Sociedad-EconomÍa-Política

M 2.3

Argentina 99

Balcanes: ni los unos ni los otros

¿Del neoliberaslimo a la depresión?

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Mike Neary / Graham Taylor Joachim Hirsch / Elmar Altvater Los cambios “Del Estado de ' en la composlclón del estado seguridad” al “Estado nacional brltánlco. competltlvo”. si

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Quadernos del Sur

Año 15 - N9 28 Mayo de ¡999

Txcrgfiuego

Consejo Editorial

Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto Plá / Carlos. Suárez / Alberto Bonnet

Brasil: EnriqueAnda/ F lorestán Fernandes [1920-1995]!

Bolivia: Washington Estellano l

Chile: Alicia Salomone

Perú: Alberto di Franco

México: Alejandro Dabat / Adolfo Gilly / Alejandro GáIVez C. / José María Iglesias (editor)

Escocia: John Holloway

EsPaña: Daniel Pereyra

Francia: Hugo Moreno / Michael Lówy

Italia: Guillermo Almeyra

Rusia: Boris Kagarlitsky

El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina.

Colectivo de Gestión María Rosa Lorenzo / Mariano Resels / Gustavo Guevara / Cristina Viano / Leónidas Cerruti / Rubén Lozano/ Inés Bonnet

Coordinación artística Dibujo de tapa juan Carlos Romero Ben, Shan

Composición üpográfica y armado Rafael Centeno

C under-nos del Sur, mero 2 8 Toda correspondencia deberá dirigirse a: Publicado por Editorial Tierra del Fuego Casilla de Correos n'9 167, G-B. C.P. 1406 Argentina, junio de 1999 Buenos Aires, Argentina

E-m: cds@cvtci.com.ar

CUADERNOS DEL SUR

incluye los sumarios de sus ediciones en la base de datos de Laibook (libros y revistas)

Disponible en INTERNET en la siguiente dirección: http://www.|atbook.com

2 ¡Mayo de 1999

Índice

EDITORIAL El estado delas-- cosas

R. ASTARITA, A. FAN JUL, Argentina 99; (¿gato situación A. HOROWICZ, G. Gl‘GLIANl, ' j. GAMBINA, c. LOZANO

DANIEL BENSAID Su lógica y la nuestra

FZLN ¡Alto a la agresión de la OTAN contra el pueblo de Serbia y Kosovo!

ROBERT BRENNER ¿Del neoliberalismo ‘a la depresión?

JOACHIM HIRSCH Globalización del capital y la trans-formación de los sistemas de Estado: del “Estado de seguridad” al "Estado nacional competitivo”

ELMAR ALTVATER El mercado mundial como campo de operaciones o del Estado nacional soberano” al “Estado nacional de competencia”

MIKE NEARY, De la ley del seguro a la ley de la lotería:

GRAHAM TAYLOR los cambios en la composición del Estado británico

TERRY EAGLETON ¿De dónde vienen los posmodernos?

NESTOR KOHAN Luxemburg, una Rosa roja para el siglo XXI

MABEL BELLUCCI Lo' público y lo privado en Simone de

Beauvoir. A cincuenta años de la aparición de El Segundo Sexo

NICOLÁS G. VARELA La inactualidad de Marx: 181848484998.

Informe de situación

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Cuadernos del Sur

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El estado de , las cosas

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Al cumplirse una década y media larga desde el retorno del régimen de demo-

cracia parlamentaria el país se acerca aceleradamente a un nuevo recambio de administración en medio de una crisis política, económica y social de enverga- dura tal que, un análisis no sólo coyun-

tural, obliga a preguntarse y a indagar fi,th acerca del real estarlo de las cosas.

Las elecciones de octubre próximo, que acaso resulten instrumento de una entramada transición política después de una década de menemismo, se han de realizar en un contexto que política y económicamente se muestra complejo y pla- gado de incertidumbres.

Las consecuencias sociales del modelo, corrido el velo de la vorágine consumista y el exitismo individualista de las políticas neoliberales, se hacen más que evidentes. El país registra índices de pauperización no conocidos desde principios de siglo; la cantidad de personas por debajo del nivel de pobreza supera lo imaginable, la exclusión social y la precariedad son altís-imas, en tanto que se asiste a un sistemático deterioro de los sistemas de salud, educación y seguridad social. Cre- cen la violencia social, las enfermedades endémicas, como así tam- bién expresiones de discriminación y xenofobia, que encuentran sus posibilidades de realización en una sociedad estructurada en la po- breza y la falta de horizontes.

En el plano de la economía las consecuencias del modelo,

Cuadernos del Sur 5

acicateadas por la crisis de Brasil, comienzan a hacerse patentes, las re-revisiones de los pronósticos de crecimiento para la economía ar- gentina son sólo una muestra por demás significativa, en tanto que los efectos, políticos de estas tendencias recesivas no son aún dema- siado evidentes.

Desde el punto de vista propiamente político la situación bordea la crisis, expresándose en un acentuado vaciamiento de las institucio- nes parlamentarias y judiciales, como asimismo en las dificultades del sistema. de partidos —de un sistema bipartidista que, como saldo de las últimas elecciones, aparecía reconstituido- para ganar una tran- sición ordenada, tal cual ha sido prevista por el status quo impuesto por los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros.

El menemismo, si bien debilitado, puso una y otra vez al P] al límite de la ruptura para concluir cediendo ante el duhaldismo, en tanto que la Alianza pareciera endémicamente incapaz de retomar la iniciativa y de constituirse como garante de aquella transición ordenada.

La situación económica no pareciera albergar, ni ahora ni en el futuro post-electoral, mayores modificaciones. La crisis financiera internacional ha impactado esta vez en el sector productivo, la rece- sión se profundiza y amenaza con retornar a los altos índices de ex- clusión social; el déficit fiscal vuelve a ocupar el centro de las preocu- paciones del oficialismo y de la oposición, en tanto que la deuda externa no deja de crecer y ser pagada puntualmente. Lo que apa- rece como una novedad es el debate instalado sobre la convertibilidad y la dolarización, que no son más que síntomas de la profundidad de la crisis. Nunca como ahora la convertibilidad ha sido tan cuestiona- da y nunca tampoco la salida buscada implicó una pérdida de la capa- cidad del Estado de realizar una política monetaria activa, con las consecuencias que ello implica.

La contrapartida de esto es la decisión de todas las fracciones polí- ticas mayoritarias de cerrar filas en torno a la defensa de la converti-

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bilidad y el compromiso de sellar una acuerdo de convertibilidad fiscal, que implicará un nuevo corcet hacia el futuro.

Hasta ahora la crisis institucional se venía desenvolviendo en los rincones más recónditos de la superestruct-ura, concluyendo en la renuncia de dos ministros. Sin embargo en la actualidad el Gobierno ha dado muestras de pérdida de iniciativa, en este marco los conflic- tos sociales del último período, fundamentalmente las luchas em- prendidas en el ámbito educativo, son respuestas a las políticas de ajuste presupuestario que han permitido desarrollar una experiencia de lucha que, si bien embrionaria, abre posibilidades de fortaleci- miento a formas alternativas de participación y organización, inscri- biéndose en la tendencia marcada por anteriores conflictos, aunque deja la duda de si tendrán o no continuidad.

Esta emergencia embrionaria de luchas sociales no aparece acom- pañada por una alternativa de izquierda que se mostrara con alguna capacidad concreta de intervención más allá de lo coyuntura]. Si bien es cierto que en algunos sectores de la izquierda política y social vie- nen desarrollándose en los últimos tiempos importantes discusiones e intentos de reorganización (el 29 Congreso Nacional de Delegados de la CTA forma parte de ellos), estos avances, en el marco de la atomización existente, no parecen aún a la altura de las circunstan- cias y necesidades, en cuanto a su capacidad de ofrecer una respues- ta independiente de los trabajadores y del conjunto de los sectores subalternos.

Como una forma de aportar en este sentido el Comité Editorial de Cuadernos del Sur creyó oportuno entrevistar a políticos y economis- tas para que reflexionen sobre la situación actual, sobre sus comple- jidades e incertidumbres, desde una perspectiva de largo plazo.

Buenos Aires, mayo de 1999.

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FICHAS TEMÁTICAS DE Quaderns del 5m»

l . Democracia y socialismo. La lucha democrática desde la perspectiva socialista Perry Anderson

2. Perestroika y socialismo. Una revolución políti- ca de nuestro tiempo L. Albakin, T. Zaslavskaia, M. 'Najman, Roy Medvedev, B. Kagarlitsky, Y. Afanassiev, A.j. Plá (compilador)

3. La liberación de. Marx. El debate actual en el socialismo A. j. Plá, M. Pablo, M. Lowy, G. Labica, A.Gilly, A. Dabat, E. Lucita (compilador)

4. Los estudios sobre el Estado y la reestructura- ción capitalista j. Hirsch, W. Bonefeld, S. Clarke, E. Peláez,j. Holloway, A. Plá

5. Marxismo, Estado y capital. La crisis como expresión del poder del trabajo john Holloway

6. Globalización y Estados-nación. El monetarismo en la crisis actual j. Holloway, W. Bonefeld,j. Hirsch, P. Burman, H. Cleaver

,lilcivo de I 999

Argentina 99: cuadro de situación

entrevistas con Rolando Astarita, Angel Fanjul, Alejandro Horowicz, Guillermo Gigham' ', Julio Gambina, Claudio Lozano

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.. l. ¿Que elementos considera que permiten caracterizar, a largo plazo, la actual situación política? L¡Qué elementos tendrían a de-

. fluir las características de la coyuntura electoral que se aproxima? o I“) o 2. ¿Cómo caracterizaríay como se ayudaria a reconstituir la s0; K- ¿9. subjetividad social en este período?

.e' °P w 3. ¿Cómo se insertaría en este contexto una política de izquierda con (verdadera capacidad de intervención? ¿Qué elementos constituirían el perfil de esa política de izquierda?

4. ¿Qué relevancia cree que asumen hay para un reordenamiento político-social progresir'o, problemáticas clásicas como la del Estado, la democracia,- la ciudada- nía, las clases sociales?

Rolando Astarita:

Docente universitario. Director de la revista Debate Marxisla

l. Es claro que la actual coyuntura está marcada por una exacerbación de conflictos: las luchas contra los recortes presupuestarios, los reclamos del agro, los choques entre los aparatos políticos provinciales y el ministerio de Economía, también por los recortes. El gobierno de Menem termina muy debilitado. Pero de aquí no debiera deducirse que se ha producido un cambio fundamental favorable a las clases populares, como están plan- teando algunos sectores de la izquierda. Debilitamiento del gobierno no es sinónimo de debilitamiento de la clase dominante de conjunto. Por eso tenemos que ubicar las contradicciones de la coyuntura en las coordena- das fundamentales. Es decir, hay que tener presentes los límites de estos enfrentamientos, a nivel de las fracciones de la clase dominante, y a nivel de los antagonismos entre ésta, de conjunto, y los oprimidos. Tenemos que partir del hecho de que en la última década se generó una importante unidad capitalista en torno a un proyecto de acumulación y de inserción en el mercado mundial que continúa vigente. Por debajo de los choques entre el duhaldismo o la Alianza con el menemismo, todos reivindican el

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mantenimiento de la disciplina monetaria, la apertura comercial, la flexibi- lización laboral, la continuidad de las privatizaciones. Los rumores sobre el pacto entre Cavallo y Duhalde, el posicionamiento de De la Rua en torno a la convertibilidad, las seguridades de la Meijide a los banqueros, nos están mostrando los límites de la “política social" que se anuncia, o en qué sentido pueden referirse al “agotamiento del modelo”. Es importante insistir en esto porque algunos compañeros de la izquierda piensan que “el modelo neoliberal ya se agotó”, y ahora “el péndulo se inclina en todo el mundo de nuevo hacia el centro izquierda" En realidad, en ningún lado se vuelve al modo de acumulación centrado en políticas redistributivas y nacionalistas keynesianas, apoyado en una intervención activa del Esta- do en la producción. La salida del “izquierdista” Lafontaine del gobierno alemán de Schro'der es muy ilustratisz de la naturaleza de estas pretendi- das “terceras vías" Ni De la Rua ni Duhalde irán más lejos. El disciplina- miento de la fuerza de trabajo seguirá operándose en base a la presión de los desocupados y la precarización constante del trabajo. De la misma manera, la exacerbación de la competencia continuará “desgrasando” a los sectores menos rentables del capital y favoreciendo la concentración empresarial, que incluirá la también creciente “extranjerización” de la economía.

Por otro lado, si bien hay que valorar las movilizaciones contra los recortes presupuestarios de estudiantes, docentes, trabajadores de la salud y otros sectores estatales, estas movilizaciones no han revertido la derrota que ha sufrido el movimiento obrero y popular en los años pasa- dos. La reacción frente a la ofensiva del capital sigue siendo muy débil. Los paros generales no han frenado la creciente precarización del traba- jo, ni los efectos de la desocupación sobre el nivel de lucha. Los compañe- ros de las empresas reflejan a diario esta situación. Es difícil frenar la prepotencia patronal, superar el miedo a la desocupación, la desorganiza- ción de la resistencia elemental. La mayoría de los dirigentes gremiales han pasado completamente del lado de la patronal y del Estado, y ejercen ellos mismos la represión contra los activistas, para que las patronales puedan actuar a su gusto. No hay reacción de las bases frente a esto, sigue primando el miedo. Cuando analizamos las movilizaciones actuales no debemos perder de vista esta situación básica.

Por eso las actuales siguen siendo luchas defensivas, todavía par- ciales, que se han visto favorecidas hasta cierto punto por el aumento de las discusiones entre las fracciones de la clase dominante. Las exigencias del capital, que son expresadas en su forma más pura por el capital mone-

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tario, chocan con la lógica de la dominación política —necesidades de legitimación, de sustento electoral- y esto puede agudizar las fricciones en los próximos meses, en los marcos del análisis anterior. Las exigencias de la convertibilidad, conjugadas con la caída de precios de los productos de exportación argentinos y el creciente peso de la deuda, agudizarán estas contradicciones. Además, en el horizonte está asomando una crisis fiscal muy seria, y una crisis en las cuentas externas. Por eso el próximo gobierno tratará de asegurar el ajuste fiscal que hoy el menemismo no puede imponer, y de volver a soldar el frente empresario con algunas "reformas" todavía no llevadas a fondo.-En primer lugar, la flexibilización laboral, que están reclamando la UIA y otros sectores patronales.

La evolución futura de este escenario dependerá de en qué medida los trabajadores y el pueblo empiezan a articular una'respuesta.

2. “Subjetividad social" es un término que no utilizo, porque lo veo dema- siado abstracto, amplio. Prefiero hablar de programas y proyectos, o de ideologías y políticas, de los sectores sociales. Mi interés está centrado en ver cómo luchamos en pos de una recomposición de las fuerzas obreras y populares. Para esto me.parece esencial partir de reconocer que sufrimos una derrota profunda; algo que muchos grupos de la izquierda son rea- cios a admitir. Muchas veces se convoca a la lucha, a la huelga general, como si la gente estuviera en plena ebullición. Actuar así es no compren- der cómo está incidiendo la desocupación, la precarización del trabajo, la desaparición de los referentes tradicionales. Hay un sentimiento de au- sencia de alternativas políticas globales y creíbles. El viejo programa estatista, nacionalista, distributivo, del movimiento obrero se vino abajo pero no fue suplantado por una instancia superadora. Mucha gente se refugia en el clientelismo, en el “sálvese quien pueda", en el individualis- mo. Es cierto que el pueblo trabajador no apoya activamente, ni mucho menos, al proyecto burgués en curso. Desde este punto de vista, no hay hegemonía burguesa (entendida en el sentido de apoyo activo a la con- ducción en curso), pero la burguesía continúa avanzando y encuentra poca resistencia. Como dice G. Therbon, puede no haber hegemonía, pero entre los trabajadores puede reinar el desánimo, la desarticulación de los lazos de organización, la resignación.

En estas condiciones, el cambio no se va a producir por la acción voluntarista de alguna vanguardia esclarecida. La recuperación de formas de lucha social en condiciones de desocupación, de precarización, de una nueva conformación de la fuerza laboral, no podrá “planificarse” en nin-

Cuadernos del Sur ll

gún gabinete de “táctica revolucionaria”. Creo que están planteadas ta- reas de recomposición del movimiento obrero y popular, de articular la lucha por las reivindicaciones mínimas, por restablecer los lazos de solidari- dad elementales. Esto habrá que elaborarlo entre los militantes y activis- tas; tenemos que pensar cómo articular respuestas de lucha con la presen- cia de la desocupación y los efectos de la precarización del trabajo. Y fomentar todo lo que sea debate para articular un proyecto socialista, crítico, que apunte a un programa anticapitalista. Porque nada provoca tanto desánimo como la falta de perspectiva, de alternativa social general. La caída de los regímenes —mal llamados- “socialistas” ayudó al discurso dominante a difundir la idea de que no hay otro camino que el del reina- do del mercado, del dinero y el capital. No porque antes la gente fuera socialista, sino porque el derrumbe de los “socialismos reales” contribuyó a ahogar las voces críticas, los cuestionamientos, a desacreditar cualquier programa alternativo. El régimen pudo “hacer un paquete” con la hiperin- flación, los teléfonos públicos que no funcionaban, la caída del Muro de Berlín, e identificarlo con el socialismo y cualquier perspectiva superado- ra de la actual situación. Por todo no se puede pensar la recomposición política y social sin estos imprescindibles balances y discusiones, que de- berían empezar entre la militancia social y la izquierda.

3. La intervención de la izquierda desde el punto de vista de su capacidad de movilización es hoy muy limitada. Sin embargo hay una posibilidad de intervención crítica. Porque la gente está sufriendo el capitalismo en su forma más pura y descarnada, y entOnces empiezan a surgir cuestio- namientos, reflexiones, preguntas, críticas parciales. Se abre un terreno para la intervención crítica, para acompañar las luchas o resistencias con el debate; la crítica. Pero la izquierda debería superar clichés que han devenido en letanías, en frases vacías, que no articulan una crítica profun- da de lo establecido. Un-ejemplo: se acostumbra a decir que la “culpa.” de los males (por ejemplo, del último recorte presupuestario) es de Menem o del FMI. Pero ¿a qué responden Menem y el FMI? Aquí la crítica se interrumpe. Se cuestiona al “modelo”, o a los banqueros, o la deuda exter- na, pero no al sistema capitalista, a la propiedad privada y a su Estado. No estamos ante una crítica marxista, sino “progre” de izquierda. Con esto la izquierda no puede intervenir con peso! en el debate, no- puede cortar la trama del discurso predominante con una crítica de fondo. Otro ejemplo: se pone -el peso en la denuncia de la corrupción existente, pero no se indican las raíces de clase de la corrupción. Por eso la izquierda trata de

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competir en el terreno de “somos honestos", “somos los que no traiciona- mos”, etc. etc.

Por otra parte la actividad no se puede ni se debe limitar a la crítica ideológica y política. Tenemos que pelear cada palmo de conquis- tas de los trabajadores y el pueblo. En este aspecto reivindico un progra- ma mínimo, de resistencia, para articular las luchas —o en su defecto, los actos de resistencia- desde lo más elemental. La discusión ideológica y política tenemos que hacerla en el seno mismo de la resistencia y reorga- nización popular. Tal verlo que acaba de pasar en algunas facultades sea una muestra de lo que estoy proponiendo. Los compañeros estudiantes y los docentes salimos a la lucha contra el recorte. Hubo unidad en la pelea. Pero no fue una pelea “indiferenciada”, porque sectores del movimiento cuestionaron la instrumentación que quiso hacer la Alianza de la pelea. Y abrieron espacios de reflexión, de discusión de un proyecto educativo a largo plazo, (le crítica al sistema.

4. Creo que la pregunta alude al debate que se ha planteado en torno al rol que debería jugar hoy la lucha por los derechos ciudadanos, su conte- nido social, y su relación con el planteo “clásico” del marxismo sobre las clases. Muchos intelectuales y militantes de la izquierda están planteando que la renovación del socialismo pasaría por recuperar y revalorar las luchas por los derechos ciudadanos. Se sostiene que uno de los errores más importantes cometidos por los movimientos de izquierda habría sido poner demasiado énfasis en la contradicción económica básica —para el marxismo- entre el capital y el trabajo, y haber minusvalorado la cuestión de los derechos ciudadanos.

Es cierto que las organizaciones de izquierda dejaron de lado aspectos vitales de los derechos ciudadanos; por ejemplo, los de las minorías sexua- les, la lucha contra la discriminación racista, la xenofobia. En Argentina, al menos, esto es claro. Pero no se puede generalizar al conjunto de la problemática de los derechos democráticos, porque de hecho en Argenti- na las organizaciones de izquierda dieron importancia a las cuestiones democráticas, que hacen a las libertades burguesas tradicionales. Recuer- do la lucha contra la dictadura, luego por el castigo de los genocidas; la denuncia del gatillo fácil, de los avasallamientos constantes a las liberta- des. Por lo menos en muchos partidos había conciencia de que era nece- sario defender estas libertades. Las posiciones “bordiguistas” fueron mi- noritarias en nuestro país, por eso no entiendo bien la crítica que dice que el gran problema de la izquierda fue haber despreciado los temas de

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los derechos ciudadanos. Más aún, algunos partidos —pienso en el MAS- llegaron a elaborar teorías sobre la importancia de las luchas democráti- cas, y aún de las “revoluciones” democráticas. En posturas internacionales, muchos grupos defendieron la autodeterminación nacional de grupos étnicos de diferentes partes del mundo. Muchos también leyeron en “cla- ve democrática” la caída de los regímenes estalinistas. Y en cuanto a orga- nizaciones de izquierda de otros países, desde hace muchos años ya ha- bían puesto el acento en las cuestiones democráticas. En Europa y Esta- dos Unidos, por lo menos desde hace un cuarto de siglo, muchas defien- den derechos ciudadanos, de los homosexuales, de las mujeres, de los negros, de los inmigrantes, etc. Por eso no veo que se pueda presentar hoy como una gran “novedad”, como un aporte fundamental al rearme de una estrategia de izquierda y progresista, la lucha por los derechos democráticos y ciudadanos. Se pueden corregir errores, como algunos de lOs señalados en la izquierda argentina (entre otros, hay que denunciar el racismo que hay en este país). Pero no creo que el problema de la izquier- da haya estado en esta cuestión. En Estados Unidos o Europa, existen grupos que han tomado estas reivindicaciones con fuerza desde hace años y sin embargo no han podido eludir las crisis políticas y organizativas, ni la marginalidad.

Además, tampoco me convence el argumento de que la izquierda ha pecado de “economicismo” por haber puesto el acento en la contradicción capital-trabajo. Pienso que pasó lo opuesto, que faltó una política basada en la crítica a la explotación de clase. Más bien lo que hubo fue una mez- cla de economicismo sindicalista —el “salario digno"— y de pelea “democrá- tica”, en la medida en que se hizo hincapié en la opresión nacional y se centró la denuncia en la contradicción país opresor (Estados Unidos) versus país oprimido (Argentina). Por eso la insistencia de algunos compañeros en quitarle énfasis a la cuestión .de la relación capital-trabajo, para poder dárselo a las libertades ciudadanas, la interpreto como un llamado a pro- fundizar en los errores anteriores. Esto es, a dejar del todo la crítica a las relaciones de explotación. De fondo, esta posición converge con la ilu- sión de que es posible ampliar los derechos democráticos hasta modificar sustancialmente la sociedad, de forma indolora y paulatina; es el discurso de la izquierda alfonsinista del 83 —y sectores afines—, que ha fracasado. Pero todo muestra que las tendencias del capital dejan cada 'vez menos espacios para estas ilusiones. Tenemos que sostener brechas democrá- ticas, espacios, conquistas, pero ser conscientes de que siempre serán pre- carios, estarán siempre amenazados. Es muy difícil sostener una tensión

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permanente por la lucha democrática con millones de desocupados, con miseria creciente, con degradación física de amplios sectores de la pobla- ción. Hay que pelear por libertades democráticas, pero teniendo presente las limitaciones de esta pelea, en tanto subsista el Estado y la propiedad privada del capital. En definitiva, la misma izquierda debería comenzar a convencerse de que tenía razón Engels cuando decía que “los males fun- damentales de la clase trabajadora no tendrán solución en 'este sistema capitalista”. Con esta perspectiva, tiene toda su importancia la pelea por los derechos democráticos, y las luchas defensivas —económicas- por edu- cación, salud y las garantías sociales mínimas.

Angel F anjul:

Abogado. Militante del marxismo crítico

l. Caracterizamos la fase que vivimos, mundial y nacionalmente, de acuer- do con Michel Pablo, como la de una crisis social global que no ha alcanza- do aún su apogeo. Y que como tal se manifiesta en los planos superes- tructurales de la sociedad (Estado, propiedad, familia, cultura, organiza- ciones políticas, etc.). Su no resolución puede conducir al género huma- no a vivir estados de barbarie. Sin desconocer sus peculiaridades, no se trata de una crisis nacional, es la crisis global de un sistema social de producción caracterizado por la propiedad privada de medios de produc- ción y cambio, y la apropiación del plus trabajo social. Tal sistema ha alcanzado la globalización o mundialización, que achica el mundo a la llamada «Gran Aldea», y al achicarlo, fragmenta, atomiza o pulveriza los propios niveles que antaño le fueron necesarios. La globalización econó- mica, con la-centralización y concentración de la riqueza en muy pocas manos, condena a un número creciente de la humanidad a condiciones de vida inimaginables e inadmisibles. El régimen imperante, en defensa de sus intereses, su tasa de ganancia, ataca la idea misma del empleo o sea del trabajo asalariado. Según André Gorz, bastaría con un trabajo diario de dos horas para mantener el nivel actual de las fuerzas productivas. Siguiendo a Ernest Mandel en su trabajo «Las ondas largas del desarro- llo capitalista», podemos decir que‘si bien nadie puede negar la existencia de crisis cíclicas resultantes de leyes internas del movimiento del modo de producción capitalista, o sea resultante de factores endógenos al sistema, estamos viviendo, no una crisis cíclica, que nos conduciría a esperar un relanzamiento futuro, sino la crisis del sistema. Su resolución dependerá

Cuadernos del Sur 15

sobre todo de factores exógenos al mismo. Podemos afirmar que la pro- funda crisis que vivimos, con sus secuelas de desocupación, exclusión, ruptura del tejido social de solidaridad, no nos es propia ni particular, y que tampoco es rebote de la crisis del «tequila», del sudeste asiático, de Rusia o del Brasil, ni inherente a un «modelo», la convertibilidad, sino que es mucho más profunda y se traduce en la crisis del sistema capitalista de producción, con sus manifestaciones locales.

Atenazada por la contradicción insalVable de la defensa de la tasa de ganancia, por un lado y las consecuencias sociales que ello implica, se desenvuelve la crisis del sistema imperante. Crisis del gobierno y crisis de la oposición. En el gobierno se expresa en el enfrentamiento entre menemismo y duhaldismo. El menemismo que pierde la credibilidad del poder real que lo sustenta. El duhaldismo se apura a diferenciarse apelan- do a un populismo tardío, imposible de conciliar en este atenazamiento del sistema. La oposición manteniendo una Alianza cada día más difícil de conciliar entre sus compromisos con el poder real y los reclamos de la sociedad.

Esta crisis política se expresa en la crisis de representatividad del régi- men imperante, incluidos partidos e institu'ciones. Nadie cree en la justi- cia, en el parlamento, en la promesa de los políticos. La perspectiva a largo plazo será de una profundización de la crisis de gobernabilidad signada por la imposibilidad del poder real de sostener su tasa de ganan- cia y satisfacer en alguna medida los reclamos de los sectores explotados y excluidos de la sociedad que lejos de disminuir tenderán a crecer en nú- mero y en calidad.

Una derrota previsible del oficialismo en los comicios presidenciales del 99 agudizará aún más la crisis de representatividad y la crisis de gobernabilidad. Alentará los reclamos y anhelos sociales postergados du- rante la década pasada y no podemos excluir que frente a ello, se desen- vuelva una dinámica orientada a la constitución de un gobierno de salva- ción nacional o las bases hacia un nuevo pacto social como la Moncloa en España. La Iglesia ya se orienta en este camino. Dependiendo la resolu- ción de esta crisis social global de factores exógenos al sistema y enten- diendo Como factores exógenos la lucha de clases, de los movimientos sociales, o de progresos técnicos y científicos, acontecimientos todos és- tos que no están a la vista, podemos definir la etapa como de una gran inestabilidad.

Con respecto al segundo párrafo de la primera pregunta del cuestiona- rio: la característica de la coyuntura electoral que se aproxima es la de un

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divorcio creciente entre las aspiraciones y anhelos de los sectores explota- dos y oprimidos y la respuesta de las fuerzas políticas fundamentales. El hartazgo social contra la política del menemismo en el poder y la necesi- dad de un cambio que alentó la formación política del F repaso y alimentó la Alianza tiende a desdibujarse con la secuela de desconcierto y desalien- to en dichos sectores sociales. Es cada vez más claro que en las elecciones del 99, de continuar las cosas como están, y muchos elementos no existen para anunciamos un cambio, se frustrará la aspiración a una alternativa política y social, distinta a la realidad imperante", para convertirse en una simple alternancia. La adhesión de la oposición «al modelo» y su sometimiento al poder real, denuncia claramente que se postula para ges- tionar la crisis y no para superarla. Gestionar la crisis, significa buscar paliativos más o menos ingeniosos, aunque cada vez menos ingeniosos y más rutinarios, a la crisis del sistema, y no tratar de cambiar el sistema.

Podemos afirmar que la fuerza del gobierno menemista es la debilidad de la oposición. Ello le permite ante tamaña crisis, actitudes provocativas como reducir en millones el presupuesto educativo, mientras se mantiene la presencia de la carpa blanca de los maestros frente al Congreso.

El desaliento y escepticismo hacia un cambio necesario es caldo de cultivo para el desarrollo de tendencias que buscan una solución autOrita- ria y la posibilidad de abonar el terreno a líderes carismáticos o providen- ciales. No podemos dejar de advertir este peligro.

2. La ofensiva neoliberal del capitalismo, en defensa de su tasa de ganan- cia, se traduce en una ruptura del tejido social de solidaridad y en una pérdida específica del peso cualitativo del trabajadOr industrial y del tra- bajador en el sentido marxista del término. Por ello, más que reconstituir la subjetividad social, se trata de construir una nueva subjetividad. No existen subjetividades idénticas en realidades sociales diferentes. Para construir las subjetividades sociales en este periodo, tenemos que consi- derar elementos básicos: ¿cuál es la realidad, cuál es el desafío y cuál o cuáles son los protagonistas? Si por subjetividad entendemos la centralidad obrera, o sea a la centralidad del trabajo alienado al capital, a la lucha contra su subsunción al capital, sería correcto quizás hablar de recons- truir. Pero la realidad de hoy nos está conduciendo a avanzar a una nueva subjetividad: la de la «inteligencia general» o masiva a la que se refirió Marx en los Grundrisse. Y esta nueva subjetividad supera los límites de la relación del trabajador en cuanto empleo, o vendedor de la fuerza de trabajo, sino que avanza a incorporar en esta nueva subjetividad a trabaja-

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dores intelectuales de la ciencia, del arte, de la cultura, como así también a los movimientos socio-políticos-culturales autónomos, como los de la mujer, la juventud, el ecologismo, libertad de opción sexual, etc. La nueva realidad de la economía mundial globalizada y los límites que está mos- trando la ofensiva neoliberal en esta globalización, han dado lugar a una realidad social distinta al pasado. Ernest Mandel, en el trabajo ya citado, recuerda que la vigencia del pensamiento de Marx es mayor en el siglo xx que en el siglo XIX en que escribiera. La evolución del capital hoy está mostrando la vigencia de lo que previó, la destrticción del valor como resultado del plus trabajo expropiado. Hoy se constata que avanzamos hacia un nuevo concepto del valor como resultado del trabajo social histó- rico, incluyendo en este trabajo social histórico, los avances de la ciencia, de la técnica y de la cultura. O sea el valor como resultante, no sólo de la apropiación de la plusvalía del trabajo asalariado, sino sobre todo de la «inteligencia general» de los productores expropiada por el capital. Por ello, considero que nuestra tarea, más que reconstituir una subjetividad social de un período pasado para éste, consiste en incorporamos a la lucha por la construcción de la nueva subjetividad social.

En tal sentido, nuestro combate no. puede consistir en restablecer una relación de empleo con el capital, cuando él mismo expulsa al empleo, sino en liberar al trabajo de su alienación al capital, o sea la emancipación del trabajo.

3. Si enfrentamos un nuevo desafío, el de la globalización y el comienzo del agotamiento del neoliberalismo, no podemos hablar de la «izquierda», como algo permanente, como un lugar definitivo ya conquistado, como si la iz- quierda no resultara de una ubicación en la sociedad en tránsito, en movi- miento, sino de la necesidad de construir una izquierda. .Hoy el peso de la izquierda políticamente organizada es muy limitado con relación al peso real de una izquierda social. Se atribuye este débil peso político a la atomización de la izquierda y se propone la unidad de la izquierda. Entiendo que no es la atomización de la izquierda y su falta de unidad la causa de su débil protagonismo. Creo que esta atomización es más efecto que causa. Una constelación existe en tanto existan pluralidad de estrellas. El problema consiste en reconocer su pluralidad. La unidad a cualquier costo nos llevaría no a una constelación, que en misma no es criticable, sino a una nebulosa. Ya conocemos las consecuencias de la política de los llamados partidos únicos. La atomización de la izquierda refleja, en última instancia, los grados distintos de conciencia alcanzados

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por el proletariado. Lo criticable no es la pluralidad, sino la dispersión. Se puede ser plural en un todo.

Y cuando decimos construir la izquierda de hoy,vante la sociedad de hoy y para enfrentar los problemas de hoy, significa superar la práctica de una vieja izquierda que se mantiene repitiendo viejas consignas como papagayos prendidos de los árboles Secos de los principios, sino manejan- do estos principios para aprehender la nueva realidad.

Cuando la sociedad expresa desconfianza hacia las formas políticas e institucionales que nos han conducido a esta realidad y que no demues- tran ninguna capacidad para superarla, nuestra función en tanto izquier- da, no puede consistir en enfrentar la legítima desconfianza política de productores y ciudadanos, sino en ser los organizadores colectivos de di- cha desconfianza. Los trabajadores y los oprimidos expresan profundas desconfianzas hacia los postulantes políticos de «gerentes» del Gran Capi- tal. Esta desconfianza debe ser el comienzo de cuestionar ya no a los personeros del régimen, oficialista u opositores, sino de desconfianza y oposición al sistema.

Si somos capaces de impulsar la organización de la desconfianza, en cuanto constelación de tendencias con una gravedad centralizada, habría- mos de desempeñar un papel importante en la constitución del tejido social y enla lucha por la construcción de una nueva subjetividad, que cuestione el sistema imperante.

Debemos ser claros. Llamamos a- no confiar, a no creerles a los «postulantes a gerentes», pero también llamaremos a que no nos crean en cuanto vanguardia autoproclamada, sino que confíen en ellos mismos, en cuanto productores y ciudadanos libremente asociados, sin jefes provi-- denciales, partidos providenciales, líderes carismáticos. O sea, capaces de proponer y refundar la utopía concreta, utilizando la experiencia históri- ca, pero verificando los cambios operados y ajustándonos a ellos.

4. Nuestro objetivo, en cuanto revolucionarios, no consiste en procurar un «reordenamiento.político-social progresivo», sino en echar abajo este reordenamiento político social inadmisible para avanZar hacia una nueva sociedad solidaria y libertaria. Conforme al materialismo dialé‘ct'ico no pode-mos pretender transformar la realidad sin comprenderla y no pode- mos comprenderla sin una lucha por transformarla.

El Estado, según nuestras concepciones es construido por la sociedad y no es él quien la genera y la organiza. No podemos luchar por cambiar esta sociedad, sino comprendemos al Estado como superestructura cons-

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truida para defender los intereses privilegiados del régimen. Me remito a Marx en su trabajo «La crítica de la filosofía del Derecho de Hegel» publi- cada en París en 1844 y escrita en 1843.

A pesar de su claridad, no siempre la izquierda ha comprendido el carácter del Estado y hemos abusado de una falsa concepción llegando a hablar del Estado como dictadura del proletariado, del Estado Obrero, del Estado Obrero y Campesino. Aún hoy seguimos usando estas catego- rías y hasta sostenemos la necesidad de organizar el poder Obrero y Popu- lar. Hemos caído consciente o inconscientemente en la Estadolatría, he- mos atribuido al Estado proletario la propiedad, en nombre de la socie- dad, de los bienes de producción y cambio confundiendo el estatismo con socialización. Es básico para la formulación acertada de un programa de izquierda hoy comprender las bases del pensamiento de Marx: el Estado como superestructura de opresión social comienza a perimir y se extin- gue desde el abatimiento de las clases dominantes. ¿Cuál será la transi- ción? Es muy difícil determinarla a priori, pero sabemos que nuestro objetivo es la extinción del Estado: una sociedad autogestionada.

La democracia: tomando nuevamente a Marx, debemos decir que desde la misma manera que la religión no crea al hombre, sino que el hombre crea la religión, no es la Constitución que crea el pueblo, sino el pueblo que crea la Constitución. En la democracia, el Estado político es simple- mente un contenido particular como una manera de existencia particular del pueblo. Los franceses modernos han interpretado esto, diciendo que en la verdadera democracia, el Estado político desaparece. O sea: la de- mocracia debe ser interpretada como un proceso en movimiento. Marx y Lenin pensaron que la verdadera democracia es la desaparición de la de- mocracia política en misma. Cuando la verdadera democracia se con- quista o sea la democracia de la individualidadreal absorbe la democracia política del Estado que sólo satisface de manera imaginaria el hombre total.

En la tradición de la izquierda en general, ha habido y subsiste una subestimación de la democracia incorporando un. adjetivo de'burguesa. Lástima que esta incomprensión sobre la democracia en movimiento la ha llevado a subestimar y en consecuencia quedándose atrás del reclamo objetivo de la sociedad para su generalización, que de operarse implica- ría, como dijimos precedentemente, su extinción. Y esta subestimación de la democracia se opera no sola-mente con relación a la sociedad, sino también a-su estructura política organizativa. Tales organizaciones repro- ducen no las tradiciones de Marx, Engels, y de miles de revolucionarios,

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sino la concepción stalinista. Reivindican así el centralismo democrático, autoritario, verticalista, que desalienta la crítica revolucionaria. Quizás aquí encontremos una de las razones de la atomización de la izquierda. Quien no está de acuerdo con la dirección es excluido o debe excluirse para mantener la fidelidad a sus ideas críticas. Según Rosa Luxemburgo no «habrá socialismo sin democracia, ni democracia sin socialismo». Esta famosa definición mantiene. toda su vigencia hoy y es condición J'ÍIIP qua nan para luchar por la hegemonía social de. explotados y oprimidos para cambiar la sociedad por otra donde la vida sea digna de ser vivida.

Ciudadanía: no podemos olvidar que la ciudadanía es un concepto po- lítico impuesto por una Revolución triunfante: la Revolución Francesa que se extendió universalmente reivindicando la soberanía del pueblo sobre el concepto del derecho natural de la soberanía del monarca de la sociedad feudal por derecho divino, por la herencia de la sangre. En La [IMJÍÍÚII judía Marx, consecuente con su comprensión .del Estado, sostuvo que «los derechos del ciudadano son abstractos, ficticios, sólo dan al indi- viduo esta soberanía imaginaria, fuera de la individualidad real, y en una realidad universalizada». Pero al mismo tiempo insistió sobre la contra- dicción de esa soberanía ficticia con la vida real de un derecho privado, mezquino. La crítica de Marx, por justa que fuere no puede conducirnos a negar la conquista histórica de la ciudadanía en la Revolución Francesa. En todo caso, nos sirve para denunciar su limitación y su irrealidad mien- tras quede en la definición de igualdad de desiguales.

Muchas veces la izquierda ha subestimado el concepto de ciudadanía, en lugar de tomarlo para superar la escisión entre el ciudadano abstracto y el individuo real, para ampliar así el concepto de ciudadano en su conte- nido social, es decir la ciudadanía social. Considero que la ciudadanía social y universal constituye un objetivo hoy que debe defenderse intransigentemente. Adquiere mayor significación el concepto de ciuda- danía social universal frente al debilitamiento del Estado nación, a la res- tricción del espacio público producto de las privatizaciones y sobre todo frente a la fragmentación social resultado de la globalización.

Y constituye un elemento que permite disputar la hegemonía al poder real, oculto y secreto que gobierna el mundo.

Las olmos sociales: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Claro, que es una lucha de clases. Pero, ¿qué clases? ¿N ada .ha cambiado desde Marx a nuestros días? ¿Podemos referirnos a los trabaja- dores de la primera revolución industrial con iguales características que los trabajadores del mundo globalizado? La lucha por liberar el trabajo de

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su carácter alienado y de la subsunción al capital mantiene toda su vigen- cia. En consecuencia, la lucha de los trabajadores contra el capital. Pero no basta. ¿Cuál es la característica de este trabajo alienado hoy, de esta subsunción al capital hoy? ¿En que terreno se libra? ¿Cómo y por qué se internacionaliza el combate? ¿Cuáles son los aliados insustituibles de la clase explotada para su lucha por su liberación? ¿Mantienen los capitalis- tas la legitimidad de su sistema? La expulsión creciente del empleo o sea la desocupación no muestra acaso la vigencia de lo que sostenía Marx en el Manfiest'o Comunista cuando dijo: «Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad, ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle caer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad». La ajustada comprensión del Estado, la democracia, la ciudadanía y las clases sociales es relevante. Pero no puede escapar a nuestra comprensión que tales elementos son cuestionados por el fenómeno de la mundialización. El Estado nación se «gelatiniza». Se restringe con las privatizaciones el espacio público (la política). La democracia y la ciudadanía también se gelatinizan por estas restricciones del dominio público y esta gelatinización del Estado. Cada vez más el poder es ejercido privadamente por el capital y su dinero. La lucha de clases se presenta más descarnada que nunca. Ya no se trata sólo del Estado, de la democracia, de la ciudadanía, sino que se disputa en cuanto clase la conquista de la ciudadanía social frente al po- der privatizado.

Alejandro Horowicz: Economista. Docente universitario. Periodista

l. Para decirlo con sencillez, estamos en presencia de una derrota de la que no hay registro, salvo en 18771 (me refiero ala Comuna de París) y en una escala diferente. En esa misma derrota quedó claro que hubo un corte decisivo en el seno del movimiento obrero, corte que solamente pudo restablecerse cuando los bolcheviques encabezados por Lenin pro- dujeron la célebre Revolución de Octubre. A tal punto podemos hablar

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de una derrota que se da un fenómeno absolutamente nuevo y desconoci- do en la historia política, en la historia de la lucha de clases, que es la reversibilidad de un hecho histórico. La Revolución Rusa, que se planteó como una suerte de gatillo democrático de la revolución socialista euro- pea, no sólo fue derrotada sino que en la experiencia colectiva actual es como si no hubiera sucedido. A tal punto esto es así que podemos dar algunos datos que permiten mostrar este “no-suceso”. Cuando Lenin y los bolcheviques forman parte de la elección para construir la Asamblea Cons- tituyente en laRusia del l8 ellos sacan algo más del 25% de los votos; en la actualidad el partido que reemplaza al viejo partido comunista stalinista soviético tiene casi el 50% de los Votos. Y nunca un número tan grande de votantes expresó una masa tan inorgánica y tan incapaz de dar un nuevo curso a una política de crisis y ser un punto de recomposición de la crisis, porque la derrota no solamente es la pérdida de un conjunto de conquis- tas sino que es sobre todo la pérdida de la legitimidad que permite. trans- formar el conjunto de la historia en nombre de un proyecto que el con- junto siente como posible, como deseable y como materialmente plasmable.

En este momento se ha cambiado la voluntad- moral de transformar la historia por operaciones de mm‘lretíng. Las condiciones en las que el capi- tal ha vencido al trabajo son de un lado la desarticulación de la Europa Oriental, del campo socialista, del otro lado la desarticulación-del Hill/Eire State y de los servicios no monetarios que los trabajadores recibían a par- tir de esa situación. Aún en aquellos países donde no hubo una derrota irrecusable, una derrota palmaria, como el caso de la Argentina, Chile o Portugal, lo que se ve es una especie de estancamiento de la situación económica de los trabajadores y una incapacidad del propio Estado de continuar brindando los mismos servicios porque no cuenta con los mis- mos recursos materiales con los que tiene que satisfacer una demanda mayor. En las condiciones de la nueva base técnica que el capitalismo aporta, esa base técnica que Marcuse consideró en un trabajo tan notable como El hombre unidimensional, muestra claramente que la mejora de la productividad social del trabajo no sólo ya no es un instrumento de libe- ración sino que es verdaderamente el mayor instrumento de disci- plinamiento político que la clase obrera jamás haya visto en momento alguno y en experiencia alguna de toda su historia.

En la Argentina, donde hubo una derrota irrecusable, el Proceso marca las condiciones generales de esa derrota. Ahora bien, la tragedia hoy del sistema político argentino es que es un sistema con un solo parti- do político moderno. El peronismo es todavía hoy el partido moderno de

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la Argentina, el radicalismo es unpartido del siglo XIX, es un partido que no puede sino plantearse la política en términos de la actividad agraria. El radicalismo llega a la convertibilidad cuando la convertibilidad se vuelve un anacronismo, llega a entender la significación del Plan Cavallo cuando el Plan Cavallo ya no es la-herramient’a adecuada para sostener un nuevo nivel de crecimiento, aún en las condiciones planteadas. Llega a todo esto en condiciones en que su remozamiento ya no deriva de una capacidad propia de autogeneración sino que es el resultado de una alianza donde el radicalismo no es el elemento dinámico sino su elemento retardatario, y donde los otros elementos que forman parte de la Alianza'no son capaces de hege-monizar en rigor al radicalismo. Esa oxigenación del radicalismo que significó la victoria electoral de 1997 en la Provincia de Buenos Aires mostró que había un doble problema: si esa victoria abría el cauce para un candidato no radical de la Alianza, esto suponía una ruptura del propio radicalismo. El radicalismo no estaba en condiciones de soportar un can- didato no radical en la Alianza. Pero para que el candidato fuera un radi- cal, en lugar de aceptar la lógica de la dinámica política general de la sociedad debía plantearse la lógica de los aparatos. Esto es: ¿qué mejor interna que las elecciones del 97? Sin embargo, no sólo no fue esa interna la que definió las candidaturas sino que es la otra. Esto significa que el Frepaso acepta los términos de la UCR cuando estos términos ya habían probado sobradamente una y otra vez, no sólo que no daban cuenta de la política argentina, sino ni siquiera de las elecciones de la política-argenti- na. El: radicalismo aceptó conformar la Alianza porque tenía como inten- ción de voto, encabezado por Raúl Alfonsín como primer candidato a diputado, un 6%: éste es todoel secreto de la Alianza. Ahora bien, cuando este secreto se trasladaa la hegemonía de De la Rúa, una fuerza que tenía 20 puntos de diferencia sobre cualquier fórmula del Pj ya no sólo que no tiene 20 sino que está perdiendo por 4 o 5. ¿Qué pasó en la política argen- tina para que una fuerza que no gobierna y por lo tanto no tiene que sufrir ninguna clase de desgaste pierda su capital político como una olla de presión rota por los cuatro costados? Lo que pasó es muy sencillo: la oposición en la escena política argentina no corre por cuenta de la Alian- za. Cuando hubo que evita-r que el presidente Menem volviera a ser candi- dato, esta operación corrió por cuenta de Duhalde y en consecuencia Duhalde se convirtió en el virtual jefe de la oposición política.

El menemismo, por su parte, es la versión extrema del realismo políti- co que es el cinismo. Ya no sólo se trata de detectar la tendencia sino de adelantarse a ella para someterse plásticamente a su gramática. Si la gra-

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mát‘ica del capital globalizado es la exclusión, el menemismo lleva esta exclusión a un punto sin igual, si la lógica de la concentración obliga a que el nivel de quebrados sea significativo, en la Argentina esto significa que el nivel de endeudamiento del 40% de los pequeños y medianos pro- ductores agropecuarios casi equivale al monto de su capital. Las pocas herramientas con las que el Estado todavía cuenta para resolver proble- mas son herramientas que se han utilizado para acentuar los aspectos más regresivos de la concentración. Lo que vemos es una activa participación de la política menemista en dirección de la tendencia implícita que la lógica globalizada contiene. En un momento de crisis como este lo que se espera de un gobierno es una política anticíclica, o sea exaCtamente lo contrario de lo que hasta este momento es la política de Menem. Aferrar- se a los instrumentos de la manera en que lo están haciendo es ridículo y cuando tarde y del peor modo la Alianza defiende la estabilidad lo que hace es actuar como “menemizada” por la política menemista. Empiezan así a plantear cosas que ni el menemismo plantea. Cuando López Murphy plantea la reducción salarial se sitúa a la derecha de Roque Fernández. Nosotros suponíamos que a la derecha de Fernández estaba el Gengis Khan, pues bien, hemos descubierto que Murphy está a la derecha del Gengis Khan. No es poco decir.

Es curioso: la versión más ortodoxa del menemismo ya no está en el Pj, sino en la Alianza. Por eso decía que la tragedia del sistema político argen- tino es que el PJ es el único partido moderno, el único que entiende y puede en consecuencia tener alas en su juego interno que. permitan otras perspectivas. Yo creo que Duhalde expresa una corriente, moderadamen- te antimenemista por cierto, que intenta entender que el proyecto de Menem tal cual fue construido por Cavallo en condiciones de una convertibilidad de caja de conversión (esto es, una convertibilidad de fl- nes del siglo pasado, un régimen infinitamente rígido y pobre para una economía menos diversificada que sólo puede funcionar cuando se ex- portan carnes y granos y punto) no va más. Cuando la clase política no puede pensar y procesar esto, cuando estos problemas ni siquiera forman parte del debate político público, cuando las distintas plataformas no pue- den competir sobre un debate real de qué clases de problemas tiene la economía argentina y cuáles son a futuro sus soluciones, cuando lo que se ve es un correr a remolque detrás de los acontecimientos, uno advierte que los que allí funcionan no entienden de que' se trata. En ese sentido son partidos arcaicos.

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2 y 3. Cuando hablamos de la izquierda en particular, sobre todo de la izquierda en la Argentina, de lo que estamos hablando es de una fuerza que, más allá de su endeblez, de su pequeñez, no tiene articulación con- ceptual, es fundamentalmente anacrónica porque trabaja a una escala y con un repertorio temático que no puede dar cuenta en primer lugar de esa derrota y de la inadecuación de su comportamiento y más bien funcio- na como sectas autorreferenciadas que actúan sin ninguna clase de consi- deración de las peripecias del moVimiento real. En términos de la coyun- tura argentina significa que uno tiene que establecer un corte, donde hay una continuidad fundamental a partir del Proceso. El Proceso marca enla Argentina no sólo las-condiciones generales de la derrota sino además las condiciones donde el terror. aplicado lo que garantiza es que la desestruc- turación del sujeto político va acompañada por la desestructuración de los sujetos sociales. Esto es, ya no sólo los sujetos políticos y la capacidad de réplica‘ política es destartalada, es vencida, sino que la viabilidad moral de la crítica radical se ha perdido. Lo que aparece como respuesta crítica no es otra cosa que marginalidad. Cuando uno mira a los: “piqueteros”, cuando uno mira fenómenos de lucha popular muy incipientes, muy ele- mentales, lo que uno ve es gente que es arrojada fuera de los límites y las condiciones del mercado, es un empobrecimiento escandaloso en las con- diciones de existencia. Es que la estructura de la exclusión social ya no es más una estructura nacional sino la coexistencia-de bolsones de extrema pobreza al lado de formas de exuberante y ofensiva riqueza. Uno también puede ver esto en Nueva York,en Rotterdam o en Santiago de Chile.

' Es decir, uno está viendo fenómenos cuya gramática ya no es más exac- tamente una gramática nacional. Esto no quiere decir que hayan desapa- recido los problemas nacionales, sino que tienen otra jerarquía, otra enti- dad. Y ante estos problemas el planteo de la izquierda durante la década del 60, la unidad socialista de América Latina, ya no forma parte de nin- gún programa socialista sino que forma parte del NAFTA, del Mercosur, en la forma de una unidad en función de la gramática del capital concen- trado, y de ninguna manera los sectores populares definen ninguna activi- dad de ninguna naturaleza, ni siquiera .a remolque de sus respectivas burv guesías. Cuando uno ve cómo se articula el Mercosur, uno ve una discu- sión entre la burguesía paulista y el gobierno argentino, pero no ve nin- guna discusión donde los obreros paulistas y los obreros argentinos ten- gan alguna clase de propuesta, ni a favor ni en contra, salvo defenderse de mala manera y en pobres condiciones de la constante lluvia de retrocesos a la que están sometidos sus ingresos actuales. Para replantear esta situa-

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ción, yo diría, como bien explicaba Lenin, que las tareas históricas tienen por lo menos dos recorridos y según quién sea el sujeto que encabece una tarea histórica (en este caso la unidad de América Latina), uno tiene muy claro que clase de soluciones tiene a la vista y que clase de problemas se plantean. Al mismo tiempo uno no ve una contrapartida en donde los trabajadores y el conjunto de los sectores populares entiendan de qué se trata. El hecho de no poder vincular a los “Sin Tierra” de Brasil» con las tierras libres en la Argentina muestra la extraordinaria estrechez del mar- co analítico existente. Porque, ya no digamos la posibilidad real de incor- porar inmediatamente masas desplazadas brasileñas en la Argentina, no puede sino quedarme claro que se produce un desplazamiento muy serio y continuo de migrantes desde países marginales de América Latina, en condiciones moleculares, y no veo por que los sectores populares no pue- den organizar esa condición de migrantes bajo un programa político y por qué ese programa político no puede satisfacer genuinas necesidades de sectores que en el marco de sus estados nacionales posiblemente no tengan una solución eficaz.

Hay que entender que "la crisis del Estado nación es una crisis decisiva e irreversible. El socialismo nunca se propuso otra cosa que tomar el des- emboque intrínseco, inmanente, de la lógica capitalista para ofrecer una salida superadora. No se propone una especie de rectificación moral ha- cia atrás: nosotros no somos nacionalistasde izquierda. Si algo ha caduca- do definitivamente, si algo ha quedado absolutamente anacrónico, es el nacionalismo de izquierda. ¿Por qué? Lenin planteaba como consigna de la [Il Internacional la idea de una alianza entre los trabajadores de los países que podían desarrollar directamente una revolución socialista con los trabajadores de los países que no podían desarrolla-r directamente una revolución socialista pero que, producto de la naturaleza contradictoria del capitalismo, su revolución democrática potenciaba e impulsaba las revoluciones socialistas de los otros. Esto es, en lugar de ser masa de ma- niobra del capital financiero internacional pasaban a ser retaguardia de sostén de las revoluciones socialistas. En esas condiciones el nacionalismo de izquierda podía y debía ser considerado y Lenin, que tenía una enor- me comprensión específica de esta clase de fenómenos, tenía una actitud crítica pero al mismo tiempo favorable a esta clase de movimientos. Esto era verdad cuando la vanguardia obrera socialista estaba en condiciones de tenderle la mano a esta clase de revoluciones democráticas. Cuando esto no es así, el destino de estas revoluciones democráticas, y esto quedó más que probado (casos de las revoluciones iraní, argelina, la propia revo-

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lución cubana), es la descomposición inevitable. Lo que debemos enten- der en consecuencia no sólo es que hoy el nacionalismo de izquierda es un anacronismo, sino que la propia idea de reformular la política a partir de la idea de Estado-nación es en misma un anacronismo. La escala en la que está planteado el Estado ya no es una escala nacional y por lo tanto el papel mismo del Estado es muy otro. Uno podría decir que las condi- ciones de desarticulación del Estado son una necesidad misma del capital globalizado y que al capital globalizado el Estado no le interesa más que en su papel meramente policial. La misma idea de guerra entre Estados es una idea que ha cambiado su naturaleza. Antes era posible una guerra inter-imperialista, hoy es inimaginable, hoy las guerras inter-imperialistas son guerras comerciales que consisten en cómo se taladra mejor, a través de mercancías, las fronteras nacionales de otro y en cómo el otro ingresa. Debemos, hablar del Estado ya no como Estado nacional sino como uni- dad política y económica mucho más amplia y de características mucho más complejas y multifacéticas. Es decir, de Estados que tendencialmente se pueden formular como los Estados unidos socialistas de América Lati- na, de Europa, de Asia, etc., como una confederación mundial de Esta- dos. Solamente en estas condiciones uno puede plantearse seriamente vuna política de izquierda. Sin estas condiciones una política de izquierda no significa absolutamente nada.

Lo que nosotros vemos comocuestión más preocupante es que el orden del día de lo que se llamaría la izquierda en la Argentina es un orden com- pletamente anacrónico, un orden que no contempla esta clase de proble- mas, un orden que pareciera organizar una suerte de diario sin fecha. —En ese diario sin fecha se sigue hablando como si nada hubiera sucedido y no pueden hacerse cargo de la intensidad de la derrota a un punto tal que yo he escuchado decir a sectores que tenían una actitud tradicionalmente crí- tica sobre la existencia de la URSS que después de todo la derrota de la URSS no es la derrota del socialismo porque eso no era socialismo. Esta clase de nominalismo ciego, esta clase. de incomprensión absolutasobre el significado social de la URSS, sobre qué significa la URSS en la conciencia del siglo xx, solamente puede caracterizar a un marginal político, es decir, a alguien que está tan separado de las vivencias gruesas de la gente que uno puede pensar que está conectado a una especie .de discman en un soliloquio autorreferencial. No se puede pensar ni entender un mundo sin entender que más allá de lo que uno opine sobre el recorrido stalinista del socialis- mo, para la sociedad humana la experiencia socialista fue esa.

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4. Estábamos hablando de una derrota histórica a una escala colosal, de algo que podríamos ejemplificar como una Comuna de París por un mi- llón. Estamos hablando de un suceso donde los trabajadores han retroce- dido a condiciones absolutamente desconocidas, de la desarticulación política completa de los trabajadores. Los trabajadores no hacen política de clase, los trabajadores no conservan siquiera en un segmento muy sig- nificativo —los desocupados- su status de ciudadanos. Es decir, lo que esta- mos viendo es que las condiciones de ciudadanía que la Revolución F ran- cesa y la modernidad plantearon por lo menos para los países civilizados ya ni siquiera se cumplen en el marco de los países civilizados. Entonces, en una derrota semejante a una escala semejante, la política de izquierda (y la política a secas, podríamos decir, no sólo de izquierda) ha perdido su capacidad de acción. Cuando uno mira una crisis como la del “tequila” en México, por ejemplo, y ve que el aporte requerido para estabilizar el siste- ma bancario mexicano fue de alrededor de 50.000 millones de dólares y que el gobierno norteamericano acude “en defensa”, entre comillas, de la estabilidad mexicana, ve que podría manejar una cifra aún superior, pero que difícilmente exceda los 100.000 millones de dólares. Cuando uno ve un fondo fiduciario, de esos que manejan una masa de dinero importante en los mercados financieros, ve que ese fondo fiduciario es cinco veces más grande que la capacidad de movilización de reservas del gobierno norteamericano. Esto quiere decir que el capital globalizado no es mane- jado por el gobierno norteamericano, sino al revés: el capital globalizado tiene el control del sistema de los estados, que se tienen que someter a la gramática del capital globalizado. Es decir, el capital está en condiciones de dictar en última instancia todas las condiciones que tiene que aceptar el mercado de trabajo. Y esto es lo que está sucediendo en definitiva. La inorganicidad no sólo remite a la política de izquierda sino que podemos hablar en general de la desaparición de la política como un horizonte cierto (no como una fantasía quimérica, no como una condición a futuro, no como un planteo que en otra época formaba parte de una especie de utopía reaccionaria, sino como una práctica social concreta). La política es cada vez más una tarea administrativa, una tarea donde la posibilidad de incidir realmente en la estructura de la vida cotidiana se ha visto mer- mada hasta un punto realmente insignificante. Si uno toma la política norteamericana como anticipo de esta política ve claramente esta situa- ción porque lo que uno ve es un sistema político donde el sistema mismo elige quiénes son los ciudadanos y por lo tanto quienes votan, y los otros no votan porque son absolutamente conscientes de que nada de lo que

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hagan en esa dirección supone realmente ninguna clase de modificación sustantiva. Cuando nosotros decíamos que lo que se ve es la desarticula- ción del movimiento obrero como elemento de peso político y la pérdida de la condición de ciudadanía como elemento sustantivo general de las sociedades, lo que tenemos que entender es. que la recuperación no pue- de pasar sino por un movimiento democrático a escala planetaria. Sin un movimiento democrático a esCala planetaria la posibilidad de una política de izquierda no existe. Hoy la lucha por la recuperación del estatuto de la ciudadanía, la lucha por la- recuperación de la política como un instru- mento de transformación, es, si ustedes quieren, el modo en que una izquierda muy .embrionaria podría plantearse una tarea aquí y ahora.

l. ¿Cómo caracterizar’ía la crisis iniciada a mediados de 1997? ¿Qué diferencias encuentra entre dicha crisis y su predecesora, la crisis mexicana de 1995?

'2. ¿Cómo evalúa las consecuencias de la crisis, en“ parti- cular tras la devaluación brasileña, para la economía argentina? ¿En qué medida considera que el propio régi- men de convertibilidad está en juego en esta crisis?

3. ¿Cuáles serían en su opinión las consecuencias politi- ' cas de la crisis en curso, particularmente atendiendo a la coyuntura electoral que se avecina? ¿Cómo afecta la misma a la subjetiridad social? ¿Qué elementos considera centrales para una respuesta de la izquierda ante la crisis?

Guillermo Gigliani: Economista. Docente universitario

l. La moratoria de Rusia de agosto de 1998 provocó una drástica reduc- ción del flujo de capitales a los países «emergentes» y ello marcó el inicio del actual recesión. La devaluación del Brasil de enero de 1999 no hizo más que profundizar gravemente esta tendencia depresiva que había co- menzado meses atrás.

De esta forma, el default ruso vino a mostrar nuevamente la extrema vulnerabilidad de la economía argentina que funciona sobre la base de la entrada de capitales del exterior. En el momento en que este flujo dismi- nuye o se interrumpe sobreviene una contracción.

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Esto ya había ocurrido en 1995 cuando la devaluación de México reper- cutió localmente en una crisis financiera y en una fuga de capitales que generaron una caída del PBI del 4%. En 1999, el sistema bancario se en- cuentra más consolidado y concentrado que entonces y el principal canal de transmisión de la perturbación externa lo constituye la balanza comer- cial. Pero, a pesar de ser financieramente más suave, la magnitud de la actual recesión es más o menos semejante a la del «tequila».

Varios datos dan cuenta de esta situación. El PBI contabiliza en el pri- mer trimestre de 1999 su tercer caída consecutiva. En el sector industrial, la contracción se verifica en forma desigual afectando principalmente a las ramas más vinculadas al Mercosur (automóviles y alimentos). Asimis- mo, en diversos sectores ya se manifiesta la destrucción de empleos sobre la base de una tasa de desocupación —del 12.4% en octubre último- sustancialmente superior a la de comienzos de la década. Las cuentas pú- blicas se salieron de caja y se prevee que aún con los recortes del gasto exigidos por el FMI, el déficit fiscal de este año será el más elevado de toda la convertibilidad. Por otra parte y a pesar del achicamientode la actividad interna, el desequilibrio de la balanza comercial podría superar los 4.000 millones de dólares. Esto evidencia que —a diferencia de lo que sucedió con el «tequila»— la recesión ya no resulta efectiva para reajustar la brecha externa y ello proyecta un componente de suma inestabilidad para el momento en que la producción retome'un sendero expansivo.

El cuadro contractivo. interno se verifica en un contexto internacional extraordinariamente adverso. A partir de la crisis del capitalismo mundial desatada por los tigres asiáticos a mediados de 1997 los precios de expor- tación sufrieron un desplome que castiga Severamente a los países depen- dientes. Hace poco, The Economist daba cuenta que su índice de precios de las commodities industriales registraba el valor más bajo desde la crisis de los años 30 y que el promedio de todas las commodities se encontraba en el nivel más deprimido de los últimos veinticinco años. Esta situación persiste para nuestro país a pesar de la reciente recuperación de la cotiza- ción del crudo. A esto se agrega la sucesión de devaluaciones asiáticas y latinoamericanas que repercuten negativamente sobre la competitividad de nuestra moneda, la revaluación del dólar (y por lo tanto, del peso) frente al yen y al euro, la tendencia deflacionaria que abarca a toda la economía mundial y, finalmente, la situación de crisis del Brasil que com- pra el 30% de nuestras exportaciones totales. Estos factores representan serios obstáculos que habrán de afectar los ritmos con que la economía pueda salir del actual pozo recesivo.

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2. La devaluación del Brasil de enero pasado fue exitosa en tanto se tra- dujo en una mejoraestable de su tipo de cambio —estimada por algunos en un incremento promedio del 30% para 1999- y ello puso al rojo vivo el tema de la competitividad que es una contradicción que acompaña a la convertibilidad desde sus inicios. El plan Cavallo nació con un tipo de cambio real atrasado (l peso-l dólar) y este rezago se acentuó en los pri- meros meses de su aplicación.

La sobrevaluación del peso condicionó decisivamente la evolución de las exportaciones que crecieron en estos años a un ritmo mucho menor que las importaciones abriendo el cauce. a un creciente déficit de la balanza comercial con una tendencia a desbordarse en los momentos de alza de la actividad. Como se sabe, el tipo de cambio es un instrumento que redistribuye la plusvalía entre las distintas fracciones del capital y por ello el atraso cambiario deterioró la rentabilidad de la burguesía industrial en beneficio de la comercial y de servicios, incluyendo en esta última a los beneficiarios de las privatizaciones. Nadie puede desconocer que esta diferencia de rentabilidades ha repercutido sobre la asignación de las inversiones y el' tiempo transcurrido permite comprobar que el proceso de reequipamiento registrado en la actual década no logró consolidar una plataforma exportadora fabril capaz de corregir o atenuar la brecha externa.

A lo largo de estos ocho años el mecanismo que compensó el deterioro de la paridad cambiaria sobre la rentabilidad industrial fueron los gran- des incrementos en la productividad logrados gracias al aumento de la producción, a la reducción de trabajadores y a la intensificación de los ritmos de explotación. Entre 1990 y 1998 la productividad manufacturera se incrementó en un 70% y fue este elemento —y no las reducciones del salario nominal o las deflaciones de costos- lo que posibilitó una recomposición parcial de la rentabilidad de la burguesía industrial. A pe- sar de ello, los problemas de competitividad tendieron a agravarse como lo prueba el rojo de la balanza comercial.

Cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso devaluó en enero pasado la. reacción del gobierno de Menem y del bloque dominante fue aferrarse a la paridad l peso-l dólar y exorcizar el fantasma de la devaluación por temor a que se desatara una espiral inflacionaria incon- trolable. Conviene explicitar que todo el arco político burgués —tanto el Pj como la Alianza— cerró filas detrás del tipo de cambio fijo con el pro- pósito de preservar el actual modelo. Por su lado, el ministro Roque Fernández tensó todos los mecanismos de ajuste posibles a la espera de

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que en algún momento vuelva la bonanza de los capitales externos para poder expandir la producción sobre la base de esos fondos especulativos tal como sucedió a fines de 1995 durante la salida del «tequila».

Desde luego, queda pendiente la ardua tarea de recuperar el terreno perdido en materia de competitividad sin tocar el tipo de cambio. Para ello habría dos clases de recursos. En el corto plazo, otorgar algunos sub- sidios como la reciente iebaja de los aportes patronales e ir más a fondo en las desregulaciones y en la flexibilización laboral. Dentro de este tipo de medidas se podría incluir la propuesta extremista del radical Ricardo López Murphy de rebajar todos los salarios un 10% pero es difícil que algún político preste atención a esta idea en vísperas de elecciones presi- denciales. En un plazo más extendido, deberían obtenerse renovados in- crementos en la productividad que permitan convalidar la paridad cambiaria más atrasada por la vía de un mayor volumen de producción por ocupado.

Pero la confianza de quienes apuestan a mantener el valor del dólar contrasta con una legión creciente de críticos para quienes la converti- bilidad está resquebrajada a partir de la crisis desatada por Brasil. Estos cuestionamientos reconocen que el actual régimen cambiario permitió superar la coyuntura de enero pasado sin sufrir sacuclimientos financie- ros graves pero ponen en tela de juicio su capacidad para resolver el tema candente de la competitividad exportadora. Afirman que —cuando la eco- nomía se reactive- el mantenimiento del sistema de precios relativos vi- gente habrá de determinar que el déficit de balanza comercial alcance dimensiones insostenibles y que ello conducirá a una crisis de proporcio- nes mucho mayores que la actual. El escepticismo con respecto a la convertibilidad cunde en varias franjas de la burguesía industrial —junto con la agraria, la más perjudicada por la crisis- aunque no puede hablarse de un consenso porque hay conglomerados en ese sector que tienen deu- das en dólares elevadas y además las fracciones del bloque dominante más ligadas a la especulación financiera y a la intermediación se benefician con el peso sobrevaluado. Pero, a pesar de ser un tema que se discute diariamente en todos los ámbitos ni los economistas de la city ni los polí- ticos del sistema encuentran otra solución que no sea patear el problema para adelante. Como declaró recientementejosé Luis Machinea, el prin- cipal vocero económico de la Alianza, la convertibilidad no permite corre- gir el problema de la competitividad pero nadie sabe cómo salir de ella.

Por otra parte, los costos de la estrategia de financiar los desequilibrios con capitales de corto plazo son cada vez más exorbitantes. De acuerdo al

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FMI, a fines de 1998 la deuda externa total ascendía a 140.000 millones de dólares de los cuales 105.000 corresponden al gobierno y 35.000 a la bur- guesía. Esto significa un crecimiento extraordinario frente a los 62.000 millones previos a la convertibilidad (1990) a pesar de que se privatizaron todas las empresas públicas. En 1998 la relación deuda externa/exporta- ciones llegó a 5.4 veces y en 1999 esa proporción superará holgadamente las 6 veces. En la actualidad, el servicio de la deuda en dólares representa nada menos que el 15% del gasto público y estos pagos realimentan el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Nadie duda que esta «herencia de Menem» habrá de condicionar fuertemente la marcha de la economía en los próximos años.

3. No resulta difícil prever cuál puede ser la evolución del salario real en los meses venideros. Una enseñanza del «tequila» —y también de la pre- sente coyuntura— es que bajo la convertibilidad las crisis generadas por un shock externo no necesariamente se manifiestan en una depreciación de la moneda sino que se resuelven mediante un ajuste deflacionario que opera principalmente sobre la producción, 'la ocupación y los salarios. En las actuales circunstancias en que la Argentina registra un fuerte descenso de los precios mayoristas -—-del 6% en el último semestre- el ajuste nomi- nal de los salarios tendría que ser muy pronunciado.

En realidad, este curso probable del ingreso de los trabajadores no se aparta de la evolución que ha tenido en la década actual. Al cabo de ocho años de convertibilidad, el salario real industrial se encuentra aproxima- damente en el mismo nivel que tenía en el punto de partida en 1991. Ello significa que en este período la productividad manufacturera se incrementó en un 70% y el salario real permaneció totalmente estancado. Este solo dato basta para mostrar en toda su dimensión la explotación capitalista en la Argentina en la década del noventa y, al mismo tiempo, para explicar por qué las patronales defienden a ultranza la política menemista.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que durante las recesiones —como ocurrió en 1995- la productividad disminuye y esta circunstancia impulsará a la burguesía a recomponer su alicaída tasa de ganancia despi- diendo asalariados, reduciendo las remuneraciones e intensificando los ritmos de trabajo. Para el bloque dominante en las actuales condiciones de recesión y de deterioro de la competitividad los salarios deben ajustar- se y esto explica la “cordura” del discurso de los candidatos presidenciales Duhalde y De la Rúa quienes se cuidan de hacer cualquier tipo de prome- sa sobre estos temas.

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Las repercusiones de la «reconversión menemista» sobre las condicio- nes de vida de los trabajadores están a la vista. Los salarios Se mantienen en los niveles fijados por la hiperinflación y su tendencia es hacia la baja. Además de su elevado piso estructural, la tasa de desempleo tiene un componente cíclico muy importante y debido a ello tenderá a aumentar mientras perdure la contracción económica. Hoy el país posee el récord mundial de la tasa de desocupación y subocupación conjuntas. Un estu- dio reciente del Banco Mundial da cuenta que según datos de 1997- 1998 el 36% de los argentinos vive en condiciones de pobreza. En. algunas áreas, como el Noreste y el Noroeste esa situación alcanza a más de la mitad de sus habitantes y los índices de indigencia orillan el 20%. Estas cifras mues- tran los alcances de la exclusión social generada por la polítiCa menemista y también sus efectos particularmente predatorios sobre las economías regionales.

A pesar de esta enorme ofensiva del capital sobre los empleos y los salarios, las protestas obreras y populares en pocas ocasiones superaron un carácter defensivo y fragmentado sobre todo después de la derrota de las grandes huelgas y movilizaciones de comienzosdel gobierno de Me- nem. Incluso las manifestaciones de resistencia más combativas y que gol- pearon más durante al sistema como el santiagueñázo, la lucha de los fogoneros de Cutraeró y los cortes de ruta nunca alcanzaron una dimen- sión nacional. Concomitantemente, en estos años se acentuó el proceso de división y de retroceso de la izquierda en relación a las posiciones que habían ganado los partidos marxistas y socialistas a fines de la década pasada y que encontró su punto más alto en la “Plaza del No” del 19 de mayo de 1990. A pesar del carácter profundamente regresivo de las políti- cas neoliberales de Menem la izquierda n’o ha podido constituirse en una alternativa gravitante para lOs sectores afectados por la reconversión y ello se refleja en el campo sindical, universitario, barrial, entre los desocu- pados y en los distintos movimientos de masas. Aún reconociendo las difíciles condiciones de la década presente, en la debilidad" de la izquierda gravitan el sectarismo, la resistencia a ceder posiciones individuales, la falta de disposición para plasmar iniciativas u-nitarias en diversos ámbitos de lucha, la ausencia de prácticas de discusión e, incluso-en algunos casos, una cierta propensión a la introspección. Así las cosas, no puede sorpren- der a nadie las dificultades existentes para articular un. acuerdo para las próximas elecciones presidenciales que abarque a toda la izquierda sin que puedan encontrarse razones valederas que impidan «que ese acuerdo se concrete. La tarea imperiosa para la recomposición de las fuerzas socia-

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listas —cuya perspectiva debe ser mucho más amplia que las elecciones de octubre pero obviamente que no puede dejar de lado esta cuestión- re- querirá un debate sostenido y abierto, una vocación efectiva para la uni- dad y la decisión de poner en marcha un curso anticapitalista en la vida política argentina.

julio Gambina:

Economista. Docente universitario. Presidente Fundación de Investigacio- nes Sociales y Políticas (FISyP)

l. Para caracterizar la crisis actual debemos remontar la mirada a los proble- mas de rentabilidad del capital, los que se hicieron visibles a fines de los años 60 y comienzos de los años 70 y que pueden verificarse en términos de caída de la tasa de ganancia. Ese es el origen remoto de las manifestaciones actua- les de la crisis. Dicha crisis, en origen, motivó una ofensiva del capital para contrarrestar el poder acumulado por los trabajadores en el período previo. Poder que se expresaba en el ámbito económico, jurídico, social y político. Esa ofensiva se viene manifestando como reestructuraciones de las relacio- nes sociales en diversos ámbitos.

Uno de esos ámbitos tiene que ver con las variantes en la forma de expre- sión de la relación salarial, en tanto manifestación de la forma clásica en que operó la relación de explotación (desde la aparición del carácter dominante del capitalismo como forma de organización prevalente de la sociedad). El capitalismo se desarrolló por décadas, particularmente en los «años de oro» entre 1945 y 1975 (Hobsbawn, 94), extendiendo la forma clásica de la rela- ción entre-el capital y el trabajo. La revolución conservadora, que es expre- sión de la ofensiva del capital mencionada, impulsó la extensión del capitalismo bajo antiguas formas de relación (explotación) entre capitalistas y trabajadores, recreando en nuevas condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas, categorías de 'viejo cuño, tales como el trabajo a domicilio o autónomos, informales o cuentapropia; «en negro», changas; u otras nue- vas, tales como las «pasantías» y otras manifestaciones de las nuevas modali- dades de contratación de la fuerza de trabajo que enla Argentina instaló el menemismo con las reformas laborales de la década en curso.

, Un segundo ámbito se vincula con la reforma del Estado, cuya cara más visible remite al proceso de privatizaciones de empresas públicas, pero que en rigor se trata del establecimiento de nuevas funciones para viabilizar las condiciones actuales del proceso de acumulación de capitales. El Estado

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asume nuevas funciones para intentar superar las sucesivas crisis del capitalismo, particularmente en una fase del desarrollo, donde la circulación internacional de capitales se ha transformado en la clave del proceso de acumulación y más allá de polémicas, actúa en la resolución en la coyuntura del proceso de valorización. Sostengo esa posición, ya que en última instan- cia la valorización será real si se materializa a futuro la producción que sugie- re ese movimiento a futuro de los capitales. La nueva función del Estado en las actuales condiciónes se puede resumir en el campo de la economía en tanto agente de captación de capitales excedentes en el mercado mundial.

Finalmente 'se trata de una nueva dinámica de las relaciones internaciona- les, es decir, de las formas de inserción de los «capitalismos» locales en la división internacional del trabajo. La respuesta globalizadora responde a la estrategia comentada de forzar las barreras de los Estados-nación en aras de extender el proceso de valorización. Así es que se abre el camino contradic- torio del proceso de integración económica regional, continental y/o global. El poder de las transnacionales pretende un nuevo estatuto para las inversio- nes externas y que se expresa en las negociaciones, hoy resistidas, del Acuer- do Multilateral de Inversiones. A 'su vez, los Estados incursionan con sus estrategias «nacionales», tales como la materialización de la Unión Europea o las propuestas de la Iniciativa para las Américas y más recientemente de la Asociación de Libre Comercio para América impulsada por EE UU. Ese es el marco de las estrategias de integración regional, como el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones y otros similares en América Latina.

En síntesis, la crisis tiene que ver con las demandas del capital para rees- tructurar las formas de funcionamiento que el capitalismo hasta fines de los 70 y que se derivaban de la presión ejercida por el poder de los trabajadores. La forma concreta de atacar la crisis resultó el proceso histórico de instala- ción de la hegemonía de las políticas llamadas «neoliberales». Los límites a esa respuesta han desencadenado recurrentes procesos de crisis, donde cada uno de ellos profundiza los efectos de los sucesos anteriores. Así, si el «tequila» impactó muy fuerte en México y Argentina y cierta proyección en América latina, la fase «asiática» se extendió a gran parte del mundo exceptuando (relativamente) a Europa y EEUU. Por eso no sorprendió el desembarco en Rusia y recientemente en Brasil. En todos los casos, la respuesta fue un proceso de mayor concentración y centralización del capital, de afirmación de las tendencias orientadas hacia las reformas estructurales de carácter re- gresivo, aféctando el gasto público social y los ingresos de los trabajadores y sectores populares.

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2. Las consecuencias directas se resumen en cesantías de trabajadores y recortes del gasto público. La caída de ventas en el mercado local e intema- cional, particularmente en el Brasil son elementos. visibles de una recesión que no tiene perspectiva de salida inmediata. Así se acordó con el FMI una modificación de las expectativas de evolución del PBI, pasando de una pro- yección (incluida en el presupuesto aprobado por el Parlamento) del 4,8% PBI para 1999 a un decrecimiento estimado entre el l y 2%. Además, se establece una previsión de déficit fiscal del orden de los 4.950 millones y que muchos estiman superior a los 6.000 millones. El impacto no sólo alcanza a los trabajadores, sino que claramente se proyectó sobre los productores agropecuarios, tal como se manifestó en el paro agropecuario y las manifes- taciones públicas impulsados por los sectores más pequeños del campo. Tam- bién se siente en los reclamos de sectores industriales que reclaman contra- el «modelo» y la política del gobierno. Son problemas que existían antes del estallido de éste «efecto Brasil» y seguirán intactos después de la «superación» del mismo.

La. señal del gobierno ante la explicitación de la crisis se dirigió rápida- mente hacia los inversores externos, dando seguridad en torno de la conti- nuidad. de las políticas de ajuste yreestructuración regresiva. De la galera salió la propuesta de «dolarización» total de la economía. Es sabido que el 70% de los depósitos en el Sistema Financiero en la Argentina son en dóla- res y que crece la tendencia a nominar innumerables transacciones econó- micas con base en la moneda norteamericana. El mensaje pretendía ir hacia delante en la total subordinación de la política económica del país y la pérdi- da defin-itiva de la soberanía monetaria. La pretensión de la propuesta tras- cendía las fronteras locales y se alcanzaba al Brasil y otros socios en el Merco- sur. Las autoridades del Brasil le sacaron el cuerpo a la propuesta y en am- bos lados de la frontera se habló de crisis en la experiencia del Mercosur. tanto por la devaluación unilateralmente decidida en el Brasil, como por la. autonomía de propuesta Argentina en torno de una moneda común en la región. La que además elimina posibilidades de ejercicio soberano de la política monetaria y enlaza las decisiones económicas y financieras a las de- cisiones de la Reserva Federal norteamericana y a los intereses estratégicos de EE UU.

La propuesta del gobierno debe entenderse, como la disposición a ir más allá de la convertibilidad. Pero quién fue más claro aún, fue López Murphy. quién manifestó la necesidad de bajar salarios en el orden del 10% para que las cuentas económicas cierren en el esquema actual de política económica que define la convertibilidad. El impacto de la crisis actual es importante y

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requiere un fuerte ajuste fiscal y de salarios (costo laboral) para resolver la sustentabilidad del fisco y la rentabilidad y competitividad empresaria. Es probable que la «solución» continúe siendo el incremento de la deuda exter- na. Al 31-12-98 la deuda externa pública supera los 112.000 millones de dólares (1/3 del PBI de la Argentina), y mientras la deuda crece al ritmo del 10% anual, el PBI sufre una tendencia decreciente que se descarga agravan- do la situación de los sectores de menores ingresos.

La moneda sobrevaluada, las tasas de interés elevadas, son formas de atraer o retener al capital especulativo, pero también de desactivar la econo- mía productiva y hacer más gravosas las deudas del estado y los particulares. De «síndromes» de ése tipo y de la acción especulativa de capitales" librados de todo freno, surgen las coyunturas de crisis que se están volviendo perma- i nentes. Las reuniones de los funcionarios del Ministerio de Economía con i los principales Fondos de Inversión que operan en el mercado mundial se i orientan a profundizar la- dependencia de la economía local del ingreso ex- l terno de capitales y con ello, exponerse aún más a la vulnerabilidad externa i de la Argentina, producto de la volatilidad de esos capitales. Lo curioso es que simultáneamente crece la fuga de capitales locales al exterior y si en 1993 se calculaban en 60.000 millones, los datos oficiales denuncian un cre- cimiento del 50% alcanzando los 90.000 millones a comienzos del 99. Para- doja ésta, la de un capitalismo que depende del ingreso de capitales externos y al mismo tiempo favorece su salida con mecanismos de fugas, pagos de intereses, capitales, royalties y remesas de utilidades.

3. Qué se discuta el sustento de la convertibilidad vía devaluación o reduc- ción de salarios nos lleva al debate de quién pagará la crisis. Y en las condi- ciones dela hegemonía actual, está claro que la pagarán los sectores popula- res. Desde el gobierno y las formulas presidenciales que disputan la gobernabilidad del sistema existe un claro compromiso con el sostenimien- to del «modelo», que sólo cierra con mayor ajuste y reestructuración de las relaciones capitalistas. El problema en la Argentina es la ausencia de un actor político que ponga en cuestión las bases con la que se desarrolla el proceso de acumulación de capitales y el régimen político vigente. Tan es 'asL-que en la propia crisis el PJ crece y descuenta diferencias con la Alianza UCRvFrepaso en la perspectiva de renovación presidencial. Es que las pro- puestas políticas mayoritarias están contenidas en los marcos de las políticas de cuño neoliberal y el consenso social se alterna entre el apoyo a una u otra variante ofertada, generando el propio sistema de dominación política las formas de reabsorción de la crisis política.

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El problema es la dinámica social en la resistencia, la capacidad de organi- zación de los sectores populares en la articulación de sus demandas e intere- ses y la emergencia de un proyecto político que pueda contener la resisten- cia y la organización popular. Ese proyecto político debe ser construido como parte de la estrategia de poder de los sectores populares y en ese camino deben inscribirse los esfuerzos de la izquierda. Ser parte de la resis- tencia diversa es el primer desafío, incidir en frenar el deterioro de la subje- tividad resistente, ser impulsores de acciones que reivindique los «no» y la confrontación con los matizados «posibilismos» que se instalaron en los últi- mos años.

Se enuncia hasta el hartazgo (en general con alguna pretensión crítica) que la política ha quedado subordinada a la economíay en ese cuadro es el propio sistema democrático el que pierde sentido, al hacerse cada vez más patente que el sufragio universal solo escoge entre alternativas solo aparen- tes, que luego obedecen exclusivamente los dictados de los titulares del po- der económico y cultural y no los de sus «representados». La prosecución del «bien común», o la defensa de los « intereses generales» como finalida- des legitimadoras del Estado han dejado de ser la cubierta ideológica eficaz que era hace unas décadas para convertirse en apelaciones patéticas en su absoluta falta de verosimilitud. En este «sistema», los trabajadores están des- tinados a ser los perjudicados, y toda ilusión de «derrame» a toda la sociedad de los frutos del crecimiento, del» «aumento de latorta» vienen quedando desmentidas en la práctica. Argentina tuvo en esta década un nivel de creci- miento promedio superior al 5%, y esto no solo no mejoró la distribución del ingreso (todo lo contrario), sino que coexistió en el estancamiento y el descenso del salario real. Esto no es una «anomalía» sino el resultado de que ese crecimiento se produce ayudado por las políticas de pérdida de derechos laborales y reducción del salario, y con una orientación al mercado mundial que excluye a la demanda interna de los sectores populares como un factor relevante del crecimiento económico. Con la devaluación de la moneda mexicana en diciembre de 1994, el índice de desempleo llegó al 18,4%, dejando muy en claro cuál fue la variable de ajuste para superar la crisis del tequila. Con la devaluación del Brasil en enero de 1999 las proyecciones del índice de desempleo superan el 15%, confirmando sobre qué sector social se descargan las «salidas» de las crisis. Ese proceso de deterioro económico se correlaciona en el plano político mediante la expropiación de la política por el «mercado».

La internacionalización del capitalismo es un proceso secular, la transfor- mación «revolucionaria» de las tecnologías de comunicaciones, información

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y transporte que han pulverizado las distancias, ha producido cambios deci- sivos. También es cierto que el derrumbe de lqs países socialiStas ha dejado al capitalismo más que nunca en el lugar «sistema mundial» sin oponente a la vista. Hasta allí procesos que tienen existencia objetiva. El problema es la paralela aceptación de sus corolarios puramente ideológicos de tinte reac- cionario, que suelen encubrirse en la retórica de la globalización. Estos mar- chan en dirección a una verdadera «pedagogía social y política» basada en la creencia de que ha terminado toda posibilidad de resistencia, que los esta- dos nacionales se disuelven irremisiblemente, y que el «poder de veto» del gran capital y los organismos financieros internacionales es irresistible y por lo tanto no hay otra preocupación posible que la «buena letra» con esos campos. Las perspectivas de la acumulación de capital son la «ley mundial no escrita» que todo político e intelectual «serio» debe adoptar como hori- zonte excluyente de su acción y pensamiento. Las «crisis» sucesivas no son otra cosa que efectos de las tentativas de desviarse de esas perspectivas. El desafío para la izquierda pasa por contrarrestar las tendencias que se impu- sieron en este fin de siglo y contribuir a generar un «nuevo sentido común» favorable para la reinstalación del socialismo como imaginario social necesa- rio y posible. Ese es el punto de partida de una articulación de la dinámica social en la resistencia y un proyecto socialista (alternativo al capitalista) que pueda darle una solución diferente a la crisis.

Claudio Lozano: Economista. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA

l. A diferencia de la crisis mexicana, que remitía a la situación de insolven- cia de un país e impactaba afectando los flujos financieros hacia el conjunto de la región, la crisis que comenzara a mediados de 1997 afecta al conjunto de la economía mundial,-y bien puede ser caracterizada como la más severa que se haya presentado en el denominado capitalismo globalizado. La mis- ma agrega elementos nuevos y le confiere una especial volatilidad a la de por inestable economía internacional.

¿Cuál es la novedad?

Por primera vez desde comienzos de los setenta, la financiarización de la economía coexiste con un cuadro de insificiencia estntctural de la demanda. La innovación tecnológica realizada bajo el marco de políticas económicas inspiradas en el neoliberalismo desregulador, ha impactado en dos senti- dos fundamentales: la expulsión de mano de obra con su correlato en tér-

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minos de depresión salarial y reducción por tanto de la masa salarial total; y la sustitución de materias primas por nuevos materiales que deprimen los precios de exportación de los productos que colocan en el mercado mun- dial los países subdesarrollados. Por ambas vías, menor masa salarial y me- nor ingreso relativo de las exportaciones de estos países (en los cuales ade- más se aplican desde hace tiempo políticas de ajuste y reducción de deman- da), se- ha cristalizado el cuadro de insuficiencia señalado.

En el marco de una monumental capacidad de producción (resultado de la revolución tecnológica) sobreviene un cuadro de subconsumo que en- cuentra límites para ser resuelto por la exclusiva vía de seguir diferenciando productos para un mercado de altos ingresos. En este contexto es que co- bran sentido la vorágine de devaluaciones competitivas como mecanismo dirigido a potenciar la disputa por un mercado cad-a vez más pequeño. Así, se afirma un marco de profunda depresión de los precios internacionales (con-mayor agudeza en las materias primas y commodities)que impacta seVe- ramente sobre las exportaciones argentinas definiendo un primer rasgo de diferencia entre la crisis actual y la del Tequila. En aquel momento, el cen- tro del problema fue la interrupción del flujo de capitales a la región pero las exportaciones atravesaban un momento expansivo. En la crisis actual, los impactos sobre la economía real y el comercio exterior precedieron a los impactos financieros.

Volviendo al punto que nos ocupa es relevante reflexionar respecto al efecto que provoca sobre el movimiento del capital financiero esta crisis por insuficiencia de demanda. En primer término, al deprimir la rentabili- dad en el circuito de la “economía real” incrementa la masa de capitales que toma como destino la forma financiera. Asimismo, al limitar las condi- ciones de reproducción de la economía imponiendo situaciones de estan- camiento o tasas muy lentas de crecimiento, plantea límites cada vez más serios a la capacidad de reproducción del capital financiero. En tanto lo financiero no genera valor, y los capitales en el campo de la especulación, ganan unos a costa de otros, el estancamiento de la economía (esto es, de la generación genuina de valor) agudiza las disputas en el campo financiero, en tanto promueve, sistemáticamente, situaciones de insolvencia. Dicho de otro modo, si la tasa de crecimiento de la especulación financiera supera en mucho la tasa de crecimiento de la economía mundial: y la especulación en el fondo se afirma sobre el crecimiento de la deuda pública, en tanto los recursos fiscales crecen en relación con la actividad económica, siempre resultan insuficientes para afrontar los compromisos financieros contraí- dos. Puesto en clave argentina, si la tasa de crecimiento de nuestra-deuda

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externa es del 10% anual, y nuestro PBI crece por debajo o cae, los recursos fiscales siempre resultarán insuficientes y, más tarde o más temprano, cae- remos en un cuadro de insolvencia. En suma, el movimiento del capital financiero en un contexto de insuficiencia de demanda observa dos efectos contradictorios: por un lado se expande la masa de capitales que adopta esta modalidad y por otro se limita la capacidad de reproducción de los capitales en el campo financiero. Es fácil percibir que esto acelera las condi- ciones de crisis y exacerba las condiciones de inestabilidad de la economía mundial. Por cierto, en un contexto de esta naturaleza, resulta suicida se- guir apostando a un esquema económico como el actual cuya reproducción exige del ingreso permanente de capitales del exterior.

2. La crisis y devaluación brasileña vienen a confirmar que el escenario internacional en el que Argentina transitará el año 1999 será el peor posi- ble. En este sentido, los problemas que exhibe el socio comercial afectan un mercado que representa un 30% de nuestras exportaciones y que impacta agravando el cuadro de vulnerabilidad externa que evidencia nuestro país. Sectores como automotriz, lácteos, aceites, maquinarias y aparatos eléctri- cos, hortalizas y legumbres sin elaborar verán agravarse su situación en tanto destinan al mercado brasileño buena parte de su producción. Sin embargo, y pese a este señalamiento, parece relevante precisar que recono- cer estos efectos no supone convalidar la tesis dominante tan en boga que tiende a ubicar nuestros problemas como exclusivamente asociados a la crisis internacional y particularmente a la del Brasil.

El discurso oficial presenta la crisis como resultado de un fenómeno externo, absolutamente ajeno a la política local. Un fenómeno externo que viene a interrumpir el sendero virtuoso de crecimiento económico que hasta antes de la devaluación brasileña exhibía la economía argentina. Esta argumentación que desde ya rechazamos es acompañada por otra que al explicarnos la crisis mundial (razón de nuestros problemas) rápidamente la asocia con los problemas locales de diversas economías (Indonesia, Malasia, Tailandia,]apón, Rusia, Corea o Brasil). En cada uno de los casos las aseve- raciones pasan por señalar que estas economías entraron en crisis por no haber aplicado políticas adecuadas. Las cuales, por otra parte, no son otras que las que aplicó Argentina. La tautología argumental adquiere así ribetes absurdos. Argentina no tiene problema alguno, los problemas los tiene el mundo, pero al ver el mundo se percibe que este tampoco tiene inconve- nientes sino que las dificultades son generadas por países que. no hicieron los deberes adecuadamente. Es decir, que no siguieron nuestro maravilloso

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rumbo. En suma, una tautología argumental sólo fundada en transformar en impoluto e incuestionable el modelo en vigencia. Obsérvese que esta argumentación deja planteada una recomendación. Si la crisis es externa a nosotros, y además esa misma crisis se explica por países que no aplicaron nuestras políticas, está claro que el rumbo en la Argentina no debe alterar- se y que una vez que la crisis internacional amaine (cuestión que ocurrirá rápido ya que sólo remite a poner en caja el-esquema fiscal brasileño) las cosas continuarán de parabienes. Porlo tanto, basta con garantizar ciertos subsidios o protecciones transitorias ya que se trata de una crisis de corta duración y pronto saldremos de ella.

Por lo expuesto respecto a la crisis mundial interpretamos que entender a ésta como corta y coyuntural es absolutamente descabellado. Por otra parte, una economía que exporta cuero e importa calzado, exporta petró- leo e importa combustible elaborado, exporta algodón e importa confec- ciones, exporta chapa e importa maquinaria, exporta abonos para plaguicidas e importa plaguicidas elaborados y que además tiene una tasa de desem- pleo del 12% antes de la crisis brasileña, no puede pretender ocultar con esta los fuertes desequilibrios e inequidades que la caracterizan.

Hechas estas aclaraciones corresponde precisar que para una economía como la nuestra, fuertemente desequilibrada en su sector externo, depen- diente por tanto del ingreso de capitales y especializada en la colocación de productos primarios, un cuadro internacional como el vigente la induce a vivir una fuerte caída en su nivel de actividad que, en nuestra perspectiva, tendrá una magnitud semejante a la del Tequila (aproximadamente 3,5% o 4%). Asimismo, cabe consignar que nuestro país afronta este nuevo escena- rio recesivo sin haberse recuperado socialmente de la crisis vivida en el año 1995. En dirección a demostrar este punto debe precisarse que a finales de 1998, con un PBl más alto queel de 1994, se mantiene la misma tasa de desocupación. 'Esto indica que el crecimiento de la economía no permite resolver los problemas de empleo de nuestra sociedad. Asimismo, con la misma tasa de desempleo la pobreza en octubre de 1998 es claramente mayor a la de octubre de 1994 (26% de la población versus 1.9%). Situación ésta que define la degradación que caracteriza al conjunto de la estructura ocupacional del país y que se expresa incluso en el hecho de que el 90% de los asalariados perciben hoy salarios inferiores a los de hace cuatro años. En este marco parece conveniente describir la lógica de funcionamiento que sobre el mercado laboral impone la dinámica de la economía argentina. Sobre una tasa de desempleo estructural del 12% que no se modifica pese a la expansión del PBI, el crecimiento económico es acompañado por el cre-

44 Alava (lr 199!)

cimiento de la precariedad laboral y el mantenimiento de la pobreza. En contextos de caída de la actividad económica, la precariedad se mantiene y el desempleo salta imponiendo nuevos niveles de pauperización. Así, no seria extraño que durante 1999 una suba en la desocupación por encima del 15%, coloque a cerca del 30% de la población por debajo de la línea de pobreza.

Respecto a si la convertibilidad está en juego en esta crisis cabe consig- nar que la experiencia histórica indica que no han existido regímenes con- vertibles que hayan sobrevivido a crisis internacionales prolongadas. En este sentido, el cuadro mundial no resulta favorable para el régimen vigen- te. Del mismo modo, éste resulta inconsistente con 'una lógica como la actual donde la tasa de crecimiento del endeudamiento supera la tasa de crecimiento del PBI. En tanto esto se mantenga, Argentina va camino a una nueva situación de insolvencia.

3. Habida cuenta que el sistema político partidario resultante de la hiperinflación de los noventa, entiende como base principal de legitimación la necesidad de establecer una armoniosa relación con el stablishment, esta definición ha impactado haciendo desaparecer prácticamente el debate acer- ca de una agenda económica alternativa. En este contexto, donde las cúpu- las partidarias han suscripto como base bíblica no solo la convertibilidad sino la apertura, la desregulación y las privatizaciones, una crisis como la actual no hace más que fortalecer las posibilidades del oficialismo. Debe quedar claro que la razón de este fenómeno no radica (como suelen argu- mentar los que frustran las expectativas populares) en que el problema es que la gente frente a la crisis tiene miedo y por lo tanto prefiere mantener .lo que tiene antes que cambiar. Ocurre que al no haber otro sentido políti- co construido para orientar la perspectiva económica, siempre resulta me- jor validar el original antes que una fotocopia. Incluso, el hecho de que la Alianza haya perdido terreno en el último año y medio es demostrativo de que la cuestión no pasa por la crisis actual sino por la afirmación de estrate- gias que, al priorizar los acuerdos con el bloque dominante, ponen en crisis la capacidad de toda fuerza de transformarse en canal de una expectativa de cambio. Expectativa que, hace tiempo, está latente en nuestra sociedad. Desde una perspectiva de transformación parece indispensable asumir algunas cuestiones de singular importancia. En términos teóricos es justo reconocer que el marxismo, no como instrumento de análisis, sino como productor de transformaciones ha muerto. Esa poderosa invención teórica, que fue capaz de conmover al mundo y movilizar multitudes, hoy parece

Cuadernos del Sur 45

mutilada en su potencialidad. Decir que'ha‘ muerto no implica regalarle el deceso al neoliberalismo. Supone hacernos cargo de nuestro propio duelo. Implica asumir que esta tarea está reñida con cualquier tipo de dogmatismo. No se puede explicar la experiencia de los socialismos reales como simples desvíos respecto a una matriz teórica impoluta. No podemos repetir las» tautologías argumentales que exhibe el pensamiento dominante. Debemos asumir, sin dogmas ni ataduras, la construcción de un nuera A/Ianfiesto.

Debemos partir de reflexionar sobre el trípode en que se estructura la intervención política de izquierda. Este afirma que los trabajadores, sujetos de la historia, organizados en Partido, tomarán el poder del Estado y cons- truirán la nueva sociedad. Varios aspectos habría que revisar. En primer término, deberíamos evaluar si sigue teniendo sentido decir que sabemos como es la nuera sociedad. Es decir, deberíamos caer en la cuenta que la única sociedad que se planificó antes de existir es la sociedad socialista. Por ende, la idea de que sabemos como debe hacerse una sociedad corre el riesgo de seguir fundando estrategias autoritarias. En segundo lugar, la idea de tornar el poder del Estado para resolver los problemas dc la gente lleva implícito dos «inconvenientes; el primero, referente a situar como pun- to central de referencia del accionar político y del poder, al Estado; en segundo término, porque coloca en el accionar estatal la resolución de los problemas asignando un rol de pasividad a las víctimas de la injusticia. En el fondo, la formulación de izquierda sigue pensando que los representantes de las víctimas, que saben lo que las víctimas quieren, al estar a cargo del poder del Estado podrán resolver las situaciones de injusticia.

La formulación expuesta solo intenta decir que en el debate acerca de la representación y al lugar que le cabe al Estado en el terreno de la práctica política se juegan las claves de una estrategia de intervención diferente. Estrategia que en tanto desconfíe de los sujetos dados y preexistentes, po- drá-percibir en las prácticas que hoy se despliegan para afrontar los conflic- tos concretos, la constitución de nuevos sujetos que más allá de ser repre- sentados, comienzan a hacerse presentes. Sujetos que no necesariamente adoptan la forma de los trabajadores bajo su acepción tradicional. Las Ma- dres de Plaza de Mayo y el movimiento de Derechos Humanos, las Madres del Dolor de Santiago del Estero, el movimiento conformado a raíz del asesinato de Cipolleti, el Movimiento de Campesinos (MOCASE), la Carpa Blanca, Memoria Activa, los movimientos de desocupados en Comodoro Rivadavia o Santa Fe, el Movimiento de Chicos del Pueblo, la Multisectorial Correntina, etc., exhiben la complejidad de las estrategias del campo popu- lar. Asimismo, el intento articulador de esta complejidad que despliega la

46 ¿Haya de 1999

CTA (substancialmente diferente a las estrategias de acción gremial históri- cas) indica que ese nuevo sujeto cuyos contornos hoy no conocemos se forja en la confrontación concreta y demostrando su capacidad para parali- zar la generación de consenso por parte del bloque dominante. Movimien- tos todos, que han sido capaces de afirmar marcas culturales que le otorgan sentido a una nueva experiencia histórica. Movimientos que producen efectos en el terreno político, sin vertebrarse con el exclusivo objeto de disputar los espacios electorales. Fieles, en alguna medida, a aquella frase del Subco- mandante Marcos preguntando sobre qué tipo de personas va a generar un movimiento político que no se proponga la disputa por los cargos. Fieles a la consigna de que no importa quien sea electo, lo relevante es qué capaci- dad tiene la comunidad para controlar y participar de esa gestión. Es en este terreno de validar las experiencias que se desarrollan en situaciones concretas, que vemos el camino de una nueva perspectiva. Es en la afirma- ción y desarrollo de estrategias novedosas de gestión como la que expresa el Presupuesto Participativo donde vemos las posibilidades. En suma, nue- vas reflexiones, nuevas experiencias y nuevas iniciativas para viejos objeti- vos: redistribución de ingresos, democratización y fortalecimiento de la regulación pública.

Sobre las bases expuestas y desmontando el diagnóstico dominante, pa- rece importante situar un enfoque que permita pensar la crisis actual como oportunidad. Oportunidad para rectificar un tipo de organización econó- mica cuyos factores de expansión son absolutamente exógenos; oportuni- dad para presentar la situación de emergencia social como una palanca para la recomposición del mercado interno; oportunidad para replantear la perspectiva regional atendiendo a que una experiencia de integración que desaparece en un contexto de crisis internacional como ha ocurrido con el Mercosur (Argentina busca diferenciarse de Brasil y plantea la dolarización, Brasil devalúa, etc.) no cumple con uno de sus objetivos fundamentales; oportunidad, por último, para plantear un debate con el bloque dominante frente a sus demandas de transformar al Estado en un paraguas protector de sus negocios en crisis. Si hoy necesitan subsidios, esto abre la oportuni- dad de poner en discusión el conjunto de la regulación pública, los compro- misos que deben contraer en materia fiscal , de inversión y de empleo. Por cierto, esto solo podrá desarrollarse en tanto exista un polo político y social que se constituya desde otra perspectiva y que promueva activamente la inclusión de nuevos actores en el diseño de las políticas públicas. Es decir, que sea capaz de plantear una situación de tensión-conflicto-negociación con el bloque dominante.

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¡Dios nos Asista (Grosz, 1920)

_“No queda otra alternativa” (javier Solana, secretario general de la OTAN)

48 ¡Haro de 1999

Su lógica y la nuestra*

Daniel Bensaid

Las reiteradas apariciones de conflictos bélicos localizados que se despliegan sin solución de continuidad por el mundo es una de las características de este nuevo orden (desorden) de fin de siglo, y resultado de una lógica inherente del sistema capitalista _y de sus grandes crisis estructurales.

La actual guerra de los Balcanes se inscribe en esta tendencia y coloca a quienes se reclaman del socialismo internacionalista en una disyuntiva de. opciones. Sin embargo es necesario rechazar estas falsas opciones, esta suerte de chantaje de apoyar la intervención militarista de la OTAN o defender la politica gran serbia.

Los bombardeos de la OTAN)! la limpieza étnica serbio dejaran secuelas gravísimas, incentivando los odios interétnicosy marcando una nueva etapa en las relaciones inter- nacionales. Exigir el alto a los bombardeos, rechazar toda invasión terrestre y denunciar la política granserbia a la par que se apoye una política de paz democrática basada en la autodeterminación de los pueblos es la única politica posible. Los artículos que reprodu-

cimos u continuación se inscriben en esta lógica de pensamiento.

¿Cómo no sublevarse por el mar-

tirio del pueblo kosovar? Ante esta tragedia, nadie tiene el mono- polio del corazón, de los sentimien- tos y de las emociones. Pero la gue- rra es una temible máquina de sim- plificar. Es necesario “elegir su cama po”: ¡quien no está conmigo está en contra mía! ¡“Ellos” o “nosotros”! ¿Quién es aquí “nosotros”? ¿“Noso- tros” los “occidentales”, los bienpen- san-tes, los demócratas sin reproches? Ese “nosotros” no es el nuestro.

La lógica de guerra oscurece el pensamiento. Existen ya aquellos que la escalan y hasta el fin; aque-

* Le Monde, 9 de abril de1999.

llos ministros-que-cierran-el-pico; aquellos republicanos-de-ambos-la- dos; aquellos que mezclan el rojo y el pardo e incluso aquellós que sue- ñan y tienen pesadillas despiertos (Romain Goupil en vuestra página “Debates” del 31 de marzo).

La lógica de la guerra es la del ter- cero excluido: “¿Milosevic o la OTAN? Quien rechaza plegarse debe esperar sufrir los insultos más grose- ros e infamantes (“imuniquésl”).l Al derecho de los poderosos y a su moral selectiva nosotros oponemos una lógica política guiada por prin- cipios que no son de geometría va- riable: ¡ni Milosevic ni la OTAN! ¡Detengan los bombardeos y autode- terminación de Kosovo!

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¿Ingenuidad? ¿Angelicalidad? ¿Irrealismo?

La guerra no declarada encarada por la OTAN persigue —al menos- dos objetivos. Uno, proclamado ("el único legítimo", según Alain joxe, Le Monde del 3 de abril): la protec- ción del pueblo kosovar. El otro, inconfesable: legitimar a la OTAN como policía del nuevo desorden mundial en Europa y el Mediterrá- neo.

¿Impedir las matanzas y la “puri- ficación” emprendidas por Milose- vic en Kosovo? Lejos de lograrlo, los ataques aéreos contribuyeron a amplificar y acelerar el éxodo forza- do por los paramilitares y la policía serbias, en la confusión de los bom- bardeos y en la ausencia de los 1,300 verificadores de la OSCE previa- mente retirados.

El desastre humano está en la cumbre. Mientras que los ataques aéreos eran pensadospara prevenir lo peor, el resultado es abrumador: desplazamientos masivos de los albaneses de Kosovo transformados en pueblo paria, masacrados sin tes- tigos, unión sagrada alrededor de Milosevic en Serbia, desestabiliza- ción duradera de toda la región.

Sombrío balance del realismo otaniano. javier Solana pretende mientras tanto haber sido informa- do de antemano de un plan de ex- pulsión de los kosovares. ¿Cómo ex- plicar ahora, después de diez días de

bombardeos y de éxodo, las caren- cias y los retardos de la ayuda huma- nitaria? ¿Incompetencia o cinismo?

Para desenredar el embrollo, el derecho de los pueblos a disponer de mismos permanece como el hilo conductor. Este derecho a de- terminar, “cuando los deseen y como lo deseen, su status político interno y externo sin injerencia ex- terior” figura en el capítulo VIII del Acta final de la conferencia de Helsinki. Vale para Kosovo así como para los kurdos, los vascos, los esco- ceses (y ¡los palestinosl).

La autodeterminación significa el derecho a elegir: autonomía, asocia- ción, soberanía compartida. Esta elección incluye la independencia, pero no se reduce a ella: en tiempos

"de la. mundialización de mercado, la

disolución de Estados plurinacio- nales y pluriétnicos, la improbable búsqueda de una ecuación simple (un pueblo homogéneo = un territo- rio = un Estado) llevan en germen la purificación territorial y étnica. Su lógica siniestra carece de límites. Incluso'si la autonomía sustancial de Kosovo apareciera como una so- lución deseable, la continuidad de la guerra la compromete cada día más y reduce a ojos vista el espacio de una fuerza democrática y paci- fista. En el punto de exacerbación alcanzado por el enfrentamiento comunitario, la independencia deviene, por efecto de engranaje, el desemboque de la autodetermi-

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.Mayo de 1999

nación, a riesgo de una partición de hecho a espaldas de los kosovares: después de la Bosnia “una y divi- sible” de Dayton, ¿un Kosovo “uno y dividido"?

Todo conflicto armado tiene por función modificar las relaciones de fuerzas en vistas de un compromiso inevitable. Pues los golpes aéreos no delinean por ellos mismos ninguna salida. Será necesario entonces re- tornar a la negociación. ¿Cuándo, a qué precio, en qué relación de fue-r- zas? Un aplastamiento militar total de Serbia significaría, es cierto, la desaparición del criminal de guerra Milosevic, pero en condiciones ta- les que quedaría entonces un pue- blo serbio duramente humillado y herido, incubando en el resenti- miento un capital victimarioinago- table. Para que la sociedad serbia respire de nuevo en su diversidad en lugar de retraerse en bloque, para que la co-habitación pacífica de los pueblos de la región vuelva a ser posible, ¿vale más detener inmedia- tamente los bombardeos o conti- nuarlos (¿hasta cuándo?) y prolon- garlos temprano o tarde con una intervención terrestre?

Es la pregunta del momento. La respuesta es clara: es necesario de- tener los bombardeos y retomar las conversaciones para la autodetermi- nación del pueblo de Kosovo. Nues- tro llamamiento colectivo (Le Mon- de del 31 de marzo) sugiere “la or- ganización de una conferencia

balcánica en la cual participen los representantes de los Estados y de todas las com unidades nacionales de esos Estados" ¿llusorio? Segura- mente menos que la idea de un protectorado de duración indeter- minada, que introduce a la OTAN como garante del mantenimiento del orden regional. No hay otra sa- lida, en efecto, que tener confianza en los pueblos concernidos para definir un compromiso global via- ble, asegurar las garantías recípro- cas para las minorías, proveer los medios necesarios para el retorno efectivo de las poblaciones despla- zadas y para las reparaciones de las destrucciones de guerra.

Esta perspectiva plantea la cues- tión de una fuerza de interposición, no para dictar la ley de los más fuer- tes, sino para garantizar un compro- miso consentido. ¿Bajo qué autori- dad? Las tropas de la OTAN están descalificadas para una misión seme- jante: mal puede imaginarse a los beligerantes de hoy metamor- foseados mañana en “soldados de la paz" reconocidos por los dos cam- pos. Toda otra solución que exclu- ya a los países que participaron di- rectamente en la intervención pue- de ser vislumbrada en el cuadro de las instituciones internacionales: si la crisis balcánica es una crisis euro- pea, concierne a toda Europa, del Atlántico a los L'rales, y no sólo a los miembros de la OTAN o de la Unión Europea.

Cuadernos del Sur

Esta cuestión pone en evidencia el segundo objetivo —inconfesable- de la operación “Fuerza Aliada” Durante la Guerra del Golfo se in- vocó mucho ala “comunidad inter- nacional” y al “derecho internacio- nal" Hoy la OTAN actúa sin man- dato de la. ONU. 'La “comunidad internacional” prácticamente ha desaparecido de su retórica: es difí- cil apelar a esta legitimidad cuando Rusia, China y la India se oponen a la intervención.

La guerra tiene entonces también por finalidad redefinir la jerarquía y el rol de las instituciones interna- cionales. A algunas semanas del cincuentenario de la OTAN, javier Solana está omnipresente, Kofi Annan prácticamente invisible.

La fuerza pura dicta desde ahora su derecho y su orden. El Sr. Sola- na asesta con una arrogancia azuca- rada: “Ustedes pueden plantear la cuestión de la presencia de la OTAN de la manera que quieran, pero los países que hayan previsto enviar contingentes no. están dispuestos a hacerlo en un cuadro diferente del nuestro." Este hecho consumado esta cargado de amenazas que des- bordan la tragedia de los Balcanes.

Desde la desaparición del Pacto de Varsovia, la misión original de la OTAN está caduca. Debe justificar su mantenimiento de otra manera en una situación mundial convulsiona- da donde la brutalidad de la crisis económica anuncia convulsiones

mayores. Es la arquitectura de la dominación planetaria en la entra- da del nuevo siglo y la legitimación del brazo armado de América los que están a la orden del día. En el Golfo ayer, en los Balcanes hoy, los euro- peos aparecen como los supptetis2 militares de Washington. No son, por lo tanto, los vasallos. Europa y América: dos imperios, ala vez alia- dos y rivales, se disputan el liderazgo mundial.

Para los Estados Unidos, la gue- rra es la ocasión de utilizar su supe- rioridad militar para reafirmar su hegemonía. Del lado europeo, así como la unidad de Alemania en el último siglo pasó por Sadowa y Sedan, y la de Italia por Solferino, la unidad política de Euroland tie- ne necesidad por su parte de su gue- rra fundadora.

Al día siguiente de las elecciones alemanas algunos saludaron el ad- venimiento de una Europa nueva, social y democrática. No fueron necesarias más que algunas semanas para confirmar las elecciones de una Europa liberal y ver a la tercera vía” volverse un sendero de guerra. Sim- bolizada por el encuentro de Was- hington, en septiembre de 1998, entre Clinton, Blair y Prodi, el “nue- vo, centro” se ofrece su bautismo de fuego. Consagra la metamorfosis de la social-democracia clásica, adepta de la cañonera colOn-ial, en social- liberalismo, adepto a los golpes neo- imperiales de la cirugía aproximati-

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¿Mayo de ¡999

va. Y se inscribe en una huida hacia delante de seguridad en detrimen- to de las formas más elementales de la democracia y del derecho. “¿Por o contra los dictadores, por o con- tra la barbarie?", se nos pregunta. ¡Adivine! A pregunta simple, res- puesta simple. Se está justamente horrorizado de los crímenes perpe- trados por los esbirros de M ilosevic, por las villas incendiadas y las masacres de arma blanca. Pero ¿quién puede decir de qué serán capaces mañana los nuevos guerre- ros electrónicos, habituados a la banalidad de una guerra sin riesgos, a los bombardeos compasivos, a la administración de la ruina y la muer- te a distancia? A1 crimen de oficina será necesario en adelante agregar el crimen de escenario y de estudio. La barbarie de la purificación étnica no es una barbarie de “otra era” (como se la entiende a menudo), a la cual se opondría el bien absoluto de la “civilización” en singular. Milosevic y la OTAN son dos for- mas perfectamente contemporáneas y gemelas de la barbarie moderna.

¿Se proclama como “nuestros” los bombardeos sobre Belgrado? Ciu- dadanos nacidos en un país belige- rante, nuestro primer deber es ac- tuar para exigir la acogida incondi- cional de los refugiados e indocu- mentados kosovares que-lo deman- den, un debate parlamentario pú- blico con voto nominal tanto en

París como en Estrasburgo, la de- tención inmediata de los bombar- deos y la retirada de Francia de la operación “Fuerza Aliada”, el retor- no masivo de los observadores civi- les sobre el terreno.

Nosotros no somos “soberanistas limitados” (sostenemos al contrario la autodeterminación del Kosovo), ni “pacifistas muniqueses” (el dere- cho no va sin la fuerza que lo sostie- ne) ni complacientes en torno a los crímenes de guerra de Milosevic, de quien queremos la caída y el enjui- ciamiento, ni “anti-americanistas primarios” en nombre de un euro- chovinismo de la “Europa potencia” tan odiosa como la arrogancia de la World Company.

Nosotros rechazamos simplemen- te que la tragedia de Kosovo sea la ocasión de instaurar un nuevo or- den imperial, lejos, bien lejos de los sufrimientos de los pueblos de los Balcanes.

París, abril de 1999.

(Traducción del francés: Alberto Bonnet).

Notas

' “Muniqués” y, más adelante “paci- fista muniqués”, remiten a (la impoten- cia de) el Acuerdo de Munich de 1938 ante el avance del nazismo (N. del T.).

'-' “Supplétifs” designa originaria- mente a las tropas indígenas alistadas temporalmente en las tropas francesas

(N. del T.).

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¡Alto a la agresión de la OTAN contra el pueblo de Serbia y Kosovo!

Pronunciamiento del Frente Zapatista de Liberación Nacional contra la guerra en Yugoslavia

El bombardeo decidido por los nue-. vos, señores de la guerra y del dinero y llevado a cabo por las fuerzas de la OTAN, no busca salvar los derechos del pueblo kosovar, limitados por la política gran serbia chovinista del go- bierno de Milosevic sino. avanzar un paso más en el camino por acabar con los límites que anteriormente existían, tanto en el terreno de los Estados nacionales como en el de la comunidad internacional.

Con esta acción la oligarquía fi- nanciera norteamericana, tan sensi- ble a la inversión de capitales en la industria militar, pone de rodillas no simplemente a los pueblos y gobier- nos de los Balcanes sino sobre todo a los gobiernos de Europa occiden- tal. Existe una relación innegable entre el surgimiento del euro y de la unidad europea y la acción norte- americana de poner como peones a los diversos gobiernos europeos.

Así, el gobierno de Clinton, pero sobre todo esa oligarquía financie- ra, manda un mensaje al mundo. No existe un problema, grande o peque- ño que no esté bajo la égida de los Estados Unidos. Al mismo tiempo

una advertencia a Europa: cualquier proceso de unidad transnacional debe estar subordinado a la política exterior norteamericana. En ese sen- tido los principales derrotados con esta guerra son Francia y Alemania; poniendo en crisis, antes de nacer, la posibilidad de un bloque econó- mico que pueda hacer la competen- cia a Estados Unidos.

El dolor y la opresión del pueblo kosovar no representa más que una excusa para los señores del dinero y de la guerra. El comportamiento hi- pócrita se comprueba en la manera en que limitaron las reivindicaciones independentistas del pueblo kosovar en la conferencia de Rambouillet, oponiéndose al derecho elemental, garantizado en la carta constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas a la antodéterminación.

El resultado de los bombardeos no ha significado un mejoramiento en la forma de vida de los habitantes de Kosovo o una limitación de la ideo- logía gran serbia, al contrario ahora hay cientos de miles de refugiados kosovares y al mismo tiempo se ha inflamado como nunca los senti-

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mientos de pureza étnica en el resto de Yugoslavia.

La idea expresada por el cinismo disfrazado de humanismo. según la cual: «algunas veces hay que hacer la guerra para detener la guerra» se ha evidenciado como totalmente falsa en los Balcanes. En el fondo es nece- sario hacer la guerra porque ésta es un gran negocio, simplemente hay que ver las reacciones más recientes de las diversas bolsas de valores. El sufrimiento del pueblo de Kosovo bien vale unos puntos más en los índices especulativos.

El Frente Zapatista de Liberación Nacional se pronuncia por un no rotundo a la guerra de Clinton, y sus peones europeós, jospin, Blair, Shroeder, Aznar, etc., que permiten ser usados para la consolidación de la hegemonía estadounidense en el mundo, los cuales una vez más han

demostrado el profundo desprecio-

que sienten hacia la comunidad in- ternacional y el conjunto de los Es- tados nacionales. jamás un bombar- deo contra la población civil tendrá un fin noble.

Al mismo tiempo exigimos que el derecho a la autodeterminación del pueblo de Kosovo sea garantizado. Los kosovares de origen albanés re- presentan el 80 por ciento de la po- blación, después de la muerte del mariscal Tito, el régimen de Milose- vic revivió la ideología ultranacio- nalista opresora de las minorías étnicas, por eso eliminó el estatuto

de autonomía que tenía Kosovo, impidió la utilización de la lengua albana y reprimió las tradiciones, cultura y forma de organización so- ¿ial de la mayoría del pueblo de Kosovo. El criminal bombardeo no nos debe cegar. Milosevic es un dic- tador. Podemos y debemos oponer- nos tanto a los bombardeos como a la política opresiva y tiránica de Milosevic.

Bajo la misma lógica de defensa del derecho a la autonomía y del res- peto entre las mayorías y minorías que conviven en un mismo territo- rio, el F ZLN se pronuncia contra las acciones de grupos terroristas que avalados por las oligarquías interna- cionales intentan a su vez aplastar los derechos de la minoría serbia en Kosovo, apoyando la guerra y los bombardeos de la OTAN.

La única salida que el FZLN plan- tea como ética y humanamente co- rrecta es la no intromisión de poten- cias externas en el conflicto. Las etnias que comparten un mismo te- rritorio en Kosovo son las únicas que, por medio del diálogo, pueden y deben resolver sus derechos de autodeterminación y sus formas de convivencia.

—¡No a los bombardeos contra Serbia, a la autodeterminación del pueblo kosovar!

—¡No a la OTAN, no a Milosevic!

¡Wei/xico, D. F., 20 de abril de 1999

Cuadernos del Sur

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desde el cordobazo

1969-1999 30 años

56 ¿1'11ng de [999

¿Del neoliberalismo a la depreSIÓn?*

Robert Brenner

os economistas marxistas se han hecho famosos por haber pre-

dicho con toda seguridad en demasiadas ocasiones la crisis

finalde la economía internacional. Quizá por ello, en los últi

mos tiempos muchos se han vuelto extremadamente pruden-

tes antes de volver a gritar “¡que viene el lobol”, incluso cuan-

do las evidencias de que la economía internacional empieza a resquebra- jarse se amontonan por todos lados.

Hoy, sin embargo, no se trata de predecir. La economía internacional, con la excepción de Estados Unidos y Europa —es decir, el 50% del mun- do- está sufriendo ya la peor recesión económica desde los años 30.

Fuera de Estados Unidos y Europa, los mercados bursátiles han caído por todos lados entre un 50 y un 75% entre julio de 1997 y julio de 1998 y en los mercados emergentes el valor de las acciones se. ha desplomado otro 33% entre agosto y septiembre de 1998. En Indonesia. el hambre ha vuelto a ser una realidad cotidiana; en Rusia, la esperanza media de vida ha descendido en cinco años y el nivel de vida se ha reducido en más de un 50%; en Asia. millones de personas han perdido su trabajo y se han sumido en la pobreza.

En América Latina, que había comenzado a recuperarse de la desastrosa «década perdida» de los 80, los mismos síntomas han empezado a manifes- tarse cada vez con más intensidad. Para empeorar las cosas, la economía de Estados Unidos, que había sido el principal motor de una incipiente recu- peración internacional cíclica, se enfrenta con serios problemas.

En junio de 1998, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos asombró a los comentaristas financieros cuando afirmó ante el Congreso que “es posible que hayamos... superado los condicionamientos históricos”, es decir, trascendido los ciclos económi- cos en un perpetuo crecimiento. Pero a mediados de octubre de este mismo año, Alan Greenspan había tenido que recortar en dos ocasiones

* Vienra Sur. núm. 4|, diciembre de l998. De Againsl the (L'umnl, noviembre- diciembre |998. Detroit.

Cuadernos del Su r 57

las tasas de interés en un intento de contrarrestar las tendencias deflacionistas internacionales cada vez más fuertes.

La pregunta del millón es, por supuesto, ¿cuáles son las causas de la creciente crisis económica internacional?

Hasta hace muy poco —conviene recordarlo- ni los economistas orto- doxos, ni los principales analistas financieros, ni los medios de comunica- ción de Estados Unidos, tenían la menor respuesta. Entre otras cosas por- que se negaban a admitir que la economía de Estados Unidos tuviera el menor problema serio.

Y ello a pesar de que, contrariamente a toda la propaganda de los Ene- dios de comunicación, los resultados de la economía de Estados Unidos han sido durante mucho tiempo auténticamente descorazonadores.:-En los últimos 25 años, el crecimiento medio anual de la productividad °en relación con el PNB‘ por hora ha sido inferior al l %, es decir, bastante inferior a la media del siglo anterior.

En el mismo periodo, entre 1973 y 1998, el crecimiento real de los salarios ha sido el más bajo en la historia de Estados Unidos desde la Guerra de Secesión, incluyendo la Gran Depresión de los años 30. En 1997 el salario real por hora para los obreros industriales, sin incluir be- neficios, estaba al mismo nivel queen 1965.

Más asombroso aún, durante la recuperación cíclica de la década de los 90, cuando la economía de Estados Unidos habría entrado oste‘nsible- mente en la “nueva época” y supuestamente demostrado sin lugar a dudas la superioridad del “modelo anglosajón", los indicadores macroeconómicos de la economía norteamericana (crecimiento de la producción, inversión, productividad y salarios) han sido peores que en cualquier otra recupera- ción cíclica de postguerra.

Los economistas, los analistas financieros y los periodistas han podido ignorar estos terribles resultados de la economía real norteamericana por- que se ha reducido la inflación, de acuerdo con las necesidadesdel sector financiero, porque la tasa de‘beneficiosse ha recuperado de manera sig- nificativa (aunque no completa) después de un largo periodo de ‘seria atonía y, sobre todo, porque las bolsas han superado todos los niveles.

El consenso de Washington se rompe

En los últimos meses, sin embargo, se ha producido una importante quie- bra en el consenso de Washington. Cuando la crisis asiática ha hecho de catalizador del colapso ruso y amenazado con arrastrar a la economía mundial, los principales economistas del sistema político y económico

58 A/quo de 1999

norteamericano —incluyendo algunos que, como Jeffrey Sachs, habían defendido con más ardor la terapia de choque y la cruzada liberalizadora- no tienen más remedio que esconderse.

Estos economistas, asombrosamente, culpan de la crisis a lo que se ha denominado el complejo Wall Street-FMl-Secretaría del Tesoro de EE UU.

Su argumento es doble. Primero, la intervención del FMI en Asia ha sido desastrosamente contraproducente. Según estos economistas, ante la retirada masiva de capital que ha desencadenado la crisis asiática, lo que se necesitaba era una inyección de fondos para evitar que la crisis de liquidez destruyera las economías reales.

Hubiera sido algo similar a la inyección de dinero barato en gran escala que la Reserva Federal de Estados Unidos y los japoneses llevaron a ca'bo cuando la crisis de los mercados'bursátiles de 1987. Pero el FMI hizo lo con- trario. lgual que Herbert Hoover en 1929, cuando tras el derrumbe de las bolsas defendió la necesidad de equilibrar el presupuesto, el FMI ha recetado rutinariamente unas tasas de intereses más altas y austeridad económica.

El resultado ha sido más pánico entre los inversores internacionales, acelerando su huida, al mismo tiempo que se creaban las condiciones para una catastrófica reacción en cadena de quiebras, debido al incumpli- miento de los créditos, despidos, más quiebras, etc.

Además, estos economistas sostienen que la liberalización de los movi- mientos de capitales a corto plazo es una de las causas de la crisis interna- cional. Cuando las expectativas parecían buenas, el dinero llovió sobre Asia, pero huyó aún más rápidamente cuando empezaron a surgir las pri- meras dificultades. Ello provocó una depresión en las economías reales que ahora amenaza con extenderse al resto del mundo.

Es obvio que a largo plazo será la propia experiencia de la crisis lo que cambie la visión del mundo neoliberal, tanto entre los intelectuales como entre los ciudadanos en general. También es evidente que los economis- tas ortodoxos sólo ven la punta del iceberg. Sin embargo, creo que, por muy parcial y uperficial que sea su análisis, no debe de quedar- sin res- puesta desde la izquierda.

En primer lugar, su crítica de la liberalización del mercado de los prés- tamos a corto plazo es correcta en general. Los flujos masivos no regula- dos de capital a corto plazo han exacerbado de manera dramática la crisis asiática, aunque no hayan sido su causa última.

En segundo lugar, las críticas de estos economistas a las condiciones crediticias impuestas por el FMI en Asia ayudan a ilustrar el carácter netamente imperialista de la intervención del F Ml en la región.

Cuadernos del Sur 59

Esta intervención no se ha limitado solamente a imponer tasas de inte- rés más altas y austeridad, sino que tiene el objetivo, especialmente en Corea del Sur, de destruir un sistema de regulación y proteccionismo económico que había ayudado a hacer posible una de las trayectorias más espectaculares de crecimiento de la historia mundial.

Pero precisamente porque las economías asiáticas han tenido tanto éxito, incluso desde el punto de vista del FMI, el llamado programa de reformas. del FMI revela aun con más claridad la naturaleza de esta institu- ción internacional: un instrumento del capital internacional que impone a la fuerza el modelo de mercado neoliberal para permitir la penetración en las economías asiáticas de los grandes bancos y las multinacionales.

En tercer lugar, y quizá lo más importante, la crítica de estos economis- tas tiene un importante significadoideológico. De manera implícita, aun- que no intencional, supone un desafío al que había llegado a ser el dogma cardinal de nuestra época: que la distribución de recursos a través del libre mercado produce el mejor de los resultados posibles.

Estos economistas limitan naturalmente sus críticas al libre mercado a los mercados financieros a corto plazo, Sin embargo, unavez que ya no se puede asumir como obvio- que la distribución de recursos por el libre mercado producirá siempre los mejores resultados posibles, se abre una grieta que pone en cuestión la capacidad distributiva del mercado en to- dos los sectores de la economía, incluyendo los mercados de inversiones a largo plazo, la distribución de mercancías y, sobre todo, la distribución de la fuerza de trabajo.

En otras palabras, la izquierda tiene ahora una pequeña pero impor- tante ventana de oportunidad intelectual para reiniciar la muy difícil, pero fundamental, tarea de reivindicar su principal argumento —un argumento en el que muchos han perdido confianza tras el colapso del comunismo y el ascenso del neoliberalismo.

Este argumento es la necesidad del socialismo, es decir el control social y democrático de la economía desde abajo por lostrabajadores para po- der establecer un orden social humano.

El consenso de la izquierda La respuesta general de la izquierda a estos economistas ortodoxos sería que cuando explican la crisis económica internacional, refiriéndose sólo a la irresponsabilidad y liberalización de las inversiones a corto plazo, ofre- cen un análisis superficial y muy parcial.

La liberalización de los movimientos de capital a corto plazo es, sin

60 ¿Mayo de 1999

duda, sólo una parte del programa neoliberal que se ha ido imponiendo desde el final de los años 70. Un programa que busca, por un lado, favore- cer la liberalización de los movimientos de capital y de mercancías a esca- la mundial y, por otro, destruir los derechos conquistados ta'n duramente por los trabajadores en el Estado de bienestar. El consenso en la izquierda sería que el programa global neoliberal es el responsable de la mayoría de los males que afectan a la economía mundial y que su aplicación es en gran medida el origen la actual crisis.

Los argumentos de este consenso de la izquierda se podrían resumir así: la tendencia principal, de la que hemos sido testigos especialmente desde finales de los 70, es la creciente dominación del capital financiero. El objetivo de las políticasneoliberales ha sido, por lo tanto, asegurar, proteger y expandir las esferas de realización de beneficios del capital financiero y las multinacionales. Pero las políticas necesarias para defen- der los intereses del capital financiero se han aplicado a costa de las eco- nomías reales en general y de los trabajadores en particular.

En primer lugar, para proteger el pago de los créditos de la inflación, los Estados capitalistas han aplicado de manera permanente una dura política macroeconómica, equilibrio presupuestario y restricción de cré- ditos. Estas políticas han sido la principal causa del lento crecimiento y alto desempleo que ha afectado a las economías de todo el mundo desde finales de los años 70. .

En segundo lugar, para poder garantizar al capital-financiero los mejo- res beneficios, se han reducido las barreras a la movilidad de capital, per- mitiendo que pueda entrar y salir rápidamente de los mercados. Esta movilidad de capital, sin embargo, hace mucho más difícil la aplicación de políticas nacionales de desarrollo y crecimiento, y en particular las políti- cas de reactivación basadas en un incremento del gasto deficitario y dine- ro fácil para ayudar a combatir el paro.

En tercer lugar, como han comenzado a reconocer ya jeffrey Sachs y sus colegas, al facilitar que el capital pueda entrar rápidamente en un sector con buenas expectativas y salir a la misma velocidad ante la menor señal negativa, la liberalización de los mercados financieros hace muy di- fícil cualquier proceso de desarrollo económico —a largo plazo, especial- mente en el Tercer Mundo.

El desarrollo económico depende, como es obvio, de comprometer a largo plazo recursos en determinados sectores productivos y no puede sobrevivir a las retiradas repentinas de capital que caracter-izan al actual orden neoliberal.

C nadamas del Sur 61

_Sobrecapacidad y sobreproducción

Creo que este tipo de análisis .de la actual situación económica está lleno de sentido común. Sin embargo, sin algunas puntualizaciones inmediatas puede ser potencialmente erróneo.

Resumiéndolo sin más consideraciones: la dominación del capital fi- nanciero y del neoliberalismo deben ser interpretadas mucho más como el resultado que como la causa de la crisis económica internacional, aun- que hayan exacerbado de manera notable la crisis. A su vez, la crisis eco- nómica internacional hunde sus raíces en la crisis secular (de largo plazo) de la tasa de beneficios que es consecuencia de la actual sobrecapacidad y sobreproducción industrial internacional.

En primer lugar, el gran giro del capital hacia el sector financiero es el resultado de la incapacidad de la economía real, especialmente el sector industrial, de ofrecer una tas-a de beneficios adecuada. La causa originaria de la creciente dominación. del capital financiero desde finales de los años 70 ha sido la caída de la tasa de ganancias en el sector industrial desde finales de los años 60, provocada por la sobrecapacidad y la sobreproducción.

En segundo lugar, el giro neoliberal, que también comenzó a finales de los 70., sólo comenzó a materializarse después de que las políticas keynesianas de gestión de la demanda demostraran ser incapaces de res- taurar la tasa de beneficios y relanzar la acumulación de capital. Desde el punto de vista del capital, el monetarismo y el neoliberalismo, de una manera más general, han sido la respuesta al fracaso de su primera op- ción, las políticas keynesianas de gasto deficitario.

En tercer lugar, mientras que las políticas de equilibrio presupuestario y restricción crediticia que han caracterizado el'programa neoliberal esta- ban motivadas en parte por el deseo de defender los beneficios del capital financiero, su razón originaria y fundamental era instigar la recuperación de la tasa de beneficios a nivel de todo el sistema, mediante la reducción del crecimiento de la demanda, a través de dos vías: l) aumentando el paro para debilitar al movimiento sindical y reducir el crecimiento de los salarios; 2) expulsando del sistema a las empresas con altos costes y bajos beneficios de manera que sólo permanezcan con el control del mercado las de bajos costes y altos beneficios, elevando así la tasa me'dia de beneficios.

Finalmente, aunque el ascenso del capital financiero y del neoliberalismo deben interpretarse más como una consecuencia que como una causa del estancamiento económico y la inestabilidad a largo plazo, sin embargo la completa adopción del programa neoliberal a nivel de todo el sistema ha tenido un papel fundamental a la hora de determinar la transición desde

62 jllayo de 1999

los problemas de rentabilidad a largo plazo y estancamiento secular hacia la profunda crisis actual. No ocurrió hasta los años 90, cuando la política de gasto deficitario sin precedentes de Reagan fue sustituida por la de equilibrio presupuestario de Clinton y los problemas de crecimiento e inestabilidad se hicieron mucho más graves.

En el resto de este artículo quiero fundamentar más mi tesis ofreciendo una explicación esquemática de la aparición, mantenimiento y agravamiento de la sobreproducción ysobrecapacidad industrial a nivel mundial y descri- bir a grandes líneas el papel que han jugado en la actual crisis.

Las causas profundas del estancamiento

Mi tesis es que la causa del estancamiento a largo plazo y de la actual crisis es la reducción de la tasa de beneficios en el sector industrial producida por la acumulación de sobrecapacidad y sobreproducción industrial, que a su vez son la expresión de la agudización de la competencia internacional.

Desde comienzos de la segunda mitad de los años 60, en Alemania y especialmente en japón, nuevos productores con bajos costos y modernas tecnologías aumentaron rápidamente su volumen de producción. Al im- poner sus precios más bajos a sus competidores con costes más altos, las empresas alemanas y japonesas pudieron incrementar su cuota en los mercados internacionales de productos industriales y mantener su tasa de beneficios, al mismo tiempo que reducíanla cuota de mercado y la tasa de beneficios de sus rivales.

El resultado fue sobrecapacidad y sobreproducción en el sector indus- trial, que se expresó en la reducción del beneficio regado del sector industrial para el cdnjunto de las economías del G-7. Iïiiproductores con altos costes en Estados Unidos fueron los primeros en acusar el golpe, sufriendo un recorte de su tasa de beneficios de alrededor del 40% en el sector industrial y del 25-30% en el conjunto de la economía entre 1965 y 1973.

Sin embargo, hacia 1973 tanto japón como Alemania se habían visto obligadas a compartir en parte las consecuencias de la crisis de la tasa de beneficios. Como consecuencia de la apreciación de sus monedas en rela- ción con el dólar, paralela a la crisis del Sistema Monetario Internacional y el colapso del orden de Bretton-Woods entre 1971 y 1973, los producto- res de ambas economías tuvieron que hacer frente a un rápido incremen- to de los costes de producción.

Esta caída sustancial de la tasa de ganancias en Estados Unidos, Alema- nia y japón y en el conjunto de los países avanzados capitalistas —y el

Cuadernos del Sur 63

fracaso en su recuperación- ha sido la responsable de la reducción secu- lar de las tasas de acumulación del capital y la causa original del estanca- miento económico a largo plazo de este último cuarto de siglo.

Las bajas tasas de acumulación de capital han provocado a su vez bajas tasas de crecimiento de la producción y de la productividad. Las bajas tasas en el crecimiento de la productividad han significado bajas tasas en el crecimiento de los salarios. El crecimiento del paro es el resultado del bajo crecimiento de la producción y de las inversiones.

La pregunta esencial quese plantea inmediatamente es cuál ha sido la causa responsable de que se haya mantenido la sobrecapacidad y la sobre- producción que están detrás de la caída secular de la tasa de ganancias. Dicho de otra manera: ¿por qué, de acuerdo con las expectativas orto- doxas, las empresas con una tasa de ganancias decreciente en sus sectores productivos habituales no se desplazaron a otras líneas de producción más rentables en número suficiente como para aliviar la sobrecapacidad? Creo que hay tres posibles respuestas generales a esta pregunta.

Primera: las posibilidades de las grandes corporaciones de Estados Unidos, Alemania yjapón que dominan el sector industrial mundial pare- cían mayores si mantenían y aumentaba-n sus beneficios mejorando su competitividad en sus líneas de producción habituales que si se desplaza- ban hacia otras nuevas.

Tenían grandes cantidades de capital fijo ya rentabilizado en sus líneas habituales de producción; sus relaciones con clientes y proveedores eran firmes y antiguas; y durante mucho tiempo habían acumulado con gran esfuerzo un saber tecnológico especializado útil solamente en las líneas habituales de producción. Así, durante los años 70 y más tarde, las corpo- raciones de Estados Unidos, Alemania y japón no abandonaron, por lo general, su posición en los sectores tradicionales a menos que se vieran obligadas a ello, con el resultado de que el número de empresas que salie- ron de los mismos fue insuficiente y la sobrecapacidad industrial no dis- minuyó significativamente.

Segunda: a pesar de la caída de la tasa de beneficios en las distintas líneas de producción industrial a nivel internacional, para los productores con costes bajos, especialmente los asiáticos, fue rentable introducirse en estos sectores tradicionales, como les había ocurrido antes a los pro- ductores japoneses. Hubo por lo tanto muchos nuevos competidores, lo que exacerbó la sobrecapacidad.

Finalmente, las políticas keynesianas, que se aplicaron de manera uni- versal en los años 70, y en Estados Unidos hasta entrados los 90, contribu-

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yeron también a perpetuar la sobrecapacidad y la sobreproducción, con- tribuyendo así a mantener baja la tasa de beneficios agregada.

Al aumentar la demanda, el ga'sto deficitario y el crédito fácil permitie- ron que se mantuvieran muchas empresas con altos costes y bajos benefi- cios que de otra manera hubieran quebrado, ocupando sectores del mer- cado que los productores con bajos costes y altos beneficios hubieran podido hacer suyos.

El keynesianismo suávizó sin lugar a dudas el largo ciclo económico descendente, pero también lo hizo más largo, al evitar una depresión tipo años 30 al precio de reducir el dinamismo del sistema, manteniendo en el mercado empresas con bajos beneficios y muy poca capacidad inversora.

Del estancamiento ala crisis

Hay que subrayar que la ruptura definitiva con el keynesianismo no tuvo lugar hasta los años 90. Sin embargo, cuando ocurrió, pareció ser un ele- mento crucial en la creación de las condiciones del actual caos económi- co, permitiendo que la economía internacional evolucionara ,del estanca- miento secular a la crisis declarada.

La reducción de beneficios, resultado de la sobrecapacidad y sobrepro- ducción, había provocado, naturalmente, una reducción de la acumula- ción de capital. De ahí la caída del crecimiento de la demanda de inver- sión desde 1973. Más o menos al mismo tiempo, como respuesta a la- caída de beneficios, la patronal había ido imponiendo una importante reduc- ción en el crecimiento de los salarios de sus trabajadores y, como conse- cuencia, redujo el crecimiento de la demanda de consumo.

Cuando Volcker, presidente de la Reserva Federal, y Margaret Thatcher consiguieron imponer una política de restricción monetaria a finales de los años 70, el crecimiento incontrolable de la tasa real de intereses depri- mió todavía más la economía. Por lo tanto, es más que dudoso que sin el aumento de la demanda gubernamental como resultado del aumento masivo de gastos militares de Ronald Reagan, la economía mundial hubie- ra podido evitar una depresión real en los años 80, especialmente cuando al mismo tiempo se producía la crisis de la deuda externa internacional en 1981-1982 y posteriormente.

Pero con la llegada a la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos inició una política de equilibrio presupuestario y de restricción moneta- ria, y esta adopción definitiva del neoliberalismo parece marcar el punto de inflexión. Y ello porque puso fin al papel que Estados Unidos había jugado durante mucho tiempo estabilizando la economía internacional a

Cuadernos del Sur 65

través de incrementar la demanda mediante aumentos muy importantes del déficit presupuestario.

El lento crecimiento de la demanda gubernamental se sumó ahora al ya lento crecimiento de la demanda del consumo y la inversión. El gasto gubernamental en Estados Unidos había crecido una media del 2,4% en los treinta años previos, pero durante los años 90 sólo creció una media del 0.1% anual.

Como los gobiernos en Europa también habían impuesto políticas de austeridad aun más feroces en el proceso de unión monetaria, el creci- miento de los mercados domésticos en todo el mundo capitalista avanza- do se redujo al mínimo. Para hacer frente a esta situación, en todas partes las empresas no tuvieron otra opción que orientarse radicalmente hacia la exportación. Pero como las exportaciones son en su mayoría de produc- tos industriales, el resultado ha sido que han exacerbado, aún más si ca- bía, el problema secular de la sobrecapacidad de producción industrial.

La maduración de la crisis actual

El agravamiento de la sobrecapacidad de producción industrial ha sido lo que ha preparado el terreno para la cadena de acontecimientos que ha desencadenado la actual crisis.

Durante la mayor parte de los años 90, la economía de Estados Unidos ha sido literalmente la única de las principales economías capitalistas que ha prosperado, permitiendo una muy importante, aunque incompleta, recuperación de la tasa de ganancias, especialmente en su largamente deprimido sector industrial.

Pero la recuperación de la economía de Estados Unidos se ha produci- do en gran medida a un alto coste para la economía internacional. Y ello porque se ha logrado, sobre todo, gracias a un aumento de las exportacio- nes, posible por un aumento muy sustancial de su competitividad. Este éxito de las empresas norteamericanas, en el contexto de una demanda internacional de lento crecimiento y con unos mercados industriales es- pecialmente saturados, se ha logrado en gran medida a costa de sus prin- cipales rivales en una lucha de suma-cero por los mercados.

El sector industrial de Estados Unidos, en particular, se ha revitalizado sobre todo gracias a la devaluación del dólar en un 40-60% en relación al marco alemán y al yen japonés en los últimos diez años. Así, mientras que la economía de Estados Unidos revivía durante la primera mitad de los años 90, los fabricantes industriales alemanes y especialmente japoneses tenían dificultades para exportar y sufrían su peor crisis de la postguerra.

66 ¿Mayo de ¡999

En 1995, con un cambio del yen a 80 por dólar, cuando había estado a 240 diez años antes, la economía japonesa se encontraba al borde del colapso. japón se salvó gracias al acuerdo que alcanzaron los gobiernos de Estados Unidos, Alemania yjapón en la primavera de 1995 para revaluar el dólar y devaluar sustancialmente el yen.

Pero- el plan de salvamentojaponés tuvo consecuencias insospechadas, especialmente la crisis asiática, porque las ganancias de los fabricantes de una economía, especialniente de una tan grande y poderosa como lajapo- nesa, sólo pueden tener lugar a costa de las pérdidas ajenas.

Las economías asiaticas han sido capaces de crecer de una manera tan espectacular durante la primera mitad de los años 90 en tándem con Esta- dos Unidos —y a costa de los fabricantes japoneses- porque sus monedas han estado pegadas al dólar. Cuando éste' ha caído frente al yen, todas ellas le han acompañado.

Corea del Sur, en particular, ha mejorado su competitividad con la caída del dólar, y del won coreano, y las inversiones en aquel país se han disparado como si el mercado no tuviera límites.

Pero cuando el yen comenzó a depreciarse rápidamente contra el won y las otras monedas asiáticas a partir de 1995, la economía de Corea del Sur primero, y más tarde las otras economías del sudeste asiático, pusie- ron de relieve hasta qué punto se había producido una sobreinversión masiva. Se encontraron con grandes volúmenes de sobrecapacidad y, de- bido al aumento de sus costes como consecuencia de la revaluación de sus monedas, con grandes dificultades para vender con beneficios.

Cuando duran te la primera mitad de 1997 los acreedores internaciona- les comenzaron a darse cuenta de que la tasa‘ de ganancias de los produc- tores asiáticos empezaba a desplomarse y que el ritmo de crecimiento de sus exportaciones comenzaba a reducirse en proporción al aumento de sus importaciones, comenzaron a buscar una salida rápida. Como resulta- do, las divisas asiáticas perdieron rápidamente su valor, con consecuen- cias desastrosas dado el fuerte endeudamiento de. los productores asiáti- cos con los acreedores internacionales.

En ese momento, la intervención del FMI empeoró aún más las cosas. Al imponer un fuerte aumento de las tasas de interés, se exacerbó de manera radical el problema de solvencia y pago de la deuda de las empre- sas que ya se encontraban con dificultades, iniciando una espiral descendente de impagos. bancarrotas y despidos, nuevos impagos de las deudas... en un ciclo vicioso. La crisis asiática se convirtió así en la depre- sión asiática.

Cuadernos del Sur 67

El resto de la historia es más o menos conocida. En 1996, las economías asiáticas en su conjunto habían invertido tanto como la much-o mayor economía de Estados Unidos. Cuando se desencadenó la depresión asiáti- ca, el resultado fue inmediato: los mercados internos se desplomaron y las exportaciones aumentaron.

La economía japonesa, que había intentado salir de su crisis durante los años 90 reorientándose hacia el resto de Asia, se encontró en la encru- cijada ante la contracción de los mercados asiáticos, una encrucijada que sólo podía superar aumentando sus exportaciones hacia otros mercados. Alemania y Europa en general también buscaban superar la recesión au- mentando sus exportaciones.

El objetivo de todas estas exportaciones sólo podía ser la única econo- mía cuyo mercado interno crecía y se expandía, es decir, la economía de Estadbs Unidos. En 1997, la economía norteamericana comenzaba por fin a experimentar una aceleración de su crecimiento doméstico, incluso con un incremento de los salarios reales, pero sólo gracias al aumento de sus exportaciones industriales. Esta tendencia fue inmediatamente erosionada por la revaluación del dólar, consecuencia inevitable del éxito económico norteamericano.

Cuando durante la primera mitad de 1998, ayudadas por un dólar alto, las importaciones comenzaron a inundar a Estados Unidos, mientras que, perjudicadas por el mismo dólar alto, las exportaciones norteamericanas dejaron de crecer como resultado de la contracción de los mercados asiá- ticos, los beneficios del sector industrial de Estados Unidos se vinieron abajo y el boom norteamericano de los 90 llegó a su fin.

El fin del boom del sector industrial de Estados Unidos, producto de la intensificación de la competencia internacional en el contexto descrito de sobrecapacidad y sobreproducción internacional, ha sido la causa in- mediata del descenso de la economía de Estados Unidos hacia la recesión o algo peor. Durante la prime-ra mitad de 1998, los beneficios en el sector industrial —después de un crecimiento impresionante durante varios años que alimentó el boom de la economía norteamericana- se han reducido, con implicaciones de amplio alcance para la economía, la más importante de las cuales ha sido el estallido del globo de los mercados bursátiles.

El aumento del precio de las acciones, en gran parte impulsado por el incremento de los beneficios industriales, junto con el rápido crecimien- to de las exportaciones, ha alimentado el crecimiento en Estados Unidos al sumar un aumento de los gastos de consumo y de las inversiones. Con las acciones por las nubes, los consumidores han creído que había aumen-

68 quo de ¡999

tado su riqueza hasta tal punto que ya no necesitaban ahorrar, y al reducir sustancialmente su tasa de ahorro en los últimos años aumentó de mane- ra notable el consumo. Con la bolsa en ebullición, las empresas podían aumentar su capital de forma barata vendiendo acciones, y la inversión se ha acelerado. Pero cuando los mercados bursátiles cayeron, el fenómeno de la llamada “riqueza virtual" ha comenzado a funcionar en sentido in- verso.

La Reserva Federal de Estados Unidos estima que la pérdida neta de riqueza de todos los productos financieros norteamericanos desde que la bolsa alcanzara su punto álgido en julio de 1998 es de 1.5 billones de dólares aproximadamente. Cuando la gente se da cuenta de que es mu- cho menos rica de lo que creía hasta hace muy poco, inevitablemente ahorra más y con-sume menos. Con la caída del precio de las acciones, para las empresas es más caro obtener dinero y la inversión cae.

Para empeorar las cosas, el estallido del globo bursátil ha provocado una tremenda crisis de confianza empresarial, y los acreedores, que du- dan de la capacidad de los deudores de hacer frente a sus obligaciones, exigen el pago inmediato de los créditos a la búsqueda histérica de liqui- dez (es decir, menos riesgosy más dinero contante y sonante). El fantas- ma de una crisis crediticia hace más difícil para las empresas o los indivi- duos obtener créditos, limitando de manera poderosa a la vez la nueva producción y el nuevo consümo.

No existen demasiadas esperanzas de que se pueda superar la crisis de las exportaciones, y del sector industrial más en general, que ha sido en última instancia lo que ha provocado la recesión norteamericana. Todo lo contrario. En la mayoría, de las regiones del mundo la producción conti- núa cayendo, los mercados se contraen, es más difícil obtener crédito y los productores locales dependen cada vez más de las exportaciones para sobrevivir.

El hecho es que la economía de Estados Unidos ha sido la loco-motora que tiraba de la economía mundial. Con la expansión norteamericana tocando a su fin, bajo el impacto de la inundación de exportaciones in- dustriales, es difícil ver qué fuerzas se encontrarán para evitar una severa recesión.

(Traducción: G. Buster.)

Cuadernos del Sur 69

la lucha

70

[Mayo de 1999

Globalización del capital y la transformación de los sistemas de Estado: del “Estado de seguridad” al “Estado nacional competitivo”

Joachim Hirsch

Con la caída de la Unión Soviética se derrumbó también el orden

mundial que había determinado las relaciones políticas globales en

el siglo XX. [fs grandes bloques que acuñaron el modelo del orden

internacional se encuentran en un proceso de disolución. Con ello

también las instituc10nes económicasypoïítlcas internaciona es, in- cluidas las Nacnones Unidas, están frente a condiciones completamente modificadas. Al mismo tiempoÏfos resucrtados movimientos nacionalisTas no pueden engañar sobre el hecho de que el sistema estatal existente es cada vez más incapaz para superar las vastas crisis sociales, económicas y ecológicas. Como consecuencia de una serie de procesos, el Estado nacio- nal moderna; como espacio económico, social ymlítico. relativamente u’ñifigdoy cerrado, es cada vez más cuestionado.

Estas transformacnones tienen'relación con la crisis del fordismo, o sea, de la formación capitalista que se había constituido desde los años treinta bajo el dominio de Estados Unidos y las condiciones-del conflicto este-oeste (Aglie'tta, Boyer, Lipietz, Hirsch). El modelo de sociedad fordista se caracte- rizaba por la imposición de la producción en serie taylorista y del consumo masivo, así como por el despliegue del Estado social y la intervención esta- tal keynesiana que se proponía crecimiento y pleno empleo. Su modo de acumulación, orientado al desarrollo del mercado interno procuraba una fase de prosperidad sostenida. junto con el sistema de regulación moneta- ria y crediticio internacional, garantizado por Estados Unidos sobre la base de la conferencia de Bretton-Woods. Todo esto garantizaba un espacio de acción relativamente amplio para una política social y económica nacional independiente. Con ello pudo desarrollarse un sistema capitalista global que, pese a considerables diferencias nacionales y regionales se caracteriza- ba por ciertos rasgos estructurales y tendencias de desarrollo comunes y

C ¿(ademas del Sur 71

disponía de un marco regulatorio internacional relativamente en funciona- miento. Esta fue al mismo tiempo la base pjra una progresiva ¡mernacionïzaciñ dchapital.

Las causas de la crrsrs de este “fordismo global” que comenzó en los años setenta, no pueden ser expuestas aquí en detalle. Debe tenerse pre- sente, con todo, que la internacionalización del capital contribuyó de manera esencial al mumbe final de regulación fordista. A estfiem- be estaban vinculados procesos de “desregulación” que se reforzaron re- cíprocamente (Hirsch) tanto en el plano nacional como en el internacio- nal. Esta transformación lobal obliga a una revisión profunda de las con- mamen- lación hiESrica entre Estado nacimos.

de mercancías; dinero y capitales, en la creciente movilidad en todo el mundo de 'la fuerza de trabajo, incluidos los movimientos migratorios y de fuga, cada vez más numerosos, en la compactación y aceleración de las redes de comunicación así como en la internacionalización de la produc- ción bajo el régimen de empresas multinacionales. ELsolo hecho de ue una parte significativa del tráficointernacional de mercancías, consiste WS de los consorcios multinacionales, señala la im-

portanciaïle las economías "nacionales" La tleifinhzaaón globzïf del E-

minación y dependencra tra ¡cronales Por último demuestran, las inmi- Mtástrofes ecológicas de alcance mundial, que los efectos destructivos del modo de producción industrial capitalista desde hace mucho tiempo ya no pueden ser superados a nivel nacional. Esta dinámi- Ca modifica el mapa mundial de manera cada vez más acelerada: bloque , Estados e imperios se desarrollan y sus restos intentan integrarse en nue- 10s contextos de cooperación y dependencia. Los ejemplos más sobresa- lientes de’ello son, en este momento, los conflictos de nacionalidades en Europa oriental y en los Balcanes.

Con esto de ninguna manera desaparece el Estado nacional, pero cam-

bia el carácter y su Significado ¡Ziefiura 19972). Las transformacrones es- m .f . W tructuralÉs del capitalismo global han odado drasticamente el mar en

díiAntervenaon economica v sociopolítica de todos los Estados inclusive delos más grandes y poderosos. La liberalización del tráfico de capital, de mercancías y de servicios somete a las políticas nacionales de modo cada vez más directo, a la dinámica del mercado mundial y las estrategias de los consorcios internacionales. Ante la competencia internacional que se in-

7'2 Mayo de 1999

tensifica y la creciente flexibilidad del capital global, la “política de posicionamiento", es dec1r, la creación_de condiciones óptimas de valori- zación del capital en el marco estatal-nacional, se convierte en una priori- dad política decisiva. Esta es una causa esencial del fracaso de los modelos de regulación del Estado social keynesiano, que surgieron en los centros capitalistas en la era del fordismo después de la segunda guerra mundial. El “Estado de seguridad.‘ fordista, con sus estrategias burocráticas de pre- vención y control parece ser reemplazado por un nuevo tipo de Estado capitalista, el Estado nacional competitivo. En esta transformación histó- rica del capitalismo encuentra también su base material la actual coyuntu- ra para las concepciones económicas y saciales de las doctrinas neoliberales.

Esto tuvo importantes consecuencias institucionales para los sistemas políticos de los países capitalistas desarrollados. El fracaso del modelo de regulación keynesiano-fordista, que se caracterizaba tendencialmente por un alto grado de intervención macroeconómica del Estado, sindicatos fuertes, corporativismo. de las fuerzas sociales e integración de masas más allá de las clases, es un fenómeno general. Aquí tiene sus raíces la crisis histórica de las socialdemocracias enropeas. Pero .al mismo tiempo, la política neoliberal se mostró incapaz de cumplir sus promesas de creci- miento y prosperidad. En cambio crecen las desigualdades sociales, los procesos sociales de exclusión y marginalización incluso en las metrópolis desarrolladas. La incapacidad de garantizar condiciones económicas y sociales de vida y desarrollo relativamente homogéneas, dentro de las fron- teras nacionales, estimula las actitudes y movimientos racistas y promueve segregaciones regionalistas. Esta tendencia a la regionalización y re-nacio- nalización se superpone con los intentos de crear- unidades político-eco- nómicas abarcativas (Európa Occidental, Norteamérica),-que a su vez de- ben entenderse como reacción ante el debilitamiento del Estado nacional tradicional. Pero ellas amenazan al mismo tiempo con fracasar precisa- mente a causa de estas tendencias económicas y sociales hacia la heterogeneización.

II

Cuando del sistema internacional se trata, debe hablarse primero acerca de los fundamentos sociales y el significado histórico del Estado nacional moderno. Y se requiere una explicación de por que todos los intentos por crear instituciones políticas internacionales, más fuertes y democrática- mente legitimadas, con capacidad intervencionista y regulatoria, o tan solo la idea de un “Estado mundial” abarcativo,-siempre fracasan de nue-

Cuadernos del Sur 73

vo en virtud de la composición estatal-nacional de la sociedad mundial. Entre el surgimiento del Estado nacional centralizado y burocratizado y el despliegue global del capitalismo no existe por cierto una relación de causalidad, pero una estrecha interrelación. El territorio nacional-esta- tal delimitado desde fuera y controlado centralmente fue el que creó las condiciones para el surgimiento de economías capitalistas cerradas y fuer- tes. Estas economías “nacionales”, pudieron a su vez conformarse, desde un comienzo, solo en contacto con un mercado mundial que se desplega- ba. El comercio interior y el colonialismo primero configuraron una base importante para la acumulación del capital y de la industrialización. Por último existe una interrelación altamente compleja entre el surgimiento del Estado nacional capitalista y la democracia burguesa, parlamentaria, pluralista. Esta interrelación es atribuible sobre todo al hecho de que es en estos ámbitos económicos e institucionales, relativamente cerrados, donde pudieron desarrollarse luchas de clases, democráticas y sociales, y así mismo tener éxito. Esta relación está marcada por fuertes contradic- ciones, lo que se manifiesta no sólo en la relación siempre conflictiva, entre los principios democráticos y las relaciones de producción capitalis- ta. Orientaciones normativas fundamentales —la igualdad de todos los hombres, la formalidad jurídica de las relaciones sociales, la libertad gene- ral y la vigencia de los derechos humanos universales- permanecen liga- dos al Estado nacional aún en su más inacabada realización y en él en- cuentran, hasta el momento su barrera esencial. Más allá de las fronteras estatales siguen siendo, en gran medida, aspiración y ficción. Los dere- chos generales del hombre sólo adquirieron distancia en tanto se convir- tieron en derechos ciudadanos (Staatsbüigen-echte). La relación de los Esta- dos entre permaneció marcada por la dependencia colonial, la violencia y la guerra. La opresión y el dominio de los más fuertes sólo pudieron ser aquí cercados institucional y jurídicamente de manera ilimitada. La vigen- cia relativa de los valores dcmocráticos de la sociedad civil se restringió a un pequeño número de Estados, económica y políticamente dominantes. Que la estructura política del capitalismo global es determinada por la existencia de un sistema de Estados competidores, es un hecho empírico. Existen ya suficientes motivos para suponer que esta relación —indepen- diente de la configuración concreta del sistema estatal- constituye una de sus condiciones fundamentales de persistencia y reproducción. De ahí que no pueda revocarse sin más. Un esclarecimiento de esta relación com- pleja entre Estado nacional, capitalismo y democracia requiere de algunas aclaraciones teóricas sobre el Estado. Nuestra tesis es que el sistema plural

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de Estados nacionales, caracterizados por el principio de la territorialidad como así también por la autonomía relativa del aparato de poderes cen- tralizado frente a todos los grupos y clases sociales, es decir, la separación entre la política y la economía representa la firma espeefiea de lo político en las condiciones capitalistas. No puedo aquí detallar las fundamentaciones sino sólo referirme a los aspectos más importantes. En esto podemos dife- renciar un aspecto histórico genético y otro estructural.

En primer lugar es posible fundamentar que la conformación de un aparato de Estado, separado formalmente de todas las clases —también de la clase capitalista- y la consiguiente división entre política y economía es un requisito fundamental para la reproducción de la sociedad capitalista. La razón básica para ello radica en que la regulación de una economía basada en la producción privada y el intercambio de mercancías presupo- ne una separación entre el poder coercitivo y todos los productores socia- les. Esta “autonomía relativa” del Estado y la instauración del monopolio legítimo de la violencia física (M. Weber) son al mismo tiempo premisas decisivas para la permeabilidad a la regulación de las relaciones de clase, es decir, para la legitimación de la dominación y la capacidad de imponer concesiones sociales. Sin embargo esta forma política no está garantizada funcionalmente. Ella sólo puede configurarse y mantenerse a través de las confrontaciones y conflictos sociales. Estas, a su vez, están determinadas por condiciones externas e internas ¡muy complejas.

Ello está relacionado con el hecho de que la regulación de las relacio- nes capitalistas de clase ha sido posible sólo en base ala delimitación hacia afuera y, ligada a ésta, la creación de una manera de percibir los intereses “nacionales” más allá de las clases (Beaud, 1987, 46). La frage mentación estatal-nacional de la “sociedad mundial” fundamenta —trans- versal a los antagonismos de las clases- intereses coincidentes que consti- tuyen la base de todo duradero “equilibrio de clases” político-social. Los Estados nacionales no son simplemente “instrumentos” en manos de par- tes de la burguesía global en pos del aseguramiento de ventajas competi- tivas (como en Wallerstein), sino también expresión de las coaliciones transclasistas vinculadas a ellos. Es en general válido que la organización política estatal-nacional descansa en vinculaciones y disociaciones de cla- se, a escala global, y que al mismo tiempo las consolida.

La pluralidad de los Estados singulares es por lo('tanto expresión de la competencia y lucha de clases y constituye en esa medida un rasgo estruc- tural fundamental del capitalismo (Dabat, 199], 12 ss.). Ella ha permitido la creación de mercados parciales asequibles de manera diferenciada para

Cuadernos del Sin 75

trabajadores y empresas, y hace posible que el capital, ilimitadamente móvil, opere dentro del contexto político-social de regulación estatal-nacional y al mismo tiempo saque provecho de la competencia entre ellos. Dicho de manera simple, el capital global se beneficia estructuralmente de la “com- petencia nacional por el posicionamiento” Esta competencia, por otra parte, cimenta las estructuras sociales de alianza y compromiso que carac- terizan un modo de regulación nacional. Ello da lugar también a conjetu- rar, que el proceso global de acumulación depende de la existencia de modos de regulación y acumulación “nacionales” diferentes y al mismo tiempo articulados entre Vsí. El proceso de acumulación a escala mundial no está ni antepuesto ni subordinado al Estado nacional: antes bien, la acumulación “global” y la "nacional" constituyen una unidad compleja y contradictoria.

III En tanto el proceso de crisis y reorganización del capitalismo global, tras el fin del fordismo, persista, la estructura y la función del Estado también estarán sujetas a transformaciones significativas. Si bien “el” Estado capi- talista se caracteriza por una serie de rasgos generales e invariables, "sin embargo en el curso de su desarrollo histórico adopta formas diferencia- das, con las cuales se transforman también las condiciones para la acción política de manera bastante fundamental. Algo indica que el “Estado de seguridad”, característico de la fase fordista del capitalismo derivará en un nuevo tipo, que podría denominarse como “Estado nacional competitivo”

Fundamento de este desarrollo es la veloz globalización de la relación de capital. De ello forma parte no sólo la afirmación mundial del capitalismo tras el derrumbe del socialismo de Estado, sino también, y sobre todo. la progresiva liberalización de los mercados de mercancías, financieros y de capital y la “flexibilización” del espacio de la producción. Nunca el capital desconoció fronteras nacionales como ahora. Por último es decisivo, que con la crisis del fordismo también la posición hegemónica de los Estados Unidos empieza a desmoronarse. Su relativa decadencia económica y el ascenso de Estados competitivos en Europa y Asia sudoriental ha produci- do una relativa pluralización del capitalismo global y, no en último térmi- no, ha acarreado tras de la quiebra de una regulación internacional de la economía mundial más o menos estable.

El significado de los Estados nacionales, como así también el espacio de acción y las metas de la política económica y social “nacional” han sido considerablemente modificadas a través de este proceso, lo cual encuen-

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tra su expresión ideológico-programática en el neoliberalismo reinante. Si el fordismo se caracterizaba todavía, al menos en los centros capitalis- tas, por la existencia de espacios de economías nacionales relativamente homogéneas y por un alto grado de regulación estatal-nacional de las es- tructuras y los procesos económico-sociales, esto se ha modificado entre tanto de manera decisiva. Lo más evidente es que los gobiernos naciona- les han perdido en gran parte el control sobre el tipo de cambio y la política monetaria. Condicionada de manera cada-vez más directa por los movimientos globales de capital, ¿la política económica y social nacional se encuentra bajo la creciente presión de optimar su “posicionamiento” en la competencia. internacional respecto a las condiciones de valorización. Es bien conocido lo que esto significa: adelgazamiento del Estado social, “flexibilización” del trabajo asalariado, privatización y desregulación, minimalización de los estándares ecológicos.

Con ello se configura una forma de Estado que se encuentra en claro contraste con el “Estado de scguridad” fordista, a pesar de las muchas diferencias entre las naciones, éste se caracterizaba tendencialmente por una institucionalización burocrática del conflicto de clases (estructuras regulatorias de negociación entre las fuerzas sociales, “concertación”) y por un extenso control estatal de los procesos económicos y sociales (una política integradora en lo social, el ingreso y el empleo). El Estado actua- ba, o al menos pretendía hacerlo, como organizadorde la sociedad ente- ra: la individualización en el mercado capitalista debía ser superada por medios burocráticos; la política de integración, sustentada en “partidos populares” reformistas y sindicatos fuertes apuntaba a un amplio “centro” que “.trascienda” las clases. Frente a este bloque corporativo, los grupos sociales excluidos difícilmente eran capaces de una expresión política, podían ser atendidos en cierta medida por el Estado social y eran por ello fácilmente mantenidos bajo control. Los principios fundamentales del modelo de integración dominante eran una política estatal de distribu- ción, basada en un crecimiento continuo, la uniformación y la normación burocrática. El concepto “Estado de seguridad” poseía en consecuencia un significado de doble sentido: una política de seguridad material, pretendidamente abarcativa, se asociaba —apoyado en partidos y sindica- tos estatizados, y flanqueada asimismo por aparatos estatales de vigilancia y represión- con estrategias políticas de prevención y control, igualmen- te extensas. La garantía de “normalidad” frente a la “disidencia” política y social era el principio autoritario dominante de la estabilización social, que se apoyaba en un consenso relativamente amplio. Actualmente que-

Cuademos del Sur 77

da en claro, sin embargo, que esta forma de “estatismo autoritario" (Poulantzas) era un rasgo específico del fordismo y puede adoptar una forma bastante distinta bajo otras condiciones económicas y sociales.

En cambio, el Estado competitivo “postfordista” se distingue precisa- mente por la renuncia a las estrategias de integración material abarcadoras, así como en virtud de procesos múltiples de disociación social que en parte son organizados y promovidos burocráticamente. En lugar de la normalización, estandarización e igualación burocráticas se convierten en los valores dominantes el individualismo, la diferencia y la libertad de mercado desencadenada. El Estado ha perdido, como consecuencia del proceso de globalización, una parte esencial de su instrumentario intervencionista, y el “asegurar el posicionamiento", es decir, la creación de condiciones óptimas de valorización para el capital internacional, en la competencia interestatal, se ha convertido en la máxima política princi- pal. Ello significa la supresión de las seguridades sociales, el forzamiento del proceso de disociación social y la renuncia a las estrategias abarcativas de integración de masas. El autoritarismo del Estado competitivo se ex- presa cada vez menos en el funcionamiento de un complejo aparato de control burocrático, sino en el hecho de que la “formación democrática de la voluntad soberana" (“demokratische Willembildung”) se topa cada vez más con la “lógica inmanente” de la política nacional de posicionamiento. Al mismo tiempo empieza a destruir los presupuestos equitativos del fun- cionamiento de una democracia política. La democracia controlada a tra- vés de burocracias estatales o cuasi-estatales cede ante la “despolitizada” sociedad de mercado, disfrazada de parlamentaria.

Así se quiebra el consenso de la idea de progreso y crecimiento, apun- talado por una representación burocrática de intereses, que era caracte- rístico del “Estado de seguridad” No son ya los intereses de la coalición de crecimiento dominante corporativamente negociados, los que justifi- can la política prevaleciente, sino la “lógica inmanente” de la competen- cia por un posicionamiento internacional. El- discurso de legitimación es hasta cierto punto internacionalizado: la política dominante aparece, en vistas de las ya incuestionadas presiones del mercado mundial, como carente de alternativas.

La forma de democracia del bi- o tripartidismo hasta hoy existente es cuestionada desde dos ángulos: los procesos de “formación de la voluntad soberana" a través de los partidos institucionalizados, en la medida en que se oponen a las fuerzas del mercado, marchan cada vez más en el vacío, y la base social de este “sistema de partidos populares" (“Volkspar-

78 Adoro de ¡999

teienstaat”) se desmorona. Ello y los crecientes movimientos migratorios internacionales conducen a que el significado de “pueblo” sea cada vez más dudoso. La otrora correspondencia, estabilizada autoritariamente, de “pueblo” y “gobierno” se pierde. Consecuencia de ello son la erosión de los partidos tradicionales, integradores de masas, la multiplicación del panorama partidista, la creciente abstención electoral y el tan citado “has- tío frente a los partidos“. La importancia de los partidos como organiza- dores del consenso político decae y es progresivamente asumida por una industria comercializada de los medios de Comunicación.

La estabilidad del sistema político no depende ya tanto de los esfuerzos de integración material y de los compromisos distributivos, sino que se apoya cada vez más en apelaciones popülistas a los intereses generales de la nación: contra los competidores en el mercado mundial, contra los forasteros, contra los extranjeros. Ya no son el ilimitado consumo masivo y el an-ticomunismo, sino el aseguramiento de los privilegios, el chauvinismo de bienestar, el nacionalismo y el racismo los que se convierten en las fórmulas ideológicas que deben garantizar la unidad político-social me- diante la exclusión. Esto encuentra un fundamento material en un mun- do de Estados caracterizado también a nivel internacional por desigualda- des crecientes fuertes. El resto lo proporciona el proceso de disociación social por mismo: los conflictos sociales que alguna vez fueron equili- brados de manera burocrático-corporativa a través del otorgamiento de concesiones materiales, se desplazan al terreno de lacompetencia indivi- dual en el mercado, de la criminalidad cotidiana común y política. La estabilidad política del Estado competitivo sorprendente ante las condi- ciones materiales y los desarrollos sociales, se nutre cada vez más de una politización regresiva —de la cual la radicalidad de derecha es apenas una forma algo espectacular—, el refugio en la privacidad y la apatía política.

Este funcionamiento aparentemente sin dificultades de la “democracia de baja intensidad" neoliberal descansa, no en último término, en el tre- cho de no contar más con una oposición conceptualmente competente y políticamente capaz de expresarse. Tras el derrumbe de las hegemonías socialdemócratas-reformistas, características del “Estado de seguridad” fordista, parece que el modelo político y social neoliberal ha quedado prácticamente sin alternativa. La “izquierda” no se encontraba en condi- ciones de asimilar política y teóricamente la crisis del fordismo, el de- rrumbe tanto del socialismo socialdemócrata occidental como del socia- lismo de Estado y, vinculado a él, el surgimicnto de un “orden mundial” completamente nuevo. Esta izquierda no cuenta siquiera con el punto de

Cuadernos del Sur 79

partida de una concepción política previsible acorde con las cambiantes condiciones económicas. A esto corresponde una particular orientación preponderante hacia el Estado nacional, la cual asume con mayor fre- cuencia la forma de un nacionalismo de izquierda. Mucho más se ha dis- tinguido por un proceso progresivo de dispersión y desorientación en el cual el tradicionalismo estrecho, el reformismo incapaz y el seguidismo entusiastaidesembocan en una mezcla frecuentemente singular.

La cuestión es, si el “Estado nacional competitivo" emergente, repre- senta, de hecho, una forma de regulación política que pueda conferir al capitalismo “postfordista” una relativa estabilidad y durabilidad. De tener éxito, no parece imposible que logre mantener bajo control, de manera político-burocrática, los procesos de marginalización social, es decir, con- servar un mínimo de prevención social dentro de las fragmentaciones sóciales, garantizar la calificación diferenciada y la reproducción selectiva de la fuerza de trabajo —y no en último lugar,.el control represivo de los movimientosmigratorios- y, atender, en la medida necesaria, a la política de infraestructura e industria orientada al mercado mundial.

La existencia de los estados competitivos depende esencialmente del mantenimiento de una relativa homogeneidad en las estructuras económi- cas internas y de que las sociedades no estallen completamente en pedazos. En'los centros capitalistas, a diferencia de gran parte de la periferia, existen oportunidades para esto, si se logra desarrollar, más allá del modelo mani- fiestamente deficitario del “Reaganomics” y del “Tatcherismo” un neoliberalismo estatista administrado consecuentemente. El interrogante sería, si esto rige también para Argentina.

Un problema decisivo sigue siendo, sin duda, si se establece una reguv lación política internacional del capitalismo mundial liberalizado, que no se caracterice sólo por la creciente polarización económica y social, sino también a través de una progresiva pluralización del centro, en otros tiem- pos dominado por los Estados Unidos. Tampoco esto parece completa- mente imposible. El hecho de que la supremacía económica de Estados Unidos esté debilitada, pero que detenten al mismo tiempo de manera absoluta el poder militar dominante, ha creado condiciones internaciona- les de poder, que generan una cierta presión para una cooperación inter- nacional mínima. Queda abierto, si se hace de ello el punto de partida para desarrollar una nueva hegemonía cooperativa, o si el “nuevo orden mundial” estará caracterizado esencialmente por mecanismos interestatales de competencia particularistas, conflictos políticos y militares, con las con- secuencias sociales internas correspondientes.

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El “Estado nacional competitivo" de ninguna manera es, política y so- cialmente, más atractivo que el “Estado fordista de seguridad" En mu- chos aspectos es incluso mucho más brutal, excluyente, inequitativo y antidemocrático. Al mismo tiempo, es preciso constatar que el modelo de sociedad que se perfila así, de ninguna forma carece de alternativas, aún bajo las condiciones económicas dadas. Cuáles serán los rasgos del capitalismo póstfordi’staÏ será cuestión de la relación de fuerzas sociales y de la acción política. A esto se suma que también un capitalismo, que otra vez se estabilizara a largo plazo, representaría estructuralmente un pro- grama de catástrofes Sociales, económicas, ecológicas a escala global; Hay pues suficientes razones para diseñar conceptospolíticos alternativos. Tal vez, el cambio social brusco implica también .íla oportunidad para una “nueva izquierda”, siempre'y cuando se desechen numerosos lastres polí- ticos y teóricos, y se logre, más allá de las discusiones empantanadas del “socialismo”, reformular y concretar los principios-de unapolítica profun- damente emancipadora y democrática. Que actualmente no se perciba mucho de esto, en todo el mundo, no necesariamente .d'ebe conducir a la resignación. De vez en cuando, es preciso derrumbar lo. viejo para-que lo nueVo pueda nacer. _

(Desgrabación de la conferencia dada en [a ciudad de Córdoba, 1998.)

Cuadernos del Sur 81

conünúa

¿lrquo de ¡999

El mercado mundial

como campo de operaciones o del Estado nacional soberano al Estado nacronal de competenc1a*

Elmar Altvater

ace aproximadamente 500 años, al mismo tiempo que los “descubrimientos” y las conquistas, surgieron los moder- nos Estados nacionales' y el sistema mundo capitalista. La “racionalidad europea del dominio del mundo” emprendió marcha triunfal de destrucción en contra de las racionalidades competidoras y las culturas de otros continentes. Nacionalidad, globalidad y racio- nalidad son tres lados del conjunto del modelo de desarrollo capitalista. Los defen- sores de la soberanía (desde Bodin en el siglo XVI hasta la escuela realista de la teoría de las relaciones internacionales hasta nuestros días) construyeron su obje- to, en primer término, a partir de que los Estados se relacionaron recíprocamente como Estados nacionales (en plural) en el interior del gran “sistema mundo”. La soberanía en tanto característica de cada Estado nacional moderno (en singular), se definió hacia den tro y hacia afuera y también como el poder de establecer fronteras y así lograr un espacio de dominio soberano para mantener el orden. Desde finales del “largo siglo XVI" ( Braudel, 1986) al emergente “orden Occiden- tal" (Miller, ¡994) esto pudo funcionar de acuerdo con la regla: agus regio, gus reb'gro. Los Estados nacionales eran los dmmatispmsonae que podían conectar, en el orden económico global de las fronteras perdidas, a los inocentes ciudadanos terrenales o a los cosmopolitas ciudadanos con el uniforme nacional de los corres- pondientes ciudadanos estatales. Durante la implantación y defensa política de las fronteras a través de la puesta en escena del poder estatal hacia dentro y hacia afuera, tomaron cuerpo los prin-

* Publicado originalmente en PROHJ. :rílrchn/ljih A-risrcllr .S‘ogiulu'irsem-hufl. [-Ie/l'. 97. 24,_[g. 1994. Nr 4, pp 5 l 7-547. lil-escrito corresponde a una reelaboración de una serie de conferencias que el autor dictó en la L niversidad de Brasilia, Belo Horizante y l’orto Alegre, en septiembre de |994,

(Irun/ernus {/e/ Su) 83

cipios económicos del mercado y de la economía del dinero sin fi'onteras de tiem- po y espacio. La acumulación de capital no se detiene nunca ni en el tiempo ni en el espacio.

Bajo las tendencias efectivas y excluyentes hacia la unificación del sistema inter- nacional por un lado y hacia su fragmentación por el otro, fue esta última, a fin de cuentas, la que ganó supremacía. El Estado nacional ya no apareció positivamente como ámbito protector de una identidad nacional desde la cual el soberano, es decir, en última instancia el pueblo, dotaba al Estado y a sus órganos representativos de poder soberano hacia el exterior frente a otros Estados nacionales en el sistema internacional; antes bien, ese Estado-apareció como una barrera negativa de las cuatro libertades (de comercio, de tráfico de capital, de servicios y de migración) y, con ello, como expresión del dominio ilimitado del capitalismo general.

La disipación de lo político en la “geoeconomía”

La más evidente transformación que se ha efectuado desde principios de los años sesenta es la “muerte”, si bien no del Estado con su sistema de instituciones reguladoras y represivas, en cambio del Estado nacional, es decir, de cada unidad del sistema de relaciones internacionales que dispone y ordena, sobre la socializada y comunitarizada soberanía territorial, los marcos normativos como pragmáticos para las acciones. y los reconocimientos recíprocos de pertenencia en los que se inscriben los ciudadanos.

La pérdida del carácter positivo de la estatalidad nacional y el “aprisionamiemto de la economía mundial” es probablemente menos evidente en los grandes Esta- dos. territoriales como Canadá, Estados Unidos, Brasil y Rusia. Empero, esa ten- dencia avanza de una manera más clara y de un modo notablemente paradójico en el contexto europeo y en los países más pequeños del orbe. El Estado no desapa- rece con la erosión de su carácter nacional ni se debilitan las invocaciones a lo nacional. Se efectúa más bien una transformación del Estado nacional soberano: en el curso de la abarcante internacionalización y globalización de la economía llega a, perderse el Estado nacional como dominación monopólica sobre un espa- cio territorial en lo que respecta al modo tradicional de unidad nacional soberana y también en cuanto a su capacidad para la delimitación espacial y temporal inter- na y externa.

Aunque el espada territorial ya no está fundado en la unidad soberana, perma- nece el “espacio funcional” de la hegemonía nacional, el cual se reorganiza ahora como un “nuevo Estado comercial” o como un “Estado nacional de competen- cia". Con esto, nos enfrentamos de nuevo con la vieja y conocida diferenciación entre países industrializados y países desarrollados.

Hacia el final de los ochenta, después de concluido el conflicto sistémico, se

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'esarrolló un proceso de tránsito de la Ge0política a la «Geoeconomía» (Edward l ttvak). El Estado nacional político pierde significado mientras aumentan las reas económicas del Estado en la geoeconomía supraestatal.

En esta arena sólo pueden participar los países que han exduido la guerra entre ‘ï los y aspiran, a través de la competencia internacional, a mayores posibilidades _ - obtener puestos de trabajo altamente calificados en las industrias de alta tecno- ogía y en la exigente rama de los servicios. En el interior de la competencia global, I. os Estados definen espacios paraobtener una ventaja comparativa contra los ,tros actores nacionales estatales.

y El sistema de coordinación de influencias estatales ya no se da a travésde los -‘ Spacios-nacionales sino por med-io del mercado mundial. Las condiciones de , "da ya están dadas. Plazas de trabajo altamente calificadas en la industria de alta -_- cnología constituyen la única perspectiva para los países con un mínimo de s uipamiento fabril. Las fronteras del campo de operaciones estatales ya no están J a elimitadas ni defendidas a través de actos políticos soberanos.

El tránsito hacia el Estado nacional de competencia de la nueva geoeconomía, ise revela con especial claridad si se describen las situaciones de salida. Las profiin- jdidad de los cambios se muestra mejor si se investigan los tres grandes proyectos )de desarrollo nacional estatal organizados en-este siglo (la planificación en el “ca- jpitalismo avanzado”, en el “capitalismo atrasado” y la “planificación en el socialis- imo”), porque el Estado nación como sujeto dela planificación dentro del espacio geoeconómico ha efectuado un profundo cambio de función.

’En el Este. . .

El propio desquebrajamiento del socialismo real en los países de Europa del Este se explica más por la pérdida de la capacidad del gobierno estatal nacional en los procesos sociales y económicos que por una pretendida limitación de las acciones electivas individuales debida al funcionamiento social y económico de una “socie- dad -socialista”. Paradójicamente el socialismo político siempre es interpretado desde unaperspectiva internacional plasmada en la meta de la revolución mundial de Lenin y Trotsky; pero luego, el aislamiento internacional de la implantación stalinista del “socialismo en un solo país" implicó la renuncia a aquella meta y la construcción del “Estado socialista nacional” Una contradicción en misma. La invocación del “sistema de competencia” ya desde los años veinte en la Unión Soviética y luego renovada durante los años cincuenta, se mostró como modo de salida de una trampa autoimpuesta. La presentación de un “sistema de economía socialista” como resultado de tendencias objetivas hacia la cada vez más fuerte internacionalización de la vida económica y del desarrollo dela división intema- cional socialista del trabajo ha sido clesmentida por la historia.

Cuadernos del Sur 85

La planificación central desde 1928 (después de los tempranos intentos bajo eli: Caspian) y de la estatización/expropiación de los propietarios privados de tierras": (el aniquilamiento de los lada/cr) se encontraban a medio camino cuando estalló lar; gran crisis en los países capitalistas. El mercado mundial- se dirigía a la gran banca? rrota y en algunos países europeos, sobre todo en Alemania, se destruía el sistemas. democrático. En medio de la crisis social el nacionalsocialismo pudo ¿“tomar eli poder" y con ello, igualmente, revisar de manera agresiva las fronteras del “pueblo-<- sin espacio”. Probablemente fue sólo una contingencia histórica Ala-coincidencia? entre el tránsito hacia la planificación estatal socialista, la crisis del mercado munr dial capitalista y la agresividad nacionalsocialista.

Ciertamente, muchos intelectuales y políticos no comunistas en todo el mu ndo) estuvieron profiindamente irnpresionados e influidos por la alternativa soviética, el movimiento comunista y la simultánea sacudida del sistema de mercado por la crisis. El propio Keynes alertó explícitamente en el último capítulo de la General 77ze001... sobre el peligro que veía en la simultaneidad de una Rusia exitosa y un capitalismo en crisis con desempleo masivo. De ahí provenía la fundamentación política de una política anticíclica de pleno empleo. Simultáneamente, el New Deal de Roosevelt presentaba una respuesta estadounidense al desafío soviético y plan- teaba las tendencias de una intervención externa en la lógica del modo de regula- ción fordista (producción masiva más consumo masivo), cuyo impulso se extendió hasta después de la segunda guerra mundial.

El sistema planificado soviético con su monopolio del comercio exterior, no era sino un primer modelo, recto y eficiente, de industrialización en el espacio nacional con sustitución de importaciones, pero con una disociación consciente respecto del mercado mundial capitalista.- Exactarnente en eso —altas tasas de crecimiemo econó- mico, pleno empleo, seguridad social, justicia distributiva- consistió durante mucho tiempo lo atractivo del modelo que, sin embargo, perdería, como consecuencia de las cambiantes condiciones económicas mundiales y de las ventajas pmporcionadasa los demás países por el mercado mundial abierto. Los estándares en el “fordismo medio” de los países del socialismo real fueron pretendidos por el “fordismo completo” de las sociedades industrializadas de Occidente y no pudieron ser alcanzados en el aisla- miento nacional pese a los enormes esfirerzos propagandísticos de las diligencias de los partidos y del Estado.

Cuando la apertura hacia el mercado mundial fue inevitable ya no podía ser sostenido el proyecto del socialismo nacional. Sin embargo, la revolución mundial, sobre la que se orientó el proyecto original seguía tan distante como antes. Con la disolución del espacio nacional se perdió la razón de ser de la planeación centrali- zada en los países sócialistas. La planeación económica, al igual que la administra- ción política resultaron sencillamente “irracionales”; ya no resultó comprensible

r

86 ¿"l/lavo de 1999

parala gente, sobre todo de cara a la realidad del mercado mundial, el hecho de que, comparativamente. era más fácil para otros obtener estándares de vida y de productividad semejantes; 'a esto se agregaba la evidente ineficiencia del trabajo pese a la campaña permanente de productividad.

Los partidos y el Estado nacional fueron finalmente incapaces de superar la mentalidad y la estrechezdde miras cuandoello se hacíamás necesario, con el advenimiento dela globalización económica y la apertura política. El destino es conocido: quien llega tarde lo castiga la vida.

En Occidente. . .

Pero también en Occidente el mercado mundial se muestra más fuerte que los pro- yectos nacional estatales de regulación política. Es ya un lugar común la frecuente- mente analizada “crisis del keynesianismo” que se desencadenó cuando en los países industrializados de Occidente se perdió el control intervencionista estatal que ha- bían necesitado antes: con la-Crisis económica de mediados de los años setenta retornó el desempleo masivo que se creía superado. Sin embargo, ahora en vez de que se implantara el instrumento anticíclico keynesiano de crecimiento de la deman- da efectiva, se dejó que los propios gobiernos socialdemócratas (por ejemplo, en Alemania Federal) se encargaran de la “contrarrevolución neoliberal", como Milton Friedman designó ala marcha triunfal inicial del monetarismo y a la doctrina neoclásica. El Bundesbank ya antes había abolido la política monetaria keynesiana y se dirigió hacia el control de la cantidad de dinero.

las razones para el fin del keynesianismo son múltiples y variadas: van desde las transformaciones y el acrecentamiento del capital fijo en los lugares de trabajo hasta la erosión del “compromiso keynesiano de clases” y la cultura del trabajo refbrmista y socialdemócrata; desde la lucha entre el monetarismo y el keynesianismo en la dencia empresarial hasta la comprobación sinrplificada pero sólidamente funda-mentada de que el sujeto de la regulación keynesiana, el Estado nacional, debía ser repensado en vista de la globalización acelerada de los procesos econó- micos; esto significaba la comprobación de “la nruerte”-del. Estado como Estado nacional interventor. Luego dela capitulación del sistema de Bretton-Woods al principio de los años setenta, ya no había fronteras monetarias seguras frente al impetuoso poder del mercado financiero internacional; tampoco había curso cambiario fijo y, entonces, caducó el control estatal nacional de la fijación de los intereses a través del Banco Central.

A principios de los años ochenta fracasaron en Francia los intentos de la iz- quierda bajo Mitterrand de darle a la integración de Europa una expansión políti- ca nacional estatal en contra del flujo global financiero mediante un sistema mone- tario europeo en marzo de 1979. El último programa keynesiano de este siglo en

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Europa occidental fue sepultado sin rituales. Los “hoyos” de las fronteras nacio- nales eran demasiado grandes y la soberanía económica-política muy magra, cuan- do los efectos de los programas se concentraron sobre Francia: los gastos estatales franceses fiieron eficientes como poder de compra en la vecina Alemania.

Los programas keynesianos posteriores a la gran crisis de los años treinta, es decir, una política dineraria del poderoso Banco Central que podía regular los intereses y una política fiscal activa del biggorerment, se agotaron en la década de los setenta. Primero, durante el mandato de. Reagan avanzó en los Estados Unidos un keynesianismo perverso de “aumento del déficit vía gasto militar”, por supuesto sin tomar las medidas adicionales en infi'aestructura y calificación del trabajo que hubieran permitido alcanzar las plazas calificadas de empleo.

Keynes fue quizá el último gran representante de una “economía nacional". En la crisis de los treinta pugnó por una “autosuficiencia nacional” y, en consecuencia, por una política moderada de autarquía; con ello, también pensó que la fijación de las tasas de interés era una expresión irrenunciable de la soberanía nacional. Tam- bién simpatizaba más “con aquellos que minimizaban que con aquellos que maximizaban" las relaciones económicas entre las naciones. Y acorrsejaba: dejar que los bienes sean hechos de manera sencilla allí donde sea razonable y conve- nientemente posible; y sobre todo, dejar que las finanzas sean primordialmente nacionales.

Hoy han perdido los Estados nacionales la “soberanía de los intereses" en los mercados financieros globales. Si la rentabilidad del capital no es suficientemente grande para el aumento de las inversiones que estimulen la ocupación, ya no pueden reducirse los intereses, como Keynes propuso, através de una política monetaria expansiva del Banco Central y de la política fiscal de un biggom‘menl. Bajo condiciones de convertibilidad monetaria y curso cambiario flexible los inte- reses están predeterminados por el mercado internacional. Los márgenes en los que pueden ser influidos son escasos, pues están definidos por la fuga de capitales y por los movimientos del curso cambiario. El capital es un “tímido venado" y huye de los lugares feos donde domine la represión financiera. El lenguaje de los teóri- cos de las finanzas es abierto y honesto. Hay libertad solamente allí donde la regulación soberana estatal ¡racional ha cedido el cetro al soberano mercado fi- nanciero global y desregulado.

Tanrbién se ha erosionado la determinación ¡racional estatal de los salarios en vista de la globalización económica. A principios de siglo la política keynesiana del pleno empleo protegió, en muchos Estados europeos, el espacio de las reglamenta- ciones sociales y el moderno sistema de “relaciones industriales" e, igualmente, la regulación del salario y de las relaciones de trabajo. El salario se determinaba en negociaciones incluso por encima del mercado laboral (autonomía tarifirria), esto es,

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dependiente del. gobierno y del Banco Central y fuera del alcance del mercado de bienes y de finanzas. Por añadidura, el salario contenía, desde la primera guerra mundial, una parte de salario social que era regulado por criterios estatal sociales y políticos y no por las leyes económicas del mercado: “living wage” en Inglaterra, "politischer Lohn" en Alemania. En esto consistió la “desconfiguración” de la eco- nomía en un espacio de regulación social, esto es, en el ámbito de competencia del Estado nacional social regulado. De este modo podían ser establecidos los “dere- chos ciudadanos industriales”

Para los sindicatos el Estado nacional social interventor fine un campo seguro y mlculable para la organización activa, sobre todo cuando esas organizaciones esta- ban protegidas por los derechos de cogestión, El Estado social ciertamente era, al igual-que el Estado interventor-keynesiano,esencialmente un Estado nacional, y no fue casual que entrara en crisis en vista de la globalización económica. Evidentemen- te es dificil concebir una transformación estatal nacional del Estado social si se disuelve el Estado nación en un Estado nacional de competencia cuyo campo de operadones es el mercado mundial y cuyo programa político da la más alta prioridad a la competencia internacional .y no al empleo ni a los intereses sociales.

Un Estado social global o macrorregional, como plantea el proyecto del refor- mismo global, es tan utópico como una revolución mundial.

En el sur...

En los' países del así IlamadoTercer Mundo se pusieron en marcha un Estado de desarrollo y una estrategia de sustitución de importaciones. No les quedaba de Otra, pues el flujo de mercancías sobre el mercado mundial de los años treinta corríapor un angosto riachuelo, se restringió y se había desmembrado; además los créditos se detuvieron hasta casi quedar suspendidos.

La estrategia. de sustitución de importaciones fue un aceptable proyecto de desarrollo que, por supuesto, estaba ligado a condiciones muy especiales, que, en los decenios-posterioresa la guerra, se erosionaron paulatinamente.

La condición más importante de la estrategia de sustitución de importaciones fue la ruptura del mercado mundial y, con ello, la momentánea desaparición de la fuerza objetiva que ejercían. los países desarrollados y las empresas. Cuando un país pasa por esa situación, ya no se impOrtan los bienes industriales y ese país se puede sustraer a los efectos de lo que Singer y Prebisch llamaron “deterioro de los términos de intercambio”

En segundo lugar estaba el bajo nivel de urbanización de estos países, a ta-l grado que una buena'parte de la población podía encontrar su subsistencia de la tierra si, a consecuencia de la industrialización, la fuerza de trabajo era liberada.

En tercerlugar, también era bajo-el grado de industrialización de cada fase

Cuadernos del Su; 89

productiva, y sobre un nivel técnico que n'o exigía ninguna importación tecnológi- ca significativa, para realizar una ganancia o un aumento de la productividad.

En cuarto lugar, la-industrialización por sustitución de importaciones fue un proyecto político voluntarista y cargado de populismo en contra de las fuerzas económicas.

En las grandes figuras del viejo populismo latinoamericano, Getulio Vargas en Brasil, Lázaro Cárdenas en México,juan Domingo Perón en Argentina y otros “caudillos” en Latinoamérica, ese proyecto se asumió como proyecto estatal na- cional de modernización y también como expresión de la realización de la sobera- nía política. Parece ser una regla que el proyecto de sustitución de importaciones requirió de Estados nacionales autoritarios que movilizaron a la sociedad en los esfuerzos de modernización. El pacto populista pudo armonizar el ámbito del Estado y de las clases económicamente superiores con una parte de las masas urbanas y las masas campesinas.

El Estado de desarrollo en el Tercer Mundo coincidió, en muchos casos, con el proceso de construcción de la nación vía los procesos de liberación nacional del exterior, la mayoría de las veces del dominio colonial. Los nuevos Estados nacio- nales se forjaron siempre con el propósito de la autodeterminación y en muchos casos también de la no alineación, sobre todo durante la guerra fría.

El Estado de desarrollo nacional es el proyecto de la “Era Bandung"2 que, después de 1955 se propuso recuperar las bases económicas de la soberanía na- cional a más tardar en la década de los setenta, cuando todos los países del Tercer Mundo intentaron lograr la modernización nacional estatal a través del acceso a las fuentes del mercado monetario mundial para financiarlo. Con el dinero del mercado mundial tuvieron que adaptarse alos estándares de productividad, con- sumo, etcétera, sin poder posponer plazos. La aún no resuelta crisis de la deuda es una expresión elocuente del fracaso del Estado nacional'de desarrollo.

Menos Estado social y más mercado. Se trata una vez más dela. .. “Teoría del Estado [...] El concepto keynesiano de planeación económica se basó en la identificación del Estado con la sociedad como un todo. las acciones del gobierno con la voluntad general. Para este pensamiento, el gobierno es esencial- mente un instrumento neutral que puede usarse para promover los intereses pú- blicos, de la comunidad... Entonces, [el Estado es] cada totalidad indiferenciacla de los habitantes de un país dado, 'Ios cuales construyen la sociedad en el ámbito liberal.“ (Balan)

Con el carácter nacional del Estado también está en peligro el proyecto de la constitución nacional y social estatal de la sociedad. Y ello porque la capacidad del Estado social para la satisfacción de sus clientes depende de la capacidad del

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Estado nacional" para la conducción keynesiana de la política económica. La garan- tía de pleno empleo del keynesianismo era un presupuesto de la estabilidad de los serviciossocial estatales, proporcionaba un. sentido histórico a la centralidad del trabajo del Estado social e integraba el Estado nacional, el Estado interventor y el Estado social en un potente conjunto regulatorio dentro de las fronteras del espa- cio nacional, protegiéndole'de las tendencias negativas del mercado mundial.

El Estado social dio expresión- a las aspiraciones de los no privilegiados, las clases trabajadoras, de no ser tratados meramente como factores de la producción en el mercado laboral, sino como ciudadanos en la arena política del Estado nacio- nal. La democracia de los que pertenecen a la nación (de los ciudadanos actuales y potenciales) ofreció un espacio necesario para subrayar esa pertenencia ahora con derechos sociales. Por supuesto, esto es válido sobre todo para la fuerza de trabajo masculina y no tanto para las mujeres, cuyo trabajo reproductor y sostenedor de la casa no cuenta como trabajo asalariado. Ellas quedaron excluidas por mucho tiempo de las gratificaciones socioestatales, en parte, todavía hoy.

Con el Estado nacional también se disuelve el Estado social- en un espacio global. Las “fuerzas objetivas” de la capacidad de competencia dejan expuestos a los Estados nacionales a la amenaza de la competencia “más barata”, y ello presio- na para (el-adelgazamiento necesario de las prestaciones sociales.

Paradójicamente‘en lostiempos de'ldesempleo masivo y de la crisis monetaria del Estado social, la nacionalidad. se torna importante, pues la no identidad de los ciudadanos-(miembros del Estado), de los sujetos económicos y de los sujetos sociales, es tomada como motivo par-a marcar nuevos límites en el Estado social y en el mercado de trabajo. Todos se esfuerzan por permanecer'dentro de la arena disminuida de la distribución y esto se logra a través del recurso a la nacionalidad, cuanto otros criterios de distinción desaparecen a consecüenciade la globalización.

El Estado "social se conVertirá en un bastión del chauvinismo de bienestar ——si no hay fuerzas que Contrarresten esta tendencia—, basado en una nacionalidad política" que constituye privilegios que son constantementenegados por la globalidad económica y la movilidad social transnacional. De esta manera, el Estado sociales utilizado para defender intereses de una clientelanacionalmente definida. Los ciudadanos socioestatales de otras naciones quedan excluidos. El Estado social, de ser idealmente Un vehículo histórico para la inclusión de todos los sereshuma- nos que'son' excluidos por los mecanismosdel mercado, se convierte ahora, el mismo, en un instrumento de-exclusión al colaborar en la recreación y reproduc- ción de la pérdida de los derechos estatal-nacionales yciudadanos.

Siseerosiona el poder de la política para implantar límites se transforma el concepto y la realidad del ciudadano. Las posibilidades de participación en el proceso político de decisiones son formalizadas a todos los niveles y con ello, al

C nadamas del Sur 9]

mismo tiempo, se vacían (le contenido. Por un lado esas posibilidades de participa- ción se extienden pues las fronteras nacionales pierden significado y se fortalecen los contactos internacionales de la sociedad civil y de las redes civiles debido al desarrollo de los medios de comunicación y de las posibilidades de transporte. Empero, por otro lado, el mismo proceso también las reduce. Las capacidades de intervención en los procesos económicos de las instancias políticas —en un senti- do amplio— disminuyen. Las posibilidades de participación formal tan sólo fragmentariamente se pueden transformar en una participación material. Si en lugar del discurso político económicamente relevante se encuentran los puros mecanismos económicos del mercado (las famosas fuerzas objetivas de la compe- tencia), se ridiculiza el deseo de participación y se vacía el intento de un llenado material. Las fuerzas abstractas objetivas a menudo se concretan y personifican en la figura del enemigo en la guerra económica mundial y en la acre'figura de la injusta competencia. Pero todo esto no es más que un conjunto de legitimadones para el desmantelamiento del Estado social, porque al Estado nacional se le obs- truyen las alternativas políticas en el espacio global.

Mercado y democracia Este es el punto en el que aparece como resuelto el problema de la legitimación que ocupa un lugar central en la teoría del Estado: por un lado el Estado puede despo- jarse de las fuerzas legitimadoras mediante su remisión a las fuerzas económicas objetivas y a la competencia del mercado mundial, como Habermas sostiene de modo tan elocuente. Por otro lado, sin embargo, regresa al centro de la discusión la cuestión de la relación en tre el mercado y la democracia. Los neoliberales de todo el mundo consideran esta pregunta esencialmente respondida, pues para ellos el proceso político debe imitar los hechos del mercado. Así como los consu- midores ejercen su soberanía de consumo en el mercado, los ciudadanos ejercen su soberanía estatal en el mercado político. E inversamente: el mercado no es otra cosa que una “democracia-dólar-papeleta de voto", como Paul A. Samuelson ha introducido en las cabezas de generaciones enteras de estudiantes de economía con su libro de texto ampliamente distribuido.

Realmente esa explicación de lacompatibilidad del mercado y la democracia no es satisfactoria. Las razones ya se han dado en parte por lo expuesto hasta aquí:

Barrera. La economía y la política siguen lógicas diferentes —debido a la limita- ción propia de la política frente a lo ilimitado del mercado- y muy dificilmente pueden ser regulados a través de los mismos mecanismos (la racionalidad procedimental del mercado). Con la homologación dela democracia respecto del mercado se disuelve la especificidad de lo político que consiste precisamente en la fuerza para implantar límites en el espacio y en el tiempo y también en participa-

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ción política proyectiva y social de los individuos sociales. El principio individua- lista de la regulación del mercado y la regla de mayoría de la democracia son tan incompatibles como el fuego y el agua.

Segzmdo. El mercado es un asunto cuya extrema complejidad impide aplicarlo a otros-ámbitos de la vida social como un mecanismo adecuado de coordinación. Quien habla hoy de “mercado” debe hablar del mercado mundial y sobre todo del mercado mundial del dinero, pues también a los actores del mercado le son irn- puestas las restricciones del dinero para estimular su mayor rendimiento. Las restricciones del dinero están inscritas en su naturaleza social y en las formas pues, paradójicamente, encuentran su expresión a nivel de la economía mundial en las instituciones políticas como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y también en las condiciones impuestas a los países través de los programas de ajuste estructural. Esto significa un ajuste a las condiciones del mercado mundial que por mismas están ubicadas fuera del horizonte de creación de la política.

'IErcem. Las relaciones de dinero son principalmente relaciones contractuales que necesitan una regulación jurídial a través de una instancia independiente que no es ella misma parte del contrato. Ese es el papel que los neoliberales le adjudi- can al Estado al hablar de la “política de ordenación”. Para Eucken, la política monetaria y la política de seguridad de la estabilidad del valor monetario son el núcleo o primado de la política de ordenación; la protección de un sistema» de precios capaz de funcionar es el principio básico de la constitución legal de la economía. Además, las relaciones contractuales y monetarias contienen, como mostró Emile Durkheim, elementos extracontractuales (y con ello también extraeoonómicos mercantiles), cuyas realizaciones para la funcionalidad y eficacia del mercado y dela economía monetaria son imprescindibles. Ellas dependen, sin embargo, de la competencia en el interior de la sociedad civil y de la fuerza socia- lizada de sus individuos como participantes en el mercado, y, además, de los acce- sos a informaciones y de la confianza y las relaciones recíprocas. Todas estas relacionesestán veladas en la teoría económica del mercado; la “mano invisible” es tan invisibleque nadie se cuestiona o explora su anatomía.

Se trata de un problema bien conocido en las Ciencias Sociales: el de la estruc- tura y la acción. ¿Cómo se crean los precios si todos los agentes del mercado se comportan aceptándolos, como supone el modelo de la competencia completa? ¿Cómo se puede llegar a decisiones individuales independientes, si todos los parti- cipantes en el mercado usan el ambiente natural y social común y cambian respec- tivamente a través de la creación de externalidades (positivas, pero. la mayoría de las veces, negativamente), si ellos están ligados extracontractualmente (a través de un idioma, de costumbres y de prácticas culturales) que crecen con la misma levadura social? Donde no hay decisiones independientes es dudoso el supuesto

Cuadernos del Sur 93

básico de individuos autónomos y la celebración de contratos libres. Esos indivi- duos se encuentran ya en relaciones que necesitan no de una legalidad privada sino de una regulación público política.

¿Cómo surge en la práctica el equilibrio, que es la categoría clave (el punto de referencia) de la teoría del mercado, si ningún participante en el mercado aspira al equilibrio sino a las máximas ganancias y a la mayor satisfacción de sus necesida- des? ¿Es imaginable la “competencia perfecta" con su elección racional de subasta, como cálculo perfecto, sólo como un juego de observadores externos que mane- jan a los agentes del mercado como sus marionetas, pero no como un juego de los agentes del mercado mismo? Por lo demás ¿cómo surge un mercado en elque todos participan pero en el que nadie “actúa”? Esta es la pregunta alos “mar/ref mmkm” que es de un eminente significado par-a las economías en transformación de Europa del Este.

La mercantilización de lo político es en tonces dudosa. El mercado es una insti- tución social bastante misteriosa o, en todo caso, no especialmente transparente. Quien conoce la exposición de Marx sobre el fetichismo de la mercancía y el dinero, no puede sorprenderse. Por eso no se necesita debatir nuevamente acerca de las deficiencias del mercado para cuestionar-la homologación del mercado con la democracia o a la suposición simplista de su equivalencia procedimental.

En el discurso de la economía de mercado se extravía la determinación de la existencia de lo político y de la política en un eje específico y bien definido. La economía de mercado disuelve el tiempo histórico y crea un tiempo lógico de tipo fiscalista. Cada Estado nacional surgió en algún momento y en algún otro momento desaparecerá. Entre esos dos momentos hay una gran distancia durante la cual la sociedad, la cultura y el Estado atraviesan por muchos cambios. El pasado es rele- vante para la memoria, la acción y la conciencia sociales; es tan importante como “proyecto de futuro”, que es presupuesto para la posible formación de los deseos, las necesidades y las utopías de los ciudadanos que sobre ello permanentemente desarrollan un discurso conflictivo. La mercantilización de la política provoca el olvido del pasado y la pérdida del futuro como proyecto. El futuro tiene poco valor para el presente o es su simple extrapolación. Y así el presente es deshistorizado en un tiempo indefinido.

La justicia como criterio en el discurso puro del mercado no ha perdido nada; en los códigos binarios del sistema de mercado faltan sencillamente las palabras comunicativas. El moderno “Estado mínimo" (Nozick) perdió lo simpático —que argumentaron los liberales clásicos— en el proyecto neoliberal dominante.

Hoy en día la sociedad civil no se basta a misma; ella es la sociedad de merca- do que se somete al criterio de la eficiencia y deja poco espacio para la propia sociedad civil. Luego de las experiencias de la primera mitad de este siglo en el que

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sociedades se habían mantenido unidas y comprimidas a través de los Estados nacionales autoritarios, es comprensible la tendencia ideológica hacia el Estado mínimo. Pero la sociedad requiere un lugar y una institución para la creación y la socialización común no mediada por el mercado; requiere la pluralidad de puntos de referencia, muchas posibilidades de orientación y perspectivas. Este es el au- téntico núcleo de la teoría comurritar‘ista, por supuesto con el cuestionamiento adicional de si esto se puede encontrar en otros proyectos teóricos y otras ideas

í políticas en una forma más radical y más convincente; por ejemplo, en la teoría

1 liberal misma, pero sobre todo en las teorías socialistas, las cuales de ninguna manera han desaparecido de la agenda histórica con el hundimiento del socialismo real y con el fin del “marxismo leninismo”

(Inducción del alemán: Gerardo Ávalos Tenorio yjens Win ter).

Referencias

' Cuando hoy se habla del «Estado nacional», no se está exento de equívocos. Al principio 'el Estado nacional estaba deternrinado sobre todo como Estado territorial; no es sino en el siglo XIX que el Estado territorial es interpretado como una especie de recipiente dentro del que vive una nación históricamente configurada. En el siguiente texto el concep- to de «Estado nacional» será usado sin las solemnes connotaciones que le son concomi- tantes. En esta interpretación los citados peligros serán señalados.

‘-’ Bandug, ciudad de Indonesia, donde, en 1955, la Conferencia Asiático Africana, que contaba con 29 Estados miembros, determinó las bases de la libertad del bloque, planteó la importancia (lel Tercer Mundo y resolvió el incremento de la cooperación cultural económica y política. [N. de los LJ

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JIqu de 1999

De [a [ey de] seguro a [a le y de [a loteria: los cambios en la composición del Estado británico*‘

Nfike Neary y Graham Taylor**

n los últimos años. se han producido cambios importantes tanto

en las formas de existencia del Estado capitalista como en la teorización y análisis del mismo en la tradición intelectual mar-

ista. La crisis y descomposición de las estructuras estatales

eynesianas y socialdemócratas están, por supuesto, íntimamen-

te relacionadas con la crisis del estrecho mundo del estructuralismo althuseriano. En los últimos tiempos ha habido una proliferación de aná- lisis «abiertos» y dialécticos que contribuyeron a nuestra comprensión del desarrollo histórico y lógico de las formas del Estado capitalista (Clarke, 1991b; Bonefeld y Holloway, 1991; Bonefeld eral., 1992a, 1992b, 1995). Estas teorías entienden al Estado como una forma social de la relación capitalista, determinada en y através de la lucha de clases, y a la separa- ción entre los aspectos políticos, ideológicos y económicos de dicha rela- ción como precondición y elemento central de la lucha del capital por dominar al trabajo. Dichos trabajos han señalado los límites teóricos y las implicancias políticas desastrosas tanto de los análisis esencialistas del Es- tado como del estructuralismo, ya sea en sus formas althuserianas o regulacionistas. Por último, estas versiones del marxismo “abierto” brin- dan la posibilidad de desarrollar un análisis no esencialista del Estado como forma social de la relación capitalista. Existe entonces poca duda acerca de que el Marxisrno Abierto” implica un- avance teórico importan- te en el esfuerzo por superar el esencialismo y el formalismo del que padecen numerosas variantes del marxismo estructuralista. Es nuestra in-

* Título original: «From the Law of Insurance to the Law of Lottery. An Exploration of the Changing (Iornposition of the British State». Publicado en Capital 69° Clan. núm. (ESE, Londres, [998, pp. "55-72.

** Profesores de Sociología, L'niversidad de Warwick y L niversidad de West of England, Bristol, Inglaterra, respectivamente.

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tención empujar al “Marxismo Abierto” hacia sus propias conclusiones radicales.

En este artículo,_exploraremos la reciente recomposición del Estado señalando las contradicciones históricas a través de las cúales las formas institucionales-se componen y recomponen. La escasa, teorización sobre el tema institucional en El Capital de Marx es testimonio de la importan- cia de este tipo de análisis. A su vez, la falta de estudios contemporáneos de las diferentes formas estatales pareciera constituir un" obstáculo impor- tante para avanzar en el tema. Esto se hace particularmente evidente res- pecto del impacto de la recomposición global del capital sobre los Estados nacionales. Aunque han habido algunos intentos por comprender la rela- ción entre capital global y el sistema internacional de Estados (Burnham, 1996), las'formas concretas a través de las cuales la reestructuración del capital global impacta sobre los Estados particulares y sobre la dinámica institucional que liga al capital global con los Estados nacionales; regiona- les y locales, han sido muy poco exploradas. En este artículo, vamos a sugerir que el concepto de riesgo brinda una herramienta interesante para comprender los procesos y las dinámicas concretas que ligan la crisis del capital global con la reestructuración específica del Estado británico de la postguerra.

La categoría conceptual riesgo se ha convertido en un elemento central del discurso social científico de las últimas décadas. En economía, esta categoría es presentada como costo de transacción y como la dificultad para el capital de hacer frente a los riesgos de forma más efectiva (Williamson, 1975, 1985, 1994). La sociología del riesgo se ha preocupado por indagar la forma en que el riesgo financiero y ecológico afectan la conciencia humana y la identidad, en el contexto de radicalización de la modernidad (Beck, 1992, 1995; Giddens, 1990, 1991). Realmente, existe poca duda acerca de que, en los últimos años, la vida se ha vuelto más riesgosa, tanto para el capital como para el trabajo: la reproducción de la relación capitalista enfrenta hoy amenazas y riegos sin precedentes. En las teorías sociológicas y económicas abstractas, este peligro aparece mera- mente descripto de manera fetichizada. Sin embargo, una teorización adecuada del riesgo no necesita una teoría abstracta del riesgo sino que, por el contrario, requiere de un análisis de los riesgos con los cuales se enfrenta la reproducción de los procesos de abstracción inherentes a la relación capitalista.

En este artículo, nos próponemos explorar la descomposición histórica del Estado británico utilizando las nociones de seguro y riesgo como he-

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“Tramientas conceptuales, con el objeto de indagar el cambio histórico del Estado británico. En esencia, nuestro argumento es que este proceso de cambio ha tomado la forma de reestructuración del Estado signada por la crisis de la “ley del seguro”r—premisa sobre la que descansaba el Estado de bienestar keynesiano—, hacia una recomposición del Estado acorde con la "'“ley de la lotería” El desarrollo de nuestra hipótesis requiere de algunas precisiones teóricas.

Nuestro argumento es que la “ley del seguro” y la “ley de la lotería” representan dos tendencias cambiantes en el marco de la “ley general de la acumulación capitalista” a través de la cual. la relación capitalista se produce y reproduce. Esas leyes no son absolutas porque, como Marx señalara, todas las leyes son modificadas en su devenir por muchas y varia- das circunstancias (Marx, 1976: 798). Más bien, vamos a enfocar esos cam- bios como tendencias parciales, contradictorias y contingentes, en. el mara co de la ley de la acumulación capitalista. Para periodizar el desarrollo histórico y lógico de la forma Estadoes necesario diferenciar cuatro nive-

les de abstracción: el Estado liberal en su forma más abstracta, las formas institucionales en las cuales se manifiesta la lucha de la clase trabajadora contra la forma liberal del Estado, las formas de integración global, y los modos históricos específicos de intervención estatal (Clarke, 1992). De este modo, es factible explorar las leyes mencionadas como modos de intervención estatal con relación a la forma neoliberal de integración global, que es a su vez resultado de la lucha de la clase trabajadora en la era del keynesianismo global. La lotería nacional constituye, con relación a esto, una respuesta neoliberal a la crisis fiscal del Estado. .No pretendemos sugerir que el dinero obtenido a tral'e's de la lotería sea suficiente para superar la crisis fiscal del Estado sino, más. bien, que los modos de interz'eneián estatal se están volriendo más y más “loterizados”

La “ley de la lotería” está ligada a los problemas crecientes que enfren- ta- la evaluación del riesgo por medio de los principios actuariales’, que son constitutivos de la crisis del Estado interventor. Presentaremos entonces un análisis del funcionamiento de la Lotería Nacional y la conexión entre la crisis de la seguridad y la crisis del Estado. Para concluir señalaremos, en primer lugar, algunos de los problemas que presentan los análisis so- ciológicas más recientes sobre riesgo y esbozaremos, en segundo lugar, un análisis materialista alternativo del riesgo y de la sociedad del riesgo.

El colapso del Estado interventor keynesiano convirtió al bienestar so- cial y al acceso al empleo en un juego de azar, en una lotería. En el Reino Unido, este tipo de lotería nacional ha sido acompañado recientemente

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por su versión oficial, la Loteria Nacional. Riesgo y azar se imponen así como las dos características básicas de la producción y reproducción de las formaciones sociales neoliberales, pues brindan las premisas económi- cas, políticas e ideológicas para la reproducción social. Experimentamos un riesgo creciente a ser despedidos o a no ser atendidos en la enferme- dad apropiadamente; sin embargo, esto es legitimado por un discurso estatal que enfatiza la importancia del riesgo y de la oportunidad. En otras palabras, la lotería —que se ha desarrollado como una forma social, una forma de ser social- será analizada en este trabajo como la “ley de la lotería”. Para llegar a destino con nuestra propuesta, comenzaremos ex- plorando la forma social básica del azar y del riesgo através del análisis de la Lotería Nacional y del seguro.

La Lotería Nacional No existe nada nuevo acerca de las loterías nacionales. En Gran Bretaña, la primera lotería nacional, sancionada por Isabel I, en 1569 consistió en 400.000 lotes a lO chelin‘es cada uno. En los años siguientes, la lotería se convirtió en una herramienta esencial de las finanzas públicas. Los bene- ficios de la lotería fueron usados para reparar puertos y proveyeron de fondos para las campañas militares: entre 1710 y 1714 se gastaron 10 mi- llones de libras esterlinas en la guerra de sucesión española y, más tarde, 70 millones fueron utilizados para financiar la guerra contra las colonias americanas. La lotería también proveyó de recursos a importantes inver- siones estructurales: el puente de Westmistery el Museo Británico se cons- truyeron con fondos de la lotería nacional. Más tarde, la lotería benefició a los miembros de las “clases propietarias” quienes compraban grandes cantidades de tickets cuyo precio (lO y lOO libras) estaba más allá de las posibilidades de la gente común, y así los ricos podían vender su parte en tickets at ¡a premium. Esta práctica fue formalizada en '1788 cuando el Te- soro Nacional vendió todos los tickets a “contratistas de la lotería”, usual- mente corredores de bolsa, que eran los responsables de generar la fiebre de la lotería. Paralelo a esto se desarrolló la práctica conocida como “segu- ro”: teniendo tickets válidos para un cierto número de sorteos, los indivi- duos podían “alquilar” un ticket de lotería por un’o de los días en que la lotería se sorteaba, y eran entonces autorizados a acceder a cualquier pre- mio sorteado para ese ticket, ese día. Había, entonces, una lotería y una lotería dentro de la lotería: apuestas sobre el resultado de la lotería.

El fin de la lotería es frecuentemente atribuido a la ola opositora gene- rada por una nueva generación de economistas políticos. En el siglo XVII.

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William Petty describía la lotería como un impuesto a los “tontos desafor- tunados y va-nidosos”. Adam Smith, David Ricardo y Henry Thornton ha- blaban sobre los efectos negativos de la lotería sobre la moral y sobre la economía de la nación. Según el reporte parlamentario de 1808, la lotería producía:

“Aumento de la holgazanería, del desperdicio y de la pobreza: la traición de las creencias más sagradas y confidenciales, la destrucción del confort doméstico, la generación de locura, suicidios y crímenes que provocaban la muerte de sus perpetradores."

Estas opiniones se basaba-n en la disminución de la contribución de la lotería al fisco: hacia 1819 la lotería contribuía en menos de un 1% a las cuentas del gobierno. Consecuentemente, fue abolida en 1823 y, excep- tuando los Premium Bands, introducidos en 1956, y los flrolball pools (defi- nidos como un juego de habilidades más que de azar) ha permanecido en ‘estado latente. desde entonces. Efectivamente, durante el período Victoriano, apostar era percibido como un crimen y un pecado, tanto por la iglesia como por el Estado. Esas actitudes persistieron hasta el siglo xx, tal como ilustran las palabras de Geoffrey Fisher, arzobispo de Canterbury quien, en contra de la introducción de los Premium Bands, argumentaba que las apuestas:

“degrada(ban) el espíritu de la gente (y que)... el gobierno sabe, como el resto de nosotros, que sólo se puede ganar en estabilidad y fortaleza por medio del ejercicio incesante, en toda la nación, de las virtudes tradiciona- les y esenciales... trabajo honesto, honestamente recompensado” (citado .en Financial Times 9/1/95).

Sin‘embargo, en 1994, la Lotería Nacional fue reintroducida después de una'ausencia de 170 años, con el apoyo de todos los partidos políticos y la única oposición de la Iglesia. La nueva Lotería Nacional comenzó a funcionar en el Reino Unido en noviembre de 1994. En su primer año, operó bajo la licencia de la compañía Camelot y logró ventas por 5 billo- nes 2‘00 mil libras, el monto obtenido por “causas justas “se elevó a l billón 400 mi] libras y contribuyó en 677 millones de libras al tesoro na- cional (Camelot, 1996; 'Fitzherbert et al, 1996). Considerando el nivel de ventas y la relación existente entre ventas, y contribuciones al gobierno y a “causasjustas”, la lotería del Reino Unido seha- convertido en la lotería

Cuadernos del Sur lOl

más grande y eficiente del mundo. A pesar de que existe una oportunidad en 14.000.000 de ganar el gordo, la lotería atrae a 30 millones de jugado- res regulares. Camelot ha hecho grandes progresos en aparecer como “la lotería del pueblo” y en invertir en investigaciones de mercado para eva- luar la opinión de los jugadores y generar una sensación de “propiedad” entre los apostadores de la lotería. Camelot se ha convertido en una cor- poración: en 1995-1996 la compañía logró un beneficio de 66.700.000 libras, empleó 600 personas y permitió a los agentes minoristas ganar, por lo menos, 265 millones de libras' en extra ventas (Camelot, 1996). Las llamadas “causas justas” beneficiadas por la lotería son: arte, caridad, museos, la organización por el Fin de Siglo y deportes. El dinero se distri- buye a través del Consejo del Arte, el Consejo Nacional de Caridad de la Lotería, el Fondo Nacional de Museos, la Comisión por el Año 2000 y el Consejo del Deporte. A efectos de obtener fondos de la lotería, estos organismos deben presentar proyectos financieramente viables, princi- palmente porque la financiación ofrecida es sólo para capital invertido, excluyendo costos. Con excepción de la caridad, la mayoría delas subven- ciones dependen de la posibilidad de los solicitantes de constituir “socie- dades". Además de las restricciones que las autoridades locales imponen en cuanto a la inversión de capital, las subvenciones otorgadas a través de los fondos de la lotería han resultado desproporcionados, pues apuntan a financiar proyectos modelo en Londres y el sudeste de Inglaterra, mien- tras que el 5% de la población que habita en las áreas más desventajosas ha fracasado en conseguir siquiera un 5% de financiamiento. En 1995- 1996 el porcentaje de dinero destinado al Fondo de las Artes se elevó a un 1.7%, para museos un 1.4% y para deportes un 3,9%. Aunque las obras de caridad son una excepción, porque apuntan a los sectores carenciados de la población, sólo obtuvieron un 13% del total de los fondos disponibles (ver Fizherbert et aL, 1996). Como forma social, la lotería articula enton- ces las contradiccionesvde la relación capitalista: es mediadora de necesi- dades humanas reales a través de formas perversas abstractas como el dinero y la ley.

¿Cuáles han sido, sin embargo, los factores lógicos e históricos claves que subyacen a la importancia creciente de la lotería en la presente co- yuntura? Las loterías se han popularizado en todas las sociedades avanza- das. Efectivamente, un argumento clave en favor del restablecimiento de la lotería en el Reino Unido fue’ que, exceptuando Albania, la del Reino Unido era la única sociedad europea que no tenía ningún tipo de lotería. La Lotería Nacional jugó un papel muy importante en la resolución de la

102 ¿Mara de 1999

crisis fiscal del Estado, pues representa una forma ideológica que trans- forma el pago de impuestos en ocio y diversión. La Lotería es una clara forma de impuesto voluntario: una forma de impuesto que es, además, altamente regresivo, pues la gente cle bajos ingresos gasta un promedio de 4 libras por cabeza, contra 1,2 libras que invierten los más ricos (Financial Times 28/6/98). En clara conexión. con el pasado, las ventas más rápidas de tickets de. lotería se producen en las áreas más pobres y más ricas del Reino Unido: la devastada municipalidad de Sunderland y la oficina de Correos de Lombard Street, en Londres (Financial Times, 15/7/95). El Estado haincentivado la expansión de los juegos de azar, que aumenta- ron de un 74% antes de la reintroducción dela Lotería, a un 89% después de su introducción (Financial Times, 5/6/95). La introducción de la Lote- ría nos habla de las formas en las que se ha reconstituido el Estado neoliberal en el Reino Unido. La Lotería es una nueva forma de naciona- lización. Intensifica el poder del Estado con el objetivo de colonizar el mundo del juego, la caridad y la cultura, y volverlos funcionales a la forma neoliberal de acumulación de capital. Los capitales del juego han sido víctimas de este proceso. Después de la introducción de la Lotería, el fondo de la industria del fútbol sufrió pérdidas del 10 al 15% y Vernons, el segundo operador más grande de quinielas, sufrió una pérdida de 230 millones de libras en pre-tax en 1994 (Financial 77mes, 11/3/95). De igual forma, las sumas gastadas en los 900 bingos existentes en el Reino Unido descendieron un 20% y el dinero en efectivo invertido en los 210.000 one ¿mn bandiLs se redujo en 8 millones de libras por semana. Relacionado con esto, se produjo un aumento del 17% en llamadas telefónicas a “jugado- res Anónimos” Existe también la Sensación: de que la difusión de la Lote- ría está avanzando hacia la nacionalización de la cultura. Aunque la Lote- ría ha sido presentada como la “nueva era de oro cultural” va a significar, sin duda, la muerte de muchas organizaciones del mundo del arte que fracasen en obtener fondos de la Lotería, ya sea por no generar proyectos viables,vo por no haber sido capaces de constituir sociedades para solicitar dichos fondos. Los grupos de arte van a depender más y más del apoyo financiero del sector privado y esto, obviamente, va a favorecer a los gru- pos y proyectos más grandes y comercialmente viables.

Usando al Reino Unido como ejemplo, queremOs señalar que l_a regu- lación de las sociedades a través de la “ley de la lotería” se ha vuelto signi- ficativa como consecuencia de la crisis y contradicciones del Estado inter- ventor keynesiano. Para comprender este proceso, en lo que sigue explo- raremos los principios actuariales que subyacen al seguro,- la forma en que

Cuadernos del Sur 103

estos principios sostenían a la forma social del Estado interventor y cómo la crisis y contradicciones del Estado interventor implica a la vez una crisis del seguro, que ha desembocado en la importancia creciente de la Lotería como forma social. El seguro fue la forma de intervención estatal, mani- festada a través de diferentes modos de integración emergidos de la lucha en y contra el Estado liberal en el período keynesiano. Indagaremos la forma en la cual la Lotería y las formas loterizadas de intervención estatal se articulan en tanto modos de integración emergentes de las luchas en y‘ contra el Estado liberal en la era del monetarismo global. Para compren- der los principios institucionales del Estado interventor es necesario pri- mero indagar la lógica del seguro como forma social.

La economía del riesgo

La categoría riesgo es el concepto fundamental que subyace a los princi- pios del seguro. El concepto de riesgo fue una de las preocupaciones centrales de la economía política clásica. Según Adam Smith, sobrevalo- rar la oportunidad de ganar y despreciar el riesgo era un defecto humano intrínseco (Smith, 1970: 210-1 l). Para Smith, esto se hacía evidente en el éxito universal de las loterías, a través de las cuales se impulsaba sistemáticamente a los individuos a pagar tickets a precios inflados, cuan- do el premio esperado solamente valía una fracción del dinero pagado por el total de los jugadores. Inversamente, a pesar de los beneficios mo- derados y de los premios que brindaban las compañías de seguro, muchos individuos se arriesgaban y elegían no asegurarse contra un daño poten- cial. Para Smith, el valor del riesgo era la compensación por pérdidas comunes y gastos de administración, dado que los beneficios del seguro no eran mucho más significativos que los provenientes de cualquier otro tipo de. negocio común. El nivel de riesgo estaba íntimamente conectado con el nivel de retorno del trabajo y el capital (ibid.: 213): los niveles sa- lariales y el rendimiento del stock eran proporcionales al riesgo que se corría al emplearlos en sectores particulares. El riesgo se convertía enton- ces, en la contribución original hecha por el capital .en el proceso de pro- ducción, en el nivel de recompensa acumulado, derivado del nivel de ries- go asumido por el capital (Clarke, 19912a: 27)

La naturaleza no planificada del capitalismo hace del riesgo una carac- terística central y dinámica, tanto para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas como para la crisis permanente que amenaza la repro- ducción de dichas relaciones. En la teoría económica neoclásica, la cate- goría riesgo se aplica en los términos en que la incertidumbre es una no-

104 ¡trepa de 1999

utilidad (dimtiligy) respecto de la maximización marginal individual. Se acepta comúnmente que el retorno del capital varía proporcionalmente al grado de riesgo al que está expuesto. La incertidumbre impone un costo sobre “la sociedad”, y su control se convierte así en una fuente de ganancia (Willett, 195 l: 8). La incertidumbre es una “no-utilidad” (disiitil-ity) ty. es soportada solamente, si se puede ganar algo a cambio. La presuposi- ción del riesgo proporciona-entonces una recompensa económica espe- cial que varía según el grado de incertidumbre. El riesgo es incertidum- bre objetivizada y el grado de riesgo se determina aplicando las leyes de probabilidad sobre resultados acumulados sobre la base de hechos pasa- dos. De esta forma, la utilidad y la no-utilidad de la incertidumbre permi- ten alos actores económicos elegir entre evitar, prevenir o asumir el ries- go en circunstancias particulares.

El seguro es un instrumento importante para prevenir o reducir tanto la incertidumbre como los costos que ésta le impone al capital. El seguro signi- fica “transferir” el riesgo a los especialistas en tomar riesgos, por medio de las compañías de seguros. Estas combinan y concentran riesgos para reducir la incertidumbre y disminuir así el costo del riesgo en el ámbito de toda la “sociedad”. El riesgo soportado por una compañía de seguros es menor que la suma de los riesgos que soportan los asegurados. La prima del seguro hace calculable lo incalculable. El seguro constituye un costo para el capital y para el trabajo en la esfera de la circulación. En el largo plazo, el seguro se consti- tuye a través de fondos “recíprocos” cuyas pérdidas y costos involucrados en la provisión del seguro son pagados por el asegurado.

“Las compañías de seguros dividen las pérdidas de los capitalistas indivi- duales entre la clase capitalista. Pero ello no evita que esas pérdidas iguala- d'as sigan siendo pérdidas, en tanto conciernen al capital social agregado" (Marx, 1956: 140).

Elrseguro es la forma social a través de la cual se socializan las pérdidas provenientes de la no-valorización del capital:

“Es una cuestión de distribución de la plusvalía entre los diferentes secto- res capitalistas y de las deducciones que se les realizan... a los capitalistas individuales. No tiene nada que ver ni con la naturaleza ni con la magnitud de la plusvalía... Resulta más seguro y barato que una sección del capital se

haga cargo, en lugar de que cada capitalista se asegure a mismo" (Marx, 1971: 357-8).

Cuadernos del Sur 105

El seguro constituye la forma alienada en la cual se socializan las pércli- das inesperadas en la sociedad capitalista. Las pólizas de seguro configu- ran un futuro espacial y temporal sobre la base del pasado. En tanto que tiempo y espacio son subordinados a la lógica abstracta de la acumulación del capital, ambos reflejan la determinación contradictoria de todas las formas sociales en la sociedad capitalista. En la sociedad capitalista, tiem- po y espacio implican la posibilidad y el desarrollo de un no-tiempo y un no-espacio: configuraciones de tiempo y espacio fuera del circuito del capital. El riesgo al que está sujeto el ciclo reproductivo de acumulación del capital se refleja en la representación social. espacial y temporal del seguro como forma social. La crisis del seguro es, en definitiva, una crisis del ordenamiento racional del tiempo y el espacio fundados en la relación capitalista, y esta crisis apuntala el desarrollo y la crisis de la forma institucional del Estado interventor keynesiano.

La “ley del seguro” y la crisis del Estado interventor

En esta sección vamos a delinear los procesos históricos que ligan la crisis del seguro con la crisis del Estado, y la forma en la cual ésta última devino en la subordinación del Estado bajo la “ley de la lotería" Vamos explorar los orígenes, desarrollo y crisis del seguro en el Reino Unido. La seguri- dad social se origina en el momento administrativo del Estado. En la so- ciedad capitalista, la ley y el dinero son formas abstractas a través de las cuales la relación capitalista se produce y reproduce: la creación de la equivalencia formal a través de la generalización de la mercancía y el in- tercambio entre sujetos legalmente “libres” e “iguales” El Estado aparece como una autoridad separada representando los intereses “impersonales” del sistema. La producción de mercancías capitalistas, sin embargo, re- quiere de la dominación sustantiva del trabajo en el proceso de trabajo y, por lo tanto, las contradicciones del capitalismo como forma social no pueden ser totalmente formalizadas a través de formas sociales, legales y monetarias. Paralelamente a la regulación formal, emerge, entonces, la administración sustantiva. La forma específica histórica del Estado es re- sultado de la lucha de clases: la lucha del trabajo para obtener logros “políticos” a través del Estado evadiendo la mercantilización acelera el proceso de reestructuración del Estado, que apunta a ¡”e-imponer la mercantilización de la producción y reproducción de la relación capitalis- ta. Así, el problema del desempleo ha sido siempre un problema que ha requerido ser adminislrado. La administración se vuelve necesaria, debido a la posibilidad del trabajo de escapar de la pobreza absoluta que implica

106 ¿Wario de 1999

la relación salarial y de confirmar la posibilidad de abundancia fuera de la relación capitalista (Kay y Mott, 1982). En los inicios del capitalismo, ca- racterizado por un desarrollo incompleto del trabajador socializado, el problema podía ser manejado por medio de medidas punitivas, tales como las casas de trabajo (workhouses) y las políticas de alivio para la pobreza (poor reliej). Mientras la clase trabajadora se desarrollaba como fuerza po- lítica, estas formas =de administración proveían las bases para formas alter- nativas de igualdad y libertad reales, fuera de la relación capitalista (comu- nismo), en tanto eran incapaces-de convertir a los trabajadores en ciuda- danos. Resulta necesario entónces investigar de qué forma estas políticas tempranas desembocaron en la reconstitución del Estado sobre la base de la “ley del “seguro”.

En los trabajos de los economistas políticos clásicos, como David Ricar- do, la sociedad civil era conceptualizada como un orden “natural” y autorregulado de trabajadores independientes. Desde este enfoque, las circunstancias de vida en las que el trabajador estaba inmerso eran resul- tado de decisiones individuales en el marco de las leyes naturales. Sin embargo, la noción de trabajadores independientes, comenzaba a dete- riorarse cada vez más a la luz de la desigualdad y la dominación real que sufrían los trabajadores en la esfera de la producción. La regulación abs- tracta del trabajo necesitaba, por lo tanto, ser reemplazada por una admi- nistracióndirecta e inmediata. El trabajo de William Beveridge sobre des- empleo ._y seguro social fue un intento por captar, si bien de forma parcial y fetichizada, la importancia de este cambio.

El trabajo de Beveridge sobre la seguridad social marcó un momento importante en la redefinición de la pobreza y del papel del Estado en su disminución? Beveridge reconoció que el desarrollo de —la clase trabajado- ra socavaba la aparente neutralidad de la economía, e intentó mostrar empíricamente cuáles eran los factores que alejaban constantemente al mercadode trabajo de su condición de equilibrio. Las imperfecciones del mercado socavaban la noción de independencia del trabajador. En otras palabras, el mercado necesitaba ser administrado. Uno de los temas más importanteslde las investigaciones de Beveridge fue las causas del desem- pleo. Las investigaciones exploraron las razones por las cuales las leyes de la economía política fallaban en operar e intentaron descubrir qué era lo que las hacía funcionar. La noción de “trabajador independiente” sólo podía sostenerse si los trabajadores eran recompensados por su compor- tamiento y carácter acorde a la moral del dinero. Beveridge estaba pre- ocupado en crear las condiciones administrativas para que la moral del

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“trabajador independiente” pudiera ser recompensada. Beveridge investi-.s a fondo las preocupaciones de la economía política clásica en la cual el” “trabajador independiente” era tanto la premisa como el objetivo de la economía política. En términos de política pública, el intercambio de tra- bajo tenía que controlar la relación entre oferta y demanda de trabajo. En: el contexto de una clase trabajadora socializada, la población excedente no podía ser simplemente descartada, la economía política necesitaba crear y mantener las condiciones administrativas para permitir la existencia del- “trabajador independiente” y poder establecer adecuadamente la diferen- cia entre esos trabajadores independientes y los trabajadores dependientes.

El “descubrimiento” de la pobreza y del desempleo estaba indisolu- blemente ligado al potencial para el socialismo. En este contexto se desa- rrolló la seguridad social. La seguridad social reconocía el potencial de la clase trabajadora de poder existir de una forma diferente en y a través del capital, e intentaba reincorporar a la clase trabajadora a través de la cons- trucción administrativa del “trabajador independiente” El sistema de se- guridad social establecido por las reformas Beveridge se basaba en una política de seguridad estatal compulsiva, que socializaba el riesgo de la pobreza asociada al desempleo —que amenazaba la integridad del “traba- jador independiente”—, reemplazando el salario individual por el salario social administrado por el Estado. La eficiente administración de este proceso se basaba en el cálculo preciso de los niveles de desempleo poten- ciales, que se convirtió así en una categoría administrativa. La capacidad de decisión inherente al momento administrativo del Estado amenazaba entonces tanto la solidez actuarial del sistema como la posibilidad de pro- fundizar la crisis de la forma liberal del Estado. La “ley del seguro” estaba necesariamente mediada por las formas sociales abstractas del dinero y la ley. La relación monetaria se basaba en las contribuciones pagadas por el trabajador y en la relación asimétrica entre salario y beneficio. El sistema iba a ser implementado haciendo que los beneficios dependieran de «ne- cesidades» genu-inas y aplicando un castigo a los reclamos fraudulentos y a los que fingieran enfermedades. Para hacer funcionar la seguridad so- cial era necesario que el Estado calculara con precisión el nivel de desem- pleo a efectos de balancear contribuciones y beneficios. La capacidad de decisión inherente a la seguridad social estatal, como forma social, permi- tía sin embargo al Estado cubrir niveles de desempleo más elevados que los esperados, a través de la recaudación de impuestos generales. La segu- ridad social ligaba entonces. niveles agregados de desempleo con la crisis fiscal del Estado. En otras palabras, el seguro llegó a ser una forma de la

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lucha de clases. A lo largo de los años 1920 y 1930, la clase trabajadora del Reino Unido luchó por la seguridad social. Los niveles de beneficio fue- ron incrementados donde era políticamente conveniente, a través de la intervención administrativa, como ocurrió en 1919 cuando a los ex solda- dos y trabajadores de las fábricas de municiones les fueron garantizados algunos beneficios extra para contener conflictos potenciales.

El desarrollo del Estíado de bienestar convirtió a la “ley natural” ricardiana en la “ley del seguro". Sin embargo, las premisas abstractas de la seguridad fueron permanentemente quebrantadas por el desarrollo concreto de la clase trabajadora, y el mismo Beveridge aceptaba que, du- rante los años 1920, la base actuarial del siStema de seguridad estatal nun- ca fue respetada (Beverdidge, 1930: 277 citado por Dixon 1996). Con la expansión del “trabajador social”, el principio organizador de la seguridad social pasó de la categoría de contrato a la categoría de estatus: en lugar de estar ligado a la contribución de beneficios, estaba ahora ligado a las clases de reclamantes. Keynes dio cuenta de la crisis del seguro y diseñó la forma en la que el Estado podía establecer los niveles de desempleo.

Como mencionamos antes, el seguro hace calculable lo incalculable, dado que proyecta configuraciones de espacio-tiempo futuras sobre la base del pasado. A través del establecimiento político del nivel agregado de desempleo Keynes coadyuvó a proyectar el futuro sobre el reconoci- miento de que la clase trabajadora sólo podía ser mantenida como tal siempre y cuando la subjetividad del trabajo se sujetara indisolublemente al desarrollo del capital en su forma más abstracta e inescrutable: el dinero. Esto requería de la administración del dinero a través de políticas fiscales y monetarias que regularan la demanda de dinero para proveer al sector trabajo de los servicios y beneficios demandados a través de los canales de representación del Estado interventor keynesiano. La ley del seguro de- pendía, así, de la estabilidad monetaria provista por el acuerdo de Breton Woods y la consecuente hegemonía del dólar en el ámbito global y por la administración estable del dinero en el ámbito nacional.

El keynesianismo significó entonces una forma de socialización, y por lo tanto, de control sobre los riesgos inherentes a la acumulación capita- lista a nivel global. Paradójicamente, sin embargo, ésta era una estrategia riesgosa y contradictoria para el capital. La ley del valor no puede suspenderse por vía de la intervención administrativa estatal, porque la relación capitalista en la que está basada no es una cosa sino una relación social. El Estado es la forma política de esa relación, incapaz de resolver las contradicciones en las que la relación se funda. El Estado existe bajo la

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premisa de la coexistencia de los circuitos M-D-M’ y D-M-D’; y la provisión? administrativa de bienes'y Servicios a través del circuito M-D-M’ está necesa-i riamente mediada por las formas abstractas inherentes al circuito D-M-Dïï La crisis de la relación capitalista, entonces, se transformó paulatinamen-¿É te en una crisis del Estado. El Estado proveía bienestar y seguridad social? pero a través de formas alienadas y opresivas, destinadas a contener los" costos de la administración, en el marco de la socialización de los impera-tii tivos para ¡la valorización del capital. La clase trabajadora demandaba‘ re-aj formas al sistema de bienestar social, a través de la extensión de benefi-u cios y la reforma del sistema de provisión. La “ley del seguro” fue enton- ces la manifestación histórica de la lucha de clases en el período de post—' guerra.

La descomposición-interna del keynesianismo entrañó una crisis global; de sobre acumulación generada por la contradicción inherente a la admi- nistración del dinero global por parte del FMI y el BM (Clarke, 1988). La crisis fue contenida a través de la reestructuración del capital y del Estado, cuando las formas administrativas y políticas del keynesianismo fueron (re)s_ubordinadas a los poderes abstractos del dinero y la ley. La configura- ción espacio-temporal del capital se liberó del espacio. Como resultado, se produjo la intensificación global de la acumulación del capital y la rees- tructuración neoliberal de los Estados nacionales (Burnham, 1996). La intensificación y globalización del capital dificultó el cálculo del riesgo. El Estado ya no posee los mecanismos dirigiïtas para mantener los niveles agregados de empleo y el impacto espacio-temporal del desempleo se ha convertido en una cuestión de azar: en una lotería. La “ley del seguro” ha sido suplantada entonces por “la ley de la lotería”.

La reestructuración neoliberal ha comprendido la reestructuración si- multánea de los aspectos políticos, económicos e ideológicos de la rela- ción capitalista. La deconstrucción política de las instituciones del Estado de bienestar y la desregulación económica del mercado fueron acompa- ñadas por el desarrollo de una ideología del azar y del riesgo, y por la renovación política y económica de los modos de intervención estatal basados en dichosprincipios. La Lotería Nacional es la forma institucional más evolucionada de este proceso. De este modo, la crisis de la seguridad estatal forma parte de una crisis más amplia dela seguridad, en» tanto que la intensidad del cambio y los crecientes riesgos masivos que enfrenta la humanidad hacen cada vez más problemática la posibilidad de avizorar'el futuro.

110 quo de 1999

La materialidad del riesgo

Como. mencionamos antes, el' concepto de riesgo se ha vuelto central en el discurso de las ciencias sociales. En la sóciología neokantiana (Beck, 1992, 1995; Giddens, 1990,1991) ypostestructuralista (Lash y Urry, 1994) el riesgo aparece como una teoría abstracta que no considera su papel en ‘la reproducción de las formas abstractas materiales. Queremos concluir nuestro trabajo presentando un análisis alternativo materialista del ries- go. Para ello, vamos a indagar el esquema de repróducción que Marx presenta en el segundo volumen de El Capital.

El dinamismo y las contradicciones que subyacen al desarrollo de la condición moderna se basan en la existencia contradiétoria de los circui- tos M--'D-M" y D-M-D’. El segundo circuito es un proceso inherentemente riesgoso para el capital. En la metamorfosis del capital, a través de sucesi- vas formas —dinero-capital, capital productivo, mercancías (más) dinero capital (D-P:...M-D’).— tiempo y espacio son permanentemente quebranta- dos y existen riesgos e incertidumbres Constantes respecto de'la posibili- dad de (re)estructurar tiempo y espacio de forma tal que la acumulación del capital resulte exitosa. El proceso se quiebra por la necesidad de re- producción social del sector trabajo a través de la relación salarial (dine- ro) (Marx, 1956: 35).- La subjetividad ilimitada del trabajo es negada por la necesidad de su propia reproducción, por medio del salario: dinero ade- lantado para permitirle al sector trabajo el acceso. a las mercancías necesa- rias para su reproducción (T-D-P). Entonces:

El riesgo enfrentado por los ind-iría'uos en la vida cotidiana e: la forma alienada y fetichizada en la cual aparecen los riesgos relacionados con la reproducción del capital.

En el mundo (post)moderno, el “fetichismo del riesgo” es el compañe- ro sociológico del fetichismo de la mercancía. El desarrollo del seguro en la sociedad es la expresión ideológica de los riesgos enfrentados por el capital en el proceso neoliberal de la acumulación global. Aunque la crisis aparezca Como una crisis de la seguridad, se trata simplemente de la ex- presión institucional de una crisis profunda de las formas neoliberales de integración social y regulación a escala global. La crisis de la seguridad es una crisis .de la propiedad privada. La crisis de la propiedad privada se convierte en una crisis de la forma más concreta de la propiedad privada: el dinero. La crisis del dinero se convierte en una crisis de la forma más abstracta del dinero: el capital. La crisis del capital se convierte en la crisis

Cuadernos del Sur l 1' l

de la ley y de su aplicación: el Estado. La crisis del Estado demanda una imposición más definida del capital a través de su forma concreta: el reforzamiento de la ley del dinero a través de la pobreza (monetarismo), como intento de moralizar lo desmoralizado y a través de un riesgo mayor de neutralizar un desastre más grande. La imposición de la pobreza y de mayores riesgos deviene crisis de la seguridad (más delitos, mayor desas- tre). El Estado ya no puede proteger la relación social de la cual proviene y a través de la cual se expresa como propiedad privada. El riesgo más grande yace más allá del mundo cuantificable.

La seguridad convierte al mundo en un lugar seguro para el capital. La seguridad predice los riesgos sobre patrones futuros de desarrollo tempo- ral y espacial sobre la base del pasado. Los circuitos cada vez más intensos y globalizados del fluir del Capital hacen de la predicción un problema grave. En realidad, la racionalidad capitalista, ordenadora del tiempo y del espacio, ha encontrado los límites de su propia forma contradictoria. La naturaleza cada vez más incierta del futuro dificulta el cálculo del ries- go. Sin embargo, es importante reconocer que el capital no es una “cosa” o un “símbolo” sino una relación social: una relación basada en la premisa de la subordinación del poder del trabajo vivo bajo el poder abstracto del dinero capital. La crisis de la seguridad es sinónimo de la crisis de repro- ducción del trabajo, del poder del trabajo en el circuito de la acumulación del capital. La crisis se manifiesta en muchas formas: delito, desempleo, desastre ecológico, guerra nuclear... La manifestación material de la so- ciedad del riesgo se presenta como una crisis generalizada del capital en su capacidad de asegurar, a través de “la ley de la lotería". La muerte del futuro, ¿qué tan pronto llegará?

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Referencias

' Aetuay es el experto en calcular seguros de riesgos a través de estudiar la frecuencia con que ocurren accidentes, incendios, muertes, etc. (Diccionario Oxford)

2 Agradecemos a nuestro amigo William Dixon por proveernos de una vision

Cuadernos del Sur 113

histórica y teórica de la importancia de los trabajos de William Beveridge para el desarrollo de la seguridad social del Estado de bienestar.

( Traducción: Ana Dinerstein. La traducción al español y la publicación de este artículo se realizó con el consentimiento de los autores.)

Egdaballo

Revista de política cultura

ll4 ¿Haro de ¡999

¿De dónde vienen los posmodemos?*

Terry Eagleton

l maginemos un movimiento ra- dical que ha sufrido u'na Categó- ica derrota. Tan categórica, de hecho, que parece improbable que resurja en el transcurso de toda una vida. Can el paso del tiempo, las creencias de este movimiento po- drían comenzar a parecer más ir're- levantes que falsas o inefectivas. Para sus oponentes, podría tratarse más de contemplarlas con el- apaci- ble intere's que u‘n anticuario podría haber reservado para la cosmología ptolemaica o la escolástica de To- más de Aquino que de contestarlas enardecidamente. Los radicales pue- den llegar a encontrarse a mismos simplemente borrados de la discu- sión, “más queabrumados o fuera de ella,'hablando un lenguaje tan ex- quisitamente fuera de tono "con su época 'que, tal c0mo sucede con el lenguaje del platonismo o-del amor cortesano, ya nadie más se preocu- pa por preguntar si es verdadero. ¿Cuál sería la posible respuesta de la izquierda ante semejante condi-

* Publicado en Monthly Review, vol. 47, nú'm. 3, Nueva York,leio-agosto de l995.

ción lamentable?

Algunos, sin duda, se dirigirían cínica o. sinceramente hacia la dere- cha, arrepintiéndose de sus puntos de vista anteriores como de un in- fantil idealismo. Otros pueden man- tener la fe puramente fuera de prác- tica, ansiedad o nostalgia, adhirién- dose a una identidad imaginaria y arriesgándose a la neurosis que eso puede traer. Un'pequeño puñado de triunfalistas de izquierda,'incura- blemente esperanzado, no dudaría en ocuparse de detectar los movi- mientos ligeros de la revolución en la más débil vacilación de la mili- tancia. En otros,=el impulso radical persistiría, pero sería forzado a migrar a otro lugar. Se puede ima: ginar'que el supuesto dominante de este período sería que el sistema fue por lo menos por 'el momento, irrompible; "y una gran cantidad de las conclusiones de la izquierda- po- drían ser consideradas como emer- giendo de esta displicente suposi- ción. Se podría esperar, por ejem- plo, que hubiera un repentino repunte del inte’re’s en los márgenes y grietas- del sistema —en esos luga- res ambiguos, indeterminados, don-

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de su poder parece menos seguro. Si el sistema no pudo ser roto, uno puede al menos dirigir la, mirada hacia esas fuerzas que pueden mo- mentáneamente transgredirlo, subvertirlo, o darle un escape. Se podría predecir que habría mucha celebración de lo marginal —pero esto sería, parcialmente, hacer de la necesidad virtud, desde que la iz- quierda misma habría sido ruda- mente desplazada de la corriente principal y podría llegar así, bastan- te convenientemente, a considerar toda conversación sobre centralidad como sospechosa. En su mayor cru- deza, este culto a la marginalidad caería en el supuesto simplista de que las minorías fueron positivas y las mayorías opresivas. La manera precisa en que minorías tales como grupos fascistas, Ulster Unionist, o la burguesía internacional encajan en este cuadro no estaría completa- mente clara. Tampoco es obvio cómo tal posición pudo arreglárse- las con un movimiento previamen- te marginal —el AN C, por ejemplo- devenido políticamente dominante, dado su prejuicio formalista de que el predominio es indeseable como tal. La base histórica de esta mane- ra de pensar sería el hecho de que movimientos políticos que fueron alguna vez masivos, centrales y creativos no estuvieron en acción de manera general durante más tiem- po. En realidad, la idea de un movi- miento que fue alguna vez central y

subversivo presenta ahora algo de contradicción en los términos. Po- dría parecer natural por consiguien- te demonizar lo masivo, predomi- nante y consensual, y romantizar cualquier cosa sucedida que se des- viara de ello. Sería, por encima de todo, la actitud de esos jóvenes disi- dentes quienes no tenían, política- mente hablando, mucho para recor- dar, quienes no tenían memoria actual o experiencia de políticas ra- dicales masivas, sino una buena can- tidad de experiencia de mayorías pesadamente opresivas.

Si el sistema realmente pareció haber cancelado toda oposición a mismo, entonces no sería dificil ge- neralizar a partir de aquí la creen- cia vagamente anarquista de que el sistema —es opresivo como tal. Des- de que prácticamente no hubieron ejemplos de sistemas políticos atrac- tivos alrededor, el reclamo parece- ría claramente plausible. El único criticismo genuino podría ser uno lanzado desde afuera del sistema en su totalidad; y uno podría esperar, sin embargo, una cierta fetichi- zación de la “otredad” en tal perío- do. Habría un enorme interés en algo que pareciera otro, desviado, exótico, inincorporable, desde los osos hormigueros a Alfa Centauro, habría pasión por cualquier cosa que proporcionara una mirada provocadora de algo más allá de la lógica del sistema en su conjunto. Pero este ultraizquierdismo román-

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tico coexistiría, curiosamente aun, con un frágil pesimismo —por el hecho de que si el sistema es todo- poderoso, entonces'no puede haber por definición nada más allá de él, ya no puede haber nada más allá de la infinita curvatura del espacio cós- mico. Si ‘hubiera algo afuera del sis- tema, entonces SCría incognoscible por completo y por lo tanto inca- paz de salvarnos; pero si nosotros pudiéramos atraerlo hacia adentro de la órbita. del sistema, de tal ma- nera que pudiera ganar allí algún basamento efectivo, su otredad es- taría instantáneamentecontamina- da y su poder subversivo se desva- necería así en la .nada. Cualquier cosa que negara el sistema en teo- ría sería así lógicamente incapaz de hacerlo en la práctica. Algo que podamos comprender no puede ser por definición radical, desde el momento en que debe ser en el sis- tema mismo; pero algo que escape del sistema podría ser oído por no- sotros nada más que como un mur-' mullo misterioso.

Tal pensamiento ha dejado de

lado‘ la noción del sistema que es

internamente contradictorio —el que tiene instalado en su corazón eso que puede potencialmente deha- oerlo. ‘Sin embargo, e’ste piensa en las oposiciones rígidas de “adentro” y “afuera”, donde estar en el aden- tro es ser cómplice y estar en el afue- ra es ser impotente. El estilo típico de pensamiento de tal período, en-

tonces, debe ser descripto como

pesimismo libertario —libertario

porque no se habría rendido al sue- ño de algo muy diferente de lo que nosotros tenemos; pesimismo, por- que sería mucho más consciente de la omnipotencia de la ley -y del po- der como para pensar que tal sue-' ño podría alguna vez ser realizado. Si todavía creyera en la subversión pero no en la existencia de algunos de sus agentes de carne y hueso, entonces sería posible imaginar que el sistema de alguna manera se sub- virtió a mismo, deconstruyó su propia lógica, lo que entonces au- torizaría a combinar un cierto radi- calismo con un cierto escepticismo.

Si el sistema está en todas partes, como el Todopoderoso mismo, en- tonces parecería -no ser visible en ningún punto en particular; y hasta llegaría a ser posible creer, bastan- te paradójicamente, que cualquier cosa que hubiera salid de ahí no era, de hecho, del todo un sistema. Hay sólo un corto paSO entre decla- rar' que el sistema es demasiado complejo para ser representado y declarar que no existe. En el perío- do que nosotros estamos imaginan- do, entonces, algunos sin duda se- rían encontrados protestando en contra de lo que vieron como la ti- ranía de una totalidad social real, mientras otros estarían ocupados destruyendo la idea completa de totalidad y proclamando que exis- tió sólo en nuestras mentes. No se-

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ría difícil ver esto, al menos en par- te, como una compensación en teo- ría por el hecho de que la totalidad social estaba encontrando dificultad de romperse en la práctica. Si no parece posible —por el momento una forma muy ambiciosa de acción po- lítica, si las así llamadas micro- políticas parecen estar a la orden del día, ésta está siempre tratando de convertir esta necesidad en una vir- tud —para consolarlo a uno con la idea de que las propias limitaciones políticas tienen algún tipo de aside- ro objetivo en la realidad, en el he- cho de que la “totalidad” social es en cualquier caso sólo una ilusión. (Ilusión “metafísica” hace sonar aún más imponente a su posición). No importa si no hay un agente políti- co a mano para transformar el todo, porque de hecho no hay todo a ser transformado. Esto es, como pensa- miento, como si habiendo extravia- do el cuchillo de cortar pan, uno declara que la hogaza ya ha sido cortada. Pero la totalidad puede también presentarse con algo de ilu- sión porque no habría agente polí- tico muy obvio ante quien la socie- dad debiera presentarse a misma como una totalidad. Existen quienes necesitan comprender cómo ésta se alía con ellos para ser libres, y quie- nes encuentran que pueden hacer esto sólo comprendiendo algo de la estructura completa con la cual intersecta su propia situación inme- diata. Lo local y lo universal no son

aquí simples opuestos u opciones teóricas, como debieran ser para aquellos intelectuales que prefieren pensar alo grande y aquellos más modestos académicos a los que les gusta mantenerse en lo concreto. Pero si algunos de aquellos agentes políticos tradicionales está en proble- mas, entonces también lo estará el concepto de totalidad social, dada la necesidad que estos agentes tienen de ella, hecho que le da su fuerza. Comprender una totalidad com- pleja implica algunos análisis rigu- rosos; por lo tanto no es sorpren- dente que tal pensamiento sistemá- tico tenaz estuviera fuera de moda, desechado como fálico, cientista, o lo que a uno se le ocurra en la clase de período que estamos imaginan- do. Cuando no hay nada en parti- cular en dicho período como para que uno sepa cómo pararse —si us- ted es un profesor en Itaca o Irvine, por ejemplo— uno puede permitir- se ser ambiguo, elusivo, deliciosa- mente indeterminado. Uno puede también, en tales circunstancias, lle- gar a ser un poco idealista —pensa- miento en un sentido más adecua- damente re-arraigado que tediosa- mente fuera de moda. Una forma primaria por la que conocemos que el mundo existe es, por supuesto, a través de la práctica; y si alguna prác- tica muy ambiciosa nos es negada, no pasará mucho antes de que nos pesquemos a nosotros mismos pre- guntándonos si hay algo ahí afuera.

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Uno esperaría, entonces, ue en una época semejante una creencia en la realidad como algo que nos resiste (“la historia es lo que lastima”, como dijo Frederic jameson) dará paso a una creencia en la naturaleza “cons- truida” del mundo. Esto, a su tur- no, no dudaría en ir de la mano con un “cultura-lismo” de pura sangre, que subestimó l que hombres y mu- jeres tenían en común como criatu- ras humanas materiales y sospechó de toda versión de la naturaleza como una mistificación insidiosa. Esto noi ten'dería a‘ hacerse cargo de que tal culturalismo es tanreductivo como, por así decir, el econo- micismo o el biologismo. Las razo- nes cognitivas y realistas =de la con- ciencia humana darían. por tierra con varias clases de pragmatismo y relativismo, en parte porque ya no pareciera haber mucho más que arriesgar'políticamente en el saber cómo éste se alió con usted. Todas ‘las cosas se volverían una interpre- tación, incluyendo esa afirmación mismauY lo que también gradual- mente implosionaría, conjuntamen- te con- un conocimiento razonable- mente seguro, sería la idea de' un sujeto humano “centrado” "unifi- cado. lo suficiente como para em- prender una acción significativa. Para semejante acción significativa parecería ahora escasa; y el resulta- do, una vez más, sería hacer de la necesidad virtud cantando loas al sujeto humano difuso, descentrado,

esquizoide —un sujeto que bien pue-

de no estar lo suficientemente “uni- do” como para derribar una botella de una pared, o permitirse solo ti- rar a-bajo el Estado, pero quién po- dría sin embargo ser presentado como un ejemplar de vanguardia en contraste con los sujetos supuesta- mente centrados de una fase del capitalismo más antigua, más clási- ca. Para decirlo de otra forma: el sujeto como productor (coherente, disciplinado, autodeterminado) da- ría por tierra con el sujeto como consumidor (móvil, efímero, cons- tituido. por un deseo insaciable).

Si las ortodoxias “de izquierda” de tal período fueron pragmáticas, relativistas, pluralistas, deconstruc- tivas, entonces uno podría ver tales formas die pensamiento como peli- grosamente radicales. ¿No necesita e-l capitalismo fundamentos seguros, identidades estables, autoridad ab- soluta, certezas metafísicasya lOs fi- nes de sobrevivir? ¿Y esta clase de pensamiento que. nosotros estamos imaginando no desestabilizaría todo esto? La respuesta, débil aún, es al mismo tiempo y no. Es cierto que el capitalismo, desde hace mucho tiempo, ha tenido la necesidad de apuntalar su autoridad cOn basa- mentos morales intachables. Mire- mos, por ejemplo, la notable tena- cidad de la creencia religiosa en Norteamérica. Por otro lado, mire- mos a los británicos, quienes son notablemente una banda sin Dios.

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Ningún político británico podría causar otra cosa que un agudo em- barazo al invocar al Ser Supremo en público, y los ingleses hablan mu- cho menos acerca de abstracciones metafísicas como Inglaterra, que aquellos que en los Estados Unidos hablan acerca de algo llamado los Estados Unidos. No está claro, en otras palabras, exactamente cuánta charla metafísica el sistema capita- lista avanzado necesita realmente; y es verdad que sus operaciones im- placablemente secularizadoras y racionalizadoras amagan con soca- var sus propios clamores metafísi- cos. Es claro, sin embargo, que sin pragmatismo y pluralidad, el siste- ma no podría sobrevivir en absolu- to. La diferencia, la “—hibridad", la heterogeneidad, la movilidad sin descanso, son propias del modo ca- pitalista de producción, y esto no por un fenómeno radical inheren- te. Entonces, si estas formas de pen- sar desestabilizan el sistema a un nivel, reproducen su lógica a otro.

Si un sistema opresivo parece regularlo todo, entonces uno natu- ralmente buscará alrededor algún enclave en el cual esto sea menos cierto —algún lugar donde un gra- do de libertad, o de azar, o de pla- cer todavía sobreviva precariamen- te. Quizás se pueda llamar a esto deseo, o discurso, o el cuerpo, o el inconciente. Uno puede predecir en este período un avivamiento del in- terés en el psicoanálisis —a causa de

que el psicoanálisis no es solamen- te el sensacionalismo del pensamien- to de la persona, mezclando el ri-

.gor intelectual con los más extrava-

gantes materiales, sino que exuda un excitante aire general de radica- lismo sin serlo, en particular, políti- camente. Si las preguntas más abs- tractas por el Estado, el modo de producción y la sociedad civil, pare- cen por el momento tan difíciles de resolver, entonces uno debería di- rigir la propia atención política ha- cia algo más íntimo e inmediato, más vivo y carnal, como el cuerpo. Los papers titulados “Poniendo el ano de vuelta en Coriolano” atrae- rían a multitudes ansiosas que nun- ca han oído acerca de la burguesía pero que conocieron todo acerca de la sodomía.

Este estado de la cuestión sin duda no sería particularmente no- tado en esas sociedades en las cua- les en todo caso no hubieron fuer- tes tradiciones socialistas; sin embar- go, uno podría imaginar gran parte de ese estilo de pensamiento, a pe- sar de su desconfianza respecto de lo universal, como nada más que una espúrea universalización de ta- les condiciones políticas específicas. Así en lo que representaría la descorporización y la sexualidad, uno se imagina una enorme profun- dización y enriquecimiento político, al mismo tiempo que esto significa- ría un completo desplazamiento. Y sin duda lo mismo podría decirse si

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uno comprobará una creciente ob- sesión con el lenguaje y la cultura —tópi‘cos donde el intelectual es en todo caso más propenso a sentirse en casa que en el reino de la pro- ducción material.

Uno. podría esperar que algunos, fieles al pesimismo del período, pondrían- el acento en, cómo los d-is- cursos están vigilados, regulados, cargados de poder, mientras que otros proclamarían, con un espíritu de libertad más libertario, cómo las emociones y los vuelcos del signifi- cado pueden eludir al sistema. De otro modo, uno no-dudaría en com- probar una inmensa inflación linguística, como lo que ya no pare- cía concebible en la realidad políti- ca fue entonces sólo posible en las áreas del discurso, o los- signos, o la textualidad. La libertad del texto o del lenguaje vendría a compensar‘la ausencia de libertad en el sistema como un todo. Habría todavía un tipo de visión utópica, pero su nom- bre ahora sería crecientemente poé- tico. Y ser-ía aún posible imaginar, en una variante “extremista” de este estilo de pensamiento, que el futu- ro fue aquí y ahora —esa utopía ya había llegado en la forma de placen- teras intensidades, múltiples egoís- mos y estimulantes intercambios del mercado y del shopping. Entonces la historia casi con certeza habría llegado a un final —un final ya im- plícito en el entramado de la acción política radical. Si tal acción colec-

tiva no pareció en general posible, entonces la historia aparecería sin duda como accidental y sin direc- ció_n,_ y clamar que ya no había más ninguna “gran narrativa” sería en- tre otras cosas una forma de decir que nosotros no sabíamos ya cómo construir efectivamente una en“esas condiciones. Para esta clase de pen- samiento, l-a historia habría termi- nado porque la libertad habría sido finalmente realizada; para el marxis- mo, la realización de la libertad se- ría el comienzo de la historia y el fin de todo lo que hemos conocido hasta ahora: esas aburridas y prehis- tóricas grandes narrativas que son realmente la misma vieja y recicla- da historia de la escasez, el sufri- miento y la lucha.

Aún el más torpe lector puede por el momento haberse pregunta- do si la condición que estoy descri> biendo no es enteramente hipotéti- ca. ¿Por qué deberíamos ser invita- dos a imaginar una situación seme- jante cuando ella salta ante nuestros ojos? ¿Hay algo que se pueda ganar con esta tediosa y retórica manio- bra? Solamente, pienso, un tipo de experimento del pensamiento gra- cias al que, poniendo la historia ac- tual entre paréntesis por un momen- to, podemos llegar a reconocer que casi cada uno de los aspectos cen- trales de la teoría posmoderna pue- de ser deducido, léase como. si lo fuera, de la asunción de una mayor derrota política. Este es, como pen-

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samiento, confrontado con el hecho de la cultura posmoderna; nosotros podríamos hacer nuestro camino hacia atrás desde ésta hasta llegar a la derrota en cuestión. (Si ésta ha sido, en realidad, una derrota tan absoluta y definitiva como la exis- tencia del posmodernismo parece implicar, no está en discusión aquí). Esta empresa completamente espe- culativa tiene por supuesto la ven- taja de la retrospección y no debe- ría ser tomada com-pletamente en serio; nadie podría actualmente in- terpretar la deconstrucción ola fal- ta de corrección po‘lítica o Pulp Fiction desde el giro hacia abajo de la militancia de la clase obrera o de los movimientos nacionales de libe- ración. Pero si el posmodernismo no es un resultado inevitable de se- mejante historia política, él es, por todo eso, un resultado lógico —tal como el quinto acto del R9: [ear no está dictado por los cuatro actos precedentes, pero no es tampoco un accidente.

¿Pero no es ésta justamente la clase de explicación históricamente reduccionista que el propio posmo- dernismo encuentra más repugnan- te? No, porque no hay aquí suge- rencia de que el posmodernismo es sólo la consecuencia de una falla política. Es difícil ver cómo Ma- donna o los fingidos edificios góti- cos ola ficción de Umberto Eco son el resultado detal repulsa, pensa- miento que algún ingenioso comen-

tarista cultural probablemente in-3 é tentará. El posmodernismo tieneif‘ varias fuentes —el propio modernis-- mo, también llamado posindustria-É lismo, la emergencia de nuevas fuer-l zas políticas vitales, el recrudeci« miento de las vanguardias cultura-. les, la penetración de la vida cultu-Ï ral por la forma mercancía, la dise-- minución de un espacio “autóno-a mo" para el arte, la extinción de cier- tas ideologías clásicas burguesas, yJ muchas cosas más. Pero cualquier; otra cosa que fuera, es la criatura; de una denegación política. Su plan-- teamiento de los problemas del gé- nero y la etnicidad sin duda han roto a permanentemente el encierro ideo-.. lógico de los blancos masculinos de- la izquierda del oeste —acerca de los ' cuales lo más que puede ser dicho es que por lo menos no estamos muertos-— y al mismo tiempo han dado por sentado un discurso agre- l sivamente culturalista que pertene- , ce precisamente a ese rincón del globo. Estas valiosas preocupaciones también han mostrado demasiado a menudo una notable indiferencia ante ese poder que es el invisible color de la vida diaria, que determi- na nuestra existencia —algunas ve- ces literalmente también- casi en cada punto, que decide en gran medida el destino de las naciones y los destructivos conflictos entre ellas.

Esto es, como pensamiento, que toda otra forma de poder opresivo

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puede ser fácilmente debatida, pero no la que tan a menudo establece la agenda a largo plazo para ellos o está en última instancia implicada con ellos en su núcleo. El poder del ca- pital es ahora tan fatigosamente fa- miliar que aún grandes ¡sectores de la izquierda han triunfado .en naturalizarlo, tomándolo por garan- tizado como una estructura inmu-

table. Uno necesitaría, para una"

analogía adecuada, imaginar una derecha. vencida discutiendo vehe- mentemente la monarquía, la fami- lia y la muerte de la 'urbanidad, mientras mantiene un rígido silen- cio .con respecto a lo que, después de todo, más visceralmente los com- promete, los derechos de la propie- dad, puesto que éstos han sido tan Completamente expropiados que parece meramente academicista desear que vuelvan.

La cultura posmodernista ha pro- ducido un rico, resaltado y estimu- lante cuerpo de trabajo a través del trayecto completo de las artes, y ha producido más que su adecuada parte de excecrable kitsch. Este ha movido el piso a un cierto número de complacientes certezas, ha palanqueado algunas totalidades paranoicas, ha corrompido algunas purezas celosamente guardadas, ha doblado algunas normas opresivas y ha sacudido algunos cimientos de aspecto más bien sólidos. También ha tendido a rendirse ante un es- cepticismo políticamente paralizan-

te, un fulgurante populismo, un relativismo moral temperamental y una impronta de sofisma por el cual, ya que todas las convenciones son de alguna manera arbitrarias, pue- de también conformar a aquellas del Mundo Libre. En este moverle el piso a las certezas de sus oponentes políticos, a menudo esta cultura posmoderna se lo ha movido tam- bién a misma, dejándose a mis- ma sin ninguna razón por la que resistiríamos al fascismo más que con el argumento débilmente prag- mático de que el fascismo no es la forma en que nosotros hacemos las cosas en Sussex o en Sacramento. Ha tirado abajo la intimidante aus- teridad de la alta cultura con su hu- morístico y paródico espíritu y .así, imitando la forma dela mercancía, ha triunfado en reforzar las austeri- dades inestables del mercado. Ha liberado el poder de lo local, lo vernáculo, lo regional, al mismo tiempo que ha contribuido a hacer del globo un lugar más monótona- mente uniforme. Su falta de nervio- sismo .ante conceptos como el de verdad ha alarmado a los obispos y encantado a los ejecutivos de nego- cios. Ha negado firmemente la po- sibilidad de describir cómo es el mundo, y precisamente cuando fir- memente se encuentra a misma haciendo eso. Está llena de prescrip- ciones morales universales —la plu- ralidad es preferible a la singulari- dad, ‘la diferencia a la identidad, la

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1.23

otredad a la mismidad- y denuncia toda clase de universalismo como opresivo. Sueña con un ser huma- no libre de la ley y de las cons-. tricciones, deslizándose ambigua- mente desde una “posición subjeti- va” a otra y ve al sujeto humano como nada más que el efecto deter- minado de las fuerzas culturales. Cree en el estilo y el placer, y co- múnmente produce en profusión textos que podrían haber sido com- puestos por, de la misma forma que con, una computadora.

Todo esto, sin embargo, pertene- ce a una evaluación dialéctica del posmodernismo —y el propio pos- modernismo insiste en que el pen- samiento dialéctico puede ser con- signado a la chatarra metafísica. Es aquí, quizás, donde difiere más pro- fundamente del marxismo. Se supone que los marxistas son pen- sadores “doctrinarios”, pero recono- cen que no puede haber auténtico socialismo sin la rica herencia del ilustrado liberalismo burgués. Los posmodernos se han declarado a mismos devotos del pluralismo, la mutabilidad, lo abierto-sin-final, pero están constantemente a punto de ser atrapados demonizando el humanismo, el liberalismo, el Iluminismo, el sujeto centrado, etc. Pero el Iluminismo burgués es como la clase social: para liberarse de él, uno debe primero atravesarlo. Es sobre este punto, más que sobre cualquier otro, que el marxismo y

el posmodernismo están quizás más? profundamente en desacuerdo.

El posmodernismo tiene un ojo’ rápido para la ironía; pero hay so- bre todo una ironía que parece habérsele escapado. justo en el: momento en que estaba denuncian- do la idea de revolución como “me- tafísica", despreciando la noción de: “sujeto colectivo”, e insistiendo en- los peligros de la totalidad, la revo- lución se abrió paso donde nadie menos lo esperaba, como un sujeto colectivo de cierta clase de lucha contra el “sistema total" de las bu- rocracias poscapitalistas. Los actua- les resultados de esa transformación no son, por supuesto, los que un socialista puede contemplar con al- guna ecuanimidad; pero los dramá- ticos cataclismos en la Europa del este demostraron la falsedad de muchas de las asunciones de moda del oeste posmoderno. En un gesto poderosamente separatista, ellos ponen al desnudo al posmodernis- mo como la ideología de un ala pe- culiarmente agotada y derrotista de la intelligemsia capitalista liberal, la que ha confundido sus propias y muy locales dificultades con una condición humana universal exacta- mente a la manera de las ideologías universalistas que denuncia. Pero. aunque el pensamiento posmo- derno puede así ser útilmente “ena- jenado” por que lo que ha sucedido al este de él, no fue ciertamente cau- sado por ese colapso. El posmo-

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¿Haro de ¡999

dernismo es más una respuesta al “triunfo” del capitaliSmo —al menos en sus más reaccionarias versiones—. que una. reacción ante la derrota del comunismo (a la que es de alguna forma bastante anterior). Entonces encontramos aquí otra ironía. En los noventa, acesados por la crisis, pa- rece algo más que una pequeña di- ferencia tratar el triunfo capitalista

como si éste fuera una ley de la na- turaleza general e inmutable, Si esto no es justamente la clase de abso- lutización ahistórica que los pos- modernos tan ferozmente rechazan en otros, es difícil ver qué es.

(Traducción del inglés: Marcela B. Zangaro.)

Cuadernos del .Sm

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dialéktica

Secretaría General CEF-Y L- ° Revista de Filosofía y Teoría Social

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126 .l’lavo de ¡999

Luxemburg, una Rosa roja para el siglo XXI

Néstor Kohan'

' Su energía impetuosa y siempre en vilo aguijoneaba a los que ' estaban cansados y abatidos, su audacia intrépida y su entrega l hacían sonrojar a los timoratos y alos miedosos. (CLARA ZETKIN)

El Socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y podero-

sa concepción del mundo. (CARTA ROSA LL XEMBU RGO A FRANZ MEHRING, FEBRERO DE 1916)

penas ochenta años de un A asesinato. Eso indica la fría

marca del calendario. Re- rordada desde un continente como i -l nuestro, que ha sufrido durante l siglo xx —para no mencionar los e nteriores- represiones, matanzas ' genocidios salvajes a manos de las lases dominantes, su muerte podría ' omputarse simplemente como una Ir ás de las tantas víctimas del M pitalismo. Lin número, sólo eso, la ar-idez de la estadística. No es r l caso.

Las revoluciones del futuro, que las habrá no por mandato. predeter- minado de La Historia (con mayús- culas) sino por la voluntad colectiva y el accionar político de los pueblos latinoamericanos, recuperará la memoria de cada uno de esos már- tires masacrados y desaparecidos

por el capitalismo. El combate so- cialista por el futuro se desarrollará entre nosotros no sólo pensando en un porvenir “luminoso” sino funda- mentalmente —como señalaba Walter Benjamin para el caso euro- peo.— a partir del recuerdo imbo- rrable de todos nuestros compañe- ros oprimidos, explotados y asesina- dos de la historia pretérita.

Entre todos ellos y ellas el ejem- plo de Rosa Luxemburg ocupará uno de los primeros lugares. Su memoria sigue aun hoy desco- locando y desafiando la triste man- sedumbre que actualmente prego- nan los mediocres con poder.

Partiendo de esta realidad, cabe preguntarse ¿por qué se torna im- perioso recordar hoy, precisamen- te hoy, a Rosa cuando muchos otros nombres también ligados al socia-

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lismo internacional apenas son ap- tos para rellenar los libros de histo- ria? Este modesto artículo tiene por objetivo el intento de comenzar a responder esa acuciante pregunta.

En primera instancia constata- mos que el simple recuerdo de su figura, siempre sospechada de “he- reje” por los que hasta ayer nomás monopolizaban el estandarte de la “ortodoxia” marxista, resulta de una incomodidad insoportable para una tradición de pensamiento que ella estigmatizó sin piedad en Re arma o revolución y en La crisis de la social- democracia: el reformismo.

El aniversario de su muerte cons- tituye la gran mancha negra de la socialdemocracia, supuestamente “abanderada de los derechos indi- viduales" frente a las corrientes por ellos —los profetas rosados de la de- mocracia burguesa- despectivamen- te denominadas “jacobinas”, “blan- quistas”, “partisanas”, “leninistas” del socialismo.

Se sabe. Los responsables de su asesinato (como del de Liebknecht) fueron Gustav Noske, Scheidemann y Friedrich Ebert. El nombre de éste último bautizó incluso a una cono- cida fundación de la socialdemocra- cia alemana que durante los años ochenta coqueteó con posiciones “progresistas” cooptando mediante grandes sumas de dinero a nume- rosos intelectuales latinoamericanos presurosos de olvidar su pasado re- volucionario.

El trauma histórico de este asesi-i nato quedó siempre latente. Ni si-i quiera Willy Brandt cuando fue al-.. calde de Berlín en la última posguea rra fue capaz de ponerle una plac recordatoria al puente desde el cu fue arrojado al agua el cuerpo si vida de Rosa (una placa que puso; la aun más derechista y reaccionagi ria democracia cristiana alemanagi sólo para ironizar sobre sus rivalefi electorales). El sólo hecho de mené’éi cionar su nombre seguramente haga: ría temblar los labios de todos aqueÁI llos partidarios de la reunificación: alemana que han vuelto a poner enÉ el primer plano de la política con- temporánea al neonazismo, al antisemitismo y a la política de gran potencia —eurodólar mediante- del; Reicht alemán.

En este cansado fin de siglo, cuan- do muchos disidentes y herejes vuel- ven a la nave madre y al hogar co- mún de la socialdemocracia (el ex PC; italiano a la cabeza) propagandizan- do una supuesta “tercera vía", con-A vendría entonces reencontrarse con: la herencia insepulta de Rosa y sus demoledoras críticas al reformismo.

Pero volver a respirar el aire fresa co de sus escritos también nos per- mite reactualizar la- inmensa estatu-. ra ética que. tiñó en ella al socialisw mo en momentos en que socialistas: “renovados” del cono sur —comQ por ejemplo el canciller chileno-e: marchan presurosos a Londres a socorrer al dictador Pinochet en.

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nombre del “realismo”, de la razón de Estado, de la “gobernabilidad” y del pragmatismo socialista. Exaéta- mente los mismos ejes y las mismas banderas contra las cuales dirigió sus ácidos dardos Rosa en las mejo- Íres de sus polémicas.

Su palpitante actualidad nos-in- vita además a replantearnos toda ima gama de cuestiones teóricas que aun hoy están a la orden deldía en la agenda política de los revolucio- narios. Y que seguramente lo esta- rán en el siglo que viene.

Sucede que, además de refutar y combatir despiadadamente al refor- mismo, Rosa también fue una dura impugnadora del socialismo autori- tario. En un folleto que ella escri- bió durante 1918 en prisión sobre la naciente revolución rusa, hundió el escalpelo en los peligros que enttrañaba ante sus ojos cualquier tipo de tentación de separar el ejer- cicio del poder soviético de la de- mocracia obrera y socialista.

Ante la crisis y el derrumbe de la burocracia soviética (que dilapidó el inmenso océano de energías revo- lucionarias generosamente brinda- do por el pueblo soviético desde ¡917 hasta la victoria sobre el nazis- mo, pasando por el triunfo de la guerra civil) aquellas premonitorias advertencias de Rosa merecen ser seriamente repensadas. Más que todo si tomamos en cuenta que ade- más Polonia y Alemania —do‘nde actuó políticamente Rosa- fueron

dos países cuyos modelos de socia- lismo autoritario y burocrático aná- logos al soviético entraron en crisis terminal y se derrumbaron como un castillo de naipes hace apenas una década.

Aquel célebre folleto crítico so- bre la revolución rusa fue publica- do póstumamente con intenciones polémicas por Paul Levi —un miem- bro de la Liga SpartaCus y del KPD alemán, luego disidente y reafiliado al SPD.—. Cabe agregar que Rosa cambió de opinión sobre su propio folleto al participar ella misma de la revolución alemana. Sin embargo, aquel escrito fue utilizado para in- tentar oponer a Rosa frente a la re- volución rusa y sobre todo frente a Lenin (dela misma manera que lue- go se repitió ese operativo enfren- tando a Gramsci contra Lenin o más cerca nuestro al Che Guevara con- tra a la revolución cubana). Se qui- so de ese modo construir un luxem- burguismo descolorido y “potable” para la dominación burguesa.

Al resumir sus posiciones críticas hacia la dirección bolchevique, cuya perspectiva revolucionaria general compartía íntimamente, Rosa se centró en tres ejes problemáticos. Les cuestionó la catalogación del carácter de la revolución, su concep- ción del problema de las “guerras nacionales" y la relación entre de- mocracia y terror.

No sólo Lenin (en su famosa crí- tica del folleto de junius, seudóni-

(Ínadernos del .S'u/

l 29

mo de Rosa) y Trotsky le señalaron sus errores. También Lukacs en Historia y conciencia a'e clase tomó partido en el debate. Entre esos señalamientos figuran en primer término su subestimación de la for- ma política consejista (que asumió en Rusia el carácter de soviet) como una alternativa radical frente a la democracia burguesa. En ese senti- do creemos que Lukacs había dado en el clavo cuando —sin dejar de reivindicarla como un faro metodo- lógico para el marxismo- le señaló a Rosa su inconsecuencia al no di- ferenciar las transformaciones específicamente políticas de las re- voluciones burguesas (Inglaterra, 1688 y Francia, 1789) de la revolu- ción socialista (Rusia, 1917). En aquellas primeras dos se trataba, según Lukacs, de depurar el Parla- mento, mientras que en 19,17 se había intentado en cambio suplan- tarlo por los soviets.

Y en ese punto se puede ubicar la radical diferencia entre un tipo y otro de revolución pues en la tran- sición al socialismo no se trata ya de acelerar o retardar el desarrollo autónomo e independiente de la economía por parte del Estado sino, por el contrario, de dirigirla cons- cientemente (una opinión donde el Che coincidirá evidentemente con Lukacs en sus debates sobre el cál- culo económico y el sistema presu- puestario de financiamiento).

Al mismo tiempo Rosa, siempre

según la opinión de Lukacs, habría- subestimado en aquel folleto el pa- pel cumplido en la revolución rusa por las fuerzas no proletarias y por lo tanto en su esquema habría ter- minado desdibujado el lugar y la fun- ción estrictamente hegemónica del partido proletario sobre el resto de las fracciones sociales que habían participado del octubre insurrecto.

Si bien es cierto que aquel escri- to adolece de este tipo de equivoca- ciones, también resulta insoslayable que Rosa acertó al señalar algunos agujeros vacíos cuya supervivencia a lo largo del siglo XX generó no pocos dolores de cabeza a los parti- darios del socialismo.

Entre éstos últimos creemos que Rosa tuvo razón cuando sostuvo que sin una amplia democracia so- cialista —base de la vida política cre- ciente de las masas trabajadoras- sólo resta la consolidación de una burocracia. Según sus propias pala- bras, si este fenómeno no se puede evitar, entonces “la vida se extingue, se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia”. La his- toria, en el caso del socialismo eu- ropeo, le dio‘ lamentablemente la razón.

La necesaria vinculación entre socialismo y ¡democracia política y los riesgos de eternizar y tomar como norma universal lo.que era en realidad producto histórico de una situación particular, es decir, el pe- ligro de hacer de necesidad virtud

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en el período de transición al socia- lismo, constituye el eje de su pensa- miento que probablemente más haya resistido el paso del tiempo.

Pero esta crítica de Rosa, dura y sin contemplaciones a pesar de su ferviente adhesión al bolchevismo, no implica soslayar la necesaria crí- tica que hoy debemos hacer alas for- mas “democráticas” (en realidad re- publicanas parlamentarias, no de- mocráticas) con que el capitalismo ejerce su dominación y su hegemo- nía en las sociedades modernas oc- cidentales. Una crítica desarrollada a fondo por el intelectual que fue más lejos —incluso más all-á de la misma Rosa— al pensar las condicio- nes de una revolución anticapitalista en Occidente, Antonio Gramsci.

Esta crítica a la forma republica- na de dominación burguesa —como la denominó Marx en su célebre [8 Br'umario de Luis Bonapa-rte- resulta impostergable para nosotros los lati- noamericanos pues en nuestros paí- ses el imperialismo norteamericano, después de financiar y sostener a las dictaduras militares más sangrientas de la historia, apostó a implementar su reformulación neoliberal del capitalismo con regímenes políticos donde funciona el Parlamento y los tribunales “independientes”

De modo que uno de nuestros principales desafíos contemporá- neos y futuros consiste en tratar de recuperar y sintetizar al mismo tiem- po el reclamo de Rosa sobre la ne-

cesaria vinculación de socialismo, participación popular y democracia revolucionaria en los países donde los trabajadores ya han tomado el poder y la crítica impiadosa de Gramsci hacia los regímenes políti- cos donde aun domina el capital internacional y sus expresiones na- cionales. Ambos pensamientos apuntan auna misma problemática política.

Si la pregunta básica de la filoso- fía política clásica de la modernidad se interroga por las condiciones de la obediencia al soberano, el con-

junto de preguntas que delinean la

problemática del marxismo apuntan exactamente a su contrario. Es de- cir que desde este último ángulo lo central reside en las condiciones que legitiman no la obediencia sino la insurgencia y la rebelión, no la so- beranía que corona al poder institu- cionalizado sino la que justifica el ejercicio pleno del poder popular. Antes, durante y después de la toma del poder.

Allí, en ese terreno nuevo que permanecía ausente en los filósofos clásicos del iusnaturalismo contrac- tualista, en Hegel y en el pensamien- to liberal, la teoría política marxista tal como la elaboraron Rosa, Lenin y Gramsci ubica el eje de su re- flexión. En ese sentido, el socialis- mo no constituye el heredero mo- derno, mejorado y perfeccionado del liberalismo moderno sino su negación antagónica.

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Si hubiera entonces que situar la filiación que une la tradición políti- ca iniciada por Marx y que Rosa desarrolló en su espíritu —contradi- ciendo muchas veces su letra— a partir de la utilización de su misma metodología, podríamos arriesgar que el socialismo contemporáneo pertenece a la familia libertaria más radical y es —o debería ser— el here- dero privilegiado de la democracia directa roussoniana.

Desde esta óptica —bien distinta a la de quienes legitimaron los “so- cialismos reales" europeos amparan- dose en el perfeccionamiento de la tradición ilustrada dieciochesca— se torna comprensible los presupues- tos desde los cuales Rosa dibujó las líneas centrales de su crítica al so- cialismo burocrático.

En cuanto al problema de la con- trovertida relación entre “esponta- neidad” y vanguardia —otro de los núcleos centrales de su pensamien- to-político—, podemos también apre- ciar su apabullante actualidad.

Esta otra serie de interrogantes hoy reaparece con otro lenguaje y otro ropaje. No es ya .el problema de la huelga de masas —que Rosa analizó a partirde la primera revo- lución rusa de 1905- sino más bien el de los' movimientos sociales (la subjetividad popular) y su vincula- ción con la política. Aquí sus escri- tos, releídos desde nuestras inquie- tudes contemporáneas, tienen mu- cho para decirnos.

También aquí Lenin y Lukacsfi cuestionaron a Rosa. Le criticaron: el haber subestimado no sólo el lu—' gar de los consejos o soviets como; forma política de nuevo tipo sino, también el papel de la conciencia; socialista en la necesidad de organi-ï- zarse en partido (y de entablar una,1 polémica abierta con el oportuái nismo). i

Sin embargo, no deberíamos ol- vidar que en este rubro ella cuestio-Ï; incluso antes que Lenin el papeli de “guía” que Kautsky monopoliza-a ba entre las filas de la II Internacio- nal. Lo cierto es que tanto Rosa como Lenin terminaron de romper amarras no sólo política sino tams bién epistemológicamente con el marxismo kautskiano-plejanoviano en los primeros años de la guerra mundial. En ambos casos la proble- mática del sujeto —el proletariado como clase, el partido como orga- nización- fue el detonante de esa inmensa ruptura epistemológica.

Revisitar entonces los escritos de Rosa centrados en ese horizonte seguramente nos permitiría recupe- rar a Lenin de otra forma, despoja- dos ya de todo el lastre dogmático que impidió utilizar todo el arsenal político de quien Gramsci no dudó en catalogar como “el más grande teórico de la filosofía de la praxis"

Creemos que esto es así porque a partir de un contrapunto entre las posiciones de Rosa y Lenin se po- dría entender que cuando este últi-

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¿Haya de [999

mo hablaba de “llevar la conciencia desde afuera" al movimiento obrero —tesis de factura kautskiana cuyas consecuencias epistemológicas extra- jo hasta el paroxismo Louis Althu- sser- no estaba defendiendo .un externalidad total frente al movi- mientosocial “espontáneo” sino una externalidad» circuvnsoripta en rela- ción con el terreno económico. El “afuera” desde el cual Lenin defen- día'la necesidad de un partido políti- c,o socialista remitía a un nivel que no se dejaba subsumir dentro de la práctica economicista, 'pero no im- plicaba —como lo leyó el stalinismo en política y el althusserianismo .e-n epistemología— situarse en un “afue- ra” opuesto al movimiento social. Esta última deformación del pen- samiento de Lenin derivó en una concepción burocrática del partido encerradoen mismo que facilitó enormemente todas las injustas acu- saciones de “sustitucionismo” con que hoy la socialdemocracia denosta a los revolucionarios en todo el mundo. El partido debe ser parte inmanente del movimiento social —como lo demostraron Gramsci en el movimiento consejista turinvés o nuestro Mariátegui frente alas ma- sas indígenas peruanas—, nunca un “maestro” que desde afuera lleva una teoría pulcra y redonda que no se “abolla” en el ir y venir del movi- miento de masas. Entre el sentido común, la ideología “espontánea” del movimiento popular, y la re-

flexión científica, es decir, la ideo- logía del intelectual colectivo, no debe haber ruptura absoluta. Cuan- do esta última se produce se pierde la capacidad hegemónica del parti- do y crece la capacidad hegemónica del enemigo que cuenta en su ha- ber con las tradiciones de sumisión, con las instituciones del poder y hoy endía con el monopolio de los me- dios de comunicación mundial,

De modo que las posiciones de Rosa y de Lenin —polémiCas entre sí— en última instancia serían integrables en función de una difí- cil pero no imposible dialéctica de la organización política como con- secuencia y a la vez impulsora del movimiento social. La hegemonía se construye desde adentro. La con- ciencia de. clase es fruto de una ex- periencia de vida, de valores senti- dos y de una tradición de lucha cons- truida que ningún manual puede llevar desde afuera pues se chocará indefectiblemente —como de hecho ha sucedido en la historia- con un muro de silencio e incomprensión.

Otro de los núcleos donde Rosa Luxemburg polemizó fue en el cam- po de la “cuestión nacional”, uno de sus flancos más débiles.

Todo el problema alrededor del cual gira la reflexión de Rosa, como también la de Lenin, Otto Bauer, Stalin o Trotsky, etc., es aquella que se pregunta qué deben hacer los partidarios del socialismo, los críti- cos del capitalismo, frente a una si-

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tuación de opresión de naciones que son mantenidas por la fuerza en el estatus de colonias o semico- lonias por la mano de_ uno o más imperalismos.

Desde el marxismo latinoameri- cano debemos presurosamente acla- rar que dicho problema es bien dis- tinto al que en nuestra América afrontó Mariátegui cuando intentó descifrar el problema de la nación. En este último caso no se trataba de una nación ya constituida histó- rica, social y culturalmente, aunque oprimida por otra con mayor poder, sino el de una nación aun inacabada “—tal como era entonces Perú—, sin integración racial y con un desarro- llo desigual y combinado de su cul- tura (la blanca y mestiza, heredera de la conquista y la colonización europea, y la cultura indígena autóctona).

Cuando Rosa, Lenin y los demás marxistas de su época discutían te- nían como presupuesto compartido la reflexión sobre unidades nacio- nales —opresoras u oprimidas- ya constituidas. Y en ese rubro Rosa, de origen judío y de nacionalidad polaca, se opuso a la independen- cia de Polonia (proponiendo que los proletarios polacos enfrentarán a la burguesía polaca uniéndose junto con los revolucionarios rusos en una gran federación).

Esa posición errónea en parte se explica por los residuos episte- mológicos que Rosa seguramente

había heredado de Engels y su teo-i ría —de factura hegeliana- sobre los. llamados por él “pueblos sin histo- ria", pequeñas “nacioncillas” que nos: tenían derecho a existir. Pero tam-n poco habría que subestimar la posi- ción política de Rosa dentro de Po- lonia, como militante del Partido SO-‘í cialdemócrata Polaco (SDKP) y enerr miga a muerte del socialpatriotismm —encarnado en el Partido Socialista; Polaco (PPS)— que terminó en 1914= entregando los partidos socialistas; europeos en brazos del militarismo imperialista burgués.

Lenin, a su turno enemigo de la política de gran potencia del za- rismo ruso, levantó como consignas la unidad y la independencia de Polonia —en concordancia con la posición de Marx y la primera In- ternacional al respecto-— y el dere- cho a la autodeterminación de las naciones.

La historia del siglo xx, con sus opresiones que todavía hoy no con- cluyen —si no allí están los recien- tes bombardeos norteamericanos sobre Irak para recordárnoslo- a pesar de la pomposamente llamada “globalización”, le dio en este pun- to preciso, creemos, la razón a Lenin. Pues a pesar de que hoy exis- te una tendencia objetiva a la regionalización y a construir blo- ques económicos y políticos que superan las barreras estrechas del Estado-nación (un impulso acorde con el movimiento transnacional del

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.Wayo de 1999

capital) sin embargo no han desapa- recido los conflictos nacionales.

Dentro de éstos últimos ha cobra- ‘do cada vez mayor fuerza la dimen- ‘sión cultural como un componente central de la nación —una veta en la que Rosa fue realmentejprecursora junto con el austromarxismo—. Y si esto no fuera así ¿cómo explicarnos la apabullante exportación planetaria de valores nacionales norteamerica- nos, vía el Mc Donald, la Coca Cola, y toda la industria cultural de la ima- gen —cine y video—, garantía impres- Cindible de su hegemonía mundial?

Cuando la globalización del ca- pital subsume formal y realmente al mundo, decaen las soberanías de los Estados-naciones más débiles, las de los países del tercer mundo. En ese nuevo contexto la problemática del imperialismo —y su necesario corre- lato: la opresión nacional— se ha modificado, pero no ha desapareci- do. No es cierto que el mundo viva en una interdependencia. absoluta, donde todos los polos de las rela- ciones de poder son intercambia- bles. Sigue habiendo, lamentable- mente, opresores y oprimidos. Si bien es cierto que la hegemonía mundial del capital asume una ten- dencia hacia la desterritorialización, ello no implica que hayan desapa- recido las naciones.

Tanto en el terreno político (con el resurgimiento ultrarreaccionario del neonazismo alemán, el Frente Nacional en Francia, los separatis-

tas italianos y otros movimientos por el estilo) como en el filosófico (el discurso de “la diferencia” en un mundo donde el valor mercantil tiñe en su homologación dineraria todos los colores culturales del color úni- co del capital), el problema de la nación —y su potencial opresión- sigue vigente. En ese contexto mundializado, las naciones oprimi- das tienen cada vez menos poder. Ya no sólo son oprimidas económi- ca o comercialmente. Hasta ven amenazadas sus valores y tradicio- nes culturales. De modo que, toman- do en cuenta las variaciones históri- cas, hoy no nos podemos dar el lujo de soslayar la implicancia contempo- ránea que este debate de principios de siglo tiene para los partidarios socialistas del florecimiento mundial de las culturas y las naciones.

Otro de los ejes donde Rosa incursionó con notable éxito —de un modo mucho más equilibrado y jus- to que en el problema nacional— fue en la relación entre socialismo y re- ligión.

Sabido es que en la “ortodoxia” plejanovista-kaustkiana de la lI In- ternacional —de la cual fue una cla- ra continuación filosófica el DIA- MAT de la época stalinista— el mar- xismo era concebido como una cien- cia “positiva” análoga a las natura- les cuyo modelo paradigmático era la biología. Ciencia que Plejanov veía como arquetipo al bautizar a la filosofía de Marx como “monismo”

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siguiendo a Haeckel y que Kautsky intentaba imitar sintetizando a Darwin con Marx en un más que dudoso matrimonio de materialis- mo histórico y evolucionismo.

Desde esos parámetros ideológi- cos no resulta casual que se intenta- ra trazar una línea ininterrumpida de continuidad entre los pensado- res burgueses ilustrados del siglo XVIII y los fundadores de la filosofía de la praxis. En ese particular con- texto filosófico-político, la religión era concebida —en una lectura apre- surada del joven Marx (1843)— sim- plemente como el “opio del pue- blo”

Aun educada inicialmente en esa supuesta “ortodoxia” filosófica - desde la cual batallará contra el reformismo de Bernstein -y con la cual romperá amarras alrededor de 1915-, Rosa Luxemburg se opuso a una lectura tan simplificada del materialismo histórico en torno al problema de la religión.

Ante el estallido en 1905 de la primera revolución rusa, Rosa, como parte de los socialistas pola- cos dela parte de Polonia que en ese tiempo era rusa, escribió un corto folleto sobre “El socialismo y las iglesias”. En él cuestiona crispa- damente el carácter reaccionario de la iglesia oficial que intentaba sepa- rar a los obreros polacos del socia- lismo marxista, manteniéndolos en la mansedumbre y la explotación. Hasta allí su escrito no se diferen-

ciaba en absoluto de cualquier otro'i de la época de la II Internacional. -Pero al mismo tiempo ——y aquí reside lo más notable de su empe- ño— intenta releer la historia del cristianismo desde una ópticas marcadamente historicista que": "descentra completamente la ópticaé de la ilustración “materialista”r* dieciochesca. Así afirma que “loss cristianos de los primeros siglos eran comunistas fervientes” En esa" línea de pensamiento reproducía largos fragmentos que resumían eE mensaje emancipador de diversos apóstoles como San Basilio, San juan Crisóstomo y Gregorio Magno. De ese modo Rosa retomab'a el sugerente impulso del último En.- gels, quien en el prólogo de 1895 a Las [ue/zas de clases en Francia no había tenido miedo de homologar el afán cristiano de igualación hu- mana con el ideal comunista del proletariado revolucionario. Una lectura cuya tremenda actualidad no puede dejar de asombrarnos cuan- do grandes sectores populares reli- giosos rompen amarras con el ca- rácter jerárquico y autoritario de las iglesias institucionales para asumir una práctica de vida íntimamente consustanciada con el comunismo de aquellos primeros cristianos. Llegado este punto del análisis deberíamos preguntarnos, ¿qué pre- supuestos filosóficos permitieron a Rosa incursionar con tanta fortuna en temáticas tan diversas? La res-

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puesta resulta aquí inequívoca. La lectura filosófica de Rosa remite hoy al problema del método.

Ninguna categoría ha sido más repudiada, castigada y desechada en las últimas décadas que la de “tota- lidad” Las vertientes más reaccio- narias del posmodernismo —que no sólo cuestionan ala modernidad, lo cual no deja de ser una tarea impostergable, sino que también rechazan todo proyecto de transfor- mación y emancipación social- y del pragmatismo han asimilado toda visión totalizadora con la metafísi- ca. A ésta última a su vez la iguala- ron con el pensamiento “fuerte” y de allí (sin mediaciones) han soste- nido que en ese tipo de racionalidad se encuentra implícita la apología de la violencia irracional y el auto- ritarismo.

De este modo han intentado des- echar, junto con los grandes relatos de la historia, todo proyecto de emancipación y junto con la cate- goría de “superación” (alfilebung) cualquier visión totalizadora del mundo.

Ahora bien, esa categoría tan vi- lipendiada —la de totalidad- es cen- tral en el pensamiento de Rosa y de su crítica de la economía capitalis- ta. Ella consideraba que el modo de producción capitalista nunca se pue- de comprender si se fragmenta cual- quiera de sus momentos internos (la producción, la distribución, el cam- bio o el consumo). El capitalismo los

engloba a todos en una totalidad articulada según un orden lógico que a su vez tiene una dinámica esencialmente histórica. De allí que cuando intente explicar en las escue- las del partido el nada fácil proble- ma de “¿Qué es la economía?" dedi- que buena parte de su exposición a desarrollar no sólo las definiciones de la economía contemporánea sino particularmente la historia de la dis- ciplina.

Esa decisión no era caprichosa ni arbitraria. Estaba motivada por la misma perspectiva metodológica que llevó a Marx a conjugar lo que él denominaba el “modo de exposi- ción" y el “modo de investigación”, dos órdenes del discurso científico crítico que remitían al método lógi- co y al método histórico. Para el marxismo revolucionario que inten- ta descifrar críticamente las raíces fetichistas de la economía burguesa no hay simple enumeración de he- chos —tal como aparecen a la con- ciencia inmediata en el mercado, según nos muestras las revistas y pe- riódicos actuales de economía- sin lógica. Pero a su vez no hay lógica sin historia, pues una lógica sin his- toria —por ejemplo la canonización materialista del DIAMAT válida para todo tiempo y espacio—— deriva inde- fectiblemente en la metafísica.

Pues bien, la categoría que per- mite articular en el marxismo a la lógica y a la historia es la de totali- dad, nexo central de la perspectiva

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metodológica que Rosa'encontró en Marx, como bien señaló Lukacs en Historia y conciencia de clase. No im- porta si sus correcciones a los esque- mas de reproducción del capitaleque figuran cn el tomo II de El capital ,‘son correctas o no. Lo importante v es el..método empleado en —es-e, aná- lisis. Pudo quizás equivocarse-En sus cónclusiones pero no se equivocó en el método. Eso es para nosotros lo importante. La categoría de totalidad no gira en el vacío_ni flota en el aire. La sociedad humana concebida como totalidad es el resultado de una praxis histórica. En ésta última, en la categoría de praxis reposa la se- gunda y no menos importante cate- goría de su marxismo revoluciona- rio. No hay posibilidad de ciencia, al menos en el marxismo, sin-praxis. Las totalidades sociales no se suce- den en la historia de manera auto- mática. Son los seres humanos y su praxiscolectiva (su “actividad críti- co práctica” como la llamaba Marx en sus Tesis sobre Feuerbac/i) las que _l,0gran derribar sistemas y crear otros nuevos. i Todo la reflexión de Rosa gira metodológicamente en torno a este horizome categorial. Retomar hoy ese ángulo nos paree de vital impor- tancia, sobre todo si tomamos en cuenta que en las dos últimas déca- das se ha intentado fracturar toda perspectiva de lucha global contra el capitalismo en aras de los '“micro-

tos capilares”, etc., etc. Sin cuesti0+ nar la totalidad del sistema capita- lista, toda crítica al sistema se vuel- ve impotente.

Es cierto que ya. no podemos se-wg guir h-undiéndonos en sistemas-i metafísicos que únicamente tomané; en cuentan el carácter-de clase (paré, más que se disfracen con el ropajegi “materialista dialéctico”) sin cuestio-iït nar al mismo tiempo la dominación sexista, generacional, el autoría“ tarismo pedagógico, la destrucción de la ecología, el racismo, etc., etc, Los reclamos delos nuevos movi-i; mientos sociales tienen una racioa nalidad-que no se puedenegar. Pero si 'no logramos articular sus recla- mos puntuales y fragmentarios en. una totalidad que los integre —sin- disolverlos— hay capitalismo: para. rato. El abandono de la categoría de “totalidad” expresa entonces ,—comoa señaló hace poco jameson- la im- potencia de los nuevos movimiem tos sociales al no- poder construir-v una alianza entre todos sus reclamos puntuales. Superar esa impotencia (legitimada filosóficamente por las-- filosofías de la “diferencia” y la ya; cansadora polémica contra la heren- cia de Hegel) implica reactualizar la herencia metodológica que Rosa; Luxemburg‘supo desarrollar en sui. crítica de la economía política y en su crítica radica-l de la “civilización” capitalista.

Esta última resume seguramente

poderes", los “microenfrentamien-v“1 l

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¿Llano de 1.9997

‘l'o más explosivo de su herencia y lo más sugerente de su mensaje para el socialismo que viene, el del siglo XXI,

Cuando Rosa termina de corta-r sus vínculos cOn la tradición deter- minista "ortodoxa" de la II Interna- cional —aquella misma gue la llevó, según el Gramsci de los Cuadernos de la cárcel, a concebir la crisis del Capitalismo y la huelga general'como "la artillería pesada dela guerra de maniobra”— formula una consigna que hoy tiene absoluta actualidad: “Socialismo o barbarie”

Inserta en su folleto de junius (1915), esaconsigna resulta supera- dora del determinismo fatalista y economicista asentado en el desa- rrollo imparablemente ascendente de las fuerzas productivas. Según esta última concepción, durante décadas considerada la versión “or- todoxa” del marxismo, la sociedad humana marcharía de manera ne- cesaria, ineluctable e indefectible hacia el socialismo. La subjetividad histórica y la lucha de class a lo sumo lo que podrían hacer es acelerar o retrasarese ascenso de progreso li- heal.

Pero Rosa rompe con ese dogma dieciochesco y plantea que la histo- ria humana tiene un final abierto, no predeterminado por el progre- so de las fuerzas productivas (ese viejo grito moderno del más anti- guo ¡Dios‘io quiere! "', tal comio iró-

nicamente afirmaba Gramsci). Por lo tanto el futuro sólo puede ser resuelto por el resultado de la-lucha de clases. Podemos ir hacia una so- ciedad desalienada y una conviven- cia m-ás humana, el' socialismo, o podemos ir hacia la barbarie.

Y cuando hoy hablamos de “bar- barie" —concepto tomado por Rosa no del ¡Manifieszo comunis/a en el cual era erróneamente utilizado para caracterizar a los pueblos dela peri- feria colonial sino del último Engels— estamos pensando en la barbarie moderna, es decir, la civi- lización globalizada del capitaliSmo. Nunca hubo más barbarie que du- rante el capitalismomoderno del siglo XX. 'Como ejemplos contun- dentes pueden recordarse el nazis- mo alemán con sus fábricas indus- triales de muerte en serie; o el apart/reir! sudafricano ——régimen p0- lítico insertado de lleno en la mo- dernidad blanca, europea y occiden- tal— o, más cerca nuestro, los regí- menes argentinos y chilenos de la década del 70 quienes realizaron un genocidio burocrática y racional- mente planificado aplicando tortu- ras científicas.

A ochenta años de su muerte y a

escasos márgenes del siglo XXI, la

roja herencia de Rosa sigue siendo Un incentivo para no bajar los bl" - zos y no permitir que continúe la barbarie.

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EI O'o Mocho

evista de critica cultural

l40 .lÍigvu de 19.9!)

Lo público y lo privado en Simone de Beauvoir

A cincuenta años de la aparición de E] Segundo Sexo

Mabel Bellucci

Palabras iniciales l j l 24 de mayo de 1949 sale en Francia, el primer tomo de El > egundo Sexo, escrito por la filósofa Simone de Beauvoir y pu- blicado por la imprenta de Galli- mard. En pocos días se venden más de 20.000 ejemplares. El segundo tomo se presenta en noviembre de ese mismo año y el éxito ya está ase-

gurado.

En 195] se tradujo al alemán y dos años más tarde al inglés; ven- diéndose dos millones de ejempla- res en esa lengua. En tanto, en l954 se publica en Buenos Aires y esta edición, por décadas, abastecerá el mercado iberoamericano. Se sabe que en japón permanece durante un año en la lista de bar-seller. Fue traducido también al árabe, al da- nés, al hebreo, al húngaro, al italia- no, al holandés, al noruego, al pola- co, al portugués, al serbo-croata, al eslovaco, al sueco, al tamil y al checo. De este babilóníco recorrido se des- prende que Simone de Beauvoir fue

la escritora feminista más leída del mundo. El libro con su famosa fra- se “No se nace mujer, se llega a serlo” ha sido, sin lugar a dudas, uno de los textos que más influencia tuvo en el auge del feminismo en Occi- dente, con la irrupción del Women's Lib, en la segunda mitad del siglo XX.

Su originalidad consistió en mos- trar con tenacidad como se confi- guraron los marcos culturales y so- ciales excluidores, conocidos hoy como ideología patriarcal. “El Segun- do Sexo es un vivo ejemplo que del mismo modo que ser mujer no es una elección, lo femenino tampoco es una esencia. Pero también que ser individuo y ser libre son la mis- ma cosa.”l

Este artículo es un recordatorio de la figura de Simone de Beauvoir en el marco del festejo de los cin- cuenta años de la aparición de su obra fundacional: El Segundo Sexo. Su primera parte examina breve- mente, el escenario internacional

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que da nacimiento a la obra en la Europa de posguerra. La segunda presenta la vida pública de Simone, su compromiso con el movimiento feminista y con las luchas políticas de emancipación, así como las pro- puestas y temáticas centrales que disparará a partir de su publicación. Por último, se expone las principa- les facetas de su vida privada y las conclusiones a las que se pudieron llegar después de este amplio reco- rrido.

Las mujeres durante la posguerra Europa no hubiese podido derrocar al fascismo sin el aporte del conjun- to de las mujeres. Por un lado, par- ticipando en los ejércitos regulares, en la guerrilla urbana y en los fren- tes de resistencia popular y, por el otro, trabajando en las industrias de armamento. Sin olvidar las formas de lucha emprendidas dentro de los campos de concentración.

La mayor parte de los países eu- ropeos repiten el esquema que ha- bía funcionado veinte años atrás: contingentes de mujeres se incor- poran en masa a la producción in- dustrial y a la defensa civil ante a la movilización bélica de los varones en los frentes de combate. En In- glaterra, Alemania y la URSS el re- clutamiento de la mano de obra fe- menina es regulado de manera muy estricta con el quite de algunos de- rechos (a las jóvenes inglesas se les limita la entrada a la universidad)

pero, asu vez, se otorgan facilida-= des excepcionales para su ingreso: masivo a las fábricas (trabajo de tiempo parcial, a domicilio, guar- derías).

A medida que se reconstruye la economía de los países devastados‘ por la segunda guerra mundial, el? retorno en masa de los hombres. provoca el reciclaje de lo militar af- lo civil, imponiendo el regreso de las mujeres a sus hogares y su retiro del mercado productivo. Ahora no sólo se quedan sin trabajo sino tam- bién sin el sostén asistencial que disponían cuando eran obreras du- rante la guerra. Acambio, para apla- car los ánimos de indignación, en más de cuarenta países, se concede el sufragio femenino. A su vez, en muchos de ellos se promoverán re- formas legislatívas en torno al ma- trimonio y a la familia.

Mientras que las sociedades cen- trales otorgan derechos que fueron ansiosamente esperados por las mujeres, simultáneamente, los Esta- dos convocan una vuelta al hogar, eso sí, con todas las comodidades otorgadas por la nueva tecnología. Atrás van quedando las privaciones y los esfuerzos por-encontrar sumi- nistros alimenticios para el susten- to cotidiano familiar, así como es- trategias básicas de sobrevivencias, situaciones propias de la guerra en Europa.

En momentos en que el capita- lismo ingresa en su fase de consu-

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mode masas, se instala una idea de mujer sustentada desde 'la mística femenina, mística que habla de un repliegue a la vida privada y a la re- producción biológica. El baby boom será su expresión más acabada. Betty F riedan, con una mirada lúcida, acu- ña el concepto de “mística de la fe- minidad”, con el que describe a las claras esta inclinación al trabajo in- visible de mujeres sin nombres.

Esta experiencia de las mujeres norteamericanas cabe también para las europeas que son atraídas por la iconografía consumista americana propagada básicamente por el cine.

A comienzos de 1948, se publica Conducta sexual masculina, escrito por el científico Alfred C. Kinsey. Sus conclusiones acaban con los tabúes que inhibían hasta entonces a los norteamericanos a la hora de hablar y pensar sobre sus vidas eró- ticas.

En tanto, dos'científicos, William Masters y Virginiajoh'nson, comien- zan su larga investigación respecto del aparato sexual masculino y fe- menino, permitiéndoles llegar a conclusiones revolucionarias: el disparador orgásmico- tiene por sede el clítoris.2

A su vez, en 1950, Margaret.

Sanger, una pionera infatigable del Birth control, obtendrá como resul- tado de estas investigaciónes el des- cubrimiento de la píldora anticon- ceptiva, cuya venta oficial en los Estados Unidos es a partir'de [960.“

Llama la atención que los dos informes más importantes hasta ese momento y las experimentaciones sobre la píldora anticonceptiva se comenzaran durante esta década, cuando aún las sociedades centra- les están viviendo los efectos de millares de bajas humanas causadas por las matanzas y los horrores de exterminio racial de los años cua- renta. En tanto, a las mujeres se las contrae al mundo privado, orientan- do su destino de servir a la familia y constituyendo proles numerosas que llevan a encuadrarlas discipli- nadamente al nuevo orden.

El personaje Simone de Beauvoir Su vida pública

l. Su compromiso con el movi- mientoferninista

Durante la década del cuarenta, momento en que se publica El Se- gundo Sexo en Francia, el movimien- to feminista se encuentra en plena retracción en la Europa de posgue- rra. Más aún, Simone señala la inexistencia de un movimiento fe- minista en su país.

Incluso, cuando ella escribe El Segundo Sexo lo hace sin ideas pre- concebidas, pensando en redactar un ensayo sobre misma, sin ser exactamente sus memorias. Enton- ces advierte que su primer rasgo diferencial es a partir de su condi- ción de mujer, comprendiendo en- tonces el significado que encierra la identidad femenina. Por esta ra-

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zón, J. “P. Sartre señala: “Empezó como una mujer no feminista, como cualquiera que quiere saber qué es ser mujer. Y al escribir el libro se volvió feminista, vio a sus enemigos, los atacó y entonces precisó lo que era ser mujer. En ello recae el valor del libro”.“ Simone refuerza lo di- cho, en estos términos: “Llegué a serlo sobre todo luego que el libro existió para otras mujeres”.5 Por todo lo expresado, este ensayo no se presenta “bajo el formato de un feminismo militante. Simone en la introducción habla de las mujeres en tercera persona y del feminismo como un fenómeno externo a sus propósitos”.6 No es una obra de consignas, sino un trabajo explica- tivo. “Beauvoir aborda una fenome- nología del sujeto-mujer y una fenomenología de las figuras de lo femenino”.7

Simone reconoce que el primer paso como feminista fue firmar el manifiesto que se llamó de acuerdo a sus propias palabras “las trescien- tas cuarenta y tres sinvergüenzas” Documento en el que mujeres ar- tistas, obreras, intelectuales, amas de casa declaran: “Je me suisfilit avorter" Este propuesta paradigmática que tuvo una significativa repercusión mundial, se publica en Le Nouvel Obsen'ateur, el 5 de abril de 1971 Este llamado fue apoyado también por Catherine Deneuve, Micheline Presle,jeanne Moreau, Marguerite Duras, Francoise Fabian, para men-

cionar las más conocidas. El texto: comienza diciendo:

“Un millón de mujeres abortan cada año en Francia.

Ellas lo hacen en condiciones peli-r grosas a causa de la clandestinidad? a la cual están condenadas, cuan- do esta operación practicada bajo. el' control médico, es de las más simples.

Se hace el silencio sobre este mi- llón de mujer-es.

Yo declaro ser una de ellas.

Yo declaro haber abortado.

De la misma manera que nosotras reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclama- mos el aborto libre."

Por esa misma fecha se funda el grupo Choisir, siendo su directora Giséle Halimi y Simone una activa representante. “Choisir se propone la lucha por la eliminación de todas las leyes o reglamentaciones que reprimen el aborto, por la libertad, la gratuidad y masividad de la contraconcepción y por la defensa de toda persona perseguida por sus acciones en favor de la libertad del aborto”.“ Finalmente, en 1975, des- pués de tantas luchas que hicieron historia, las feministas francesas lo- gran la ley que legaliza el aborto.

Su tránsito de ser activista de iz- quierda a adquirir un compromiso político con las causas emanci- patorias de las mujeres, queda re-

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'flejado en gran 'parte'de‘ sus decla- raciones y escritos: “Lo que me de- cidió adoptar- una actitud franca- mente feminista fue-el gran desen- gaño cuando nos dimos cuenta que nien la URSS ni en ninguno de los demás países denominados socialis- tas, la mujer era verdaderamente igual al hombre. Quiero decir por ello, que se debe reconocer la especificidad de las luchas de 'la‘s mujeres”.9

Tanto es así que al final de El Se- gundo Sexo-ellasostiene no's'er femi-' nista. En-ese momento, para nues- tra autora -la solución de las gran- des Cuestiones femeninas se debían encontrar en u'na- evolución socia- lista dela sociedad.

Pese a todo lo testimon-iado, Simonerecalca con énfasis que El Segundo Sexo no originó en absolu- to al movimiento feminista de la Segunda Ola, conocido-también como Women’s Lib.

“La mayor parte de las mujeres que tomaron parte activa en' el mo- vimiento eran demasiado jóvenes para s'ufrir la influencia dellibro en el momento de su publicación. Lo que me da gusto es que lo descu- brieron ensegtlid-a”."" Aunque de todos modos escribirlo “fue cumplir un acto que rebalsaba mi liberación personal. No fue para entender sim- plemente la situación de la mujer, sino'también para luchar, para ayu- dar alas otras a entenderse”.

En otro texto, Simone es cons-

ciente de su intelecto poderoso y su magnetismo sobre las mujeres: “A través de mis novelas y también de mi biografía, hubo, por cierto, mu- chas mujeres que se han identifica- do más o menos conmigo o que han tratado de armar una-linea de vida partir'de la “que ha sido la mía.”'2

Pero como dice el refrán “nadie es profeta en su tierra”, El Segundo Sexo recién recibe l'a merecida aten- ción ven Francia cuando el movi- miento feminista americano co- mienza a interesarse por dicha obra. Ello es confirmado por- Simone: “Betty Fr'iedan me dedicó The Femenine ¡Mystique (La mística de la femineidad) lo había leído y tal vez había sido influenciada por -él. Sin embargo, en otras no tuvo ninguna influencia. Kate Millet,’por ‘ejem- ¡plo'ïlíl

Un punto a observar es que, a di- ferencia de la mayoría de la intelec- tualidad francesa que tiene senti- mientos ambivalentes frente a los norteamericanos, ya que se los ve como ocupantes y liberadores a' la vez, tanto Simone como Sartre man- tienen una relación privilegiada cOn la contracultura norteamericana.

Ya como activista considera que el feminismo es una batalla ’de mu- jeres y también de hOmbres por- rei- vindicaciones meramente de géne- ro, independiente de la lucha de cla- ses. Es decir, sin subordinar por completo este cambio al de la socie- dad. De acuerdo a su enfoque, el

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frente político que conformen las mujeres para lograr su emancipa- ción, debería transita-r por dos eta- pas: por un lado, crear grupos monosexuados para estimular una voluntad de autonomía. Por el otro. ligarse a grupos mixtos para cam- biar juntos el sistema de opresión capitalista. De allí que se define por una exclusión momentánea de los varones. Para Simone, es imprescin- dible atacar simultáneamente al —sis- tema capitalista y al patriarcado. En esas dos dimensiones conjetura es- trategias a seguir con respecto al colectivo de varones. Ella habla de que en vez de mirarlos como ene- migosprincipales o mostrar hostili- dad, se debería tener prudencia y también desconfianza para no per- mitirque dañen las posibilidades y actividades de las mujeres. Finaliza diciendo: no dejarse devorar.“ “Siempre pensé que hay que tomar los instrumentos de la mano de los hombres y servirse de ellos".'5

En cuanto a las tendencias sepa- ratistas dentro del feminismo es enfática “niego absolutamente el rechazo total del hombre”."5 Pese a ello, juzga oportuno la existencia de una corriente radical “para arrastrar a las que no estarían muy dispues- tas a ciertos compromisos”.'7

Un dato que no se debería sosla- yar es que el momento histórico propicio para el resurgimiento del feminismo, en gran parte de Occi- dente, será con los inicios de la re-

volución cultural de los sesenta.

En ese nuevo escenario historia co, las norteamericanas están en plena acción mientras que las fran- cesas será a partir del Mayo del ‘68, Y no es un secreto, a esta altura de la historia, sostener que la pujanza del movimiento feminista norteamea ricano incitó a crear las condiciones propicias para un Women’s Lib en determinados países, entre ellos Francia.

Por todo lo testimon-iado, no es impropio sostener que El Segunda Sexo fue un texto revolucionaria para mujeres de tanta diversidad. Bajo una mirada actual, es inme-e dible el impacto cultural de esta obra ya que la surtida producción teórica de estos últimos quince años, hace perder la noción de aridez y opacamiento de la época.

2. Su compromiso con los movi-1 mientos (le liberación popular

De acuerdo al criterio de Simone, es al interior del movimiento antiimperialista donde tiene lugar la verdadera toma deconciencia del feminismo.

“Sea en el movimiento en contra de la guerra de Vietnam en los Esta- dos Unidos, sea como consecuena cia del ‘68 francés y en otros países europeos. las mujeres comienzan a darse cuenta de su poder. Cuando entienden que el capitalismo lleva necesariamente a la opresión de los

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pobres en todos los lugares del mundo. Se vuelven activistas, parti- cipan en manifestaciones, desfiles. campañas, toman parte en asocia- ciones clandestinas de la izquierda militante. Luchan tanto como los hombres por un futuro sin explo- rtación y sin alienación.”'“«

Así, en este clima convulsionado,

“Sartre y Simone comienzan a apa- recer juntos pero en una situación de igualdad y paridad intelectual. Fue a causa de la guerra de libera- ción en Argelia, donde un puñado de'intelectuales apoyan la revolu- ción independentista. Las revistas norteamericanas publicitan mucho a ambos. Los yanquis hablan con-- tra los franceses por su acción co- lonialista y los franceses, en tiem- pos de Charles De Gaulle, sobre los crímenes norteamericanos en» Vietnam y en América. Latina”.“’

Simone recuerda que ese conflic- to l_e potencia su enojo-contra la condición humana. “Vivimos juntos mmentos muy intensos con la gue- rrade Argelia. Y allí lo que yo sen- tía no era precisamente angustia, era otra cosa, horror de lo que hacía-n los francesesen ese país."20 Y prosi- gue: “Me sentí más profundamente implicada en dicha guerra que en "cualquier otro acontecimiento ocu- rrido en Francia”?I Simone junto con otros intelectuales, entre ellos

j. P. Sartre, no sólo repudian la con- tienda bélica sino que van más allá: reclaman la independencia de ese país y una amnistía para todos los soldados que desertaran.

En 1962, ella y Giséle Halami pu- blican Djamila Bou/mella. El mismo es un trabajo crítico sobre el poder de la Francia colonial en Argelia.

Al igual que otras revoluciones en los países periféricos a finales de los cincuenta, la argelina fue segui- da con un interés especial en nues- tro país, ante una opinión penetra- da por sentimientos anticolonia- listas. En tanto el eurOpeísmo resul- ta ser una categoría descalificadora que obnubila la percepción de la propia especificidad nacional. Apo- yar la causa anticolonial no es sólo luchar contra el imperialismo es también propiciar la búsqueda de la articulación de Argentina con Latinoamérica y el Tercer Mundo.”

La guerra argelina “fue un con- flicto sangriento que contribuye a institucionalizar ia tortura en el ejér- cito, la policía y las fuerzas de segu- ridad de un país que se declaraba civilizador”?3 En los primeros paí- ses en los que se practica la desapa- rición forzada fueron en Indochina (1945) y en Argelia (1954-1961) por orden de la metrópoli francesa du- ran-te sus luchas de liberación.

“Esta estrategia fue importada al cono sur, por cuatro coroneles fran- ceses que habían servicio en aque-

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llos países, quienes dieron clases entre 1957 y 1962, produciendo una reforma doctrinaria dentro de las fuerzas armadas y sentó las bases de lo que sería más tarde la Doctri- na de Seguridad Nacional".24

Esta no será la única lucha de emancipación política a la que se compromete Simone públicamente, los exiliados latinoamericanos en Francia pueden dar cuenta de lo expresado, entre ellos la comunidad argentina. Por ejemplo, ella —en diferentes oportunidades- brinda su apoyo a los reclamos de los fami- liares. de desaparecidos, Tan es así, que firma una solicitada por la apa- rición con vida de Roberto Quieto. La misma se publica en el diario Crónica, en Buenos Aires, el 25-12- l975. También aparecen, entre otros nombres, j. P. Sartre, Gisélle Halami, Alain Touraine.25

Asimismo, Simone pide esclare- cimiento a las fuerzas armadas por la detención en Trelew del hijo de. una amiga argentina.

“En uno de los últimos autobio- gráficos que habla sobre la situa- ción argentina. Simone menciona que le escribe esta amiga plantean- dole el problema que está vivien- do su hijo en Trelew. Entonces Simone escribe averiguando sobre la salud del joven y el ejército le contesta que ellos no pueden acol- char las paredes de la celda para

que él no se pegara contra la pa- red ya que los golpes que muestra É; . tienen que ver con eso".‘-"*

En 1977, Simone presenta un. recurso de Habeas Corpus a la justi- cia argentina por el caso de Nélida: Azucena Sosa de Forti. Ella, junto- con sus seis hijos menores, son to-J dos obligados por las fuerzas de se-í guridad a descender del avión a1, punto de partir a Venezuela, sin. conocerse su destino ni la causa del procedimiento.27

Su vida privada p Remitirse a Simone de Beauvoir es _ hablar de un modo de vida díscolo, '¿- libertario y sin trabas en el plano - amoroso, intelectual y social. Pese a las posiciones encontradas en tor- -' no a su vida privada y pública, para C un número significativo de mujeres I. ella lo puede todo: combina simultá- ' neamente amora contingentes con su amor necesario, el cual no se sien- te tocado por esas relaciones fuga- ces que ni siquiera cuestionan la pera“ durabilidad del amor jerárquico. Para Simone transgredir las bue-z nas costumbres, el sentido común: hegemónico se transforma en un? estilo de vida, atravesando su- cotidianeidad y su mundo privado: rechaza el matrimonio legal, la con-v vivencia, la monogamia, la materni- dad y la heterosexualidad como úni- ca fuente de placer erótico femeni- ' no, llegando a sostener la ilusión de

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uma pareja de pares. Sus relaciones amorosas se acompañan de una fe- Licidad constante y pocas son las veces que Simone abandona su sofisticado glamour.

“Tanto Sartre como Simone viven al margen de las costumbres y há- bitos convencionales: no se casan ni procrean, no tienen casa propia. Durante muchos años viven en pie- zas de hotel —el equivalente de la buhardilla bohemia— escriben en el café, el ámbito intelectual más

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democrático del momento.

Ella es una igual entre varones, quienes. le profesan un fuerte reco- nocimientoa su producción intelec- tual y, a su vez, su pensamiento pro- voca una fascinación" indescifrable. Pertenecer-a una clase social que concentra simultáneamente bienes materiales, culturales y sociales, es por misma una adscripción ven- tajosa. Y es en estos casos, en los cuales las diferencias sexuales y los mecanismos de exclusión se des- dibujan- hasta perder su sentido.

“Escribiendo El Segundo Sexo, en- tiendo pór primera vez queyo mis- ma vivía una vida falsa, o más bien que, sin siquiera darme cuenta. aprovechaba de-una sociedad cons- truida para los hombres. Mientras lo escribía llegué a darme cuenta de que mis privilegios procedían de mi abri-icación. por lo menos en

algunas puntos cruciales a mi fe- mineidad. Comprendí también que la mayor parte de las mujeres no tenían las mismas posibilidades

v 29

de elección que yo había tenido .

Un dato para no soslayar es que tanto Simone —como otras tantas excepcionales- no configuran su vi- siónv feminista a partir de sus expe- riencias personales ya que su condi- ción de clase y el lugar de privilegio obtenido en el mundo monosexuado del saber y de la cultura, no les per- mite experimentar el grueso de las discriminaciones que atraviesan las otras mujeres en su cotidianeidad.

María Antonietta Macciocchi des- cribe magistralmente esta situación en torno a su doble pertenencia:

“Aprovecha la ventaja fantástica que supone pertenecer a los dos mundos del saber'y de la existen- cia, en comunicación entre ‘sí, para recalcar su obstinada verdad: na- cer mujer no es una desgracia. Y piensa que: la situación de las mu- jeres que ponen un pie en el uni- verso masculino es más propicia para comprender la situación fe- menina"

Años más tarde, feministas radi- cales señalan que “su marcada am- bigüedad hacia los hombres, signi- ficaría complicidad con el poder masculino dominante."i“’

No solamente los cuestiona-

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mientos parten de algunos sectores de mujeres sino también de pares masculinos, quienes tienen posicio- nes sexistas con la aparición de El Segundo Sexo.

“Es en ese momento que yo des- cubrí el machismo de un cierto nú- mero de hombres a los cuales con- sideraba verdaderamente demó- cratas. tanto en relación al sexo como en relación al conjunto de la sociedad. Una vez que el libro estuvo terminado, suscribió toda sus tesis mientras que personas como Albert Camus, casi me aven- taron el libro a la cara, quizás por ser mediterráneo. Dijo que yo ha- bía ridiculizado al varón francés’ï"

Pese a ello, un pequeño grupo de hombres la apoyaron, aquellos de quienes ella estaba segura,].P. Sartre, Merlau-Ponty, F rancisjeanson.

Pocos libros provocan tal avalan- cha de groserías, mala fe y de sar- casmo así como de vivas polémicas no sólo por parte de los editoria- listas de la prensa sino también de los lectores.

“Al ser producida a relativo con- tratiempo, fue incomprendida y considerada un catálogo extenso de sus ocurrencias personales?“

“Decían que yo me sentía humilla- da por ser una mujer y que a causa de ello quería ridiculizar a los hom- bres. La gente me miraba en los

restaurantes burlándose y hasta dándose con el codo"."“

La atacan indistintamente desde la derecha más conservadora hasta la izquierda ortodoxa.

“Quedé muy decepcionada de los comunistas. Pensaba, a pesar de todo, que la izquierda sentía cier- to interés por este problema. En- tonces escribieron en Les Lettre; Francaises que a las obreras de B-illancourt les importaba muy poco de los problemas que yo plan- teaba, lo que era completamente falso, porque las obreras de Billan- court son tan sensibles como cual- quiera a la condición femenina”:H

Uno de los puntos más destaca- dos en esta resurrección del femi- nismo, es el desencanto de las mu- jeres con los partidos socialistas. “Hablan primero de la revolución y luego de nuestros problema-s”, acu- sa sabiamente Simone de Beauvoir. Mientras que Oriana Fallaci no se queda atrás y para l968, declara: “La mayor revolución que se está pro- duciendo hoy no es en absoluto la del proletariado: es la de las muje- res...”35

Cerrando conclusiones

1949, fecha de aparición de El Se- gunda Sexo en Francia habla de si- tuaciones manifiestas pero también de otras latentes. Este es un-momen-

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to de retracción internacional del movimiento feminista, por lo tan- to, aún Simone está más vinculada ideológicamente con las tendencias comunistas de la época y con los movimientos de liberación de los países periféricos. .

Cabe pensar entonces que nues- tra “autora escribe este libro funda- cional, en torno a la opresión de las mujeres, sin saber los efectos poste- riores que desenlaza su obra. "El es- cenario que se presenta entonces muestra una ausencia de interlocu- toras activamente organizadas y tam- bién una falta de compromiso ex- preso con el feminismo por parte de Simone. De esta manera, ella se adelanta al proceso de configura- ción del movimiento feminista eu- ropeo o, también, El Segundo Sexo se convierte en una herramienta teórica, que engarzado con otras coordenadas históricas, estimulará la apertura de dicho movimiento en los sesenta.

Otro dato significativo es que El Segundo Sexo adquiere una significa- tiva importancia internacional a partir del empuje dado, básicamen- te, por el feminismo norteamerica- no; el cual se constituye como paradigma del movimiento emanci- patorio de las mujeres en esos años. Reaparece entonces con una fuerza inusitada el feminismo. llamado la Segunda Ola, o bien, Women’s Lib, en un escenario de expansión y cre- cimiento económico, de progresivo

ingreso y egreso de las mujeres en la universidad, así como, de una alta inserción en el mercado laboral.

En los países centrales, los movi- mientos autogestivos que bregan por las diferencias, se van referen- c'iando con la cultura heterodoxa de la nueva izquierda, apropiándose de las experiencias de democracia di- recta y antiorganizativa que acuñan las izquierdas radicales del momen- to. Estados Unidos es un claro ejem- plo de ello: su experiencia movi- mientística de contestación (pacifis- ta, poder negro, antibelicista, estu- diantil universitario, lésbico y gay, feminista, y de contracultura artísti- ca, estética y musical) radicaliza no sólo la narrativa sino también la vida cotidiana. Los principios de la filo- sofía situacionista francesa brindan a estas expresiones autogestivas, antiautoritarias y asociacionista, la idea de la revolución permanente de lo cotidiano a través de la cons- trucción de situaciones.

En cuanto a su vida privada, ella se diseña como un personaje que será por completo lo que ella mis- ma construyó sobre sí, con un esti- lo decontracté tan propio de la intelectualidad parisina, provocan- do una admiración inalcanzable. En verdad, no- sólo inquieta a las'muje- res, sino también a los varones pero, básicamente, impactará de manera singular en aquellas que intentan diseñar modelos femeninos alterna- tivos. No obstante. si bien su figura

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representa un polo de atracción para el activismo feminista también lo será para otras mujeres prove- nientes de las izquierdas, del libera- lismo o de la cultura antisistémica.

Simone encierra todos los perfi- les propios de las referenciales de la modernidad: es una intelectual que produce pero también acciona sobre la realidad para transformarla, es una mujer comprometida con su tiempo, por lo tanto, despliega una multipli- cidad de intereses. Se la conoció de tantas maneras como caminos supo abrir: en el mundo de la literatura, en las relaciones amorosas tan sin- gulares, en el compromiso con el existencialismo, en el apoyo incon- dicional a la causa de liberación ar- gelina, en las luchas por la despenali- zación del aborto, en las críticas con- tra el stalinismo soviético y en las denuncias por las violaciones de los derechos humanos cometidas por las dictaduras latinoamericanas.

Su mundo íntimo es de fronte- ras abiertas: Simone y Sartre cons- tituyen una pareja modelo, una in- teresante dupla intelectual y amo- rosa. Ellos significan la libertad, el poder disfrutar esa libertad. Son' dos personas intelectualmente muy po- derosas.

Ella pone en acción el lema fundante de la Segunda Ola del femi- nismo: “Lo personal es político”. Evi- dentemente, Simone hace de lo per- sonal un hecho político. Y —como tan- tas otras escritoras francesas de su

época (Marguerite Duras, Marguerite Yourcernar)— a partir de su intimi-q, dad amorosa, configura una narrati- va literaria y ensayística diferente a la- instituida por las plumas masculinas,

A diferencia de Simone, muchas; de las nuevas camadas de teóricas feministas abordan elfenómeno de las diferencias desde de una visióm parcializada y no de total. Ello las limita en sus visiones y acciones, al: no encerrar una lucha contra las formas hegemónicas totalizadoras: imperantes. En la actualidad, .el se-, paratismo prevalece como praxis política frente al retiro de las gran- des narrativas aglutinadoras dq emancipación, propias de lOs años sesenta .

Simone fue una feminista com- prometida con aquellos presupues- tos de la Ilustración en nombre de la igualdad universal. Posición ésta, por cierto, que la acreditó no sólo para interlocutar con todo. tipo de mujeres sino también con las adver- sidades de su presente.

Buenos Aires, marzo de 1999.

Notas

' Valcárcel, Amelia. “La dificil gloria de la libre existencia”, en El País, Espa- ña, 24.1.1999, p. [7.

2 Calvera, Leonor. El género Miy'er, LÏ. Belgrano, Bs. A5., 1972, p. 138.

3 Michel, Andrée. El feminismo, Fondo de Cultura Económica, México, ¡983, p. 118.

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4 Beauvoir, Simone. Por ella misma, Losada, Bs. A5., 1980, p. 76.

Ob. cit., p. 77.

G Paradina, Teresa. “El hecho de ser mujer", en El Pair, España, 24.1.1999, p. l7.

7 Valcárcel, Amelia, ‘ob. cit.

"‘ Picq, Francoise. Ubémzion dar’ferzlmet. Les anne’es-mouvemeng Editions 'du Seuil, Paris, 1993, p. [552 J

9 Fempress. “j. P. Sartre y elfem‘inis- mo", Alfonsina, Bs. A5., 23.2.1984, p. 14.

“’ Gerassi, john. “El ngdo Sexo vein- ticinco años después", en In Memoriam, ÉI’aller Permanente de la Mujer, Bs. A5., “1989, p. 12.

Schwartzer, Alice. “Lamujer rebel- de. Plática con S, B.", en Ïn Memoriam, Taller Permanente de la Mujer, Bs. A5., 1989, p. 28.

'2 Beauvoir, Simone. Por ella misma, ob. cit., p. 88.

'1‘ Gerassi, john, ob. cit., p. 12.

Schvartzer, Alice. “Cambiar el mun- do y el lugar de las mujeres en la socie- dad", en revista Bng'as, año Ill, núm. 8, ATEM, Buenos Aires, 1985, p. 12.

'5 Beauvoir, Simone. ¿l/l'emon‘as de una joven formal, Salvat, Barcelona, [995, p. 234.

'6 Schwartzer, Alice. Beauvoir, aujourd’hui, op. eit.

'7 Lamoureux, Diane. “Un pavé dans la mare”, en Rouge, París, 23-1-1999, p. 157.

¡a Gerassi, john. “El Segundo Sem vein- ticinco años después", ob. cit., p.

'9 Testimonio del historiador Emilio j.Corbiére.

Beauvoir, Simone. Por ella misma, ob. cit., p. 100.

2' Martí, Octavi. “El Segimdo Sexo goza

Simone: de

de buena salud", en El País, España, 24.1.99, p. 32.

22 Terán, Oscar. JVitestros años setentas, Puntosur, Bs. 1991, p. 98..

2“ Hobsbawm, E. j. Historia del riglo XX, Crítica, Bs. As-., 1998, p. 224.

2* Corbiére, Emilio]. “Los golpes mi- litares", en Todo esHiston'a, núm. l88, Bs. As.-, 1983, p. 13,.

25 Blaustein, E. y M. Zubieta. “Decía- mos ayer. La pensé", en Argentina bey'o el proceso, Colihue, Buenos Aires, 1998, p. 72.

Testimonio de la feminista Sara Torres.

‘37 Testimonio de la feminista Dora Codelesky. Durante su exilio en París, ella junto a su compañero tomaron contacto con Simone de Beauvoir para pedirle su apoyo a la campaña de denuncia sobre violaciones a los derechos humanos en la Argentina durante la última dictadura militar.

23 Sebreli, josé. Las señales de la me- moria, Sudamericana, Bs. As., 1987, p. 523.

29 Gerassi,]ohn, ob. cit., p. 13.

3" Macciocchi, M. Antonietta. “Muje- res, ustedes le deben todo", en Página ¡2, Bs. A5., 18.5.1996.

3” Fempress, ob.cit., p. [4.

32 Valcárcel, Amelia, ob. cit., p. 14.

i“ Beauvoir, Simone. Por ella misma, ob. cit., p. 78.

i“ Idem.

35 Bellucci, Mabel y Flavio Rapisardi. "Identidad, diversidad ‘y desigualdad en las luchas políticas del presente", en Atilio Borón (comp.). Teoría y Filosofia Política. La' tradición clásica y las nuevas fronteras, Clacso-Eudeba, Bs. A5., 1999, p. 276.

Cuadernos del .Sur

153

Revue internationale pour l'autogestíon

UTOPIE CRITIQUE

vasos Los ¡minos

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Correo de Prensa Internacional

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VIENTO '

POR UHAIZOUIEIDA ALTERNATIVA

154 Álava de 1999

La inactualidad de Marx: 1818-1848-1998

Infome de Situación

Nicolás González Varela

Hacia 1897, Arturo Labriola, al participar en el debate sobre la valencia científica de la obra de Marx, en la llamada “primera crisis del marxismo”, y cuyos principa- les adversarios eran G. Sorel, E. Bernstein y B. Croce, se . preguntó simplemente si los escritos de Marx habían sido leídos enteramente por algún lector ajeno al grupo íntimo de sus amigos y colaboradores próximos. Y concluía, proféticamente, si este" “ambiente literario”, esta situación hermenéutica adversa, no era uno de los culpa- bles de la mala asimilación, de la aparente decadencia y “crisis” del pensa- mientode Marx; finalmente reflexionaba si el acceso adecuado a sus escri- tos no era, en realidad, un privilegio de “iniciados”.' Labriola estaba con- vencido que a Marx le esperaría siempre un “destino” de malas lecturas, infinidad de equívocos, pésimas exégesis, máscaras extrañas e invencio- nes gratuitas. Pero él creía que a la-obra marxiana le aguardaba un sino peor: encarnarse como ortodoxias en partidos o futuros Estados, que pro- clamarían ser, sin más, su “obra viva”

Hoy un espectro recorre el mundo: es el espectro de Karl Marx, y lo es en el más profundo sentido de la palabra: un simulacro. Salvo los homena- jes organizados por las organizaciones y revistas de izquierda, extra o in trapartidarias, si no nos hubieran avisado desde Estados Unidos o Europa que el pasado de febrero se cumplieron 180 años de su natalicio y el 5 de mayo pasado se conmemoraban 150 años de la primera impresión del Ma- nifiesto Comunista, aquí, en nuestra cultura oficial, nadie se habría dado cuenta. La ausencia -y el silencio de toda mención o de cualquier tipo de comentario en los diarios y suplementos culturales? no es de por un indi- cio suficiente de falta de interés, ni tampoco señal de carencia de un calen- dario de efemérides de autores del siglo XIX. Un aniversario natalicio 1809, en algún autor “respetable”, que cuente en el canon de la alta cultura con un busto marmóreo en el panteón nacional de las vacas sagradas, sería la

Cuaderno; del Sur l55

oportunidad, como decía Praz a propósito de Wilde, para que sus respeta-

bles devotos aprovechen la circunstancia para embanderar una fundación o

“Club Dinner" conmemorativo, se rodeen de asistentes académicos y

simposíacos, ataquen al infaltable lechoncito asado y aquel plum pudding

tan nostálgico. Uno puede imaginarse enla Argentina menemista de fin de

siglo un “Kant-Klub”, un “Borges-Klub", hasta un “Sade-Klub", pero...iDios

nos libre de imaginamos un “Marx-Klub"! Los devotos e interesados en el 1 pensamiento de Marx, si existen, se encuentran hoy, a causa de la astucia de i la razón histórica, en ambientes muy distintos, aislados y autoconscientes

en que las fechas y ceremonias significan hoy muy poco. En resumen; cum-g pliendo la profecía de Labriola, en Argentina sucede hoy con Marx loque

sucedió con Byron a mediados del siglo pasado en Inglaterra: sus libros se encuentran sólo en manos de lectores excéntricos, inexpertos o atrasados.

Para el gran público, incluyendo la noblexse d’ÉIat académica y los lectores

de Lanata, aunque es justo decir que para los primeros jamás formó parte de su Weltanselzauung, el nombre de Karl Marx significa hoy muy poco.“

Pero es lícito preguntarse qué es lo muerto y lo vivo-de Marx, aunque es probable que la pregunta sea puramente retórica.‘ La respuesta seca y: judicial del posmodernismo es ampliamente conocida: el marxismo está decididamente fuera de moda, como “gran discurso” no puede explicarse ni a mismo, su obra está fatalmente datad-a: sería una filosofía más del siglo XIX y, como tal, definitivamente acuñada por su propio tiempo. Se- pultar con todas las honras a Marx es un deber, no tanto intelectual, sino arqueológico, un trabajo de anticuariado. Nada hay rescatable de ese enor- me fárrago de páginas infectadas de hegelianismo.

Sin embargo algo parece estar cambiando en el panorama intelectual europeo, y las noticias van contra esta corriente que sopla dominante en la cultura argentina. Labriola señalaba otro obstáculo, más profundo y riesgoso, que es el que aquí nos ocupa: la rareza de los escritos de Marx, y hasta la imposibilidad de contar con ediciones confiables de ellos. El lec- tor responsable dela obra marxiana debía pasar por condiciones ordina- rias más extremas que la de cualquier filólogo o historiador para leer y estudiar los documentos del antiguo Egipto. Aquí Labriola sólo constata- ba una dificultad fáctica que nació con al marxismo mismo y que conti- nuó hasta nuestros días: las enormes dificultades por establecer y editar. con criterios científicos actualizados, sus obras. Un “déficit perpetuo" que ahora se estaría por solucionar definitivamente, según las promisorias no- vedades llegadas de Europa, en relación con la conformación de un Comi- Editorial Internacional de las Obras Completas de Marx-Engels, que se

156 ¿Mayo de ¡999

propone reeditar las famosas Marx-EngeLs Gesamtamgabe, o llamadas sim- plemente: las MEGA.

Uno delos errores más significativos que sufrió Marx ensu difusión y, por lo tanto, correcta interpretación, ha sido la desarticulación entre los niveles diacrónicos y sincrónicos de sus manuscritos, lo que condujo a una desarticulación entre los componentes biográficos, cronológicos y .doxográficos, que constituyen, desde Theofrasto, la ayuda filológica míni- ma y necesaria para. llegar-a una comprensión satisfactoria de una obra.5 Pero, en el caso de Marx, la d-isrupción entre esos dos niveles se debieron, en su-mayor parte, no tanto al particular estilo de Marx, como a la cons- tante manipulación política que padecieron sus escritos por sus albaceas circunstanciales.

Eldestino histórico y el carácter especial de los escritos de Marx. El tortuoso recorrido, entre errático y azaroso, que sufrieron a lo largo de su historia editorial los escritos de Marx sólo pueden compararse con las coincidencias afortunadas, fantásticas, triviales y casi increíbles con las que pudo salvarse para la posteridad la obra de Aristóteles. AI igual que Marx, sus escritos sufrieron las inclemencias de los intereses políticos y los caprichos de los cambios en la forma de atención. Y, al igual que Aristóteles,Ü los manuscritos de Marx guardan una peculiaridad muy espe- cial: la mayor parte son apuntes, notas y “memoranda”, producto de una técnica de trabajo intelectual limitada por la extrema pobreza y que le exigía estudiar y escribir de día en la biblioteca del Museo Británico sus Citaten/ufi y Gmndfisse, cuadernos de citas y resúmenes, para luego redac- tar en la noche y en su casa la obra que maduraría para su publicación final. Conociendo la enorme angustia existencial de Marx y las limitacio- nes de su técnica de investigación, su Forse/umgsweise sin biblioteca perso- nal, es asombroso el talento para vencer tantas restricciones y lograr un texto limpio, coherente y profundo. Pero este “laboratorio” de Marx hizo nacer un problema editorial de implicancias ni siquiera pensadas por él mismo: que su producción “diurna”, sus largos períodos de estudio en el escritorio “0-7” de la biblioteca del Museo Británico superarán con creces la parte esotérica y “nocturna” de su obra, como puede verse enel gráfico del biorritmo. La parte publicada era sólo la punta de un iceberg, menos de un tercio de su obra, que emergía de una masa sumergida de manus- critos inéditos, un verdadero continente compuesto con una minúscula taquigrafía y que constituía un dilema editorial de primer orden.7

Los escritos de Marx son muy especiales porque su técnica de trabajo

'Cuadernor del Sur 157

es única y muy singular. Su técnica era la siguiente: primero se enfrentaba

a algunos autores sobre el tema a estudiar, los que pensaba que eran los y mejores y que se encontraban en la biblioteca; en segundo lugar sacaba i largos extractos con la indicación bibliográfica y escribía reflexiones y comentarios largos desgajando el argumento; finalmente pasaba a la re- ' dacción “nocturna” de su manuscrito por completo y teniendo in mente su

publicación, su recepción por el lector potencial, aunque si consideraba y que su método de exposición fallaba suspendía su impresión. Coherente

con este proceso estricto sólo» dos, dos, grandes obras llegaron a feliz ; término editorial: la Contribución a la crítica de la economía política (1859) y . el tomo I de El capital (1867), lo que significó que sólo un 15 o 20% de la

producción total del Marx diurno alcanzara la luz pública.“

A la muerte de Marx, Engels, su primer editor, se enfrentó con este gigantesco filón de manuscritos codificado en la minúscula letra caracterís- tica de su amigo y con cuidado trató de salir del problema al, preparar la edición de los tomos restantes de El capital, aunque actualmente se está analizando críticamente su trabajo editorial.9 Como una. especie de Theofrasto de Marx, Engels, con 62 años, se ocupó del desciframiento y edición de los manuscritos de su compañero, temiendo no concluir con esa

PRODUCCIÓN LITERARIA DE MARX 1840-1883

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Elaborado por: Raúl Rojas, Proklu, 72, Berlín, [988, p. l 17.

158 Allegro de 1999:.

misión, pues, como le confesara a Lavrov: “... soy el único ser viviente que puede descifrar esa escritura y esas frases y palabras abreviadas...”. "’ Lo que encontró er-a, según el comentario que le hizo a Kautsky en una carta," una criptografía propia de un jeroglífico. En primer lugar, Engels copiaba los manuscritos, escritos entre 1861 y 1880, cotejaba las citas y comentarios, hilaba los párrafos, secciones y capítulos inconexos, seleccionando la ver- sión más elaborada para entregarla a la imprenta. Ayudado por un secreta- rio copista, a quien le dictaba ocho horas por día, pudo editar, en 1885, el segundo tomo de Dar Kapital, siendo su criterio- el que decidió dividir los manuscritos inéditos de Marx en dos tomos y publicar en un cuarto la historia crítica de las doctrinas económicas. La redacción y establecimiento del tercer tomo le costó un enorme trabajo de casi diez años, debido a su complejidad y al carácter críptico de la técnica de trabajo de Marx.12

En los dos prólogos a ambos tomos, Engels reconoce que no fue una tarea amena preparar la publicación de los manuscritos inéditos de Marx precisamente para que pareciera una obra coherente y articulada, con una unidad en misma, y sin que se percibiera la mano oculta de su edición.” Se daba por satisfecho con haber “reproducido” los escritos-con la mayor literalidad posible, intercalando proposiciones explicativas y nexos única- mente en. los puntos indispensables.

Engels falleció en 1895, dejando una misión inconclusa, que él mismo calificó, irónicamente, como de “mera selección” entre las diversas redac- ciones trabajadas por Marx, y sirviéndole siempre de base la última redac- ción disponible cronológicamente y cotejándola con todas las anteriores. De esta manera finalizó la primera operación editorial sobre los manus- critos de Marx, realizada por aquel que siempre se consideró el “segundo violín”.

Luego de la desaparición de Engels, continuó a cargo de la reproduc- ción de todo este material de un “Marx desconocido”, el biógrafo y líder del ala izquierda de la SPD, Franz Mehring. Este publicó, ya en 1902, en tres volúmenes, una recopilación de ciertos escritos olvidados o inéditos de Marx y Engels, fechados entre 1841 y 1850. un poco después F. A. Sorge publicó las Cartas a'eMarxy Engels en un tomo en 1906; luego Karl Kautsky, también con el mandato de Engels, editó la famosa Teoría de la plac-¿alía en 1911 y, finalmente, el tándem Rebel-Bernstein preparó una engañosa Con'esponden- a'a Marx-Engels, en cuatro volúmenes, en 1913, que aparecía cercenada y mutilada, y que provocó un memorable ataque de Lenin.

La primera guerra mundial de 1914- 1918, sumada a la revolución triun- fante en Rusia en octubre de 1917, provocó un paréntesis forzoso y pro-

Cuademos del Sur 159

longado en la inicial difusión, aunque lenta y tímida, del Marx secreto. Pero ya en el trabajo de edición realizado por la SPD se comenzó a ver, de forma grosera, la manipulación y tergiversación que podría sufrir los ma- nuscritos marxianos cuando sus contenidos se cruzaran con los estrechos intereses de la “razón de partido" Y como en la alquimia final perdía. no sólo el mismo Marx, sino sus potenciales lectores.

Una figura editorial enigmática: David Borisovic Riazanov y la trágica historia de la primera NIEGA

Luego del triunfo de la revolución rusa, la suerte de los escritos de Marx parecería que sería tocada, por primera vez, por la diosa Fortuna. Todo el potencial de un Estado se identifica con su obra y pone a su disposición todos los recursos a su alcance. ¿Habría de poner, finalmente, un punto final al derrotero caprichoso de los manuscritos marxianos el- nuevo Esta- do y publicar la obra póstuma en una edición objetiva, científica y críti- ca...?, ¿realizaría la primera dictadura del proletariado encabezada por un partido marxista una edición monumental, completa, exhaustiva y cronoló- gicamente exacta de los escritos de Marx y Engels? El hombre que podía asumir con seriedad y honestidad intelectual esta tarea dentro del partido bolchevique, ya que sus trabajos anteriores y su pasado intelectual lo cali-

ESQL’EMA l. PRODUCCIÓN ESCRITA DE MARK PARA EL CAPITAL [1857-1882] (EN PAGI.\2-18 EDITADAS 0 PROPORCIOAHLIIEA'ÏE E\' FOLÍOS)

Poli“ P_ manuscritos rss Manuscritos g" 6l-63 ¡ ¡00‘ _ ¡2a. redacciónl _, 70° ,_ 900 P g 4 600 L Grundrisse El Capital l lla. redacción? 4a. redacción inconeluu q 500 700 - Manus- ,. critos .. ¿oo 63-65 500 - (3a. re- _ ducción! 30° 300 i- 206 Eonlri- li .. ución M ll' M. ' M. V' . '00 - l w. M. Vlll 1 ¡00 U

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* Manuscritos del libro ll.

1.60 .l/Iavo ei. 1999

ficaban de manera brillante para ser el cerebro editorial de semejante empresa, era, sin dudas, David B. Riazanov.H

En 1921 Lenin decreta la fundación del Instituto Marx-Engels (IME) en Moscú, nombrando director a Riazanov, que ya había colaborado con la despareja política editorial de Mehring entre 1907 y 1917. En seguida lanzó su plan de Obras Completas, que entregó para ser sometido a estu- dio por el “Sovrakom”, quién lo aprobó sin modificaciones y le otorgó los fondos necesarios. Ent‘re 1923 y 1925, rodeado de un equipo cuidadosa- mente elegido con criterio,” se lanzó con extraordinario ímpetu a la bús- queda y salvataje de todoslos materiales documentales para apoyar el lanzamiento del primer MEGA (o Marx-Engels Gesamtausgabe). En repeti- das incursiones por casi todos los países de Europa, Riazanov adquirió numerosas bibliotecas privadas que contenían libros, revistas y coleccio- nes rarísimas, que se remontaban a los orígenes de la historia del movi- miento obrero y del socialismo y, muy especialmente, trató de comprar todas las prime-ras ediciones existentes de Marx y Engels. Así, junto con los archivos, se constituyó el Instituto, único en su género, estableciéndo- se un piso cualitativo de información muy alto e ideal para iniciar la mo- numental edición completa, diseñada por Riazanov. “5

El albacea que detentaba los derechos de autor sobre .la herencia litera- ria continuaba siendo, en 1921, el SPD, por lo que fue, naturalmente, el proveedor principal del instituto. Abrió sus celosos archivos al investigador ruso y lo autorizó a realizar fotocopias sin ninguna restricción, permitiendo una transferencia virtual, hacia Moscú, del conjunto de los manuscritos. Las mismas facilidades le fueron acordadaspor otras instituciones o biblio- tecas privadas o públicas, así Riazanov y su equipo fotocopiaron en el British Museum, en la New York Library, 'en la biblioteca del antiguo Estado de Prusia, en los archivos. históricos de Colonia, etc., todas las cartas, artículos y manuscritos de Marx y Engels, junto con todos los documentos referentes a sus actividades. Incluso el “padre” del revisionismo, E. Bernstein, en cuyas manos Engels había depositado importantes manuscritos,|7 le entregó los originales, renunciando a un proyecto personal de edición.

En 1925, Riazanov firmó un acuerdo entre la dirección de la SPD y el Institut für Sozialforschung de Frankfurt, dirigido entonces por Carl Grünberg, que se haría famoso con el nombre de la “Escuela de Frankfurt” De este acuerdo resultó la constitución de una sociedad editora que pu- blicaría, en forma conjunta, la primera entrega del Arc/lira ¡Marx-Engeb, un volumen de 500 páginas, con importantes contribuciones filosóficas e históricas de intelectuales rusos (Deborin, Volguin, etc.), como también

Cuadernos del Sur 161

el inicio de una Historia de la I Internacional, escrita por el mismo Riazanov. Entre los documentos inéditos figuraría la primera parte de La ideología alemana y la correspondencia inédita entre Marx y Vera Zasulich. En este volumen se encuentra el primer plan detallado y público de la edición completa de las obras de Marx y Engels. Riazanov pensó en cuarenta y dos volúmenes in octavo, distribuido en cuatro secciones: I) obras filosóficas, económicas, históricas y políticas, a excepción de Das ¡{ap-¿tal (17 volúme- nes); II) Das Kapllal, seguido de un plan completamente nuevo, que com- prendería los numerosos y extensos manuscritos inéditos (13 volúmenes); III) correspondencia completa, reproducida in extenso y literalmente (10 volúmenes); IV) índice general: onomástico de autor y materias (2 volú- menes). De los 42 tomos previstos, Riazanov no pudo publicar, entre 1926 y 1930, más qUe cinco tomos, incluidostres de la correspondencia,='apare- ciendo al gran público en alemán durante 1927 editados por la Berliner Marx-Engels Verlag, una editorial adquirida por el KPD. El número 42 se debía a una orden expresa de Stalin para que la MEGA no superara el número de tomos de las obras completas de Lenin. El tiro de gracia al primer proyecto editorial crítico-histórico de los manuscritos de Marx no provino de Adolf Hitler ni de las plutocracias occidentales, sino de Stalin: su alma mater, Riazanov, fue primero expulsado del partido por “menchevique”, luego arrestado, deportado a Siberia en febrero de 1931 y fusilado en 1938 en medio de las purgas. Con él cayeron su grupo de trabajo y sus más íntimos colaboradores, algunos de los cuales se pudie- ron exiliar. aunque la mayoría simplemente desapareció. La acefalía del instituto fue cubierta con un apparatchiki, V. Adoratski,“ poco calificado para esa tarea. Bajo su intervención fueron publicados, entre 1931 y 1935, Otros seis volúmenes de los MEGA, preparados por el equipo de Riaza-nov, pero editados ahora en Moscú 'y Leningrado. El final ignominioso del primer proyecto editorial concluyó con la aparición del volumen suelto, los G'rundrine en 1941, mientras las granadas de los morteros alemanes caían sobre la imprenta estatal moscovita. Cualquiera haya sido el objeti- vo de Stalin, después de la liquidación de Riazanov y su equipo y de la detención de la impresión editorial en 1935, lo cierto es que la dinámica de publicación de los escritos de Marx y Engels se detuvo hasta que se la abandonó totalmente."J Stalin poseía ahora la llave de toda empresa ecli- torial que quisiera reiniciar o continuar la obra magistral de Riazanov. El ascenso del nacionalsocialismo en enero de 1933 puso en peligro no sólo al proyecto editorial sino a los mismos manuscritos, por lo que el archivo fue rápidamente enviado a Moscú. Otro tanto hacía al mismo

l62 Alain) de 1999

tiempo el SPD con el resto del archivo de Marx y Engels que había queda- do en su poder luego de la escisión de 1918, pero lo envió a un instituto en Amsterdam que tendrá mucho que ver con esta. historia: el lnternationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG), el Instituto In- ternacional de Historia Social.

La segunda NIEGA (1955-1939): Marx en la parábola del socialismo real La muerte dejosef V. Dzhugashvili, alias "Stalin", en 1953, trajo dos con- secuencias inmediatas: el “deshielo” en la URSS y el renacimiento del interés por reiniciar los MEGA. Hacia 1955 se iniciaron los primeros con- tactos entre la RDA y la Unión Soviética para realizar un proyecto edito- rial de Carácter binacional. La ahora llamada “MEGA dos” se formalizó en 1959 cuando los responsables del ahora Instituto Marxista-Leninista de Moscú (IMLM) y el equivalente de Berlín Este (IMLB)junto con los comi- tés centrales y secretariados generales de sus respectivos partidos, firma- ron un convenio para relanzar una edición crítico-histórica que, por pri- mera vez y corrigiendo el error de Riazanov, incluía un convenio con el IISG de Amsterdam, que guardaba desde 1935 los archivos de la SPD salvados de la Alemania nazi y que representaban aproximadamente el 75% de los manuscritos totales de Marx y Engels, incluyendo la corres- pondencia completa con más de 2.000 personalidades. Hacia 1968 los trabajos preparatorios se encontraban suficientemente maduros y avanza- dos como para lanzar una nueva edición crítico-histórica, la “MEGA dos”, basada en una aparato filológico-científico más avanzado y sofisticado, que incluso se había debatido con especialistas del Este y el Oeste.

La nueva empresa nació apadrinada por los poderes políticos de la RDA y la URSS, y se decidió que la mítica Dietz-Verlag de Berlín Este fuera la responsable de la difusión y comercialización de la obra. En cuan- to a la- impresión: se decidió con la faraónica majestuosidad de Stalin: se construyó “ex novo” la lnterdruck, un taller de impresión colosal y mo- derno, construido en Leipzig, con el sólo objeto productivo de dedicarse a editar los volúmenes de la nueva MEGA. Ahora el proyecto descollaba por su ambición: la meta era totalizar un total de 170 volúmenes, que estarían repartidos en cuatro secciones: l) H’erke-Artikel-Enlwüfi: obras, artículos y borradores a excepción de “El Capital”; 2) “Das Kapital” und Vararbeitcn: El Capital” y sus trabajos preliminares; 3) Engines/nel: corres- pondencia, incluyendo las enviadas y las recibidas; 4) Exzerple-Nolizen- Marginalen: cuadernos de lectura, de citas, notas y glosas marginales?"

Cada volumen estaba constituido por un “Texte”, conteniendo los ma-

Cuaa’emos del Sur 163

nuscritos en su lengua original, y un aparato crítico en el lenguaje editorial, el alemán. Las dos partes poseían autonomía y lógicas independientes, lo que facilitaba notablemente la lectura y su uso práctico.2|

En el otoño de 1989 los dos IML conformaron un colectivo de cuaren- ta investigadores en Moscú y sesenta y dos en Berlín, que se complemen- taban con siete equipos universitarios en la RDA. Un total de 150 edito- res-investigadores, flanqueados por un impresionante aparato de buró- cratas y funcionarios de partido, conformaban un despliegue impresio-v nante que, sin embargo, era un cíclope con pies de arcilla: estaba tota-la mente desprovisto de los medios técnicos-informáticos más elementales,= que son una de las claves para completar una edición crítica refinada y profunda. La excepción la constituía el equipo editorial de Amsterdam, cuyo instituto, el IISG, poseía un soporte tecnológico sofisticado y perso- nal adiestrado para encarar eficazmente un proyecto de tal envergadura.

Entre 1972 y fines de 1991 fueron preparados y publicados 45 volúme- nes, cuyo financiamiento en los rubros de impresión y comercialización quedó exclusivamente a cargo de la RDA. Los dos últimos tomos, que se encontraban en prensa en diciembre de 1992, aunque-estaban impresos desde 1989 pero sin corrección, fueron igualmente publicados bajo la égida financiera de la “Treuhandanstalt”, el ente gubernamental encarga- clo por la RFA de liquidar todos los activos y el potencial industrial de la ex-RDA. EL “MEGA dos” llegó, comatosamente, hasta la reunificación alemana, a los 47 tomos repartidos según las cuatro secciones originales. Y por tercera vez los manuscritos. de Marx tuvieron que soportar los vaive- nes irónicos y caprichos con que l-a astucia de la razón le da sentido a la historia.

El “NIEGA tres”: el fin de las desventuras de la dialéctica

Los acontecimientos de 1989 en el bloque del Este aniquilaron, por razo- nes externas, el segundo intento de una edición crítico-histórica. Dado el peligro de perder años enteros de minuciosos trabajos de investigación surgió una iniciativa espontánea de salvataje internacional y que, por pri- mera vez, era independiente de organizaciones político-partidarias y de razones de Estado. EL IISG de Amsterdam, junto con la Academic Royale des Pays-Bas, la Karl Marx-Haus de la Fundación Friedrich Ebert de Treveris-Bonn, sindicatos neerlandeses, franceses y japoneses, y el IML de Moscú que aún sobrevivía a Yeltsin, unifican los criterios y lanzan el proyecto de crear, en 1990, una fun‘dación Internacional Marx-Engels, amparada en el Estado de derecho neerlandés, cuyo nombre será:

164 ¿Mara de 1999

Internationalen Marx-Engels Stiftung (IMES) y tendrá domicilio perma- nente en la ciudad de Amsterdam. Su objetivo: continuar el trabajo de la MEGA, ahora sobre bases más estrictamente científicas que el “marxis- mo-leninismo” del poststalinismo y sobre una cooperación realmente in- ternacional. Todos los archivos documentales de Marx y Engels que se encontraban en la ex-RDA y en la Rusia fueron puestos a buen resguardo tanto de la “liquidación”, la terrible Abuúcfilung de la RFA que arrasó con todo el personal y las instituciones culturales del lado oriental, como del caos político-administrativo que surgió después del putsch militar en Mos- en 1991.22

El IMES se conformó con un directorio colegiado y un editor ejecuti- vo, una comisión internacional de redacción (Editorial Board) y un comi- de asesores científicós (Advisory Board), en el cual figuran los mejores especialistas mundiales en economía, filosofíaghistoria y política: S.- Avinieri, l. Fetscher, E. Hobsbawm, E. Kamenka,j. Kocka, B. Ollman, M. Rubel, G. Stedman-jones, entre otros. Entre 1990 y 1992 la comisión de redacción concluyó con la delicada y compleja fase de transición técnico- teórica desde el “MEGA dos", revisando los criterios editoriales prepara- dos bajo la influencia del “marxismo-leninismo” entre 1968 y 1975, prepa- rando una rápida informatización de los textos y los preparativos de im- presión. En cuanto a los “Edition-srichtlinien”, los criterios de edición, los parámetros teóricos se modificaron bajo una triple perspectiva: simplifi- cación del aparato crítico sin que pierda sustancia científica; utilización de todos los recursos de la tecnología moderna en informatización y edi- ción electrónica; reducción de los costos de preparación de los volúme- nes, tanto en tiempo muerto como en personal.23

El primer coloquio abierto sobre este acontecimiento cultural, el inicio oficial de la “MEGA tres”, se realizó en marzo de 1992 en Aix-en-Provence, F rancia.24 El objetivo del coloquio fue una reflexión sobre la historia in- terna/externa del “erste MEGA” (1927-1941) y del “MEGA dos” (1975- 1991), y además estableció una norma de edición con los criterios cientí- ficos internacionalmente reconocidos, seleccionando el software de edi- ción, llamado Tustep, desarrollado por la Universidad de Tubinga para el manejo informático y la edición de manuscritos antiguos y medievales.

Hacia 1993 se pudieron editar, en el formato del “MEGA dos” para poder ser integrado con la edición anterior, los criterios editoriales defi- nitivos.25 Gracias a la enorme y favorable respuesta de apoyo en toda la comunidad internacional y en personalidades destacadas de la cultura, un movimiento por otra parte inhabitual y excepcional, se pudo mantener el

Cuadernos del Sur 165

funcionamiento normal del IMES, abrir un fondo de seguro económicd para los equipos de investigación en Rusia, ampliar los equipos de trabaja" e, incluso, lanzar en 1994 una publicación dedicada al trabajo editorial, sobre los manuscritos de Marx, los “MEGA-Studien", cuyo primer númeu ro apareció en 1994 y que sigue editándose regularmente.26

Un Karl Marx definitivo

En 1995 se estableció el nuevo plan, que ahora contempla una meta de l 14 tomos, actualmente los grupos (le trabajo se hallan abocados al traba-r. jo sobre los manuscritos en l l ciudades diferentes, de Tokio a Moscú, de Toulouse ajena. El resultado final es .la inminente salida de una edición efectivamente crítico-histórica, por. primera vez “integral” de la obra de Marx. Una edición que no podrá ser influenciada por funcionarios de; partido, “nomenklaturas” o razones de Estado. Una edición finalmente independiente de los ciclos políticos. El “Marx desconocido” que se está por redescubrir será editado tal como siempre lo mereció: por una orga- nización democrática, no gubernamental, descentralizada, internacional y utilizando al máximo la ciencia y la técnica “burguesa” Esta empresa cultural internacional inédita, tanto en lo que se refiere a la cooperación transnacional como a la síntesis de alta calidad intelectual que la rodea. sólo nos demuestra que la inactualidad de Marx es un malentendido, que debe entenderse en un sentido puramente nietzscheano: que en el térmi- no “inactual” resuena todavía la posibilidad del devenir-actual, la potencia de hacerse sujeto y que el pensamiento inactual puede siempre anticipar- se a su tiempo...

Notas

' Labriola. A. 5'0cialimzoyfilostfia. Alianza, Madrid, 1970. Sobre la importancia de Labriola en la difusión de Marx en Italia, véase: Gerratana, V. “Antonio Labriola y la introducción del marxismo en Italia", en A.A.V.V.. Historia del marxismo. tomo 3. Bruguera, Barcelona, 1980, pp. 187 y ss. Labriola “8434904) era filóso- fo, había sido influenciado por el hegelianismo de Spraventa y ejerció la docencia en Roma hasta 1877. Políticamente viró hacia el socialismo, luego hacia el mar- xismo, enfrentándose a la corriente revisionista de, Bernstein y al anarcosindicalismo de Sorel. Su aporte al marxismo se debe a tres obras claves: In mamaria de “Manifesto del comunisti" “895), De! materialismo histórica. Dilmi dau‘om,’ prelinunare (1896) y Discorrendo dl socialismo e di fllaszfia (1898). A causa de su trabajo (le difusión y traducción realizó un importante intercambio epistulm con Engels hasta su muerte La llamarla “primera crisis del marxismo" fue inicia-

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da por un artículo del abogado G. Masaryk en los números 177-179 del diario Zeit de Viena, que simplemente constataba las diferencias internas en la "socialdemokratic" alemana y' austriaca, concluyendo que el marxismo era esen- cialmente ecléctico y un sistema sincrético, y Das Kapital, una transcripción eco- nómica del Fausto de Goethe. De la Crisis en el marxismo de Masarik, Bernstein et altn' la transformaron en la “crisis del marxismo"

2 Existen dos excepciones pero que confirman la ley: una mención en el dia- rio Página ¡2 y un artículo en el diario Clarín de, Horacio Tarcus, todos en agosto de 1998. El desaparecido diario Perfil estaba preparando un dossier com- pleto sobre el aniversario de K. Marx, realizado por el autor.

3 En la actualidad, agosto de 1998, han desaparecido del mercado nacional editorial obras accesibles y críticas de Marx-Engels.

4 Tal 'es la pregunta que pretende contestar uno de los padres fundadores del llamado “analytical ma’rx‘iSm”, john Elster, en su monumental obra: Marking sense ry‘Marx, Cambridge U.P., Cambridge, 1985; y'en su librito introductorio: Introduction to Karl Marx, Cambridge U.P. Cambridge, 1987. La respuesta es que lo “vivo” en Karl Marx es justamente lo “inesencial” de su obra.

5 Véanse los problemas de método, a propósito de Heidegger, planteados agudamente por. Theodore Kisiel en: The genesis of Heidegger’s “Being ana' Time”, California U.P., Berkeley, 1995, pp. 4 y ss.

5 Las informaciones filológicas sobre Aristóteles en el notable libro de I. Dühring, Aristóteles, UNAM, México, 1990; pp. 65 y ss. También el clásico de W. jáeger, Aristóteles, Fondo de Cultura Económica, México, 1978.

7 E. Hobsbawn, a propósito de los originales de los Gmna'n'sse, ha dicho que- se trata de una “... especie de estenografía intelectual privada, que se vuelve impenetrable...", y E. Grillo, el traductor de la edición italiana, concluye que no sólo es un texto difícil de traducir, sino extremadamente complejo para un lec- tor avezado. Ya Engels le había comentado a Kautsky el carácter jeroglífico de los manuscritos de Marx.

3 Hemos reconstruido las técnicas de trabajo intelectual de Marx a partir de los datos biográficos encontrados en F. Mehring, Karl Marx. Una biografia intelec- tual, Paidós, Bs. A5., 1972; A.A.V.V., Karl Marx. Biografie, I.M.L., Berlín, Dietz Verlag, 1974; B. Nicolaïevski-Ó. Maenchen-Helfen, La vida (le Karl Marx, Ayuso, Madrid, 1973; sobre Engels: G. Meyer, F. Engels, FCE, México, 1978; E. Stepanova, F. Engels, EPU, Bs. A5., 1957; H. Gemkow, F. Engels, Cartago, l976. Sobre la evolución “interna” de los manuscritos: M. Müller, Auf dem -Wege zum “Kapital”, DeB, Berlín, 1978; A.A.V.V., Der ¿weite Entwurf des “Kapital”, Dietz Verlag, Berlín, 1983; R. Rosdolsky, Zu Entstehungsgeschie/zte des marxschen “Kapital”. Der Rohentwurf des “Kapital” 1857-1858”, DTV, Frankfurt, 1968. Recién en 1863 Marx pudo re- construir una biblioteca personal, perdida en Colonia en un remate. debido a 350 libros que le regaló Engels y 800 libros que su amigo W. Wolff, a quien está dedicado Das Kapital, le donó por decisión testamentaria en 1864.

Cuadernos del Sur 167

¿.9

9 Sobre Engels como editor de Marx: A. Miyakawa, “Will MEGA execute Marx . will once more? New trends injapanese research on Book II of Das Kapital", enré‘éïi MEGA Studien 1995/2, p. 42; K. E. Vollgraf, "‘Controversies concerning the Book? Three of Kapital: concequences of Engel’s edition and challenges for the new’gg edition". MEGA Studien 1996/2, p. 86: T. Carver, “‘Marx-Engels' or ‘Engelsáïáj Marx’?", MEGA Studien, 1996/2, p. 79. Sobre el Engels tardío: j. Texier, “Les? innovations d’Engels, 1885. l891, 1895", en Acareltl/Iarx, l7, 1995, p. 137; 0.:}; Negt, “La teoría de la revolución en el último Engels", en: Teoría] Praxis, Ed. El Caballito, México, 1987. En un aporte argentino a la marxología, se editótíï en 197l un volumen colectivo: Federico Engels: nuestro contemporáneo, Ediciones}, CE, en el cual M. Lebendisky, analizando el trabajo editor de Engels, repite"- obedientemente la fórmula post-Riazanov, hecha ley por Stalin después de 1931,.

sin nombrar los “MEG ”; ibídem, pp. 218 y ss.

"’ Engels a P. L. Lavbov, 5 de febrero de 18994, en MEW, tomo 36, p. 28.

Engels a K. Kautsky, 28 de enero de 1889. En: Correspondencia zur le Capital, Badia.

"-’ Mientras las ediciones de Engels al segundo tomo alcanzaron escasamente las diez páginas, en el tomo III tuvo que recomponer capítulos y secciones com- pletas. Rubel nota que: "... Engels da la apariencia de obras terminadas a páginas a menudo informes y mal redactadas, materiales de un trabajo del que el propio Marx decía que era necesario completarlo y aún escribirlo... Los tomos II y III son eso: bosquejos, tanteos, a veces desesperados, materiales para los futuros ‘libros’ y nada más...", en: K. Marx, Ora-res. Eeonomie, tomo II, NRF-Gallimard, París, 1968, pp. XI y ss. Rubel se embarcó precisamente en un ambicioso proyec- to de publicar todos los manuscritos del tomo ll (seis versiones) más la versión de 1885 de Engels en Gallimard.

'1‘ Engels resume así los manuscritos de Marx: estilo desaliñado (“nachlassiger Stil"), expresiones y giros familiares (“familiá’re Ausdrücke"), terminología técni- ca en idioma inglés o francés (“englische und franzósische techni'sche Bezeichnungen"); además de páginas enteras en inglés de las ideas bajo la misma forma en que las desarrollaban los autores que glosaba, partes expuestas!“ pormenorizadamente, otras insinuadas, material de hechos demostrativos; acopiados pero sin clasificar, sin ningún tipo de elaboración, frases inconean entre los capítulos, análisis inconclusos y, por último: el hecho conocido de que la letra de Marx no pocas veces resultaba ¡legible hasta para él mismo. En Das Kapital, Band Il, Ullstein, Frankfurt, 1985, pp. 7 y ss. El tomo III, que para Engels- sólo ofrecía “dificultades técnicas" (“technische Sc-hwiergkeiten"), se presentó: como un embrollo de difícil solución: Marx sólo había delineatlo un primer borrador, colmado de lagunas, disgresiones, puntos secundarios sin lugar defi- nitivo e ideas “in statu naseendi". Engels relata lo siguiente: “... Mi trabajo comen- zó‘dictando, para efectuar una copia legible, todo el manuscrito a partir del- original, que a menudo resultó difícil de descifrar hasta para mismo. y esta

4‘

«a

168 ¿Mayo de ¡9992:

tarea me quitó mucho tiempo. Sólo entonces pudo comenzar la reducción pro- piamente dicha. La he limitado a -lo más imprescindible, conservando en la me- dida de lo posible el carácter del primer borrador toda vez que la claridad lo permitía... cada vez que mis alteraciones o agregados no son meras correcciones estilísticas o cuando he debido elaborar el material fáctico ofrecido por Marx... Todo el pasaje ha sido colOcado entre corchetes y señalado con mis iniciales... Como no podía ser de otro modo en un primer bosquejo, se hallan en el manus- crito numerosas referencias a puntos que deben desarrollarse ¿más adelante, sin que tales promesas se hayan cumplido en todos los casos..."; en: Das Kapital, Band II-I, Ullstein, Frankfurt, 1985, p. 9.

'4 Riazanov ya había diseñado el plan original de la "MEGA" entre 1914 y 1917, en correspondencia con" Karl y Louise Kautsky. Había nacido en .1870 en Odessa y era considerado uno de los socialistas rusos más viejos. Estuvo ocho años en prisión y realizando trabajos forzados, hasta que en el 1900 emigró y fundó el grupo editorial Borbá (la lucha), encontrándose enfrentado al grupo Iskra en los debates sobre los estatutos del Partido. Antes de la revolución de 1905 organizó clandestinamente los sindicatos de Odessa y de San Petersburgo; luego emigró, militando en el SPD, el cual le encarga la tarea de estudiar la herencia literaria de Marx y Engels y la história de la I Inter-nacional. Durante la guerra ocupó una posición centrista y escribió en periódicos de los mencheviques y del grupo de Trotsky. En el VI congreso del POSDR(b) se reincorporó junto con el grupo llamado “interdistrital” y luego de 1918, por estar en desacuerdo con la “Paz de Brest-Litvosk” se alejó de. la conducción partidaria. Durante la discusión sobre los sindicatos, 1920-1921, tuvo una posición anti-partido y autó- noma. Fue el alma mater en la creación del Instituto Marx-Engels (IML) en 1921 y lo dirigió hasta 1931. En febrero de 1931 fue expulsado del partido por “menchevique” y “contrarrevolucionario”, deportado a Siberia, al parecer estu- vo un tiempo en Saratov, y fue ejecutado en secreto en 1938. Sobre el‘primer MEGA y la figura excepcional de Riazanov ver: Rojahn,j., “Aus der Frühzeit der Marx-Engels-Forschung: Rjazanovs Studien in den jahren 1907-1917 im Licht seiner Briefwechsel im IISG”, en: MEGA-Studien 1996/l, pp. 3 y ss.; Rokitjanskij, j., “Das tragische Shicksal von David Borisovic Rjazanov. Beitra'ge zur Marx-Engels- Forschung", en: NE, 1993, pp. 3. y ss.; y la introducción de M. Rubel al volumen e escritos de Marx y Engels: Marer Engels contra Rusia, Ed. Libera, Buenos Aires, 1965, pp. 9 y ss.

'5 Gustav Mayer en sus memorias informa que en octubre de 1931 supo que Riazanov había sido eliminado, entre otras cosas, porque en la elección de sus colaboradores había tenido en cuenta sólo su competencia científica, sin anali- zar su alineamiento entre las líneas del POSDR (b). El equipo de colaboradores desapareció o se exilió hacia fines de ese año.

"i- La organización “interna” del Instituto fue proporcionada en un folleto escrito por el mismo Riazanov, actualmente un incunable, publicado en Moscú

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en 1923 y en el volumen I de los Archivos Marx-Engels, un volumen rarísimo y- precioso publicado en 1925. El plan de edición no concluía con Marx y Engels, se preveía la edición de obras completas de figuras claves del movimiento socia- lista, como porejemplo: la de Karl Kautsky en 21 volúmenes, un plan impractica- ble después de la muerte de Lenin.

‘7 Bernstein tenía en su poder, además de otros, los manuscritos de La ideolo- gía alemana de 1845-1846.

'3 Adoratski (1878-1945) había iniciado su actividad bolchevique en 1994 y militado en Kazán. En 1918 fue Comisario del Pueblo de instrucción pública y más tarde de la Universidad de Kaza’n. Desde 1920 hasta 1929 fue subjefe de la dirección central de archivos, vicedirector del Instituto Lenin y luego interven- tor desde 1931 en el IML y director del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS. En 1940 desapareció y su nombre fue borrado de todas las publicaciones oficiales. En 1932 él inició la edición en ruso de los MEGA. Véase un breve análisis de su paso por el IME: Hecker, R., “Die Verhandlungen über den Marx-Engels Nachlass 1935-1936. Bisher unbekannte Dokumente aus Moskauer Archiven”, en: MEGA Studien, 1995, 2, p. 3.

'9 La liquidación del proyecto MEGA de Riazanov no se detuvo con la mera desaparición física del Instituto: Stalin eliminó progresivamente todas las publi- caciones accesorias, destrucción física de los volúmenes en proceso de impre- sión, desaparición de los volúmenes ya editados de las bibliotecas rusas y extran- jeras, depuración de las obras de Marx y Engels bajo la forma de ¡ediciones stalinistas llamadas “populares”, aligeradas de todocontexto adecuado de erudi- ción y aparato crítico. Stalin, poco a poco, sustituyó a la MEGA de Riazanov, obra con fundamento crítico-científico y carácter total, con una serie de publica- ciones aisladas,_diseminadas, sin ningún plan conjunto ni aparato filológico, cuyo reflejo en la Argentina fue la Biblioteca Popular Marxista-Leninista, editada por Editorial Anteo, propiedad del PC. La manera en que esas publicaciones son presentadas por sus editores rusos, con comentarios lacónicos que rayan el ridí- culo y constantes hOmenajes a la gloria del Comité Central del PCUS, revelan el terror de los hombres encargados de su edición.

2" Lo criterios editoriales de la “MEGA dos” en: Karl Marx-Friedrich Engels Gesamtausgabe (MEGA). Pro-berband, Dietz Verlag, Berlin, 1972.

2' De 1975 a fines de 1992 aparecieron, por sección, los siguientes tomos: Abteilung I: l, 2,3,10, ll, 1213,18. 20, 22, 24, 25, 26, 27 y 29; Abteilung II: l.l, 1.2, 2, 3.1, 3.2, 3.3, 3.4, 3.5, 3.6, 4.1, 4.2, 5, 6, 7. 8, 9 y 10; Abteilung III: l, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8; Abteilung IV: l, 2, 3, 4, 6, 7, 8 y 9.

22 El protocolo de acuerdo se firmó entre el 21 y 22 de mayo de 1990, rubrica- do por el IISG de Amsterdam (Ericj. Fischer,jürgen Rojhan y H. P. Harstick), el IML de Moscú ( M. P. Mtchedlov y N. j. Kolpinski), el ex-I-ML de Berlin, en ese momento la AdW de la DDR ( W. Schmidt y M. Hundt), la “Karl Marx-Haus Stiftung” de Treveris (H. Pelger y j. Grandjonc). La dirección del Secretariado

170 ¿Mayo de 1999-

de la Internationale Marx-Engels Stiflung es: calle Cruquiusweg 31, 1019 AT, Amsterdam, The Netherlands.

23 Así, por ejemplo, cuarenta volúmenes de notas marginales previstas por el MEGA dos para la cuarta sección (’-'Exzerpte.. Notizen. Marginalien”) cedieron su lugar, en el nuevo plan de edición, a un catálogo de obras de la biblioteca de. trabajo de Marx y Engels y a un juego de microfichas de todas las obras. de la biblioteca imaginaria anotada por ambos en los manuscritos. Sobre la “praxis” ideológica del trabajo editorial de la MEGA dos: Schrader, F. E., “Karl Marx Forschung oder DenkmaisplegCP”, en: IWK, 16, 1980, p. 398; Rojhan,j., "Die marxschen Manuskripte aus dem jahre 1844 in der neuen ‘Marx-Engels Gesamtaugabe' (MEGA)”, en: Archie für Sozialgeehíchte, N" 25, 1985, p. 647.

2‘ la reunión se realizó en la Universidad homónima," entre los días 23 y 28 de marzo; en la misma más de una treintena de especialistas, investigadores, editores y miembros del nuevo IMES establecieron también las líneas editoriales nuevas.

25 Son los Editionsrichtlinien der Marx-Engels Ausgabe (MEGA). Herausgegeben von der internationalen Marx-Engels Stiflung, IISG, Amsterdam, 1993. Sobre el nue- vo plan y sus directrices editoriales: Grandjonc, j. / Rojhan, j., “Der revidierte Plan der Marx-Engels Gesam-tausgabe”, en: MEGA-Studien, 1992, 2, p. 62; Grandjonc,j., “Vorbemer-kung: ‘Die neuen Editionscriftlinien der Marx-Engels Gesamtausgabe’", en: MEGA-Studien, 1994, l, p. 32.

‘35 Los ¿MEGA-Studien son cuadernos monográficos editados dos veces al año en alemán, francés e inglés con artículos sobre la vida y el trabajo de Marx y Engels en su contexto histórico, además de tratar la historia de la edición de los manuscritos de Marx y Engels, documentos inéditos, recensiones, información de archivo y misceláneas. Su editor ejecutivo es jürgen ‘Rojahn.

Cuadernos del Sur l7l

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CICLO DE CONFERENCIAS

LA CRISIS DE FIN DE SIGLO ¿QUE CRISIS?

DISERTANTES:

Elmar Altvater (Alemania) José Cademartori (Chile) Robert Castel (Francia) Theotonio Dos Santos (Brasil) Alan Freeman (Gran Bertaña) Héctor Guillén (México)

John Holloway (Gran Bretaña)

Boris Kagarlitsky (Rusia) Carolina Lanciano (Francia) Alain Lipietz (Francia) Domenico Losurdo (Italia) Daniel Pécaut (Francia) Pascal Petit (Francia)

COMENTARISTAS: Rolando Astarista, Hugo Calello, Julio Gambina. Guillermo Gigliani, Eduardo Gruner. Claudio Katz, Claudia Natenson, Julio Neffa, Horacio Tarcus. Carlos Vilas

COORDINADORES: Eliseo Giai, Gustavo Roux

ORGANIZAN:

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS (UBA)

CICLO BÁSICO COMÚN (UBA)

IADE (Instituto Argentino para el Desarrollo Económico)

COORGANIZAN: PlETTE

REALIDAD ECONÓMICA CUADERNOS DEL sun

Las conferencias se dictarán de abril a diciembre de 1999, en la Facultad de' Filosofía y Letras de la UBA (Puán 470, Capital Federal), en fecha a determinar; La entrada será libre y gratuita.

INFORMES:

Hipólito Yrigoyen 1116 - 49 piso (1086) Tel. 4381 -7380/9337/4076 - Fax 4381-2158 E-mail: iade@rcc.com.ar

Maru dí' 1.995}

uadernos del Sur

Editorial: y El estado de las cosas.

ik. Astarita lA.Fanjul lA.Horowicz “¿Combina / G.Gigliani / C.Lozano Argentina 99: cuadro de situación.

“¿Robert Brenner ¿Del neoliberalismo a la depresión? FZLN ID. Bonsaid Balcanes: ni los unos ni los otros. (Joachim Hirsch Globalización del capital y la

transformación de los sistemas del Estado: del “Estado de s j seguridad” al “Estado nacional i” competitivo”. ' Elmar Altvater El mercado mundial como campo de operaciones, o del «Estado nacional soberano» al «Estado nacional de competencia».

; Mike Neary/ Graham Taylor De la ley del seguro a la ley de la

lotería: los cambios en la

composición del Estado

británico. Terry Eagleton ' ¿De dónde vienen los posmodernos? NéStor Kohan Luxemburg, una Rosa para el siglo XXI. Mabel Bcllucci Lo público y lo privado en Simone

de Beauvoir. A cincuenta años de la aparición de El segundo sexo.

' Nicolás (i. Varela La inactualidad de Marx. 1818- 1848-1998. Informe de situación.

‘l'it'i'ra‘nm‘gu