Sociedad-Economía-Política
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AÑO 13 — N9 24 ' Mayo de 1997
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Consejo Editorial
Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto Plá. / Carlos Suárez
Brasil: Enrique Anda / Florestán Fernández [1920-1995]
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El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina.
Colectivo de Gestión María Rosa Lorenzo / Alberto Bonnet / Mariano Resels / Gustavo Guevara / Cristina Viano / Leónidas Cerruti / Rubén Lozano
Coordinación artística Dibujo de V. Kandinski Juan Carlos Romero
Cuadernos del Sur, número 24 Toda correspondencia deberá dirigirsea: Publicado por Editorial Tierra del Fuego Casilla de Correos n9 167, 6-B. C.P. 1406 Argentina, mayo de 1997 Buenos Aires, Argentina
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2 Mayo de 1997
EDITORIAL JOACHIM HIRSCH MICHEL HUSSON
TERREN CE McDONOUGH
DAN LA BOTZ
JAN E SLAUGHTER DIANA HOCHRAICH ENZO TRAVERSO
PABLO GHIGLIANI
REVISTA DE REVISTAS
Índice
La múndialización del Capital 5 ¿Qué es la globalización? 9 Capital fin de siglo 21 Lenin, el imperialismo y las etapas 44 del desarrollo capitalista Estados Unidos: ¿un nuevo Comienzo 73 histórico? Estados Unidos: sobreviviendo al 81 toyotismo La industrialización por las exportaciones 95 y los países asiáticos: ¿una salida al subde- sarrollo? Marx, el inactual 121 El cordobazo. Las guerras obreras en 129 Córdoba 7955-7976, dejames P. Brennan
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Cuadernos de Sur
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La mundialización capi a lS a
ha sido una categoría de análisis utilizada, a veces abusivamente, para identificar o caracterizar la fase ac- tual del capitalismo. En su acepción más abarcau'va «globalización» identificaría un mundo sin fronteras y r -- unas corporaciones internacionales que no tendrían amarre en nación alguna.
En América Latina esta noción es invocada a diario para justificar la más variadas políticas, que en general aparecen fragmentadas y desco- nectadas de los diversos acontecimientos político-sociales, recubiertas por un planteo tecnicista: estabilización y convertibilidad de las mone- das; privatización de empresas públicas y Estado «mínimo»; igualdad de condiciones entre empresas locales y extranjeras; apertura de la econo- mía, desregulaciones varias... que, sin embargo, responden todas a una misma lógica. Esta estandarización de la economía mundial se rige por las reglas generales del liberalismo económico y responde así a una exi- gencia de la gran burguesía internacional que requiere reaseguros y reglas claras en aquellos países donde invierten.
En Argentina esta invocación es siempre una y la misma: la «globalización» impone un cauce único y “objetivo” a nuestra econo- mía. Aparece así en los discursos oficiales como una variable indepen- diente, como una suerte de causa sin causa, un estado natural donde la economía está librada al libre juego de las fuerzas del mercado, que legitima aquellas políticas estatales.
Sin embargo otra mirada es posible. Yen ella la «globalización», en rigor un eufemismo con el cual se intenta ocultar el proceso de mundialización del capital, no es otra cosa que una reorganización de la economía mundial como respuesta defensiva de las multinacionales para enfrentar el fin de la onda larga de expansión capitalista ocurrido
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en los inicios de la década de los setenta. Ella lleva implícita una agudización de las relaciones antagónicas entre las tendencias crecien- tes a la mundialización y las soberanías de los Estados-nación que se ven conmocionadas hasta sus cimientos.
El lugar privilegiado donde se desenvuelve este antagonismo es en el campo del dinero y las política monetarias, estimulado por la exis- tencia de una plétora de fondos especulativos. Es el capital financiero que con sus flujos y reflujos pone en jaque la capacidad de regulación y control de los Estados.
Pero la “globalización” es también, fundamentalmente, una estrate- gia política. Y una lectura a sus múltiples instancias lleva a reconocer los momentos de ruptura y de confrontación, así como los profundos y drásticos cambios que provoca en el plano de las relaciones sociales, como mecanismo modificatorio de las relaciones entre las clases y los Estados.
Situarse ante la globalización requiere historizar los acontecimien- tos. Es decir, incorporar las mediaciones sociales y políticas que permi- tan desfetichizar, desnaturalizar las categorías analíticas propias de la cosmovisión neoliberal y romper con la carga de pasividad y resigna- ción implícitas en estas “síntesis totalizadoras”. Apartarse de una vi- sión en boga que presenta esta situación de manera fragrnentada, des- conectada, sólo simbolizada en lo “objetivo”, en lo que se impone por la fuerza omnipotente de lo “inevitable”. Por el contrario se hace nece- sario considerar el componente ideológico de su construcción y confi- guración discursiva, dándole significado a la estrategia implícita en todas y cada una de sus acciones.
Paralelamente a esto, a medida que se extiende el uso del término «globalización» se desvaloriza el de imperialismo. Sin embargo uno no anula al otro, por el contrario en el marco de las relaciones, procesos y estructuras que constituyen el capitalismo como modo de produc- ción, ambos se determinan recíprocamente, se contraponen y se com- plementan. La mundialización del capital —hoy «globalización»— es his- tóricamente más amplia y abarcadora y puede contener uno o varios imperialismos, nacionalismos y regionalismos.
La mundialización va haciendo cambiar profundamente el carácter de los Estados, pero no los hace desaparecer. Estos pierden buena parte del control de sus decisiones económicas y políticas y no pueden ya fijar libremente su estrategia internacional, pero siguen dependiendo de un territorio y de relaciones sociales y políticas nacionales.
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El proceso de “globalización” puede leerse entonces como expresión de la fuga defensiva del capital. Su forma productiva se repliega —bien que en términos relativos- y la forma dineraria, constituida en capital financiero, despliega su predominio. Desde ese lugar el capital aplica de manera contundente las modificaciones sustanciales de la reestruc- turación social.
Los estados nacionales y sus instituciones —vitales durante el apo- geo de las políticas del llamado Estado de Bienestar- ven desdibujadas sus anteriores acciones regulatorias. Sin embargo, esta situación no implica su desaparición, sino, la reformulación de sus intervenciones. En este sentido, la “desregulación” es el nombre que adquieren, bajo las políticas neoliberales, las actuales incursiones regulatorias del Esta- do. Su carácter está profundamente relacionado con la “funcionalidad” requerida por la acentuada multinacionalización económico-política. Esta transformación, signada por los ajustes permanentes y la restric- ción de los espacios democráticos da cuenta de alteraciones que atra- viesan al conjunto de la sociedad, estableciendo una estructura frag- mentada, debilitada en sus lazos solidarios, propensa a una mayor dis- persión.
La puesta en práctica de los programas de privatización, la aplica- ción de políticas preCarizadoras y flexibilizadoras en el ámbito laboral, el aumento de la desocupación y la pobreza...dejan al descubierto el rostro de la “globalización”, su diseño estratégico especifico, es decir, la dimensión político-social que se pone en juegó, la lucha de clases se presenta así en toda su intensidad.
Expresión de esta última afirmación, es la dinámica que asumen los conflictos en la actualidad. Frente a la retirada del Estado se diluye el papel integrador de las instituciones, las representaciones tradiciona- les —particularmente las burocratizadas direcciones sindicales-— no es- tán en condiciones de presentar mayores demandas a los estados, ni de ofrecerse como mediadores ante los trabajadores y el resto de las clases subalternas, que al no encontrar canales institucionales tienden a radicalizarse.
Las recientes experiencias de Cutral-có y Tartagal, las manifestacio- nes populares en Jujuy y otras provincias, los trabajadores de la Fiat Córdoba, las confrontaciones docentes en todo el país, las movilizaciones estudiantiles, contienen diversas expresiones de lucha y organización, formas embrionarias de autoorganización y ejercicios de democracia y acción directas. Caminos todos por los que el movi-
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miento obrero y las clases subalternas buscan recuperar su independen- cia y darse direcciones propias.
La mundialización del capital homogeneiza por arriba y fragmenta por abajo, pero al mismo tiempo diluye las formas de integración y control social, se abren así nuevos caminos y nuevas posibilidades para el movimiento social.
RL/ EL Buenos Aires, mayo 1997
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¿Qué es la globalización?
Joachim Hirsch
. Entre concepto y fetiche
'ï Quisiera hacer algunos comentarios generales sobre esta conferencia. Su tema general es bastante amplio e involucra relaciones muy complejas. Ello significa - que no es posible tratar, en forma más o menos ex- . ,. tensa, toda la problemática implicada en el tema. Por eso, tengo que limitarme a presentar sólo algunos aspectos fundamen- tales, así como a abordar algunas cuestiones importantes. Debo pres- cindir de muchos detalles; en ocasiones también de fundamentaciones exhaustivas y, sobre todo, de una exposición más amplia de las bases teóricas de mi argumentación.
El concepto de “globalización” está hoy en día en boca de todos, independiente de los puntos de vista políticos y teóricos que se adop- ten. Simultáneamente, son muy variadas las formas en que el fenóme- no es interpretado. Para unos contiene una promesa de un mundo mejor y más pacífico; para otros, en cambio, se vincula con la idea del caos global. Como siempre, la definición depende de las proposiciones teóricas y políticas asumidas. En esta primera conferencia trataré de desarrollar un concepto de globalización fundamentado teóricamente. Con ello espero establecer las bases para tratar, con mayor precisión en las próximas conferencias, algunos aspectos importantes de esta problemática, para abordar al final, la cuestión en la dimensión de una política democrática bajo las actuales condiciones sociales.
Veamos primero lo relacionado con la “globalización” en la concien- cia de la vida cotidiana. Evidentemente, la “globalización” representa cosas muy variadas: Internet, Coca-cola, televisión vía satélite, IBM, libre comercio, correo electrónico, triunfo de la “democracia” sobre el “comunismo”, “mercosur”, telenovelas de Hollywood, Microsoft, la
* «Globalización y transformación del Estado y la democracia», Universi- dad Nacional de Córdoba, Goethe Institut-Córdoba, 6 al 26 de marzo de 1997.
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catástrofe climática, acaso también la Organización de las Naciones Unidas y las intervenciones militares “humanitarias” realizadas en su nombre. Estos son sólo algunos ejemplos.
La “globalización” es, así, algo más que un concepto científico. De cierta manera, hoy en día es un fetiche. Es decir, la palabra se utiliza con frecuencia sin ser entendida en detalle, significando muchas veces lo opuesto, pero teniendo algo en común: describe algo así como un poder oculto que agita al mundo, que determina toda nuestra vida y que nos domina cada vez más. Sea como fuere, prácticamente no exis- te en la actualidad un problema social, ninguna catástrofe y ninguna crisis que no pudiera ser relacionada con la “globalización”. Al mismo tiempo, se enlazan con ello tremendas esperanzas en un mundo unido, seguro, pacífico; hasta se considera la posibilidad de un “gobierno de- mocrático mundial”. En correspondencia, es también bastante amplia la coyuntura de conceptos ideológicos relacionados con la “globaliza- ción”; se habla del mundo como de una “aldea global”, de una “socie- dad mundial” o aun de una “comunidad de los pueblos”.
Sin embargo, la creencia en la formación de una “sociedad mun- dial”, pacífica y humana, es desmentida por todas las experiencias prác- ticas: proliferan tanto las guerras entre naciones como las guerras civi- les; se profundizan las divisiones sociales tanto dentro de las socieda- des como también a nivel internacional; el racismo, el nacionalismo y el “fundamentalismo” parecen devenir cada vez más peligrosos y se despliegan movimientos de migración en masa, que frecuentemente se topan con fronteras herméticamente cerradas.
Con todas sus connotaciones contradictorias, “globalización” se ha convertido en un vocablo común y corriente. Desde hace algunos años, domina la discusión pública, pese a que con bastante anterioridad se descubrió que la Tierra es redonda.
La coyuntura del concepto está relacionada probablemente con al- gunos acontecimientos históricos importantes: el derrumbe de la Unión Soviética, el fin de la competencia entre los sistemas y la expansión de las relaciones de producción capitalista, la cual prácticamente no en- cuentra más obstáculos. A esto corresponde también la existencia de una única potencia mundial determinante, un centro militar que do- mina la Tierra: los Estados Unidos de Norteamérica.
Como nunca, el mundo aparece entonces, acabado y unificado. No es casual que un presidente de los Estados Unidos haya declarado la segunda guerra del Golfo como la marca de un “nuevo orden mun-
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dial". El cOncepto “globalización” marca, en cierto sentido, el fin del breve siglo xx, que comenzó con la Revolución Rusa y finalizó en 1989.
Que las interrelaciones globales determinan el pensamiento de los seres humanos, no es novedoso en sí. El origen moderno del pensa- miento global está relacionado muy esencialmente con el colonialismo y el desarrollo del Estado nacional y del capitalismo ligado a él. La idea del imperio antiguo y medieval ¡fue reemplazada por la imagen de un mundo controlado por un grupo de estados que compiten entre sí y, en principio, ilimitado. También eso era la “globalización”, aún cuan- do entonces no se manejara ese concepto. Se decía que en los domi- nios de los reyes españoles nunca se ponía el sol. El globo aparecía como el botín de las potencias coloniales.
...Es interesante que" la coyuntura actual del concepto parezca estar relacionada con el hecho de que hayan terminado las incursiones por botines coloniales. No queda nada más por conquistar ni repartir entre las potencias dominantes, por lo menos en un sentido geográfico. La metáfora la “nave tierra” enfatiza la limitación del globo: por lo finito de los recursos naturales, por el peligro de las catástrofes ambientales de dimensiones mundiales y por los conflictos de distribución, en as- censo. Con esto se evidencian los efectos destructivos, precisamente del modo de producción y de las formas de vida, que han sido declara- das de vigencia universal, o sea “globalizados”. En el concepto “globalización” resuena siempre una contradicción real: el amplio y decisivo triunfo del capitalismo, simultáneamente podría socavar sus bases naturales y sociales.
Con el término “globalización”, por lo tanto, se asocia siempre una doble significación. El concepto simboliza la esperanza de progreso, paz, la posibilidad de un mundo unido y mejor y, al mismo tiempo, representa dependencia, falta de autonomía y amenaza. Visto así, “globalización” es, en rigor, un concepto profundamente escéptico. Y desde este carácter contradictorio siempre remite también a su opues- to: o sea a localidad y regiónalidad, a las pequeñas comunidades, pero también al nacionalismo agresivo y al racismo que acompañan con tan- ta persistencia el proceso actual. Si se reflexionara más seriamente so- bre el concepto “globalización” y fuese utilizado con menos ligereza, se podría, en efecto, conocer algo sobre el estado del mundo, su desarro- llo y las contradicciones que lo determinan.
En medio de la confusión de significados, ideologías y esperanzas, la tarea del análisis científico es explicar con mayor claridad lo que debe
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entenderse por “globalización” en tanto fenómeno sociopolítico, ubi- car sus orígenes y determinar sus consecuencias a largo plazo. Esto no es muy simple, ya que se trata de relaciones complejas entre factores técnicos, económicos, políticos e ideológico-culturales. Como ya se mencionó, sólo es posible una auténtica explicación de los conceptos en el marco de una amplia teoría de la sociedad y su desarrollo. Me refiero al tipo de análisis materialista histórico del capitalismo que se encuentra en la tradición marxista. En mi opinión, este marco teórico ofrece una posibilidad única para dar respuesta detallada a la pregunta sobre los orígenes y el significado de la “globalización”.
¿Qué se entiende por “globalización” y cuáles son sus dimensiones? Cuando se habla de “globalización” pueden diferenciarse analíticamente varios niveles de significados:
1) En lo técnico, se relaciona sobre todo con la implantación de nue- vas tecnologías, especialmente las modificaciones revolucionarias, vin- culadas con las posibilidades modernas de procesamiento y transferen- cia de información. Con rapidez y en on line, permiten unir regiones del mundo muy distantes. Este desarrollo sirve de base sobre la idea de una “aldea global”.
2) En lo político se habla de globalización, relacionándola con el fin de la “guerra fría” y la división del mundo en dos bloques enemigos derivada de la misma. Tras la caída de la Unión Soviética, se presenta como definitiva la victoria histórica del modelo democrático liberal. Los Estados Unidos se han convertido mundialmente en una potencia militar dominante sin restricciones. Sobre ello se basa el nuevo papel que desempeña la Organización de las Naciones Unidas, de la que se espera que algún día podrá desempeñar la función de un “gobierno mundial” general.
3) En lo ideológico-cultural, puede entenderse la globalización como la universalización de determinados modelos de valor; por ejemplo, el reconocimiento general de los principios liberal-democráticosry de los derechos humanos fundamentales; sin embargo, también puede en- tenderse como la generalización del modelo de consumo capitalista. Este desarrollo se vincula fuertemente con la formación de monopo- lios de los medios de comunicación de masas.
4) En lo económico, el concepto hace referencia a la liberación del tráfico de mercancías, servicios, dinero y capitales; a la internacionaliza- ción de la producción y también a la posición cada vez más dominante
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de las empresas multinacionales. Es importante señalar, sin embargo, que el capital ciertamente se ha extendido más allá de las fronteras; no así la fuerza de trabajo, los seres humanos. Estos siguen atados a los territorios de los Estados nacionales, a menos que estén obligados a migrar o huir. Me referiré más adelante a las particularidades del pro- ceso dominante de globalización. De todos modos puede decirse que por vez primera en la historia existe un mercado capitalista que com- prende todo el mundo. El capitalismo ha llegado a ser mundialmente dominante y universal.
¿Qué hay de nuevo en la globalización actual y cuáles son sus causas? Aunque estos desarrollos sean muy evidentes, no obstante, nos queda la pregunta acerca de si se trata de algo realmente nuevo, si asistimos a una modificación histórica de carácter cualitativo del capitalismo, o si solamente se siguen desarrollando las tendencias que siempre han de- terminado de por sí su desarrollo. En todo caso, hay que recordar que el capitalismo es un sistema global desde su origen. Ya desde sus co- mienzos estuvo estrechamente vinculado con el colonialismo y, desde el siglo XIX, el imperialismo pertenece a sus características estructura- les decisivas. ¿Es entonces la “globalización” algo más que un concepto de moda, es decir, se trata de una categoría histórico-analítica?
Si se desea aclarar esta cuestión habrán de buscarse las causas del desarrollo actual. Yes evidente que para esto las explicaciones tecnoló- gicas, políticas y culturales son insuficientes. La globalización se refie- re, en esencia a un proceso económico. El interrogante será entonces, si asistimos a una modificación estructural histórica del capitalismo que le da a esta forma social un rostro y un significado completamente distintos, y de qué manera se realiza.
Para ello será necesario echar un vistazo al desarrollo del capitalismo en el presente siglo. Este desarrollo podría entenderse como una suce- sión de crisis estructurales. Al comienzo, en los años treinta, se desenca- denó una crisis económica mundial precedida por una serie de movi- mientos revohicionarios, relacionados con la Revolución de Octubre en Rusia. La solución para esta crisis consistió en implantar un modo de acumulación y regulación que se distinguía fundamentalmente del ante- rior. Denominamos fordz'smo a ese nuevo modo de acumulación y regula- ción. El fordiSmo creó las condiciones para un mejoramiento estructural de la rentabilidad del capital a escala mundial. Esto, por otra parte, tuvo como premisas levantamientos y revueltas sociales, y desplazamientos de
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las fuerzas políticas, sobre todo la fracasada revolución socialista en occi- dente, la exitosa revolución rusa, la segunda guerra mundial y la conse- cuente derrota del fascismo. De ahi provino la posición dominante en la esfera internacional de Estados Unidos, que hizo posible hacer hegemónico, en la región occidental del mundo, su modelo social y eco- nómico, en conflicto con el socialismo soviético.
Permítaseme resumir brevemente las características del capitalismo fordista. Característico ante todo es la imposición de una estrategia de acumulación basada en una producción taylorista masiva, una fuerte expansión del trabajo asalariado a expensas de la producción tradicio- nal agrícola y artesanal; y la imposición de un modelo de consumo masivo. Con ello, el capital transitó hacia la ampliación sistemática del mercado interno. Esto significó que el consumo de la clase trabajadora pasaría a ser él mismo parte del proceso de reproducción del capital. Como consecuencia de este desarrollo se produjo una extensa y pro- funda penetración de la sociedad por el capital en su conjunto, a tal grado, que las formas tradicionales de la producción de subsistencia, como por ejemplo partes del trabajo doméstico y la producción casera, fueron desplazadas por mercancías producidas sobre bases capitalis- tas, y las relaciones sociales, en su conjunto, se comercializaron en una medida considerable.
La implantación de este nuevo modo de acumulación estaba vincu- lado al establecimiento de una forma de regulación política y social que se caracterizaba por un alto grado de dirección económica, por un desarrollo de la política estatal de crecimiento, ingreso y ocupación, por el reconocimiento de los sindicatos y la institucionalización políti- ca de conciliación de clases, en el marco de estructuras corporativas. De especial significado era también la expansión paulatina del Estado de bienestar, que no sólo representó un importante mecanismo de integración política de los asalariados, en el marco de la confrontación con el “comunismo” sino también un apoyo determinante para el mo- delo fordista de consumo masivo.
La integración de la clase asalariada en el modo fordista de consu- mo masivo, implantación de nuevas tecnologías de producción y las formas de organización del trabajo, así como el nuevo modo de regula- ción política, sirvieron por un tiempo para progresos bastante impor- tantes en la productividad, altas tasas de ganancia y un crecimiento económico relativamente constante. Por primera vez en la historia del capitalismo parecía realizable la unión de un creciente ingreso para las
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masas,,con una enorme rentabilidad del capital. El fordismo de las dos décadas siguientes a la segunda guerra mundial parecía una “edad de oro” del capitalismo. Simultáneamente, esto fue la base para una ex- tensa política de reformas relacionada con la posibilidad de moldear democráticamente y de “civilizar” al capitalismo. Todo esto constituyó la base decisiva de la efectividad de los partidos políticos reformistas de tipo socialdemócrata.
El fordismo puede considerarse por cierto como un sistema global. Al fordismo de las metrópolis le correspondió, en cierta manera, uno “periférico”. La estrategia de sustitución de importaciones, que predo- minaba durante este tiempo en la periferia capitalista, se puede valorar como ensayo, también aquí, para crear gradualmente estructuras eco- nómicas y sociales fordistas, semejantes a aquéllas de las metrópolis capitalistas desarrolladas.
Asimismo el fordismo quedó organizado, en esencia, bajo una for- ma estatal nacional. En su centro estaba la expansión de los mercados internos sobre la base de una ampliada intervención estatal y la institucionalización de la conciliación de clases. Esto suponía la posibi- lidad de una regulación estatal nacional relativamente independiente del mercado mundial y, no en último término, el control de los Estados nacionales sobre el tráfico de dinero y capital a través de las fronteras. En todo el mundo se coordinó este sistema de economía “nacional” mediante una red de organizaciones internacionales. Ganaron impor- tancia especial las instituciones del sistema Bretton-Woods, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en la regulación del siste- ma monetario monetario internacional y en la coordinación de los sis- temas monetarios nacionales. Este sistema fue apoyado y garantizado por Estados Unidos sobre la base de su absoluta superioridad econó- mica. El dólar estadounidense se convirtió políticamente en el dinero regulador mundial.
Esta “época de oro” del capitalismo no duró realmente mucho tiem- po. En los años setenta se originó una nueva crisis económica mundial, la cual persiste hasta nuestros días. El motivo puede entenderse en esen- cia porque en el marco de las tecnologías tayloristas y los procesos de trabajo existentes volvió a estancarse el proceso de acumulación y creci- miento. La imposición de las formas tayloristas en la organización del trabajo y de la regulación social fueron, en un primer momento, una base decisiva para la maximización de las ganancias y el crecimiento eco- nómico, transformándose posteriormente en inhibidores del proceso de
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acumulación. Las reservas de productividad que se encontraban en el proceso de producción fordista-taylorista demostraron ser completamente limitadas. La forma de regulación del Estado de bienest‘arcaía cada vez más en un conflicto de intereses por las ganancias del capital. Así apare- cía la crisis del fordismo como si fuera una crisis del Estado de bienestar. En realidad era la base económica del capitalismo del Estado de bienes- tar la que empezó a tambalearse. La compatibilidad de la ganancia del capital y el bienestar colectivo llegó a su fin. Ycon esto se desvanecieron también las bases para la conciliación de clases, que era una de las carac- terísticas del fordismo. La breve “era de oro” del capitalismo había fina- lizado. El capitalismo retornó, en cierto modo, a su estado natural, la lucha de clases reemplazó a la conciliación de clases.
Este proceso no sólo tuvo vigencia en los centros capitalistas sino que afectó igualmente a los países de la periferia, en parte tardíamen- te, pero a fin de cuentas con mayor fuerza. Un agravante de la crisis resultó que el régimen fordista internacional condujo a una mayor internacionalización de la producción y una influencia creciente de los consorcios multinacionales. También por esto, fueron socavadas las bases de los modos de acumulación y regulación vinculados a los esta- dos nacionales y dirigidos hacia el desarrollo del mercado interno.
Si se tiene presente este contexto histórico, entonces podrá determi- narse con mayor precisión lo que significa “globalización”: es la decisi- va estrategia del capital como solución a la crisis del fordismo; es decir, que la liberalización radical del, tránsito de mercancías, servicios, dine- ro y capital deben crear las condiciones para una renovada racionalización sistemática del proceso de la producción capitalista y del trabajo, y ello, a la vez, está vinculado con la destrucción de la conciliación fordista de clases y de sus bases institucionales. En forma esquemática todo esto significa:
Primero, la implantación de tecnologías y procesos de trabajo que prometen al capital un amplio y renovado impulso da racionalización, es decir, una revolución tecnológica para la apertura de nuevos merca- dos y fuentes de ganancias. Lo cual indica que la imposición de nuevas tecnologías no es, de ninguna manera el origen y la causa, sino la fina- lidad de la globalización.
Segundo, el desplazamiento estructural del reparto: social del ingreso a favor del capital, la desarticulación del Estado social y la destrucción de la conciliación de clases, en la que se basaba.
Tercero, creación de condiciones para que el capital internacional se
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traslade de un lugar a otro sin considerar las fronteras nacionales, para aprovechar las mejores ubicaciones de producción a costos favorables y en el marco de una combinación de las redes de empresas de amplia cobertura mundial (worldwide sourcing) .
Todas estas transformaciones en el modo capitalista de regulación y acumulación presuponen una reformulación radical de estructuras so- ciales y políticas. La primera meta de la globalización fue destruir las estructuras de intereses y concesiones sociales institucionalizados en la forma de regulación fordista.
La globalización no es entonces un proceso económico sencillo, ni tampoco señala una “lógica” inevitable del capital, sino que es una vasta estrategia política, o, más precisamente, una estrategia de la lucha de cla- ses. Esta estrategia se impuso esencialmente por el capital intemacionali- zado, en coordinación con los gobiernos neoliberales que, a consecuen- cia de la crisis, llegaron al poder. La polí tica económica de liberalización y desregulación tiene como meta crear las condiciones políticas institucionales adecuadas para una profunda transformación en la co- rrelación de clases, tanto nacional como internacional; he aquí la condi- ción para la reorganización técnica de la producción capitalista. Lo deci- sivo es que esto conduce al cambio estructural y funcional de los Esta- dos, que los lleva a una incapacidad total para llevar adelante una regula- ción social y una política de bienestar en la forma tradicional. El neoliberalismo dominante desde los años setenta otorga la legitimación ideológica de esta estrategia capitalista para superar la crisis.
Con esto queda contestada la pregunta formulada: la globalización actual es en esencia un proyecto capitalista en la lucha de clases. No es un mecanismo económico “objetivo” ni menos un desarrollo político cultural propio, sino una estrategia política. Lo que podemos derivar de la globalización es, en todos los sentidos, el resurgimiento del viejo capitalismo, es decir, una sociedad de clases que se basa en la explota- ción de la fuerza de trabajo a través del mercado.
Al mismo tiempo, sin embargo, se trata de una forma completamen- te nueva de capitalismo, con relaciones de clase radicalmente modifica- das, con un nuevo significado de política y un papel completamente distinto del Estado. Por eso mismo el capitalismo globalizado está lejos de establecer una nueva y estable “edad de oro” que se caracterice por un enlace armónico de bienestar social, paz y democracia. Es mucho más previsible que los antagonismos y contradicciones inherentes al capitalismo tengan una nueva forma de expresión.
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Unificación y fragmentación del mundo
Entonces, la idea de que la globalización del capitalismo conduce hacia una “sociedad mundial” uniforme, armónica y cooperativa, es por cier- to falsa. La promesa neoliberal de creciente bienestar y de una demo- cratización progresiva ya quedó desmentida y desacreditada desde hace tiempo. En efecto, tenemos que percatarnos de la presencia de dos tendencias contradictorias. Por un lado, es cierto que la globalización significa unificación económica; pero no es menos cierto que significa también una creciente fragmentación económica, social y política. Esto puede comprobarse en distintos niveles:
1) Un nivel es la pluralización del centro capitalista La crisis del fordismo también significó el fin de la hegemonía económica estadounidense. Bajo la protección garantizada por Estados Unidos en el orden mun- dial de la postguerra,_]apón y Europa occidental pudieron crecer como competidores del mismo nivel. Tras la caída de la Unión Soviética, Es- tados Unidos es ciertamente la potencia militar dominante, pero ya no cuenta con la capacidad económica necesaria para una posición hegemónica como antaño. El centro capitalista tiene ahora la forma de una “tríada”, es decir, de polos diversos, entretejidos por una compeh tencia que se intensifica. Con esto se corre el eje de los conflictos inter- nacionales desde la antigua confrontación Este-Oeste hacia la disputa entre las metrópolis capitalistas. Es decir, el conflicto inter-imperialista dominante hasta la segunda guerra mundial, vuelve otra vez al primer plano.
Este es el motivo por el cual la tendencia hacia el libre comercio, base de la globalización, va siendo fracturada por un creciente protec- cionismo regional y guerras económicas, al menos latentes. Cierto es que el conflicto entre las metrópolis capitalistas, en vista de la superio- ridad técnica arrnarnentista de Estados Unidos, prácticamente ya no se puede dirimir por medios militares. Por eso las potencias de la “triada” compiten entre sí, especialmente en el terreno económico y político, y simultáneamente se encuentran juntos bajo la dirección de Estados Unidos para operaciones militares contra la periferia, como en el caso de la segunda guerra del Golfo y la intervención en Somalia o en Bosnia. Aquí Estados Unidos adopta tendencialmente la función de una poli- cía rentada (rentcop), que las metrópolis pagan mancomunadamente. Este desequilibrio de potencia militar y económica conduce a que el imperialismo tome una forma nueva y muy compleja.
2) Al mismo tiempo amplía la diferenciación de la periferia capitalis-
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ta. Ya no se puede hablar de un “tercer mundo” localizable sin ambi- güedad, en el sentido tradicional. Como consecuencia de la implantación de la política neoliberal y de las rupturas sociales que genera, se desa- rrollan condiciones de vida tercermundistas también dentro de las metrópolis capitalistas, por ejemplo, en Los Ángeles, París o Londres. Mientras que el modelo de desarrollo latinoamericanos ha fracasado prácticamente, se registraron asombrosos triunfos en los “tigres” del sudeste asiático en el sentido de un crecimiento capitalista. La relación entre el “centro” y la “periferia” se vuelve actualmente más compleja y diferenciada en términos espaciales y sociales.
3) En conjunto, estas tendencias conducen a crecientes desigualda- des internacionales. La visión fordista de un desarrollo general y relati- vamente regular del mundo capitalista resultó ser completamente irreal. Las diferencias de riquezas son mayores que nunca y regiones enteras del mundo parecen estar desconectadas del desarrollo económico, y expuestas a caer en la miseria absoluta. Lo anterior es válido sobre todo para grandes partes de Africa y posiblemente también para mu- chos países que surgieron de la antigua Unión Soviética. De este modo se llega a una intensificación de los movimientos de migración y fuga. Éstos se topan con fronteras nacionales cada vez más bloqueadas y herméticas.
4) La esperanza de que la globalización condujera a una paulatina desaparición de los Estados nacionales y al surgimiento de una política mundial democrática, ha recibido una fuerte decepción. Es cierto que los Estados nacionales han cambiado notablemente su función y su significado, pero siguen determinando, como antes, el orden político mundial. La globalización capitalista significa al mismo tiempo una renacionalización de la política. Si la Organización de las Naciones Unidas puede accionar, lo hace solamente en la medida en que coinci- de con los intereses de los Estados dominantes. Más allá de los Estados nacionales, nunca ha existido una instancia política capaz de negociar y legitimar de manera democrática un orden social mundial.
5) Esto ha conducido a que la actual sociedad mundial se caracterice de hecho por una creciente cantidad de guerras y de guerras civiles. Creer que con la globalización se ha abierto una nueva época de demo- cracia, de bienestar, de paz y de humanidad, queda refutado por el marcado crecimiento del nacionalismo, el racismo y el chauvinismo de bienestar. La idea según la cual, después de la caída de la Unión Sovié- tica se hacía posible un triunfo de la democracia y se materializarían en
Cuadernos del Sur 19
general los derechos humanos, resultó ser, evidentemente, una simple ilusión.
Ciertamente sería falso tomar esas tendencias como absolutas. Sin duda que el “nuevo orden mundial” en su conjunto parece tener más bien los rasgos de un caos global. Al mismo tiempo, la globalización acerca realmente cada vez más a los seres humanos. Esto no solamente es cierto, porque casi todos quedan afectados por los desastres ecológicos globales que ya se están manifestado. Con las transforma- ciones de los últimos años se han fortalecido los reclamos por demo- cracia, bienestar social y derechos humanos. Tras la conclusión de la guerra fría, todos los sistemas capitalistas se encuentran mucho más presionados en cuanto a la legitimación democrática. La globalización del capitalismo, de ninguna manera ha hecho enmudecer a los movi- mientos democráticos y sociales, como lo demuestra, por ejemplo, el surgimiento de los zapatistas mexicanos. En cierto sentido, hasta les ha dado mayor impulso. El desarrollo hacia nuevas formas de coopera- ción internacional, independientes de los aparatos estatales de domi- nación, puede incrementar sus oportunidades. Sin esa atención y sin la solidaridad internacional, la rebelión en Chiapas hubiera sido aplasta- da militarmente, con mayor facilidad.
Esto quiere decir que la globalización capitalista, de ninguna mane- ra es un proyecto exitoso y acabado, sino que sigue siendo un desarro- llo disputado y conflictivo, cuya salida no está asegurada.
Comentarios finales
La globalización del capitalismo cambia el mundo profundamente, sin que con esto desaparezcan las relaciones capitalistas de dominación y explotación. De cierto modo, hasta las ha intensificado en diversos as- pectos, incrementando asimismo los conflictos derivados de las mis- mas. La globalización no es un acontecimiento o expresión natural de una lógica “objetiva”, sino un proceso impuesto y reñido políticamen- te. Las transformaciones vinculadas con la misma, motivan a repensar las categorías científicas y políticas fundamentales. Esto rige tanto para el concepto de Estado como para el de clases, nación o democracia. Sobre todo, debemos partir del hecho de que ya no son aplicables algu- nas estrategias tradicionales de la izquierda política. Lo que esto signi- fica en particular, trataré de exponerlo en las próximas conferencias.
20 Mayo de 1997
Capital fin de siglo
Michel Husson
, “Lo que conocernos bajo el nombre de Gran Depre-
‘j..z_-ï sión, que comenzó en 1873, se manifestó brutalmen-
te en 1880 y 1889 y prosiguió hasta 1895, debe ser
- um considerado como la línea divisoria entre dos estadios
_ ,. a .i' históricos distintos del capitalismo”.l La primera de
Ï‘r ¿l las ondas largas del siglo xx comenzó así hace justo
cien años. Este artículo querría beneficiarse de cierta coincidencia para
proponer una rápida puesta en perspectiva histórica del capitalismo
francés y extraer de esta observación a escala del siglo algunos elemen- tos útiles para la comprensión de su evolución actual.
Una periodización
El término onda larga designa un movimiento de largo plazo de la economía capitalista, cuya teoría fue sistematizada en particular por Ernest Mandel en su obra famosa de 1980.2 Si esta teoría suscitó abun- dantes debates, la realidad empírica es fácilmente observable y poco discutida: el siglo xx hace aparecer claramente dos ondas largas, toda- vía llamadas ciclos Kondratiefi. Gracias a Pierre Villa,3 se dispone hoy de una preciosa fuente de datos que permiten proponer una represen- tación muy legible de esta sucesión de dos ciclos largos separados por la segunda guerra mundial (gráfico 1).
Cada una de las dos ondas largas se subdivide en dos fases que se bautizaron tradicionalmente “fase expansiva” (fase A) y “fase recesiva” (fase B). Puede así proponerse el siguiente recorte, combinado con nombres aproximativos para volver esta cronología menos abstracta.
Onda larga I - Fase A: 1890 a 1924 (la Belle Epoque) - Fase B: 1925 a 1939 (el período entre-guerras).
Onda larga II - Fase A: 1949 a 1973 (la Edad de Oro) - Fase B: 1974 a (la austeridad).
* Publicado en Critique communiste, núm. 143, París, 1995.
Cuadernos del Sur 21
GRÁFICO 1: LAS ONDAS LARGAS EN FRANCIA
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Este recorte plantea una primera dificultad que consiste en la mane- ra de “clasificar” el período 1919-1924, marcado por un crecimiento muy fuerte (del 5 al 6% por año). Se considera generalmente al perío- do entre-guerras aparte en conjunto pero, en el caso francés en todo caso, este ciclo de la inmediata posguerra se situa totalmente en la prolongación de la expansión de comienzos de siglo. Nosotros adheri- mos más bien aquí a los argumentos de Jacques Mazier4 que ve allí principalmente un período de recuperación ligado a la reconversión de la economía de guerra, mientras que Robert Boyer insiste más bien sobre los elementos de puesta en práctica del taylorismo, aunque reco- nociendo en general que “la interpretación en términos de recupera- ción y la interpretación en términos de bloqueo del esquema de acu- mulación no hacen sino traducir dos aspectos diferentes, y finalmente contradictorios, de una misma realidad”.5 Esta cuestión no es formal, pues señala la diferencia de sta-tus de las dos guerras mundiales: la primera se inscribe en una fase expansiva, mientras que la segunda marca el fin de una fase recesiva. Recordemos al pasar que el fin de la Gran Depresión de fines del siglo XIX no ha sido acompañado por ningún conflicto a escala mundial.
La Gran Crisis de lós años treinta representa una ruptura considera- ble, iniciada ya con la recesión de 1925. El período que entonces se abre no será cerrado, en cierta forma, más que por el fascismo y la segunda guerra mundial. Esta representa un cambio absolutamente
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radical porque abre un período excepcional que hemos elegido lla- mar, después de otros, la Edad de Oro. Los elementos de esta ruptura son bien resumidos en la tabla 1, que muestra la evolución del creci- miento y del empleo en el largo período.
Lo que sorprende inmediatamente es el carácter excepcional del período 1949-1974, marcado por una progresión impresionante de la producción y de la productividad, que crecen una y otra 5% por año durante veinticinco años, mientras que el PBI no había aumentado sino un poco más del 50% entre 1896 y 1939. La producción se multi- plica por más de 3,5 veces durante estos años, de los que se ha retirado voluntariamente el período de reconstrucción de la inmediata posgue- rra. Hay ahí, evidentemente, un cambio cualitativo que trastorna ente- ramente las dinámicas sociales: a semejante ritmo, son suficientes ca- torce años para duplicar el nivel medio de vida.
La de la ganancia
Esta sucesión de fases puede interpretarse a partir de la dinámica -de la tasa de ganancia. Esta variable central es a la vez una resultante, un determinante y un indicador sintético. Su evolución deriva del modo de reparto del valor agregado y de la eficacia del capital. Su nivel deter- mina la tasa de acumulación del capital y la evolución de la productivi- dad que deriva de ella, y esta última retroactúa sobre los componentes de la tasa de ganancia. Es en fin una variable sintética que mide la capacidad del capital para asegurar a la vez la rentabilidad y la adecua- ción de los mercados a la producción.
Salvo en el último decenio, y ésta es una constatación sobre la que será necesario volver, la tasa de ganancia permite reencontrar el ritmo económico secular del capital, y sigue de cerca las evoluciones de la tasa de crecimiento de la producción (gráfico 2). Aumenta regular- mente durante la Belle Epoque para no revertirse verdaderamente sino a partir de 1925. Después decrece regularmente durante todo el perío- do entre-guerras. La- segunda guerra mundial permite un restableci- miento significativo (a diferencia de la primera, que no había represen- tado desde este punto de vista una ruptura) y la tasa de ganancia se mantiene a continuación a un nivel elevado durante toda la Edad de Oro. La entrada en la crisis es acompañada por una caída brutal de la tasa de ganancia, que es compensada en la segunda mitad de la fase neoliberal, a partir de mediados de los años ochenta.
Sin embargo, las dos ondas largas hacen aparecer importantes dife-
Cuademas del Sur 23
GRÁFICO 2: LA TASA DE GANANCIA Y SUS COMPONENTES
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rencias si se analizan por separado los componentes de la tasa de ga- nancia. El primero es la tasa de margen que relaciona la ganancia con el valor agregado y que puede ser considerada como una aproxima- ción a la tasa de plusvalía. El segundo elemento es la eficacia del capi- tal, o dicho de otra manera la relación producto/ capital en volúmen. Este remite indirectamente a la noción de composición del capital, pero podría ser más bien interpretado como indicador de rendimiento de la acumulación. Una baja de la eficacia del capital señala que es necesa- rio, para obtener una misma ganancia de productividad, un acrecentamiento siempre más rápido del capital per cápita. Es esto lo que se produce de manera permanente durante la primera onda larga, a excepción de la inmediata posguerra, y se puede entonces hablar de tendencia al aumento de la composición orgánica. Pero ésta es amplia- mente compensada durante la Belle Epoque por un aumento muy mar- cado de la tasa de explotación, que corresponde a una progresión del salario real ampliamente inferior a la de la productividad. Al cabo de un cierto tiempo, esta tendencia termina por invertirse, primero por- que el salario real comienza a aumentar un poco más y a continuación porque la productividad aminora su velocidad. La reversión de la tasa de plusvalía viene entonces a ajustarse a los efectos de la pérdida de eficacia del capital, y termina por acarrear una fuerte degradación de
la tasa de ganancia que es acompañada por un retroceso neto de la producción.
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Este esquema es compatible con la expresión clásica de la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia, que no implica por lo demás que esta última baje constantemente. Pero las razones que permiten elevar constantemente la rentabilidad durante la fase expansiva termi- nan por revelarse como contraproductivas y por desembocar en una fase depresiva larga en la que la economía francesa quedaba atascada al comienzo de la segunda guerra mundial.
La segunda onda larga presenta a la vez similitudes y características excepcionales. En modo muy general, la tasa de beneficio sigue el mis- mo camino: se estabiliza a un nivel elevado y tiende incluso a aumentar durante la Edad de Oro. Después sobreviene la crisis que se traduce en un hundimiento de la tasa de beneficio. Es necesario señalar en el caso francés la particularidad del ciclo 1968-1973 que, bajo el impulso de los altos salarios, se traduCe en una recuperación del crecimiento acompa- ñada por una progresión de la rentabilidad, pero también por un au- mento muy marcado de la composición del capital. Las diferencias es- pecíficas asociadas a tal ganancia pudieron enmascarar el rol central de la tasa de ganancia en el desencadenamiento de la crisis.
Pero la tasa de ganancia no es simplemente una variable de registro de las contradicciones capitalistas; contribuye, a su vez, a determinar el crecimiento. Para comenzar, influye directamente sobre la tasa de acu- mulación, dicho de otra manera, sobre el crecimiento del stock de ca- pital: en las dos ondas largas, la tasa de acumulación aumenta en la fase A y después cae en la fase B. Es ahí donde interviene una de las relacio- nes fundamentales de la economía capitalista, que se podría llamar función de producción global, y que asocia a una tasa de acumulación dada una tasa de crecimiento dada de la productividad. Esta relación
TABLA 1: PRODUCCIÓN, EMPLEO, PRODUCTIVIDAD
Onda larga I Onda larga II A B A B El ciclo 1896-1924 1925-1939 1948-1974 1974-1994 1896-1994
Producto interno bruto 2,4 0,2 5,2 2,1 2.2 Productividad horaria 2,6 1,5 5,2 2,6 2,7 Volumen de trabajo -0,3 -1,2 0,0 —0,5 -0,4 Duración del trabajo —0,5 -0,8 -0,4 -0,7 -0,6 Empleo 0,3 -0,4 0,4 0,2 0,2
Todos los promedios anuales están en porcentajes. Fuente: Villa, OCDE.
Cuadernos del Sur 25
es muy marcada a lo largo de todo el siglo y es una de las variables que “marca” más las diferentes fases. La productividad del trabajo aumen- ta más rápidamente en las fases ascendentes que en las fases descendentes (ver tabla 1). i
La escritura de las condiciones de mantenimiento del nivel de la tasa de ganancia permite establecer un lazo entre ganancia, productividad y crecimiento. Sin entrar aquí en el detalle de los cálculos aritméticos, puede mostrarse que esta condición se puede expresar bajo la forma de una coacción salarial: ésta define el crecimiento del salario real más allá del cual la tasa de ganancia comienza a bajar. Se expresa en función de dos magnitudes claves: de una parte el producto por cabeza (la produc- tividad del trabajo), de otra parte el producto por unidad de capital davía llamada productividad o eficacia del capital). Estas dos magnitudes son ponderadas por coeficientes que dependen ellos mismos de la parte de los salarios en el valor agregado. Esta fórmula es intuitivarnente sim- ple de comprender: enuncia que el salario real puede aumentar sin de- gradar la tasa de ganancia, en la medida en que este crecimiento es com- pensado por un aumento de eso que se llama a menudo la productividad global de los factores. Si la eficacia del capital es constante, entonces es suficiente para asegurar el mantenimiento de la tasa de ganancia que el salario aumente al mismo ritmo que la productividad: es el caso particu- lar de la Edad de Oro, donde la parte de los salarios permanece constan- te. Si hay degradación de la eficacia del capital, el salario debe crecer menos rápido que la productividad del trabajo, a fin de compensar esta pérdida de eficacia desde el punto de vista de la rentabilidad.
Esta relación ha sido utilizada para construir la tabla 2, que propone
TABLA 2: PRODUCTIVIDAD Y CONTRATO SALARIAL
Onda larga I Onda larga II
A B A B El ciclo
1896-1924 1925-1939 1948-1974 1974-1994 1896-1994 Productividad del trabajo 2,1 0,6 4,8 1,9 2,1 Productividad del capital 0,4 -1,1 0,2 -1,4 —0,3 Productividad global 1,5 0,1 3,3 0,8 l ,2 Contrato salarial 2,3 0,1 4,9 1,2 1,7- Salario efectivo 0,7 0,5 4,7 2,0 1,9 Producto interno bruto 2,4 0,2 5,2 2,1 2,2
Todos los promedios anuales están en porcentajes. Fuente: Villa, OCDE.
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una grilla de lectura de las grandes fases del siglo. Se constata que la marcada disminución en el ritmo de crecimiento de la productividad global de los factores que caracteriza a las fases B proviene a la vez de una disminución en el ritmo de crecimiento de la productividad del trabajo y de una degradación de la eficacia del capital. La coacción salarial se endurece y el nivel de la tasa de beneficio tiende a degradar- se cuando se pasa de la fase A aJa fase B. De manera significativa, el ritmo de crecimiento tiende a alinearse sobre la coacción salarial así definida.
Este análisis conduce a varias proposiciones importantes. Permite comprender en primer lugar cómo —via la productividad y la coacción de rentabilidad- la tasa de crecimiento está ligada al nivel de la tasa de ganancia. Toda disminución en el ritmo de crecimiento de la producti- vidad se traduce en una disminución en el ritmo de crecimiento de la producción porque el sistema postula que la tasa de ganancia debe ser mantenida: es esto lo que permite comprender el aumento del desem- pleo de masas, que es propiamente hablando un desempleo capitalista.
Esta presentación establece un vínculo entre la ley de la baja tendencia] de la tasa de ganancia y la teoría de las ondas largas. La exposición tradicional de la ley en cuestión reposa sobre postulados implícitos que extrapolan un caso particular. Pero los resultados empí- ricos presentados aquí muestran que una versión más flexible se adap- ta bien a los ritmos económicos largos: la baja tendencial de la tasa de ganancia no es una tendencia permanente a la baja, es lo que hace pasar de una fase A a una fase B de la onda larga.
Los elementos que permiten llevar adelante este análisis remiten a un pequeño número de conceptos fundamentales (tasa de ganancia, distribución del valor agregado, eficacia del capital, productividad del trabajo, etc.) que son invariantes del modo de producción capitalista. Las modalidades de la crisis son evidentemente diferentes, pero remi- ten fundamentalmente a la naturaleza contradictoria del capitalismo. Para funcionar correctamente, este último debe a la vez producir con ganancia y vender las mercancías así producidas. Estas dos condiciones son contradictorias y no pueden ser duraderamente compatibilizadas porque el capitalismo no dispone de instrumentos de control de la economía que permitan regular duraderamente estas contradicciones. Son entonces las relaciones sociales fundamentales las que son cuestio- nadas: cada gran crisis combina un problema de mercado y un proble- ma de valorización del capital. Si hay algo que aporta la teoría marxista
Cuadernos del Sur 27
es la comprensión de esta naturaleza doble de la crisis, que es en el fondo bastante simple de aprehender. Cada capitalista busca reducir los salarios tanto como puede (sin cuidarse de los mercados globales) y busca aumentar al máximo su productividad frente a la competencia. El carácter privado y conflictivo de estas elecciones económicas no co- noce ningún principio duradero que asegure la compatibilidad. A fin de cuentas, los diferentes procedimientos inventados para hacer man- tener reunidas estas decisiones dejan de cumplir su función: la sobreinversión y la búsqueda de mercados vienen a pesar sobre las condiciones de rentabilidad.
Las ondas largas
Este rápido sobrevuelo se inscribe en la teoría de las ondas largas tal como las formuló Ernest Mandel o-incluso, con variantes, Pierre Dockés y Bernard Rosier.7 Antes de enriquecer esta presentación, voluntaria- mente esquemática, conviene aportar un cierto número de considera- ciones de método. La primera debería ir de suyo: el hecho de constatar la alternancia de fases en la historia del capitalismo se sigue del análisis empírico, pero no sugiere en sí una lectura que podría calificarse de teórica. Este señalamiento no debe en ningún caso desembocar sobre una visión fetichizada de la economía capitalista, que conocería en suma su propia “respiración”. Una aproximación semejante conduce a una posición límite perfectamente absurda pero presente en buena parte de las presentaciones superficiales, según la cual las vacas flacas y las vacas gordas se alternarían cada veinticinco años. Estaríamos entonces muy cerca de un retorno a una nueva fase de expansión por simples razones de calendario.
Para- evitar semejantes resbalones, es necesario producir esquemas de interpretación. que permitan rendir cuenta de esta sucesión de fases y, eventualmente, arriesgarse a hacer pronósticos. La explicación más natural, ya presentada en Kondratieff ,3 consiste en relacionar esta pe- riodicidad de un cuarto de siglo con la duración de vida de los grandes equipamientos. Esta lectura plantea la cuestión de la “ciclicidad” que consiste en preguntarse si puede transponerse a los ciclos largos el instrumental del análisis de los ciclos cortos. Este debate ya ha sido planteado en una crítica célebre que Trotsky dirigió en 1923 a la tenta- tiva de Kondratieff “de estudiar las épocas clasificadas por él como ciclos mayores con la misma cadencia invariable que observamos en los ciclos menores: es una falsa generalización evidente a partir de un
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análisis formal”.9 Este punto de vista debería ir de suyo: el ciclo corto, llamado también cicloJuglar, corresponde a un comportamiento de la acumulación del capital ampliamente admitido hoy y bien formalizado por el modelo que combina acelerador y multiplicador. Para resumir simplemente, el comportamiento de inversión anticipa las perspecti- vas de ganancias y reactúa más que proporcionalmente sobre las varia- ciones de la demanda. Puede entonces decirse que este ciclo es el pro- ducto de mecanismos internos del sistema económico, que constituye así un fenómeno endógeno y autoregulado. En este sentido, las inflexiones a la alta o a la baja del ciclo no dependen de acontecimien- tos exteriores favorables u opuestos, sino una vez más del funciona- miento normal de la economía: es por esta razón igualmente que la duración del ciclo es grosso modo equivalente a la duración de vida me- dia de los equipamientos. A fin de subrayar bien esta diferencia con el ciclo menor, conviene hablar de ondas largas antes que de ciclos largos.
El segundo tipo de explicación hace jugar un rol específico a las inno- vaciones tecnológicas, en la tradición que se inspira en los trabajos de Schumpeter. Existe sobre este punto una abundante literatura que plan- tea la cuestión de saber si el ritmo de emergencia de las innovaciones puede rendir cuenta de la sucesión de las ondas largas. Para algunos, habría “racimos de innovaciones” que permitirían. después de una even- tual demora asegurar un crecimiento económico sostenido. Cada onda larga sería así asociada a una innovación o a la puesta en práctica de un “paradigma tecnológico” mayor. El término mismo de innovación subra- ya el hecho de que el sistema económico se transforma y que no se trata solamente del juego de mecanismos invariantes. Pero esta explicación no hace más que desplazar el problema, planteando la existencia de un ciclo tecnológico largo que vendría a imprimir su marca sobre la economía capitalista y, particularmente, su propia temporalidad. Esta exterioridad es evidentemente poco satisfactoria: ni la densidad de la innovación, ni el esfuerzo de investigación, ni la aplicación de las innovaciones a la pro- ducción y al consumo pueden ser tratadas de manera separada de la diná- mica general de la acumulación. Vuelve a encontrarse en un extremo la pobreza de los análisis neoclásicos del crecimiento que lo explican por referencia a un progreso técnico “autónomo” o a un factor residual que no miden, bien leído esto da cuenta de la ignorancia de los economistas.
Evidentemente este debate es fundamental y se vuelve a encontrar en términos un poco diferentes cuando, a instancias de Mandel, se intro- duce una distinción entre el retorno a la baja (pasaje de la fase A a la
Cuadernos l Sur 29
a la fase B) y el incentivamiento de una nueva fase de expansión. “La emergencia de una nueva onda larga expansiva no puede ser conside- rado como el resultado endógeno (dicho de otra manera, más o me- nos expontáneo, mecánico, autónomo) de la onda larga recesiva pre- cedente, cualquiera sea su duración o su gravedad. No son las leyes del movimiento del capitalismo sino los efectos de la lucha de clases de todo un periodo ¡histórico quienes deciden el punto de retorno. Lo que suponemos aquí es la existencia de una dialéctica entre los facto- res objetivos y subjetivos del desarrollo histórico, donde los factores subjetivos son caracterizados por una autonomía relativa, es decir, donde no son directa y unilateralmente predeterminados por lo pro- ducido anteriormente desde el punto de vista de las tendencias de fon- do de la acumulación de capital y las mutaciones tecnológicas o por el impacto de estas evoluciones sobre la organización del trabajo mis- mo”.lo
Este análisis nos parece fundamental y susceptible de constituir el marco de una síntesis entre el marxismo y un cierto número de análisis que se pueden calificar de regulacionistas, como los de Dockés y Rosier. El reproche que estos dos autores dirigen a la posición de Mandel, asimilada a la idea según la cual la lucha de clases sería “exógena”, nos parece que reposa sobre un quidproquo, tanto más cuanto su propio relato de la sucesión de lo que ellos llaman “órdenes productivos” deja un amplio lugar a conmociones que no son parte del funcionamiento estabilizado de una “forma/etapa” del capitalismo.
Esta concepción asimétrica nos parece por el contrario totalmente fundamental. Se intentó mostrar más arriba que el retorno a la baja remite en última instancia a las relaciones de producción capitalistas, y nos esforzaremos en mostrar a continuación cómo estas determina- ciones generales se ejercen en un contexto diferente. Pero justamen- te el marco de conjunto en el que se desarrolla el juego de las contra- dicciones capitalistas no es producto de una generación espontánea y no sabría restablecerse con la irrupción periódica de innovaciones tecnológicas. Puede hablarse de modo de regulación, de orden pro- ductivo, pero lo esencial consiste en subrayar que no se trata justa- mente de un marco macroeconómico, para retomar la expresión de moda en la OCDE, sino de un conjunto de dispositivos, de institucio- nes, de normas, etc., que son producto de la lucha de clases, conside- rada en su sentido más amplio. La puesta en práctica de una nueva expansión no está entonces jamás garantizada; forma parte del tiem-
30 Mayo de 1997
po específicamente histórico, y puede cada vez encarar vías diferen- tes.
Así, el fin de la Gran Depresión de hace cien años resulta a la vez del ascenso de un movimiento obrero dotado de proyectos programáticos claros y de partidos políticos ofensivos, de la expansión del imperialis- mo, dela difusión de innovaciones técnicas como el motor a explosión y la energía eléctrica.“ La salida de la Gran Crisis de los años treinta tomó formas bárbaras —el fascismo y la guerra— pero el capitalismo de posguerra es igualmente heredero del New Deal o incluso de la ideolo- gía de la Resistencia en el caso francés. Es también el producto de la relación de fuerzas sociales establecida después de la guerra y, desde este punto de vista, el producto indirecto de la amenaza de la Unión Soviética y de los países llamados socialistas.
Reducir esta configuración de la posguerra a la difusión en la indus- tria de la cadena taylorista sería evidentemente una simplificación in- aceptable. La cuestión que se plantea aquí es propiamente la de la historicidad del capitalismo y del posicionamiento conveniente en rela- ción a dos tesis polares igualmente truncas. De un lado, se puede ima- ginar un ultra-estructuralismo que insiste en la permanencia de las re- laciones capitalistas y en su invariancia a través de las modificaciones de la superestructura. En verdad, nadie reivindica realmente semejan- te postura teórica, que constituiría una réplica. bastante pobre a la acti- tud inversa y a decir verdad dominante que insiste sobre las transfor- maciones radicales de un sistema económico que, de golpe, seria erró- neo bautizar como capitalista. Y, en la articulación de estas dos tesis reductivas, se encuentra finalmente esta verdadera cuestión ¿tiene el capitalismo un stock inagotable de .“hallazgos” (para retomar una ex- presión de Alain Lipietz) que garantizan que sabrá reanimarse e “in- ventar” nuevas formas que aseguren su dinamismo?
Es el debate de lo exógeno y lo endógeno y es un viejo debate entre catastrofismo (el capitalismo va a hundirse ineluctabl-emente) y arrnonicismo (el capitalismo es siempre capaz de reconstituir las condi- ciones de un funcionamiento relativamente armonioso). Dejemos es- tas cuestiones provisoriamente de lado para volver al exámen del mate- rial empírico alrededor de estas cuestiones: ¿qué es de la permanencia de las determinaciones puramente capitalistas de la dinámica económi- ca? ¿Y qué es lo que hace pasar de una fase a otra? La comparación, esta vez más minuciosa, de dos ondas largas parece conducirnos a popuestas más precisas sobre esta doble problemática.
Cuadernos del Sur 31:
La Edad de Oro: un paréntesis
Una de las diferencias mas esclarecedoras entre las dos ondas largas con- cierne a la distribución del valor agregado. La parte de los salarios en el valor agregado es un buen indicador de lo que los marxistas llaman tasa de explotación. Ella aumenta —y la tasa de explotación baja- cada vez que el salario crece más rápido que la productividad del trabajo. La ca- racterística central de la primera onda larga es un aumento casi contínuo de la tasa de explotación: el salario real aumenta muy lentamente, aun cuando la productividad del trabajo progresa bastante regularmente.
Nos encontramos aquí, entonces, ante un caso de figura clásica des- de el punto de vista del análisis marxista, que se puede modelizar de la siguiente manera. Se tiene un crecimiento que ronda en tomo de un ritmo moderado, del orden del 2%, pero con un ciclo corto y muy marcado que provoca recesiones cada cuatro o cinco años: -3,4% en 1901, —0,8% en 1906 y —3,2% en 1910. El salario real progresa débilmen- te en un 0,25% promedio por año entre 1896 y 1913. En este mismo período la productividad aumenta en un 1,8%: sigue muy de cerca la evolución de la producción. En estas condiciones, la parte de los sala- rios baja regularmente mientras que la tasa de ganancia se eleva de manera contínua, aun cuando fluctúa en razón de los mini-ciclos. La tasa de acumulación es sostenida, el capital por cabeza aumenta, pero la eficacia del capital, dicho de otra manera, la relación producto/capi- tal, permanece casi constante.
Cuando sobreviene la primera guerra mundial, los indicadores del capitalismo francés son entonces más bien buenos y la articulación en- tre la economia y la guerra se distingue completamente de los años treinta en este punto. Pero el vinculo existe no obstante, en la medida en que el modo de crecimiento de comienzos de siglo resuelve mal el problema de los mercados que el crecimiento de los salarios no puede asegurar. La lucha entre grandes potencias por la conquista de tales mercados hunde entonces sus raíces en un cierto tipo de funcionamiento del capitalismo.
Es un poco más tarde, después de las transformaciones de la guerra, que los límites intrínsecos a este modelo van a ser alcanzados. En Fran- cia, será en 1925 que se efectuará el giro que se traduce por el paso a la baja de la tasa de ganancia. Sus modalidades pueden ser calificadas de “clásicas”: caida pronunciada del crecimiento que se traduce por una acentuada disminución en el ritmo de crecimiento de la productivi- dad. La mecánica recesiva se pone en marcha: el crecimiento del sala- rio real hace bajar la tasa de margen, la acumulación se aplasta, la efica-
32 Mayo de 1997
cia del capital deja de crecer y después comienza a retroceder, y la tasa de ganancia inicia una baja continua. Se puede estar de acuerdo con los autores de La crisis del siglo XX en subrayar que esta crisis es análoga a las crisis del siglo XIX: la determinación principal es aquí la contradic- ción que resulta del bloqueo de la demanda salarial y del agotamiento de las fuentes alternativas de mercados. Estas dificultades se encade- nan a continuación con la otra dimensión de la crisis, la de la rentabili- dad. Una vez más, es una crisis clásica en sus determinaciones, y muy conforme a los análisis del autor de El capital. E's en relación a este modelo que es necesario apreciar el carácter excepcional de la Edad de Oro y de su crisis.
Las diferencias que existen entre las dos ondas largas han sido larga- mente analizadas por los regulacionistas, que forjaron el término gené- rico de “fordismo” para designar la regulación específica del capitalismo de posguerra. La diferencia central reside probablemente en el modo de obtención y de distribución de las ganancias de productividad: éstas son en primer lugar muy superiores en el curso de la Edad de Oro y permiten hacer crecer los mercados a una velocidad semejante. La asalarización creciente y la parte creciente de los bienes manufactura- dos en la demanda salarial establecen un círculo virtuoso que asegura el mantenimiento de la tasa de beneficio.
Los modalidades que permiten el mantenimiento 'e incluso el au- mento de la tasa de ganancia todo a lo largo de la Edad de Oro difieren en dos puntos decisivos de la Belle Epoque. De una parte, la tasa de plusvalía es constante a mediano plazo; las ganancias de productividad, que son por lo demás mucho más elevadas, son afectadas íntegramente a la progresión del poder de compra de los salarios, de suerte que la parte de los salarios permanece constante. La otra diferencia se en- cuentra en la evolución de la eficacia del capital, que tiende a aumen- tar" hasta fines de los años sesenta y contribuye entonces a una evolu- ción favorable de la tasa de ganancia.
Los regulacionistas insisten con razón en las formas institucionales que permitieron la obtención de estos resultados: intervención del es- tado, inflación, codificación de la relación salarial, etc. El periodo es igualmente excepcional si se considera que el pleno empleo es casi garantizado al mismo tiempo que la tasa de ganancia.
No es inútil recordar algunos elementos del aspecto de la época. A fines de los años sesenta, se habla de capitalismo regulado, organizado, de convergencia de los sistemas sociales. El hecho de que las fluctua-
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ciones sean controladas, el crecimiento asegurado y el pleno empleo garantizado son presentados incluso como la adquisición de un capitalismo despejado de sus taras de juventud. La teoría keynesiana deviene dominante, los marxistas que se obstinan en hablar de contra- dicciones capitalistas son considerados como puros ideólogos, los pro- nósticos de la escuela estancacionista anglosajona (Schumpeter, Steindl, etc.) parecen definitivamente batidos en retirada. No se trata solamente de discursos de propaganda, sino de realidades concretas que marcan la percepción misma por los asalariados de su inserción social: todo joven que llega al mercado de trabajo está casi seguro de encontrar un empleo y de que su poder de compra aumentará de manera casi auto- mática. Las desigualdades no desaparecieron, pero se trata de una so- ciedad en movimiento donde cada uno tiene el sentimiento de progre- sar al mismo tiempo que los otros, lo que no es una pura ilusión.
Es este modeloel que va a desmoronarse- progresivamente a partir de mediados de los años setenta y a perder poco a poco el secreto de sus éxitos. En este nivel muy general de análisis, la regresión de la tasa de ganancia se explica por una baja de la tasa de plusvalía asociada a una pérdida de eficacia del capital. Todavía puede decirse que la ten- dencia a la baja de la tasa de ganancia termina por arrastrarlo. Pero es evidente que estas leyes fundamentales juegan en un contexto específi- co y vienen a pesar sobre los constituyentes mismos del orden produc- tivo que entra en crisis entonces.
En una conferencia pronunciada el 30 de diciembre de 1949 Schumpeter habia resumido, con una suerte de fatalismo, los puntos de acuerdo entre los economistas de la época, que daban “su aproba- ción: 1. a las diferentes políticas de estabilización económica en vistas de prevenir las recesiones o, por lo menos, las depresiones -en otros términos, a una fuerte dosis de intervenciones públicas aplicadas a las coyunturas, incluso a la aplicación del principio de ‘pleno empleo’, 2. a la deseabilidad de una igualdad más grande de los ingresos (...) , 3. a un rico conjunto de medidas de reglamentación de precios, frecuentemente racionalizadas sazonándolas con slogans dirigidos contra los ‘trusts’, 4. a un control público (...) sobre los mercados de mano de obra y de moneda, 5. a una extensión indefinida de la categoría de las necesida- des que deberian ser, en el presente o en el porvenir, satisfechas por la iniciativa pública, sea gratuitamente, sea según el principio aplicado a la remuneración de los servicios postales, en fin, desde luego, 6. a to- dos los tipos de seguridad social”.'2
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Las seis caracteristicas enunciadas por Schumpeter presentan un doble interés. Ante todo, han sido formuladas al comienzo de la Edad de Oro, lo que muestra que la coherencia y la legitimidad socio-política de este modo de regulación eran ya perceptibles. Pero su actualidad viene también del hecho de que se trata grosso modo de la lista de los principales blancos de ataque de las políticas neoliberales. Es este re- torno lo más sorprendente: todo lo que era presentado en la época como medios de regular el capitalismo y de asegurarle una eficacia máxima se vuelve su contrario y es hoy denunciado como obstáculo al buen funcionamiento de la economía.
Esta inversión de los valores permite esquematizar retrospectivamente los elementos de una síntesis articulada que evoca el estructuralismo genético de un Piaget. Hay para comenzar un sistema económico esen- cialmente contradictorio, con sus mecanismos de base que juegan de manera relativamente invariante en y sobre las estructuras socio-eco- nómicas puestas en juego y renovadas de manera periódica. Cada onda larga comienza por una puesta en práctica de un conjunto de dispositi- vos concretos que permiten desanudar y controlar durante un tiempo las contradicciones fundamentales del sistema. Estos dispositivos no son puramente económicos, y menos aún tecnológicos; son el produc- to de relaciones de clase específicas y requieren un cierto nivel de co- herencia interna: la fase B precedente es un período de incubación, de puesta en práctica progresiva o al contrario de reestructuraciones vio- lentas, de donde emerge un orden productivo relativamente estabilizado. Este último va a permitir regular las contradicciones fun- damentales, pero esta “mega-máquina social”, para retomar otra ex- presión de Dockés y Rosier, va a ser a su vez sometida a la erosión regular originada en sus contradicciones. Al cabo de un cierto tiempo surge la gran crisis, que es también la entrada en crisis de las modalida- des concretas de regulación bajo los ataques de las contradicciones fundamentales. Esta presentación legitima la asimetría de las ondas largas y la distinción entre endogeneidad (el juego de las leyes funda- mentales) del retorno a la baja y exogeneidad (necesidad de innovacio- nes en un sentido muy amplio) de la puesta en práctica de la fase expansrva.
Lecciones de un siglo ¿Tiene un sentido la historia? Esta grave cuestión puede ser transpues- ta aquí de la manera siguiente: ¿dispone el capitalismo de una reserva
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inagotable de invenciones? ¿está garantizado de antemano el pasaje a la expansión? ¿se mejora de una onda larga a la otra o bien pueden imaginarse involuciones? Comencemos por este último punto: es evi- dente que el capitalismo delos años sesenta realizó performances eco- nómicas y sociales excepcionales y que representaba en relación a las fases precedentes un modo de funcionamiento superior en todos los dominios. Muchos consideraron que se trataba de adquisiciones irre- versibles, que el capitalismo de hoy no tenía gran cosa que ver con su modo de funcionamiento anterior, y es por lo demás sobre esta base que los regulacionistas relegaron la teoría de las ondas largas. Así Robert Boyer-escribe: “Puede dudarse de que los años 1950-1973 se inscriban en la estricta continuidad de los Kondratieff anteriores. Tanto desde un punto de vista cuantitativo como en términos de análisis socio- institucionales, las diferencias lo arrastran sobre las similitudes: el rit- mo y la estabilidad excepcionales del crecimiento en el curso de este período ameritan explicación”.‘3
Mientras tanto, lo que pasa desde hace quince años muestra que este punto de vista es poco a poco contradicho por los hechos: sobre buena parte de los puntos, el funcionamiento concreto del capitalismo detuvo su máquina y deshizo progresivamente lo que había sido pues- to en práctica en la inmediata posguerra. La Edad de Oro aparece como un paréntesis hoy cerrado y no como una‘etapa irreversible. Al contra- rio, la crítica de las utopías posfordistas que describen un modo de regulación que podría instaurarse en plazos relativamente breves con- duce incluso a una hipótesis inversa: ¿y si el capitalismo hubiera sim- plemente agotado su stock de modelos? Es un debate que no puede más que evocarse aquí, pero que abre un campo nuevo de reflexiones: si se. razona de manera abstracta sobre las condiciones de viabilidad del sistema capitalista, se constata que las dos ondas largas del siglo XX corresponden a dos esquemas polares, pero que no es fácil imaginar un tercero: el retorno progresivo al- esquema neo-liberal muestra en todo caso que las fuerzas del recuerdo que pesan sobre el capitalismo no bastan para hacer emerger un nuevo modelo, más allá de discursos truncos que lanzan hacia adelande tal o cual elemento parcial que no alcanza para hacer sistema.
Esta reflexión conduce a preguntarse si la evolución lógica y la superación positiva del capitalismo organizado no habrían debido ser una socialización gradual de la economía. Algún. tiempo después de la explosión de la crisis, Valéry Giscard d’Estaign explicaba que, más allá
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del 40% de descuentos obligatorios, era el socialismo. Y, un poco más tarde, cuando el giro hacia el rigor, Francois Mitterrand parecía res- ponderle decidiendo que debía impedir que aumentara la tasa de des- cuentos obligatorios. Desde el punto de vista histórico, había finalmen- te en la propuesta de Giscard una gran parte de verdad. La puesta en práctica del estado-providencia, la existencia de un sector público im- portante, el desarrollo de la producción social así como el reconoci- miento de un cierto número de valores legítimos (derecho al empleo, socialización de una parte creciente del ingreso y del nivel de vida), todo esto conducía a una socialización progresiva de la economía de la que el programa común de la izquierda era en el fondo la expresión política.
El tema de la convergencia entre los sistemas económicos y sociales era en la época (¡todo esto está tan lejos!) un tema mayor levantado por un cierto optimismo reformista. Este homenaje del vicio a la virtud (o recíprocamente) volvía a encontrase principalmente en el tercer mun- do, ámbito de expansión de los dos grandes bloques. Y no es una de las menores paradojas de las políticas desarrolladas que hayan podido ir hasta el extremo de tomar preventivamente medidas radicales. Corea del Sur, que representa desde este punto de vista un laboratorio excep- cional, no solamente se benefició del flujo de capitales, sino que las autoridades americanas impusieron allí una profunda reforma agraria. De manera general, se toleraron las orientaciones mixtas que no tenian mucho que ver con la apertura a todo trapo a los capitales extranjeros y la prioridad absoluta dada a las exportaciones que definen hoy la orien- tación esencial impuesta a los países del tercer mundo por las institucio- nes de eso que sería necesario denominar un neoimperialismo.
Una forma de socialización progresiva de la economía era entonces, en abstracto, una salida posible a la entrada en crisis de los años seten- ta. Se inscribía en la lógica de conjunto de esta fase histórica estructurada alrededor de un nivel creciente de organización del capitalismo. A este destino le faltaron los instrumentos políticos portadores de un reformismo radical que hubieran vuelto realista la puesta en práctica del programa común, haciéndolo levantar por los asalariados en lugar de remitirse a la sabiduría estática, y creando las condiciones sociales de su aplicación efectiva. Hay alli posiblemente una ocasión trunca que condujo a la lenta deriva hacia las soluciones de recambio neoliberales: éstas no representan un recurso fácil, su puesta en práctica implica un trabajo sistemático de deconstrucción de las formas institucionales del
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fordismo y sin duda, de antemano, de desconsideración ideológica de los valores fundamentales del Estado-providencia.
La fase actual
La teoría de las ondas largas debe ser comprendida como un anti- determinismo. Si las condiciones de emergencia de una nueva fase de expansión son exógenas a la máquina social del capitalismo, entonces nada garantiza que serán de nuevo reunidas, que serán “inventadas” nuevas formas institucionales, que nuevos “hallazgos” tendrán lugar. El capitalismo no está programado para volver a partir hacia la expan- sión cada veinte o veinticinco años, en la medida en que este proceso social funciona en un contexto social e histórico específico. El hecho de que el nazismo y la guerra hayan marcado el fin de la onda larga recesiva precedente no debe en ningún caso conducir a la tesis absurda según la cual es la única vía posible. El retorno de 1895 que marcó el fin de la Gran Depresión ha sido desde muchos puntos de vista mucho menos costoso socialmente. En fin, los ritmos pueden igualmente cam- biar: entre la gran crisis de 1929 y la caída del nazismo no hay más que dieciseis años, dicho de otra manera, menos tiempo que el que trans- currió desde la entrada en crisis de mediados de los años setenta.
Esta puesta en perspectiva no debe, sobre todo, desembocar en una visión repetitiva de la historia del capitalismo. Debería más bien invitar a aprehender bien los rasgos específicos del periodo que vivimos. El mismo está marcado por una crisis de los elementos constitutivos de la Edad de Oro vieja ya en —una generación. Las mutaciones y las restructuraciones no convergen hacia un nuevo modelo expansivo, sino al contrario, organizan el retorno progresivo a una regulación pre- fordista, donde el salario real está bloqueado mientras que las ganan- cias de productividad son afectadas casi integramente a la ganancia distribuida bajo la forma de ingresos financieros.
Pero esta ofensiva neoliberal se despliega de una manera extrema- damente estirada en el tiempo, no pasa por una ofensiva frontal, por una guerra de clases relámpago. Es que encuentra frente a sí un con- junto de conquistas sociales, fruto de decenios de lucha, que habían sido institucionalizadas durante la Edad de 0ra como otros tantos ele- mentos en adelante constitutivos de la eficacia capitalista. En particu- lar, la referencia al pleno empleo que había fundado la legitimidad del capitalismo de pos-guerra no podía de la mañana a la noche ser reem- plazada por un retorno a las formas más brutales de regulación del
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mercado de trabajo. Las tasas de desempleo son hoy extremadamente elevadas, pero fueron necesarios veinte años para arribar a ellas y su efecto sobre la baja de los salarios se debilita con el paso del tiempo. El capitalismo tal como lo encontraron los neoliberales es entonces extre- madamente inerte y esta es, por lo demás, una de las razones que expli- can que la crisis tome hoy en numerosos países la forma de una crisis de los gastos públicos. ñ
El aumento de los déficits registra esta incapacidad de las políticas neoliberales de aplicarse plenamente. Estas políticas registraron éxitos en dos puntos: del lado de los recursos, la contra-reforma fiscal consis- tió en exonerar progresivamente los ingresos del capital; la política presupuestaria ha sido por su parte vaciada progresivamente de sus elementos contra-cíclicos, de tal suerte que la reciente recesión hizo sobrepasar un nivel considerable de la deuda pública. Pero el otro as- pecto neoliberal, a saber el adelgazamiento de los presupuestos socia- les, no pudo avanzar con la misma velocidad, y la diferencia entre los dos explica el déficit público y manifiesta al mismo tiempo la sorda resistencia social y la defensa, que puede ser totalmente pasiva o activa, de aquello que los trabajadores piensan que es un derecho inalienable. Las variaciones sobre el tema del salario mínimo es uno de los puntos claves de toda política neoliberal que se respete. Pero la resistencia que se manifestó, comprendida la desarrollada de manera violenta cuando la tentativa de instaurar un SMIC-jóvenes, condujo, después de numero- sas discusiones en las instancias politicas y lugares de reflexión de las clases dirigentes, a cambiar de táctica. El SMIC es restablecido y se paga incluso el lujo de recuperar las pérdidas de poder de compra que había registrado. Pero es para utilizar otras vías más indirectas de ataque contra el salario, dicho de otra manera, centrándose en el salario indi- recto. Empero, ahí también el ataque a la protección social conserva un potencial de movilización importante. Es en esta resistencia social donde reside la principal explicación del estiramiento en la longitud de la fase recesiva.
La crisis del trabajo
El segundo rasgo importante del período es que el capitalismo no tiene legitimidad de recambio que ofrecer y que es estructuralmente incapaz de tratar la cuestión del desempleo. Es necesario beneficiarse aqui de los datos históricos producidos para torcer el pescuezo a la idea simple y ampliamente expandida como una evidencia según la cual el desem-
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pleo de masas es provocado por las mutaciones tecnológicas. Existen pocas formulaciones teóricas tan fáciles de refutar como esta. Si se toma al pié de la letra el discurso dominante sobre las mutaciones tec- nológicas y las nuevas formas de organización del trabajo, debería constatarse en efecto la coincidencia entre aceleración de la producti- vidad y aumento del desempleo: éste sería el subproducto de un formi- dable salto adelante de la productividad social, tan brutal que la crea- ción de empleos quedaria duraderamente a la zaga. Ahora bien, es exactamente lo inverso lo que se constata a partir de los datos de la tabla 1 de más arriba: las fases de crecimiento del desempleo, sea el período 1925-1939 o incluso el que vivimos desde hace veinte años, no se caracterizan por una aceleración de la productividad. Se trata aquí de un resultado muy fuerte, que no deja ninguna duda a pesar de la imprecisión de este tipo de datos globales. La productividad horaria del trabajo aumentó en Francia en 2,1% desde el comienzo de la crisis; durante los años de expansión y de pleno empleo, esta progresión era de 5,1%. Esta relación inversa es verificada sobre el conjunto del ciclo: en las fases A, la productividad del trabajo aumenta más rápido, ¡pero el volúmen de trabajo (es decir, el número total de horas trabajadas) baja menos rápido y el número de empleos creados aumenta más rapidamente.
De hecho, el ritmo de progresión actual es un ritmo medio a escala del siglo: ciertamente superior al que era durante la primera onda lar- ga, pero una vez más muy inferior al crecimiento medio de posguerra. Hay ,ahí un enorme problema en relación con los discursos convencio- nales, a tal punto que se la bautizó “paradoja de Solow” a partir de un articulo del premio nobel de economía en que éste exclamaba que se veían en todas partes los efectos de la informatización, salvo en las estadísticas de productividad.“ Y hay sobre todo un indice de crisis muy profundo, no solamente económico, que proviene del hecho de que la eficacia capitalista es incompatible con la obtención del pleno empleo mientras que éste permanece como una aspiración mayor y legítima de las sociedades contemporáneas.
Otra manera de considerar la medida de la amplitud de la crisis consiste en subrayar el carácter excepcional de la configuración recien- te del beneficio y el crecimiento: el primero se restableció en un nivel equivalente al de la Edad de Oro,‘ mientras que el crecimiento se sitúa bien por debajo del que había podido alcanzar durante esta fase de expansión excepcional. El capitalismo volvió a entrar en sus marcas, y
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sus resultados en términos de crecimiento, de productividad y de em- pleo durante los veinte últimos años son extraordinariamente vecinos de la media del siglo: es suficiente comparar las dos últimas columnas de la tabla 1.
Crisis del sistema económico, ofensiva neoliberal sistemática pero avanzando a un ritmo relativamente lento, pérdida de legitimidad y retorno al estado salvaje del capitalismo: los últimos años del siglo po- drían ser los de la emergencia d'e una alternativa social renovada en vistas a superar un sistema cada vez más mezquino en relación con las necesidades de la humanidad, o al menos a prevenirse de los efectos desastrosos de sus derivas. Es posiblemente otra moraleja, provisoria, de la historia de este siglo: nada es equiparable a la amenaza de una revolución para obtener reformas positivas. Desde este punto de vista, desde que de alguna manera fué librado a si mismo, el capitalismo hizo en la práctica la elección de entrar en el tercer milenio reculando.
Referencias
' Dobb, M.: Etudes sur le développment du capitalisme, Maspero, 1970.
2 Mandel, E.: Long waves of capitalist development, Cambridge University Press / Editions de la Maison des Sciences de l’Homme, 1980. Una edición puesta al día acaba de aparecer en Gran Bretaña, y debería ser objeto de una traducción al francés.
3 Villa, P.: “Un siécle de données macroeconomiques”, en INSEE Resultats, núm. 303-304, abril de 1994. Agradecemos a Pierre Villa habernos facilitado el acceso a estos datos.
4 Mazier,J. / Baslé et Vidal,J.-F.: (1993) Quand la crise durant..., Economica, 1993.
5 Boyer, R.: “La crise actuelle: une misc en perspective historique”, en Cri- tiques de l’économie politique. núm.7—8, abril-septiembre de 1979.
6 La expresión es empleada porJoan Robinson en l'Accumulation du capi- tal, Dunod, 19.72. Ella es igualmente utilizada por Angus Maddison en Phases of capitalist development, New York, Oxford University Press, 1982.
7 Dockés, P. / Rosier, B.: Rythmes économiques, crisis et changement so- cial - une perspective historique, La découverte-Maspero, 1983. Puede tam- bién recurrirse a su obra más reciente, l’Histoire ambigué, PUF, 1988, particu- larmente al capítulo 5.
3 Kondratieff, N. D.: Les grandes cycles de la conjoncture, Económica, 1992.
9 Trotsky, L.: “La courbe du développment capitaliste”, en Critiques de l'économie politique, núm. 20, abril-junio de 1975.
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'° Mandel, E.: obra citada. ” Sobre este tema, el capítulo 4 del libro de Dockés y Rosier de 1983 pro-
pone una remarcable sintesis.
'2 Schumpeter,J.: Capitalisme, socielisme et démocratie, Payot, 1969.
‘3 Boyer, R.: “Réflexions sur la crise actuelle (II), en Revue francaise d'économie, vol.11, 3, 1987.
'4 Solow, R.: “We’d better watch out”, en New York Times Book Review, 12 de julio.
(Traducción del francés: Alberto Bonnet.)
Revista de ideas, historia olítica
l/IEIIIÏUM
cristina: Izqullsnpn AtrenuA'rIVA
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Lenin, el imperialismo y las etapas del desarrollo capitalista
Terrence McDonough
Vladimir Illich fue a quedarse a Pskov,l donde Potressov y L. N. Radchenko y sus hijos posteriormente vivieron. Vladimir Illich una vez relató riendo cómo las pequeñas hijas de Radchenko, Zhenyurka y Lyuda, acostumbraban a molestarlo a él y a Potressov. Poniendo sus manos delante de sus espaldas, ellas marchaban solemnemente recorriendo el cuarto, una diciendo “Bernstein” y la otra replicando “Kautsky”. Krupskaya, Memorias de Lenin
I. Introducción
El imperialismo, etapa superior del capitalismo de Lenin ha l _ sido comúnmente discutido en el' contexto de las rela- 3' —" " ciones metrópolis-satélites del imperialismo intemacio- - ' h nal (e.g., Brewer, 1990; Barone, 1985; Brown, 1972; Kieman, 1974). Semejante afirmación parece tan embarazosarnente ob- via de demostrar como fácil es olvidar que Lenin tomó como su tema la totalidad del desarrollo del capitalismo monopólico en su tiempo. Más que dirigiéndose a un especialismo académico, los tempranos escritores marxistas estaban intentando proveer las bases teóricas para una estrate- gia politica socialista de la clase obrera. En aras de este fin, los escritores marxistas clásicos se vieron compelidos a involucrarse con un recorrido de asuntos marxistas en el contexto de un argumento simple. No deberia ser sorprendente así que una obra como El imperialismo pueda ser encon- trada en una posición pivote en más de una de las más especializadas tradiciones del pensamiento económico marxiano de hoy. Este artículo argumentará que un análisis de la contribución de El imperialismo de Lenin no puede ser limitado a una consideración de las
A
* Publicado en Science and Society. An Independent journal of Marxism, vol. 59, núm. 3, Nueva York, 1995.
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teorías del imperialismo. La contribución de El imperialismo a las teo- rías de las etapas del desarrollo capitalista debe ser también examina- da. El concepto de Lenin de etapa del capitalismo fue una significativa contribución a la resolución de la primera crisis importante en la teo- ría marxiana. Esta crisis fue iniciada por la recuperación capitalista de la Gran Depresión de fines del siglo XIX y la respuesta revisionista de Bernstein. La solución de Lenin a esta controversia ha tenido una in- fluencia elemental en la subsiguiente discusión marxista de etapas en la historia capitalista. El concepto de Lenin de etapa imperialista de la historia capitalista es el antecesor, a través de la escuela del capital monopolista de Barán-Sweezy, del marco americano de las estructuras sociales de acumulación para la teoría marxiana de las etapas. La teoría de Ernest Mandel de la etapa del capitalismo tardío fue directamente inspirada por la teoría de Lenin de la era del imperialismo clásico. Finalmente, la influencia de Lenin sobre la teoría de las etapas no ha estado confinada al oeste. La teoría de Uno del mercantilismo, libera- lismo e imperialismo como etapas del capitalismo es también rastreable directamente hasta la obra de Lenin El imperialismo.
A continuación, este articulo discutirá brevemente el debate Bernstein-Kautsky inaugurado por la recuperación capitalista en el cam- bio de siglo. Identificará el carácter no constructivo de este debate e indicará por qué era necesaria una respuesta teórica marxista creativa. Argumentaré que esta respuesta creativa fue iniciada en la obra de Rudolf Hilferding y completada por Lenin. Destacaré así la influencia de la obra de Lenin en varias de las teorías marxistas contemporáneas de las etapas del desarrollo capitalista. En resumen, este artículo consi- derará no tanto la teoría del “imperialismo” del título de Lenin, sino la teoria de “la etapa superior del capitalismo” del subtítulo de Lenin.
II. Recuperación económica y crisis marxista
Cuando es vista como una contribución a la teoría de los estadios, el contexto precedente de El imperialismo es el debate Bernstein-Kautsky sobre el derrumbe capitalista. El marxismo obtuvo antes preminencia durante la Gran Depresión de fines del siglo XIX. .Dobb (1947, 310) resumió el período como “esencialmente una depresión de competen- cia estrangulada y caída de precios del tipo del texto clásico”. El cita a Walt Rostow al efecto de que los capitalistas “comenzaron buscando un escape (para el estrechamiento de los márgenes de ganancia) en los mercados externos afianzados por imperialismo positivo, por tarifas,
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monopolios y asociaciones de empleadores” (Dobb, 1947, 312). El aná- lisis de Rostow es sorprendentemente similar al argumento de Lenin en El imperialismo. Geary (1987, 2) resume los puntos de Vista de los observadores marxistas contemporáneos: “La extensión que realmen- te tuvo la ‘Gran Depresión" entre 1873 y 1896 es, por supuesto, una fuente de disputa entre historiadores económicos, pero no hay duda de que muchos contemporáneos, entre ellos August Bebel y Eduard Bernstein (inicialmente), vieron =a la recesión como nada menos que la “crisis final del capitalismo”.
A pesar de la crisis final del capitalismo, en los tiempos del debate Bernstein-Kautskyel capitalismo estaba mostrando definidos signos de recuperación. Estos fueron más dramáticos en contraste con los largos años previos de estancamiento e inestabilidad. Geary (1987, 36) resu- me los desarrollos de la economía alemana, indicando su significado en la inauguración del debate teórico:
El revisionismo no fue gestado ex-m'hilo sino que fue el fruto de la recupera- ción económica que tuvo lugar después de 1896 (no sólo en Alemania) y de un cambio en la situación política del Segundo Reich. Desde 1896 hasta la Primera Guerra Mundial, la economia alemana gozó casi ininterrumpida- mente de crecimiento y bajos niveles de desempleo, aún en los años relativa- mente malos como 1908-9. Entre 1870 y 1913 los salarios reales semanales se incrementaron en un treinta y cinco por ciento, con- un ascenso realmen- te significativo entre 1880 y 1900... Los salarios incrementados se reflejaron en incrementados niveles de vida.2
Los marxistas de la Segunda Internacional no tenian conceptos que pudieran manipular el vuelo de fénix del capitalismo que estaban expe- rimentando. La Segunda Internacional había desarrollado un punto de vista algo mecánico del marxismo y del mundo. Todos los fenóme- nos fueron vistos como una expresión de ciertas leyes inherentes a la naturaleza de la materia. Esta noción fue aplicada al análisis de la eco- nomía capitalista. Las tendencias de Marx devinieron leyes análogas a las leyes de la física. Estas leyes incluían las: observaciones de Marx sobre 1a tendencia del capitalismo hacia la crisis (Colletti, 1972; Morgan , 1984, 4-8; Hansen 1985, 46). Tal punto de vista fue incapaz de explicar la recuperación capitalista desde la crisis de largo plazo. La recupera- ción del capitalismo desde la crisis de fines del siglo XIX precipitó una crisis en el marxismo en los comienzos del siglo XX.3
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La evidencia inmediata de la crisis se encuentra en un debate no constructivo sobre el significado de la recuperación para la estrategia del movimiento socialista. Los marxistas esperaban una revolución pro- letaria mundial rápida producida por el empeoramiento de la crisis capitalista. Cuando la recuperación se materializó en lugar de la revo- lución, comenzó un debate concerniente al rol de la crisis económica en la teoría revolucionaria“
1. La controversia del derrumbe
De un lado de esta “controversia sobre el derrumbe” estaban los mar- xistas ortodoxos, quienes clamaron que la crisis capitalista debía conti- nuar empeorando, produciendo así una cojuntura revolucionaria. Del otro lado, Eduard Bernstein argumentó que las tendencias capitalistas a la crisis habian sido sustancialmente eliminadas. Además, si el siste- ma no caerá de su propia armonia, entonces la lucha de clases puede ser aminorada en el marco político existente. La sociedad podrá enton-
ces realizar “la continuidad de libre desenvolvimiento” (Bernstein, 1961, 82-87).
a) La posición de Bernstein. El argumento de Bernstein5 se basaba en tres afirmaciones (ibid.). Primero, sostuvo que el creciente conocimiento financiero desalentaba la especulación y, por ende, las tendencias a la crisis. Segundo, Bernstein afirmó que, en tanto las firmas desarrolla- das de comunicación y transporte tendrían un fiel conocimiento antici- pado en constante aumento, así sabrían qué y cuánto producir, elimi- nando desproporcionalidades. El tercero de los argumentos de Bernstein se basó en el trust como racionalizador del mercado: “He reconocido su capacidad para influenciar en la relación de la actividad productiva con la condición del mercado tanto como para disminuir el peligro de crisis” (Bernstein 1961, 87).
Cuando Bernstein buscó diseñar conclusiones políticas desde su aná- lisis económico, introdujo en su visión del mundo la importancia del desarrollo ético y su concepción de la naturaleza del estado democrático liberal. Bernstein argumentó que la prosperidad creciente y el decre- ciente conflicto de una economia desarrollada dieron un rol cada vez más importante a la ética. Para Bernstein, era el desarrollo de la ética más que la lucha de clases el significado del movimiento hacia el socialis- mo. Esto era tomar partido por el vehiculo de la democracia liberal.
De acuerdo con Bernstein, el estado democrático, aún cuando era
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usado como una herramienta de la burguesía, no era una expresión de la dominación de clase burguesa. Por cierto, en el léxico de Bernstein la democracia era definida como “una ausencia de gobierno de clase... aunque no es aún la supresión actual de las clases” (Bernstein, 1961, 142-4). El estado era neutral en su carácter de clase. Sólo un cambio de cara era necesario para hacerlo servir a los intereses más amplios de la sociedad.
Este cambio vendría cuando el proletariado creciera lo suficiente como para que, unido con los “hombres de buena voluntad” de todas las clases, pudiera manejar una mayoría electoral decisiva. La democra- cia liberal y la economía capitalista estaban armoniosarnente vincula- das en una tendencia hacia el fin de los antagonismos de clase. Bernstein por ende favorecía una más amplia estrategia electoral y alianzas con otras fuerzas de clase.6
b) La réplica de Kautsky.7 Kautsky argumentó, en primer lugar, que Bernstein estaba equivocado sobre los fundamentos económicos al predecir un capitalismo menos tendiente a la crisis. Segundo, sostuvo que la revolución no requiere el derrumbe económico. Kautsky usaba las figuras de Túgan para mostrar que las crisis estaban incluso empeo- rando. Afirmaba que las fuerzas productivas debían expandirse más rápidamente que el mercado en el largo plazo, aunque las alzas y bajas del corto plazo debían continuar. Asi Kautsky arribó a una teoría de la “depresión crónica”, donde “la existencia contínua de la producción capitalista resulta posible... pero deviene completamente intolerable para las masas” (Sweezy, 1968, 198).
Kautsky acordaba con Bernstein sobre la creciente importancia del monopolio. Afirmaba, sin embargo, que el tratamiento de Bernstein era desbalanceado:
No debemos estar tan ocupados con el crecimiento de una clase como para que no podamos ver el crecimiento de su oponente. La democracia no impi- de el desarrollo del capital, cuya organización y poderes político y económi- co crecen al mismo tiempo que lo hace el poder del proletariado... segura- mente, los sindicatos están creciendo, pero simultánea y aún mas fuerte- mente crece la concentración del capital y su organización en monopolios gigantescos. (Kautsky, 1916, 82.)
Esta particular interpretación del monopolio, aunque contiene algu-
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na verdad, no reconoce cambios en la lucha de clases (ver también Geary, 1987, 44). Todas las cosas siguen como antes. Cada combatien- te es meramente algo más grande. A diferencia del argumento de Bernstein, el de Kautsky tiene la ventaja de reconocer la continuidad y centralidad del antagonismo de clases. Asi Kautsky rechaza la vía gradualista al socialismo. Aunque Kautsky agrega poco al tratamiento de Marx de esta cuestión.
Algo irónicamen te, Kautsky está en completo acuerdo con Bernstein sobre la naturaleza del estado. Como Bernstein, Kautsky sostiene un punto de vista completamente instrumentalista del estado, hasta el punto de comparar al estado con un ferrocarril cuyo maquinista puede ser cambiado rápidamente (Kautsky, 1916, 18).
Kautsky esperaba que “la victoria del proletariado intervendrá a tiem- po para cambiar el desarrollo en otra dirección antes que arrive 1a situación forzada en cuestión” (Sweezy, 1968, 198). En última instan- cia, sin embargo Kautsky meramente sustituyó la noción de “derrum- be” por la de estancamiento crónico y retuvo el concepto como un antecedente para el caso de que su punto de vista optimista de la victo- ria del proletariado no prevaleciera en el interin. Kautsky creyó que el Partido Social Demócrata podía permanecer como un partido de la clase obrera independiente de las fuerzas sociales potencialmente más conservadoras (ver también Howard y King, 1987, 82-84).
c) Revisionismo y dogmatismo. El intento de Bernstein de resolver la cri- sis que enfrentaba la teoría marxista tuvo éxito sólo profundizándola. Bernstein buscó la solución a los problemas del marxismo introducien- do conceptos desde fuera del paradigma marxista. Estos incluían la noción de armonía de clases en la sociedad capitalista avanzada, un concepto idealista de ética tomado prestado de Kant,8 y una teoría del estado liberal sin carácter de clase. Esta introducción de conceptos desde fuera del marxismo ha sido clásicamente descripta como una estrategia intelectual “revisionista”. Es una de las posibles respuestas a una crisis del marxismo identificada por Althusser (1978). El empleo de Bernstein de esta estrategia ilustra su carácter generalmente no cons- tructrvo.
La respuesta de Kautsky a Bernstein, aunque correcta en varios pun- tos, tampoco es constructiva. La característica distintiva de la obra de Kautsky durante este debate es su adhesión a la ortodoxia. La postura básica de Kautsky fue la negación de la existencia de crisis alguna en el
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marxismo. Kautsky Se negó a reconocer la creación de un nuevo terre- no en el proceso de acumulación creado por la recuperación capitalis- ta. Puesto que las condiciones objetivas que enfrentaba el marxismo eran aún las mismas, las adiciones conceptuales, aún aquellas que pu- dieran ser consistentes con la tradición marxista, no eran requeridas. Aunque capaz de innovación teórica (Geary, 1987, VII), Kautsky y sus aliados en el debate se contentaron a sí mismos con la reafirmación de las viejas fórmulas. La posición de Kautsky con ocasión del debate del revisionismo puede ser caracterizada como dogmática.9
Parece que Kautsky dominaba en el Partido Social Demócrata ale- mán. En 1899, el partido pasó una resolución apoyando el reco- nocidamente revolucionario Programa de Erfurt, y en 1903, los puntos de vista de Bernstein fueron explícitamente condenados por el partido en su Congreso de Dresde. Aunque Bernstein y sus seguidores nunca fueron expulsados del partido. De hecho, continuaron creciendo en fuerza e influencia. Mientras las dos posiciones teóricas en el debate parecían completamente antagónicas, siguieron una clase de existencia simbiótica en la vida del partido. Mientras el marxismo del partido estaba cautivo del acercamiento dogmático, el revisionismo podía ser justüicado como quizás la única opción aparentemente disponible para un miembro del partido en busca de una guía teórica. Del otro lado, la rígida adhesión a la ortodoxia marxista, casi completamente divorciada de la práctica, pro- veyó una cobertura ideológica conveniente. Así revisionismo y dogrnatismo existieron en una suerte de tensión mutuamente creativa, aunque altamente desafortunada, dentro del partido (ver McDonough y Drago, 1989). El lider del partido, August Bebel, era realmente la tercera figura en el debate, donde resumió la tensión entre revisionistas y dog- máticos apoyando entusiastamente la condena de las posiciones teóricas de Bernstein mientras implementaba resueltamente el programa de Bernstein en la actividad diaria del partido.lo
2. Las consecuencias inciertas
Entender la respuesta del movimiento socialista a la recuperación capita- lista es esencial para entender el importante lugar que El imperialismo de Lenin tiene en la historia del pensamiento marxista. El fracaso del capitalismo en entrar en una crisis final a fines del siglo XIX permanecía como una objeción al carácter científico de la comprensión del capitalismo de Marx como fue recibido por la Segunda Internacional. La gravedad de esta objeción se agudizó cuando dos de los más importantes teóricos
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del marxismo respondieron como lo hicieron. Kautsky se negó a enfren- tar la tarea de explicar la nueva coyuntura, negando así la crisis. Bernstein tomó la nueva situación más seriamente, pero buscó la solución esencial- mente por fuera del marco de la teoria marxista. Cuando el debate entre ambos se reprodujo meramente a sí mismo en el movimiento marxista, en un insular tipo de tensión entre dogmáticos y revisionistas, el marxis- mo alcanzó un serio impasse. Una salida de este cul de sac era desesperan temente necesaria. Construyendo sobre la obra de Hilferding y Bujarin, fue el análisis de Lenin de la nueva coyuntura como el movi- miento del capitalismo hacia una nueva etapa de acumulación lo que restauró la habilidad del paradigma marxista para avanzar como una comprensión científica de la economía y la sociedad.
Más específicamente, la controversia del derrumbe dejó incumpli- das varias tareas teóricas importantes. La más urgente de éstas era la explicación del fin de la Gran Depresión y de la renovación del creci- miento capitalista. Esta explicación debia, por un lado, ir más allá de la aserción de que nada había cambiado realmente. Por el otro lado, de- bía eludir la trampa revisionista de ver a la recuperación como eviden- cia del carácter básicamente armónico del futuro de la economía capi- talista y del desarrollo social. Tal avance teórico debía analizar la natu- raleza contradictoria de la sociedad capitalista de clases explicando si- multáneamente un periodo de acumulación capitalista relativamente no problemático. Una segunda tarea teórica puesta de relieve por el curso del debate del revisionismo es la inadecuación de la teoria mar- xista existente del estado. Ambas partes del debate del revisionismo tienen un punto de vista mecanicista e instrumentalista del estado y meramente debatían cómo reemplazar mejor al maquinista. Lenin se dirigió a ambas tareas. La teoría marxista del estado fue reforrnulada en El estado y la revolución (1968b). El imperialismo, etapa superior del capitalismo se encargó de explicar por qué el capitalismo se recupe- ró alrededor de 1900. Lejos de negar la continuada relevancia de las contradicciones de clase, Lenin buscó explicar cómo la nueva etapa del imperialismo surgía desde cambios generados por el conflicto de cla- ses a fines del siglo XIX. De esta forma, Lenin es sin duda una figura central en la superación de la primera crisis del marxismo.
III. El capital financiero y la economía mundial Al examinar la naturaleza precisa de la contribución de El imperialis- mo a la teoría marxista, es importante reconocer que Lenin fue cons-
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truyendo sobre la obra de otros dos autores que habían comenzado a enfrentar algunos de estos problemas. Es esencial considerar El capital financiero (1980) de Rudolf Hilferding y El imperialismo y la economía mundial de Nikolai Bujarin (1973). Una lectura causal de estas obras deja en claro que El capital financiero fue un fundamento para los otros dos volúmenes. Aunque Lenin hace sólo breves referencias en El impe- rialismo a la obra de Bujarin, el prefacio laudatorio que escribió para el libro en 1915 deja en claro que =leyó el manuscrito atentamente y lo admiraba.
1. Hilferding y el capital financiero
Argumenté más arriba que la controversia del revisionismo fracasó en explicar el resurgimiento de la acumulación capitalista en los comien- zos del siglo xx usando conceptos consistentes con el análisis marxista. El primer intento mayor de emprender esta cuestión apareció en 1910 con la publicación de El capital financiero de Hilferding. Su recepción en los círculos marxistas virtualmente como un ulterior volúmen de El capital (Hilferding, 1980, l) reflejó no sólo la impresionante calidad de la obra sino también la creciente urgencia de la tarea que emprendia.”
Hilferding planteaba claramente su tarea como estrechamente rela- cionada con una comprensión a través de Marx. Sólo que como Marx analizó la emergencia y crecimiento dinámico del capital industrial en contraste con el capital mercantil previamente dominante en Das Kapital, Hilferding apuntaba en Das Finanzkapital a analizar la emergencia a partir del capital industrial de la nueva formade capital financiero. Tal estudio, Hilferding escribe, es esencial para alcanzar una “compren- sión científica de las caracteristicas económicas de la más tardía fase del desarrollo capitalista” (Hilferding, 1980, 21).
Hilferding comienza su estudio con una extensa consideración del rol del dinero y el crédito bancario en las economías capitalistas. Además, con el advenimiento de las sociedades por acciones, los bancos resultan involucrados en el creciente capital industrial a través de la promoción de los rendimientos de las acciones. La mancomunión de capitales que la venta de acciones hace posible abre el camino para una enorme ex- pansión de la escala de la empresa capitalista. La creciente unificación entre capital bancario e industrial genera el capital financiero. El involucramiento creciente del banco con la producción industrial crea un cambio en los principios de los negocios: “El principio profesional bancario de la máxima seguridad hace alos bancos inherentemente ad-
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versos a la competencia y predispuestos en favor de la eliminación de la competencia en la industria, a través de cárteles, y su reemplazo por un ‘beneficio seguro” (179). En el análisis de Hilferding hay una íntima relación entre el crecimiento de la forma corporativa de propiedad, la creciente concentración y centralización de’ la industria, y la combina- ción de esferas de actividad previamente separadas del capital en el capi- tal financiero bajo el control de los bancos.
Mientras que las tendencias capitalistas básicas hacia la crisis aún existen, la concentración de las industrias tiende a mitigar los efectos negativos para el capital. Hilferding observa que la habilidad de una empresa para sobrevivir se incrementa con su tamaño (289). Las com- pañías por acciones pueden atraer capital adicional y acumular reser- vas en los años buenos. La diversificación en la actividad de los nego- cios de parte de los bancos e industrias deja espacio para la dispersión del riesgo. La banca concentrada está también en posición de confinar los movimientos especulativos dentro de ciertos límites. La habilidad de los cárteles para mantener los precios significa que pueden desviar el principal peso de una crisis hacia las industrias no-cartelizadas. La existencia de crisis capitalistas acelera entonces el proceso de concen- tración.
Habiendo acometido la descripción comprensiva de las transforma- ciones al'nivel económico de la sociedad, Hilferding gira hacia el análi- sis político. Bajo el imperio del capital financiero, las tarifas soportan la cartelización directamente mediante la reducción del número de competidores extranjeros, e indirectamente proveyendo crecientes re- tornos que pueden entonces ser invertidos en concentración. La gene- ralización de las tarifas protectoras incrementa la importancia del ta- maño del área protegida y por tanto del tamaño del territorio nacional y el control de áreas coloniales.
Las ganancias monopólicas incrementan el volúmen del capital po- tencialmente disponible para la inversión al mismo tiempo que la mo- nopolización de los mercados restringe las oportunidades de inversión. Simultánearnen te, existen oportunidades de ganancias más altas en áreas subdesarrolladas. La expansión ultramarina de la actividad económica sólo puede ser encarada a través de la amenaza o uso actual de la fuer- za militar. Como el mundo está crecientemente dividido entre los ma- yores poderes económicos, los conflictos políticos y militares devienen crecientemente agudos. La redistribución del territorio sólo puede ser encarada por la fuerza y la guerra resulta probable.l2
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Hilferding también buscó entender los cambios ideológicos que acom- pañan las transformaciones económicas y políticas asociadas con el ca- pital financiero. La nueva ideología abandona el liberalismo, exigien- do organización antes que la libertad del capitalista individual. El capi- tal financiero requiere un estado políticamente poderoso que pueda proteger sus intereses tanto internos como externos. El nacionalismo en manos del capital financiero deja de ser la defensa del derecho de las naciones a la autodeterminación y deviene el derecho de la propia nación de uno a dominar a todas las otras. Este nuevo nacionalismo toma inevitablemente tonalidades racistas.
Hilferding también examina los cambios en la relación de las varias clases unas con otras en la era del capital financiero. Soportado por las tarifas, un fuerte estado y la oposición a la clase obrera, se unen cada vez más el capital y los grandes terratenientes. Los pequeños negocios son crecientemente subordinados al gran capital y también comparten su oposición al trabajo. Surge un nuevo estrato medio, conformado por los empleados gerenciales y técnicos asalariados en el comercio y la industria. Este estrato rápidamente creciente está aún políticamente alineado con el gran capital y la política de imperialismo. Así, a lo largo de los cambios económicos, el dominio del capital financiero marcha con sus transformaciones políticas e ideológicas.
2. Bujarin y la economía mundial
De acuerdo con el biógrafo de Bujarin, El capital financiero de Hilferding fue “el punto de partida y inspiración esencial” (Cohen, 1980, 25) para la contribución de Bujarin La economía mundial y el imperialismo (1973) .‘3 La mayor diferencia entre el tratamiento de Bujarin y el de Hilferding fue que Bujarin revirtió el orden de la presentación de Hilferding. Hilferding había argumentado desde el capital financiero hacia la con- centración de la economia mundial y el imperialismo. Bujarin partió de la economía mundial: “Así, el problema de estudiar el imperialismo, sus características económicas y su futuro, se reduce en sí mismo al problema de analizar las tendencias en el desarrollo de la economía mundialy los probables cambios en su estructura inherente” (Bujarin, 1973, 18-19). Entonces comienza diseñando las conexiones entre eco- nomía mundial, política de estado, relaciones de clase, concentración y capital financiero.“ A pesar del diferente punto de partida, las conexio- nes diseñadas son similares a aquellas hechas por Hilferding. El argu- mento de Bujarin, sin embargo, pone más acento causal sobre el desa-
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rrollo de la economia mundial de lo que lo hace el análisis de Hilferding. Desde el punto de vista de la teoría de las etapas, el volúmen de Bujarin sirve para reafirmar, incluso documentar y actualizar, la posición de Hilferding.
IV. Lenin y el imperialismo
Sólo después de identificar las contribuciones respectivas de Hilferding y Bujarin es posible asir la contribución específica de Lenin en El impe- rialismo, etapa superior del capitalismo (1968a).'5 El volumen de Lenin se inspira extensamente sobre las dos obras previas. La obra de Lenin es también por mucho la más corta de las tres. No fue concebida como un tratado teórico independiente de importancia, sino que fue, según el propio subtítulo de Lenin, ‘fiin bosquejo popular”. Incluso Lenin deli- beradamente restringió la perspectiva del panfleto:
Intentaré mostrar breve y tan simplemente como sea posible la conexión y relaciones entre los principales rasgos económicos del imperialismo. No seré capaz de tratar los aspectos no-económicos de la cuestión, por más que merezcan ocuparse de ellos. (176, énfasis en el original.)
En el último prefacio, Lenin explica el descuido de los aspectos po- líticos del imperialismo como debido a un esfuerzo por esquivar la censura zarista (169). Los principales rasgos económicos identificados por Lenin son un subconjunto de aquellos discutidos por Hilferding y Bujarin. Su discusión de la relación de estos rasgos con cada uno de los otros en general sigue las lineas inicialmente trazadas por Hilferding.
Dadas estas limitaciones de la obra, uno está tentado de ver el rol de Lenin como prestando el peso de su prestigio revolucionario a las ideas de los otros dos hombres. Tal contribución no podría ser considerada como despreciable. En verdad, es principalmente a través de El impe- rialismo de Lenin que estas ideas han llegado a nosotros, especialmente en el mundo de hable inglesa. La obra de Bujarin fue durante muchas décadas aplastada bajo el peso de la represión stalinista. Llamativamente, una traducción inglesa de El capital financiero no apareción en prensa hasta 1980.
Sin embargo, desde el punto de Vista de adelantar una teoría marxis- ta de las etapas del capitalismo, El imperialismo hace dos contribucio- nes muy significativas. La primera es identificar al imperialismo específicamente como una “etapa” del capitalismo (ver Albritton, 1986,
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98). La segunda es identificar la etapa imperialista con el capitalismo monopólico.
1. El imperialismo como una etapa El concepto de etapa del capitalismo es usado en el subtítulo de Lenin y aparece frecuentemente a lo largo de la obra. Esto no es meramente una cuestión de terminología. Lenin da sustancia a su uso del nuevo término buscando identificar más estrictamente el límite entre la etapa imperialista del capitalismo y su predecesora. Lenin es abstractamente cauto en encarar esta tarea, sosteniendo en un punto» que “es absurdo argumentar, por ejemplo, sobre el año o la década particular en que el imperialismo ‘definitivamente’ quedó establecido” (233). Sin embar- go, a lo largo de El imperialismo, Lenin se ocupa de identificar el mo- mento de la transición entre etapas tan estrictamente como sea posi- ble. Por ejemplo, argumenta que “para Europa, el momento en que el nuevo capitalismo reemplazó definitivamente al viejo puede ser estable- cido con bastante precisión; fué el comienzo del siglo veinte” (180, énfasis en el original).
Lenin ofrece la siguiente definición extensa del imperialismo, la que dice abarca sus cinco rasgos básicos:
El imperialismo es el capitalismo en la etapa de su desarrollo en que el dominio de los monopolios y del capital financiero está establecido; en que la exportación de capital ha adquirido pronunciada importancia; en que la división del mundo entre los trusts internacionales ha comenzado; en que la división de todos los territorios del globo entre los más grandes poderes capitalistas ha sido completada.(232.)
Estas cinco características forman la base de la organización de bue- na parte del panfleto.16 Lenin se ocupa de localizar el punto de giro en que puede decirse que cada una de estas características del imperialis- mo han sido establecidas.
Discutiendo el dominio de los monopolios, Lenin argumenta que los cárteles son un fenómeno transitorio hasta “el boom de fines del siglo XIX y la crisis de 1900-3. Los cárteles devienen uno de los funda- mentos del conjunto de la vida económica. El capitalismo ha sido trans- formado en imperialismo” (181). Más tarde dice, más estrictamente, que la crisis de 1900 “marcó el punto de giro en la historia del mono- polio moderno” (187).
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Atendiendo a la importancia del capital financiero, Lenin cita aJeidels al efecto de que la crisis de 1900 “aceleró e intensificó enormemente el proceso de concentración de la industria y de la banca, consolidó este proceso, transformó por primera vez la conexión con la industria dentro del actual monopolio de los grandes bancos, e hizo esta conexión mucho más cerrada y más activa” (200). De esto Lenin concluye que “el siglo veinte marca el punto de giro desde el viejo capitalismo al nuevo, desde la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero.”
En conexión con la exportación de capital, Lenin cita estadísticas para mostrar que “la exportación de capital alcanzó enormes dimen- siones sólo al comienzo del siglo veinte” (213). Atendiendo a la divi- sión del mundo entre asociacion-es capitalistas, cita el acuerdo entre los trusts eléctricos alemanes y americanos en 1907, la división del. merca- do mundial de petróleo en 1905, un acuerdo concerniente -a la navega- ción comercial de 1903, el Cártel Internacional de Vías formado en 1904 y el Sindicato Internacional del Zinc establecido en 1909. Conclu- ye citando los cálculos de Liefmann de que “en 1897 había en conjunto cerca de cuarenta cárteles internacionales en los que. Alemania tenia participación, aunque en 1910 habia cerca de cien” (221).
Lenin se ocupa de localizar el período de tiempo en que la división del globo entre las mayores potencias se completa. Cita a Hobson, marcando los años de 1884 a 1900 como la “época de ‘expansión’ in- tensificada de los principales estados europeos” (224). Lenin construye entonces un cuadro de áreas y poblaciones controladas por los mayo- res poderes que él resume de la siguiente manera: “Vemos claramente a partir de estas cifras cuan ‘completa’ fue 'la partición del mundo en el cambio al siglo veinte” (226).
Este interés con la identificación del punto de giro que marca la transición de una etapa del capitalismo a la otra no puede ser encontra- da en los tratamientos de Hilferding ni de Bujarin. La localización del punto de transición desde la etapa previa del capitalismo a la nueva etapa del imperialismo enfatiza la naturaleza cualitativa más que cuan- titativa de la transición. Esta contribución es especifica. de Lenin. Es esta diferencia la que confiere un contenido diferente al cambio de terminología de Lenin al designar al imperialismo como una etapa del capitalismo más que como una fase o una época.
2. El imperialismo como capital monopolista La otra diferencia mayor en la obra de Lenin está en el rol dado
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especificamente al desarrollo de estructuras de mercado monopólicas. Ya he discutido cómo Hilferding comenzó su análisis con el capital fi- nanciero mientras Bujarin analizó virtualmente el mismo conjunto de instituciones usando la economia mundial como punto de partida. Lenin adopta aún otro punto de partida al enfatizar el rol del capital monopo- lista en el imperialismo. Verdaderamente, en uno de los mas citados pasajes de El imperislismo, Lenin iguala a los dos: “Si fuera necesario dar la definición más breve posible del imperialismo, tendríamos que decir que el imperialismo es la etapa monopolista del capitalismo” (232).
Lenin comienza su discusión de la etapa superior del capitalismo con una discusión de “la concentración de la producción y los monopolios” (176). Esta transposición del orden de la discusión de los monopolios no debería tener gran significado, excepto que Lenin también dió a la emer- gencia del monopolio un significado causal en el desarrollo del resto de los rasgos básicos del imperialismo. El capital financiero, la exportación de capital y la división imperialista del mundo todo se origina a partir de la emergencia de la estructura monopólica de mercado. Hacia el fin del folleto, Lenin resume este argumento de la siguiente forma:
Debemos tomar especial nota de los cuatro principales tipos de monopolio, o principales manifestaciones del capitalismo monopólico, que son caracte- rísticas de la época que estamos analizandor Primero, el monopolio surge de la concentración de la producción en una etapa superior.-.. Segundo, los monopolios han estimulado la captura de las más importantes fuentes de materias primas... Tercero, el monopolio ha emergido desde los bancos... Una oligarquía financiera, que arroja una cerrada red de relaciones de de- pendencia sobre todas las instituciones económicas y políticas de la socie- dad burguesa de nuestros días sin excepción —tal es la más sorprendente manifestación de este monopolio. Cuarto, el monopolio ha crecido de la política colonial. A los numerosos 'viejos’ motivos de la política colonial, el capital financiero agregó la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capital, por las esferas de influencia, i. e., por esferas de porciones redituables, concesiones, beneficios de monopolio, etc., el terri- torio económico en general. (258.)
Esta identificación del capital monopolista como el factor clave en la determinación del carácter de la nueva etapa tendria una profimda influencia en las generaciones siguientes de teóricos marxistas de las etapas.
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Finalmente, Lenin toma nota explícitamente del efecto del régimen de monopolio sobre la tasa de crecimiento en los países capitalistas. Bujarin y especialmente Hilferding han hecho esto implícitamente al enfatizar el impacto positivo de los variados aspectos del capital finan- ciero en la tasa de beneficio. Enfatizando el carácter desigual del creci- miento capitalista, Lenin puntualiza que “en conjunto, el capitalismo está creciendo mucho más rápidamente que antes...” (259).
V. La teoría de las etapas del capitalismo
Hemos considerado que el rol de Lenin es central en completar la formulación inicial de una teoría marxista de las etapas del capitalismo. Hilferding y Bujarin desarrollan una teoría del capital financiero/ im- perialismo que ve su desarrollo como un conjunto comprensivo de cambios entrelazados en el capitalismo en los dominios de la econo- mía, la política, la ideologia y las relaciones internacionales. Es Lenin quien designó a la teoría como una teoría de las etapas y puntualizó la división temporal entre el imperialismo y la etapa previa del capitalismo. Lenin también argumenta que es la transición al capital monopolista la que conduce los otros cambios. en la sociedad capitalista. Finalmente, Lenin vincula explícitamente la nueva etapa del capitalismo al renova- do crecimiento económico sin subestimar la naturaleza conflictiva de las relaciones de clase capitalistas y la consecuente tendencia del capitalismo. hacia las crisis.
Todos estos elementos de la teoría del capital monopolista como la fuerza motivadora de una nueva era en el capitalismo formarían una de las bases importantes del trabajo de Paul Sweezy en La teoria del desarrollo capitalista (1968). Como se desarrolla en ese volúmen, el aná- lisis de Lenin y Hilferding formarían parte de los fundamentos de la “escuela del capital monopolista” en los Estados Unidos.
1. La escuela del capital monopolista
La estrategia de Sweezy en la construcción de una consideración mar- xista del desarrollo capitalista es esencialmente tratar la consideración de Lenin-Hilferding como equivalente al cuarto volúmen del capital. Las partes uno y dos de La teoria explican a Marx sobre el valor, el plusvalor y el proceso de acumulación. La parte tres discute la historia de la teoría marxista de la crisis. La parte cuatro se titula “Imperialis- mo” y es principalmente una explicación de El capital financiero de Hilferding y El imperialismo de Lenin.
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La consideración de Sweezy, además de incluir análisis contemporá- neos de la naturaleza del fascismo y de las perspectivas futuras del capitalismo mundial, difiere de Hilferding y Lenin en sólo dos puntos significativos. Primero, el pensamiento de Hilferding de que el mono.- polio podría ser capaz de racionalizar los esfuerzos de venta y por tan- to reducir costos. Sweezy argumenta por el contrario que la reducción del precio de competencia tiende a incrementar el esfuerzo dedicado a las ventas en función de competir sobre un mercado repartido. Segun- do, Sweezy argumenta que “el dominio del capital bancario es una fase pasajera del desarrllo capitalista que groseramente coincide con la transición del capitalismo competitivo al monopolista” (286). En el ar- gumento de Sweezy, el fin del dominio de los bancos se debe principal- mente al financiamiento interno de las corporaciones. Sweezy nota que el tratamiento de Lenin de la relación entre el capital manufacturero y el financiero fue más balanceado, y concluye:
La teoría de Lenin no está entonces ciertamente abierta a las críticas que han sido dirigidas a la de Hilferding. No obstante es dudoso que el término 'capital financiero’ pueda ser desinvestido de la connotacióon de dominio bancario que Hilferding le dio. Siendo éste el'caso, parece preferible des- echarlo totalmente y sustituirlo por el término “capital monopolista”, que claramente indica qué es esencial para el concepto de “capital financiero” de Lenin y aún no está tan generalizado como el último para confundir al lector incauto. (269.)
Asi el concepto de Lenin de capital financiero entra en el marxismo estadounidense como “capital monopolista”.
La mayor obra siguiente de Sweezy, El capital monopolista, hecha jun- to a Paul Baran, busca desarrollar las dinámicas del proceso de acumu- lación monopolista. La obra debe más a Kalecki (1954) y Steindl (1952) que a Hilferding o Lenin. Así como El capital monopolista contiene un extenso análisis de la sociedad americana, el cerrado análisis de Hilferding de las conexiones entre el capital monopolista y los otros niveles de la formación social se. pierde parcialmente. Esto se debe en buena medida al espacio dedicado al subconsumo17 y también a una muy amplia concepción del periodo de tiempo en que el capital mono- polista es dominante en los Estados Unidos. Barán y Sweezy datan este período desde el fin de la Guerra Civil hasta el presente. Entonces, toda conexión del monopolio con instituciones especificas así como
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con estructuras de mercado tiende a ser indeterminada.
Este alejamiento del marco de Lenin es en alguna medida rectifica- do en las dos obras principales de la escuela del capital monopolista que siguieron a El capital monopolista -La era del imperialismo (1969) de Harry Magdoff y Trabajo y capital monopolista (1974) de Harry Braverman. Ambas obras se atienen mucho más estrictamente a El im- perialismo de Lenin como la base para analizar la etapa monopolista del capitalismo. Comienzan sus análisis con la datación de Lenin del co- mienzo de la etapa monopolista alrededor del cambio de siglo. De manera importante, ambas obras extienden también el campo del aná- lisis del capitalismo monOpolista. Magdoff se ocupa .de “la economía de la política exterior estadounidense”. Braverman manifiesta cubrir el vacío advertido por los propios Sweezy'y Magdoff, estudiando la rela- ción entre el capital monopolista y el proceso de trabajo. Estos estu- dios adicionales son importantes en tanto restauran para la escuela del capital monopolista la visión de Lenin del cambio de siglo de la etapa monopolista y simultáneamente el análisis de múltiples niveles inaugu- rado por Hilferding y llevado adelante por Bujarin y Lenin.
Aproximadamente al mismo tiempo que Braverman estaba escribien- do, una nueva generación de economistas marxistas estaba intentando abordar la relación entre trabajo y capital monopolista. En 1973, Michael Reich, David Gordon y Richard Edwards (1973) publicaron un artículo vinculando la segmentación del mercado de trabajo con la emergencia del capital monopolista. La obra de estos autores durante la década siguiente formaría la base para una teoría substancialmente modifica- da de las etapas del capitalismo, pero que sin embargo tenia claramen- te sus raíces en la escuela del capital monopolista inspirada por Lenin.
2. Nuevas aproximaciones a la teoría de las etapas
La profunda recesión de 1974 marcó el cierre definitivo del largo pe- ríodo de prosperidad de posguerra. El fin de la impresionante expan- sión capitalista que siguió a la Segunda Guerra Mundial revivió el inte- rés en la teoría de los ciclos largos (ver Forrester, 1977; Rostow, 1978; van Duijn, .1983; Mandel, 1975, 1980). Construyendo sobre la expe- riencia histórica de las recuperaciones que siguieron a las dos grandes depresiones (la de fines del siglo XIX y la de los 30) , parecía imprudente identificar el estancamiento de los 70 con la crisis final del capitalismo. Toda explicación de la crisis económica vigente había de reconocer su carácter distintivo como-algo más que una caída ordinaria en el ciclo
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de los negocios. Al mismo tiempo, tal explicación debía también dejar espacio para la posibilidad de renovada expansión en el futuro. Anali- zar la existencia posible de un ciclo largo en la historia capitalista se ajustaba a este proyecto perfectamente.
a) El marco de las estructuras sociales de acumulación.“ Hacia fines de los 70, David Gordon (1978, 1980) publicó dos artículos vinculando la teo- ría de los ciclos largos con el concepto de etapas del capitalismo. En este contexto, el advenimiento del capital monopolista en el cambio de siglo coincide con el cierre de una onda larga a través del fin del siglo XIX y la inauguración de la onda larga expansiva que finalizó con la Gran Depresión de los 30. Como argumentamos arriba, esto es com- pletamente consistente con la tradición del capital monopolista esta- blecida por Lenin para explicar el comienzo de la expansión alrededor de 1900 a través del establecimiento del monopolio y de los cambios institucionales que lo acompañaron.
La nueva cuestión planteada por la adopción de una perspectiva de onda larga para la tradición de la etapa monopolista del capitalismo fue si la expansión de posguerra estaba asociada con un conjunto simi- lar de cambios institucionales multidimensionales. Gordon (1978) res- ponde esta pregunta proponiendo un conjunto de instituciones de posguerra cuyo establecimiento contribuyó al largo período de pros- peridad de posguerra. Estas instituciones incluyeron, entre otras, es- tructuras corporativas multinacionales, mercados de trabajo duales aso- ciados a un sindicalismo industrial bread-and-butter, economía interna- cional americana y hegemonía militar, crédito fácil, politica estatal keynesiana conservadora y control burocrático de los trabajadores.
De esta forma, Gordon establece la posibilidad de articular un con- junto de instituciones de posguerra que condicionaron la subsiguiente expansión de la economía en una forma similar a la manera en que el conjunto de instituciones analizadas por Hilferding, Bujarin y Lenin contribuyeron a la expansión del cambio de siglo. Entonces, el análisis multi-institucional del capital monopolista es implícitamente usado por Gordon como un modelo para explicar la expansión de posguerra.
El uso reiterado de esta clase de explicación plantea la cuestión de si el agregado de tal conjunto de instituciones podría ser generalizado como la base de una teoría comprensiva de las etapas del capitalismo. Gordon (1978; 1980) responde a esta cuestión proponiendo que am- bas, las instituciones comprendidas por el- capital monopolista y aque-
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llas impuestas por el orden social de posguerra, constituyeron ejem- plos de estructuras sociales de acumulación (ESAS). La construcción de una nueva ESA proveyó la base para una nueva etapa del capitalismo. La desintegración de este conjunto de instituciones marca el fin de cada etapa. El argumento del párrafo precedente establece el análisis de Lenin en El imperialismo como el antecesor directo del enfoque de las ESAs para el análisis de las etapas del capitalismo.
El enfoque de las ESAs alcanza su forma definitiva poco tiempo des- pués con la publicación de Gordon, Edwards y Reich Trabajo segmentado, trabajadores divididos (1982). Este volúmen usó el enfoque de las ESAs de Gordon para las etapas del capitalismo para reforrnular el tempra- no análisis de estos autores de la historia de las relaciones capital-traba- jo en los Estados Unidos. La exposición de los autores de la ESA que dominó el mundo capitalista en los comienzos del siglo XX es deudora claramente en gran medida de la descripción original de Lenin de la era del imperialismo.
Los recientes desarrollos en la escuela de las ESAS han conducido el marco de las ESAs aún más cerca en su carácter del marco de Lenin. La noción de ciclos largos u ondas largas ha sido des-enfatizada en favor de una concepción de períodos alternativos de crecimiento y estanca- miento en la historia capitalista. La duración de estos períodos no está determinada de antemano. No se continúan uno a otro con la lógica estricta que una teoria de los ciclos demandaría. El eclipse del argu- mento de los ciclos largos refocaliza la atención en el concepto de Lenin de etapas del capitalismo (ver McDonough, 1994a).
Al examinar en mi propia obra la construcción de la ESA capitalista monopólica en los Estados Unidos, he encontrado que algunas de las afirmaciones de Lenin concernientes a la transición de la etapa compe- titiva a la etapa monopolista son más cercanas a los acontecimientos que la lectura de Gordon et al de esta transición. Mientras que Gordon et al. enfatizan la diversidad del cambio institucional envuelto en este periodo de transición, he argumentado (McDonough 1994b) que el principio organizador de la ESA puesto en juego en el cambio de siglo en los Estados Unidos puede ser encontrado en la estructura monopólica del mercado establecida en la onda de fusiones de 1898 a 1902. Cada una de las otras instituciones centraleslg en la ESA fue construida alre- dedor de la emergencia de la nueva estructura monopolista del capital (ver McDonough, 1994b). Entonces, como Lenin argumentó en El im- perialismo, el capital monopolista puede ser visto como el eje de la nue-
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va etapa del capitalismo. Gordon et al. tienden a ver las instituciones importantes de la ESA monopolista en los Estados Unidos como alcan- zando su consolidación durante los años de la Primera Guerra Mun- dial. He argumentado (McDonough, 1994b) , en acuerdo con la datación de Lenin de la etapa monopolista del capital en el cambio de siglo, que las instituciones centrales han alcanzado sus formas básicas en el perío- do de seis años entre 1898 y 1904.
b) Ernest Mandel y el capitalismo tardío. Sorprendentemente, la influencia de Lenin en la teoría de las etapas del capitalismo ha sido menos persua- siva en el marxismo europeo. Buena parte del pensamiento del marxis- mo europeo sobre las etapas del capitalismo ha sido desarrollado en la tradición althusSeriana. Estos escritos tienden a periodizar el capitalismo de acuerdo con el hecho de si la acumulación es extensiva, basada en la extracción de plusvalía absoluta, o intensiva, basada en la extracción de plusvalía relativa (ver Poulantzas, 1975; Aglietta, 1979; Lipietz, 1987; Fine y Harris, 1979). Desde esta perspectiva, la etapa que comienza en el siglo XIX es vista como finalizando en algún momento entre las dos guerras mundiales.20 Esta periodización difiere de lo que argumenta Lenin. In- cluso Michel Aglietta (1979, 29-30), el más prominente autor en esta escuela, se detiene en distanciar su análisis del de Lenin.
Una importante excepción a este descuido de Lenin en Europa es la obra de Ernest Mandel. Como en el caso de la esCuela del capital mo- nopolista, las primeras exposiciones de Mandel de la economía del si- glo XX son grandes deudoras de los análisis de Lenin y Hilferding. Los capítulos 12, 13 y 14 de la Teoria Económica Marxista (1970) se titulan respectivamente “El capitalismo monopólico”, “El imperialismo” y “La época de la declinación capitalista”. Estos capítulos reproducen y ac- tualizan mucho de la explicación de Hilferding y Lenin de la era del capital financiero. Mandel corre parejo con Sweezy en enfatizar la im- portancia del autofinanciamiento monopolista y en sustituir por el tér- mino “capitalismo monopólico” el capitalismo financiero de Hilferding y el imperialismo de Lenin.
En su monumental El capitalismo tardío, Mandel desarrolla una teo- ría de las ondas largas del desarrollo capitalista. Estas ondas largas for- man la base para periodizar el capitalismo en etapas:
Las ondas largas... no representan simplemente promedios estadísticos para lapsos. de tiempo dados... Representan realidades históricas, segmentos de la
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historia completa del modo capitalista de producción que tienen rasgos defi- nitivamente distinguibles. Por alguna razón son de irregular duración. La ex- plicación marxista de estas ondas largas, con su peculiar entrelazamiento de factores económicos internos, cambios exógenos “de entorno”, y su media- ción a través de desarrollos sociopolíticos (i.e., cambios periódicos en el ba- lance completo de las fuerzas de clases y la relación intercapitalista de fuerzas, los resultados de luchas de clases momentáneas y de guerras) da a esta reali- dad histórica de la onda larga un carácter integrado “total”. (1980, 97.)
Mandel identifica tres etapas sucesivas en la historia capitalista -el capitalismo competitivo, el imperialismo clásico y el capitalismo. tar- dío. Como se indica por la elección de los nombres, Mandel está en deuda con el análisis de Lenin como la base de su segunda etapa del imperialismo clásico “como es descripto por Lenin” (82). En la intro- ducción a la edición inglesa, Mandel establece la relación entre su aná- lisis de la era del capitalismo tardío y la discusión de Lenin del imperia- lismo como directamente análoga a la relación entre el análisis de Lenin y el de Marx:
El término “capitalismo tardío” de ninguna manera sugiere que el imperia- lismo ha cambiado en esencia, volviendo anacrónicos los hallazgos analíti- cos de El capital de Marx y El imperialismo de Lenin. Asi como Lenin sólo fue capaz de desarrollar su aproximación al imperialismo sobre la base de El Capital, como 1a confirmación de las leyes generales que gobiernan en su conjunto el curso del modo de producción capitalista descubiertas por Marx, así hoy sólo podemos intentar proveer un análisis marxista del capitalismo tardío sobre la base del estudio de Lenin de El imperialismo. La era del capitalismo tardío no es una nueva época del desarrollo capitalista. Es mera- mente un desarrollo adicional de la época imperialista, capitalista-monopólica. Por implicación, las características de la época imperialista enumeradas por Lenin permanecen así totalmente válidas para el capitalismo tardío.(9.)
c) La escuela de Uno. Este estudio de la influencia de Lenin en el desa- rrollo de teorías de las etapas del capitalismo no podría ser completo sin una breve consideración de la obra de Kozo Uno en Japón.21 La Escuela de Uno en Japón se desarrolló en el período de posguerra en base a-una serie de escritos que aparecieron entre 1947 y 1954 (Sekine, 1980a, XV). Uno desarrolló una interpretación de El capital de Marx que descansa sobre una distinción entre tres niveles de abstracción,
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“con la teoría pura del capitalismo en el nivel más abstracto, el análisis empírico del estado actual de la economia capitalista en el nivel menos abstracto, y la teoría de las etapas del desarrollo capitalista mediándolas” (Uno, 1980, XXIII).
Esta ubicación de la teoría de las etapas del desarrollo capitalista fue inspirada por la comparación de Uno del método de Marx al escribir El capital con la aproximación de Lenin al escribir El imperialismo. Uno ubica la génesis de El imperialist de Lenin en el argumento revisionista de Bernstein de que los conceptos marxistas habian devenido inaplicables al capitalismo contemporáneo en el cambio de siglo. Mien- tras coincide con la refutación de Bernstein por Kautsky, Uno argu- menta que “ambos, los agresores y los defensores de las doctrinas eco- nómicas de Marx, estaban equivocados al asumir que la teoría econó- mica propuesta en El capital debía ser, ya sea inmediatamente o con modificaciones menores, aplicada a la clarificación de los nuevos fenó- menos empíricos” (Uno, 1980, XXVI). Uno atribuye a Hilferding y a Luxemburgo el procurar trabajar estos fenómenos empíricos dentro de un “concepto sintético de imperialismo” (XXVI). Uno afirma que Luxemburgo malinterpretó El capital, mientras que “la contribución de Hilferding, por otro lado, fue muy alabada por Lenin, cuyo El impe- rialismo se basó ampliamente en la noción de Hilferding de capital fi- nanciero. Así los marxistas finalmente adoptaron la versión Hilferding- Lenin de la doctrina del imperialismo” (XXVI).
Uno encuentra, sin embargo, que la aceptación de la validez de la doctrina Hilferding-Lenin del imperialismo plantea el problema de su relación con Marx. Uno afirma que la doctrina del imperialismo no puede ser considerada como una mera extensión del argumento en El capital. La elaboración de una teoría de las etapas por Lenin pone en claro según Uno que en la escritura de El capital Marx fue operando en todo los tres niveles de abstracción antes mencionados. Fue desarro- llando una “teoría pura del capital”, un análisis de la etapa liberal del capital que precedió la etapa del imperialismo, y una historia concreta de la Inglaterra del siglo XIX. Uno afirma que El capital sólo puede ser entendido si estos tres niveles de argumentos son desenmarañados, una tarea que Marx fue incapaz de hacer antes del descubrimiento de Lenin de la teoría de las etapas. En este sentido la lectura de Uno de El imperialismo de Lenin forma el corazón de su economía política:
Si... la relación de la doctrina del imperialismo con El capital es correcta-
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mente interpretada, entonces la doctrina no puede quedar como una mera. historia económica del capitalismo en la era imperialista. Debe definir la etapa del imperialismo caracterizada por la economía politica del capital financiero en contraste con las primeras etapas del mercantilismo y el libe- ralismo modeladas respectivamente por las actividades del capital mercantil e industrial... El método de la teoría de las etapas es por consiguiente clara- mente diferente del de la pura teoría. (XXVI-XXVII.)
El resumen de Sekine (1980b, 157) del concepto de Uno de etapas lo sitúa profundamente en la tradición multifactorial, institucional extraeconómica iniciada por Hilferding, Bujarin y Lenin y llevada ade- lante en la obra de Mandel y Gordon, Edwards y Reich:
Las políticas económicas características de la etapa no pueden ser estudia- das sin observar instituciones económicas concretas tales como el sistema financiero, el comercio exterior, las finanzas públicas, etc., que involucran directamente consideraciones políticas, jurídicas y sociológicas. El hecho de que estas instituciones económicas concretas formen diferentes tipos en las tres etapas del desarrollo capitalista sugiere que los procesos políticos, jurí- dicos y sociológicos que se reflejan ellos mismos en aquellas instituciones económicas son también típicos de la etapa.
V. Conclusión
En el comienzo de este ensayo, argumenté que El imperialismo de Lenin es más frecuentemente ubicado en la historia de la discusión marxista de la relación entre regiones imperialistas y subordinadas. Ha sido la tesis de este artículo que El imperialismo también puede ser considera- do como una contribución pivote a las teorias de las etapas de la acu- mulación capitalista. Cuando seguimos esta línea, el contexto prece- dente de la obra de Lenin es el debate Bernstein-Kautsky sobre el de- rrumbe del capitalismo. Los legados de El imperialismo desde esta pers- pectiva son las modernas teorías de las etapas del capitalismo, inclu- yendo la escuela del capital monopolista, la teoria de Mandel de las ondas largas, la escuela de Uno en Japón y el enfoque de las estructuras sociales de acumulación.
La motivación para escribir El imperialismo no fue sólo un intento de entender la naturaleza del imperialismo en el mundo capitalista. El imperialismo, etapa superior del capitalismo fue más bien una contribu- ción al problema extremadamente urgente de explicar el advenimien-
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to de la recuperación capitalista en lugar de la revolución. La credibili- dad del marxismo como una guía para el movimiento de la clase obre- ra estaba en juego. En este contexto, El imperialismo debe ser visto como una de las más consecuentes realizaciones de Lenin. Si Lenin no hubiera hecho otra contribución, su rol en la resolución de la primera crisis del marxismo y su desarrollo de la teoría de las etapas de la histo- ria capitalista le asegurarían un lugar central en el marxismo.
Traducido del inglés: Alberto Bonnet / Alicia ???.
Notas
' Lenin arribó a Pskov el 10 de marzo de 1900 (Krupskaya, 43).
2 Gneuss (1962, 36-38) también discute la influencia de la recuperación económica sobre el pensamiento de Bernstein.
3 Siguiendo a Althusser, una crisis del marxismo ocurre cuando la historia plantea al marxismo un cambio que no puede explicar con su problemática existente (Althusser, 1978). Entonces, tal crisis tiene dos condiciones. La pri- mera es un problema nuevo y significativo. La segunda es una inadecuación con el paradigma marxista mismo. Tal inadecuación frecuentemente tomará la forma de rigideces conceptuales. Estas dos condiciones estaban dadas en el cambio de siglo.
4 Resúmenes usuales de la controversia del revisionismo o del derrumbe pueden encontrarse en Sweezy (1968, 190-213); Lichtheim (1961, 272-300); Howard y King (1989, 65-89); McLellan (1979, 20-49); Geary (1987, 46-59); Hansen (1985, 32-49); y Salvadori (1979, 48-90).
5 La versión más extendida de Bernstein del caso del revisionismo fue pu- blicada en 1899 como Los supuestos del socialismo y las tareas de la socialdemocra- cia. Es más generalmente traducido al inglés bajo el título de Socialismo evolucionista (Bernstein, 1961).
G El único tratamiento extenso en un libro de los puntos de vista de Bernstein en Inglaterra es aún el volúmen de Peter Gay (1962).
7 Las dos mayores obras de Kautsky durante este período son Bernstein und das sozialdemokratische Programm (1899) y La revolución social (1902). Aunque La revolución social fue traducida al inglés, la principal obra de Kautsky sobre Bernstein no. Extractos pueden encontrarse en Goode (1983, 15-31). Un resúmen conciso puede encontrarse en Howard y King (1989, 80-82). Un acer- camiento biográfico a este período desde el punto de vista de Kautsky está incluido en Steenson (1978, 116-131). Ver también las otras fuentes en nota 4.
3 Para una discusión del rol de un revivido interés en la filosofía de Kant, ver Lichtheim (1961, 290-300).
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9 Uno hace un argumento en parte similar; ver más abajo.
‘° “En el campo político, la combinación apropiada de intransigencia doctrinaria y precaución táctica fue llevada a la perfección por August Bebel, el ampliamente popular y respetado líder del partido” (Lichtheim, 1961, 264).
” La introducción de Tom Bottomore a la traducción de El capital financie- ro (Hilferding, 1980, 1-17) provee un buen sobrevuelo de la carrera teórica y política de Hilferding. Resúmenes usuales del arguemnto de El capital finan- ciero pueden encontrarse en Brewer (1990, 88-108) y en-Howard y King (1989, 94-105).
'2 A1 hacer este argumento, Hilferding está afirmando que la crisis capitalis- ta puede proceder tanto desde factores politicos como económicos.
‘3 El título de la obra de Bujarin es inexplicablemente traducido al inglés como El imperialismo y la economía mundial. Puesto que el orden del título tiene alguna pequeña presencia sobre el argumento que sigue, he restituido el titulo en su orden original.
‘4 Otras evaluaciones de la naturaleza de la contribución de Bujarin en esta obra la han enfocado desde perspectivas diferentes y han enfatizado diferen- tes aspectos de la obra. La biografía de Cohen (1980, 25-36) contiene una usual discusión de La economía mundial y el imperialismo. Otros tratamientos usuales pueden encontrarse en Kiernan (1974, 27-36); Barone (1985, 35-45); Brewer (1990, 109-116) y Howard y King (1989, 245-248).
'5 No hay escasez de material sobre Lenin en general y El imperialismo en particular. Uno de los mejores tratamientos está en Harding (1981, 1-70).
“5 En un pasaje muy citado, justo antes de la anterior definición, Lenin argumenta que «Debemos dar una definición del imperialismo que incluya los siguientes cinco de sus rasgos básicos: 1) la concentración de la producción y el capital se desarrolló hasta tan alto nivel que creó monopolios que juegan un rol decisivo en la vida económica; 2) el entrelazamiento del capital bancario con el capital industrial, y la creación, sobre la base de este ‘capital financiero’, de una oligarquía financiera; 3) la exportación de capital como distinguida de la exportación de mercancías adquirió excepcional importancia; 4) la forma- ción de asociaciones capitalistas monopolistas internacionales que reparten el mundo entre ellas mismas; y 5) la división territorial del mundo en su conjun- to entre los poderes capitalistas más grandes se completó» (232.)
'7 Baran y‘Sweezy escriben en su Introducción que “somos particularmente concientes del hecho de que este enfoque, como lo hemos usado aquí, ha resultado en una casi total negligencia de un tema que ocupa un lugar central en el estudio de Marx del capitalismo: el proceso de trabajo” (8).
'3 Para una colección de artículos que explican, revisan y aplican el enfoque de las ESAS, ver Kotz, et al. (1994). Este volúmen también contiene una biblio- grafia del enfoque de las ESAs.
‘9 La distinción entre las instituciones centrles que inauguran una ESA y
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aquellas que pueden tener lugar más tarde conforme procede la acumulación es desarrollada por Kotz (1994).
2° Fine y Harris (1979) son una excepción a esto, en tanto ellos datan el comienzo de la etapa capitalista monopolista en el cambio de siglo.
2' Una introducción comprensiva a la obra de Uno es Albritton (1986). Una buena introducción más corta es Sekine (1975). Ver también Sekine (19803, 1980b) , que acompaña su traducción de Uno (1980).
22 Sekine (1980a, XIV) reclama que Uno diseña una más aguda distinción entre los puntos de vista de Hilferding y Lenin y que es sólo Lenin quien encuentra el nuevo concepto de una etapa del capitalismo.
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Estados Unidos: ¿un nuevo comenzo h1stór1co?*
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ntre el 6 y el 9 de junio, más de 1.400 delegados se reunieron en Cleve- land, Ohio, para fundar un nuevo partido polí- tico en Estados Unidos, el Partido Laborista, dedicado a luchar con- tra los planes de las grandes cor- poraciones y por los derechos de los trabajadores. los delegados, procedentes de 44 estados y en re- presentación de cerca de dos mi- llones de trabajadores sindica- lizados, se dieron cita en una sala ataviada con banderas y estandar- tes que reflejaban la historia del movimiento obrero americano. En el discurso principal, Bob Wages, presidente del sindicato del Petróleo, Química y Energía Ató- mica(OCAW), se dirigió a la sala para decir: «Vamos a organizar un partido político que represente a la clase obrera de este país[..-.]. Va- mos a organizamos para recupe- rar nuestro país. Sólo organizando-
* Tomado de Viento Sur, nú‘m. 30, diciembre 1996, Barcelona.
nos de abajo a arriba podremos crear un movimiento que se trans- forme en un partido político capaz de desafiar a los intereses de los capitalistas. Nuestro país se en- cuentra en una encrucijada. Tene- mos que tomar decisiones funda- mentales como sociedad[...]. ¿De- jaremos que este país sea dirigido por la clase adinerada o que por el contrario defienda a sus ciudada- nos más pobres, que son los que lo hacen funcionar cada díaP.»
El Congreso aprobó un progra- ma titulado Una apelación a la jus- ticia Económica. En él se propone una enmienda constitucional que garantice a todo ciudadano ameri- cano el derecho a un trabajo con un salario decente, un salario, un salario mínimo de 10 dólares la hora con escala móvil, una sema- na laboral de 32 horas y un siste- ma de sanidad universal. El progra- ma también promete acabar con los privilegios de las corporaciones, «tal y como se conocen»; apoya las políticas de discriminación positi- va, la igualdad de derechos para los
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trabajadores inmigrantes, condena el acoso sexual y crímenes raciales como la reciente quema de iglesias negras.
A pesar de ello, el partido deci- dió esperar dos años antes de pre- sentar candidatos oficiales a las elecciones, hasta que el próximo Congreso de la organización se defina sobre este asunto.
Los asistentes Entre las personalidades que parti- ciparon en el congreso, figuran Bob Wages de OCAW, de la Unión de Trabajadores de la Electricidad (UE) y Baldemar Velásquez, presi- dente del Comité Organizador de los Trabajadores Agrícolas (FLOC). jim "Hightower, ex comisionado para la agricultura del Estado de Texas yJerIy Brown, ex goberna- dor de California, atrajeron gran- des ovaciones del público cuando atacaron el programa pro-grandes empresas de los partidos Republi- cano y Demócrata.
«Quién lucha por la clase obre- ra? preguntaba Hightower. «Clara- mente no son los Demócratas, que se acuestan con Wall Street, mien- tras que a ti y a mí nos andan jodiendo. Es la clase obrera la que debe hablar por sí misma.»
Hightower añadió que la princi- pal división en la sociedad ameri- cana, no era entre izquierda y de- recha, sino entre los de arriba y los de abajo. El papel del partido La-
borista es el de organizar a los de abajo.
jerry Brown dijo: «He venido aquí porque creo que estamos al borde de un cambio. A veces le digo a la gente que soy un político en plena regeneración y que, como parte de esa regeneración, tengo que decir la verdad.»
«La verdad es que no puedes obtener la justicia económica me- diante el pillaje de las grandes cor- poraciones y que los partidos Re- publicano y Demócrata no son más que el producto final de este pilla- je corporativo.»
Hablando desde la audiencia, Ralph Nader, defensor de los con- sumidores y candidato presidencial de Partido Verde, afirmó que: «este congreso será visto como el rena- cimiento del movimiento obrero, después de tantos años de haber estado sometido al poder de las corporaciones.»
Nader dijo a los delegados que las corporaciones «no tienen nin- gún tipo de lealtad a la nación», sino que, por el contrario, «dan la vuelta al planeta buscándose las más terribles dictaduras para opri- mir a los trabajadores.»
Nader también consiguió arran- car un aplauso entusiasta del públi- co cuando dijo que «una sociedad se haya enraizada de lo más arriba a los más abajo, pero también se reconstruye de abajo a arriba.»
Margaret Trimer Hartley, co-
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rresponsal en huelga de La Prensa Libre de Detroit explicó al congreso algunas lecciones aprendidas en la huelga que todavía continúa, des- pués de casi un año. El Congreso adoptó una enmienda, pidiendo a John Sweeny que organizase una marcha nacional en Detroit para mostrar su solidaridad con los hue‘l- guistas e hizo una colecta de apo- yo en la que consiguió recaudar 7.000 dólares. En el congreso tam- bién se podía ver a delegados ad- quiriendo y luciendo camisetas de «huelguistas de Detroit», mientras otros compraban el último núme- ro del Diario Dominical de Detroit, el periódico de los huelguistas.
Fuerzas promotoras Los principales promotores del congreso fundacional del partido Laborista, han sido dos sindicatos: OCAW y la Unión de Trabajado- res de la electricidad (UE). La per- sonalidad principal detrás del con- greso fundacional, ha sido Tony Mazzochi, líder histórico de la OCAW, que se ha distinguido por su lucha en favor de la mejora de las condiciones de trabajo y el me- dio ambiente. La UE, un pequeño sindicato independiente lleva pro- moviendo desde hace décadas la creación de un partido político de la clase obrera en Estados Unidos. El sindicato de ferrocarriles, la Hermandad del Mantenimiento del Camino (BMW), también apo-
yó desde sus comienzos las tareas del grupo promotor: Por un Parti- do Laborista (LPA). La BMW es- peraba poder enviar una delega- ción considerable al Congreso, pero ese fin de semana la mayoría de sus líderes tuvieron que viajar a Washington, para asistir a una co- misión de arbitraje organizado por el Gobierno para resolver un con- flicto laboral.
Si bien la OCAW y la UE lleva- ron las dos delegaciones más gran- des al congreso, nueve sindicatos internacionales y 117 comités lo- cales mostraron también su apoyo. Además, media docena de organi- zaciones de trabajadores, incluyen- do a los Trabajadores Negros por laJusticia (BWFJ) participaron con delegaciones.
Hubo asimismo delegaciones del Sindicato Internacional de Estibadores(ILWU), de la Asocia- ción de Enfermeras de California (CNA) y del Comité Organizador de los Trabajadores Agrícolas (FLOC). La Federación America- na de Empleados Públicos (AF GE) y la Unión de Mineros (UMW) apo- yaron el congreso, pero no envia- ron ninguna delegación. A pesar de que el Sindicato Internacional del Sector Servicios (SEIU) no apo- yo el congreso, un número impor- tante de afiliados participó en el mismo.
La composición social del Con- greso no fue demasiado represen-
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tativa de la clase obrera america- na. Había muy pocos trabajadores negros y solamente alrededor del 25 % eran mujeres. El Sindicato de la Unión de Trabajadores del Au- tomóvil (UAW) probablemente tie- ne la organización política más efi- caz del país, pero sus dirigentes si- guen fuertemente ligados al Parti- do Demócrata y son hostiles a la idea de formar un Partido Labo- rista o cualquier otro tipo de ac- ción política independiente. A pe- sar de ello, algunos miembros de la tendencia crítica de la UAW, el Movimiento por una Nueva Direc- ción, estuvieron presentes en el Congreso.
Fue notable la escasez de dele- gados de los Camioneros (Toams- ters) y de los Camioneros por un Sindicato Democrático, probable- mente las dos organizaciones de base. más importantes en Estados Unidos. Esta falta de representa- tividad se deba quizá a que el Sin- dicato de Camioneros atraviesa por un período electoral interno, que opone al reforrnador Ron Ca- rey contra el candidato de la vieja guardia, jimmy Hoffa Jr. Además de las organizaciones sindicales, que componían el 80 % de los vo- tos del congreso, asistieron dele- gados de las cerca de 40 agrupa- ciones del LPA, así como numero- sos observadores individuales. Muchas de las agrupaciones del LPA cuentan en sus filas con acti-
vistas radicales y miembros de or- ganizaciones de izquierda.
Todos tuvieron la oportunidad de hablar y presentar enmiendas. Muchos de los delegados comen- taron que las sesiones transcurrie- ron de una forma mucho más de- mocrática de como suelen funcio- nar la mayoría de los sindicatos, a pesar de que los cuatro grandes sindicatos del Congreso mantuvie- ron una clara mayoría en las vota- ciones.-
Temas polémicos
Los tres temas que mayor contro- versia levantaron fueron: el papel de los miembros del LPA en el nuevo partido; la cuestión de si presentar o apoyar candidatos o no en las elecciones; la cuestión sobre si utilizar la palabra “aborto” en el programa del partido.
Las distintas agrupaciones del LPA contaban con el 5% de los votos del Congreso, pero represen- taban a un gran número de mili- tantes, que temían que las organi- zaciones sindicales más grandes les retirasen el derecho a voto en la nueva organización. Pero al final, el Congreso llegó a un compromi- so por el cual las agrupaciones po- drán tener cierta representación en los organismos de dirección nacio- nal y podrán celebrar su propio Congreso para elegir a su represen- tante.
La cuestión más importante pro-
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bablemente fue la de presentar o no candidatos a las elecciones.
La dirección del OCAW defen- dió la teoría de que no sería ni posible, ni inteligente hacerlo por el momento. No sería inteligente, yaque el empleo de recursos finan- cieros y organizativos de los sindi- catos con fines políticos durante lÍas elecciones, que han servido para financiar la organización del LPA hasta ahora, han sido prohibidos. No sería posible, ya que el nuevo partido todavía necesita tiempo para organizarse y ganar influen- cia de masas.
Los críticos más radicales contes- taron que, si es verdad que el Parti- do Laborista no se haya aún prepa- rado para una campaña electoral a escala nacional o una campaña pre- sidencial, sí en cambio podría par- ticipar en las elecciones municipa- les, regionales o de escala estatal. Muchos, entre los que se encontra- ban sindicalistas y algunos radica- les, opinaban que el partido podría crecer.a través de su participación en elecciones a consejos escolares, municipales o de condados, al pro- pagar sus ideas en campañas puer- ta a puerta en los vecindarios.
Una pequeña minoría de radi- cales, pidió que el Partido Laboris- ta rechazara de antemano cual- quier tipo de apoyo a los candida- tos republicanos o demócratas en las elecciones. Su temor es que de no hacerlo así, y además no pre-
sentar sus propios candidatos, el Partido Laborista puede convertir- se en un simple grupo de presión sobre partidos como el Demócra- ta, y no en un instrumento inde- pendiente para organizar a la cla- se obrera.
Esta posición fue derrotada por el bloque sindical por una amplia mayoría.
El Congreso decidió no presen- tar candidatos a las elecciones en los próximos 2 años, posponiendo la decisión final al próximo congre- so. Mientras, el Partido Laborista sí participará en otras campañas políticas como la del salario míni- mo, la legislación contra el despi- do, reformas de la legislación labo- ral en favor de los trabajadores y en favor de un sistema de sanidad pública.
Durante una entrevista con el Cleveland Plain Dealer, realizada inmediatamente después del Con- greso, Maryanne Young, miembro del comité de estatutos, afirmó que veía al Partido Laborista jugando inicialmente un papel similar al de la Coalición Cristiana en la Dere- cha. «Si nos mostramos como una voz unida, a lo mejor alguno de esos otros partidos nos escuchará». Este tipo de comentarios es un re- flejo de la orientación que los miembros más radicales temen que el partido tome.
El tercer tema polémico tiene que ver con el de los derechos repro-
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ductivos de la mujer. El lenguaje uti- lizado por el comité de la platafor- ma para expresar en su propuesta el derecho a la educación sexual, el uso de anticonceptivos y el derecho al aborto, pidiendo «el derecho a ele- gir informadamente, acceso ilimita- do a servicios de planificación fami- liar tanto para mujeres como para hombres» evitó mencionar directa- mente la palabra aborto.
Algunas delegadas feministas (aunque nohubo consenso en este punto entre las delegadas feminis- tas y activistas pro-derechos repro- ductivos) propusieron que el Con- greso se declarase explícitamente en favor del derecho del aborto. En una de las sesiones, a la pro- puesta en favor del aborto se le añadió la oposición a la esteriliza- ción forzada.
El debate estuvo fuertemente polarizado entorno a como presen- tar una cuestión con la que todo el mundo estaba fundamentalmente de acuerdo: que el Partido Laboris- ta debía adoptar una posición en favor de la libertad de elección de la mujer. Después de realizarse el voto sobre la propuesta inicial y haber sido ésta derrotada, los miem- bros mayoritariamente católicos del FLOC aclamaron la decisión y on- dearon banderas en señal júbilo.
Enmiendas presentadas por la base
Durante el Congreso se constituye-
ron distintos grupos de interés, no solamente los sindicatos, sino tam- bién de mujeres y afroamericanos.
Los afroamericanos presentaron enmiendas pidiendo una oposición frontal hacia el racismo, mientras que las mujeres solicitaron un sis tema de representación más justo en los órganos de dirección. Algu- nas de las enmiendas procedían de individuos independientes.
Mark Dimondstein, presidente del Sindicato Americano de Traba- jadores Postales del área de Greater Greensboro, local 711, AF L-CIO, presentó la siguiente en- mienda a los estatutos: «Nosotros creemos en un país que respete los derechos de los trabajadores en todas partes del mundo, así como en el nuestro.» La enmienda fue aprobada unánimemente.
El Congreso se desarrolló sin problemas, de manera abierta y relativamente democrática. La ILWU propuso en un determina- do momento una enmienda a los estatutos, pero el presidente Bob Wages la rechazó apoyándose en los votos de su propia y numerosa delegación de la OCAW.
Durante la interrupción para co- mer, Wages y sus colegas reconsi- deraron su decisión y volvieron a la sala de reuniones para proponer que se reabriese a la discusión, dan- do de nuevo el turno de la palabra a los delegados de los estibadores. Fue entonces cuando se inició el
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debate político sobre la convenien- cia o no de presentar candidatos.
Las diversas delegaciones orga- nizaron reuniones para presentar- se. La de la FLOC llenó el come- dor con más de 100 personas, que escucharon a Baldemar Velásquez contar la historia de la campaña de ocho años de su sindicato para ór- ganizar la empresa de sopas Camp- bell y la de conservas Vlasie.
Velásquez se refirió al nuevo Partido Laborista para hacer una predicción mística: «hermanos y hermanas, no podéis suponer en que medida ésta es una ocasión histórica, llena de esperanza y ex- pectativas. En el ámbito espiritual, los cielos tiemblan, las naciones se estremecen y la tierra se agita. Es- tamos presenciando la reorganiza- ción de las fuerzas que harán tem- blar el mundo, compuestas por gentes que todos los días se reman- gan y van a trabajar.»
¿Y ahora qué? Finalmente, después del debate, las votaciones del plenario, las negocia- ciones en los pasillos y los compro- misos aceptados por la OCAW, la UE, la SEIU, y la ILWU, los delega- dos aprobaron los estatutos y el pro- grama, saludando por aclamación el nacimiento del Partido Laborista. Sin embargo no fueron capaces de adoptar un programa de acción para los próximos dos años. Se delegó la tarea en la dirección pro-
visional del partido. Muchos dele- gados señalaron que, mientras tan- to, volverían a casa; reclutarían nuevos miembros; participarían en acciones de solidaridad con las huelgas y apoyarían y apoyarían la campaña por el salario mínimo, con la esperanza de que la direc- ción provisional marcase pronto los lineamientos a seguir.
Algunos delegados están prepa- rando una manifestación nacional en Detroit para apoyar a los perió- dicos en huelga de esa ciudad. Otra campaña urgente es la solidaridad con la Asociación de Enfermeras de California, en contra de los re- cortes de la sanidad pública y de que se niegue la asistencia a los emigrantes.
Cuando el congreso supo que el alcalde demócrata de Cleveland, Michael White, elegido gracias a los votos de los sindicatos, estaba pro- poniendo, según los titulares de los periódicos locales, acabar median- te la ley con la negociación colecti- va, todos los delegados se dirigie- ron a la alcaldía para unirse a una manifestación de protesta de los sin- dicatos de la ciudad. La manifesta- ción demostró el potencial que a1- berga un partido de los trabajado- res dispuesto a enfrentarse a los demócratas. Si ello es un augurio o no del futuro que le espera a nuevo Partido Laborista, el tiempo lo dirá.
(Traducción: Alvaro Rein.)
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Estados Unidos: sobreviviendo al toyotismo*
Jane Slaughter
unque casi todas las in- dustrias tratan de apli- car algún tipo de pro- ducción ajustada o pro- ducción ligera (lean production o toyotismo), o gestión bajo tensión (management-bykstress), la del automóvil es la que ha llega- do más lejos. En las fábricas norte- americanas con gestión japonesa, los trabajadores del automóvil y sus sindicatos han conseguido impo- ner sus propias modificaciones al sistema. Todavía se trata de una gestión bajo tensión, pero su ex- periencia demuestra que el siste- ma no es invencible. Analizaremos los casos de NUMMI, Mazda (Auto Alliance International) y CAMI para ver que lecciones pueden aprender de sus luchas otros tra- bajadores enfrentados a la gestión bajo presión. La historia de las relaciones en- tre la dirección y los sindicatos en las tres plantas es muy diferente.
* Tomado de Viento Sur, núm. 17, octubre 1994, Barcelona.
Las tres secciones sindicales estu- VÍeron abiertas desde un primer momento a colaborar con la direc- ción. En CAMI, la aplicación del sistema empujó a la dirección sin- dical a ser más militante y más combativa, la sección contó con el apoyo decidido del sindicato nacio- nal canadiense de trabajadores del automóvil (CAW). En Mazda, un grupo de trabajadores de base or- ganizó una candidatura de izquier- da sindical en las primeras eleccio- nes, consiguiendo una serie de re- presentantes en posiciones clave, que también contaron con el apo- yo de la dirección regional de la UAW (sindicato de los trabajado- res del automóvil de Estados Uni- dos). En NUMMI, la dirección de la sección sindical (Local 2244) ha sido muy disputada desde que se inauguró la planta, en una confron- tación entre un grupo abiertamen- te colaboracionista, la Plataforma Administrativa (con el apoyo de las direcciones nacional y regional del sindicato) y un grupo de izquierda sindical, la Plataforma de Base.. El
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sistema ha sufrido menos modifi- caciones en NUMMI que en CAMI o Mazda.
La UAW insistió, antes de que se inaugurasen las plantas, en in- cluir en el contrato colectivo en NUMMI y Mazda uno de los ele- mentos más importantes para mo- dificar la gestión por pensión: los delegados sindicales de taller, lla- mados “coordinadores sindicales”. En las fábricas de la General Motors, Ford y Chrysler (los tres grandes) esta tradición había des- aparecido hacía décadas. El repre- sentante sindical más cercano a la cadena de montaje era el “delega- do jefe” o “miembro del comité”, liberado a tiempo completo con sueldo de la compañía, represen- tando a unas 250 personas. Quizás debido a que la dirección de NUMMI no quiso aceptar en un comienzo un número de “miem- bros del comité” tan alto como en los “tres grandes”, la UAW insis- tió en que se pusiera en pie algún tipo de representación a nivel de taller.
Cómo los sindicatos modificaron la gestión bajo tensión
Así, cada “grupo” o “unidad” de trabajadores elige a un coordina- dor sindical. Un grupo consiste en una serie de equipos, entre dos y seis, bajo la dirección de un super- visor, llamado jefe de grupo o jefe de unidad; cada coordinador re-
presenta, por lo tanto, de unos 30 a 60 trabajadores. Trabajan a tiem- po completo en la cadena y ayu- dan a sus compañeros a resolver sus problemas durante los descan- sos o la hora de comer. A cambio, reciben el equivalente a dos horas extraordinarias a la semana. De acuerdo con el contrato colectivo, cualquier problema o reclamación que surja debe ser tratada prime- ro con el coordinador y el supervi- sor antes de poder iniciar el trámi- te administrativo para las reclama- ciones, que implica a los miembros del comité.
En NUMMI, los coordinadores no han sido organizados por la sec- ción sindical para cumplir tareas específicas, y, por lo tanto, no han sido aprovechados en todas sus posibilidades: ser los ojos y los oí- dos de la dirección sindical de la empresa, organizar a los trabajado- res a nivel de grupo para actuar colectivamente y ser la primera lí- nea de defensa de los trabajado- res (a mediados de 1994, la sección sindical empezó a moverse en este sentido). En Mazda, sin embargo, la sección hizo un esfuerzo espe- cial para formar a los coordinado- res mediante seminarios especia- les. Su nivel de militancia varía, pero en conjunto han sido muy eficaces en las campañas de nego- ciación del convenio, organización de votaciones de huelgas y otras ac- ciones colectivas.
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La existencia de los coordinado- res es una quiebra ideológica im- portante del sistema de gestión por tensión, porque implica que los trabajadores y la dirección tienen, de hecho, intereses distintos a ni- vel de taller.
El papel de los grupos
es un terreno de lucha
De manera desigual, pero en un nú- mero significativo de grupos, los tra- bajadores han transformados su función de unidades de autocontrol manipuladas por la dirección de la empresa para aplicar una presión entre compañeros, en grupos de trabajadores solidarios que se de- fienden entre sí.
Los grupos, de hecho, no tienen una función esencial en el funcio- namiento del sistema. De vez en cuando, la dirección deja de con- vocar reuniones de grupo y los vuelve a resucitar más tarde. Pero al mismo tiempo, la estructura y la ideología de los grupos sigue exis- tiendo y en ocasiones, los trabaja- dores utilizan los grupos para arti- cular sus reivindicaciones y presio- nar ala dirección.
Uno de los elementos más im- portantes para convertir a los gru- pos en estructuras de solidaridad es la personalidad de su coordina- dor. El o ella debe ver esta respon- sabilidad como un medio de defen- der y promover a los miembrós del grupo más que como un mecanis-
mo de gestión. En las tres plantas, la dirección concebía a los coordi- nadores de grupo como una espe- cie de ayudantes de los superviso- res, dentro de la cadena de man- do entre la dirección y los trabaja- dores. Aunque lós procedimientos iniciales para seleccionar a los coor- dinadores variaron ligeramente de una planta a otra, en todas la di- rección tenía la» última palabra. El descontento con el sistema de se- lección y sus resultados era gene- ral, así como las acusaciones de favoritismo.
En NUMMI, las quejas de los trabajadores. obligaron a la direc- ción a modificar el sistema de se- lección para hacerlo más objetivo, permitiendo la participación de los dirigentes sindicales en la evalua- ción y haciendo de la antigüedad el elemento decisivo en última ins- tancia. En 1992, los trabajadores de CAMI ganaron el derecho de ele- gir a los coordinadores de grupo de forma eXperimental, duran te el período de un año. En Mazda, la elección de los coordinadores de grupo se convirtió en el tema cen- tral de la negociación colectiva en 1991 . La sección sindical descubrió que la institucionalización de las elecciones no significó tanto un cambio de los coordinadores de grupo como la asunción de una mayor resp0nsabilidad y activismo por su parte. En Mazda, los coor- dinadores de "grupo se eligen aho-
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ra anualmente por un mismo pe- ríodo de tiempo y la sección sindi- cal se opuso en 1994 a los intentos de la dirección de la empresa de designar a los coordinadores de acuerdo con su antigüedad.
El convenio colectivo de Mazda especifica claramente que los coor- dinadores de grupo no. son super- visores ni responsables ante los su- pervisores. Un anexo excluye de manera específica que puedan des- empeñar tareas administrativas como planificación de horas extras y elaboración de nóminas. En CAMI, la sección sindical elaboró un manual para “ayudar a los coor- dinadores de grupo a desarrollar sus funciones y ser buenos sindi- calistas”. Sin embargo, cuando transcurrió el plazo de prueba de un año en CAMI, la dirección de la empresa no volvió a convocar elecciones e instituyó un sistema de selección de coordinadores si- milar al de NUMMI, mediante un concurso-oposición a través de puntos. La razón, según el Vicepre- sidente de la sección sindical Dave Binns, es que la dirección de la compañía quería que los coordina- dores de equipo sirvieran como base para la selección posterior de los coordinadores de grupo, y cuando eran elegidos por los tra- bajadores de los equipos “no se trataba del tipo de personas que la compañía hubiera seleccionado”.
En los Estados Unidos, la elec-
ción de los coordinadores de equi- po se ha convertido en una reivin- dicación general en todas las nue- vas fábricas gestionadas sobre la base del sistema de producción ajustada (también llamada, produc- ción justo a tiempo) como la plan- ta de ensamblaje en Wayne, cerca de Detroit, de la Ford.
Crear mecanismos para desafiar las normas de producción En 1991, el convenio colectivo de Mazda por primera vez incluyó cláusulas parecidas a las de los con- tratos de los “tres grandes”: “los standards de producción serán fi- jados en condiciones normales de trabajo, con trabajadores experi- mentados, y teniendo en cuenta el cansancio que producen y la nece- sidad de tiempo de descanso”. In- cluye un medio legal gracias al cual el sindicato puede poner en cues- tión la organización concreta de la producción. Se creó la figura de un representante sindical para la vigilancia de los standards de pro- ducción. La negociación de conflic- tos debe tomar en cuenta “todos los aspectos de trabajo incluyendo, pero no solo, la combinación apro- piada de secuencias, métodos, pro- cedimientos, herramientas y equi- librios en la cadena para asegurar que los trabajadores sean situados en los puestos de trabajo más con- venientes”.
En 1994, la sección sindical con-
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siguió importantes logros en el tex- to del convenio de la Ford. Inclu- ye cosas como “cuando se estable- cen unos criterios standard de pro- ducción, el elemento tiempo debe permanecer inalterable y fuera de controversia a menos que y mien- tras que la operación sea cambia- da como consecuencia de un cam- bio de método, cantidad a produ- cir, herramientas, equipo, materia- les o diseño del producto”. La com- pañía no puede aumentar el ritmo de trabajo para compensar el ausentismo; los trabajadores y sus representantes sindicales deben ser informados antes de que se rea- lice un estudio de rios de trabajo.
El sindicato tiene medios con- cretos para evitar que la compañía aumente los ritmos. Tanto en mi- tad como a final de la cadena de montaje, el sindicato puede exigir “límites” del tipo de “no más de dos transmisiones manuales a ins- talar en. un grupo” o “no más de tres ventanillas en el techo de cada cinco coches”.
En CAMI, el convenio obliga a la compañía a tener en cuenta “la capacidad de trabajo razonable de un trabajador experimentado” al establecer los ritmos de los distin- tos trabajos en la cadena y estable- ce un procedimiento para resolver las quejas sindicales sobre el incre- mento de ritmos. La compañía también se avino a consultar con los trabajadores antes de introdu-
cir la norma o efectuar cambios en ella, y no incrementar la velocidad de la cadena “más allá de los nive- les para los que están calculados el número de puestos de trabajo, con el objetivo de recuperar la pro- ducción perdida”. Los trabajado- res de CAMI también utilizan en este sentido las normas de seguri- dad en el trabajo para evitar los in- crementos de ritmo.
Reducir los empleos temporales
En un comienzo, Mazda contrató un grupo de trabajadores tempo- rales que podían ser utilizados, a conveniencia de la dirección, unas cuantas horas, días o meses. Estos trabajadores carecían de seguridad en el trabajo y representación sin- dical. A pesar de que pagaban su cuota sindical, el convenio colecti- vo especificaba que no podían ele- gir representantes, bajo amenaza de penalización y rescisión, en su caso, de los contratos temporales. Así, eran un elemento decisivo en la puesta en práctica del sistema de gestión bajo tensión: en tanto que quintaesencia de la fuerza de trabajo ajustada, podía absorber las fluctuaciones de las necesidades de la dirección sin la menor capaci- dad de resistencia. Estos trabajado- res temporales, llamados “miem- bros de apoyo” podían ser fácil- mente presionados por la direc- ción para trabajar a cualquier rit- mo, por intenso que fuera, con la
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esperanza de conseguir un empleo permanente. La dirección, ade- más, utilizaba a su antojo el mis- mo concepto de su temporalidad, haciéndoles trabajar, cuando así lo necesita, durante meses en pues tos de trabajadores fijos.
El convenio colectivo de 1991 de Mazda sustituyó a este tipo de tra- bajadores por un grupo de fijos cuya tarea era cubrir las ausencias. El convenio de CAMl de 1992 creó también un “grupo de apoyo a la producción” similar. Lo que es contrario a la lógica de la gestión bajo tensión, ya que al tratarse de trabajadores fijos, son pagados igualmente haya necesidad de su trabajo o no. Lo que le hubiera gustado a la dirección de las em- presas es que la plantilla hubiera absorbido, sin modificaciones o ayudas, el trabajo de los ausentes.
Mazda todavía contrata trabaja- dores temporales para cubrir las bajas los lunes y los viernes, y, en menor medida, otros días. Pero sólo con el permiso de la sección sindical. Lo que supone un impor- tante elemento de presión para el sindicato en otros terrenos. El con- venio permite ahora que los tem- porales puedan ser defendidos sindicalmente en caso de despido.
Conocer los propios derechos
Los trabajadores prefieren que sus derechos y los procedimientos, tanto administrativos como pro-
ductivos, estén claramente definir dos, sin “flexibilidades”. En las tres plantas, el convenio incluye cláu- sulas para evitar el favoritismo de la dirección en la asignación de los puestos de trabajo. Las secciones sindicales tienen el derecho de in- formar a los trabajadores de los puestos de trabajo libres y de de- sign-ar a quienes los ocuparan. .—El criterio seguidoes el de la antigüe- dad.
En Mazda, el criterio no es la antigüedad en el departamento sino en el conjunto de la planta. La sección sindical tiene el dere- cho de informar no solo de los puestos de trabajo existentes sino también de los de nueva creación. El convenio exige asimismo ahora mayores requisitos a la dirección para la incorporación de horas extras y se ha limitado el derecho de la compañía para alterar los tiempos de comida y descanso. La compañía utilizaba con frecuencia el favoritismo para decidir quién cambiaba temporalmente de pues- to y quién debía abandonar un gru- po. En 1994, se abolió el “grupo de trabajos temporales” y la sec- ción. sindical ganó el derecho de asignar los puestos temporales si- guiendo un estricto criterio de antigüedad.
En CAMI, el sindicato formó a los trabajadores, sobre cuales eran sus derechos de acuerdo con las leyes de seguridad de Ontario. Dis-
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tribuyó tarjetas informativas sobre que hacer, punto por punto, para negarse a efectuar un trabajo peli- groso. El número de negativas au- mentó dramáticamente como con- secuencia de las tarjetas, incluyen- do a grupos enteros.
En las tres plantas, los trabaja- dores descubrieron enseguida qüe la dirección no tenía el menor in- terés en que los trabajadores intercambiaran sus puestos de tra- bajo en los equipos de manera re- gular. De hecho, la dirección inten- tó limitar esta rotación como una solución a los problemas de cali- dad y falta de mano de obra. La dirección solo quería que todos los trabajadores conocieran todas las tareas del equipo, por si faltaba al- guien. Pero los trabajadores que- rían rotar para evitar el aburrimien- to o la tensión.
La rotación sigue siendo un tema muy conflictivo, en el que los trabajadores intentan imponer sus prácticas y la dirección controlar- les. A mediados de 1993, Mazda permitía a los equipos rotar, y en caso de conflicto, los miembros del comité de empresa intervenían. En CAMI el convenio se refiere a las “rotaciones” pero sin especificar su significado. Los trabajadores han intentado imponer sus derechos utilizando los artículos sobre sani- dad y seguridad en el trabajo.
En 1991, los trabajadores de Mazda consiguieron cuatro días al
año para asuntos propios, a cam- bio de recuperar el tiempo en tur- nos de cuatro u ocho horas extras. Bastaba con notificar al supervisor antes del comienzo del turno, o en la primera parte para ausentarse en la segunda. Lo que proporcio- nó una inmensa sensación de liber- tad y dignidad, sobre todo en el caso de los padres o madres sin pareja, aquejados con frecuencia por sus cargas familiares infantiles. Quizás la herramienta más im- portante es el propio articulado del convenio exigiendo el criterio de antigüedad para la designación de los trabajadores a los distintos puestos. Otro ejemplo de como enfrentarse a los supervisores fue el uso inesperado que hicieron los trabajadores de Mazda de sus días libres pagados. Descubrieron que cuando varios trabajadores hacían uso al mismo tiempo de los mis- mos podían poner en un aprieto a los supervisores, haciendo imposiá ble la producción. Otro sistema fue la utilización de las. hojas informa- tivas o el periódico de la sección sindical para denunciar o ridiculi- zar a los supervisores o la direc- ción, como en el Caso de CAMI.
Mantener la independencia sindical
En el convenio de Mazda, la com- pañía quería hacer del sindicato, la UAW, un socio más, como ocu- rre enJapón. En las oficinas, la sec-
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ción sindical compartía espacio con el departamento de personal, en algunos casos compartiendo mesas, teléfonos y secretarias los representantes sindicales y los en- cargados de personal de la planta. Si un trabajador tenía un proble- ma, llamaba a la oficina sindical de personal y se reunía a la vez con unos y otros.
Pero los trabajadores se opusie- ron enseguida a esta práctica, que les obligaba a revelar los proble- mas a la dirección antes de haber hablado con el sindicato y presio- naron por una completa indepen- dencia del sindicato, abandonan- do toda idea de cogestión.
En los “tres grandes”, en Esta- dos Unidos, la UAW tiene el dere- cho a iniciar una huelga en cual- quier momento por temas de sa- lud, seguridad, normas de produc- ción, o contrataciones de trabaja- dores no sindicados que violen el principio de sindicación obligato- ria (close-shop). Los convenios de Mazda y NUMMI prohiben las huelgas durante su aplicación. En Mazda, la sección sindical buscó una fuerza de poder alternativa. De vez en cuando, la dirección quería poder saltarse algún punto concre- to del convenio temporalmente. La sección sindical utiliza su dere- cho de veto en este terreno para obligar a la dirección a negociar.
La sección sindical de Mazda ha sindicalizado cuatro pequeñas fá-
bricas de componentes, también de propiedad japonesa, que pro- veen a Mazda. Además de la soli- daridad, su motivo es ayudar a au- mentar los salarios en las mismas e impedir que Mazda tienda a subcontratar tareas que se realizan en la planta. El papel decisivo lo jugaron en todos los casos los Ira- bajadores de base de Mazda, que se manifestaron en la puerta de las empresas auxiliares, con pancartas y panfletos: “¡No tengáis miedo. Somos un sindicato con más de 3.000 miembros. Unete!”. La sec- ción sindical pagó dietas por el tiempo de trabajo perdido en es- tas campañas e invitó a los trabaja- dores de las plantas auxiliares a acudir a sus cursillos de formación.
¿Cómo consiguieron las secciones sindicales los cambios que hemos descrito?
CAMI. En CAMI, la sección sindi- cal 88 tuvo el decidido apoyo del sindicato nacional canadiense. A los seis meses de inaugurarse la planta, el Consejo de la CAW adoptó una declaración “rechazan- do el uso de los métodos de pro- ducción japoneses”. El sindicato no sólo prestó una ayuda especial a la nueva sección sindical: como una condición para la negociación del convenio el sindicato exigió libre acceso a la planta para llevar a cabo un proceso de investigación seria sobre el nuevo proceso de produc-
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ción y lo que significaría para el resto del sindicato.
En 1992, la sección sindical or- ganizó una huelga de cinco sema- nas por el convenio. En aquel mo- mento, los periódicos rebosaban noticias sobre los problemas finan- cieros de General Motors y el po- sible despido de miles de trabaja- dores. El sentido Común parecía advertir de que era un mal momen- to para ir a la huelga y que, en cual- quier caso, sería imposible ganar. Pero los dirigentes de la CAW enfatizaron el hecho de que repre- sentaban a todos los trabajadores de todas las empresas de General Motors en todo Canadá y advirtie- ron sin ambigüedades a General Motors que “cualquier ataque a una de nuestras secciones sindica- les es una declaración de guerra contra todos nosotros” La CAW distribuyó 31.000 panfletos en otras plantas de General Motors y llevó a cabo demostraciones y asambleas para apoyar a los huel- guistas.
General Motors empezó a temer que si se cerraba en banda en CAMI el sindicato extendería la huelga a otros plantas o llevaría a cabo paros alegando razones de seguridad o salud. La huelga con- siguió ganar un grupo de trabaja- dores de reemplazo para las ausen- cias, un mecanismo de resolución de conflictos sobre ritmos de pro- ducción, acceso sindical a los estu-
dios sobre tiempos de la empresa, obtuvo un artículo concreto para el convenio que impedía a la direc- ción sancionar al trabajador que parase la cadena, un sistema de in- formación y designación para pues- tos de trabajo en la planta, más re- presentantes sindicales pagados, incluyendo especialistas en salud y seguridad, igualdad de pensiones con las tres grandes, un plan adi- cional de ayuda a los trabajadores despedidos y ventajas para el perío- do de vacaciones Y otras ventajas.
NUMMI. En NUMMI, el sindicato había estado menos unido y no pudo obtener tantos cambios. A pesar de lo cual hubo conquistas. En 1993 y de nuevo en 1994 la sec- ción sindical fue capaz de evitar la introducción de la semana de 4 días con diez horas de trabajo.
Los trabajadores temían, sobre todo, que la semana de 4 días acarrease horas extras más allá de las diez horas de jornada. NUMMI insistió que si no aceptaban la se- mana de 4 días, dejarían de inver- tir en la planta y el director regio- nal de la UAW escribió a todos los afiliados pidiéndoles que votaran “Sí”.
La Plataforma de base se opuso con todas su fuerzas y llenó la plan- ta de panfletos. El vicepresidente, Richard Aguilar, defendió que si la compañía quería producir du- rante más horas debería introdu-
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cir la jornada de siete horas con tres turnos, como había ganado la sección sindical de la Chrysler de San Louis.
Los trabajadores rechazaron la semana de 4 días por dos tercios en junio de 1993. Pero las amena- zas tanto de la compañía como de los dirigentes de la sección sindi- cal, en el sentido de que Toyota abandonaría la empresa, aterrori- zaron a los afiliados del sindicato, que aceptaron una nueva votación. En esta ocasión, la compañía seña- ló que sólo quería introducir la semana de 4 días en dos secciones de la planta, y que los trabajado- res que así lo deseasen serían trans- feridos a otras. Los dirigentes sin- dicales prometieron que sólo que- rían negociar un sistema de turnos alternativos en el próximo conve- nio, pero no necesariamente la jor- nada de diez horas. La votación fue favorable a la empresa por 1.698 votos contra 705.
Cuando las elecciones sindicales tuvieron lugar el siguiente mes de junio, la situación cambió radical- mente. Aguilar derrotó al presi- dente George Nano, aunque la Pla- taforma de Base siguió siendo mi- noritaria tanto en el comité de empresa como en la dirección de la sección sindical. El convenio expiró dos meses más tarde y la compañía exigió la jornada de 4 días en toda la planta.
Aguilar, y el resto del Comité de
empresa con el apoyo del sindica- to nacional, resistió. Las negocia- ciones continuaron más allá de la expiración del convenio, pero la Compañía endureció sus posicio- nes. La Compañía llegó a informar a los trabajadores cómo cruzar los piquetes en caso de huelga. La sec- ción sindical inició la huelga a me- dianoche, una hora y media antes del fin del turno. La Compañía cedió. Algunos afiliados creen que la Compañía cedió tan pronto en parte para mantener su reputación de ser una planta sin problemas laborales.
Mazda. Los primeros dirigentes de la sección sindical de Mazda fue- ron designados por la Oficina Re- gional del sindicato y el primer convenio reflejó la política de la empresa sobre relaciones labora- les. A comienzos de 1989 algunos trabajadores de base crearon la Coalición Nuevas Direcciones para enfrentarse a la dirección de la sec- ción. Defendiendo que “no debe- mos ser tratados como otro com- ponente más en su sistema de pro- ducción ajustada” ganaron la pre- sidencia de la sección y del comité de empresa, así como la mayoría de éste.
Ia nueva dirección sindical ha- bía sido elegida sólo por un año. Tenían que llevar a cabo su pro- grama para cambiar las condicio- nes en un breve período de tiem-
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po y sin renegociación del conve- nio. Carnbiaron el estilo de la sec- ción sindical y el trato con la di- rección de la planta. Cuando ésta dijo al sindicato que aceptara un aumento de las horas extras para hacer frente a problemas en la ca- dena, el comi-té de empresa exigió a cambio un nuevo procedimién- to para la asignación de puestos de trabajo que eliminase el favoritis- mo; Los dos directivos, america- nos, responsables de la asignación de puestos “dimitieron”.
La nueva dirección de la sección volvió a ganar las elecciones-sindi- cales de 1990 y se preparó a nego- ciar un nuevo convenio. Su estra- tegia fue “movilizar y organizar a los trabajadores de la planta”. Una de las técnicas fue organizar las rei- vindicaciones de los grupos. Se pidió a los afiliados que se pusie- ran en contacto con los coordina- dores sindicales para firmar que- jas cuando la dirección utilizaba abusivamente trabajadores tempo- rales. A pesar del reglamento so- bre vestimenta en el trabajo, los trabajadores comenzaron a llevar pegatinas del sindicato. con la con- signa “luchando por un convenio mejor en el 91”.
Los coordinadores de grupo se convirtieron en la base de un co- mité de apoyo para la negociación del convenio. Se organizaron cur- sos de formación con profesores de la- Universidad estatal de Wayne
tanto en el tiempo de trabajo como fuera de él y se llevó a cabo una encuesta entre 2.380 de los 2.800 trabajadores. sobre qué querían obtener del convenio. Entre otras cosas, la encuesta descubrió que el 84% de los trabajadores criticaban el sistema en vigor para elegir a los jefes de equipo, que eran seleccio- nados por la dirección, y preferían la elección directa por los miem- bros del equipo, la rotación o la an- tigüedad cómo criterios alternativos.
Los dirigentes sindicales sabían que la dirección de la planta creía que los afiliados no apoyarían una convocatoria de huelga. Por suge- rencia del director regional de la UAW, Bob King, decidieron llevar a cabo la votación en la planta en vezde en los locales del sindicato, para demostrar así la decisión tan- to de afiliados como de dirigentes de llegar hasta el final en "la huel- ga, que fue convocada finalmente con el 92% de los votos.
Durante las negociaciones el sin- dicato descubrió que la fama de “radicales” y de “militantes” de los dirigentes de la sección sindical era una-ventaja a su favor. A pesar de que las ventas de coches habían disminuido y el clima político era extremadamente conservador, como consecuencia de la Guerra del Golfo, la huelga triunfó. Los cambios en el nuevo convenio i-n- cluyeron la elección de losjefes de equipo, la creación de oficinas in-
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dependientes para el sindicato, mejora de los derechos de antigüe- dad, cuatro días pagados para asuntos personales al año, la crea- ción de un grupo de trabajadores fijos para sustituir ausencias y nue- vos representantes sindicales para temas concretos.
Pero la sección sindical no tuvo un momento de calma. En el vera- no de 1991 informó a sus miem- bros que: “hay que enfrentar la realidad. No tenemos nada que ver con ningún tipo de cogestión. Va- mos a declarar la guerra a la em- presa”. El nuevo conflicto fue pro- vocado por la actitud restrictiva de Mazda en la concesión de los 4 días por asuntos propios. Aunque se suponía que serían utilizados a lo largo del año, la tensión en la pro- ducción era tan alta que los traba- jadores comenzaron a gastar casi inmediatamente sus 4 días, en al- gunos casos de manera colectiva en viernes.
La compañía ofreció cientos de dólares en bonos por puntualidad y horas pagadas libres a cambio de aplicar lo que parecían pequeñas restricciones en el uso de los días por asuntos propios. Los dirigen- tes de la sección sindical, insegu- ros sobre la reacción de sus afilia- dos, decidieron someter a votación la propuesta de la empresa. Para sorpresa de todos, los trabajado- res la rechazaron por un 77%, para defender un derecho pequeño
pero importante: mantener un control absoluto sobre los días para asuntos propios. La respues- ta de la dirección de la empresa fue no reconocer el resultado y aplicar unilateralmente las restric- ciones. La cuestión era ahora: ¿po- día Mazda alterar a su convenien- cia el convenio?
La sección sindical inició accio- nes legales. Pero cuando la Comi- sión Nacional de Relaciones Labo- rales rechazó el caso a favor del ar- bitraje, el sindicato decidió no es- perar más y empezó una huelga a la japonesa, aplicando escrupulo- samente el reglamento. Los traba- jadores comenzaron a llevar, en su inmensa mayoría, camisetas con el emblema del sindicato, y una foto en la que uno de ellos quema la camisa del uniforme apareció en primera plana de los periódicos.
Al final ambas partes llegaron a un acuerdo sobre el número total de trabajadores que podían hacer uso de sus días para asuntos pro- pios en viernes. A cambio, la em- presa concedió nuevas fiestas, un bono de 1.000 dólares, y otras mejoras. El acuerdo fue aproba- do por el 92% de los votos.
La mejor herramienta,
un sindicato fuerte
En las tres plantas, ninguno de los sindicatos inventó nuevas tácticas. Se imprimieron panfletos, se hicie- ron encuestas, se negociaron los
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convenios y los trabajadores empu- jaron a la sección sindical. Hicie- ron huelgas a la japonesa y a la occidental. Nada nuevo: el medio para sobrevivir a la producción ajus- tada es tener un sindicato fuerte.
Como en cualquier otro sistema de producción la movilización exi- ge organización y compromiso por parte de los afiliados. Los dirigen- tes sindicales deben reconocer el derecho de sus afiliados a actuar a diferentes niveles, usando las es- tructuras que ya existen en la plan- ta o creando nuevas.
Cuando la dirección de la em- presa es capaz de organizar la plan- ta de acuerdo con el sistema de gestión bajo tensión, tiene algunas ventajas muy importantes. que se resumen en el concepto de flexi- bilidad. En la forma más pura de producción ajustada, los trabajado- res tienen pocos derechos y la cul- tura de la planta ayuda a la direc- ción cuando quiere hacer cambios. Sobrevivir a la producción ajusta-
da significa, por lo tanto, ganar poder colectivo para restringir la flexibilidad arbitraria de la direc- ción, bien mediante cambios en el convenio o sustituyendo la cultura de la planta, o mejor ambos. Por- que un convenio sólo vale lo que el sindicato esté dispuesto a defen- derlo.
Es un cliché que la fuerza de un sindicato reside en sus miembros. Pero en la producción ajustada es imprescindible que los trabajado- res sepan defender sus derechos en el día a día. Su capacidad de acción se multiplica con la demo- cracia interna en la sección sindi- cal. La dirección debe saber que si los representantes sindicales no defienden de verdad a los trabaja- dores, estos los sustituirán. Para los sindicatos, aprender a funcionar en la producción ajustada es una exigencia para sobrevivir en el fu- turo.
(Traducción: G. Buster.)
dialéktica
Secretaría General C-E-F-V L- ° Revista de Filosofía y Teoría, Social
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La industrialización por las exportac1ones y los países a81át1cos: ¿una sahda del subdesarrollo?
Diana Hochraich*
Dos hechos mar- can los intercam- bios internacio- l, W nales desde el co- . ..' Y mienzo de los . ' ' años ochenta: la apertura de China y el cambio de orientación económica en los paí- ses del ASEAN.l Después de las NEI,2 estos países, como también en cierta medida China, se han orientado hacia una industrializa- ción promovida por las exportacio- nes que ha llevado a un crecimien- to de sus economías varias veces superior al del resto del mundo. Este proceso ha sido teorizado por una corriente de economis- tas que cree haber encontrado el «camino real» hacia el desarrollo. El crecimiento rápido y un cierto grado de industrialización serían, para esos autores, la prueba de que esos países, siempre que continuen sobre esa trayectoria, se volverán países desarrollados en algunas décadas. Los efectos
* Economista.
negativos de este proceso no se mencionan.
En efecto, la industrialización por las exportaciones se sitúa, en el marco de la «globalización». Esta refuerza el poder de las firmas multinacionales cuyo comporta- miento oligopólico —barreras para en trar- obstaculiza el que continúe la mejora de la capacidad produc- tiva de los países en desarrollo, en particular en lo que se refiere a las transferencias tecnológicas.
La globalización tiene además una dimensión financiera. La in- tegración más estrecha en el mer- cado mundial se traduce en un cre- cimiento de los déficit de cuenta corriente, financiados por la en tra- da de capitales. Esto ocasiona ge- neralmente una dependencia cre- ciente con respecto al mercado fi- nanciero internacional y hace que el equilibrio exterior de esos paí- ses sea más vulnerable. La globali- zación es un fenómeno mundial, pero no todos los países reúnen en la actualidad las condiciones que les permitirían participar de ella.
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Concierne ante todo a los países industrializados, y luego a los paí- ses en vías de desarrollo suscepti- bles de constituir el «hinterland» de los países industrializados. Que- dan excluidos los países que no disponen ni de una mano de obra excedentaria ni de recursos natu- rales explotables a bajo costo. Dentro del mismo movimiento se asiste a la constitución de polos regionales. Que pueden tener como origen, sea acuerdos políti- cos entre naciones, como la Unión Europea, la ALENA o incluso la ALEA3 —que, aunque es un proyec- to viejo, todavía está en sus co- mienzos-, sea la integración eco- nómica espontánea entre países, como la zona económica china. En oposición a los agrupamientos re- gionales constituidas en los años sesenta, cuyo objetivo era el de ase- gurar una cierta autonomía de la región frente al resto del mundo considerado como hostil, los agrupamien tos actuales consagran en general las zonas de influencia de los monopolios de ciertos paí- ses, que utilizan a los otros países como su «hinterland» (es el caso de Japón con el resto de Asia, y el de los Estados Unidos con Méxi- co y Canadá, en el cuadro de la ALENA). Actualmente, la parte esencial de los flujos de mercade- rías y de capitales tiene lugar sea al interior de cada región, sea al interior de la triada, es decir los
tres polos constituidos por los Es- tados Unidos, el Japón y la UE (Unión Europea).
En la primera parte analizare- mos la estrategia puesta en mar- cha por elJapón, que ha reubicado una parte de su industria en otros países asiáticos apuntando a la con- quista del mercado de la triada. En la segunda se analizarán los efec- tos de estas reubicaciones sobre el aparato productivo de los princi- pales países asiáticos en desarro- llo. Finalmente, en la tercera par- te intentaremos señalar los límites con los que choca este tipo de in- dustrialización mediante dos ejem- plos bastante diferentes, el de Corea y el de Malasia.
l. Las reubicaciones japonesas: plataformas de exportación
En el curso de la segunda mitad del siglo xx el aparato industrial japonés sufrió varias transforma- ciones importantes: la primera, al fin de la segunda guerra mundial, cuando los japoneses, con la ayu- da de los bancos y el MITI (el mi- nisterio japonés de industria y co- mercio) lograron reconstruir una economía potente basada en la producción de bienes de consumo masivo. La segunda, a continua- ción de la crisis del petróleo de mediados de los setenta y que se caracterizó porlel abandono de la industria pesada —fuerte consumi- dora de energía- y su traslado a
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Corea y a Taiwán. La tercera, pro- vocada por la valorización del yen a mediados de los años ochenta, consistió en la reubicación masiva en los países asiáticos en desarro- llo de las industrias con mano de obra intensiva.
En esta ocasión hubo un cambio en la estrategia de las firmas japo- nesas frente a los mercados mun- diales, dominados por los países de la triada. Hasta ese entonces,Japón abastecía sus mercados exteriores mediante una producción efectua- da directamente a partir del terri- torio nacional, y las inversiones di- rectas servían para facilitar las ex- portaciones (servicios financieros, comercio y distribución). Más tar- de, las firmas japonesas construye- ron redes de firmas integradas por región: en la periferia de cada polo de la triada se instalaron filiales ja- ponesas y sus subcontratistas. Esta estrategia debería permitir asegurar el acceso al mercado de cada una de las tres regiones (Estados Uni- dos, Europa y el resto de Asia), es- quivar el proteccionismo comercial anti-japonés en Europa y'principal- mente en América del Norte, y dis- frutar de las ventajas que ofrecía el instalarse en cada una de esas re- giones para exportar hacia las otras zonas. En otros términos, las em- presas japonesas pasaron de una estrategia que privilegiaba las ex- portaciones de mercaderías a una estrategia centrada en la exporta-
ción de capitales (UNCTC, 1991).
Si, como acabamos de ver, las firmas transnacionales japonesas cen tran su interés en los mercados de los otros dos polos de la tríada, los otros países asiáticos son una pieza central del dispositivo. La es- trategia japonesa considera que la in- tegración regional a través de reubica- ciones en Asia es un elemento esen- cial para asegurar la competitividad de su industria frente a sus principa- les competidores, con las reubicaiones dedicadas a producir para otros mer- cados. Así, hasta 1994-95, median- te esta estrategia el Japón logró mantener un excedente comercial confortable.
Pero las últimas reubicaciones, que afectan los sectores industria- les destinados a satisfacer la de- mandainterior, acercan la estrate- gia japonesa al modelo americano, según el cual una parte de la pro- ducción en el exterior se re-impor- ta para abastecer el mercado inte- rior. El Japón se expone entonces a sufrir los inconvenientes de tal política, o sea la desindustria- lización, el desempleo endémico, y hasta un cierto retraso en las in- novaciones, a causa de la ausencia de industrias subsidiarias sobre las cuales transferir las innovaciones (Porter). Este país —que no ha lle- gado al nivel de desarrollo de los Estados Unidos- se arriesga, en estas condiciones, a ver aumentar las distancias con éste en lo que se
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refiere al nivel de desarrollo.
Como consecuencia de esta es- trategia, las IDE (inversiones direc- tas en el exterior) efectuadas por elJapón aumentaron mucho en los años 80 y culminarán en 1989. Pero la crisis financiera en este país se ha traducido en una disminu- ción de esos flujos en la década si- guiente con un mínimo en 1992. Según los datos de la OCDE, a partir del ascenso del yen en 1993- 1994 la inversión aumentó nueva- mente. En esta ocasión, las IDE en Estados Unidos y en Asia crecen en detrimento de la inversión en los países de la UE. Están dedica- das principalmente a la industria manufacturera, aumentando un 24% en 1994, contra un 9% en los servicios. Y estas inversiones han privilegiado en primer'lugar a Asia.
En efecto, es en Asia que se han realizado prioritariamente las in- versiones en la industria manufac- turera, mientras que en Europa y en los Estados Unidos las inversio- nes en servicios duplican o tripli- can a las inversiones en la indus- tria segúnJetro (1996b). Esto con- firma el papel de Asia como taller de las empresas japonesas, princi- palmente el ASEAN que ha teni- do un aumento del 52% en las in- versiones japonesas.
Recursos a menor costo Las relaciones entre Japón y el res- to de los países asiáticos son anti-
guas. Desde el final de la segunda guerra mundial, fecha en la que el Japón pierde sus colonias —Corea y Taiwán- se distinguen dos arti- culaciones diferentes. La primera, que va desde 1945 hasta el comien- zo de los años sesenta, consistía esencialmente en una integración dominada por los intercambios, en la cual Japón compraba materias primas a los demás países asiáticos y les vendía productos manufactu- rados. Estos intercambios habían sido fuertemente alentados por los Estados Unidos, lo que chocaba con los intereses de países euro- peos que conservaban relaciones privilegiadas con sus antiguas co- lonias asiáticas y que, de hecho, perdían mercados. Estados Unidos subordinaba los préstamos a los países de la región a la condición de que éstos compraran produc- tos japoneses, de tal manera que Japón pudiera procurarse las divi- sas necesarias para el pago de sus importaciones americanas. (En esa época, el yen no era convertible.)
A partir de mediados de los años sesenta Japón reubicó en Corea y en Taiwán la industria textil y, diez años más tarde, como consecuen- cia de la crisis petrolera, una parte de la industria pesada. A instancias del MITI los capitales japoneses instalaron en países vecinos, sea segmentos de la. cadena producti- va, sea la fabricación completa de ciertos productos. Los criterios de
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elección privilegiaban a los países que disponían de mano de obra abundante y barata.
Entre 1984 y 1993 se produjo un profundo reacomodamiento de los flujos de las IDE al interior de la zona asiática: la parte que recibie- ron la NEI se redujo en un tercio en beneficio de otros países dc la región, principalmente China, cuya porción pasó del 9% del total al 29%, según la OCDE. El encareci- miento del costo de la mano de obra entre las NEI —consecuencia de la elevación de la productividad del trabajo en esos países- explica este cambio. Pero no por ello las relaciones entre las N‘EI yJapón disminuyeron: la subcontratación. y la venta de patentes y licencias re- emplazaron —por lo menos parcial- mente- a las inversiones directas.
En realidad, las reubicaciones en los países asiáticos tienen tres fun- ciones: reducir los costos salariales, capturar porciones de mercado en los países donde están localizadas y —después de que el yen comenzó a revaluarse en 1985- atenuar los efectos de su revaluación sobre los precios de las exportaciones. Así, en la medida que las paridades monetarias de los países asiáticos están alineadas con el dólar, los productores japoneses pueden ju- gar con la diferencia de paridad existente entre su país y el resto de los países asiáticos. Por esta razón es que no quieren crear una —zona yen.
En suma, el yen fuerte se tradu- jo en una compresión de los már- genes de las empresas exportado- ras japonesas y en una ventaja para las empresas dependientes de las importaciones. Según una encues- ta (Jetro, 1996a), son pocas las empresas que han tenido un com- portamiento marginal. Por el con- trario, han echado mano. a tres expedientes: la reducción de las cargas, la cobertura del riesgo de fluctuación de la paridad cotizan- do a sus, exportaciones en yens, y la reubicación de segmentos pre- vios de su producción en países de la zona dólar. En efecto, y siem- pre según esa encuesta, un tercio de las firmas interrogadas aumen- tó —la cantidad de contratos pacta- dos en yens, mientras que otro ter- cio aumentó la parte de su produc- ción en el extranjero, que repre- sentaba en promedio, para esas empresas, el 9% de la producción total. Yellas tenían la intención de llevarla al 30% en el futuro.
De esto se desprende que las IDE dirigidas a países asiáticos no son un fin en si mismas: son conse- cuencia de una estrategia global de las empresas transnacionales japonesas cuyo primer objetivo es el de asegurar la competitividad de los productos ja- poneses en los mercados industriali- zados.
Así fue que se desarrollaron fir- mas estructuradas 'en red-v. En ese marco, las firmas transnacionales
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japonesas desarrollaron redes de proveedores atados por contratos de suministro. Estos subcon- tratistas —a veces originarios de los países emergentes, a veces japone- ses- están obligados a adaptarse a las fluctuaciones del mercado, su- friendo los contragolpes de las va- riaciones de la demanda. Así, por reubicaciones en cascada, la pro- ducción nipona efectuada fuera de su territorio aumenta. Ya favor del mercado único, frecuentemente se encuentra este tipo de firmajapo- nesa en la UE.
A partir de 1985 se acelera la constitución de este tipo de empre- sa. Según una encuesta (Jetro, 1996a) unas 300 firmas japonesas —encuestadas en 1995- tienen más de dos mil filiales, todas instaladas en la región de la APEC.‘ China es el destino prioritario, con un poco más del 50% de las nuevas radica- ciones, seguida de lejos por los países del ASEAN: 14% de los pro- yectos se dirigirían a Indonesia y otro tanto a Tailandia. Las empre- sas japonesas utilizan sus filiales asiáticas como trampolines para anudar nuevas relaciones comer- ciales con firmas japonesas perte- necientes a otros grupos, como también con firmas locales u occi- dentales.
El flujo de capitales a partir de Japón representa solamente una parte de las inversiones de largo plazo en el extranjero (esencial-
mente préstamos y capitalización). Las reinversiones son una parte creciente, a punto tal que en 1994, con 11.000 millones de dólares, representaban el 50% del total. Esto es particularmente cierto en Asia, donde las tasas de ganancia elevadas debidas al crecimiento sostenido han permitido reinver- tir 5.500 millones de dólares en 1993, contra 4.400 millones en América del Norte y 1.500 millo- nes en Europa.
Una nueva tendencia de las em- presas japonesas es la reinversión, en terceros paises, de sus ganancias en el extranjero. Así, Singapur y Hong-Kong se utilizan como bases de operaciones regionales para con- quistar nuevos países. Una encues- ta efectuada en 1995 por Jetro muestra que a partir de Hong-Kong las empresas japonesas han creado ’35 filiales en China, cuatro en Singapur, tres en Taiwán y otras cinco en los países del ASEAN. Pa- ralelamente, a partir de Singapur, se han creado 46 filiales en Malasia, 18 en Indonesia, 17 en Tailandia, siete en Filipinas, seis Hong- Kong, cuatro en China y cinco en Taiwán.
Intercambios comerciales en el sendero de las HJE
En una economía mundial globa- li2ada, los intercambios comercia- les entre los países se originan de más en más en las inversiones efec-
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tuadas en el extranjero. En efecto, éstas obedecen a procesos de fragmentación geográfica de la cadena de producción, y una par- te importante no solo es interra- mas sino también interfirmas. Se estima que el 50% de los intercam- bios japoneses se efectúan al inte- rior de una misma firma.
japón lleva una política activa
de captura de partes del mercado Entre 1973 y 1994 las exportaciones japonesas crecieron, según datos de la ONU, a un ritmo promedio anual de 11 %, mientras que las importaciones crecieron al 9%. Esta diferencia de ritmos ocasionó, a partir de 1984, excedentes comerciales sistemáti- cos que culminaron en 1994 con 120.000 millones de dólares, redu- ciéndose posteriormente.
La porción de las exportaciones5 hacia los Estados Unidos aumen- tó considerablemente, pasando, también según la ONU, de un 26% en 1973 a un poco menos del 40% hacia fines de los años 80. Pero el aumento impuesto a la paridad del yen y la consecuente caída del dó- lar dieron vuelta esta tendencia. A pesar de ello, el excedente comer- cial japonés aumentó hasta 1994, con sus exportaciones hacia Asia y la CEE (Comunidad Económica Europea) compensando el retro- ceso de la parte dirigida a Estados Unidos. Al mismo tiempo, las empresas japonesas exportaron. a
partir de otros países asiáticos. En efecto, las importaciones america- nas provenientes de Asia aumen- taron para esa misma fecha.
Este cambio de los flujos debi- do a las reubicaciones también explica el aumento de la parte que ocupan los bienes de producción en el total de las exportaciones ja- ponesas: representaron 54% en 1988 y 60% en 1994.
Las importaciones japonesas provenientes del resto de Asia re- presentan una parte que fluctúa entre 40% y 60%, constituyendo de lejos el principal proveedor delJa- pón, entre las cuales hay que incluir el 35% de la producción de las filia- les japonesas que es reimportado por el Japón. En efecto, las impor- raciones japonesas de origen asiáti- co son esencialmente materias pri- mas (Indonesia, Malasia, Tailandia) y/o productos semi-elaborados a ser terminados en territorio japo- nes.
Una modificación de la
estructura de los intercambios entre Japón y el ASEAN
Hasta el año 1985, éste incluido, Japón era superavitario con los países desarrollados y deficitario con los países en desarrollo, debi- do a su dependencia en lo concer- niente a materias primas y produc- tos alimentarlos. Más tarde, la si- tuación cambió radicalmente: el saldo comercial con los PVD (paí-
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se‘s en vías de desarrollo) se volvió superavitario, y de un mon to com- parable al que el Japón tiene con los Estados Unidos y superior al que tiene con la Unión Europea.
Desagregando el saldo de los in- tercambios comerciales entreJapón y los PVD, se constata que hasta 1985 Japón tenía un superávit con las NEI y un déficit con los países del ASEAN. Después de 1985 el saldo comercial con estos países se vuelve positivo (Jetro 1996b). Esto se explica por el cambio en la natu- raleza de las relaciones económicas que el Japón mantiene con esos países. Desde que las empresas ja- ponesas se reubican, exportan a sus filiales bienes de capital cuyo valor es más elevado que el de las reimportaciones. Por el contrario, cuando las relaciones se limitan a intercambiar productos primarios por bienes manufacturados (es el caso de los «otros PVD») el Japón es deficitario.
El saldo comercial por produc- to del año 1994 muestra un défi- cit agrícola y de las industrias alimentarias y un ligero exceden- te en productos en bruto y semi- elaborados, ligado al comercio inter-firmas. El saldo de los bienes de equipamiento es largamente superavitario. En cuando a los bie- nes de consumo, el déficit de los bienes no-durables es superior al superávit de los bienes durables.
Lo que distingue radicalmente a la
politica japonesa de la de los Estados Unidos, es que aquel pais produce fue- ra de su territorio para vender en ter- ceros mercados, mientras que Estados Unidos reimportan lo que ellos pro- ducen en sus empresas reubicadas. Las consecuencias para el saldo comercial son opuestas: en un caso, se tiene su- perávit, en el otro, un déficit. Pero parecería que desde 1995, debido a la amplitud de las reubicaciones efectuadas, Japón adoptaría la es- trategia de los demás países indus» trializados.
Si lo esencial de la estrategia ja- ponesa actualmente consiste en reubicarse en los otros países asiá- ticos, no hay que olvidar que el juego puede ser aún más comple- jo. Para acceder al mercado ame- ricano Japón usa también a la ALENA y, para satisfacer la exigen- cia de «origen», invierte en Méxi- co. Sin embargo, el análisis de las salidas de capitales a partir de la tríada muestra que las IDE recibi- das por cada país huésped provie- nen mayoritariamente de uno solo de los polos.
Esto no quiere decir que los Estados Unidos abandonan Asia. Aunque ellos hayan repatriado una parte importante de su producción reubicada en Asia hacia fines de los años 50 para instalarse en Méxi- co, las IDE americanas hacia esa zona crecen regularmente. Ente 1984 y 1993 las inversiones en los países del sudeste asiático tuvieron
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un ritmo de crecimiento anual de 12,5% —dos puntos inferior al de América Latina- mientras que las inversiones hacia Japón crecieron un 17% en promedio anual, o sea tanto como hacia la UE.
Además, dos medios les permi- ten mantener su voluntad de con- servar una parte de esos mercados: primero, ejerciendo presiones so- bre Japón y los demás países para que abran su mercado interno; después, mediante la puesta en marcha de la APEC, vasto proyec- to de constitución de una zona comercial que incluye todos los países de la Cuenca del Pacífico, incluídos los Estados Unidos.
Además, los Estados Unidos con- servan lazos económicos estrechos con Singapur y Malasia —donde se encuentra una parte importante de la producción americana en electró- nica- y con Filipinas —en las indus- trias agrícolas y alimentarias y en la industria química.
II. Los paises asiáticos en desarrollo: su dependencia del Japón Los movimientos de capitales y la estructura de su comercio exterior muestran que Japón es el primer exportador de capitales y de mer- caderías en la región, muy por de- lante de los Estados Unidos.
En efecto, el total de las IDE en- tre 1967 y 1992 indica que las in- versiones japonesas en el ASEAN
son- más importantes que las de Estados Unidos. Las partes corres- pondientes a esos dos países son: 21% y 4,3% en Indonesia; 22% y 9,8% en Malasia; 26% y 13,5% en Filipinas; 44% y 7% en Tailandia; y 18% y 19% en Singapur (Besson y Lantéri, 1994).
Fue entre 1985 y 1990 que los flujos de inversiones fueron mayo- res. Mientras que la parte de las IDE que iban a los países en desa- rrollo retrocedían, la del conjunto de los países del ASEAN se mante- nía en el 9% del total. En ciertos países asiáticos aumentaba fuerte- mente. Hasta 1991, Malasia y Tailandia fueron los principales beneficiarios de las IDE. Después el movimiento disminuyó, ya que estos países sufrieron la competen- cia de China y, en menor medida, de Vietnam y la India.
La preeminencia del Japón en el flujo de capitales va de la mano con los intercambios: este país es el principal socio comercial de Asia, incluyendo China. Japón tie- ne un superávit comercial con cada uno de esos países, con la notable excepción de Indonesia, que le provee de materias primas (ver ONU, Annuaire stadistique du commerce international, 1996). Ocu- pa el primer lugar en las importa- ciones de esos países, debido a la estrategia de las firmas japonesas que importan los bienes de pro- ducción necesarios para la produc-
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ción en el extranjero. Como esta producción está destinada a terce- ros mercados, los países asiáticos no exportan hacia Japón tanto como lo que de él importan.
Como consecuencia de las reubicaciones japonesas, el comer- cio intra-asiático se desarrolla. En efecto, la partición del proceso la- boral, y su ubicación en función de la provisión de factores, hace que las partes que exigen mano de obra calificada sean producidas en Singapur o en Corea, mientras que las partes menos sofisticadas se fabrican en Tailandia o en Malasia.
En esos países —excluyendo a Corea y» Taiwán- las IDE represen- tan, en promedio, más del cuarto de la formación bruta de capital fijo. Los capitales japoneses se di- rigen principalmente a la industria, la que recibe entre el 45% y el 70% de las IDE ingresantes a esos paí- ses, lo que lleva a una tasa de pe- netración de las inversiones extran- jeras sumamente elevada: 58% para el conjunto de la industria en Malasia, pero 87% en la electróni- ca-electricidad; en Singapur esa tasa es del 83% en la química y del 95% en la electrónica, principal rama industrial de esa ciudad-Es- tado.
Fuerte concentración de las exportaciones en pocos productos La estructura de la producción y de las exportaciones de las econo-
mías emergentes de Asia —a saber, las cuatro NEI, los países del ASEAN y China- se caracteriza por el hecho de que la parte de los pro- ductos manufacturados es amplia- mente mayoritaria y, con la excep- ción de Indonesia, supera el 80% del total de las exportaciones.
La composición de las exporta- ciones por producto pone en evi- dencia el predominio de la rama informática, principalmente en Tailandia, Malasia y Singapur. En China e Indonesia, países aún me- nos industrializados, predomina la textil. Aunque la parte de esta in- dustria haya disminuido mucho en Corea, todavía representa 25% del total de las exportaciones, o sea más que la informática.
En los países mejor provistos de recursos naturales y menos indus- trializados, la exportación de pro- ductos semi-elaborados relaciona- dos con su producción agrícola conserva todavía una parte no des- preciable, como por ejemplo los productos madereros en Malasia y en Indonesia.
Corea posee una estructura in- dustrial más diversificada. A pesar de los importantes progresos de las exportaciones, la industria auto- motriz no representa más del 6% de ellas. Esta industria tiene un peso aún menor en Malasia y en Tailandia, aunque ciertas firmas japonesas hayan reubicado seg- mentos importantes de su produc-
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ción en estos últimos dos países (ver ONU, Internationel Trade Statistics).
Un crecimiento arrastrado por las exportaciones
La parte considerable de las expor- taciones en el PBI se explica por la función de “plataforma de ex- portación” que cumplen esas eco- nomías. Para el total de los pro- ductos esa parte llega, según da- tos del FMI, al 80% en Singapur y en Malasia; varía entre 40% y 50% en Taiwán y en Tailandia; solamen- te en Corea esa relación tiene un nivel cercano al de las economías más equilibradas (20%), eviden- ciando la existencia de un merca- do interior más importante. Esta preeminencia de las exportacio- nes, ocasionada por la existencia de los inversores extranjeros, se vuelve la variable clave de la eco- nomía de estos países. Esta activi- dad exportadora es la que deter- minará el monto de las inversio- nes y de las importaciones —com- puestas esencialmente por los pro- ductos intermedios necesarios para la producción destinada a la exportación- y, finalmente, el con- junto de la actividad.
Aún con sus. exportaciones cre- ciendo rápidamente —lo que no siempre es el caso- todos estos pai- ses tienen déficits comerciales y corrientes -con la excepción de Taiwán- debidos» a su excedente
con la República Popular China, y Singapur y Hong-Kong a causa de sus re-exportaciones. En efecto, pese a veinte años de industrializa- ción destinada a las exportaciones, estos países no han logrado redu- cir su dependencia del extranjero en lo que se refiere a bienes de pro- ducción y entrantes, porque ellos constituyen un «eslabón» en la ca- dena de producción globalizada. Los saldos comerciales bilatera- les —referidos a las exportaciones- confirman la característica de los flujos con cada uno de los tres po- los de la triada: todos los países, con la excepción de Indonesia, tienen un déficit comercial conJapón y un excedente con los Estados Unidos, mientras que ciertos países tienen un saldo deficitario cOn la UE —Corea, Indonesia, China- y otros —‘Singapur, Tailandia- un ligero su- perávit (ver: ONU. Annuaire statis- tique 'du commerce international,
1996).
Fuertes diferencias en el ingreso per cápita entre países
El ingreso per cápita es muy dife- rente según los países, y va —en 1992- de un poco más de 400 dó- lares por año en China hasta más de 16.000 en Singapur, según el FMI.
Malasia y Tailandia pueden ser catalógadoscomo países de ingre- so intermedio, mientras que los ingresos de Indonesia y China lle-
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varían a ubicarlos entre los países pobres.6 Históricamente, esta zona forma parte de los países de ingre- sos bajos; en los 20 años que van de 1972 a 1992, la recuperación ha sido más rápida para las NEI. Es de creer que la industrialización para la exportación no ha tenido un efec- to tan. benéfico en el caso de los países llegados después.
La integración regional asiática es el resultado de la estrategia japonesa de penetración en el mercado mundial. Para los paises asiáticos en desarro- llo, aporta pocas ventajas. Concen- tradas en un número reducido de ramas, las inversiones directas no causan efectos de arrastre impor- tantes para el conjunto de la eco- nomía. El aparato industrial que así se desarrolla es desequilibrado, como también lo es la estructura de la demanda, demasiado centra- da en las exportaciones. De esto resulta una economía demasiado extrovertida, «monoproductora» de bienes manufacturados de poco valor agregado, y dependiente del extranjero en lo que se refiere al dominio del proceso de produc- ción.
Una tasa de inversión superior a la del ahorro interno acompaña a este proceso. Esta brecha se tra- duce, sea por. un fuerte endeu- damiento —como fue el caso de Corea y Malasia a mediados de los años 70 y de Indonesia y Filipinas
actualmente- sea por una depen- dencia de los nuevos flujos de ca- pitales necesarios para equilibrar el balance de pagos (Tailandia). En consecuencia, la competencia para atraer esos capitales es encarniza- da, y de ahí los esfuerzos redobla- dos de los gobiernos para conser- var sus ventajas comparativas (el bajo costo salarial). Cuando estos países pierden sus ventajas compa- rativas iniciales, la llegada de IDE disminuye y se vuelven prioritarias otras formas de financiación —ta- les como el crédito bancario o las inversiones de cartera- que con- llevan un crecimiento de la vulne- rabilidad exterior.
III. ¿Cuál es el porvenir para los paises en desarrollo?
El aumento de la movilidad inter- nacional de los capitales, compro- bada desde hace quince años, ha tenido cómo consecuencia un rá- pido crecimiento en un cierto nú- mero de países en vías de desarro- llo. ¿Será éste, para esos países, el fin del subdesarrollo y de la «de- pendencia»?
A este interrogante responde- mos por la negativa. Las caracte- rísticas del mercado mundial oligopólico hace que esos países tengan pocas posibilidades de al- canzar el nivel tecnológico de los países industrializados. y llegar, como elJapón, a estar en condi- ciones de negociar las condiciones
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de su inserción en el mercado mundial.
Este diagnóstico se funda esen- cialmente en dos razones. La pri- mera se basa en la constatación de ue todos esos países han elegido al comienzo una especialización en función de su principal ventaja comparativa, la mano de obra ba- rata, debido a la disponibilidad de una reserva de mano de obra desempleada y de baja calificación. Ahora bien, la progresiva absorción de esa mano de obra, ineluctable en el proceso de industrialización, se traduce en una pérdida, a ma- yor o menor plazo, de esa ventaja inicial. Y es en ese momento que aparecen en toda su amplitud los problemas debidos al débil desarro- llo de la industria, ya que la etapa precedente no aseguró las bases que permitirían pasar a otra espe- cialización, debido a la posición subordinada de la industria de los países subdesarrollados con respec- to a las firmas multinacionales.
En efecto, existen-dos casos típi- cos: o bien una firma extranjera implanta una filial en el territorio de un país en desarrollo, o bien subcontrata con una firma indepen- diente del país en cuestión. En este caso, la firma comanditaria impo- ne la tecnología a utilizar, y‘ contro- la los márgenes de beneficio de los subcontratistas, y también las redes comerciales. Esto ocasiona una complementaridad, en un proceso
en el que las iniciativas de los subcontratistas están limitadas. Como no controlan el proceso, las empresas de esos países no deciden los ritmos a los que podrían absor- ber las nuevas tecnologías. En los dos casos, la dependencia de la tec- nología extranjera y las reducidas transferencias efectuadas durante el período precedente, impiden el paso a un nuevo nivel de produc- ción, basado en una productividad superior.
Esta situación se agrava por las dificultades que tiene el gobierno de poner en marcha una política consecuente de formación de mano de obra, debido a las restric- ciones que pesan sobre el presu- puesto estatal que debe ser equili- brado.
La segunda razón es política y se refiere a las relaciones econó- micas internacionales. Desde la Ronda Uruguay, en 1987, nuevas reglas rigen esas relaciones. La OMC (Organización Mundial del Comercio) busca imponer nuevas restricciones a esos países, a saber:
—Normas de respeto de la pro- piedad intelectual, que se-traducen en un costo más elevado de adqui- sición de la tecnología.
—Apertura del mercado interior a las exportaciones de los países industrializados, y abandono de medidas de fomento a las indus- trias exportadoras.
—Introducción de cláusulas «so-
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ciales» que se traducen en fuertes alzas en los costos de producción.
Sin tener en cuenta las diferencias entre los paises industrializados y los otros, la estricta aplicación de esas medidas reduciría a casi nada las ven- tajas comparativas de los países lla- mados «emergentes». Sin embargo hay que distinguir el caso de las NEI. Aquellas comenzaron el pro- ceso de industrialización en una época en la que las restricciones no existían, y en consecuencia pu- dieron beneficiarse de un ambien- te internacional más favorable.
1. La trayectoria de las NEI podría culminar en el estado actual
El rápido crecimiento de las NEI, principalmente el verificado en Taiwán y en Corea del Sur, co- mienza a principios de los años sesenta, después de quince años de semi-estancamiento. Tres factores son el fundamento de esta evolu- ción: .la ayuda financiera america- na en el marco de la política de «contención» para evitar el avan- ce del comunismo, la acción voluntarista de un Estado fuerte y autoritario, el surgimiento de una clase de empresarios locales que tomaron el lugar del conquistador japonés. En efecto, los Estados Unidos impulsaron allí una refor- ma agraria, liberando de los lazos de la tierra a una capa de propie- tarios rurales dejándolos así dispo- nibles para el desarrollo de una
actividad industrial. Como conse- cuencia del éxodo que se produjo cuando Mao Zédong tomó el p0- der, Talwán fue la que más se be- nefició, como Hong-Kong, del aporte de fondos provenientes de China continental.
Habiendo seguido una política industrial que vinculaba la sustitu- ción de importaciones a la promo- ción delas exportaciones, estos dos países se insertaron en la división internacional del trabajo ponien- do a la disposición del Japón sus fábricas, como talleres para la in- dustria textil primero, y para la electrónica después.
Mientras que la subcontratación en relación con las empresas japo- nesas concernía a las ramas ya mencionadas, se llevó adelante una verdadera política industrial en esos paises, con el objetivo de de- sarrollar un tejido industrial más amplio. En Corea, la industria pe- sada había sido privilegiada, en particular la siderurgia y la quími- ca, en armonía siempre con la po- lítica japonesa de reubicaciones. En Taiwán la especialización se dio en las industrias más ligeras. En este último país, el peso de las em- presas públicas es importante, ya que asegura el 20 % de la producción in- dustrial.
Corea: un modelo que no puede ser seguido AI comienzo, las condiciones inter-
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nacionales y nacionales permitie- ron el «despegue». Corea se» bene- fició de una ayuda financiera que, aunque considerable, no represen- tó más que 12 dólares de los años cincuenta por habitante y por año. Pero no hay que subestimar su importancia, ya que venía munida de ventajas en especie y desuna asistencia tecnológica de parte de los Estados Unidos que contribu- yeron fuertemente a asegurar el despegue.
a) Los “chaebols”, pieza clave de una política industrial coercitiva. Siguiendo aparentemente el mo- delo japonés, el gobierno actuó constituyendo grandes conglome- rados, que constituían el imperio de una familia. Pero a diferencia de los “kereitsu”, produjeron una gama muy amplia y diferente de productos, no ocasionada por la integración vertical. El resultado fue una concentración extrema de la industria, que perdura hasta hoy. Los chaebols son la base so- cial del régimen y se beneficiaron siempre de una política discrecio- nal: el acceso a créditos baratos, la cooperación económica con entes gubernamentales, mercados inter- nos reservados.
Mediante esta política el gobier- no buscaba crear un grupo de empresas, especializadas en pro- ductos de tecnología débil e inter- media, capaz de insertarse en el
mercado mundial. Con ese fin, el gobierno fijaba a los chaebols los objetivos de exportación, revisados cada mes. El apoyo del Estado es- taba subordinado a la capacidad de la empresa en cumplir sus objeti- vos. Del mismo modo, la inversión estaba subordinada a ese objetivo, con el gobierno empujando a los empresarios a superar sus metas. Por eso, las inversiones en la in- dustria pesada, menos rentables, estaban ampliamente subvenciona- das. Las tasas de inversión supera- ron, entre 1978 y 1984, el 30% del PBI.
Las subvenciones a la actividad exportadora permitían bajar los precios, mientras que en el merca- do interior, protegido por barre- ras aduaneras, los mismos produc- tos eran vendidos mucho más ca- ros. Por otra parte, los chaebols tenían un acceso prioritario a las materias primas importadas, bene- ficiándose con desgravaciones fis- cales en el caso de que fueran uti- lizadas para producir bienes desti- nados a la exportación.
La política crediticia era alta- mente selectiva: los chaebols no solamente se beneficiaron de cré- ditos preferenciales sino que tam- bién el gobierno eligió a un cierto número de esos conglomerados entre el conjunto de las grandes firmas. Los criterios de selección no se basaban exclusivamente en el desempeño económico. Tal po-
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lítica de crédito precisaba un sis- tema bancario adaptado que de- bía ser público necesariamente.
Las PYMEs estaban vinculadas con los chaebols por acuerdos de subcontratación. No se beneficia- ban de ningún apoyo gubemamen- tal y no tenían ninguna facilidad crediticia, mientras que los chae- bols reducían al máximo los már- genes de beneficio de esas empre- sas y las sometían a, restricciones financieras extremadamente du- ras.
Para mantener los costos en el nivel más bajo posible, la política salarial fue durante mucho tiem- po de un rigor extremo. Si se otor- gaban aumentos al personal califi- cado, la mano de obra no-califica- da, por lo general femenina, tenía salarios netamente inferiores —a veces la mitad- a los del personal calificado (Fouquin). A esta políti- ca se le añadían importantes res- tricciones a las libertades indivi- duales: el derecho sindical era res- petado muy poco o nada, la pro- ductividad frecuentemente se ba- saba en la consigna «más rápido, más rápido» con la que los capata- ces acompasaban el trabajo.
Así, impulsada por esta política y por circunstancias internaciona- les particulares, Corea pudo asimi- lar una tecnología de base que le permitió acceder al lugar de subcontratista eficiente. Pero al comienzo de los años 1980 este
modo de crecimiento extensivo entró en crisis.
b) El giro de los años 1980: se hizo necesaria una redefinición de la especialización internacional. La economía coreana conoció una crisis al comienzo de los años ochenta —conjuntamente con una puesta en cuestión de su sistema político- que se tradujo en una sensible disminución de su creci- miento. A partir de 1987, el incre- mento del costo salarial ligado a la reabsorción de la mano de obra excedentaria condujo, junto con la casi desaparición de las ventajas comparativas, a una caída de 10 puntos enla parte de las exporta- ciones, en el PBI.
Entonces, dos posibilidades —no excluyentes- se abrían: el aumen- to de la productividad, ya sea de manera extensiva, ya sea por un aumento de la intensidad capita- lista de la producción en las ramas ya desarrolladas, o bien cambiar de especialización.
El aumento extensivo de la pro- ductividad quedaba excluido debi- do a que implicaba un deterioro de las condiciones mientras que los problemas políticos de los comien- zos de los años 1980 estaban rela- cionados con reivindicaciones sa- lariales.
El aumento de la intensidad ca- pitalista en las ramas ya desarro- lladas no se produjo, porque los
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dirigentes-de los chaebols se mos- traron reticentes a encarar esa so- lución. En efecto, limitado por las nuevas disposiciones de 1a OMC, el gobierno no pudo reservarle a esas empresas el mercado interior, que a partir de ahora deben com- partir con los competidores de los países desarrollados. Así, enfren- tados ala incertidumbre de poder conservar una parte suficiente del mercado para tener laren tabilidad requerida, los chaebols rehusaron introducir innovaciones lo sufi- cientemente importantes como para que su producción pudiera aguantar la competencia de empre- sas extranjeras, tanto en el merca- do nacional como en el internacio- nal (Mytelka, 1995).
Por otra parte, los chaebols pu- dieron mejorar sus ganancias en detrimentode los márgenes de los subcontratistas. Pero justamente, en razón de la debilidad de sus márgenes de beneficio, lasPYMEs no tuvieron losmedios como para introducir modificaciones signifi- cativas —como lo testimonia el caso de la industria textil (Mytelka, 1995). En consecuencia, la solu- ción adoptada fue la reubicación de las producciones no rentables en países limítrofes donde la mano de obra era más barata.
Ante la incapacidad de desarro- llar innovaciones al ritmo exigido por esa competencia exacerbada, las empresas coreanas recurrieron
a la asociación con empresas extran- jeras. Pero, no queriendo recono- cerlo abiertamente, lo disimularon bajo la forma de acuerdos OEM. El nivel relativamente modesto de la I8cD (investigación y desarrollo) efectuada por los chaebols condu- jo al presidente del Instituto de In- vestigaciones de uno de ellos a de- cir que «las empresas coreanas es- taban seriamente desfavorecidas para tomar partes del mercado ex- terior para los productos sofistica- dos, debido a la importancia cre- ciente de los derechos que debían pagar y del crecimiento del protec- cionismo tecnológico” (citado por Mytelka, 1995). Además, el funcio- namiento monopolista de las em- presas locales, para las que prima el «criterio de rentabilidad inmedia- ta» desalienta los esfuerzos de me- jora tecnológica. Simultáneamente, los chaebols se lanzaron a otras especializacio- nes, principalmente la automovi- lística y la electrónica (primero la electrónica de consumo masivo, 'y luego la administrativa). Este cam- bio de especialización paró el «au- mento de filones» en los sectores en los cuales Corea se había espe- cializado, y aumentó la dependen- cia tecnológica del extranjero. Esto explica el hecho de que, a partir de los años ochenta, se de- tiene la sustitución de importacio- nes. La parte de los insumos impor- tados en casi todas las ramas —salvo
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algunas excepciones- aumenta, después de haber retrocedido en 1980 en relación con 1975. El año 1990 muestra un aumento o una estabilización en relación con 1975, mientras que, para los años inter- medios, la parte de los insumos importados había disminuido.
Después de un intento de desarrollo hacia el interior, la búsqueda de la in- dustrialización se tradujo en una ma- yor dependencia de las importaciones, incluso para las ramas más tradicio- nales e intensivas en mano de obra, como las industrias textiles. Pero tam- bién fue el caso de las industrias qui- micas, de maquinaria, de equipamiento eléctrico. Sin embargo, en algunas ramas significativas (equipamiento electrónicos y de comunicaciones, material de transporte, instrumen- tación médica) se observó un mo- vimiento en sentido contrario.
Hoy Corea está lejos de haber encontrado una especialización internacional que reemplace aque- lla en la que es más competitiva. Para ello, y suponiendo que los obstáculos externos puedan ser sorteados, es indispensable hacer un nuevo esfuerzo en I8cD y con- centrarse en un número limitado de ramas. Pero el gobierno parece incapaz de imponer este rumbo a los chaebols que, pese a lo reco- mendado por el VII Plan, buscan nuevas oportunidades de ganan- cias en nuevas actividades.
A partir del VI Plan, la I&D ha
sido considerada prioritaria, ase- gurándole a los chaebols el apoyo de los organismos de investigacio- nes del gobierno en ese terreno, pero resulta débil teniendo en cuenta la tarea a realizar. Todos estos esfuerzos muestran ser in- suficientes: el VII Plan consagra menos del 2% del PBI a la 185D, lo que representa, en términos abso- lutos, 33 veces menos que la suma destinada por los Estados Unidos en 1990 y 20 veces menos que la consagrada por el Japón.
Frente a las dificultades crecien- tes que encuentra, Corea recurrió a tres medidas que le permitirían sortear la limitación tecnológica: la reubicación de una parte de las industrias de mano de obra inten- siva, ya señalada; la prioridad para el mercado interno y el manteni- miento de la competitividad de precios de sus exportaciones, a la que sin duda ha contribuido una cierta subvaluación de su moneda con relación al yen.
Estas políticas son eficaces sola- mente para el corto plazo: las reubicaciones llevan a la desin- dustrialización y terciarización de la economía. El repliegue relativo sobre el mercado interno esta pe- sadamente amenazado por la fuerte presión internacional para la apertu- ra de mercados. En cuanto a la competitividad de precios que se origina en la subvaluación con re- lación al yen, tiene dos inconvenien-
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tes: provoca el deterioro de la ba- lanza comercial por las importacio- nes provenientes de Japón, y refuerza la presión de las autorida- des internacionales para conseguir la apertura de los mercados de ca- pitales que conduciría a la revalua- ción dela moneda. De esto son tes- timonio las discusiones entabladas sobre el ingreso de Corea a la OCDE (Organización de Coopera- ción y Desarrollo Económico), por el momento detenidas.
En suma, las ventajas de la «in- dustrialización tardía»! (Amdsen, 1989) se han mitigado. Contraria- mente ala que conocieron los vie- jos países industrializados, no da ninguna ventaja particular para que los países en cuestión tomen la inicia- tiva en el campo de la innovación —siempre atributo de las firmas origi- narias de los países industrializados- y principal palanca de la compe- titividad. No conduce entonces a una posición en el mercado mun- dial que permita salir de la depen- dencia.
2. Nada garantiza a los nuevos dragones que puedan conseguir
el nivel de las NEI
La situación de los países que co- mienzan más tardíamente el pro- ceso de integración al mercado mundial a través de las exportacio- nes manufactureras —Malasia, Tailandia, Filipinas, y aún China- es todavía diferente de la de Corea
ra
y Taiwán. Estos países experimen- tan actualmente un crecimiento extremadamente rápido, parecido al de Corea y Taiwán en los años ochenta. Las tasas, sin embargo, están un poco sobrevaluadas, ya que el efecto de fenómenos como la salarización creciente de la po- blación, el aumento de la mone- tización de la economía y el, desa- rrollo de la economía formal en detrimento del sector informal no han podido ser aislados.
Pero este crecimiento rápido, aún situado en el sector industrial, no conduce automáticamente al desarrollo industrial. En esos paí- ses la etapa de la «sustitución de importaciones» no ha tenido la envergadura suficiente como para crear una- base industrial propia a partir de las reubicacionesjapone- sas. Por esta razón, la infraestruc- tura material y humana es más deficiente que la que las'NEI po- seían en sus comienzos. Hay muy poco capital nacional, y las indus- trias que aparecen son principal- mente fruto de las IDE.
Al revés de Corea y Taiwán, es; tos países no poseen una clase lo- cal de empresarios, la mayoría de sus actividades están en manos de chinos emigrados. Durante el pe- ríodo colonial el poder se apoyó sobre las estructuras preexistentes propias de las sociedades tradicioa nales, lo que no incentivó la for- mación de una clase de «empresa-
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rios schumpeterianos». En estos países la diáspora china controla el poder económico, en ciertos casos (Tailandia, Indonesia) con- juntamente con la casta militar. Actualmente, la diáspora china se orienta hacia China.
Malasia: los obstáculos de una vía «nacionalista» Malasia se independizó recién en 1957. País predominantemente agrícola, conservó, hasta los años setenta, todas las características de una economía colonial, cuyas dos principales riquezas, el cultivo del árbol del caucho y la extracción de estaño, suministraron lo esencial de sus recursos de exportación. Desde el punto de vista de la for- mación social, la población de este país estaba constituida por tres ca- pas de diferente origen nacional: los bumiputras, de origen propia- mente malayo y ligados a la tierra, los chinos, cuya actividad económi- ca fundamental se ubicaba en el sector terciario, y una capa de la población de origen hindú, que compartía con los chinos las activi- dades de servicios y el artesanado. En el momento de la indepen- dencia, la población bumiputra que accede al poder político rei- vindica una participación más grande en el poder económico, principalmente en las actividades industriales. En consecuencia, el gobierno decide promover la in-
dustria, ligada esencialmente a la transformación de los recursos naturales. La experiencia de la in- dustrialización en Malasia tiene dos fases: una primera fase, nacio- nalista, entre 1970 y 1985, estuvo encuadrada por un proyecto polí- tico-económico llamado la NEP (Nueva Política Económica), que desembocó en una gran crisis, y que fue seguida por un período de ajuste con el que arranca la fase actual, basada en la integración al mercado mundial a través de la globalización.
a) La NEP, una tentativa de indus- trialización autónoma. Esta políti- ca se puso en práctica al comien- zo de los años 1970, para darle una oportunidad a la capa dirigente autóctona. El gobierno nacionali- zó empresas extranjeras, principal- mente inglesas, creó empresas nacionales y simultáneamente per- mitió el acceso del capital extran- jero, que se instaló en zonas fran- cas. Se constituyeron algunas joint- ventures. Al mismo tiempo se adoptó un programa de desarro- llo rural —irrigación, educación, servicios diversos- que tendía a impulsar las actividades que cons- tituían lo esencial de las exporta- ciones malayas, hasta 1980.
El capital extranjero desarrolló industrias destinadas-a la exporta- ción, principalmente en la rama electrónica y, en menor medida,
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en la rama textil. Esta última en directa respuesta a las restriccio- nes alas exportaciones hacia Esta- dos Un-idos y Gran Bretaña que el Acuerdo Multifibras impuso aJa- pón y Corea.
En 1975 se puso en marcha el «Industrial Coordination Act» que establecía cuotas de participación de los bumiputras en la dirección de las industrias. La política de imi- tación del Este (Look East Policy) que intentaba transformar a Ma- lasia en una nueva NEI siguiendo el modelo coreano (¡y japonés!) lle- vó al gobierno, a partir de 1980, a querer desarrollar una industria pesada de sustitución de importa- ciones, de donde salió el proyecto de industria automovilística parcial- mente nacional (Proton) mediante la constitución de una joint-venture con la firma japonesa Mitsubishi.
En consecuencia, la inversión pública aumentó considerable- mente, hasta representar el 50 % de la inversión total en el período 1982-1984, contra 40% entre 1977 y 1981. El aumento de los recur- sos en divisas, consecuencia del segundo shock petrolero, debía suministrar los fondos necesarios para esta política. Pero la situación internacional se vuelve desfavora- ble: los países industrializados ex- perimentan una desaceleración importante, que provoca la caída de los precios de las materias pri- mas —incluso el petróleo- y las sa-
lidas exportadoras de Malasia se reducen.
A comienzos de los años 1980 la industria malaya —cuyo merca- ‘do nacional es muy reducido como para reemplazar al mercado mun- dial- engendra un enorme déficit corriente, que supera el 20% de las exportaciones, debido tanto al fuerte componente en importacio- nes comoa la caída de las exporta- ciones. Simultáneamente el déficit público llegó, al 20% del PBI. Esta situación se agravó por una fuga de capitales que traducía la falta de confianza en la moneda malaya y, más generalmente, en la econo- mía del país.La deuda extranjera llegó al 90% del PBI y su servicio absorbe, debido al alza de las tasas de interés, el 20% de las exporta- ciones.
b) Después del fracaso de la NEP en 1985, una política de ajuste. En 1985, Malasia estaba al borde de la crisis de pagós. Pero una tasa de ahorro elevada permitió evitar- la. Este ahorro tiene un carácter forzado, cuyo origen es el modo de funcionamiento del seguro so- cial (Employees Provision Fund) que es un sistema de fondos de pensión. Formado esencialmente por el ahorro de los asalariados, este fondo estaba invertido en un 90% en Bonos de Tesoro, lo que permitió financiar el déficit presu- puestario.
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La recuperación de las expor- taciones que, a partir de 1987, pro- gresan a un ritmo de 20% anual, conduce a una mejora efimera del saldo de cuenta corriente, que nuevamente se vuelve negativo en 1990. Pero, al contrario de lo que había ocurrido a comienzos de la década, el ordenamiento de las fi- nanzas públicas mediante privati- zaciones y la reducción de los gas- tos, restablecieron la confianza de los inversores extranjeros en la economía.
En ella se realiza una reconver- sión de lasindustrias manufactu- reras dirigidas a la exportación, inscripta en un nuevo plan indus- trial, el Industrial Master Plan, que abandona en los hechos a la NEP, pese a sostener seguirla. A partir de entonces la industria electróni- ca representa el 60 % de las expor- taciones de productos manufactu- rados, que en 1993 representaban tres cuartas partes de las exporta- ciones, constituidos esencialmen- te por componentes. Se reexpor- tan a la casa matriz que los integra en productos finales, cuya tenni- nación posiblemente se realiza en un tercer país.
Para atraer capitales, las tasas de interés se volvieron fuertemente positivas entre 1982 y 1987, mien- tras habían sido negativas entre 1975 y 1981. Después de una leve tregua, se tensaron nuevamente a partir de 1990. La paridad mone-
taria es relativamente estable con relación al dólar y Malasia, después de algunos sacudones hasta 1987, ha retomado un ritmo sostenido de crecimiento de su PBI, apenas inferior al 10% anual.
El ajuste ha permitido encontrar un equilibrio macroeconómico basado en un aparato industrial parcializado, dependiente más que nunca del capital extranjero. En efecto, la industria «malaya» pro- duce casi exclusivamente electró- nica de bajo valor agregado, con una propensión a importar que se sitúa entre el 50 y el 80%. Enclava- da en zonas francas, la mayoría de las fábricas están separadas del res- to del país. En vez de establecer lazos de subcontratación con pro- ductores nacionales, las firmas multinacionales que aseguran la producción prefieren dirigirse a subcontratistas instalados en el país de la matriz. Más aún, los mis- mos subcontratistas reubican su producción.
De este divorcio entre el sector exportador de origen extranjero y el resto de la economía, resulta una ausencia casi total de transferencia tecnológica (Nicolas, 1995). Por otra parte, los indicadores no son muy numerosos. Pero el reducido número de joint-ventures (solamen- te 10 % de las empresas de capital extranjero) y el, tipo de acuerdos (15% son acuerdos de licencia, mientras que 50% son acuerdos de
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know-how entre los cuales hay que incluir a los acuerdos OEM). Según la opinión de los expertos, hay po- cos acuerdos que lleven al desarro- llo de nuevos productos.
Actualmente, el principal socio de Malasia esJapón, con quien ha firmado el 40% de los acuerdos, seguido de Gran Bretaña (12% de los acuerdos) y los Estados Unidos (11%). De esto se desprende una gran polarización en la repartición geográfica de los intercambios, lo que constituye otro elemento de vulnerabilidad.
En consecuencia, el aparato in- dustrial malayo se caracteriza por su dualidad: por una parte, un sec- tor dinámico ligado a la exporta- ción, y por otra parte un sector cuya productividad y nivel salarial es mucho más débil.
La causa de esta debilidad de las transferencias tecnológicas reside en parte en las carencias de la for- mación de la mano de obra. En efecto, la formación secundaria no dedica más del 5% de las escuelas a la formación técnica, mientras que solamente el 12% de los estu- diantes del país se vuelcan a carre- ras técnicas (Nicolas, 1995). Esto se junta con el fracaso de la NEP en su intento de formar una clase de empresarios locales y evidencia el débil peso de la clase media, que constituye lo esencial del mercado solvente, destino natural de una industria local.
La diferencia con la experien- cia coreana y taiwanesa es enton- ces de magnitud: la debilidad del capital nacional y la utilización de recursos naturales y humanos en beneficio d'e empresas de origen extranjero no conducirán a la for- mación de un aparato industrial de envergadura como el existente en Corea. Por el contrario, este país se vuelve monoproductor de pro- ductos... ¡manufacturados de dé- bil valor agregado! , lo que no apor- ta mucho más que los monoculti- vos. Este tipo de desarrollo, basa- do en una industria demasiado especializada y dependiente de los oligopolios extranjeros, que sólo tiene a la exportación como sali- da, trae además déficit comercia- les importantes. Frecuentemente realizada en detrimento de la agri- cultura y del medio ambiente, esta industrialización provoca otros desequilibrios, tales como la apa- rición de un déficit alimentario y el deterioro del medio ambiente.
¿Hacia una nueva división
internacional del trabajo?
La industrialización en estos paí- ses, comenzada inicialmente por la recepción de talleres de montaje, les ha hecho alcanzar un cierto grado de industrialización. Al es- pecializarse en productos de tec- nología intermedia, se constituye- ron en serios competidores del Ja- pón en terceros mercados, en el
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campo de los productos «básicos», principalmente la electrónica ma- siva y cierto tipo de automóviles. Esta competencia se basa principal- mente en la diferencia de precios con el Japón.
Debido al alza de los costos sa- lariales en sus territorios, las cua- tro NEI asiáticas han reubicado, hacia mediados de los años ochen- ta, sus industrias de mano de obra más intensiva en los países menos industrializados de Asia. Consi- guieron elevar el nivel tecnológi- co de su industria, pero las dispo- siciones actuales —relacionadas con la protección de la propiedad in- telectual privada- acentúa notable- mente su dependencia del Japón, principalmente en el plano de la I&D. Además, la competitividad de la producción coreana y taiwa- nesa en el mercado mundial es frá- gil: basada en los precios, tiene dificultades en soportar la compe- tencia del Japón si el yen se devalúa.
Este sistema da preeminencia a las firmas transnacionales, cuya red está colocada y funciona desde hace tiempo. Poco importa que un producto haya sido fabricado to- talmente o parcialmente en China, Malasia o Tailandia, la firma que lo produce es americana, japone- sa, taiwanesa o hasta europea. .Son esas firmas las que, capaces de movilizar una mano de obra des- ocupada hasta ahora, perpetúan el
sistema existente y del cual Japón, debido a su política, saca un bene- ficio considerable. No hay que es- perar que el encarecimiento de- la mano de obra en la región conduz- ca a suprimir en breve al sistema: detrás de Malasia y Tailandia es- tán China y la India.
De lo aquí expuesto se deduce que los países emergentes no es- tán en condiciones de adquirir so- bre el mercado mundial posiciones similares a las de los viejos países industrializados. El comportamien- to de las firmas oligopólicas confi- na a los socios de los países llama- dos «emergentes» a un papel su- bordinado, del cual no pueden esperar salir. Todo está hecho para perpetuar esta situación: la parti- ción del proceso productivo, la reserva de conocimientos tecnoló- gicos, el precio de su transmisión, la «solidaridad» entre oligopolios, el control de las redes de comer- cialización. La transferencia de tec- nología obtenida a través de este tipo de práctica no alcanza, en sí misma, a difundirse en el conjun- to de la economía. Las prácticas de las firmas oligopólicas van juntas, a nivel internacional, con «reglas de juego» comerciales que chocan con las necesidades de los países emergentes. Obligados a abrir sus fronteras, éstos no tienen ya la posibilidad de proteger sus «indus- trias nacientes», contrariamente a lo que los Estados Unidos pudie-
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ron hacer a comienzos de siglo. Por el contrario, los países indus- trializados se arrogan el derecho de proteger sus industrias ya no tan competitivas, estableciendo cuotas a las importaciones prove- nientes de los países en desarro- llo. Se agrega la exigencia de aper- tura de los mercados de capitales, cuyos movimientos incontrolados debilitan las cuentas externas de esos paises que son más vulnera- bles que los otros.
Los progresos hasta ahora rea- lizados no demuestran que los obs- táculos que los países emergentes enfrentan actualmente puedan ser superados como en el pasado. La situación es aún más dificil para los países que, diez o quince años más tarde, se han embarcado en el rumbo de las NEI: en el actual estado de la economía mundial, hoy la competencia es más áspera y las reglas más estrictas de lo que lo eran cuando partieron.
Además, esta competencia no enfrenta sistemáticamente a los países del Norte con los del Sur, ya que frecuentemente son las empresas de los países del: Norte las que producen en el Sur. En úl- timo análisis, no se trata de com- petencia entre países sino entre firmas frecuentemente originarias de un mismo país.
Podemos entonces interrogar- nos sobre las consecuencias de esta nueva división internacional del
trabajo, que consiste en una espe- cialización en la exportación de productos manufacturados con bajo o mediano contenido de ca- pital. Por cierto, representa un progreso en la medida que trae un aumento del PBI del país en cues- tión, como también de la produc- tividad del trabajo. Trae una posi- bilidad de ulterior mejora de las condiciones de vida de sectores de la población. Pero no permite ni el dominio del proceso producti- vo ni una mayor capacidad de ne- gociación en el mercado mundial. En realidad, esta nueva división internacional del trabajo oculta esencialmente una nueva partición del proceso productivo, en la que la etapa de la concepción está se- parada espacialmente de la etapa de la producción.
París, septiembre de 1996
Referencias
' Tratado de naciones del sudeste asiático, que agrupa, además de Singapur, a Malasia, Tailandia, Filipi- nas, Indonesia y Brunei. Recientemen- te se adhirió Vietnam.
2'Se designa como NEI (nuevas eco- nomías industrializadas) al cónj'unto constituido por Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong-Kong.
3 Grupo económico de los países del ASEAN. ALENA (en inglés NAFTA) es la Asociación de Libre Comercio de América del Norte.
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4 Asian Pacific Economic Coopera- tion, Asociación de Comercio de los países de la Cuenca del Pacífico.
5 Tratándose de partes medidas en valor, las fluctuaciones de las parida- des y de los precios afectan las evolu- ciones, de manera que no se puede dar una explicación en términos de partes de mercado y de competitividad.
ü En razón de no haberse tomado bien en cuenta a los servicios, el PBI chino está subvaluado en un 20% aproximadamente.
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(Traducción del francés. RC.)
RAZON Y REVOLUCION
Teoría -
Historia -
Política
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Marx, el inactual*
Enzo Traverso
a eclipse sufrida por Marx en los últimos años ha sido propor- cional a su prepotente presencia en las dos décadas anteriores. A pesar de la petrificación ideológica sufrida du- rante el socialismo real, el autor de El Capital ha sido verdaderamente, desde varios puntos de vista, el ho- rizonte de la cultura europea.
La hegemonía neoliberal de los años ochenta lo había transforma- do imprevistamente, en el mejor de los casos, en un ingenuo uto- pista desmentido por la historia o, en el peor, en el peligroso precur- sor de los regímenes totalitarios del siglo XX. El demiurgo de la icono- grafía estalinista se transforrnaba en el demonio del gulag; el teóri-
* Articulo publicado en La Qinzaine Litte'raire, núm. 60, como reseña de los dos siguientes libros de Daniel Ben- sai'd, lamentablemente no traducidos aún al español: Marx l'intempestif - Grandeurs et miseres d'une aventure cri- tique (XIX-XX siecles), Fayard, París, 1995; y La Discordance des Temps - essais sur les crises, les classes, l’histoire, Les Editions de la passion, París, 1995.
co de las crisis y de las revolucio- nes era anulado por la recupera- ción de la fe en las virtudes del mercado.
Este paréntesis parece estar ce- rrándose. Después de Derrida, Daniel Bensaïd indica la vía de un retorno a Marx. Un viraje espera- do y previsible, dado que cualquier esfuerzo serio por comprender nuestra época nos remite, tarde o temprano, a Marx. ¿Pero se trata verdaderamente de un viraje? Bensaïd nos invita más bien a una nueva lectura de Marx que critica y supera tanto los debates como las problemáticas del pasado. Una lec- tura marxista de Marx, en el senti- do de que se inscribe en la tradi- ción inaugurada por el autor de la décimo primera tesis sobre Feuer- bach: interpretar el mundo para transformarlo. Una lectura de Marx que se pone así al servicio de una reflexión crítica sobre el mun- do actual, en el crepúsculo del si- glo XX. Pero también una lectura nueva, porque el marxismo de Bensaïd no es ni conservador ni apologético. Su objetivo no es res- taurar el edificio en ruinas de una ideología quese derrumbó en 1989
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con la caída del muro de Berlín y después con el hundimiento de la URSS ni recuperar un Marx autén- tico contra las deformaciones, las incomprensiones y las falsificacio- nes de las que ha sido objeto des- de hace un siglo. El reflexiona so- bre una obra gigantesca cuya rique- za se nutre también de los propios contrastes y genera una pluralidad de interpretaciones y cuya heren- cia está dividida entre una multi- plicidad de corrientes. No hay un solo marxismo, sino varios.
Pero si bien sería un error redu- cir el pensamiento de Marx al ma- terialismo histórico de sabor posi- tivista y evolucionista de Karl Kautsky o de Giorgui Plejanov o, aún peor, alos dogmas clericales del diamat estalinista, igualmente abusivo sería no ver ninguna rela- ción con ellos. Si es verdad que la utopía de Ernest Bloch y el mesía- nismo libertario no se basan direc- tamente en la obra de Marx no es, sin embargo, una mistificación la que los enlaza con él; de esta forma Bensaïd demuestra de modo abso- lutamente convincente que los in- tentos de asimilar Marx a Compte no tienen justificación, aunque no tiene ninguna dificultad en admitir que tanto Kautsky, con su bagaje de darwinismo social y de ciencia posi- tiva, como Benjamin, con su pers- pectiva teológica, se colocan con legitimidad en el surco abierto por el autor de El Capital.
La obra de Marx está en efecto atravesada por un conflicto inter- no, profundamente enraizado en la cultura de su época, entre el aná- lisis del capitalismo según un mo- delo científico positivo y la visión de la historia como producto de la dinámica conflictual de un comple- jo, de una totalidad de relaciones sociales. Bensaïd asume este con- traste como la doble tentación de Marx que explica tanto el home- naje a Darwin en el prefacio de la primera edición de El Capital como su constante diálogo con Hegel, en la tradición que, desde la Ideología Alemana, llama deutsche Wissen- schafl. Si Engels no escapará siem- pre a las desviaciones de esta vo- luntad de hacer ciencia, especial- mente en algunos textos como el Anti-During o Diale'ctica de la natu- raleza, Marx conseguirá contrarres- tarla gracias a los poderosos baluar- tes de la dialéctica hegeliana.
Lo que no es el marxismo
Al terminar un siglo de controver- sias sobre el maxismo, Bensaïd em- pieza por aprehender el pensa- miento de Marx en negativo seña- lando primeramente lo que el mis- mo no es.
No es una filosofia de la histo- ria en el sentido clásico, o sea una construcción de la historia univer- sal en el sentido hegeliano, y tam- poco es una concepción teleoló- gica del socialismo como salida
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ineluctable de la Sociedad de cla- ses. Contra la interpretación tra- dicional tanto del marxismo evolu- cionista (Kautsky) como de la de algunos de sus críticos más ilustres (Karl Popper) , Bensaïd muestra, ci- tan-do la correspondencia de Marx con Vera Zasúlich y los populistas rusos, que el autor de El Capital siempre ha rechazado explícita- mente una teoría histórico-filosó- fica general que postulase un iti- nerario obligatorio desde la comu- nidad primitiva al socialismo que pase a través de una serie inevita- ble de etapas intermedias (esclavi- tud, feudalismo y capitalismo, con la variante del modo de produc- ción asiático). No hay un resulta- do final positivo garantizado ni un progreso inevitable: Marx no con- cibe la historia —según un para- digma positivista- como un progre- so en línea recta a lo largo de un eje cronológico homogéneo y va- cío ni como una simple acumula- ción cuantitativa de las fuerzas pro- ductivas.
Si concibe, sobre todo en los Grundrisse, el desarrollo de estas últimas como condición necesaria de la reducción del tiempode tra- bajo y de la liberación de las po- tencialidades creativas de los seres humanos, esto no desemboca de ningún modo en una concepción productivista del socialismo como una especie de Moloch industrial. Subraya con fuerza las contradic-
ciones íntimas del desarrollo téc- nico, lo cual hace posible, a partir de sus categorías, pensar la trans- formación, típica del siglo xx, de las fuerzas productivas en fuerzas destructivas.
El progreso no es, a sus ojos, un progreso en sentido único, son movimientos en contradicción que traen aparejada, dialécticamente, su negación.
Progreso y retroceso van a la par, envueltos en la danza infernal del universo mercantil. Enteras páginas de El Capital están dedicadas-al aná- lisis del retroceso social y la viola- ción de la naturaleza inducidos por el progreso técnico en el marco de la acumulación capitalista.
La discordancia de los tiempos A partir de esta doble tentación de Marx, la célebre alternativa afirma- da por Rosa Luxemburgo a co- mienzos de la primera guerra mun- dial, «socialismo o barbarie», pue- de ser interpretada de dos modos: como la alternativa entre progre- so y retroceso en el hilo diacrónico de la historia o como una verdade- ra bifurcación.
Contra toda concepción teleoló- gica Bensaïd piensa la historia, co- menzando por Marx, como el cam- po de lo inseguro y de lo posible, como un desarrollo heterogéneo en máximo grado, hecho de discor- dancias y de rupturas temporales, de crisis, guerras y revoluciones.
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Percibe así, en El Capital y en los Grundrisse, en sus análisis de los ci- clos, las rotaciones y las crisis del capital, «una organización concep- tual del tiempo como relación so- cial». De la cual se desprende una concepción de la historia como re- envío, como encrucijada abierta a múltiples salidas.
No hay ninguna salvación ase- gurada a priori pero nada hace in- evitable la eterna repetición del «cortejo triunfal de los vencedores» evocado por Benjamín en las Tesis sobre el concepto de la historia. La prefiguración del socialismo no asume en Marx (o no asume casi, dado que Bensaïd se olvida algu- nos párrafos bastante turbadores a este respecto) la forma de una prescripción normativa.
Para resumir en una frase esta teoría crítica de la historia como proceso políticamente inteligible y estratégicamente pensable, Bensaïd cita a Gramsci: «sólo las lucha es previsible» y evoca las fructuosas consecuencias de esta intuición de la discordancia de los tiempos: el desarrollo desigual y combinado de Parvus y Trotsky, la no contempo- raneidad de Bloch y, más reciente- mente, las alternancias del progre- so de Robert Bonnaud.
A propósito de las clases sociales Tampoco el pensamiento de Marx es una sociología empírica de las clases sociales. Sería inútil buscar,
en las decenas de volúmenes de sus escritos, una definición rigurosa del concepto de clase comparable, aunque sea de lejos, con los tipos ideales de Max Weber o con las cla- sificaciones de Emile Durkheim. Lenin, para quien las clases socia- les se definen, abstractamente, en relación a su colocación en el pro- ceso productivo, propuso una conceptualización coherente con el sistema teórico de Marx pero que por cierto está ausente de El Capi- tal cuyo libro III tiene, precisamen- te al comienzo, un capítulo incom- pleto sobre las clases.
Marx distingue en dos pequeñas páginas entre las clases principales definidas por el salario, el lucro y la renta de la tierra. Y no va más allá. El economista austríaco Joseph Schumpeter se interroga sobre la paradoja de un pensador que no ha elaborado una teoría sis- temática sobre un sujeto que es central en su reflexión. ¿No tuvo tiempo para enfrentar el proble- ma? Y, por otra parte, ¿en que pa- saba su tiempo? Bensaïd responde: «En curarse sus terribles forúncu- los, en participar en las desdichas familiares, en echar a los acreedo- res, en vender artículos periodísti- cos para pagar las deudas, en mal- tratar al tío Phillips, en mantener una voluminosa correspondencia, en conspirar y organizar al movi- miento obrero. Sobre todo en es- cribir y reescribir El Capital.»
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Ver en este capítulo incompleto una laguna teórica significa, según Bensaïd, no comprender la antiso- ciología de Marx para quién las cla- ses no existen como categorías so- ciológicas abstractas sino sólo como sujetos históricos vivos. Las clases no existen y no se definen sino en sus relaciones conflictuales con otras clases. Es por esta razón que los escritos políticos de Marx, des- de El Dieciocho Brumario hasta La guerra civil en Francia, son muchos más ricos, desde este punto de vis- ta, que las fórmulas abstractas de El Capital. Y es esta también la ra- zón por la cual no ha sido en la "so- ciología o en la- economía política sino más bien en la historiografía donde el marxismo ha producido sus análisis más profundos sobre los conflictos clasistas. Para Edward Thompson, cuyo punto de vista Bensaïd parece compartir, las cla- ses son sobre todo un fenómeno histórico, o sea no una estructura o una categoría sino más bien sujetos que se constituyen en el curso de las relaciones recíprocas. No son cosas, como los hechos sociales de Durkheim, sino relaciones sociales: «la clase se define por el modo en que los hombres viven su propia historia y, en última instancia, ésta es la única definición.»
Economía y ecología La teoría de Marx, por último, no es una ciencia positiva de la eco-
nomía desde el momento en que su anatomía del sistema capitalista está siempre inscrita en una totali- dad de relaciones sociales antagó- nicas, dinámicas y móviles cuya historicidad señala constantemen- te. No es que esté al reparo de la tentación, sumamente fuerte en su tiempo, de elaborar una teoría del capitalismo siguiendo el modelo de las ciencias naturales. Su referen- cia en El Capital a las leyes natura- les del deSarrollo del modo de pro- ducción capitalista muestra que su obra está marcada de todos modos por una dimensión cientificista y positivista.
Sin duda esta dimensión no im- pregna la totalidad de su pensamien- to, a semejanza de la caricatura evolucionista que hará Kautsky. Análogamente su visión del capi- talismo no corresponde al equilibra- do mecanismo que habría deseado Benjamín ni a la estructura sin suje- to teorizada por Althusser. En la plu- ma de Marx las leyes naturales del capitalismo se transforman inmedia- tamente en leyes de tendencia, esto quiere decir, como precisará Gramsci en sus Cuadernos de la Cár- cel, «leyes no en el sentido del determinismo o del naturalismo es- peculativo sino en el sentido histo- ricista». Hay aquí una aporía en el edificio histórico de Marx que, lejos de aparecer como un sistema cerra- do, sigue siendo una obra abierta, susceptible de desarrollos diversos.
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Gracias a esta comprooación Bensaïd puede colocar en la justa perspectiva la herencia teórica de Marx en relación con la ecología política. No sería difícil, a partir de un juego estéril de citas muti- ladas y separadas del contexto, trazar dos retratos radicalmente opuestos del autor de El Manifies- to Comunista: por una parte el de un encarnizado productivista, sostenedor de un progreso inme- diatamente identificado con el dominio sobre la naturaleza, por la otra el de un verde ante litteram, precursor del fundamen-talismo ecologista y adepto de un comu- nismo interpretado, en los Manus- critos de 1844, como una forma de naturalismo llevado a sus últimas consecuencias.
Estos dos retratos son comple- tamente absurdos. Intelectual del siglo XIX consagra algunas páginas penetrantes a la denuncia de la in- dustrialización como violación de la naturaleza (la crítica de Engels será de todos modos más vigoro- sa) pero en vano se buscaría en su obra un análisis sistemático de la destrucción del ambiente resultan- te de la civilización industrial. Lo que es posible encontrar en ella es una dimensión romántica, ya e'stu- diada por Michael Lówy y Robert Sayre. Se puede pensar la ecología a veces con Marx, a veces contra él, pero no se le deben formular reproches anacrónicos ni pedirle
respuestas a problemas con los cua- les no se enfrentaba.
Un pensamiento crítico
y subversivo
Los libros de Bensaïd no son sola- mente una lectura de Marx sino que intervienen sobre un siglo de con- troversias respecto de su obra. Bensaïd no se deja seducir por el marxismo analítico anglosajón que querría plegar el pensamiento de Marx a los respetables códigos de una disciplina universitaria purgán- dolo de su dimensión subversiva y que está pronto a abandonar el aná- lisis de los conflictos de clase en nombre del individualismo metodo- lógico. Critica, de paso, la teoría de la justicia de John Rawls, a la que considera un «completamiento éti- co-jurídico coherente de un libera- lismo social bien templado». O a la razón comunicativa de Haberrnas que le recuerda «la comunidad de los santos en la cual todos los con- flictos se apagan y en la que incluso el diálogo será superfluo». El resu- men no carece de eficacia pero no puede reemplazar una crítica mar- xista radical del trabajo de Haber- mas, que aún no se ha realizado. En La Discordance des temps, Bensaïd vuelve sobre la lectura de Marx pro- puesta por Gramsci, Benjamin, Bloch y, más recientemente, por Toni Negri yJacques Derrida. No vacila, en un capítulo tan fascinan- te como denso de substancia, en
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volver a descubrir a Charles Péguy'
y en proclamarse peguysta. «No peguysta aunque marxista, sino peguysta porque marxista».
La reflexión de Bensaïd es sóli- da, su erudición provoca la admi- ración del lector. Si su escritura es brillante (cosa rara en los ensayos teóricos), a menudo exaltante, a veces incluso rebuscada, estas ex- plosiones se verifican a veces a cos- ta de la claridad. Las fórmulas no son siempre convincentes, por ejemplo cuando escribe que Marx no tenía ninguna dificultad «en reconocer conflictos no directa- mente reconducibles a la lucha de clases». La reflexión de Marx (y de Engels) sobre la opresión colonial, nacional, sexual o racial está ape- nas esbozada o está completamen-
te ausente, o es ambigua o incluso discutible. Los autores del mani- fiesto habrían debido merecer a este respecto una crítica menos complaciente.
Marx l'intempestif y La Discordan- ce des Temps plantean problemas, crean interrogantes, abren pistas inexploradas. No será fácil desem- barazarse tranquilamente de estos dos libros que de manera saluda- ble sacuden las ideas preconcebi- das tanto de los adeptos como de los adversarios de Marx, cuya he- rencia intelectual permanece bas- tante viva, como lo ha demostrado Daniel Bensaïd.
(Traducción del italiano: Guillermo Almeyra.)
Revue internationale pour l'autogestion
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RESEÑA
El cordobazo
Las
guerras obreras
en Córdoba 1955-1976.
De James P. Brennan Buenos Aires, Sudamericana, 1996, 481 pp.
La publicación en cas- tellano en 1990 del libro de Daniel James, Resistencia e Integra- ción, estimuló la investigación so- bre la historia de la clase obrera argentina durante el período que se abre con el golpe de estado que en 1955 destronó al peronismo, y que se cierra en 1976 con otro golpe de estado que nuevamente desaloja al peronismo de las esfe- ras del poder estatal.
Seis años después, otro libro, nuevamente de un extranjero, irrumpe en el escenario de la historiografía sobre la clase obre- ra argentina prometiendo trans- formarse, como aquel deJames, en referencia obligada para quien se dedique a la investigación de la radicalización política sufrida por un amplio sector de la clase obre- ra argentina a fines de los años sesenta y principios de los setenta.
En esta oportunidad se trata del estudio emprendido por James Brennan, profesor de la Universi- dad de Georgetown (EE.UU.), so-
bre la combativa militancia de la clase obrera cordobesa, y nos equi- vocaríamos si pensáramos tal como el título del libro podría sugerir, que nos encontramos frente a un estudio acotado al Cerdo-bazo y su ámbito de influencia. Muy por el contrario, se trata de un pormenorizado estudio del desa- rrollo del movimiento obrero cor- dobés que trasciende ampliamen- te el objetivo de indagar el rol que le cupo a la clase obrera cordobe- sa en la movilización de masas más importante de la época. Como el autor mismo señala, sus preocupa- ciones principales son más amplias, y giran en torno a las “historias in- ternas de los sindicatos, su interacción recíproca y con otros grupos y clases, y en especial la política obrera tal como se forjó y desarrolló en el lugar de trabajo” (p. 12) en la ciudad de Córdoba entre 1955 y 1976.
Reseñar las temáticas que abor- da el libro, dada la extensión y di- versidad de las mismas, resultaría
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sumamente engorroso, por lo que creo conveniente centrarme en sus núcleos argumentativos.
Para comenzar, existen en el li- bro dos tesis principales que si bien criticadas en forma superficial por Brennan, implícitamente contribu- yen a estructurar su obra.
Una de ellas, está constituida por las argumentaciones sociológicas que atribuyen un peso excesivo en la explicación de la militancia obre- ra, a los problemas surgidos de la rápida industrialización cordobesa, y a su correlato migracional y de veloz crecimiento urbano que ha- bría provocado déficits habita- cionales, de servicios, de incon- gruencia de status, etc.
Por otro lado, nos encontramos con la tesis de la aristocracia obre- ra en sus dos versiones: tanto la que sugiere “que los trabajadores de los sectores industriales moder- nos de América Latina, entre ellos los mecánicos, estaban destinados a convertirse en una especie de aristocracia obrera de la región, potencialmente combativa en cues- tiones económicas pero política- mente apática e indiferente a la suerte de otros sectores menos privilegiados” (p. 119); como su versión especular y minoritaria de izquierda, que atribuye a estos sec- tores una mayor capacidad para transformarse en vanguardia den- tro del movimiento obrero.
Contra ambas, construye
Brennan su argumentación a tra- vés de la cual intenta “demostrar que la pronunciada militancia e incluso radicalización política de la clase obrera cordobesa se debió (...) a la dinámica relación entre la fábrica y la sociedad durante esos años y a las condiciones específi- cas de la base fabril y la cultura del lugar de trabajo que crea la pro- ducción automotriz en un país semiindustrializado como la Ar- gentina” (p. 11).
A partir de allí concentrará gran parte de sus esfuerzos en retratar cómo los problemas de la indus- tria automotriz fueron los que “constituyeron el ámbito esencial de las herejías ideológicas y políti- cas que medraron en el movimien- to obrero cordobés después de 1966” (p. 75), y cómo “la suerte de las industrias mecánicas locales afectó directamente todos los as- pectos de la ciudad, no sólo su eco- nomía y su estructura de clases sino también su política” (p. 60).
Pero como el mismo Brennan señala, los vínculos entre el desa- rrollo de la industria automotriz y las condiciones de las plantas y la historia obrera cordobesa de esos años no son simples ni unívocos, por lo que no puede explicarse el activismo solamente por las con- diciones particulares de la clase obrera. Fue elproducto de las múltiples influencias de la socie- dad argentina, en especial de la
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cordobesa, y del carácter peculiar del movimiento sindical local. Por lo tanto, tendrá que correr su mi- rada al mundo de la política sindi- cal. Señalará así que “la configura- ción única del movimiento obre- ro local, la naturaleza específica de las relaciones entre capital y tra- bajo en la ciudad y los individuos y el equilibrio de poder dentro del movimiento sindical (...) constitu- yeron en conjunto el mundo de la política de la clase obrera cordo- besa y durante casi una década hi- cieron de Córdoba el centro del movimiento obrero disidente del país.” (p. 76)
Una vez sentada esta posición, Brennan comienza un intrincado relato en el que se combinan las descripciones de las características de la industria automotriz y sus diversas políticas gerenciales, con la exposición de la evolución de la política sindical cordobesa, sus conflictos y contradicciones. Pro- cura así, describir la forma en que se mezclaron la política centrada en la base fabril y la relación de los obreros con la producción, con las luchas internas del poder y las interacciones institucionales de los sindicatos y sus relaciones con el Estado. El resultado de esta com- binación es el origen de un nuevo tipo de sindicalismo, mucho más combativo y concentrado en las cuestiones cotidianas de las condi- ciones de trabajo, que alcanzará su
máxima expresión con la aparición del clasismo.
A partir de este piso argumen- tal, comienza un pomposo desfile de personajes e historias entrelaza- das. Todos encontrarán un lugar en
el texto: Elpidio Torres, la planta
de Santa Isabel y su SMATA; Agustín Tosco, la EPEC 'y el inde- pendentismo de Luz y Fuerza; la UOM de Alejo Simó y sus compli- cadas relaciones con Vandor y la CGT local; Raimundo Ongaro, la CGT de los Argentinos, y su decisi- va influencia en la explosión de mayo de 1969; Atilio López, la UTA y sus juegos de equilibrio; Sa- lamanca y su SMATA; los sindica- tos clasistas SITRAC-SITRAM de las plantas Fiat, serán entre otros los personajes más destacados de esta historia. Como telón de fon- do se ubicarán los procesos de tra- bajo y las políticas gerenciales y de desarrollo de las plantas automo- trices; las alternativas de la vida sin- dical nacional; y las diferentes co- yunturas del escenario político ar- gentino: el golpe de Onganía, el Cordobazo, el Viborazo, la asun- ción de Cámpora, el retorno de Perón ala presidencia, y el paulati- no corrimiento hacia la derecha del régimen peronista instaurado en 1973, hasta concluir con el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Es a partir de esta constelación temática y argumentativa, que el autor aborda uno de sus principa-
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les objetivos, brindar una explica- ción lo más acabada posible de las características y significado del clasismo, y calibrar los alcances del mismo. En este sentido construye un fructífero binomio explicativo: la política del emergente clasismo por un lado, enfrentada a la políti- ca de la burocracia sindical pero- nista por el otro. Así, el primero, por contraposición a la esclerosada política sindical peronista centra- da en las cuestiones salariales que se dÍSputan con la renovación de cada convenio colectivo, basa su política en un ataque al control irrestricto sobre los procesos pro- ductivos, que intenta imponer la patronal .en su afán racionalizador en pro del aumento de la produc- tividad. Las cuestiones de la base fabril y la democracia sindical se transforman a partir de allí en im- pulsos para el descontento de las bases. Surge paulatinamente una nueva dirigencia y una nueva militancia que encuentra su legiti- mación, no tanto en su proyecto revolucionario, sino en su presti- gio de honestidad y lucha desinte- resada, y en la eficacia de las tácti- cas defensivas que implementa. He aquí algunas de las tesis prin- cipales de un libro, destinado a ubicarse en un futuro cercano, en el centro de las polémicas que atra- viesan a este campo de los estudios históricos que crece paulatinamen- te: las experiencias sindicales
combativas que emergieron en la Argentina de fines de los sesenta y principios de los setenta.
Quizás pueda reprochársele la no profundización de algunas de las discusiones políticas más can- dentes acerca de esta experiencia, "como su sectarismo o no hacia el resto del movimiento obrero sin- dical, las limitaciones de una ex- periencia con dificultades para superar los marcos del sindicato por empresa, etc. También, una visión ingenua de las divisiones de la izquierda argentina, que no es- carba en las profundas diferencias teórico-políticas que la originan, y lo conduce en algunas oportuni- dades a calibrarlas en forma dema- siado voluntarista. Si bien es cier- ta la estigmática falta de capacidad para el diálogo y la concertación de nuestra izquierda, la solución no depende sólo de la falta de vo- luntad de dirigentes caprichosos.
Lo mismo puede señalarse, cuando alude a la falta de un ‘ge- nuino partido de los trabajadores’ que condujo al sindicato a asumir funciones políticas que terminaron por superarlo, como uno de los factores que explican el fracaso de esta experiencia. Referir esta au- sencia es hoy un lugar común de nuestra izquierda, no así especifi- car qué atributos lo convertirían en ‘genuino’. Más aún, no, queda claro la posición del autor al res- pecto y si establece algún tipo de
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vinculación entre partido de los trabajadores y revolución. Sobre todo a partir de que destaca más el legado de “pluralismo ideológi- co y democrático” de los sindica- tos cordobeces que sus “impulsos revolucionarios hoy un poco ingenuos y añejos”. (p. 467) Ade- más remitir un fracaso politico a una ‘ausencia’, no por habitual, deja de ser un método al menos riesgoso. De todas formas, por su temática y desarrollo, el libro po- sibilita profundizar la discusión sobre el problema de la/s organi-
zación / es revolucionaria/s lo que es hoy imprescindible para la re- construcción del movimiento mar- xista.
Pero más allá de acuerdos y des- acuerdos, si tal como señala Hobs- bawn, “toda investigación sobre la clase debe, en consecuencia, exten- derse al resto de la sociedad de la cual forma parte”( p. 20), se pue- de afirrnar que James Brennan ha cumplido con este requisito, más que satisfactoriamente.
Pablo Ghigliani
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Cuadernos del Sur
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Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas
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F,
‘ uadernos ‘ del Sur
EDITORIAL La mundialización del capital J OACHIM HIRSCH ¿Qué es la globalización? MICHEL HUSSON Capital fin de siglo
TERRENCE McDONOUGH Lenin, el imperialismo y las etapas del desarrollo capitalista.
DAN LA BOTZ Estados Unidos: ¿un nuevo comienzo histórico?
JANE SLAUGHTER Estados Unidos: sobreviviendo al toyotismo.
DIANA HOCHRAICH La industrialización por las exportaciones y los países asiáticos ¿una salida al subdesarrollo?
ENZO TRAVERSO Marx, el inactual
PABLO GHIGLIANI El cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955—1976 de James P. Brennan
REVISTA DE REVISTAS
Artista plástico invitado: Mónica Christiansen
Tierraf ue go del