Sociedad-Economía-Po//'t¡ca
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andamos del. Sur
Año 16 - N9 a'o Julio del 2000
Tiergffucgo
Consejo Editorial
Argentina: Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto Plá / Carlos Suárez / N Alberto Bonnet
Brasil: Enrique Anda / Florestán Fernandes [1920-1995]
Bolivia: Washington Estellano
Chile: Alicia Salomone
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Francia: Hugo Moreno / Michael Lówy
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El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Edito- rial residentes en Argentina.
Colectivo de Gestión Mariano Resels / Gustavo Guevara / Cristina Viano / Leónidas Cerruti / Rubén Lozano
Coordinación artística Composición y Diagramación: Juan Carlos Romero Carina Giraudo
Cuadernos del Sur, número 3o Toda correspondenua deberá dirigirse a:
Publicado por Editorial Tierra del Fuego cas'lla de correos no ¡67' G'B' CP' 1406
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CUADERNOS DEL SUR incluye los sumarios de sus ediciones en la base de datos de Latbook (libros y revistas)
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EDITORIAL
ENZO TRAVERSO GUILLERMO ALMEYRA MICHAEL LÓWY DANIEL BENSAÏD HUGO CALELLO ANGEL L. FANJUL
ADOLFO S. VASQUEZ ELLEN M. WOOD
ANTONIO NEGRI ELMAR ALVATER
GUGLIELMO CARCHEDI
JULIO c. GAMEINA JOSÉ M. MARTINEZ
ROLANDO ASTARITA
WILLIAM K. TABB
Indice
Una nueva situación política
El siglo bárbaro
Un siglo de revoluciones
La revolución como motor Una cierta sonrisa
La izquierda en el fin del milenio Subvertir la Sociedad
Marxismo y socialismo, hoy ¿Modernidad, postmodernidad, o capitalismo?
Terrorismo y Derecho Regionalización de la economía mundial y sus consecuencias
La dolarización, el señoreaje y el euro
¿Dolarización, devaluación o qué? Neoliberalismo, Capitalismo Popular y Acumulación Primitiva en Ecuador Algunos comentarios sobre
el trabajo de Guglielmo Carchedi
¿La Organización Mundial del Comercio? Paren de controlar el mundo
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Una nueva situación política
,n nuevo ciclo de crisis, que
desde lo social se
extiende a lo político, recorre numerosos países de América latina, sin que los regímenes de democracia parlamentaria, instalados luego del ciclo de las dictaduras militares, puedan cóntenerlas. Ecuador, Guatemala, Colombia, Perú, Paraguay, Venezuela, Brasil, cada uno de estos países muestra causales específicas y rasgos particulares -fraudes electorales; golpes o intentonas de golpes de Estado; prorrogas electorales; represiones; amenazas de i'ntervensionismo extranjero, confrontaciones sociales extendidas, etc. Pero todas remiten a un origen similar: exclusión social; marginación, empobrecimiento creciente, falta de alternativas; expoliación de las naciones; resultante de más de dos décadas de aplicación del modelo neoliberal.
Estas tendencias generales en la región se entrecruzan con un curso de movilización a escala mundial en el que Seattle; Washington; Londres; Berlín; Davos; Seúl han sido escenarios privilegiados.
La protesta se internacionaliza, y el internacionalismo adquiere nuevas formas y nuevos contenidos. Esta se encarna en coaliciones sociales de carácter amplio que incluyen trabajadores; estudiantes; ecologistas; feministas;antiautoritarios; desocupados; defensores de los derechos humanos, de las minorías étnicas y sexuales; militantes por la anulación de la deuda externa del Tercer Mundo y el combate contra la OMC, que de conjunto rechazan la mundialización capitalista, el gobierno de las trasnacionales y sus efectos sociales y culturales.
las protestas se levantan contra los organismos internacionales y las corporaciones que tratan las vidas de los seres humanos como
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simples mercancías, aque diseñan procesos de desarrollo que no toman en cuenta las necesidades e intereses de la mayoría de la población; que colocan al mercado y al dinero como la medida de valor de todos los valores; que borran las culturas nacionales; que construyen una mundialización que no alcanza a albergar a dos tercios de la humanidad y que se corresponde con un verdadero proyecto político hegemónico.
Luego de más de dos décadas el mundo es cada vez más clasista, cada vez más injusto, cada vez más desigual, y tanto la distribución dc la riqueza como del poder se ven afectados por esta desigualdad.
En este contexto los gobiernos locales solo se dedican a pensar e implementar políticas al servicio de las corporaciones trasnacionales que dominan ampliamente la economía mundial.
Esta realidad quedó crudamente expuesta en los meses de mayo y junio en Argentina, cuando la protesta internacional llegó a Buenos Aires y el Gobierno nacional dio muestras acabadas de disciplinarse a los dictados de los organismos de crédito internacional.
En sólo un semestre de gestión el gobierno de la Alianza ha comenzado a ver como se licúa su
capital político. Si el resultado de las elecciones presidenciales de octubre pasado resultó de una paradoja] combinación de hartazgo y rechazo frente a la década menemista, y de desconfianza a lo que se estaba votando, estos seis meses han incorporado incertidumbre y desesperanza.
La razón de esto hay que buscarla en las iniciativas gubernamentales -reforma laboral, incremento de la alícuota de ganancias y baja de los mínimos imponibles, ajuste fiscal con reducción salarial, desregulación de las obras sociales- que con distintas intensidades recaen sobre su base social electoral. Esta comienza a vislumbrar que, salvo medidas tendientes a contener la crisis, no hay ningún plan ni programa de largo o mediano aliento que permita avizorar un futuro diferente a la mediocridad actual.
Si vastos sectores de la sociedad esperaban algún cambio, por pequeño que este fuera, ha quedado entre paréntesis, por el contrario sobrevuela el temor a un nuevo ajuste para finales del año. La profundización del modelo neoliberal, el disciplinamiento absoluto a los organismos financieros internacionales y la
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confirmación del rumbo de la política internacional del país no dan lugar a mayores ilusiones.
Pero estos no son más que los epifenómenos políticos de un proceso mucho más profundo, que está determinado por la crisis general que atraviesa al país y la recomposición de alianzas y fuerzas sociales a que está dando lugar. Es en las bases materiales de la sociedad donde hay que buscar los indicios.
El períodol985/1989 se caracterizó por la ausencia de liderazgo ejercido por alguna fracción de la burguesía capaz de llevar adelante un programa de reformas y compromisos previamente acordado. Así las disputas internas al interior bloque dominante agudizaron hasta el paroxismo la crisis de hegemonía, hasta culminar en un inédito proceso hiperinflacionario, los saqueos y la retirada adelantada del elenco gubernamental de turno. A partir de 1989, pero sobre todo de 1991, con la implantación del Plan de Convertibilidad, la transferencia de ingresos y patrimonio público, que significaron las privatizaciones y el freno a la espiral inflacionaria, operó como amalgama para que las distintas fracciones de las clases dominantes acordaran sobre un
programa común bajo la hegemonía del gran capital nativo y extranjero.
Bajo esta hegemonía nuestro país acompañó el proceso de concentración y centralización de capitales a escala mundial -a veces con mayor intensidad aun- y la fenomenal transferencia de recursos hacia los centros de poder mundiales, así como también sus secuelas de desocupación y exclusión, de incremento de la pobreza y de falta de horizontes, como no sea la agudización de las condiciones del presente.
Sin embargo con el agotamiento del modelo neoliberal esta hegemonía comenzó a resquebrajarse, a partir de 1995/96 las disputas interburguesas se haoencadavezmásintensasyestasse dan sobre una base material que muestra que la deuda externa prácticamente se triplicó en solo una década; que el patrimonio público fue vendido y desnacionalizado; que los productos primarios siguen siendo el núcleo central de las exportaciones; que las administraciones provinciales están virtualmente quebradas; que el déficit fiscal excede cualquier posibilidad de financiamiento; que veintidós meses continuados son el récord que muestra la recesión. En estas condiciones el Estado nacional se encuentra imposibilitado
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para realizar políticas activas, menos aún para corregir ordenadamente el desfasaje entre la sobrevaluación del peso y la “competitividad” de la economía.
Así la salida de la convertibilidad y la devaluación-dolarización están en el centro de los debates y conflictos al interior del bloque de clases dominantes. Entre los que tienen sus mayores intereses en el mercado interno o en el mundial; entre las fracciones directamente asociadas al capital financiero y que sostienen a rajatabla la convertibilidad y las que pujan por salir de ella; entre las que se vuelcan al MERCOSUR y las que están comprometidas con el Area de Libre Comercio Americana (ALCA).
Esta conflictividad creciente entre fracciones del capital concluyó impactando en la central de trabajadores. Sin embargo fue el debate sobre la reforma laboral el que actuó como un catalizador de las tendencias que desde hace años convivían en la CGT culminando en su fractura.
La reforma laboral impuesta por el gobierno blanquea la situación actual y abre las puertas a una mayor flexibilización de la fuerza de trabajo, pero sus ambiciones son de más largo alcance y se ubican en el plano
político ideológico. Un primer objetivo tiene un carácter más inmediato: está orientado a una nueva baja del llamado “costo laboral” y a desestructurar aún más la organización sindical, como contrapartida de la reestructuración capitalista. El segundo objetivo es del Estado, en tanto representante general de los intereses del capital y se ubica en el largo plazo: establecer los mayores condicionamientos posibles para bloquear a futuro que los trabajadores vuelvan a tener peso, como clase, en la política nacional.
Esta crisis al interior de la CGT ha determinado la existencia de tres centrales obreras -la CGT oficial, ligada a los sectores financieros y de servicios, de corte empresarial, que se ha autonomizado de los intereses de sus afiliados; la CGT “rebelde” se sienta en gremios más ligados a fracciones del capital que necesitan la revitalización del mercado interno y que expresan una suerte de neopopulismo sindical que está ala búsqueda de un nuevo pacto social que tiene que ver con un capitalismo de imposible retorno y la CTA que encarna un nuevo modelo sindical- y ha dinamizado la conflictividad social.
En este contexto la multitudinaria y controvertida (por su composición)
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concentración del 31 de mayo contra el FMI, que devino en su desarrollo en expresión política antigubemamental, como respuesta al nuevo ajuste del gobierno, fue precedida por un reguero de conflictos, concentraciones contra el proyectó de reforma laboral; paro general del 5 de mayo y puebladas en el norte y sur del país y tuvo su continuidad en la huelga general del 9 de junio -tal vez la más amplia en décadas- y en el paro y movilización de los trabajadores estatales de todo el país.
La confluencia de contradicciones al interior del bloque dominante y agudización de la lucha de clases plantea un nuevo escenario social. Está en curso una vertiginosa recomposición de alianzas, en las cuales las distintas fracciones de la dirección sindical buscan su lugar, una profundización del modelo actual frente a tendencias neoregulacionistas, pero hay también en juego una dinámica de confrontación que aporta a una nueva relación de fuerzas sociales, donde la reciente y contundente huelga general juega como catalizador de la voluntad popular de un cambio en la situación general.
A la par que la política se ha vuelto profundamente conservadora los partidos mayoritarios parecieran no poder escapar de un programa
único impuesto por el establishment. Programa que no es otro que la reproducción de las condiciones vigentes. En el marco de la crisis el P] ha dejado de ser la correa de transmisión del movimiento obrero frente a las instituciones y las viejas tendencias a la autonomía social del movimiento parecieran cobrar nuevas fuerzas abriendo así nuevas posibilidades para la acción política.
Este conjunto de situaciones no hace más que agudizar la crisis de representatividad que corroe a las instituciones de la democracia parlamentaria y a .los propios partidos y determina un panorama más complejo enla gobernabilidad del sistema.
Consciente de esta realidad el gobierno nacional intentó presentar como un plebiscito las recientes elecciones para Jefe de Gobierno en la Cdad. de Buenos Aires. Sin embargo su holgado triunfo no alcanza para ocultar el 30% de abstenciones; que perdiera más de diez puntos en relación a la última elección en el distrito; que su bancada legislativa se haya reducido en 12 escaños, que la derecha liberal haya realizado una fuerte elección, y que la izquierda, superando los pronósticos más optimistas, alcanzara en su conjunto un 12% de los votos
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válidos redondeando una bancada reducida pero destacable.
En el tránsito de un siglo a otro y frente a un cuadro de situación caracterizado por la agudización de la lucha de clases, la izquierda tiene ante sí nuevos desaflos. Entre ellos no es menor el de contribuir a la construcción de un polo
contrahegemónico a la actual hegemonía neoliberal, que bloquee cualquier salida autoritaria o por derecha a la crisis y que por el contrario garantice un curso progresista orientado al socialismo.
Eduardo Lucita Bs. As. Julio del 2000
Secretaria üeneraE-G.E.1F.y tu e Egg-ist: de filosofia y ïeoria Sociat
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Del XX al XXI Transiciones de un siglo a otro
¿Cómo construir un análisis que nos permita reflexionar políticamente [I sobre la n'ansición de un siglo a otro?. ¿O¿1é experiencias sociales se configuraron en este “siglo corto” que está concluyendo?. ¿(bé consideraciones podemos hacer de los conflictos y las luchas que conformaron ese período?.
Remitirse a un intento de estas características implica asumir las incertidumbres y la complejidad de los procesos histórico-sociales. En este sentido, el compromiso político se constituye en una cuestión central del análisis, en tanto confrontación ideológico- discursiva por la instauración de los valores que componen una hegemonía cultural. No se trata de realizar un balance desde la tranquilidad que ofrece la pasividad contemplativa, ni de lograr de manera inmediata una síntesis abarcativa de los aspectos
más salientes de una etapa histórica, ni tampoco de obtener la mera objetividad de los acontecimientos del pasado.
Por el contrario, los artículos que integran este dossier se inscriben en un debate abierto, en el esfuerzo intelectual por aproximarse a una trama histórica en transformación, en cuyos trazos se compone nuestro presente, presente siempre historizado.
Pensar la conflictividad de lo social en el imaginario de una “transición” histórico-temporal, en lo que se instituye como pasaje del siglo XX al XXI, adquiere relevancia si nos permite articular conceptualmente las problemáticas centrales de la actual situación política. Sin embargo, abordar estos temas desde la perspectiva de la lucha de clases, desde una intervención socialista, significa concebir este debate como praxis transformadora: negación dialéctica que revierte las consideraciones fragrnentadas, aisladas o simplificadas
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en las coyunturas, abriendo un espacio de totalización reflexiva que sin eliminar o someter la diversidad de las ideas, cuestione la hegemonía discursiva del sentido común masificado.
En los artículos publicados se despliegan diversas temáticas: los límites políticos de la democracia representativa y las nuevas formas de coacción represiva que se implementan desde el Estado; las subjetividades establecidas a través de las prácticas políticas - discursivas; los vínculos entre
marxismo, socialismo y democracia... Estos contenidos hacen
mención a una radicalidad constituyente de sentido, a un proceso de subjetivación historizada que nos remite a una
permanente confrontación ideológica, tanto con el posibilismo politico, restringido en los límites de la “racionalidad” unívoca de los hechos; como así también, con el imaginario reduccionista de una democracia funcional a la resestructuración capitalista.
El desafío es instaurar esta problemática, abrir la dimensión siempre inconclusa de la hegemonía político-cultural como forma de articular el vínculo dialéctico interpretación-transformación: interpretar para transformar radicalmente las relaciones entre los hombres, en la perspectiva de construir un socialismo democrático.
Desde estas páginas Cuaderno: del Sur asume y busca aportar a este compromiso.
Rubén Lozano
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El siglo bárbaro
Rrpemar el socialismo significa dejar atrás tada: las mitología del progreso} de la visión Idea/agita de la historia, aportando a ¡ma utopia posible] ranmtaquejmtr'fira nuestras luchar.
Enzo Traverso
a Primera Guerra Mundial es
I fundacional para el siglo XX. en esta guerra total que se
deben buscar las raíces del exterminio industrial, de la muerte anónima de masas, de Ia remodelación autoritaria de las sociedades europeas en el período entre-guerras. Es en esa crisis global —económica, social, política y moral- del viejo mundo salido de este conflicto que comienza una brutalización de la vida política, de la cual el fascismo será su realización extrema. En el contexto de guerras civiles y sublevaciones obreras que sacudieron a una gran parte del continente entre 1918 y 1923 -de Rusia a Alemania, de Hungría a Italia- el fiscismoganaformacomounfenómeno típicamente contrarrevolucionario, antidemoaático y antiobrero. Desde ste punto de vista es heredero de la contrarrevolución que acompañó el “largo” siglo XIX, de la coalición antifrancesa de 1793 a las masacres de junio de 1848 ydcla Comuna de Paris.
Los demagogos
Pero la contrarrevolución del siglo XX no es ni conservadora ni puramente “reaccionaria”, ella pretende ser una “revolución contra la revolución”. Los fascistas no miran el pasado, ellos quieren construir un mundo nuevo. Sus líderes no emergieron de las antiguas elites -con las cuales llegan a un acuerdo y a formas de colaboración solamente en el momento de la toma del poder- sino de los restos sociales de un mundo desestructurado. Son demagogos nacionalistas que reniegan de la izquierda, como Mussolini, o plebeyos como Hitler, que descubrieron su talento como “conductores de masas” en el clima de la derrota alemana. Ellos se dirigen a las masas, que ellos movilizan en torno de mitos regresivos (la nación, la raza, la “comunidad guerrera") y de promesas escatológicas (el “Reich milenario”).
El fascismo resulta una ideología antihumanista que encuentra sus filósofos y sus estetas, de Gentile a
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Schmitt, de Jünger a Céline. El resulta sobre todo en una política que desata, con toda su fuerza destructora, en oportunidad del segundo conflicto mundial, donde anticomunismo, imperialismo conquistador y racismo se vuelven completamente indisociables (entre 1941 y 1945, la aniquilación de la URSS, la conquista del “espacio vital” y la destrucción de los judíos cónvergerían en un solo objetivo).
Una barbarie moderna
Nuestra comprensión del siglo XX debería partir entonces de esta constatación: el fascismo no fue producto de una caída de la civilización en una salvajada ancestral. Sus violencias revelan principalmente la emergencia de una barbarie moderna, alimentada por ideologías que se reclamaban de la ciencia y eran efectivizadas gracias a los medios técnicos más avanzados. Una barbarie simplemente inconcebible fuera de las estructuras constitutivas de. la civilización moderna: la industria, la técnica, la división del trabajo, la administración burocrática racional. La barbarie moderna del fascismo encontrará su síntesis en el exterminio “racional” e industrial de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial: Auschwitz cambió nuestra imagen del mundo
y de la civilización. La humanidad no salió inmune, de la misma forma que el marxismo.
Esta simple constatación nos está indicando que la alternativa planteada por Rosa Luxemburg en las vísperas de la Primera Guerra Mundial - socialismo o barbarie- debe ser hoy radicalmente reformulada. De un lado, el siglo XX demostró que la barbarie no es un peligro amenazando el futuro, sino que es un trazo dominante de nuestra época; ella no solamente es posible, está intrinsicamente ligada a nuestra civilización.
Totalitarismos
De otro lado, el siglo XX levantó un cuestionamiento mayor en cuanto al diagnóstico de Marx sobre el papel del proletariado (en el sentido más amplio) en cuanto sujeto histórico de un proceso de liberación de toda la humanidad. Es cierto que ni las guerras ni los totalitarismos, con su cortejo de violencia y de masacres, ni la experiencia trágica del estalinismo eliminaron la lucha de clases ni los combates emancipadores, que incluso conocieron una ampliación a una escala inimaginable antes de 1914. Pero si el diagnóstico de Marx no fue rechazado, su viabilidad permanece aún por ser demostrada.
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Los totalitarismos -el fascismo o el eStalinismo- se revelaron como fases posibles de nuestra civilización, el socialismo en contrapartida, permanece como una utopía. Una utopía “concreta”, según la definición de Ernst Bloch, pero ciertamente. no una batalla ganada de antemano, ineluctablemente inscripta en la “marcha de la historia” y “científicamente asegurada por la fuerza de sus “leyes.” Nuestro combate se carga de un sentimiento agudo de derrotas sufridas, de catástrofes siempre posibles, y ese sentimiento se convierte en el verdadero hilo rojo que va tejiendo la continuidad de la historia, como historia de los oprimidos. Es que la historia de este siglo bárbaro está hecha de millones de ví ctimas, que permanecen frecuentemente sin nombre y sin rostro.
Emancipación
Reconstruir la parte de la memoria contenida en nuestro combate implica también un corolario: la democracia no es una simple norma procedimental sino una conquista histórica, lo que quiere decir que el antifascismo es indispensable para preservar, en el siglo que se abre, un horizonte
emancipador. Una democracia “no antifascista” -como aquella defendida por Francois Fouret en su última apología liberal, E/parado de una ilusiórr sería un bien frágil, un lujo que la Europa, que conoció bien a Hitler, a Mussolini y a Franco, no se puede permitir. Hoy, rehabilitado por los defensores del orden existente como el horizonte insuperable de nuestra época, el liberalismo está lejos de ser históricamente inocente. Fue la crisis del orden liberal tradicional -basado en las masacres coloniales y en la exclusión de las masas trabajadoras- que, al final de la Primera Guerra Mundial, engmdro los fascismos; las antiguas elitm liberales se rindieron a Mussolini en 1922, a Hitler en 1933, a Franco tres años más tarde, a través de una política de no intervención que se volvió política de capitulación en Munich, en 1938. Es el neoliberalismo que prepara ahora los totalitarismos de mercado y los regímenes “globalitarios” de mañana. Pensar el socialismo después de Auschwitz, de Kolyma y de H i r o s h i rn a significa dejar atrás toda mitología del progreso y toda
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visión teleológica de la Historia. Su necesidad social, económica y moral, no significa por lo tanto, de forma alguna, su ineluctabilidad. El socialismo permanece como una virtualidad del presente, una utopía concreta y posible, una apuesta racional que fundamenta y justifica nuestras luchas. Un planeta desfrgurado por la reifrcación mercantil constituye hoy nuestro futuro programado,
pero nada impide que ese futuro sea cuestionado, desprogramado, o radicalmente modificado por nuestras resistencias, por nuestras luchas y nuestras revueltas. En este prisma de posibilidades reside la dialéctica que aproxima la catástrofe a la liberación.
Traducción del portugués: Eduardo Lucita
Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas
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Un siglo de revoluciones
Guillermo Almeyra
unque esté de moda
sostener que las
revoluciones no fueron tales- desde la Inglesa y la norteamericana pasando por la francesa hasta hoy- debemos descartar esa pretensión ideológica que tiene mucho de exorcismo. Nuestro siglo fue el de las revoluciones, comenzando por la rusa en 1905, la mexicana, la persa, la china a fines de la primera década, siguiendo por la rusa de 1917, con todos sus ecos en Europa oriental y central (Alemania, Hungría, en particular), continuando con la segunda revolución china diez años después, prosiguiendo por la revolución española que en realidad empieza en Asturias en 1934 y terminando con la revolución yugoslava, durante la guerra, y con la tercera revolución china, en los primeros años 1940, así como con todas las
revoluciones anticoloniales (en América Latina, con las revoluciones antimperialistas, como la revolución boliviana de 1952 y la cubana de 1959 y la nicaragüense). El hecho de que todas “hayan terminado mal”, con la reconstrucción del orden anterior o con su degeneración, no quita que se hayan producido.
El argumento principal de quienes sostienen que todas estas revoluciones no eran sino
rebeliones, motines, asonadas, es que los campesinos en particular y las grandes masas en general, en cuyo nombre ellas se hicieron, siguieron siendo explotados. Las estos
revoluciones, según estructuralistas que acusan al marxismo de estructuralismo por su clasismo, y de positivismo por su supuesta
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teleología, deberian cambiar el carácter de clase del Estado; como no lo han hecho, no serían más que cambios de sector de la clase dominante.l Sin embargo, la característica principal de una revolución, decía Marx, es que “cambia a quienes la hacen” y es evidente que, si en las revoluciones mencionadas el sistema social no cambió y se afirmaron nuevos sectores dominantes, en cambio sí se destruyó el poder de los terratenientes o de los colonialistas y las clases dominadas adquirieron no sólo ventajas materiales sino también una nueva dignidad, una identidad más rica que forma parte de su armamento político y de su imaginario colectivo. Si así no fuera ¿por qué en Inglaterra se sigue hablando de los Comunes, por qué en Estados Unidos se habla de la democracia jeffersoniana que no existe y en Francia las autoridades, para legitimarse, siguen cantando La Marsellesa‘o en México se entierra a los revolucionarios sociales en el Panteón de los Hombres Ilustres?
Cada una de esas revoluciones no es, en realidad, más que un episodio de la lucha por realizar a escala mundial la incompleta Revolución Francesa necesaria para asegurar los Derechos del Hombre
y del Ciudadano, uniendo democracia y transformación social. Lo que une a los adversarios del concepto mismo de revolución y del carácter de revolución de estas grandes transformaciones es su inmediatismo pues quieren presentar de ya al cobro el cheque que, según ellos, la revolución habría firmado a pesar de no tener fondos, y es también su visión estrictamente local, pues no ven las fases en el capitalismo mundial ni los fenómenos como parte de un proceso ininterrumpido de lucha de clases. Además, olvidan que nadie entra a un proceso revolucionario sabiendo a dónde conducirá; por el contrario, es arrastrado por una gigantesca marea en la que trata de nadar y que lo conduce a playas insospechadas, a velocidades y con sobresaltos inimaginables. La revolución, por lo tanto, no se define ni por las declaraciones de sus “predecesores” ni por las intenciones y posiciones de sus protagonistas. Todos éstos tratan de orientarse por los ejemplos del pasado, por “modelos” inaplicables a su realidad pero que determinan su pensamiento, su retórica, incluso sus esfuerzos y temores: los jacobinos querían imitar a los republicanos romanos, los
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bolcheviques a los jacobinos y Lenin bailó en la nieve cuando la Revolución rusa duró un día más que la Comuna de París y los chinos intentaron imitar el ejemplo ruso. Le mort saint le wf.. 2 Las revoluciones democráticas, con un contenido social fuerte pero no predominante, como la mexicana, las dos primeras revoluciones chi- nas, la persa y la rusa de 1905, se caracterizaron por realizar las tareas burguesas con la fuerza de las ma- sas plebeyas ante la inexistencia de una fuerte burguesía democrática capaz de conducirlas y canalizarlas, burguesía que debió ser creada y fomentada por el Estado, el cual asumió así un papel aparentemen- te independiente. Fue también el Estado el que creó los elementos culturales para tratar de inventar la nación y darle unidad e identi- dad (Sun Yat Sen, Reza Pahlevi, los sonorenses, Lázaro Cárdenas). Las revoluciones sociales (la rusa de 1917, obrero-campesina, la China, campesina, la yugoslava, campesi- na-obrera) en los países escasamen- te industrializados y con desarro- llo desigual y combinado (que unía el atraso precapitalista del hinter- land a la concentración proletaria urbana por obra del imperialismo extranjero), ante la imposibilidad
de unir su suerte a la de las masas urbanas y proletarias de los países capitalistas decisivos desemboca- ron en un híbrido de transforma- ciones materiales y culturales .y de poder contrarrevolucionario, termidoriano. En efecto, pagando un enorme costo social un régi- men totalitario que asumía los va- lores y las técnicas del capitalismo y las unía con el despotismo, un sistema burocrático, dominado por una casta con ideología de cla- se explotadora de tecnócratas-bu- rócratas deseosos de tener los pri- vilegios de los propietarios capita- listas, logró transformaciones téc- nicas y culturales importantes pero oprimió y despolitizó a quienes decía representar y servir. El llama- do “socialismo real”, lejos de estar constituido por “Estados obreros”, incluso “degenerados”, y de for- mar un “sistema no capitalista”, un “mercado alternativo”, se caracte- rizaba por aparatos estatales de opresión integrados en el merca- do capitalista mundial y compar- tía los valores y comportamientos del capital. Porque la transición no se hace en un solo país, sino en escala mundial, porque ella no tie- ne una base sólo económica-pro- ductiva sino tambien ética y teóri- ca, porque el Estado es una rela-
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ción social y no una entidad ho- mogénea y no se le puede adjetivar con un concepto que pertenece a otro tipo de categoría, como el de “obrero” sin con ello excluir al res- to de la sociedad y, por lo tanto, definir una dictadura de un sector, en el mejor de los casos, de la mi- noría obrera (o trabajadora moder- na), es decir, de la burocracia.
La revolución obrero-campesina boliviana, importantísima por ha- ber destruido al ejército, formado las milicias obreras y campesinas, construido organismos de masa (la Central Obrera Boliviana, sobre todo) que funcionaban como ór- ganos de poder dual y por haber dado el programa más avanzado de los movimientos sociales lati- noamericanos (el de Pulacayo), fra- casó porque la dirección proleta- ria minera de la revolución demo- crática-agraria estaba políticamen- te subordinada al nacionalismo pequeñoburgués del Movimiento Nacionalista Revolucionario y el mismo tipo de fracaso, pero peor, se presentó en el caso de los sandinistas. Lo mismo sucedió en Africa con las revoluciones demo- cráticas anticoloniales y sus direciones nacionalistas pequeño burguesas con el agravante del es- caso peso proletario (salvo en
Nigeria y Sudáfrica) y de los pro- blemas étnicos y religiosos resul- tantes de la gran heterogeneidad social heredada del colonialismo, que dio un papel aún más bonapartista al aparato estatal y aceleró la corrupción de los diri- gentes del mismo.
La revolución cubana es un caso aparte. Nadie se toma en serio su carácter “socialista” que los cubanos recién conocieron por radio una mañana en un discurso de Fidel Castro. La de 1959 es, en efecto, la continuación de la revolución de independencia dirigida por Gómez, Maceo, Martí y continuada por la lucha contra Machado y por Guiteras, del cual Castro es un seguidor. Fue y es una revolución antimperialista y democrática, encerrada en la guerra fría, y burocratizada, entre otras cosas, gracias al bloqueo imperialista que llevó al gobierno de La Habana a hacer de tripas corazón e imitar a los soviéticos, repudiados hasta principios de los años 1960. Fidel Castro es un caudillo nacionalista antimperialista y el consenso de que dispone es negativo, pues proviene de la conciencia de la mayoría de los cubanos de que si cae el régimen Cuba será un
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Panamá más, otro Puerto Rico. El sostén del régimen no es el socialismo sino el nacionalismo antimperialista y no es Marx su inspirador sino Martí. Lo cual no quita que la revolución cubana haya sido y sea aún en parte una revolución importante en nuestro siglo y un estímulo -aunque no un ejemplo- para las luchas sociales del siglo futuro. Porque las revoluciónes no deben por fuerza conducir directamente al socialismo que, por otra parte habría que redefinir... pero eso es materia de otro artículo.
Notas
l.Ver al respecto tanto a Luis Villoro, “Sobre el concepto de revolución” en 'l'ean'a, Revista de la Facultad de Filosofia y Letras de la UNAM, año l, ng 1, julio de 1993, México, págs 69-86, como a Alan Knight, "La revolución mexicana: ¿burguesa, nacionalista o simplemente una ‘gran rebelión’?”, artículo publicado inicialmente en Lali” ¡'lmen'mn Rmarc/J, vol. 4, n2 2, Londres 1985, en el cual refirta a los autores que niegan que haya sido una revolución y a los que dicen que fue en cambio una revolución socialista interrumpida. 2. “El muerto atrapa al vivo” (o sea, el pasado
nos condiciona fuertemente).
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Internacional
Cuadernos del Sur
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La revolución como motor
Sin ¡ma memoria (le/parado no ro puede tener rm sueño dejo/74m. Pm) las mio/¡monos del siglo XXI serán nuevas y rilarazdI/orammle ¡”llamar-¡blah
Michael Lówy
ara los astrónomos, después
de 1727, la “revolución” es la
rotación de un cuerpo alrededor de su eje. Desde el punto de vista socialista, revolución significa exactamente lo contrario: interrumpir el curso monótono de esta pseudo civilización capitalista occidental en torno de si misma, quebrar este eje de una vez por todas y abrir la posibilidad de otro movimiento, de un movimiento más libre, más armonioso, de una civilización comunista libertaria de “atracción apasionada” (Fourier), de una realización efectiva de promesa utópica que contemple las palabras Democracia e Igualdad.
La idea marxista de revolución se caracteriza antes que nada por su carácter radicalmente democrático y antiautoritario. En tanto los socialistas utópicos y los primeros comunistas (discípulos de Babeuf), que se reclamaban del materialismo histórico (los
hombres son producto de sus circunstancias), encargaban a un déspota esclarecido, o a una minoría revolucionaria, cambiar las circunstancias y liberar a las personas del oscurantismo, Marx se situó en un terreno filosófico y político muy diferente. A través de su ruptura con las premisas del materialismo mecánico, el formuló el germen de una nueva filosofía y, al mismo tiempo, los fundamentos metodológicos para una nueva teoría de la. revolución. Rechazando al mismo tiempo el viejo materialismo mecanicista (cambia las circunstancias para cambiar al ser humano) y el idealismo neohcgeliano (liberar a la - conciencia humana para - cambiar la sociedad), Marx . cortó, con su filosofia de la praxis, 'el nudo gordiano ideológico de la época, proclamando que en la praxis revolucionaria los
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cambios de las circunstancias coinciden con la transformación de la conciencia de los seres humanos.
Ningún tribuna, ningún César
Desde ahí desenvuelve, con rigor y coherencia su nueva concepción de la revolución, presentada por primera vez en La ideologia alemana: es a través de su propia experiencia, en el curso de su propia praxis revolucionaria, que los explotados y oprimidos pueden quebrar al mismo tiempo las “circunstancias” sociales que los aprisionan —el Capital, el Estado- y su mistificada conciencia anterior. En otras palabras: no existe otra forma de emancipación auténtica que no sea la autoemancipación. Como escribiera más tarde Marx en el Manifiesto inaugural de la Primera international ( 1864): “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.
En el marco de esta visión de revolución -que dice respetar, claro no solamente la “toma del poder”, sino todo un período histórico de transformación social ininterrumpida- no hay lugar para cualquier déspota ilustrado, individual o colectivo. Los antecedentes del culto al jefe -Stalin, Mao, Kim-Il-Sung, Ceausescu y
otros- deben ser buscados antes en la historia de las religiones o en las costumbres del despotismo oriental -bizantino o asiático- que en el pensamiento del autor de el Manifiesto oomum'rta.
En el curso del siglo XX, después del gran momento insurreccional de 1917-23, la concepción marxista de revolución autoemancipatoria fue reemplazada, en la ideología de la izquierda realmente existente, por una suerte de automatismo del progreso, compartido por el estalinismo y la socialdemocracia, el socialismo era inevitable, corría el tren de la historia, era suficiente nadar a favor de la corriente. Su victoria estaba asegurada: según unos por la productividad creciente de las fábricas soviéticas y según otros por la acumulación de reformas sociales en Europa occidental.
Hoy, todo ha cambiado, hay un gran consenso dominante: el prógreso apenas puede ser realizado en el horizonte inalterable del orden burgués. ¿En estas condiciones, la idea de revolución es todavía actual? ¿No se trata de una pieza de museo, o de una ilusión que nosotros amamos mucho? (título de un libro muy celebrado por los ex 68 que “sentaron cabeza”).
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¿Renunciar alos cambios?
Se nos explica que el capitalismo -liberal, democrático, moderno, etc.- es el fin de la historia, la etapa final de la humanidad, la “estación terminal” donde todo el mundo debe descender del tren. ¿Y si el tren continúa rodando, derecho hacia el abismo, la catástrofe, la ruptura del equilibrio ecológico y la extinción de la vida sobre el planeta? Walter Benjamín escribió en 1940 que la revolución era el gesto salvador de la humanidad que accionaba los frenos de emergencia en un tren, el capitalismo, que corría hacia el precipicio.
Nos explican que no existe alternativa al capitalismo, que toda búsqueda de otro camino conduce al totalitarismo, o que es una ilusión, una utopía, un sueño romántico, un anacronismo fuera de moda. ¿Se debe pues renunciar a toda esperanza de cambio? Uno se acuerda del célebre slogan de Margaret Tchatcher. “No hay alternativa”. Es este, con pocos cambios, el argumento central actual de la socialdemocracia. El reforrnismo cambió profundamente la naturaleza de las cosas en los últimos decenios: en su forma socialdemocrática clásica, pretendía suprimir al capitalismo por una sucesión de
socialiberalismo, que encuentra en la “Tercera vía” de Blair y en el “Nuevo centro” de Schróder sus formas más cínicas (aunque las diferencias con otros partidos son más que nada semánticas), no se trata de un camino refor'rnista hacia el socialismo, sino de un cortejo social del neoliberalismo, de la introducción de algun “alma social” en el capitalismo ciertamente un término reemplazado por el eufemismo “economía de mercado” - decretado eterno.
I_a aspiración revolucionaria no es un sueño: se apoya en las contradicciones del sistema, en los conflictos de clases, en los intereses de los oprimidos y sobre todo en un análisis lúcido dela realidad, que nos muestra que la “prosperidad” prometida por el sistema capitalista mundial es necesariamente un privilegio de una elite cada vez menor. Los países del Sur no podrán jamás alcanzar al Norte capitalista avanzado, tanto porque el sistemacapitalista dominante desde hace un siglo no permite el >_ avance de otras " naciones, tanto i porque la _ generalización del modo de producción y de _ consumo de
reformas decretadas por el Parlamento. Hoy, con el 24
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Occidente es imposible por razones ecológicas evidentes. Más allá de esto, en los propios países del Norte el número de excluidos (pobres, desempleados, precarizados, inmigrantes) no deja de crecer, mientras que los economistas explican qtie el pleno empleo no retornará jamás.
No hay lugar para mucho optimismo: la apuesta revolucionaria, el combate por una nueva sociedad, por una cultura solidaria, fraternal, de esperanza, contra la cultura capitalista del egoísmo individualista y dela muerte, choca con obstáculos considerables, de los cuales no es el menor la decepción causada por el colapso de los pretendidos socialismos reales.
Sin embargo, acontecimientos como la sublevación zapatista de 1994, o el gran movimiento social de 1995 en Francia, la reciente movilización internacional contra la OMC en Seattle, entre otros, muestran que la aspiración de un cambio de paradigma existe. Pero
este cambio y la realización de las ideas libertarias, igualitarias y democráticas comunes al socialismo, al movimiento de emancipación de las mujeres y al de la ecología social, no pueden ser efectivizadas sin atacar de raíz la ley del lucro, la explotación capitalista, el imperialismo, el poder de clase del gran capital. Esto es, sin una revolución.
La revolución social, escribía Marx en el Diea'orbo Bmmarz'o, no toma su poesía del pasado sino del futuro. El estaba tan equivocado como certero. Equivocado en la medida en que el recuerdo de los grandes momentos revolucionarios del último siglo - Petrogrado 1917, Budapest y Munich 1919, Barcelona 1936, La Habana 1959, Saigón 1975, Managua 1979, Chiapas 1994 - continúa siendo indispensable. Sin una memoria colectiva del pasado, no se puede tener el sueño del futuro. En lo cierto porque las revoluciones del siglo XXI serán nuevas y maravillosamente imprevisibles.
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Una cierta sonrisa
¿[A emancipación social estaría condenada al olvido? Pero un epeetroperszgae al ¡mata/irme desde 1848. X tomo se sabe, los fantasmas no tienen edad. El está sonriendo para aque/los que proclaman el fin de la historia.
Daniel Bensaïd
ace ciento cincuenta años,
un espectro asombraba a
Europa. En estos últimos años se dice que este espectro ha desaparecido. Sin embargo sólo ha sido eclipsado. Si‘ existe un nuevo espíritu en el capitalismo, debe existir también un nuevo espíritu del comunismo, que lo sigue como una sombra.
En su fuga hacia delante y en su sed insaciable de lucro, el capital transforma todo en mercancía, la tierra y el agua, los cuerpos y los órganos,los saberes y la salud. Devora los espacios y engloba los territorios. La rueda macabra de las mercancías se acelera en forma incesante. La época se embriaga de velocidad y de movilidad. Es una hora de lo portátil y de lo nómade, de lo móvil y de lo flexible. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, dice el Manifiesto Comunista. Y “todo lo que era sagrado es profanado”.
La mundialización imperial
Este torbellino es el de la mundialización. No el de una mundialización plena, neutra e inocente, sino el de una mundialización mercantil e imperial, que incrementa las desigualdades, refuerza el dominio de las potencias, concentra las riquezas y los poderes. Ella uniformiza, de un lado, y concentra, del otro. El mundo se fragmenta en la medida que se unifica, en la competencia de todos contra todos, en el sálvese quien pueda y como pueda de la identidades intolerantes. Pueden verse allí las consecuencias desastrosas de lo que Jean-Claude Michéa llama “un capitalismo absoluto” y Michel Surya “un capitalismo sin exterior”, preñado de crisis inéditas.
Este capitalismo radicaliza la lógica de las mercancías, de la que Marx había ya previsto consecuencias macabras. La crisis del capital y de
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su (mal) espíritu tiene más actualidad que nunca. El consiguió, con la secuencia de su metamorfosis, dar pruebas de_una extraordinaria vitalidad y redujo a puro humo una forma primitiva de comunismo grosero, sin que esto lo torne inmune al resurgimiento de la cuestión comunista en el siglo que comienza. Este comunismo nuevo surge en el movimiento real de resistencia al orden de cosas realmente existente, a sus injusticias y a sus desencantos. El fetichismo de la mercancía penetra todos los poros de la sociedad planetaria. El despotismo del mercado se extiende sin límites. ¿Como imaginar que esta globalización capitalista pueda escapar de la globalización de sus críticas?
El mundo desigual y brutal de la mundialización imperial está colmado de barbaridades inéditas que aún tenemos tiempo de conjurar. Es más urgente que nunca cambiar. Sus numerosas victimas tienen muchas razones para convencerse de esto. Cada vez es más dificil encontrar los medios para quebrar el círculo vicioso de explotación y opresión, escapar de la servidumbre involuntaria de las
alienaciones y del fetichismo, encontrar, en fin, una salida a la reproducción infernal de la dominación.
lrracionalidad creciente
El capitalismo absoluto se caracteriza por una desregulación general de la relación de la humanidad con la naturaleza y de los seres humanos entre si. La crisis del trabajo asalariado (el desempleo y la exclusión) y la crisis ecológica son sus dos manifestaciones mas irritantes. Ellas exponen la irracionalidad creciente dela medida mercantil o de la ley del valor, que somete toda riqueza social al tiempo de trabajo abstracto. Marx previó que cuanto más se socializase el trabajo y se tornase más complejo, y cuantos más conocimientos acumulados incorporase, esta medida se volvería cada vez más “miserable”.
Aquí estamos nosotros: no en una simple crisis periódica de la economía, sino en una verdadera crisis de civilización. Cambiar el mundo sería en primer lugar cambiar de medida, unir la economía a la política, escoger democrática y conscientemente la humanidad que nosotros queremos tener. Ahora, cuando se trata de la jornada de trabajo, de las
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jubilaciones, de la flexibilidad, es siempre el mercado y el valor los que hacen la ley, cada vez más la misma ley, en tiempo real y en escala planetaria.
La sonrisa del fantasma
Los fantasmas, como bien sabemos, no tienen edad, pero no por eso ellos dejan de experimentar metamorfosis. En tanto el capital continúe acumulándose, a lo largo de sus rotaciones, sobre la base de la plusvalía, el trazo rojo de la lucha de clases permanecerá como el hilo conductor para desatar la maraña de las identidades y de los conflictos. En la medida en que el capital penetra todos los poros de la sociedad, esa lucha se generaliza. El nuevo espíritu del comunismo es por lo tanto, también, un espíritu ecológico y feminista: la mujer es el futuro del fantasma y recíprocamente. .El es, más que nunca, un espíritu internacionalista, que no se contenta más con asombrar a Europa, sino que también se mundializa, a su modo, para asombrar al mundo.
En el país de las maravillas, Alicia se sorprendió con la sonrisa de un gato. Algunos pretenden haber visto al fantasma reir sarcásticamente, pero ellos ¿nunca vieron su sonrisa? Entretanto, el sonríe extrañamente,
bajo su sudario, el fantasma que se fue va a retornar. Un cierto día de junio de 1848, cuenta Tocqueville en sus memorias, su familia estaba reunida para cenar en su lujoso apartamento de la 7ma. circunscripción. Súbitamente, en la dulce quietud de la noche, sonaron tiros de cañón lanzados por la burguesía sobre los trabajadores amotinados. Una empleada doméstica que servía la mesa y que acababa de llegar del suburbio de Saint-Antoine dejó escapar una sonrisa. Ella fue inmediatamente despedida. “El verdadero fantasma del comunismo (comenta Toni Negri) está tal vez en esta sonrisa, que causa temor en el Zar, en el Papa, y en el señor de Tocqueville”.
Cambiar el mundo
El fantasma sonríe suavemente. Porque la historia no acabó. La eternidad no es de este mundo. ¿Qrién puede decir lo que serán las revoluciones del nuevo siglo? ¿ Quién puede predecir como, en el mundo que se fragmenta a medida que se mundializa, las revoluciones locales, nacionales o regionales pueden o no trascender _en revolución mundializada? ¿Quién puede pretender dictar los modos de liberación futuros? ¿Qiién puede prever las opresiones antiguas y
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nuevas susceptibles de surgir de los escombros del mundo antiguo? El “viejo topo” de la historia continua cavando. la concentración sin precedentes de la propiedad y del poder (su fusión creciente), la división desigual del mundo, la multiplicación de alienaciones de todo tipo, exigen mas que nunca la subversión del orden establecido, la transformación radical de las relaciones de propiedad y de poder, la desaparición del Estado
burocrático. La duda reside menos en la imperiosa necesidad de cambiar el mundo (de cambiar de lógica), que sobre los medios para hacer esto. Sin pretender hacer tabla rasa del pasado, ni saltar por encima de v > nuestra época, se trata de quedar a la expectativa, ' preparándose para lo inédito que puede surgir en la brecha del acontecimiento.
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El poder hegemónico y la izquierda
Latinoamericana en el fin del milenio Hugo Calello
“Me toca ¡racer el más áfidi el de mi Madame/m1..
"¿Mateo sedor con el mal mantaie refiero/ter sin dada mma‘ar fire ron el de los ramaan estgr mas ¡rebanada al lengngepoa'tzroJ a k1 egpá'rado'n directa mn el amp/o] mo que hubiera tenido óa'to en ere samba. No aprendi "sim/Jiá'”mn h stfia'ente nautica)! mn kz srfia'mte pmfimdiárd Fue un (¡gra-to atribia'ble a! conocimiento ¿norma que me Mafia come con los jefes pero que me de ¿a bares. Pab‘o' voluntad para realizar el efirerzo nea-sano. ” Transcripción parcial del diario del Che Guevara en “El AÑO Q_UE ESTUVIMOS EN NINGUNA PARTE”.
Edic. Pensamiento Nacional, Bs. As. 97, pág. 240.
el universo político general y
a revolución Cubana (59) y Lla caída del muro de Berlin (89), son dos momentos fundamentales que transforman tanto las condiciones de lucha yla estrategia y las propias condiciones de existencia de la izquierda latinoamericana. Sobre esta base podemos encuadrar una hipótesis de trabajo: ambas representan la perdurable presencia liberadora del marxismo, que hace estallar las ataduras del prejuicio y del autoritarismo de la “realpolitick”. La revolución cubana fue la consumación fiilgurante de una insólita utopía: una revolución comunista, a un centenar de kilómetros de la costa de los
Estados Unidos. El tremendo impacto sacudió
produjo un efecto “globalizador”, que aterró y enfervorizó a todo el espectro de los partidos y las fuerzas políticas en los cinco continentes. Su impacto fundamental fue en Europa, los Estados Unidos, los Estados asiáticos y africanos en orden decreciente.
Diez años después en el mayo francés yun poco después la victoria de la Unidad Popular en Chile fiieron los últimos estallidos de la ola revolucionaria, que tendria rebrotes profirndos, pero fugaces en los países del sur de América Latina.
El asesinato de Allende en Chile es el primer acto de instalación del Terrorismo de Estado en Chile, septiembre del 73. El fusilamiento de Trelew en el 72, la masacre de
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Ezeiza en la vuelta de Perón en Argentina en junio del 73, define un escenario de violencia y terror que es el anticipo del genocidio ejecutado por la última dictadura militar, que paralizando la sociedad bajo el pretexto puntual de aniquilar la subversión.
Pero la “gota” revolucionaria que desciende de Sierra Maestra y promueve la revolución cubana no se convierte en “torrente latinoamericano” como lo había pensado Ernesto Guevara. La impotencia dialéctica de los potenciales revolucionarios, anula la práctica revolucionaria en tanto la reduce a la subversión. La subversión es rebeldía activa, actitud y acción contra el poder establecido. Pero la guerra subversiva es el espejismo mortal de la guerra revolucionaria, porque el objetivo y la acción militar subordina el objetivo y la intervención politico militar, la única desde la cual se puede construir un verdadero movimiento contrahegemónico, tal como lo afirma Antonio Gramsci.
Desde la revolución Cubana los revolucionarios potenciales fueron cayendo en el reductivismo subversivo al no poder responder a las nuevas condiciones de lucha surgidas del reordenamiento político estratégico del ¡bloque
neoimperialista dominante. Esta incapacidad para comportarse como sujetos históricos, o sea el sujeto capaz de reflexionar sobre los profundos cambios que se producen ante cada embate que alcanza a estremecer realmente el poder hegemónico. Esta incapacidad de comprender y actuar sobre lo “nuevo”, es lo que petrifica a los marxistas y los convierte en ejecutores de un dogma autoritario teóricamente” puro”, o “puramente” accionalista. La dialéctica es el conocimiento transformador que interviene praxisticamente sobre las contradicciones que caracterizan un bloque histórico, para lograr su transformación radical.
La sociedad latinoamericana a diferencia de la europea y la norteamericana no a sufrido lo que Gramsci ha llamado el proceso de expansión de la sociedad política que genera la aparente disolución del poder coercitivo del Estado al lograr el consenso desde la relativa legitimidad dela ciudadanía.
La sociedad latinoamericana, en cambio, ha sufrido todo el rigor coercitivo del Estado, aún en los mejores momentos de ejercicio formal de la democracia. Desde la constitución de los Estados nacionales, en su etapa de modernización bajo el colonialismo
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imperial y en la actualidad bajo el imperialismo difiiminado a través de la globalización, el núcleo del poder ha sido el ejercicio de una violencia permanente. No solo desde los Estados sino en los intersticios de la sociabilídad donde se construye la hegemonía para lograr un consenso rutinario, llamado eufemisticamente “gobernabilidad”.
En aquellos períodos en los cuales el verticalismo autoritario militar es sustituido por una apertura formalhacia la “democracia”, la violencia se moleculariza y genera formas de exclusión, desigualdad y degradación.
La izquierda latinoamericana durante el siglo que se extingue, ha caído en casi todas las trampas, que a veces sutil y otras torpemente le han tendido los poderes constituidos. Pero, es evidente que la dificultad de pararse en el espacio revolucionario indicado en este umbral del nuevo siglo, tiene que ver con la desorientación provocada por la sensación, de que los múltiples fracasos han agotado las perspectivas de lucha. Así la “revolución democrática burguesa” de la posguerra propuesta por los Partidos Comunistas, el foquismo poscubano, el intento-de ilusorio de capturar para la izquierda la vanguardia de los movimientos populistas, ha creado, para muchos
una “crisis de las representaciones políticas” y la necesidad imperiosa de esperar el advenimiento de nuevos espacios y múltiples sujetos revolucionarios.
Creemos que la discusión de esta idea y de esta actitud es muy importante. Pero... ¿de qué crisis de representatividad se habla?, alguna vez los partidos y los movimientos, se plantearon la necesidad de representar realmente a sus bases y no fueron otra cosa que ficción para promover caudillismos autoritarios y clientelistas?. Al mismo tiempo pensamos que es necesario cuestionar la gramática vacía de los espacios o sujetos “perdidos” y esperar el acontecimiento azaroso que desde lo caótico pude generar el advenimiento de “lo nuevo”, sino plantearse activamente la construcción de un discurso y un sujeto político contra hegemónico. Desde esta perspectiva podemos culminar esta breve texto con algunas reflexiones:
l. La actual fase hegemónica del capitalismo tardío, se define por el tremendo poder
de lo que Adorno y H o r k h e i m e r llamaron la
Industria Cultural,un no
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es otra cosa que, la globalización dela alienación del trabajo humano.
La expansión imperial de la industria cultural debe homogeneizar lo que el desarrollo desigual del capitalismo separa, o sea suturar imaginariamente esa desigualdad que se profundiz‘á en la medida que el tiempo transcurre.
2. La filosofía marxista es pensamiento e intervención revolucionaria enla medida que aniquila el carácter descriptivo de toda otra "filosofía, al intervenir para plantearse como objeto de conocimiento “el ser social”, que no es otra cosa que el trabajador sometido a desigualdad y explotación, descubriendo que el plusvalor del trabajo humano y la fetichización son los fundamentos constitutivos de una sociedad que para sobrevivir, debe negarlos.
La negación de la historicidad, de la memoria real del ejercicio de la violencia opresora y la desigualdad implica el “vaciamiento del sujeto”, su reducción a la categoría de individuo fragmentado, sometido al azar y los acontecimientos que lo a" arrastran, son las operaciones necesarias para mantener este estado
de cosas bajo el control del discurso hegemónico.
3. La izquierda latinoamericana, no puede volver a caer en las viejas- nuevas trampas. Debe recuperar el sujeto histórico que produce la revolución cubana, aun foco de resistencia mas allá sus limitaciones. Esta recuperación es una reconstrücción cotidiana, una intervención de todos los días en los cuales se reconstruye la sociabilidad política en nuestra relación con el otro, dentro y contra el orden social que la oculta.
El capitalismo salvaje, está atado al ejercicio de la violencia, a una naturalización de esta que oculta su perfil político. Pero la desocupación, la degradación de la vida humana, la miseria producen estallidos múltiples y crecientes explosiones, que en tanto sean fragmentarias, son controlables. Los desocupados luchan por ser restituidos a puestos laborales provisorios. Otros “diversos” lo hacen para ser aceptados en sus derechos, reconocidos como tales, pero esta lucha, por y justificada que sea, no es una lucha por la igualdad contra la discriminación fragmentadora, base del equilibrio de la globalización controlada por el poder hegemónico.
4. Dentro de otra
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dimensión movimientos más amplios y perdurables como los frentes indigenistas, y especialmente el frente zapatista en México, solo podrán ser ejes de un proceso de transformación radical en tanto tomen conciencia de su condición de clase subalterna, articulados con todos los sectores“ que se autoreconozcan en la misma condición de trabajadores, usurpados de su capacidad de vida libre crítica y creativa, pero conscientes de su poder para reconstruir un sujeto histórico capaz de generar unapmxzkpolzïica que arlz'cuk a lo: rectora eagbbtador, dimz'minador _y excluido; que integran la clase suba/tema y desarrolle conciencia de ru condicion de totalidad social apropiada en ru tra/ago]
en ru libertad Solo desde esta praxis será posible la confiontación con el poder hegemónico.
La nota que es epígrafe de este texto es emblemática. El Che Guevara, en su retirada del Congo, derrotado, se da cuenta que parte de su fracaso estuvo en su incapacidad para comunicarse con el “otro”, el campesino, el receptor político con el cual se podía construir el suieto revolucionario. La izquierda marxista en Latinoamérica debe hallar su “swahili”, construir ese lenguaje-intervención política que aniquilalas palabras vacías que son hoy mediadoras fundamentales con las que se ejerce el poder.
evista de crítica. cuitural
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Afirmar los avances técnicos y científicos, liberándolos. Superar el atraso e ignomim’a de la sociedad, subvirtiendola
Angel L. Fanjul
in memoria histórica no es
posible intentar diseñar el
camino del futuro. Por eso la importancia de una mirada retrospectiva. El siglo XX se caracteriza por un proceso ininterrumpido de revoluciones, contrarrevoluciones, guerras. Es la vigencia, en lo social y político, de la dialéctica de construcción, destrucción, caos, reconstrucción. La visión retrospectiva del siglo, debe abarcar la comprensión de los grandes cambios operados en los distintos planos superestructurales de la sociedad, sea en la civil o política, en cada fase de esta dialéctica.
Si nos limitáramos a constatar que ninguna de las revoluciones de ese siglo llegó a buen puerto, estaríamos sosteniendo una concepción estrecha de las mismas. Al decir de Trotsky, “las masas no nan a la revolución con un plan preconcebido de sociedad
nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja”.
Las revoluciones, cualquiera fuera su carácter, en cuanto irrupción violenta de masas para asumir en sus manos su propio destino, han puesto a luz, que en mas de una ocasión, los seres humanos osaron echar abajo el orden constituido para avanzar hacia otra civilización. Tal objetivo no fue alcanzado aún. A pesar de su heroísmo, la revolución ha sido derrotada por la contrarrevolución Pero la historia no vuelve al punto de partida. A pesar de las derrotas, hay una experiencia que se incorpora a la memoria humanaen lo social, político y cultural. Cuando . nuevas insurgenciasse operen, sta memoria estará presente.
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Los progresos científicos y técnicos del. siglo XX
Pero no solamente medimos al siglo XX como aquél en que los seres humanos osaron por cambiarlo, sino también por ser el siglo donde la práctica histórica social del trabajo, traducida en la ciencia y en la técnica, adquirió niveles insospechados. El siglo que dejamos es aquél donde los progresos del ser humano para comprender las leyes que gobiernan la naturaleza, y su propia naturaleza, es superior a todo lo logrado por la humanidad hasta ese siglo. Basta una mirada retrospectiva , en el siglo XX logra el sueño de la mitologia griega con Icaro de desprender al ser humano de su sujeción a la tierra. En sólo un siglo desde los hermanos Wright a los vuelos interplanetarios se ha dado un salto cualitativo incuestionable. También es el siglo de Marie y Pierre Curie, de Einstein, de Fleming, de Salk y Sabin Es el siglo de Sigmund Freud y del psicoanálisis que al decir de Trotsky “levanta la tapa del tarro
" de basura del alma”. Es el siglo del primer Sputnik, con la Laika. Es el siglo donde el ser humano pisa la luna.
Es el siglo de la fisión y fusión atómica liberando energías extraordinarias. Es el siglo del descubrimiento del mapa genético, de la clonación, del genoma humano.
Es el siglo de la computación y la telemática. La dimensión de estos progresos técnicos y científicos juegan un papel incuestionable en el camino del ser humano hacia su liberación, por cuanto contribuyen a romper el oscurantismo, la idea de lo fatal, de lo místico y religioso.
Pero este progreso científico y técnico, que no es resultado solamente de mentes geniales, sino que es la síntesis del la práctica histórica social del trabajo, es apropiada por el Capital en función de su cuota de ganancias y es utilizada como instrumento de dominación y opresión del ser humano. Lejos de la liberación conduce a la barbarie. La fusión atómica en el genocidio de Hiroshima y Nagasaki. La cibérnetíca y la robotización para la guerra de destrucción (Irak, Kosovo, Chechenia, etc.) El desarrollo de las fuerzas productivas se traduce en el hambre y la exclusión social de un número creciente de la humanidad.
Esta contradicción entre el avance técnico y científico y la
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realidad social condujo a Walter Benjamin en su “Tesis sobre el concepto de la historia” a decir esta concepción del trabajo no le preocupa saber en qae’ medida los productos de este trabajo sirven a los propios productores, que no pueden disponer de ellos. Sólo tiene en cuenta el progreso en el dominio sobre la nataralea, no las regresiones de la sociedad”. Compartimos el concepto de Walter Benjamín en que no es posible identificar los avances técnicos y científicos y sobre el dominio de la naturaleza sin considerar la regresión social. Frente a la catástrofe que se anuncia, Walter Benjamin y muchos otros marxistas sostienen la necesidad de poner un freno al tren del progreso antes que éste se precipite al abismo. Sin embargo, hasta ahora se ha mostrado la imposibilidad de poner freno a la aspiración del ser humano de alcanzar una comprensión totalizadora y la búsqueda de lo absoluto. Ni el terrorismo de la Inquisición, pudo impedir la lucha del ser humano por comprender, fuera de las categorías religiosas y fundamentalistas de todo tipo, la naturaleza de las cosas, sus leyes, su dialéctica, su transformación. El progreso del conocimiento dará,
en el siglo que comenzamos a transitar, saltos cualitativos cuyos resultados mostrarán que lo alcanzado hasta hoy y que provoca nuestra admiración, es pequeño.
Es que la realidad nos está mostrando que el producto de la inteligencia masiva, más que ser frenado, debe ser expropiado al expropiador y devuelto a la sociedad. Es que el Capital además de expropiarlo, lo limita y distorsiona, basta referirnos a la disputa entablada hoy entre los grandes monopolios, por la propiedad intelectual, con fines de lucro, del descubrimiento del genoma humano. Por ello, uno de los objetivos centrales que resultan de la mirada retrospectiva es afirmar la lucha por el desarrollo armonioso de la ciencia y de la técnica, liberándola del dominio privado del Capital.
La primera premisa del marxismo, es que la crítica a la sociedad comienza por la crítica a la religión. El conocimiento y dominio de las leyes que gobiernan el desarrollo de la naturaleza y la capacidad de orientarlas y transformarlas alienta el cuestionamiento de las leyes que gobiernan las relaciones sociales entre los seres humanos, las bases materiales existentes y la
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posibilidad y necesidad de transformarlas. La distancia entre el conocimiento técnico y científico con la realidad social lleva a rechazar esta última como oprobiosa e ignominiosa. Como dice John Holloway “abolir la idea de dios revela que el humano es el centro del universo social: el humano es su propio verdadero sol.”
Siglo XX: revoluciones, contrarre- voluciones, guerra.
En su programa de transición, León Trotsky caracteriza el siglo como el de las revoluciones, contrarrevoluciones, guerras coloniales y de exterminio. A la osadía y grandeza de la Revolución de Octubre, al levantamiento cosejista de Italia, al movimiento espartaquista de Rosa y de Carlos Liebnetch, les siguieron las contrarrevoluciones fascista y nazista, la segunda guerra mundial, el exterminio de millones de seres, el holocausto. A los Soviets, le
siguió la contrarrevolución estalinista, con sus Tolyma, sus goulaks, sus hospitales
psiquiátricos. A la guerra civil española de “Tierra y libertad”, le siguió la falange y el franquismo. La mirada retrospectiva al siglo XX sería mezquina, si nos limitáramos a la verificación de la
irrupción violenta de las masas y de lo que alcanzaron, sin extender esta visión a una comprensión más totalizadora de la revolución. Sobre este aspecto cobra toda su dimensión el aporte de Gramsci sobre los planos superestructurales de la sociedad. La Revolución no solamente cuestiona el poder del Estado, sino que transforma el otro nivel superestructural de la cultura, de la familia, de los contratos, de las relaciones sociales en la sociedad civil. Cada una de estas instituciones las concibe como casamatas de defensa del Estado capitalista. Un ejemplo de ello es el Mayo francés.
En efecto, qué fue el Mayo francés de 1968. ¿Fue una Revolución? ¿Se trató de un ensayo general y se frustró? La respuesta resultará de la comprensión de qué es una Revolución y en qué planos suprestructurales se opera. Los objetivos del Mayo del 68, traducidos en sus originales consignas como “La imaginación al Poder” “Prohibido prohibir” contra la discriminación sexual, etc., abarcan no sólo el enfrentamiento al poder napoleónico, verticalista, autoritario de la Va. República de De Gaulle, sino
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también un levantamiento contra la estructura de la vieja sociedad civil. En el Mayo francés, las jóvenes generaciones se lanzaron al asalto procurando destruir las múltiples casamatas que rodean como fortalezas estratégicas el poder central del Estado. Y tomaron más de una, destruyeron más de una y establecieron las bases de un nuevo nivel cultural y de una profundización de la democracia, entendiéndola como movimiento social. Los objetivos finales del Mayo francés no fueron alcanzados, pero las conquistas de las casamatas y su destrucción no regresó jamás. Sobre sus bases se construyeron y desenvolvieron poderosos movimientos sociales, autónomos: el movimiento feminista, la ecología, la extensión y profundización dela ciudadanía política y social. Emergén así nuevos sujetos sociales que junto al histórico de los trabajadores plantean hoy un nueva dimensión del concepto de lucha de clases, un nuevo concepto de democracia, un nuevo concepto de organización, un nuevo concepto del Estado y una nueva definición de la lucha por el poder.
La dialéctica del Mayo francés es la misma que alienta al Che Guevara en su lucha contra la burocracia estalinista en el mundo
y en Cuba, es la misma que vive en la Primavera de Praga, y preanuncia la derrota del imperialismo norteamericano en Vietnam y la resistencia polaca contra Jarucelsky, minando los cimientos del muro de Berlín.
Y en la ultima década del siglo, en esta dialéctica ininterrumpida de revoluciones y contrarrevoluciones, emerge en Chiapas, Méjico, la insurgencia zapatista representada por el Subcomandante Marcos, que tanto en sus formulaciones políticas como en su praxis expresa una profunda reflexión sobre la experiencia de este siglo. Es profundamente anticapitalista, con una clara denuncia de la ignominia de la época, con el claro objetivo de lucha por la dignidad humana. Si entendemos al marxismo como teoría de la negación, la lucha de los insurgentes zapatistas por los derechos de los indígenas y por negarse a ser considerados cosa, integra el movimiento en la lucha de clases mundial. Nos plantea una nueva concepción sobre la Revolución, su objetivo, su dinámica, sus sujetos. No se propone y lo dice abiertamente conquistar el poder, pretende destruirlo, restableciendo el poder al ciudadano. Su formulación y su praxis no se ajusta a las categorías
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o modelos tradicionales de la Revolución, su propio portavoz lo dice: no es guevarismo, no es fidelismo, no es leninismo. Nutre su experiencia en todos ellos, pero se lanza en un camino nuevo, no recorrido hasta hoy. Enfrenta y denuncia la concepción elitista y sustitucionista de los partidos de vanguardia, que resume en su frase: “que manda el que obedece y se obedece mandando”. Renuncia a toda concepción jerárquica, es el subcomandante, porque hay un comandante y el comandante es la colectividad a la que obedece.,Desde el llamado de la selva de Lacandona hasta la convocatoria a una Conferencia mundial para la lucha contra el neoliberalismo, el movimiento insurgente de Chiapas plantea a la faz del mundo, la necesidad de un nuevo internacionalismo, que abarca desde las clases oprimidas y explotadas hasta los movimientos sociales autónomos. Esta iniciativa tuvo una nueva expresión en el movimiento de Seattle, Washington, Londres, etc.
Esta experiencia no ha concluido al cerrarse el siglo, más aún
denuncian que el poder los tiene cercados y amenaza con intentar aplastarlos. De todas maneras, cualquiera sea su suerte, que es la nuestra, Chiapas incorpora interrogantes sobre las experiencias pasadas y el desafio de avanzar a la definición de una nueva transición en este mundo globalizado.
El balance del siglo XX, con la barbarie conviviendo con el régimen, no nos autoriza a una visión subjetiva, optimista o pesimista. Nos constriñe a extraer audazmente las enseñanzas de lo ya vivido para lo que hay que vivir.
El objetivo es más complejo y dificil que lo imaginado. Quizás no baste con subvertir el mundo, poniéndolo de pie, sino lanzarnos a la osadía de construir otro mundo. La supervivencia de la especie humana impone extraer de las grietas de la sociedad actual los elementos para construir esa nueva sociedad. Esto puede ser calificado de utópico, pero al decir de Ernest Bloch se trataría de una utopía concreta, reivindicando el derecho de soñar con los ojos abiertos.
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Manrismo y socialismo hoy
Adolfo Sánchez Vásquez
os proponemos examinar
la relación entre
marxismo y socialismo, hoy se trata de una relación que, a lo largo del tiempo, ha pasado por diferentes vicisitudes. Por lo tanto, es histórica. Lo cual lleva a desechar la idea de que estemos ante una relación estática, inmutable, entre un proyecto o ideal y una realidad (existente, en trance de existir o inexistentes).
Se trata a la vez de una relación problemática ya que el modo de relacionarse sus dos términos plantea una serie de problemas que, en lo fundamental, podemos reducirlos a dos:
l. El socialismo, ¿sigue siendo posible si es que alguna vez lo ha sido?
El marxismo ¿sigue siendo válido para el socialismo? Válido en el doble sentido de: a) Paradigma teórico del conocimiento social o teoria que permite descubrir las posibilidades de transformación radical social en lo real mismo.
Y b) Teoría que sirve prácticamente al socialismo al orientar al acceso a él y justificarlos como proyecto posible, necesario, valioso y, por tanto, deseable.
Las soluciones a las cuestiones planteadas varían: desde las modificaciones que se introducen en dicha relación’ sin abandonarla hasta el abandono de ella al renunciarse a uno de los dos términos -el marxismo-o al otro -el socialiSmo. En el primer caso, tenemos un socialismo sin marxismo: en el segundo nos quedamos no sólo sin marxismo sino también sin socialismo. Dejando a un lado estas dos últimas soluciones, ocupémonos precisamente de la relación en que se mantinene ambos términos - marxismo y socialismo- con las viersitudes y problemas que vamos a examinar.
Y, al hacerlo , reafirmemos en primer ¿' lugar el carácter
histórico de esa relación; histórica puesto que
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tiene un comienzo y un fin en el tiempo, aunque para algunos la historia de esa relación tenga un tinte funeral; es decir, haya llegado a su fm.
Que tiene un comienzo se documenta fácilmente: el socialismo se relaciona desde mediados del siglo pasado con el surgimiento, formación y desarrollo de las ideas de Marx y Engels. Ahora bien, como aspiración o proyecto de una sociedad futura más que justa es anterior a dichas ideas. Para no remitirnos a un pasado muy lejano -el de Platón o los utopistas del Renacimiento- podemos hablar de un socialismo premarxista en el siglo XIX como socialismo utópico. Al calificarlo así se ha pretendido subrayar que su fundamenteo es la utopía. Esta utopía puede ser reformista como las de Cabet o Fourier, o revolucionaria como las de Blanqui o Weitling. En todo caso, se trata -corno utopía- de la anticipación imaginaria de una sociedad deseada, más justa, aunque en definitiva irrealizable porque: a) no se dan las condiciones necesaria para su realización: b) no se dispone de los medios adecuados para llegar a ella, y c) se desconoce la realidad que ha de ser transformada.
Marx y Engels hacen suyos los
objetivos y criticas de este socialismo utópico, pero critican a su vez sus limitaciones y su impotencia. Este socialismo deseado, más bien soñado, ha sido siempre no sólo un socialismo realmente inexistente, sino también la expresión de una voluntad frustrada de realización. El socialismo utópico deja paso al llamado socialismo científico, calificativo que proviene no de Marx sino de Engels. Al calificar así, Engels pretende llamar la atención sobre un elemento necesario en la transformación de la sociedd: su aspecto racional, entendido como conocimiento objetivo, fundado, de la realidad social que se aspira a transformar. Con todo cabe preguntarse: la expresión «socialismo científico» ¿es afortunada? No lo creo, sobre todo si con ella se pretende subrayar que el socialismo es el resultado necesario, inevitable del desarrollo histórico-social, del cual el marxismo sería la verdadera ciencia. Aquí los dos términos - socialismo y marxismo- se recubren integramente el socialismo sería un resultado tan objetivo como el de cualquier _ proceso natural, y
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el marxismo -reducido a teoría económica y social- sería la ciencia que pone al descubierto ese proceso. En ambos casos, tendríamos una cimtifización plena, sin fisuras, del saber histórico materialista, y el socialismo aparecería garantizado por la cientificidad del conocimiento de la realidad y del movimiento histórico en que se inserta. Tal es la interpretación que del marxismo hacen los teóricos de la II Internacional (Bernstein, Kautsky) y que se asume, con ciertas modalidades, el marxismo de la III Internacional (Lenin, Bujarín, Stalin).
Aunque algunos textos de Marx y Engels anfiesto Comunista. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economia Política Anii-Diibring) permiten avalar esta concepción determinista, ‘objetivista y teleológica de la historia, hay otros (El Diecieocbo Brarnario de Lais Bonaparte, escritos sobre Irlanda y correspondencia con los populistas rusos) que vienen a cerrar el paso a esa concepción cuando se subraya en ellos que:
1. Ia historia la hacen los hombres aunque en condiciones dadas.
2. No sólo cuentan las condiciones o circunstancias que hacen a los hombre-s, sino los hombres que hacen esas condiciones y circunstancias.
3. La teoría de un fenómeno
histórico concreto -el capitalismo occidental- en que consiste El Capital no puede conVertirse en u'na filosofia universal de la historia.
4. No hay un determinismo histórico porque no hay leyes universales de la historia sino tendencias en ellas.
Todo esto impide que pueda hablarse en nombre de Marx, o al menos de todo Marx, de socialismo científico, entendido como el resultado de un proceso histórico que desembocaría inevitable en el socialismo.
La relación entre socialismo y utopía 'no puede ser reemplazada, consecuentemente, por semejante relación entre socialismo y ciencia. Y ello es así porque el socialismo no puede dejar de ser nunca una aspiración o ideal que tiene una dimensión utópica.
Aquí se hace necesario volver de nuevo sobre el término «utopía». Utópico no sólo es imposible o irrealizable en un sentido absoluto, sino también lo realizable que temporalmente no puede realizarse. La utopía que hoy puede convertise en la realidad de mañana, siempre que no se trate de una utopia absoluta sino relativa, concreta. Por cierto, incluso en el propio Marx no faltan elementos utópicos en sentido
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absoluto como el postular, por ejemplo, la superación total y definitiva de todas las enajenaciones en el comunismo (Mamam'to economico- filoscfimsde1844).
¿Qué significa entonces la sustitución de la utopia por la ciencia?. Significa sencillamente fundamentar racional, objetivamente, la posibilidad del socialismo y de las acciones humanas encaminadas a convertir esa posibilidad en realidad. El socialismo sería una empresa racional que no cierra las puertas a la imaginación y por tanto a la utopia. Racional sería pretender realizar lo realizable en condiciones históricas determinadas. Lo realizable es tal porque es posible. Fundar el socialismo en lo imposible sería condenarse de antemano a la utopía absoluta.
El marxismo sería entonces el fundamento racional del socialismo en un sentido esencial; en cuanto que descubre lo posible -y lo imposible- en la propia realidad. ¿Qué es El Capital de Marx sino el descubrimiento de la posibilidad inscrita en el capitalismo? Pero también de la imposibilidad que el sistema engendra: imposibilidad de que - no obstante los méritos históricos que Marx y Engels le reconocen en El Manifiesto - pueda desarrollarse
sin convertirse en un límite insalvable al desenvolvimiento pleno y libre de los individuos. El capitalismo ha evolucionado después de Marx invalidando algunas de sus tesis, pero la contradicción fundamental que él descubre entre el desarrollo del capitalismo y los intereses fundamentales de los individuos y de la sociedad no ha hecho más que ahondarse. Es imposible que la libertad verdadera de los individuos, la paz y la igualdad entre los hombres y los pueblos, puedan florecer bajo el capitalismo. Esto no significa en modo alguno que baste destruir el sistema capitalista para que todos esos bienes se alcancen. Marx y Engels ya sospechaban esto, pero lo ha probado sobre todo la experiencia histórica del "socialismo real".
El marxismo descubre en el capitalismo los condiciones de posibilidad -no la realidad- del paso de una sociedad a otra más justa. Pero el capitalismo engendra también -y esto no escapa a Marx- la posibilidad de la "barbarie", barbarie que hoy tiene un sentido más pleno y profundo como holocausto nuclear o destrucción de la base natural de la existencia humana.
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El marxismo sólo tiene sentido en su relación con el socialismo. No puede reducirse por ello a un paradigma teórico. Y no sólo porque responde a una idea o a un objetivo que es -como hemos enseñado- una vieja aspiración de la humanidad sino también porque es un proyecto de transformación práctica. Pero lo que distingue de otras doctrinas socialista como las utópicas es haber fundado racionalmeme la posibilidad (no la inevitabilidad) de la realización de ese objetivo. Ciertamente, descubrir estas posibilidad requiere conocer y criticar la realidad social en la que se forja esa posibilidad. Y en este sentido no sólo es interpretación crítica o conocimiento de lo que es, sino anticipación-descubrimiemo de los condiciones necesarias para que lo que no es todavía llegue a ser.
El marxismo no se limita, por tanto, a una interpretación del mundo, aunque en verdad lo es. Al dar conciencia de esa posibilidad y de los condiciones objetivas y subjetivas- necesarias para realizarla, adquiere como teoría una fuerza práctica en la
transformación de lo existente
hacia el socialismo. En suma el
marxismo sólo existe porjpara el
socialismo, pero éste a su. vez neCesita del marxismo.
Así, pues, en términos del marxismo clásico hay una relación intrínseca e indisoluble entre marxismo y socialismo. Como proyecto político, como conocimiento y crítica de lo existente y como práctica política -para las clases y firerz'as sociales que optan por la transformación radical de la sociedad-, el marxismo es la alternativa necesaria. Y esto explica que, desde los tiempos de Marx y Engels, los partidos obreros que aspiran al socialismo se hayan remitido al marxismo como teoría de la sociedad y la historia y como ideología política. Pero esto explica también que la empresa de desmovilizar a las conciencias privándolas de toda persPectiva anticapitalista y socialista pase por la empresa de excluir la presencia del marxismo en el movimiento obrero, así como en los movimientos sociales anticapitalistas y en los frentes de liberación nacional. Esa empresa desmovilizadora se convierte hoy en una ofensiva vulgar, sin un nivel teórico digno de este nombre cuando el estilo argumental de los "nuevos filósofos" se expande a nivel panfletario por los medios masivos de comunicación.
Pero volvamos a la relación
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entre marxismo y socialismo tal como la ven los que han hecho suyo el ideal de la transformación de la sociedad capitalista. Históricamente, dicho relación se ha mantenido en dos formas que se han dividido -ya antes de la Revolución Rusa, pero sobre todo después de ella - el movimiento obrero que durante largo tiempo ha luchado por el socialismo. Estas dos formas de relacionar teórica y prácticamente marxismo y socialismo se inscriben históricamente en la tradición socialdemócrata que inaguran Bernstein y Kautsky y en la tradición revolucionaria que, después dela revolución de 1917 en Rusia, se asociaalnombre de Leninymás tarde alcuerpo de ideasyala estrategia que, en la III Internacional y particularmente con Stalin, se codifica como marxismo- leninismo. Aunque en ambas tradiciones se procura mantener la relación entre marxismo y socialismo, esta relación supone en ellas dos estrategias distintas e incluso opuestas: una hace hincapié en la vía de las reformas; la otra, en la revolución.
Ambas estrategias, y el marxismo que inspira, o más exactamente la interpretación de él en que se sustenta, han tenido ocasión de probarse en la vida real
como estrategias anticapitalistas y socialistas. Y han podido ponerse a prueba en cuanto que, en ambos casos, han tenido la oportunidad histórica de llegada al poder y de gobernar en nombre del socialismo. Pues bien, con base en la experiencia histórica que supone, en un caso, el paso por el poder establecido y en el ejercicio del nuevo poder después de la ruptura revolucionaria con el sistema capitalista, podemos establecer el siguiente balance.
El marxismo reformista, que se considera comprometido con la idea del socialismo como frn u objetivo, ha logrado importantes reformas sociales sin rebasar el marco o la estructura del capitalismo. O sea, permanece dentro del sistema con la esperanza de pasar algún día sus fronteras estructurales; mientras tanto no puede hablarse de transición de una sociedad vieja -capitalista- a otra nueva — socialista.
No hay, pues, socialismo; pero tampoco el anticapitalismo que ha de permitir la transición. Se proclama que el socialismo sigue siendo un ideal, la estrella polar que guía la realización de las reformas, pero la estrella polar brilla cada vez más desvaída y distante. En consecuencia, la posibilidad de que
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el socialismo llegue a ser una realidad por esta vía es una hipótesis que hasta hoy no se ha confirmado, pues en definitiVa nunca se han rebasado -con esta estrategia- las fronteras del capitalismo.
¿El marxismo de la III Internacional de inspiración leninista v sus prolongaciones posteriores codifica, en unidad indisoluble, la herencia de Marx- Engels y Lenin, como marxismo- leninismo?. Si fijamos nuestra atención en la Revolución de Octubre y en la sociedad soviética construida a partir de ella en el proceso de transición del capitalismo al! socialismo, no puede dejar de reconocerse que este marxismo con su estrategia revolucionaria ha logrado romper violentamente con el poder y el sistema social establecidos. Por primera vez en la historia de la humanidad las relaciones de explotación del hombre por el hombre, y, en particular las relaciones capitalistas de producción, fueron abolidas confirmándose así la previsión marxiana de que el capitalismo, como formación social históricamente transitoria, estaba destinado a desaparecer, aunque ciertamente esta desaparición no se dio en Rusia en
1917 en las condiciones económicas y sociales previstas por Marx. A diferencia de la‘estrate'gia reformista, la estrategia r'evolücionaria bolchevique permitió rebasar el marco estructural capitalista abriendo con ello la perspectiva de la transición a una nueva "sociedad, socialista. Pero en el curso de este proceso de transición Io que construyó no fue propiamente el socialismo sino una nueva formación social en la que una nueva clase explotadora -la burocracia- posee el poder económico y ejerce el poder político, al margen del control de la sociedad y de la participación o gestión de los trabajadores. Tales la sociedad que se conoce como "socialismo real", y en la que durante el largo período que se extiende de Stalin a Brejnev, quedó bloqueado el camino del socialismo.
Pero ateniéndonos a lo real sin descartar lo posible, podemos concluir respecto a las dos vías o estrategias fundamentales apuntadas:
El camino del socialismo emprendido por la vía reformista no rebasa las fronteras estructurales del capitalismo, en tanto que la vía seguida en nombre del marxismo- l e n i n i s m o , permanece dentro i
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de.un anticapitalismo que no puede identificarse con el socialismo. En uno y otro caso, queda bloqueado el camino del socialismo. El reforrnismo lo bloquea sin salir del capitalismo; el marxismo-leninismo, le cierra el camino pese a haber hecho saltar la estructura capitalista. Nos encontramos, pues, con que el socialismo como estrella polar, como proyecto político y social para superar una serie de enajenaciones, como creación de las condiciones para la autogestión social y control de los productores asociados sobre los medios de producción así como para la democratización plena y profunda de todas las esferas de la vida social, sigue distante de la realidad.
Es indudable que para una teoría como el marxismo que hace de la praxis su categoria central y que, en su médula misma, contiene la unidad de la teoría y la práctica, no puede dejarse a un tado el saldo que arroja la experiencia histórica. El marxismo tiene que ser juzgado no sólo por su capacidad para entender el mundo sino también por su capacidad para contribuir a transformarlo. Y justamente la experiencia histórica plantea una serie de cuestiones que se engloban bajo el rubro de la llamada "crisis del marxismo" y que conduce a los
intentos de ajustarlo o adaptarlo a la realidad en unos casos y a abandono por razones teóricas y prácticas en otros. Ahora bien, la experiencia histórica del desarollo del capitalismo como sistema mundial, la práctica de las luchas por el socialismo tanto en Occidente como fuera de él, así como la nueva realidad construida en los países del Este europeo en nombre del marxismo que la inspira y justifica como "socialismo real", ha puesto de manifiesto la fragilidad e inactualidad de ciertas tesis marxistas.
Entre los elementos caducos o inactuales que hay superar está el tributo que rinde Marx a una concepción hegeliana eurocentrista y teleológica de la historia. Conforme a ella existe una racionalidad universal que encarna, sobre todo los pueblos occidentales, teniendo como agente histórico, ayer a la burguesía, y hoy al proletariado, frente a los "pueblos sin historia" o "bárbaros" que no serían sujetos sino objetos de ella. A este racionalismo universal, va unido cierto finalismo, ya que de acuerdo con sus leyes universales la historia marcharía inevitablemente hacia su fin: el comunismo. No se puede ignorar, sin embargo, que el propio Marx en sus escritos sobre lrlanda
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y en su correspondencia con los populistas rusos, trató de corregir esta concepción de la historia. Pero, no obstante, ella es la que ha dominado en las dos estrategias - reformista y marxista-leninista- antes mencionadas. Tampoco puede maritenerse hoy el- optimismo de Marx sobre el potencial revolucionario de la clase obrera occidental, ni su confianza en su impermeabilidad al virus ideológico burgués. También resulta cuestionable la sobre estimación marxiana del carácter progresista del desarrollo de las fuerzas productivas, sobre estimación que al estimular cierto enfoque economista hace perder de vista los aspectos destructivos de ese desarrollo. A su vez, la atención casi exclusiva a la dominación de clase opaca la visión de otras formas de dominación -nacional, racial, sexual o étnica- contra las que hoy luchan diferentes movimientos sociales que han de ser tenidos muy en cuenta en una estrategia anticapitalista.
Finalmente, la experiencia histórica del "socialismo real" ha puesto a prueba las ideas de Marx, no sólo en cuanto a la transición del capitalismo al comumismo a través del socialismo, sino también respecto al poder de sus
herramientas conceptuales al examiniar una realidad social que ciertamente Marx no previó ni podía prever. Con todo, ¿no cabría aplicar a la caracterización de esa nueva sociedad el criterio marxiano del papel determinante de las relaciones de producción y particularmente, el de la propiedad efectiva - y no sólo formal- sobre los medios de producción?
El marxismo-leninismo se ha caracterizado por el intento de mantener, incluso frente a la realidad, ciertas tesis del marxismo clásicoo por deformar u olvidar algunas tesis de Marx, hoy más válidas que nunca, como son las que proclaman la unidad indisoluble de socialismo y democracia. Con ello anuló y melló su potencial emancipatorio convirtiéndolo en una ideología justificadora de una estrategia política o de una realidad a la que se llama "socialismo real". Ciertamente, si el marxismo en su teoría y en su práctica se redujera a este marxismo que ha entrado en bancarrota su destino actual estaría sellado. Como la habría estado en el pasado, si hubiera quedado reducido al marxismo de la II
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Internacional que, después de la primera guerra mundial, entró en su ocaso.
La concepción eurocéntrica del marxismo reduce en definitiva las pruebas de su validez a lo que sucede en Occidente, dejando fuera de su visión a los pueblos que ya Hegel había dejado fuera de la historia. Sólo aferrándose a las estrategias ya agotadas en Occidente -la reformista socialdemócrata o la revolucionaria en sentido marxista- leninista- se puede ignorar la presencia del marxismo en la lucha de los pueblos en otros continentes. Y así como, por ejemplo, la estrategia reformista, propiameme estructural intentarada en Chile en los años 70 tenía poco que ver con el reforrnismo clásico, así también la experiencia revolucionaria de América Latina en las últimas décadas tiene poco que ver con el marxismo-leninismo.La Revolución Cubana como revolución nacional y social fue un verdadero escándalo teórico y práctico para la ortodoxia marxista- leninista, ya que su encuentro con el marxismo no podía darse dentro de los moldes tradicionales. En cuanto a la Revolución Nicaragüense no puede negarse el papel que el marxismo ha
desempeñado en ella, pero de un manrismo impregnado de sandinismo. Es decir de un marxismo que, al hacer suya la reivindicación nacional ha tenido que superar el reduccionismo de clase y el economicismo característicosdel marxismo-leninismo. Asuva, estaRevoluciónharotoeon una tradición "marxista" autoritaria y antidanocrática al recuperar el tema de la democracia y adoptar el pluralismo tanto dentro de la Revolución como en el seno del Frente Sandinista que dirige la liberación nacional. Ciertamente, la Revolución Nicaragüense no se plantea hoy el socialismo como objetivo, ya que la correlación de clases y la agresión del imperialismo yanqui la mantiene como revolución democrática, nacional y antiimperialista. Sin embargo, no se puede negar el peso de marxismo en ella, aunque se trata de un marxismo que hace suya la tradición nacionalista, sandinista, del paísyqueaspiraallegarporunavia
democrática, representativa y participativa al socialismo.
En América latina, el marxismo no - v se halla ligado, pues, inexorablemente a la tradición aunque ésta es una corriente que hoy existe, sin ser monopólica m el continente
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Y llegamos así a la cuestión medular que ha estado presente a lop largo de nuestra exposición: la crisis del marxismo. Naturalmente, lo primero que necesitamos precisar cuando hablamos de ella es el sentido en que utilizamos ambós términos. ¿(bé entendemos por crisis y qué es lo que está apropiadamente en crisis? En un sentido general, significa con respecto- a un proceso, la interrupción o paralización de su desarrollo normal. Si la crisis se supera, el proceso interrumpido o paralizado recupera su marcha normal y puede seguir un curso positivo; pero en caso contrario, el proceso se agrava hasta llegar a su liquidación. Los médicos conocen bien este significado de la crisis. Las dos alternativas pueden darse sin que ninguna de ellas esté inscrita inevitablemente en la crisis. Aplicado esto al marxismo y, reconocida por tanto, la existencia d-e Su crisis, nos preguntamos: ¿el marxismo está destinado a superarla o a hundirse con ella? Veamos.
El marxismo no es un sistema íntegro, cerrado, que permitiera hablar de EL MARXISMO (así, con mayúsculas). Lo que existe es un marxismo que se desarrolla históricamente aunque sin perder
ciertos rasgos, que no existen abstractamente, sino sólo en su desenvolvimiento histórico. Tales rasgos son: su proyecto de emancipación, su exigencia de fundamentado objetiva, racionalmente y su vinculación como teoría con la práctica.
En su desarrollo histórico, el marxismo no ha podido pemanecer sordo a las exigencias de la realidad y ante ellas acentúa o debilita algunos de esos rasgos fundamentales. Y justamente en ese desarrollo ha pasado oar una serie de crisis. No sólo en“ nuestros días el marxismo ha conocido las vicisitudes de una crisis. Los éxitos espectaculares de la socialdemocracia alemana a finales del siglo pasado y, con ellos, la absolutización de la vía legal, parlamentaria, así como el chovinismo de los partidos socialdemócratas europeos en la primera guerra mundial condujeron al marxismo a una crisis de la que pudo salir transitoriamente con la Revolución Rusa de 1917. Asimismo el fracaso de la estrategia de la III Internacional, así como el hundimiento del mito de la URSS como patria del prolerariado y, "socialismo realmente existente", hicieron entrar al marxismo en una crisis de la que no se repone todavía. En ambos msos la crisis se
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producía porque se interrumpía o paralizaba su desarrollo en relación con alguno de sus rasgos esenciales. En el caso de la socialdemocracia, se trataba de un alejamiento o una ruptura con respecto a su proyecto transformador, revolucionario, al propugnar una estrategia reformista de integración o adaptación al sistema capitalista e incluso de administración de sus intereses fundamentales. En cuanto a la III Internacional, se trataba de una estrategia revolucionaria inadecuada en Occidente y de la que era un calco la que se dictaba a los países no occidentales. Una estrategia que, en definitiva, respondía a los intereses de un Estado y un Partido que imponían-como Estado y partido guías sus reglas en nombre de la universalidad del marxismo-leninismo a todo el movimiento comunista mundial.
A esta crisis han contribuido asimismo el no haber tomado en cuenta debidamante, al fundamentar la estrategia anticapitalista, los cambios operados en la naturaleza misma del capitalismo, en el proceso de trabajo y en las formas de vida. Y, finalmente, ha contribuido decisivamente la contradicción
patente entre el socialismo de Estado, autoritario y burocratizado de las sociedades del "socialismo r " y el proyecto originario del marxismo clásico de una nueva sociedad en la que los productores asociados participan en la gestión de la economía y en la dirección del Estado, una sociedad en la que los términos democracia, libertad y socialismo se presentan indisolublemente unidos. Ahora bien, dado que el marxismo supone la unidad aunque siempre relativa- de teoría y práctica, lo que supone en crisis al marxismo no es solo el agotamiento o la inadecuación de ciertos aspectos de su teoría, y subrayo cientos apectos, ya que comparada hoy en su conjunto con la situación en décadas anteriores a la del 60, registra un impulso vigoroso en todos los campos (filosofía, estética. antropología, etc.). Pero, en definitiva, lo que hoy pone en crisis al marxismo más que la teoría es -corno en las crisis anteriores- una práctica política que niega el proyecto liberador originario al no tratar de rebasar el marco capitalista, con lo cual se prolonga bajo un nuevo ropaje el reforrnismo tradicional, o una práctica que, en nombre de ese proyecto, identifica anticapitalismo con socialismo. Pero lo uno no significa lo otro, es
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decir, como demuestra la experiencia de las sociedades del «socialismo real», no basta romper con el capitalismo para transitar realmente el socialismo.
Crisis del marxismo, pues; pero ¿se trata de una crisis global?. El bloqueo estratégico, práctico, que significa la vía reformista tradicional o la vía revolucionaria clásica no significa que esté bloqueado faltamente el acceso al socialismo, lo que constituiría no ya la crisis, sino el ocaso del marxismo. Pero la superación de ese bloqueo tan presente en la crisis actual exige un despliegue inusitado del poder de la razón y de la imaginación que permita emprender reformas estructurales en unos casos o revoluciones que asuman, no ya las experiencias lejanas de Occidente, sino especialmente las que brinda en nuestro tiempo el Tercer mundo.
Hasta ahora no disponemos de una teoría que ofrezca una alternativa más racional y fecunda que el marxismo a la necesidad -hoy más imperiosa que nunca- de poner fin al capitalismo y de construir una nueva sociedad, socialista, sin explotación ni dominación de ningún tipo. Y al hacer esta afirmación no se trata en modo alguno de salvar los aspectos
caducos, inadecuados del marxismo ni tampoco de absolverlo de todos los errores, e incluso crímenes cometidos en su nombre. Los aspectos caducos deben ser abandonados y los crímenes denunciados firmemente. Pero mientras exista la realidad que hace necesaria y justifica su existencia -el capitalismo, la enajenación de los individuos, la explotación de los hombres y los pueblos- el marxismo no puede dejar de existir. Y con esto volvemos a nuestro punto de partida: la relación entre marxismo y socialismo. Necesitamos el marxismo porque existe la necesidad, posiblidad y deseabilidad del socialismo. El marxismo existirá, en suma, mientras estemos convencidos de la necesidad de emancipar a la humanidad en un sentido socialista y de fundamentar racionalmente esa emancipación. La vigencia y actualidad del marxismo hay que buscarla, pues, en su relación -como proyecto liberador, como teoría de la emancipación, como conocimeinto y «crítica de todo lo existente» (Marx)-con el socialismo. Podrá entrar en crisis como ha entrado en nuestros tiempos. Podrán abandonarse - como hay que hacer con todo conocimiento de la realidad- las hipótesis, tesis o teorías que sean desmentidas por ella. Pero el
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manrismo-comoteoríay práctica- tiene que subsistir porque la necesita nuestra opción por la transformación de este mundo: el socialismo. Y si el marxismo o cierto marxismo entra en crisis; si se interrumpe o paraliza su desarrollo no se trata de una crisis global y sin salida ya que subsiste su necesidad como proyecto, como conocimiento y crítica -incluyendo la crítica de lo que se hace en su nombre- como práctica fundada no en sueños o ilusiones sino en una base racional, objetiva y, hasta donde sea posible, científica. Y justamente porque se trata de una teoría que tiene que estar revisando a cada momento su relación con la realidad y la práctica, y dado que esta relación no está dada de una vez y para siempre, y menos aún garantizada, hay que admitir que la crisis actual del marxismo no es la primera ni tampoco será la última. La crisis forma parte de su desarrollo histórico porque no hay nada ni nadie que ¡pueda garantizar definitivamente o de antemano la certeza de su interpretación del mundo ni la
radical
justeza de su práctica para transformarlo.
Al poner punto final a nuestro examen en la relación entre marxismo y socialismo, vernos a manera de conclusión que se trata de una relación histórica en la que los dos términos pese a sus problemas y vicisitudes, se unen y se necesitan mutuamente. Solo hay marxismo porypara el socialismo, y a su vez el socialismo vivirá y se afirmará si se nutre en el marxismo. Pero eso no significa en modo alguno que el marxismo sea su único elemento fecundante, o el único cuerpo de ideas que puede inspirar los esfuerzos teóricos y prácticos para llegar al socialismo. En América Latina es bien conocido la participación de creyentes católicos en los movimientos revolucionarios y los marxistas estiman en todo su valor las aportaciones teóricas y prácticas de la teología de la liberación y de los cristianos por el socialismo. Sin ser marxistas otras corrientes de signo libertario contribuyen así mismo a los procesos de liberación que conducen a una sociedad más justa. Finalmente, aunque sin definirse como marxistas, pero si con una clara posición
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anticapitalista, los movimientos sociales de nuestros días - ecologistas pacifistas, feministas y, en general, de liberación sexual- contribuyen también a ampliar y enriquecer las vías que llevan al socialismo. En suma, no se puede pensar hoy en un
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Revista de debate y crítica marxista
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socialismo a espaldas del marxismo, pero tampoco de un marxismo que monopolice el torrente de esfuerzos necesarios para llegar al socialismo.
y Letras - Ciencias Sociales
Suscripción por 3 números: S 20 Chile 1362 - 1098 - Capital Federal - TeI./Fax: 381-2976
e-mail: heram@pinos.com
(‘hcqucs u giros u nombre (lc Andrés Mc-ndc'l.
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¿Modernidad postmodernidad, o capitalismo?
Ellen Meiksins - Wood
upuestamente desde comienzos de la década de 1970 estamos
viviendo en una nueva época histórica. Esta época ha sido
descrita de varios formas. Algunas explicaciones enfatizan los cambios culturales (postmodernismo), mientras que otras se concentran en las transformaciones económicas los cambios en la producción y en el mercado, o en la organización corporativa y financiera ("capitalismo tardio", "capitalismo multinacional, «postfordismo», «acumulación flexible», etc.). Esas descripciones comparten una preocupación común por las nuevas tecnologías, las nuevas formas de comunicación, el internet y las autopistas de información. Sea lo que firere esta nueva época es, la "era de la información". Y como sea, si supuestameme otros factores han figurado en este cambio trascendental, las nuevas tecnologías han sido la condición indispensable. Todos esos factores -culturales y económicos, con sus bases tecnológicas han sido incorporados simultáneamente en el concepto de "postmodernidad" y en la proposición que en las pasadas dos o tres décadas hemos presenciado una transición histórica de la modernidad a la postmodernidad.
l. De la modernidad a la postmodemidad
Desde el comienzo quiero dejar en claro que es importante analizar, naturalmente, los perpetuos cambios en el capitalismo. Pero la periodización implica algo más que rastrear los procesos de cambio. Proponer una periodización de los cambios trascendentales es plantear algo que sobre la esencia que define una forma social como el capitalismo.
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Los cambios trascendentales están relacionados con las transformaciones básicas de algunos elementos esenciales constitutivos del sistema. En otras palabras, nuestra periodización del capitalismo depende, en primer lugar, de cómo lo definimos. La cuestión, entonces, es esta: ¿conceptos como modernidad y postmodernidad nos revelan algo acerca de la forma como los autores que emplean esos términos entienden al capitalismo?
Qriero explicarme mejor. No estoy hablando acerca de las ideas de las personas que libremente llamamos -tal como los mismos autores considerados lo hacen- postmodernistas. Lo que quiero considerar principalmente es la economía política de lo que algunas personas, incluyendo a marxistas como Fredric Jameson y David Harvey, denominan postmodernidad. Esbozaré en forma breve lo que ellos tienen en mente.l
De acuerdo a teóricos como Jameson y Harvey, la modernidad y la postmodernidad representan dos diferentes fases del capitalismo. El paso de uno a otro no ha significado el tránsito del capitatismo a cierto postcapitalismo o era "postindustrial", y aún persiste la lógica básica de la acumulación de capital. Pero ha habido, sin embargo, una mutación en la naturaleza del capitalismo, el paso de una configuración material a otra, que se ha expresado en la transición de una formación cultural a otra diferente.
Para Jameson, por ejemplo, la postmodernidad corresponde al "capitalismo tardío", o a la nueva fase del capitalismo, multinacional, informacional y consumista. David Harvey, siguiendo a la escuela francesa de la Regulación, lo describe como la transición del fordismo a la acumulación flexible. Una idea similar aparece en forma más bien matizada en ciertas teorías sobre el "capitalismo desorganizado".2 La postmodernidad, entonces, corresponde a una fase del capitalismo en que la producción masiva de bienes estandarizados, y las formas de trabajo que le están asociadas, han sido reemplazadas por la flexibilidad: nuevas formas de producción tales como "producción delgada", "concepto de equipo" y "justo a tiempo"; diversificación de mercancías para nichos de mercado; una fuerza de trabajo flexible: movilidad del
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capital, etc.. Todo lo cual se habría hecho posible por las nuevas tecnologías informáticas.
De acuerdo a esas teorías, estos cambios se complementan con significativas transformaciones culturales. Una importante forma de explicarlos, notablememe en las análisis de Harvey sobre el postmodernismo, tiene que ver con la "compresión espacio- temporal", la aceleración: del tiempo y la contracción del espacio, hecha posible por las nuevas tecnologías, las nuevas formas de telecomunicaciones, los nuevos y rápidos métodos de producción y mercadeo, los nuevos patrones de consumo y los nuevos modos de organizacón financiera. El resultado ha sido una nueva configuración cultural e intelectual, que se ha denomiando postmodernismo, del cual se dice que ha reemplazado a la cultura del modernismo y los patrones intelectuales asociados con el "proyecto de la modernidad".
El proyecto de la modernidad, de acuerdo a estas explicaciones, tiene su origen en la Ilustración, aunque llego a su apogeo en el siglo diecinueve. Ese proyecto supuestamente representa el racionalismo, el tecnocentrismo, la estandarización del conocimiento y la producción, la creencia en el progreso lineal y universal y las verdades absolutas. El postmodemismo presuntamente es una reacción al proyecto de la modernidad -aunque podría también ser visto como algo arraigado en el modernismo, en el escepticismo, la sensibilidad del cambio y, la contingencia que ya se conoció en el Siglo de las Luces. El postmodemismo considera al mundo como esencialmente fragmentado e indeterminado, y rechaza todos los discursos "totalizantes» todos los metarrelatos y las teorías universales y comprensivas sobre el mundo y la historia. Y también rechaza cualquier proyecto político universal, incluso los proyectos de emancipación universal -en otras palabras, los proyectos que proponen una emancipación humana general-, aunque no las distintas luchas particulares contra muy diversas y particulares opresiones.
¿Cuáles, entonces, son las implicaciones de dividir la historia del capitalismo» en dos fases, modernidad y postmodernidad? La primera
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cosa importante que se debe tener en cuenta es que la modernidad es identificada con el capitalismo. Esta identificación puede parecer totalmente inocua, pero creo que es un error fundamental considerar que el llamado proyecto de la modernidad tenga algo que ver con el capitalismo.
El segundo punto es que esta periodización parece significar que hay realmente dos fases principales en el capitalismo y una ruptura primordial. Primero, la modernidad parece abarcar desde el siglo dieciocho hasta probablemente los años 1970 (Harvey realmente da una fecha muy precisa: 1972), pero la postmodernidad parece representar una clase de ruptura fundamental. Algunos autores pueden estar en desacuerdo sobre el momento exacto en que tuvo lugar, o sobre su magnitud, pero parecen coincidir en que esta ruptura es diferente a otros cambios trascendentales en la historia del capitalismo. Al menos, esa parece ser la ineludible implicación de ubicar la modernidad tras la Ilustración. Así, en alguna parte de la historia del capitalismo hay una interrupción fundamental entre modernidad y postmodernidad. Pero esta interrupción, o al menos la forma que adoptó, también es problemática.
Considero cada uno de esos puntos separadamente: primero, el concepto de modernidad y la identificación de la modernidad con el capitalismo; y luego la cuestión de la ruptura histórica en la segunda mitad del siglo XX. Considero que la teoria de la postmodernidad que enfatiza las discontinuidades del capitalismo está basada, explícita o implícitamente, en una teoría de la historia que desconoce las discontinuidades existentes entres sociedades capitalistas y no capitalistas; o sea, que es una teoría que oculta la historia especifica del capitalismo.
2. La modernidad y la no-historicidad del capitalismo
Examinaré primero la identificación de modernidad con capitalismo. Para empezar, hablaremos de la historia del sistema capitalista.3 Quiero resaltar un primer punto: en algunas explicaciones sobre el capitalismo realmente no existe punto de partida. El capitalismo siempre parece
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estar presente en algunas parte y lo único que necesita es ser liberado de sus cadenas, de los grilletes del feudalismo (o de lo que sea), para permitir que crezCa y madure. La semilla del capitalismo parece eStar contenida en los más primitivos actos de intercambio, y toda forma de comercio o actividad mercantil. Esta suposición se encuentra típicamente ligada con otra, a saber que en la práctica la historia ha sido un proceso natural de desarrollo tecnológico. De una manera u otra, el capitalismo, más o menos naturalmente aparece cuando y donde la expansión de los mercados y el desarrollo tecnológico alcanzan un nivel adecuado. Algunas explicaciones marxistas son muy parecidas, con el complemento de que las revoluciones burguesas ayudaron a romper los grilletes.
El efecto de esas explicaciones es hacer hincapié en la continuidad entre sociedades no capitalistas y capitalistas y en negar la especificidad del capitalismo. El intercambio ha existido desde tiempos inmemoriales, y con el mercado capitalista parece acontecer más o menos lo mismo. En este tipo de argumento, el capitalismo necesita revolucionar las fuerzas de producción, lo que precisamente es una extensión y una aceleración de sus tendencias, naturales-universales y transhistóricas. Así, el linaje del capitalismo pasa naturalmente de los tempranos mercaderes, a los burgueses medievales, luego a la burguesía del siglo dieciocho y finalmente al capitalista industrial.
Pienso que hay una lógica similiar en ciertas versiones marxistas de la historia, aún cuando la narrativa en versiones más recientes frecuentemente pasa de la villa a los distritos rurales y los mercaderes son remplazados por productores rurales de mercancías. En esas versiones, la pequeña producción mercantil, liberadas de las ataduras del feudalismo, crece en forma más o menos natural en el capitalismo, En otras palabras, los pequeños productores de mercancías tienen bastante probabilidad de tomar la senda capitalista.
En estas narrarivas lo que se pierde es la percepción del mercado capitalista como una especifica forma social, producto de una dramática ruptura histórica. El mercado capitalista es considerado más como una oportunidad que como una compulsión -el imperativo de la
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acumulación y de la maximización de ganancia- que especificas relaciones sociales de propiedad y que emplea sus propios mecanismos específicos para beneficiarse por medios técnicos de la productividad del trabajo.
Pienso que el concepto de modernidad, tal y como es usado comunmente, corresponde a ese punto de vista sobre el comienzo de la historia, que da por supuesto al capitalismo como resultado de tendencias ya existentes, incluso de leyes naturales, cuando y donde han tenido una oportunidad. En los procesos evolutivos que conducen de las tempranas formas de intercambio al capitalismo industrial moderno, la modernidad irrumpe cuando esa aherrojada fuerza económica -la racionalidad económica de la burguesía- es liberada de sus tradicionales sujeciones.
Así, el concepto de modernidad pertenece al punto de vista histórico que desconoce la gran división entre sociedades capitalistas y no capitalistas. Se toman las leyes especificamente capitalistas de movimiento como si fueran leyes universales de la historia y como si correspondieran a muy diferentes desarrollos históricos, capitalista y no capitalista. Lo que es peor, esta visión de la historia vuelve al capitalismo históricamente invisible. De esa forma. se naturaliza al capitalismo.
Es importante observar, también, que hasta el antimodernismo puede tener el mismo efecto de naturalización del capitalismo. Esto ya se puede ver en las teorías sociológicas de Max Weber: la historia moderna, dice él, ha sido un largo proceso de racionalización, de racionalización del Estado en la organización burocrática y de racionalización de la economía en el capitalismo industrial. Como consecuencia de este proceso - el progreso de la razón y de la libertad asociado con el Iluminismo- la humanidad ha sido liberada y de sus sujeciones naturales; pero al mismo tiempo, la racionalidad produce y encubre una nueva opresión, la «jaula de hierro» de las formas modernas de organización. La paradójica implicación es que el capitalismo y la dominación burocrática son, precisamente, extensiones naturales del progreso de la razón y de la libertad. En la teoría de Weber, ya podemos ver una de las paradojales características del postmodemismo de hoy: en el antimodernismo con frecuencia no hay gran distancia entre lamento y celebración.
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3. La modernidad y el proyecto de la Ilustración
He sugerido que la fusión del capitalismo con la modernidad tiene el efecto de ocultar la especificidad del capitalismo, si no es que éste desde el punto de vista conceptual desaparece por completo. Mi propósito, sin embargo, es precisar que el capitalismo es históricamente específico. El otro lado de la medalla es que la llamada modernidad no tiene mucho que ver con el capitalismo, por lo que la identificación del capitalismo con la modernidad también puede ocultar la especificidad de esta última.
Señalare como entiendo exactamente a la Ilustración, que está en el origen de la llamada modernidad. Aquí, otra vez, están algunos de las principales rasgos de la modernidad que se suponen acompañan al Iluminismo: racionalismo y obsesión con la planeación racional, afición por totalizar los puntos de vista sobre el mundo, estandarización del conocimiento, universalismo -la confianza en valores y verdades universales- y creencias en el progreso lineal, específicamente el progreso de la razón y de la libertad. Estas rasgos supuestamente están asociadas con el desarrollo capitalista, porque el capitalismo temprano, en el proceso de explicarse a sí mismo los creó, o porque el capitalismo promociona principios tales como la racionalización.
Como todos sabemos, atacar al llamado proyecto de la Ilustración se ha convertido en el último grito de la moda. Esos valores de la Ilustración han sido precisamente considerados como los supuestos que se encuentran -y aquí pondré entre comillas una de las más graves acusaciones formuladas por el "gran jurado"- "'en la raíz de los desastres que han atormentado a la humanidad a lo largo de esta centuria'”, todo desde las guerras mundiales al imperialismo y a la destrucción ecológica. No hay espacio para considerar todas los disparates que se dicen por estos días sobre la Ilustración. Simplemente hago una anotación: la fusión de "modernidad" con capitalismo nos incita a botar el niño con el agua sucia y o más precisamente, a conservar el agua sucia y botar al niño.
Los postrnodernistas nos invitan a desacernos de lo mejor del proyecto
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de la Ilustración especialmente su promesa de una emancipación humana universal e inculpan a esos valores por los destructivos efectos, que en realidad deberíamos imputar al capitalismo. Teóricos marxistas de la postmodernidad como Jameson y Harvey, generalmente no caen en esa. trampa, pero su periodización poco ayuda a evitarlo. Lo que quiero sugerir aquí, es que sería conveniente separar el proyecto de la Ilustración de todos aquellos aspectos de nuestra vida corriente que abrumadoramente corresponden al capitalismo y no al proyecto de la modernidad. De paso, sería conveniente no solamente contrarrestar al anti-Iluminismo del postmodemismo sino también el triunfalismo capitalista (aunque tal vez los dos lleguen a lo mismo). De todas maneras, la forma más obvia de comenzar es examinado la cuestión históricamente.
Mi propio argumento, para plantearlo escuetamente, es que muchos de los proyectos de la Ilustración pertenecen a una sociedad definida, que no es capitalista. En otras palabras, algunos rasgos de la Ilustración están enraizados en relaciones sociales de propiedad no capitalistas. Corresponden a una forma social que precisamente no es un punto transicional en el camino del capitalismo sino una ruta alternativa fuera del feudalismo.
Trataré de dar un rápido ejemplo del tipo de idea que tengo en mente. Primero, un rápido esbozo del contexto histórico relevante: el Estado absolutista del siglo XVIII francés. La primera cosa acerca del estado absolutista francés que funcionó no tanto como una forma política sino como un recurso económico para un sustancial sector de la clase gobernante. En este sentido, representa no tanto el contexto político sino el contexto material y económico de la Ilustración. El Estado absolutista fue un instrumento centralizado para una extracción extraeconómica de excedentes. Los residuos del feudalismo y las llamadas "soberanías parcelizadas", fueron otra forma descentralizada de apropiación extraeconómica. En otros términos, tales formas de apropiación extraeconómica eran directamente antitéticas a la forma económica pura de la explotación capitalista.
Ahora considero el hecho que la principal sede del llamado proyecto
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de la modernidad, el siglo XVIII francés, es una sociedad predominantemente rural con un limitado y fragmentado mercado interno, que continuaba operando con principios no capitalistas, no había apropiación de plusvalía a una fuerza de trabajo mercantilizada, sino más bien persistían las viejas prácticas de ganancia comercial - ganancia enajenada, comprando barato y vendiendo caro, comercio típico de bienes de=lujo o de suministros al Estado- con una abrumadora población campesina que es la antítesis de un mercado de consumo de masas. La burguesía, que se suponía iba a ser la principal fuente material de la Ilustración, no es una clase capitalista. De hecho, incluso no es de ninguna manera, una clase comercial tradicional. Los principales actores burgueses, y más tarde de la Revolución Francesa, son profesionales, empleados de oficina e intelectuales. Su disputa con la aristocracia tiene muy poco que ver con la liberación capitalista de los grilletes del feudalismo.
¿Dónde están los principios que proceden de la llamda modernidad? ¿Son el resultado de un nuevo y pujante capitalismo? ¿Representan una ambiciosa clase capitalista luchando contra la aristocracia feudal? ¿Podemos, al menos, decir que el capitalismo es una inesperada consecuencia del proyecto de la modernidad? ¿O ese proyecto presenta algo diferente?
Es necesario considerar los intereses de clase de la burguesía francesa. Una manera de enfocarlos es proyectar hacia la revolución francesa la culminación del proyecto de la Ilustración. ¿Cuál fue el principal objetivo revolucionario de la burguesía? En el corazón de su programa estaba la igualdad civil, el ataque a los privilegios, y una demanda por "carreras abiertas al talento". Esto significa, por ejemplo, igual acceso a las altas oficinas del Estado, que la aristocracia tendían a monopolizar y había tratado de bloquear por completo. También significa un más equitativo sistema de impuestos, de tal forma que los gravámenes no fueran desproporcionadamente onerosos para el Tercer Estado en beneficio de los Estados privilegiados, cuyo más apreciado privilegio era la exoneración de pagar impuestos. Los principales objetivos de esas
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reclamaciones fueron la aristocracia y la iglesia.
¿Cómo se expresaron ideológicamente los mismos intereses de la burguesía? Tomemos el ejemplo del universalismo, es decir la creencia en ciertos principios universales aplicables a toda la humanidad en todos los tiempos y lugares. Ciertamente, el universalismo ha tenido una larga historia en el Oeste, pero para la burguesía francesa tuvo un especial y prominente significado. Para plantear esto brevemente, la impugnación burguesa de los privilegios y de los Estados privilegiados, la nobleza y la iglesia, expresaba una reivindicación universalista contra un particularismo aristocrático.
En otras palabras, el universalismo era Opuesto al privilegio, en su significado literal como una ley especial o privada -universalismo contra privilegios diferenciales y derechos prescriptivos. Esta clase de desafio, se convirtió facilmente en una teoría de la historia, en la que la burguesía y sus intelectuales orgánicos se asignaron el rol de conductores, de agentes históricos de la ruptura con el pasado, la encarnación de la razón y de la libertad y la vanguardia del progreso.
En cuanto a la actitud burguesa hacia el estado absolutista, es algo más ambigua. Así como la burguesía podía acceder de manera razonable a las carreras lucrativas del Estado, la monarquía estatal se ajustaba sutilmente, e incluso más tarde, fue la denominada revolución burguesa la que completó el proyecto centralizador del absolutismo. En la práctica, de algún modo el desafío burgués al orden tradicional fue, simplemente, una prolongación más que un repudio de los principios absolutistas.
Tomemos, otra vez, el principio del universalismo. Hasta el siglo XVI, el Estado monárquico había desafiado las exigencias feudales de la nobleza frecuentemente con el apoyo del Tercer Estado y de la burguesía en particular - precisamente por reivindicar la universalidad contra la particularidad de la nobleza y de otras jurisdicciones competentes. La burguesía también heredó y extendió otros principios absolutistas: por ejemplo, la preocupación por la planeación racional y la standarización del lenguaje francés fue parte del proyecto de estandarización, algo promovido por el Estado absolutista y sus conductores oficiales como
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Richelieu y Colbert. Al fin y al cabo, hasta la centralización estatal, un proyecto de racionalización que tuvo su clásica expresión cultural en los jardines de Versalles.S
Una interesante observación aquí: personas como David Harvey y Marshsall Berman‘, que nos han proporcionado algunos de los más importantes análisis de la modernidad y de la postmodernidad, enfatizan la dualidad de la conciencia moderna. La sensibilidad modernista, dicen, combina universalidad e inmutabilidad con una sensitiva efimeridad, contingencia y fragmentación. Sugieren que este dualismo se origina en la Ilustración. El argumento parece ser que la preocupación con la universalidad y la verdad absoluta fue realmente un esfuerzo por comprender la experiencia efímera, fugaz, constantemente móvil y cambiante de la vida moderna, experiencia que estos autores asocian con el capitalismo.
Berman cita algunos pasajes de la Nueva Eloisa de Rousseau, como una de las tempranas expresiones de la sensibilidad modernista (el llama a Rousseau "la palabra arquetipicamente moderna en la temprana fase de la modernidad”). El más notable pasaje se encuentra en una carta en la cual St. Preux. el personaje de Rousseau, recuerda su reacción al regresar de París. Lo que Berman ve aquí es el sentido modernista de nuevas posibilidades, combinado con el desasosiego y la incertidumbre que provienen del movimiento constante, el cambio y la diversidad. Esta es una experiencia que Berman asocia con una temprana fase del capitalismo.
Pero algo muy diferente me ocurre cuando leo las palabras de St. Preux en la Nueva Eloisa, o incluso cuando leo la propia explicación de Berman sobre la vorágine de la vida moderna. No tanto de la experiencia del capitalismo moderno sino de la vieja época del temor y la fascinación despertada por la ciudad. Mucho de lo que el St. Preux de Rousseau y el mismo M. Berman han dicho acerca de la experiencia de la "vida moderna", me parece que podría haber sido dicho por el campesino aldeano que llegaba a la antigua ciudad de Roma. Podría significar que el pensador por el que el mismo Rousseau expresa especial afinidad, el filósofo
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romano Séneca -y la sensibilidad de la Nueva Eloisa- verdaderamente tengan más en común con el antiguo estoicismo que con el modernismo capitalista. Pero en todo caso, no me parece un accidente que los supuestos tropos literarios modernos- de Rousseau y de otros escritores europeos- provengan no de una sociedad grandemente urbanizada sino de sociedades en las que la población rural continúa siendo la abrumadora mayoría.
Mi punto de vista es que la ideología de la revolución francesa en el siglo XVIII no tiene mucho que ver con el capitalismo y si con las luchas con formas no capitalistas de apropiación, o conflictos con formas extraeconómicas de explotación. No quiero reducir la Ilustración a la tosca ideología de clase; pero el asunto es que en esta particular coyuntura histórica, bajo específicas condiciones no capitalistas, hasta la ideología burguesa de clase tomó la forma de una amplia visión de la emancipación humana general, no solamente la emancipación para la burguesía sino para la humanidad en general. En otras palabras, a pesar de todas sus limitaciones, este fue un universalismo emancipador, razón por la cual, naturalmente, este podía ser asumido por fuerzas mucho más democráticas, y revolucionarias.
4. Modernidad versus capitalismo
Para examinar las complejidades, debemos comparar a Francia con Inglaterra. Esta no es comúnmente considerada como la primera casa de la "modernidad", según el sentido que la moda le ha dado a la palabra, pero ciertamente esta asociado con el origen del capitalismo. En el siglo XVIII, Inglaterra se encuentra en la cima del "capitalismo agrario" y tiene una ascendente población urbana, la cual continúa una más amplia proporción del total de la población que en Francia. Los pequeños propietarios son desposeídos, no tanto por la coerción directa como por la presiones económicas, Londres es la más grande ciudad de Europa. Tiene el más integrado -y competitivo- mercado interno, el primer mercado naciónal de Europa o del mundo. Allí ya existía el esbozo de un mercado diario de consumo de masas para bienes baratos,
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especialmente comidas y textiles, y una creciente fuerza de trabajo del proletarizada. La base productiva de Inglaterra en la agricultura ya estaba operando con principios básicamente capitalistas, con una aristocracia profundamente comprometida en el capitalismo agrario y nuevas formas de comercio. E Inglaterra estaba en proceso de crear un capitalismo industrial.
¿Cuáles, entonces, fueron las características y distintivas expresiones ideológicas del capitalistno inglés en el mismo período? No el racionalismo cartesiano y la planeación racional sino la "mano invisible" de la economía política clásica de la filosofia del empirismo británico. No los jardines de Versalles sino el jardín irregular, aparentemente no planeado y "natural". Ciertamente hubo un interés en la ciencia y la tecnología. Después de todo, la Ilustración francesa debía mucho a genios como Bacon y Locke. Pero aqui en Inglaterra, la característica ideológica, que la diferencia de otras culturas europeas, fue sobre todo la ideología del "progreso" -no la idea Ilustrada del movimiento de la humanidad sino del perfeccionamiento de la propiedad, la ética -y claro está de. la ciencia- de productividad y beneficio, del compromiso de aumentar la productividad del trabajo, la ética del cercamiento y del despojo.
La idea del progreso y productividad en este sentido se remite al siglo XVII y tiene su mis temprana expresión teórica en el economista político William Petty y en John Locke. Esta ideología, especialmente la noción de progeso de la agricultura y de progreso de la literatura producida en Inglaterra en el mismo período estuvo conspicuamente ausente en Francia, donde los campesinos dominaban la producción y los propietarios mantenían su mentalidad rentista como era el caso de toda la burguesía. La excepción aquí, a propósito, suministra la norma: en particular los fisiócratas, aquellos economistas políticos franceses para quienes la agricultura inglesa era el modelo.
Ahora si se quieren ver las raices de una modernidad destructiva -la ideología del tecnocentrismo y la degradación ecológica- puede comenzarse por mirar aquí, no en la Ilustración sino en el proyecto del "progreso", la subordinación de todos los valores humanos a la
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productividad y a la ganancia. ¿Acaso es accidental que el escándalo de la enfermedad de la "vaca loca" haya ocurrido en Inglaterra, el lugar donde nació la ideología del "progreso" y no en ningún otro lugar de Europa?.
5. ¿Un cambio trascendental?
Es suficiente con el tema de la modernidad. Ahora regresaré a la más amplia cuestión de la periodización y del paso de la modernidad a la postmodernidad. He tratado de situar la modernidad en una particular concepción de la historia que es muy defectuoso y tiene el efecto de obscurecer la especificidad histórica del capitalismo, neutralizándolo o naturalizándolo, si es que no realmente a nivel conceptual lo deja fuera de la existencia.
Sin embargo, tenemos que considerar los cambios en el capitalismo. Todos conocernos que el capitalismo por definición significa cambio constante y desarrollo, sin mencionar sus crisis cíclicas. ¿Pero hubo una ruptura histórica de algún tipo especial, quizá en la década de 1960 o en la de 1970?.
De paso, tengo que decir que únicamente estoy comenzando a clarificar mi pensamiento sobre este asunto. De una cosa de la que estoy segura es que los conceptos de modernidad y postmodernidad, y la periodización del capitalismo en esos términos, no nos ayudaría a entender si ha habido alguna ruptura histórica y si la hay, qué es exactamente, qué tan profunda es, qué tan perdurable y decisiva, o qué consecuencias puede tener para todo proyecto político. Pienso que esos conceptos, y esta periodización nos inducen a mirar todas las cosas que están fuera de lugar.
Estoy diciendo que el concepto de modernidad como es usado corrientemente está asociado con una visión del desarrollo capitalista que combina el determinismo tecnológico con la inevitabilidad cómercial. Así, el capitalismo es simplemente una extensión de cierto proceso transhistórico, casi natural, como lo es la expansión del comercio y del progreso tecnológico. ¿Oye clase de periodización del capitalismo
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podríamos esperar de este punto de vista? ¿Cuáles podrían ser los signos post del principal cambio de época?. Se podría esperar que haga época marcando algún cambio fundamental en el mercado y/o alguna más importante transformación tecnológica. Esto es, de hecho, algo más que penetrar en las teorías corrientes de la transición de la modernidad a la postmodernidad. Y aunque esas teorías puedan decirnos algunas cosas interesantes, no 'creo que sea mucho lo que nos puedan decir sobre una cierta gran ruptura en el capitalismo.
Tomemos la supuesta transición del fordismo a la acumulación flexible. Dejo de lado la cuestión de cómo se han difundido esos cambios en el proceso de trabajo y en las estrategias de mercado realmente existentes. Me he estado preguntando qué es exactamente lo nuevo de esa transformación y no encuentro que haya nada nuevo ¿Oye es lo nuevo como "para que se justifique hablar de una transición fundamental de la modernidad a la postmodernidad e incluso del capitalismo en general, hasta el punto de originar realmente una nueva clase de capitalismo?
El viejo fordismo usaba la linea de ensamblaje como un sustituto de los costosos y experimentados artesanos para estrechar el control del proceso de trabajo por el capital, con el obvio objetivo de extraer más, plusvalía del trabajo. Ahora, las nuevas tecnologías son usadas con los mismos fines: hacer productos fáciles y baratos de armar para controlar el proceso de trabajo, eliminar o combinar varias destrezas tanto en la manufactura como en el sector de. servicios, remplazar trabajadores calificados con trabajadores de más bajos salarios, para golpear a los trabajadores en su totalidad y otra vez extraer más plusvalía del trabajo. Así, lo novedoso de la supuesta nueva economía son sólo las nuevas tecnologías que representan la única clase de cambio fundamental. Por el contrario, esas tecnologías simplemente prosiguen la lógica de la vieja economía, la producción en masa, a diversificarse y extenderse. Ahora, la vieja lógica puede extenderse en todos los nuevos-sectores, y puede afectar a grupos de trabajadores que antes eran más o menos intocables.
Considerar estos desarrollos como una ruptura trascendental, es
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concentrarse en la lógica más o menos autónoma de la tecnología, bien sea en la tecnología del proceso de trabajo o en la tecnología del mercado. Mi énfasis aquí es la lógica del capitalismo -de sus relaciones sociales de propiedad- y no cierto tipo de tecnología o un particular proceso de trabajo. Ciertamente, han habido constantes cambios tecnológicos y cambios en las estrategias del mercado. Pero esos cambios no constituyen una transformación relevante en las leyes de funcionamiento del capitalismo.
O quizás podríamos decir que el mismo fordismo no constituye ninguna clase de transfomación trascendental, al menos en el sentido que representada la complejidad del proceso que Marx denominó la subsunción real del proceso de trabajo al capital, como diferente a la subsunción formal.
En este sentido, las nuevas tecnologías no representan tanto la transformación del fordismo como su extensión. Lo que digo es que no solamente la lógica de la acumulación capitalista continúa existiendo en sentido general en las nuevas tecnologías o en las nuevas formas de producción y mercado, sino que tales tecnologías en particular preservan la lógica del fordismo.
6-¿Qué es lo nuevo?
En suma, me inclino a desechar la "condición de postmodernidad" y a consideraria no tanto como una característica histórica que corresponda a un período del capitalismo sino a una condición sicológica que corresponde a un período en la biografia de la intelectualidad de la izquierda occidental. Esto ciertamente tiene algo que ver con el capitalismo, aunque solamente puede ser por la autoconciencia de una generación de intelectuales que maduraron en el atípico momento del largo boom de la postguerra. Para algunos representantes de esta generación, el fin del boom fue experimentado como el fm de la normalidad, y el cíclico decline desde los 1970 ha tenido un significado especialmente cataclísmico. Otros, especialmente los postmodernistas, al parecer continúan adheridos a la próspera fase del llamado capitalismo
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consumidor.
Si ha habido algún cambio fimdamental en la tardía Segunda mitad del siglo ICQ tenemos que buscarlo. en alguna otra parte. Si estamos buscan-do trans-formaciones mucho más profundas que las modificaciones en la tecnología o en las estrategias del mercado, entonces las explicaciones relacionadas con. la acumulación flexible o con el consumismo po son lo suficientemente convincentes. Si ha habido una transformación trascendental en la tardía segunda mitad del siglo XX, vamos a tener que buscarla en alguna otra parte distinta a la acumulación flexible, al consumismo, a la tecnología informática, a la cultura del postmodemismo o en algunas de las sospechas usuales. Eric Hobsbawm en su reciente historia del siglo XX habla acerca de un monumental cambio en la segunda mitad del siglo, en razón del hecho que él denomina «la más grande, más rápida y más fundamental (transformación económica, social y cultural) registrada en la historia»?.8 Su más dramático síntoma, sugiere, ha sido la muerte del campesinado. Pienso que lo que fundamenta este cambio, es que se ha registrado cuando el capitalismo ha llegado a ser por primera vez algo que se aproxima a un sistema universal.
Quiero decir que el capitalismo, incluso en las denominadas sociedades capitalistas desarrolladas, por primera vez han: penetrado en todos los aspectos de la vida: El Estado, las prácticas e ideologías de las clases que producen y dominan, y la cultura prevaleciente. En mi libro Tbe Pn'sh'ne Culture of Capitab'sm sugiero algunos de los medios por los cuales hasta en Europa Occidental (y contrariameme a ciertas convenciones, más en la Europa continental que en Gran Bretaña), el capitalismo ha sido lento en absorber el estado y la cultura dominante: pero en las pasadas décadas, se podría decir que todo el proceso. ha sido concluido. Y, naturalmente, en este mismo período el capitalismo también llegó a ser un fenómeno verdaderamente global. Pero permitanme agregar de paso que. no estoy de acuerdo con eso que generalmente se afirma con la .trillada vieja fórmula de "globalización". No sólo estoy hablando del crecimiento de las corporaciones
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multinacionales o del debilitamiento del Estado-nación. Estoy hablando de la universalización del capitalismo, de sus relaciones sociales, sus leyes de funcionamiento, sus contradicciones, la lógica de mercantilización, acumulación y maximización de ganancias que penetra en todos los aspectos de nuestras vidas.
Si hemos estado asistiendo a algo nuevo desde los 1970, no es una discontinuidad fundamental en el capitalismo sino, por el contrario, es el capitalismo mismo el que llega a la madurez. Qrizás estamos viviendo los primeros efectos reales del capitalismo como un sistema no únicamente sin rivales efectivos sino también sin rutas reales de escape. El capitalismo está viviendo solo con sus propias contradicciones internas. Aparte de sus propios mecanismos internos tiene muy pocos recursos para corregir o compensar sus propias contradicciones y sus destructivos efectos. Hasta el imperialismo, el que se suponía era el último refugio del capitalismo, ya no suelen ser lo que fue: en las viejas formas del imperialismo territorial o colonial, los poderes capitalistas acostumbraban a jugar sus rivalidades y contradicciones en terreno no capitalista. Ahora, incluso la mayor parte de estos mecanismos correctivos han sido reemplazados por mecanismos puramente capitalistas de dominación económica y de imperialismo financiero.
Así, esto no es sólo una fase del capitalismo. Esto es el capitalismo. Si la "modernidad" tiene algo que ver con esto, entonces la modernidad está verdaderamente por encima del capitalismo, no es creada sino destruida por el capitalismo. La Ilustración esta muerta. Puede ser que el socialismo la reviva, pero por ahora la cultura del "progreso" es reina suprema. Y si así es la historia, realmente no necesitamos la idea de la postmodernidad. El único concepto que necesitamos para examinar la nueva realidad es el de capitalismo. La antítesis de eso, naturalmente, no es el postmodemismo sino el socialismo. Así, si lo que he sugerido es correcto, entonces la universalidad del capitalismo no es una razón para abandonar el proyecto socialista, como el triunfalismo capitalista quiere hacerlo creer. Por el contrario, la «totalización» del capitalismo también significa su creciente vulnerabilidad a sus propias
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contradicciones internas y a las políticas de resistencia.
Recientememe he escuchado a Daniel Singer hablando acerca de una interesante coincidencia. No hace mucho tiempo, dice, las clases dominantes francesas comenzaba a congratularse de que finalmente Francia se convirtiera en un país "normal", esto es, una moderna sociedad capitalista. Este fue, por ejemplo, uno de los temas centrales en el funeral de Mitterandnel principal arquitecto de la normalidad francesa, que ha conducido a Francia en la dirección de los gobiernos neoconservadores de todos lados de Europa y de Estados Unidos. En el mismo momento de la autocongratulación, el pueblo francés tomó las calles, en algunos sitios en cantidades sin precedentes. Me parece que eso fue el efecto de confrontar directamente, sin urbanidad ni refinamiento, la dura y cruda realidad del capitalismo. Confiemos en que esto sea el síntoma de un cambio verdaderamente trascendental.
Nota
1. Ver, por ejemplo, FredricJarneson, «Cinco tesis sobre el marxismo realemtne existente», en este volumen, pp. 147-156 y David Harvey, 'l'be condition (y Pos/modemng Oxford and Cambridge Mass, 1990.
2. Para la teoría del «capitalismo desorganizado», ver S. Lash yJ. Urry, "l'be End of Organised Capitalism, Madison, Univesity of Wisconsin Press, 1987.
3. He desarrollado algunos de los argumentos de esta seccion en «From Opportunity to Imperative: The History of Market», Montbe Review 46. N“ 3.Julio— Agosto 1994.
4. Roger Burbach, «For a Zapatista Stile Postmodernist Perspective», Mont/Jl] Review 47, N° 10. marzo de 1996, p. 37.
5. He discutido algunos de los puntos de este parágrafo más extensamente en Tbe Prisline Culture of capita/isla: A Historial Essqy on Old and Modern Sta/es. London. Verso, 1991.
6. Marsahll, Berman. Toda lo so'lido se desvanece en el aire, Siglo XXI. Editores. México 1990. 7. Ibid. p. 18.
8. Eric Hosbawm. The age of Extremes: A History of tbe [Ver/d, 19l4-7991. New York, Pantheon Books, 1994, pp. 8. 289.
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Terrorismo y Derecho
Antonio Negri
in duda es dificil dar una definición de terrorismo que pueda
alcanzar un consenso general y por lo tanto que pueda pretender
una validez universal. En este caso, en efecto, es imposible dejar las pasiones, aun cuando estas no se instrumentalicen en posiciones partidarias o sectarias, particularmente hoy. En las últimas décadas se han vertido una gran cantidad de imágenes y episodios espantosos para dar consistencia a la palabra “terrorismo”, que anula toda posibilidad de someter a la palabra misma a un análisis racional.
Permaneciendo en el terreno de la palabra, puede observarse que todo comenzó en la época del medio televisivo, y en particular en el período contrarrevolucionario que siguió a la revolución del '68 y su derrota en Europa y en los EEUU.
En este marco el terrorismo es la imagen de irracionalidad y ferocidad; es el símbolo de un agitar político que, incapaz de alcanzar sus fines (convertirse de minoría en mayoría) se desespera en la ciega presunción de reproducirse como sea, transformándose así de acción política en acción puramente criminal. Cuando Hegel veía en el “terror” el signo de una puesta a cero del motor de la dialéctica de la historia, atribuía al terrorismo un cierto grado de realidad, vago, pero efectivo. En la definición contrarrevolucionaria actual de terrorismo el grado de realidad se convierte, por el contrario, en nulo; las amalgamas ideológicas que unifican todo en función lingüística, que asimilan el terrorismo a las prácticas del totalitarismo, que simplifican radicalmente las diferencias de concepto, y la multiplicidad real que la palabra abarca, muestran que
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en el terrorismo cualquier determinación residual está equivocada, anulada.
Con extraordinaria consecuencia, desde el fondo de esta inesencialidad , de forma invertida, pervertida, el terrorismo proporciona un indicador de una realidad totalmente distinta, de otro mundo, anti- valor puro y simple, al servicio del cual se mueve, un mundo de falsedades monstruoso. Mutatis mutandis, el terrorismo es hoy para la contrarrevolución lo que para la contrarreforma fueran los luteranos, para los calvinistas los jesuitas, para el Antiguo Régimen la revolución, para el nazismo los hebreos, para el maccarthismo el comunista.
El terrorismo es nada y es el conjunto de todas las perversidades.
Por el contrario, hasta finales del Siglo XIX, y aún después, la palabra terrorismo tuvo un significado familiar. Representaba una de las enfermedades infantiles del movimiento revolucionario, una excrecencia extrema, cuyas razones se podían comprender, aborreciendo el método.
En este sentido es clásica la actitud de Marx ante el atentado de Felice Orsini contra Napoleón el Pequeño; actitud dual, precisamente, en la cual la condena de la decisión política y el valor estratégico de la acción va acompañada con la apreciación ética del valor del terrorista y de su pasión por la libertad. Así puede en general, dentro de concepciones y disciplinas racionales del quehacer político, no excluir el recurso del terrorismo cuando se trata de rechazar la sordidez absoluta del derecho o, lo que es peor aún, del terror contrarrevolucionario.
En el primer caso, el palestino Arafat puede declarar legítimamente: “La diferencia entre revolucionario y terrorista reside en la razón de la lucha; quien combate por una causa justa, la liberación de su país invadido; de la explotación y la colonización, nunca podrá Ser considerado como terrorista”. En el segundo caso, es clásica 'la acción de los bolcheviques en el período de 1905 y el desencadenamiento del terror contrarrevolucioario. El uso del terror no es una prerrogativa de las revoluciones proletarias o de las anticoloniales. Por el contrario, la revolución burguesa, tanto en su forma liberal como en su forma nacionalista, ha conocido ininterrumpidamente prácticas terroristas las
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que están ampliamente teoriZadas (el italiano Giusseppe Mazzini es ejemplar desde este punto de vista), justificadas y exaltadas con frecuencia.
La categoría burguesa de héroe difícilmente. se distinga de la de terrorista, como quisiera Novalis.
De tal manera que mientras para la ideología de la revolución proletaria el terrorismo es siempre considerado como el límite ambiguo y extremo de la acción de masas, en la teoría y la práctica de la revolución burguesa, por=el contrario, el juicio no es el mismo: en este caso el individualismo y el terrorismo pueden jugar sobre el mismo texto.
Si el análisis se orienta hacia un plano más profundo podremos observar que las formas de lucha y de la acción política van unidas, forman parte de un proceso de desacralización, o más sinceramente, de laicización, del mundo, proceso ligado a la definición misma de modernidad.
Entre las luchas revolucionarias burguesas y las luchas revolucionarias del proletariado se extiende una línea extremista de razonamiento que encuentra en el terrorismo un enigma esencial de signo propio.
Si ahora volvemos al problema de la definición de terrorismo, tenemos que definir mejor sus características. Ahora bien, la primera cosa que se puede notar es que el terrorismo no es en ningún caso una doctrina o un lenguaje propio, autosuficiente (no siendo en versiones caricaturescas y desesperadas, más proximas a la patología que a la realidad, como es el caso del famoso “catecismo” de Mecaev).
El terrorismo es sobre todo una consecuencia que puede derivar de cualquier doctrina política o de cualquier doctrina militante: “Ningún acto es intrinsicamente terrórista”; como tal puede ser definido por sus destinatarios, o por las victimas en determinadas circunstancias. Hiroshima fue un’ acto terrorista (¡y que acto terrorista¡) para los japoneses, pero no para los americanos. El bombardeo de Dresde es un acto terrorista para los alemanes, pero no para los americanos. El mismo uso del término implica la manifestación de un juicio moral o político. En cuanto a los autores de los actos ellos están dominados en general por todas las posibilidades de equivocos sobre el ideal. En definitiva, desde
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este punto de vista, el terrorismo no es una doctrina, sino el extremismo posible de cualquier doctrina política.
Pero más allá de esto el extremismo no está ligado a objetivos particularmente perversos o inalcanzables, sino que con frecuencia el terrorista está procurando alcanzar la mediación política.
Por lo tanto, en orden al problema de la definición de terrorismo, podemos llegar a esta conclusión: el terrorismo no es definible, pero son definibles o descriptibles históricamente como una dialéctica, las dialécticas, del terrorismo.
Pero llegados a este punto, recordemos que somos esclavos de la dialéctica, puesto que la dialéctica del terrorismo es una dialéctica toas azimatb; por lo tanto el terrorismo puede ser utilizado no solo por el terroristta, sino también por su adversario.
Efectivamente, si el terrorismo no es una teoría, sino un método y una forma extrema de ideología, entonces puede ser utilizado para desacreditar cualquier ideología. La ambigüedad del terrorismo reside en la posibilidad de una estrategia de contraataque, de la que el propio terrorista es consciente por eso, con demasiada frecuencia, es subvalorado por ello. En efecto, las dialécticas del terrorismo consisten en la posibilidad de que sus representaciones sean múltiples y contradictorias. Es en conexión con los efectos ambiguos de las prácticas terroristas que el Estado y las policías modernas vienen desarrollando las técnicas de infiltración, de la provocación, etc. En particular en lo que se refiere a las técnicas del “agente provocador”, el terrorismo roza aquí con su pura y simple inversión dialéctica: el terrorismo de Estado toma su lugar en la construcción de un escenario que es un dispositivo abierto, no a propuestas de liberación, sino a proyectos de represión. Podría pensarse, con amarga ironía (¿en cualquier caso, como no recordar a este propósito la página de Marx en la que se exalta la fuerza productiva del delito en la evolución de la sociedad capitalista?) que nada ha contribuido más que el terrorismo a construir, a perfeccionar las técnicas de represión de los aparatos estatales modernos. Los servicios secretos, las técnicas de represión carcelarias, el uso sistemático de la tortura, los
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métodos de control generalizado, las teorías y las técnicas de provocación yde infliltración, son considerados como medios que tienen. por finalidad combatir al terrorismo. (que luego de difundidos son aplicados en otros ámbitos).
Tanto le deben el Estado y su policía al terrorismo que si este no existiese habría que inventarlo.
Aquí, en el terrenode la inversión del proyecto terrorista, que con gran empeño persigue el Estado, aquí por lo tanto, retoma su palabra y su predominio. La palabra del terrorista y la del Estado son complementarias. Pero la palabra del Estado es inevitablemente hegemónica. Ella hace jugar la palabra del terrorista en el juego de la razón de Estado, en la fluidez con que esta se presenta cuando su tarea es la de construir momentos de legitimidad que implican el recurso masivo de las violencia. Se dice que losseñores renacentistas instruían a los trovadores para crear baladas, no tanto para cantar loas a sus glorias como para suscitar desprecio y odio ante el terror de sus enemigos y para infundir respeto mediante la narración de la terrible capacidad punitiva del príncipe. De trovador a periodista contemporáneo, poco ha cambiado, no siendo las dimensiones sobre las cuales juegan sus efectos la palabra del terrorismo.
En efecto, como hace notar Baudrillard, el juego terrorista es totalmente absorbido por la fluidez de los acontecimientos .en los cuales se desarrolla: cuando el mundo no tiene límites, ni contorno, cuando el mal acontece, pero su responsable es indefinible, el terrorismo consiste en la búsqueda frenética de una responsabilidad que ya no existe individualmente. “La historia de responsabilidades es una consecuencia de la desaparición de las causas y de la omniprescencia de los efectos”.
La prensa, los medios audiovisuales, están totalmente dentro de este juego. El elogio de la palabra indiferenciada, la saturación de la comunicación, con la finalidad de impedir la emergencia originaria de los signos; todo esto está en la posibilidad de la inversión de los significados, de la utilización, por lo tanto cínica, del terrorismo, de la construcción del terrorismo de Estado, de su travestismo y de sus provocaciones.
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Esto se acrecienta, y contribuye a la determinación de los efectos perversos, con la normal ignorancia con que los grupos terroristas valoran las relaciones entre los movimientos de lucha armada y la sociedad civil. Como dice Wieviorka, “..los límites del análisis estratégico y de las consecuencias de la violencia derivan esencialmente del carácter cuasi mecánico o lineal con que es construido el análisis. Este ignora el trabajo ideológico del actor, no se interesa por las transformaciones que pueden sobrevenir a consecuencia de las pérdidas de sentido; por el contrario, se contenta con sopesar los recursos propios, de valorar las relaciones de fuerza, como si los significados de las acciones estuviesen definidos de una vez y para siempre”.
Con esto volvemos a la palabra y a los hechos. Y aquí podemos notar inmediatamente que cuanto más ambigua es la palabra, tanto más peso tienen los hechos, tanto más inalcanzables, terribles, y la palabra está subordinada a ellos y calificada de tanto en tanto en sentidos diversos.
Ahora bien, parece que hablar hoy de terrorismo significa, ni más ni menos, que hablar de un complejo de conflictos, internos a cada uno de los países o internacionales, o bien intermedios entre unos y otros, que con un lenguaje chocante, se ha acordado denominar “guerra de baja intensidad”. Estos conflictos están de alguna manera caracterizados por la ausencia de instrumentos de destrucción global y por la ausencia de intervención directa de las grandes potencias. Ahora, esta baja intensidad puede ser de diversa graduación: débil (huelga violenta, encuentros con “molotov”, o medios impropios), moderada (financiación ilegal, atentados no homicidas,...), media ( asesinatos, raptos políticos,...), fuerte ( sabotaje a los transportes, guerrilla abierta,....) es evidente que el enemigo será llamado más o menos “terrorista” según la intensidad de los enfrentamientos: porque se piensa que el terror (del enemigo) en un grado débil “de baja intensidad”, puede ser derrotado y puede continuar siendo denominado con la palabra “terrorista”, que es una palabra que tiene el efecto de excluir el reconocimiento; mientras que en el extremo fuerte de la “baja intensidad”, cuando la guerra ya no es posible
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suspenderla sino sobre la base de un acuerdo, ya no 'se puede denominar al enemigo con el epíteto de “terrorista”, puesto que se prevé que pronto deberá reconocerlo como tal, y tratarlo como lo que es.
Con esto resulta claro que en la época contemporánea la palabra se ha convertido en uno de los elementos constitutivos del fenómeno de la “guerra” y como análisis categoria] “terrorismo/antiterrorismo” tiene relevancia para definir el fenómeno en una época que se caracteriza por que el hecho de la guerra no puede presentarse como una acontecimiento inesperado o extraño.
En la paz, a la guerra se la llama terrorismo. Llegados a este punto se comprende porqué en la discusión política actual, el problema del terrorismo se ha convertido en un problema tan importante. No es la presencia de algún grupo extremista, o la colocación de alguna bomba lo que le da el carácter central al problema, sino el hecho de que en las sociedades modernas (dominadas por el modo" de producción capitalista en su madurez) toda forma de oposición real, esto es, que no pueda ser incluída en el control del sistema, puede ser terrorista.
¿Por que? La respuesta es fácil: porque hoy la guerra es imposible. Por lo tanto, no es la oposición extremista la que Se convierte en terrorista sino- simplemente la oposición real, quiere decir, aquellas fuerzas que efectivamente rompen los límites compatibles con el sistema, y de la ficción del juego sistémico. En la paz cualquier forma de oposición real se convierte en terrorista. De esta manera, el terrorismo es el destino de nuestras sociedades consensuadas y pacíficadas, pues evidentemente es imposible quitar del medio a la oposición.
Se ha definido un círculo virtuoso e indestructible. Si quieres la paz prepara la guerra, dice la sabiduría política. Nada a cambiado ahora, no siendo el hecho de ser imposible la guerra.
¿Qre sustituirá entonces sus funciones reguladoras?
Es asi como en la paz perpetua la conflictividad social y la oposición real merecen el nombre de terroristas, esto es, con el fin de establecer la legitimidad de la paz perpetua. La invención estatal del terrorismo es la definición misma de los límites de la democracia en un periodo en que la guerra ya no es posible.
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¿Como salir de este lío infame? ¿Habrá que renunciar a cualquier actividad política que, como expresión de oposición, pueda ser culpada de terrorismo? Contrariamente, ¿habrá que aceptar ser empujados a la guerra y al terrorismo cada vez que estemos en condiciones de ejercer una auténtica Oposición real?
Romper la soga durísima de esta amenaza es la tarea de todos aquellos que, empujados por la inclemencia de los acontecimientos históricos y por la crueldad del Estado, han sufrido la reducción de oposición a terrorismo como un pasaje inhumano.
El terrorismo podrá ser abatido cuando al Estado se le escape de las manos la capacidad de ponernos delante de esta alternativa: o abandonamos la oposición o seremos destrozados. El terrorismo podrá ser anulado cuando los límites de la democracia, y por lo tanto los límites de la misma figura del Estado contemporáneo, sean superados. Cuando la libertad y la opósición tengan posibilidades de ser, ellas mismas el fundamento del orden jurídico. Hasta que llegue ese momento, el terrorismo vivirá en horrible simbiosis: porque, de hecho, es imposible que los hombres renuncien a ser libres y a oponerse al poder; porque, por otro lado, es imposible que el Estado contemporáneo renuncie a aquella forma de guerra devaluada (pero siempre mortífera y generadora de despotismo) en que consiste el terrorismo de Estado.
Huir de este destino significa comenzar a hablar de revolución.
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Regionalización de la economía mundial y sus consecuencias
Elmar Alvaterl
La Organización Mundial del Comercio y la Integración regional. El caso de América Latina: Soberanía y afianzamiento de la interdependencia económica.
1.Raices históricas de la integración regional en Latinoamérica.
La integración regional en Latinoamérica tiene una larga historia. Puede ser rastreada desde los intentos de Simón Bolivar en los comienzos del siglo XIX para unificar la parte norte de latino América, principalmente para superar la separación entre las partes española y portuguesa del continente causada por el Tratado de Tordecillas de 1492. Todos estos intentos de unificación regional, más que de integración regional, de unidades políticamente independientes no pueden ser comparados con iniciativas más recientes de formar bloques regionales de cooperación económica, política o militar en Latino América.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los primeros intentos para superar la desintegración forzada por la gran crisis de fines de la década del 20 y comienzos de la década del 30, fueron encarados por los EEUU. Ellos actuaron como el nuevo superpoder regional que sustituyó al poder británico. Inglaterra que económicamente fue predominante en América Latina hasta los 30, perdió terreno como consecuencia de la crisis de los 30 que golpeó en forma particularmente seria a Latinoamérica.
Una severa crisis de la deuda siguió al colapso de la libra esterlina como moneda patrón en 1931. Bolivia fue el primer país que se vio
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forzado a suspender el servicio de su deuda y a él le siguieron otros países latinoamericanos.
Una de las consecuencias más profundas de la crisis fue el abandono de la libra británica como la moneda clave de la región y su sustitución por el dólar de EEUU. Una disminución del comercio acompañó los problemas de la deuda lo que ejerció efectos desbastadores en la mayoría de los países latinoamericanos. La respuesta a la crisis fue un nuevo paradigma de política económica en Latinoamérica: la sustitución de importaciones y la industrialización planificada, políticamente promovidas por proyectos y movimientos populistas.
Las políticas de integración tomaron ímpetu solamente después de la segunda guerra mundial. En 1948 se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo la indisputada hegemonía de Estados Unidos. Más tarde, en los comienzos de los 60, se implantó el sistema económico latinoamericano. Este sistema era un cuerpo de política económica destinado a probar y coordinar las políticas de sustitución de importaciones y de industrialización en un nivel nacional, regional, y a veces supra nacional.
Los esquemas de integración regional, como el de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1960, que veinte años más tarde se transformó en la Asociación Latinoamericana de Integración, el Mercado Común del Caribe (CARICOM) en 1973, o el Mercado Común Centroamericano en 1960, son otros ejemplos del afianzamiento de la integración regional..
El resultado de estos proyectos no fue muy convincente. El Mercado Común Centroamericano terminó después de un período de exitosa expansión del comercio inter-regional a causa de la así llamada guerra del fútbol entre Honduras y El Salvador.
La Asociación Latinoamericana del Libre Comercio después de dos décadas de penoso desarrollo ha sido sustituida por el Área de Integración Latinoamericana. Esta iniciativa de integración también puede ser vista como algo que nunca se puso en marcha Sin ninguna duda la razón de la falta de éxito en los esfuerzos de integración de los 80 puede encontrarse en el desorden causado por la crisis de la deuda. El servicio de la deuda y la defensa de la moneda se transformaron en temas de primera prioridad, la integración regional fue ubicada bastante
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más atrás. Solamente más tarde, en los comienzos de los 90, la integración regional otra vez se transformó en un ítem importante, cuando hicieron su aparición consideraciones estratégicas sobre la creación de estructuras económicas globalmente competitivas.
2. Por qué fracasó la integración nacional en Latinoamérica.
¿Cuáles son las razones para este pobre resultado de la integración nacional en Latino América durante los 80?. Se pueden identificar varias causas:
1. Una de las más importantes es la estrategia económica de sustitución de importaciones y la industrialización nacional basada en la planificación del desarrollo. Desde los 30 hasta fines de los 80, es decir, durante décadas, este paradigma fue el dogma particular de la política económica latinoamericana. Dado que el papel del estado desarrollista era crucial en esta estrategia, la integración regional de las economías nacionales, es decir, la integración “impulsada por el mercado”, según la OCDE, o la “integración de facto” según Richard Higgott, o la “integración negativa” (diferentes expresiones del mismo mecanismo económico) fue un mecanismo de poca importancia para acrecentar la cooperación regional. Si hubo alguna integración regional en algunas áreas de política económica fue más que todo por “decisión política”. En las primeras dos décadas después de la gran crisis, la mayoría de los países latinoamericanos habían sido gobernados por regímenes populistas como el de Getulio Vargas en Brasil, o el de Lázaro Cárdenas en México, o el de Juan Perón en la Argentina. En general, los líderes populistas no tenían la suficiente amplitud de criterio como para permitir y mucho menos fomentar la integración regional. La razón es obvia. Un prerequisito de la integración regional es por lo menos el abandono parcial de los atributos nacionales del populismo. Pero precisamente esa necesidad es ajena al discurso populista y por lo tanto no puede ser satisfecha.
2. También un temprano “cepalismo”, es decir, el discurso de política económica promovido por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL) en los 40 y en los 50, no consideraba la integración regional como un ingrediente útil y necesario para la estrategia del llamado “desarrollismo”. Fuertemente
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basada en la teoría de Raúl Prebisch, del “deterioro secular de los términos de intercambio”, la industrialización y la exportación de bienes industriales parecía la respuesta más adecuada a este desafío. En consecuencia el cepalismo se insertó perfectamente dentro de las estrategias de planificación nacional de los regímenes populistas latinoamericanos. Las propuestas de ¡política económica de la CEPAL, sin embargo, contenían un elemento que, para los regímenes autoritarios, simplemente era inaceptable: la mejora de la justicia social, es decir, una distribución más equitativa de los ingresos. La idea económica que se encontraba detrás de esta propuesta política 'era que el papel que jugaba un aumento de la demanda efectiva del consumo para el crecimiento de la producción y la generación de ingresos. Basada en la teoría Keynesiana de la inversión efectiva y la demanda para el consumo, y de la concomitancia del crecimiento de la producción y del consumo, desencadenó debates controversiales en el “desarrollismo”. Algunos creían en las posibilidades y capacidades de los hacedores de "la política económica para aumentar la producción vía una política de demanda efectiva. Otros, particularmente los de la “escuela de la dependencia”, eran más escépticos, dado que Latinoamérica estaba integrada en forma subalterna en el mercado mundial. Bajo condiciones de dependencia, las estrategias de desarrollo, es decir el “desarrollismo”, debían fracasar y producir subdesarrollo. Aunque las teorías de la dependencia desde los 60 siempre han sido muy controvertidas y heterogéneas, la argumentación común estaba dirigida co-nt'ra las premisas básicas del “desarrollismo” latinoamericano: sin superar la dependencia de los “países centrales” o sin resolver los problemas internos de “heterogeneidad estructural” en la sociedad y en la ecónomía, existirían y persistirían impedimentos estructurales para el desarrollo. La razón básica está relacionada con las incapacidades de crear criterios de producción-consumo coherentes en una económía abierta.
3. En los 60 y en los 70, prácticamente todos los países latinoamericanos, con unas pocas excepciones, habían sido gobernados por dictaduras militares, Guillermo O’Donnell los ha llamado “estados burocrático - autoritarios” buscando mostrar que era más la base institucional la que los definía que el hecho de que fueran los militares los que habían tomado el poder en Brasil, Chile, Argentina, Bolivia,
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Perú, etc. Los regímenes autoritarios necesitan una base territorial. En consecuencia, los límites estatales cuentan; los límites políticos y las fronteras son uno de los ítems más importantes en la articulación de proyectos políticos. No hay que asombrarse de que los regímenes militares cultivaran proyectos y discursos geopolíticos, particularmente en Brasil, en la “Escuela Superior Guerra” Los discursos geopolíticos por su propia esencia toman como un punto “natural” de partida al estado nacional y el territorio nacional. El punto de llegada nuevamente es el Estado nacional, pero ampliado territorialmente y dotado con más poder. En consecuencia, los límites de los Estados nacionales, en esta línea de pensamiento, son mucho más importantes que la integración regional o los esquemas de cooperación. No es de extrañar que uno de los acuerdos regionales más importantes en Latinoamérica durante el período de las dictaduras militares había sido el “Pacto Amazónico” entre los estados de la Cuenca del Amazonas (Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Venezuela y las tres Guayanas). Este acuerdo, aunque contenía muchos otros ítems, principalmente fue usado para marcar límites en un área cuyo acceso no era fácil.
4. Hay otro factor desfavorable para la integración regional en toda la historia de la pos guerra de Latinoamérica. Este es el predominio o la hegemonía de los Estados Unidos en el hemisferio occidental. Aunque Latinoamérica en los 80 y en los 90 no haya sido usada como el “patio trasero” de los EE.UU (como lo había sido desde la doctrina Monroe en 1823) siempre hubo intervenciones del “hermano mayor”, desde Cuba y Granada hasta el papel de la CIA en el sangriento golpe de estado de Pinochet en 1973 en Chile. Está claro que la integración regional requiere previamente una cierta independencia de los EEUU. En la medida en que esto no se realiza, los vínculos de cooperación entre los Estados Latinoamericanos frecuentemente están mediados por los EEUU, en lugar de ser vínculos directos entre sus gobiernos nacionales o sociedades civiles.
5. También un débil sector de negocios privados es un impedimento para la integración regional. Las razones de la debilidad del sector de negocios formal es, por un lado, la fuerte burocracia estatal y las rígidas industrias estatales, y por otro lado una pobre tradición de iniciativas privadas y un alto grado de actividad informal. El sector de negocios
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privados, en consecuencia, se encuentra bajo la doble presión de las empresas públicas y de los mercados informales. No debe sorprender, en consecuencia, que la integración impulsada por el mercado, no se haya desarrollado. Dado que los gobiernos no tenían interés en la integración regional, tampoco hubo ningún incentivo para una política de integración “de jure” o “positiva”. La consecuencia simple fue que la integración regional en Latinoamérica, medida por un incremento del comercio interregional y los flujos de inversiones, no tuvo lugar, aunque desde los 60 se hicieron varios intentos de implantar esquemas de integración regional.
3. El impacto de la crisis de la deuda en los 80.
El cuadro cambió después del estallido de la crisis de comienzos de los 80. Las causas de la crisis de la deuda son bien conocidas y por lo tanto solamente se las. resumirá:
1. Alto endeudamiento en los mercados financieros internacionales con créditos de bajos costos durante los 70 y
2. Un uso poco prudente de los fondos externos para proyectos de infraestructura de alto interés y financiación del consumo privado de lujo (y por lo tanto las importaciones) o para gastos militares para la compra de armas modernas. Junto a las causas internas de la crisis de la deuda, causas externas también tienen que ser mencionadas: el aumento de las tasas internacionales de interés, la apreciación del dólar norteamericano durante la segunda mitad de los 80 y el deterioro de los términos de intercambio para los productores de materias primas. En algunos casos el endeudamiento externo no es más que la otra cara de la “huida de capitales”: “La patria financiera”, como se la conoció en la Argentina, usa la moneda nacional para comprar dólares y otras monedas sólidas para depositarlos en cuentas en Miami o en Suiza. Por lo tanto, parte de la deuda externa de los países no es otra cosa más que la contrapartida de los créditos en dólares colocados por sus poseedores privados en cuentas en el extranjero. El servicio de la deuda externa, por lo tanto, en parte es responsabilidad de nativos con cuentas en otros países nominadas en moneda extranjera. El aumento de los stocks de deuda y de los servicios de la deuda en valores absolutos están
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detallados en la tabla 1.
Tabla 1
Deuda externa y servicios de la deuda de los países en desarrollo (en miles de millones de dólares)
Año 1'970 1980 1986 1988 1990 1992
_l)euda de 61,61 480,85 995,86 1128,14 1209,841308,23 largo plazo Deuda de — 164,88 179,14 209,97 273,96 315,68 corto plazo
Interes de 2,4 35,32 57,58 66,12 59,07 57,12
la deuda de largo
Plazo — 26,4 37,6 35,4 36,7 37,6 Deuda ext. como °/o
del PBN Servicios —- 13,5 25,9 23,4 18,8 18,7 de la deuda 0/0 de las exportaciones Balance -9,02 6,18 -64,35 -27,51 -39,20 -9l,83 de cuenta corriente
Fuente: Banco Mundial (1994): Tablas de la deuda mundial, Vol. 1, Washington, p.170.
Esto demuestra el abrupto incremento de todos los indicadores de deuda y de los servicios de la deuda a los comienzos de los años 80. Bajo las mencionadas condiciones internas y externas el servicio de la
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deuda se volvió imposible. En agosto de 1982, México se declaró incapaz de cumplir los servicios de su deuda externa. Dos semanas después, Brasil lo siguió. En las semanas siguientes no hubo un solo país latinoamericano sin problemas relacionados con el servicio de la deuda externa. En los primeros años después del estallido de la crisis de la deuda todavía era posible imaginar que bancos del primer mundo que operaban internacionalmente, podían ser afectados negativamente por la crisis de la deuda del Tercer Mundo. No era improbable que la crisis de la deuda pudiera generar un contagio desde los deudores, hacia los acreedores. Especialmente los bancos norteamericanos se encontraron expuestos a las consecuencias de la explosión de la deuda. Las instituciones reguladoras del sistema monetario mundial, o sea, el FMI y el Banco Mundial, hicieron todo lo que pudieron para salvar al sistema de crédito internacional contra este impacto, reestructurando la deuda de países endeudados y alejando a los acreedores privados de los problemas causados por la incapacidad de los deudores para pagar intereses y amortizaciones. Las instituciones de Bretton Woods desarrollaron un proyecto político contra las consecuencias perjudiciales de la crisis de la deuda, que desde entonces se lo conoció como el “Consenso de Washington”. Este consenso contenía un conjunto de medidas que debían resolver el problema presupuestario y de transferencias. Estos problemas ya habían sido identificados porJohn Maynard Keynes en el caso del problema de la reparación alemana (en 1931). 2.1 Se deben establecer incentivos económicos para canalizar los flujos internos que van a inversiones domésticas y al consumo, para llevarlos hacia las exportaciones. La creación de un excedente en la balanza de cuenta corriente tiene primera prioridad. Los instrumentos para canalizar los fondos son: una estricta política fiscal, una reducción de la tasa de inflación mediante objetivos monetarios ajustados, una corrección de los precios relativos, privatizaciones en el sector público y una adicional desregulación del mercado, el excedente tiene que ser transformado en divisas en el mercado mundial. Para lograr este objetivo, se requería una liberalización del comercio externo, una depreciación de la moneda con respecto al dólar de EEUU, y un aumento de las tasas del interés real, buscando atraer el capital
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extranjero. Mientras que el primer problema puede ser resuelto mediante medidas soberanas de la nación endeudada, la solución del sistema de transferencias depende de un acuerdo entre los países deudores y acreedores.
2.2 El régimen del servicio de la deuda establecido por el FMI y el Banco Mundial trata a los deudores y los acreedores de maneras diferentes-¿y aún opuestas. Siguiendo las reglas establecidas por el llamado “Consenso de Washington”, las instituciones obligaron a los acreedores a tomar acciones comunes y colectivas basadas en un criterio común y no individual, para evitar que nadie se corte solo, mientras que los deudores desde el principio de la crisis de la deuda fueron tratados todos como casos singulares; país por país y caso por caso fue la lógica que se encontraba detrás de las negociaciones de reestructuración y de los planes de ajuste estructural. Fue un objetivo principal de las instituciones financieras internacionales el evitar que se pueda formar un cartel de deudores como había sido propuesto por Fidel Castro en 1984.
4. Apertura económica y competitividad.
La solución del problema presupuestario y de transferencia, respectivamente, requiere más apertura de la economía. Las exportaciones se transforman en una necesidad ineludible de la política y por lo tanto importa la competitividad en los mercados mundiales no solo en el mercado nacional. La investigación sobre los prerequisitos de la competitividad de las estructuras productivas, encarados en países de la OCDE y mas tarde también en Latinoamérica, han mostrado cuan realmente complicada es la realización práctica de estructuras económicas competitivas. La competitividad depende de parámetros regionales, nacionales y globales. Una política de mejorar la competitividad debe crear una estructura económica, social y política coherente, en un entorno “estructuralmente heterogéneo” como según lo describe la teoría de la dependencia o la posición de Latinoamérica en el sistema mundial. Más aún, la competitividad económica debe ser apoyada por una “cultura de la competitividad” meta-económica. La competitividad, por lo tanto, sólo puede ser entendida como una respuesta “sistémica” o “estructural”
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a los desafios de la competencia global. Desde que la competencia global ha sido desregulada, la única respuesta política permitida es la del “ajuste” local (o nacional) a los parámetros globales. Este ajuste solamente tiene éxito a largo plazo, en la medida que produce una creciente competitividad económica. Aunque la competitividad es sistémica, un factor es de especial importancia: la tecnología. Bajo condiciones normales la competitividad solo puede ser aumentada por medio de importaciones de tecnologías modernas y conocimientos técnicos. Por lo tanto, una estrategia para fomentar las exportaciones solamente puede ser exitosa en la medida que se encaren importaciones de tecnología. Este proceso es muy complicado, ya que incluye mecanismos de mercado tanto como medidas políticas, ya sea del lado de los que proveen la tecnología o del lado de los que la toman, respectivamente. Las medidas políticas para resolver la crisis de la deuda, definitivamente terminaron con la sustitución de importaciones, con la planificación del desarrollo nacional y con los proyectos políticos populistas, aún en su forma dominante, durante los 70, de dictaduras militares o de estados burocrático - autoritarios. Apertura es un sinónimo de integración en el mercado mundial, y por lo tanto se dirige hacia diversos aspectos:
a) Apertura del comercio, es decir, el desmantelamiento de barreras de importación y exportación requerido por el GATT y la OMC.
b) Transición a una libre convertibilidad de las monedas nacionales, lo que sucedió en la mayoría de los países latinoamericanos durante los 80.
c) Desregulación de los mercados financieros.
d) Apertura a los flujos financieros, es decir, a las inversiones externas directas y de cartera.
Siguiendo esta regla algunas economías latinoamericanas, se transformaron en “mercados emergentes” muy atractivos. En Latinoamérica la apertura económica, medida por un simple indicador, es decir, las importaciones y exportaciones en relación con el producto bruto nacional, disminuyó en los 50, en los 60 y en los 70, pero en los 80 creció notablemente (desde un 24% en los 60 hasta 28% en los 80). Esta cifra es mucho menor que el promedio en los países en desarrollo, pero la tendencia creciente es significativa. La crisis de la deuda fue un evento histórico decisivo, por que forzó a los países latinoamericanos a
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cambiar sus estrategias de desarrollo y a mejorar su competitividad en el mercado mundial. Consecuentemente también el marco de la integración regional cambió completamente: se terminó con la planificación nacional del desarrollo, y comenzó el seguir las pautas que marca el mercado mundial.
5. La transición desde el GA'IT a la OMC.
Una contribución decisiva al proceso de apertura se hizo con la ronda Uruguay y con la creación de la OMC en 1995. Mientras que la instalación de una OMC durante los años de la posguerra fracasó, 50 añós más tarde el proyecto fue coronado con un éxito político y económico. Las razones para ese cambio evidentemente deben ser buscadas en las transformaciones estructurales del orden (económico) mundial:
a) Desapareció el bloque soviético, de manera tal que todo el mundo está regido por las mismas fuerzas del mercado y por el modelo de desarrollo del “neoliberalismo”
b) La crisis de la deuda ha llevado a los países ya sea a abrir sus economías, como es el caso de Latino América, o a ser excluidos del mercado mundial formal, como sucede con partes de África, al sur del Sahara.
c) El mundo de estados nacionales que regulaban las relaciones comerciales mediante tratados internacionales, durante la época del GATT, ha sido sustituido por un sistema económico global. Los temas comerciales, por lo tanto, han sido ascendidos desde un nivel nacional e internacional aun nivel global. La OMC, por lo tanto, puede ser vista como una institución del orden emergente de la gobernabilidad global.
d) Finalmente, pero no lo menos importante, el mundo en desarrollo, durante las negociaciones de la ronda Uruguay, jugó un papel mucho más decisivo que en otras negociaciones comerciales previas.
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6. Integración regional en Latinoamérica.
Estas nuevas condiciones desde los finales de los 80 han alterado el entorno en el que se llevan adelante acuerdos de integración regional en el sistema global. Las medidas de políticas de mercado, y orientadas hacia el mercado, son mucho más influyentes que en los tiempos de la sustitución de las importaciones y de la planificación populista del desarrollo. En consecuencia, cobra ímpetu la integración de “facto” o impulsada por el mercado, de las esferas económicas. Este es el fundamento ecónómico sobre el cual los gobiernos latinoamericanos, a fines de los 80 y de los 90, trataron de instalar esquemas de integración regional. Parece ser como si estos nuevos acuerdos de integración desde el NAFTA en el norte al Mercosur en el sur, tuvieran una perspectiva mucho mejor que los intentos de formar bloques regionales de comercio en las décadas previas. Como una manera de entender mejor la integración regional es útil discutir brevemente el concepto. La integración “de facto” o guiada por el mercado, no es más que el establecimiento de una división del trabajo transnacional, regional, resultante de los efectos de los mecanismos del mercado desregulado. La división regional del trabajo es parte de la división global del trabajo. Por lo tanto, el GATT, tanto como la OMC, comparten la idea de que los esquemas de integración regional deben estar abiertos a la economía mundial (“regionalismo abierto” como frecuentemente y eufemísticamente se lo ha llamado). Pero la integración de facto también implica una desregulación política, es decir, un debilitamiento de las instituciones e instrumentos del estado - nación que antes podían regular la economía nacional. La integración “de facto”, en consecuencia, es un proceso iniciado por actores económicos para superar los obstáculos de las fronteras nacionales. En consecuencia, la integración “de jure” aparece como un intento para restablecer medidas e instituciones de regulación en un nivel transnacional, macroregional. La integración “de jure” crea el marco legal para la integración “de facto”, es decir, la integración conducida por el mercado. El más alto nivel interregional es la integración “de consensu”, es decir la creación de redes y normas sociales y culturales, que lleven a la “sociedad civil” al proceso de integración económica (de facto) y política (de jure). Por supuesto la integración “de consensu” es un paso previo a la formación de una
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unión política y por lo tanto el paso más dificil y precario.
Los factores que impulsan la integración regional en Latinoamérica desde los 80 pueden ser brevemente resumidos:
a) La crisis hegemónica de los. EEUU que dejó un amplio espacio de maniobra a los países latinoamericanos.
b) El cierre de los mercados europeos en el transcurso de la creación del mercado común europeo y la necesidad de seguir con el progreso de la integración europea.
c) Los desafios resultantes de la emergencia de nuevos competidores en Europa central y del este.
d) El fm del sistema de planificación y el colapso del socialismo existente.
e) El predominio de la “Pensée Unique” del neoliberalismo que también en Latinoamérica es el “leit motiv” del razonamiento económico.
Todos estos factores son responsables de la mayor apertura económica y del “regionalismo abierto” en Latinoamérica y de una mayor y más profunda integración regional como una precondición para una integración competitiva exitosa en el mercado global. Solo la “nueva” CEPAL se mostró desconfiada con respecto a la integración regional, porque esa institución temía que la integración regional pudiera servir de pretexto para la continuación de políticas vetustas.
Los EEUU bajo el presidente Bush dieron la señal de partida para una integración regional, más intensa en el hemisferio occidental. El presidente propuso un área de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Por supuesto, esa propuesta fue muy bien recibida por los gobiernos de Latinoamérica pero solamente porque no era más que una declaración de intenciones. La administración Bush también inauguró la “Iniciativa de las Américas”, un intento de estimular la inversión directa privada norteamericana, de manera de ayudar a aliviar a los países que estaban más afectados por la crisis de la deuda. El estancamiento de las conversaciones durante la ronda Uruguay a fines de los 80, fue uno de los motivós básicos de los EEUU. Ante la eventualidad de un fracaso de la ronda Uruguay, los EEUU trataron de establecer un proyecto alternativo para una liberalización global del comercio y de los flujos financieros, estimulando una integración regional más
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profunda en el hemisferio occidental, oponiéndose a otros bloques comerciales en Europa y en el Este Asiático. Esta iniciativa fue continuada por el presidente Clinton que desde entonces promocionó el proyecto de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). No está claro si este proyecto será realista en el futuro. Mientras, desde 1990, por lo menos dos nuevos proyectos de integración regional se han planteado que merecen nuestro interés y atención: el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano entre EEUU, Canadá y México (NAFTA, según sus siglas en inglés) y el Mercosur en el cono sur entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. En el ínterin Bolivia y Chile se han vuelto miembros asociados.
En la siguiente sección de este trabajo, discutiremos primero el NAFTA y después el Mercosur antes de extraer algunas conclusiones.
6. 1. WA.
Los países que participan en el NAFTA son extremamente heterogéneos en lo que se refieren al tamaño de su territorio y a su población, a su producto bruto nacional (absoluto y per cápita), a nivel de salarios y productividad, y todo esto sin tener en cuenta los diferentes marcos legales en lo que se refiere al sistema social y de bienestar como también a las regulaciones ecológicas. Los salarios en la industria a comienzos de los 80 diferían de 516, 17 por hora trabajada en los EEUU a S 2,35 en México, S 1,12 en Perú, S l, 34 en Argentina y S 2, 55 en Brasil. Los salarios en los EEUU eran por lo tanto entre 7 y 12 veces más altos que en los países latinoamericanos vecinos. Más aún, un vistazo a las cifras del comercio muestran que, antes de la formación del NAFTA, el 1 de enero de 1994, ya había tenido lugar una integración “de facto” o “silenciosa”. En los“ 90 la parte de las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos era alrededor del 80% del total de sus exportaciones, y las importaciones desde los EEUU llegaban a cerca del 25 % del total de las importaciones mexicanas. Sin embargo, el desempeño de las exportaciones hacia los EEUU, mejoró hasta más del 83% (de las exportaciones mexicanas en relación al total de las exportaciones) en 1995. También en relación con la inversión extranjera directa, la integración mexicana, ya antes de 1994, se había desarrollado ampliamente. Aquí tenemos que hacer mención de las “maquiladoras”
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enla frontera mexicana - estadounidense. Establecida. desde los 60, la industria de la maquila explota el trabajo barato y las débiles leyes ambientales, de manera de optimizar las cadenas de producción a través de la frontera. La industria maquiladora ha sido muy exitosa en lo que se refiere a crear puestos de trabajo del lado mexicano de la frontera y dar ganancias a las corporaciones transnacionales, pero también ha sido responsable del deterioro de las condiciones de trabajo y de la destrucción d,el medio ambiente. Esto último fue la razón por la que movimientos ecologistas lucharon por la introducción de un acuerdo ecológico, ytambién los sindicatos pidieron un acuerdo complementario al tratado NAFTA. Por lo tanto NAFTA, es el único esquema de integración (con excepción de la Unión Europea) que tiene en cuenta la protección ecológica y la protección social como un objetivo necesario de la regulación política, (“integración de jure”).
Más aún, también los flujos migratorios desde México a los EEUU contribuyeron a la integración económica mucho antes de que se estableciera el NAFTA. Para México la migración a los EEUU tiene dos efectos benéficos; la disminución del desempleo ylas transferencias de dólares desde los EEUU a México. En los. EEUU, sin embargo, la inmigración mexicana ya ha creado bolsones mexicanos en la sociedad norteamericana que han sido bautizados como “Mexamérica”. Sin duda, el mantener la inmigración mexicana bajo control, es uno de los principales intereses de los EEUU,
Aunque la integración económica ya era bastante profunda entre los EEUU y Canadá y entre México y los EEUU, el NAFTA, como un esquema político de integración, completó el marco del área de integración “de facto” o integración del mercado.
¿Cuáles fueron los motivos de promocionar y transformar la integración “de facto” en una integración “de jure”?. 1) Una razón ya ha sido mencionada: mejor control de flujos migratorios entre México y los EEUU. 2) Otra razón es el facilitar las inversiones directas de las empresas norteamericanas en otras regiones mexicanas distintas a aquellas donde está localizada la industria maquiladora. El trabajo es barato en México y en consecuencia, las industrias de trabajo intensivo tienen un cierto interés en aprovechar estas ventajas comparativas de costos. Por supuesto que los gremios norteamericanos, por la misma razón, se
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opusieron al proyecto NAFTA durante mucho tiempo. Ellos temían presiones crecientes sobre los salarios norteamericanos dado que los salarios mexicanos solamente llegaban a ser el 15% de los salarios norteamericanos. Las diferencias salariales en algunas industrias, por ejemplo en el sector del transporte, influyen en la competitividad del sector, es decir, en el negocio del transporte.
Pero lo más importante desde el punto de vista norteamericano para firmar el acuerdo NAFTA fueron factores políticos, como ser: 3) El estabilizar la inestable sociedad mexicana. 4) El afianzar las reformas neoliberales que habían sido encaradas por los gobiernos de Lamadrid y Salinas de Gortari. Una mayor apertura de la economía mexicana debía ser garantizada apoyando la ideología neoliberal, como también los proyectos económicos de raíz neoliberal. Ya se ha mencionado que las conversaciones sobre el NAFTA comenzaron en una situación en la cual parecía como si las tratativas de la ronda Uruguay pudieran fallar. Por lo tanto, 5) NAFTA fue una opción principal para los EEUU, es decir un comodín en las conversaciones internacionales contra las otras potencias de la “Tríada”. Es dificil el decidir cuál de estos motivos tiene un fondo realista o no.
La razón es que, a fines de los 80 y a los comienzos de los 90, todo el sistema mundial cambió debido a la desaparición del bloque soviético y al nacimiento de un “nuevo orden mundial”
El motivo de los líderes mexicanos en promocionar el proyecto NAFTA es complementario al de EEUU.
También la elite política de México quería: 1) Asegurar las reformas neoliberales después de haber aceptado que la promoción de la industria nacional y la sustitución de importaciones no era una opción realista para la política económica de los gobiernos mexicanos en el futuro inmediato. El neoliberalismo proclamaba una mayor apertura, una desregulación y privatización de las industrias estatales y eso era lo que NAFTA precisaba. 2) La privatización de la industria estatal, y la desregulación y liberalización de la formación de precios (y también de la formación de tasas de interés) aumentaron el atractivo de los mercados financieros mexicanos. En consecuencia, México se transformó en el favorito para la comunidad bancaria dentro de los “mercados emergentes”. La entrada de capital extranjero aumentó significativamente
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pero, en su mayoría, en la forma de inversiones de cartera de corto o mediano plazo; sólo una parte de ella fue invertida en inversiones de largo plazo.
El objetivo del NAFTA es la formación de un área de libre comercio. 1) Todas las tarifas serán suprimidas en los próximos 15 años. Textiles, automóviles y partes gradualmente serán eliminados. La mayoría de las tarifas de la agricultura serán eliminadas sin demora. Pero también hay una cláusula de salvaguarda: las tarifas pueden ser reinStaladas temporariamente si las exportaciones crecen dramáticamente. 2) Los inversores extranjeros de los países del NAFTA deberán ser tratados como inversores domésticos, con excepción de las industrias de radiocomunicaciones y las aerolíneas de EEUU, la energía mexicana y la industria ferroviaria y de cultivos del Canadá. Esta cláusula dice mucho sobre la “especialización” y la especial protección en América del Norte. 3) Todos los límites para las transferencias financieras entre los países miembros deberán ser eliminados para el año 2000. 4) Los camioneros podrán cruzar libremente las fronteras. 5) La propiedad intelectual será protegida por cada uno de los países. 6) Las compañías de los países miembros del NAFTA podrán tener apoyo gubernamental para las compras. 7) Se establecerán comisiones que investigarán los abusos laborales y ambientales. 8) Se fundará un Banco de Desarrollo norteamericano.
El acuerdo desde su principio sufre de “bizantinas” normas de origen para definir el “contenido local” de los bienes comerciados. Las normas de origen son una herramienta de política económica muy complicada. La influencia de los cambios de los precios relativos o el cambio de los insumos o la reubicación de las cadenas de producción afectan el origen y la cantidad de valor de los componentes del producto final. En el caso del NAFTA, las normas de origen evidentemente no son tan decisivas porque el volumen del comercio interregional ya antes del NAFTA era muy alto, Tres años después del nacimiento del NAFTA los sistemas de integración parecen haber sido exitosos. La integración en términos de comercio e inversión extranjera directa y de portafolio crecieron notablemente. Pero hay algunos problemas cruciales aún. El primero es el acrecentamiento de las diferencias “micro-regionales”, debidas a la integración “macro-regional” En México, la. parte norte
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del país estaría integrada al espacio económico del NAFTA, mientras que la parte sur del país ha sido dejada de lado. Las diferencia regionales (y étnicas) en México aumentan y llevan en sí un gran conflicto potencial como lo demuestra la explosión de la revuelta de Chiapas de los Zapatistas y su repercusión en la sociedad mexicana. En el caso de la integración entre EEUU y Canadá, la situación es bastante similar. La integración regional m naciones en algunos casos acrecienta la desintegración regional dentro de las naciones. El tratado NAFTA también prevé la disolución del sistema del “égido” mexicano, es decir, la abolición de la propiedad agraria comunitaria. Antiguas tierras comunitarias podrán ser vendidas en el mercado. La consecuencia es la creciente concentración de la propiedad de la tierra y una expropiación de los pequeños campesinos. Por lo tanto el NAFTA también está provocando una aglomeración en las ciudades y una migración desde la campiña a las grandes ciudades. A largo plazo este desarrollo no es ni social ni ecológicamente sostenible.
No fue casual que la revuelta de Chiapas estallara el mismo día en el que comenzaba a funcionar el NAFTA, el 1Q de enero de 1994. Es un signo muy claro de los problemas sociales creados por las reformas neoliberales que deberían ser instauradas por el NAFTA. La revuelta de Chiapas fue el primer paso de una completa transformación del sistema político mexicano. El final aun está abierto. Por último, pero no por ello menos importante, la perspectiva futura de México como un mercado financiero emergente se ha oscurecido por el “shock” del peso en diciembre de 1994 y el consiguiente “efecto tequila”. En sólo dos semanas el capital a corto plazo huyó de México de manera tal que las instituciones monetarias se vieron forzadas a devaluar el peso en más de un 40%. La brusca huida del capital tiene múltiples razones, la más importante fue la inestabilidad política. La revuelta de Chiapas de enero de 1994, fue seguida por el asesinato del candidato presidencial Colosio en abril de 1994 y por el asesinato del secretario general del partido del gobierno PRI, Massieu, en septiembre de 1994. Pero también la estabilidad económica se volvió dudosa debido a la divergente evolución de los bonos Teso, que estaban nominados en pesos y los bonos Cetes, que estaban nominados en dólares. La tasa de cambio entre estos dos bonos gubernamentales se deterioró desde marzo del
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94, en lo que se refiere al bono Teso, de manera tal que era solo una cuestión de tiempo que los dueños del dinero abandonaran los bonos Teso y se pasaran a los bonos dólar. La crisis del peso golpeó brutalmente a la economía mexicana. Creció el desempleo y decrecieron el producto bruto nacional, el consumo y la inversión, que solo se recobraron ligeramente en 1996.
La existencia del NAFTA, sin embargo, fue importante para la solución de la crisis del peso. México recibió muy rápidamente 17.800 millones de dólares del FMI, cerca de 20.000 millones de dólares del gobierno de EEUU, otros 10.000 millones de los países de la Comunidad Económica Europea y 1.000 millones de Canadá. El director del FMI, Michel Camdessus, bautizó a la crisis del peso y a su manejo por las instituciones internacionales “la primer crisis financiera del siglo XXI”. Con el transcurso del tiempo los sucesos en el sudeste asiático evidenciaron el oculto sentido de esas palabras. La crisis mexicana, sin embargo, ha sido resuelta, pero no sin empeorar las condiciones de vida de la mayor parte de la población y no sin aumentar la deuda externa mexicana de 129.000 a 153.000 millones de dólares. Desde 1998 en adelante México tiene que amortizar ese capital y no es seguro que el. país pueda evitar una nueva “crisis de la deuda”.
6.2. La formación del Mercosur.
El Mercosur fue creado el 26 de marzo de 1991 por el Tratado de Asunción (Paraguay). Su objetivo principal es la creación de un mercado común para bienes, servicios, trabajo y capital, buscando incrementar la competitividad de sus países miembros en los mercados globales. También sigue la idea de un regionalismo abierto, pero va mucho más allá de la creación de un área del libre comercio. El Mercosur intenta la realización de un mercado común comparable al de la Unión Europea. Pero el l2 de enero de 1995, los países miembros declararon en primera instancia al Mercosur como un área de libre comercio. En realidad, esta área era una unión aduanera incompleta, porque aproximadamente el 85% de las importaciones ya estaban cubiertas por una tarifa externa común. El esquema temporal del Mercosur es muy apretado: Brasil y Argentina decidieron levantar toda las restricciones al comercio intra-
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Mercosur hacia 1999. Los países más pequeños del área de integración seguirán este rurnbo dos años después. Pero todavía hay excepciones aunque no son muy importantes en términos cuantitativos (menos del 1% en el caso de Brasil; menos del 15% en el caso de Uruguay). Las barreras para el comercio extra-regional, sin embargo, son mucho más importantes. La unión aduanera con una tarifa externa común se completará en el 2006. Hasta entonces hay regulaciones especiales para ciertos “productos sensitivos” como el azúcar y los automóviles, las telecomunicaciones y la tecnología informática. Mientras tanto también el sector servicios ha sido integrado a las regulaciones del Mercosur (en la cumbre de Asunción de 1997) y se han tomado los primeros pasos para ajustar el sector público.
El éxito del esquema de integración del Mercosur por lo tanto, en un primer vistazo, aparece comorimpresionante. El peso del Mercosur en Latinoamérica y en la economía mundial, también es importante. Los países concernidos tienen una población de alrededor de 200 millones de habitantes, un producto bruto nacional de 725.000 millones de dólares, un comercio intra Mercosur que crece dinámicamente, desde un 9% del total de las exportaciones en 1990 a 22% en 1996. Pero los países miembros son muy heterogéneos, demasiado heterogéneos según dicen algunos analistas. En efecto, las diferencias entre los países participantes son enormes, los dos países más grandes (Argentina y Brasil) tienen 95% de la población y el 97% del producto nacional bruto, mientras que Paraguay y Uruguay comparten el resto del 5% o 3% respectivamente. El ingreso per cápita también es bastante diferente, en 1996 iba de 6.191 dólares en la Argentina a 1.471 dólares en Paraguay, Brasil y Uruguay tienen 3.007 o 3.258 dólares respectivamente, lo que da un valor promedio para el Mercosur de 3.505 dólares. Un gran problema de todos los estados miembros es un pobre desarrollo de la cuenta del balance corriente. Como consecuencias del “plan real” en Brasil, la revaluación de la moneda nacional se tradujo en un déficit de balanza comercial, las exportaciones extra-Mercosur bajaron debido a la pérdida de competitividad, como una consecuencia'de la considerable apreciación de la moneda. Paraguay y Uruguay también tienen déficit. Solamente la Argentina en los últimos años mostró cifras positivas de comercio que en cierta medida son la contrapartida del déficit brasileño,
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como una consecuencia de un desarrollo adverso de las tasas de cambio. Por lo tanto la deuda externa sigue siendo un problema principal en los países del Mercosur, un claro indicador de la vulnerabilidad financiera que no ha sido reducida desde que se instaló el Mercosur. Los servicios de la deuda en relación a las exportaciones todavía consumen entre el 20 y el 35% de los ingresos por exportaciones.
La inestabilidad financiera ejerce presiones sobre las instituciones nacionales, que buscan defender su moneda nacional contra los shocks externos. La integración regional, entonces, se está volviendo más dificultosa dado que los estados miembros son responsablesde su moneda nacional y de su estabilidad en la competencia global con otras monedas. Los estados nacionales, en la medida que están defendiendo su espacio monetario, también compiten con otras monedas que pertenecen al mismo bloque comercial. La competencia monetaria por lo tanto es un impedimento para una mayor o más profunda integración regional. Este es el fundamento para completar un esquema de integración regional estableciendo una unión monetaria comparable a la de la Unión Europea. Pero por otro lado la inestabilidad financiera puede ser superada mejor si hay cooperación económica. Los arreglos de integración regional, por lo tanto, deben contribuir a afianzar la estabilidad de las monedas de los países miembros en la competencia monetaria global. Por lo tanto, una alta inestabilidad financiera puede ser'un factor que estimule la integración regional. En el caso del Mercosur hay otros tres problemas de especial importancia: 1) las divergencias micro-regionales, especialmente en los países más grandes, y la desigual distribución de costos y beneficios en la integración del “Cono Sur”. 2) La relación con los EEUU, con el NAFTA y con la iniciativa ALCA. 3) La relación con la comunidad europea como uno de sus más importantes socios comerciales.
l) Más aún que en el caso del NAFTA, las diferencias micro- regionales pesan. Las microregiones dinámicas del block integrado son aquellas partes de Brasil y Argentina que pertenecen (como también pertenecen Uruguay y Paraguay) a la cuenca del Plata: el sur de Brasil y el norte de Argentina. La parte sur de Argentina, la Patagonia, y la parte norte y nordeste de Brasil (la Amazonia y el Nordeste) no se aprovechan mucho del esquema del Mercosur. Bajo la suposición de que el Mercosur lleva el ritmo dinámico de la integración esto podría resultar en una
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desintegración parcial de las economías “nacionales”. Es importante encontrar mecanismos políticos que permitan luchar contra estas tendencias (es decir, fondos regionales comparables a los establecidos en la Unión Europea).
2) La posición del Mercosur hacia la iniciativa ALCA se caracteriza por dos elementos contradictorios. Por un lado el compromiso del Mercosur empuja a un “regionalismo abierto” de sus estados miembros para abrirse hacia iniciativas más amplias como la del ALCA. En 1994 la primera Cumbre de las Américas tuvo lugar en Miami y 34 presidentes de los países americanos, (con la exclusión de Cuba) acordaron crear un área de libre comercio .hemisférico para el 2005. Pero esta declaración de acuerdo hasta ahora sigue estando nada más que en papel, dado que los intereses de los EEUU y los países del Mercosur no son fáciles de ser compatibilizados. Mientras tanto los miembros del Mercosur decidieron negociar el ALCA conjuntamente y no, como pedía EEUU, país por país, o sea individualmente. En las negociaciones comerciales con países externos, la cohesión de los países miembros del Mercosur aumentó notablemente. Aprendieron que su peso en las negociaciones comerciales aumenta cuando los países individuales se apoyan en un bloque comercial ya en funciones. Una razón económica para la actitud dura de los países del Mercosur se refiere a los asuntos del acceso al mercado de los EEUU y viceversa en el Mercosur. Debido a que las monedas del Mercosur están ligadas al dólar y su consecuente apreciación, el déficit comercial de los países del Mercosur aumentó en 1996 a 7.500 millones de dólares (a partir de un superávit de 4.000 millones en 1990). Es obvio ahora que el ALCA, originalmente traído al tapete por el presidente Bush y Clinton para dar forma a un nuevo orden mundial, solo puede ser negociado con el Mercosur.
Hay muchas Opciones abiertas: una convergencia del NAFTA y el Mercosur, una asociación de todos los países latinoamericanos para regular todas las relaciones de comercio e inversión, una agrupación no rígida entre un grupo de países y bloques comerciales en el marco de la OMC, o sea, de los mercados globales.
3) En el caso del Mercosur también los EEUU son un actor importante, y eventualmente un socio clave. Las exportaciones de los países del Mercosur a los EEUU ascienden al 23,4% del total de las
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exportaciones, y al 29,1% de las importaciones (1996). La parte de los EEUU en el comercio de Mercosur es alta, aunque ha declinado debido al aumento del comercio latinoamericano e intra-Mercosur en los 90. La inversión extranjera directa de la Comunidad Europea en los países del Mercosur es del 25,4% en los 90 (EEUU: 69%). La apuesta europea en el Mercosur por lo tanto es más bien alta, y el interés de los países del Mercosur en la cooperación con los EEUU es fuerte, especialmente porque las negociaciones de ALCA resultaron más complicadas que lo esperado. En consecuencia, sólo se han hecho acuerdos muy preliminares con los EEUU referentes a la cooperación para el desarrollo económico, para el intercambio de información, asistencia técnica, etc. Un tema en discusión es el de la liberalización comercial, sobre el cual siguen las negociaciones.
Después de seis años de existencia, el Mercosur ha probado ser un esquema de integración regional exitoso, un poder de contrapeso contra unos EEUU prevalecientes y dominantes. Pero es obvio que el Mercosur sólo tendrá futuro en la medida en que tenga éxito en hacer un acuerdo con el ALCA, una relación productiva con el NAFTA y con la Comunidad Europea.
7. Conclusión
La integración regional, en general, es una respuesta a los desafíos de la globalización. En el caso de que los esquemas regionales resulten exitosos, ponen en cuestión al estado-nación. Daste modo, la integración regional es una expresión de la fidencia a darle nueva forma al mundo, bajo los auspicios de la globalización. La OMC fue instaurada, y sus regulaciones se conocen como “la constitución
económica global”. La regla básrca es el comercio. libre. La integración
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regiona , en consecuencia, debe ser integrada dentro de la “constitución económica” y conciliada con el régimen de libre comercio. El concepto clave para ello es el de “regionalismo abierto” El libre comercio, sin embargo, no siempre es lo mejor para la gente, pese a lo que promete el “teorema de las ventajas comparativas de costos”. La nación tradicional usualmente es demasiado débil para defender sus derechos e intereses económicos y sociales. Este es el motivo de la formación de bloques
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regionales. Latinoamérica es un buen ejemplo para la creación de un bloque que incluye países altamente industrializados con países menos desarrollados (NAFTA) y para la formación de un bloque regional de países en desarrollo y paises de industrialización incipiente (Mercosur). Aunque ambos bloques se caracterizan por su proximidad, las diferencias entre las naciones dentro de cada una de ellas son todavía notablemente altas. Por ello, no puede excluirse una agudización de las contradicciones regionales, sociales y étnicas. Los dos acuerdos de integración regional que hemos presentado aquí no son en absoluto formaciones estáticas, sino que están involucradas en un proceso dinámico de gestación de un Área de Libre Comercio de las Américas. El NAFTA y el Mercosur serán parte del esquema continental de integración económica.
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El debate de la dolarización
Fue durante el verano de 1999, en medio de la borrasca de la crisis del sudeste asiático y sus contagios ruso y brasileño que el entonces Presidente Menem lanzó la idea de la dolarización como forma de garantizar la estabilidad de la moneda, reducir las tasas de interés y apuntar a un supuesto crecimiento equilibrado de la economía.
Oficialismo y oposición de entonces descalificaron esta propuesta, la tomaron como un salto hacia delante, un intento forzado de demostrar que la administración menemista estaba dispuesta a continuar con la política seguida hasta entonces. Las autoridades monetarias de los EEUU. no vacilaron en poner reparos a la propuesta y esta quedó como una simple declaración sin sustento.
Sin embargo cuando en Enero del 2000 se conociera la decisión de Timor Oriental de imponer el dólar como moneda de pago oficial y que en ese mismo mes Ecuador decidía que su moneda nacional sería reemplazada por la moneda norteamericana, aquellas declaraciones de un año atrás cobraron nuevo sentido, y el debate cobró dimensión latinoamericana.
Se hizo público entonces que la propuesta de la dolarización era tema de discusión entre las distintas fracciones del bloque de clases dominante en el país, que el nivel técnico de su instrumentación se había discutido en los círculos aúlicos del ministerio de economía, y que la razón de este debate no era otra que la agudización y profundización de la crisis en el país y la búsqueda de una salida medianamente ordenada de la convertibilidad.
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El paso por el país del economista italiano radicado en Amsterdam G. Carchedi, quien participó en el Seminario “Crisis de fin de siglo. ¿Qué crisis?” invitado por Cuadernos del Sur, vino ha echar luz sobre este debate. La dolarización es por el analizada, en el marco de la Teoría del valor trabajo, como un mecanismo de apropiación de riqueza por parte de las potencias financieras internacionales y demostró que el alcance de la misma supera las fronteras de la América latina. No es solo una cuestión económica sino que implica un verdadero proyecto geopolítico, organizado para enfrentar al Euro, y en el terreno latinoamericano para debilitar al MERCOSUR y sus intentos de establecer una moneda única regional.
El artículo de Carchedi que aquí publicamos se explaya ampliamente sobre estos aspectos y pone énfasis sobre las graves consecuencias sociales y políticas que la dolarización acarrearía para los trabajadores y el conjunto de las clases subalternas en nuestros países. Las participaciónes en este número de J.Gambina y R. Astarita nos advierten también sobre estas consecuencias y particularmente este último señala algunas
diferencias de enfoque dignas de un debate teórico más profundo.
En líneas muy generales esas consecuencias podrian reseñarse en dos ideas: una pérdida completa de la ya mermada capacidad de encarar políticas monetarias autónomas y, posiblemente, una expropiación masiva de ahorros mediante las tasas de conversión que se establezcan entre cada moneda local y el dólar.
].M. Martínez hace su aporte en el análisis del caso ecuatoriano, y cabe señalar que Ecuador no es un país significativo económicamente pero su dolarización adquiere un importancia ideológica porque es el primer país, después de Panamá que lo hizo en 1904, que dolarizará su economía. Podría ser este un caso testigo capaz tal vez de disparar un efecto dominó ya que, como ilustra Charcliedi en su artículo, el debate a alcanzado a numerosos paises de América latina.
En la Argentina más allá de los intereses diferenciados que expresan las distintas fracciones del capital y sus alianzas o ligazones internacionales, no hay aun indicios determinantes de que el establihsment internacional haya logrado consenso acerca de la conveniencia de una dolarización completa en el país.
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Pero no está demás señalar la inédita complejidad -ya que no hay experiencias de una dolarización completa en una nación políticamente independiente de la magnitud económica de la Argentina- que esto traería aparejado y sus consecuencias.
La soberanía monetaria forma parte constitutiva de la soberanía de un Estado-nación en si misma, como la integridad territorial o el monopolio de la violencia. La construcción de un mercado interno unificado dentro de fronteras nacionales es un requisito indispensable del espacio económico nacional e históricamente estuvo vinculado a la moneda nacional, entre otras razones porque la diferenciación
del mercado interno respecto del mercado mundial supone una diferenciación de la moneda local respecto de las divisas de otros países. Las actuales controversias de la unificación europea bajo la hegemonía del marco alemán son por demás ilustrativas.
La desaparición lisa y llana de la soberanía monetaria de un país, plantea en ese sentido un sinnúmero de conflictos y situaciones cuyas consecuencias últimas es necesario debatir en profundidad. Es intención de Cuaderno: del S ur que el dossier que incluye este número ayude a comprenderlas y a incentivar este debate en curso.
A. Bonnet - E. Lucita
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lll
La dolarización, el señoreaje y el euro Guglielmo Carchedi
ebo afirmar que durante
el tiempo que pasé en la
administración norteamericana y cuando surgían temas relacionados con éste, nunca oí a nadie decir: sí, vamos por el imperialismo norteamericano, que esto podría tener beneficios de política exterior. Pero estoy seguro de que hay modelos de la ciencia política aparte de este que podrían hablar acerca de esto (Frankel, 1999)
El 24 de enero, La: Angeles Times informó que el dólar estadounidense devino medio de pago oficial en Timor Oriental, en tanto se preparaba para auto-determinarse después del recientemente fracasado intento de Indonesia de reprimir salvajemente el movimiento pro-independencia (Paterson, 2000). Ni la población ni los comentaristas oficiales parecen haber pensado muy críticamente la dolarización de este país. Pero cuando antes, en el mismo mes, Ecuador anunció su intención de
reemplazar la moneda nacional, el sucre, por el dólar estadounidense provocó el sugimiento de protestas populares que hicieron noticia.
Para detener el plan, el pueblo nativo marchó a Quito y, “apoyado” por algunos oficiales jóvenes de las fuerzas armadas tomaron por asalto el edificio del congreso. Ellos anunciaron un nuevo gobierno conducido por una junta de tres hombres inicialmente formada por un coronel de la armada, la cabeza del movimiento del pueblo indígena que organizó las protestas y un ex presidente de la Corte Suprema.” (Buckley, S. y Dudley, S., 2000). Ellos derrocaron al presidente, Jamil Mahuad, y establecieron un “parlamento del pueblo”, reclamando de hecho el poder político. Esto, por supuesto, no fue bienvenido por el hermano mayor, los Estados Unidos. “El coronel fue reemplazado por el
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General Carlos Mendoza, el jefe de las fuerzas armadas quien disolvió a continuación la junta y traspasó el poder al Sr. Noboa, un ex profesor universitario. El General Mendoza dijo que hizo eso después de mantener discusiones con los oficiales de Esiados Unidos, quienes amenazaron con cortar la ayuda y desalentar la inversión extranjera en Ecuador si el poder no era devuelto al gobierno electo, informó la Associated Press” (ibid). El nuevo presidente se comprometió a seguir impulsando la dolarización del sucre. “La dolarización es una herramienta fundamental para crear estabilidad, crecimiento y democracia, en la medida en que esté complementada por las leyes correctas”, dijo el nuevo ministro de finanzas de Ecuador (Moss, 3 de febrero del 2000). La ley introduciendo la dolarización fue de hecho aprobada en febrero del 2000.
La vieja lección que debe (volver a) aprenderse es que los EEUU harán lo que sea que esté en su poder para sofomr, si es necesario sangrientamente, todo movimiento popular que choque con sus propios intereses, especialmente si este movimiento genera instituciones democráticas radicalmente alternativas. Pero también existe una novedad. Tanto algunos sectores de la burguesía ecuatoriana como los Estados Unidos mostraron que
favorecen la dolarización. El panorama, sin embargo, no es claro. Por un lado, una fracción de la burguesía local está en contra de la dolarización, como por ejemplo aquellos exportadores que sólo pueden competir mediante la devaluación. Por el otro, la dolarización parece gozar del apoyo de la clase media y de aquellos sectores de las clases trabajadoras cuyos ahorros son erosionados por la pérdida de valor del sucre en relación con el dólar estadounidense. Pero, de conjunto, parece posible afirmar que en Ecuador ha triunfado la idea de la dolarización.
0 porque favorece principalmente los intereses de los sectores más influyentes de la burguesía y, de una manera más contradictoria, de la clase media;
o porque parece proteger los intereses económicos de una porción de la clase obrera ecuatoriana, protegiendo sus ahorros de las devaluaciones abruptas (cuando, como veremos, sucede lo contrario);
o porque, en la actual coyuntura, emerge como una herramienta valiosa del arsenal de la política económica y exterior norteamericana;
ofinalmente, por razones fortuitas, i.e. políticas, en lo que parece haber sido un acto desesperado de la administración de
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Mahuad para retener el poder (Acosta, 2000).
Los primeros tres puntos tienen una validez más general. El resto de este artículo los analizará y esclarecerá.
En y por sí misma, la economía ecuatoriana tiene un interés práctico limitado para los EEUU. La represión del movimiento de los indígenas ecuatorianos ha sido causada más por razones políticas e ideológicas (el miedo al “contagio” de otros países) que por razones económicas. Sin embargo, la dolarización de la mayoría de los países latinoamericanos es de mucho mayor interés para los EEUU. Las razones serán examinadas a continuación. En esta coyuntura, los EEUU no promueven abiertamente la dolarización (ver a continuación). Más bien, son los países dependientes los que están aplorando cándidamente esta posibilidad. En 1999 los presidentes de Argentina y de El Salvador pidieron una dolarización oficial y en 1998 los funcionarios mexicanos comenzaron a analizar la posibilidad de una unión monetaria con los Estados Unidos (Stein, 1999, p.2), una posición incitada también por los líderes de negocios mexicanos (Latino Beat, 1999). La dolarización oficial también “parece la mejor elección” para
Brasil (Schuler, 1999b, section 6). Perú y aún Canadá también están analizando esta idea. Además de los países arriba mencionados, los funcionarios de gobierno o la prensa local han mostrado interés en la dolarización también en Argentina, Brasil, Ecuador, Indonesia, México, Rusia y Venezuela (Schuler, 19993, tabla 4). Lo que parecía impensable hasta muy recientemente, está ahora emergiendo como una posibilidad concreta. En este sentido, la dolarización de Ecuador es importante porque su ejemplo podría ser un instrumento para vencer las objeciones políticas e ideológicas de otros candidatos. El que la dolarización se expanda por Latinoamérica y más allá de ella es aún materia de debate. Si así fuera, habrá un impacto muy profundo sobre la mayoría de la población de los países implicados así como sobre las relaciones inter-imperialistas. Es importante por consiguiente clarificar ambos temas y riesgos.
Schuler (1999b) diferencia entre tres tipos de dolarización. Existe dolarización Iza-oficial cuando las personas poseen sus activos financieros en dólares aun en el caso en el que el dólar " no es medio de pago legal
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(o es medio de pago legal pero no para las transacciones cotidianas). La Reserva Federal proporciona una medida de la dolarización no- oficial, que estima que entre el 50 y el 75% de los billetes de dólares estadounidenses están en manos de extranjeros y que la base monetaria se incrementa “en parte por una demanda de dólares más alta en los Estados Unidos y en parte por una demanda más alta en el exterior” (Schuler, 1999a, sección 2). Dado que la cantidad de moneda en circulación es cerca de USS 480.000 millones, USS 300.000 millones están en el exterior. Un destino predilecto es Amética Latina: “gran parte de América Latina ya está dolarizada no-oficialmente. Hacia 1995, los depósitos en moneda extranjera como porción de la oferta monetaria, entendida en un sentido amplio, ascendían al 44% en Argentina, 82% en Bolivia, 31% en Costa Rica, 55% en Nicaragua, 64% en Perú y 76% en Uruguay” (Stein, 1999, p.2). Debe advertirse que puede reconocerse un movimiento similar en el caso de otra moneda fuerte: el Bundesbank estimó que alrededor del 40% de los billetes de marcos alemanes están en manos de extranjeros (Schuler, 1999b, sección 2). Si medimos de manera diferente la
dolarización no-oficial, es decir, como la proporción de los depósitos en moneda extranjera en el sistema bancario doméstico, el FMI estimó en 1995 que 52 países estaban alta o moderadamente dolarizados. Si por dolarización uno entiende el uso generalizado no sólo del dólar sino también del marco alemán, entonces los países no-oficialmente dolarizados comprenden a la mayoría de los latinoamericanos, a la mayoría de los de la ex Unión Soviética y a varios otros países. Es claro que éstas Son sólo estimaciones, pero indican la magnitud del problema. El. yen japonés, por otro lado, parece ser poco usado en el extranjero.
Da/an'zm'a'n seriii-qfia'al, o sistemas (firm/mente bimonatan'or. Estos son aquellos países que permiten una moneda extranjera como un segundo medio de pago legal en los pagos cotidianos, aún cuando la moneda extranjera juega un rol secundario en relación con la moneda nacional. Media docena de países utiliza el dólar estadounidense (no sólo las Bahamas sino también Camboya en Laos) y un cierto número de otros países utiliza otras monedas como secundarias, incluyendo al franco francés (algunas ex colonias francesas), el
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marco alemán (los Balcanes), el dólar de Hong Kong (Macao y China del sur) y el rublo ruso (Bielorusia) (Schuler, op.cit.). Dalan'zacío'n oficial (o comp/eta). En este tema se centra este artículo. Los países que la adoptan reemplazan sus monedas nacionales por el dólar estadounidense. La moneda nacional a lo sumo continúa existiendo al nivel de menudeo. Después de que un país dolariza se vuelve parte del sistema monetario de los Estados Unidos y se convierte de hecho en una región de este sistema. Su oferta de dinero está determinada inicialmente por su base monetaria (billetes y monedas en circulación y como reservas) después de la conversión de la moneda local en dólares, y desde este punto en adelante por su balance de pagos. La base monetaria crece si las exportaciones son más grandes que las importaciones y si las entradas de capital son más grandes que las salidas, y merma en los casos opuestos. En 1999 28 países estaban usando el dólar o alguna otra moneda extranjera como su moneda predominante. De estos, 15 no son territorios independientes y 1310 son. De lejosel mayoresPanamá que en 1997 tenía una población de 2,7 millones de habitantes y un PBI de 8.700 millones. Compárese con
Argentina, el candidato más probable, que en el mismo año tenía una población de 33 millones y un PBI de 300.000 millones (Schuler, l999b, sección 2). Panamá fue dolarizado desde 1904 y es el ejemplo paradigmático de los defensores de la dolarización. Evaluemos entonces brevemente su desempeño económico.
Para comenzar, los datos macroeconómicos son sólidos. “El crecimiento promedió un 8,1% durante 1961-71 y durante 1978-81, y promedió el 2,5% en otros años” (Bogetic, 1999). Sin embargo, con un 75% del PBI dominado por el sector de servicios relacionado con su posición geográfica, es difícil considerar a Panamá un país latinoamericano representativo. También son sólidos los indicadores monetarios: “la inflación promedió un 3% por año en el período 1961-97, casi 2% más baja que en los Estados Unidos. Las tasas de interés reales, de un solo dígito, permanecieron en un nivel entre bajo y medio” (ibid). En 1997 y 1998 la tasa de inflación fue de 1,2 y 0,6% respectivamente (Council for Investment and Development, 19999). De l esta manera, todo está bien en el fiente monetario. Pero analicemoslaeconomíareal.
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En 1997 y 1998, la tasa de desempleo fue del 13,4%. De 1980 a 1989, la cantidad de población pobre creció del 27,9 al 31,8% y Panamá fue uno de los cuatro países latinoamericanos (de los siete para los cuales los datos abarcan la década entera) que experimentó un incremento de la desigualdad en los ingresos (World Ban-k, 1993). “La oferta elástica de trabajo... mantiene los salarios reales en niveles equivalentes a los de subsistencia” (Moreno-Villalaz, 1999, p.425). O, desde otro ángulo, el Indice de Desarrollo Humano (estimado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas) proporciona una medición amplia del desarrollo humano. Una cifra negativa indica deterioro. En 1990, Panamá fue el quinto país de peor desempeño (42,91%), superado en esta poco envidiable carrera sólo por Nepal, Brasil, Costa de Marfil y Jamaica i.e. de todos los países del mundo, sólo cuatro tuvieron un deterioro del índice de Desarrollo Humano peor que el de Panamá. Y aún así, documentos oficiales no se avergüenzan de quejarse de las “leyes (de Panamá) que hacen que los salarios sean innecesariamente rígidos” (Schuler, 1999a, conclusiones). Para las autoridades monetarias de los
EEUU, el único hecho sorprendente que el Secretario Delegado del Tesoro de los EEUU L. .H. Summers mencionó en un discurso sobre la dolarización pronunciado en 1999, fue que “el Panamá dolarizado es el único país en América Latina con una tasa activa fija a 30 años en el mercado hipotecario”. (US Treasury, 1999). Aún L H. Summers tiene muy poco de lo que jactarse.
Habiendo esbozado brevemente la geografia de las tres formas de dolarización, analicemos ahora el fenómeno. El primer punto a señalar es que una comprensión adecuada de la dolarización presupone una comprensión clara de la noción de señoreaje internacional. Esto a su vez presupone una discusión del señoreaje nacional, i.e. de la apropiación de valor que, en una nación, hace el estado a partir del público, derivado de su poder de imprimir medio de pago legal. En la literatura oficial hay dos maneras de concebir el señoreaje: como un stock (una ganancia de una vez) y como un flujo (un flujo de ingreso a lo largo del tiempo). Veamos primero el señoreaje nacionaá i.e. la apropiación de valor por el estado de sus propios súbditos.
El. caso clásico de miamy'e como tm ¡tone es el del soberano que posee el poder de acuñar monedas que
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le cuestan menos que lo que puede comprar con ellas. Aplicado a las condiciones modernas, “imprimir un billete de l USS cuesta alrededor de 3 centavos, pero el gobierno de EEUU puede usarlo para comprar un monto de 1 USS en bienes. Si el billete circula para siempre, el señoreaje neto sería de 97 centavos. En realidad es menos porque, después de aproximadamente 18 meses, el billete promedio de 1 USS se deteriora y necesita ser reemplazado; como otros gobiernos, el gobierno de EEUU reemplaza los billetes y monedas desgastados gratuitamente. (La acuñación de los nuevos billetes de USS 20, 50 y 100 cuesta alrededor del doble porque tienen marcas más elaboradas para protegerlos de la falsificación, pero tienen también un promedio de vida más largo que el del billete de 1 USS.) De manera más general, el concepto de señoreaje se aplica no sólo al billete de 1 USS, sino a la base monetaria entera -billetes y monedas en circulación, más reservas bancarias. Bajo este enfoque, el señoreaje bruto es el cambia de la base monetaria en un período dado, dividido sobre el nivel promedio de precios durante el período, si uno quiere corregirlo por la inflación” (Schuler, 1999b, sección 4, la cursiva es mía).
Lo anterior es incorrecto. Primero, en ningún momento, un cambio en el señoreaje es medido por un cambio en la base monetaria. Segundo, si se toma un período, el señoreaje sobre este período es computado dividiendo el incremento en la base monetaria sobre el incremento en el nivel de precios. Esto no se hace para computar el señoreaje neto sino para ser capaz de comparar la apropiación de valor en diferentes momentos del tiempo. Tercero, el señoreaje total no es medido por la base monetaria total. Para cada período previo la base monetaria total de este período debería ser dividida por un índice de deflación de precios. Dicho esto, los siguientes datos dan una idea de las magnitudes implicadas. De acuerdo a los datos de la Fed, la base monetaria era de USS 50.000 millones en 1960, 81.000 millones en 1970, 162.000 millones en 1980, 314.000 millones en 1990 y 608.000 millones en 1999 (Fed, 2000; todos los datos se refieren a diciembre).
Consideremos ahora el reñmq'e como 1m de rentar. “El ingreso del Sistema de la Reserva Federal se deriva principalmente del interés de las títulos .
del Gobierno de los
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EEUU que han sido adquiridos a través de operaciones de mercado abierto (de las instituciones depositantes, G.C.) Después de pagar sus gastos, la Reserva Federal vuelca el resto de sus ingresos en el Tesoro de EEUU. Alrededor del 95% de lós ingresos netos de los Bancos de la Reserva fueron pagados en el Tesoro desde que el Sistema de Reserva Federal comenzó sus operaciones en 1914” (Federal Reserve, 1994, p.17). Este flujo de intereses pagados por el Tesoro a la Fed, aproximadamente USS 25.000 millones por año, es considerado como señoreaje. Sin embargo, esto es erróneo. Simplemente, una rama del estado (el tesoro) paga a otra rama del estado (la Fed). Es simplemente una transferencia interna, una operación sin significado en términos de apropiación de valor por el estado respecto de los capitalistas y trabajadores. El hecho de que estos intereses sean descontados del Tesoro vuelve este punto aún más claro. Sin embargo, la literatura oficial considera este flujo de intereses como señoreaje.
Podemos ahora entender adecuadamente el señorery'e interlzaáana/ en relación con la dolarización, i.e. la apropiación de valor por los EEUU respecto de las naciones que
adoptan la dolarización, sea no- oficial u oficial. Comencemos con la dolarización rra-oficial usando la noción de señoreaje como stock. El señoreaje internacional deriva del hecho de que una gran porción de la base monetaria de EEUU (billetes de dólar) es conservada como un depósito de valor internacional (y. como un medio de circulación, si una moneda se cambia por otra a través de un cambio intermedio por el dólar). Por consiguiente estos billetes no son usados para comprar otra vez bienes de EEUU (como sucede para otras monedas).
Estos dólares representan entonces casi importaciones libres de costos en los EEUU. Para ser un depositario de valor internacional, el dólar debe ser el medio internacional de circulación (de pago), pero esto sólo es una condición. “Alrededor del 55 al 70% de los dólares estadounidenses ya circulan en el exterior, incluyendo alrededor del 75% de la nueva emisión de dólares de cada año” (Stein, 1999, p.7). En lo que concierne a América Latina, ya se mencionó que buena parte de ella está no-oficialmente dolarizada (Stein, 1999, p.2). Esta es la dolarización no-ofrcial que es, al mismo tiempo, una medida del
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señoreaje internacional de los EEUU.
:ï Pero es la dolarización oficial la que está en el i centro de este artículo. T Tomemos el ejemplo de Argentina, el país con más probabilidad de dolarizar oficialmente. En un esfuerzo por refrenar la hiperinflación de los 1980s, la Argentina aprobó en 1991 la “Ley de Convertibilidad”, instituyendo entonces una caja de conversión. Sobre esta base, el público puede convertir dólares en pesos y viceversa según la demanda a una tasa fija de un dólar por un peso. Consecuentemente, para cada peso en circulación debe haber un dólar en el banco de reserva federal de Argentina. En realidad, Argentina tiene más dólares en sus reservas que los pesos de la base monetaria, i.e. alrededor de 30.000 millones en reservas de divisas extranjeras, en su mayoría activos en dólares como bonos del Tesoro de EEUU, contra una base monetaria de 15.000 millones de pesos. No habría problema en retirar aquellos pesos y remplazarlos por dólares. Supongamos ahora que Argentina pasa de un sistema de caja de conversión a la dolarización oficial y comencemos por analizar
cómo el enfoque ortodoxo ve sus efectos sobre el señoreaje. Debería notarse que en estos días el centro está en el señoreaje como un flujo y no como un stock por razones que aclararemos en breve. Consideremos lo siguiente: “Bajo su sistema de caja de conversión, Argentina gana un señoreaje de alrededor de USS 750 millones por año. Su método de recaudar el señoreaje se basa en el hecho de que no tiene actualmente muchos dólares billete en la reserva. Sus reservas están en la forma de títulos de corto plazo nominados en dólares (principalmente bonos del» Tesoro de EEUU) sobre los cuales los argentinos ganan intereses. Si Argentina fuera dolarizada, vendería esos títulos en reserva por dólares estadounidenses actuales. Argentina no podría más tener títulos en reserva sobre los cuales ganar intereses. Mientras tanto, la creciente demanda de dólares debería llevar a la Reserva Federal a emitir más moneda y comprar más títulos. De esta manera, el señoreaje que previamente ganaba Argentina sería ahora ganado por los Estados Unidos” (Stein, 1999, p.8). La confusión es notable. En primer lugar, no se menciona la pérdida de señoreaje nacional del estado argentino, el stock de valor
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que se apropia de sus súbditos y correspondiente, en términos monetarios, a la diferencia entre el valor nominal de los billetes y su costo de producción. En segundo lugar, el señoreaje nacional de EEUU es mal entendido como el flujo de intefeses del Tesoro a la Fed sobre los títulos poseídos por esta última. Si la Fed compra los bonos poseídos por Argentina, su flujo de intereses provenientes del Tesoro crece. Pero esto es simplemente una transferencia de dinero en la forma de intereses de una rama del Estado a la otra. No hay señoreaje. En tercer lugar, el señoreaje internacional es visto aquí como el flujo de intereses hacia Argentina derivado de los bonos de EEUU que posee como reservas internacionales. Esto confunde los pagos de intereses con el señoreaje. Y en cuarto lugar, no se menciona el señoreaje internacional como stock. En realidad, sucede lo siguiente:
0 El Estado argentino pierde su señoreaje nacional puesto que no puede emitir más su propia moneda.
0 No hay incremento en el señoreaje nacional en EEUU. Los mayores intereses recibidos del
Tesoro por la Fed sobre los títulos de EEUU que la Fed compra a la
Argentina no son señoreaje sino una transferencia de dinero en el estado norteamericano. Además, los intereses vuelven al Tesoro en casi un 95%.
0 Antes de la dolarización, Argentina recibe USS 750 millones como intereses sobre los títulos de EEUU. Esto no es señoreaje argentino. Argentina ganaría seríamy'e internacional a’e lor UU ri re apropz'am de ¡Ja/ar de los EEUU en m'rrfmr' (¡el ber/Jo ¿le que UUporgIer'a pesar ¿”gm/¡nor como reservar intemaáonaks Mediante esta confusión, las relaciones de poder entre el país dominante y dominado están implícitamente invertidas.
o Menos aún es señoreaje para EEUU el flujo anual de USS 750 millones si deja de pagárselo a Argentina. Vendiendo bonos norteamericanos a la Argentina, los EEUU contrajeron una deuda con Argentina sobre la cual han de pagar intereses. Si la deuda es redimida, el pago de intereses se detiene. La literatura oficial confunde la finalización del pago de intereses por los EEUU con su señoreaje. De esta manera, como veremos pronto, el tamaño de la pérdida de valor de la Argentina se reduce en gran medida.
0A rgentina cambia USS 15.000 millones en bonos de EEUU por USS 15.000 en billetes de EEUU
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y rescata 15.000 millones de pesos. En principio, estos USS 15.000 millones, que estaban congelados como reservas, pueden ahora ser usados para comprar bienes norteamericanos, i.e. los EEUU pierden ese gran señoreaje. Pero en la práctica no es el caso. Para comenzar, no hay razón para esperar que las personas que tienen pesos y reciben dólares los utilizarán para importar. Si hubieran querido importar este monto antes de la dolarización oficial, podrían haberlo hecho simplemente cambiando sus pesos por dólares. Segundo, un decrecimiento drástico (de un máximo de la mitad) en la base monetaria podría tener serios efectos deflacionarios que tendrían que ser enfrentados por las autoridades monetarias mucho antes de que los 15.000 millones fueran gastados en importaciones. Como un funcionario del FMI dijo en un contexto diferente, una reducción de la oferta monetaria a la mitad podría ser “una política monetaria demasiado dura” incluso para el FMI (Borensztein, 1999). Así, al menos una parte de aquellos USS 15.000 millones deberían ser retenidos en la economía argentina, representando entonces señoreaje de EEUU. Habría
entonces sólo un cambio en la forma del señoreaje de EEUU: de las reservas internacionales a los billetes circulantes sólo en Argentina.
o Finalmente, y más importante, en lo anterior las medidas cuantitativas del señoreaje han sido expresadas en términos monetarios. Así Jubera/¡mn app/¡amante el ¡Monge internacional en términos de mlar, debido a la apropiación de valor mediante la formación de los precios internacionales.
Hemos visto que la literatura oficial presenta dos nociones de señoreaje internacional, como stock y como flujo. Para Argentina, bajo dolarización no-oficial (caja de conversión), el stock es de USS 15.000 millones y el flujo (que no es señoreaje sino interés) es de 750 millones, o una cifra semejante. Sin embargo, los conceptos de stock y flujo son vistos como alternativos. De esta manera, este enfoque reduce la pérdida de Argentina en términos de dólares a ya rea USS 15.000 millones o a una salida de 750.000 anuales. En realidad, la pérdida para Argentina es a la vez el señoreaje propiamente dicho (USS _ 15.000 millones o 3 menos) y la pérdida de los intereses sobre los títulos i
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(USS 750 millones por año). La transición a la dolarización oficial reduce el señoreaje propiamente dicho, pero por otro lado reduce la entrada de pago de intereses. Cuando tienen que decidir qué noción de señoreaje adoptar, tanto los economis‘tas ortodoxos como los políticos casi unánimemente eligen la noción flujo. Esto tiene una triple ventaja. Primero, "desde un punto de vista económico, como un incentivo a la dolarización, los EEUU son llamados a compartir la pérdida de la Argentina. Dejando de lado el hecho de que hasta ahora no mostraron inclinación hacia compartir las pérdidas, los EEUU no son llamados a pagar USS 15.000 millones o posiblemente una parte de eso sino una parte de S 750 millones por año (durante un número de años a ser negociado). Casi seguramente la transferencia total de los EEUU a la Argentina (incluso si tuviera lugar) será de menos de S 15.000 millones. Segundo, desde un punto de vista político, un flujo anual de dinero puede ser suspendido y por consiguiente atar al país dolarizado a los antojos de los EEUU. Y tercero, desde un punto de vista
ideológico, mediante la disolución del señoreaje en un flujo de intereses, se pierde de vista la apropiación de valor por el poder imperialista dominante debido a su emisión de moneda internacional. Así, cualquier país acreedor puede recibir señoreaje y la noción de imperialismo pierde significado. El descuido del propio señoreaje se vuelve aún más fácil por el hecho de que aquellos no entrenados en pensar en términos de valor perciben la pérdida del señoreaje por los EE.UU. como más grande que sus exportaciones al país dolarizado, como una entrada de dinero en los EE.UU., y entonces como un elemento positivo.
Podemos ahora esbozar algunas conclusiones más generales acerca de quiénes ganan y quiénes pierden con la dolarización. Comencemos con el país dolarizado. En esencia, el argumento de la economía ortodoxa es simple. El país dolarizado no puede imprimir dólares para estimular la economía. El crecimiento puede ser estimulado mediante el crédito y la inflación pero esto debería tener efectos adversos sobre los precios y la competitividad
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internacional que no podrían ser contrarrestados mediante devaluaciones (es imposible por definición). Si se disminuye el riesgo inflacionario y se suprime el riesgo devaluatorio, se estimulan los ahorros locales, caen las tasas de interés, retorna el capital expatriado, y aumenta la inversión extranjera. Todo esto conduce al crecimiento económico. Además, si los precios no pueden reducirse mediante una devaluación (depreciación), los sala-rios tendrán que ser contenidos. Los salarios más bajos incrementan los beneficios y los ahorros y por lo tanto las inversiones. El empleo crece. Muy parecido a Alicia en el país de las maravillas.
Desde el punto de vista del trabajo es diferente. Primero, dada la brecha tecnológica (y por ende de productividad) entre los EEUU. (y otros países imperialistas) y América Latina y dado que los precios soportados por los productores nacionales en los mercados internacionales no pueden ser reducidos mediante devaluación, puede alcanzarse la competencia internacional sólo mediante costos más bajos, i.e., salarios más bajos. Este efecto perverso se refuerza por el hecho de que la dolarización se presenta
como parte de- un programa de privatización y, en términos más generales, de políticas neoliberales. Las privatizaciones (e.g. de los servicios básicos) conducen a precios más altos que repercuten sobre los precios de los bienes salariales. Los recortes presupuestarios tienen efectos similares. Ia pobraa y la desigualdad social no pueden sino incrementarse. Segundo, si no puede recurrirse a la devaluación competitiva, las bancarrotas sobrevendrán y esto exacerbará el desempleo. Tercero, las bancarrotas incrementan el riesgo de incumplimiento de la deuda internacional. La presión externa sobre las políticas salariales nacionales crecerá. Cuarto, en ausencia de una política monetaria, la carga de las finanzas públicas recaerá todavía más sobre las políticas fiscales y presupuestarias. La presión fiscal sobre aquellos que no pueden evitar el pago de impuestos (i.e. los pobres, especialmente mediante los impuestos indirectos) y los recortes presupuestarios se incrementarán. Esto refuerza el proceso ya descripto.
Y quinto, no hay certeza de que (a) se ahorren los beneficios extra, (b) se inviertan los ahorros extra en el país, (c) se los invierta productivamente, y (d) generen empleo sustancial (para ser
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competitivos, tendrán que ser capital-intensivos como los competidores extranjeros). No hay entonces una diferencia esencial entre los 1980s y los 1990s en lo que concierne a las condiciones extremas de trabajo (si hay alguna, han empeorado). Mientras que en los 19805 se mantenían bajos los salarios reales mediante altas tasas de inflación (a veces extremas), bajo la dolarización completa se alcanza el mismo resultado mediante una reducción de los salarios nominales (o mediante un incremento moderado por debajo de la marcha de los precios). Solamente que ahora los salarios (nominales) más bajos parecen ser “impuestos por la dolarización”, no por el capital local. Hay un sorprendente paralelismo aquí con la política económica de la UE que siguió a la introducción del Euro (ver Carchedi, en prensa). En Europa también los recortes presupuestarios y los salarios reales más bajos parecen ser “impuestos por el Euro” en lugar de serlo por el capital monopólico. Para resumir, de manera similar al EMU (moneda única europea), si la dolarización alcanzará tasas de inflación más bajas lo hará recortando los salarios reales e incrementando a la vez la
desigualdad social y el desempleo.
Pero volvamos al punto de vista del capital. Mientras salarios más bajos y mayores tasas de explotación son ciertamente una gran ventaja para la burguesía local en su conjunto, traen consecuencias indeseadas. Los comentaristas ortodoxos se apresuran a enumerarlas: pérdida de señoreaje, pérdida de una política monetaria autónoma, incluyendo la pérdida de un banco central como prestamista de último recurso, y pérdida de la política de tipos de cambio. Pero los contra-argumentos ortodoxos también aparecen con rapidez. La pérdida del señoreaje fue discutida arriba. El contra- argumento es que es relativamente poco importante comparado con otras ventajas y que en todo caso un reparto de esta pérdida (por la cual se entiende la pérdida de intereses sobre los títulos de EE.UU poseídos como reservas en el banco central local) podría ser negociada con los EE.UU. Entonces queda la pérdida de una política independiente de tipo de cambio, básicamente la devaluación para contrarrestar la inflación y para alentar las exportaciones. Sin embargo, algunos comentaristas ortodoxos argumentan que dejar de lado la devaluación puede no
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ser un sacrificio. La devaluación incrementa las dificultades de aquellos negocios locales que se endeudaron en dólares y que deben recomprar la misma cantidad con moneda local. Además, “la evidencia empírica muestra de manera abrumadora que las devaluaciones en América Latina demostraron ser contraproducentes, no expansivas como en los países avanzados” (Calvo, 1999).
La última objeción es que el país dolarizado entrega la política monetaria a la Reserva Federal de los EE.UU. No queda más oportunidad de ajustar la política monetaria a las condiciones económicas locales. Por ejemplo, las inyecciones de dinero ya no están disponibles para empujar a la economía en caso de recesión o para intentar salvar el sistema bancario en caso de crisis financiera. Además, los EEUU indicaron que no desean soportar ninguna responsabilidad por el país dolarizado. Esto significa que los bancos del país dolarizado no estarían capacitados para endeudarse en la oficina de descuento de la Reserva Federal y que la Fed no ajustaría sus tasas de interés para adaptarse a las necesidades de la economía dolarizada (e.g. bajar la tasa de interés si este país experimenta
dificultades económicas o visceversa en caso de inflación). Aquí también hay un contra-argumento ortodoxo. Por ejemplo, que las autoridades monetarias de. este país pueden convenir tener crédito instantáneo con los grandes bancos extranjeros en caso de crisis (como en Argentina). Se puede hacer lo mismo con los bancos con conexiones internacionales (Calvo, 1999). O “el banco central puede proporcionar un apoyo de liquidez a los bancos locales si tiene a mano reservas en dólares excesivas para usar para este propósito” (Testimonio del Dr. Michael Gavin, 1999, punto 6). Finalmente, algunos comentaristas sostienen que ya ahora las tasas de interés en América Latina siguen a las de EEUU independientemente de la fase de su propio ciclo económico (Frankel, 1999) mientras otros argumentan que la falta de un banco central evita una política de crédito fácil e inflación.
Los defensores de la dolarización tienen su propio argumento fuerte: la dolarización volveria imposibles las crisis monetarias (a menos, por supuesto, que sea una corrida sobre el dólar). Esto, se dice, es una ventaja no sólo para el capital sino también para el trabajo. De hecho, la mayoría de las pérdidas económicas derivadas de estas crisis
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recaen sobre los pobres (Testimonio del Dr. David Malpass, 1999). Nótese de paso que los efectos negativos del neoliberalismo para el conjunto de los trabajadores a escala internacional son convenientemente redescubiertos en un esfuerzo por llevar adelante la dolarización. Pero, dejando esto de lado, el contra-argumento ortodoxo aquí es que lo importante para los inversores y entonces para los movimientos de capitales no es sólo el “riesgo monetario” sino también el “riesgo país”, i.e. la capacidad del país de cumplir con sus deudas. La dolarización disminuiría en gran parte el primer riesgo, pero no necesariamente el último (Testimonio de la Dra. Liliana Rojas-Suarez, 1999).
Las diferencias anteriores están lejos de ser sólo un debate entre dos escuelas de pensamiento. Son también argumentos que expresan interesar de clase afirmado: en los países que contemplan la posibilidad de dolarización (ya sea que los que debaten lo sepan o no). En términos muy generales, los capitales más grandes, orientados hacia la exportación, estarán por la dolarización. Son relativamente independientes a la vez del mercado interno, que se contraerá debido a los salarios más bajos, y de la
devaluación (dados sus altos niveles de competitividad internacional). Igualmente el capital financiero y especulativo, que sacará enormes beneficios de las privatizaciones que seguirán a la dolarización, dará un poderoso apoyo a la misma. Es este lobby el que ejerce mayor influencia en los que toman decisiones monetarias, políticas y militares. Los capitales menos eficientes, más dependientes de la devaluación y del mercado interno (especialmente de bienes salario), están en contra de la dolarización pero con sentimientos mezclados, dado que las altas tasas de interés qUe los golpean pueden ser reducidas por la dolarización. Los estratos más bajos de las clases medias pueden también estar a favor de la eliminación de la moneda local debido a que el riesgo de devaluación afecta sus ahorros, pero estarán en contra de bajas tasas de conversión entre el dólar y la moneda local (que erosionaría sus ahorros). Los más opuestos a la dolarización serán aquellos cuyos intereses son favorecidos por un banco central “independiente” (i.e. por la posibilidad de crear dinero y crédito local), aquellos sectores de la burocracia de estado cuyo poder económico y político será
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extirpado por las privatizaciones que siguen a la dolarización, la clase trabajadora y los pobres (en la medida en que comprendan lo que está en juego) y, en un sentido más general, aquellos que están vinculados a la independencia nacional, sea por razones reales o por razones emocionales o ideológicas.
Qié decir sobre el trabajo?. Se ha mencionado antes que la dolarización, volviendo imposibles las crisis monetarias, podría ser beneficiosa para el trabajo, i.e. para aquellos que sufren más con estas crisis. Este argumento es instrumental, i.e. apunta a aumentar el apoyo popular a la dolarización, por dos razones. Primero, las masas no sufren por las crisis monetarias per se, sino por las crisis financieras que se siguen de las crisis monetarias y por la caída y la ruptura en la economía real que siguen a las crisis financieras. Aún si se evitaran las crisis monetarias por la dolarización, todavía existirían las crisis en la esfera financiera. Y esto desbarataría la economía. Segundo, en el anterior argumento, el orden de causalidad está invertido. Mientras que la crisis aparece primero en lo monetario, luego en lo financiero y luego en la esfera real, el orden causal es exactamente el opuesto. Los
inversores globales retiran su capital si piensan que los deudores (ya sean institucionales o no) .' no pueden cumplir con sus compromisos. Esto, a su vez, es un indicador de las dificultades económicas crecientes de este país. No por nada los inversores globales están interesados por los “fundamentalr” de un país. La ventaja real para las masas sería la eliminación de la crisis en la economía real, para comenzar.
El trabajo tiene poco para ganar, si es que tiene algo. Dos puntos han sido ya mencionados. Primero, no sólo serán más reducidos los salarios, sino que la justificación para esta reducción se encontrará en un desarrollo impersonal, la dolarización, en sí misma un aspecto de un movimiento considerado inevitable, la globalización. Segundo, en la medida en que la dolarización afecte a las exportaciones y la desaparición del prestamista en última instancia haga más difícil el rescate de los negocios ineficientes, el trabajo será afectado por tasas de desempleo más altas. Estos son puntos generales. Además, mucho depende de cómo la dolarización
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sea implementada. Por ejemplo, el país que se esté dolarizando necesita suficientes reservas de dólares para convertir la moneda local en dólares. Si este país consigue los dólares necesarios mediante un ¿préstamo nominado en dólares del, digamos, FMI, el pago de este préstamo implicaría, como es bien conocido, recortes presupuestarios con salarios reales más bajos. Si este préstamo es brindado por los mismos EE.UU., la ventaja podría ser el reembolso anual (parcial) de los intereses perdidos sobre los bonos de los EEUU. Pero esta “ventaja” sería más que compensada por lo siguiente. “Si un país tiene moneda doméstica en circulación igual a USS 10.000 millones a la tasa de cambio vigente con el dólar, pero si sólo tiene USS 5.000 millones de activos en dólares, los Estados Unidos. pueden extender un préstamo por los restantes USS 5.000 millones. Entonces el país sería capaz de convertir en dólares toda la moneda doméstica en circulación. En lugar de pagar al país el señoreaje respecto de los USS 10.000 millones, la Reserva Federal conservaría una parte del monto hasta que el préstamo de USS 5.000 millones haya sido pagado con intereses” (Schuler,
1999a, sección 6). Y, si esto no fuera suficiente, “para reflejar que existe algún elemento de riesgo, el préstamo podría llevar una tasa de interés más alta que la tasa usada para calcular el pago de señoreaje” (ibid.).
La dolarización parece proteger de las devaluaciones los ahorros. Sin embargo, los ahorros serán afectados de una manera distinta. Para comenzar, mucho depende de cómo se realiza la dolarización. Consideremos a la Argentina. Se asume comunmente que la dolarización tendrá lugar sin devaluación, i.e., a una tasa de conversión de USS 1 = 1 peso. pero, si el peso fuera a ser devaluado y menos de USS 15.000 millones fuerana ser usados para reemplazar 15.000 millones de pesos, los dólares excedentes serían poder de compra disponible para el gobierno, i.e. señoreaje. Entonces, menos poder de compra sería dejado a aquellos que ahorraron e incluso al resto de la sociedad. O bien, tomemos el caso de Ecuador. La tasa de conversión fue fijada a USS 1 = 25.000'Sucres: Si hubiera sido fijada a una tasa más alta, se hubieran necesitado más dólares, i.e. esta tasa implica una mayor apropiación de valor por el gobierno que una tasa más
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alta. Esto es señoreaje, i.e. una pérdida de valor por el público de conjunto. Por otra parte, el “modelo ecuatoriano” tiene sus propias características que afectan específicamente a los ahorros. En Ecuador, los depósitos fueron congelados. El plan es descongelarlos a la tasa de lUSS = 25.000 sucres. Los depositantes que ahorraron sucres cuando la tasa era de 1USS=12.500 sucres perderán “la mitad de sus ahorros en términos del poder de compra (sin considerar las tasas de interés). Para no hablar de aquellos que cambiaron sus sucres cuando lUSS costaba 5.000 sucres. El argumento oficial de que una tasa más baja de conversión reduce la cantidad de dólares que se necesitan esconde estos hechos detrás de una fachada supuestamente técnica. Además, los salarios y por ende los ahorros serán reducidos después de la dolarización si los precios crecen más que los salarios. Puede objetarse que los precios también son convertidos de acuerdo con la misma tasa. Pero los precios pueden subir y de hecho suben con mayor facilidad que los salarios, simplemente porque la conversión de los salarios a esta tasa está impuesta por las instituciones del gobierno y las asociaciones patronales mientras que no hay
tales agencias para la imposición de la conversión de los precios a la misma tasa. Esto cuenta especialmente para los bienes no- transables que no están sujetos a la competencia internacional (o lo están sólo indirectamente). Estos son precisamente aquellos bienes que son consumidos por la clase trabajadora, tales como alimentos, transportes, etc.
La dolarización no-oficial ha estado rondando por algún tiempo. La pregunta interesante es por qué la mayoría de los países manifestaron interés en la dolarización oficial en los últimos años. Una primera razón es que el modelo latinoamericano de alta inflación / alta devaluación de los 19705 y 19805 se volvió impracticable. Aquellas políticas condujeron por un lado a la destrucción del poder adquisitivo de las monedas nacionales y por el otro a la “inestabilidad social” asociada con los niveles crecientes de explotación y pobreza. La resistencia a la miseria creciente levantó una ola de movimientos anticapitalistas y de regímenes militares que,,para mantener la dominación del capital y mantener a raya a las masas, no dudaron en rivalizar con aquellos de la Alemania nazi en crueldades y
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crímenes. En este clima político- ideológico distinto, la dolarización representa una, pero sólo una, de tales oportunidades. Es favorecida por amplios sectores de las burguesías locales por una serie de razones, no siendo la menor porque parece requerir y entonces legitimar consiguientes políticas neoliberales.
Pero se necesitan dos para el tango. La dolarización debe volverse una opción también para los EEUU. La ventaja de la dolarización oficial vis-a-vis la no- oficial para los EEUU. no debería ser buscada en el marco de los negocios de EEUU. (el centro de los comentaristas). Habitualmente se pone el énfasis en la eliminación de los costos de la conversión de monedas para el comercio con los países dolarizados y sobre las mayores oportunidades de comercio e inversión para las compañías de EE.UU, si la dolarización causa un mayor crecimiento económico en los países dolarizados. No se trata de esto. El atractivo de la dolarización está en que no es sólo una extensión del señoreaje y por consiguiente un paso hacia la rendición de los países dolarizados al imperialismo
norteamericano. Es también, y esto explica por qué se volvió una opción real en los 19905, una nueva estrategia para enfrentar el cambio del Euro. Esto es admitido por las fuentes oficiales: “Incrementando el número de países que usan el dólar, la dolarización oficial puede ayudar al dólar a permanecer como la principal moneda internacional, una. situación que el Euro ahora está cambiando. La dolarización en uno o más de los grandes países latinoamericanos expandiría significativamente el número de gente que usa oficialmente el dólar, moviendo la población de la zona del dólar a la cabeza de la población de la. zona del Euro en la actualidad” (Schuler, 1999b, sección 4). O “si la dolarización demuestra ser exitosa, el dólar de los EEUU. puede devenir la versión del Euro para el hemisferio occidental” (Testimonio del Senador Chuk Hagel, 1999).
Las fronteras de la dolarización no están de ninguna manera restringidas a América Latina. Como un informe escrito para el Comité Económico Conjunto dice: “en principio, la dolarización podría extenderse a todos los países de las Américas, Asía y el Pacífico, además de a casi todos los ex miembros de la Unión Soviética
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y a la mitad o más de Africa”. (Schuler, 1999a, sección 5; Testimonio del Senador Jim Bunning, 1999). Si bien la dolarización puede ser extendida más allá de los países de América Latina, tiene una ventaja adicional para los EE.UU. en relación con estos últimos países. Como Falcoff (1999) puntualiza, la dolarización puede dirigir un golpe al Mercosur, el que en teoría “es meramente una de las piezas para la construcción de un área de comercio hemisférica, pero en realidad representa las ambiciones de Brasil de proveer un polo de atracción rival a los Estados Unidos en Sudamérica”. Para los otros países miembros (especialmente Argentina y Uruguay) el Mercosur representa “algo que han estado buscando desde el colapso de la Unión Soviética -un recurso para permitirles reanudar su “no- alineamiento” previo vis-a-vis los Estados Unidos”. Para los EE.UU. entonces la dolarización puede matar dos pájaros de un tiro: puede frenar el cambio del Euro y poner fin a un bloque comercial rival suprimiendo así una barrera a la expansión del dólar.
Las ventajas políticas y económicas para los EE.UU. están inter-relacionadas. La literatura
oficial enfatiza lo siguiente:
o los ahorros de los costos de transacción y la reducción de los riesgos que estorban el comercio y la inversión.
o El incremento del señoreaje para los EEUU, por el cual se entiende que los EEUU no tienen que pagar intereses sobre los bonos poseídos por el país dolarizado;
o El incremento en el comercio con estos países; y
¡“posiblemente algún beneficio de política exterior ampliando la influencia de EEUU”. (Frankel, 1999)
A veces se discute la posibilidad de una unión monetaria con los EEUU. (el Comité de Bancos del Senado de EEUU mantuvo varias audiencias sobre el tema). Inevitablemente, se hacen comparaciones con la EMU. Mientras que los comentaristas están en lo cierto al creer que en la actualidad esta opción no es una posibilidad real, se toman prestadas acriticamente las razones aducidas de la propaganda de la UE. Por ejemplo, se dice que el incentivo para la integración europea fue el miedo a otra guerra en sus territorios y que este no es el caso de EEUU. Pero este y otros motivos similares juegan sólo un rol secundario en la construcción de la UE. La razón
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fundamental real para la integración europea fue la naturaleza imperialista del proyecto europeo y especialmente de los oligopolios europeos bajo el liderazgo de los oligopolios alemanes. Este proyecto requirió formas estrictas de integración que condujeron a una unión monetaria (ver Carchedi, en prensa). El caso es diferente para los EEUU. Ellos ya son el poder imperialista lider, especialmente en América Latina. Para ellos una unión monetaria con los países que están dolarizando o que ya dolarizaron no sólo es de poca utilidad sino que puede implicar el manejo de la política monetaria de estos países (lo cual puede ser contrario alos intereses de EE.UU).
Hasta ahora los EE.UU mostraron frialdad en lo concerniente a la dolarización. Esto a pesar de las ventajas que se mencionarán en breve. Hay varias razones para esta frialdad. Primero, la dolarización puede ser vista como la antecámara de una unión monetaria. Segundo, una ola mayor de dolarización probablemente presionaría a la Fed para tomar en cuenta los intereses monetarios de aquellos países, especialmente si son socios comerciales importantes de
Norteamérica (Bergsten, 1999). Esto a su vez podría debilitar la confianza en la salud. del dólar (Acosta, 2000). Tercero, el punto del reparto del señoreaje sería “un poco difícil de explicar al Congreso” (Frankel, 1999). Finalmente, y quizás más importante, un apoyo abierto y activo de "EEUU a la dolarización podría ser políticamente contraproducente e incentivar movimientos nacionalistas anti- dolarización. Desde esta perspectiva deberían verse las afirmaciones oficiales que advierten a los países que consideren cuidadosamente la posibilidad de abandonar sus monedas. El deseo de (fracciones de) las burguesías locales de dolarizar facilita esta actitud “prudente”
En realidad, las ventajas obtenidas por los EE.UU son mucho más grandes y mucho más sustanciales que las sugeridas más arriba. Pueden ser resumidas como sigue. El énfasis se pone sobre lo que es específico de la dolarización plena y sobre América Latina.
oVolviendo imposible la devaluación, la dolarización priva a los países en dolarización de un instrumento básico de la competencia internacional frente
a los EEUU.
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U ola dolarización,
si se extiende a América Latina, --¡¿ï' fortalecerá su i oomertiooonEEUU. La apropiación de valor inherente a la formación internacional de los precios, también llamada intercambio desigual, crecerá (ver Carchedi, 1991, cap. 7).
0 Las inversiones productivas y financieras norteamericanas en ese área podrían también aumentar (debido, por ejemplo, a la desaparición del riesgo monetario o por la consiguiente caída de los salarios reales). la repatriación de beneficios y de intereses sobre las inversiones financieras se incrementará.
0 Si un país carece de los fondos necesarios para dolarizar, tendrá que obtenerlos mediante endeudamiento internacional. En la medida en que la deuda no sea redimida, la salida de intereses contribuirá a mantener al país en un estado de colonialismo o de desarrollo dependiente. Si la deuda es redimida, su redención tendrá que ser financiada mediante la exportación de commodities Como se puntualizó más arriba, esta redención es señoreaje de los EEUU.
OMás importante, un área del dólar vastamente incrementada fortalecerá a continuación la primera posición del dólar fortaleciendo así
el señoreaje de EE.UU. Esto puede a la vez frenar el avance de un rival real, el Euro, y liquidar efectivamente a un bloque comercial rival (el Mercosur) que puede generar su propia moneda limitando entonces la expansión del señoreaje de EEUU. (Julia, 2000, PP.54—5). En este preciso momento el dólar explica “sólo” cerca de la mitad del comercio latinoamericano. La otra mitad puede devenir un terreno disputado entre el dólar y el Euro. Como el Secretario Delegado del Tesoro Lawrence H. Summers lo planteó: “la modesta extensión actual del comercio entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos individuales fuera de México limitaría las implicancias de corto plazo para los Estados Unidos salvo que la dolarización se vuelva una tendencia regional” (US Treasury, 2000)
0 Los anteriores son cinco aspectos del imperialismo económico de EE.UU. Dado que están cuantificados en términos monetarios, subestirnan ampliamente la apropiación de valor respecto de los países que dolarizan. Ellos reforzarán, hasta el punto de institucionalizarla, la dominación política de EE.UU. sobre aquellos países que “eligen” dolarizar. Al mismo tiempo,
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debilitarán la capacidad colectiva de los trabajadores de resistir la explotación y la dominación política nacional e internacional.
0 Finalmente, y más importante, la consiguiente pérdida de soberanía nacional incrementa la influencia política e ideológica de los EEUU y así incrementa. las dificultades políticas del trabajo local.
Para finalizar, la dolarización oficial, .si se extiende a la mayóría de los países, sería una nueva manera para los EE.UU de incrementar su poder imperialista, un nuevo aspecto de la lucha inter- imperialista. Sería una de las respuestas de los EEUU a los cambios reales o potenciales en su supremacía económica y monetaria. Pero sería al mismo tiempo una nueva arma en el arsenal de los EE.UU contra los países dependientes y en particular contra las clases trabajadoras de estos países. La dolarización está ya contribuyendo, como dolarización no-oficial, a una apropiación de plusvalor internacional a una: escala sin precedentes en la historia del capitalismo. Hace esto mediante su inter-relación con el señoreaje
internacional, el intercambio desigual, la repatriación de beneficios, y la entrada de intereses sobre las inversiones y la deuda internacionales. La dolarización oficial a la vez empeoraría el ya espantoso aprieto de las clases trabajadoras de estos países y reforzaria la dominación global de EEUU. Por supuesto, todo esto es negado por las instancias oficiales y los economistas ortodoxos. Pero los indígenas ecuatorianos no han sido engañados por la propaganda, académica o no. Como señalaron durante su marcha a Qiito, la dolarización “dolarizará la pobreza, privatizará la salud y reprimirá la resistencia” (Rother, 2000). Están en lo cierto. Solo que ningún equipo de luminarias médicas nunca los declarará inadecuados para seguir permaneciendo en el podio de la miseria y la degradación y ningún ministro de “justicia” los liberará de esta prisión que es su condición inhumana.
Amsterdam, 21 días después de la decisión del Ministro de Justicia de Gran Bretaña de detener la extradición y el juicio por crímenes contra la humanidad del ex dictador Augusto Pinochet.
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Julio C. Gambína'
uál si fuera un fantasma,
la devaluación monetaria
reaparece cada tanto en la Argentina, aún con la fijación del tipo de cambio establecida por la Ley de Convertibilidad. De alguna manera, así puede leerse algún reclamo proteccionista de gobernadores, de ciertos sectores de la producción del bloque social en el poder (como la UIA) e incluso algunos economistas que suponen necesario un cambio de los precios relativos que favorezca la reactivación del mercado interno. Ante la devaluación en México (94), la respuesta gubernamental fue profundizar el modelo (convertibilidad) y luego, con la devaluación en Brasil (99), el salto adelante fue el planteo de la dolarización total. Dolarizar ha sido la propuesta sostenida por el menemismo y la conducción supérstite del BCRA. El gobierno de la Alianza ha sostenido que “no devaluarán ni dolarizarán la economía”. La
dolarización ecuatoriana (00), como las devaluaciones de México (94) y Brasil (99) demuestran que en un caso o en otro, los perjudicados siempre son los trabajadores y el pueblo. Es que en definitiva se trata de una cuestión de poder y de la capacidad para transferir el costo de las políticas económicas.
Entonces, si no hay dolarización, ni devaluación y se mantienen los términos del modelo (régimen de convertibilidad) y el sistema de acumulación de capitales, no hay otra que disminuir el costo de producción para ganar competitividad internacional, es decir, bajar el salario real, tal como sostuvo oportunamente Ricardo López Murphy. En este marco de funcionamiento del capitalismo en Argentina - no existe otra posibilidad, ya que las tarifas de _ servicios públicos, la -
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tasa de interés, el costo de los insumos principales y la carga tributaria son precios fijados monopólicamente por el bloque social en el poder y el propio Estado en su nueva función de estímulo a la lógica de la concentración y centralización transnacionalizada del capital. Por eso el gobierno actúa en consonancia con el acuerdo político sostenido en la década menemista entre la cúpula de la CGT y el Grupo de las grandes centrales empresarias, tal como fue visualizado en el acuerdo por la regresiva Reforma Laboral. El argumento central del bloque en el poder es que los salarios argentinos, medidos en dólares, son elevados con relación a otros países de América Latina, Asia, Africa y Europa del Este. La lógica capitalista de la ganancia no puede funcionar con éste nivel de salario, aunque el salario está por debajo de lo que establece la canasta alimentaria, de vida, e incluso en gran parte por debajo de los índices de pobreza e indigencia. Pese a ello, de la miseria que expresan, en los términos
d e
funcionamiento del capitalismo son salarios altos y por lo tanto el capitalismo argentino requiere que se baje el salario. Es lo que hizo Brasil, es lo que hizo México y es lo que ocurre en Asia y el este europeo. Hoy se está dando como éxito que tanto México en el 94, como Brasil en el 99, devaluaron y resolvieron su crisis, en términos de la recomposición de las cuentas nacionales, con independencia del costo social involucrado. Es una «resolución» particular de la crisis: con caída de salario, mayor nivel de desocupación y precarización de la fuerza de trabajo. Es interesante colocar la comparación bajo otros parámetros, por ejemplo con los salarios europeos o norteamericanos, que siendo más elevados no disminuyen la competitividad internacional y con ello demostrar que en definitiva se trata de una confrontación por la apropiación de la renta entre los propietarios del capital y la fiierza de trabajo. Está claro que es una cuestión de poder y que el capital transnacional presiona para obtener sus objetivos en cualquier territorio que se lo faciliten. Evidentemente Argentina es uno de esos territorios o mercado donde se despliega la vieja y recurrente lucha de clases.
¿Se puede reconstruir el poder
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popular perdido a manos de la dictadura (76/83) y del régimen político vigente? En todo caso tiene que ver con la capacidad de construir instrumentos que puedan dar causes a sujetos sociales y políticos que recreen la vieja y permanente aspiración por la eliminación de la explotación del hombre por el hombre. Es importante entonces, discutir en términos de como el capitalismo en la Argentina y en el plano mundial está reestructurándose en beneficio de la recomposición de la tasa de ganancia. Y en términos más coyunturales, hay que señalar que no es ninguna sorpresa que en, la Argentina del año 2000 este sucediendo lo que ¡está sucediendo. Es lo que desde el gobierno se planteó en la campaña electoral por la renovación presidencial en el 99 y vale mencionar que muchas veces se alude a las exigencias del Fondo Monetario Internacional y que, más que exigencia, son los términos de la carta de intención que el gobierno argentino le somete al Fondo Monetario Internacional, y más aún, esos «condicionantes» son la expresión del mandato del bloque hegemónico de clases dominantes en la Argentina y que está
reclamando que para que el capitalismo local sea competitivo en el plano internacional requiere una profundización de la regresiva reestructuración capitalista.
La presión norteamericana
No existe duda de la pérdida de soberanía por razones políticas en el gobierno anterior y actual, claramente expresadas en el reciente voto contra Cuba y que en materia económica se expresan en la creciente tendencia a la hegemonía del dólar y por ende de los EE.UU. desde la legalización de la convertibilidad (91).
Días pasados, funcionarios del BCRA junto al ex Presidente Menem, participaron de la convocatoria de la Reserva Federal norteamericana en Dallas (Texas) para discutir sobre la “dolarización oficial” en América Latina como respuesta a la crisis financiera y la propia demanda norteamericana de afirmar el dólar en la disputa contra el Euro y el Yen por la hegemonía económica a escala global. Aunque se trate de una convocatoria de una sucursal de la Reserva Federal, ella se inscribe en un conjunto de iniciativas emanadas desde los propios EE.UU. Allí participó la crema
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académica, empresaria y gubernamental del continente y la presencia de Menem no pasó inadvertida, puesto que fue uno de los principales ideólogos de una propuesta que según—Kurt Schuler (economista senior del Comité de Asuntos Económicos del Congreso de los Estados Unidos - Joint Economic Committee): “En unos pocos meses, la dolarización oficial ha pasado de una oscura idea a ser debatida diariamente en un número cada vez mayor de países”, y se destaca el papel vanguardista del ex presidente argentino al proponer la dolarización en enero de 1999, hecha realidad con la reciente experiencia ecuatoriana de enero de 2000.
Por las dudas que la idea se transforme en realidad, en EE.UU. se presentó el pasado 8 de noviembre de 1999 un Proyecto de Ley “Para promover la estabilidad monetaria internacional y para compartir señoreaje con países oficialmente dolarizados” y que se autodenornina: “Acta de Estabilidad Monetaria Internacional de 1999”. Fue presentado por Connie Mack, Presidente del Comité de Asuntos Económicos del Congreso de los Estados Unidos y donde Argentina aparece como uno de los países con
mayores posibilidades de avanzar “de una dolarización de hecho a una dolarización oficial”. Señala el informe de Schuler que fundamenta el proyecto de Ley: “Parece que el mundo ha iniciado un período de. consolidación monetaria que nuevamente dividirá el mundo entre dos o tres grandes bloques monetarios. La sustitución de monedas nacionales con el euro en ll países de Europa Occidental a principios de 1999, ha creado el primer rival verdadero del dólar en más de 50 años, y ha estimulado un sentido de urgencia en los países en desarrollo para hacer sus propios arreglos regionales o unirse a los bloques del dólar o del euro”. Queda claro aquí el interés norteamericano en su disputa con Europa por la hegemonía económica global, particularmente con la aceleración de procesos de integración capitalista en el viejo continente, mercados bursátiles incluidos. Por su parte el Consejo de Relaciones Exteriores de los EE.UU. acaba de publicar un informe suscripto por personalidades académicas y empresarias de mucho predicamento entre el establishment argentino, tales como Paul Krugman; George
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Soros; Paul Volcker (ex-‘ presidente del Banco de la Reserva Federal) y William Rhodes (vice presidente del CitiGroup), entre otros, y en cuyas recomendaciones se dice textualmente: “Hay que decirle no a las tasas de cambio fijas” y que “uno de los pasos más importantes que puede adoptar una economía emergente para reducir el riesgo de una crisis, consiste en implementar una política cambiaria adecuada”. La convertibilidad está siendo golpeada por varios lados e independientemente de la motivación ideológica existente y el sentido de las propuestas en la Reserva Federal, el Congreso, o el Consejo de Relaciones Exteriores, es explícita la presión norteamericana para inducir la profundización de un modelo de acumulación que tiene en cuenta el privilegio del interés del capitalismo en EE.UU.
Las devaluaciones
La sucesión de devaluaciones ocurridas en el sudeste asiático, Rusia o Brasil, o en Europa fueron políticas impulsadas para adecuar esas economías .a las nuevas condiciones surgidas de
la crisis financiera del 97/98. Lo que buscaron con esas medidas en Tailandia, Malasia, Filipinas, Indonesia, Rusia o Brasil y más recientemente Ecuador apuntaban a lograr competitividad y frenar la pérdida de inversiones y reservas internacionales, que en el último caso se profundizó con la eliminación de la moneda local. La rigidez del régimen de convertibilidad lleva a la Argentina a un callejón sin salida y que se manifiesta como una fuerte vulnerabilidad externa, con fuga de capitales y estímulos financieros para el ingreso de inversores externos, en un marco convergente de elevados déficit; fiscal y comercial y expansión inusitada de la deuda externa, la que a diciembre de 1999 representa el 52% del PBI.
Ante las dificultades para instalar la demanda devaluatoria, la presión sobre el gobiemo de la Alianza de una parte del bloque en el poder pasa por obtener beneficios sectoriales que mejoren la rentabilidad y aseguren condiciones de competencia con la p r o d u c c i ó n externa. Claro que el reclamo se plantea dentro . de la política ‘ económica o ""
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«modelo» que condiciona el régimen de
convertibilidad. La reducción del costo de la fuerza de trabajo sigue siendo el fondo de la reivindicación demandada. El gobierno nacional sostiene que el tema se resuelve «bajando el riesgo país» para ganar en competitividad de la economía local con relación al mundo, que «no es para tanto la crisis con Brasil» y que «los deberes para con los inversores se están haciendo bien» y pronto se sentirán los beneficios “derramados” para el conjunto de la sociedad. Se amparan en créditos que fluyen hacia el Estado, que hasta ahora ha dado muestras de excelente pagador. No hay duda que el Ministro de Economía y su equipo se afana en satisfacer las demandas de rentabilidad de los inversores externos y que se resume en la política del ajuste fiscal permanente, vía disminución del gasto y aumentos de impuestos; pero también de la profundización de una reestructuración regresiva que hoy se concentra en la Reforma Laboral, las desregulaciones del mercado de las Obras Sociales, la privatización del Banco de la Nación y la reformulación de la
Justicia para favorecer la seguridad jurídica de las inversiones de capital.
El tema es que, en la oposición y el gobierno, tanto como sectores del poder económico transitoriamente afectados por la coyuntura que definen los precios relativos actuales, no incluyen la hipótesis (por lo menos públicamente) de una devaluación. Mucho menos, por cierto, los acreedores externos y las empresas privatizadas de servicios públicos, que son los principales beneficiarios del tipo de cambio establecido en la Ley de Convertibilidad. Si existen mejoras en las calificaciones de riesgo de la Argentina, ellas se vinculan a la posibilidad de pago del endeudamiento externo que otorga la relación de 1 a l entre el peso y el dólar y las recurrentes manifestaciones de continuidad de la política económica emanadas de las actuales autoridades. Excluida la hipótesis de la devaluación, sólo queda la profundización de la regresiva política que instaló el menemismo en la década del 90, incluida la propuesta de dolarización sostenida por Menem ante la devaluación del Real en enero del 99 por el gobierno brasileño. Más allá de las enfáticas negativas del gobierno nacional a
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la dolarización, existen señales que empujan en ese sentido.
La inaudible voz
Es indudable que existen voces que no se escuchan. Los medios difunden lbs argumentos del gobierno y de la oposición, los del poder y sus matices; pero el problema es que no adquiere presencia en el debate una opinión de alternativa. En el plano global se hizo visible y audible con las protestas de Seattle, Dav'os y recientemente en Washington. Más allá de la diversidad de sujetos y reivindicaciones presentes en la protesta global, lo que aparece es la recuperación de una voluntad por reestructurar un orden cuya iniciativa estuvo hegemonizada por los grandes capitales desde la caída del mundo bipolar. ¿Cómo se expresa esta tendencia en la Argentina? ¿Qyé se puede asimilar de la diversa resistencia popular en la década del 90? ¿Qué saldo organizativo social y político queda para rearticular un bloque popular en condiciones de disputar el orden vigente? ¿Cómo transferir el costo de la convertibilidad desde el salario a la tasa de ganancia? En el plano global: ¿Qué hacer con» el Mercosur? ¿Qué hacer con el
ALCA? ¿Dejar 'fl-uir las decisiones por las esferas del poder de las empresas y ,el gobierno, o generar condiciones de articulación con los actores sociales subordinados en nuestra región?
Estamos sugiriendo que la compleja respuesta al interrogante que titula este escrito se vincula a quién lo responda. Menem convoca a no perder tiempo en impulsar una moneda regional y avanzar en la dolarización. As‘í piensan algunos en el propio gobierno de la Alianza y esperan su turno mientras se desgasta una estrategia intermedia de negociación con Brasil para instalar una moneda regional y acuerdos económicos estilo Maastricht. La voz alternativa necesita para ser audible una mayor densidad social y un proyecto político que contacte con algunos nuevos vientos que soplan en el mundo.
' Director del Centro de Estudios de la Federación Judicial Argentina y del Consejo de Dirección del Instituto de Estudios y Formación de la CTA. Presidente de la FISYP. Profesor de Economía Política cn la Universidad Nacional de Rosario.
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Neoliberalismo, capitalismo popular y acumulación primitiva en Ecuador
José M. Martínez
a dolarización es hoy la
bandera de la burguesía
ecuatoriana. ¿Por qué? Una interpretación desde el campo teórico marxista nos recuerda que la burguesía ecuatoriana está subordinada al imperialismo norteamericano y que a través de la dolarización de la economía, simplemente se acomoda al programa liberal del Fondo Monetario Internacional. La regulación internacional se impondría de esta forma a los actores ecuatorianos que en esta perspectiva tendrían un papel básicamente pasivo. Alberto Acosta un conocido economista de la izquierda ecuatoriana califica esa adaptación de “rendición incondicional frente al dólar’”, de “aceptación oficial del fracaso”. Este esquema de interpretación, sin embargo, no parece compadecerse con los hechos. Es cierto que el FMI sujeta en general el otorgamiento de los créditos necesarios para cualquier
programa de estabilización financiera a la aceptación por parte de los Estados miembro de su programa, pero ese programa no incluye la dolarización. Sí incluye las privatizaciones y la flexibilización laboral. ¿Por qué es recién ahora, a varios años de las oleadas privatizadoras que recorrieron Sudamérica, que el Estado ecuatoriano hace suyo ese programa?.
Dadelavuelta de la dernocraciaen 1980, siete gobiernos constitucionales intentaron estabilizar el sucre de nueve maneras distintas, combinando desde la incautación de divisas, la fijación del tipo de cambio, las bandas cambiarias, hasta devaluaciones graduales, de shock y la libre flotación del dólar. No tuvieron éxito.No lograron el equilibrio monetario. Poco antes de la caída de Mahuad, en enero de este año 2000, la opinión generalizada en las Cámaras de Comercio de (luito y Guayaquil, así como la opinión de
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los congresistas representante-s de los intereses dela burguesía ecuatoriana (la amplia mayoría), era-¡favorable a la dolarización. Sólo. se oponían el presidente que temía una reacción popular adversa y el director del Banco Central de Ecuador. Cuando Mahuad se- decidió por la dolarización, para evitar las críticas de la opinión burguesa que lo acusaban de inacción, se produjo el levantamiento de los indígenas de la sierra y de los militares, que lo sustituyó brevemente en el poder, instalando una junta de corta existencia.
La breve existencia de la Junta, cuya legitimidad fue rechazada por los Estados Unidos, abre interrogantes que esa' intervención extranjera no alcanza a explicar. ¿{Luc alcance tuvo la intervención de la embajada norteamericana en Ecuador? El alcance obvio es que cuestionó el sistema de representación política que otorgaba al ejército y a la CONAIE (una coordinadora de pueblos indígenas) la representación política del pueblo de todo el país. Un alcance menos obvio sería que los impusieron la
dolarización. Más allá de que
algunas voces aisladas en los EE.UU. sostuvieron la utilidad de la
dolarización para ciertas situaciones, no hay evidencia de que esa represente la. posición oficial. 'El FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo apoyaron los hechos consumados después de que Mahuad abriera el proceso de dolarización para intentar salvar su gobiernoz, y ello como medida de excepción’.
Ahora bien, si descartamos a los agentes internacionales del capitalismo como motores de la dolarización, es necesario buscar una interpretación adecuada de la razón de por qué la burguesía en su con-junto (de Guayaquil y de Qiito, exportadora e importadora) apoyan el programa de dolarización. Una respuesta fácil es que lo hacen como una reacción a la revolución abortada de enero. Por cierto, buena parte de la izquierda marxista internacional había titulado sus periódicos: “Revolución e'n Ecuador”, inscribiendo los hechos de enero en el esquema clásico de las revoluciones y guerras campesinas. ¿Es esto así? Es innegable que si se hace excepción de Chile, en todo el territorio del Pacto Andino hay hechos de violencia que tienen a los campesinos por actores“. Hay guerras que involucran alos campesinos en Colombia, hay revueltas en
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Cochabamba y otros lugares de Bolivia por el costo del agua privatizada e indudablemente los campesinos son un factor político importante en Perú y Venezuela. El caso de Ecuador sería, en esta interpretación, el de mayor claridad, allí los campesinos se habrían movilizado para la toma del poder. Si bien esta interpretación es sugerente y hay quienes la inscriben en el contexto más amplio de la emergencia de movimientos campesinos de tipo revolucionario que incluye a los zapatistas y a los Sin Tierra, no creo que resulte claramente explicativa de los hechos en curso en Ecuador. Efectivamente, el caso de Ecuador es el de un relativo “retraso” en la adaptación al marco neoliberal en lo que se refiere a la forma del Estado y de las finanzas públicas. Esto significa que se mantienen formas sociales y políticas muy extendidas en América Latina hasta los años ochenta, tanto en los regímenes populistas como en los militares. Esto significa que la Sierra (Qíito, los indígenas y el ejército) mantuvo una cierta hegemonía política, siempre amenazada por la economía importadora de Guayaquil, asociada al capital bancario de Ecuador. Esto permitió que los campesinos mantuvieran el
dudoso privilegio de constituir el grueso del ejército y de la policía nacional, sustrayéndose así muchos hombres a la pobreza ancestral de sus comunidades campesinas de origen. A esa hegemonía política también le resultó funcional conservar la forma propia del Estado populista. Es necesario recordar que el estado ecuatoriano es propietario de las empresas eléctricas y de otros servicios, que fija los salarios mínimos, que mantiene fondos de seguridad social relevantes y que es propietario de la renta petrolera que en buena parte permitió financiar el gasto público sin expropiar la renta de las exportaciones, ni modificar la economía de plantación en la Costa, mientras también en la Costa (Guayaquil) crecía una burguesía comercial importadora que cada vez amenazaba la estabilidad financiera mediante una presión inflacionaria que iba debilitando al sucre.
Esto define dos polos a partir de los que se puede avanzar en el análisis:
1.- Un polo de economía subsidiada y dependiente de prestaciones estatales, sustentado en la renta petrolera y no antagónico con la economía exportadora de plantación;
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2.- Un polo en crecimiento de economía de mercado libre, fundamental-mente importadora e integrado a la economía mundial;
Estos polos definen claramente lo que Bob Jessop -un marxista
regulacionista inglés- denominó
una estrategia de acumulación “de dos países”. Ahora bien, desde el punto de vista monetario es claro que esta estrategia de acumulación no se compadece eternamente con el equilibrio monetario, como demuestran los hechos de enero. Efectivamente, es muy dudoso que la reproducción dual pueda continuar después de la reestructuración del Estado que está en curso. La reproducción indefinida de esta situación hubiera significado que ninguno de los sectores implicados en el acuerdo corporativo necesario para su continuidad se sintiera tan postergado en sus reclamos como para no luchar por una parte mayor del excedente social, o que no planteara ninguna reivindicación que signifique el cambio sustantivo de las relaciones sociales de producción. Veinte años de inestabilidad cambiaria y los hechos de enero son suficiente prueba de la inestabilidad propia de la forma córporativa de Estado y de las “estrategias duales de acumulación”.
En mi interpretación, contra esa reestructuración impulsada por la burguesía comercial y financiera costeña -condensada en la dolarización- es que se levantaron los indígenas y el ejército, con escaso éxito. Es contra la manera en que los afecta la reestructuración capitalista en curso que los campesinos bloquearon las carreteras del país en abril. Contra la nueva ley de seguridad social y contra la privatización del seguro social campesino. Contra la congelación de los depósitos banCarios y el cambio de los sucres por dólares a un tipo fijo que el gobierno estableció en 25.000 sucres por un dólaró.
Si el acto político de Mahuad de dolarizar la economía por decreto puede ser definido como un típico shock neoliberal, los acuerdos y leyes aprobados desde la gestión de Noboa se inscriben claramente en la zona neocorporativa del capitalismo popular. El presidente tiene presencia el todo el territorio nacional y pacta con todos los actores, inclusive con las esposas de los militares juzgados por los hechos de enero. Pero, ¿su neocorporativismo (socialcristiano y socialdemócrata) _ marca diferencias con " i “
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el neoliberalismo? 1.- no en lo que hace a la dolarización; 2.- no en lo que se refiere al desmantelamiento del estado populista; 3.- sí en cuanto al modo de inserción pactado en materia internacional, pidiendo autorización a los EE.UU. para la dolarización y firmando acuerdos con el FMI y el BID, para llevarla a cabo sin sobresaltos; 4.- sí en la desmovilización del ejército y los campesinos, mediante la prosecución de juicios a los actores de enero, prometiendo al mismo tiempo una ley de amnistía que el Congreso no vota; no en lo que se refiere al proceso de expropiación de los sectores protegidos de la economía dual en desaparición.
Si los bancos se quedarían con todo era una pregunta que podía plantearse antes de la dolarización’. En cambio, no hubo incautación de las divisas provenientes de la exportación. Esta última medida anunciada por Better, el presidente del BCE poco antes de su renuncia”, hubiera significado el quiebre de la unidad inter-capitalista ya que hubiera afectado a los plantadores :expor-tadores, un " ector tradicional de la política "conservadora de _ i ’ Ecuador. Ya hay una
"“- fuerte suba de
precios en los transportes y para julio se espera una fuerte alza de los precios de los combustibles de consumo interno, llevándolos a los precios internacionales’. Lo más importante es que con la dolarización los ecuatorianos tendrían que disponer de 160 dólares para alcanzar a la canasta familiar básica, mientras que el salario nominal mensual se halla en algo más que 50 dólares, y la “Ley Trolebús” aprobada por el Congreso supone todavía la flexibilidad de contratación, es decir la posibilidad de que los salarios bajen aún más. Todo ello en un contexto de inflación significativa de precios, un 14,3% en enerolo quecontinúa en marzo con un 8,7 °/o “. La inflación anual podría alcanzar el 80% en moneda estable”. La desocupación es alta y los ecuatorianos emigran en gran número, a razón de unos 25.000 por mes entran mensualmente sólo en España. El desposeimiento, las rebeliones y las altas tasas de emigración y miseria, en el contexto de un consenso burgués acerca de la forma de estado y acumulación, condensado en un acuerdo monetario que permite equilibrar los negocios, describe un cuadro de auténtica acumulación originaria.
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Desde el ¡punto de vista marxista”, merece expandirse la categoría de acumulación originaria, dándole un alcance mayor al que parece atribuido Marx en El Capital. Quero decir que esta categoría tiene un alcance que Marx no pudo imaginar, al aplicarla sólo al período formativo del capitalismo“, y que la mera apropiación, legalizada por el cambio del contenido jurídico de ciertas instituciones, mediante el cambio de la forma política del estado, es aplicable a los procesos de reestructuración capitalista. En estos procesos todas las relaciones de producción se someten a la moneda” y se destruyen las formas de organización política y social que no se subordinan a la nueva forma de acumulación. Sin embargo, el proceso de destrucción y subordinación es resultado de la lucha social, de manera que no puede considerarse que los cambios realizados y a realizar en la economía de Ecuador hayan dependido de una lógica inexorable del capital. Como vimos, la estrategia de acumulación en dos países es una forma de desequilibrio que sólo se
mantiene mientras el desenlace de las luchas lo permite: Seguramente la lucha de los indígenas se intensificará y tomará nuevas formas. Será cada vez más dificil que su lucha involucre al ejército (ya hubo una docena de asonadas fallidas con escasa repercusión pública) y la lucha de los campesinos será cada vez más una lucha contra el Estado (ya que el pacto corporativo que el estado les ofrece 'es cada vez menos satisfactorio). La lucha entre trabajadores y capitalistas por el sala-rio también se intensificará, a medida que éste vaya perdiendo poder adquisitivo. Este contexto de crisis, agravado por la sobre- acumulación financiera que se infiere del cuadro arriba expuesto, hace esperar nuevos estallidos sociales, los indígenas ya están organizándose para nuevas luchas que seguramente tomarán estado público en julio, cuando aumenten los precios del combustible, no obstante sus actos defensivos de una forma de acumulación en crisis dificilmente logren la derrota de la forma de Estado emergente, el ahora generalizado Estado neoliberal. Quizás sus luchas vuelvan claro en el campo de la izquierda que no hay contrapoder estatal que no termine
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involucrado en la lógica del capital, que por mucho que se defiendan las formas corporativas del Estado y de la sociedad, éstas enmascaran una lógica de acumulación que de crisis en crisis termina por imponer su propia lógica a toda la sociedad. (luizás los campesinos ecuatorianos, como los zapatistas, nos hagan comprender que el enemigo es el estado y que el Estado corporativo no es sino otra forma de Estado capitalista, un poco más engañosa y fetichizadora de las relaciones sociales de producción y de dominación.
Notas
1. Acosta, Alberto: Hoy, 22 de diciembre de 1999, p. A.4).
2. Hoy, 11 de enero del 2000, p. A.l): “El anuncio de un esquema de dolarización produjo ayer la primera reacción del FMI. Su director-gerente admitió que está dispuesto a enviar a Qiito una misión para asistir al gobierno ecuatoriano en la adaptación de sus estrategias fiscales y bancarias al plan de dolarización. No obstante, el Ministro de Finanzas, Alfredo Arízaga, indicó que el esquema por el que ha optado el Gobierno es mucho más independiente y autónomo del FMI.”
3. El Telégrafo, 4 de febrero del 2000, p.
A.3): “El FMI y el BID coincidieron en señalar que la mayoría de países en América Latina no están preparados para asumir un proceso de dolarización.”
4. El Comercio, 23 de abril del 2000, p. G.1), titula “La región andina, una represa de conflictos” y se refiere centralmente al “Milagro boliviano”, diciendo: “En agosto de este año, Bolivia conmemorará 15 años ininterrumpidos de aplicación de medidas neoliberales, que transformaron su economía. En este período, el Estado abandonó los espacios productivos que había ocupadodesde la Revolución de 1952. Los sectores de hidrocarburos, energía eléctrica, aeronavegación, minería y telecomunicaciones pasaron a depender de transnacionales. Sin embargo, la mayoría de los indicadores muestra que las condiciones de la población son más bajos que el promedio de la región...”
5.]essop, B., (1990) Penn.: Penn State, State Tbeag: pntting states in tbeir plate.
6. Durante el gobierno de Bucharam un dólar estaba a 5.000 sucres y el gobierno que también intentó una dolarización fue derrocado por el Congreso. Ahora, después de transcurridos un par de años, los mismos depósitos se devolverán (cuando sean devueltos) a un tipo de cambio que representa la pérdida de cuatro quintos de su valor. El gobierno no fue depuesto por el Congreso, sino por una revuelta; restituido el Congreso a sus funciones, convalidó todo lo actuado por el Ejecutivo. Esto significa claramente que lo que no era aceptable hace
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poco, es aceptable ahora que resulta extremadamente oneroso para los ahorros cauminos y del personal del ejército. Al nuevo tipo de cambio también resultan salvados los bancos que debieran haber quebrado dadas las altísimas tasas de interés ofertadas.
7. Jijón, Carlos, I-_.on, 13 de diciembre de 1999, p.A.4): “Los bancos... ahora se están quedando con todo: acaparan casas, vehículos, propiedades hipotecadas que aceptan en dación en pago, de manos de deudores que adquirieron obligaciones con un dólar a 5000 sucres...Rápidamente gran parte de las propiedades de los ecuatorianos están cambiando de manos y concentrándose, de manera inaudita, en manos del mismo sector causante de la crisis.”
8. El Universo, 6 de enero del 2000, p.A.l). 9. Hoy, Dinero, 26 de enero del 2000, p.A.S): "PETROECUADOR plantea un incremento promedio del 100 por ciento para el próximo mes de julio, cuando termine el período de congelamiento de precios (adoptado en junio pasado). El galón de gasolina súper debería costar, según el análisis, S/ 32.377; la gasolina extra
S/20.778; el diesel subiría a S/l3.970. Mientras el cilindro de gas de uso doméstico se ubicaría en S/35.000”.
10 Hoy, Dinero, 2 de febrero del 2000, p.A.Z).
11.Hoy, Dinero, 30 de marzo del 2000, p.A.S).
12. Hoy, Dinero, 28 de febrero del 2000, p.A.S).
13.Ver de Werner Bonefeld, 1993, Aldershot, Darmouth: Tbe Raranporitian of the Bn'tLr/J ¡late During t/Je 79801.
14. Marx la utilizó para conceptualizar la expropiación de la tierra de los clanes escoceses por parte de los jefes de clan, devenidos en propietarios capitalistas de la tierra. De esas tierras fueron expulsados los labradores para dejarla libre para los ovinos cuya lana se utilizaba en la producción textil de Manchester.
15. John Holloway enfatizó el proceso de monetización como una progresiva subsunción al capital de todas las relaciones sociales.El mismo proceso de monetización, producto de la sobre-acumulación
capitalista es generador de nuevas crisis.
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Algunos comentarios sobre el trabajo de Guglielmo Carchedi
Rolando Astarita
e manera sumamente
sintética quisiera destacar
algunos de los aportes que considero fundamentales del trabajo de Carchedi que se publica en Cuadernos del Sur.
En primer lugar, Carchedi llama a encarar seriamente la cuestión sobre la dolarización, a partir de lo que está sucediendo en Ecuador y de «papers» en circulación sobre el tema. Esto es, ya no podemos considerar la propuesta de Menem como el mero exabrupto de un gobierno que se acercaba a su fin. «Lo que parecía impensable hasta hace muy poco, está surgiendo como posibilidad concreta», señala Carchedi con razón. Más en general, en su obra Carchedi (ver nota 3) ha tenido el inmenso mérito de encarar desde la teoría del valor trabajo la cuestión de los tipos de cambio y la moneda internacional. Este importante tema, descuidado por los marxistas
-ni siquiera en lo álgido de la discusión sobre intercambio desigual en los setenta fue encarada- hoy está en el centro de muchos debates sobre la globalización y la dinámica del capital y del valor internacional. El artículo que comentamos profundiza en una línea de trabajo que Carchedi está desarrollando, con sistematicidad, desde hace años.
En segundo lugar, (tal vez lo más importante para la política de la izquierda argentina) quiero destacar el enorme mérito de haber planteado el tema de la dolarización en términos del análisis de clase. Efectivamente, Carchedi no analiza la dolarización con el lente nacionalista del perjuicio o beneficio de «la patria oprimida», sino del perjuicio o beneficio de sus clases: la A burguesía, las 4% clases medias,
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los trabajadores o los campesinos - y las fracciones de estos grupos sociales. Así sostiene que la idea de la dolarización en Ecuador ha ganado «porque, a pesar de los intereses encontrados en el interior de la clase dominante ecuatoriana, favorece los intereses económicos de esa clase de conjunto». Incluso cuando hace mención a la pérdida de soberanía, lo hace en el marco de analizar si favorece o no al desarrollo de la lucha de los trabajadores. Por eso también no vacila en reconocer que «una parte de la clase trabajadora ecuatoriana» y la clase media aceptan la devaluación, porque parece proteger sus ahorros, permanentemente erosionados por las devaluaciones. En momentos en que el nacionalismo «progre» vuelve a ser la bandera de lucha preferida de la mayoría de la izquierda argentina abandonando el punto de vista del análisis de la explotación de clase, y por lo tanto del valor y de la plusvalía- Carchedi instala la discusión en un plano cualitativamente distinto a lo que es usual en este país. Para Carchedi no existe beneficio para «la nación», sino para clases (o fracciones) sociales . específicas.
En tercer lugar, nos recuerda que, como lo
demuestra Panamá, la dolarización -y en general las medidas monetarias- no supera las contradicciones reales de las economías dependientes. Por último, destaquemos que Carchedi también toma distancia con respecto a los que defienden la devaluación, porque tanto ésta como la revaluación-deflación son vías para la reducción de salarios, a fin de mantener competitivas
economías tecnológicamente atrasadas en los mercados mundiales.
Planteado esto, quisiera señalar una cuestión que, en mi opinión, merece ser profundizada.
Cuando discute sobre qué sectores podrían verse beneficiados con la dolarización, Carchedi sostiene que «los capitales más grandes, orientados hacia la exportación, estarán a favor de la dolarización», porque «relativamente independientes tanto del mercado interno como de la devaluación». Posiblemente también estarían respaldados «por la mínima minoría que puede ganar con la desigualdad de ingresos que sigue a la dolarización». En cambio, «los capitales menos eficientes, más dependientes de la devaluación y del mercado interno» estarían en contrade la dolarización, aunque obtendrían una cierta
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compensación por la baja de las tasas de intereses que seguiría. Y los más enfrentados serían aquellos sectores que se benefician con un banco central independiente, esto es, el capital especulativo y el sector bancario.
Pienso que si bien este análisis es correcto, queda demasiado atado a una visión del corto plazo, a los beneficios o perjuicios inmediatos. Por supuesto, esos cálculos son a tener en cuenta, pero podría introducirse lo que llamamos «estrategia de acumulación a largo plazo». Sin caer en una visión idealista de la marcha de la historia, hay que reconocer que las fracciones hegemónicas de la clase dominante avanzan elaborando constantemente cursos de política económica de mediano y largo plazo -siempre provisorios, dadas las constricciones y dificultades que encuentran a cada paso, pero no por eso menos importantes. Por supuesto, la amplitud de estas elaboraciones, y sus posibilidades de concreción dependen de muchas cuestiones. Entre ellas, la evolución de la lucha de clases y también de la situación relativa de la burguesía en el mercado mundial. Pero con toda la provisionalidad, la clase dominante no deja de plantearse hipótesis y de trabajar en proyectos a largo o, por
lo menos, a mediano plazo‘.
En este respecto, la cuestión de la dolarización podría entrar en forma creciente en las elaboraciones y proyectos de las fracciones hegemónicas del capital de los países dependientes, en vistas de las transformaciones globales del capitalismo actual y de la inserción -o intento de inserción- de los países dependientes (de sus burguesías) en ellas. En particular, habría que replantear el rol del capital financiero internacional, su vinculación con las burguesías de los países dependientes y cómo favorecería a esta relación una evolución hacia la dolarización. En este punto llamo la atención sobre una idea que hace más de un cuarto de siglo presentó Christian Palloix, sobre que el capital financiero tiene como objetivo principal la reestructuración de la industria a través del dominio de la circulación y el proceso de articulación entre producción y circulación 2. Teniendo en cuenta que la internacionalización de los circuitos del capital dinero y del capital productivo se ha desarrollado de manera cualitativa en los últimos años; teniendo en cuenta, además, la mayor (cualitativamente mayor) imbricación de fracciones de las burguesías dependientes con este capital internacionalizado
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(formación de alianzas, acuerdos de desarrollo de ventas, proyectos, financiamienu) “cundo”, participaciones aedonanagetc),podríamosencom1aruna razóndelargoplazoparaladolanzación plena de la economía.
Esto es,,por encima de los intereses y cálculos de tipo inmediato, habría una «sobredeterminación» de largo plazo para considerar, por lo menos, seriamente la posibilidad de la dolarización. Aprovecho aquí para señalar que esta perspectiva no iría en contra de lo que dice Carchedi, sino apuntaría a introducir más determinaciones a su análisis. Así por ejemplo, sus trabajos sobre las determinaciones del tipo de cambio -que se apoyan tal vez demasiado unilateralmente en la cuestión de las productividades relativas3- podrían enriquecerse con la incorporación al análisis de los flujos de capital, y en particular, de las participaciones de las burguesías dependientes en los circuitos del capital internacionalizado.
Entonces, en la medida en que las fracciones centrales de la clase dominante avanzan y se consolidan en la identificación con un modo de acumulación que hoy es hegemónico a nivel mundial, es posible que las consideraciones sobre la soberanía nacional
pierdan fuerza, frente a las ventajas que ofrecería la participación plena -aun en un rango de burguesía dependiente- en la explotación mundializada de la fuerza de trabajo. Todo lo que dice Carchedi sobre la presión de la dolarización para imponer menores salarios y peores condiciones de trabajo, en beneficio del conjunto de la clase dominante, daría otro argumento para estas consideraciones de largo plazo.
Por otra parte, en este interés de largo plazo encajarían perfectamente los capitales dinerarios -bancos, inversionistas de cartera- de los países dependientes. Obsérvese que en el caso de Argentina, a pesar de que el tipo de cambio fijo -y, como explica Carchedi, la dolarización actúa en el mismo sentido- privó a estos sectores de los muy buenos negocios especulativos que realizaban en la época de las devaluaciones diarias, por otra parte les permitió participar en un grado mucho mayor del circuito internacionalizado del capital financiero.
En definitiva, lo que estoy planteando es considerar si la dinámica europea con el euro, y los impulsos a la dolarización en América latina, obedecen no sólo a la lógica de las rivalidades interimperialistas, sino también a esta dinámica profiinda que
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estaría marcada por el capital financiero globalizado, y de la que participan las clases dominantes (o sus fracciones más fiiertes) de los países dependientes. Por supuesto, todo esto demanda mayores estudios. En especial, hay que profundizar en la cuestión del intercambio desigual. Muchas son las preguntas pendientes. Por ejemplo, ¿sigue manteniéndose la misma brecha entre países adelantados y atrasados“? ¿qué significa la revaluación de las monedas de muchos países dependientes, en términos de los movimientos de largo plazo? ¿qué implicancias tiene esto para el ataque del capital en los países centrales a los bastiones del movimiento obrero sindicalizado? Y digámoslo una vez más, el trabajo de Carchedi ha abierto una buena senda para avanzar en estas cuestiones. Notas
1. Estas discusiones se plasman en el trabajo de los ideólogos de la clase dominante - npapers», artículos periodísticos, trabajo académico, en Conferencias y Encuentros de refexión, y similares, nacionales e internacionales. Los proyectos y cursos de acumulación están así en constante discusión y reelaboración; pero no por ello están desprovistos completamente de estabilidad y coherencia a lo largo del tiempo.
2. Ver Las firmas multinacionales y el proceso de internacionalización, Siglo XXI, México 1975.
3. Ver Frontiers of Political Economy, Londres Nueva York, 1991.Un mérito del trabajo de J.T. Harvey sobre el tipo de cambio es el haber introducido la importancia de los flujos de capitales -y de las actividades especulativas como reforzadoras de tendencias-' en la determinación del tipo de cambio. Ver al respecto «A Post-Keynesian view of exchange rate determination» en Journal of Post Keynesian Economics, 1991, l (14). El enfoque post keynesiano de Harvey lo limita en cuanto, a las consideraciones sobre el valor; en este respecto, las elaboraciones de Carchedi tienen una profundidad y relevancia mucho mayores. Pero esto no impediría enriquecer el enfoque basado en las cuestiones del valor -tiempos de trabajo y productividad- con las otras determinaciones que toma Harvey. Espero poder presentar a la brevedad algo más elaborado sobre esta cuestión.
4. En Frontiets... Carchedi sostiene-que la brecha salarial entre países adelantados y atrasados seguía siendo tan grande como en los setenta, cuando el debate sobre el intercambio desigual. Notemos sin embargo que Arghiri Emmanuel hablaba de diferencias salariales que iban desde los 25 centavos de dólar por día, en algunos países atrasados, a 3 dólares por hora (una diferencia de 1 a 96); y en general, de diferencias de 1 a 20 o 30. Parece claro que aquellas distancias salariales hoy se han achicado. ¿Marca esto una dinámica más general? Y en ese caso, ¿qué implicancias tendria para el intercambio desigual, y sobre todo para la homogeinización «hacia abajo» dela fuerza
laboral?
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¿La Organización Mundial del Comercio? Paren de controlar el mundo
William K. Tabb
El 30 de noviembre de 1999, cuando la organización Mundial del Comercio (OMC) abrió su tercera ronda de encuentros de ministros, los tres mil delegados oficiales, los dos mil periodistas y los miles de observadores registrados oficialmente fueron completamente sobrepasados por las decenas de miles de manifestantes que vinieron de todo el mundo para denunciar a la organización. Los números estimados por los manifestantes trepan hasta los cuarenta mil, según el Seattle Timer, que contó a sus lectores que las manifestaciones fueron más grandes que aquellas de 1970, cuando veinte a treinta mil personas (diez mil según el Seattle Timer) cortaron la ruta Interestatal 5 para protestar contra la guerra de Vietnam. El paralelo es apropiado. El creciente movimiento de oposición a los esfuerzos de las instituciones tipo la OMC para tomar el control de la dirección de la economía internacional puede muy bien ser el movimiento popular de protesta más grande en los últimos veinte años o mas.
El presidente Clinton, atento a que las chances de éxito de su vicepresidente en sucederlo descansan en las manos de los votantes del Partido Demócrata, y que esos votantes estaban en las calles de Seattle, jugo un doble juego. Y eso hizo también el intendente de la ciudad, consciente de que gran parte de su ciudad apoyaba a los manifestantes y sus preocupaciones, a pesar de los informes de diarios y televisión que hacían propaganda acerca de la importancia del “libre” comercio para la prosperidad de la ciudad. El presidente, habiendo tratado primero de presentar la cuestión como una elección entre libre comercio según los términos del capital o no libre comercio en absoluto (la pretendida
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elección de los “luddistas”),. instintivamente se movió hacia. su retórica gastada de “sientan su dolor” (feel your pain). Los derechos del medio ambiente y del trabajo fueron, retóricamente, apoyados píamente, mientras en realidad la libertad de las corporaciones para contaminar y explotar recibieron un margen aun mayor.
El intendente de Seattle, bajo una preocupación similar, fracasó en explicar por qué miles de manifestantes no-violentos que bloqueaban las intersecciones recibieron disparos de balas de goma a corta distancia que produjeron heridas, gases lacrimógenos y spray irritante. Tampoco pudieron explicar por qué las acciones de un pequeño grupo de “anarquistas” fueron utilizados para criminalizar las protestas pacíficas y para justificar arrestos arbitrarios de aquellos que se rehusaron a ceder su derecho a protestar pacíficamente o de aquellos que simplemente, según la policía, estaban en “el lugar equivocado” El intendente orgullosamente sostenía defender la libertad de expresión mientras la prevenía en forma efectiva, así como el presidente decía defender los derechos laborales y del medioambiente mientras apoyaba la agenda completa de la codicia de las corporaciones, como lo viene haciendo de manera consistente a lo largo de toda su carrera.
Este intento de manipular, o “dar vuelta”, la protesta fue un fracaso estruendoso. No puede haber ahora ningún malentendido sobre la fuerza o el nivel de compromiso y comprensión de este movimiento radical emergente contra la globalización corporativa. Anticipándose al encuentro de Seattle cientos de organizaciones de base de cerca de setenta y cinco países llamaron a la resistencia al creciente poder de la avaricia corporativa. La OMC fue un blanco apropiado, porque por su contribución a la concentración de la riqueza, incrementando la pobreza y un modelo de producción y consumo no sustentable. Las organizaciones denunciaron que las reglas y procedimientos de la OMC son antidemocráticos y sirven para marginalizar a mas de la mitad de la población mundial, atrapada en la inestabilidad y degradación social de un proceso de globalización sin control social. Como secuela de Seattle este movimiento es mas fuerte y comprometido, y también,
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probablemente, mas amplio y efectivo.
Ya que muchos ciudadanos no conocen qué es la OMC ni como sus acciones modifican sus vidas, los grupos -que abarcan desde la Red de Iglesias Cristianas Unidas para la Responsabilidad Económica y Medioambiental hasta la Pax Romana de Tailandia, desde Acción Verde de Tel Aviv hasta Biblioteca Verde de Latvia, desde grupos de derechos humanos de, Camerún hasta la Red por la Biodiversidad de los Pueblos Indígenas del Perú, desde Pax Christi de Florencia hasta Estudiantes Unidos contra las Maquiladoras- se han involucrado en un esfuerzo coordinado para presentar a la OMC una visión desde abajo. Ellos han intentado mostrar lo que la OMC significa para los trabajadores del mundo, el medioambiente, y el futuro de todos los que viven en el planeta. Seattle fue una lección global.
Los funcionarios de la OMC sostienen que “lo que tenemos aquí es un fracaso en la comunicación”, que la pasión en las calles se baso en la ignorancia e ilustraba la necesidad de que la OMC “informe y eduque” al público en general acerca de lo que la organización “realmente hace”. ¿Qié es lo que hacen realmente? Un funcionario de la oficina del Director General dice, “Si usted piensa en el lugar como en un bazar donde todos los comerciantes del mundo se reúnen y regatean, no esta muy alejado de la realidad”. Bastante lejos, sin embargo. La mayoría de la población mundial no esta representada. Su trabajo es devaluado por las corporaciones transnacionales (ETs) que vienen a regatear y los poderes centrales (fundamentalmente los Estados Unidos) que imponen sus preferencias en las negociaciones o en el regateo. Pocos países en desarrollo tienen el mismo nivel de experiencia en los intrincados legalismos, algunos son demasiado pobres para siquiera tener representantes en estas reuniones. Y los países desarrollados son, en la mayoría de los casos, representados por una elite que hace tiempo se ha vendido al centro del capitalismo global. Los ricos y poderosos establecen las reglas y las reglas, no nos sorprende, favorecen a los ricos y poderosos. El regateo es una cuestión dentro de la elite pero, como resultado de la militancia popular, esta creciendo un desafío.
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Revisemos de dónde vino la OMC, cómo trabaja, por qué los manifestantes quieren un cambio revolucionario de las reglas del sistema mundial de las ETs. Comencemos en La Habana en 1948 donde la mayoría de las naciones líderes en el comercio mundial se reunieron para acordar la formación de una Organización Internacional del Comercio (OIC). La idea era imponer un orden en el sistema mundial de intercambio para evitar el tipo la espiral descendente ocurrida en los años 30 -un colapso que amenazó la propia existencia del sistema capitalista. Como las corporaciones de los Estados Unidos salieron de la guerra sin rivales capitalistas, confiaron en que prevalecerían en una competencia con una Europa postrada. Qie el “libre comercio” favorece a la economía dominante no fue un descubrimiento nuevo y los elementos del capital corporativo y financiero que apuntaban a un mayor beneficio prevalecieron en la rama ejecutiva para desarrollar la OIC. Pero un poderoso sentimiento nacionalista en el Congreso temió la pérdida de soberanía norteamericana en manos de un gobierno mundial, rechazó ser guiado por una agencia de gobierno que podría en un futuro escapar al. control estadounidense y se negó a ratificar el tratado de la OIC.
Un acuerdo preliminar fue alcanzado en el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT), funcionando como un marco temporal hasta la puesta en marcha de la OIC. Con la negativa de los EE.UU. de unirse a la OIC, el GATT se convirtió en un acuerdo permanente. No tiene poder de sanción ni es siquiera formalmente una organización. Casi por cerca de cincuenta años, luego de una serie de rondas, fue el foro en el que las negociaciones tuvieron lugar para bajar las tarifas (impuestos sobre las importaciones que inhiben y, si son lo suficientemente altas, impiden el comercio). En retrospectiva algunos economistas fundamentalistas del mercado y otros están satisfechos con que la OIC no funcionara porque era una criatura de su tiempo. En el periodo de posguerra todas las- naciones acordaron que el pleno empleo era un- objetivo central para cualquier acuerdo económico internacional, que los derechos de los trabajadores deberían ser protegidos, que
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demasiado poder del mercado y dominio de las grandes corporaciones debía ser evitado por leyes antitrust y que las nuevas naciones emergentes, mas débiles, debían tener tratamiento preferencial para ayudarlas a superar el legado del colonialismo y subdesarrollo. Todos estos principios eran parte del marco de la OIC.
Ninguno es parte de la OMC, que surgió en 1995 superando cierta oposición del,» congreso (otra vez de aquellos que temían una pérdida de soberanía). En su primera reunión en Singapur en 1996, después de una apasionada discusión acerca de las derechos laborales y la protección del medio ambiente, se decidió que estos no eran problemas comerciales y no debían ser considerados por la OMC, tampoco se establecería un tratamiento especial para los países en desarrollo y se excluiría la creación de “condiciones equitativas para todos”. Ciertamente no hubo previsión de control sobre el capital transnacional como lo desearon las naciones en desarrollo en su llamado para el Nuevo Orden Económico Mundial en la ONU en los años 70, al que se resistieron las naciones más ricas. Para la OMC, la desregulación (y una mayor libertad para el capital transnacional para hacer lo que desee, donde y cuando lo desee) es la única agenda.
En el preámbulo para la OMC, se enumera todo tipo de elevadas y buenas intenciones: que el comercio debería contribuir a una elevación de los niveles de vida, a asegurar el pleno empleo, a respetar el medioambiente. Pero no hay nada de estas cuestiones en su operatorio real. En el mecanismo revisado de la política comercial de la OMC no hay nada acerca de evaluar el impacto de estas reglas sobre los trabajadores, los consumidores y el desarrollo sustentable. El postulado fundamental de la OMC es que la liberalización del comercio y la inversión conduce a más competencia, mayor eficiencia del mercado y así, necesariamente, a niveles de vida mas altos. Si los factores de producción -capital, trabajo y tierra (incluídos los activos ambientales)- tienen un precio apropiado, serán usados de la mejor manera posible gracias a la Mano Invisible, o eso dice la fábula.
Otras cuestiones —derechos humanos, derechos laborales y temas ambientales- no son asunto de la OMC, una organización con poder de coerción sobre los gobiernos nacionales. Más aún, ellos son relegados a
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otras organizaciones internacionales de fines específicos sin poder alguno sobre las ETs ni sobre los gobiernos. La división entre las instituciones poderosas (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC que manejan el dinero) y las organizaciones sin poder (que se ocupan de las cuestiones que son importantes para la mayoría de los habitantes del mundo) permite que las agendas de las grandes corporaciones puedan ser llevadas adelante mientras la retórica interminable de “sientan su dolor” se despliega por abajo.
La imposición de condiciones equitativas para todos se supone asegurada a través del mecanismo de discusión de la OMC y de la imposición de sus juicios por parte del país que tiene exitosos y desafiantes violadores de esos mismos juicios. No hay advertencia alguna de que los países pobres están en desventaja en tales procedimientos legales adversos y a menudo no se atreven a desafiar o imponer juicios en contra de las naciones más poderosas debido a la influencia que los ricos tienen sobre los pobres y menos poderosos.
Aún más, sólo los países han conseguido el derecho a participar en los procedimientos de la OMC. Los pueblos indígenas como los Ogone, quienes podrían denunciar a la Shell por lo que esta haciendo a sus tierras (con la activa participación represiva del gobierno de Nigeria), no tienen ese derecho. Tampoco los habitantes de Nueva Guinea Occidental, ya que la participación sólo es otorgada a gobiernos —como el gobierno indonesio, que se negó a respetar los derechos de los ciudadanos en Nueva Guinea Occidental, asesina a manifestantes y roba los recursos dejando el medio ambiente devastado. Tampoco son reconocidas las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), algunas de las cuales podrían defender los derechos de los pueblos indígenas o de los trabajadores fabriles que son reprimidos, encarcelados y asesinados por sus gobiernos en la línea de intereses de un buen clima laboral para las multinacionales. La OMC es un foro para los derechos de comercio del capital sobre los términos negociados por las agencias gubernamentales, que representa los intereses del capital. Ningún otro derecho cuenta.
Publicado en Mont/¿ly Rezu‘eul, vol. 51, nro. 8, enero de 2000. Traducción de María R. Lorenzo.
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Editorial
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La izquierda en el fin del milenio Marxismo y socialismo hoy
Terrorismo y derecho ¿Modernidad, posmodernidad o capitalismo? . Begionalización económica mundial y sus consecuencias
La dolarización, cl señoreaje vel Euro
Comentario al trabajo de Carchedi
¿Dolarización, devaluación o qué?
Neoliberalismo, capitalismo popular y acumulación primitiva en Ecuador y
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