ATE).

Cuadernos del Sur

ULA INFORMACION DISPONIBLE

Un analisis más exhaustivo de la información que. proporciona la En- cuesta Permanente dc Hogares (EPH) permite situar cn su completa dimen- sión el verdadero drama que hoy exhi- be. el mercado laboral argentino. Esta dimensión supera, como veremos, la tasa del 18,6% dc. desocupación abier- ta quc tanta alarma causara a panir dc su difusión.

El propio INDEC elabora un indicador que no difunde (ve-r Cuadro Nro. l) destinado a medir la verdadera presión de. «búsqueda dc empleo» quc existe en cl mercado laboral.

La observación del mismo permite señalar que para Mayo de 1995, computando tanto a aquellos que no tienen empleo, como a aquellos que dadas sus condiciones laborales o su nivel de ingresos declaran su necesi- dad de trabajar más, un 54’72. de. la Po- blación Económicamcnte Activa (PEA) del Gran Buenos Aires (incluye Capital y Conurbano) se. encuentra afectado por el problema laboral. Se

C UADRO NRO. 3

CUADRO NRO. 2

Octubre Mayo Categoria 1994 1995 Variación 96 96 96

Desocupadps 13.12 20.20 53.00 Demandantesde 16.70 21.20 26.90 empleo ocupados Subocupados no 4.70 4.00 15.50 demandantes Ocupados ptenos ysobreOCupados 9.70 6.60 11.40 disponibles

TQTÁL Matifj ¿“sapo -? ï'jáztoo.

Fuente Elaboración propia en base a INDEC

apilan aqui situaciones de desocupa- ción total, precariedad, subocupación e incluso sobrcocupación.

Al detenerse en la observa- ción del Cuadro Nro 1, puede encon- trarse que el INDEC efectúa una dis- tinción entre las distintas categorías que enla EPH declaran su disponibili- dad a trabajar más. Esta distinción re- mite a diferenciar entre aquellos que «activamente» buscan empleo y quie- nes no lo hacen. Tomando en cuenta

Indicadores demográficos de ocupación e ingreso. por quintiles per capita familiar c

Tramos Hogares ingreso PÍDMÓÍO FW "99W

de los quintites por total Población Población Pobtaaón Población Población

Quintiles en pesos quintil por quintil Menor de Mayor Ocupam Desocupad "X °', ' ' Desde] Hada .o . 14 anos 64anos

0uintil1 7.5 138 18.8 6.9 4.59 1.76 0.29 0.97 0.62 0uirtti| 2 140 205 20.2 10.9 3.45 0.88 0.44 0.99 0.38 Ourntit3 2057 315 20.2 ; 153 3.13 0.53 0.52 1.18 0.29 Ouintil 4 315 5113 20.5 22.4 2.? 0.42 0.38 1.41 0.18 Quintit S 533.3 SUD 20.3 44.5 2.54 0.33 0.26 1.43 0.09

(1) Comprende los hogares en que todos los perceptores responden ingresos Fuente: INDEC

26

Diciembre de 1995

las categorias del Cuadro surge que los «subocupados no demandantes» y los «ocupados plenos y sobreocupados». si bien declaran su disponibilidad a tra- bajar más. no ejercen activamente esa búsqueda. Sin embargo, bueno es acla- rar, casualmente son esas dos catego- rías las que descienden en la EPH de Mayo de ¡995. mientras crecen espec- taculanuente las restantes. (Ver Cua- dro Nro. 2).

Los desocupados plenos y los ocu- pados que demandan etnplco activa- mente sort los que explican el incre- tnento del indicador en la medición de Mayo. Surge así que el 41.2% dc la PEA del Gran BucnosAires refleja pro- blemas laborales de gravedad crecien- te. Por ende, tomando como límite in- ferior el porcentaje señalado (41,2%) y como límite superior el que brinda el Cuadro Nro. l (54%). estaríamos ubicando adecuadamente el total' de personas con problemas de empleo en nuestm país. Si bien es cierto que no es tecnicamente aceptable aplicar los porcentajes del Gran Buenos Aires al conju‘nto de la Nación. lo real es que muy probablemente el menor desent-

hogar (l) Tasa Tasa 'oblación Perceptores de de lradiva de actividad desocupación ingresos

flat; - "r 2 ' I 45.52? ' .. jj _.

3.0 1.34 34.7

2.05 1.51 39.9 .

1.71 1:76 46,4 19.9

1 aa 1 84 54.4 11.4

1.03 t 59 6 6

S

plco que exhiben ciertos aglomerados del ittlerior del país. sea compensado por el mayor nivel de informalidad laboral y de subocupaciótt por ingre- sos que suelen tener esas regiones, lo cual lógicamente incrementa las otras categorías que computa el Cuadro Nro. l. Por ende. y haciendo esta salvedad. considerando una PEA de ¡3.100.000 personas los argctttinos con problemas de empleo se ubicarían entre los 5.397.200 y los 7.074.000.

Como cs lógico, el drama que plan- tea el cuadro ocupacional se expresa con absoluta claridad al observar la si- tuación que en materia de ingresos atra- viesan los hogares del Gran BucnosAi- res. La consideración de este puttto le otorga mayor relevancia aún al indi- cador expuesto en el Cuadro Nro. l- Básicamente porque el deterioro en los niveles de ingreso (comparado con el valor de la canasta familiar) adquiere una magnitud tal que justifica de ma- nera absoluta la inclusión de ocupados e incluso sobreocupados entre. los ar- gentinos con problcntas de. empleo.(Vcr Cuadro Nro. 3.)

Los tramos de los quintiles que ex- hibe el Cuadro correspottden a franjas de ingresos donde multiplicando cl valor que aparece como límite supe- rior. por la cantidad de población que en prontedio rcflcjatt los hogares dc esc quintil, se obtiene el ingreso total máxi- mo que pueden alcanzar los hogares de esa franja (no quiere decir que. todos la alcancen). Por ejemplo, enel quintil l multiplicando 5138 por 4,59, surge que el ingreso maximo que puede re- unir un hogar dc esa categoría ascien- de a 5633. Dc este modo. al rcformular

Cuadernos del Sur

el Cuadro surge lo siguiente:

CUADRO NRO. 4

Nivel máximo de Tasa de Quintiles ingreso de los Hogares desocupación hogares S % 1 633.0 13.8 33.8 2 703.0 20.2 27.8 3 10M .7 20.2 19.9 4 1549.9 20.5 11.4 5 20320.0 20.3 6.0

Fuente: Elaboración propia en basela INDEC

La conclusión es más que eviden- te, el 79,7% de los hogares del Gran Buenos Aires están por debajo de un nich de ingresos total de 51549,19. Asi- mismo, el 59,2% de los hogares tienen ingresos menores a 31001]. Por otra parte, el 39% de los hogares está por debajo de los S703. Los valores ex- puestos deben compararse con una ca- nasta familiar, que para una familia tipo integrada por 4 personas del Gran Buenos Aires se ubica cn 3976,19 (ci-

CUADRO N RO. 5

fra que, incorpora sólo una parcialidad de los gastos en vivienda, salud e indumentaria).

Corresponde aclarar en este punto dos cuestiones: En principio que para los sectores de más bajos recursos (pri- nter quintil) es mayor Ia tendencia a conformar hogares con más de 4 per- sonas (en promedio 4,59) lo cual tien- de a incrementar el valor de Ia canasta de referencia. En segundo Iuga r, la tasa de desocupación que pa ra e] Gran Bue- nos Aires alcanzó el 20,2% exhibe se- gún se observa en los Cuadros 3 y 4 una distribución absolutamente des- igual. Los dos primeros quintiles pre- serttan tasas de desempleo significati- vamente superior a Ia media. Ascien- dert al 38,8% y al 27,8% respectiva- mente. En síntesis, los más pobres so- portart niveles de desocupación más altos.

Otro elemento que surge al exami- nar Ia información del INDEC, es la

Tasas de desocupación desagregadas por tipo de desocupado y causas de cesantía (l)

___Qtaoflu.ems.Atres' Granfiosatio Tipo de desocupado 1996 1994 1995 1993 1994 Octubre Mayo Octubre Mayo Octubre Mayo Octubre

t.AnttguosTrabajadores 8.2 1.1 Cesantes por causas laborales 6.6

Despidos 2.5

Falta de trabaj. 1.5

Finalización de trab. temporario. 1.0

Por condiciones de trabajo. (2) 1,4 1.2 Cesantes por motivos personalesla) 1.6 2 Nuevos Trabajadores 1.4

t) Tasas adecuadas para cada uno de los grupos sobre Ia PEA

(2) Incluye a ocupados que «le pagaban poco», la tarea era «por debajo de su calificación» o referían a otras causas labora-

les como que u le dejaban de pagar»

(3) Incluye «causas personales», «jubilación». «retiro voluntario»

(4) Incluye n/s, n/r «Causas de cesantía» (0.2%) Fuente: INDEC

28

Diciembre de 1995

CUADRO NRO. 6

Gran Buenos Aires Gran Rosario 1993 19% 1993 1995 Octubre Mayo 93 Octubre Mayo % TOTAL 9.6 20.2 110.0 11.8 20.9 77.0 Finalización trabajo temporario 1.0 3.9 2910 1.1 2.5 127.0

Fuente: Elaboración propia en base a. INDEC

baja significación que tienen sobre la tasa de desempleo los trabajadores ex- tranjeros. Para el Gran Buenos Aires sobre el 20,2% de desocupación, los «migrantes de los últimos cinco años» apenas representan el 0,3%. Sobre la tasa de empleo correspondiente a 1994 (36,%) sólo alcanzan al 0,5%. Más aún, los estudios hechos por el INDEC recalculando la tasa de desocupación luego de aislar la influencia de los tra- bajadores extranjeros, no logra redu- cir siquiera en un purtto la tasa de des- empleo. En síntesis, el argumento ofi- cial compartido en más de una ocasiótt

____G.taamgba-

1993 1994 Octubre Mayo

por el Secretario General de. la CGT Gerardo Martínez y que diera lugar a la sanción de una ley por parte del par- lamento nacional, no pareciera apun- tar a resolver ningún aspecto sustan- cial del fenómeno en cuestión.

Un último purtto nos interesa des- tacar en este análisis de Ia información disponible. El Cuadro Nro. 5 que pre- sentamos permite examinar la tasa de desocupación por tipo de desocupado y causa de cesantía. Resulta notorio al observar los datos, el crecimiento derr- tro del total de desocupados de aque- llos «antiguos trabajadores» que ingre- san a la situación de desempleo, tanto en el Gran Buenos Aires como en el Gran Rosario, esgrimiendo como cau- sa la «finalización de trabajo tempora- rio».

Para ser más gráficos comparernos el crecimiento de la tasa global de des- ocupación en ambos aglornerados con el crecimiento del ítem denominado «finalización de trabajo temporario». Es obvia (ver Cuadro Nro. 6) la acele- ración que exhibe el ítem considerado como causal de desocupación. Mien- tras la tasa de desempleo crece en los dos últimas mediciones, para ambos distritos, entre un 77% y un 110%, los desocupados por «fin de contrato tern- poral» se incrementan entre un 127%

y un 290%. Parece fundamental desta- car este purtto en un contexto como el actual donde el gobierno funda parte de su ofensiva flexibilizadora en la prortrociórr vía subsidio de los «con- tratos temporales».

Le jos de promover el empleo como alega el discurso oficial estos contra- tos hart irtcrernerrtado su participación (como causa) en Ia tasa de desocupa- ción. llegartdo a explicar cl 20% del rtivcl de desempleo observado en Mayo de este año. En realidad bajo un marco recesivo, estas formas contractuales sólo garantiran la reducción de costos para los empresarios viabilizando pro- cesos de ajuste y expulsión de perso- nal.

ll) LAS LINEAS DE ANALISIS SOBRE I'll, PROBLEMA

El gobierno nacional e. incluso una parte significativa del discurso domi- nante suclerr asociar los niveles de des- empleo alcanzados con el impacto «na- tural» de la globalización y el cambio tecnolt'igico. También suelen presentar este problema como un accidente del modcl‘o en vigencia. De un modo u otro se pretende desplaïar la responsabili- dad dc la política oficial sobre el pro- blema laboral. Las experiencias de Ja- pón y Alemania con tasas de desem- pleo rrrttcho mas bajas que la Argenti- na y una densidad tecnológica induda- blemente mayor ponen límites a las interpretaciones fundadas en el deter- minismo ICL‘IIOIÓgÍCO. Asimismo, una evaluación ajustada de la experiertcia angentina permite destruir la interesa- da interpretación oficial respecto al

«accidente» que el modelo pareciera haber encontrado en su camino.

las líneas que siguen intentan de- mostrar que la tasa de desempleo al- canzada tiene niveles de «organicidad» indisimulables con el nrodelo en vigen- cia, con la «rigidez» de la política ofi- cial y con la reproducción y amplia- ción del interés de determinados agen- tes económicos. En síntesis, para quie- nes escriben estas líneas el desempleo no es un accidente del modelo. Es más, una coyuntura de desempleo genera. lizado resulta funcional a su conso- lidación. Las razones que explican esto sort las siguientes:

a)l,os cambios en la relación en- tre economía y empleo

¡990 decreta un punto de inflexión en la relación entre economía y emi pleo en la Argentina. Hasta ese'nromen- to el crecimiento del PBI era acompa- ñado por la caída en las tasas de desem- pleo. Dc ahí en más, el crecimiento de la economia nacional es seguido por el autncnlo en la desocupación. El gra; fico que presentamos a continuación compara la evolución del PBI'de la Irtdustria y la Construcción con la ten- dencia exhibida por nuestra economía en materia de. subocupaciórt y deserer pleo. '

Resulta notorio que las curvas de PBI y desempleo son asimétricas has- ta 1991. A partir de ese año la simetría es notable y ambas curvas reflejan un comportamiento ascendente. Con- cretamente, a partir de la Conver- tibilidad y en el mach dc las profun- das reformas estructurales vividas por la Argentina, se abren paso dos tenden-

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Diciembre de 1995

16h iii:

19.410“ 1!“ 1.01 1m 19.9 19001901 1m 1m 1904

i ramas) mmm) —— SumndoW) Indie. PBI ¡»aye _ FUENTE: CEOE. en base a datos del INDEC, Ministerio de Economia.

8 lndle..1m=100%

cias cOntrapuesias que al'eelan decidi- damemc el mercado laboral. Por un lado explotó la tasa de. ncliVidad. es decir novel indicador q'ue refleja 1a evolución de 1a cantidad de gente que busca empleo. E1 Cuadro Nro. 7 exhi- be la evo‘lnei'óir de la Población Urba- na Total, de la PEA urbana total, y de ¡a tasa dc actividad.

CUADRO “NRG. 7

Coheebio Promedios anuales 19901991 19921993 19941995'

Pob.urbanaiolai

(núl.dep’ersonas) 279 28.4 28.0 29.5 30.1 30.6

PEA urbanalalá

(hildepersonas) 10.9 11.2 11.6 12.2 12.3 13.1

Tasade adividái

(‘Adeiapoblación

labial) 39.0 39.5 40.0 41.0 41.0 42.3

‘Corr'espo'ndea’nayo

Fuei'mx Elaboración propia en base a INDEC

Por olro, progresivamcnle la eco- nomía argenlina fue perdiendo (en el ¡na rco de las denominadas rcl'onnas es- |ruelurales) capacidad para generar empleo.El indicador que nos perrnilc observar eslo es la ¡asa de empleo (por- centaje de la población ocupada sobre la población Iolal)

Cl IAI)R() N RO. 8

199) 19911992 1993 1994 1985 36.1 370 37.3 37.3 363 349

Concepto Tasa de empleo

Fueme' INDEC

Mienlras la lasa dc aclividad cre- ció cnlre. 1991) y 1995 un 964. la tasa de empleo cayó un 4%..

En números ahsolulos y desde. la Convertibilidad el proceso ha sido el siguiente:

Ener 1991 y ¡993, se crearon 495.501) pucslos de trabajo. Sin cmha r- go en ese mismo período. 1a cantidad

Cuadernos del Sur

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de gente con intención de trabajar cre- ció en 1 millón de personas. La dife- rencia entre ambos valores explica el crecimiento en la tasa de desempleo (quedaron desocupadas 504.500 perso- nas). Entre 1993 y 1994 la gente con intención de trabajar siguió creciendo (100.000 personas más) ¡mientras que la economía comenzó a destruir em- pleo (se destruyeron 77.200 puestos de trabajo). Consecuentemente, en dicho período los desocupados crecieron En 177.200 personas.

Los números son elocuentes de- muestran que la economía comenzó a destruir empleos con anterioridad al denominado «efecto tequila» . Así, 1994 es un año donde la tasa de des- ocupación termina ubicándose en un 12,2% para la medición de octubre, con anterioridad al impacto de la crisis in- ternacional sobre América Latina en general y nuestro país en particular.

Consecuentemente, el retorno de los capitales, objetivo deseado por el gobierno nacional si bien puede mo- derar los niveles actuales no resuelve un problema que indudablemente es- taba planteado con antelación. Conti- nuando con el análisis, entre 1994 y 1995 la gente con intenciones de tra- bajar sigue aumentando (800.000 per- sonas más), mientras en la economía argentina se destruyen 246.900 pues- tos de trabajo. En consecuencia el desempleo se incrementa en 1.046.900 personas.

El cuadro NQ 9 sintetiza el proceso vivido durante el período menemista en materia ocupacional. Demuestra que a excepción del año 1991 donde cae la cantidad de personas desocupadas, de

ahí en más la desocupación crece de manera permanente gobernada por el incremento de la PEA y la visible desaceleración de la capacidad de ge- nerar empleo de la economía argenti- na. Esta desaceleración que caracteri- za los años 1992 y 1993, se transfonna en destrucción neta de puestos de tra- bajo en 1994 y 1995. La consecuencia de este proceso es la siguiente evolu- ción de la Ocupación urbana.

CUADRO NRO. 9

AÑO PEA Empleo Desocupación Desggzlados 1990 306600 1991 300000 436100 -136100 670500 1992 400000 309000 91000 761500 1993 600000 186500 413500 1175000 1994 100000 -77200 177200 1352200 1995 300000 246900 1046900 2399100

Fuente: Elaboración propia en base al INDEC

CUADRO NRO. 10

Total Año ocupación urbana 1990 10.1CD.003 1991 10. 536.1 CD 1992 10.845.111) 1993 11.031.611) 1994 10.954.411) 1995 10.707.500

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC

Diciembre de 1995

Cabe acotar que si corregimos el cuadro anterior considerando el efecto del subempleo obtenemos la siguiente evolución de la ocupación plena. (Ver cuadro NQ 11).

CUADRO NRO. ll

199) 10.9%.OCD 1.798.500 9.101.5CD 1991 11.2(DOG3 1.646.4CD 9.553.6(X) 1992 11601000 1757.400 9.842.603 1993 12.20100) 2.275.3(D 9.924.7(D 1994 12.313.003 2.681.400 9.618.600 1995 13.103.111) 3.916.903 9.183.103

Fuente: Elaboración propia en base al INDEC

El examen comparado de los cua- dros 9, 10 y 11; demuestra que el cre- cimiento dela ocupación durante el go- bierno de Menem (607.500) está go- bernado por el incremento de la subocupación, la cual sin duda algu- na. es un indicador (parcial) de la precarización. Así, si no se considera el subempleo dentro del total de ocu- pados a los efectos de evaluar la evo- lución de la ocupación plena surge que mientras la PEA creció un 20% desde 1990, el empleo se mantiene prácti- camente estancado desde esa fecha (apenas creció un 0,8%). Si la compa- ración relativa a los ocupados plenos se hace tomando como referencia el año 1991 (fecha de inicio de la convertibilidad), se observa un descen- so neto de la ocupación (370.500 ocu- pados plenos) que es mayor aún si la

comparación se efectúa con los años 1992 o 1993 (entre 650.000 y 750.000 ocupados menos).

Examinaremos ahora sucintamen- te las razones por la que crece la PEA. Nuestra interpretación se aleja de la visión oficial que vincula este compor- tamiento con el deseo de trabajar de la gente frente a las inmejorables opor- tunidades que se le presentaron duran- te el período menemista. Habiendo vi- vido en la Argentina de los últimos veinte años parece razonable entender que el deterioro progresivo y sistemá- tico de los ingresos familiares recibió un golpe mortal con la hiperinflación de 1989/90. Consecuentemente a la salida de dicho proceso se vive un au- mento permanente de la tasa de activi- dad. Sobre esta situación operan las re- formas estructura les. El impacto de la apertura y las privatizaciones traduci- do en el creciente desempleo de jefes de familia profundizó al extremo la caída de los ingresos familiares y pro- movió la panicipación en el mercado laboral como activos demandantes de empleo de varios miembros de la mis- ma (madre, hijos, jefe, etc.) El creci- miento de la PEA correspondiente a los años 1992 y 1993 responde fundamen- talmente a estos procesos. Durante todo el período también se vivió el crecien- te ingreso al mercado de trabajo de las personas mayores dc 60 años (del 24% en 1984, al 29% en 1988 y al 33% en 1992), tanto por el deterioro de los ha- beres jubilatorios (en 1992 equivalían a la mitad de 1983) como por las re- formas oficiales (parches) al sistema de seguridad que elevaron la edad para el retiro de 60 a 65 años.

Cuadernos del Sur

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Por otra parte, y frente al proceso descripto. el cuadro Nro.10 ilustra res- pecto a la progresiva dificultad que presenta la economía, en el mareo del plan oficial, para generar ocupación. Durante todo el período en considera- ción el sector público operó como expulsor neto dc fuerza de trabajo en razón del ajuste de las cuentas públi- cas y de. las privatizaciones. EI sector industrial, el de la construcción y el area de servicios que absorbieron em- pleo entre 199] y 1993, perdieron pro- gresivamente su impacto dinamizador. A nivel industrial, Ia apertura potencia. da por el tipo de cambio fijo operó sus- tituyendo partes y piezas locales por componentes importados (con su se- cuela de cierre de empresas) y promo- viendo una fuene racionalización de personal en las firmas líderes como modo de ajustarse a las condiciones de competencia que planteó el ingreso de producción importada (en las firmas líderes del sector industrial, el PBI cre- ció un 35% entre 199] y 1994, y el personal se redujo en un 10%).Asimis- mo, la saturación! del mercado inmo- biliario puso límites al crecimiento de la construcción que hacia 1993 ingre- sa en un momento de estancamiento. Por su lado, el área de servicios enca- ra, desde ese mismo año, estrategias de racionalización de personal funda- mentalmente cn el ámbito de las em- presas recientemente privatizadas. Llc- gamos así a 1994 sin absorción de. empleo por parte de ningún sector e incluso con destrucción neta de pues- tos de trabajo.

El año 1995 merece. una explica- ción adicional. Al proceso permanente

dc crecimiento en la tasa de desocupa- ción que, como consecuencia de la evo- lución inversa de la tasa de actividad y de la tasa de empleo, ya exhibía el mo- delo a fin de 1994, se le agrega el im- pacto del mal denominado «efecto tequila». El colapso del sistema de cre- dito que había sostenido los niveles de consumo de la economía argentina y había posibilitado posponer la agonía de. innumerables establecimientos pe- queños y medianos, decreta la caída brutal de la demanda interna y el cierre inmediato de firmas que se encontra- ban en e.| límite. Es decir, la caída del consumo define la inviabilidad de ne- gocios que venían sosteniendose en base. a endeudamiento. Asimismo, la franja de infonnalidad (kioscos, remises, taxis, mieroemprendimientos varios) que cre- ció como alternativa de sobrevivencia al desempleo en base a la utilización de las indemnizaciones o los retiros volun- larios, también encuentra un límite pre- ciso ante la caída de la demanda y la dificultad para sostener costos impo- sitivos, tarifarios, de alquiler, elc..

Lo descripto define a 1995 como un año que combina en razón del pro- ceso expuesto. un espectacular incre- mento de la PEA, con una fuerte des- trucción de puestos de trabajo. En suma, un crecimiento exponencial de la tasa de desempleo.

Lo desarrollado en este punto ¡nues- tra con claridad como, a partir de 1990, las políticas oficiales plantean efectos sobre el mercado laboral que produ- cen el crecimiento de la desocupación.

b)_ El impacto de la política ofi- cial sobre el costo laboral

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Diciembre de 1995

El Plan de Convertibilidad logro dos aspectos en lo relativo al costo la- boral. Por un lado encarecerlo en dó- lares, y por otro transformarlo en prác- ticamente el único costo de la econo- mía argentina.

El manejo indiscriminado de la apertura comercial. _\' la «rigidez» de la política ecom'nnica son las claves que explica n ambos proccsOs.

Respecto a la apertura. el ingreso irrestricto de productos importados sos- tenido tanto por la rebaja arancelaria mino por el tipo de cambio t'ijo puso límites a la evolución de precios de los bienes sujetos a la competencia exter- na. En razón de esto, se contuvo la evo- lución dc los precios mayoristas (fun- damentalmente industriales. 8,92% para el período marzo 199] - diciem- bre 1994). Sin embargo, en tanto la apenura no incide sobre los precios de. los bienes y servicios no transables (no sujetos a la comjwtencia externa) esto pemiitió que dada la ponderación ma- yor que estos últimos tienen sobre el Indice de Precios al Consumidor, este sc incrementara en un 58,77% durante el mismo período (bastante por enci- ma de los precios mayoristas). En tan- to los salarios tienden a ajustarse en relación al Indice de Precios al consu- midor, aún siguiendolo de atrás y con descenso en cl salario real, su evolu- ción tendió a ser superior a la del lndi- ce de Precios Industriales durante la Convertibilidad. La consecuencia de este. manejo «desregulado» de la aper- tura y de su impacto distorsivo en el terreno de los precios dc la economía, permitió que la Conve ¡tibilidad pudiera lograr una paradoja pocas veces vista:

«caida del salario real e incremento del costo laboral». Debe consignarse. que si la medición de este último se efec- túa en dólares su incremento es ma- yor. Ambos efectos en un mismo mo- vimiento constituyen, sin dudas. un ha- llazgo de la política' local. (Ver Cua- dro Nro. l2).

Por cierto. la consecuencia de este proceso fue la tendencia de las firmas a sustituir mano de obra. Constituye por lo tanto una presión que la apertu- ra cconómica impone. sobre el merca- do laboral induciendo procesos de racionalizacit'rn de personal en función de la evolución de los precios relati- vos de la economía argentina. En este sentido. el debate dominante respecto al costo laboral orientado a garantizar la reducción de los aportes patronales y/o de los salarios nominales, consti- tuye un modo parcial y sectorialrnente interesado de presentar la realidad. El cuadro que exhibimos es elocuente res- pecto a que no son ni los sala rios ni las denominadas «ca rgas socia les» (ambos descienden en el período 1990-1994)

CUADRO NRO. 12

Ano Salario Salario Contribución Salario Productividad real costo de cargas uSs (t) 12) soc. más otros (3) costos regul.

1900100001000 100.0 100.0 100.0 1992 97.61310 100.0 133.1 124.3

1994 958 144.0 90.0 155.0 140.6

(t) Salario medio mensual en ta Ind. manufacturera dellacionado por IPC (INDEC)

(2) Salario medio mensual en la ind. manutacturera dellacionado por el IPM. nacional no agrop. (INDEC)

13) Evolución del salario medio mensual de la industria en uSs.

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los que explican el crecimiento del costo laboral. Es el movimiento de los precios a partir de la apertura y la fija- ción del tipo de cambio lo que explica esta situación.

Respecto a la señalada «rigidez» del plan oficial y su efecto en el fun- cionamiento del mercado laboral, debe destacarse que el dispositivo de políti- ca económica aplicado entre 1991 y 1994 condujo a que el objetivo de re- ducir el denominado «costo argentino» se transforme progresivamente en un modo falaz de aludir a la reducción del costo laboral.

En una economía abiena a la com- petencia importada y con tipo de cam- bio fijo, la capacidad empresarial de incrementar beneficios vía fijación de precios se reduce. En este marco las vías para aumentarlo descansan en la posibilidad de reducir costos. Sin em- ba rgo, al intentar hacerlo se observa que:

- Reducir la presión impositiva pre- senta límites dada la imperiosa nece- sidad fiscal de mantener o incremen- tar el superávit público con destino al pago de la deuda.

- Reducir las tarifas correspondien- te_s a la infraestructura de servicios pú- blicos privatizados implica modificar los niveles de ganancia de los conglo- merados beneficiarios del proceso privatizador. Situación esta desea rlable desde la óptica oficial.

- Reducir los costos financieros también ettcuentra límites dada la ele- vada dependencia del ingreso de capi- tales que durante el período 1991-1994 exhibió la política oficial. Así las ta- sas locales debían ser superiores a la media internacional.

Por ende, si es imposible modifi- car la presión impositiva, las tarifas y las tasas de interés, la reducción de costos sólo puede operarse haciendo descender los costos laborales. Cabe aclarar que durante el período 1991- 1994, sostenido en el ingreso de capi- tales y en el proceso privatizador, con crecimiento en el nivel de actividad económica y aumento de la recauda- ción tributaria existía margen para di- luir esta presión (por lo menos en par- te) sobre la base de las estrategias de devaluación fiscal y del subsidio cru- zado en las tarifas de los servicios pú- blicos privatizados. En la primera, los recursos públicos se utilizaban para compensar los efectos distorsivos que sobre la ganancia de los sectores de bienes transables en general y de los productos de exportación en particu- lar, generaba el dólar fijo. Así se instrumenta ron desgravaciones imposi- tivas y reembolsos a las empresas com- pensados por el incremento de una re- caudación eminentemente regresiva. En la segunda, con el mismo objetivo, las tarifas sobre el consumo domici- liario y la pequeña y mediana propie- dad subsidiaban a los grandes usuarios (mas allá de los precios intrafirma vi- gentes en los conglomerados que lo- graron integrarse). En la resente fase recesiva de la Convertibilidad signada por un menor ingreso de capitales, des- censo en el nivel de. actividad econó- mica. caída de la recaudación y agota- miento de las privatizaciones, las es- trategias dc reducción de costos o in- cremento de los beneficios reciente- mente expuestas tienden a agotarse. Por ende, adquiere centralidad en este

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Diciembre de 1995

periodo la presión hacia la baja sobre los costos laborales. Tanto sobre el componente de cargas sociales en tan- to la ecuación fiscal lo pennita, como sobre el propio salario nominal. Es en este punto donde la tasa de desocupa- ción en ascenso adquiere niveles absolutos de funcionalidad con el prin- cipal objetivo de la política oficial: «reducir los costos laborales».

c) El carácter de la salida expor- tadora

Este rasgo no deviene del proceso económico iniciado en 1990. En reali- dad, desde 1976 a partir de la ruptura del proceso de industrialización con destino al mercado interno y bajo predominio de la valorización finan- ciera el salario fue perdiendo impor- tancia como componente de la deman- da global. A partir de las reformas es- tructurales planteadas por la adminis- tración ¡menemista (fundamentalmen- te el impacto del proceso de apertura con su secuela de deslocalización te- rritorial de la producción) y bajo las condiciones de un nuevo escenario in- ternacional, que ante las restricciones financieras obliga a consolidar la sali- da exportadora, la relevancia del sala- rio como fuente de demanda decae de manera absoluta. La convalidación de un núcleo exportador completamente desvinculado de la ampliación del mercado interno profundiza al extre- mo el papel del salario como factor de «costo», promoviendo de manera prio- ritaria estrategias destinadas a su re- ducción.

En síntesis, lo señalado respecto a

1990 y el cambio drástico que desde ese momento en más se produce en la relación entre crecimiento económico y empleo; el impacto de la política ofi- cial sobre los costos laborales expre- sado en su encarecimiento relativo res- pecto a otros factores y en su transfor- mación en el único costo susceptible de ser reducido; y la convalidación de una salida exportadora divorciada de la ampliación del mercado interno, en nuestra opinión, son argumentos sufi- cientes para demostrar tanto la organi- cidad de la tasa de desempleo con el modelo económico y los agentes que lo sostienen, como Ia funcionalidad de los niveles elevados de desocupación con el objetivo principal de la política oficial cual es el descenso de los cos- tos laborales. Asimismo, la funcio- nalidad se amplía al reconocer que la existencia de un ejército importante de desocupados constituye un fonnidable instrumento de disciplinamiento social. Aspecto este que no debiera descuida r- se dadas las perspectivas de profunda regresividad que plantea a la conti- nuidad del modelo en vigencia, y cuya suerte se juega en la capacidad de de- moler las resistencias políticas y socia- les que puedan exhibirse frente a las condiciones del aiuste externo y del ajuste fiscal.

III) EVALUACION DE LAS PROPUESTAS OFICIALES Y AL- TERNATIVAS FRENTE AL PRO- BLEMA

En las últimas semanas el gobier- no nacional anunció un conjunto de iniciativas destinadas, supuestamente, a

Cuadernos del Sur

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paliar la grave crisis ocupacional. Si nuestro analisis anterior es correcto y el desempleo resulta funcional al plan vigente y al esquema de distribución del poder que lo sostiene, difícilmente el destino de las medidas sea el que dice ser. Un examen de las mismas permite augu rar el escaso impacto que estas tert- dran en la tasa de desempleo, así como señalar cuál es el rumbo que efecti- vamente la política económica preten- de imprimirle a la presente situación.

Los anuncios oficiales dieron lugar a dos mensajes distintos. El primero signado por el l'astuoso y típicamente menemista anuncio de un conjunto de proyectos fa raónicos (aeroisla; plan de transpone; plan de viviendas), y la se- gunda gobernada por la lógica impla- cable y los límites precisos del Plan de Convertibilidad.

Respecto a los primeros anuncios, una lectura superficial podría catalo- garlos como un intento «keynesiano» de reactivar la demanda vía obra pú- blica. Sin embargo, esta visión tiene en contrario la propia lógica que go- bierna hoy la política oficial. La tcn- dencia a incrementar el superávit fis- cal genuino bajo Ia restricción que irn- ponc la regresividad tributaria inscri- be la política gubernamental en una lógica perversa dc: menor actividad - menor recaudación - menor gasto pú- blico - nuevamente menor actividad. Consecuentemente la tendencia a un tnenor nivel de gasto conspira contra cualquier intento de reactivación de la inversión pública. Por lo tanto, el plan- teo oficial descansa en el indomable y frenético espíritu inversor del capital privado. La experiencia argentina es

elocuente respecto a que la capacidad de realizar efectivamente obras públi- cas de la envergadura de las expues- tas, sólo se alcanzó cuando el Estado respaldó (vía subsidio de algún tipo) la concreción de' las mismas. Quizás por eso, dc todos los anuncios efectua- dos el único en capacidad de. realizarse en forma inmediata es el plan de vi- viendas. Básicamente porque es el úni- co proyecto donde ya está definido el subsidio oficial. En la propuesta origi- nal del citado plan una parte de los re- cursos cra aportada por el Banco Hi- potecario Nacional y otra por el sector privado. En las últimas infonnaciones trascendió que la totalidad de los re- cursos serían aportados por el Banco Hipotecario. Obviamente con destino a subsidiar las denominadas «vivien- das popularcs». Cabe aclarar que. se.- gún trascendió también el valor del metro cuadrado de las construcciones que se planean se ubicaría en USS 751i. La cifra citada deja en claro que mas allá de lo populares que puedan ser las viviendas, lo que resulta evidente es «lo privado» del subsidio a las cons- tructoras. Por otra parte, más allá del mentado negocio inmobiliario asocia- do con los predios del Aeroparque, el conjunto de los anuncios presenta im- portantes puntos de contacto con cs- trategias ya utilizadas en nuestro país y que no han dejado buenas expe- riencias. Nos referimos concretamen- te a las autopistas que se eonstruyeran en Capital Federal en tiempos del intendente Osvaldo Caccialore, que ex- plican partc importante del endeuda- miento cxterno argentino y que aún hoy comprometen los recursos que por

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coparticipación le corresponden a la Capital Federal. Es decir, los anuncios del presidente Menem parecieran pre- tender viabilizar ciertos proyectos co- locando al Estado como tomador de deuda extema, prestador de avales o generador de interesantes rentas inmo- biliarias (en desmedro del espacio pú- blico) en favor del Sector Privado.

En síntesis, la intervención fiscal vía obra pública para invertir el cielo recesivo pareciera una estrategia razo- nable. Sin embargo, los condiciona- mientos macroeconómieos transfor- man en inviable la recuperación de la inversión pública. Consecuentemente la tendencia esperable es sostener con endeudamiento externo público o des- guace del espacio urbano la viabilidad de proyectos faraónicos y de dudosa conveniencia. Por otra parte, los pues- tos de trabajo que podrían crearse a tra- vés del plan de viviendas anunciado como de inmediata realización (aproxi- madamente 100.000) no llegan siquie- ra a compensar el compromiso de eli- minar 130.000 cargos públicos que ya han tomado once provincias.

Las medidas anunciadas en segun- do témtino pueden ordenarse del si- guiente modo:

a) Reducción (en tres etapas) de las contribuciones patronales.

b) Paquete impositivo destinado a combatir la evasión que junto a la mo- ratoria previsional y tributaria anuncia- da días antes busca sostener una recau- dación que se cae y compensarel «agu- jero fiscal» que genera la medida an- teriormente señalada (reducción de aportes).

c) Nueva ley de negociación colec-

tiva y regímenes modernos de asigna- ciones familiares, trabajo doméstico y trabajo rural.

d) Un conjunto de medidas socia- les de carácter asistencial.

Analizaremos ahora cada uno de los items.

a) Sobre la reducción de aportes patronales debe destacarse que la mis- ma no supone, necesariamente, impac- to alguno en términos de empleo. La propia experiencia reciente así lo indi- ca. En realidad durante todo 1994 ri- gió la reducción de aportes sin que esto evitara que el desempleo creeiera en nuestro país. Bueno es recordar que, mientras esta misma medida regia, la desocupación trepó al 12,2% constitu- yendo 1994 el primer año de destruc- ción neta de puestos de trabajo duran- te la Convertibilidad. Cabe aclarar que la reducción de aportes podría vincu- larse con una estrategia de generación de empleo, en tanto se trate de un sub- sidio selectivo atado a proyectos con- cretos de inversión con demanda de mano de obra. De lo contrario y en los términos en que está planteado, se con- suma un subsidio generalizado a la ga- nancia empresaria sin efecto alguno (por lo menos garantizable) en térmi- nos de ocupación. En la línea de lo que afirmáramos en los puntos anteriores de este trabajo, esta medida se inscri- be en el remanido objetivo de reducir los costos laborales.

Por otra parte, las limitacio- nes fiscales que impidieron sostener en el tiempo las reducciones en los apor- tes vigentes en 1994 no sólo no han desaparecido sino que se han incremen-

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tado. Es por esto que el anuncio está condicionado a una implementación en tres etapas cuya concreción sólo se efectuará en función de. la evolución que reflejen las cuentas públicas. En realidad, más allá del paquete fiscal anunciado, el verdadero activo del Ministro de. Economía para viabilizar esta reducción es el «waiver» prácti- camente garantizado por el FMI y que lo libera de la obtención de un superá- vit fiscal de USS 2.000 millones en el segundo semestre del año.

b) El paquete impositivo anuncia- do y presentado como combate a la evasión se inscribe en la lógica de acen- tuar la presión sobre el impuesto a las ganancias en base a:

- el establecimiento de un nuevo sistema obligatorio de cajas registra- doras con memoria inviolable.

- la obligatoriedad por ley de las personas que pagan impuestos a la ga- nancias de justificar sus gastos (poste- riormente esto fue relativizado por el propio ministro) con la presentación de facturas.

- Un nuevo proyecto destinado a restablecer la nominatividad de las ac- ciones.

Más allá del análisis tributario es- pecífico que estas medidas exigen, el primer punto a señalar es que poco aporta rán en la cuestión del desempleo. Aspecto que resulta preocupante ya que los comentarios que formulamos res- pecto a la reducción de aportes en el punto anterior, tampoco garantizaban impacto alguno. Respecto a los anun- cios impositivos, pa rece obvio que res- ponden a la tendencia declinante que

inexorablemente presenta la recauda- ción y, también al objetivo de presio- nar sobre la franja de contribuyentes medios con el objeto de cubrir el ba- che fiscal que a futuro plantea la reba- ja de los aportes patronales. Por otra parte la estrategia adoptada sigue pos- tergando un debate a fondo sobre la progresividad que en materia de im- puestos debiera incorporar la Argenti- na. En este sentido, resulta importante señalar que en el presente contexto de caída de la actividad económica la eva- sión responde en un nivel significati- vo a las estrategias de sobrevivencia que desarrollan ciertas unidades (fun- damentalmente Pymes), las cuales en tanto vivan un incremento de la perse- cución fiscal difícilmente puedan con- tinuar su actividad. En razón de esto, los objetivos fiscales no se cumplirán y la persistencia en este tipo de estra- tegias tiende a incrementar la concen- tración económica e incluso se consti- tuye en un factor adicional de genera- ción de desempleo.

El problema central de la Argenti- na de hoy en materia tributaria no es tanto la evasión sino la elusión. Es de- cir, las formas de evasión legal que tie- nen los principales conglomerados em- presarios. La esquizofrenia nacional llega al extremo de disociar los instru- mentos regulatorios y de intervención del Sector Público (Ej.: impuestos) del reconocimiento del sujeto principalde la economía. Es decir, el grupo empre- sario comoforma de organización ex- presa del capital intento mas concert- trado no es considerado como sujeto jurídico-legal.

En realidad, la diversificación que

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presentan estos conglomerados, la in- tegración horizontal y /o vertical que exhiben y su carácter trasnuacionaliza- do, les pemriten disimular ganancias y exponerlas en los paraísos fiscales.

Por ende, la necesidad de avanzar en un esquema que unifique la factu- ración y el patrimonio de cada grupo empresario y establezca gravámenes sobre renta presunta y patrimonio con- solidado parece el rumbo lógico de cualquier estrategia seria sobre pro- gresividad tributaria.

c) La incorporación en el conjunto de medidas destinadas a combatir el desempleo de la Nueva Ley de Nego- ciación Colectiva carece de sentido alguno respecto al objetivo específico (el empleo). En realidad, sólo puede interpretarse como una profundización vía descentralización de la negociación colectiva, de las condiciones de flexi- bilización laboral.

d) Las medidas de asistencia social son las siguientes: - Extensión de la cobertura médica y el subsidio por desempleo a trabajadores jefes de hogares mayores de 40 años que hayan dejado de cobrar sus prestaciones por desempleo. Así formulada esta iniciativa resulta por demás ambigua. Máxime cuando no se precisa si se incrementarán los fondos con destino a las políticas de empleo. De hecho, en este mismo paquete la reducción de aportes tiende a desfinan- ciar el Fondo Nacional de Empleo ya que este se nutre de un porcentaje fija- do sobre la nómina de salarios. Así las cosas, tomando en cuenta que el sub-

sidio por desempleo sólo alcanza a 100.000 personas sobre un total de 2.400.000 de los cuales son jefes de familia el 30,2% (724.800) la pro- puesta oficial resulta además de ambi- gua, suficientemente escasa.

- Programas de empleo temporario directo con el Ejército y empresarios privados. Continúa la ambigüedad, no hay cifras ni acuerdos concretos que se hayan explicitado debidamente.

- Eximición de cargas previsionales a quienes contraten trabajadores ma- yores de 55 años a los que les falte la edad necesaria para jubilarse. Más allá del impacto seguramente escaso de esta medida, es la primera que mantiene relación directa con el problema.

- Inversión de 400 millones de pe- sos anuales en la implementación de un plan socia] alimentario nutricional. Pese a las críticas que en su momento se efectuaron el gobierno parece recu- rrir a una variante del PAN que instrumentara el gobierno de Alfonsín. En lo relativo a los fondos no suponen fondos adicionales a los ya previstos en el presupuesto.

- Puesta en marcha de proyectos sociales financiados por el Tesoro Na- cional y con financiamiento internacio- nal por monto de 650 millones de pe- sos. No se trata de fondos adicionales, sino de proyectos y financiamiento ya previsto.

- Otorgamiento de becas de forma- ción y ampliación del Proyecto Joven. No existen precisiones sobre estos anuncios.

- Inversión en capacitación por 200 ¡trillones de pesos para el período 1995- 1996. No se especificó si son adicio-

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nales a los ya existentes.

- Programa de mejoramiento barrial para areas pobres dc las ciudades y fi- nanciamiento para iniciativas comuni- la rias. Arribas definiciones sort para el año próximo.

En síntesis, la reducción de apor- tes anunciada no constituye una estra- tegia inmediata cn la lucha contra el desempleo: el paquete impositivo en tanto accnlt’r‘a la presión sobre los sec- tores medios puede promover mayor expulsión dc trabajadores; lu descen- tralización de la negociación colec- tiva profundiza la flexibilidad insti- tucional del mercado de trabajo pero no promueve empleo, y las tnedidas asistenciales no reflejan la voluntad

CUADRO NRO. 13

oficial de incrementar los fondos des- tinados a a paliar las situaciones de emergencia y exhiben niveles de am- bigüedad inaceptables dada la grave- dad dc la crisis. Considercse que mien- tras nuestro país destina a políticas de empleo apenas cl 0,2% del PBl.los países desarrollados invierten conside- rablemente más.

Sin embargo, el hecho de que el paquete dc medidas anunciado no cort- lenga estrategias activas dirigidas a resolver el problema del desempleo no supone que no exista una política. En la agenda de esta etapa del ajuste, la reducción del costo laboral es un eje principal. Aestos efectos cl desempleo ayuda conformando el marco más pro-

Gastos destinados a la política del mercado laboral y pasiva en los paises de ta OCDE

En porcentaje del PBI

Medidas Activas Países Gastos Medidas Total Costos de Medidas de Subsrdios Medidas Ayuda a Apoyo totales pasivas admin. capaci- al de tomento autóno- a grupos laboral tación empleo del empleo mos espeuales (Jóvenes. discapacit.)

Dinamarca 6.53 4.97 1.58 0.11 0.4 0.28 0 0.11 0.66 1992

Alemania 3.46 1.62 1.64 0.24 0.59 0.07 0.44 0 0.3 199.2

España 3.65 3.00 0.57 0.11 0,06 0 13 0.07 0.12 0.06 1992

Francia 2.82 1.94 0.88 0 13 0.35 0 05 0 04 0.02 0.29 1991

Holanda 3.22 2.17 1 05 0.09 0.21 0 03 0.02 0 0 7 1990 '

Suecra 5.99 2.78 3.21 0.24 0,99 0.12 0 3‘ 0 03 1.52 1992

Gran Bretaña 2,23 t 69 0.59 0.17 0.18 0 "0 0 22 O 22 1992

EEUU 0.84 0.58 0.26 0.08 0.08 0 0 0.01 0 09 1991

Japon 0.45 0.32 0 13 0.02 0.08 0.07 0 0 0.01 1990

Fuente: OCDE, 1994

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picio para instrumentar iniciativas en esa dirección (reducción de. cargas so- ciales y rebaja de salarios nominales). Esta perspectiva acompañada por la implantación de. criterios de «flexibi- lidad contractual» extremos tie_nde a instaurar por ley como nueva figura del mercado del trabajo argentino el «asalariado interino». Es decir, aquel que ingresa o sale de la l'irma según el ciclo de actividad de. la misma y sin implicarle costo alguno al patrón. Esta estrategia promueve y Icgali'la un es- quema de rotación permanente de la mano de obra.

En algún sentido, la experiencia chilena es aleccionadora respecto a lo que ocurre hoy en la Argentina. En 1982 Chile alcanzó tasas de desocupa- ción cercanas al 30%. Hoy se. ubica en alrededor del 6%. Resulta indispensa- ble aclarar que. el mercado laboral chi- leno previo al 30% dc desempleo poco tiene que ver con el posterior. Una fuer- te caída del salario real _v la precariza- ción absoluta de las relaciones labora- les fueron los rasgos principales del proceso posterior. No obstante, debe explicitarse que ambos factores son condición necesaria pero no suficiente para explicar el descenso posterior de la tasa de desempleo del país trasandi- no. Hubo también otros aspectos que deben destacarse y en los cuales la perspectiva argentina es, por lo menos, opinable. En primer término, Chile experimentó un crecimiento económi- co ininterrumpido durante once años. Argentina, por su parte, luego del «veranito convertible» ingresó en una fase de estancamiento. En segundo lu- gar, Chile consolidó una salida expor-

tadora fundada en una sólida comple- mentación comercial con los Estados Unidos (rasgo ausente cn el proceso argentino) y un perl‘il de producción cxportablc con mayor capacidad dc. ge- neración de empleo que el que prcscn- ta la economía local.

Rcorientar cl nunbo compro- metiendo la política económica en la resolucion del problema ocupacional exige incorporar como criterio la ne- cesidad de normaliyar la tasa de ganan- cia de los principales conglomerados empresarios. Debe señalarse cn este. sentido que el período 1991-1994 cx- hibe simultaneamenle: crecimientoch Producto Bruto Interno (PBI), descen- so dcl salario rcal e incremento en las tasas de. desocupación. En cualquier lugar del planeta y desde cualquier leo- ría CL‘OllÓlllÍCH, un comportamiento de esta naturaleza supone un espectacu- lar aumento de la ganancia empresa- ria. Obviamente no de todos los em- presa rios, sino de aquellos grupos cco- nómicos que pudieron asociar su expansión al proceso de privati- zaciones, apertura y desregulación. Máxime cuando la intervención fiscal del periodo lejos de atenuar la regresi- vidad la acentuó haciendo recaer las condiciones de pago del endeudamien- to de manera extendida sobre el con- junto de la comunidad. Una tributación de carácter rcgresivo y una rea- signación del gasto público dirigido a financiar dominantemente corrupcio- nes varias, subsidios asociados al pro- ceso privatizador. reembolsos a los exportadores y al sistema privado dc. fondos dc pensión definen las caracte- rísticas principales que adoptó el ac-

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cionar del Sector Público durante el período en cuestión. Incluso, frente al cambio de contexto que vive la econo- mía argentina desde 1995, la prioridad adquirida por la salida exportadora, y la estrategia económica dirigida a re- ducir el costo laboral, resulta notorio que la ganancia de los conglomerados empresarios sigue siendo el norte prin- cipal de la política en curso. De he- cho, y tal cual se describió al analizar las últimas medidas gubernamentales lo único claro de las mismas es la defi- nición en torno a la reducción de apor- tes y, lógicamente, el subsidio genera- lizado que esto representa para la ga- nancia empresaria.

Consecuentemente, lo que se dis- cute cuando se plantea encarar una política de empleo es asumir una es- trategia que revierta el sentido que has- ta hoy adoptan las transferencias de ingresos en nuestra sociedad. Esto exi- ge promover iniciativas de carácter fis- cal, de reforma institucional y de polí- tica económica dirigidas a limitar la tasa de ganancia de los principales conglomerados. En este sentido el ac- cionar debiera reconocer la siguiente dirección:

a) Declaración de la emergencia ocupacional.

b) Transformar el problema del empleo en «Política de Estado».

c) Elevar en consecuencia los re- cursos que invierte el Estado argenti- no en estrategias pasivas y activas di- rigidas a resolver esta cuestión. Fijar un porcentaje (basado en la experien- cia internacional) no menor al 3% ni mayor al 6% del PBI como meta a al- canzar en materia de recursos públi-

cos. Sostener esta estrategia en una política de equilibrio fiscal fundada en criterios de progresividad tributaria y/ o reasignación del gasto tomando en cuenta lo expuesto sobre ambos aspec- tos en puntos anteriores de este infor- me.

d) Derogar la normativa oficial des- tinada a flexibilizar el mercado labo- ral.

e) Establecer como prioridad de las políticas públicas la cuestión ocupacio- nal. Esto supone vincular «selecti- vamente» las estrategias de desgrava- ción impositivas, crediticias y de contratación con el objetivo de gene- ración de empleo. En base a esto, las líneas de trabajo debieran diferenciar tres niveles: sobre los desocupados que ya están en situación de emergencia, sobre las pequeñas y medianas empre- sas y sobre las grandes firmas de la economía argentina . Aestos efectos de- biera:

- Crearse un Instituto Nacional de Empleo solventado con los recursos previstos, coordinado por una represen- tación política y social plural, dedica- do a centralizar el accionar en esta materia y a vincular las estrategias pa- sivas de lucha contra el desempleo (subsidios a los desocupados) con las políticas de. calificación de la fuerza de trabajo y de reinserción laboral.Asi- mismo este Instituto debiera garanti- zar el apoyo directo vía subsidio a los jefes de familia y el mantenimiento de la cobertura sanitaria para el grupo fa- miliar. Debe quedar claro que el tipo de subsidio al desocupado que aquí se propone no adopta la misma signifi- cación que el seguro de desempleo

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previsto oficialmente. En tanto se man- tengan y promuevan normas flexibili- zadoras destinadas a «facilitar el despi- do» el subsidio al desempleado consti- tuye una nueva forma de trasladar cos- tos empresarios al sector público. Por esto adquiere relevancia enla definición del seguro de. desempleo la modifica- ción del contexto de flexibilización la- boral que ha impuesto el gobierno.

- Establecerse una Ley Marco para las pequeñas y medianas empresas con el objeto de que. este tipo de unidades actúe como factor de contención y no de expulsión dc empleo. Esta ley debie- ra incluir en la definición de un pe- queño y mediano establecimiento no sólo el criterio de tamaño sino el de «no vinculación» de esa unidad eco- nómica con un grupo empresario. Esta ley debiera favorecer un tratamiento diferencial en materia crediticia, tari- faria, impositiva y de mercado. Los subsidios que en este sentido se esta- blezcan deben estar atados a metas concretas de generación de empleo.

- Promoverse en las grandes firmas del comercio, los servicios y la pro- ducción, donde se observan importan- tes incrementos de productividad tra- ducidos en una conducta empresarial de exclusiva maximización de benefi- cios, estrategias de negociación colec- tiva que además de incorporar como sujeto de la negociación al grupo em- presario en su conjunto (no sólo a la firma individual) privilegien la nego- ciación por productividad, la reducción de la jornada con mantenimiento sala-

rial, el encarecimiento de las horas extras y la calificación de la fuerza de trabajo a cargo de las firmas.

Como es natural, un planteo de esta naturaleza entra en colisión con la p0- lítica en curso. Requiere de. un marco capaz de limitar la apertura y despla- zar el «efecto armaduría» por una es- trategia dirigida a lograr mayores ni- veles de integración productiva local, promoviendo una salida exportadora para la cual el mercado interno tenga sentido. Supone una expresa definición en favor de crecientes niveles de progresividad tributaria, supone un reordenamiento financiero que privi- legie el rol de la banca pública de fo- mento y demanda una estrategia de regulación sobre los servicios públicos privatizados. En realidad,las líneas ex- puestas implican una reformulacióndel rumbo económico que le otorgue sen- tido a la palabra empleo y pueda com- binar una situación de equilibrio fiscal fundado en criterios progresivos con una estrategia de crecimiento de la de- manda efectiva vía reducción de la jor- nada laboral con mantenimiento de salario, atención de la emergencia so- cial y asistencia a las pequeñas y me- dianas empresas.

Se trata de recrear un marco de po- lítica económica donde tenga sentido y dimensión la palabra empleo. En la agenda actual el capítulo del empleo no existe, sólo existe el «costo labo- ral». La diferencia, como hemos trata- do de evidenciar en este trabajo, no es sólo semántica.

Buenos Aires, septiembre 1995.

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Francia: Ia reducción d I‘ïze po de trabajoy la oo pensaCIÓn salanal*

Alain Lipietz/ Maxime Durand

Lipietz I

La recuperación mundial, inl'lada por la bajada drástica dc las tasas de interés en los EE UU, ha brillado durante un año sin tocar las orillas de la Europa encorsetada por los "criterios de convergencia" de Maastricht.

Mientras pierde velocidad al otro lado dcl Atlantico, parece por l'in to- car sin mucha fuerza las orillas de Francia. Y ya comienza la inquietud: ¿recaeremos en el error histórico, confesado por Michel Rocard, de finales de los años ochenta: contar con ella para asegurar la vuelta al empleo, olvidando la reducción del tiempo de trabajo? En aquel momento, 800.000 empleos creados no habían hecho bajar el paro mas que en un punto, antes del regreso de la recesión.

Pues bien, quizás. La recuperación, que como de costumbre relanza la combatividad de los asalariados, se traduce por primera vez en una ola de huelgas más orientadas hacia el salario. Pero parece haberse l‘ranqueado un umbral: el paro, porque toca a todas las familias, a todas las clases sociales, se ha establecido de forma duradera como el problema económico, social, cultural, ético, y ecológico de nuestro tiempo.

El papel de la recuperación. Ciertamente, la recuperación. si es con- venientemente orientada para permanecer “sostenible”. tanto desde el pun- to de vista del comercio exterior como desde el punto de vista del medio ambiente (y amplios programas de economía de energía y de desarrollo de los transportes en común tendrían doble efecto), sera un auxiliar poderoso de la lucha contra el paro. Por sus efectos directos de creación de empleo

’Sínlesi: del debate rea/¡:ado entre revistas fi'ancesas. Reproducido de Viento Sur N01,o Madrid, fe- brero l 995.

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en primer lugar (como en 89-91). Además, porque, reduciendo la crisis fiscal del Estado y aumentando los beneficios ya confortables de las em- presas, permitirá financiar las otras dos “grandes obras” posibles: el desa- rrollo de un tercer sector de utilidad social, y sobre todo la reducción del trabajo “por todos los conceptos”, edad de jubilación y duración anual o semanal del trabajo.

No olvidemos nunca este punto: la política Rocard/Balladur de alarga- miento de la duración de la cotización para la jubilación es, por misma, un factor de agravacíón en unos 200.000 parados por año. Hay que hacerla retroceder lo más rápidamente posible, antes de soñar con cosas mejores.

Queda la parte más importante: el reparto del trabajo durante la dura- ción de la vida activa, y la más importante subparte: la reducción gene- ral, por vía legislativa o interprofesional, de la duración semanal del tra- bajo (con o sin anualización: dejemos de lado ese asunto). Entonces, sobre este punto, ¿donde está el debate?

Cuatro posiciones. De hecho, se ha movido un poco desde el pasado invierno. En aquel momento, se enfrentaban cuatro posiciones:

1. La posición tradicional de los sindicatos y de la "vieja izquierda": las treinta y cinco horas sin ninguna disminución de salario. Posición irrealis- ta y puramente verbal, pues conllevaría tales dificultades para las empresas que acabaría en una ola de despidos.

2. La posición más generosa para los excluidos, la de un experto de ATD-Quart Monde, Pierre Larrouturou: las treinta y dos horas inmediata- mente, con descenso realista de los salarios, incluso los salarios más bajos.

3. La posición realista “pro-cuadros" de Henri Emmanuelli: no hay que “romper la unidad de los asalariados“, es decir no hay que poner en cues- tión la renta de los altos salarios, “incluso los de 30.000 francos al mes" y consiguientemente, subordinación de la reducción dela duración del traba- jo al ulterior crecimiento de la productividad. En definitiva: las treinta y siete horas inmediatamente, las treinta y cinco más tarde.

4. La posición realista “pro-excluidos” de los ecologistas: las treinta y cin- co horas inmediatamente, con mantenimiento de la renta mensual garantizada a los bajos y medios salarios (los demás: a negociar con los empresarios).

TI'es evoluciones. El primer semestre de 1994 ha marcado tres grandes evoluciones:

- La desaparición casi total de la posición 2. Generosa y económicamente realista (por ello, había encontrado un apoyo en la derecha “humanista“), era políticamente irrealista, puesto que se privaba de todo apoyo entre los asala- riados.

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- La vuelta del PS, bajo la égida de Emmanuelli, a una vieja tradición “molletista”: discurso muy radical antícapitalista, posicionamiento electoral centrista, es decir: “Delors y las treinta y cinco horas, sin bajada del salario“.

- Y sobre todo, en el seno de los colectivos "Agir ensemble contre le chomage!” (Actuar conjuntamente contra el paro, ACI.) y en los debates fraternales de las marchas contra el paro, la confrontación entre las posi- ciones uno y cuatro.

la posición “treinta y cinco horas inmediatamente, sin ninguna disminu- ción de salario“ es defendida allí con talento por la LCR. Sin caricaturizarla demasiado, la argumentación es grosso modo: "Los patronos pueden pagar. O, si no pueden, se les puede ‘ayudar' aumentando los impuestos sobre los rentistas. E incluso si un día debemos reconocer que no pueden todos pagar todo, no merece la pena dividirnos anticipando los compromisos que tendre- mos que hacer con ellos”.

¿Prioridad a las capas medias? E1 problema, con este último argu- mento es que se acerca peligrosamente a la posición de Emmanuelli. Pues, de hecho, o bien plantea un doble discurso ("Por el momento nos negamos a cualquier descenso de la renta de las capas medias, pero si un día la cuestión se pone de actualidad...”), o bien subordina la lucha contra la exclusión a la defensa de la renta de las capas medias. Posición llamativa por parte de una extrema izquierda a la que estábamos acostumbrados a ver defender los aumentos salariales no jerarquizados ("500 francos para to- dos”).

Pero, ¿qué es una compensación salarial sino un aumento de salario horario? Una posición del tipo "compensación salarial uniforme” habría permitido a la izquierda sindical unificarse sin dificultades con los ecolo- gistas.

Esta prioridad concedida a las capas medias es tanto más chocante en la medida que esos mismos militantes no dudan (con razón) en predicar la estricta limitación de las horas extras. Así, no se dudaría en amputar más del 10% de las rentas de una persona que cobre el salario mínimo interpro- fesional (SMIC) trabajando cuarenta y tres horas por semana, pero habría que pelear por los 60.000 francos del piloto de un Boeing 747!

Pero el problema es más profundo. Para la extrema izquierda, toda ga- nancia salarial en el seno del “enfrentamiento capital-trabajo” debe ser apo- yada. Ahora bien, los excluidos no forman parte (desgraciadamente para ellos) de la relación capital-trabajo, y la “nueva pequeña burguesía” recibe sus rentas bajo la forma de salario. A partir de ahí, un acuerdo “capital- asalariados” por treinta y cinco horas sin disminución de salario podría

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muy bien hacerse... a condición de cerrar los establecimientos menos pro- ductiVos, disminuir los gastos de protección social y las reglamentaciones de defensa del medio ambiente (lo que fue en definitiva la política del boom latcheriano, arrastrado por los altos salarios).

Frente a esta posición estamos los ecologistas, y en particular los Verdes, que, por primera vez se han comprometido colectivamente en el terreno so- cial y se han presentado como valientes defensores del reparto del trabajo y de las rentas.

Rentas garantizadas. Estamos muy de acuerdo en que había que co- menzar por "hacer pagar" prioritariamente a las rentas de la propiedad para financiar la reducción del tiempo de trabajo, los Verdes de la extrema iz- quierda al no garantizar cl mantenimiento de los salarios mensuales más que "para la mitad de los asalariados menos pagados".

Ahora bien, esta mitad gana menos de 9.000 francos. Lo que puede ser relativamente confortable en provincias es muy insuficiente en la región parisina (la diferencia de los salarios París-provincia es mucho más impor- tante que la diferencia hombres-mujeres). Un sondeo de la Unión de Sindi- catos de la Metalurgia CFDT de París muestra que una cierta perdida de salario mensual en el paso a las treinta y cinco horas no es acepta- do mas que a partir de 111.000 francos por mes.

¿Fiscalizar las cotizaciones sociales? Pero, mientras los Verdes se pro- ponían aumentar el salario mínimo interprofesional, a la vez que dejaban los altos salarios a la negociación, han aparecido como si pelearan por el descenso de los altos (y porqué no de los medios) salarios. Sin embargo, cualquiera que sea su preocupación por la naturaleza y el Tercer Mundo, los Verdes no hacen ciertamente de la bajada de los altos salarios un obje- tivo en si mismo. Simplemente, conscientes de que la subida general del salario horario podría arruinar no pocas empresas, intentan “limitar los destrozos“ garantizando sólo los salarios bajos. También habría que dismi- nuir el costo de los salarios para las industrias de mano de obra, por ejem- plo fiscalizando las cotizaciones sociales.

Todo el mundo esta de acuerdo en AC! en una reforma fiscal que hiciera pagar las cargas sociales al conjunto de las rentas. Una parte de los Verdes propuso este verano unirse a la consigna de "treinta y cinco horas sin reduc- ción de salario para todos“... pero con el aumento de los impuestos, lo que habría pennitido una unificación formal con la LCR e incluso con Emmanuelli, a la vez que se preservaba la posibilidad de recuperar mediante el impuesto, para “entregárselas” a las empresas, las esplendideces que éstas habrían con- cedido a sus cuadros.

50 Diciembre de 1995

Esta propuesta fue rechazada por los Verdes, por recomendación de su Comisión Económica. pero el ejercicio merecía ser intentado. Parece téc- nicamente posible “financiar la reducción del tiempo de trabajo mediante impuestos”, es decir pasar a las treinta y cinco horas sin reducción de sala- rio y sin dañar la competitividad ni la capacidad de financiación de las empresas, gracias a una reforma fiscal. Pero, incluso si se recauda el 20% suplementario sobre las rentas del capital, incluso si se toman 120 mil millones sobre los consumos de energía a través de una ecotasa anti-C02 que se repercutiría sobre los precios. hay aún que aumentar el impuesto sobre la renta en un 25%, y en un 40% si la introducción de la ecotasa se hace a precios constantes (es decir a cargo de las empresas).

En definitiva, una fuerza política no tiene nada que ganar en desviar sobre el Estado, vía los impuestos. la redistribución de los costes salaria- les: es ella la que recibiría todos los golpes asumiendo la transferencia del bolsillo de las capas medias hacia las de los empresarios. Más vale atener- a las reglas de una sociedad pluralista. Es normal que los sindicatos exijan los salarios más altos posibles, normal que los empresarios resistan. El papel de una fuer/a política que lucha por la solidaridad es proteger a los excluidos y a los bajos salarios... dejando a los demás que negocien entre ellos. _

Pero para esto también es preciso haber privilegiado la alianza de los excluidos y de los explotados.

Durand I

Alain Lipietz, portavoz de la Comisión Económica de los Verdes, ha polemizado ampliamente en Politis con la posición de la LCR sobre las 35 horas sin pérdida de salario. Esta es una respuesta.

Lipietz comienza distinguiendo cuatro posiciones sobre la reducción de la duración del trabajo: Ia'suya, la de Larouturrou, la de la "vieja izquier- da" y la de Emmanuelli. Intentando describir la evolución del debate, co- mienza por deplorar la desaparición de la propuesta de Larouturrou (la semana de cuatro días con 5% de descenso salarial) que tenía el doble mérito a sus ojos de ser la más “generosa para los excluidos”, al mismo tiempo que “económicamente realista". Capaz de encontrar un apoyo en lo que Lipietz llama la “derecha humanista”, este proyecto se privaba sin embargo de cualquier apoyo de los asalariados.

Hay en esta presentación un primer patinazo, que consiste en sugerir que una parte de la derecha podría ser más generosa que los asalariados.

Cuadernos del Sur 51

Debería sin embargo ser fácil de discernir, tras el discurso cada vez más social de la derecha, su voluntad de hierro en cuanto a la acentuación de la austeridad salarial y a la ofensiva contra la protección social. ¿Es verdade- ramente astuto concederle, en el momento de la apertura de la campaña presidencial, certificados de “humanismo”, aunque vayan entre comillas?.

Amalgama. No es el único ejemplo de una cierta torpeza política de la argumentación de Lipietz. Ciertamente, rompe brillantemente la posición de Emmanuelli con esta fórmula: Delors inmediatamente, y las 35 horas sin pérdida de salario... más tarde. Pero es para abrir inmediatamente un mal proceso a la posición de la Liga, cuya argumentación se acercaría "pe- ligrosamente ala de Emmanuelli”. Tal amalgama es por lo menos difícil de tragar. Si se cree a Lipietz, la Liga estaría en la práctica por la defensa de la renta de las clases medias y habría renunciado a aumentos de salarios no jerarquizados, como los 1.500 F para todos (que una divertida errata redu- ce por otra parte a 500 F).

El fondo del problema. El fondo del problema está en otra parte: ocu- rre que nuestros argumentos sobre la cuestión de la compensación salarial se han revelado más convincentes que los de Lipietz. No debido al “talen- to” que habríamos desplegado, sino sencillamente porque esos argumentos sintonizaban con un principio muy extendido en el movimiento sindical, según el cual no se movilizará a los asalariados por una plataforma que prevé un descenso de los salarios. Además, incluso con las prOpuestas de Lipietz, que hacían descender muy bajo en la escala de las rentas, puesto que un asalariado de cada dos se vería afectado, la compensación (para los patronos) era muy débil. Sobre una alza de la masa salarial de un 11% que representaría un paso a las 35 horas sin pérdida de salario, Lipietz no hacía economízar más que un 3% a los patronos, lo que dejaría entero lo esencial del problema. En cuanto a las rentas mas elevadas, no hay que mezclarlo todo. Hay que comenzar por recordar que el 90% de los asalariados no supera cuatro veces el SMIC. El aumento de las desigualdades proviene en lo esencial de las rentas financieras, y en lo que les concierne, no hemos estado nunca, evidentemente, a favor del statu quo. Proponemos desde hace mucho una reforma fiscal radical, que iría en el sentido de una mayor equidad, jugando con las franjas del impuesto sobre la renta, sobre los techos de cotización social...

Lipietz responde que es hipócrita, puesto que a fin de cuentas esas me- didas tendrían por efecto no mantener el reparto de las rentas después de los impuestos. No se trata sin embargo de un "doble discurso“, como su- giere amablemente Lipietz, sino de una distinción esencial a nuestros ojos.

52 Diciembre de 1995

Hace falta una ley a favor de las 35 horas sin pérdida de salario para crear empleos, y hace falta una reforma fiscal para asegurar un reparto más equi- tativo de las rentas. Pero no se deben mezclar las dos, por una razón evi- dente: los objetivos de igualdad social tienen que ver con la lógica del impuesto. porque debe tomar en consideración todas las formas de renta, mientras quela reducción de la duración del trabajo no concierne más que a los asalariados.

Evolución del debate. Esta obstinación en pregonar descensos de sala- rios no ha convencido, ni en AC!, ni siquiera entre los Verdes. Es sintomá- tico que las posiciones defendidas hasta ahora por Lipietz hayan desapare- cido del proyecto sometido a la discusión de la Convención de la Ecología Política y Social, que retoma en sus rasgos generales la formulaciones del llamamiento de ACI. Este texto propone en efecto "reducir mediante una ley-marco la duración legal del trabajo a 35 horas semanales con manteni- miento del poder de compra, sin aumento de la intensidad del trabajo, a fin de permitir las contrataciones correspondientes”, y asegurar la financia- ción de esta medida “mediante impuestos sobre rentas financieras, la espe- culación monetaria, plusvalías, que marquen una voluntad de un reparto más igualitario de las riquezas y de una tasación al menos igual de las rentas del capital y del trabajo”.

El llamamiento inicial de AC! contenía una formula de compromiso sobre los altos salarios, que ha permitido no cerrar el debate sobre este punto que está muy lejos de reducirse a un cara a cara entre los Verdes y la LCR. Tal presentación no refleja la realidad diversificada de este movi- miento, su función de federador.

En cuanto a la idea, implícita en el artículo, según la cual AC! habría privilegiado insuficientemente la “alianza de los excluidos y de los explo- tados”, bajo la influencia sin duda de la “vieja izquierda”, no es sostenible. Si hay algo que AC! ha conseguido con las marchas de la pasada primave- ra, es comenzar a construir tal alianza. Que esto no pasa por la autolimita- ción de las reivindicaciones salariales es una realidad que no confirma las tesis de Lipietz.

Esta polémica tiene al menos la ventaja de señalar claramente lo que puede distinguir las dos posiciones presentes hoy en el movimiento social. Lipietz piensa que este último, para constituirse, debe ser portador de un esbozo de contrato social aceptable para las clases dominantes (la "derecha humanista”?). Nuestra posición, como revolucionarios, no es proclamar la inminencia de la revolución, lo que sería manifiestamente absurdo. Con- siste más bien en defender un proyecto radical que sintetice las aspiracio-

Cuadernos del Sur 53

nes populares y que se oponga punto por punto a los proyectos implacables de la burguesía que no tiene, verdaderamente, nada de humanista.

Lipietz II

La respuesta de Maxime Durand a mi artículo de Polilis, en primer lugar, un problema de estilo que es un problema político. Antes de abordar el fondo, el autor consagra una cuarta parte de su artículo a tacharme de “torpeza política" (por haber recordado que la posición Larrouturou, aun- que es la más generosa para los excluidos, había recibido el apoyo de una parte de la derecha), y, cosa mucho más grave, lanza contra una false- dad por sugerir no se sabe que crueldad contra los trabajadores que cobran el salario mínimo. _

Problema de estilo, problema político: antes incluso dc debatir, se co- mienza por demonizar al adversario, el infame verde, especie altamente reaccionaria... Pero vayamos al fondo.

Salario horario y lucha de clases. En primer lugar, Durand reivindica sin ambigüedades la posición defendida sobre la cuestión de los altos sala- rios. Lejos de ser un compromiso trictico (no mezclar la cuestión de la reducción del tiempo de trabajo a la reducción de la jerarquía de los sala- rio), afirma claramente que no se debe, "por principio”, prever ninguna disminución de los (altos) salarios.

Aquí, el debate ganaría en claridad si el autor precisara si habla de sala- rios horario o de salario mensual. Para los patronos (y los marxistasl), sólo cuenta el primero (lo que paga el capital para comprar tiempo de trabajo). Cualquier reducción de tiempo de trabajo, desde el momento en que es in- cluso parcialmente compensada, es una subida del salario horario y una ba- jada de la tasa de plusvalía (relativa). En ningún caso se trata de "sacrificio" del lado de los asalariados; venden menos trabajo (y ganan consiguiente- mente tiempo libre), y este trabajo lo venden más caro: son menos explota- dos. Del lado del capital, hay perdida de plusvalía relativa y absoluta, de donde proviene su oposición a la reducción del tiempo de trabajo.

Sin embargo, para los bajos salarios. un descenso de la cantidad de su fuerza de trabajo explotada puede conllevar un descenso de la renta men- sual, que, hara su vida aún mas difícil a pesar dc su ganancia en tiempo libre. La posición de los Verdes cs pues garantizar la renta de la mayoría de los asalariados mediante la única medida centralmentc obligatoria: la subi- da del salario mínimo interprofesional horario.

¿Y más allá? Más alla decimos claramente que debe regularse a nivel

54 Diciembre de 1995

de la relación empleadores/empleados y precisamos que un descenso del 3% del coste salarial mensual directo medio (esencialmente sobre las fran- jas superiores de los asalariados), consiguientemente una subida media del 7% del salario horario por un descenso del 10% del tiempo de trabajo, permitiría a la patronal conservar la rentabilidad y competitividad, es de- cir, contratar gente efectivamente.

Aesto, Durand opone en primer lugar un argumento bastante divertido: "el 3% no arregla el problema de los patronos!". Cuando un representante de la patronal nos dice eso, le respondemos: “¿Y las economías sobre el coste del paro? ¿Y las ganancias de la productividad horaria?“. Pero cuan- do un articulo de Maxime Durand nos sirve el argumento patronal, uno tiene derecho a imaginar que su ordenador le ha jugado una mala pasada.

¿la igualdad por el Estado? Su verdadero argumento es sin duda el siguiente: no se debe mezclar reducción del tiempo y lucha contra la jerar- quía de los salarios. "El objetivo de igualdad, dice, se remite sólo a la lógica del impuesto". Según esta posición de principio “esencial”, el capi- tal debe fijar libremente la jerarquía de los salarios, y el movimiento obre- ro debe intentar restablecer mas igualdad sino por el medio redistributivo del Estado, a través dc los impuestos. Esta posición tiene a su favor ser, desde los años cincuenta, la de la socialdemocracia nor-europea, a la que no se le pueden negar los éxitos. Pero, ¿sería válida en Francia donde la escala de los salarios, antes de los impuestos, es escandalosarnente más grande, y se ha ampliado aún a lo largo de los años ochenta? La Comisión Económica de los Verdes ha examinado este escenario. lmplicaría un alza dc alrededor del 40% del impuesto sobre la renta, para entregarlo a la des- gracia patronal que habría íntegramente compensado para sus cuadros el paso a las treinta y cinco horas. Deseo buena suerte al gobierno "rojo" que tomaría la iniciativa... Por lo que a nosotros se refiere, preferimos una cierta descentralización de la lucha de clases...

¿A las calendas griegas? En mi artículo, esbozaba una propuesta: la compensación no jerarquizada. Técnicamente difícil de imponer, el princi- pio es simple. Si se estima que el asalariado que gana diez mil francos por mes no debe ver moverse su renta mensual con el paso a las treinta y cinco horas, entonces mantengamos los salarios horarios... y concedamos a to- dos una prima mensual de mil francos. Es mucho para el trabajador que cobra un salario mínimo (cuyo salario mensual se eleva en 500 francos), es poco para el "cuadro Emmanuelli" que cobra treinta mil francos por mes, y para el asalariado que cobra cuatro veces el SMIC (diez y nueve mil seis- cientos francos netos aproximadamente) que parece privilegiar Maxime

Cuadernos del Sur 55

Durand (¿esbozo de compromiso?), la “pérdida” mensual no sería más que de novecientos sesenta francos . Espero aún una respuesta seria (y no me comprometo sobre la viabilidad de ese umbral).

Ultima rareza de Maxime Durand: su concepción del cambio social. “Nuestra posición, en tanto que revolucionarios, no es proclamar la inmi- nencia de la revolución, lo que sería manifiestamente absurdo (Soy yo el que subraya). Consiste en plantear un proyecto radical (...) que se oponga punto por punto a los proyectos implacables de una burguesía que no tiene nada de humanista“. Dicho de otra forma, sería revolucionaria una posi- ción cuyos proyectos de reforma serían tan radicales que no podrían ser puestos en marcha más que tras una derrota de la burguesía en toda la línea. En el caso presente: el paso a las treinta y cinco horas después de una revolución "cuya inminencia sería manifiestamente absurda".

Es en eSte sentido en el que decía que esta posición se unía a la de. Emmanuelli: las treinta y cinco horas para las calendas griegas. Por nues- tra parte, preferimos pelear por reformas que no gustarían ciertamente a las clases dominantes, pero no presuponen el Gran Día, "inminente" o no. ¿No muy “revolucionario”? No nos importa. Evidentemente (y es una de nuestras más graves divergencias), no tenemos la misma relación con el tiempo, se trata de la lucha contra el paro... o de la lucha contra el efecto invernadero.

Durand II

En primer lugar, quiero felicitar a Alain Lipietz por haber desafiado el boicot de los Verdes hacia el debate con la Liga. Luego, algunas rápidas observaciones a su reacción.

Lipietz mezcla salarios de los cuadros y rentas financieras. En 1993, las empresas han distribuido 440.000 millones de intereses y dividendos ne- tos, Una tasa del 25% sobre estas rentas respondería pues 110.000 millo- nes. Si se les añaden los 80.000 millones de economías en el coste del paro, no quedan por encontrar más que 40.000 millones para llegar a los 23.000 millones que representan el paso a las treinta y cinco horas. Tal suma no representa mas que el 20% del fraude fiscal (según la estimación del SNUI), o el 15% del déficit presupuestario. Es inferior a las ganancias que las empresas no han destinado a la inversión en 1993. Recordar a Lipietz que su compensación no reporta más que el 3% de la masa salarial, no es pues tragarse la argumentación patronal, sino subrayar que las verdaderas fuentes de financiación están en otra parte.

56 Diciembre de 1995

El “gran día”. La fonna en que Lipietz evoca “aumentos de producti- vidad“ asociados a la reducción de la duración del trabajo plantea proble- mas, si se trata de convencer a los asalariados. Revela sobre todo una in- comprensión profunda de las reticencias de los asalariados que temen - quiza tanto como la pérdida de salario- que la reducción del trabajo sea un medio de obligarse a hacer el mismo trabajo en menos tiempo.

Lipietz parece creer que nuestro análisis estratégico se reduce al si- guiente simplismo: la LCR está a favor de las 35 horas, pero tras el Gran Día... ; y saca de ello argumentos para decir que en este punto estamos con Emmanuelli. ¿Y por qué no con Delors?

Si se quiere abordar serenamente este debate, habría sin duda dos orien- taciones coherentes. La de Larrouturou consiste en elaborar un proyecto bien acabado, en convencer a la patronal (y la CFDT) de que es practica- ble, y en soñar con una especie de pacto social en frío. La de AC! se propo- ne, al contrario. construir un movimiento social, fundado en el rechazo de la sociedad del paro y en la afirmación de aspiraciones transformadoras.

No es en un proyecto revolucionario, pero la condición de existencia de tal movimiento es su radicalidad. Lo que la gente siente más o menos confusamente hoy, es que la lucha contra el paro exige un proyecto global que, sin plantear forzosamente la cuestión de su derrocamiehto, toca sin embargo las raíces mismas del sistema económico dominante. ¿Cómo trans- formar esta toma de conciencia aún dudosa en voluntad de acción? No es un problema sencillo de “relación con el tiempo”, sino también de método. Nada autoriza en efecto a Lipietz a afirmar que se moviliza mejor por la lucha contra el paro a partir de un discurso razonable sobre compensación salarial.

Continuaremos pues debatiendo (vivamente si es necesario) pero tam- bién experimentando en común : no estamos, ni unos ni otros, en posición de establecer verdades definitivas.

Traducción: Alberto Nadal

Cuadernos del Sur 57

Durand (¿esbozo de c0mpromiso?), la "pérdida" mensual no sería más que de novecientos sesenta francos . Espero aún una respuesta seria (y no me comprometo sobre la viabilidad de ese umbral).

Ultima rareza de Maxime Durand: su concepción del cambio social. "Nuestra posición, en tanto que revolucionarios, no es proclamar la inmi- nencia de la revolución, lo que sería manifiestamente absurdo (Soy yo el que strbraya). Consiste en plantear un proyecto radical (...) que se oponga punto por punto a los proyectos implacables de una burguesía que no tiene nada de humanista“. Dicho de otra forma, sería revolucionaria una posi- ción cuyos proyectos de reforma serían tan radicales que no podrían ser puestos en marcha más que tras una derrota de la burguesía en toda la línea. En el caso presente: el paso a las treinta y cinco horas después de una revolución "cuya inminencia sería manifiestamente absurda“.

Es en este sentido en el que decía que esta posición se unía a la de. Emmanuelli: las treinta y cinco horas para las calendas griegas. Por nues- tra parte, preferimos pelear por reformas que no gustarían ciertamente a las clases dominantes, pero no presuponen el Gran Día, "inminente" o no. ¿No muy “revolucionario”? No nos importa. Evidentemente (y es una de nuestras más graves divergencias), no tenemos la misma relación con el tiempo, se trata de la lucha contra el paro... o de la lucha contra el efecto invernadero.

Durand II

En primer lugar, quiero felicitar a Alain Lipietz por haber desafiado el boicot de los Verdes hacia el debate con la Liga. Luego, algunas rápidas observaciones a su reacción.

Lipietz mezcla salarios de los cuadros y rentas financieras. En 1993, las empresas han distribuido 440.000 millones de intereses y dividendos ne- tos, Una tasa del 25% sobre estas rentas respondería pues 110.000 millo- nes. Si se les añaden los 80.000 millones de economías en el coste del paro, no quedan por encontrar más que 40.000 millones para llegar a los 23.000 millones que representan el paso a las treinta y cinco horas. Tal suma no representa más que el 20% del fraude fiscal (según la estimación del SNUI), o el 15% del déficit presupuestario. Es inferior a las ganancias que las empresas no han destinado a la inversión en 1993. Recordar a Lipietz que su compensación no reporta mas que el 3% de la masa salarial, no es pues tragarse la argumentación patronal, sino subrayar que las verdaderas fuentes de financiación están en otra parte.

56 Diciembre de 1995

El “gran día". La forma en que Lipietz evoca "aumentos de producti- vidad“ asociados a la reducción de la duración del trabajo plantea proble- mas, si se trata de convencer a los asalariados. Revela sobre todo una in- comprensión profunda de las reticencias de los asalariados que temen - quizá tanto como la pérdida de salario- que la reducción del trabajo sea un medio de obligarse a hacer el mismo trabajo en menos tiempo.

Lipietz parece creer que nuestro análisis estratégico se reduce al si- guiente simplismo: la LCR esta a favor de las 35 horas, pero tras el Gran Día... ; y saca de ello argumentos para decir que en este punto estamos con Emmanuelli. ¿Y por qué no con Delors?

Si se quiere abordar serenamente este debate, habría sin duda dos orien- taciones coherentes. La de Larrouturou consiste en elaborar un proyecto bien acabado, en convencer a la patronal (y la CFDT) de que es practica- ble, y en soñar con una especie de pacto social en frío. La de AC! se propo- ne, al contrario. construir un movimiento social, fundado en el rechazo de la sociedad del paro y en la afirmación de aspiraciones transformadoras.

No es en un proyecto revolucionario, pero la condición de existencia de tal movimiento es su radicalidad. Lo que la gente siente más o menos confusamente hoy, es que la lucha contra el paro exige un proyecto global que, sin plantear forzosamente la cuestión de su derrocamiento, toca sin embargo las raíces mismas del sistema económico dominante. ¿Cómo trans- formar esta toma de conciencia aún dudosa en voluntad de acción? No es un problema sencillo de “relación con el tiempo”, sino también de método. Nada autoriza en efecto a Lipietz a afirmar que se moviliza mejor por la lucha contra el paro a partir de un discurso razonable sobre compensación salarial.

Continuaremos pues debatiendo (vivamente si es necesario) pero tam- bién experimentando en común : no estamos, ni unos ni otros, en posición de establecer verdades definitivas.

Traducción: Alberto Nadal

Cuadernos del Sur 57

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58

Diciembre de 1995

[ai aginación productiva

Oskar Negt

Querido André,

Saludarte en tu 65Q aniversario de una manera acorde a tu forma dc vida como autor científico, filósofo social y socialista haría necesario. en reali- dad, un homenaje crítico muy amplio a tu obra. Me detuve ya en el primer intento de realizar semejante propósito. Saber más de tu vida me podría facilitar la tarea que me propuse -dc cxpresarte mi profundo respeto- me- diante una comparación entre tu vida y tu obra y-encontrando quizás aquí y allá algo contradictorio o inexplicable.

Pero. lamentablemente, casi no te conozco personalmente; incluso te puede parecer impertinente que te tutee después de tantos años de no ha- bernos visto. Si no me equivoco, nos encontramos una sola vez -junto a Ernest Mandel, Herbert Marcuse y Theo Pinkus- con el propósito de con- tribuir a través de un proceso de autocomprensión a que la Nueva Izquier- da, que había empezado a fragmentarsc y deshacerse a principios de los años setenta, pudiera salir del callejón sin salida desde el punto de vista organizativo en el cual se encontraba sin lugar a dudas. Esta conferencia. realizada en territorio suizo, fracasó tan terriblemente que yo seguía sin- tiendo malestar durante más de una década frente a este tipo de propuestas. Que aquella jornada haya fracasado, igualmente, no tuvo nada que ver eon nosotros dos. Te mantuviste en el fondo, corrigiendo de vez en cuando con gestos educados algún desacier‘to demasiado obvio de los protagonistas-del debate, mientras que la incomprensión mutua en la controversia dominan-

Este texto fue publicado originalmente con e! titulo “Auspmduktiver Phantasie - ein revolutionñerealisl unserer Zeit " en el libro de Hans Leo Krümery Claus Leggewie (ed): “¡eye im' Reich der F reiheil - Andre' Gor: '65. Geburtstag. Rotbuch Ver/ag, Berlin ¡989. Traducción del origi- nal en alemán para Cuadernos del Sur por Kalharina S. Zinsmeisrer, Buenos Aires, revisada por Sabina Benning. Publicado con Ia colaboración de “bl/gang Leo Maar desde San Pablo. Brasil.

Cuadernos del Sur 59

te, que se desarrolló entre Mandel y Marcuse, envenenó el ambiente de debate durante toda la jornada e hizo enmudeeer a los demás participantes.

A veces es a partir de situaciones demasiado poco espectaculares como nos formamos una imagen duradera de las personas. Así, rescaté para como resultado de esa jornada, en general bastante desastrosa, la diferencia flagrante entre el espectaculo de violentos discursos y ciega con- vicción que nos hicieron presenciar Mandel y Marcuse en su afán de no comprenderse, por un lado, y, por el otro, el apasionamíento cauto y racio- nal que caracterizó tus intervenciones. En ese entonces me formé una idea de cómo piensas. Fue para como si ya te conociera personalmente; supongo que no es casual que, en todo el tiempo transcurrido desde enton- ces, ninguno de los dos haya buscado ni encontrado una oportunidad para conocer mejor al otro. Lo que había percibido y aprendido a través del estudio de tus escritos se correspondía tan plenamente con la imagen que me hice de en ese momento que me puse muy contento y se desvaneció la necesidad que había sentido anteriormente de conocerte más de cerca. Quizás haya sido mejor así porque de esa manera evite' aquellos desencan- tos que se producen casi inevitablemente cuando los hombres empezamos a conocernos como tales.

Debo comenzar con un comentario tan personal porque si no, no en- cuentro un punto de partida diferente a aquel de quien evalúa y critica tus escritos. Tanta distancia sería demasiada para mi gusto y no se corresponde con lo que, por lo menos yo, siento que existe entre nosotros. No sabrás y tampoco nunca te lo hice saber que perteneces, a pesar de la poca diferen- cia de edad entre nosotros —son sólo diez años-, a mis maestros secretos. Cuando paso revista de los casi treinta años que conozco tu producción literaria, no descubro casi ningún libro y sólo unos pocos ensayos y entre- vistas tuyos que no he leído. Y eso que ni te explicar bien en dónde radica que tus escritos me hayan fascinado tanto. No es que siempre hayas coincidido con mis propias convicciones y prejuicios; en muchos puntos, ciertas concepciones tuyas suscitan mi protesta, hoy más que nunca. Igual- mente he tenido siempre la sensación de que escribe alguien que se enfren- ta a los hechos y las condiciones reales, les da vueltas y vueltas hasta que toman una forma poco acostumbrada pero que quizas se corresponde más con la realidad que todo lo que acerca de ellos se dijo anteriormente. Es a través de tu modo de pensar, tu racionalidad iluminista (sachliches Pathos des Aufldarers), que tus escritos han acompañado mi vida intelectual hasta el día de hoy.

Preguntándome en qué consiste lo característico de ese modo de pensar,

60 Diciembre de 1995

se me ocurren diferentes aspectos posibles. Como ya dije, no conozco tu vida personal, tampoco nada de tu familia, de cómo viviste tu infancia y adolescencia, por qué te fuiste a Francia, empezaste a trabajar con Sartre y aceptaste a París como centro político-cultural de tu producción intelec- tual. Nada de todo ello podría incluir en este saludo para tu 65Q aniversario. Es, por lo tanto, una mirada muy subjetiva desde la cual me enfrentó con los productos de tu pensamiento.

Mi relación con tu pensamiento tiene que ver con la carencia relaciona- da con mi admiración profunda del espíritu cartesiano, encarnado, desde mi punto de vista, en el Iluminismo y la Revolución Francesa, que contri- buyó a formar la idea de racionalidad política. Siempre me dolieron las carencias de los autores franceses en ese sentido; no pude deshacerme de la sensación de que la tradición filosófica de Kant a Hegel, de la crítica epis- temológica y la importancia especial puesta en la problemática de la rela- ción entre sujeto y objeto, no ha tenido ningún significado político para gran parte de los intelectuales franceses. Con excepción deAlexandre Kojeve —quien rescató la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel, aunque apun- tando y limitándola a la cuestión existencial del riesgo de muerte; y Maurice Merleau- Ponty —quien desarrolló un concepto más amplio y rico de la dialéctica histórica desde un enfoque fenomenológico- fuiste para el único autor francés a quien he podido seguir en un pensamiento dialéctico vital. Si bien fui educado y formado en los seminarios filosóficos de Horkheimer y Adorno, ya había empezado tempranamente a militar en la SDS y en los sindicatos y absorbí ansiosamente tus escritos que eran para la combinación de un trabajo de transmisión teórico-dialéctica, de obstina- ción sindicalista y el desarrollo de una perspectiva socialista general; has sido para entonces el autor político.

Igualmente, desde que inicié mis estudios en 1956 en Frankfurt, nunca me habían transmitido un Marx puro y sin rupturas; los docentes del Institut für Sozialforschung (Instituto de Investigación Social) donde estudiaba - Manfred Teschner, Gerhard Brandt y Jürgen Habermas- me enseñaron un Marx ampliado desde un enfoque político que superaba al enfoque estético de Adorno. Debo a sus estímulos haber conocido los trabajos de Maurice Dobb, Paul Baran y Paul Sweezy. Pero para mi militancia en los sindica- tos, en la SDS y en un primer momento también en el Partido Socialdemó- crata, este conocimiento básico me pareció insuficiente. Le faltó la dimen- sión estratégica que requiere una práctica política que pretende transfor- mar diariamente las condiciones a las que nos enfrentamos.

Después de trabajar durante dos años como ayudante de cátedra en la

Cuadernos del Sur 61

Escuela de Formación Sindical del DGB en Oberursel me enfrentó al pro- blema de que las formas tradicionales de formación obrera ya no eran prac- ticables y que deberían encontrarse nuevas fonnas. Durante varios años estuve buscando una solución al dilema de la formación sindical. Experi- menté con modelos practicos, adopte elementos de las didácticas mas va- riadas, estudié Humboldt y los proyectos alternativos de aprendizaje. como i.e. la gramática generativa de Ia Escuela del Odenwald. Pero entendí des- de el primer momento que la formación obrera no se podía encarar según los mismos principios que la escuela común. Recien en diciembre de 1964. si recuerdo bien, o aún un poco mas tarde. cuando cayó cn mis manos tu libro Strategic ouvriere el néocupilulisme. publicado por "Editions Du Seuil", encontre una solución para mi concepción de formación obrera. Con mi deplorable frances del colegio rclci este libro una y otra vez y tan intensamente que lo supe practicamente de memoria -adem:is se deshizo el libro y tuve que volver a comprarla edición francesa. Este libro fue funda- mental para mi, mas qUe nada en un punto decisivo: la disolución de toda rigidez antinatural en la relación entre reforma y revolución.

Te puede parecer extraño, pero la fómiula de las “reformas revoluciona- rias" acuñada por ese libro superó para una contradicción, para la cual hasta entonces no había encontrado solución: la contradicción entre los principios de una transformación revolucionaria dc la sociedad y las luchas diarias por la búsqueda de cambios parciales. también tan necesarios. Es imposible trabajar en los sindicatos con una conciencia que niegue que las luchas cotidianas por el poder y cn defensa dc los propios intereses proVo- quen cambios en la estructura de la sociedad capitalism. Si ello ocurre. se disocia el gran objetivo de la tmnslormación socialista de la realidad y dcgencra hacia un mero conjunto de ideas individuales. Sigo considerando correcto lo que decias en esc entonces: “Es una vieja pregunta: ¿reforma o revolución? Era (o es) primordial cuando el movimiento obrero tenía (o tiene) la elección entre la lucha por reformas o la rebelión armada. Pero eso ya no es el caso en Europa Occidental. Por lo tanto esa pregunta ya no es una disyuntiva: sólo existe la posibilidad de 'reformas revolucionarias‘ que tengan como objetivo la transformación radical de la sociedad." ¡Así es! Muchos errores organizativos y/o tragedias humanas de la izquierda radical sc podrían haber evitado tomando en serio tus afirmaciones.

Pero cuando las refomias revolucionarias dirigidas a una transforma- ción radical de la sociedad son posibles objetivamente, entonces se abre un campo amplio para una acción sociocultural con el objetivo de transfor- mar la conciencia colectiva y los valores respecto de los contextos labora-

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les específicos que estructuran la vida cotidiana de las personas. Tampoco cuestionaste nunca que existen también refonnas que contribuyen a estabi- lizar el capitalismo. Pero eso no constituía un problema para las corrientes hegemónicas del marxismo que desvalorizaban en general las reformas como puros mecanismos de integración.

En otros dos aspectos tu análisis contribuyó a formar mi concepción de los sindicatos, practicamente inVariada hasta hoy. Manteniendo los princi- pios básicos de la teoría marxista respecto del trabajo asalariado y del capi- tal, mostraste que, al señalar esa contradicción basica del régimen de do- minación, se hace bastante poco para fortalecer y ampliar el. poder del" movimiento obrero. Por el contrario, para ello hay que hacer una analisis sociológico y económico preciso y detallado de los lugares de trabajo, dc la realidad especí fica de las empresas, de las finalidades del trabajo y de las condiciones culturales de la reproducción de la fuerza de trabajo. Desde un pensamiento obstinadamente propio e independiente enfatizabas la posi- ción del hombre como productor y su lugar en la producción ante una opinión pública que tendía a glorificar más bien al 'consumidor promedio' o “ciudadano” en cuanto votante. Revelar el significado enorme que impli- can las transformaciones de las relaciones y condiciones laborales para la estabilidad democrática es una forma dc concretar la teoría marxista que implica importantes consecuencias políticas. Ese proceso todavía no se puede dar por concluido.

Las categorías y los conocimientos surgidos en ese escrito estratégico siguen siendo vigentes, no porque la realidad no haya variado desde enton- ces, sino porque los problemas allí señalados siguen existiendo. Es más, incluso durante los años siguientes se agudizó la crisis. de la democracia representativa allí analizada, se fortalecieron concepciones ideológicas cen- tradas en los consumidores y se volvió a un concepto de democracia que se relaciona con la autodeterminación y la capacidad organizativa de los hom- bres en sus condiciones reales de vida.

Querido André. hasta hoy no me queda claro por qué abandonastc esta búsqueda de una solución para el orden social capitalista centrada en la emancipación humana. Quizás las experiencias del Mayo Francés te hayan llevado a sacrificar el enfoque de las necesidades y los intereses que habías defendido como nadie, ni siquiera Marcuse, en cl altar poroso de un “par- tido revolucionario" cuyo status de agente histórico del cambio postulado por Lukacs justo había sido sometido a una crítica fundada y políticamente relevante durante la segunda mitad de los sesenta. Como siempre percibí con gran interés todo lo que decías, me sorprendí enormemente al leer en

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1969 el prólogo de una reedición de la Strategic que se refería al Mayo Frances. Allí leí frases que, según mi criterio, no podían ser explicadas por las circunstancias del momento. En este nuevo prólogo decias: “Temas de este tipo —como la crítica de las formas de consumo, cultura y concepcio- nes de vida existentes...- apenas han perdido su actualidad. Sí, al contrario, existe entre las muchas limitaciones de la edición anterior una que me parece mucho mas clara hoy: la ‘estrategia del movimiento obrero’, que trataba de esbozar, aparece poco clara y más que nada extrañamente muda respecto de la dimensión política y su instrumento, sin el cual ni siquiera puede imaginarse una ‘estrategia ofensiva‘: este. instrumento es el partido revolucionario." -¿Qué te había pasado? ¡Si justamente no fue un partido revolucionario el que inició y organizó el Mayo Francés! ¿Habías perdido de repente esa paciencia revolucionaria y ese espíritu sano que habían ca- racterizado el trabajo de hormiga que era tu Strategic ouvriére con sus largos e intrincados caminos de aprendizaje y acción? Por supuesto, no lo sé. ¿No habrías sentido en secreto el deseo de que algún día surgíese un “partido revolucionario” al estilo leninista de los restos mortales de los partidos estalinistas artereoescleróticos de Europa Occidental? No lo sé. Era ese el momento en el cual no solamente se ponía de manifiesto la crisis de una teoría partidaria estalinista escindida de la idea revolucionaria, sino que también los partidos leninistas y maoístas trataban de recuperarse me- diante un acercamiento errático a los nuevos movimientos que se iban for- mando. Que hayas retomado justo en ese momento la idea de la existencia de un partido revolucionario, es, perdóname mis duras palabras, una ruptu- ra en tu pensamiento que quizás nUnca lograste superar.

Es extraño que recién en el ’68 tu manera escéptica de acercarte a la crítica de la economía política, al movimiento obrero con todas sus divi- siones, incongruencías e internas burocráticas haya sido reemplazada por la idea vanguardista de una organización política única que reuniría todos los factores esenciales de un proceso revolucionario y lo definiría. Los clivajes interiores del movimiento obrero siempre habían sido tu tema. ¿De dónde viene ahora la fe en una vanguardia incorruptible? La organiza- ción revolucionaria se transfonna en una fórmula mágica que no reempla- za el movimiento espontáneo de las masas, pero igualmente sigue siendo una pequeña minoría activa que, en su función de llevar adelante acciones ejemplares, interpreta lo que está ocurriendo y señala el camino. Por lo menos mas o menos así lo expresas en tu artículo principal en Les Temps Modernes del 6 de mayo de 1968.

Igualmente, nadie que haya participado en este movimiento moviliza-

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dor del ’68 tiene razones para expresar su regocijo ante los fracasos de los demás. Tampoco es posible describir en pocas palabras los errores que yo cometí. Son otros, por cierto. Lo raro es que, de golpe, desconfías del trabajo de hormiga, aunque es éste justamente el único que puede servir como explicación del Mayo Francés; sin rodeos, aunque tu lo deberías haber sabido mejor, apuestas una vez más a transformaciones del centro del poder político. Quizás no a otra toma de la Bastilla o conquista del Palacio de Invierno, pero algo parecido debe habérsete cruzado por la ca- beza cuando ya afirmaste en Les Temps Modernes de febrero del ’67 que la transición del capitalismo al socialismo no sería progresiva y casi imper- ceptible , sino producto de una “lucha final”.

Como debes saber, ya Engels temía esta lucha final como expresó poco antes de su muerte en 1895, cuando afirmó (y creo que con razón) que, tomando en cuenta los medios de destrucción acumulados por la clase do- minante, el resultado de semejante acto revolucionario sería sumamente dudoso. También decía que no era posible jugar todo a una sola carta. Lo que yo critico de tu posición es que desvaloriza, a veces indirectamente, a veces en forma muy abierta, aquel reforrnismo revolucionario que influyó profundamente en mi forma de pensar la acción sindical.

Así como lo decias en 1967, es difícil oponerse. Pero esta falta de dife- renciación con la que hablas de “clase obrera” se debe a una exaltación compensatoria de un conjunto contradictorio de protestas y resistencias; ella lleva a un concepto de clase y a una idea de organización revoluciona- ria idealizados:

“La clase obrera no concretará su unidad política y no protestará con violencia para conseguir un 10% de aumento salarial o 50.000 viviendas obreras más. En el futuro próximo no habrá una crisis tan dramática del capitalismo europeo capaz de provocar a las masas obreras de tal forma que vayan a un paro general revolucionario o una rebelión armada para defender sus intereses vitales inmediatos. Pero jamás la burguesía entrega- el poder sin lucha y sin ser obligada a ello por acciones revolucionarias de las masas. El problema fundamental de una estrategia socialista es, por lo tanto, crear las condiciones objetivas y subjetivas que posibiliten accio- nes revolucionarias de las .masas y hacer lo posible para que estas luchas con la burguesía pueden sostenerse y ser ganadas.” (Les Temps Modernes N9 249, febrero de 1967).

Todo eso es correcto; pero aunque las masas fueran a la calle por razo- nes muy diversas y arrie'sgaran un paro general o incluso la rebelión arma- da, aún así no se habría tomado todavía una decisión entre capitalismo o

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socialismo. Las formas de vivir de la gente, sus salarios, sus identificacio- nes con su trabajo, sus condiciones de vida, nacionalidad o religión no son aspectos que están al margen del proceso revolucionario. Así siempre te había comprendido y sigo pensando que es correcto.

Si llego a malinterpretarte, espero que utilices la primera posibilidad que se te presente para poner las cosas públicamente en su lugar. Estoy seguro que lo harás. Por lo tanto me permito llevar mi crítica a su máxima expresión, allí donde las cosas aparecen distorsionadas hasta tal punto que se muestran con toda claridad. ¿Será posible que justo tu substancializa- ción de la clase obrera a partir de la experiencia inmediata del movimiento de rebelión del Mayo Francés haya contribuido a que hayas sido arrastrado cada vez más, durante los años setenta, por la" corriente de los despidos? Eres para el único intelectual parisino al que liberaría de toda sospecha de que su desarrollo intelectual no esté sometido exclusivamente a la es- tructura inrnanente de la tensión entre concepto y realidad, sino al princi- pio barato de decir adiós a todo lo que había defendido antes con una radi- calidad creciente. Seguro que muchas veces encabeza un movimiento teó- rico justamente aquel que se desprende con más coraje y coherencia de los principios que le hicieron ganar posiciones hasta ese momento.

¡Qué actual sería hoy tu libro El socialismo difícil! Mucho más que en 1968. Es una obra maestra de la mediación dialéctica, aprehensible por ser concreto y tan generalizador al mismo tiempo. El título indica de que se trata. El socialismo no está pasado de moda, pues pocas de sus reivindica- ciones históricas se han hecho realidad; pero es necesario abandonar las concepciones primitivas de traspaso de la teoría a la practica para dar su significado actual a ese concepto.

que es injusto respecto de tu pensamiento, que avanzó a pasos pen- sados y medidos y que representa para un gran esfuerzo, decirte que llegas, a mediados de los setenta (a más tardar), a establecer un tipo de relación con la teoría marxista en el cual se va imponiendo crecientemcnte un individualismo crítico al pensamiento dialéctico-materialista, limitán- dolo cada vez mas. De la misma manera que hasta entonces te hubieras asustado pensando que una ‘idea pudiese no ser dialéctica, tu conciencia teórica se tranquiliza ahora con una relación dualista entre dos hechos con- trarios.

Sin embargo, todavía no quiero hablar de ésto; para mí, se trata en primer lugar del problema de los despidos. Aunque se diga adiós al prole- tariado en cuanto sustancia, porque se reconoce que la fuerza transforma- dora que se le había atribuido a un partido revolucionario no es capaz de

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construir una nueva sociedad - ¿tiene que considerarse por eso a todo lo que representa el movimiento obrero (también los sindicatos que se refie- ren a ese contexto de intereses) como irrelevante para el proceso emancipa- -torio de la humanidad? No lo ves tan simple, ya lo sé. Sin embargo, en el Adiós al Proletariado hay tantas diatribas contra Marx, contra la dialéctica hegeliana, contra el contexto histórico del socialismo y finalmente contra las orientaciones que atribuyen valor a las categorías de la sociedad de trabajo, que tu mirada de los hechos ya no queda determinada por la bús- queda de ampliar y completar tu visión en el buen sentido hegeliano de superación (Aufl'rebung) y/o de precisión. Se transforma en una búsqueda de lo trascendental, de la disociación de las dificultades terrenales de los problemas, en fin: de la salvación (Erlósung).

El proletariado ya no puede provocar este salto. Se ha mostrado incapaz de convertirse en la gestalt unificada de un sujeto dotado de voluntad y conciencia como lo formuló el Engels temprano: “Reclamamos la esencia de la historia.“ Pero, los nuevos movimientos sociales, ¿estan capacitados para ello? ¿,Existe, en la realidad, una fuerza única capaz de producir cam- bios sociales, que se podría definir, en analogía con el individuo, como sujeto?. Sin duda, si discutiéramos esta cuestión cara a cara, llegaríamos a la conclusión de que ¡no!

André, podrás deducir de mis palabras que una fecha tan personal como tu 65 cumpleaños motiva mi polémica hasta tal punto que incluso en mis desacuerdos te tengo que mostrarla gran simpatía que siento por- tí. Nunca antes lo he hecho así. En algunos textos sueltos quizás, pero más bien enfatizando las coincidencias o polemizando respecto de aquello que re- chazo. Igualmente hubo siempre un debate implícito entre tu trabajo inte- lectual y el mío. Antes predominaba el consenso, hoy, las críticas son más frecuentes. No me considero de ninguna manera un marxista intransigente frente a condiciones cambiantes, sin embargo me extrañan tantos giros repentinos en los conceptos e interpretaciones como los tienen algunos pensadores actuales. Soy una persona que aprende lentamente; y como me ha costado un gran esfuerzo adquirir las nociones de las cuales dispongo hoy, no sorprenderá que tampoco me gusta desprenderme de ellas tan rapi- damente. Quizás también se deba a que, en general, me cuesta desprender- me de las cosas; ya mencioné que he notado en dificultades similares frente a cambios repentinos de posiciones. Tu adiós al proletariado está signado por la melancolía y el duelo y, diría yo, también por contradiccio- nes y distanciamientos afectivos poco reflexionados.

Antes de llegar al final de esta carta con motivo de tu aniversario, en la

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cual mi reconocimiento a los desafíos planteados en tu obra quizás quede un poco desplazado por las polémicas que planteo, me quiero referir a una cuestión que me ocupa mucho últimamente, que es la pregunta por la tras- cendencia histórica de las utopías de la sociedad de trabajo.

Todavía no conozco tu último libro; como mi francés no es nada del otro mundo, prefiero esperar la traducción. Por lo tanto no si quizas allí se encuentran ya algunas respuestas a las preguntas que ahora voy a plan- tear. Posiblemente puedan llevar a rectificar mis argumentos. Estoy muy de acuerdo con muchas cosas que escribiste desde mediados de los años setenta, cuando se inició la Segunda Restauración de'la posguerra y co- menzaron a derrümbarse muchas de las utopías socialistas en la conciencia de la izquierda. Ya antes de que fuera un tema cotidiano en los medios masivos, habías planteado los principios esenciales de la problemática de la relación entre economía y ecología en, unos análisis tan precisos que siguen siendo fundamentales. Describiste en forma impactante los-proce- sos erosivos que tienen lugar actualmente en los sistemas partidarios y las instituciones burguesas. Tus dos pequeños escritos sobre la crisis de creci- miento, editados en Alemania por la editorial Rowohlt —Okologie und Freiheit (Ecología y Libertad) y Ókologie und Politik (Ecología y Políti- ca)- son textos básicos de la ciencia social, frente a los cuales muchas contribuciones académicas más recientes no son en realidad más que pla- gios. Todos tus análisis se caracterizan por combinar de una manera imagi- nativa la descripción exacta de lo fenomenológico con una dialéctica con- ceptual minuciosa de las relaciones entre lo particular y lo general.

Pero, además, siento allí todavía la lucha del teórico socialista por apre- hender fenómenos contradictorios desde un universo conceptual caracteri- zado por la mediación dialéctica, la negación resuelta, los preceptos mate- rialistas y, finalmente, el contenido histórico de las ideas y de los hechos. Jamás tuve la sensación de que te sintieras obligado a rendir tributo al espíritu de una época, que renunciaras a tu pe'nsamiento autónomo inten- tando penetrar en las profundidades de la realidad. Pues, incluso tu con- cepción partidista que surgió repentinamenteen el ’68 se oponía más bien, en ese momento, al pensamiento dominante de la izquierda. '

Para decirlo simple y abiertamente: aquella concepción (que también tu defiendes) que niega la utopía de una sociedad de trabajo, considerada no como un conjunto abstracto de fenómenos aislados y muy heterogéneos, sino como una afirmación histórica del presente, afirmando que se ha aca- bado y que pertenece al pasado, constituye para un retroceso hacia un idealismo moralista que ya no se quiere' comprometer con las dificultades

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de las condiciones reales. Me parece completamente evidente que las uto- pías de la sociedad de trabajo no se encuentran agotadas a nivel mundial, sino, por lo contrario me resulta evidente que los pueblos pobres nutren sus esperanzas de liberación de la miseria justo en el desarrollo de una sociedad de trabajo.

Pero quizás no sea éste el punto central; es justamente en el concepto de trabajo donde se dividen nuestras posiciones. Lo que describes desde el inicio como dos utopías que compiten en el seno del movimiento obrero, es decir una utopía de sociedad de trabajo y otra de sociedad cultural o de tiempo libre, no es nada más que la esencia del socialismo como lo he entendido hasta ahora. Liberación en el trabajo y liberación del trabajo no son movimientos históricos de intereses que se confrontan al exterior y que se excluyen mutuamente, están relacionados entre de tal forma que una cosa no puede lograrse sin la otra. La realidad social no es susceptible de una división en compartimientos estancos, como una división del trabajo, cuando se trata de su emancipación, dentro de la cual el hombre se puede encontrar autónomo, libre y sujeto a sus propios fines en un aspecto aisla- do de su vida, más o menos así como Kant se imaginaba el imperio de los fines autodetenninados; aunque incluso Kant solamente se animó a usarla fórmula cauta de que los hombres deberían tratar a sus pares no solamente como medios, sino siempre al mismo tiempo también como fin.

En tus escritos ecológicos todavía sostenías la concepción de que, para construir una nueva sociedad, era necesario transformar uno de los compo- nentes más duros de nuestra realidad actual, la tecnología. Literalmente: “Sin una lucha por tecnologías diferentes, la lucha por una sociedad dife- rente será en vano.” Eso es correcto, pero ¿no quiere decir eso que las potencialidades tecnológicas deben ser escindidas del contexto de domina- ción del capital para servir a los intereses emancipatorios? La liberación de las potencialidades de las fuerzas productivas respecto de las relaciones de dominación, caracterizadas en Europa Occidental por el capital y en los países del Este por la burocracia de la economía planificada, aparece como acto de liberación necesario e indispensable para la transformación de los hechos reales.

Si ésto vale para las tecnologías, ¿por qué entonces, André, te resulta tan difícil aplicarlo mismo al trabajo, rescatándolo de la sumisión al capi- tal?

Así como defines el trabajo remunerado, se trata per se de trabajo alie- nado, trabajo para fines ajenos, es más, la administración de la propia indi- vidualidad se representa exclusivamente como medio para un fin. Si conci-

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bes el trabajo de manera tan estrecha y si ello es un proceso histórico inevi- table, quc puede ser separado en el fondo solamente de las actividades humanas autodeterminadas que expresan sus necesidades autónomas, en- tonces qucda construida una estructura dualista de la sociedad a partir de principios casi lógicos, que reproduce. bajo condiciones totalmente dife- rentes. cl viejo prejuicio de la polaridad lisa y llana entre proletariado y burguesía.

Es la vuelta a una mentalidad corporativista algo extraña en la cual se enfrentan dc una forma inmediata las potencialidades libertadoras. los es- pacios individuales y familiares, la individualidad etc. a aquella realidad que ha sido denominada socialmente con el término simbólico de "hetero- nomía". Aquí se localiza simplemente la alienación. la dominación. la ne- gación de la individualidad, en cl fondo todas las características negativas que alguna vez habían sido asignadas a Ia burgUesía en la visión crítica del proletariado sustancializado.

Tus formulaciones me irritan; pero. tal vez. no estemos tan lejos uno del otro. La crítica al industrialismo, a las consecuencias desastrosas del crecimiento y a la producción desconsiderada. desde el punto de vista so- cial y humano, la resistencia moral interior frente a la contradicción escan- dalosa entre una riqueza social casi infinita y cl empobrecimiento creciente de algunas clases y de relaciones que podrían contribuir a incrementar la autonomía de las personas, todo ello esta descripto en tus análisis con una seriedad y exactitud que permitió cl surgimiento dc imitadores cn el ambi- to profesional, pcro no de verdaderos competidores competentes que te pudieran igualar.

Todo gira alrededor del concepto de trabajo; y cuando digo concepto de trabajo, lo entiendo en el sentido amplio de Hegel y Marx. Estoy trabajan- do sobre la ampliación sociológica y cultural del concepto de trabajo, con- siderando al retroceso del trabajo industrial y del trabajo remunerado en cl sentido tradicional, como partes del concepto de trabajo como categoría histórica fundamental, escindida de la relación capitalista. En ese sentido me comporto como un tradicionalista: no creo que aquellos conceptos his- tóricamente acuñados, que se refieren a condiciones específicas. desapa- rezcan del mapa por su redefinición. Por consiguiente, lo que tu distingucs dentro del concepto de trabajo —trabajo remunerado, trabajo propio. activi- dades autónomas- es para el desarrollo histórico específico de un con- cepto único de trabajo, que se ha disociado progresivamente, y en la última década cn forma acelerada, dc la estructura decadente de dominación capi- talista y qtre proporciona posibilidades propias y vitales de desarrollo. Si

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tu intención fuera la de separar, mediante una definición, los tres tipos de trabajo para llegar a una diferenciación analítica del concepto concreto del trabajo bajo las condiciones actuales, estaría de acuerdo.

Pero el verdadero problema que se presenta entre estas definiciones en la realidad, consiste en que cada una de ellas produce, en el contexto de una sociedad global, su contrario, o que depende una de la otra. Bien puede pensarse que las actividades autónomas, disociadas del trabajo remunera- do, se demuestren como sumamente heterónomas, es decir dependientes, si no contienen algún elemento del trabajo remunerado. La disolución de la producción en masa del fordismo no es una ideología. Para mí, el pro- blema está en separar claramente estas definiciones: ¿cómo podría vivir, por ejemplo, un artista cuya actividad sin duda se representa en su forma como tipo ideal de actividad autónoma, si ésta no tuviera elementos de un trabajo remunerado?

Aunque exista en la realidad la tendencia a polarizaciones y relaciones dualistas. no me puedo desprender de la idea de que la verdadera relación entre las cosas consiste en la mediación intrínseca entre las respectivas construcciones dualistas: querer verla requiere un análisis de las microes- tructuras.

Fuiste para tanto camarada, amigo, como compañero en mi camino por las ciencias sociales, aunque con esta distancia que redu'ce los agravios personales a un mínimo, sería desagradable homenajearte evitando la críti- ca, aún dura.

Quien hoy se concibe todavía a mismo como marxista y como socia- lista, seguramente tiene muchas razones para renunciar a un discurso paté- tico que estiliza a determinados grupos, clases o grandes personalidades como modelos, sujetos o medios de la liberación; también los así llamados movimientos alternativos: el ecologismo, el movimiento de mujeres, las luchas por la ampliación del mercado laboral secundario y las actividades autónomas, que hoy parecen expresar lo que los socialistas siempre habían deseado, no lo han podido realizar por la falta de un proceso revoluciona- rio, todo ello debe ser objeto de un sinceramiento, lo cual requiere más que nada de un verdadero balance. Desde hace diez años se está hablando del derrumbe de la utopía de la sociedad de trabajo, en el mejor de los casos, que tantos hablen de él me hace sospechar que estamos frente a una amne- sia colectiva. Mi resistencia se dirige contra la rapidez con que se desechan posiciones y se adoptan otras, no por parte tuya, pero no estoy tan seguro de si lograste por completo quedarte al margen de este clima de cambios paradigmáticos acelerados que impera en París.

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Un proceso de más de 500 años configuró las utopías de la sociedad de trabajo en sus diferentes vertientes, a veces incluso contradictorias. Las cosmovisiones y los estilos de vida tan asentados culturalmente decaen a un ritmo propio y generalmente muy prolongado en el tiempo. La clase obrera que se conformó cultural y políticamente durante la segunda mitad del siglo XIX, contribuyó a rescatar estas utopías del trabajo para el siglo XX, probablemente de manera más decisiva de lo que se había pensado hasta ahora. Nosotros como intelectuales podemos sentir el deseo y la vo- luntad de que nuestra propia forma de producir se transforme hoy, cuando la producción de la riqueza social requiere cada vez menos trabajo vivo, en el concepto dominante de trabajo. Pero para la gran mayoría de la gente, las utopías de la sociedad de trabajo todavía no se agotaron. Se acabarán recién cuando esta sociedad logre desarrollar el ocio como una caracterís- tica satisfactoria y determinante de la actividad. Pero justamente el hecho de que los hombres dispongamos de tan poca capacidad de ocio, nos mues- tra cuán fuerte es la dominación del trabajo remunerado por sobre las de- más formas de trabajo.

Al escribir todo eso, me resulta muy extraño a mismo que nunca antes te haya hecho todos estos comentarios críticos, ni personalmente ni por escrito. bo que siento en la relación crítica entre nuestras formas de pensar, es la problemática no superada de nuestro legado burgués. De alguna manera, todos estábamos convencidos de que, en el socialismo, después de la revolución proletaria, todas aquellas conquistas burguesas que merecían sobrevivir ocuparían casi naturalmente su lugar en la vida cotidiana que les correspondía. Pero la subvaloración de los derechos humanos en Marx y el intento permanente de derivar todas las ideas y categorías de las relaciones de clases, de igualar la génesis con la vali- dez, han corrompido aún el pensamiento de los marxistas críticos. Re- cién hoy comprendemos totalmente las consecuencias de esta carencia teórica y práctica de un enfrentamiento concreto con el legado burgués. Esto vale respecto de los derechos humanos, los cuales contienen mu- chas más potencialidades para la emancipación de lo que Marx había pensado; eso también vale, por ejemplo, para la cuestión de la identidad nacional y el significado social de la religión. Pero también vale para el legado burgués del trabajo.

Con ésto quiero cerrar mi disertación demasiado larga con motivo de tu 65 aniversario, si reclamas el legado burgués de los derechos humanos, también debes reclamar las uto ías de la sociedad de trabajo burguesa y, más que nada aquellas de la lucha socialista por un orden mejor de las

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relaciones humanas, que ha demandado muchas víctimas. No les digas adiós con tanta ligereza.

Te deseo una vida larga y como hasta ahora: llena de imaginación y creatividad.

Con cariño. Oskar Negt.

Berlín, 1988/89

Abmiacioncs

SDS - So:ialistisclrer Deutscher Studentenbund (Confederación Estudiantil Socialista Alema- na). Principal organización del movimiento estudiantil alemán durante los años 60. Protagoni:ó la revuelta estudiantil de 1968 _v 6.0 impulsada por el ¡Mayo Francés.

DCB 4 Deutscher Gewerksclrafisbund (Confederación Alemana de Sindicatos). Nuclea a los

sectore' del trabajo en Alemania.

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Diciembre de ¡005

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Entre Babel y la ciudad futura*

Adolfo Gilly

1

La torre de Babel fue, como nos lo recuerda Umberto Eco‘, una metáfo- ra cara a los iluministas, un símbolo del empeño de los seres humanos unidos en un solo pueblo y una sola lengua por edificar una torre que llegara al ciclo. En 1919, en Ia lloración primera de la revolución rusa. el escultor V. Tatlin hizo un proyecto de monumento a la torre de Babel, una aérea estructura inclinada que parece tender al ciclo por sola.

En 1990, el papa Juan Pablo Il visitó Checoslovaquia, declaró al socia- lismo “una utopía trágica" y dijo que "estamos ante las ruinas de una delas tantas torres de Babel de la historia“. El Sumo Pontífice seguramente re- cordaba lo que esta escrito en el Génesis, XI:

Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán, y dijo: he aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen el mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, ni desistiran de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ea. pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de manera que cl uno no entienda el habla del otro.

Y sembró la confusión de las lenguas, que desde entonces se llama Babel, y la división y dispersión de los seres humanos.

Esta antigua metáfora de la unidad, la organización, la rebelión y la dominación puede simbolizar también la empresa del capital a lo largo de su existencia contra los seres humanos, sus comunidades y sus solidarida- des. Esa empresa se repite una vez más en nuestros días con saña, determi- nación y recursos sin precedentes. El sumo sacerdote del Vaticano sabía perfdctamentc de qué hablaba en su lenguaje apocalíptico y preciso.

2

Estamos, en efecto, ante una nueva época de la expansión mundial del

I“Publicado en Viento del Sur N "2, julio [00-], México.

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capital cuya tendencia más general, desde la década de los años 80, ha sido la propia reestructuración económica y la desestructuración social parale- la de las formas de organización del trabajo en la producción y en la socie- dad.

Uno de los rasgos determinantes de esta nueva época es la penetración del capital en zonas completamente nuevas para él, como las tierras del antiguo imperio de los zares o las de la inmensa China continental. Y esta- mos sólo en los prolegómenos de este proceso.

El otro es, por supuesto, la revolución tecnológica y científica y los prodigiosos cambios introducidos en los procesos de trabajo, los intercam- bios, el comercio, las finanzas, la movilidad del capital, las comunicacio- nes, la guerra, los modos de dominación, las formas de control y la totali- dad de las condiciones de la vida cotidiana de los seres humanos. También aquí apenas estamos en los inicios de una transformación cuyos horizontes parecerían no tener límites, a pesar de los desastres que esta expansión provoca y anuncia para la naturaleza y para la mayoría de la población del planeta.

La fragmentación del trabajo en todas sus formas (urbanas, rurales y domésticas) y la dispersión de todas las formas de organización indepen- dientes y autónomas del capital es el destino que éste, y sus diversos ideó- logos, administradores y políticos, quiere imponer como la norma genera- lizada. Esta fragmentación es la contrapartida de la globalización de la economía bajo la égída del capital financiero trasnacional y de sus porcio- nes nacionales, y de la inédita concentración del poder -primero económi- co, y en consecuencia militar y político- en grupos sumamente reducidos y en sus estados mayores del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En estos años de la reestructuración capitalista se han establecido nue- vas relaciones de poder, mediadas y encubiertas por el mercado. Ha tenido lugar una desvalorización global de la fuerza de trabajo, país por país y a escala mundial, una destrucción de capitales (marginales o nacionales) y una nueva acumulación y concentración de capital, con nuevas relaciones de poder en cada sociedad nacional y nuevas jerarquías entre las naciones.

Paralelamente, han sido destruidos o desestructurados los viejos pactos sociales, se han adelgazado o desvanecido los derechos en que se encarna- ban y han perdido fuerza, número y capacidad de negociación las organiza- ciones que los defendían.

País por país, en el centro del sistema y en la periferia, una quíntuple ofensiva fragmentadora se ha abierto paso: 1) laboral, contra los pactos

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contractuales (contratos colectivos de trabajo); 2) jurídica, corïtra la legis- lación y los derechos sociales y con las nuevas disposiciones de control; 3) política, contra los partidos y- organizaciones democráticas de izquierda; 4) organizativa, contra los sindicatos y las organizaciones del trabajo en las empresas y en el territorio (incluyendo la dispersión de los antiguos barrios obreros); 5) ideológica, presentando el hundimiento de los Estados buro- cráticos colectivistas como la ruina de la idea de socialismo y ofreciendo un solo horizonte posible y pensable, el de la sociedad del capital y de sus relaciones mercantiles. '

La fragmentación electrónica de las relaciones colectivas y delas con- ciencias comunitarias en unidades individuales; la sustitución de' la políti- ca de plazas, calles, lugares de trabajo o mercados populares por la soledad de cada uno frente al televisor; la supresión del intercambio y la discusión por el mensaje unidireccional del poder y el capital que penetra en cada casa; y la consiguiente reorganización ideal y espiritual del ámbito fami- liar, es el complemento de una empresa de dominación que, por su sofisti- cación y capacidad de penetración, supera de lejos a la propaganda ideoló- gica primitiva y obsesiva -y por lo tanto más identificable y resistible- de los ineficientes y’corruptos Estados burocrático-colectivistas ahora des- aparecidos. i

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Junto con la destrucción y fragmentación de aquellos regímenes en unidades separadas y en conflicto entre sí, la ofensiva generalizada del capital ha adelgazado o vaciado de contenido a las diferentes formas de Welfare State o Estado social, donde las garantías jurídicas y contractua- les relativas concedidas a ciertos derechos sociales para todos los ciuda- danos: educación, ingreso, salud, empleo, eran el sustento de la posibili- dad del ejercicio efectivo de los derechos políticos democráticos. Esos derechos legales son transformados en servicios pagados y el debilita- miento extremo de las organizaciones sociales que los defendían es a la vez la causa y resultado de ese retroceso general hacia lo privado.

Esas parejas perversas de globalización y fragmentación; de posesión y desposesión; de sociedades de dos velocidades: los incluidos y los exclui- dos; de concentración de conocimientos prodigiosos en un extremo y de su privación total en el otro; de alta cultura humana en los centros del poder y del dinero y de deshumanización de la vida de segmentos sociales y de países enteros; de clases, países y grupos dominantes por un lado y clases peligrosas por el otro, son la forma social en que se presenta la nueva

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dominación universal del capital.

La concentración nacional e internacional del poder y de la despose- sión; la fragmentación dc las naciones y el resurgir de los nacionalismos autoritarios y tribales cuando el mercado y la democracia prometían unifi- car al mundo; las guerras locales y los mortíferos tráficos ilegales de las grandes trasnacionales de la droga y de las annas; la destrucción de la racionalidad postulada por el iluminismo en los albores de la cra mundial del capital; las migraciones miserables y masivas impuestas por los azares del mercado de trabajo y de los conflictos armados; la aparición de países, regiones y poblaciones enteras prescindibles y abandonadas a sus desas- tres; el hambre y el retorno de las pestes bíblicas; la contaminación y la degradación de la naturaleza y la destrucción de más y mas formas de vida en el planeta; la destrucción de los antiguos lazos, costumbres y solidarida- des sin que sean reemplazados por otros nuevos, como en los proyectos del socialismo y de otros ideales de trabajo, sino por la soledad individual, el desamparo material y espiritual y la guerra de todos contra todos: este es el panorama cruel que nos ofrece la dominación contemporánea y sin disputa del capital.

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La fragmentación del trabajo, tendencia constante del capital en cada una de sus sucesivas épocas de expansión mediadns por las crisis, toma formas igualmente perversas en la reestructuración capitalista que arrastra a toda América Latina. También aquí. el trabajo asalariado (y dependiente en gene- ral) se trans forma más y más en trabajo precario, flexible, segmentado, tras- nacionalizado y migrante.

Y esta fragmentación, desposesión y desvalorización de la fuerza de trabajo (urbana y rural) en América Latina y en los países subordinados en general, es utilizada como poderoso instrumento de presión contra los tra- bajadOrcs de Estados Unidos (y de otras economías centrales). para obli- garlos a hacer concesiones al capital en esos mismos terrenos, pa ra desva- lorizar su fuerza de trabajo y para quebrar su resistencia en la ofensiva generalizada de capital contra el trabajo que es el rasgo central de la rees- tructuración y la globalización.

En este contexto el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá debe verse, por encima de todo, como una doble opera- ción histórica: por un lado, como una operación geopolítica, para extender y consolidar la American fortress entre Alaska y el canal dc Panamá y establecer un nuevo modo de dominación pactado sobre toda América La-

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tina; por otro lado, como cl asalto más grande del capital en lo que va del presente siglo contra el trabajo estadounidense y sus conquistas.

De este modo, mientras esta nueva forma de dominación —que viene a sustituir a las sucesivas precedentes como el New Deal y la doctrina de la seguridad nacional- conduce a una nueva fragmentación y división entre las naciones latinoamericanas, es presentada en cambio como la realiza- ción moderna de la aspiración histórica de su unidad, pero a través del moderno mercado del capital trasnacional, un mercado que excluye a seg- mentos cnteros y mayoritarios de la población de cada país. De este modo, las utopías continentales de Hidalgo, Bolívar, Martí y Mariátegui vendrían a materializarse en su negación: la iniciativa de las Américas dc George Bush.

Uno de los aspectos más dramáticos de esta tendencia es que México, cl país que ha sido siempre frontera y baluarte latinoamericano frente a las presiones hegemónicas de Estados Unidos, aparece ahora como la punta de la lanza y el modelo ejemplar de esta nueva dominación. Es incalculable cl daño que esta reversión de la imagen mexicana, si no es contenida, puede causar a la conciencia y a las esperanzas profundas de la comunidad de naciones latinoamericanas. La sutil perversidad del proceso aspira a poner hoy a la reversión mexicana y a la deseada destrucción de Cuba como contraejemplos para toda América Latina dc los infortunios a los que lleva la autonomía y de las prosperidades a las que conduce la sumisión (o, en las palabras del marqués de Sade, les prosperite’s du vice et les infortmzes de la vertu).

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Uno tras otro fueron cayendo, en los países de América Latina, los anteriores pactos sociales y las líneas de defensa de los trabajadores. En aquellos países donde la organización del trabajo había establecido fuer- tes líneas de resistencia, las dictaduras militares hicieron la primera obra gruesa en esta destrucción, hasta que agotaron sus posibilidades de efi- ciencia y también de supervivencia.

Pero la caída de esas dictaduras y el restablecimiento de regímenes po- líticos republicanos no condujo al restablecimiento de las conquistas so- ciales garantizadas en las leyes ni a una contención de la ofensiva fra gmen- tadora del capital, ahora afirmada políticamente en los gobiernos neolibe- rales. Por importante que haya sido la recuperación de las instituciones republicanas -aún retaceadas o bajo tutela, como sucede en casi todos los países- , esta forma de la democracia política no resultó suficiente para

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contener y revertir aquella múltiple ofensiva, sino que terminó siendo el marco jurídico y económico en que ella no sólo prosiguió su marcha sino que buscó su legitimación. '

Esta legitimación es igualmente perversa porque contribuye a presentar al universo del capital globalizado y del trabajo fragmentado como el úni- co racional y posible, en un mundo donde el gran poder parece desperso- nalizarse porque los- grandes centros de decisión se trasladan a institucio- nes internacionales y donde la gran propiedad parece desmaterializarse porque sus mayores concentraciones se presentan como el capital f inancie- ro registrado en las pulsaciones electrónicas de las pantallas de las bolsas de Tokio, Nueva York, Londres, Amsterdan o México.

Si esta legitimación supuestamente democrática, en un continente don- de en cada república el poder se asienta sobre una infinita dosis de violen- cia de todo tipo ejercida cada hora del día contra la mayoría desposeída de la población, tiene cierta aceptación, es porque además la organización mercantil-capitalista de la sociedad se presenta como la única portadora de sentido.

En otras palabras: los ideales socialistas como proyecto alternativo de sociedad y sus múltiples formas de organización, construidos socialmente en nuestros países desde el último cuarto del siglo pasado y herederos de antiguas utopías agrarias y religiosas arraigadas en las tradiciones campe- sinas de nuestros pueblos, eran los que en forma directa o mediada daban sentido trascendente a las innumerables luchas inmediatas, sociales, políti- cas, económicas, locales, regionales o nacionales en nuestros países. El socialismo en sus diversas variantes aparecía como una cultura diferente y como transmisor de sentido universal a movimientos de construcción es- tatal, de recuperación y afirmación cultural o étnica, de reivindicación so- cial, aunque muchos de sus participantes o los movimientos mismos no fueran socialistas.

El ideal socialista era un universal antagónico al universalismo mercan- til del capital, un sentido de la vida opuesto al ofrecido por la riqueza y el poder, una mística sustitutiva o heredera de la mística religiosa como ins- piradora'y depositaria de valores humanos universales.

El ideal socialista, heredero del liberalismo radical, se construyó en las conciencias a través del trabajo, la experiencia y las luchas, como la mítica torre de Babel. Lo mismo que ésta, había conquistado una lengua única que identificaba y reagrupaba bajo una sola bandera y una empresa común a los dominados y los explotados. Era, como Babel, el proyecto de cons- truir una ciudad perfecta y una torre que tocara el cielo. Ese ideal daba

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sentido a movimientos sindicales, sociales, cooperativos más limitados, cuyos integrantes tal vez no lo compartían en su totalidad pero de él reci- bían inspiración y seguridades. El golpe más concentrado del capital fue destruir esa torre ideal y con ella la ciudad independiente del trabajo, dis- persando en infinitos individuos segmentados e incomunicados entre la lengua única que era el vínculo de su comunidad y de su identidad.

La desvalorización e incluso la quiebra del socialismo como ideal y como visión universal alternativa y portadora de sentido y de valores ha privado a esos movimientos de toda visión que trascienda el horizonte de la sociedad del capital. De este modo, los dominados no sólo han sido fragmentados, sino que se han visto privados de la posibilidad de reagru- parse en tomo a otra bandera y otra identidad política que no sea, en apa- riencia, la misma de sus dominadores: la democracia representativa. Esa democracia, sin embargo, pese a que fue reconquistada por las luchas de nuestras sociedades, se confunde hoy y, en todos nuestros países, con el proyecto económico neoliberal.

Negar la importancia de esta reconquista sería absurdo: es obra nuestra, no del capital, sus planes y sus poderes. Aceptarla en su forma actual como horizonte único y último sería subordinarse a la fragmentación de nuestras sociedades ala cual tiende la nueva dominación del capital. Plantear hoy una forma política alternativa aparecería como una pura construcción del espíri- tu, de esas que no llegan ni a rasguñar la realidad; o como una aventura sin fundamento teórico ni práctico, de esas que sólo engendran desaliento y dis- persión. ¿Entonces?

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No comparto la idea de quienes hablan del fracaso de las políticas neo- liberales. Si se las toma como una respuesta a las necesidades de la pobla- ción, entonces si sus resultados son fallidos. Pero si se las considera como la forma política de una nueva fase de la expansión capitalista, es forzoso constatar que han tenido éxito, porque esos resultados son precisamente los que se proponían: concentrar las cimas del poder y del dinero en cada uno de nuestros países en una alianza financiera fuera de la nación; despla- zar y derrotar a otras fracciones antes dominantes del capital nacional; crear una reducida capa social de sostén que abarca entre un quinto y un tercio de la población; excluir, marginar, fragmentar entre los dos tercios y los cuartos quintos restantes, abandonados a una vida de privaciones, te- mores y miseria, despojados de anteriores derechos y conquistas y negados en la misma fuente de la dignidad de su existencia.

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Esa es la obra de una nueva capa de dirigentes surgida de la fase ante- rior dc la dominación del capital en nuestros países. Su propósito no es la vieja construcción de la nación estructurada sobre la empresa común de su mercado interno y de sus múltiples relaciones culturales y solidarias, sino la nueva construcción dc su propio poder trasnacionalizado que controla, por los mecanismos hercdados de la vieja dominación política, un pedazo, casi indiferente a sus fines, de población y de territorio en el mercado global, y sobre esa base negocia con sus socios mayores intemaeionales.

Frente a este horizonte, diversas corrientes dc la izquierda buscan en estos tiempos un terreno programático común para establecer un lugar pro- gramzítico de encuentro y una política alternativa. Este terreno tiende a ser la reformulación dc un proyecto de Estado social o Welfare State para estos tiempos, donde los derechos democráticos se sustenten en los dere- chos sociales garantizados por Icy cada ciudadano, y donde el ejercicio de estos últimos derechos den la posibilidad del ejercicio efectivo de los pri- meros. En otras palabras: no hay democracia política real sin condiciones humanas de existencia; no hay modo de conquistar y defender estas condi- ciones sin ejercer la democracia política,

Estos Welfare States para nuestros países se prcsentarían no como el resultado de una confrontación abierta sino de un nuevo pacto social, CUI’I? venientc para todos los participantes y concertado entre todos segun los dictados de la razón y de un supuesto interés común de la sociedad entera, una especie de acuerdo de ingeniería política y social sancionado por el voto universal y llevado a cabo por gobiernos democráticos en el poder.

Esta manera de plantear el problema olvida que los Welfare States que han existido fueron el resultado de duras confrontaciones entre clases orga- nizadas y que el pacto social alcanzado fue también el resultado de los ataques frontales contra el capital, obligado entonces a ceder y pactar pa ra preservar en nuevas condiciones y con nuevas concesiones a la sociedad una dominación que era severamente cuestionada.

Así sucedió en Estados Unidos con las luchas del ClO, en Francia con el Frente Popular. en México con cl cardenismo, en la posguerra con los grandes movimientos de organi7ación de los trabajadores en Italia, cn Gran Bretaña, cn Alemania y cn toda Europa, y la lista podría cxtenderseÏ.

Plantear así las cosas equivale, como señala Jacques Kergoat en un tex- to rccicntc. “a negar que la cuestión del cambio pueda salir del debate de ideas eortescs entre gentes. bien educadas para plantearse en términos de relaciones de fuerza y ser conducido por fuerzas sociales bien precisas”.

La nueva fase expansiva del capitalismo no es una mera cuestión de

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nuevas tecnologías y mayores concentraciones de capital, sino sobre todo una cuestión de una nueva relación de fuerzas entre el capital global y las fuerzas del trabajo y entre sus diversos segmentos nacionales. Es esa rela- ción de fuerzas la que es preciso empezar a revertir en las nuevas condicio- nes de existencia del capital, estas irreversibles al pasado. Es de los nuevos movimientos sociales, engendrados en estas nuevas condiciones en nuestros países latinoamericanos y en el mundo, dc donde puede surgir la fuerza para conquistar esa diferente relación. No se trata de ingeniería po- lítica, sino de luchas organizadas en la sociedad.

Porque el socialismo, si algún significado tiene esta palabra, no es un plan de Estado o un programa de redistribución gubernativa. sino ante todo y sobre todo la organización autónoma de las fuerzas del trabajo bajo todas sus formas (es decir, del 95 por ciento de la población) con respecto al capital y al Estado. 'Y es en la resistencia a éstos y en la solidaridad entre donde esas fuerzas se organizan en cada situación histórica específica.

Para establecer en un plano actual las premisas de un Estado social, sera preciso forzar los acuerdos, como sucedió en el pasado, apuntando mas alto y más lejos que el nivel mismo al que finalmente se establezca el pacto social. No se trata aquí de un mercadeo -pedir más para obtener algo- , sino de una puesta cn tensión de las fuerzas sociales sin las cuales no hay pacto posible, porque los pactos se hacen entre fuerzas contrapucstas pero no pueden alcanzarla y se ven obligadas a establecer, en consecuencia. deter- minado equilibrio.

La tarea, entonces, no es la formulación de un programa aceptable des- de ya para todos, sino la organización de las fuerzas con un programa pro- pio, general y alternativo. Eso es lo que hizo en el pasado el socialismo,

‘apoyado en el movimiento de los trabajadores y en los múltiples movi- mientos sociales de cada país y cada momento. En las nuevas condiciones será preciso volver a plantear esa empresa de organización y de civiliza- ción, contra quienes, después de las derrotas, aceptan resignarse al orden social existente proponen una versión moderada de Estado social como un retoque a sus rasgos más siniestros.

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Frente a la moderna barbarie electrónica y a la tribalización de las so- ciedades propuestas como horizonte último (y catastrófico) para los seres humanos, los nuevos movimientos en surgimiento o cn gestación en todo el continente tendrán que verse llevados, no sólo a resistir como era ncceé sario e inevitable hasta ahora, sino a engendrar por necesidad de supervi-

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vencia y de extensión su propio momento de generalización alternativa, la socialización y reunificación de sus demandas, el equivalente programáti- co y cultural de lo que en el pasado hicieron los movimientos socialistas. Sea o no éste el nombre en estos días, no creo que pueda ser otro el conte- nido, aunque la forma, por necesidad, nada tenga que ver con un artificial programa único para todos los países y sociedades’. °

El momento de la nueva generalización no puede ser delegado al Esta- do ni son su vehículo las estatizaciones de la economía. Lo opuesto a la barbarie del mercado capitalista no es el despotismo del Estado. Es la orga- nización de los seres humanos en la producción de su vida social.

Los movimientos sociales, colocados ahora a la defensiva, han sido desde siempre el terreno donde se opera la acumulación de experiencias y conocimientos sociales para esa organización; La superación de la presente fragmentación tendrá que venir por acumulación y combinación de expe- riencias y reflexiones en las nuevas formas de la resistencia de la' sociedad al capital. Los móvimientos sociales y las organizaciones políticas que en ellos aspiran a sustentarse están ante la exigencia de esta nueva generaliza- ción.

Es ilusorio —y sin embargo reaparece en las lamentaciones y las con- denas contra la perversidad de los neoliberales— querer revivir los viejos pactos o las ideologías estatistas, nacional-populistas o socialistas de Esta- do que condujeron al desastre. No se trata de salvar lo salvable o de pegar tepalcates. Se trata ,como otras veces en la historia de este siglo, de comen- zar de nuevo. Contra los efectos inhumanos de la flexibilización, la desva- lorización, el desempleo, la precarización, la segmentación y trasnaciona- lización, el trabajo necesita encontrar su nuevo terreno de organización y de lucha. Su fuerza radica en que el capital no puede prescindir de él ni puede dejar de aumentar sus capacidades, antes bien lo engendra y lo mul- tiplica a escala planetaria. I

El trabajo en todas sus formas necesita definir un nuevo horizonte y una alianza entre sus fragmentadas fuerzas y las fuerzas afines. Esa alianza tendrá que tomar la forma de un pacto o alianza civilizadora: por un con- junto mínimo de derechos sociales —empleo, ingreso, educación, salud, vi- vienda, descanso, medio ambiente- y de libertades políticas garantizadas a todos los seres humanos desde el momento de su nacimiento.

En ese plano tan general, tan elemental, y al mlsmo tiempo tan alto de la defensa de la civilización y la racionalidad, parece hoy ubicarse el punto de convergencia y de generalización de los diversos objetivos particulares de los movimientos sociales y de sus aliados políticos. La organización

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para alcanzarlo se desarrolla en la confrontación con la dominación y las políticas del capital, su mercado y sus Estados. Pero su horizonte se coloca más allá de esaldominación devastadora de la naturaleza y de los seres humanos. 7

Ese horizonte se confunde con el de los ideales seculares del socialis- mo: justicia y libertad. En él hay una exigencia ética sin la cual esos idea- les se vacían de contenido y no pueden trascender los confines de la socie- dad tal cual es. Cuando la política de los socialistas deja de lado esa ten- sión e'tica que la define, se degrada en una de las múltiples políticas repro- ductoras de esta sociedad o se pervierte en una bastarda dictadura burocrá- tica.

Los movimientos sociales que vuelven a brotar en todos nuestros países no son socialistas. Viven y buscan conquistar posiciones en la sociedad en un proceso incesante de organización-confrontación-negociación con sus antagonistas o interlocutores. Pero para no estar en desventaja, necesitan no estar subordinados al horizonte societal o ideal de éstos. De ahí se des- prende el carácter necesario de una proyección política propia de esos movimientos, aunque cada uno mantenga su propia organización y fines.

La consolidación de las frágiles, tuteladas y controladas repúblicas res- tablecidas en América Latina no puede ser garantizada por las tendencias fragmentadoras y disociadoras propias de la nueva dominación llamada neoliberal. Una nueva versión política de los ideales arraigados en la con- ciencia y en la historia latinoamericana debe ser por fuerza formulada y asumida por las fuerzas del trabajo: la unidad latinoamericana, la construc- ción de las naciones, la vida y el gobierno autónomos y extensamente entretejidos de sus comunidades, la expansión y enriquecimiento de sus múltiples culturas, el derecho de todos al trabajo, a la educación y al dis- frute, la antigua idea de una patria latinoamericana para todos.

Osando demasiado y organizándonos sobre esa osadía podrá ser posi- ble, dentro de la realidad y con políticas realistas, obligar a quienes hoy dominan a pactar una vez más con el movimiento y las demandas de nues- tras sociedades en una nueva forma de Estado social, republicano y demo- crático, dentro de un marco político y económico que, a diferencia del presente, garantice nuestra vida, nuestra razón y nuestra civilización.

No es bueno resignarse a quedar preso de los mezquinos horizontes sociales y políticos que se nos presentan como el ineluctable castigo divi- no por nuestras pasadas audacias. Si las antiguas torres fueron destruidas, no fue borrada la experiencia humana que permitió construirlas. Contra lo que piensa el Sumo Pontífice, es hora de volver a unir en una sola nues-

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tras lenguas y echar los cimientos, usando incluso algunas viejas piedras, de una nueva, humana y trasparente ciudad futura, con su aún mas esbelta torre de Babel. Tal vez la llamen, como a San Gimignano, la ciudad de las hmnmsmustygmmgmmocumdcunddoanflyunvmoddkmmx México DE, [994

NOTAS

l. Umberto Eco. La ricerca della lingua perfetlrr. Hari. lïditori later/.3. 1093. 413 ps.

2. lrving l'lowe. en la introducción a Essential War/rx ufSociu/ism, New llavcn. Yale University Press. l976. anota: "Sería difícil. quiza imposible. decir hasta donde cl lle/fare State cs' cl resultado de un intento deliberado para estabilizar la sociedad capitalista desde arriba. para poder evitar las rupturas y las crisis revolucionarias. y hasta dónde cs la victoria parcialmente alcanzada en las luchas dc las masas de seres humanos para satisfacer sus deseos. (‘ontra quienes ven cl ll'elj'ure State simplemente como cl resultado dc procesos economicos autónomos o como un artificio para mantener. mediante diversiones y concesiones. las formas tradicionales dc poder económico cs pre- ciso subrayar que cl wei/ari.er representa. tanto cn sus logros como en sus potencialidades. una conquista que ha sido arrancada a través de la lucha por los movimientos obrero. sou'alisla y liberal".

3. Umberto l'íco. up. cit.. p. 3-14. anota esta reflexión sobre las lenguas unchrsaIcsz"lis destino dc todo proyecto dc lengua anificial que. si cl "verbo" no se difunde. aquella mantenga su pureza: pero si cl "verbo" se al'rrma. entonces la lengua sc vuelve propiedad del conjunto de los prosélitos y. dado que lo mejor es enemigo dc lo bueno. sc "babe-liza". lts también el destino dc las religiones. las ideologías y los programas. cuando de la tcoria dc sus iniciadores pasan a la realidad dc las sociedades humanas.

RAZON Y REVOLUCION

Teoría Historia Política

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O .¿Una nueva 0 Izqmerda en Memo?

Arturo Anguiano“

ArturoAnguiano se interna en estas páginas en el laberinto del di ficil proceso de recomoosiciiín de la izquierda politica y social mexicana. El autoritarisnm pri ¡sta y la perdida de rumbo del cardenismo tienen su lugar en este laberinto. Pero una centralidad creciente ha ganado el E ZLN. desde su irrupción armada en Chiapas hasta sus diversos e inteligentes intentos de inserción civil en la política nacional muvicana. de modo que “la oposición democrática vive bajo el signo del EZLN nos dice Anguiano. Un hito en este sentido fue la Convención Nacional Denun'ra'tica en Aguascalientes y el esfiterzo de reunir las luchas democráticas en un Movimiento de Liberacion. Un nuevo hito es la reciente convocatoria, por parte del EZLN, a un referendum sobre sus demandas y su futuro como organización.

El artículo que incluimos a continuación es previo a la realización del referendum el 27 de agosto. En el mismo, a través de 8.000 mesas de votación y asambleas indígenas en todo México y a trave's de Internet en los comités de solidaridad internacionales, arriba de un millón de hombres y mujeres respondieron al referendo. Las preguntas acerca de las demandas, la necesidad de unir las fuerzas democratizadoras alrededor de ellas, y de concretar una reforma política que garantice la democracia fueron respondidas positivamente por casi toa’os los votantes. L as preguntas sobre la . naturaleza futura del EZLN como organización fueron respondidas en el sentido de su conversión en fuerza política, aunque los votantes se dividieron

en torno a su independencia o no respecto de otras fuerzas políticas. L a

búsqueda de “una nueva izquierda" en México sigue adelante

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Melropolr'uma (México).

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A Mario Payeras,

revolucionaria universal, guatemalteco, escritor y poeta,

hacedor de papaloles,

mar-imbero,

diestro en el vuela de las aves,

quien murió asediando utopías. 1. Izquierda ausente

En medio de una de las recaídas más graves en la crisis duradera del modelo económico y político mexi- cano resulta patente la ausencia vir- tual de una izquierda política y so- cial capaz de hacer progresar una alternativa de fondo, en favor del trastocamiento múltiple de los cs- quemas de organización social, pro- ducción material, distribución de la riqueza y en general de las relacio- nes sociales y de poder prevalecien- tes.

Las ondas de choque producidas por la caída del muro de Berlín en 1989 no derruyeron a las distintas organizaciones políticas que en México se reclamaban del socialis- mo. Estas habían optado un año an- tes por el suicidio político, disol- viéndose en la marejada que levan- inesperadamente la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárde- nas, recayendo en los mitos ideoló- gicos revividos por él y cuyo com- bate había marcado el origen de aquellas, o eclipsándose por la va- ciedad, el abandono y la impoten- Cia.

Veinte años después del 68 (de arranque tanto de la crisis histórica del régimen priísta como del proce- so de recomposición y reorganiza- ción dela izquierda y del movimien- to de masas), se clausuró de hecho el período de búsqueda de una dis- yuntiva política autónoma ligada a los intereses de los trabajadores. Bajo el influjo del hijo del general Lázaro Cárdenas —quien retomó el viejo programa nacionalista revolu- cionario agotado y desechado por los priístas modemizadores-, la izquier- da realizó en 1988 un primer cam- bio de piel y se subsumió en el nue- Vo cardenismo. Pero la apuesta fra- casó al no cristalizar ni el esperado partido de masas que no fue el Par- tido de la Revolución Democrática (PRD)2 ni la alternativa del poder mediante una nueva insurrección ciudadana y la derrota del PRI en las urnas en 1994, en un país donde la repúblicademocrática asume la forma de una mascarada.

La izquierda no sólo se asimiló en lo fundamental al cardenismo, sino que el resto de fracciones o frag- mentos cayeron en el marasmo, la dispersión y la crisis de identidad. El Partido del Trabajo (PT), que re- unió a una buena parte de lo que había sido una de las organizacio- nes más importantes de los ochen- ta, la OIR-LM (Organización de lZ- quierda Revolucionaria Línea de Masas), jamás logró actuar de ma- nera que pudiera sacudirse el víncu-

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lo perverso con el salinismo, bajo cuyo signo nació y que lo fue reafir- mando como un nuevo partido pa- raestatal, revestido de una fraseolo- gía de izquierda cada vez más opor- tunista’. Después de dilapidar todo su acervo, el Partido Revoluciona- rio de los Trabajadores (PRT) con- cluyó un largo proceso dísgregador motivado por enfrentamientos inter- nos y detonado por el arranque de la campaña electoral de Cuauhtémoc Cárdenas, dejando sólo sombras desfiguradas de un proyecto que durante varios años había logrado colocarse como la segunda fuerza de la izquierda, luego del PSUM-PMS. Muchos otros organismos se disgre- garon asimismo o concluyeron evo- lucionando hacia el PRD, mientras los malos de la película, los ultras de distintos pelajes, afirmaron sus reflejos autoritarios e ideológica- mente lamentables.

El panorama de la izquierda a fi- nales de los ochenta se modificó tan- to que en los noventa, en pleno auge de la modernización salinista, pocos siguieron considerándose de izquier- da (ya no digamos marxistas), gi- rando de una u otra manera en torno a la generalizada lucha electoral y parlamentaria impulsada por el PRD, quien abandonó en el camino muchos de sus presupuestos ideo- lógicos, tratando al principio de co- locarse por encima de las “geome- trías políticas“, para luego concluir en la perspectiva de dar forma más

bien a un supuesto centro-izquier- da, tradicional coartada de la ambi- güedad.

La izquierda de hecho se dislocó a misma, abandonando los logros políticos y experiencias organizati- vas que había desarrollado a partir del arranque de los setenta, cuando

. por fin coincidió su recomposición

con el proceso de reorganización y lucha independiente del ¡movimien- to obrero y de masas (la llamada insurgencia obrera, campesina y popular), con el que pudo estable- cer difíciles, pero reales, vínculos, complejos vasos comunicantes que entonces la comenzaron a transfor- mar y fortalecer. El régimen priísta encabezado por Carlos Salinas de Gortarí enfrentó una oposición cada vez más amplia, de más en más ciu- dadana, pero pulverizada y escépti- ca frente a partidos que tienden a confundirse en su pragmatismo, en su falta de programas, en sus ansias de poder sin opciones políticas de fondo. En los claroscuros de la no- che modernizadora, todos los gatos se volvieron efectivamente pardos y, como nunca, el poder se volvió ab- soluto. '

2. Vientos del sur, aires de cambio

Trueno, relámpago, revuelta en el paraíso, las metáforas más comu- nes para describir la insurrección za-

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palista del primero de enero de 1994 muestran cl asombro generalizado, la sorpresa por lo insólito. Como se ha escrito hasta el cansancio, la irrupción estruendosa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la escena nacional ex- presó tanto el fracaso del régimen que se disponía a cosechar los exi- tos de la integración modernizadora de Mexico al primer mundo, como del PRD qUe pretendió representar la única alternativa posible (demo- crática, nacional y popular) para las clases subordinadas.

La insurrección zapatista agudi- de entrada el descontento del PRD y del resto de los sobrevivien- tes de la izquierda, quienes luego trataron de aprovechar el impacto del EZLN para sus propios planes y acabaron viéndolo con desconfian- za, como un intruso destinado a des- plazarlos.

Los zapatistas reanudaron en la práctica con la tradición de la iz- quierda socialista, entendida en su sentido más abierto y desburocrati- zado, volvieron a plantear como algo de actualidad la revolución y los programas clasistas de la izquierda, reintroducicndo su discusión entre las organizaciones sociales. el mo- vimiento ciudadano y. los partidos. Más aún los renovai‘Ón y fecunda- ron con la incomparable experien- cia de las tradiciones de lucha y or- ganización comunitaria de los indí- genas de Chiapas. La propia exis-

tencia del EZLN revelaba un largo proceso de reorganización e inser- ción social, un cnraizamiento pro- fundo en las comunidades que ha- bía sido incapaz de realizar una iz- quierda apremiada por obtener éxi- tos públicos y espacios de poder administrablcs. Sobre todo, el EZLN volvió a plantear sin vergüenza un camino hacia la izquierda, cuando en cl PRD y demas corrientes se me- uimorl'oseaban con el pragmatismo y sc desvivían por hacer olvidar su pasado izquierdista y hasta marxis- ta, ensayando identidades vagas-Í La conVoca toria del EZLN a rca- lizar la Convención Nacional Demo- crática (CND) para dar cauce a un gran frente opositor " planteó la po- sibilidad de un nuevo proceso de re- composición y reorganización, de renacimiento y revitalización de la izquierda política y social. Sus an- tecedentes más próximos Habían sido el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR) encabezado por Rosario Ibarra a fines de los seten- ta, a principios de los ochenta el FNDESCAC (Frente Nacional en Defensa del Salario, Contra la Aus- teridad y la Carestía) y la Asamblea Nacional Obrera Campesina Popu- lar (ANOCP) que para concretarse tuvieron que promovcrlos práctica- mente el conjunto de la izquierda política y social entonces actuante’. El EZLN mostró una capacidad de convocatoria inédita, atrayendo él sólo .a la tradicional “clientela” de

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la izquierda y además a intelectua- les, artistas, simples ciudadanos in- organizados, de muy disímiles pro- cedencias. Apostó a organizar en la Convención Nacional y potenciar la enorme inllucncia que había levan- tado desde el primero de enero, im- primiendo una lógica unitaria a las fuerzas de la sociedad civil empuja- das a la movilizaciónï En la eufo- ria de la insólita concentración mul- titudinaria en la selva Lacandona. el EZLN insistió en su concepción de la lucha cn todos los terrenos, mc- dios y niveles, promovió incluso la participación electoral y puso su fu- turo en manos de la entonces recién inaugurada CND". La convención surgió como una atractiva y origi- nal opción civil vinculada de hecho a una opción político-milita. Pero la coyuntura electoral determinó en gran medida el contenido y los lí- mites de la iniciativa zapatista y. sobre todo, se perdió la apuesta que en la práctica se había hccho por un cambio a través de lo que casi todos los convencionistas consideraban inminente: el triunfo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas.

El choque con la cruda realidad del 21 de Agosto de 1994, cl desen- gaño por el fracaso de Cardenas, las menguadas expectativas de movili- zación contra cl fraude. precipitaron a la atonía a esas fuerzas sociales y políticas. La CND apareció como un elefante blanco incapaz para actuar políticamente y movilizarse. El far-

do de una izquierda desprogramada y sin alma política. aquejada de to- das las deformaciones aparatistas y grupusculares, vació a la CN D e irri- y lanzó a la desilusión al propio subcomandante Marcos, quien vio caer cn la inercia disgregadora a su iniciativa unitaria“.

El prestigio del EZLN y su fuer- za dc atracción no bastaron para mudar a la CND en el embrión de una alternativa política de fondo, de la misma manera que cl ascendien- te y cl peso de Cuauhtemoc Cárde- nas tampoco fucron suficientes para derrotar al régimen priísta ni repro- ducir acciones capaces dc dcsbara- tar cl montaje del 2] dc agosto. Al primero le falló la incncontrable pre- sencia política legal, mientras al sc- gundo lo lastró un partido que lo atascó en la indefinición. Por lo de- mas, ni Cardenas ni la CND se pro- pusieron. o pudieron, incitar mani- festaciones poselectorales que pre- pararan una reacción más extensa, en el mediano o largo plazo. Sus iniciativas respecto de los resulta- dos de las elecciones y, luego, fren- te al nuevo gobierno de Ernesto Zedillo se deslizaron por la vaguc- dad. La dcjadez sc impuso ante la inminenciach cambio de gobierno. Nadie pudo haccr nada para presio- nar hacia una salida pacífica en Chiapas. El acorralamicnto dc los zapatistas se aprctó y Chiapas se convirtió en un polvorín, asentado en una crisis social sin precedentes.

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Los tempestuosos vientos del sur acarrearon aires de cambio en la na- ción toda, especialmente entre las iz- quierdas, como es más preciso ha- blar de esta gama político-social. Pero los lastres y el sopor resulta- ron demasiado pesados por la quie- bra de las esperanzas.Ante la pérdi- da de la perspectiva del poder, el PRD muy pronto comenzó a tratar de reconvertirse con el fin de vol- verse creíble y redefinir así su papel en un régimen que no pudo vencer. Al menos así podría acceder a espa- cios negociados que le ayudarían a afianzarse y renovar su futuro.

En diciembre de 1994 el nuevo gobierno priísta encabezado por Er- nesto Zedillo Ponce de León esbo- una especie de armisticio con el PRD, prometiendole un nuevo trato con el fin evidente de proseguir el acorralamiento de los zapatistas. Densas nubes se a golparon en el cie- lo presagiando tormenta en Chiapas. El subcomandante Marcos llamó entonces a Cuauhtémoc Cárdenas y la CND a que se unieran con el fin de crear un “gran movimiento am- plio de oposición para reinstaurar la legalidad, la legitimidad, el orden y la soberanía nacionales”“.

Aunque se escuchó más su su- puesto grito de guerra, como se in- terpretó su declaración sobre la asun- ción de Eduardo Robledo como go- bernador de Chiapas, lo más nota- ble fue esa angustiosa estrechez de un movimiento social que se estre-

lla en la inmediatez de sus reivindi- caciones fragmentarias. Fue un gri- to desesperado el deMarcos, dirigi- do a romper el cerco militar y polí- tico (sobre todo político) que se ce- rraba y que colocaba al país ante el desencadenamiento cercano de la imprevisible lógica de la guerra.

El llamado de Marcos persistió en recuperar la dimensión nacional del “problema chiapaneco” y la pers- pectiva nacional para solucionarlo. Frente a la evolución del PRD que se aleja de más en más de Cuauhté- moc y la parálisis de la CN D, el sub- comandante Marcos planteó la po- sibilidad de que la confluencia Cár- denas-CN D destrabara esa situación relanzando acciones que de nuevo - como en agosto« rompieran el sitio al EZLN y prepararan mejor el te- rreno a una alternativa política na- cional. Evidentemente, el EZLN dejó de ver en Cárdenas el rival a vencer, para reconocerlo como el aliado que tal vez pudiera cohesio- nar la amplia base social que en los hechos comparte con el PRD y que éste tiende a abandonar o perder en su curso "inclusionista”. En cierta forma, la CND había sido un inten- to del EZLN de atraer, organizar y ampliar buena parte del espacio po- lítico-social que venía ocupando el PRD, corrie’ndolo hacia la izquier- da. Pero la composición heterogé- nea de la CND y la ausencia de op- ciones políticas precisas no dieron para mucho.

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Los acontecimientos cambiaron la situación. La explosiva realidad de Chiapas está muy lejos de ser la realidad del resto del país. La bur- buja electoral no pudo ocultar el te- mor y el desánimo social generali- zados, las resistencias más bien so- terradas en la larga noche de doce años de reestructuración capitalista que desarticuló sindicatos, uniones, confederaciones, asociaciones, par- tidos, minando así las fuerzas colec- tivas y la confianza de los oprimi- dos. El movimiento ciudadano no ha sido sino una expresión parcial, li- mitada, como limitada y trunca es la propia ciudadanía en México, se- cuestrada por el régimen de Estado- partido que prevalece. La presencia zapatista rompió todos los esquemas y sacudió un poco las inercias des- movilizadoras, pero persiste no obs- tante un régimen político minado por crímenes y corrupciones, des- gastes y fuerzas disgregadoras, pero todavía capaz de imponerse de mil maneras a la sociedad.

El EZLN ha tenido la sensibili- dad para comprender los cambios en la nación y saber que es el único que en la actualidad podría encabezar el proceso de recuperación y reagru- pamiento de los distintos componen- tes de la izquierda política y social desarticulada en la noche moderni- zadora. Por esto insistió en la orga- nización de un frente amplio de opo- sición en la “Tercera Declaración de la Selva Lacandona” bajo la forma

de un Movimiento para la Libera- ción Nacional“. Pero no puede ha- cerlo a través de la CND que vive desgarrada por sus pugnas internas y no consigue fungir sino como una fuerza solidaria con los indígenas y campesinos chiapanecos, que no arriba más que a efectuar acopios de productos, caravanas y piadosos ayunos, respetables por el sacrificio personal que implican, pero que re- velan más impotencia y carencia de perspectivas, que imaginación o cambio de métodos políticos. Cuau- htémoc Cárdenas, por su parte, no parece encontrar su lugar ni su ofi- cio en la nueva estructura y difícil- mente podría supeditarse a posicio- nes con las que puede coincidir pero que no son las suyas. Sólo el EZLN podría impulsar con fuerza y legiti- midad sus propias iniciativas, pero no puede llevar adelante su función como virtual vertebrador de una nueva disyuntiva democrática de izquierda en su carácter político- militar, que choca con buena parte de su discurso político y traba cual- quier posible recomposición políti- ca amplia, es decir socialmente arrai- gada entre los distintos sectores so- ciales subordinados. Así pues, el EZLN tiene que resolver la contra- dicción ”en que lo tiene atrapado la guerra latente en Chiapas, que lo reafirma como fuerza militar, y dar un salto cualitativo por medio de su transcrecimíento como fuerza polí- tica nacional.

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Empero en la "Tercera Declara- ción de la Selva Lacandona” se ma- nejó con ambigüedad el papel polí- tico que se asigna para el EZLN, pues al convocar a la formación del MNL y a luchar “por todos los me- dios, en todos los niveles y en todas partes” por la democracia '5, no que- daba la impresión de que estuviera listo para la indispensable transfor- mación de su naturaleza como or- ganización. Pero su futuro y cl del conjunto de la izquierda social y política en México dependen de la claridad al respecto. En las actuales condiciones de la crisis duradera del capitalismo mexicano, no parece que sea ni con tiros ni con votos como podrá derrotarse al llamado régimen de partido de Estado. Real- mente el EZLN ha alcanzado mas influencia y aceptación por su ac- ción política que por su acción mi- litar. Se requieren nUcvos ropajes pero también nuevos actores con prácticas e intereses distintos, hace falta que sc rccompongan y poten- cien la energía colectiva y la lucha de quienes realmente necesitan la democracia de manera vital, esto es para defenderse. para sobrevivir dig- namente y con libertad.

3. Ante el nuevo trato guberf namental

El presidente Ernesto Zedillo no ha dejado dc aprovechar la situación

de la izquierda, especialmente los con ll ictos y flaquezas del PRD, para tratar de reencauzarla. Si apenas ayer la izquierda regresó a las redes ideo- lógicas del régimen de la revolución mexicana, así fuera bajo la versión matizada de Cuauhtémoc Cárdenas, ahora cl nuevo presidente podría intentar favorecer su tránsito hacia una fuerza opositora, sí. pero leal al régimen y parte del mismo. Zedillo inició su gobierno exaltando su cam- bio dc actitud hacia la oposición. de mayor llexibilidad y apertura, diri- gicndose muy particularmente al PRD, satanizado y perseguido du- ramente por Carlos Salinas. El nue- vo trato tendría en mira concretar la reforma política "definitiva" que México necesita.

La integración del panista Anto- nio Lozano Gracia como Procura- dor General de la República fue el punto de partida de una amplia cam- paña publicitaria sobre la disposi- ción presidencial de integrar un go- biemo aparentemente plural, la cual fue acentuada por la incorporación de dos secretarios pretendidamente independientes (A. Warman y J. Carabias), y la inclusión de una panista y un simpatizante del PRD en el gobiemo del Distrito Federal. Lo mismo con el gobierno de Chia- pas. El gobierno no tuvo que conce- der gran cosa y a cambio’ganó mu- cho en cuanto a imagen de apertura. También, de paso, puso en eviden- cia la fragilidad de los partidos de

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oposición, apurados por dejar de serlo, sin trabas de conciencia que les estorben.

En realidad hay que reconocer que al menos se renovó el discurso. Salinas llevó a su extremo el presidencialismo aplastante, inclu- so bajo la forma de un Estado-parti- do, sumamente ideologizado, que militó abiertamente contra los opo- sitores, cooptándolos, negociando con ellos ventajosamente o arrinco- nándolos con toda la dureza del po- der absoluto. El presidente Zedillo, por su parte, inauguró su sexenio tratando de despojar a su gobierno de ciertos excesos demasiado hur- dos e irritantes del presidencialismo, sin que pueda empero hacer a un lado la naturaleza del régimen que ahora representa ni su lógica, por más que pretenda reformarlo para aligerarlo o transmutarlo. Por ello, tras su discurso flexible no dejan de instrumentarse las viejas y rentables prácticas que cimbran y enturbian la vida interna de los partidos, como es la medida de llamar al gobierno a personalidades opositoras en vez de plantear a los partidos sentarse a negociar. Es como siempre el Esta- do-partido quien se dirige a las otras fuerzas políticas con el ánimo de so- cavarlas, quien trata de cooptar más que negociar, asimilar en lugar de contemporizar.

Probablemente el propio Zedillo se sorprendió de la efectividad de su política. Su audacia acabó de des-

pojar al PAN de su vieja autonomía y del severo carácter opositor que lo distinguían, desnudándolo en su apremio de incluirse en el gobierno sin atender demasiado las políticas a ejercer. Más aún respecto al PRD. que magnificó e ideologizó hasta lo indecible su rechazo a cualquier trato con el gobierno de Salinas (lo que de ninguna manera impidió innume- rables negociaciones y acuerdos de todo tipo con funcionarios de dis- tintas jerarquías) y que ahora se des- hace en deslices y actitudes que -no sin disputas internas- qttiercn mos- trar su cambio de piel al presidente. hace poco aún cuestionado.

Este apenas tuvo que entreabrir la puerta de la administración gu- bernamental, para que los oposito- res sc dispusicran a franquearla pre- cipitadamcnte, quienes estaban mas preocupados por negociar "cuotas" (como respecto a las delegaciones del DDF) que por la política que ten- drían que poner en práctica como miembros de un gobierno priísta. Ernesto Zedillo evidenció con su nuevo trato la inconsistencia de las oposiciones, desgarradas y dispues- tas a todo con tal de rascar el poder que no lograron conquistar bajo las reglas electorales vigentes y por su propia debilidad.

Ni las tremendas sacudidas de la recaída de la economía - nunca ca- balmente recuperada ni saneada-, ni la rcvalidación por Ernesto Zedillo de la política neoliberal que montó

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el espejismo salinista estallado en mil pedazos, impidieron que pros- perara el clima de apaciguamiento en’ el país y la impresión de que el Viento estaba cambiando de aire. Destacó, en este sentido, la entre- vista .que el presidente y su secreta- rio de gobernación, Esteban Moctezuma, tuvieron en la residen- cia oficial de Los Pinos, el viernes 13 de enero, con la dirección nacio- nal del PRD. La amplia sonrisa de Ernesto Zedillo, retratado al lado del dirigente formal del PRD, Porfirio" Muñoz Ledo“, exhibe la compla= cencia del primero por destrabar uno de los conflictos más persistentes y violentos del pasado sexenio, el cual evidenció como ningún otro la in- transigencia y prepotencia guberna- mentales, costando cerca de 300 simpatizantes perredistas asesinados impunemente.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortarí, es de todos sabido, persi- guió, reprimió, trató de romper y copar al PRD, quien jamás aceptó que su investidura fuera legítima ni legal. Todos los espacios se le con- dicionaron o restringieron y - como puede entenderse- el PRD desarro- lló en defensa propia una posición antigobiernista que muchas veces pareció extrema y sin sentido, que a su vez facilitó a los medios o enti- dades oficiales y oficiosas desple- gar una violenta campaña permanen- te en su contra.

De hecho, tal vez pocas veces

haya existido una campaña tan desproporcionada como la que se llevó a cabo contra Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencjal y líder indiscutible del PRD, sobre todo luego de que la insurrección zapatista del año nuevo proyectó su candidatura como alternativa viable ala crisis política del régimen. Nin- guna encuesta le concedió la menor esperanza de salir victorioso el 21 de agosto, pero por la fuerza y la magnitud de la operación rigurosa- mente orquestada en su contra por PAN, PRI, PT, gobierno, empresa- rios, medios, etcétera, parecía que en realidad todos temían una nueva e incontenible marejada que, como la de 1988, Cuestionara irremedia- blemente al Estado y al régimen todo, incluidos sus disidentes y opo- sitores institucionalizados, Votando en forma incontrolable por Cuauhté- moc, el hijo del general Cárdenas. El cauce de las movilizaciones po- pulares que en especial comenzó a crecer desde el mes de junio al paso de Cárdenas, particularmente en el centro y sureste del país, parecía abogar en este sentido.

Pero pasó lo que pasó, la marea cardenista no logró levantarse lo su- ficiente y la sofisticada y perfeccio- nada maquinaria de intimidación y fraude (preparada celosamente du- rante seis años) permitió al Eétado elegir con cierta maquinada Credi- bilidad al último presidente p‘riísta del milenio.

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A diferencia de Salinas, Ernesto Zedillo no logró el reconocimiento del 'PRD prácticamente desde antes de su toma de posesión, cuando se reunió con sus fracciones parlamen- tarias“, sino que se juntó con el ple- no de su dirección nacional inician- do así un diálogo aparentemente di- rigido a legitimar un nuevo trato político.

El discurso del presidente Zedillo, de unidad nacional ante la emergencia, coincidió en los hechos con la convocatoria del PRD a con- cretar un consenso nacional que ar- monice los intereses legítimos de los actores económicos y sociales, por más que entre en disonancia con el llamamiento de Cuauhtémoc Cárde- nas a crear un gobierno de “salva- ción nacional””.

Al menos por algunas semanas, la cargada atmósfera política del país se aclaró también gracias al encuen- tro en plena selva del secretario de gobernación con el subcomandante Marcos, que se presentó como el preludio de un nuevo diálogo guber- namental con el EZLN. Algunas 'de las condiciones del EZLN para en- tablar negociaciones coincidían con las que el PRD había fijado para arrancar el diálogo oficial con el gobierno: la solución de los conflic- tos electorales de Veracruz, Tabasco y Chiapas.

La firma de un Acuerdo Político .

Nacional en la ciudad de México por parte de todos los partidos registra-

dos, PRI, PAN, PRD y PT, bajo la cobertura presidencial, parecía la entrada triunfal a un nuevo período de relaciones políticas renovadas en vistas a la prometida reforma políti- ca “definitiva”ls. Nuevo trato, nue- vo lenguaje democrático, nueva re- forma política, quién se acordaba del mal trance de la economía y sus se- cuelas en la población, lastre pesa- do del ayer.

Ese proceso, ya encarrerado, so- lamente lo frenó la recaída en la perspectiva de la guerra en Chiapas, por el viraje que hizo el presidente Zedillo el 9 de febrero, cuando rom- pió la tregua y lanzó la ofensiva ju- dicial y militar contra el EZLN. De paso echó por la borda los acuerdos unitarios con los partidos, enrare- ciendo una vez más la atmósfera política nacional, suscitando nueva- mente el desconcierto y el temor, la desconfianza y la incertidumbre”. La sacudida despertó una vez más a la opinión pública del país, liberó por todas partes movilizaciones tan tumultuosas y frecuentes que de nue- vo detuvieron la mano represiva de un presidente, forzándolo a un diá- logo con el EZLN ahora más espi- noso, en condiciones precarias, siempre en el umbral del desastre.

4. La desventura del PRD

Si alguien evidenció su descon- cierto, su desamparo por los cam-

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bios tan abruptos cn la coyuntura nacional y el desmoronamiento re- pentino dc acuerdos e ilusiones, ése fue el Partido de la Revolución De- mocrática, apremiado por encontrar su lugar. Fue muy significativo que el PRD cumpliera sus seis años de existencia (el 5 dc mayo del 95) sin celebraciones ni reuniones especia- les que lo reafirmaran. Los dirigen- tcs nacionales del PRD apenas si cvocaron su vida partidaria. atrapa- dos como estan cn una maraña de grupos y conflictos que no los de- jan cohesionatse. Parecían a la dc- fensiva, desconcertados ante un fu- turo incierto.

Seis años no son muchos en la existencia dc un partido político, particularmente si ha de desarrollar- se en un medio sin tradiciones na- cionales dc organización y lucha política de grandes colectividades, en un contexto caracterizado además por la presencia avasalladora de un Estado-partido sostenido cn una cul- tura política alejada de los paráme- tros dcmocráticos, la cual por cierto se descubre hondamente arraigada cn la conciencia y practicas dc una sociedad tutorcada desde arriba. Pero el balance de un partido debe verse a la luz dc sus propias expec- tativas y de los objetivos que lc dic- ron nacimiento.

El PRD pretendió ser la solución de continuidad de un novedoso y multitudinario movimiento ciudada- no, el levantado por la candidatura

presidencial dc Cuauhtémoc Cárde- nas y la lucha contra cl fraude elec- toral y la imposición de Carlos Sa- linas de Gortarí como presidente de México en ¡988. Era el PRD la for- ma organica, organizada política- mente. del "partido que nace el 6 de julio“ —como lo definió Qirdcnas-. es decir el encauzamiento (y apre- samicnto) de la marca ciudadana que brotó por todas partes. a lo largo y ancho de la nación. rechazando la prepotencia inaguantable del PRI- gobicmo mediante cl voto por el hijo del general Cardenas".

Empero, los fenómenos políticu- sociales que conciernen a millones pocas veces siguen el rumbo dc quienes pretenden dirigirlos o cam- biar su naturaleza. Como era dc es- perarse, entonces. las vastas movi- lizaciones nacionales por la demo- cracia en México se diluyeron a tra- ves de múltiples vertientes, su cau- dal amainó hasta quedar como un sedimento, que bien podría (y pudo) fructificar de mil maneras. El PRD se armó como una maquinaria elec- toral y todas sus energías desti- naron a cjcrcitarla y potenciarla cn vistas a la nueva elección presiden- cial de ¡994, cuando una renovada marejada rccobraría para Cuauhté- moc Cardenas la presidencia de la que fue despojado ilegalmente, de- rrotando al regimen priísta. Si bien México es un país sin democracia efectiva, extraño a la alternancia del poder, esta sin embargo plagado de

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elecciones de todo tipo (del munici- pio a la presidencia de la república) que se suceden incansablemente prácticamente todo el tiempo, po- niendo en tensión a todos los parti- dos. El PRD, en consecuencia, se invirtió a fondo en esta acción sin tin como el camino ineludible hacia el 94. Abandonó a muchos y mu- chos lo abandona ron enfrascados en sus apremios y luchas vitales. Descalabros, fraudes, asesinatos, hostilidades y desilusiones formaron el perfil del PRD durante estos seis años. La alternativa por la democra- cia que se intentaba en un medio político cerrado devino choque fre- nético con el gobierno y su partido, que no dejaron al PRD ganar los espacios que le correspondían, arrin- conándolo en una lucha contra el fraude electoral, de más en más cam- biante y sofisticado. En el camino, todo el tiempo a la defensiva, el PRD fue dejando de lado programas y políticas, supeditando todo a un pragmatismo ciego, despolitizador. El PRD había resultado de la convergencia inusitada del naciona- lismo revolucionario (el viejo priísmo histórico) representado en ese momento por Cuauhtémoc Cár- denas y la Corriente Democrática del PRI y la izquierda socialista disper- sa en distintas y variables vertien- tes. La izquierda desembocó en la candidatura de Cárdenas golpeada por una crisis política e ideológica (una verdadera crisis de identidad”)

que arrastraba desde hacía años y tenninó por subsumirsc en el ncocar- denismo, como una manera de sub- sistir al desastre. Paradójicamentc, la izquierda que había surgido en lo fundamental al calor del 68 y en pug- na eontra los mitos y realidades de la revolución hecha gobierno, vein- te años después de difícil travesía renunció a su acervo teórico- políti- co, renegando de sus experiencias y se colgó de un proyecto exha usto y descartado por el propio régimen que lo gestó.

La izquierda mexicana se inmo- para regenerar el aliento añejo de un cardenismo que nunca ha vuelto a encontrar el sentido, aunque nuevos ideólogos. Los hechos du- ros de la vida y la reestructuración capitalista lo fueron moldcando has- ta dcspojarlo, en la víspera de la elección del 21 de agosto del 94, de un perfil político preciso y convin- cente que lo distinguiera del PRI y del PANÏ. De aqui proviene parte de la derrota de Cuauhtémoc Cár-

denas y la turbación del PRD.

Ni uno ni otro asimilaron la caí- da y cada quien deambula confusa- mente por su lado.

Cada vez más alejado política- mente de Cárdenas (a quien quisie- ran jubilar muchos) y del propio cardenismo, el PRD vive la incerti- dumbre del vacío, de la pérdida cs- trcpitosa dc las esperanzas y refe- rencias tanto tiempo alimentadas, apurado por reconvertirse a fin de

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atrapar un mejor lugar en un régi- men reformado por un gobierno zedillista que tampoco cae en su ca- rril. La presencia aún decisiva de Cuauhtémoc —cuya influencia jamás ha logrado transferirse a su partido- , así como el incómodo peso del EZLN y la posible recomposición de la izquierda política y social que la unión de ambos podría significar, han obstaculizado el cauce libre del PRD hacia la “inclusión” dentro del juego político nacional, que no pa- rece encaminarse sino a una demo- cracia regimentada y excluyente.

Cárdenas no encuentra su nuevo papel: efímero interlocutor válido del EZLN, candidato a dirigir un Movimiento Nacional de Liberación de corte zapatista, presidente de una más de las fundaciones por la de- mocracia... Pero cada vez resulta más evidente que su indiscutible li- derazgo en el PRD va siendo roído por las fracciones que se disputan el aparato partidario, las que tratan de reciclarlo para que deje de parecer “extremista” y pueda así ganar los votos que le permitan administrar algunos espacios de poder, que el presidente Zedillo cedería en aras de un nuevo trato”.

El PRD cumplió seis años con más pena que gloria. Sin duda re- presentó un opositor agresivo y casi siempre consecuente al régimen de partido de Estado y en especial al gobierno de Salinas. Sin embargo, de más en más se fue asemejando a

los otros partidos del régimen y prácticamente extravió, en la con- frontación y la tormenta, la posibi- lidad de forjarse como una alterna- tiva política original y creíble. El PRD podrá volverse -no sin conflic- tos y posibles rupturas- un partido leal a un régimen político amplia- do, aunque no plenamente democrá- tico. De otros lados y amaneceres, de otras energías y propósitos habrá que esperar una opción deveras de- mocrática, sólida, que no se la lleve el viento.

4. Una salida de y para el EZLN

Para bien o para mal, la oposi- ción democrática vive bajo el signo del EZLN. ASÍ como el país redes- cubrió por la aventura zapatista los sótanos a los que se había condena- do a vivir a los más desposeídos de los mexicanos (los indios, pero no sólo) y echó luz sobre las opacida- des y ficciones del hasta entonces triunfante régimen modernizador, también la sociedad civil -aquella que se movilizó durante los terre- motos del 19 y 20 de septiembre de 1985, la que irrumpió tumultuo- samente en plazas, calles y urnas en 1988, exigiendo en la práctica la ciu- dadanía plena, sin cesar escamotea- da- se identificó en masa con las mo- tivaciones y demandas del EZLN y descubrió en ellas una opción con- fiable. Asimismo, los zapatistas

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reactualizaron el premio por repen- sar la izquierda, de redescubrir sus identidades sin vergüenza, de despo- jarse del gris subido del pragmatis- mo que confunde (mimetiza) y trata de asediar de nuevo la utopía“.

De grado opor fuerza, todos aca- baron por solidarizarse primero con los zapatistas y converger más tarde al menos en algunas de sus iniciati- vas. El PRD ha sido el más renuen- te pues resulta claro que representa un proyecto político que no sólo pierde una parte sustancial de su base social a favor del EZLN, sino que se aventura por caminos .y prác- ticas discordantes. Propuestas del EZLN como la CND y primordial- mente el llamado a Cuauhtémoc Cárdenas para que encabezara el MNL motivaron reticencias en el liderazgo formal del PRD. Todo el mundo percibe el alejamiento real de la dirección perredista y el apa- rato partidario respecto a Cárdenas y no se da por descontado que el PRD pueda conservar sus fuerzas y relevancia en caso de una ruptura con su fundador y líder natural. Es cuestión de tiempo, pero es irreme- diable el cruce de caminos entre Cárdenas y el PRD, esto es, su di- rección nacional y las encontradas fracciones que lo pueblan. Será un desgarramiento doloroso, pero nada ni nadie parece estar en condiciones de parar la tendencia “inclusionista” del PRD, ni de desmontar la arra- sante lógica del aparato electoral,

cuyas necesidades se le sobreponen y lo condicionan, lo determinan y transfiguran.

Así como muchos se volvieron más carden istas que Cárdenas, aho- ra abundan los zapatistas cien por ciento, los más marquistas que Mar- cos. En el debe del EZLN, por cier- to, se inscribe el impulso desmesu- rado y fuera de foco de un naciona- lismo que devino patrioterismo va- cío, extraviado, que apunta más al ayer que al mañana. Pero aparte de semejantes resabios del fundamen- talismo de una izquierda confinada y en crisis de identidad, en realidad podrían estarse engendrando condi- ciones para el resurgimiento de una nueva izquierda mexicana abierta a todos los aires, imaginativa y cohe- rente.

El obstáculo mayor sigue siendo —como antes de la debacle que im- puso el régimen modemizador- el desfase entre la oposición de izquier- da que podría articularse (y en ge- neral toda la oposición) y el conjunto de las manifestaciones de resisten- cia y participación de la sociedad. Sin embargo, no es poco lo que ha progresado la sociedad en el aban- dono del letargo disgregador en el que la atrapó el régimen priísta, in- ventando y desarrollando nuevas y variadas formas autónomas de ac- tuación, de defensa y solidaridad, comenzando a recobrar así sus ener- gías colectivas y su creatividad. La sociedad se vuelve cada vez más ciu-

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dadana y participativa, al tiempo que la recaída en otra fase abierta de la crisis económica está desatando ac- ciones y luchas quc muestran el lí- mite al que está llegando la irrita- ción contenida de trabajadores, cam- pesinos, colonos, desempleados, jó- venes, etcétera. Nuevas recomposi- ciones político-sociales, nuevas re- sistencias podrían estarse gestando y la tan prometida recuperación de la economía (si viene) podría acti- var las inconformidades.

Los zapatistas han sido, precisa- mente, quienes han disparado de ma- nera mas persistente tales procesos de recomposición político-social, alimentzíndolos con su resistencia (más política que militar) a un régi- men que los condenó a la persecu- sión, la guerra y el exterminio. La “guerra social" (y el plan de choque pa ra relanzar la economía que anun- ció Zedillo el 9 de marzo fue una verdadera declaración de guerra) podría ser realmente devastadora para un régimen con problemas de legitimidad y de dominio. El gran reto sería precisamente encontrar las mil maneras como podrían ligarse los movimientos ciudadanos y los movimientos reivindicativos.

Durante su tercer encuentro eon el gobierno del presidente Ernesto Zedillo en San Andrés Larraínzar. Chiapas, el 7 de junio de 1995, el EZLN reiteró la urgencia de “una iniciativa de carácter nacional que una y cohesione todas las formas

organizativas hasta ahora dispersas (...) un Movimiento para la Libera- ción Nacional que junte todas las fuerzas, a todos losciudadanos y or- ganizaciones que luchan contra el sistema de partido de Estado“? Ante el fracaso manifiesto de la CND para convertirse en el motor articulador del frente nacional opo- sitor. los zapatistas convocaron a organizar una “gran consulta nacio- nal", e incluso entre los comités in- ternacionales de solidaridad con su lucha, con el fin dc “orientar así nuestro camino". Plantean pregun- tas referentes al programa (las ¡3 dc- mandas)", acerca de un posible fren- te amplio dc oposición, sobre la rc- forma política y. reveladoramcnte, dirigidas a definir su propio futuro: “¿Debe el EZLN convertirse en una fuerza política independiente y nue- va? ¿Debe el EZLN unirse a otras fuerzas y organizaciones y formar una nueva organización political)“.

Parece como si se estuviera en el umbral de un ciclo político. Los za- patistas vuelven a romper en forma inesperada el ccrco poderoso tendi- do por el gobierno. En el mas com- pleto acorralamiento pueden salir y recuperar la iniciativa política. dc- rivando hacia la sociedad entera la posibilidad de debatir sobre sus rci- vindicaciones y su futuro, que po- drán ser voluntariamente asumidas por todos, o por muchos, quienes están a la vera del poder.

A pesar de los esfuerzos en con-

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trario por parte del gobiemo, Chia- pas y el EZLN prosiguen como un asunto nacional. Los zapatistas re- huyen el atascamiento, la posible recaída en el olvido, la lenta pudri- ción a la que el presidente Zedillo quisiera abandonar un conflicto que parece no querer (o poder) resolver. Proyectan por esto la discusión de SanAndrés Larraínzar hacia las pla- zas y rincones dc México, que podrá opinar sobre demandas y medios para hallar una solución de continuidad a una lucha que apenas comienza.

Un ciclo político inédito podría iniciarse en México si al fin se en- cuentran las vías para articular las energías colectivas que durante mu- chos añosse han disuelto en la dis- persión y el aislamiento de capas dispares de la población trabajado- ra. Partidos, grupos, fracciones, ten- dencias, asociaciones, organizacio- nes de distinta índole, personalida- des, publicaciones, etcétera, no ha dejado dc expandirse el universo ubicado de una u otra forma en el terreno de la izquierda. No obstan- tc, mucho tiene que suceder todavía en México para que puedan decan- tarse esas fuerzas y sobre todo para que surja una cultura política crítica de carácter social (de masas, se di- ría antaño), sana y abierta, que rom- pa en los hechos (y no reproduzca de manera distorsionada) las relacio- nes y prácticas que condenaron a todos los proyectos de izquierda (comprendido aquí el PRD) a repro-

ducir en su seno los rasgos y la me- cánica del régimen priísta.

La guerra latente en Chiapas, los conflictos políticos irresueltos, las condiciones críticas que desgastan al país por el desmayo de la econo- mía y los rudos programas dc esta- bilización gubernamentales, repro- ducen de manera ampliada tensio- nes sociales y políticas que no tien- den a solucionarse sino a entreve- rarse. En este contexto, la consulta nacional a que convoca el EZLN podría favorecer la movilización y sensibilización política de muchos sectores y permitir una mejor suerte al propósito de lograr una gran con- vergencia política opositora. En es- pecial, probablemente prepare con- diciones para que el EZLN arranque su ineludible transcrecimicnto (la mutación dc su naturaleza político- militar), lo que ayudaría a sacar del atolladero al conflicto chiapaneco.

Es posible concluir que el EZLN podrá esta vez desencadenar efecti- vamente una convergencia más du- radera, conduciendo la amplia y abierta alternativa de izquierda que no quiso ni pudo ser el PRD. Pero al menos se tendría la posibilidad objetiva en la medida que los zapa- tistas pudieran invertirse abierta y plenamente en cl proyecto, el que seguramente sería de penosa concre- ción (y de resultados probablemen- te para largo plazo) por el lastre, las inercias y los abandonos que se arrastran.

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El concurso de Cuauhtémoc Cár- México de fin de siglo una original, denas, quien en los hechos se ha genuina oposición, una disyuntiva quedado sin partido, sería un co- de fondo (política y social) a un ré- adyuvante decisivo. En la ruta ten- gimen de Estado-partido que no sabe drían que florecer las ideas, definir- cómo mudarse o desaparecer. ¿Es- se las características del proyecto, taremos en el umbral de una nueva sus bases, métodos, prácticas, pro- época de luchas? ¿Es posible una gramas, su destino. De lo contrario, nueva izquierda en México? si nuevamente gana el pragmatismo, se asistirá a otro salto en el vacío.

Probablemente se asome a este México, DE 1995

Notas.

l. Cfr. "El eclipse dc la izquierda en México", en Arturo Anguiano, coordinador: El socialismo en el umbral del siglo XXI. UAM-X, México. 1091. pp.355-390.

2. A.Anguiano: "Los saldos del PRD". Topodrilo. nro.‘29. Julio-Agosto de 1993. pp.12-23.

3, No se ha escrito mucho al respecto. pero resulta muy interesante una lectura del artículo de Luis Hernández Navarro "El Partido del Trabajo: realidad y perspectivas”,

El cotidiano. nro.40. marzo-abril de 1991. pp.21-'_’8.

4. Véase por ejemplo el artículo de Rosa Albina Garavito (miembro destacado de la dirección nacional del PRD): "La intransigencia democrática del PRD y su modernidad". El cotidiano, nro.44. noviembre-diciembre de 1991, pp.l4-l7, donde escribió: "la identidad del PRD no va por una iden- tidad de izquierda (...) la geometría política no alcanza para definir la identidad del PRD" (p.18).

5. A partir de la "Declaración de la Selva Lacandona”, los zapatistas, y en especial el subcoman- dante Marcos, no dejaron de emitir comunicados y entrevistas que mostraron un pensamiento rico y bastante original. Véase por ejemplo una de las primeras recopilaciones "piratas": la palabra de los armados de verdad y fuego, Editorial Fuenteovejuna, México. 1994. Tiene razón Antonio García de León cuando señala que el movimiento zapatista "aunque no plantea una ideología sistemática y completa. ni un proyecto nacional de reforma política y social definitivamente elaborado y acabado. si ha generado un pensamiento inspirador. el que se ha ido proyectando como un replanteamiento de orden político y social" (“Chiapasz los saldos de un año de rebeldia". Perfil de la jornada. 2 de enero de 1995. p.lV).

6. Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN. "Segunda Declaración de la Selva Lacandona”. Viento del Sur, México. nro.2. julio de 1994, pp.78-32.

7. Luis Hernández Navarro nos recuerda en breve algunos de sus rasgos en "Aguascalientes: el túnel del tiempo", La jornada, ll de agosto de 1994.

8. Sobre la CND se puede tener una relación de las agrupaciones participantes enla convocatoria publicada en La jornada, 10 de .lulio de 1994. Algunas intervenciones y los resolutivos de las mesas

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de trabajo se encuentran en Motivos del 94. México. semanario de la revolución democrática. nro.32, 19 de agosto y en Memoria. Cemos. México, nro.70, septiembre de 1994. Véase igualmente las crónicas en La jornada del lO y ll de agosto de 1994.

9. El subcomandante Marcos declaró al final de la convención. en un encuentro con los medios: “El Ejército Zapatista de Liberación Nacional ya no se manda solo. Haremos lo que mande el pueblo a través de la Convención Nacional Democrática" (Memoria. cit., p.19).

10. Antes de que estallara la crisis de diciembre en Chiapas, a Marcos ya no quedaba nada de su entusiasmo de agosto: “Yo veo con mucho escepticismo la Convención Nacional Democrática. A] paso que va. no puede evitar la guerra" (Proceso. No.944. 5 de diciembre de 1994. p.19). Se volverá un tema recurrente y hasta ironizará en una posdata “Para una CND que no se decide entre pelear contra el sistema de partido de Estado o contra misma" (Comunicado del 15 de abril de 1995, La jornada, 21 de abril de 1995).

ll. Véase el comunicado de la CCRI-CG del EZLN del 17 de diciembre, publicado junto con otros comunicados en el Perfil de la jornada. 20 de diciembre de 1994 y la entrevista de Epigmenio Ibarra al subcomandante Marcos en el mismo diario de los días 8 y 9 de diciembre de 1994.

12. CCRl-CG del EZLN. "Tercera Declaración de la Selva Lacandona”. La jornada, 2 de enero de 1995. '

13. El subcomandante Marcos la sintetizó de esta cruda manera: "Si nuestro movimiento no se hace nacional. va a desaparecer por inanición o por aniquilamienlo. Pero este movimiento no tiene la posibilidad de encabezar un movimiento nacional. porque es armado y porque es clandestino. En la medida en que es ilegal. tiene muchas limitaciones. Por eso no nos cansamos de repetir que se nece- sita un movimiento nacional del que nosotros seríamos parte" (Proceso. cit.. misma página).

14. CCRl-CG del EZLN. Tercera Declaración...”, cit.

15. La jornada. 14 de enero de 1995.

16. lncluso se emitió un “comunicado conjunto" (La jornada, 29 de Noviembre de 1995)

17. Cuauhtémoc Cárdenas. “Por un gobierno de salvación nacional". La jornada. 7 de enero de 1995.

18. El perfil de La jornada del 18 de enero de 1995 rcprodujo los discursos del presidente Zedillo y de los dirigentes de los cuatro partidos registrados, así como el texto "Compromisos para un Acuer- do Político Nacional". i

19. AJ respecto. abordé brevemente esta cuestión en mi artículo “9 de febrero", El independien- te, Hermosillo. son.. l7 de febrero de 1995.

20. A.Anguiano. “Los saldos del PRD", cit.

21 Sobre esto puede verse una explicación en mi artículo “la izquierda en su nadir", Brecha, México, nro.2. invierno de 1987. pp.3-33.

22. Aún está por hacerse un estudio detallado de la campaña electoral para las elecciones presi- denciales del 94. en particular en este caso de Cárdenas. Pero lo cierto es que en la prensa. incluso la más abierta y crítica respecto del régimen. quedó como un hecho aceptado generalmente el desvane- cimiento de las fronteras pa rtidarias y de los respectivos candidatos presidenciales. Sobre lOS resulta- dos electorales, El cotidiano publicó un interesante número especial. el 65. noviembre de 1994.

23. Cfr. Adolfo Gilly y Rhina Roux: “La crisis estatal prolongada", Viento del Sur. nro.3, diciem- bre de 1994. especialmente pp.lO-ll.

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34. lista reveladora expresión. plena de contenido. la rctomo de Mario l’ayeras: "Asedio a la utopía". en lïl socialismo en el umbral.... cit.. p.301. donde escribió: "(‘reo en el valor de la utopía como instrumento heuríslieo y como referencia teoretica en esta hora dc desplomes y necesarias recomjx‘sicioncs del mundo por el que luchamos (...) es nuestro deber asediar la utopía. pcnsándola. construyendola por ahora entre militantes y entre las masas como búsqueda programática y como certc7a para un futuro que no puede tardar mucho".

25. (‘omunicado del (“omite Clandestino Revolucionario Indígena. ('omandancia General del l€'/.l.N. junio de l005. la jornada. H de junio de IQ‘JS. Continúa: "lln movimiento que encuentre el punto en el que todas las fuerzas democráticas coincidan. Un movimiento que enarhole un programa de lucha común. lln movimiento que proponga un plan dc accion ¡racional de lucha por la democra- cia. la libertad y la justicia para todos los mexicanos. y por la del‘ensa'de la solx-ranía nacional".

26. "listas de acuerdo en que las principales demandas del pueblo mexicano son: tierra. vivien-

da. trabajo. alimentacion. salud. educación. cultura. inl'mmacion. independencia. democracia. liber-

tad. justicia y pal?" (idem).

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Emest Mandel: recuerdos del olvido

Adolfo Gilly

l.

En la mañana del 21 de Julio de 1995, en Horel‘to, pequeña localidad griega al borde del mar Egeo, Michel Pablo (cuyo nombre real es Michel Raptis) me hablaba de su encuentro con Ernest Mandel cn París durante la segunda guerra mundial. Michel Pablo. griego, nacido en Alejandría y criado en Creta, trotskysta desde 1936 y delegado al Congreso de Fundación de la lV Internacional en 1938, vivía en esos días en la ciudad ocupada por los alemanes, bajo la tenue cobertura de una beca de estudios y una convale- cencia tuberculosa. Tenía en 1944 treinta y tres años de edad y un título de ingeniero urbanista. Ernest Mandel, nacido en Alemania en 1923 y criado en Bélgica por sus padres judíos emigrados, tenía 2| años y no terminaba sus estudios universitarios porque lo había arrastrado hacia otros futuros la pasión revolucionaria. En aquel París se incorporó a la Internacional dc la cual Pablo era ya dirigente.

Una larga colaboración se iniciaba allí entre esos dos hombres de ori- gen tan diverso, unidos por las mismas ideas y por formas diferentes, como después se vio, dc aquella pasión: uno, entonces, el maestro; el otro, el joven y brillante discípulo. La que Pablo me contaba era al l'in una antigua historia griega. 7

En la tarde de ese 21 dc julio, a las 14:30, sonaba el teléfono dc mi habitación en el hotel de Horet'to y la voz de Pablo me decía: «Je dois te transmettre une bien triste nouvelle: Ernest vient de mourir» («Debo darte una noticia muy triste: Ernest acaba de morir»). Lo que sobre el habíamos hablado esa mañana quedó registrado en mi grabadora como parte de una larga entrevista con Michel Pablo sobre su vida.

2. El 30 de septiembre pasado, unas seiscientas a sctccientas personas de distintos orígenes, ideas y nacionalidades acompañamos los restos de Ernest

Cuadernos del Sur 107

Mandel al viejo cementerio parisino del Pere Lachaise. Allí quedaron sus cenizas cerca del Muro de los Federados, contra el cual fueron fusilados en 1871 algunos de los últimos combatientes de la Comuna de París. Viejos y jóvenes, estaba entre nosotros el griego Muchel Pablo, llegado allí para despedir al compañero de quien los caminos de la guerra y de la vida lo habían separado treinta años antes. Alguien le entregó el último libro de Mandel, El poder del dinero, traducido al griego, que éste le había enviado tres días antes de su muerte. Era una espléndida mañana de otoño y, aire de los tiempos, el cortejo canturreaba en voz muy baja, como un canto de otro tiempo, la vieja marcha fúnebre de los revolucionarios alemanes. Sin em- bargo, a ninguno de esos hombres y mujeres que allí se encontraban se les había caído encima el muro de Berlin, porque toda su vida habían luchado por derribarlo. No había caras alegres (salvo tal vez la mía, porque el cielo estaba muy azul), pero tampoco tristes. Después unos cuantos amigos nos juntamos y nos fuimos a comer couscous en un restaurante argelino.

3.

En nuestras conversaciones junto al mar Egeo, Pablo recordaba la lle- gada de Mandel, en 1944, al París bajo ocupación alemana: «Ernest era muy joven, muy brillante, lo mismo que Abraham Leon (autor de un libro memorable sobre la cuestión judía). Eran inseparables. Venían de la orga- nización de izquierda de la juventud judía e ingresaron juntos a nuestro movimiento. Desde entonces, Mandel y yo estuvimos estrechamente uní- dos. El vivía en Bruselas y venía clandestinamente a París para nuestras reuniones. Allí se quedaba en nuestra casa y después se regresaba a Bruse- las. Tenía hacia mi sentimientos como hacia un padre, y yo hacia él senti- mientos como hacia un hijo espiritual. Yo estaba muy orgulloso de la adhe- sión de Ernest a la IV Internacional. Conocí también a su padre y a su madre. Su padre era un judio de izquierda, admirador de Trotsky, un hom- bre muy valiente. Sabía de los lazos no sólo de compañeros sino de amigos entre su hijo y yo y me decía: «Michel, es preciso que tu permitas a mi Ernest que llegue a ser también un universitario. Te lo ruego». Quería que su hijo tuviera un diploma, lo cual en aquel tiempo a nosotros nos tenía sin cuidado. (...) Hacia el fin de la guerra, Mandel fue apresado por los nazis, junto con Abraham Leon. A éste lo mandaron a un campo de trabajo y en pocos meses murió. De Ernest, no se dieron cuenta que era judío y como hablaba perfectamente alemán, lo pusieron como intérprete en una fábrica, de donde pudo escapar.»

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4.

Desde entonces, la biografía de Ernest Mandel es ante todo una historia de ideas, unida a la historia de la IV Internacional. Junto con Michel Pablo, definieron en aquellos días de la posguerra, en la segunda mitad de los años cuarenta, las que serían las tres grandes líneas del programa de esa organización: la revolución política democrática en la Unión Soviética y los paises del Este; Ia revolución socialista en Occidente; la revolución de liberación nacional en las colonias y países dependientes, el llamado Ter- cer Mundo; las tres entendidas como partes de un proceso combinado de revolución socialista en el mundo.

Bajo esas banderas, los trotskistas participaron en las luchas sociales y nacionales más diversas en sus países, siempre bajo la doble hostilidad de los comunistas seguidores de Moscú y de Pekín y de los cuerpos represi- vos de los Estados capitalistas. Es difícil imaginar hoy en qué medida aquella implacable hostilidad comunista se tradujo, desde los años 30 hasta los 60, en persecuciones, asesinatos, delaciones, prisiones y calumnias sin fin des- de la misma izquierda.

Los trotskistas eran marcados como agentes de la Gestapo, de Franco, del imperialismo británico, de la CIA o de quien fuera, no tratados como una corriente política diferente de la misma izquierda. Avalada por Moscú y sus Estados y partidos clientes, esa campaña llevó a muchos a la cárcel y a la muerte. Cuando se escriba completa esta historia se verá cómo los crímenes más crueles del comuniSmo fueron los cometidos contra aquellos de su propia estirpe que se rebelaron y lucharon contra el camino de sangre de Stalin. No en vano hacia el fin de su vida, agotadas las palabras de la ira humana, Trotsky acudió a la Biblia y lo llamó Caín.

Este clima infernal, que Mandel llegó a vivir en los años 40 y 50, se atenuó después de las «revelaciones» de J ruschov sobre los crímenes de Stalin -«revelaciones» entre comillas, porque cuantos habían querido sa- berlos los conocían-, pero siguió pesando como una niebla cerrada en los sectores más atrasados de los comunistas, con un curioso reflejo especular en las mentes de la derecha que hasta hoy perdura. Es singular como uno de los mayores pensadores políticos de este siglo, León Trotsky, sigue siendo hoy casi desconocido en las universidades, donde figuras menores han te- nido su éxito pasajero, exagerado y, al fin de cuentas, inmerecído. Pero así son ciertas costumbres académicas y algunos caminos de salvación de las buenas conciencias. La obra de Ernest Mandel, como la de Isaac Deutscher y algunos otros, contribuyó no poco, sin nada conceder a las costumbres o a las modas, a romper ese cerco de ignorancia y prejuicio.

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5.

Cierta razón tenia el padre cuando insistía en que su hijo se diplomara. Ernest Mandel, con sus escritos teóricos como economista, trascendió ampliamente las fronteras de su organización política y, sobre todo, a partir de la segunda mitad de los años 60, tuVo una notable influencia tanto en el pensamiento de la izquierda como en los medios académicos. Recuerdo la admiración con que Rene Zabaleta, alla por la mitad de los setentas, me hablaba de la vastedad de conocimientos que el Tratado de economía mar- xista rellejaba cn su autor. Esta obra en particular fue una bomba de largo efecto para demoler los manuales soviéticos y similares que degradaban la enseñanza. infectaban el pensamiento y cegaban toda visión teórica mar- xista.

Sin embargo, lo que Mandel consideraba su obra teórica mayor es EI capitalismo tardío. cuya importancia comparaba con la que al principio tuvieron entre las ideas marxistas las obras de Hilferding y de Lenin sobre el imperialismo. En su última época, continuaba trabajando sobre su teoría de las ondas largas en el capitalismo, heredera de los estudios de Kondratief y dc Trotsky sobre el tema.

Cuando conocí a Mandel en Bruselas, en la primavera de 1960, estaba terminando de escribir su Tratado... en el cual ponía -con razón, como los hechos probarían- grandes esperan/as. Yo había ido a verlo desdeAmsterdam por alguna cuestión relacionada con documentos de viaje requeridos en- tonces por militantes de la revolución argelina. Recuerdo que, joven salva- je latinoamericano apenas desembarcado en los canales de Holanda, me llamó la atención su antigua casa europea, donde vivía entonces con su madre, dulce señora que me invitó a cenar junto con su hijo. Ernest tenía en su despacho una colección sorprendente de discos de Johann Sebastian Bach. Esa tarde caminó por la ciudad, mientras hacía tiempo para un en- cuentro. En una exposición maravillosa, descubrí los móviles de Alexander Calder y la grácil fragilidad de sus colores. sus equilibrios y sus movi- mientos. Todavía hoy me devuelve, al recordarlo, cl sentimiento de be- lleya que me invadió entonces.

6.

La ruptura entre Mandel y su maestro griego fue un acontecimiento doloroso para este y, supongo aunque no lo también para aquel. Suce- dió precisamente en esc tiempo, entre 1960 y 196], cuando Michel Pablo estaba preso en Holanda por actividades de apoyo a la revolución argelina. La guerra de independencia deArgel ia era considerada en aquellos días por

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Moscú y los comunistas como un movimiento nacionalista burgués que no merecía apoyo ninguno, mientras los socialistas formaban parte del go- biemo francés que a sangre, torturas y fuego la combatía. Los argelinos tuvieron que organizar sus propias redes en el territorio metropolitano y hasta montar una fábrica secreta d ' armas en Marruecos.

Como siempre en estos casos, la separación entre esos dos hombres fue en cl fondo una historia de ideas. Ambos pensaban, como tantos otros. que el sentido de la propia vida sólo podría ser contribuir a cambiarla vida y el mundo cruel e inhumano que habitamos. Ambos, como dije antes, coinci- dían en los grandes temas. Si a los dos debo definir en un término que los englobe. digo que eran entonces dos humanistas clásicos, uno de la antigua escuela griega, el otro del iluminismo y sus razones.

No toca aquí referir los datos inmediatos dc esa ruptura, algunos de los cuales conozco tal vez mejor que nadie y otros seguramente no. que, más allá de ellos y de sus afectos, fuerzas id ‘ales poderosas armstraban a ambos en sentidos divergentcs.

En su expresión más abstracta —y en cierto modo, también mas esquema- tica- puede decirse que uno, el de Bélgica, estaba convencido de que el vcc- tor de la revolución que iba a cambiar el mundo era el proletariado industrial. Su pensamiento venía del Marx del Manifiesto Comunista y de El Capital, sus años de formación habían transcurrido en el impresionante entorno fabril y minero de la metrópoli belga. El otro, el dc Alejandría y Creta, habiendo crecido en un país europeo de frontera con una larguísima historia de lucha secular por su independencia nacional contra los turcos, más cercano al lla- mado Tercer Mundo que a la industria y al Medio Oriente que al Occidente, veía que en esos años cincuentas y sesentas la inmensa insurrección que sacudía al mundo era la que había cntrevisto Trotsky desde el México de Cárdenas en los últimos años de su vida: la de la innumerable httmanidad de los pueblos coloniales y dependientes contra las metrópolis imperiales, In- dia, China, lndochina, Indonesia, Corea, Medio Oriente, Argelia, los países árabes,Africa entera,América Latina. Su pensamiento provenía del Marx de los Grundrisse y de las últimas cartas a Vera Zasulich.

No quiero dar a entender que ambos pensamientos eran antagónicos ni que uno exeluía al otro. Simplemente, cuando se presentara la infaltable prueba de la práctica, que inesperadamente. como sucede siempre, apare- ció entre ¡959 y 1960 con la guerra de Argelia. los iba a colocar sobre vías divergentes. El signo del siglo era, para uno, la revolución proletaria y socialista; para el otro, los movimientos nacionales y coloniales. A partir

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de ahí, aunque ninguno se lo hubiera propuesto de antemano, surgían dife- rentes prioridades, visiones, futuros, formas de organizar y de luchar: uno pensando ante todo en los consejos obreros y las huelgas generales, el otro en las conspiraciones y las insurrecciones nacionales. Cuando éste quiso jugar la suerte de la organización a la revolución argelina, el otro se negó bajo formas diversas. La ruptura fue compleja y confusa, pero a partir de ahí Ernest Mandel sustituyó a Michel Pablo como el principal dirigente de esa extraña organización, la IV Internacional, y Pablo y sus partidarios siguieron, a partir de Argelia, otros destinos de ideas y de acciones.

7.

Ambos hombres conocieron en los años sesenta al Che Guevara. Ernest Mandel, invitado por el Che, lo visitó en La Habana en 1964, durante la polémica sobre los estímulos morales y materiales en la economía cubana. En 1975, en Estocolmo, me dijo que había sido la entrevista más impresio- nante de su vida. Michel Pablo conversó en 1965 una larga noche en Arge- lia con el Che, cuando éste preparaba su lucha en Africa y andaba buscando apoyos y recursos. En nuestras pláticas junto al mar Egeo me dijo que su figura le había recordado una poesía de Swinburne: «In his heart, wild desires. / In his eyes, the foreknowledge of death» («En su corazón, deseos salvajes. / En sus ojos, la presciencia de la muerte».) Días después pude preguntar a Régis Debray si su recuerdo del Che guardaba alguna semejan- za con esa visión de Pablo. «Sí», me dijo sin dudarlo.

8.

El sesenta y ocho pareció darla razón a la escuela de Ernest Mandel. Al menos en Francia, con millones de obreros en huelga general ocupando las fábricas bajo el emblema de la bandera roja, y en Checoslovaquia, con los trabajadores y los consejos de fábrica como el eje de la rebelión nacional contra la dominación soviética. Pero el 68 era también, por otro lado, la ofensiva del Tet en Vietnam, los estudiantes rojos en Berlín y en toda Ale- mania, las movilizaciones contra la guerra en San Francisco y Nueva York, el movimiento estudiantil en México, una ola de jóvenes que desde las periferias del planeta y dela producción industrial querían cambiar el mundo en que vivían y no sólo Ia relación laboral que aún desconocían.

En esos días la IV Internacional encabezada por Mandel creció rápida- mente, al menos en Europa y en América Latina. En los setentas, Mandel recorría las universidades de múltiples países y llenaba el Che Guevara y otros auditorios. Tenía el honor de tener prohibido el ingreso, al mismo

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tiempo, a Estados Unidos y a la Unión Soviética, a los países del Este y a Francia, Alemania, España y otros Estados, homenaje involuntario que el intelectual rebelde recibía de un mundo absurdo, inseguro y temeroso. [a contraofensiva material, tecnológica, ideológica y bélica del capital en los años ochenta, lo que se ha denominado la reestructuración global del capi- tal, cambió después el sentido de Ia marea y desvió hacia otros cantones los miedos de los poderosos, nunca empero desvanecidos del todo.

La escuela del griego siguió dando su prioridad al curso de los movi- mientos de liberación. «El sesenta y ocho europeo fue sobre todo una conse- cuencia de la influencia y la presión sobre la juventud de esos países de las revoluciones coloniales y guerras de liberación nacional de los años 50 y 60: la africana, la argelina, la vietnamita, la cubana, la china. No en vano la figura del Che Guevara fue su símbolo», me decía este pasado verano Michel Pablo. «El sentido más profundo del siglo XX ha sido ese inmenso movi- miento de liberación de las colonias, los pueblos oprimidos y las mujeres, y no la revolución del proletariado, que era nuestro mito y nuestro Dios».

Desde Marx y los populistas rusos, esta controversia ha atravesado los movimientos revolucionarios de nuestro siglo.

que para muchos ha perdido significado o que nunca lo tuvo: el futuro dirá, y no las modas de cada decenio. Creo yo que, en este tiempo incierto. inquieto y opaco a las miradas, lo sigue teniendo para quienes, habiendo aprendido por estudio o por experiencia la larga duración de la historia, se rehusan a aceptar la sociedad tal cual es, la ley del dinero y el universo del intercambio mercantil como el único horizonte pensable y posible para la convivencia humana.

9.

A esta intrincada y simbólica historia me llevaron mis recuerdos esa mañana de otoño en el Pére Lachaise. Allí estaba también, en silencio y erguido en sus ochenta y cuatro años, el antiguo compañero griego de Ernest Mandel. Y muchos otros más. Despedíamos a un hijo utópico e irreducti- ble de este tiempo, que desde su primera juventud había enfrentado en ideas, escritos y acciones a los poderosos de este mundo, a los señores y amos del Este y del Oeste y al vendaval inhumano del cinismo.

Suave estaba esa tarde la ciudad. En un kiosco callejero de libros usa- dos encontré una novela de Oscar Vladislas de Lubicz Milosz que había oído nombrar y creía inexistente: L'amoreuse initiation.

' México, DE octubre 1995

Cuadernos del Sur 113

INFPQECCDR

Corresponde-noc; de Prensa Iniernocvonol ' para Ametico Lohno

Revue internationale pour l'autogestíon

UTOPIE CRITIQUE

VIE/WOW

POR UNA IZQUIERDA ALTERNATIVA

114 Diciembre de 1905

RESEÑAS

Del Moncada a Chiapas

Historia de (a_ lucha armada en America Latina

_ De Daniel Pereyra . Los libros de la catarata, Madrid, 1994

uicnes desde hace ya mu-

chos años compartimos ilu-

siones y esperanzas con

Daniel Pereyra, el «Che»

Pereyra como se lo cono-

ciera tiempo atras en Perú y en otras latitudes del continente, sabíamos en que andaha desde hace casi un lustro.

Descubriendo un ol‘icio que ig- noráhamos en el, buceaba en todos los rincones, indagaba a todos a quienes reencontraha, aquí en el país donde desarrolló lo mayor dc su militancia, y allí en España, a la que fue para cobijarse bajo el exilio ibérico, como tantos otros persegui- dos por una dictadura militar que no perdonaba haber estado tan cerca de socavar los pilares del régimen en Argentina.

Como tantos otros, reconstruyó su vida en el exilio, pero a diferen- cia de muchos, no puso l'in a su ac- tividad política, ni cortó los lazos

con nuestra América Latina. Este libro es testimonio público de ello. Quienes aún a la distancia mantuvi- mos con el intercambio de opinio- nes y debates francos, y tuvimos acceso a las primeras versiones, sa- bemos del eslÏuerZo y la voluntad puesta cn juego. Rccogió cuanto do- cumento encontró en cada país; so- licitó revisar cuanto archivo, públi- co o privado. logro detectar; entre- vistó a todos los que accedieron a ello, y cuando nada de esto era po- sible indagó en los indicios, esos rastros que, según el historiador ita- liano Carlo Ginzhurg, dejan en la vida las clases populares y a través de los cuales el historiador puede reconstruir tramos dc su historia, o su historia misma.

En cierta forma el resultado l'i- nal es producto del esfuerzo perso- nal y su tesón militante, pero tam- bién resultado de una voluntad co- lectiva, materializada en todos aque-

Cuadernos del Sur

¡15

llos que, habiendo participado en los años 60 y parte de los 70, aportaron lo que conservaban como testimo- nio de sus propias vidas, y recu- rrieron a su memoria histórica indi- vidual, para rescatar una memoria colectiva que recupera a una gene- ración de revolucionarios que, des- de distintas ideologías y prácticas políticas, asumió como ninguna otra la idea de que no bastaba con com- prender el mundo de injusticias y ex- plotación en que vivía, sino que era llegado el momento de transformar- lo.

Ese método indiciario, probable- mente no conocido por nuestro au- tor, y del que casi con seguridad tam- poco esté anoticiado de la reciente y rica polémica entablada entre el Subcomandante Marcos y el histo- riador y militante Adolfo Gilly, está presente en este libro, que al decir de Michael Lówy en la introducción a la segunda edición, «..es sin duda, la más completa historia de los mo- vimientos de lucha armada enAmé- rica Latina: sencilla, precisa, siste- mática, con todos los datos y las fe- chas, y ningún efecto retórico, ni recurso a la jerga académica. Es la mejor introducción para los que quieran saber cómo y porqué se al- zaron en armas en el continente tan- tas personas y grupos, a veces pue- blos enteros, durante los últimos cuarenta años. No es una historia im-. personal, abstracta, contiene muchos nombres de luchadores, hombres y

mujeres de carne y hueso, héroes, víctimas, desaparecidos..., desde los más conocidos, como el Ché, Santucho,Ana María Villarreal, Ma- righela, Lamarca, Miguel Enríquez, Camilo Torres... hasta los anónimos de los que sólo queda un seudóni- mo: José...»

Quienes se adentren en la lectu- ra de este libro no esperen encon- trar una elaboración historiográfica académica, ni elucubraciones teóri- cas respecto a una conclusión de este período tan complejo como creati- vo, no ha sido ese el objetivo del autor. Por el contrario con rigurosa prolijidad Daniel Pereyra levanta un cuidadoso inventario país por país, organización por organización, frac- ción por fracción, de los diversos partidos y grupos, sus rupturas y re- agrupamientos, sus pautas progra- máticas y concepciones estratégicas. El libro constituye así una gran base de datos puesta al servicio de quie- nes quieran reconstruir esa historia y elaborar su propio juicio crítico.

Se pasan revista en el texto al surgimiento de las primeras organi- zaciones foquistas; las estrategias político militares; el período de de- sarrollo de la llamada «guerra p0- pular prolongada»; la combinación de estrategias de guerrilla con mo- vimientos insurreccionales urbanos;

'las concepciones «de guerra civil

revolucionaria», etc. Nunca como entonces las estruc- turas de la sociedad latinoamerica-

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na y sus estados fueron sacudidos con tanta virulencia y continuidad en el tiempo. La dimensión y pro- fundidad de estos sacudimientos, así como la envergadura diferente que en cada país alcanzaban las distin- tas organizaciones guerrilleras tie- nen que ver con las particularidades de cada formación social, con situa- ciones históricas, políticas, sociales e ideológicas diferenciadas, pero Daniel Pereyra encuentra, en este marco de rasgos comunes y a la vez diferenciados, un hilo conductor. Este hilo es la crisis del sistema po- lítico de dominación, la aparición generalizada de dictaduras militares o la instalación degradante de de- mocracias tan formales y vacías como autoritarias, que cancelaban toda mediación entre la sociedad civil y los estados, en el marco de crisis de un capitalismo dependien- te caracterizado por un desarrollo in- suficiente y deformado de sus fuer- zas productivas. De] Moncada a Chiapas, muestra el hilo de conti- nuidad existente entre esas luchas y las profundas causas que las origi- nan. Sobre estas causas los movi- mientos revolucionarios armados se afirmaban en un fuerte sentimiento anti-imperialista, que cuestionaba la hegemonía económica y militar de los EE.UU., así como en una posi- ción crítica frente al comunismo ofi- cial de la hoy ex-URSS y su políti- ca de coexistencia pacífica. La com- binación de estos dos elementos, a

los que hay que agregar el surgi- miento de los movimientos contes- tatarios al interior de los países cen- trales y la aparición de una verda- dera contracultura en las artes, en las letras y en la vida cotidiana, otorgó un formidable dinamismo a las ideas de la transformación social encarna- das más que emblemáticamente en las organizaciones revolucionarias. Aunque recoge la tradición re- volucionaria desde la época colonial, Del Moncada a Chiapas, se centra. en el período que va desde los ini- cios de la Revolución Cubana has- ta la abrupta aparición del movi- miento neozapatista en México. Sin embargo las conclusiones de Pereyra, nos consta, fueron redacta- das antes del alzamiento chiapane- co del de enero de 1994. Plantea ya la posibilidad de que volvieran a surgir expresiones de lucha armada, en la medida en que el nuevo orden mundial sigue condenando a la re- presión y a la miseria a las mayo- rías de América Latina. El libro deja abierta cuando menos una pregun- ta, que no se encuentra allí pero está implícita, ¿el EZLN es una estriba- ción del pasado? ¿es un subproduc- to tardío y a contramano de esta épo- ca?, o por el contrario, con sus ras- gos peculiares y originalidades en un contexto de adversidad más que continental, ¿está prefigurando las nuevas condiciones de la lucha so- cial en el siglo entrante? ¿dónde lo nuevo contiene partes indisolubles

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de lo viejo? o, como suele decirse, « lo que el árbol tiene de llorido le viene de lo que tiene sepultado...» La aparición de este libro, en es- tos tiempos de desvalorización de todo proyecto de transformación ra- dical de nuestras sociedades, de fuga del pensamiento crítico. de pérdida de las certezas, es un verdadero par- teaguas. El hecho dc que la primera edición se haya agotado en sólo cua- tro meses, habla del interes que ha

despertado. Es que, Del Moncada a Chiapas. historia de la lucha arma- da en América Latina, resulta de consulta imprescindible, para todos aquellos que quieran reconstruir nuestra historia reciente. mirando con esperanzas el futuro.

Eduardo Lucita

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_REVISTA DE REVISTAS-

ALFAGUARA, Casilla Nro.1616. Correo Central, Montevideo.

Nro.12 . Octubre/Noviembre 1995. M.Benedett'i: Democracia light; J.Petras: Pers- pectivas de liberación. alternativas al neoliberalismo en A.L.; Reportaje a J.Sabalza: Cable y democracia; H.Roeha: El largo vuelo del Cóndor; D.Trelles:Polinesia Mon Amour; Y.Dumnova: La situación en la Rusia actual, Moscú en junio; G.Melazzi: Algunos temas recientes de la economía mundial y el proceso de trabajo.

VIENTO SUR por una izquierda alternativa, Aribau 16. Principal 2da., 08011. Barcelona, España. 400 pesetas en España.

Nro.21 mayo-junio 1995. J.Albarr¡¡cin/TBerro/Rl‘vlontes/A.Moral,/J.Nieto/l.Uribari: En busca del sindicalismo perdido: LL.Quiñonero/M.Rotmro: Sobre «Tierra y Libertad»; LBárcena: Despues de la cumbre del clima: Rouge: Francia. Algo se mueve en la iz- quierda: S.Cuadra/J.G.Pu|ido/A.Recio/J.Pastor: Balance de las elecciones municipa- les: Documento para cl debate: Conferencia Mediterranea Alternativa.

DOXA, Conde 1045, Dto.2, (1426) Buenos Aires, Argentina. Suscripción anual SZ4.Año IV. Nro.13. Invierno-primavera 1995.

J.Holloway: Movimiento zapatista y crisis financiera mundial; W.Bonefeld: Practica financiera y perversión entre autonomía y estructura;T.Vármagy:Prolelarios de todos los países perdonadnos; HÏl'homaszEscasez y generación de tecnología: ¿ Una racio- nalidad productiva dil'erenciada'3; E.Logiudice:La pobre7,a:¿Es un peligro para la de- mocracia'J.

REALIDAD ECONOMICA, IADE. H.Yrigoyen 1116. piso 4, (1086) Buenos Ai= res. Argentina. Suscripción anual S75. C.Altamira: Hacia una revolución en el traba- jo; O.Battistini/A.C.Dinerstein: Desocupados, precarizados. y estables: alienación y subjetividad en el trabajo; J.Lindenboim: La desocupacit'in:¡_un flagelo insuperable'?; U1 humanidad sobrante. Una indagación sobre el desempleo; M.Man7anal: Globali- zación y ajuste en la realidad regional argentina. ¿Reestructuración o difusión de la pobreza'?;R.Bledel:E| egoliberalismo económico; E.Sadcr: Los desafíos del final del

siglo.

TESIS Il Internacional. Av.de Mayo 1370. piso 14. oficinas 355/356, 1085, Bue- nos Aires. Argentina. S 4. NroZS. Elecciones rusas. Claves para cl futuro de ese país; La discusión de la izquierda en América Latina; Balcanes: La mesa de los derrota- dos; Fidel Aquí; Debate internacional: Sobre las causas del fracaso del «socialismo real»; Orba: discretas mejoras en el nivel de vida; Brasil: Una cruenta lucha por la tierra; Centenario de Engels.

CRITICA MARXISTA, Editora Brasiliense, Av.Marun-s de Sáo

Vicente, 1771. 01139-903, Sáo Paulo, Brasil. Nro.2, 1995.

J.Gorender: Hegcmonía burguesa reforcada pela prova cleitoral de 94; J.Miglioli: O marxismo e o sistema económico soviético; LCamargo Costa/M.E.Ccvasco: Terry Eagleton: uma aprescntagao; T.Eagleton: Capitalismo, modernismo e pós- modcrnismo; T.Pellegrini: Aspectos da producao cultural brasileira contemporanea c

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o papel da teoria marxista; J.Q. de Moraes: A «forma asiática» e o comunismo agrario primitivo; Entrevista con LMészáros; DebatezAtualidade do marxismo e da revolugáo: F.Fernández, J.Petras. A.B0ito Jr, E.Sader, O.Coggiola.

MONTHLY REVIEW, 122 West 27th Street, New York, 10001. Suscripción anual USS 29. Vol.47, Nro.3, July/August 1995. E.M.Wood: What is the «posmodem» agen- da? An Introduction; D.McNaIly: Language, history, and class struggle; F.Mulhern: The politics of cultural studies; entrevista con A.Ahmad; M.Marable: History and black consciousness; C.Stabile: Posmodernism, feminism, and Marx; J.B.Foster: Marx and the environment; D.Nugent: Northern intellectuals and the EZLN; J.Rosenberg: Hobsbawm ’s century.

UTOPIE CRITIQUE. Revue Internationale pour l’autogestion, Editions Syllepse, 42, rue d’Avron, 75020 Paris, Francia. 60 francos en Francia. Nr0.7, tercer trimestre de 1995: «Land and Freedom»: entrevista a Ken Loach; N.Bénies: Retour sur les débuts de la crise financiere; Sous-commandant Marcos: Lettre / A.Gilly: Traces, présages et histoires; D.Berger: Internationalisme et internationale(s); H.Moreno: José Carlos Mariátegui. Penser par soi-meme; M.Lówy: Lucien Goldmann ou le pari communautaire; M.Lequenne: Les gangsters de la revolution. Reseñas, coloquios.

SCIENCE AND SOCIETY. Guilford Publications, 72 Spring Street, Nevv' York, 10012. Suscripción anual: USS 38 air mail. Vol.59, Nro.3, Fall 1995. Dossier sobre Lenin: Evaluation, critique, renewal. A.Shandro: «Consciousness from whithout»: marxism, Lenin and the proletariat; K.Anderson: Lenin's encounter with Hegel after eighty years: a critical assessment; J.Willoughby: Evaluating the leninist theory of imperialism; T.McDonough: Lenin, imperialism, and the stages of capitalista development; A.Rubinstein: Lenin on language, literature and censorship; J.P.Pittman: «Sources», «Component parts»: Lenin’s rhetoric of enlightenment; P.N.Siegel: Ge- neral Volkogonov's biography of Lenin; M.Rothenberg: Lenin on the state; J .Ehrenberg: Class politics and the State.

DEBATE MARXISTA, Casilla de Correo 4284, Correo Central. 1000, Buenos Ai- res,Argentina. Nro.6, Noviembre de 1995. Liga marxista: nuestro homenaje a Engels; R.Astarita: Desocupación y capitalismo; E.Mondes: Desocupación y consignas transicionales; M.Legarralde: Ley federal de educación; C.Guzmán: Primarización de los conocimientos; D.Gluschankof: Un moderno enfoque de la dialéctica de la naturaleza.

DIALEKTICA. Revista de Filosofía y Teoría Social, Instituto de Filosofía, Facul- tad de Filosofía y Letras-UBA. Puan 470, 4to. piso, 1604, Buenos Aires, Argentina. S 6. Nro. 7, Septiembre de 1995. Dossier: Figuras de la dominación de clase en la Argentina: reportajes a R.Astarita, E.Lucita y A.Puigg'rós, artículos sobre DDHH y Universidad; entrevista con J.Holloway; L.Althusser: Nota acerca de las «Tesis so- bre Feuerbach»; C.Bravin y P.Gilabert sobre el Estado; A.Burmani: Ficciones argen- tinas; E.Glavich: Marxismo e innovación. Proyectos, documentos, agenda, reseñas.

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¡demos del Sur

EDITORIAL: Trabajo y no trabajo.

JESUS ALBARRACIN/ El debate sobre el reparto del PEDRO MONTES empleo.

CLAUDIO LOZANO/ Convertibilidad y desempleo ROBERTO FELETTI Crisis ocupacional en la Argentina.

ALAIN LIPIETZ/ Francia: La reducción del tiempo de MAXIME DURAND trabajo y la compensación salarial.

OSKAR NEGT La imaginación productiva. ADOLFO GILLY Entre Babel y la ciudad futura ARTURO ANGUIANO ¿Una nueva izquierda en México?

ADOLFO GILLY Ernest Mandel: recuerdos del olvido.

RESEÑAS Del Moncada a Chiapas. Historia de la lucha armada en América Latina.

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Artistas plásticos invitados: Ernesto de Ia Cárcova (1867/1927) - Antonio Berni (1905/1981)

Juan Carlos Romero (1931)

Tierra fuego del