Sociedad-Econonfia-Po/Hica
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el horizonte insuperable de nuestra época.
Ana Dinerstein
El e marxismo
DIANA HOCHRAICH ,¿”ÏÁ Daukjüafiyay Crisis bancarias y . . conmocinnes monetarias: ¿una InïemaCloílahsmO vulnerahllldad generalizada? e Intemamonal (es)
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Año 14 - NQ 26 Abril. de 1998
Tierg‘gffucgo
Consejo Editorial
Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto Plá / Carlos Suárez / Alberto Bonnet
Brasil: Enrique Anda / Florestán Fernández [1920-1995]
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Cuadernos del Sur, número 26 Toda correspondencia deberá dirigirse a: Publicado por Editorial Tierra del Fuego Casilla de Correos nQ 167, 6-B. C.P. 1406 Argentina, abril de 1998 Buenos Aires, Argentina
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CUADERNOS DEL SUR
incluye los sumarios de sus ediciones en la base de datos de Latbook (libros y revistas
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2 Abril de 1998
Índice
EDITORIAL 150 años del Manifiesto Comunista"‘el 5 horizonte insuperable de nuestra época”
UMBERTO ECO ¡Qué spot, compañero Marxl- '7
EDUARDO GRÜNER z “Toda la Historia, hasta el presente..." 10
BORIS Des-revisando a Marx, 150 años después 14
KAGARLISTSKY
MABEL BELLUCCI Un fantasma recorre el Manifiesto: el 19
VIVIANA NORMAN fantasma del feminismo
MICHAEL LÓWY La profecía internacionalista del 25 Manifiesto
AN WAR SHAIK La más conmovedora y convincente 27 introducción a las ideas económicas de Marx y Engels
ALEJANDRO DABAT El Manifiesto Comunista a 150 años de 29 capitalismo y socialismo.
EMIR SADER El Manifiesto Comunista visto desde 33 América latina
ALBERT O BONNET Leyendo el Manifiesto 39
JOHN HOLLOWAY El Manifiesto Comunista 44
ELLEN MEIKSINS- La teoría política y el Manifiesto 48
WOOD
WERNER BONEFELD 1-50 años: reflexionando en la'ira 51
DENIS BERGER Inter-nacionalismo e Internacional(e_‘s) 57
ANA DINERSTEIN Desocupados en lucha, contradicción 67 en movimiento
DIANA HOCHRAICH Crisis banCarias y conmociones 95 monetarias en Asia: ¿una vulnerabilidad generalizada?
GEORGÉS LABICA El marxismo entre ciencia y utopía 117
REVISTA DE REVISTAS 133
del Sur 3
4 Abril de 1998
150 años del Manifiesto Comunista “el horizonte insuperable de nuestra epoca ”
«Un siglo y medio atrás fuertes vientos de libertad y libera- ción nacional; recorrían. Europa. La revolución de 1848, iniciada en Suiza y expandida rápidamente a todo el conti- nente, con la- excepción del Rusia e Inglaterra, resultó así - ser la más europea de todas las revoluciones habidas en » Europa. Por primera vez superaba los marcos nacionales y 'devenía en un fenómeno sociopolítico transnacional.
Sostenida en la revolución industrial en ascenso, el nacimiento de un proletariado fabril 'cada día más‘numeroso y concentrado, una burguesía emergente y una aristocracia ilustrada, que no sóportaba más el despotismo e'incultura de la monarquía absoluta, la revolución del 48 -“il quarantotto” como todavía se le dire. en Italia- entrelazó- las demandas políticas repu- blicanas y de unidad nacional, pero fue al mismo tiempo el vehículo a través del cual se desplegó la lucha social contra larexplotación y la mise- ria. Dando lugar a que, por primera vez en la historia, se mostrara la clase obrera como clase diferenciada.
«En junio de 1848 Paris es el teatro del primer gran combate de la historia entre burguesía y proletariado por- el poder político». (Fernando Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848).
Así la revolución del 48'en-frenta' decididamente a los. resabios- del poder feudal y. a la monarquía; absoluta, pero al mismo tiempo expresa un fuerte contenido antiburgués. :La complejidad y riqueza de este proceso dejaría una impronta más que importante en la formación política de Marx y Engels, y es en los momentos previos a él que se constituye el marco general que da origen al Manifiestod‘el partido camunista, Sus jóvenes autores ya habían lle- gado a conclusiones centrales para su corpus teórico -la concepción mate- rialista de la historias pero la irrupción de la revolución, largamente anun- ciada/esperada po'r ell'o's, los obligó tempranamente a intentar transfor- marlo en fuerza social revolucionaria. El resultado ha sido el Manifiesto.
Escrito, en 1847, por expreso pedido de la Liga de los Comunistas ante la agitación social que se extendía rápidamente, fue pensado como un folleto
Cuadernos del Sur 5
de intervención política en la coyuntura europea, sin embargo no tuyo nin- guna influencia -llegó tarde, se publicó en Londres el 20 de febrero, pero sus traducciones se demoraron- y, paradojalmente, con los años se convirtió en uno de los documentos teóricos y metodológicos centrales para la formación del pensamiento marxista revolucionario de todos los tiempos.
A pesar de la economía de su texto, tan solo veintitrés páginas en su versión original, su contenido constituye casi un corte epistemológico con todo lo anterior -rompe con anteriores concepciones socialistas- pro- pone una alternatiVa al capitalismo, incorpora un conjunto de conceptos y Categorías al análisis político, introduce la consideración de la historia en el programa de acción político/ práctico.
Ha inspirado a generaciones y generaciones de intelectuales, estudiantes y trabajadores en todo el mundo, luchadores todos de la causa de la eman- cipación social y del fin de la explotación del hombre por el hombre, marcando profundamente el mundo contemporáneo, no-solamente por su enorme difusión, sino por ser una pieza de la literatura política de un hondo dramatismo y por sus conceptualizaciones histórico-teóricas rigu- rosas, muchas de las cuales perduran hasta hoy, y también porque en estos 150 años su prosa bella e incisiva como pocas ha dejado una huella de profundas implicaciones teóricas, políticas y culturales.
Sin embargo no se trata hoy de hacer una simple exégesis, sino de releerlo críticamente, colocándolo en la contemporaneidad del mundo capitalista actuaL Consciente de esta responsabilidad Cuadernos del Sur convocó a un destacado grupo de intelectuales, pensadores del marxismo contemporá- neo y militantes revolucionarios de distintos países y regiones del mundo. Algunos miembros de nuestro Consejo Editorial, otros colaboradores asi- duos de la revista, para que nos enviaran textos breves que enfocaran la actualidad del Manifiesto desde distintas perspectivas. El resultado es el «dossier» que abre este número, que aspiramos aporte a la reflexión colec- tiva y al debate de ideas en este fin de siglo convulsionado y bárbaro.
E. L. Buenos Aires, abril de 1998
(N. de R.) Entre las personas a quienes se les hizo llegar la invitación están el Subcomandante Marcos, del‘EZLN de México, Fernando Martínez Heredia, de Cuba, y el profesor Sergio Bagú, radicado en México, por distintas razones no pudieron enviar sus textos a tiempo, de ser posible los publicaremos en el próxi- mo, numero.
6 Abril de 1998
¡Qué spot, compañero Marx!
Umberto Eco
No se puede sostener que algunas bellas páginas puedan, ellas solas, cam- biar el- mundo. Toda la obra del Dante no alcan- zó para restituir un Empe- rador Sacro Romano a las Comunas- italianas. Sin embargo, en la reme-moración- de ,tal texto, como lo fue elManifiesto del Partido Comu- nista, publicado ipor Marx y Engels en 1848, y que por cierto ha influído ampliamenteaen las vicisitudes de dos siglos, creo que es necesario releerlo desde el punto de vist-a de su calidad literaria, o por lo menos de su extraordinaria estructura retórico-argumental.
En 1971 se publicó un libro 'de un autor venezolano, Ludovico Silva, El estilo literario de Marx, que posteriormente fue traducido por Blompiani- en 1973i- Me temo que actualmente sea i-nhallable, y valdría la pena reimprimirlo. Rehaciendo también la historia de la formación literaria de Marx (pocos saben que también había escrito poesías, aun- que, al decir de los que las leyeron, eran pésimas), Silva analizó minu- ciosamente toda la obra marxiana. Curiosamente, dedicó solamente unas pocas líneas al Manifiesto, qui- zás porque no era una obra estric-
PEN
N tamente personal. Es una lástima: se-trata de un tex- to formidable, que sabe al- ternar los tonos apoca- lípticos y la ironía, consig- nas eficaces yexplicaciones claras, y que (si la sociedad capitalista quiere intentar vengarse de las molestias que esas pocas pá- ginas le han acarreado) debería ser religiosamente' analizado aún hoy en las escuelas para publicitarios.
Por favor, leanlo nueVam‘en-te. Comienza con un" formidable golpe de timba-l, como la Quinta de Bee- thoven: «Un fantasma recorre Eu- ropa» (y'no olvidamos que estamos. todavía cercanos al florecimiento prerromántico y romántico de l'a novela gótica, y los fantasmas son entes que deben ser tomados en serio). Ininediatamente a continua- ción hace, a vuelo de pájaro, una historia de las luchas sociales desde la Roma antigua hasta el nacimien- to y desarrollo de la burguesía, y las páginas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase «revolucionaria» constituyen un poema fundacional —todavía 'útil hoy- para los partida- rios del liberalismo. Se ve (quiero precisamente decir «se ve» en una forma casi cinematográfica) a esta nueva fuer-za imparable que, empu-
=Cuademos del Sur
jada por la necesidad de nuevas sa- lidas para sus propias mercaderías, recorre todo el globo terráqueo (y, en mi opinión, aquí el Marx hebreo y mesiá-nico está pensando en el co- mienzo del Génesis), trastorna y transforma países remotos porque los bajos precios de sus productos son la artillería pesada con la cual derriba todas las murallas chinas y hace capitular a los bárbaros más endurecidos en el odio a lo extran- jero, instaura y desarrolla la ciudad como signo y fundamento de su propio poder, se multinacionaliza, se globaliza, hasta inventa una lite- ratura que ya no es más nacional sino mundial...
Al final de este elogio (que sedu- ce en cuanto revela una sincera ad- miración) aparece una voltereta dra- mática: el hechicero se halla impo- tente para dominar las fuerzas sub- terráneas que ha invocado, el ven- cedor queda sofocado por su pro- pia sobreproducción, se ve obliga- do a generar en su propio seno, a hacer surgir de sus propias vísceras a sus propios sepultureros, los pro- letarios.
Entra ahora en escena esta nue- va fuerza que, inicialmente dividida y confusa, se destempla en la des- trucción de las máquinas, es usada por la burguesía como grupo de choque forzado a combatir a los enemigos de su propio enemigo (las monarquías absolutas, la propiedad territorial, los pequeños burgueses),
y que progresivamente absorbe a parte de los propios adversarios que la burguesía proletariza, como los artesanos, los negociantes, los pro- pietarios rurales. La insurrección se vuelve lucha organizada, los obre- ros entran en contacto recíproco a partir de otro poder que los burgue- ses han desarrollado para su propio provecho: las comunicaciones. Y aquí el Manifiesto cita a las vías fé- rreas, pero también piensa en las nuevas comunicaciones de masas (y no olvidamos que Marx y Engels en La Sagrada Familia habían sabido usar a la televisión de la época, las novelas por entregas, como mode- lo del imaginario colectivo, y le cri- ticaban la ideología usando el len- guaje y las situaciones que ellas ha- bía hecho populares).
En este punto entran en escena los comunistas. Antes de decir en forma programática qué son y qué quieren, el Manifiesto (en una sober- bia movida retórica) se pone en el punto. de vista de los burgueses que los temen, y plantea algunas pregun- tas aterrorizadas: ¿pero vosotros queréis abolir la propiedad? ¿Que- réis compartir las mujeres? ¿Queréis destruir la religión, la patria, la fa- milia?
Aquí el juego se vuelve sutil, por- que a todas estas preguntas el Ma nifiesto parece responder en forma tranquilizadora, como para ablandar al adversario. Despues, en una mo- vida repentina, lo golpea en pleno
Abril de 1998
plexo, y obtieneel aplauso del pú- blico proletario... ¿Queremos abo- lir la propiedad? Pero no, las rela- ciones de propiedad siempre han sido sujeto de transformaciones, ¿o acaso la revolución francesa no abo- lió la propiedad feudal en benefi- cio de la burguesa? ¿Queremos abo- lir la propiedad privada? Pero. qué tontería, ella no existe, porque es'la propiedad de un décimo, dela po- blación en. perjuicio.de los otros nueve- decimos. ¿Quién nos acusa- ria entonces de que estamos que- riendo abolir «vuestra» propiedad? Ysí, eso es exactamen-telo que que- remos hacer.
¿Compartir las mujeres? Más Vale, nosotros queremos quitarle a la mujer el carácter de instrumento de producción. ¿Pero queréis poner a todas las mujeres en, común? La co- munidad de las mujeres la habéis inventado vosotros, que además de usar a vuestras mujeres os aprove- chais- de las de los obreros y como supremo pasatiempo practicais el arte deseducir a las de vuestros pa- res. ¿Destruir- la patria? Por el. con- trario, nosotros queremos que triun- fando se conviertanuen naciones.
Dos consignas memorables
Y así siguiendo, hasta-esa obra maes- tra de reticencia que es la respuesta sobre la religión. Se intuye- que la respuesta es «queremos destruir la
religión» pero el texto no lo dice: mientra aborda un argumento tan delicado insinúa, deja entender, que todas las transformaciones tienen un precio, pero que, en fin, mejor no abrir bruscamente temas tan can- dentes.
A continuación. la parte más doctrinaria, el programa del movi- miento, la crítica a los tdi-versos so- cialismos, pero. a esta altura -,el lec- tor ya está seducido por las páginas precedentes. Y si en! fin la parte programática resulta demasiado di- fícil, he aquí un acorde final, dos consignas que quitan el aliento, fá- ciles, memorizales, destinadas (me parece) a tener un éxito estrepito- 'so: «Los proletarios. no tienen nada que perder (...) salvosus cadenas» y «¡Proletarios de todos los países, uníosi».
Ademásde la capacidad verdade- ramente poética de inventar metá- foras. memorables, .el M anifiesto per- dura como una obra maestra de la oratoria política (y .no sólo eso), y debería ser estudiado. en la escuela junto con las Catilinarias y con el discurso shakespeariano de Marco Antonio sobre el cadáver de Julio César. También porque, dada la buena cultura clásica de Marx, no es de excluir que él haya tenido pre.- sentes precisamente a estos textos.
Roma, enero de 1998.
del Sur
“Toda la Historia, hasta el presente...”
Eduardo Grüner
[Manifiesto Comunista (en adelante, MC) es un tex- to que pertenece a un género político-literario perfectamente delimita- do, codificado y con reglas precisas: el panfleto. Género injustamente denostado y menospreciado por los historiado- res de la cultura o los críticos litera- rios: algunos ensayos bellamente escritos y rigurosamente estructura- dos son decididos panfletos (pien- sese, por no ir más lejos, en el j ’accuse-de Zola, o entre nosotros, en el Facundo de Sarmiento); lo mis- mo sucede con la poesía (desde Victor Hugo hasta Neruda, pasan- do por la extraordinaria poesía mi- litante de un Maiacovsky), el cine (desde Eisenstein hasta Novecento de Bertolucci o los últimos films de Ken Loach, pasando por joyas panfle- tarias como Los Compañeros, La Ba- talla de Argelia, Morir en Madrid ), la pintura (¿no es un panfleto el Guer- nica de Picasso?), por supuesto la novela y el teatro (Brecht, Sartre, Peter Weiss, Malraux y un largo et- cétera sólo en el siglo XX), y aún la música (hay quien toma como pan- fleto incluso a la Heroica de Beethoven o la Polonesa de Chopin). En suma: la pertenencia al géne-
ro panfletario no tiene por qué ir en desmedro de la calidad estética, del rigor argumentativo, y hasta de la «seriedad» científica, siempre que el texto sea juzgado en los términos estilisticos, retóricos y temáticos que corresponden a las leyes del géne- ro. Quiero decir: denigrar un pan- fleto porque no respeta las reglas del tratado filosófico o científico es desplazar interesadamente la cues- tión. Para nuestro caso: despreciar el MC porque no es El Capital es hacer trampa. Trampa, entendámo- nos, intencionadamente ideológica y
con un estricto contenido político
la intención es demostrar que hay, como si dijéramos, dos marxismos perfectamente diferenciados, uno de los cuales (el del Capital, diga- mos) es una «ciencia» que merece ser estudiada en las cátedras univer- sitarias y los asépticos gabinetes aca- démicos y allí refutada o no '(este es, por lo tanto, un objeto de estudio perfectamente neutral y despo- litizado), y otro marxismo —el del MC, digamos- que es mera «propa- ganda de partido», pura publicidad o retórica persuasiva, apresurada diatriba de barricada que no tiene nada que ver .con las complejas abs- tracciones de la «ciencias. La con- secuencia política —y, diríamos, la
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opción existencial que se ofrece a los intelectuales- es transparente: olvidémonos del griterío que sólo sirve para agitar a las masas incul- tas, y refugiémonos en nuestras bi- bliotecas para transitar con pacien- cia los áridos vericuetos de la teoría del valor o de la tendencia decre- ciente de la tasa de ganancia; cosas por las que, ya se sabe, nadie ha sa- lido a la calle a combatir.
Lamentablemente para esta pers- pectiva que el propio Marx hubiera tildado de «filistea», las cosas no son tan sencillas. La «filosofía de la praxis « 'de la cual hablaba Gramsci no puede ser descompuesta- ni «decons- truída» en sus partes teóricas y sus aplicaciones prácticas, que confor- man una unidad dialéctica (una «sín- tesis compleja de determinaciones múltiples»): casualmente-esta es, la diferencia especzfzca del materialismo histórico con cualquier otra teoría o Weltangschauung totalizadora; es lo que hace 'qu'e el- materialismo his- tórico no sea otra teoría económica o política, otra historiografía u otra sociología, sino que (al igual que el psicoanálisis freudiano, que no es otra psicología u otra filosofía) inau- gure, como diría Foucault, un hori- zonte de discurso ¡completamente nuevo: discurso que ¡incluye su pro- pia práctica como condición de po- sibilidad enunciativa, y práctica de transformación que implica su autorreflexión teórica como articula- ción «científica» de la acción.
Este es el mal llamado «método» de Marx («mal llamado», porque no se trata, tampoco, de un mero méto- do de análisis de la «realidad» pre- existente, sino que, en cierto senti- do, produce la realidad al intervenir en el mundo con su praxis ). Está cla- ro que, por su propia naturaleza, no es un método acabado, cerrado de una vez para siempre: supone la transformación permanente de sus propias condiciones de producción, y es por ello que mientras exista el mun- do que lo havhecho posible como su propio límite ¡dialéctico (mientras exista el capitalismo, en una palabra) seguirá siendo «el horizonte insupe- rable de nuestra. época» (Sartre).
Y bien: este «método» está ya to- talmente en funcionamiento (poco importa sin "con plena conciencia o no) en el MC, en ese «panfleto» que parece tan «simplificado», tan aleja- do de la complejidad teórica .de los Grundrisse, del Capital, de las Teo- rias de la Plusvalz'a. Si por un lado podrían mostrarse pasajes enteros de cualquiera de esos arduos «trata- dos» que contienen un aliento épi- co y propagandístico comparable con el más violento estilo «panfle-. tario» (release en esta perspectiva, por ejemplo, el famoso Capítulo XXIV del Capital ), por el otro po- drían señalarse brevísimas frases del MC en las que está contenida —como potencial matriz o como conden- sación metafórica- toda la teoría del materialismo histórica.
Cuadernos del Sur
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Tómese, sin ir más lejos, la que posiblemente sea la frase más céle- bre (y más discutida, más cuestio- nada, más denostada) del MC: «La historia de todas las sociedades has- ta aquí existentes es la historia de la lucha de clases». Se sabe cuáles han sido las críticas —presuntamente demoledoras- a que ha sido some- tida esta frase, con frecuencia des- de adentro mismo del pensamiento marxista o de izquierda en general: que representa una ilusión retros- pectiva por la cual Marx y Engels proyectan hacia el pasado histórico su análisis de las formaciones socia- les capitalistas modernas; que el mis- mo término «clase» está utilizado a la ligera y sin rigor, ya que antes del capitalismo no hay «clases» en el sen- tido estrictamente marxista del con- cepto, puesto que las distintas for- mas de «coacción extraeconómica» (política, jurídica, ideológica, etcé- tera) constituyen divisiones en cas- tas, estarnentos o Stande, pero no en clases; que, aún pasando por alto estos «errores», existen —y hoy más que .nunca, con la proliferación y el estallido de- los. «movimientos socia- les»— múltiples formas de lucha so- cial que no pueden reducirse a su determinación clasista; que en la actualidad, por lo tanto, esa frase no es válida ni siquiera para el capita- lismo, y via dicendo.
Bien, es probable que estas críti- cas contengan una oarte importante de verdad. Podríamos caer fácilmen-
te en la tentación de «disculpar» a Marx y Engels de estos errores, ar- gumentando justamente que el MC es un «panfleto» dirigido no a los estudiosos de la historia sino a los sencillos proletarios a los que es ne- cesario movilizar en un idioma que puedan comprender rápidamente. Pero esto sería perder de vista lo esencial. A saber: sería perder de vis- ta que —contra todo lo que alegan las diferentes versiones de una ideo- logía «postrnoderna» que pretende incluir al marxismo en el conjunto de los supuestamente superados «grandes relatos» de la Modernidad o la Ilustración- el materialismo his- tórico, todo él contenido en esta fra- se, no tiene absolutamente nada que ver con la imagen de una historia homogénea, teleológica y conducen- te al Progreso y la Felicidad Huma- na que es la propia del Iluminismo y de su hijo bastardo del siglo XIX, el evolu-cionismo positivista. En efec- to: más allá del debate sobre si el tér- mino «clases» es el técnicamente más correcto (debate necesario, no es cuestión de negarlo), el acento de la frase está puesto en‘ el concepto de lucha. La imagen que construye el MC, la imagen fundante del mate- rialismo histórico como tal, es una imagen trágica: la de una sociedad dividida, fracturada, la de una «falsa tótalidad» (para utilizar la expresión de Adorno) que no cierra, pese a las apariencias de globalidad annónica y coherente que trata de imprimirle
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la ideología dominante. Que no cie- rra, porque aquéfla misma «clase» de los productores explotados que per- mite su funcionamiento (llámense esclavos, campesinos, siervos de la gleba o modernos proletarios) son el síntoma irreconciliable que aten- ta contra el imaginario' de la armo- nía. Son la parte que al mismo tiem- po hace que el Todo funcione como tal y que nunca pueda funcionar com- pletamente, son, en breve, _lo que hace que (para citar otra frase famo- sa del MC) «todo lo sólido se, disuel- va en el aire». Es en este sentido que un Lacan ha podido decir, enigrnáticamente, que Marx.«inven- tó» la teoría psicoana-lítica del sínto- ma: porque este resto inasimilable, este productor de un excedente (ma- terial, pero también simbólico) es el quetconstruye la «personalidad» ima-' gina‘ria de las sociedades, pero tam- bién —el que constituye su insoluble contradicción, su «neurosis», su «ma- lestar en la cultura».
Podríamos ir todavía más .lejos por esta vía. Podríamos decir: Si toda la historia hasta el presente es la his- toria de la lucha de clases, entonces lalucha-de clases, en cierto sentido, está fuera de la historia, puesto que es la condición de que haya histo- ria, es su «motor». Esto es lo que la ideología (de la clase) dominante no podría nunca admitir: que ese con- flicto, ese quiebre, esa crisis, no sea «pasajera» sino constitutiva de la sociedad y de la historia como tales.
De la misma manera, para proseguir la analogía, que el «Yo» consciente del neurótico no puede admitir que sus malestares y sus sufrimientos son el producto del conflicto permanen- te que se libra en la «otra escena» de su Inconsciente: la lucha de cla- ses -para decirlo c'on Jameson- es el inconsciente político de la histo- ria. «Hacer consciente lo inconscien- te» —esa canónica consigna freudia- na- es, pues, la finalidad última del «panfleto» que representa el MC. Desde luego que para cumplir esa finalidad no basta con su enuncia- do: es necesaria la práctica que el enunciado enuncia. Pero lo que el enunciado ya denuncia es lo que puede encontrarse desarrollado «científicamente» en los tres grue- sos volúmenes deEl capital: que-no hay historia (ni sociedad, ni econo- mía, ni, incluso, pensamiento) que no esté de alguna manera atravesa- da por ese desgarrón profundo en el orden espeso del universo. Todo lo demás que puede encontrarse en ella, incluídos los. «movimientos so- ciales», las «identidades múltiples» o las «microfísicas .del poder» que hoy están tan de moda, son de una u otra manera una consecuencia de esa fractura originaria. Pretender que eso ha sido «superado» (en un mundo como el que nos toca vivir hoy, nada menos) es lisa y llana jus- tificación de -y complicidad con- la barbarie que en la actualidad se dis- fraza tras las máscaras amables y
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tranquilizadoras del «fin de la his- toria» o de la «globalización».
En una palabra: la historia (o me- jor, para ser consecuentes conMarx, la prehistoria ) de la humanidad si- gue siendo la de la lucha de clases. Y si un «mensaje» queda vigente del panfleto que hace ciento cincuenta años nos reveló este secreto insopor-
table pero a esta altura inocultable, es este: la historia es un campo de batalla con el cual se pueden hacer muchas cosas, incluso intentar huir de él; pero al cual no se puede ingre- sar impunemente.
Buenos Aires, marzo 1998.
Des-revisando a Marx, 150 años después
Boris Kagarlitsky
espués de los aconteci 'entos de 1989-1991 l socialismo marxista, a ue quince o veinte años antes parecía una fuerza real, se convirtió de nuevo en un fantasma. Intentos constan- tes, que comprometen los esfuerzos de exorcistas profesionales, han sido hechos desde entonces para dejar descansar finalmente a Marx. Pero el fantasma no ha partido.
Jacques Derrida, en su controver- tido libro Espectros de Marx, aconse- ja a sus lectores a retomar el Mani- fiesto Comunista, escrito en 1848. “‘Hoy, casi un siglo y medio más tar- de, hay algunos que, a lo largo del mundo, parecen estar absolutamen- te convencidos de que 'lo que uno está abordando es sólo un espectro
sin cuerpo, sin realidad presente, sin actualidad 0' efectividad, pero en este momento se supone un espec- tro pasado. Fue sólo un espectro, una ilusión, una aparición, o un fan- tasma: esto es lo que uno oye en todas partes hoy (‘Horacio dice que esto no es sino nuestra Fantasía, / y no queremos dejar a la creencia asir- se a ella’). Una aún preocupada se- ñal de alivio: asegurémonos de que en el futuro no vuelva! Al final, el espectro es el futuro, está siempre por venir, se presenta a sí mismo como algo que puede venir o vol- ver; en el futuro, los llamados pode- res de la vieja Europa en el siglo pasado no pueden encamarse a sí mismos, ni en público ni en secre- to..E‘n el futuro, oímos en todas par- tes hoy, no puede reencarnarse a sí
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mismo; no puede serle permitido volver puesto que es pasado.”
Cuanta mayor vida hay en las vi- siones de Marx, mas natural parece el deseo de enterrarlo. Nadie se es- fuerza por enterrar a Hegel o refu- tar a Voltaire, puesto que es claro aún sin esto que el hegelianismo y el volterianismo pertenecen al pa- sado. Las ideas de los filósofos del pasado han sido disueltas en las teo- rías modernas. Con Marx esto no ha sucedido. Tampoco puede suce- der, puesto que la sociedad que el analizó, criticó y soñó con cambiar está aún viva. En este sentido el fin del marxismo puede venir sólo con el fin del capitaliSmo.
En función de volverse modera- do, el socialismo hubo de pasar a tra- vés del revisionismo. Si el marxismo pertenece al pasado, entonces sus ásperas conclusiones han perdido su significado moral para la sociedad contemporánea. Todo lo que queda del socialismo histórico es un con- junto de “valores” generales, que cada uno es libre de interpretar como él o ella quiere. Es obvio des- de luego que el capitalismo está cam- biando y es por consiguiente inútil librar una batalla contra el mismo con la ayuda de citas de libros escri- tos en el siglo pasado. Ni la modera- ción ni el compromiso son pecados en sí mismos. Bajo condiciones polí- ticas particulares todo partido serio es obligado a tener que buscar com- promisos. En la política, no se pue-
de dejar de tener en cuenta la rela- ción de fuerzas.
Pero la gente ideologiza su prác- tica a su propia y peculiar manera, y vuelve a las justificaciones de las acciones de los días presentes en ideología del futuro. Esto significa que una coyuntura política que es desfavorable para nosotros se vuel- ve un estado ideal, una desviación forzada en una sabia estrategia y la debilidad en valor. Donde esto ha ocurrido, la derrota deviene irrever- sible y la debilidad táctica deviene impotencia estratégica, mientras que el fin del movimiento, en vez de ser la transformación de la so- ciedad, deviene una adaptación más exitosa a la misma.
Hay un sabor de cuenta comer- cial en el término “revisionismo”. No estamos hablando aquí sobre un re- pensamiento o aún una crítica del marxismo, sino sobre un cálculo mecánico del efectivo de caja teo- rético, de los “aciertos” y “debilida- des” de la doctrina. Siguiendo esta cuenta, unos pocos “valores” rema- nentes pueden ser usados, mientras que los productos ideológicos pasa- dos de moda son castigados como desperdicios. En esta rigidez y “concretitud”, los revisionistas están estrechamente emparentados con el más obstinado de entre los orto- doxos. La única diferencia es que los últimos se aferran a todo ítem de la ideología intentando probar que debe ser absolutamente conservado
Cuadernos del Sur
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por si acaso. Los ideólogos revi- sionistas intentar esclarecer las premisas, desechando tan rápido como sea posible todo lo que es “su- perfluo”.
El método analítico del revisio- nismo puede ser mejor denomina- do como descriptivo. Comparando la descripción de uno u otro fenó- meno social en el marxismo clásico con la realidad moderna, los revi- sionistas muy razonablemente afir- man que hay diferencias. Con esto el estudio llega a su fin, puesto que las diferencias son vistas como ra- zones en sí mismas para rechazar las conclusiones de Marx. No hay nin- gún análisis aquí, en el sentido pre- ciso de la palabra; es simplemente pensamiento superfluo. El proble- ma es que la realidad continúa cam- biando. Los acontecimientos y pro- cesos descriptos por los revisionistas también se desvanecen en el pasa- do, dejando sus conclusiones suje- tas a duda.
Históricamente, el discurso revisi- onista fue muy importante para el desarrollo del pensamiento socialis- ta. El revisionismo de Bernstein fue el punto de partida para Lenin, Trotsky, Gramsci y los que siguie- ron. Los debates periódicamente re- currentes sobre la relevan-cia del marxismo, y las revisiones más tar- días, marcan el acercamiento de un punto de viraje en la historia del mo- vimiento y del pensamiento socia- listas. Estos debates-son testimonio
incuestionablemente de la crisis del marrdsmo o de sus interpretaciones dominantes, incluyendo las revi- sionistas.
Desde que la escolástica soviética oficial rechazó sus anteriores aproxi- maciones ortodoxas a mediados de los 80, un grupo de escritores ha in- tentado resumir las conclusiones generales del revisionismo y proveer- las de bases teóricas.2 Los cambios genuinos que tuvieron lugar en el capitalismo occidental en los 60 fue- ron percibidos por las escuelas revisionistas como el fin del capitalismo tradicional. Eduard Bernstein vio los cambios que ocu- rrían en la sociedad occidental du- rante su propio tiempo de una ma- nera similar, aunque para su crédito él se contuvo de delinear las simples conclusiones sostenidas por las es- cuelas revisionistas posteriores. Ay de mí, mientras están describiendo la “nueva realidad”, ninguno de los revisionistas advierte cuánto esta ha estado .envejeciendo. El Welfare State comenzó en todas partes a ren- dir sus conquistas. Los mecanismos de mercado comenzaron a liberarse a sí mismos crecientemente de toda forma de regulación, estatal o inter- nacional, mientras que la propiedad privada fue afirmada como un prin- cipio sagrado ¡y universal.
Los cambios tecnológicos no die- ron nacimiento a la “economia de la libre creatividad”, sino a la “eco- nomía de la fuerza de trabajo bara-
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ta”. La intensidad de la explotación Se incrementa. Las dependencia de los trabajadores respecto de la ge- rencia comenzó a aumentar y los salarios cayeron no sólo en los paí- ses desarrollados y en los estados otrora comunistas, sino desde me- diados de los 90 también en cierto número de países occidentales.
Los teóricos revisionistas han preferido ignorar el' neoliberalismo o presentarlo como un fenómeno temporario que meramente vuelve más complejo el desarrollo general- mente armonioso de la sociedad. Pero el neoliberalismo no es un “zig- zag del desarrollo”, no es un error de los políticos, sino la ruta princi- pal de la evolución del capitalismo. Su esencia descansa en el hecho de que la sociedad burguesa no puede ya permitirse a sí misma mantener los logros sociales de décadas pre- vias.
Es significativo que los revisio- nistas de los 80 y los 90 hayan sub- ‘estimado el significado y la escala de la. reacción neoliberal de la mis- ma ímanera en que los marxistas ortodoxos en los 60 no desearon ver los cambios que ocurrían entonces. Los acontecimientos de los 90 han mostrado que si la naturaleza sub- yacente del capitalismo habían Cam- biado en algo, estos cambios han sido substancialmente menos de los que los teóricos de la izquierda moderada hubieran deseado. Mien- tras tanto, los “nuevos fenómenos”
a los que se refieren estos teóricos fueron en un grado considerable el resultado de la lucha de clases y del conflicto entre los dos sistemas, en otras palabras, fueron forzados al capitalismo desde afuera.
Después del “fin de la historia”, la historia, en acuerdo completo con las ideas de Fukuyama, está comen- zando de nuevo. La pregunta selpre- senta a sí misma inevitablemente: ¿quién está pasado de moda ahora? Desde la defunción del Welfare State el mundo no se volvió más jus- to ni más estable, ni siquiera más libre, desde que la conversión de la violencia en una norma de vida so- cial está devaluando las libertades civiles. Pero mientras exponen los vicios del nuevo orden mundial, los izquierdistas no se oponen c‘on su propia ideología. “La izquierda ha de aceptar el hecho de que el pro- yecto marxista de revolución lanza- do por el Manifiesto Comunista está muerto. Habrá ciertamente revolu- ciones... pero no serán explícitamen- te socialistas, que sigan la tradición marxista que comenzó con la Pri- mera Internacional.” El americano Roger Burbach y el nicaragüense Orlando Núñez ven la única alter- nativa al neoliberalismo en los mo- vimientos espontáneos que expre- san necesidades básicas. Una nue- va, más justa sociedad “habrá de venir de una amalgama de los dife- rentes movimientos nacionales, étnicos y culturales del mundo.”s
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A pesar del hecho de que muchos de tales movimientos son abierta- mente reaccionarios, los izquierdis- tas no están encontrando en sí rnis- mos la fuerza para condenarlos, pues- to que la izquierda misma perdió su base psicológica y moral. Sin los prin- cipios tradicionales del socialismo, la izquierda no tiene más criterios para juzgar que es progresivo y qué es reaccionario, o incluso ninguna idea seria del rol que los movimientos “nacionales, étnicos y culturales” jue- gan en el sistema del orden/desor- den mundial. Incluso el hecho de que muchos de tales movimientos en Europa del Este han abrazado pro- gramas económicos neoliberales no frena a los izquierdistas occidentales de. hoy. A los ojos de esta gente, las manifestaciones de un nuevo barba- risrno están volviéndose indistin- guibles respecto de la lucha por los derechos de los trabajadores.
La debilidad de la izquierda es un hecho real de la vida política de los 90. Las políticas anticapitalistas de- ben por consiguiente tomar un ca- rácter defensivo. La resistencia a la ofensiva del capital es el mensaje del momento. Pero esta resistencia ha de ser fuerte y efectiva. Ha de estar basada en una clara y sobria, com- prensión dela situación, de las pro- pias. capacidades de la izquierda y de las finalidades del adversario. Las concesiones ideológicas debilitan la resistencia propia. En política, las finalidades claras y la confianza en
la justicia de la propia causa sont condiciones indispensables para lar; victoria. Las concesiones no abren; nuevas posibilidades para haceri avances. La paradoja de fines del siglo veinte descansa en el hecho de que la verdaderadebilidad de la iz- quierda la obliga a existir sin com- promisos. Con la presente relación de fuerzas, no puede haber “nuevo consenso" o “condiciones favorables a los trabajadores para un nuevo compromiso social”. Cualquiera que sueñe con reformas debe primero luchar para cambiar la relación de fuerzas, y esto significa devenir un revolucionario y un radical en el sentido traditional.
La demanda pública por una suerte de “remake” del marxismo histórico se hace sentir a sí misma a cada paso. Es esto lo que represen- ta la principal necesidad básica de la humanidad de nuestros días; en- contrarla es la principal y en esen- cia la única tarea del moderno mo- vimiento de izquierda. Si no salimos adelante con esta tarea, nuestras vi- das no habrán tenido ni sentido ni justificación.
Moscú, marzo de 1998.
Referencias
'J. Derrida: Spectres of Marx, Nueva York-Londres, 1994, p. 39.
2 Ver V. L. Inozemtsev: K teorii postekonomicheskoy obshcheslvennoy formatsii, Moscú, 1995. O.Smolin: Kuda
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neset nas rol: sobitiy, Moscú, 1995. I.K.Pantin en Polis núm. 4, 19.96. 3 R. Burbach, 0. Núñez y B. Ka-
garlitsky: Globalization and its discontents. The rise of posmodem socialism, Londres- Chicago, 1997, pp. 142 y 145.
Un fantasma! recorre el Manifiesto: el fantasma del feminism0*
Mabel Bellucci / Viviana Norman**
Para el socialismo internacional, 1998 es un año de recordatorios por la Insurrección de París y la apari- ción del Manifiesto Comunista. Este último, especialmente, adquiere relevancia por ser el documento de identidad del proletariado indus- trial, todavía más en el contexto de los temporales posmodemos y del neoconservadurismo que luchan por perdurar.
El Manifiesto Comunista es el lla- mamiento a la emancipación huma- na de mayor influencia universal, desde la Declaración .de los Dere- chos del Hombre. Pese a haber pen- sado a la-clase obrera como-un todo, el sujeto enunciado será los varones adultos. En este documento, las especificidadess genéricas y etéreas no tuvieron estatuto de conflicto.
Estos matices sexistas se los podría comprender en el devenir de los aconteci,- mientos históricos, pero no por ello justificarlos. Es
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de nuestro interés recrear el clima de ideas emancipatorias de la epo- ca en torno a la sujeción femenina, con el intento de visibilizar a ese co- lectivo con sus nuevas singularida- des, impresas a partir de las revolu- ciones Francesa e Industrial. En esta dirección, descubrimos que existie- ron demasiadas puntas como para que pasaran desapercibidas de la problemática social de entonces: mujeres obreras, mujeres luchado- ras, mujeres escritoras, mujeres pen- sadoras, mujeres sufragistas, muje- res demandando, mujeres aclaman- do justicia en el espacio de lo públi- co. Mientras que en-el espacio de lo privado, la división sexual del tra- bajo -determinada por la reproduc- ción biológica- fue entendida des- de representaciones pa- triarcales: como una divi-. sión natural, con todo lo que este sentido evoca y , por lo tanto, soslayando su categoría de construcción socio-cultural.
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¿Y qué sucedió con Marx y su' mirada crítica? Hurgar en su mun- do privado-afectivo e's descubrir su necesidad de mantenerse en regla, bajo las pautas de la sexualidad reproductiva y el status quo familiar monogámico burgués. Es oportuno rescatar en este caso, como en tan- tos otros, el lem'a paradigmático de las feministas de la segunda ola: lo personal es político.
Si Marx pudo manejar su intimi- dad con una moral judeo-victoriana sin pestañeos, ¿por qué nos debe- ría extrañar la ausencia de desvdos por la situación de las mujeres en sus textos filosóficos y de barrica- da? No escuchó» debidamente a Charles Fourier; pero tampoco ín- mortalizó a Flora Tristán, después de haber-la seguido con atención de- alumno en algunas de sus premisas. Se olvidó de ese Honoret de Balzac sacudido por las aberraciones ma- chistas de la época, pese a que esta pluma distinguida de la literatura fue para Marx casi un objeto de cul- to. Cuando New York era todavía una aldea, más de trescientas muje- res escribieron La declaración de sen- timientos, generando sin saberlo un manifiesto paralelo con doce pun- tos subersivos. Presumiblemente, no leída por los fundadores del socia- lismo científico
Que todo lo dicho no suene a rencor sino a perplejidad. Gracias a los esfuerzos develadores de la historiografía feminista, ya los. fan-
tasmas y los muertos se pueden sa- car de los arcones. Entonces la me- moria irá recobrando la claridad de la justicia.
Los olvidos en el mundo
de lo público
El momento histórico de Karl Marx y de Friedrich Engels ya estaba im- pregnado por la radicalidad de las críticas y las polémicas que venían sucediéndose en tomo a los dere- chos de-ciud‘adanía civil, social y política de las mujeres, durante la desarticulación del Antiguo Régi- men.
En la Europa del siglo XVIII, dos figuras serán las precursoras de la teoría feminista de la modernidad. Olimpia de Gouges por un lado,-ins- pirada en la Declaración de los De- rechos del Hombre, redactó, en 1791, la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. Por el otro, Mary Wollstonecra-ft escribió, un año después, La vindicación de los derechos de la. mujer. Ambos consti- tuyeron alegatos inaugurales contra el impedimento de ejercer la igual- dad en el nuevo espada de lo públi- co, construído —paradójicamente- como espacio de igualdad. Es decir: un‘siístema político definido por la universalidad, esto es, por la no ex- clusión, acababa excluyendo a las mujeres.
Durante la ReVOluci-ón Francesa la participación femenina se expre- só a través de una diversidad de fora
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mas de ciudadanía, entre ellas la de intervención directa.
Pero no sólo las mujeres cuestio- naron la discriminación y la des- igualdad, también se escuchó la voz de varones lúcido's. Los socialistas utópicos —Saint-Simon, Fourier y Owen- avanzaron un: paso más: pusieron en discusión las prácticas afectivas y sexuales de la' burguesía. Asi, lograron visualizar en los fenó- menos históricos epocales a los sec- tores más oprimidos de la sociedad industrial: los obreros, las mujeres y los niños.
Charles Fourier, dirigiendo su crí- tica al sistema civilizado, develó al interior de la familia la represión de las pasiones y" el dominio hege- mónico masculino. Desde este pun- to de vista, denunció la perversidad de la moral burguesa. La emancipa- ción del eros, la disolución de la monogamia y la liberación de las mujeres en cuanto a sus obligacio- nes domésticas y familiares, serán los ejes vertebrales de su ideal de socie- dad futura. Asignaturas que, aún hoy, quedan. pendientes. ‘Su lema El gm- do de emancipación de la mujer es la medida natural de la emancipaciónen general impactará en los análisis pos- teriores :del marxismo y del liberalis- mo, por' su despliegue de osadía.
La gran figura del feminismo entre los socialistas utópicos ha sido Flora Tristán. Fue precursora en vinb cularlas reivindicaciones de géne- ro las de clase; al decir: “la‘mu-
jer es proletaria del proletario. Hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer”. Esta lu- chadora ardiente propulsó también el intemacionalismo. Atravesó toda Francia, animando a los trabajado- res a unirse y a organizarse a la voz de “Proletarios del mundo, um'os”. Fue un claro anticipo del posterior paradigma marxista, que no cuenta con el debido reconocimiento de su autoría o supondría una «voluntad de olvido».
Pero no todo el sexismo se dirimió en el campo de las ideas políticas, sino también en el de la literatura de la época. Gustave Flaubert, Honoret de Balzac, Henry Ibsen, alertaron sobre la desigual- dad genérica. En tanto, la movida parisina se vió enriquecida con la iniciativa de Eugene Niboyet al fun- dar el primer periódico feminista: La Voix des Femmes, editado de mar- zo-a junio de l848.
Olvidos en el mundo de lo privado Los atisbos movimientistas de las mujeres por sus derechos en el mun- do de lo público no fueron com- prendidos en elManifiesto Comunis- ta,como un manifiesto de resisten- cia, de acción y presión, pese a los deseos expresados en este texto: “... los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente..”. Aún menos compren- dieron las condiciones de funciona-
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miento de la unidad doméstico-fa- miliar.
Por explicar el antagonismo ca- pital-trabajo, se diluyó en el concep- to de desigualdad de clase el de gé- nero: por un lado, en el proceso de producción entre asalariados y asa- lariadas y por el otro, en la unidad doméstico-familiar entre trabajo doméstico y trabajo asalariado. Una de las manifestaciones más medibles de esta desigualdad entre los sexos es la remuneración. En el mercado laboral, las mujeres recibiendo una paga inferior En la familia, care- ciendo de retribución material.
La división sexual del trabajo no fue tratada en el Manifiesto , por con- siderarse parte de la relación natu- ral. De modo que dejaron sin abor- dar teóricamente la categoría de re- producción biológica, categoría cons- titutiva de la división de tareas entre los géneros al interior de lo privado; espacio que, de esta manera, se con- forma para las mujeres en generador de desigualdad y sometimiento.
El Manifiesto Comunista no fue la única obra de la época que desco- noció la función que cumple el tra- bajo doméstico femenino: la de re- posición de la fuerza de trabajo, condición necesaria para la extrac- ción de plusvalía. La razón de esta tendencia radicó en que el estudio de la organización. de la producción material, enfatizó lo económico. A consecuencia de esa determinación analítica imperativa, la doble joma-
da y el trabajo doméstico quedan ocultos en el proceso productivo.
Al priorizar la producción mate- rial, se soslayaron las variables de consumo y de intercambio, consti- tutivas y básicas de la unidad domés- tico-familiar. Con estas formula- ciones, se reforzó ese ocultamiento, dada su imposibilidad de abordar el rol protagónico de las mujeres den- tro de las estructuras de- parentes- co. Perdieron de vista el hecho de que los sujetos no sólo viven y tra- bajan en clases, también en familias.
A diferencia de Engels, .Marx no pudo, por encontrarse consust-an- ciado con el clima de la época, sus- traerse de las teorías evolucionistas sobre la familia, entre ellas,'la obra del etnólogo Lewis Henry Morgan. Para Morgan, el camino hacia la ci- vilización habría recorrido cinco estadios: de la horda promiscua ori- ginaria se llegaba a la familia patriarcal monogámica.
Pero en el siglo XIX los antropó- logos no fueron los únicos en hablar sobre la existencia del pattiarcado. El historiador j. J. Bachofen fue su principal difusor. El patriarcado, fase final y súpeiior de la Historia, supe- raría inevitablemente al poder de las mujeres. Los hombres eran- forma y espíritu, mientras que las mujeres na- turaleza y materia. La imposición de los valores superiores masculinos, y con ellos los de la familia patriarcal, posibilitaría finalmente el nacimien- to del Estado, creación suprema del
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espíritu humano, así definido por Bachofen.-
No cabe duda que F. Engels, con su obra Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado, de 1884, logró despegarse de esta línea de pensamiento evolucionista. Su magistral formulación en torno al desarrollo antagónico entre hom- bres y mujeres enla familia monoga- mica y en tomo a laprimera opre- sión de clase, que fue la ejercida por el sexo masculino sobre el femeni- no, así lo expresa. Pero e's ésta otra discusión.
Presumiblemente, fue todo este. sistema de representaciones ideoló- gicas que contribuyó a la invisi- bilidad del género femenino en el Manifiesto Comunista"
Redondeando conclusiones
De ser un mero programa partida- rio con estética de barricada, pasó a constituírse en una brillante conceptualización del capitalismo y en un llamado a derribarlo; adqui- riendo así una vida. propia que ins- pirarías alas luchas obreras durante el siglo XIX. Por lo tanto, recordar- lo no es sólo un hecho nostálgico o una efeméride.
El Manifiesto, pretendió ser un programa teórico-práctico de urgen- cia de una agrupación replegada a la clandestinidad. Posiblemente, por esta razón presentó omisiones . Lo que resulta incomprensible es que con las numerosas reediciones, ésto
nose haya reparado. Si bien es un texto reflexivo de la política pensa- da desde la historia, lo que no de- bería haber estado ausente es el co- lectivo de mujeres en tanto sujeto de derechos en acción.
Hay que ensayar nuevas lecturas para enriquecer la teoría crítica del capitalismo con la teoría crítica del patriarcado; ampliando así el cuere po teórico entorno a la explotación, la desigualdad y la injusticia univer- sales. Y las feministas tenemos, en este sentido, aportes que hacer.
Hoy, a 150 años de su aparición, lo entendemos como un documen- to de pleno interés para dirigir nues- tra mirada. Su significación históri- ca y política esindiscutible. Por ello, intentamos centrar la cuestión en ciertos interrogantes sugestivos:
—¿Por qué las luchas eman- cipatorias de las mujeres no fueron consideradas en el Manifiesto como luchas contra la opresión?
—Cuando el Manifiesto invoca a la clase obrera, ¿incluía o excluía a los movi-mientos de reclamo de mujeres?
-‘En el Manifiesto se hace referen- cia a las mujeres como un instru- mento de producción de la burgue- sía. Cabría preguntar entonces qué se quiere decir cuándo se dice pro- ducción. ¿Se refiere a la producción económica formal, a la producción económica doméstica o a la repro- ducción biológica?
—Así también en este documen-
Cuademas del Sur
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to se señala que la burguesía redu- ce las relaciones familiares a simples relaciones de dinero. ¿Se supone con ello que en el mundo privado no existían ya desigualdades e injus- ticias?
—‘¿Por qué no incorporar hoy las resignficaciones que 'hacen los estu- dios feministas sobre las categorías clásicas del marximo (plusvalía, alie- nación, -explotación‘,producción) al ámbito particular de la unidad do- méstica y familiar? Cómo también por qué no incorporar los nuevos términos acuñados en torno al tra- bajo doméstico?
Lo particular de v'la teoría femi- nista enriquece la categoría clase con otra forma de opresión: la patriarcal. En el siglo XIX el desarrollo del capitalismo había permitido la cons- trucción de un campo teórico, mien- tras que del feminismo existían sólo indicadores. En la actualidad, el ace- lerado trayecto de los estudios fe- ministas, forjado desde los años 60, viene demostrando que no son un campo en el cual desaparece la im- portancia de las luchas entre el ca- pital y el trabajo, ni son un conjun-
to de temátiCas subordinadas a la, «contradicción principal». Por el contrario, es en el feminismo des- de donde se expresa hoy la lucha por las condiciones materiales de exis- tencia y de ciudadanía plena. de la mitad de la población. Y éste- es un camino sin retorno.
Buenos Aires, febrero: "de 1998.
Referencias
* Agradecemos las lecturas críticas hechas por la antropóloga Mónica Tarducci y el doctor Atilio Bórón. En tanto las correcciones de estilo estuvie- ron a cargo de santiago Ortiz...
** Mabel Bellucci: activista feminis- ta. Investigadora y Especialista en Es- tudios de la Mujer. Ensayista. Integran- te del colectivo editor de la revista Doxa. Miembra del Area de Estudios Queer y Multiculturalismo en el Centro Cul- tural Ricardo Rojas, UBA. Miembra del grupo de estudio Familia: una visión antropológica y cultural del Centro de Estudios Avanzados, UBA.
Viviana NOrman': ’socióloga. Investi- gadora. Docente de la Facultad de Cien- cias Sociales de la Universidad de- Bue- nos Aires.
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Abfil‘de 1998
La profecía intemacionalista del Manifiesto
pués? Algunas de las li- mitaciones del docu- mento ya eran visibles en el siglo XIX, otras lo son a fina- les del nuestro. Estas limitaciones no resultan, como afirman la mayoría de los críticos del marxismo, de un exceso de compromiso revoluciona- rio, sino de una posición insuficien- temente crítica hacia la civilización industrial/burguesa moderna, que se manifiesta, por ejemplo, en un fuerte eurocentrismo, una subesti- mación de los conflictos nacionales generados por el mercado mundial, y una :insensibilidad a las consecuen- cias ecológicas del desarrollo de las fuerzas productivas.
Es también necesario criticar el optimismo fatalista de la ideología del progreso, que inspira algunos de los pasajes del documento, como aquel en el cual se proclama que la derrota de la burguesía y la victoria del proletariado son “igualmente ineluctables”. Hay que oponer a eso la profunda intuición de Rosa Luxemburgo: “¡socialismo o barba- riel”; no hay ningún futuro. garanti- zado, en cada disyuntiva el resulta-
Michael Lówy
do histórico depende de la acción del sujeto emancipador.
Aun así, la orientación general del texto, su núcleo central, su espí- ritu —existe como el “espíritu” de un escrito- no perdió para nada su fuerza y su vitalidad.
Esta fuerza resulta de su calidad la vez crítica y emancipadora, es de- cir, la unidad indisoluble entre el análisis del capitalismo y el llamado a suprimirlo, entre el estudio de la lucha de clases y el compromiso con los explotados, entre el examen lú- cido de las contradicciones de la sociedad burguesa y la utopía revo- lucionaria de una sociedad libre e igualitaria, entre la explicación rea- lista de los mecanismos de la expan- sión capitalista y la exigencia ética de “revolucionar todas las condicio- nes en las cuales el ser humano es un ser disminuido, esclavizado, mar- ginado, despreciado” (K. Marx, Con- tribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844).
Desde muchos puntos de vista, el Manifiesto es no sólo actual, sino más actual hoy que hace 150 años. Vea- mos por ejemplo su diagnóstico de la mundialización capitalista. El capitalismo, insistían los dos jóvenes
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autores, está llevando a cabo, a tra- vés del mercado mundial, un proce- so de unificación económica y cultural del planeta, bajo su dominación. Aho- ra bien, eso era, en 1848, más bien
una anticipación de tendencias 'fu-‘
turas que una descripción de la rea- lidad contemporánea. Se trata de un análisis que es mucho más verdadero hoy, en la época de la “globa- lización”, que hace 150- años, en el momento e'n que‘fue redactado el Manifiesto.
¿Cuál es la alternativa'a la globa- lizaéión capitalista? De todas las pa- labras del Manifiesto las últimas Son sin duda las más importantes, las que tocaron a la imaginación y al corazón. de varias generaciones de luchadores obreros y socialistas: ¡Proletarios de todos los paises, uníos! Se trata de un llamado, de una con- vocación, de un imperativo categó- rico, a "la vez ético y estratégico, que sirvió de brújula en medio de! las guerras, de los enfrentamientos con- fusos y de las tinieblas ideológicas. Este llamado también era visionario: en 1848, el proletariado n'o era siïno una minaría social en Europa, sin hablar del resto del mundo. Hoy, la ma’Sa de los trabajadóres asalariados explotados por el capital —obreros, empleados, agentes de los servicios, precarios, trabajadores agrícolas- es la mayoría de la población eConó- micamente activa del planeta.
Marx y Engels no se limitaron a pregonar la unidad proletaria sin
fronteras.- Trataron, durante buena parte de‘su vida, de dar forma con- creta y organizada a la solidaridad internaci'onalista.
Más que en cualquier otra épo- ca, y mucho más que en 1848,___los problemas urgentes de gineS'tra ca son'internac’ionales. Los desafíos que- representan la mundialización capitalista, el neoliberalismo», ¿“En go incontro‘lado de los merïados fii- nancieros, la mons'truosa de‘i'ida exéi tema y el empobrecimiento del Ter- cer Mundo, la degradación del me- dio ambiente, la amenaza de =crisis ecológica grave —para mencionar sólo algunos ejemplos-exige solu- ciones mundiales.
El falso “internacionalismo” de los bloques y estados “guías”.ï-URSS,
'China, Albania- está muerto y en-
terrado. Ha llegado el tiempo de un nuevo inicio, que preserve al mis- mo-tiempo lo mejor de las tradicio- nes intemacionalistas del' pasado. Se puede observar, aquí y allá, los gérmenes de un nuevo internacio- nalism‘o, independiente de todo Estado. Sindicalis‘tas combati’vos, socialistas - de izquierda, comunistas d'es-estali-nizados, trotskystas no dog- máticosy anarquistas sin sectarismo buscan nuevas vías para la renova- ción: del intemacionalismo proleta- rio. Al-‘mismo tiempo, nuevas sensi- bilidades internacionalistas apare- cenenlOS movimientos sociales con Vocación- mundial, como el feminis- mo y la ecología, "la teología de la
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Abríl. de 1998
liberación, los movimientos de de-
fensa de los derechos humanos. De la convergencia de todas estas co-
rrientes podrá surgir el interna- cionalismo del siglo XXI. Paris, febrero I998._
La más conmovedora y convincente 1ntroducv01ón a las 1deas económlcas de Marx y Engels
Anwar Shaik
n las crisis, se extiende
una epidemia que, en
cualquier época .ante
ior, hubiera parecido
absurda: la epidemia de
la superproducción. La sociedad se
encuentra súbitamente retrotraída
a un estado de barbarie mOmentá-
nea; parece como si el hambre, una
guerra devastadora mundial .la hu-
bieran privado de todos sus medios
de subsistencia; la industria y el co-
mercio parecen aniquilados; ¿y por
qué? Porque hay demasiada civiliza-
ción, demasiados medios de vida,
demasiada industria, demasiado C0? mercio.”
El Manifiesto Comunista. Qué ex- traordinariamente perspicaz, incisi- vo y sarcás’tico documento es éste. Es tan poderoso en su identificación de los enormes poderes del nuevo sistema social que estaba ya movién- dose para conquistar el mundo en- tero. Y tan maravillosamente inso-
lente en su reclamo de que aún este behemoth será eventualmente de- rrumbado por los Conflictos engen- drados por sus propias profundas contradicciones internas. El brillo de Marx y Engels cubre estas pági- nas. Pero al fin es el capitalismo mismo, el real, existente, envolvente y conflictivo objeto de su escrutinio, el que continúa haciendo que su análisis sea tan relevante.
Leyendo el Manifiesto, es impor- tante reconocer que el análisis eco- nómico de Marx en particular esta- ba todavía en sus etapas formativas. Algunas ideas importantes expresa- das fueron subsiguientemente re- chazadas por él, y otras subs- tancialmente alteradas en su conte- nido. Dos ejemplos importantes y vinculados conciernen a los deter- minantes de los salarios y de las cri- sis económicas.
Sobre la cuestión de los salarios, es útil advertir que, mientras en sus
Cuadernos del Sur
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obras tempranas (1844-1850) Marx escribe como si el capitalismo siem- pre hiciera caer los salarios a un nivel de subsistencia (la pauperización ab- soluta de los obreros), rechaza más tarde esta idea en favor de la noción más general de que las fuerzas de la competencia capitalista evitan que los salariós reales crezcan tan rápido como la productividad del obrero (la pauperización relativa de los obreros): El último caso incluye al salario de sub- sistencia (en el sentido de minimum) como un caso especial bajo condicio- nes particulares de las- fuerzas relatiï- vas del capital y el trabajo (Mandel 1971, p.20, 59, 140-151).
Sobre la cuestión de las crisis econó- micas, el Manifiesto se refiere a las crisis comerciales periódicas que dan surgimiento a “epidemias de so- bre‘prodúcción” que s-on resueltas mediante la destrucción forzada de fuerzas productivas y mediante la extensión de los viejos mercados y la conquista de'nuevos. Una vez más, en sus obras tempranas Marx se re- fiere intercambiablemente tanto. a las recesiones del ciclo de los nego- cios como a las mucho. más profun- das (y menos frecuentes).depresio- nes económicas, como crisis, y tien- de a localizar su causa en la contra- dicción -e._r_rtr.e la tendencia del capitalismo a expandir las fuerzas productiVas y su: tendencia a restrinv gir los salarios reales y de ahí a res- tringir el consumo de las masas.
Pero más tarde distingue entre
meros ciclos de negocios (que son disruptivos) y “crisis generales” (que son amenazadoras del sistema), y no vincula a las últimas con una explica- ción de “subconsumo” (que recha- za), sino con la “más importante ley de la ecOnomía política” —su‘ propia subsiguientemente desarrollada teo- ría de la tasa decreci‘ente’de ga- nancia..
En 'el próceso de esta evolución, el término “sobreproducción” cam- bia, de significado desde una refe- rencia ala sobre-extensión de la ca- pacidad productiva vrespeCtó de la demanda de consumo, a una sobre la tendencia intrínseca de'ál-‘a'ja'cu- mulación a aumentar la composi- ción orgánica. del capital-y de'ïahí eventualmente disminuir larenta- bilidad -.la sobreproducción de ca- pital '(Shaikh 1978). En el, primer caso, un aumento en los salarios también beneficia al capital, puesh to que aumenta la demanda, de con- sumo; así uno sólo necesita persua- dir a_los Capitalistas de que es en su propio interés general. En el- úl- timo caso, es unaccaída en los sala- rios reales la que beneficia. al capi- tal, puesto que esto podría aumen- tar la rentabilidad. Aquí, uno po- dría tener que luchar contra el in- terés general .del capital, y del esta- do, para mantener aúnhs salarios reales. Las diferencias políti‘casrson obvias.
El Manifiesto Comunista sigue siendo la más conmovedora y con-
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Vincente introducción a las ideas de Marx y Engels. Pero como todas es- tas cosas, uno debe siempre enten- derlo en su contexto: como un lla- mado a la revolución basada en un poderoso y abarcativo análisis de la naturaleza del capitalismo.
Nueva York, enero de 1998.
Referencias
Mandel, E. (1971): The formation of the economic thought of Karl Marx, New York, Monthly Review Press.
Shaikh, A. (1978): “An introduction to the history of crisis theories", en U.S. capitalism in crisis, Union for Radical Political Economics, New York, Mon- thly Review Press, pp. 219-241.
El Manifiesto Comunista a 150 años de capitalismo y socialismo
Alejandro Dabat
lManifiesto Comunista es-
crito por Carlos Marx
para la Liga de los Comu-
istas alemana en vís-
eras de la revoludón de-
mocrática de 1848, fue una pieza maestra de la literatura política moderna tanto por. su prosa conci- sa, bella e implacable como por el vuelo histórico del razonamiento y la actualidad tantas veces renovada de sus propuestas. Desde su apari- ción fue el principal referente ana- lítico, programático y simbólico de los millones de hombres y mujeres que convergieron en el más grande movimiento político y de construc- ción social de masas de los últimos dos siglos. El derrumbe del Campo Socialista y la reacción antimarxista que le siguió, afectaron muy fuerte-
mente su fuerza referencial para la nueva intelectualidad crítica post- comunista. Pero, paradojalmente, otros componentes del' cambio mundial como la globalización del capitalismo, volverían a colocar en el primer plano aspectos centrales del Manifiesto como su grito final de combate: “¡Proletarios de todos los países del mundo, uníos!”.*
El internacionalismo del Manifies- to fue el resultado de un análisis del capitalismo que aún hoy en plena mundialización asombra por su pre- cisión y Visión de futuro. “Median- te la explotación del mercado mun- dial la burguesía ha dado un carác- ter cosmopolita a la producción y el consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reacciona- rios, ha quitado a la industria- su base
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nacional. Las antiguas industrias nacionales... son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean mate- rias prirnas indígenas sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos pro- ductos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas partes del
globo"; En lugar del’ antiguo aisla-._
miento de las regiones y naciones,
se establece.,. una interdependencia.
universal de las naciones... tanto (al nivel de) la producción material, como intelectual”. Dentro ‘de este marco situaba la acción del proleta- riado, “la clase .de los obreros mo- dernos desarrollada por. el propio capitalismo, que no vive sino: a con- dición de encontrar trabajo, (y que) lo ,encuentra únicamente mientras su trabajo acrecienta al capital”. Pre- cónizaba que su liberación sería “obra de los trabajadores mismos”, que debía “hacer saltar toda la su- perestructura de la sociedad oficial” y que sólo lo pod-ía lograr por su- unidad internacional.
Esto fue eSCrito en los albóres de la industrialización, cuando el régi- men fabril sólo había alcanzado a un puñado de países (Inglaterra, Bélgica, Suiza, regiones- de Francia y eli nordeste de Estados Unidos, partes aún más reducidas de Alema- nia). Tanto la interdependencia de la producción y la. cultura mundial.
como la proletarización universal del trabajo, todavía eran y serían por mucho tiempo, una pura potencia- lidad del modo de producción en proceso de nacimiento, aún muy lejos de traducirse en relaciones sociales dominantes.l Esta confusión entre potencialidad futura y realidad presente daría lugar _a tendencias muy fuertes a la exageración de las condiciones favorables a la revolu- ción socialista y a la consiguiente formulación d'e propuestas políticas volun-taristas:
Una de" estas tendencias fue la temprana subestimación de la capa- cidad de la burguesía para asimilar y realizar reformas que ampliaran la base política de su dominaü'ón. En esta dirección, el Manifiesto plan- tearía la tesis que proclamaba la necesidad inmediata de la revolu- ción proletaria e inevitabilida'd-‘de la derrota del régimen burgués, a partir de la idea, 'en 1848, de que “la burguesía ya no era capaz de se- guir desempeñando. el'papel de cla- se dominante en la sociedad” por suimposibilidad de asegurar condi- ciones mínimas de existencia al pro- letariado (p. 42).,2 Esa idea del Ma- nifiesto, posteriormente complemen- tada por la de 'la supuesta imposibi- lidad de-‘la- burguesía de desarrollar nuevas fuerzas, volvería a estar pre- sente en formulaciones tan diVersas como el programa trotskysta de transición o la. teoría stalinista de la crisis, general del capitalismo que
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fundamentara la tesis contraria de “socialismo en un solo país”.3
En lo que hace a la capacidad re- volucionaria socialista de la clase obrera, el Manifiesto sobrestimó las posibilidades de un proletariado fabril compuesto mayoritariamente entonces por niñas y niños, al plan- tearle tareas que excedían amplia- mente sus posibilidades sociales, políticas y culturales, como la toma violenta del poder y el ejercicio re- volucionario del mismo, la gradual “centralización de todos los instru- mentos de producción en manos del Estado” o la planificación general. El llamado a este tipo de tareas, más que responder a la idea estratégica central de que la liberación de los trabajadores debía ser por obra de los trabajadores mismos, se ade- Cuaba más bien a la idea jacobina (substituista) del liderazgo revolucio- nario de los elementos más radica- les de la intelectualidad en nombre del pueblo (o del proletariado).
Esta. ambivalencia del Manifiesto entre jacobinismo y socialismo de- mocrático de masas no dejaría de tener consecuencias ulteriores muy importantes para el movimiento socialista. El impresionante éxito de la Segunda Internacional en la segunda mitad del siglo XIX resul- tó de la mejor tradición de auto- organización y acción de masas (re- ducción de la jornada de trabajo, sindicalismo, cooperativismo) con- juntada con la lucha por la demo-
cracia parlamentaria, que fueron prácticamente omitidas o tratadas incorrectamente por _el Manifiesto.4 Por el contrario, la suplantación de la democracia por la dictadura re- volucionaria en el contexto de las revoluciones del siglo XX, o la sus- titución del proletariado por parti- do del proletariado primero y de éste por la burocracia estatista des- pués, encontraron legitimación “comunista” en nombre de la tra- diciónjacobina del Manifiesto. Pero en la medida en que lo hacía, el mo- vimiento socialista fue alejándose cada vez más de la faceta interna- cionalista y de autonomía político- social del proletariado para acens tuar la faceta dictatorial-estatista que lo conduciría a un callejón sin salida.
La entrada del mundo en una nueva época signada por el derrum- be del socialismo estatista, la revo- lución informática, la globalización del capital y la proletarización planetaria del trabajo bajo formas mucho más complejas (descentrali- zación, flexibilización, precariza- ción, femeneización, polivalencia, diversidad étnica) plantea al socia- lismo marxista nuevas oportunida- des y desafíos. Entre ellos estará la manera de entender el legado del programa escrito por Marx para la Liga de los Comunistas que diera tanto que hablar en siglo y medio.
México, febrero de 1998.
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Referencias
* Las citas al Manifiesto correspon- den a C. Marx y F. Engels, Obras escogi- das, Ed. Progreso, Moscú, s/f.
' Esta relación de potencialidad se- ría demostrada científicamente por Marx más de diez años después en su principal obra, El capital o Crítica de la economía política.
2 Las condiciones de explotación salvaje del proletariado databan de épo- cas anteriores (acumulación originaria y revolución industrial donde; ésta se había dado) y, en todo caso, tendían a mejorar por lo menos en Inglaterra, el único país importante verdaderamen- te capitalista en sentido moderno. En- tre 1844 y 1850 había tenido lugar en ese país el proceso 'de reducción dela jornada de trabajo de doce 'a diez ho- ras diarias, en lo que constituiría la premisa del pasaje del capitalismo ha- cia formas más avanzadas (intensivas) de industrialización y explotación del trabajo (El capital, t. I, caps. 7 y 8). Tam- poco resultaba correcta para esaépoca la, identificación entre proletariado y sociedad (por la que debía entenderse más bien la gran masa de la población no asalariada). En realidad, la generali- zación del trabajo asalariado moderno te'ndería a coincidir ulteriormente' con
el acortamiento adicional de la jorna- da de trabajo y logros salariales y de participación política y seguridad social de los trabajadores.
3 Sobre este punto puede verse nues- tro libro El mundo y las naciones, CRIM- UNAM, México, 1993, pp. 159-161.
‘ Dentro del planteamiento general de estatización'de todos los medios de producción sin referencia a mecanis- mos concretos de gestión popular, re- sulta particularmente erróneala refe- rida al campo (por el predo‘minio casi general de la población rural y la pe- queña propiedad _de entonces). La estatización de la propiedad agraria y el derecho de herencia iría contra los sectores más dinámicos del campo y sentaría un precedente equivoCado que ayudaría a justificar ulteriormente la barbarie stalinista de los años treinta. En contraposición a esta tesis, la social- democracia de Dinamarca, 'en los paí- ses nórdicos, convertiría al cooperati- vismo en pilar fundamental del desa- rrollo económico y social más avanza- do de Europa occidental, Llama la aten- ción que para países de economía agra- ria dominante basada principalmente en la pequeña producción, el Manifies- to propugne simplemente la expropia- ción de la propiedad territorial a secas (de toda);
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El Manifiesto Comunista visto desde Ame’nca latlna
Emir Sader
1. ¿Qué lectura se puede hacer hoy del Manifiesto Comunista desde la Améri- ca latina? Antes de esto, ¿tiene sentido una lectura latinoamericana?
El Manifiesto Comunista fue construído como una interpre- tación programática de las luchas de clase en el capitalismo, a partir de su forma hasta entonces más desa- rrollada, aquella protagonizada esencialmente por los movimientos obreros inglés y francés. La perife- ria del capitalismo existía para el capital, pero no encontraba aún la forma de expresión orgánica de la lucha de clases, la forma en que el Manifiesto las pensaba.
Aunque en forma distinta a El capital, el Manifiesto remitía a leyes generales de desarrollo de la lucha de clases, junto a definiciones programáticas de los cómunistas. El proceso-histórico era pen-sado en su extremo, en su forma más ’elevada de desarrollo, como formas“ en di- rección a las cuales tenderían sus expresiones menos desarrolladas.
El hecho que el proceso históri- co haya tomado una vía que no .co- rresponde a esa proyección recoloca
el tema de la lucha de cla- ses en su historicidad con- creta. Cuando Lenin decía que era más fácil comen- zar la revolución en la Ru- sia atrasada pero mUCho más difícil construir el so- cialismo, el apuntaba a la revolución en la Europa desarrollada como po- sibilidad de rescatar la revolución rusa.
A partir del momento en que la revolución alemana fracasa, en esa perspectiva la revolución rusa esta- ría condenada al dilema: ence- rramiento en un solo país, con to- das la consecuencias que de allí se desprenden, o sobrevivir jugando todas sus cartas a la recuperación de la revolución europea. En los dos casos, el movimiento comunista in- ternacional no formuló una estra- tegia para el proceso de la lucha de clases realmente existente. En la primera visión la sobrevivencia de la URSS asumió un privilegio estra- tégico en detrimento de la exten- sión del proceso revolucionario, orientación más problemática aún cuando el estalinismo desnaturalizó el carácter de las conquistas revolu- cionarias de 1917. En la segunda
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mantiene la expectativa de que el proceso revolucionario mundial so- lamente podría avanzar a partir de la Europa desarrollada, cuando la configuración histórica de la lucha de clases asumía un itinerario dis- tinto.
Si es cierto que, desde La ideolo- gia alemana, Marx ya había adverti-
do que el comunismo, en condiciow
nes de atraso económico, represen- taría tan solo la socialización de la miseria y la regresión histórica, el capitalismo realmente existente con- denó a la periferia capitalista a no repetir de forma atrasada el itinera- rio de los países desarrollados, sino al estancamiento y al atraso. Dos formas diferenciadas de inserción en el mercado mundial, con sus co- rrespondientes estructuras sociales internas, fueron los resultados del proceso de desarrollo desigual del capitalismo.
Sociedades con «mayoría de po- bres» y sociedades con «minoría de pobres», Como algunos descripti- vamente las definen. O sociedades autocentradas y sociedades depen- dientes. O sociedades integradoras y sociedades excluyentes. Todas las definiciones captan aspectos reales, aunque parciales e insuficientes, p'ara comprender su dinámica esencial.
El capitalismo reservó destinos muy diferenciados para la mayoría de. la población de uno y otro tipo de sociedades. Más aún cuando ha- bía pleno empleo en lospaíses capi-
talistas desarrollados y un exceden-x: te estructural de mano de obra que relegaba a los países periféricos a una correlación de fuerzas mucho más desfavorables para luchar por mejores condiciones de vida.
2. En estas condiciones, ¿qué papel fue reservado al Manifiesto Comunisv ta en un continente como América latina? Independientemente de los análisis, históricos, donde podemos situar más concretamente influen- cias y raíces historiográfiCas, del punto de vista político —esto es, de la lucha de clases, plano en el que s-e pretende situar el Mamfiesto- su papel puede ser resumido en dos niveles.
El primero, sirvió como carta de presentación del marxismo para ge- neraciones y generaciones de jóve- nes, intelectuales, militantes y de quien quisierainteresarse por el destino del capitalismo y del socia- lismo, del mundo y .de la historia en general. La idea de que «la historia de lOs hombres es la historia de la lucha de clases» y de que esta es el «motor de la: historia», idea central del Manifiesto, tuvo una influencia generalizada en el continente, sien- do. el Manifiesto Comunista su medio central de difusión. Puede decirse que esas, ideas esenciales solo se encOntraban formuladas- expresa- mente en el Manifiesto. Puede leer- se El, 18 Emmario, El estado y (atrevo- iución de. Lenin, la parte'iniciai- la
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La ideología alemana, pero es a tra- vés del Manifiesto que las formu- laciones clásicas del marxismo lle- gaban, salvo que quisiéramos some- temos a los manuales, tanto de au- tores del marxismo occidental —Le- febvre, antes de todo- como de los amanuenses de la Academia de Ciencias de la URSS. En este plano el Manifiesto cumplió plenamente la tarea de presentar al debate públi- co una de las interpretaciones fun- damentales del mundo contempo- ráneo.
De alguna forma pesaba sobre las nuevas generaciones el peso de las tradiciones, más aún si ellas venían legitimadas por las interpretaciones difundidas por los países socialistas existentes hasta aquel momento, la URSS en primer lugar, secundada por la China. Ese aspecto- se refor- zaba si tomamos en cuenta el título original: Manfiesto del Partido Comu- nista, lo que remitía a un partido y, en aquellas circunstancias históricas, a una. analogía inmediata con los partidos comunistas vinculados a la URSS, y a su interpretación de la historia. i
El Manifiesto contribuyó así a propagandizar las ideas de Marx, pero, por su propio peso —teórico, por la- densidad de las formu- laciones, y político, por el movimien- to comunista intemaci'onal que apa- recía por detrás de él- tuvo que ser al mismo tiempo asimilado como formulación expresa de las leyes de
la historia de nuestro continente, para poder ser incorporado crea- tivamente.
3. Uno de los temas centrales en debate en la izquierda latinoameri- cana recorría las alternativas de in- terpretación sobre la forma de re- producción de las clases sociales en el Manifiesto y sus diferenciaciones en relación al centro y a la periferia capitalista. Como consecuencia de una transposición mecánica del es- quema del Manifiesto, el «obre- rismo» comandó los análisis de cla- se de la izquierda en América lati- na. No solamente la tan menciona- da «subestimación del campesina- do» y, con ella, de la cuestión agra- ria, como la ausencia prácticamen- te total de «los pobres de las ciuda- des», los subproletarios, que se fue- ron convirtiendo en la mayoría de la población urbana a lo largo de las décadas de la segunda mitad del siglo. Sí es verdad que prácticamen- te en ningún país del mundo la cla- se obrera fue mayoritaria, pero de cualquier forma ella se constituyó como núcleo homogéneo y consis- tente en los países de capitalismo desarrollado, propiciando la hege- monía de la categoría trabajo y, prin- cipalmente, una visión reduccionista del trabajo, en términos de obreros urbanos. Como reflejo de esa Visión, el movimiento sindical, urbano, fue la expresión más utilizada de la fuer- za social de los partidos de izquier-
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da y, como regla general, de la he- gemonía de los partidos comunis- tas. Esto pasaba no solo en los paí- ses de mayor desarrollo relativo, sino también en El Salvador, en Ni- caraguahen Cuba o en Perú. La prevalencia de ese esquema orien- tó la mayoría de-los análisis, que podrían haber captado de forma más definida las, particularidades- del movimiento de reproducción de las clases-,subalternas en América lati- na, ’más allá debioquear una eva.- luación más real dela efectiva co- rrelación Ïde fuerzas existente en cada .país y ¡en- el.- continente como un todo,“
Unode los resultados fue que aquí, tal como en Europa con la re- volución rusa, el viejo'topo sorpren- dió también a la izquierda. La revo- lución no vino de Argentina, de México, de Brasil ode Perú, sino de las «atrasadas» .Cuba y Nicaragua y'p'ersist‘ió prólongadamente su fan- tasma'en El Salvador y Guatemala, igualmente primario exportadoras. Per aquí también la revolución no explota‘ba como resultado de la per- sistente socialización del trabajo, del proceso de industrialización y urba- nización, sino de las contradiccio- nes no resueltas a lo largo del pro- ceso de constitución de los capita- lismo agrariosnacionales y de-la forma como se constituyó el poder del imperialismo norteamericano, esto es, de laforma de reinserción de las economías nacionales en la
nueva división internacional del tra-fi bajo, en el pasaje de la hegemonía i inglesa a la norteamericana.
De ahí que la revolución cubana también fuese una «revolución con- tra el capital», tal como Gramscise había referido a la revolución sovié- tica y, de alguna forma, también revoluciones contra el Manifiesto Comunista, en el sen-tido que su in- terpretación más generalizada tuvo en el continente. No fue la :clase obrera,ren strictu sensu, su sujeto social, ni un partido comunista su dirigente político. Fue un proteso de liberación nacional, donde las cuestiones nacional y democrática comandaron 'la dinámica que llevó al proceso revolucionario a una rup- tura anticapitalista, mediada por los enfrentamientos con el imperialis- mo nor-teamericano en un contex- to de guerra fría.
Se repetía, de otra forma,-la ex.- periencia soviética. A diferencia de ella, Cuba pudo apoyarse en el. en- tonces llamado «campo socialista», sustituyendo la» acumulación socia- lista primitiva, que tanta sangre, sudor y lágrimas había costado a Rusia. Fue solamente con el fin de la URSS que-Cuba Se viodelante del dilema de: «el socialismo. enuna sola isla», que la llevó a la política eco- nómica actual.
.El anticapitalismo emergió así no de la maduración de las contradic- ciones de clase, sino de las tareas nacionalesy democráticas no resuel-
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tas. La historia concreta recolocaba dinámicas que los esquemas teóri- cos no podían y no deseaban cap- tar. Lo que no impidió que el Mani- fiesto Comunista quedara como un texto solemne, de. propaganda de ideas, de formulación de un deter- minado ritmo y dirección del pro- ceso histórico, que serviría como norte general.
Por'ello, ese norte apuntaba siem- pre hacia una referencia original .- el sodalismo era antes que todo un fenómeno de desarrollo y» agota- miento de las potencialidades del capitalismo. La generalización de la categoría de trabajadores señalada en el Manifiesto evidencia una ten- dencia real. De ahí que la forma conCreta en que los procesos .histó- ricos la reproducirán un, siglo y medio después requiera de la redefinición de la categoría trabajo y de la de trabajadores, así como de repensar la dinámica de la lucha de clases a escala mundial.
Donde existió,- bajo la forma que existió, el socialismo se reveló como un instrumento de recuperación del atraso en el desarrollo económico, compatible, hasta cierto punto, con la redistribución de la renta, espe- cialmente mediante los derechos sociales universalizados. Este aspec- to es el que recorre sus diferentes formas de existencia: de la URSS a China; de Cuba al Vietnam; de la ex Alemania oriental a la Nicaragua sandinista.
4. Por ello, el sentido general del desarrollo histórico de la América latina difícilmente pueda ser enten- dido por fuera de la lógica pr0pues-- ta por el Manifiesto Comunista La descripción de Marx respecto a la forma como el capitalismo retotaliza todas las dimensiones de la vida de las sociedades a que llega, es el fac- tor clave en la comprensión de la forma como se articulan las histo- rias de las sociedades latinoameri- canas dentro del proceso intemacio- nal de acumulación capitalista. Se trata de la mención: de Marx del des- cubrimiento de América como «un nuevo campo de acción» para el voraz capitalismo naciente.
La periodización de nuestra his- toria solo puede ,ser entendida, en esta óptica, como expresión de las necesidades de acumulación de las economías capitalistas centrales, que determinan los ciclos de explotación de las materias primas .que 'les inte- resan y que son rentables como emprendimientos capitalistas de explotación colonial.
La propia naturaleza de esa .ex- pio-tación colonial solo puede .ser aprehendida si la pensamos como un emprendimiento capitalista a escala mundial, como forma de in- tegración subordinada a ese sistema. De ahí que el imperialismo estuvie- ra presente desde el comienzo, como modalidad de articulación de la relación de la periferia con el cen- tro del sistema.
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La revolucionarización incesante de los instrumentos de producción tiene que ser enfocada en esta pers- pectiva: el capitalismo no está nece- sariamente comprometido con el desarrollo de las fuerzas productivas en esta parte del mundo. Su signifi- cado solamente emerge encuadrado en el proceso de acumulación en es- cala mundial, de la misma forma que la contradicción entre fuerzas pro- ductivas y relaciones de producción.
En este marco —el del sistema capitalista como realidad histórica mundial, con su desarrollo desigual- es que deben ser entendidos los fe- nómenos históricos latinoamerica- nos, en particular las transformacio- nes históricas fundamentales, inclui- dos sus procesos revolucionarios. Si la revolución cubana ganó una transcendencia que otros procesos no tuvieron, como la reVolución mexicana y la boliviana, por ejem- plo, se debió a la capacidad de lec- tura de sus dirigentes de la fuerza inercial y del significado de su mo- vimiento a la luz' de los enfren- tamientos globales entre capitalismo y socialismo. 'Si se hubieran queda-
do con una comprensión mecánica del Manifiesto Comunista, se hubie- ran propuesto alcanzar la industria- lización en Cuba mediante una alianza subordinada con una frac- ción burguesa, supuestamente inte- resada en ese proceso.
Es en este sentido que al negar una visión inmediatista del Manifies- to Comunista, al ser una «revolución contra el Manifiesto», la revolución cubana terminó por afirmar las le- yes generales del proceso histórico, comprensibles en una interpreta- ción que piensa a la ortodoxia marxiana como una cuestión de método —conforme a la concepción de Luckas- y no de tesis. En esta óptica —y solo en ella- es que tiene sentido el tema de la actualidad del Manifiesto Comunista, en el plano de la realidad histórica concreta, donde los principios motOres emer- gen como condición de inteligibili- dad de lo real.
Río de janeiro, marzo 1998.
(Traducción del portugués: Eduardo Lucita.)
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Leyendo el Manifiesto
Alberto Bonnet
La idea de una clase e ,‘J trabajadoraique fuera ' \ capaz de auto-emana- - parse acaso haya sido la idea rectora del Ma- nifiesto Comunista a mediados del siglo pasado. 'En nuestro mundo de fines del siglo veinte, de retroceso de los trabajadores en la ‘lucha de clases" y certificados de defunción respecto de la centralidad política del trabajo, esta idea es cuestiona- da y merece un renovado análisis. En Marx, la identificación'de la clase trabajadora como sujeto revo- lucionario fue producto de un com- plejo proceso de reflexión teórica que recorre toda su obra, de su crí- tica a la concepción hegeliana de la universalidad del estado —en los es- critos de juventud- a la crítica de las teorías del valor-trabajo de la economía política. Pero el Manifies- to ocupa una posición clave: es la bisagra entre ambos momentos de la crítica marxiana y, más-importan- te aún, nace urgido por esa prime- ra gran oleada revolucionaria gene- ralizada del proletariado europeo que son las revoluciones del 48. Marxatraviesa en las páginas del Manifiesto distintos niveles de 'abs- tracción, yendo —en el sentido
dialéctico de los términos- de lo abstracto a lo concreto. La clase tra- bajadora como sujeto capaz de auto- emanciparse no es un simple dato, sino el producto de un proceso de reflexión que implica partir del pro- letariado en su calidad de mera mas-a de obreros (Arbeitermassen) disper- sa por la competencia, construir la, noción de clase como sujeto, y de ahí volver'a' las específicas alianzas de clases que operaran como suje- tos históricos empíricos.
La lucha de clases,.la lucha de los trabajadores contra la burguesía, juega un rol clave en esta conStruc- ción. Y esto, precisamente, porque Marx no apunta a construir una noción de clase como objeto, que ya por entonces había alcanzado la economía política clásica (a partir de la distinción entre diferentes fuentes de ingreso) y sería posterior- mente desarrollada por la naciente sociología burguesa. Y porque,.me- nos aún, apunta a detenerse irreflexivamente en una noción vaga de proletariado como masa amorfa de desposeídos motivo de caridad filantrópica o reformas humanita- rias. La lucha de clases es un com- ponente inseparable de esta cons- trucción porque Marx apunta a una
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noción de clase como sujeto, sujeto de lucha y emancipación.
Muchas variantes economicistas y populistas del pensamiento de iz- quierda orrritieron estas distinciones. Pero interesa más bien resaltar su omisión en los certificados de defun- ción, tan a la moda en nuestros días, respecto del proletariado y de la centralidad del trabajo. En algunos casos, se declara a la enajenación del trabajo en los capitalismos avanzados como un hecho consumado, relegán- dose las razones más profundas que sustentan la centralidad del trabajo a un “hegelianismo” marxiano con- trario a toda verificación empírica (Gorz). Un reflujo de la lucha de cla- ses (más precisamente, el reflujo pos- terior a la revuelta del 68) condujo a muchos intelectuales de izquierda a su reflujo respecto de la crítica mis- ma. La crítica requiere, en efecto, una reflexión que no se agota en va- riables inmediatas de la coyuntura. En otros casos, ni siquiera median estas circunstancias. Se asocian da- tos sociológicos con categorías deci- didamente abstractas (tales como, en muchos usos, las del par “raciona- lidad instrumental / comunicativa”) y se concluyen mudanzas históricas que no sólo afectan la centralidad del trabajo, sino incluso el propio carác- ter capitalista de las sociedades con- temporáneas (Offe). Todavía más: no faltan quienes encuentran facetas emancipadoras en la= precarización del empleo y el desempleo pos-
thatcheristas (Pahl) o quienes dispa- ran confusas disquisiciones posmo dernistas desde la pobre plataforma de visiones del problema del desem- pleo que no revisten la menor serie- dad (Vattimo).
¿Dónde se encuentra el proble- ma? En las diferencias que aparecen en la confrontación entre las pági- nas del Manifiesto u otros textos marxianos y realidades actuales. En una primera lectura parece quedar en evidencia el desmedido optimis- mo con que Marx describe, en tér- minos de una linealidad cuasi- evolucionista, el proceso de desen- volvimiento de la clase como suje- to. En efecto, dicho proceso es descripto como mero producto del crecimiento, la concentración espa- cial, la homogeneización interna y la pauperización del proletariado ocasionados por el desarrollo de la gran industria, que serían automá- ticamente acompañados por el avan- ce de una lucha de clases que ad- quiere enseguida dimensión nacio- nal y carácter político y por la con- ciencia proletaria. ¡Pero nada de esto es hoy así!, puede clamar uno, y acto seguido certificar la defun- ción del Manifiesto.
El único inconveniente es que uno no puede certificar la defunción de algo que ya estaría bien muerto: si uno confronta las páginas del Manifiesto con la realidad del des- envolvimiento de las clases trabaja- doras europeas de mediados del si-
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glo pasado, tendría más motivos aún para certificar una prematura defun- ción. Entonces nos quedan dos op- ciones: o bien declarar que Marx estaba completamente loco cuando describía ese desenvolvimiento de la clase trabajadora, o bien que Marx no estaba haciendo descripción al- guna, sino otra cosa. La primera respuesta puede ser tentadora, de- bido a su simplicidad, para algunos ex-izquierdistas. (Porque los ex-iz- quierdistas son siempre partidarios de. simplificar las cosas: es más sen- cillo olvidarse del marxismo que asimilarlo críticamente, así como es más sencillo adaptarse al capitalismo que combatirlo). La segunda, en cambio, es una respuesta más des- concertante: ¿qué hace Marx en esas páginas del Manifiesto?
En realidad, Marx esboza en el Manifiesto una compleja construc- ción teórica, que avanza atravesan- do diferentes niveles de abstracción, de la noción de clase trabajadora como sujeto. Se trata de la construc- ción de una posibilidad objetiva, la posibilidad de una clase que sea’ el sujeto de su propia emancipación y dela emancipación de la humani- dad en su conjunto. La legitimidad de esta construcción es un puro desafío, y no sólo para la teoría, sino también para la práctica revolucio- nar-ia.
El Manifiesto esboza las “fases más generales (allgemeinsten Phasen) del desarrollo del proletariado”.
¿Son entonces tan “generales” que no pueden confrontarse con reali- dad alguna? Y de ser así ¿para qué sirven? Pueden confrontarse con la realidad de nuestros días y siguen sirviendo para la práctica revolucio- naria. Por más paradójico que pue- da parecer, la posibilidadde exami- narlas críticamente en nuestros días, es la mejor pruebade, su pertinen- cia. En estas páginas del Manifiesto se hallan auténticos problemas que merecen ser discutidos desde una perspectiva socialista. Mencionaré apenas tres de ellos.
El primer problema está ence- rrado en la identidad que Marx es- tablece entre lucha de clases y lu- cha política: “toda lucha de clases es una lucha política”, que deviene luego identidad entre clase y parti- do: “esta organización del proleta- riado en clase y, por tanto, en par- tido político...”. Son sorprendentes, parecen diferenciar el pensamien- to político marxiano de la doctrina que sería posteriormente consagra- da como “marxismo ortodoxo”. Los criterios de diferenciación entre lucha económica y lucha política, entre clase sindicalizada y partido de vanguardia, criterios más tarde consagrados, parecen aquí desdibujarse. Estamanera de intro- ducir la dimensión política de la lucha de clases es un punto de par- tida insoslayabla para la política socialista de hoy, pues parece ce- rrar de antemano el camino a las
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prácticas sustitucionistas que si- guen acarreando lamentables con- secuencias. Pero es apenas un pun- to de partida: la cuestión reapare- ce una y otra vez -en el capítulo II, etc.- y queda abierta. El problema de fondo es que, estrictamente ha- blando, en la sociedad capitalista lucha de clases y lucha política, or- ganización de clase y partido polí- tico, no. tienden a coincidir automá- ticamente. Tienden más bien a escindirse como formas diferencia- das de unas mismas relaciones so- ciales: como economía y política, asalariado y ciudadano, sindicato y partido, lucha económica y lucha política, y así sucesivamente. La doctrina leninista fue una respues- ta a estas escisiones bajo condicio- nes históricas específicas. Imaginar y construir nuevas respuestas, acor- des con las condiciones del capita- lismo contemporáneo, es uno de los desafíos centrales para la teoría y la práctica socialista de nuestros días El segundo problema se encuen- tra en esa sucesión que Marx pare- ce trazar entre las fases nacional e internacional de la lucha de clases: “por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletaria- do contra la burguesía es primera- mente una lucha nacional”. Aunque sin plantear una concepción etapista de la revolución, por supuesto, Marx sostiene que los primeros momen- tos del desenvolvimiento de la clase trabajadora como sujeto se circuns-
criben a una esfera nacional, idea que es perfectamente adecuada a las condiciones del capitalismo de me- diados del siglo pasado. Empero ¿si- gue siendo adecuada ante el grado de mundialización alcanzado por el capital a fines del presente siglo? En nuestros días, no ya la lucha por el socialismo, sino incluso las luchas por la defensa del salario, las condicio- nes laborales o la reducción de la jornada de trabajo reclaman inme- diatamente una perspectiva regional y a menudo internacional. Es otro desafío clave de la teoría y la prácti- ca socialistas actuales la construcción de un nuevo internaciona-lismo que adoptará modalidades diferentes a las conocidas en el pasado.
El tercer problema se refiere al propio sujeto revolucionario. Marx construye rla noción de clase como sujeto autoemancipatorio a través de distintos niveles de abstracción y arriba a la identificación de la cla- se trabajadora como sujeto revolu- cionario. “De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase ver- daderamente revolucionaria”. Esto no significa, claro, que el sujeto in- mediato de la lucha socialista sea idéntico sin más a la clase trabaja- dora. El sujeto efectivo es, en el Manifiesto, una alianza de clases acaudillada por la clase trabajadora, debido a la centralidad política que reviste, pero integrada también por otras clases y fracciones de clases
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subordinadas: sectores medios en vías de proletarización, comercian- tes, artesanos, campesinos. Pero nos encontramos aquí ante un nuevo problema. Si definimos el sujeto revolucionario atendiendo exclusi- vamente a determinaciones de cla- se, y relacionamos estas determina- ciones de clase exclusivamente con criterios de explotación económica, entonces esta definición delsujeto parece desconocer las potencialida- des revolucionarias de otros secto- res de la sociedad que son víctima de incontables mecanismos de opre- sión social y dominación política. Sectores que se definen por deter- minaciones de género, etnicidad, nacionalidad, religión, etc. La solu- ción que muchos intelectuales de la nueva izquierda encontraron a este dilema consistió en definir al sujeto (a los sujetos: los “nuevos movimien- tos sociales”) meramente como un espectro de sectores explotados, oprimidos y dominados. Esta solu- ción, sin embargo, sacrifica —la centralidad política del trabajo. Pero la definición del sujeto revoluciona- rio que encontramos en el Manifies- to, si bien no contempla explícita- mente a esos otros sectores oprimi- dos y dominados, tampoco los ex- cluye. Es decir: no existe ningún
aspecto de esta definición que conceptualmente resulte incompa- tible con la consideración, hoy im- prescindible, de estos sectores opri- midos y dominados, aún cuando los mecanismos de opresión y domina- ción que pesan sobre los mismos resultaran irreductibles a la explo- tación económica. La manera de articulación de las clases y fraccio- nes explotadas con otros sectores oprimidos y dominados por el capitalismo sigue siendo un desafío para la teoría y la práctica socialista de nuestros días.
De .estos desafíos, entre otros, depende la actualidad del socialis- mo. Del Manifiesto, como de otros testimonios de la lucha revoluciona- ria del pasado, puede certificarse apresuradamente la defunción —o hacerse una lectura dogrnática: am- bas coinciden en enterrarlo- o bien puede hacerse una lectura crítica. La lectura crítica quiere avanzar, no retroceder: busca aportar a la politización de la lucha de clases, a la intensificación de la solidaridad intemacionalista, al enriquecimien- to del sujeto revolucionario. 150 años después, es la única lectura auténticamente socialista.
Buenos Aires, marzo de 1998.
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El Manifiesto Comunista
John Holloway
riticar el Manifiesto Co-
munista es seguir el
ejemplo de Marx y
ngels. La experiencia
e la Comuna de París
llevó a los autor-es del Manifiesto a
agudizar su visión del Estado, soste-
niendo que «la Comuna ha demos-
trado, sobre todo, que ‘la clase obre- ra no puede limitarse simplemente
a tornar posesión de la maquina del
Estado tal y como esta y servirse de
ella para sus propios fines’» (prefa- cio a la edición alemana de 1872).
Después de otro siglo y cuarto de experiencia, hay otros puntos que ellos (es decir, nosotros) quisieran tal vez cambiar. Lo que es seguro es que no quisiéramos diluir sus con- clusiones, ya que la Obscenidad ase- sina del capitalismo es- más obvia que nunca. Después del horror de las guerras mundiales, después de Auschwitz y Hiroshima, después de las depredaciones, inhumanas del neoliberalismo, nuestra crítica del capitalismo sería aun más amarga, angustiada, urgente. Y menos opti- mrsta.
La frase que más estorba cuando uno vuelve a leer el Manifiesto es la última oración de la primera sec- ción: «Su hundimiento [de la bur-
guesía] y la victoria del proletaria- do son igualmente inevitables». ¡Por supuesto que la victoria del proleta- riado no es inevitable! Después de Hiroshima, después de la construc- ción de bombas con la capacidad de destruir la población de la tierra, esta muy claro que la victoria del proletariado no tiene nada de inevi- table, que «el hundimiento de las clases en pugna», es decir de la hu- manidad, es igualmente posible. Nuestro Manifiesto Comunista de hoy tiene que ser un manifiesto sin cer- tezas, nuestra dialéctica tiene que ser una dialéctica negativa, sin nin- guna garantía de un final feliz.
El enunciado sobre la inevita- bilidad de la victoria del proletaria- do es, por supuesto, el toque final de la sección más importante de un folleto revolucionario. Sin embargo, la noción de un progreso histórico asegurado hacia el comunismo no se limita a este toque en el Manifies- to. En las páginas que preceden esta declaración de la inevitabilidad de la victoria del proletariado, Marx y Engels presentan una imagen bas- tante lineal del desarrollo del movi- miento revolucionario: «la industria, en su desarrollo, no solo acrecienta el numero de proletarios, sino que
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los concentra en masas considera- bles; su fuerza aumenta y adquieren mayor conciencia de la misma... El progreso de la industria, del que la Jburguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el ais- lamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su‘ unión re- volucionaria mediante la asocia- ción».
‘ Es difícil mantener esta visión li- :lneal del desarrollo del movimiento [revolucionario a la luz de las expe- niencias del último siglo: los avan- ¡tces han sido seguidos por derrotas ¡terribles de estas derrotas ¡ha surgi- iido un nuevo poder, pero nunca so- L'lbre una base segura, siempre ame- tnazado por los ataques del capital. El progreso de la industria moder- ina, sobretodo en años recientes, ha tenido muchas veces el efecto de ¡aislar a los obreros y de romper los tejércitos proletarios de las fabricas “masivas. El movimiento real de la . descomposición y recomposición de la clase obrera ha sido mucho más ¡complejo y contradictorio de lo que ¿el Manifiesto sugería.
Después de los horrores de este siglo, ¿cómo podemos mantener la _visión. optimista del progreso pro- puesta por el Manifiesto Comunista? Para los revolucionarios de los pri- , meros años de este siglo, sin embar- go, la idea de que se había compro- bado científicamente el avance his- tórico hacia el comunismo era la esencia misma del marxismo. La
crítica que hizo Rosa Luxemburgo a Bernstein nos reta todavía a tra- vés de los años: «¿Por que 'represen- tar el socialismo como la consecuená cia de la compulsión económica?», clama. «¿Por qué degradar el enten- dimiento del hombre, su sentido por la justicia, su voluntad? (Vorwaerts, 26 de marzo de 1899). La distribución superlativamente justa de Bernstein se obtendrá gra- cias al libre albedrío del hombre, obrando no por la necesidad eco- nómica, ya que este albedrío es en sí mismo solo un instrumento, sino por la comprensión humana de la justicia. Esto es un retorno muy fe- lizmente, por cierto, al principio de la justicia, al viejo caballo de batalla sobre el-cual todos los reformadores han c-abalgado durante siglos, a fal- ta de otros medios más" seguros. Volvemos al lamentable Rocinante a horcajadas del cual los Don Quijotes de la historia han galopa- do hacia la gran reforma del mun- do, para volver a casa siempre ven- cidos.» (Reforma o Revolución, Méxi- co, Grijalbo, 1967, p. 79).
Si la certeza optimista del Mani- fiesto Comunista nos está cerrada ahora, ¿quiere eso decir que lo úni- co al cual podemos aspirar es ser los Don Quijotes de la historia, llenos de buenas intenciones pero destina- dos a regresar siempre vencidos? Tal vez deberíamos reconocer por lo menos que la base de nuestra lucha no es el sentido de la necesidad his-
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tórica. No es porque pensamos que la historia esta de nuestro lado que nos declaramos comunistas: surge más bien de un “juicio sobre la exis- tencia”, un juicio .que surge de la experiencia (individual y colectiva) de la opresión. Nos rebelamos con- tra el capitalismo como cuestión de existencia y no porque estamos se- guros de un aterrizaje seguro.
¿Implica eso que estamos conten- tos de estar siempre vencidos? ¿O simplemente de adoptar el papel de Casandra, advirtiendo sin efecto la autodestrucción de la humanidad? Para nada. Abandonar la perspecti- va del comunismo para condenar simplemente la opresión capitalista sería inconsistente. Sería inconsis- tente simplemente porque cualquier teoría de la dominación que no apunte más allá, de la dominación termina por reforzar la dominación que pretende criticar: esa es la tra- gedia de la teoría de la “izquierda” de los últimos treinta años.
Pero, ¿qué quiere decir una “perspectiva del comunismo” si abandonamos el progreso optimis- ta y ‘lineal del Manifiesto? Nuestra rebelión apunta la existencia actual, no la felicidad futura. Pero nuestra existencia actual niega el presente y lo sobrepasa. El comunismo, eso que todavía no existe, existe como todavía-no en el presente, como sue- ños, como proyectos, como oposi- ción cotidiana al capitalismo, como humanidad frente a la inhumanidad.
En este sentido, el comunismo exis- te ya como movimiento real de la clase trabajadora (como dice Marx en La ideología alemana y La guerra civil en Francia). El comunismo exis- te como nuestra dignidad, nuestra negación a subordinamos a lo que es, nuestra negación del presente, Pero, ¿es suficiente eso? ¿El co- munismo no tiene que ser más que el rechazo al capitalismo? ¿No tiene que haber la esperanza de un futu- ro en el cual podemos ir más allá de la sociedad obscena en la cual vivi- mos —no solamente en- nuestros proyectos, sino enel sentido de vi- vir de veras en condiciones de hu- manidad? ¿No tiene que haber un sentido en que el “progreso” como movimiento que va más allá del capitalismo es integral a la nóción del comunismo? Sí, pero este pro- greso no es el progreso de alguien que camina sobre un camino pavi- mentado hacia un destino visible. Es más bien el progreso de una funámbulasin eXpen'encia que va desenrollando la cuerda mientras camina, esperando que encontrara otro palo para asegurarla, inventan- do cada paso, nunca segura del fu- turo, siempre en la presencia del abismo, sabiendo que esta en la cuerda no porque quiere llegar a alguna partesino porque esa es su existencia, El progreso es subjunti- vo, y no el progreso indicativo del Manifiesto Comunista: el crecimien- to de un potencial, no de una certe-
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za. Un progreso basado no en el avance irresiStible de las fuerzas de producción sino en el crecimiento siempre arriesgado de la presencia insubordinada del trabajo contra- dentro-y-más-allá del capital.
Tal visión subjuntiva del progre- so esta sugerida por _la lteoría del valor que Marx desarrolla en El ca- pital. La- teoría del valdr es una teo- ria de la esperanza, una teoría del poder exclusivo pero suprimido y deformado de la creatividad huma- na. La. teoria. del valor indica la de- bilidad crucíal del capital: su depen- dencia absoluta con respecto a la subordinación del trabajo. Si el ca- pital no logra subordinar y explotar el trabajo, deja de existir. Confor- me va creciendo el capital, crece también su dependencia con respec- to a la subordinación del trabajo: conforme va desarrollando, el capi- tal tiene que explotar el trabajo más y más efectivamente para sobrevivir —eso es seguramente el significado de la discusión de Man: de la baja tendencial de la tasa de ganancia.
Las demandas cada vez más in- humanas y deshumanizador-as del capital se enfrentan cada vez más con nuestra humanidad, con nues- tra falta de subordinación, nuestra insubordinadón. No importa lo que
haga, el capital no puede romper”
con su dependencia con respecto al trabajo insubordinado. Puede esti- rar los lazos que lo ligan al trabajo a través de la expansión del crédito, pero mientras más lo hace, más vo- látil, frágil y violenta se vuelve su existencia. Esa es la situación del capitalismo contemporáneo: el Ca- pital huye de su incapacidad “de su- bordinar suficientemente el traba- jo a través de la expansión del cré- dito hasta el punto en que su repro- ducción cotidiana depende cada vez más de la expansión continua del crédito. El precio que se paga son las crisis financieras cada vez más frecuentes y más virulentas. La' pre- sencia insubordinada del trabajo contra-dentro-y-más-allá del capital se manifiesta a través de la inestabi- lidad financiera del sistema entero.
En estas circunstancias nuestra pretensión de vivir una vida huma- na, nuestra insubordinadón o falta de subordinación a las Obscenida- des del capitalismo, nuestro grito de dignidad, sea en la fabrica, la calle o la selva, amenaza al capitalismo más profundamente que nunca. Esa es nuestra esperanza. Pero no hay ninguna certeza. La victoria del pro- letariado no es inevitable. Depende de nosotros.
Puebla, marzo de 1998.
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La teoría política y el Manifiesto
Ellen Meiksins-Wood
e sido convocada
para comentar dos ci
.tas del Manifiesta:
“Toda lucha de clases
s una lucha política”
y “El, comité ejecutivo del estado mo- derno no es sino un comité para ma- nejar los- negocios comunes de la burguesía en su conjunto”. La pre-
gunta particular que se me ha for-.
mulado sobre estos famosos aforis- mos es: “¿fue reduccionista la teo- ría clasista de la política de Marx?”
Yo simplemente voy a cambiar la.
pregunta para adecuarla a mis pro-‘
pias preocupaciones. En primer llu- gar, honestamente no pienso que haya mucho que decir sobre la pre- gunta del “reduccionismo”. Los marxistas suelen ser atacados desde la derecha como “reduccionistas”. Hoy,- esta acusación se ha devenido en favorita para. la izquierda (posmodemista). Hemos llegado al punto en que cualquier intento de explicación, cualquier tendencia a pensar en términos de causalidad, es “reduccionista”. Pero seamos cla- ros al menos en esto: Marx no es más “reduccionista” que cualquier otro que haya intentado explicar algún proceso social o histórico para hacerlo inteligible.
Agregaré, entonces, una cosa más antes de seguir adelante: hasta don.- de entiendo, .no puede sostenerse demasiado el ,reduCCionismo en la; caracterización de la relación entre el estado y el capital. Y esto es aho- ra más verdadero que nunca, cuan- do el ‘estado neoliberal. esta retiran- dose aún de sus funciones apenas mejoradoras y la complicidad entre capital y estado es más transparen- te que en cualquier otro momento desde el siglo XIX.
Por lo. tanto, no hay nada en el Manifiesto que me parezca demasia- do reduccionista. Yo tengo, pues, algunos otros problemas con las afir- maciones que me pidieron comen- tar --especialmente con la. primera. Déjenme plantearlo audazmente: toda lucha de clases no es una lucha “política” en algún sentido conven- cional, al menos no .en las socieda- des capitalistas. Este es, dehecho, uno, de los problemas más grandes que el capitalismo plantea a los so-- cialistas. El ha creado históricamen- t-e condiciones sin precedentes en las cuales. la ¡lucha de clases puede no ser “política” sino puramente “económica”.
Por supuesto, las luchas “econó- micas” tienen que ver con el poder
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y la dominación. Pero hubo un tiem- po, en las sociedades precapitalistas, donde los conflictos sobre la explo- tación económica implicaron direc- tamente a los poderes “políticos”, los poderes jurisdiccionales y coer- citivos de señores o estados. El capitalismo ha trasladado muchos de estos conflictos a una nueva y sepa- = rada esfera “económica”, y aún den- ' :tro del lugar de trabajo, el que es j generalmente separado respecto de ï la esfera “política” o “pública”, ¡nien- tras que el poder del capital en últi- ma instancia se basa en los poderes —coercitivos del estado. Esto me conduce a otro punto á¡sobre el contexto en el cual aparece Cesta observación sobre la lucha de clases. Es en un párrafo que habla sobre las maneras en que las tecno- logías modernas y especiahnente los medios de transporte y comunica- ¡zción están ayudando a unificar a los mbreros, poniendo en contacto unos icon otros a lo largo de lugares de ttrabajo y localidades ampliamente 'spersos. “Es exactamente éste con- flicto —continúa el pasaje- el nece- ' aiio para centralizar las numerosas uchas sociales, todas del mismo ca- 'cter, en una lucha nacional entre . lases”. l El Manifiesto, al menos por pro- ’ ósitos retóricos, parece dar por garantizada la traducción más o ‘menos inmediata de las luchas .de clases en términos políticos debido este efecto unificador. Sin embar-
go, sabemos ahora que el desarro- llo del capitalismo, aún con tecno- logías y poderes de comunicación más avanzados mucho más allá de lo que Marx hubiera podido imagi- nar, no ha producido una clase obre- ra crecientemente unida.
De lo que el Manifiesto no habla es de las maneras en que la verda- dera estructura del capitalismo, su modo específico de explotación, fragmenta a la clase obrera. Este lo logra, entre otras cosas, precisamen- te domesticando a las que podrían, en otras condiciones, ser luchas políticas, encerrándolas en los mu- ros del lugar de trabajo y volviéndo- las conflictos puramente “económi- cos”.
En otras palabras, las mismas con- diciones que evitan que cada lucha de clases se convierta en una lucha política también militan contra la unificación de la clase obrera. El capitalismo crea problemas políticos específicos, obstáculos específicos a la lucha política, que necesitan ser superados por esfuerzos organiza- tivos activos que a menudo traba- jan a contrapelo.
Pero si la visión política del Ma- niflesto es incompleta, lo que éste tiene que decir acerca de la direc- ción del desarrollo capitalista en otros respectos es sorprenden- temente profético. De. hecho, aho- ra que el capitalismo ha realizado más o menos las profecías del Ma- nifiesto acerca de la universalización
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del capitalismo, ahora que el capitalismo ha realmente “derriba- do todas las murallas chinas”; expan- diendo sus imperativos de acumu- lación y competencia a todo rincón del mundo, y ahOra que la complici- dad entre los estados neoliberales y el capital “globalizado” está volvién- dose crecientemente transparente (reduccionismo reívindicado!), pue- de resultar que las luchas económi- cas de clase se muevan aún hacía un plano político y que la clase obrera sea aún unificada de maneras nue- vas y sin precedentes.
Déjenme apenas repetir algo que he dicho a menudo sobre eSto :últi- mamente (ver, por ejemplo, Monthly Review, febrero de 1997 y julio-agos- to de 1997): contrariamente a la sa- biduría convencional, la “globali- zación” ha hecho al estado no me- nos sino más importante para el capi-tal. El capital necesita al estado para mantener las condiciones de acumulación y “competitividad”, para preservar la disciplina laboral, para aumentar la movilidad del ca- pital mientras bloquea la movilidad del trabajo, y para muchas otras co- sas. Después de todo, el» así llamado “neoliberalismo” no es sólo una re- tirada del estado respecto de la pro- visión social. Es un conjunto de po- líticas actiVas, una nueva forma de intervención estatal destinada a au- mentar la rentabilidad capitalista en un mercado global integrado.
Alguna gente de la izquierda ha
sido terminalmente descorazonada por estos desarrollosa’ La abierta y brutal complicidad'entre capital y
estado le' parece el golpe final, el fm
del proyecto socialista. Pero yo.veo las cosas diferente. Me parece que la dependencia del capital respecto
del estado puede convertirse en
nuevas oportunidades para la lucha} anti-capitalista y una genuinamente Í socialista. La necesidad del estadm de parte del capital hace al estado, otra vez un foco importante y con-J centrado para la lucha de clases.. Y‘ el hecho de que el estado esté visiL-J blemente implicado en la explotaq ción de clase tiene consecuenciasi para la organización de clase. Losi ejemplos que hemos visto reciente-i. mente de gente ganando las calles¡ en varios países en oposición a las‘ políticas neoliberales de “globali- zación”, “competitividad” y “flexibi- lidad” demuestran las posibilidades, que puede abrir en tanto lal fragmentación de la clase obrera déf lugar a la unidad contra un enemi- go común. Ahora más que nunca es tiempo para que cada lucha de cla-1 ses se convierta en política.
Mucha gente, incluso en la in quierda, ha aceptado que No Ha Alternativa. Puede ser cierto que alternativa socialdemócrata, si fue e absoluto alguna vez viable, haya si Y hoy estrangulada. Puede no habe aún formas alternativas de capi talismo junto a la repugnante qu estamos viendo ahora —excepto un
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todavía peor. Pero para aquellos de mosotros que nunca creímos 'en la ,posibilidad de capitalismo con ros- tro humano, esto no es el-fin de la
historia. Queda todavía una real al- ternativa llamada socialismo.
Canadá, enero de 1998.
150 años: reflexionando en la ira
Werner Bonefeld
n el Prefacio a la edición
alemana de 1872 del Ma
niflesto Comunista, Marx y
Engels puntualizaron
que los desarrollos des- de su primera publicación en 1848 habian vuelto redundantes. partes del Manifiesto, especialmente la lis- ta de demandas específicas del final de la sección 2 y las polémicas de la sección 3 contra otros partidos so- cialistas que habían dejado de exis- tir desde hacía tiem'po. ¿Cuáleshu- bieran sido sus comentariós sobre el Manifiesto en 1998?
El fin del Manifiesto no fue legar al mundo una herencia filosófica atemporal, sino dar dirección al fer- mento político del día. ¿Los convens cería la continua existencia de las relaciones sociales capitalistas que la lucha contra el comando capita- lista del trabajo es por completo in- fructuosa? ¿Qué deberían decir so- bre los regímenes anteriores del blo- que del este, que comandaron el trabajo bajo el nombre del socialis-
mo? ¿Se unirían al coro del “mun- do occidental" que decreta el fm de la historia? ¿Estarían realmente sor- prendidos ante una burguesía que anuncia que la historia ha llegado a un fin con su sistema de explotación y dominación? Supongo que no. Más aún, pensaría que Marx y Engels estarían enojados. Su ira, sin embargo, no estaría dirigida a una burguesía que cumple su rol y pro- pósito: la clase capitalista no puede existir sin su batalla contra el espec- tro del comunismo. La ira estaría dirigida contra sus camaradas que se han vuelto falsos amigos: en lu- gar de liberar a Marx de las cadenas del stalinismo, la caída del muro de Berlín ha sido empuñada finalmen- te como una oportunidad para es- capar de Marx. Digo escapar con intención crítica. El anuncio del fin de la historia es sinónimo del com- promiso con el espectro del capita- lismo. Ha sido la Nueva Izquierda la que ha anunciado su adiós a la clase trabajadora, no la burguesía:
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la verdadera circunstancia de que las relaciones sociales burguesas des- cansan en relaciones entre propie- tarios nunca ha ‘sido olvidada por la burguesía. Fanáticamente empeña- da en hacer que “su” riqueza se ex- panda a sí misma, ésta nunca ha. dejado de hacker que el trabajador trabaje por consideración al traba-
jo y esto significa el tratamiento- de.
la humanidad como un recurso que es sacrificado en las pirámides de la acumulación. La burguesía sabe qué son las divisiones de clase y qué implica la lucha de clases. Marx com- prendió bien el rol y función de la burguesía y nórest'aría sorprendido de que ella, puntual e inexorable.- mente, continúe desempeñando su función y rol con serio vigor y una postura de respetabilida'd que no carece de un cierto encanto. ¿Qué podría, sin embargo, :tener que de- cir Marx a laNuevaIzquierda en un Prefacio de 1998. al Manifiesto Comu- nista?
Estudios cantemporáneos de una Cierta economía política aseguran que el mundo capitalista ha sido repentinamente globalizado, ha de- jado atrás el estado-nación, ha devenido un orden cosmopolita que no puede ser resistido. ¿Puntualiza- ría Marx meramente. que el Mani- fiesto Comunista, escrito como fue en 1848, enfatiza el carácter global de las relaciones capitalistas de explo- tación? ¿Recomendaría meramente que elManfiesto. sea tomado .en con-
sideración cuando es alcanzado el" carácter cosmopolita de la burgue- sía? ¿O podría simplemente caer en frustración rezongando que, desde su tiempo, el ejecutivo del estado moderno no ha sido siempre sino
--un comité para manejar los nego-
cios comunes de la burguesía en su conjunto? Supongo que lo haría. Sin embargo, el respaldo de sus puntos. de vista de hace 150 años no care- cería de condiciones. La historia no Se detiene ni se, repite a .sí'rriiSma. ¿No exigiría entonces que lps desa- rrollos contemporáneos'de. la “globalización.” sean conceptuali- zados- no meramente eri términos de las leyes objetivas del desarrollo capitalista sino, más bien, que eStas leyes objetivas requieren una conceptualización completa en tér-
minos de lucha de clases? ¿No ale-
garía entonces que la acumulación de capital contemporánea no pue- de. ser estudiada en abstracción res-
pecto de las clases sino, más bien,
que puede avanzar sólo sobre las bases de un" análisis de clase? En resumen, ¿No exigiría que el pro- pósito dela crítica dela economía política sea el descubrimiento de las relaciones reales vivas. entre los hu- manos y' que este descubrimiento sea .un análisis de la historia? ¿Cuál
sería la respuesta. de los defensores
de la globalización? "¿Argüirían ellos, como de hecho lo hacen, que los desarrollos de hoy está-n orientados por demandasy requerimientos tec-
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nológicos que son muy indepen- dientes de, y desarrollados en abs- tracción de, los deseos y aspiracio- nes humanas? ¿Qué tendría para decir de eso? ¿Podría invitar a sus oyentes a leer los textos clásicos so- bre econorrría política, ipcluida su propia crítica de la economía políti- ca? O podría. simplemente volverse enojado gritando: están mistificados por la autopresentación de un mun- do que no sabe nada sobre sí mis- mo y entonces está sin espíritu. Pen- sar científicamente no es repetir la religión cotidiana de un mundo sin sentido. Más bien significa desmis- tificación: ni las “naciones” ni la “historia” ni el “capital.” han hecho guerra. ¡La historia no hace nada, no posee vasta riqueza, no pelea batallas! Es más bien el hombre, el hombre real, viviente, quien hace todo esto, quien posee y pelea, no es la historia la que usa al hombre como un medio para perseguir sus fines, como si fuera una persona aparte. La historia no es nada sino la actividad del hombres persiguien- do sus fines. Este el argumento del Manifiesto y ¿cuál es el_ argumento de los defensores de la globali- zación?
Sin embargo, ¿puede no plantear- se un argumento de que la obra de Marx y la herencia que ha legado no estaba en última instancia interesa- da en materias del espíritu? Más aún, la ortodoxia marxista y los críticos burgueses de Marx han enfatizado,
una y otra vez, que Marx fue un pen- sador racionalista que construyó un sistema de pensamiento basado en conceptos de necesidad histórica y que toda idea asociada con el tema del espíritu humano no sólo fue ex- pulsada de su concepción de la his- toria sino, también, muy fuertemen- te rechazada y criticada. Supongo que el tema radica en qué se entien- de por necesidad histórica. ¿Qué decir sobre la barbarie, el. hambre, una guerra universal de devastación? ¿Fue la carnicería de Verdum una ne- cesidad histórica? ¿Fueron los asesi- natos de millones y millones en la II" Guerra Mundial, fue Auschwitz, una necesidad histórica? ¿Una necesidad a nombre de quién y para qué pro- pósito? ¿Es la aparentemente más re- ciente “invención” de “granjas de niños” donde los niños son produci- dos para venderlos en el mercado mundial una necesidad histórica? ¿No han estado con nosotros estos desarrollos verdaderamente repug- nantes, que han caracterizado este siglo, desde el nacimiento de las re- laciones sociales capitalistas? ¿Son ellos meramente los resultados dela necesidad histórica, una necesidad que no es otra que la circunstancia que Marx reporta en El capital: “una gran cantidad de capital, que apare- ce hoy en los Estados Unidos sin nin- gún. certificado de nacimiento, fue ayer, en Inglaterra, la sangre capita- lizada de los niños”? ¿O son estos repugnantes “acontecimiento” el re-
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sultado de “demasiada civilización, demasiado medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado co- mercio" como es reportado en 'el Manifiesto Comunista cuando el argu- mento se dirige hacia el desarrollo contradictorio entre las relaciones y las fuerzas de producción?
El Manifiesto celebra el espíritu como la posibilidad de la existencia quese comprende a sí misma, de odio de clase, y de mejorescosas por venir en nombre de 'la “humanidad que se ve a, y entonces existe en y para sí misma como un propósito. Esto, supongo, es la causa de que el Manifiesto Comunista 'se comprome- ta con la idea de una asociación en la cual 'el libre desenvolvimiento de cada uno es "la condición para el li- bre desenvolvirniento de todos. ¿Está demasiado lejos de buscar comprometerse con esta asociación en términos-de “espíritu”? No, no lo está. Con el argumento del Ma- nifiesto Comunista, lOs sepultureros no sólo entierran el peso muerto de la historia sino, también, dejan li- bre el espíritu de la historia: el an- helo de larga data'de una vida dignificada, feliz, de una humanidad que exista como un sujeto con con- trol de sus propios asuntos, en po- sesión de sí misma, esto es, de un ser humano maduro que se ve a sí mismo, y con esto a la naturaleza, como un propósito y no como un recurso para la explotación del hom- bre por el- hombre. Contra esta pers-
pectiva, algunos pueden objetar que la obra de Marx, especialmente el Manifiesto, se compromete con una visión progresivi’sta de la historia donde la naturaleza es meramente comandada por el hombre‘empeña- do en explotar sus recursos por ra- zones de mera explotación. Sin embargo, para- Marx, la categoría de “progreso” es completamente vacía, carente de significado,.si es vista- en abstracción de su contenido-y éste es las relaciones entre los humanos. La solución para la des-trucción ambiental no es sólo- una cuestión de la relación entre la naturaleza y el hombre sino, más bien, una cues- tión de las relaciones entre los se- res humanos mismos.
Algunos pueden objetar a lo que yo he tenido que decir señalando que el énfasis sobre la práctica hu- mana, incluyendo su espíritu, tiene un tinte demasiado antropológico; Sin embargo, y esto es importante, ¿desdeñarían los comunistas escon- der sus puntos de vista y fines? ¿Po- drían los comunistas ser motivados por otros temas que la exigencia de condiciones humanas más allá de relaciónes de explotación cuyo pro- pio lugar no es otro que el"museo de la historia? Además, ¿estaría uno avergonzado de exigir condiciones humanas, de comprometerse con la noción de humanidad, porque las relaciones capitalistas de explota- ción» descansan sobre la invocación de los derechos humanos del hom-
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bre. Sin duda, una de las mayores realizaciones delManifiesto Comunis- ta es su denuncia de las concepcio- nes burguesas de la individualidad, los derechos humanos, etc. como concepciones que soportan la res- petabilidad de la explotación capi- talista de la clase obrera. El concep- to de práctica humana de Marx des- autoriza el concepto burgués de humanidad. Además, llama a la rea- lización del “concepto” de humani- dad a través del derrocamiento por la fuerza de todas las condiciones existentes. El entendimiento de la historia como una historia de 'lucha de clase-s no es puesto de relieve por la circuns- tancia de que la prácti- ca humana ha operado hasta el punto de hacer que la historia luzca como una grotesca y sangrienta monería.
El Manifiesto Comu-
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MN
nista enfatiza que los misterios teó- ricos encuentran su solución racio- nal en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica y que la tarea de la filosofía no es el de interpretar al mundo sino de cam- biarlo. Es una triste reflexión sobre una gran parte de los enfoques de izquierda el que ninguno de estos discemirnientos parecen tener mu- cha actualidad. Esto sólo enfatiza la importancia continua del Manifies- to Comunista y esto a pesar de las propias esperanzas revolucionarias de Marx. El lugar que el Manifiesto aspira a tener para sí. mismo es el museo de la historia. Esto es lo que el Maní; fiesta ha exigido para sí mismo durante los últi- mos 150 años.
SA
Edimburgo, diciembre de 1997.
Cuadernos del Sur
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Intemacionalismo e internacional(es)*
Denis Berger
PRIMERA PARTE”
l. Realidades] mito
En el. momento en que, después de muchos intentos de» entierro, Marx hace su regreso hasta en .el_oficioso pensamiento universitario, es útil recordar un hecho esencial; el, internacionalismo nació de la teoríay de la práctica marxianas.
No es que antesdel, proletarios de todos los paises uníos, que cerraba el Manifiesto Comunista no haya habido teóricos y militantes que hayan pues- to el acento sobre. la necesaria solidaridad entre los pueblos; pero. los dichos y los hechos de estos hombres y de estas mujeres más bien se refre- ren-alcosmopolitismoz' poniendo como postulado _la unicidad de la natu- raleza humana, ellos fundamentan su cuestionamiento de la nación a par- tir de una idea moral, la fraternidad obligada de seres idénticos La los cuales sólo separan los accidentes. de una historiadeformada por lospre- juicios.
Casi no hay necesidad de recordar que el camino de Marx y Engels es profundamente diferenteFEl-los no rechazan la dimensión ética ligada a la idea de solidaridad internacional, pero la fundamentan en una práctica que es, ella misma, .un modo de apropiación del desarrollo global de la sociedad. La dinámica de acumulación del capital es, desde su inicio, in- ternacional. Esta dinámica culmina con la aparición del mercado mun- dial, enproceso de integración constante; y el mercado mundial constitu- ye una totalidad determinante de las evoluciones específicas de cada na- ción.
De esto resulta que se constituye una red de solidaridad competitiva entre las burguesías de cada país y» una red de alianzas competitivas entre los estados. En este nivel complejo, en evolución constante, se sitúa la esfera decisiva de la. realidad sociopolítica.
El pro-letariado, tanto por la naturaleza del salario como de las formas de la valorización, participa en este proceso de internacionalización. Pero su lugar en las relaciones de producción le impide dominar sus conse- cuencias. Su tarea principal, inseparable si bien que distinta de la conquis-
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ta del poder en el cuadro nacional, es la de elevarse por una acción coor-. dinada que nutrirá s‘u toma de conciencia a la altura de la realidad mun-J dial. En otros términos la clase obrera debe cumplir, en el camino de sm emancipación, una cierta cantidad de funciones que le son impuestas po la evolución misma de la sociedad: una acción común para la defensa d Í sus intereses propios y la intervención política contra todas las formas del la política internacional de las burguesías.3 "
¿Será necesario subrayar que la acentuación de la mundialización, de lai cuál somos nosotros hoy los testigos pasivos, confirma la pertinencia dei los análisis de Marx y de Engels? 'El desarrollo de la sociedad crea las condiciones para el internacionalismo práctico. No'temos, a ese respecto,- que la visión marxiana del mercado mundial y del sistema de estados no lleva a una negación de la realidad nacional: la revolución, dado que ella plantea un problema social, es internacional en su contenido y en su desa-d rrollo potencial; pero ella sigue siendo nacional su forma.
Problema complejo al que debe responder la practica, y la practical remite necesariamente a modalidades organizativas: ¿Qué tipo reagrupamiento es capaz de asegurar, al mismo tiempo, las funciones im ternacionales de la clase obrera respetando la autónomía de la forma na- cional?
Aquí comienzan dificultades inextrincables.
Marx y Engels, pragmatismo
De Marx y de Engels hay, como habitualmente, mucho que aprender en el dominio del internacionalismo práctico. Pero, al contrario de lo que di- cen las más tenaces leyendas, no es en el nivel del enunciado de principios que se podrá cosechar algo. Tanto el autor de El capital como su colabora- dor y sucesor no ofrecen ninguna huella de cualquier rnetapolítica de laz organización. Entendemos por esto que para ellos dos lo esencial estaba- en el movimiento propio de la clase obrera, el que por ser el producto de las contradicciones de la sociedad es, en sí mismo, susceptible de alcanzar la dimensión política.
Este paso no llega a ser espontáneo, por ello .es que: hay lugar para la organización. Pero esta organización debe tender a ser lo más amplia posible, a encuadrar al máximo las 'capas más activas del proletariado, a fin de hacerles franquear la etapa que lleva de la indispensable acción económica a la Incha global contra ‘el Estado.
A los ojos de Marx los sindicatos, tal como se formaban en su época, eran el lugar en el cual se podía constituir una conciencia revolucionaria
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de la mejor manera. Esta es la razón por la cual él les atribuye un objetivo fundamental: la evolución del salario.4
Es por esto que él declara sin ambages en 1869: «Nunca los sindicatos deben .ser vinculados a una asociación política, o nunca deben encontrarse-bajo su dependencia, si ellos quieren cumplir su tarea, hacerlo así sería darles un golpe mortal. Los sindicatos son las escuelas del socialismo. Es en los sindicatos- do'nde los obreros se educan y se vuelven socialistas, porque todos los dias bajo sus ojos se lleva adelante la lucha contra el capital.
»Todos los partidos políticos, cuales fueran que fueren, sin excepción, no entu- siasman a las masas-de obreros más que un cierto tiempo, momentáneamente. Por el contrario, los sindicatos captan a las masas de manera durable, solo ellos son capaces de representar un verdadero partido obrero y-de oponer un baluarte a la potencia del-capital»? _
Esmenester en el análisis de estas posiciones tener en cuenta la evolu-,. ción que ha sufrido, desde hace más de unsiglo el vocabulario político. El multipartidismo, nos remite, hoy en día, a una realidadorganizacional que no existía en absoluto en los- tiempos de la primera internacional. Pero no por ello la metodología marxiana deja de estar. claramente ratifi- cada.
Se la puede formular así: solo es una organización. válida aquella que expresa el movimiento real. de las masasobreras; forzadas a tener en cuen- ta tanto las relaciones coyunturales como las influencias del sistema polí- tico «burgués» en el cual ellas se integran, los partidos ocupan una posi- ción secundaria. En lo que se refiere a los comunistas, los que poseen el método que lamentablemente Engels tuvo la idea de b'autizar como «cien- tífico», forman un grupo cuya solidaridad teórica, los pone por fuera en relación al movimiento más amplio,-del cual ellos participan en la práctica cotidiana.fi (Marx y Engels nunca estuvieron demasiado lejos de pensar que con ellos dos alcanzaba para asegurar la vida de dicho grupo.)
Diciéndolo en otros términos Marx y Engels tienen, frente a los pro- blemas de la organización, una táctica tanto más suelta porque ella está articulada con una posición teórica sólida. La organización es una herra- mienta, a este respecto adaptable a las circunstancias, al servicio de un objetivo que es la autoorganización obrera; ella no es la encarnación de una necesidad transhistórica. Y esta convicción se traduce en su. actitud hacia el Internacionalismo.
No. hay ninguna necesidad de recordar lo que hace la Asociación Inter- nacional de Trabajadores (AIT), la Primera Internacional. Subrayaremos solamente su carácter federativo: los sindicatos ingleses, los proudhonianos
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franceses, algunos de los cuales van a orientarse hacia el anarquismo, los discípulos de César de Paépe en Bélgica; todos ellos no tuvieron más que un mínimo de referencias teóricas comunes. Lo que los unía era la-volun- tad de llegar al objetivo final, «La emancipación de los trabajadores por los trabajadores mismos practicando una solidaridad activa, la experien- cia cornún teniendo como papel el de verificar y, eventualmente, el de acercar los puntos de vista. Se trata entonces de tomar las organizaciones, desde que ellas son representativas al nivel en el que ellas están, y ponerse sobre la lógica de las luchas para hacerlas progresar. En tales condiciones la internacional no actúa tanto como una dirección sino como un centro de coordinación».
Tres textos permiten comprender que Marx (y Engels, cuyo papel de consejero, y después de participante activo, no debe ser subestimado) eligieron deliberadamente respetar los ritmos de evolución de los compo- nentes nacionales del movimiento defendiendo un programa mínimo, alejado de sus concepciones globales pero suficiente para asegurar la evo- lución positiva del conjunto del movimiento. Veamos lo que Carlos Marx eScribe a su compañero de lucha, al informarle de las reuniones prepara- torias de la redacción de la minuta inaugural y de los estatutos de la Aso- ciación Intemacional de Trabajadores. Dice: «Era muy difícil en la redac- ción formular nuestra opinión de manera de hacerla aceptable para el punto de vista actual del movimiento obrero... deberá pasar un cierto tiempo antes que el despertar del movimiento permita la antigua audacia en el lenguaje. Hay que ser ‘fortiter in re, suaviter in modo’» (N. del T: ‘fuerte en los hechos, suave en las maneras’).7
En su respuesta Engels dice: «Es bueno que nosotros entremos de nuevo en relación con la gente que representa por lo menos a .su clase, eso es, en fin de cuentas, lo esencial».“
Un cuarto siglo más tarde, después de la muerte de Marx, Engels hará el balance de la experiencia: «Esta asociación fundada expresamente para unir en un solo cuerpo a ¡toda la clase obrera militante de Europa y de América, no podía proclamar inmediatamente los principios enunciados en el Manifiesto. La internacional debía tener un programa lo suficiente- mente amplío como para caerle bien a un mismo tiempo a los sindicatos ingleses, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles y a los lassallanos alemanes. Marx, que redactó ese programa satisfaciendo todas las partes, tenía plena confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, tal como necesariamente debía resultar de la acción y de la discusión llevadas en común... y Marx tenía razón. Cuando en 1874 la
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Internacional se desarmó, ella dejó a los obreros en un estado totalmente diferente al estado en que los había encontrado en 1864, en el momento de su fundación».9
Referencias del "mismo tipo abundan en los textos de los «padres fun- dadores». A punto tal que el lector desprevenido tiene derecho a pregun- tarse ¿por qué sus discípulos no sacaron más lecciones de ello? Si se con- sultan los oráculos posteriores -socialdemócratas y/o comunistas de to- das las tendencias-. se vera que el comportamiento de Marx y de Engels se explica por la coyuntura específica de los años 1860. Más tarde-las condi- ciones objetivas cambiaron y se hizo necesario actuar de otra manera Punto y aparte. Esta gran vanalidad tiene, como todas las fórmulas de este tipo, una. cierta relación con la realidad. Es, en efecto, evidente, que cuan- do la concentración de empresas se encuentra recién en sus comienzos y que, por consecuencia, la clase obrera no ha alcanzado todavía .su peso social máximo, cuando las condiciones para la lucha por el poder están lejosde haberse reunido (como lo muestra la experiencia de la Comuna), no es posible construir el tipo de organización. adaptada a una era de crisis y de movilización.
Permanece —y nunca se lo repetirá demasiado- el método. marxiano que, por espíritu provocador, yo calificaría Como pragmático: sea cual fuere la coyuntura toda organización —intemacional en particular, en ra- zón del- desafío que ella encarna, como también por la pertenencia a la forma naciOnal- no merece ser defendida más que en la. estricta medida de su eficacia. Y .ésta se mide por la contribución que aporta la organiza- ción a la unión del proletariado en un bloque políticamente autodeterininado. Cuando, por una causa o por otra, ella deja de jugar ese papel, su lugar esta en el-desván de los objetos políticos gastados.
Hay mucho a decir de- los métodos que Marx utilizó en su combate contra Bakunin. El constatarlo no disminuye en absoluto el sentido políti- co del combate llevado contra el anarquista ruso y; sus partidarios: el te- mía, con razón según mi opinión, que el revolucionarismo abstracto de sus adversarios arruinara los esfuerzos de autoorganización obrera em- prendidos pór el Consejo General de la Asociación Internacional de Tra- bajadores.“ Hay que notar que cuando la escisión se volvió inevitable y se acompañó con la partida de muchos sindicatos ingleses, Marx y Engels pusieron fin deliberadamente a la existencia de la I-ntemacional.”
Marx, teórico del fetichismo de la mercancía, no tenía ningún fetichismo de la organización.
Cuadernos del Sur 61
Como en un movimiento natural...
Esta ausencia. de reverencia por la organización internacional Engels la llevó bien lejos cuando, después de la muerte de su compañero, se volvió el consejero de los partidos socialistas en pleno crecimiento. El no cree, verdaderamente, en la utilidad del Congreso Internacional que, reunido en París en 1889, iba a dar nacimiento a la Segunda Internacional y dijo: «Por otra parte el Congreso no debe tener ninguna importancia, yo no iré, natu- ralmente, yo no puedo sambullirme continuamente en la agitación. Pero la gente quiere ahora volvera jugar al Congreso y por lo tanto es mejor que ellos no-sean dirigidos por Brousse y Hyndman. »'2
Este desprecio paternal está motivado por la prioridad que Engels asig- na al desarrollo de los partidos nacionales. Algunos días más tarde él es- cribe, a propósito de la publicidad delas sesiones del Congreso: «... me parece que las mismos alemanes, preferirían sesiones públicas, a menos que no- haya en algunos la nostalgia de la. reconstitución de la Internacional bajo una forma o bajo otra, a la cual los alemanes se opondrían ajusta título y con todas sus fuerzas. Nuestros amigos y los austríacos son los únicos que tienen una verda- dera batalla a mantener y verdaderos sacrificios a hacer. Ellos siempre tienen una centeno de hombres en prisión y no pueden permitirse jugar a crear organi- zaciones internacionales que por ahora son tan imposibles como inútiles».-"
El lector ¡atento —y eventualmente devoto- habrá‘ notado inmediata- mente la restricción que implica el decir «por ahora» al fin de este pasaje. Yes un hecho que Engels aceptará más tarde la existencia de la Segunda Internacional. (Y más aún, él pronunciará el discurso de clausura del Ter- cer Congreso en Zurich en 1893).
Sus reticencias no son, sin embargo, el sólo producto de una coyuntura juzgada desfavorable para la organización del movimiento mundial: el patriarca del socialismo cree profundamente en la inevitabilidad de una transformación social que permitirá el desarrollo necesario de la concien- cia de clase, según una curva que, a pesar de las fluctuaciones parciales, es continuamente ascendente y-dice: «La unión simple y= natural de los compar ñeros pertenecientes a la misma clase social y profisantes de las mismas ideas alcanza para, sin estatutos, ni comités directivos, ni resoluciones, u otras formas tangibles, hacer temblar a todo el Imperio Alemán... más aún, el movimiento internacional del proletariado americano se ha vuelto actualmente tan potente que no solamente su forma primitiva y estrecha —a Liga Secreta- sino también su segunda forma infinitamente más vasta-sta Asociación Pública Internacional de Trabajadores- se ha vuelto una traba y el simple sentimiento de solidaridad fundado sobre la conciencia de una misma situación de clase, es bastante para
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crear y pam mantener entre los trabajadores de todos los paises y de todos los idiomas un sólo y gran partido del proletariado».I4
La elección de las palabras, el ritmo de las frases, traducen una convic- ción profunda: la marcha'del proletariado hacia su emancipación tiene la potencia de un movimiento natural, orgánico, y este optimismo, que se- considera'fundado en la ciencia, nos remite a uno de los puntos ciegos del pensamiento marxiano (ya que, por 'lo menos en este tema, no hay mane- ra de diferenciar a Marx ¡de Engels).
En un cierto punto de sus obras los autores del Manifiesto, siguiendo la lógica ya esbozada en las Tesis sobre Feu'erbach, ven a la clase obrera como _ negatividad práctica; su posición de exterior'idad en lajerarquía social del capitalismo- le confiere una aptitud para dar vuelta el orden existente; la revolución aparece desde entonces como la puesta en perspectiva política de las luchas que nacen espontáneamente y cuya culminación lógica es la conquista de la autoorganizaciónfif" ella se mantiene enel terreno de lo posible concreto, en la misma medida en la que ella está ligada-a los anta- ¿gónismós globales que constituyen-el real Sociali
Per-o por‘otra parte Marx y/o‘ Engels. contradicen a menudo esta inno- vación teórica, loque da fuerza a 'su pensamiento crítico, visiblemente preocupados por dar a su obra el carácter científico que requería su épo- vca, ellos se lanzan en una búsqueda encarnizada de: un. estricto detenninismo histórico. En esta etapa aparecen las leyes mayúsculas de La Historia.|7 Para ser más precisos, la historia reviste la fomra de un desarrollo que obedece a una lógica de progreso continuo, que recuerda el de muchos filósofos de' El Siglo de las Luces. En esta visión, .el curso de- los acontecimientos tiende a mutarse en fuerza de las cosas. Fuera del plan político las derrotas del campo obrero se admiten como posibles, pero ellas no s‘on más que circunstancias'fortuitas que solamente retardan- la inevitable victoria. Es decir que. la acción del proletariado es llevada al estado de producto de la evolución necesaria de la sociedad.
Se objetará que esta presentación es esquemática, pero no se trata más que de deducir las- tendencias que obran en la reflexión marxiana. La sobreestimación de las llamadas «condiciones objetivas» y su corolario, _la aproximación al estudio de la subjetividad social, son unos de los proble-. mas mayores a los cuales esta enfrentada toda la teoría de la revolución. Marxy Engels, como todos los pensadores militantes anteriores o- poste- riores, han siempre acortado las esperas para la realización de sus objeti- vos.. Este «optimismo revolucionario» (para emplear la terminología usual) nace de una manera no despreciable. de un deseo de éxito a corto plazo.
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Este deseo no responde solamente a orígenes individuales; también tiene raíces sociales que conviene resaltar.
Limitémonos, por ahora, a constatar que la confianza en el curso de las cosas tiene relación con una reflexión insuficiente sobre la especificidad de las relaciones de dominio que coexisten, sin mezclarse con lasrelacio- nes de clase. Cuando se piensa que la evolución hace lo esencial de la política, al desarmar las relaciones de explotación, uno se ve irremedia- blemente arrastrado a sustituir la automaticidad que nace del desarrollo orgánico por la creatividad de la intervención en 'los acontecimientos.
La creencia en la marcha de la historia no ha abolido nunca, tanto. en Engels como en Marx, la perspectiva revolucionaria. En sus discípulos, con el paso de los años, ella llevó «naturalmente» a una adaptación pro- gresiva a la cotidianeidad de la acción política en el seno de los estados naciones europeos. .De ello resulta una forma de organización internacio- nal paradojalmente fundada sobre la supremacía nacional: a diferencia de la Asociación Internacional de Trabajadores, laSegunda Internacional no fue una federación sino una coalición de secciones. Con este estatuto ella ganó una longevidad excepcional puesto que, al precio de cambios secun- darios, sobrevivió a, guerras y acrisis, pero este no es su legado principal: ella progresivamente perfeccionó un modelo de partido en el cual, en definitiva, se inspiraron todas las corrientes políticas, desde la democracia cristiana hasta las comunistas.
Partido de. masas que, a fuerza de adaptarse al sistema político parla- mentario, incorporó de él las normas de su propia visión del mundo, la socialdemocracia. está directamente fundada sobre el principio de la re- presentación, es decir que, por más. democráticos que sean los estatutos ella funciona por delegación del poder institucionalizado: en definitiva, las informaciones y las decisiones tienden a ser monopolizadas por un círculo restringido. de dirigentes. Esta restricción de la democracia efecti- va (que Robert. Michels ha sabido describir) encuentra su justificación en la fidelidad a las leyes mayúsculas de la Historia: a partir del momento en el que la «mayoría militante» de la clase obrera estáorganizada, la fuerza orgánica de la evolución puede resentirse y por lo. tanto es normal que algunos guías cumplan las funciones ejecutivas.
En otros términos, más alla de las divergencias de orientación estraté- gicas que pueden ser decisivas, hay un fondo común entre todos aquel-los que han sufrido la influencia del modelo socialdemócrata. ¿Lenin, que es uno de ellos,m acaso en sus esfuerzos de construcción organizativa nacio- nal e internacional, ha logrado liberarse totalmente de su influencia? ¿Acaso
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y principalmente en sus perspectivas de la revolución mundial, después de octubre, rompió con una visión de la revolución como proceso orgáni- co? Las dificultades que él encontró en conciliar el papel del partido con la democracia directa (soviética), ¿acaso no se explican por una visión insuficientemente crítica de la herencia marxista tal como había sido trans- mitida por la Segunda Internacional?
Son muchas preguntas que merecen ser planteadas, ya que nuestra herencia debe ser buscada por ese lado.
(Traducción del francés: RC.)
Notas
* Publicado en Utopie Critique, n‘-’ 7 y 8. París, segundo y tercer trimestre 1996.
** La segunda parte de este artículo será publicada en el próximo número de Cuadernos del Sur.
' Este término solamente revistió un sentido peyorativo enla época estalinista, cuando la URSS, y después los partidos comunistas, se volcaron a las virtudes de un patriotismo muy teñido de chauvinismo.
2 La historia menuda nos dice que Engels no podía, en la Liga de los Comu- nistas, soportar la idea de que el Manifiesto llevara a la fórmula «todos los hom- bres son hermanos».
3 «La experiencia pasada ha mostrado que un lazo de fraternidad debe existir entre los trabajadores de los distintos países, incitándolos a sostener, codo a codo, todas las luchas por la emancipación, y que si se desprecia ese vínculo el castigo será el fracaso común de esos esfuerzos sin coherencia (...). Todo esto enseñó a los trabajadores que ellos tienen un deber: desentrañar los misterios de la política internacional, supervisar las acciones diplomáticas de sus gobier- nos, oponiéndose a ellas, de ser necesario por todos lo medios que puedan», K.Marx, «Discurso inaugural de la AIT». Se puede relacionar a estos desarrollos de 1864 con aquellos, escritos once años más tarde, respecto del Programa de Gotha: «De todas formas el cuadro del estado nacional actual, el del imperio alemán, por ejemplo, se sitúa a su vez, económicamente, en el cuadro del merca- do mundial y políticamente, en el cuadro del sistema de estados (...) No se dice nada de las funciones internacionales de la clase obrera alemana».
4 «Los sindicatos obreros han funcionado como centros organizadores de la clase obrera de la misma manera que las comunas y las municipalidades del medioevo lo habían hecho para la clase burguesa. Si los sindicatos son indispen- sables en la guerra de escaramuzas entre el trabajo y el capital, lo son aún más como fuerza organizada para suprimir y reemplazar el sistema de trabajo asala- riado». Resolución de la AIT (adoptada en el Congreso de Ginebra, septiembre 1866, redactada por Marx).
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Declaración hecha por Marx a una delegación sindical conducida porj Hamann.
‘3 ¿Será necesario recordar la célebre frase, tan comentada, del Manifiesto Cq munista: los comunistas no constituyen un partido distinto enfrentado a otro: partidos obreros?».
7 Carta de Marx a Engels del 4 de noviembre de 1864.
H Carta del 7 de noviembre de 1864.
9 F. Engels, prefacio a la edición inglesa del'Manifiesto Comunista.
"’ Por supuesto que estas puntualizaciones se refieren a las modalidades dt construcción del movimiento obrero, según Marx y según Bakunin, y dejan dc lado el debate fundamental sobre el Estado.
“ Fijar la sede de la AIT en los EEUU. de esa época no tenía otro sentido.
'2 F. Engels a F. A. Sorge, 8 de junio de 1889. Brousse y Hyndman representa ban, en Francia y en Inglaterra, a grupos socialistas reformistas hostiles, al mar xismo.
'3 F. Engels a Laura Lafargue, 28 de junio de 1889.
” F. Engels, Algunas palabras sobre la historia de la Liga de los Comunistas.
'5 El partido obrero alemán «crece y desarrolla sus. fuerzas tan segura t irresistiblemente como lo hizo en su momento el cristianismo, si bien la ecuación de su tasa de crecimiento —y por lo tanto el momento de su victoria final- pue- den ser calculados matemáticamente desde ahora». F. Engels aK. Kautsky. 8 de enero 1884.
"i Cuando hablan de constituir un «partido obrero» distinto de todos lo: partidos burgueses, Marx y Engels [no pretenden más que eso; como se ha visto ellos no vinculan este objetivo a ninguna forma preestablecida de organización, como se transformará en regla para sus sucesores.
'7 Se puede constatar la oposición que aqui se evoca de un texto con otro, y oponer, [por ejemplo, los textos «libertarios» de La guerra civil en Francia a la asombrosa profesión de fe evolutiva que nos ofrece Engels, en 1895, en su «In- troducción» a Las luchas (le clases en Francia. Pero, a veces a algunas páginas de distancia, en el mismo texto aparece la disonancia,
'“ Es sabido que, cuando escribe el ¿Qué hacer?, Lenin cree aplicar a las condi- ciones rusas los principios de organización de la socialdemocracia alemana.
Revista
aballo
de politica
y cultura
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Desocupados en lucha, contradlcmón en mov1mlento1
Ana Dinerstein2
l «Una de las búsquedas más excitantes en la astronomía moderna ha sido el intento de descubrir un agujero negro»3
Introducción
os conflictos provinciales desatados en varios lugares del país
durante los años 1996 y 1997, cuyos protagonistasfueron, en
gran parte, trabajadores desocupados en demanda de creación
de empleo, han sidoun llamado de atención a los estudios aca-
démicos y políticos sobre el tema laboral. Encierran interrogantes y desafían paradigmas y categorías sociológicas. Deben los desocupados ser considerados trabajadores? Fueron estos conflictos labo- rales o sociales? Fue la lucha de los desocupados simplemente una deman- da por entrar al sistema? Tuvieron estos conflictos algún tipo de potencial revolucionario? Fueron las organizaciones surgidas a la luz de la lucha perecederas o señalan la emergencia de nueVas formas organizacionales? Cuál fue el rol de los sindicatos en dichas luchas? Pueden- .estas puebladas modificar la actual política económica? Cuál es la relación que existe en- tre estas luchas y las formas de la acumulación del capital, a nivel nacional e internacional? Por el momento, los conflictos se presentan ante noso- tros como agujeros negros en el espacio social y sociológico, pues han atrapado un momento de luz _en su interior casi imposible de captar desde afuera; han transformado una forma de energía en otra completamente diferente; han distorsionado también las nociones del tiempo y del espa- cio para sus observadores.‘1 Frente a tal oscuridad, han surgido algunas- interpretaciones, muchas veces opuestas entre sí. Los conflictos han sido comprendidos como conflictos sociales y, en cierta forma, conservadores, o como politizados y, en cierta forma, revolucionarios. En el primer caso sus protagonistas, que constituirían nuevas identidades colectivas, habrían demandado ingresar al sistema más que cambiarlo. No habrían cuestiona- do la estabilidad económica sino, más bien, exigido su democratización:
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«esta protesta sin precedentes ocurrida en las localidades petroleras de' Neuquén es un paradigma de la confrontación que se inicia con un grupo de jóvenes ‘desiguales’ en la ‘sociedad de los iguales’ y que, a diferencia de los años 70, no luchan por cambiar el sistema sino por entrar a él»...»los movimientos de protesta no deben ser interpretados en clave política, sino como prácticas sociales sentadas sobre la construcción de nuevas identidades colectivas y de reconocimiento de espacios de relaciones so- ciales».5 En el segundo caso, se les ha adjudicado un papel revolucionario aduciendo que podrían desembocar, dadas ciertas condiciones, en una ruptura del sistema. Asimilados a «semi-insurrección» y conteniendo «ele- mentos de guerra civil», su potencial revolucionario yacería en ‘la deman- da «trabajo para todos»; por consiguiente, existiría la necesidad .de que «estas condiciones objetivas cedan paso a una situación revolucionaria abierta ...[:] que los batallones de la clase obrera centralicen la contraofensiva de las masas» (p. 32)?
El presente trabajo intenta esbozar una explicación alternativa a través de retomar .y problematizar las categorías de trabajo, capital y lucha de clases desde una perspectiva crítica marxista.7 Mi argumento será que, dada la tendencia a la globalización y liquidez del capital, desarrollo desparejo y fragmentación de la fuerza de trabajo, dichos conflictos no han sido simplemente la reacción a los cambios impuestos por las formas de la acumulación del capital, ni luchas revolucionarias, sino la expresión articulada y en. movimiento, en un espacio y momento histórico preciso de constitución de la lucha de clases, de la contradicción interna inheren- te al capital como relación social, es decir, el trabajo existiendo como subjetividad (trabajo) y como imposibilidad de la misma (capital). Dicha contradicción refiere al movimiento del capital intentando escapar del trabajo (liquidez, reestructuración y desempleo) y la imposibilidad del capital de escapar del trabajo (liquidez, reestructuración y desempleo); en otras palabras, las luchas captaron en un momento concreto de subjetivi- dad la constante e inevitable contradicción entre las formas sociales de existencia entre trabajo concreto y trabajo abstracto, dentro de la cual, el caso de los trabajadores desocupados adquiere dimensiones especiales. En este sentido, la problemática humana no será, en este trabajo, un nivel más que se incorporará, al análisis, sino la razón de ser del análisis mismo. Siguiendo a Marx «tenemos que captar la conexión esencial entre el siste- ma de alienación (estrangvment) y el sistema del dinero».8 El desarrollo del argumento propuesto requiere de una revisión crítica de las categorías mencionadas, ala luz de los conflictos de Cutral Có, Plaza Huincul, Tartagal
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y Libertador General San Martín, que tuvieron lugar entre junio 1996 y Mayo 1997 en Argentina. Como síntesis de múltiples determinaciones, los casos ponen en movimiento, a través de la acción de los sujetos involucrados, la contradicción actual existente entre la metamorfosis del capital y sus formas humanas de existencia social, en el presente.
Inspira este trabajo la deuda política que los intelectuales, especialmen- te los marxistas, seguimos teniendo, por un lado, con los trabajadores y desocupados, sujetos a tqdas las fonnas posibles de la violencia del dinero y el' estado; y. por-el otro, iconel mismísimo marxismo,_que debe recuperar su capacidad de asombro, recobrar la voz, hablar de lo que ,no se habla, y descubrir qué hay detrás y debajo de la superficie observable de los fenó- menos sociales. Intentar descubrir las formas conflictivas de las relaciones sociales y subjetividad del capital en movimiento no es tarea fácil. Pero, parafraseando, una vez más a la astronomía y a la física «para explorar la naturaleza [y] el interior de un agujero negro, tendremos que abandonar el reino del mundo real»,9 aunque sea por un momento.
El estruendo
Según Gómez el al, antes del Plan de Convertibilidad, las demandas labo- rales por. aumento de salario eran la base del 37% de. todo el conflicto en la industria, en 1995 ,estas se redujeron al 2.4%. Por el contrario, los con- flictos laborales producidos. por salarios adeudados y despidos. subieron del 40.6% en 1992 al 70%en 1995. En segundo lugar, aunque en el perío- do 1989-1995 el llamado conflicto industrial se redujo en un 12.5%, hubo un aumento de conflictos regionales y descentralizados.lo Efectivamente, las numerosas y espectaculares manifestaciones en contra del ajuste. eco- nómico en el interior del país, entre 1993-1995 se desataron en contra de sueldos atrasados, suspensiones y despidos en el sector público y privado, reducción. de salarios, pago de deudas con bonos, recortes en el gasto social, flexibilización laboral, y corrupción en el manejo de fondos públi- cos.” En 1996 y 1997 dicha conflictividad adoptó peculiares característi- cas. Esencialmente contra el desempleo y la falta deinversión de capital, los cortes de ruta se extendieron a lo largo del" país.
Los conflictos de Cutral Có, Plaza Huincul, Tartagal y Libertador Ge- neral San Martín en 1996 y. 1997, si bien son únicos en su, particularidad, comparten una serie de características generales: i) Se produjeron en zo- nas donde la crisis económica crónica se combinó con la privatización (de YPF, en Neuquén y Salta) o reestructuración (Ledesma, en jujuy) de la única o principal fuente de recursos y empleo en la zona, generando un
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incremento de la pobreza y del desempleo que llega a cifras alamantes; ii) en dichas áreas, la alta rentabilidad de las industrias reestructuradas o- privatizadas (YPF, Ledesma) contrasta con la escasez de dinero y recursos. (reducción salarial, sueldos atrasados, utilización de bonos en lugar den cash, programas de empleo que no cubren ni cuantitativa ni cualitativamente las tasas de desempleo); iii) Los cortes de ruta fueron VI organizados por comisiones multisectoriales, de desocupados, coordina- w dora de Piqueteros, Fogoneros (jujuy, Neuquén), vecinales (Tartagal) 0.; similares apoyados por los sindicatos locales (CTERA, Neuquén; FGE en' Jujuy), con la participación de gran parte de la comunidad, demandando que las autoridades políticas se acercaran a dialogar, para acordar progra- mas de empleo y soluciones de fondo a las crisis regionales; iv) mientras la reacción de los gobiernos locales fue diversa (el gobernador Sapag apoyó la primera pueblada en Neuquén, mientras Ferraro optó por la negativa, en jujuy) la estrategia del gobierno nacional fue, una vez más, la repre- sión descontrolada (excepto en el caso de Tartagal, donde la represión fue evitada minutos antes de lo planeado), combinada con negociación; v) mientras las demandas fueron por creación de empleo e inversión de capital genuina en dichas áreas (planta de fertilizantes en Neuquén, recu-Ï peración de las regalías petroleras en Salta, reforma a la legislación sobre tierras improductivas e incentivo a las Pymes en jujuy), se presentó en todos los casos una feroz competencia y lucha por el dinero como recurso escaso, y el desarrollo y yuxtaposición de esta pelea en distintos niveles de: la administración publica nacional, provincial y municipal, y las organiza- ciones y actores sociales. Asimismo, se generó confusión entre autorida- des locales y nacionales acerca del reparto de fondos y de la adjudicación. de planes de políticas de empleo (como el programa TRABAJAR II); vi) durante la confrontación de las comunas con la gendarmería nacional se, produjo un desconocimiento de la autoridad política local, y la emergen- cia de la iglesia local como mediadora entre autoridades políticas y los participantes en el conflicto; vii) surgieron nuevas organizaciones o gru- pos que disputaron el poder y eventualmente reemplazaron a las anterio- res (Comisión Coordinadora de Desocupados versus Coordinadora de Piqueteros, jujuy; Piqueteros venus F ogoneros, en Neuquén) en momen- tos en que las previas organizaciones fueron juzgadas como traidoras a la demanda inicial de los participantes; viii) los conflictos fueron un desafío para los sindicatos locales en términos de su participación y apoyo a estas luchas, y un problema para los sindicatos nacionales, que tuvieron una actitud dubitativa, exceptuando a la CTA; ix) se generó desconcierto en el
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ubierno a todos los niveles pues las puebladas se desenvolvieron, según gobierno, en el marco de la «anarquía», lo que dificultaba encontrar interlocutores válidos»; x) durante la represión, las comunidades se orga- izaron creativamente para enfrentar y resistir los embates de la
"sional brindó sobre estos hechos.
De estas características 1generales se desprenden algunos interrogantes: ¿Cómo comprender este movimiento del capital desapareciendo de di.- ‘ has zonas geográficas y volviendo a ellas en 'la forma de programas de;
ugar de los trabajadores desocupados y de los marginados en el marco de =da conflicto? 3. ¿Cuál es la conexión (y la contradicción) entre ese movi- 'ento del capital, la desocupación y los conflictos? 4. ¿Cuáles son los ele- ‘ i entos cualitativo/ subjetivos que estos develan? En lo que sigue, y después
La riqueza de las naciones, Adam Smith describió el proceso de división 1 el trabajo como producto de la tendencia natural a la cooperación social rientada hacia el logro del progreso individual y social. Sin embargo, la xpansíón de la división del trabajo no era para Smith un proceso pacífico. í ompiendo con la ley natural hobessiana, Smith fue el primero en introdu- l -'r desde una concepción materialista, la distinción fundamental entre las s es clases componentes de la sociedad capitalista, «los dueños del stock, los ueños de la tierra y los trabajadores».'2 No obstante, el hecho de que la t "visión del trabajo era para él técnica y no social, la convertía en conflictiva E’ero nunca contradictoria. El trabajo, la tierra y el capital, aparecen como s tres factores de la producción relacionados externamente a través de la ¿cooperación y el intercambio. De esta manera, la economía política natura- llizaba las relaciones capitalistas de producción y reproducía acríticamente llas formas a través de las cuales las relaciones sociales se presentan ante iDOSOll‘OS, y a través de las cuales los poderes sociales son mediados a través de cosas que aparecen como poderosas en mismas.” Por ello, la crítica de Marx a la economía política no fue solamente «una crítica a una ideología misti-ficante, sino a las formas alienadas de la vida social que la economía política describe pero no puede explicar... para la economía política la so- ciedad capitalista es la mejor de toda-s las sociedades posibles porque evalúa
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toda forma de sociedad desde las categorías [naturalizadas] de la socieda capitalista».“‘ No se trata entonces de una crítica «económica» sino inmanente, I y total, pues revela «los contenidos socio-históricos de las abstracciones fo - males» [y al «trabajo alienado como] el fundamento socio-historico de l ¿ propiedad burguesa».'5
En los últimos años, los estudios sobre temas laborales han diversificado su interés en los temas de la globalización del capital y la transfonnació del trabajo, a niveles nacional e internacional. Dentro de ellos, son abor} dados tópicos tales como la reestructuración del mercado de trabajo, fenómeno de la pobreza y el desempleo masivo; los aspectos legales políticos de la reforma laboral y de las relaciones industriales; los cambios producidos a nivel de la producción, flexibilidad laboral interna, por efec- to de la reestructuración de la economía mundial; los sindicatos, y la conflictividad laboral; y aunque en menor grado, la desocupación com ' experiencia cotidiana, su significado y consecuencias para los sujetos, ¡ai familia y la sociedad.“ ‘
Sin embargo, resulta llamativo que en las disciplinas en las que el traba-¿i jo es el principal objeto de estudio, éste ha desaparecido como categoría crítica.l7 Lo que resulta más alarmante es que, cuanto más complejo y problemático se vuelve el tema, dada la transformación a la que esta so- metido «el trabajo» en la práctica, más se insiste con el fin del paradigma del trabajo, o de los trabajadores como tales.ls En este marco, algunos intelectuales, muchos de ellos marxistas, en su intento de no abandonar al trabajo en las manos de la nueva ideología de la aldea global, y de realizar una crítica profunda al capitalismo «desde el lado del trabajo», han caído sin quererlo, en cierta forma, en la trampa smithiana: al tornar como pun- to de partida la división-del trabajo, utilizan las categorías «trabajo» y «capital» como no problemáticas, si bien antagónicas dada la naturaleza de las relaciones capitalistas de producción. Los trabajadores aparecen así explotados por los capitalistas en términos de clase. La propiedad privada y el mercado son consecuencia del trabajo alienado y, por ende, la aboli- ción de dichas formas institucionales provocaría la destrucción del siste- ma capitalista. Se abocan entonces al estudio de las nuevas formas de contratación, flexibilizacion, explotación por un lado, y a las nuevas for- mas de acumulación del capital por el otro. El trabajo aparece resistiendo y reaccionando ante las nuevas formas de producción y sociales que el capital impone. El objetivo es rescatar el poder de los trabajadores. y sus organizaciones, en este contexto.
Sin embargo, «la teoría marxista del trabajo no sólo atañe al trabajo
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l A omo única fuente del valor, sino que a su vez, muestra que el trabajo está s bligado a existir, no sólo como subjetividad explotada» (trabajo abstrac- u ), sino también en la forma abstracta de dinero (trabajo abstracto).lg La x eoría marxista no es sólo una teoría del trabajo alienado a nivel de la reducción: «la forma .alienada del trabajo social en'el capitalismo no era ¡ii para Marx] una necesidad técnica, impuesta por el desarrollo de la divi- ‘Ï 'ón del trabajo, sino una forma de la producciónsocial específiCae histó- ¡- 'camente- desarrollada basada en específicas relaciones de explotación y .. ominación..r.[que] crecientemente» sujetan .a la humanidad a la domina- ; ión de un poder ‘alien’, el poder del capital».20 Es decir, «Marx entendía trabajo, .en la sociedad capitalista, como trabajo abstracto. El trabajo 'ndividual es trabajo abstracto-enel-sentido de que es parte del trabajo de a toda la sociedad y, más aún, adquiere importancia por ese hecho. La: e tegoría trabajo abstracto existe através del intercambio-de mercancías. » a especificidad, histórica del trabajo remite a; la unidadcontradictoria de Üntercambioy producción, es decir, el intercambio de mercancías a través o el cual, los trabajos concretos son. reducidos a .su sustancia común,- traba- 'o abstracto».2| Estaexist-encia .es esencialmente violenta .y contradictoria, . “es mediada a través de diversas formas sociales.
Entonces, mientras la economía política es una teoría. abstracta acerca de formas sociales rnistificadas tales como el capital, atribuyéndole pode- res propios y ocultando su verdadera naturaleza, la teoría- de Marx es-una teoría dela abstraCción"’2 es decir una crítica que desenmascarar las formas :sociales simultáneamente «reales e ilusori-as» que convierten ¿el poder de la gente en el poder de cosas pues, en palabras del propio Marx, «la co- nexión. entre las personas es transformada en una. relación social entre cosas; la capacidad personal en riqueza objetivam” En el método de Manr {las «abstracciones no corresponden a ‘cualidades esenciales’ encamadas sen las cosas, sino a determinados. procesos sociales».24 Más aún, las abs-- tracciones de las que Marx nos ,hablason abstracciones existentes, vivien- tes. De lo que se desprende que el punto de partida del análisis de Manr no es la categoría «trabajador» sino la de «trabajo» (labour), es decir, la constitución social histórica de la ley- del valor y con ella la del trabajo en su forma alienada de existencia: el capital.
Trabajo y «capital»
Como vimos, la separación y naturalización delas categorías de trabajo y capital no es problemática para la ciencia social liberal, la cual forma parte de la fetichización de las relaciones sociales en el capitalismo, pero, en mi
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opinión, ha conducido al marxismo a un callejón sin salida. Este se ha debatido por años entre el estructuralismo y el autonornismo, o sea, entre adscribir a la noción de reproducción del capital como una auto-lógica abstracta, o a la noción de lucha de clases como la experiencia de los sujetos contra el capital. Todavía se requiere desarrollar de la habilidad para captar el todo y la particularidad y la relación entre ambos, simultá- neamente.25 Esta falencia clama por una exploración de lo que me animo en denominar la cuarta dimensión, es decir, de las formas sociales contra- dictorias de existencia del trabajo como capital en movimiento?“
La relación intrínseca entre trabajo y capital ha sido explorada de di- versas maneras. Para Bonefeld, mientras el estructuralismo conc'eptualiza al trabajo existiendo meramente en el capital (los sujetos y sus luchas están subordinados a la lógica del capital), el autonomismo conceptualiza al trabajo existiendo meramente contra el capital (existe la posibilidad de que el trabajo, a través de sus luchas, se autonornice del capital).27 Respec- to de esto último, Holloway ha señalado que si bien «la teoría autonomis- ta ha sido esencial en reinsertar [en el debate marxista] la naturaleza de la lucha de clases... la fuerza rea-l de la teoría de la lucha en Marx no yace en invertir la polaridad entre capital y trabajo sino en disolverla».2“ Para am- bos autores, el trabajo existe en y contra el capital, pues «es sólo el trabajo el que constituye "la realidad social. No hay fuerza externa, nuestro propio poder es confrontado con nuestro propio poder, aunque en una forma alienada».29 La conexión interna entre trabajo y capital esta dada por el hecho de que el capital es trabajo, aunque se objetiva como algo externo a éste, a través de múltiples mediaciones. Los términosintegración y tras- cendencia ofrecidos por Bonefeld apuntan a entender esta forma de exis- tencia contradictoria del trabajo: «El continuo dialéctica de integración y trascendencia recalca la nodón de un mundo práctico en el cual la inte- gración del trabajo dentro de la relación del capital y la trascendencia revolucionaria del capital no están ni lógicamente presupu'estas ni históri- camente determinadas».30
Metamorfosis del capital, alienación en movimiento La relación intrínseca entre trabajo y capital no es sólo teórica sino cons- titutiva de las formas en las que creamos, experimentamos y comprende- mos los procesos sociales en la sociedad capitalista.
En sm primeros escritos Marx explicó el proceso de alienación de la vida humana, mientras la constitución social del valor en la forma de tra- bajo concreto, en abstracto (dinero) y en capital no es abordada comple
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tamente. La noción de alienación es allí todavía estática, pues Marx esta- ba, en gran parte, dedicado a develar, a través de su teoría del trabajo alienado, el misterio que la economía política había naturalizado como cooperación. Por otro lado, en El capital (y en Grundrisse) Marx develó el fetichismo de las relaciones sociales capitalistas, partiendo de la categoría «trabajo» y poniéndola en movimiento como mercancía, dinero y capital, explicando así el misterio de la metamorfosis del valor en capital; pero, como se ha señalado, existe un silencio en el libro, a mi modo de- ver, ruidoso: el hecho de que «el trabajador como sujeto» y el análisis del movimiento a través del cual los «trabajadores presionan en la direCCión contraria al capital» estén ausentes en esas páginas." Cuál es, entonces, la relación entre los sujetos y la producción y reproducción social del capital en este complejo mundo de formas abstractas y alienadas de existencia social?
La forma de abordar esta pregunta es la de concebir el proceso-de producción, valorización y acumulación del capital como el mismo movi- mientocontradictorio de alienación-desalienación social. Para ello, la obra de Marx debe ser concebida como una obra orgánica.” Lejos de alejar-se de la teoría 'de la alienación del trabajo, con el objeto de realizar un aná- lisis «económico», El capital laenriquece: «la crítica a la economía política era incompleta hasta que se transformó de una crítica filosófica y política externa, que establecía los límites de la economía política, revelando sus presuposiciones ocultas, en una crítica histórica y teórica interna que po- día proveer una mejor teoría de la sociedad capitalista».”.Así, El capital y los Gmndrísse integran la crítica inmanente a la sociedad capitalista y a la noción de alienación de una forma más sofisticada que los Manuscritos-de 1844.
Por un lado, entonces, bajo las relaciones de producción capitalista, ¿antra- bajo no es vida...es sólo trabajo forzado impuesto sobre mí no a través de una necesidad interna sino a través de una necesidad arbitraria externa...se transforma. en ...la expresión de la pérdida de mí mismo y en mi impoten- cia»? Es decir «la producción no produce al hombre como una mercancia, la mercancía humana...también lo produce como un serhumano mental y físicamente deshumanizadoumi‘5 Por otro lado, el proceso de la metamorfosis del capital y sus circuitos,36 es decir D-M...P...M’-D’, no tie- ne ni principio-ni fin: el valor deviene mercancías, la mercancia dinero y el dinero deviene capital; luego, «la constante repetición del intercambio lo convierte en un proceso social normal...».37 Pero «no es la naturaleza del dinero lo que da lugar a esta relación; es más bien la existencia de la
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relación la que puede transformar la mera función del dinero en la fun-f ción del capital».3" Según Marx, la relación capitalista propiamente dicha», aparece sólo en el proceso de producción debido a que ya existe implíci' tamente en el acto de la circulación, en diferentes condiciones económi cas, donde el vendedor y el comprador se confrontar] en su relación de: clase. Por ello, la constante repetición de dicho proceso social normal no. significa en absoluto que sea lineal o pacífica, pues el motor del circuit i de reproducción es la posibilidad de que la energía humana sea transfor mada en-valor, y sea encapsulada en la forma de mercancia, en su form ' negada, como capital, y en el sostenimiento de dicha objetivación.
Por lo tanto, vemos que la alienación en el pensamiento (le Marx no e ni falsa conciencia ni una característica estructural del capitalismo, sin ’ un proceso contradictorio de fetichización-dcsfelichización, el mismo pro-'-' ceso por el cual el capital, como subjetividad alienada, se produce, repro-l (luce y expande: «el trabajador produce capital y el capital lo produce a éli lo que significa que el se produce a si mismo; el hombre como trabajador», como mercancía, es el producto de este ciclo total»?J La metamorfosis del. capital es la transformación de energía humana en formas reales e iluso-2 rias quesimultancamente lo afirman y lo niegan como tal, y que se repro- ducen a través del movimiento del capital. Este movimiento requiere. de múltiples- rnediaciones (abstracciones reales), tales como el estado, las le- yes, el dinero, que son a la vez producto de dicha relación contradicto- ¡ig-Li“)
Cuatro cuestiones se desprenden de esto: i) en tanto la autonomíadel trabajo respecto del capital no existe, pues el capi-tal es trabajo existiendo en forma negada,’l alienación-desaliena-ción conforman un fenómeno contradictorio y constante que constituye la vida privada y social; pues ii) en el mismo momento en que el trabajo abstraCto cobra materialidad en la forma de una mercancía, la vida humana se desmaterializa en las formas de trabajo concreto 'y abstracto.42 Este proceso de aberración («la reduc- ción del trabajo concreto-y la reducción de trabajadoreshumanos particu- lares a trabajo simple medio e indiferenciado»)‘“‘ no puede ser otra cosa que contradictorio-y conflictivo, pues se trata deala sujeción-resistencia de la vida humana a la forma mercancía a nivel social; consecuentemente, iii) la «personificación de las cosas» (o la transferencia del poder de la gente al poder del estado, la ley o el dinero) así como «la desmaterialización del trabajo humano» (la transformación de la energía humana en mercancía y en trabajo abstracto, dinero, y luego capital) no son elementos externos a la constitución de la subjetividad sino inmanentes. Por ello, iv) si «el tra-
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bajo no es mediado por las relaciones sociales, sino que más bien él mis- mo constituye la mediación y es él mismo una forma de mediación: la dominación del trabajo es auto-dominaciónw“ se sigue que dicho proceso no puede estar determinado por ninguna lógica del capital sino que es en sí mismo lucha ¡de clases. En este sentido, la noción de en y contra el capital debe ser entendida como una lucha del trabajo poreliminarse a sí mismo en su existencia como trabajo concreto y abstracto, destruyendo la subjetividad alienada, pero de mantenerse a sí mismo como mercancía y como capital, para sobrevivir concretamente.
Conti-adicción inman‘ente, lucha de clases
Entendida como la confrontación entre dos subjetividades no problemá- ticas, es decir capita'1(istas) y t,rabaj(adores‘), la noción de lucha de clases se ha vuelto,‘en.la actualidad, difusa; y complicada, sobre todo por los carn- bios producidOS en la cómposición social de la clase trabajadora y las for- mas .globalizadas del capital. 'Los cambios en las formas de existencia del capitaliglobalización) yv‘del trabajo (fragmentación) han dado crédito a las teorías liberales (y postrnodernas) a sugerir que la lucha'de clases ha muerto.‘l5 Ello se debe, en parte, a la relación teórica establecida entre capital y trabajo que ubica alca-pital como una entidad externa cambian- te, poderosa, autosuficiente, y al trabajo como el objeto pasivo de su do- minación. Como vimos, Marx ha señalado la existencia contradictoria de la relación entre trabajo y capital, que muchas veces a sido reducida ala simple confrontaciónentre trabajadores y capitalistas. Para Marx trabajo y Capital deben ser diferenciados de «los trabajadores» y de «los capitalis- tas» "respectivamente, pues la existencia de trabajadores y capitalistas, como subjetividades confrontadas corresponde a un momento histórico del desarrollo del capitalismo en el marco de la lucha de clases. Dichas subje- tividades pre‘suponen expropiación y explotación, pues implican un tra- bajadorlibre y' separado de sus medios de producción, como así también un capitalista libre y 'sepa‘rado de los medios de coerción,- es decir, la cons- titución del mercado de trabajo, el estado y la ley; El problema entonces radica en' naturalizar y tomar como punto de partida de la lucha de clases a esas dos subjetividades confrontadas cuando en realidad ellas mismas son el producto histórico de la lucha de clases misma: «la sociedad capita- lista nose desarrolla a través de la lucha de clases. Más bien, la lúcha de clases es un momento constitutivo de la relación capital debido a la exis- ten-cia del trabajo dentro del'concepto del capital»."G Más aún, «nacirnos y existimos- en una relación de lucha. Nos constituimos y movemos en lu-
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cha... la existencia de las sociedades de clases- depende de la lucha diaria por explótar» lucha que es la más de las veces invisible.“7 La constitución de subjetividades en lucha un momento histórico preciso es la expresión dramática de la contradicción inherente al capital como relación-social. Pero no se trata de una contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y apropiación privada del plusvalor, sino una explósión. en un momento determinado de la cotidianeidad de esa lucha, fundada en la posibilidad/ imposibilidad del capital'de mantenerse como independien- te del trabajo (abstracción), de negarlo (mercantilizarlo), a través de me- diaciones institucionales, políticas, económicas y sociales. Dicha explo- sión no sigue ninguna lógica propia del capital'sino que es un producto de su misma constitución, o sea, es lucha de. clases.
Dar cuenta de esto es tarea del marxista, pues «el análisis teórico de las formas sociales de la reproducción capitalista desarrolladas en El capi-tal no provee ningún tipo de verdadeterna, sinosolamente las-baseszanalíti- cas sobre lascuales desarrollar análisis históricos comparativos de las for- mas más concretas (y complejas) particulares- en las cuales las relaciones sociales capitalistas'se expresan y desarrollann.“
(Des)ocupados, mercancía trabajos‘in vender El fenómeno del desempleo masivo-culos últimos años ha generado múl- tiples e'interesantes debates acerca de sus causas, efectos y posibilidades de solución, así como también evaluaciones críticas morales y éticas sobre sus efectos excluyentes y devastadores, no sólo a nivel social sino indivi- dual y familiar. Siendo las tasas de desempleo nacionales y mundiales tan alarrnantes, ¿pueden los desocupados seguir siendo concebidos como el «ejército de reserva» del capital?‘9
El-desempleo masivo y el aumento de la pobreza y marginalidad, lejos de interrumpir la reproducción y acumulación del: capital, pnede incrementar los beneficios para los capitalistas, justamente porque el de- sarrollo desigual es una delas características de las formas actuales de la acumulación.50 Sin embargo, en términos cualitativos, el desempleo pre- senta un problema crucial parael capital. La pregunta. que debemos ha- cemos, en términos de la lucha de clases, no es si el capitalismo 'es capaz de sobrevivir siendo cada vez más excluyente, o si el capitalismo necesita, para funcionar, dela desocupación, porque la tendencia a ocupar cada vez menos empleados y la de tratar de obtener mayor plusvalía han sido históricas y contradictorias en el desarrollo del capitalismo."H La pregunta es: ¿qué ocurre cuando la contradicción inherentea la relación entre» tra-
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ajo y capital se constituye y expresa en un escenario de simultánea flui- dez y escasez del dinero, a través de la lucha de trabajadores que, compe- lidos a vender su fuerza de trabajo (mercancías), confrontan al capital como trabajo abstracto, es decir, no pueden vender su fuerza de trabajo? Si bien es cierto que la contradicción entre trabajo concreto y abstracto es inherente a la forma mercancía fuerza de trabajo y nos habla del funcio- namiento del mercado de trabajo —el status de desocupado no es fijo, sino " ue es una condición especial del trabajo concreto; la rotación de la fuer- za de trabajo existe-como tal- el desempleo implica la existencia de una subjetividad inherentemente contradictoria, quizá más contradictoriaque la del trabajador ocupado. .Si aceptamos que. el procesoude valoraciónry reproducción del capital es el mismo proceso de alienación en movimien- x o, lo que el desempleo presupone es conflictividad que se agrega a la iconflictividad ya existente entre los trabajadores.
Para el joven Marx, el trabajador es la manifestación subjetiva de la lenajenación, mientras que el capital es la manifestación objetiva de la [misma Pero, dice Marx, «el trabajador tiene la desgracia de ser capital irviviente, capital con necesidades...Como capital, el valor del trabajador ¿aumenta o decrece de acuerdo a la oferta y la demanda,—y hasta físicamen- te su existencia, su vida, fue‘y es tratada como la oferta de una mercancía, ¡como cualquier otra mercancía... Las cualidades humanas del hombre como trabajador.,.sólo existen en tanto ellas existen para un capital que es alien a él. Pero dado que cada uno esta enajenado respecto del otro... este carácter alienado aparece inevitablemente como real. EntonCes, tan pron- to como sucede que el capital —sea por necesidad o elección- deja de existir para el trabajador, éste último deja de existir para sí mismo; no trabaja... y en tanto existe no como hombre sino como trabajador, deberá enterrarse a sí mismo, morir de hambre, etc. El trabajador existe como trabajador sólo cuando existe para sí mismo como capital, y existe como capital solamente cuando el capital existe para él. La existencia del capital es su existencia, su- vida La economía política no reconoce a los trabajadores no ocupados, en tanto se sitúan fuera de la relación de traba- jo. El estafador, el tramposo, el mendigo, el desocupado, el muerto de hambre, el indigente y el criminal son figuras que no existen sino para otros ojos —para los ojos de los doctores, los jueces, los cavadores de tum- bas, etc.»52
Vemos que la concepción de los desocupados como ejército de reserva atribuida al marxismo es restringida, pues concibe a los desocupados como un factor de la producción que puede emplearse o no según los requeri-
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mientos del mercado de trabajo. Si bien esto es verdad, no es suficienti para comprender que hay detrás de este movimiento. En la sociedad capi-1, talista, la explotación no es individual sino social. Lo que implica-es que todos formamos parte del proyecto del capital, independientemente de nuestra condiciónlaboral. La sociedad capitalista es una fábrica social, pues «...la fábrica como el lugar de la producción es importante, pero las relaciones sociales de producción se determinan tanto afuera como den-1 tro de la producción. Mientras la producción es el momento dominantet sólo puede ser conceptualizado en términosdel circuito como un todo, y esto incluye a la reproducción». El desafío es «la inclusión de aquellos individuos concretos que no aparecen relacionados a la producción capi-j talista y entonces fuera de la clase trabajadora»:'" Mientras exista el capi-i tal, existe alienación: el capital es la prueba de la alienación. Lo que quie-i ro señalar es que en términos subjetivos, y en determinado momento
histórico, el (des)empleado, experimenta individual y colectivamente lai contradicción entre trabajo concreto y trabajo abstracto como ausenciar de contenido para su vida. Por ello la lucha del desocupado no puede ser entendida como una lucha por abolir la propiedad privada («revoluciona- ria») ni es simplemente una lucha por ingresar al sistema (conservadora),
sino una lucha por la materialidad e inrnaterialidad de su vida. Su e-xclu-. sión del nivel de la producción no inhibe la. experiencia subjetiva contra- dictoria de la forma mercantilizada de existencia y su negación, sino que la acrecienta, .pues «la sustancia del valor es el trabajo vivo comandado por" el capital con el propósito de ser éx'plotado. El trabajo es la presupo- sición de la existencia social como un todo, presuposición de la cual el capital no puede autonomizarse...el capital vive de transformar al trabajo en contra de sí mismo sobre la base de la existencia fetichizada del trabajo asalariado...».-"4
(Des)ocupados en lucha, contradicción en movimiento
Los casos concretos de conflictividad sintetizan múltiples determinacio- nes que si bien no son factibles de generalizarse, pueden ser tomadas como la expresión de tendencias globales. Para develar las particularida- des en el marco del todo, el método concreto-abstracto-concreto de Marx brinda excelentes posibilidades, pues «lo concreto es concreto porque es la realización de muchas determinaciones, y por lo tanto unidad de lo diverso. Aparece entonces en el proceso de pensamiento, como un resultado, no como un punto de partida, si bien es el punto de partida en la realidad y, por lo tanto, también el “punto de partida para la observa-
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.Ï-ión y la comprensión»?5 Los casos concretos ponen =al capital en movi- 'ento, lo muestran en toda su desnudez, lo exponen a la acción humana, la lucha de clases. ¿Cuál es la-relación entre la transformación del capital, conflictividad laboral-social y la subjetividad en Argentina del presente? La crisis de los ’70 significó la completa transformación de las relacio- es sociales capitalistas a nivel nacional e internacional; con «la esregulación delos mercados monetarios internacionales en 1971 y 1973, 'l dinero ha .ernergido como un eje central del conflicto social»?fi El giro ellreynesianisrno al rnonetarismo fue la temporaria resolucióna la crisis una forma de control del capital-dinero global por ¿parte los estados acionales y .la imposición de la forma dinero por sobre la del estado.“ esde mediados de los ’60 la inestabilidad había crecido junto a los costos e explotación .del trabajo, y la inversión en la producción devino menos egura como medio de expandir el capital.“ Enfrentando masivos movi- nicntos sociales como el deMayo del 68, «el capital para sobrevivir nece- iró liberarse él mismo de las relaciones de explotación, despegando de su ropia inadecuación y comi-rtiéndose en. capital líquido. Este proceso puede y’ escribirse como sobreacumulación de capital.59 Las economías latinoa- mericanas debieron afrontar estartransformación bajo características par- ticular’es. En Argentina, el tránsito desde la versión keynesiana-al rnonetarismo desplegóvarios tipos de violencia inherentes a la imposi- ción del dinero globalsobre los estados nacionales y a la- transformación del capital al interior de. los espacios nacionales. Así, fuga de capitales, represión directa y deuda» externa en los ’70 se transformó en hipen'nflación y crisis de la deuda externa en. los ’80; y en la imposición del credo del libre mercado, corrupción, coerción y represión directa rruevamente en los ’90."‘" Desde el punto de vista «económico», esos veinte años de tra-ns- formación refieren a un proceso de globalización internacional del capi- tal; desde el punto de vista «político» refiere a la crisis de los estados nacionales y a reconstruir una nueva capacidad para controlar y. regular al capital intemacional; desde el punto de vista «laboral», implica la crisis de las organizaciones sindicales, el desarrollo de nuevas estrategias que les permitan sobrevivir como tales y de representar a'la clase trabajadora, así como de organizar l‘a resistencia a los embates del capital. Sin embargo, como vimos, el capital no es una relación económica, política o laboral sino social y total, y fundamentalmente, implica la constitución social de la lucha de clases como parte de la vida cotidiana. La transformación del capital remite a «la conexión interna entre dinero y lucha de clases [que] es compleja... la historia del dinero puede ser vista como el movimiento
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de composición, descomposición y recomposición de las. relaciones a _ clase».6' i
En Argentina, la reestructuración del capital requiere de la transfonn ción del trabajo (social) a nivel nacional (nuevas formas de producció intensificación de la explotación, incremento de la productividad, flexibi lidad interna, reestructuración de personal, despidos). Este capital ree tructurado tiene .la libertad-de fluir a/ desde otras regiones generando a Í un movimiento de dinero difícil- de controlar, junto al desarrollo econ mica desparejo, dejando a ciertas áreas dentro de los estados nacionale, «sin dinero» (cash para pagar sueldos o inversiones de capital). En esta: jj áreas geográficas, la fórmula del capital D-M-D’ se convierte en D-D’, el" decir, el dinero se reproduce a si mismo intensificando, reduciendo, "_ evitando el uso de» la fuerza (le trabajo viva. En ese movimiento de «tran -' formación» del capital se genera la necesidad de paliar el déficit fiscal y l: situación de desempleo y pobreza, por lo cual estados nacionales -adquie_ ren créditos de organismos internacionales, incrementando así su- deuda - Ese capital liquido sustenta las políticas sociales y los programas de a", pleo: .«Y entonces, hay deuda. La transformación del capital es su form :' dinero significa que mucho de ese dinero es ofrecido como préstam’ que es convertido en crédito y deuda».“’-’ Por ello, globalización del capi tal, aumento dela productividad y crecimiento del Producto Bruto Inter, no‘ conviven con i) déficit fiscal, pobreza, desempleo, la tendencia a : fragmentación de la fuerza de trabajo y consecuentemente de susluchas la reducción del espacio institucional para la participación sindicarú y ii ' abundancia de crédito internacional para el desarrollo de políticas socia ¡les y programas de empleo. Las políticas de estabilidad intentan controla ese movimiento del capital, bastante infructuosamente. Laecuación D-D I muestra que «el trabajo como sustancia del'valor se manifiesta asimi'sm. solamente en el dinero»."“ Sin embargo, como vimos, si bien el diner‘ aparece como el medio a través del cual el trabajo concreto deviene traba; jo abstracto, él mismo no crea ese movimiento contradictorio sino qu esta aparente independencia y poder trascendental del dinero es cread' por la lucha de clases.“5 l
D-D’ significa «capital desempleado de un lado y trabajadore: desempleados por el Otro».GG Pero, dado que el dinero es una forma absj tracta de la relación de explotación capitalista, mientras D-D’ aparece com o autoexpansión del capital evadiendo al trabajo, al mismo tiempo D-D’ e’ sólo un momento en el cua-l‘ el capital logra evadir al trabajo, pues D-D; depende de la efectiva «habilidad del capital de explotar al trabajo».67 l
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Los conflictos se produjeron en zonas donde la crisis económica cróni- ca se combinó con la privatización (de YPF, en Neuquén y Salta) o rees- tructuración (Ledesma, enjujuy) de la única fuente de recursosy trabajo, generando un incremento de la pobreza y del desempleo que llega a ci- fras alarrnantes, siendo dichas áreas zonas de la alta rentabilidadde las industrias reestructuradas, o privatizadas (YPF, Ledesma), contrasta con la escasez de dinero y recursos (reducción salarial, sueldos atrasados, utiliza- ción de bonos en lugande cas/r). En ausencia del dinero (salarios atrasa- dos, bonos, desempleo, desinversión) el movimiento del capita-l genera, en esas áreas, violencia'y una competencia descarnada por la obtención de recursos eScasos.,.En primer lugar, entonces, los conflictos despliegan la contradicción de dicho capital in -motion.- En segundo lugar, los casos develan, ¡sr-impotencia y a la vez la transformación que sufren los estados provinciales y las organizaciones sindicales, tal como los concebi-mos en los últimos 40 años. Los conflictos fueron un desafío para los gobiernos y para los. sindicatos locales y nacionales, en términos de su capacidad de contención y solución, y participación y apoyo a estas luchas, respectiva- mente.“ En tercer lugar, los casos develaron que el poder del trabajo no —es «organizacional» (no yace en' las organizaciones. sindicales o partida- .rias), sinoque es sistémico. En cuarto lugar, quedicho poder puede ser individual y colectivamente reapropiadov por un momento. Dicha reapropiación se produce cuando el contenido cuestiona a la forma traba- jo abstracto y produce momentos de subjetividad trascendente donde el poder social es-individual y grupal al mismo tiempo; es decir, es poten- cia-.939 En dichos momentos fugaces la energía es transformada, en una for- ma especial, difícil de asir en el largo plazo, y a travésde las. categorías estáticas que manejamos-cuando analizamos «el conflicto laboral». En quinto! lugar, los cortes de ruta mostraron las dificultades de la noción de acción racional para Comprender el significado y el desarrollo de estas luchas. La importancia de lapasión, el dolor, el- enojo,.la furia, el hambre, la desolación, l-a- desesperación, la resignación, la solidaridad, la dignidad, no tienen, en general, cabida en el análisis tradicional de la acción colec- tiva. Sin embargo, la _lucha entre David y Goliat sólo es posible de ser aprehendida si se incorporan est‘os elementos al análisis,- pues nos esta- mos refiriendo a una contradicción que, lejos de ser ser abstracta, remite alas formas y contenidos sociales de, la vida?" Por ello, en sexto lugar, los casos muestran que las formas políticas de «sujetar» o condicionar la pa- sión a la racionalidad capitalista no fueron efectivas durante los conflic- tos. Ello no se debe solamente a una incapacidad política o institucional
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de tal o cual gobernador o gobierno, sino a que el capital,,al negar al trabajo en el desempleo, o en la ausencia de inversiones, en parte se niega a sí mismo como tal y, c’on ello, la forma mercantilizada de la vida estalla en múltiples contradicciones liberando así, energía humana. Las contra- dictorias estrategias del gobierno apelando a la «razón» por un lado y reprirrriendo por el otro, fallan en sujetar dicha pasión a los parámetros de la práctica política liberal.7|
Conclusiones
La condición humana que el capital impone es precaria» einsegura pues se trata, como-vimos, del constante movimiento para sujetar los contenidos a una forma que simultáneamente los niega y afirma. La producción y reproducción de la vida social no es un proceso económico. opolítico sino total, pues la producción y reproducción del capital como una abstracción real es también un proceso de constitución de formas sociales alienadas de la vida que transforman la creatividad y los atributos de las-personas en el poder, creatividad y atributos de las cosas, tales. como el estado o el dinero. La transformación del trabajo en capital y la subsunción del traba- jo en el capital es el constante y contradictorio proceso de alienación humana en movimiento. Por ello, la lucha de clases ha sido entendida en este trabajo nocomo la confrontación entre trabajadores y capitalistas, sino como una contradicción constitutiva de la existencia social cotidiana del capital, que, en determinados momentos históricos, explota en es-‘pccí- ficas formas. La razón de esta amplia concepción de la lucha de clases-no se basa solamente en el rechazo a la idea de autonomización del trabajo respecto del capital (que es un mito bien .intencionado del autonomismo), o en el rechazo a la total subsunci‘ón del trabajo a la lógica del capital (el mayor pecado del estructuralismo), sino en lo opuesto: se basa en la idea de que la lucha de clases existe debido .a la relación interna entre trabajo y capital, donde ni trabajo ni capital son independientes el uno del otro. El ocultamiento social de dichaconexión requiere no sólo de la separa- ción entre esferas políticas y economicas sino, y principalmente, de la constitución simultánea del capital-como sujeto, como entidad externa a, e independiente del, trabajo, de la cual la separación entre política y eco- nomía es una consecuencia. Esto implica que el capital, como forma real e 'ilusoria objetivada dela existencia sociallleva en su movimiento de produccióny reproducción una contradicción intrínseca-que debe .per- rnanentemente negar: su existencia como trabajo en su forma de ser ne- gada o alienada. Pero, da‘do que esta existencia no remite a la expansión
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de una lógica autónoma sino a la de una abstracción real que conlleva lucha, contradicción y negación, el capital se convierte así, simultánea- mente, en la negación de la vida social y en el potencial para su creación y desarrollo. La esencia de esas luchas, entonces, se halla alojada en el corazón del capital. La pregunta acerca de si estos conflictos significaron una menor sujeción al poder del capital no es adec‘uada. Si la sociedad es una fábn'ca social, el hecho de estar desocupado no libera al sujeto de ser compelido a vender su fuerza de trabajo en la forma de una mercancia. Por el contrario, obligado a esto, el único objetivo del desempleado es, lógicamente, buscar un trabajo para sobrevivir.72
Mi intención fue mostrar que el desempleo y la pobreza se yer-guen como subjetividades tanto o más problemáticas que las del empleo, pues confrontan al capital consigo mismo. Señalar esta contradicción implica consecuencias políticas fundamentales. La disolución de las formas es la (de)construcción del capital como relación social,- y en ese sentido, es inherentemente subversiva, pues significa a su vez la disolución del traba- jo como mercancía desde el trabajo como mercancía. El camino es emi- nentemente político, subjetivo, social, en y contra, donde «cada resultado es apreciable sólo a pósteriori».7’ Por ello, la relación interna entre traba- jo y capital no implica que, durante estos conflictos, los sujetos no hayan podido experimentar un momento de trascendencia en el aquí y ahora, a través de su accionar, que también fue contradictorio.“ Y en dicha con- tradicción yace la posibilidad de la luz. Los conflictos analizados en este trabajo demuestran que, aunque las formas del capital, del trabajo y de la vida cambien, la contradicción alojada en la naturaleza descoraz’onada. del capital no puede ser evitada. Estas puebladas han sido la lucha colectiva de sujetos particulares en y contra las form“ alienadas de su vida social capitalista. En ténninos "cualitativos (subjetivos) y como proceso (no como resultad05)'los Conflictos generados por los sujetos, ofrecieron a los suje-r tos mismos la posibilidad de experimentar y hacer consciente la posibili- dad de'desujeción a través de la acción social colectiva concreta.75
Una interpretación de la lucha de clases como la expuesta permite, por un lado, evitar cualquier tipo de teleología, sin caer en el eclecticismo, mientras que, por el otro, abre un espacio para concebir otras posibilida- des de lucha y subjetividades confrontadas. Si aceptamos que «el conflicto entre capital y trabajo es, fundamentalmente, un conflicto basado en el intento del capital de comprimir al trabajo en un universal abstracto (tra- bajo abstracto), y la lucha del trabajo en reafirmarse asimismo como una fuerza universal concreta en el mundo...»,7"’ este conflicto puede adquirir
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las formas mas diversas, sintetizando ycaptando como en. una película, a? sujeto y su» vida, alojados en el corazón de latransformación del capital. j
Por último, cabe decir que, en su 150 aniversario, las 23 páginas del'Ï Manifiesto Comunista se actualizan. Su moraleja política más importante es que el capitalismo es sinónimo de incertidumbre, movimiento,.lucha yl crisis pues «todo lo que es sólido se esfuma en el aire». Marx no intentó} a pesar de su compromiso político, brindar-una alternativa al capitalismo, sino que apuntó directamente a su corazón para negarlo, destruir-lo, ridi- culizarlo; Liberación es, sin duda, sinónimo de (de)construcción y nega-i ción.77 En la actualidad, n'o es el espectro del comunismo el que amenaza al mundo, sino el del capital, esa fantasmagórica abstracción real que se?í halla permanentemente (auto)amenazada- por la acciónde los sujetoscon-j cretos. Por ello, este artículo intentóxser un aporte para lograr ¡que la luz l atrapada en el interior de' esos agujeros negros, aparentemente imposible de detectar desde afuera, se extienda hacia el exterior. De otra manera, los protagonistas. quedaran aislados, atrapados en el interior de esos pun- tos infinitos de luz brillante que desafían la gravedad y desde donde no hay retorno posible, mientras nosotros, los de afuera, seguiremos pensan- do erróneamente queson simplemente eso, agujeros negros, una dimen- sión inconmensurable, inhumana e irracional, en medio del vasto espacio de relaciones sociales capitalistas «objetivas y concretas».
Marzo 1998.
Referencias
' Agradezco infinitamente a Simon Clarke y Michael Neary por las charlas enriquecedoras sobre el tema de este trabajo, sin por ello responsabilizarlos de lo que aquí afirmo. La traducción de las citas de los. textos en inglés es "mía.
2 Docente e investigadora en temas tqóricoTempíI'icos sobre capital, estado, conflicto laboral y subjetividad del trabajo, Universidad dehBuenos Aires y Uni- verSidad de Warwick, Inglaterra.
3 SILK,_] (1995) The Big Bang, Freeman and Company: NY
‘ Sobre agujeros negros en física aStronomía, Ver SILK, (1995), op cit; SHIPMAN, H (1980) Black Holes, Quasars and the Universe, Houghton Mifflin Company: Boston; DAVIS, P (1983) The edge of 'infim’ty. Naked singulmities and the Destruction of Spacetime, Oxford University Press: Oxford - NY.
-" FAVARO, O et al (1997) «La conflictividad social en Neuquén. El movimien- to cutralquense y los nuevos sujetos sociales», Realidad Económica .148, IADE, Buenos Aires: p 27 y 15-16 respectivamente.
G LIZAGUIRRE, F et al (1997) «Del cordobazo al jujeñazo», Lucha de Clases
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l, Buenos Aires: 17 y 32 respectivamente.
7 Cabe decir que este ensayo es sólo un intento de interpretación de estos _ onflictos, como parte de mi investigación de doctorado «Sujetos de la contra- icción: estado, capital y trabajo en Argentina de los 90» que re‘alizoen el Depar- Y- mento de Sociología de la- Universidad de Warwick, bajo la dirección de Simon ‘Clarke. Cualquier comentario crítico será más que bienvenido a la dirección '- Electrónica. syrdp@ice.csv.warwick.ac.uk
“ MARX, K (l844)(1992) «Economic and Philosophical Manuscripts» en Early i 'ritings, Penguin Books, London: 324. Como indica Holloway, «si la sociedad o es otra c'osa que subjetividad y su objetivación, se sigue que la subjetividad práctica) es el. único punto de partida posible para comprender la sociedad...el undo sólo puede ser entendido subjetivamente, críticamente, negativamente, esde abajo». HOLLOWAY,j (1995) «From Scream of-Refusal to Scream of i ower: the centrality of work» en BONEFELD et al '(eds.) Open Marxism vol 3, L luto Press,"London: 172.
9 SHIPMAN, H (1980) Black Holes ..., op. cit.: 77.
"’ GOMEZ, M' et al (¡996) «Conflictividad laboral durante el Plan de ‘v nvertibilidad (1991-1995)» Cuadernos del Sur, Year 12, no 22/ 23, Ed Tierra del uego: Buenos Aires.
= “ Ejemplos .de esto han sido el Santiagazo y el conflicto de Tierra del Fuego, onde el trabajador metalúrgico Victor Choque fue asesinado por la gendarmería acional.
'2 SMITH A en CLARKE, S. “(1991) Marx, Marginalism ¿9’ Modern Sociology. rom Adam Smith to Max Weber, Macmillan, London: 24.
"‘ Idem ant: 85.
"‘ Idem. ant.
'5 Idem. ant.
'5 Ver a modo de ejemplo las siguientes compilaciones y estados del arte: BUSTOS (1995) ed. Más allá de la estabilidad. Argentina en la ¿poca de la globalización Pla regionalización, Fundación F. Ebert, Buenos Aires; MINUJIN A (ed) (1996) 'Desigualdad y exclusión. Desafíos para. la politica social en la Argentina de fin de siglo I'JNICEF/ Losada, Buenos Aires; Revista Encrucijadas, Anno .II nro4, Mayo, Uni- versidad de Buenos Aires, Buenos Aires; CATALANO, A M y NOVICK, M (1992) uRelaciónes laborales y sociología del trabajo: a la búsqueda de una confluen- rcian», Sociedad, vol. l, Universidad de Buenos Aires, October 1992:27-54; MORE- NO, O (l993)comp. Desafíos para el sindicalismo en la Argentina, Fundación Ebert, Legasa: Buenos Aires; MTSS (1995) ed, Libro blanco sobre el empleo en la Ar- gentina, Buenos Aires; PANAIA, M ed. (1996) Trabajo y empleo. Un abordaje interdisciplinario, EUDEBA/PAITE, Buenos Aires; PENALVA S 8: ROFMAN A «(1996) ed. Desempleo estructural, pobreza y precariedad. Coordenadas y estrategias de política social en la Argentina y América Latina, Nueva Visión, CEUR, Buenos Ai- res; BECCARIA L 8a LOPEZ N ed. (1996) Sin trabajo. Las características del desem-
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pleo y sus efectos en la sociedad argentina, UNICEF/ Losada, Buenos Aires; DELlC ' F (1997) El desempleo de masas en la Argentina, NORMA, Buenos Aires; entr otros. ' '7 NEARY, M 1998 «Labour: the future of poetry» en NEARY, M comp. (199 ‘ Global Hwna'nisation: Studies in. the Mann/aclare of Labou-r; Mansell, London, pro 1 to a publicarse». ’ "‘ Este es el caso de Klaus Ol'fe quien «cuestiona severamente el uso del sra jo como categoría central del análisis socio-pcflítico. Desde luego, asume q 7. junto con esta” centralidad desaparece la centralidad de los propios trabajad res», DELICH, F (1997) El desempleo de masas... op. cit.: 15. Ver opinión-contra a la de Offe en ANTUNFS, R (1997) ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la meta-modos " y el rol central del mundo del trabajo, Piedra Azul, Venezuela. - “' NEARY, M 1998 «Labour: the future of ...» op cil. 2" CLARKE, S (1991) Marx, Marginalism... op. cit: 142-143; L" BONEFELD, W (1996) «Money, Equality and Exploitation: An lnterpretatio of Marx’s Treatment of Money» en BONEFELD, .W y HOLLOWAY, (1996) ed Global copita]... National State and thePolitic‘s of ll'lo'ncy, Macmillan, London: 181. 1 22 DINERSTEIN, A y NEARY, M (1997) «Modernity or Capitalism: Abstta' theory or theory ol' abstraction?» Paper presentado en el Segundo encuentl sobre ‘Teoría y 'l'ransfbrmación Social, Universidad de Sussex, Brighton, lnglat.Ï rra, ,10-11 Octubre 199.7. ' 2“ MARX, K(1973) Grundrisse, Penguin Books, London: 157. Ver HOLLOWAÏ j 1995. Trom SCream to Refusal to Scream of Power... op.cit.-; HOLLOWAY, ‘ (1991) «ln the Begining was the Scream», Com-mon Sense, no ll, CSE, Edinburgh. 69-78. ' 2‘ CLARKE, S (1991) Marx, Marginalism and... op. cit: 141 CLEAVER H (1993) «Marxian Categories, the Crisis of Capital and th -' Constitution of Social Subjectivity Today» Common. Sense no. 14, CSE, Edinburgh I ‘-’“ Esto .no hace referencia a como «los Sujetos» experimentan. al .Jcapitalismtfi —ni- a como se constituyen en clase social a ‘través de su propia práctica.- Com " Clarke ha señalado, la falencia de los geniales estudios historiográficos de E. TllÓlIlpSOll y la escuela .del Humanismo Socialista, que han rechazado el |110thth1 estructuralista enfatiïando el carácter creativo de las luchas obreras en Inglatd; rra, reside en que se coartaron a sí mismos la posibilidad de explicar la unidad que subyacia a esas luchas l'tagmentadas y particulares: «sólo una visión de sociedad capitalista como un todo puede proveer las bases para que las relació-Q nes de explotación y opresión tengan una unidad que sea más fundamental que: las formas l'ragmentadas en que son experimentadas por la gente-a. la teoria debe explicar ambas ‘cósas’: la unidad de las relaciones de clase y la fragmentaciómí y el fetichismo de esas relaciones en términos de experiencia; esta última es tati importante como .la primera... Esta» no es una necesidad epistemológica sinq política», CLARKE, S (1.979) «Socialis't Humanism and the critique of Economism»,
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lHistory Workshop no 8: 153.
27 BONEFELD W (1995) «Práctica Humana y Perversión: entre la Autonomía y la Estructura» Doxa 13/ l-‘l, Buenos Aires: 48. Ver tambien BONEFELD W (1995) «Capital as Subject and the Existence of Labour» en BONEFELD W et al (1995), eds., Open A'lmxism, Vol. lll, Pluto Press, London: 182-212.
2” HOLLOWAY, j (1995) «From Scream ...» op. cit.: 164
2" HOLLOWAY 1993 «The freeing of Marx» Common Sense no 14, CSE, Edinburgh: 19.
"" BONEFELD W (1995)::zl’ráctica Humana y perversión ...» op. cit.: 49.
3' LEBOWlTZ, M (1.997) «The Silences of Capital», Historical Materialism _no l, Autumn (1997): 138. Ver también Beyond Capital: Manc’s Political Economy of the lll'orking Class, St. Martin’s Pressz-NY (1992); y «The one-sideness of Capital» en Review of Radical Political Economics 14: 4, Winter 1982.
“2 La idea de que existen dos Marx, el filósofo y el economista, ha sido predo- minanteentre los marxistas. Sin embargo, esta interpretación parece ignorar la unidad del pensamiento de Marx, Ver por ejemplo (ILARKE, S (1991) Marx, A/Imginalism... op. (Jit; GUN-N, R (1992) «Against Historical Materialism: Marxism as a First-order Discourse». en BONEFELD W et al, eds. (1992) Open. Ma-txism vol 2, Pluto Press, London: 1-415; BERNSTEIN, R (1971) Praxis and action Duckworth, Philadelphia, entre ottos.
’i‘ CLARKE, S (1991) Marx, Marginalism and...op cit.: 90.
3" MARK, K «Excerpts from james Mill’s Elements of PoliticalEconomy» en Early Writings, op. cit.: 278. Lo resaltado es del autor.
“5 MARK, K (1992) Early l'l’rilingst." idem ant: 336
3“ MARK, K (1992) Capital, vol. 2, Penguin Books, London
“7 MARK K (1992) Capital, vol 1, Penguin Books, London: 182.
5‘“ ldem ant.: 115.
3“ MARK, K (1992) Early ll’rilings, op. cit., 333-334
4" La comprensión de laalienación como un proceso resuelve la dicotomía entre ubicarla a nivel de- la producción o a nivel de la circulación. Ver HOLLO WAY] 1997 «A note on Alienation» Historical Materialism nro l, Autumn 1997, Harmondsworth; y HO-LLOWAYJ ¡(1995) «From Scream of Refusal...op cit: 175. Ver CLEAVER H (1992): «The Inversion of Class Perspective in Marxian Theory: from Valorisation to Self-Valorisation» en BONEFELD W et al, (1992), eds., Open. Mantis-m, Vol. ll, Pluto Press: London. El dinero, por ejemplo, existe realmente como medio de catnbio pero es, a la vez, la prueba de la existencia de la propiedad privada. Esta última Característica es fetichizada por la propia rela- ción capitalista. Ver DINERSTEIN, A (1998) «The Violence of Stability in Argen- tina» en NEARY, M (1998) comp.: Global Humanisation: Studies in... op cit.
4' Ver la noción de «forma de ser negada» en GUNN, R (1992) «Against Historical Materialismz’Marxism as...»op. cit. y en BONEFELD, W (1994) «Prác- tica Humana y ...» op. cit.
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42 NEARY, M comp. (1998) Global Humanitation: Studies in... op. c’it.
4” NEGRI, A (1991) Marx beyond Marx. Lessons on the Gmndrüse, Automedia- Pluto Press, Brooklyn-London: 129
4" POSTONE en NEARY, M (1998) «Labour: the poetry-of...» op. cit.
45 Es por ello que el Manifiesto Comunista es un documento político, histórica- mente situado, que no debe convertirse enel marco teórico para el análisis de la lucha de clases en el presente, a menos que los otros trabajos posteriores de Manr, tales como El Capital y Grundrisse, sean incorporados al análisis. Sobre esto, ver DINERSTEIN A y NEARY M (1998) =«Le Manifeste' Communiste: une critique marx'iste», Encuentro Internacional Le Manifeste 'COmmuniste: 150'annes apres’, Spaces Marx, 'Pari’s, 13-16 Mayo 1998.
“3' BONEFELD W «Capital as Subject and the- Existence Of...» op. cit.: 202.
47 HOLOWAY,_] (1993) «Open Marxism, HistoryandCla‘s‘s 'Struggleh‘Common Sense 13, CSE, Edinburgh: 82.
4‘? CLARKE, S (1991) Marx, Marginalism... op.»cit‘.:- '142-143.-Por ejemplo, 'mien- tras la esencia de El Cordobazo y el conflicto de CutraI-Có es la misma, es decir, la luchapor constituir sujetos que acepten las formas alienadasde la vida social y la resistencia a esto, la-forma en que se expresa es completamente diferente. Ambos son dos momentos diferentes de la lucha de clases expresando'la misma contradictoria naturaleza del capital. Por ello, el poder del trabajo no puede ser evaluado correctamente sin conectar la forma y el contenido de la lucha en de- terminados y precisos momentos históricos. Ver BATTISTINI O, (1994) «El poder del trabajo: una propiedad en disputa». Doxa'11/12, Buenos Aires: 21-28.
4” El desempleo ha crecido continuamente desde la implementación del Plan de Convertibilidad, aumentando de un.6% en 1991 al 18.5% en‘ 1995 PALOMINO, H y SCHVARZER,_], ¡1996 «El mercado de trabajo en Argentina: Del pleno em- pleo al colapso», Encrucijadas, Año 2 nro. 4, Mayo, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires: 17. Ver DELICH, F (1997) El desempleovde- masas", op. cit‘.;'LOZA- NO, 'C 1997 «Desempleo y pobreza en la Argentinat La situación de los próxi- mos 10 años», IDEP CTA, Cuaderno 48z-Buenos Aires.
.5" En Argentina, por ejemplo, el aumento de 'la productividad y del ProdUCto Bruto Interno corren paralelos al aumentovde'la pobreza y el desempleo. Ver BUSTOS, P (1995) y TOKMAN, V (1996)-.e'n DINERSTEIN, A (1997) «¿Desestabilizando la estabilidad? Conflicto laboral y violencia del dinero err- Ar- gentina», Realidad Económica 152, IADE, Buenos Aires: 37 y 38.
-"' .MARX, K (1992) Capital, vol. I op cit.: 420. Ver "por ejemplo, L‘EON, P (1997) «¿Puede funcionar el capital-ismo'sin desocupación?-», Realidad Económica 152, IADE, Buenos Aires: 4849. Estas preguntas tienen un profundo sentido ético y democrático, pero se hallan lejos de interrogar sobre“ la naturaleza violen- ta e irracional del capital y su expansión.
52 MARK, K (1992) Early... op. cit.: 333-334, cursiva del autor.
5“ NEARY, M (1997) Youth, Training and the Training State, Macmillan, London:
90 Abrib‘de 1998
27. Estoamplía definiciones de conflictividad laboral como, por ejemplo, «todo tipo de acción declarada, por la cual cualquier colectivo de fuerza de trabajo persigue la satisfacción de demandas o conseguir realizar intereses propios en la esfera de las relaciones sociales de producción» en GOMEZ, M et al (1996) «Conflictividad Iaboral-dúrante...» op cit: 120, lo destacado es mío.‘
5‘ BONEFELD, W (1996) «Money, Equality and...» op. cit. 181
55 MARK, K(1973)Grundrisse, op. cit.: 101
5“ BONEFELD, W (1996) «Money, Equality and...»op. cit.: 178
57 La ruptura del sistema de Bretton Woods significó la imposibilidad de regu- lación monetaria a nivel nacional; la crisis de las políticas del bienestar a nivel nacional y de la-integración de la clase trabajadora en las relaciones capitalistas, a través de políticas sociales; la emergencia de nuevas monedas como standard in- ternacionales de ‘calidad’ con la consecuente nueva regionalización en torno a la cooperación regional: ver BONEFELD, W (1996) «Estado Sociedad: Panoramas y Tendencias», Dialektica, nro 8, Buenos Aires: 39-50. Ver también CLARKE, S (1988) Keynesianism, Monetarism and the Crisis of the State, Edward Elgar: Aldershot.
5“ HOLLOWAY,] (1994) «Global Capital and the National State» Capital ¿9’ Class nro 52, CSE, London: 23-47.
59 Idem ant.: 40.
fi"DINERSTEIN, A (1997) «¿DeSestabilizando la estabilidad? Conflicto laboral y violencia del dinero ...n, op. cit,
5' BONEFELD, W y HOLLOWAY, j (1996) «Conclusion: Money and Class Struggle» en BONEFELD, W y HOLLOWAY, j (1996) eds Global Capital.., op. cit: 210-211. '
5“ HOLLOWAY,] (1994) «Global Capital and the...» op. c'it.: 42.
ñ“ DINERSTEIN, A (1996) «Capital Global, Trabajo y Sindicatos: acerca de la formas y los contenidos» Doxa 16, Buenos Aires: 32-43.
5‘ BONEFELD, W (1995) «Capital as Subject...» op. cit: 198
“" BONEFELD, W (1996) «Money, Equality and ...» op. cit.
fi“ MARX, K (Capital vol. 3) en BONEFELD, W, idem. ant.: 194 y 192 respec- tivamente.
“7 Idem. Ant.
5“ La crisis del. estado en Argentina conlleva la crisis de un tipo especial de sindicalismo como forma de canalización e institucionalización de la demanda laboral. Los sindicatos son una forma importante de la lucha de los trabajadores. Sin embargo, el análisis del poder del trabajo debe superar. el análisis organizacional. Si la relación capital trabajo cambia en sus formas y contenido, las formas organizacionales son también suceptibles de ser modificadas por las mismas necesidades de la lucha.
59 Me refiero al. sentido spinoziano del término. Ver NEGRI, A (1991): The Savage Anomaly. The Power of Spinoza 's Metaphysics and Politics, University Minnesota Press: Minneapolis.
Cuadernos del Sur 91
7" En general las teorías de la acción social se basan en. una comprensión cartesiana de «lo racional». Algunos trabajos recientes han tratado de cuestionar dicha herencia donde la razón domina a la pasión. En The Creativity of Action, Polity Press: Cambridge, 1996) H jOAS ha cuestionado, por. ejemplo, los princi- pios en los cuales se basa la teoría de la acción, donde latcreatividad ocupa una posición marginal. Tres presunciones básicas de. la teoría de la acción "basada en la acción racional pueden, según este autor, cuestionarse: que el actor es-capaz de una acción intencional .(purposive action) que tiene control sobre 'su. propio cuerpo y- que'es' autónomo respecto de los otros seres humanos y su entorno. Sobre esto ver. DINERSTEIN, A (1998) «Marxism and-Subjectivity':'Searching for the Marvelous (Prelude to a .Ma-rxist Notion. of Action)»,'Common'Sense no 22, CSE, Edinburgh: 83-96..-
7‘ Los" mecanismos de sometimiento ideológico, que Therborn presentaen su- libro La ideología del poder y el poder'de l'a ideologia, tales como adaptación, sentido de representación, inevitabilidad, de‘ferencia, miedo, no funcionaron durante los conflictos. Esto demuestra que dichos mecanismos «unilaterales»tno dan cuenta de la dinámicacontradictoria de: la lucha de clases; La clase dominante no ¡domi- na completamente sino a través de un procesocomplejo y contradittorio del cual su misma constitución como tal es parte. Por ello, la noción de sujeción de la pasión me ¿parece más adecuada yrica que las de dominación y/o disciplina, porque no implica unidireccionalidad ni pasividad por parte de los sujetos... Ver THERBORN, C; (1995) La ideología del poder y el poder de la ideología Siglo XXI: México 'DF: 765 y THERBORN, G (1978.) What daes the ruling class do when it rules? State apparatus and State power under Feudalism, Capitalism and Socialism'atNLB: London. Ver el papel históricodel estado en-sujetar las pasiones humanas a'los intereses en HIRSCH-MAN A (1978) —Las pasiones y los intereses, FCE, Madrid.
72 En mi opinión, es un error atribuir a lOs marginados y desocupados el_rol de nuevos sujetos históricos revolucionarios. Ver por ejemplo las tesis de Atn'dré Gorz en Farewell to the Working Class.—- An essay on Post-Industrial Socialista, Pluto Press, London - Sydney (1982). Antonio Negri y el Autonomismo también han abandonado la teoría de la ley del valor, lo cual les ha permitido, en mi opinión equivocadamente, sugerir la posibilidad de la autonomia del trabajo respecto del capital.
7’ NEGRI, 'A (1992): «Interpretation. of the Class Situation Today: Methodological Aspects» en BONEFELD et a-l (1992), eds. 0p cit: 80.
7" La acción social es necesariamente contradictoria, pues en su deSarrollo, los sujetos se ven enfrentados consigo mismos, con los otros y con el entor'no(DINERSTEIN, A (1997) «Marxism and Subjectivity...»op. cit.
75 Siguiendo con el ejemplo de la tipología de THERBORN, G. (1.995) La ideología del poder y el... op. cit., vemos que en este caso a la adaptación se le opuso necesidad de renovación, a los sentidos de representación, inevitabilidad y deferencia, el de repudio y desprecio por las autoridades políticas corruptas; al
92 Abril de 1998.
sentido del miedo se le opuso el entrenamiento y la valentía.
7‘ KENNEDY, P (1996) «Reflections on Social Movements 8c the Politics of Need: Locating the Dialectic Between Identity and Difference», Common Sense
no 20, CSE, Edinburgh: 11.
77 Ver DINERSTEIN, A y NEARY, M (1998) «Le Manifeste Communiste: une
critique marxiste»...op. cit.
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Crisis bancarias y conmociones monetanas en As1a: ¿una vulnerab1l1dad generahzada?
Diana Hochraich Resumen
a crisis financiera que, desde principios de 1997, afecta a los
países emergentes de Asia, podría sorprender a los observado-
res que, desde hace años decían que estos países habían encon-
rado un camino de crecimiento rápido y equilibrado. En efec-
o, las privatizaciones y la desregulación financiera habrían
permitido a estos países conocer un crecimiento a partir de las exporta;
ciones -y financiado por entradas de capitales extranjeros que, en última
instancia, financiaban la inversión. El ahorro interior era otra fuente de
financiamiento. Pero al cabo. de una decena de años, se hito evidente que
este modelo estaba marcado por considerables debilidades. En efecto, las
mismas características que parecían ser sus puntos fuertes —o sea la tasa
de ahorro y de inversión elevadas. y un fuerte flujo de capitales extranje-
ros- se volvieron los puntos débiles ya que una parte de eSa liquidez había sido invertida en actividades especulativas.
La actual crisis muestra que la entrada masiva de capitales extranjeros, —en la que se incluye también las inversiones directas, que se consideran más estables—, es una fuente de inestabilidad financiera a través del siste- ma bancario, si a ella no se: la acompaña por la puesta en marcha de reglas muy estrictas de control. Y aún en este caso, la imposibilidad de esterilizar los capitales, a mediano plazo, conduce a desequilibrios difícilmente ma- nejables. El aumento de crédito interior, más rápido que el aumento del producto bruto interno, alienta las actividades especulativas que termi- nan por desestabilizar val sistema bancario.
Por otra parte, habiendo la desregulación permitido a los agentes pri- vados interiores de endeudarse con instituciones financieras de los países desarrollados, la deuda ha aumentado de manera considerable. Una vez más, la disponibilidad de crédito barato ha dado nacimiento a una crisis como aquella que, en los comienzos de los años 80, provocó la “crisis de la
Cuadernos del Sur 95
deuda”, esencialmente en los países de América Latina. En Asia, el servi- cio de la deuda plantea actualmente problemas reales, en razón de la disminución brutal de las exportaciones, provocadas por una pérdida de competitividad del aparato productivo de estos países.
Hoy, la crisis tailandesa desemboca en tales problemas de finan- ciamiento, que no se“ ha podido evitar recurrir al Fondo Monetario Inter- nacional. Con él, las medidas de rigor permitirán a lo sumo reembolsar la deuda, pero no conducirán. a reencontrar la competitividad exterior basa- da en la mejora del nivel tecnológico. Los otros países de la región se encuentran en una situación análoga y no escapan al “reajuste” que ame- naza abrir un período de crecimiento lento, con débiles progresos en la productividad. Esto significaría, en resumen, el fin-del “milagro asiático".
Los países de Asia atraviesan actualmente un periodo de crisis bancaria y financiera, a continuación de una disminución del crecimiento y ¿del deterioro de su posición exterior. Este último está ligado al sensible cam- bio en la progresión de sus exportaciones, y de manera más general, a una pérdida de la competitividad .de su industria.
Durante mucho tiempo los países de Asia fueron considerados como estando en el polo opuesto de los países de América Latina, ¡pero comien- zan a acercarse a ellos a razón de la puesta en evidencia de su fragilidad financiera. El efecto de contagio-no es despreciable y la confianza finan- ciera del conjunto de la región está afectada por los acontecimientos que se han observado desde comienzo del mes de julio.
Este artículo busca poner en evidencia. los mecanismos en aCción: más allá de los fenómenos más aparentes, se tratará de mostrar los factores- que actúan a largo plazo, tales como el efecto desestabilizador de la entra- da de capitales sobre el equilibrio monetario y real de una economía emergente y la pérdida de las ventajas comparativas.En particular, se obser- va que la inestabilidad financiera y la vulnerabilidad del sector bancario aumen- tan como consecuencia de la entrada masiva de capitales, si esta no se acompaña por una gestión muy rigurosa del sistema bancario implementada a través de reglas de control estrictas.
En la mayoría de los países emergentes, let-liberalización de la cuenta de capital —que ha dado lugar a la llegada masiva de capitales «extranje- ros- no ha sido acompañada por este rigor. Laabundancia de crédito en los años pasados —cuya colocadón no ha seguido. los necesarios criterios de eficacia- ha dado lugar hoy en día a bolsones de sobreproducción ya la formación de burbujas especulativas en ciertas esferas de la actividad, como 1a inmobiliaria.
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En un contexto donde los sistemas bancarios de estos países deben de más en más soportar la competencia de los bancos extranjeros, el sanea- miento de esta situación se vuelve imperativo. Sin embargo, el desenfre- no por la disminución económica y la pérdida de la competitividadde la industria complica considerablemente la tarea. La situación se agrava por el hecho de que la región asiática no está integrada a nivel monetario. Si bien existe una-cierta solidaridad financiera que ya se manifestó a través de la cooperación de los bancos centrales de estos países, no es Seguro que el japón pueda juga‘r, con respecto a los países asiáticos, el mismo papel que los Estados Unidos jugaron con relación a México-después de la crisis de diciembre del 1994. Tres razones apoyan esta hipótesis: japón atraviesa hace muchos años una crisis de la misma naturaleza, el creci- miento de este país es lento y el yen no es reconocido totalmente como moneda de reserva, al contrario de lo que sucede con. el dólar.
En lo que sigue, nosotros presentaremos el encadenamiento que des- emboca en la formación de burbujas financieras (parte 1), las dificultades - para manejar las consecuencias de la llegada de capitales (parte 2). Las diferentes etapas de la crisis tailandesa se presentan en la parte: 3, y una breve presentación de los riesgos existentes en cada país de la zona cons- tituye la- última parte.
Marco de referencia: algunos indicadores de la crisis
Después de una crisis bancaria los factores interiores se combinan gene- ralmente con los factores exteriores. Factores financieros y reales tam- bién se encuentran asociados. Por naturaleza, la actividad bancaria es vul- nerable a 1a pérdida de confianza, ya que su intención básica es la de convertir los depósitos a corto plazo en préstamos de largoplazo. La volatilidad es uno de los principales factores de fragilidad del sistema ban- cario (Golstein y Turner, 1996).
a) Factores que conciernen a las relaciones con el- exterior La volatibilidad de los términos del intercambio, a los que son muy sensi- bles los ingresos por exportaciones, sobre todo cuando los bienes expor- tados son muy diversificados. La volatibilidad de los precios hace difícil —la previsión de ingresos y expone a estos países a riesgos de déficits comer- ciales y déficits corrientes importantes, pudiendo ser una de las principa- les causas de la crisis de pagos.
La fluctuaciones de la tasa de cambio nominal y/o real. Una alta varia- bilidad de la tasa de cambio puede afectar la actividad financiera de los
Cuddemos del Sur 97
agentes interiores que hayan tomado préstamos en el extranjero, y una: devaluación se traduciría con un aumento de la deuda expresada en mo- neda local. Una revaluación también es igualmente perniciosa en la medi-.;—= da en que ella hace que los precios de exportación dejen de ser competi- tivos y favorecen las importaciones con relación a la producción local. El balance comercial tiende a degradarse.
La volatibilidad de las tasas de interés (o la brecha entre las tasas inter- nas y las de mercado mundial) provoca movimientos de capitales de cortos plazo con el extranjero que pueden ser considerados la fuente de las difi- cultades de pago externos, con ataques especulativos contra la moneda y" una .excesiva ampliación de la base monetaria. En efecto, cuando las tasas de interés no son suficientemente remunerativas, los capitales tienen‘ten- dencia a-i'rse, planteando problemas de financiamiento en la base de pago. Si las tasas sonmuy elevadas, atraen capitales que no pueden ser nunca; totalmente esterilizados y que favorecen así una expansión demasiado importante de la base monetaria. Muy bajas, favorecen la abundancia (le;- crédíto y las actividades especulativas, cuyo riesgo- se evalúa mal. Si la! actividad se reduce, estosprestamistas pueden volverse insolventes. Los agentes interiores están tentados a endeudarse en divisas, frecuentemen- te sin respaldo. Ellos apuestan a la estabilidad de la tasa de cambio, mien- tras que ésta puede sufrir presiones a causa del endeudamiento exterior y de los déficit corrientes.
b) Pueden actuar muchos factores de naturaleza interna
Una disminución de la actividad, que provoca una disminución de la velo- cidad de circulación del dinero, puede crear una crisis .de liquidez. El alza de las tasas de interés que seguiría a ella, provocarían la disminución del precio de los valores inmobiliarios. Esta'disminución del precio. de los valores inmobiliarios es tanto más grave dado que ellos en general son caución de los prestamos. Sucede lo mismo para las propiedades inmobi- liarias cuya caída de precios acompaña frecuentemente la crisis .de liqui- dez.
Un aumento demasiado rápido dela masa monetaria (M2). puede tam- bién ser uno de los signos que anuncian una. crisis banca-ria, a través de la reducción de la calidad de los-créditos acordados y la fiabilidad de los tomadores. Cuando la masa de créditos es‘ demasiado importante en rela- ción al mundo de las reservas, la solvencia bancaria» es cuestionada y pue- dehaber una corrida de depósitos.
Un desequilibrio de esta estructura de madurez del activo y del pasivo
98‘ Abril de 1998
puede ser también una fuente de crisis bancaria. Los países emergentes están más sujetos a este tipo de desequilibrio, ya que su acceso a las fuen- tes de financiamiento de largo plazo es más limitado. En efecto, el recu- rrir a la emisión de títulos no es muy frecuente, en razón de la menor profundidad de estos mercados y, cuando aparece la sobreproducción, las relaciones entre préstamos y valores es demasiado elevada cuando las ga- rantías ino son títulos sino exclusivamente valores inmobiliarios.
Una intervención excesiva del Estado en el sector bancario es un factor de fragilidad. En efecto, los objetivos del gobierno en .maten'a de política de créditos pueden alejarse sensiblemente y durablemente .de la rentabili- dad y del rigor de la gestión. Es frecuente, en los países subdesarrollados, que los riesgos financieros de grandes proyectos de política industrial sean'asumidosv por el gobierno a través de un sistema bancario nacionaliu zado. En este caso, el sistema bancario,'sería apoyado por -el banco central ante una orden del gobierno. Este modo de funcionamiento deja de' ser viable cuando el sistema bancario está' sometido a la competencia interna- cional. La-ausencia de una gestión rigurosa, que haga intervenir el rendi- miento del capital como objetivo esencial de funcionamiento, hace que este sistema sea incompatiblecon la apertura;
I. 'De la llegada de capitales extranjeros, a la formación
de una “burbuja especulativa”
La entrada masiva de capitales extranjeros debida a la desregulación prac- ticada después de ¡mediados de los años 80, contribuyó a acelerar el creci- miento de los países asiáticos. Estos. capitales se los considera habitual- mente como un factor de. progreso, no sólo porque ellos eliminan la res- tricción financiera, sino también porque se considera que traen progre- sos tecnológicos. Pero al mismo tiempo, su llegada masiva está asociada a la expansión rápida del crédito y de la masa monetaria, a un cierto sobrecalentamiento y finalmente a presiones inflacionistas, que llevan al deterioro de la balanza corriente. Tienen tendencia a tener un importan- te impacto sobre el mercado de acciones y el mercado inmobiliario. Su efecto puede amenazar la estabilidad de estos mercados y del sistema f1- nanciero en su conjunto. (FMI, 1995).
En los años 90, los países de Asia han sido los principales beneficiarios de la llegada de capitales extranjeros. Este aporte se distingue, sin embar- go, del flujo que predominó en el curso de los años precedentes a la crisis de la deuda, a comienzos de los años 80. La inversión extranjera directa se volvió predominante, seguida de inversiones de cartera, mientras. que el
del Sur 99
crédito comercial y la ayuda pública al desarrollo, que eran muy impor- tantes antes, se volvieron casi despreciables actualmente. (Gráfico 1.)
En América Latina, la importancia de las inversiones de cartera obede- ció a la recompra por los inversores extrajeros de empresas públicas, en el marco del Plan Brady que sirvió para enjugar la deuda que estos países habían contraído con los países industrializados. En Asia, estas inversio- nes provienen fundamentalmente de los fondos de pensión norteameri- canos y británicos que están a la búsqueda de un rendimiento más eleva- do que el que ofrecen las plazas financieras de los países industrializados.
Así, la entrada masiva de capitales directos e indirectos llevó al aumen- to de la base monetaria y autorizó una progresión demasiado rápida del crédito. Para moderar estas tendencias, las tasas de interés se aumentaron sistemáticamente (Gráfico 2). La brecha entre las tasa practicadas en los países industrializados y en los países asiáticos aumentó desde el fin de los años 80.
Pero el alza de las tasas- de interés atrajo capitales extranjeros y el creci- miento del crédito ha sido más rápido que el del PBI .(Gráflco 3). Entre Tailandia y Malasia, la relación crédito/ PBI a superado, en 1995 y 1996, el 100%. El diferencial de tasas atraía más a los capitales extranjeros, en gran parte volátiles (inversiones de cartera y crédito comercial, traídos por el balance de pagos). La expansión del crédito siguió, en razón de la abun- dancia de liquidez, sin que las decisiones de inversión hayan sido precedi- das por un cálculo riguroso de su rentabilidad.
GRAFICO l 'CAPITALES EN ASIA (MDD)
70
60
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30
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Fuente: Banco Mundial.
100 Abril de 1998
Así, después de la calma en la segunda mitad de los años 80 .—q.ue fue un período de reestructuración para estos países—, la entrada de capitales volátiles volvió a retomar, hasta 1995, año en el que una cierta pérdida de confianza en los países emergentes —consecuencia de la crisis mexicana y
GRAFICO 2 l TASAS pE INTERÉS DEL MERCADO MONETARIO
Fuente: FMI.
GRAFICO 3 CREDITOS / PIB
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Fuente: FMI.
Cuadernos del Sur 10.1
la aparición de grandes déficits en Asia-, produjo un movimiento de re- pliegue (Indonesia, Filipinas). En el conjunto, la abundancia de liquidez empujaba a los bancos a otorgar fácilmente créditos para actividades cuya rentabilidad no estaba garantizada.
En la segunda mitad de los años 80, el aumento de las reservas de cambio ha sido muy importante —sobre todo en Corea y en Tailandia-, en razón de la apertura del mercado de capitales. Ella debería haber induci- do un alza en. la tasa de cambio. Pero, para evitar la pérdida de competitividad-precio en las exportaciones, se adoptó una gestión admi- nistrada de l‘a tasa de cambio o sea se controló la tasa de cambio. En términos nominales, ésta decreció fuertemente con relación al dólar has- ta 1990, se estabilizó después en casi todos los países, salvo el caso de Indonesia y, en menor medida, de Corea. La evolución en términos rea- les -que tiene en cuenta la inflación- señala por el contrario una aprecia- ción en relación con la divisa americana. En total, los déficits comerciales y corrientes, provocados por una tasa de inversión elevada y, más general- mente, por una demanda final fuerte, no han podido ser evitados.
El saldo corriente fue deficitario a lo largo de todo el período, con la excepción de la segunda mitad de los años 80. En efecto, a continuación de la crisis desencadenada por el contra golpe petrolero y la sobreproduc- ción electrónica, los países asiáticos vivieron un período de gestión macro- económica más rigurosa. El déficit de los años 90 es sin embargo menos importante que el que se constató en el curso de los años 80, y ha sido considerado hasta ahora por la gran mayoría de los economistas como “virtuoso”, ya que provocado por una inversión muy fuerte debería con- ducir o condujo a una mejora de la productividad del trabajo en esos países. Los resultados son, actualmente, decepcionantes.
En efecto, la tasa de inversión se mantuvo en un nivel elevado desde comienzo de los años 90, pero ello no se tradujo en una suficiente mejora en la competitividad de la industria. Por el contrario, la mayoría de estos países conoció un alza de los costos salariales y sociales y sufrió la compe- tencia de países más pobres en lo que se refiere al costo de mano de obra, mientras que ellos no están en condiciones de producir suficientemente bienes capital intensivos, En consecuencia estos países experimentan una sensible disminución del crecimiento de sus exportaciones. Por otra par- te, la persistencia de déficits elevados ha contribuido a la pérdida de con- fianza en la moneda y a la fuga de capitales.
La pérdida de competitividad de estos países, el deterioro de sus merca- dos externos, la sobreinversión en sectores poco rentables (inmobiliarios)
1'02 Abril de 1998
y el endeudamiento de sus agentes interiores ante'los bancos extranjeros sin seguro de riesgo de cambio ( para evitar de esta manera las tasas de interés locales muy elevadas) explican, por lo menos tanto como la revalo- rización del dólar, la crisis que se manifiesta en casi todos los países de la región con una diferente amplitud en cada uno.
II. La llegada de capitales lleva a'la inflación del crédito, que es difícil de neutralizar En los países emergentes de Asia, el papel de los bancós en la intermediación financiera-es esencial. En efecto, el 60% de l'os préstamos en estos países es de origen bancario. En consecuencia, los efectos perver- sos de los movimientos de- capitales afectan en primer lugar al sistema bancario que, por otra parte se caracteriza por la debilidad de sus reglas de control. El sistema financiero, no-bancan‘o, que no está sometido-a una supervisión de las autoridades monetarias, escapa a todo control y ‘en consecuencia es portador de un riesgo de crisis aún más elevado.
Debido a esto, la entrada de capitales se traduce en un aumento del pasivo bancario endivis‘as, dando lugar a una expansión del crédito ban- cario. En efecto, cuando‘un no residente compra un activo financiero no bancario, el portador (que es un residente) recibe divisas que, cambiadas. por moneda local, dan lugar a un‘ depósito en un banco local. O bien, el mismo banco cambia las divisas al banco central, y la tranSaCCión provoca una elevación dela’relación- reservas/ depósitos de la banca comercial, lo que genera una efecto multiplicador sobre el crédito sea por :el aumento de depósitos sea por el de las reservas frente La la banca-central. El efecto sobre la base monetaria es .el mismo, yasea que se trate d'e inversiones directas, de cartera, o de crédito bancario obtenido ante las instituciones financieras extranjeras. Existe una sola excepción que es cuando la banca le da crédito a un importador (en este caso las! divisas vuelven a salir del país).
Los cuatro países tomados en consideración —Corea, Malasia, Filipinas y Tailandia-, conocieron, a comienzos de los años 80, una relación de reservas bancarias/ depósitos relativamente débil. Entre ellos, Corea y Tailandia tenían una relación inferior al 4%. Pero en el curso del decenio, todos salvo Tailandia, experimentaron un aumento sensible de esta rela- ción. A ello contribuyó el alza de las reservas obliga-torias, que correspon- día a una tendencia de parte del gobierno de: esterilizar una parte de las liquideces que entraban en: el país.
Mientras que el crédito aumentaba rápidamente con relación al PBI, la
Cuadernos del Sur 103
cantidad de crédito interior por unidad de la reserva bancaria disminuyó sensiblemente en todos los países considerados a partir de mediados de los años 80 lo que indicaría una consolidación del sistema bancario justa- mente después de la crisis constatada en esa época. Sin embargo, en Tailandia el movimiento es mucho menos pronunciado y más errático. Por el contrario, en la relación créditos/ depósitos, este país se encuentra en el término medio y su situación mejoró al fin del período.
En todos los países de la región —con excepción de Indonesia-, una- parte del crecimiento de las reservas de cambio tuvo como origen los préstamos delas instituciones. financieras extranjeras (FMI, 1995). —Así, el aumento de los depósitos de los agentes interiores y los empréstitos con- tribuyeron a la expansión del sector bancario.
El aumento de las reservas de cambio abre la posibilidad de un aumen- to del crédito acordado, por el sesgo del aumento de los depósitos banca- rios, salvo cuando estas reservas se utilizan para pagar deudas al exterior. Si bien es cierto qUe en todos los países considerados el crédito aumentó bastante hay que diferenciar las situaciones:
—En Corea, la entrada neta de capitales fue del mismo monto que el déficit cortiente; el reembolso anticipado de la deuda, alrededor de 1980, permitió evitar la acumulación de reservas.
«—En. Taiwán, las entradas se consagraron a la constitución de reservas y, desde fin de los años 80, se pudo constatar la salida neta de capitales de largo plazo provocada por las- reubicaciones de industrias.
—En Filipinas las entradas netas han sido relativamente débiles hasta 1993, en razón de la desconfianza de los inversores respecto de un país que había sufrido una crisis de pagos en los comienzos de los años 1980.
En Corea, en Taiwan y en Filipinas, la entrada de capitales han sido de la misma amplitud que el déficit corriente. En consecuencia, la expansión del, crédito fue moderada, al contrario de lo que se puede observar en Malasia, en Tailandia y en Singapur, países en los que la entrada de capi- tales ha sido muy superior al rdéficit corn'ente.
Diferentes politicas de esterilización
Los instrumentos utilizados para la esterilización son de naturaleza diver-
sa; existen instrumentos directos e indirectos. Entre los instrumentos direc-
tos el alza de las tasas de reservas obligatorias de los bancos es el más fremente. Esta medida hace aumentar el costo de la intermediación financiera ya
que la tasa a la cual son remuneradas las reservas obligatorias es más baja
que la tasa de interés del mercado. Entonces, para conservar sus márge-
104 Abril de 1998
nes, los bancos transfieren este sobrecosto a los que piden crédito, los que en consecuencia se alejan del sistema bancario. Dirigiéndose, ya sea a las instituciones financieras no bancarias —que escapan al control de las autoridades monetarias—, ya a bancos o mercados extranjeros. En estos mercados ellos pueden tomar créditos o bien emitir acciones u obligacio- nes. En Corea, como consecuencia de las. medidas de esterilización que consisten en tener'reservas no remuneradas en los bancos comerciales, el pasivo de los bancos no representa más que el 36% del pasivo total, contra el 70% en 'los años 70. ‘
Entre los instrumentos indirectos, las operaciones de mercado abierto son las más frecuentemente utilizadas. Su eficacia está limitada por el objetivo de cambio y por la capacidad de los mercados monetarios locales y de los agentes interiores para absorber las- emisiones de Bonos del Tesoro y los Certificados del Banco Central. En una palabra, estas emisiones chocan con el débil desarrollo de los mercados financieros locales, debido al he- cho de que en estos países el presupuesto público es, desde fines de los años 1980, equilibrado. En Corea, los bonos de estabilización monetaria representan el 20% aproximadamentede M2 en 1992, contra 10% en 1986. Debido a la fuerte alza en elcosto del crédito en estos países, estos bonos de estabilización, cuya tasa de interés es superior a la del mercado mundial, finalmente atrajeron a capitales extranjeros en lugar de servir para esterilizar “los capitales que ya estaban presentes.
Debido a la débil capacidad de absorción de los mercados financieros de estos países, las autoridades de Malasia y .de Singapur colocaron los excedentes de liquidez bajo la forma de títulos de los fondos d'e- pensión locales, cuya finalidad es la de asegurar las jubilaciones delos asalariados. En Malasia, una parte de los depósitos y de los fondos de pensión ha sido transferida a una cuenta especial del Banco Central. Pero el aumento del pasivo de este banco entre 1989 y 1992 también tuvo un carácter inflacio- nista. Por esta razón, Malasia optó por consagrar una parte de sus reser- vas al reembolso anticipado de la deuda externa. Corea y Tailandia hicieé ron lo mismo, mientras que .Indonesia procedió a una consolidación fis- cal, transformando una parte de los depósitos de fondos de pensión en certificados de depósito del Banco Central. Taiwán impuso la compra de Bonos del Tesoro a los bancos.
Para hacer que la esterilización fuera eficaz, estos país-es por otra parte respetaron el equilibrio presupueStario. En efecto, en tanto que las liquideces existentes sirvan, de manera directa o indirecta, a financiar un déficit presupuestario, no hay esterilización posible. La mayoría de estos
Cuademos del Sur 105
países por lo tanto cumplieron con esa condición y, en ausencia de und? opción a favor de la educación y a la construcción de infraestructuras, los países del ASEAN quedaron atrasados en esos aspectos.
Así, por el sesgo de la entrada de capitales y en un contexto en el cual la esterilización se muestra difícil de realizar en razón del objetivo de cambio, la expansión del crédito bancario mal otorgado desemboca en la sobreproducción y en la aparición de déficits corrientes importantes que despiertan tanto más la desconfianza de los inversores internacionales en la medida que están asociados a una revalorización de esas monedas con}, respecto al dólar, y con relación a otras monedas de la zona (el yen y yuan) y a las monedas de Europa. l
III. La crisis tailandesa es de la misma naturalem que la crisis
que conoció México en 1994
Desde hace 18 meses, Tailandia estaba considerado como un país en eli cual el riesgo de crisis financiera aumentaba. Sobre el fondo de la pérdida de competitividad de su economía, este país comenzó a tener un déficit: corriente considerable (8% del PBI desde 1995 ). Una disminución de las exportaciones provocada por la crisis mundial de la informática y por la revalorización del dólar agravó el desequilibrio exterior y desencadenó una disminución del crecimiento, de dos puntos en 1996 con relación a” las cifras registradas en los años precedentes, que era del orden del 9%.
La especulación inmobiliaria desencadenó la crisis Desde fines de 1996, el sector sensible, en el cual la sobreproducción revestía un carácter especulativo —el sector inmobiliario-, entró en crisis: abierta. En efecto, la inversión en este sector era muy intensa desde el comienzo del decenio, debido a la disponibilidad de dinero a bajo precio.- La situación cambió a partir de 1993 cuando, para evitar la salida de capi-u tales, las autoridades tailandesas levantaron las tasas de interés. A causaX de esta alza de las tasas de interés y de la disminución coyuntural, el meri cado inmobiliario se volvió desequilibrado: sobre los 800.000 departamen- tos disponibles a fines de 1996, la mitad quedó sin vender. Los promoto- res, que no disponían de liquidez, tenían dificultades para reembolsar sus deudas a los bancos y a las sociedades financieras.
Las sociedades financieras no bancarias, que tenían por lo menos el 25 % de sus créditos colocados en el sector inmobiliario, fueron fuertemente afectadas, a punto tal que una de las más importantes entre ellas (Finance One) no pudo evitar la quiebra a comienzos de 1997. Estas compañías, no.
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autorizadas a tom-ar depósitos, tienen como fuente de financiación los 'emprésn'tos de otras compañías financieras o la emisión 'de pagarés. La quiebra de una de ellas provocó la desconfianza en relación con el con- junto. del sistema y vació las fuentes de financiamiento de estas socieda- des, arrastrando en sus dificultades a los bancos, una parte de los cuales estaba vinculado a estas sociedades. La situación de la mayoría de ellas se volvió tan crítica que finalmente más de la mitad cerraron hacia el mes de agosto de 1997.
Leyendo sus balances; _los bancos tenían oficialmente cerca del 8% de sus créditos dudosos ligadosa créditos en el sector inmobiliario, pero esta cifra subestima ampliamente la realidad. Por una parte, muchos présta- mos cuyo destinorno estaba especificado también financiaron las inversio- nes en ese sector. Por otra parte, lOs lazos orgánicos entre bancos y socie- dades financieras no bancarias hacen aumentar la parte de los riesgos inmobiliarios implícita en los balances bancarios. Además, la adopción de una definición de “créditos no performantes” más rigurosa (el retraso en el pago de los intereses pasaría a ser de 6 meses en lugar de 12) haría aumentar considerablemente la parte oficial de los créditos dudosos en el total ,de los créditos acordados.
El endeudamiento de los agentes interiores en divisas es considerable, y aumentó a 70.000 millones de dólares. La liberalización de la cuenta de capital condujo a la constitución de un mercado intercambiario Offshore (BIBF, Bangkok International Banking Facility ) que permitió a los ban- cos tailandeses endeudarse en divisas (principalmente en yens) a tasas menos elevadas, a cuenta de los inversores locales. Para no encarecer' el costo de crédito, los empréstitOs no tenían seguro de. cambio, ya que la moneda tailandesa estaba “enganchada” a una canasta de monedas en la cual predominaba el dólar.
Baja sensible de los valores bursátiles, fuga de capitales, pérdida de reservas Además del inmobiliario, la sobreinversión abarcaba a otros sectores.,En efecto, el acero, la petroquímica y la electrónica también fueron igual- mente afectados. Este conjunto de elementos ayudó a la baja en los valo- res en la bolsa, cuyo índice relacionado con el sector financiero había comenzado a caer hacia mediados de 1993, arrastrando hacia la baja al índice global que, entre enero de 1996 y setiembre de 1997, perdió el 755% de su valor.
Estos elementos, unidos al mal desempeño de las exportaciones, apo-
Cttademos del Sur 107
países por lo tanto cumplieron con esa condición y, en ausencia de una opción a favor de la educación y a la construcción de infraestructuras, lor países del ASEAN quedaron atrasados en esos aspectos.
Así, por el sesgo de la entrada de capitales y en un contexto en el cual’ la esterilización se muestra difícil de _realizar en razón del objetivo de cambio, la expansión del crédito bancario mal otorgado desemboca en la sobreproducción y en la aparición de déficits corrientes importantes que despiertan tanto más la desconfianza de los inversores internacionales er la medida que están asociados a una revalon'zación de esas monedas con respecto al dólar, y con relación a otras monedas de la zona (el yen y el yuan) y a las monedas de Europa.
III. La crisis tailandesa es de la misma naturaleza que la crisis
que conoció México en 1994
Desde hace 18 meses, Tailandia estaba considerado como un país en el cual el riesgo de crisis financiera aumentaba. Sobre el fondo de la pérdidt de competitividad de su economía, este país comenzó a tener un déficit corriente considerable (8% del PBI desde 1995 ). Una disminución de lai exportaciones provocada por la crisis mundial de la informática y por la revalorización del dólar agravó el desequilibrio exterior y desencadenó una disminución del crecimiento, de dos puntos en 1996 con relación a las cifras registradas en los años precedentes, que era del orden del 9%}
La especulación inmobiliaria desencadenó la crisis Desde fines de 1996, el sector sensible, en el cual la sobreproducciót revestía un carácter especulativo —el sector inmobiliario—, entró en crisi! abierta. En efecto, la inversión en este sector era muy intensa desde e comienzo del decenio, debido a la disponibilidad de dinero a bajo precio La situación cambió a partir de 1993 cuando, para evitar la salida de capi! tales, las autoridades tailandesas levantaron las tasas de interés. A causa de esta alza de las tasas de interés y de la disminución coyuntural, el mer cado inmobiliario se volvió desequilibrado: sobre los 800.000 departamem tos disponibles a fines de 1996, la mitad quedó sin vender. Los promoto res, que no disponían de liquidez, tenían dificultades para reembolsar sus deudas a los bancos y a las sociedades financieras.
Las sociedades financieras no bancarias, que tenían por lo menos el 25 % de sus créditos colocados en el sector inmobiliario, fueron fuertemente afectadas, a punto tal que una de las más importantes entre ellas (Finance One) no pudo evitar la quiebra a comienzos de 1997. Estas compañías, nc
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autorizadas a tom-ar depósitos, tienen como fuente de financiación los empréstitos de otras compañías financieras o la emisión rde pagarés. La quiebra de una de ellas provocó la desconfianza en relación con el con- junto del sistema y vació las fuentes de financiamiento de estas socieda- des, arrastrando en sus dificultades a los bancos, una parte de los cuales estaba vinculado a estas sociedades. La situación de la mayoría de ellas se volvió tan crítica que finalmente más de la mitad cerraron hacia el mes de agosto de 1997.
Leyendo sus balances; los bancos tenían oficialmente cerca del 8% de sus créditos dudosos ligados a créditosen el sector inmobiliario, pero esta cifra subestima‘ ampliamente la realidad. Por una parte, muchos présta- mos cuyo destino no estaba especificado también financiaron las inversio- nes en ese sector. Por otra parte, los lazos orgánicos entre bancos y socie- dades financieras no bancarias hacen aumentar la parte de los riesgos inmobiliarios implícita en los balances bancarios. Además, la adopción] de una definición de “créditos no perfonnantes” más tigurosa (el retraso en el pago de los intereses pasaría a ser de 6 meses en lugar de 12) haría aumentar considerablemente la parte oficial de los créditos dudosos en el total;de los créditos acordados.
El endeudamiento de los agentes interiores en divisas es considerable, y aumentó a 70.000 millones de dólares. La liberalización de la cuenta de capital condujo a la constitución de un'mercado intercambiario Offshore (BIBF, Bangkok International Banking Facility ) que permitió a los ban- cos tailandeses endeudarse en divisas (principalmente en yens) a tasas menos elevadas, a cuenta de los inversores locales. Para no encarecer el costo de crédito, los empréstitOs no tenían seguro de cambio, ya que la moneda tailandesa estaba “enganchada” a una canasta de monedas en la cual predominaba el dólar.
Baja sensible de los valores bursátiles, fuga de capitales, pérdida de reservas Además del inmobiliario, la sobreinversión abarcaba a otros sectores.,En efecto, el acero, la petroquímiCa y la electrónica también fueron igual- mente afectados. Este conjunto de elementos ayudó a la baja en los valo- res en la bolsa, cuyo índice relacionado con el sector financiero había comenzado a caer hacia mediados de 1993, arrastrando hacia la baja al índice global que, entre enero de 1996 y setiembre de 1997, perdió el 55% de su valor.
Estos elementos, unidos al mal desempeño de las exportaciones, apo-
Cuademos del Sur 107
yaron la idea de que la moneda estaba sobrevaluada. Desde comienzos dei, 1997, el baht sufrió tres ataques; con relación a. esto las autoridades levan-¿í taron por escalones sucesivos las taSas de interés día a día, llegando hasta; el 25%. a fines de julio. Las intervenciones masivas del Banco Central en ei mercado de cambios condujeron a una pérdida de reservas de cambio; para Tailandia del orden de 9.000 millones de. dólares enun año, sin: por? ello poder evitar la flotación de la moneda, a pesar del apoyo de los ban-1? cos centrales de los países vecinos (Hong-Kong, Singapur). Las reservas se elevaban, afines de julio, a Cerca de! 29.000 millones dei dólares, o sea el equivalente de 5 meses de. importaciones. Si bien ¿repree sentan una cifra honorable, estas reservas son .fung-‘ibles. Ellasafueron C0115? tituidas por med-io de emprésti'tos de Corto término en el mercado inter-4 nacional y 23.000 millones de ellas deberán ser reembolsadas en los próxié mosmeses. Por esta razón, frente a esta sit-uaciónaque-se volvía insostenible, finalmente las autoridades dejaron flotar el baht. 1 ¿1
i
La devaluación ha sido importante l. La amplitud de ladevaluación a continuación de la flotación decidida el de julio, fue considerable, del orden en 35 %, fijándose la paridad aproxi-i madame-nte de. 35 bahts 'por- dólar. Si, en. un contexto internacional más; apoyador, se podia esperar que las exportaciones retomaran un crecimientoi másr'ápido, la amplitud de la devaluaciónsignificóla ruina de los inv‘erSores locales endeudados en divisas fuertes.
En efecto, el monto de la deuda exterior creció rápidamente; ella llega. actualmente a 90.000 millones de dólares, contra 75.000 en 1995 y 20.000 solamente en-1992..Se debe estar deuda de los. agentes privados en un 80% a los bancos. japoneses, contrariamente a 'loaqueí sucedía en los países de América Latina después de la explosión de la crisis, de la deudaÜLadeuda a corto plazo significa el 50% de la deuda total.
El plan de “salvamento” del FMI está lleno de condiciones estribtas Dada las dificultades. del reembolso de ladeuda y la pérdida 'de confianza de los inversores internacionales, Tailandia-debió recurrir al FMI que puso en marcha un plan de financiación- por ¡un monto de 16.000 millones de dólares, al que se agrega‘rían unos 3.000 millones más del BRI. ¡Esta insti- tución puso como contribuyentes a los mismos países asiáticos que quizá en algunos meses más también serán llevados a solicitar créditos al FMI! japón y el FMI adelantaron 4.000 millones de dólares cada uno, Austra- lia, Malasia, Hong-Kong y Singapur acordaron! 1:000 cada uno mientras
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[que Corea e. Indonesia participaron con 500 millones cada'uno. El Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Asiático y China deberían participar con .l.000 ¡trillones cada uno.
El préstamo del FMI está lleno de condiciones estrictas. Si bien el con- junto de las medidas no se conoce más que en sus grandes líneas, dos "elementos se destacan. Primero, la condición de cerrar las. 42 sociedades financieras insolventes —además de las 16 ya cerradas-, en las cuales el i gobierno ha metido el equivalente a 19.000 millones de dólares, aproxi- Vmadamente, lo cual'representa el 10 % del PBI. Esta medida, que parece de sentido común, está lejos de ser evidente ya que muchos miembros del gobierno tienen intereses en es‘as compañías.
En segundo lugar, el FMI “aconseja” una apertura acrecentada de los bancos a los capitales extranjeros. Hasta ahora, la participación extranjera en los capitales bancarios se limitaba al 25 %. Por otra parte, Tailandia deberá aplicar estrictamente las consignas del FMI en el tema de la ges- ¡tión de la deuda de los organismos financieros y de los bancos, bajo la supervisión de la institución internacional. En los hechos el banco central tailandés conservaría como sola atribución la gestión administrativa de la política monetaria.
Otras medidas están destinadas a aumentar los recursos del Estado para asegurar el equilibrio presupuestario, que por primera vez en 10 años no será respetado. A este respecto se producirá el alza del IVA —que pasaría de un 7 a un lO%- y un recorte en" los gastos del orden de los 2.000 a los 3.000 millones de dólares.
A pesar de la importancia de los medios puestos a disposición de Tailandia y de las condiciones estrictas que acompañan el préstamo, la crisis no ha tenninado. A diferencia de lo que sucedió después de la crisis mexicana, en diciembre de 1994, donde la puesta en marcha del plan bastó para parar la caída de la paridad monetaria, el baht no se ha estabilizado. Todavía todo sucede como si los mercados no le creyeran demasiado a este plan. Dos razones pueden explicar esta situación. Por una parte, la operación financiera hace que los países de la zona qUe se encuentran igualmente implicados en la crisis deban contribuir para re- solver-la. Por otra parte -—-al contrario de lo que hicieron las autoridades mexicanas—, las autoridades tailandesas no han anunciado claramente las medidas que ellas piensan tomar para satisfacer las condiciones del FMI,- posiblemente debido a las incertidumbres políticas que reinan actualmente en Tailandia.
Cuadernos del Sur 109
La economía tailandesa sufre una pérdida de-competitividad La pérdida “de competitividad de la economía tailandesa reside en el del costo salarial, tres veces más elevado que el de Indonesia, Filipinas-,2: Vietnam y China, como resultado del pleno empleo del cual disfruta laÏ'Ï población desde hace 10 años. Para restablecer su competitividad, debería}; hacer un gran esfuerzo en el tema de infraestructuras y de educación que le permitiera cambiar de-especialización. En efecto, las necesidades de mano; de obra calificada no son Satisfechas nada más que en un 40%. Pero estaj necesidades requieren inversiones y gastos públicos suplementarios.
La fuerte devaluación de la moneda ha permitido restablecer, .a corto‘á plazo, la competitividad de la economíatailandesa, mientras que la paris; dad de las monedas de los países vecinos menos desarrollados no se mo fique. Sin embargo, la mejora de la competitividad no puede ser durabcl-z más que si los costos salariales se contienen, .lo que significa que la poblar? ción soportará lo- esencial de los costos ligados a la depreciación de laz moneda y al- pago .de ..la deuda. Aún en estahipótesis, la devaluación noi permite controlar las consecuencias de una'especialización .cada vez máqi inadecuada. Ese es el aspecto'esencial, ya que la.experienci-a ha mostradcfl; que esta ventaja comparativa basada en los bajos costos de la mano obra se. diluye a lo largo del tiempocon el pleno empleo y con la compe-Ï tencia .vcreciente de -.los países; menos desarrollados. Por otra parte, losi efectos favorables de la devaluación sobre las exportaciones están limita-i dos por el hecho del contenido muy elevado en importaciones de las exfí portaciones tailandesas. En efecto, se trata de productos cuyo valor‘agre-f gado sobre el'territorio es débil, del orden del 15 al 20%.
El paralelismo con la crisis mexicana de 1994 y con la crisis de la deuda}; de 1982 es :golpeante. «Un exceso de liquidez en-divis-as, bajo la ¡forma de) capitales volátiles, .ha sido utilizado en actividades de riesgo elevado. endeudamiento abarcó a todo el sector privado, a diferencia de la crisisj de la deuda de comienzos-de losaños 1980, enla-cual el endeudamiento? de largo plazo ha estado constituido por empréstitos soberanós. Pero fin de cuentas el, resultado esrel mismo, ya que el sobreendeudamientoÏ desemboca en una crisis caracterizada por la fuga de capitales.
La respuesta q-ue se ha dado —‘bajo ‘la forma de un plan de salvataje, sometido a condiciones de reformasq apunta a" restablecer la solvencia de Tailandia.- El plan de austeridad tendrá repercusiones negativas a corto plazo sobre. el crecimiento y sobre los. ingresos. Pero las medidas impues-
tas para saldar la deuda, no permiten superar el retraso de la productiviq dad de la economía.
110 Abril de 1998
‘ . La crisis tailandesa no es un caso aislado «l conjunto del sistema bancario asiático está sufriendo una pérdida de onfianza.
En todos lados el crecimiento rápido, la abundancia de liquidez fre- cuentemente alimentada por entrada de capitales de corto plazo insufi- ic-ientemente esterilizados, se han traducido en inversiones especulativas lcuya rentabilidad era dudosa. En resumen, la débil rentabilidad de las inversiones ha sido la consecuencia de una mala evaluación del costo del capital».
En‘todos lados, las reglas de control han sido insuficientes y los 'bancos no han pedido las garantías necesarias en lo que se refiere” al reembolso de los préstamOS. Como un ejemplo las garantías utilizadas para caucio- nar los préstamos fueron en general bienes inmobiliarios que actualmen- te están en plena desvalo‘rización, En consecuencia, los bancos han ‘sid'o afectados por ello, ya que los intereses de una parte considerable de esta deuda no han sido pagadós.
Desde 1996, todos los países de la región han sufrido además las cOnse- cuencias de la sobreofe'rta en el sector inmobiliario, como también en el sector de la informática y del alza de la paridad del dólar.- Estos factores han provocado una reducción drástica del crecimiento de las exportacio- nes, y un agravamiento de su déficit corriente.- La pérdida de competitividad de las exportaciones, que apareció en todos estos países, 'es provocada por el alza de los costos salariales no compensada por progresos en la produc- tividad, por el retraso en materia de infraestructuras y por la competencia de China.
En Corea, la disminución del crecimiento que, en el primer semestre de 1997 fue del 5% aproximadamente en tasa anualizada, estuvo acompa- ñado por la de la inversión, que provocó la quiebra de dos grandes con- glomerados relacionadosicon la fabricación del acero (Hanbo y Sammi) cuya situación financiera era extremadamente frágil. Por otra parte, algu- nos grandes proyectos coreanos —como la creación de algunas empresas en el extranjero, compañías de navegación y la'ampliación de la capacidad de producción en la siderurgia- que estaban'incluidos en el programa de Racionalización del Gobierno, han fracasado.
Debido a la facilidad con —que se les acordaban los créditos, los grandes chaebols se endeudaron fuertemente, y su pasivo exigible representa, en promedio, más del 400% 'de sus fondos propios. Las deudas ocasionadas representan un tercio de los créditos dudosos de los seis principales ban- cos. Estos bancos, que abarcaban el 70 % del mercado de crédito banca-
Cuadernas del Sur 111
rio, tendrían, a comienzos de 1997, el 37% de sus acreencias como dudo-¿Í sas, o sea el 19% del PBI. La mitad de esas acreencias tendrían por origerráf los proyectos gubernamentales fracasados.
En efecto, los bancos coreanos, aunque privatizados, están siempre bajo el control informal del gobierno que interviene para que ellos acuerden, créditos a los chaebols. Por esta razón éstos han podido, hasta una fecha-é reciente, contar incondicionalmente con los bancos para. satisfacer sus}; necesidades. de liquidez. Debido _a esto, el sistema bancario es extremadaé mente vulnerable, no solamente a causa del endeudamiento de las empre-Ïií sas, sino también debido a la utilización simultánea de las mismas garaná tías para garantizar empréstitos diferentes, como lo hacen los bancos poneses. El saneamiento de todo el sistema no puede hacerse rápidameni te, ya=que produciría quiebras en cascada. Se considera que, la reabsorcióng delas pérdidas de los dos conglomerados a comienzos de ¿199.7 tomaría;Í más de lO-ar'ros. Después del comienzo del año, otras chaebols se hanencontrado borde de la quiebra (Iinro, fabricante de bebidas alcohólicas y —Kia que}: sufre grandes dificultades en la. rama automotriz), Considerando que es-É tas quiebras significarían la eclosión de una.crisis financiera abierta, eli gobierno coreano decidió, con la participación de los banc0s, la. constitu-, ción de un fondo de 1.700 millones de dólares para encarar el problemaíï de los créditos dudosos de los bancos comerciales, cuyo monto-se eleva a; 90.000 millones de dólares.
Esto no resuelve el problema de los bancos, cuyasganancias han sido recortadas por la falta de pagos de sus clientes, por la necesidad de: au- mentar las provisiones que tengan en cuenta ese riesgo y que, además, deben participar enese fondo de caución de, las empresas que 'eStán al borde de- la quiebra. En efecto, 25 bancos comerciales perdieron más .de 100 millones de dólares y 34 bancos de inversores afirman haber perdido: más de 500 millones de dólares entre marzo de 1996 y marzo de.-1997.La situación debería agravarse más a partir del mes de setiembre, si el go- bierno decide, cómo se convino en el marco de mejora de las relaciones de competencia, la abolición de la comisión fija sobre- la acciones, que representan actualmente un tercio de las ganancias bancarias.
En. Filipinas, el PBI creció un 5,5% anual —en el. primer semestre de 1997, lo que no significa una disminución con respecto al año pasado. El crecimiento de las exportaciones, superior al 20% en el primer semestre de 1997, es uno de los más rápidos de la región. El déficit de la balanza- corriente es del orden del 4% del PBI, lo que se considera como aCepta-
112 .Abril de 1998-
ble. La inflación está bajo control, con un crecimiento medio de los pre-
cios del orden del 5% anual. En este país, la tasa de inversión representa I el 25% del PNB, o sea cerca de la mitad de la tasa de los países vecinos. La
tasa de ahorro llega al 20% del PNB‘ contra 35% en Tailandia y 40% en I Malasia. En consecuencia, si ha habido sobreinversión, ella no afecta nada i más que a un número limitado de sectores.
La posición bancaria parece más sólida que la de Tailandia, con una relación crédito/PBI. del orden del 60% (contra más del 100% de Tailandia). Pero algunas quiebras d'e firmas importantes, entre ellas una fábrica de azúcar, ha fragilizado al sistema bancario. Los bancos estarían sobreexpuestos en el sector de la propiedad inmobiliaria. Aparentemen- te, Ila sobre oferta en este secÏtorno tienen nada en común con 'las que se constataron en otros países dela zona, y se limita a un 2% de la superficie destinada a oficinas.
Según un informe oficial, los bancos estarían involucrados en el sector inmobiliario no más que el 10% y las compañías financieras habrían fi- nanciado sus inversiones en este sector mediante la emisión de títulos. Pero un informe de la Unión de Bancos Suizos mostraría que estarían involucrados en un orden del 50% si se incluyen los préstamos no especí- ficos a los conglomerados y que en los hechos habrían sido utilizados para la financiación inmobiliaria.
Por otra parte, los beneficiosbancarios estarían gravados por" la com- petencia de los bancos extranjeros,
Sin embargo, la gestión de los bancos filipinos parece ser más rigurosa que la de los otros países de. la región, con excepción de Singapur. Las reglas de control —copiadas- del modelo norteamericanog, conducen a rela- ciones como las del banco Metrobank, cuyo capital representa el 17% de los activos, los préstamos representan el 70% de los depósitos y el retorno del capital es del 19%, o sea tres veces más que el de las bancas japonesas.
Las reservas de cambio están constituidas en alrededor del 50%, por inversiones de cartera y los valores bursátiles están en manos de los ex- tranjeros en más de un 40%. Desde comienzo de año, el índice bursátil ha perdido más del 20% de su valor, indicando una cierta fuga de capitales, y, en consecuencia, una pérdida de reserva-s, a continuación de los ataques contra la moneda. Así, algunos días después de la flotación del baht, el peso filipino también ha sido puesto en flotación y habría perdido más del 20% a fines de setiembre con relación a su valor de hace tres meses. Para evitar la fuga de capitales, la tasa de interés del mercado monetario ha sido subida al 30%
Cuadmvws del Sur 113
La situación tiene algunos elementos-de riesgo: por una parte, tasas dei: interés tan elevadas pesarán sobre el crecimiento; por otra parte, la- dei; preciación de la moneda puede hipotecar las financiación del déficit co-é rriente. En efecto, este país tiene un déficit co'mercial importante —.del3¿ orden del 8% del PBI—, en parte compensado por los envíos de fondos de' los trabajadores emigrados.
Pero si los riesgos de devaluación son importantes, .éstos podrían ser parcialmente suspendidos o postergados, -ya que los trabajadores expa-Í; triados querrían preservar el poder de. compra de su dinero.
La situación parece más rnitigada eur-Malasia. El crecimiento se. ha man-g tenido en la primera mitad de '1997, a: una-tasa anual del 8% aproximada-É, mente, con exportaciones que crecen enel primer semestre a un ritmoi anual del 7,5%, y las exportaciones al 8%; el. déficit comer-cial llegaa 1.000i millones de dólares en los primeros seis meses del año- 1.997 y el déficitÉ corriente es delorden del 4%. delPBI. Pero ïhay :signos de sobreproduc-a: ción, tanto en la industria manufacturera corno en el sector de construc-É ción, y las perspectivas de crecimiento para el año próximo no superaríané el 5%. A
La sobreproducción en.el.ramo inmobiliario sería'menos¡irnportantei que; en Tailandia, y la superficie de oficinas desocupadas no supera el 3%, y el financiamiento de la construcción esta asegurado por fondos locales. Sin embargo, .los empréstitos ligados al ramo inmobiliario representan más del 20% del total de los créditos bancarios. Porvotra'parte, la relación crédito/ PBI pone en evidencia una progresión demasiado. fuerte, que muestra signos, de. fragilidad bancaria. En julio, a insinuaciones .de Tailandia, el Banco Central ha puesto. límitesazlos préstamos. acordados a ese sectOr, a pesar-de que Malasia es menos dependiente que Filipinas y Tailandia ,de las inversiones extranjeras de cartera, .el ringgit, moneda local, ha sido atacado. El 14 de julio de: 1997, se lo puso en 'flotadón al igual que el baht y el peso. A continuación de esta decisión, la moneda se depreció en un 9% con relación al valor de tres meses antes.
Para evitar la pérdida de reservas que, en los primeros 15 días del mes de julio fue del 9% del total, la. tasav de interés ha sido elevadaal 50%. .El nivel de reservas representa tres meses y medio de-importaciones y 23.000 millones de dólares.
El riesgo de Malasia parece estar más que todo _en las: perspectivas del crecimiento y de la productividad más que en el sistema bancario. El au- mento de la productividad ha tenido, desde comienzos de los años 90, un crecimiento anual del 2,2% en promedio, inferior al objetivo anual del
114 Abril. do 1998
3,5%. Sin embargo, este ritmo más sostenido habría sido necesario para la conservación de las ventajas comparativas de un país que, débilmente poblado, sufre aún más que sus vecinos, las consecuencias del pleno emr pleo sobre el nivel de los salarios.
En Indonesia, la tasa de crecimiento en 1997 es similar a la de 1996, o sea el 7,5%. La inflación supera el 5% y muestra una disminución de más de un punto porcentual con respecto al año precedente. Los intercam- bios comerciales han sido excedentarios en 9.000 millones de dólares en- tre junio de 1996 y el mismo mes de 1997 pero el déficit corriente repre- senta el 8% del PBI en el segundo trimestre del 1997. Indonesia es el proveedor de japón en -el rubro de materias primas; sibien registra pro- gresos importantes en materia de exportaciones.industriales su comercio de productos primarios le permite diversificar los riesgos de sobrepro- ducción y de deterioro de los términos del intercambio. Las reservas de cambio aumentaron 4.500 millones de dólares en un año. En abril esta- ban cerca de 20.000 millones de dólares, osea casi seis meses de importa- ciones.
A pesar de estas bases aparentemente tranquilizantes, la inversión ex- tranjera está en retirada. En el primer semestre de este año, las autoriza- ciones de inversión representaban un total de 16,000 millones de dólares, o sea casi 25% metros que en el primer semestre de 1996.
Un excedente de superficie de oficinas del orden del 12% y un sistema bancario considerado como uno de los menos seguros en Asia, constitu- yen los elementos de fragilidad que'ha'cen que Indonesia sea considerado como un país de riesgo. En efecto, el gobierno no“ descarta la posibilidad de que una crisis de la misma naturaleza que en Tailandia también explo- te en este país. Los créditos dudosos representan 'un 10% de los créditos acordados, con una tasa de provisión tan‘ débil como la de Tailandia y México; la mitad de esos créditos corresponde a créditos inmobiliarios. El sistema bancario público ha sido profundamente afectado: el 68% de los créditos considerados hoy como dudosos fueron acordados por bancos estatales.
Para evitar el agravamiento del problema, el gobierno decidió, después del 14 de julio último, prohibir a los bancos los préstamos destinados a la compra de terrenos. En realidad, la especulación inmobiliaria ha sido fa- cilitada por los préstamos bancarios. Hoy en día, esos terrenos no en- cuentran comprador.
Como sus vecinos, Indonesia ha visto que su paridad monetaria per- dió, en agosto, alrededor del 9% de su valor desde comienzos del mes de
Cuadernos del Sur 115
julio. La tasa del mercado monetario era de alrededor del 14%. Al‘contra-É rio de los otros países de la región, el índice bursátil se encontraba enuna; pendiente ascendente desde hace 12 meses, pero ha sufrido una caída del-É? 10% aproximadamente durante el mes de agosto
Conclusión.
Después de un año 1996en e-l que la sobreproducción y la sobrecapacidad<¿ en el campo informático habían gravado el crecimiento de los'países asiáï ticos, los problemas en ese sector parecían estar en un buen. camino der: resolución a partir de la primavera de. 1997. Una vez abSorbidos lOs-stocks, habría podido esperarse una retoma de las exportaciones 'qu'e habría ase- gurado una retoma honorable del crecimiento.
Pero la explosión dela crisis en el sector inmobiliario, puso en eviderh cia una mala asignación de recursos y.una gestión riesg'osa delvcrédito, bancario, lo que ha afectado la Confianza de los inversores intemaciona- les en este país, de manera que los-capitales muestran tendencia aretirar- se y dirigirse a otros países. En esas condiciones, es elevado el riesgo de un bloqueo. del crecimiento a corto término y de una transición deliCada a mediano plazo.
Paris, 30 de septiembre de 1997..
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116 Abril de 1998
El marxismo entre ciencia y utopía7k
Georges Labica**
l hilo conductor de mis palabras será el siguiente: la cuestión
de la utopía esclarece no solamente el pensamiento de Marx y
de Engels sino: también el marxismo mismo en cuanto tal, puesto
ue da cuenta a la vez de su génesis y de su clausura, las que
arecen designar hoy al marxismo como el fin de, una utopía y,
quizás, de manera paradigmática, como el fin de toda utopía, A esta _cues-
tión dedicaré algunas tesis de un carácter un tanto abrupto en el sentido
de que ellas no podrán ser desarrolladas, en esta oportunidad, en toda-s sus consecuencias.
El rechazo de la utopía
He aquí la primera, que conserva, en gran medida, la fuerza de un prejui- cio: el marxismo sería antite’tico a toda utopía. El marxismo no admite la utopía puesto que éste le notifica su liquidación. Tal enunciadonos intro- duce de partida en una paradoja: el objetivo proclamado de la utopía de su definición, en nombre, anotérnoslo, de la ciencia, o al menos, de la cientificidad de la cual el marxismo se ha .reclamado. Baste recordar la fórmula de Marx según la cual el. comunismo es “el adversario más resuel- to del utopismo”, o el juicio de Engels: “para hacer del socialismo una ciencia era necesario que éste fuera colocado sobre un terreno real con una base sólida, inatacable. Y esa fue la obra de Marx”. Tiempo después, Lenin será aún más categórico cuando escribe : “la teoría de, Marx ha sido la primera en hacer del socialismo, de la utopía que era, una ciencia, al plantear sus fundamentos inamovibles, al trazar el camino para seguir desarrollándolo en todos sus detalles”.
La explicación de esta idea se puede buscar en la crítica marxiana al tema de la insularidad y de las “robinsoneadas”. Estas últimas, en particu- lar, son tomadas en serio incluso por espíritus tan distinguidos como Smith o Ricardo cuando, en realidad, no son .otra cosa que una anticipación (Vorwegnahme) de la sociedad burguesa liberal-individualista. Engels, ase- gurando en el Anti-Dühring que “la inmadurez de la producción capitalis- ta corresponde a la inmadurez de las teorías” retoma y desarrolla, treinta años después, los análisis ya presentes en el Manifiesto: las utopías
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socializantes corresponden al período en el cual emerge la contradicción esencial en el modo de producción capitalista entre burguesía y proleta- riado; mientras esta contradicción no se haya vuelto dominante, la utopía tiene por función anticiparla y la imaginación sustituye la lucha de clases. De donde los utopistas no podían ser sino utopistas, leamos “revoluciona- rios”, mientras que sus sucesores y secuaces, una vez la contradicción for- mulada, serían necesariamente “reaccionarios”.
Por consiguiente una segunda tesis aparece, a saber, que el marxismo expone la verdad de las utopías, expone como su tópico la no pertenencia'de la utopía y la realización fallida de su ser; la temporalidad de ese tiempo falso (uchronos), lo dicho de ese silencio, muestra el objeto real de la ‘trto- pía, la historia como base material.
En lamisma dirección, Ruyer ha hablado del carácter intrínsecamente- ahistórico y “antidialéctico” de la utopía, y Louis Marin de lo “neutro” del la misma. Todavía, en el caso de los socialistas utópicos, se trata menos del “fin de los tiempos” que de una nostalgia del tiempo como deseo que, sin embargo, no se puede constituir en un poder ni tampoco en un saber que no sea inadecuado; deseo que no hace sino ocupar su lugar, a des- tiempo.
El “olvido” de la historia no es solamente omisión de un proceso con- tradictorio sino omisión de la contradicción que es la lucha de clases, concepto sin el cual toda tentativa de lectura de las utopías sería engaño- sa. Con el advenimiento del marxismo la utopía se sienta a la mesa, revela su contenido. Engels lo asegura, ésta está cargada y con ella el desarrollo burgués “desde sus inicios” —Thomas Münzer, los niveladores, la Utopía de Thomas More- con la contradicción entre igualdad política e igualdad social, que no es sino la expresión de la contradicción entre las clases, burguesía y proletariado, que no es de ninguna manera “sobrepasada” sino própiamente ocultada yen consecuencia fuente de numerosas y gra- ves confusiones en el enunciado de la consigna única: “Igualdad”. Del socialismo “utópico” al socialismo “científico” si se va de una “concep- ción” a la otra, es a la existencia de dos medidas en las que se originan, entonces, las condiciones objetivas que hacen posible también la salida de las categorías de su cielo intangible.
Traidor del cual el comunismo debe desembarazarse, Proudhon encar- na esta ambigüedad doctrinal donde las categorías permanecen atrapadas incluso una vez que el movimiento real ha puesto al día las contradiccio- nes de las cuales éstas fueron borradas.
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Clases, filosofía, revolución
Todo ello nos conduce a asumir el riesgo de dos nuevos enunciados Primero: la relación del marxismo con la utopía es una relación de clase: la del proletariado frente a la de la utopía es una relación de clase: la del proletariado frente a la de- la pequeña burguesía. El socialismo utópico es Una ideología de la pequeña producción. Sus ciudades ideales son, ante todo, expresio- nes sistematizadas de contradicciones inherentes a la sociedad mercantil, toda vez que esta última no ha alcanzado su forma más desarrollada cOn el modo de producción capitalista y que la contradicción polar entre trabajo asalariado y capital no es todavía dominante. Esto quiere decir que efecti- vamente hay dos modalidades de existencia de la utopía y que una de ellas es propiamente pre- o ante científica,insuperable, en el 'sentido hegeliano de una crítica que se encuentra impedida de alcanzar su propia crítica.
Lúcida o ingenua, la toma de conciencia de los utopistas no es menos constantemente estimulante, a veces anticipatoria cuando adelanta crite- rios decisivos tal como Fourier con el grado de emancipación de las muje- res como medida de la emancipación general, o de los objetivos revolu- cionarios tales como “la abolición del Estado” en Saint Simon. Pero ese papel progresivo se transforma en nostalgia o en regresión cuando las contrasociedades pierden su adecuación (de hecho nunca completa) al movimiento histórico. Cualquiera sea el origen de las intenciones del dis- curso, se trate ya de la persistencia, incluso bajo formas diferentes, de antiguas relaciones de producción o de la extensión y a veces de la forma- ción de nuevas capas sociales (siendo el conjunto generalmente relegado bajo el vocablo “pequeña burguesía”), en esta segunda etapa la función utópica se vuelve “utopista”, ella se hace acientífica e incluso a menudo anti-científica cuando se la juzga a través de sus efectos en las luchas socia- les: “A medida que la lucha de clases toma forma y se acentúa, esta mane- ra de elevarse por encima de ella a través de la imaginación, esta oposi- ción imaginaria que se le hace, pierde todo valor práctico, toda justifica- ción teórica”.
Así ocurre con las “capacidades”, en la víspera de la revolución de 1848, particularmente de un Lamartine; así ocurre con un Ioujakov que bautiza hipócritamente “utopía” un proyecto de reforma de la enseñanza secun- daria donde, a falta de distinción entre castas y clases, la asociación'entre instrucción y trabajo productivo hace trabajar sólo a los estudiantes po- bres y se revela entonces absolutamente compatibles con la autocracia.
Nuestra segunda tesis es de una ambición mucho más grandezel marxis- mo así entendido pronuncia el fin de la utopía. Es el Ausgang, la salida, como
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era, como es, la de la filosofía y la de la economía. “Crítica” a tal punto; radical que su advenimiento no deja ninguna cuestión en pie y no comi-{3: dera nada como adquirido. La utopía a su manera evacúa la historia; la filosofía y la economía no proceden de otro modo, como se puede consta-g tar desde La Sagrada Familia al Capital. La consideración de la historia; material les notifica su desahucio. Engels reproduce las palabras de Dühringi calificando a los grandes utopistas de “alquimistas sociales” y concluyeg que Dühting es entonces el “último utopista” en el tiempo de la “químicarj moderna”.
Es indudable que la consideración de la historia “real” por oposición a la; Traumgeschichte (la historia soñada) satirizada por Marx desde 1843, coinci-y de con la salida de la filosofía. El propio Thomas More, tratando de la- forrnación de Rafael I-Iytloday, desliza la frase: “el estudio de la filosofía al cual se volcó exclusivamente” y P.F. Moreau revela justamente el hecho que Utopía es una Ciudad filosófica, un Staatroman. La inusualidad que delibe- radamente la separa del tiempo y la aísla de todo mundo próximo leotorga su más fuerte símbolo. Por lo tanto, la ruptura del marxismo con la utopía devela la problemática olvidada, ausente y, por naturaleza, extranjera a todo discurso utópico: la del pasaje o de la transición: “al utopista no se le puede preguntar: ¿Cómo llegará Ud. hasta ahí? Este ya ha llegado”.
Ahora bien, la cuestión de la transición no es sino la misma que la de la revolución igualmente ignorada por los utopistas que ni siquiera se pre- ocuparon de las reformas, que ni siquiera llegaron al umbral de la interpre- tación, tan preciada por los filósofos La voluntad de cambiar el mundo, de transformar de manera radical la ciudad, se abre a su vez a la política concreta que mide la correlación de fuerzas, que designa los actores, que determina los protocolos de acción, en una palabra, que asume riesgos. En esta materia Marx se coloca una vez más al lado de Spinoza: “entre todas las ciencias aplicadas, la política es donde la teoría parece ser más diferente de la práctica y no hay hombres a los que se les juzgue como menos aptos para gobernar el Estado que los teóricos, es decir, a los filó- sofos”. El proyecto de una ciencia de la práctica o de una álgebra de la revolución bastan para invalidar toda utopía.
El reinado de la Ciencia
Si ello es realmente así, si el marxismo se establece sobre el terreno de una ciencia así concebida, tendremos que enfrentar una verdadera situa- ción límite. Por una parte la ciencia; por otra, la utopía, sin compromiso ni dialéctica.
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Menos que nunca podremos dejar de lado esta nueva tesis en la medida en que es justamente ella la que ha prevalecido históricamente. Sin exten- demos sobre las etapas de esta historia a la cual me he referido amplia- mente en otra oportunidad, me lirrritaré a llamar la atención sobre sus caracteres más significativos.
El primero se sitúa a nivel del vocabulario. Expresión de la dificultad, ya presente en el momento en que Marx vivía, de encontrar la denomina- ción más apropiada a su obra, el epíteto de “científico” ha sido asociado a los diferentes dominiosiáel saber que los fundadores estuvieron obliga- dos a abordar. Filosofía, historia, economía, socialismo, e incluso ideolo- gía (Lenin). La expresión “socialismo científico” es, de hecho, la única legítima puesto que ella recibió el aval de Engels, quien le dedicó un folleto a partir de tres capítulos del Anti-Dühring. Ahora bien, no es de ninguna manera inocente notar que el título de este 'folleto,Die Entwicklung des Sozialisnms von der Utopie zur Wissenschafl (el desarrollo del socialismo de la utopía a la ciencia), ha sido traducido por Paul Lafargue, el propio yerno de Marx por Socialismo utópico y socialismo científico, sin que Engels hubiera encontrado nada que decir al respecto.
Una vez más una dialéctica histórica es sustituida por una proposición alternativa.
Y esta prevalencia por largo tiempo vehicularizada a la vez por la pre- tensión, anterior al marxismo, de conferir el carácter de ciencia al conoci- miento de la sociedad, y por las connotaciones mucho más vastas del ale- mán Wissenschaft. Este segundo rasgo, la escisión utopía/ ciencia será ad- mitido por Kautsky y Lenin que hablará, por su parte, de “comunismo científico” para definir “la expresión teórica del, movimiento proletario”, en la nrisma línea del Manifiesto y de la distinción entre el socialismo como “movimiento burgués” y comunismo como “movimiento obrero”, consti- tuyéndose en una verdadera caricatura con la institución estaliniana del “marxismo-leninismo”, borrando definitivamente la utopía en provecho de la ciencia y no atribuyendo a esta última más que una única voz para todas las materias de la economía a la literatura y al arte, a saber el Parti- do, reducido, a su vez, a su jefe.
De donde la célebre fórmula aristotélica se transforma en: “no hay ciencia sino del Secretario general”. La frialdad del cálculo colectivista reemplazaba aquellas del “cálculo egoísta” del período burgués. La utopía no es más, desde entonces, que una escoria. Peor aún, ella se encuentra reducida al orden de la fantasía cuando no se trata de una mentira delibe- rada. Fuera de los enunciados verdaderos o “científicos” de los cuales el
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Partido-Estado era el depositario, el garante y el defensor, no reinaba sino el error, dicho de otra manera, la traición, acompañada de las trági-iÉ cas consecuencias que conocemos.
¿Las advertencias contra talsituación límite —el marxismo concebido como una ciencia “dura”- fueron lo bastante fuertes? No, sin duda. Marx se contenta con justificar la escisión utopía/ciencia, precisando que el? “socialismo cientifico” no había sido usado sino en “oposición al socialis- mo utópico que quería inspirar al pueblo nuevas quimeras” preocupan- dose ante todo de convertir la economía política en “ciencia positiva”, con el fm de “volver accesibles a un público popular” los “ensayos cientí- ficos”. La invitación a retomar elproblema en torno a una nueva tesis,. aparentemente antitética con respecto a la precedente, según la cual el marxismo no rechazaría la utopía, no es menos urgente. Ahora bien, nos confrontamos aquí con una tradición diferente cuya consideración pare-F ce imponerse.
La resistencia a la utopía La ilustración de esta tradición se encuentra, en-un sentido propio, en el árbol genealógico Stammbau'm des moderne Sozialismus, editado por Kautsky en la época de la Segunda Internacional. Los tres troncos del “comunis- mo obrero y las luchas de clase”, de la “crítica humanitaria de la economía política” y del'“socialismo utópico” cada uno de ellos cargados de nume- rosas‘ ramas. convergen y se unen con Marx y Engels para permitir el florecimiento de laAIT, de la Comuna de París y de los Congresos de la Internacional, Coronada, en su cumbre por elMaitag des Proletariats. El tronco de la Utopía enumera, de abajo hacia arriba Platón, More, F. Doni, G. Bonifacio, Carnpanella, Vair-asse d'Allais, Meslier, Fénelon, Rousseau, Morelli, Mably, F. Boissel, Fourier et Saint Simon. Un indudable privile- gio es así concebido a la continuidad, el mismo que está igualmente pre- sente _en Marx y Engels tanto de un punto de vista histórico como teórico. Del lado de lamemoria, bastaría recordar el reconocimiento de algu- nas deudas. El “joven Marx”, este Aufltlárer, imbuído del Progreso y de la Racionalidad, incluso en la escritura del Manifiesto, sabe y dice lo que les debe a Feurbach, Bauer, Weitling, y sobre todo a Moses Hess. Engels, tantas veces acusado de perversión cientista no se queda a la zaga. Testi- monian de ello su Descripción de las Colonias Comunistas recientemente constituidas y todavía existentes y su interés por los movimientos milita- ristas en los cuales Henri Desroches ha creído ver “una cuarta fuente” del marxismo, sus Cartas de Londres o su Reforma social en el continente, cuando
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nada era más urgente'a sus ojos que constituir una biblioteca del militan- te destinada a los emigrados alemanes en París, a partir de las “mejores obras de Fourier, Owen, de los Sansimonianos, etc”, su Circular contra Kriege y la larga batalla por una redacción correcta del Manifiesto y, más tarde, su Guerras Campesinas, con su aprecio por la figura ejemplar de Thomas Münzer.
Del lado de la ideas la cosecha no es menos rica y las aportaciones constantemente reivindicadas, en la madurez de obras como elAnti-Dühring y El capital, asilo muestran, Tratándose de la génesis de la teoría, se les rinde un alto elogio a los “tres grandes utopistas” que son Fourier, Owen y Saint Simon, cuyas “ideas de genio” emergen “bajosu cobertura fantás- tica”. El crédito de Owen se ve reforzado con la asociación, con el movi- miento- cooperativo, con la reducción de las jornadas de trabajo, con la extinción de la propiedad privada, con las guarderías infantiles, con la limitación del trabajo de mujeres y "niños. A Fourier le corresponde la liberación de la mujer sin la cual la del hombre no es sino una palabra vana así-como el descubrimiento del derecho al trabajo. Fourier “constru- ye el porvenir después de haber juzgado correctamente el pasadoty- el presente” en “una verdadera mina de'materiales”; es “irremplazable”. La crítica del Estado e incluso la intuición de la'dictadura del proletariado están presentes en Saint-Simon. El propio Weitling, a' veces tan zarandeaï do... ¿No es acaso “el único alemán que ha hecho realmente algOP”. No vale la pena entonces multiplicar estas referencias, que son de mucho más que simples “saludos decortesía”, para constatar que existe de hecho una doble colusión entre marxismo y utopía.
La crítica de la sociedad existente, de la sociedad tal cual es, forma el primer denominador común. La crítica está ya en More, como se sabe —¡y cuán acertadai- crítica que seráretomada por toda la tradición utópica que éste inaugura incluido por ejemplo un Leroux, tan injustamente tra- tado por Marx y Engels y que ataca con tanta pertinencia las estructuras capitalistas, puesto que de ellas se trata. Ahora bien... ¿La función crítica no es por excelencia lo propio del procedimiento marxiano, de La Sagra- da Familia, “crítica de la crítica” a El capital, subtitulado “crítica de la economía política”, no siendo esta última sino, como lo afirmaba la Mise- ria de la Filosofia, el- nombre de la “ciencia” de la burguesía, es decir su autolegitimaciónP.
La segunda similitud no puede buscarse en otro lugar que en lafinali- dad de tal crítica, dichode otro modo, en el deseo de la sociedad justa y de los hombres reconciliados. Este viejo diseño que tiene, en efecto, su
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origen en La República y en el “consejo nocturno” de Las Leyes, atraviesanE los paraísos terrestres, los milenios, las Kallipolis y otras ciudades virtuo-f sas e islas felices, no podría ser extranjero a un marxismo que sostiene también que la humanidad tiene derecho a la felicidad. Entre ambos, en- tre la crítica y el objetivo de una parte, entre el marxismo y la utopía... ¿Deberíamos convenir que no hay ni puentes ni paisajes? Es lo contrario lo que ha confirmado. Marx, sobre los pasos de su maestro Hegel, recha- zaba la oposición entre lo que es y lo que debe ser; afirmando “buscar la idea en la realidad misma”; estaba convencido que la racionalidad de lo real significaba la realidad produciéndose históricamente.
Ernst Bloch, después de él, hablará con fuerza de la presencia de lo! aún-no-devenido en el devenir y buscará en todo lugar, en la arquitectura, en la geografía, en la pintura y en la música, en la sabiduría antigua, el “paisaje del deseo”, el cual esboza el porvenir en filigrana. Ningún utopista ha ignorado esta preocupación; ninguno ha renunciado a esta lectura. Es por ello que tantos hilos se reencuentran en ambas tramas.
Limitándonos a los ejes esenciales...¿ Cómo concebir una sociedad que excluya la propiedad privada?. ¿Cómo concebir una forma de gobierno que asegure la expresión más democrática de los ciudadanos, que garan- tice la educación para todos, la igualdad en la libertad, valorisando el trabajo, realizando la sociabilidad a través de leyes apropiadas para cada uno, protegiéndose de las regresiones de la religiosidad, de lOs racismos y de las dominaci-oneSP. ¿La utopía, se satisface en el sueño y disimula, a veces, bajo la nostalgia de una edad de oro sus intensiones transformadoras, mientras ese mismo sueño se quiere, como dice Bloch, a propósito de la transición, de sus medios, sus agentes, guarda silencio también entonces sobre la revoluciónP. Lo sabemos, pero... ¿Puede ser de otra manera, exepción de Cabet cuyo “sistema ya hecho” se obstina en prolongar un sueño caduco?
Engels enuncia la norma materialista: “Es historicamente imposible que una sociedad que se encuentra en un estadio inferior del desarrollo eco- nómico pueda resolver los enigmas y los conflictos que han nacido y que no pueden sino nacer en un estadio más elevado”. Y no se trata de ningu- na manera de condenar a causa de relaciones sociales insuficientes a los “patriarcas del socialismo”, los Owen, los Fourier, los Saint-Simon, que han imaginado sociedades modelos. El pasado, el presente y el futuro son inseparables en las medidas de sus discontinuidades. Los posibles están inscriptos en el seno de lo real como su huella más avanzada. Es el Princi- pio-Esperanza y su irremediabilidad.
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Una lección se desprende de este breve examen: no hay un muro entre utopía y marxismo aún cuando este fuese medido por su sola cientificidad. El severo Lenin, tan íntimamente convencido del camino real abierto por el “socialismo científico” sabe perfectamente que la utopía es una crea- ción continua sorprendida en la realidad misma: “La revolución es la fies- ta de los oprimidos y de los explotados. Nunca la masa popular se muestra como un creador tan activo del nuevo orden social que durante la revolu- ción”. Lenin asegura, después de More y varios otros, que el oro será reducido a su función escatológica: “Cuando hayamos triunfado a escala mundial haremos, creo, con e'l oro, letrinas públicas en las calles de las más grandes ciudades del-mundo”.
La ciencia como utopía
Otra lección, o tesis, se deduce, para responder a mrestra pregunta ini- cial, a saber, que la utopía que se desploma hay, es el marxismo entendido como
ciencia. No se trata, evidentemente, del materialismo histórico y de su
función heurística, en los cuatro sectores teóricos del modo de produc- ción, de la revolución, del Estado y de transición de las sobreestructuras ideológicas, sino del marxismo-leninismo afirmado y mundialmente di- fundido como “sistema armonioso y acabado”, dicho de otra manera como
ciencia. En tanto que productora de “verdades” tan indiscutibles como obligatorias, la así llamada ciencia expondría las “leyes” de la historia y no del pensamiento y dictaría a toda formación social, sin considerar sus especificidades, el programa de su desarrollo hacia el socialismo. Pues ella
preveé, con toda seguridad, las correlaciones de fuerza, los comporta- mientos de las clases, las alianzas necesarias, los protocolos de la acción política e ideológica, las estrategias y las tácticas. La ciencia se enseña y tiene, por lo tanto, autoridad para poner el marxismo en manuales, léase
en vade-mecum populares, por no decir en catecismos. Ella asegura el triunfo del modelo soviético a escala planetaria, confiriéndole al “leninismo” el valor de fórmulas que basta aplicar, en Alemania como en
México, en Etiopía como en Vietnam... Es el tiempo de las esquizofrenias, de la repetición de glosas'y de recetas, de las violencias hechas a lo real, fuera del cual no subsisten sin‘odesviadones, revisiones‘y traiciones. Moisés y sus 'Iugartenientes custodian y conducen al pueblo elegido por el cami- no de la salvación codificada, en la cual no juegan ningún rol la duda, la invención, el sueño, esas desviaciones cargadas de amenazas colectivas e
individuales. Conocemos el precio pagado. Quizás hemos visto con poca
claridad que lo que subyacía bajo los regímenes del “socialismo realmente
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existe” no era cosa que la reproducción bajo formas'a la vez endurecidas
y reductoras del, productivismo capitalista y de la política burguesa, Dos-g ejemplos locuaces, en lugar de una demostración que no puede ser desa-
rrollada aquí: las imágenes recientemente reveladas del mar. de Aral,
exepcional catástrofe ecológica; la tesis siempre repetida, desde el final de los años treinta, del reforzamiento del Estado, bajo el socialismo.
La. razón de tal ambivalencia, del marxismo entre ciencia y utopía... ¿Habría que buscarla, como a veces se ha insinuado, por el lado de una perversión político-teórica, imputable, por ejemplo, a Stalin o a laevoca- ción del “culto a la personalidad” al cual Khrouchtchev fue tan sensible? Sin embargo, esas no serían sino argucias,=dC-fensivas o retractaciones cuyo efecto consistirían en reproducir el modelo bajo la misma pseudocr‘ítica que se le dirige. La contradicción, para emplear; un término fuert,e,«est:á sin duda en el. propio Marx, entre su -.voluntad de terminar con lasf‘quime- ras” y de dar al comunismo fundamentos científicos y de suministrar a las proposiciones de la utopía la posibilidad de una traducción concretaacor- de a sus propias; deudas. Es significativo el» poder constatar, a este. propó- sito, que- Stalin, para sostener su exposición Ide Materialismo dialéctica. y materialismo histórico copia, a modo de conclusión, la célebre página del Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política. Dicha. página contiene, en particular, la siguiente frase: “cuando se consideran tales transformaciones, ‘es necesario siempre poder distinguir entre la transfor- mación material de las condiciones de producción económicas, constata- da con rigor _de las ciencias ï-naturales, y las formas jurídicas, poli-ticas, religiosas, artísticas o filosóficas, enresume-n, las formas ideológicas a través de las cuales los hombres tornan conciencia derese conflicto- y lo llevan hasta s’us últimas consiecuencias’Ï. El -autor«,visiblemente retiene el natunuissenschafilich y su, garantía de ciencia ‘.‘.dura”, sin preocuparse pOr la distinción establecida en el. texto, de manera expresa, entreïese regis- tro, que vale para la —stransforrnaciónde las condidones.-económicas, y el de la ideologia, a través del cual los hombres piensan y viven el primero.
Para Lenin, sin embargo, que 'no es en vano invocado por Stalin al final de su capítulo, la dualidad ciencia/utopía no está'borrada. Ella se,.mantie- ne pero bajo otra forma: de una parte, “el bloque de hierro”:del marxis- mo, al cual no hay nada que agregar ni que. retirar; de otra, la-revo-lución, que no es solamente “la fiesta” "sino que expresa el surgimiento de lo nuevo bajo la caducidad de lo'viejo, como seve con los .soviets: “el produc- to de una actividad creadora popular original.._. una manifestación de la energía del, pueblo".
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Notemos que se podría aprehender aquí, en esta capacidad de inven- ción, el mayor rasgo en‘ el que reconocerse una revolución: o bien ella cumple su papel de “locomotora”, según la expresión de Marx, o bien no puede pretender ser una revolución. Muy cerca nuestro, con el derrumbe de los países del Este, la historia viene a ofrecernos algunas ilustraciones. de este regla.
De la utopía a la ciencia, pues, pero... ¿Qué se vuelve la utopía después de la ciencia? Seguramente una escoria de la cual es necesario desembara- zarse y preCaverse, salvo'si estacie-ncia autoproclamada .funcionaella mis- ma comoutopía. Mucho antes de Marx, que en este sentido no fue sino su eco, los utopistas, estaban convencidos que su procedimiento era instaurador de ciencia, a- la manera. en que Kant aseguraba que con su Crítica a la razón pura, la filosofía iba a entrar por fin “en la vía segura de la ciencia”. Ahora bien, la rectificación de la práctica, bajo los auspicios de la caída del muro de Berlín, más categóricamente aún que los cuestionamientos teóricos, haentregadoila prueba de que la ciencia mar- xista-leninista no era sino-una utopía y, sin duda, el colmo. de toda utopía, v‘ale decir su negación.
La utopía en el marxismo Una-nueva y última tesis aparece desde ahora inevitablezvrestituir al mantise mo la dimensión utópica de la cual había sido (imputado.
Esta proposición requiere, a su vez, de algunas aclaraciones. En primer lugar, ella no significa de ninguna manera que tendríamos que enfrentar- nos a una alternativa y menos aún a una elección, ora el marxismo como utopía, Ora el marxismo como ciencia. Dos razones que se inscriben en la experiencia histórica explican este rechazo.
La primera se afirma en lo que podría llamar las protestas de la prácti- ca. Bajo el dominio ortodoxo, es decir delmarxismo-leninismo o del ma- terialismo dialéctico (“stalinismo”) y su función de referencia obligada no solamente para los partidos comunistas, en el poder o no, y más en gene- ral para el movimiento obrero internacional, dÍVCrsos fenómenos de toma de distancia, de impugnación o de críticas abiertas han visto el día.
Menciónemos brevemente lo: que he llamado yo. en otra parte “marxis- mo underg'round” que designa, en su propia diversidad, el conjunto de esfuerzos teóricos por continuar la reflexión de Marx, notoriamente inacabada y'a veces contradictoria, pero también con el fin de montar de manera creativa el aparato conceptual del materialismo histórico o de la “filosofía” de Marx bajo coyunturas diferentes de la que había permitido
Cuadenws' del Sur 127
la redacción de El capital. Se recordará aquí las figuras de un Gramsci, de
un Bloch, de un Lefebvre, de un Luckács, de un Althusser, entre otros, o
aún de la Escuela de Francfurt. De hecho esa corriente iniciada por Labriola no ha dejado nunca de representar al mandsmo vivo y creador. En el terreno de las políticas “altemativas” basta evocar el consejismo de un Pannekoek y a los movimientos trotskistas. Está claro, por otro lado, que la “aplicación” estricta del modelo impuesto por la Komintern ha conoci- do múltiples extravíos o desviaciones bajo la negación de los discursos oficiales que aseguraban, sin embargo, conformarse con éste. Fue el caso del maoísmo y el de las revoluciones del Tercer Mundo. En este terreno no se puede ni siquie-rra hablar de, excepciones, tanto la aparición de especificidades inherentes a las Coyunturas nacionales bajo todas las for- mas (económicas, políticas, culturales, ideológicas) ha engendrado, según
el decir de Lenin “transplantes” originales entre el marxismo y el' movi-
miento obrero en cada formación social. Las prácticas en un largo abani- co de contradicciones, tienen como costumbre maltratar la teoría.
Una segunda razón conduce a reconstruir la permanencia (le-la dimen- sión utópica en el mandsmo: es el hecho que este último fue reducido al positivismo más estrecho. La indisociabilidad es patente aunque ella haya sido más exógena que endógena. Entendemos por esto que el modelo soviético ha sido literalmente utopizado en la conciencia de los trabajado- res y de las víctimas del sistema capitalista a la escala del mundo entero como porvenir próximo de-libertad. Tal fue el efecto, como se sabe, de la revolución de Octubre y de las “conquistas del socialismo” de las cuales se esperaba la extensión planetaria. El conocimiento siempre mejor estable- cido y difundido de los aspectos negativos y del desface acrecentado entre realidades y esperanzas no cambió nada de ello.
Fue menor en el apoyo incondicional a la URSS, el efecto de la propa- ganda endógena, que magnificaba las victorias y'disimulaba las aberracio- nes y los crímenes que el de la irreductible necesidad y del deseovde creer en la perspectiva de un mundo mejor. Esto no era distinto en laconcien- cia entre los “dos campos” que parecía jugar en favor del socialismo y la convicción que los regímenes de tipo soviético, particularmente el prime- ro de ellos, sin ser indestructibles, estaban destinados a durar,- por lo menos, un largo tiempo.
Hoy la idea de una transformación rigurosamente programable de con- diciones de existencia juzgadas como insoportables está obsoleta. Los úl- timos refugios dogmáticos tanto como el deslizamiento global de los PC hacia posiciones reformistas o socialdemócratas no hacen sino corrobo-
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rar la mundialización de la economía y la dominación de las relaciones capitalistas de producción (mercado y democracia “occidental” considera- dos como inseparables). La aspiración (creencia, voluntad, deseo) a cam- bios más o menos radicales no ha sido sin embargo vencida. La cuestión que se plantea es saber si la carencia de base real-irreal que asocia ciencia y utopía no provocará una regresión del marxismo hacia el estatuto premancista de las utopías. La bancarrota de la utopía-ciencia, liberando en principio una sola función utópica, arrastrará a esta última a la nega- ción actual de toda utopía. El utopismo mandano, por una singular para- doja, sucumbiría a su anti-utopismo. ¿Cómo poder en estas condiciones reestablecer la originalidad del marxismo sin sacrificar ninguna de sus dos determinaciones, la cientificidad del análisis materialista y el utopismo del deseo de transformación?
La esperan-za en el seno de lo real
Una primera respuesta se ofrece. como prueba a contrario. La temática que se puede calificar de neonihilista repetida complacientemente por ciertos grupos de intelectuales a la moda y por los grandes medios de cómunica- ción presenta, como un dato insoslayable de nuestra situación el fin de las “grandes historias”, el fin de las ideologías, el fin de las utopías, el fin de la propia historia, dicho de otro modo el nofuturo o “la era de la nada”. No les quedará otra cosa a nuestras sociedades que resignarse al orden actual, digamos al liberalismo, con la posibilidad, para los más audaces, impoten- tes para cuestionarlo, de otorgarle algunos ajustes o reformasintemas. Tal constatación de desesperanza que sin duda alguna corresponde a lo más visible de nuestro presente no contribuye menos a legitimar y a reproducir la ideología dominante, cualquiera que sean las intenciones que la orienten y que, en la mayoría de los casos, no serán objeto de sospecha.
De otra parte, esta constatación se mide por sus consecuencias. El va- cío llama al objeto. La pretendida desaparición de la utopía, denomina- ción genérica- para todos los “fines” anunciados deja libre curso a múlti- ples formas de regresión. La lista se encuentra bajo nuestros ojos. El resurgimiento de nacionalismos y de integrismos religiosos, los replie- gues identitarios, la corrupción generalizada, el poder de las organizacio- nes del crimen o eso que se ha bautizado púdicamente como “el repliegue de lo político”, lejos de componer “un nuevo orden mundial dan, bajo los auspicios de las fatalidades económicas, el espectáculo de la violencia anar- quica la cual no ha manifestado, aún todos sus efectos. No es sólo la droga y su extensión generalizada la que puede aparecer como el sustituto de la
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utopía. Es la. barbarie enel tiempo de los computadores, la polarización. acelerada entre poderosos y miserables. Ninguna utopía es capaz de ofre- cer una respuesta apropiada a este estado. de cosas.
Sin embargo, la necesidad de utopía no está anulada. Al contrario, está reestablecida, reforzada, bajo la triple necesidad de su principio (que plan- tea al hombre como ser de proyecto, la tensión hacia —el futuro), de su crítica (que impugna hasta el rechazo al orden existente) y de su finalidad, (que sería un orden mejor). Los sueños, las quimeras olas .fantasmagorías que- conservan sin embargo para los individuos y los colectivos su fuerza. irremplazable están menos que nunca de moda. Pues lo contrario de la utopía no es la realidad sino más bien el pragmatismo de cada día, del, presente sin mañana, las excusas y las cobardías. Es por eso que es intere» sante notar que en los intersticios de los prejuicios más profundos los elementos de un contra ataque se dibujan bajo la forma, de una parte, de temores aquí y allá enunciados bajo sobre el, reino de los “fine-s'.’ y de sus consecuencias y, por otra , de las tentativasde rehabilitación poniendo a la orden del día las utopías “concretas” o “racionales” No solamente el concepto de utopía no ha acabado su carrera sino que se impone de nue- vo sobre nuevas bases. No cualquier concepto: de More e inclusode-Owen a Marx la ruputra es más evidente que la continuidad.
La función utópica es una función de lo real. Ella supone el conocia miento fundado que es el conocimiento de las relaciones capitalistas de producción, más que nunca dominantes bajo sus recomposi-ciones actua- les y a la que tiende el materialismo histórico, desembarazado por fin de las recetas y de los catecismos, entregado a una cient-ificidad abierta inclu- yendo sus propias rectificaciones. Nadie lo ha afirmado mejor que Ernest Bloch cuya voz ha sido por largo tiempo. enterrada: “el marxismo no signiv. fica la renuncia a la anticipación (función utópica); es lo nuevo de una concepción concreta aplicándose al proceso... lo mejor de la utopía en- cuentra un suelo sobre el cual posarse, encuentra los pies _y las manos. Es a Marx al que se le debe el que el trabajo de intención más intrépido haya sido incluído en el acontecer del mundo; es con este trabajo que se puede fechar la unidad de la esperanza y del conocimiento del proceso, en resu- men, el realismo”. En el vocabulario de Bloch la utopía es diseño, deseo, promesa, presencia de lo lejano, paisaje,”1iqüeza real, es decir la que se encuentra todavía en el proceso abierto de la realidad”. Ella es maqueta “pues la maqueta también, como la casa de muñecas promete una belleza que ulteriormente no aparece siempre. como tal, en la construcción real” La utopía es la revolución en persona “de la cual la ausencia permite el
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nacimiento del capitalismo de Estado”. Al mismo título que el comunis- mo la utopía es una tendencia del capitalismo.
La metáfora marxiana de la “partera” se revela a este propósito perfec- tamente predictiva de la escición con las utopías anteriores que nos hacen ignorar el acto de nacimiento de sus hijos en verdad adultos hechos y derechos. Se sabe que todas estas utopías no han sido anticipadoras. Bloch lo ha igualmente subrayado: La Ciudad de Dios agustiniana no es sino renacimiento, el propio Campanella estaba “en perfecto acuerdo con la política de las grandes potencias que él proyecta solamente sobre un te- lón utópico” no sobrepasando un “socialismo de Estado”. Proudhon es “el sistema de una bohemia a la Babbit y una enorme cantidad de kitsch revolucionario”. Sobre la misma vía se podría, quizás, bajo reserva de un examen más atento, avanzar que tales proporciones tomadas prestadas por Marx a los utopistas son las más débiles de sus tesis: la desaparición del Estado, por ejemplo, o el fin del salariado o la polivalencia en la activi- dad del individuo. Diferente es, me parece, la fortuna de la dictadura del proletariado... A tal punto la realidad se nos presenta preñada de nuestras lecturas y de su continua creatividad. '
A la luz de los acontecimientos más recientes la ya larga y excepcional- mente compleja historia del marxismo acaba de entregamos sin duda su última lección: sus oscilaciones entre ciencia y utopía, sus vaivenes, llenos de ambigüedades y a veces de contradicciones a las cuales nosotros no hemos podido escapar nos reenvían indefinidamente a la undécima tesis sobre F euerbach y a la obligación de pensar de conjunto la posibilidad de interpretar y de cambiar el mundo. Esta obligación propone, a su vez, un programa de trabajo a reactualizar sin cesar. No hay nada de legítimo en ver en el marxismo, según las bellas palabras de Luciano retomadas por Erasmo y destinadas a More, una verdadera Morosofía, sabiduría loca o locura de saber, tan verdadera que “poner término a la miseria, está lejos de ser insensato” y que, para retomar esta vez una frase de Oscar Wilde “ningún mapa del mundo sería digno de una mirada si el país de la utopía no se encontrara en él”.
(Traducción del francés: jaime Masjardo.)
* Conferencia dictada en la Facultad de Ciencias Sociales-Universidad de Bue- nos Aires, 1996. ** Universidad de París X-Nanterre.
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Rositchner, AULA. T. Negri. Fetichismo y publicidad, R DónairerLa teoría, del rrollo desigual y combinado, M.Lówy; El cielo de abajo, reconstruyendo la perspectiva antropológica del joven Marx. Reseñas. i
HERRAMIENTA. Revista de debate y critica marxista N96,. Otoño 1998. Renan Vegái Cantor: La actualidad del ManifieSto Comunista. Tres tesis sobre la mundialización del capital, trabajo y lucha de-clases; Denis Collin: Las tesis sobre “El fin del trabajo'Ï: ideologiay realidad social; Oscar A. Martínez: Los trabajadores frente a las nuevaá formas de organización del trabajo. El mito de la gestión participativa; Car-los Abald La crisis y el porvenir del capitalismo no se explican sólo por la lógica de “El Capital? pero sin ella son i'ncomprensibles; Francois Chesnais: Una conmoción en los parámetros económicos mundiales y en las confrontaciones políticas y sociales; james Petras: Basei políticas y sociales de variaciones regionales en las ocupaciones de tierra en Brasi’lÉ Istvan Mészáros: La reproducción del metabolismo social del orden del capital; lmmanuej Wallerstein: Incertidumbre y creatividad. Debate: Michael Lówy - Alex Callinicos. i
TEORÍA E DEBATE. Revista Trimestral da Fundacáo Perseu Abramo, año 10, Nro 36, oct-dic 1997,'San Pablo. P'Singer: da crise financeira a cris económica; E. Pietá: Polícia'iá modelo» militar x modelo civil; B.R. Paiva de Brito: Milher, negra e pobre a tripla discriminacao; entrevictas a j. Dirceu y F. Konder Comparato. Dossier Manifesto (lo. munista 150m años: M.A. García, C.N. Coutinho, T Genr-o y j. Machado. M. Sakai; Maastricht: o prenúnao de uma outra batalha maior; j. Almeida: O trote de Alan Sokaïg‘lÍ nos pós- modernistas. Críticas de libros: Eventos.
gi RAZÓN Y REVOLUCIÓN. Teoria - historia - politica,n9 3, invierno 1997. Dossier: Cieq años de lucha Socialista: N. l. Carrera, R Ghioldi, S. Frondizi, R. Puiggrós, H. Camarei ro, Y. Antognasi, A. Bonnet, E. Sartelli. Debate: La guerra civil española: E. Monpd Tecnología y clases sociales en el Agro: E. Sartelli, La ocupación de fábricas en 1964: F. Fernández, E.- Cotarelo, Lenin, Trostky: fracción y partido, de Crenzel; Estética y polí- tica, R. Amigo; Género, sexualidad y politica, P. Ben; Marxismo y tecnología, C. Katz Crítica de libros, Comunicaciones.
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Fr
IV Encuentro de Revistas Latinoamericanas Marxistas
Buenos Aires, Argentina, del 25 al '27 de septiembre de 1998
El Manifiesto Comunista hoy en América latina
Panel Internacional Una lectura del Manifiesto a la luz de la rea- lidad latinoamericana
Talleres
El capital
Transformaciones y perspectivas del capitalismo latinoamericano y mundial
Política, Estado y formas de dominación Aparato estatal, formas de representación, partidos y movimientos sociopolíticos
Vida cotidiana y formas de sociabilidad Problemas de género, etnia, minorías
Cultura e ideologías
Respuestas al neoliberalismo y al posmodernismo en el debate ideológico latinoamericano
Fecha limite para la presentación de po- nencias: viernes 17 de julio de 1998
I Reunión anual: espacio de reflexión e in- tercambio entre revistas argentinas marxis- tas y del pensamiento crítico
Primeras publicaciones convocantes desde Argentina:
Cuadernos del Sur, Cuadernos Mamlstas, Debate Marxista, Doxa, En Defensa del Mamismo, Herra- mienta, Luxmnburg, Periferzas, Razón y Revolución
Integran esta convocatoria: Brasil: Brasil Revolucionario, Praxis, Teoria ¿9’ Praxis, Crítica Marxista
Uruguay: Alfaguara
Para cómunicarse con nosotros: e-mail a: marxlat@dia.edu.ar
Envío de ponencias:
Revista Cuadernos del Sur. CC.167 (1406) Buenos Aires Revista Doxa: Av. Córdoba 5594, 29 p. (1414) Buenos Aires Revista En Defensa del Marxisma Ayacucho 448 (1026) Buenos Aires Revista Peri/crias: Rivadavia 2358, 5 «B» (1034) Buenos Aires
Encuentro Internacional París, 13 al 16 de mayo de 1998
El Manifiesto Comunista 150 años después
¿Qué alternativa al capitalismo? ¿Quéemancipacia’n humana? * Contribuir a |a‘inVestigación rctrospeCtiva de sus aportes, susitragedi’as y sus hechos. la idea revolucionaria, del socialismo y del c0- * Evaluar los déficits dc este fin de siglo y el por- munismo. venir del proyecto cmancipador, de un cornu- * Confrontar estas ideas con sus realizaciones, nismo liberador dela humanidad.
Espaces-Marx / 64, bd Blanqui - 75013 - Paris, France Tel: 33 l 42 l745 lO/ fax: 33 l 45 35 92 04 Huail: manifestc@intematif.org
Encuentro Internacional San Pablo, Brasil, 27 al 30 de abril de 1998
1848 - 1998 150 años del
Manifiesto Comunista
Información: Tel: 55 ll 242.9411 / fax: 55 ll 270.1091
e-mail: refletir@sol.com.br
136 Abril de 1998
Amnistía para Toni Negri
E. Balibar, P. Braouezec, M. Lówy, j. Ralite yj-M. Vincent*
Toni Negri, condenado en varias ocasiones por los tribunales italianos como “res- ponsable moral” de los enfrentamientos entre militantes y policías durante los años 70, exiliado en Francia desie 1983, ha decidido volver a Italia. Desde el 19 de julio se encuentra encarcelado en la prisión de Rebibbia, cerca de Roma. Con este gesto, quiere plantear la cuestión de una aministía general para "los prisioneros políticos italianos.
Filósofo conocido mundialmente por la originalidad'iy'el rigor de sus trabajos sobre Descartes, Spinoza y Marx, Toni Negri fue el principal dirigente del grupo «Potere Opeiaio» (autodisuelto en 1973) y uno de los inspiradores de la corriente denominada «Autonomía obrera» durante los años 70. Encarcelado en 1979, pasó, pese a una primera absolución en 1980, ¡cuatro años y medios en prisión preventi- va! Elegido diputado en 1983, decide, tias la retirada de su inmunidad por una escasa mayoría de la Cámara, refugiarse en Francia. Casi veinte años después de los acontecimientos, sigue —sobre la base de testimonios de «arrepentidos»- condena- do a varios años de cárcel. En su momento, Amnistía Internacional denunció las numerosas irregularidades jurídicas de los procesos en marcha contra él por parte de los tribunales italianos.
Toni Negri ha trabajado mucho en París durante estos catorce años, animando la revista Futur Antérieur. enseñando en la Universidad de París VIII y en el College International de. Philosophie, participando en numerosos seminarios y en investi- gaciones en ciencias sociales para diferentes ministerios y empresas públiCas. Ha publicado varias, obras en francés, desde l’Anomalie sauvage (1982) y los .Noveaux esporas de libem' (con Félix Guattari, 1985) a Spinoza subversif,('1994) y el Pouvoir comtituant (1997). Se ha convertido, también en Francia, en uno de los inspiradores del debate político y filosófico sobre el futuro de la democracia. Pero no era un ciudadano de pleno derecho y nunca pudo conseguirla naturalización.
Con su valiente decisión, Toni Negri corre un gran riesgo, pero está dispuesto a poner en juego su libertad para dar un nuevo impulso a la exigencia de una amnis- tía, no sólo para sí mismo sino también para todos los perseguidos como conse- cuencia del movimiento social y de los enfrentamientos de los años 70. La mayoría de los países democráticos practican esta amnistía tras los grandes dramas de su vida interna. Sólo una amnistíapuede devolver a una vida normal a los centenares de italianos aún en prisión o en el exilio.
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Adheridos al Estado de derecho y al reestablecimiento de los derechos humanos ciudadanos allí donde se hayan visto cancelados, pedimos con insistencia a los: ,iputados italianos que respondan a esta invitación a la clemencia, votando la ley- .e amnistía y permitiendo así la vuelta de Toni Negri y de sus amigos a la vida wrca.
Publicado el 3 dejulio de 1997
* Etienne Balibar es profesor de filosofia en París X; Patrick Braoueze es alcalde de aint-Denis; Michael Lówy es director de investigación en el CNRS; jack Ralite es antiguo iinistro y diputado; jen-Marie Vincent es profesor de ciencias políticas en París VII.
Leproducid y haced circular este llamamiento.
Si deseas manifestar vuestra solidaridad con Toni Negri unie'ndonos en este llama- 1iento, podéis escribir a: Patrick Dieuaide, 129 bd. (le Ménilmontand. 7501] Paris.
O directamente por e-mail: laurent@ecn.org Subject: Toni Negri
Si quieres escribir a Toni Negri en la cárcel, esta es la dirección postal:
Antonio Negri
Casa di Reclusioni di Rebibbia
Via Bartolo Longo 72
00156 Roma, ltalia
, Msn: Los j“ mas
Correo de Prensa Internacional
Xola 81. Col. Alamos C.P. 03400 México, D. F. México Tel/fax (5,) 590 0708 csapn@|aneta.apc.org
.38 Abril de 1998
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Revista de Ciencias Sociales
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REV|STA BIMEST RAL ï Reflexión creaiii’Ia -'PJural_--Búsqueda o Articulos que- brlndan las más diversas opiniones de América Latina y el mundo SUSCRIPCION ANUAL (6 números) S 30.- En los timos de ¡.1 capital - Gmn Buenos Aires y el in|orior del pais;
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Av. oeMa‘y‘o 137o . Piso 14-: Oficinas ass/ss C.P. 1352 Buenos Aires - ARGENTINA , _.
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M. BELLUCCI / M. LÓWY / A. DABAT/ A. SHAIK/
J. HOLLOWAY /
A. BONNET / E. M. WOOD /
W. BONEFELD Dossier: 150 años del Manifiesto Comunista
ANA DINERSTEIN Argentina: desocupados en Lucha. Contradicción en movimiento.
DIANA HOSHRAICH Asia: Crisis bancarias y conmociones
' monetarias: ¿una vulnerabilidad
generalizada?
GEORGE LABICA El marxismo entre ciencia y utopía.
DENIS BERGER Intemacionalismo e internacional (es).