l Cuadernos del SW
Sociedad O Economía O Política
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Cuadernos del Sur
Sociedad O Eéonomía O Politica
Número 3 I Julio-Septiembre de 1985
CONSEJO EDITORIAL
Argentina: Eduardo Basz / Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto J. Pla / Carlos Suárez
México: Alejandro Dabat / Alberto Di Franco / Adolfo Gilly / José Maria Iglesias (editor)
Ita‘lia: Guillermo Almeyra Brasil: Enrique Anda
El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina.
Publicado por 9 Editorial Tierra del Fuego Número 3
Argentina, julio de 1985
Toda correspondencia deberá dirigirse a: En Argentina:
Casilla de Correos No. 167, 6-B, C.P. 1406 Buenos Aires - Argentina
En México:
EDITORIAL TIERRA DEL FUEGO Nebraska 43-402
México-03810-D.F.
INDICE
EDUARDO LUCITA 0 Elecciones sindicales y
autoorganización obrera en Argentina
HUGO DEL CAMPO 0 Continuidad y cambio en el movimiento'sindical argentino '
CARLOS ABALO 0 II Parte de notas sobre...
E-RIK O. WRICTH 0 Los intelectuales y la clase obrera
C. M. CASSASUSS 0 Estructura de clases y acción obrera
ANDA/SECRE 0 Política de informática en los países dependientes
DOCUMENTOS 0 Nicaragua, análisis de los resultados electorales
REVISTA 0 De REVISTAS
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CUADERNOS DEL SUR responde a un acuerdo entre personas, las que integran el Consejo Editorial. La revista es ajena a toda organización. La pertenencia, actual o futura, de cualesquiera de sus integrantes a partidos o agrupamientos políticos sólo afecta a éstos de modo individual; no compromete ala revista ni ésta interfiere en tales decisiones de sus redactores. CUADERNOS DEL SUR es un órgano de análisis y de debate; no se propone, ni ahora ni en el futuro, ser un organizador político ni promover reagrupamientos progra máticos.
EI Consejo asume-la responsabilidad del contenido de la revista, pero deslinda toda responsabilidad intelectual en lo que atañe a los textos firmados, que corren por exclusiva cuenta de sus autores, cuyas particulares ideas no son sometidas a otro requisito que el de la consistencia expositiva. El material de Ia revista puede ser reproducido si se cita la fuente y se añade la gentileza de comunicárnoslo. Las colaboraciones espontáneas serán respondidas y, en la medida de nuestras posibilidades, atendidas.
Artista plástico invitado: Juan Carlos Romero
Elecciones sindicales y autorganización obrera
_ Eduardo Lucita E1 mado cb EDUARID REQUENA, docente, (fingm' te de membro dárldoba. deMilitante o. indohiepble, amigo entrañable.
“Es posible que se queden a medio ca- mino. . y que no emerja una nueva so- ciedad en sentido estricto, con nuevas contradicciones y nuevos modos de constitución de los sujetos políticos, pero en todo caso hay un golpe de muerte a la vieja sociedad, donde la combinación de lo viejo y de lo nuevo ya es por sí mismo un nuevo tipo de so-
ciedad.”
Manuel Garreton.
Al cumplirse casi una década de un periodo excepcional desde el punto de vista de la conflictividad social, seguido a su vez de una ofensiva sostenida y generalizada del capital sobre el trabajo, ofen- siva que no tiene precedentes en Argentina, los trabajadores, recu- peradas las instituciones democráticas y la vigencia de los derechos y las libertades públicas, retomaron el camino de laelección y selec- ción de sus dirigentes y de la recuperación de’sus organizaciones gre- miales.
Parece indudable que estas elecciones a poco de concluido el pro- ceso aún en curso y una vez facilitado el acceso a la documentación depositada en el Ministerio de Trabajo han de constituirse en campo privilegiado para sociólogos, políticos e investigadores de distintas corrientes y matices ideológicos y políticos. Y no solo por lo que tra- dicionalmente pesaron y pesan los sindicatos en la política nacional sino también y muy especialmente pOr el contexto político inédito en que se desarrollaron.
Baste señalar aquí las modificaciones operadas en la estructura productiva; en los patrones de aCUm uláción y desarrollo; en las rela- ciones sociales y en las pautas de conducta de los sujetos sociales. O bien, en el plano estrictamente político, el hecho de que por primera
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vez en su historia el peronismo —ese frente policlasista que fue el eje de la política nacional durante más de treinta años- resultara per- dedor de una confrontación electoral a nivel nacional, y en la que, a diferencia de la de 1973, las direcciones sindicales estaban total- mente comprometidas tanto en la campaña como en la selección de las candidaturas.
La reorganización sindical que se iniciara en septiembre de 1 984 y‘ que se extenderá hasta probablemente mediados del año en curso- fue precedida de una intensa exteriorización pública durante la campaña para elegir Presidente de la Nación, y de una breve pero no menos intensa polémica en las Cámaras de Diputados y Senadores que rebasó las fronteras parlamentarias para inundar todo el ámbi- to de la sociedad civil y al cabo de la cual el partido gobernante hubo - de renunciar a muchas de sus consignas preelectorales. Hizo eje de su política en el antagonismo con la burocracia sindical afirmando la democratización sindical. Llegó al gobierno con una clara política confrontacionista que a breve plazo, luego del fracaso parla- mentario, trocó en política acuerdista y de reafirmación del régimen bipartidista sancionado por las urnas el 30 de octubre de 1983.
Sin embargo y aún encorsetadas por el cuerpo legal en cuyo marco se desenvolvieron —en el plano legislativola Ley 23 .071,/84“de Re- organización Sindical” sancionada'luego de arduas negociaciones, y en el plano normativo los estatutos vigentes en cada organización, por lo general amañados y modificados a gusto de los dirigentes e in- terventores en tiempos del llamado “proceso”—, estas elecciones sin- dicales que abarcaronialrededor de setecientos gremios de los cuales una treintena son definitorios al momento del recuento para la con- formación de la cúpula cegetista, se constituyeron tanto por los ni- veles de participación alcanzados como por su desarrollo en el pro- ceso electoral más democrático en varias décadas.
Una primera apreciación en el plano de las conclusiones políticas, que fuera explicitado en distintos análisis periodísticos, es que los trabaj adores han reafirm ado con su voto su identidad política pero- nista y que la burocracia sindical ha revalidado títulosy por primera vez en muchos años aparece con una representatividad asentada en el apoyo masivo de los afiliados.
Sin embargo estas generalidades, que como todas contienen cier- tas cuotas de verdad, semejan una suerte de verdad tautológica, y aparecen más como el resultado de un análisis meramente empírico, a la luz de los datos directos, que producto de una confrontación de los mismos con una realidad societal que acusa el impacto de los cambios operados en elpaís en la última década, en tanto que pare-
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cíeran no contemplar los contenidos implícitos del proyecto de reor- ganización sindical impulsado por el gobierno democrático- burgués del alfonsinismo.
Limitar así el análisis es quedarse en la superficie de los hechos, sin bucear en las profundidades buscando las modificaciones y Condi- cíonamientos reales que provocan alteraciones en las conductas de los sujetos sociales colectivos.
Por otra parte es un lugar común en la Argentina que transitamos aseverar que marzo de 1976 marca el fin de un ciclo histórico en el país'. Pero este aserto, a nuestro juicio no comprendido aún en toda su dimensión, entre otras cosas porque no tenemos una lectura aca- bada de la sociedad real existente, implica reconocer las mutaciones y la modificación de fuerzas sociales a que ha dado lugar, que toma- das globlamente arrojan un balance complejo y contradictorio, un estadio de transitoriedad resultante de la superposición de los resa- bios de una sociedad agotada pero aún supérstite y los nuevos conte- nidos de una sociedad cuya aparición se anuncia pero que no acaba de producirse.
En lo que sigue no proponemos exponer algunos elementos de análisis que abran el camino para futuras y más exhaustivas investi- gaciones. '
El proyecto alfonsinista de democracia sindical
El proyecto oficialista de democratización de la vida sindical argen- tina apareció en los momentos previos a las elecciones nacionales, y también en los inmediatamente posteriores como un punto de coin- cidencias donde en su forma aparente confluían los intereses de la clase obrera,l que en la búsqueda de cambiar la relación de fuerzas con la burguesía e ir plasmando en términos políticos y programáti- cos su propia alternativa, requiere organización y debate en la base y un recambio democrático en los niveles de los cuadros dirigentes; y la necesidad del gobierno —en rigor de su ala socialdemocratizante, el alfonsinismo- que para “administrar la crisis de las minorías con el apoyo de las mayorías” (tal la feliz expresión con que se ha conCep-
1 Empleamos en este trabajo un criterio ampliado del concepto de clase obrera, en- tendiendo por tal al sujeto social colectivo que aprece en el mercado como propietario y vendedor de mercancía, la fuerza de trabajo. Es decir, incluimos en ella tanto a los pro- letarios asalariados como a los asalariados no proletaríos. Y descartamos el criterio que restringe el concepto de clase obrera a los asalariados industriales.
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tualizado a los actuales gobiernos socialdemocráticos europeos), se esfuerza en favorecer una dirección de recambio medianamente representativa. y
Pero a poco que se profundice, esta coincidencia'resulta más apa- rente que real. Los contenidos implícitos en cada una de esas necesi- dades insatísfechas, como es fácilmente comprobable, son sustan- cialmente diferentes.
El planteo alfonsinista requiere, como el de cualquier fracción política burguesa en esta etapa del capitalismo dependiente argenti- no, de un reforzamiento delos mecanismos de intervención del Esta- do en los sindicatos, enmascarados bajo formas democráticas, al mismo tiempo que su proyecto precisa de la reconstrucción de una burocracia sindical no confrontacionista, o cuado menos no corpo- rativa, cuyas formasde resolver la conflictividad social y la conci- liación de clases resulten diferentes de los de la burocracia sindical peronista clásica.
Es por demás evidente que para esta fracción política de la burguesía en el gobierno, actualizada teóricamente en el manejo eu ropeÍZado de los asuntos del Estado, en lo que tiene que ver con las formas de articular las mediaciones del aparato estatal, esta bu- rocracia acusada no sin razón de venalidad, matonajeycontubernio dictatorial, (que no encuentra formas de retomar su relación con las bases-y por eso muestra claros síntomas de disgregación al interior de sus cuerpos orgánicos), no le resulta útil para reconstruir las institu- ciones democráticas. Y es por su propia debilidad, solamente conte- nida por el férreo control de los aparatos, una fuente de inestabili- dad permanente que no permite institucionalizar, en el largo plazo, un modelo de participación funcional.
Por el contrario, para los trabajadores, carentes desde hace déca- das de una dirección propia,2 la democratización de la vida sindical es un camino de recorrido ineludible para la recuperación plena de sus organizaciones gremiales que encierra no sólo la selección y elec-
2 En el seno del movimiento peronista, y aún en los momentos más altos de su política de reivindicaciones sociales y colaboración de clases, siempre existieron contradicciones entre su base obrera y su dirección burguesa/ burocrática. Pero a par- tir delos años '60, con la expansión de la crisis del capitalismo dependiente argentino, la manipulación ideológica, se hizo cada vez más dificultosal y todo enfrentamiento antipatronal se trasladó inmediatamente al plano antiburocrático, convirtiéndose és- te en un componente ineludible del enfrentamiento de clase. De ahí que la consigna de los años ’70 “Se va a acabar la burocracia sindical. . tuviera una aceptación generali- zada. Es este mismo sentimiento antiburocrático el que intentó capitalizar el alfonsi- nismo, primero'desde el llano yluego en el gobierno.
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ción de una nueva camada de dirigentes, sino toda una nueva metodología, que significa la recuperación de su antigua práctica social, en el terreno de la elección y revocabilidad de sus dirigentes; la unidad y participación masiva en las decisiones y acciones emana- das de las asambleas de base; la defensa, recuperación y logro de Sus reivindicaciones, avanzando en la recuperación de los espacios per- didos hacia el control de sus organizaciones y hacia formas de auto- organización democrática y su independencia política.
El lanzamiento a la arena política del proyecto de ley de reorgani- zación sindical produjo un efecto contrario al buscado por el ofi- cialismo. Al calor del debate parlamentario, y su posterior votación negativa por el Senado, la burocracia sindical en sus distintas frac- ciones,3 que se encontraba en una profunda crisis luego de la derrota electoral de octubre de 1983, reagrupó sus fuerzas sobre la base de abroquelarse en la defensa de sus intereses com unes. Aunque débiles, estas bases en lo inmediato le permitieron imponer condiciones y obligar al gobierno a cambiar su política de confrontación por una política acuerdista y revalorizar a la burocracia sindical peronista como interlocutor válido.
La defensa de la vieja dirigencia sindical se basóen dos axiomas: independencia del movimiento obrero frente al Estado; y denuncia de la intención del gobierno radical de romper la unidad del movi- miento obrero promoviendo la formación de dos o más centrales sin- dicales.
El rechazo del intervencionismo estatal y la defensa indeclinable de formas autónomas de organización e independencia en las-deci- siones es una cuestión de principios que está en la historia viva del 3 movimiento obrero local e internacional, pero que en boca de esta burocracia nacida y criada al calor del favoritismo estatal y de- sarrollada como su apéndice, cuando durante cuarenta años la rela- ción sindicato/estado fue prioriz-ada sobre la relación sindicato/clase, se torna meramente un recurso formal y carente de todo contenido.‘
3 Las “62 Organizaciones” peronistas;' la Comisión de Gestión y Trabajo; la gran mayoría de los dirigentes enrolados en la Comisión Nacional de los “25”; y también el apoyo no explícito de la alicaída Comisión de los “20”. '
‘ Las sucesivas Leyes deAsociaciones Profesionales (12921/45; 14455/58; 20615/74) que favorecieron el desarrollo y expansión dela organización sindical y la fortalecieron corporativainente en la defensa del valor de venta de la fuerza de trabajo constituyen al mismo tiempo el mayor instrumento de integración y control del aparato estatal.
Es el Estado el que otorga y retira las personerías gremiales , el que regula todo el fun- cionamiento, manejo de los fondos y actividades en general, ys'on las patronales las que
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En cuanto a la segunda premisa en verdad no es fácilmente de- mostrable. Por el contrario si se ahonda en el análisis del discurso gu- bernamental se encontrarán indicios que permitirán verificar que .la política alfonsinista no desdeña un sindicalismo unitario, de- mocrático y político, por el contrario lo promueve ya que se inscribe en el marco de un proyecto más amplio de rescatar al Estado burgués y sus instituciones democráticas” .5-Es precisamente esta y no otra, la intencionalidad alfonsinista. Establecer una nueva relación entre la sociedad civil y la sociedad política, marchar hacia la refundación de un sistema de partidos y establecer un mecanismo que facilite la articulación de las representaciones sociales de los intereses del capi- tal y el trabajo por vías no corporativas. Es obvio que en una so- ciedad como la Argentina, con un régimen de partidos sumamente débil, los sindicatos se insertan en este modelo, bien que teórico, ju- gando un rol específico en el conjunto de las mediaciones de un Esta- do fortalecido.
Inversamente quien agita la intencionalidad divisionista asig- nando tal pretensión al gobierno radical es la propia burocracia —acompañada de algunos teóricos de la izquierda nacíonalista—, que lo exorcizó como un mecanismo de autodefensa, consciente de su crisis de representatividad y de su debilidad intrínseca para recons- truir la trama de relaciones orgánicas con “sus” bases sociales, y de la crisis de identidad política del peronismo, que no es otra cosa que el reflejo del agotamiento de todo un modelo de acumulación y repro- ducción del capital y de resolución política del enfrentamiento de clases, que la incluía a ella como una de sus expresiones corporati- vas, y que en esta etapa del capitalismo mundial no pareciera poder reproducirse.
Muy distinta fue la actitud de algunos dirigentes sindicales que forjaron nuevos agrupamientos al calor de las nuevas condiciones abiertas en el país con la formalización del gobierno democrático el 10 de diciembre de 1983.
El Movimiento Nacional de Renovación Sindical (MNRS, radica- les); el Plenario Nacional Sindical (PNS, peronistas combativos); la Asamblea Gremial Argentina (ACA) burócratas desplazados; y el
descuentan las cotizaciones, siendo la burocracia la administradora del conjunto.
Si a esto se le adiciona el discrecional manejo de las obras sociales, esposibledefinir el tríptico que delimita el sindicalismo argentino: integración al Estado, fuerte de- sarrollo de la base material y enquistamíento burocrático. Lo que lleva a una contra- dicción creciente entre los intereses y objetivos de los trabajadores y los del aparato sin-
dical. 5 Japaz, Jorge,"‘Los 100 Días”, mimeo, Mendoza, abril 1984.
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Encuentro Nacional de Trabajadores (ENTRA), coalición pluralista, apoyaron crítica pero decididamente el proyecto de ley de reorgani- zación sindical pero se vieron imposibilitados, ya fuere porlo recien- tede su formación, o por no tener el control de estructuras sindicales convocantes, para forjar una corriente independiente capaz de aprovechar las amplias condiciones existentes. Se vieron entonces obligados a jugar la recuperación y democratización sindical en una lucha de aparatos recostándose en la propuesta gubernamentaer aún en el caso del ENTRA, aportando modificaciones importantes a su articuladofi que en general recogían las necesidades que luego señalarían la mayoría de las listas antiburocráticas, que lo modifica- ban en forma progresista.
La votación y posterior rechazo del proyecto de ley por el Senado hirió de muerte a estos agrupamientos que se fueron extinguiendo sin pena ni gloria.
La izquierda orgánica: El Partido Comunista Argentino (PCA), el Movimiento al Socialismo (MAS), y el Partido Obrero (PO) , volvieron a reiterar puntualmente su incapacidad, que ya pareciera patológi- ca, para romper con su economicismo inoperante, para establecer una ligazón entre la sociedad real y las proposiciones políticas, para aprovechar los resquicios de una sociedad corporativa agotada y ’de
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6 Las modificaciones. propuestas por el ENTRA apuntaban a perfeccionar el proyecto oficial poniendo en igualdad de condiciones a todos los trabajadores. En la práctica in- tentaba romper el marco restrictiva, apoyándose en las propuata gubernamental pa- ra rebasarla.
Sus contenidos pueden sintetizarse en los siguientes puntos:
l) Campañade reafiliaciones y afiliaciones en los lugares de trabajo, bajo fiscalización de las agrupaciones sindicales. 2) Amplia amnistía para todos los afiliados y condona- ción de las cuotas en mora. 3) Emisión de constancias de reafiliación o afiliación equiparables, a los efectOS de la votación, al carnet sindical. 4) Confección de padrones en forma simultánea con la campaña de reafiliación y afiliaciones a cargo de un orga- nismo fiscalizador integrado por dos representantes de cada agrupación. Exhibición de los mismos en empresas ylugares de trabajo. 5) Dejar sin efecto toda limitación que ímpidia elegir o ser elegido a cualquier afiliado. Estos podrán ser candidatos a cual- quier cargo electivo por el solo hecho de ser afiliados. 6) Reincorporación de todos los despedidos por razones políticas o gremiales. La negativa de la empresa no inhabilita- rá a quese presente como candidato adelegado del personal del establecimiento. 7) Los trabajadores que aspiren a ser delegados se integrarán en una lista abierta y única, re- sultarán elegidos por mayoría simple. Se elegirá un delegado por cada 25 trabaj adores o fracción. 8) A partir de la reglamentación se convocará a asamblea general o de dele- gadospara elegir a lajunta Electoral, a la quese incorporarán con voz y voto dos repre- sentantes de‘ cada una de las listas. Estas serán reconocidas con el respaldo del 2 % delos afiliados, y sepondrán presentar hasta 20 días antes del acto comicial. 9) La empresase abstendrá ua partir de la sanción de esta reglamentación de despedir o trasladar de sec- ción a sus trabajadores mientras dure el proceso de normalización sindical.
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un gobierno con iniciativa política pero débil para sostener con ac- ción práctica.
Así el rechazolisoyllano delaley por parte del MASydelPO se basó fundamentalmente, más allá de los recursos polémicos y los artilu- gios literarios, en los mismos argumentos burocráticos: inteven- cionismo estatal y ruptura de la unidad cegetista. La postura del PCA acusó los vaivenes de su tradicional política a-mbivalente, “ni los ilu- minados del Ministerio de Trabajo, ni los dirigentes aferrados a sus sillones” fue su postura inicial que duró hasta que sellara su acuerdo electoral con el grupo que conforma la Comisión Nacional de los “25" .7 en conjunto unos y otros, por izquierda o por derecha, forta-
lecieron la posición defensiva de los burócratas tradicionales.
En definitiva, el proyecto de ley de reorganización sidical se cons- tituyó en el instrumento jurídico central con que el gobierno intentó agrietar aún más la alianza corporativa, debilitando a uno de sus principales integrantes y fortaleciendo las instituciones y el régimen de partidos.
Impulsó el recambio de las conducciones sindicales y no desdeñó el recurso del intervencionismo estatal, en forma bastante desproli- ja por cierto, vía Ministerio de Trabajo, interviniendo algunos gre- mios, desplazando comisiones con mandatos prorrogad'os o desco- nociendo comisiones internas elegidas en asambleas de fábrica. (pueden señalarse los casos de papeleros, telefónicos, ferroviarios, mecánicos, etc.) ._ i
Ambos factores utilizados — j urídi"co y político- expresan la im- portancia asignada por el alfonsinismo a su planteo inicial. El trun-
7 La posición del PCA es doblemente significativa. Por un lado reitera su tradicional. política de no apoyar los intentos hacia la independencia de clase de los trabajadores, sino apoyarse en sus luchas para hacerlo jugar un rol en el frente de clases con la “burguesía nacional". Por otro lado no sólo favoreció la posición dela burocracia en su conjunto, sino que fue el principal rmponsable de que abortara prematuramente uno de los más serios intentos de reagrupamiento antiburocrático desde la época de la|Co- ordinadora I de Gremios en Lucha en 1975. ‘
Fue el principal promotor e impulsor del ENTRA. Prestó todosu aparato para realizar el plenario en la Federación de Box que convocara más de 4000 trabajadores; muchos de ellos con mandato de sus bases. Suscribió los documentos votados con las modifica- ciones al proyecto de ley de Reordenamiento Sindical para finalmente en aras de su acuerdo superestructural con la burocracia sindical peronista, retirarse del mismo, veinticuatro horas antes del acto convocado para el 1° de Mayo de 1984 en Plaza Lo- rea, para asistir el acto programado con la cúpula cegetista en cancha de Atlanta, de- j ando desairados a dos de los dirigentes más reprmentativos del movimiento obrero ar- gentino y queson un punto de referencia ineludible para cualquier recomposición seria del movimiento obrero, julio Cuillán y Alberto Piccinini, telefónicoy metalúrgico res- pectivamente.
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co desenlace, fallo de no innovar en las conducciones sindicales del proyecto por el Senado, marcan puntualmente un fracaso que obli- gó a un giro de 180° en la política oficial, no sin la complacencia del ala derecha de su propio partido, y que en los hechos concretos de- rechizó todo el espectro político nacional. Al mismo tiempo es un in- dicador elocuente de que las distintas fuerzas políticas en pugna no se miden solamente por el porcentaje de apoyos electorales, como tal vez ingenuamente pensaban muchos seguidores alfonsinistas.
El debate apareció como un enfrentamiento político superestruc- tural entre el gobierno y la burocracia sindical, con adhesiones y rechazos repartidos, y donde el conjunto de los trabajadores se man- tuvo al margen, fuera de la disputa. No sólo por limitaciones concre- tas como es la carencia de organizaciones gremiales convocantes en sus manos, sino porque la discusión real no fue llevada a las bases.
El gobierno propuso un recambio de dirigentes de corte “jacobi- no”, por las cúpulas, confiando en una sanción legislativa para al- canzar el control de cierta porción del aparato sindical.8 La bu- rocracia hizo estridentes llamados folklóricos a las bases, desplegó sus influencias locales .e internacionales, pero no bajó la discusión al seno de los trabajadores. Incluso cuando convocó a concentrarse frente al Congreso de la nación lo hizo limitando la convocatoria a “los cuadros sindicales” ’ .9
He aquí un verdadero punto de confluencia del gobierno alfonsi- nista y la burocracia sindical peronista. Se contrapónen en el plano político porque sus proyectos son distintos, pero coinciden cuando se tra-ta de evitar que el movimiento obrero recupere su-papel prota gó-
3 Seguramente otro hubiera sido el curso de los acontecimientos si el proyecto de re- organización sehubiera planteado una real democratización de la vida sindical, in vi r-_ tiendo el planteo y oomenmdo, de ab‘ajo hacia arriba, por los organismos de base al in- terior de las unidads fabriles (Comisiones Internas, Cuerpo de Delegados) y conti- nuando por las Seccionales y luego las Conducciones Centrales.
Invertir el planteo comenzando “desde abajo" encierra una mecánica que enssu de- sarrollo llev‘a el reemplazo de los Viejos dirigentes por delegados de base; en última ins- tancia potencialmente encierra la posibilidad de que los trabajadores avancen en el control de sus propias organizaciones.
Aquella forma de encarar la reorganización, de arriba hacia abajo, es una delas causals que junto con las restricciones estatutarias y la falta de control sobre las juntas electorales, trabaron la posibilidad en un gran número de gremios de forjar listas alter- nativas. Así los trabajadores no tuvieron otra alternativa que apoyar en muchos casos listas surgidas de dsprendimientos burocráticos, o sumarse a aquellos que representa- ran un mal menor.
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nico en la sociedad. Éstos porque temen perder sus privilegios y aquéllos porque rotas las compuertas burocráticas, los trabajadores lo. condicionarían con sus exigencias y prOpues'tas concretas. Finalmente el rechazo de la ley por el Senado deja al descubierto los flancos débiles dela democracia parlamentaria. “Dos votos en el Congreso dirimen una problemática donde el sujeto destinatario —los trabajadores- resultan en realidad convidados de piedr‘a.”1°
Los cambios en la estructura social y en la clase obrera
Los cambios en el modelo de acumulación y reproducción del capi- tal operados a partir de marzo de 1976, y la alteración de los patrones de desarrollo de las fuerzas productivas han concluido en transfor- maciones estructurales profundas. Aunque persistentemente seña- ladas en distintos análisis periodísticos y de investigación, su magni- tud aún no ha sido precisada con certeza.
Estas transformaciones han dado lugar a un nuevo equilibrio de las relaciones sociales '(entre clases y fracciones de clase), y a muta- ciones en el comportamiento social de los sujetos colectivos que se expresan en diferentes niveles.
El primero es el que deviene de los cambies estructurales que re- dundan en unanueva participación relativa de los diferentes secto- res económicos y en una nueva articulación de las relaciones de p0- der en Argentina.
El segundo muestrala modificación delas pautas de conducta que delimitaban el pasado reciente de esos sujetos en la cotidianeidad de la sociedad civil.
9 Esta actitud puedeser objeto de una doble lectura. Por un lado no llamar a una mo- vilización que de ser respondida en forma masiva podría escapar de los límites impues- tos por los propios dirigentes y ser desbordados. Lo sucedido posteriormente con la mo- vilización de 10.000 metalúrgicos en capital por reclamos salariales que terminaron silbando y abucheando a Lorenzo Miguel y Guerrero frente alas puestas del Ministerio de Economía justifica esta actitud temerosa. Por otro lado la incertidumbre de la pro- pia burocracia en cuanto al remanente real de su antigua capacidad convocante, espe- ci al m ente'cuando no seltrata de intereses de clase, sinodesus exclusivoslintereses de cas- ta. Frente a la duda Optó por el gambito delos “cuadros sindicales". Hay no obstante un punto de referencia: el acto del 1° de Mayo en Atlanta. Allí la burocracia jugó todo su aparato, contó con el apoyo del Partido Justicialista en pleno y con la colaboración del PCA, del PI, y de otros grupos menores de la izquierda. Según el origen de las-cifras y el interés subjetivo de los informantes los asistentes oscilaron entre las 20 y 30 mil perso- nas. Cualquiera fuera el dato real, resulta poco relevante.
1° “Los 100 Días", 0p.cit.
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La clase obrera no se mantuvo al margen de esta reestructuración que, como en toda crisis, redefiní a las relaciones globales entre capi- tal y trabajo. No sólo ha perdido peso (absoluto y relativo) en la for- mación social, sino que en su interior se introdujeron modificaciones sustanciales, que incluyen desplazamientos y cambios, que altera- ron el perfil y homogeneidad de clase construido por los trabajado- res y sus representaciones gremiales durante décadas, al calor de modelos de desarrollo distribucionistas, asentados en la expansión del mercado interno y en la sustitución‘ de importaciones.
Los cambios operados en la estructura social a partir de 1976 mantienen una ligazón de continuidad con las tendencias inaugura- das a mediados de la década del 60, pero en estos años recientes ad- quieren una_dinámica propia que aumentaron sus desproporciona- lidades y produjeron un punto de‘ruptura en el equilibrio del merca, do de trabajo.
El modelo de acumulación impuesto por la oligarquía financiera nativa en el poderll operó con una fuerte redistribución de ingresos tanto en el plano vertical —favoreciendo al capital frente al trabajo- , como en el plano horizontal —con transferencias in- terram as e intrarramas- , fortaleciendo a las cúpulas oligopólicas e incentivando la tendencia a la jerarquización de las cuotas de ga- nancia,
Esta política orientada a provocar un fuerte incremento de la ma- sa de plusvalía y a favorecer la concentración del capital, agudizan- do la crisis de realización como forma de viabilizarla, fue acompa- ñada por mecanismos que acentuaban despóticamente el control es- tatal sobre el movimiento obrero.
Mecanismos que incluyeron desde la represión y persecución di- rectas a su vanguardia clasista y combativa; la intervención selecti- va a Federaciones y Sindicatos y al Consejo Directivo Central de la CGT; hasta la fijación'por decreto de los básicos de convenio, la mo- dificación de las convenciones laborales y la reforma de la Ley 20744 de Contratos de Trabajo.
Estas medidas junto con la intención de forzar los acuerdos entre capital y trabajo en el nivel de las mismas unidades de producción en función de sus productividades diferenciadas, llevaban implícitas, no
u J. Monge, N. Romano, “La Oligarquía Financiera Nativa e_n el Poder, un nuevo ciclo histórico, un nuevo modelo de acumulación", mim'eo. , Buenos Aires, 1978. En es- te trabajo se define a la OFN como “La alianza del gran capital nacional, cuyos orígenes se remontan a la constitución del Estado nacional, c'onformada por viejas y nuevas fa- milias alrededor de fuertes grupos empresarios, y cuyas fuentes de acumulación se en- cuentran en la renta agraria, el beneficio industrial y el interés del dinero."
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sólo la pérdida de peso político de las organizaciones gremiales sino una desvalorización de aquellas de segundo grado. Esto afecta di- rectamente la organización y disciplina del movimiento obrero, ya que las Federaciones por rama de industria y las Convenciones Co- lectivas de Trabajoson las herramientas que han sostenidola unidad social y relativizado los diferenciales salariales.
Es que al desplegarse el abanico salarial se ahondan las diferen- cias al interior de la clase obrera con la ruptura de su homogeneidad, en tanto que la ampliación de la brecha salarial entre trabajadores de la misma categoría en una misma rama industrial, e incluso en una misma fábrica 0 zona, tiende a deteriorar la solidaridad de cla- se.
La satisfacción de las nuevas necesidades de la acumulación capi- talista provocó la aceleración de la concentración en la industria, con su secuela de absorciones, fusiones y quiebras en cadena, lo que acompañado de cambios relativos en la composición orgánica del capital y cierto grado de innovación tecnológica incidió sobre la pér- dida de empleos industriales y el crecimiento de la masa de desocu- pados.
El pr0pio modelo privilegió el comportamiento individualista de una sociedad consumista, amplió el campo de las actividades de ser- vicios y favoreció todo tipo de intermediación parasitaria con lo que la llamada terciarización temprana de la economía, insinuada ya en los años ’60, cobraría nueva fuerza y se difundiría ampliamente, creciendo a tasas mayores que las de las actividades productivas, dando así lugar al surgimiento de nuevas fracciones de la pequeñoburguesía y de las capas medias en general.
La abrupta caída de los salarios reales, por otra parte, forzó el re- tiro del mercado de trabajo. Primero fue la mano de obra femeninay luego los jefes de familia, que fueron a engrosar las filas del cuen- tapropismo y del trabajo individual. Pai‘alelamente las patronales recurrieron en forma creciente a aumentar el componente de pre- mios y bonificaciones en el total de las remuneraciones, y a las horas extras como reemplazao de la incorporación de nueva fuerza de tra- bajo.
El resultado final es que hoy la estructura social muestra junta- mente con el incremento de la masa de desocupados y del trabajo precario el fortalecimiento de una fracción de obreros más califica- dos que se diferencian del resto y se ubican en las industrias más di- námicas; la emergenciade nuevas franjas de las capas medias, el em-
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pobrecimiento de otras y el deslizamiento hacia la marginalidad so- cial y la pauperización de los sectores sociales más desprotegidos. l?
En la clase obrera pueden mencionarse sintéticamente los si- guientes aspectos:
0 Modificaciones en el perfil de los asalariados que se evidencian en los cambios en la estructura ocupacional, el incremento en el sec- tor servicios y una fuerte pérdida relativa de los empleos in- dustriales.
¡2 Una idea de los cambios operados en la clase obrera y en relación a la formación social puede acotarse con estos indicadores que hemos seleccionado de: “La clase Obrera en la Argentina", El Bimestre. N° 16 —Agosto '84.'— y “Evolución de la In- dustria Manufacturera entre 1974- 1981. INDEC:
— En 1947 por cada cien habitantes había 7.4 en la industria, en 1970, 6.4, y en 1980 sólo 5.9. Pero a partir de esta fecha censal los asalariados industriales caen en núme- ro absoluto “por primera vez en la historia moderna argentina"
— Según la encumta del INDEC. los establecimientos de más de 25 personas censados en 1974 ascendían 38. 101, en 1981 alcanzaban a6.637, cayeron un 18 % ; en tanto que el personal ocupado que era de 1.056.012 cayó a 738.524, un 30% . ' Las industrias más afectadas se ubican en las ramas textil, metalmecánicas, ma- quinarias y equipos.
Pero el proletariado industrial no sólo disminuyó físicamente sino que también se dis- persó:
— Los establecimientos “grandes” , que ocupan más de 400.0breros, disminuyeron en un ll % , pero el personal ocupado lo hizo en forma más que proporcional: cayó un 34 % . Esto fue acompañado por un cambio cualitativo en el nivel educativo. Los obreros que quedaron en las empresas grandes tienen un umbral educativo supe- rior.
— La clase obrera ocupada en la construcción pasó de 450.000 en 1970 a 400.000 en el ’81, luego de haber orillado los 520.000 alrededor de 1978,. En tanto que los trabaja- doresdelasempresas deservicios públicos pasaron de275.(X)en 1975 a 195. 000en 1981.
— Hacia 1983 los obreros de la industria, la construcción y los servicios básicos suma- ban cerca de 1.800.000, en 1983 sólo alcanzaban a. l 300.000. Según “El Bimestre" en las elecciones nacionales de 1973 había un obrero por cada 7. 8 electores registra- dos en el padrón; en 1983 había uno por cada 13.8 electores. En lO años la capaci- dad delos obreros para incidir con su voto en un resultado electoral se redujo a casi la mitad.
— Una aproximación a los cambios ocupacionales se puede obtener cotej ando el 1.300.000 obreros de la industria, la construcción y los servicios con los 2.260.000 “cuenta propia" que registra el censo; o con los 550.000 trabajadores domésticos, o con los 900.000 vendedores que registra el mismo censo.
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0 Ruptura de la homogeneidad y de los lazos de solidaridad inter- nos de la clase por lasalteraciones en la estructura productiva, la quiebra de las convenciones laborales y la dispersión y diferen- ciación de las escalas salariales.
0 Indicios de segmentación en el mercado de trabajo, con dificulta- des ala entrada que se presentan en determinadas ramas produc- tivas y trabas en la movilidad intersectorial.
0 Aparición de bolsones de marginalidad queengloban contingen- tes de desocupados que no logran establecer relaciones funciona- les con las unidades de producción.
Ahora bien, es válido preguntarse ¿hasta qué punto los cambios en la estructura social y las trasformaciones operadas en la clase obrera aparecen reflejados, al menos tendencialmente, en los resul- tados del proceso de elecciones sindicales actualmente en curso?
Responder a nuestro interrogante requeriría un trabajo de una dimensión y envergadura teórica distintas a las del presente, y más alejado en el tiempo del momento de ocurrencia de los hechos. En una sociedad en transisión, como lo es la Argentina de nuestros días, las variables tienen un alto grado de provisoriedad. Sin embargo es posible recurrir a algunos antecedentes recientes e inferir algunas hipótesis de trabajo que resulten operacionales para investigaciones futuras.
Las elecciones del 30 de octubre de 1983 mostraron cambios ten- denciales en el comportamiento electoral de los sujetos sociales co- lectivos; la consulta popular por el Canal de Beagle en 1984 ratificó aún más esta tendencia (la estructura porcentual del voto por distri- to electoral según las dimensiones socioeconómicas regionales muestra un comportamiento diferenciado según el mayor o menor grado de industrialización); finalmente la huelga general decretada por la CGT el 3 de septiembre de 1984, con adhesiones y rechazos re- partidos, marcó a fuego'la distinta actitud de los trabajadores in- dustriales, que acataron masiva y disciplinadamente el paro, res- pecto de los que revisten en el sector de servicios.
Con los resultados conocidos hasta ahora puede señalarse que el viejo proletariado industrial ha perdido porcionesimportantes de su poder estratégico y encuentra serias dificultades para hegemonizar al conjunto de los trabajadores. Disminuido y agrietado, continúa sujeto a prácticas que son resabios de tipo vandorista (caso de meta- lúrgicos, alimentación, carne, petroleros, ferroviarios), en tanto
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que el incremento del sector servicios así como el mayor peso relativo del empleo estatal se verifica en la nueva dimensión alcanzada por estos gremios, que van asumiendo una presencia política creciente, y en la intensa puja electoral que pudo observarse (caso de banca- rios, seguros, sanidad, estatales), o en la dura puja por reconstituir las “62 organizaciónes peronistas”: brazo político de la burocracia sindical peronista.
El mayor grado de concentración económica encuentra su contrapartida en el fortalecimiento de una corriente participa- cionista de envergadura (CCyT, Comisión de los “20”.; Indepen- dientes).
La irrupción de las formas democráticas ha permitido asimismo la emergencia de corrientes que resultan tanto expresión de franjas burocráticas de nuevo tipo con un discurso diferente al tradicional, como de corrientes pluralistas, democráticas y clasistas.
La presencia del radicalismo como expresión organizada en el movimiento obrero, si bien no alcanzóla envergadura ilusionada por el alfonsinismo, con una política de alianzas totalmente errática y posibilista que en ocasiones enfrentó a corrientes partidarias inter- nas, no debedespreciarse. F racasó totalmente en ferroviarios, pero fue protagonista en bancarios, participa en varias conducciones, centrales de distintos gremios y obtuvo 1.700 votos de los obreros me- cánicos cordobeses.
Este abanico de tendencias y de hipótesis a confirm ar deja planteada una problemática de investigación cuyo marco teórico y formas de resolución práctica no encuentran demasiados antecedentes en Argentina: La identificación de las principales fracciones de la clase obrera, sus orientaciones organizativas, sus expresiones de acción práctica. 13
¿Hasta qué punto las fracciones internas que es posible identificar en la clase obrera constituyen una resultante de las distintas formas en que los trabajadores se insertan en el proceso productivo? ¿Y estas formas de inserción se reflejan en los agrupamientos político- sindicales, que más adelante identificamos y que muestran frente a cada coyuntura nacional comportamientos diferentes en el plano de las alianzas con distintas fracciones de la burguesía, en el de las pro- puestas programáticas, en las acciones concretas?
13 Un proyecto de investigación en este sentido fue presentado en CICSO en abriltle 1976: “La Clase Obrera Argentina: Fracciones Internas, Orientaciones Organizati- vas y Comportamiento de Clase, 1945-1975”. Lamentablemente no pudo llevarse a cabo.
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No es este el lugar de responder a estos interrogantes, ni estamos hoy en condiciones de hacerlo: simplemente los dejamos plantea- dos.
Los resultados electorales
Aún faltando normalizar algunos gremios importantes, e incluso la propia 4CCT,¿qué es loque muestran el surgimiento del proceso elec- toral y la lectura de los resultados?
En primer lugar son notorias las diferencias contextuales con las últimas elecciones generales. Una década atrás las impugnaciones. por parte de las listas oficialistas resultaban moneda corriente, y había un hilo conductor que las atravesaba a todas ellas: su compo- nente ideológico. La vieja dirigencia sindical, más allá de sus dife- rencias internas, funcionaba como bloque, abroquelada en torno a la “62 Organizaciones” peronistas y frenaba todo intento de oficiali- zar listas por parte de los agrupamientos clasistas y combativos.
El resultado fue en la gran mayoría de los gremios la presentación de listas únicas, pero especialmente en aquellas organizaciones que mayor peso corporativo y político tienen'en la vida nacional: UOM; UOCRA; SMATA; SUPE; ATE; Luz y Fuerza, (ver listado de siglas), y en aquellos casos en que la fuerza de la realidad lograba traspasar las barreras de impugnaciones y norma's estatutarias, la persecución ideológica asumía formas intervencionistas. Ya fuera estatal —vía Ministerio de Trabajo- , o bien por las propias conducciones centrales de los gremios. Entre los primeros pueden señalarse las in- tervenciones a la Federación Gráfica Bonaerense y a la Asociación de Periodistas de Buenos Aires; entre los segundos a las Seccionales cordobesas del SMATA y Luz y Fuerza, y a la Secc. neuquina de la UOCRA.
En algunos casos esto resultó acompañado por la creación desde el Estado de sindicatos paralelos como UDA en el gremio docente para ocupar el e5pacio de la oficialmente desconocida CTERA, a quien una y otra vez se ’le denegara la personería; el actual SCA para re- emplazar a la intervenida FCB; o bien reflotar organizaciones de escasísima representatividad como el Sindicato de Prensa. En todos los casos estas nuevas organizaciones se alineabanen la derecha pe- ronista. (Es interesante señalar que actualmente la UDA muestra un importante proceso de democratización interna y está en franco tren de incorporarse a CTERA).
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La contrapartida de estos manejos políticos, que encerraban una verdadera persecución ideológica, se expresó entonces en la baja participación electoral de los afiliados, casi siempre inferior al 25 % de los padrones, y en el grado de violencia generalizado al que la bus rocracia, amparada por el aparato estatal, recurría sistemática- mente enla medida que se aislaba de las bases para ligarse cada vez más al Estado (son recordados los enfrentamientos ocurridos en UF, UOCRA, SUPE, entre otros).
.El proceso electoral en curso muestra un signo inverso, y pone en evidencia el debilitamiento de aquellas “anomalías” que constitu- yeron la normalidad durante décadas. Un contexto político y social distinto, que muestra rasgos inéditos frente alo anteriormente cono- cido, unido a una iniciativa gubernamental que encierra un proyec- to encontrado al de la vieja dirigencia obrera, abrió un espacio de- mocrático que permitió un juego diferente, que mostró una política de alianzas distinta.
La impugnación ideológica dejó paso al pluralismo político. El monolitismo de las “62 Organizaciones” fue seriamente erosionado, no sólo por la presencia legalizada de otros agrupamientos que le dis- putan los espacios de poder y la titularidad de la cúpula cegetista, si- no también por el resquebrajamiento al interior de ellas mismas lo que dio lugar a que en algunOS gremios se presentaran como alternas tivas listas que se reclamaban casi todas de las” “62”. (Caso de UTA; APUBA; STIA).
La impugnación dejó así de ser estrictamente ideológica para transformarse en la mayoría de los casos en un instrumento de la lucha interburocrática.
La participación electoral alcanzó niveles desconocidos, ponien- do en evidencia una vez más la tendencia que recorre todo el tejido social de la sociedad argentina en lo que se refiere a expresarse a tra- vés de los canales institucionalizados' por el régimen democrático.
Así la reorganización sindical no escapó a la tendencia general inaugurada el 30 de octubre de 1983 con las elecciones nacionales y continuada con la consulta popular por el conflicto centenario del Canal de Beagle. la participación de los votantes sobre los padrones Ofi- cializados está en promedio cercana al 60% , con picos como Villa Constitución donde se alcanzó el 99.9%; y Luz y Fuerza capital donde los hizo el 87.3 % (para el anecdotario vale la pena señalar que en este gremio se votó en dos jornadas, siendo la primera de ellas dolmingo con'un alto porcentaje de votantes).
Claro está que los elementos del pasado no dejaron de estar pre- sentes. El pluralismo político fue paralelo a las listas únicas; la
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violencia estuvo presente como un remanente del pasado en gremios como'sanidad y "Iconstrucciónñel intervencionismo estatal, ya fuera por acción u omisión de la autoridad de aplicación, no pasó desaper- cibido en los casos de la sor; UOyEP, UOM, ATSA, UF, UOCRA, etc.
Finalmente el control de lasjuntas Electorales resultó un elemen- to casi definitorio al‘ momento de la confrontación electoral, y esté proceso echó luz sobre la debilidad de algúnos liderazgos sindicales cuyas "figuras fueron sobredimensionadas en épocas de la dictadura militar. Por ejemplo Horacio Alonso, figura importante de la Comi- sión Nacional de los “25” y de la CGT Brasil, titular de la UEJN que fuera desplazado por una asamblea general de afiliados y que sufrió una fuerte derrota en las elecciones de su gremio, hoy está retirado de la actividad sindical y es un simple asesor del senador peronista Oraldo Britos; o Saúl Ubaldini, uno de los actuales cuatro Secreta- rios Generales de la CGT, cuya representatividad se asienta en un
¡sindicato de fábrica que cuenta con 63 afiliados. 14
La reorganización sindical que en los últimos tramos se está de- sarrollando en forma paralela con las políticas de concertación so- cial impulsadas por el Poder Ejecutivo y la discusión tripartita —gobierno/UIA/CCT- acerca de las obras sociales, ha hecho aflo- rar los numerosos bloques internos y enfrentamientos que conti- nuamente se expresan en alianzas sin principios, en acuerdos supe- restructurales, y en rupturas de cúpulas inconsistentes frente a las bases.
En un primer análisis éstos no representan otra cosa que peleas por los espacios de poder que encubren diferentes modos de‘relación con el Estado. Pero si se ahondara el análisis, como" hemos propuesto anteriormente, podría verificarse tal vez que esa seguidilla de alian- zas, rupturas y recomposiciones de los agrupamientos político- sindicales van mostrando, aunque no siempre en forma cristalina, las respectivas alianzas y enfrentamientos de distintas fracciones de la clase obrera, que adoptan formas organizacionales para vincu-
14 “Saúl Ubaldini acaba de ganar con lista única en su atípico ‘Sindicato de Obreros y Empleados del F ermento' que cuenta con 63 afiliados. Es un sindicato de fábrica que nuclea a los trabajadores de la Cía. Argentina de Levaduras (CALSA) una empresa con tres fábricas, cada una con un sindicato propio. “La ‘Federación Cervecera' dela que Ubaldini es secretario gremial ydeinterioryque aún no renovó autoridades cuenta con >17 sindicatos de fábrica y alrededor de 7000 afiliados” (Clarin, 3/ 12/84).
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larse al Estado, a los partidos, a las distintas fracciones de la burguesía y a los grupos de presión.
A medida que se han ido conociendo los resultados gremio por gre- mio, con su carga de revalidaciones, desplazamiento, nuevos lide- razgos, presencia de listas opositoras que aún perdidosas consti- tuirán un referente futuro ineludible, se va operando un reacomo- damiento de fuerzas cuya expresión pareciera ser una suerte de cris- talización de las fracturas al interior del cuerpo burocrático. Crista- lización esta que recoge viejas tendencias remanentes del pasado y nuevas expresiones fruto de los cambios ocurridos en la composición de la clase obrera.
Este realineamiento de fuerzas permite apreciar la consolidación de los encuadramientos preexistentes sobre los que es pOSible avan- zar una primera aproximación.
a) El viejo tronco vandorista nucleado en torno a la “62 Organi- zaciones” peronistas (hoy caracterizadas como “miguelismo”) , y los no alineados: insertados esencialmente en el viejo proletariado industrial. Que expresa un proyecto de corte nacional-burgués desarrollista, asentado en la acumula- ción del capital sobre la base de la expansión del mercado in- terno. Políticamente plantea una posición economicista-de de--, recha, siendo su intención corporativa reconquistar el poder económico resultante del control de las cuotas de afiliaciones y las obras sociales; como contrapartida se propone en su anti- guo rol de mediación y control de las masas obreras negocian- do concesiones salariales y sociales.
b) El ala colaboracionista —participacionista, que se expresa a través de la Comisión de Gestión y Trabajo pero a la que hay que adicionar sus antiguos socios de la CGT Azopardo: la Co- misión de los “20”, hoy sensiblemente reducida y algunos gre- mios “Independientes”
Este grupo de corte profesionalista insertado en algunos gre- mios industriales y de servicios de envergadura y eso político, no hace más que recoger las tendencias a la colaboración y el acuerdismo que una y otra vez han resurgido en la vida sindical argentina de las últimas décadas y que estuvieron representa- dos por dirigentes importantes como Kloosterman (mecánicos), Cavalli (petroleros), COria (construcción), Tacoo-
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ne (Luz y Fuerza) y que confOrmaran agrupamientos como el “Grupo de los Ocho” o “Nueva Corriente de Opinión”. Ligado al gran capital y a los militares se fortaleció bajo la dic- tadura —de hecho se constituyó sobre la base de las Federa- ciones intervenidas—- alcanzando una dimensión y protago- nismo que supera ampliamente a las experiencias anteriores y debe buscarse una explicación correlacionándolo con los cam- bios tendenciales que desde tiempo atrás vienenafectando al lcapitalismo dependiente argentino.
Frente a un modelo de acumulación que fortaleció las cúpulas oligopólicas, que hoy llegan a controlar segmentos importan- tes delos mercados en que actúan aparece esta corriente sindi- cal con apoyatura social ligada a esos intereses. Las posiciones de este sector en la mesa de Concertación asumiendo la pro- puesta y programa de la Unión Industrial Argentina resultan una primera contrastacíón práctica para esta hipótesis. 15 Co- mo contrapartida la tajante Oposición de las “62 Organiza- ciones” , más allá de la puja fraccional , refiere al viejo esquema vandorísta.
Ambos sectores, participacionistas y vandorístas, tienen pun- tos de contacto en el plano metodológico: nula participación de las bases y presionar para negociar.
c) La burocracia de nuevo tipo, nucleada en torno de la Comi- sión Nacional de los “25” , asentada casi con exclusividad en los gremios de servicios, que pareciera expresar un proyecto de re- novación y protagonismo sindical en la vida política del país. Sin embargo su política de alianzas sin principios con la CCyT, su tacticismo frente al 'miguelismo, dan muestras de la en- deblez de su coherencia interna y de la existencia en su seno de intecionalidades diferenciadas, cuando no contradictorias. Es que en la conformación actual de este agrupamiento, que dista mucho de ser el original, coexisten dirigentes que muestran un pasado dívergente: peronistas verticalistas y ortodoxos;
¡5 La reciente discusión en el seno de la CCT. en relación al rol del Estado en la so- ciedad , es otro indicador elocuente. Ya no se trata de que el plásticojorgeTriaca decla- rara días atrás que los trabajadores argentinos “han optado por el capitalismo". En ri- gor este aspecto desdela década del '40 no estuvo en discusión entre los dirigentes cege- tistas. Pero en esta oportunidad se ha optado sin eufemismos por el discurso neoliberal. Cuando se discute la dimensión y el papel del Estado, la disminución del gasto público y la liberación de precios ysalarios. Cuando se integra el “Grupo de los l l" junto con la Sociedad Rural, la Unión Industrial, la Asoc. de'Bancos de Buenos Aires, etc.
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antiguos vandorístas y calabrocistas; participacionistas y combativos.
En realidad este sector constituye un conglomerado diferen- ciado del resto de la burocracia pero a su vez heterogéneo en sí mismo, que más allá del mayor o menor grado de burocratiza- ción de sus integrantes muestran puntos de coincidencias: su unidad política en torno a la ideología populista del peronismo y el estar jugados, al menos en lo inmediato, al sostenimiento del régimen democrático de gobierno, en una apuesta política que será necesario valorar en toda su dimensión.
En el plano de las relaciones internacionales aparece sujeto a tensiones. A diferencia de las “62 Organizaciones” y la CCyT, que año a año han ido anudando relaciones con la central nor- teamericana ALF-CIO, los “25” se ven cruzados por dos grandes tendencias: un ala socialdemocrática vinculada a la CIOLS- OBIT;'y un ala socialcristiana vinculada a la CMT-CLAT.16
Pero esta reorganización sindical también demostró que puesta en situaciones de definiciones y bajo condiciones mí nimas, y aún sin los instrumentos legales adecuados, la memoria histórica colectiva de las masas trabajadoras, recuperando sus experiencias y superan- do la fractura de continuidad impuesta por el paréntesis dictatorial, se expresó puntualmente.
Superando las prisiones y los exilios, las trampas estatutariasy la persecución ideológica, varios dirigentes de distintas vertientes políticas e ideológicas recuperaron sus puestos en sus organizaciones gremiales.
Así pasó en FOETRA-Capital con el triunfo del Frente CremíalïTe- lefónico, construido entorno al activismo de la lista Marrón, con la ticipación de comunistas, intransigentes, radicales y de izquierda independiente, que repuso en su titularidad a Julio Cuillán, debien- do enfrentar tanto a listas burocráticas ligadas a las “62 Organiza- ciones” yalaCCyT, comoalístas decididamente deizquierda que hi- cieron gala de un sectarismo incomprensible.
En la UOM nueve seccionales escaparon a la tutela de la dupla Miguel-Guerrero. Por su envergadura y antecedentes son de desta- car las de Quilmes, La Matanza y Villa Constitución.
¡6 Esto llevó a que las “62 Organizaciones" se pronunciaran contra . .los intentos de infiltración ideológica por parte de “socialdemócratas', del ‘socialcristianismo' y del ‘eomunismo' " (Clarín, 21/3/85).
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En Quilmes los trabajadores metalúrgicos impusieron con la fuer- za delos votos como Secretario General a Francisco Gutiérrez, pri- sionero de la dictadura durante siete años y contra quien la bu-
rocracia llegó a.volantean las puertas de fábrica con su“prontuario’Ï En La Matanza una lista “armada desde afuera” (para usar el lenguaje del activismo) por gente expulsada 'de fábrica que reconocía sus an-
tecedentes en las Coordinadoras de 1975, asestó una derrota aplasa tante a una dirección local tal aferrada a los sillones como alejada de las bases, derrotándola en todas las grandes fábricas de la zona (Acin- dar, Ex Sta. Rosa; Martín Amato; Yelmo.). En Villa Constitución los trabajadores nucleados en torno a la lista Marrón volvieron a plasmar un nuevo hecho histórico: no sólo recuperaron su sindicato y. reeligieron secretario general a Alberto Piccinini, sino que por sobre los restos de una tierra literalmente arrasada los integrantes de la lista Marrón fueron prácticamente plebiscitados. Votó el 99 % de .los empadronados (sobre un total. de 4720 habilitados para votar so- lamente no lo hicieron 6) y de los votos emitidos la lista Marrón obtu- vo e187.9 % , contra un 11.2 % de la Azul y Blanca ligada a las “62 Organizaciones”
Las elecciones en el Sindicato Gráfico Argentino (ex FCB .) se cons- tituyeron en otro acto de reparación histórica. El Frente Gráfico de la Honra —que rememora la consigna de la CGT de los argentinos de los años ’60 "‘mejOr honra sin sindicatos que sindicatos sin honra”— , constituido en torno a la Lista Verde, orientada históricamente en una perspectiva de clase, aglutinó los esfuerzos de peronistas com- bativos, intransigentes, clasistas e independientes de izquierda en general.
El triunfo por más del 50 % de los votos emitidos, logrado a costa de las listas de la burbéracia que colaborara con la intervención'en 1975, y de la alianza de un desprendimiento de ésta ligada alos “25” con activistas comunistas, radicales y socialistas amarillos, no sólo repuso en el cargo de secretario general a su máximo dirigente Raimundo Ongaro, sino que tiene connotaciones que superan los estrechos marcos de la actividad gremial.
Si Alberto Piccinini y todo el movimiento metalúrgico de Villa Constitución representan hoy la continuidad histórica de las ten- dencias clasistas que se expresaron diez y quince años atrás con epi- centro en el movimiento social cordobés (SITRAC-SITRAM, SITRAP, Luz y Fuerza, UEPC, ATILRA) pero que se extendió también a Rosario (mecánicos, petroleros, químicos) y al Cran Buenos Aires (Martín Amato, Squibb, Astarsa, Saiar-Rheem, Hospital Posadas), donde dirigentes qu'e no se reclamaban del peronismo eran elegidos por ba- ses obreras mayoritariamente peronistas; Raimundo Ongaro, un di-
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ri gente peronista votado por una gran cantidad de gráficos no pero- nistas, con todo lo que representa la historia de la CGTI-A detrás, se constituye en la conciencia crítica de la burocracia sindical pero- nista. La valoración ética y moral de aquella época se proyecta en el presente como la representación inversa de la conciencia culpable de toda una franja del llamado sindicalismo peronista combativo, que una y otra vez se enfrentara al vandorismo, y que una y otra vez encerrado en los estrechos límites del nacionalismo que se expresa en
w su conciencia populista, terminara enredado sin principios en la‘ maraña burocrática.
Las listas autodefinidas como independientes, de corte clasista en distintas variantes, han tenido un espacio en el movimiento social muy inferior respecto alos años ’60 y ’70, pero sus expresiones no de- jan de ser significativas en gremios como alimentación, seguros, sa- nidad, telefónicos, mecánicos, bancarios, cine, construcción, pa- naderos y han de ser un punto de referencia para la futura reorgani- zación democrática del movimiento obrero.
Pero las derrotas de las seccionales cordóbesas del SMATA y Luz y Fuerza constituyen el otro costado de estas elecciones. Allí el tosquis- mo perdió las elecciones por 25 votos, y el SMATA la lista Naranja, de alguna manera las] continuidad de la Marrón de una década atrás, salió cuarta entre cuatro y una lista radical obtuvo 1700 votos, lo que está hablando alas claras del retroceso impuesto por la represión y la crisis económica en esta regional, baluarte del sindicalismo clasista y combativo, a partir de 1976.
Finalmente la emergencia de direcciones democráticas que se de- finen por una concepción pluralista, que expresan la necesidad de construir una legitimidad asentada en la consulta asamblearia y el requisito de reenlazar la relación con las bases, en gremios como AP- BA (prensa), APOPS (previsionales), UEJN, (judiciales), SUP (publici- tarios) , bancarios de capital, municipales de provincia y ATE (esta- tales), completan el cuadro de situación resultante.
Este último es uno de los datos más relevantes de estas elecciones. Se trata de uno de los gremios grandes (85 .000 afiliados), extendido a la largo y a lo ancho del país. Es prácticamente el único de nivel na- cional que fue recuperado por los trabajadores, desplazando a una burocracia colaboracionista asentada desde hace más de 20 años, en los que tej ió profundas relaciones con los militares. Su conformación
inter-rra refiere bastante altej ido social más general del país:en su seno co- existen desde empleados públicos de los ministerios nacionales y pro- vinciales, hasta obreros industriales de las fábricas militares, los astille- ros y las construcciones portuarias, pasando por las enfermeras de salud
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pública, los mineros de yacimientos carboníferos y los técnicos y profesionales de la Comisión de Energía Atómica. La conformación de la Lista Verde, sobre la base de la agrupación ANUSATE (unidad y -y solidaridad de los trabajadores estatales), es una de las expresiones más extendidas del pluralismo político emergente: muestra un gran nú mero de peronistas independientes, radicales, intransigentes, de- mocrátas cristianos, comunistas y socialistas independientes. As- pecto éste que se muestra no sólo en la conducción central sino tam- bién en las principales direcciones seccionales.
Las elecciones en la UOCRA, si se prescinde de la baja participa- ción electoral, aparecen como la síntesis de todo el proceso: la derro- ta aplastante del miguelismo (lista Marrón), triunfo de una lista de recambio (Blanca) nacida en el seno de la propia burocracia tradi- cional, ascenso de un sector neoburocrático (lista Azul) de características pluralistas, y emergencia de un sector clasista (Lista Naranja) que obtuvo el 10 % de los votos emitidos y ganó en varias seccionales importantes.
¿Qué grado de representatividad?
El saldo preliminar de esta reorganización sindical es que el peronis- mo burocrático, aún no repuesto del síndrome_del 30 de octubre de 1983, agudizadas sus contradicciones internas por una lucha frac- cional que pareciera no tener límites, continúa hegemonizando en la figura de sus viejos dirigentes la mayoría de las conducciones sin- dicales. Cálculos estimativos ubican esta mayoría en el orden del 70 % de los gremios.
Hemos ya señalado que la forma de instrumentar la normaliza- ción, de arriba hacía abajo, y el cambio de la política oficialista-ha- cia la dirigencia sindical una vez rechazado el proyecto de ley, que involucra sucesivos cambios en la cartera de trabajo, favoreció deci- sivamente estos resultados, ya que en la mayoría de los Casos los tra- bajadores no tuvieron otra alternativa que optar por el mal menor.
Sin embargo esta persistencia en la titularidad de los cargos no ha sido gratuita. En numerosas situaciones la burocracia sindical pero- nista se vio obligada a producir una renovación de sus cuadros diri- gentes; en otras su propia debilidad la forzó a instrumentar una política de alianzas alejada del sectarismo partidista tradicional; de sus propias filas emergieron figuras nuevas, con una nueva metodología y con vocación más pluralista que cuestionan el sindi- calismo partidario. La articulación de este conjunto de situaciones favoreció la expresión de otras fuerzas políticas; radicales, intransi-
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gentes, comunistas, socialistas, de izquierda en general, peronistas independientes, lo que en una perspectiva futura tenderá a darle una dinámica distinta a las direcciones así constituidas.
Pero aún así, superando este primer nivel de añálisis, es válido preguntarse: ¿Cuál es el grado de representatividad asignable a es- tas direcciones? ¿Y a los alineamientos en que la gran mayoría de es- tos dirigentes se ha alineado? ¿Constituyen organismos capaces de movilizar a las fracciones de trabajadores que dicen representar, o solamente se trata de acuerdos de dirigentes? ¿Y estos últimos, ejer- cen'un liderazgo real sobre “sus” bases o son el resultado de un mero acto comicial, que los legaliza como dirigentes pero que no necesa- riamente los legitima como auténticos representantes de su clase.
Veamos una enumeración no exhaustiva que tal vez permita avanzar para una reflexión futura respecto de estos interrogantes.
0 Resulta común identificar un criterio de representatividad liga- do a la'mayor o menor participación electoral, medida esta por la relación número devotantes/ padrones oficializados. Sin embar- go en aquellos sindicatos en que se presentaron más de una lista, los votos recogidos por la ganadora, en relación al padrón, pocas veces superan el 30 % del mismo.
Si la constitución de las conducéiones se asentara sobre un criterio de proporcionalidad —cuestión sobre la que debería discutirse la operatividad futura- la representatividad en un contexto de al- ta participación electoral estaría garantizada; pero no siendo así queda al menos el beneficio de la duda.
Es posible ejemplificar lo que queremos significar. En el SMATA, que muestra una alta participación de votantes (69 .7 % ), la Lista Verde triunfó con el 50.1% de los votos emitidos, pero éstos representan el 41 % del padrón (uno de los porcentajes más eleva- dos), lo que le permite controlar 14 seccionales y 3 delegaciones; en tanto que la opositora Lista Azul y Blanca controla 19 sec- cionalesííy 3 delegaciones, pero. está asentadaen las grandes fábricas terminales, donde también hubo una buena votación antibu- rocrática, en tanto que el oficialismo tiene su fuerte en los pe- queños talleres y concesionarias. Finalmente ninguna de las dos listas alcanza los 2/ 3 de los congresales necesarios para garantizar el manejo del gremio.
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La Unión Ferroviaria, que tiene uno de los mecanismos electora- les más complejos, muestra un cuadro aún más demostrativo. Vo- tó el 47% de los 142.345 empadronados, la Lista Verde ganó con cl 23‘: o son con cscusos 33.786 votos (lc los cualcs (i251 ("orrcspon- den a trabajadores jubilados.
La relación de votos de las listas ganadoras especto de los padro- nes es-en UTA del 20 % ; en gráficos del 25.8 % ; en bancarios y en la construcción del 17 %; y en ATE del 27 % .
Nunca como en esta oportunidad fue tan disputada la participa- ción de los trabajadores pasivos, especialmente en gremios tradi- cionales. En SUPE, por ejemplo, el 33 % del padrón correspondía a jubilados, en tanto que en la Unión Ferroviaria el padrón de ac- tivos fue de 79.663 y el de pasivo alcanzó a 62.282, en el F.C. Belgrano el padrón d'e pasivos fue superior al de los trabajadores activos.
0 El rccurso (lc las listas unicas como mccnnismo ('XCllH't‘litt' (lc todo oposición, a poco que se profundice el análisis, pasando del nivel nacional al scccíonal o rcgional. sc mucstra nmcho más cxtcmlido que lo previsible.
UPCN, AOT, UOyEP, Marroquineros, incluso gremios importantes por su magnitud como la Asociación Bancaria, la Federación de Empleados de Comercio, o por su presencia política corno Empleados del Tabaco y Sindicato del Caucho, fueron normali- zados en épocas de la dictadura utilizando el método de la lista un1ca.
El caso del gremio de obreros del vidrio (SOIVA) es por demás cla- rificador. El'dirigente J. Luján, miembro de la Comisión de los “20", retuvo la titularidad sobre la base del triunfo en 10 sec- cionales donde sólo pudo presentare la oficialista lista Azul y Blanca, en tanto que en el resto de las seccionales donde sí hubo confrontación ganaron, con excepción de la seccional Rosario, las listas opositoras.
Los casos del Sindicato Metalúrgico-Seccional capital y de obre- ros del plástico revisten una situación especial. Sus respectivos di- rigentes, Lorenzo Miguel (“62 Organizaciones") y Jorge Triaca (CGyT) necesitaban triunfar holgadamente, no sólo para retener el control de sus respectivos sindicatos, sino porque estos aparatos constituyen la plataforma de su proyección política. Requerían
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entonces del aval de representatividad que se supone les otorga un triunfo con muchos votos y una alta tasa de par- ticipación electoral. Y esto en gremios anquilosados desde hace muchos años, quebrada la relación con las bases, solo es posible excluyendo a la oposición, garantizando así la ausencia de fiscales de otras listas y facilitando el contuber- nio con la autOridad electoral.
Esta parece ser la razón del empeño del miguelismo en capital por
excluir a una lista sin mayores posibilidades reales como la Celes- te encabezada por el viejo dirigente Avelino Fernández, form a- do a la sombra de Augusto Vandor y desplazado de la conducción del gremio luego de la muerte de éste.
0 La representatividad que se asignan los agrupamientos en los que hoy aparecen alineados la mayoría de estos dirigentes ofrece tam- bién serios reparos en cuanto a la legitimidad y el sustento real de las bases a esas propuestas. Por empezar no es conocida niguna asamblea general de afiliados, o convocatoria al cuerpo de dele- gados para discutir democráticamente las posiciones ¡y las razo- nes de cada agrupamiento, y recoger la opinión de los supuestos representados.
En lo inmediato estos alineamientos no parecieran ser otra cosa que acuerdos de dirigentes, constituidos por fracciones de la bu- rocracia sindical que no se plantean la discusión en el plano de las ideas, alrededor de programas, propuestas y metodologías, sino que aparecen disputándose espacios de poder que en última ins- tancia refieren a diversas formas de relacionarse con el Estado, y cuya capacidad de convocatoria está, cuando menos, entre pa- réntesis.
Un recorrido posible
La sociedad argentina muestra hoy, en diversos planos y con cam- biantes características, claros síntom‘as de una compleja conflictivi- dad social. Las clases dominantes están a la búsqueda y consolida- ción de un nuevo bloque de poder que gara ' ela explotación de la fuerza de trabajo y la acumulación y repr ucción del capital por un nuevo período histórico, en tanto que la c se obrera ha retomado el camino de su reconstitución sOcial y su auto Aanización democráti- ca independiente, sin que aún aparezca un alternativa clara que refleje sus intereses 'y plantee con seriedad y responsabilidad una propuesta frente a la crisis y a la sociedad toda.
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El retroceso impuesto a los trabajadores por la ofensiva generali- zada y sostenida del gran capital nos muestra hoy cómo un sujeto con una larga tradición de lucha, fue capaz de darse program as como los de la Falda y Huerta Grande (1957- 1959); que mostró toda su poten- cialidad en las tomas de fábrica de 1964 y en lasjornadas de Mayo de 1969 en Córdoba; que forjó estructuras alternativas como la CGT de los Argentinos (1969) y las Coordinadoras de Gremios en Lucha (1975); que se planteó alternativas clasistas como SITRAC-SITRAM (1971) y Villa Constitución (1975), aparece hoy con serios signos de desarticulación, acorral-ad’o por la debacle económica, la quiebra de los convenios colectivos y el mercado de trabajo, y el fantasma de la desocupación sin visualizar frente a sí mismo las formas políticas adecuadas para darse una alternativa de clase frente a la crisis y a la sociedad toda. 17
En estas condiCione’s los trabajadores han enfrentado esta nueva etapa de su vida gremial, con las limitaciones impuestas por el Esta- do y el aparato burocrático. Intentamos aquí trazar en una breve sintesis algunos lineamientos políticos conclusivos, un balance pre- liminar de esta reorganización sindical. Tal vez resulten prematu- ros, o incompletos, ya que no hemos contemplado por falta de infor- mación los cambios operados en las organizaciones-de primer grado a nivel regional que parecen destinadas a jugar un rol importante, y la normalización aún no ha conluído. Pero aún con este grado de provisoriedad creemos que hay algunos rasgos definidos que han de proyectarse con fuerza propia en'los escenarios futuros de la crisis so- cial y política argentina.
0 La crisis del peronismo, expresada en el plano de la lucha de clases por la ruptura entre su base obrera y su dirección burguesa- burocrática, insinuada ya en 1975 yagudizada por el resultado electo- ral del 30 de octubre de 1983, ha pusto en cuestionamiento la identi- dad política de los trabajadores. Esta crisis de identidad 'no ha de resol- verse en una violenta desperonización ni en una brusca ruptura con su pasado político inmediato, pero es indudable que incide e incidirá cada vez más en su comportamiento como sujeto político colectivo. Y estas elecciones no han escapado a esta realidadni a esta tendencia.
1.7 Lucita, Eduardo, "La Instancia Democrática”, mimeo., Buenos Aires, di- ciembre 1983.
CUADERNOS DEL SUR 3 33
0 La crisis global que afecta a la sociedad argentina, en el marco de la crisis del capitalismo a escala mundial, va recortando cada vez con mayor intensidad los espacios para la conciliación de clases y los manejos y manipulación ideológica, al mismo tiempo que des- nuda la creciente incapacidad de la vieja dirigencia obrera para conducir a los trabajadores en las condiciones impuestas por la
irrupción de las formas democráticas de gobierno a partir del 10 de diciembre de 1983.
0 En el corto plazo, ymontada sobrela crisis económicaylaincapa- cidad del gobierno radical para administrarla, no es de descartar que la burocracia recupere terreno e iniciativa (recomposición de la CGT, de las “62 OrganÍZaciones”, y un nuevo Plan de Lucha). Pero en la medida en que permanezca vigente el régimen de- mocrático representativo, que se estabilice aún en la inestabili- dad de la crisis, se acentuará la democratización de la vida sindical argentina. La incorporación a la dinámica interna de las organi- zaciones ‘gemiales de cuotas crecientes de democracia y partici- pación social ha de significar para la vieja dirigencia sindical, estructuradasobre una base ideológica monolitica, verticalista en los procesos decisionales, autoritaria en sus manejos internos, serios riesgos de disgregación como conducción unitaria y tomará un nuevo impulso el movimiento de recuperación sindical y la construcción de una dirección de alternativa.
0 El estallido de la estructura burocrática —su fragmentación in- terna con el correlato de proyectos diferenciados cuando no contrapuestos- ha abierto un espacio por el cual comenzará a expresarse en forma incipiente e inorgánica, aparentemente sin ningún: tipo de programa -o proyecto definido, lo que podría defi- nirse como una corriente (resultante a su vez de la confluencia de viejas y nuevas tendencias) orientada hacia la constitución'de esa dirección de alternativa, que irá ganando terreno en la sociedad sobre la base de definiciones democráticas, combativas y antibu- rocráticas, que en términos generales tiende a expresar con ma- yor intensidad y perspectiva de clase esa nueva síntesis de unidad social de los trabajadores argentinos que es el pluralismo político.
0 Sin embargo, la consolidación y afianzamiento de esta corriente obrera, cap-az de autoconvocarse a nivel de dirigentes y convocar a los trabajadores a nivel de las bases, estará supeditada al de- sarrollo y control de los tiempospolíticos de la crisis por un lado, y
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a la resolución de la problemática interna de las diferentes orga- nizaciones gremiales recuperadas.
Este último aspecto, que a no dudarlo cumplirá un rol deStacado en la futura reorganización democrática, no incluye solamente la selección y el recambio de los dirigentes. Será necesario recons- truir los aparatos administrativos, jurídicos y financieros; recrear los cuerpos orgánicos de la vida gremial; establecer una nueva dinámica de relaciones entre direcciones y bases; formar los cuadros intermedios, consolidar y apóyar los Cuerpos de Delega- dos y Comisiones Internas, toda una gama de tareas que tienden más que a justificar una representatividad a legitimar a las nuevas conducciones antiburocráticas surgidas de estas elec- ciones sindicales.
0 Un primer paso en este sentido ha de ser el proceso ya iniciado de selección y elección de varias decenas de miles de representantes de base, en el corazón mismo de las unidades de producción don- 'de el enfrentamiento obrero/ patronal es más concreto y donde las relaciones entre el capital y el trabajo son más transparentes y no aparecen mediatizadas por los instrumentos de dominación ideo-
lógica del aparato estatal. Es aquí” donde reside la fuerza real del sindicalismo, y de donde hay que partir para reconstruir los lazos de legitimidad entre bases y direcciones. 18
0 Sin embargo, aquella extensión del pluralismo político que he- mos señalado, al mismo tiempo que impulsará la unidad y recom- posición social de los trabajadores, hará aflorar las tendenciasde
13 Esto nos remite a los niveles organizativos dela clase obrera,que se diferencian entre sí en la medida que abarcan fracciones cada vez más amplias de la clase, y tam- bién por los objetivos que se pr0ponen.
Se puede distinguir un primer nivel de ‘organización gremial’ que expresa la lucha económica entre fracciones gremiales de la clase obrera y fracciones identificadas con la burguesía. Un segundo nivel 6ta dado por la ‘organización corporativa' que tiende a unificar las luchas económicas de la clase contra el conjunto patronal.
La interrelación de estos dos niveles reproduce sistemáticamente la coexistencia de enfrentamientos radicales, netamente clasistas, en el seno de las unidades de produc- ción, con enfrentamientos no frontales, no clasistas, mediatizadas frente al Estado y a las class que éste representa.
La ruptura de esta combinación nos ubica en el tercer nivel de organización. El'de la ‘organización politica’ que tiende a reflejar la conciencia de clase, englobando la lucha económica en un claro contenido anticapitalista, pero eso ya escapa al contenido de es- te artículo.
CUADERNOS DEL SUR 3 35
los distintos partidos poniendo así en juego la capacidad de las nuevas direcciones, por lo general jóvenes y escasas de experien- cia.
La amalgama y homogeneización de las diferentes corrientes políticas e ideológicas. Ponerse de acuerdo sobre los desacuerdos, y sobre esta base reconstruir la unidad social de los trabajadores en función de sus intereses de clase será un desafío a enfrentar en el futuro inmediato. 19
0 La presencia de listas opositoras en mayor número que en cual- quier otro periodo anterior ha ido acompañada de la aparición de un numeroso activismo independiente sin gran experiencia, que más allá de su identidad política busca nuevas formas y canales de expresión para su militancia gremial. A diferencia de la “rebelión de las bases” de los años ’60, en que los dirigentes y activistas surgían al calor del enfrentamiento antiburocrático, los actuales son producto de la democratización de la vida social y política ar- gentina. Encauzar estas fuerzas en un sentido antipatronal y an- tiburocrático y de independencia frente al Estado, sobre la base de la unidad de clase, será una tarea que cubrirá buena parte de la etapa que se inicia.
0 En en síntesis esta confluencia de fuerzas y tendencias sociales, quese expresa en bases peronistas que cooptan en los niveles de con- ducción a dirigentes no peronistas, y activistas de izquierda capa- ces de llevar al frente de sus organizaciones gremiales a dirigentes peronistas, la que es capaz de representar el/o lo's niveles de la cla- se, e_n la. medida en que expresa una suerte de síntesis de “populis- mo” y ”clasi‘sm0” contenida por los trabajadores argentinos.
Es esa síntesis de unidad social de la clase que hoy ha hecho irrup- ción enla mayoría de las listas opositoras, la que constituye los ci- mientos de un sindicalismo no amarillo ni apolítico, pero sí apar- tidista, que da muestras de querer romper con viejos métodos y
19 La continuidad de la Lista Naranja en ATSA-capital, ganadora de las elecciones luego anuladas por el Ministerio de Trabajo, yfinalmente postergadas para el 31 de j u- lio próximo, que muestra en su composición todo el abanico de tendencias (“25", PC, MAS. , izquierda independiente) que ya lleVa diez mesa largos de enfrentamientos anti- burocráticos y de resolución de los conflictos internos sobre la base del consenso y el res- peto mutuoses tal vez un ejem plo concreto decomo enfrentar estos desafíosyde formas de convivencia pluralista.
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concepciones economicistas y que buscará formas de expresión orgánica.
En los escenarios futuros de la crisis argentina e-s donde'los traba- j adores jugarán Su perspectiva democrática, avanzando en la hegemonía en la sociedd, democratizando la vida interna en las fábricas y’lugares de trabajo, impulsando una política de participa- ción que tienda a ocupar y recuperar los espacios perdidos.
La ampliación y consolidación de las perspectivas abiertas en esta etapa dependerán en gran parte de que los trabajadores avancen en su autorganización democrática y su independencia de clase, si son capaces de elaborar y presentarle a la sociedad su propio proyecto alternativo para enfrentar la crisis, y sobre todo si logran enlazar su lucha contra la explotación capitalista con una propuesta política democrática, Así será posible enfrentar este presente angustioso y construir un futuro esperanzado, con los trabajadores como prota- gonistas.
Buenos Aires, abril de 1985.
INDICE DE SIGLAS
FEC - Federación Empleados de Comercio. FATSA - Federación Argentina de Trabajadores de La Sanidad. FCPICA - Federación Gremial Personal de la Industria de la Carne Ar- gentina. FATLyF - Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza. FSUPE - Federación Sindicatos Unicos Petroleros del Estado. FOECyT - Federación Obreros y Empleados de Correos y Telecomunica- crones. FOETRA - Federación Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina. FTIA - Federación Trabajadores de la Industria de la Alimentación. FATRE - Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores. FUVA - Federación Unica de‘ Viajanta de la Argentina. FOEVA - Federación Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines. FEIPCQyA - Federación Empleados de la Industria del Papel, Cartones, 'Químicos y Afines.
CUADERNOS DEL SUR 3 37
FNTCyOTAC - Federación Nacional de Trabajadores Camioneros y otros ' Transportes Automotores de Cargas. FTOSN - F ederación Trabajadores de Obras Sanitarias de la Nación. FTER - Federación Trabajadores de Edificios de Renta. FAPPyA - Federación Argentina de PanaderOs, Pasteleros y Afines. FTIC - Federación Trabajadores de la Industria del Cuero. FTIQ y P - Federación de la Industria Química y Petroquímica. FOCRA - Federación Obrera Ceramista de la República Argentina. FATFA - Federación Argentina de Trabajadores de Farm acia. FOCyA - Federación Obrera de Trabajadores de Tabaco de la República ‘ Argentina. FTI'RA - Federación Trabajadores 'del Tabaco dela República Argen- tina. FSPP - Federación Sindical de Petroleros Privados. ASOPCPyA - Federación Obreros Pasteleros, Confiteros, Pizzeros y Afines. FONPyP - Federación Obrera Nacional de Peluqueros y Peinadores. FOMA - Federación Obrera Mosaista Argentina. FOyEIAyA - Federación Obrerosy Empleados dela Industria Aceitera y Afina. A.B. - Asociación Bancaria. ATE - Asociación Trabajadores del Estado. AOT - Asociación Obrera Textil. AOMA - Asociación Obrera Minera Argentina. ASIMRA - Asociación Supervisora Metalúrgicos de la República Argentina. AVIC - Asociación Viajantes de Industria y Comercio. ATILRA- Asociación Trabajadora de'ïla Industria Lechera de la Repú-
blica Argentina. AATRA - Asociación Argentina de Telegrafistas, Radiotelegrafistas y Afina. AAA - Asociación Argentina de Actores. APBA - Asociación Periodistas de Bs. As. APOPS - Asociación Personal de Obras Prevision'ales y Sociales. UOM - Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina. UOCRA - Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina. UPCN - Unión del Personal Civil de la Nación._ UDA - Unión Docentes Argentinos. UF - Unión Ferroviaria. UTCRA - Unión Trabajadora Gastronómicos de la República Argentina. UOyEM - Unión Obreros y Empleados Municipala. UTEDyC - Unión Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles. UTA - Unión Tranvíaria Argentina. UOIM - Unión Obrera de la Industria Maderera. UOyEP - Unión Obreros y Empleados Plásticos. UTIC - Unión Trabajadores de la Industria del Calzado. UOMA - Unión Obrera Molinera Argentina. URCA - Unión Recibidores de'Cranos de la República Argentina.
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UEJN - Unión Empleados Judiciales de la Nación. 'SMATA - Sindicato Mecánicos y Afina del Transporte Automotor. SCT - Sindicato Conductores de Taxis. SEITyA. - Sindicato Empleados de la Industria Textil y Afines. Sds - Sindicato del Seguro. SUPA - Sindicato Unico Petroleros Argentinos. SUET - Sindicato Unico Empleados "del Tabaco. SOMU - Sindicato Obreros Marítimos Unidos.
SOC - Sindicato Obreros del Caucho. SOEME - Sindicato Obreros y Empleados de la Minoridad y Educación. SUTEP - Sindicato Unico de Espectáculos Públicos. SGA - Sindicato Gráfico Argentino. SUP - Sindicato Unico de la Publicidad. SUTIAGA --Sindicato Unico de Trabajadores de la industria de Aguas 'Gaseosas. SOIVA - Sindicato Obreros dela Industria del Vidrio. SEEN - Sindicato Electricistas y Electrocionistas Navales. SAT - Sindicato Argentino de Televisión. CTERA - Confederación de Trabajadores de la Educación de la Repúbli- ca Argentina. C.G.T. - Confederación General del Trabajo. AFL.-CIO - American Federation of Labor Congress Industrial Organiza- tion. CMT — Confederación Mundial del Trabajo. CLAT - Central Latinoamericana de Trabajadores. CIOLS - Confederación Internacional de Organizaciona Sindicales Libres. ORlT - Organización Regional Interamericana del Trabajo. FSM - Federación Sindical Mundial.
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4o JULIO-SEPTIEMBRE 1985 CREMIOS SELECCIONADÓS VOTANTES RESUL'Ï'ADOS ¡7 Fecha Gremio Em padronadas No. % Listas Votos ‘70 s/Padrón 10/10 S.M.A.T.A. 54.000 43.200 69.7 Verde 21.623 50.1 41- Nacíona] Az. y Blanca 15.656 43.2 Naranja - .'3.000u 7 Verde 12.479 58.8 Sec» Bs. As. s/d 21.217 'Az. y Blanca 6.637 32.0 Naranja 2.101 9.9 _Az. yBlanca 1.533 39.9 Córdob4 s/d 3.842 Morada. BL. I 1.288 3.3.5 Radicales Celeste (Verde) 819 21.3 Naranja 202 5.3 26/11 U.O.M. 287.000 s/p Miguelísmo 159. Electores Nacional Cuerrerismo 63. " " Calabrocísmo 24. L Antíburocrat. 36. Seo. Cap. 46.304 33.401 72.1 UNICA 33-401 See-Ave“. 33.544 22.481 67.0 UNICA S/d Sec. Matanza 26.636 8.487 31.8 Azul 3933 4615
CUADERNOS DEL SUR3 41 SECTOR PRIVADO INDUSTRIA - PC - PI 14 Seccionales - 3 delegaciones
ccyr -‘Rad.. Ex Marrón - MAS - PO
19 Seccionales - 7 delegaciones
Por Grandes Fábricas
C ran Bs. As. V A/B N Ford 296 2047 l .399 Mercedes 399 574 128 VW - S] 1171 131 99 VW-M.Ch. 35% 40% 25% DEUTZ 80 % 20 0%
Córdoba
V
Renault 808 Perdriel 108 Transax 24 THOMS/BAMCO 84 lLASA N. 62
M/B C 688 361 65 9 78 145 118 5 40 93
104 18
15
ELECCION INDIRECTA - 282 Electores
Otros Seccionales Importantes
“62" 38 Seccionales ccyr 14 " 3 "8 Quilmes Naranja 2.313 Celeste 720
Cel. _\'Blanca 540
campana Marrón s/d Az. . Blanca
Villa Constitución
4144 529
42
JULIO-SEPTIEMBRE 1985
CREMIÓS SELECCIONADOS VOTANTES RESULTADOS ‘70 Fecha Gremio Empadronados No. % Listas Votos "lo s/Padrón 7/12 S.C.A 18.890 8.808 46.6 verde 4.875 55.3 25.8 Cap. _v C Bs. azul 2.287 26.0 A; violeta 1.646 18.7 28/12 S.T.I.A 16.200 8.004 49.4 Verde-Azul 2.904 36.3 17.9 Nacional Cel. y Blanca 2.422 33.0 violeta 1.874 23. 4 Blanca 715 3.9' 89 anulados en blanco 11/4/85 U.O.C.R.A. ll4.(X)0 44.348 38.9 Blanca 18.169 40.9 15.9 Nacional azul 13.109 216 marrón 8.578 19.3 naranja 4.492 10.] Seco. Capital 11.11) 3.325 29.7 Blanca 2.299 (9.1“ 215 azul 550 16.5 manón 2‘30 6.9 naranja 246 7.4
CUADERNOS DEL SUR 3
43
SECTOR PRIVADO - INDUSTRIA
pluralista - per - PI. MAS. PO.
Principales Talleres Atlántida Abril Cimne Crónica Clan'n La Nación F. Financ. verde 261 158 118 68 246 121 35 azul 7 8 l 56 25 9 175 videta 17 125 31 16 22 27 80 “62.. PC - PI Per - MAS. “62.. Principales Establecimientos fl Suchard. Bagley Terrabusi Canale Noel s/d s/d s/d s/d s/d CGT - "25= ¡n621’
MAS - Per Revol - lndep.
Otras Seccionales Inportantes La Plata MisionesCorrientes NeuquénSan Martin
Blanca 227 275 Azul 366 - M arrón 180 313 Naranja 576 70 Verde — 941
194 150 130 135 211 513 1.800 36 35 3l 680 200
44 JULIO-SEPTIEMBRE 1985 CREMIOS SELECCIONADOS VOTANTES RESULTADOS Fecha Gremio Empadronados. No. Listas Votos % s/Padrón Ccl. yBL. 10.207 54.6 39.2 31/10 Seguros 26.006 18.710 71.9 verde 7.604 40.6 Nacional naranja 899 4.8 tricolor 1.355 43.5 28.8 31/10 A.P.B.A. 4.700 3.112 66.2 Az. vBl. 1.017 32.7 Cap. verde‘ 556 17.9. . jCoprepren 165 5.3 Cel. yBL. 11.595 34.3 20.1 12/12 U.T.A. 57 790 33.853 58.6 Violeta 1.938 5.7 Nacional Az. _\' Amarilla 6.414 18.9 Blanca 10.038 29.7 verde 3. 332 '9 . 8 536 en blanco anulados í 1- Blanca 11.582 E8 17.0 3 Marrón-Verde 6.245 13.4 13/12 Bancarias “.039 46.665 616 5 Morada 13.131 28.1 Capital 7- Naranja UBS 2.2 ll- Granate 128D 27.4 1.819 blanco
CUADERNOS DEL SUR 3’
45
SECTOR PRIVADO - SERVICIOS
per. rad. indp. pluralista (per. PI. Rad. Soc.) MAS.
pluralista Agrp. per. "7 de Junio." llamó ala abstención P.C. Amp. per. “R. Walsh" libertad de acción. “62..
P.O.
..62.. "62" (per. _\'|rad.c)
“62..
“62" responde a Herminio Iglesias
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44 JULIO-SEPTIEMBRE 1985 GREMIOS SELECCIONADOS VOTANTES RESULTADOS Fecha Gremio Empadronados: No. Listas Votos ‘70 s/Padrón Cel. _\'BL. 10.207 54.6 39.2 31/10 Seguros 26.006 18.710 71.9 verde 7.604 40.6 Nacional naranja 899 4.8 tricolor 1.355 43.5 28.8 31/10 A.P.B.A. 4.700 3.112 66.2 Az. vBl. 1.017 32.7 Cap. verde! 556 17.9. t .'Coprepren 165 5.3 Cel. yBL. 11.595 34.3 20.1 12/12 U.T.A. 57.790 33.853 58.6 Violeta 1.938 5.7 Nacional Az. _\' Amarilla 6.414 18.9 Blanca 10.038 29.7 verde 3.332 9.8 536 en blanco anulados _ 1. Blanca 11.532 Z435 17.0 3- Marrón-Verde 6.245 13.4 13/12 Bancarim ¡7.039 46.6135 616 5 Morada 13.131 28.1 Capital 7- Naranja MES 22 ll- Grande 128D 27.4 1.819 pnulados blanooJ
CUADERNOS DEL SUR 3
45
SECTOR PRIVADO - SERVICIOS
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Rad. Per. - Desarr. - P.S.P.
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JULIO-SEPTIEMBRE 1985
GREMIOS SELECCIONADOS VOTANTES RESULTADOS y % Fecha Gremio Empadron ados No. % Listas Votos % s/ Pad rón 6/11 A.T.E. 85.927 47.581 55.4 verde 23.244 48.2 27 Nacional Azul _\' Blanca 17.635 37.1 6.702 anulados Secc. Capital 8.428 5,033 59.7 verde 3.957 78.6 46.9 Azul y Blanca 1.014 20.1 ' 62 anuladost 12/11 S.U.P.E. 40.000 21.589 54 celeste 12.344 57.2 30-9 Nacional (13.500jubilados) ' Azul 9.241 42.8 marrón 7.484 46.3 40.5 verde 5.612 34.7 Luz y Fuerza 18.500 16.155 87.3 Blanca 1.434 8.9 Gsp. y GBs.As. rosa 977 6.0 celeste 648 4.0 marrón 8.080 61.2 Celeste y BL. 2.896 21.9 FOETRA 20.000 13.205 66.0 gris 1.324 10.0 Capital naranja 400 3.0 azul 460 3.5 Ï43' anuladosi
’Fuente: Elaboración propia según información proporcionada por los propios Sindicatos, o bien de informacions periodísticas.
CUADERNOS DEL SUR 3 47
SECTOR PUBLICO
pluralista (peronismo. radicales. comunistas. intransigentes. sodalisfas) apoyo delos peronismo. mlaboracionismo
1 Otras seccionales importantes
S.]uan Mendoza Ensenda ¡Entre Ríos Sta. Rosa V Nlaria
verde 3. 528 1.375 77o 956 1. 188 467 A/B 773 1.589 952 \I 1.020 621 148 “62" 22 seccionales MNRS - pluralista 1 seccional
Otras seccionales importantes
Capital Con.Ri\'. Mendoza Ensenada
Celeste 1.568 1.027 2.206 2.108 Azul 1.345 1.383 1:510 1.513 Otras 313 ' ccyr peron. - Rad. - (Taccone) per, Rad. soc. intransigentes social - MNRS MAS — Per - Rev. Pluralistas (per. Rad. pc. intr. Soc.)]Ganó en todas las reparticiones salvo en una II62II 'ccyr. P.O
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JULIO-SEPTIEMBRE 1985
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Continuidad y cambio en el movimiento sindical argentino
Hugo del Campo
l_. En la historia del movimiento sindical argentino hay una infle- xión evidente, que se produce hacia 1943-46.
Hasta entonces, éste no llegaba a reunir más que a una minoría de los asalariados. Sus organizaciones, independientes del Estado, eran más toleradas que reconocidas por el mismo. Dividido en corrientes ideológicas de origen europeo, sólo algunas de ellas esta- ban vinculadas con un partido político (comunista y, en forma más laxa, socialista), mientras que otras (anarquistas, “sindicalístas"1) rechazaban por principio esa vinculación. El peso de ese movimien- to obrero en la vida política nacional era mínimo.
Desde entonces, por el contrario , ereció rápidamente hasta incor- porar a la mayor parte de los trabajadores. Primero fue absorbido por el aparato estatal peronista y luego, aunque alternando entre el oficialismo y la oposición , se mantuvo siempre extremadamente co- nectado con el Estado, que ya no pudo desconocer su importancia ni aún durante los periodos en que lo proscribió. Encontró su identidad política, abrumadoramente mayoritaria, en el peronismo y, con- vertido en el eje de ese‘movimiento, desempeñó un papel siempre de- cisivo en la política nacional.
Pero esta inflexión ha sido magnificada y explicada de tal manera que parece que se tratara de dos movimientos sindicales diferentes, sin relación entre sí, separados por un súbito cataclismo donde desa- parece sin dejar rastros todo el sindicalismo anterior y emerge de la nada uno absolutamente nuevo, sin vínculos con el pasado. Más que inaugurar una nueva etapa en el desarrollo de un mismo proceso, esos años m‘arcarían entonces un corte radical que separaría dos fe- nómenos cualitativamente diferentes.
l Como la palabra tiene una acepción amplia —referente a la actividad sindical cn general- y una restringida —relativa alos partidarios del “sindicalismo revoluciona- rio” o “anarco-sindícalismo"—, la pondremos entre comillas cuando la usemos en el segundo sentido.
56 ]ULIQISEPTIEMBRE 1985
2. Hay dos explicaciones más o menos canc'ínicas de ese corte que, aunque provengan de ópticas opuestas, coinciden en lo fundamen- tal.
Según una , entre esos años apareció un sindicalismo nuevo, inspi- rado por Perón. “Nacional” y de orientación “humanista y cristiana" por oposición al anterior, interfiacionalista _v dominado por idelogías foráneas—, supo atraer a la masa de los trabajadores nativos, sobre todo a los recién llegados del interior, _\' generó es- pontáneamente sus propios dirigentes. Este nuevo sindicalismo, plenamente reconocido e institucionalizado durante el gobierno pe- ronista, se convirtió desde entonces en la “columna vertebral” del movimiento. _
Según la otra, lo que realmente ocurrió fue que los “auténticos” sindicatos fueron destruidos; sus dirigentes, perseguidos _v encarce- lados. El lugar de ambos fue ocupado por organizaciones y dirigen- tes creados desde el gobierno._v que se convirtieron en meros apéndi- ces del mismo, dentro de un proyecto de corte fascista tendiente a implantar el control estatal sobre la clase trabajadora. El estado de “disponibilidad” de los migrantes internos, llegados a la ciudad _v a la industria sin identidad política ni tradición sindical, permitió que la demagogia de Perón tuviera éxito y que se incorporaran en masa a los nuevos sindicatos.
Las dos versiones coinciden en que hubo un corte radical en el de- sarrollo del movimiento obrero: en que la presencia de una masa" de trabajadores “nuevos” tuvo una influencia decisiva sobre el cambio de orientación; y en que la causa determinante de ese cambio fue Pe- rón.
No se puede negar que esta interpretación, en sus dos variantes, refleja hechos reales. Pero los historiadores tenemos una descon- fianza instintiva frente a esquemas tan simples. Pero los historiadores tenemos una desconfianza instintiva frentea esquemas tan simples; sospechamos que en todo proceso de cambio hay también elementos de continuidad, y que, por poderosa que sea la influencia de un per- sOnaje, éste no puede sino combinar de una manera nueva los mate- riales que encuentra dados en la realidad, y no crearlos de la nada.
Sin embargo, aunque la interpretación “catastrofista” ya había sido cuestionada hace más de diez añosz, no fue sino hasta fecha muy reciente que aparecieron los frutos de investigaciones más detalla-
2 Miguel Murmis _v Juan Carlos Portantiero. Estudios sobre los orígenes del peronis- mo. 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 1971.
CUADERNOS DEL SUR. 3 57
das que hoy permiten discutirla con mayor fundamento empírico”. Es sobre la base de esos nuevos aportes, que confirman en gran medi- da nuestras sospechas, que intentaré aquí sintetizar mis puntos de
vista sobre el tema. 3. Por empezar, es un hecho comprobado que casi todos los dm-
gentes sindicales que apoyaron a Perón en su ascenso al poder eran ya dirigentes más o menos importantes antes de 1943. Un Cipriano Reyes, lejos de ser la norma, es más bien una excepción.
La mayoría de esos dirigentes tenía, por el contrario, una larga trayectoria sindical, como el presidente del Partido Laborista, Luis F. Gay —secretario de la Federación de Obreros y Empleados Tele- fónicos desde 1928-, osu rival Angel Borlenghi —que dirigía la Fe- deración de Empleados de Comercio desde 1931-.
Muchos de ellos“ provenían, por otra parte, de las filas del Partido Socialista o de las organizaciones vinculadas con él, y los sindicalis- tas de esa tendencia que se mantuvieron fieles a la línea anti- peronista del partido fueron los menos. Tambien en este caso , un Pé- rez Leirós es más bien la excepción que confirma la regla; la mayoría de los dirigentes sindicales socialistas se hicieron peronistas y apor- taron los principales cuadros a esa nueva orientación.
El único grupo de sindicalistas que no sufrió diserciones impor- tantes fue el que respondía al Partido Comunista.
4.. Otro tanto puede decirse de las organizaciones sindicales.
Es cierto que las dirigidas por los comunistas fueron perseguidas y destruidas, y reemplazadas por sindicatos paralelos fomentados desde el gobierno (aunque algunos de ellos, como la Unión Obrera Metalúrgica ola Unión Obrera de la Construcción habían sido funda- dos inicialmente por socialistas opositores a la mayoria comunista de esos gremios).
Peor, del resto, una sola fue intervenida con la intención de cam- biar sus dirigentes: la Unión de Obreros y Empleados Municipales, controlada por Pérez Leirós desde 1919. Los otros dos sindicatos in- tervenidos durante esos años —la Unión Ferroviaria y La Fraternidad- lo fueron antes de que Perón empezara a manejar ala política sindical, y él los devolvió rápidamente a sus autoridades an- teriores.
3 En 1984! apareció la obra de Hiroshi Matsushíta Movjmiento obrero argentino. 1 930-45. Sus proyecciones en los orígenes del peronismo. Buenos Aires. Siglo Veinte, y mi libro Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo perdurable. Buenos Aires. CLACSO. Aunque producto de investigaciones independientes y partiendo de diferentes hipótesis, arn'bos trabajos coinciden en algunos puntos claves.
58- JULIO-SEPTIEMBRE 1985
Todos los demás sindicatos conservaron sus autoridades o las re- novaron normalmente, y, de ellos, sólo dos organizaciones impor- tantes no se hicieron peronistas: La Fraternidad —aunque después de algunas vacilaciones— y la Federación Gráfica Bonaerense. Su- gestivamente, los dos gremios eran considerados como la “aristocra- cia obrera” de la época.
Pero esto no quiere decir, como pretende otro de los mitos rela- cionados con el tema, que hayan sido los sectores más sumergidos, desorganizados e inexpertos de la clase obrera los que siguieron a Pe- rón.
Si nos atenemos a los hechos vemos que, por el contrario, el papel clave en la iniciación de una corriente sindical pro-peronista fue de- sempeñado por los ferroviarios: gremio relativamente privilegiado y, sin duda, el mejo'r'organizado de la época, con una sólida tradi- ción sindical y que er‘a visto como guía y modelo por los demás. Y los que se le fueron sumando no eran menos tradicionales ni menos representantivos del movimiento sindical de los años 30: tran- viarios, estatales, empleados de comercio...
Los sindicatos nuevos —como la Federación Obrera Tucumana dela Industria Azucarera, o el autónomo de la carne— desempeña- ron un papel importante en movilizaciones p0pulares como la del 17 de octubre, pero las estructuras sindicales sobre las que se apoyó Pe- rón fueron sustancialmente las mismas que existían en 1943, con los mismos dirigentes a la cabeza.
‘5. Podría pensarse que la renovación se produjo en la base de es'as organizaciones, obligando a sus dirigentes a adecuarse a las deman- das de una masa importante de nuevos afiliados. Pero eso tampoco ocurrió.
El aumento del número de trabajadores organizados entre los censos sindicales de 1941 y 1945 fue de un 20 % , porcentajecasi idén- tico al que se dio entre 1936 y 1941 y que revela más bien un creci- miento continuo que una súbita irrupción.
Además, la mayor parte del aumento se registra en los sectores en que se fundaron nuevos sindicatos, de modo que la renovación de los tradicionales fue todavía menor. Y todos los sindicalistas de la época —por ejemplo, los entrevistados en el Proyecto Historia Oral del Instituto Di Tella- coinciden en afirmar que elingreso masivo de los “cabecitas negras” en los sindicatos sólo se produjo después de 1946.
6. En suma, entonces, hoy se puede afirmar que el movimiento sindical que'apoyó a Perón en su ascenso al poder fue esencialmente el mismo que existía en 1943. Pero ésta es, en todo caso,.una consta-
CUADERNOS DEL SUR 3 5.9
tación , que investigaciones más detalladas podrán confirmar o des- mentir. Resulta más difícil encontrar una explicación.
Para el‘lo quizá deberíamos empezar por revisar la imagen habi- tual que tenemos del sindicalismo pre-peronista. Este estaría cóm- puesto por obreros ideológicamente “esclarecidos” —es decir, más o menos revolucionariOs-, democráticamente organizados, con di- rigentes idealistas y abnegados _v, sobre todo, muy celosos de la inde- pendencia de sus organizaciones frente al poder político.
Pero esta imagen, que resulta máso menos adecuada para reflejar el'sindicalismo de 1915, tiene poco que ver con el que existía treinta años después. Porque entre esos años se habían ido desarrollando en el movimiento obrero una serie de tendencias que podemos resumir en tres; a la burocratización; al reformismo pragmático: ala vincu- lación con el poder político.
7. La primera es consecuencia casi inevitable del crecimiento de las organizaciones. Recordemos que la Unión Ferroviaria tenía alre- dedor de 100.000 afiliados y la CCT más de 300.000; organismos de esa magnitud ya no se pueden manejar por asamblea. I.os cuerpos directivos adquieren uh amplio margen de autonomía y. dentro (le ellos, un grupo de dirigentes rentados y estables ——que maneja los fondos y la prensa sindical- tiende a controlar el conjunto dela or- ganización.
Por otra parte, el. control de semejantes organismos significa po- der. Entonces, no es extraño que esos dirigentes buscaran perpe- tuarse, tendieran a constituir una capa diferenciada del resto de los afiliados y a desarrollar intereses prOpios, el principal de los cuales sería mantener ese poder.
Para eso no dejarán de utilizar, sobre todo a partir de 1930 , una se- rie de recursos que generalmente creemos más modernos; expulsión de opositores; manipulación de congresos; fraude en las elecciones; pedidos de intervención al gobierno e, incluso, la violencia física (como en la ocupación del local de la CGT en 1935 o en el tiroteo con que se impidió un hecho similar frente a la Unión Ferroviaria al año siguiente). Esos métodos, por cierto, no eran monopolio de ninguna tendencia en particular: si los “sindicalistas” postergaron la convo- catoria del Congreso Constituyente dela CGT durante cinco años, los socialistas —que, utilizando ese argumento, los destituyeron me- diante un “golpe de Estado”— retardaron a su vez la convocatoria del Comité Central Confederal —que estatutariamente debía reunirse cada cuatro meses- durante dos años y medio cuando las condiciOnes les parecieron desfavorable.
Por otra parte, si- hasta entonces los enfrentamientos internos del movimiento obrero podía explicarse por motivos ideológicos, desde
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el 30 es cada vez más difícil hacerlo. la división de la CGT en 1935 só- lo responde parcialmente a las disidencias entre “sindicalistas,” y so- cialistas detrás de eso está la puja entre dos facciones, dos grupos de dirigentes nucleados alrededor de dos caudillos sindicales —Tramonti y Domenech- cuyas relaciones con esas corrientes ide: ológicas son, por lo menos, ambiguas. Y en 1943 los que se disputan la dirección de la CGT y producen su división son dos afiliados s0- cialístas. Los dirigentes sindicales ya no luchaban sólo por imponer sus ideas; luchaban también por el poder.
8. Ese papel decreciente del factor ideológico en el ámbito síndi- cal se ve confirmado por la escasa diferencia entre la orientación de las dos tendencias m ayoritari as: socialistas y “sindicalistas”. Ambas parecen coincidir, en la práctica, en lo que —a falta de una mejor definición- podemos llamar el “reformismo pragmático”, para distinguirlo a la vez 'del reformismo doctrinario de los socialistas v' del simple economicismo. '
El objetivo fundamental del movimiento obrero se fue limitando paulatinamente a la obtención de mejoras concretas e ¡inmediatas dejando en un segundo plano cada vez más olvidado la cuestión de los fines últimos —revolución o reforma de la sociedad . Pero, al mismo tiempo, se desarrolló una conciencia cada vez más clara de que esas mejoras no dependían tanto de la confrontación económica directa con los patrones, sino que decisiones más generales del poder político y de la capacidad del movimiento sindical para presionar
sobre el mismo. Esta actitud predominante sobre todo en el interior de lacorriente
“sindicalista” y que ya se advierte en e‘l programa mínimo de la CGT de 1931, terminó por teñir toda la ideología del movimiento obrero —con la excepción de los comunistas— durante la década del 30.
9, Y esto nos lleva a la última de las tres tendencias mencionadas. Para conseguir esas mejoras dependientes del poder político, o el re- conocimiento necesario para pode‘r'gestionarlas legalmente, el mo- ‘vimiento sindical exhibirá una actitud cada vez más moderada fren- te al Estado; de no oposición e incluso de colaboración con todos los gobiernos. Recordemos, por ejemplo, que la única huelga general de la década, en 1936, no contó con el apoyo de la central.
A cambio de eso, la CGT y los sindicatos más importantes fueron obteniendo un reconocimiento creciente por pa-rte del Estado; sus dirigentes tenían acceso fácil y frecuente al presidente, los ministros y otros altos funcionarios; participaban en comisiones mixtas, al la- do de patrones y delegados estatales, como representantes de los tra- bajadores, etc.
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Pero este reconocimiento implicaba también un cierto grado de control; no es casual que en 1936 se levante el primer censo de aso- ciaciones profesionales. La intervención del Estado , que ya se había hecho rutinaria en los conflictos laborales, comenzaba también .a manifestarse en el interior del ámbito’sindical. Los dirigentes comu- nistas, por ejemplo, eran abiertamente discriminados en sus ges- tiones ante el Departamento Nacional del Trabajo, como lo serían más tarde en la Secretaría de Trabajo y Previsión. En cambio, tanto el presidente de ese Departamento como el ministro de Obras Públi- cas y_hasta el propio presidente Ortiz intervinieron activamente en las'negociaciones que llevaron a la reunificación de la'Unión Ferro- viaria cuando ésta se dividió: ése era un sindicato “de orden”, cuya integridad interesaba al Estado conservar porque evitaba la proli fe- ración de conflictos en un medio que era vital para la economía de la época.
10. Y había también otro motivo, igualmente precursor; Ortiz apoyaba a una delas facciones que se (lisputalran el sindicato —l'a (le Tramonti y los “sindicalistas"—, que a su vez lo habían respaldado durante la campaña electoral. Porque, siguiendo el ejemplo de Yri- goyen —que ya se había relacionado con dirigentes sindiCales desde 1916-, Ortiz no desdeñó buscar ese tipo de alianzas.
Pero tampoco estaba dispuesto a llegar demasiado lejos: como no pudo salvar a sus aliados pese a su invervención directa, tuvo que conformarse con el alejamiento de Domenech, que lidereaba la f ac-' ción rival: ya no podía dirigir la Unión Ferroviaria alguien que no tuviera buenas relaciones con el presidente de la nación.
Los “sindicalistas”, por su parte, no habrán titubeado demasiado en vincularse con Ortiz. Después de haber sido claramente pro- yrigoyenistas hasta 1930, ya habían suscripto una declaración de apoyo a Uriburu en ese año y otra de respaldo a Justo tres años des- pués. Y aunque esa actitud pro-oficialista fue otro de los argumentos utilizados para desaloj arlos de la conducción de laCGT, sus sucesores socialistas tampoco dejaron de organizar un ac'to de apoyo a Ortiz cuando un escándalo financiero lo obligó a presentar su renuncia, ni de mantener las mejores relaciones con el gobernador Fresco en la provincia de Buenos Aires.
ll. Vale decir que durante la década del 30 el movimiento sindi- cal fue acercándose cada vez más al Estado , y que sus dirigentes bus- caban vincularse con los gobernantes, ofreciéndoles apoyo político a cambio de una actitud receptiva para las demandas de sus gremios e, incluso, de un respaldo directo que reforzara su poder sindical.
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Y así vemos cómo convergen y se anudan las tres tendencias de que hablamos; la burocratización y el reformismo pragmático impulsa- ban hacia la vinculación con el poder político y eran a su vez reforza- das por ésta.
Llegamos entonces a la antesala del peronismo; para que éste apa- rezca sólo falta que alguien, desde las esferas del poder, reconozca y recoja estas tendencias del movimiento sindical y sepa combinarlas con su propio proyecto político.
Porque si ese paulatino acercamiento entre el movimiento sindi- cal y el Estado no llegó más lejos antes del 43 no fue porque los diri- gentes sindicales no estuvieran dispuestos a hacerlo, sino porque no le interesaba mayormente a quienes mntrolaban el Aparato Estatal. Es sintomático que el único presidente de la década del 30 que buscó. cierto apoyo en el movimiento obrero sea el que proyectaba termi- nar con el sistema del fraude electoral; los demás no necesitaban yo- tos reales. Como les decía Fresco a los dirigentes sindicales. su pre- ocupación por los trabajadores era totalmente desinteresada, por- que él los votos los conseguía de otra manera...
12. Es con estos elementos que se encontró Perón al empezar su carrera política, y es sobre ellos que operó su talento creador y su ori- ginalidad.
El buscaba, como todo político, conservar y aumentar el poder que había alcanZado —en su caso, gracias a su influencia en el seno del ejército—. Para eso, necesitaba legitimarlo y asentanrlo sobre una base más am plia. Lo que lo diferencia de todos los otros políticos de su tiempo fue su descubrimiento de que el movimiento sindical existente podría ser el medio más eficaz para lograrlo. Otros habían entrevisto la posibilidad de utilizarlo como apoyo, pero ninguno tu- vo la-sagacidad de valorarlo en toda su importancia ni la audacia de transformarlo en el eje y principal base de sustentación de un movi- miento político más amplio.
El genio político de Perón no consistió, entonces, en crear algo de la nada, sino en haber sabido captar las características y las tenden- cias del movimiento sindical existente; en haber sido el único en in- tuir la fuerza política potencial que éste encerraba, y en haber logra- do articular esa fuerza con otras no menos importantes, como el ejér- cito y la Iglesia.
13. Para la mayoría de los trabajadores, por su parte —empezando por los dirigentes sindicales—, la identificación con Perón significaba la posibilidad concreta e inmediata de ver hacerse realidad muchas de las aspiraciones por las que bregaban desde
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hacía décadas: de ver plenamente reconocidos e insti tucionalizados sus sindicatos y —sobre todo—— de verlos convertirse en una fuerza política de primera magnitud. capaz de llegar al poder. cosa que nunca habían podido ofrecerle socialistas ni comunistas.
Había. pues, una coincidencia objetiva entre los proyectos políticos de Perón y las tendencias del movimiento sindical. Pero pa- ra que esa coincidencia llegara a concretarse tuvo que intervenir también ese humilde personaje de la historia —-tan despreciado por nuestros (olegas deformación mas teórica. politiaílogos y sociólogos pv- roque los historiadores no podemos darnos el lujo de olvidar- . la coyuntura. Y cs ella la que explica. en buena medida, la forma específica qu > adquirió el producto de esa convergencia.
14. Perón intentó al principio —co'mo lo demuestran todos sus ac- tos y palabras dela epoca— ganarse al mismo tiempo el apoyo de la clase obrera y (le un sector relativamente marginado de la clase dO- minante: la burguesía industrial. l’ero el rechazo que encontró por parte de los representante de esta última. así como el exito que tu'vo con los de la pri mera. no le dejóotra alternativa que apoyarse únic' - mente en ellos. De lo contrario, tanto el peronismo como cuarenta años de historia argentina hubieran sido diferentes.
Ahora, contar solamente con cl respaldo dela clase obrera --o. más precisamente del movimiento sindical- significaba-una gran debilidad frente a la poderosa coalición de fuerzas opositoras que se formaba. Recordemos que allí estaban todos los partidos políticos tradicionales, del conservador al comunista: todas las organiza- ciones patronalcs: casi toda la prensa: la “intelligentzia” la Universi- dad... y todo ello con el respaldo de la primera potencia mundial.
Además, sin contrapeso, un apoyo exclusivamente. obrero hu- biera llevado probablemente a Perón mucho más allá de lo que el se poponía.
De modo que tuvo que compensar la falta de un ala empresaria con dos fuerzas sustitutas, pero no menos importantes: el ejercito yla Iglesia. El “corporativismo” que caracterizaría en los sucesivo la vi- da política argentina estaba en marcha.
Pero sabemos en qué medida estos dos factores de poder, relativa- mente autónomos respecto a las clases sociales, responden a motiva- ciones ideológicas. Para lograr su incorporación o su permanencia en la alianza era necesario entonces transformar la ideología domi- nante en el movimiento sindical —todavía más o menos socializante pese a los avances del reformismo pragmático- en una ideología “nacional” y cristiana.
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Sin embargo, esto no podía lograrse de un día para el otro, y lo que Perón hizo al comienzo —atendiendo a la necesidad prioritaria de ganarse a la Clase obrera- fue todo lo contrario: transform ar su pro- pio discurso ideológico inicial, de resonancias fascistoides, en un v lenguaje cada vez más socializante, como se ven en los discursos que pronunció entre 1943 y 1946.
Es cierto que la abierta intervención del Departamento de Estado norteamericano fue exacerbando el tono nacionalista de la campa- ña electoral hasta llegar a sintetizar la disyuntiva en la fórmula “Braden o Perón”. Pero analizando los discursos de Perón vemos que la temática social —y socializante- predomina netamente sobre los aspectos nacionalistas y “cristianos” hasta 1946. Sólo después de esa fecha comenzaría a operarse lentamente el viraje ideológico de-
unos sindicatos cada vez más subsumidos en el aparato estatal y a los que ahora sí se incorporaba una masa creciente de trabajadores “nuevos”, sin tradició‘ sindical y que no se habían formado en las ideologías tradicional . del movimiento obrero.
15. Al mismo tiempo, los antiguos dirigentes iban siendo reempla- zados por otros, cada vez más sumisos a la conducción autoritaria y personalista de Perón. Porque si ésta había logrado legitimar su po- der gracias alos sindicalistas de la vieja guardia, que habían organi- zado el Partido laborista y la campaña electoral —- una vez en la pre- sidencia no tardaría en liberarse de esos aliados, que amenazaban
con trabar su libertad de movimientos yobstaculizar sus planes políticos.
Por un lado, Perón insistiría —y esta vez con más éxito- en atra- erse el apoyo de un sector de la clase dominante; por el otro, debía conservar el sostén del ejércitosiempre descon fíado del militarobre- rista. Para ambas cosas era necesario que el poder alcanzado por los sindatos y sus dirigentes estuviera estrictamente controlado. De ahí la orden de disolución del Partido laborista y la paulatina subordi- nación dela CGT a la autoridad de Perón , que culmina en 1947 con la maniobra que obliga a renunciara Luis F. Gay. Ya el povdercarismá- tico dc Perón _\' su comunicación directa con las masas hacía innece- saria la intermediación de los dirigentes sindicales tradicionales.
16. De modo que la transición de un sindicalismo independiente y socializante a un sindicalismo estatal, “nacional” y cristiano —la pérdida de autonomía y la conversión ideológica del movimiento sindical- , fueron mucho menos'bruscas delo que habitualmente se piensa: preparada en muchos aspectos durante la década del 30, se prolonga también bastante después de 1946.
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Para muchos de sus protagonistas habrá resultado, entonces, casi insensible. Si en el caso de los migrantes internos —sobre el que tanto se ha insistido- el paso del autoritarismo paternalista del patrón ru- ral o del caudillo local al liderazgo carismático de Perón no represen- taba una profunda ruptura, en el caso de los “viejos” trabajadores urbanos la transferencia de lealtades desde sus dirigentes tradi- cionales más o menos burocratizado-s y vinculados con el poder político- hacia un dirigente sindical único, que dete-ntaba el poder político y que lo ejercía en beneficio de los trabajadores, tampoco resultaría excesivamente traumático, ya que además se mantenía dentro del marco de la estructura sindical existente y de la ya predo- minante ideología del reformismo pragmático.
17.Perón no se apoyó entonces —como pretenden las dos ver- siones canónicas de las que hablábamos al comienzo-— ni solamente ni principalmente sobre los trabajadores “nuevos”. Estos pudieron aportar su presencia en las movilizaciones populares y su voto en las elecciones del 46, pero las estructuras sindicales que permitieron ca- nalizar ese apoyo inorgánico y lo llevaron al triunfo fueron las que habían organizado, componían y dirigían los trabajadores con más larga duración urbana y sindical.
El llamado de Perón fue entonces recibido y respondido por todos los sectores de la clase obrera de la época. porque respondía a sus as- piraciones y expectativas concretas y reflejaba el nivel real de con- ciencia que habían alcanzado. Y porque, además, del otro lado esta- ban claramente alineados todos los enemigos tradicionales y vi- sibles: la Sociedad Rural, la Unión Industrial, las demás organiza- ciones patronales...
Paradójicamente, partiendo del propósito declarado de “supri- mir lalucha de clases” , la actuación política de Perón había desenca- denado un proceso que culminó en 1945-46 en una situación de “cla- se contra clase” imposible de evadir. Fue en esas condiciones que se produjo la unificación de la clase obrera en torno a la figura de Perón y su irrupción en la escena política como una fuerza decisiva.
18. En suma, pensamos que —lejos de ser la antítesis del sindica- lismo peronista y de desaparecer de la escena histórica barrido por éste- el sindicalismo pre-peronista fue la matriz que engendró a su sucesor, al cual además se incorporó mayoritariamente. Perón no hizo más que acelerar y dar la oportunidad de concretarse a las ten- dencias que venían operando desde mucho antes en el movimiento sindical y, en este sentido, es tanto su renovador como su producto.
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Sólo así se comprende que la nueva etapa de la historia del movi- miento obrero argentino inaugurada en esos años durara casi tanto como todas las anteriores juntas: si dejarnos de lado la “prehistoria” del movimiento sindical en el siglo pasado, vernos que e‘n el actual, frente a quince años de predominio anarquista, veinte de mayoría “sindicalista” y nueve o diez de orientación socialisa y comunista, hay cuarenta años de sindicalismo peronista. Este sobrevivió a la pérdida del poder, a la muerte de su líder, a las campañas de “despe- ronización”, a todas las proscripciones y persecusiones. .. ¿Hubiera sido así si no expresara tendencias fuertemente arraigadas en la clase trabajadora?
En cam bio, las innovaciones que no provenían de tendencias pro- pias del movimiento obrero, sino que fueron impuestas por necesi-- dades políticas de la coyuntura en que se formó el peronismo —como la conversión ideológica y el control estatal- se han mostrado mucho menos duraderas y profundas. El control estatal sobre los sindicatos, aunque variando‘ el ritmo de las situaciones políticas nunca volvió a_ ser igual que en 1946-55, y la doctrina “nacional” y cristiana sólo sirvió generalmente para adornar con su retórica y presentar en forma más potable y tranquilizadora para los factores de poder a la verdadera ideología del reformismo pragmático.
19. Somos concientes de que esta interpretación abre más interro- gantes que los que pretende contestar. ¿Por qué se desarrollaron esas tendencias en el movimiento obrero de la década del 30? ¿Por qué los partidos socialista y comunista no lograron encauzar más eficaz- mente las aspiraciones del movimiento sindical y vincularse más so- lidamente con él? ¿Por qué los sectores patronales rechazaron de plano y en bloque los intentos iniciales de Perón por incorporarlos a su movimiento y transformaron así la opción del 45-46 en un enfren- tamiento de clases? ¿Estuvo el movimiento sindical totalmente so- metido al aparato estatal durante la década peronista? Y, de ser así, ¿cómo se explica su resurgimiento frente a un gobierno hostil des- pués de 1955? Y, fundamentalmente, la gran pregunta: ¿cómo se explica que el peronismo haya seguido constituyendo la identidad política de la casi totalidad del movimiento sindical durante cuaren- ta años?
Si las ideas aquí expuestas sirvieran para incitar —además de las críticas que espero- a buscar una respuesta a esas preguntas, este trabajo habrá cumplido su objetivo.
París, septiembre de 1984
La economía argentina durante la crisis de los años ochenta
Carlos Abalo
Segunda parte
L‘os cambios en la induslria
Desde el punto de vista de su modernización, el principal problema de la industria argentina residía en la escasa concentración de la producción por establecimiento, que, en promedio, era aproximadamente diez veces inferior al nivel internacional. Esta baja concentración promedio, que daba lugar a una productividad reducida y dificultaba la incorporación de nuevas tecnologías, coexistía al mismo tiempo con una alta concentración de la producción en pocos establecimientos, cuyo tamaño, sin embargo, era más reducido que el de la industria concentrada de los países capitalistas industrializados o de los de industrialización reciente.
En la posguerra _v hasta 1975 la industria fue el sector más dinámico de la economía, con un crecimiento promedio de más de 5 % anual. La alta protección arancelaria permitía una estructura de precios internos relativos elevados, que también eran altos desde el punto de vista de la comparación internacional. La protección arancelaria permitía la coexistencia de salarios reales y tasas de ganancia también elevadas. La industria era, en ese momento, el sector más beneficiado con el desplazamiento de la renta agraria.
En 1959 se reducen los salarios reales y como hay una elevada protección arancelaria y los precios son altos, los industriales obtienen una tasa de ganancia mayor, que acrecienta su capacidad de acumulación. La modificación del perfil del consumo (por la reducción del poder adquisitivo obrero) modifica la estructura productiva en favor de la fabricación de bienes intermedios y de consumo durable. Asimismo, se debilita considerablemente el crédito proveniente del sistema financiero y la industria debe aumentar su capacidad de autofinanciamiento y aprovechar el endeudamiento fiscal y previsional (especialmente en las fases de recesión), con lo que se convierte en un factor de incremento del déficit presupuestario. Al finalizar el decenio de los sesenta, la demanda industrial depende también de las inversiones públicas.
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La industria argentina ingresa al decenio de los setenta con una mayor incorporación de capital extranjero, que aportó nuevas tecnologías y permitió eldesarrollo de nuevas ramas de producción intermedia. En 1973, la industria había logrado una expansión continuada de casi diez años, sus precios relativos eran menóres por el incremento del tamaño medio de los establecimientos y, según la opinión del Banco Mundial,.se había logrado un comportamiento “sorprendentemente bueno”l en materia de exportaciones. En efecto, de 1970 a 1974, las exportaciones de productos manufacturados habían crecido 125 % y en el último año mencionado representaban 6.7 % de la producción industrial (contra 3.7 % en 1970). En 1970, las exportaciones industriales apenas superaban los 200 millones de dólares, pero en 1974 ya. estaban holgadamente por encima de los 800 millones, una cifra equivalente al 21 % sobre el total de las exportaciones. En ese año, las exportaciones sumaron más de 3.000 millones de dólares; el 48 % estaban constituidas por bienes primarios, el 30 % por productos de base agropecuaria de escaso valor agregado y el resto por manufacturas.
Por ese entonces, las ramas más dinámicas eran la metalmecánica, la química y la petroquímica. En contradicción con lo que se afirmaría dos años deSpués, en 1974 la actividad industrial había aumentado su eficiencia, había elevado su productividad, había reducido sus precios relativos y se proyecta-ba con bastante dinamismo hacia el mercado mundial. En el periodo 1973-1975 dicha conformación se combinaba con una modificación en el perfil de la demanda, que volvió a incentivar los bienes de consumo no durable, debido al aumento de los salarios reales que tuvo lugar durante el gobierno peronista, luego interrumpido por el golpe de estado militar de marzo de 1976.2
Durante el periodo de la dictadura militar hay que señalar tres etapas diferenciadas en la evolución industrial: la que va de 1976 a 1978, la que se inicia en 1979 y finaliza en marzo de 1981 (cuando concluye la etapa presidencial de jorge Videla con ]osé A. M artínez
l Banco Mundial, “Argentina. Economía Memorándum". 2 volúmenes, Washing- ton. 1985.
2 ONU-CEPLA, Documento (le Trabajo, Núm. 13, Bernardo P. Kosacoff. “El pro- ceso deindustrialización en la Argentina en el período 1976-1983". revisión preliminar _(mimeo), Buenos Aires, 1984.
CUADERNOS DEL SUR 3 69
de Hoz como Ministro de Economía) y la que sigue desde esa fecha hasta el fin de la dictadura, en diciembre de 1983.
De 1976 a 1978 se produjo una brutal distribución regresiva de los ingresos, que se tradujo en la pérdida de alrededor de 15 puntos en el ingreso nacional por parte de los asalariados. La traslación de ingre- sos hacia los capitalistas incrementó la tasa de inversión y hubo una recuperación en la producción de bienes de consumo durable y de capital. Al finalizar ese periodo, la industria estaba en condiciones de dar un salto hacia adelante. Sin embargo, en 1979 empezó a ope- rar la combinación del retraso cambiario con la apertura comercial y l‘ás elevadas tasas de interés internas. El enfoque monetario de la balanza de pagos, la presunta búsqueda de la convergencia entre la tasa de inflación nacional y la mundial y los precios internacionales como orientadores de la actividad interna constituyeron, en reali- dad, el disfraz teórico con que se encubrió un proceso de desin- dustríalización que se continuó en la etapa siguiente debido a la cri- sis financiera. La lucha antiinflacionaria y las políticas de ajuste pa- ra llevarlas a cabo no terminaron con los aumentos de los precios, si- no que prepararon las condiciones para una inflación continuada y dieron lugar a un retroceso del producto industrial de 20 % con rela- ción a 1970, una caída de 35 % en la ocupación industrial y un des- censo de seis puntos en la participación del producto industrial sobre el producto total (28.4% en 1974, contra 22.4% en 1981).
El resultado de la política encaminada a hacer más eficiente el sector industrial elevó lacapacidad ociosa a un 35 % y dificultó cual- quier tipo de reconversión industrial. Ello se debe a la desarticula- ción del aparato productivo, los estrangulamientos en la cadena de producción, las restricciones en la oferta de manufacturas, el des- montaje y la obsolescencia de equipos, la desvinculación del perso- nal especializado, las restricciones a la acumulación por los elevados costos financieros, las limitaciones a la importación por el peso de la deuda externa y la exportación subsidiada de productos mgnufact u- rados debido a la. gravitación de los costos fijos, que requieren un ti- po de cambio alto, paralizante del mercado interno. ‘
Con todo, existió una reestructuración industrial, cuyo significa- do trataremos de enunciar al final de este trabajo. El reordenamien- to practicado hizo que la industria operara con más intensidad de capital y con establecimientos de mayor escala de producción. La ofensiva desindustríalizadora disfrazada de política antiinflaciona- ria apuntó, en realidad, a eliminar una estructura industrial que, en las condiciones de una actividad exportadora basada fundamental-
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mente en los bienes primarios, tendía a crear las bases para una pe- riódica reaparición de una alianza social y de un bloque de poder cuestionaba la economía basada en la exportación de bienes prima- rios. La reforma financiera , la pasada vigencia de un tipo de cambio retrasado y la apertura comercial terminaron con el modo de acu- mulación dual, apoyado alternativamente en el sector agrope- cuario y en la industria. Esta dualidad era incompatible con un pro- ceso de concentración y centralización del capital tendiente a afir- mar ala oligarquía tradicional en la nueva alianza de poder, dentro de una mayor integración al mercado mundial, pero la crisis in- dustrial y el endeudamiento externo obstaculizan todavía el camino hacia la incorporación de las manufacturas a un modo de acumula- ción homogéneo, porque esa cuestión divide el frente interno dela burguesía. La crisis financiera de 1980 y 1981 fue el escenario en que se libró la última gran batalla para modificar la presente inserción- de la industria. En aquella ocasión, el Estado empleó su capacidad de regulación (frente a las quiebras de bancos y empresas) con un marcado criterio selectivo en favor del sector dominante de poder. A parti r de entonces, la mayor parte de los grupos industriales vincula- dos al mercado interno empezaron a revisar su estrategia y a sumarse a las presiones destinadas a lograr un tipo de cambio más elevado y a tratar de recuperar ventas por medio de la exportación. Una parte cada vez mayor de la burguesía anteriormente interesada en el mer- cado interno se pasa a la perspectiva exportadora y a la práctica de la negociación con divisas.
Pareciera que las empresas extranjeras de producción industrial no aprovecharon en forma inmediata el cambio en el modo de acu- mulación que se fue imponiendo a partir de 1976 y mantuvieron ini- cialmente su estrategia de apoyo al desarrollo del mercado interno. Contaron con un tratamiento incomparablemente más favorable a sus intereses con la nueva legislación de inversiones extranjeras, de transferencia de tecnología, de promoción industrial y, sobre todo, con la reforma financiera, ya que ellas tenían más facilidad para co- nectarse con el mercado financiero internacional. Aunque usaron esas ventajas para obtener mayor rentabilidad y mejores condi- ciones operatorias, no expandieron considerablemente su produc- ción. Su presencia se manifestó en las actividades financieras, pero el capital extranjero localizado en la industria, que representaba en forma directa el 31 . 2 % de la facturación en 1973, se redujo a 28.3 % en 1981. Como en el caso de la burguesía vinculada al mercado in- terno, más tarde se readaptaron a la nueva situación, lo que fue evi- dente en la producción de automotores.
CUADERNOS DEL SUR 3 71
De 1976 a 1983, los grupos empresarios más dinámicos fueron las grandes empresas de capital nacional, dedicadas a la producción de bienes intermedios. El sector más concentrado mantuvo un nivel es- table de ventas en moneda constante, que contrasta con la caída de 20 % en el producto industrial registrado entre 1976 y 1982 para el conj unto de las actividades manufactureras; pero, además, hubo un pequeño núcleo de empresas que experimentó una alta tasa de creci- miento anual. La disparidad de comportamiento parece haber esta- do vinculada a las relaciones con el sector financiero (disponibilidad de crédito, sobre todo externo, y costo de financiación) y con la casta dominante (para usufructuar el poder de compra del Estado o apro- vechar otras ventajas). Las empresas nacionales oligopólicas con mejor comportamiento estuvieron vinculadas a la producción side- rúrgica, a la de papel, a la de cemento, a la de aluminio y a la petroquímica, se generalizó la formación de conglomerados y hubo inversiones externas. Las actividades más castigadas fueron la in- dustria de la madera y la fabricación de muebles, los textiles, la ropa y el calzado y los bienes de capital.3
El Estado y el sistema financiero
El Estado, mediante la política económica, regula el proceso de pro- ducción, es decir, le confiere una dirección determinada, que gene- ralmente consiste en profundizar o bien en limitar el alcance de los movimientos cíclicos que el sistema capitalista provoca espontánea- mente, o en sincronizar estos movimientos con el ciclo del capital en escala mundial. En la Argentina, el Estado reguló las políticas que contribuyeron a sostener el modo de acumulación dual que existía antes del golpe militar de 1976. La burguesía más concentra- da aspiraba en los años setenta a producir una gran concentración y centralización del capital, y por ello exigía que la regulación estatal se orientara en este último sentido. La política económica incorporó elementos de ajuste en esa dirección, pero para eso había que supe- rar una larga tradición política argentina, que hace que las regula- ciones estatales están profundamente influidas por políticas popu- listas, que eluden la centralización y tienden a recrear la acumula-
3 Véase CISEA, jorge Schvarser. “Cambios en el liderazgo industrial argentino en el periodo de Martínez de Hoz“, Buenos Aires, 1983. yjuan Sour-ro. lille yjorge Lucán- geli, “Apuntes sobre la historia reciente de la industria argentina", Boletín Techint, No. 219. Buenos Aires, 1980.
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ción dual. Esto se debe a que la derecha no tiene un partido político capaz de controlar el Estado. Por consiguiente, cuando surge un ré- gimen democrático, el Estado se encuentra parcialmente en manos de partidos pequeñoburgueses, centristas o populistas, que ins- tauran políticas que mediatizan los intereses del establishment.
La dictadura militar utilizó el Estado para regular la economía en favor de la oligarquía y el capital financiero internacional, porque se trataba de centralizar el capital e integrarse más profundamente al sistema capitalista mundial. Para ello bajó los salarios y en 1976 y 1981 manipuló el tipo de cambio hacia la sobrevaluación de las divi- sas (para favorecer las exportaciones agrarias y reducir los-salarios reales). En 1979 y 1980 sobrevaluó el peso (para mantener en el país los capitales especulativos y para alentar el endeudamiento externo- y las importaciones) y practicó en forma casi continuada una política de altas tasas de interés, dispuso la licuación generalizada de los pasivos de las empresas en dificultades y nacionalizó la deuda externa privada, cargándosela al Estado y a la sociedad. La dictadu- ra, en definitiva, utilizó el Estado para vaciarlo de recursos, pero proclamó la teoría de la subsidiaridad, que consiste en limitar estric- tamente sus funciones, para evitar las regulaciones populistas.
Una de las piezas fundamentales de la regulación estatal es la política monetaria y de crédito. Cuando la regulación del Estado promueve la centralización y la concentración salvaje de los capita- les puede pasar la responsabilidad de esa regulación al sector priva- do más concentrado. En ese caso, el Estado renuncia a la gestión de la moneda y del crédito y la traspasa al mercado financiero, alentan- do incluso la creación de un mercado no institucional, no sujeto a las regulaciones más elementales, que son las impuestas por la práctica de los bancos centrales.
Desde la primera reforma financiera que sucedió al peronismo (en 1977) se promovió el desarrollo de la gestión privada del crédito. Durante la dictadura militar de Juan Carlos Onganía se echaron las bases para el desarrollo delos mercados privados de crédito no insti- tucionalizados, es decir, no sometidos al control del Banco Central. Al mismo tiempo, se facilitó el desarrollo del capital ficticio y el Es- tado incrementó la deuda pública. El capital ficticio está consti- tuido por las acciones y las obligaciones: representan al capital efec- tivo, pero crecen con más velocidad que éste, por-lo que constituyen —en realidad- valores ficticios destinados a la especulación. Por su lado, el Estado financió parte de su déficit presupuestario con títulos de la deuda pública. Estos títulos devengan intereses a los in- versores privados y a los bancos que los adquieren, por lo que el Esta-
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do, al aumentar el déficit fiscal, alimenta con los intereses a los capi- talistas y bancos privados. Estos títulos públicos, además, se con- vierten en respaldo del crédito privado no institucionalizado.
La reforma financiera de 1977 liberó las tasas de interés (o sea, quitó la regulación directa por el Estado), concedió garantía del Es- tado a los depósitos efectuados a esas tasas libres, liberó el ingreso al sistema financiero de nuevas instituciones y estableció una forma de regulación de la creación de dinero por parte de los bancos, median- te la política de encajes. La política de altos encajes, propia de la restricción monetaria, reduce el ritmo de actividad y disminuye la rentabilidad operativa de las instituciones, porque éstas no pueden utilizar plenamente los depósitos en el otorgamiento de créditos. Pa- ra compensar la menor rentabilidad derivada de la política de enca- jes, se creó la cuenta de Regulación Monetaria. Mediante esta cuen- ta, el Banco Central remuneraba a los bancos por los encajes sobre los depósitos a interés, pero les gravaba la capacidad prestable origi- nada en los depósitos en cuentas corrientes. Las compensaciones otorgadas a los bancos mediante la Cuenta de Regulación MOneta- ria fueron considerablemente mayores que los cargos, y de esa ma- nera esta cuenta fue generando un déficit fiscal complementario. Finalmente, con la posterior selección de los directores del Banco Central, el gobierno virtualmente privatizó su dirección y los mis- mos bancos pasaron a dirigirlo: por supuesto, se afloj aron completa- mente los controles.
La reforma financiera de 1977, la apertura comercial, la restric- ción monetaria, la apertura del mercado financiero y la regulación estatal de un dólar barato agudizaran la desindustríalización du- rante 1979 y 1980. Las empresas se vieron enfrentadas ala necesidad de sobrevivir mediante el crédito y, al resultar más barato contra- tarlo en el exterior, hubo un endeudamiento externo creciente, de tal manera que el porcentaje de la deuda había llegado en 1980 a 30 % sobre el producto bruto interno. De 1978 a 1981- la deuda exter- na total creció a una tasa anual de 42 % acumulativo, y la privada lo hizo a 56 % . Por otro lado, las empresas que estaban en condiciones de solicitar créditos o que podían contratarlo en el exterior trataron de financiar de esa manera la concentración y la centralización de los capitales, que era lo que podía asegurar su capacidad competiti- va futura. Y por último, las que solicitaban créditos por otros moti- vos utilizaron la combinación del dólar barato con las tasas de inte- rés elevadas ly la libertad cambiaria para fugar capitales, deposi- tarlos en el exterior o traerlos en calidad de autopréstamo disimula- do, con lo que blanqueaban el importeysacaban legalmente del país
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el monto de los servicios por préstamos. También hubo préstamos a empresas inexistentes, que constituyeron grandes vaciamientos, y en todos los casos la especulación desenfrenada estuvo amparada por la garantía estatal de los depósitos.4
En marzo de 1980 se presentó la primera oleada de la crisis finan- ciera, mediante la quiebra del Banco de Intercambio Regional (BIR) , que había llegado a ser la principal institución financiera pri- vada del país. La acumulación de créditos, unida a la recesión del mercado y a las dificultades con la rentabilidad ponían a numerosas empresas en situación de quiebra o iliquidez. Esto, a su vez, repercutía sobre los bancos, volviéndolos insolventes. La quiebra de una parte del aparato productivo no fue el único respon'sable de la insolvencia de numerosos bancos: también hubo una supervisión inadecuada y numerosas operaciones delictivas, como las vincula- das a los vaciamientos y a las masivas fugas de capitales. La crisis fi- nanciera amenazaba convertirse en una crisis monetaria, pero en ese momento existían elevadas reservas en el Banco Central. De cualquier manera, el gobierno contrarrestó la fuga de divisas con el endeudamiento externo del Tesoro y de las em presas del Estado, que obtenían de esa manera las divisas que requería el sector privado. Así se postergó el estallido de la crisis.
El endeudamiento y la especulación no se frenaron. A fines de 1981 sobrevino otra crisis financiera. El gobierno refinanció las deudas privadas con subsidios, con lo que la licuó, traspasándola al déficit del Estado y de ahí a la inflación.
La licuación de la deuda trajo aparejada la necesidad de congelar el crédito institucionalizado, por lo que se intensificó el crecimiento de las operaciones de crédito extrabancarias o interempresarias. Esas operaciones empezaron a garantizarse con Bonos Externos, que son títulos del gobierno en dólares. El globo de crédito siguió creciendo sobre la base de empresas quebradas o con grandes difi- cultades y sin capacidad de liquidar sus obligaciones. Como la insol- venci a empresaria se trasladaba a los bancos, se dictó una ley de con- solidación del sistema financiero que permitía realizar aportes de capital para normalizar la situación patrimonial y de liquidez de la banca, lo que facilitaba la concentración y el avance del capital fi- nanciero internacional.
4 CET-[PAL (Centro de Economía Transnacional-Instituto para América Latina), Ernesto Feldman, ]uan Sommer, Carlos Bonvecchi, “El impacto dela refor- m a financiera _\' dc la apertura externa en laeconomía argentina (1976- 1981)". Buenos
Aires, 1983.
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El saneamiento de la banca propicia la concentración y la centra- lización del. capital, de la misma manera que la prolongación de la recesión en medio de la crisis financiera y la restricción monetaria aceleran la depuración de las ramas industriales y someten a las empresas al control de los grupos oligopólicos dominantes. Desde la reforma financiera de 1977 hasta fines de 1984 se calculó que la so- ciedad realizó transferencias y subsidios al conjunto del sistema fi- nanciero por un valor equivalente a los 42.000 millones de dólares. 5 El B z = nco Mundial, por su parte, señala que las líneas de crédito sub- vencí. inadas y las garantías cambiarias para apoyar a las institu- ciones financieras privadas costaron al Banco Central el equivalente de l % y 2 % del producto interno en 1981 y 1982.
El gobierno radical afronta ahora la herencia del globo de la deuda a punto de estallar. El país está al borde de un crac finan- ciero, porque esa deuda no puede ser absorbida en forma inmediata y el Estado no puede salir a financiarla porque simplemente ya no cuenta con recursos para hacerlo. Al mismo tiempo, los bancos acreedores exigen que las deudas en dólares del Banco de Italia, que acaba de quebrar, sean transferidas a la deuda externa, que ya es im- posible de pagar, aun con una recesión de larga duración. Precisa- mente la quiebra del Banco de Italia es una muestra elocuente del parasitismo y del grado de delincuencia del establishment. El banco fue vaciado por integrantes de cuatro de los cincuenta grupos empresarios más relevantes del país, que se turnaron en los últimos tiempos en su dirección. Una investigación a fondo de las opera- ciones ilícitas del banco develaría muchos de los misterios de la patria financiera, y se entendería cómo la crisis argentina y su infla- ción insostenible se deben especialmente a la modalidad de acumu- lación y alas prácticas de saqueo de su burguesía, lo que serviría pa- ra colocar en el banquillo de los acusados a muchas de las familias más respetables del país.
La crisis y eÍfuturo
El análisis económico no es suficiente para explicar la crisis. Los cambios en el comportamiento agropecuario e industrial y la pro-
fundidad de la crisis financiera sólo pueden entenderse recurriendo a la discusión del modo de acumulación en su conjunto, a sus antece-
5 Clarín. Buenos Aires, enero4 de 1985.
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dentes históricos y a la articulación de la formación social argentina en la economía mundial.
La integración mundial és uno de los aspectos nodales de la crisis. Argentina es un país capitalista periférico que antes de la crisis de los años treinta estu-vo completamente integrado al mercado mundial. Dicha crisis aflojó sus vínculos de integración y desde entonces no pudo recomponerlos en forma definitiva, aunque por muchos años haya podido resolver de una manera relativamente satisfactoria el problema del crecimiento industrial.
La integración pasa en primer lugar por la cuestión agraria, ya que Argentina es un país exportador de cereales y otros productos-de base agraria. El retraso de las exportaciones agropecuarias de la pampa húmeda, en los cincuenta años que van desde los veinte hasta los setenta, estuvo marcado por la negativa de la burguesía terrate- niente a transferir la renta agraria mediante instrumentos impositi- vos y por la incapacidad del Estado para lograrlo. Fue imposible evi- tar de otra manera la parálisis productiva de este sector cuando se le impuso una traslación forzada de la renta agraria. Dicho desplaza- miento se produjo en los 40 y los 50 por la correlación de las fuerzas políticas y la situación del mercado mundial, pero se revirtió a fines de los sesenta y con la crisis política del gobierno peronista, en 1974.
La propiedad agraria es un obstáculo al desarrollo del capi-tal, porque la renta de la tierra inmoviliza un excedente que de otra ma- nera se destinaría a la acumulación. Cuando la burguesía terrate- niente fue obligada a trasladar una parte de la renta agraria a la in- dustria y al consumo de los asalariados, estancó la producción y no modificó la tecnología de una manera capaz de producir un incre- mento en la productividad por hectárea. Es posible que la innova- ción tecnológica posterior haya provenido de cambios sociales, de la presión de los monopolios cerealeros y de los proveedores de semillas híbridas vinculados a la expansión del mercado, y de la disponibili- dad de créditos del Estado. La innovación más notable fue la de las semillas híbridas, pero este aporte tecnológico vino acompañado de una traslación de renta hacia las empresas transnacionales comer- cializadoras y los proveedores de semillas. La burguesía terrate- niente, que habría adoptado una especie de vía prusiana sui generis de reformas,6 trata ahora —ante la baja de precios- de resarcirse
6 Llamamos vía prusiana sui generis a los importantes cambios ocurridos en la economía agraria argentina porque, a diferencia de los quetuvieron lugar hace más de un siglo en Alemania, y que prepararon el camino para el desarrollo capitalista de ese país, los que tienen lugar en Argentina se realizan en subordinación al capital finan- ciero internacional. Por ese motivo la renta agraria no intensifica la acumulación in- terna, sino quese desplaza hacia las transnacionales comercializadoras _\' hacia el cir- cuito financiero internacionalizado.
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del desplazamiento de la renta agraria mediante una parcial desgra- vación de los impuestos a la exportación. Si esa renta desplazada se hubiera empleado antes en insumos industriales capaces de elevar la productividad, ysi se hubiese mantenidola comercialización estatal de los granos y el desarrollo tecnológico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el país habría dispuesto de un gran fondo de acumulación. La propuesta de nacionalizar el comer- cio exterior y de movilizar al INTA es inseparable de la apropiación dela renta y del desarrollo del mercado interno.
Así como el bloqueo de la renta agraria y su actual desbloqueo en forma de beneficio comercial de las transnacionales cerealeras y de renta tecnológica de los proveedores de semiflas obstaculizó el de- sarrollo del capital, la explotación del petróleo y del gas pueden se- guir un curso parecido. La renta petrolera, como la renta agraria, tiende a desaparecer con el desarrollo del capitalismo. Interesa sa- ber en qué manos queda: si en poder de un centro dinámico difusor nacional (por ejemplo YPF) o del capital extranjero. La defensa del petróleo como posible instrumento de deSarrollo no pasa por la dis- cusión de la presencia de las empresas transnacionales, sino por la lucha para apropiarse de la renta minera y utilizarla para financiar el desarrollo. Y esa lucha se define en los precios de los contratos de explotación. La posesión de la renta agraria y minera se determina por la correlación de fuerzas y por la evolución de los precios y del co- mercio mundial.
La integración mundial se combinó con la exigencia de una fuerte concentración y centralización del capital en el espacio nacional. La concentración y la centralización, además, son imposibles de eludir ante la caída de la tasa de ganancia, que se fundamenta en el estrechamiento del mercado interno y se expresa en la agudización del proceso inflacionario. En efecto, los mayores requerimientos de capital y la caída de la rentabilidad en la actividad productiva se tra- ducen en un proceso continuado de inflación de precios y en un empleo mayor y por diferentes vías de los recursos del Estado para subsidiar indirectamente la valorización del capital, lo que desem- boca en u'n mayor gasto público y, por vía del díficit, en un acrecen- tamiento de la tasa de inflación. La inflación trata de reponer la caída de la tasa de ganancia y hacer frente a las mayores exigencias de capital. Se llega a esa situación por los límites que impone el mer- cado y la propia magnitud del capital. La concentración y la centra- lización de los capitales es, por consiguiente, un intento necesario para romper la barrera de los límites del mercado y de la magnitud del capital individual. En esa escala de magnitud, los capitales na- cionales aislados són impo:te'ntes para resolver el problema y re-
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quieren el concurso de otros capitales internacionales. Por ese moti- vo, todas las crisis económicas y financieras del presente se destacan por el hecho de que las fuerzas productivas desbordan el Estado na- cional. Una burguesía que no resolvió el problema de la captación de la renta agraria local, difícilmente pueda afrontar sola semejante cometido.
Hasta aquí hemos planteado el problema de la crisis en su aspecto más general. En un sentido más particular, la no difusión de la renta agraria impidió modernizar no sólo el agro, sino también la in- dustria. Cuando el agro empezó a modernizarse, sólo pudo hacerlo cediendo una parte de la renta al capital transnacional, vale decir, quitándola del espacio nacional, impidiendo su utilización por la in- dustria y enfrentando una mayor subordinación a las transnaciona- les comercializadoras. Dado que la Argentina es un país agroexpor- tador, la no resolución de este problema le hizo perder puntos en re- lación con otros países latinoamericanos. Ese retraso, propio de una sociedad en conflicto, tambiéh profundizó el fenómeno inflaciona- rio, porque de esa manera no se desenvolvió en el país un modo de acumulación capitalista homogéneo y centrado en la industria, sino un modo de acumulación dual e inestable, altamente dependiente de la exportación de bienes primarios bajo cultivo extensivo y atrasa- do, mientras se disputaba en forma permanente la definición delej e de la acumulación. En tales condiciones, la disputa por los salarios empujó a la burguesía industrial y alos terratenientes a luchar por sus ingresos mediante los precios y la manipulación del tipo de cam- bio.
La no resolución del desplazamiento de la renta agraria profundi- zó la crisis. La reconversión del aparato productivo exige por eso mismo, desde el punto de vista del capital, form as más avanzadas de acumulación a partir de una menor dotación de capital, lo que agu- diza la inflación y eleva los requerimientos de una asociación más estrecha (y necesariamente más subordinada) con el capital finan- ciero internacional.
Sin claras posibilidades de inversión reproductiva, los excedentes de capital tratan de revalorizarse en la forma de capital dinero . creando una instancia especial en el circuito de la acumulación.
Después de la aplicación de las reformas financieras de 1977 y de la apertura del mercado, el capital se incorporó pl'enamente a la va- lorización internacional con los resultados que están a la vista. Co- mo sucedió con otros países de América Latina, la integración cul- minó con la exportación de capital (en forma de fugas y de servicios), hacia los, centros del capitalismo mundial. Entre mercados no
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iguales, la plena integración se resuelve en una corriente neta de sali- da de capitales, porque no hay equilibrio posible en un mercado en que se desvalorizan los patrimonios y se subutilizan los equipos.
El grupo productivo más integrado de la oligarquía es el de la burguesía terrateniente de la pampa húmeda. Es, por ese motivo, un componente ineludible del bloque dominante. Ahora es más fuerte por su mayor participación en la exportación de granos en el mercado mundial y por el incremento de su producción. Pero en la burguesía argentina hubo una articulación de grupos mucho más amplia, orientada a formar conglomerados y a establecer nexos entre conglomerados. La consolidación de ese frente interburgués hizo posible la dictadura militar. La interrelación y la conglomera- ción es posible que hayan sido más intensas en los grupos predomi- nantemente industriales o predominantemente financieros. De cualquier manera, la burguesía terrateniente, ya entrelazada desde antes con la industria y las finanzas, es posible que haya encontrado en una situación de mayor complementación nuevos motivos para afirmarse en su espacio de valorización agrario e introducir nuevas tecnologías.
Los intensos procesos de integración y entrelazamiento capitalis- tas que tuvieron lugar en la sociedad argentina en los últimos diez años sólo se explican como expresión de una concentración y centra- lización de capitales muy fuerte, frente ala relativa lentitud que es- tos procesos habían tenido en el pasado, y, sobre todo, porque se lan- zaron en medio de una apertura financiera internacional. Los gru- pos tuvieron que resguardarse de otros grupos nacionales y extranje- ros y en muchos casos debieron estructurarse en función de la in- tegración con unos y otros. Para ello tuvieron que echar manode los fondos de acumulación del Estado. El saqueo de las finanzas del Es- tado explica gran parte de los elevados déficit fiscales y la inflación, de la misma manera que otra fase de la misma circulación de los ca- pitales, el endeudamiento externo, ayuda también a comprender las inversiones externas de la mayoría de los grupos, propia del proceso de internacionalización, de la posesión de importantes excedentes de capital y de la existencia de un espacio relativamente estrecho de acumulación en el mercado nacional. La internacionalización implica la oposición a la utilización populista de la regulación del Estado (cualquier intento de replantear la acumulación dual). El saqueo del Estado explica también el endeudamiento de las empre- sas públicas, que de esa manera quedan sin autonomía, sin posibili- dad de política propia dentro de su área y convertidas en posibles
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candidatas de la privatización, que eventualmente podría produ- cirse después de que el Estado tome a su cargo las pérdidas.
Con todo, el bloque dominante no pudo concluir la etapa de la dictadura militar con una organización civil del régimen que expre- saralos intereses del conjunto del bloque y contara con cierto apoyo social. La crisis no no ofrecía perspectivas políticas para hacerlo _\' el radicalismo podría completar ahora esta tarea, si implanta una política económica que en cierta medida continúe la de la dictadura military afiance la internacionalización del mercado financiero.
El fondo de acumulación del Estado (derivado después parcial- mente hacia los grupos privados), el endeudamiento interno _\' exter- no, los gastos militares _v la acumulación privada se alimentaron en gran medida con un desplazamiento de 12 a 15 puntos de los ingresos de los asalariados en las'cuentas nacionales, lo que representa para el periodo 1976-1983 una suma que puede oscilar entre los 78.500 _v los 98.200 millones de dólares de I980.Una política de continuidad re- querirá un apoyo político institucional que la dictadura no pudo lograr, para reducir aún más el nivel de los salarios: en oposición a la política económica radical aparecen planteosprovincialeso proyec- tos desarrollistas, que tratan de encarar un periodo de expansión sin
cuestionarel problema del pago de los servicios de la deuda, que blo- quea cualquier salida. En las condiciones actuales dela economía _\' la sociedad argentina, un proyecto desarrollista o de acumulación intensiva requeriría un gobierno dictatorial. Por el momento, esa perspectiva no es la del capital financiero internacional (Henry Kis- singer la asimila a un proyecto similar al de Muhammad Khadafi), que teme otra desviación nacionalista en el frente militar, después de la experiencia de las Malvinas _v por el momento apoya el gobierno de Raúl Alfonsín.
La deuda externa es hija de la integración al capital financiero in- ternacional y conduce a él, porque con los servicios de la deuda, 'el excedente comercial tradicional argentino es impotente para finan- ciar los servicios. En ese caso, el crecimiento depende de más capita- les, o sea de más endeudamiento. La formación social argentina estaría de esa manera impOsibilitada de cuestionar la valorización de la renta agraria _\' minera _v la renta financiera, _va que el precario equilibrio de permanente tributación _\' de debilidad del mercado interno estaría dictada por la subsistencia de la economía basada en el bien primario de exportación. Cualquier posibilidad de expandir las fuerzas productivas más allá de estos límites no sólo tendría que vencer los intereses internos ligados a la exportación _v a la especula- ción, más los'posibles futuros intereses vinculados al petróleo, sino
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también las presiones externas de la banca acreedora y del Fondo Monetario Internacional. El reaseguro internacional de los intere- ses del establishment tradicional ha llegado a ser, por este camino y por obra _v gracia de la dictadura military de sus técnicos _v expertos. verdaderamente fabuloso, porque cuestionarlo sería como hacer temblar la estantería del sistema del capitalismo internacional. Sin embargo, esa estantería se va a mover igual _v lo mismo va a suceder con el globo del endeudamiento que aplasta al sistema financiero ar- gentino, a sus saqueadas, vaciadas _v quebradas instituciones. Preci- samente por ese motivo, todo empieza por cuestionar cl pago (le la deuda. Inmediatamente después, se abre un nuevo interrogante: ¿qué hacer un segundo más tarde? ¿cuáles son, en definitiva. las eflraunfiasylasnuxfidasconcnflasqueohecenlasfiuwzasdelcanqu; popular a una eventualidad de ese tipo?
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LOS intelectuales y la clase obrera
Erik Olin Wright
Los intelectuales han tenido casi siempre un estatuto ambiguo tanto en cuanto actores en la historia del marxismo como en cuanto categorías en el seno de la teoría marxista. Por una parte, la contri- bución de los intelectuales a los movimientos sociales es innegable: como teóricos, polemistas, dirigentes reolucionarios. Los avances más importantes de la teoría revolucionaria han sido realizados por hombres y mujeres de considerable educación, que dedicaron gran parte de su tiempo a actividades intelectuales. Si bien resulta indis- cutiblemente cierto que sus ideasfueron alimentadas por el contacto con las masas, especialmente en el transcurso de luchas sociales, es igualmente cierto, 'no obstante, que las más importantes aporta.- cíones ala teoría revolucionaria no fueron hechas por proletarios o campesinos. Fueron hechas por intelectuales, y el desarrollo siste- mático de la teoría revolucionaria es imposible de imaginar sin su contribución.
Por una parte, el hecho mismo de que la mayor parte de los inte- lectuales no pertenezcan de forma inequívoca ala clase obrera ha te- nido Como resultado que siempre hayan sido vistos con cierta sos- pecha en el seno de los movimientos revolucionarios .- Aunque como individuos los intelectuales puedan estar totalmentecomprometi- dos en un proyecto revolucionario, como categoría social los intelec- tuales ocupan posiciones privilegiadas en el seno de las relaciones ideológicas burguesas, y a menudo también ocupan posiciones de privilegio en el seno de las relaciones económicas burguesas‘ La de- signación común por los marxistas de los intelectuales como “pe- queñoburgueses” refleja la realidad de estos privilegios. El resulta- do es que, si bien los intelectuales como individuos han resultado in- dispensables para los movimientos revolucionarios, los intelectuales como categoría social han interpretado un papel a menudo ambiguo en la lucha de la clase obrera por el socialismo.
Este ensayo intentará explorar la relación de los intelectuales con la clase trabajadora y la lucha de clases. La discusión se centrará sobre dos preguntas: 1, ¿cuál es la posición de los intelectuales en el
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seno de la estructura de clase de las sociedades capitalistas avanza- daSP; 2, c¿"cuálesson las consecuencias de esta posición de clase para el papel de los intelectuales en el seno de la lucha por el socialismo?
La primera parte se centrará fundamentalmente en la primera de estas preguntas. Tras examinar brevemente las principales formas distintas en las que los marxistas han intentado comprender la posi- ción de clase de los intelectuales, propondré el punto de vista de que los intelectuales han de ser vistos como situados en una posición compleja y contradictoria en el seno de las relaciones de clase. La pre- misa dela discusión es que para analizar el papel de los intelectuales en las luchas sociales es necesario partir de un planteamiento provi- sional de su posición objetiva en el seno de las relaciones de clase. La segunda parte del artículo intentará ligar el análisis de la posición de clase de los intelectuales con una discusión acerca de su papel como mediadores de la relación entre la teoría y la práctica socialista. Se prestará particular atención a la situación contradictoria de los inte- lectuales marxistas en el seno de la universidad burguesa, aunque el análisis resultará relevante también para otras categorás de intelec- tuales.
I. LA POSICION DE CLASE DE LOS INTELECTUALESl
Antes de continuar es necesario definir con mayor precisión cómo pretendo utilizar la expresión “intelectual” a lo largo de toda esta discusión. El término “intelecual” tiene tres significados interco- nectados: en primer lugar, “intelectual” designa una característica general de toda actividad humana, ya que toda actividad supone de una u otra forma la utilización del intelecto, de la mente. Toda acti- vidad, no importa lo rutinizada que pueda estar, comprende ciertos procesos mentales. En segundo lugar, “intelectual” designa una for- ma especial de actividad laborioso; actividad que de una forma u otra está relacionada con la elaboración y la difusión de ideas (y no con el simple uso de las ideas). En tercer lugar, “intelectual” designa
l Estaprimera parte aparecerábajoel título «Intellectualsandtheclassstructureof capitalist society» en Pat Walker, comp., Between capital and'labor, Boston, South End Press, 1978. Originalmente fue presentada,'en una versión más breve, en la V Conferencia Anual de Ciencias Sociales de la Costa Oeste, en Nevada City, Califor- nia, en mayo de 1977.
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una categoría de personas: personas cuya actividad fundamental es la elaboración y difusión de ideas.2
Una de las características centrales de la división del trabajo en la sociedad capitalista es la tendencia a que los intelectuales como categoría de personas reemplacen a la intelectualidad cómo tipo de actividad laboriosa. Esto se expresa habitualmente por la tendencia a la separación progresiva del trabajo mental y el trabajo manual en el seno de la sociedad capitalista; esto es, a una separación progresi- va de las actividades de planificación, diseño, organización, con- ceptualización respecto a las actividades de ejecución, producción, transformación directa de la naturaleza. En lugar de convertirse la elaboración y difusión de ideas en parte de la actividad laboral de to- das las personas, van quedando tendencialmente restringidas a una cateoría específica de personas: los intelectuales.
El análisis de las páginas siguientes se centrará en la tercera utili- zación del concepto de intelectual: los intelectuales como categoría social. El objetivo básico, por tanto, será desentrañar la posición de clase de los individuos cuya actividad o función primordial es la ela- boración y difusión de ideas.
En el seno de la teoría marxista existen al menos cinco amplias líneas de interpretación acerca" de la posición de clase de los intelec- tuales. 1, todos los intelectuales que son asalariados pertenecen a la clase obrera; 2, los intelectuales pueden dividirse en tres categorías: aquellos que están ligados a la burguesía y aquellos que están ligados a las clases precapitalistas; 3, los intelectuales constituyen un seg- mento dela pequeña burguesía, a veces llamado “nueva” pequeña burguesía; 4, los intelectuales entran en gran parte en la “clase de los profesionales y directivos”, que es una clase aparte, separada tanto de la clase obrera como de la pequeña burguesía; 5', los intelectuales deberían ser considerados como situados en posiciones contradicto- rias en el seno de las relaciones de clase a nivel económico e ideológi- co. Yo argumentaré que cada una de estas interpretaciones cubre parte de la realidad de los intelectuales en la sociedad capitalista,
2 Gramsci distinguió entre los dos primeros tipos de intelectuales y el tercero al decir que «todos los hombres son intelectuales; pero no todos los hombres tienen en la so- ciedad la función de intelectuales». Selections from the Prison Notebooks, comp. por Quintín Hoare _v CeoffreyNowell Smith, Nueva York, International Publishers, 1971, p. 9[Antologia, Madrid. Siglo XXI, 1974, p. 391]. La «función de los intelectuales» se refiere a la tercera de estas definiciones: personas cuya actividad fundamental es la ela- boración _v difusión de ideas.
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pero que la quinta interpretación suministra la base más amplia pa- ra una comprensión rigurosa de los intelectuales.
l. Todos los intelectuales son obreros. En esta interpretación, el cri- terio definitorio esencial para la clase obrera es el trabajo asala- riado. Los obreros son definidos como aquellas personas que no po- seen sus propios medios de producción, que carecen de prOpiedad y que, por tanto, deben buscar empleo por parte del capital o el Esta- do para poder vivir. Al margen de las actividades concretas que lle- ven a cabo una vez que están empleados, todos aquellos que no tienen nada que vender excepto su fuerza de trabajo son obreros. En esta perspectiva, si bien los intelectuales pueden constituir un estra- to privilegiado de la clase obrera en términos de ingresos. estatus. se- guridad en el trabajo y otros privilegios, en términos de relaciones fundamentales de clase ocupan la misma posición que los asala- riados industriales.“
Existe una cierta cualidad atractiva en esta visión polarizada dela estructura de clases de las sociedades capitalistas yen el tratamiento de los intelectuales como obreros. Lo que capta es la tendencia in- manente en el capitalismo hacia la polarización. La dinamica fun- damental del modo de producción capitalista está enraizada en la relación polarizada del trabajo con el capital, y a un elevado nivel (le abstracción se pueden ver todas las posiciones de clase en las socieda- des capitalistas como tendencialmente atraídas hacía una posición polar u otra. Pero como visión histórica del carácter de clase de los intelectuales asalariados, el punto de vista de que los intelectuales están firmemente insertos en las filas del proletariado resulta inade- cuado por muchas razones. Tal vez la cuestión más importante en el contexto actual sea el supuesto de que la compleja relación entre el capital y el trabajo pueda ser captada por una única dimensión. un único criterio: la compraventa de la fuerza (le trabajo. La relacion entre el capital y el trabajo está determinada fundamentalmente por lo que los marxistas llaman las relaciones sociales de producción . y la compraventa de la fuerza de trabajo constituye tan sólo un as- pecto —si bien un aspecto importante-— de estas relaciones. Otras dos dimensiones de las relaciones sociales de producción resultan es- pecialmente importantes: las relaciones sociales de control sobre el
3 Una (lel'ensa reciente (le esta posicion puede eneontrarseen un artículo (le Francesca l' reedman. " l llt' internal slruet ureol the Anwriean “'orltingelass". Soria/ix! III'I'HIN' lion. 26. HITS.
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trabajo de otros en el seno del proceso de trabajo, _v las relaciones so- ciales de control sobre el propio trabajo en el seno del proceso de tra- bajo. Si las relaciones sociales de producción representan una. compleja combinación de varias dimensiones de relaciones sociales. entonces los obreros no pueden ser definidos simplemente como asa- lariados, sino como asalariados que además no controlan el trabajo (le otros en el seno de la producción y nocontrolan la utilización desu propia fuerza de trabajo en el seno del proceso de trabajo. En estos terminos, muchos intelectuales quedarían excluidos de la clase obrera. aunque vendan su fuerza de trabajo como mercancía.
2. Los in teleetuales pertenecen a varias clases diferen tes. Esta postu- ra está íntimamente asociada con la obra de Antonio Gramscii. Gramsci identifica tres categorías de intelectuales: aquellos que son intelectuales orgánicos de la clase obrera, aquellos que son intelec-
tuales organicos (le la burguesía _\' aquellos a los queól llama "intelec-
tuales tradicionales" , intelectuales tí¡)ieaiiu'11te organicos dela aris-
tocracia feudal. Más que considerar que en cuanto categoría global
los "intelectuales" poseen una unidad de clase genuina, como parte
dela claseobrera o de alguna otra clase, Gramsci identifica el'ca'rác-
ter de clase de los intelectuales con la función específica que tienen
en la lucha de clases. Aquellos intelectuales que contribuyen a la hegemonía de la ideología burguesa comprenden el estrato intelec-
tual de la clase burguesa: aquellos intelectuales que combaten la
ideología burguesa y contribuyen a la contrahegemonía del proleta-
riado forman parte de la clase obrera, y aquellos intelectuales que encarnan a una nostálgica cultura precapitalista que refleja la vi-
sión del mundo de la aristocracia feudal constituyen el estrato tradi-
cional delos intelectuales. En el transcurso del desarrollo capitalis-
ta. los de esta última categoría tienden a ser absorbidos por el sistema
capitalista como intelectuales orgánicos de la burguesía, y así existe una tendencia general a la polarización en dos campos.
La concepción de los intelectuales de Gramsci tiene el conside- rable mérito de subrayar la naturaleza dinámica _v no estática de las relaciones de clase: la posición de clase debe ser siempre concep- tualizada en términos de la lucha de clases, no simplemente en ter- minos de una estructura de posiciones. No obstante. tiene una serie
'l Veaseen purlieularel importanti-ensayo (le(iramsei "(lu Inleleel uals en Sl'll'r‘» Nous-from llu' l’risou Notebooks. op. ('il. I"l.a llorlnaeh'm (le lns lllll'lt't'lllillt'\ ("ll Antologia. op. ('il.]
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de importantes limitaciones. En particular, al argumentar que to- dos los intelectuales cuya actividad reproduce la hegemonía de la burguesía pertenecen a la propia clase burguesa, Gramsci tiende a minimizar el antagonismo objetivo entre muchos de estos intelec- tuales y la burguesía. Mientras que puede ser cierto, por ejemplo, que los enseñantes contribuyen a la hegemonía ideológica de la burguesía, es también cierto que muchas categorías de enseñantes se ven oprimidas de diversas formas por la burguesía. Algunos ense- ñantes, de hecho, son explotados por el capital en el sentido técnico de que producen plusvalor.5 Así, si bien los enseñantes pueden ser funcionalmente intelectuales orgánicos de la burguesía, estructu- ralmente en general no pertenecen a la clase burguesa. '
Esta combinación de definiciones funcionales y estructurales tiende a oscurecer las relaciones sociales concretas en el seno de las cuales se realiza el trajo intelectual. Una cosa es argumentar, por ejemplo, que el director de una cadena de noticias o de una universi- dad forma parte de la clase burguesa, y otra argumentar que los re- dactores y los enseñantes forman parte de la burguesía. Resulta de una importancia fundamental distinguir entre aquellos intelec- tuales que controlan el aparato de producción de ideas (ideología) y aquellos que meramente trabajan e'n estos aparatos. Una vez hecha esta distinción, resulta posible hablar de la proletarización del tra- bajo intelectual, de la pérdida progresiva de todo control sobre las condicionesinmediatas de su trabajo por los trabajadores asala- riados intelectuales. Y esto a su vez hace posible hablar de la crecien- te base estructural para la unidad de clase entre ciertas categorías de intelectuales y la clase obrera, aunque en términos funcionales puedan seguir siendo “intelectuales orgánicos de la burguesía”.°
5 Marx señala este punto en un famoso pasaje de El capital en el que compara a los ma- estros con los trabajadores de una fábrica de embutidos: «un maestro de scuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infanti- les, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que ste último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos no altera en nada la relación". Capital. vol. l, Londres Penguin/NLR. 1976, p. 644 [ El capital, Madrid, Siglo XXI, 1975-1979, libro 1. p. 616].
Tala maestros podrían funcionar aún como intelectuales orgánicos de la burguesía a paar deestar explotados directamenteporel capital. Esto iluminala diferencia entre el análisisde la (structura de las relaciones de clase y los papeles funcionala en la lucha de class. La complejidad del análisis de clase del trabajo intelectual, como veremos a] discutir las posiciones de clase contradictorias, proviene precisamente dela disparidad entre posición estructural y su posición funcional dentro de las relaciones de clase.
6 Estepuntose ampliará más adelante al discutir las posiciona contradictorias en el se- no de las relaciones de clase.
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Con esto no pretendemos rechazar el valor de las percepciones de Gramsci acerca del papel de los intelectuales en el seno de la lucha de clases, y en particular su insistencia en la importancia delos intelec- tuales orgánicos de la clase obrera para cualquier movimiento revo- lucionario. La cuestión es que tal análisis de las relaciones funciona- les delos intelectuales con la lucha de clases no puede sustituir a un descifrado crítico del carácter objetivo de clase de las posiciones estructurales determinadas ocupadas por los intelectuales.
3. Los intelectuales forman parte de la pequeña burguesía. La in- satisfacción con el punto de vista de la polarización simple de la lucha de clases ha llevado a muchos marxistas a tratar a los intelec- tuales como un segmento de la pequeña burguesía. Para distin- guirlos de la pequeña burguesía tradicional de los tenderos y artesa- nos, la pequeña burguesía intelectual ha sido, a menudo, considera- da parte de la “nueva pequeña burguesía”. Uno de los autores que más sistemáticamente abogan por esta posición actualmente es Ni- cos Poulantzas especialmente en su libro Las clases sociales en el ca- pitalismo actual [Madrid, SigloXXI, 1977].
El punto de vista de que los intelectuales constituyen una nueva pequeña burguesía se ap0ya en dos afirmaciones complementarias; primero, que los intelectuales no pueden ser considerados como par- te dela clase obrera; ysegundo, que comparten una similitud funda- mental en cuanto a su posición de clase con la pequeña burguesía tradicional.
Para apoyar la primera afirmación se utilizan una serie de argu- mentos; aparte de descartar el trabajo asalariado como criterio único para definir al proletariado, Poulantzas y otros han argumen- tado que los intelectuales deberían ser excluidos de la clase obrera de- bido a que son generalmente trabajadores improductivos7 y que no realizan trabajo manual. Mientras que est0y de acuerdo con Poulantzas en que los intelectuales (o al menos la mayor parte de los intelectuales) no son parte integrante de la clase obrera, no estoy de
7 Se habla aquí de trabajo improductivo en el sentido técnico marxista de trabajo que no produce plusvalor. Esto incluiría el trabajo de los empleados de banca, la mayor parte de los vendedora, burócratas de la administración, etc. Decir que el trabajo es improductivo en este sentido no quiere decir que no sea útil, sino simplemente que no produce nuevo valor (plusvalor) para el capital. Para una discusión más elaborada del trabajo improductivo véaseJames O’Connor, “Productive and unproductive labor" Politics and Society, vol. 5, 3, 1975.
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acuerdo con los argumentos que utiliza para defender esta tesis.8 Examinemos cada uno de estos argumentos por separado.
Para hacer la afirmación de que el trabajo improductivo corres- ponde globalmente a una clase diferente que el trabajo productivo es necesario establecer que esta división corresponde a una división de intereses de clase fundamentales.9 El método esencial para valo- rar tales divisiones de los intereses fundamentales de clase es des- cifrar rigurosamente las relaciones sociales de producción y analizar las posiciones de categorías específicas de trabajadores en el seno, de esas relaciones. Las categorías de trabajadores que ocupan posi- ciones similares en el seno de las relaciones sociales de producción comparten, a nivel económico, los mismos intereses fundamentales de clase. En estos términos es muy difícil mantener que el trabajo improductivo ocupa una posición tajantemente diferente en el seno de las relaciones de producción respecto al trabajo productivo: como los trabajadores productivos, muchos trabajadores impro- ductivos carecen por completo de cOntrol sobre sus procesos de tra- bajo, están completamente subordinados al capital, carecen de ca- pacidad para controlar el trabajo de otros, etc. Ahora bien, puede ser cierto que la mayor parte de los intelectuales no entran dentro de la clase trabajadora, en estas dimensiones de las relaciones sociales (de hecho esto es lo que argumentaré al hablar de las posiciones contradictorias), pero es a causa de su posición en estas dimensiones y no por su estatus como trabajadores improductivos per se por lo que deben ser considerados como exteriores a la clase trabajadora.
El otro argumento de Poulantzas para excluir a los intelectuales de la clase obrera, el hecho de que son trabajadores mentales, resulta
I 8 Para una exposición y una crítica mucho más detalladas del análisis de las clases de Poulantzas, véase Erik Olin Wright, “Class boundaries in advanced capitalist so- cieties", New Left Review, 98, 1976. Este ensayo ha sido revisado sustancialmente y publicado como capítulo 2 de mi Class, crisis and the State, Londres, NLB, 1978[trad. española: Madrid, Siglo XXI].
9 Los intereses fundamen tales, deben ser contrastados con los interses inmediatos. Los intereses inmediatos son intereses definidos estrictamente en el marco de un modo de producción determinado. Son intereses que aceptan como un hecho el modo de pro- ducción. En el seno dela claseobrera, tales intereses inmediatos vienen definidos prin- cipalmente en términos de relaciones de mercado. Por otra parte, los intereses funda- mentales son intereses definidos al nivel del modo de producción. Son intereses que po- nen en tela de juicio el propio modo de producción, planeado la elección entre rela- ciones sociales de producción alternativas. Decir que las divisiones de clase básicas vienen definidas por los intereses fundamentales implica que las class se ven definidas en última instancia por sus intereses en diferentes modos de producción, diferentes ti- pos de relaciones sociales.
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más complejo. Para Poulantzas, la división entre el trabajo intelec- tual y el manual constituye la relación básica de dominación subor- dinación ideológica en la sociedad capitalista (es decir, el trabajo manual está subordinado al intelecual a nivel ideológico). Dado que las clases han de ser definidas tanto a nivel ideológico como a nivel económico, se sigue de ello, insiste Poulantzas, que dado que el tra- bajador intelectual domina al manual a nivel ideológico no puede formar parte de la clase obrera. Dado que los intelectuales son una categoría de los trabajadores mentales, también se sigue que los inte- lectuales no pertenecen ala clase obrera.
Si bien es posible que Poulantzas fuerce un tanto su análisis —argumentando que incluso las secretari as y los vendedores rutini- zados son trabajadores mentales, y por tanto dominan ideológica- mente a la clase obrera——, no obstante la línea central de su argu- mento me parece sustancialmente correcta. Yo sólo modificaría su posición en un aspecto importante: no es suficiente ser simplemente un trabajador intelectual para dominar ala clase obrera (incluso a nivel ideológico). Es también necesario ocupar una posición de do- minio en el seno de los aparatos ideológicos. Un trabajador mental (tal como una secretaria) que carece de control sobre el proceso de producción ideológica no domina ideológicamente a la clase obre- ra. En estos términos, la mayor parte de los intelectuales —personas que se ocupan de la elaboración y la difusión de ideas- tendrían una cierta medida de control sobre la producción de ideología, y por tan- to ocuparían una posición de dominación ideológica con respecto a la clase obrera. Este punto será desarrollado más exhaustivamente en la discusión de las posiciones contradictorias en el seno de las rela- ciones de clase, más adelante.
Resulta insuficiente, por supuesto, establecer simplemente que los intelectuales no forman parte de la clase obrera; resulta igual- mente importante comprender a qué clase pertenecen. Se han utili- zado dos tipos de razonamiento para apoyar la afirmación de que los intelectuales comparten una posición común de clase con la pe- queña burguesía. En primer lugar, como argumentaban ]udah Hill, se puede considerar que ciertas categorías de intelectuales —especialmente los profesionales- “poseen” sus propios medios de producción incluso cuando están empleados por el capital. Es decir, tales intelectuales poseen unas intangibles habilidades intelectuales (especialmente cuando tales habilidades vienen certificadas por títulos y diplomas), y dado que estas habilidades constituyen los “medios de producción” clave de los intelectuales, éstos deberían ser
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considerados como propietarios exactamente igual que la pequeña burguesía tradicional . 1°
La dificultad básica de esta posición es que confunde un análisis de clase en términos de relaciones de mercado con una definición de las clases a nivel de las relaciones de producción. Mientras que es cierto, como argumentaba Weber hace sesenta años, que los intelec- tuales poseen ciertas habilidades especiales que les ofrecen algunas ventajas en el mercado, no tienen por qué tener necesarimente control sobre la utilización de esas habilidades intelectuales en el se- no de la producción. Excepto en el caso de los profesionales liberales, la mayor parte de los intelectuales ceden un grado considerable de control sobre el uso de sus “medios de producción” intelectuales al aceptar un empleo del capital o el Estado. Por tanto, para mantener que ciertas categorías de asalariados intelectuales “poseen” ge- nuinamente sus propios medios de producción es necesario exami- nar sistemáticamente el proceso de trabajo al que se incorporan co- mo trabajadores intelectuales y ver hasta qué punto conservan de hecho la dirección de su producción intelectual. En general, los asa- lariados intelectuales tendrían mucho menos control sobre su proce- so de trabajo que la pequeña burguesía tradicional.
El segundo argumento que apOya la-afirmación de que los intelec- tuales form an parte de la pequeña burguesía se centra en una hipo- tética unidad ideológica entre la nueva y la vieja pequeña burguesía. Este tema ha sido subrayado por Poulantzas en diversos trabajos. Poulantzas argumenta que el propio carácter del trabajo intelectual, y las estructuras organizativas en el seno de las cuales es realizado en la sociedad capitalista, garantizan que los intelectuales se vean caracterizados por los elementos esenciales de la ideología pequeñoburguesa: individualismo, veneración del Estado, arribis- mo, etc. A pesar de que el trabajo asalariado intelectual está impli- cado en unas relaciones sociales de producción enteramente dife- rentes de las de la pequeña burguesía a nivel económico —la pe- queña burguesía está constituida por productores independientes en el seno de unas relaciones de producción mercantiles simples, mientras que los intelectuales están directamente subordinados al capital en el seno de las relaciones de producción capitalistas , no obstante, argumenta Poulantzas, la congruencia de sus ideologías es tan fuerte como para fundirlos en una sola clase.
1° Véase ]udah Hill, “Class analysis: the United Sintesinthe 1970", P. o. Box 8494, Emeryville (California), 1975.
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De nuevo, como en la visión de los intelectuales en términos de una simple polarización, existe un atractivo especial en este análisis. Ciertamente, en términos de conciencia de clase existen claras ten- dencias en muchas sociedades capitalistas a que los intelectuales tengan visiones del mundo similares alas de la pequeña burguesía, y, al menos en ciertas circunstancias, a que adopten las mismas orientaciones políticas. Y aun así, el punto de vista de que los intelec- tuales se insertan firmemente en la pequeña burguesía resulta tan insatisfactorio como el punto de vista de que son parte de la clase obrera. Para empezar, la afirmación de que la ideología de los asala- riados intelectuales es esencialmente idéntica a la de la pequeña burguesía tradicional requiere una interpretación extremadamente limitada de la ideología. Por ejemplo, mientras que ambas categorías pueden mantener ideologías altamente individualistas, el individualismo de la pequeña burguesía tradicional (sé tu propio jefe, individualismo a machamartillo) es totalmente antitético del individualismo de los intelectuales empleados (competitividad or- ganizativa, arribismo). El igualar ambos es oscurecer las relaciones sociales fundamentalmente diferentes en el seno de las cuales operan estas ideologías individualistas.
Aún más importante; aunque se diera el caso de que las ideologías de los intelectuales y de la pequeña burguesía tradicional fueran idénticas, resultaría insatisfactorio desde una perspectiva marxista otorgar tanto peso a la conciencia y a la ideología como para que puedan obliterar por completo las diferencias fundamentales en las relaciones económicas que caracterizan ala mayor parte de los inte- lectuales y a la pequeña burguesía tradicional. Mientras que el tra- bajo asalariado puede no ser un criterio suficiente para definir una clase, es desde luego un criterio importante, ya que determina el contorno básico de la relación con el capital. Esta diferencia en cuanto a la relación con el capital significa que existen diferencias básicas —no simplemente marginales- en la relación de la pe- queña burguesía y los asalariados intelectuales con las luchas de la clase obrera y las luchas por el socialismo. Específicamente, dado que son pequeños propietarios, la pequeña burguesía tiene una rela- ción mucho más contradictoria con el socialismo que los intelec- tuales asalariados. Esto no quiere decir que los intereses de clase de los intelectuales y la clase obrera sean idénticos —de hecho, si lo fueran diríamos queel trabajo intelectual forma parte de la clase obrera—, sino, sencillamente, que sus intereses son en general me- nos opuestos que los de la clase obrera y la pequeña burguesía tradi- cional.
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4. Los intelectuales forman parte de una clase de profesionales y directivos. Si los intelectuales no deberían ser considerados en gene- ral como parte de la clase obrera, y si tampoco forman parte de la pe- queña burguesía, tal vez entonces deberían ser considerados como parte de una clase completamente diferente, una clase distinta ala clase obrera, la pequeña burguesía y la burguesía. Esta es esencial- mente la afirmación de Bárbara y ]ohn Ehrenreich en su análisis de la clase profesional-directiva. Definen la CPD como
Una clase formada por aquellos trabaj adores-mentales asalariados que no poseen los medios de producción y cuya principal función en la división social del trabajo puede ser descrita, a grandes rasgos, como la reproduc- ción de la cultura capitalista y las relaciones de clae capitalistas. (“The professional managerial class”, Radical America, vol. II, 2, 1977, p. 13.)
La mayor parte de los intelectuales asalariados entrarían en esta clase, dada su definición. La Cuestión entonces se convierte en saber si la CPD puede ser realmente considerada como una “clase” en el mismo sentido en que la burguesía y el proletariado son clases, o si lo que los Ehrenreich llaman clase debería ser considerado como algún otro tipo de realidad social. Una cosa es argumentar que las diversas categorías agrupadas bajo las siglas CPD tienen una cierta unidad in- terna, y otra identificar la lógica de esa unidad con una unidad de clase.
.Los Ehrenreich utilizan dos argumentos básicos para apoyar "la tesis de que la CPD es de hecho una clase. En primer lugar argumen- tan que la CPD está “caracterizada por una relación común con los fundamentos económicos de la sociedad, los medios de producción y los esquemas socialmente organizados de distribución y consumo” (p. 12). En segundo lugar argumentan que la CPD es una clase por- que está “caracterizada por una existencia social y cultural coheren- te” , esto es, que sus miembros “comparten un estilo de vida, una base cultural, unas redes de parentesco, unos esquemas de consumo, unos hábitos de trabajo y unas creencias comunes” (p. 12). Este se- gundo argumento depende claramente del primero, dado que muchas otras categorías sociales que no constituyen una clase se ven caracterizadas por una existencia cultural y social coherente (por ejemplo, los granjeros, los leñadores, los marineros). Tan sólo si se establece que los componentes de la CPD mantienen, de hecho, una “relación común con la base económica de la sociedad” podrá consi- derarse que este segundo argumento refuerza su existencia como clase.
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¿Sobre qué base argumentan entonces los Ehrenreich que la CPD constituye una posición distintiva respecto a los medios de- produc- ción? Su argumento esencial es que la CPD viene definida por una función distintiva en la división social del trabajo, a saber, la fun- ción de reproducir las relaciones de clase. -El concepto de una rela- ción común con los “fundamentos económicos” de la sociedad se identifica, por tanto, con una función común en la división del tra- bajo, y las posiciones que realizan una función común se consideran entonces como una clase.“
Como en el análisis de Gramsci, el análisis funcional de los Ehrenreich resulta extremadamente importante para una comprensión adecuada de los intelectuales (o cualquier otro miembro de la CPD) , particularmente en términos de su función en la lucha de clases. No obstante, una identificación tan simplista de la posición de clase de los intelectuales con su función en la división so- cial del trabajo tiende a fusionar los aspectos funcionales y estructu- rales de clase en una sola dimensión, y esto oscurece el carácter de clase esencial del trabajo intelectual asalariado, en lugar de clarifi- carlo. Esto es así por dos razones básicas: 1, el problema de la no coincidencia de las posiciones estructurales con las funciones, y 2, la necesidad de comprender las relaciones sociales internas a la reali- zación de las funciones. Echemos una breve ojeada a estas cues- tiones. l
Las funciones en el seno de una sociedad, incluyendola función de reproducción de las relaciones de clase, han de ser comprendidas co- mo dimensiones de las relaciones sociales, no como categorías posi- cionales. Si bien es desde luego cierto que algunas categorías están más “especializadas” que otras en la función de reproducción, todas las posiciones determinadas por las relaciones capitalistas de pro- ducción contribuyen en mayor o menor medida a la reproducción de esas relaciones. El análisis de Marx del fetichismo de la mercancía, por ejemplo, es, en parte, un análisis de la forma en que la reproduc- ción de las relaciones de producción capitalistas se enraíza en el mis- mo carácter de estas relaciones, no siendo, por tanto, reponsabilidad de una ocupación especializada. Así, los trabajadores manuales de la cadena de producción también realizan la “función” de reprodu- cir las relaciones capitalistas de producción, por el mero hecho de participar en la producción capitalista.
ll Para,una_ amplia defensa teórica de tales definiciones funcionales de las relaciones de olas, vease G. Carchedi, On the economic identification of social classes, Londres, Rouladge and Kegan Paul, 1977.
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A pesar de esto, es cierto que algunas posiciones se especializan en esta función de reproducción. Pero es igualmente cierto que incluso estas posiciones reproductivas especializadas, en general, no son exclusivamente reproductivas. Los ingenieros, por ejemplo, no funcionan simplemente para reproducir las relaciones de clase capitalistas. También diseñan puentes y, de otra manera, realizan funciones claramente productivas. ¿Por qué se debería definir su posición de clase exclusivamente por su función reproductiva? ¿Sobre qué base es posible establecer qué función es “más” impor- tante? E incluso aunque esto pudiera determinarse, ¿por qué debería tener la función dominante en potencial definitivo para la determinación de la posición de clase? Estas preguntas ilustran al- gunas de las dificultades que existen para identificar simplemente clase y función.
El problema de esta simple identificación resulta aún más claro cuando examinamos las relaciones sociales en el seno de las cuales se da la función especializada de reproducir las relaciones de clase. Si exa- minamos algún aparato ideológico —un colegio, un periódico, una iglesia- queda inmediatamente en claro que no todas las posiciones dentro del aparato tienen la misma relación estructural con respecto a las funciones del aparato en cuestión. Algunas posiciones están implicadas en el control de la totalidadd del aparato. Otras comprenden el control sobre actividades específicas en el seno del aparato, tal vez simplemente la propia actividad de la posición, peor ningún control en absoluto sobre el aparato en su totalidad. Y fi- nalmente, algunas posiciones están completamente excluidas de control alguno sobre el aparato o sobre actividades determinadas dentro de él. En términos de su relación con la estructura de clase co- mo un todo, todas las posiciones comprendidas dentro de un aparato "ideológico sirven ala “función” de reproducir las relaciones capita- listas de clase, ya que el propio aparato ideológico sirve para esto. Pe- ro está claro que las diferentes posiciones en el seno del aparato tienen relaciones estructurales enteramente diferentes con respecto a la función de éste.
Los Ehrenreich son perfectamente conscientes de estas grada- ciones posicionales en el seno de un único aparato funcional, y esto les lleva a argumentar que ciertas posiciones en el seno de la CPD es- tán “más cercanas” a la clase obrera, mientras que otras están “más cercanas” a la burguesía. Una enfermera diplomada, por ejemplo, constituye una posición en el seno dela CPD cercana a la clase obrera; un directivo medio-alto de una gran empresa constituye una posi- ción dentro de la CPD cercana a la burguesía. Los Ehrenreich subra-
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¿Sobre qué base argumentan entonces los Ehrenreich que la CPD constituye una posición distintiva respecto a los medios de produc- ción? Su argumento esencial es que la CPD viene definida por una función distintiva en la división social del trabajo, a saber, la fun- ción de reproducir las relaciones de clase. -El concepto de una rela- ción común con los “fundamentos económicos” de la sociedad se identifica, por tanto, con una función común en la división del tra- bajo, y las posiciones que realizan una función común se consideran entonces como una clase. “
Como en el análisis de Gramsci, el análisis funcional de los Ehrenreich resulta extremadamente importante para una comprensión adecuada de los intelectuales (o cualquier otro miembro de la CPD) , particularmente en términos de su función en la lucha de clases. N o obstante, una identificación tan simplista de la posición de clase de los intelectuales con su función en la división so- cial del trabajo tiende a fusionar los aspectos funcionales y estructu- rales de clase en una sola dimensión, y esto oscurece el carácter de clase esencial del trabajo intelectual asalariado, en lugar declarifi- carlo. Esto es así por dos razones básicas: 1, el problema de la no coincidencia de las posiciones estructurales con las funciones, y 2, la necesidad de comprender las relaciones sociales internas a la reali- zación de las funciones. Echemos una breve ojeada a estas cues- tiones.
Las funciones en el seno de una sociedad, incluyendo la función de reproducción de las relaciones de clase, han de ser comprendidas co- mo dimensiones de las relaciones sociales, no como categorías posi- cionales. Si bien es desde luego cierto que algunas categorías están más “especializadas” que otras en la función de reproducción , todas las posiciones determinadas por las relaciones capitalistas de pro- ducción contribuyen en mayor o menor medida ala reproducción de esas relaciones. El análisis de Marx del fetichismo de la mercancía, por ejemplo, es, en parte, un análisis de la forma en que la reproduc- ción de las relaciones de producción capitalistas se enraíza en el mis- mo carácter de estas relaciones, no siendo, por tanto, reponsabilidad _de una ocupación especializada. Así, los trabajadores manuales de la cadena de producción también realizan la “función” de reprodu- cir las relaciones capitalistas de producción, por el mero hecho de participar en la producción capitalista.
“ Para una amplia defensa teórica de tales definiciones funcionales de las relaciones de clas, véase C. Carchedi, On the economic identification ofsoeial classes, Londres, Rouladge and Kegan Paul, 1977.
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A pesar de esto, es cierto que algunas posiciones se especializan en esta función de reproducción. Pero es igualmente cierto que incluso estas posiciones reproductivas especializadas, en general, no son exclusivamente reproductivas. Los ingenieros, por ejemplo, no funcionan simplemente para reproducir las relaciones de clase capitalistas. También diseñan puentes y, de otra manera, realizan funciones claramente productivas. ¿Por qué se debería definir su posición de clase exclusivamente por su función reproductiva? ¿Sobre qué base es posible establecer qué función es “más” impor- tante? E incluso aunque esto pudiera determinarse, ¿por qué debería tener la función dominante en potencial definitivo para la determinación de la posición de clase? Estas preguntas ilustran al- gunas de las dificultades que existen para identificar simplemente clase y función.
El problema de esta simple identificación resulta aún más claro cuando examinamos las relaciones sociales en el seno de las cuales se da la función especializada de repr‘oducir las relaciones de clase. Si exa- minamos algún aparato ideológico —un colegio, un periódico, una iglesia— queda inmediatamente en claro que no todas las posiciones dentro del aparato tienen la misma relación estructural con respecto a las funciones del aparato en cuestión. Algunas posiciones están implicadas en el control de la totalidadd del aparato. Otras comprenden el control sobre actividades específicas en el seno del aparato, tal vez simplemente la propia actividad de la posición, peor ningún control en absoluto sobre el aparato en su totalidad. Y fi- nalmente, algunas posiciones están completamente excluidas de control alguno sobre el aparato o sobre actividades determinadas dentro de él. En términos de su relación con la estructura de clase co- mo un todo, todas las posiciones comprendidas dentro de un aparato ideológico sirven ala “función” de reproducir las relaciones capita- listas de clase, ya que el propio aparato ideológico sirve para esto. Pe- ro está claro que las diferentes posiciones en el seno del aparato tienen relaciones estructurales enteramente diferentes con respecto a la función de éste.
Los Ehrenreich son perfectamente conscientes de estas grada- .ciones posicionales en el seno de un único aparato funcional, y esto les lleva a argumentar que ciertas posiciones en el seno de la CPD es- tán “más cercanas” a la clase obrera, mientras que otras están “más cercanas” a la burguesía. Una enfermera diplomada, por ejemplo, constituye una posición en el seno de la CPD cercana a la clase obrera; un directivo medio-alto de una gran empresa constituye una posi- ción dentro de la CPD cercana a la burguesía. Los Ehrenreich subra-
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yan que la CPD no es una clase homogénea, sino que está caracteriza- da por una jerarquía interna de estratos que refleja una gama de po- siciones estructurales en el seno de la función común de reproducir las relaciones sociales capitalistas.
Ahora bien, afirmar que tanto una enfermera diplomada como un directivo medio-alto son miembros de la misma clase (si bien es- tán en diferentes “extremos” de la clase) implica que están más “cer- ca” uno de la otra de lo que lo están respecto a cualquier otra clase. Si no fuera éste el easo si de hecho las enfermeras diplomadas estu- vieran “más cercanas" a los obreros que a los directivos medios- altos—, entonces no tendría sentido considerarles miembros de la misma clase. Una enfermera diplomada y un directivo medio-alto pueden, no obstante, tener algo en común en el terreno de las rela- ciones de clase, pero no se puede entender que esos rasgos comunes les definan como miembros de una única clase coherente. Este no es ‘un problema de la ambigüedad de las “fronteras” entre las clases, sino de la propia lógica de designar a una serie de posiciones en el se- no de la división social del trabajo como una clase. ‘2
La cuestión de si la CPD puede ser considerada una clase ha de ser planteada, por tanto, de la siguiente manera: ¿tiene sentido consi- derar a una serie de posiciones, que en algún sentido están situadas “entre” l'a clase obrera y la burguesía, y entre las que algunas están más cerca de la burguesía y otras más próximas a la clase obrera, co- mo una “clase”, en el mismo sentido en que son clases la burguesía y el proletariado? Existe una fuerte tradición en el seno delmarxismo de asumir que todas las posiciones en el seno de la división social del trabajo deben encajar firmemente en una u otra clase. Si se acepta este supuesto, entonces, por omisión, todas las posiciones entre la clase obrera y la burguesía tienen, necesariamente, que constituir una clase.
Pero existe una alternativa: en vez de insistir en que todas las posi- ciones en el seno de la división social del trabajo encajen firmemente en una clase, algunas posiciones pueden considerarse objetivamente escindidas entre las clases. Si se entiende por clases relaciones so- ciales, y no cosas, esto implica que ciertas posiciones tienen un ca-
l2 A pesar de todas las dificultades para definir rigurosamente las “fronteras” entre clase capitalistay la clase obrera, nadie sugiere que la aristocracia obrera (por ej emplo). esté más "cerca" de la clase capitalista que un obrero calificado. La metáfora espacial es simple y llanamente inadecuada para la discusión de las relaciones de clase. Un tra- bajador altamente privilegiado puede estar más integrado en la sociedad capitalista, puede aceptar la hegemonía ideológica de la burguesía más profundamente y así suce- sivamente, pero no está más cercano a los capitalistas como clase.
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rácter contradictorio en el seno de esas relaciones sociales. E n ciertas dimensiones de las relaciones de clase comparten las características de la burguesía; en otras comparten las características de la clase obrera. Si se adopta esta postura, resulta muy fácilver en, qué senti- do algunas de estas posiciones pueden ser consideradas “más próxi- mas” a la clase obrera que otras. Están más cercanas precisamente en el sentido de que su posición en el seno de las relaciones sociales de producción comparte más características de la clase obrera que de la burguesía. Desde este punto de vista, en vez de ver a los intelectuales como parte de una clase distinta, con su propia coherencia y unidad, podemos verlos situados en una posición contradictoria en el seno de 'las relaciones de clase.
5. Los intelectuales ocupan posiciones contradictorias en el seno de las relaciones de clase. Permítaseme explicar más rigurosamente lo que quiero decir exactamente con la expresión “posiciones contra- dictorias en el seno de las relaciones de clase”. En cierto sentido, por supuesto, todas las posiciones de clase en la sociedad capitalista son “contradictorias”, dado que el propio concepto de clase expresa re- laciones fundamentalmente antagónicas. Algunas posiciones, no obstante, son contradictorias en un doble sentido: en primer lugar reflejan las relaciones ant'agónicas de clase básicas de la sociedad ca- pitalista, y en segundo lugar están desgarradas objetivamente entre las clases antagonistas de tal sociedad. Tales posiciones no tienen una identidad de clase por derecho propio; su carácter de clase se ve estrictamente determinado por su posición entre dos clases. Es a causa de esta naturaleza derivada de su posición de clase por lo que tales posiciones son llamadas posiciones contradictorias en el seno de las relaciones de clase.
Dado que las clases en la sociedad capitalista no pueden ser defini- das simplemente en términos de relaciones económicas, tampoco pueden serlo las posiciones contradictorias. Resulta esencial especi- ficar el carácter contradictorio de ciertas posiciones tanto al nÍVel de las relaciones políticas e ideológicas de clase como al nivel delas rela- ciones sociales de producción. En el caso de los intelectuales, resul- tará especialmente importante examinar su posición de clase a nivel ideológico. El resultado, como veremos, es que los intelectuales ocupan típicamente una localización contradictoria de clase en tre la clase obrera y la pequeña burguesía a nivel económico, pero en- tre la clase obrera y la burguesía a nivel ideológico.
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yan que la CPD no es una clase homogénea, sino que está caracteriza- da por una jerarquía interna de estratos que refleja una gama de po- siciones estructurales en el seno de la función común de reproducir las relaciones sociales capitalistas.
Ahora bien, afirmar que tanto una enfermera diplomada como un directivo medio-alto son miembros de la misma clase (si bien es- tán en diferentes “extremos” de la clase) implica que están más “cer- ca” uno de la otra de lo que lo están respecto a cualquierotra clase. Si no fuera éste el caso si de hecho las enfermeras diplomadas estu- vieran “más cercanas” a los obreros que a los directivos medios- altos—, entonces no ten'dría sentido considerarles miembros de la misma clase. Una enfermera diplomada y un directivo medio-alto pueden, no obstante, tener algo en común en el terreno de las rela- ciones de clase, pero no se puede entender que esos rasgos comunes ies definan como miembros de una única clase coherente. Este no es un problema de la ambigüedad de las*“fronteras” entre las clases, sino de la propia lógica de designar a una serie de posiciones en el se- no de la división social del trabajo como una clase.12
La cuestión de si la CPD puede ser considerada una clase ha de ser planteada, por tanto, de la siguiente manera: ¿tiene sentido consi- derar a una serie de posiciones, que en algún sentido están situadas “entre” la clase obrera y la burguesía, y entre las que algunas están más cerca de la burguesía y otras más próximas a la clase obrera, co- mo una “clase”, en el mismo sentido en que son clases la burguesía y el proletariado? Existe una fuerte tradición en el seno del marxismo de asumir que todas-las posiciones en el seno de la división social del trabajo deben encajar firmemente en una u otra clase. Si se acepta este supuesto, entonces, por omisión, todas- las posiciones entre la clase obrera y la burguesía tienen, necesariamente, que constituir una clase.
Pero existe una alternativa: en vez de insistir en que todas las posi- ciones en el seno de la división social del trabajo encajen firmemente en una clase, algunas posiciones pueden considerarse objetiva men te escindidas entre las clases. Si se entiende por clases relaciones so- ciales, y no cosas, esto implica que ciertas posiciones tienen un ca-
12 A pesar de todas las dificultades para definir rigurosamente las “fronteras” entre clase capitalistay la clase obrera, nadie sugiere que la aristocracia obrera (por ejemplo) esté más “cerca” de la clase capitalista que un obrero calificado. La metáfora espacial es simple y llanamente inadecuada para la discusión de las relaciones de clase. Un tra- bajador altamente privilegiado puede estar más integrado en la sociedad capitalista, puede aceptar la hegemonía ideológica de la burguesía más profundamente y asi suce- sivamente, pero no está más cercano a los capitalistas como clase.
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rácter contradictorio en el seno de esas relaciones sociales. E n ciertas dimensiones de las relaciones de clase comparten las características de la burguesía; en otras comparten las características de la clase obrera. Si se adopta esta postura, resulta muy fácilver en qué senti- do algunas de estas posiciones pueden ser consideradas “más próxi- mas” a la clase obrera que otras. Están más cercanas precisamente en el sentido de que su posición'en el seno de las relaciones sociales de producción comparte más características de la clase obrera que de la burguesía. Desde este punto de vista, en vez de ver a los intelectuales como parte de una clase distinta, con su propia coherencia y unidad, podemos verlos situ ados en una posición contradictoria en el seno de las relaciones de clase.
5. Los intelectuales ocupan posiciones contradictorias en el seno de las relaciones de clase. Permítaseme explicar más rigurosamente lo que quiero decir exactamente con la expresión “posiciones contra- dictorias en el seno de las relaciones de clase”. En cierto sentido, por supuesto, todas las posiciones de clase en la sociedad capitalista son “contradictorias”, dado que el propio concepto de clase expresa re- laciones fundamentalmente antagónicas. Algunas posiciones, no obstante, son contradictorias en un doble sentido: en primer lugar reflejan las relaciones antagónicas de clase básicas de la sociedad ca- pitalista, y en segundo lugar están desgarradas objetivamente entre las clases antagonistas de tal sociedad. Tales posiciones no tienen una identidad de clase por derecho propio; su carácter de clase se ve estrictamente determinado por su posición entre dos clases. Es a causa de esta naturaleza derivada de su posición de clase por lo que tales posiciones son llamadas posiciones contradictorias en el seno de las relaciones de clase.
Dado que las clases en la sociedad capitalista no pueden ser defini- das simplemente en términos de relaciones económicas, tampoco pueden serlo las posiciones contradictorias. Resulta esencial especi- ficar el carácter contradictorio de ciertas posiciones tanto al niVel de las relaciones políticas e ideológicas de clase como al nivel de las rela- ciones sociales de producción. En el caso de los intelectuales, resul- tará especialmente importante examinar su posición de clase a nivel ideológico. El resultado, como veremos, es que los intelectuales ocupan típicamente una localización con tradictoria de clase-en tre la clase obrera y la pequeña burguesía a nivel económico, pero en- tre la clase obrera y la burguesía a nivel ideológico.
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burguesía a nivel económico, pero entre la clase obrera y la burguesía a nivel ideológico.
A nivel de las relaCiOBE-ïsomdw ¿‘Wción existen tres posi- ciones contradictorias báSiCas en el seno de las réracronweadmggg la sociedad capitalista: a
1. Los directivos ocupan una posición contradictoria entre la cla- se obrera y la burguesía.
2. Los pequeños empresarios ocupan una posición contradictoria entre la burguesía y la pequeña burguesía.
3. Los trabajadores semiautónomos ocupan una posición contra- dictoria entre la pequeña burguesía y la clase obrera.
Estas tres posiciones de clase se ven ilustradas esquemáticamente en la gráfica. La tercera categoría es especialmente importante en el contexto actual, dado que gran cantidad de trabajo asalariado inte-
POSICIONES CONTRADICTORIAS DENTRO DE LAS RELACION ES DE CLASE ANIVEL DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCION
Modo de producción capitalista Producción mercantil simple
BURGUESIA
Pequeños l
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POSICIONES DE CLASE BASICAS
. . . . ¡- posrcrones contradictorias o I
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lectual entra dentro de esta posición. Observémosla un poco más
atentamente.‘3 l _
Para comprender categoríadesrabajador semiautónomo —la posic“ _Á9,;M6ÜÓÚÏTadÍCtOIÍa entre la pequeña burguesía y el pfó'léfiiado- necesit’amos observar el proceso de trabajo característico de la pequeña burguesía y el proletariado. La característica distintiva del proceso de trabajo de la pequeña burguesía es que el prdductor pequeñoburgués controla directa- mente el proceso de trabajo. En palabras sencillas, el pequeño- burgués es su propio jefe. El ritmo de trabajo, las herramientas y procedimientos utilizados, la programación del trabajo, el produc- to resultante, etc. , están todos ellos bajo el control del productor di- recto. Por otra parte, en la producción capitalista el trabajador tiene en el mejor de los casos un control marginal sobre el proceso de trabajo inmediato. En el caso extremo de la cadena de producción regulada por los principios de la dirección científica, el trabajador se convierte en una máquina humana sin autonomía ninguna. En es- tos términos, los trabajadores semiautónomos son trabajadores asa- lariados que, por una serie de razones, mantienen niveles elevados de genuino control sobre su proceso de trabajo. Como trabajadores están empleados por el capital (o el Estado), como trabajadores de- ben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, y como trabajado- res no controlan el aparato de producción en su conjunto. Pero a di- ferencia de los obreros y al igual que la pequeña burguesía, sí tienen un control real sobre gran parte de su propio proceso de trabaj o. Esta es a menudo la situación del trabajador intelectual asalariado. Tal vez el ejemplo más claro sea un profesor adjunto, al menos en una
13 A causa de las limitaciones de espacio no discutiremos sistemáticamente el caso de los directivos y pequeños empraarios en ate ensayo. Para una discusión detallada de estas posiciones contradictorias de clase, véase Erik O. Wright, Class, crisis and the State, op. cit., especialmente el capítulo 2. El carácter esencial de estas posiciones puede ser resumido muy brevemente de la siguiente m anera: lOs pequeños empresarios son similares a los capitalistas en la medida en la que explotan a la fuerza detrabajo, pe- ro son similares ala pequeña burguesía en cuanto que ellos _v los miembros de sus fami- lias se incorporan directamente a la producción, de tal forma que gran parte del plustrabajo generado en la producción procede directamente de su trabajo y no simplemente del de sus trabajadora. Los directivos son similares a los capitalistas en cuanto controlan directamente la actividad laboral de los trabajadores en el seno de la producción y pueden controlar la utilización del capital físico, y en algunas circuns- tancias también del capital monetario. Son similares a los trabajadora en cuanto están controlados por los capitalistas. Se ven excluidos del control del proceso de acumula- ción global y venden al capital su fuerza de trabajo como una mercancía.
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burguesía a nivel económico, pero entre la clase obrera y la burguesza a nivel ideológico.
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1. Los directivos ocupan una posición contradictoria entre la cla- se obrera y la burguesía.
2. Los pequeños empresarios ocupan una posición contradictoria entre la burguesía y la pequeña burguesía.
3. Los trabajadores semiautónomos ocupan una posición contra- dictoria entre la pequeña burguesía y la clase obrera. Estas tres posiciones de clase se ven ilustradas esquemáticamente
en la gráfica. La tercera categoría es especialmente importante en el contexto actual, dado que gran cantidad de trabajo asalariado inte-
POSICIONES CONTRADICTORIAS DENTRO DE LAS RELACIONES DE CLASE A NIVEL DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCION
Modo de producción capitalista Producción mercantil simple
BURGUESIA
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universidad de élite. Mientras que los profesores adjuntos carecen desde luego de control sobre el aparato educativo en su totalidad, sí
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Describir una posición de clase como una posición contradictoria entre la pequeña burguesía y la clase obrera significa que tal posi- ción comparte simultáneamente ciertos intereses de la clase obrera y la pequeña burguesía, pero no tiene intereses idénticos a los de nin- guna de ellas. Está objetivamente desgarrada entre las dos clases. Para tales posiciones de clase, el socialismo promete simultánea- mente una liberación genuina de las distorsiones y la dominación del capital y una reducción de la autonomía individual que experimen- tan bajo las condiciones del capitalismo. Es decir, en una sociedad socialista el proceso de trabajo es controlado colectivamente por los trabajadores, en vez de serlo por el capital o por los trabajadores in- dividuales. Esto quiere decir que en muchos casos, especialmente para gran parte. de los trabajadores intelectuales, el socialismo implica una reducción del control individual sobre la actividad la- boral inmediata. En este sentido el trabajador asalariado intelec- tual, en mayor o menor medida, ocupa una posición de clase contra- dictoria entre la clase obrera y la pequeña burguesía. 14
El trabajo intelectual, no obstante, no puede ser analizado exclu- sivamente en términos de las relaciones sociales de producción. Co- mo subrayan correctamente los Ehrenreich, los intelectuales tienen papeles clave en la reproducción de la cultura y las relaciones so- ciales capitalistas, y esto quiere decir que es esencial analizar su posi- ción de clase a nivel ideológico.
Para hacer esto debemos identificar primero las relaciones de cla- se básicas a nivel ideológico. Sin entrar en demasiados detalles sobre
¡4 Las palabras “en mayor o menor medida" son de considerable importancia en es- ta afirmación. Las diferentes categorías intelectuales disfrutarán de diferentes grados de autonomía en el seno delproceso de trabajo, y así, en consecuencia, estarán más cer- ca del proletariado o de la pequeña burguaía. En última instancia por supuesto, resul-. ta un tanto arbitrario el lugar en el que se traza la divisoria y se dice; ésta es una si- tuación en la que la autonomía se ha visto reducida hasta tal punto que ya no estamos ante una posición contradictoria de clase. Inevitablemente se darán posiciones de clase que sean no sólo contradictorias, sino ambiguas; es decir, es posible dar una clasifica- ción abstracta y a'priori de tales posiciones. Lo que esto indica es la limitación inevi- table de un análisis puramente estructural de las clases y las relaciones de clase. En últi- mo término, lo que determina exactamente la forma en que tales posiciones ambiguas se organizarán en'cla'ses no es la precisión teórica del analista, sino más bien el curso his- tórico de las luchas de clases.
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esta cuestión pueden identificarse tres posiciones de clase básica a nivel ideológico:
clásíburg'üesa a nivel ideológico reside en aquellas posiciones que comprenden el control del proceso de pro- ducción ideológica en su totalidad, es decir, el control sobre los apa- ratos ideológicos burgueses.
2. La posición de clase contradictoria a nivel ideológico compren-
'de aquellas posiciones que están implicadas en la elaboración y difu- sión de la ideología burguesa, pero no en el control global de los apa- ratos ideológicos burguesesl 15
3. la posición de clase obrera a nivel ideológico comprende aquellas posiciones que se ven excluidas tanto del control de los apa-' ratos en su conjunto como de la elaboración y difusión de la ideología en el seno de los citados aparatos.
En términos del sistema educativo, por ejemplo, la posición bur- guesa podría ser la de los altos‘funcionarios de la enseñanza (directo- res, rectores, gerentes); las posiciones contradictorias serían típi- camente las de los enseñantes, y la posición de clase obrera sería la de las secretarias, los bedeles, los camareros de los comedores o cafeterías, etc.16
¡5 En esta dismsión estoy restringiendo la noción de “elaboración y difusión" de ideología burguesa a los procesos activos de el aboración/ difusión , esto es, a los procesos en los que el con tenido de hecho de la actividad está directamente implicado en la for- mación de ideología (por ejemplo, acribir textos publicitarios, impartir clases, hacer investigación sociológica, etc.) . Es posible extender la noción de elaboración/difusión de ideología de modo que incl uya también los procesos pasivos, a decir, los procesos en los que la forma de la relación de la posición de clase con rapecto a la clase obrera reproduce la ideología burguaa al margen del contenido apecífico de la actividad de la posición. Por ejemplo, a causa de la ideología que m antiene quetan sólo los “exper- tos” pueden tomar decisiones técnicas, la relación entre expertos y obreros reproduce directamentelasubordin ación ideológica dela cl asc obrera, incluso si el experto diseña puentes en vez de propaganda. Esta distinción entre las form as activas y pasivas de la elaboración/difusión de ideología a muy similar a la que los Ehrenreich establecen entre los papeles “explícitos” y “ocultos” enel proceso de reproducción delas relaciones de clase capitalistas y de la cultura capitalista.
16 Es importante recordar durante esta discusión que estamos hablando acerca del carácter de clase de ciertas posiciones, y no necesariamente de la afiliación de clase de los individuos que ocupan esas posiciona. Por ejemplo, un enseñante puede estar comprometido a fondo con las luchas de la clase obrera, e inclu'so impartir ideas mar- xistas en el aula, pese a que la posición de enseñante sea una stíción contradictoria a nivel ideológico. Por supuesto, en la mayor parte de las circunstancias existe una rela- ción sistem ática entrela afiliación de clase delos individuos y el carácter de clasedesus posiciones. Dé hecho, la mayor parte de los enseñ antes imparten ideologia burguesa. Si llegara a ocurrir que como resultado de las luchas de clases una gran proporción de
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Intentemos ahora combinar estos dos niveles d‘e análisis —las po- siciones contradictorias a nivel de relaciones de producción y a nivel de relaciones ideológicas- para comprender el carácter de clase del trabajo intelectual. Para evitar que esta discusión sea demasiado abstracta, me concentraré específicamente en la posición de clase de los enseñantes, aunque el análisisse podría aplicar por igual a otras muchas clases de intelectuales. En general los enseñantes se en- cuentran en una posición contradictoria entre la pequeña burguesía y la clase obrera al nivel‘ de las relacionesde producción. Histórica- mente, los enseñantes han tenido nn grado razonable de control sobre su propio proceso de trabajo, pero en general han tenido poco que ver con el control global del sistema educativo. 17 A nivel ideoló- gico, por otra parte, los enseñantes ocupan una posición contradic- toria entre la burguesía-y la clase obrera, dado que la posición de en- señante es crítica'para la difusión y la elaboración de la ideología burguesa. Así los enseñantes se ven situados simultáneamente entre la clase obrera y la' pequeña burguesía y entre la clase obrera y la burguesía.
Esta desarticulación entre su posición de clase a nivel ideológico y económico tiene importantes consecuencias para el papel potencial de los enseñantes (y otras categorías de-intelectuales) en la lucha de clases. En la medida en la-que los enseñantes tienen un cierto grado de autonomía al nivel de las relaciones sociales de producción (edu- cativa) pueden potencialmente subvertir la ideología burguesa al nivel de las relaciones ideológicas. Existe así una contradicción po- tencial entre la posición económica e ideológica de clase de los traba- j adores de enseñanza, y esta contradicción plantea ciertas amenazas reales a la burguesía.
enseñantes en el seno de los aparatos educativos burguesa empezaran a poner en tela dejuiciola ideologíaburguaa, habría unaseriacrisisdehegemonia ideología. Bajota- -les circu nstancias podrían esperarse luchas extremadamente enconadas en el seno del aparato, al realizarse intentos por reimponer la ideología burguesa a los enseñantes.
17 En un estudio extremadamente interesante de las luchas de clases en el campo de la enseñanza en Chicago, ]ulia Wriggley muestra cómo en la primera parte de este siglo los enseñantes de Chicago intentaron establecer consejos de padres y profesores quet’uvieran un control efectivo sobre la pol itica educativa. Estos intentos fueron con- cienzudamente reprimidos por la burocracia educativa _v el aparato político. Muchos maatros fueron dapedidos, y quedó claro que los m aestros carecerían de papel orga- nizado alguno en-la elaboración de la politica educativa. (The politics of education in Chicago: social con flicts and the public schools. tesis doctoral, Departamento de Sociología, Universidad de Wisconsin, 1977).
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Esta contradicción potencial es más aguda en las instituciones de enseñanza superior. En los Estados Unidos, al menos, los profesores de enseñanza prim aria y secundaria tienen mucha menos autonomía en todos los aspectos que los profesores de enseñanza su- perior, y en particular tienen menos autonomía en términos del con- tenido ideológico de lo que enseñan. En la mayor parte de los Esta- dos Unidos, un profesor de escuela primaria que intentara se- riamente difundir ideas comunistas en su clase se encontraría casi con toda seguridad sin trabajo. En la universidad la situación es más compleja, y la autonomía de los enseñantes es más una realidad. A pesar de su función ideológica como apoyo del liberalismo y para la creación de una imagen de discusión librey abierta, la “libertad aca- démica” en el seno de la universidad crea de hecho un mayor espacio para las ideas que ponen en tela de juicio la ideología burguesa. Este es precisamente el motivo por el que los regímenes autoritarios en las sociedades capitalistas se esfuerzan tanto por imponer controles ideológicos estrictos en el seno de las universidades. Si la relativa autonomía de los enseñantes no contradijera su función a nivel ideo- lógico, no habría necesidad de purgas tan sistemáticas de las uni- versidades y escuelas superiores por parte de los gobiernos de de- recha. Los conservadores pueden ser de hecho un tanto paranoicos en su valoración de la capacidad de los profesores de izquierda para “envenena-r” la mente de los jóvenes, pero sigue siendo cierto que la autonomía relativa de los enseñantes crea la posibilidad de una resis- tendencia real a la ideología burguesa.18
Si este análisis es correcto, podríamos perfectamente preguntar: ¿por qué entonces la clase capitalista no se limita a eliminar esta autonomía “pequeñoburguesa” de los profesores de universidad y de otras categorías de trabajadores asalariados intelectuales? Ha habido ocasiones, por supuesto, en las que ha ocurrido precisamente esto. El caso extremo es el dc los Estados burgueses autoritarios en los que se dicta desde las alturas el contenido detallado de la enseñanza, pero también se dan form as menos extremas (tales como el m a- carthismo en los Estados Unidos) en las democracias burguesas. No obstante, en la mayor parte de las circunstancias los profesores uni-
18 Es importante tom ar este argumento en perspectiva. No pretendo que la autonom ía de los enseñanta sea un determinante prim ario de la fuerza o debilidad de la ideología socialista o comunista, ni en la sociedad en su totalidad ni en la universi- dad. Siguesiendo la fuerza dela clase obrera, particularmentecomofuerza pol ítica or- ganizada, lo decisivo para determinar la fuerza de la ideología socialista/comunista en la universidad. La cuestión a quelas relacionasocialainternas en el senodela univer- sidad facilitan la penetración y consolidación de ideologías antiburguaas.
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versitarios han disfrutado de una cierta autonomía en las sociedades capitalistas avanzadas, y esto requiere una explicación. Hay varios factores que parecen especialmente importantes. En primer lugar, mientras que-la relativa autonomía de los profesores universitarios _v otros intectuales en el seno de las relaciones sociales de producción plantea una amenaza potencial contra la burguesía, esta autonomía también resulta útil para la burguesía. La fuerza de la ideología bur- guesa se basa en parte sobre la afirmación de las libertades liberales, y esta afirmación se encarna en la autonomía relativa de los intelec- tuales, incluyendo a-los profesores. Más aún , la clase burguesa nece- sita producción intelectual, necesita investigación científica y re- formulaciones imaginativas de la ideología burguesa, y una produc- ción intelectual de tales características requiere un cierto grado de autonomía para ser efectiva. Finalmente, la burguesía se vería enfrentada potencialmente con una resistencia considerable de ciertos sectores de intelectuales, así como de la clase obrera, si la autonomía del trabajo intelectual fuera atacada seriamente, La clase capitalista puede desear erosionar la autonomía de los intelectuales, pero en algunas circunstancias los costos ideológicos y políticos podrían ser simplemente demasiado elevados.
Como resultado de estos factores, el grado de autonomía de los en- señantes en el seno de las relaciones sociales de producción varía enormemente en el tiempo y el espacio. Mientras que los enseñantes en general ocupan una posición de clase contradictoria entre la clase obrera y la pequeña burguesía a nivel económico, en determinados momentos y lugares ciertas posiciones en la enseñanza están mucho más cerca de la clase obrera, y otras muchos más cerca de la pequeña burguesía. Por tanto, demostrar que los enseñantes ocupan posi- ciones de clase contradictorias es tan sólo un primer paso en el an áli- sis. Es igualmente importante especificar la gama de variación de esas relaciones y examinar los procesos de cambio de la posición de clase de determinadas categorías de enseñantes.
En el caso de los Estados Unidos, parece que en la última década, y en especial a partir de los años 70 , ha habido una considerable prole- tarización de muchos segmentos de enseñantes en la enseñanza su- perior. El número de clases ha aumentado, el contenido de los cursos viene impuesto de forma más administrativa, los enseñantes ya no determinan los horarios, los nombramientos en propiedad han sido reemplazados por contratos de corta duración sin seguridad en la. conservación del puesto, etc. Estas transformacioneshan producido una bifurcación bastante profunda en la situación de clase de los
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profesores universitarios:'en las universidades de élite la proletari-
zación se ha dado a un ritmo mucho menor, o en algunos casos no se ha producido; en los junior colleges y community colleges, así como en algunas universidades estatales orientadas a estudios de licen- ciatura [undergraduate], la erosión de la autonomía de los enseñan-
tes en el seno del proceso de trabajo ha progresado muy rápidamen-
te. Así, muchos profesores de tales instituciones se han visto llevados muy cerca del polo de la clase obrera en la posición contradictoria entre la clase obrera y la pequeña burguesía, mientras que los profe-
sores de las universidades de élite permanecen mucho más próximos al polo pequeñoburgués. Como resultado, se podrían esperar mode- los de comportamiento de clase muy diferentes por parte de los pro- fesores en cada una de estas situación; en particular, posibilidades. muy diferentes decrear vínculos entre los profesores y los trabaj ado- res en diversas luchas políticas y económicas. El mayor éxito en la sindicación de los enseñantesde los junior colleges y las universida- des estatales orientadas hacia los estudios de licenciatura es una in- dicación empírica de estas tendencias.
A nivel ideológico , no obstante , los enseñantes permanecen en po- siciones contradictorias entre la burguesía y el proletariado a pesar de su proletarización parcial a nivel económico. Si bien la autonomía dentro de su trabajo puede haber disminuido para muchos enseñantes, aún se encuentran activamente comprometi- dos en el proceso de elaboración y difusión de la ideología burguesa. Sin embargo, hay algunos cambios en el proceso educativo que in‘di- can que los enseñantes pueden estar en un proceso de proletariza- ción parcial a nivel ideológico tanto como a nivel económico. Tal vez el ejemplo más claro sea la introducción bastante extensiva de di- versas formas de enseñanza programada mediante el uso de ordena- dores y otros sistemas. Este tipo de enseñanza mecanizada mina el papel de los enseñantes en la elaboración y difusión de ideología. En una situación límite, sus responsabilidades en la difusión de ideología podrían reducirse a la puesta en marcha de máquinas, sin intervenir como individuos en el proceso. Los enseñantes se convertirían en vigilantes de máquinas, sin ser participantes activos en la producción de ideología. En tal situación, la posición de clase de los enseñantes a nivel ideológico se desplazaría hasta ser muy pró- xima a la de los trabajadores (carencia completa de control sobre el proceso de producción ideológica).
En términos más generales, los diversos procesos de ruti‘nización de la enseñanza, en los qUela capacidad de los enseñantes para intro- ducir sus propias ideas en sus clases se ve reducida, pueden ser consi-
CUADERNOS DEL SUR 3 107
derados como un proceso de proletarización ideológica en el terreno de la enseñanza. Esto no quiere decir que los enseñantes se disuelvan simplemente en la clase obrera a nivel ideológico, pero sí quiere de- cir que a su posición correspondería un papel menos activo en la pro- ducción de ideología burguesa, y así, la situación delos enseñantes a nivel ideológico se aproximaría más a la de los trabajadores.
Tales procesos de proletarización ideológica de los enseñantes no deben ser exagerados. Por el momento, la mayor parte de los ense- ñantes ocupan aún posiciones contradictorias en el seno de las rela- ciones de clase a nivel ideológico. Esto genera una serie particular, mente compleja de presiones sobre los enseñantes en el seno de la lucha de clases. Por una parte, aunque los enseñantes ocupen una posición contradictoria entre la pequeña burguesía y la clase obrera a nivel económico, muchos puestos en la enseñanza se están viendo incuestionablemente proletarizados a nivel de las relaciones sociales de producción. Por otra parte, esos mismos puestos en la enseñanza siguen ocupando posicionescontradictorias entre la burguesía y el proletariado a nivel ideológico, y esta posición tiende a vincularse ideológicamente a la clase burguesa. El carácter extremadamente ambivalente de los sindicatos de enseñantes, y de muchas huelgas de la enseñanza, reflejan esta desarticulación entre los niveles econó- micos e ideológicos en la posición de clase de los enseñantes.
II. LOS INTELECTUALES Y LA LUCHA POR EL SOCIALISMO
Hasta aquí nos hemos centrado exclusivamente en la posición estructural de clase de los intelectuales, de personas cuya actividad principal es la elaboración y difusión de ideas. Me gustaría ahora ocuparme de la muy problemática cuestión del papel de los intelec- tuales en la lucha por el socialismo. En particular , me gustaría exa- minar la relación entre la posición objetiva de clase de la mayor par- te de los trabajadores intelectuales (posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase) y el carácter contradictorio de su papel en el seno de los movimientos socialistas. No discutiré el problema de cómo los intelectuales en general pueden ser atraídos hacia los movimientos socialistas, sino que me centraré más estrechamente en la cuestión de su papel en el seno de esas luchas una vez que están ya envueltos en ellas.
Para empezar a explorar esta cuestión necesitaremos, primero, llegar a un acuerdo sobre la cuestión marxista clásica de la relación entre teoría y.práctica, si bien tan sólo de forma esquemática y pro- visional. Una vez hecho esto, examinaremos cómo el carácter contradictorio de la posición de clase de los intelectuales configura
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s'u capacidad para interpretar un papel" en'la mediación entre la teoría y la prácticá.
Teoría y práctica
El problema de-la relación entre la teoría y la práctica comprende en 'realidad‘tres dimensiOnes separadas aunqüe' interrelacionadas: la relación entre la teoría, como aparato conCeptual, y la práctica; la relación entre los teóricos, cómo productores de teoría, y la prácti- ca, y la relación entre-los teóricos y'la teoría. El problema del papel de lOs intelectuales en la lucha por el socialismo implica estas tres re- laciones. Examinémóslas una por 'una.
'1. Dialéctica teoría/práctica. La mayor parte de las discusiones marxistas acerca del problema general dela “unidad entre la teoría y la p'ráCti'Ca” se enfocan principalmente sobre las relaciones entre la teoría cómo aparato conceptual y la práctica. Esta relación tiene a su vez dos aSpectos. En primer lugar, el impacto de la teoría sobre la práctica: un principio central del marxismo, especialmente a partir de Lenin, ha sido que la práctica política —la actividad de transfor- mar conScientemente las relaciones y las eStructuras sociales- no puede gúiarse simplemente por una comprensión ideológica espon- tánea de la sóci'edad, Sino que debe guiarse por una teoría revolu- cionaria científica. Com-o dijo Lenin, sin una teoría revolucionaria no puede haber práctica revolucionaria.
¿Qué significa esto exactamente? Desde luego no implica que una teoría revoluCionaria científica s'uministre una serie de fórmulas pa- 'ra la acción, o que la citada teoría pueda aportar predicciones Completas del futuro so'br'e las que basar lasestragias políticas. El Contenido de esta afirmación de' que una teoría científica revolu- cionaria deberia ser'la guía’de la práctica revolucionaria es más bien que "tal teoría nos aporta una capacidad sistemática para aprender de nuestra práctiCa, para-aprender de neestro's errores y de nuestros éxitos. “Aprender” implica que existen cuestiones para las que no te- nemos ‘aú'n' respuesta, y qu-e existe un método para responder correc- tamente a estas cuestiones. ¡9 El materialismo histórico constituye la
¡9 En contraste con tal teoría científica una teoría "ideológica" es aquella en la que {todas las cuationes están ya rapondidaspor la teoría (las rapuatas están “predeter- minada") . ¡Y así no existe método alguno para dar rapuatas a cuestiones antiguas. En estostér'mi'nos, el marxismo funciona como una ideología y como una teoría científica: el marxismo 'dogm ático) (el marxismo como una estructura ortodoxa de respuestas in- mutables) funciona como ideologia: el marxismo científico funciona como un método
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teoría científica que nos capacita para-p roducir nuevos conocimien- tos susceptibles de ser utilizados en la prácticapolítica?”
El segundo aspecto de la “unidad entre la teoría "y la prácticaï’se centra en el impacto de la práctica sobre la teoría: la práctica política suministra la condición epistemológica-necesaria para'lïa re: construcción de la teoría en el seno del marxismo. El materialismo: histórico es una teoría sobre las relaciones entre las estructuras y las prácticas sociales, entre los condicionantes estructuralesy su= trans- formación por medio de la lucha. Es'la teoría científica de lesideter- minantes contradictorios de lavida social .2' Encu-alquier momento. dado, como en toda ciencia, existen tesis opuestasacerca de esas de- terminaciones contradictorias dentro del marxismo. Mientras. que puede existir una especie de consenso general acerca de muchos de los conceptos básicos del materiaIÍSmo histórico, a menudo-existen disputas internas acerca de planteamientos concretos, especialmen- te acerca de planteamientos relacionados con loslímites est-ract'ura- les de las prácticas de clase y "lascondiciones para la transfermación de esos límites por medio de la luc‘ha‘de'clases. 1
para producir nuevos conocimientos aCerca del mundo. La'm'arca de fábrica del mar- xismo como ideología a la utiliZación de citas de Marx com'o‘mediodo para dar valida a una afirmación sobre el mundo (por oposición a una afirmación sobre Marx) .- Esto no pretendedenegar en forma alguna la importan-cia critica del- atudio de Marx, pero cuando las palabras de Marx operan como autoridad, com-o una forma de dem'ostraïs ción de afirmacionasobrelasociedad, entonces Marxdej a deser una fuente de método- científicoyseconvierte, por el contrario, en un'a fuente deverifica'ción ideológica. Esta forma de diferenciarlas teorías científicas delasteoríasideológicas proceded‘el análisis- de Louis Althusser en Reading Capital (Londres, NLB, 1970) [Para-leer «El capital», México, Siglo XXI, 1969], aunque la posibilidad de quee] propio marxismo funcione simultáneamente como ciencia y comoideología quedafuera del análisis de Althusser.
2° Decir que la teoria nos capacita para producirsistem áticamente nuevos conoci- mientos para su utilización enla práctica política no im plica que el rn ateri alis'mo histó- rico pueda ser reducido a la producción de conocimientos directae inmediantemente aplicabla a la lucha de clases. El materialismo histórico a una ciencia dela'historia, y permiteinvatigary estudiar una amplia variedad deproblem as históricos que pueden tener, en el mejor delos casos, una relevancia directa niarginalpara la práctica política contemporánea. la producción teórica tiene una cierta autonomía creativa real. y el daarollo de la teoría (como veremos más adelante) requiere quela teoría no este direc- tamentesubordinada en todomom ento alosimperativos delastluch as políticas del'mo- mento.
21 Para una discusión extensa de la lógica de la determinación dentro de la teoría marxista que subyace implícitamente a gran partedeate razonamiento. véase ,el capitulo l(“Methodological introduction") de Class. crisis and the State. op. ci t.
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¿Cómo pueden resolverse tales disputas dentro de la teoría (y la política)¿ En parte tales disputas pueden ser debatidas dentro de la propia teoría; algunos planteamientos son más coherentes que otros; algunos constituyen razonamientos puramente ideológicos, etc. Pero en última instancia, los debates mas importantes dentro del marxismo sólo pueden ser resueltos estudiando las luchas que in- tentan o han intentado transformar de hecho las estructuras sociales en el presente o en el pasado.22 Por plantear la cuestión en términos un tanto excesivamente positivistas, la práctica suministra las “con- diciones experimentales” para evaluar la adecuación de los plantea- mientos dentro de la teoría marxista, y para la reconstrucción de
'esa teoría de la luz de sus inadecuaciones.23 2. Dialectica teorico/practica. La teoría es producida por seres
humanos reales, sumergidos en relaciones sociales reales dentro de las cuales producen teoría. El marxismo, como teoría materialista dela historia, es también una teoría materialista del marxismo, y esto implica que las relaciones de los teóricos con la práctica consti- then por sí mismas uno de los determinantes del desarrollo. de la teoría marxista.
22 Esto ayuda a explicar en parte el papel atratégico que daem peña la "historia" en el desarrollo de la teoría m arxista. La historiano sólo a importante porque el m arxis- mo sea en si una teoría histórica —una teoria acerca de la historia y de los procesos his- tóricos de transformación—, sino que la historia a importante en cuanto que sumi- nistra las necesarias “condiciona experimentales" para evaluar las teorías marxistas acerca de la relación entre form as específicas de atructuras y prácticas soci ales. Esto no implica en modo alguno una teoría empírica del conocimiento en la cual lateoría no sería más que una generalización apartirdedatos“dados" , perosí implica quela teoría científica marxista es, en última instancia, “em pírica" y " y realista“, en la actividad de los altos dirigentes más que en la de los cuadros medios y la base.
23 Claus Offe desarrolla este argumento de forma interesante en s'u discusión acerca de los problem as que plantea el atudio del Estado, en su ensayo “The struc- tural problem of the capitalist. State" (reeditado en Von Beyme, cop., German po- liticalstudies, vol. l, 1975, Beverly Hills, Sage, 1974). Offe argumenta que la diná- mica fundamental del'Estado capitalista a la que excluye ciertas posibilidades o de- cisiona del Estado. Por tanto, el punto central de una exposición marxista de la atructura del Estado estaría en los mecanismos de selección negativa, es decir, en aquellos mecanismOs que producen “no decisiones" El problema, por supuato, es que en la medida en la que tala mecanismos sean efectivos no pueden “verse” empiricamente los efectos de su actuación. ¿Cómo pueden verse "no acontecimien- tos", “no decisiones"? Tan sólo a través de luchas sociala que amenacen los límites impuestos por estos mecanismos de selección negativa, argumenta Offe. es posible valorar la adecuación de las afirmaciona teóricas sobre tala mecanismos y los, limites que imponen. En' ausencia de tales luchas. es imposible saber científicamente dónde están exctamente esos límites. En este Sentido la práctica política crea las “condiciones experimentala” para la reconstrucción de la teoría.
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Mientras que se puede considerar que la relación en tre la teoría y la práctica suministra las condiciones para la generación de nuevas respuestas dentro de la teoría marxista, se puede considerar que la relación del teórico con la práctica aporta las condiciones sociales para la generación de nuevas cuestiones. Los temarios de teoría e in- vestigación de los teóricos no surgen del aire. Los problemas que los preocupan y que definen los contornos de las cuestions que plantean están configurados críticamente por la forma en que los teóricos es- tán vinculados a la práctica política.24
Esto no es una afirmación metafísica, ni tampoco una simple afir- mación psicológica acerca de las motivaciones y la sinceridad del teórico. Es más bien una tesis sobre las relacione materiales necesa- rias para el planteamiento de preguntas capaces de hacer avanzar la teoría marxista. En última instancia, es una tesis sobre las relaciones sociales que determinan la responsabilidad de los teóricos frente a determinados grupos políticos y de clase.
La responsabilidad implica que existen mecanismos reales que configuran la elección de preguntas y problemas a estudiar por el teórico, de tal forma que garantizan su relevancia para intereses. específicos de clase. Los teóricos son responsables ante la burgüesía en la medida en que tales mecanismos les fuerzan a definir la rele- vancia de su trabajo en función de su contribución a los intereses burgueses; son responsable ante la clase obrera en la medida en que están vinculados a mecanismos quéconfiguran su trabajo en térmi- nos de su relevancia para los intereses de esta clase.25
24 Como en la anterior discusión sobre la rel ación teoría/ práctica , la afirm ación de que la relación del teórico con la práctica configura las cuationes planteadas no debería entenderse como una afirmación de que la práctica política determina únicamente las cuationa dela actividad teórica. Comohan argumentado Althusser y otros. la atrac- tura de una teoría (lo que Althusser llama la problemática) fija unos límites a las po- sibles cuestiones que puede plantear la teoría. Esto es, algunas cuationes no pueden plantearsesiquiera en el m arco de una determinada teoría. Dentro de atos límites, no obstante, la relación entre el teórico y la práctica política puede tener un impacto deci- sivo en la configu ración dela pregunta apecífi ca planteada. Pero obsérvae; los l imites de las cuationes posibles impuestos por la estructura de una teoría no son fijos, dado que una de las tareas de la producción teórica es precisamente la transformación del marco global de la propia teoría. En estos términos la práctica política —y, por tanto, la relación entre el teórico y la práctica política— puede introducir también el estímulo necesario para la transform ación de la propia estructura de la teoría, adem ás de plantear cuationa apecíficas en el seno de aa atructura.
25 La responsabilidad ante la cl aseobrera no significa simplemente responsabilidad ante los trabajadores. Particularmente en una sociedad en la que las luch as de la clase obrera han pasado, en gran medida, deser luchas en torno alos interaes fundamenta-
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Existe una decisiva asimetría entre las formas o mecanismos de responsabilidad de los teóricos ante la clase burguesa y ante la clase "obrera en la sociedad capitalista. La responsabilidad ante la burguesía está incorporada de muchas maneras a la propia estructu-
ra de las relaciones institucionales de la sociedad capitalista. La om- nipresencia de la ideología burguesa, la realidad inmediatade los sistemas de estatus y de loscriterios de éxito , las relaciones competi- tivas de la producción intelectual, etc. , contribuyen a vincular al teó- rico a los intereses de la burguesía. Másaún , directae indirectamen- te estos mecanismos están respaldados por el poder del Estado. En si- tuaciones extremas esto significa que el aparato represivo del Estado puede ser utilizado para imponer la responsabilidad de clase (por ejemplo, en el' periodo de McCarthy); en situaciones menos extre-- mas implica que el Estado utiliza sus recursos para respaldar los “mecanismos selectivos" que configuran la actividad de los teóricos (por ejemplo, el empleo en instituciones estatales. las becas de inves- tigación, los procesos de titulación, etc.). Estos diversos mecanis- rmos, tomados en conjunto, reflejan en parte=que la burguesía es la “clasehegemón'ica”; las prácticas bu rguesas de clase tienen capaci- dad para definir- sustancialmente la gama de cuestiones relevantes pl-ante‘adaspor los teóricos, aunque sean incapaces de crear un con- senso ideológico sobre l'as respuestas.-
.¿L-a responsabilidada'nte laclase obrera, por otra parte, tiene que ser constantemente producida a través de _una resistencia colectiva y organizada a la dominación capitalista; La responsabilidad ante la burguesía es, en muchos sentidos, espontánea en el seno de la so- ciedad capitalista; la responsabilidad ante la clase obrera tan sólo puede ser una- responsabilidad consciente. Al hablar de la responsa- bilidad de los ¿intelectuales marxistas ante la clase obrera en el seno de'una sociedad capitalista, por tanto, existe un sentido en el que esa responsabilidad es, almenos en parte, una responsabilidad autoim- p uesta; es decir, procede de la decisión de'participar en las prácticas de'clase de forma que se produzca esta responsabilidad.26
les a ser luch as en torno a los intereses inmediatos, la responsabilidad ante los traba- jadores como tales no puede ofrecer la base material para garantizar que las pre- guntas planteadas'por'los teóricos marxistas sirvan a los intereses fundamentales de la clase obrera. Laresponsabilidad, por tanto, 'ha de ser ante la práctica política r- ideológica de la clase obrera, no sólo ante los trabajadores como tales.
26 Mientras que sería idealista suponer-que por un simple acto de voluntad un te: orico puede producir algo al servicio _de los intereses de la clase obrera. no es idealis- ta argumentar que los teóricospueden optar por enraízarse en una estructura de re-
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Por esta razón esta responsabilidad es siempre problemática. Las instituciones dominantes de la sociedad capitalista ejercen.'pre--. siones constantes sobre los teóricos, incluyendo a los teóricos marxis- tas, para que planteen sus. preguntas en términos de prácticas bur-. guesas. En ausencia de» una contrarresponsabilidad. basada en; vínculos reales con las prácticas de la clase :obrera, resulta muy difícil para un teórico resistir a tales presiones. Estono quiere decir que tan sólo a través de la participación directa en las barricadas se puedan plantear cuestiones marxistas serias, pero sí que cuanto ma- yor sea la distancia entre el teórico y las luchas reales desla clase-obre- ra tanto 'más difícil será que el teórico en cuestión pueda ser respon- sable ante la clase obrera en lascuestiones que se plantee.
Cuando la relación del teór‘ico con la práctica se interpreta como una relación de responsabilidad de clase , está claro que debe sercon-.. siderada como una relación variable, no absoluta. Los teóricos mar- xistas pueden ser más o menos responsables ante la clase obrera. De hecho podemos hacer una afirmación aún más fuerte: _bajo diferen- tes condicioneshistó ricas-los teóricos pueden tener que enfrentarse a diferenes posibilidades1 objetivas de responsabilidad ante-la clase.- obrera. En presencia-de unacla-se obrera políticamente consciente y bien organizada, con prtidos- revolucionarios fuertes enraíZadosen las masas, es posible un nivel mucho mayor de responsabilidad an't'e la clase obrera, como clase, que cuando las form as dominantes dela práctica de la clase obrera. son partidos reformistas, sindicatos u otros movimientos sociales. La participación en tales movimientos puede proporcionar vínculos reales conla claseobrera, _\' éstos siguen
siendo esenciales para contrarrestar la responsabilidadante la clase dominante. No obstante precisamente debido aquetales movi mien-e tos tienden a estar organizados entorno a los intereses inmediatos de. la clase obrera, suponen unmecanismo mucho menos efectivo-para asegurar que el trabajo teórico estédirigido hacialos intereses fun." damentales de esa clase. Siempre e‘s importa-nte para- los teóricos marxistas estar vinculados a'las prácticas de Télase' del proletariado de un modo u otro, pero las form-as posibles-de tal vinculación, ysu
laciones sociales que puede tener el efecto sobre-el teórico de hacer posible lapto- ducción de tal teoría. Un teórico puedeoptar por vincularsea la'claseobreracn una. forma que establezca las condiciones desu responsabilidad _v que haga posible así una teorización marxista continuada. Eneste sentido la responsabilidad _\' que haga posible así una teorización marxista continuada. En este sentido la responsabilidad es parcialmente una autoirnposición: requiere una elección activa por parte 'del tel orico. La «opción de no optar»; dado que el trabajo teórico se realiza en el seno dit una sociedad capitalista,-.supone.responsabilidad. antela clase dominante,
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efectividad para influenciar el trabajo del teórico, varían con las condiciones históricas.
3. La dialéctiCa teórico/teoría. La producción de teoría no es simplemente una consecuencia de un compromiso real en luchas por cambiar el mundo; es también consecuencia de un compromiso con la propia teoría. El subtítulo del más importante trabajo teórico de Marx, El Capital, es “crítica dela economía política”. Marx no utili- zó como subtítulo “crítica de la sociedad burguesa” o “crítica del modo de producción capitalista”, sino “crítica de la economía política”. Al hacerlo subrayó que la elaboración de teorías es un pro- ceso de transformación —“crítica”— de las teorías existentes, así como un proceso de interpretación del mundo (para transformarlo).
¿Qué papel específico desempeña el compromiso con la teoría en la producción de teoría marxista? Esquemáticamente podemos de- cir que si la relación entre el teórico y lapg'áctica suministra la base social crítica para las preguntas que se. forïnulan, y si la relación entre la teoría y la práctica rios da las condiciones históricas de las respuestas obtenidas, la relación entre el teórico y la teoría propor- ciona las condiciones para la producción de los conceptos (herra-
mientas teóricas)-necesarios para generar esas nuevas respuestas a partir de esas cuestiones. A esto es a lo que en parte se refiere Marx al hablar del proceso de la “crítica” en sí: es un proceso por medio del cual se producen nuevos conceptos a través de una valoración _v una crítica de los conceptos teóricos existentes. En este caso la economía política.
Si la crítica es el proceso por medio del cual se producen nuevos conceptos, entonces la elaboración y la reconstrucción de la teoría marxista dependen no solamente de las relaciones sociales que apor- tan el eslabón que vincula a los teóricos con la práctica política, sino también de las relaciones sociales que aportan el eslabón entre los teóricos y la teoría. En términos de la dialéctica teórico/teoría, el de- sarrollo .del marxismo como teoría científica requiere unas rela- ciones sociales que estimulen un debate libre y abierto sobre cues- tions teóricas, que proporcionen a la gente una comprensión pro- funda y completa de la teoría marxista existente, que hagan posible un compomiso ideológico fuerte con el socialismo junto con un compromiso no dogmático con el marxismo, etc. En ausencia de re- laciones sociales que prOduzcan estos efectos, los teóricos tienen po- cas probabilidades de desarrollar los instrumentos conceptuales ne- cesarios para abordar seriamente las cuestiones planteadas por la práctica. La historia puede ofrecer materia prima para nuevas res- puestas, pero en ausencia de conceptos adecuados el teórico puede
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verse incapacitado para apropiarse esta historia en la forma de nuevos conocimientos.
La posición de clase de los intelectuales y la relación entre teoría y práctica
Lo dicho hasta el momento puede resumirse de la siguiente manera; dado que la teoría desempeña un papel tan importante en la confor- mación dela prácticapolítica socialista, es importante comprender las condiciones necesarios para la producción y la reconstrucción de la propia teoría. Se han elabOrado tres grupos de cOndíciones: en pri- mer lug'ar, la relación del teórico con la práctica política da forma a las preguntas que se plantea el teórico; en segundo lugar, la rela- ción entre el teórico y Ia teoría da forma a la elaboración de concep- tos necesarios para responder a esas preguntas; en tercer lugar, la re- lación entre la teoría y la práctica determina la medida en la que las condiciones históricas permiten el descubrimiento de nuevas respuestas. 27
Volvamos ahora al problema de la posición de clase de los intelec- tuales. Tomaré como caso particular el problema de los intelec- tuales marxistas situados en el seno de las universidades burguesas, aunque gran parte del análisis subsiguiente sería válido para otras categorías de intelectuales marxistas. He eligido centrarme en los profesores universitarios marxistas porque los marxistas en el seno de las universidades han desempeñado un papel particularmente importante en el desarrollo de la teoría marxista en los Estados Uni- dos y Europa occidental a lo largo de los últimos cincuenta años, y porque constituyen la categoría. de intelectuales marxistas que más conozco. La cuestión, entonces, es ésta. ¿En qué forma configura la compleja posición de clase de los profesores universitarios marxistas —su posición contradictoria entre la pequeña burguesía. y la clase obrera a nivel económico y su posición contradictoria entre la
27 Este argumento puede il ustrarse bien a través del propio trabajo de Marx. Los avan- ces teóricos presentes en una obra como La guerra civil en Francia reflejan claramente estas tres relacione. Si Marx no hubiera tenido una relación continuada con el movi- miento obrero internacional no habría podido plantearSe cuestiones sobre la form a del poder del Estado proletario en una revolución socialista, sobre la relación ante la estructura del Estado burgués y la reproducción de la dominación burguesa, etc. Sino hubiera estado dedicado a una sistemática y continuada crítica de las teorías eia'sten- tes, habría carecido de los conceptos necesarios para plantear teóricamente tales cues- tiones y estudiar los sucesos en Francia de una forma que hiciera posible el responder a esas cuestiones. Y si la práctica real de la clase obrera parisiense no hubiera destrozado por breve tiempo la estructura dela dominación burguesa con la Comuna de París, Marx no hubiera podido dar respuestas históricas reales a estas preguntas.
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burguesía y la clase obrera a nivel ideológico- su capacidad para mediar su relación entre la teoría y la práctica? O, planteando el problema en los términos expuestos antes, ¿cómo afecta el carácter contradictorio de su posición en el seno de las relaciones de clase a la relación del teórico con la práctica y del teórico con la teoría?
En primer lugar, veamos el problema de la relación entre el teóri- co y la práctica. El-problem'a fundamental aquí, como dijimos ante- riormente, es el problema de la responsabilidad de clase, particular- mente en términos de las cuestiones planteadas por el teórico. Los teó- ricos marxistas que pertenecen a universidades burguesas están so- metidos a tremendas presiones paraplantear preguntas estructu ra- das por la problemática burguesa, por las prácticas ideológicas y políticas burguesas. Tales presiones son a menudo extremadamente directas, tomando la forma de criterios de selección, listas negras,- hostigamiento, etc. Pero a menudo las presiones son bastante suti- les, planteándose a través de los debates intelectüales en el seno de las conferencias y revistas profesionales. Para publicar en las revistas adecuadas es preciso plantear cuestiones que las publicaciones en cuestión consideren relevantes, y esa relevancia viene determinada no por la importancia de las cuestiones para el marxismo o para la práctica revolucionaria de la clase obrera, sino por su referencia a los dilemas y problemas propios de las ciencias sociales burguesas. Así, la necesidad de sobrevivir en el seno de la universidad fuerza al teórico a una relación de responsabilidad al menos parcial ante las prácticas de clase burguesas.
No obstante, el teórico puede ser simultáneamente responsable ante la clase obrera. Los teóricos marxistas no publican exclusiva- mente en revistas burguesas: también publican en revistas y publi- caciones socialistas y comunistas. No se limitan a asistir a conferen- cias profesionales, donde eldebate se ve estructurado. en torno a las preocupaciones de la práctica ideológica burguesa; asisten también a mítines y conferencias donde las cuestiones están estructuradas por prácticas muy diferentes. No están atados tan sólo a la burguesía por su situación en el seno de la estructura universitaria; pueden es- tar vinculados directamente a la clase obrera por su situación en el seno de una estructura de partido o por su participación en varios ti- pos de movimiento sociales. A través de todos estos procesos, las cuestiones planteadas por el teórico son sometidas a una valoración y responsabilización crítica por fuerzas sociales opuestas a la domi- nación burguesa.
De entre estos diversos modos de responsabilización ante la clase obrera el más importante históricamente ha sido la pertenencia o asociación de clase a partidos políticos de la clase obrera, en particu-
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lar diversos partidos comunistas. En ciertos países de Europa occi-
dental, especialmente, tales partidos han suministrado el vehículo
entre los intelectuales marxistas y la clase obrera. Este eslabón, no
obstante, fue forjado a un elevado precio, dado que, sí bien pueden
haber suministrado una base para un cierto nivel de responsabiliza-
ción de clase, las estructuras internas de la mayor parte de los parti-
dos comunistas no han sido en general favorables a un compromiso
serio de los teóricos con la teoría. En particular, la existencia de lí- neas de partido sobre cuestiones teórico-científicas, sobre cuestiones acerca' de las explicacionescientíficamente correctas del mundo,
han impuesto limitaciones reales a la'práctica de la crítica.” Una co- sa es insistir en la aceptación disciplinada de las opciones políticas estratégicas de un partido (asumiendo que tal elección se haga a tra- vés de un proceso de debate político'genuinamente democrático) , y otra insistir en la aceptación disciplinada de explicaciones científicas “correctas” sobre la vida social .29 Si bien la existencia de tales líneas de partido puede ser comprensible dadas las severas con- diciones de lucha ideológica a las que se han enfrentado los partidos comunistas (y la Unión Soviética),\'no obstante la imposición de tal disciplina sobre la teoría mina sistemáticamente la capacidad de los intelectuales en el seno de tales estructuras de partido para producir y transformar conceptos.30
28 Al decir “linea de partido" me refiero no solamente a que los partidos adoptan posiciones sobre cuestiones de teoría e interpretación, sino a que exigen disciplina co- lectiva por parte de sus miembros respecto a esas posiciones. Cuando el marxismo co- mo marco teórico se convierte en una custión de disciplina de partido, su función co- mo teoria científica se ve seriamente perjudicada, aunque su función como teoría ideo- lógica pueda verse de hecho reforzada.
29 Con esto no pretendemos sugerir que las cuestiones "teóricas" _\' “políticas” puedan separarse totalmente. Claramente una línea política está basada en una cierta perspectiva teórica, y así las opciones estratégicas adoptadas por un partido implican también un determinado conjunto de opciones teóricas. No obstante, la imposición de una disciplina colectiva sobre las opciones políticas tiene implicaciones m uy diferentes
a las de la imposición de una disciplina sobre la teoría científica utilizada para justifi- car tales opciones.
3° Este argumento no implica que sea imposible producir y transformar la teoría en el seno de los partidos leninistas tradicionales, sino meramente que el proceso de inno- vación teórica se ve impedido cuando un partido imponedisciplina sobre las cuestiones científicas. Tales impedimentos operan obviamente de forma mucho más débil sobre los cuadros dirigentes del vértice de la estructura organizativa, y ésta es una de las razo- nes por las que la innovación teórica ha tendido a ser una actividadade los altos cargos más que de los cuadros medios y de la base.
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Los teóricos marxistas se han visto, por tanto, enfrentados a me- nudo con un dilema: las condiciones que maximizan su vinculación a la clase obrera no han sido en general unas condiciones que maxi- mizaran su capacidad para el trabajo crítico en lateoría.“ Una delas respuestas a este dilema ha sido la emergencia de una tradición de práctica teórica marxista en el seno de las universidades burguesas, tradición muy destacable en Europa occidental, pero más reciente- mente también en los Estados Unidos.
La posibilidad de que se desarrolle el marxismo en el seno de las universidades burguesas es consecuencia de-l- carácter contradicto- rio de la posición de clase de los intelectuales. Si bien la posición de “clase contradictoria de los profesores univesitarios marxistas entre la burguesía y la clase obrera, a nivel ideológico, genera presiones- contradictorias de responsabilización, la posición contradictoria del teórico universitario entre la clase obrera y la pequeña burguesía crea la posibilidad de una actividad teórica crítica continuada. El carácter semiautónomo de la mayor parte de la producción intelec- tual implica'que los teóricos mantienen cierto control real sobre las condiciones inmediatas de producción teórica, y mientras se vean preservados tales “privilegios” (con-trol sobre las condiciones inme- diatas de producción) existirá cierto espacio para la dialéctica teórico/teoría.
Este argumento no implica en absoluto que se deban proteger los privilegios a nivel de ingresos de los profesores universitarios. Las cuestiones decisivas son la seguridad enel empleo, el control sobre‘el propio trabajo, las obligaciones de éste, la existencia de censura, etc. No puede darse una producción teórica seria bajo unas condiciones en las que el teórico se ve totalmente proletarizado en el seno de las relaciones de producción de la producción intelectual. Las luchas defensivas contra la proletarización en el seno de la universidad, por tanto, son importantes para mantener la simple posibilidad de pro- ducir teoría marxista en la universidad burguesa (es decir, de‘ocu-
31 En su obra Considerations on Western Marxism(Londres, NLB. 1975) [Considera- ciones sobre el marxismo occidental, Madrid, Siglo XXI, 1979], Perry Anderson discu- te m uy extensamente este dilema con el que se encaran los intelectuales marxistas. A lo largo de la mayor parte del período posterior a la década'de los veinte, la única forma efectiva en la que los intelectuales marxistas podían estar ligados sistemáticamente a las prácticas políticas de la clase obrera era a través de los partidos de la III Interna- cional, y no obstante la pertenencia a estos partidos comunistas actuaba como un serio freno sobre su capacidad para producir y transformar críticamente la teoría. La apari- ción del marxismo académico fue uno de los raultados de ste dilema.
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parse en la producción crítica de teoría). Esto no implica, por su- puesto, que la teorí a marxista sólo pueda producirse en el seno de las universidades, pero sí implica que en la medida en que deba produ- cirse dentro dela universidad la posición contradictoria de clase de los profesores universitarios debe mantenerse.32
El mantenimiento de las condiciones necesarias para la produc- ción teórica marxista en el seno de la universidad, no obstante, se ha obtenido habitualmente a un elevado costo político: el aislamiento relativo de los teóricos marxistas respecto a la clase obrera. Así, aun- que la posición contradictoria de los profesores hace posible el.de.- sarrollo del marxismo en el seno de la universidad, tiende simultáneamente a desplazar las cuestiones planteadas por los uni- versitarios marxistas del problema político central de cómo hacer una revolución.
Replanteando este dilema en términos de nuestro análisis de teoría y práctica: en las condiciones históricas de la lucha de clases en Europa occidental y los Estados Unidos, durante el último medio siglo, ha tendido. a establecerse una contradicción entre las condi- ciones más favorables para la dialéctica teoría/ práctica y las más fa- vorables para ladialéctica teórico/teoría. Esta es una contradicción real, que no puede ser ignorada por un simple “acto de voluntad" por parte 'de los teóricos marxistas como individuos. La propia con- tadicción sólo puede ser cambiada por medio de prácticas colectivas que modifiquen las condiciones en el seno de las cuales trabajan los teóricos marxistas, haciendo posibles nuevas formas de vinculación entre los intelectuales y la clase obrera.
32 Este argumento acerca de las condiciones para la producción de teoría marxista en el seno de las universidades burguesas no implica que en una universidad revolu- cionaria _\' socialista la producción pequeñoburguesas de la teoría vaya a depender de la preservación de las relaciones de producción pequeñoburguesas (posiciones de clase semiautónomas) en el seno de la producción intelectual. Si bien siempre resul- ta arriesgado especular acerca de la naturaleza de las relaciones sociales en una so- ciedad socialista, .se podría eperar que la autonomía individual relativa de la activi- dad intelectual característica de la universidad burguesa liberal se vería reemplaza- da, o al menos complementada, por nuevas formas de autonomía colectiva. de pro- ducción teórica colectivamente organizada.
Estructura de clases y acción obrera
Cecilia Montero Casassus
Los estudios que se han propuesto caracterizar la formación social de los países latinoamericanos han buscado por lo general la explica- ción de la especificidad de cada país ya sea en las condiciones en que realizó su independencia del dominio colonial , en la mayoro menor rapidez en que se constituye un Estado nacional, o bien en las bases económicas de la emergencia de una burguesía nacional y su respec- tiva inserción internacional.
En el caso de Chile, existe un cierto consenso para considerar que la formación temprana de un sistema político-institucional y el rol activo del Estado frente al recurso exportador, los minerales de sa- litre y cobre, explican los rasgos distintivos de la formación social chilena. En primer lugar, y como elemento central para explicar la aparición y el desarrollo de las clases y de sus alianzas figura el Esta- do , instancia de impulsión de un desarrollo económico nacional y de un sistema político basado en el compromiso.
En segundo lugar, aparece como característico de Chile el de- sarrollo, también precoz, de un movimiento obrero autónomo res- pecto del Estado, pero estrechamente ligado a los partidos políticos.
En tercer lugar, se señala la importancia de la clase media, aun- que en menor medida que en Argentina y Uruguay, la que se forma podríamos decir más políticamente por su relación al Estado que pOr su inserción en la actividad económica. La fase de industrializa- ción que se inicia con la sustitución de importaciones a partir de los años treinta se pudo así desarrollar en el marco de una relativa esta- bilidad política, gracias a una suerte de. compromiso entre la burguesía que toleraba el acceso de la clase obrera al sistema político siempre que ésta, y la clase media, no amenazaran las bases del régi- men de acumulación. Ya en los años sesenta comienza a ser evidente que tal sistema de compromiso tiene sus límites que provienen de un desarrollo económico insuficiente con respecto al sistema de distri- bución que seha ampliado por la vía de la negociación política. La concentración de los ingresos y el deterioro a la inflación y a una distribución desigual de la propiedad. La reforma agraria, las na-
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cionalizaciones y la participación política van a ser los temas domi- nantes del período del reformismo que se inicia en 1964 y termina con el golpe militar de 1973.
Las reformas de estructura propuestas y aplicadas por los gobier- nos de la Democracia Cristiana y de la Unidad Popular buscaron modificar las bases económicas de manera de restablecer un sistema de compromiso en el que estuvieran representados los trabajadores (Participación en las empresas), los campesinos (Ley de sindicaliza- ción campesina) y los pobladores (Promoción popular). ¿Qué huella dejaron en la sociedad chilena este conjunto de reformas? Desgra- ciadamente cuando se hace referencia a este período se pone casi to- do el énfasis enla dimensión política y poco se sabe sobre el impacto real que tu vieron en la estructura social. Así por ejemplo, la derrota“ de la Democracia Cristiana se explica por una posición ambigua frente al capital monopólico nacional y extranjero que le impide ga- nar el voto popular y de la Unidad Popular por la influencia externa y por su incapacidad de ganarse el apoyo de las capas medias. No se ha analizado sin embargo en qué medida las reformas de uno y otro gobierno habían logrado alterar la base social cuyo apoyo se
requería y no existen a la fecha trabajos sobre este tema.
En estos últimos diez años, el interés se vuelca hacia la relación entre el sistema económico y la sociedad. En efecto, con el golpe mi- litar de 1973 se inicia un proCeso de restructuración global que comprende el aparato productivo , el tipo de regulación económica y el sistema político institucional. Para algunos las transformaciones Ocurridas durante diez años de régimen militar han significado un retroceso desde el punto de vista económico, social y político, en lo que se ha llamado la vuelta al siglo XIX, según expresión del econo- mista Anibal Pinto. Para otros estaríamos frente a una empresa vo.- luntarista de redefinición de reglas del juego, la que se designa como refundación capitalistica, según los términos utilizados por el so- ciólogo Manuel A. Carretón.
La crisis que se inicia a fines de 1981 con la bancarrota del sistema bancario y la disminución del crédito externo, puso fin a este debate para volcar la atención hacia la configuración de escenarios de vuel- ta a la democracia y a la identificación de actores sociales suscep- tibles de apoyar tal o cual proyecto político o alianza.
La evolución política de los países'del Cono Sur (Uruguay, Argen- tina, Bolivia) demuestra'sin embargo que las posibilidades de una transición democrática y su estabilidad dependen tanto del grado de deterioro del régimen anterior cómo de la base social de apoyo de las
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fuerzas políticas. [Si bien los actores políticos están constituidos por el espectro político tradicional han ocurrido modificaciones en la distribución político ideológica del electorado, modificación que per- mite salir del impasse que llevó a la ruptura de la institucionalidad]
En esta perspectiva, la pregunta queorienta esta publicación es la de saber en qué medida las reformas económicase institucionales del régimen militar chileno han logrado modificar la composición del tejido social y cuáles han sido o pueden ser las incidencias sobre el comportamiento colectivo de los trabajadores.
El carácter experimental del período, durante el cual se han apli- cado reformas drásticas sin recurrir a ninguna vía de legitimación popular, pusieron al descubierto cómo se redefi nen las relaciones en tre las clases cuando ha desapa recido toda i n termediacio’ n i n sti tu- cional y que el aparato del Estado se moviliza unívocamente para asegurar el éxito de los intereses de un sector dela burguesía. ¿Cuál fue la reacción de los intelectuales frente a la derrota política y como interpretaron el nuevo régimen de excepción? Aunque con un cierto retraso, sepuede decir que el pensamiento social acusa el impacto de la ruptura, pues en un primer tiempo se desarrolla un cuestiona- miento de fondo sobre las características históricas de la formación social y un debate sobre las razones de un desarrollo económico insu- ficiente; la fragilidad del sistema parlamentario, un mayor énfasis en los rasgos comunes de los gobiernos anteriores y en la contraparti- da “negativa” del exceso de politización del movimiento obrero.
Uno de los resultados más importantes de esta revisión ha sido la gran cantidad de estudios históricos que, teniendo como objeto dis- tintos períodos, se han propuesto una reescritura de la história del país a partir de explicaciones más económicas y sociales que exclusi- vamente políticas (M. Góngora, Villalobos, C. Vial).
Los trabajos de‘carácter más sociológico realizados en el período comparten una misma inquietud: cuál es la distancia que separa es- tos diez años de la tradición hÍStórica asírevisada y sobre cuáles serán los efectos estructurales una vez cerrado el paréntesis del monetaris- m0 y del Estado de excepción. Numerosas publicaciones han sido de- dicadas a la descripción de las políticas económicas e institucionales del gobierno del general Pinochet como para volver a retomarlas aquí .1 También se han avanzado hipótesis sobre sus efectos como la de la disminución del proletariado y de la importancia relativa de la clase obrera (M artínez y Tironi , 1980), [la de una posible división de la clase trabajadora según su inclusión 0 exclusión del polo dinámico
l Número especial de “Chile América" sobre Las modernizaciones en Chile: un experimento neo-liberal.
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de la economía]. A la‘hipótesis sobre la emergencia de una nueva burguesía apoyada en el sistema financiero (R. Lagos, 1979) sucedió la de una supuesta “modernización ” de la clase media por la vía del consumo (j. Martínez. 1980). Ninguna de estas hipótesis ha sido to- talmente confirmada o rechazada, .asistiéndose más bien a un . desplazamiento en el nivel en que estas preguntas eran tratadas.
Es necesario, profundizarlos estudios sobre el tema de los cambios en el tejido social y sobre la configuración actual de las fuerzas so- ciales con especial énfasis en la clase obrera y la clase media. Los te- mas tratados se ubican en tres niveles de reflexión, analíticamente diferenciables, pero complementarios: la estructura de clases, la re- lación Estado/movimiento obrero y las condiciones de producción _\' de reproducción de la clase obrera.
El análisis de la estructura de clases
La pregunta más general que anima la reflexión de estos años es la de establecer una relación entre la nueva estructura económica _\' lo que se ha llamado un tejido social supuestamente “desarticulado” tanto por los efectos del monetarismo como de la crisis y de la represión.
Existe sin embargo una cuestión previa, de orden más bien teóri- co, cuál es la de establecer la pertinencia de los modelos concep- tuales. En este nivel, si bien existe consenso sobre las preguntas perti- nentes no así sobre las categorías de análisis, pues se habla indistinta- mente de clases, capas, grupos y estratos sociales.
En la medida en que el régimen de excepción interrumpe la arti- culación de los intereses de clase a través del sistema político , ¿quiere esto decir que ya no es pertinente referirse a la estructura social, que ésta se encuentra totalmente disgregada? De la misma manera, ¿cuándo se han roto los canales-de integración y movilidad social, se puede'analizar una sociedad como compuesta de estratos? Por últi- mo, si en las actuales condiciones la oposición directa entre obreros _\' capitalistas ha pasado a segundo plano ¿es pertinente seguir apli- cando un análisis de clase? Estructura social, estratificación y estructura de clases constituyen en efecto enfoques alternativos, pero no sólo desde el punto de vista teórico, sino también con rela- ción a los procesos sociales reales.
Aunque existe una abundancia de publicaciones sobre estos te- mas, son escasos los trabajos empíricos dedicados al estudio de la estructura social a nivel nacional. Más aún “la selección de un siste- ma de clases en lugar dc otro ha tenido origen frecuentemente en una
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mera adhesión ideológica o en una opción teórica acrítica más que en razones científicas" (C. Filgueira _v C. Ceneletti , 1981). En el caso de Chile, el debilitamiento relativo de las organizaciones prole- tarias _v el congelamiento del quehacer político e ideológico abierto transfirieron por un tiempo el debate político a una discusión de in- telectuales.
Por otra parte, la dificultad de realizar estudios de terreno condu- jo al desarrollo de una reflexión basada casi exclusivamente en la in- terpretación de estadísticas oficiales.
Lostrabajos basados en las encuestas periódicas de empleo llega- ron a una primera conclusión: la de un aumento del sector terciario en desmedro del empleo en las actividades productivas _v en la in- dustria manufacturera. Esta tendencia, que no es propia de Chile. adquirió mucha importancia para el análisis sociopolítico debido a la situación de reestructuración en que se encontraba el país. Esta terciarización galopante se acompañó de una tasa de cesantía supe- rior al 15 % , de un movimiento de concentración del capital finan- ciero en torno a un número restringido de conglomerados, de un re- tiro del Estado de la actividad económica _v disminución del gasto social.
Lo que las series estadísticas indicaban no era más que una acen- tuación de tendencias históricas, pero también un posicionamiento diferente de las clases frente a los recursos económicos.
Las posiciones pesimistas sobre la terciarización que se derivan de un cierto “fetichismo de la producción" (Singer, 1979) o de un obre- rismo en lo ideológico, cedieron paso a la temática dela desarticula- ción social _v dela “anomía” Es en. este nivel, _va no de la demostra- ción por el volumen relativo de uno u otro estrato, donde comienza a intervenir la preocupación por la estructura de clases.
Si se observa la cómposición de cada clase social se puede decir que todas han sido afectadas por la política monetarista en lo económico y el autoritarismo en lo político, _v que en su interior existen ciertas fracciones más afectadas que otras. Por ejemplo ciertos sectores de la burguesía nacional como el empresariado pasaron a una posición subalterna con respecto a la burguesía financiera que fue la más be- neficiada por el modelo.
Si se piensa en términos globales sobre qué lugar ocupan las clases con relación al que ocupaban en el pasado se pueden ubicar algunas tendencias que podrían tener características estructurales.
En primer lugar se constata una relativa permanencia de ciertos sectores a pesar de ladesindustrialización _v la exclusión definitiva de otros. Burguesía y clase obrera se han mantenido en sus posiciones,
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mientras otras capas han sufrido un desplazamiento no solo econó- mico sino también político. En este sentido se podría postular un doble proceso de desburocratización de las capas medias y de una estati- zación dela marginalidad en la medida en que por una parte los sec- tores de clase media han perdido el apoyo que tenían en el Estado, _v por otra parte un sector de la clase trabajadora, los trabajadores ma- nuales no productivos salen del asalariado, lo mismo que los campe- sinos que se ven excluidos del sistema económico agrícola; volviendo ambos sectores a una situación anterior a la de los años sesenta (ley de sindicalización campesina'y de la participación política vía las jun- tas de vecinos).
Si bien la desindustríalización ha colocado a la burguesía empre- sarial en posición alejada del poder político, no ha logrado excluir a- la clase obrera industrial del sistema. La capacidad de organización y de convocatoria nacional de los trabajadores de la industria y de la minería-sigue siendo importante (Campero, Valenzuela, 1979; Za- pata, 1980).
De confirmarse estos procesos estaríamos frente a un cambio que habría que situar no en el plano de la estratificación social, acceso di- ferencial a ciertos bienes, sino a cambios en la estructura de clase que ha ocurrido por la vía de la reestructuración económica _v política que por un nuevo tipo de desarrollo modernizante.
En otras palabras el tipo de movilidad que ha ocurrido es la de una m oviliZación masiva dentro y fuera del mercado de trabajo, proceso que se distingue delo que ocurre en las sociedades estratificadas don- de los- cambios ocurren a través de las trayectorias individuales de movilidad social ascendente o descendente. La alteración produci- da por esta movilización se ha acompañado también de una modifi- cación del rol de las instituciones, de las formas que adquiere la divi- sión social-del trabajo y los mecanismos de reproducción.
De ahí la importancia de una reflexión dirigida no sólo al Estado sino también a las funciones económicas que asume la familia yotras instituciones (como la Iglesia) en la reproducción social.
Estado y movimiento obrero
El estudio del trabajo en Chile se ha traducido siempre como el estu- dio de su movimiento obrero. La clase obrera organizada ha sido el objeto de análisis por excelencia de los analistas que se han interesa- do en los trabajadores. El desarrollo político, la fuerza combativa _v la independencia con respecto al Estado fueron los rasgos distintivos
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del movimiento obrero chileno hasta 1973. Durante el período 1973-83 el régimen autoritario fue alterando cada uno de los sopor- tes en que se había construido la organización obrera, tanto en el plano de la actividad sindical misma como en la vida de los partidos políticos.
La derrota incuestionable del movimiento obrero en lo político _v las dificultades de su reorganización han contribuido también a un cuestionamiento sobre la clase obrera, sus organizaciones y su relah ción con el Estado y el sistema político. La constatación más impor- tante ha sido la de la dependencia excesiva de los sindicatos con res- pecto a' los partidos y la de su escasa capacidad de negociación direc- ta con los empresarios.
En este nivel se hace de nuevo difícil distinguir lo que proviene de una reflexión sistemática de aquello que busca justificar nuevas líneas de acción política. Es efectivo, sin embargo, que a nivel de si n- dicatos de-base se ha planteado el problema de la autonomía sindi- cal, pero la forma en que se ha reconstituido la vida política en los úl- timos años hace pensar _que la acción obrera seguirá bajo influencia de las orientaciones partidistas. 2 Desgraciadamente se ha explorado poco la relación sindicatos-partidos y la atención se ha centrado en analizar la política gubernamental.
Existe una gran cantidad de estudios dedicados a la política labo- ral del régimen de Pinochet y a la nueva organización sindical. La ventaja de estos estudios es que han ido más allá del análisis exclusi- vamente jurídico de las nuevas disposiciones legales y de su inten- cionalidad política para interesarse en las tensiones políticas inter- nas y externas que explican la relación entre represión y organiza- ción obrera. Es así como se ha puesto de manifiesto el fracaso de las primeras tentativas de división del movimiento sindical y de crea- ción de un movimiento oficialista, la forma en que se reconstruye la organización y la actividad sindical a nivel de base _v a nivel nacional a pesar de una legislación que buscaba su desintegración (Plan La- boral de 1978); la influencia del movimiento sindical internacional en la actividad y orientaciones sindicales internas.
El sector que ha sido más estudiado desde el punto de vista de la re- lación entre organización sindical, partidos políticos y Estado es la minería del cobre. El movimiento obrero en el cobre ha sido analiza- do, antes y después del golpe de Estado, no en términos de autono- mía o dependencia sino a partir de las formas particulares de estruc-
2 Como se pudo apreciar en la reu níón organizada por la Confederación de trabaja- dores del cobre en diciembre, 1983.
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turación de la acción sindical. El tipo de relaciones sociales del tra- bajo en empresas del “enclave” ha servido para caracterizar el com- portamiento de los mineros, la dirección dela empresa y el gobierno, al mismo tiempo que explica los mecanismos de formación de los grupos dirigentes y su relación con los partidos (se vea en pmpósi to el ensayo de Zapata). Este tipo de perspectiva, que se inscribe en la tr a- dición de la sociología del trabajo francesa, contrasta con aquellas que presentan a los trabajadores ya sea como víctimas de las condi- ciones impuestas por un régimen de dominación o como los protago- nistas heroicos de una lucha sin contradicciones internas. Este enfo- que permite también salir del impasse de los estudios sobre sindica- lismo abocados a establecer el carácter economicista o pólítico de la acción sindical. Queda sin embargo por investigar las intervencio- nes de carácter más estructural del Estado que afectan las condi- ciones del asalariado en general. Más allá del derecho laboral, ¿qué tipo de regulación ejerce el Estado en el mercado de trabajo? ¿Cuál esla relación que se ha establecido entre el gobierno y los grupos empresariales? La experiencia de los últimos diez años parece índi- car que el gobierno ha escogido dosis diferentes de intervención se- gún la coyuntura económica y política. Al mismo tiempo que se producía una reducción del gasto social, el régimen militar hubo de destinar recursos al mercado de trabajopara evitar una explosión so- cial y mantener bajo control a los cesantes (Programas de empleo subsidiado). En los últimos meses la tendenóia es por el contrario, a reducir los programas de emergencia y dejar sin sueldo mínimo a los cesantes.
Por otra parte el gobierno se ha guardado de no intervenir en los conflictos del trabajo impulsando una legislación que asegura las mejores condiciones para el ejercicio del poder patronal y la flexibi- lidad suficiente para 'licenciar y reducir salarios.
Esta mezcla de retiro-intervención del Estado en materias del tra-í bajo ha contribuido a aumentar la precariedad de la condición obre- ra y ha colocado a las capas de trabajadores expulsadós del asala- riado en una situación de dependencia de las políticas estatistas de corto plazo. Estos mecanismos han permitido mantener separadas la formulación de reivindicaciones de las capas medias y de los pobladores al mismo tiempo que deja el terreno abierto para re- currir a medi-das populistas de reactivación de iniciativa estatal.
Condiciones de trabajo y acción obrera
Si la política económica ha tenido un impacto en el tejido social y la política laboral ha modificado las formas de organización de la clase'
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obrera ocupada, ¿cuál es la realidad contidiana de los trabajadores en lOs lugares de producción? Esta pregunta se refiere a im campo de investigación practicamente inexistente en Chile donde se cumplela constatación hecha por R. Katzman y]. L. Reyna sobre la escasez de estudios sobre el trabaj-o _\' los trabajadores en América Latina. Se ha privilegiado el estudio de las influencias externas (partidos, Esta- dos), más que el estudio de la empresa y de las condiciones de. apari- ción de la acción obrera. Desde 1959 cuando se hizo la investigación comparativa de las relaciones sociales y actitudes obreras en el acero (Huachipato) y el carbón (Lota) no existen estudios acabados sobre el trabajo.
Se puede incluso decir que la literatura se ha interesado más en la vida de los trabajadores que las Ciencias Sociales.
Por esta razón, es difícil apreciar el impacto real de las políticas monetaristas en la situación de trabajo.,Cuando no se conoce el ti- po de tecnología utilizado, las formas de organización del trabajo y de gestión de la mano de obra, no es posible establecer si ha habido modernización en las actividades productivas, ni cómo han cam- biado las condiciones de trabajo.
La escasa evidencia que existe indica que no se han introducido cambios tecnológicos en los procesos de producción sino que la mo- dernización se ha concentrado en las funciones indirectas bajo la forma de racionalización o de informatización de las funciones ad- ministrativas. Los trabajos monográficos indican que en las in- dustrias que han sobrevivido a la crisis hubo reducción del empleo, intensificación del trabajo por aumento de horario y horas suple- mentarias, reducción de salarios y deterioro de las condiciones de trabajo. La contratación de mano de obra joven, sin experiencia de trabajo y sin calificación permitieron en muchos casos hacer pasar las medidas de racionalización. La amenaza de cierre o de reduc- ción de salarios también afectó la capacidad reivindicativa de los trabajadores. Las escasas huelgas que se han producido en la in- dustria han sido un fracaso desde el punto de vista de la nego- ciación colectiva si bien los trabajadores han visto en el conflicto una. forma de afirmar su capacidad de iniciativa.
La clase obrera ocupada en la industria es sin embargo una frac- ción minoritaria con respecto al conjunto de la clase trabajadora (600 mil sobre 3.5 millones en 1979). Para el trabajador que está fuera de la relación salarial, el problema de la sobrevivencia lleva a la formulación de un conjunto de intereses diferentes alos del obre- ro industrial. Lo mismo para el conjunto de los que se desempeñan en el sector infórmal, Sector al cual se le han consagrado un gran
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número de investigaciones que buscan establecer si se trata de sub- empleo, de actividades artesanales, productivas o terciarias (Prealc, 1980).
La interrogante principal es la de conocer cuáles son los-pfinci- pios de identificación y las orientaciones políticas de las capas po- pulares no industriales. ¿Se puede hablar de una segmentación entre estos sectores y la clase obrera calificada quese ha mantenido ocupada?
Las formas de acción colectiva que se han desarrollado desde 1982 indican que ha cambiado la relación actores sociales-partidos políticos, puesto que éstos últimos no son los que convocan y organi- zan la movilización de masas. Las alianzas y agrupaciones de'orga- nizaciones políticas han tendido más bien a reforzar y capitalizar los movimientos de oposición al régimen, pero la iniciativa ha veni- do de los grupos sociales.
El contenido que ha adquirido la movilización popular y las orientaciones del movimiento sindical obligan a recurrir a nuevas categorías conceptuales, puesto que la oposición no se da entre una clase obrera y una clase capitalista, a partir de la situación de tra- bajo, sino que toma la forma de una confrontación entre un pueblo relativamente desorganizado y el Estado. La pregunta que surge es la de saber si, terminado el paréntesis del’ régimen de excepción, la lucha social volverá a retomar sus características clasistas o si la ne- cesidad de preservar un consenso nacional, que algunos designan como punto social, será la nueva modalidad del antiguo “Estado de compromiso”
Políticas de informática en los ¿países dependientes
Lidia M. Segre y Enrique V Anda
OBJETIVO
El objetivo de este-trabajo es realizar un análisis del impacto que ha tenido el desarrollo de la informática sobre las sociedades depen- dientes. Dentro de la perspectiva latinoamericana se estudia en al- ‘gún detalle el modelo brasileño, cuyo pilar'central radica en la reser- va de una porción importante de su mercado para la industria na- cional. Se analizan algunos de los aspectos benéficos que estas medi- das han tenido, junto con las limitaciones que este modelo tiene al encontrarse inscrito dentro del marco fijado por el proceso de susti- tución de importaciones. Son estudiados y compar-ados otros mode- los de informatización de países dependientes. Finalmente, dentro del contexto del análisis presentado, se esbozan algunas ideas que podrían servir de base para la formulación de un modelo de de- sarrollo de tecnología nacional en el área de informática.
INTRODUCCIÓN
La informática se ha trasformado en las últimas dos décadas en la ac- tividad industrial más importante del mundo capitalista. Su impac- to está promoviendo cambios cuyo alcance en el futuro resulta'difícil de evaluar, aunque ya pueden‘vislumbrarse algunas de sus conse- cuencias.
Esta nueva tecnología ha permitido que la industria revolucione su gestión, automatizando sus sistemas administrativos y partici- pando en redes nacionales y mundiales de datos que están constitu- yendo un elemento fundamental de integración regional e interna- cional. Esto ha acelerado el proceso de concentración y centraliza- ción del capital, la oligopolización de la actividad económica y la ex- pansión en escala planetaria de las multinacionales. El poder in- tegrador y diversificador característico del desarrollo del capitalis- mo se potencia con la informatización de la sociedad y con la apari- ción de la telemática.
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Aún dentro de la esfera' de la producción es posible visualizar en los países avanzadosuna transformación profunda, aunque inci- piente en sus consecuencias y alcances potenciales, de los procesos productivos cada vez más automatizados, robotizados y controla- dos por sistemas en tiempo real. Esta circunstancia está generando grandes cambios en la relación capital-trabajo, creando necesida- -des de mano de obra con valores crecientes de calificación y produ- ciendo como consecuencia un desplazamiento de mano de obra y de- socupación. Este mismo proceso tecnológico es la fuente de una nueva división internacional del trabajo que sólo ahora comienza a delinearse. I Al nivel de la superestructura ideológica, la informática ha gene- rado transformaciones del mensaje cultural (valores, prejuicios, formas de representación de la realidad, expresiones artísticas etc . ); ha fortalecido una cosmovisión integradora, juStificadora'y apolo- gética de la sociedad actual; promoviendo al mismo tiempo en su discurso los cambios individu‘ales y sociales necesarios a las nuevas realidades propuestas por este propio aparato cultural, y funda- mentalmente por la realidad económica y tecnológica cambiante. Es- posible vislumbrar una exacerbación, del individualismo en el ámbito de las relaciones sociales junto con su negación expresada a través de una estereotipificación y masificación del comportamien- to: una sociedad informatizada que genera una ilusión de descentra- lización y participación ofreciendo información para todos, frente a unEstado más centralizado y omnímodo que entra cada vez más en el terreno de lo privado, manejando información correspondiente a los individuos y a sus estructuras de actuación. Esta situación agi- ganta las potencialidades de los aparatos coercitivos del Estado. Los fenómenos resultantes de la informatización de las sociedades capitalistas centrales también se manifiestan con sus especificidades en el mundo dependiente. Cómo se presentan con sus potencialidades en el Tercer Mundo, constituye el contenido del siguiente análisis.
INFORMA'I‘IZACION DEL TERCER MUNDO
El mundo periférico ha entrado en la era de la informática como un acto reflejo de los desarrollos que se fueron produciendo en los países centrales, de una manera diferenciada en función de su inserción en el mercado internacional y del grado de complejidad e integración interna de su estructura económica social. Así, los países de Asia y Africa más atrasados que han ingresado al mercado capitalista muy
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tardíamente, aún no han generado respuestas de importancia en re- lación al desafío informático, limitando su influencia a los medios de comunicación aún con difusión limitada e incapaces de generar una expresión de masas para el fenómeno cultural. Otro grupo de países, los llamados de industrialización reciente (típicamente en América Latina: México, Brasil, Argentina, Venezuela y Chile) han sido penetrados por la nueva tecnología de una manera importante.
Dentro de este ámbito podríamos, con objetivo de análisis, clasifi- car estos paíSes en relación a sí se constituyen en nuevos usuarios de bienes informáticos que importan, o si poseen una industria de in- formática. Estos últimos pueden ser agrupados en función a si su producción industrial está dirigida fundamentalmente al mercado interno o al de exportación.
Entre los primeros el ejemplo de México y Argentina es bastante representativo. Estos países tienen un desarrollo industrial signifi- cativo y lasociedad se encuentra con un grado de informatización apreciable. Sin embargo, esto ’no ha sido acompañado de un creci- miento de la industria de computadores, periféricos y otros equipos. Las empresas multinacionales que operan en el ramo comercializan sus productos y ofrecen mantenimiento a la capacidad instalada. Se observa la aparición de actividades en el área de software .aplicati- vos que son implementados en los equipos extranjeros con finalida- des administrativos, tanto para las empresas privadas como del Es- tado y con fines educativos dentro de la Universidad y en los medios de comunicación de masas.
Ha existido un eri-terio eficientista en la incorporación de esta tecnología a los sectores más dinámicos de la economía, sobre todo en las grandes empresas privadas, habiendo una incomprensión y poca asimilación por parte delas pequeñasy medianas empresas que han tenido dificultades para incorporarse a los nuevos tiempos.
Esta ha sido la situación sobre todo en la Argentina, siendo que en el caso mexicano, dado el papel protagónico que el Estado juega en la actividad económica, este proceSo ha sido cumplido por la empre- sa pública y la administración del Estado.
Tanto en Chile como en la Argentina los aparatos represivos del Estado han automatizado y computarizado sus archivos integrando redes de comunicación policial que permite, en todo el ámbito na- cional, disponer de información inmediata sobre personas y organi- zaciones de la sociedad civil. El desarrollo de una industria de arma- mentos en el caso de la Argentina también ha representado una de- manda de alguna significación de equipos electrónicos de procesa-
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miento de datos, software, circuitos integrados, analizadores rápi- dos, etc.
Lo que distingue estos países de los otros mencionados es la ausen-, cia de, una política de desarrollo industrial implícita o explícita , es la existencia de una ideología del buen usuario que debe saber qué compra y a quién , sin preocuparse por su fabricación. Podría decirse que en estos países el proceso de sustitución de importaciones, que caracteriza la industrialización dependiente, no se ha iniciado o se encuentra en su fase embrionaria. En algunos casos, como la Argenti- na después del golpe de Estado de 1976, hubo una política delibera- da de acabar con algunas experiencias promisorias que se estaban desarrollando dentro de la industria privada. Esta política fue una expresión de intereses económicos que se manifestaban en torno de.- un discurso de ortodoxia económica que afirmaba ser necesario el aprovechamiento delas ventajas comparativas, que en el caso de la Argentina limita‘ban su actividad económica a la esfera agrícola ga- nadera e industrias derivadas.
Diferente es la experiencia de otros países dependientes que ya ini- ciaron un‘proceso de‘industrialización. Sin embargo, estas experien- cias no han sido homogéneas. En un caso asumieron las características propias del proceso de sustitución de importaciones que mencionábamos, donde los productos vienen a satisfacer nece- sidades del mercado interno, como es el caso de Brasil y la India.
En otros puede ser caracterizado más como actividades resultan- tes de una economía de enclave donde las multinacionales de la in- formática se instalan en aquellos países que por razones políticas e institucionales les dan libertad de aprovechar la mano de obra bara- ta local en determidos procesos de la producción del bien (típicamente encapsulado de circuitos, montaje de todo tipo y test a_- je) intensivos en mano de obra. El objetivo esabaratar los costos de un producto que está destinado al mercado internacional; se impor- ta el producto intermediario, se procesa y luego se exporta, generan- do muy poca repercusión sobre el resto de la economía.
Representantes típicos de esta situación son Corea del Sur y Taiwan. El grado de desconexión entre la producción y el' mercado interno es tan grande, el sistema funciona a tal punto como economía de enclave, que existen productos elaborados en Corea, por ejemplo, que son exportados alos países donde operan las matri- ces, para luego ser reimportados para el consumo interno coreano.
Esta internacionalización del proceso productivo es un fenómeno bastante difundido en todos los ámbitos de la actividad económica. Corresponde a una nueva división internacional del trabajo resulta-
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do de una actuación de la multinacional que le permite aumentar sus beneficios sobre la base de minimizar costos, parcelando la pro- ducción entre diferentes re -iones del mundo donde operan y mani- pular precios aprovechando su posición oligopólica tanto en el mercado de compra como de venta. Esta posibilidad es en buena medida un resultado del propio desarrollo de la informática, lo que le permite a la multinacional disponer de información a nivel mundial para formular su estrategia.
EL MODELO BRASILENO
La política nacional de informátÍCa comenzó a delinearse en el ini- cio de los años 1970 cuando surgió la posibilidad de desarrollar tecnología nacional debido a la creciente demanda de computado- res y ala disponibilidad de técnicos e ingenieros de alto nivel.
En esa época fue creado el CTE (Grupo de Trabajo Especial) con la" participación del BNDE (Banco Nacional de Desarrollo) y el Ministe- rio dela Marina con el objetivo de fabricar computadores para ser instalados en corbetas y submarinos dela Marina de Guerra.
Además de estudiar la implantación de la industria nacional de computadores el CTE patrocinaba el proyecto de un minicomputa- dor desarrollado por dos universidades.
Paralelamente fue constituida en 1972 la CAPRE (Comisión de Coordinación de las Actividades de Procesamiento Electrónico) dependiente de la Secretaríade Planificación cuyos objetivos eran disciplinar los gastos públicos controlando las compras de computa- dores, optimizando el uso de recursos ociosos, controlando las aso- ciaciones con capitales extranjeros y estableciendo criterios en rela- ción a la formación de recursos humanos.
En 1976 la CAPRE determinó la reserva de mercado como herra- mienta utilizada por la política de informática, para proteger el mercado interno de mini y microcomputadores y dando apoyo concreto a las empresas de capital nacional. '
La másimportante fábrica estatal de computadores, GCBBA, co; menzó a funcionar en 1974. COBRA Venía a culminar el proceso ini: ciado por el CTE incorporando a su plantel una parte delos técnicos que habían trabajado en el proyecto inicial.
En 1977 cinco empresas nacionales fueron p seleccionadas para operar en el segmento de micro y minicomputadores. Esas empresas comprarían tecnología extranjera con el compromiso de generar en cinco años productos nacionales.
En 1979 las Fuerzas Armadas encuadraron el sector de inform áti-
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ca como un área estratégica de la seguridad nacional. Como conse- cuencia de ello se produjo una reestructuración de los órganos gu- bernamentales responsables por este sector y la CAPRE fue substi- tuida por la SEI (Secretaría Especial de Informática) subordinada al Consejo de Seguridad Nacional. A pesar dela casi total sustitución de los técnicos y dirigentes, la SEI mantuvo la política de reserva de mercado iniciada por la CAPRE y amplió su gama de actividades incluyendo otros sectores industriales tales como microelectrónica, instrumentos y equipos de comunicación.
A mediados de 1981 fue creado un complejo tecnológico e in- dustrial (CTI) dedicado al desarrollo nacional de la microelectróni- ca. El objetivo del CT-I era propiciar una alianza entre la industria,
las uni-versidades y losórganos gubernamentales para pemitir la fabricación de circuitos‘integrados.
Percibiendo las nuevas tendencias tecnológicas, la SEI en 1983 incluyó los computadores llamados superminis en la faja de reserva de mercado ampliando así el ámbito de actuación de las empresas nacionales.
Existen en este momento en Brasil alrededor de 100 empresas_n'a.-. cionales cuyos proyectos de fabricación de computadores y periféri- cos fueron aprobados por la SEI por cumplir con los requisitos estipu- lados en relación al grado de utilización de recursos tecnológicos lo- cales, índice de nacionalización del producto y nacionalidad de la. empresa.
Las empresas nacionales casi cuadruplicaron sus ventas entre los años de 79 a 82, según datos elaborados por la SEI. Durante el mismo periodo la participación de estas empresas en las ventas totales se duplicó, prácticamente sacándole una parte significativa a las mul- tinacionales que están cada día más preocupadas con esta pérdida, dentro de un mercado que se coloca en el séptimo lugar en el ranking mundial (en 1981 el mercado se estimaba en mil millones de dólares).
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Año Ven tas nacionales I Ventas totales % de Ventas nacionales
1979 190 830 ’ 23
19870 280 860 33
1981 370 1040 36
1982 640 1560 41
Evolución de las ventas de equipos de procesamiento de datos en Brasil (US S millones)
El parque instalado en Brasil creció tres veces entre 1980 y 1982 en cantidad, y la participación de las empresas nacionales pasó de 17 % a 50 070 en este mismo periodo en relación al valor, ya que este au men- to corresponde a la entrada de micros._\-"'minicompl.1tadores naciona- les en el mercado.
PARTICIPACION DE LAS EMPRESAS NACIONALES EN EL PARQUE INSTALADO DE COMPUTADORAS
Parque instalado Participación A nacional Año Cantidad Valor (US 8 1.000) Cantidad Valor ¿millones 1980 8.844 1.650 17 % 7 % 1981 14.249 2.140 42% 14% 1982 23.305 2.500 50 % 20%
Una de las principales consecuencias de la política de reserva de mercado fue la de acelerarel desarrollo de tecnología nacional. En 1982 las empresas nacionales gastaron un promedio de 8.88 % de sus ventas en investigación y desarrollo tecnológico local empleando 17 .3 % del total de su personal en estas actividades. Las empresas na- cionales además de nacionalizar sus productos fabricados con licen- cias, desarrollan nuevos productos.
La industria nacional emplea 230 % más que las empresas multi- nacionales y, del total de empleos, contrata un 48 % más de técnicos de nivel superior. El número de empleos de nivel superior por cada 100 millones de dólares facturados obedece a la siguiente compara- cron:
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CANTIDAD DE FUNCIONARIOS DE NIVEL SUPERIOR POR CADA 100 MILLONES DE DOLARES FACTURADOS EN EL MERCADO
Tipo de actividad Empresa Nacional Multinacional Relación 1 2 1/2
Desenvolvimiento
de mievos productos 224.5 14.5 15.48 Ventas 84.3 160.7 0.52 Producción 75.4 59.1 1.27
Los técnicos de nivel superior son formados en los cursos de gra« duación y posgraduación de lasdiferentes universidades del país y se han hecho estudios que demuestran que la demanda generada por las empresas nacionales está creciendo de manera tal que en los pró- ximos años no conseguirá ser' satisfecha.
Estas cifras demuestran cómo el modelo de desarrollo industrial nacional genera mayor número de empleos, de recursos humanos de alta calificación y tecnología nacional, sea en las propias empresas, en centros de investigación y universidades, adecuando los produc- tós a las particularidades del mercado,
La industria naciónal de informática está reduciendo enorme- mente el número de componentes importados en la fabricación _de sus productos, llegando éstos a altos índices de nacionalización. (Por ejem. los computadores de la serie COBRA 500 alcanzaron un índice de nacionalización del 97 % ).
Comparando las importaciones realizadas por las empresas extranjeras y por las empresas nacionales en relación alas ventas, a partir de datos elaborados por la SEI, podemos concluir dos hechosr. las empresas nacionales importaron el equivalente a 8.1% de sus ventas, mientras que las multinacionales el equivalente a 40.3 % de susventas; las empresas nacionales importan cada año menos: en 1983 el porcentaje importado disminuyó a un 7.5 ‘70 .
En relación a las exportaciones, hay un número relativamente pe- queño aún de empresas que exportan sus productos hacia América Latina (Argentina, Chile, Paraguay, Venezuela, Colombia, Méxi- co) y hacia países socialistas (China y Este Europeo).
Hay dps factores que han determinado estas exportaciones inci- pientes. Por un lado la disminución de los precios de los productos nacionales que en algunos casos ya son competitivos con el mercado
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externo (para ciertos productos entre febrero de 1982 y agosto de 1983 hubo reducciones de 30 a 40 % , mientras que en el mismo período la IBM aumentó en 38 % el precio de su computador 4341).
Por otro lado el hecho de desarrollar productos originales que no se encuentran en el mercado internacional y que satisfacen mejor las necesidades de los países vecinos con realidades similares. Como ejemplos podemos citar el terminal para lotería, terminales banca- rios y microcomputadores con procesamiento de voz.
Podemos incluir como otros factores que favorecen esas exporta- ciones la identidad cultural y lingüística que facilita el uso de ma- nuales técnicos, la proximidad física yeconómica que facilita el fle- te, el traslado de técnicos y que permite el uso de exenciones fiscales de la ALALC.
Hay que considerar también el hecho de que en el momento ac- tual hay varias empresas trabajando con acuerdos de tecnología por licencia con empresas extranjeras que impiden el acceso al mercado internacional.
ANALISIS CRITICO DE LOS MODELOS DE INFORMACION DE LOS PAISES DEPENDIENTES
El breve análisis realizado sobre la industria de procesamiento de datos en el Brasil muestra claramente las posibilidades concretas de desarrollar, con cierto grado de autonomía, un área productiva con gran contenido tecnológico por parte de un país dependiente.
Es necesario para conseguir este objetivo una serie de condi- ciones, tales como: tamaño del mercado, infraestructura industrial complementaria, recursos humanos y, lo que es absolutamente esencial, la formulación de una política explícita y del poder para desarrollarla, que permita generar las condiciones necesarias y ven- cer los obstáculos creados por los intereses afectados. l .
Es indudable que el modelo que reserva parte del mercado para. la empresa nacional, que favorece su desarrollo con incentivos fiscales y facilita su operación , es superior al camino seguido por otros países del Tercer Mundo, tanto los que han optado por limitarse a ser .buenos usuarios, como aquellos que han permitido el ingreso libre de las grandes multinacionales de la informática. ‘
Esto es así desde múltiples puntos de vista. En primer lugar, el d'e- sarrollo de una tecnología local, aunque ésta sea imitativa en sus co- mienzos, genera una oferta de mano de obra especializada que pro- mueve la formación de personal en el área, desde el nivel técnico hasta el científico universitario. Esto sólo puede beneficiar al país y
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posibilitar una autonomíaen duanto a la formulación de objetivos y- ejecución de proyectos en ritmo creciente, además de aumentar el nivel‘ultural científico-técnico de la sociedad en su conjunto.
Desde un punto de vïista económico la actividad tiene potencial- mente, dependiendo de la integración nacional alcanzada, un gra- do de multiplicación alto, loque puede llegar a representar un in- centivo general para la econo'rnía por el lado de los usuarios como por el de los productos finales que provee.
Como todo proceso de sustitución de importaciones, el desarrollo de la industria de la informática-posibilita ahorrar divisas externas de una forma global, orientando las importaciones a in_sumos inter- medios de difícil fabricación local (p. ejem. circuitos co'n'complejo grado de integración). Esto es particularmente importante para los países dependientes que tienen alto coeficiente de importaciones y pesadas deudas externas.
El papel de las multinaciónales en los países del TercerMundo ya ha sido extensamente analizado en la literatura sobre el tema. Es bien conocido que la multinacional opera dentro de un país siempre con una estrategia global que raramente coincide con los objetivos de crecimiento económico y desarrollo autónomo. Así, actuando co- mo simple filial de su matriz metropolitana, el conglomerado inter- nacional aprovechará las ventajas comparativas del país huésped (típicamente mano de obra barata), o realizará inversiones como una forma de entrar‘al mercado interno nacional si le resulta promi- SOI'.
Por ser la filial una simple subestructura subordinada a una estructura mayor, ella no tendrá ninguna autonomía empresaria; no realizaráinnovacionestecnológicas, ni generará nuevos produc- tos, ni promoverá solu’ciones de problemas industriales locales, co-_ mo tampoco procurará nuevos mercados, ya que estas iniciativas
provendrán de su matriz.
El papel pujante y transformador de la industria,'tal como-surgió en los países de desarrollo original, revolucionador de las relaciones sociales, desaparecen en los. países dependientes. Las economías fuertemente monopolizadas y controladas por las multinacionales prOmueven estancamiento y favorecen la perpetuación de ciertas estructuras rígidas y atrasadas. Las ganancias escapan de las fronte- ras asumiendo diferentes formas, la transferencia de tecnología que p-romuevenes sólo marginal ya que el proceso productivose implan- ta “llave en mano”. La inserción dentro dela estructura económica, através del requerimiento de insumos en el mercado local, es pobreo despreciable, sobre todo en una industria como la de informática
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que requiere de insumos de gran complejidad tecnológica, en gene- ral inexistentes en el mercado local. '
Las políticas intermediarias que pretenden disciplinar la ac- tuación de las empresas extranjeras, no consiguen modificar signifi- cativamente este cuadro. Así , por ejemplo, las licencias a compañías nacionales para actuar como representantes de las multinacionales introduce una subordinación que no le permite a la- industria na- cional‘modificar autónomamente el producto ni el método de pro- ducción y la somete ala prohibición de usar los conocimientos licen- ciados después de la culminación del acuerdo. Por las mismas razo- nes existe una situación equivalente en el caso de las joint-ven tu res, inclusive cuando el control accionario está en manos nacionales.
Si bien el modelo tipo brasileño es superior al modelo propuesto por las multinacionales, es necesario analizar crítiCamente esta pro- puesta “desarrollista”. Las fuerzas impulsoras de este modelo han si- do por un lado las empresas nacionales que han reconOcido la exis- tencia de un mercado de importancia y en creciente expansión don- de operar. Por otro, sectores de las Fuerzas Armadas que, imbuidos
'de'un nacionalismo doctrinario, han inclusive adoptado posiciones más intransigentes en la negociación con las multinacionales que al- gunos industriales nacionales que ven en la asociación con el capital extranjero una propuesta atractica para desarrollar sus negocios.
Ha tenido también fundamental influencia para la formulación de esta política la existencia y creciente desarrollo de una industria de armamentos, la primera del Tercer Mundo , y m_ay0r y más sofisti- cada que la de algunós países desarrollados." Es posible reparar ya en términos de actividad industrial, tanto en “software” COmO en “hardware”, productos cuyo destino es claramente bélico, activi- dad que está creciendo en forma rápida 'y que ya envuelve institu- ciones especializadas, órganos militares y hasta universidades.
Desde el punto de vista de la racionalidad de medios, inherente a la sociedad capitalista, la actividad bélica se justifica plenamente ya
ue, además de garantizar un aprovisionamiento independiente a gas Fuerzas Armadas, es una fuente de recursos externos provenien- tes de’ un mercado internacional sofisticado y complejo.
Desde un punto de vista de una racionalidad de fines esta activi- dad es profundamente irracional ya que representa una dilapida- ción de recursos materiales y humanos en una sociedad de reenrsos escasísimos y con enormes problemas sociales.
’ Brasil es el sexto exportador de armas en el concierto mundial.
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Por otro lado , es evidente que esta propuesta de desarrollo de la in- formática, aunque tenga componentes nacionalistas, por venir a sa- tisfacer la demanda de un mercado ya creado, se monta sobre unmo- delo de desarrollo que genera una distribución de ios ingresos alta- mente regresiva, marginando ala mayor parte dela población. La informática impulsa este proceso de marginación relativa crecien- te, al acelerar la monopolización de la economía, el estancamiento consecuente y la distancia que separa los sectores sociales modernas de los atrasados. Desde un punto de vista económico la informatiza- ción de la sociedad se procesa solamente en los sectores modernos.
Es poco lo que puede verse, en esta creciente informatización, sobre las potencialidades aun inimaginables de esta nueva tecnología, que podrían transformar radicalmente las relaciones entre el hombre y la naturaleza y entre los hombres si se pusieran al servicio dela resolución de los grandes problemas económicos y so- ciales que estas sociedades enfrentan.
CONCLUSIONES
La informática tiene la capacidad de cambiar el mundo de una manera radical al aumentar enormemente las capacidades del hombre como productor y administrador de bienes. Puede liberar la humanidad del sometimiento al trabajo rutinario y alienante a- tra- vés de la robotización de las líneas de producción y la automatiZa- ción administrativa, de manera de permitirle gozar de su tiempo libre desarrollando actividades creativas. En una nueva fase de la historia humana el hombre superando la necesidad, podría ejercer libertad en plenitud. Sin embargo no parece ser ésta la tendencia que se va destacando como dominante en Europa y Estados Unidos, y mucho menos en el Tercer Mundo y América Latina, donde una lectura dela realidad muestra un cuadro de opresión y explotación creciente. La informática, como nueva tecnología, en un contexto de grandes problemas políticos, sociales y económicos, en algunos casos sólo parece agravarlos, aumentando las desigualdades entre el centro y la periferia a nivel mundial.
Frente a este cuadro nos parece indispensble un análisis atento y profundo de cuáles son'los efectos del desarrollo de la informática 'sobre la sociedad dependiente, para evitar que un crecimiento irreflexivo de esta área pueda constituirse en un obstáculo más, fun- damental por su impacto, para salir de la encrucijada que viven n uestros países. '
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‘Un análisis de esta naturaleza escapa de las posibiiidades de este pequeño trabajo; sólo planteamos aquí algunas ideas.
No todos lo's usos de la informática son adecuados y convenientes y responden a los interses de la sociedad donde se quiera aplicar, de forma de preservar sus .VaIOres locales. Es por tanto necesario estu- diar los efe‘ctos colaterales negativos del desarrollo de la inform ática y en algunos casos montar experiencias piloto antes de lanzarse a un uso irresponsable de la informática sin haber previsto sus consecuen- cias.
Así, un proceso de robotización de la industria de punta latino- americana, como comienza a verse en algunos sectores (fundamen-
talmente ligados a las multinacionales) no puede interesar actual- mente a la región, ya que son procesos costosos, consumidores de di- visas y reducidores de demanda de mano de obra no especializada, cuando existen parcelas importantes de la población desocupadas. En la educación también el computador puede Ser una herramienta muy poderosa, pero su uso necesita ser estudiado para ver de q-ué for- ma y para niños de qué ‘edades esta herramienta puede realmente beneficiar la calidad y la divulgación de la enseñanza.
_ Nos parece que una sociedad que se propone salir del atraso y de la dependencia, estructurándose con un nuevo contenido social, no puede marginarse del problema informático; debe hacerse unestu- dio que permita el uso de esta teenología como herramienta libera- dora y no de opresión.
La sociedad debe buscar un uso alternativo de la tecnología adap- tándola y desarrollándola en función de sus problem as y de sus aspi- raciones, como un acto reflexivo y consciente. Es necesario para ello la formulación de una política explícita en esta área, que supere el inmediatismo de un mercado, expresión del propio atraso y depen- dencia que se quiere superar, y que delimite el papel que la informá- tica deberá cumplir en este proceso.
Esta formulación, estructurada en torno de una legislación explícita, requiere de una participación activa no sólo de los poderes del Estado sino también de toda la sociedadcivil através de sus mani- festaciones mayoritarias y de la comunidad de científicos y técnicos del área que de una manera general han jugado, por lo menos dentro del ámbito de América Latina, un papel importante en la defensa de los intereses nacionales. Desgraciadamente la elaboración e imple- mentación de estas políticas en algunos casos, como es el de Brasil, queda restringida casi exclusivamente al ámbito de las Fuerzas Ar- madas que, interesadas en una industria bélica en pleno desarrollo,
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han caracterizado esta área tecnológica como clave para la llamada seguridad nacion-al.
Sería fundamental que, a través de Organismos del Estado espe- cialmente creados para ello, con colaboración de otras estructuras como las universidades, se promuevan aplicaciones dela informáti- ca para resolver importantísimos problemas que la economia o la. población destacan, como por ejemplo: control de las cuencas flu- viales e irrigación, planificación urbana, complementación y opti- mización del aparato educativo, informatización de toda la estruc- tura hospitalaria estatal, generación de grandes bancos de datos, in- tegrados en redes nacionales, 'sobre recursos hídricos, minerales, agrícolas, etc. Estas aplicaciones tienden a optimizar. los recursos disponibles, ayudando a resolver problemas de salud y educación integrando regiones de diferente nivel de desarrollo en un país y entre países. Es fundamental extender estas aplicaciones para in- tegrar los países latinoamericanos quetienen problemas similares para resolver y pautas culturales parecidas. Para esto es'de la mayor importancia el desarrollo y la implantación de redes de comunica- ción latinoamericanas y un mayor intercambio entre los países de América Latin-av.
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Documento: Nicaragua, análisis de los resultados electorales
En la mañana del 6 de noviembre, día de las elecciones norteamericanas, “The Washington Post” hizo público 'un doctImento “secreto” y “delicado” (secret-sensitive) preparado para el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos en el que —adem ás de referirse al éxito en el “bloqueO” a Contadora- se informaba de la cam- paña realizada para ¡Co'nvencer a los norteamerÍCanos y al mundo de que las elecciones nicaragüenses eran “una farsa” Pero un primer análisis sobre las elecciones de Nicaragua y sobre los resultados de los comicios destruye todos losprej uicios acumula- dos contra el. proceso electoral y contradice en todos sus aspectos la propaganda norteamericana sobre el mismo.
"Unas elecciones limpias, libres, abiertas a todos
Eas elecciones nicaragüenses* no se celebraron en los momentos de euforia nacional producida por el derrocamiento de la dictadura so- mocista. El FSLN, partido e'n el poder, se arriesgó a celebrarlas des- pués de cinco largos años de gobierno, con su inevitable secuela de desgaste. El FSLN cumplió su compromiso y celebró las eleveiones a los cinco años del triunfo, según lo había anunciado en 1980, y según lo requerían las más urgentes necesidades de la reconstrucción na- cional.
Las reglas del juego electoral —la ley Electoral—- estuvieron listas siete meses antes de la fecha de las elecciones y cuatro meses antes del comienzo de la campaña. Ciertas modificaciones introducidas en meses sucesivos fueron producto de la negociación con otros parti-v
’ Documento del Instituto Histórico Centroamericano, publicado en Envío, Ma- nagua. Nicaragua. año 4, núm. l. noviembre 1984.
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dos y todas ellas aumentaron las oportunidades de actividad pre- electoral y dieron mayores garantías para la presencia y activid'a’d política postelectoral de los partidos que resultarán perdedores. aumentaron las oportunidades de actividad preelectoral y dieron mayores garantí as para la presencia y actividad política postelecto- ral de los partidos que resultarán perdedores.
El consejo Supremo Electoral, organismo pluralista, organizó las elecciones y los escrutinios con una real independencia de los demás poderes del Estado. El Consejo fue un organismo fundamentalmen- te abierto. A los observadores internacionales que vinieron a las elecciones les abrió, por ejemplo, todos sus archivos de quejas. Los observadores se encontraron con 48 expedientes, centrados en su mayoría en casos sobre el derecho a votar de personas individuales, El resto de las quejas se referían a algunos incidentes o disturbios producidos durante actos electorales públicos de partidos opositores inscritos.
Ningún acto electoral de los partidos opositores inscritos tuvo que ser suspendido. Un estudio del diario “La Prensa" durante los tres meses de campaña electoral, así como un estudio de los discursos electorales de los candidatos opositores —en calles, plazas y demás lugares públicos, así como en la radio y latelevisión— revela la fran- queza y acritud con que libremente se pudo acusar al FSLN de ser el responsable de la guerra, de querer instaurar un régimen totalita- rio, de irrespetar a la jerarquía católica y provocar tensiones con ella o —desde un punto de vista de otros grupos de izquierda- de ser res- ponsable de la derechización de la revolución, de componendas con la burguesía y de sectarización frente a otros partidos revoluciona- rios.
Durante toda la campaña, el real levantamiento de la censura de los medios de comunicación —excepto en lo referente a cuestiones militares- tuvo un único quiebre legal: la edición del diario “La Prensa" del lunes 22 de octubre, en la que se informaba sobrela deci- sión del PLI de no ir alas elecciones, fue censurada. Sin embargo, ese mismo día Virgilio Codoy, candidato a la presidencia por el PLI, apareció en las pantallas de TV en h-ora de máxima audiencia, para hablar durante 20 minutos sobre las razones de su decisión absten- cionista. En su intervención, se refirió ala censura de “La Prensa", hecho, con el que confirmaba su apreciación de que había “condi- ciones” para las elecciones. Con rapidez, pues, se subsanó, a través de la TV, medio de mayor alcance público que el de un diario, el úni- co desliz legal en este campo.
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Total de’ Votán’tes, de no votantes, de votos nulos
Centenares de observadores y periodistas internacionales fueron testigos el día 4 de noviembre de una votación ordenada y masiva, sin la presencia del ejército en las calles de las ciudades, CuyOS resul- tados finales fueron éstos:
Estos resúltádós globales son suficientes ya para deshacer la im a- gen prefabricada por Estados Unidos de unas elecciones totalitarias o dictatoriales. Ni en la Nicaragua de Somoza ni en el Chile de Pi- nochet ni en la España de Franco ni en el Gran Reich de Hitler" ni en los países del bloque soviético —donde los mecanismos electorales responden a otro tipo de sociedad- nos encontramos con resultados- que presenten menos del 95 % de asistencia a los comicios. El 24. 6 % de losnicaragüensesinscritos que no pudo o no quiso ira vo tarin dica con claridad que éstas no fueron elecciones de las queson calificadas como “plebiscitarias” y destruye la propaganda que dice que los ni- caragüenses viven en una atmósfera de presión y miedo totalitarios.
El 4 .6 % —sobre el total de ciudadanos inscritos- que fue a votar pero que depositó un voto nulo —por las razones que se'a-— termina de quitar base a la mencionada propaganda y, junto a otros resulta.- dos, contribuye a atestiguar que hubo un real ejercicio del voto
secreto _._ Asistió alas urnas el 75.4 % de los ciudadanos inscritos. Es un por-
centaje de participación electoral comparable al promedio normal de las democracias tradicionales y es una cifra muy superior alas de la- participación en las elecciones de Estados Unidos desde 1960. En aquel año, en la contienda entre Kennedy y Nixon, votó el 60 % de los ciudadanos inscritos. Este record no ha sido mejorado sino dismi- nuido en los 24 años siguientes. * *
Teniendo en cuenta que la Coordinadora Democrática no inscri- bió candidatos, que su líder Arturo Cruz expresó públicamente su intención de no votar, que la campaña norteamericana sobre “la farsa” electoral fue retomada diariamente por el diario de Managua “La Prensa", na hay duda de que la gran m ayoría de los nicaragüen-
* Incluida la votación Anschluss en Australia en 1938. que fue mencionada por el Representante de EE.UU en la ONU en el debate del Consejo de Seguridad (9 de no- viembre).
’ ’ Es presidente Reagan fue reelecto con el 59 % del total de votos. No indican los despachos (le prensa que tenemos a mano si esta cifra _\' la conseguida por Mondalc (41 "2) es sobre los votos válidos o sobre los votos depositados (incluyendo válidos _\' nulos).
CUADERNOS DEL SUR3 151
ses —más de un 70% de los inscritos— no compartieron esas posi- ciones y valoraron la elección como un acontecimiento'serio.
Hay que tener en cuenta también que “Ra-dio Impacto” de Costa Rica y la radio “15 de Septiembre”, portavoz del FDN desde Hondu- ras —que se oyen perfectamente en amplias zonas de Nicaragua incluso a través de la onda media—, no llamaban a la abstención; Más bien hablaban de las graves represalias que se tamarían contra los que no vota ran: por eso, convoCaban a asistir pero a depositar un voto nulo. Parece claro también que el 6 % de votos nulos —sobre'el total de los depositados— indica el poco éxito que tuvo esta prOpa- ganda. El hecho de que sólo 16 de las 3892 ]untas Receptoras de Vo- tos no funcionarán con normalidad indica también la decisión con que el proceso eledoral se llevó a cabo, aun en zonas de guerra.
Los votos de cada partido: cifras y especulaciones
El FSLN obtuvo el 63 % de los votos depositados; * Esto lo con- vierte enla primera fuerza política del país. Indica “su hegemonía”, según lo expresaba el diario “Le Monde“ de París. Este resultado re- futa la imagen de una elección “plebiscit'ária”, que era la predicha por la propaganda norteamericana. Un 31 % de los votos depósita- des correspondió fragmentadamente a los 6 partidos opositores ins- critos, concentrándose en tres partidos de centro-derecha el 27 % de los votos depositados y apenas un 4 % en otros tres partidos ubicados más a la izquierda del FSLN.
Estos resultados son increíbles no sólo por la honestidad seguida en los procedimientos electorales el día de la votación, honestidad ampliamente atestiguada por observadores de muy diversos países y por cables internacionales de prensa. Son creíbles también porque se ajustan ala capacidad de convocatoria mostrada por el FSLN y por los otros partidos en sus actos de campaña electoral. MUChos de los observadores y periodistas internacionales fueron testigos de la enorme concentración con que se cerróla campaña del FSLN en Ma- nagua el l de noviembre y de que para esta manifestación no hubo transporte estatal ni regalos ni bonificaciones especiales. Finalmen- te, los masivos informes del Cónsejo Supremo Electoral durante el cómputo de los votos hacen creíbles estos resultados. No mostraron incoherencias entre sí sino, más bien , tendencias claras desde el co-
"‘ Escogemos el porcentaje sobre votos depositados pues es el que habitualmente se emplea como expresión de participación en todas las democracias.
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mienzo‘, con variaciones 'que nunca oscilaron en más de 6 puntos de porcentaje. *
Aunque no pase de ser una anécdota, es significativo el modo de como informó “La Voz de los Estadós Unidos” de estós resultados en su emisión matutina para América Latina del 6 de noviembre. Co- menzó la noticia reafirmando que las elecciones en Nicaragua habían sido “una farsa”. Sin solución de continuidad, ,el locutor dijo que el 63 % obtenido por los sandinistas estaba muy por debajo del triunfo con un 80 % predicho por ellos. Es decir, quisieron “ganar” con las dos noticias y al hacerlo cayeron en una clara contradicción. Porque, si las elecciones son una farsa, ningún resultado es creíble. Y si se acepta que el 63 % es un resultado deCepcionante para las pre- dicciones sandinistas, entonces cae por su base que las elecciones ha- yan sido una farsa. En parecidas contradicciones se ha en frasca'do el diario “La Prensa”, el que, sin embargo, no ha mencionado una sola vez en sus páginas la palabra “fraude”
Se puede especular sobre cuántos votos habria obtenido la Coor- dinadora con Arturo Cruz como candidato, si se hubiera presen ta- do. Durante toda la campaña electOral se lanzó al mundo la imagen de que alrededor de esta candidatura se apiñaba “la‘principal oposi- ción” del país. Pero para el que conozca la vida política nicaragüen—- se esta afirmación es múy discutible. Con más de cuarenta años de dictadura previos a la revolución , con el conti‘nUo juego hecho por el somocismo para dividir y fragmentar a los partidos que se le o‘ponían, con organismos gremiales que aglutinaban a la burguesía opositora y que no llegaron a tener una expresión política hasta q‘ue en 1978 Robelo fundó el MDN (hoy unido a la contrarrevolución ar-. mada), con tina de las “fuerzas” políticas de la Coordinadora surgida "apenas en 1979, después del triunfo revolucionario (PSD), con o'tra de esas “fuerzas” claramente minoritaria en su base social (PLC); la historia política nicaragüense no ofrece ningún fundamento sólido para sostener esta imagen de “fuerza” de la Coordinadora. No hay razón creíble para sostener la opinión de que Arturo Cruz y la Coor-
* El Consejo Supremo Electoral entregódesdeel lunesS (3:00 a.m .) hasta el miérco- les 7‘ (10:00pm l) 5 informes de cómputos sobre el 16 % , el 39 % , el 69 ‘70 , el 80% y el 90.5% de las ,Jtintas Receptores de Votos, proyectándose estos últimos resultados al 100 % , como un informe final provisional. Este proceder del GSE contrasta con la “cos- tumbre" en otras elecciones de países centroamericanos entre 1972-1982, en las que se comenzaba con premura a dar datos por televisión y a las pocas horas se cortaba brus- camente el flujo dedatos. Cuando varios días más tardesedaba el informefinal, los re- sultadOs tenían muy poco que ver con las tendencias reveladas en las primeras inform a- Clones.
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dinadora habrían llegado a reunir tantos votos como para superar notablemente los que consiguió el 4 de noviembrela oposición que sí ¡»se inscribió para las elecciones.
Arturo Cruz y la Coordinadora son “la principal oposición” en N icaragua sólo en el' sentido de que su propuesta política no acepta la revblución nicaragüense como un hecho estructuralmente profun- do e irreversible. Pero la imagen de una granfuerza, con un respaldo númerico masivo en el pueblo nicaragüense —sea de militantes o de .descontentos con la revolución- es un producto caprichoso de la propaganda norteamericana, que tampoco acepta la revólución ni- caragüense como un hecho irreversible'y, por eso, la desfigura.
No hay resultados electorales para medir el apoyo a la Coordina- dora. Pero hay algunos indicadores que no pueden ser olvidados. En términos de convocatoria, la llegada de Arturo Cruz a fines de julio
después de una amplia propaganda de “La Prensa”— reunió tan sólo a 400 personas en el aeropuerto. Sus actos preelectorales en Ma- tagalpa, Chinandega, León, Boaco y Masaya no juntaron ni a mil
_personas cada uno. A falta, pues, de ' mediciones objetivas, sólo queda la especulación, basada en hipótesis sanas o en hipótesis ten- denciosas.
La realidad política de Nicaragua indica que una gran coalición opositora, que hubiera agrupado alos 3 partidos de la Coordinadora con los tres partidos de centro-derecha inscritos (PCD, PLI y PPSC) habría sido muy improbable. El PPSC PPSC no habría cabido en esa coalición, en virtud de su decidida opción por el cambio estructural que lo llevó a separarse de los demócratacristianos (PSC, hoy en la Coordinadora) varios años antes del derrocamiento de la dictadura (1975). La evidencia de la relación excesivamente amistosa de los gremios de la empresa privada (COSEP) y del PSD corre] gobierno nor- teamericano habría sido un obstáculo para que el PCD y el PH —con dirigentes con posiciones nacionalistas consecuentes- entraran en esta hipotética coalición opositora.
Por todo esto, los votos obtenidos por el PCD (13 Vw) y PL! (9 "4) pueden ser lógicamente interpretados como votos que expresan . por una parte, el arraigo de las tradiciones conservadoras y liberales como expresiones políticas de la ' historia de Nicaragua, a la ve: ‘que como votos que expresan la oposición o descontento al FSLN dentro del marco de la nueva realidad política de Nicaragua, que es mayoritariamente aceptada. Más difícil de analizar es el sentido de los votos obtenidos'por el PPSC (5 (70 ). ¿Se habrían mantenido de ha- ber competido también con l-a Coordinadora? Lo que más distin- guió la opción del PPSC fue el haber levantado lo cristiano como ban-
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dera política y en este campo, la Coordinadora también intentó crear la misma imagen política de devoción cristiana y de fidelidad eclesiástica.
Dentro del 25 % que no pudo o no quiso ir a las urnas habría. que buscar también los votos que pudo haber tenido la Coordinadora. Pero hay que tener en cuenta previamente que dentro de este 25 070 está ese porcentaje de personas que en cualquier país nunca-ejerce una posición política activa, ni siquiera la mínima de ir a depositar su voto, bien sea que esté de acuerdo o en desacuerdo con algún par- tido o no coincida con ninguno y que, habitualmente, este porcenta- jesuele llegar, porlo menos, a un 10 % delos inscritos. Dentro de este 25 % se encuentran también los que después de haberse inscrito en julio fueron movilizados por las necesidades militares dela defensa —incrementadas desde en‘tonces- y no pudieron ejercer su cle- recho.* Dentro de este 25 % están también los que no pudieron en- contrar medios de transporte con los que cubrir grandes distancias, especialmente en el medio rural. (En la Región I no hubo transporte público el día 4 de noviembre). Hay que recordar que para el proce- so de inscripción, que abarcó a un 93 0/0 de la población estimada (no existen censos poblacionales), quedando si n inscribirse sólo un 7 ‘ïi hubo 4 días y que las votaciones se desarrollaron durante un sólo día. Además, la inscripción era un deber. era obligatoria _l/ el coto era libre, era un derecho.
Por último, una pequeña parte de ese 25 % que no fue a las urnas e‘stuvo ausente del país en los días de la inscripción o en los de la elec- ción o cayó dentro de la tasa de mortalidad normal del país, aumen- tada ahora por la guerra.
Sería necesario también hacer un análisis acucioso del voto nulo (4 .6 % del total de inscritos) para discernir el voto que muestra señas de anulación voluntaria (frases de burla, consignas contrarrevolu- cionarias. borrones, palabras obscenas, etc.) y el que se anula por erro- res involuntarios, propios de lugares en donde existe analfabetismo to- tal o funcional. Es curioso, por otra parte, que no parece existir una correlación entre las cifras de abstención y las de votos n ulos. corre- lación que podría existir si ambos porcentajes estuvieran expresando mayoritariamente actitudes políticas. En las regiones en donde se dan los mayores porcentajes de “abstención” se ve más claramente cesta falta de correlación. Como muestra el Cuadro II las mayores
’ Sólosc podía votar cn lajunta-dondc unosc había inscrito. Para hacerlo cu otra. los miembros del ejercito necesitaban una carta de autorizacit'm (lc su jefe militar.
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cifras de falta de participación se dieron en zonas de guerra o tradi- cionalmente más apáticas políticamente.
Naturalmente, las consideraciones anteriores podrían aplicarse también alos votos válidos, entre los que hay que suponer un porcen-. taje de votos no militantes, de votos que expresan convicciones políticas poco profundas y, en algunos casos, que expresan oportu- nismo. Es por eso precisamente que, dadas las condiciones para una elección honesta, la única oportunidad coherente que tie'nen los partidos políticos es arriesgarse al juego electoral, tratando decon- vocar al pueblo a que participe y se exprese por este medio. Es a esto a lo que se arriesgó el FSLN al convocar alas elecciones y al participar en ellas en la forma en que lo hizo. Se arriesgó así a que apareciera en números la franja de desacuerdo que existe entre él y la población. Una franja que existe, que se ha expresado y que no es despreciable. Esta es la franja que'se hubiera visto notablemente reducida si el FSLN hubiera jugado al electorerismo plebiscitario convocando a- elecciones en 1979 o 1980.
LOS VOTOS PARA LA ASAMBLEA NACIONAL
Los resultados, por lo que toca a las circunscripciones regionales que eligen la Asamblea Nacional, ofrecen el siguiente perfil de represen- tantes electos, después de aplicar alos votos válidos de cada partido el respectivo cociente electoral:
No hay que olvidar tampoco que en la lista de diputados electOs por el FSLN no sólo hay miembos del partido sino también personali- dades nacíonales o locales que no son militantes y fueron elegidas por su liderazgo social, por sus convicciones patrióticas y revolu- cionarias. El FSLN anunció que-postulaba una candidatura de este tipo para corroborar así su política de unidad nacional. De manera que la Asamblea Nacional Constituyente es pluralista no sóloen sen-- tido multipartidario sino que también estará enriquecida por perso- nalidades no partidistas que iban en las listas del FSLN.
EL MAS PROFUNDO SIGNIFICADO DE ESTAS ELECCIONES
¿Cuál ha sido, en conjunto, el significado más profundo de estas elecciones? Ha sido sin duda, la emergencia de la dignidad nacional de una gran parte del pueblo nicaragüense. A pesar de los defectos que condensó la ausencia de una tradición de participaci'ónpolítica,
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'a pesar de las deficiencias ,en la cultura democrática de un país del Tercer Mundo sometido hasta hace cinco años a una dictadura servil a —la política norteamericana, la inmensa mayoría del pueblo nicara- güense fue a votar y votó con seriedad, con dignidad. incluso con so- lemnidad.
Lo hizo así, a pesar de la-agresión-, del malestar. que produce el ser- ‘vicio militar al que este pueblo no ha estado acostumbrado _v que cuenta ya entre sus reclutados a muchas víctimas,sa pesar dela esca- sez, de la especulación y el mercado negro, a pesar de las llamadas a la abstención. Lo hizo a pesar de la propaganda de que no se respetarí a el voto secreto. Lo hizo sin laspresiones de ese aparato mí- litar que en CentroamérÍCa -—a excepción de Costa Riea— ha acom- pañado siempre los acontecimientos electorales.
Las elecciones sorprendieron a muchos observadores y periodis- tas por su honestidad, por su orden y organización y por la ade- cuación delos métodos de cómputos a las condiciones nacionales de tecnología atrasada'.
La sorpresa ha sido. constante en Nicaragua desde 1979. Nadie es- peraba que entre las revoluciones centroamericanas fuera la nicara- güense la que primero triunfara. Nadie esperaba una revolución triunfante sin ejecuciones masivas en el momento del. triunfo _\' el “ajuste de cuentas” Nadie esperaba un modelo revolucionario de
¿economía mixta, pluralismo político y no-alíneamíento combinado con verdaderos cambios estructurales y avances económicos. Nadie esperaba —una vez esparcida por el mundo la imagen, de un país totalitario 'una convocatoria a elecciones _v_ una campaña política llena de durísimas críticas al FSLN. Nadie esperaba un cierre de cam- paña como el. del FSLN el lo. de noviembre. Pocos esperaban la se- riedad y honestidad .de la votación y de sus cómputos.
Una vez más los ojos del mundo se volcaron sobre Nicaragua en es- tas elecciones. Son pocos los que no han sabido mirar limpiamente lo que aquí ocurrió. Las visitas casa por casa, método de trabajo empleado por el FSLN durante su campaña, fueron, por ejemplo. dístorsionadaspor un periódico progresista europeo, que habló de “turbas en las calles aporreando las puertas de las casas en los días previos a las elecciones para meter el miedo en el cuerpo a quienes no deseaban votar”. A pesar de todo, la mayoría en elmundo, rendida .ante la evidencia, no ha levantado objeciones contra. estas elec- ciones, que podrían haber sido sin duda más perfectas pero que
fueron sorprendentemente buenas y limpias.
La dignidad que emerge en el pueblo nicaragüense —y que se hizo patente en el acto electoral- es hoy un factor cultural poderoso, un
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sustancial constitutivo de la identidad popular y nacional del pueblo. Es una identidad forjada durante siglos de resistencia sorda frente a la colonización, durante los años de lucha de Sandino contra la ocupaéión norteamericana y el colaboracionismo criollo que. con ella pa'ctó. Es una identidad consolidada durante décadas de cre- ciente rechazo al enriquecimiento de Un capitalismo que aunque menos arcaico que el de los oligarcas clientelistas de antaño, no era menos empobrecedor de las mayorías. Se trata de una dignidadque hoy lleva a los nicaragüenses a resistir con todas sus fuerzas la impo- sición nOrteamericana de una contrarrevolución cruel y reacciona- ria. Esta digna identidad es la que produce sorpresa, la que a algunos les resulta increíble. Les parece imposible hallarla en -un pueblo pobre y subd‘esarrollado.
El programa político que el pueblo nicaragüense ratificó en las urnas es rechazado por los Estados Unidas no porque sea “totalitario y ma-rxista-leninista”, sino porque es un programa revolucionario original que desafía la hegemonía político-ideológica de lOs Estados Unidos en Centroamérica. Se trata de un modelo atractivo y tam- bién exitoso. En 1980 Nicaragua tuvo un crecimiento económico global del 10% , en 1981 del 7% , en 1982 fue'nulo por las inunda- ciones y sequías , pero en 1983 volvió a crecer en un 5 % , Todos son datos de la CEPAL. Solamente el desvío de recursos hacia la defen- sa, forzado por la agresión financiada por los Estados Unidos, hará disminuir este crecimiento en 1984. A la atracción y el éxito de este modelo hay que añadir ahora qUe se trata de un modelo que cuenta con" el apoyo mayoritario de una población que es en su mayoría pobre y cristiana.
7 Las elecciones han demostrado que el cuadro político de Nicara- gua no es un cuadro totalitario. Muchos en el mimdoln han visto así‘y lo han reconocido, incluido el diario “Le Monde" en un editorial po- selectoral. Las elecciones no son, además, el único medio de partici- pación politica del pueblo. El modelo nicaragüense ratificado por los electores incluye el fomento de otras varias formas de participa- ción política del pueblo: la progresiva autogestión de unidades pro- ductivas, la proliferación de organizaciones sectoriales del pueblo, la creciente cooperativización de la producción agropecuaria, un mayor debate ideológico, aun en circunstancias de guerra, etc. El hecho, por ejemplo, de que la población conozca que los hijos de los dirigentes del FSLN, de los ministros del Estado, etc. en edad militar, participan en el servicio militar y en el combate ala contrarrevolu- ción, apunta hacia otra forma de democratización , que deshace tra-
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dicionales privilegios habituales en Nicaragua _\' mi Cen troamérica, Un hecho como el de que no haya habido choques entre la policía y la población en cinco años de proceso, indica la humanización , la de- mocratización, que se ha logrado en el poder del Estado.
Todas estas realidades —en las que no deja de haber aun muchas deficiencias— son la mejor respuesta 'a toda la propaganda. Las cloc- ciones reales, las elecciones concretas que se celebraron el 4 de no- viembre, han supuesto un momento de realidad "contra el que se ha estrellado el intento norteamer‘icanode calificadas como una farsa. _La realidadT _\' en ella la práctica de los grupos moiales, es siempre al mejor “factor contra la ideologízació‘n, es siempre mucho más eficaz que cualquier contrapropaganda. '
Todo esto puede explicar'la rapidez con que el gobierno de Re- agan cambió el foco de su propaganda el mismo _6 de noviembre, en el mismo momento de su reelección: pasó de la descalificación delas elecciones al escándalo de los MIC. Y basado en ese escándalo, su primer acto de gobierno en política exterior no ha sido otro que el de intentar pisotear porla fuerzayelamedrentamiento la dignidad po- pular .que no pudo inhibir en las elecciones. f
Revista de Revistas
CUADERNOS POLITICOS Trimestral. Publicada por Editorial ERA, 'No. 41, julio-diciembre de 1984. Apartado Postal 74-092, Méxi- co, D.F, 09080 México. Rubén Jimé- nez_ Ricárdez: Marx y su teoría de la revolución para el mundo subde- sarrollado. Bolívar Echaverría: La "farmación natural" dela reproduc- ción social. Carlos Pereyra: Dos aproximaciones al problema de la dialéctiCa. Ana Cristina Lau rell: Cien- cia y experiencia obrera: la lucha por lasalud en Italia. Hectór Manjarrez: La Revolución y el escritor según Cortázar. Ruy Mauro Marini: Co- mentario a Raúl Sendic. Suscripción por cuatro números para Centro y Sudamérica 16dols. l correo aéreo 20 dls.).
REVISTA MEXICANA DE SOCIOLOGIA
Organo oficial del Instituto de Inves- tigaciones Sociales de la UNAM. Torre de Humanidades, 7o. piso, Ciudad Universitaria, México, D.F. 0451'0, México. Suscripción en Centro y Sudamerica 16dls. (24dols. .por correo aéreo). Año XLVI, Vol. XLVI, No.2, abril-junio de 1984. Prin- cipales artículos divididos en tres rubros: I) Fuerzas Políticas, con artículos de Matilde Luna, Carlos Martínez Assad, Bertha Lerner, Ja- vier Aguila-r García, etc; II), Proble- mas nacionales con artículos de Da-
vid Torres, Carlos Pereyra Maria de Ibarriola, María Elena Escudero, etc.; Ill) La crisis actual con artículos de Gonzalo Rodríguez, Francisco Dávi- la Aldas, Carlos Sirvent, David Bar- kin y Miguel Basáñez.
ENSAYOS
Deia División de Estudios de Posgra- do de la Facultad de Economía de la UNAM, México, Ciudad Universita- ria, México, D.F. 04510, México. Vol. 1, No. 2, segundo trimestre de 1984. Carlos-Schaffer: De Ia noción de clase obrera. Octavio Rodríguez Araujo: Los marxistas frente al Esta- do mexicano. Sofía Méndez: Méxi- co: del petróleo a la estabilización. Michel Foucault: Lo que digoylo que dicen que digo, etc.
ENVIO
Del Instituto Histórico Centroameri- Cano, Managua, Nicaragua, Aparta- do a.194. Boletín mimeografiado, suscripción anual 15 dls. Año 4, No. 4, tiene los siguientes temas: De la victoria electoral al estado de alerta;
'La recta final de las elecciones; y
Análisis de los resultados electo- rales.
CRITICAS DE ECONOMIA POLITICA
Publicación trimestral. Apartado Postal 70-176, México, D.F. 04510, México. Nos. 20-21 de julio-dic. de
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193. Número dedicado a Los Populis- mos. Principales artículos: Tim Wohlforth: El movimiento populista de los Estados Unidos de América. Alberto J. Pla: El problema del Esta- do, la democracia social-y el populis- mo. Carlos M. Vilas: EI. populismo como estrategia de la acumulación. Nicos Mouselis: Una crítica al libro de E. Laclau "Política e Ideología en Ia Teoría Marxista". Helena Hira'ta: El populismo como impulso del Estado capitalista “semi-industrial": el caso de Brasil.-Manuel Aguilar Mora: Po- pulismo y revolución permanente. Francisco R. Dávila: Ecuador, economía, política y sociedad. Gil- berto Mathias: Régimen político y le- gitimación “restringida” en América Latina, el paso de los gobiernos po- pulistas a los regímenes autoritarios. Mauricio Antesana Villegas: Boliviá': una nueva ecuación de poder.
NEW LEFT REVIEW
15 Greek Street, London WIE 602, .Inglaterra. Suscripción para Améri- ca Latina 14 libras o 22 dIs. No. 142, noviembre-diciembre de 1983. Prin- cipales artículos: Roy Medvedev: What de USSR Can Offer China. Petras, Morley y Havens: capitalist Democracy ¡n Peru. Chris Arthur: The Master-Slave Relationship. Abercrombie, HillyTurner: Ideology and Subordination. Terry Eagleton, Peter Fuller: Value in Art: an Ex- change.
COYOACAN
Apartado Postal 65-236. México 8, D.F, México, No. 17, enero-junio de 1985. E. M_andel: La teoría marxista de Ia crisis y la actual depresión eco- nómica. Elmar Altvater: Una recupe- ración malsana._FrobeI, Heinrich y
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TIERS MONDE
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BOLETIN DE ESTUDIOS LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
CEDLA, Keizersgracht 397, 1016 EK Amsterdam, Holanda. Suscripción, 8 dólares por un año. No. 34, VI- 1983. C. Fortín: Latin America in the 1980: issues, trends and prospects. A. Serbin: Estado, indigenismo e in- dianidad en Venezuela, 1946-1979. F. Schryer: From rancheros to pe- queños propietarios. D. La France: Labour and the Mexican Revolution: President Fco.l. Madero and the Puebla textile workers. Ian E. Robert- son: The Dutch linguistic legacy in the Guayana. Venezuela border quetsion. H. Hack: Landa problems in the Paraguay Chaco.
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Llovet: La industria editorial argenti- na:J. King: El Di Tella yla Cultura del 60: Una conversación con Marta Tra- ba. B. Lamounier: La lucha por la de- mocracia en Brasil. J. Borja: Izquier- da: perplejidad y experimentación. Hay otras colaboraciones de O. Lan- di, Tomás E. Martinez, A. D'Amico, M. del C. Feijóo, E. Jelin, E. Archetti, P. Vila, V. Palermo, R. Cicerchia, M. Negroni, A. Sheridan y P. Nora.
DESARROLLO ECONOMICO. REV. DE CIENCIAS SOCIALES IDES, GUEMES 3950, Buenos Aires, Argentina. No. 97, Vol. 24, abril- junio de 1985. Suscnpción anual No. 4. Daniel Chuvnosky: La difusión de la tecnología de punta en la Argenti- na. César A. Aguiar, Uruguay: Esce- nas políticas y subsistemas electoraL les. Marcelo de Paiva Abreu: La Ar- gentina y Brasil en los años 30. Hilola Sábato: La formación del mercado de trabajo en Buenos Aires, 1850- 1880. Notas y Comentarios. Reseñas. bibliográficas.
PRAXIS Debates. Estudios. Documentós, No.3y4.
La presente edición se terminó de imprimir en Noviembre de 1985 en los Talleres de RIPARI S.A. J. G. Lemos 246/48 - Tel.: 552-3900 Buenos Aires - Argentina
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l, EDUARDO LUCITA 0 Elecciones sindicales _\'
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CARLOS ABAl.O ERIK O. \\'lth'l'il
II Pa rte de notas sobre...
Los Intelectuales y la
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