Ï Sociedad-Economía-Política;

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DAN GALLIN "fRICARDo ANTUNES JAMES PETRAS EDUARDO LUCITA T WASHINGTON ESTELLANO

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«Barba» Gutiérrez / «Perro» Santillán / E.Quiroga Vlctor De Gennaro / Oscar Martínez

Gladernos del Sur

AÑO 12 - N" 22-23 Octubre de 1996

Titan-¿nuch

Consejo Editorial

Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto Plá / Carlos Suárez

Brasil: Enrique Anda / Florestán Fernández [1920-1995]

Bolivia: Washington Estellano

Chile: Alicia Salomone

Perú: Alberto di Franco

México: Alejandro Dabat / Adolfo Gilly / Alejandro Gálvez C. / José María Iglesias (editor)

Bcocia.‘ John Holloway

España: Daniel Pereyra

Francia: Hugo Moreno / Michael Lówy

Italia: Guillermo Almeyra

Rusia: Boris Kagarlitsky

El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Editorial

residentes en Argentina.

Colectivo de Gestión

María Rosa Lorenzo / Alberto Bonnet / Roberto Tarditti / Mariano Resels / Gustavo Guevara / Cristina Viano / Eduardo Glavich / Leónidas Cerrutj / Rubén Lozano

Coordinación artística Isotipos de Rodolfo Agüero Juan Carlos Romero

Cuadernos del Sur, número 22-23 Toda correspondencia deberá dirigirse a: Publicado por Editorial Tierra del Fuego Casilla de Correos n‘-’ 167, 6-13. C.P. 1406 Argentina, octubre de 1996 Buenos Aires. Argentina

CUADERNOS DEL SUR . f :1 Mmmm“:me "‘33 |a hace de daba-mk (llama y revistas)

thonhlo en INTERNET en ll W situación:

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2 Octubre de 1996

Índice

EDITORIAL ¿Los trabajadores? De nuevo en la plaza 5

DAN GALLIN El nuevo orden mundial y la estrategia 9 sindical

RICARDO ANTUNES Dimensiones de la crisis contemporánea 45 del sindicalismo: impases y desafíos

JAMES PETRAS Latinoamérica: crisis del pactismo 57

EDUARDO LUCITA Crisis sindical: la necesidad de un debate 67

¿QUÉ FUTURO PARA EL SINDICALISMO? 85

Entrevistas a dirigentes sindicales

Francisco “Barba” Recuperar el rol protagónico 88

Gutiérrez

Carlos “Perro” Santillán Dirigentes representativos, austeros, 96

y Edgardo Quiroga humildes y confiables

Víctor De Gennaro Hay un nuevo tiempo para los 101 trabajadores

Oscar Martínez Reconstruir el movimiento obrero 113

y Roberto Sáenz desde el clasismo

MARCELO GÓMEZ, Conflictividad laboral durante el Plan 119

NORBERTO ZELLER, de Convertibilidad (1991-1995)

LUIS PALACIOS

WASHINGTON Bolivia: la COB afrontando los nuevos 16'1

ESTELLANO tiempos

JUAN CARLOS Los artistas plásticos a 20 años del golpe. 171

ROMERO Arte y represión

REVISTA DE REVISTAS 173

Cuadernos del Sur 3

CARLOS ALBERTO BROCATO (1932-1996)

l pasado septiembre falleció (larlos. Periodista. ensayista polémico, _ editor..autor de varios libros. militante politico v sindical, también supo mostrar su humor punzante valiéndose de la sátira política bajo el seudónimo de Cayetano Bollini. Coeditor de La. Rosa Blindada. En- tre sus múltiples actividades político-literarias está la de haber forma- do parte, doce años atrás, del grupo l'undante de esta revista. Precisa- mente su' espíritu polémico y cierta intolerancia nuestra, hizo que su participación fuera por pocos números. Sin embargo «desde afuera» siguió colaborando. acercando artículos. propios y de terceros. partici- pando de cuanta mesa redonda o presentaeitm lo invitáramos. _\' sobre todo con sus criticas, siempre agudas, y sus sugerencias. Un año atrás discutíarnosun esbozo suyo sobre la democracia interna en el partido, una de sus obsesiones de los últimos años. obviamente ya no se publi- cara. En estas líneas nuestro recuerdo y nuestro cariño.

Comite Editorial. octubre 18'96.

-J Octubre de 1996

¿Los taba'adOtes? De nuevo en la plaza

Esta nueva entrega (le Cuadernos del Sur. a diferencia (le otras anteriores. esta exclusivamente dedicada a una única proble- matica: la situación y las perspectivas del sindicalismo. La ra- zón es sencilla. El sindicalismo de nuestros dias, que definie- ra sus estructuras organizativas y sus modalidades de lucha conforme las condiciones reinantes en el capitalismo de posguerra. es cuestionado con la propia crisis de ese capitalismo (le posguerra. Pero. a la vez. parece recuperar su centralidad a lo largo de importantes luchas sociales, respondiendo en las calles a los conocidos pronósticos de un reemplazo del movimiento obrero por los llamados "nuevos movimientos sociales". Basta. para ilustrar esta situación, atender al caso de los sindica- t0s franceses. cuestionados por una profunda caida en la tasa de sindicalización r a la vez ejes de las grandes movilizaciones contra la su- presión de derechos sociales (le comienzos de año. Estos dos elementos, la crisis del tnodelo de sindicalismo vigente y el dinamismo que la organi- zación sindical de los trabajadores conserva. constituyen las coordenadas de la problematica que nos ocupa en este número.

Aunque con una serie de rasgos específicos. la problemática del sindi- calismo argentino puede inscribirse en esc. esquema amplio. Importantes conflictos puntuales. que vienen desarrollándose durante los últimos me- ses al margen de las conducciones orgánicas —como los de Corrnec res- pecto de la L'OM v otros- deben tenerse en cuenta en este sentido. Sin embargo. fueron los paros generales del 8 de agosto y del 26-27 de sep- tiembre los que pusieron de manifiesto, de una manera privilegiada y generalizada. los elementos arriba mencionados. Se trató de acciones exitosas: si cabe. demasiado exitosas. Acciones que evidenciaron la capaci- dad del movimiento obrero de responder masivamente a los atropellos del "ajuste" v de sumar en su respuesta a otros sectores de la sociedad (pequeños comerciantes. amas de casa. etc). Y accionesdemasíado exitosas,

Cuadcrnos (¡el Sur 5

atendiendo a las limitaciones que las actuales organizaciones sindicales enfrentan y que igualmente se evidenciaron en ambos paros: diversidad de estrategias entre la CGT, el MTA y el CTA en el paro del 8, pugnas entre sectores sindicales que culminan en enfrentamientos y cambios de conducción, desfasaje entre el discurso vacío de nuevo Secretario Gene- ral, Daer, y la combatividad desarrollada en la plaza el 26. Parece haber sido su propia potencialidad movilizadora la que puso de manifiesto, en los dos meses pasados, la crisis del sindicalismo.

La situación y las perspectivas del sindicalismo argentino deben, sin embargo, evaluarse teniendo en cuenta el contexto de mantenimiento de la convertibilidad con recesión económica, de profunda crisis social y de pérdida de iniciativa política por parte del gobierno menemista. La rece- sión en la que se surnergiera la economía argentina desde mediados de 1994 desnudada más tarde por el denominado efecto tequila- continúa y al menos hasta ahora ha desacreditado los cotidianos pronósticos de recupe- ración aventurados por los gurúes del stablz'shment. Problemas que duran- te los primeros años de la convertibilidad existían en estado larvado o parecían salvables, como el aumento del desempleo y el persistente déficit fiscal, aparecen entonces con una brutalidad sin precedentes.

Y por sobre todo, las capacidades de disciplinamiento social que carac- terizaban a la convertibilidad en sus tiempos de “prosperidad”, gracias a la estabilidad monetaria y la expansión del consumo, se desgastan ahora aceleradamente. El reemplazo del Ministro Cavallo, uno de los saldos de esta etapa recesiva, no condujo ciertamente a un abrupto cambio de rum- bo en la política económica menemista. Pero bajo la conducción del nue- vo Ministro Fernández, la misma parece perder iniciativa y convertirse en una estrecha administración de ajustes contables fondomonetaristas que agravan la recesión, aunque el sector externo sigue mostrando dinamis- mo. Se reactivan en consecuencia las pugnas entre las distintas fracciones de la burguesía y las diferencias entre la burguesía y el gobierno -véanse los sucesivos posicionamientos del «grupo de los ocho» durante los últi- mos dos meses-, es decir, los disensos que Cavallo habia congelado me- diante las privatizaciones y otras políticas de reestructuración ahora ago- tadas. Y mientras tanto, se descompone el consenso constnrido alrededor de la convertibilidad, desgajándose los desocupados, que ya nada tienen para perder, los trabajadores cuyos salarios son recortados y pagados con retraso. e incluso los sectores medios acosados por los impuestos y las deudas.

Esta situación viene acarreando importantes modificaciones del pano-

6 Octubre de 1996

rama político durante los últimos meses. Se profundizan las diferencias internas en el gobierno, como pudo verse a propósito de la votación del último paquete de ajuste entre los diputados, y en el partido gobernante, como puede constatarse en los apresurados realineamientos internos con vistas a la sucesión de Menem. Los partidos burgueses de la oposidón, antes por los vacíos dejados por el menernismo que por iniciativa propia, ganan espacio y obtienen algunas victorias importantes —como el Frepaso y la UCR en las elecciones de la Capital Federal—, mientras comienzan a delinear estrategias de alianza para las legislativas de 1997 y las presiden- ciales de 1999. '

Sin embargo, en las bases de la sociedad esta situación viene abriendo también una brecha para la resistencia y la movilización]Elgobierno, forzado a recuperar el terreno perdido, parece dispuesto a jugarse al todo o nada, es decir, a llevar su ofensiva contra los trabajadores hasta sus últimas consecuencias (desregulación de las obras sociales, flexibilización laboral, segunda reforma del estado, etc.), que incluyen también repre- sión. No se puede hablar del sindicalismo hoy sin recordar que hay más de 400 dirigentes y militantes sindicales procesados, varios con pedido de captura y algunos detenidos, que en breve serán sometidos a juicio. Ini- ciativas como la del apagón, cuyo éxito superó ampliamente las estreche- ces políticas de sus organizadores, vienen ocupando esta brecha abierta. Sin embargo, los paros generales y movilizaciones dél 8 de agosto y del 26-27 de septiembre parecen haber vuelto a ubicar a la claseltrabajadora en el centro de esa br'echa, imponiendo la necesidad de abrir un debate sobre la crisis del actual sindicalismo y las perspectivas de un nuevo sindi- calismo clasista en la Argentina.

A este debate, necesario e impostergable, que esperamos estimular dedicamos, íntegramente, el presente número doble de Cuadernos del Sur.

AB / RL Buenos Aires, octubre 1996

Cuadernos del Sur 7

199o

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El nuevo orden mundial y a estrategia smdtca *

Dan Gallin“

as esperanzas de pal.

prosperidad v libertad

nacidas del colapso del

‘commtismo" han dado

lttgar a tasas de desem- pleo permanente sin precedentes r. en numerosos paises. a una pro- funda miseria. para la que nadie parece tener el remedio. a una multitud de guerras increiblemen- te barbaras en líuropa- Africa v Asia. v a la constante amenaza de un conllicto nuclear. Salvo para una elite reducida. cl 'nuevo or- den mundial" se ha revelado como una pesadilla. En este fin de Siglo XX. asistimos a la quiebra catas-

‘5’ l’ublicado en [lo/rie (.‘riliqur. num. 5. l’arís. primer trimestre ltl‘JÏ).

Secretario (Lt-neral de la L'ttion lnternacidnal de 'l'rabaiadores de la .-\limentaeit'rn v de la .\gricultura ((Li- nebra). Dan Gallin es miembro del l’artido Socialista Suizo y colabora en nunierosas publicaciones. entre las que se cttentan Brerlm (Montevideo). Nena Polilírs (Nueva York) e Interun- limm/ Labour Reports (Londres).

trolica del capitalismo realmente vigente como sistema mundial.

¿Que hacer? Los partidos de la izquierda han (lesntor'alilado a sus miembros al no lograr defender- Ios contra la politica de sus ene- ¡Higos o. lo que es aún peor. al adoptar esas mismas politicas: han perdido rapidez. estan escasos de ideas v a memtdo parece que ca- recieran de futuro.

l’ero no es la primera ver, en la historia que una evolucir'm devas- tadora lanza a la sociedad a una conmoción aparentemente incon- trolable. No es la primera vez qtte los valores de lajttsticia. de la soli- daridad. de la igualdad de los de- rechos. de la cooperacit'm v de la responsabilidad mttttra han sido denigrados por aquellos que estan cn el poder v dictan las modas. .\'o es la primera vez tampoco que parece que los pueblos son impo- tenles. Tratemos de comprender lo que pasa: pensemos luego en lo que se debe hacer. en lo que se puede hacer v en la manera de hacerlo.

Cult/¡emos del Sur

Sl

La economía mundial

En su edición del 2 de agosto de 1993, Bussiness Week se interroga- ba: “¿Qué es lo que no aridaP”, y se hacía eco de la perplejidad ge- neral: esta época debería ser “la mejor de las épocas”, instaurada por el fin de la guerra fría y el au- mento de las economías de “mer- cado libre”. Por el contrario, los países industrializados avanzados sufren una profunda recesión y “vemos por todas partes que el miedo hace alos que se benefician con la economía mundial oponer- se a los que pierden el empleo en favor de rivales extranjeros”.

El Bussiness Week mismo ofrece la respuesta: “Un nuevo orden eco- nómico mundial, brutalmente competitivo, ha aparecido con el fin de la guerra fría (...) El motor fundamental de ese nuevo orden es la integración de nuevas nacio- nes capitalistas y de una gran par- te de los países en vías de desarro- llo a la nueva economía mundial”, qtte representan alrededor de tres mil millones de personas.

Las sociedades transnacionales (STN) son el principal ariete de esta integración. En la actualidad existen alrededor de 37.000 de ellas, con más de 170.000 filiales fuera de sus países de origen. Y a través de licencias y franquicias, su influencia real se extiende aún más que lo que permiten imaginar esa cifras. Según un informe reciente

de la Comisión de las Naciones Unidas para el Comercio y el Dc- sarrollo (CNUCED), las ventas de las STN fuera de sus países de ori- gen se elevaron en 1992 a-5.5OO millones de dólares, sobrepasan- do así el‘ monto total de las expor- taciones mundiales (4.000 millo- nes de dólares). Las STN contro- lan actualmente un tercio de los haberes productivos del sector privado mundial. El monto de la inversión extranjera alcanza los dos mil millones de dólares. El grupo de propietarios más impor- tante es el de las STN con sede en los Estados Unidos de Nortea- mérica, con 474 mil ¡trillones de dólares; las STN con base en Gran Bretaña vienen en segundo lugar, con 259 mil millones de dólares, seguidas de cerca por las STN ja- ponesas, con 251 mil millones de dólares.

Ese informe prevé el manteni- miento del aumento de la inver- sión extranjera en un futuro pre- visible y subraya que “la produc- ción internacional ha pasado a ser una característica estructtrral cen- tral de la economía mundial”, en parte por la evolución que han te- nido los sistemas de transporte y de comunicación, que han permi- tido a las sociedades integrar de manera más estrecha a sus filiales del extranjero. La privatización favorece esa tendencia, y las STN han sido particularmente rápidas

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en beneficiarse de la venta de los haberes públicos en América Lati- na y en Europa central y del Este. El informe indica también que las estrategias de las STN estimula la integración económica mundial. Las sociedades toman a cualquier país como base de sus operacio- nes, donde los costos de operación sean los menos elevados. Tales actividades, señala el informe, han provocado la integración de las economías nacionales, aun sin mediar acuerdos formales, como el del mercado único europeo. Las economías asiáticas han quedado más estrechamente integradas en las estrategias de producción de las sociedades japonesas, mientras que las sociedades norteamerica- nas ya habían establecido nexos con las sociedades mexicanas an- tes de las negociaciones que con- dujeron al NAFTA. Por otra par- te, ese informe indica que “la divi- sión tradicional entre la integra- ción a nivel corpórativo y la del nivel nacional tiende a desapare- cer. Las STN (...) avanzan sobre terrenos en los cuales la soberanía y las responsabilidades eran tradi- cionalmente el coto-de caza de los gobiernos nacionales”.

Según el Departamento de Co- mercio norteamericano, las corn- pañías de esa nacionalidad em- pleaban dos millones de personas en Europa occidental en 1990 (4% más que el año precedente), un

millón y medio en Asia (+2%) y 1 millón 300 mil en América Latina (+2%).

Las compañías japonesas siguen contratando fábricas en el extran- jero a pesar del aumento del des- empleo en su país. Nissan, por ejemplo, ha invertido 800 ¡trillones de dólares en la expansión de su fábrica en México y tiene previsto producir no solamente para el mercado mexicano, sino también para la exportación hacia Japón, Canadá y el resto de América Lati- na. Las transnacionales francesas emplean alrededor de dos millones de trabajadores fuera de Francia.

El mercado mundial de trabajo Vivimos hoy una economía mun- dial sin fronteras que ha creado un mercado mundial de trabajo, en el cual la mano de obra europea, norteamericana, japonesa o austra- liana compiten directamente con la mano de obra de los países don- delos salarios son de diez a veinte veces inferiores. Simultáneamen- te, aumenta el desempleo y bajan los salarios en los antigtros países industrializados.

Un consultor económico inglés, Douglas McWilliams, prevé que en el seno del mercado mundial de trabajo, la conjugación de los fac- tores constituidos por el aumento de la población y la expansión de la alfabetización, llevará a cuatro mil millones de personas la mano

Cuadernos del Sur

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de obra mundial dentro de 25 años. contra los 600 millones (le que consta en la actualidad, con una declinación de los costos sala- riales horarios reales, para el mis- mo periodo, del 1% anual. en Eu- ropa.

Ya en el curso de los años se- tenta v ochenta (lio comienzo una importante transferencia de la producción con el propósito de beneficiarse de la mano de obra mas barata de los países mas po- bres y de los recientemente indus- trializados, en particular los 'ti- gres"I asiáticos. En este proceso, sectores industriales completos han virtualmente desaparecido de Europa rrorocciderrtal y en Améri- ca del norte: la siderurgia, astille- ros. textiles. calzado electrónica. La relocalizaciótr de la producción ya no afecta sólo a las industrias tradicionales en busca de mano de obra barata. sino también a secto- res sofisticados de la producción y los servicios.

Compañías como Swissair y Lufthansa han transferido a la In- dia el contunto de su administra- ción. L'rr centro de programación de “lr'rgit'iels""-' trbicado en Banga- lore, India, trabaja para una treintena de sociedades transna- cionales -entre las cuales se cuen- tan Microsoft, Digital, Fujitsu, Bell. Olivetti, Qracle, IBM, Motorola, Texas Instruments, 3M, Hewlett Packard y Siernens- por la mitad

del costo que el mismo trabajo ten- dría en Estados Unidos o en Euro- pa occidental. 1

Entre abril y septiembre de 1993, las exportaciones hindúes en serticios informáticos aumentaron un 20% y la exportación de ‘logi- ciels” un 30%. Se estima que esas exportaciones van a triplicarse en los próximos tres o cuatro años. para llegar a los 1,500 ¡trillones de dólares.

El director de Texas Instru- ments en la India, citado por Fort-une, dice que “a medida que los programas y los ‘logiciels' se tornan mas complejos, más atrac- tiva se hace la India en el aspecto financiero. Apenas si hemos llega- do a rozar el potencial que aquí existe".

Tata Consultancy Services (TCS) ha vendido servicios informaticos en el mundo entero por 800 mi- llones de dólares en 1993. Tam- bién abrieron una filial en Alema- nia que trabaja, entre otras firmas, para un banco importante y para la Hewlett Packard, y ha cerrado trato para un emprendimiento corrjrtnto con la IBM que le per- mitirá expandir sus actividades. Desde mediados de la década de los ochenta, DCS alquila sus equi- pos de especialistas en informáti- ca, por semana o por mes, a labo- ratorios o sociedades de informá- tica de los países industrializados. Estas locaciones constituyen la ver-

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sión de mas alto nivel del nuevo mercado internmtional de escla- vos. La versión de “bajo nivel”, es la locación por parte del gobier- no chino o del birmano. (le cua- drillas completas para proyectos de construcción. o las de tripula- cioncs para la marina mercante de países extranjeros por salarios mensuales que apenas cqniparan a una fracción de las normas míni- mas internacionales y de la que, por si eso fuera poto sólo una parte llega al trabajador. ya que el gobierno se queda con el resto.

Siemens In formalions Services. fundada en 1922, emplea 250 es- pecialistas en Delhi. Bombay y Bangalore. y tiene en sus planes cesantear a 5.100 cmplemlus 4.900 de ellos de Alemania— en las fábri- cas del mundo industria-lizado. Los sueldos anuales hindúes no llegan a más dc 7.000 dólares: los costos sociales son prácticamente inexistentes _\' los horarios detra- bajo son del orden de 48 horas por semana. lín jamaica, 3.500 perso- nas trabajan cn complejos de ofi- cinas conectados con Estados L'ni- dos por satélite desde los cuales sc maneja la resewa de aviones, la venta de boletos. los llamados a números telefónicos gratuitos. los datos informáticos, las solicitudes de cartas de crédito, etc.

Los países menos desarrollados de Europa entran también en la mira de esos desplazamientos. Ir-

landa posee ttn sector (le servicios basado en las telectimunicaciones que trabaja para cotnpat‘n'as ¡nlor- maticas de lislados L'nidos-relacio- nadas con los seguros. ('nmu Metropolitan Life. que emplea [50 personas en el condado de ('lnrk para analizar los pedidos de reem- bolso de honorarios medicos del mundo entero. Los costos de ope- ración son allí 30 o 243% mas bara- tos que en Estados Unidos, el con- lrol fiscal es muy favorable r 'se encuentra allí una etica laboral seria, reforzada por la escasel. de empleo en Irlanda".

Los antiguos países comunistas juegan el mismo rol que los paises del Tercer Mundo, pero con una capacidad tecnológica superior, Bussines Week cita el caso de pro- gramadores poloneses que traba- jan para un fabricante nort -ame- ricano a “una fracción del'costo de un trabajador norteamericano si- milar”. Siemens hizo saber que escuchaba ofertas de trabajo de expertos en informatica rusos por un salario de 5 dolares diarios.

Para comprender estas cifras. es preciso ubicarlas en su contexto y saber que, según un informe- (le la Oficina Internacional del 'l rabajo, el salario mínimo oficial es hoy en Rusia de 7 dólares pol mes y que representa el 20% del i igreso ne- cesario para una “suprrvivencia fisiológica". En IÏcrania. el salario mínimo es todavía mas bajo que

Cuadernos del Sur

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en Rusia; en Bulgaria, representa el 60% del mínimo vital; en Alba- nia, el 24%; en Rumania, menos del 50%; en Estonia, el 61%; en Hungría, el 64% y en Polonia el 70%.

El salario minimo ha caido dra- máticamente también con respec- to al salario medio, que de por ha experimentado una rápida caí- da. En 1993, los salarios aumenta- ron un 12% en Rusia, pero luego de haber caído 45%, 38% y 60% los tres años anteriores. Percy Barnevik, de Asea Brown Boveri (grupo internacional suizo-sueco especializado en construcciones eléctricas y mecánicas), citado por Fortune, prevé “un desplazamien- to masivo [de empleos a partir del mundo occidental]. Nosotros (ABB) empleamos ya 25.000 per- sonas en los antiguos países comu- nistas. Harán el trabajo que ante- riormente se realizaba en Europa del oeste”. Una cantidad crecien- te de puestos de trabajo se despla- zará hacia el Asia. ABB, que no empleaba más de 100 personas en Tailandia en 1980, hoy emplea 2.000, y prevé emplear 7.000 al fi- nalizar el siglo. Bamevik prevé una caída draconiana y permanente del empleo: “El empleo en Euro- pa occidental y en Norteamérica simplemente se va reducir de ma- nera regular, en la forma en que lo hizo la agricultura a comienzos del siglo”.

Las transferencias de la produc- ción no bastan para dar una visión de conjunto. La internacionali- zación de los servicios, a los que se creía pertenecer inheren- temente a cada lugar, es menos co- nocida. La recolección de residuos en varios paises de Europa queda en manos de una STN con base en los Estados Unidos; la limpieza de las calles de los suburbios londi- nenses está en manos de una STN francesa y una de las principales compañías de “ravalement” (revo- cado grueso) y mantenimiento de edificios de Europa y América del Norte es una STN danesa. En ge- neral esta subcontratación de ser- vicios públicos a transnacionales privadas ha conducido a la pérdi- da de empleos. Sin embargo, el problema esencial no reside úni- camente en las deslocalizaciones importantes ya sea de la produc- ción como de los servicios, en los que están comprendidos los de alta tecnología, sino en el hecho de que la pérdida de empleos en los países industrializados no con- duce a un importante aumento del empleo en los países hacia los que las compañías se han desplazado para expandirse. La migración del empleo no sigue el principio de los vasos comunicantes.

Paul Samuelson hacia notar en 1992 que “a medida que millones de personas en Asia oriental y América Latina obtenían la califi-

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cación requerida para un empleo de alto nivel, los 500 millones de europeos y norteamericanos que acostumbraban mirar desde arri- ba al resto del mundo se dieron cuenta de que su progreso hacia un mejoramiento de los niveles de vida encontraría seria resistencia”. La contradicción de la frase es sólo aparente. La palabra clave es “ca- lificación”: hay muchos convoca- dos, pero pocos seleccionados.

El empleo disminuye

en el mundo entero

La economia mundial es una gran niveladora, pero nivela hacia aba- jo. Mientras que los empleos des- aparecen del mundo industria- lizado -más de dos millones en el curso de los últimos cinco años-, las normas de empleo occidenta- les no se exportan a los nuevos países receptores junto con los puestos de trabajo. “Cuando el empleo se desplaza hacia los paí- ses menos desarrollados -escribe Fortune-, eso de ninguna manera significa que esa transferencia automáticamente lleve consigo las normas occidentales de empleo y de prosperidad a los nuevos paí- ses receptores”. En otras palabras, no hay contrapartida positiva, en los países del Tercer Mundo o en los antiguos países comunistas, que compensen a nivel mundial la pérdida de empleos en los paises industrializados de la relocali-

zación, del desplazamiento de la producción. La razón principal está en que las nuevas tecnologías y la presión continua por una ma- yor productividad impulsan a las :compañías a levantar fábricas y oficinas en los países subdesarro- llados que no emplean más que una fracción de la mano de obra que se necesitaba en la fábricas del país de origen”. Un consultor ci- tado por Fortune señala que “se están construyendo en Brasil algu- nas fábricas norteamericanas que se parecen muchísimo a fábricas japonesas”. Las nuevas fábricas que se construyen en el extranje- ro tienden, aun las que se instalan en países de salarios magros, a ac- tuar más racionalmente en mate- ria de empleo que sus equivalen- tes del pais de origen de la com- pañr’a.

En segundo lugar, las nuevas fábricas construidas en el extran- jero por compañias norteamerica- nas, europeas o japonesas, tienden a subcontratar mucho más que lo que hacían sus predecesoras en los países de origen hace diez o quin- ce años; y aunque los empleos son empleos aun cuando se distribu- yen a través de subcontratistas, son empleos baratos y sin garantias que contribuyen a la degradatión mundial de los salarios y de las condiciones laborales. La estrtrc- tura rnisma de las compañías ha cambiado: cuando antes estaba

Cuadernos del Sur

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organizada en forma piramidal, hoy se presenta como un conjun- to flexible de segmentos de activi- dades con organización móvil en torno de un pequeño núcleo. Este núcleo, sin embargo, es pira- midal, aun cuando a menudo se tenga gran cuidado en disimular las relaciones autoritarias que lo subentienden. Está constituido por la dirección y los empleados en el lugar donde se asiente y, oca- sionalmente, por un núcleo de mano de obra altamente especia- lizado y calificado; todas las ope- raciones que implican mano de obra importante, se realizan a tra- vés de subcontratistas, sea dentro del país o en el plano internacio- nal. La sociedad se encuentra asi en el centro de una red in.- terdependiente de sociedades subcontratistas, que a su vez subcontratan, etc., dándose el he- cho de que los salarios y las condi- ciones laborales se degradan a medida qtre aumenta la distancia del núcleo central para llegar a la periferia.

Los que organizan la produc- ción y las ventas controlan los cen- tros de producción en los diferen- tes par'ses y subcontratan una par- te o el conjunto de sus necesida- des. Son ellos los que deciden qué producir. donde, cuándo, cómo y para que, y desde dónde se supli- ran los determinados mercados. Ellos venden un conjunto de ele-

mentos, tales como la marca, un alto grado de organización, el di- seño y la politica de mercado (“marketing”), el control de una red de distribución, el acceso a un mercado protegido y el control de la calidad.

Así es como la sociedad italiana Benetton es sólo propietaria de una pequeña parte de su produc- ción y la red de ventas; el fabrican- te de calzado Nike “no se conside- ra fabricante, sino una sociedad dedicada al análisis y expansión de los mercados”. En realidad, una multitud de sociedades no venden hoy más que la marca, o su nom- bre, y dejan la producción en ma- nos de otros. Entre ellas, citemos a General Motors, General Elec- tric, Kodak, Caterpillar, Bull, Olivetti y Siemens, una buena par- te de cuya producción la realizan otras firmas. Esta situación, ade- más, ilustra lo absurdo de las cam- pañas que tratan de preservar las fuentes de empleo locales incitan- do a “comprar lo nacional“, ya que solamente una parte, a menu- do infima, del producto, se marru- factura localmente.

La subcontratación vale para cualquier tipo de trabajo. no sólo para la manufactura. Ya vimos el caso de sociedades que subcontra- tan su contabilidad u otras áreas de operación en paises donde los salarios son bajos. Fortune cita el caso de “fabricas de dactilógrafos"

lti

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en las Filipinas que registran tex- tos y cifras de ordenadores a ra- zón de medio dólar por cada 10.000 caracteres. y que hasta corn- piterr con similares de China que ofrecen el mismo trabajo a 0.20 de dólar. Resulta evidente, pues, que el nuevo orden económico transnacional no trae a los países llamados “en vías de desarrollo" los beneficios proclamados por los apologistas de ese nuevo orden, particularmente Milton Friedman, el Banco Mundial y el Fondo MO- netario Internacional (FMI), Ira- bierrdo sido los “programas de ajuste estructural" que ellos pro- mocionan la piedra angular del nuevo orden mundial.

'Ajuste estructural" es el térmi- no ernpleado para describir las lla- niadas políticas de libre mercado impuestas a ciertos paises por el Banco Mundial y el FMI como con- trapartida de la ayuda financiera. Esas políticas incluyen, general- mente, la devaluación de la mone- da, la liberalización de los inter- cambios comerciales. reducción en el gasto social, privatización de las empresas públicas, la preserva- ción de la tendencia depresiva del salario, la desregulación del co- mercio, restricciones al crédito y a las tasas de interés más elevadas. Esos programas de ajuste estruc- tural están destinados a atraer las inversiones extranjeras eliminan- do las reglamentaciones comercia-

les y las referidas a la inversión: a acicatear las ganancias carnbiarias mediante la promoción de las ex- portaciones y a reducir el déficit del Estado por medio de la reduc- ción del gasto. Se presume que esas medidas ponen a los países en la vía de un crecimiento viable. Aunque esas medidas puedan efectivamente atraer la inversión extranjera. hemos visto que esa inversión no puede alcanzar la meta fijada, que es la de mejorar gradualmente de manera general los niveles de vida a traves del de- sarrollo progresivo y viable (le las economías subdesarrolladas. Las inversiones transnacionales masi- vas pueden traer la prosperidad v el pleno empleo a pequeñas ciu- dades-Estado como Singapur o Hong Kong. si bien at'rn en esos casos los aspectos ecológicos, so- ciales y culturales estan legítima- mente cuestionados. Por cierto que no es ese el caso de los gran- des países de Asia, Africa y Amé- rica Latina. en los que predomina la agricultura y un desarrollo pro- gresivo y viable pasa antes que nada por una solución al proble- ma de la propiedad de la tierra y una marcada ofensiva en contra de la pobreza rural. El desplazamien- to de la producción y de servicios y las inversiones de las transnacio- nales crean islotes de desarrollo tecnológico en un océano de po- breza y zonas de libre cambio que,

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en realidad, más se parecen a co- tos de caza para el capital transnacional, desde el punto de vista de las condiciones y legisla- ción laborales.

Carrera descendente

Existe una versión geográfica de la teoría del trickle down6 -de acuer- do con esta teoría, los beneficios financieros obtenidos por ciertas grandes empresas serán a su vez distribuidos entre las empresas más pequeñas y beneficiarán a los consumidores—, según la cual “una forma en que los países pobres tie- nen la oportunidad de levantarse por sus propios medios es preci- samente explotar ventajas compe- titivas tales como la mano de obra barata, lo cual es considerado una injusticia por sus ricas competido- ras”7. En la realidad, eso no fun- ciona, como lo hemos visto más arriba porque no son los empleos o las rentas de los países ricos a los pobres, sino únicamente la pro- ducción. En segundo lugar, si el efecto del “trickle down” es posi- ble en las sociedades donde los mecanismos democráticos, tales como las existencia de sindicatos fuertes y activos, asegtrran una redistribución de los recursos, en los países de salarios bajos, la élite en el poder se asegtrra de que la mano de obra permanezca barata y se reparten el botín con los inversores extranjeros. Los pue-

blos de esos países no se benefi- cian de esa situación: sólo la élite se enriquece y refuerza su poder. La represión juega un papel eco- nómico importante en ese contex- to. Los estados que se encuentran en manos de bandas criminales, como Haití y Birmania, son sin duda ejemplos extremos, pero el principio es el mismo en las “democraduras” como las de México, Egipto, Malasia o Tai- landia, que permiten la presencia de sindicatos más o menos libres, con tal de que se mantengan débi- les, y en los que las apariencias exteriores de la democracia sirven para disimular un puño de hierro.

El argumento habitual, para jus- tificar esta carrera descendente del más pequeño común denomina- dor internacional, en la cual los países se devalúan y se obliga a los trabajadores a devaluarse, es el de que un sector económico dado debe mantenerse “competitivo” para sobrevivir. Pero una “compe- titividad” sin límites es una pro- puesta sin esperanza: no hay línea de llegada. Como lo dijo jesse jackson, no hay medio de ser com- petitivo frente a la esclavitud. La “competitividad” para nada re- suelve el problema del empleo, sea desde el punto de vista cualitativo o cuantitativo y, por otra parte, tampoco le interesa resolverlo. Por el contrario, esta devaluación ba- sada en la “competitividad” lleva

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globalmente al estancamiento. Como lo ha dejado escritojeremy Brecher en Global Village or Global Pit/ago!" (The Nation, 12 de junio de 1993): “La búsqueda de la compe- titividad crece a costa de cada fuer- za de trabajo, comunidad o país, reduciendo los salarios y los cos- tos sociales y ambientales, y se tra- duce por una espiral general descendente en lo que respecta a la renta y las infraestructuras so- ciales y materiales. La reducción de los salarios y del gasto público significa un poder de compra re- ducido, que a su vez lleva al estan- camiento, la recesión y el desem- pleo. Esta dinámica se agrava por la acumulación de la deuda; las economías nacionales de los paí- ses pobres y hasta de los Estados Unidos pasan a orientarse al pago de la deuda a costa del consumo, la inversión y el desarrollo. Esta caída se refleja en la lentitud que adquiere el crecimiento del pro- ducto nacional bruto global, qtre pasa de un crecimiento del 5% anual entre 1948 y 1973, a sola- 'mente la mitad de esa cifra entre 1974 y 1989, y a casi a cero a partir de entonces”.

Para comprender las irnplican- cias políticas y sociales de la “competitividad” y de los despla- zamientos masivos de la produc- ción hacia los países donde los costos laborales son bajos (los países no desarrollados junto a

los antiguos países comunistas), es importante no perder de vista el papel económico de la repre- sron.

El papel económico

de la represión

En una publicidad tristemente cé- lebre aparecida en una revista pro- fesional de la industria de la con- fección norteamericana, el salario de una obrera de la confección de El Salvador se presentaba así: “Rosa Martínez produce en El Sal- vador y en su máquina de coser, ropa para los mercados norteame- ricanos. Usted la puede contratar por 57 centavos la hora”. En ver- siones posteriores de la misma publicidad, el salario de Rosa ha- bía bajado a 33 centavos la hora. Existen razones para semejante salario; durante decenas de años, ese país experimentó una guerra civil que le ocasionó más de 40.000 muertos. Como en Guatemala, se trataba de una guerra promovida por la élite dirigente, apoyada por los intereses norteamericanos, contra su propio pueblo, en el cur- so de la cual el movimiento sindi- cal frre destruido muchisimas ve- ces, por la eliminación física, el terror y la intimidación, en la mis- ma forma que los partidos políti- cos que hubieran podido defender los intereses del pueblo en contra de los de la élite en el poder. Fue una fuerza cuyo objetivo fue el de

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quitar al pueblo los medios para defenderse.

Los parques industriales última- mente creados en Indonesia, a cerca de 20 kilómetros de Singa- pur, del otro lado del estrecho de Malaca, emplean trabajadores de java y de Sumatra a un tercio del costo de la mano de obra equiva- lenteen Singapur. Esos trabajado- res viven bajo la dominación de una dictadura militar que en 1965 tuvo que asesinar a más de medio millón de personas, según una modesta apreciación, o dos millo- nes según otras, para tomar el poder y al mismo tiempo aplastar el movimiento obrero.

El más grande mercado laboral en el rntrrrdo, y el metros oneroso, que se abre hoy al capital trans- nacional, es decir, el de China, es el resultado de un Estado policial terrorista que ha rnasacrado a al- rededor de 150 millones de ciuda- danos por medio del hambre y la represión. Vietnam, otro Estado totalitario con sindicatos estatales, espera hoy transformarse en el nuevo "tigre" asiatico.

Rttsia tiene una clase obrera que emerge apenas de los últimos 70 años en cuyo transcurso el Estado mató, también según una estima- ción modesta. 40 millones de per- sonas, para eliminar todo vestigio de una sociedad civil o de institu- ciones autónomas. Los otros anti- guos países comunistas de Euro-

pa central y oriental, después de 40 años de reinado comunista po- seen una sociedad en ruinas, tan- to en el aspecto económico como del social y psicológico, en las cua- les el tejido social se halla desintegrado y en las que hasta las nociones básicas, como el interés público y el bien común, han que- dado desacreditadas por su asocia- ción a la retórica oficial de los re- gímenes stalinistas. Son socieda- des sumergidas por las ideologías de la libre empresa, adaptadas con frecuencia por los mismos que querrían preservar las antiguas estructuras políticas de los Estados policíacos anteriores, más a menu- do por los aventureros y oportu- nistas que constituyen una nueva clase dirigente capitalista, igual- mente carente de escrúpulos pero mucho más corrupta que sus pre- decesores del comienzo de la era industrial, y fundamentalmente hostiles a los trabajadores y a toda forma de movimiento sindical in- dependiente, al mismo tiempo que abierta y sometida al capital transnacional.

En Brasil, otra de las opciones de la inversión transnacional, la sociedad se halla sobrepasada por la extensión de su propia pobre- za, debida a decenios de dictadu- ra militar, crryos ejércitos y policía aseguraban la docilidad de los sin- dicatos y donde sus oponentes eran encarcelados o asesinados.

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El chantaje económico conti- núa. Cuando los trabajadores de la electrónica de Malasia intenta- ron. hace dos años. (le organizar un sindicato nacional, Texas Instruments y otros amenazaron con irse del país si el gobierno arrtorizaba la creación de ese sin- dicato, y a los sindicatos se los acri- sa ahora de "actuar en contra del interés nacional", una acusación que no debe tomarse a la ligera en un país gobernado por un primer ministro atrtoritario y egocóntrico que dispone de una panoplia de leyes represivas con relación a la seguridad interior. Los sindicatos de empresa son la única forma le- gal de organización en (Íhile. Gua- temala y en Tailandia. En (Iolonr- bia. que era antes una democracia parlamentaria. la central sindical ha hecho saber que desde su crea- ción en 1987, cerca de 800 respon- sables y militantes sindicales han sido asesinados.

En str informe anual de 1993 sobre \iolaciones de derechos sin- dicales. la Confederación Interna- cional de Sindicatos Libres ((ZISL) hace notar qrte "los sindicalistas de las Américas son sometidos a una doble ofensiva de gran envergadu- ra contra sus derechos más ele- mentales (...) El primer componen- te de esta ofensiva es el empleo tristemente difttndido de una re- presión iiolenta o ilegal. que ha persistido y hasta se ha intensifi-

cado en los países qtte pasaron de una dictadttra militar a una demo- cracia formal (...); el segundo corn- ponente (de esta ofensiva contra los derechos sindicales) está cons- tituido por el arsenal de leyes res- trictivas que han sido adoptadas en el continente en su conjunto". El mismo informe señala para 1994: “América Latina sigue siendo la región más peligrosa para el ejer- cicio de los derechos sindicales. La información compilada para 1993 no muestra ningún signo de allojamiento en las acciones de grupos pa 'amilitares, de los escua- drones de la muerte o de los asesi- nos a sueldo de empleadores o terratenientes qrte aspirar a supri- mir toda forma de acción colecti- va de los trabajadores. Los gobier- nos de la región han demostrado qtre no estaban dispuestos a dete- ner la violencia dirigida contra los representantes de los trabajado- res".

No es necesario tener conoci- mientos profurrdos de economía, elaborar teorías sofisticadas sobre el excepcionalismo asiatico o so- bre el efecto económico de las re- giones del mundo para compren- der pot' qué el capitalismo, en su forma mas voraz v destructiva. arrasa el planeta sin encontrar nitr- guna resistencia: estamos siendo confrontados por el resultado de decenios de represión. de violen- cia arnrada y de terror.

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Antes de la globalización de la economía mundial, cuando las economías nacionales y regionales estaban todavía protegidas por barreras comerciales, cuando las fronteras políticas tenían todavía un significado en el aspecto eco- nómico y cuando las comunicacio- nes internacionales eran más len- tas y más caras, la matanza de de- cenas de miles de personas en El Salvador o de centenas de miles en Indonesia, podía ser conside- rada como un crimen execrable por algunos o quizás muchos, en remotas democracias industriales, pero no pasaba a tener ningún efecto visible en las sociedades respectivas. Hoy, 30 años más tar- de, con la globalización de la eco- nomía mundial, y en una situación en la que los trabajadores indonesios trabajan, digamos, lado a lado, con los trabajadores euro- peos o norteamericanos, el hedor de los osarios de hace 30 años tie- ne hoy como consecuencia el des- empleo, la existencia de talleres clandestinos y la pobreza, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Rosa Martínez, que gana 33 cen- tavos, quizás menos todavía en el momento de redactar este artícu- lo (de hecho, los que lucharon por mejores salarios han sido asesina- dos, uno tras otro), trabaja prácti- camente al lado de trabajadores norteamericanos de la confección. Ya hace más de diez años, el uni-

versitario norteamericano S. San- ssen-Koobin hacía resaltar, en su ensayo Mujeres, hombres y la divi- sión internacional del trabajo(State University of New York), 1983) que “hay una creciente toma de conciencia en la industria de que los salarios de la confección en Nueva York son cada vez más competitivos con respecto a los de eSa misma industria en el Su- deste asiático (...). La mano de obra que aportan los inmigrantes y que se halla disponible en Nue- va York hace cada vez más inte- resante la creación de fábricas”. Vemos claramente cómo la mano de los muertos se apodera de los vivos. _

Los dirigentes sindicales norte- americanos e internacionales que en 1964 sejactaban de haber con- tribuido a voltear el gobierno de Goulart en Brasil mediante la per- suasión que lograron de sus dóci- les afiliados brasileños para que colaboraran con el ejército en ese golpe de Estado —otra gloriosa vic- toria de la guerra contra el “comu- nismo”- sabían en ese momento que estaban participando de un acto criminal. Lo que no sabían era que estaban contribuyendo a mi- nar la seguridad del empleo de sus mandantes, los trabajadores nor- teamericanos, 30 años después.

Ninguna de las personas actual- mente vivas en los países pobres ha elegido ser pobre: han sido

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constreñidas a la pobreza por la misma represión. La única opor- tunidad que tiene de poner fin a ese círculo vicioso de pobreza y de terror es la de instalar institucio- nes democráticas que permitan a los sindicatos respirar y luchar para obtener algo de poder para los trabajadores y la gente común. En esta lucha, sus mejores aliados, y a menudo los únicos, han sido los sindicatos de los países indus- trializados. Pero en esos países, centro estratégico tradicional del movimiento sindical, éste está tam- bién expuesto a ataques. Estamos poniendo el dedo en las motiva- ciones que están detrás de los lla- mados a la desregulación y en fa- vor de la flexibilidad laboral. Un director de Courtaulds PLC, la compañía química inglesa, dice qtre la industria “necesita reduccio- nes drásticas del gasto y el nivel de vida (...); todavía no nos damos cuenta de que debemos trabajar más para ganar menos”. Para ha- cer eso, es preciso aniquilar el po- der de los sindicatos de América del norte y de Europa occidental.

La lucha global contra

los sindicatos

Como reacción a la inminente fu- sión de los sindicatos del sector público en Inglaterra, el Times de Rupert Murdoch se las tomaba, ya en 1992, con' las “grandes asocia- ciones sindicales” y anunciaba la

definición conservadora de “sindi- catos exitosos de mañana (que) consistirán esencialmente en aso- ciaciones de empleados con base en el lugar de trabajo. No tendrán ideología salvo en la medida en que comprendan que la prosperi- dad de los empleados está ligada a la de los empleadores. Estarán en favor de las contrataciones in- dividuales y de los derechos lega- les de los trabajadores (...). Las organizaciones sindicales tienen un rol que cumplir con relación a la modernización de las direccio- nes”. El lugar en el que la nueva derecha propone aislar a los sin- dicatos está claro: en “asociacio- nes” de empleados sin poder real dentro de cada empresa y habili- tadas sólo para ocuparse de las quejas presentadas individualmen- te y a propiciar la prosperidad del empleador.

Es difícil imaginar que semejan- te prograrna pudiera ser impues- to en el conjunto de las democra- cias industriales sin abolir la demo- cracia. Pero la democracia ya no puede ser considerada como algo que funciona de por sí, ni aún en los que tradicionalmente fueron sus bastiones. El nuevo elemento de la ofensiva antisindical en las naciones industrializadas es que esa ofensiva, justamente, constitu- ye una ruptura con la política de consenso social, a veces llamada neocorporativismo, que caracteri-

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zaba las relacioneslaborales en las principales democracias industria- les antes (le la guerra. El nrtrndo de los negocios, el mundo capila- lista (le los negocios. (le los países irrdttstrializados. esta a pttnto (le liberarse de las exigencias mora- les que le impuso la derrota del fascismo al terminar la segunda guerramundial. lil paso del tierrr- po v el control que ejerce la dere- cha sobre la mayoría de los medios de comunicación en Europa, Ame- rica del norte yjapón, han hecho que la patronal se libere poco a poco del oprobio de haber soste- nido y finatrciado el fascismo en Europa y un nacionalismo extremista enjapón. Esta situación oculta también el hecho de qtte los sindicalistas y los socialistas paga- ran con sus vidas el garantizar el futuro de la democracia mundial. mientras que la élite dirigente del mundo de los negocios, con ape- nas raras excepciones, fuera ar- diente defensor de la maquinaria de guerra fascista. colaboara en la cxterrninación de jtrdios v de más víctimas raciales y políticas del fascismo v se errriqueciera gracias a la sangre vertida por millones de personas. Cualquiera que ha_va sido. además. la naturaleza del nazismo en Alemania. del fascis- mo en Italia y en algunos otros países europeos y de la dictadura militar del japón. han sido, en todo caso. ejemplo de la mas arri-

biciosa _v ternporariamente mas exitosa empresa destinada a (les- truir los sindicatos. así como una de las mas elicaces en la historia del mundo moderno. La actual ofensiva antisindical es un inten- to crmtrarrevolucionario dirigido contra la revolución democrática llevada a cabo en Europa por el movimiento de Resistencia al New Deal (le los Estados L'nidos, en toda su dimensión cultural, filosó- fica y política, v contra la demcr cratización de postguerra del ja- pón.

El caracter cotrtrarrevolucio- nario de la progresión de la mreva derecha explica algunos de stts ras- gos mas curiosos: la corriente de sordo revanclrismo. la mezcla de arrogancia v vulgaridad. de provo- cación v nerviosismo. Estos rasgos se hacían en'dentes no sólo en los discursos de la última administra- ción republicana de los Estados L'nidos y en las declaraciones de lbs principales thatcheristas, sino también en los antiguos países comunistas. en los que se estan desarrollando de nuevo los grupos fascistas _v reaa'ionarios. El primer ministro de la República Checa, \’aclav Klaus, dice que la 'infil- tración" política en los sindicatos por parte de los socialdemócratas de Europa occidental es uno de los principales problemas de su pais. lstvan (Izurka. el dirigente de la fracción derecha surgida del MDF,

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el partido del gobierno húngaro. declara qtte el crinren _v la declina- ción cultnral en l-lungria tienen ‘origen genético" v qtre el pais es la victima de la corrspiracir'rnjudeo- liberal mundial. En Rumania, los que antes se destacaban como propagarrdistas del stalinisrno y los qrte eran agentes de la "Secu- ritate". estan a la cabeza de los partidos nacionalistas extremistas v publican periódicos fascistas. ¿\lilosevic. en Serbia. _v Ttrdjman en Croacia se mantienen en el poder debido a una mezcla similar de stalinisrno y fascismo. y es en base a esta rnistna plataforma política qtte ftte electojirinovski. el candi- dan de la KGB. en las últimas elec- ciones rusas.

La amenaza qth pesa sobre la denrocracia hoy en dia es univer- sal y afecta todas las regiones v zonas politico-económicas. Esa es una de las razones por las cuales la cuestión (le los derechos demo- cráticos tiene una importancia tan fundamental: de esa cuestión de- pende la capacidad que prtedan tener los trabajadores de todo el mundo de organizarse nrundial- mente. de norte a sur v de este a oeste. de mantener lazos interna- cionales eficaces v de sostenerse unos a otros. Ese sostén mutuo es una de las piedras angulares de lo que llamamos la solidaridad global. que debe ser nuestra res- puesta al capital transnacional que

ha ptresto nranos a la obra sobre el mercado laboral mundial.

lis en esta perspectiva —la lucha conjunta por los derechos huma- nos v delnocraticos-. que deben expresar hov sus comunes intere- ses. de la manera mas vigorosa posible, los movimientos sindica- les (le todas las partes del mundo. sean de los paises tradicionalnren- te industrializados del 'norte". los subdesarrollados del “sur” o los antiguos paises comunistas. Los qtte dicen —lo qrte les dicen a los trabajadores asiáticos. por ejem- plo—. que la ltrclra por los derechos de la persona es una estratagema proteccionista de los sindicatos occidentales para preservar el empleo en el oeste. son cinicos embaucadores. (lomo Io saben bien los trabajadores asiaticos' v todos los (lemas. no se puede carn- biar la dignidad por la prosperi- dad. v los que lo probaran hacer- lo. perderían ambas cosas.

l-Ll secretario de las (LlSL. linzo Friso. ha señalado que si estuviera probado qtte la practica de los derechos democráticos constituía un freno para el desarrollo econó- mico. los países mas represores deberian ser tambien los mas ri- cos. mientras que lo que en la rea- lidad se verifica es justamente lo contrario: "La demencia v la co- rrupción qtte han torcido toda la historia del desarrollo son una Consecuencia directa de la forma

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en que los dirigentes no electos han ignorado o reprimido a sus ciudadanos”.

No es sólo a los derechos sindi- cales que debe apostarse, sino que constituyen una parte integrante y una condición primordial de un desarrollo que resulte compatible con los intereses de la sociedad en su conjunto, considerados éstos desde el punto de vista ecológico, social y cultural.

El imperativo de los

derechos humanos

En un notable informe intitulado “La indívisibilidad de los derechos humanos, la relación entre la po- breza y los derechos políticos y cí- vicos a la sobrevida y la subsisten- cia”, la organización conocida como Human Rights Watch, con base en Nueva York, demuestra que “la subsistencia y hasta la sobrevida, dependen a menudo de que existan o no derechos políti- cos y cívicos y, en particular, aque- llos que tienen que ver con el fun- cionamiento democrático”. Con- trariamente a lo qtte afirman cier- tos gobiernos, de Asia en particu- lar, en el sentido de que los dere- chos sociales y económicos (las necesidades básicas, como la rur- trición, el vestido, la casa...) están antes que las libertades políticas, consideradas por ellos como un lujo, este informe muestra el nexo entre, por una parte, los derechos

democráticos y, por otra parte, la concesión de la pobreza. Dichos derechos democráticos compren- den la libertad de expresión, de asociación y de reunión, las elec- ciones libres y pluripartidarias, y la libertad de desplazamiento y de residencia. El punto fundamental es el funcionamiento democrático, vale decir, el que un pueblo pue- da discutir y analizar las políticas puestas en práctica por las autori- dades y oponerse a ellas si las mis- mas son inconducentes, según el pueblo, a la satisfacción del inte- rés público.

Los dirigentes que niegan los derechos democráticos básicos a sus pueblos, traban en realidad el desarrollo del país en lugar de pro- moverlo. Dilapidan el trabajo de su pueblo y los recursos del país en beneficio de una pequeña élite dirigente, con frecuencia corrup- ta, que, si se hicierajusticia, sería juzgada por alta traición.

Examinemos ahora las conse- cuencias, para las democracias lla- madas indtrstriales, de la negación de los derechos democráticos en los países del Tercer Mundo y de los antiguos países comunistas. Las democracias industriales no son muchas. Comprenden, en general, los paises industriales de la OCDE: Europa occidental, América del norte, japón, Australia y Nueva Zelandia. En el mundo de la post- guerra, estos países representaban

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las sociedades prósperas, demo- cráticas y abiertas, y componían la estructura de poder que sostenía el orden mundial nacido después de la derrota del fascismo en Eu- ropa y Asia. Si bien tendían a re- servar la democracia para mis- mas (después de todo, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia son, sin embargo, los países que más agresivamente han cornbatido los movimientos progresistas y populares, y los que en cada lugar ubicaron a dirigentes conservado- res, siempre con el propósito de proteger las inversiones transna- cionales en el Tercer Mundo), per- mitieron, de todos modos, que existieran dentro de sus propias sociedades un espacio político su- ficiente como para el desarrollo de fuerzas democráticas que tuvieron, en distintos momentos, un impac- to importante a nivel internacio- nal y mundial. Esas fuerzas com- prenden, entre otras, el movimien- to sindical, el movimiento ecológi- co y el movimiento feminista. Tie- nen sus raíces dentro de la opinión democrática y están protegidas por las instituciones democráticas. En lo que respecta a su organiza- ción, y en su aspecto financiero y político, constituyen el eje princi- pal de una sociedad civil mundial en nacimiento, el principal, sino el único, aliado de los pueblos que se debaten para lograr su libera- ción y sus derechos democráticos.

La democracia y la prosperidad que se disputan las sociedades industrializadas son las ventajas primordiales obtenidas de la vic- toria sobre el fascismo. Ambas es- tán ahora amenazadas, dentro de una economía mundial estancada y un mercado de trabajo globa- lizado, en el cual el nivel de vida de una gran mayoría de la pobla- ción mundial es mantenido en los niveles más bajos por la dictadura del fusil, la tortura y las ejecucio- nes en masa.

La democracia indefensa

Al analizar la amenaza que pesa sobre la democracia a nivel mun- dial, debemos primeramente te- ner muy presente la falta de confiabilidad de los principales gobiernos democráticos en lo que respecta a la defensa que ellos va- yan a hacer de la democracia. La historia reciente muestra que los gobiernos de Estados Unidos, ya sean demócratas o republicanos, de la Unión Europea o de japón, no se interesan por la democracia, sino por la estabilidad. Los ciuda- danos que se preocupan por el futuro de la democracia no po- drían cometer peor error que el de esperar la ayuda de los gobier- nos democráticos. De haber exis- tido una consecuencia positiva de la Guerra del Golfo, aparte de ha- ber hecho respetar la “ley interna- cional” y el resultado dudoso de

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haber devuelto Kuwait a sus pro- pietarios. por cierto que habría sido la de tumbar la dictadura de Saddan Hussein: pero se evitaron cuidadosamente las acciones qtre tendierarr a ello y el régimen con- servó su ilimitado poder para tor- turar y asesinar a sus adversarios democráticos de Bagdad, a los kurdos del norte y a los clriítas del sur. l-Zl haber traicionado abyec- tamente a Bosnia-Herzegovina, democratica y pluralista. es el re- strltado de una decisión delibera- da de los gobiernos occidentales de no oponerse al fascismo serbo- croata. La política occidental con relación a Europa central y del este ha sido la de sostener las políticas de "ajuste estructural" de la banca mundial. del FMl. que han ¡nina- do los cimientos económicos y so- ciales de la democracia, al tiempo que entregaban los antigttos paí- ses comunistas al capital transna- cional. La sorprendente indiferen- cia del Estado aleman. así como de otros gobiernos europeos. respec- to de los actos criminales de barr- das fascistas bien organizadas. no resulta estimulante para los demó- cratas alemanes o extranjeros. japón ha hecho saber al régi- men militar de Tailandia y a la dic- tadura militar birmana que no tie- nen nada que temer. El gobierno laborista australiano. que intenta desesperadamente imponerse en el mercado asiatico. corteja a la

dictadura de Indonesia y le ha he- cho saber que la defensa de los derechos de las personas había de-

jado de ser una de sus prioridades.

La inacción de los gobiernos democráticos para defender la democracia en el resto del plane- ta ha provocado una nueva crisis mundial: el enorme y súbito au- mento de la población mundial de los refugiados. En un informe de 1993, el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Uni- das, indicaba que en 1992 el nú- mero de refugiados aumentaba a razón de 10.000 por día. La canti- dad de refugiados ha pasado de 2 millones 500 mil en 1970, a cerca de 44 millones de hoy en día. Más de 19 millones han sido forzados a exiliarse. y los ‘24 millones res- tantes debierorr abandonar sus hogares y son “refugiados inter- nos", víctimas de la “limpieza étnica” y demás formas de perse- cución. Nunca hubo antes tantas personas en busca de asilo y pro- tección. Según el informe, las catr- sas principales son “los conflictos violentos y el derrumbe caótico del orden civil". Subraya además que “hacer respetar los derechos hu- manos en todos los países. a fin de qtre las personas no estén obli- gadas a httir en busca de protec- ción. es una cuestión de la mayor urgencia". Podría pensarse que esta conclusión de simple sentido común sería una preocupación

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prioritaria de los gobiernos demo- cráticos. pero no es así. La preocrr- pación principal de los gobiernos democráticos es la de reforzar las medidas policiales para evitar qrte la creciente población de refugia- dos rro penetre en sus países.

La Unión Europea ha pttesto en funcionamiento un nuevo organis- mo. que debía ser secreto. y que no debe rendir cuentas a ningun representante electo. Este organis- mo, el Comite Rui. esta compues- to por responsables de la seguri- dad de cada tración y dispone de poderes suficientemente amplios como para coordinar, no solamen- te la lucha contra el crimen orga- nizado. como el narcotrafico y el lavado (le narcodólares. sino tam- bién contra la inmigración clandes- tina. listo ultimo encabezaría las lista de sus prioridades: “El proce- so de levantar barreras más altas todavía contra los refugiados de Bosnia y otros países está bien ade- lantado". 'Se hallan también en curso algunos proyectos de coor- dinación de políticas de expulsión por la fuerza de inmigrantes clan- destinos y de un ntrevo sistema de toma de huellas dactilares a los solicitantes de asilo".

Debemos preguntarnos ahora cuanto tiempo pueden sobrevivir las instituciones democráticas. aun en los reducidos sectores del mun- do en los qtre se las considera evi- dentes, a una situación de alto y

permanente desempleo y de corr- diciones laborales y (le vida que van degradandose, conrbirradas con Ia presión (le la inmigración. Millones de refugiados golpean a las puertas de las democracias prósperas porque sus países se. han hundido en la guerra y el terror. y se les impide entrar por medio del ejercito y la policía.

Ciertos empleadores hasta co- mienzan a inquietarse. L'n núme- ro creciente de directores de ern- presas europeas estan preocupa- dos por el derrumbe social crea- do por la combinación de decisio- nes comerciales cuyo efecto acu- mulativo escapa a todo control. L‘n director de Allied Signal Europe preguntaba hace poco: “¿Puede una sociedad soportar una tasa d'e desempleo del 20‘22? ¿Adónde nos llevara eso? ¿Quién se |)l‘C()(‘ll]'):l de esa evolución?" Schnidheiny, ttno de los dirigentes de empresa mas destacados de Suiza. se ha compro- metido en la defensa del medio ambiente a nivel internacional. linfrentz'mdose a todo el mundo. Antoine Riboud. PDC de la trans- nacional francesa l)anone. ha pre- Conizado un consenso social basado en el recont)cinriento de los sindicatos y ha declarado pú- blican-rente que deseaba negociar con sindicatos fuertes e indepen- dientes.

La (’lernocracia no podra sobre- vivir si el capital transnacional lle-

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ga a imponer sus soluciones eco- nómicas a nivel mundial ni si llega a imponer los criterios sociales de China, Indonesia, Rusia, Brasil o de El Salvador, por ejemplo, a los trabajadores de Europa occidental y América del norte. La democra- cia puede ser minada, debilitada y, en resumidas cuentas, aniquila- da demuchas maneras, pero una consecuencia es cierta: si el capi- tal internacional logra lo que se ha propttesto, el movimiento sindical podría ver el fin de su rol como fuerza primordial en una evolu- ción progresiva del mundo —y has- ta su rol potencial para la creación de una fuerza semejante.

La debilidad de los Estados-naciones

¿Cuáles son rurestras opciones? La solución tradicional que consiste enobtener el poder político a ni- vel nacional y a hacer aprobar una legislación protectora, ha queda- do totalmente reprimida y resulta ampliamente ineficaz, aunque deba ser todavía trtilizada mientras resulte útil.

La mundialización de la econo- mía planetaria reduce rápidamen- te el margen en el que las tomas de decisión de política económica y social a nivel ¡racional signifiquen alguna diferencia. Los Estados-ua- ción y las legislaciones nacionales pesan cada vez menos, porque las economías nacionales están cada

vez más condicionadas por facto- res externos sobre los cuales los organismos económicos, políticos y sociales no tienen ningún con- trol.

Este punto de vista ha sido ex- presado con gran claridad por Richard Gardner, designado como embajador de Estados Unidos en España en noviembre de 1993, que declaró, después de haber consul- tado a las 33 empresas norteame- ricanas que operan en ese país, que había tenido que hacer saber a los españoles que los inversionis- tas norteamericanos perdían todo mercado laboral en España en ra- zón del costo elevado de la mano de obra, de “la rigidez del merca- do laboral” y de las infraestruc- ttrras mediocres. Esa declaración tuvo lugar en el momento en que el gobierno español se preparaba a una confrontación con los sindi- catos precisamente con relación a los siguientes puntos: el control de la seguridad del empleo y las con- diciones laborales.

La debilidad creciente de las naciones explica en gran parte por qué los gobiernos de diferentes países, opuestos entre en el es- pectro político, y elegidos en base a programas muy distintos, se en- cuentran al momento de seguir políticas que son más o menos iguales. Walter Wriston, que fue- ra presidente de Citicorp, ha descripto cómo “200.000 operado-

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res de plazas financieras del mun- do entero” llevan a cabo hoy “una suerte de plebiscito global con re- lación a las políticas monetarias y fiscales de los gobiernos que emi- ten su propia moneda (...); no exis- te ningún recurso mediante el cual una nación pueda sustraerse (a ese plebiscito)”. Wriston recuerda la elección que llevó a la presidencia al “ardiente socialista” Francois Mitterand en 1981. “El mercado le echó una ojeada a su política, y en el término de seis meses, la fuga de capitales forzó al presidente a dar marcha atrás en su opciones”.

Los bloques comerciales y las zonas geográficas de cooperación seguramente se van a reforzar, pero eso no hará sino desplazar el problema a nivel regional. En el mejor de los casos, eso permitirá incluir clátrsulas sociales en los acuerdos comerciales para garan- tizar normas sociales mínimas como condiciones de acceso a un bloqtre comercial. Sin embargo, el hecho de que no se haya logrado incluir tales cláusulas en el acuer- do recientemente renegociado del GATT ofrece poco asidero a esa esperanza.

Entonces, ¿que hacer? No es demasiado difícil presentar alter- nativas keynesianas sensatas a la orientación catastrófica que siguen actualmente los gobiernos princi- pales, las instituciones del tipo Bretton Woods y otros centros de

decisión política de la “comunidad internacional". Más allá de eso, tenemos la tarea gigantesca de reinventar una sociedad organiza- da alrededor de la prioridad de responder a las necesidades huma- nas en una época en que a una parte importante, y creciente, de la humanidad se le niega un ingre- so por un trabajo productivo y creativo, y en que la noción de tra- bajo debe luego separarse de la noción de ingreso, y la noción de ingreso, de la noción de salario. La dificultad inmediata que nos aqueja, sin embargo, es que el de- bate no es para saber quién tiene las mejores ideas. El debate gira alrededor de la cuestión del po- der. La cuestión fundamental es, por la tanto, la de la organización. En otras épocas, el movimiento sindical tenía mucha capacidad organizativa, pero la ha perdido en

.su estado actual de confusión y

desorientación. Para organizarse eficazmente, el movimiento sindi- cal debe aprender a pensar en perspectiva mundial.

La sindicalización mundial

La organización del sindicato debe reiniciarse sobre bases nuevas. Los sindicatos de las democracias in- dtrstriales están a la defensiva; en algunos países, sus efectivos han sido diezmados y su margen de negociación se han achicado como una piel de zapa. En numerosos

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paises. los empleadores han pasa- do de una aceptación del consen- so social a una política de confron- tación. l-Ln los antiguos países co- munistas. tanto las organizaciones heredadas de los antigtros sindica- tos corrro las nuevas organizacio- nes alternativas nacidas en la con- traposición han sido desarmadas por gobiernos hostiles y autorita- rios, por la (lesruoralización de al- gunos de srts miembros y por un desempleo importante. En el 'fer- cer Mundo, los sindicatos son irr- capaces de frenar la pauperización de sus países v. en general. no se benefician del apoyo de gobiernos que les tengan simpatía (como ocurría en el pasado). lin situacio- nes a tal punto desesperantes mu- chos sindicatos se repliegarr sobre mismos. pensando equivocada- mente que la solución de los pro- blemas interrros aportará una so- lución a los problemas inmediatos de sus miembros. l-Ln la ntteva si- tuación mundial. lo que es cierto es Io contrario: ya no puede ha- ber política sindical eficaz. ni sia quiera a nivel nacional. qtte no sea mundial en str concepción e inter- nacional err su organización. Sin qrte eso deba sorprendernos, son los pequeños y débiles sindicatos de países del Tercer Mundo los que mejor lo han aprendido. ya qrte la dependencia económica _v, por lo tanto. la irrterdeperrdencia. ha sido desde siempre una carac-

terística de su sociedad. Es en los movimientos sindicales tradicio- nalmente poderosos en que la su- ficiencia y el provincialismo se ha- llan más enraizados, aun en esta avanzada etapa. La experiencia de contratiempos repetidos no es necesariamente una fuente de in- vención.

Una estrategia mundial debe involucrar a sus miembros en una mucho mayor medida que en el pasado. Una sociedad transna- cional debe ser percibida como un todo por los qtre en ella trabajan y por los que con ella comercian. En el seno de la Unión Europea, el proyecto de ley que instituye las comisiones de empresas europeas es un paso en ese sentido, a pesar del riesgo de que una organización europea sea percibida como ttrr fin en misma y de qtre contribuya a reforzar propagandas nacionalis- tas que derutnciarr a los trabajado- res de otras regiones como corn- petidorcs rivales. La estrategia sin- dical debe ser la de considerar a

la sociedad en su estructura de

conjunto. y debe tener por objeti- vo organizar a los trabajadores de una sociedad que se da en cual- quier parte del mundo. Nuevas formas de organización de las so-' ciedades significa nuevas formas de organización sindical, sobrepa- sando los dominios de lasjtrrisdic- ciones tradicionales y formando coaliciones de sindicatos adapta-

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das a la naturaleza específica de la sociedad ya los problemas qtte ella presenta. Las negociaciones colec- tivas internacionales, así como las organizaciones que reagrupan las coaliciones de estructuras sindica- les err el plano internacional, rra- cional y regional, err tanto ellas sean necesarias, deben ser la prio- ridad de los sirrtlicatos qtre tienen

que ver con las empresas transna- "

cionales.

La reestructuración a nivel rra- cional es una necesidad clamoro- sa en muchos países. a fin de corr- solidar los rrragros recursos y crear servicios especializados, inexis- tentes. en este momento. capaces de comprender las políticas guber- namentales y empresariales, y a fin de desarrollar las estrategias qtte se les opongan y translormar es- tas ultimas en dinamica de organi- zación. ¿Cómo se las arregla la A FL-CIO para tener unas 90 orga- nizaciones afiliadas con una tasa de organización global inferior al 16%? ¿Cómo se las arregla el nro- virrriento sindical francés con cirr- co centrales nacionales, con una tasa inferior al 12%? Nueva Zelandia. con una población de 3 millones de habitantes. contaba con mas de 300 sindicatos en el momento en qtre el gobiernoscon- servador ascendió al poder. Eso les costó caro. Se dieron importantes fusiones de sindicatos o estan por darse. en Australia, (iran Bretaña

yjapórr. Que no se apresuren. .\'o hay nada de nralo en las fusiones, y la dimensión no constituye de por amenaza para la democra- cia. Hay muchos sindicatos peque- ños que son burocráticos y estan esclerotizados; la pcqueírez no ofrece ninguna garantía de derrro- c "acia sino. en términos generales, garantía de impotencia.

En una perspectiva global. la fuerza sindical no debe estar mi- nada por consideraciones de tipo sectario. El poder sindical debe ser preservado allí donde reside y la importancia de un sindicato debe serjuzgado en relación a su apti- tud para defender los intereses de sus miembros, cualesquiera hayan sido las políticas anteriores. Por ejemplo. no habría cómo estar de acuerdo con el apoderarrriento de los bienes sindicales por parte del Estado en los países ex comunis- tas, simplemente porqrre se les había sustraído a los trabajadores cuando el Estado controlaba los sindicatos. Si sus haberes pueden hoy jugar un rol en la consolida- ción delos sindicatos. teniendo en cuenta la presencia actual de go- biernos capitalistas reaccionarios. que queden pues en manos de los sindicatos. »

Las organizaciones sindicales salidas de los antiguos sindicatos comunistas deben ser apoyadas en todos aquellos lugares en los qtte se hayan cornpronretido en una

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reforma que resulte suficiente como para constituir un frente de resistencia a los “programas de ajuste estructural” que preparan el terreno del rreostalinismo y el fas- cismo. Es peligroso tratar de ais- lar las organizaciones sindicales representativas con probada apti- tud para defender a sus miembros, con el pretexto de que están man- chadas, total o parcialmente, por su pasado comunista.

Los programas de capacitación '

sindical deben concentrarse en las implicaciones del nuevo orden mundial, de manera que sus miem- bros puedan comprender lo que les ha ocurrido y lo que puede ocu- rrirles en el futuro, y estén prepa- rados para el esfuerzo que deman- de urra organización a nivel mun- dial. ¿Cuántos sindicatos tienen programas de capacitación, y aún entre los que los tienen, cuántos tratan el nuevo orden mundial, que es la realidad a la que sus miembros deben enfrentarse cotidianamente? En general, la discusión de cuestiones internacio- nales no se da entre sus miembros.

Los recursos acumtrlados deben ser aplicados a las actividades sin- dicales internacionales si el movi- miento quiere tener eficacia a ni- vel murrdial. En este momento, una cantidad reducida de sindica- tos, y hasta de centrales sindicales nacionales, de los países industria- lizados, poseen departamentos de

asuntos internacionales y cuando los tienen, en general les falta per- sonal y no emplean más que dos o tres personas. En muchos países, las relaciones internacionales es- tán en manos del presidentedel sindicato o de algún otro funcio- nario responsable, que se ocupa de ellas en el tiempo que le dejan li- bre las numerosas tareas que des- empeña. El presupuesto destina- do a las actividades intemaciona- les es, en la mayoria de los casos, ridículamente bajo, y muestra cla- ramente que, para la mayoría de los dirigentes sindicales, las activi- dades internacionales sólo repre- sentan algo de importancia secun- daria.

Lo que es aun más importante, no se comprende o se comprende mal la naturaleza de las activida- des internacionales. En la época de los días tranquilos de las décadas de los cincuenta y sesenta, muchos sindicatos, particularmente en los países industrializados, tenían una cantidad suficiente de adherentes y de recursos como para manejar sus propios asuntos y apenas si necesitaban del apoyo internacio- nal. Para una gran cantidad de entre ellos, las actividades interna- cionales erarr una actividad recrea- tiva y diplomática o, en el mejor de los casos, se las consideraba meramente benéfica y declarativa. Las denuncias verbales de las irr- justicias colonialistas y, a veces,

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imperialistas, así como las contri- buciones financieras, que podían parecer generosas, pero que, en realidad, con frecuencia no alcan- zaban a las donaciones que se ha- cían a las obras de beneficencia locales, constituían lo esencial de las actividades internacionales. Esa falta de clarividencia ha conduci- do a una actitud condescendiente con respecto a la organización sin- dical internacional y una cierta suficiencia en la evaluación de la sociedad y el mundo.

Muy pocos sindicatos asocian los programas internacionales a los problemas que puedan tener sus miembros en el puesto de pro- ducción. Cuando-lo hacen, se tra- ta más que nada con relación a una noción inmediata, generalmente como reacción al cierre de una fá- brica, antes qtre un accionar pro- gramado, sistemático y a largo pla- zo, de capacitación de sus miem- bros acerca de las relaciones mun: diales entre las políticas de las empresas y las de los gobiernos.

Los abusos del pasado subsisten en los espíritus, como, por ejem- plo, los sindicatos que permitían que los que llamaban sus progra- mas internacionales fueran utiliza- dos cómo fachada para operacio- nes de los servicios de informacio- nes gubernamentales, o como pre- texto para viajes oficiales con to- dos los gastos pagos de dirigentes sindicales que rara vez presenta-

ban un informe de sus activida- des en el extranjero. En el mejor de los casos, los dirigenteslo hones- tos y de buena voluntad creían que un programa internacional era una suerte de actividad de beneficen- cia para ayudar a un sindicato dé- bil del extranjero, en la misma for! ma en que se da una donación para la Cruz Roja. Peor los que confunden el accionar de un sin- dicato internacional con una obra de beneficencia, ni rozan lo esen- cial del sindicalismo: la solidari- dad, en contraposición con la ca- ridad, es una relación de recipro- cidad. La caridad va de arriba a abajo, mientras que la solidaridad está fundada en la aceptación de responsabilidades mutuas. Las res- tricciones presupuestarias de los gobiernos y de los sindicatos y, en menor medida, una creciente toma de conciencia por parte de los adherentes, han puesto fin, en cuanto a lo esencial, a los abusos políticos y a las manipulaciones. El problema que persiste es que la mayor parte de los dirigentes sin- dicales tienen una percepción su- perficial, o a veces ningu‘na, del mundo en el que viven.

La organización debe darse en su contexto político y utilizando medios políticos y debe tener como eje la defensa de los dere- chos humanos, punto central alre- dedor del cual, no sólo los traba- jadores, sino también las otras víc-

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timas del nuevo orden mundial puedan organizarse formando coa- liciones. con tttr setrtido político proftrndo y con gran resistencia. La defensa (le los derechos huma- tros es, por lo tanto. un imperati- vo categórico. Para que sea creí- ble, tro puede ser selectiva, atrtr si ese imperativo molesta a ciertos sindicatos que tienen una tradi- ción de sometimiento a gobiernos autoritarios o que se atietretr al principio de "no itrtervetrciórr en los asuntos itrtertros de un país".

El movimiento sindical internacional

¿Esta afirmación no viene a signi- ficar que se precisa reinventar el trrovitniento socialista internacio- nal? Si la Internacional Socialista fue'a el tipo de organización qtre str trorrrbre indica. los sindicatos no tetrdrían que tener a su cargo la dimensión política del accionar sitrdical en las proporciones en que se lratr desarrollado. La Inter- nacional Socialista no es nada de eso en realidad. Es ttrr foro en qtre los dirigentes de partidos socialis- tas. esencialmente europeos, se errcrterrtrarr e irrtercatrrbiarr ptrrrtos de vista, que son, en getreral, fa- vorables a los sitrdicatos cuatrdo sus partidos están en la oposiciótr y hostiles hacia ellos cuatrdo son ellos los que están en el poder. Son los pequeños partidos los qtte ex- presan la trecesidad de que exista

una organización internacional con capacidad para actuar; sus de- mandas no son tetridas en cuenta.

Los partidos importantes tie- nen preferencia por una organiza- ción qtte no perturbe sus propias prioridades. Ellos buscan asegurar que esa orgatrización se manten- ga cerrtralrnente débil y que sus políticas no vayan jamás mas allá del más reducido denominador común sobre el que han acorda- do. Como sus preocupaciones son nacionales, ese denominador co- mún no deja de ser reducido. En corrsecuetrcia, la lrrtertraciorral Socialista es absolutamente inca- paz de formular una interpreta- ción independiente del mundo actual y metros aún de aportar una respuesta. De la misma nratrera en qtte la defensa de la democracia no puede ser dejada en tnatros de los gobiernos democráticos, la di- trrerrsiórr política del accionar sin- dical no puede ser confiada a la Internacional Socialista.

Una orietrtaciórr trrttrrdial de la orgatrizaciótr y del accionar sirrdi- cal implica una profutrda reorga- rrizaciótr del movimiento sitrdical internacional actual, el cual se ha- lla compuesto esencialmente por la Confederación Internacional de Sitrdicatos Libres (CISL) —una fe- deración de organizaciones terri- toriales, como las centrales nacio- nales- y por los Secretariados Pro- fesionales Internacionales (SPI)

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que comprenden alrededor de 15 federaciones de sindicatos de sec- tores ecorrórrricos o industriales especificos.

La CISL se encuentra en una etapa delicada de su evolución y enfrenta ahora una paradoja polí- tica. l’or un lado, se etrcrrerrtra en el apogeo de su historia. Srrs com- petidoras se hatr debilitado: la Fe- deraciótr Sindical Mundial (FSM) ha perdido lo esencial del apoyo gubernamental en el que se basa- ba, así como la mayoría de sus afi- liados y sus infraestructuras y su red política han quedado desbara- justadas. La Corrfederaciótr Mun- dial de Trabajadores (CMT) es en realidad la orgatrización pertene- ciente a una tendencia político-sin- dical que depende de trtra única organizaciótr importante y repre- sentativa. la Confederación de Sin- dicatos Cristianos Belgas. Un cier- to número de ex afiliados de la FSM. así como algunos sindicatos independientes, que en otro tiern- po se mantenían equidistantes de las dos organizaciones, hoy se han incorporado al CISL, qtte cuenta en la actualidad con el número récord de 150 sindicatos afiliados con alrededor de llO millones de afiliados, en trrás de 100 países.

La CISL es hoy en realidad la única internacional sitrdical, la única que cuenta verdaderamen- te. Y sin embargo, es un gigante desorientado. Los que creían que

su rol predonrinatrte era el de Ira- cer la guerra fría estan hoy perple-

jos. La alternativa obvia no se les

ocurre: hoy lo qtte hay qtte hacer es proseguir a partir de donde se detuvieron las internacionales obreras serias del pasado. El corr- cebir una organización sindical internacional constituida con la lttclra sindical como objetivo en tnistno y para lograr la emancipa- ción de la sociedad, no cabe en la imaginación de los que igtro 'an las experiencias del pasado y descie- ñan la historia y la teoría; la lucha en realidad los amilana.

El comité ejecutivo de la CISL está compuesto por dirigentes de centrales sindicales nacionales pre- ocupados por las probletrras nacio- nales y que piensan en términos de su propia nación. lis de su inte- rés pensar qtre existen soluciones nacionales a los probletrras que afligerr a sus rnienrbros y son pre- sa de constreñimientos de carac- ter estructural que les impide te.- trer una \isión global. Esa es tttra de las razones por las cuales una cierta catrtidad de centrales nacio- nales, qtte en razótr del acceso que tienen a fondos públicos de desa- rrollo, lratr apoyado en el pasado las actividades internacionales. y conrierrzan hoy a suministrar ayu- da directa a sindicatos de países ex comunistas o de países en de- sarrollo, sitr pasar por las organi- zaciones sindicales, internaciona-

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les. Estos actos de asistencia bila- teral crean el caos, aumentan el peligro de corrupción y debilitan el sindicalismo internacional en el momento en el que es necesario reforzarlo, pero contribuyen a la formación de una imagen para uso interno.

Las actividades de la CISL, que deberían ser la ptrnta de lanza del accionar sindical internacional (de- fensa de los derechos del hombre, apoyo organizacional y político a los sindicatos de los antiguos paí- ses comunistas y del Tercer Mun- do, actividades ligadas a las STN en cooperación con los SPI), care- cen de medios y están subestima- das. Esta organización está dema- siado inmersa en un mundo buro- crático y abstracto en el que la for- ma predomina sobre el fondo de las cuestiones y en el cual las pre- ocupaciones referidas a la propia esferajutisdiccional y al estatus de cada quien ocultan el objetivo ori- ginal.

Los SPI tienen problemas dife- rentes. Hace 70 años, Edo Fimrne, —Secretatio de la Federación Inter- nacional, Ia Internacional de “Amsterdam”, durante un corto período durante la primera gue- rra mundial, luego Secretatio Ge- neral de la Federación Internacio- nal de Trabajadores del Transpor- te durante la mayor parte entre los años veinte y treinta- había corn- prendido y tratado de solucionar

los problemas que incesantemen- te intentamos resolver hoy. Él creía que los SPI constituían la for- ma más apropiada de organización sindical para llevar a cabo las lu- chas sindicales internacionales. En un libro profético, La alternativa del laborismo: los Estados Unidos de Europa o la Europa limitada”, pre- decía que “de la misma manera en que el capitalismo ha determina- do siempre la forma de organiza- ción de sus adversarios y dio naci- miento alos sindicatos nacionales antes que a los internacionales, será el capitalismo el que inicie, o contribuya a hacer progresar la organización internacional de los trabajadores”.

Fimmen no alimentaba ningu- na ilusión acerca de la capacidad de los SPI de su época para po- nerse a la altura de su misión Iris- tórica: “Estamos lejos todavía —es- cribía—, muchos años pasarán an- tes de que los SPI (que no están todavía más que en su primera eta- pa de desarrollo y en su mayor parte están desprovistos de impor- tancia substarrcial) hayan aporta- do, tanto en el plano práctico como en el teórico, a la conduc- ción de las luchas sindicales”.

Setenta años después, luego de la segunda guerra mundial y la guerra fría que le sucedió y que debilitarorr el movimiento sindical durante decenios, una cantidad de SPI siguen “desprovistos de impor-

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tancia substancial” en lo que hace a su aptitud para dirigir eficazmen- te alguna lucha internacional. Sin embargo, la conclusión que saca- ba Fimmen sigue siendo válida en la actualidad: “(...) cualquiera sea la debilidad y las imperfecciones de la organización de los SPI, cual- quiera su insignificancia” en el plano internacional, el desarrollo del capitalismo les obligará a lle- var a buen término .la misión que les incumbe y que, de no cumplir- se, hará que el proletariado inter- nacional caiga en una condición de dependencia y esclavismo más des- esperante que el de la clase obre- ra dentro de las subdivisiones na- cionales actuales”.

En la presente etapa, los SPI deben reafirmar su capacidad de actuar eficaznrente no importa Ctrárrdo ni en qtré parte del mun- do err que los derechos sindicales se vean amenazados; pero deben poder también llevar una ltrcha prolongada. Para abreviar, deben adquirir los medios para actuar en defensa del interés público de for- ma tal que no puedan ser ignora- dos por los gobiernos y las transnacionales, cualquiera sea su estatttra o poder. Este objetivo re- sulta irrealizable sin una concen- tració'n de recursos disponibles, lo que significa a su vez llevar a cabo una serie de fusiones para crear organizaciones menos numer‘ósas pero más importantes y eficaces.

Es un proceso lento, que debe ser democrático y que implica decisio- nes colectivas de parte de organi- zaciones no muy estrechamente federadas y en las que la cultura política, la estructura organiza- cional y .política y las diferentes personalidades deben actuar coordinadamente. Este proceso, sin embargo, es inevitable si los SPI quieren cumplir su mandato histórico. No es difícil ver qtre en lo que respecta a los recursos ne- cesarios para su organización, y la implementación de servicios y un accionar eficaces, ningún SPI de menos de diez millones de afi- liados será viable de acá hasta el fin de siglo y que una defensa efi- caz de los intereses de los trabaja- dores no necesita los 15 SPI de la actualidad, sino siete a lo sumo, cada uno con la masa crítica qtre le permita organizarse en profun- didad y conducir con éxito y a lar- go plazo luchas costosas. Se trece- sita la más estrecha colaboración entre los SPI y las CISL, ya qtre se necesitarán las alianzas constante- mente entre los SPI, las centrales nacionales y las organizaciones regionales para encarar los proble- mas específicos.

Hoy más que nunca es preciso reestructurar la CISL para hacer de ella una orgatrización que re- úna a los SPI y a las centrales rra- cionales en una doble estructura (territorial e industrial), a fin de

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facilitar el accionar conjunto en- tre tttr cierto número de socios unidos en coaliciones flexibles que les permita adaptarse a los proble- mas específicos de un contexto internacional en rápida mutación y para incorporar una dimensión internacional en el pensamiento estratégico del movimiento sindi- cal mundial que vaya más allá de la mera actuación diplomática (sin- dical internacional).

Puede adelantarse que una ob- jeciótr obvia a-dicha reeStructu- ración tiene sus raíces en la his- toria sitrdical internacional de postguerra. Cuando se fundó la FSM como federación internacio- nal utrida a nivel mundial e involucraba a las organizaciones sindicales cotrtroladas por algu- tros estados de la URSS y de sus nttevos satélites, así como por los sindicatos socialdetnócratas de Europa y la CIO norteamericana, se desarrolló inmediatatnerrte una lucha por obtener el control etrtre el bloque soviético y stts aliados corrrutrislas por un lado y los sindicatos socialdetrrócratas por otro, que llevó fitraltrrerrte a una escisiótr y a la forrrraciótr de la CISL. trrietrtras que la FSM quedó bajo el cotrtrol comunis- ta. L'na de las cuestiones en liti- gio se refería al estatus de los SPI, que los comunistas deseaban irr- corporar en su estructura como secciones de la FSM, en tatrto

que los sindicalistas socialdemó- cratas, que dirigían los SPI, que- rían preservar su independencia.

Los años siguientes demostra- ron ampliamente las superioridad de los SPI con relación a su con- traparte comunista, las Uniones Internacionales Sindicales (UIS) creadas por la FMS en el seno de su estructura después del cisma. La independencia de los SPI —in- cluida las que obtenían de la CISL- le daba un importante mar- gen de movilidad y de flexibilidad, así como un nivel de profesiona- lismo y militancia más elevado que el de cualquier otra organización sindical internacional. La cuestión es, ptres, saber si los SPI no perde- rían sus ventajas al integrarse a la estructura de la CISL.

I-Iay pocas posibilidades de que eso ocurra porque los SPI de hoy y de mañana son y serán trruy dife- rentes de los de la postguerra o de los dela época de Fimmen. Los SPI actuales, y más aún los del mañana si las fusiones que se anti- cipan llegan a concretarse, dispon- drán de una itrfluetrcia mas gran- de qtre la de tnuclras centrales na- cionales. No habría rritrgún incorr- veniente en que dispusieratr de un estatuto de igualdad en el seno de una estructura internacional co- mún. Son esas relaciones igtralitatias las que garantizan la salud y la estabilidad de las orga- nrzacrones.

—l(l

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Reconstruir el movimiento ¿Cuáles son las otras piedras an- gulares disponibles para la solida- ridad? La inmensa estructura del movimiento sindical socialdemó- crata europeo de antes de los años treinta está en ruinas, pero esas ruinas siguen dando destellos de su grandeza pasada, como lo ha- cen los vestigios de las civilizacio- nes qtre han desaparecido. Hay manifestaciones de vida en esas ruinas y nruchas de sus moradas están todavía habitadas. El movi- miento sindical tiene todavía, en su inmensidad, vastos recursos a su disposición. La utilización efi- caz de esos recursos es posible, a condición de identificar claramen- te las prioridades.

Con tal perspectiva, es preferi- ble dejar err manos del movimien- to sindical de los diferentes países las relaciones con los partidos so- cialdemócratas y laboristas. El es- tado actual de las relaciones varía de país en país entre las tradicio- . nales de estrecha colaboración y una hostilidad declarada. Lo que está en juego es la aptitud de los partidos considerados como re- presentantes de los intereses sin- dicales para desarrollar una alter- nativa creíble a la nueva derecha neoconservadora en lugar de sim- plemente sucumbir ante sus ideo- logías y políticas. A nivel interna- cional, el movimiento sitrdical aprovechará sin duda la ocasión

para: colaborar con la Internacio- nal Socialista en una relaciótr de apoyo mutuo. En el terreno de la práctica, los que itrtetrtarorr esa colaboración encontraron obstá- culos en razón de lo que se men- ciona más arriba. Pero las organi- zaciones del movimiento sindical comprenden también un vasto es- pectro de organizaciones sociales y culturales: organizaciones feme- ninas y de lajtrverrtrrd, asociacio- nes educativas y escolares, clubes de automovilismo y de caza, clu- bes deportivos, agencias de viaje, cooperativas de consumo, banca- rias y para la vivienda. Ese senti- miento de pertenencia colectiva a un movimiento único, de repre- sentar trrra sociedad altertrativa y una contracultura, es metros fuer- te lroy que lo qtre era aún después de la última guerra mundial, pero lo que qtreda de él es suficiente como para arrancar de nuevo. Dos ejemplos vienen a la trren- te: las organizaciones de aytrda tnuttra y las asociaciones para la educaciótr de los trabajadores. Ambas se lratr constituido en fe- deración internacional. Las printe- ras se fundaron para concurrir en ayttda de las víctitrras de la lucha de clases (en el sentido literal y concretodel término), en los años veinte y treinta. En las décadas del citrcuetrta y del sesenta. crratrdo la trociótr corrvetrciorral era de qtte la ltrclra de clases había terrrritrado,

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que la mayor parte de los objeti- vos sindicales habían sido alcanza- dos y que el progreso ulterior se daría por medio de una integra- ción armónica del orden social existente, que las organizaciones de ayuda de los trabajadores se despolitízarían y, como el resto de las organizaciones de caridad, se tornarían en entidades de ayuda a los damnificados por catástrofes naturales —inundaciones, terremo- tos y hambrunas—. A partir de los años setenta y de la aparición de una política-de culpabilidad, mu- chos comenzaron a darle priori- dad a los proyectos de desarrollo, perforando pozos en el desierto o plantar retoños en las dunas. Hoy, con el sindicalismo acorra- lado deben revisarse las priorida- des: las contribuciones que provie- nen de las organizaciones de ayu- da a los trabajadores qtre, por otra parte, no significan más que una gota de agua en el océano de las contribuciones aportadas por los gobiernos e instituciones privadas a los damnificados por catástrofes naturales, ¿aportan algún benefi- cio al movimiento sindical en su conjunto? Si el objetivo es congra- ciarse con la burguesía, ¿quién nos ha correspondido jamás? ¿Qué obtuvo el movimiento sitrdical norteamericano a canrbio de las contribuciones que hicieron los sindicatos norteamericanos a las obras de caridad locales, a los hos-

pitales y demás entidades de be- neficencia? ¿Y cuál habría sido la diferencia si esas mismas sumas se hubieran destinado al salario de los organizadores, para mejorar la calidad de las publicaciones sindi- cales o al fondo de apoyo a huel- guistas? ¿Por qué los sindicatos no ayudan a los sindicatos?, nadie más lo hará.

Las mismas consideraciones se aplican a las asociaciones para la educación de los trabajadores. En los tranquilos años cincuenta, era posible pensar que la educación de los adultos era unlegítimo objeti- vo de esas asociaciones. Las nece- sidades en materia de educación del movimiento sindical son hoy inmensas. La totalidad de la cul- tura sindical debe ser transmitida a millones de individuos a los que durante muchas generaciones se mantuvo apartados de ella. Lo que se logra hacer en la actualidad en los círculos de estudios sindicales, en los seminarios de verano, en las escuelas partidarias y en las fun- daciones, apenas roza la superfi- cie. A nivel internacional, la Fede- ración Internacional de Asociacio- nes para la Educaciótr de los Tra- bajadores es la única organización en el seno del movimiento que lle- ga a amalgamar a sindicatos, enti- dades partidarias, grupos de ex- pertos y asociaciones para la edu- cación de los trabajadores en dife- rentes niveles de actividad. Se ha-

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lla idealmente emplazada para convertirse en laboratorio en el que el movimiento sindical pueda desarrollar sus nuevos instrumen- tos ideológicos, no bien sean estos percibidos como una prion'dad.

Ya no nos podemos permitir el lujo de mantener instituciones sin- dicales que se atienen a los sínto- mas más que a las causas de los males sociales. El tratamiento de los síntomas está dentro de las atri- buciones del Estado, y por cierto tenemos allí uno de los principa- les frentes de batalla contra la nue- va derecha. Los donantes huma- nitarios abundan cuando se trata de aportar ayuda a las víctimas de cataclismos sociales, pero única- mente el sindicalismo puede reme- diar radicalmente esos cataclismos y evitar que se repitan. La solida- ridad global —tanto en sus aspec- tos geográficos como cualitativos- es el concepto que responde a las necesidades actuales del movi- miento sindical.

Por fin, el movimiento sindical internacional debe tomar la inicia- tiva para la creación de nuevas coaliciones internacionales con grupos de acción cívica y social, que han crecido en número y can- tidad a partir de los años setenta. Hace diez años, el autor sugería en un artículo aparecido en The New International Review (vol. 3, núm. l, 1980) que la creación de coaliciones debía constituir un ele-

mento esencial de la estrategia sin- dical internacional: “la creación de vastas coaliciones populares, de las que el movimiento sindical sería el núcleo, pero que se asemejarían a una multitud de grupos cívicos, de movimientos de orientación social y demás agrupaciones popu- lares, que perciban, cada cual a su manera, la amenaza que represen- ta el poder corporativo, y cuyos radios de intereses particulares recortan en diferentes grados los del movimiento sindical”. Hoy, la baja en los precios de las comuni- caciones y de los viajes permite el desarrollo de la acción y de la in- formación por sobre las fronteras. Más que nunca se dan las condi- ciones para que emerja una socie- dad civil global en la que pueda el movimiento sindical cumplir el rol primordial que le corresponde.

Referencias

' En español en el original (N. del T.).

'3 Sin traducción al español (N. del T.).

3 En el original se usa, sin comillas, la palabra inglesa (N. del T.).

4 La traducción literal del original sería: “... dedicada a la investigación, el desarrollo y a las políticas de mer- cado” (N. del T.).

5 “Compre norteamericano" y “compre europeo” sería la traducción literal del original (N. del T.).

" En inglés en el original, podría traducirse como “escurrimiento len-

to” (N. del T.).

“atademos del Sur

4?»

7 _]ohn Williamson, citado por Reginald Dales, en el International Herald Tribune, de enero de 1994.

En el original. entre comillas para indicar. seguramente. que el autor esta creando una palabra, aparece "(lenlocrature" combinacion (le “(lemocracie" y “(lielarlure". En rines- tra version. seguimos el proceso equi- valente (.\'. (lvl T.).

"' En el qulo (le este artículo se hace unjuego (le palabras mediante la sus- lilurion (le las IIIIL’ikliCS r" por 'p". (le las palabras (¡ne significan “aldea” s 'pillaje".

"' Se ha usuth ‘rlirigente" cuando.

en la mayoría de los casos, el original daba “responsable” (N. del T.).

" En inglés en el original: Labor's Alternative: 'l‘he L'nites States of Europe or Europe Limited, sin nin- guna otra referencia bibliográfica.

'-' En el original 'petitesse". que podría traducirse como ‘(le escaso tamaño" o como “mediocridad” o hasta “melquindad”. Se optó por un termino menos ofensivo. aunque algo ambiguo (N. del T.).

(Tradru'ríon del jranre’s: Carlos Lazaro.)

Revista de ideas, historia

o olítica

VIEIIIÏ 0 M

POR UNA IZQUIERDA ALTERNATIVA

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Ot‘llllm' (¡4’ 19“ ’/

Dimensiones de la crisis contemporánea del smd1cahsmo: impases y desafios"

Ricardo Antunes * *

Quisieramos discu- tir sobre el efecto de la metamorfosis su- fridas por el movi- miento de los traba- jadores. Comenzamos por hacernos las siguientes preguntas: los innume- rables y significativos cambios en el mundo del trabajo. ¿qué conse- cuencias acarrearon enel univer- so dela subjethidad, dela concien- cia del ser social que trabaja? Pero parlicularmenle. ¿que resultados esas lranslormacirmes tuvieron en las acciones (le clase de los lrabaja- dores. en sus órganos de represen- tación y n'iediacit'm. como los sin- dicatos. que estan en una recono- cida situación crítica? ¿Cuales son

Capítulo lll de ¿sii/iris al mundo de] tra/iajn? E "say; .mlm' la ¡”Humor/asii _\' la centra/¡dm! rlrl MINI/(It) (Ir! Ira/Hijo. (iorley. Editora. Brasil. 1995.

Profesor de sociología (lcl tra- bajo. instituto (le Filosofia } (Iiencias Humanas de L'nicamp. San l’ablo, Brasil.

las evidencias, dimensiones y sig- nificados más agudos de esta crisis content/¡("Tineo de los si ndicalos? ¿Es- tos demuestran vitalidad para ir más allá de la simple acción defen- siva, y de ese modo recuperar el significado más expresivo de la acción sindical?l

Iniciaremos esta discusión que trata de la crisis contemporánea de los sindicatos respondiendo a las siguientes preguntas: ¿cuál es el marco y cuáles las dimensiones esenciales de esta crisis? ¿Por que se puede decir (¡ue efectivamente hay una crisis del sindicalismo? Frente a esta situación, ¿cuales son los principales desafíos del ¡novi- miento sindical?

Cuando analizamos al detalle las metamoriosis en curso en el mundo del trabajo. vimos (¡n afec- taron ¡tr/arma (le serde la clase tra- bajadora tornandola heterogénea. fragmentada r compleiizada.

Esas lransformaciones afecta- ron Iambien intensamente los or- ganismos sindicales en escala mun- dial. Como expresión más eviden-

Cuudemos (le! Sur

te de esta crisis puede destacarse una marcada tendenciade disminu- ción de los índices de sindicalización, especialmente en la década de los ochenta.

Comencemos la discusión de este punto mediante la presenta- ción de los niveles o índices de sindicalización, en orden crecien- te, encontrados en varios países capitalistas (cuadro l).

En otro estudio sobre el fenóme- no de la “desindicalización”, elabo- rado también por J. Visser, son detalladas las informaciones que corroboran las tendencias recien- tes de los índices de sindica- lización: dice el autor que, entre 1980-1990, en la mayoría de los países capitalistas occidentales industrializados, el índice de sindicalización, o sea, la relación entre el número de sindicalizados

y la población asalariada, ha decre- cido. Europa occidental, en su con- junto, excluidos España, Portugal y Grecia bajó del 41% en 1980 al 34% en 1989. Teniendo en cuenta los tres países arriba citados, los índices serían menores. Recuerde- se, para comparar, aJapón, cuyo índice cayó del 30% al 25% en el mismo período; y a los Estados Unidos, cuya reducción fue del 23% al 16% (Visser, 1993; 18-19). En España, Francia, Gran Bretaña, Países Bajos y, en menor medida, en Italia, Irlanda, Grecia y Portu- gal, hubo una fuerte baja en los ín- dices de sindicalización, así como una baja absoluta del número de miembros (como por ejemplo Es- paña, Francia y Gran Bretaña). Hubo un ligero retroceso, princi- palmente en la segunda mitad de la década, en Bélgica, Luxembur-

Francia: 12 % España: 16% EE.UU.: 16,8%. Turquía: 18,8% Grecia: 25% Países Bajos: 25% Suiza: 26% japón: 26,8%

Cuadro l Indices de sindicalización: 1988*

Portugal: 30%** Alemania: 33,8% Canadá: 34,6% Italia: 39,6%

Reino Unido: 41,5% Australia: 42% Austria: 45,7% e . Luxemburgo: 49,7%

* Con excepción de Holanda, 1989; Irlanda, 1987; Luxemburgo, 1989; Nueva Zelandia, 1990; España, 1985; Suiza, 1987; Turquia, 1987. ** Los índices referentes a Portugal y Grecia son estimativos?

Nueva Zelandia: 50,5% Irlanda: 52,4% Bélgica: 53% Noruega: 55,1% Finlandia: 71% Dinamarca: 73,2% Holanda: 78,3% Suecia: 85,3%

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go, Alemania occidental, Austria y Dinamarca. En Finlandia, Noruega y Suecia el sindicalismo vio aumen- tar sus efectivos durante los años ochenta, pero un cambio también comenzó a darse a partir de 1988 (idem; 19). El autor afirma que una disminución de esa intensidad, en los índices de sindicalización, no tiene similitud con ningún otro momento de la historia sindical de la postguerra (ibid.).

Esta tendencia a la “desindi-

calización” no debe ser confundi- .

da con una uniformización del sin- dicalismo: en Suecia, por ejemplo, más del 80% de los asalariados son sindicalizados. junto a Bélgica y Austria, compone el campo de los países con. mayores índices de sindicalización. Italia, Gran Breta- ña y Alemania forman un grupo de paises intermedios y Francia, España y Estados Unidos están en la retaguardia, seguidos porjapón, Paises Bajos y Suiza (idem; 24)”. Otro elemento decisivo en el desarrollo y expansión de la crisis sindical es encontrado en el abis- mo existente entre los trabajado- res “estables”, por un lado, y aque- llos que resultan del trabajo even- tual, etc., por el otro. Con el au- mento de este abismo social en el interior de la propia clase trabaja- dora, -se reduce fuertemente el poder sindical, históricamente vin- culado a los trabajadores “esta- bles” y hasta ahora incapaz de'

aglutinar a los trabajadores parcia- les, temporan'os, eventuales, los de economía informal, etc. Con ello comienza a desmoronarse el sindi- calismo vertical, herencia del fordismo y más vinculado a la ca- tegoría profesional, más corpora- tivo. El mismo se ha mostrado im- posibilitado de actuar como un sin- dicalismo más horizontalizado, dota- do de un alcance mayor y que pri- vilegie las esferas intermedias, interprofesionales, por cierto un tipo de-sindicalismo más capacita- do para aglutinar el conjunto de los trabajadores, desde los “estables” hasta los eventuales, los vinculados a la economía informal, etc. (véa- se Bihr, 1991; 106).

La fragmentación, heterogeni- zación y complejización de la cla- se-que-vive-del-trabajo cuestiona en la raíz al sindicalismo tradicional y di- ficulta también la organización sin- dical de otros segmentos quecom- prenden a la clase trabajadora. Como dice Visser, el sindicalismo ha encontrado dificultad para in- corporar a las mujeres, los emplea- dos de oficina, los que trabajan en el sector de servicios mercantiles, los empleados de pequeñas em- presas y los trabajadores detiem- po parcial. En lo que respecta a las mujeres, con excepción de al- gunos países como Suecia, Dina- marca y Finlandia, se observan los menores índices de sindica- lización. También los trabajadores

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no manuales, más intelectua- lizados, aún estan por detrás de los trabajadores manuales, aunque las diferencias se hayan atemrado, es- pecialmente en los países escandi- navos. Los asalariados (le la indus- tria aún se afrlian con mayor in- tensidad a los sindicatos que los trabajadores de comercio, del sec- tor hotelero, o de servicios finan- cieros privados (Visser, 1992: 21- 22). Trabajadores de pequeños establecimientos, trabajadores temporari os, inmigrantes, emplea- dos de tiempo parcial o por con- trato. las mujeres. losjóvenes, etc., parecen componer un cuadro di- ferente que termina dificultando un aumento de los índices de sindicalización. Las mujeres, por ejemplo. participan con mayor in- tensidad del mercado de trabajo como trabajadoras de tiempo par- cial. temporario. etc. Esto tal vez ayude a entender los reducidos ín- dices de sindicalización en el uni- verso femenino. En relación a los reducidos índices de sindicaliza- ción de los trabajadores rna'sjóve- nes. recuerda Visser que es dificil afrrmar si ellos expresan un fenó- meno temporario o preanuncian una mreva tendencia entre los tra- bajadores (irlem: 23). Paralelamente a este proceso (¡ue impulsa la (lesindicalización se han presenciado importantes avances en la organización sindi- cal de los asalariados medios. En

Inglaterra, donde los sindicatos han recurrido a la fusión como forma de resistir a la avalancha neoliberal, hubo recientemente un ejemplo significativo de unión or- gánica de varios sindicatos del sec- tor público que crearon la más fuerte entidad sindical del país —denominada UNISON- con cer- ca de un millón cuatrocientos mil afiliados (El Pais, 24/01/ 93: 5). Se sabe que entre 1979 y 1985, el nú- mero dc miembros afiliados al Trade Union Congres (TL’C), cen- tral sindical inglesa, confirmando la tendencia antes señalada, decli- de 12,2 millones a 9.5 millones. una caída del 22%. Si tomamos en cuenta el total de los sindicali- zados, vinculados o no al TL'C. la pérdida, durante el mismo perio- do, fue de 13,5 millones a ll mi- llones, o sea, del l8.5‘7r (Kelly; 1987: lO). En este contexto. el avance del sindicalismo (le los asa- lariados medios es significativo: “Considerandose apenas el sector privado, a mediados de los ochen- ta. los no manuales representaban, en Austria, el 22% de todos los sindicalizados; en Dinamarca el 24%; en Alemania el 18%; en Ho- landa el lti‘7c: en Noruega el 17‘72: en Suecia el 23% y en Suiza el 25%.

En Alemania. actualmente, de cada tres sindicalizados, uno es de 'clase media", mientras en Norue- ga y Holanda se estima que la mi- tad de los trabajadores sindicali-

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zados no ejerce profesión manual. En Francia. donde Ia crisis del sin- dicalismo es especialmente fuerte, la proporción de no manuales (sec- tores privados v publicos) entre los sindicalizados es superior al 50%. En Noruega es del 48‘}. en Gran Bretaña del 40‘76. en Suecia del 36%. Austria 35‘78. Dinamarca 32% e italia 2097" (Rodrigues. [993“): 3). Esa expansión del sindicalismo de empleados de los sectores pú- blico y privado. mientras. como alerta Leoncio Martins Rodrigues. no fue. en la rnavor parte de los países. suficiente para compensar. en terminos de indice de sindicali- zación. la decadencia del sindica- lismo de los trabajadores manua- les (itl, ÍÍJÜI).

Otra consecuencia de estas transformaciones en el ambito sin- dical fue la intensificación de la tendencia neocm'lmralirrista. (¡ue procura preservar los intereses del proletariado estable. vinculado a los sindicatos. contra los segmen- tos que comprenden el trabajo eventual. tercerizado. parcial. etc., lo que denominamos .irrlr/n'nlela- riacla. .\'o se trata de un corporati- \ismo estatal, mas próximo a pai- ses como Brasil. Mexico v Argen- tina. pero si (le un corporalivismo socielario. atado casi exclusiva- mente al universo (le categorias cada vez mas excluyente y [Mireia/¡mila que se intensifica frente al proce- so de fragmentación de los traba-

jadores. en lugar de procurar nue-

vas formas de organizacion sindi- cal qne. articulen amplios v di feren- ciados sectores (¡ne hov componen a la clase trabajrulora. Hay. como alerta Alain Bihr (19M: 107). un riesgo creciente de ampliación de esa modalidad (le corporativismo.

Esas translormaciones también afectaron las acciones v practicas de huelgas, que tuvieron su efica- cia en alguna medida reducida en el transcurso de la fragmentación y heterogenización de los trabaja- dores. A lo largo de la década del ochenta se puede constatar una disminución de los movimientos huelguistas en los países capitalis- tas avanzados, que por cierto advienen de las dificultades de aglutinar en una misma empresa. los operarios “estables” y aquellos 'tercerizados". que trabajan a des- tajo. o los trabajadores inmi- grantes. segmentos que no cuen- tan. en gran parte, ni siquiera con la presencia de representación sin- dical. Todo esto dificulta aún mas las posibilidades (le desarrollo y consolidacit'm de una conciencia (le clase de los trabajadores. fundada en un sentimiento de pertenencia (le clase. aumentando consecuente- mente los riesgos de expansión de movimientos xenofóbicos. corpo- rativistas. racistas. paternalistas. en el interior mismo del mundo del trabajo (véase Bihr, 1991; |07- l()88).

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Este cuadro complejizado, de múltiples tendencias y direcciones, afectó agudamente el movimien- to sindical, originando la crisis más intensa en toda su historia, alcan- zando, especialmente en la déca-

da del ochenta, los países del-

capitalismo avanzado, y posterior- mente, dada la disminución globa- lizada y mundial de esas transfor- maciones, a fines de aquella déca- da y comienzos de la del noventa, también a los países del Tercer Mundo, particularmente aquellos dotados de una industrialización significativa, como es el caso de Brasil y México, entre tantos otros. Crisis sindical que se enfrenta a un contexto que tiene, en síntesis, las siguientes tendencias:

1. Una creciente individualiza- ción de las relaciones de trabajo, corriendo el eje de las relaciones entre capi tal y trabajo de la esfera nacional hacia los ramos de la ac- tividad económica y de éstos ha- cia el universo micro, hacia el lu- gar de trabajo, hacia la empresa y, dentro de ésta, hacia una relación cada vez más individualizada. Esta tendencia se constituye en un ele- mento esencialmente nefasto del sindicalismo de empresa, del “sin- dicalismo-casa”, que se originó en la Toyota y hoy se expande mun- dialmente.

2. Una fuertr’sima corriente en el sentido de desregular y flexi- bilizar al limite el mercado de tra-

bajo, atacando duramente con- quistas históricas del movimiento sindical que ha sido, hasta el pre- sente, incapaz de impedir tales transformaciones.

3. El agotamiento de los mode- los sindicales vigentes err los paí- ses avanzados que optaron, en esta última década, en buena medida, por el sindicalismo de participación y que ahora contabilizan perjuicios de gran envergadura —de los cua- les el más evidente es el desempleo estructural que amenaza a los pro- pios sindicatos. Lo que (re) obliga al movimiento sindical, en escala

' global, a luchar nuevamente, bajo

formas más osadas y en algunos casos más radicalizadas, como va- rias huelgas de los años noventa nos han mostrado, por la preser- vación de algunos derechos socia- les y por la reducción de la jornada de trabajo como camino posible, en el plano inmediato, intentando disminuir el desempleo estructu- ral. Cuando mencionamos el ago- tamiento de los modelos sindica- les vigentes en los países avanza- dos, pensamos en sus variantes más conocidas, sintetizadas por Freyssinet (1993: 12-14), a saber: I el modelo anglosajón (acom- pañado por similitudes del mode- lo norteamericano), que se carac- teriza por una acción gubernamen- tal de inspiración neoliberal y ultraconservadora, por una patro- nal hostil, que sueña con el

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achicamiento y hasta la elimina- ción de los sindicatos. Los dere? chos son constantemente reduci- dos y las negociaciones cada vez más fragmentadas.

I el modelo alemán, conside- rado dual porque está basado, por un lado, en la convención colecti- va de trabajo relacionada con las respectivas ramas profesionales y, por el otro con la conquista y ejer- cicio de derechos, limitados, más reales en la gestión de las empre- sas. Este modelo, según Freyssinet, aún supone la presencia tripartita: Estado, patronal y sindicatos que, a pesar de sus diferencias y enfren- tamientos, están de acuerdo en mantener estables las reglas del juego.

I el modelo japonés, funda- mentado en el sindicalismo de em- presa, participacionista, que adhie- re ala cultura y al proyecto de em- presas, obteniendo a cambio cier- tas garantías de estabilidad respec- to de puestos de trabajo y salarios, así como también consulta en los temas que tienen que ver con la organización del trabajo.4

Si es verdad que, en los límites de esta generalización, el modelo alemán es el menos desfavorable para los trabajadores de los países centrales, mereciendo por eso una atracción mayor por parte de ellos, es claro también que, respecto al capital, las opciones preferibles varían entre el modelo inglés y el

japonés (idem: 13-14). Creemos, con todo, que con la crisis del Welfare State y el desmoronamien- to de las conquistas sociales de la fase socialdemócrata, no es difícil percibir el impasse en que se en- cuentra esta variante sindical. La vía participacionista que vincula y subordina la acción sindical a las condicionantes impuestas por las clases dominantes —en la medida que se atienen a las reivindicacio- nes más inmediatas y dentro de ese universo pactado con el capi- tal- ha obtenido resultados extre- madamente débiles y hasta nega- tivos, si se piensa' en el conjunto- que-vive-del-trabajo.

Es por ese motivo que comien- zan a ganar mayor expresión los movimientos sindicales alternati- vos, que ¿cuestionan el accionar eminentemente defensivo, practica- do por el sindicalismo tradicional, que se limita ala acción dentro del orden. Solo a título de ejemplo se pueden citar a los COBAS (Comitati Di Base), que comenza- ron a despuntar en la década del ochenta en Italia, en sectores de la enseñanza pública, a los contro- ladores de vuelos, a los ferrovia- rios y en algunos núcleos del pro- letariado industrial, y que han cuestionado fuertemente los acier- tos realizados por las centrales sin- dicales tradicionales, especialmen- te la CGIL, de tendencia ex-comu- nista, que en general han pautado

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su accionar dentro de una política sindical moderada.5

4. Una tendencia creciente de lmrocratización e institucionalización de las entidades sindicales, que se distancian (le los movimientos socia- les autónomos, optando por una al- ternativa de actuación cada vez mas integrada a la intitucimralidad, ganando en eso “legitimidad” y estatuto de moderación, por el distanciamiento cada vez mayor de acciones anticipadas y la conse- cuente pérdida de radicalidad so- cial. Se construyeron y se consoli- daron como organismos de ensivos y, por ello, se han mostrado inca- paces para desarrollar y desenca- denar una acción mal: allá. del capi- tal (¿\lézaros, 1993: 20-21 y 1987: l 14 ss.)."

5. junto al culto del individua- lismo exacerbado y de la resigna- ción social. el capital amplia enor- memente —por metodos mas ideo- lógicos _v nranipulalorios que direc- tamente represivos, estos solamen- te reservados para los momentos estrictamente necesarios- str ac- ción aislante e intimatoria de los movimientos de izquierda, espe- cialmente aquellos que ensayan practicas dotadas de una dimen- sión anticapitalista. Es hoy lugar común en cualquier parte de la sociedad productora de mercade- rías un clima de adversidad y hosti- lidad contra la izquierda, contra el sindicalismo combativo y los mo-

vimientos sociales de inspiración socialista.

Si estas son las tendencias en curso, queremos c’oncluir esta par- te de nuestro ensayo, sobre las di- mensiones actuales de la crisis sin- dical, indicando algunos de los enormes desafíos que marcan el conjunto del movimiento sindical en escala global, en este final de siglo XX, y que podemos resumir en los siguientes términoszlc'los sindica- tos serán capaces de romper el gran muro social que separa a los trabajadores "estables”, más “inte- grados” al proceso productivo y que se encuentran en proceso de reducción, de aquellos de tiempo parcial, “tercerizados”, subocu- pados de la economía informal, en significativa expansión en el pro- ceso productivo contemporaneo? ¿Serán capaces de organizar si ndicalinentc a los desm‘ga-nizados y con eso revertir los índices de desindicalización, presente en las principales sociedades capitalistas?

¿Serán capaces de romper con el nuevo corporativinno, que defien- de exclusivamente sus respectivas categorías profesionales, abando- nando o disminuyendo fuertemen- te sus contenidos más marcada- mente clasistas? Se trata aquí. como indicamos anteriormente de un corporativismo societario. excluyente. par‘cializador y que preserva y hasta intensifica el carac- ter fragmentado y heterogéneo de

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la clase trabajadora. ¿Serán capa- ces de repudiar enfáticamente las manifestaciones de sus sectores más postergados —que a veces se aproximan a los movimientos xenofóbicos, ultranacionalistas y racistas, responsables de acciones contra los trabajadores inmi- grantes, oriundos del Segundo y Tercer Mundo- y, al contrario, tejer formas de acción solidarias capaces de aglutinar esos contin- gentes de trabajadores práctica- mente excluidos hasta de repre- sentación sindical?

¿Serán capaces de revertir la tendencia, desarrollada a partir del toyotismo y que hoy avanza a escala mundial, que consiste en reducir el sindicato al ámbito ex- clusivamente fabril, al llamado sin- dicalismo de empresa, el sindicalismo de estrechamiento más vulnerable y subordinado a la autoridad patro- nal? Como ya pudimos mostrar, el principal espacio de actuación de las relaciones profesionales se transfirió de los ámbitos naciona- les a los ramos de actividades y de éstos a las empresas y lugares de trabajo. Del mismo modo esa reubicación del poder y de las ini- ciativas para el universo de las empresas se (lio en perjuicio de los sindicatos v de los órganos públi- cos. conforme reconoce el propio Informe Anual de la OCDE (ol). cil. 1992). {Serán capaces los sindica- tos de impedir esta tendencia del

capital a reducir el sindicalismo al universo de la empresa, microcósmico, que individualiza y personaliza la re- lación capital y trabajo? ¿Consegui- rán (re) organizar comisiones de fábricas, comités de empresas, or- ganizaciones autónomas en los lu- gares de trabajo, capaces de impe- dir la tendencia a la co-elección de los trabajadores?

¿Serán capaces de estructurar un sindicalismo horizontalizado, mejor preparado para incorporar al conjunto de la clase-quc-vive-(lel- trabajo, superando, de ese modo, el sindicalismo verticalista, que pre- dominó en la era del fordismo y que se ha mostrado incapaz de aglutinar tanto los nuevos contin- gentes de asalariados como aque- llos que se encuentran sin trabajo?

¿Serán capaces de romper con la tendencia creciente a la excesi- va inslitucionalizacion y lnmn‘rati- :acio'n. que tan fuertemente ha marcado el movimiento sindical en escala mundial _v que lo distan- cia de sus bases sociales. aumen- tando aún más el abismo entre las instituciones sindicales y los movi- mientos sociales autónomos?

¿Serán capaces los sindicatos, representando sus especificidades. de avanzar mas alla' de una acción marcadamente de ensirla y con eso auxiliar en la búsqueda .de un pro- yecto más ambicioso. qtre camine en dirección a la emancipación de los trabajadores, que rescate accio-

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nes en el sentido de buscar un con- trol social de producción, en lugar de perderse exclusivamente en el cam- po de las acciones inmediatas y fenoménicas, que no cuestionan siquiera mínimamente el orden del capital y del sistema produc- tivo?

A estas preguntas podemos agregar aquellas que son especifi- cas del movimiento sindical de los países industrializados e interme- dios de Amén'ca latina, como Bra- sil, Argentina, Venezuela, Chile, así como los países asiáticos de industrialización reciente como Corea, Hong Kong, Taiwán, Singa- pur, etc., entre tantos otros: ¿se- rán capaces de impedir la genera- lización de esta crisis sindical que ya los alcanza, en mayor o menor intensidad? El sindicalismo más combativo presente en varios de esos países, ¿será capaz de partici- par y auxiliar en la elaboración de un modelo económico alternativo, con claros trazos anticapitalistas que, al mismo tiempo, se fundamente en un avance tecnológico con ba- ses reales, nacionales, verdaderas, y que no sea regido por una lógi- ca de un sistema productor de mercaderías, destructivo y exclu- yente, responsable por los explo- sivos índices de desempleo estruc- tural que hoy están presentes en escala mundial? Son, como puede observarse, algunos desafíos fun- damentales que por cierto defini-

rán el futuro de los sindicatos en este final de siglo.

De este modo, exponiendo esos desafios que entendemos más ur- gentes para el movimiento sindi- cal, intentamos ofrecer un cuadro analítico de la crisis sindical presen- te a escala mundial. Los caminos a ser abiertos por los sindicatos se- rán capaces, por cierto de evitar e impedir su desaparición, mientras los organismos representativos de los trabajadores, al menos en un espacio de tiempo aún visible. Pero si estas acciones serán capa- ces de impedir estas tendencias de debilitamiento y desgaste crecien- tes de los organismos sindicales, ésta ya es una pregunta para la cual las posibles respuestas aún no es- tán claramente delineadas.

(Tradue‘ción del portugués: Carlos López Barraza.)

Referencias

' Más allá de estas preguntas, po- dríamos agregar aquellas que remiten a los países subordinados: frente a los cambios en el proceso de trabajo en varios países avanzados, ¿qué repercu- siones y consecuencias son percibidas en países como Brasil?, ¿que media- ciones analíticas son imprescindibles cuando se piensa en la realidad del mundo del trabajo en los países del capitalismo avanzado y sus paralelos y desdoblamientos en países como Brasil? ¿La particularidad de nuestra

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clase trabajadora apunta hacia cami- nos confluente, o distintos de aque- llos que están siendo abiertos por el mundo del trabajo de los países cen- trales?'¿Seguiremos en el flujo o en el reflujo de las tendencias del capitalismo avanzado? Éstas cuestio- nes que remiten al caso br'asileño, procuramos responderlas, en alguna medida, en el ensayo “Mundo del tra- bajo y sindicatos en la era de la rees- tructuración productiva: impases y desafíos del nuevo sindicalismo brasi- leño”, presente en el libro El nuevo sindicalismo, Scitta, San Pablo, 1991.

2 Fuente: “Evolution du Taux de Sindicalisation”, en Rapport Annuel OCDE, 1992, cap. 4, elaborado por _]elle Visser y revisado por el secreta« riado de OCDE.

El artículo “Syndicalism-e et Désyndicalisation”, de j. Visser, en Le Mouvement Sociale, núm. 162,_]an- Mar. 1993, Francia, Editions Ouvrieres, volumen con el título "Sindicats D’Europe" (organizado porjacques Freyssinet) trae un aná- lisis detallado (le la crisis sindical en los países avanzados, tematizando varios aspectos, como los cambios internos del movimiento sindical, la expresión (le la fuerza de trabajo femenino, y el surgimiento de nue- vos sectores, como el de los servicios, las especificaciones nacionales que dificultan las generalizaciones, la pérdida de poder de los sindicatos y sus opciones entre actuar como movimientos sociales o como orga- nismos institucionalizados, más alla de explorar varias hipótesis acerca de las causas de la desindicali-7ación.

Es importante recordar que, para Visser (1993: 27-28), los índices de sindicalización son un punto de par- tida útil en el estudio del sindicalis- mo, pero no pueden ser usados como elementos indispensables cuando se trata de aprehender el sig- nificado real del accionar sindical, marcado por muchas diferencias en- tre realidades aparentemente próxi- mas. Sobre la crisis de los sindicatos se puede consultar también el dossier publicado por el diario El País, del 24/01/93, pp. 1-8, que trae una buena radiografía de la crisis sindical europea. Véase también R. Freeman, “Pueden sobrevivir los sin- dicatos en la era post-industrial?”,op. cit., particularmente sobre las ten- dencias en curso en el sindicalismo norteamericano y J. Kelly, Labour and the Unions, Verso, Londres, Nue- va York, 1987, sobre las tendencias del sindicalismo inglés. Véase tatu- bién los artículos de L'eóncio M. Rodrigues, 1993a, “La crisis del sin- dicalismo en el primer Mundo”, Folha (le Sao Paulo, 22/03/93, p. 3, y 1993b “La sindicalización de la cla- se media”, Folha de Sao Paulo, 24/ 05/93, p. 3.

4 Según jaques Freyssinet, en “Syndicalismes en Europe”, 0/). cit. En este mismo volutiien,]e|le Visser, dis- cutiendo los posibles caminos sindi- cales a partir de la unificación euro- pea, ofrece la siguiente conceptuali- 7ación: el ‘Ímodelo socio-corporati-vis- ta alemán, el liberal-voluntarista inglés y el participacionista-estatal francés" (Visser 1993: 24).

r' Informaciones detalladas y un

Cuadernos del Sur

U1 U!

analisis critico sobre los COBAS pue- (len ser encontrados en L. Bordogna, “Arcipelago COBAS: Frammentazio- ne (lc-lla reppresentanza e conflitti di Lavoro". en Politica in Italia. Bologna, De. ¿\lulino. 1988. pp. 257-292.

" Bernardo llevó al limite esta crítica. mostrando. con una buena dosis (le razón. que los sindicatos se convirtieron también en grandes em- presas capitalistas. actuando en virtud (le ello. bajo una lógica que no difie- re en nada de las empresas privadas. Según]. Bernardo, Capital, sindicatos, gestores. San Pablo, Vértice, 1987.

Referencias bibliográficas

Bihr, A. «Le prolétatiat dan ses éclats», Le monde Diplomatique, 1991.

Freyssinet, «Syndicalismes en Europe», en Le Mouvement Sociale, n‘-'. 162, marzo 1993. Ed. Ouvreres, Francia.

Kelly, «Labour and Trade Unios», Londres-Nueva York, Versa, 1987.

Mészáros, l. «Rapport Annuel», 1992, cap. 4.

Visser,]. «Syndicalisme et desyndicalita tion», en LevMouvement SociaL n‘2 162, Ed. Ouvreres, marzo 1993, Francia.

EE. UU. EN VlSPEllAS DE ELECCIÜNES b Y DESPUES llE FIDEL ¿llllE?, ® LA UTOPIA DEL Flll DE LA UÏOPIA

¡miriam .inlAsnEtlm

Octubre de 1996

Latinoamérica: crisis del pactlsmo*

James Petras

xisten varias respuestas del movimiento sindi- cal a la ofensiva neo- liberal, sin embargo, no existe coherencia sobre cómo reaccionar en este nuevo contexto. Hay sectores sindicales qtte han iniciado varias respuestas. algunas muy conservadoras y otras más intransigentes. L’na respuesta muy generalizada es volver a plan- tear el proteccionismo. Proteger nuestras industrias, proteger nues- tros empleos. pactar con el capital: no es muy difícil volver al paclismo. Es un sindicalismo en la búsqueda de tm capitalismo inexistente. Hace muchos años estoy colabo- rando con sindicatos en varios paí- ses. Hablaré desde mi experiencia de apoyo y solidaridad con el mo-

Texto en base a una conferencia dictada por el (loctorjames l’elras en el l’araninl'o L'niversilario. sobre Ia «Crisis del sindicalismo». auspiciada por el ClDE-L'MSA. Reproducido (le Revista UNI/nales. num. 2/3. Postgrado CIDES-L'MSA. La l’az. agosto 1996.

vimiento sindical. Es importante clarificar la perspectiva y el angu- lo desde el que voy a presentar esta discusión.

El liberalismo, como proyecto político económico, existía en una sociedad de campesinos y la- tiftmdistas con pequeños encla- ves de mineros donde no existía legislación social, protección so- cial, ni reconocimiento legal a los sindicatos.

Toda la lucha contra el libera- lismo tenía su base en dos elemen- tos: primem. desde el angulo de las clases medias, el empuje fue para que el listado juegue un papel como fuerza activa en estímulo de la industrialización de la pequeña burguesía. la clase media y los sec- tores empresariales embrionicos v. segundo. la lucha de clases de obre- ros y campesinos para crear una sociedad mas igualitaria con pro- teccion social y legitimidat'l.

La diferencia entre liberalismo y neoliberalismo es que en la epo- ca liberal. la clase obrera esta cons- truyendo sus organizaciones forta-

Cuademos del Sur

UI \l

leciéndolas y'donde existe toda una institucionalidad, un poder relativo a un equilibrio de fuerzas entre capital y trabajo, una buro- cracia social y una legislación mala o buena que tenían la función de asegurar algunos niveles mínimos.

El neoliberalismo, un

proyecto global

El neoliberalismo ingresa al cuadro actual como una fuerza que des- mantela todo lo que ocurre en este periodo.

El primer problema fue que el movimiento sindical subestimó la profundidad y la radicalidad del proyecto neoliberal. Pensaron que era una ataque sectorial, un ataque que iba a cambiar alguna legisla- ción, modificar la relación entre lo público y lo privado. En este senti- do el neoliberalismo tiene la tarea de eliminar todo lo formado en los últimos 50 años y no sólo en Boli- via, no sólo en Norteamérica sino en todo el mundo.

Lo que está frente al sindicalis- mo es un fenómeno global, por- que los mismos problemas que es- tán planteando los sindicatos y los mismos problemas internos que se muestran, reflejan la aplicación de la política neoliberal.

Consiguientemente, tenemos primero que identificar cuáles son los indicadores de la crisis del sin- dicalismo para identificar el pro- blema, posteriormente, analizar

los diagnósticos que han realizado algunos sectores del sindicalismo y después analizar las respuestas a este fenómeno.

Crisis del sindicalismo

y Estado de bienestar

El problema de la crisis del sindi- calismo forma parte de la crisis del Estado de bienestar social. El Esta- do de bienestar social era produc- to de un tipo de sindicalismo, un sindicalismo que tenía gran capa- cidad de convocatoria y gran capa- cidad de negociación. Todo el movimiento sindical entró en este juego y tuvo éxitos por un tiempo; pactismo con el MNR aquí, con el Partido Demócrata en Estados Unidos. Luchas como presiones sobre el sistema, y no luchas para transformarlo. El hecho es sobre- pasar el pactismo.

El pactismo tenía un éxito rela- tivo, relativo al momento, pero sin perspectivas de futuro. El capita- lismo va a seguir repartiendo be- neficios. Pensaban que aquello era el futuro. Toda la política de un buen líder sindical se reducía a eso.

La ruptura llegó y vino de la derecha que en un momento deci- dió que el pactismo, la con- certación social, ya no servían a sus intereses. Se entiende luego que creara condiciones favorables en América Latina: sindicatos desmo- vilizados, concentración de poder en los sectores de capitales; dete-

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rioro de la influencia de los pactistas —¿ada vez más-, jugando una línea del mal menor reconocien- do su debilidad como sindicatos y ofreciendo concesiones para salvar parte de lo que quedaba y olvidar a la generación joven. Aquí los padres consiguen pensión, los hi- ' jos quedan en la calle ambulantes. Todo este proyecto tenía como objetivo provocar una brecha generacional dentro de la familia misma. El hijo no podría repetir las etapas de la vida de los padres. El padre ingresaba a la fábrica, acu- mulaba experiencia y organizaba sindicatos. El hijo empieza con un nivel más alto que el padre, un hijo que viene de familia estable, pero cuando finaliza su educación qué le queda si no fábricas cerradas, minas reestructuradas y una gran crisis porque no puede seguir el ciclo del padre: entrar al sindica- to, luchar y mejorar la vida. Todo es inestable, inseguro, abunda tra- bajo sin condiciones sociales. En este mundo, una gran parte de la juventud no sabe lo que es el sin- dicato. Las organizaciones sociales quedan-como cosa residual y frag- mentada.

Declive del sindicalismo pactista El sindicalismo muestra un declive, expresado en varios indicadores. Este sindicalismo de pactismo que tenía sus momentos de gloria queda inmovilizado, pierde la ca-

pacidad de movilizar y politizar, porque todo se arregla en negocia- ción. El mundo de pactos y concertación es la caída de la ca- pacidad de movilizar y politizar de la clase obrera, es el declive en la influencia política y social.

El pactismo despolitiza a la gen-

te. Esto significa un declive en la

influencia política, la nueva gene- ración no entra en la lucha social política, porque no está incluida en los pactos.

El pactismo implícitamente te- nía como regla solucionar las co- sas por su sección, hacer militante y combativa la lucha, pero con una base política estrecha.

En su gran auge el movimiento sindical tenía mucha influencia en la pequeña burguesía, el panade- ro del barrio, el sastre, el médico de la comunidad. Los comercian- tes, durante las huelgas, extendían créditos, existía una cultura obre- ra sindical que tenía influencia más allá de sus números; un efecto multiplicador que es la expresión de la hegemonía. La clase obrera era un polo de referencia para to- dos los sectores y cuando organi- zaba sus grandes marchas agluti- naba a todos los sectores peque- ñoburgueses cuentapropistas y te- nía un dinamismo que representa- ba un polo social político, pero como los pactos y concertaciones no teníanincluido en la agenda la actividad en la calle, surge una di-

Cuademos del Sur

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visión entre el sindicato y lo que llatnamos el sindicato obrero y las clases populares.

En las sociedades particular- mente semi-industrializadas, mu- chos sectores sociales están subsumidos y explotados indirec- tamente por el capital, pero al pactismo no le interesaba este tipo de relaciones. Antes que vincular- se con estas luchas en las calles, para el sindicalista era'mejor pre- sentarse en la oficina del ministro de trabajo, presentar el pliego de peticiones y salir al balcón decla- rando la gran \ictoria del pueblo.

La hora de la ruptura

Esta política, cuando la burguesía realiza la ruptura, provoca que el sindicalismo pactista quede colga- do. Era la época de la melancolía, es decir, era preferible conseguir una victoria relativa a una derrota que. repliegue contundente. Se tra- taba de mostrar (¡ue todavía había vida para el pactismo.

Esto en mismo es un proble- ma profundo. porque estamos frente a una fuerza política econó- mica que quiere derrtunbar y des- trttir todo el tejido social. La bur- guesía esta en la lucha política como clase contra clase: mientras los pactistas están en la línea de luchar sector por sector. Esto es muy desequilibrado. uno está ala- caudo en todos los frentes. educa- ción, cultura en la vida cotidiana.

economía; el otro frente sigue pen- sando que algo se puede conseguir como fracción. Esta situación dejó a la clase obrera ideológicamente desarmada. Si la retórica siguió siendo socialista, la práctica era el bienestar social dentro del capitalismo.

Cuando llega la ruptura, el capitalismo cambia la cara: de ama- ble, negociadora y concesionaria a ' la cara dura de rechazar cualquier concesión y no sólo elimina sindi- catos sino el empleo, las fábricas y las minas.

Esto hace que el pactismo ya no tenga una práctica que figure den- tro de las propuestas alternativas, porque el socialismo no es el con- cepto de una utopía. Utopía es una frase inadecuada, porque es una proyección separada de las prácti- cas cotidianas. Todos pueden te- ner tma \isión de futuro, hasta un burgués que se imagina un futuro de amor y paz. Por el contrario, el socialismo es un proyecto alterna- tivo, empieza en las prácticas y re- laciones cotidianas, en el trabajo, en el barrio, en la familia. No se puede decir un día: vamos a dejar de lado todo y construyo el socia- lismo como una utopía, si no se practica el trabajo colectivo, la so- lidaridad desde la práctica cotidia- na. De esta manera, se crean las transformaciones.

Finalmente otro indicador del declive del sindicalismo fue la pér-

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dida de capacidad de ganar las huelgas. Los militantes luchan y pierden porque toda la clase capi- talista se ha unificado por un nue- vo proyecto, que elimina costos sociales y los deposita sobre las espaldas de los obreros que tienen qtte financiar su propiajubilación, su salud. su educación. Frente a esta situación. los huelguistas salen a las calles _v el capital enfrenta a éstos con la totalidad de la clase con la totalidad del Estado. Esta situación otorga poca posibilidad de ganar una lucha sectorial.

La eliminación de mediaciones establecidas por los partidos pequeñoburgueses que tenían un pie con la clase obrera y el otro con la burguesía. qtte tenían un discur- so nacionalista que apoyaba al sec- tor al sector público, elimina tam- bién la posibilidad de poner pre- siones sobrc el gobierno v la clase capitalista.

l-Ll capital neoliberal _\' su forma de actuar esta eliminando la op- ción reíormista, no acepta repar- tir sus beneficios ni asutne posición intermedia. I.os neoliberales estan para todo o nada. Estan tan fuer- tes que no creen que corren ries- gos. L'tilizan un único argumento: que no ha)" alternativa. lista posi- ción esta creando nuevos discur- sos donde la clase obrera sólo ten- dría una opción: someterse v acep- tar las consecuencias v esperar que algunas gotas caigan de arriba.

Orígenes de la globalización Frente a esta situación los sindica- listas varían en su interpretación sobre lo que está pasando. Algu- nos hablan de los cambios tecno- lógicos que estarían provocando una recomposición de la clase obrera y que a partir de las necesi- dades tecnológicas la clase obrera pierde trabajo. Sabemos que la tec- nología en misma no tiene un impacto uniforme, depende de las relaciones sociales. Un estado obrero campesino utiliza las nue- vas tecnologías de volatilización computarizada para bajar las ho- ras de trabajo y tener más tiempo de ocio. Simplemente la introduc- ción de tecnología no tiene el efec- to de bajar los salarios y dispersar la fuerza de trabajo. Este resulta- do es un producto de las estructu- ras de poder donde la tecnología es un instrumento que profundiza la explotación.

lín esta situación. primero. la explicacit'm de la crisis (le la clase obrera no es determinada por la tecnología. Segundo. que la globa- lización ofrece condiciones para reestructurar el trabajo. donde la empresa para ser mas competitiva tiene que bajar el costo v a partir de ello tiene que eliminar puestos de trabajo.

En misma la globalización his- tóricamente era compatible con el crecimiento. ¿Que tipo de globa- lización ocurre ahora v por qué la

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til

globalización está acompañada con reducciones en los niveles de vida? Más allá de eso, la globalización es un imperativo histórico o reflejo de los intereses de clases sociales muy determinadas a grandes capi- tales financieros en AmériCa lati- na, con capitalistas internacionales imperiales que fijan la política li- beral como una forma de benefi- cio, desarticulando al sector pro- ductivo, desarticulando los merca- dos internos para canalizar todos los recursos hacia un sector capi- tal.

Violencia política y cambio de la correlación de fuerzas Entonces la globalización en misma no explica nada. Necesita- mos ver profundamente el proce- so en las clases sociales.

La tercera explicación de lo que está pasando es que existe una ofensiva de clases, un cambio de la correlación de fuerzas, no la aplicación de la racionalidad del mercado. La racionalidad no está cambiando tanto en Estados Uni- dos como en Europa con treinta millones de desocupados; en Eu- ropa occidental con 20% de los tra- bajadores. La racionalidad econó- mica es una palabra ficticia. Es ra- cional'desde el cálculo de los be- neficios de sectores incorporados en estos circuitos internacionales.

Esta estrategia hacia afuera y desde arriba es un producto de

derrotas y victorias por la clase dominante para cambiar la coor- dinación de fuerzas a través de la violencia. Los orígenes de la globalización están ligados a la vio- lencia de los años setenta, conso- lidados con las transiciones pac- tadas. Este pacto del diablo entre los parlamentarios, los políticos electoralistas con los regímenes de fuerza y el debilitamiento de los sindicatos es el producto de una ofensiva clasista insólita en este siglo.

Es una táctica que ataca sector por sector, una táctica bien pensa- da que no provoca una confronta- ción global de clase contra clase. Henrique Cardoso, presidente del Brasil, ataca a los petroleros que era el sector más beneficiado y or- ganizado. En Bolivia se ataca a los mineros, intención que tiene un contenido eminentemente políti- co: eliminar al primer protagonis- ta dela política. La política de cho- que fue una forma de desarticular la sociedad civilorganizada y a par- tir de eso se inicia la segunda fase —la privatización- que es más fá- cil.

La política de choque es emi- nentemente política y la segunda es política, económica y social. Grandes transferencias de lo pú- blico a lo privado, de lo privado nacional a lo privado internacio- nal, y ello tiene un marco de ofen- siva de clase totalizadora frente a

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la acumulación social de los últi- mos 50 años.

Respuestas a la ofensiva neoliberal

Existen varias respuestas del mo- vimiento sindical a la ofensiva neoliberal, sin embargo, no existe coherencia sobre cómoreaccionar en este nuevo cuadro. Hay secto- res sindicales que han iniciado va- rias respuestas, algunas muy con- servadoras y otras más intransigen- tes.

Una respuesta muy generaliza- da es volver a plantear el protec- cionismo. Proteger nuestras indus- trias, proteger nuestros empleos, pactar con el capital: no es muy difícil volver al pactismo. Es un sin- dicalismo en la búsqueda de un capitalismo inexistente. Existe una pugna entre el capital que quiere protección con el gran capital, so- bre la forma de tratar los costos laborales. Eso debilita la posibili- dad qrre surja una burguesía pro- gresista que pueda luchar por el proteccionismo.

En América latina está surgien- do por primera vez en este siglo una hegemonización de intereses 'frente a la política neoliberal. Exis- ten sindicatos qtte critican el Tra- tado de Libre Comercio y por pri- mera vez están buscando lazos con el sindicalismo clasista de México. En ese contexto el proteccionismo es muy difícil.

Segundo, los obreros colaboran en la eficiencia y trabajan para au- mentar la calidad del producto para ser más competitivos. Es una forma de relación del obrero corr- tra el obrero eliminando al capa- taz. Ahora'el obrero tiene la res- ponsabilidad de exigir a su com- pañero que trabaje más y más en la línea de los patrones. Eso signi- fica que tiene menos influencia sobre el control de las condiciones de trabajo, con una economía li- beral que por naturaleza genera inseguridad en el trabajo. El prin- cipio es una transacción: garanti- zamos trabajo y colaboración con el patrón. Pero el mismo liberalis- mo es eliminado pidiendo la cola- boración mientras esté profundi- zando la precariedad. Esta estrate- gia tampoco es una respuesta.

Un boicot puede funcionar pero depende del ambiente general de la población consumidora. La premisa de un boicot eficiente es que la gente ya tiene conciencia de solidaridad de clase e identifica- ción con el sindicato. Para ser efec- tivo el boicot tiene que existir politización, crear la conciencia para que la gente no vaya a una tienda, por ejemplo, a comprar productos. Es una expresión de la lucha y no una subsistencia por la lucha.

En algunos países los sindicatos se convirtieron en agencias de ser- vicios que significaron un sindica-

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G. 'JD

to organizador de 'acaciones. El sindicato no sirve sino como un instrumento, porque cuando me- nos lucha trrenos afiliados atraen. Esto no funciona.

La lucha a nivel internacional

La lucha tiene que ser a nivel in- ternacional porqtre cada vez más el capital se mueve de un país a otro. ¡Las bases objetivas existen para paralizar la producción inter- nacional. Por ejemplo, ahora se producen frenos de un automotor en un país, motores en otro. Esto crea una gran oportunidad porque la paralización de una empresa paraliza la capacidad de montar el producto final. La coordinación entre los diferentes obreros pro- ductores en diferentes países tie- ne la capacidad ahora de pa ‘alizar las multinacionales. Eso implica un recontxtimiento del poder del sin- dicato v la clase obrera. La globa- lización es un cuchillo de doble lilo. si hay un rectmocimiento de la potencialidad de la lucha. Las tendencias actuales son las huelgas tuultisectoriales o mejor dicho huelgas generales.

En Brasil han lanzado una huel- ga general. Los (‘lit‘igentes de la Central L'nica de Trabajadores es- tan en este proceso de recompo- ner el curso (le los últimos diez años al integrarse. listo va a ser un desafío fuerte porque la burocra- cia sindical en Sito Paulo es muy

grande, fuerte y muy resistente. Han puesto sobre la mesa la posi- bilidad de derrotar el neoli- beralismo y crear un poder hegemónico. Eso implica que la reforma agraria no es un proble- ma del campo, es un problema de la ciudad. Un problema de la ciu- dad es combinar con la lucha de sectores avanzados del campo y crear de verdad la alianza obrero- carnpesina que siempre se habla- ba en todos los congresos y nunca se realizó.

El neoliberalismo se

puede derrotar _ El neoliberalismo es una lucha del conjunto de la clase burguesa. Eso exige una mreva estrategia. Hay que tocar las áreas vitales del mo- delo, las principales fuentes de in- gresos: bancos, minerales, cornu- nicaciones. todos los sectores que acumulan capital. La lucha públi- ca sólo puede ganar en el grado que está integrado con la lucha de los sectores estratégicos de trans- portes y comunicaciones, finanzas _v exportación, y eso tampoco es suficiente.

El terna del ruimero de sindi- calizados es ahora un arma de la burguesía que busca movilizar a los sectores pobres contra los sectores organizados _v culparlos por la po- breza generalizada. Con esta ta'cti- ca lo único que quieren es el voto del pueblo. L’na demagogia don-

(H

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de los super ricos hablan de la po- breza. Una broma de mal gttsto. En las elecciones en esta alianza desde arriba sejuega mucho.

Si no hay un lazo con los secto- res no organizados tradicional- mente en sindicatos. qtte apoye uno a trno y otro al otro. no se puede alcanzar alianzas profttndas ui contundentes. Los sectores de la economía informal no son in for- males, son sectores capitalistas ex- plotados por el capitalismo, sin regulación. Nosotros no debemos aceptar estas categorías. Estos sec- tores están subsumidos en el capitalismo y hay que volver a or- ganizar, los obreros —tradición en Bolivia, en (Zhile, en .-\rgentina— en los años diez _v \‘einte se organiza- ban con nociones qtre aprendieron en las minas. Si se empieza a corr- versar. se empieza a politizar. Crear una cultura obrera es decisi- vo en estos momentos. porque es- tamos frente a un enemigo que quiere destruir los lazos afectivos frente al mercado.

La burguesía habla mucho de la fatnilia pero esta destruyendo la familia. porque el marido al no tener trabajo empieza a tomar _v entra en conlliclo de pareja. en vez de conflicto de clase. lil padre pega a Ia esposa. la esposa pega a los ninos. los niños pegan a los gatos. lis muy alta la tasa de suicidios en- tre la gente afectada por esta situa- ción. Existen empresas qtte destru-

yen toda la comunidad. Es necesa- rio defender la casa, la familia, la seguridad contra los atropellos del liberalismo.

En el último periodo, cl gobier- no de Francia decidió que era momento de cortar el presupues- to social y eliminar la jubilación. En Francia los sindicatos llevaban representados en 35% del secmr, tenían todas las condiciones mate- riales sttpuestatnente para luchar. Sin embargo, el Secretario general tiene salario, el obrero calificado tiene oficina, pero tttvieron una gran victoria. ¿Cómo lo hicieron? A partir de movilizaciones y asam- bleas en todos los lugares de tra- bajo. aglutinando miles v miles de obreros sin hace ' afiliados, sin pc- dir carnet. A través de asambleas consiguieron la hegemonía en l’a- rís que no es el París de Marx. es el París de clase media. Los parisinos tenían qtte caminar seis _v ocho ki- lóruetros para ir al trabajo por la paralizacit'm de metro. (ianaron hegemonía para luchar v casi de- rribaron al gobierno con su huel- ga general indelinida paralizando todo el transporte. Los banqueros tenían qtre dormir en las oficinas. lin esta situación. desde el angulo de acumulación de estructuras. la superficie hace parecer el sindica- lismo latinoamericano mas fuerte. con mas afiliados. con gran ten- sión. sin embargo. tro-sc hacen muchas Cosas. No enfrentan. los

Cuadenws del Sur

enfrentan. Los franceses, más anar- quicos, más mediterráneos, una vez que salió la ltrcha todo lo orga- nizaron y todo quedó paralizado.

La lección de estas luchas es que el neoliberalismo se puede derro- tar, pero esto implica una misma forma de luchar que va más allá de luchas puntuales, una lucha que pone sobre la agenda todo el pro- blema neoliberal. Una con-

trapolítica de ruptura desde aba- jo, que busca una estrategia que combina la lucha inmediata con la lucha relacionada con los aspectos estratégicos de funcionamiento de este sistema. Poniendo, finalmen- te, desde el sindicalismo, desde este movimiento cada vez más amplio, una agenda política que funcione en defensa de las reivin- dicaciones del pueblo.

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Crisis sindical: la necesidad de un debate

Eduardo Lucita*

En recrterdo de Ernest Mandel, 1923-1995, maestro a la distancia.

n este agitado fin de si- glo, en que los cambios se superponen acelerada- rnente unos a otros, la ar- quitectura keynesiana y las relaciones políticas surgidas luego de la segunda guerra mundial han variado substancialrnente. La caída "de los regímenes del Este, la mun- dialización de la economía, la cri- sis del modelo de desarrollo \igen- te, el impacto de las nuevas tecno- logías, son algunos de los grandes cambios que estan prefigurando las condiciones del siglo entrante.

o

* He discutido largamente este tra- bajo con jose Lungarzo, Cristina Martín. Rubén Lozano y Alberto Bonnet. beneficiandome de stts críti- cas y sugerencias. Obviamente es de mi absoluta responsabilidad el texto final.

El movimiento sindical no ha permanecido ajeno a los mismos. Si estos han afectado seriamente al mundo del trabajo y a la izquierda en general, también lo han hecho, no podía ser de otra manera, con los sindicatos. A nivel mundial atra- viesan una profunda crisis y aún no han logrado definir una táctica y una estrategia adecuadas para dar respuesta, desde las necesidades de los trabajadores, a la ofensiva capi- talista. No obstante en los últimos tiempos en Francia, Alemania, par- cialtnente en Italia y también en los Estados Unidos, entre otros países, hay síntomas de recuperación.

Sin embargo, estas carencias. que en nuestro país se combinan con la desrnoralización y la corrup tela generalizada de la burocracia sindical histórica, no habilitan a pensar que la actividad sindical está definitivamente inerte frente a los cambios. Que no tiene res- puestas para un sistema laboral basado en la competitixidad indi- vidual, en la ausencia de solidari-

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dades, en la fragmentación del mercado de trabajo y en la exclu- sión social. Que no tiene tampo- co respuestas para las demandas democráticas de los nuevos movi- mientos sociales, corno suelen ar- gumentar quienes ponen el acen- to err la ciudadanía, y que ven en el “corporativisrno" sindical un peligro para la expansión de la de- mocracia parlamentaria.

No es el objetivo de este artícu- lo. pensado para intervenir en el debate con los sujetos sociales con- cretos. discutir estas cuestiones importantes. l’ero no compartir una visión liqttidacionista no sig-_ nifica desconocer lo evidente: las enormes dificultades por las que atraviesa el movimiento sindical argentino. Dificultades que tienen que ver con los cambios y también con criterios y condtrctas, que constituyen una verdadera corr- fronlación de valores con expe- riencias anteriores.

l. A pesar de la profundidad de Ia crisis del sindicalismo no hay aún en su interior una discusion seria acerca de su futuro. lis posi- ble intuir en las distintas posicio- nes coyunturales diferentes corr- cepeiones sobre cómo enfrentar al modelo neoliberal. cómo relacio- narse con el listado e incluso es posible advertir distintos proyec- tos de sindicalismo. Sin embargo no hay un escenario de debate y

una confrontación pública de ideas.

Con sus variantes, dos concep- ciones parecieran confrontarse. L'na sostiene que la economía de mercado con sus exigencias dc competitividad y diversificación de la prodtrcción es un dato irrever- sible. De lo qtte se trata,‘ent0nces, es de intervenir para minimizar o mejor administrar el impacto so- bre los trabajadores a la espera de que las nuevas condiciones de la economía impulsen una recupera- ción del ciclo económico y poder discutir así la distribucit'm de la ma- yor productividad alcanzada.

Ot'a que no resigna el papel protagónico de los trabajadores organizados en cuanto a incidir en la definición de las políticas y ac- ciones de gobierno. L'n núcleo central de ideas, qtre tiene que ver con el pasado. subyace en esta, y se condensa en la búsqueda de un capitalismo qtte ya no puede retor- nar. L'n neopopulismo sindical. que. corriendo detras de ttn nue- vo pacto social. no alcanza a dar cuenta de la importancia estrate- gica de las transftn'maciones en curso. lo que neutraliza todo irr- teruo de intervención en la crisis.

l-Ln una y otra posición conllu- yen fuerzas del viejo sindicalismo rracional-desarrollista. estatalista, así como corrientes que. con va- riaciones. se identifican con pro. ptrestas de raíz socialdemócrata.

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Todas, en mayor o menor grado, se referencian en un modelo sin- dical centralizado. de estructura piratnidal y con escasa o nula de- mocracia interna.

Ahora bien. en este debate no explicitado, está faltando una ter- cera vertiente. Aquella capaz de promover un sindicalismo de cla- se. L'n sindicalismo que se desta- que por str autonomía social. su independencia de clase y el ejerci- cio de la democracia directa. Esta carencia se origina en la falta de implantación social de la izquier- da y en \iejas formas de interven- ción, pero no sólo en ellas. Hay una lectura eqtrivocada de la situa- ción realmente existente. Una lec- tura qtte pone el mayor énfasis en la “crisis de dirección", dato real pero insuficiente, y no incorpora los cambios ocurridos y las conse- cuencias qtte estos tienen en el movimiento obrero.

2. Discutir la reorganización del movimiento sindical en la .-\rgen- lina requiere inevitablemente par- tir del reconocimiento de estos catnbios y de los aún en curso. que impactan fuertemente en la acción y organizaciótr sindical yen el corn- portamiento social y político de los trabajadores como sujeto colecti- vo. Estos cambios son hoy bastan- te conocidos,l no hay mayor dis- ctrsión ya en torno a su importan- cia. Si la hay acerca de la profun-

didad de los mismos, de sus efec- tos y sobre todo acerca de cómo enfrentarlos.

Lo qtte parece importante es colocarlos en un contexto históri- co. Cada patrón de acumulación capitalista tiene características que lo definen: una particular alianza de clases y sectores y una determi- nada forma de gestión y uso de la fuerza de trabajo. según cual resul- te el elemento determinante que srtstente la acumulación y repro- ducciótr del capital en el período.'-’

Sobre esas bases materiales, y la arquitectura institucional que se constrttya en la superestructura, se da el proceso de for‘rrraciómy or- ganización del sindicalismo en cada momento. Es en este proce- so donde también se articulan las relaciones entre sindicalismo y política. Sin embargo no está sólo condicionado por las característi- cas estructurales y las relaciones políticas. listas lo rnodelan en cada instancia. pero son tambien las acciones del propio movimiento obrero. en busca de la organiza- ción y consolidación de sus orga- nismos defensivos, las que contri- buyen decisivamente en su forma- ción, rompiendo o vulnerando esos condicionantes. En otras pa- labras. es en el terreno de la lucha de clases, en la confrontación y conflictividad qtte esta lleva implí- cita, en el marco de una determi- nada relación de fuerzas, qtte el

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movimiento obrero como fuerza social se organiza y reorganiza en cada momento, y allí gana, o pier- de, espacios políticos.

El conflicto, y particularmente la huelga general,juegan aquí un papel determinante en cuanto a su constitución como clase, así como para sostener la cohesión interna del movimiento en su confronta- ción con la representación centra- lizada de los intereses de las cla- ses dominantes que es el Estado.

3. Una rápida lectura histórica al proceso de constitución de la cla- se obrera en nuestro país nos per- mitiría apreciar cómo, a la par que se consolidaba y expandía su irr- fluencia en la sociedad, daba res- puestas organizativas y políticas según los distintos patrones de acumulación."

A partir de 1945, sobre la base de un modelo de acumulación y reproducción de capitales susten- tado en la industrialización por sustitución de importaciones, en la ampliación del mercado inter- no, en la implantación de barre- ras arancelarias y pararancelarias, en la expansión del trabajo asala- riado y de un fuerte interven- cionismo estatal, se desarrolló un sindicalismo reformista de masas, homogéneo y subordinado al Es- tado, que a partir de 1955 y al corn- pás de las crisis cíclicas de la eco- nomía mantiene relaciones contra-

dictorias (participación-confronta- ción) con ese mismo Estado, y su- fre permanentes fraccionamientos y recomposiciones.

En este artículo interesa seña- lar lo que algunos autores han lla- mado los determinantes constitu- tivos del “poder sindical”, que se fueran estructurando en ese perío- do en el país.4 I Un mercado de trabajo relati- vamente equilibrado, con tasas de ocupación crecientes a través de los años, escasez de mano de obra y necesidad de recurrir a la inmi- gración de países limítrofes.

I Un sólido mercado interno im- pulsado por el salario y la ocupa- ción masiva, protegido por barre- ras arancelarias y pararancelarias.

I Una fuerte cohesión política del movimiento a través de su homo- génea y hegemónica identidad peronista.

I Un esquema organizacional ba- sado en la representatividad por rama, en el monopolio de esa representatividad, en una alta tasa de afiliación (obligatoria), en una estructura piramidal, y en el ma- nejo de los cuantiosos recursos de las obras sociales.

Este modelo que cerraba por arriba en una fuerte centralidad, dada por la central única (CGT), y

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por abajo en una fuerteyimplan- tación social, dada por la organi- zación fabril de la base (Cuerpos de Delegados, Comisiones Inter- nas),5 le dio al movimiento sindi- cal trna gran capacidad de nego- ciación en las luchas económicas, y también en las relaciones políti- cas para trabar alianzas con distin- tas fracciones de la burguesía.

La carencia de partidos obreros clásicos, como los hubo en Uru- guay o Chile por ejemplo, llevó al movimiento sindical a ocupar una y otra vez el espacio político na- cional para enfrentarse y negociar con el Estado políticas y progra- mas de alcance nacional, apoyán- dose en la formidable capacidad de despliegue de la fuerza social obrera, articúlada a través de su organización fabril, a quien se re- curría cada vez que la dialéctica de la presión-negociación lo requería.

Esta fuerte politicidad se expre- también a partir de 1983, inclu- so el programa de los '26 puntos" del período ‘ubaldinista" se inscri- be en esta tendencia, pero ya la acción política era entendida como un mecanismo transaccional entre cúpulas, y vehículo de corn- ponendrs con los grupos de po- der. Si esto era así en el período "alfonsinrsta", bajo el “menemis- mo" la dirigencia sindical, total- mente subordinada al Estado e involucrada en ei espúreo mundo de los negocios, abandonó toda

idea de proyección política. Esto resulta particularmente significa- tivo y contradictorio, pues ante la total conversión del Partido Justi- cialista al conservadurismo popu- lar y bajo presión de las concep- ciones neoliberales, el peronismo, como expresión política progra- mática, sólo parece refugiarse en el interior del mundo sindical.

4. El cambio de patrón de acumu- lación que se inicia a partir de 1976, luego que las Coordinado- ras de Gremios en Lucha del 75 volvieran a demostrar la potencia- lidad de la organización fabril de base de los trabajadores, ponien- do en cuestión la estructura de control en fábricas y estableci- mientos e impulsando a los sindi- catos burocratizados a enfrentar- se con “su” gobierno, trajo trans- formaciones cualitativas y cuanti- tativas itnportantes y dejó al des- cubierto la magnitud y profundi- dad de la crisis del capital. Crisis qrte a nivel mundiales la resultan- te del agotamiento de la arquitec- tura keynesiana que se levantara para mejor controlar el poder del trabajo, que en el país se expresó según las peculiaridades de nues- tra formación social, y que duran- te décadas lograra institucionalizar la lucha de clases.

La uniformidad en las formas de gestión y uso de la fuerza de trabajo, propias de la producción

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en masa, con la imposición de sus rígidas jerarquías y disciplinas, contribuía a la unidad social de la clase obrera, a forjarle una con- ciencia de clase y a dotarla de una identidad sindical, lo que en con- junto fortalecía el poder del tra- bajo. Las transformaciones en cur- so provocan exactamente lo con- trario. Buscan diferenciar y frag- mentar a la clase trabajadora, ha- ciéndola cada vez mas heterogénea. En el horizonte deseado por el capital una masa infortne de citr- dadarros qtte compitan entre por la venta individual de su fuerza de trabajo es el objetivo implícito. Estas transformaciones consti- tuyen un ataque en toda la línea a las bases objetivas sobre las cuales se constituía aquel poder sindical. Pero no se quedan sólo en el debi- litamiento de la estructura sindi- cal y la neutralización de sus estra- tegias (le negociación. junto con la fragmentación, la perdida de homogeneidad. la internacionali- zación del capital. se difundieron conductas y modelos ideológicos. El reino del mercado, el constr- mismo. el individualismo, la xeno- fobia, el sexisrno, todo un mrevo patrón cultural qtte perrneó a las organizaciones sindicales instalan- do en su interior nuevos conteni- dos dela subjetividad. Seguramen- te rnuchos de estos rasgos estaban larvadamente en el período ante- rior, pero es el caracter de la cri-

sis, la fragmentación que esta con- lleva y la perdida de las solidarida- des, lo que los hace aflorar con mayor intensidad. 7

Así estos cambios afectan tanto a la materialidad como a la subje- tividad del trabajo, por lo que tie- nen también implicancias a nivel de la conciencia y en el comporta- miento político.

5. La reestructuración de los es- pacios industriales y productivos y la ofensiva sobre el trabajo cons- tituyen la respuesta del capital a str crisis. En Argentina esto toma fortnas propias, pero no escapa a las tendencias generales. Estas se expresan en dos cuestiones centra- les: la llamada rejorma del Estado y la apertura de la economia .

Por la primera, se trata de un cambio en el rol del Estado en lo qtte hace a la regulación de las re- laciones económicas y sociales, y también como aparato productor. .\'o es una retirada. como postu- lan algttnas córrientes populistas y socialdemócratas. sino qtte son otras las funciones a cumplir por el Estado de clase para garantizar las necesidades del nuevo patrón de acumulación del capital. Lo que en realidad catnbió es el sentido (le la intervención estatal. En el plano de las relaciones laborales se trata de reemplazar las formas de control estatal sobre los sindi- catos, que habían demostrado se-

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rias insuficiencias en la crisis del 75. cuando el patrón de domina- ción insinuara peligrosas grietas. por otro, compatible con la plena vigencia de las leyes del mercado. La transferencia de actividades de producción y servicios al sector privado completan esta cuadro, ya que el Estado pierde importancia como productor y como empleador.

l’or la segunda, la apertura de la economía, iniciada tibiarnente a partir de 1976 y acelerada abruptamente desde 1991, ha dado nuevo impulso al proceso (le concentración y centralización de capitales. y ha provocado una fuer- te desindustrialización en algtrnas ramas y subramas (le la economía. Con strs exigencias (le competi- tividad en los mercados interno y externo, obliga a transfornraciones en las empresas. originados en la incorporación de rurevas tecnolo- gías. en los cambios en los proce- sos y en la organización y adminis- tración del trabajo. impulsando una mayor productividad de la mano de obra ocupada. Los pro- cesos de trabajo se vuelven así cada vez mas tecnocentricos. lo que implica qtte a pesar de la caída es- tructural de los salarios y la escasa incidencia de los mismos en el costo Íinal de los producros. el tra- bajo humano Cs visto. no como el centro del proceso productivo. sino como una fuente de conflic- tos y de costos. La sanción de los

Decretos 1334/91 (que impone la obligatoriedad de otorgar incre- mentos salariales sólo por produc- tividad) y 470/93 (la negociación descentralizada) cambian la base de negociación de los convenios (el que. el cómo y el dónde de la negociación) rompiendo el meca- nistno populista de fijación de pre- cios y salarios. que articulaba inte- reses patronales, sindicales, estata- les y lógica inflacionaria.

6. La combinación de estos ejes de la reestructuracit'm del capital tiene efectos concretos sobre la ac- ción y organización sindical. lil cambio de rol del Estado es deter- minante para el accionar político centralizado. ya que este era una referencia determinante alrede- dor del cual se constituía tino de los soportes del poder sindical, qtte hoy muestra. mas alla del contubernio de las cúpulas con el Gobierno. dificultades para influir en las decisiones gubernamentales.

1.a reconversit'm productiva tie- ne efectos concretos sobre la segmentación del mercado de tra- bajo y la homogeneidad de la cla- se obrera. lil dato mas destacado lo constituyen la desocupación y la exclusión social. que resultan funcionales al modelo de acumu- lación impuesto. ya qtte contienen un alto grado de disciplinamiento sot ial. pero no es el unico. lil anti- gtto cuadro de remuneraciones rí-

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gidas, por categorías y subcatego- rías, está siendo reemplazado por otro, mucho metros homogéneo y poco previsible, donde las catego- rías se van reduciendo, pero la dis- persión salarial se incrementa, alo que hay que agregarle los compo- nentes no monetarios de la remu- neración. De esta forma el sindi- cato queda limitado al nivel de la remuneración salarial, y la patro- nal se reserva para la estructura dela misma y trata de acentuar los rasgos individuales dentro de la contratación y de la remuneración. Al mismo tiempo qtte desconoce las convenciones colectivas trata de imponer la contratación des- centralizada por empresa y cada vez mayor número de cláusulas de productividad, qtte inciden en el ritmo y la intensidad del trabajo. En el plano de la producción, especialmente en las grandes em- presas, y en las medianas de tec- nología intensiva, aparece una fracción de la clase altamente cali- ficada, en un proceso de contintta recalificación, y otra sometida a ttn recambio constante, en ttn proce- sode destrtrcción de fuerza de tra- bajo y sustitución por otra nueva. Esto da origen a múltiples formas de relación (permanentes y contra- tados, a tiempo parcial y a tiempo completo, horarios no sólo discon- tinttos sino también flexibles, e incluso de disponibilidad de 24 horas, trabajo a domicilio, etc.). La

flexibilidad laboral, horaria y geo- gráfica rompe con las rigideces en el puesto de trabajo propias del período anterior, e incorpora un alto grado de incertidumbre que tiene efectos directos sobre la identidad de los trabajadores y sus representaciones sindicales.

Para completar el panorama, el cambio iniciado hace veinte años ha impulsado,junto con la desin- dustrialización, el crecimiento de los servicios y la terciarización de la economía, modificaciones en la composición interna de la clase (disminución relativa de los obre- ros industriales y crecimiento de trabajadores de servicios), a la par que las nuevas tecnologías favore- cieron la desconcentración fabril (redttcción del tamaño medio de los establecimientos), y los siste- mas de promoción regional, vi gen- tes hasta no hace rnttcho tiempo, la descentralización regional (relocalizaciones geográficas). Es- tos cambios en la estructura ocu- pacional modificaron las bases so- ciales de la aliliación debilitando el llamado “potencial organiza- tivo” de los sindicatos."

7. Si el cambio de rol del Estado cuestiona y debilita el accionar político del sindicalismo, las trans- formaciones en los procesos y en la organización del trabajo afectan su implantación social y ponen tra- bas al despliegue de la ftterza or-

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ganizada de los trabajadores.

En este contexto la dirección sindical histórica se supedi cada vez más a los intereses políticos coyunturales del gobierno para sostenerse. Para el nuevo patrón de acumulación la total desregula- ción del ámbito laboral —esto es dejar librado el precio de la fuer- za de trabajo al librejuego de las fuerzas del mercado- resulta un requisito ineludible. Sin embargo la burocracia sindical, subordi- nándose en cada momento a la política gubernamental, logró, como contrapartida, conservar el control y la centralización del apa- rato sindical.

Dos políticas contrapttestas a nivel de las clases dominantes y su Estado explican la existencia de este acuerdo tácito, y tienen qtte ver con que en ttn régimen demo- crático-parlamentario los avances en el terreno económico del mo- delo deben acompañarse de la estrttctttración de ttn consenso político qtte le sustento social.

Para los liberales acérrimos, nilrilistas del mercado y del sindi- calismo “libre”, este nuevo consen- so se construye sobre la base de la adhesión individual (del ciudada- no) a las nttevas políticas econó- micas: la privatización, el consu- mismo creciente, el acceso al cré- dito, el individualismo. La cons- trttcción del consenso no es enton- ces otra cosa que la sumatoria de

individualidades agregadas. Por el contrario para quienes provienen del peronismo histórico, de posi- ciones estatal-populistas, naciona- listas de derecha o progresistas, o socialdemócratas, la formulación de este nuevo consenso no puede prescindir de sujetos sociales co- lectivos, y esto en la tradición ar- gentina implica que las estructu- ras sindicales, despojadas de su carácter “corporativo”, deben ju- gar ttn papel determinado.

El resultado de esta tensión al interior del bloque dominante ha sido ese compromiso tácito, que se materializó en la firma del Acuerdo Marco con las centrales empresarias y el Estado, que ha demorado, pero no impedido, las privatizaciones primero y la san- ción de las leyes de reforma labo- ral después. Por este acuerdo la burocracia sindical ftre aceptando poco a poco el desmantelamiento de las conqttistas históricas, en el terreno de las relaciones laborales y también en el de las políticas es- tatales de bienestar social, con el solo objetivo de conservar sus pri- vilegios.

Este proceso acentttó la separa- ción entre base y dirigentes. Más aún, en muchos sindicatos el cre- cimiento de los organismos inter- medios (CD, CCII) es visto como ttn problema, que canaliza las dc- rnandas y con flictt'ta toda la estruc- tura sindical.

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8. En las dificultades para dar res- pttesta a esta ntreva situación. don- de conflttyen los problemas políti- cos y los derivados (le la reestruc- tttración del capital. es donde se encuentra la base de Ia crisis sin- dical y (le las fracturas y divisiones por las qtte atraviesa en la actuali- dad.

Los procesos de crisis y recom- posiCión al interior de la central obrera se dieron tradicionalmen- te cn torno a cómo enfrentar a las dictaduras militares de turno. in- clttso las divisiones durante el pe- ríodo alfonsinista tttvieron más el carácter de disptttas por espacios de poder y por la manera de pa- rarse en ttn régimen democrático- parlamentario, qtte por proyectos diferenciados. Los qtte por otra parte ntrnca alcanzaron una di- mensión de fractura. El sindicalis- mo atra\iesa hoy por una situación inédita en mttchas décadas. Nun- ca antes bajo ttn regimen demo- crático y con un gobierno peronis- ta la (Zonlederación General del Trabajo ((IGT) convivio con una fracción interna. Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). qtte cuestiona global y radicalmen- te stt política inmediata. ni tampo- co soportó una fractttra qtte cul- tninó en la constitttciórr de una central alternativa, el (Zongreso de los Trabajadores Argentinos (CTA).7

El CTA constituye ttn elemen-

to de ruptura no sólo por postu- larse como una alternativa, sino también por sus definiciones fundacionales en crtanto a su att- torrornía y su modelo organiza- cional, qtte permite la afiliación a nivel de sindicatos, seccionales, agrupaciones y aún de individuos, y la elecciótr de sus dirigentes na- cionales y regionales por el voto directo de sus afiliados.

El sector tnayoritario que agru- pa a los grandes gremios industria- les y de servicios se mantiene en la CGT histórica, subordinado al poder estatal. Pero no se trata de la subordinación tradicional en la qtte el Estado concedía privilegios y concesiones a catnbio de la pér- dida de atttonomía del movimien- to y su predominio ideológico. En esta etapa la subordinación ha ad- quirido la forma de qtre son cuasi- parte de ese Estado. Las cúpulas sindicales, mayoritariamente, for- maron parte activa de quienes de- lirrieron la política de privatiza- ciones de las grandes empresas estatales: ciertos sindicatos se corr- virtieron en organizaciones empre- sariales con características patro- nales; mttchos de sus principales dirigentes s 7' asociarori a los capi- tales privados; en la administra- ción pública co-dirigieron la refor- ma del Estado: en el sector pri 'a- do la mayoría de esos sindicatos apoyaron las medidas de flexibili- dad laboral, y algunos de ellos lle-

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gaion a lirmar convenios “sin obreros": los “diputados obreros". que en otras epocas eran capaces de constituir un bloque propio v hoy estan reducidos a una minima expresión. votaron una a una las leyes antiobreras. La burocracia sindical histórica. y mas alla de se- g‘uros reacomodamien-tos covunllt- rales, pareciera haberse colocado así en un punto de dificil retorno. El CTA. surgido (le un sector del sindicalismo combativo. agru- pa fundamentalmente a los gre- mios mas afectados por la Refor- ma del Estado, trabajadores esta- tales, provinciales, docentes y al- gunas representaciones industria- les del interior del país. pero sin mayor implantación social. Sin embargo su influencia politica es más que proporcional. aunque en los últimos tiempos su inclinación a relacionarse con partidos de la oposición y Iajerarquía eclesiásti- ca. v aún con ciertos sectores del oficialismo. le lia hecho perder coherencia. en tanto (¡ue la apari- ción (lL'l .\l'14.-\ le ltil l‘ecol'latlt) el espacio _\' le disputa la iniciativa. El MTA. otra ala del sindicalis- mo combativo. (¡ue busca ocupar espacios al interior de la (ICT para recuperarla desde adentro. agru- pa fundamentalmente a gremios ligados al sector transporte. (¡ue se han beneficiado con la expan- sión clel sector servicios y la liqui- dación de numerosos transportes

ferroviarios. En este sentido tienen un rol estratégico importante para el desarrollo v generalización del conflicto. No obstante sus pro- puestas estan prisioneras de esa búsqueda de un nuevo pacto sio- cial que tiene que ver con lm capitalismo va inexistente.“

La crisis de las economías pro- vi nciales empuja cada VCÍ. más a la confrontación a las regionales del interior del pais enroladas en Ia CCT —pero con múltiples contac- los con el MTA y CT.-\—, y ésta tie- ne cada \‘L'Z mayores problemas para controlarlas.

.-\ la izquierda (le este cuadro aparecen nuclcamientos que tien- den a agrupar posiciones clasistas y nacionalistas de izquierda. La Corriente Clasista y Combaliva (CCC), la l'-’ de Mayo, asi como delegados v activistas que recogen una tradición histórica de concep- ciones clasistas v delinidamente anticapitalistas. (¡ue han hecho variados intentos de constituir una suerte de l-‘orofiindical (¡nc unili- (¡ue las distintas tendencias. aun- (¡ue sin resultados practicos por el momento. Si hien su densidad so- cial es aún escasa. en algunas re- gionales del interior sn presencia es significativa. La CCC tiene a nivel nacional una presencia poli- tica sobredimensionada en rela- ción a su implantación real. pero (¡ue le permite participar en una Mesa de Enlace con los otros

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agrupamientos opositores e inter- venir con oradores propios en ac- tos conjuntos masivos. SíntOma sin dudas de la situación creada y del

vacío de representación y direc-'

ción existente.

9. El paro del 8 de agosto pasado es una prueba más que emble- mática de la diversidad de tenden- cias y fracciones que hoy recorren el movimiento obrero organizado. Convocado por la CGT oficialista, con el guiño del propio Gobierno, contó con el apoyo, elaborado no sin dificultades y diferencias, de los otros agrupamientos y se con- virtió en el primer paro nacional efectivamente antimenctnista. Tuvo una adhesión masiva que superó las expectativas de oficia- listas y opositores, y tantas moda- lidades como agrupamientos polí- tico-sindicales existen hoy: pasivo para la CGT; activo con abando- Lu) de tareas y concentraciones para algunas regionales del inte- rior; ollas populares y asambleas públicas en las principales plazas de la capital para el MTA; carava- na multitudinaria por el conur- bano bonaerense para el CTA; cortes de rutas, piquetes y concen- traciones para la izquierda en ge- neral. Paradojalmente la resultan- te de este paro, políticamente exitoso como pocos. ha sido un mayor debilitamiento de la bino- cracia sindical oficialista v un for-

talecimiento de sus opositores; una agudización de la crisis al in- terior del partido de gobierno y en su representación parlamenta- ria y una dinámica al interior de las estructuras sindicales cuya pers- pectiva se verá en el próximo Co- mité Central Confederal. Esta pa- radoja es aún más notoria ya que en la última década la separación entre las cúpulas sindicales y los organismos intermedios de base es notable, como lo es la desconfian- za y la total falta de expectativas en estas direcciones. Sin embargo son estas mismas direcciones bu- rocráticas y descompuestas las que aún mantienen la capacidad y los canales de comunicación para con- vocar a un paro nacional y que este resulte exitoso social y política- mente.

Este fraccionamiento de las cú- pulas sindicales es más significati- vo aún si se tiene en cuenta que no hay expresión de listas oposi- toras. A partir de 1983 se fue dan- do un movimiento de recomposi- ción de la oposición sindical, que alcanzó su punto máximo con la presencia de las llamadas Listas Pluralistas, que en la ronda elec- toral del 84/85 alcanzaron una representación promedio del 12 al 15%. En la de este año las tradi- cionales Listas Unicas del peronis- mo sindical volvieron a reinar en casi todos los sindicatos, pero esta vez no fue por recursos estatuta-

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n'os, por maniobras de las juntas electorales o por el conocido mé- todo de la disuasión forzada, sino directamente por la no presenta- ción de listas opositoras.9

En este nuevo escenario, tan complejo como contradictorio, no es difícil prever que el fracciona- miento se convierta en una ten- dencia estructural, inclusive que se agudice la disputa al interior de la CGT oficialista con nuevos mo- mentos de cn'sis y recambios de dirigentes, como sucedió tantas veces en el pasado. Sin embargo las condiciones han cambiado, las necesidades de la acumulación capitalista no dejan espacios para concesiones y mínimas reivindica- ciones. En esta etapa el derecho al empleo y a condiciones dignas de vida y de reproducción de la existencia adquieren un conteni- do anticapitalisla de hecho, dada la incapacidad creciente del siste- ma para satisfacerlas. Así el mayor riesgo para la dirección sindical se encuentra en que los agrupa- mientos sindicales opositores. por el momento minoritarios, logren superar el cerco estatal/burocrá- tico y proyectarse como reales al- ternativas.

lO. La existencia de agrupamien- tos político-sindicales diferencia- dos y fuertemente enfrentados, y aún la de una incipiente central alternativa, muestran a los sindi-

catos atravesando una etapa singu- lar.lo Lo distintivo de esta etapa es la aparición de una pluralidad po- lítica que en su desarrollo po- tencial tiende a romper con la he- gemonía histórica. Los tres gran- des agrupamientos no: obstante mantienen, más allá' de las diferen- cias, concepciones ideológicas, prácticas burocráticas y muchas de sus características históricas, y en- cierran distintas formas de relacio- narse con el Estado, pero sería erróneo caracterizar la situación como una continuidad del pasado. Las nuevas condiciones impues- tas por el capital: descentralización de la negociación contractual y desdibujamiento de la referencia estatal, llevan el eje de la confron- tación al seno de cada lugar de tra- bajo. Allí donde las relaciones ca- pital/ trabajo son más transparen- tes y cristalinas, porque no apare- cen mediadas por la estructura sin- dical, ni por los aparatos de domi- nación ideológica del Estado. Y es desde alli, donde se constituye la organización de base. de donde surge con dificultades e intermi- tencias, en una relación de fuer- zas absolutamente desfavorable, la resistencia de los trabajadores. La tesis central en este artículo es que la combinación de estas si- tuaciones, en la cúpula y en la base del movimiento, cs la que abre ol)- jetivamente la posibilidad de recu- perar un sindicalismo de clase en

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el país. Si a nivel mundial el colap- so del stalinismo y el fin de la con- tradicción Este-Oeste, concluyó con una etapa caracterizada por el enfrentamiento entre bloques, dejando al descubierto la verdade- ra contradicción: explotadores y explotados, oprcsores y óprimi- dos. a nivel local la polarización social.producto de los cambios en las últimas dos decadas ha levan- tado el velo populista y vuelto al primer plano a las clases sociales antagónicas.

lista es una de las característi- cas contradictorias del neolibera- lismo, que con la desregulación generalizada destruye antiguas barreras protectoras, pero al mis- mo tiempo anula los mecanismos de integración social característi- cos dc toda la etapa antcn'or.

ll. Es entonces, que tratando de promover el debate que aquí re- clamamos. que preguntamos y nos preguntamos: el cuadro de crisis sinteticamente descripto {abre la oportunidad para recuperar un sindicalismo de clase en la Argen- tina? lista pregunta ¿surge de nues- tra subjetividad, de nuestra in- tencionalidad política? O, por el contrario. ¿tiene que ver con el curso objetivo de los aconteci- mientos?

Citando a liruest .\landel cree- mos que “... no se trata de una po- sición dogmatica, que revela pre-

juicios pasíonales e irracionales. Se trata por el contrario de una con- clusión lógica que se desprende del análisis de las tendencias pro- fundas del capitalismo contempo- ráneo, examinadas desde el pun- to de vista de la lucha de clases.”ll

Pero no se trata del sindicalis- mo de clase de las primeras déca- das del siglo que está concluyen- do, ni tampoco del clasismo que > intentamos construir a fines de los sesenta y principios de los seten- ta. Es necesario rescatar aquellas tradiciones. pero ahora se trata de un clasismo que tenga que ver con las características centrales del tiempo que nos toca vivir. Y esto requiere de la izquierda sindical, no itnporta lo minoritan'a que esta sea, una actitud de comprensión de los fenómenos actuales y una nueva forma de intervención sin- dical.

En primer lugar es necesario dar respuestas a los desafíos que imponen las nuevas condiciones del mundo del trabajo.

I Frente a la ruptura de las soli- daridades: ¿cómo recrear las con- diciones para la unidad social de los trabajadores y la cohesión de clase? ¿Cómo establecer una nue- va relación entre trabajadores ocu- pados y desocupados? ¿Entre ocu- pados a tiempo parcial y a tiempo completo? ¿Cómo asumir desde la actividad sindical la representa-

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ción de los trabajadores organiza- dos y la de los no organizados?

I Frente a la desocupación y a la exclusión social, qtte tiran abajo los salarios v las condiciones labora- les y debilitan a los trabajadores: ¿qué respuesta abarcadora de esta realidad de largo plazo?

I Frente a la crisis dekla rigidez: ¿cómo extender el accionar sindi- cal al conjunto de la información. al conocimiento y al funcionamien- to de los procesos de trabajo? ¿Cómo disptttar colectivamente el monopolio del conocimiento desa- rrollando una formación profesio- nal crítica del modelo existente?

I Frente a la descentralización de la negociación colectiva, que vuel- vc obsoleta la burocrática estruc- tura piramidal: ¿cómo reforzar el poder v el conocimiento de las CC.ll y los Cl)? ¿Cómo desarrollar formas organizacionales horizon- tales que faciliten la comunicación, la socialización del conocimiento _v den efectividad a las medidas?

I Frente a Ia mundialización del capital v la formación de bloques económicos regionales (.\lerco- sur): {cómo superar los marcos del listado-mición? Cuando el inter- nacionalismo surge hov no sólo de concepciones ideológicas v políti- cas, sino fundamentahnente del

curso seguido por las bases mate- riales de la sociedad.

Del caracter de las respuestas que se den a estos y otros proble- mas depende en gran medida re- cuperar la cohesión social y la iden- tidad de clase. Sin embargo no al- canza con reorganizarse sobre nuevas bases. es necesario abando- nar tambic'n las concepciones profesionalistas, que limitan la ac- ción sindical al conjunto de las reivindicaciones salariales, por condiciones de trabajo. la exten- sión (le la jornada laboral, los rit- mos de producción, etc.

LÏn sindicalismo de clase en este [in de siglo debe superar los lími- tes que le imponen la fabrica y los lugares de trabajo, abrirse al con-

junto de problemas qtte cruzan a

la población trabajadora y qtte no forman parte de sus preocupacio- nes: una nueva relación del hom- bre con la naturaleza. la problemá- tica de la mujer. la defensa de la minorías. el antimilitarismo. la defensa de los espacios publicos _\‘ culturales...

L'n sindicalismo de clase debe internalizar una propuesta políti- co-democratica a] interior de sus organizaciones v estructuras. qtte establezca una nueva relación en- tre representantes v representa- dos. l'na relación democrática donde las bases tengan peso pro- pio en las decisiones, donde nada

(hau/Hnos (lvl Sur

Sl

ni nadie, ni el Estado, ni los parti- dos, ni las iglesias, ni las cúpulas sindicales, pueda reemplazar la ca- pacidad de los trabajadores de pensar, de decidir y de actuar por su propia cuenta.

Un sindicalismo de clase, inde- pendiente de la patronal, del Es- tado y de los partidos, requiere mayor democracia directa y menor delegación, así como respeto por la pluralidad política.

Un sindicalismo de clase sólo será posible hoy si se afirma en la democracia directa y en un mayor control sobre los dirigentes, con la revocabilidad de los mandatos, la rotación periódica y la represen- tación de las minorías.

Sin embargo una cuestión cen- tral es importante resolver: ¿es posible desarrollar una política como la expuesta al interior de los actuales sindicatos? ¿Hay condicio- nes para recuperar sus estructuras y ponerlas efectivamente al servi- cio de una alternativa de clase? ¿O sera necesario forjar nuevas al margen de las existentes? Esta úl- tima posición ¿debilita la organi- zación de los trabajadores como sostienen quienes defienden la central única? :"O la existencia de una pluralidad organizada facilita el debate político _v no impide la unidad de acción? Si esto fuera así ¿es correcto seguir declamando la necesidad de “construir una nue- va central”, o las bases de esta ya

estarian en el CTA y es necesario dar un debate allí adentro? Si esto no fuera así ¿cuáles son las reales alternativas para la izquierda sin- dical en la actual relación de fuer- zas sociales y políticas? ¿Las Coor- dinadoras, sobre las que hay una amplia experiencia en el país, con su organización horizontal y su experiencia asamblearia, son úti- les hoy para dar respuesta a los nuevos desafíos planteados?

La respuesta a estas y otras pre- guntas forman parte del debate pendiente, que inevitablemente se dará en el curso de la lucha de cla- ses y en la confrontación dentro y fuera de las estructuras existentes. Pero el desarrollo de la crisis capi- talista en el país y el grado de des- composición social creciente que provoca, asi como los riesgos que esta lleva implícita, nos imponen la necesidad y sobre todo la urgen- cia de este debate

Mientras tanto orientar los es- fuerzos a relacionarse con el con- junto de las fuerzas sociales qtte hoy son perjudicadas por cl mo- delo neoliberal, articulando un conjunto de propuestas mínimas que busquen garantizar a los ex- plotados, opn'midos y marginados la seguridad de las condiciones en qtte viven y reproducen su existen- cia, en términos de trabajo, salud, vivienda, educación, recreación y cultura, compatibles con la digni- dad de todo ser humano.

Octubre de 1996

Para quienes nos reivindicamos del socialismo revolucionario aportar a construir las bases de un sindicalismo de clase implica aban- donar la cultura sectaria del patrio- tismo de partido poniendo el eje en la unidad social de los trabaja- dores. Implica enfrentar el desa- fío de romper con un sistema ce- rrado de ideas, de aprehender la realidad en toda su complejidad y de ayudar eficazmente a transfor- mar el conocimiento en fuerza social organizada. Entonces será nuestra responsabilidad orientar- la hacia la impugnación del orden capitalista existente.

Buenos Aires, agosto de 1996.

(Nota: Ya concluido este artículo se produjeron los hechos de Ezeiza —enfrentamiento armado, hasta ahora no aclarado—, que obligaron a suspender el Confederal y a la renuncia de la totalidad de los miembros de la dirección de la CGT. L'n nuevo Confederal deter- minó una relación de fuerzas in- ternas distinta donde el sector más comprometido con el Gobierno parece haber perdido ciertas po- siciones, y donde el MTA ha ocu- pado varios lugares de conduc- ción, algunos de ellos estratégicos, y luego ratificó su permanencia como tendeno’a interna, participan- do de la Multisectorial que convocó al “apagón” del 12 de septiembre.)

Referencias

' Existe sobre esto una abundante y conocida bibliografía. Sólo quiero señalar aquí dos trabajos importantes de Ernest Mandel Marx y el porvenir del trabajo humano (1987) y Las conse- cuencias sociales de la crisis capitalista (1986), y me remito a mis artes: “Rees- tructuración del capital, reorganiza- ción de los trabajadores” y El mundo del trabajo en el fin del siglo", en Cua- dernos del Sur, núms. 10 y 19, Buenos Aires, 1989 y 1995 respectivamente.

2 Plusvalía absolttta o relativa, de- sarrollo del mercado interno, apertu- ra de la economía. Véase Mónica Peralta Ramos, Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970), Siglo XXI, Buenos Aires, 1972.

" Un poco esquenu'tticamente pue- den identificarse tres grandes mode- los de desarrollo: el “desarrollo hacia afuera”; el de “sustitución de impor- taciones" y el de “apertura de la eco- nomía”. En cada uno (le ellos, y en sus fases internas, se fuet on constitu- yendo distintos momentos del sindi- calismo:

(1) L'na primera etapa - 1878/ 19H)- donde predominaba el simliculiwm revolucionaria, lo que algunos autores llaman la “fase heroica", centrada en “el crecimiento hacia afuera" con una acumulación de capitales por vía ex- terna y una industrialización incipien- te. El movimiento obrero, hegemo- nizado por los anarquistas y en tue- nor medida por los socialistas, lucha aquí por su reconocimiento y su»de- recho a organizarse como tal.

Cuadernos del Sur

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Í!) Una segunda etapa -— l920/1945- en la que predomina un sindicalismo reformista, que mantiene su indepen- dencia frente aI Estado, hegemoniza- (lo por los socialistas. que se estructu- ra sobre la expansión industrial y la ampliación del mercado interno.

r) El período ¡945/1955, ve surgir un sindicalismo reformista de masas. in- tegrado al listado. sobre un modelo de desarrollo basado en la expansión del mercado interno v la industriali- zación por sustitución de importacio- nes. bajo la casi absoluta hegemonía del peronismo.

(I) En el período ¡955/1976 se mantiene el sindicalismo reformista (le masas, pero al compas de las crisis económicas cíclicas adquiere las for- mas (le 'participacionista" o ‘conl‘ron- tacionista" y mantiene relaciones con- tradictorias con el Estado.

e) El período que va de |97f) hasta nuestros dias es lo que aqttí llamamos de "crisis sindical" que se va agudizan- (lo en la tnedida que se profundiza la reestructuración capitalista y la ofen- siva sobre los trabajadores.

Vease .-\rturo Fernandez, ‘Relle- xiones sociolt'igicas sobre la historia sindical argentina". en lia/Nin III/arma- liza; 'l‘w'ltiul. num. 232i. buenos .-\iles. ¡984. y .\liedzir. l’eixoto. Fernandez. Lucila. “Los agrtqmmientos politico sindicales. L'n intento de caracteriza-

ción", Cuadernos del Sur, núm. 8, Bue- nos Aires, 1988.

" Véase Adolfo Cilly, “La anomalía argentina", Cuadernos del Sur, núm. 4, Buenos Aires, 1986.

"Véasej. C. Torres, “Los sindica- tos en el gobierno 1973-1976’, CEAL. Buenos Aires, 1983.

"Véase Clattdia A. De Gyldenfeldt, Sindicalizacio’n y m'ganizacio'n de los tra- bajadores, IDEP-ATE, Buenos Aires, 1995.

7 Véase Claudio Lozano, Los nive- les de sindicalización y la propuesta del CTA y Un nuevo sindicalismo, lDEl’- ATE, Buenos Aires, 1994.

Véase Compañero Trabajador, pe- riódico del MTA. noviembre 1995, y Km. 0, Revista de la UTA, varios nú- meros, 1995.

" Véase Eduardo Lucila, “Las listas plumlistas y la unidad social de los tra- bajadores" mimeo, 1985, y Arturo Fernandez, “Los roles del sindicalis- mo. 1983-1985", Revista de Ciencias Sociales. L'NQ. lllllñ.

"' '... en ttn proceso (le transforma- ción tan vasto como para recortar so- bre el translondo de una histoiia secu- lar. una etapa singular". Héctor I’alo- mino. .-lrr¡u’n .v rslrtu'luras ¡Ir las sindica- tus ra .-\igrnlína. Buenos Aires. l‘J‘J-l.

" lirnest .\landel, Control obrero, consejos obreras y autogestión. Antologia. Cuadernos Rojos, Buenos Aires. 1973.

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Octubre de 1996

¿Qué fu uro para e sindica ismo? Entrevista a dirigentes ' sindicales

de Clase

os miembros del Comite Editorial de Cuadernos del Sur hemos

decidido dedicar este numero de Ia revista a discutir las perspectivas

del sindicalismo en este lin'de siglo. l-LI volumen contiene articulos

Con diversos enfoques sobre el tema y consideramos oportuno

completarlo con nna serie de entrevistas a dirigentes de las distintas fracciones y agrupamientos polit¡co-sindicales que hoy existen en el movi- miento obrero argentino. V

Contexto del cuestionario

En la Argentina se ha cerrado un largo período histórico en el que una parti- cular alianza de clases y sectores sttstentó un patrón de acumulación capitalis- ta caracterizado por la industrialización sustitutiva de importaciones y la iInplementación de mecanismos de redistribución del ingreso que expandían el mercado interno, con una importante intervención estatal en las esferas de Ia producción y distribución.

Este patrón de acumulación promovió en stts comienzos la conformación de una clase trabajadora masiva y relativamente homogénea que operaba como base del poder institucional de un sindicalismo centralizado en sn organiza- ción (central obrera unica _\' sindicatos únicos por rama de actividad). en sus metanismos de negociacit'm (convenios colectivos de trabajo). en su identi- dad politica '\ sus relaciones con el Estado. lin este marco la acción sindical se desplegaba en dos niveles: a) los contratos colectivos de renovacit'm periódi- ca, que abarcaban a todos los sectores de una rama, y b) los acuerdos sobre modalidades y ritmos de trabajo, adicionales salariales, etc._. gestionados a ni- vel de la empresa. Pero en ambos niveles. y esto es lo central. el sujeto contrac- tual era el sindicato. Este modelo de sindicalismo (que dadas stts caracteristicas se movía pertiiaiwlttetlteitle en la dialéctica de presión-negticiación) alcanzó una g ".m capacidad de negociación en las luchas económicas y tambien en las relaciones politicas para establecer alianzas con otras clases y sectores.

Sin embargo. este modelo de relaciones laborales comienza a enfrentar

( Ïua (I e rn os del Su. r 8:3

sus primeras limitaciones con la profundización del patrón de acumulación capitalista arriba mencionado y entra en crisis cuando el mismo se derrumba. La restructuración productiva y la apertura externa debilitaron el mercado interno, los salarios sufrieron un retroceso persistente y se consolidaron un desempleo masivo y una estructura de distribución del ingreso absolutamen- te regresiva. El Estado impuso en buena medida los aumentos por productivi- dad, la negociación descentralimda y la flexibilización laboral, mientras que las nuevas estrategias empresariales van acompañadas de un fuerte despotismo patronal y altos niveles de precarización del empleo.

En este nuevo escenario, el mercado de trabajo queda segmentado, laica- pacidad de negociación sindical se debilita, las alianzas políticas sufren un proceso de desarticulación y la identidad social e ideológica de los trabajado- res es cuestionada. El movimiento sindical argentino, en consecuencia, se debate en una crisis de representatividad.

Esta situación se expresa, entre otras cosas, en las divisiones y la emergen- cia de nuevas fracciones entre las cúpulas dirigentes. Estos fenómenos tienen que ver en parte con distintas concepciones de como vincularse con el Esta- do, y no son una novedad, sin embargo esta fragmentación alcanza hoy una profundidad desconocida. Existe un proyecto de central alternativa (el CTA) que mantiene continuidad en el tiempo. La fracción más combativa de la CGT (el MTA) aparece cada vez más diferenciada de Ia cúpula oficial, tanto de los menemistas a ultranza como de los menemistas críticos, la CGT tiene cada vez más dificultades en contener a sus regionales, en tanto que algunos sindicatos no aparecen encuadrados en ninguna corriente. Finalmente, sur- gen por izquierda nucleamientos embrionarios de un sindicalismo de clase. Corrientes como la Clasista y Combativa y la l'-' de Mayo, y numerosos delega- dos y aCtivistas, que aún dispersos e inorgánicos no se referencian en ningún agrupamiento. líste fenómeno pareciera constituirse en una tendencia que se profundizara en el futuro e implica orientaciones, estrategias y tácticas muy diferenciadas.

Las múltiples modalidades adoptadas por el paro del 8 de agosto pasado son emblemáticas (le esta situación. La CGT declaró un paro pasivo, el MTA convocó a ollas populares y asambleas en plazas públicas, el CTA a una tuar- cha en el conurbano bonaerense y hubo concentraciones y cortes de rutas en el interior y en el conurbano. Más aún, fiente a las presiones del interior, la CGT debió dejar a las regionales en libertad de acción para que decidieran la modalidad del paro en cada lugar de su competencia.

La contrapartida de esta situación son los numerosos conflictos que reco- rren el país sin ninguna forma de centralización, que muchas veces se expre-

86 Octubre de 1996

san por fuera de las estructuras tradicionales y con altos grados de combatividad, participación y debate de las bases.

En apretada síntesis, en medio de una crisis del sindicalismo que se extien- de a nivel mundial, el modelo de acción sindical tradicional de nuestro país no parece compatible con las nuevas formas de organización del trabajo y las nuevas reglas dejuego impuestas por el Estado y las patronales en la actual etapa de acumulación capitalista, y tampoco pareciera dar respuestas a las necesidades de los trabajadores. En consecuencia, aparece una ruptura cre- ciente con ese modelo sindical, pero sin que se visualice aún con claridad un modelo alternativo.

Preguntas

l. ¿Cómo ve el papel del sindicalismo actual en el nuevo escenario planteado y qué características debería asumir un sindicalismo capaz de dar respuesta a las necesidades de los trabajadores en este período?

2. Frente a la desocupación, los cambios en la composición de la clase traba- jadora y la fragmentación creciente, ¿cómo se recompone la identidad social y la pertenencia sindical de los trabajadores?

3. La existencia de diversos agrupamientos políticos-sindicales no parece ir acompañada de un espacio de debate que permita confrontar públicamente los proyectos, no sólo entre la CGT y los ntrclearnientos opositores, sino tatu- bién entre estos últimos. ¿Cuáles son las principales diferencias y qué impide llevar adelante una política común para enfrentar al proyecto neoliberal?

4. La ruptura del modelo de una CGT única pareciera ir acompañada del surgimiento de nuevos proyectos político-gremiales. En este contexto ¿cómo se expresan las relaciones entre sindicalismo y política?

5. ¿Cuales son los principales temas que enfrentará el sindicalismo en el futuro? ¿Cree l'd. que Ia desocupación es un problema coyuntural o tiene que ver con la actual etapa de desarrollo del capitalismo? ¿Y en todo caso como combatirla?

6. l’or ultimo, ¿como evalúa L'sted el paro del 8 de agosto pasado y qtre pers- pectivas abre? ¿Que opinión le merecen los acontecimientos de Ezeiza?

Agosto 22 de 1996. Los compañeros a los que se solicitó responder el cuestionario son: \I'. De (iennaro. ¡\l.

Palacios. l-'. Gutierrez. C. Santillán. E. Quiroga. 0. Martínez. ls. Bazán y Alicia Castro. Como se \'e enseguida no todos respondieron.

Cuadernos del Sur 87

Recuperar el rol protagónico

Entrevista con Francisco «Barba» Gutiérrez Secretario General de la L'OM Quilmes; Secretario de Relaciones lnternaciomtles de la CGT

l. Bueno yo no estoy muy de actrerdo con estos planteos. Es cierto que hay un proceso de transforrmtción. que estamos en una mreva situación económica. qtte la economía ya no esta tan centrada en el mercado irr- terno. Que hay que ver el contexto internacional, la situación económi- ca regional y mundial. La nnrndialización económica es una realidad, esta va acompañada de ttrr avance tecnológico muy fuerte que implica una adaptacit’rn de la fuerza de trabajo a los cambios. tanto económicos como tecnológicos. Y el debate que se esta realizando en realidad tiene- qtte ver con el tipo de negociación que s'e estuvo realizando hasta ahora, si puede dar respuesta a esta mteva realidad o no.

Hay un planteo mas bién empresarial que sostiene que las relacio- nes del trabajo en Argentina, tal cual han sido concebidas como pro- ducto del desarrollo económico- social, han cambiado, y qtre el ante- rior modelo de negociación no alcanza, o no es suficiente, y por lo tanto hay que producir una reforma. Esta famosa reforma laboral, porque la anterior legislación no permite la incorporación de todo este esquema nuevo.

Yo creo lo contrario, que la legislación laboral actual puede y permite contener-esta nueva realidad y que el verdadero problema es adaptar el esquema de negociación. los mecanismos de negociación.

¿l’or qué digo esto? l’orque para nosotros la incorptn‘acion de las nuevas tecnologias y de los nuevos procesos de trabajo son facilmente adaptables a los Convenios Colectivos de 'l'ral xtjo de las distintas acti\idades. l’t )r ejemplt ). nosotros, en la L'OM, hemos incorporado los sistemas de calidad ISO 9000, los grupos de calidad, el proceso de fabrica integrada, el «just in time», eso existe y esta incorporado y en {Ollll'álplll‘lldíl estamos nego- ciando mejores condiciones salariales y de trabajo.

Pero en lo que no estamos de acuerdo es en llexibilizar los dere- chos. Aquí se confunde la idea de flexibilidad, en cuanto a adaptabili- dad a los nuevos procesos tecnológicos. con la idea de flexibilizar el derecho. Esto último significa qtre hoy se esta buscando deteriorar la protección al trabajador.

88 Octubre (le 1996

Entonces, nosotros decimos qrte las distintas sociedades han ido al- canzando un determinado nivel de desarrollo social de acuerdo al de- sarrollo económico, y que este no es homogéneo en el mundo. No es lo mismo el desarrollo que alcanzó Bolivia que Argentina, ni Argenti- na que Francia, ni Francia que Estados Unidos. Obviamente existen diferencias, y estas se han trasladado incluso al plano cultural y al pla- no político. Por lo tanto la mundialización de la economia lo qtte está buscando es homogeneizar al mínimo el desarrollo social, y consecuen- temente con eso reducir al mínimo la protección del trabajo. ¿Para que? Para poder tener ttn elemento de competitividad. l’or eso noso- tros decimos que no se puede flexibilizar el derecho para que este se transforme en instrumento de competithidad de las empresas. l’or eso estamos en oposición a esta reforma que quiere instrumentar el Poder Ejecutivo.

Esta reforma que no busca generar empleo, ni tampoco adaptación a las nuevas tecnologías, eso no es cierto. Lo único qtre en realidad esta proponiendo es precarizar la protección y el derecho al trabajo que tiene hoy la sociedad argentina. No los dirigentes sindicales, sino que tiene la sociedad argentina. l’or eso nos ponen como ejemplo .\lalasia, porque nosotros hemos logrado un determinado nivel de de- sarrollo y ahora tenemos qtte bajar o descender al nivel del país menos desarrollado socialmente. Puede ser qtte ese país esté desarrollado económicamente. ¿Pero sobre que bases?, sobre la base de la injusticia y la explotación del trabajador.

Por eso en esta oportunidad que se hizo el paro de 36 horas con movilización. lmbo una fuerte presencia internacional. Han venido al país a prestar su solidaridad con los trabajadores argentinos represen- tantes de organizaciones sindicales de l'ruguay. de Brasil, de Chile. de l’aragnay. de Venezuela. de listados l'nidos e incluso de la Comuni- dad l-'.con(')mica liuropea. porqtte se ve que la rnundialización de Ia economia busca y pretende bajar los niveles de protección. Nosotros decimos: ¿Para qrte se producen todas estas transformaciones? ¿Para qtre se produce el proceso de transformación de la economía, el pro- ceso de integración económica regional? ¿Son para mejorar la calidad de vida de la poblacit’m? ¿Son para elevar el nivel de vida de los pue- blos? :"0 son para explotar más al pueblo trabajador? ¿Para beneficio de las multinacionales? Si es para lo primero bienvenida sea la globalizacic’m. pero si es para beneficiar a la empresas rmtltinacionales. al capital linancieron internacional. ese capital volátil que en un dia y

Cuadernos del Su r St)

con los movimientos financieros desestabilizan a los mercados y a los gobiernos, y al mismo tiempo profundizan la exclusión social, la injus- ticia y el sometimiento, decididamente no. No nos interesa, no esta- mos de acuerdo.

2. Yo creo que más que perder la identidad como trabajador, se trata de producir un enfrentamiento. Buscan enfrentar a los que trabajan y los que no trabajan. De hecho hoy se está planteando, y el ejemplo es Argentina, que los que trabajan son privilegiados, porque tienen privi- legios en sus derechos, y esos «privilegios» impiden que los que no trabajan puedan ingresar al mercado de trabajo. Es un enfrentamiento que se crea artificialmente para segmentar, para fraccionar, y para que los desocupados, o los que nunca han logrado un trabajo, pierdan su relación de pertenencia como trabajadores. En este contexto es cierto, todavía nosotros no tenemos una propuesta, o una cobertura clara, para los compañeros desocupados. Más allá de que levantemos las ban- deras de la necesidad de generar trabajo, de tener una economía en crecimiento y creando empleos. Más allá de que levantemos la bande- ra de una red de contención social para estos compañeros, que hoy en la Argentina suman más de 3.000.000. El movimiento obrero tiene que buscar una propuesta que permita incorporarlos, por lo menos en su esquema organizativo, que hoy no la tiene. Porque hoy un trababajador que no está en ninguna actividad no está en ningún sindicato. No está incorporado orgánicamente (como se decía en la vieja jerga) a las es- tructuras sindicales. Entonces pierde un poco de contenido, pierde un poco de identidad. Creo que el movimiento sindical, la CGT, a futuro, tiene qtte pensar, tiene la obligación de hacerlo, en proponer alternativas de contención para estos compañeros, y propuestas para enfrentar la desocupación. Tambien hay que incorporar a todos aque- llos trabajadores que no tienen tiempo completo, aquellos a los que su actividad no les permite tener 40 o 44 horas semanales, se deben y pueden incorporar también a la organización sindical.

3 y En cuanto a los desafíos del sindicalismo y la existencia de distintos agrupamientos, creo que uno de los principales desafíos lo hemos logrado, o alcanzado en parte, con estos últimos hechos que se han producido, el Congreso del 5 de septiembre y el paro del ‘26 v ‘27 Es decir hemos vtrelto a recuperar un rol protagónico en el debate nacional. Nosotros veníamos como surnisos, sometidos, o digamos.

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subordinados, o tal vez no subordinamos sino que no encontrábamos el equilibrio necesario, el que pone a los trabajadores como protago- nistas en el debate de las cuestiones sociales y políticas. Y esto de algu- na manera generó cierta deconfianza, cierta falta de credibilidad, y críticas. Y también trajo como consecuencia cierta división en el sindi- calismo. Creo que el haber logrado la unidad con los compañeros del MTA, aunque todavía falta un pequeño sector que es el CTA, pero confiamos en que estamos caminando en el buen sentido. En un pro- ceso de acuerdos en los temas más inmediatos.

Haber producido hechos tan importantes como el paro del 8 de agosto, el reciente paro de 36 horas con movilización, han puesto a la CGT en el rol protagónico que le corresponde, y en el centro del debate. Porque el eje del debate es si en este país hoy se soluciona el desempleo con mayor precarización ono, y por eSo es que el movimiento obrero impulsa esta discusión.

Con el MTA ya hemos logrado reforzar a la CGT como la entidad representativa de los intereses de los trabajadores, como lo fue históricamen- te, y como creo que seguirá en el futuro. La existencia de lo distintos grupos ayudó al debate interno, este se produjo y fue sintentizando posicio- nes. Posiciones que definieron un Congreso Normalizador y una nue- va conducción de la CGT.

Es evidente que hay todavía un camino por recorrer. Uno de los temas a resolver, y también con el CTA, es si el movimiento obrero tiene que tener un rol totalmente partidario o es independiente. Nosotros decimos que el movimiento obrero debe ser independiente de la estructura partidaria , pero no independiente sin ideología El movimiento obrero argentino es peronista, por historia, por tradición, y porque ha consagrado como identidad política esos derechos. Incluso en la Constitución Nacional. Pero no puede estar subordinado a las decisiones partidarias, porque la realidad ha ido cambian- do. Y esto ha sido parte del debate de los últimos tiempos. Si teniendo un Gobiernojusticialista el movimiento obrero podía quedar totalmente, si se quiere el término, subordinado a las decisiones de ese gobierno. Nosotros pensamos que debe ser independiente de esas decisiones para, desde una óptica propia, desde los intereses de los trabajadores, con una identidad política, llevar adelante las propuestas y las reivindicaciones de todos los trabajadores, del conjunto de los trabajadores.

Si consolidarnos esta óptica hacia el futuro, lograremos la unidad total del moyimiento. Siempre habrá visiones distintas acerca de como encarar la lucha en las distintas etapas. Pero no va a haber tres, cuatro ó cinco

Cuadernos del Sur 91

centrales. como se pensó, o se especuló cn ciertos sectores, para mantener dividido y debilitado al movimiento y qtte no tenga capacidad para ser protagonista en las decisiones gremiales y políticas del país. Donde se define Ia gran política nacional. Ia política financiera, industrial, la integración en el .\lercosur... la politica de cómo nosotros nos presentamos ante el rntrndo y de como nos insertarnos en el mundo. sobre qtte bases, hay qtte descender el nivel o hay que progresar. l’ero no debilitarnos dividiendonos cn mil fracciones.

Entonces nosotros vemos hacia adelante una CGT. sólida, unida y repre- sentativa. como lo fue en otras etapas. Creemos que el error de estar divididos ya esta siendo superado a partir de estos hechos recientes, donde est uvitnos todosjuntos sin divisiones. Quiere decir que ya estamos acordan- do córno estamos viendo el sindicalismo en el futuro. Nos falta formalizar qtte estas acciones se reflejen en las estructuras orgánicas de la CGT. lrrcltrso con Ia Corriente Clasista y Combativa, qtre es una sector digamos de Ia izquierda. coincidimos en muchas cosas de diagnóstico, quizas no coincidimos en la metodología a aplicar en la coyuntura. Pero en este paro de .‘¿ti horas str maxima expresión dirigente, que es el «l’crro» Santillán, estuvo de acuerdo. sólo qtte planteaba ya amtnciar un nuevo plan de lucha, cosa a la que la CCT no dice qtte no. Es mas, nosotros no decimos que esta lucha puede ser encarada sólo desde la óptica rracional. Sino qtte al haber comenzado a trascender las fronteras nacionales para ir a lo regional, esta es una lucha que debe inscribirse en lo que es el .\lercosur, para quejunto a los compañeros de Brasil, l'ruguay. Paraguay. Chile, con los que comenza- mos ya a recorrer y a tener un protagonismo dentro de este contexto, avancernos en acciones regionales. Porque no se van a resolver nuestros problemas si no tenemos un concepto mas global. Los problemas qtre tenemos los trabajadores argentinos tambien los tienen en Brasil. Entonces loque nt ).\'t)|l‘t).\ decimt )\ es que si Argentina tiene eI mejor nivel de desarro- llo social y el mejor nivel de protección de la región. esas economías y esos listados deben elevar los niveles de protección al nivel Argentino. Y no a la inversa. qrte nosotros bajemos al nivel del país que metros protección tiene.

El proceso de translormación, de integración, de regionalización, de incorporación de rmevas tecnologías. de avances deben ser para mejorar la calidad de vida de Ia gente. y entonces no tomemos como ejemplo al que metros tiene. sino al qtte mas tiene.

5. Con respecto a la desocupacit'rn. creo que aca hay dos fenómenos. L'no es la desocupación estructural, resultado de este modelo de acu-

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rnulación del capitalismo internacional. Que se agudiza en la Argenti- na. porque aquí este modelo se ha llevado al máximo. Aquí se ha agudizado, porque si bién este es un modelo general no se ha aplicado igual en todos los países. Por ejemplo en Brasil y Chile, para señalar los paises del Mercosur. Brasil todavía no ha privatizado los principa- les recursos de la economía, ni el petróleo ni la energía, y muchas de las empresas estan aún en manos del Estado. Lo mismo ocurre en Chile con el cobre. ni aún con Pinochet se privatizó. En cambio aquí se ha privatizado todo.

Lo mismo ocurre con los capitales financieros volátiles. En Chile existe una ley por la cual el capital qtre ingresa al mercado no puede

'salir a los dos dias. provocando una desestabilización financiera o de toda la economía. Lo mismo ha hecho Brasil hace poco. .\'o existen los mismos niveles de protección al sector agrícola en Argentina que en Chile. y no tenemos el mismo grado de protección a la industria nacio- nal que tiene Brasil. a pesar que Brasil tiene sectores qtre son rnttcho más avanzados. y tiene una producción varias veces superior a la de mrestro país. Quiere decir que el modelo aqui ha sido llevado al máxi- mo. Entonces ese modelo. de apertura indiscriruinada, de desre- gulación, de privatización. ha generado un desempleo estructural. Pero además ocurre que al no fortalecer políticas integradoras de aqtrellos que han sido excluidos del mercado, al no tener una red de conten- ción social. un seguro de desempleo, esta gente, estos compañeros excltridos, tiene un nivel de \ida íntimo y esto ha generado una caída del consumo. Hay una fuerte recesión, no hay consumo y esto genera otro componente de la desocupación. que puede tal vez ser coyuntu- ral. pero que agrava la desocupación estructural.

Entonces hay una desocupación estructural y una coyuntural. l,a coyuntural se puede revertir pero para elllo es rrecesario tener políti- cas arancelaria, financiera. industrial. tributaria... que se apliquen. di- gamos. con cierto gradualismo. Y esto nos lo decía hace poco el Presi- dente de Brasil. en una reunión qtre tuvimos allí. cuando el dijo que mrestras economías, que no tienen el nivel de desarrollo de otros paí- ses. comojapón o los tigres asiáticos, no pueden producir una apertu- raindiscriminada y salvaje de un día para el otro. Porque esto provoca la destrucción del aparato productivo nacional y genera inevitablemente destrucción de empleos. El proceso debe ser gradual y para esto el Estado debejugar un rol importante. Si el Estado abandona str rol de integrador y mediador de las tensiones sociales y económicas y deja

Cuadernos d el Su r 93

todo librado al mercado se impone el más fuerte y pierde el más débil, y en consecuencia el que pierde siempre va a ser el trabajador y esto es lo que estamos viviendo ahora.

El Estado argentino ha hecho abandono de las funciones que solo puede, y debe, cumplir el Estado.

Ahora también es cierto que, frente a la nueva modalidad de funcio- namiento de la economía, nosotros tenemos que tener propuestas para la desocupacion estructural. Nosotros planteamos reducción de horas de trabajo para crear más empleo. Este es un debate que ya está insta- lado en los principales países desarrollados del mundo. Que una de las formas que tienen las sociedades para enfrentar este problema es ba- jar las horas semanales de trabajo. Bajar cinco horas semanales. Lo están haciendo y discutiendo en Alemania, en Francia, en Italia, en España y también en los Estados Unidos. Bajando cinco horas semana- les por millones de trabajadores se crean tantos puestos de trabajo, y esto es una propuesta solidaria que puede acercar a todos esos compa- ñeros desocupados a la estructura sindical. Hay que buscar propuestas novedosas, hay que encararlas con imaginación, con coraje y también con audacia para generar mecanismos hacia la sociedad para la gene- ración de empleo. Son formas que no son tradicionales, que no son este mecanismo del subsidio al desempleado que ya conocemos, sino por ejemplo, la creación de un Fondo Solidario Social destinado úni- camente a la generación de empleo, destinado a todos aquellos traba- jos de tipo social, comunitarios.

Hace pocos días me contaban una experiencia rntry interesante en Canada. En este país, en Quebec, desde principios de este año, los sindicatos tienen un Fondo Solidario de estas características, compuesto por aportes del trabajador y del empresario, cuyo destino es el ern- pleo. Por ejemplo con este Fondo ellos le dan empleo a los estudiantes de las carreras sociales, de medicina, etc. para que desarrollen tareas comunitarias en strs casas, atiendan a losjubilados, organicen activida- des recreativas para los jóvenes... etc. Este es un trabajo social, remu- nerado como a un trabajador más, organizado por los propios sindica- tos que así contienen a mucha gente. Que así se integran a la sociedad. Que tienen un salario, que tienen una remuneración.

6. En lo que respecta a los hechos de Ezeiza creo qtre está superado por la realidad, no merece más comentarios que lo anecdótico. Prime- ro porque fue provocado desde afuera del movimiento, y el mismo

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movimiento obrero tuvo la mejor respuesta. Como lo fue la unidad alcanzada en el Congreso del 5 de septiembre y el gran plebiscito so- cial que fue el paro del 26 y 27 y la concentración en la Plaza de Mayo. Y no sólo por las más de cien mil personas que hubo allí, sino que en todo el país, en las concentraciones de la grandes ciudades del inte- rior, pero tambien en las pequeñas ciudades y pueblos, miles y miles de compañeros, donde el pueblo trabajador salió a manifestar su ¡disconformidad en todo el país. Fue un gran referéndum social. Y esta fue la mejor respuesta a los que quisieron provocar un enfrentamiento de esas características, que en realidad no existió como tal.

Las perspectivas políticas que se abren son muy grandes, en la medi- da que sepamos actuar con inteligencia, con iniciativa, y con decisión para ratificar la continuidad de la lucha, si es que el gobierno sigue empecinado en llevar adelante los proyectos y programas que atentan contra el empleo, la seguridad del trabajo, la seguridad social, la sa- lud.. en definitiva contra el estado de desarrollo social que garantiza la Constitución Nacional argentina, sancionada en 1949, el artículo 14bis y la reforma de1994, porque ese artículo nadie se animó a tocarlo. Quiere decir que ese es el Estado de bienestar, de desarrollo social de mrestro país, que estamos dispuestos a defender con uñas y dientes, en el terreno que sea. En el gremial, en el social y si es neceasario también en el político. Lo vamos ha hacer en el Congreso Nacional y el año que viene también en las elecciones. Porque el movimiento obre- ro ha alcanzado esto con la lucha, porque como dijo el Gral. Perón al movimiento obrero nadie le regaló nada, todo lo conquistó con la lu- cha y la organización sindical, con el apoyo de todo el pueblo.

Pienso que las perspectivas para el sindicalismo son grandes, enor- mes, y espero que recupere la credibilidad. la confianza de todos los trabajadores y que tambien la recuperen la mayoría de los dirigentes.

(Entrevista grabada el 1/10/96.)

dialéktica

Secretaría General C-E-F-v L- - Revista de Filosofía y Teoría. Social

Cuadernos del Sur 95

Dirigentes representativos, austeros, humrldes y confiables

Entrevistas con Carlos “Perro” Santillán Secretario General del Sindicato de Empleados y Obreros Municipales de jujuy y Edgardo Quiroga Secretario General CGT Regional San Lorenzo. Dirigentes de la Corriente Clasista y Combativa

l.

CPS: .\'o se puede hablar de sindicalismo en general sin tener en cuenta las distintas corrientes qtte hoy lo conforman. Ellas expresan las con- cepciones sobre la dependencia del imperialismo. las formas de lucha, la deuda externa, el papel de la clase obrera y el ptteblo, etc.

En la actualidad es importante la plena actividad y vigencia de los gremios como herramienta organizativa y de lucha de los trabajadores.

Prueba de ello son los combates qrte perrnanentemente \iene reali- zando el movimiento obrero argentino y latinoamericano enfrentando la política de Menem y del neoliberalismo en general.

EQ: Para no generalizar es importante distinguir las tendencias o agrupamientos que existen en el seno del sindicalismo. Cada una de ellas se referencia en diversas visiones o concepciones acerca del papel ajugar por la clase obrera. el ptteblo y la Nación misma. Cada trnode estos sectores expresan tambien formas distintas de comprender y en- frentar el imperialismo. la lucha contra los monopolios. contra los te- rratenientes. etc. .

En las últimas grandes huelgas en Francia. Alemania, España, a las que entre otros debemos sumar los paros generales que se realizaron en Paraguay y Brasil. se ha probado conttrndenternente la vigencia de los sindicatos como herramienta organizativa y de lucha de los trabaja- dores en: l'-') La defensa de sus intereses inmediatos. 2”) como fuerza de resistencia a la agresir'rn vel despojo de los monopolios imperialistas y 31') como factor agltrtinarrte v dirigente del resto de los sectores popu- lares.

ttti Octubre dc 1996

2.

CPS: En medio de la cn'sis, que surge de la aplicación de los planes del neoliberalismo, el papel que deben jugar los sindicatos es preponderan- te. incorporando nuevas formas de enfrentamiento para combatirla.

El auge de otras formas de explotación, como las unidades de pro- ducción o las células de producción, el avance cada vez mayor de per- sonal contratado al que obligan a no sindicalizarse, y que debe convi- \-1'r en una misma empresa con personal efectivo, de planta, que está sindicalizado, junto con el aumento de la desocupación y la precarización, lleva a los sindicatos a crear nuevas formas de defensa de sus afiliados, así como nuevas formas de organización combativa para enfrentar más decididamente la política de los monopolios.

EQ: Las dificultades creadas por el neoliberalismo, y sus graves conse- cuencias para la vida del pueblo, no invalida el papel de los sindicatos sino que presupone nuevas tareas. La división de la clase obrera en efectivos y contratados, entre sindicalizados y no sindicalizados, suma- do al inmenso ejército de desocupados que crea esta política de «ajus- te perpetuo» obliga al Sindicalismo Combativo a: 19) Defender y desa- rrollar los Cuerpos de Delegados de sección y sus Comisiones Inter- nas. 29) Incorporar la defensa de los compañeros contratados a su ac- tin'dad para lograr unirlos a través de la lucha, como prueban las expe- riencias de Sulfacid y Terrabussi. 39) Comprender que la clase trabaja- dora se compone de tres sectores: los activos, los jubilados y los des- ocupados. Y partiendo de los sectores que están efectivamente inser- tos en la producción desarrollar una política de unidad activa con los otros dos sectores.

3.

CPS: Nosotros. en la (Zorrienle (Zlasista )'(I()|1il);tti\'zt. hemos definido desde el inicio que nuestro debate de ideas y proyectos no lo realiza- ríamos en el seno de la CGT. Porque stts proyectos, el del sindicalismo empresario, son los mismos que los del gobierno menemista, del cual son fieles aliados.

nos interesa hacer este debate de ideas y proyectos con las co- rrientes opositoras. con el Movimiento de los Trabajadores Argenli- nos (.\ITA). ('on el Congreso de los Trabajadores Argentinos(CT.-\). Debatir posiciones alrededor de temas como: las formas de organiza- ción y lucha. el desempleo, el papel de la deuda externa, el problema

(Ïuadr'rnos (M Sur 97

de los sin tierra, etc. Y consideramos que se hace necesario una unidad más estable entre los distintos sectores (MTA, CTA, CCC) para llevar adelante el decisivo enfrentamiento con esta política de ajuste y hambre.

EQ: Nosotros no debatimos proyectos con los sectores colaboracionistas de la CGT, los enfrentamos a través de la lucha. ¿Que proyectos tienen los Cavallien', Martínez o Andrés Rodríguez? ¿Sino el de las patronales imperialistas o el del Gobierno del Dr. Menem? De los que no son otra cosa que simples empleados.

Nuestro debate es con los sectores combativos opositores al ajuste y a la'entrega. Y debatimos alrededor de la intensidad de la lucha para oponemos a estas políticas, acerca del papel del Estado, del problema de la deuda externa y la dependencia del imperialismo, la cuestión del latifundio y de la reforma agraria, etc. Hemos avanzado unidos en el enfrentamiento a esta política muchas veces, pero también es cierto que no hemos logrado frutos en cotejar estas diferencias. Entre otras carencias contabilizamos la ausencia de una unidad más estable que facilite la lucha y el debate de las cuestiones en las que no coincidimos. Esta realidad obliga a los distintos sectores (CTA, MTA, CCC y otros) a redoblar esfuerzos y deponer todo tipo de actitudes sectarias.

4

CPS: Pensamos que el movimiento obrero debe organizarse alrededor de una sola Central Obrera. Una central obrera que sea representati- va, democrática, federal, que promueva la recuperación de los sindica- tos en manos de esos traidores.

En este camino la unidad de los sectores opositores debe ser factor de aglutinamiento de los trabajadores. Hov nosotros proponemos for- mar una CGT opositora, con el CTA. el .\lT.—\ , la CCC y otros agrupamientos.

EQ: Nosotros creemos que tácticamente es necesaria la conformación de una CGT Combativa, Democrática y Federal, entre todos los secto- res combativos y opositores, que promuevan en el seno del movimien- to obrero la recuperación de las organizaciones sindicales qtte están en manos de traidores y colaboracionistas', hasta poder unir a todo el movimiento obrero en una sola CGT fuerte y represcntativa. Hoy es necesario que los sectores obreros opositores se conviertan en el nú- cleo convocante y aglutinador, político-social, de los sectores que, a

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veces dispersos, enfrentan en todos los terrenos esta política y este gobierno. Pues creemos que es necesario vertebrar una oposición sóli- da con vocación y proyecto antimperialista, nacional, popular y demo- crática. Es necesario enfrentar al enemigo en el terreno que este nos imponga, a través de la lucha de calles o de las elecciones. Imponer otra política y otro gobierno al servicio del pueblo y de la Patria. De allí el inminente papel político que nosotros le atn'buimos al sindicalismo opositor.

5

CPS: Creemos que el sindicalismo argentino debe recuperar el papel protagónico en la lucha. Papel protagónico que fuera traicionado por dirigentes como Cavalieri, Pedraza, y Rodríguez entre otros.

El sindicalismo debe fortalecer los organismos sindicales en las em- presas, debe democratizar sus estructuras para garantizar la real parti- cipación y decisión de los trabajadores, debe avanzar en la unidad con el resto de los sectores en lucha: el movimiento estudiantil, el campesi- nado, los intelectuales, etc.

Debe ser el pn’ncipal actor y protagonista en las luchas contra este modelo, y sus dirigentes deben ser representativos, austeros, humildes y confiables.

Nosotros creemos que la desocupación tiene causas estructurales como el latifundio y la concentración monopolista. Pero también tie- ne causas coyunturales tales como el ajuste estatal, el ajuste en la in- dustn'a, la incorporación de jóvenes y mujeres. precarizados al merca- do de trabajo y el quiebre de las PYME.

Nosotros tenemos una propuesta para combatir la desocupación: semana de trabajo de 36 horas con igttal salario y beneficios; otorga- miento de tierras para trabajar a los pequeños y medianos campesi- nos, como también la condonación de sus deudas; plan de viviendas populares; cierre de las importaciones; subsidios por desempleo; cré- ditos a las PYME; no pago de la deuda externa.

EQ: En el primer punto pensamos que el sindicalismo en nuestro país debe 1‘-’) recuperar a través de la lucha y la actitud de sus dirigentes el prestigio enlodado por traidores como Cavallieri, Pedraza y otros y la constante propaganda de la prensa monopolista, 29) fortalecer las or- ganizaciones sindicales en las grandes empresas y lugares de trabajo, 39) democratizar a fondo las estructuras del movimiento obrero para

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lograr la más amplia participación y decisión del conjunto de los traba- jadores, 4”) avanzar decididamente en la unidad con todos los sectores democrático-popularcs. especialmente estudiantiles, campesinos e in- telectuales, 5”) ser partícipe principal en la lucha por el bienestar del pueblo, la independencia de la Patria y la Unidad Latinoamericana.

En relación al segundo punto, la desocupación, consideramos que hay causas estructurales y coyunturales. Entre las primeras esta el avan- ce del proceso de concentración en el campo (latifundios) qtte expul- san constantemente a los campesinos pobres hacia las ciudades, espe- cialmente a las villas y asentamientos. junto a esto la concentración monopolista, qtte ha licuado miles de grandes, pequeñas y medianas empresas industriales y comerciales. En lo coyuntttral existen varios factores: a) el ajuste estatal expulsó más de 200.000 compañeros; b) el ajuste tecnológico en la industria, que sumado a la liqttidación de los convenios colectivos de trabajo, aumentó la explotación obrera y ex- pulsó a miles de trabajadores industriales; c) la incorporacicm anual de mas de 200.000 jóvenes que no acceden al mercado de trabajo por la recesión aguda que padecemos; d) la incorporación de miles de muje- res al mercado laboral por la falta de trabajo de sus esposos o por los magros salarios que estos perciben y e) el quiebre de la pequeña y mediana empresa.

En esta sociedad y con este Estado es difícil erradicar la desocupa- ción, pero si es posible combatirla y paliarla con l) reduciendo lajor- nada de trabajo, sin reducir el salario: 2) entregando tierras para traba- jar, v condonando las deudas de los pequeños _\' medianos campesinos, 3) desarrollando planes (le viviendas populares, -l-) subsidiando a los desempleados. 5) cerrando las importaciones. (i) otorgando créditos a la pequeña _\' mediana empresa. 7) no pagando la deuda externa.

6.

CPS: lil tiroteo en el (lamping de Comercio de l-Lzeiza no nos cabe ninguna duda que fue obra de los Servicios. para evitar la realización del Comite Central Confederal de la CGT por mandato del gobierno, y de paso amedrentar a los compañeros del MTA.

Igualmente las amenazas y los asaltos posteriores a sindicatos v diri- gentes opositores. todo esto como respuesta al paro nacional del 8 de agosto pasado. el mas grande de los últimos años v con la gente en la calle, ya (¡ue fue transformado en movilización por las corrientes opo- sntoras.

1m Octubre de 1996

EQ: Los enfrentamientos de Ezeiza fueron una maniobra de los Servi- cios de Inteligencia del Estado en combinación con las patotas de Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez para enfrentar a los compañe- ros del MTA e impedir la realización del Confederal, por mandato del Presidente Menem.

Estos hechos ftteron la respuesta gubernamental al severo golpe que representó el paro del 6 de agosto, el más importante realizado a este gobierno con el agregado que un paro dominguero ftte transformado por las fuerzas opositoras en una gran movilización nacional.

jujuy _v San Lorenzo.

(Cuestionarios recibidos el 24/9/96 y el ‘2/10/96.)

Hay un nuevoOtiempo para los trabajadores

Entrevista con Víctor De Gennaro, Secretario General del Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA) y de la Asociación (le los Trabajadores del Estado (ATE)

l. .\le parece que seria importante reconocer que el sindicalismo en- tró en crisis como resultado de la ntteva etapa económica, social y cul- tural que se inauguró hace quince. veinte años atras en el mundo. v en nuestro país. Producto de las translormaciones econt'uuicas llevadas adelante por Ia dictadura militar. que transformó a la clase trabajado- ra, debilitandola notoriamente, y por lo tanto al debilitarse la capaci- dad de fuerza v de presión y participación en las deliniciones económi- cas de la sociedad. A partir de Martínez de Hoz nttestro país se desindustrializt'). Hov. los trabajadores metah'trgicos son practicamen- Ie el 20’} de los que habia hace veinte años. _v los textiles el 15%. ambos sectores claves de la economía industrial. .-\ pesar (le que somos una suerte de isla. va que el 90% de nuestro comercio exterior se mueve por vía marítima, hoy el sector marítimo portttario es practicamente

Cuadrmos (M Sur 101

inexistente. Además se produce un nuevo flagelo que es la desocupa- ción y la posterior precarización de la clase trabajadora, este conjunto de cosas hizo que se debilitara el sindicalismo, porque se debilitó la clase trabajadora, y lo hizo entrar en una crisis importante, hasta discu- tir su razón de ser. Pero hoy veo que está empezando a recuperarse y asoman en el horizonte no solo un nuevo intento por protagonizar de los trabajadores, que están recuperando la iniciativa de disputar y ser protagonistas en la construcción de un modelo diferente, sino que también se vislumbran en el sindicalismo expresiones diferentes que empiezan a tener construcción en la realidad.

Obviamente yo creo que hay dos grandes proyectos, uno que es lo que denominamos el sindicalismo empresan'o construido para salvar al sindicato. Entendiendo a éste como a un fin en mismo y enten- diendo o asumiendo que, ante la pérdida del poder de los trabajado- res, hay que participar del modelo económico que se impone. Esto es lo que llevó a que muchos sindicatos se transformaran en holdings empresarios y asumieran parte de las empresas privatizadas, se dedica- ran a la construcción de administradoras de fondos de pensión priva- da o de administradoras de riesgos del trabajo. Hoy, más allá de la conveniencia o no para los trabajadores, Luz y Fuerza hace un año y medio atrás había perdido más del 50% de los puestos de trabajo, pero el sindicato daba 160 millones de dólares de ganancia. Esta contradic- ción marca a las claras el salvataje del sindicato más allá de los trabaja- dores. Ya hoy en el horizonte gremial también existe una consolida- ción del CTA como una propuesta de construir una nueva central, reconociendo esta nueva realidad de la clase trabajadora, pero asu- miendo el mandato histórico de que el sindicato somos los propios trabajadores, unidos y solidarios, y esa es la organización. Con nuevas formas, con nuevos criterios, qtte hacen a esta nueva realidad de la clase trabajadora, cuyos principios fundamentales son la afiliación di- recta, la elección directa y la autonomía. Tres principios que le dieron origen a un tipo de construcción que se creía imposible en nuestro país pero que la realidad está planteando como una forma de incorpo- rar o de reconstituir la unidad de la clase trabajadora.

2. Bueno, vamos por partes. Primero creo que las formas organizativas del sindicato tienen que ver también con las estructuras de la patronal. Son una respuesta para luchar por la rentabilidad de la patronal en primera instancia y luego para profundizar la participación politica de

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la clase trabajadora. La primera actitud es la resistencia, que es la me- jor forma de disputar esa rentabilidad. Y en ese sentido yo marco dos tiempos pasados y uno por venir. Con los primeros esbozos del sindi- calismo se construyeron sindicatos más que nada de oficio, los conduc- tores de locomotoras, los gráficos, estructuras que lo que hacían era unificar ala gente en función de su profesión. Ocuparon un importan- te lugar en el movimiento obrero, hasta que el capitalismo fue trans- formándose y consolidándose en actividades más globales que hicie- ron que se fueran expresando formas nuevas, más positivas, que fue- ron las organizaciones sindicales por rama de actividad, y desaparecie- ran las históricas del movimiento obrero (algunas sobrevivieron). No quiere decir que hay que negarlas, al contrario, pero se tuvieron que integrar a la discusión de una manera diferente. El caso más típico son lo gremios ferroviarios, donde la Unión Ferroviaria pasó a ser a partir de la década del 20 al 30 una estructura totalmente nueva y diferente. Fue el primer sindicato de alcance nacional de una actividad que nucleaba diferentes estructuras económicas. Si bien La Fraternidad siguió existiendo, tuvo que incorporarse a un debate más de conjunto, en donde la locomotora era la Unión Ferroviaria, por decirlo de algu- na manera más gráfica.

Creo que esta nueva etapa del capitalismo y de concentración del capital, eidge nuevas formas organizativas que hacen a la necesidad de responder a la estructura de los grupos económicos. Hoy un grupo económico no maneja una sola área de la economía, hace treinta años uno decía el banquero, el industrial, el comerciante, el sector agrícola. Hoy cualquier grupo económico maneja las distintas variantes de la economía, tiene empresas o intereses en varios rubros y por lo tanto la democratización de las estructuras de negociación tienen que ser a fondo, no desde la perspectiva que ellos plantean que es la atomización, sino desde la de permitir democráticamente que los trabajadores sea- mos capaces de definir cual es el grado de sujeción o de unidad al cual estamos dispuestos. ¿Qué quiero decir con esto? Para poner un ejem- plo, en el gremio del neumático, en un conflicto que hubo en FATE, hace un par de años atrás, se despide personal porque la empresa esta- ba interesada en reducir costos para vendérsela a Michelin, por la recomposición del Mercosur. Para FATE era muy importante esa reconversión, pero para el Grupo .\ladanes, del cual forma parte FATE, no era tan importante soportar un conflicto de esa envergadura, por- que sus intereses fundamentales estaban en Futaleufú del sector de

Cuadernos del Sur 103

energía eléctrica, y en Aluar del sector metalúrgico. Para exigir que Madanes se sentara a la mesa de negociación, algo que en otro mo- mento hubiera sido importante, la solidaridad de las demás fábricas del neumático en un paro del sector, no era importante porque eso lo beneficiaba para seguir eliminando la competencia. Aunque no estoy negando que fue una muestra de solidaridad muy importante de los trabajadores de las plantas de Firestone y Goodyear, parar por prime- ra vez por un conflicto de otra empresa del neumático. Lo importante para sentarlo en la mesa de negociación y exigir cambios fue empezar

a volantearle Futalefú y Aluar. Empezar a tener una fuerza organizada capaz de exigir una rediscusión en el conjunto del grupo económico. Entonces las nuevas formas organizativas exigen una unidad política superior, que pasa por encima de las ramas sindicales o de las ramas económicas para discutir por grupo económico contra una unidad

global de los sectores qtte estan involttcrados y esto exige porsupuesto una organización sindical, en la cual las ramas podran persistir, po- drán subsistir como subsistieron en otro momento estructuras sindica- les tradicionales, pero con una nueva mentalidad, y en una etapa supe- rior de unidad. En este sentido creo qtte también queda un pttuto pendiente, como una ambición quizás, aunque ya se han esbozado, ya se han planteado intenciones, hay esfuerzos importantes en esto, pero queda como ttn punto para completar que esta política de globalización exige, ademas de las ramas organizativas por grupos económicos, tam- bién una internacionalización del mmimiento obrero porque va se de- muestra con toda claridad cómo se está operando en el .\lercosur, cómo los grupos económicos cambian rapidamente, transformando una empresa de productora a importadora de acuerdo con las condiciones sociopoliticas qtte imperan en cada país. Creo que en esto estamos atrasados en las organizaciones sindicales. como lo estamos tambien

en la respuesta (le esta nueva etapa ecout'uuica qtte nos plantea la con- ceutracton.

El internacionalismo es una necesidad imperiosa. aunque por su- pttesto la falta de poder concreto v real hace qtte todos los esfuerzos aparezcan como voluntaristas, mas que como efectivos. Pero _va ha ha- bido experiencias en Europa e incluso en Latinoamerica. que van for- mándose. Nosotros logramos hacer una primerjornada de movilizacit'm de todos los estatales de latinoamerica el ‘37 dejunio de 1991. O sea que etupieza a aparecer la necesidad concreta. (Ireo que estas son las formas del futuro, estructuras que tienen que responder a la concen-

ltH ( )c1ulml (lc 1996

tración de grupos económicos y estructuras que tienen que responder a la internacionalización del capital.

En segundo lugar. y para entrar en el tema de la identidad. Yo creo qtte el modelo no es solamente económico, tiene un proyecto político, social, cultural, y el modelo del 'sálvese quien pueda" también aprisio- na al conjunto de la sociedad, y en especial a los trabajadores. Eviden- temente la realidad muestra qtte la marginalidad, la desocupación, no organizan de por si, al contrario desestrttcturan, y hacen que la gente tienda a pensar en el “sálvese quien pueda" con tal de mantener un nivel de vida. Por llevar la comida a su casa acepta condiciones indig- nas de trabajo, y la actitud qtte tiene el poder es tratar de hacernos enfrentar pobres contra pobres, desocupados contra ocupados, preca- rios contra permanentes. enfermeros contra pacientes, padres contra maestros. Lo fundamental es no caer en esa trampa, entender que hay tin proceso de desestructuración grande que pone en riesgo la unidad que partía de la base elemental de la defensa de los intereses, qtte generaba un sistema que nos unificaha dentro de la fábrica. I-on la mayoría de la clase trabajadora esta fttera de los lugares de trabajo permanentes. ho_v la precarización hace que el trabajador no tenga una permanencia en forma casi constante. L'no podría decir que an- tes, hace 40 años, ttno comenzaba siendo metalúrgico y terminaba sien- do metalt'trgico. uno empezaba siendo ferroviario v terminaba siendo (crroviario. había una continuidad histórica que hoy no tiene nada qtte ver con lo que esta sucediendo, qtte es el trabajar de cualquier cosa y de cualquier manera. Entonces la recttperación de una identidad de clase exige ttn salto político superior. exige una decisión voluntaria de construir una unidad superior. por eso para nosotros el cambio cultu- ral hacia la afiliación directa es algo muy importante.

l’or supuesto que las Comisiones Internas _v los Cuerpos de Delega- dos para “(Lanus son claves en esta reuinstitucion. Si estamos plan- teando que partimos de lo mas elemental. que es la decisión individual de reconstitttir esa unidad, con la participacit'm en esa reconstitución de formas organizativas mas altas como pueden ser los (ID o las CCII v demas estaríamos en un proceso más avanzado. Ojala todos los com- pañeros que son delegados. activistas. militantes. miembros de comi- siones internas o dirigentes sindicales estuvieran a la cabeza v trabajan- do en este sentido. estaríamos va en un proceso mucho mas importan- te. Nosotros tambien contemplamos la no contradicción. o la no impo- sibilidad de seguir disputando la recuperación de estructuras tradicio-

(Iumlmnns (¡el Sur t 05

nales, que a nivel nacional no están dentro de este proyecto de cons- truir una nueva central, no haciendo incompatible su protagonismo dentro de la central. La afiliación al CTA no es incompatible con el mantenimiento de la afiliación a la estructura tradicional, y por eso hoy la UOM Villa Constitución, una entidad seccional dentro de una entidad de primer grado, puede estar participando de la disputa por la UOM y participando y protagonizando en el CTA. O el sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, que tiene personería, o dirigentes de comisiones internas, o los trabajadores de la carne y sus delegados del frigorífico de Corrientes que se opusieron a la conducción hasta del propio sindicato de Corrientes y participan organizativamente. Hay que tratar de preservar esa formas organizativas. Lo que me parece que vale la pena plantear también aquí, es que en general solamente los gremios con fuerte tradición democrática y protagonismo tienen hoy vitalidad y vida de los delegados. La mayoría de las organizaciones sindicales de nuestro país lamentablemente han dejado de elegir dele- gados de la gente ante el sindicato y han empezado a aceptar la triste forma del delegado del sindicato ante la gente. Y por lo tanto cuando se habla de delegados del movimiento obrero creo que hay que dife- renciar: el grueso de las estructuras sindicales que están hoy dentro de sindicalismo empresario no tienen delegados, solamente tienen dele- gados aquellas organizaciones que basan su poder en la participación de la gente. Nosotros valoramos tremendamente esto de los delega- dos. Hoy en ATE, para poner un ejemplo, hay 6.800 delegados electos y la mayoría de ellos son menores de 35 años, el 60% en la última elección. Esto demuestra que-cuando se abren canales de participa- ción, aun en el torbellino de la confusión, la gente protagoniza. Es falso que no podria haber delegados en otras estructuras, o qtte la gente no quiere participar, sino que sabe qtte las ma's dc las veces la cornponenda (le la dirigencia sindical con la patronal hacen qtte a aquel qtre quiera levantar la voz realmente se lo sancione, o sabe qtte en estructuras sindicales como la UOM, para presentarse en una lista para una seccional hay que haber sido previamente delegado, o sea, es una carrera sindical. Es terrorífico, porqtre esto fractura la construcción de verdaderas representaciones.

3. Bueno, primero, vo voy a reafirmar que existen dos proyectos sola- mente, al menos hasta ahora. Para diferenciar claramente, hay una propuesta de recuperar la CGT transformándola en un proyecto que

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permita retomar la iniciativa para la clase trabajadora, que para nada

lo subestimo, y para nada lo inhabilito. Creo que no es el camino, que

no alcanza, que la crisis del movimiento obrero es mucho más profun-

da. Es esta nueva realidad de la clase trabajadora de que hablamos

antes qtre exige formas totalmente diferentes, proyectos mucho más

claros y más concretos. Pero la mayoría de los sectores en realidad

terminan planteando como opción fundamental recuperar la CGT,

especialmente los compañeros del MTA a los que respeto mucho, con los cuales hemos tenido unidad de acción importante en la Marcha

Federal o en los paros del 2 de agosto por el asesinato del compañero

Víctor Choque y otras acciones, y también con muchas CGT regiona- les, que por la realidad provincial permiten hacer unidad de acción

concreta, pero que plantean con toda claridad este proyecto. El otro proyecto es el CTA, entonces hay dos centrales, una más chica obvia- mente y lo aceptamos. Pero hay dos centrales, por primera vez en un gobierno peronista. Y si el CTA no está legalizado aún es porque el gobierno ha exigido para nuestro reconocimiento, a pesar de que ya se ha hecho en el marco internacional este reconocimiento, que cambie- mos la cláusula de afiliación directa. Esto es lo que no permite el go- bierno. Creo que hay un debate al interior del MTA, como también en distintas corrientes de izquierda, la Corriente Clasista y otras, que es- tán dudando entre estas alternativas. Entre recuperar la CGT como pilar de recomposición del movimiento obrero o construir una central del nuevo tipo. Y creo que es cierto que estamos en un período de debilidad de este debate, yo creo que en este aspecto hace falta ser más audaz. Audaz en el sentido de animarnos a entender que pode- mos tener diferentes criterios de cómo se construye la unidad de la clase trabajadora y su protagonismo, o su proyecto, y esto no impide que al otro día estemos juntos en la confrontación con el enemigo. Nosotros estamos alentando un debate público. Para proyectarse y cons- truir un poder diferente es necesario explicitar mucho más la estrate- gia de poder. Por lo tanto es el tiempo de discutir esto en nuestro país, es el tiempo de profundizar este debate.

4. Yo creo que no se puede separar sindicato de política. Al contrario el sindicalismo es esencialmente político, en el sentido más amplio de la palabra política. Política es para la capacidad de construir poder, y por lo tanto está íntimamente ligada la reivindicación más elemental con esa construcción de poder para resolverla. Para poner un ejem-

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nales, que a nivel nacional no están dentro de este proyecto de cons- truir una nueva central, no haciendo incompatible su protagonismo dentro de la central. La afiliación al CTA no es incompatible con el mantenimiento de la afiliación a la estructura tradicional, y por eso hoy la UOM Villa Constitución, una entidad seccional dentro de una entidad de primer grado, puede estar participando de la disputa por la UOM y participando y protagonizando en el CTA. O el sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, que tiene personería, o dirigentes de comisiones internas, o los trabajadores de la carne y sus delegados del frigorífico de Corrientes que se opusieron a la conducción hasta del propio sindicato de Corrientes y participan organizativamente. Hay que tratar de preservar esa formas organizativas. Lo que me parece que vale la pena plantear también aquí, es que en general solamente los gremios con fuerte tradición democrática y protagonismo tienen hoy vitalidad y vida de los delegados. La mayoría de las organizaciones sindicales de nuestro país lamentablemente han dejado de elegir dele- gados de la gente ante el sindicato y han empezado a aceptar la triste forma del delegado del sindicato ante la gente. Y por lo tanto cuando se habla de delegados del movimiento obrero creo que hay que dife- renciar: el grueso de las estructuras sindicales que están hoy dentro de sindicalismo empresario no tienen delegados, solamente tienen dele- gados aquellas organizaciones que basan su poder en la participación de la gente. Nosotros valoramos tremendamente esto de los delega- dos. Hoy en ATE, para poner un ejemplo, hay 6.800 delegados electos y la mayoría de ellos son menores de 35 años, el 60% en la última elección. Esto demuestra que-cuando se abren canales de participa- ción, aun en el torbellino de la confttsión, la gente protagoniza. Es falso que no podría haber delegados en otras estructuras, o que la gente no quiere participar, sino que sabe que las mas de las veces la componenda (le la dirigencia sindical con la patronal hacen que a aqtrel que quiera levantar la voz realmente se lo sancione, o sabe qtte en estructuras sindicales como la UOM, para presentarse en una lista para una seccional hay que haber sido previamente delegado, o sea, es una carrera sindical. Es terrorífico, porque esto fractura la construcción de verdaderas representaciones.

3. Bueno, primero, yo voy a reafirmar que existen dos proyectos sola- mente, al menos hasta ahora. Para diferenciar claramente, hay una propuesta de recuperar la CGT transformándola en un proyecto que

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permita retomar la iniciativa para la clase trabajadora, que para nada

lo subestimo, y para nada lo inhabilito. Creo que no es el camino, que

no alcanza, que la crisis del movimiento obrero es mucho más profun-

da. Es esta nueva realidad de la clase trabajadora de que hablamos

antes que exige formas totalmente diferentes, proyectos mucho más

claros y más concretos. Pero la mayoría de los sectores en realidad

terminan planteando como opción fundamental recuperar la CGT,

especialmente los compañeros del MTA a los que respeto mucho, con los cuales hemos tenido unidad de acción importante en la Marcha

Federal o en los paros del 2 de agosto por el asesinato del compañero

Víctor Choque y otras acciones, y también con muchas CGT regiona- les, que por la realidad provincial permiten hacer unidad de acción

concreta, pero que plantean con toda claridad este proyecto. El otro proyecto es el CTA, entonces hay dos centrales, una más chica obvia- mente y lo aceptamos. Pero hay dos centrales, por primera vez en un gobierno peronista. Y si el CTA no está legalizado aún es porque el gobierno ha exigido para nuestro reconocimiento, a pesar de que ya se ha hecho en el marco internacional este reconocimiento, que cambie- rnos la cláusula de afiliación directa. Esto es lo que no permite el go- bierno. Creo que hay un debate al interior del MTA, como también en distintas corrientes de izqtrierda, la Corriente Clasista y otras, que es- tán dudando entre estas alternativas. Entre recuperar la CGT como pilar de recomposición del movimiento obrero o construir una central del nuevo tipo. Y creo que es cierto que estamos en un período de debilidad de este debate, yo creo que en este aspecto hace falta ser más audaz. Audaz en el sentido de animarnos a entender que pode- mos tener diferentes criterios de cómo se construye la unidad de la clase trabajadora y su protagonismo, o su proyecto, y esto no impide que al otro día estemos jttntos en la confrontación con el enemigo. Nosotros estamos alentando un debate público. Para proyectarse y cons- truir un poder diferente es necesario explicitar mucho más la estrate- gia de poder. Por lo tanto es el tiempo de discutir esto en nuestro país, es el tiempo de profundizar este debate.

4. Yo creo que no se puede separar sindicato de política. Al contrario el sindicalismo es esencialmente político, en el sentido más amplio de la palabra política. Política es para la capacidad de construir poder, y por lo tanto está íntimamente ligada la reivindicación más elemental con esa construcción de poder para resolverla. Para poner un ejem-

"uademos del Sur 107

plo, en ATE, pensar en conseguir un aumento para las enfermeras o una carrera sanitaria no está alejado de discutir la política de salud, porque dependen una de la otra explícitamente. Por lo tanto, desde lo más elemental está en discusión la política. Para un salto cualitativo dado por los trabajadores después de la recuperación de la democra- cia es qtre el primer ptrnto, de los 26 que generaron los grandes paros y movilizaciones de nuestra clase trabajadora, fue la deuda externa. Asociar la importancia que tiene esa deuda externa con lo que es lo más elementalmente reivindicatorio de uno que es el salario es la me- jor demostración de que la clase trabajadora sabe que su accionar tie- ne que ver con la politica.

Creo que hoy no existe un partido que represente a la clase traba- jadora argentina, creo qtre no hay unidad partidaria de la clase traba- jadora argentina, y por lo tanto hay como una actitud de preservarse, cuando lo qtre tiene qtre quedar claro es qtte la unidad de la clase trabajadora tiene qtte estar por encima de la división partidaria. En ese aspecto es donde nosotros definimos la autonomía. No una autono- mía apoliticista, sino una autonomía que significa que las decisiones de la clase trabajadora tienen qtte depender de su intuición, de su capacidad o su iniciativa, y no depender ni fracttrrarse por internas partidarias. Pero es una autonomía totalmente definida en política. porqtre queremos discutir la política económica, la política social, la política cultural, la política laboral, y por lo tanto tenemos derecho a construir poder _\' a consolidar un poder diferente en ntrestro país.

5. La desocupación es una herramienta ftmdarnental de este modelo, le permite llevar adelante un proceso de presión sobre los ocupados para desestrttcturarlos, para hacerles perder condiciones de trabajo, para que acepten condiciones indignas, para Ia baja salarial. () sea. es un mecanismo de presion muy alta contra la organizacit'm de los traba- jadores v la lucha por stts reivindicaciones. Yo diferencio lo qtre es la desocupación producto del desarrollo tecnológico de lo que es la des- ocupación creciente en rtuestros países por la aplicación de politicas de dependencia. .-\qur' no han venido los robots v nos han hecho des- ocupados. sino qtre aca se ha desindtrstrializado. se ha profundizado una politica Contra la produccit'm nacional. contra el mercado interno. contra la posibilidad de un listado qtre garantizara una actividad pro- ductiva rmrcho mas importante. etc. l’or lo tanto. en tutestro país la desocupación tiene tin impacto mucho mas directo para tratar de ba-

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jar las condiciones de trabajo y de salario de los trabajadores. l’ero no se puede dejar de ver qtre la desocupación ha crecido a partir del avan- ce tecnológico, y yo creo que no es malo qtte el avance tecnológico vava supliendo la necesidad (le qtte el hombre haga tareas que pueden hacer las maquinas. El problema es córuo eso se reparte mucho mas equitativamente como para permitir qtre el hombre trabaje menos en lo qrte esta generando _v pueda desarrollar otro tipo de capacidades_ y de tareas. Creo qtte la desocupación exige que el sindicalismo primero se de ttn marco o una propuesta organizativa para los desocupados, para los precarios. O sea. mas que la desocupación hav un fenómeno nttevo que no esta analizado qtte es la precarización del empleo, por lo tanto tiene que darse un marco organizativo para esto. Segundo. plan- tear soluciones de emergencia para mtestros compañeros corno es el seguro de desempleo, la seguridad de la salud. la seguridad de la edu- cación o de la previsión. Yo creo qtre no es incompatible esto con luchar para transformar las condiciones por un modelo diferente. Y me parece que vale Ia restricción de entender que un segtrro de des- empleo no es una salida individual, sino qtte es recuperar la transfe- rencia de riqueza que pasa a los grandes grupos económicos. es recu- perar participación en el ingreso nacional, v por lo tanto es importan- te resolver el problema de los compañeros v recuperar esa dispttta por la rentabilidad. Y ademas. mas estratégicamente. es necesario repartir el trabajo de una forma en la qtte todos podamos,participar de la acti- vidad prodttctiva v organizativa. (Zreo que así como hace cien años, despues de una crisis ftrndarnental generada por la desocupación se plantearon las ocho horas. hov es necesaria la reducción de lajornada de trabajo como una de las propuestas estrategicas de los trabajadores

6. .-\ mi me parece que fue un parazo. ¿Por que un parazo? Porque se paró _\' se movilizó en todo el pais con un alto consenso de la comuni- dad. O sea qtre no fue solamente una actitud de los trabajadores sino tambien de los comerciantes qrte cerraban los boliches, de los padres que no mandaban a los pibes al colegio, de los empresarios del inte- rior que alentaban a no sancionar o alentaban el no trabajo. .\le parece que fue un momento demostrativo del nuevo tiempo v en ese sentido creo qtre hay ttn mandato de ese esfuerzo solidario de los cmnpañeros y de la comunidad de continuar con un plan de acción y de empezar no sólo a enfrentar esta política sino a empezar a construir una rela- ción de fuerzas diferente. A me entusiasmó de manera especial, yo

(Imalenws del Sur 109

sentía cuando marchábamos por el gran Buenos Aires que hay un nue- vo tiempo. Algo que parecía imposible se estaba concretando. Prime- ro por diferencias en el poder, la crisis en el poder, que llevó a permi- tir que partiera de una iniciativa de algunos sectores del poder la posi- bilidad de un paro. Segundo porque ya habíamos construido suficien- te fuerza organizada en los últimos años como para que una iniciativa que no era nuestra, que partía de las debilidades y contradicciones del poder, pudiera ser asumida por la gente, por las organizaciones, y trans- formarla en una iniciativa positiva para la gente. Y tercero, esto sólo fue posible porque hay un nuevo consenso en la gente y una necesidad de encontrar una propuesta diferente. Son los tres niveles, y esto yo lo vi en el Gran Buenos Aires de una manera muy particular, en un ámbi- to donde está la mayoría de la clase trabajadora argentina y donde nosotros tenemos que ser capaces de organizar y asentamos. Hubiera sido imposible esa movilización si no hubiera habido más de un año y medio de priorización del trabajo del CTA en Moreno, en Morón, en Quilmes, en Avellaneda, en La Matanza, en Lanús, pero hubiera sido incapaz de proyectarse si no hubiera habido consenso en los trabaja- dores y en la comunidad. Este nuevo tiempo a me lleva a pensar qtre podemos empezar a volver a pelear por un proyecto diferente. No es contra, o porque tenemos cara de amargados, sino porque quere- mos volver a pelear por ser felices. Y creo que es un nuevo tiempo en nuestro país, es una nueva oportunidad.

Lo de Ezeiza es lamentable. Cuando uno no tiene información, siem- pre tiene que preguntarse quién se benefició con eso, y uno va a en- contrar a los responsables. Lo de Ezeiza ayudó a que se discutieran los quilombos de los dirigentes y no los problemas de la gente que se empezaron a discutir después del paro del 8. Por eso lo de Ezeiza es lamentable, porque pone a discutir cosas que no son importantes. Y en ese sentido seguramente transitaremos por mtrchos momentos difí- ciles y donde desde otros sectores nos van a querer cambiar el eje de la discusión fundamental y creo que nosotros tenemos que tratar de po- ner la discusión donde está, que es en el problema de la gente.

(Dado que la entrevista fue personal se le hicieron preguntas adiciona- les, algunas de cuyas respuestas consideramos importante darlas a co-

nocer.)

Tanto el MTA corno el CTA tienen una debilidad, que es la escasa implantación en el

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movimiento obrero industrial. ¿A qué obedece eso y qué estrategia tiene el CTA tren- te al movimiento industrial?

Bueno, primero creo que el movimiento industrial ha pasado por una crisis muy importante. Todo el sector de los astilleros navales, para poner un ejemplo, hoy prácticamente no existe. Entonces, el sec- tor industrial es el sector más chico de la clase trabajadora y eso ha hecho qtre esté en disputa de diferentes formas. La primera actitud de los compañeros que trabajan ahí es la sobrevivencia y evidentemente el disciplinamiento de las estructuras del modelo industrial, conjunta- mente con los patrones, han llevado adelante una persecución perma- nente de la actividad sindical y el desarrollo de los compañeros. Estas dos cosas marcaron una realidad que hace que este sector, en otros momentos vanguardia clara por número, por protagonismo, por de- bate, por incidencia en la sociedad, esté más relegado en la actividad sindical.

Es mas, si uno se pone a ver, y más allá de las corrientes políticas en las que se expresan, la mayoría del protagonismo de movilización y fuerza son todos gremios de servicios, gremios del transporte (UTA, Camioneros en el MTA), Comercio, ATSA y UPCN en la CGT misma, en la Corriente Clasista los municipales (los dos dirigentes más impor- tantes), y el CTA también ha avanzado desde los estatales. La estrate- gia de incorporar a estos sectores para nosotros es una tarea priorita- ria y por lo tanto se planteó la incorporación abierta, sin contradiccio- nes, de compañeros que se han incorporado, y estamos tratando de que esa adhesión qtre trno siente en mttchos sectores se transforme en organizativa. Para esto tenemos desde los compañeros de Villa Consti- tución hasta los del neumático y estructuras económicas industriales en el interior qtte están participando, pero evidentemente es uno de los déficits ftrnclarnentales a resolver. Nosotros entendemos que un salto cualitativo por el cual estamos trabajando es el ntrclearniento de todos los delegados y comisiones internas qtre hoy existen en el sector industrial y la conformación de una estructura qtte permita, sin desco- nocer las formas tradicionales, darle un espacio para discutir las reivin- dicaciones más específicas de estos compañeros y de la modernización que exrste.

Nos resultaría interesante saber su opinión respecto a ia actual crisis. ¿Es una crisis de carácter coyuntural. pasajera. o está mucho más ligada a una etapa de acumula- ción del capital? Y en tunción de esta caracterización, ¿cuáles serian en el futuro

Cuadernos del Sur 111

inmediato las más concretas, más elementales. cuestiones a abordar por el sindica- lismo en ese contexto?

Estamos en un período de revolución tecnotrónica diferente, para poner un nombre qtte englobe a esta ntteva etapa del capitalismo, del imperialismo, a nivel mundial. No cabe duda de que estamos en el marco de una nueva revolución científico-tecnológica. Esta nueva re- volución científico-tecnológica impone condiciones laborales totalrnen- te nuevas, estructuras de concentración del capital nuevas, y estamos en una nueva etapa de la humanidad. Esta etapa, que empezó concen- trando capital internacional para desarrollar esa revolución tecnológi- ca (lo que no es un fenómeno nuevo, ya lo hizo la revolución industrial concentrando el capital de las colonias y para desarrollar Alemania o Francia se usó la plata y el oro de Potosí, digamos para poner un ejem- plo) tiene una etapa donde la iniciativa y el poder y las condiciones las ponen los grandes grupos económicos, los que concentran ese poder, esa revolución cientifico-tecnológica. I-on en día se está acabando esta etapa de ornnipotencia de estos sectores y se empieza a caer la idea del pensamiento único, del triunfo permanente, del imperio triunfando para siempre. Se empieza a caer la ideología de los Reagan, los Thatcher, se empieza a caer el fin de la historia, el fin de la lucha de las ideolo- gías, y se vuelven a recuperar cada vez más iniciativas defensivas que unieron en su momento importancia apostando a lo nuevo y empieza a haber un debate nuevo en el mundo qtre creo qtte empieza a dar resultados. Se empieza a perder la vergüenza de pensar diferente, se empieza a perder la vergüenza de creer que los trabajadores seguimos siendo protagonistas de la transformación de la historia, se empieza a perder el temor de ser considerados no modernos por no defender los versos qtre nos vendían hace diez o quince años atras. Y creo que esto esta marcando un giro muy rapido. estamos ante nuevas formas. l.a misma tecnologia que es capaz de hambrear a las dos terceras par- tes de la lurruarridad permitiría. manejada con otro objetivo. resolver el lrarubre de la humanidad. Creo qtte esta es la gran contradicción. Los trabajadores en esto hemos aprendido ya qtre no se debe parar el progreso rompiendo las maquinas. sino disputar el poder de ese pro- greso _v disputar el poder de esa tecnología. Y creo qrte empieza a. abrirse este ntrevo tiempo. La crisis se erupieza a superar porque los grandes concentradores del poder mundial demttestran qtre esta'n in- capacitados para resolver la situación de la humanidad y qtte en reali- dad su ideología ni siquiera contempla esto y por lo tanto la perseve-

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rancia en la resistencia y la jttsteza de nuestros reclamos empieza a abrir ntrevas formas organizativas diferentes. El sindicalismo tiene que ser parte de ese aporte, tiene qtte ser capaz de abrir espacio a esc: debate y empezar a no tener temor de decir lo qtre se piensa, lo que se propone como alternativa. En última instancia, la lucha no es por la reivindicación indi\idual de cada tino (le nosotros sino que esta ínti- mamente ligada a la lucha por el destino de la humanidad, esa es la pulseada linal. El sindicalismo tiene sentido y tiene frrtttro si es capaz de asumir ese compromiso.

(Entrevista grabada el 29/8/96.)

Reconstruir el movimiento obrero desde el clasrsmo

Entrevista con Oscar Martínez y Roberto Sáenz L'OM, Seccional Tierra del Fuego

1. Las direcciones sindicales en todo el mundo —y también en mrestro país- están totalmente adaptadas a las necesidades del capitalismo a nivel mundial en el proceso de su reestructuración.

Lejos de defender o representar los intereses de los trabajadores, de los asalariados. son parte intima de la aplicación de todos los planes de los gobiernos en todas las esferas: en el terreno de la Ílexibilización laboral. de las reconversiones del listado. de la educación y la salud. de los procesos privatizadores. etc.

(Ion el discurso de qtre «no hay otra alternativa posible» que adap- tarse a las nuevas exigencias y necesidades del capital mundial. se pos- tulan como los mejores garantes para llevar adelante estas medidas.

En este marco general, en lo esencial. no hay nirrgttna diferencia entre los tres agrttpamientos sindicales mas significativos del pais: (ICT. (ITA y .\lTA. Los sindicatos que agrupan. en sus diversas ramas de influencia. han sido y-son parte de la aplicación de los planes del go- bierno y el Banco .\lundial.

El conjunto de los «caciques» de la (ZGT. han avalado y firmado pactos de productividad y flexibilización, esto es, mrevos convenios de

Cuadernos del Sur r 13

esclavitud. Por ejemplo Rodríguez con el famoso convenio «Fíat/ SMATA», Daer en Alimentación o Zanola y Lezcano en Bancarios y Luz y Fuerza, directamente transformados en gerentes empresarios de bancos o centrales térmicas. Por su parte, la CTERA (integrada al CTA), ha dicho que esta en contra de «la implementación» llevada adelante por el gobierno de la Ley Federal de Educación, pero no de la ley misma, y participa a fondo de la «red de formación docentes continua». De Gennaro del CTA y ATE cumplió el papel —sistemá- ticamente- de dividir e impedir toda lucha seria contra los despidos y las privatizaciones. Por último, Palacios del MTA, ha sido absoluta- mente cómplice de la racionalización realizada por ejemplo en los sub- terráneos de capital, o en la aplicación de los planes de las patronales en la reconversión de las distintas líneas del autotransporte.

Un sindicalismo capaz (y con voluntad) de dar respuesta a las nece- sidades de los trabajadores, debería partir necesariamente de una ubi- cación completamente distinta. Desde una ubicación verdaderamente «clasista», que desnude el profundo carácter antiobrero de las trans- formaciones en curso a nivel mundial y en él país desde 1975. Que rechace por utópica y antiobrera la nostalgia reaccionaria de «volver al ‘45" o al «Estado benefactor», y que se plantee como única perspectiva válida para los trabajadores la transformación social. Esto es, ir clara- mente más allá del capitalismo.

Que apunte, en primer lugar, a dar una respuesta al problema de la desocupación, impulsando la reducción de lajornada laboral sin dis- minttción del salario, ni atrmento de la productividad sobre la base de exprimir la mente y los músculos de los trabajadores. Buscando, de esta manera, tender el imprescindible puente entre ocupados y des- ocupados. Que ante las reconversiones patronales y los ntrevos méto- dos de explotación del trabajo, se plante y las enfrente con la exigencia de acabar con el secreto y el monopolio patronal sobre la producción, peleando por el control obrero de la misma y la aper'tttr'ade los libros contables de las empresas. En fin, que sobre esa base, trabaje por el restablecimiento de una conciencia de clase entre los trabajadores, por romper las divisiones artificiales entre ellos creadas por la burguesía, y por establecer un método permanente de organización, decisión y so- beranía de las bases, planteando que deben ser ellas las que deben asumir todas las tareas.

Para nosotros, es evidente, qtte esta perspectiva no puede venir por el lado de ninguna de las centrales sindicales existentes en el país, ni

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por los sindicatos tal cual están hoy. Que se necesita el desarrollo des- de la base, de un verdadero proceso de reorganización o reconstruc- ción del movimiento obrero, siguiendo el camino que nos muestra la reciente lucha de CORMEC o Cutral-Có, de autoorganización y verda- deras decisiones soberanas de asambleas.

En este sentido, a nivel mundial, hay algunos ejemplos de vanguar- dia pero muy valiosos, que creemos marcan pistas para la reorganiza- ción sindical (y también política) de los trabajadores. Tal es el caso del «sindicalismo de base» en Italia, los sindicatos «Sud» en Francia, la organización político/sindical de los desocupados AC! (Actión Chomage!) en este mismo país, etc.

2. Durante quince años se ha escuchado (principalmente en Europa), la opinión de que la clase trabajadora había desaparecido. Utilizando la evidente reducción de los planteles de obreros industriales en varios países imperialistas, se pretendía esconder la extensión planetaria de las masas que viven de un salario: los asalariados.

Es esa masa la que constituye la clase trabajadora de la actualidad. Y efectivamente, es esa clase trabajadora, la que vive un proceso de fragmentación y atomización conscientemente impulsada por el capi- tal para mejor explotarla y dominarla. Perrnanenternente se busca opo- ner los ocupados a los desocupados, los nativos a los inmigrantes, los efectivos a los contratados, los viejos a los jóvenes, los que están bajo distintos convenios pero bajo un mismo techo, etc.

Creemos que la manera de recomponer la identidad social política de los trabajadores es la constitttción de un «nuevo movimiento obrero».

Que’ quiere decir esto? La creación de una conciencia de clase, y de organizaciones sindicales y políticas, que conscientemente sc planteen la comprensión de que todos estos «segmentos» son parte de una mis- ma clase «que vive del trabajo» (trabajo del cual depende el capital), y que es decisiva su acción común, solidaria.

Esto, en el día de hoy, no tiene «pertenencia sindical» porque, a nivel mundial (y nacional), las centrales y sindicatos tradicionales sistemáticamente hacen parte del juego burgués de enfrentar estos «distintos» sectores de los trabajadores. Y justamente construir una «ntreva pertenencia sindical» pasa por construir nuevas organizacio- nes o transformar completamente las viejas, para que —como primer medida- asuman la pelea por la unidad y la defensa de los «derechos» del conjunto de los trabajadores asalariados. Lo que hará parte enton-

Cuadenws del Sur 115

ces, de lo qtre nosotros llamamos la reorganización o refundación del movimiento obrero, planteada a nivel mundial y en nuestro país.

3. Nosotros no creemos que ninguna de las centrales sindicales del país tengan un proyecto independiente, propiamente de los trabaja- dores.

Tradicionalante, la dirigencia sindical del país (los «burócratas sin- dicales») han ido atados al carro de algún sector patronal. Y hoy esto sigue siendo así.

.\lientras qtre la (JGT (que acompaño a .\lenem a lo largo de todos estos anos) esta siguiendo hoy día —dentro del l’j- a personajes como Dtthalde, (lafiero o l’alito Ortega, el (ITA esta incondicionalmente ali- neada y subordinada a las estrategias políticas del Frepaso. l’or su par- te, el MTA. cuyo referente era Bordón, ahora esta buscando uno nue- vo de las ruistuas características. Y los aspectos específicamente «sindi- cales» estan subordinados a estos proyectos políticos.

junto con esto. debe quedar absolutamente claro, que así corno el conjunto de la patronal y sus partidos: P], Frepaso y L'CR, apoyan los lineamientos ruas generales de la política económica aplicada en el país desde 1975 —que ha dado un salto bajo .\lenem-—. ninguno de estos sectores sindicales cuestiona verdaderamente las medidas mas estruc- ttt ‘ales. Y cuando hay contradicciones con las políticas oficiales, corno pasa hoy er) día con el tema de las obras sociales o los convenios, es porque tocan stts específicos intereses y privilegios.

l’or esta misma razón. la predica «:urtineoliberal» es una trampa en la qtte pretenden esconder este apoyo y sostenimiento a las medidas mas de fondo del imperialismo para el país, y porque. por otro lado. no pretenden verdaderarnente caminar hacia una verdadera transfor- mación del país. lo qrte debe pasar por la lucha contra el conjunto de las medidas y planes del gobierno. íntimamente ligada a dar una pers- pectiva que vaya mas alla, qtte apunte a liquidar el conjunto de este sistema capitalista de explotación e imponer una salida favorable a los trabajadores.

4. (Ireemos haber respondido esta pregttnta con la anterior. 5. En mrestra opinión, la desocupación. no es un problema coyuntural.

sino qtre hecha raíces estructurales en las características de la nueva fase de la economía imperialista qtre estamos viviendo a nivel mundial.

t lt} Octubre de 1996

Se esta viviendo la paradoja, de que nunca en la historia ha estado mas extendida la forma asalariada de trabajo, lo que se combina con un salto muy importante en la productividad del trabajo, producto de la revolución cientifico-tecnica-material que se ha dado en los últimos 20 años. Pero esto esta acompañado del mantenimiento de la propie- dad privada, y de relaciones productivas que para no afectar la ganan- cia -por ejemplo, reduciendo lajornada laboral, lo que es una posibi- lidad material- apelan a las «sobre jornadas» de l2 y 14 horas, a la despiadada explotación del trabajo, mientras dejan millones de traba- jadores en la calle. Y al ser ésta", una característica estrttctural, no se resolverá simplemente por los cambios en el ciclo económico. sino que demandará una durísima lucha anticapitalista. Y la manera de corn- batirla es la que señalábamos arriba. Se trata de unir ocupados y des- ocupados en una ltrcha común, que tenga como punto importantísimo Ia reducción de lajornada" laboral pero sin reducción de salario ni aumento en ganancias de productividad a costa del esfuerzo del traba- jador, batalla qtre obviamente sólo se podra dar en el marco de una consecuente pelea anticapitalista, batallando por el control obrero y la liquidación de la propiedad privada en ese camino.

6. El paro del 8 y el reciente del ‘26 y ‘27, creemos qtte han expresado la apertura de una nueva sittración política en el país. donde los traba- jadores en general tienen una mejor actitud de lucha y disposición política para enfrentar los ataques del gobierno y del conjunto de la patronal.

La perspectiva (o mejor dicho la pelea) qtre se abre en este marco. es si los trabajadores iran logrando en el camino de esta pelea, no caer en las trampas electorales qtte le tiende la oposición (l-‘repaso y la LÍCR) para el '97 y el '99, ni eu un posible «acuerdo social» entre los dirigen- tes sindicales (()(}T. (ITA) _v el gobierno (vía parlaruentaria o corno sea). Y para lograr esto. hay que ver si sobre la base de la ntreva situa- ción política, logran avanzar en experiencias de organización indepen- diente. por fttera de los «cuerpos organicos» y en ir (lotandose de un programa político de verdadera salida a sus necesidades. apuntando a derrotar al gobierno. su plan capitalista. y abriendo una perspectiva anticapitalista de conjunto.

En relación a los acontecimientos de Ezeiza. ese bochorno sólo sirve para poner al desnudo. una vez mas. lo ajenos que están los sindicatos a las bases trabajadoras, y la necesidad de liquidar a las burocracias,

Cuadernos del Sur l17

construyendo verdaderas organizaciones obreras de lucha, mediante una revolución completa en los sindicatos existentes, o aun más, cons- truyendo nuevas organizaciones sindicales regidas por la democracia obrera y completamente independientes del estado patronal, como - por ejemplo- parecen estar comenzando a plantearse los trabajadores de CORMEC.

(Cuestionario recibido el 11.10.96.)

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Periferias

Revista de Ciencias Sociales Año 1 Segundo Semestre 1996

Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas

118 Octubre de 1996

Conflictividad laboral durante el Plan de Convertibilidad 1991-1995

Las prácticas de lucha sindical en una etapa dc reestructuración económica y desregulacron del mercado de trabajo.

Marcelo Gómez, Norberto Zeller, Luis Palacios*

I. Introducción

La política económica del gobierno de Carlos Menem encabezada por su ex ministro Cavallo constituye el primer intento totalizador, orgánico y cohe- rente de reconvertir la estructura económica dela Argentina hacia una economía de libre mercado abierta.

Nadie dttdaría hoy en caracterizar los últimos cuatro años como un período crítico de aceleración de cambios estructurales que, si bien se venían esbozando en anteriores gobiernos, nunca habían llegado a plas- mar uu orden económico unánimemente aceptado como «estable». La Refor- ma del Estado, el proceso de Reestructuración Económica y Reconversión Productiva, y los cambios en el escenario y en las orien- taciones políticas ciudadanas configuran transformaciones profundas que atraviesan las prácticas sociales de cada uno de los actores involucrados. .

En este contexto, los con Ilictos laborales no son solamente tin ámbi to de configuración de respuestas de los actores sociales ante los cambios. Los conflictos pueden ser decodilicados como procesos en los que las clases sociales mismas se producen como sujetos colectivos. Para a\i zorar precisa- mente la importancia del analisis de los conflictos en sus \inculaciones con los cambios estructurales vale la pena esbozar el ptrnto de partida de nuestra reflexión teórica: el proceso tlejbrmación de clase y el concepto (le doble arti- culación de la tuc/m (le clases.‘ El análisis de la conflictividad permite

* Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales. UBA. Cen- tro de Estudios e Investigaciones de la Universidad Nacional (le Quilmes.

Cuadernos del Sur 119

acceder a una comprensión de los efectos de las estructuras sobre sus soportes, las clases, no solamente en los impactos sobre su morfología, sino fundamentalmente en sus prácticas y en su constitución política y organizativa como sujetos o «no sujetos» colectivos.

Es decir, la importancia del analisis de la conflictividad laboral resi- de en que permite aproxirnarnos a las posibilidades de las clases su- bordinadas como elementos históricos activos, y comprender de qué modo construyen sus orientaciones frente a los cambios.

Si las clases se constituyen en str lucha, si no hay clases predefinidas en la estructura objetiva, las preguntas que intenta responder el esfuerzo de investigación son ¿cómo se da el proceso de formación de clase en esta etapa de restructuración pr'oftrndaïi, y ¿cuáles son las relaciones entre las modificaciones socioeconómicas estructurales y'las prácticas de lu- cha de la clase obrera?

Est e trabajo representa un primer intento de lectura y análisis globales de las estadísticas (le conflictos laborales elaboradas en el marco de las inves- tigaciones «La conflictiyidad obrera en la Argentina 1989-1992» que se llevó adelante en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales de la L'.B.A. y «La conflictividad laboral en la Argentina: 1993- 1994» qtre se está llevando adelante en el Centro de Estttdios e Investigacio- nes de la L'niversidad Nacional de Quilmes, bajo la dirección del Lic.. Ernesto Villanueva.“

Se trata de un estudio estadístico que intenta aclarar aspectos de la con flictnidad en sí. del comportamiento social de los actores en condiciones de reconversión económica y también extraer conclusiones en el campo de una teoría del conflicto de clases y de la transformación de sujetos colecti- vos. Aunque el analisis de los complejos procesos de formación de clase exceden en mucho —tanto tematica como metodológicamente- a un analisis estadístico de conflictos laborales y de algttnas variables econó- micas y del mercado de trabajo. se ha qtrerido inscribir desde el co- mienzo dentro de este registro teórico la indagación de la conflictividad laboral. i

En nttestra corrceptualización vamos a considerar al «conflicto laboral» como unidad de analisis, y lo definimos como todo tipo de acción declarada, por la cual cualquier colectivo de fuerza de trabajo persigue la satisfacción de demandas o conseguir realizar intereses propios en la esfera de las relaciones sociales de producción.I

En este trabajo vamos a bosquejar las tendencias más gruesas de la conflictividad laboral enmarcada por el proceso de transformación económi-

120 Octubre de 1996

ca a que da lugar el llatnado Plan de Convertibilidad, y luego vamos a detenemos en el análisis de la conflictividad directamente asociado con los procesos de cambio en el mercado de trabajo.

II. La conflictividad laboral durante el Plan de Convertibilidad

El Plan de Convertibilidad

A los efectos de establecer los nexos entre el comportamiento de la conflictividad laboral y las variables económicas es útil v conveniente empezar reseñando el desarrollo del Plan en sus aspectos mas relevan- tes para nttestro propósito. Para ello podemos din'dir el período com- prendido desde abril de 1991 hasta diciembre de 1995 en etapas (lis- tintas. _

o La primera. aqttella consignada por la (img/¡(mm inicial que tiene todo plan de ajuste. la podemos extender desde abril (le 1991 hasta setiembre de 1992. en la cual se citnientan las tnedidas fundamentales del programa. El handicap de confianza inicial con que contó el plan se tnagnilicaba por el hecho de que. desde los graves episodios hiperinflacionarios de 1989 v 1990. la sociedad v los agentes económi- cos asumt'an como necesidad itnperiosa ttn reordenamiento profundo de la economía.

La Lev de Convertibilidad de abril de 1991 con el congelamiento nominal del tipo de cambio._¡unto con las desregulaciones generaliza- das de los mercados. la apertttra arancelaria, los ingresos por privatizaciones. el atnnento de la recaudación tributaria mediante una ambiciosa reforma impositiva, el congelamiento salarial, la relitutnciacion de la deuda externa. y los ingresos de capitales —ampa- rados en el «seguro de cambio automatico» de la convertibilidad por lev—. tejieron una tratna de intereses en torno a la preservacit'm (le ttn nuevo equilibrio macroectmomico en donde los niveles de rentabili- dad se independizaron del mercado cambiario y de los rendimientos linancieros asociados a las tasas de devaluación.

Se genero tin abanico de nuevos negocios v oportttnidades de rentas: la apertura arancelana motorizt') las importaciones v dinamizo enormemente Ia actin'dad comercial. el acuerdo automotn'z dejo protecciones a la labricacion de vehiculos _\' permitio (¡ue las terminales locales se quedaran con la mayor parte del negt ido de la import ación de unidades a cambio del cmnplitniento de metas de exportacion v de reducción (le los precios internos aunque lejanos a los internacionales. las privatizaciones de servicios públicos y

Cuadernos del Sur 121

carreteras, las concesiones de áreas petrolíferas con libre disponibili- dad del crudo, la venta de las acciones que conservaba el estado de las empresas telefónicas, y otras opciones financieras como la elevada rentabilidad de varios de los títulos públicos fueron configurando un panorama de entusiasmo y adhesión a las políticas en marcha.

La desaparición de expectativas de devaluación junto con el ingreso de mercaderías importadas hizo aumentar la demanda interna de bienes de consumo durables operándose un vasto proceso de reequipamiento de los hogares mediante el desbloqueo del ahorro en dólares de los sectores sodales de mayores ingresos. Este proceso también fue incentivado por la reapari- ción del crédito para consumo. El grueso de los capitales ingresados terminó financiando el consumo y un reequipamiento industrial barato no orientado a la expansión sino a la rebaja de costos.

El sector financiero logró también un buen beneficio de este esquema: el diferencial de las tasas internas cobradas a los préstamos para consumo y las intemadonales penni te realizar importantes ganancias. Asimismo el lanzamien- to de acciones de empresas pn'vatizadas más el ingreso masivo de capitales generaron entre1991 y medi ados de 1992 un verdadero boom bursátil. El posterior derrumbe de los papeles privados fue rápidamente enmendado por otro boom de los títulos públicos que permitió seguir captando el ingreso de capitales del exterior animados por la caída de las tasas de interés inter- nacionales y por los problemas en Europa on'ental y el mundo desan’ollado. La Argentina empezó a ser categorizada como una de las principales «plazas ein ergentes» junto con Méidco.

Construido el gran símbolo político que fue la convertibilidad, como ordenador de comportamientos sociales a escala de la vida cotidiana, se diseñaron algunos instrumentos de política que fueron dando cuerpo a la Convertibilidad.

La contención del gasto público y el ajuste fiscal fueron continttación del fuerte proceso previo (le ajuste de los gastos estatales, pero el tninistro Cavallo le incorporó la innovación de diseñar una política de recaudación tn'butan'a basada en la modificación de las normas para efectuar transaccio- nes (nuevo sistema de facturaciones). A ello sumó modificaciones de los impuestos ma's imponantes buscando hacer recaer la recaudadón en itnpttestos fácilmente controlables (Impuestos al Valor Agregado y a las Ganancias) y aumentando el peso conttibutivo del consumo.

La resolución del endeudamiento externo y el ingreso al plan Brady fueron medidas de seducción pata el ingreso de capitales. De este modo se buscó disminuir un frente de presión externo, acceder al crédito intemacio-

122 Octubre de 1996

nal y tentar a capitales extemos para que ingresen acompañando los desajus- tes por cuenta com" ente que preveía el diseño global de la Convertibilidad.

La apertura comercial cs tal vez uno de los instrumentos que mayor importancia tuvo como ordenador de la reestructuración industn'al. No fue concebida únicamente como un instrumento de contención del alza de precios industriales, sino como un verdadero ordenador de la reconversión productiva que se buscaba, como lo demuestra el enorme peso de los bienes de capital (entre el 30 y el 40 %) en la composición de las importaciones sobre todo a partir de 1992. Las empresas, sobre todo las grandes firmas, pudieron reequiparse o modemizarse a bajos costos. La contraparte de esta «ayudita» a la reconversión fue el creciente déficit dela balanza comercial y la crisis temiinal para muchas empresas, especialmente aquellas de maqui- narias y equipos, así como textiles, metalúrgicas, químicas y otras jaqueadas por la competencia de los bienes importados.

Finalmente, la política de distribución de ingresos encontró en el decreto 1334/ 91, conocido como «decreto de negociación salarial por productivi- dad», ima forma de plantear nuevos ejes de discusión no inflacionarios para las negociaciones salan'ales.

Tras años y años de estancatni ento productivo, la demanda de la sociedad

por bienes de consumo durable fue explosiva. Tal es así que los productores de bienes de constuno durable, a pesar de la competencia de la importación, se vieron inicialmente desbordados por una demanda que excedía su capaci- dad productiva en funcionamiento. De modo que las firmas reaccionaron inmediatamente expandiendo la capaddad productiva mediante el recurso a la capacidad ociosa. Esto hizo que creciera la ocupación y la detnanda laboral, y que los salan'os de bolsillo se vieran inicialmente incrementados por la oferta que las fábn'cas hacían de horas extras. De este modo, el achi catniento lento pero persistente que fueron su fn'endo los salarios reales no se vió inicialmente reflejado en los niveles de consumo, ya que la oferta de horas para abastecer una demanda creciente relat ivizó el rezago salan al. O La segunda etapa de consolidación de las expectativas sobre el mo- delo en curso, la podemos ubicar entre setiembre de 1992 y las eleccio- nes de octubre de 1993. La etapa expansiva inicial comenzó a mostrar algunas señales de alarma haciajulio de 1992. El derrumbe del merca- do de capitales que comenzó a mediados de esc año mostraba de qué modo las expectativas de los sectores financieros cambiaban de rumbo regenerando presiones sobre el tipo de cambio.

En diciembre de 1992 se anunció la profundización de la Convertibilidad

Cuadernos del Sur 123

y se encaran politicas (le estímulo productivo. La idea original del equipo econótnico era reimpulsar la economía por el lado de la oferta. Esto signi- ficaba poner en marcha poli ticas que favorecieran la inversión, de modo que ésta fuera el real estímulo de la demanda y arrastrar la economia a partir del efecto que el crecimiento dela inversión debía producir sobre el consu- mo. lil abandono de una salida recesiva, tal como la proponian ciertos sectores del 'establishment" económico, era esperable de acuerdo a la pauta ftmdatncntal que sostiene la convertibilidad: un superávit fiscal que una recesión no ayudaría a sostener.

De este modo. Cavallo en el discurso de anttncio de las nttevas medidas hacia lines del '92 señala los grandes objetivos dela etapa: baja del costo laboral a traves (le la elitninación de contn'buciones patronales. transforma- ción total de las relaciones laborales con modificaciones de la ley de contra- to de trabajo de acuerdo a parametros de flexibilización de la relación contractttal. modificación del sistema previsional y ejecución real del ajuste fiscal en las provincias.

Con estas señales, que los mercados interpretaron como (lar todas las cartas posibles del Plan de Convertibilidad, se profundizó en el catnino de las reformas a nivel de las empresas: el arancel ccro para la importación de bienes de capital on'ginó el inicio de una cortiente de reequipamiento sobre todo en las grandes empresas industn'ales y en 7as de senicios pn'vatizados que apuntó a una racionalización ahorradora de costos de mano de obra. En 1993 comienza a plantearse el crecimiento acelerado dela tasa de desempleo v la expulsión de trabajadores de los sectores productivos.

El agotamiento de las ganancias asociadas ala expansión de la capa- cidad ociosa. al aprovechamiento de una insatislacción de consumo de años favorecido por una disponibilidad familiar de recursos en mone- da extranjera (ahorro escondido), dió paso a una necesidad de rees- tructuración a nivel de las firtnas que desembocó en muchos casos en el desprendimiento de las acciones de las mismas a favor de inversores extranjeros. listo se explica por cuanto el nivel potencial de crecimien- to de la productividad de las etnpresas argentinas es mttv grande v los activos tenían tin precio atractivo. Ademas el sector alitnentario tiene alto potencial de inserción en los tnercados mundiales.

l’or otra parte. los niveles inflacionarios remanentes provenientes de los servicios _v los bienes no transables internacionalmente que no sufrían la competencia (le la oferta de productos importados, ftteron erosionando fuertemente el tipo de cambios" Esto obligó a retocar aranceles, llll- pttestos v reembolsos a las exportaciones y a otros paliativos de mane-

124 Octubre de 1996

ra que mejorara el tipo de cambio real efectivo para algttnos sectores importantes principalmente agropecuarios. Por otra parte, por temor

a caer en una recesión, se levantaron algttnas barreras arancelarias y

paraarancelari as para moderar los efectos de la apertttra importadora.

O Luego comienza una etapa de fatiga y de incipiente incertidumbre por los cambios en el mercado financiero internacional y por el agota-

miento del esquema de privatizaciones que se extiende durante todo 1994. El atttnento de las tasas de interés en los EEUU produce una retracción en los ingresos de capitales. Ante un enfriamiento incipien-

te de la detnanda interna en varias ramas de la economia. Cavallo insis-

te en la política ofertista bajando costos laborales a través de la rebaja

selectiva de aportes y contribuciones patronales para la seguridad so- cial y las obras sociales. Paralelamente procuró mantener la liquidez interna con una política tnonetaria mas permisiva que no conspirara

con una caída del nivel de actividad. v se instrtunenta el sistema (le jubilación privada que esta pensado mas para facilitar la captación de fondos del sector publico que para incentivar un mercado de capitales pn'vado. Como gesto de solidez de la economía decide prescindir de la avuda finattciera del F.\ll v suspende la tramitación de créditos (le este organismo. Simultáneamente emite deuda en bonos nominados en

monedas distintas del dólar para aventar algunas sombras que se cer- nían sobre las cuentas públicas. La desocupación v la sitttación social etnpieza a convertirse en un dolor (le cabeza para el equipo económi- co que debe soportar la presión del ala politica del gobierno v diversas fortnas de obstaculización en el parlamento.

O Finalmente. el crack tnexicano de fines de lSlÉH da cotnienzo a una ntteva etapa signada por la recesión v el explosivo aumento del desempleo. La fuga de capitales. el retiro de depósitos bancarios. el encarecimiento del credito _v un proceso muv ftterte de concentración linanciera fueron las consecuencias inmediatas de la sitttación de ¡liquidez que enfrentó el siste- ma financiero ante el tequila. Sin embargo. la crisis financiera _v bancaria inicial pronto dejó paso a una caída de la demanda _v la inversión demos- trando que en ttn regimen de conversic'm monetaria las situaciones de insuficiencia de la oferta de divisas se convierten rapidamente en un severo ajuste del nivel de actividad _v el consumo. I.a contracción del gasto público v privado se convierte en una consecuencia attt omatica de Ia falta de divisas ante la ausencia de instrumentos de políticas tnonetarias v cambiarias que amortigiien los efectos de las oscilaciones (le los mercados financieros. .-\nte un panorama cuasirecesivo y de incertidumbre la reacción inicial del equipo

Cuademos del Sur

._. lo t

comandado por Cavallo fue la de recrear la confianza de los inversores retomando las negociaciones que el año anterior había suspendido con el FMI e iniciar un ajuste fiscal tanto del lado del gasto como del lado de la recaudación impositiva. Se subió del 18 al 21% el impuesto al valor agre- gado (IVA),6 se suben los aportes patronales y se incrementan los im- puestos al comercio exterior. Se bajan los salarios más elevados del sector público mientras en el sector privado aparecen tendencias al congelamiento o a la baja nominal de salarios vía supresión de adicio- nales o premios. Aumentan las tasas de interés y se encarece enorme- mente el crédito. Aparecen serios problemas de ruptura de la cadena de pagos y de desfinanciamiento de las empresas que no tienen acceso al mercado internacional de capitales. La insuficiencia de estas medi- das para contener la crisis bancaria que llevó a la desaparición de 70 entidades y el retiro de 8.000 millones de dólares/ pesos del sistema bancario, obligó finalmente a un operativo de salvataje del Banco Cen- tral que como último prestamista evitó que la cn'sis se convirtiera en catástrofe. La consecuencia de la cn'sis bancaria fiie un agudo proceso de concentración de los depósitos en los grandes bancos pn'vados ex- tranjeros y nacionales y la extinción de la banca cooperativa y privada regional. La caída de los bancos provinciales que financiaban los défi- cits de los estados provinciales sumado a la recesión en las economías locales sumergió a varias provincias en situaciones de caos social y po- lítico que conmovió a la opinión pública durante varias semanas.

Vatios factores hicieron que la situación económica no terminara en una cn'sis generalizada: el incremento notable de las exportaciones ar- gentinas al Mercosur que, de la mano de la explosiva detnanda del mer- cado brasileño motorizada por el Plan Real, permitió pasar a tin superá- vit comercial externo; la notable victoria electoral que permitió la re- elección del Presidente Menem, consolidó el consenso hacia el tnodelo económico v llevó tranquilidad política a los agentes económicos; la asis- tencia crediticia de los organismos financiero internacionales; los au- mentos en la recaudación impositiva logrados con diversas moraton'as de deudas; y las subas en los precios internacionales de maten'as pn'mas y comtnoditics que el país exporta permitieron tranquilizar los merca- dos y alivianar los problemas de la sitttación contractiva qtte se manifes- con una caída de la producción industn'al del 4,6% y un 4,4% del producto bruto interno. La deflación de precios al consumidor, las astrónomicas cifras de quiebras de empresas, las bajas en las ventas de los comercios también pusieron de manifiesto la recesión interna.

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Sin embargo, una de las manifestaciones de la crisis es la heterogeneidad de sus efectos. Dentro de este contexto recesivo las empresas más grandes con negocios en el Mercosur o con mercados cautivos por ser provedoras de servicios públicos aumentaron los nive- les de rentabilidad según los balances contables de las 100 empresas de mayor facturación. En la industria las ramas que más cayeron fue- ron las automotrices (-27,5%), el equipamiento del hogar (—14%) y el cemento (—8,9%). En cambio, los agroquímicos, químicos, plásticos y siderúrgicas aumentaron entre un 6 y un 20% de la mano de la deman- da externa.

En el segundo semestre se empezó a notar una recuperación de los depósitos bancarios y un retorno del crédito y los inversionistas externos. Sin embargo, la situación recesiva y el aumento explosivo del desempleo comenzó a generar problemas políticos muy serios. El ala política del gobierno y el propio presidente iniciaron una ofensiva sobre el ministro de economía para dispu tarle su lugar de interlocutor pn'ncipal y «aseguro» del modelo ante los grandes grupos económicos y la banca internacional.

La conflictividad laboral Veamos dentro de este panorama cómo se inscribieron las tendencias detec- tadas de la conflictividad laboral.

El cuadro 1 muestra el comportamiento global de la conflictividad laboral durante el pen'odo 1989-95.

Cuadro l. EVOLUCION DF. LA CONFLKÏl'l\"ll):\l), DE LOS CONFLICI'OS, DF. LOS CONFLICI‘OS (ZON MEDIDAS lll-Z FUERZA \' DE LOS CONFLICTOS (ION CAUSAS DF. ClERRl-"S, DFSPIDOS, SLÏSl'l-ZNSIONFS O .'\'I'R.-\SOS SAIARIALI-Lï

Año Promedio (le Base lilil Promedio de Base lilil Promedio de Base lil0 conllictos 1939-90 conllictos con l989-90 conflictos l989-90 mensuales medidas de fuerza defensivos

1989* 92,] 102,6 45,0 102,4 27,0 98,9

1990 88,2 98,2 44,7 lOl,6 27,6 101,1

1991 78.6 87.5 34,8 79,3 27,9 102,2

1992 84,7 94,4 34.6 78,7 23.8 87,2

1993 93.7 l04,3 30.3 69,0 32.1 l l7,6

1994 98,l ¡09,2 43,8 99.5 40.4 l48,0

[995 84,0 93,5 50,7 l 15,2 55,3 202,6

* Se toma dejttnio a diciembre.

llase lili) sobre los promedios e'ntrejunio/HQ y marzo/9] (período de convertibilidad). Fuente: elehoración propia sobre la base datos de 6,973 conflictos registrados del relevamiento de cinco diarios de tirada nacional.

Cuadernos del Sur 127

Como puede observarse, la cantidad promedio de COIIllh tos men- sttales durante los dos pritneros años de la Convertibilidad tuvo una merma significativa. Luego (le los mtty altos niveles registrados en la crítica covuntura de los años de 1989 y 1990, en 1991 la cantidad de conilictos decrece ttn 12,5% con respecto al promedio de los 19 meses previos a la vigencia del Plan. Sin embargo, aunque posteriormente la cantidad de reclamos vuelve a incrementarse paulatinamente hasta al- canzar los niveles previos al Plan, lo más significativo es que la caída en la utilización de medidas de fuerza se profundiza hasta 1993.

El promedio mensual de conflictos qtte involucraron tnedidas de acción directa (que puede ser ttn indicador de la combatividad sindi- cal). baja abruptamente un 22 ‘7c en los primeros dos años de vigencia del Plan _v en 1993 cae hasta un 31% con respecto a la situación preConvertibilidad. Recién en 1994 se recupera el nivel de combatividad. Tomando en cuenta no la cantidad sino la proporción de conflictos con tnedidas de fuerza sobre el total de conflictos, vemos qtte descien- de desde ttn 50% de los años previos al Plan hasta un 32% en 1993, pero con una fuerte recuperación en el ’94 y el '95 en donde llega al 60.4% superando incluso los niveles de plena época hipen'nflacionaria. Algo similar ocurre con los conflictos que llamamos «defensivos», es decir aqttellos qtte obedecen a cierres de fttentes de trabajo. suspen- siones. despidos o atrasos en los pagos de salan'os. Recién en 1993 este tipo de conflictos pega un salto importante luego de una merma ini- cial muy significativa En 1995 los conflictos por cierres, despidos. sus- pensiones v atrasos en el pago de salarios constituan los protagonis- tas excluyentes comprendiendo ttn 65,8% de la conflictividad total cuando en 1989-90 la proporción de estos conflictos era del 30%.

lil siguiente Craiico l muestra la evolttción de la coniliclhidad desglosando l( >s conflictos con tnedidas de acción directa y los conflictos con reclamos y ot ros tipos (le acciones reivindicativas.

Como puede observarse las etapas iniciales expansivas del Plan se caracterizan por una menor combatin'dad con incretnento de deman- das hacia 1993. lil empeoramiento de las condiciones del mercado de trabajo v el enfriamiento econótnico del ’94 suponen ttn incretnento moderado de la cantidad de conflictos pero con una mayor utilización de medidas de fuerza (combatividad). Finalmente la recesión del ’95 sttpone una ('onilictividad muy virulenta. Los conflictos tienden a cir- cunscribirse a las detnandas itnpostergables y se acotnpañan del ttso de medidas de acción directa.

128 Octubre de 1996

GRAFICO 1. EVOLUCIÓN DF. LA CONFLICTlVlDAD LABORAL EN LAS i)ll-'l-'.Rl".t\"l'l-B ETAPAS DEL PLAN DF. CONVERTIBHJDAD

Promedios mensuales

10

JUN" a IAM| All‘“ a Si?!" OCW" o OCT!!! NOW!) I DICAA luli“ n “C'ib ESTAN, DE ALERTA 45,. “,5 01.! 54.5 33.4 "Em! DE FUEIZA M 13,7 33.5 ALI 50,7

IMEDIDAS DE FUERZA ÜESTADOS DE ALERTA

Fuente: elaboración pronta sobre intormulón de 5 dimos de tir-u; nacional

El cuadro 2 muestra otros aspectos de la evolución de la conflictividad aboral.

Iuadrt) 2 Z\'(lLL'CI().\' DF. LA CANTlDAD DF. (I().\'l-'l.l(2T( )S ESTATALES. “El, SECTOR "ERClARlO. (ION (ZL'F..S'Tl().\'.-\t\lll7.N'l"()S POLITICOS Y ('.().\'l)l.'('.ll)()S POR

NSTANCIAS SlNl)l(Z.-\1.F.S l)l:L8(2E.\"l'R.-\l.lZADAS

ú.- (Íuulli. los ILHI- Iilil (Ioulliclos “ase lil" (qulltt Im llase 1"" i'nlilltt Ins ll.l<l' Ii"!

eu el 19893."! en el ser tot lilh'tl-‘J'l ¡un t uesuun n- |‘,'N','»'.”t ¡le tust un tas l'.'.\".'-'.“t sl'dol terctano‘ mientos Ñlllll|\.lll'\ estatal‘ politicos1 tlcst enualizatlas' 989 53,6 101.6 66.4 lil‘LH 28.9 106,2 48.4 104.7 990 52.2 98.9 63.6 98:1 26.6 97.8 4.1.8 96.9 991 44.4 144.2 54.6 34.5 30.5 112.2 33.7 83.6 99‘.) 46.4 88.0 61.3 95.0 43.5 liiil.il 43.2 914,"! 993 50.0 94.8 76.2 117.9 46.8 172.3 17.7 lilfïtl 994 52.4 99.4 77.4 119.9 51.3 188.6 39.-l l‘_'.\‘.l 995 49.0 93,0 66,9 “13.6 32,6 119,8 56.0 l21,l

Promedios mensuales

¡ase lilil sobre los promedios clttrcjunio/HE) v marzo/9| (periodo precrmvertihilidzul t. nente: elaboracic'ln propia sobre la base (le datos de 6.973 conflictos registrados del elevamiento de cinco diarios de tirada nacional.

Ïuademos del Sur 129

Como puede observarse el Plan de Convertibilidad no incrementa el grado de estatización de la conflictividad sino por el contrario tien- de a reducirlo un poco. Esto es natural toda vez que el avance acelera- do de las privatizaciones va reduciendo la base potencial de conflictividad laboral del estado. En cambio, se puede observar la terciarizaeión del conflicto con importantes incrementos de la conflictividad 'del sector servicios tanto privado como público, que lue- go de ¿una 'caída'inieial se recuperan fuertemente en‘ 1993 y 94. Los conflictos del seetor terciario comprenden entre un 75 a un 80 % del total de cpnfli‘ctosi En cambio los del-sector público descienden desde un porcentaje cercanoÏal 60%,en‘ 1989-90 hasta‘u'n 53 % en 1993-95.

Si desagregamos la. evolúción de la conflictividad según sectores de actividad (Gráfico 2)vemos que en las dos primeras etapas expansivas los sectores que disminuyen más su conflictividad son el privado de producción y las empresas y bancos estatales. En cambio se dispara la conflictividad de los servicios privados y los servidos sociales del esta- do. En la etapa contractiva desciende la conflictividad de los servicios sociales del estado pero aumenta la de los sectores de la administra- ción pública impulsados por las crisis presupuestarias de los estados provinciales.

CRÁFlCO 2. EVOLUCIÓN DE LOS SECTORES DE ACTIVIDAD DE LOS CONFLICTOS

Promedio de conflictos mensuales so .

JUNIO. l MAR/H ABRII‘ l SETNZ OCU" I OCTM WN] l DICM ENMSI DICES

“¡VPN CE WDWCOKAV NIDO SENCIOS nlsTA'AL ¡DIME IRACAO'I ESTAÏAI. KWCIÜE SOCIALBCESIATÁL DE EHWEMS V ¡“(008

Fulnlo: ohbouclón propia ¡obra ¡Mann-ción de S dildos u. (¡uds nacional

130 Octubre de 1996

t t

La evolución muy fuerte de la cantidad de conflictos que involucran cuestionamientos o manifestaciones de oposición a políticas o medi- das del gobierno nacional obedece por un lado a que el foco funda- mental de los conflictos lo constituyen los sectores estatales de servi- cios sociales y de administración que se oponen a las políticas del go- bierno en estas materias, pero por otro lado, dentro de los reclamos políticos, el cuestionamiento al Plan económico tiene muy poca apari- ción.

El nivel de politización de la conflictividad, medido por el porcenta-

' je de conflictos que incluyen cuestionamientos a medidas o políticas

del gobierno se mantiene estable desde 1992 en torno del 50 %. Pero veamos en el siguiente Gráfico 3 la evolución del tipo de reclamos de orden político que muestra el carácter particular de la politización del conflicto durante el Plan de Convertibilidad.

GRÁFICO 3. CUESTIONAMIENTOS A POLITICAS DEL GOBIERNO PRESENTES EN LOS CONFLICTOS LABORALES

ANTES Y DESPUÉS DE LA CONVERTIBILIDAD

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¡4.01

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Aquí aparece la mutación de la politización de los conflictos antes y despues del comienzo del Plan. Aunque las preocupaciones principa- les siguen siendo las políticas laborales y de legislación laboral del go- bierno, durante el Plan de Convertibilidad se observa una marcada

Cuadernos del Sur 131

centralización de los cuestionamientos políticos en los aspectos socia- les (seguridad social, educación,justicia y salud) y un descenso de las críticas específicamente dirigidas a la política económica. Desde este punto de vista podría decirse que la conflictividad laboral no estuvo asociada a una deslegitimación creciente del programa económico vi- gente.7 Sin embargo, durante 1995 la crisis recesiva produjo un impor- Inttte cambio en la actitud de la dirigencia sindical que conduce los conflictos que se traduce en un significativo crecimiento de los cuestionamientos explícitos al programa y las medidas económicas que alcanzaron un 25 (7?. del total de objetivos políticos. La privatización de algunos bancos provinciales y la transferencia al gobierno nacional de las Cajasjubilatorias provinciales produjeron también un reavivamiento del cnc-stionamiento político a la reforma del estado.

Por último. el nivel de dispersión de los conflictos crece recién en los ultimos años. Durante las etapas iniciales del Plan, la dirigencia sindical llevó a cabo una gestión bastante centralizada de la conflictividad. Recién en 1994 v 1995 se observa una incipiente perdida de protagonismo de las conducciones centrales a favor de las instancias sindicales a nivel lugar de trabajo o (le los sindicatos locales y regionales. Este elemento, la dispersión geográfica del conflicto. junto con la crisis de las economías regionales y la conflictividad por la pérdida de las fuentes de trabajo. constituyen los pilares de las características sobre las qtte se asienta la conflictividad en la última etapa de la Convertibilidad.

La terciatización de la economía tiene ttn correlato visible en el compor- tamiento de la conflictividad laboral. Los sectores con mayor crecimiento en estos cuatro años fueron comercio. constrttcción y finanzas, tres sectores cuvo nivel de actividad se encuentra muy vinculado al ingreso de capitales v a la fluidez del credito domestico.“

Los datos del cuadro 3 de distribución de la conflictividad por gran- des ramas de actividad tnuestran los impactos de la terciatización de la economía sobre la acción reivindicativa. La reducción notable de la cantidad de conflictos en la industiia, qtte parece ser una tendencia de largo plazo y que se viene desarrollando desde mediados (le la década pasada,9 y el incremento no menos significativo de los niveles de conflictividad en los sectores de adtninistración pública y servicios sociales y personales, habla a las claras de una tendencia muy fuerte a la terciatización de la conflictividad. '

Otros aspectos globales importantes para señalar son el sostenimiento de los niveles de conflictividad en sectores como los de transporte, comunica-

trt2 Octubre de 1996

Cttadro 3 EVOLUCION ANUAL DE LA CONFLICTIVIDAD LABORAL POR GRANDES RAMAS

DF. ACTIVIDAD

¡mu m: sc‘riv-tusu m9- mti um ¡wz tw: i'm ¡995 " sn ;\' 2 l . 2 t ' ‘S J .l . Z l I .Attttot'tx. iíARlAS .\' .‘ 4 -4 tu e r; “v ".1 2 _4 .i 'I .r ,6 s F\'TRA("TE\'AS .\* 1': :ti 5 .t ' - 5'; ‘i' t l L7 .5 .3 a .'.' ll Nrtt'iTRlA .\' l-t’s -.‘l 2|} l.'..¡ Ir'il “94 \Ixfliifl‘ACTURERA ‘4 17 Q - 4 20.9 l It r 5 ¡7.4 lil.,l.(.'lKI(Ï!ll.-\Ii. .\’ ‘vh la _‘i 5:4 ¿s vs “n ¡AS t" .\(¡i A ‘t' 5.9 3,4 ¡.9 2,4? i.“ ’_‘ I 2.5 1.0 'íJ-NSTRivi‘t'ION N '54 -lI .‘l 16 20 . 3K tv tii J :2 1') .-‘. I.I.\ lil .‘ "I .9 2.3 rj-‘JXltktfltl N H) IR .18 143 33 2h Ilv E7I ’i- l h - li :o (I 2.“ 2 ‘l 2 .' t t .‘Ji TR ANSPORTE-Z .\' tu" lfi‘l ¡tu lot :7? l?!) v5 lili? i l'tl\1l'.\'lt7.fl.('. ¡fui 15.0 T ¿la? li? 13.:! wi ¡5:11 lHM'tlh .14 5‘) .t.t jf 4|) 3tl ¿u 3:0 ‘v'r ‘. 1 f!) ¿.7 5.-l “_'¡ 2.5 :1 ':I 4.5: uth rtitit ttíïx x li'l 21: is: I-l.\ 277 2m :us ‘55] " ist-t ¿r n ¡0,5 '4_h :s " :w 29., q x stkv start/tt r-s s" tu; ¿su 3:7 ¿w 37.; :ei Mi. H l'tltSt.l.\'.-\LL-'S 2m 24,: 2st 29.4 ns su: :2; . sum Hiram: t :\' t: Ja i'm ju tua ttu sr. JUS l'i l.ll.=RALl.-S ‘2. 5.0 -1.tv Il: 4.9 9 [i 5.6 5.6 tu) ls" ———— -- - - Ill RAS '-.' o H tu '.‘.’ l.‘ 23 l5 9'") .9 t..l .h 2.2 t._' tu Ls 2.; s" .... .. han! 'a tits tnfis tu} tati? t 2'34 l tT'.’ ¡{M9 mn Iil=l tuu tuo ¡to ¡tm

* Registros de conllictos dejttnio a diciembre/H9. Fuente: elaboración propia sobre la base (lel relevamiento (le conllictos (le cinco diarios de tirada nacional.

Cuadernos del Sur 133

ciones, y en el sector bancario y financiero, que mantuvieron un dina- mismo reivindicativo similar al que venían desarrollando en los críti- cos años previos al Plan de Convertibilidad.

En la industria manufacturera la curva de la conflictividad sigue muy de cerca los avatares de la negociación salarial colectiva y del nivel de actividad industrial. Luego de un comienzo con incremento de la conflictividad oca- sionada por el bloqueo de las negociaciones salariales en el inicio del plan económico, en 1993 ya destrabada la negociación colectiva, la cantidad de conflictos se redujo cuantitativamente y se concentró de manera creciente en los problemas de cierres y despidos.

Aunque el problema de los cierres y despidos es anterior al Plan es claro que en el sector productivo el problema tiende a convertirse en el eje excluyente. En los primeros tres años de vigencia los reclamos salaria- les seguían teniendo una significativa importancia, mucho más en un contexto de absorción inicial de empleo y de congelamiento salarial como se dio en 1991-92. En 1993, cuando ya se habían renegociado la mayoría de los convenios colectivos blanqueando salarios de bolsillo, los reclamos de aumento desaparecen y se reactivan un poco los con- flictos por salarios atrasados.

De la mano del rezago salarial, la conflictividad y la combatividad de los gremios industriales aumentan en los primeros dos años en donde el comportamiento del movimiento obrero sigue siendo relativamente ofensivo. Es decir que la orientación inicial tendió a repetir los esque- mas conocidos de lucha por la distribución del ingreso teniendo en cuenta el perceptible aumento de la demanda y el consumo interno. Sin embargo, en 1994 de la mano del incremento explosivo del desem- pleo y con las estrategias empresarias de sustitución de mano de obra por equipamiento, insumos y partes importadas, comienzan los pro- blemas de despidos que se asocian a niveles crecientes de combatividad. Los conflictos por demandas de incrementos salariales que en el pe- riodo preconvertibilidad representaban el 37% del total de conflictos de la industria, en las fases iniciales expansivas se habían mantenido en el 38% y en el año 1995 el porcentaje se reduce al catastrófico 2,4%. Por el contrario, los conflictos asociados a la pérdida de empleo suben desde un 40,6% en la fase expansiva de comienzos del Plan, hasta un 70,6% en 1995.

El Gráfico 4 muestra el abrupto cambio en la composición de las causas de los conflictos agrupadas por tipos de reclamos para cada periodo del Plan de Convertibilidad. Se ve la dramática caída de los

134 Octubre de 1996

GRAFICO 4. EVOLUCIÓN DE LAS CAUSAS DE LOS CONFLICTOS

Promedios de conflictos mensuales

10

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ell-¡Lumen! v me: ",1 tu urv IA v lu ¡mans nuqu os I su ny m I s ¡mm uunul tu u tu n l tu enano-A mu ¡cuina u IJ u,- iu ¡.2 ICIEÑRESDESPIDOS Y SUSPENSIONES .AUMENTOS SALARIALES BAYEASOS SALARIALES IOPOSICiON A EDIDAS Y FOUTICAS

Fuente: elaboración prole sobre lniormación do s diarios do tirada nacional

reclamos de aumento salarial, y los incrementos en cierres y despidos y en atrasos salariales.

También se modifican las estrategias de acción reivindicativa. Los paros de actividades caen en desuso y son las diversas formas de pro- testas y movilizaciones, así como las ocupaciones de establecimientos los que pasan a desarrollarse. Podemos decir que el patrón de conflictividad industrial se cambia abruptamente. Las instancias de condttcción sindical a cargo de los conflictos también se modifican porque si en la primera etapa los reclamos salariales eran centraliza- dos por los sindicatos nacionales, ahora la conflictividad resulta mu- cho más dispersa y atada a las situaciones de crisis de las economías regionales.

La trayectoria de la conflictividad en el sector de servicios tiene algunas características diferentes a las vistas en la industria. El año ’90 significó un aumento muy fuerte de la conflictividad tanto en comercio como en bancos, en transporte y en comunicaciones. En el comercio la situación recesiva e inflacionaria complicó la situación de algunas grandes tiendas y supermer- cados. Los bancos afrontaron numerosos conflictos por derres y despidos en la pequeña banca privada y reclamos salariales en los bancos oficiales. Las privatizaciones de la empresa de telecomunicaciones y serios conflictos en vatios ramales ferroviarios completaron un panorama sumamente complica-

Cuadernos del Sur 135

do previo al Plan de Convertibilidad. Los primeros dos años de la Convertibilidad significaron un alivio no tanto por caída de la canti- dad de conflictos sino por una menor intensidad de los mismos dada una disminución en la utilización de medidas de acción directa. Lue- go, a partir del 93 se produce una reactivación de la conflictividad con mayor cantidad de paros, ocupaciones de lugares de trabajo y movilizaciones.

El sector comercio comenzó el Plan con una fuerte presión salarial que se enfrió apenas renegociado el acuerdo salarial con las cámaras empresarias. En 1994 resurge la conflictividad pero bajo el eje de des- pidos y cierres producto de los primeros síntomas recesivos o de en- friamiento de la demanda interna y de quiebras por la competencia entre las cadenas de supermercados. En el 94 la mitad de los conflictos del sector fueron por cierres y despidos y los reclamos salariales caye- ron de las dos terceras partes a una tercera parte.

En los bancos ocurrió una suavización inicial de la conflictividad por los arreglos salariales iniciales a que se avino la banca privada. Sin embargo,el rezago salarial en los Bancos oficiales y especialmente los proyectos de privatización en algunos bancos provinciales produjeron un salto importante de la conflictividad en 1992. Recién con el «efecto tequila» y la subsecuente crisis bancaria aparecieron los conflictos por cierres y despidos. Los banca- rios tttilizaron metodologías de lucha innovadoras que obligaron al mismo Ministro de Economía a contestar los reclamos. El fuerte uso de ocupacio- nes y protestas agitativas con organización de asambleas en los lugares de trabajo, «batucadas» , «camisetazos», etc. lograron concitar la atención de los medios de cotnttnicación y de la opinión pública. La centralización del conflicto en la condttcción nacional y un buen nivel de críticas a las políticas económicas vigentes completaron un cuadro qtte demuestra qtte uno de los sectores con mayor intensidad y capacidad de reclatno fue uno de los más favorecidos por el Plan.

El sector de transportes y comunicaciones también muestra un aquietamiento inicial de los reclamos salariales en 1991. Pero a partir de 1992 vuelve a aumentar la conflictividad impulsada, por un lado, por los cierres y despidos derivados de las privatizaciones ferroviarias y de las racionalizaciones de las empresas telefónicas privatizadas. Por otro lado, aparece tin elevadísirno nivel de la conflictividad en el transporte público de pasajeros centrado en las condiciones de trabajo vinculados a la seguridad por la ola de robos y asesinatos de choferes cuyo desenlace fue la instalación de máquinas de expendio de pasajes en todo el transporte público. En este

136 Octubre de 1996

sector a pesar del carácter de las reivindicaciones los cuesionamientos polí- ticos al programa económico fueron mínimas y se redujeron de un 7,5% de 'los conflictos en 1989 al 1.7% en 1994. La legislación sindical y las políticas de transporte fueron los ejes excluyentes de las referencias políticas. Nuevamente el conflicto aqttí resulta fuertemente centralizado sobre las instancias de condttcción nacionales.

El sector público muestra al igual que el sector servicios y a diferencia del sector productivo, un aflojamiento inicial de la conflictividad en el primer año del Plan. Durante el año 1990 dela mano del ajuste fiscal que comenzó a aplicar de lleno el Ministro de economía qtte precedió a D. Cavallo, Ennan González, la ola de conflictos de los etnpleados públicos fue espectacular. Dentro del sector público podemos diferenciar dos subsectores: el sector dela administración pública y el sector de los servicios sociales (educación. salud, culturales, etc.). La combinación de ajuste iiscal con alta inilación generó una fuerte presión salarial en 1990 tanto en el sector administrativo como en el sector de servicios sociales. Sin etnbargo. la evolución posterior durante la Convertibilidad ftte bastante diferente. El sector administrativo recibió los beneficios de una racionalización de perso- nal en un contexto de pallpél'l'l mos salarios con buenos planes de retiro volttntatio que permitieron reducir la planta de personal sin mayores dificul- tades y enfi‘entar una política de recuperación salarial y jerarquización de la función pública qtte se denominó SLN'APA (Sistema Nacional de la Profe- sión Administrativa) y que significó aumentos salariales reales importantes sobre todo para los niveles de gestión tnedios y altos. Así es como durante 1991-1993 la cantidad de conflictos se redujo drásticamente hasta caer bastante por debajo de los niveles anteriores al Plan de Convertibilidad. Recien en 1994 y 1995 se produce un resurgimiento espectacular de los reclamos de este sector (con tin salto del 39% en el '94 sobre el '93 y del 18% del '95 sobre el '94), vinculados a las crisis fiscales de las provincias qtte ocasionan permanentes problemas de atrasos en los pagos y deu- das salariales. Por otra parte, la inflación remanente acutnttlada desde la recomposición (le 1992 vuelve a hacer caer los salarios de la adminis- tración pública atados a un congelamiento del gasto público. Por últi- tno en 1995 merced a las consecuencias del «efecto tequila» y la rece- sión que hace caer los niveles (le recaudación itnpositiva y qtte obliga- ron a nuevos ajustes fiscales, sendos decretos significaron recortes sa- lariales para los agentes públicos de sueldos medios v altos.

Por el contrario el sector de servicios sociales no enfrentó procesos de racionaliatción de personal pero una política salarial mucho más dura qtte

Cuadernos del Sur 137

motorizó, inmediatamente después de iniciado el Plan, una escalada de reclamos salariales permanentes liderados por las organizaciones gremiales más conflictivas y combativas: los docentes y los trabajado- res de la salud.

Puede decirse que para este sector no hubo «efecto de confianza inicial». El nivel de lo reclamos salariales permanece muy alto durante todo el Plan y cae recién en 1994 cuando también comienzan a transformarse en problemas de atrasos en los pagos. Durante este periodo también son muy fuertes los conflictos en oposición a medidas del gobierno: la Ley 'de Educación, las transferencias de jursidicción de las escuelas nacionales a provincias y municipios, los cambios en el sistema hospi- talario público y en la justicia, etc. Sin embargo, vuelve a producirse el hecho de que el cuestionamiento puntual es a la política de reestructu- ración del estado y las críticas a las políticas específicas de salud y edu- cación, y no a la política económica como tal.

En el año '92 se registran en ambos sectores estatales ataques a la política económica, cuestionando fundamentalmente los acuerdos de renegociación de la deuda externa por el Plan Brady y la privatización del paquete accionario de YPF. Sin embargo, en el 'año '93 con la emergencia amenazante de la desocupación y el inicio de los ajustes fiscales en las provincias, no dan continuidad a los reclamos contra la política económica sino que siguen aumentando los cuestionamientos a las medidas específicas de reestructuración del estado y de deterioro de los servicios públicos de edtrcación y salud. Inclusive el año finalizó con sendas puebladas en Santia- go del Estero yjujuy, e incidentes en otras provincias sin que el nivel de cuestionamiento a la politica económica fuera en aumento. Aquí tenemos ejemplos claros de que la conflictividad laboral en particular y la conflictividad social en general no están directamente conectadas con la lucha ideológica y la lucha política.

Otro de los fenómenos importantes es el crecimiento gradual de la conflictividad por pérdida de la estabilidad laboral en el sector público durante todo el período. Como dijimos si bien la racionalización de la administración central fue bastante incruenta por el uso extendido de los regímenes de retiro voluntario en un contexto de bajísirnos salarios, poste- riormente aparece la multiplicación de problemas por cesantías por no renovación de contratos sobre todo en munidpios y organismos provinciales. Esto habla de un creciente proceso de precarización de la relación laboral en el empleo público.

Si tomamos la totalidad del sector público tenemos que las medidas de

138 Octubre de 1996

acción tendieron a suavizarse a pesar del incremento de la cantidad de conflictos. La combatividad, es decir el porcentaje de conflictos con utiliza- ción de medidas de acción directa, disminuyó desde un 62% en 1990 a un 40% en 1993. En 1994 sube al 55% y en 1995 en medio de un clima social enrarecido asciende al pico del 73,8% de conflictos.

La proporción de paros disminuye significativamente pasando de un 50% en 1989 a un 23% en 1993. Las ocupaciones tienen un aumento continuo desde el 4 % antes del Plan hasta el 7% en 1995 y las movilizaciones y formas de protesta pasan de menos del 1% en 1989 hasta un 25,2% durante este año. Está claro que el sector público ha endurecido y modifi- cado grandemente su comportamiento gremial y sus metodologías de lucha. El surgimiento de expresiones políticas opositoras en las conducciones de importantes gremios como estatales y docentes, y de liderazgos sindicales contestatarios muy fuertes en sindicatos ortodoxos o directamente oficialistaslo muestran formas de acción colectiva que trascienden las orientaciones de las dirigencias superiores.

Durante 1995 no se verificó en el sector público un incremento de la inclusión de cuestionamientos políticos en los conflictos, pero esta vez el cuestionamiento a la política económica saltó del 5% en 1994 al 24,7% en 1995. El aumento explosivo de la conflictividad en el sector administrativo y su creciente politización e intensificación de la mano de liderazgos emer- gentes sumado a una creciente dispersión del mismo —los conflictos a niveles locales y provinciales suman el 80 % del total- más el gran creci- miento de los conflictos gestados y conducidos por instancias intersindicales pueden estar indicando una modificación cualitativa del perfil del accionar sindical del sector.

III. La evolución de las acciones reivindicativas y los cambios en el mercado de trabajo

A diferencia de planes de ajuste anteriores en donde el consumo inter- no y los niveles salariales se redujeron en algunos casos dramáticamen- te, el Plan de Convertibilidad no afectó mayormente ninguna de estas dos variables.

Si al aumento del casi 270 % dela tasa de desocupación ocurrida en el transcurso del Plan la contrastamos con la benigrridad de las tendencias en materia salarial, veremos una de las características más importantes del mercado de trabajo en estos últimos años,

Aunque la situación es despareja si consideramos diversos sectores, y hay diferencias en las mediciones de diversas fuentes, el 5-10 % de deterioro

Cuadernos del Sur 139

real promedio del salarió industrial que indican los más pesimistas supone que la principal variable de ajuste del presente plan no ha sido el salario, sino el empleo. De todos modos, hay amplia coincidencia en admitir qtre el ajuste del nivel salarial en la Argentina ya fue consuma- do desde la segunda mitad de los ’70 y durante los ’80. En ese lapso los niveles salariales reales se redujeron en aproximadamente un 40 % promedio.

La redtrcción de la tasa de empleo que bajó en los últimos dos años del 37,4 al 34,9 %, significa lisa y llanamente que se está operando un proceso de pérdida o desaparición dc puestos de trabajo.“ Esta reducción su- pera'lrolgadamente al crecimiento vegetativo de la población, y se ad- vierte una disminución neta de puestos de trabajo del orden de los 120 mil en el último año qtte significa un fenómeno muy fuerte de expul- sión dc mano de obra del mercado laboral. La tasa de empleo está por debajo de los niveles alcanzados en mayo/89 en plena coyuntura hiperinflacionaria. '

Por otra parte surgen tendencias a la desasalari zación y a la terciatización de la población ocupada. Las cifras muestran que el avance del cuentapro- pisrno se da predonrinantetnente por el lado del sector comercial. En este sector la proporción de cuentapropistas artmentó del 25,9 % en octubre de 1992 al 36,8 ‘70 en octubre último.

La desocupación de los jefes de hogar del Gran Btrenos Aires (el conglo- merado urbano más importante) aumentó del 4,3 en mayo de 1991 al 12,9 % en mayo de este año. Las dificultades en el sostenimiento de la estabili- dad laboral de losjefes de hogar significa una peligrosa tendencw, '.r la srrbuti lización de cali iicaciones y experiencias laborales. a aumem ¿tr ia rota- ción de la ¡nano de obra y a la precarización y la inestabilidad dela relación laboral, ademas de las penosas consecuencias psicolr'rgicas y familiares. Des- de el pttnto de vista de la acción sindical tambien es importante esta modificación en la composición del mercado de trabajo, toda vez que estos procesos conllevan pérdida de experiencias sindicales; la pérdida de seguridad en el enrpleojunto con el aumento de la rotación entre empleos también genera una menor motivación para la defensa (le los intereses profesionales y tm mayor individualismo.“

De acuerdo alas tendencias mencionadas. los itrtentos oficiales de desregulïu‘ la contratación _v las relaciones laborales a traves de los contratos tempora- les, periodos de prtreba sin derechos a indemnización por despidos. recargos por horas extras a pactar entre las partes, etc. qtte se proponen en las nuevas leyes laborales, lejos de tender a solucionar el problema del desempleo

140 Octubre de 1996

tenderán a agravarlo toda vez que se abaratan los costos por despido, y también los costos por el desplazamiento de personal de planta permanente a planta transitoria. Asimismo, el previsible abaratatniento en el ttso de horas extras también puede afectar seriamente el nivel de empleo especial- mente en aquellas actividades trabajo-intensivas. La flexibilización de entra- da-salida de trabajadores a la empresa y el caracter precario de la con- tratación facilitara el proceso de ajuste de planteles en una fase de agotamiento o desaceleración de la demanda y del consumo.”

En ttn primer tnornetrto de la Convertibilidad, el fuerte impulso dela demzmda interna y el consumo incentivado por el crédito abundante permi- tió enmascarar en gran tnedida estas tendencias: el sector comercial y de senicios privados absorvió en buena tnedida el personal expulsado del sector pt'tbliCo o del sector industrial al calor de la reactivación de la demanda.

Veamos como se relacionan estos procesos de mutación profunda del mercado de trabajo con las respuestas sindicales que se manifiestaron en la conflictividad laboral.

Los conflictos por cierres, despidos y suspensiones El cuadro 4 muestra la conflictividad laboral relacionada con los pro- blemas del empleo en las distintas ramas de actividad económica.

Como podemos observar luego de la sittración hiperinflacionaria y recesiva de 1989, la conflictividad por estas causas cae en 1991 y 1992. Sin embargo, a partir de 1993, y especialmente de 1994, el aumento de los conflictos por cierres, despidos y suspensiones es espectacular. Para 1995 se podria proyectar una duplicación de la cantidad de conflictos rcgistra'dos por estas cattsas al cotnienzo de la Convertibilidad.

En este sentido, la evolución de la conflictividad global por causas rela- cionadas con la estabilidad laboral tiene una trayectoria similar a la de la tasa de desocupación: una estabilidad inicial fijada por los niveles previos al Plan, o incluso con una leve mejora. y ttn empeoramiento acelerado rrrttv grave a partir de 1993.

Si analizamos las trayectorias de la conflictividad de las distintas t‘anras tenemos algunas variaciones y diferencias muy significativas.

El sector industrial venía con un crecimiento muy fuerte desde la situaciótr crítica previa a la Convertibilidad. justamente durante el pri- mer año de vigencia del Plan se registró un pico de conflictividad por estas causas, a lo que siguió un inmediato descenso en los dos años posteriores, en consonancia con lo acaecido con las tasas de desocupa- ción de la rama.

Cuadernos del Sur 141

CUADRO 4. CONFLICTOS POR CIERRES, SUSPENSIONE'S Y DESPIDOS POR RAMA

DE ACTIVIDAD l i

GRANDES RAMAS DE ¡sw ¡990 . 1991 ¡992 1993 1994 ¡995, Tom

ACTIVIDAD r

AGROPECUARIA u o 2 l 4 3 2 n

s o o .s ,4 l 1,4 .9 .6 .6,

exrmcrrvas 4 s l4 s 1 s t 36

a 2.3 2.o 5,3 2,l * ,7 ¡,5 ,3 ¡,9

INDUSTRIA. s '75 _9z t 2 9| 7| '96 ns 662

. 95 ¿3,6 37.4 46,2. 37.8 14,5 27,9 33, r 34, 7

acercas Y N 2 4 ' 3 2 ro r6 ts 52

AGUA s ' ¡,2 1,6 2,1 .s 3,4 4,7 4.3 2,7

cossmttccros' N 9 r1 r s 9 9 s oa

7: 5.2 6,9 2.7 3.3 y 3.1 2.6 1.4 3,4

COMERCIO N 2 7 n s 9 1,1 ¡3 a)

s 1,2 2.8 4.9 1.2 3.| 3.a 3,7 3,1

TRANSYCOMUN. N 21 2 :rs 3 69 ss sr sus

s r2.2 11.3 ¡3,3 22.u 23,3 ros ¡4.1 rss

macros N rr. 32 2r l t - 3 rr 29 ¡43

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* De junio a diciembre/89 ** De enero a abril/95. Fuente: elaboración propia sobre la base del relevamiento de conflictos de cinco. diarios d

tirada nacional.

C

142

Octubre de 1996

' El sector comercial tuvo niveles muchísimo más bajos de conflictividad por esta causa pero llama la atención el fuerte aumento del ’94 y de los primeros cuatro meses‘del '95. Una vez más el paralelis- mo con la tasa de desocupadón del sector es claro. '

Los sectores de transporte y comunicaciones fueron incrementando su conflictividad en razón del proceso de privatizaciones que generó una importante reducción de puestos de trabajo. Sin embargo, ya en el ’94 y más en este año se nota una reducción de la conflictividad de estos sectores puesto que la mayoría de las empresas que tomaron a su cargo los servicios públicos de ferrocarriles y teléfonos culminaron los procesos gruesos de racionalización de personal.

El sector bancario recién luego del impacto de la crisis mexicana tiene que enfi'entar la multiplicación de cierres de entidades financieras. El im- portante crecimiento del se‘ctor financiero en la Argentina, beneficiado por el ingreso de capitales y la expansión del crédito, permitió que, en un principio, el sector fuera absorvedor de empleo, y que-la mayor parte del accionar reivindicativo del sector se orientara hacia lossalarios. N o obstan- te, el proCeso de concentración que afecta a las entidades financieras y los procesos de privatización de la banca ofidal de las provincias puede generar problemas muy graves de empleo en este sector. La última medición de la desocupación arrojó un espectacular salto en este sector que pasó de 6,2% en mayo/ 94 al 12% en mayo/ 95.

Los sectores de administración pública y de servicios sociales, que tradi- cionalmente ofrecían las tasas de desocupación más bajas ahora ostentan tasas superiores al 10%. De manera sincrónica, la conflictividad de estos sectores por causas de cesantías o despidos tiene un crecimiento superior al del resto de los sectores. Aunque las reivindicaciones salariales siguen siendo predominantes, los problemas de pérdida de puestos de U'abajo y estabilidad laboral se multiplican de año en año. Las políticas de ajuste en el sector público, sobre todo en provincias y municipios, y las formas de precarización de la relación laboral a través de contratos temporarios o-locación de servicios favorecen la propagación de conflictos por causas vinculadas al sostenimiento del empleo.

Las características de los conflictos vinculados con pérdida de empleo tienden a variar en el - transcurso de estos años. Se t tiende de manera creciente a utilizar formas de protesta y movilización ’más que medidas de acción sindical tradicionales. Aunque la combatividad, es decir la proporción de uso de medidas de acción directa es más baja respecto de los reclamos por aumentos salariales, tuvo una trayectoria claramente influida por la

Cuadernos del Sur 143

marcha del Plan económico. Los niveles de combatividad previos al Plan fueron algo menores.

En el año ’93 se registra simultáneamente una aumento de la cantidad de conflictosjunto con una menor proporción de conflictos con medidas de acción directa o protestas. Los conflictos aumentaron debido a los proble- mas suscitados por los ajustes de personal en algunos municipios y provincias, y por el comienzo de los problemas de cierres y despidos en los sectores de servicios sociales. Estos sectores que tradicionalmente no habían tenido experiencia en este tipo de conflictos evidentemente se orientaron inicialmente hacia estrategias centradas en la negocia- ción. Sin embargo, ya en el ’94 y en lo que va del ’95, se incrementa la combatividad hasta retornar a los niveles de comienzos del Plan.

Por otra parte, cambian las metodologías de confrontación. Aparece un fuerte crecimiento, sobre todo en los últimos dos años, tanto en cantidad como en proporción, del recurso a las movilizaciones, protestas o formas de lucha no convencionales. En este sentido, la orientación de las direcciones sindicales tiende a basarse más en el impacto sobre la opinión pública, en la presión directa sobre el poder político, en la presencia en los medios de comunicación.nd algttnos casos en la articulación con demandas o proble- máticas de otros sectores sociales.

El ttso de medidas no tradicionales de carácter agitativo (corte de rutas, ocupación o invasión de sedes de autoridades políticas, apedreo de edificios, burlas a legisladores o funcionarios, batucadas dentro de los lugares de trabajo, etc.) o pacífico (huelgas de hambre, ollas populares, clases públicas, etc.) tiene una evolución creciente desde antes del Plan. Sin embargo, se verifica una caída en 1993 vinculada fundamentalmente a la redttcción de estos conflictos en la industria tnantrfacturera y su incremento en adminis- tración publica y servicios sociales. A partir del año ’9-1 aparece de nttevo un fuerte incretnento de este tipo de estrategias de lttcha, con una proyec- ción mtty fuerte para 1995.

Una de las modificaciones más llamativas de la conflictividad asociada a problemas de empleo es una creciente centralización de la gestión del conflicto sobre todo en los sectores de administración y servicios. Luego de las situaciones críticas de los años 89 y 90 en donde la proliferación de conflictos a niveles de lugares de trabajo o localidades fue mayoritaria, el Plan de Convertibilidad tiene un efecto inicial de reducción de la cantidad y el porcentaje de conflictos a nivel de lugar de trabajo y un crecimiento moderado de los conflictos dirigidos por instancias sindicales intermedias locales o regionales. A partir del año pasado y durante este año se vuelve a

H4 Octubre de 1996

observar una alto nivel de regiorrali zación del conflicto combinada con una mayor dispersión por lugares de t "abajo.

Otro de los aspectos itrtercsantes a considerar es el nivel y el carácter de la politización de estos conflictos. La formulación de críticas o cuestionamientos a politicas oficiales en el transcurso del conflicto ftte aumentando con el Plan. Desde ttrr 25% de conflictos con manifesta- ciones o declaraciones de tipo político en 1989 pasamos a un 45 (le en 1994. Sin embargo, los tipos de impugnación política no pasan por cuestionamientos ala política económica en misma sino a la legislación laboral y a las políticas de privatizaciones y de racionalización del sec- tor público. Una vez ma’s se demuestra que cl nivel de legitimidad po- lítica del plan económico es rntry alto y qrte los cuestionamientos se «desvían» hacia aspectos vinculados con el modelo económico como la reestructuracir'rn del estado. las crisis de los sectores de servicios socia- les pt'rblicos o la flexibilización de la legislación laboral. Aspectos como el tipo (le cambio. el nivel (l 7‘ apertura de la economía. la presión fiscal sobre los sectores productivos. la falta de estímulos a la inversión pro- ductiva. los estímulos a los negocios financieros, las crisis productivas provinciales. el cuestionamiento a la terciatización económica y a los costos financieros, etc. aparecen muy esporz'tdicamente acompañando a los reclamos dentro del conflicto.

Los conflictos por demandas de aumento salarial

A los efectos de evaluar la posible incidencia de la situación salarial sobre la conflictividad laboral hay qtte tomar al menos dos aspectos: uno. la evolttción de las remuneraciones en términos de poder adqui- sitivo. el otro. las modificaciones en las relaciones laborales vinculadas a los procesos de fijación de los salarios. es decir, los parametros que se toman para lijarlos. los componentes fijos y variables de la remune- ración, los procedimientos de negociación, las políticas de remunera- ciones de las empresas, etc.

Las tasas decrecientes de precios favorecierorr el sostenimiento del poder adquisitivo y las empresas utilizaron abundantemente el recurso (le conceder rrriniatrrnentos fuera de convenio que si gnificaron peqtteñas correcciones qtre acompañaban la inflación. Pero por otra parte, los cambios en la relación salarial fueron tnuy profundos."l

Los aspectos más contundentes de esta mutación de las relaciones labo- rales son:

o El abandono de los basicos de convenio como referencia fundamental

Cuadernos del Sur 145

para la fijación del nivel salarial. El congelamiento salarial inicial a que dió lugar la aplicación del Plan en sus primeros dos años significó un agravamiento de una tendencia que se venía manifestando en los años anteriores: las empresas en muchos casos dejaban caer intencionada- mente los salarios de convenio y preferían dar aumentos unilaterales por afuera de los mismos, y en algunos casos atados a pautas de rendi- miento, productividad, presentismo, etc. Hasta el mismo sector públi- co llegó a distorsionar la estructura de las remuneraciones dejando los básicos como una parte minoritaria del total de la remuneración de bolsillo.

o La'desregulación parcial de la negociación salarial que permite la apertura de niveles negociales desagregados como ramas, subramas o empresas dentro de un mismo convenio (Decreto 470/93). Esto favo- rece no tanto la descentralización de la negociación salarial, puesto que los sindicatos nacionales siguen siendo los interlocutores aun en las negociaciones por empresa, sino una dispersión de los salarios convencionados dentro mismo de una rama.

o El establecimiento de techos implícitos en la negociación salarial al atarla por decreto a la evolución de la productividad (Decreto 1334/ 91) excluyendo los ajustes salariales nominales por inflación que cons- tituían el parámetro básico de la negociación salan'al en la Argentina desde la década del ’60. El efecto fue un virtual congelamiento inicial de salan'os por desorientación tanto de empresarios como de sindica- tos, y luego un progresivo proceso de recomposición de básicos de convenio pero con la inclusión de modificaciones en condiciones de trabajo y cláusulas convencionales que supuestamente conspiraban contra la productividad. En este marco de negociación el esquema implícito era canjear recomposiciones salariales por cláusulas conven- cionales. Si tenemos en cuenta que los empresalios venían dando au- mentos fuera de convenio, estas negociaciones por productividad lo único que hicieron fue blanquear en parte los salarios de bolsillo pero modificar de manera no generalizada pero si significativa las condicio- nes de trabajo, las relaciones laborales y contractuales que sostenían los convenios colectivos.”

o Los trastornos y distorsiones en la composición de los ingresos sala- riales que aumentan la flexibilidad de las remuneraciones. De un 30 a un 40 % de los ingresos medios totales de los asalariados provienen de premios, adicionales (fijos o móviles) u horas extras. De esta manera existe una diferencia sustancial entre el sueldo normal y permanente

146 Octubre de 1996

que incluye los básicos y los adicionales permanentes y el salario de bolsillo que comprende los ingresos salariales por todo concepto. Esta situación permite que ante cualquier situación adversa la empresa pueda ajustar la masa salarial de manera abrupta, suprimiendo horas extras o adicionales. ‘6

Labenigrridad de los efectos salariales del plan de ajuste se reflejan en las tendencias de la conflictividad. Desde 1989 se observa una tendencia a la disminución del reclamo salarial, pero estas caídas en la cantidad de conflic- tos son mayores sobre todo en 1991 y en 1993. j

Como se ve en el cuadro 5, aparece una clara tendencia a una dismi- nución mucho más grande en los reclamos salariales de los sectores productivos que en los de servicios. Es decir que el descenso en la conflictividad salarial se combina con una terciarización de la misma.

En la industria se observa claramente como la cantidad de conflictos sigue la trayectoria de la negociación colectiva. La conflictividad salarial hasta 1992 fue en creciente ascenso, derrumbándose abruptamente en 1993 con un ascenso moderado en 1994. Esta fuerte asodación entre conflictividad salarial en la industria y negociación colectiva significa que fueron pocos los conflictos por aumentos salariales impulsados desde las bases, las comisio- nes internas, delegados o fábricas. En este caso, la lucha sindical se orien- taba al sincerarniento de los básicos de convenio por incorporación de las sumas que unilateralmente venían pag-ando las empresas.

Por el contrario, los bancarios con menores problemas de divergencia entre el básico de convenio y el salario de bolsillo y nojaqueados por los cierres y despidos, tuvieron en 1992 un año pico de conflictividad salarial. Estos conflictos tuvieron resultados relativamente exitosos si tenemos en cuenta las estadísticas de salarios y poder adquisitivo, puesto que fueron el sector que mejor se posicionó desde el punto de \ista salarial en el Plan de Convertibilidad.

Otro sector cuya conflictividad salarial siguió los pasos de la negociación colectiva fue el de comercio que a partir de 1992, ya firmado el acuerdo salarial, redujo 'la cantidad de reclamos a menos de la mitad con res- pecto a los dos años anteriores.

El sector de transporte y comunicaciones, otro de los sectores más beneficiados desde el punto de vista de sus niveles salariales reales durante el plan de convertibilidad, también tuvo una fuerte retracción de sus deman- das salariales a partir de 1992.

En los sectores de administración pública la combinación de ajustes presupuestarios con políticas de expulsión de personal y jerarquización

Cuadernos del Sur 147

Cuadro 5 CONFLICTOS CON CAUSAS DE AUMENTO SALARIAL SEGUN RAMA DE ACTIVIDAD

GRANDES ¡(AMAS m: rw» mo |99| mz ¡99.1 nm ¡995 rom. Ac m mAh É AGROPECUAth . I 3 r 1 .3 2 6 .2 .3

i EX'E‘RACTIVAS .\- s u o u 2 u tr

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mrwsram N 53 78 so se 3- 41 4 379 0+ 14,3 13.9; "¡.6 .90 9.5 ¡3.9 3.8 ¡4 9 _ mrcrc-xsv en 22 7 1 r n u si ¡\(ile rr. 4,9 1.9 ¡.5 7 ¡2 u .u 2.2 5 CONSTRUCCION .\= 3 r4 ¡a < s l n 42. 5 1: .x 2 s .1.“ 2.: r} .3 u l_" j t'fÜMERt‘lO .\2 5 H 20 9 y n 2 7:1 z g ¡.3 3.4 4.3 2,2 2.8 2.0 5.8 2.8 g TRANS YCOMLEN. x F3 sa 7 5: z Au ss .\so ? «z: 19.7 1.1.6 ¡4,5 1:. 3.6 ¡3.o ILS 1:. g nmms x: u; 1| ns 32 r: 7 .r mo ts. 4,3 .17 3.2 7.3 ' 3.7 2.4 mi r._z . Mmm vtr-.110. x" s“: ¡si! 95 64 ur 76 zu '3 Ï

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* De ¡uniu a diciembre/89 ** De cuero a abril/95. Fllt'lllL‘i clahnracir'm sobre la base de inlkrrmacir'm de cinc“ diarios de tirada nacional.

1.48 Octubre de 1996

originó la fuerte disminución de la catarata de reclamos qtre venía de los años anteriores cuando se habían arrasado los niveles salariales aún los de los escalafones mayores. Recién durante el año pasado se reactiva la presión salarial en la administración pública producto de que se van agotando los efectos de los aumentos disptrestos a través de la jerarquización en 1992.

En los servicios sociales, sobre todo los del sector público (salud y educación), no se operó tm mecanismo similar al aplicado en la administra- ción central. En estos sectores, si bien no se produjo una redttcción signi- ficativa de personal, los niveles salariales qtre quedaron fueron los previos al Plan qtre habían soportado todo el peso de las liiperinflaciones y los ajustes prestrptrestarios permanentes. Así desde los comienzos mismos de la convertibilidad estos sectores fueron los que hicieron punta en el reclamo de mejoras salariales. Los sindicatos docentes y los de los trabajadores dela salud protagonizaron innumerables conflictos salariales qtre se extendían hacia ren-indicaciones por condiciones de trabajo y oposición a las politicas gubernamentales en estas areas. Por otra parte, estos sectores fueron los más combativos llegando a mantener unaimportante presencia en los me- dios de corntrnicación e impactando sobre la opinión pública. Resulta inte- resante analizar qtre la política salarial para estos sectores. especialmente para los docentes. tendió a imitar la del sector pri vado: los ajustes salariales sc daban a través de sumas no remunerativas (no se computan para cargas sociales y aportes) o no boni ficables (no se cornptrtan para la antiguedad) y por otros componentes variables como el presentisrno que llegaron a consti- tuir casi las dos terceras partes del salario de bolsillo. Sin dtrda estas estrategias salariales buscaron disciplinar el comporlarniento muv enérgico que tuvieron las conducciones sindicales contra el congelamiento salarial.- lín el "Él-l se opera una caida en la cantidad de reclamos por aumento salarial que no obedece en lornra alguna a la disminución de las demandas salariales, sino que quedan eclipsadas por los problemas de racionalizaciones v atrasos en los pagos en provincias y municipios.

La reducción de la conflictividad por demandas de recomposición salarial se acompaña de una merma en la combatividad, es decir, en la utilización de medidas de fuerza. En los dos años previos a la convertibilidad el 55 ‘70 de los conflictos por aumentos salariales involucraba algún tipo de medidas de acción directa o dc protesta. Esa proporción se redujo al 43% en 1993 para aumentar al 52% en 1994 y en el primer cuatrimestre de 1995. El descenso en la combatnidad se explica fundamentalmente por la reducción en la cantidad de corrllictos que unieron como medida principal a los paros.

Cuadernos del Sur 149

el trabajo a reglamento o el quite de colaboración. En cambio las pro- testas y movilizaciones tuvieron un crecimiento importante en las es- trategias de lucha adoptadas por las conducciones sindicales. En el primer cuatrimestre de este año más del 17 % de los reclamos de au- mento salarial fueron canalizados a través de movilizaciones y otras formas de protesta. En otros casos, además de las formas de acción sindical también se instrumentaron algunas clases de protestas agitativas o pacíficas pero no convencionales.

Esta modificación en las orientaciones de acción reivindicativa se entien- de a partir de su relación con la terciarización de los reclamos salariales y su relación con la crisis generalizada que sufren el hospital y la escuela pública que hacen factible modos de reclamación que pretenden concitar la atención de la opinión pública y los medios de comunicación.l7 Por otra parte, estos sectores están enfrentados con las autoridades por sus diferencias con las políticas de salud y educación, especialmente en lo que hace al régimen de transferencias y provincialización o muni- cipalización de servicios de forma tal que los reclamos salariales cuan- do surgen se inscriben en una pulseada de carácter político agudo.

El desplazamiento dela conflictividad salarial hacia el sector de adminis- tración y servicios sociales, sobre todo en el ámbito estatal, también tiene un efecto de descentralización y dispersión de la conflictividad. El siguiente Cuadro muestra que a partir del año ’93, una vez que la mayoría de los sindicatos industriales alcanzaron acuerdos salariales convencionales, y el peso de los reclamos descansa en el sector público y los servicios, los conflictos encabezados por los niveles de conducción nacional de los sindi- catos se reducen desde un 42 a ttn 27 %.

Cuadro (5 NIVELES DE CENTRALIZACION Er\' SINDICATOS NACIONALES DE LOS CONFLICTOS POR AUMENTOS SALARIALES Y I’OR DESI’IDOS Y SUSI’ENSIONES

Causas del 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 Total conflicto

Salariales N 1958 243 211 182 90 75 29 979 % 42,6 43.1 45,7 41.7 27,5 25,5 8.8 33,6 Cierres, N 54 59 86 70 IIS 97 108 566

despidosy % 31,4 24,0 32,6 28,9 39,9 28,1 32,6 30,7 supensiones

Nota: los % se calculan por la cantidad de conflictos salariales conducidos por instancias srndrcales nacionales cerrtralizadas sobre el total de conflictos.

150 Octubre de 1996

La dispersión no se produce tanto a nivel de empresas, reparticio- nes o lugares de trabajo que se mantienen con una participación algo más baja inclusive que los niveles previos al plan, sino que son las ins- tancias sindicales que corresponden a provincias o municipios las que comienzan a concentrar el grueso de los reclamos. Estos niveles de conducción regionales o locales pasan desde un 35 % del total de re- clamos a un 50% en 1994. En menor medida también suben los con- flictos conducidos por instancias multisindicales como coordinadoras de gremios estatales, o las delegaciones regionales de la CGT o de otras centrales sindicales. Aunque no hay disponibles estadísticas pre- cisas, la dispersión de la conflictividad salarial corre paralela con la creciente dispersión salarial en el mismo sector público. Las diferen- cias en los salarios que las provincias y municipios pagan a sus trabaja- dores tienden a agrandarse sobre todo en los sectores de educación, justicia y salud.

Nuevamente, al igual que lo que ocurría con los conflictos vinculados a la pérdida de empleo, estos cambios no significaron un nivel de cuestionamiento sustantivo ala política económica. El cuestionamiento a aspectos específi- cos de la política económica en marcha tuvo fuertes oscilaciones. En 1992 los cuestionamientos ala política económica acompañaban la oposición sindical a la situación de cuasicongelamiento salarial. Desde principios de este año ntrevarnente aparece un incremento del contenido opositor al «mo- delo económico» que se asocian fundamentalmente con los problemas rela- cionados con las situaciones fiscales críticas en provincias y municipios.

IV. Conclusiones Tradicionalmente el sindicalismo argentino ha orientado su práctica reivindicativa y stts acciones sobre la base de un plafond político, es decir, una relación prhilegiada con los factores de poder, sean estos aparatos del estado, instituciones importantes, o el partido político mayoritario. Los dos elementos qtre históricamente hicieronposible este esquema de acción fueron su fortaleza relativa tanto por homogeneidad ideológica como por peso organizativo (manejo de obras sociales, altísimas tasas de afiliación, alta cobertura social y geográfica, etc.), que se maximizaban teniendo en cuenta las debilidades simétri- cas de las burguesías nativas. El otro elemento era el protagonismo político que se reservaba en tanto se definía como «columna verte- bral» del Peronismo, el partido político con el mayor caudal electoral. Todas estas características del escenario sobre el que se montaba el papel

Cuadernos del Sur 151

protagónico de los sindicatos y el movimiento obrero fueron desapa- reciendo entre mediados de los '70 y los ‘80.

Puede decirse qtre ya no quedan casi puntos de apoyo politico-estatales para la acción sindical, sino a lo sumo, y en algunos casos puntuales, favores o prebendas.

Desde el desprestigio en que cayeron sus principales dirigentes ante la opinión pública, hasta su marginación creciente dentro del mismo partido peronista, pasando por una nulificación de su capacidad de presión o influencia sobre los aparatos del estado y las instancias de decisión política y económica, el movimiento sindical debió enfrentar la instauración de un modelo económico-social neoliberal en una situa- ción de extrema debilidad, agudizada por una seria división de la dirigencia gremial que se alínea en tres centrales enfrentadas por dis- tintas actitudes frente al modelo.IN

El analisis de la conflictiiidad y de sus características permite, sin embargo. relathizar las lectrtras apocalípticas acerca del ftrttrro del movi- miento obrero argentino. Los datos relevados rntrestran que a pesar de esta sittración, el sindicalismo organizado sigue manteniendo una base bastante sólida de capacidad de representación de intereses de las clases trabajadoras. La preservación de la capacidad de condtrcción y at'rn de la centralización en la gestión reivindicativa confirma esta apreciación del arraigo de los sindi- catos como instittrciones qtre cumplen funciones defensivas.

Aún más, podría decirse qtre el debilitamiento evidente de los otrora poderosos sindicatos metalmecanicos c industriales. es en cierta medida compensado por el fenómeno muy novedoso de la emergencia de un sindi- calismo combativo. y hasta cierto ptrnto innovador en sus estrategias de lucha. en sectores de scr\i_cios y en el sector público. Los docentes. los trabajadores de la salud. los bancarios _\' los gremios del transporte, mostra- ron trn caudal de fuerza gremial muy importante. _\' no deben subestirnarse en absoluto los resultados conseguidos: los docentes lograron frenar una modificación profttnda de la Ley de Educación y consiguieron una Ley Federal que contempla la negociación salarial colectiva del sector. Los transportistas consiguieron mejoras en sus salarios, y ftreron a pocos meses de la asunción del gobierno de Menem los primeros en realizar paros importantes. Sus reclamos por mejores condiciones de trabajo culminaron con la instrtrrnentación del sistema de expendio automático de boletos que en cierta medida aliviana sus condiciones de trabajo. Los bancarios, inclu- sive los pertenecientes a bancos estatales. fueron los más exitosos a la hora de mejorar salarios y lograron lo qtre prácticamente no habia logrado ningún

152 Octubre de 1996

sector gremial: ofuscar y hacer intervenir al rnismísiruo Min. de Economía en el conflicto. .

En líneas generales, desde el punto de vista sectorial, puede hablarse de un desplazamiento del dinamismo sindical hacia estos sectores de sen’icios sociales estatales, de la administración pública, del transporte y de las finanzas.

Visto desde el interior de las organizaciones, existen fuertes desa- rrollos a nivel local, provincial y de conformación de instancias intersindicales, a menudo con iniciativas o formas de acción político- sindical divergentes de las condtrcciones nacionales.

Un mayor peso de los niveles organizativos regionales y locales, una mayor capacidad de articulación intersindical a nivel de las bases no han conspirado con la consistencia interna de las organizaciones sindicales. Las condtrcciones nacionales, at'rn las dirigencias más tradicionales, en su gran mayoría no sólo no se han resistido a este proceso sino qtre lo han alentado.

Aparece una mayor pluralidad interna y tolerancia. Sindicatos alineados en el sector más moderado o negociador toleran la existencia de sindicatos locales o profindales combativos qtre responden políticamente a otra central sindical nacional. A la inversa aparecen casos de sindicatos rntry combativos qtre son derrotados electoralrnente por las dirigencias más moderadas o negociadoras. También ocurre qtre algtrnos sindicatos con conducciones superiores claramente negoci adoras o moderadas tengan niveles mtry altos de conflictividad y combatividad como en el caso de municipales o de trabaja- dores dela salud. Sc da entonces una situación de gran fluidez interna que tiene pocos antecedentes en la historia del sindicalismo argentino. A la flexibilización del mercado de trabajo y de las_relaciones laborales, parece corresponderlc una flexibilización interna de carácter político en donde no hay alineamienlos o alianzas lijas. _\' donde el objetivo otrora excluyente de mantener a rajalabla un control fórreo (le la estructura sindical y la trnidad politica interna de cada orgrnización queda subalternizada por las exigencias de la hora. Aún más en los conflictos más importantes sobre todo en el interior del país la práctica de la unidad intersindical ftre rntry generalizada.

Los cambios en la estructura económico social. en la.composición del mercado de trabajo, también se proyectaron como cambios en las orientado tres y en las prácticas de los sujetos colectivos.

Por empezar, se produce una mutación rntty visible de la agenda sindical. El frn de una era de legislación protectiva, pleno empleo y presión salarial permanente en contexto inflacionario. obliga a replantear las prioridades. El debilitamiento de la posición sindical en la negociación salarial y la agudización

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de los problemas de pérdida de puestos de trabajo y precarización de las relaciones laborales obliga a posicionamientos más políticos y a otro tipo de estrategias reivindicativas.

Sin embargo, la politización creciente de la conflictividad tiene caracte- rísticas muy particulares: no hubo un cuestionamiento directo importante a los ejes del modelo económico de la convertibilidad sino a sus consecuencias o a la falta de acción estatal para alivianar los costos sociales. La reforma del Estado, las privatizaciones y las medidas de descentralización con sus secuelas de expulsión de agentes del sector público, disminución de recursos presupuestarios para los sectores de servicios sociales, caos administrativo, etc. fueron los motivos casi excluyentes de crítica al modelo económico. Ni el tipo de equilibrios macroeconómicos y mo- netarios, ni las políticas de comercio exterior, ni las políticas financie- ras, ni el ingreso de capitales, ni el control de las inversiones extranje- ras fueron motivos de cuestionamiento significativos. En este contex- to, la pelea en el mercado de trabajo y enla distribución del ingreso, se ha dado en el marco de una vasta legitimidad del programa económi- co sin un gran cuestionamiento a los fundamentos del mismo.

En una evaluación de conjunto, es claro que la conflictividad tuvo un acentuado cariz defensivo, de lo cual da cuenta la progresiva disminución de los reclamos salariales. Pero por otro lado, también se vió la fortaleza del movimiento obrero ala hora de enfrentar las medidas de privatizaciones de empresas públicas ola crisis en los sectores de educación y salud.

En síntesis, las organizaciones sindicales han perdido mucho más terreno político qtre importancia social y organizativa. El desbalance entre esta pérdida de incidencia política y la conservación de una considerable capaci- dad de representación y canalización de intereses y demandas de los sectores populares consti ttrye tino dc los motivos más interesantes para seguir pro- fundizando el análisis.

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“-' La homogeneidad y consistencia interna de una clase no debe ser ttn presu- puesto. La pérdida de integración social. ideológica y orgmi'lativa de una clase es uno de los principales lentas de indagación que no presupone la desaparición de su elicacia colectiva sino que presume su rmrimlacitín o (raIts/brmuritin.

líl equipo de investigadores esta compuesto por el Lic. Norberto Zellet'. el Lic. (Iarlos Dasso. el l’rol‘. Luis l’alacios. y el Lic. .\larcelo Gómez. La asistencia tecnica esta a cargo de Laura l’asquini. Se registraron 6973 conllictos laborales en total sobre la hase de las crónicas registradas diariamente en cinco periódicos de tirada nacional ((Zlarin. (Irónica. Diario l’opular. .-\tnl)ilo l-‘inanciero t Pagi- na/lL’). (Ion la codificación de estos registros se elahoró una base de datos estructurada mediante un sistema de variables 3 categorías que permiten hacer un analisis estadístico tnultivarial)le orientado a aportar elementos de juicio empíricos descriptivos acerca de las características que adoptan las practicas reivindicativas sindicales‘ en una ria/¡a signada [mr lux cambias en la estructura ectmómico-social (Plan de (Ionvertil)ili(lacl). Las l'uentes lletnerogrtificas utiliza- das ofrecen dos tipos de limitaciones. l’or un lado. los sesgos en la selección de la inlormación que se publica derivado de las orientaciones periodísticas de cada uno de los periódicos. En este sentido existe una sobrereprescntación de los conllictos de los sindicatos o empresas mais importantes o de mayor significa-

156 Octubre (11' 1996

ción en la opinión pública en desmedro de los sindicatos o empresas mas peque- ñas. l’or otro lado. la distribución geográfica de los conflictos se ve afectada por una sobre representacit'm de los conllictos correspondientes a los principales centros urbanos del pais en desmedro de las provincias del interior. En octubre de l99‘2 se realizó una prueba piloto con un relevamiento de 27 diarios provin- ciales para contrastar la fiabilidad (le los registros de los 5 diarios nacionales mencionados. La prueba de diferencia de medias (proporciones) de las distribu- ciones de frecuencias de la mayoría de las variables registró ajustes adecuados a un nivel de confianza superior al 95% exceptuando en lo que se refiere a la región geografica y a los niveles de conducción sindical que intervienen en el conflicto. No obstante estas limitaciones, la ausencia de relevamientos conti- nuos por parte del Ministerio de Trabajo. que solamente toma los conllictos denunciados a sus delegaciones y que solatnente estaban sistematizados para los años 193G y l987, y a que el lNDEC (lnstituto Nacional (le Estadística y Censo) nunca relevó este tipo de información, hace que las fuentes periodísticas utiliza- das sean la aproximación que sejuzga mas adeCuada para realizar un relevamiento de tipo cuantitativo como el propuesto.

4 Lajuslificación de esta definición es ciertamente compleja. inclusive porque requeriría precisar senninticamente la diferencia entre conllicto laboral v con- llicto obrero, por lo que remitimos a los interesados al trabajo “Hacia una sociolo- gía política del Movimiento Obrero". editado en "(lonllicto Obrero. Transición politica..." op. cil. (Iaps. l y lll. Aquí hacemos notar lo siguiente: el conllicto comprende no sólo las medidas de fuerza efectivizadas (como se tiende a pensar usualmente) sino también la expresión pública de una voluntad de alcanzar las reivindicaciones prelendidas (acción declarada) o cursos de acción distintos de las acciones directas que afectan el proceso de producción o trabajo (amenazas. negociaciones. recursos legales.etc)_: quedan excluidas las reivindicaciones políti- cas o ideológicas que no puedan inscribirse en las relaciones sociales de produc- ción. es decir. que no remitan de manera directa a las relaciones entre emplea- (los _v empleadores: obviamente se excluyen aquellos reclamos o acciones indivi- duales o realizadas privadamente aunque sus móviles se inscriban en el contexto de las relaciones sociales de producción. Los conllictos fueron categorizaulos e incorporados a una base de datos de acuerdo a un conjunto de variables: mes y año. provincia. sector de actividad. empresa o repartición. entidad gremial que interviene en el conllictounivel de conducción de la organización que lleva ade- lante el conllicto (comisión interna o cuerpo de delegados. seccionales, sindica- tos, ledet'acitines. confederaciones. intersindicales. etc.). causas. motivos. deman- das o reivindicaciones que configuran los objetivos de la acción colectiva: las medidas de lucha que especifican la estrategia de acción; la duración de los con- llictos y sus resultados, circunstancias especiales como ser la intervencit'm de sectores ajenos al conllicto. participación del Ministerio de Trabajo u otros or- gzmismos estatales, represalias de las patronales o factores agravantes del coti-

Cuadernos del Sur 157

flicto o determinantes de los resultados.

-" Las distorsiones de los precios relativos alcanzan proporciones muy peli- grosas: mientras los precios minoristas aumentaron el 60 % desde el inicio del Plan, los mayoristas lo hicieron el 18,2 %. De igual forma los precios de los bienes no transables aumentaron casi el 70 % mientras los bienes no transables lo hicieron un 40 %. El valor agregado de los sectores no transables aumentó en promedio más del doble de lo que lo hicieron los sectores transables. He aquí una de las paradojas del esquema neoliberal: se propone una mayor integración al mercado mundial con aumento de competitividad pero termina generando un crecimiento mayor de los sectores más protegidos de la competencia interna- cional, con el agravante que ellos son demandantes netos de divisas e importa- ciones sin que generen una contrapartida que resguarde el equilibrio de la ba- lanza comercial.

En la Argentina el IVA es el principal impuesto al consumo que representa el 48% de la recaudación impositiva total.

7 Contrariamente a lo que había ocurrido durante el gobierno del Dr.Alfonsín, en donde la CGT realizó 13 paros generales en contra de la política económica. Vale recordar que en 1987 la Confederación General del Trabajo impulsó un programa de 26 puntos entre los que figuraba la moratoria unilateral de la deu- da pública externa del país.

Al principio del Plan, Industria repunta de manera muy fuerte sobre todo por el mayor aprovechamiento de la'capacidad ociosa instalada que quedaba del periodo contractivo anterior. Los artículos de la llamada línea blanca, los elec- trodomésticos y los automóviles fueron los primeros impulsores del incremento tan fuerte de la actividad industrial. Luego la mejora de los precios internaciona- les y la reactivación interna impulsaron también las siderúrgicas y la fabricación de tractores. A partir de 1993 se estabiliza con un crecimiento por debajo del promedio. En [993/94 aparecen incrementos significativos en finanzas, servi- cios sociales y transporte y comunicaciones. En 1995 aparecen severos signos contractivos que afectan principalmente a automotores...

" Véase al respecto “Conflicto Obrero. Transición política, conflictividad obrera y compmtamiento sindical en la Argentina", 0p. c_it., Cap. Vll.

"’ Es el caso del “Perro” Santillán, Secretario General de trabajadores munici- pales de jujuy, una de las provincias más pequeñas del país, que condujo medi- das de fuerza masivas que pusieron en jaque a todo el noroeste del país y llegó a polemizar con el mismo Min. de Economia .

En el período 1990-94 el Producto Bruto Interno creció el 34,5 % a diferen- cia de la cantidad de empleo que creció menos del 7 %. En el Agro la elasticidad empleo/producto cayó un 1,8 % en el período 90-93 (es decir, por cada l % del producto, el empleo se redujo un 1,8 %). En la industria la elasticidad empleo/ producto mostró una reducción de 0,37 % del empleo por cada punto de au- mento del producto. En cambio pata el promedio de la economía la elasticidad

15s Octubre de 1996

fue mayor puesto que por cada punto de aumento del producto, el empleo aumentó el 0,20 %. Estas cifras muestran también que el crecimiento agropecuario

e industrial, es decir el crecimiento productivose realizó con reducción de em- pleo y caída absoluta de puestos de trabajo que fue compensada por la absorción

delempleo en el sector de servicios y comercio que tuvieron una gran expansión inicial.

Es interesante el caso de algunas grandes cadenas de supermercados que han establecido entre ellas el acuerdo de no tomar el personal que despiden aún cuando el motivo de despido haya sido ajeno a la responsabilidad del trabajador. De esta forma el antecedente laboral de haber trabajado en un supermercado pasa a convertirse en un perjuicio porque las políticas de personal prioritan la adhesión y la identificación con la empresa más que la experiencia laboral ante- rior.

'-" Las distintas figuras de flexibilización del contrato laboral fueron introdu- cidas tímidamente por la Ley Nacional de Empleo 24013 de dicembre de 1991. Los contratos por tiempo determinado, contratos de trabajo-formación, contra- tos bajo la forma de “promoción"del empleo para jóvenes, trabajos a tiempo parcial, y algunas otras formas excepcionales de contratación trataban de incentivar la generación de empleo bajando costos laborales y riesgos para el empresario tomador de mano de obra. A principios de este año se sancionó la Ley 24467 de régimen laboral para las Pequeñas y Medianas Empresas, que pro- fundiza la flexibilidad de contratación para aquellas empresas de hasta 40 em- pleados, eliminando las restricciones y requisitos que tenían en la Ley de Em- pleo. La idea es seguir achicando costos laborales. inclusive los indemnizatorios, para posibilitar que las PYMES puedan hacer frente a la situación de enfriamien- to de la economía. Por si fuera poco, se modificó la Ley de contrato de trabajo y ahora al iniciar cualquier relación laboral, los primeros tres meses pasan a consi- derarse “período de prueba" durante el cual se puede despedir al trabajador sin causa y no hay obligación de pago indemnizatorio.

"‘ Una nruestra de que la evolución del poder adquisitivo o el nivel de los salarios reales no esta directamente relacionado con los cambios en las relacio- nes laborales, lo tenemosjustamente en el hecho (le que a pesar de esta benigni- dad de las tendencias salariales, a partir de l993, y por episodios puntuales en una gran industria metalúrgicas se fue instalando de hecho en la opinión públics y en el discr'uso empresarial y de algunos funcionarios del gobierno, la idea de que se podían llegar a bajar los salarios nominales.

'5 Para un seguimiento de los resultados de la negociación salarial bajo el esquema planteado por los decretos 1334/91 y 470/93 puede recurrirse al ln- forme del proyecto 009 del PNUD y la OIT, “La aplicación del criterio de pro- ductividad en la negociación salarial" (octubre de 1993) a cargo de Héctor Szretter.

"" En consonancia con esta verdadera “flexibilización” de la relación salarial también está el Decreto 333/93 de eximición de cargas sociales a beneficios

Cuadernos del Sur 159

extrasalariales. Bajo l'a forma de vales, reintegros, provisión de bienes en especie o derechos de uso, se esta generalizando la práctica de otorgar mejoras de retri- bución al trabajo sin afectación de las remuneraciones percibidas. Más allá delas politicas de remuneraciones de las empresas y el estado, una situación que tam- bienjugo a favor del sostenimiento de los niveles salariales reales fue la vigencia desde 1994 de la rebaja de aportes patronales para los sectores productivos sq- bre todo del interior del pais. Esta baja en la carga impositiva sobre la nómina salarial permitió no tanto una recomposición de las remuneraciones brutas sino una mayor disposición de las patronales para mejorar los básicos de convenio. Asi durante el año 94 se registraron mejoras reales tanto en las remuneraciones brutas como en los salarios de convenio.

'7 Debemos recordar a título de ejemplo solamente que los médicos y los trabajadores de la salud de algunos hospitales del conurbano bonaerense llega- ron a protestar cortando con una sentada un puente de acceso a la .Capital oca- sionando un gigantesco erabotellamiento en l993, y que los sindicatos docentes realizaron una marcha federal masiva con la participación de los docentes de casi todas las provincias en [992.

"‘ La organización mas importante, la Confederación General del Trabajo (CGT) que nuclea a la mayoria de los gremios industriales y a los grandes gre- mios, adoptó una posición de negociación con críticas pero sobre la base de la plena aceptación del modelo económico. El Congreso (le los Trabajadores Ar- gentinos (CTA). que rrtrclea a los sindicatos docentes y de estatales más combativos, desde l992 propugna una oposición frontal al gobierno y a este “modelo social- mente excluyente". Esta central tiene una alianza política y electoral con el Fren- te Grande. partido político de reciente formación opositor al gobierno. El Movi- miento de Trabajadores Argentinos (MTA). escisión del año pasado de la CGT, nuclea principalmente los principales gremios del transporte y propone adoptar una posición de confrontación en alianza con la (ITA. Tanto en los sectores negociadores como en los opositores tenemos estrategias diferenciadas en lo que respecta a la conflictividad laboral. Tenemos estrategias más ofensivas rela- tivamente exitosas tllancarios y Transporte); también hay qtre computar estrate- gias delirnsivas combativ' exitosas (docentes) y estrategias defensivas negocia- doras fracasadas (ferroviarios. petroleros, textiles, metaltirgicos). También es- trategias ofensivas combativas fracasadas (telefónicos al comienzo del Plan, aeronaiuticos ante la privatización, docentes en sus reclamos salariales) y estrate- gias ofensivas negociadoras exitosas (construcción, comercio en los inicios del Plan, personal civil de la Nación).

.- 'J.

160 Octubre de 1996

Bolivia: la COB afrontando los nuevos tiempos

Washington Estellano

n la última semana de junio se realizó en la subtropical ciu-

ad de Trinidad, capital

el departamento del Beni, ei XI Congreso de la Central Obrera Boliviana (COB). Luego de intensas discusiones, con la parti- cipación de unos 600 delegados, y después de consensuar una Decla- ración Politica antincoliberal y antimperialista. y una Plataforma “táctica y estratégica" de Lucha (véase recuadro), no logró. sin embargo, elegir su dirección ¡racio- nal ejecutiva.

Ante tal falcncia, cl Presidium del (Iongrcso se hizoicargo de la conducción de la Central hasta dentro de 60 dias. Será entonces que nuevamente se reunirán los delegados en la ciudad de Cocha- bamba para concluir el evento in- terrumpido. Este es, sin dudas, un hecho insólito cn los 44 años de vida dc la COB. Y un reflejo delos sacudones y problemas que supo-

ne afrontar los nuevos tiempos signados por el modelo neoliberal.

Un poco de historia

Fundada como resultado de la Revolución de abril de 1952, trota- blemente influenciada en sus pos- tulados y en su estructura por el levantamiento armado de mineros y obreros fabriles que derrotara al ejército del superestado minero y de la oligarquía terrateniente, la COB, al tiempo que reir-indicaba un programa y un funcionamien- to clasista, con predominio del voto ponderado de los obreros y en especial de la Federación de mineros (FSTMB), vivió subsumida en la dirección política del parti- do en el gobierno, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (.\i.\' R). Desde entonces, en cl gobierno o en el llano, los dirigentes emerristas, a la par del discurso de los grupos de izquierda, siempre han incidido, directa o indirecta- mente -incluidos los recursos del

Cmulrmos del Sur

ltil

soborno y las prebendas- en los momentos de definir, políticas y elegir dirigentes del movimiento obrero. Aunque en la vida cotidia- na las bases de los sindicatos im- ponían en los hechos su concep- ción de clase y de lucha directa.

Fue así como el legendariojuan Lechin y otros miembros dirigen- tes de la COB ocupaban simultá- neamente puestos de ministros, y hasta de Vicepresidente de la Re- pública, al mismo tiempo que con- tinuaban ejerciendo la titularidad de la organización obrera. Eso se llamó entonces el cogobierno “COB-MNR”.

Luego de la aplicación a fondo del modelo neoliberal desde 1985, con el consiguiente despido de más de 50 mil mineros, obreros fabriles y empleados, la COB sin- tió el impacto en sus filas. Fue en- tonces que muchos politólogos y sociólogos se apresuraron a diag- nosticar que si no se “ponía a tono con los nuevos tiempos”, la COB sucurnbiría por inanición. Se tra- taba, para esos ideólogos, de aban- donar su definición política de cla- se y sus métodos de acción direc- ta. Y en lo organizativo, diluir la hegemoníaobrera, abriéndose a la decisión de “los nuevos actores"; y que sus principales autoridades eje- cutivas fueran elegidas, no por el voto ponderado de mineros y obre- ros representados por sus organi- zaciones, sino a través del voto

universal e indeferenciado de una masa amorfa. Vale decir, sometien- do la soberanía obrera, a las infini- tas presiones de la sociedad bur- guesa, y sus potentes medios de co- municación de masas, y económi- cos y financieros.

Conviene recordar que en Boli- via existe un movimiento obrero que tiene una sola organización por rama y que no hay ni sindica- tos ni centrales paralelas. Asimis- mo que en seno de la COB partici- pan orgánicamente no sólo obre- ros y campesinos, sino también organizaciones de artesanos, de jubilados y pensionistas, coloniza- dores, cooperativistas, vendedores de los mercados, organizaciones de mujeres, de amas de casa, de estudiantes secundarios y univer- sitarios, organizaciones étnicas, y hasta sindicatos del pequeño co- mercio. Es decir, no existen “nue- vos actores” que no estén o pue- dan estar representados en la COB, porque en puridad no se tra- ta de una Central “obrera” exclu- yente, sino un gran frente único de todos los trabajadores explota- dos y oprimidos.

De nuevo las masas

campesinas en escena

Es así que hoy tenemos que la de- bilidad de la convocatoria obrera provocada por el modelo, fue com- pensada por el torrente impetuo- so de las masas campesinas, de los

162

Octubre de 1996

plantadores de coca, del renovado contingente de los pueblos origi- narios con su reivindicación étnica de Territorio y Dignidad, de-los co- lonizadores. El miedo cerval de la clase dominante, se manifiesta aho- ra en ocasión de la presencia en las urbes de masas que se movili- zan centralizadas en la Central Obrera.

De ahí que en varios Congresos de este periodo, se trató de enfren- tar, con un añejo resentimiento de cuño etnocentrista, a campesinos y mineros como se hizo muchas veces en los primeros años de la Revolución Nacional. No obstan- te, en el IX Congreso realizado en Sucre, los campesinos pesaron tan-

to como masa numérica y 'po‘r sus‘

propuestas, como por la creación de otra Secretaría General, y la elección para ese puesto de un di- rigente nominado por la Confede- ración de Trabajadores Campesi- nos (CSUTCB).

En el X Congreso, realizado en la ciudad de Tarija en 1994, con la presencia activa del Ministerio del Trabajo, se definió un programa de “concertación”, matizado con un discurso “alternativo”, y una dirección conternporalizadora. Esta mostró en su gestión falta de iniciativa política e imaginación en su accionar cotidiano. Ante el em- bate privatizador de las grandes empresas estatales (petróleo, mine- ría, comunicaciones, electricidad)

la COB no tomó ninguna iniciati- va, cuando era- posible formar un Frente Antineoliberal y de defen- sa del-patrimonio nacional estra- tégico, como lo demostraron des- pués un grupo de intelectuales y universitarios.

La sumatoria de conflictos (de maestros, campesinos, plantadores de coca, universitarios, intelectua- les, etc.) empujó a la dirección cobista a decretar medidas rutina- rias, pero manteniendo una rela- ción estrecha con el gobierno. Se dio el caso de que en medio de una situación conflictiva, con decenas de militantes sindicales detenidos y la existencia de muertos a manos delas fuerzas represivas, miembros

-del Ejecutivo de la.COB aparecían

en la primera plana de la prensa, brindando con el presidente Sánchez de Lozada.

Las resoluciones del XI Congreso A pesar de que existían tres docu- mentos políticos presentados en la plenaria, originados en los sindi- catos de mineros, de maestros y dc campesinos, se logró finalmente una declaración política de consen- so. Estos tres sectores son los que en el periodo precedente encabe- zaron las luchas contra el neolibe- ralismo.

Uno de los aspectos controver- tidos en la discusión, fueron los di- ferentes criterios sustentados por

Cuadnnos del Sur

163

los delegados campesinos y mine- ros, en cuanto a la actitud a to- mar frente a las elecciones nacio- nales y municípales. Los campesi- nos, que impulsan un partido de- nominado Asamblea por la Sobe- ranía de los Pueblos (ASP), rntty alentados por el éxito que'han tenido en las primeras elecciones municipales de noviembre pasa- do, donde obtuvieron el control de un contingente de gobiernos municipales, proponían que la COB interviniera en las elecciones como institución. presentando sus propios candidatos a parlamenta-

rios, presidente, etc.

Los mineros, en cambio, entien- den que por su propia naturaleza los sindicatos no deben participar como organismo en las competen- cias electorales. Sin que se opon- gan a que los trabajadores formen su propio partido, pero cuyo esce- nario de acción debería ser el ám- bito obrero y popular a fin de esti- mular la autoorganización de las masas.

Dtrrantc todo el evento perma- neció en Trinidad el ministro de Trabajo, Reynaldo Peters, rondan- do el Congreso con el pretexto de

DECLARACION POLITICA DEL XI CONGRESO

n sus partes salientes la Declaración Política del Xl Congreso Nacional de

la Central Obrera Boliviana (COB). señala:

“Los obreros, campesinos y trabajadores condenan al neoliberalismo y su política privatizadora y transnacional de la economia estatal, de despidos masi- vos. ampliación y agudización de la pobreza de las grandes masas populares. y de exclusión del pueblo en esta democracia controlada“.

Condenan 'el intento neoliberal de mercantilizar la tierra para beneficio de los nuevos latifundistas y la ley de aguas. y creación de parques forestales que pretenden despojar a las comunidades originarias de su territorio".

‘De esta conciencia politica basica surge la necesidad imperiosa de forjar la

unidad originaria. obrero y popular para retomar la conducción de la COB con lealtad y consecuencia al servicio de todos los trabajadores y del pueblo boliviano".

“Esta unidad política anticapitalista y antineoliberal, se expresa en lo con- creto en una plataforma de lucha al margen y con pleno respeto de la plurali- dad ideológica de los trabajadores y a la democracia sindical. Nos comprome- temos ante todos los trabajadores revolucionarios a la unidad en la lucha por rurestros objetivos reivindicatist y estratégicos".

164 Octubre de I 99"

presentar un informe sobre el pro- yecto de reforma de la Seguridad Social. El Pleno del Congreso re- chazó y repudió su presencia. No obstante, fue evidente su gestión sobornando delegados, organizan- do “churrasqueadas” con abundan- te alcohol y dinero para repartir, se- gún lo consignó la prensa nacional.

Por los Estatutos de la COB, y su tradición clasista, siempre el Se- cretario Ejecutivo ha sido de ori- gen minero y propuesto por la Federación de Mineros. En esta oportunidad, la asamblea de los delegados mineros resolvió propo-

Plataforma Estratégica y de Lucha

ner a Edgar Ramírez, pcrlorista de la empresa ’Unificada de Potosí". Ramirez se ha destacado por sus posiciones radicales, y fue Secre- tario General de la Federación has- ta unas semanas antes del Congre- so. Dirigente de origen comunis- ta, renunció al PCB por sus posi- ciones reformistas y conciliadoras. e integra actualmente un grupo marxista denominado Partido Re- volucionario del Pueblo.

El otro candidato cs Oscar Sa- las, que ocupara el cargo de Secre- tario Eiecutivo de la COB en los dos últimos periodos. Con serios

l. LÏnidad de la clase obrera, campesinos y el pueblo en torno de la COB.

2. Recuperación y fortalecimiento del sindicalismo clasista, multinacional y revolucionario para derrotar al neoliberalismo, proyecto global de domina- ción de la oligarquía y el imperialismo.

Il. Rescatar el ejercicio pleno de los métodos de lucha de los trabajadores boli- vianos. Derrotar al sindicalismo neoliberal que compromete a nuestro movi- miento sindical con el regimen actual y los patrones mediante el dialogo concertador y la conciliacion de clase.

—l. Debate en el movimiento sindical para lograr una efectiva unidad obrera. campesina t popular. para organizar mejor nuestra Iuclia sindical y politica contra-el imperialismo _\ la reaccion nacional.

5. l-‘ortalecimiento ideológico. politico y orgánico del movimiento sindical.

(i. L'nidad y solidaridad con los explotados v oprimidos (le todo el mundo, con los procesos y movimientos de liberacion nacional y en especial con los traba- jadores y el pueblo de Cuba.

Objetivos estratégicos

l. Nuestra lucha es por el Socialismo Multinacional, por una sociedad sin opre- sores ni oprimidos, sin explotadores ni explotados.

2. Obreros, campesinos y el pueblo, debemos recuperar los recursos naturales,

Cuadernos del Sur 165

problemas de salud que le mantu- vieran hospitalizado en distintas oportunidades,'viejo militante mi- nero del Huanuni y del PCB —aho- ra integra el grupo Alternativa del Socialismo Democrático-, Salas es postulado por los sectores mode- rados y oficialistas como el mal menor para la posiciones neolibe- rales. Que no puedan proponer un candidato de su entera confianza, es un claro síntoma de que la COB está rompiendo con el viejo y am- biguo populismo.

La crisis de- la industria minera

del estaño, sus bajas cotizaciones. la ofensiva antisindical de los go- biernos neoliberales, y una fuerte campaña ideológica que sostenía que la minería cedía su importan- cia en la economía boliviana, sir- vieron de argumento para que se sostuviera que ya los mineros de- bían abandonar sus pretensiones “vanguardistas” del movimiento obrero. No obstante, los datos de la Balanza Comercial (1995), mues- tran que la minería continúa sien- do el principal puntal de la econo- mía boliviana. Lo que ha cambia-

minerales, hidrocarburos, bosques, entre otros.

3. Rescatar los servicios estratégicos como comunicaciones, transporte aéreo y ferroviario, energía eléctrica. 4. Luchar por el territorio y la tierra, por la autodeterminación de las Naciones On'ginarias. Por forjar una, identidad nacional que respete la unidad en la di- versidad. 5. Defensa de la hoja de coca, recurso natural y patrimonio cultural, así como alimento, medicamentoy ritual.

Rechazo del Tratado de extradición firmado con los Estados Unidos de Norteamérica, y toda forma de intervención imperialista a título de lucha con- tra el narcotnilico.

Objt'livox tácticas .

l. Derecho al trabajo, estabilidad laboral y mejores salarios.

2. Salud y educación públicas y gratuitas para todos los bolivianos.

3. Defensa de la Autonomía Universitaria que es autogobierno y libertad de pensamiento. Defensa particular de la Universidad Obrera del Siglo XX.

4. Seguridad Social sostenida por el Estado, empresarios y trabajadores y con solidaridad, universalidad y unidad de gestión.

5. Libertad de los presos políticos. _

6. Defensa de los derechos humanos. ¡ _

7. Cuba, territoriolibre de América, debe participar en la Cumbre Hemisféria. que se llevará a cabo en este año en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia.

166 Octubre de 1996

do es la propiedad de las empre- sas. Ahora es notable el predomi- nio de las empresas transna- cionales, frente a la insignificante explotación de las escasas empre- sas estatales.

Y esto tiene su correlato en la representación de los mineros en el XI Congreso. A diferencia de los anteriores congresos de Sucre y Tan'ja, ahora la mayoría de los de- legados fueron trabajadores de las empresas privadas —de 125 delega- dos, 100 eran de sindicatos de empresas privadas-, lo que de- mttestra inequívocamente la vigen- cia de los mineros y la reprole- tarización del movimiento sindical en Bolivia.

¿Por qué el XI Congreso no eligió la nueva dirección? En este punto predomina la per- cepción de que un sector impor- tante, que respondía ala línea ofi- cial o de posiciones moderadas, no estaba dispuesta a votar a Ramírez, desconociendo así la tradición de que la propuesta de los mineros debería ser ratificada por el Pleno del Congreso. (Oscar Salas, sien- do también minero, no se hizo pre- sente en la asamblea de los mine- ros donde se designó a Ramírez.) Al parecer primó la idea de que una resolución en cualquier senti- do en estas circunstancias, no hu- biera conformado a ninguna de las partes, creando una situación de

difícil manejo en las próximas eta- pas. Salas, por su parte, habría in- tentado renunciar a su postulación y sus partidarios se habrían opues- to a que lo hiciera.

El Presidium del Congreso —con mayoría de la línea moderada y oficialista, pero presidido por Milton Gómez del grupo político de Ramírez- asumió la conducción de la COB hasta la reapertura del Congreso en agosto próximo. Y en tal postura ha comenzado a actuar convocando a plenarias de los sin- dicatos en una situación donde el gobierno se propone privatizar la seguridad social y aprobar la ven- ta de la empresa estatal petrolera (YPFB), y una ntteva ley agraria.

El Congreso, como se puede apreciar por sus resoluciones, adoptó una línea claramente antineoliberal, anticapitalista y antimperialista. Los documentos aprobados en la Comisión Política serán discutidos en las bases, esti- mulando el debate ideológico y político en los sindicatos.

La próximas semanas deberan mostrar hasta qué punto cl progra- ma y plataforma resueltas, logran con figurar una dirección y un equi- po de cuadros sindicales que se co- rrespondan con aquellos propósi- tos. Estos son los desafíos de los nuevos tiempos que afrontan los trabajadores bolivianos.

La Paz, Bolivia,julio 4 de 1996.

Cuadean del Sur

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I’osrlala, 10 de septiembre de 1996

La COB ya tiene nuevo Comité Ejecutivo

Finalmente, y como culminación del XI Congreso dc la Central Obrera Boliviana, realizado en la ciudad de Trinidad, se eligió en Cochabamba un nuevo Comite Eje- cutivo Nacional (CEN). La puja por la Secretaria Ejecutiva se definió a favor del minero Edgar Ramírez, qrtien por un amplio margen de votos derrotó al también minero, y anterior Secretario Ejecutivo por dos períodos, Oscar Salas.

Lo más significativo de este re- sultado se refleja en el hecho de qtrc los analistas políticos conside- ran que estamos en presencia de una «nueva» COB. En efecto, la elección de Ramírez. por su posi- ción antineoliberal y anticapitalis- ta, esta expresando un giro impor- tante en la dirección v el liderazgo del movimiento obrero y popttlar de Bolivia. Si bien Ramírez tendra que conrivir, en un Ejecutivo de. 247 miembros, con diversas temien- cias que incluyen miembros de la coalición de gobierno (MNR, .\lBL) y otras corrientes modera- das y conservadoras. cl rol y la tra- dición del cargo de Secretario Eje- cutivo —que por más de 30 años ejercicrajuan Lechin- tiene un peso y una autoridad irrdiscutibles.

Consultado sobre la viabilidad

de una gestión radical habida cuen- ta de la heterogeneidad política del CEN, Ramírez manifestó: «Tene- mos ttna línea. un hilo conductor que debe subordinar la conducta de cada uno de los dirigentes y son las resoluciones del XI Congreso. Además está la resolución sobre la rcvocabilidadde los cargos resuel- ta en el Congreso. Esta medida debe convertirse en un instrumen- to de depuración del movimiento sindical. Tiene qtre haber normas políticas y morales frente a dirigen- tes que tienen actitudes antisin- dicales —de cuestionar, por ejem- plo, las resoluciones y la validez misma de los Congresos-, actitu- des deshonestas, etc. Tiene que ejercerse la revocabilidad de los dirigentes —incluido el Secretario Ejecutivo- en manos dela decisión de las bases».

Al tiempo qtre el ntrcvo ejecuti- vo reacondiciona el aparato admi- nistrativo y dc relación con los medios de masas, el CEN convocó a un Ampliado de delegados sin- dicales (que es el sistema de furt- cionarnienro de la Central) que resolvió realizar un Paro General con movilizaciones en apoyo de la Marcha Campesina por la Tierra v el Territorio, en defensa del acttral sistema de scgtrridad social, del fuero sindical y de las empresas estatales, y de rechazo al proyecto del mrevo Código de Minería. Esta última iniciativa del Poder Ejecuti-

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Octubre de 1996

vo, qtre ya está a discusión en el Senado, supone abrir totalmente el territorio nacional a la explora- ción y explotación del subsuelo boliviano —«hasta el centro de la tierra», dice un proyectado artícu- lo- en beneficio exclusivo de las grandes empresas transnacionales, liqtridando definitivamente las empresas mineras estatales, coope- rativas y de mineros chicos.

Todo indica que se abren nue- vas perspectivas para el porvenir de las masas pobres y explotadas de Bolivia. Porque la proverbial combatin'dad y resistencia de los trabajadores que siempre encontró el freno, la mediación y la mani- pulación de la cúpulas dirigentes, ahora podría encontrar canales propicios para encauzar la ltrcha popular.

El 0'0 o

Ïíievista de critica cultural

ng 718, otoño 1996: Modos de la memoria Entrevistas a Carlos Correas y Nicolásfasullo f Ensayos de Germán Garcia. Eduardo Grüner, Blas de Santos, Christian Ferrer. Horacio González / Ficción, por Emilio de Ipola liïteseñas críticas.

Cuadernos del Sur

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Los artistas plásticos a 20 años del golpe. Arte y represión

Juan Carlos Romero

a... me parece francamente desastroso: la idea de que hemos terminado con la política, de que ya no necesitamos un arte político y por lo tanto es necesario volver al verdadero arte, a la experiencia de la belleza.»

Hace 20 años se iniciaba un proce- so de represión y control social que hoy continúa bajo formas demo- cráticas. Dos décadas que tuvieron su antecedente más inmediato en los fu- silamientos de Trelew. Ya allí, desde el poder real, nes estaban dando in- dicios de lo que planeaban si fallaban los recaudos acerca de que las ideas transformadoras no debían prosperar.

Así fue que no dejaron creer las ideas, los hechos, los entusiasrnos y los pequeños avances sociales de princi- pios de 1973.

Aquellos años y los que siguieron dejaron _un saldo de desapariciones,- secuestros, clausuras y exilios, tanto fuera como adentro del país, que bo- rraron de la vida pública a toda una generación , de la que desde hace rato estamos sintiendo su ausencia. Hoy, 20 años después ya no hace falta el aparato militar para lograr lo que en esa época sÉ‘hizo por Ia fuerza y en el silencio de noche de los años de hielo.

Es necesaria-e inevitable hacer es-

Fredericjameson, Clarín 18.7.96

tas referencias para poder ubicar el espacio en el que también se desarro- lló la persecución en el campo del arte y la cultura. Para ubicar la instalación de la cultura del silencio en el ámbito de los artistas, los intelectuales, los es- tudiantes de las instituciones de arte, con la seguridad de que ese era un foco del desarrollo del pensamiento crítico, cuestionador del orden que se quería imponer.

Qué nos pasó a los artistas desde la década del 70 en adelante; que pasó con los artistas durante la dictadura militar; y que pasa ahora con los artis- tas, en esta época donde el control y la censura del Estado toma otros ves- tidos, bajo la apariencia de una demo- cracia que es sólo ritual, ya que solo cada dos años vamos a votar en actos que han ¡perdido su significado origi- nal.

Una pregunta dificil, y una respues- ta más difícil aún. .

Cada vez que los artistas hacemos obras, y tomamos actitudes de carác-

Cuademos del Sur

171

ter político, se discute en los ámbitos especificos acerca del valor artístico y su significado. Se lo llama arte corn- prornetido, arte político, arte panfle- tario, arte ideológico, arte social. Al- gunas veces con tono peyorativo otras reivindicando las actitudes políticas, pero esto finalmente tiene un costo. Y es qtre algunos artistas se ven tuar- ginados de los espacios de circulación tradicional de la obra de arte.

Por eso es necesario hacerse otra pregunta acerca de cuáles son los mejores lugares para mostrar nuestra obra. Donde es mas útil y necesaria nttestra presencia, en particular para conocer nosotros mismos, los artistas, el rol a tener en la estructura social contemporánea, mas allá de ser rne- ros animadores del espectaculo de los dueños del poder.

¿Habra qtre exponer en las galerías de arte, en los rntrseos, en los centros barriales. en los sindicatos, en las mar- chas de protesta, en los organismos de derechos lrtrrnanos, en las publica- ciones políticas, en los afiches políti- cos o solamente en las acciones que a veces realizamos los rnismos artistas en las distintas covuntmas (le critica de los actos de gobierno qtre perjudi- can a la mayoria del pueblo?

Una pregtrnta y quizas una respues- ta inrrrediata en la enumeración de los lugares posibles para la inserción de nuestras ideas, tanto estéticas como políticas, ya que ambas estan solida- riamente asociadas.

Todos y cada trno de estos lugares

son útiles para exponer nuestras ideas. Cada ámbito donde podamos mostrar libremente Io que sentimos es impor- tante para cambiar tanto la percepción como la conciencia del mundo, de los espectadores de nuestra obra. Tam- bién sabemos que existe la posibilidad latente de que nuestros espectadores pasen a ser actores y se apropien de las decisiones que otros toman por ellos, y poder así trabajar en contra de la injusticia y salvaje desigualdad social en qtte estan sumidos.

Quiero afirmar que la relación ¿ti- ra/esle'tica es hoy, a 20 años del golpe, mas necesaria qtre nunca. Que nos debe mover para que nuestra creación artistica, no solamente y necesaria- mente, genere nuevas y mejores for- mas de percibir el mundo.

Es también necesario qtre cada ttno de nosotros, los artistas plásticos, to- memos conocimiento del tnttndo en que vivimos. quiénes son los que mas injustamente viven, quiénes son los mas maltratados, a quiénes los descui- da mas el Estado. en nombre de argu- mentos mercantilistas qtre poco tienen qtre ver con hacer disminuir el dolor Irurnano,

Solo de esta forma. cada ver. qtre nos pongamos a realizar una obra, str restrllado tendra la fuerza de una ver- dadera creación artística.

Septiembre de |996

“¡a

172

Octubre de 1996

_ REVISTA DE REVISTAS _

t ,

ALFAGUARA, Casilla .\‘ro. Hilti, Correo Central, Montevideo. Nro l4, marzo-abril 1996.]. Louis: Seregni: Derecha march? _]. Arias: El proyecto sin alma. lfiMoyano: Los obreros no tienen patria. los mercenarios tampoco. _]. Petras: Transformación capitalista: relevancia y limites del marxismo. M. Lowy: l)e Karl Marx a Emiliano Zapata. 0. Bayer: Basuras del mun- do uníos.

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Cuademos del Sur 173

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174 Octubre de 1996

_ CUADERNOS DEL SUR-

Ultimos números

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Edit: La actualidad del marxismo / Carlos M. Vilas: Reestructuración capitalista, reforma del Estado y clase obrera en Amérim Latina / Nicolás Iñigo Carrera: Argentina, una sociedad que se polariza / Aníbal Mayo: Plan Cavallo, reestructuración capitalista y coyuntura / Irene Mtu'toz-Daniel Campione: Estado, dirigencia sindical y clase obrera / Alberto]. Plá: Mariátegui y el marxismo / Documentos: FMI, 50 años bastan / Leopoldo Munera Ruiz: Castañeda y la izquierda de salón.

Artista plástico invitado: Luis Felipe noé

19 .

Edit: Hegemonía financiera, exclusión social / Elmar Altvater: Sociedad y trabajo: Concepto en cuestión. Sujetos históricos-mito y realidad / Wolfgang Leo Maar: ¿El fi'n de la sociedad del trabajo o emancipación crítica del trabajo social? / Maxime Durand: Las dos caras de la crisis del trabajo/ Edttardo Lucila: El mundo del trabajo en el fin del siglo/ Alberto Bonnet: Argentina 1995: ¿Una nueva hegemoníaP/ Reiner Grundmann: El marxismo frente al desa- fío ecológico. Reseñas: El año que estuvimos en ninguna parte.

Artista plástico invitado: Ricardo Carpani

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Edit. Trabajo y no trabajo /Jesús Albarracín-Pedro Montes: El debate sobre el reparto del empleo/ Claudio Lozano-Roberto Feletti: Convertibilidad y desempleo. Crisis ocupacional en la Argenlina/ Alain Lipi'etz-Maxime Durand: Francia. La reducción del tiempo de trabajo v la compensación salarial / Oskar Negt: La imaginación productiva / Adolfo Gilly: Entre Babel y la ciudad l'utura/ Arturo Anguiano: ¿Una nueva izquierda en México?/ Adolfo Gilly: Ernest Mandel: recuerdos del olvido/ Reseñas: Del Moncada a Chiapas. Historia de la lttcha armada en America Latina.

Artistas plasticos invitados: Ernesto de la (Zarcova (1867-1927). Antonio Berni ( 1905-]98l), juan Carlos Romero.

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Edit. 20 años Despuús/ Eduardo Gruner: Sobre la culpa y la verguenza/ Florestan Fernández: Revolución; un fantasma que no l'ue conjurado/ Daniel Bensaid: Francia. La contrarrevolu- ción liberal 'y la rebelión popular /_]ohn Holloway: La osa mayor: posfordismo y lucha de clases / Bopjessop: Osos polares y lucha de clases / Rolando Astarita: La importancia revo- lucionaria de la concepción de la a Lógica del capital» / EZLN: Primer Encuentro lntercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo / Alberto]. Plá: 125 años de la Comuna de l’arís / Reseñas: Tierra y Libertad. Una mirada radicalmente solidaria. Artistas plasticos invitados: Miguel Angel Cabezas, Mónica C.(‘.urrel, Anibal Cedrón.

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(’(‘lllln'l' (Ít' ¡(W/i

_ uadernos del Sur

EDITORIAL ¿Los trabajadores? De nuevo en la Plaza DAN GALLÍN Nuevo orden mundial y estrategia sindical

RICARDO ANTUNES Dimensiones de la crisis del sindicalismo Impases y desafíos.

JAMES PETRAS Latinoamérica: Crisis del pactismo EDUARDO LUCITA Crisis Sindical: Un debate impostergable ENTREVISTAS «Barba» Gutiérrez / «Perro» Santillán/

E.Quiroga/ Víctor De Gennaro O.Martínez /¿Que' futuro para el sindicalismo?

M.GÓMEZ / N. Conflictividad laboral durante el ZELLER Plan de Convertibilidad (l99l-l995) L. PALACIOS '

WASHINGTON Bolivia: La COB afrontando los nuevos ESTELLANO tiempos

JUAN CARLOS ROMERO Arte y represión REVISTA DE REVISTAS

Artista plástico invitado: Teresa Volco

Tierrafiuego del