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andamos del Sur
Año 17 - N9 31 Abril de 2001
Tlerggffucgo
Consejo Editorial Argentina: Eduardo Lucita, Roque Pedaoe. Alberto Plá, Alberto Bonnet. Carlos Suárez
Brasil: Enrique Anda, Florestán Fernandes [1920-1995] Bolivia: Washington Estellano
Chile: Alicia Salomone
Perú: Alberto di Franco
México: Alejandro Dabat, Adolfo Gilly. Alejandro Gálvez C., John Holloway
Escocia: Werner Bonefeld
España: Daniel Pereyra
Francia: Hugo Moreno / Michael Lówy
Italia: Guillermo Almeyra
Rusia: Boris Kagarlitsky
El Comité Editorial está compuesto por los miembros del Consejo Editorial resi- dentes en Argentina.
Colectivo de Gestión Mariano Resels, Gustavo Guevara. Katharina Zinsmeister, Leónidas Cerruti, Rubén Lozano, Hernán Ouviña, Juan Grigera
Coordinación artística Composición y Diagramación: Juan Carlos Romero Taller del Sur lsotipos de tapa:
Basta. Tinta. Clorindo Testa. 1995 Grabado. Caños Alonso. 1966 Toda correspondencia deberá
Cuadernos del Sur, número 31 dirigirse a:
publicado por: Casilla de Correos N9 167. 6-B. Editorial Tierra del Fuego (1406) Buenos Aires, Argentina Argentina, abril de 2001. Email: odselüametcomar
animos del sur
incluye los sumarios de sus ediciones en la base de datos de Latbook (libros y revistas)
Disponible en Internet en la siguiente dirección: http.//www.latbook.oom
EDITORIAL:
JOACHIM HIRSCH EDUARDO LUCITA RUBEN LOZANO/ PATRICIO BRODSKY
EZLN:
JOHN HOLLOWAY:
ROBERT BRENNER CLAUDIO KATZ.
ALBERTO BONNET
BEN FINE/ COSTAS LAPAVITSAS/
Indice
Foro Social Mundial:
Recuperando la esperanza ....................... .. 7 Crisis Adiós a la política .................................... .. 15 Politizar la resistencia ............................... .. 31
Apuntes sobre la representación política. ¿Renegación del sujeto? ................. ........ .. 4B
Comunicado de la comandancia rebelde
desde. Nurio .............................................. .. 49 El capital se mueve ......... ....................... .. ‘55 Turbulencias
La economía de la turbulencia global ..... .. 71 La teoría de la crisis en el nuevo
debate Brenner ......................................... .. 79 Competencia, lucha de clases y crisis ..... .. 94
Indagando la economía mundial:
DIMITRIS MILONAKIS dos pasos atrás ..................................... 117
José Lungarzo 1922 — 2001
Obrero metalúrgico, militante sindical, dirigente político,.]uan en su lar- ga vida partidaria y clandestina, murió de modo inesperado: le falló el co- razón, justamente a él que tanto corazón tenía y que tanto valor había de- mostrado.
AJuan le tocó entrar y caer en este siglo, en un momento negro, tras ha- ber participado en más de cincuenta años de luchas para imponer la luz y alejar las tinieblas, como infatigable tejedor de ideas y organizaciones. Se fue alos 78 años, calladamente, como los proletarios, cumplida su tarea, con lo que tenía: sus ropas gastadas y sus herramientas, las teóricas, con las que se- guía reparando gentes, construyendo utopías, y las materiales, con las que arreglaba los motores de los lujos ajenos.
Hombre de hilar fino, tan fino que muchas veces le costaba concretar, sus últimos esfuerzos estuvieron puestos en reanimar los grupos socialistas independientes buscando sintetizar su experiencia de intransigencia en los principios y flexibilidad en la práctica del marxismo revolucionario.
No figuró nunca en nuestro Comité Editorial ni en nuestro Consejo de Redacción, así el lo quiso, pero fue desde el inicio mismo de Cuadernos del Sur uno de sus principales sostenedores, con su pasión por las ideas y sus lecturas críticas, con su sencillez y su tenacidad, era un Compañero de con- sulta indispensable.
Con su riquísima humanidad, José (Juan) será siempre un imprescindible.
Comité Editorial Buenos Aires, abril 2001
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Postales de la Comuna 1871 - 2001
El historiador siempre olvida algunos detalles llenos de colar Antonin Artaud
l. Corría 1871 en la ciudad de París. El calor del fuego arreciaba las frentes de nu- merosos transeúntes de la calle principal, que llevaba a la plaza principal. Algunas ban- deras rojas y negras flameaban al compas del viento, como preanunciando quién sabe qué acontecimiento inolvidable. En 'un pequeño banco, un joven se aprestaba a intro- ducir suavemente unos gramos de pólvora en su escopeta. Respiraba una y otra vez por su boca, ya que desde muy pequeño se acostumbró a hacerlo de esa manera. En nume- rosas ocasiones, había intentado contenerse cerrando sus labios, pero el ejercicio siem- pre terminaba siendo en vano. Lo cierto es que esa mañana, en pleno apogeo insurrec- cional, se disponía a realizar un certero disparo. Su objetivo era el reloj, de la ciudad. “El tiempo -pensaba- ya no será el mismo después de este evento tan glorioso”. Había, pues, que detenerlo. No dudó un instante más. Apuntó su desgastado rifle y presionó el gatillo [como quien acaricia a una amante. La bala salió despedida, relampagueante y voraz. El disparo había dado en el blanco. Las agujas sangraban heridas de muerte, y los envejecidos números masticaban con igual rabia el hecho. Nacía una nueva época, y ese disparo no era más que el re'qaiem, escrito en el aire, para un agonizante tiempo homogeneo.
2. Las mujeres trasladaban los escombros. Los hombres, los pocos fusiles que aún quedaban con balas. A las puertas de París, las tropas de Thiers acechaban como un lobo indómito. Dentro de un barril, muerto de miedo, se escondía un vagabundo llamado Louis. El había visto, por primera vez, bailar hasta el amanecer a los ancianos y niños de la ciudad. No entendía muy bien qué significa eso de la “abolición del Estado”, pero se sentía muy a gusto con quienes lo pregonaban a gritos por las calles, en especial con aquellos más radicalizados que, movidos por su ira, habían destrozado a mazazos la antigua iglesia del pueblo, esa misma que le negaba en tiempos pasados asilo. De ahí que, afrontando su temor extremo, decidió ayudar en las precarias barricadas, armadas a lo largo de su enorme morada a cielo abierto. La palabra libertad era en aquel ámbito más concreta y material que nunca, y eso Louis lo sabía, aún sin haber leído a Proudhon, Marx o Blanqui. “¿Sabes que es la revoluciónP’, susurró al oido de una rubia muchacha, cuya cintura denotaba el germen de una vida nueva. La joven, dubitativa, no arriesgó definición alguna. Sonriendo, Louis le dijo: “es el orgasmo del pueblo, y lo más grandioso es que se está consumando en mi propia habitación”.
Hernán Ouviña
6 Abril de 2001
Recuperando la esperanza
“¿Cómo será el mundo que vendrá, cómo será el Siglo XXIP, Somos gente del siglo pasado, es tiempo de imaginar el siglo que vendrá. Qué tal si ejercemos la fantasía de soñar.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como una máquina del pasado. En ningún país habrá servicio militar. Los políticos no tendrán caras tristes. El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, la comunicación dejará de ser un negocio porque es un derecho humano. La educación no será un privilegio de quienes puedan pagarla. La Justicia y la Libertad serán hermanas siamesas que ya no estarán condenadas a marchar por separado. Una mujer negra será presidenta de Brasil y en EEUU una mujer negra será presidenta. En la Argentina ‘las locas de Plaza de Mayo’ serán consideradas ejemplos de salud mental. Seremos compatriotas de todos aquellos que tengan aspiraciones de justicia. Cada noche será vivida como la última y cada día como si fuese el primero.”
Fxto de Eduardo Galeano leído m la sesión inaugural del
n mundo de mundos pa-
reció configurarse en la
multicolor pluralidad de-
mocrática que durante
seis intensos días se- expresó en el
Foro Social Mundial de Porto Ale-
gre, para decir con sus voz colectiva que “Otro mundo es posible”.
Trabajadores ocupados y desocu-
pados; campesinos, indígenas y afro-
Foro Social Mundial - Porto Alegre 2001.
americanos; feministas, ambientalis- tas y ecologistas; jóvenes, estudiantes e intelectuales..., dejaron allí testimo- nio que el encuentro reflejaba, como un espejo, las innumerable luchas que cotidianamente recorren el mun- do resistiendo esta fase de la mundia- lización capitalista que es la globali- zación neoliberal.
Más de 900 organizaciones socia-
Cuadzmas del Sur
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les y políticas; casi 16.500 inscrip- tos; 200 parlamentarios provenien- tes de 29 países; 1.600 periodistas acreditados; 18.000 personas diarias en el predio; 450 talleres y sesiones de debates, son una muestra del éxi- to de la convocatoria, pero también de la capacidad de los organizado- res, que combinó creativamente una estructura sólida capaz de contener la multiplicidad de actividades con la anarquía propia y saludable de quienes están dispuestos a cambiar el orden de cosas impuesto.
El FSM ha sido importante no sólo por el número de asistentes —de hecho nunca hubo un evento que reuniera la cantidad de movimien- tos y organizaciones sociales que allí hubo- sino por su repercusión mundial. El hecho que algunos de los grandes “patrones” del mundo reunidos en Davos tuvieran que aceptar la teleconferencia con Porto Alegre es un indicador más que em- blemático.
Qie el Foro Social Mundial se realizara en Porto Alegre no ha sido solo confrontar el sur al norte. Sino fundamentalmente realizarlo en una ciudad que puede mostrar al mundo, luego de 12 años de estar gobernada por el PT, un modelo de gestión de la cosa pública no sólo diferente sino exitoso y legitimado socialmente por la participación de- mocrática de los ciudadanos.
Pero el éxito del FSM no es resul- tado de un rayo caído de un cielo
sereno. Tiene bases materiales y re- conoce antecedentes. La “Conferen- cia Intercontinental por la Humani- dad y contra el Neoliberalismo” (1996) convocada por el zapatismo debe situarse como un punto de partida ineludible, la postergación por la OCDE (en 1998) del Acuer- do Multilateral de Inversiones (AMI) fue un indicador de posibili- dades, pero ha sido desde la Batalla de Seattle (1999), que hizo fracasar la ronda del milenio de la Organiza- ción Mundial de Comercio (OMC), que una nueva situación se ha abier- to paso a nivel mundial.
En sólo un año una oleada de lu- chas se ha derramado por el mundo (Washington, Praga; Seúl, Bangkok; Niza; París.) abonando el sendero que llevó a Porto Alegre en los pri- meros días de este año 2001. El fin de la guerra fría y la política de en- frentamiento entre “campos”; la pérdida de legitimidad social del neoliberalismo y la agudización de las contradicciones interimperialis- tas son elementos constitutivos de este cambio a nivel mundial que se verifica desde la última década, y que acelera los procesos, abriendo espacios en los que un intemaciona- lismo de nuevo tipo se está configu- rando rápidamente.
Comprender 'este proceso de confluencia, que alberga una fuerte heterogeneidad social y que supera las formas de resistencias tradicio- nales, resulta indispensable al mo-
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Abril de 2001
mento de trazar un balance objeti- vo del FSM y sus potencialidades. Porque hasta ahora el movimiento había demostrado un gran capaci- dad para neutralizar, para desorga- nizar, las convenciones de los pode- rosos del mundo. ¿Pero, cuál era su orientación‘ futura? ¿Cuáles eran sus objetivos y su capacidad real pa- ra promover cambios en la situa- ción general?
En Porto Alegre el debate superó el de las formas de resistencia para avanzar en la constitución de una alianza mundial contra el neolibe- ralismo y- sus consecuencias. Allí el FSM logró concentrar fuerzas e in- telecto, en calidad y cantidad sufi- cientes, como para intentar avanzar en el diseñocde un mundo diferen- te, como para poner a debate un proyecto alternativo.
¿Por qué ha sido posible ahora? Es que el neoliberalismo en su arro- llador avance dejó un saldo de con- secuencias y reivindicaciones co- munes en casi todos los países.
En efecto:
Incrementó fuertemente las desi- gualdades y la precariedad, promo- viendo una caída estructural de las
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Generó un nivel de endeuda- miento en casi todos los países sub- desarrollados que condiciona total- mente a los administradores de tur- no.
° Potenció la agresión al ambiente hasta llevar al borde del colapso el equilibrio ecológico;
° Incentivó los valores individuales y la competencia, acentuando el se- xismo, el racismo y la xenofobia, posponiendo los valores solidarios y el respeto por las diferencias.
Son estos núcleos de consecuen- cias comunes los que constituyen la base material para un internaciona- lismo de nuevo tipo. Son estos nú- cleos de consecuencias los que per- miten que por primera vez en déca- das estén dadas las, condiciones para luchar por objetivos comunes.
Claro está que Porto Alegre tam- bién mostró que esta alianza social mundial que se está constituyendo, necesita ser profundizada y aun re- forzada, definiendo sus perfiles ideológicos:
° El caso del sindicalismo es por demás emblemático. En el FSM es- tuvieron presentes delegaciones del sindicalismo argentino obviamente
Mbyvs
Cuadernos ¡1:1 sur
ha tenido una representación muy amplia y numerosa, mostró una fuerte organización a nivel mundial. Sin embargo su propuesta de sobe- ranía alimentaria, y hasta cierto punto de defensa de la propiedad agraria familiar y del “derecho a vender en nuestros propios merca- dos” genera contradicciones al inte- riOr del propio movimiento y en las delegaciones de diversos países.
° La fuerte presencia del feminis- mo que no obstante su despliegue no logró imponer sus propuestas de legalización del aborto.
' Nose puede dejar de señalar que frente a los avances hegemónicos del imperialismo estadounidense y su imposición del Área de Libre Comercio para las Américas (AL- CA) haya sectores que impulsen un fortalecimiento del MERCOSUR, como si este fuera ajeno a los inte- reses de las grandes corporaciones de la región.
° La relación entre movimiento so- cial y representación política es otra cuestión a zanjar. Tanto como nu- merosa fue la presencia de organiza- ciones sociales, débil fue la presen- cia de partidos. Contradictoriamen-
pel central.
El Foro Social Mundial de Porto Alegre 2001 expresó un reagrupa- miento de fiierzas sociales y de per- sonalidades que va más allá de inte- reses corporativos y nacionales, aun- que muchos de estos movimientos no tienen definiciones antisistema o anticapitalistas.
Existe el riesgo de que algunos movimientos puedan ser fácilmente cooptados por variantes sociales del neoliberalismo; o que las ONG’s ter- minen siendo utilizadas como ele- mentos de apoyo para viabilizar de- terminadas políticas de los organis- mos intemacionales. Pero también es cierto que conviven allí movimien- tos claramente antisistema en los que quienes se reivindican del socialismo deben apoyarse para darle a esta re- sistencia intemacional antineoliberal una perspectiva anticapitalista.
Es claro que estas contradiccio- nes estuvieron presentes al momen- to de definir la continuidad del Fo- ro en los años venideros, y sus futu- ras sedes. Y también lo estuvieron cuando se debió resolver un docu- mento final que lo sintetizara, y que no pudo ser porque “..no hay posi-
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bilidad de albergar en un solo d'ocu- mento la diversidad de las proble- máticas planteadas”.
No obstante un numeroso grupo de organizaciones sociales, sindica- les, políticas y culturales, entre las que se encuenna Cuadernos del Sur, logró consensuar un documento, el “Llamamiento de Porto Alegre a las próximas movilizaciones”.
Este documento parte del conjun- to de las reivindicaciones sectoriales
para articularlas en una proto-plata- forma común y establece un calen- dario de actividades y' acciones co- munes -la primera es la Batalla contra el ALCA que tendrá lugar en Bue- nos Aires y en Qiebec, en el presen- te mes de abril- que darán vida con- creta al FSM hasta su próxima con- vocatoria en Porto Alegre 2002.
Eduardo Lucita Buenos Aires, abril del 2001
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Hipólito Yrigoyen l l 16 (1088) Buenos Aires
Cuadernos del Sur
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Crisis de representación: ¿qué crisis?
a discusión en tomo a la crisis de representación ha cobrado un
notable impulso en los últimos años. Democracia delegativa, ahue-
camiento de los mecanismos de participación, erosión de las insti-
tuciones políticas, o desprestigio de los partidos políticos tradi- cionales, son todos términos que, de una manera u otra, aluden a una misma problemática.
¿Qié se entiende por representación? ¿puede acotarse la acción de la transformación a la mera delegación política, esto es, a decidir cada dos o cuatro años quién decidirá por nosotros? ¿debe, por el contrario, politizarse lo social? ¿o más bien la acción tendría que orientarse hacia la socialización de la política?, son sólo algunos de los interrogantes que sobrevuelan el debate. Los tres trabajos presentados a continuación intentan indagar, desde un espacio crítico, en los por qué de este creciente desencanto por la política, buscando esbozar al menos algunas posibles respuestas. Más allá de las disparidades teóricas, comparten en conjunto una misma preocu- pación: cómo entender la presente crisis de representación en paralelo a un incremento de las luchas sociales y políticas.
El artículo de Joachin Hirsch envía al cementerio de la historia a la política vinculada al poder del Estado, propugnando el nacimiento de un “reformismo radical” que, de la mano de los nuevos movimientos sociales, revitalice la lucha socialista en base al desarrollo de posiciones de con- trapoder y estructuras independientes vinculadas a nivel internacional.
El texto de Eduardo Lucita se interroga sobre las condiciones de posi- bilidad para gestar una nueva representación política del conjunto de los trabajadores y las clases subalternas, asumiendo que los partidos políticos han intemalizado la crisis del Estado “intervencionista” y, por tanto, ya no se muestran aptos para mediar en la relación Estado/sociedad civil.l
Por último, las notas escritas por Rubén Lozano y Patricio Brodsky bus- can impugnar teoricamente la llamada “crisis de representación”, articulan-
Cuadernos dal Sur ' 13
do los conceptos de sujeto, crisis, hegemonía y re-presentación. De lo que se trata, dirán los autores, es de que el sujeto represente la crisis, poniéndola en acto a través de la práxis transformadora.
“No bay que sudar calentura ajena” fue la respuesta de numerosos revolu- cionarios ante el colapso de los regímenes del este. La frase puede ser resig- nificada para el debate actual. Hay que encontrar, sí, los nudos anticapital- istas que se inscriben en el creciente repudio por parte de vastos sectores sociales hacia la representación formal e institucionalizada.
Desde esta perspectiva, debemos ser conscientes que, como expresara Alberto Bonnet en un reciente artículo referido al tema,2 “la alternativa que enfrentamos se resuelve entre un mercado anómico de Votantes escindidos por la violencia traumática del capital o un sujeto autónomo y autorgani- zado”.
Hernán Ouviña
Notas
1 Para un desarrollo de este punto, veáse también el interesante artículo de Jean Marie Vincent y Toni Negrier un nuevo modelo de representación poh'tica, Cuadernos del Sur N°l7, mayo de 1994. 2 Saber, army votar. 1999; alta-iones vitaminas, Cuadernos del Sur N°Z9, noviembre de 1999.
P e ri fe ri as Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas
14 Abril de 2001
Adiós a la política
Joachim Hirsch
a política solí tenderse trad nalmente '
socioeconómicos y,“ cepciones de ordenE consideraba demo, cuando los afectado
por cierto, bajo las capitalismo burgués, esta participa- ción sólo pudiera darse de manera muy limitada.
Hoy, tanto la capacidad configu- r-ad'ora como también el carácter de- mocrático de la política están cues- tionados. La definición imperante de la política la reduce cada vez más cla- ramente a la administración más o menos eficiente del orden existente, a la adecuación más o menos lograda a imperativos supuestamente objeti- vos e inamovibles, productos de una
tecnología desencadenada o de. un
mercado mundial incontrolable.
'scusión política ya ' alrededor de la de- de objetivos socia- mativos, ni siquiera reses en conflicto, el gerenciamiento tus quo.1 uchos d'e los que se caban antes con la izqur, da y se considera- ban d alguna manera opo- srtores al siste I a, hablan hoy de “ci- , Éstalismo, de munirlo o demócráticos y de de- rechos humanos, lo cual alguna vez y, con toda razón, se decía incom- patible por principio. Por otra parte, esta situación también está condu- ciendo a que cada vez sean menos los individuos con expectativas ha- cia el quehacer político, a que se im- ponga una percepción del escenario político como una sección poco en- tretenida del show business mediático y a que crezca la tendencia a juzgar al personal político menos por los resultados de su accionar que por su presencia, su simpatía o “credibili- dad” actoral.
Cuadernos del Sur
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El hecho de que la política se re- dujera a una suerte de administra- ción de la competitividad nacional2 se relaciona estrechamente con los cambios sociales ocurridos desde los años setenta a consecuencia de la crisis del capitalismo fordista de posguerra: por una parte, la rees- tructuración neoliberal denominada “globalización”; por la otra, el ocaso del “socialismo real” y, concomitan- temente, el fin de la confrontación entre sistemas. Si fuera cierto que se llegaba al “fin de la historia”, como en ese entonces se decía (Fukuya- ma), también implícitamente se hu- biera alcanzado simultáneamente el fin de la política en mayúsculas. Pues, donde ya no existieran altema- tivas históricas, no quedaría nada para transformar y sólo habría que garantizar la permanencia del orden existente y ' gurar su regular funcio miento contra cualq. falla eventual. Las co. cuencias sociales cada l más catastróficas que cisamente este func . miento produce en e go plazo se consider an tan lamentables como “ire: vitables. Así, quedaria " la esperanza de que tástrofe sociopolíticaaj nómica o ecológica si se algo más en llega
Tales percepcion nen un trasfondo ernïi
real. Por un lado, el rotundo y defi- nitivo fracaso de los grandes proyec- tos de transformación soCial del si- glo xx, es decir, de los experimentos de transformar la sociedad por me- dio del Estado, tanto de los refor- mistas socialdemócratas como del socialismo estatal autoritario. Por el otro, existe la aparente paradoja de que aquellos estados que lograron con el triunfo del fordismo una ca- pacidad bastante amplia de regula- ción en el sentido de un Estado be- nefactor keynesiano y de esta mane- ra constituirse en el siglo xx mate- rial ente como “Estados naciona- les” con capacidad de integración económica y social, autolimiten ahora, “globalización” neoliberal mediante, radicalmente sus espacios de acción política y su potencial
transformador. Este “re- ” del Estado a una
de los requisitos para que se im- una vasta y pro- j eorganización de diciones de valori- Idel capital luego de '-'s del fordismo. Si- eamente se fiieron _ do sin embargo j áslas posibilidades
componente de este
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Abril de 2.001
proceso de transformación es la in- temacionalización del Estado que se manifiesta en el desplazamiento creciente de las decisiones políticas relevantes hacia un sistema comple- jo de organizaciones políticas e ins- tituciones internacionales y en la ar- ticulación directa de partes impor- tantes del aparato estatal con los in- tereses de los mercados financieros internacionales de capitales sus ins- tituciones (FMI, Banco Mundial, Grupo de los 7, etc.). En consecuen- cia, son esencialmente los ministe- rios de hacienda y los bancos cen- trales los que definen las políticas, otra razón cómo algunas áreas polí- ticas decisivas se sustraen práctica- mente a la influencia por las vías y los procedimientos usuales, o sea a las elecciones democráticas y a la le- gislación parlamentaria. Así, un ejemplo de las modificaciones insti- tucionales más significativas de la transformación neoliberal de los aparatos estatales constituye la cre- ciente autonomía y desvinculación de los bancos centrales con respecto a los procesos democráticos. A con- secuencia de los procesos amplios de privatización y el poder creciente del capital transnacional, las deci- siones políticas se desplazan cada vez más a sistemas mixtos de nego- ciación poco transparentes y desli- gados en gran medida de los proce- sos democráticos formalizados.
La transformación de los Estados nacionales se vincula, por último,
con el surgimiento de un sistema mundial unipolar caracterizado por el predominio de un pequeño gru- po de metrópolis, bajo la conduc- ción de los EEUU, sobre los Esta- dos “débiles” de la periferia. En combinación con las consecuencias económicas y sociales del proceso de globalización se reducen así aún más los márgenes de acción política para cada Estado nacional, produ- ciéndose al mismo tiempo nuevos conflictos: por un lado guerras civi- les, masacres “étnicas”, intervencio- nes militares “humanitarias” ten- dientes a asegurar los intereses de los Estados filertes frente a los débi- les, y por el otro, “fundamentalis- mo” y “terrorismo”.
Así, el concepto tradicional de política pierde uno de sus fiinda- mentos esenciales, aquél que conce- bía al Estado modemo como sobe- rano dentro del ordenamiento “westfaliano”3 de Estados. Si hasta ahora la anarquía del universo de Estados era el principio determinan- te de la organización política del ca- pitalismo global, actualmente lo es- tá reemplazando la anarquía de un imperio casi omnímodo atravesado por conflictos y contradicciones complejas y controlado por un en- tramado jerárquicamente estructura- do de organismos internacionales, consorcios multinacionales y no por último por organizaciones de- lictivas de tipo mafioso. Dentro de esta nueva “sociedad mundial” capi-
Cuademos del Sur
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talista, el aparato que ejerce la vio- lencia física de las metrópolis domi- nantes, encamada por la OTAN, es- tá llevando a cabo algo así como una guerra civil permanente. En es- ta nueva estructura política se van erosionando las condiciones tradi- cionales dela acción política, basa- das en la capacidad de los Estados nacionales para decidir y establecer regulaciones de manera relativa- mente autónoma.
En conjunto se socavan así ten- dencialmente las instituciones libe- ral-democráticas, que se ven vacia- das de contenido ante la pérdida de sus márgenes de acción y la aparen- te falta de alternativas políticas. Pa- reciera que con el siglo XX finaliza- ra también la era de la democracia liberal-burguesa.
Crisis de representación y trans- formación de la política en un espectáculo mediático
El descenso de la capacidad transformadora de la política estatal, combinado con crecientes desigual- dades y fragmentaciones sociales de- semboca en una .situación que po- dría definirse como una profunda crisis de representación. Ya a fines de los años 60 Johannes Agnoli ha- blaba, haciendo referencia a los “partidos de masas” fordistas, del surgimiento de un “virtual partido único” dentro del cual las discusio- nes sobre el orden y desarrollo de la sociedad desaparecerían fi'ente a un
descamado conflicto por el poder entre cuadros políticos que compi- ten entre sí. Este partido único vir- tual o autodenominada “comuni- dad solidaria de los democráticos” se ha vuelto bastante real. Se presen- ta como una clase política compues- ta por fiierzas sostenedoras del Esta- do que es bastante homogénea en cuanto a sus hábitos y conciencia, que se guía preponderantemente por intereses relacionadas con pre- bendas materiales, carreras e intere- ses individuales en desmedro de los partidarios —y que es, en este senti- do, efectivamente libre de toda ideología. La política para ella ya no es una “profesión” en el sentido we- beriano,4 sino una “ocupación”, un vehículo para su carrera personal o peor aún, simplemente la oportuni- dad para el enriquecimiento perso- nal, ya sea en pequeña o a gran esca- la. Si Joseph Schumpeter aún defi- nía lúcidamente la esencia intrínse- ca de la democracia liberal como una lucha de elites que compiten por la aprobación plebiscitaria, ac- tualmente pareciera que esta com- petencia entre elites se fue sustitu- yendo por un monopolio de hecho, dando lugar a un sistema de corrup- ción estructural donde efectivamen- te las nociones de “izquierda” y “de- recha” dejan de tener sentido.
Los orientaciones políticas de la clase gobernante ya casi no se rela- cionan con objetivos sociopolíticos, ni siquiera con los intereses de gru-
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Abril de 2001
pos específicos del electorado, sino exclusivamente con la consolida- ción de cargos y carreras individua- les. En este contexto, las elecciones y los intereses del electorado apare- cen como interferencias molestas en el firncionamieiito regular del apara- to político. Por lo tanto, se trata de manipularlos tácticamente, de ob- viarlos o en lo posible de neutrali- zarlos mediante artilugios discursi- vos. En vez de compensar o mitigar las emergencias, discriminaciones y fragmentaciones de la sociedad, en crecimiento con la reestructuración neoliberal, el objetivo es transmitir a las afectadas que se trata de “impe- rativos objetivos”, inmodificables e inevitables.
El principio neoliberal de austeri- dad define ex ante que es indispensa- ble ahorrar y también en qué aho- rrar: precisamente en los gastos rela- cionadas con los sectores menos fa- vorecidos de la sociedad. La política y la habilidad política se limitan en- tonces en transmitirles esta condi- ción como inevitable.
La idea generalizada hasta hace poco de que un cierto grado de equi- dad y seguridad social es condición de existencia también de la democra- cia liberal, cedió ante el postulado de que la desigualdad genera rendi- miento y éste a su vez crecimiento, sin tomar en cuenta de que hace ra- to que el crecimiento explosivo de las ganancias y la acumulación del capital dejó de implicar automática-
mente un creciente bienestar para las masas populares. Ocurre exactamen- te lo contrario. Pero esto implica que el predominio del principio de maxi- mización de ganancias está entrando en un nuevo modo de contradicción en relación con la constitución de- mocrática. La “contradicción de la constitución burguesa”, a la que se refería Marx, se manifiesta en esta forma histórica distinta aún con ma- yor contundencia.
La clase política, ocupadatcon la administración de los “imperativos objetivos”, se legitima cada vez me- nos a partir de su respuesta a intere- ses reales, sino por la consolidación de un universo discursivo que ante las condiciones económicas y políti- cas imperantes, va incorporando ne- cesariamente ribetes raciStas, nacio- nalistas y de una defensa chauvinis- ta-populista del Estado de bienes- tar.5 De esta manera, la democracia liberal sigue perdiendo aún más sus significaciones universalistas y emanciparais; deja de ser un proce- so social y un espacio de lucha por la libertad e igualdad para transfor- marse en el sostén del status quo. Así, especialmente las democracias de las metrópolis se transforman más que nunca en regímenes de apart- beid social que se agotan en la defen- sa exacerbada contra todos aquéllos que pudiesen amenazar los privile- gios aún persistentes.
Al renunciar a la invocación de necesidades e intereses reales y con
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ella, a la movilización de contrapo- deres democráticos, la clase política depende cada vez más e los que de- tentan el poder de hecho.
Al desligarse de los intereses rea- les de una sociedad en acelerada fragmentación, y orientarse hacia sus propios imperativos y las necesi- dades particulares de una “clase po- lítica” con creciente autonomía, la política se convierte cada vez más en una escenificación mediática, li- cuada en mero discurso y sometida a los mecanismos de una industria cultural y de comunicación de ma- sas comercializada. Los partidos de masas tradicionales ya no son me- diadores de una integración de las masas sustentada en lo material, co- mo lo fueron en el fordismo, sino que se han vuelto algo así como aparatos estatales mediáticos. En el mercado de votos sólo venden feti- ches de mercancía políticos en vez de valores de uso políticos. Los dis- cursos políticos tienen la misma re- lación con el contenido efectivo de la política como la promesa de liber- tad y aventuras de la publicidad de cigarrillos con el contenido real del atado. Lo que cuenta es su presenta- ción, el envase. Si éste no sirve, en- tonces quiere decir que hay “un pro- blema de comunicación”. Este tér- mino ya popularizado define con una franqueza sin igual la concep- ción de la política que caracteriza la democracia imperante de los impe- rativos objetivos.
La competencia monopólica de los aparatos partidarios tiene como objetivo primordial la diferencia- ción publicitaria del producto y la organización de debates televisivos de alto rating cuyo modo de presen- tación apenas disimirla el consenso básico entre los contrincantes. Aquéllos que siguen creyendO'en la diferencia de contenidos y sufren las consiguientes desilusiones, son con- siderados uno nostálgicos irrecupe- rables. Es un hecho que la política, tal como se la concebía antes, está efectivamente pasada de moda, cosa de “tradicionalistas” anticuados. En realidad no es posible incumplir las promesas electorales, ya que de he- cho no se las hace verdaderamente pues de entrada están supeditadas a la administración de la competitivi- dad nacional. Se acepta como so- breentendido que los ganadores de las elecciones retiren rápidamente sus promesas. En consecuencia, re- sultan más importante qué comida le gusta al candidato electo, cómo se viste y qué fuma que lo que hace, salvo los errores publicitarios que pueda cometer en relación a la pre- sentación de su imagen. Si eso llega a ocurrir, se requiere la intervención de los departamentos de propagan- da y los estilistas políticos.6
En Alemania, la coalición gober- nante de socialdemócratas y verdes está empeñada en llevar a la perfec- ción esta mutación del concepto de política. Logró llevar a su máxima
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expresión la transformación de la política un evento mediático, desar- ticulando sistemáticamente el dis- curso de la praxis política. El ejem- plo más elocuente es la guerra en Kosovo. Con un discurso moralista, cargado de constemación democrá- tica por los derechos humanos se encubrió exitosamente el verdadero porqué del bombardeo: la conserva- ción del orden mundial imperante de la OCDE y el control de las zo- nas de influencia geoestratégica en conflicto entre los bloques hegemó- nicos.
Por eso, en contraste con sus an- tecesores, los gobernantes actuales en su carácter de especialistas del discurso sí están interesados en dis- cusiones críticas e incluso las fo- mentan. Un ejemplo significativo para la creciente autonomía de la política discursiva fue el lanzamien- to del paper, conocido como docu- mento Scbróder-Blair que desató un debate virulento en los periódicos, como si efectivamente se tratara de marcar el rumbo programático para el próximo milenio y como si los asuntos políticos no estuviesen do- minados por la mera táctica de rete- ner el poder. En consecuencia, la es- cenificación mediática y el encendi- do debate intelectual terminaron por ser desmentidos en la práctica.7
De esta manera, la actual forma- ción política gobernante logró lo que no pudo su antecesora liberal- conservadora y que finalmente ha-
P
'1cron de una nueva hege ' n uya lógica consis
adhesión de fuerzas y espacios opo- sitores, neutralizándolos política e intelectualmente. Esto se denomina la construcción de la hegemonía mediante la revolución pasiva y la cooptación de los intelectuales. Una figura paradigmática en este sentido es Jürgen Habermas, quien hizo en su momento un aporte importante para la democratización de la cultu- ra política alemana, iniciando el fa- moso “debate histórico”, y sostiene ahora, en el contexto la interven- ción a los Balcanes, precisamente el discurso normalizador y de depura- ción histórica que antes había com- batido. En este cambio profundo de la estrategia discursiva, los Verdes como integrantes de la coalición de gobierno y convertidos conjunta- mente con sus seguidores a la realpo- litik, desempeñan sin duda un rol es-
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tratégico. Se debe sobre todo a este aliado que Alemania pudiese lograr finalmente la admisión como miembro pleno en el círculo de las potencias imperiales, legitimándola precisamente con los “valores”, en base a los cua-les los Verdes critica- ban antes las relaciones existentes de explotación y dominación. Esto no hubiera sido posible sin redefi- nirlas como conceptos que sinteti- cen en un sentido cercano al “chau- vinismo del bienestar”, el modo de producción y de vida metropolita- no, incluyendo sus bases económi- cas y políticas de poder.
En el discurso público dominan- te, “democracia” y “derechos huma- nos” se definen simplemente a par- tir de la práctica del bloque imperial del “mundo de la OCDE” y éste le- gitima precisamente a partir de allí su mandato autoadjudicado de poli- cía mundial, allende cualquier dere- cho intemacional codificado.
¿La crisis como oportunidad? Contra las proclamas de sus pro- pagandistas académicos y' políticos, la estrategia de reestructuración-ca- pitalista de la globalización neolibe- ral no hizo emerger una nueva “edad de oro”, similar a la del fordis- mo de mediados de siglo. Ésta fue de todos modos una excepción his- tórica, debida también a la compe- tencia intersistémica surgida de la Revolución de Octubre rusa. La ola de racionalizaciones “economizan-
tes de trabajo” y la redistribución del ingreso a escala global, con la consecuencia de una creciente pau- perización en avance, conducen a una crisis estructural de sobrepro- ducción que se manifiesta en ten- dencias deflacionarias y en una au- tonomización acelerada del capital financiero especulativo. Esta a su vez refuerza la presión, bajo el im- perativo de la valorización de las ac- ciones para los accionistas (sbarebol- der-value), en el sentido de una ma- yor racionalización en la industria, tanto de bienes como de servicios. La expansión capitalista está efec- tuándose cada vez en mayor medida mediante megafusiones, cuyo obje- tivo principal consiste en la raciona- lización y el control de los merca- dos. Contrariamente al palabrerío incesante sobre competitividad y rendimiento, el capital monopólico nunca tuvo un desarrollo concreto tan perfecto como ahora. Esto ha llevado a un desacoplamiento es- tructural entre crecimiento y em- pleo y por ende a una situación en la que el ascenso vertiginoso de las ganancias dificilmente puede justifi- carse como condición para el bie- nestar general. De esta manera, el desacoplamiento estruotural entre acumulación, crecimiento y empleo bajo las condiciones del régimen de acumulación postfordista socava también las bases materiales del contexto de legitimación que había sido uno de las razones del “triun-
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fo” del capitalismo en la competen- cia intersistémica. La erosión de las economías “nacionales” tras la inter- nacionalización postfordista del ca- pital y de la producción no sólo pu- so en jaque el concepto de política “nacional” sino incluso el de “socie- dad”. Cuando aparecen hoy, en la discusión académica y política, con- ceptos tan difusos como “sociedad mundial‘o “caída de las fronteras”, se está expresando una incertidum- bre creciente respecto a lo que pue- de entenderse como “pueblo” —en el sentido político de un demos de- mocrático con capacidad para to- mar decisiones colectivas—, en un contexto de crecientes divisiones y fiagmentaciones sociales. La para- doja de que las corrientes y orienta- ciones nacionalistas se hagan más notorias a medida que la “nación”
es y de “pro i tiras de ideïíïé sino que ’ ' '
el barco de la causa popular bajo bandera del Estado-nación se ha averiado y está haciendo agua. Ya no sirve para la travesía hacia mejo- res costas, pero aparece en el mar tormentoso de la economía globali- zada como un bote salvavidas que deberá defenderse tenazmente con- tra todo tipo de náufragos, ya que promete —en el mejor de los casos- algunos privilegios relativos, aun- que no los garantice. La liberaliza- ción incontrolada de los mercados de capital y financieros implica al mismo tiempo la inestabilidad es- tructural del sistema económico global que, al desaparecer una regu- lación relativamente coherente del mercado mundial, sólo puede pro- tegerse contra el derrumbe de la pi- rámide de créditos acumulados y la explosión de las burbujas especulati- vas mediante permanentes interven- ciones de emergencia.
Las expulsión global de fuerza de trabajo al igual que la creciente desi- gualdad y pauperización social con- ducen a una creciente informaliza- ción y precarización de las relacio- nes laborales, con la consecuencia de que también en las metrópolis capitalistas ya es normal que impe- ren condiciones propias del tercer mundo. Por supuesto que esto no significa “el fin del trabajo”, ya que su explotación por parte del capital sigue siendo la base principal de la sociedad existente; pero sí que expe- rimenta un cambio profundo. Esto
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en el sentido de que la relación ca- pitalista de explotación se sustenta cada vez menos en el trabajo asala- riado formalizado y más en las for- mas de trabajo autónomo (por lo menos en apariencia) como tam- bién en muchas otras modalidades de empleo precario en 'sectores in- formales en expansión. Estos actúan como mercados para bienes triviali- zados de consumo masivo, como reserva de fuerza de trabajo barata, dócil y de aprovechamiento flexible, como una suerte de depósito provi- sorio para desocupados y vertedero para desechos ecológicos y sociales. No hay duda de que bajo el régimen de acumulación postfordista existe una tendencia a que cada vez más personas se vuelvan prescindibles para el proceso de revalorización ca- pitalista y ni siquiera puedan disfru- tar de una relación de explotación relativamente regulada. Contraria- mente a una visión romántica de la “economía de subsistencia” y del “sector informal” cabe recordar que en ningún caso estos espacios están totalmente escindidos del contexto de la reproducción capitalista, sino que siguen articulados con él de ma- nera específica. Si el trabajo domés- tico no remunerado al igual que el trabajo asalariado a condiciones que no aseguran su reproducción, espe- cialmente el femenino, constituye- ron siempre una base decisiva de las relaciones de capital, hoy es notorio el incremento de estas modalidades
femeninas” y “domésticas” del tra- bajo bajo nuevas formas. De todos modos, el “sector informal” es extre- madamente polifacético al com- prender tanto a profesionales con buenos ingresos, sobre todo en el sector de servicios a las empresas, como a relaciones laborales y de vi- da en extremo degradadas y margi- nalizadas. Los primeros también aprovechan de los últimos, ya que le permite, por ejemplo, conseguir personal de servicio a bajo costo. Una de las lógicas del modo post- fordista de acumulación y regula- ción consiste en profundizar las fronteras entre el trabajo asalariado formal, en los núcleos privilegiados y los diversos sectores “informales” al mismo tiempo que los permeabi- liza y los mantiene flexibles.
No obstante, el hecho de que ca- da vez más seres humanos sean mar- ginados económicamente y exclui- dos del contexto formalizado de va- lorización implica un nuevo contex- to de crisis: cuanto menos la rela- ción de capital garantice el trabajo y sustento, tanto más prescindible se hace el capital desde una visión in- manente al sistema. Por eso, las con- secuencias sociales desastrosas de la llamada globalización hacen cada vez más evidente la crisis de hege- monía del capitalismo neoliberal. Lo que todavíalo sigue estabilizan- do y legitimando ideológicamente no son las promesas de una “socie- dad mundial” mejor y más pacífica,
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desmentidas hace tiempo en la prác- tica, sino la falta absoluta de una al- ternativa sociopolítica creíble. Esto se relaciona con el hecho de que desde el fin de la era socialdemócra- ta, las ideas y prácticas neoliberales se difimdieron y arraigaron en casi todos los ámbitos de la sociedad y que tanto las: desigualdades y divi- siones sociales como la lucha de to- dos contra todos que impulsaron, dificultan enormemente la formula- ción de una opción sociopolítica. En consecuencia también está desti- nado al fracaso el proyecto de las so- cialdemocracias europeas neolibera- les de crear un “neoliberalismo sus- tentable” mediante una mayor regu- lación e intervención estatal. Eso es así básicamente por la contradic- ción de querer preservar precisa- mente aquellas estructuras econó- micas de los “Estados competiti- vos”, que provocan la crisis.
Por otra parte, cabe suponer que las formas de conciencia y prácticas “neoliberales” que lograron impo- nerse en sectores y ámbitos sociales amplios desarrollan a su vez sus pro- pias contradicciones. El repliegue estratégico del Estado como instan- cia de integración material de la so- ciedad socava también las ilusiones asociadas al mismo, mientras que la erosión de los lazos sociales mate- riales debe necesariamente debilitar las identificaciones nacionales co- mo base de la dominación capitalis- ta-burguesa. El abandono a su suer-
te de los seres humanos convertidos en sujetos de mercado “responsa- bles por sí mismos” podría también intensificar su afán de libertad y au- tonomía; la compulsión a la movili- dad extrema y al perfeccionamiento permanente, además de aumentar su utilidad como fuerza de trabajo, podría también incrementar sus competencias político-sociales con miras a una mayor autodetermina- ción. Y, por último, aquéllos que ya no tienen más nada que esperar del capital, se verán obligados tarde o temprano a desarrollar sus propias formas de vida y reproducción. Los procesos impulsados por el proyec- to neoliberal de individualización y división no necesariamente se man- tendrán dentro de cauces funciona- les, sino que podrían desarrollar di- námicas políticas y sociales propias.
¿Qué implica hoy una política emancipadora?
Hasta ahora, los debates relativos a esta cuestión giran en mayor o me- nor medida en torno a concepcio- nes que apuntan a la recomposición funcional de economías y Estados nacionales; estas se complementan en algunos casos con versiones de- mocratizadas del concepto de “go- bierno global” (global govemarzce). Subyace la idea de que las estructu- ras fordistas de regulación estatal podrían recomponerse de una u otra forma a nivel nacional como internacional, obviando en gran
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'_ y con estas de las políticas '
tas de masas del Siglo XX. Se omite el hecho de que las crisis profundas son características estructurales del capitalismo y que esta formación social presenta una dinámica que tiene implícita una permanente re- composición de sus relaciones eco- nómicas, sociales y políticas.
Si todos estos aspectos se consi- deran seriamente, hay que plantear- se si en la actualidad el pensamien- to político crítico no debería por principio trascender las categorías tradicionales —es decir estatales—, superando. la identificación de “p‘o- lítica” con “Estado”, de “poder” con “poder estatal” y, consecuentemen- te, si una política emancipadora en- tonces realmente debe proponerse mejorar el Estado.
Difícilmente. Frente a las expe- riencias del fracaso del socialismo estatal, al reformismo estatal y a la
supresión tendencia] dela democra- cia liberal con el proyecto de rees- tructuración neoliberal —aunque sea
de todos modos bastante limitada
respecto en cuanto a la autodetermi- nación que posibilita—, se requiere más bien de una profunda revisión del concepto de política. Sobre to- do en cuanto sigue primando la identificación de política con Esta- do, el pensamiento en categorías firndamentalmente burguesas de Es- tado y nación, de lo privado y lo pú- blico, de lo político y no político (como lo “privado”), de representa- ción y delegación.
De todos modos, el fracaso de los proyectos de Estado del siglo xx plantea la cuestión de si es posible lograr la transformación emancipa- dora de las sociedades a partir de una estrategia planificada central- mente y si fuera así, si debería ser así, tomando en cuenta el carácter autoritario por definición de un proyecto de este tipo. La culmina- ción de las modificaciones socioe- conómicas estructurales que se de- signan con el concepto de “globali- zación” consiste en que la relación del capital que había constituido con el desarrollo de la sociedad bur- guesa la base de la forma política dominante, del Estado y por ende, también de la democracia liberal, comienza ahora a. entrar en contra- dicción con esta última.
Hoy por hoy, las decisiones polí- ticas relevantes se toman cada vez
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más en “sistemas de negociación”
mixtos e intransparentes; los Esta-
dos pasan a depender más y más de complejos empresariales transnacio- nales; el mundo “unipolar” implica a su vez el dominio de los Estados “fiiertes” que conforman la base operativa estratégica del capital in- ternacional frente a los Estados de- pendientes y débiles. Si en el trans- curso de esa evolución se cuestiona- se la forma burguesa capitalista espe- cífica de lo político —la “diferencia- ción” del Estado con respecto a la sociedad, la separación de lo “priva- do” y lo “público”, la relativa auto- nomía del Estado incluso. frente a las clases económicamente domi- nantes- y se llegara efectivamente a una suerte de reprivatización del Es- tado, entonces también deberían re- visarse las orientaciones políticas tradicionales. El Estado nacional in- tegrado, que en el pasado no sólo era garante del desarrollo económi- co de sociedades identificables sino también marco institucional de pro- cesos democrático-liberales, se trans- forma en parte integral de un con- junto complejo y transnacionaliza- do de aparatos políticos, cuyo deber principal reside en la ejecución de “imperativos objetivos económicos” y en velar por los intereses de los grupos financieros internacionales. Con lo cual, empero, el Estado ca- duca como instancia y referencia institucional de una política demo- crática. Esta evolución no necesaria-
mente debe lamentarse si se consi- deran los límites estructurales que impone una sociedad constituida como Estado nacional capitalista a una auténtica autodeterminación democrática. Al contrario: la crisis del Estado y de la representación política puede contener también una oportunidad, lo mismo que. el fracaso del reformismo estatal so- cialdemócrata podría despejar el ca- mino para un “reformismo radical”.
Por supuesto, la política estatal no deja de ser importante, tanto a nivel nacional como internacional, porque crea condiciones, impone obligaciones y tiene a su disposición un potencial decisivo de violencia. Sin embargo, esto no significa dejar- se seducir por una estrategia basada en el Estado y la política estatal, ya
, U ,a osumo, a tucción de las estru de dominació í"
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tes se vuelve cada vez más una qui- mera. Incidir en la política estatal a nivel nacional e internacional se lo- grar ejerciendo influencia desde aba- jo y desde afuera, mediante el desa- rrollo articulado intemacionalmen- te de espacios y movimientos auto- gestionarios de praxis política.
Esto también rige para las relacio- nes de poder económico. Desde ha- ce mucho, las empresas transnacio- nales que operan a nivel mundial han logrado eludir un eventual con- trol estatal. Además, el aparato pro- ductivo capitalista presenta una tec- noestructura tan compleja, que las formas tradicionales de control polí- tico resultan prácticamente obsole- tas. No es posible controlar demo- cráticamente a redes burocráticas complejas, tecnológicamente muy bien equipadas y, menos aún, mane- jarlas.
Tomando en cuenta que desde la perspectiva global crece el grupo de seres humanos que el capital ni si- quiera necesita como objeto de ex- plotación y a quienes los Estados abandonan a su suerte, tratándolos a lo sumo como objetos de vigilan- cia, de controles, o en las interven- ciones policiales contrainsurgentes, querer apelar al Estado o pretender renovarlo democráticamente en las estructuras tradicionales parece ilu- sorio. Hoy por hoy, una política de- mocrática y emancipadora deberá consistir en el desarrollo de estruc- turas propias, con independencia
del Estado, estructuras autónomas de producción, socialización y polí- ticas. El desafío está en el desarrollo de “economías de la vida real” (real li]? economías), como se las suele lla- mar con una nueva expresión por cierto también algo eufemística. Es- to no vale sólo para la periferia capi- talista donde a muchos mientras tanto ya no les queda otra altemati- va para sobrevivir, sino que también para las metrópolis, a menos que se acepte una profundización de las nuevas estructuras imperialistas de desigualdad de una sociedad de apartbeid global. Fácil no será, sin duda. Pues lo que se está necesitan- do es una profunda modificación de los modos de producción y de vida, de las pautas de consumo, de las concepciones dominantes sobre qué significa “vivir bien”, de progreso y desarrollo. En vez de lamentar la falta de trabajo, se trataría de com- prender que la creciente desocupa- ción es el producto de una estrategia capitalista de racionalización, que se fundamenta en la destrucción de las bases naturales de la humanidad, que la profirsión de mercancías pro- ducidas muy racionalmente bajo el régimen capitalista va cada vez más claramente en desmedro de la au- téntica calidad de vida. No es que el trabajo se acabe, sino que bajo el dictado del proceso de revaloriza- ción capitalista se lo hace mal; es un dictado que impide la realización de trabajos necesarios y urgentes,
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mientras que al mismo tiempo se es- tá produciendo chatarra con cada vez mayor sofisticación publicitaria y esfuerzo humano.
EN SÍNTESIS: El desafio sigue sien- do el que la envejecida “nueva iz- quierda” entretanto aggiornada a neoburguesía postrnoderna ha olvi- dado con celo aexpreso: una profun- da revolución cultural no sólo de la conciencia sino sobre todo de las re- laciones sociales y de las prácticas concretas que subyacen a éstas. Sin esa revolución cultural, un futuro con condiciones medianamente hu- manas y civilizadas al seno de la “so- ciedad mundial” difícilmente se concrete.
Esto, sin embargo, no sucederá por generación espontánea en el curso delos procesos actuales de de- sintegración social, marginalización e informalización. Requiere de espa- cios políticos que ayuden a superar las tendencias de individualización, de fragmentación y de lucha organi- zada de todos contra todos a escala global; a elaborar experiencias con- cretas históricas y actuales a con- fi'ontar intereses reales opuestos y concepciones de orden divergentes. Es necesario dejar atrás la distinción entre movimiento “político” y “so- cial”9 y de tal forma que el desarro- llo de contextos organizativos y es- tructuras políticas autónomas se vinculen con el proyecto de revolu- cionar la vida cotidiana. Por eso es promisorio un nuevo tipo de movi-
miento político-social, como lo que al menos embrionariamente se con- formó con los zapatistas mexicanos o los Sin Tierra brasileños. Estos en- foques y movimientos deberán evo- lucionar primero de manera descen- tralizada, a nivel local y regional, en el contexto de experiencias concre- tas y bajo las respectivas condicio- nes específicas. Pueden llegar a per- durar políticamente sólo cuando se logre articularlas entre sí, generando redes de cooperación socio-políticas autogestionarias que posibiliten de- sarrollar nuevas formas de acción solidaria a escala global. En vez de pretender mejorar el Estado e inter- venir en la definición de la globali- zación capitalista, el desafío está en implementar un concepto diferente, directo y práctico de política.
Se requiere articular la liberación política con la social, que parta de experiencias y condiciones de vida concretas y trascienda al mismo tiempo las barreras nacionales y par- ticularistas. Para esto no sirven ni los Estados ni los partidos de cual- quier tipo, tampoco la versión do- minante de sindicatos, en resumen, ninguna de las formas tradicionales de organización política.
Noviembre de 1999. Traducción del alemán: Echart Die-
trich y Dora de la Vega. Revisión: Katharina Zinsmeister.
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Notas
1 No es casual que, en 1998, un partido pu- diera ganar las elecciones en Alemania con la promesa de hacer lo mismo que antes, sólo que algo mejor.
2 Hirsch remite aqui un debate de amplia difusión en Alemania, relacionada con el atrac- tivo que ésta posee como “localización” para la inversión productiva en el contexto de la globa- lización. Para que la economía nacional pueda ser competitiva frente a la de otros países, los defensores de la política de localización óptima (Standorqrolitik) argumentan que es indispensa- ble incrementar la tasa de valorización del capi- tal aunque ello implique resignar logros socia- les históricos. Véase al respecto Joachim Hirsch, Der nationale Wettbewerbsstaat: Staat, Demo/trade und Politik im globalen Kapitalismus, Berlín y Amsterdam, Edition ID.Archiv, 1995. Un resu- men en castellano se encuentra en Joachim Hirsch: Globalización, capital y Estado, México, Universidad Autónoma Metropolitana, Xochi- milco, 1996, pp. 83-130._(N.d.T.)
3 Con la paz de Westfalia (1648) se estable- ció el principio de soberanía territorial como ordenamiento político secular. (N.d.T.)
4 La conceptualización del político en Max Weber rescata la estrecha relación etimológica entre “Beruf’ (profesión) y “Berujung' (voca- ción) en alemán. Véase Max Weber, “La políti- ca como vocación", en El político y el científico (Madrid: Alianza, 1967 [1919]), esp. pp. 122- 130 (N. d. T.).
5 La falta de integración material y de con- sideración de los intereses reales se compensa así con la producción mediática de fantasmas (extranjer@s, parásitos del Estado de bienestar, “crimen organizado”) y apelando a una difusa solidaridad entre los integrantes reales o su- puestos de una “clase media” global.
6 Los administradores de los imperativos objetivos suelen hablar permanentemente de
una responsabilidad que por su propia cosmo- visión no pueden tener de manera alguna. Es por eso que simplemente piden disculpas cuan- do algo no les sale bien, para luego continuar haciendo exactamente lo mismo. De esta mane- ra, la “sociedad de la responsabilidad” (Verant- wortungsgesellschaft) se convierte sin signos evidentes de ruptura en “la sociedad de la dis- culpabilidad" (Entschuldigungsgesellschaft). Lamentan las “víctimas sociales” y otros “daños colaterales” y derraman lágrimas de cocodrilo por las guerras que ellos mismos impulsaron. Al adquirir la politica así el carácter y nivel de un talkshow en horario vespertino, se maquilla su escasa trascendencia efectiva como simbóli- ca con la costosa puesta en escena de la “capi- tal” Berlín, cuyo carácter es tanto más virtual cuanto más lejos se tomen e impongan las ver- daderas decisiones, sea en las casas matrices de las multinacionales o en las plazas financieras globales.
7 Así, por ejemplo, el Ministerio de Rela- ciones Exteriores alemán mantiene un foro so- bre “cuestiones globales” en el cual polltic@s, expert@s, científic@s y por supuesto también las correspondientes “Organizaciones No Gu- bernamentales” (ONG) cultivan un discurso abierto y crítico sobre los problemas que en- frenta el mundo —provocados, por lo menos parcialmente por ellos mismos y de los cuales, por cierto, el resto del aparato ministerial pue- de hacer caso omiso. El gobierno ocupa indu- so a un comisionado de derechos humanos; lo que no le impide suministrar tanques al régi- men torturador turco por razones geoestratégi- cas e instrumentar una política migratoria y de asilo con rasgos propios de la barbarie.
3 Véase nota 1.
9 Como se la hace p. ej. al comparar los an- tiguos movimientos nacionales de liberación en la periferia con los "nuevos movimientos socia- les” en las metrópolis.
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Politizar la resistencia*
Eduardo Lucita
Uno A principios de la década de los 90 tuvo lugar en la Ciudad de Rosario, Argentina, el 1er. Seminario Internacional “El nuevo orden mundial a fines del Siglo XX — El socialismo como pensamiento y perspectiva”. En aquel Se- minario uno de los temas que cruzó prácticamente a todas las comisiones y talleres lo fue el debate acerca de los cambios en curso en el capitalismo contemporáneo, su entidad, su magnitud e importancia política. Sus impli- cancias para la sociedad y para la izquierda en particular. Tomadas en sus exnemos dos grandes líneas de interpretación se expre- ‘ “ as tendencias cuya política práctica lle-
vab“ curridos y los en curso, o aun rCCOno- cie ' « no le asignaban entidad suficiente co- m lano de la dinámica social y política de la ovimiento social.
ya se había operado, que las transfor- e habían producido o estaban al borde . El capital se encontraba así en condi-
n de capitales. De lo que se trataba en- adaptarse a los cambios, de nadar a fa-
. va srtuacrón.
" iciones de aquel debate se apoyaban en t " lidad. Por un lado los cambios, ya ocu- ‘s 'ó'en curso, eran constatables, por el otro la
"’ Ponencia presentada en el I‘III Encuentro por un nuevo pensamiento en Argentina”. Buenos Aires, noviembre 2000.
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reestructuración capitalista —que de eso se trataba- era tan desigual, frag- mentada y contradictoria, que no parecía más que confirmar las difilculta- des del capital por imponer sus condiciones.
Desde mi perspectiva resultaba tan erróneo, y peligroso, negar los cam- bios o quitarles significación, como sostener que estos ya se habían impues- to definitivamente, que la nueva realidad ya convivía con nosotros y era in- mutable.
Argumenté allí, siguiendo las líneas del debate sobre “¿Un nuevo Esta- do capitalista?”,1 que las dos posiciones me parecían antidialécticas, por- que no tenían en consideración la confrontación social. Esta no debía ser incorporada al análisis como una cuestión de mera reivindicación protec- cionista frente a la ofensiva del capital, sino como expresión del desarro- llo de la lucha de clases y por lo tanto de la relación de fuerzas sociales que ella determina y a través de la cual el cambio se concreta.
La cuestión entonces no era desconocer los cambios, tampoco sumamos a los mismos, sino cómo entenderlos, descubrir su origen y dirección y fi- nalmente cómo situamos políticamente frente a ellos.
Dos
Casi una década más tarde la situación es muy otra. “El neoliberalismo como ideología ha constituido la ofensiva reaccionaria más exitosa lanzada por la burguesía en el Siglo xx”2 y, en mi opinión, ha logrado sus objetivos.
Desde los inicios de su ofensiva a principios de los años ’70 ha atravesa- do por distintas etapas, que en un intento de periodización3 podríamos identificar como:
Una primera etapa (desde mediados de los ’70 hasta el ’82, crisis de la deuda) en lo que denomino “uso capitalista de la crisis”. Esto es, el aprove- chamiento de las grietas y debilidades que la crisis provoca en la clase obre- ra y el conjunto de las clases subalternas para imponer modificaciones en el funcionamiento de la economía e inducir líneas de transformación pro- fundas. Tal vez no es tanto lo que avanzó aquí el modelo sino lo que hizo retroceder a la alianza de la llamada burguesía nacional y el movimiento obrero organizado. Un segundo momento coincide con el primer período del regreso al orden constitucional (1983/1985) donde frente a la ausencia de alternativas, que no fueran meramente políticas, “la sociedad se va ins- talando en la crisis”. Una tercera etapa (1985/ 1989) que denominaremos de “búsqueda de hegemonía”, caracterizada por las disputas entre las distintas fracciones del bloque dominante, que en el caso argentino culmina en un inédito proceso hiperinflacionario, los saqueos y la retirada adelantada del
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elenco gubernamental de turno. Una cuarta etapa (1989/1995) que caracte- rizarnos como “hegemonía del capital financiero”, aquí la caída del muro de Berlín primero y la implosión de la URSS después, dan nuevos aires y nuevo vigor al neoliberalismo a escala mundial. En Argentina esta etapa puede ser caracterizada como de “cierre de la crisis de hegemonía” —enten- dida en clave gramsciana como la capacidad de una fracción burguesa de ejercer un liderazgo capaz de llevar adelante un programa de reformas y compromisos previamente acordado-, se inicia con el 1er. mandato del Dr. Menem, pero adquiere toda su dimensión a partir del lanzamiento del Plan de Convertibilidad en 1991. Auge y asentamiento del modelo neoliberal, apoyado por una nueva coalición social que el periodismo llamaría una alianza de “pobres y ricos” y la desorientación y fragmentación del conjun- to de las clases subaltemas que, azotadas por el flagelo de la hiperinflación y el temor a un horizonte sin certezas, no ven otro futuro que el agrava- miento de las condiciones en que viven y reproducen su existencia
A parúr de los años 1995-1997, el modelo neoliberal comienza a dar muestras de agotamiento y de perdida de legitimidad a escala mundial. En Argentina el “Santiagazo” es el primer indicio, crecen los cuestionamientos a los efectos sociales del modelo y se reabre la disputa al interior del bloque de clases dominante.
A mi juicio este agotamiento no es manifestación de su fracaso, sino de su éxito. Si el objetivo más general del neoli'” ' - ' H ' ' x. ' zamiento de las fuerzas productivas a esc indiscutible. Por el contrario si su objetivo, , efectivamente lo fue, instalar una relación
vo modelo de dominación social y políti, a
Política de privatizaciones, reforma 9,, desregulación de los mercados, apertura da de la economía, transformación de la tal de los servicios de la seguridad soci
Cuadernos del Sur 33
modelo keynesiano y culmina con un formidable y acelerado proceso de concentración y centralización de capitales a escala mundial, un» debilita- miento de los Estados-nación, que se muestran maniatados fi'ente al- libre flujo de los activos financieros, y un sometimiento de las naciones a los or- ganismos financieros y reguladores del comercio internacional.
Tres
En nuestros países, la reestructuración del capital tuvo como presupues- to la desarticulación social y política de los trabajadores. Resultado de la ofensiva generalizada y sostenida del capital sobre el trabajo. Sostenida porque se extiende, sin solución de continuidad, des- de mediados de los años ’70 hasta nuestros días y generalizada porque se despliega sobre el conjunto de las conquistas socia- les que los trabajadores y las clases subalternas habían levanta- do, generación tras generación, como barreras contra el avance del capital.
En la región, y particularmente en Argentina, la caída estruc- tural de los salarios, la precarización y flexibilidad laboral, el despotismo patronal, la exclusión social y la expansión genera- lizada de la pobreza son los rasgos más salientes de este proce- so de regresión social sin parangones en el siglo que finaliza. Sus efectos se fireron acumulando a través del tiempo, pero su impacto social sólo se hizo visible cuando su magnitud alcan- zó un cierto nivel.
La uniformidad de las formas de gestión y uso de la fiierza de trabajo —propias de la producción en masa—, contribuyó ala unidad social de la clase obrera, a forjarle una conciencia de clase y a dotarla de una determinada identidad sindical, lo que en conjunto fortalecía el poder del trabajo; en tanto que una extendida red de solidaridades articulaba el tejido social, tanto en su interior como en la relación de los trabajadores con los sectores populares.
Claro está que el marco de los regímenes populistas se establecían claras limitaciones ideológicas a la autonomía social y a las posibilidades de que el movimiento disputara la hegemonía política-cultural de las clases domi- nantes.
Las transformaciones actuales provocan exactamente lo contrario. Frag- mentan a la clase trabajadora, haciéndola cada vez más heterogénea, en tan- to que la exclusión social y el individualismo creciente, que acompaña al
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reino del mercado, concluyeron destruyendo la red de solidaridades y el te- jido social del período anterior. El objetivo último del capital es así lograr una masa informe de ciudadanos que compitan entre sí por la y,enta indi- vidual de la fuerza de trabajo.
El acelerado proceso de mundialización, nueva onda globalizadora por la cual el capital trasciende las fronteras del período anterior, contribuyó a la difusión de valores, conductas y modelos ideológicos en armonía con los cambios en las bases materiales de nuestras sociedades. El consumismo cre- ciente, el individualismo, la xenofobia, el sexismo, todo un nuevo patrón cultural, cuya raiz puede rastrearse en el “americanismo”, per- meó las organizaciones sociales y políticas instalando en su in- terior nuevos contenidos de la subjetividad.
Así los cambios afectan tanto a la materialidad como a la sub- jetividad y tienen implicancias a nivel de la conciencia y en el comportamiento político de los sujetos sociales colectivos.
Cuatro
En este contexto general surgen renovadas dificultades para el rearmado de la red de solidaridades y la reorganización y la práctica misma del proyecto socialista.
Sin embargo nada es fatal ni definitivo en la historia.
Si a nivel mundial el colapso del estalinismo y el fin del en- frentamiento Este-Oeste concluyó con la política de enfrenta- miento entre bloques, dejando al descubierto el verdadero anta- gonismo social: explotadores y explotados, oprimidos y opreso- res, a nivel regional y local la polarización social resultante de los cambios de las últimas décadas ha hecho a nuestras socieda- des más clasistas, se va levantando el velo del populismo y retor- na a primer plano el enfrentamiento entre bloques sociales an- tagónicos.
Por otra parte la reorganización de la economía sobre la base del modelo neoliberal hegemónico no muestra otra perspectiva que la ex- clusión de la producción y del consumo de porciones crecientes de nuestras sociedades, en tanto que la profundidad de la crisis requiere periódicamen- te rebajar el piso material en que viven y reproducen su existencia los explo- tados y oprimidos.
Así el neoliberalismo ha dejado al descubierto el carácter de dictadura de clase de su modelo.
Es de la comprensión de la ausencia de futuro, de la perspectiva de un
Cuadernos del Sur 7 35
horizonte sin posibilidades, que está surgiendo en los hombres y mujeres que día a día sufren la explotación, la opresión y la marginación, una línea de resistencia, a veces explosiva, otras subyacente, que deja al descubierto una conflictividad social latente que se expande por todo el subcontinen- te. Desde las formas tradicionales, sustentadas en la contradicción capital- /trabajo, hasta aquellas que cruzan transversalmente a las clases y que se constituyen en movimientos sociales autónomos que adoptan formas de lucha y organización innovadoras.
Entre estas diversas formas de resistencia se destacan aquellas cuya conti- nuidad y proyección política ha superado los límites de sus países: el EZLN en México; el MST en Brasil, y la persistencia del proyecto de las FARC en Colombia, pero estos no pueden opacar las huelgas generales y la experien- cia asamblearia de los “piqueteros” en Argentina; la semiinsurrección indíge- na-campesina en Ecuador; las revueltas populares en Paraguay, Perú y Boli- via; las movilizaciones en Puerto Rico; las luchas estudiantiles en México y Argentina; las de los organismos de derechos humanos en numerosos países.
En nuestro país la resistencia muestra una serie de rasgos que, aún co- lrriendo riesgos, es posible generalizar:
En primer lugar su carácter disperso y episódico. Con las excepciones ya señaladas los movimientos encuentras serias dificultades para darle con- tinuidad a su resistencia. Como regla general estos procesos de lucha reales surgen en los bordes, cuando no al margen, del “espacio político” organi- zado. Lo hacen por una necesidad concreta, se definen más por sus accio- nes que por un programa, emergen en forma abrupta y explosiva y luego se desvanecen rápidamente.5
Si grandes son las dificultades para darle continuidad nomenores son las que presenta su dispersión. La ausencia de centralización de las luchas a nivel local y su falta de coordinación regional es una evidencia que no se puede des- conocer. Porque así de fragmentada e invertebrada es hasta ahora la resisten- cia, como así de desigual y fragmentador es el impacto social de la crisis.
Una segunda característica es que en la mayoría de los casos se dan al margen de los organismos tradicionales, bajo formas embrionarias de au- toorganización y ejercicios de democracia y acción directas. Es que la mun- dialización del capital homogeiniza por aniba y fragmenta y escinde por aba- jo, pero al mismo tiempo diluye las formas de integración social propias del período pasado.
Por último y como consecuencia de lo anterior un profundo proceso democratizador pareciera recorrer el movimiento social en general. Con desigualdades y diferencias, este proceso sale a la luz en el curso mismo de
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los conflictos, donde una y otra vez se insinúa que los sujetos sociales se muestran dispuestos a pesar con peso propio en las decisiones. Se expresa así un nuevo comportamiento social donde ni los Estados, ni las iglesias, ni los partidos, ni las cúpulas sindicales encuentran las condiciones anteriores para reemplazar la capacidad de pensar, de decidir y de hacer de los sujetos sociales por su propia cuenta.
Se abren así, aún con limitaciones, nuevos rumbos y nuevas posibilida- des. Caminos todos por los que el movimiento obrero y las clases subalter- nas buscan recuperar/afirmar su autonomía e independencia política y dar- se direcciones propias.
Cinco
Aunque formando parte del mismo, la contrapartida de este proceso es la profunda crisis de representatividad que corroe a los partidos y a las ins- tituciones del sistema de dominación social, que ha dejado al desnudo la crisis de las estructuras Apartidarias tradicionales que no se muestran ya ap- tas para mediar entre el Estado y la sociedad civil. En muchos casos se ma- nifiesta como incapacidad para contener las reivindicaciones de una socie- dad sometida a profundas transformaciones; en otros porque ni siquiera en su discurso pueden trazar un horizonte a la ansiedad de cambio de la gen- te o capitalizar el consenso pasivo que rutinariamente dan las urnas.
Frente a la carencia de liderazgos políticos aparece un retorno a formas caudillescas de la política, pero esta vez “aggiornadas” bajo la forma de “buenos y transparentes administradores”. Aparecen así nuevos estilos po- líticos que pueden o no provenir de las viejas estructuras partidarias, pero en abierta ruptura con la cultura y las tradiciones del período anterior.
En este marco el voto a los partidos, sus programas y sus métodos va ca- reciendo de sentido, por la sencilla razón de que solo se proponen admi-' nistrar mas o menos eficientemente el orden de cosas existente. El pragma- tismo y el personalismo se han adueñado de la escena, las campañas aban- donan cada vez más la viejas formas de la política, la modernidad tecnotró- nica impone la preeminencia de las imágenes sobre las palabras, el uso de los medios sobre las concentraciones. El condicionamiento estatal y la ma- nipulación del electorado forman parte inseparable de toda esta lógica.
La crisis de representatividad se muestra así independiente de los niveles de participación electoral y del volumen de votos que arrastre cada partido.
Es que el nuevo modelo de acumulación y reproducción del capital ha determinado el agotamiento del “Estado intervencionista”6 propio del po- pulismo, así como de los pactos y compromisos que lo constituían, y por lo
Cuadernos del Sur 37
tanto ha reducido el “espacio político” tradicional de los partidos del siste- ma. En la actual mundialización —y el acelerado proceso de concentración y centralización de capitales que ella lleva implícita- son las corporaciones multinacionales y sus aliados locales quienes dominan la economía, y los gobiernos de nuestros países que, habiendo perdido gran parte de su mar- gen de maniobras apenas si logran disputar el diseño de políticas al servicio del gran capital local y extranjero.
Seis
Solidaridad, cooperación, igualdad, cuestionamiento del orden existen- te, democratización, son los rasgos generales que surgen en cada conflicto —en lo que pueden estar prefigurándose valores para una nueva sociedad-, en ellos se asienta la fortaleza y potencialidad del movimiento; como con- trapartida su debilidad se expresa en la hasta ahora impotencia para formu- lar su propia representación política.7
Es esta una primera conclusión: la carencia de instancias de represen- tación política de los trabajadores y las clases subaltemas.
Una segunda conclusión es que desde la conflictividad social, por pro- funda que esta fuera, no pareciera que se puedan resolver los problemas de continuidad y centralización que pudieran vertebrar políticamente la resistencia, a escala local y regional.
En la actualidad está ala moda argumentar que, como resultado de la glo- balización, la implantación del Estado mínimo, la crisis de representatividad y el vaciamiento de las instituciones de la democracia parlamentaria, “la po- lítica ya no está más en el Estado”, que los partidos ya no juegan el rol asig- nado. Por el contrario “la política se encuentra en la sociedad” y se expresa- rría fragmentariamente en cada uno de los diversos episodios (“aconteci- lmientos”) a que da lugar la lucha de clases.
Esta ponencia parte de otra lectura de la realidad: el orden neoliberal se muestra hoy profundamente ilegítimo. No puede re- currir a los consensos electorales pues ha vaciado las instituciones de la democracia representativa, tampo- co puede apoyarse en consenso social pues ha incre- mentado brutalmente las desigualdades.8 No hay espa- cios para una política distribucionista, frente a ello los partidos han intemalizado la crisis del “Estado inter- vencionista”.
Sin embargo el capital depende aún de los Estados, necesita de ellos para garantizar las condiciones de su
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acumulación y reproducción. El Estado es firncional al orden social necesario en cada período. La interre- lación entre ambos es más estrecha y visible que an- tes. Si esto es así, sostenemos que se abren nuevas po- sibilidades para la intervención política y para forjar nuevas formas de representación.
Pero esta intervención ya no será como las realiza- das en el período anterior —presionar para que hubie- ra cambios en la política económica y en la distribu- ción de la riqueza—, y esta es una tercera conclusión: lo que está planteado es disputar por una sociedad diferente a la que im- pone la lógica del capital. Disputar por imponer condiciones que res- pondan a las necesidades e intereses del conjunto de los explotados, oprimidos y marginados. Por forjar una alternativa política propia por fuera de la que imponen el capital y el mercado.
El pensamiento crítico es el núcleo central y punto de partida inexcusable para cualquier nuevo pensamiento, y si este alguna vez a de serlo lo será crí- tico, en primer lugar de nuestros actos y consecuencias.
Si algo ha quedado grabado a fuego en nuestro bagaje de experiencias es que no habrá posibilidades de disputar por una sociedad diferente sino se traza un balance sobre la experiencia política y social de los llamados “so- cialismo reales” y, en América latina y particularmente en nuestro país, so- bre el verdadero significado de los regímenes populistas, su estatalismo, y sus consecuencias sobre la conciencia de las masas obreras “y populares.
Una cuarta conclusión: la experiencia nos muestra que no hay formas de intervención política espontáneas, ni se puede resolver la crisis de re- presentatividad sin organización política.
La politización organizada de la resistencia está a la orden del día.
Siete
En los últimos tiempos y acompañando el agotamiento del modelo neo- liberal un proceso internacional convergente de diversos movimientos y ex- presiones sociales, que tiene como eje el rechazo al orden ideológico y so- cial neoliberal, está indicando un cambio en relación a l'a década pasada. Nuevas modalidades de coordinación y organización y nuevas formas de solidaridad internacional se hacen presentes en un escenario internacional, que sin abandonar el carácter defensivo de esta línea de resistencia, parecie- ra que en el plano internacional aparecen los prolegómenos de una 'con- traofensiva.
Cuadernos del Sur 39
Seattle, Washington, Londres, Seúl, Buenos Aires, Praga... Porto Alegre y el Foro Social Mundial que se prepara para Enero del 2001... La protesta se intemacionaliza, y el intemacionalismo cobra nuevas formas.
Son coaliciones sociales amplias, que incluyen trabajadores; estudiantes; ecologistas; feministas; antiautoritarios; desocupados; defensores de las mi- norías étnicas y sexuales; militantes por la anulación de la deuda del Tercer Mundo, todos rechazan la mundialización capitalista, el gobierno de las trasnacionales y sus efectos sociales y culturales.
Las protestas se levantan contra los organismos intemacionales y las cor- poraciones que tratan a la vida de las personas como simples mercancías, que no toman en cuenta las necesidades e intereses de la mayoría de la población, que ponen al mercado y al dinero como la medida de valor de todos los va- lores, que borran las culturas nacionales, que construyen una mundialización en contra de todos y de todas, los que constituimos la mayoría de la huma- nidad.
Pero, ¿hasta donde este proceso general es reflejo de procesos sociales lo- cales? ¿hasta donde poner el eje en lo internacional no suena a abstracto en relación a que la explotación y opresión se realiza en el marco de los Esta- dos-nación? ¿Cómo articular las resistencias en el plano local e intemacio- nal, vertebrando las primeras y fortaleciendo las segundas?
Si a pesar de su agotamiento el neoliberalismo aún se mantiene es pre- cisamente por la falta de alternativas políticas, y es en el terreno de la polí- tica donde debemos buscar las respuestas.
En esto es necesario ser claros: la autonomía del movimiento social y su independencia frente al Estado, los partidos y organizaciones políticas —esenciales para su constitución- no pueden resultar una barrera a la politi- zación del propio movimiento.
Negarse a que el movimiento tenga expresión política organizada propia es favorecer que quede entrampado en políticas y alternativas que no sólo no respondan a sus necesidades e intereses, sino que pue- lden ser decididamente contrarios a él.
En Argentina tenemos sobradas y nefastas experiencias de esto, de ahí la importancia del eje convocante de este III Encuentro “Movimiento social y representación política”
Muchos de los debates actuales giran en tomo a la implantación de una suerte de neoregulacionismo y la recuperación de un! Estado-nación que funcione, a dotar de racionalidad a sus políticas, a una recuperación de la economía nacional. No hay comprensión acerca de que el neoliberalismo no es una fatalidad histórica, sino que ha sido una respuesta del capital an-
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te el fracaso del Estado intervensionista. Por el contrario el neoliberalismo representa el retorno a la normalidad capitalista luego de la excepcionali- dad histónca de los dorados años 50 y 60 y de la liquidación de los movi- mientos de masas del siglo xx.
La crisis, como dice Elmar Altvater, no es más que la exacerbación de la normalidad burguesa, pero al mismo tiempo brinda nuevas oportunidades.
El neoliberalismo ha puesto límites infranqueables a los mecanismos re- disuibutivos que fueran-el centro de las políticas del compromiso social y de los regímenes populistas en América latina, su contrapartida es que su avance arrollador ha generado problemáticas y exigencias sociales similares en nuestros países, y hoy los movimientos comienzan aencontrar mejores condiciones para converger y coordinar la resistencia bajo formas intema- cionalistas, con consignas y propuestas comunes.
Esta es otra conclusión: no hay posibilidad de reconstruir el movi- miento local si no lo es desde una perspectiva internacional.
No es esta un época de grandes programas. Atravesamos un tiempo en que la lucha reivindicativa por demandas y derechos sociales básicos y ele- mentales -empleo, salario universal garantizado, salud, educación, vivienda digna, respeto a las libertades públicas y DD.HH.— es potencialmente anti- capitalista, simplemente porque la actual lógica de acumulación del capital tiene dificultades para satisfacerlas y el régimen pierde legitimidad social.
Apoyarse en los elementos decididamente anticapitalistas que hay en es- tos movimientos locales e internacionales, vincular esas demandas con el potencial emancipador de la clase obrera y darle una perspectiva de trans- formación radical de nuestras sociedades, es una forma concreta de verte- brar la resistencia al neoliberalismo y orientarla en una perspectiva antica- pitalista y por el socialismo.
Buenos Aires, septiembre 2000.
Notas
1 Este debate fue reflejado en las páginas del volumen “Los estudios sobre el estado y la rees- tructuración capitalista” en Fichas temáticas de Cuaderno: del Sur n° 4, Bs.As. 1992.
Z Ver Borón, Atilio “Réquiem para el neoliberalismo” en Penfefias n°3 Bs.As., 1997
3 Los cortes diacrónicos que aquí se proponen corren con los riesgos y arbitrariedades de toda periodización, forman parte de un estudio más amplio sobre las etapas del neoliberalismo en el ca- so argentino que estoy realizando, y cuyos rasgos he tratado de generalizar con los riesgos que irn- plica.
¿nadamas del Sur i 41
4 Holloway, John " La rosa roja de Nissam', en Cuadernos del Sur n°7, Bs.As, 1988
5 Si bien en otro contexto Lenin en su art. “Tres crisis" señala “.. el rasgo común es el descon- tento, su indignación contra el gobierno y revela una nueva forma de manifestación, de un tipo más complejo, de movimientos por oleadas, que suben velozmente y descienden de un modo sú- bito” . Citado por Beba Balvé en su artículo “1969. Hegemonia praletaria y hegemonía burguesa” en Cuadernos del Sur n°l7, Bs.As. 1994.
5 Utilizo “Estado intervencionista' para distinguido de lo que en terminos genéricos se deno- mina “Estado benefactor", para ser más precisos deberíamos utilizar: Estado de compromiso social en Europa; Estado populista en América latina; Estado clientelista en Africa; Estado del dirigismo económico en Asia.
7 Tal vez debiéramos hablar de consenso pasivo o negativo para identificar aquel consenso que surge del temor a la inflación o a la ingobemabilidad
3 Sobre nuevas formas de representación política ver: Negn', Antonio y Vincent, Jean Marie “Por un nuevo modelo de representación política” en Cuadernos del Sur n°l7, Bs.As, 1994.
Para relaciones entre movimiento social y político ver: Gilly, Adolfo “Paisaje después de una derrota”, ponencia presentada al Foro de San Pablo, México, 1993 y Hirsch, Joachim y Dietrich, Ec- kart “¿Existe una política ‘nacional’ de izquierda?” ponencia presentada en Encuentro para un Nue- vo Pensamiento, Bs.As., 1999. También Barón, Atilio “Clases sociales y movimientos sociales en el capitalismo contemporáneo”, ponencia presentada al Foro de San Pablo, México, 1993, Hirsch Joa- chim “Adios a la política” (Véase en este mismo número de Cuadernos del Sur).
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i Revista de debate y cn’tica marxista
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y Letras - ('ii'ni'ius Sni'iulr's Suscrlpcron por 3 numeros: S 20 Chile 1362 - 1098 Capital Federal - Tel/Fax; 381-2976 e-mail: herramia'plnoscom
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42 Abril de 2001
Apuntes sobre la representación política. Renegación del sujeto?
Patricio A. Brodsky / Rubén R. Lozano
I. Introducción En los últimos años se habla in- sistentemente acerca de una supues- ta “crisis de representación”. Algunos autores entienden por crisis de representación a la supues- ta incapacidad de los partidos políti- cos de encarnar en sí a los valores comunes de toda la sociedad. En es- tos autores habría una especie de “espíritu general de la época” que
' I
de representación” se basa en la apa-
tía generalizada que existiría en la
“sociedad civil” en relación con la
“sociedad política”, un descreimien-
to en “los políticos” y una creencia
que estos últimos son todos “corrup- tos” y defienden sus intereses parti- culares.
Nuestro trabajo tiene la inten- ción de problematizar el tema en cuestión, interrogar e interrogamos, para de esta manera, iniciar un seña- lamiento sobre ciertos “soportes” ar- gumentales, Tal vez, generar dispa- radores de pensamiento que permi- tan cuestionar la inercia conceptual de aquellos análisis políticos que continúan fortaleciendo la práctica discursiva y las categorías centrales de un pensamiento hegemónico.
o ¿Podemos considerar la “crisis de representación” sin remitimos a la problemática de la hegemonía político-cultural? En otras pala- bras: ¿Es posible la “crisis de re- presentación” sin un proceso que implique la ruptura del con- senso?
Cuadernos del Sur
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o ¿La “crisis de representación” im- plica necesariamente “crisis de hegemonía”?
o ¿La “crisis de representación” po- sibilitaría la ruptura de la creen- cia, en tanto afirmación, en la re- presentatividad política?
o A partir de la “crisis de represen- tación”, ¿se puede hablar de crisis en el proceso de constitución del Discurso Político Hegemónico, es decir, es probable la conforma- ción de un Discurso Político Contrahegemónico?
o ¿Qlé sujeto social está implicado en la noción de representación? ¿Cuál es la racionalidad que cons- tituye a este sujeto? ¿Qié discur- so lo fiinda y da fiindamento?
2. Sujeto representado
o suietado ala representación Al considerar la cuestión de la
“crisis de representación” se dan por
aceptadas y asumidas determinadas
nociones.
Quizás resulte interesante men- cionar algunas de sus connotaciones que, simultáneamente, conforma y despliega la lógica de la representa- ción:
a) Construcción inscripta en un conjunto de prácticas sociales, discurso homogeneizante, en la articulación de sentido implicada en toda enunciación. Por ejem- plo, en las afirmaciones como: “...en representación de los inte- reses del Estado...”; “...en repre-
sentación del pueblo...”, ...en representación de los trabajado- res...”; “...en representación de la clase obrera...”. ¿Cómo que- dan constituidas, en estos enun- ciados, las subjetividades socia- les? ¿Qié imaginario sociocultu- ral se instituye? ¿La representa- ción, incluye o excluye a la cons- trucción “sujeto social”? ¿Qué vínculos se establecen entre re- presentante-representado?
b) Dentro en un marco histórico-so- cial, podemos señalar que —ac- tualmente- la representación po- lítica remite a la composición de un régimen democrático-liberal, a los límites de su imaginario, a sú‘universalización más abstrac- ta. Una norma-condición impres- cindible de este establece que só- lo se gobierna a través de sus re- presentantes, es decir, la delega- ción de soberanía, constructora de la denominada “voluntad ge- neral”. ¿Se trata de una delega- ción de soberanía o la representa- ción se conforma con y por esta soberanía?
c) En este mismo proceso podemos reconocer el entramado de una sustitución, la configuración de un orden centralizador, confor- mado en una “figura” totalizado- ra: estos sujetos sociales están permanentemente abarcados por sus representantes, sujetos “om- nipresentes” en una “ausencia” que los contiene y detiene.
44
Abril de 2001
Ahora bien, en esta. institución
social se encontrarían conjugados los siguientes aspectos:
l.
Los sujetos representados son con- siderados en tanto unidad plena de una consciencia universal. El region de la representación y la composición de sus signos po- drían pensarse como orden del ser sustancializado en una abstrac-
ción: lógica inmediatamente iden-.
titaria. A pesar de las complejida- des que lo integran, las diferencias y sus particularidades serían sub- sumidas o solo reconocidas en una operación discursiva que ta- cha sus singularidades. Lo singular es rechazado, descartado en el ar- mado totalista y sistemático de la representación.
La representación y la identidad inmediata de ese sujeto universal están remitidas a un supuesto: el sujeto compuesto en la represen- tación política es un sujeto suje- tado. Un sujeto resignado a una práctica fragmentada-fragmenta- dora, solo reconocible en la dia- léctica desesperada de una dele- gación constante, incapaz de instituir una praxis transforma- dora.
Podemos pensar que la dinámica de la representación significa una renuncia anticipada, renuncia a intervenir en una confrontación de fuerzas sociales que es la que posibilita la institución de los su- jetos; y, por lo tanto, no ser insti-
tuido en la sujeción de la re-pre- sentación.
Sujeto que se ha serializado en la producción simbólica de la repre- sentación, en la rigidez de una Historia que ha borrado los deta- lles, para abocarse generosamente a las generalidades de un “sentido común”, de lo ya pensado. Repro- ductor de un imaginario que tam- bién ha sujetado y domesticado a la crítica, la ha convertido en po- sibilirmo crítico o en crítica adecua- da al imperativo de la realidad. El sujeto sujetado a la representa- ción social se encontraría ence- rrado en unas prácticas sociales que resaltan su condición de “su- jeto libre”. Sin embargo, su liber- tad se constituiría en una dimen- sión fetichizante-fetichizada, re- negacio’n reasumida en una uni- versalidad abstracta. “Sujeto libre e igual”, delimitado como mera identidad político-jurídica. Ha perdido o ha sido desdibujada su capacidad para relacionarse con los otros, mero sujeto de dere- cho, idéntico a sí mismo, siempre subsumido en la sociedad" políti- ca y sus instituciones.
La construcción discursiva de la representación apela a una racio- nalidad analítica liquidadora, configurada inmediatamente en saber-certeza. Esta, en sus “repre- sentaciones” capta; muestra; des- cribe; cuantifica; y genera un co- nocimiento explicativo, comple-
Cuademos del Sur
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to, descubridor de Ia esencia aga- zapada o escondida en la aparien- cia distorsionadora de la falsa consciencia.
7. La homogeneización de la repre- sentación se encuentra circuns- cripta en una serie de prácticas co- tidianas que confirmarían la ruti- na de las certidumbres: simple to- ma de consciencia, objetivación de la realidad desplegada en el pensamiento único de una racio- nalidad operativa. Qiizás, acen- tuando estas cuestiones, podría- mos considerar que la representa- ción fortalecen'a o requeriría para su ampliación la continuidad de una fragmentación masificadora.
8. En la totalidad de la representa- ción, la subjetivación discursiva, en el intento de decodificar la rea- lidad, se ha convertido en comuni- cación exhaustiva, en código cerra- do de la lógica de un discurso completo y transparente, “palabra vacía”, pero siempre generadora de un sentido, de una hegemonía so- cial. Así, más allá de las formula- ciones, el sujeto social representado es solo reconocimiento que va a fortalecer la mismidad de una identidad prefigurada, recortada por una racionalidad instrumental.
3. ¿Crisis de la representación
o representación de la crisis Entendemos por crisis de repre-
sentación a un proceso donde en-
tran en conflicto los sujetos repre-
sentados con sus representantes. Es- te conflicto ha de expresarse en las limitaciones al establecimiento de una relación de delegación.
Concebimos a la representación como el establecimiento de una he- gemonía, hegemonía de la democra- cia representativa. Podemos pensarlo como hegemonía de un discurso y de una práctica social constituyente.
Cuando los representados pier- den la confianza en sus representan- tes y como efecto de ello se niegan a cederles su representación —y solo en ese caso- estaríamos en presencia de una crisis en el sistema representati- vo. En tanto no exista esa limitación para establecer la dominación esta- ríamos en presencia de una crisis de coyuntura. Sin embargo, ciertos au- tores interpretan las crisis coyuntura- les como crisis estructurales. Las “al- teraciones” son asimiladas con aque- llas situaciones que ponen en tela de juicio la red de relaciones sociales es- tablecidas. Es decir, buscan y en- cuentran la crisis de representación en la representación de la crisis.
En esta visión, el concepto de cri- sis hace referencia al ámbito de lo económico, siendo lo “cultural” solo superestructura de lo “objetivo” (lo económico, la base, la estructura ma- terial, etc.). Estas posiciones cosifi- can en un determinismo reduccio- nista y mecánicamente lineal las rela- ciones económicas, como si estas pu- dieran ser desmembradas del conjun- to de las relaciones mail“. Así, en
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“última instancia”, la crisis de hege- monía es solo reflejo de la crisis eco- nómica, la imposibilidad de estable- cer una dominación política se debe a la dificultad de establecer una su- premacía económica. Economía y política forman una dualidad que en su imposición agota una compleja y conflictiva trama social.
La crisis de coyuntura que atrave- samos refiere a la pérdida relativa de credibilidad de algunos políticos y de algunas instituciones estatales (Sena- do, Justicia, etc.). Decimos que esta pérdida es relativa porque el régimen de democracia bipartidista opera co- mo reafirmador de la cosificación de los sujetos ofreciéndoles la altemati- va del “voto castigo” para mantener el sistema representativo dentro de la alienación cosificada del sujeto jurí- dico (libertad en términos jurídico- políticos), pero incapaz de superar las contradicciones que lo entrampan en el propio sistema representativo, manteniéndolo en la alternativa ince- sante de elegir “variaciones de lo mis- mo”, prefiriendo una u otra oferta electoral según varíe la coyuntura.
Existe un pensamiento extendido por el cual el consenso es un “enga-
ño” en contra de los propios “intere- ses materiales” de las clases subalter- nas que otorgan dicho consenso. Además esto es acompañado de una visión por la cual a las “masas” las clases hegemónicas las tienen “em- baucadas” con una “falsa ideología” y lo que se debe hacer es “desconer” el velo que oculta “la verdad”, plan- teando la existencia de una “falsa conciencia” a ser “corregida”.
La conciencia no puede ser ni “verdadera” ni “falsa” ya que no existe una “realidad inmanente” u oculta que habría que “develar”. La conciencia es la forma en que los su- jetos se representan su relación con la naturaleza y con los demás suje- tos. En este sentido la conciencia no puede ser ni verdadera ni falsa, solo “es”, no existe una forma única de entenderse a sí mismo en estas rela- ciones. Queries plantean la bipolari- dad verdadero-falso reducen este problema a un mero esquema. Criti- camos esta noción de falsa concien- cia porque ella implicará una “ver- dad trascendental” que es externa a los sujetos y que esta “allí” para ser descubierta a través del proceso de “toma de conciencia”.
Cuadernos del Sur
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EZLN: Comunicado de la comandancia rebelde desde Nurio
Nos quieren bacer espectáculo, solo noticia pasajera Marcos
Hermano es quien sabe ser hermano
El mensaje de la comandancia general del EZLN que publica Cuadernos del Sur, leído en Nuria por el subcomandante Marcos, es uno delos ma’s notables documentos del movimiento zapatista desde los días de la toma de San Cristóbal de las Casas, en el ya lejano enero de 1994. A partir de la historia y los agravios, pinta» otra vez la ra-
ya: edosy nosotros.
Un dia antes, el mensaje a la nación del presidente Vicente Fox empieza bablan- do de "mis bermanasy hermanas indígenas de todas las regiones de Me’xico’í y ter- mina diciendo: "Está naciendo una nueva luz en Mexico. La luz de la verdad, la luz del amor’Ï Mientras tanto, su gobierno mantiene decenas de miles de soldados sobre los pueblos y las comunidades indígenas de Me'xico y con cuentagotas, uno a uno, suelta cada tanto algunos presos, moneditas de cambio, como si cada dz'ay ca- da mes y cada año de cárcel] de cerco militar no contaran para esos, sus "bermanos
y hermanas indigenas de Me’xico’Ï
Frente a ese poder que no respeta las palabras, la verdad ni la bistoria, los indí- genas enumeran uno a uno los agravios, los de cada diay los de todos los tiempos, y bablan a Me'xico desde donde estdny desde lo que son. Vale la pena escuchar una y otra vez lo que su mensaje dice. No es mensaje de guerra, pero tampoco es de rendi- ción. No bay soberbia en su voz, no bay insulto, pero tampoco bay falsa humildad. Ustedes son ustedes, y nosotros, nosotros. Hermano no es cualquiera. Hermano es quien sabe ser bermano.
Mientras tanto, va’monos respetando, den ya las tres señalesy empecemos, si esta vez es en serio, a conversar.
Adolfo Gilly
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El ser indígena es un delito penal, ausente en los códigos
Pueblo de Nuria. Hermanos y hermanas purépechas. Hermanos y hermanas del Congreso Nacional Indígena. Hermanos y hermanas de la sociedad civil nacional. Hermanos y hermanas de la sociedad civil in- ternacional:
Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
La historia que nos congregó estos días no es nueva. Los agravios que nos convocan no son nuevos. No es nueva nuestra lucha. Ni dolores ni combates tienen tiempo ni dueño. En ellos nacimos y son de todos. El do- lor nos une y nos hace uno, aunque muchos somos. Estos dolores somos.
Hermano, hermana amuzgo: se burlan de nuestro vestido, de nuestras costumbres, de nuestra cultura, de todo lo que nos hacer ser nosotros a no- sotros. Convierten la identidad en una vergüenza.
Hermano, hermana cora: persiguen nuestra historia persiguiéndonos a nosotros. Mucho tiempos perseguidos, indígenas somos para que el perse- guidor tenga sentido.
Hermano, hermana cuicateco: nos ahogan con sus mentiras. Para afuera mienten y nos hacen una imagen de desidia y desánimo. Para adentro mienten y nos hacen una imagen de resignación e inmovilidad.
Hermano, hermana chiapa: trucan nuestro nombre. De otra forma nos nombran olvidando nuestra historia, y nos obligan a llamarnos como ellos nos llaman y no como nos llamamos de por sí.
Hermano, hermana chinanteco: nuestras viviendas carecen de todos los servicios. Vivimos en la miseria, en la miseria morimos y en la miseria na- cen y crecen nuestros hijos. Nuestras casas son ataúdes donde nuestras fa- milias se amontonan. No tenemos agua potable, no tenemos energía eléc- trica, no tenemos drenaje, no tenemos materiales.
Hermano, hermana chocholteco: nuestras comunidades se amontonan afuera de las rutas vistas. Reniegan de nuestra existencia y, como no pue- den acabamos, entonces nos esconden de ellos y de los otros.
Hermano,- hermana chol: nos arrancan la querencia con miseria, y debe- mos caminar mucho, lejos de los nuestros, para que nuestros brazos al po- deroso sirvan, a cambio de una miseria que volverá a arrancamos la que- rencia.
Hermano, hermana chontal: de muchas formas nos hacen la guerra. En veces con bala, en veces con engaño, en veces con pobrezas, en veces con cárceles. Siempre con olvidos.
Hermano, hermana guarijío: la memoria es un delito hoy. Nosotros so- mos memoria. Somos indígenas. Somos delincuentes. Nuestra sangre llena
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cárceles y cementerios. Esta es la sentencia: prisión y tumba para la memo- ria.
Hermano, hermana huasteco: Vivimos menos años que ellos, nos enfer- mamos más que ellos, el doble de nuestros niños mueren'si nos medimos con ellos, tenemos más accidentes que ellos. Más muerte tenemos. Pero menos hospitales tenemos, menos doctores tenemos, menos enfermeras te- nemos, menos medicinas tenemos, menos vida tenemos.
Hermano, hermana huave: nuestro trabajo está mal pagado. Coyotes y caciques se alíarr para robarnos en los precios. Largas y dolorosas jornadas de trabajo se convierten en apenas unas monedas que no alcanzarán para nada.
Hermano, hermana kikapú: con trabajo trabajamos para tener trabajo que trabajo nos dé y así poder trabajar nuestro trabajo.
Hermano, hermana kukapá: La música de nuestra palabra ruido es para su oído, y sus ruidos quieren convertir en música para nuestros oídos.
Hermano, hermana mame: en rincón vivimos y en él nos arrinconan. Más pequeño y más pequeño es el aire que nos queda, y el suelo y el cie- lo.
Hermano, hermana matlatzinca: la historia es clara: nosotros ponemos los muertos, la sangre, el dolor, nuestras casas y campos destruidos, nuestra gente muerta muriendo muertes mortales.
Hermano, hermana maya: no tenemos maestros porque no tenemos es- cuelas, y no tenemos escuelas porque no tenemos maestros. Los programas educativos gubernamentales consisten en enseñar la ignorancia a nuestra gente.
Hermano, hermana mazahua: contaminan el agua, la convierten en mer- cancía, la roban, la venden. Dejan sin alimento a la tierra para que de sed muera la tierra.
Hermano, hermana mayo: hacen que nos enfrentemos entre nosotros. Siembran la discordia entre nosotros y ponen la muerte del hermano en la mano del hermano.
Hermano, hermana mazateco: nuestra alimentación es poca y mala. Co- nocemos la carne, la leche y el huevo por el nombre, pero esos nombres siempre faltan a nuestras mesas. Lo único que abunda en nuestras mesas son las bocas hambrientas de-nuestros hijos y de nosotros.
Hermano, hermana mixe: como mujeres tres veces somos matadas. Ma- tadas como pobres. Matadas como indígenas. Matadas como mujeres. Tres veces nos matan. ,
Hermano, hermana mixteco: el alcohol es veneno para nuestra sangre, y
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el precio que por el veneno pagamos sólo sirve para engordar al poderoso. Pedimos alimentos y obtenemos alcohol, que nuestra alegría corrompe y termina por entristecer nuestro corazón.
Hermano, hermana nahua: si sufrimos injusticias y arbitrariedades y pro- testamos, somos reprimidos. Si exigimos nuestros derechos, somos reprimi- dos. Si hablamos, somos reprimidos. Si nos organizamos, somos reprimi- dos. Si resistimos, somos reprimidos. Siempre es la represión la respuesta que recibimos. Nunca recibimos el oído atento, la palabra sincera, la gene- rosidad hermana. Siempre la amenaza, la cárcel, la muerte.
Hermano, hermana ñahñu: nuestro color significa para el poderoso de- bilidad, retIaso, ignorancia, rencor malévolo, chiste malo, gesto de despre- cio.
Hermano, hermana o’odham: nos quieren comprar la dignidad, única cosa que sin precio queda. Si no pueden hacerlo, entonces la persiguen, la encarcelan, la matan.
Hermano, hermana pame: toman nuestras tierras para sembrar y cose- charla muerte que se hace dulce en las venas y pulmones. Ellos toman las ganancias, nosotros la carne para el presidio.
Hermano, hermana popoluca: Nosotros los indígenas, aunque mucho tra- bajamos, no progresamos. Y el que no trabaja progresa a costa de nuestra mi- seria. Nosonos trabajamos y cosechamos pobreza, el rico no trabaja y en pre- mio recibe riquezas.
Hermano, hermana pure'pecha: nuestra lengua es perseguida. La temen por lo que dice y denuncia. La temen porque permite ver a la historia pasa- da. La temen porque en el hoy se rebela. La temen porque anuncia un ma- ñana. Nuestra lengua temen, por eso la persiguen y matan.
Hermano, hermana rarámuri: quien para el poder vale en nuestras tierras no somos nosotros, sino los recursos que hay en ella. Así, el árbol se hace muerte para hacerse madera, y la madera se hace dinero y el dinero bonan- za para el poderoso, desgracia para nosotros.
Hermano, hermana tenek: somos un objeto de decoración, un adorno vistoso y olvidado en una esquina de la sociedad. Somos un cuadro, una foto, un tejido, una artesanía, nunca un ser humano.
Hermano, hermana tlahuica: nuestros niños crecen educados en el te- mor. Temen crecer, temen ser indios, temen al otro que no es indio, temen ser ninos.
Hermano, hermana tlapaneco: no nos quieren dar más espacio que el de
los museos de las cosas antiguas, pasadas, que quedaron atrás en un ayer ya muy lejano. o
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Hermano, hermana tojolabal: nuestros pueblos se llenan de ejércitos» que ocupan nuestras tierras, destruyen nuestros bosques, contaminan nuestras aguas, profanan nuestros templos, desmantelan nuestras viviendas, introdu- cen la droga, el alcohol, la prostitución; nos persiguen con perros de caza, aviones, helicópteros, tanques de guerra, miles de soldados.
Hermano, hermana totonaco: la justicia para nosotros o es broma cruel ydescarada o panteón o rejas o desaparición. El ser indígena es un delito penal que no está escrito en ningún código, pero está en la cabeza de los policías. y jueces,
Hermano, hermanatriqui: la humillación es el futuro que nos ofrecen. En él siempre habremos de bajar la cabeza ante el poderoso, ser objeto de burlas y desprecio, ser inferiores, olvidables.
Hermano, hermana tzeltal: nuestras tierras buenas son ocupadas por el rico y nos avientan a los pedregales, donde a la tierra apenas se le arranca un suspiro.
Hermano, hermana tzotzil: para matarnos financian organizan, arman y entrenan grupos paramilitares. Y luego presentan sus matanzas como si fue- ra un pleito entre campesinos, como “conflictos intercomunitarios”, como si la mano que mata fuera morena y no como de por sí es; es decir, del co- lor del dinero.
Hermano, hermana wixaritari-huichol: nos roban nuestras tierras y el po- deroso esconde su robo detrás de leyes hechas para servirles a ellos y perju- dicamos a nosotros. Por gracia de la ley del poderoso convierten en delito nuestra vida y nuestra historia.
Hermano, hermana yaqui: el poder de allá arriba busca compramos la conciencia, corrompemos para convertirnos en esclavos, en serviles anima- les que escondan la justicia detrás de la mentira.
Hermano, hermana zapoteco: la política económica del poderoso nos obliga a abandonar nuestra tierra y emigrar a Estados Unidos. Además de dejar atrás a nuestras familias, nuestra historia, nuestra cultura, nuestra ca- sa, nuestra tierra, nuestras amistades, nuestro pueblo, debemos enfrentar el racismo armado de la policía fronteriza y los rancheras fascistas. La muer- te nos obliga a dejar nuestra tierra y al imos debemos enfrentar a la muer- te.
Hermano, hermana zoque: nos acorralan para que traicionemos la san- gre que nos da vida, para que sirvamos al poderoso en la sucia tarea de bo- rrar el color de la tierra.
Hermanos y hermanas de los pueblos indios que hoy nos estamos: no somos para el poder más que una cifra en sus cuentas. Somos un número
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molesto. Un número en una balanza. Para desaparecemos nos miden. Para medir su tiempo y su costo. Para explotamos nos miden. Para medir su tiempo y su ganancia. Para controlamos nos miden. Para medir su tiempo y su gasto.
Hermanos y hermanas: Hoy nos quieren poner de moda. Hoy nos quie- ren hacer espectáculo, noticia pasajera. Hoy nos quieren volver momentá- neos, instantáneos, fugaces, desechables, prescindibles, olvidables. ¿cuándo ha sido moda la historia? ¿Cuándo ha estado en venta la memoria? ¿Cuán- do la raíz es de un aparador pasajera? ¿Cuándo el pasado es momentáneo? ¿Cuándo la sabiduría es soluble e instantánea? ¿Cuándo la firmeza es fu- gaz? ¿Cuándo son desechables los cimientos? ¿Cuándo se prescinde del mañana? ¿Cuándo se olvida que son porque somos?
Cuarenta pueblos indios, de los 57 que andan en México, fuimos recibi- dos en la casa del purépecha. Fue en Nurio, Michoacán. Qie así lo consig- nen nuestros escribidores.
Nos reunió el dolor y la esperanza. El dolor y la esperanza nos hará ca- minar de nuevo, como ayer, como siempre.
Pero ahora no vamos solos. Ni solos de nosotros. Ni solos de los otros.
Ahora marcharemos de nuevo, pero los siete días que nos llevarán a la tierra que se crece para arriba, a la que hace leyes, temblarán con todos los indígenas que somos.
Si el dolor nos unió, si nos une la esperanza, nada tendrá sentido si no nos une el mañana.
¡Democracia! ¡Libertad! ¡Justicia!
Desde la comunidad purépecha de Nurio, Michoacán.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
México, 4 de marzo del 2001.
Revista de politica.
cultura
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El capital se mueve
John Holloway
El capital se mueve.
Esta afirmación es tan obvia que parece que no tiene sentido escribirla, mucho menos dedicarle el título de un artículo. Sin embargo...
En la interpretación obvia, de sentido común, la frase ‘el capital se mue- ve’ es comparable con la frase ‘el perro se mueve’. El perro, normalmente quieto, se levanta y se mueve. El capital, normalmente en un lugar, se levan- ta y se mueve. El capital británico se exporta y se invierte en Afiica. El ca- pital japonés sale de Japón y fluye a los Estados Unidos. El capital, como el perro, se entiende como algo basicamente fijo, pero capaz de moverse. El capital está ligado, pero capaz de desligarse. En este sentido: la Volkswagen tiene una fábrica automotriz en Puebla, pero sabemos que puede cerrar su fábrica y mover su capital a otro lugar. El capital es capaz de moverse, pero se define en primer lugar en términos de su ligazón: ligazón a una empresa (Volkswagen), ligazón a una rama económica (la industria automotriz) y li- gazón a un lugar (Puebla, Alemania). Siguiendo el mismo razonamiento, se refiere muchas veces al capital invertido en la industria textil como ‘capital textil’, al capital invertido en la banca como ‘capital banquero’, al capital que es propiedad de los mexicanos como capital mexicano, de los estaduni- denses como ‘capital estadunidense’. Aunque no se pone en cuestión la ca- pacidad del capital de moverse, de desligarse de un propietario particular o de una rama económica particular, el movimiento del capital se considera como secundario a su definición inicial en términos de su ligazón o fijeza.
En todos estos ejemplos, el capital está tratado como una cosa, una cosa que puede ser la propiedad de alguien, una cosa que normalmente está liga- da a un lugar en particular, a una empresa, una rama de actividad económi- ca: una cosa que puede ser movida de un lugar a otro, de una empresa a otra, de una rama económica a otra.
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Todo esto es obvio, pero una vez que tratamos de quitarle al capital su calidad de ser cosa, se vuelve menos obvio. ¿Por que' quisieramos quitarle al capital su calidad de cosa? ¿Por qué no sería suficiente el análisis obvio del movimiento del capital? Depende de lo que queremos entender. Si quere- mos entender como economistas el desarrollo capitalista, o si queremos en- tender cómo el capital domina a la sociedad, entonces no hay probablemen- te ninguna razón para cuestionar el carácter de cosa del capital. Pero si que- remos entender no la dominación y la reproducción del capital, sino la vul- nerabilidad y la ruptura del capital; si, en otras palabras, queremos entender no como funciona el capitalismo, sino como puede ser destruido, entonces tenemos que abrir el capital-como-cosa, romper la ilusión/ realidad de “el ca- pital es, el capital se mueve, el capital domina, así son las cosas”. Fue por eso que Marx dedicó gran parte de su vida a mostrar que el capital no es una co- sa, sino una relación social, una relación social que existe en la forma feti- chizada de una cosa.
Si el capital se entiende como una relación social y no como una cosa, entonces ¿qué significa decir que ‘el capital se mueve’? El movimiento del capital sólo puede significar la movilidad, o tal vez mejor, el flujo o la flui- dez de las relaciones sociales del capitalismo, de las relaciones de poder ba- jo el capitalismo.
Lo que la movilidad de las relaciones sociales del capitalismo quiere de- cir se puede ver a través del contraste entre capitalismo y feudalismo. Bajo el feudalismo, la relación de dominación/ explotación era una relación direc- ta y personal. El siervo estaba ligado a un señor en particular, y el señor es- taba restringido a la explotación de los siervos que había heredado o que po- día subyugar de otra forma. Ambos lados de la división de clases estaban li- gados: el siervo estaba ligado a un señor particular, y el señor estaba ligado a un grupo particular de siervos. Si el señor era cruel, el siervo no podía de- cidir irse a trabajar por otro señor. Si los siervos eran flojos, incapacitados o de otro modo insubordinados, el señor los podía disciplinar pero no los po- día simplemente despedir. La relación entre siervo y señor tenía un carácter fijo, inmóvil. El descontento que resultaba de la relación se expresaba a tra- vés de las revueltas y los escapes de los siervos, y la búsqueda por parte de los señores de otras formas de expander su poder y su riqueza. La relación personal e inmóvil de servidumbre feudal se mostró inadecuada como for- ma de contener y explotar el poder del trabajo. Los siervos huyeron a las ciu- dades, los señores feudales aceptaron la monetarización de la relación de do- minacron.
La transición del feudalismo al capitalismo fue por lo tanto un movi-
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miento de liberación por ambos lados de la división de clases. Los dos lados hu- yeron el uno del otro: los siervos huyeron de los señores (el aspecto que en- fatiza la teoría liberal), pero también los señores huyeron de los siervos, a través del movimiento de su riqueza monetarizada. Los lados huyeron de una relación de dominación que se había revelado inadecuada como forma de dominación: los dos lados huyeron a la libertad.
La huida a la libertad es la esencia de la transición del feudalismo al ca- pitalismo. Pero hay aquí dos sentidos diferentes y opuestos de la libertad, por supuesto (un dualismo que es la contradicción central de la teoría libe- ral). La huida de los siervos fue la huida de la subordinación al señor, la hui- da de aquellos que, por una razón u otra, ya no aceptaban la vieja subordi- nación, la huida de los insubordinados de la subordinación. La huida de los señores fue todo lo contrario: cuando convertieron su riqueza en dinero, es- taban huyendo de la insuficiencia de la subordinación, huyendo de la insu- bordinación. Por un lado la huida de los insubordinados, por otro lado la huida de la insubordinación: visto de cualquier de los dos lados, la insubor- dinación del trabajo fue la fuerza motriz de la nueva movilidad de la rela- ción de clase, es decir de la huida mutua de siervo y señor.
La huida de los insubordinados y de la insubordinación del trabajo, la re- pulsión mutua de las dos clases no disolvió la relación de clase. Para ambos, siervo y señor, la huida a la libertad se enfrentó con la reafirmación de la li- ga de dependencia mutua. Los siervos liberados encontraron que no- tenían la libertad de dejar de trabajar bajo mando ajeno, ya que eso hubiera impli- cado el hambre. Ya que los antiguos siervos no disponían de los medios de producción, fueron obligados a trabajar por un amo. Para sobrevivir, se tu- vieron que subordinar otra vez. Sin embargo, eso no fue un regreso a la vie- ja relación: ya no estaban ligados a un amo en particular, sino tenían la li- bertad de moverse, de dejar a un amo e irse a trabajar por otro. La transición del feudalismo al capitalismo implicó la despersonalización, desarticulación o licuefacción de las relaciones de dominación. La relación de dominación no fue abolida por la disolución de los lazos de servidumbre personal, pero sí sufrió un cambio fundamental de forma. El lazo que ligaba al siervo a un amo particular fue disuelto y remplazado por una relación móvil, fluida, de- sarticulada de subordinación a la clase capitalista. La huida de la (in)subor- dinación entró en la definición misma de la relación clasista.
Por el otro lado de la sociedad, los antiguos señores que habían conver- tido su riqueza en dinero encontraron también que la libertad no era todo lo que se habían imaginado, ya que todavía dependían de la explotación, y por lo tanto de la subordinación de los explotados, de los trabajadores, sus
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antiguos siervos. La huida de la insubordinación no es una solución para los señores-convertídos-en-capitalistas, ya que la expansión de su riqueza de- pende de la subordinación del trabajo. Tienen la libertad de abandonar la explotación directa de cualquier grupo particular de trabajadores (por cual- quier motivo, flojera, capacitación inapropiada, lo que sea) y de establecer lazos directos de explotación con otro grupo de trabajadores o simplemen- te de participar a través de la inversión no productiva en la explotación del trabajo. Cualquier que sea la forma de su relación particular con el proceso de explotación, la expansión de su riqueza no puede ser más que una parte de la expansión total de riqueza producida por los trabajadores. Igual que en el caso de sus antiguos siervos, la huida a la libertad se revela como una huida a una nueva forma de dependencia. De la misma manera en la cual la huida de los siervos de la subordinación los devuelve a una nueva forma de subordinación, la huida de los señores de la insubordinación los lleva a la necesidad de enfrentar esa insubordinación. Sin embargo, la relación se ha cambiado, ya que la huida del capital de la insubordinación se ha converti- do en un elemento central de su lucha para imponer la subordinación (co- mo se puede ver, por ejemplo, en la amenaza constante de cerrar una fábri- ca o de quebrar). La huida de la insubordinación ha llegado a ser lo que de- fine la nueva relación de clase. La insubordinación del trabajo es el eje so- bre el cual gira la definición del capital como capital. El desasosiego de la insubordinación es el movimiento del capital.
Desde el principio, la nueva relación de clase, la relación entre capitalis- tas y trabajadores (o, mejor, ya que es una relación despersonalizada, la re- lación entre capital y trabajo) es una relación de huida y dependencia mu- tuas: huida de los insubordinados y de la insubordinación, dependencia de la re-subordinación. El capital, por su definición misma, huye del trabajo in- subordinado para buscar más y más riqueza, pero nunca puede escapar de su dependencia de la subordinación del trabajo. El trabajo, desde el princi- pio, huye del capital para buscar autonomía, desahogo, humanidad, pero puede escapar de su dependencia y de su subordinación ante el capital sólo destruyendolo, destruyendo la apropiación privada de los productos del tra- bajo, y destruyendo así su propia existencia como trabajo. La relación entre capital y trabajo, por lo tanto, es una relación de huida y dependencia mu- tuas, pero no una relación simétrica: el trabajo puede escapar, el capital no. El capital depende del trabajo en una forma en la cual' el trabajo no depen- de del capital. El capital, sin el trabajo, deja de existir: el trabajo, sin el capi- tal, se convierte en creatividad práctica, en práctica creativa, humanidad.
El siervo (ahora trabajador) y el señor (ahora capitalista) siguen siendo los
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dos polos antagónicos de una relación de dominación-y-lucha, pero esta re- lación ya no es la misma. La insubordinación del trabajo se ha metido en la definición misma de la relación como desasosiego, movilidad, liquidez, flu- jo, fluidez, huida constante. La relación de clase se ha convertido en una re- lación móvil que cambia todo el tiempo, en la cual todos los capitalistas par- ticipan en la explotación de todos los trabajadores y todos los trabajadores contribuyen a la reproducción del capital, en la cual los padrones de explo- tación se cambian constantemente, kaleidoscopicamente.
En la transición al capitalismo, la dialéctica de la insubordinación/subor- dinación que es el nucleo de cualquier relación de clase adquiere una forma distintiva el movimiento antagónico de la huida de los insubordinados y de la insubordinación hacia la subordinación renovada. Este movimiento anta- gónico se expresa en las categorías familiares de la economía política: en la existencia de la fuerza de trabajo y de los productos del trabajo como mer- cancías, en la existencia del valor, del dinero, del capital. Estas categorías, que muchas veces son entendidas como la expresión de la legalidad del de- sarrollo capitalista, expresan en realidad la presencia definidora de la insu- bordinación del trabajo dentro de la relación capitalista de subordinación, es decir, el caos al centro de la dominación capitalista.
Todo eso parece ser de cabeza. No estámos acostumbrados a pensar en el valor, por ejemplo, en estos términos. Es más común pensar en el valor co- mo estableciendo el orden (la ‘ley’ del valor), como liga social en una socie- dad de productores autónomos. Esto es cierto, pero sólamente si se enfati- za la crítica a la teoría liberal. La noción de la ‘ley del valor’ 'dice en efecto: ‘a pesar de las apariencias, los productores aparentemente autónomos de la sociedad capitalista están ligados por una conección social que opera detrás de sus espaldas la ley del valor’. Si, al contrario, partimos no de la aparien- cia del inidividualismo fragmentada, sino de la irrupción histórica de la in- subordinación del trabajo, entonces el valor expresa la fragmentación im- puesta por esta irrupción sobre la dominación más cohesiva del feudalismo. La ley del valor es al mismo tiempo la ilegalidad del valor, la perdida de cualquier control social sobre el desarrollo de la sociedad, la presencia de la insubordinación dentro de la subordinación. El valor es la categoría de la economía política que sintetiza la huida contradictoria de los insubordina- dos y de la insubordinación, de la misma forma que la libertad es la expre- sión categoria] de la misma huida en la teoría política liberal.
El valor, en la forma de dinero, es la nueva liquidez de la relación de cla- se. Es el hecho que las relaciones sociales llegan a ser establecidas a través del dinero que hace posible que el trabajador se cambie de un amo a otro,
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en cada caso vendiendo su fuerza de trabajo por cierta cantidad de dinero. Es el hecho que el señor convertido en capitalista puede cambiar su riqueza en. dinero que le hace posible abandonar un grupo de trabajadores y voltear- se a otro y participar en la explotación global del trabajo.
El dinero no sólo hace líquida la relación de clase: al mismo tiempo la transforma y fetichiza. Le da a la relación de clase su propio color, dando a la relación de subordinación/insubordinación la apariencia de una rela- ción entre ricos y pobres, una relación de inegalidad entre aquellos que tie- nen y aquellos que no tienen dinero en lugar de una relación de antagonis- mo. Transforma la relación antagónica de subordmación/insubordinación en una relación de dinero, transforma la huida de los insubordinados y de la insubordinación que define la relación capital-trabajo en el movimiento de dinero, es decir el movimiento del capital (en el sentido de ‘el perro se mueve’).
La frase trivial con la cual empezamos el artículo, ‘el capital se mueve’, ha adquirido un nuevo sentido. Es una tautología. ‘El capital se mueve’ no sig- nifica que el capital normalmente está quieto y ahora se mueve, sino que el capital está constituido por el movimiento.
II
A primera vista, sin embargo, la relación capital-trabajo no es tán fluida. Aunque los trabajadores tienen la libertad de vender su fuerza de trabajo al explotador que ellos escojan, no existen en moción perpetua: muchas veces están empleados por un capitalista particular durante meses o años. Aunque el capitalista tiene la libertad de mover su capital a donde él quiera, mucho capital está atado a fábricas, a mercancías, al empleo de trabajadores especí- ficos, invertido en lugares específicos o en ramas económicas específicas, vinculado con empresas específicas. Aunque la relación que liga trabajo y capital es una relación a-ten’itorial, la mayoría de los trabajadores y de los capitalistas pasan mucha de su vida en un lugar y tienen ligazones territoria- les. Si enfocamos una empresa, o una rama, o un lugar, o si enfocamos un trabajador o un grupo de trabajadores, entonces el capital no aparece como moción pura: aparece como algo fijo pero capaz de moción.
La relación capital-trabajo, en otras palabras, existe en una forma institu- cional o estatica. Los trabajadores no tienen una relación inmediata con el capital como tal, sino con un capitalista, normalmente una empresa. Las empresas no explotan inmediatamente al trabajo como tal, sino a los traba-
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jadores que emplean. La moción pura de la relación capital-trabajo existe en una forma que parece detenerla, una forma que la institucionaliza. El poder en la sociedad capitalista no parece ser la expresión de una relación de hui- da-y-dependencia entre capital y trabajo: el poder parece adherir a empresas, grupos empresariales, personas específicas, estados y otras instituciones. Los poderosos, por nebulosos que sean, parecen tener una identidad: aun los más reclusos pueden ser identificados por un investigador persistente.
Si el poder existe en forma institucional, entonces el argumento que la relación capitalatrabajo es constituivamente fluida se puede entender sólo como crítica, como crítica explosiva y destructiva.
Regresando a la fi'ase inicial, ‘el capital se mueve’: la primera interpreta- ción (el capital, antes quieto o ligado de alguna manera, se mueve) implica una visión institucional del poder. El capital se define por su afiliación ins- titucional (Volkswagen, capital estadunidense), es decir por su falta de mo- vimiento, antes de que su movimiento sea considerado. Se asume que el marco institucional (la compañia o el estado) tiene prioridad sobre el movi- miento del capital. Así, por ejemplo, la noción de un ‘capital méxicano’ im- plica una definición anterior de ‘México’ que establece un marco de autori- dad dentro del cual se puede hablar de la noción del ‘capital méxicano’. A ‘México’ como categoría social (como conceptualización de las relaciones sociales) se le da prioridad teórica sobre el concepto de ‘capital’, aunque eso normalmente es asumido, raramente expresado o teorizado. La primera in- terpretación de ‘el capital se mueve’ no da sólamente cierta definición del capital, sino implica una visión más general de las relaciones sociales, una visión que define las relaciones sociales en términos de su institucionaliza- ción.
La visión institucional del poder (la visión del poder como ligado con, o la propiedad de, ciertas instituciones) implica una interpretación ‘de arriba hacia abajo’ del poder: el poder es algo que algunas personas ‘tienen’, y de la cual otras están excluidas. Así, por ejemplo, en la tradición leninista, se asume que el estado ‘tiene’ poder, un poder que puede ser ‘tomado’ por la clase trabajadora. La visión institucional del poder está vinculado con una comprensión del poder como dominación, o subordinación.
La segunda interpretación (el capital está constituido por el movimiento) no es simplemente diferente de la primera. Hace estallar a la primera inter- pretación. Dice, en efecto, que, contrario a las apariencias, las relaciónes so- ciales (las relaciones de poder clasista) no son institucionales. El capital se constituye por su movimiento, por la no fijeza de las relaciones sociales. To- das las instituciones que parecen ‘tener poder’ son simplemente el modo de
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existencia de una relación social sobre la cual no tienen ningun control la relación de huida y dependencia que es la relación entre capital y trabajo. Todas las grandes instituciones de poder que parecen ser tán sólidos están flotando sobre una relación móvil en la cual el trabajo finalmente es todo- poderoso. Decir que el capital está constituido por el movimiento es criti- carla autopresentación institucional del poder.
En otros palabras: partir de la comprensión del capital como movilidad es partir no de la estabilidad sino de la inestabilidad de las relaciones capi- talistas de poder. Si la primera interpretación entiende al capital en términos de la subordinación del trabajo, la segunda lo entiende en términos del mo- vimiento antagónico de la insubordinación/ subordinación del trabajo. Una vez que la insubordinación está colocada en el centro de la imágen, una vez que se entiende que la insubordinación define el capital y define la forma de la subordinación, una vez que se ve que la huida de los insubordinados y de la insubordinación constituye el capital, entonces se hace claro que no es posible entender el poder como hacia abajo, ni como ligado a una insti- tución específica. Si la insubordinación define la forma de la subordinación, entonces no es posible nunca discutir la insubordinación y la subordinación por separado.
Todo esto se puede expresar en términos más tradicionales, en términos de la relación entre la producción y la circulación. La primera interpretación da prioridad a la producción (la fijeza del capital), y asume que la circula- ción es secundaria, y externa a la producción; la segunda interpretación en- tiende al capital en términos de la unidad intema entre circulación y pro- ducción (la unidad de la huida de los insubordinados y de la insubordina- ción y de la imposición de la subordinación).
La distinción se puede ver también en términos de la definición de la cla- se. La concepción que ve la producción como primaria y la circulación co- mo secundaria tiende a conducir a una definición de la clase trabajadora co- mo la clase de personas subordinadas en la producción, es decir el proleta- riado industrial. Si el capital se entiende en términos de la unidad de la pro- ducción y la circulación (o la unidad de la huida de los insubordinados y de la insubordinación), entonces la imágen que se presenta es otra. El capital vive subordinando y luego huyendo de la insubordinación que es insepara- ble de la subordinación: chupa el trabajo para explotarlo y lo escupe por in- comible. El antagonismo que define a la clase trabajadora no es el antago- nismo de subordinación sino de subordinación/insubordinación: los traba- jadores no somos las víctimas subordinadas sino los insubordinados quienes repelen al capital y a quienes tiene que subordinar. Si el capital vive chupan-
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do y escupiendo, entonces la clase trabajadora puede ser definida precisa- mente como los chupados y escupidos de la tierra.
La crítica es la expresión teórica del desasosiego de la insubordinación. Ya que la crítica es el establecimiento teórico de la interconección entre los fenómenos sociales, y la huida de los insubordinados y de la insubordina- ción (el movimiento del capital) es el establecimiento práctico de la misma interconección, la crítica es nada más que la expresión teórica de esta hui- da. Prácticamente, el movimiento desasosegado del capital destruye sin fin las instituciones del poder. Teoricamente, el marxismo, como expresión más desarrollada de la insubordinación del trabajo, destruye sin fin las categorías del pensamiento.
III
El argumento desarrollado aquí implica una crítica a muchas de las cate- gorías de análisis empleadas por la tradición marxista ortodoxa.
Ha sido común en aquella tradición analisar el capital en términos de su fijeza o ligazón, y no en términos de su movimiento. Esto se refleja, por ejemplo, en el concepto del ‘capital nacional’, como en capital estaduniden- se, capital japonés, capital méxicano. El concepto de un capital nacional jue- ga un papel central en las teorías del imperialismo, que normalmente está entendido en términos de la dominación del capital estadunidense (u otro), o en términos del conflicto interimperialista (como en el conflicto entre ca- pital estadunidense y capital japonés, por ejemplo), o en términos de la ex- portación del capital de los paises ‘centrales’ a los paises ‘perifericos’.
Todos estos analisis se construyen sobre un concepto del capital definido en términos de su fijeza. Si el capital está constituido por su fluidez, es difi- cil ver como estas teorías se pueden defender. Si el movimiento del capital es la unidad contradictoria de la huida de los insubordinados y de la insu- bordinación y la re-subordinación del trabajo, entonces no es obvio porque o cómo este movimiento debería de ser analizado en términos de una ‘na- ción’. Desde el principio, el movimiento de los trabajadores para buscar otros ambientes de explotación ha sido un movimiento que cruza fronteras. Desde el principio, la huida del capital del trabajo insubordinado para bus- car medios de expanderse ha sido un movimiento mundial. La búsqueda mundial por el capital de ganancias más altas implica que existe una tenden- cia mundial ala nivelación de la tasa de ganancia, o, en otras palabras, una repartición en todo el mundo de la plusvalía producida por los trabajadores
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del mundo. En este contexto no tiene sentido tomar un concepto como ‘ca- pital nacional’ (o economía nacional) como base para entender el desarro- llo del capitalismo.
El concepto de ‘capital nacional’ sólo sepuede justificar en la medida en la cual existen obstáculos al flujo global del capital, es decir a la repartición global de la plusvalía, obstáculos a la huida de los insubordinados y de la insubordinación. Los estados son los más importantes de estos obstáculos. Cuando el modo feudal de subordinar al trabajo se derrumbó, significó no sólamente la liberación de siervo y señor, sino también el colapso del mo- do establecido de mantener el orden social, sin el cual una sociedad de cla- ses no se puede concebir. El nuevo modo de mantener el orden (el estado) se desarrolló separado del proceso inmediato de producción, una condición necesaria para la existencia del trabajo ‘libre’. Historicamente se organizó so- bre una base territorial. Los estados capitalistas se desarrollaron sobre todo como medio de imponer restricciones territoriales en la huida de los traba- jadores de la subordinación, a través de la legislación y administración de las leyes controlando lo que se definió como vagabundaje (la huida sin restric- ción de los insubordinados).
Los nuevos aparatos de orden público (los estados) se desarrollaron co- mo conjuntos más o menos coordinados de obstáculos al movimiento de trabajo y capital. Las leyes sobre el vagabundaje tienen su equivalente mo- derno en las leyes que controlan la migración (y por lo tanto la ciudadanía) y en todo el arsenal de regulaciones que restringen o inhiben de una mane- ra u otra el movimiento de los trabajadores (y sin las cuales el capitalismo hoy probablemente no podria sobrevivir). La restricción territorial es un principio central del mantenimiento del orden en la sociedad capitalista.
Las restricciones al movimiento del capital han tomado formas diferen- tes. Ya que todos los estados dependen para su misma reproducción de la acumulación del capital, como fuente de ingreso (a través de los impuestos) y como bases del orden social, todos los estados compiten para atraer el ca- pital a su territorio o para retener el capital dentro de su territorio. Mien- tras las restricciones estatales al movimiento de los trabajadores (la huida de la subordinación) aspiran en general (no siempre) a excluir los trabajadores, las restricciones al movimiento del capital (la huida de la insubordinación) normalmente tienen como objetivo atraer o retener el capital. Restricciones de este tipo incluyen medidas que obstaculizan directamente el movimien- to del‘ capital (obstaculos‘ a la exportación de dinero, por ejemplo), pero en general toman la forma de medidas que promueven condiciones favorables a la subordinación del trabajo y la acumulación del capital dentro del teni-
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torio estatal: la supresión de la oposición, la regulación de los sindicatos, la imposición de aranceles, la concesión de contratos para obras públicas, el pago de subvenciones, la protección de monopolios, la promoción de los intereses de las empresas operando dentro del territorio nacional a través de la diplomacia y la guerra. Todas estas medidas tienen como objetivo asegu- rar condiciones particularmente favorables para la acumulación del capital dentro del territorio estatal, y son, por lo tanto, intervenciones en la nive- lación mundial de la tasa de ganancia (la repartición mundial de la plusva- lía). Todas son medidas que adquieren su significado del movimiento mun- dial del capital. Los estados nacionales se pueden entender como tantos obstáculos al flujo mundial del capital, tantas presas tratando en competen- cia el uno con el otro de divertir (atraer y retener) el flujo mundial en su propia dirección, tantas válvulas intentando aprovechar del movimiento de un flujo que ellos no controlan.
En la medida en la cual los estados obstaculizan el flujo del capital (la huida de la insubordinación), se forman lazos entre capitales específicos y estados nacionales específicos. Estos lazos tienen muchas veces algo que ver con el orígen nacional de los propietarios del capital en cuestión, pero no es necesariamente así. Muchas empresas grandes mantienen vínculos muy estrechos con varios estados: discriminan según sus intereses, no según sus sentimientos nacionales. Los estados también siguen sus intereses: en gene- ral no discriminan entre capitales según su orígen nacional o la nacionali- dad de sus dueños. Los vínculos que existen entre empresas y estados pue- den tener una influencia importante en las acciones de las empresas y de los estados. Sin embargo, no constituyen los capitales como ‘capital nacio- nal’. De necesidad, las empresas y los estados son mucho más oportunistas que lo que sugiere el concepto de un ‘capital nacional’. Las empresas, para sobrevivir, tienen que tratar de aumentar sus ganancias al máximo. Si eso implica invertir su capital en varios países, lo harán, en general, y buscarán y recibirán el apoyo de todos los estados implicados. Los estados, para mantener el orden y sus ingresos, tienen que tratar de atraer y retener el ca- pital dentro de sus fi'onteras: la ‘nacionalidad’ del capital es, en general, una cuestión de indiferencia absoluta. Las empresas que actúan por sentimien- to nacional simplemente no atraerán una parte proporcional de la plusva- lía global. Los estados que confunden los intereses del estado con los inte- reses de los capitalistas locales (lo que pasa seguido donde hay lazos estre- chos entre políticos y capitalistas) encontrarán normalmente que lleguen a ser menos atractivos como ubicaciones para la acumulación del capital. Las alianzas entre estados específicos y grupos específicos de capitalistas (de
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cualquier nacionalidad) pueden jugar un papel importante en la competen- cia mundial para atraer una parte de la plusvalía total producida, pero tales alianzas son inevitablemente inestables y, de todas formas, no pueden ser tomadas como una base para la explicación del desarrollo capitalista.
El capital no conoce ni bandera, ni himno nacional, ni sentimiento na- cional, si no es como medida de imponer la subordinación del trabajo. To- do capital se nutre de la extracción mundial de la plusvalía: no hay otra fuente posible para la expansión capitalista. Las empresas atraen una por- ción de esa plusvalía o desaparecen. Los estados compiten para atraer y re- tener una porción del capital a través de la creación de condiciones favora- bles a la acumulación del capital o se caen en crisis y caos. La nivelación mundial de la tasa de ganancia (la repartición mundial de la plusvalía) no está controlada por ninguna empresa, ningun estado: todas las empresas, to- dos los estados, todos los políticos son los sirvientes del capital.
Ni el estado nacional, ni la rivalidad entre estados es, por lo tanto, una ca- tegoría adecuada para entender el desarrollo del capitalismo, ni a nivel mun- dial, ni en cualquier territorio local (estado, región, pueblo, lo que sea). La única manera de entender el desarrollo capitalista, sea político, sea económi- co, es a través de una comprensión de la extracción de la plusvalía, o, en otras palabras, la lucha de clases que es la unidad contradictoria entre la huida de los insubordinados y de la insubordinación y la subordinación del trabajo.
IV
El movimiento del capital es la unidad dialéctica de la huida de los insu- bordinados y de la insubordinación y la imposición de la subordinación. Es más común expresar esto como la unidad dialéctica de la circulación y la producción, pero estos términos no ponen énfasis en el hecho que ambas, la circulación y la producción, son lucha de clases, y que son diferenciadas en el tiempo y en el espacio. La huida de los insubordinados y de la insu- bordinación y la imposición de la subordinación son crucialmente distintos en términos temporales y espaciales: esto es fundamental para cualquier dis- cusión del desarrollo histórico del capitalismo.
La existencia del capital depende de la subordinación del trabajo. Para que el capital exista, el trabajo abstracto, productor de valor, tiene que ser impuesto al trabajo vivo; el trabajo tiene que ser sujetado al mando capita- lista y obligado a producir plusvalía en cantidad'suficiente para asegurar la reproducción expandida del capital. Los periodos de acumulación sosteni- da son periodos de subordinación sostenida del trabajo.
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En tales periodos de acumulación/subordinación sostenida, la insubordi- nación del nabajo y por lo tanto la huida del capital están presentes, por su- puesto, pero su importancia es menos obvia. Con todas las reservas que una generalización de este tipo implica, se puede decir que es la combinación de acumulación y subordinación que da su color al periodo, y a las concepcio- nes de la sociedad y del desarrollo social que predominan. En particular, la importancia relativa de la subordinación del trabajo (y por consiguiente del capital en su fOMa de capital productivo) da apoyo a la comprensión insti- tucional del capitalismo, según la cual el capital (y el poder en general) se entiende como basicamente estático.
El periodo de expansión de la posguerra (aproximadamente 1945-1974) es el ejemplo más obvio de un periodo de este tipo en el cual la subordina- ción del trabajo prevalecía. La insuboradinación previa (el periodo largo de conflicto en la primera parte de este siglo, del cual 1917 fue la luz más bri- llante) había sido superada finalmente por la combinación de la depresión, el fascismo y la guerra, y una nueva subordinación establecida que creó la base para la acumulación renovada del capital, que, a su vez, creó una base para el mantenimiento de la subordinación (o al menos la contención de la insubordinación) que era caracteristica de esos años. Con el tiempo, sin em- bargo, la explotación del trabajo llegó a ser más y más cara para el capital (lo que Marx llama alza en la composición orgánica del capital) y la contención de la insubordinación llegó a ser cada vez menos efectiva. El movimiento llamado muchas veces ‘1968’ fue la segunda gran huida del siglo de la su- bordinación, y el capital respondió como el capital tiene que responder, hu- yendo a su vez de la insubordinación del trabajo.
A partir de los últimos años de los sesenta y principios de los añós seten- ta, es la huida de los insubordinados y de la insubordinación que se esta- blece como momento dominante del desarrollo capitalista. El capital se convierte en su forma líquida de dinero, rompe sus vínculos instituciona- les (con fábricas, estados, ramas de actividad económica) y se mueve por el mundo en la búsqueda de medios para expanderse. No hay ni intemacio- nalización ni globalización del capital, ya que el capital es de por sí mun- dial, pero sí hay una intensificación del desasosiego mundial del capital que aparece como globalización. Los vínculos entre grupos capitalistas y esta- dos específicos se rompen, la política de la ‘economía nacional’ (el keyne- sianismo, las políticas de substitución de importaciones) es abandonada, to- dos los conceptos políticos, económicos, culturales que eran parte del pa- trón previo de pronto se caen de la moda. El dinero, la forma del capital en toda su pureza líquida y obscena, reina supremo, como norma cultural,
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como dogma económico, como principio de la organización de estado y sociedad. El torrente de capital líquido destruye el mundo viejo, ahogando en el proceso toda la vieja tontería asesina del socialismo (o liberación) en un país.
La huida de la insubordinación no es, sin embargo, la misma cosa que la reimposición de la subordinación. Entre 1917 y 1945, hubo toda una his- toria mundial de tragedia y de ensangrentamiento sin precedente: nunca antes había la restructuración del capital costado tanto horror. La huida del capital que ha moldeado el mundo en los últimos veintitantos años no pa- rece haber logrado una nueva subordinación del trabajo suficiente para crear una base para un nuevo periodo de expansión capitalista. A pesar de todo lo que se dice de la restructuración del proceso de trabajo y de la nue- va sumisión del trabajo, la importancia todavía del flujo de capital líquido y la expansión continua del crédito y de la deuda como forma de mante- ner el capitalismo sugieren que la sociedad (todavía) no ha sido restructu- rado lo suficiente para asegurar un nuevo periodo de subordinación-y-acu- mulación. Lo que una restructuración adecuada podría significar es indica- do (pero en escala pequeña) por los horrores de los años noventa (Ruanda, Bosnia). Posiblemente, la única forma de evitar un desarrollo de este tipo es a través de la realización teórica y práctica del poder del trabajo insubor- dinado, la fuerza del ‘ya basta’ mundial.
Nota: Muchas gracias a Ana Esther Ceceña: sin su presión paciente/impaciente, este artí- culo probablemente no hubiera sido escrito.
Para una expansión de algunos de los argumentos contenidos en este artículo, espe- cialmente en las secciones III y IV, véanse:
W. Bonefeld (1993), Tbe RecompositiOn qftbe Britin State, Dartrnouth, Aldershot.
W. Bonefeld yJ. Holloway (1994), “Dinero y Lucha de Clases”, en J. Arzuaga yJ. Hollo- way (coord), Dinero Global y Estado Nacional, Editorial Coyoacán, México, D.F.
J. Holloway (1992), “La Reforma del Estado”, Perfiles Latinoamericanos, no. 1., México D.F.
C. Marx, El Capital, esp. Vol III, cap. 10.
El autor es profesor/investigador en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanida- des de la Universidad Autónoma de Puebla.
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Turbulencia global: el capital del Siglo XXI
a publicación del ensayo de Robert Brenner Tbe economics of global turbulense (New Lefl Review 229) en 1998 fue una buena noticia en el campo del marxismo porque el mismo presentó un interesante estu- dio de la evolución de la economía mundial de posguerra y de su cri- sis y, además, porque suscitó una extensa y rica polémica en la que partici- paron varios de los intelectuales marxistas más importantes de la actualidad. Una intervención previa de Brenner a propósito de la discusión historio- gráfica sobre la transición del feudalismo al capitalismo en los años 80 ya había dado lugar a otro importante debate. En esta oportunidad, sin em- bargo, Brenner desató una controversia sobre la marcha del capitalismo contemporáneo y sus perspectivas, una controversia que continúa desarro- llándose en las páginas de las mejores revistas marxistas (Historical Mate- rialsm, Monthly Review, Review of Radical Political Economy, Capital and Class, Against tbe Current, etc.) y nutriéndose de los aportes de muchos de los in- telectuales marxistas más lúcidos de nuestros días (Carchedi, Husson, Free- man, Bonefeld, Shaikh, Fine, Meiksins-Wood, etc.). ' Apenas iniciada esta controversia, nosotros publicamos un breve artículo (“¿Del neoliberalismo a la depresión?”, Cuadernos del Sur 28, mayo de 1999) en el que Brenner sintetizaba las perspectivas que se seguían de su ensayo a propósito de la coyuntura económica mundial de entonces. Pero la rique- za del rumbo seguido desde entonces por este “nuevo debate Brenner” nos decidió a publicar, en este nuevo número de Cuadernos del Sur, un dossier entero dedidado al mismo. Incluimos entonces a continuación una síntesis de la línea argumentativa central de lbe economics..., realizada por el propio Brenner en respuesta a dos de sus críticos, y tres artículos que introducen sendas visiones críticas acerca del ensayo de Brenner en su conjunto. En la próxima entrega de Cuadernos del Sur complementaremos este dossier con una serie de trabajos que contienen distintas evaluaciones acerca de la co- yuntura económica mundial, retomando así la discusión de las perspectivas abiertas en este sentido por el ensayo de Brenner.
Alberto Bonnet
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La economía de la turbulencia global (síntesis) r
Robert Brenner
uscando explicar la caída
en la tasa de ganancia, mi
punto de partida es la anar-
quía de la producción capi- talista y, en particular, la presión competitiva sobre las empresas capi- talistas para recortar costos como la verdadera condición para su super- vivencia. Las tendencia lta es hacia la acumulaci w” i hacia la innovación puesto, en las raíces del capitalismo, sin (e tóricos, para desarr productivas. Pero, d desarrollan de una no planificada y co tiva, sostenga que también en el base - '
porque los capitalisrí dividuales no tienen 5- rés en, y en cualquierá’ta
i
son incapaces de, tener en cuenta el efecto agregado de sus acciones, es- pecíficamente el impacto destructi- vo de sus recortes de costos sobre los capitales ya existentes y sobre la capacidad de estos capitales de arro- jar beneficios. Así, cuando los capi- talistas recortan costos, tienden a s gir robl mas insolubles porque
Opietarios realicen la tasa de V a fi ¿o esperada y necesaria. Las pl "mas y'ïl’ós equipos que inicial- ' mente representan, la téc-
V ás moderna, pero queÏiÏgcesitan ser operados Glu- =e un largo período
cionar retornos su- es, se convierten así
frente a los nuevos y
* Tomado de R. Brenner: “Competition and class: a reply to Foster and McNally", en Monthly Re- view 51 (3), 1999. La publicación del ensayo de Brenner en español ya fire anunciada por Aka] Edi-
ciones.
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más bajos precios que resultaron de la introducción prematura de capi- tal fijo nuevo y aún más productivo.
Más específicamente (y combi- nando, a fines de ser breve, los as- pectos conceptuales e históricos de mi argumento), intento demostrar que la clave de la caída de la tasa de ganancia y su fracaso a largo plazo en recuperarse, fire el surgimiento y la persistencia de una sobrecapaci- dad y sobreproducción a escala del sistema en su conjunto, especialmente en la industria, a partir de mediados de la década de los 60. La sobreca- pacidad y sobreproducción, sosten- go, emergieron como un proceso de desarrollo desigual marcado por la interacción entre las economías de rápido crecimiento y de desarrollo más‘tardío de Japón, Europa y (más
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gicamente seguidoras, atrasadas so- cioeconómicamente y hegemoniza- das militar y financieramente por los Estados Unidos. Ellas adopta- ron tecnología norteamericana ba- rata pero avanzada con el fin de po- nerse al día (catcb-up). Después de reprimir o contener los levanta- mientos obreros militantes de los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, estas economías aprovecharon las enor- mes cantidades de trabajadores de- sempleados de sus sectores rurales, que todavía estaban relativamente atrasados, para mantener el creci- miento de los salarios relativamente bajo comparado con el crecimiento de la productividad. Evitaron los pesados gastos militares improduc- tivos encarados por los Estados Unidos. Y pusieron énfasis en la in- dustria doméstica, apoyada por sus bancos y gobiernos, en lugar de en la intemacionalización de sus eco- nomías mediante la expansión de ultramar de sus corporaciones y bancos multinacionales.
Durante la primera parte de la etapa de posguerra, las economías alemana y japonesa en particular fiincionaron como ejes de grandes economías regionales en Europa y Asia del Este. Hicieron uso de sus costos laborales mucho más bajos; de sus avanzadas instituciones eco- nómicas para regular las relaciones entre industrias, entre finanza e in- dustria y entre capital y trabajo; de
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sus tipos de cambio subvaluados; y de su proteccionismo para enrique- cerse a expensas de las economías norteamericana (y británica) de altos salarios, orientadas al libre cambio y dirigidas hacia el plano intemacio- nal. Las autoridades de EEUU acep- taron libremente este patrón de evo- lución económica internacional por- que les permitía no sólo asegurar la creación de mercados para sus in- dustrias de base doméstica, que al comienzo fueron avasalladoramente dominantes, sino también para pre- parar el camino a la penetración en gran escala de las economías euro- peas a través de la inversión directa de sus grandes corporaciones multi- nacionales, al tiempo que llevaban adelante una de las más intensas olas de expansión militar-imperial que el mundo haya visto. De hecho, los productores norteamericanos sufrie- ron relativamente poco daño por la competencia internacional intensifi- cada, porque habían comenzado con una enorme ventaja tecnológica y fueron capaces de dominar el gran mercado doméstico de EEUU, aún mientras cedían grandes porciones de sus mercados de ultramar a los productores extranjeros. Las multi- nacionales norteamericanas fueron en parte capaces de compensar las declinantes participaciones en las ex- portaciones usando el dólar sobreva- luado para comprar activos baratos en todo elmundo.
Sin embargo, el desarrollo desi-
.binaron
gual producido por el crecimiento de la división mundial del trabajo no continuó por mucho tiempo te- niendo sólo efectos favorables. En- tre 1965 y 1973, los industriales si- tuados especialmente en Japón, pe- ro también en Alemania y en otras partes de Europa Occidental, com- técnicas relativamente avanzadas con salarios relativamen- te bajos para reducir drásticamente sus costos relativos vis a vis los de Estados Unidos. Sobre esta base, se apropiaron de manera dramática de crecientes porciones del mercado mundial e impusieron en él sus pre- cios relativamente bajos, mientras que tenían éxito, gracias a sus costos relativamente reducidos, en mante- ner sus viejas tasas de beneficio. Sus competidores norteamericanos se ' do frente apprg-
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intermedios que eran necesarias pa- ra operar su capital fija (plantas y equipamientos), tuvieron que des- hacerse de capacidad productiva. Otros, a fin de permanecer en sus mercados, no tuvieran otra opción que aceptar tasas de beneficios sig- nificativamente reducidas sobre su capital fijo, puesto que no podían aumentar las precios sobre los cos- tas en la medida en que la hacían antes.
Como consecuencia de la inespe- rada irrupción en el mercado de bie- nes japoneses y alemanes de' precios más bajos, los productores indus- triales norteamericanos fueron inca- paces de realizar la tasa de beneficio previa, establecida sobre sus inver- siones de capital fijo cuando la de- manda excedía a la oferta en sus lí- neas. El resultado fue la sobrecapa- cidad y la sobreproducción a escala del sistema, que se manifestó en una declinante tasa de retorno sobre el stock de capital en la industria. En- tre 1965 y 1973, el sector industrial norteamericano sostuvo una caída en la tasa de beneficia sobre su stock de capital que excedió el 40 por ciento. Simultáneamente, las ta- sas de beneficio de las economías industriales líderes japonesa y euro- peas, tomadas en su conjunta, fue- ron dificilmente capaces de mante- nerse (al menos aproximadamente hasta 1969-70). El saldo fue que, en los mismos años, la tasa de benefi- cio de las sectores manufactureras
de las economías del G7 tomadas en conjunta (representativas de la in- dustria mundial en su totalidad) ca- yó cerca del 25 por ciento.
Las economías japonesa, alemana y atras europeas na permanecieron inmunes ante el declive agregada de la rentabilidad. En los tardías 60 y tempranos 70 emergieron enormes déficits de balance de pagos nortea- mericanos (y superávits de balance de pagos japoneses y alemanes) co- mo los concomitantes naturales de la declinación de la competitividad y rentabilidad norteamericanas y empujaran al sistema monetario mundial a la crisis. Entre 1971 y 1973, tuvo que descartarse el sistema de Bretton Woods de tipos de cam- bia fijos y el dólar tuvo que ser pro- fundamente devaluado, mientras que el marco y el yen fueron corres- pondientemente revaluadas. Los in- dustriales japoneses y alemanes se enfrentaron a castas relativas am- pliamente crecientes comparadas con las de sus rivales norteamerica- nos y fueron obligados a cargar con una parte mucha más grande de la caída en la rentabilidad agregada de la que había afectada a las econo- mías industriales del G7. Pera una evidencia del grado en el que la sa- brecapacidad y la sobreproducción habían apresado en este punta a la industria mundial fue el hecha de que los productores norteamerica- nas, aunque beneficiados por la caí- da del dólar, fueron incapaces de
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acercarse a la restauración de sus ta- sas de beneficio de la época del boom.
Aún así, una cosa es explicar de esta manera la caida inicial de la ren- tabilidad y otra muy distinta es ex- plicar por qué no hubo recuperación durante tanto tiempo. En particular, ¿por qué las firmas que sufrían una rentabilidad descendente en sus lí- neas no desplazaron medios de pro- ducción hacia atras líneas de benefi- cios más altos con el fin de aliviar la sabrecapacidad y la sobreproduc- ción? Ya creo que hay basicamente tres respuestas a esta pregunta.
Primero, las grandes corporacio- nes de los Estados Unidos, Alema- nia yJapón que dominaron la indus- tria mundial tenían mejores perspec- tivas de mantener e incrementar su rentabilidad buscando incrementar su competitividad en sus propias in- dustrias que relocalizando medios de producción en atras líneas. Po- seían grandes montos de capital fijo ya pagado que podían usar “gratuita- mente”. En consecuencia, al menos por un tiempo, pudieron realizar ta- sas de beneficia más altas sobre sus nuevas inversiones en capital circu- lante (trabaja, materias primas, bie- nes semi-elaborados) en sus propias industrias que las que podían reali- zar sobre inversiones en otras indus- trias. Aunque sufrieron tasas de be- neficio reducidas sobre su capital to- tal, sin embargo para ellas tenía sen- tido permanecer en el lugar.
Además, estas corporaciones mantenían relaciones establecidas desde hacía largo tiempo con pro- veedores y clientes que no podían ser reproducidas facilmente o sin grandes costos en otras líneas. Qri- zás más importante, durante un lar- go período habían desarrollado un conocimiento de la producción difi- cilmente ganado que podían aplicar sólo en sus propias industrias. Du- rante los 70 y después, las corpora- ciones de EEUU, Japón y Alemania encontraron más promisoria la lucha que el cambio y generalmente no abandonaron sus posiciones a me- nos que fueran forzadas. Can la ayu- da de gobiernos que las apoyaban y/o de financistas bancarios afines, buscaran transformar e impulsar la producción para competir mejor. El resultado fue una salida insuficiente.
Segundo, a pesar de la rentabili- dad reducida en las líneas industria- les mundiales, el proceso de desa- rrolla desigual continuó. Producto- res emergentes de bajas costos, con base especialmente en Asia del Este, encontraron rentable entrar en va- rias de aquellas líneas, tal como sus predcesores de Japón habían hecho una vez en circunstancias análogas. Hubo demasiada entrada, exacer- banda más la sabrecapacidad y la sobreproducción.
Tercero, las políticas keynesianas, que devinieron casi universales en los 70, contribuyeron de hecho a la perpetuación de la sabrecapacidad y
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la sobreproducción, ayudando a evi- tar una recuperación decisisva de la rentabilidad y, a su vez, de la acu- mulación de capital. La demanda incrementada, el gasto deficitario y el crédito fácil permitieran que mu- chas firmas de altos costos y bajas beneficios, que de otra manera hu- bieran ido a la quiebra, continuaran en el negocio y mantuvieran posi- ciones que podían haber sido acu- padas por productores de costos más bajos y beneficios más altos. Pe- ro, dados sus bajos excedentes, tales firmas debilitadas dificilmente po- dían encarar una gran inversión de capital o expansión. Más bien, en respuesta a un incremento en la de- manda agregada resultante de las políticas keynesianas, fueran capa- ces de originar un incremento más pequeño de la oferta que en el pasa- do, de manera que ' cientes déficits púb, e originaron aumentasïa e los precios más que ifi‘ic el producto. El keypes entonces indiscutibl ’ rio para mantener mundial en marcha.;...;; - incrementó la inflacx, precisamente evitanï áspera medicina de l presión que había a ' históricamente el c 3 a nuevas recuperaci- redujo a largo plazo namismo potencialïá ¿“el sistema. as...
Fue sóla can la administración de Clinton que la economía mun- dial fue capaz por fin de romper de- cisivamente con el keynesianismo. Volcker, Carter y Reagan habían in- troducido, por supuesto, un vicioso experimento de austeridad moneta- rista a comienzos de los 80. Pera el crédito profundamente restringido había amenazada con precipitar un crack y tuvo que ser contrarrestado por déficits keynesiana-militaristas. Sin embargo, la acumulación récord de deuda del gobiemo, frente al ré- gimen de dinero escasa derla Reser- va Federal, originó tasas reales ré- cords de interés que compensaron los avances de la rentabilidad que habían sido asegurados durante la importante restructuración de las firmas de altos costos/bajos benefi- cios, que tuvo lugar en la década de 0. Ante la posibilidad de en- e cón una revuelta en Wall _- si buscaba más déficits, Clin- bablemente no tuvo otra op- 'ue virar hacia el equilibrio p eiiupuestaria. Puesto que Europa ya seïhabía movida en esa dirección en tanto se preparaba para
steridad monetaria y ampletamente ma- ominó por fin la
La austeridad ma- .. nómica casi univer- llevado las contra-
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Ainmzoor
dicciones acumuladas de las dos dé- cadas previas al primer plana. Ha re- ducido el crecimiento de la deman- da interna en toda la economía mundial, forzando a los producto- res de todas partes a cambiar pro- fundamente su orientación hacia las exportaciones. Fue inevitable enton- ces una consiguiente intensificación de la competencia internacional, lo que allanó el camina a una seria exacerbación de la sabrecapacidad y la sobreproducción internacional ya existente en la industria y a un es- tancamiento más profundo y una inestabilidad intensificada a lo largo de la década.
En este contexto, la economía norteamericana logró expandir —un- que mucho menos dinámicamente de lo que indica la propaganda- y asegurar una revitalización impor- tante de la rentabilidad, en especial en el sector industrial, que todavía tiene una importancia crítica. Pero la industria norteamericana logró su recuperación de la rentabilidad en gran medida a través de una revitali- zación de la competitividad, que fue asegurada no sóla por la conti- nua restructuración de las medios de producción redundantes y de al- tos costas en las líneas industriales, sino también sobre la base de una empinada caída del dólar en rela- ción con el yen y el marco y un con- gelamiento de una década del creci- miento salarial. Así, el incrementa- da dinamismo de la economía nor-
teamericana se logró, en una medi- da importante, al costo de una ex- tensa recesión en grandes partes de la economía mundial durante la ma- yor parte de la década, particular- mente en las economías industriales orientadas hacia las exportaciones, de repente mucho menos competiti- vas, de Japón y Alemania. En este contexto, autoridades monetarias independientes buscaron aumentar sus retornos en un mundo que esta- ba escaso de oportunidades de in- versión real rentables pero inunda- do de liquidez (la cual había surgido del rescate de la Fed a las corpora- ciones y los bancos sobre-expandi- dos durante la recesión de 1990-91). Enviaron masas de dinero a corto plazo a Asia del Este, el único cen- Uo de crecimeinto verdaderamente dinámico en las 90, recalentando esas economías. Esto empearó los problemas subyacentes de sobreca- pacidad y sobreproducción y sentó las bases para la crisis económica in- temacional de 1997-98.
El dramático descenso en tres fa- ses de la tasa de interés, impulsado por Alan Greenspan en el otoño de 1998, cortó rapidamente la profun- dización de la crisis mundial seña- lando a las mercados de títulos que la Fed permanecería detrás del valor de sus acciones. El importante boom (que comenzó más o menos en 1996) que así se perpetuó ha sido en gran parte conducido por el enorme crecimiento del consumo interno.
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Este, a su vez, derivó del “efecto ri- queza” resultante del boom bursátil que rompió los récords, que dio sur- gimiento a grandes ganancias de ca- pital, a tasas de ahorra marcadamen- te reducidas y al espectacular creci- miento de la deuda privada tanto de las corporaciones como de los con- sumidores. El acelerado crecimiento del consumo norteamericano ha es- tada también detrás de los déficits récords de cuenta corriente nortea- mericanos que han permitido poner en marcha a la economía mundial.
En efecto, una nueva forma de estí- mulo artificial a la demanda a través de déficits privados hecha posible por la Fed ha sido sustituto de las viejos déficits públicos keynesianos. Pero, puesto que el problema subya- cente de la sabrecapacidad y la so- breproducción a escala del sistema no ha sido resuelto, es sola el boom del mercado bursátil, apuntalando el boom del consuma, la que hay se interpone entre la economía intema- cional y una nueva recesión a alga peor.
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La teoría de la crisis en el nuevo debate Brenner
Claudio Katz
l ensayo de Brenner,l que apareció en 1998 en el clima de colapso económico creado por la crisis asiática, tuvo una repercusión inu- sual en la prensa internacional. Precedido por un desmesurado elo- gio de sus editores de la New Lefl Review (“Marx ha encontrado su sucesor”), el texto precipitó un “segundo debate Brenner” que continúa la controversia ¡historiográfica protagonizada por el mismo autor en los años 80. En esa discusión sobre la transición del feudalismo al capitalismo, Bren- ner remarcó la importancia de las relaciones de producción y la gravitación de la lucha de clases frente a interpretaciones crudamente estructuralistas o unilateralmente demográficas y comerciales de ese proceso.
El ensayo actual contiene una teoría de la crisis, de las características del capitalismo contemporáneo y una opinión sobre la coyuntura económica internacional. En los tres planos aparecen observaciones originales, apoya- das en sólidos fundamentos empíricas. Los debates que ha generado revi- talizan las categorías marxistas, relegadas por el auge actual de nociones keynesianas y regulacionistas. En vez de polemizar en tomo a modelos, far- mas de acumulación a gestiones monetarias se discute sobre el valor, la ta- sa de ganancia y la irracionalidad del mercado.
Las tesis de Brenner
Para el historiador Brenner el capitalismo es un sistema económico carente de planificación y so- metido a crisis de sobreproducción, que son pro- vocadas por la compulsión competitiva a reducir costas. Plantea esta teoría de la crisis frente a la te- sis del “estrangulamiento del beneficio por la lu- cha obrera” dorofit squeeze) y en oposición a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (que atribuye esta declinación al aumento de la
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composición orgánica del capital, es decir el incremento de la proporción de inversión en maquinaria en comparación al costo de la mano de abra). Estima que la primer interpretación omite la existencia de numerosos pro- cesos compensatorios del aumento salarial (innovación, movilidad de los capitales, inmigración) y sugiere que el segundo enfoque es erróneo y ultra- determinista.
Para Brenner la falta de coordinación que impone la competencia es la verdadera causa de la crisis y considera que las depresiones se potencian cuando las plantas y equipos envejecidos subsisten sin destruirse en propor- ción a su depreciación. Evalúa que esta permanencia de capitales fijos obso- letas se ha vuelto muy común porque las empresas con grandes inversiones y estrechas relaciones técnicas con sus proveedores no pueden afrontar la ve- locidad del cambio tecnológico, el desgaste anticipado de sus equipos o el cambio de sector. Se mantienen en el mercado soportando menores tasas de ganancias y provocando el incontrolable aumento de la sobreproducción. A escala internacional, las economías más afectadas por esta dificultad para fi- nanciar la amortización adelantada de los equipos tienden a perder posicio- nes frente a los países que producen con menores costos.
Brenner señala que la competencia mundial entraña serias desventajas pa- ra el imperialismo que “llegó primero” parque sus seguidores aprovechan la imitación tecnológica, el menor costo salarial y la ausencia de las gastos mi- litares. Las potencias que emergen afianzan su especialización exportadora y refuerzan la protección de sus mercados internas para desafiar al lider. Si- guiendo este patrón de desarrollo desigual entre países avanzadas, Brenner explica los cambias de hegemonía en las dos etapas en que divide al capita- lismo contemporáneo: el boom de posguerra y el estancamiento posterior. Estima que entre 1945 y 1965, Estados Unidos encabezó el crecimiento pe- ro perdiendo su preponderancia absoluta frente aJapón y Alemania. Entre 1965 y 1979 estas países socavaran el liderazgo norteamericano pero la riva- lidad derivó en sobreproducción general y la posterior irrupción de las eco- nomías del sudeste asiático sólo ha multiplicado el excedente de mercancías.
Brenner2 estima que en las últimas dos décadas la política monetaria se ha convertido en el principal instrumento de la batalla comercial. A través de una drástica devaluación del dólar (40% frente al marca, 60 % frente al yen) y una reducción de las costos salariales (suba del 0,5 % anual frente al 3% de Alemania y 2,9 % de Japón), Estados Unidos recuperó terreno entre y 1985 y 1995 mejoró su rentabilidad. En su análisis más reciente conside- ra que el repunte norteamericana se apoya en el aumento de la productivi- dad y en el saneamiento del sistema financiera que acompañó al gran atra-
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pello contra las conquistas sociales. Pero Brenner3 interpreta que esta reac- tivación es frágil, ya que ningún indicador de esta recuperación alcanza los promedios de posguerra. La reCuperación se sostuvo primero en el despla- zamiento de competidores (dólar barato entre 1995-98) y posteriormente en la afluencia de capitales externos para financiar el consumo y la especu- lación bursátil (dólar alto entre 1998 y 2000).
Aunque Brenner abandonó su tesis inicial de una declinación industrial norteamericana en favor del sector financiero4 sugiere que el endeudamien- to comercial y la burbuja finanCiera norteamericanos desembocarán en un largo estancamiento, semejante al padecido por Japón desde principios del 90.5 Considera que la crisis asiática desencadenó una recesión generalizada, equivalente fuera de Estados Unidos y Europa a la situación de los años 30 y que será muy dificil de contrarrestar. Afirma que la intensidad de esta cri- sis es paralela al extraordinario nivel alcanzado por la sobreproducción.
Competencia, sobreproducción y obsolescencia
Brenner desarrolla su enfoque de la “crisis por sobre-competencia” en oposición a la teoría del capital monopolista que postula la atenuación de la concurrencia en el capitalismo contemporáneo. Por eso un defensor de esta tesis6 le cuestiona su omisión del control oligopólico que ejercen las corporaciones sobre el procesa productivo. Pero Brenner subraya correcta- mente el carácter temporario de esta manipulación y brinda evidencias em- píricas de la transitariedad que tuvo la “administración de los precios” en la economía norteamericana durante los años 50. Demuestra que el mane- jo discrecional de las mercados y productos fue severamente erosionado por la concurrencia japonesa y alemana, pero además destaca que la vigen- cia de la concurrencia es una condición del funcionamiento del capital y una causa de su crisis. Prueba que si la expansión de la producción tiende a desbordar las límites del mercado es porque la compulsión competitiva erosiona las concertaciones oligopólicas.
Pero la vinculación directa entre competencia y caída de la tasa de ga- nancia que establece Brenner es insuficiente, porque si bien a través de la concurrencia se consuman todos los procesos del capital (especialmente la redistribución del beneficia entre las distintos sectores empresarios), esta competencia no es la causa de la declinación general del lucro. Adam Smith postuló esta explicación y Marx la refutó, demostrando que la can- currencia provoca solo recesiones temporales y sectoriales.7
Las desajustes derivados de la ausencia de coordinación que analiza Brenner fueron estudiadas por varias marxistas a principios del siglo xx (Tu-
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gan, Hilferding, Bujarin) bajo la denominación de crisis de desproporcio- nalidad. Estos desequilibrios obedecen a la falta de correspondencia entre la oferta y la demanda sectoriales (por ejemplo, entre bienes de producción y bienes de consumo) y .no desembocan en la depresión de larga plazo que se indaga en la “Turbulencia de la economía global”. La anarquía de la produc- ción expresa una contradicción que explica las razones últimas de todos los desajustes del mercado a los desequilibrios sectoriales específicos, pero no es la causa concreta de las crisis generales.
Brenner remarca acertadamente que la subsistencia de capitales fijas ob- soletos potencia la sobreproducción y al mencionar esta perdurabilidad re- salta un rasgo del capitalismo contemporáneo: el rescate estatal de las em- presas en quiebra y la socialización de sus pérdidas. Sin embargo este sal- vataje no elimina la “depreciación moral” de las plantas y los equipos en- vejecidos que impone la competencia porque ningún capitalista espera re- novar la maquinaria al final de su vida útil y por eso la amortización anti- cipada es considerada un dato previo de la inversión. Además, el stack de capital nunca es homogéneo, sino que contiene variadas “cosechas” que se renuevan en distintos tiempos y de manera parcial. Este proceso —tradicio- nalmente conceptualizado como fundamenta de la teoría del ciclo- no ha desaparecido.8
Brenner exagera el efecto de la obsolescencia del capital fijo al omitir que la competencia mantiene en pie el proceso depurador de los capitales. Mientras ue or un. ad 'dera que la concurrencia es el matar cen- " " ¿parte lativiza suiimpacto desvalarizador de los ca- aza el estancacianisma de las teóricos del capital su diagnóstico de un límite estructural a las efec-
a‘r lo menos en el plano del capital fijo.
'afdegan cia- y-valor
' ' i y ectamente que Brenner se desliza hacia una ‘ lactasa de ganancia por efecto del aumento ' i amienta del salario determina efectiva- petencia sobre el beneficio, porque este último declina sólo cuándo la cancu- rrencia genera —en cierta país o sector- mayores costos salariales. Por ejemplo, para explicar la recuperación de la tasa de ganancia norteamericana en 1985-95 asigna un papel central al retraso de las
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aumentos salariales en ese país frente a Alemania yJapón. Pero Brenner mis- mo indica varias veces porqué la explicación salarial es incorrecta. Esta in- terpretación solo esclarece los vaivenes de la rentabilidad en el corto plazo o en los sectores empresarios “mano de obra intensivos”, pero no es la cau- sa de una declinación de la tasa de ganancias de varias décadas.
Para comprender este proceso hay que recurrir a un principio que Bren- ner considera “fundamentalista” y “malthussiano”: la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (TDTG). Sus calificativos críticos podrían quizás aplicarse a las versiones más burdas de esta teoría, pero no a sus for- mulaciones contemporáneas. En estas visiones (Dumenil-Levy, Mandel) la declinación de la tasa de ganancia nunca es derivada automáticamente del aumento de la composición orgánica del capital, sino de la convergencia de este procesa con el conjunta de las fuerzas que inciden sobre el proceso de valorización. Esta teoría es indispensable para conectar las tendencias de la acumulación en el largo plazo con la acción concreta de la competencia y para evitar explicaciones circulares de la sobreproducción por la propia so- breproducción.
Lo sorprendente es que Brenner no se opone a la ley de Marx defendien- do la teoría de la crisis tradicionalmente opuesta y basada en la contracción del consumo y además, coloca la caída de la tasa de ganancia en el centro de su análisis. Por esa, en realidad describe esta declinación de forma bas- tante análoga a la TDTG, aunque sin conceptualizarla en sus términos. Le asigna al incremento del capital fijo un efecto semejante al aumento de composición orgánica del capital y su pr rlidaÏél de los capitales fijos obsoletos se parece bas ' principal fuerza contrarrestante de la ley . tante). Esta familiaridad es percibida pa qui dad del enfoque de Brenner con este TDTG elimina todos los nexos analíticos g qué la ausencia de coordinación desemb H
Gran parte de las dificultades del an postura dubitativa frente a la teoría marx st de la explicación del comportamiento d pa de trabajo socialmente necesaria pa- ra la producción de las mercancías, pe- ro al mismo tiempo reivindica las enfa- ques más hostiles a esta caracterización (por ejemplo, el teorema de Okishia). Esta vacilación le impide explicar par-
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qué la “ceguera del mercado” es en última instancia un resultado de la re- gulación desequilibrada de las precios que impone la acción de la ley del valor.
Al demostrar que la crisis surge del movimiento intrínseco de la acumu- lación y no de gestiones monetarias inoportunas o de políticas económicas desacertadas, Brenner recupera la crítica radical al capitalismo. Pero al man- tenerse en la esfera superficial de la competencia no logra formular una teo- ría de la crisis y por eso recurre a las explicaciones sustitutivas (profit squee- ze, tipo de cambio) que objeta en su presentación teórica.
Enfoque “vertical” y “horizontal”: una falsa oposición
Algunos autoresll estiman que Brenner reemplaza el antagonismo entre el capital y el trabajo (conflicto vertical) por la confrontación competitiva entre capitalistas (disputa horizontal). Plantean que sustituye el análisis de la explotación por el estudio del fenómeno secundario de la concurrencia, atribuyendo únicamente a los empresarios un papel relevante en el proce- so económico. Brenner rechaza esta acusación y afirma que tampoco sus críticos incorporan la lucha social en sus teorías económicas. Señala que la relación capital-trabajo es un presupuesto común de todas las interpretacio- nes marxistas, que no alcanza para investigar cómo la competencia deter- mina el curso de la acumulación y la crisis. También destaca que histórica- mente las relaciones “mercado-dependientes” aparecieron antes de la prole- tarización (y podrían eventualmente reproducirse en situaciones transito- rias de “socialismo de mercado”), lo que permite analizarlas con cierta au- tonomía de la relación salarial.12
Al poner de relieve que el estudia del capitalismo exige investigar obje- tivamente las leyes económicas, esta defensa metodológica es correcta por- que además recuerda que el presupuesto de la explotación está claramente incluido en el enfoque de Brenner. La dinámica de la acumulación debe in- dagarse a un nivel de abstracción diferente a la confrontación clasista, te- niendo en cuenta que si bien el capitalismo se asienta en la extracción de plusvalía, su evolución no depende exclusivamente de esta expropiación. Si se reducen todas las apreciaciones económicas a evaluar el estado de la lu- cha de clases, no se puede zanjar ninguna discusión sobre la tasa de ganan- cia, la realización del valor a la desproporcionalidad. El antagonismo entre exploradores y explotadas es una condición necesaria pero no suficiente del análisis marxista.
Aunque Brenner no “fetichiza la concurrencia”, su relata diluye la inci- dencia de la acción de los trabajadores y omite caracterizar los grandes
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el aborto de la revolución social europea, el macartisma en Estados Unidos o el disciplinamiento de la clase obrera japonesa no tienen influencia sobre el crecimiento de posguerra. Tampoco gravitan sobre el movimiento por- centual del beneficio las rebelianes de los 70 y la contraofensiva patronal de los 8G. Ni siquiera se considera que el colapso de la Unión Soviética y la restauración capitalista del Este europeo constituyen elementos significa- tivas del contexto económico actual.
Se podría suponer que en el ensayo de Brenner está implícita una derro- ta histórica de los trabajadores.” Pero esta caracterización es incorrecta, porque la clase obrera no desapareció del escenario de los países centrales en la posguerra y fue protagonista de las sublevaciones que indujeron el gi- ra contemporáneo del capital hacia el neoliberalismo. En realidad, el enfa- que de Brenner tiene rasgos economicistas cuando se concentra únicamen- te en el análisis del comportamiento del beneficio, los salarios y la infla- ción. Para caracterizar las etapas de este sistema hay que integrar el análisis “vertical” y “horizontal”, precisando como influyen los triunfos y las derro- tas estratégicas de las clases dominantes y dominadas sobre las principales variables económicas.
“Desventaia del primero”, imperialismo y mundialización
Brenner combina su “teoría de la sobre-competencia” con un modelo historiográfico que asigna a las potencias seguidoras la posibilidad de usu- fructuar de las beneficios ya casteados por el líder. Por eso contrasta los avances de Japón y Alemania en los 60 (reducción de costos y aumento de la productividad) con el reacamadamiento coyuntura] de Estados Unidas en los 80 (devaluación del dólar para aumentar exportaciones y manejo fi- nanciero para atraer capitales extranjeros).
Este enfoque tiene cierta semejanza con la teoría del catcb up que postu- lan las autores sistémicas (Wallerstein, Braudel, Arrighi) porque si bien la tesis de Brenner se basa en la teoría marxista del desarrollo desigual y com- binada, carece de la dimensión dialéctica de esta concepción.14 Al suponer que las seguidores aprovechan las realizaciones de la potencia inicial igno- ra que “llegar primero” no sólo entraña castas. También brinda mayores posibilidades de recuperación hegemónica. No es fácil para las potencias re- trasadas compensar las ventajas logradas por el imperialismo que se adelan- tó en el plano geográfico y militar. Por eso Alemania yJapón encontraran un techo a su avance de las últimas décadas, mientras Estados Unidos reto- rnó la iniciativa en el plana de la inversión y la productividad a partir de su primacía político-militar.
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errores? de Brenner obedecen, en parte, a la escasa "rtancia que le asigna a la nación de imperialismo.
y por ello no capta la importancia que ha tenida ernacía. imperialista en el resurgimiento norteame- Z ricah . Omite que Estados Unidos ha sido el principal Q b i ciario‘del proceso de recolonización de América
rtancia al proceso de mundialización. A rivalidad inter-imperialista (aunque cen-
giiefiréa ¿"ac l’ a . .. . = ‘- e al choque bélico del período preceden- te. Plantear una teoría de la crisis exclusivamente centrada en la competen- cia implica ignorar que la disputa inter-imperialista no tiene la dimensión del pasado, porque es mayor el entrelazamiento y los intereses comunes en- tre los concurrentes.
Brenner tampoco registra la nueva gravitación que tienen las empresas transnacionales, la mayor movilidad internacional del capital, ni el cuadro de concertación que se ha establecido en torno a los organismos intema- cionales. Enfatiza un aspecto de la confrontación comercial-cambiaria, sin notar que a través de los “acuerdas y contra-acuerdos Plaza” Estados Uni- dos no sólo impuso sus intereses exportadores, sino también los mecanis-
mos para financiar su reorganización indus-
" 3 trial. Y pudo aprovechar este privilegio porque
detenta la hegemonía imperialista, en el marco de una mayor internacionalización del capital. Brenner no aborda esta problemática des-
de una perspectiva histórica, porque carece de una- teoría de la periodización histórica del ca- pitalismo. A diferencia por ejemplo de Man- del, no contextualiza la competencia inter-im- perialista en la dinámica del capitalismo tardío, ni combina las contradicciones “endógenas” de la reproducción del capital con el impacta “exógeno” de la lucha de. clases. Por esa dedu-
............ ..
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ce rudimentariamente la tasa de gananc
Las transformaciones de la etapa .La tesis central de la “Economia dela es la caída de la tasa de beneficio como
Este cambio no es un dato menor, porquefi de la caída de esa variable correspondería ha recompuesto.15
Brenner explica esta recuperación po . ada Estado . - - para imponer políticas cambiarias que deterioran la competitividad de sus rivales. Pero por otra parte, acepta que la mejora de la rentabilidad no ha sido un fenómeno coyuntural y monetario, sino que se nutre de fuertes avances en la inversión y la productividad. Por lo tanto, no es un aconteci- miento de corto plazo como evaluó inicialmente. Si se comparan los artí- culos que escribió en 1995, 1998 y 2000 sus cambios de opinión en este te- rreno son muy perceptibles.
Brenner también moderó su impresión negativa de las transformaciones tecnológicas. Mientras que al principio rechazaba enfáticamente el impac- ta revolucionario de las nuevas tecnologías de la información, luego ha ten- dido a aceptar que la recuperación económica norteamericana obedece en cierta medida a la aplicación de la informática a los procesos industriales. Como ocurre con muchos marxistas que polemizan con las fantasías de “la nueva economía digital”, Brenner se limita a refutar los mitos “cyber-opti- mistas” sin indagar la dimensión objetiva de la revolución informática. No acepta, por ejemplo, la noción de revolución tecnológica, ni compara el cambio actual con los antecedentes del vapor o la electricidad.
Brenner supone que una nueva fase de crecimiento sólo podría emerger luego de una desvalarización masiva del capital comparable a la ocurrida durante 1914-45. Pero este curso de las acontecimientos no es la única op- ción abierta. Fue la alternativa predominante durante la primera mitad del siglo XX, pero no la secuencia prevaleciente durante la “belle epoque” de 1890-1910. En el rígido esquema de “sobreproducción exacerbada por la
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obsolescencia del capital fijo” solo se contempla la primer alternativa, me- diante un razonamiento en términos de “estallido a no estallido de una de- presión tipo 1929”.“
Este abordaje no permite registrar el proceso combinado de reestructu- ración y crisis del capital que se viene consumando en la última década y que explica más claramente la recuperación de la tasa de ganancia nortea- meriCana, a partir del repunte de la inversión y la productividad que siguió al aumento de la explotación, al debilitamiento de los sindicatos y a la ma- yor movilidad internacional del capital. Estas transformaciones no mantie- nen inmovilizados a los capitales fijos, sino que han viabilizado importan- tes depuraciones de capital a través de crisis que impactaron más a las eco- nomías que retroceden (Japón, cierta parte de Europa) que al principal cen- tro imperialista (Estados Unidos) o a las naciones que aumentan su presen- cia en el mercado mundial (China). El efecto devastador de este proceso se ha concentrado más claramente en la periferia (Latinoamérica, Africa, la mayor parte de Asia, los “ex países socialistas”).
La mirada de Brenner no capta la complejidad y diversidad de la reestruc- turación del capital en curso. Su acierto radica en indicar, que a diferencia de la posguerra esta transformación aumenta la fractura social en las nacio- nes que prosperan y multiplica la degradación de los países que retroceden.
Oscilaciones teóricas y diagnóstico de la coyuntura
Del análisis inicial centrado en el carácter explosivo y generalizado de la coyuntura económica intemacional que planteó en su ensayo, Brenner ha pasado en sus textos más recientes a una visión focalizada en la dificultad de Estados Unidos para procesar el fin del ciclo reactivante. Las contradic- ciones acumuladas luego del período de dólar cara, endeudamiento artifi- cial e hiperconsumo (1995-99) que siguió a la etapa anterior de recupera- ción a costa de los rivales de Europa yJapón (1985-95), obligan a un nue- vo giro hacia el dólar barato y el auge exportador. Brenner calcula que esta readaptación puede desencadenar una larga recesión semejante a la padeci- da por Japón desde principios de los 90, pero también plantea que el cam- bio puede concretarse sin grandes conmociones. Su diagnóstico reproduce la discusión actual en tomo al “aterrizaje suave o forzoso” de la economía norteamericana que es el punto clave del momento porque la forma de es- ta desaceleración definirá la coyuntura y también el relanzamiento o recaí- da de Europa yJapón.
Pero en cualquier alternativa es muy probable que el retroceso de los paí- ses periféricos se mantenga como el eslabón más débil del circuito finan-
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ciero internacional. En la última década las crisis no han tendido a genera- lizarse sino a profundizar la fractura polarizante del mercado mundial. Es- te rasgo ha sido predominante desde el colapso de la deuda latinoamerica- na en 1982 y se verificó en el tequila mexicano del 85 y en' la cesación de pagos pospuesta de Rusia, Brasil y Argentina en 1999-2000. Esta localiza- ción de la crisis se acentúa en las naciones que soportan mayores derrum- bes del precio de sus materias primas o frenéticas huidas del capital hacia las inversiones más seguras del centro.
El enfoque de Brenner no destaca este rumbo dualizante de la crisis por- que se mantiene pendiente de una generalización al estilo 1930, sin notar que incluso el severa descalabro asiático de 1997-98. no irradió —como po- dría imaginarse- a los grandes países imperialistas. La crisis presenta un ca- rácter fracturado y desigual que no encaja dentro del modelo tradicional de depresión global que con muchas oscilaciones postula Brenner.
Su punto de partida centrado en la sobreproducción constituye un logro porque evita la típica descripción de conspiraciones financieras y deduce el sobredimensionamiento bursátil del excedente de mercancías. Se puede ob- jetar que desconsidera el papel del crédito y que no toma en cuenta las transformaciones registradas en el sector financiero. Pero frente al abruma- dor predominio de interpretaciones simplistas centradas en la especulación y el “casino bursátil”, la tesis de Brenner subraya adecuadamente que el ori- gen de los desequilibrios actuales se encuentra en el funcionamiento anár- quico del capital. Y a diferencia de muchos marxistas que se limitan a reco- nocer que el parasitismo financiero es un resultado de la sobreproducción para luego estudiar exclusivamente los problemas de los bancos, Brenner se toma en seria el principio de indagar en primer término las contradiccio- nes del proceso productivo.
Su gran defecto es convertir un punto de partida adecuado en el único eje del análisis. Al deducir directamente la evolución de la tasa de ganancia de la competencia ignora dos elementos claves: la evolución de la compo- sición orgánica en los países centrales y el comportamiento del poder ad- quisitivo en los países periféricos. La primer omisión le impide diferenciar las tendencias de corto y larga plaza de la tasa de ganancia y formular un diagnóstica claro de la etapa. El segundo olvido elimina de su enfoque el impacto negativo de los ajustes neoliberales sobre la demanda en los países dependientes, que han sufrido un proceso de empobrecimiento y contrac- ción de mercados sin precedentes.
La insuficiencia del enfoque de Brenner se evidencia en su constante aproximación hacia otras teorías basadas en el comportamiento del salario
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o la política cambiaria. Se desliza permanentemente de una tesis marxista muy general —la sobreproducción por la anarquía competitiva- al análisis macroeconómico de la política monetaria y fiscal. Como además, la lucha de clases está presente sólo como un presupuesto muy general, no introdu- ce ninguna referencia al impacto que tiene la acción de los trabajadores so- bre el signo de la coyuntura. No menciona, por ejemplo, las consecuencias económicas de la- reanimación de la batalla social en Europa desde 1995, ni la revitalización posterior de la acción sindical en Estados Unidos. Tampo- co alude a las rebelianes de la periferia o las movilizaciones intemaciona- listas de los últimos años.
El enfoque de Brenner es ambiguo. Cuestiona el estancacionismo, pero define un agotamiento económico estructural desde la mitad de los 70, aler- ta contra el catastrofismo pero se mantiene fiel a un diagnóstico de colap- so semejante al 30, critica el keynesianismo-cortoplacista, pero se concen- tra en la observación de los movimientos coyunturales.
Metodología e implicancias políticas
Brenner recibió críticas metodológicas radicalmente opuestas. Algunos autores17 le objetan la ausencia de microfirndamentación para explicar la conducta de los capitalistas. Pero otros (Lebowitz) lo acusan de afinidad con el individualismo metodológico y abandono del enfoque holista pro- pio del marxismo. De estas dos críticas la segunda tiene ciertos fundamen- tos, porque se puede asociar su excesivo énfasis en la competencia con al- guna afinidad con el marxismo analítico.
Sobre Brenner han recaído, además, críticas opuestas por su visión del análisis económico. Algunos (Laibman) cuestionan su carencia de rigor for- mal y sistematización cuantitativa, pero otros objetan su abandono del aná- lisis de la lucha social tan presente en su enfoque historiagráfico.la También aquí es más negativa esta última desatención que la ausencia de modeliza- ción. Brenner evita la tendencia de muchos economistas críticos a adaptar su forma de análisis a los canones impuestos por el mainstream y su exce- lente incursión como historiador en la economía reafirma que los marxis- tas detentan una gran capacidad para reunificar el pensamiento en las cien- cias sociales. A su ensayo no le faltan formalizaciones, sino caracterizado- nes políticas de la correlación de fuerzas entre las clases sociales.
Otro debate gira en torno a las consecuencias políticas de su interpreta- ción, ya que por centrar su análisis en la competencia se podría deducir que postula atemperar los desequilibrios del capitalismo con medidas reformistas de control. Por eso se lo acusa de proponer estas regulaciones atentando con-
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tra la acción solidaria y unificada de los trabajadores.19 Pero se podria formu- lar esta misma crítica contra cualquier concepción marxista si se interpreta, por ejemplo, que las defensores del sub-consumo solo plantean mejorar el poder adquisitivo, o que los teóricos de la crisis de valorización solo preten- den recomponer la tasa de ganancia abaratando el capital constante, redu- ciendo los gastos improductivos o ampliando la economía armamentista. Acusar a Brenner de reformismo es una simplificación inadmisible, por- que nunca defiende la “competencia sana” contra la “competencia coerci- tiva” ni propone regularla. El eje de su texto es el cuestionamiento del ca- pitalismo y la denuncia de la sobreproducción, en un momento de grandes ilusiones en las virtudes de la concurrencia. Los errores de Brenner no re- ducen el acierto de su crítica ni anulan su saludable intención socialista.
Febrero 2001 claudiok@amet.com.ar
Otros textos del debate
Camejo, Peter. “On Brenner’s theory of crisis”, Against tbecurrent, n° 80, may- june 1999.
Durand, Maxime. “The economics of global turbulence”. Imprecor, n° 429, no- vembre 1998, París.
Goldner, Loren. “A reply to Robert Brenner”, Against tbe current, n° 80, may-ju- ne 1999.
Ticktin, Hillel. “Accumulation and control ar labor”, Against tbe current, n° 79, march/april 1999
Carchedi, Guiglielmo. “A missed opportunity: ortodox versus marxist crisis theories” Historical Materialism, n° 4, summer 1999.
Crotty, J. “Structural contradictians of the global neoliberal regime”. Review of Radical Political Economics, vol 32, n° 3, september 2000.
Freeman Alan. “ Crisis and the poverty of nations”. Historical Materialism, n° 5, winter 1999.
Harman Chirs.“Footnotes and fallacies. A comment on Brenner's”. Historical Materialism, n° 4, summer 1999.
Mc N ally David. “Turbulence in the world economy”. Montbb; Review, n° 2, vol 51, june 1999.
Shaik Anwar. “Explaining the global economic crisis” Historical Materialism, n° 5, winter 1999.
Cuadernos del Sur 91
Smith Murray. “The necessity of value theory”. Historical Materialism, n° 4, summer 1999.
Weeks John. “Surfing the troubled waters of global turbulence” Historical Ma- terialism, n° 5, winter 1999.
Notas
1 Brenner, Robert. “The economics of global turbulence”. New Lefi Review 229, may-june 1998, London.
2 Brenner, Robert. “The looming crisis of world capitalism”. Against the Current n° 77, novem- ber/december 1998. Traducción en Cuadernos del Sur, n° 28, mayo 1999, Buenosw Aires.
3 Brenner, Robert. “Competition and class: a reply to Foster and McNally'. Montbb/ Review, vol 51, n° 7, december 1999, New York.
4 Brenner, Robert. “The politics ofU.S. decline”. Against the Current, september-october 1995, Detroit.
5 Brenner, Robert “The boom and the booble”, New Lefi Review, n° 6, december 2000.
6 Foster, John Bellarny. “Is overcompetition the problem?. Monthb» Review, n° 2, val 51, june 1999.
7 Malloy y Post retoman esta crítica demostrando además, que la movilidad del capital contra- rresta los desequilibros parciales. Malloy, Mary, Post Charlie. “A reply to Robert Brenner” Against the current, n° 79, March/ April 1999. También: Malloy, Mary. On Brenner’s politics os U.S. decli- ne”. Against the Current, July-august 1995.
3 Estos procesos son acertadamente subrayados por Clarke y Laibman. Clarke, Simon. “Capi- talist competition and the tendency to over-production”. Historical Materialst n° 4, summer 1999, London. Laibman, David. “Perspecu'ves on Brenner”. Historical Materialisrn n° 4, summer 1999.
9 Especialmente Dumenil-Levy y Moseley. Duménil, Gérard; Lévy, Dominique. “,‘Brenner on distribution”. Historical Materialism n° 4, summer 1999. Moseley, Fred. “The decline of the rate of profit. Due to incresed competition or increased unproductive labaur?’, Historical Materialisrn n° 4, summer 1999.
1° Smith, Tony. “Brenner and crisis theory”: Issues in systematic and historical dialectics” His- torical Materialism, n° 5, winter 1999.
¡1 Especialmente Lebowitz, Michael. “In Brenner, evrything is reversed”. Historical Materialism, n° 4, summer 1999 y Bonefeld, Werner. “Notes on competition, crises and class”. Historical Male- rialism, n° S, winter 1999.
12 Wood también sostiene estos argumentos a favor de Brenner. Wood, Meiksins Ellen. “Hori- zontal relations: a note on Brenner's theory”, Historical Materialism, n° 4, summer 1999. También: Wood, Meisla'ns Ellen. “The politics of capitalism”. Monthly Review, vol 51, n° 4, september 1999.
13 Walker plantea esta interpretación y Gindin puntualiza una crítica muy correcta a la omisión de la lucha social que caracteriza al ensayo de Brenner. Walker, Richard. “Capitalism's recurrent self-criticism: an evaluation of Bob Brenner's global turbulence” Historical Materialism, n° 5, win- ter 1999. También: Walker, Richard. “Capital’s global turbulance". Against the current, n° 78, ja- nuary-february 1999. Gindin, Sam.“Tuming points and starting points: Brenner, left turbulence and class politics”, Socialist Register, 2001.
14 Callinicos remarca este punto. Callinicos, Alex. 'Capitalism, competition and profits'. His-
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torical Materialism, n° 4, summer 1999. También: Callinicos, Alex. “El mundo capitalista ante el abismo”. Razón y revolución, n° 5, otoño 1999, Buenos Aires.
¡5 Husson plantea esta óptica crítica y además calcula que la tasa de ganancia se recompuso en- tre 1981-82 hasta la actualidad en un 43% en Estados Unidos y en un 32% en Europa a partir de 1981-82. Hussan, Michel. “Riding the long wave”. Historical Materialism, n° 5, winter 1999.
1‘ Plantean esta crítica: Hossein Zadeh, Ismael; Gabb, Anthony, “Making sense of the currente expansion of the US Economy. A long wave approach and a critique”, Review of Radical Political Economics, vol 32, n° 3, september 2000.
¡7 Laibman, David. “Global turbulences and capítalist crisis” Science and Society, vol 63, n° l, spring 1999, New York.
13 Esta es la opipión de Fine, Ben; Lapavistsas, Costas; Milonakis, Dimitris. “Adressing the world economy: two steps back”. Capital and class, n° 67, spring 1999, London.
19 Esta es la critica de Kilmister Andy.”Sirnply wrong”, Socialist Outlook, n° 20, 1999.
Cuadernos del Sur 93
Competencia, lucha de clases y crisis. Acerca del nuevo debate Brenner
Alberto Bonnet
Introducción
La publicación de The economics of global turbulence a mediados de 1998 constituyó un acontecimiento intelectual importante.1 Esto respondió a dos razones. Por una parte, este trabajo de Brenner constituye un ambicio- so estudio de la evolución de la economía mundial de posguerra y de su crisis, caracterizado por su indiscutible calidad y profimdidad intelectuales. Por otra parte, y debido a esa misma característica, el texto suscitó una am- plia polémica entre los principales intelectuales marxistas —en particular, los anglosajones- de nuestros días. Bienvenidas sean ambas cosas que eviden- cian, dicho sea de paso, la continuada vitalidad del pensamiento marxista.
En este artículo analizaremos las principales líneas argumentativas de Brenner, poniendo especial énfasis en una serie de aspectos teóricos de sus explicaciones acerca de la dinámica de la economía de posguerra y hacien- do referencias al debate sucitado en tomo de las mismas. Para ordenar nues- tra exposición aislaremos cada uno de esos aspectos teóricos importantes, aunque en el estudio de Brenner inevitablemente se encuentren entremez- clados, y los analizaremos críticamente una por una.
La hipótesis general que Brenner propone para explicar esa dinámica ca- pitalista de posguerra puede sintetizarse en su siguiente afirmación: “ofrezco una aproximación alternativa que toma como su punto de partida la natura- leza no planificada, no coordinada y competitiva de la producción capitalista, y en particular la indiferencia de los inversores individuales respecto de, y la in- capacidad de tener en cuenta, los efectos de su propia búsqueda de ganan- cias sobre la rentabilidad de otros productores y de la economía en su con- junto”.2 Esta presentación de su hipótesis indica ya dónde sitúa Brenner el eje de su explicación de la crisis del capitalismo de posguerra. “Desde este punto de vista —agrega-, la caída en la rentabilidad agregada que fire respon- sable del largo declive no fire tanto el resultado de un estrangulamiento ver- tical autónomo del capital por el trabajo, como de la sabrecapacidad y sobre-
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producción (overcapacigr and overproduction) resultantes de la intensificada competencia horizontal inter-capitalista” (pág.8, subrayados del autor).
El antagonismo dominante
El eje de la explicación de Brenner es, en efecto, la competencia “hari- zontal” entre capitales antes que el antagonismo “vertical” entre capital y trabajo. A la adopción de este eje de interpretación es ya inherente el he- cho de que su objetivo principal de polémica sean las distintas teorías que interpretan la crisis desde las condiciones de la oferta (supply-side explana- tions, las denomina Brenner genéricamente) y, aunque de manera secunda- ria, de que deba diferenciarse asimismo de las explicaciones marxistas más tradicionales de la crisis (la firndamentalist marxist theory). Detengámonos en este punto para comenzar.
Brenner califica como “malthusianas” a ambas teorías mencionadas. Ar- gumenta que sus énfasis en el decrecimiento de la productividad derivaría de la idea malthusiana-ricardiana de que las crisis características del capita- lismo responden a una decreciente productividad del trabajo. Brenner se re- fiere, naturalmente, a las perspectivas para la acumulación capitalista que Ricardo —antes que Malthus mismo- derivara de su teoría de-la renta. Es in- teresante advertir que acaso sea éste el único punto dónde este estudio de Brenner remite a la problemática de ‘sus investigaciones previas acerca de la n'ansición del feudalismo al capitalismo: mientras que las crisis precapita- listas serían crisis de subproduccón, afirma, las capitalistas serían crisis de sobreproducción.3
Pero examinemos esas diferencias más de cerca. Las explicaciones mar- xistas tradicionales mencionadas por Brenner son las asociadas a la idea de una caída en la tasa media de ganancia derivada del aumento de la compo- sición orgánica del capital (Brenner remite a A. Shaikh). La objeción de Brenner 'a esta explicación no consiste, en realidad, sino en una rápida re- cuperación de las objeciones a la misma formuladas por el marxismo ana- lítico (remite a N. Okishio yJ. Roemer). Poco es lo que aporta Brenner en este punto.4
Las explicaciones de la crisis desde las condiciones de la oferta en cuya crítica se concentra Brenner son, por su parte, las asociadas a la idea de un estrangulamiento de las ganancias derivado de un aumento del salario real a tasas superiores a las tasas de aumento de la productividad del trabajo, en un maroo de relaciones de fuerza favorable a la clase trabajadora, normal- mente derivado del pleno empleo. Mientras A. Glyn y B. Sutcliffe de la es- cufia del profit squeeze serían los exponentes puros de este enfoque, Brenner
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lo hace extensivo a los análisis de las contradic- ciones del keynesianismo de las escuelas de las estructuras sociales de acumulación de Bowles, Gordon y Weisskopf y de la regulación de Aglietta, Boyer y Lipietz. El punto de contacto entre ambas explicaciones, finalmente, estaría para Brenner en que ambas rastrean la raiz de la crisis en la productividad del trabajo y sus consecuencias sobre las ganancias.
Dos son las objeciones de Brenner contra esta última interpretación de la crisis desde la oferta. La primera se dirige contra la idea de que un proceso de acumulación capitalista que conduce al pleno empleo reduzca la rentabili- dad y la segunda contra la idea de que, aún cuando la redujera, dicha re- ducción de la rentabilidad pueda explicar un declive económico perdura- ble en el tiempo.
La primera objeción es, sin duda, la más importante desde un punto de vista teórico. Su clave radica en la idea de que la tendencia hacia el pleno empleo no sólo tiende a incrementar los salarios, sino también la utiliza- ción de la capacidad instalada, la producción, las ventas y, por consiguien- te, los beneficios. Se trata de una idea de cuña kaleckiano.5 En caso con- trario, el incremento de los salarios conduciría a un proceso de sustitución capital-trabajo y/o a un aumento de la oferta de trabajo via inmigración de fuerza de trabajo o exportación de capitales. “En resúmen —cancluye Bren- ner-, no puede asumirse que una tendencia al pleno emplea planteará de ninguna manera directa un estrangulamiento de las ganancias” (pág.18). La segunda objeción responde a la idea de que en el largo plazo el capital res- pondería a un tal estrangulamiento de las ganancias con una reducción de la inversión y, por ende, este mecanismo sería incapaz de explicar un decli- ve de largo aliento. Además, argumenta Brenner, un estrangulamiento de las ganancias derivado de un aumento de salarios depende siempre de va- riables sociales e institucionales particulares y, en consecuencia, este meca- nismo tampoco puede explicar un declive generalizado y simultánea de la rentabilidad en la economía mundial.
Estas objeciones de Brenner no son, empero, tan concluyentes como parecen a primera vista. En primer lugar, los mecanismos de ajuste que Brenner menciona cuando confi‘onta con la idea de un estrangulamiento de las ganancias derivado de un aumento de los salarios reales no pueden
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asumirse con esa suerte de automatismo que Brenner les atribuye. Estamos en presencia de mecanismos de ajuste de una evidente comple- jidad: realizar inversiones netas en capital fijo en unas condiciones de rentabilidad mengua- da, exportar capitales desde economías avanza- das hacia regiones más atrasadas o incorporar trabajo mas barato, aunque presumiblemente menos productivo, con las consiguientes res- tructuraciones de los procesos de producción que ambas cosas implican. Resulta algo para- dójico, además, que Brenner dé por sentada la intervención automática de estos mecanismos de ajuste contra un estrangulamiento de las ganancias derivada del nivel de salarios reales y más adelante —como veremos- considere como práctica- mente inoperantes los mecanismos de ajuste contra una declinación de las ganancias derivada de un exceso en la capacidad instalada.
La idea de que el capital respondería a tal estrangulamiento de las ganan- cias con una reducción de la tasa de inversión, en segundo lugar, es perfec- tamente aceptable en sí misma. La relación que Brenner establece entre es- te mecanismo y la imposibilidad de explicar desde la oferta una crisis de lar- go aliento, sin embargo, resulta poco evidente. En efecto, así como seme- jante reducción de la tasa de inversión restringiría la capacidad de creación de nuevos empleos de la economía, conduciría a un nivel de empleo infe- rior al pleno empleo y presionaría hacia la baja sobre los salarios, también conduciría a una reducción de la masa de trabajo explotado y a una ralen- tización en la tasa de aumento de la productividad de dicho trabajo (y el propio Brenner admite reiteradamente esto a propósito de los 80), de ma- nera que sus consecuencias respecto de la evolución de la rentabilidad y la crisis permanecerían en principio indeterminadas. En otras palabras, y esta es verdaderamente importante, la fuga del capital respecto de unas condi- ciones de rentabilidad que se han deteriorado no conduce automáticamen- te a un mejoramiento en dichas condiciones de rentabilidad.
Sin embargo, la objeción central de Brenner es la de cuña kaleckiano pues afecta directamente a la naturaleza del nexo entre empleo y rentabili- dad. En tercer lugar, entonces, es preciso hacer algunas precisiones acerca de la misma. La idea kaleckiana original se refiere específicamente a un mar- co de pleno empleo alcanzado mediante una expansión del gasto público (antes que mediante la contratación privada) y se aplica al corto plazo. Arn-
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bas especificaciones son importantes. Los capitalistas, a pesar de la tenden- cia a un incremento de los salarios que desembolsan, gozarían en este casa de un aumento en la demanda agregada originado en niveles de empleo in- crementados exógenamente por el Estado —e incluso este gozo tiene claros límites, indica Kalecki. Y además podríamos agregar que esos capitalistas gozarían así de un aumento de corto plazo en su masa de ganancias, pero no de un aumento de su tasa media de ganancia de largo plazo que es, jus- tamente, la que es impugnada en las grandes crisis. Cualquiera sea nuestro juicio particular acerca de esta hipótesis kaleckiana, Brenner parece pasar por alto estas especificidades de la misma.
Pero las cosas son aún más complejas porque, en algunos pasajes, inclu- so la propia interpretación de la crisis por parte de Brenner no parece alcan- zar a diferenciarse nítidamente de los mecanismos implicados en una inter- pretación de la crisis derivada del estrangulamiento de las ganancias.6 Vea- mos algunos ejemplos.
En el segundo capítulo centra la relativa falta de dinamismo de los EEUU de la inmediata posguerra (su pérdida de competitividad intemacio- nal por un aumento de los costos debido a los altos salarios reales combi- nado con un retroceso de la productividad del trabajo debido a un retroce- so de la rentabilidad y las inversiones en tomo a la Guerra de Corea) en los altos niveles de salarios reales norteamericanos en relación con los bajos ni- veles. salariales, reprimidos por los gobiernos y las autoridades de ocupa- ción, vigentes en Japón y Alemania. Y más adelante explica la recuperación norteamericana de principios de los 60 a partir de una recuperación de la rentabilidad derivada de una reducción de costos, derivada a su vez del asal- to sobre el movimiento sindical, mientras los salarios alemanes, y posterior- mente lÓS japoneses, comenzaban a ascender.
En el tercer capítulo, justamente cuando analiza el origen de la crisis en EEUU entre 1965 y 1973, Brenner advierte que durante ese período los sa- larios cayeron y no hubo descenso de la productividad, al menos hasta 1973. Escribe, coherentemente con sus objeciones a la interpretación del profit squeeze, que “la emergencia de la resistencia de la clase obrera en las tres economías en este período fue más una consecuencia que una causa de los problemas de rentabilidad” (pág. 94). Y afirma que la relación entre ple- no empleo y rentabilidad fue la antes citada relación kaleckiana de mante- nimiento o incluso aumento de las ganancias debido a un aumento de la utilización de la capacidad instalada, la producción y las ventas que com- pensa el aumento del salario real. Desde entonces, esa relación viraría ha- cia su contraria, una relación entre desempleo y caida de la rentabilidad. Pe-
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ro tampoco en este pasaje puede Brenner diferenciarse plenamente de la in- terpretación del profit squeeze. En efecto, enfatiza en “la caída en la rentabi- lidad originada en la incapacidad de los industriales norteamericanos de realizar plenamente sus inversiones debido a la creciente presión a la baja sobre los precios resultante del imprevisto ingreso al mercado de producto- res de costas más bajos, especialmente del exterior” (pág. 102). Pero enton- ces agrega que “no el crecimiento de los costos en sí mismos, entonces, si- no la incapacidad de los industriales norteamericanos de remarcar (mark-up) suficientemente sobre los costos, dan cuenta de casi toda la caída de la ren- tabilidad industrial” (pág. 103). En otras palabras, esta significa que los in- dustriales norteamericanos resultaron incapaces de recuperar su rentabili- dad reduciendo el salario real inflacionariarnente, mediante aumentos de precios, debido a la restricción impuesta por la competencia internacional. Y esta no es una explicación muy diferente de la que Sutcliffe y Glyn pro- ponen de la crisis británica.7
No menos ambigüo es Brenner cuando afirma que “en ausencia de la pre- sión del trabajo, el salario real ciertamente podría haber caído significativa- mente más rápido de lo que lo hizo, y la caída en la rentabilidad podría ha- ber sido reducida en consecuencia. Pero argumentar que la resistencia obre- ra incrementada evitó un mejor ajuste por parte de los capitalistas a la decli- nación de la rentabilidad está lejos de verla como la raíz de esta declinación” (pág. 111). Pero no está tan lejos porque, en definitiva, Brenner está utilizan- do las mismas dos variables fundamentales —el nivel de los salarios reales y los límites al mark-up impuestos por la competencia intercapitalista- que emplearán los partidarios del profit squeeze. La distancia se ve reducida enton- ces, a menudo, a una cuestión de énfasis: mientras que los partidarios del profit squeeze enfatizaron en la presión autónoma de los salarios nominales sobre los beneficios, en condiciones de mark-ups restringidos por la compe- tencia intercapitalista, Brenner enfatizaría en la presión autónoma de la competencia intercapitalista sobre los precios, en condiciones de salarios nominales inflexibles a la baja.8
Pongamos ahora entre paréntesis todos estos reparos nuestros respecto de las objeciones de Brenner contra las interpretaciones de la crisis por es- trangulamiento de las ganancias, interpretaciones que, por lo demás, tam- poco nosotros compartimos. Es mucho más importante remarcar que, aún cuando esas objeciones fueran concluyentes, na justifican el mencionado desplazamiento que realiza Brenner, del antagonismo de clases hacia la competencia intercapitalista, como centro de su explicación de la crisis. En su formulación originaria, la interpretación del profit squeeze se nutrió de
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una matriz ricardiana centrada en la disputa sobre el reparto de la produc- tividad del trabajo entre salarios y beneficios, en la esfera distributiva y ne- cesariamente en el marco institucional de estados-nación particulares (aun- que por fuera de esa matriz ricardiana, las escuelas de las estructuras sociales de acumulación y de la regulación sean en parte afines a este tipo de explica- ciones).9 Esa- matriz es ciertamente deficiente. Lo que es impugnado en las crisis capitalistas es la propia valorización del capital, es decir, de capacidad del capital de explotar al trabajo, y esa impugnación no sucede esencial- mente en la esfera de la distribución sino en la producción misma. A la crítica de las limitaciones de esta matriz ricardiana poco contribuye de he- cho Brenner (y poco podría contribuir) debido a su callada prescindencia respecto de la teoría marxista del valor.lo
Ahora bien, la disputa sobre el reparto de la productividad del trabajo entre los trabajadores y los capitalistas fire, sin duda, una modalidad parti- cular del antagonismo entre capital y trabajo que jugó un papel central en el marco igualmente específico del capitalismo de posguerra. Pero aún así, dicho antagonismo nunca puede reducirse a esa disputa en la esfera distri- butiva, ni siquiera en ese marco del capitalismo de posguerra.ll Desde la perspectiva de un economista más o menos heterodoxo, la lucha de clases puede reducirse a un asunto de sociólogos, a una noción que puede limi- tarse a invocar si desea considerar al salario como una variable exógena en sus modelos. Desde la perspectiva de un marxista, en cambio, la lucha de clases aparece como derivado de un antagonismo entre capital y trabajo que es inherente a la propia forma-valor y, por consiguiente, a todas las for- mas que adoptan las relaciones sociales capitalistas ya las categorías con las que intentamos aprehenderlas.
El marxista puede considerar entonces que las luchas sociales en tomo al salario indirecto y a las políticas de bienestar, a las condiciones de traba- jo y al control sobre la organización y los procesos de trabaja, entre otras, fueron piezas claves del antagonismo capital-trabajo en el capitalismo avan- zado de posguerra. Y que también las luchas antimperialistas fireron piezas claves de dicho antagonismo en los capitalismos de posguerra más atrasa- dos y dominados por las multinacionales. Puede sostener, además, que to- das estas expresiones del antagonismo global entre capital y trabajo acarrea- ron consecuencias sobre la valorización del capital y la evolución del capi- talismo a una escala igualmente global. Una constelación o, si se prefiere, un arco iris de luchas, que van desde los sabotajes de Turín —pasando natu- ralmente por las huelgas salariales de masas- hasta las nacionalizaciones de La Habana, se esconde, en este sentido, detrás de la crisis del capitalismo
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de posguerra. Este antagonismo global entre capital y trabajo y sus conse- cuencias sobre la rentabilidad capitalista es el que no puede ser desplazado, desde una perspectiva marxista, del eje de interpretación de la crisis.12
Ciertamente, son muchos los comentaristas que lamentaron este despla- zamiento desde el antagonismo capital-trabajo hacia la competencia inter- capitalista realizado por Brenner. Sin embargo, es justo señalar que pocas de estas criticas significaron algo más que poner de manifiesto una suerte de “sentimiento de culpa marxista” ante la incómoda omisión de la lucha de clases en cuestión. Aunque estos comentaristas no otorgan papel expli- cativo alguno a la lucha de clases en sus propias interpretaciones de la cri- sis del capitalismo de posguerra —ya sea como una crisis derivada de proble- mas de realización o del descenso en la tasa media de ganancia—, parecen sentirse moralmente impulsados a mencionarla en sus comentarios e inclu- so a lamentar su omisión por parte de Brenner.13 La lucha de clases es así incorporada/relegada en una característica “posición de pero además” (Bo- nefeld 1992), de la misma manera que en Brenner, aunque implícitamente. Esta incorporación de la lucha de clases en una “posición de pero además” puede resultar “políticamente correcta”. Pero no podemos sino coincidir con Brenner cuando, en respuesta a dos de sus comentaristas, escribe: “la tesis que Faster mismo favorece, de una tasa de excedente creciente que conduce a' problemas de realización, depende de la capacidad de las firmas de aumentar los precios sobre los salarios nominales en las industrias con- centradas /centralizadas, la cual deriva de las relaciones oligopolísticas bo- rizontales de esas firmas entre ellas, y explícitamente no de la lucha de clases. De la misma manera, McNally adhiere firertemente al punto de partida y la es- tructura básica, si no a los resultados concretos, de la versión tradicional de la tesis marxista de la tasa decreciente de ganancia. Pero esta teoría deriva la tasa de ganancia decreciente, como él dice, de los intentos de las formas de reducir costos para responder a la competencia horizontal Comprome- tiéndose en nuevas técnicas que aumentan la composición orgánica (la re- lación capital-trabajo) ‘para aumentar la productividad y ganar la batalla por su participación en el mercado’. La lucha de clases no juega ningún pa- pel en ello” (Brenner 1999). En este punto, el desarrollo del “debate Bren- ner” en su conjunto no deja de generar cierto malestar.
La escala y el mecanismo de la crisis
Este asunto del antagonismo global entre capital y trabajo nos conduce a otro punto importante del estudio de Brenner, esto es, a la escala de su interpretación de la evolución y crisis del capitalismo de posguerra. Bren-
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ner afirma: “Tomaré a la economía internacional —la acumulación de capi- tal y la rentabilidad del sistema en su conjunto- como un punto de venta- ja teórico desde el cual analizar sus crisis y aquellas de sus componentes na- cionales” (pág. 23). Esta elección del mercado mundial como punto de par- tida del análisis y los cuestionamientos que Brenner dirige contra las inter- pretaciones —como las regulacionistas- dependientes de marcos institucio- nales estado-nacionales, no pueden sino estar plenamente justificados. Brenner insiste, con razón, en que una crisis a escala mundial, como la ini- ciada a fines de los 60, sólo puede ser explicada partiendo de una escala igualmente mundial.
Sin embargo, Brenner no parte efectivamente de la economía intemacio- nal en su conjunto, sino de la competencia entre las tres economías nacio- nales más grandes de la posguerra: la norteamericana, la japonesa y la ale- mana. EEUU, Japón y Alemania se convierten así en los protagonistas ca- si exclusivos del estudio de Brenner. Estas tres economías explican buena parte del producto mundial y, en este sentido, la decisión de partir de las mismas está plenamente justificada desde un punto de vista metodológico- empírico. Pero es algo más que una cuestión meramente empírica la que Brenner tiene en mente. En efecto, Brenner afirma que “fue la combina- ción de, y la interacción entre, los más viejos y los más tardías bloques de desarrollo las que detennninaron ampliamentea la vez el carácter del largo boom y la ¡naturaleza de la larga declinación a la cual dio nacimiento” (pág. 35). La competencia inter-capitalista será tematizada por Brenner, entonces, como un juego de suma cero entre las firmas de esas tres grandes unidades económicas estado-nacionales.
Así pues, en el segundo capítulo Brenner teoriza los inicios del boom ca- pitalista de posguerra distinguiendo entre los modos en que entran en la posguerra en los 50 EEUU, por un lado, yJapón y Alemania, por el otro. Mientras los EEUU victoriosos que esquivaron la destrucción de guerra en- tran con un menor dinamismo porque venían creciendo desde una década antes, Japón y Alemania inician su recuperación mediante un mecanismo de catch-up que sigue el liderazgo tecnológico norteamericano. Las variables decisivas son entonces nacionales: una clase obrera norteamericana menos debilitada y de salarios más altos, un interés norteamericano en la recons- trucción de posguerra en el marco de la guerra fría, unas peculiares formas alemanas y japonesas de intervencionismo de estado y de relaciones capi- tal-trabajo e industria-finanzas, unos procesos de crecimiento japoneses y alemanes muy específicos, comandados por las inversiones y las exportacio- nes, etcétera.
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A partir de estas dotaciones iniciales diferenciadas comienza ese juego de suma cero por la participación en los mercados (market shares). En los 50 y comienzos de los 60, Alemania triplica su participación en las exportacio- nes industriales conjuntas de los países avanzados a expensas de EEUU y Gran Bretaña, yJapón —que despega algo más tarde- más que duplica la su- ya también a costa de EEUU y Gran Bretaña. Por su parte, EEUU perderá un tercio de su participación en dichas exportaciones conjuntas entre 1965 y 1973, entrando en crisis de balanza comercial ya a fines de los 60.
La virtud de este análisis de Brenner reside en precisar los rasgos diferen- ciales de la dinámica del capitalismo de posguerra, a menudo sobresimplifi- cados. bajo categorías de naturaleza paradigmática como las de un “keyne- sianismo” o “fordismo” exitoso más o menos uniforme a escala mundial. En este sentido distingue Brenner: “en Alemania yJapón, donde el crecimien- to más rápido tuvo lugar, las condiciones de oferta fireron claramente res- ponsables del dinamismo económico (...) En los EEUU, en contraste, la economía se estancó durante los 50, a pesar del subsidio a la demanda me- diante los déficits públicos y el crecimiento de la parte de los salarios, y su breve recuperación durante la primera mitad de los 60 fire posibilitada am- pliamente mediante la reducción del crecimiento de los salarios” (pág. 91). En espíritu del Brenner historiador —en el sentido de atenerse a las realida- des históricas concretas, desde luego, y no en el sentido del convertirse al empirismo ciego que parece dominar la disciplina en nuestro medio- garan- tiza que en estos análisis se encuentren algunos de los aportes más ricos de su estudio.
No obstante, el capitalismo mundial no es, ni puede ser interpretado co- mo, un mero agregado de economías nacionales. Esto parece acarrear con- secuencias negativas para los análisis de Brenner. En efecto, Brenner tiende a minusvalorar empíricamente el alto grado de internacionalización alcan- zada por el capital durante la posguerra y los elementos relacionados con dicha internacionalización (el protagonismo creciente de las firmas multi- nacionales y de los organismos internacionales, la paulatina integración de los mercados financieros, las tendencias manifiestas hacia la formación de precios y hacia la nivelación de tasas de ganancia a escala internacional, etc.). Y tiende, además, a entender teóricamente la competencia inter-capi- talista como una competencia entre economías nacionales en lugar de en- tenderla como una competencia entre capitales cuyas inscripciones territo- riales son siempre necesariamente provisorias.14
Pero detengámonos ahora en nuestro principal asunto, esto es, en la ma- nera en que Brenner interpreta la crisis del capitalismo de posguerra. Bren-
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ner afirma que su estudio es “un informe del largo declive ('downturn’) que encuentra la fuente de la declinación de la rentabilidad, esquemáticamente hablando, en la tendencia de los productores a desarrollar las fuerzas pro- ductivas e incrementar la productividad económica mediante la instalación de métodos de producción crecientemente baratos y efectivos, sin tener en cuenta las inversiones existentes y sus requerimientos de realización, con el resultado de que la rentabilidad agregada es estrangulada por los precios re- ducidos ante costos inflexibles a la baja. Explicaré la perpetuación de la cri- sis —agrega- demostrando que la maximización de beneficios que los capi- tales encuentran racional seguir en respuesta a la reducción en su rentabili- dad no sólo fracasa en resolver el problema que había reducido la rentabili- dad en primer lugar, sino que tiene el efecto, de conjunto, de implementar necesariamente respuestas adicionales y racionales que socavan ulteriarmen- te la rentabilidad agregada. Frente a su rentabilidad reducida, numerosas fir- mas encuentran que tiene más sentido persistir en su linea que dejarla y bus- car una altemativa mejor; mientras tanto, muchos de los otros productores con costos aún bajos encuentran individualmente rentable entrar en aque- llas mismas líneas, a pesar de la reducida rentabilidad de las líneas. Como consecuencia de la consolidación resultante de la sabrecapacidad y sobre- producción y de la reducida rentabilidad (o aún la ulterior caída), la inver- sión y el crecimiento del producto declinarán y el crecimiento del salario se- rá cortado, conduciendo, a su vez, a una declinación del crecimiento de la goductividad a de lina en el crecimiento de la demanda efecti- . til y el sumo), que incluso presiona ulteriorrnen- bilid 11;?(pág. 24).
"ueneia, ’este mecanismo de crisis sería pues como
producción presionando a la baja los precios;
" asde. nuevas firmas, dicha línea se convierte en so- y sobreproductora (se supone una demanda ma para absorber el producto así incre- pecto de la posibilidad de las viejas fir- costos de mantener su rentabilidad pre- -capacigl and over-production, with respect xisting profit rate”);
e, esas viejas firmas de altos costos tien- ulsadas de la línea, en un proceso de des- . iva de tipo shumpeteriano, pero su relo-
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calización en nuevas líneas enfrenta dos grandes restricciones: (a) el peso del capital fijo inmovilizado ya desembolsado o que exige pagos de intere- ses independientes de su efectiva utilización, y (b) el peso de acervos intan- gibles (know-how, relaciones con proveedores y clientes, etc.); estas restric- ciones (se supone que no pueden ser superadas) bloquean el mecanismo de ajuste;
4) por ende, la rentabilidad agregada de la economía desciende (se supo- ne que al menos una parte de aquella baja de los precios de la línea será ab- sorbida por los trabajadores como aumento de los salarios reales);
5) a su vez, la menguada rentabilidad agregada reduce las inversiones, y en consecuencia la productividad del trabajo y del capital, agravando la cri- sis de rentabilidad; por su parte, el empleo y los salarios retroceden redu- ciendo el consumo y agravando también la crisis de rentabilidad.
Sólo serían contrarrestantes de estas dificultades de ajuste la capacidad de las viejas firmas de repeler el ingreso de nuevos competidores en su lí- nea y la tendencia de las firmas a no confrontar directamente sino a reloca- lizarse geográficamente hacia zonas con mejores condiciones. Brenner no examina detenidamente estos factores contrarrestantes ni, más ampliamen- te, la dinámica competencia-colusión de las firmas. Sin embargo, una ven- taja significativa de su análisis es que evita desde el comienzo las exagera- ciones en relación con una virtual desaparición de la competencia capita- lista diagnosticada por algunas de las interpretaciones del capitalismo de posguerra.15
Es importante señalar, empero, que de crisis considerando como agentes a nadas economías nacionales o, más ex pletamente determinadas por las cond ro en las que se encontrarían inscriptas. E tos, antes mencionados, de que Brenn intercapitalista como una competencia nospreciar tanto la naturaleza esencial capital como la efectiva intemacionalig-a'c zada por el mismo durante la posguerr
Así pues, a propósito del inicio de l 1965-73, en el tercer capítulo, Brenne que el citado aumento dela participaci mania yJapón en los mercados mundi los 50 y comienzos de los 60 impuso un de precios que generó un exceso de capa
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ducción, mennando la rentabilidad agregada —incluídas la alemana y japo- nesa- y desencadenando la crisis. La crisis del sistema monetario intemacio- nal, la penetración de productos japoneses y alemanes en el mercado de los EEUU, los déficits fiscales norteamericanos, la difusión de la crisis desde los EEUU hacia Japón y Alemania a través de la devaluación del dólar y reva- luación del marco y el yen, entre otros fenómenos, son entonces tematiza- dos dentro de esta línea argumentativa. La crisis se habría iniciado en los EEUU debido a esa presión a la baja de los precios resultante de la incre- mentada competencia internacional determinada por la incorporación de Alemania yJapón a los mercados mundiales, alcanzando su máxima expre- sión a mediados de los sesenta y generando sobrecapacidades y sobrepro- ducción industriales. Japón alcanzó su cénit entre 1965 y 1970, mediante al- tísimas inversiones y aumento de la productividad del trabajo, y con ganan- cias y salarios reales en ascenso en condiciones de pleno empleo; también Alemania, aunque menos espectacularrnente; y en ambos casos orientados hacia las exportaciones. La contraofensiva devaluatoria norteamericana de fines de los 60 recuperó parcialmente en ese punto la competitividad de los EEUU, pero extendiendo la crisis aJapón y Alemania que, inmersos en sen- das estrategias de reducción de precios para mantener sus mercados, comen- zaron a perder rentabilidad desde comienzos de los 70.
Esta interpretación del mecanismo que opera en los inicios de la crisis, por cierto, no carece de arnbiguedades.16 Brenner escribe que “lo que cau- só una buena parte de la declinación fire (...) la incapacidad de los indus- triales de remarcar suficientemente sobre los costos debido a la sobrecapa- cidad y sobreproducción internacional de la industria” (pág. 136), y agrega que esa declinación “fue enteramente determinada por una caída en la ra- zón nominal capital-producto” (id.). Pero ¿cómo debemos entender exacta- mente esta declinación de la rentabilidad debida a una caída de la relación capital-producto? Brenner parece distinguir, al menos implícitamente, en- tre productividad del trabajo y productividad del capital, para atribuir —en contraste con la interpretación del profit squeeze- el inicio de la crisis a una caída de esta última. Dicha distinción, en un sentido débil, puede ser prác- tica para ciertas estimaciones empleándola por fuera de un marco de pen- samiento marginalista. Pero cabe preguntarse: ¿es utilizable para los fines específicos de Brenner por fuera de su sentido marginalista más fuerte, es- to es, como productividad —implícitamente concebida en términos de va- lores de uso- inherente a un factor capital?
En efecto, parece imposible entender esa caída en la productividad del capital y las propias sobrecapacidades y sobreproducción que la causarían
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sin hacer referencia a las condiciones de valorización de ese capital y esas capacidades instaladas derivada de la explotación de la fuerza de trabajo —esto es, en términos de la composición orgánica del capital. En este senti- do, como señalara alguno de sus críticos, Brenner parece pecar de una suer- te de srnithianismo.17
El largo declive y sus perspectivas
Ahora bien, la propia expresión que usa Brenner para referirse a la crisis —la poco usual de declive a largo plazo (long downturn)— indica otra faceta de la problemática de la crisis. En efecto, en el cuarto capítulo Brenner pa- sa de la explicación del inicio de la crisis a la de su prolongación en el tiem- po e introduce esta idea de un declive de largo aliento. La clave aquí radi- ca en la explicación de las razones por las cuales la crisis se prolonga, esta es, en el marco de los mecanismos de crisis suscriptos por Brenner, las ra- zones por las que continúan sin operar los mecanismos de ajuste de la so- brecapacidad y sobreproducción.
Brenner argumenta que la respuesta inmediata de la burguesía a la crisis, que se profundiza con la crisis petrolera de 1974-75, es a expensas de los tra- bajadores. Esta respuesta burguesa, argumenta, impone efectivamente un cambio en la relación de firerzas entre las clases aproximadamente a partir de 1975: un descenso de salarios y salarios sociales y, recién desde enton- ces, un descenso en la tasa de aumento de la productividad del trabajo de- bida a la caída en la tasa de inversión, resultante a su vez del descenso de las ganancias. Advierte en este sentido Brenner que “la caída en el creci- miento de la productividad debe ser vista como un resultado, y no como una causa, de la declinación económica” (pág. 144). Esta ofensiva fracasa en su meta de recuperar la rentabilidad industrial, empero, justamente por- que el problema de rentabilidad no radicaba en los salarios sino en la so- brecapacidad y sobreproducción industrial.
La perduración de esa sabrecapacidad y sobreproducción deriva enton- ces, como señalamos antes, de las dificultades que enfi'entan las firmas de altos costos y bajas rentabilidades para abandonar sus respectivas líneas de producción. Brenner advierte convincentemente contra cualquier sobre- simplificación de este mecanismo de ajuste, pues enfrenta la existencia pre- via de activos intangibles (intangible assets) construidos en la línea (informa- ción sobre mercados, relación con proveedores y consumidores, conoci- miento técnico) y de barreras contra el ingreso en otras líneas (bajas tasas de productividad del trabajo en los servicios, etc.), así como una competen- cia exacerbada por la intrusión de nuevos competidores (Corea, Taiwán,
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Singapur, Hong Kong, y más tarde las economías del sudeste asiático) que contaban con trabajo barato relativamente calificado y técnicas relativa- mente avanzadas.
Las políticas económicas implementadas desde inicios de la crisis, por su parte, dificultarían aún mas dicho ajuste. La política de fines de los 60 y principios de los 70, de gasto deficitario keynesiana para subsidiar la de- manda, condujo una posposición de la racionalización y, en definitiva, a la estanflación. La reacción monetarista de fines de los 70, con su austeri- dad fiscal y su dinero escaso, no haría sino profundizar la recesión. A pe- sar de su intención racionalizadora, la estrategia monetarista apenas con- duciría, en 1981 y 1982, a quiebras indiscriminadas y desempleo, y ense- guida sería reemplazada por el keynesianismo militar reaganiano y su au- mento de la deuda pública y privada de corporaciones y consumidores. Dada la inversión estancada por la baja rentabilidad, el resultado de estos incentivos keynesianas a la demanda fué por su parte un pequeño incre- mento del producto a cambio de un gran incremento de los precios. El re- sultado de la restricción del crédito y las posibilidades de realización de los monetaristas, por su parte, golpeó indiscriminadamente a las empresas me- nos sobrecapacitadas y más productivas y a las más sobrecapacitadas y me- nos productivas, dificultando aún más las posibilidades de estas últimas de relocalizarse en otras líneas. En síntesis, el resultado es para Brenner que “las firmas de altos costos y bajos beneficios fueron capaces de seguir ocu- pando posiciones económicas que podrían, en abstracta, haber sido even- tualmente asumidas por empresas más productivas, de beneficios más al- tos y más dinámicas” (pág. 152). La única estrategia que recuperaría la competitividad externa de la economía norteamericana y la haría despegar en los 90 sería, como veremos, la devaluación del dólar posterior a los Acuerdos del Plaza de 1985.
Ya nos referirnos con anterioridad a estos mecanismos de ajuste. Agre- guemos en este punto, sin embargo, que no deja de resultar llamativa la es- casa importancia que Brenner atribuye a la expansión del crédito —especial- mente después del fi'acaso de la contrarevolución monetarista- como me- canismo de manejo de la crisis de rentabilidad y, más ampliamente, como una de los rasgos sobresalientes que define el capitalismo contemporáneo. Las complejas relaciones existentes entre capital productivo y capital finan- ciero en tiempos de crisis están simplemente ausentes en el estudio de Bren- ner.18
Revisemos para concluir algunas afirmaciones de Brenner sobre las pers- pectivas de este largo declive. La menciontada recuperación de la competi-
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tividad norteamericana durante los 90, argumenta Brenner, fue posibilitada por la devaluación del dólar y a costa de una profimdización de la crisis 'a escala mundial. Considérense aquí el intento japonés de conservar sus mer- cados, a pesar de que la rentabilidad se reducía debido a la revaluación del yen y al encarecimiento del petróleo, mediante una restructuración y relo- cación de procesos productivos hacia el sudeste asiático, así como el ralen- tizado crecimiento alemán, derivado de su incapacidad para restructurarse. Brenner indica así que “es cierto que un boom inversor fue comenzando a materializarse finalmente en los EEUU en respuesta al reptante crecimien- to de la rentabilidad. Pero la pregunta de si podrá ser lo suficientemente grande y prolongado como para sacar a la economía mundial definitiva- mente de sus depresiones permanece abierta” (pág. 157).
En realidad, Brenner es decididamente pesimista acerca de estas perspec- tivas de recuperación. Refiriéndose a la marcha de la economía durante 1990-96 escribe que “el hecho es que el desempeño económico en estos años de los tres paises capitalistas líderes, y del mundo capitalista avanzado más en general, fue aún peor de lo que lo había sido durante la recupera- ción comparable de los 80, la cual había sido ella misma algo menos bue- na que la de los 70” (pág. 187 —acompaña esta afirmación con series de pro- ducto, productividad, salarios reales, stock de capital y tasa de desempleo). Brenner asume, por cierto, que en los 90 hubo una recuperación de la ren- tabilidad en los EEUU, recuperación que contrasta con el estancamiento de Alemania yJapón, pero advierte que la misma sigue conviviendo con índi- ces de producto, inversión, productivi- dad y salarios peores aún que entre 1979 y 1990. Y a manera de balance se- ñala que “a menos que un boom inver- sor se materialice y sostenga a sí mismo en los EEUU durante la segunda mitad de los 90, la economía mundial arries- ga un estancamiento más profundo y quizás peor” (pág. 189).
Es importante remarcar aquí que es- tas perspectivas descansan, natural- mente, en la manera en que Brenner in- terpreta las causas de esa recuperación norteamericana, a saber, un continuado retroceso de los trabajadores (reforzado
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por el giro de Clinton hacia el equilibrio fiscal desde 1993 y la política de Greenspan en la Reserva Federal), pero con pobres tasas de inversión neta y de aumento de la productividad del trabajo. Escribe en este sentido que “fue el estancamiento de los salarios por bastante más de una década la que abrió el camino para que la rentabilidad en la economía privada de conjun- to transcendiera hacia la segunda mitad de los 90, por primera vez desde el inicio de la recesión de la crisis del petróleo, sus niveles de 1978 y 1989, su- biendo sobre su nivel de 1973” (pág. 196). Este factor, combinado con la devaluación del dólar a partir de los acuerdos del Plaza, explican la recupe- ración de la competitividad y rentabilidad de EEUU, para Brenner, y no aumento alguno en una productividad del trabajo que sigue creciendo me- nos que en Alemania yJapón y fue “la más baja entre las economías del G7” entre 1985 y 1995.
La adecuada interpretación del comportamiento de la productividad del trabajo en los Estados Unidos queda de esta manera situada en el centra del análisis de Brenner de las perspectivas del largo declive. Esto no es nada an- tojadizo. El punto también viene siendo motivo de una creciente contro- versia (asociado durante la segunda mitad de los 90 con la llamada “nueva economía”), en el mainstream económico norteamericano.19 Y ese punto es motivo de toma de posición para Brenner y de controversia para varios de sus comentaristas.2° Esta controversia, sin embargo, sólo puede analizarse con provecho de manera empírica,,pues son lospropios datos oficiales» so- bre productividad del trabajo (los mismos que utiliza Brenner en su estu- dio) los cuestionados, y ese análisis empírico excede .l'os límites de este artí- culo.21 Pero-cualesquiera sean las posiciones adoptadas ante esta controver- sia, los aciertos y errores de este estudia de Brenner son ampliamente inde- pendientes de las mismas.
“Si el crecimiento de los salarios puede continuar siendo reprimido así como el mercado de trabajo continuar ajustado y si la rentabilidad indus- trial (sólo parcialmente, aunque aún así dramáticamente recuperada) puede al menos mantenerse a sí misma mientras la competencia intemacional se intensifica —ar'nbos grandes síes- la economía de los EEUU habrá al fin abierto el camino hacia un nuevo boom inversor y entonces hacia la poten- cial superación del largo declive” (pág. 213). Brenner ya» había intervenido en esta controversia desatada alrededor de la naturaleza de la recuperación económica norteamericana desde su inicio.22 Y reafirma de esta manera sus posiciones en el cierre de su estudio.
A manera de conclusión
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Abriamos este artículo afirmando que la publicación de The economics cf global turbulence constituyó un acontecimiento intelectual importante, por la propia calidad y profundidad del ensayo y también parla rica polémica que generó entre los principales intelectuales marxistas de nuestros días. El nuevo “debate Brenner”, en efecto, ya puede ser alineado con los grandes debates clásicos que configuraron durante un siglo y medio la tradición de la crítica marxista. Puesto que el marxismo no puede mantenerse vivo sin la-confrontación crítica de ideas, el estudio de Brenner, cualesquiea sean sus aciertos y errores, ya tiene en su haber el inmenso mérito de haber contri- buido a mantenerlo vivo.
Pero es sabido que la crítica marxista tampoco puede mantenerse viva sin la praxis revolucionaria. El marxismo tendería a convertirse, en su au- sencia, en una ciencia positiva destinada involuntariamente a convalidar en el pensamiento la realidad existente. Creemos que esta tendencia perversa no deja de estar presente, a espaldas de los participantes, en algunos mo- mentos .del desarrollo del debate Brenner. La omisión de la lucha de clases que empobrece muchas argumentaciones puede interpretarse, en este sen- tido, como un síntoma del retroceso de la praxis revolucionaria en nuestros días. Desde luego, esta praxis revolucionaria no es cosa que pueda parir sin más nuestro pensamiento, pero nuestro pensamiento puede y debe perma- necer alerta ante sus propios síntomas.
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Notas
1 Brenner (l998a). Su publicación en castellano firé anunciada por Akal Ediciones.
2 Este planteo general de su enfoque parece a primera vista una formulación marxista clásica y llevó a alguno de sus comentaristas a creer que de eso se trataba. “La gran virtud del ensayo de Brenner es que ofrece un análisis claro, fundamentado y bien documentado del largo declive, ba- sado en la teoría de la tasa decreciente de ganancia de Marx. No es exactamente la perspectiva de Marx sobre el asunto (en la cual la composición orgánica del capital y la decreciente cantidad to- tal de trabajo juega el rol clave), pero está cerca del espíritu de la- crítica de Marx: esta es, la prime- ra firerza para las crisis periódicas del capitalismo es su propio dinamismo’n (Walker l999a, p. 32; también Walker l999b). Pero esta similitud, como veremos, es sólo una apariencia superficial.
3 Esta relación, sin embargo, puede resultar algo problemática parque Brenner no explicita la manera en que se articula esta contraposición entre crisis precapitalistas y capitalistas con su expli- cación de la transición hacia el capitalismo. La centralidad conferida a la lucha de clases por el Brenner estudioso de la nansición, en efecto, parece desaparecer por completa en el Brenner estu- dioso de la dinámica del capitalismo: en palabras de uno de sus comentaristas, "no hay lucha de clases en el enfoque de Bob" (I'icktin 1999 —el debate alrededor de la teoría de Brenner acerca de la transición se" encuentra compilado en Ashton 1987). Meiksins Wood, discípula suya, reafirmó empero dicha 'continudad escribiendo que “la dependencia del mercado y los imperativos del mer- cado existieron antes de que los productores directos fireran expropiados”, que “pueden existir aún si los trabajadores fireran reconectados con los medios de producción", y que “son histórica y cau- salmente previos ala relación entre capital y trabajo vivo” (1999, p.178). En cualquier caso, dirimir esta cuestión no es decisivo en cuanto ala plausibilidad de su análisis de la dinámica del capitalis- mo maduro, que aquí nos ocupa.
4 Esto implica que evaluar dichas objeciones de Brenner consiste, en realidad, en evaluar las objeciones de Okishio y Roemer, puesto que Brenner no agrega nada-importante a las mismas ni respuesta alguna a las numerosas críticas que suscitaron. Esta tarea excede ampliamente los límites de esta artículo —para una réplica puede consultarse Shaikh (1999). La relación entre Brenner y el marxismo analítico —con el que mantuvo una fuerte polémica historiagráfica en la figura de su fun- dador, G. Cohen- parece decisiva en este punto, pero no parece serlo más adelante. Adviértase en este sentido, por ejemplo, que la relación que establecerá Brenner entre la Conducta microeconó- mica maximizadora de beneficios de parte de los capitalistas y sus resultados macroeconómicos, las mencionadas tendencias hacia la sabrecapacidad y sobreproducción, parece incompatible con el individualismo metodológico propio del marxismo analítico.
5 Brenner remite explícita y reiteradamente a un artículo de Kalecki de 1943 (Kalecki 1979), en lo que parece ser una de las principales deudas teóricas de su interpretación del capitalismo de pos- guerra.
6 Fine, Lapavitsas y Milonakis realizan esta observación en la que, indudablemente, es una de las mejores reseñas críticas [del estudia de Brenner publicada hasta el momento. Ellos escriben sin más que “su contribución muestra una fuerte afinidad con el enfoque del profitsqueue” (1999, p.51; véase asimismo Clarke 1999).
7 En efecto, Glyn y Sutcliffe sintetizan las causas del inicia de la crisis británica entre 1964 y 1970 en los siguientes términos: “la razón básica del declive en la parte de las ganancias fire el es- trangulamiento de los márgenes de ganancias entre los incrementos de los salarios nominales por un lado y la competencia internacional progresivamente más severa por el otro” (1972, p.65).
8 Dumenil y Levy (1999) sostienen que Brenner está empleando implícitamente, en estos razo-
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namientos, una teoría kaleckiana de la determinación del salario real por la competencia: para que la caida de los precios originada en la competencia intercapitalista origine una caída en la tasa de ganancia de conjunto, una parte de dicha caída debe ser absorbida por los salarios reales en con- diciones de mark-up restringido. En las páginas de texto, sin embargo, estos puntos decisivos se re- ducen a una cuestión de énfasis.
9 Véase en este sentido, en particular, Weeks (1991).
10 Esta es una de las caracterísn'cas distintivas del enfoque de Brenner, vinculada a menudo por sus críticos con sus inclinaciones a favor del marxismo analítico y con su mencionada despreocu- pación de la controversia alrededor de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (véase Gold- ner 1999). Varios comentaristas objetaron dicha prescindencia (A.Callinicos, Ch.Hannan, F.Mose- ley, M.Srnith, etc.), pero son los trabajos de Carchedi (1999) y Freeman (1999) los que mejor ex- ponen sus implicancias en cuanto a pérdida de capacidad explicativa. La pérdida más lamentable, sin embargo, es la propia centralidad del antagonismo entre capital y trabajo inherente a la teoría marxista del valor.
11 A.Callinicos (1999) parece demasiado urgido por su auto-prescripta ortodoxia cuando, entu- siasmadopor las críticas de Brenner al profit squeeze, las extiende sin más a un “political marxism” que incluiría además a los autonomistas italianos, a los derivacionistas alemanes, a Holloway y Bo- nefeld, a Meiksins Wood y, aparentemente, también al propio Friedrich Nietzsche.
12 Acordamos pues completamente con Bonefeld cuando escribe: “esta conceptualización del desarrollo capitalista en términos de la relación competitiva entre capital y capital repite (...) el dogma del pensamiento económico vulgar” (1999, p.10). Lebowitz (1999) argumenta correctamen- te, err este sentido, que es a niveldel antagonismo entre capital y trabajo a escala de lo que Marx denominara el “capital en general”, antes que a nivel de la competencia intercapitalista entre “va- rios capitales”, que debe explicarse la dinámica capitalista. Sin embargo, el trabajo no aparece en su análisis como polo de un antagonismo, sino como objeto pasivo de un proceso de creciente ex- plotación que conduce a crisis de realización.
13 Una excepción, posiblemente la única, se encuentra en el comentario de T.Smith (1999). Smith rechaza la objeción de que Brenner pasa por alto la lucha de clases en su interpretación del capitalismo de posguerra y propone un esquema donde el antagonismo entre capital y trabaja ten- dría prioridad desde un punto de vista sistemático y la competencia inter-capitalista la tendría en la explicación histórica. La competencia gozaría de “autonomía relativa” y, en ausencia de un r‘con- flicto-abierto de clases”, permitiría explicar la dinámica capitalista. La virtud de este esquema radi- ca en que intenta incorporar la lucha de clases en una posición más precisa que la del “pero ade- más”. Sus defectos son dos. Por una parte, tiende a reducir la lucha de clases a sus grandes oleadas revolucionarias —y en este sentido se refiere a los “niveles de conciencia de clase", etc.— en la mis- ma medida en que los. partidarios del profit squeeze tendían a reducirla a los conflictos salariales. Por otra parte, deja sin explicar la sugerente coincidencia entre la gran oleada de la lucha de clases de fines de los 60 y comienzos de los 70 y el desencadenamiento de la crisis a escala mundial.
14 Véase en este senu'do Holloway (1995).
15 En este sentido, un partidario de la escuela del capital monopolista de la Monthly Review, J. B. Foster (1999), objetó a Brenner que su interpretación de la crisis a partir de la competencia in- tercapitalista era incompatible con los procesos de concentración y centralización del capital. Bren- ner (1999) respondió, correctamente, recordando que esos procesos implicaban la supresión de la competencia intercapitalista. “El problema básico con este escenario —en el cual la concentración, centralización y escala masiva dan surgimiento al poder monopolista y el poder monopolista ope- ra una tendencia que aumenta el excedente- es que descansa en definitiva sobre la efectividad de barreras de entrada que son más que temporarias. Pero, si existe alguna tendencia tan marcada en
Cuadernos del Sur l 15
el capitalismo contemporáneo como esta hacia la concentración, centralización y escala masiva, es la tendencia hacia la incrementada movilidad y movilizabilidad del capital a escala internacional.” Para un buen panorama acerca de las investigaciones contemporáneas sobre la dinámica compe- tencia-colusión de las firmas puede recurrirse a Cantwell (1991).
16 Varios comentaristas reclamaron una mayor precisión a Brenner. D. Laibman escribió en es- te sentido que “sin un cuidadoso y sistemático argumento cuantitativo (un modelo), uno simple- mente no tiene forma de saber si las afirmaciones centrales de la cadena de argumentos verbales de Brenner son válidas” (1999, p.107). Este raclamo, poniendo entre paréntesis la manera excesiva- mente académica en que Laibman lo plantea, esta esencialmente justificado.
¡7 Fine, Lapavitsas y Milonakis señalan también este punto: ‘su afinidad con la teoría de Adam Smith de la rentabilidad declinante es notoria” (op.cit, pág. 54). Señalan la paradoja que esto aca- rrea confrontado con sus anteriores polémicas con el “marxismo neo-smithiano' que explicaba la transición en términos del crecimiento del mercado —esto es, Sweezy en su debate con Dobb. Es- te "smithianismo’ de Brenner merece empero una aclaración. Esa referencia cruzada de Fine et ¡Iii pone en juego, en realidad, dos ideas smithianas distintas. (A) la vinculada al debate sobre la tran- sición corresponde a la explicación smithiana del origen y desan'ollo de la división del trabajo en términos de extensión del mercado (esto es, en el Libro l de La riqueza de las naciones). Esta expli- cación es objetable sencillamente porque Smith identifica división del trabajo con división meram- til del trabajo; a su vez, el “marxismo neo-smithiano” otrora criticado por Brenner sería obietable por identificar extensión del mercado con capitalismo. (B) la vinculada específicamente con la in- terpretación de Brenner de la rentabilidad declinante corresponde a la explicación smithiana de la —digámoslo así- dinámica a largo plazo de la acumulación capitalista (en el Libro Il, cap. III de La riqueza... particularmente). Esta explicación, basada en una suerte de “saturación” de capitales, ya había sido obietada por Ricardo en el cap. XXI de los Principios... en términos de falacia de com- posición. Ambos asuntos son independientes y sólo éste último sería el ‘srnitbianisrno' obietable en las páginas de Brenner que aquí nos ocupan.
18 Fine, Lapavitsas y Milonakis señalan también este punto. insistiendo en la importancia de la mediación crediticia entre la producción y la circulación y, en función de ello, concluyen que c‘la relación entre el reemplazo del capital fijo y la rentabilidad también se mueve en la dirección opuesta a la única sugerida por Brenner: la baja rentabilidad en condiciones de recesión puede ca- talizar el reemplazo de capital fiio' (id.. pág. 63).
19 Véase, por ejemplo. el reciente análisis del problema de la productividad del trabajo en EEUU que hace Lester Thurow en Building WMIIIJ, New York, Harper Collins, 1999.
2° Véase Brenner (1998). Malloy y Post (1999) le objetaron que la recuperación norteamericana responde a una profunda restructuración productiva desarrollada desde mediados de los 80. Mo- seley (1999), por su parte, sostuvo que dicha recuperación, lejos de responder a un incremento en la productividad del trabajo derivado de nuevas tecnologias, se debe principalmente al incremen- to de los flujos de capital hacia los EEUU de 1993 en adelante.
21 Debe advertirse, con Brenner, contra afirmaciones cuyo contenido es eminentemente empí- rico y que, sin embargo. no van acompañadas de evidencia empírica alguna. Un caso sorprenden- te se encuentra en un comentario de Cameio (1991). quien realiza un cuestionamiento generaliza- do de los datos de Brenner sin proponer empero otros alternativos.
22 Véanse al respecto sus intervenciones previas, motivadas en el mencionado giro de Clinton hacia el equilibrio fiscal (Brenner 1993 y 1995), y la respuesta de M. C; Malloy, una discipula de Shaikh (Malloy 1995).
116 Abril de 2001
Indagando la economía mundial: dos pasos atrás
Ben Fine / Costas Lapavitsas / Dimitris Milonakis
l. Introducción
El rumor de que un número entero de la New Lefi Review iba a ser dedi- cado a una contribución de Robert Brenner sobre la economía mundial contemporánea, hizo que este fuese ansiosamente anticipado por muchos estudiosos de economía politica. Altamente respetado por iniciar y fijar los términos del debate sobre la transición agrícola, el cambio en la atención de Brenner del pasado al presente prometía llenar el vacío analítico que ha persistido en la economía política desde unos veinte años o más a esta par- te. A pesar de la teoría de la regulación y del posfordismo, la comprensión del capitalismo contemporáneo entre los economistas ha progresado muy poco en este período. Incluso podría argumentarse que ha retrocedido.
' I
Brenner argumentó que la sobrecap da de la
nó con la aparicion de un “largo decl' de la productividad y de los salarios masivo persistente.
Para que el argumento de Brenner explicación debe darse de por qué la reestructuración capitalista en este período no resultó en la eliminación de sobrecapacidad y sobreproduc- ción. Para encarar este punto, Bren- ner utíliza el siguiente argumento
Cuadernos del Sur l 17
os industriales que hacen inversiones enormes de nstante no requieren una tan alta tasa de ganan- e capital “hundido” como en el capital circulan- san. ,Es más, las empresas manufactureras que el mercado y con grandes inversiones en capital suelen tener relaciones de largo plazo con sus res y clientes, y acumular know-bw tecnológico (¿Estas razones en conjunto implican que los derrotar efectivamente a los nuevos , ese modo seguir operando, impidien- turagron. El crecimiento lento de la deman- s. lgïásáanancias, la inversión, los salarios y la “ mo caen- exacerba las dificultades pa- ido al lento crecimiento de las nuevas , ón, dejando así menos posibilidades de " o nuevos competidores. . «"o .e . ïíï teórica, sigue una larga narración del desempeño de posguerra de las economías de Estados Unidos, Alemania yJapón que se lleva la mayor parte de la contribución de Brenner. El lugar central de la narrativa histórica se reserva a los movi- mientos de las tasas de cambio como determinantes de la competitividad de los capitales nacionales. Se consideran también las políticas keynesianas y monetaristas, y la conclusión de Brenner es que éstas no pudieron mane- jar la sabrecapacidad y la sobreproducción de la industria. Sin embargo, en los años ’90 hubo una recuperación parcial de la ganancia industrial nor- teamericana. En este punto, Brenner reconoce que se logró una cierta rees- tructuración de los sectores manufactureros norteamericanos, pero enfatiza que no hay ninguna “economía de risitos de oro”; los éxitos de los ’90 tie- nen más que ver con la subvaluación del dolar y el estancamiento del sala- rio real. De modo que la contrapartida inevitable del éxito de Estados Uni- dos fue la pérdida de competitividad de Alemania y Japón. Por el mismo punto se infiere que difícilmente el éxito norteamericano tenga larga vida. Se verá en lo que sigue, que la contribución de Brenner, si bien de agra- dable lectura e informativa en aspectos particulares, ha prometido mucho más de lo que ha brindado efectivamente. Mostraremos por que es así ubi- cándola dentro de un conjunto de textos afines. En particular, la sección 2 del artículo demuestra las notables afinidades entre el análisis de Brenner y las discusiones sobre rentabilidad y crisis que ocurrieron en la Conference of Sacz'alist Economist: en los años ’70. Brenner mismo no retoma esos viejos
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debates británicos como punto de partida, sino estructura su argumento teórico y empírico como una crítica de la explicación del ‘profit squeeze’ (es- trangulamiento de las ganancias) del largo estancamiento. De hecho, al ubi- car la propia contribución de Brenner dentro de los parámetros de los vie- jos debates de la CSE, podemos mostrar que su aproximación a la, crisis ca- pitalista se parece demasiado a la-explicación basada en el ‘profit squeeze’, a pesar del rechazo de sus argumentos centrales. Las secciones 3 y 4 indagan los fundamentos teóricos de la argumentación de Brenner, en particular su Visión de la competencia entre capitalistas, formada por presiones en tomo a la acumulación y renovación del capital constante. La sección 3 emparen- ta la contribución de Brenner con Adam Smith, la siguiente con la econo- mía neoclásica. La sección 5 trata la ausencia del crédito y del mecanismo del crédito en el modelo de crisis capitalistas de Brenner. La sección 6 se dedica a la internacionalización de la producción y las finanzas, fenómenos de importancia crítica para la dinámica de la economía mundial desde co- mienzos de los ’70 y aspectos que Brenner deja completamente fuera de la- do en su estudio. La sección 7 amplía nuestra revisión crítica de la contri- bución de Brenner por una breve consideración de su trayectoria intelec- tual. En particular, demuestra que la ausencia de un analisis teórico del va- lor, un aspecto que determina decisivamente su trabajo en la New Lefi Re- view, también es una característica de sus trabajos previos. Finalmente, la sección 8 concluye por delinear el contexto más amplio en que debe eva- luarse la contribución de Brenner. ' '
2. Afinidades con los debates Ïdad y
Lejos de constituir un salto decisivo lindaa. mia política recuperar el tiempo analítr, 1 ' del capitalismo contemporáneo, la ‘co principalmente un ejercicio de nostalgi . ron lugar veinticinco años atrás como rra. De no ser por el despliegue selectivoÏÉ ferencias a bibliografia que se ha gener tonces, la obra de Brenner bien podn , una contribución al viejo debate. Para sigla te contexto, consideremos entonces como; do el debate, o al menos parte del mism
En los comienzos de los años setent
Class (o el Bulletin of tbe Conference of
Cuadernos del Sur 119
místs, como se llamaba entonces), solía llevar a cabo análisis de corto plazo sobre la economía británica, que fueron llevados a cabo inicialmente por Andrew Glyn y sus colegas. Su punto de partida habia sido la teoría del ‘pro- fit squeeze’, para la que la presión de los salarios por parte de los trabajado- res, conjuntamente con la competencia internacional en los mercados de mercancías, terminaba en caída de las ganancias ([Glyn and Sutcliffe-1972], siguiendo a [Glyn and Sutcliffe-1971]). En otras palabras, la militancia de los trabajadores y los incrementos de salarios por sobre los aumentos de pro- ductividad eran percibidos como los elementos centrales de la dinámica de la economía británica. Una hipótesis subsidiaria, presupuesta como válida, era que existe una relación inevitable entre caída de las ganancias y estanca- miento (o crisis) de acumulación.
Posteriormente, la idea de que los salarios podrían encontrarse en un ni- vel demasiado alto fue complementada con la noción de que estos también podrían estar demasiado bajos. Si los salarios cayesen debajo de cierto ni- vel, entonces se limitaría el nivel de demanda agregada y se generaría una crisis de realización al capitalismo. Ambas posturas sobre los salarios juntas dieron origen a la idea de que los salarios deben fluctuar en una banda: no deberían ser tan elevados que pongan en riesgo las ganancias, ni tan bajos que socaven la demanda de bienes. De este modo, desde un punto de vis- ta analítico, la banda de salarios conformó el esquema contra el.que debían evaluarse políticas y resultados (aunque la noción de banda salarial nunca entró explícitamente en el raconto empírico de politica y resultados). Se veía a los gobiernos según adoptaban una postura dura o una blanda: ya sea recompensando excesivamente el trabajo desde la perspectiva de las ga- nancias, o desinflando la economía en términos de demanda global.2
Esta perspectiva permitía evaluar los desarrollos de corto plazo y expli- carlos en los términos delineados arriba. También dio lugar a la aparición de consideraciones de largo plazo y a un esquema analítico más amplio. De una parte, la banda salarial dificilmente podía esperarse que se mantuviese estable todo el tiempo; mas bien, esta debía cambiar con el incremento de la productividad. De otra parte, Glyn y sus colaboradores estaban compro- metidos con lo que se ha llamado neoricardianismo o ‘profit squeeze’, la idea que la lucha por los salarios es el eje de los resultados económicos. Esto, como observamos, era complementado por una teoría keynesiana de la de- manda, basada en la división de la renta nacional entre ganancias y salarios (además de rentas públicas y cómo éstas son gastadas). En efecto, se había adoptado un enfoque keynesiano informal de izquierda.3
Aunque la aproximación ¡profit squeeze’ de Glyn et al. fue por largo tiem-
120 Abril de 2001
po objeto de un considerable debate en el nivel teórico, sus análisis empí- ricos de los desarrollos de corto plazo monopolizaron la CSE hasta que fueron desafiados por Fine y Harris [1973 y 1796]. Basándose en una posi- ción bien diferente en la controversia sobre la ley de la tendencia decrecien- te dela tasa de ganancia, ellos enfatizaron que el análisis tanto del corto co- mo del largo plazo de la dinámica de la economía capitalista debía centrar- se en la reestructuración del capital basada primero y principalmente en el aprovechamiento de las economías de escala y extensión que surgen del manejo de volúmenes cada vez más grandes de capital productivo. Además, en el capitalismo contemporáneo, esa reestructuración del capital produc- tivo estaba siendo condicionada fuertemente por la intervención estatal y la internacionalización (las empresas multinacionales). Mientras que las re- laciones de distribución (niveles de salario y demás) jugaban un papel im- portante (y eran ellas mismas reestructuradas, como también lo era el capi- tal mercantil y el dinero), tenían que estar ligadas al proceso competitivo de acumulación y reorganización del capital productivo.
¿Cómo se ubica Brenner entre estas dos posiciones, bosquejadas muy re- sumidamente aquí? Paradójicamente, aunque parece estar más cerca de la segunda posición y rechaza explícitamente la primera en determinados as- pectos, su contribución muestra una afinidad muy fuerte con la aproxima- ción del ‘prqfit squeeze’. Su argumento teórico central es que la acumulación del capital opera utilizando cantidades de capital constante cada vez más grandes, incorporando por lo general nueva tecnología y aumentando la productividad, siempre que pueda desplazar a los viejos capitales del lugar que ocupan en la demanda del mercado. Si fracasa este desplazamiento, la rentabilidad cae mientras se materializan sobrecapacidad y sobreproduc- ción; de este modo se desalienta la inversión, lo que desacelera el ritmo de acumulación de capital de la economía. A su vez, la sustanciación empíri- ca de esta teoría es llevada a cabo enteramente en términos de bloques de capital que corresponden a las economías nacionales. Lo global se asume representado por las tres economías nacionales líderes de Estados Unidos, Alemania y Japón. Su desempeño (y el de la economía internacional) es evaluado principalmente en términos de acceso a mercados mundiales o desempeño de las exportaciones. En resumen, Brenner parece preocuparse de la reestructuración del capital (constante) y de su relación con la reestru- cutración de los mercados internacionales; sin embargo, su enfoque es fuer- temente similar al del ‘prqfit squeeze’, a pesar de desviarse, en cuanto a preo- cupaciones teóricas, de la banda de salarios, la distribución, y en menor me- dida, la realización.4 Consideremos este aspecto a continuación.
Cuademos del Sur ' 121
ero, igual que en el esquema ‘profit squeeze’, étodo deBrenner es la especulación sobre las as de la caída de la tasa de ganancia5, lo que lo a a considerar por qué la productividad no au- : enta lo suficientemente rápido. Su respuesta, omo; observamos, descansa en términos de la incapacidad del nuevo capital de desplazar al ’ a pesar de su mayor productividad. l fracaso como el éxito en esta rela- n percibidos como respuestas lógica- ' sibles, pero lo que parece llevar al fra- tencia intensificada entre capitalistas w‘" énente, este es exactamente analógico ' ntándose “¿qué hará caer la tasa de crecen demasiado rápidamente, aun- ‘ bién una posibilidad lógica. Brenner x ' o de su análisis hacia términos que se proclaman explícitamente como innovadores. Lo que es considerado cru- cial para Brenner es que la caída de la ganancia surge de la competencia in- tracapitalista y no de la lucha entre clases, es decir la competencia por abas- tecer mercados limitados entre capitalistas que detentan el poder de merca- do con grandes inversiones fijas, y los que entran al mismo con nueva tec- nología. De este modo, la caida de la ganacia descansa en factores apoda- dos “horizontales” en vez de “verticales”. Además, y nuevamente en línea con el esquema del ‘prafit squeeze’, una vez que la tasa de ganancia cae, so- breviene la recesión: cae la inversión, como también la productividad, los salarios reales y el empleo.6 En segundo lugar, tanto Brenner como los defensores del ¡profit squeeze’ derivan resultados concretos directamente de la teoría abstracta. En el es- quema del ‘profit squeeze’, la relación inversa entre salarios y ganancias, rete- ris paribus —como dicen siempre los economistas-es decir con todas las de- más variables permaneciendo más o menos constante. La competencia en- tre capitales individuales, mientras maniobran para ganar una ventaja pro- ductiva invirtiendo (o no), se traduce para Brenner directamente en niveles de demanda de mercado. En otras palabras, para ambos no hay mediación entre el sistema productivo y el sistema de mercado (como capital produc- tivo y capital mercantil respectivamente, en el lenguaje de Marx). Como se invierte el capital constante, sus fuentes de financiación y el uso de fondos de plusvalía generados, el proceso de trabajo, la integración vertical y hori-
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zontal de la actividad económica, la creación de mercados y la competen- cia por ellos, y así sucesivamente, todo esto queda subsumido bajo la sim- ple relación entre capital constante de inversión y acceso a los mercados (especialmente de exportación). De particular importancia, como se verá en detalle en las secciones 5 y 6, es la falta de cuidado de Brenner por el rol mediador del sistema financiero al colocar fondos de inversión, facilitar la realización de la producción y crear stocks de deudas que disparan las cri- sis capitalistas. Y,
Tercero, y cómo consecuencia de lo segundo, ciertos factores económi- cos son privilegiados analíticamente solo por virtud de inclusión, mientras otros son excluidos. Para el esquema del ‘prqfit squeeze’, la teoría de corto pla- zo se basa en las condiciones productivas dadas y en el sistema de precios correspondientes, en el que los salarios y las ganancias se relacionan inver- samente unos con otros. Mucho de lo mismo es verdad en Brenner, excep- toque el enfoque cambia del resultado de los salarios-ganancia-mercado a los de ganancia-inversión-productividad. En cada caso, otros factores son re- ducidos tan solo al impacto que tienen sobre la cadena de causalidad dada.
Cuarto, el análisis aplicado por Brenner tanto como el del jorqfit squeeze’, son fuertemente keynesianos. Con la economía vista en una larga trayecto- ria por la horizontalidad del conflicto entre capitalistas, por ejemplo, los ni- veles de actividad económica están determinados por la política gubema- mental, las tasas salariales y, particularmente importante, la tasa de cambio (como instrumento de competencia entre mercados). Además, tanto Bren- ner como los defensores del :prqfit squeeze’ se centran en los bloques de ca- pital que son esencialmente sinónimos del estado-nación y que compiten entre sí mediante la repartición de mercados de exportación.
En vano decir que una cosa es observar estas similitudes entre Brenner y los primeros trabajos del ‘profit squeeze’y otra bastante distinta, mostrar las debilidades de su análisis en sí mismo y no por errores derivados de éstas. La próxima sección se dedica a esta tarea.
3. Explicaciones “horizontales” de la caída de la ganancia: el fantasma de Adam Smith
Examinada más de cerca, la teoría de Brenner sobre la caída de las ganan- cias puede pensarse como un tipo particular de subconsumo por su explica- ción particular de subinversión. Esencialmente, Brenner postula la posibili- dad de crisis si los capitalistas individualmente evitan invertir por temor a no conseguir suficientes mercados para su expandida y más productiva in- versión. Este comportamiento se autorefuerza porque la falta de inversión
Cuadernos del Sur 123
socava los mercados de otros, siendo ésta exactamente la fuente inagotable de recursos asociada a Kaldor y Kalecki, ya que los capitalistas incorporan como ganacia lo que gastan (tanto en consumo como en inversión).
Hay, con todo, una vuelta irónica a la teoría de Brenner. Esta afinidad con la teoría de Adam Smith sobre la caída de la ganancia es notable. Para Smith, el camino hacia el estadío comercial de la sociedad (capitalismo) se funda en la interacción entre el tamaño del mercado y la productividad li- gada a una creciente división del trabajo (representada más notablemente en una fábrica de alfileres). En efecto, Brenner ha reproducido (y degrada- do, como se verá) el análisis de Smith, adoptando el caso especial de una creciente división del trabajo exclusivamente asociada a nuevo y mejor ca- pital constante. La ironía es que Brenner [1977] dedicó él mismo a una muy mordaz crítica del marximo neosmithiano en su evaluación de la teoría de la dependencia y el subconsumo, ligada por ejemplo, al trabajo de Frank, y Baran y Sweezy en su clásico Monopoly Capítalism (El Capital Monopolista). Sin embargo, la narración de Brenner de la economía de posguerra del ca- pitalismo norteamericano revela una gran similaridad con Monopoly Capí- talz'sm: una escasez de inversión subconsumista ocurre porque los capita- listas monopolistas no pueden darse cuenta de las ganancias potenciales que provendrían de altos niveles de productividad —y menos aún los nue- vos entrantes.7 Brenner percibe la falta de salidas de mercado como el re- sultado de la competencia intracapitalista. Baran y Sweezy también evalúan lo que ellos consideran intentos inútiles de encontrar salidas altemativas para el excedente potencial, una posibilidad que es escasamente reconoci- da por Brenner. En suma, la posición de Brenner es una mezcla de mono- polismo-estancacionista y fuerte smithianismo. Aunque Smith argumenta que los límites del crecimiento de la división del trabajo impuestos por la magnitud del mercado terminarán finalmente en una caída de la tasa de ga- nancia asociada a un estado estacionario y declinante de la economía, Bren- ner es menos pesimista y permite el crecimiento continuado aunque a ni- veles moderados.
Como es bien conocido, la teoría de Smith sufre de una simple 'falacia de la composición: lo que es verdad para un sector individual no lo es para la economía en su conjunto. Para un nivel dado de actividad económica, las perspectivas dentro de un sector estan limitadas por la capacidad existente, y más inversiones se enfrentarán con mercados inadecuados y caída de ga- nancias. Estas conclusiones no se pueden transportar a la economía en su conjunto, porque las inversiones en cualquier sector proveerán mercados en otro. Brenner está agudamente al tanto de esa posibilidad, porque permite
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que después del boom de posguerra siga una desaceleración. Sin embargo, más adelante se muestra que su teoría no puede explicar ni la desaceleración ni el boom, tan solo permitir que ambos sucedan. En efecto, provee un es- quema para trazar empíricamente la relación entre mayor o menor creci- miento de los mercados y la renovación y crecimiento del capital constan- te, una narración a la que volveremos a atender más adelante.
No obstante esto, hay un aspecto clave en el que Brenner replica la fala- cia de la composición de Smith. Brenner rara vez se fija en la producción y nunca se encarga de los insumos (algo también característico del esque- ma del :orqfit squeeze’). Más exactamente, se ocupa de la competencia por mercados de exportación sin reconocer que las mismas exportaciones de uno son las importaciones de otro. Nuevas inversiones dentro de un sector pueden ser la receta de la sobrecapacidad y caída de la rentabilidad de to- dos los productores. Sin embargo, si esto ocurre, tiene necesariamente su contrapartida en la caída de los precios para los consumidores. Si estos con- sumidores son otros productores, la caída de ganancias de sus proveedores aumenta necesariamente su propia ganancia en la forma de insumos con precios más bajos. Si los consumidores son trabajadores, entonces éstos de- berán consumir lo mismo con más bajos salarios, aumentando las ganan- cias, o beneficiarse por un incremento sustancial en los salarios reales. Es- to último es descartado como explicacion de la caída de la ganancia en la propia descripción empírica de Brenner y tiene conexión directa con su re- lato mecánico en el que la caída de la ganancia termina necesariamente en crisis o al menos en “estancamiento”. En este sentido el argumento de Bren- ner concierne la inducción a invertir y la capacidad de invertir: bajas ganan- cias significan que no se invierte aún teniendo el dinero para hacerlo, algo que no sucede. Sin embargo aún desde la perspectiva de un capitalista in- dividual, esta es sólo una parte de la historia. Si la ganancia es baja, no me- nos porque yo me asiento sobre capital viejo y menos eficiente, yo estoy bajo una presion competitiva considerable para inver- tir de modo que pueda incrementar la ganancia e, igualmente importante, garantizar la reproducción del capital constante existente, cuyos costos hundi- dos están de otro modo obligados a perderse. Exacta- mente este mismo argumento se aplica a potenciales nuevos inversores, quienes pueden incrementar la ga- nancia con el fin de desplazar a los rivales solo refu- tando con la práctica la relación supuestamente in- versa entre ganancia e inversión.
Cuadernos del Sur 125
Además, si la falta de fondos debido-a las bajas ganancias es el problema (que afecta a la capacidad de invertir), el capitalismo contemporáneo se ca- racteriza fundamentalmente por un sistema financiero que se constituye no sólo por el capital dinero ocioso, sino también por otros fondos que están en general potencialmente disponibles para la acumulación. En principio, bajas tasas de inversión pueden tener el efecto de reducir la tasa de interés y el costo del crédito mientras el excedente social se acumula. En resumen, aún con bajas tasas de ganancia, la capacidad de financiar la inversión está sujeta en realidad a límites muy flexibles; y la inducción siempre se comple- menta en grados variables con la coerción para invertir.8
El punto clave es que una ganancia industrial positiva o incluso decli- nante es mejor que ninguna ganancia, especialmente si es la fuente de un excedente que sostiene sectores no manufactureros, tanto a través del esta- do u otros empleos improductivos, como en el reino de los bancos y las fi- nanzas. En otras palabras, sin entrar en el debate sobre trabajo productivo e improductivo y su importancia para la acumulación contemporánea, la relación entre ganancias, inversión fija y acceso a los mercados es conside- rablemente más compleja de lo que Brenner concede. Mientras desarrolla libremente nociones de sobreproducción y competencia intensificada, la sobreproducción es poco más que una tautología para referirse a un creci- miento lento por el acceso a mercados insuficientes. En cambio, la compe- tencia intensificada (inversión intensificada) dentro de la economía como un todo, puede solo ser un mecanismo para igualar tendencialmente la ta- sa de ganancia, un punto que estaba claro para Marx y Ricardo, en oposi- ción a Smith. La competencia no puede hacer bajar la tasa de ganancia: un conjunto de capitalistas debe ganar cuando otro pierde si los precios de mercado son más bajos.
4. Individualismo y explicaciones de crisis capitalistas
La teoría de Brenner, como ha quedado claro ahora, está construida esencialmente sobre el comportamiento de capitalistas individuales. ¿Eli- gen éstos invertir o no frente a la competencia de los ya establecidos en el mercado? Así, como la resistencia de salarios y lugares de trabajo no ha si- do muy severa, el retraso en el crecimiento delos últimos veinticinco años se entiende como la consecuencia de relaciones no planificadas y descoor- dinadas entre capitalistas individuales (aunque organizados en bloques na- Éionales). Al respecto, la perspectiva que tomó Brenner lo ha traicionado
astante.
El capitalismo contemporáneo ha probado ser particularmente hábil, si
126 ' AbríldeZOOl
bien imperfecto, para enfrentar estos problemas. Para Brenner, se trata sólo de un problema de acceso individual a mercados (o de la reestructuración del capital mercantil en línea con la reestructuracion potencial de capital constante productivo). Pero para un capitalista con un potencial de inver- sión a explotar a expensas de otro mercado, la solución es simple: se trata de comprar la empresa que compite y cerrarla, haciendo desaparecer su ca- pacidad instalada.9 Por supuesto que puede ser necesario pagar un sobre- precio para hacerlo (si la compra subrepticia se vuelve imposible), y esto puede bajar la ganancia final o incluso el incentivo a proceder. Sin embar- go, no solo es una ganancia positiva mejor que ninguna, como ya se argu- mentó, sino además, durante un periodo de veinticinco años de aumento de la productividad potencial (como lo ha sido el “largo declive”), este ti- po de comportamiento se tiene que volver inevitablemente cada vez más atractiVo. Además, el problema no es simplemente un caso de relaciones contables entre empresarios aislados e independientes. El sistema financie- ro del capitalismo contemporáneo promueve la adquisición y fusión con el objeto de ganar acceso a los mercados (una función ya reconocible en tiem- pos de Marx), no menos a través de integración vertical como también ho- rizontal. Igualmente importante ha sido el efecto de la política económica del estado buscando la racionalización. de la industria, con políticas indus- triales frecuentemente diseñadas explícitamente para conseguir estos fines. En resumen, difícilmente pueda darse crédito a Brenner por haberhdes- cubierto un problema individual y sis nf: fuese norado por los mismos capitalistas. nea se deriva de la naturaleza engaños ha armado, en concreto ¿como puede caer ductividad, con los salarios sin seguir e , formulación, la respuesta debe ser que secuencia de capitalistas que eligen in tasa de ganancia sistemáticamente en I , Brenner la ec0nomía es gobernada por ú pitalistas individuales:
:1: ,8
Los empleadores no encontrarán motivación alguna a invertir en nin- gún lugar ni tiempo salvo que pue- dan asegurarse una tasa de retorno satisfactoria. Los empleadores de- ben, en otras palabras, demandar
Cuadernos del Sur 127
una tasa de ganancia satisfactoria comi; invertir, porque una tasa de retorno sa' condición fundamental para la compefii ende la viabilidad de la firma. [Brenner 9= sis en el original] ‘
Esto es o bien una tautología o bien f _ lado la compulsión a invertir para pre existente. Seguramente los empleadores tener, sin garann'a alguna de antemano.- los empleadores se preocupan menos p tran, como la presencia de competidor que puedan hacer contra éstos. Su preo x los esperan, especialmente aquellos que capitalismo (más que los shocks azaroso y
Todas las versiones individualistas de » ' y encuentran con un problema inmanej A. ' p . , A volución sobre expectativas racionales dentro de la economía neoclásrca. Como nos hemos tomado el trabajo de señalar, la teoría de Brenner no lle- ga a ningúnrpunto que esté por encima del conocimiento de un capitalista individual, es decir el temor de hallar capacidad ocupada y mercados insu- ficientes'en vista de los niveles de crecimiento general. En consecuencia, no hay ninguna otra razón, que los inciertos azarosos, para que los capitalistas se vean sorprendidos o decepcionados por los resultados. El esquema de Brenner es, pura y simplemente, uno de falla de coordinación entre (unos pocos) muy grandes capitalistas. Éstos, o más exactamente los mercados, no pueden coordinar el nuevo potencial de inversión con oportunidades ex- pandidas de mercado. En una palabra, esto es simplemente un juego de confianza (jugado solo por empleadores) donde todos podrían estar mejor solo si cada uno se asegurase que todos los otros invertirán (o no) apropia- damente.lo Para Brenner, ese seguro no está dado aún cuando hay institu- ciones privadas (el sistema financiero) y públicas (el estado) que podrían proveerlo externamente.
Esto no intenta ser una parodia. En verdad es la formalización apropia- da para la teoría individualista propuesta por Brenner, despojada de su len- guaje marxista. Es también un indicador de la ausencia de mediación entre la teoría y los resultados del relato de Brenner que notamos antes. Este re- sumen es rápidamente concreto como consecuencia del enfoque en el com- portamiento de inversión de los capitalistas individuales. Más alla del ex-
s'r' ' s’-
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naordinario determinismo tecnológico mostrado por Brenner en tomo a capital constante y acceso a mercados, esto implica una metodología que evita referencias a leyes abstractas o tendencias, una ausencia de considera- ción alguna de las estructuras económicas mediadoras (como el sistema fi- nanciero y comercial), y, en suma, un total desprecio por cualquier teoría del valor. La crisis es simplemente un problema de la extensión de la coor- dinación o no de la inversión de los capitalistas a través del mercado, don- de el mercado ,en sí mismo es concebido solo como un nivel de demanda, sin considerar la variedad de instituciones propias y ajenas al mercado gra- cias a las que la economía funciona en la práctica.
En este sentido, considérese otra forma igualmente reveladora y relacio- nada de examinar la contribución de Brenner. Hay claros precedentes para esto denno de la economía ortodoxa. La versión más simple está asociada con la contribución de Domar [1946]al modelo Harrod-Domar de creci- miento. Para Domar, la tasa de crecimiento de una economía capitalista se reduce a la proporción de capacidad excedente, ya que la nueva inversión necesita desplazar a la vieja capacidad que puede no estar aún técnica ni económicamente obsoleta. Nuevas plantas deben abastecer los mercados y ocupar los recursos previamente absorbidos por la vieja planta, pero los dueños de la última tienen incentivos para presionar sobre los precios del mercado de insumos y productos para seguir sobreviviendo. Estos parale- lismos con la ortodoxia muestran que la teoría elegida por Brenner es com- patible con un crecimiento balanceado y sostenido, aunque en un camino de crecimiento que no es a plena capacidad.
Más recientemente sin embargo, la teoría neoclásica del crecimiento nuevo o endógeno ha producido varios modelos sobre el tipo de posturas desarrolladas por Brenner, pero en una gama mucho mas amplia,11 y avan- zando así respecto de los años ’70 cuando no existían en ese sentido más que los argumentos informales asociados con Schumpeter. Al tratar de ex- plicar por qué las tasas de crecimiento difieren, cualquier imperfección del mercado puede ser un instrumento analítico. Una opción en este sentido son las fallas de coordinación entre nuevas y viejas inversiones. Pero exis- ten muchas otras imperfecciones del mercado que han sido desarrolladas por la nueva teoría del crecimiento, desde factores de los mercados de ca- pital, hasta el aprendizaje sobre la marcha (Iearning-br-a’oing), el crecimien- to del capital humano, y así siguiendo.12 Brenner, como ya se observó an- tes, es muy selectivo al concentrarse en el alcance de la coordinación se- cuencial de la inversión fija. De modo similar, la literatura del crecimiento endógeno varía sobre una serie de factores siempre en expansión, pero se
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mantiene altamente simple en cuanto al número de variables incluidas. Con todo, la literatura termina en un conjunto extremadamente complejo de resultados posibles sobre la base de decisiones de inversión descoordi- nadas. Puede haber equilibrios de alto y bajo crecimiento como necesita Brenner para explicar el boom de posguerra y el estancamiento. Pero es también posible tener múltiples equilibrios y una dinámica compleja alre- dedór o en dirección al equilibrio. Con la inclusión de mas variables, el modelo matemático se convierte rápidamente en inmanejable.13
En esencia, los terminos informales y terminológicos en que Brenner de- sarolla su teoría esconden su similaridad con la nueva teoría del crecimien- to, poniendo en duda inmediatamente la dinámica simple del crecimiento que él propone, es decir, un boom seguido de una fase de estancamiento. Por la misma razón no es aceptable asumir que el» camino de crecimiento sostenido esta dado, ni permitir un grado de variaciones de corto plazo al- rededor de él, según el tamaño y la división de los mercados. Porque si hay algún logro positivo de la nueva teoría del crecimiento es que extingue las divisiones simplistas entre análisis de corto y largo plazo. Tanto en una teo- ría de la inversión estratégica como en la nueva teoría del crecimiento, un cambio-en la demanda, digamos, puede inclinar la balanza a favor de un ti- po particular de inversión con efectos acumulativos que finalmente alteran el camino de crecimiento de la economía. En otras palabras, no hay razón alguna para creer que la teoría postulada por Brenner pueda dar el ritmo de crecimiento que intenta explicar.
5. Caída de la rentabilidad, “crisis” y el rol del crédito
Ahora podemos considerar más de cerca el punto mencionado anterior- mente sobre la derivación directa que hace Brenner de resultados concretos (crisis) de su teoría abstracta (caída de las ganancias debida a competencia condicionada por reemplazo de capital fijo), en contraste con la aproxima- ción teórica que se adopta aquí, estos resultados estan necesariamente media- dos. La mediación sobre la que nos enfocamos y que se encuentra enteramen- te ausente en el relato de Brenner, es la que ofrece el crédito. Un punto con- veniente de arranque es examinar de-cerca el término “crisis” usado frecuen- temente por Brenner, aún cuando prefiere “declive” (downturn), que parece creer equivalente. Lo más cerca que llega a una definición es lo siguiente:
...una crisis económica, es decir una reducción de largo plazo en la tasa de ganancra que produce un declive secular de todo el sistema económi- co. [Brenner 1998:18]
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Cualquier cosa que haga uno con “crisis”, este es claramente un uso idio- sincrático del término. Tanto en inglés como en griego, la palabra significa, por sobre todo, una agitación breve y aguda que conduce. a un estado ar- monioso o al colapso. Lejos de ser una sutileza terminológica, esto nos lle- va al corazón de los fenómenos económicamente relevantes, y su explica- ción dentro de la economía marxista que Brenner ansia conquistar.14
El término “crisis” hace su frecuentemente aparición en el propio traba- jo de Marx, sieprpre en el sentido de agitación breve y aguda, típicamente refiriendose a una fase particular del ciclo de negocios que era característi- co del capitalismo industrial temprano. Estas crisis periódicas ocurrieron con una regularidad notable (1825, 1836, 1847, 1856,. 1866) y exhibieron grandes similaridades: bancarrotas mercantiles, quiebras de bancos, pánico monetario, tasas de interes usurarias, tasas de cambio en colapso, pérdida de reservas de oro. Rara vez duraron más de unos pocos meses, y además eran típicamente internacionales. Cierre de firmas industriales, caída de la producción, aumento del desempleo, y caída de los salarios caracterizaron los períodos que seguían a la recesión, que no era ciertamente una crisis. El capitalismo industrial avanzado ya no se caracteriza por este tipo de crisis desde el último cuarto del siglo XIX. En cambio, ha habido tres períodos de prolongadas dificultades para la acumulación, 1873-1896, los años ‘30 y el período desde 1973aque parece ser lo que Brenner tenía en mente cuan- do decía “declive secular de todo el sistema económico”. A fin de que no se piense que esto legitimiza el uso de Brenner del término, estos períodos mismos contienen diver-Sos episodios de lo que puede llamarse propiamen- te crisis. Para el período posterior a 1973, éstas han ocurrido en 1973-74, 1979-81, 1990-91 y la gigante que se ha comenzado a desplegar desde 1997, y esto sin involucramos con grandes episodios financieros como la crisis de 1982, el crash de 1987 ola crisis de 1994.
Claramente, es una tarea vana intentar explicar la vasta serie de estos fe- nómenos históricos armados por la teoría de “crisis” capitalista de Brenner como originados en rigideces de la inversión en capital constante que termi- nan en caídas de la ganancia. Más bien es evidente que una teoría de la cri- sis debe ser conciente de la especificidad histórica de las crisis capitalistas y de las dificultades de la acumulación. Desde una perspectiva teórica, no es sorprendente: las crisis son fenómenos relativamente concretos que reflejan el carácter contradictiorio más profundo, más abstracto de las relaciones económicas capitalistas. Como estas son relativamente concretas, están con- dicionadas por caracteristicas específicamente históricas de la economía, tanto internacional como doméstica: la naturaleza de las industrias clave
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(productos de algodón, siderurgia, automotriz, petroquímica, y así siguien- do), las cadenas de crédito acostumbradas entre industrias, la estructura ins- titucional del sistema de crédito, los patrones del comercio internacional, las formas de pago internacional, entre otras. La mutua interpenetración de es- tos procesos económicos, que crean vínculos y obligaciones contractuales, consuetudinarias e históricas, es precisamente lo que le da a la crisis su ca- rácter fuerte y agudo. Por eso mismo es obvio que las crisis cambian y de- ben cambiar en el curso del desarrollo histórico del capitalismo.
En este sentido, el modelo teórico de Brenner es al mismo tiempo de- masiado y demasiado poco abstracto. Es demasiado abstracto porque la caída de la ganancia asociada con el reemplazo del capital constante no puede captar la variedad y las transformaciones de la crisis capitalista: Brenner nos ofrece un tipo ideal de crisis, incapaz de dar cuenta de la ex- periencia histórica. Por otra parte, no es lo suficientemente abstracto por- que nada en la estrucutra de su argumento teórico admite cambios radica- les de la coyuntura económica, que son el sine qua non de las crisis capita- listas. Por sobre todo, Brenner no deja lugar teórico al rol del crédito en la reestructuración del capital constante y más generalmente en el sosteni- miento de la acumulación capitalista. Merece reiterarse que la caída de la ganancia y la resultante renuencia a invertir nunca podrá producir una cri- sis capitalista salvo que la tasa de ganancia caiga a cero. Para una crisis de- be haber una mediación entre los procesos más profundos en la esfera de la producción (generalmente asociados al capital constante) y los de la cir- culación. La mediación más decisiva de este tipo la ofrecen el crédito y el sistema de crédito. En este sentido, el juego entre crédito (comercio y ban- cos), acumulación de capital y las oportunidades admitidas para la especu- lación son cruciales.
Sólo como un indicador de la complejidad de las relaciones involucra- das, considérense los siguientes aspectos abstractos y estilizados de la inte- racción entre crédito y acumulación industrial y comercial [Itoh and Lapa- vitsas-l998]. El aumento de la rentabilidad en la fase más temprana de re- cuperación económica alienta la expansión del crédito comercial (adelanta- do por los capitalistas independientemente del sistema de crédito). La ex- pansión del crédito comercial, a su vez, aumenta las oportunidades para las operaciones especulativas del capital mercantil. Por otra parte, la rentabili- dad retraída en la fase tardia del boom termina acortando las cadenas de crédito comercial. Esto implica aumentar la confianza en el crédito banca- rio a fin de respaldar el crédito comercial, particularmente el capital mer- cantil que se ha embarcado en vastas operaciones especulativas. Con todo,
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la caída en la rentabilidad de los capitalistas, siendo las otras cosas constan- tes, también significa que los bancos no pueden expandir sus responsabili- dades (mayormente depósitos), tan fácilmente como antes. Esto, junto con una mayor confianza de las firmas industriales y comerciales en el crédito bancario contribuye a una presión ascendente en la tasa de interes en la fa- se tardía de un boom. Una crisis, propiamente dicha, se basa en el movi- miento opuesto de la tasa de interes relativa a la tasa de ganancia, que limi- ta sus ganancias potenciales de operaciones especulativas y hace dificil a los capitalistas responder a las obligaciones existentes.
El aspecto agudo y breve de una crisis capitalista resulta mayormente de las relaciones de crédito que apuntalan la acumulación expansiva capitalis- ta. El aumento de los costos del crédito y las perspectivas en caída de la ren- tabilidad fuerzan la bancarrota de los capitalistas que han tomado demasia- do riesgo especulativo. Como las cadenas de crédito están típicamente in- terconectadas, el fracaso en los negocios puede potencialmente extenderse, una posibilidad que resulta más pronunciada si el crédito mismo colapsa co- mo resultado de los montos de devolución. La expresión más vívida de lo agudo de una crisis es el vuelo de los capitalistas por dinero, un término en boga de lo que es un “credit eruncb”. Esto bien puede exacerbar los fracasos de negocios, afectando incluso a empresas cuyos proyectos eran perfecta- mente rentables. El punto es importante porque muestra la necesidad de una teoría de la crisis que enfatize la p iac'ó e tre ¿a aí- da de la rentabilidad y el desequilibrio, Y crisis capitalista hasta los negocios ren z ¿e mente, desde que una causa próxima a
ciones existentes, es evidente que una demasiado. Dado que el volumen de i
La crisis representa, en verdad, una agi 4; '
El reemplazo del capital constante ¿V nuevas tecnologías adquiere urgencia ' una crisis y caracteriza al período de r guirla. En una recesión frecuentement. "I tre empresas se exacerba porque la caíd ' de a deprimir aun más la tasa de gan ya se argumentó, hay un efecto benéfic' están comprando mercancías a preci
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dos). La lucha competitiva intensificada en un ambiente de baja rentabili- dad, con los otros factores constantes, seguramente aliente a las empresas a reemplazar la vieja potencia. Brevemente, la relación entre reemplazo de capital constante y rentabilidad también va en la dirección opuesta a la que sugiere Brenner: baja rentabilidad en condiciones de recesión puede catali- zar el reemplazo de capital fijo. Claramente el tiempo que esto lleva y las nuevas vías de acumulación adoptadas dependen en gran parte de las carac- terísticas del capital constante existente y de las innovaciones que haya dis- ponibles. Igualmente es claro que el éxito de las empresas. depende también de tener acceso a bancos y otros créditos de largo plazo. Otra vez, el crédi- to juega un rol vital mediando el rol entre producción y circulación.
Esta claro que la formulación teórica de Brenner no está preparada para el análisis de las crisis capitalistas cuando éstas son comprendidas como un desequilibrio económico agudo. Pero, tal vez sea más justo juzgar la teoría de Brenner más estrechamente, o más exactamente, en el terreno diferente aunque relacionado, de prolongados declives de acumulación, que parecen ser su principal preocupación. No hay duda de que el énfasis puesto por Brenner en el reemplazo del capital constante es apropiado en este sentido. Sin embargo, cualquier teoría que intenta explicar los largos declives sobre la base de reemplazo de capital constante también debe proveer evidencia histórica específica sobre las características y la importancia cambiante del
l __ 4 ' l, l co tante a lo largo de la historia capitalista. dosiii , óricos claramente delimitados y requie- - órica "en su explicación teórica. Intuitivamente ‘ïncias de los fenómenos de capital constante co- es ferroviarias, la producción en masa de bienes “ón de lazrptecnología de la información son de im- eïni‘ei‘gencia de los largos declives y los largos 'co de Brenner, sin embargo, descansa sobre la
“ ificidad histórica de cualquier tipo. .onsideración teórica del crédito de par- cisivas aún en el siguiente sentido: la movilidad del capital puede combi- narse con una inversión sustancial en capital constante, particularmen- te cuando la inversión de cada em- presa representa un aditamento im- portante a la capacidad productiva de la industria, que típicamente re-
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quiere mediación del sistema financiero. Tanto el mercado de valores como el sistema bancario pueden jugar este rol mediador, aunque el primero so- bre la base de títulos de acciones y el segundo sobre la base de deudas. Ade- más, la inversión de largo plazo hace que sea imperativo formar expectati- vas detalladas sobre el futuro del crecimiento de la demanda, particular- mente durante el tiempo que lleva construir una gran planta. Así, un cam- po nuevo es creado para la actividad especulativa que implica la emisión de acciones y los anticipos de créditos bancarios. Esto es particularmente así cuando el mercado de divisas juega un rol central en el suministro de capi- tal de largo plazo para inversiones en capital constante, ya que los retornos del mercado de valores incorporan un elemento significativo de ganancias de capital en los precios de las acciones; ambos resultan de y alimentan a los aumentos de precios.
En consecuencia, las expectativas de retorno, sostenidos por las finanzas vienen a jugar un rol decisivo en la determinación del ritmo de acumula- ción capitalista. Las expectativas optimistas, sostenidas por un mercado de valores en subida y crédito fácil de los bancos puede crear pequeños booms con un perfil fuertemente especulativo. Por otra parte, un giro hacia el pe- simismo si, por ejemplo, la producción no crece tan rápidamente como se espera o la capacidad productiva de los rivales crece rápidamente, puede terminar en una caída de la bolsa y en estrechez de créditos bancarios. El fin que sobreviene al boom no tiene necesariamnete que llevar a una crisis como la descripta anteriormente, ya que el boom mismo tuvo bases distin- tas. Podría, sin embargo, conducir a un período prolongado de indecisión y desconfianza entre capitalistas hasta que expectativas más optimistas sean otra vez más validadas por respaldo financiero. Otro breve boom puede que siga entonces. En resumen, la provisión de fondos para inversiones en capital fijo de gran escala puede jugar un rol central al generar períodos de estancamiento de la acumulación entrecruzados con booms fuertemente especulativos y recesiones súbitas. Esto parece un camino mucho mas pro- metedor que el que adoptó Brenner para la explicación teórica del largo de- bilitamiento, puntuado por varios booms basados en las finanzas, seguido de un colapso súbito, como el posterior a 1973.
Insistimos que uno no tiene por que aceptar lo anterior para ver que el análisis del rendimiento de largo plazo de la acumulación requiere un exá- men atento del sistema financiero. Es de vital importancia determinar si es central el rol de los bancos, del mercado de valores o alguna mezcla de los dos lo que provee fondos para la inversión de largo plazo. Lo significativo de la estructura institucional del sistema financiero en este sentido ha sido
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reconocido por largo tiempo en la lite ca.15 Es muy sorprendente que Brenn pecialmente viendo el hecho que los sist ros se distinguen típicamente entre anglpsa dos en el mercado de valores), por un l y japoneses (basados en bancos), por o ‘ te los países que eligió como base de s ’- De este modo, el éxito de posgue l probable que deba más al diseño de si), . nes engendradas allí entre bancos y e ‘ exportación. El rol relativamente me l nanciación de inversiones en capital fi
miento extenso de accionistas, lo que; través del mercado de valores muy poc y ,_ de cabecera” aseguró una oferta regula -' .. , -‘ É i " f ' .Ï reestructuración del capital constante. Este financiamiento ha sido de es- pecial importancia durante las recesiones, particularmente desde que se ha acoplado con la tolerancia a no pagar los intereses de períodos significati- vos de tiempo, algo que los banqueros suelen considerar el último de los pecados.
Sin negar que haya también consideraciones similares entre ellos, es cla- ro que el sistema financiero japonés opera de un modo diferente que el de EEUU. El rol destacado de la bolsa norteamericana se corresponde con una vieja relación de distancia prudencial entre bancos y empresas. Muy pocas faltas de pago de los intereses serán tolerados por los bancos de EE.UU., la reestructuración del capital constante en las corporaciones nor- teamericanas gira sobre el desempeño de las acciones, terminando en la fu- sión, adquisición o “huida” de accionistas. Cualquier otra cosa que pueda ser dicha sobre ellas, estos arreglos institucionales claramente tienen impli- cancias importantes para la eficacia de la inversión. En verdad, el debate más interesante dentro de la economía neoclásica desde comienzos de los ‘80 se relaciona precisamente a la comparación entre los sistemas financie- ros de EE.UU., Alemania yJapón." En base a los desarrollos recientes de la formulación teórica de información asimétrica, argumentos coherentes se han esgrimido afirmando que los bancos son mejores monitoreando la inversión que la bolsa, entonces los sistemas basados en bancos producen un crecimiento más rápido [Stiglitz-1985]. Más recientemente y otra vez a
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partir de la experiencia japonesa, se ha argumentado que el desarrollo eco- nómico requiere que se construya un sistema financiero basado en los ban- cos para respaldar la inversión [Stiglitz-1996], [Stiglitz and Uy-1996].
Finalmente, las diferencias en el diseño del sistema financiero tienenim- portantes implicancias sobre el rol del estado en la reestructuración del ca- pital constante. Todo depende de que en los sistemas basados en bancos, éstos, al ofrecer sistemáticamente créditos para la inversión en capital cons- tante, asumen cuotas de riesgo excepcionales debido a la naturaleza no lí- quida de estás inversiones. Para que un sistema financiero de este tipo sea viable, es vital que el estado intervenga y cree un marco que socialice algu- na parte del riesgo. De este modo, en Japón, los bancos gozaron durante años de un acceso privilegiado a bonos de largo plazo; el Banco de Japón garantizaba la provisión de fondos adicionales si las responsabilidades de los bancos eran insuficientes; el estado regulaba las tasas de interés sobre las deudas y los depósitos (y por ende el margen de ganancia de los bancos), como también la cuota de mercado reservada a los bancos; finalmente, el estado daba guía explícita a la asignación de créditos entre las industrias se- leccionadas. Sin este marco construído por el estado para la socialización del riesgo bancario, hubiese sido casi imposible para el débito bancario ja- ponés asumir alguna de las características de los títulos y sostener así la rees- tructuración industrial.
Por otra parte, las estrechas conexiones entre el estado japonés y el siste- ma financiero, probaron ser de decisiva importancia al facilitar la adopción e implementación de una política industrial. La asignación del crédito, la refinanciación de deudas y los términos preferenciales para el pago de deu- das (tasas de interés y plazos) fueron todos utilizados por el estado japonés para sostener repetidos avances de reestructuración industrial. El rol del cré- dito bancario, por ejemplo, fue de importancia crítica en los intentos del estado japonés (exitosos y no exitosos) por reestructurar las industrias auto- motriz y petroquímica y los astilleros durante los ‘60 y los ‘70. Las políti- cas de crédito fueron también de importancia crítica en la segunda mitad de los ‘70 al alentar a las industrias japonesas a adoptar, como respuesta a la reducción de la demanda interna, una salida más agresivamente exporta- dora. Sin afirmar que el estado norteamericano no haya tratado de influen- ciar sobre la reestructuración industrial, no hay duda que existió una dife- rencia significativa entre ambos estados en la magnitud en que cada uno ha confiado en el sistema financiero para lograrla [Zysman-1983]. En el mis- mo sentido, la transformación de las finanzas japonesas en el curso de las últimas dos décadas es vital para entender el sorprendente desempeño de la
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economía japonesa a lo largo de los ‘90, algunos aspectos del cual son con- siderados más adelante.
En síntesis, aún en una revisión superficial del rol del crédito y del siste- ma financiero es evidente que Brenner saltea despreocupadamente proble- mas teóricos y empíricos de vital importancia relacionados con el proceso de reestructuración industrial, con la correspondiente desconsideración de la literatura tanto marxista como neoclásica. Dicho de otro modo, el des- precio ahistórico de Brenner de la forma que toma la crisis capitalista es una consecuencia de las abstracciones deterministas atadas a su teoría del reem- plazo del capital fijo y la competencia de mercado.
6. Internacionalización de la producción y sistema financiero
Al tratar la economia internacional como naciones compitiendo por mercados, Brenner retrocede a un punto anterior al alcanzado por el deba- te de los años ‘70, por no mencionar que no incorpora ningún desarrollo teórico ni empírico posterior. La literatura de los ‘70 reconocía claramente que la internacionalización de la producción constituye una característica decisiva del capitalismo contemporáneo. Con pocas excepciones y a pesar del peso masivo de la literatura sobre globalización que ha aparecido des- de entonces, el aspecto de la internacionalización de la producción (y la globalización en general) no existe en la contribución de Brenner. Esto po- dría reflejar un juicio implícito sobre la persistencia de la importancia de los estados-nación a pesar de la globalización; tal vez una de las conclusio- nes más importantes que han emergido de la literatura en contra de la hi- pótesis de la muerte del estado-nación frente al poder del capital intema- cional y la magnitud de la globalización.18 Aún asi es sorprendente que una contribución de esta extensión y ambición no reconozca ni en lo más mí- nimo los problemas y desarrollos de la economía global que han sido suje- to de tan intenso interés en la última década o más. Más específicamente, la peculiar comprensión de É Brenner de la naturaleza de la economía global lo lle- . va a argumentar que el crecimiento exportador de Alemania yJapón necesariamente encontró sus lími- tes en la forma de mercados saturados. Por el mismo punto, la pérdida de rentabilidad de las industrias norteamericanas induce a las corporaciones a invertir en el exterior. Desde una perspectiva analítica y em- pírica, esto significa subordinar totalmente la intema- cionalización de la producción y el crecimiento de
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las corporaciones multinacionales, lo cual implica una increíble falta de visión por parte de un historia- dor. Porque lo que marca el período de posguerra es la predominancia de la interpenetración comercial y en términos de inversiones entre los países capitalis- tas avanzados, comparado con la tendencia a crear colonias formales e informales en el período de en- treguerras. Esto es crucial en el caso de los Estados Unidos, seguido de cerca por el Reino Unido, cuyas corporaciones multinacionales han dominado la economía global en el pen'odo de posguerra. Ver este rasgo como un epife- nómeno de los fracasos de la economía doméstica norteamericana es parti- cularmente engañoso (especialmente pensando en el rol imperialista de los Estados Unidos).19
Posiblemente la negación de Brenner de la internacionalización de la producción se explique por los cambios dramáticos en los patrones de in- versión exterior durante el estancamiento. El predominio de los Estados Unidos y del Reino Unido ha dado lugar a una mayor participación gene- ral de otros países. Alemania yJapón, por ejemplo, con su correspondien- tes cambios y diferencias en la composición y dirección de la inversión ex- tranjera. Además, como argumentaron Fine y Harris [1985], el estanca- miento global fue predecido por un marcado retraso en la internacionaliza- ción del capital multinacional norteamericano. Aún en el terreno estrecho de la reestructuración del capital constante, la evidencia demuestra que es inapropiado considerarlo en términos de competencia en relación con los niveles de productividad nacional en búsqueda de mercados intemaciona- les. Más bien, el estancamiento fue al menos en parte el agotamiento de los alcances de la tremenda internacionalización de la producción impulsada por el arreglo económico y político de posguerra bajo la hegemonía nortea- mericana, un impulso que permitió además el avance de EEUU.
Esto no es para sugerir que el modelo de Japón y Alemania como eco- nomías dirigidas a la exportación sobre la base de producción doméstica sea incorrecto o inapropiado, aunque si parcial. En verdad, que el modelo se haya agotado llevando al estancamiento, fue menos una simple conse- cuencia de mercados inadecuados e incapacidad para reestructurar el capi- tal constante doméstico por el peso muerto del viejo capital, sino más una consecuencia de la necesidad de moverse desde un modelo exportador ha- cia la internacionalización de la producción. Aquí no se trata simplemen- te de un problema de diferentes estrategias corporativas de parte de las em-
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presas alemanas, japonesas y demás, aunque estas estrategias también tie- nen su importancia. Como ya se ha señalado, la reestructuración del capi- t_al en los niveles nacionales e internacionales depende de los instrumen- tos con que ésta se logra, entre ellos el rol del sistema financiero y del es- tado: Las instituciones alemanas y japonesas fueron por largo tiempo ina- decuadas para la tarea de promover la internacionalización del capital. En contraste, las instituciones nortemericanas estaban más desarrolladas en es- te sentido porque el estancamiento ya estaba ocurriendo en Estados Uni- dos a fines de los sesenta y porque el sistema Bretton Woods les permitía sostener su déficit de cuenta corriente (flujos comerciales y de capital) mientras el dólar valía tanto como el oro. Sin embargo, a lo largo del pen'o- do largo de estancamiento, el factor significativo fue la intemacionaliza- ción del capital productivo, distinta en Estados Unidos que en el Reino Unido, y especialmente que en Japón.
Para que esto no sea considerado insignificante, es crucial enfatizar un factor clave desatendido por Brenner (aunque bien reconocido por la lite- ratura económica) a pesar de su énfasis en la competencia por mercados de exportación. Es la extensión en la que el comercio, especialmente en secto- res manufactureros, se basa en relaciones intra-empresas, entre filiaciones de la misma corporación. De acuerdo con el %fld Developmmte Report de 1998 (p.23) este es en este momento tanto como un tercio de todo el co- mercio. Esto evidencia la extensión de la internacionalización de la produc- ción y que no puede reducirse a una táctica en la competencia por merca- dos, especialmente en la supuesta era de crecimiento del comercio libre.
De cualquier modo, la ignorancia de Brenner no se confina a la reestruc- turación del capital constante, para la que la importancia de las corporacio- nes multinacionales y la inversión extranjera directa parecen entradas natu- rales para la investigación. También se aplica a lo que indudablemente es el desarrollo más importante en la globalización de los últimos veinte años: las finanzas. En este sentido es poco sorprendente que Brenner haya subes- timado el rol del sistema financiero internacional frente a su desconsidera- ción de las finanzas como principal instrumento de la reestructuración in- dustrial. Sin embargo, aún asi, es con todo notable que no considere si la turbulencia financiera global pueda tener algo que ver con el largo estanca- miento. Si hay una explicación horizontal, intra-capitalista para el estanca- miento, como Brenner intenta argumentar, se hace más dificil buscar una relación entre finanzas e industria distinta de problemas industriales intra- sectoriales.
Dos ejes relacionados han caracterizado el desarrollo del sistema finan-
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ciero internacional desde el fin del largo boom de postguerra. En primer lu- gar, derivado directamente del colapso del acuerdo Bretton Woods en 1971, ha habido una liberalización financiera tanto en los países desarrollados co- mo en aquéllos en vías de desarrollo. Signos tempranos de esta tendencia fueron la abolición de la regulación Qen Estados unidos y la introducción de legislación para control del crédito y la competencia en el Reino Unido con anterioridad al colapso de Bretton Woods. La intención de estos cam- bios en la política era permitir la determinación libre de las tasas de interés y permitir a las instituciones financieras manejar sus balances con menos controles cuantitativos. El colapso de la tasa fija de cambio del régimen Bretton Woods y la explosión de los petrodólares fuera de la jurisdicción legal de Estados Unidos propulsaron aún más la liberalización financiera. Esta tendencia, sin embargo, había sido mas destacada en Japón, donde las crecientes necesidades del crédito del estado en la segunda mitad de los ‘70, la existencia de excedentes de las empresas industriales y la creciente inter- nacionalización de las operaciones de instituciones financieras japonesas fueron un catalizador para el cambio dramático del sistema financiero.20 La liberalización financiera se abrió paso en los ‘80 implicando, por sobre to- do, una elevación de los controles de tasas de interés, la diversificación fun- cional entre las instituciones financieras y la emergencia de mercados signi- ficativos en muchos instrumentos financieros.
La tendencia hacia la liberalización financiera, sin embargo, ha sido mas dramática en el mundo subdesarrollo. Sostenida por la ideología neoliberal y tomando fuerza de la creciente literatura MacKinnon-Shaw,21 la liberali- zación financiera fue vendida e impuesta a los países en vías de desarrollo. Las organizaciones internacionales, como el FMI y el Banco Mundial son particularmente culpables en este sentido. La celebridad y el respeto que gozaron los economistas profesionales de estas organizaciones, les permi- tieron persuadir a los muchas veces renuentes funcionarios estatales de los países subdesarrollados de que abolir los controles a las tasas de interés y abrir los mercados financieros era la clave para el crecimiento. La posibili- dad de retener los fondos, y así limitar el acceso de los países en vías de de- sarrollo a los mercados internacionales, les permitieron intimidar a estos países en la misma dirección. La liberalización financiera se convirtió en una parte integral de los famosos programas de ajuste que sobrevinieron a incontables países en vías de desarrollo, particularmente a los de Africa.
En segundo lugar, el desarrollo de las tecnologías de la información des- de fines de los ‘70 ha resultado en una verdadera revolución. Combinada con las mejoras en las tecnologías de telecomunicaciones, la revolución de
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la información ha tenido un profundo impacto en el sistema financiero in- ternacional. Los costos de manejar el dinero (cálculos, recibos, registro de transacciones, transmisión de fondos) han caído considerablemente, ayuda- do por la introducción extendida de sofisticados sistemas en línea y cajeros automáticos. El aumento en la eficiencia en este sentido ha hecho posible a las instituciones extender sus negocios más alla de los lími- tes acostumbrados, invadiendo frecuentemente el terreno tra- dicional de otras instituciones. Los límites entre bancos, em- presas de seguros, cajas de ahorro, cooperativas de crédito, etc. se han ido borrando progresivamente, alentando (y alen- tado por) una explosión de las innovaciones financieras que buscaba superar las restricciones en inversión financiera y ahorros. Las instituciones financieras ahora tienen la capaci- dad de manejar de forma barata y flexible sus responsabilida- des y reasignar sus activos entre seguros domésticos y extran- jeros, crédito a consumidores, préstamos a empresas, especu- lación en moneda extranjera e inversiones bursátiles.
Una paradoja central del periodo posterior a 1973 es que la revolución de las tecnologías de la información no ha podido todavía aumentar sistemáticamente la productividad en el centro de la producción industrial, mientras que ha tenido un éxito tremendo en aumentar la eficiencia de las instituciones financieras. Así, mientras que la acumulación del capital in- dustrial se ha beneficiado sólo marginalmente de la revolu- ción de la información (confiando en cambio fuertemente en la intensificación del trabajo y en el aumento de la tasa de ex- plotación como documenta hábilmente Brenner), la acumu- lación financiera la ha usado como trampolín para su gigante salto adelante. Desde el comienzo del largo declive de 1973 hemos tenido amplias demostraciones de la habilidad del sistema financie- ro para disfrutar de períodos sostenidos de prosperidad relativamente inde- pendientes de la acumulación industrial. Esta pronunciada disparidad del dinamismo entre acumulación financiera e industrial marca un nuevo de- sarrollo en la historia del capitalismo.
Es más, el crecimiento de las finanzas ha sido mayormente independien- te de los préstamos a las corporaciones industriales para fines de inversión y producción. Hay evidencia considerable de que los fondos retenidos por las empresas hayan provisto el vasto volumen de fondos para las inversio- nes en Estados Unidos, Alemania yJapón desde comienzos de los ‘70 [Cor-
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bett and Jenkinson-1996] [Corbett and Jenkinson-1997]. Sin embargo, las grandes corporaciones han participado gustosamente de la explosión de la actividad financiera, muchas veces estableciendo sus propios departamen- tos financieros. Buena parte de esta actividad se ha centrado en la bolsa, la de EEUU. en particular ha actuado, en dos gigantescos golpes en los ‘80 y ‘90, respectivamente, como un vasto conducto saliente de fondos del sector corporativo. Tal ha sido la escala de estas actividades, que se ha argumentado que las fusiones y adqui- gsiciones en los EEUU. han jugado un rol clave en la reestru- curación industrial, por limitar con éxito el “free casbflow” (li- bre flujo de dinero) en manos de los gerentes, forzándolos de este modo a adoptar proyectos que han aumentado la eficien- cia de sus empresas [Iensen-1986]. Qie esto sea de hecho cla- ramente incorrecto, como demostró el crash de 1987 y el co- lapso de mercados clave como los de los bonos basura ú’unk bands), no debe disminuir la escala y significancia de este fé- nomeno.22
En verdad, lejos de basar su dinamismo en préstamos a la industria, el notable crecimiento del sistema financiero du- rante las últimas dos décadas ha estado asociado con el co- mercio especulativo en moneda extranjera, valores bursátiles, inmuebles y otros similares. Las repercusiones de este desa- rrollo son profundas. Para fines de los ‘80, el comercio en ac- ciones e inmuebles alentó la formación de burbujas especu- lativas en el mundo desarrollado, por sobre todo en Japón. El estallido de estas burbujas precipitó la recesión en el Reino Unido y Estados Unidos a comienzos de los ‘90, y a lo largo de la década ha dejado a Japon devastado por deudas. A me- diados de los ‘90, el comercio en derivados financieros y va- lores bursátiles terminó en otra serie de burbujas financieras, esta vez ro- deando a EEUU. y al Reino Unido, y también a Asia del Este y del Sudes- te, además de una hueste de otros mercados emergentes. El estallido de és- tos en 1997-98 ya ha arruinado a Asia y Rusia y las repercusiones del peli- grosamente dilatado sistema financiero de EEUU. están poco claras al mo- mento de escribirse este artículo (1999). Brevemente las finanzas liberaliza- das e internacionalizadas, con una autonomía relativa de la acumulación industrial crean burbujas regulares de una prosperidad ficticia. Cuando és- tas estallan, toda la economía es perturbada.
Para el estado, estas implicancias son serias y complejas. De una parte,
2':
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las finanzas liberalizadas hacen más dificiles la adopción de políticas de in- tervención doméstica. Mezclas de políticas fiscales y monetarias que arries- garían una mayor inflación, o que incluyen impuestos más altos, son resis- tidas ferozmente por el capital financiero. Las políticas inducidas por la or- todoxia financiera implican una estabilidad de precios y altas tasas de inte- rés real. Las políticas de intervencionismo industrial para reestructurar el ca- pital también son resistidas porque representan políticas que serían anate- mas si fuesen replicadas para el sector finaciero. Por otra parte, no hay nin- guna clara política disponible para manejar la inestabilidad financiera en el plano internacional. Las opciones como un banco central mundial, tasas de cambio fijos, uniones monetarias, etc. están llenas de imponderables y su implementación va en contra de las realidades y rivalidades del poder mun- dial. Así, mientras la acumulación industrial se confronta con una explo- sión depredadora y destructiva de la acumulación financiera, las autorida- des internacionales se limitan a pacatas perogrulladas sobre la responsabili- dad y la transparencia de las instituciones financieras. Sería conmovedor, si no fuese tan absurdo, observar la sinceridad con que se dice que si cada ins- titucion financiera fuese consciente de la insensatez de la otra, se converti- rían en parangones de estabilidad.
En pocas palabras, si Brenner hubiese reconocido la importancia de la internacionalización de la producción y el rol que juegan las finanzas (y el estado) en la reestructuración del capitalÉ ' atención habría pasado al rol que juegan los sist ' méstico, como así también a su interaojgïoïó',
monetarias de los estados-nación. Desdeíïíïi a, largo de- clive ha sido fuertemente influenciado or ‘ , ¿elativa au- tonomía de las finanzas, que funcion "En u u "¿pensas de la industria. ‘ " " 5 A
7. La trayectoria intelectual de Ro Una consideración de la trayectoria facilite un poco más la comprensión ción a la economía mundial. Dos pun, den a lo largo de la trayecotria de Bre g- ' siempre ha elegido grandes narraciones, grabar su estampa (la transición del feudég ‘ pitalismo, la teoría de Marx del materi =- rico, y ahora la ultima fase del desarrollÏo \
nomía mundial), Y segundo, siempre sealia Ñuesté eii .. ¿1.1i
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el lado opuesto a las ortodoxias prevalecientes en estos temas (en oposición a las teorías neosmithianas y neomalthusianas de la transición, lecturas tec- nológicamente deterministas de la historia y la explicación Zoro/it squeeze’ del largo declive). El camino de Brenner desde la explicación de la transi- ción del capitalismo, basada en la lucha de clases, a la del desempeño de la economía capitalista basado en la competencia entre capitalistas es prodi- gioso. Sin embargo, existen lagunas y contradicciones metodológicas en sus primeros trabajos y otras influencias posteriores que hacen poco sorpren- dente este gigantesco cambio. Algunas de las antinomias y contradicciones de sus primeros trabajos aparecen en la superficie, como veremos adelante, mientras que otras son implícitas.
La contribución de Brenner al debate sobre transición, en el que sigue a Dobb [1963], colocó las relaciones de clase (relaciones de propiedad) y la lu- cha de clases en el corazón del análisis. A partir de estas premisas lanzó un ataque intransigente a las dos explicaciones ortodoxas sobre el camimo his- tórico del feudalismo: las que se derivaban de factores económicos y natura- les, como las tendencias de crecimiento de la población (por ejemplo, en el modelo demográfico neomalthusiano) o del mercado (como proponían los exponentes de lo que Brenner ha llamado marxismo neosmithiano).
El modelo demográfico hace de las tendencias de población la variable clave explicativa para dar cuenta de las tendencias de largo plazo en las so- ciedades precapitalistas.23 Asi, una tendencia de aumento de la poblcación combinada con la incapacidad de la economía feudal de mejorar la produc- tividad termina en caída de los productos agrícolas (debido a la fertilidad declinante de la tierra) que causa que la demanda exceda a la oferta. La in- suficiencia de recursos como signo de la sobrepoblación llevan a las situa- ciones de jaque maltuhianos, específicamente hambrunas. Estas, a su vez, terminan en caídas demográficas llevando al sistema feudal a una crisis. Desde el punto de vista demográfico, la crisis feudal era un resultado del crecimiento de la población.
Como Brenner [1976 y 1982] mostró brillantemente, sin embargo, las explicaciones demográficas de la crisis feudal se caen en pedazos frente a los análisis comparativos. Tendencias demográficas similares han dado ori- gen a resultados ampliamente diferentes en distintos tiempos y partes de Europa. Así, el crecimiento de la población aparece por sí solo como no su- ficientemente explicativo de la crisis feudal. Su impacto en cambio es una función de (y esta condicionada por) el carácter de las relaciones de clase señor feudal/campesino [Brenner 1976:22]. En otras palabras, de acuerdo con Brenner, el resultado de estos procesos depende del relativo poder y
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fuerza de las clases en contienda. Brenner ha hecho tal vez su contribución mas significativa a la historiografía marxista en este contexto. A través de su énfasis en las relaciones de propiedad y las formas de lucha de clases a las que d‘an origen, él ha podido ofrecer una explicación de las causas de los caminos divergentes del desarrollo en partes diferentes de Europa (Inglate- rra, Francia y Europa del Este) en el amanecer de la era moderna.
Por otra parte, las explicaciones de la transición basadas en el crecimien- to del mercado, asociadas con Sweezy en su debate con Dobb en los años ‘50 [Hilton-1976], tienen mucho en común con las aproximaciones neo- marxistas al subdesarrollo (asociadas con Frank y Wallerstein). Estas inten- tan igualar capitalismo con una división del trabajo basada en el comercio y han relacionado el proceso de acumulación con los imperativos del inter- cambio en el mercado, incluso elevando estos factores al nivel del sistema mundial. Brenner [1977] identificó las debilidades fundamentales de este enfoque: este asume lo que debe demostrar. Como Brenner [1986:39] dice en un trabajo posterior: “[los neosmithianos] asumen la existencia de las re- laciones de propiedad capitalistas para dar cuenta de su aparición”. Ese es el resultado de identificar capitalismo con producción para el intercambio, invirtiendo de este modo la conexión causal: la acumulación capitalista es vista como el resultado de los imperativos del intercambio, mientras que las relaciones de clase capitalistas emergen como resultado de un desarrollo de las fuerzas productivas determinado por el mercado [Brenner 1977:38-40]. Este enfoque, afirma Brenner, sigue la tradición de Adam Smith, según quien el crecimiento económico es el resultado de la especialización y la producción para el intercambio, asociadas con el desarrollo del comercio. A su vez, para Smith, el intercambio tiene sus raices en “la propensión na- tural de la naturaleza humana al trueque, la permuta y al intercambio”, en otras palabras, a hombres y mujeres persiguiendo sus intereses racionales [Brenner 1986:23-24; l977:37—38]_
Al rechazar el método de Smith, que se basa en los intereses individua- les y la competencia de mercado, Brenner sigue a Marx en atribuir el dina- mismo del capitalismo a la instalación de las relaciones de clase capitalistas que imponen una lógica de reducción de costos y maximización de ganan- cia alos productores. Estas relaciones de clase generan “la presión continua a la acumulación por medio de la innovación; es decir, las relaciones de cla- se capitalistas donde la fuerza de trabajo es una mercancía” [Brenner 1977:37-38]. Al mismo tiempo, la existencia de una estructura capitalista de clases no puede asumirse que exista; su emergencia tiene que ser mos- trada explícitamente como el resultado de la lucha de clases. En este senti-
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do, como Brenner afirma correctamente, el problema del origen del desa- rrollo capitalista se convierte en el del origen del sistema de relaciones de propiedad/excedente, es decir, el proceso histórico a través del cual la fuer- za de trabajo y los medios de producción se convierten en una mercancía. Consideremos ahora la interpretación de Brenner del materialismo his- tórico y su aproximación a la economía política marxista. En su visión del materialismo histórico, se le otorga la primacía a las relaciones de propie- dad (el sistema de extracción de excedente) y a las formas de conflicto de clase que se rélacionan con éstas. Como Brenner [1976:12] lo dice: “es el resultado de los conflictos de clase que debe encontrarse como el proble- ma clave al desarrollo económico de largo plazo y a la transición del feu- dalismo al capitalismo”. El punto es, sin embargo, que Brenner ha llevado su enfoque del desarrollo económico a un extremo, al excluir de su marco todos los factores estructurales salvo los atributos de las clases. Para él, los factores “económicos objetivos” como el desarrollo de las fuerzas produc- tivas, el crecimiento del comercio y las tendencias demográficas no tienen ningún poder explicativo en el proceso de desarrollo económico. Esto es un esquema distintivamente no dialéctico a la hora de teorizar fenómenos tan complejos como las causas y los mecanismos del cambio social. En ningún lado es ésto más evidente que en el relato de Brenner de la complejidad de la crisis feudal. Como resultado de su aproximación unidi- ' - obligado a ver explicado el conjunto de tenden- . ste j'st ma de producción (incluyendo su crisis a de Clasey los resultados específicos de los con- =Ïerdo con Brenner, la crisis del orden feudal fue Zlotación del campesinado. La fuerte extracción (os. señores feudales tendieron al agotamiento de y.-‘;:..úiia caída en la productividad, precipitando de feudal a través del colapso demográfico que nálisis es la misma falta de mediación en-
.» or queda ocultada por la mayor rique- n empírica del historiador.
t te que la explicación de Brenner de la recuerde a la explicación Zorofit squee- ácapitalista, aunque el argumento esté ertido en contenido. Porque en el es-
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_ quema ‘prqfit squeeze’, la crisis del ca- í pitalismo es causada por el éxito de los trabajadores en aumentar los sa- larios, causando de este modo la caí- da de las ganancias y bajando el ni- vel de inversión. Por otra parte, de :presentado antes, la crisis del feudalismo es cau- ' ' ' ente extraído por los señores feudales, re- " ,pesinado, y causando asi la caída de la esultado de la lucha por la distribución ' to de los explotadores en aumentar sus u os es lo que causa el desastre.24
(gases y el conflicto de clase son la causa rÏÏier se considera a sí mismo como que
de Marx (El Capital y los Grundrisse) en
viagra; .Mism'a de lafilosofia y el Manifiesto). Se- gún Brenner, en estos trabajos tempranos Marx da una versión tecnológica- mente determinista del cambio social, con las estructuras sociales simple- mente ajustándose a los requisitos del desarrollo de las fuerzas productivas y que, a su vez, determinan los estadios sucesivos de la evolución histórica. Para Brenner [1989], el trabajo de Marx en este contexto representa una versión típicamente smithiana del desarrollo económico al convertirse el desarrollo de las fuerzas productivas en la noción explicativa central de la evolución histórica.
Debe enfatizarse que lo que está en juego aquí no es para nada una su- puesta “inmadurez” del pensamiento de Marx en sus primeros escritos, si- no más bien una falta de razonamiento dialéctico en Brenner. La interpre- tación de los primeros trabajos de Marx ofrecida por Brenner concuerda con el determinismo tecnológico de Cohen [1978], pero de ninguna mane- ra es justa con los escritos de Marx. Brenner simplemente ignora que en es- tos trabajos, Marx se plantea problemas diferentes (identificar las leyes ge- nerales del desarrollo social) que en El Capital (desentrañar las leyes de mo- vimiento de un modo de producción específico, el capitalismo). Como ar- gumentó Milonakis [1997], el primero provee el terreno principal sobre el que Marx formula su concepción materialista de la historia, brindando una lectura dialéctica de la historia basada en la interacción de las fuerzas pro- ductivas, con la estructura de clases mediada por su conflicto; mientras el segundo costituye la economía política de Marx sobre el capitalismo.
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Sea como fuese, Brenner se considera a sí mismo como seguidor de los trabajos “maduros” de Marx (El Capital, Gruna’risse). Aquí encontramos el primer giro irónico en la trayectoria intelectual de Brenner. El concepto or- ganizador del análisis de Marx del capitalismo en esos mismos trabajos, el valor, está ampliamente ausente en todos los trabajos de Brenner, incluso en su intento por explicar la dinámica del estancamiento reciente del capi- talismo. Dada la insistencia de Brenner en ofrecer un análisis de clase del capitalismo, esta ausencia es llamativa ya que por la presencia del fetichis- mo de la mercancía, un análisis de clase apropiado del capitalismo se con- vierte imposible sin una dialéctica del valor. Sin una apropiada teoría del valor, la naturaleza fenomenal de la relación capital/trabajo no puede ser revelada, y las bases para la competencia intercapitalista (el factor tan fuer- temente enfatizado en el último trabajo de Brenner) no puede descubrirse.
Una vuelta aún más irónica en la trayectoria de Brenner puede verse en su última contribución: el concepto organizador de sus trabajos más tem- pranos, es decir, el conflicto de clase basado en la extracción del exceden- te, se encuentra enteramente ausente. Aun así, teniendo en cuenta la falta de una teon'a del valor en sus primeros trabajos, esta ausencia no es tan sor- prendente como puede parecer a primera vista. Sin una ley del valor no puede haber un análisis de clase apropiado para el capitalismo, y eso deja a Brenner vulnerable frente a los enfoques que igualan capitalismo con lucha competitiva entre capitales, como se verá inmediatamente.
En sus primeros trabajos, como ya hemos visto, Brenner puso un énfa- sis especial en que las relaciones sociales de propiedad imponen caminos particulares de desarrollo y trayectorias históricas particulares. En sus pro- pias palabras: “estructuras de clase distintas, relaciones de propiedad espe- cíficamente, una vez establecidas tienden a imponer límites y_posibilidades bastante estrictos, en verdad patrones específicos de largo plazo sobre el de- sarrollo económico de una sociedad” [Brenner 1976:12]. Este esquema ca- racterizó su trabajo sobre la transición como también su crítica del marxi- mo neosmithiano. Para Brenner [1986:27], la cadena causal en el desarro- llo social es de este modo: forma de las relaciones de propiedad -—) reglas de reproducción de actores economicos individuales —) patrón de largo plazo de desarrollo/no-desarrollo económico. Brenner [1986:26] define las relaciones de propiedad como las relaciones entre productores directos, dentro de la clase de explotadores y entre los explotadores y productores. Cuáles de este conjunto de relaciones, sin embargo, son las definitorias pa- rece depender del sistema de producción específico bajo consideración.
Así, para los sistemas precapitalistas de producción, la relación vertical
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entre apropiadores y productores, “las relaciones de propiedad inherente- mente conflictivas. . .por las que una parte no pagada del producto es extraí- da de los productores directos por la clase de no productores” [Bren- ner 1976211] y las formas de conflicto de clase a las que da origen son de- cisivas en la determinación de la trayectoria de desarrollo. Pero, cuando lle- gamos a las modernas economías capitalistas, las cosas cambian. Las rela- ciones de clase verticales dan lugar a las relaciones horizontales entre capi- tales decidiendo el cauce del desarrollo económico moderno. Esto es ya evidente en la crítica de Brenner a la escuela de la regulación, a la cual él y su coautor se refieren señalando su “parcial concentración en las institucio- nes históricamente específicas del trabajo asalariado y los balances asocia- dos de poder de clase y [su] negligencia en considerar los determinantes im- puestos por las relaciones sociales capitalistas, especialmente la competencia in- tercapitalista” [Brenner y Glick 1991 :113, énfasis añadido]. El énfasis aquí es en la rivalidad intercapitalista como opuesta a la’relación capital-trabajo y el poder relativo de las dos clases; precisamente los factores en los que Bren- ner hacía tanto énfasis en su versión de la transición y en su crítica del mar- xismo neosmithiano. Verdaderamente ésta es una posición distintivamente no marxista. Porque una cosa ha dejado clara Marx mismo en muchas oca- siones: no importa qué sistema económico se este considerando, su carac- terística definitoria es la relación vertical entre apropiadores y productores; “la forma en que el excedente es extraído de los productores directos” lo que determina “la configuración completa de la comunidad económica” [Marx El Capital Vol. 3]
Además, lo que Brenner no reconoce es que la lucha competitiva entre capitales, que él toma como la causa principal del largo declive del presen- te, se basa asimismo en, y no podría existir sin, la relación entre capital y trabajo. Como Brenner [1986:33] mismo señaló en el pasado, es sólo sobre la base de .la monetización de los medios de producción y de la fuerza de trabajo en particular (la apariciónidel Habajo asalariado) y por ende de la relación capital-trabajo que la competencia de mercado entre capitales se convierte en la fuerza directriz de la sociedad, dando origen a las “presio- nes sitemáticas y continuas por incrementear la eficiencia de la producción que es el síne qua non del crecimiento económico moderno”. Es notable que Brenner mismo fracase completamente en tornar en cuenta este punto de vista cuando le toca explicar las causas del largo declive actual. La inconsis- tencia es evidente: las relaciones capital-trabajo son esenciales para explicar el crecimiento económico moderno, pero no esenciales para explicar el de- sorden económico actual.25 Lo último se explica simplemente en términos
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de la lucha competitiva entre capitales; se da cuenta de las recesiones capi- talistas y del crecimiento también por la lógica de la competencia y en ab- soluto por la lucha de clases. Las connotaciones smithianas de este argu- mento son más que evidentes. Es doblemente irónico que la propia crítica de Brenner del marxismo neosmithiano pueda invocarse aquí para criticar a su versión circulacionista e individualista del largo declive.
En conexión con esto, el impacto de la escuela de los marxistas “analíti- cos” o “ratiorgal choice” (un grupo heterogéneo de estudiosos de los que Brenner ha sido un miembro fundador [Cohen-1988]) sobre el trabajo de Brenner es inconfundible. El hilo que une este grupo heterogéneo de teó- ricos puede considerarse que es la aplicación de “métodos de última línea de la filosofía analítica y las ciencia social positivista” para revisar el manris- mo [Roemer 1986:1-2]. En lo que concierne a la teoría general de la histo- ria de Cohen [1978] que involucra el uso de explicaciones funcionales es darle una lectura tecnológicamente determinista a la historia. En el caso de la teoría “especial” del capitalismo, el enfoque implica la aplicación de mo- delos de elección racional (como la teoria del equilibrio general y la teoría de juegos de la economía neoclásica, a la teoría de la explotación y las re- laciones de clase [Roemer-1996] y [Roemer-1998]). En el caso de la teoría “especial” del capitalismo en particular, el enfoque se traduce en el uso del individualismo metodológico, una preferencia por el intercambio y la dis- tribución antes que por la producción y el rechazo total de la teoría del va- lor-trabajo (nunca propiamente presente en la obra de Brenner)!6
A pesar de ser un miembro fundador de este grupo, los trabajos de Bren- ner no encajaban cómodamente en este marco teórico. En realidad, se po- día argumentar que su análisis sobre la transición basado en las relaciones de clase y los resultados del conflicto de clase es diametralmente opuesto a la lectura del determinismo tecnológico de Cohen. Además, el análisis de la transición de Brenner “cuestiona prácticamente todos los aspectos del imaginario de Roemer” [], y también el uso de Roemer (y Elster) del prin- cipio de individualismo metodológico.27 Sin embargo, no puede decirse lo mismo de su última contribución. Aquí la impronta del marxismo analíti- co en el esquema de Brenner es clara, aunque no necesariamente en cuan- to al rigor técnico y análitico, que nunca han sido el fuerte de Brenner. Sin embargo, al cambiar de enfoque desde las relaciones de clase y el conflicto interclase a la competencia intracapitalista, Brenner ha admitido subrepti- ciamente dentro de su análisis un enfoque individualista del marxismo de elección racional, mientras también trasladaba su problemática de la esfera de la producción a la esfera del intercambio. Esto ha sido “logrado”, al igual
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que el marxismo analítico en general, gracias al abandono de la teoría del valor y de las leyes de la dinámica del capitalismo basadas en la misma.
Esta falta de un esquema teórico del valor es lo que se esconde tras las debilidades del estudio de Brenner. Con el valor como concepto organiza- dor, la conexión entre muchos capitales en competencia y el capital en ge- neral es posible, articulando la lucha competitiva entre capitales con la re- lación capital-trabajo y estableciendo la conexión entre relaciones horizon- tales intercapitalis‘tas e relaciones verticales y el conflicto de clase. Brenner ha abandonado largamente el análisis del valor de Marx del capitalismo, junto con las leyes sistemáticas de su dinámica, incluyendo la ley de ten- dencia decreciente de la tasa de ganancia. Con todo, no ha brindado una teoría alternativa que muestre la naturaleza sistémica de las leyes de movi- miento dinárnico del capitalismo y de sus crisis económicas recurrentes. En suma, no hay valor, no hay dialéctica, no hay mediación entre conceptos abstractos y generales y resultados mas complejos, específicos, históricos, no hay relaciones de clase, terminando con fragmentos teóricos y empíri- cos más o menos selectivos y arbitrarios.
8. El contexto general
Nuestra visión de la contribución de Brenner ha enfatizado su relación con enfoques alternativos que eran famosos hace unos veinte años atrás. Hay un número de razones por que ese énfasis es apropiado. Primero, co- mo ya se ha sugerido, la contribución de Brenner no retorna los términos de la controversia previa. Segundo, a pesar de que han pasado veinte años, la comprensión del capitalismo contemporáneo desde la perspectiva del marxismo, si ha cambiado, ha .retrocedido. Ésto es así a pesar de o incluso debido al surgimiento y el ocaso de grandes nociones ligadas a la teoría de la regulación y otras que han fallado en cumplir su promesa de explicar una nueva era del capitalismo. Además, han llevado a la economía política, en trabajos teóricos y empíricos, fuera de la comprensión basada en la teoría del valor. Tercero, muchos de los elementos que están notablemente ausen- tes del relato de Brenner se pueden encontrar en la literatura anterior; una comprensión más general y matizada de la reestructuración del capital y un énfasis en la internacionalización del capital y los roles del estado y del sis- tema financiero. l
Pero la razón más importante para situar a Brenner de esta forma es por- que su obra es una contribución no poco influyente en la literatura actual. Incluso, no menos cuando se observa que ocupó un número entero de la New Lefi‘ Review, y que ha sido presentada como la renovación de la econo-
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mía política del modo mas significativo.28 Muy claramente este no es el ca- so. Primero debe ser evidente del análisis que se ofreció aquí, que la teoría de Brenner tiene vinculaciones limitadas con el análisis del valor del capi- tal brindado por Marx, más alla de su terrniniología. Los conceptos y mé- todos que son parte del marxismo están notablemente ausentes a pesar de las referencias frecuentes a fuerzas productivas y conceptos similares. Es particularmente alarmante considerando que la contribución representa “un marxismo original que tiene poco en común con lo que han sido de- ducciones ortodoxas de El Capital”. Sin embargo, el dominio de los méto- dos y conceptos de El Capital son necesarios si uno pretende relanzar la economía politica del capitalismo.
Segundo, se nos ofrece en cambio un análisis y una terminología que son enteramente compatibles con los desarrollos recientes de la economía neoclásica, elaborando las estrategias para los capitalistas individuales que están atrapados en el dilema de cómo lograr bajar los costos. Aquí no se tra- ta de cargar a Brenner con la culpa por asociación. Mucho más esta en jue- go. Porque, como se argumentó en detalle en otro lado [Fine-1997], puede considerarse que la economía hegemónica está atacando en dos frentes a todas las alternativas radicales, no solo al marxismo. Mientras rechaza otros métodos que el suyo propio basado en el “rigor” imperativo (donde debe leerse axiomática y positivismo), incorpora simultáneamente análisis que antes eran vistos como incompatibles con este enfoque. Aunque el recurso al comportamiento estratégico en el contexto de teoría de juegos y las con- secuencias de imperfecciones del mercado, incluyendo información imper- fecta como también fallas de coordinación y monopolios, la economía neoclásica se cree capaz de explicar, aún sobre la base de individualismo metodológico, lo que antes parecia ser inexplicable. Dada la ausencia total de referencias a ningún trabajo de esta nueva economía neoclásica, es tal vez solo accidental que el análisis teórico informal adoptado por Brenner pruebe ser tan compatible con ésta.
Tercero, aún dejando de lado las reservas precedentes, si la contribución de Brenner debe servir como representativa de la economía política del fu- turo, no está lo suficientemente bien armada para discutir con el mains- tream. Como ya se observó, el análisis de Brenner hace uso de las ideas más simples desarrolladas por los neoclásicos y está socavado por factores y va- riables omitidos. El trabajo empírico, por otra parte, está hecho sin referen- cia alguna a sectores económicos concretos. El argumento principal, ¿se sostiene para la siderurgia, la industria automotriz, el equipamiento de ofi- cina, la carpintería o para qué? Por lo mismo, la narración sobre una am-
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plia desagregación dela industria y servicios fracasa al dar cuenta de las ten- dencias de largo plazo en las primeras y la heterogeneidad de las últimas. En verdad, el uso de términos como “servicios” y “activos intangibles” co- mo instrumentos descriptivos e incluso explicativos, resulta especialmente insatisfactorio. ¿Hemos de tratar las telecomunicaciones, por no decir las fi- nanzas, bajo la misma categoría que la comida rápida y el minorista, sea McDonald o el negocio de la esquina?
Finalmente, la consecuencia evidente del trabajo de Brenner para un plan de acción, aunque no la formule él mismo, es lamentar la ausencia de una autoridad keynesiana internacional que pueda fijar la demanda en un nivel lo suficientemente alto para permitir la inversión renovada del capi- tal constante, o por lo menos, para resolver los problemas de la competen- cia horizontal intensificada entre capitalistas industriales. Esperamos haber probado que estas perspectivas políticas no logran dar cuenta de las contra- dicciones estructurales del capital; ni del punto al que el capital industrial y financiero están implicados sistemáticamente uno con otro. El desafio principal para la construcción de políticas burguesa es cómo manejar el ca- pital financiero de tal manera que haga un daño mínimo al capital indus- trial. La importancia del dilema ha sido revelada dramáticamente por la cri- sis asiatica reciente.29 Las politicas elegidas para responderá a la crisis asiá- tica, los debates sobre ésta, no son puramente un ejercicio académico pero reflejan diferentes intereses materiales que surgen de las industrias y las fi- nanzas. Tambien reflejan los intereses de los diferentes capitales intemacio- nalizados, particularmente aquéllos de Estados Unidos, mientras intentan abrir estas economías al control y la propiedad extranjeros.
Publicado como “Adressing the World Economy: two steps back" en Capital Ü' Class, No. 67, spring, pp. 47-90. Traducción del inglés: Juan Grigera. Revisión: Katharina Zinsmeister.
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Notas
l Las referencias son a [Brenner-1998] salvo que se indique lo contrario.
2 Ver en especial [Glyn and Harrison-1980] y [Fine-1981] para una crítica.
3 Ver [Glyn-1973] y [Harrison-1974].
4 Este cambio de enfoque es posiblemente la parte más sólida de la contribución de Brenner, concretamente la refutación empírica de la idea que la crisis se debe a los salarios o a la militancia obrera. Nótese que el primer capítulo de [Fine and Harris-1985] también encara este tema en tér- minos muy similares a los de Brenner aunque sólo para la economía británica.
5 Nótese que, a pesar de rechazar su posición, Brenner se apoya fuertemente en los úlu'mos tra- bajos de los defensores del ‘profit squeeze’, especialmente [Armstrong-1984] y [Glyn-1990]. También ha de notarse que el relato de [Glyn-1997] sobre la importancia —de la ganancia para la inversión, en el que Brenner se basa extensamente, continúa enfatizando el esquema profit squeeze’ pero de- sarrolla en sus conclusiones la relación ganancia-inversión más fuertemente de lo que Brenner se
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permite. Glyn [1997] también señala la importancia de la ganancia como una fuente de financia- miento para la inversión; para la relevancia de esto para nuestro argumento, ver más adelante.
6 Todo esto contrasta notablemente con la propuesta de Fine y Harris, donde la ley de tenden- cia decreciente de la tasa de ganancia (y sus contratendencias) no es una ley empírica en el senti- do de la predicción sino concierne a la forma en que actúa la acumulación, y es, por momentos, puntuada por crisis de reorganización o reestructuración del capital, bastante independientemente de la tasa de ganancia. Una peculiaridad de la obesión con la tasa de ganancia como gobernante del ritmo de acumulación es que no queda claro que en la práctica los capitalistas sepan de que se trata. Merece la pena recordar que las actualizaciones de los datos pueden llegar diez años o más después de que se supone que los capitalistas hicieron sus decisiones de inversión sobre la base de las ganancias. Además, la tasa de ganancia es una categoria compleja, cuyo nivel medido empírica- mente puede ajustarse significativamente por la contabilidad y otros saldos del capital constante.
7 En verdad la única crítica de Brenner [1998:50] a la postura estancacionista del capitalismo monopólico parece ser un problema de cronología: llegó demasiado temprano en comparación con los desarrollos empíricos.
8 Nótese que hay una peculiaridad en el relato de Brenner sobre los niveles declinantes de in- versión manufacturera en relación a no-manufactureros por declinación de las ganancias: las ga- nancias manufactureras continúan siendo las más altas de las dos ¡aún cuando las inversiones si- guen cayendo! Véase la figura 8 de Brenner en la página 103.
9 Si fisesemos a usar el concepto de renta monopólica (empresas con ganancias extra denuo de un sector), esto podrá ser analíticamente importante en conexión con ganancias extra que surgan del liderazgo tecnológico.
1° Nótese que esto no es siquiera un dilema del prisionero o una paradoja del aislamiento, en el que cada jugador individual tiene un incentivo a violar la estrategia requerida para obtener un resultado óptimo.
11 Nótese la extraña postura de Brenner [1998226] de que Schumpeter puede haber subestima- do el lado destructivo de su noción de destrucción creativa, para poder luego enfatizarla. Es irn- portante ver que la teoría de crecimiento endógeno ha estado particularmente activa formalizando las visiones de Schumpeter.
12 Nótese que Brenner [1998:34-5] apela efectivamente a la nueva teoría del crecimiento como apoyo de sus argumentos. La nota al pie 25 en el texto parece haberse perdido.
13 Para un análisis critico exhaustivo de la teoría del crecimiento nuevo o endógeno véase [Fi- ne-ZOOO].
14 Esta interpretación distintiva del concepto de crisis se enfatiza en los trabajos de Fine y Ha- rris en constraste con la idea prevaleciente que las crisis son cualquier fenómeno que surge de la caída de la ganancia, sin importar su causa.
15 Las últimas contribuciones clave han sido [Mayer-1987], [Mayer-1988], [Cable-1985], [Sti- glitz-1985], [Stiglitz-1994], [King and Levine-l993], [Levine-l997].
6 El interés empírico y teórico en el rol del “main bank” (banco de cabecera) como sostén de las inversiones corporativas de largo plazo ha sido muy fuerte en los últimos años, véase por ejem- plo, [Aoki and Patrick-1994], [Aoki et-al.-l997].
17 Para la economia marxista hace tiempo que está claro que la estructura institucional del sis- tema financiero es de importancia crítica para el ritmo de la acumulación. ,No hace falta estar de acuerdo con el concepto de Hilferding [1910] de “capital financiero” para reconocer que él ha he- cho una contribución decisiva en este sentido.
13 Para los que han argumentado fuertemente en favor de la continuidad del estado-nación [Sas- sen-l995], [Gertler-l997], [Boyer-1996], [Boyer-1996], [Levi-Faur-l997], [Wade-1996].
19 Irónicamente, esto es también característico de Batan y Sweezy, cuya tesis de estancamiento
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monopolista fire propuesta no solo en el momento del mayor crecimiento sostenido en la historia mundial, sino también durante la más intensa internacionalización del capital productivo.
2° Para una visión más completa de este proceso, véase [Lapavitsas-1997].
21 Las contribuciones originales fueron [McKinnon-1973] y [Shaw-1973]. literatura subsiguien- te sobre liberalización financiera como camino hacia el desarrollo económico ha sido enorme. [Fry- 1988] es tal vez la presentación más completa de la teoría por su mayor confidente. Contribuciones importantes más recientes y mucho mas escépticas han sido las de [McKinnon-l993] y [Fw-1997].
22 Crotty y Goldstein [1993] han mostrado considerable evidencia sobre el grado en que las ad- quisiciones son perjudiciales para la eficiencia industrial porque tienden a bajar la inversión a lar- go plazo y en investigación y desarrollo, además de hacer a las corporaciones menos estables.
23 Como fue presentado, por ejemplo, por [Postan and Hatcher-l985].
24 Nótese la naturaleza ahistórica de la explicación ‘profit squeeze’ de la crisis. Aunque en el ar- gumento original se conecta con el proceso de acumulación capitalista, los mecanismos identifica- dos como contrapartida de la crisis capitalista, es decir la ludia distributiva entre explotadores y productores, pueden ser aplicados, con ciertas modificaciones, a cualquier contexto histórico o sis- tema económico. Véase la crítica a Brenner [1977] en Fine [1978]. Fine identifica también una transposición ahistórica de las categorías del valor entre feudalismo y capitalismo en los términos en que esas categorías son utilizadas por Brenner.
25 Brenner, en lo que puede considerarse un intento de dar cuenta de esta inconsistencia, apela a la naturaleza no planificada de la competencia capitalista como la causa última del declive con- temporáneo: “aunque el capitalismo tiende a desarrollar las firerzas productivas a un grado sin pre- cedentes...lo hace en una forma destructiva, debido a su competitividad y falta de planificación.” [Brenner 1998:23]. La naturaleza no planificada de la competencia capitalista explica finalmente el “desarrollo desigual sistemático de los países capitalistas avanzados” [idemz 23] que causaron el declive económico actual. Como ya hemos visto, este enfoque es seriamente deficiente. Tal vez val- ga la pena enfatizar otra vez más cuan inapropiadarnente concibe Brenner la economía mundial como un simple terreno de batalla competitiva de las tres principales economías (Estados Unidos, Alemania yJapón). Es más, Brenner iguala su lucha competitiva con la lucha por mercados de ex- portación, minimizando o ignorando completamente el rol de la internacionalización de la pro- ducción y de las finanzas, las características más notables y recientes de la economía internacional.
26 Para una revisión crítica exhaustiva del marxismo analítico véase Roberts[l996].
27 Aún otra vuelta irónica en la propia trayectoria de Brenner es que en la critica de Brenner y Glick de la escuela de la regulación, la necesidad de este análisis es expresado elocuentemente: “ob- servando la regulación de las economías nacionales, los teóricos de la regulación no se han dedi- cado demasiado a la innovación institucional que tiene lugar en el nivel de las unidades individua- les del capital: la forma corporativa, la integración vertical, la integración horizontal, las formas de firsión de bancos e industrias y otras similares."
28 Esto es evidente en el prólogo del que Brenner no es, presumiblemente, responsable. La con- tribución de Brenner es anunciada como continuadora de la antorcha intelectual que antes perte- necía a Marx mismo y como merecedora del premio Nobel en economía de no ser por el carácter conservador del comité. Este reclamo es particularmente perturbador para aquellos involucrados en la cada vez mas dificil lucha por sostener la economía politica marxista ante la economía hege- nómica y conservadora del mainstream.
29 Significativamente, la refrerencia de Brenner a los NICs asiáticos se confina por sobre todo a entenderlos como simples compeu'dores de los mercados mundiales; en vez de mirar el rol que pueden jugar políticas financieras e industriales dirigidas.
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