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A. Bonnet / A. Fernández] S. Borakieviéhl L. Rivera / E. Lucita ‘
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Gladernos del Sur
Año 18 - N9 33 Mayo de 2002
NUEVAS DIRECCIONES
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Coordinación artística Juan Carlos Romero
Cuadernos del Sur, número 33 publicado por:
Editorial Tierra del Fuego Argentina, mayo de 2002
Composición y Diagramación: Taller del Sur
Toda correspondencia deberá dirigirse a: Casilla de Correos N9 167, G-B. (1406) Buenos Aires, Argentina Email: editores @cuademosdelsur. org.ar
Quilmes del Sur
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EDITORIAL
A. VALLE BAEZA
Indice
Autorganización y diversidad en las luchas sociales 5
Crisis en los comienzos del siglo XXI Dos crisis de inicio de siglo:
EEUU. y México .................................... .. 9
JANETTE HABEL Estados Unidos - América latina:
la reorganización de un modo
de dominación ......................................... .. 25 EMIR SADER Argentina: una crisis de nuevo tipo ........ .. 35
Argentinazo: Que se vayan todos
¡(line venga lo que nunca ha sido! ALBERTO BONNET Qie se vayan todos. Crisis, insurrección
y caída de la convertibilidad ................... .. 39 A. FERNÁNDEZ, S. BORAKIEVICH, L. RIVERA El mar en una botella .............................. .. 71 EDUARDO LUCITA ¡Que venga lo que nunca ha sido! .......... .. 85 GUILLERMO GIGLIANI La explosión de la deuda externa ............ .. 103 DOCUMENTOS Propuestas para el debate ......................... .. 113
Nuevas controversias sobre Imperio ANTONIO NEGRI El Imperio, etapa superior
del imperialismo ....................................... .. 123 DANIEL BENSAÏD El Imperio, ¿etapa terminal? ..................... .. 129 JUAN GRIGERA Foro Social Mundial II
¿La esperanza de quién? .......................... .. 133 RESEÑAS Pensamiento único en filosofia política, de
Actuel Marx, y Pensamiento único vs. Pensamiento crítico, Le Monde Diplimatique, edic. española, 1988 ......... .. 145
2 w 2 ¡m 0 m
Autorgam'zación y diversidad en las luchas sociales
n nuestro país el ciclo histórico que se iniciara promediando la
década de los ’70 se encuentra en un duro proceso de fisuras y
desmantelamientos que lleva a presumir su condena final. Con-
cluye así una etapa en que el capital consumó, durante veinticin- co años, la ofensiva reaccionaria más exitosa de la última centuria; priman- do las características propias de los ’90 con el arrollador avance de las po- líticas neoconservadoras.
En la última década, las tendencias a la reestructuración del capital a es- cala mundial —bajo la hegemonía del capital financiero- forzaron profun- dos cambios estructurales que se expresarían en la desregulación de los mercados; la apertura de la economía nacional tendiente a una inserción internacional subordinada y las reformas del Estado con un reforzamien- to de su capacidad represiva. Se impusieron entonces relaciones sociales y culturales absolutamente desfavorables para el mundo del trabajo y los sec- tores populares así como el no-reconocimiento de derechos de las mino- rías sexuales y de otras diferencias identitarias.
En el plano ideológico, la dinámica misma del modelo y sus efectos, conllevaba al aumento creciente de las desigualdades sociales pero, simul- táneamente, abría nichos de inclusión al mercado fomentando soluciones individualistas y un acceso compulsivo al consumo que hizo del mercado y del dinero la medida de valor de todos los valores.
Sin embargo, estos interminables años significaron también un escena- rio propicio para impulsar y generar modos múltiples de resistencia, de conflictos sociales, políticos y culturales que cruzaron a la sociedad en to- das sus direcciones de los que Cuadernos del Sur ha dado cuenta en entre- gas anteriores.
Las tensiones sociales acumuladas en la década pasada hicieron eclosión en la revuelta plebeya del 19 y 20 de diciembre. Confluyeron aquí la ex-
Cuaa'ernos del Sur 5
plosión de la deuda externa y el colapso de la economía —en el marco de un clima recesivo de la economía mundial- con la irrupción de una fuer- te insubordinación ciudadana que abandonó las rutinas de la cotidianei- dad para dar lugar a una movilización popular de características inéditas, rompiendo con la hegemonía política y cuestionando el poder del Estado.
Esa expresión multitudinaria abrió espacios para planteos radicales a la ilegitimidad del sistema hegemónico de representación política, incluyen- do también los modos de producción y gestión del conocimiento así co- mo el rechazo a delegar poderes en el Estado. En suma: el movimiento so- cial sintetizó el registro y conservación de las experiencias de los años an- teriores y también el recurso en el que las subjetividades colectivas dispo- nen del pasado, preparando las condiciones para un salto cualitativo.
Así, entrecruzaron y colisionaron viejas y nuevas formas de lucha y de organización, siendo todas ellas expresiones de esta resistencia que combi- nó la irrupción del movimiento de los trabajadores desocupados, las asam- bleas barriales, los cacerolazos y escraches, con un sinnúmero de conflic- tos defensivos de los trabajadores ocupados. En este accionar cobraron vi- sibilidad nuevos sujetos políticos especialmente las mujeres y los jóvenes.
Con los acontecimientos de diciembre, se cerró entonces un ciclo his- tórico que prefiguró las condiciones para la apertura de otro, donde la in- definición de la orientación de las clases dominantes —cruzadas por fuer- tes luchas políticas y disputas entre las fracciones del capital- se combina con condición favorables para las luchas sociales y políticas del conjunto de los explotados, oprimidos y excluidos por el capital.
La rebelión popular y multitudinaria de esos días —expropiaciones, sa- queos, cacerolazos, manifestaciones espontáneas en la calle, violencia colec- tiva, e insubordinación ciudadana- instauró un continuum deliberativo que se prolongará hasta estos momentos; tomando formas concretas en nuevos campos de debate y deliberación: las Asambleas Barriales. Estas constituyen verdaderos ejercicios de democracia directa y prefiguran las condiciones de futuras organizaciones autogestivas de poder popular. Simultáneamente, emergen grupos dispersos de ciudadanos que luchan de manera frontal con- tra el sistema financiero, escrachando bancos nacionales e internacionales y enfrentándose al celo policial, como es el caso de los ahorristas, estafados por el modelo que en otro momento los beneficiara.
Con la agudización de la crisis, frente a la quiebra de empresas o el abandono de las mismas por sus dueños, los trabajadores avanzan con di- versas propuestas de autogestión ya sea bajo formas c00perativas o bien con el control obrero de la producción, los casos de las empresas Brukman
6 Mayo de 2002
y Zanón son ejemplos más que significativos. Incluso con el corte de rutas y vías de comunicación no sólo traban la realización de la ganancia, sino que son también profundos ejercicios de control obrero sobre la circula- ción de mercancías y personas.
Tanto el feminismo como los movimientos de mujeres están siendo hoy impulsores de emprendimientos emancipatorios, cuando cuestionan y de- senmascaran todo tipo de discriminación y exclusión de la retórica univer- salista liberal en lo público, así como la sujeción en lo privado. Estas razo- nes, son las que impulsan la presencia de la mujer en tareas tan variadas que abarcan mecanismos informales de sostén de sus familias hasta inten- sas participaciones en las luchas sociales y políticas. Es a partir de esta acu- mulación de experiencias y saberes, que surgen de su intervención cotidia- na en satisfacer .el consumo y abastecimiento de las necesidades básicas de su entomo familiar y comunitario, que se promueve la politización de esos espacios, considerados neutrales por el sentido común hegemónico.
Otro dato significativo es el protagonismo relevante de diversos colec- tivos de jóvenes excluidos y de las barriadas pobres, de las hinchadns de fútbol, rockeros, punkies, motoqueros, estudiantes secundarios y universi- tarios, activistas sociales, de derechos humanos y políticos, que con sus cuerpos enfrentaron la más feroz represión durante las sangrientas joma- das de diciembre.
Se abren así espacios para el reclamar y accionar contra los modos do- minantes de reparto, propiedad y circulación de bienes materiales y sim- bólicos, los cuales presuponen transformaciones de las relaciones hegemó- nicas en todos sus aspectos.
Es que lo político comienza ahora a ser entendido ya no sólo como un terreno circunscripto al espacio de las instituciones representativas tradi- cionales, sino como algo más que la regulación de lo público y la mera ad- ministración de lo que el mercado libre genera. Su abordaje forma parte de los problemas de la cotidianeidad, de la vida íntima de los sujetos. Es- pacios que antes eran vistos como exclusivamente privados movilizan en la actualidad intereses y preocupaciones colectivas. Esto es factible porque lo privado está siendo reformulado tanto como lo público.
Con avances y retrocesos, este proceso no se presenta como un fenóme- no acabado sino, más bien, como una construcción a futuro con posibles modificaciones por su constante interacción entre la cotidianeidad y la confrontación con el poder en lo público-institucional.
Por último, no debería soslayarse cómo la dinámica del movimiento de resistencia global —desde Seattle hasta los dos Forós Sociales Mundia-
Cuadernos del Sur 7
les de Porto Alegre- adquiere en nuestro país, con esta diversidad de for- mas, una expresión concreta de nuevos caminos y prácticas sociales. De algunas de estas cuestiones intenta dar cuenta este nuevo número de
Cuadernos del Sur.
Mabel Bellucci / Eduardo Lucita Buenos Aires, abril de 2002
8 Mm de 2002
Dos crisis de inicio de siglo: EEUU. y México
Alejandro Valle Baeza*
Introducción
A fines del 2001 había recesiónl al menos en Japón, Argentina, Turquía, Ecuador, México y con una nueva definición se anunciaba una recesión en la economía estadounidense, la economía más grande del mundo. Ese país tuvo su última recesión en 1990-91 y tuvo hasta los primeros meses de 2001 el auge más prolongado que registran sus estadísticas. En la segunda mitad de los noventa los aumentos de los precios de las acciones estadounidenses que se venían dando desde 1982 se aceleraron hasta que los precios alcan- zaron niveles otrora increíbles. Como en otros períodos de auge económi- co, con ello se habló de una “Nueva Economía” donde las crisis graves de- saparecerían y el auge bursátil permanecería incólume. Como en otras bo- nanzas sobraron profetas que predijeron, como Irving Fisher hiciera, poco antes del crack de 1929, que las bolsas de valores parecían haber alcanzado permanentemente una meseta elevada.2 No obstante, Japón, la segunda economía nacional más grande del mundo, ha estado en recesión o estan- cada durante práctimante toda la decada de los noventa y la segunda mitad de dichos años noventa se inició con una crisis que amenazó el sistema f1- nanciero estadounidense: la mexicana de 1994-95 y concluyo con la crisis brasileña de 1999. En medio, las crisis asiática de 1997-98 y la crisis rusa de 1998. Algunas de esas crisis no han concluido totalmente, como la de Ar- gentina; sin embargo todas ellas han sido atemperadas por el auge de la eco- nomía estadounidense. Por ello, si los profetas de una nueva era tienen ra- zón estarán prediciendo un paraíso capitalista en sólo un país: EE.UU.; por el contrario, si dicha economía tiene una crisis sus consecuencias serán más graves para el resto del mundo '-queven otras ocasiones.
' Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía, de la UNAM. El autor agradece los co- mentarios del Dr. Víctor H. Palacio Muñoz quien desde luego no es responsable de los errores.
Cuadernos del Sur 9
México, la segunda economía latinoamericana decreció ligeramente en 2001 y, en el mejor de los casos, seguramente tendrá un crecimiento me- diocre en 2002. En este trabajo examinamos las crisis estadounidense y me- xicana. Primero veremos algunas características del auge de la economía de EE.UU., después discutiremos algunos de los eslabones débiles de la eco- nomía de aquél país y, a continuación trataremos muy brevemente la rela- ción entre las crisis mexicanas y las estadounidenses y finalmente esboza- remos algunas conclusiones.
I. El auge estadounidense de los noventa
Desde marzo de 1991 se dio la expansión más duradera registrada en la economía estadounidense.3 Superó a la que concluyó en noviembre de 1969 y que alcanzó 106 meses pues la expansión de los noventa alcanzó 120 meses. Los años noventa no sólo fueron buenos sino que en su segun- da mitad la economía de los Estados Unidos todavía mejoró. Entre 1995 y 2000 el PIB real aumentó al 4.0 por ciento anual con una inflación mo- derada. La productividad creció a mayor ritmo que en los años previos y la tasa de desempleo disminuyó.
Cuadro l: Estados Unidos de América, variables seleccionadas
1995 1996 1997 1998 1999 2000
PIB real Lcrec. anual °/o) 2.7 3.6 4.2 4.3 4.2 5.0 Índice Nal. Precios
Consumidor (crec. anual o/o) 2.6 3.2 1.7 1.6 2.7 3.4
Tasa de desempleo . 5.6 5.4 4.9 4.5 4.2 4.0
Cuenta corriente mmd. -109.5 -123.3 —140.5 -217.8 -331.5 —320.2
FUENTE: elaboración propia con datos de Banamex-Accival. Examen de la situación económica de México. Num 903 marzo 2001.
El reciente auge estadounidense es menos espectacular si se le examina con un horizonte un poco más extenso tal como se ve en la gráfica 1.4
Aunque como dijimos antes la expansión de los 90 ha sido la más du- radera registrada por las estadísticas no es un período que supere a lo acon- tecido durante los años sesenta en EEUU.
Lo prolongado del auge en aquel país propició que muchos economista celebraran el advenimiento de una'Nueva Economía que lo explicaba. En los diarios se ha hablado de que se trataba de una nueva era, de un aconte- cimiento comparable a los descubrimientos de la electricidad o del motor de combustión interna o incluso que se trataba de una nueva “Revolución
10 Mayo de 2002
industrial”.5 Probablemente la frase publicitaria se inició con un artículo del Business Week en 1996 que celebraba el triunfo de la nueva economía y ex- plicaba por qué el mercado no estaba loco,6 después la idea se generalizó y hoy podemos encontrar documentos donde el optimismo va muy lejos:
Las preocupaciones de las “vieja economía” eran crear empleos, contro- lar la inflación y atemperar el ciclo económico; la nueva economía tendrá otras prioridades pues el ciclo económico ya no es una amenaza, al menos en Estados Unidos.7
La burbuja bursatil
Una empresa que comprara acciones en Estados Unidos de América a 100 dólares al inició de 1999 pudo venderla a 186 dólares a fines de ese año. Ese fue el comportamiento promedio de la bolsa estadounidense de- dicada al tráfico de acciones de alta tecnología: computación, biotecnolo- gía, etcétera conocido como Nasdaq.8
En los cinco años previos a 1999 ocurrieron también aumentos muy considerables en el precio de las acciones tal como se aprecia en la gráfica 29. No sólo en el mercado de alta tecnología Nasdaq, al que se ha identi-
l: EUA, crecimiento del PIB, ¡948-2000
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I IIIIIIIlIllllrlÍÏÏII'IIIIIITIIIIIII’IÏII
48 52 56 60 64 68 72 76 80 84 88 92 96 2000
— PIB —— PIB
ficado con la Nueva Economía, sino también en el mercado de acciones tradicionales que se refleja en el índice Dow jones de acciones industriales (lo llamaremos simplemente Dow) o en el índice Standard and Poor’s Com-
Cuademos del Sur 11
posite Index. En noviembre de 1995 el índice Dow había superado los cin- co mil puntos; sobrepasó los diez mil puntos en abril 30 de 1999. La grá- fica anterior muestra claramente dos cambios de tendencia en el precio de las acciones: una ocurrida en 1982 y otra en 1992. Este último cambio es el auge especulativo de las bolsas estadounidenses tal como más adelante argumentaremos cuando digamos por qué se trata de una burbuja. En los noventa como en el pasado la burbuja ha sido inflada, en parte, de mane- ra intencional. En los años noventa aparecieron libros prediciendo una prosperidad ininterrumpida: en 1999, Dow 40,000 de D. Elias en EEUU. o La ruta hacia la Iibertadfinanciera: Un millonario en siete años años de B. Scháfer en Alemania durante el mismo año.lo
Algunas bases del auge
El florecimiento de la especulación bursatil no debe hacernos ignorar la parte real de la economía. La rentabilidad de las empresas es el mejor ter- mómetro de la salud capitalista. Diversos trabajos han encontrado una no- toria recuperación de la tasa de ganancia que coincide con el auge de la
2: Dow Jones y Standard 8. Poor's, 1957-2000
12000 ¡ooo ¡0000: "“°° _. -1200 3000 -- :2 ¡ooo “E É boooÏÍ 33°” E g _. -- a 0,4000” 3‘00 E _. _- 400 a 2000 :. 22200 o . . . . . . . . u . : L . . . . . . . . . . . . . : . . . . . . . . “T'o
57 ¡”6.3| l l [6.9. ' U '75 “BI. ' | H 9'3 99 y — Dow Jones —Stunrlord 8. Poor's
economía estadounidense de los noventall y con el aceleramiento del pre- cio de las acciones.12 Detrás del aumento de la rentabilidad estuvo el es- tancamiento salarial que se observa en la gráfica 313: La productividad se incrementó14 en tanto que los salarios reales tenían en el fin de siglo casi el mismo nivel que a mediados de los años sesenta.
12 Mgm de 2002
3: EUA, salarios reales horario industria agrícola 59-99
Dolares de l982/hora \ (\
—e
6,5 l l l l i l I l i 1959 ¡965 |97| ¡977 1983
La mayor rentabilidad condujo a un auge de la inversión que se aprecia en el cuadro siguiente:
NN U'l
Cuadro 2: EEUU” inversión fija privada real no residencial (cree. medio anual)
59-69 6.8 69-79 5.0 79-89 2.4 89-99 7.0
FUENTE: elaboración propia con datos de Economic Report of the President 1996 y 2001
El crecimiento de la inversión privada fija no residencial superó ligera- mente en los años noventa al habido durante los años sesenta; pero en otros aspectos como el comportamiento de los salarios ambos períodos son marcadamente diferentes. Además tal como se verá en la siguiente sec- ción la economía estadounidense tiene puntos débiles que no tuvo en los años sesenta.
II Algunos puntos débiles del auge estadounidense El auge bursátil es una burbuja especulativa
Ya hemos dicho que en los noventa el auge bursátil fue visto como una nueva era. Sin embargo el optimismo de algunos economistas ya probó
Cuadernos del Sur 13
qUe puede estar muy errado como ocurrió en 1929 con Fisher y con Dice quien publicó el libro New Levels in the Stock Market donde se justificaba por qué los aumentos de precios de las acciones debían continuar. No fal- taron voces que vieron el auge como una burbuja. Por ejemplo, el 5 de di- ciembre de 1996 el presidente del Banco de Reserva Federal Alan Greens- pan describía el comportamiento del mercado de valores estadounidense como dominado por una “exuberancia irracional” y propició caídas consi- derables en todas las bolsas del mundo.
4: Razón precio/ rendimiento 58.? - (1871-2000)
35
30
::Í i ni W, a W ¡mi Mi
5 e i ¡ i i + l860 1880 ¡900 I 920 1940 l960 1930 2000 Fuente: elñaborarión propia ron datos de Global Financial Data
Pero uno de los argumentos más claros de por qué el auge bursátil es una burbuja, fue planteado por Eichler, el presidente de Eichler Magnin Inc. firma que maneja inversiones en Los Angeles, alertaba. que dentro de los siguientes 12 meses el mercado de valores estadounidense podría caer 50% en un artículo publicado en el Baltimore Sun del 17 de junio de 1997.
Eichler juzga sobrevaluados los precios de las acciones basándose en da- tos históricos:
— La razón precio de las acciones sobre rendimiento ha sido 13 veces en promedio por más de un siglo como se observa en la gráfica 415 febrero de 2001. Hoy esa razón alcanza niveles comparables a los que había antes de la crisis de 1929. Hay dos posibilidades para juzgar el actual nivel de esa razón. La primera es la optimista de que ha habido un cambio estructural en la economía estadounidense y que la razón actual permanecerá por mu-
14 Mayo de 2002
chos años; la otra visión es que la razón es transitoria porque los precios están sobrevaluados con respecto a los beneficios. Esta última admite a su vez dos posibilidades o los beneficios se elevarán mucho para volver la ra- zón precio rendimiento alos niveles históricos (otra visión optimista) o las visiones pesimistas: el precio de las acciones deberá bajar: abruptamente como Ecihler predijo en 1997 o al menos mantenerse sin cambios duran- te muchos años hasta que las ganancias crezcan.
El magnate Rupert Murdoch ilustra la posición de que el mercado está sobrevaluado, él encabeza News Corporation, y es uno de los diez hombres más ricos del mundo. Murdoch declaraba al Finacial Times que la sobreva- luación del precio de las acciones era grave .16 Destacaba Murdoch que al- gunas acciones como las de Yahoo (empresa de Internet), Amazone (venta de: libros, música, etcétera a través de Internet) y America On Line (provee- dora de conexión a Internet ) habían aumentado hasta un 10 por ciento diario durante un lapso considerable.
Hoy las visiones pesimistas han sido apoyadas por la realidad: la bur- buja se está desinflando desde el año 2000. Por ejemplo, el índice Nas- daq después de lograr su máximo el 10 de marzo de 2000 cuando alcan- zó los 5132.52 puntos ha caído severamente y para el 9 de marzo de 2001 había cerrado en 2052.78. Eso quiere decir que una acción que se com- pró a 51.32 dólares en abril del 2000 llegó a valer cerca de 20 dólares un año después: una caída de 60 por ciento. Como en todo promedio la caí- da de acciones individuales es en ciertos casos tan considerable que resul- ta dificil de creer. Por ejemplo, las acciones de Yahoo habían caído más de 90% en el año 2001. Para marzo de 2002 el Nasdaq había caído por debajo de los 1900 puntos en varias ocasiones. Lo acontecido al Nasdaq no ha sido suficiente puesto que los precios de las acciones de ese sector todavía son muy altos. Pero sobre todo habremos de ver la baja en el res- to-de los sectores, es decir el Santadard and Poor/s deberá caer significati- vamente antes de que pueda decirse que la burbuja bursátil se ha desin- flado. Duranteel auge especulativo la pregunta que se hacían en las Bol- sas era ¿qué tan alto llegará? La pregunta hoy es ¿dónde estará el fondo? Si la razón precio rendimiento de las aCCiones volviera rápidamente a sus niveles históricos para la mayoría de las empresas estadounidenses lo peor está por verse todavía.
El sector externo , El auge económico estadounidense de los noventa no revirtió la ten- dencia del déficit comercial estadounidense. Por el contrario lo agravó tal
Cuadernos del Sur 15
como la gráfica muestra. Tanto el déficit comercial como el déficit en cuenta corriente han alcanzado niveles muy altos.
A partir de los años setentas la economía estadounidense se volvió de- ficitaria tal como se aprecia en la gráfica 5.17 Es importante destacar que en la recesión de 1990 se corrigieron rápidamente los desequilibrios externos; si bien esa mejoría fue transitoria. En cambio la mejoría de las balanzas lo- grado con la recesión de 2001 no fire significativa.
5: EUA Balanzas comercial y Cuenta corriente ¡950-2001 10000 o i A
—10000 " I ‘ A
—2oooo T —3oooo " —40000 " __ V —50000 t a .t l 4. ,L 4. e e e 50 55 60 65 70 75 30 35 90 95 l00 “Balanza comercial —(uenlo corriente
Los EEUU. perdieron posiciones en la exportaciones en ramas antes dominadas por ellos como la fabricación de aeronaves comerciales y la de automóviles. Al mismo tiempo su mercado ha sido penetrado en renglo- nes clave como el de máquinas herramienta. Los EEUU. ahora son im- portadores de mercancías inventadas en ese país. En muchos casos el mer- cado doméstico estadounidense está dominado por los importadores, por ejemplo las videocaseteras o las cámaras fotográficas. La debilidad externa ha conducido a EEUU. a otro problema grave:
Deudor neto con el resto del Mundo
Por muchos años lo que equilibró las cuentas externas estadounidenses fueron los ingresos provenientes de las inversiones foráneas. Los EEUU. después de ser el inversionista más importante del mundo se convirtió en un deudor neto. Para 1999 la posición deudora de los EEUU. era de 1.5 billones de dólares. La posición neta de los EEUU. en inversión directa sigue siendo positiva, pero en los activos financieros es donde se asienta el
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saldo negativo. Para cualquier otro país la combinación sería muy peligro- sa pues dicha posición es favorable en activos difíciles de vender y desfa- vorable en activos líquidos. Pero la cosa no es tan grave porque los EEUU. han sido un refugio ante los problemas asiáticos y en otras partes del mun- do. No será fácil que los capitales acogidos se trasladen a otro mercado. Con el creciente peso de la deuda externa los ingresos netos por inversio- nes se volvieron negativos durante los años noventa pero ya resultaba cla- ra su tendencia declinante desde principios de los años ochentas. Eso se
5: EUA Ingresos netos inversión y otros 1950-2000
40000
’ f1 soooo zoooo n 7 ‘l [H
É 10000 n /‘/ l 3 ___ J/ X E -- \ —Ioooo —20000 " l e i a i so ¿o 70 ao 90 100
aprecia claramente en la gráfica 6. Ahora los EEUU. dependen de la in- versión foránea para cubrir no sólo el déficit comercial sino además el ser- vicio de la deuda contraída.
Deuda interna creciente
Se dijo que el boom de Posguerra en EEUU. tenía como una de sus ba- ses al endeudamiento. Empresas, consumidores y gobierno pudieron gas- tar más allá de sus ingresos. También el reciente auge se ha asentado en una deuda interna que creció aceleradamente desde los años ochenta. Para 2001 la deuda total representaba el 282% del PIB de los EEUU.18
Los estímulos que han impulsado el endeudamiento han sido muy va- riados. Por ejemplo, las empresas estadounidenses pudieron gracias a la re- forma fiscal de 1986 restar de su ingreso gravable los intereses pagadosl9
Cuadernos del Sur 17
7: EUA, saldo de la deuda total en % del PIB, 1964-2000
300.00
250.00-
200.00-
150.004
llÏllIlllllllllllllllllllllllllllllll 2222222222222
El endeudamiento excesivo se convierte en un componente esencial del auge: lo alimenta y se nutre de él. En la bonanza las acciones sobrevalua- das son aceptadas como garantía para obtener prestamos que comprarán más_acciones y elevarán los precios de éstas. El elevado apalancamiento es una de las características relevantes del auge bursátil estadounidense, por ejemplo el Long-Term Capital Managment un Hedge Found muy exitoso llegó a tener un apalancamiento de ¡28 veces su capital!” Hay necesidad de más trabajo para entender las consecuencias del endeudamiento espe- culativo en la recesión ya iniciada en los EEUU. y que pueden transfor- marla en una crisis.
¿Recesión o crisis?
No es ningún mérito pronosticar la necesidad de una recesión en EEUU. pues ocurre una en promedio cada 53 meses.,Es más difícil esti- mar la profimdidad y la duración del fenómeno. Los economistas del sis- tema no pueden hacer esta clase de pronósticos pues cuando son positivos resultan conjuros no creíbles y cuando son negativos podrían ser profecías necesariamente cumplibles. Por ejemplo cuando se le preguntó en febrero de 2001 a Greenspan si habría una recesión en los EE.UU., su respuesta fue un tajante ¡no! A propósito de dicha respuesta comentaba 77x Econo- mist que infortunadamente el presidente de la Reserva Federal de los EEUU. dijo lo mismo en 1990 cuando ya había iniciado la recesión de esos años.“ Esta vez se volvió a equivocar pues la NBER decretó que la recesión se inició al mes siguiente del conjuro de Greenspan; por eso cuan- do más recientemente Greenspan ha dicho que la recuperación ya se ha iniciado tenemos derecho a esperar que todavía lo peor no haya pasado.
18 Mayo de 2002
El 26 de noviembre de 2001 la NBER ya había aceptado que la recesión se inició en marzo del mismo año y para ello cambio su definición de re- cesión. La política económica de los EEUU. buscó disminuir el ritmo de crecimiento de la economía sin tener una recesión, buscó tener un “sofl landing” en lugar de un “bard landing.” Los tres eslabones débiles que he- mos visto aquí: el carácter especulativo del auge bursátil, el persistente dé- ficit en la cuenta corriente y el elevado endeudamiento interno abren la posibilidad de una crisis y no una mera recesión. Si los precios de las ac- ciones caen más y bruscamente ello afectará de muchas maneras a la eco- nomía, una muy importante es el consumo: muchos de los propietarios de acciones son las personas fisicas y aún hoy su riqueza financiera está sobre- valuada.22 Otra afectación de la caída del precio de las acciones es sobre el crédito. La contracción crediticia puede ser mas fuerte que en ocasiones anteriores pues la magnitud de la crisis financiera posiblemente será mayor que en la recesión de 1982 cuyos efectos continuaron hasta 1991.23
La persistencia del déficit externo de los EEUU. plantea que la recesión de 1990-91 file insuficiente para reestructurar dicha economía y que las medidas para beneficiar a EEUU. logradas con la Ronda Uruguay han si- do insuficientes para revertir el deterioro de su posición en el mercado mundial. La posición de país que compensa su déficit comercial con in- versiones financieras es muy vulnerable y puede ahora agravar una rece- sión y volverla crisis tal como ocurrió con México en 1995 o con Tailan- dia y Corea más recientemente.
El tercer eslabón débil de la economía estadounidense: el creciente en- deudamiento es uno de los aspectos esenciales para entender la profiindi- dad y extensión de las crisis. Cuando el endeudamiento no puede prose- guir al mismo ritmo puede ser un elemento precipitante de la crisis; y tam- bién una vez estallada ésta, las deudas impagables son un agravante de la crisis. Habremos de ver qué ocurre con el endeudamiento de empresas, consumidores y gobiernos en EEUU. con la recesión ya iniciada.
III México
El cuadro siguiente muestra que durante la segunda mitad del siglo pasa- do hay una enorme coincidencia entre las crisis en México y las crisis esta- dounidenses. También se observa que dicha coincidencia no es perfecta por- que no siempre hay una crisis mexicana después de una estadounidense. Cla- ro está que también la crisis mexicana podría ser causa precipitante de una crisis en EEUU. tal como estuvo a punto de ocurrir en 1982 y 1995 cuando las dificultades mexicanas, cercanas a la insolvencia, estuvieron a punto de
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ocasionar sendas crisis financieras en aquel país. Pero más allá de esa posibi- lidad lo desigual de ambas economías hace que la influencia de la economía estadounidense sobre la mexicana sea mayor que a la inversa, de manera que se trata de una interdependencia muy asimétrica la de los dos países. Ilustre- mos esto con las dos crisis mexicanas más importantes de Posguerra.
Recesiones y crisis de Posguerra en México y EEUU. EE. UU. M e'xico
Inicio Fin
Nov-48 Oct-49
Jul-53 May-54 Crisis 53-54, devaluación Ago-57 Abr-58 Recesión con crecimiento 59 Abr-60 Feb-61 Recesión crecimiento 61-62 Dec-69 Nov-70 Recesión crecimiento 70
Nov-73 Mar-75 Crisis 1976
Ene-80 Jul-80
Jul-81 Nov-82 Crisis 1982-83 devaluación Recesión 86
Jul-90 Mar-91
Crisis 95 devaluación Mar 01 ? Recesión concluida según Greenspan Mar-01 Crisis 2001
Fuente: elaboración propia con datos de U.S. Department of Commerce 510119! Of Current Business . Octubre del994 cuadro Sl. La caracterización de Mócico se basa en el comportamiento del PIB exclusivamente.
Después de la Segunda Guerra Mundial han ocurrido dos grandes crisis mexicanas: 1982 y 1994. Ambas han sido muy importantes no sólo para México sino porque han puesto en peligro al sistema financiero intema- cional. Han resultado especialmente peligrosas para los EEUU. dada la creciente integración de la economía mexicana con la estadounidense. En 1982, México era un receptor privilegiado de prestamos internacionales, especialmente estadounidenses. Los prestamos bancarios a los países en desarrollo habían pasado de 44 mil millones de dólares en 1974 a 360 mil millones de dólares en 1982, aproximadamente 60 mil millones correspon- dían a México. La deuda mexicana con los nueve principales bancos esta- dounidenses significaba un 50% de su capital y si México hubiera dejado de pagar intereses los ingresos de esos se hubieran reducido en un tercio.24 El 13 de agosto de 1982, el secretario de Hacienda de México se traslado a Washington para tramitar un apoyo emergente del gobierno de EEUU.
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que evitara declarar la insolvencia del país el siguiente lunes. El gobierno de EEUU. prestó 2000 millones de dólares mediante artificios y con un alto costo para México.25
La crisis de 1994-95 se dio después de doce años de políticas neolibera- les, acordes al llamado‘ Consenso de Washington. La crisis mexicana estalló a fines de 1994 y se extendió hasta 1995. El Banco de México, una institu- ción para nada interesada en exagerar la caída de la economía, afirmó en ese entonces: “Durante 1995, la economía mexicana sufrió la crisis mas severa ocurrida desdé la década de los años treinta. La interrupción repentina de los flujos de capitales del exterior hacia México a finales de 1994 e inicios de 1995, sumada a la consecuente devaluación de la moneda nacional, im- pusieron a la economía del país un ajuste doloroso pero inevitable.”26
Como en la crisis de 1982, la de 1994-95 obligó a una asistencia del go- bierno estadounidense de hasta 18 mil millones de dólares que el presiden- te Wrrlliam Clinton obtuvo sin pasar por la aprobación del congreso de ese país. La recuperación de la crisis fiie rápida gracias al favorable entorno in- ternacional. Por ejemplo las ventas domésticas de automóviles disminuye- ron -71.7°/o entre 1994 y 1995, una caída comparable a la ocurrida en EEUU. durante la crisis de los treinta; en cambio, la producción de los mismos sólo cayó -18.1°/o merced a las exportaciones. '
De manera que las dos crisis más graves de Posguerra han sido también crisis de balanza de pagos, que requirieron el auxilio directo del gobierno estadounidense. Entre una crisis y otra los requerimientos de apoyo se ele- varon considerablemente: en 1983, el gobierno mexicano negoció y obtu- vo con grandes dificultades un paquete de prestamos de 5000 millones de dólares.27 Para la crisis de 1994-95 las necesidades fiieron de 50500 millo- nes de dólares.
La recesión del 2001 ¿se convertirá en una crisis en el 2002? ¿reaparece- rán los problemas de balanza de pagos? Si la economía estadounidense tie- ne una crisis y no una recesión será acompañado por México con seguri- dad. La balanza de pagos ya está desequilibrada aunque no a los niveles de la primera mitad de los noventa. Durante el año dos mil el déficit en cuan- ta corriente fue de 18000 millones de dólares y para 2001 se estima en 17100 millones de dólares.28 Con todo y que estos déficits no son tan alar- mantes como los de 1991 o 1992 exigen la entrada de capitales y/o presta- mos que los cubran y en el momento que cesen las inversiones o los pres- tamós sobrevendrá una crisis de balanza de pagos y seguramente una de- valuación brusca. De manera que hay una fiierte posibilidad de una nue- va crisis grave. La gravedad de cada nueva crisis mexicana estriba en que
Cuadernos del Sur 21
desde la crisis de 1982 el desempeño de la economía mexicana cayó abrup- tamente y muchos de los problemas permanecen sin solución. Por ejem- plo la escasa funcionalidad del sistema bancario, la poca capacidad para generar empleos bien remunerados, el déficit en cuenta corriente, etc.
IV Conclusión
Hay muchos elementos que sugieren que la recesión estadounidense iniciada en marzo de 2001, después de diez años de crecimiento, puede convertirse en una crisis de mayor envergadura. Los varios signos positivos que durante los primeros meses de 2002 han sido ampliamente publicita- dos no tienen que ver con los graves problemas estructurales de la econo- mía estadounidense. Hemos destacado la burbuja bursátil: el déficit en cuenta corriente, la posición deudora externa de los EEUU. y la grandes deudas de empresas, consumidores y gobiernos. Todos estos elementos pueden convertir la actual recesión no en un episodio semejante al de 1990-91 sino en algo más grave y duradero. Si como los economistas ofi- ciales de los EEUU. han afirmado se ha iniciado un nuevo ciclo de creci- miento este será débil y breve. Mas tarde o más temprano los EEUU. ten- drán una crisis que tienda a reducir esos problemas. Si esto ocurre la eco- nomía mexicana tendrá una nueva crisis que se sumará a la muy grave de 1994-95. Casi sin importar la gravedad de las dos crisis tan brevemente analizadas en este trabajo serán abordadas por los economistas del estable- cimiento desde dos ópticas. La representada por personas como Hayek quien atribuye a la regulación gubernamental las crisis y quienes las expli- can a partir de los errores de política económica.29 Ambas con ser en apa- riencia tan diferentes ignoran la idea marxista de que las crisis son fenóme- nos inherentes del capitalismo, son un aspecto destacado del mal funcio- namiento del capitalismo. Este problema junto con otros como el desem- pleo, la precarización del trabajo o la abismal desigualdad de ingresos exi- gen que discutamos, propongamos y construyamos sociedades sin estos y otros defectos. Exigen que hablemos de socialismo tan alejados de los re- gímenes burocráticos autodenominados socialistas como de un capitalis- mo que no funciona y que sin embargo quiere presentarse como la única forma de vida posible. La crisis económica reaparece una y otra vez para urgirnos a la transformación revolucionaria del capitalismo. La gravedad de la crisis argentina o las recesiones en otros países se agravarán según lo que ocurra en los países capitalistas desarrollados, particularmente en EEUU. En este último país un auge de diez años recicló la esperanza bur- guesa de la desaparición de la crisis. No sólo aseguraban su desaparición
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antes del 2001 sino que ahora ante algunos signos positivos claman que nunca hubo recesión no obstante los millones de desempleados y las nu- merosas quiebras del 2001. Desde luego, debemos esperar que la burgue- sía incremente su propaganda sobre las bondades eternas del capitalismo ante cualquier ocasión propicia. Nosotros, como intelectuales críticos de- bemos resaltar las contradicciones y lo transitorio del régimen capitalista. Tanto las crisis como los períodos de calma pueden ser profundamente da- ñinos para la humanidad pues la “racionalidad” capitalista moviliza enor- mes fuerzas destructivas para continuar o reestablecer la acumulación. La crisis, sin embargo, es un lapso cuando las contradicciones del sistema afloran y nos exigen la crítica rigurosa y las acciones revolucionarias.
Notas
1 En este trabajo recesión significa crisis suave.
2 Citado por Shiller, RJ. ¡national exuberante. Princeton University Press. Nueva Jersey 2000, pp. 106
3 Esto de acuerdo a U.S. Department od Commerce Sun/g! Of Current Business Octubre del994 cuadro 51. Según dicho artículo para la National Bureau of Economic Research (NBER) una recesión es un período recurrente de disminución de la producción total, del ingreso, del em- pleo y del comercio que resulta por una contracción de muchos sectores de la economía y que du- ra al menos un semestre. Una recesión grave es una depresión y cuando sólo se trata de un perío- do de menor crecimiento se la denomina como recesión con crecimiento. El 26 de noviembre de 2001 el Business Cycle Dating Committee, del National Bureau of Economic Research determinó que la economía estadounidense había alcanzado su cima en marzo de 2001.
4 Elaboración propia con datos de National Income and Product Acounts (NIPA).
5 Para los exuberantes calificativos veáse la entrevista a Robert Gordon en el Financial Times de julio 25 de 2000, conocido economista estadounidense y miembro de la NBER, quien por cier- to se muestra muy escéptico sobre la importancia de la nueva economía.
6 Mandel, M. l"l'he Triumph of the New Economy,” Business Week, diciembre 30 de 1996. pp. 68-70.
7 Vease Progressive Policy Institute The New Economy Index: Understanding America’s Economic. Fans/onnation. , 24-XI-00 en wwwdlcppiorg pag. 5
8 Nasdaq es un acrónimo de National Association of Securities Dealers Automated Qiotations, es subisdaria de la National Association of Securities Dealers (NASD) y está supervisada por la Securities and Exdrange Commission (SEC). Nasdaq, fue creada por la NASD en 1971, es un sistema automa- tizado que informa del comercio accionario de títulos que no aparecen listados en las bolsas regu- lares. Para 19905 se convirtió en el segundo mercado accionario de los EEUU. y en el tercero mun- dial.
9 Elaboración propia con datos del Economic Report of771e President 2001.
1° Shiller, RJ. [national Exuberance. Princeton University Press, Princeton NJ. 2000, cap. 3 11 Dumenil, G. y Levy, D. “The profit rate: here and how much did it fall ? did it recover? (USA 1948-1997)”, 28/XII/ 1999 en CEPREMAP: http://://www.cepremap.cnrs.fr/ -levy/
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12 A. Shailch ha estudiado la relación entre tasa de ganancia y precio de las acciones veáse: “The Stock Market and the Corporate Sector: A Profit _Based Approach”. Working Paper No. 146, The Jerome Levy Economics Institute of Bard College. 1995.
13 Elaboración propia con datos del Economic Report of the President 2000.
14 La productividad en el sector de los negocios se incrementó 41.8% entre 1980 y 1999 según datos del Economic Report of the President 2001 cuadro B49b
15 Elaboración propia con datos anuales al cierre del año publicados en Global Financial Data: btto://ww.globalfindata.com
16 Financial Times. 13 de enero de 1999
¡7 Elaboración propia con datos del Economic Reprot of the President 2000.
18 Calculo basado en los datos de la gráfica 7: D’Arista, J, “The Debt Service Challenge” Flow of funds. Segundo trimestre de 1999, p. l.
19 Guttmann, R. Hora Credit-Mona Shape: tbe Econongn M.E. Sharpe. EEUU. 1994, pp. 106-107.
20 El Financial Times destacaba que Long_Term Capital Management (LTCM) un fondo espe- culativo que contaba entre sus socios a Robert Merton y a Myron Scholes, dos premios Nobel en economía, estaba apalancado cerca de 28 veces pues, de acuerdo a fimcionarios estadounidenses, con un capital de cerca de54.7 miles de millones de dólares controlaban activos cercanos alos 5130 mil millones de dólares a fines de 1997. Financial Times, 4-Ill-99. En 1998 LTCM hubo de ser res- catado con la ayuda de Ïlre Federal Reserve Bank quew Kirk
21 “Hard luck, hard landing?”. 7h Economist. bttp://roww.economist.com, febrero 23 de 2001
22 Veáse por ejemplo, Weller, C. “What the Crash Means for your Retirement” EPI Issue Briq' num. 16, Economic Policy Institute, Washington, mayo 2 2001.
23 Morris Goldstein y Philip Turner sostienen que las crisis financieras se han venido agravando y su frecuencia ha aumentado en “Banking Crises in Emerging Economics: Origins and Policy Op- tions” Bank for International Settlements Economic Papers, num 46 octubre de 1996.
24 Lustig, N. “Los Estados Unidos al rescate: la asistencia financiera a México en 1982 y 1995”, Revista de la Cepal. 61, abril de 1997. pag. 45.
25 Véase Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Deuda externa pública mexicana. Fondo de Cultura Económica, México, 1993, pp. 76-77
26 Banco de México, S.A. Informe Anual 1995. pp. l
27 SHCP, ob. cit. pp. 96-103.
28 Banamex. Examar de la situación económica de Me’xico. Octubre de 2001 v. LXXVII, pp. 456.
29 “Quero aclarar que las depresiones no son el resultado de la operación de las firerzas del mer- cado. Son el resultado de la aplicación de controles por parte del gobierno, particularmente en el campo de la moneda.” Hayek, F. A. en 'Un diálogo con el profesor Hayek” en Pizano S., D. Al- gunos creadores del pensamiento económico contemporáneo. Fondo de Cultura Económica. México, 1980, pp. 27. La explicación de la crisis como producto de errores puede verse en Gil-Diaz Francis- co y Carstens Agustín “Algunas hipótesis relacionadas con la crisis mexicana de 1994-95'. Gaceta de Economia. ITAM, año 2(3), otoño de 1996. pp. 5-67.
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Estados Unidos - América Latina: la reorganización de un modo de dominación
Janette Habel
uestros enemigos reconocen que el poder de América emana de
su seguridad económica y política. Es por esto que nuestra res-
puesta no puede ser unidimensional. Tenemos necesidad de
una estrategia económica que complemente nuestra estrategia de seguridad” declaraba Robert Zoellick, secretario de Estado de Comercio norteamericano, después de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono. En consecuencia, el gobierno norteamericano ha decidido utilizar su potencia militar para ampliar sus alianzas comerciales y, en nombre de la lucha contra el terrorismo, amplificar y consolidar su hege- monía, en primer lugar sobre el hemisferio occidental, un mercado poten- cial de 800 millones de consumidores. Los intereses comerciales de Was- hington y sus ambiciones geopolíticas en su patio trasero han estado siem- pre fuertemente ligadas. La alternancia del garrote y la zanahoria forman parte del arsenal tradicional en el subcontinente: la política del dólar alter- nando con la diplomacia de la cañonera. Pero, a diferencia del pasado, ahora ya no apunta más a los estados en su singularidad sino al continen- te en su conjunto como mercado único.
El redespliegue económico y el reajuste estratégico mundial de la poten- cia norteamericana se hace en condiciones inéditas. Diez años después de la guerra fría se abre una nueva era. De Alaska a Tierra del Fuego, las Amé- ricas unidas en el seno de una zona de libre cambio podrían constituir el mayor mercado del mundo. Esta área de seguridad y esta base de respaldo sólidamente afirmadas servirían de trampolín para partir al asalto del resto del planeta, y para consagrar la potenciación de la hegemonía norteameri- cana. Este objetivo se ha vuelto explícito después que tuvo lugar la prime- ra cumbre de las Américas en Miami en 1994, la que reagrupó 34 estados, con la excepción de Cuba. Desde entonces ha habido otras dos cumbres: en Santiago de Chile en 1998, y más tarde en Quebec en 2001. El proce-
Cuademos del Sur 25
so de formación de un Area de Libre Comercio debería estar terminado en 2005, sancionando la realización de una integración regional subordinada y dependiente de los Estados Unidos, lo que sería un triunfo mayor en las negociaciones internacionales. Robert Zoellick no ha ocultado que ante un fracaso de la nueva ronda de liberalización comercial decidida en la reu- nión de la OMC en Qatar, los Estados Unidos continuarían solos sus esfuer- zos, firmando acuerdos regionales o bilaterales, esquivando así los obstá- culos del multilateralismo. El secretario de Estado de Comercio, por otra parte, ha precisado que “las conversaciones en curso para la realización del ALCA, como también las discusiones bilaterales con Chile y Singapur, se inscriben en este cuadro”.l
Algunos obstáculos, que todavía no habían sido superados antes del 11 de setiembre, lo han sido másfácilmente ahora. En los Estados Unidos, a la administración Bush le ha costado vencer la resistencia de los sindicatos y de los grupos ecológicos y superar las resistencias de los republicanos en los sectores amenazados por la apertura de las fronteras (la siderurgia o la agricultura). Pero ha logrado obtener de la Cámara de Representantes -por un voto mayoritario- el “fast-track”, procedimiento rápido que permite la firma de tratados comerciales, que ha sido rebautizado como “Trade Pro- motion Authority” (TPA).
Las exigencias de los países latinoamericanos, divididos entre partida- rios de una integración latinoamericana mediante una ampliación del MER- COSUR, o una integración interamericana (ALCA) bajo la tutela de Washing- ton, hacen igualmente que las negociaciones sean más complejas.
Pero desde la caída de las Torres Gemelas la administración republicana se ha vuelto más perentoria. La Cámara de Representantes, ultimada —en nombre del “patriotismo económico”— a dar antes de fin del año 2001 (siendo el año 2002, año electoral, poco propicio a ciertas evoluciones) un cheque en blanco para negociar sin trabas, acaba de ceder. Es probable que el Senado ratificará la decisión.
En lo que respecta a los gobiernos latinoamericanos, se han apresurado a manifestar su apoyo a Washington después de los atentados. Pero según Andrés Oppenheimer, periodista del Miami Herald “George Bush espera de América latina algo más que condolencias. Si América latina se queda en eso, decepcionará a los Estados Unidos que, en los últimos años, han propuesto una integración comercial y diplomática más grande a sus veci- nos del sur”. Los gobiernos del subcontinente, que intentaban negociar en bloque su entrada en el ALCA, deberán darse por enterados, comenzando por el gobierno brasileño.
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A la conquista del mercado mundial
La idea del ALCA no es nueva. Hace más de un siglo, en 1889, los Esta- dos Unidos convocaron a la primera conferencia panamericana. Todos los países del hemisferio se reunieron en Washington para crear una unión aduanera y para instalar un tribunal arbitral para resolver los conflictos re- gionales. Esta primera conferencia internacional de los Estados americanos fire un fracaso. La mundialización favorece su renacimiento. Este acuerdo comercial será el más importante que jamás se haya concluido en toda la historia. La realización de este pacto hemisférico, verdadero mercado cau- tivo, daría a los Estados Unidos una fuerza de choque sin precedentes en el escenario mundial. Con una población de 800 millones de habitantes, un PIB combinado de 11 billones de dólares, estaría en condiciones de impo- ner sus reglas al comercio mundial. El ALCA apunta en efecto a promover las normas más “avanzadas” en materia de comercio e inversiones, ya sean las del NAFTA del cual él es la proyección en el sur del continente, o las del Acuerdo General sobre los Servicios (AGCS) propuesto por la OMC, y hasta las del Acuerdo Multilateral sobre las Inversiones (AMI) pese a que ha sido oficialmente enterrado. Las firmas multinacionales podrían ser beneficia- rias, en este marco, de derechos exorbitantes que pondrían en conflicto a las legislaciones nacionales en materia de medio ambiente, salud o educa- ción. Tendrían el poder de imponer a los Estados la tipificación de las nor- mas y de las políticas macroeconómicas. Aprovechando la crisis de los ser- vicios públicos, víctimas en América latina de los planes estructurales de ajuste impuestos por el FMI, estarían en condiciones de imponer la mercan- tilización de los servicios públicos y de los bienes comunitarios en todo el hemisferio, lo que llevaría en algún momento a su privatización.
Directamente inspirado en el capítulo 11 del NAFTA sobre las inversio- nes, el proyecto de acuerdo del ALCA da a las firmas la posibilidad de de- mandar ante la justicia a los gobiernos, si ellas consideran que sus bienes o sus ganancias son afectados por las leyes o las regulaciones nacionales, o si ellas se consideran víctimas de una competencia desleal. Una definición muy amplia de los derechos de propiedad prevalece sobre la regulación pú- blica. El derecho de las multinacionales a demandar a los Estados por sus pérdidas de ganancias figuraba en el artículo 10, titulado “Expropiación y compensación” del borrador de acuerdo del ALCA, según reveló en abril de 2001 una ONG norteamericana antes de la cumbre de Qrebec. Así, los de- rechos privados de las firmas multinacionales podrían suplantar lo estable- cido en las Constituciones nacionales, subordinando la soberanía de los Estados a los “derechos” de los inversores.
Cuadernos del Sur 27
Ahora bien, es sobre la base del artículo 11 del NAFl'A que, en el mar- co del tribunal de arbitraje, se han entablado demandas contra los gobier- nos mexicano y canadiense. El capítulo 11 establece un nuevo sistema de arbitraje privado para los inversores extranjeros, que pueden plantear de- mandas contra los gobiernos. Las firmas multinacionales han resultado favorecidas en numerosos casos, ya sea porque han sido indemnizadas, ya sea porque los gobiernos han cedido a la presión por temor a represa- lias.2 Las sentencias dictadas en estas jurisdicciones comerciales confir- man la aparición de un nuevo marco normativo internacional que esca- pa a todo control público: las partes litigantes eligen los jueces del tribu- nal arbitral, deciden las reglas y principios susceptibles de ser aplicados y pueden imponer el secreto total sobre las actuaciones.3 Las firmas tam- bién pueden resolver sus litigios a su criterio, sin temer la ingerencia de los gobiernos en sus asuntos y menos aún la de organizaciones o asocia- ciones.
Los medios puestos a diSposición de los negociadores del ALCA son con- siderables. Nueve grupos trabajan sin descanso sobre nueve temas: el acce- so a los mercados, las inversiones, los servicios, el traspaso de los merca- dos públicos, la solución de los diferendos, la agricultura, los derechos de propiedad intelectual, las subvenciones antidumping y los derechos de compensación, las políticas de competencia. Un Comité Tripartito com- puesto por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Eco- nómica de las Naciones Unidas para América latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización de Estados Americanos (OEA) da apoyo a los negociado- res. Las empresas privadas están representadas por países y por sectores en el seno de un poderoso “lobby”, el Americas Business Forum, que ejerce una presión considerable para acelerar el proceso.
Ahora bien, después de los atentados se ha confirmado que la recesión norteamericana amenaza extenderse. hasta aún internacionalmente. En es- te contexto la voluntad de acelerar las negociaciones se vuelve manifiesta. Las perspectivas económicas ya eran sombrías antes del 1'1 de setiembre. Pero el año 2001 podría ser el primero desde 1982 que registre una decli- nación tan fuerte en el comercio americano y mundial.4
Según el Banco Mundial “la desaceleración de la economía norteameri- cana ya ha provocado la caída de las importaciones, de las inversiones y del turismo, lo que paraliza las economías latinoamericanas y ciertos esta- dos norteamericanos, como la Florida, que dependen del comercio con América latina y del turismo”. En esas condiciones el “comercio leal, libre y abierto” es el medio más eficaz para ganar la guerra contra la pobreza y
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la miseria, proclaman los partidarios del ALCA. Es por eso, según Reginald Dale, periodista del International Herald Tribune, rápidamente hay que “construir una coalición política mundial contra el terrorismo y un frente unido contra la recesión mundial”, ambas cosas conjuntamente.
La ad0pción del Trade Promotion Autborig da vía libre a George Bush pa- ra instaurar un nuevo panamericanismo y plantear “un hemisferio cerrado en un mundo abierto”, según la expresión del presidente Truman, lo que podría significar el fin de la identidad latinoamericana. Miami podría en- tonces ser la Capital de las Américas: un objetiVO que ya ha sido enuncia- do por los responsables de Florida.
Apertura económica, liberalización del desorden y de la violencia
La situación en el subcontinente se agrava. Se acumulan las catástrofes sociales desvastadoras producidas por la mano invisible del mercado. La exclusión social y la miseria producidas por la aplicación del Consenso-de Washington y las recetas del FMI (privatizaciones, desregulación, liberaliza- ción del intercambio) afectán principalmente a las mujeres, los niños y las personas de edad. Nunca ha habido tantos pobres como hoy. Según la Co- misión Económica para la América latina y el Caribe (CEPAL) en el año 2000 había 224 millones de latinoamericanos y caribeños pobres. Algunos países, como Brasil, México, Perú, Chile, Colombia, han batido el record mundial de desigualdades sociales. En Argentina, el economista Claudio Katz denuncia el estallido de la deuda pública, que ha pasado de 60 mil millones de dólares en 19915 a más de 130 mil millones, después de 10 años de paridad peso-dólar.
La apertura de las fronteras ha significado la quiebra de la industria na- cional, la ruina de los pequeños agricultores cuya producción ya no es competitiva frente a la de los grandes productores norteamericanos, (como es claramente. el caso del maíz en México después de la firma del NAFTA), la destrucción del medio ambiente, la sobreexplotación de la fuerza de tra- bajo. En América Central, en las maquiladoras, el derecho de las trabaja- doras (80 a 90% son mujeres) es violado sistemáticamente. En El Salvador menos del 2% de los obreros textiles están afiliados a un sindicato. No existen convenciones colectivas. Una lista negra de personas indeseables que hayan pedido la aplicación de la ley laboral permite rehusarles un em- pleo. La situación es la misma —y aún peor- en Honduras y el resto de la región.6 En 1990, Nicaragua figuraba en el puesto 60 en la escala de desa- rrollo humano de las Naciones Unidas, y hoy ocupa el puesto 116°. Sin embargo el desastroso balance del gobierno de Aleman no ha logrado bo-
Cuadernos del Sur 29
rrar la amargura causada por la corrupción de la dirección sandinista, que perdió las elecciones de noviembre de 2001.7
En un estudio de conjunto reciente, Eric CALCAgno, profesor de econo- mía en la Universidad de Buenos Aires, señala que sobre 100 empleos crea- dos en América latina de 1990 a 1996, más de ochenta han sido empleos informales.8
En cuanto al poder de compra de los salarios de los trabajadores, ha dis- minuido un 27% en relación con el salario mínimo de 1980, como conse- cuencia de las privatizaciones, de los cierres de empresas y de las políticas destinadas a atraer las inversiones extranjeras. En general, el valor real pro- medio del trabajo ha descendido en estos últimos años. Agreguemos que con las privatizaciones de los servicios públicos decenas de miles de traba- jadores han sido despedidos. Las nuevas formas de empleo que aparecen con la liberalización del mercado de trabajo y con el auge de la flexibiliza- ción conducen a un aumento de la pobreza. Desde ese punto de vista, el ejemplo de la Argentina es elocuente: 40% de la población trabaja en ne- gro, y el desempleo afecta a un quinto de la población. “El aumento del sufrimiento social de los más desfavorecidos está en relación con la mane- ra brutal con la que se efectúa la liberalización de los mercados” constata Pierre Salarna.9
Más allá de las categorías más pobres, la crisis golpea con una amplitud inigualada a las clases medias, como lo evidencian las manifestaciones de docentes o de médicos argentinos. Según la Organización Panamericana de la Salud “267 millones de personas, 0 sea el 55% de la población de las Américas, sufren exclusión en razón de la falta de camas en los servicios de hospitalización, y 16 millones de personas tienen dificultades para te- ner acceso a un médico”.1°
Los movimientos de protesta social se han multiplicado. En Bolivia, donde el 70% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, la privatización del agua ha dado lugar a manifestaciones de una amplitud tal que se declaró el estado de sitio durante 12 días. Desde hace dos años los campesinos sin tierra del Chaco boliviano ocupan propiedades abandona- das o inexplotadas. El corte de rutas para protestar contra un proyecto de ley sobre la tierra y la erradicación forzada de las plantaciones de coca ha ocasionado decenas de heridos y seis muertos como consecuencia de los enfrentamientos con un nuevo cuerpo expedicionario, la Fuerza de Tareas Expedicionaria (FTE). Estos nuevos refuerzos son incorporados por el ejérci- to para enfrentar los levantamientos indígenas cuyas organizaciones, como en el Ecuador, se fortalecen desde hace algunos años. En Argentina, los pi-
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queteros también han adoptado el corte de rutas como forma de lucha en países donde las luchas de los trabajadores ocupados se desenvuelven en condiciones muy dificiles.
Pero estas protestas son consideradas cada vez más como delitos, y la re- presión crece. En el campo, las milicias privadas de los grandes terratenien- tes brasileños o de los grandes ganaderos bolivianos actúan con total impu- nidad. En las grandes ciudades la policía reprime a los chicos de la calle.
El aumento de la delincuencia, del narcotráfico y de la inseguridad son noticia de todos los días. América latina es considerada como una de las regiones más violentas del mundo. Las cárceles están llenas, allí las condi- ciones de vida son infrahumanas y los motines se repiten.
La magnitud tomada por el tráfico de droga y sus redes financieras, la corrupción generalizada, el hundimiento de las barreras jurídicas y de la soberanía de los Estados explican la desintegración social y el caos que rei- nan en zonas sin ley, en particular cerca de la frontera norteamericano-me- xicana. Allí millones de latinoamericanos intentan llegar a El Dorado nor- teamericano, con peligro de sus vidas: cada año cientos de muertos son ha- llados a lo largo de la frontera o en el desierto de Arizona. Estos flujos mi- gratorios crecientes son considerados un peligro por la Seguridad Nacional de Estados Unidos, tanto que se sugiere la creación de un perímetro de se- guridad, una zona geográfica con normas de seguridad comunes a los tres países miembros del NAFTA. Hasta se plantea instalar guardias fronterizas norteamericanas en la frontera sur de México para controlar la entrada de emigrantes centroamericanos; esta proposición habría sido rechazada por México que en lugar de eso habría aceptado una asistencia técnica para la formación de sus agentes y la presencia de guardias armadas en los vuelos de las empresas aéreas norteamericanas. La contradicción entre la libre cir- culación de bienes y servicios y los límites impuestos a la libre circulación de personas nunca ha sido tan flagrante.
Reajustar el sistema de defensa hemisférico
En Washington no se ignora la degradación de la situación social en el continente. La administración y los diferentes think tank: saben que los po- tenciales beneficios de la zona delibre comercio presuponen el controlar la inestabilidad y el desorden regional.
El muy influyente Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, consagra a esto muchos estudios que po- nen en evidencia la relación entre la construcción de una zona de libre co- mercio continental, y la “nueva arquitectura de seguridad en las Américas”.
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La integración regional implica redefinir y reforzar el sistema de defensa hemisférico con el fm de asegurar la estabilidad y el orden continental de- bilitado por las amenazas transnacionales (tráfico de droga, inmigración clandestina, terrorismo). En efecto, para preservar su hegemonía los Esta- dos Unidos no dudan en presentar todo tema relativo al comercio y a la inversión como un tema de seguridad nacional. Ahora bien, los débiles países del sur no pueden enfrentar solos a estos nuevos peligros, constata Patrice Franko,ll quien omite señalar que esta conmoción social es resul- tado de la brutalidad de las políticas de ajuste estructural. Para enfrentar esos peligros (principalmente en Colombia) ha sido planteada la creación de una Fuerza Multilateral de Paz bajo la égida de un “pais amigo” —La Ar- gentina, por ejemplo, país “privilegiado” por Washington—.
En Colombia es donde está más amenazado el orden regional. Droga y terrorismo —cuyas causas económicas y sociales nunca han sido analizadas- justifican una guerra de baja intensidad no declarada. El Plan Colombia fue dado a conocer en 1998. Inicialmente debía permitir a la guerrilla partici- par en la negociación y en la ejecución de proyectos sectoriales de rehabi- litación de las zonas afectadas por la violencia y los cultivos ilegales, apo- yándose sobre las comunidades locales. Presentado por el presidente Pastra- na ante el Parlamento Europeo como un plan para la paz y el desarrollo, “la protección de los derechos humanos, el afianzamiento de la justicia y el aumento de la participación social” el Plan Colombia ha sido revisado y co- rregido por la administración norteamericana en nombre de la lucha anti- droga y de la amenaza que representa la guerrilla para la seguridad del he- misferio. El Plan Colombia es hoy un plan de intervención militar en el que estrategia anti-droga y estrategia anti-insurreccional van juntas con una ingerencia norteamericana creciente en un país víctima de una guerra ci- vil,” país ubicado por la UNESCO en la categoría de país sin Estado...
La ayuda masiva de los Estados Unidos a las fuerzas armadas colombianas, y la presencia de asesores militares, ha sido denunciada por Human Rights Watch y el Alto Comisariado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que califica la situación como de “degradación humanitaria desenfre- nada”. Las fumigaciones utilizadas para destruir las plantaciones de coca ame- nazan a la población y a la biodiversidad. El glifosato es un herbicida quimi- co de la multinacional Monsanto, que puede provocar problemas intestina- les y respiratorios. Utilizado para destruir los arbustos decoca, provoca into- xicaciones y dolores craneanos, y destruye los cultivos de mandioca.
La importancia del Plan Colombia —1300 millones de dólares- y la ayuda estadounidense a las fuerzas armadas colombianas también se explica por el
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petróleo. Los Estados Unidos tienen importantes intereses en esta región pe- trolera vecina a Panamá. Michael Klare constata que desde 1993 “la adminis- tración Clinton ha hecho de la diversificación de las fuentes de aprovisiona- miento petrolero un objetivo estratégico principal... La mayor amenaza que la guerrilla hace pesar sobre Colombia no es su vinculación con el tráfico de droga sino sus ataques a blancos económicos, particularmente de la industria petrolera... los ataques de la guerrilla no sólo tienen consecuencias sobre la producción petrolera, sino que también aterran a los inversores. No es para asombrarse que la firma Occidental Petroleum, que opera en el noreste, lejos de los campos de coca, sea uno de los principales apoyos del Plan Colombia”.13
Estas preocupaciones conciernen también a Venezuela, uno de los prin- cipales proveedores de los Estados Unidos, cuyos petroleros llegan a los puertos norteamericanos diez veces más rápido que los del Golfo Pérsico. Las relaciones con el presidente Chávez —el único jefe de Estado (sobre 34) que ha votado contra el ALCA en la Cumbre de las Américas en (luebec en abril de 2001- se han deteriorado después que él prohibió el sobrevuelo del territorio a los aviones norteamericanos, y ha criticado los bombardeos a Afganistán (sin que por ello haya olvidado el condenar los atentados del 11 de setiembre).
Colombia se beneficia de una situación geopolítica privilegiada: una doble salida marítima sobre el océano Atlántico y sobre el Pacífico, una frontera común con cinco países: Venezuela, Brasil, Ecuador, Perú y Pana- má. Esos países limítrofes ya han sido desestabilizados por la llegada de re- fugiados. Se evalúa en un millón la cantidad de colombianos desplazados en el interior de su país. En el exterior, Venezuela acoge aproximadamen- te 1.500.000 refugiados. En Ecuador, miles de campesinos han llegado pro- venientes del departamento vecino de Putumayo (Colombia), huyendo de las fumigaciones y de los enfrentamientos. Brasil ha concentrado muchos miles de hombres en su frontera al norte de la Amazonia.
En Ecuador, la base militar de Manta, construida a partir de los acuer- dos firmados con Estados Unidos, ocupa una posición estratégica. Cerca- na al mar, dotada de equipos y de instalaciones militares sofisticadas, está destinada oficialmente a la vigilancia electrónica del tráfico de droga. Las inversiones norteamericanas en curso son considerables: la construcción de la pista de aterrizaje permitirá recibir aviones Galaxy que posibilitan el desplazamiento rápido de 15 a 20.000 hombres, un contingente sin rela- ción alguna con las necesdiades de la lucha contra la droga y que no tiene sentido salvo en la perspectiva de una intervención. El gobierno ecuatoria- no ha justificado su decisión argumentando la amenaza que el conflicto
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colombiano hace pesar sobre la seguridad de un país en el que tuvo lugar, en enero de 2000, la primera rebelión indígena del tercer milenio.
La multiplicación de los enfrentamientos entre la guerrilla, el ejército y los paramilitares hacen temer una extensión regional. La ola de artículos sobre la guerrilla colombiana en los periódicos de Florida después del ll de setiembre y la calificación de “terrorista” atribuida tanto a las FARC, al ELN14 como al AUC dejan entrever la agravación del conflicto, una vez que esté lista la infraestructura y esté “arreglado” el conflicto afgano.
El Area de Libre Comercio de las Américas debería nacer en 2005. La nueva ronda de negociaciones decidida en la cumbre de la OMC también debería culminar en esa fecha. Finalmente la Unión Europea aspira tam- bién a firmar con el MERCOSUR un acuerdo de asociación bi-regional de aquí al 2005 para evitar “las distorsiones de la competencia”. Según van las cosas, el estallido del libre comercio en América latina arriesga desencade- nar un caos social difícil de controlar. Es por esto que para los amos del mundo, la globalización económica y la globalización político-militar van juntas. Dicho de otra manera, la mundialización del capital debe ser acom- pañada por una militarización acrecentada. Estamos lejos del discurso bea- tífico escuchado después de la caída del muro de Berlin, sobre el fin de las ideologías en un mundo. pacificado y liberado por el mercado.
París, noviembre de 2001
Notas
1 International Herald Tribune 3/4 noviembre 2001 2 Maude Barlow Ihefi'ee trade area of the Americas and the threat to social program, environmental sus- tainability and social justice in Canada and the Americas www.canadians.org The Council of Canadians 3 William Greider Sovereign Corporation: Tne Nation 30 abril 2001 y The right and US trade law: irrualidating the 20th century The Nation 15 octubre 2001 4 R.Zoellick lHT 28/9/01. 5 En esa época la inflación superaba el 20000/0 6 Diffusion de l’information sur l’Ame'rique latine (D.I.A.L.) 16/30 junio 2000 7 Bernard Duterrne Espacios latinos N° 188 noviembre 2001 8 Citado por Pierre Salama 9 Ibid. 10 América latina en movimiento / ALAl 4/7/2000 u Patrice Franko « Toward a New Security Architecture in the Americas n CSIS Washington 2000 12 Ver a erste respecto el análisis de D.I.A.L. l-lS mayo 2000 13 Michael Klare U.S. aid to Colombia's military : the oil connection NACLA N° 4 enero/febrero 2001 Es la falta de una reforma agraria la que originó las FARC. Los AUC son grupos paramilitares ligados a sectores del ejército colombiano.
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Argentina: una crisis de nuevo tipo
Emir Sader
o puede compararse ni con la crisis mexicana de 1994 ni con la asiática de 1997 ni con la rusa de 1998 o la brasileña de 1999 y, sin embargo, la crisis argentina tiene el mismo origen —una cri- sis producida por las políticas neoliberales. Aunque ella se deto- nó por mecanismos similares a los de las otras —tipo de cambio sobrevalua- do, endeudamiento, incapacidad de manter los niveles de deuda, en suma, financiarización que vuelve al país rehén de la especulación—, el período es diferente. En 1994, por ejemplo, cuando la euforia de la expansión nortea- mericana recién comenzaba, los EEUU. enfrentaron inmediatamente la crisis mexicana con un préstamo gigante. El FMI atendió sucesivamente a Corea del Sur, a Rusia, a Brasil, a Turquía, entre otros países en crisis.
Los efectos de las crisis fueron relativamente circunscriptos al ámbito fi- nanciero y los países, si no se recuperaron, por lo menos recompusieron el aliento para seguir la batalla de Sísifo de la renegociación constante de sus deudas. Incluso hasta Rusia, que llegó a decretar la moratoria, gracias al au- mento de los precios y de la demanda externa de petróleo y de gas, consi- guió recuperarse relativamente.
Desde el año pasado, sin embargo, el escenario general cambió, y este es el primero de los aspectos que hace de la crisis argentina una crisis de nue- vo tipo. En primer lugar, porque la economía norteamericana ingresó en un nuevo ciclo recesivo, cerrando los años de expansión que la marcarán —así como, económicamente, a la economía mundial- en la década de los no- venta. El clima general es recesivo, y ninguna otra de las grandes economías escapa al mismo, generalizándose a la triada de la economía capitalista avanzada —EE.UU., Europa occidental y]apón— el mismo escenario.
En ese marco, el gobierno de Bush encontró mayores facilidades para imponer una nueva política al FMI -la de desresponsabilizarse de las falen- cias de las economías periféricas endeudadas, dejando que quiebren y
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acuerden directamente con sus acreedores. Hay una diferencia notoria en- tre la asistencia inmediata a México o a Brasil y la actitud en relación con Argentina, por ejemplo. (Un caso diferente es el perdón del 30% de las deudas de Paquistán y la renegociación deliresto, resultado de la política de “nueva guerra fría” impuesta por los EEUU. a partir del 11 de septiem- bre pasado.)
Por otro lado, años de descomposición de las relaciones sociales como resultado de las políticas neoliberales —de las que la financiarización por arriba y la precarización de las relaciones de trabajo por abajo son algunos de los resultados mas graves- corroyeron la cohesión social de las socieda- des latinoamericanas.
Así, la crisis argentina, iniciada como una crisis financiera, devino rápi- damente una crisis social, política e ideológica —en otras palabras, en una crisis hegemónica, en la que los antiguos consensos ya no tienen capaci- dad de cohesionar mínimamente a la sociedad y los nuevos todavía no na- cieron.
Por mas que los defensores de las políticas neoliberales se dediquen co- tidianamente a intentar atribuir la crisis argentina a factores contingentes —los gastos excesivos de Menem, por ejemplo—, fire la forma mas extrema de las políticas cambiarias neoliberales —la convertibilidad peso/dólar- lo que terminó haciendo explotar en la superficie Ia crisis que venía gestán- close hace tiempo. En palabras de Bertold Brech, los excesos revelan la esencia de un fenómeno.
Así, el remedio extremo de la convertibilidad apenas exacerbó la natu- raleza insustentable y socialmente cruel de las políticas de ajuste fiscal, cu- ya crisis amenaza extenderse a países como México y Brasil, no por su po- der de contagio desde afuera —lo que apenas multiplicaría sus efectos—, si- no por la presencia de los mismos elementos de financiarización y de de- sagregación del Estado, de la vida política, de las instituciones sociales, de las relaciones de trabajo —en suma, del conjunto de las relaciones sociales en nuestras sociedades. Lo que cambió no es solamente la Argentina, es el escenario general, con el agotamiento de las políticas neoliberales, con nuestras sociedades pidiendo angustiadamente proyectos que las superen, para que lleguemos finalmente al tan ansiado pós-neoliberalismo. La crisis argentina revela los límites de un modelo de mercantilización extrema de la sociedad, en el que todo se vende, todo se compra, todo tiene precio, y lo que no logra cotizarse en el mercado se pudre marginalizado por el po- der del dinero.
En el límite, nuestras sociedades tienen delante de si la alternativa de
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tomarse definitivamente shopping centers —en los que sólo hay lugar para al- gunos, los de alto poder adquisitivo, teniendo los otros que ser manteni- dos afuera por cordones de seguridad, para viabilizar sociedades de apart- heid social- o reconstruirse como plazas públicas con lugar para todos, firndadas en los derechos universales y no en las leyes del mercado, que se- leccionan y excluyen por el dinero.
¿Y qué haría usted con una empresa de asesoría que hubiese pronosti- cado para el año pasado un crecimiento notable de la economía de los EEUU. del 4,2%, que hubiese advertido que los problemas eventuales vendrían de las presiones inflacionarias —un producto de la fuerte expan- sión- y que no habría ningún riesgo de explosión de la burbuja especula- tiva, ya sea en las empresas de alta tecnología o en el conjunto de la eco- nomía? Cerraría, ¿no? Es el caso del FMI, responsable de esas previsiones.
Hipólito Yrigoyen l l 16 (1088) Buenos Aires
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Que se vayan todos. Crisis, insurrección y caída de la convertibilidad
Alberto R. Bonnet
esta altura de los aconteci-
mientos, aún cuando con-
tinúan desarrollándose en
las calles luchas sociales decisivas, estamos ya en condiciones de afirmar que la insurrección popu- lar de diciembre de 2001 acabó con el modelo neoliberal vigente en Ar- gentina durante la década de los no- venta. En efecto, la masiva insurrec- ción popular de diciembre puso fin a esa modalidad específica que adoptó la ofensiva capitalista desa- rrollada en Argentina a lo largo de la pasada década, una de las más pro- fundas de Latinoamérica, centrada en la inserción de la economía do- méstica en el mercado mundial en condiciones de moneda convertible. El propósito de este trabajo es proponer un análisis provisorio de esta crisis de la convertibilidad. Co- menzamos con una descripción y
explicación sintéticas de la naturale- za y la dinámica propias de la con- vertibilidad (1), pero tendremos que volver nuestra atención hacia la
* Este artículo se inspira inicialmente en una serie de conferenciasy mesas redondas organiza- das en la Universidad Autónoma de Puebla y en Universidad Nacional Autónoma de México du- rante enero y febrero del corriente. Qrisiera agradecer en este sentido, por lo menos, a los docto- res). Holloway, S. Tisdrler y A.Valle Baeza por sus invalorables aportes.
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creciente resistencia social a la mis- ma cuando examinemos sus límites (2), puestos de manifiesto creciente- mente durante la depresión econó- mica, la crisis política y la oleada de luchas sociales que se iniciaron ha- cia mediados de 1998 y se extien- den hasta el presente. Nuestro aná- lisis específico de la crisis final de la convertibilidad (3) será, por consi- guiente, inseparable del análisis de la mencionada insurrección popu- lar de diciembre de 2001. Para fina- lizar, avanzaremos algunas conside- raciones más generales (4) acerca del significado y de las implicancias de este proceso de resistencia social y de crisis de la convertibilidad.
l. La disciplina de la convertibilidad
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ción de este modo de funciona- miento del capitalismo argentino de posguerra. En efecto, dichos pro- cesos hiperinflacionarios constitu- yeron una feroz ofensiva del capital contra el trabajo, un proceso de ex- propiación extraordinaria o, más precisamente, de “acumulación ori- ginaria reiterada”! El poder adquisi- tivo de los salarios se esfumaba co- tidianamente, el desempleo alcan- zaba una magnitud sin precedentes y los trabajadores se lanzaban al sa- queo de los supermercados pero, al mismo tiempo, los requisitos más elementales para la estimación de costos y beneficios o para el mante- nimiento de las cadenas de pagos se esfumaban y, por ende, quedaba en entredicho la propia continuidad de la acumulación.3 La convertibili- dad del peso, es decir, la fijación por ley del tipo de cambio, garanti- zada por la obligación de un banco central independiente de vender dólares de sus reservas a la paridad establecida de uno a uno, significó por su parte, desde comienzos de 1991, un intento de poner fin a di- cha dinámica sustrayendo el valor del dinero respecto de la lucha de clases. Es el intento que clausura- rían, diez años más tarde, la crisis y la insurrección de masas. Eliminado el recurso de las deva- luaciones competitivas y en condi- ciones de apertura casi irrestricta de la economía —y, por supuesto, de la desregulación generalizada de los
Mayode 2002
flujos de capitales y mercancías aso- ciada con la llamada “globaliza- ción”—, la inserción del capitalismo argentino en el mercado mundial impuso así una presión constante hacia el incremento de la explota- ción del trabajo. En efecto, desde una perspectiva sustentada en la teoría del valor-trabajo, la inserción de una económía en el mercado mundial depende de su competiti- vidad, entendida sin más como si- nónimo de los costos laborales uni- tarios de las mercancías producidas en su territorio en relación con idénticos costos de las mercancías producidas en el territorio de otras economías.4 En condiciones extre- mas de un tipo de cambio fijo por convertibilidad, naturalmente, esto equivale a decir que dicha inserción depende exclusivamente del salario y de la productividad del trabajo. Pero el salario y la productividad del trabajo no son, a su vez, sino los indicadores del grado de explota- ción del trabajo o, en los términos de Marx, de la tasa de plusvalor vi- gente en una economía.
Es importante advertir aquí que esta tasa de explotación del trabajo no solamente determina la capaci- dad de inserción de una economía en el comercio internacional sino, asimismo, su capacidad de capta- ción de flujos internacionales de ca- pitales productivos e, indirectamen- te, de capitales financieros.5 La tasa de explota-ción del trabajo determi-
Cuadernos del Sur
en la medida en que fluctúe el tipo de cambio de dicha divisa de refe- rencia con respecto a monedas de terceras economías con las que la economía en cuestión mantenga re- laciones económicas.
La convertibilidad conlleva en- tonces, como decíamos, una pre- sión constante hacia el incremento de la explotación del trabajo. Esta presión se ejerce inmediatamente sobre los propios capitalistas, que se ven enfrentados a la alternativa de reconversión o quiebra, y los capi- talistas descargan a su vez dicha pre- sión sobre los trabajadores, que se ven enfrentados a la alternativa de mayor explotación o resistencia. Ambas alternativas estuvieron pre- sentes en los comienzos de la con-
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vertibilidad. Sin embargo, aún cuando se registraron importantes luchas defensivas por parte de los trabajadores, el sometimiento a una mayor explotación se impuso pau- latinamente como el precio que los trabajadores eran obligados a pagar por la estabilidad, es decir, a cam- bio de que la burguesía no reinicia- ra sus expropiaciones hiperinflacio- narias.6 Y, a pesar de que la quiebra de empresas y aún el desmantela- miento de sectores enteros del apa- rato productivo también estuvieron presentes, fue la reconversión la di- námica predominante en los inicios de la convertibilidad.7
Adviértase que, en este sentido, la naturaleza propia de la converti- bilidad no puede entenderse ade- cuadamente en función de un su- puesto patrón de acumulación do- minado por la “valorización finan- ciera”. En pocas palabras esta inter- pretación, ampliamente difundida entre sectores críticos de la conver- tibilidad, explica la instauración de la misma en términos de continui- dad de un patrón de acumulación rentístico y desindustrializante ins- taurado por la dictadura militar y consolidado a través de disputas en- tre distintas fracciones de la burgue- sía. Y explica la crisis de la converti- bilidad en términos de una crisis de demanda originada en la regresiva distribución del ingreso que resulta- ría de dicho patrón de acumula- ción.8 .La nostalgia populista ins-
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cripta en la matriz de esta interpre- tación conduce así, sucesivamente, a una fetichización de las finanzas, a una visión fraccionalista que sus- tituye la lucha de clases por pujas internas de corte conspirativo entre representates de distintas fracciones de las burguesía, a un oscurecimien- to en fin de la verdadera naturaleza, dinámica y razones de la crisis de la convertibilidad.
Ahora bien, aquella presión cons- tante hacia el aumento de la explota- ción del trabajo es la matriz del dis- ciplinamiento social que sustentaría la hegemonía burguesa más o menos sólida, que denominamos “hegemo- nía menemista”, que signó a la socie- dad y a la política argentinas duran- te toda la década de los 90.9 La con-
vertibilidad, que desata dicha pre-
" e politica-
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mente, una suerte de “carrera del peso”. En efecto, los propios tipos de cambio están a su vez determina- dos por la competitividad de las economías de referencia: a las eco- nomías líderes en el mercado mun- dial, al menos en el largo plazo, tienden a corresponder altos tipos de cambio.ll La convertibilidad por ley, en otras palabras, debía refren- darse en el futuro mediante el co- rrespondiente aumento de la com- petitividad de la económía argenti- na en el mercado mundial, esto es, a través del aumento de la explota- ción del trabajo que debía sustentar dicha competitividad. Esta carrera podía desarrollarse sobre dos sende- ros diferentes conforme, precisa- mente, los dos componentes de la tasa de explotación del trabajo an-
s r errado
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hasta el extremo y, a partir de ese punto, invirtiendo en nuevas tecno- logías. Por el contrario, en condi- ciones recesivas, que en nuestro ca- so son acompañadas por un reflujo de capitales externos que desenca- dena una espiral deflacionari‘a, di- cha carrera depende de la capacidad de los capitalistas de bajar sin más los 'salariOS nominales. (Recorde- mos que está vedada la posibilidad de reducirlos inflacionariamente en términos reales.) Esta posibilidad de bajar los salarios nominales se ve a su vez potenciada por los altos ni- veles de desempleo generados en el propio período de auge, a través de las quiebras y las reconversiones ahorradoras de trabajo, e incremen- tados en el período recesivo a raíz del aumento de esas quiebras y las reducciones de plantas.12 El cre- ciente desempleo refuerza de esta manera, junto con las presión de las deudas dolarizadas sobre los consu- midores y los inversores endeuda- dos durante el período de auge, el disciplinamiento impuesto por la convertibilidad. Y estas condicio- nes de auge y de recesión se ven a su vez sobredeterminadas, como decíamos, por el comportamiento de la divisa de referencia, en nues- tro caso, por la revaluación del dó- lar en relación con otras divisas cla- ve que tiene lugar durante la segun- da mitad de los 90.13
Ambas maneras de correr en la carrera del peso coexistieron duran-
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te los 90. Los períodos de auge estu- vieron signados efectivamente por una dinámica de racionalización del trabajo e inversión: precariza- ción de los contratos y condiciones de trabajo, inversiones en nuevas tecnologías y, además, un acompa- ñamiento del estado neoconserva- dor mediante políticas reaganianas de apoyo a la rentabilidad del capi- tal (reducción de aportes patronales ala seguridad social, reformas tribu- tarias regresivas y alicientes varios a la inversión, generación de nuevas oportunidades de inversión renta- ble a través de privatizaciones). Los períodos de recesión, por su parte, estuvieron signados por la reduc- ción de los salarios nominales y un incremento aún mayor del desem- pleo, acompañados también por el estado neoconservador a través de su legalización de contratos de tra- bajo precarizados, recortes de sala- rios públicos, etc. El resultado es una combinación de comporta- mientos muy disímiles, cuyo saldo 1991-2001 es una tasa de crecimien- to anual promedio del PBI del 3,6% —esto es, el producto del 2001 equi- vale a algo menos de una vez y me- dia el correspondiente a 1990; una tasa promedio de aumento de la in- versión interna bruta fija de aproxi- madamente el 6,6% anual; una tasa de aumento de la productividad del trabajo que se habría ubicado en torno al 5,3% anual; una caída acu- mulada del salario que se acercaría
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al 10%; y un nuevo piso para la ta- sa de desempleo que se elevaría por encima del 12% de la PEA.14
Ambas maneras de correr la ca- rrera del peso coexistieron durante los 90, decíamos, pero fue la segun- da la que paulatinamente fue impo- niéndose, como inequívoco indicio de que la burguesía estaba perdien- do esa carrera del peso. En efecto, esos datos globales de desempeño de la economía argentina no alcan- zan para una caracterización ade- cuada de la dinámica inherente a la convertibilidad. Si se analiza más detenidamente ese desempeño, en cambio, se advierte enseguida que el comportamiento de la economía argentina durante la convertibilidad fue altamente cíclico. Mucho más importante aún, se advierte tam- bién que las recesiones fueron cada vez más profundas y duraderas; que, por consiguiente, la manera deflacionista fue imponiéndose paulatinamente como la única ma- nera posible de correr la carrera del peso; que, sin embargo, la posición de la economía argentina en el mer- cado mundial fue deteriorándose; que la gran burguesía argentina, en síntesis, fue poco a poco perdiendo su carrera del peso.
La economía argentina registró fuertes fluctuaciones durante la dé- cada. El producto se incrementó a una tasa del 14,8% y la inversión a una del 42,9% anuales en el marco de la inmediata recuperación que
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sucedió a la depresión hiperinfla- cionaria, es decir, del primer trimes- tre de 1991 al segundo de 1992. Pe- ro ambos sufrieron ya una breve de- saceleración, con tasas anuales del 0,6 y 4,3% respectivamente, entre el segundo trimestre de 1992 y el pri- mero de 1993. La recuperación posterior, que registró tasas del 10,9 y 33,3% anuaPes entre el primer tri- mestre de 1993 e igual período de 1994, fue cerrada por la denomina- da “crisis del tequila”. En realidad, la recesión de 1994-95 se puso de manifiesto ya como una desacelera- ción del producto y la inversión an- tes de que se propagaran las conse- cuencias de la crisis mexicana de di- ciembre (en tasas anuales de 3,6 y 3,6% entre el primer y el cuarto tri- mestre de 1994), para convertirse en depresión abierta desde entonces (—10 y —30% entre el cuarto trimes- tre de 1994 y el tercero de 1995). La prolongada recuperación posterior (8,2 y 20,6% entre el tercer trimes- tre de 1995 y el segundo de 1998), finalmente, se cerró con la depre- sión que se extiende hasta nuestros días y a la que nos referiremos con mayor detalle más adelante.‘5
Pero, además de esta intensa ci- clicidad, pueden constatarse algu- nas tendencias más duraderas que subyacen a esas fluctuaciones. Las recesiones fueron cada vez más pro- fundas y duraderas. Mientras que la primera recesión (II/ 1992 a I/ 1993) consistió en realidad en una breve
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desaceleración, la segunda (I/ 1994 a III/ 1995) fue más extensa y corona- da por tres trimestres de depresión abierta y la tercera (II/ 1998 en ade- lante) muestra ya el récord de tres años y medio de duración. En con- secuencia, la salida deflacionista, como veremos más adelante, fue imponiéndose como única salida posible. La posición de la economía argentina en el mercado mundial, sin embargo, fire deteriorándose. A pesar de los aumentos de producti- vidad y competitividad de ciertos sectores o grandes grupos particula- res (los complejos aceitero y lácteo, la industria de fertilizantes y de tu- bos sin costura, etc.), alcanzados a partir de los procesos de inversión desarrollados de las fases expansi- vas, la posición de conjunto de la
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economía argentina en el mercado mundial fue debilitándose, como puede apreciarse atendiendo a los indicadores de productividad y competitividad y, en definitiva, a la persistente tendencia hacia déficits comerciales y de pagos.16 Puede concluirse entonces que los men- cionados aumentos de productivi- dad y competitividad basados en la racionalización de la organización y los procesos de trabajo y en las nue- vas inversiones, aunqueciertamen- te reales, resultaron empero cada vez más insuficientes para garanti- zar la posición de un Capitalismo ar- gentino con peso convertible en el mercado mundial.
2. La indisciplina social
Intentamos describir y explicar hasta aquí, muy sintéticamente, la naturaleza y la dinámica propias de la convertibilidad. Pero esto no es suficiente para explicar el derrumbe de esa convertibilidad. ¿Por qué el peso perdió finalmente su carrera? ¿por qué esa segunda manera de co- rrer la carrera del peso, que fue im- poniéndose poco a poco, no pudo evitar la crisis y el derrumbe de la convertibilidad?
Pensamos que responder a estas preguntas requiere que nos despla- cemos respecto de la perspectiva de análisis que adoptamos hasta ahora. En efecto, el mantenimiento de la convertibilidad, aún en condicio- nes recesivas, siempre es posible.
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Siempre puede continuar 'Ia carrera del peso mediante una ofensiva ca- da vez más feroz del capital contra el trabajo, es decir, mediante reduc- ciones de salarios nominales y de precios que restituyan los niveles de competitividad. El éxito de una ofensiva semejante podría postular- se en términos de una reducción de los costos laborales unitarios a un nivel equiparable a los vigentes en otras economías competidoras co- mo, por ejemplo, la brasileña. Pero esa manera de mantener de la con- vertibilidad encontró, afortunada- mente, un límite más próximo a la supervivencia de la clase trabajado- ra: un límite en la propia resistencia del trabajo. Debemos pues cambiar nuestro ángulo de análisis y dete- nemos un momento en este proce- so de la resistencia.
Este límite de la convertibilidad fue poniéndose de manifiesto cre- cientemente en la prolongada de- presión que aún atravesamos. La economía argentina, en verdad, nunca se recuperó de las conse- cuencias de la crisis iniciada en- el sudeste asiático hacia mediados de 1997, crisis que luego se extendió hacia otros de los llamados “merca- dos emergentes” (recuérdense las crisis rusa y brasileña) y arribó. al Río de la Plata hacia la segunda mi- tad de 1.998. En efecto, la desacele- ración ya se'insinuó hacia el tercero o cuarto trimestre de 1998, ponien- do fin así a la acelerada- recupera-
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ción posterior a la crisis de 1995.17 La tasa de crecimiento del produc- to, de todas maneras, fire del 3,9% en 1998. Pero esa desaceleración se convertiría en depresión abierta en 1999, que registraría una caída del producto del 3,4%, desatando así las tendencias deflacionarias que se prolongan hasta nuestros días.
Esta recesión no condujo inme- diatamente al derrumbe del discipli- namiento social impuesto por la convertibilidad, desde luego, pero se expresó enseguida de manera políti- ca. El período de la administración de Menem posterior a la renuncia del ministro de economía que había instaurado la convertibilidad, D. Ca- vallo, significó así un punto de infle- xión. Este periodo de ocaso de la ad- ministración de Menem, con R. Fer- nández a cargo de la política econó- mica, se popularizó como el período de la política del “piloto automáti- co”, es decir, justamente de manteni- miento dela convertibilidad a rajata- bla mediante ajustes permanentes que potenciaban aquellas tendencias deflacionarias. El estado neoconser- vador acompañaba así, a través de su política económica, los mecanismos deflaciona-rios de ajuste desatados por la propia crisis. Pero la conflicti- vidad social comenzó a intensificar- se. La coyuntura de mediados de 1999 estuvo signada, en efecto, por una serie de conflictos protagoniza- dos por los productores agropecua- rios agobiados por las deudas y los
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peajes (paros y cortes de ruta en Bue- nos Aires, Santa Fé, Entre Ríos, Cór- doba, Santiago del Estero, Río Ne- gro y otras provincias), por los do- centes, con sus reclamos salariales (paros y montaje de la “carpa blan- ca” en Plaza Congreso) y por los de- socupados, que exigían subsidios de desempleo (cortes de ruta y movili- zaciones en Tierra del Fuego, Neu- quén, San Luis, Corrientes y otras provincias).18 El resultante despresti- gio de la administración de Menem signó la derrota del Partido Justicia- lista en las elecciones presidenciales de octubre de 1999. Sin embargo, el triunfo electoral de la Alianza y el recambio de administraciones no significó aún que la hegemonía me- nemista, estructurada por la conver- tibilidad, se hubiera desestructura- do. La hegemonía social y política menemista seguía en pié: los votan- tes habían decidido en las urnas, simplemente, que los administrado- res aliancistas eran mejores garantes de la convertibilidad que sus pares justicialistas que la habían instaura- do. Y la administración de De La Rúa y su primer ministro de econo- mía, L. Machinea, demostrarían cabalmente estar comprometidos con el mantenimiento de esa con- vertibilidad, tanto durante la campa- ña electoral como desde el primer momento de su ejercicio.19
El discurso centro-izquierdista que la Alianza había adoptado du- rante su campaña, que no compro-
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, ap
bio del pago de comisiones a los par- lamentarios. La continuidad que im- plicaba el gobierno de la Alianza res- pecto de aquel mantenimiento de la convertibilidad a través de ajustes permanentes se puso en descubierto con idéntica premura. Machinea, su- puestamente un economista hetero- doxo, demoró apenas unos días en retomar la carrera del peso en piloto automático. Y sumó así tres grandes ajustes a los impuestos por su ante- cesor menemista: un paquete de USS 3700 millones que incluía un impuestazo a los sectores populares en diciembre de 1999, un recorte del 12 al 15% de los sueldos públicos que implicó otros USS 600 millones de ajuste en mayo de 2000 y, final- mente, un recorte de gastos para el presupuesto 2001 por otros USS 700
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millones. La política económica de la administración aliancista durante ese período podía definirse como una política consistente en ajustar y esperar pasivbamente que la recupe- ración cayera del cielo. Pero dicha recuperación apenas si pudo vislum- brarse durante algunos meses del 2000, que sin embargo cerró con una caída del producto de 0,5%, pa- ra alejarse como nunca antes duran- te el 2001, que estaria cerrando, se- gún datos provisorios, con otra caí- da de 3,8%“ de dicho producto. Ahora bien, tras una tregua entre septiembre de 1999 y mayo de 2000, es decir, durante el período en que se desarrollaron las campa- ñas y las elecciones presidenciales, el recambio y la asunción de la nue- va administración, las luchas socia- les volvieron a intensificarse. Se su- cedieron por entonces los dos pri- meros paros generales —los paros del 5 de mayo, de la CGT-Moyano y la CTA, y del 9 de junio, de la CGT-Moyano, la CTA y la CGT- Daer- contra la política económica del nuevo gobierno y, en particular, contra su proyecto de desregulación de las obras sociales. Los docentes y otros trabajadores del estado, por su parte, llevaron adelante varios paros y movilizaciones de mayo a julio en respuesta a los ajustes de sueldos públicos y de presupuesto educati- vo. Y los desocupados reiniciaron los cortes de ruta en el interior (Sal- ta, Corrientes). Si se examina la
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evolución de los conflictos en re- trospectiva puede advertirse que una tregua como aquella que acom- pañó la transición entre administra- ciones nunca se reiteraría: el nuevo período de conflictos iniciado hacia mediados de 2000 sería el que cul- minaría en la insurrección de di- ciembre y la caída de la convertibi- lidad.
En efecto, desde mediados de 2000, y particularmente entre octu- bre de 2000 y marzo de 2001, las lu- chas sociales se multiplicaron y re- gistraron importantes avances. Los desocupados se ubicaron a la cabe- za de esas luchas, multiplicando los cortes de ruta en el interior (Iujuy, Salta, Chubut, San Juan) y realizan- do durante una semana, a fines de octubre de 2000, un avance decisi- vo: la primera serie de cortes de los accesos a la Ciudad de Buenos Ai- res situados a lo largo del cinturón industrial. A estos primeros cortes de los accesos a la capital se suma- rían otros nuevos en noviembre y diciembre. Se registraron, además, las primeras grandes acciones de lu- cha conjunta entre trabajadores em- pleados y desempleados: el tercer paro general contra el gobierno —sostenido por la CTA y las dos CGT, durante 36 hs., el 23 y 24/ 1 1- fue acompañado también por cor- tes de ruta y ollas populares organi- zadas por los desocupados.
A fines de 2000, como contrapar- tida, comenzaba a vislumbrarse ya la
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culminación de la crisis económica —el default y el colapso financiero- y de la crisis política de la nueva admi- nistración —la desintegración de la Alianza y su gobierno. En octubre había renunciado el vicepresidente, Chacho Alvarez, y el resto de los funcionarios del gobierno prove- nientes del Frepaso comenzaron a retirarse o a ser desplazados de los cargos relevantes. Dentro de la pro- pia UCR, por su parte, las disputas internas se intensificaban con cada nuevo fracaso del gobierno, y el sec- tor encabezado por De La Rúa se en- contraba en una situación de cre- ciente aislamiento. La Alianza, en otras palabras, estaba desintegrándo- se. Las relaciones del gobierno con el PJ, que desde el comienzo había brindado un apoyo parlamentario o r ri '> " iva
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de su deuda externa. Los propios in- versores financieros sancionaban esta insolvencia imponiendo a la emisión de nuevos títulos tasas de interés que significaban, de hecho, la interrupción de todo financia- miento externo. El denominado “riesgo país” comenzó entonces su ascenso incontenible.2° Los organis- mos financieros internacionales, por su parte, comenzaron a evaluar la posibilidad de que una Argentina en default se convirtiera en epicen- tro de una nueva crisis financiera global. La negociación en diciem- bre del denominado “blindaje”, un verdadero salvataje aoant-la-lettre, puso de manifiesto privilegiada- mente esta situación de inminente crisis financiera!l Esta creciente in- capacidad de continuar con el servi- cio de la deuda externa era, natural- mente, la modalidad privilegiada 'en que estaba poniéndose de manifies- to el fracaso de la inserción de la economía argentina en el mercado mundial en condiciones de conver- tibilidad del peso, así como los ajus- tes impuestos por la necesidad de servirla serían el campo de batalla privilegiado en la resistencia contra las consecuencias sociales que dicha inserción acarreaba.
Los efectos inmediatos del blin- daje sobre aquellas tasas de interés se diluyeron ya durante los primeros meses de 2001. Hacia marzo, las po- líticas de ajuste y el blindaje de Ma- chinea se habían agotado y se impu-
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so la necesidad de un nuevo ajuste más profundo y de un nuevo minis- tro que lo implementara. R. Lopez Murphy, un monetarista auténtico, fire convocado así para imponer su plan de ajuste sin precedentes: un re- corte de unos USS 2.000 millones para el presupuesto en ejecución y de otros 2.500 millones para el pre- supuesto del año entrante, que afec- taría particularmente a los fondos educativos y provinciales.” Pero una extraordinaria oleada de luchas so- ciales acabó tanto con el ajuste co- mo con el ministro en cuestión. Nuevos cortes de ruta y paros do- centes culminaron en las moviliza- ciones y la cuarta huelga general lan- zadas por el CTA, la CGT-Moyano y la CCC e120/3. El nuevo ministro de economía renunciaba así después de escasas tres semanas en funcio- nes. Este acontecimiento adquiere hoy, visto retrospectivamente, su verdadera importancia: la caída del ministro en marzo sería una suerte de “ensayo general” de la caída del que lo reemplazaría y del propio go- bierno en diciembre.
El retorno de Cavallo al ministe- rio de economía marcó un nuevo punto de inflexión. En efecto, Ca- vallo reasumió el ministerio a la ca- beza de su nuevo partido de dere- cha y dotado de amplios poderes por el parlamento. Esto significaba un intento de reformulación de la alianza gobernante mediante el reemplazo del Frepaso por Acción
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por la República. Una serie de cam- bios en otros ministerios, entre ellos la designación de P. Bullrich a cargo del Ministerio de Trabajo, ra- tificada este intento. Y significaba también que el gobierno radical es- taba realizando su última apuesta en aras del mantenimiento de la convertibilidad, recurriendo al pres- tigio que su me‘ntor aún conservaba entre amplios sectores de la pobla- ción, pOr una parte, y entre el esta- hlishmenït financiero, por la otra. El momentáneo retroceso de las lu- chas sociales registrado entonces, aunque breve, puso en evidencia que la hegemonía construida en tomo a la convertibilidad aún no se había desintegrado completamente.
Pero ese retroceso fue breve. Ca- vallo anunció inicialmente una se- rie de medidas de política económi- ca contradictorias, e incluso confu- sas, que presentó como un progra- ma heterodoxo de recuperación económica. Los llamados “planes de competitividad” —es decir, subsi- dios a los eXportadores- y la “am- pliación de la convertibilidad” —la incorporación del euro a la conver- tibilidad, que implicaba un período de “empalme” con un tipo de cam- bio devaluado para esos mismos exportadores- fueron las más im- portantes. Sin embargo, muchas de estas medidas nunca llegarían a im- plementarse y, en definitiva, Cava- llo retomó enseguida el curso de los ajustes permanentes —un nuevo im.-
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puesto al cheque en mayo, un re- corte presupuestario en junio y, fi- nalmente, la denominada “ley de déficit cero” en julio- y debió nego- ciar una amplia reestructuración de deuda externa —el llamado “mega- canje”, un masivo canje de títulos que ponía nuevamente en eviden- cia la situación de default y crisis fi- nanciera inminente!3
La mencionada ley de déficit ce- ro, una medida destinada a demos- trar disciplina fiscal ante los acree- dores extemos,. es particularmente relevante en este contexto. En efec- to, la supresión del déficit público primario implicaba un recorte mó- vil de salarios nominales del sector público y de jubilaciones, fijado ini- cialmente en el 13%, la supresión de los incentivos y otras partidas com- plementarias destinadas a sueldos en la educación, recortes en los sub- sidios de desempleo y en los presu- puestos provinciales, etc. Este nue- vo ajuste es particularmente rele- vante, decimos, porque desataría la oleada final de luchas que culminó en diciembre con el derrumbe de la convertibilidad. La resistencia de los ajustados se mostraría así de hecho, como rezaría la consigna en las ca- lles, como el verdadero límite del ajuste y de la propia convertibilidad.
3. La crisis y la insurrección
La resistencia, en efecto, se inten- sificaría extraordinariamente desde el lanzamiento de este último ajus-
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te. El momentáneo retroceso de las luchas sociales posterior a la re- asunción de Cavallo, a fines de mar- zo, ya se había cerrado hacia media- dos de mayo. A la prolongada huel- ga, las movilizaciones y los cortes de pistas de aterrizaje de los trabajado- res de Aerolíneas Argentinas se su- maron los cortes de rutas de peque- ños productores agrarios del interior (productores de manzanas de Neu- quén, de yerba mate de Misiones) y nuevos cortes de ruta de desemplea- dos. La CTA y la CGT-Moyano, por su parte, lanzaron la quinta huelga general (8/6). Pero el impulso decisi- vo para esta nueva oleada de luchas sociales provendría un poco más tarde del movimiento de desocupa- dos. A fines de junio se reunió el primer encuentro nacional de orga-
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CGT lanzaron por su parte la sexta huelga general durante la semana si- guiente (19/7). Los desocupados rei- niciaron su plan de lucha escalona- do con tres nuevas jornadas de cor- tes de ruta, de 24, 48 y 72 hs., duran- te la última semana de julio y las dos primeras de agosto, la última de las cuales culminó en una masiva movilización a Plaza de Mayo. Los docentes de distintos niveles, mien- tras tanto, llevaban adelante una prolongada huelga activa acompa- ñada de numerosas clases públicas y marchas, y los trabajadores públicos de algunas otras dependencias se su- maban a las movilizaciones.
Este nivel de conflictividad alcan- zado en julio y agosto carecía de pre- cedentes, por lo menos durante la década de los 90. Hacia fines de agosto, sin embargo, se registraría un nuevo retroceso, que se prolongaría hasta comienzos de diciembre. Por cierto, durante ese lapso se realiza- ron las elecciones parlamentarias, pero este retroceso momentáneo de las luchas sociales no parece poder explicarse como una tregua caracte- rística de los períodos electorales. En las elecciones de octubre se expresa- ron la crisis y el auge de la resisten- cia social, naturalmente, pero se ex- presaron en la forma de una negati- va a votar generalizada y de un in- cremento de los votos obtenidos por los partidos de izquierda. El ausen- tismo, que ya venía creciendo en elecciones previas, alcanzó un
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26,3%. Más significativamente aún, los votos en blanco e impugnados sumaron el 21,1% del padrón. El “voto bronca”, como bautizaron a este fenómeno en su conjunto los medios de comunicación, se consti- tuyó así en la primera fiaerza electo- ral a escala nacional. En consecuen- cia, la UCR fire ampliamente derro- tada en las urnas: pero el PJ triunfan- te obtuvo menos votos de los que había obtenido cuando fue derrota- do en las elecciones previas. Los par- tidos de izquierda en su conjunto, por su parte, triplicaron sus votos y alcanzaron varios cargos parlamen- tarios.”
En resumen, el descrédito sufri- do por los partidos tradicionales era tan generalizado que, enla concien- cia de amplios sectores de la pobla- ción, las elecciones habían pasado, de ser un medio para escoger nue- vos representantes que modificaran el curso político, a ser una ocasión más para manifestar su repudio. El resultado de las elecciones podía re- sumirse así en un “que se vayan to- dos” anticipado. El retroceso de las luchas sociales registrado durante ese lapso, en cambio, pareció haber respondido más bien a una desmo- ralización momentánea respecto de los resultados alcanzados a través de la oleada de luchas sociales de ju- lio y agosto. El ajuste del déficit ce- ro no había podido ser derrotado. El gobierno, acorralado por la resis- tencia, había empleado todos sus
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mecanismos de presión discursiva y represiva: había intentado aislar la resistencia de los trabajadores públi- cos cargando sobre sus supuestos “privilegios” la responsabilidad de la crisis, aislar los cortes de rutas de los desempleados amenazando con reprimir si no permitían la circula- ción de vehículos, etc.
Sin embargo, la situación volvió a modificarse desde comienzos de di- ciembre. La crisis económica y polí- tica no había retrocedido sino que, más bien, se había profundizado. La crisis financiera, en un marco de moneda convertible, se expresa co- mo crisis bancaria. Las fugas de de- pósitos diezmaron así las cuentas, tanto en pesos como incluso en dó- lares, por un monto que ascendía a USS 18.371 mi-
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durante noviembre. Mientras el sis- tema bancario se reducía de eSta ma- nera en más de una cuarta‘ parte, sin embargo, Cavallo se empeñaba en asegurar que “el valor del peso” y “la intangibilidad de los depósitos” esta- ban garantizados. Pero el 1 de di- ciembre se decretó el congelamiento de los depósitos (el denominado “corralito”) por tres meses.“ Una multitud de algo más de un millón y medio de pequeños ahorristas, con depósitos inferiores a los USS 25.000 (un monto equivalente al precio de un departamento de un ambiente estándar en Buenos Aires, a valores previos ala caída de la con- vertibilidad) quedaba así imposibili- tado de disponer de su dinero!7 Se trata de ahorros acumulados durante años de trabajo, percibidos en con- cepto de indemnización por despi- do, provenientes de la venta de algu- na propiedad, cuyo interés en mu- chos casos ayudaba a sobrevivir a las familias mientras se reinsertaban en el mercado de trabajo o complemen- taba sus misérrimas jubilaciones. Y estas restricciones afectaban asimis- mo a las cuentas de sueldos. La bru- tal iliquidez generada por la medida profundizaba entonCes la caída del consumo, que afectaba particular- mente a los pequeños comerciantes que operan en efectivo, y la precarie- dad de los trabajadores en negro, que perciben su salario en efectivo!8 Pero la amenaza de default de la deu- da extema tampoco retrocedía. Ca-
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vallo concretaría en diciembre l'a'pri- mera fase de un nuevo canje de títu- los de la deuda externa por un mon- to récord de arriba de USS 50.000 millones, mientras el riesgo país as- cendía ya a entre 3300 y 3500 pun- tos básicos.”
Este congelamiento de depósitos dispararía, en gran medida, la movi- lización de los denominados “sec- tores medios”. Durante la primera semana de diciembre se multiplica- ron el malestar y las protestas de la gente que acudía a los bancos. La CTA y las dos CGT convocaban a su séptima huelga general. El 11 y 12 de diciembre, pequeños comer- ciantes lanzaron sus primeros apa- gones y cacerolazos en la capital, el Gran Buenos Aires, Rosario y otras ciudades del interior. La huelga ge- neral por 24 hs. del 13 de diciem- bre, por su parte, sería muy signifi- cativa porque acaso haya sido la más masiva registrada durante el pe- ríodo y porque contó con una am- plia adhesión" de esos mismos secto- res medios.
Mientras tanto, la crisis y las pre- siones en el sentido de un ajuste aún mayor se intensificaron. Cava- llo negoció asi con el FMI el de- sembolso de créditos pendientes a Cambio de un nueVo recorte de en- tre USS 3.000 y 4.000 millones pa- ra el- preSupuesto de 2002, pero los funcionarios del FMI retaceaban su apoyo porque dudaban de la capa- cidad política del gobierno de im-
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poner semejante ajuste.3° El gobier- no, en efecto, no contaba para im- plementarlo ni siquiera con el apo- yo parlamentario de la UCR y el PJ, renuentes al verdadero suicidio po- lítico que implicaba. El gobierno postergaba entonces el pago de las jubilaciones y amenazaba con au- mentar el porcentaje del recorte de sueldos y jubila‘ciones y con supri- mir los aguinaldos, mientras el ries- go país ya superaba su nueva fronte- ra de los 4.000 puntos.
A esta altura de la crisis había quedado en evidencia que la salida deflacionaria, a diferencia de lo su- cedido en 1994-95, estaba fracasan- do. La profundidad de la crisis care- cía de precedentes. El producto ha- bía caído un 7,5% durante la crisis 1999-2001 en conjunto, un 3,8% so- lamente en el 2001, contra un 4,2% en la crisis de 1994-95. Los índices de utilización de la capacidad insta- lada habían caído permanentemen- te y ya se ubicaban en 65,5% pro- medio en 2001, contra 74,5% en 1995. La inversión había retrocedi- do un 44,8% durante la crisis, con- tra un 16% en 1995. La formación bruta de capital fijo se había reduci- do entonces un 32,2%, contra 13% en 1995. La tasa de desempleo de octubre de 2001 había alcanzado el récord del 18,3%, superior al 18,4% registrado en mayo de 1995, empe- ro, porque también había retrocedi- do la tasa de actividad. La tasa de subempleo, mientras tanto, había
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venido creciendo constantemente hasta afectar a un 16,3% en octubre de 2001, contra el 11,3% registrado en mayo de 1995. Más de un tercio de la PEA, entonces, se encontraba marginada del empleo por el proce- so de destrucción de puestos de tra- bajo. Los índices de inflación, por su parte, habían sido negativos du- rante todos los años de la crisis, re- gistrándose una deflación acumula- da de alrededor del -4%, mientras que el índice de inflación de 1995 había sido del 1,6%. La cantidad de dinero circulante, como señalamos antes, se había reducido en un 35% y los depósitos en otro 27%. Los ín- dices de bolsa se habían derrumba- do a un tercio del nivel alcanzado antes del inicio de la crisis (33,4 con base 1997=100).
La balanza de pagos registraba un déficit récord de 5 19.800 millo- nes, es decir, un 15% del producto. Si bien los déficits de cuenta co- rriente se habían reducido a causa de la contracción de las importacio- nes (a 5.301 millones), se había su- mado a ellos un inmenso déficit de cuenta capital (de 14.499 millones) derivado de un masivo reflujo de capitales (una transferencia neta de recursos al extranjero de 13.099 mi- llones). La deuda externa había de- venido completamente imposible de servir: la razón deuda externa de- sembolsada / exportaciones ascen- día a 451%, la peor de las latinoa- mericanas, y los mercados de bonos
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habían cerrado sus puertas al estado argentino (se colocaron apenas USS 1.501 millones en 2001, contra 13.024 y 14.183 millones en 2000 y 1999).31 La salida deflacionaria, en- tonces, ya revestía una ferocidad sin precedentes y aún no alcanzaba sus objetivos. La resistencia social, sin embargo, pronto le pondría un lí- mite.
El 15 de diciembre tuvieron lu- gar los primeros copamientos de su- permercados: un Carrefour del Gran Buenos Aires fue asaltado por una organización del movimiento de desempleados y, durante varios días, se sumaron otros grandes su- permercados de Mendoza y Rosa- rio. El 17, nuevamente, comercian- tes y vecinos de la capital y el Gran Buenos Aires se manifestaron cor- tando calles. El 18 se reiteraron los asaltos a los supermercados del Gran Buenos Aires y la guardia de infantería comenzó a custodiar los accesos a los mismos.
Ya estaban presentes en ese mo- mento todos los componentes de la insurrección popular que acabaría con la administración, la converti- bilidad y la propia hegemonía me- nemista unos dias más tarde. El 19 de diciembre se generalizaron los copamientos a los grandes super- mercados (Capital y Gran Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán, Río Negro), con enfrentamientos con la policía, muertos y numerosos heridos y de-
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tenidos. En respuesta, todos los mi- nistros, incluido Cavallo, presenta- ron sus renuncias y De La Rúa de- cretó el estado de sitio. Pero la res- puesta popular a la suspensión de las garantías constitucionales, lejos del terror que acaso hubiera podido preverse habida cuenta de la tradi- ción de golpes de estado y de dicta- duras militares genocidas que pesa sobre el pueblo argentino, fue un aumento de la resistencia. Las ma- sas se movilizaron hacia los centros de los distintos barrios en un “cace- rolazo” y, poco a poco, avanzaron sobre la Plaza de Mayo, desafiando al gobierno y su estado de sitio. Tampoco los enfrentamientos con la policía en Plaza de Mayo acaba- ron con la movilización. Una van- guardia de los movilizados enfrentó a la policía e incendió el Ministerio de Economía y otros edificios pú- blicos, mientras el resto se replega- ba hacia Plaza Congreso. E120 sería la jornada de resistencia más radica- lizada. Miles de manifestantes ocu- parían el centro de la Ciudad de Buenos Aires durante toda la joma- da, acercando los piquetes al cora- zón de la city financiera, atacando los edificios de los bancos, las em- presas privatizadas, las oficinas pú- blicas, los MacDonalds y otros tan- tos símbolos del poder, enfrentán- dose a la policía con sus piedras y sus palos, con nuevos muertos, he- ridos y detenidos. Y un nuevo cace- rolazo se sucedió por la noche, pe-
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ro para festejar esta vez la caída del gobierno.
4. Consideraciones finales
Ahora es preciso que nos deten- gamos un momento en algunas consideraciones más generales acer- ca de la explicación de este proceso de resistencia social y crisis de la convertibilidad y acerca de sus pers- pectivas.
1. Comencemos con un análisis de los sujetos sociales intervinien- tes. En los hechos de diciembre confluyeron de hecho varios sujetos sociales que se habían consolidado como tales, cuando menos, durante la segunda mitad de la década de los 90. Los altos niveles de desocu- pación y subocupación generados por la convertibilidad, que afecta- ban sumados a más de un tercio de las mujeres y los hombres en condi- ciones de trabajar, combinados con una incapacidad del estado para im- plementar un verdadero sistema de subsidios de desempleo que se in- crementaba con cada nuevo ajuste, sustentaron la emergencia y la cre- ciente organización y combatividad del movimiento de trabajadores de- socupados. El llamado “movimien- to piquetero” es, seguramente, uno de los fenómenos más interesantes y originales de la Argentina con- temporánea y jugó un papel decisi- vo en la insurrección de diciembre y, en particular, en sus momentos de mayor radicalización. Se trata,
Cuaderno-s del Sur
en cuanto a su origen social, de un movimiento de desocupados emer- gente de la destrucción de puestos de trabajo resultante de la privatiza- ción de empresas públicas, en un comienzo, y de la propia reconver- sión de empresas privadas más ade- lante, y que fue consolidándose desde mediados de los 90. Desde un punto de vista organizativo está compuesto por una diversidad de organizaciones locales, sean barria- les o poblacionales, que en algunos casos fueron integrándose a movi- mientos nacionales (la CCC, la FIV-CTA) y, hacia fines de 2001, se coordinaron a escala nacional (en las Asambleas Nacionales de Orga- nizaciones Territoriales, Sociales y de Desocupados, llamadas “congre- sos piqueteros”). Estas organizacio-
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nes y sus congresos funcionan a tra- vés de una democracia directa asamblearia, aunque militantes in- dependientes o pertenecientes a partidos de izquierda o a sindicatos suelen desempeñar un papel impor- tante. Las organizaciones descansan normalmente sobre la percepción de los subsidios de desempleo y la decisión colectiva acerca de su uso, pero también sobre el tejido de una amplia y polifacética red de activi- dades auto-organizadas (ocupación de tierras, trabajo comunitario, trueque, comedores y guarderías, ta- lleres de formación, etc.). El eje de su modalidad de lucha se —encuen- tra, por supuesto, en el piquete. Los primeros piquetes tuvieron lugar, hacia 1996, en una serie de impor- tantes rutas del interior que comu- nican el Mercosur (Cutral-Có y Pla- za Huincul en Neuquén, Tartagal y Gral. Mosconi en Salta, Ledesma en Jujuy) y se nutrieron de los trabaja- dores que habían perdido sus pues- tos de trabajo debido a las privatiza- ciones y de sus familias. Pero paula- tinamente estos piquetes fueron avanzando hasta terminar cerrando los accesos a la capital desde el Gran Buenos Aires y volcándose a las calles de la propia ab) financiera porteña. La modalidad de lucha del movimiento piquetero está signada así por su dimensión espacial: im- pedidos de detener la producción, los trabajadores sin empleo se ven obligados a interrumpir las vías de
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_ _, nto piquetero no nf de aumentar y de acercarse
iudad de Buenos Aires duran-
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se que las mismas apoyaron incon- dicionalmente a A. Rodriguez Sáa como presidente interino hasta que fue derrocado, una semana después de haber asumido, por nuevas mo- vilizaciones populares.) E interven- drían, desde luego, en los copa- mientos de los supermercados, las movilizaciones, los enfrentamien- tos con la policía. Sin embargo, no pudieron intervenir organizada y colectivamente de manera más de- cisiva, por ejemplo a través de la ocupación de fábricas, como en otras ocasiones de la historia argen- tina.
Los denominados “sectores me- dios”, finalmente, 'desempeñarían un papel decisivo en la insurrec- ción, pero su análisis es mucho más complejo. Una parte de esta com- plejidad deriva, naturalmente, de que esos sectores medios no son una clase social, sino un agregado de individuos provenientes de dis- tintas clases que comparten cierto nivel de vida y ciertos valores cultu- rales e ideológico-políticos. Una parte importante de esos sectores medios está integrada también por trabajadores asalariados del sector público o privado (profesionales, técnicos, académicos), pero que tra- bajan y viven en condiciones relati- vamente mejores que los restantes trabajadores. En tanto tales, fueron afectados por los sucesivos ajustes, por el desempleo, las reducciones de salarios y los recortes de gastos
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sociales, de una manera semejante al resto de los trabajadores. Pero hay algunas condiciones más espe- cíficas. Puede decirse, en primer lu- gar, que los ingresos de estos secto- res habían sido particularmente afectados por algunas de las medi- das incluidas en los últimos ajustes, como los impuestos al consumo o los recortes de sueldos por encima de cierto monto. En segundo lugar, la propia recesión había afectado masivamente a un sector importan- te de dicha clase media: los peque- ños comerciantes, los cuentapropis- tas vinculados a distintos servicios, los profesionales independientes. Los sectores medios fueron, en ter- cer lugar, las principales víctimas del congelamiento de los depósitos. Es así como estos sectores, que en buena medida habían sustentado el triunfo electoral de la Alianza dos años antes, se sumaron con sus ca- cerolazos espontáneos y masivos a la resistencia contra su gobierno. Esa modalidad de lucha tenía algu- nos antecedentes, como el cacerola- zo contra Menem de 1999, pero no respondió a ninguna organización previa. Recién a partir de enero de 2002, mediante las asambleas veci- nales realizadas en las plazas de los distintos barrios, estos sectores me- dios comenzaron a organizarse. El extraordinario avance registrado por esta organización de los secto- res medios durante los últimos me- ses, sin embargo, ya los está posicio-
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nando como un sujeto social orga- nizado en un plano de igualdad con otros.
2. Este análisis de los sujetos so- ciales intervinientes en las jornadas de diciembre nos permite, a su vez, comprender mejor las característi- cas de la insurrección misma. En efecto, estos distintos sujetos socia- les confluirían en la insurrección de diciembre y se expresarían en las distintas modalidades de lucha que se desenvolvieron y en las distintas demandas que se plantearon.35
Los asaltos a las grandes cadenas de supermercados fueron acciones protagonizadas por trabajadores de- socupados y ocupados. Sus antece- dentes se remontan a 1989, es decir, a los asaltos a los supermercados causados por los despidos y la pér- dida del poder adquisitivo de los sa- larios resultantes de la hiperinfla- ción. Pero si en aquella oportuni- dad los asaltos a los supermercados habían sido acciones desesperadas realizadas en un marco de derrota de los trabajadores, en esta nueva ocasión tendió a perfilarse como un verdadero desafío de la propiedad privada a través de la apropiación directa. Las grandes corporaciones de medios de comunicación de ma- sas locales (como el Grupo Clarín) y extranjeras (como la CNN) y, por otro lado, las intervenciones de gru- pos de derecha fascistizantes de es- casa relevancia (como los “carapin- tadas” bonaerenses), tergiversaron
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en gran medida la naturaleza de es- tas acciones. No se trató en absolu- to de un enfrentamiento de pobres contra pobres, es decir, de una olea- da de vandalismo dirigida contra toda suerte de locales comerciales y casas de familias. Se trató funda- mentalmente del asalto a las gran- des cadenas de supermercados pro- piedad de grandes empresas multi- nacionales (como Carrefour o Wal Mart) y nacionales (como Coto) y, en el caso de casas de familia, de un avance no concretado sobre los country-clubs de la zona norte del Gran Buenos Aires.
Los, cacerolazos fiieron, como señalábamos, la modalidad de lu- cha privilegiada de los sectores me- dios y, precisamente, fueron más masivos en los barrios característi- cos de la clase media capitalina (Belgrano, Palermo, Flores, Caballi- to). Estos cacerolazos serían accio- nes claves para la caída del gobier- no porque pondrían de manifiesto que esos sectores medios, que con- servan una importancia y una in- fluencia político-ideológica decisi- va en la sociedad argentina y que habían sustentado a la Alianza, ha- bían retirado definitivamente su apoyo al gobierno.
Las acciones directas de violencia callejera, desarrolladas particular- mente durante la jornada del 20, sin embargo, serían sin duda las accio- nes más radicalizadas y sin las cuales el gobierno no hubiera caído. Pero
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la naturaleza de estas acciones tam- bién fue tergiversada por los medios masivos de comunicación, que las presentaron como irracionales actos de vandalismo}6 La violencia ejerci- da en las calles fue una violencia co- lectiva, ciertamente de una vanguar- dia del movimiento, compuesta por piqueteros, estudiantes, miembros de partidos de izquierda y otros mi- litantes sociales, pero de ninguna manera de saqueadores dispersos. Cuando se trató de una violencia ejercida sobre otras personas, se tra- tó siempre de una violencia que te- nía a la policía como contendiente y que respondía a la represión y a las provocaciones ejercidas por la mis- ma contra los manifestantes. Cuan- do se trató de una violencia ejercida contra bienes fisicos, se trató casi sin excepción de una violencia notoria- mente selectiva ejercida contra los símbolos materiales del poder: los edificios de los bancos privados y públicos que habían expropiado los ahorros, los edificios y vehículos de las empresas de servicios públicos privatizadas y en manos de grandes multinacionales que habían saquea- do a los consumidores con las tari- fas más altas del mundo, los locales de MacDonalds que ya se habían constituido en un símbolo del capi- tal global, los edificios públicos que representaban al estado.37
Pero la confluencia de todos es- tos sujetos sociales y sus modalida- des de lucha puso en escena así, du-
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Cialmente un papel conservador, aliándose de hecho con la gran bur- guesía, y se expresaron política e ideológicamente a través de parti- dos de centro-izquierda que opera- ron como valiosos “mediadores evanescentes” para la continuidad del régimen.38 Téngase en cuenta, por ejemplo, que apenas unos días antes de la insurrección de diciem- bre la mayor parte de esos sectores medios era contraria a los cortes de ruta desarrollados por los piquete- ros. Sin embargo, su incidencia so- cial, política e ideológica sigue sien- do tan importante en la sociedad ar- gentina que cualquier transforma- ción en un sentido anti-capitalista es inconcebible sin una alianza en- tre los trabajadores y esos sectores medios. Esta alianza, aunque no puede asumirse sin más como un
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dato, comenzó a gastarse durante la insurrección de diciembre -e inclu- so siguió profundizándose a partir de entonces. La burguesía es cons- ciente de'esto y, a través de sus diri- gentes políticos, sus intelectuales y sus medios de comunicación, no ahorra CSfilCIZOS para romper dicha alianza, mientras que su consolida- ción política sigue siendo una de las tareas claves para los trabajadores. Pero en la insurrección se puso en escena también una nueva vanguar- dia. Una vanguardia numerosa inte- grada por militantes muy combati- vos, independientes algunos, perte- necientes otros a partidos de iz- quierda, organizaciones de desocu- pados o de derechos humanos, sin- dicatos o agrupaciones estudianti- les, cuya característica compartida es su juventud y uno de cuyos ras- gos sobresalientes es la importante presencia de las mujeres entre sus fi- las. Esta nueva vanguardia desem- peñará, seguramente, un papel pro- tagónico en las luchas por venir. En la insurrección de diciembre, junto con estos distintos sujetos y modalidades de lucha, también con- fluyeron distintas demandas, desde las demandas de alimentos, pasando por los reclamos de trabajo o de sub- sidios de desempleo, hasta las exi- gencias de devolución de los depósi- tos incautados o de castigo a los po- líticos y jueces corruptos. Hubo, sin embargo, una consigna que fue im- poniéndose poco a poco como un
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punto de convergencia de esas de- mandas: la exigencia de que renun- ciaran los responsables del régimen vigente en su conjunto o, más sim- plemente, de “que se fueran todos”. Más abajo volveremos sobre esta consigna que iría ganando terreno hasta imponerse casi exclusivamente en la jornada del 27 de diciembre, cuando las masas salieron nueva- mente a las calles para exigir la re- nuncia de Rodríguez Saá.
3. Revisemos ahora brevemente los alcances y las limitaciones, las perspectivas, de esta insurrección. Puede afirmarse que la insurrección de diciembre puso fin a un período de la lucha de clases en la Argenti- na: el sombrío período de ofensiva del capital que, estructurada alrede- dor del modelo de la convertibili- dad, signó de conjunto la década de los 90. Las consecuencias de la ofensiva neoconservadora de los 90 (la reforma del estado, la apertura de la economía, la precarización de los contratos y condiciones de tra- bajo, el desempleo), naturalmente, siguen presentes y su importancia no debe menospreciarse. Pero la clave de dicha ofensiva, la punta de lanza del modelo neoconservador específico que se impuso durante los 90, es decir, la convertibilidad del peso, cayó irreversiblemente. Si a comienzos de los 90 la convertibi- lidad había impuesto nuevas reglas de juego disciplinarias para el de- senvolvimiento de la lucha de clases
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y una nueva hegemonía, esas reglas de juego fueron cada vez más des- bordadas por las luchas sociales y esa hegemonía file perdiendo sus- tento entre sectores cada vez más amplios de la población hacia fines de la década.
Pero ¿cómo podemos explicar es- ta desintegración? La respuesta no va de suyo. La convertibilidad signi- ficó, como señalamos, un férreo mecanismo de disciplinamiento so- cial. La convertibilidad gozó de un amplio consenso pasivo entre ex- tendidos sectores de la sociedad.39 La convertibilidad, en definitiva, fue la clave de bóveda de una hege- monía social y política bastante du- radera. Una explicación de la desin- tegración de esta hegemonía, aun- que preliminar, descansa a nuestro
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convertibilidad porque no percibía salarios cuyo poder adquisitivo conservar. Por otra parte, sectores de la sociedad incluidos en las re- glas de juego de la convertibilidad se vieron repentinamente enfrenta- dos a acontecimientos que aparecie- ron ante su conciencia como una violación flagrante de esas reglas de juego perpetrada por parte de la propia burguesía. El caso paradig- mático es, desde luego, el de los sec- tores medios cuyos ahorros fueron congelados y expropiados en el sis- tema bancario. En fin, entre ambas situaciones, extremas y extremada- mente explosivas, hay una gama de situaciones intermedias. Tal es el ca- so de los trabajadores empleados cuyos salarios nominales caían con las tendencias deflacionarias desata- das por la convertibilidad durante la crisis. Estos podían verse margi- nados de las reglas de juego de la convertibilidad, en la medida en que la estabilidad dejaba para ellos de representar la conservación del poder adquisitivo de sus salarios y pasaba a significar el deterioro de los mismos en un marco deflacio- nario. Pero estos trabajadores po- dían también ver violadas las reglas de juego inherentes a la convertibi- lidad en la medida en que dichas re- glas, establecidas durante el auge, habían vinculado explícitamente aumentos de salarios con aumentos de la productividad del trabajo (vín- culo que, por cierto, se efectivizó
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en muy contadas excepciones) pero en ningún caso descensos de sala- rios con condiciones de crisis.
El derrumbe de la convertibili- dad inauguró, en este sentido, nue- vas reglas de juego para la lucha de clases. Pero podemos avanzar mu- cho más en ese sentido. La caída de la convertibilidad constituyó indu- dablemente una victoria para el conjunto de los explotados y opri- midos del país. Esta afirmación va- le en dos sentidos. En un sentido inmediato porque significó, como decíamos, el cierre de unos de los períodos más reaccionarios de la historia argentina. En un sentido más duradero, porque la experien- cia de organización y lucha desarro- llada por las masas durante estas jornadas, la confianza en sí mismas en tanto sujeto social capaz de cam- biarel curso de los acontecimientos y, más aún, esa prefiguración de la libertad por venir que aparece cuan- do las masas avanzan por las calles y los poderosos huyen, todas estas cosas quedan guardadas celosamen- te en la memoria colectiva para nu- trir las nuevas insurrecciones de hoy y de mañana. Lo primero no significa sin más que se haya inau- gurado un período de conquistas para los trabajadores ni que la bur- guesía haya cejado en su ofensiva. La propia caída de la convertibili- dad, la devaluación del peso, ame- naza con convertirse en un nuevo mecanismo de expropiación masiva
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de los trabajadores, la eventual de- volución de depósitos incautados acarrearía una expropiación de no menos de la mitad del valor de los mismos, y así sucesivamente. Las victorias de los trabajadores en la lucha de clases no suelen expresarse directamente como tales sino, de una manera perversa, como crisis capitalistas que fa su vez acarrean nuevos sufrimientos a los trabajado- res. Pero no por eso dejan de ser vic- torias. La inédita ofensiva desarro- llada por el capital durante una dé- cada entera ha concluido con la in- surrección de diciembre y esto es una victoria del trabajo. Pero lo se- gundo implica, además, que las re- laciones sociales de fuerza son aho- ra mucho menos favorables al capi- tal para relanzar dicha ofensiva por otros medios. Las vacilaciones, las concesiones, las marchas y contra- marchas del nuevo gobierno provi- sional de E. Duhalde no hacen sino poner en evidencia que los repre- sentantes de la burguesía aprendie- ron, después de sacrificar dos admi- nistraciones, que esas relaciones de fuerza cambiaron. También los tra- bajadores están aprendiéndolo.
4. Ahora bien, la insurrección de diciembre fue predominantemente negativa: “que se vayan todos”, exi- gieron las masas en las calles. Pero uno puede preguntarse a esta altura y para finalizar: ¿qué alternativa propusieron? ¿qué gobierno, qué políticas, qué modelo de economía,
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de estado, de sociedad reclamaron? No puede darse ninguna respuesta sencilla a estas preguntas. Algunos de los insurrectos reclamaron ali- mentos o ropa, otros un trabajo o un pequeño subsidio de desempleo, otros que se acabara la corrupción enquistada entre los políticos del ré- gimen o que se fueran los políticos corruptos, otros que se terminaran los ajustes o que se tomaran medi- das distintas ante la crisis, otros que renunciara el ministro de economía y algunos otros funcionarios o bien que se fuera el gobierno completo, otros, ciertamente, que se acabara el propio capitalismo. Algunos de es- tos reclamos fueron más generaliza- dos que otros y algunos se inspira- ron en posicionamientos ideológi- co-políticos más radicalizados que otros. Recién en asambleas barriales y otras instancias posteriores a la in- surrección empezarían a decantar al- gunos pliegos, aunque embriona- rios, de reclamos compartidos. Pero ninguno de estos fenómenos puede sorprendernos: todos los auténticos movimientos de masas son diversos, e incluso contradictorios, y van creando sus programas a partir de sus propias acciones de lucha.
Más sorprendente parece, en cam- bio, su carácter predominantemente negativo: “que se vayan todos, que no quede ni uno sólo”. Pero debe- mos ser muy cuidadosos en el análi- sis de este carácter negativo. Desde diciembre, los voceros de la burgue-
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sía no se cansan de preguntarse y pre- guntar retóricamente a las masas, al- go inquietos por cierto en medio de los escraches, acerca de qué gobier- no, qué políticas, qué estado quieren los insurrectos. Esta pregunta es en realidad un chantaje porque en todos los casos supone, implícitamente, que las masas deben escoger del me- nú que la burguesía intenta poner previamente en su mesa. ¿Qiieren un gobierno, unos ministros, unos jueces del P], de la UCR o del ARI? ¿Qiieren convertibilidad o flotación cambiaria? ¿Quieren que responda- mos a la banca y a las empresas pri- vatizadas, o bien a los esforzados in- dustriales, o acaso a los terratenientes de siempre? ¿Qiieren un estado mí- nimo neoliberal o un estado regula- dor neopopulista? Pero las masas, con una suerte de sabiduría instinti- va, parecen empecinadas en seguir guardando silencio ante estas pre- guntas. Ni siquiera parecen dispues- tas a avenirse a responderlas a través de los canales del régimen, es decir, ni siquiera reclaman la realización de comicios para elegir nuevos repre- sentantes. Pero en este sentido, para- dójicamente, ese rasgo negativo de la insurrección de diciembre es extraor- dinariamente positivo. La consigna “que se vayan todos”, con su incon- sistencia o, mejor aún, con su natura- leza aporética, dejó abierta una bre- cha inédita para construir una políti- ca por y de los trabajadores indepen- diente de los partidos y representan-
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tes del régimen, para conformar nue- vas formas de auto-gobiemo sin go- bierno externo, de auto-organización sin ningún estado, de comunidad, en definitiva, sin comando capitalista. Esta es nuestra apuesta.
Buenos Aires, enero de 2001
Notas
1 Para una historia de la inflación argentina puede consultarse, entre otros, G. Vitelli: Cua- renta años de inflarión en Ia Argentina: 1945-1985, Bs.As., Legasa, 1986. El predominio casi exclu- sivo de las tradiciones monetarista y estructura- lista de interpretación de la inflación operó du- rante ese período como un auténtico “obstácu- lo epistemológico" ante el mencionado vínculo entre inflación y lucha de clases; la principal ex- cepción se encuentra en O. Braun (comp) (1973): El capitalismo agenan en crisis, Bs.As., Siglo XXI, 1973.
2 A propósito de esta noción de “acumula- ción originaria reiterada”, véase W Bonefeld: “Class struggle and the pennanence of primiti- ve accumulation", en Common Sens: 5, Glasgow, 1988.
3 Los procesos hiperinflacionarios a los que me refiero son: el que ocasiona la caída del “Plan Primavera” y del gobierno de Alfonsín, iniciado en febrero de 1989 y prolongado has- ta julio, el que comienza en diciembre de 1989 y termina en marzo de 1990 poniendo fin a los acuerdos de precios del “Plan Bunge y Bom”, y el que se esboza hacia fines de 1990, coronan- do los meses de grandes conflictos de los “Pla- nes Erman’, y es abortado por el lanzamiento del “Plan de Convertibilidad’ en marzo de 1991. El primero es el más grave y, seguramen- te, el más importante en cuanto a sus conse- cuencias sociales y políticas: los precios aumen- taban a diario (114% en junio y 199% en julio
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de 1989), la capacidad adquisitiva de los sa‘la- rios se deterioraba aceleradamente (el salario real descendió un 35% acumulado entre abril y julio) y el desempleo se disparaba hasta niveles inéditos (15% en mayo). Fue entonces cuando numerosos trabajadores se lanzaron a saquear supermercados para alimentar a sus familias.
4 En efecto, el cdsto laboral unitario relativo (CLUR) puede entenderse como un compuesto del salario unitario (W/L), la productividad del trabajo (q/L) y el tipo de cambio (r ), esto es, CLUR = [(w/L).(q/L).r] y ser fácilmente recon- ducido a la teoría del valor-trabajo. Remito en este sentido a A. Shaikh: “The laws of intematio- nal exchange”, en EJ. Nell (comp): Growth, pro- fits and property, Cambridge, Cambridge Univer- sity Press, 1980; "Foreign trade and the law of value”, I y II, Science and Society, fall 1979 y Spring 1980, y a D. Guerrero: Competitividad: teor'aypoli'trca, Barcelona, Ariel, 1995.
5 Esta relación entre niveles de explotación del trabajo y movimientos internacionales de capitales reviste, naturalmente, una compleji- dad mucho mayor a la que podemos sugerir en estas páginas: véase A. Bonnet: “The command of capital-money and Latin American crises”, a publicarse en W. Bonefeld (ed.): What is to be done? The unir/mary of a question, Londres, Macmillan, 2002.
6 El promedio mensual de conflictos au- menta entre 1991 y 1994 (de 79 a 98), debido a las luchas de los trabajadores del sector público, para retroceder luego hasta ubicarse en tomo a una media de 60 conflictos mensuales hasta el 2000. El porcentaje de los conflictos defensivos (por despidos, atrasos salariales) aumenta cons- tantemente, por su parte, hasta explicar entre el 80 y el 100% de los mismos hacia el final del período (M. Gómez: “La conflictividad laboral durante el plan de convertibilidad (1991- 1995)”, en Cuadernos del Sur 22/23, 1996; A. Pi- va: “La década perdida. Tendencias de la con- flictividad obrera frente a la ofensiva del capital (1989-2001)”, en Cuadernos del Sur 32, 2001). Más adelante nos referiremos a algunos indica- dores de la tasa de explotación.
7 El número anual de concursos preventi-
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vos y quiebras casi se duplicó durante los pri- meros años de la convertibilidad, pasando de 772 en 1991 (con 694 en 1990 y 762 en 1989) a 1400 en 1994. La recesión de 1995 volvió a ele- varlo abruptamente a 2279 y desde entonces hasta el 2001 el promedio anual de bancarrotas se estabilizó en tomo a las 2464 anuales (en ba- se a datos del MEyOSP). Más adelante nos re- feriremos a algunos indicadores de la reconver- sión productiva.
3 Las mejores exposiciones de esta interpre- tación se encuentran en varios trabajos recien- tes ‘de E. Basualdo: Sistema politicoy modelo de acumulación en la Argentina, Bs.As., UNQFlac- so-IDEP, 2001; Concentración y centralización del capital en la Argentina durante la de'cada de los no- venta, Bs.As., UNQ-FLACSO-IDEP, 2000; y Acerca de la n|aturaleza de la deuda externa y la definición de una estrategia política, Bs.As., UNQ-FLACSO-Pá- gina/12, 2000. Su influencia ideológico-política va de suyo: sobre ella descansa el discurso del CIA, del FRENAPO y, eventualmente, de un nue- vo reciclaje del centro-izquierdismo autóctono encabezado por E. Carrió.
9 _Para una exposición más detallada de es- tos mecanismos que sustentaron la hegemonía menemista durante los 90 véase A. Bonnet: “Ar- gentina 1995: ¿una nueva hegemonía?”, en Cuadernos del Sur 19, 1995.
10 Para interpretaciones de las políticas neo- conservadoras acordes con nuestra perspectiva véanse entre otros, particularmente, W. Bone- feld: Tlre recomposition of tlJe British state during tbc l980’s, Aldershot, Darrnouth, 1993; J. Hollo- way y W. Bonelefd (eds.): Global capital, national state and tbc politics of mona, Londres, Macmi- llan, 1995; Holloway: Marxismo, estado y capi- tal, Bs.As., Tierra del Fuego, 1994; S. Clarke: Kgmesianism, monetarism and the crisis ofthe state, Aldershot, Edward Elgar, 1988.
H Remito nuevamente a A. Shaikh: “Real exchange rates and the international mobility of capital”, Working Paper 265, The Jerome Levy Economics Institute of Bard College, 1999.
12 El comportamiento de las tasas de desem- pleo en los 90 es revelador en este sentido. El desempleo promedio durante el período inicial
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de auge de la convertibilidad (1991-1993) es del 7,6%, es decir, mayor al promedio registrado durante la depresiva década de los 80 (5,5% pa- ra 1980-1990). La tasa se dispara durante la re- cesión posterior, alcanzando un promedio del 15,4% (1994-1996). La fuerte recuperación pos- terior reduce ciertamente la tasa de desempleo, pero sólo a un promedio de 13,7% (1997-1998), es decir, a una tasa muy superior a la vigente durante el auge previo. La recesión en curso vuelve a elevar la tasa promedio al 15,4% (1999-2001). El nuevo piso parece haberse ubi- cado aniba del 12% (octubre de 1998) y el nue- vo techo elevarse por encima del 18% (mayo de 1995, octubre de 2001) (en base a datos del INDEC).
¡3 En 1995 se inició un proceso de revalua- ción del dólar respecto de las principales divisas que alcanzó sus puntos culminantes con un 48% respecto del marco en 2000 y un 39% res- pecto del yen en 1998 (en base a los promedios anuales de tipos de cambio provistos por el Pa- cific Exchange Rate Service de la University of Bri- tish Columbia).
14 En base a datos del MEyOSP (PBI e um: —es- ta última no incluye los datos correspondientes al cuarto trimestre de 2001-, que registró un descenso mucho más profundo de la inversión que los ya registrados en los tres trimestres pre- vios), Boletin Informativo Yichint 307, julio-sep- tiembre 2001 (productividad, entendida como costos laborales unitarios, que no incluye datos del 2001) e INDEC (desempleo).
15 Los datos, que reflejan las tasas de creci- miento equivalente anual entre extremos, son de CEPAL (D. Heymann: “Políticas de reforma y comportamiento macroeconómico”, en D. Hey- mann y B. Kosacoff (eds.): La Argentina de los noventa, Bs.As., EUDEBA-CEPAL, 2000, tomo I).
16 Consideremos, por ejemplo, las posicio- nes relativas de Argentina y Brasil. La mencio- nada tasa de aumento de la productividad del trabajo industrial debería haber sido de un 10% anual para que la economía argentina mantu- viera su competitividad vis a vis la brasileña du- rante los 90 (Boletín Informativo Fchint, .cit.). El tipo de cambio sobrevaluado detenninaba, por
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su parte, que a fines de la década los costos sa- lariales promedio en la industria brasileña (in- cluyendo sueldo, aguinaldo, vacaciones, cargas sociales y premios), con el real a USS 1,9 resul- tante de la devaluación de 1999, fueran de USS 9.000 anuales contra USS 18.400 para la indus- tria argentina (Página/12, Suplemento Cash, 21/11/99). Entre 1989 y 1999, las exportaciones totales argentinas aumentaron un 88,7%, mien- tras que las importaciones aumentaron un 526%, en ambos casos por aumentos más que proporcionales de las cantidades en un marco de precios a la baja; la participación de la indus- tria en esas exportaciones, por su parte, declinó levemente (del 31% en 1989 al 28% en 1999) (Documento de Trabajo 7, Centro de Estudios pa- ra el Desarrollo, agosto de 2000).
17 Esta desaceleración se advierte claramente en los estimadores de actividad industrial: el EMI del M305? la registra ya en septiembre, el IP! de FIEL hacia noviembre, y desde entonces continúa profirndizándose. Los índices men- suales de utilización de la capacidad instalada (FIEL) comienzan, a partir de junio de 1998, a ser inferiores en todos los casos a los registrados en los mismos meses del año previo (datos del MEyOSP).
13 Aquí, como en adelante, la mayor parte de la información acerca de los conflictos pro- viene de un relevamiento de los principales dia- rios de circulación nacional (Clarín, La Nación y Página 12).
19 Para un análisis más detenido de esta co- yuntura puede consultarse A. Bonnet: "Saber, creer y votar. 1999: elecciones menernistas", en Cuadernos del Sur 29, Bs.As., 1999.
2° Estas fluctuaciones del riesgo país deben interpretarse, en definitiva, como la versión más sintética de la sanción acerca de las condi- ciones de explotación y dominación del traba- jo en un país dado por parte del comando glo- bal del capital-dinero. Para ampliar acerca de es- te mecanismo de sanción puede consultarse A. Bonnet: “The command of money-capital and Latin American Crisis”, cit.
21 Esta “Línea de Crédito Contingente", en términos del FMI, es una h'nea de crédito imple-
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mentada por vez primera en este caso. Alcanza- ba supuestamente los USS 39.200 millones (o sea, el 90% de los pagos de deuda externa a de- sembolsar en el 2001 y el 70% de los correspon- dientes al 2002). Es importante tener en cuenta que ese crédito contingente provenía de distin- tos prestamistas (un consorcio constituido por el FMI, el BM, el Estado Español, varios Bancos Internacionales y las AFJPs) y sería desembolsa- do en distintas condiciones. Su _intención era influir a la baja en la; altas tasas de interés vi- gentes.
22 Respecto del presupuesto en ejecución, el ajuste implicaba una reducción de gastos de S 890 millones para el estado nacional, 361 de los cuales eran el 20% del presupuesto universita- rio, y de S 968 millones a las provincias, 770 de los cuales eran el fondo de incentivo docente.
23 Dicha reestructuración de la deuda impli- .caba la postergación de vencimientos hasta el 2005 de principal e intereses por unos USS 29.500 millones, con una tasa anual del 15%. Implicó un fuerte incremento de la deuda (de unos USS 40.000 millones entre principal e in- tereses) y escandalosas comisiones pagadas a los bancos internacionales intervinientes (BBVA- Francés, Río-Santander, etc., de USS 141 millo- nes. Pero apenas unas semanas más tarde, los tí- tulos de deuda de corto plazo pagaban ya tasas del 17 al 21%.
24 Para un análisis más detallado de estas elecciones, sumamente complejas, véase A. Bonnet: “Elecciones 2001: nadie vota a nadie", en Cuadernos del Sur 32, Bs.As., 2001.
25 Los depósitos totales pasaron de USS 85.308 a 66.937 millones entre enero y noviem- bre, esto es, de USS 52.705 a 46.758 millones y de S 32.603 a 20.179 millones. Y esta fuga ve- nía acelerándose: tan sólo durante noviembre los depósitos se habían reducido de USS 49.676 a 46.758 millones y de S 22.198 a 20.179 millo- nes (datos del BCRA).
26 Se trata de un congelamiento de los fon- dos depositados en las cuentas bancarias en su conjunto, incluyendo las de sueldos, con un máximo inicial de extracción de USS 250 sema- nales y de g'ro al exterior de USS 1.000.
Cuadernos del Sur
27 Para entender la importancia que habían alcanzado los depósitos nominados en dólares entre los ahorristas debe tenerse en cuenta que la convertibilidad implica, por definición, una dolarización velada de la economia: el proceso de “dolarización”, es decir, de sustitución de la moneda local por una divisa extranjera, co- mienza siempre precisamente por el dinero qua reserva de valor. Véase en este sentido, entre otros, P. Salama: La dolarización, México, Siglo XXI; P. Salama y]. Valier: La economía gangrena- da. Ensayo sobre la hiperin/lación, México, Siglo XXI, 1992; G. Carchedi: “La dolarización, el se- ñoreaje y el euro”, en Cuadernos del Sur 30, Bs.As., 2000.
23 El monto de los billetes y monedas en manos de los particulares se redujo de S 11.608 a 8.589 millones (datos del BCRA).
29 Del total de la deuda externa nacional de entonces, unos USS 132.000 millones, esa pri- mera fase negociada entre los tenedores locales (grandes inversores como las AFJPs, bancos y aseguradoras) implicaba 50.759 millones, con un descenso de la tasa de interés del 9-14°/o en que se situaba al 7%, a cambio de una garantía sobre la recaudación tributaria. El canje total abarcaría USS 82.000 millones, 62.000 en titu- los nominados en dólares y 20.000 en otras di- visas.
3° La relativa prescindencia del FMI ante la crisis financiera argentina parece haber respon- dido, en principio, a una serie de razones entre las que se cuentan: l) el cuestionable éxito de intervenciones previas, en particular durante la crisis del sudeste asiático, y la creciente contro- versia desatada dentro del establishment a propó- sito de las mismas; 2) al endurecimiento de las posiciones de EE.UU. en su seno, resultantes de la asunción de la administración republicana de Bush hijo; y 3) al ensayo de una nueva estrate- gia de preservación del sistema financiero inter- nacional mediante una suerte de aislamiento del mercado financiero en crisis.
31 Datos del MEyOSP (dinero, depósitos, pro- ducto e inversión, la que no incluye último tri- mestre), CEPAL (forrnación de capital, índices bursátiles, inflación, balanza de pagos y deuda),
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INDEC (desempleo y subempleo) y FIEL (capaci- dad instalada).
32 En este sentido, pueden inscribirse dentro de un conjunto más amplio de movimientos sociales en cuyas estrategias el manejo del espa- cio desempeña un papel fundamental, como es el caso del MST de Brasil o el EZLN de México.
33 En efecto, el número de cortes aumentó permanentemente desde 1997, alcanzando los 252 en 1999, los 514 en 2000 y los 996 hasta septiembre de 2001. Para todo el período con- siderado el 30% fueron en el Gran Buenos Ai- res (592), el 12% en la Capital (238), el 11% en Jujuy (208), el 7% en Neuquén (132), el 6% en Tucumán (115) y un 5% en Chaco, Río Negro y Salta (de 90 a 100 cortes en cada caso), según datos de E. Lucita: “Cerrando rutas, abriendo nuevos senderos”, en Cuadernos del Sur 32, Bs.As., 2001.
34 Hacia comienzos de 2001 se registra un incremento en los conflictos laborales. Sin em- bargo, buena parte de los mismos son protago- nizados por trabajadores del sector público mientras que, entre los trabajadores del sector privado, la conflictividad retrocede levemente (A. Piva, op.cit.).
35 Se trata de modalidades de lucha distintas y asociadas predominantemente con distintos sujetos sociales, pero no incomunicadas entre si: los militantes de vanguardia cortaron las ca- lles de la city porteña y los aeronáuticos las pis- tas de aterrizaje como los piqueteros cortan las rutas, los sectores medios escracharon a los di- rigentes políticos como los hijos de desapareci- dos escrachan a los represores, y así sucesiva- mente. Esta comunicación interna entre moda-
lidades de lucha y sujetos diversos es uno de los fenómenos más interesantes de la creatividad de las masas.
36 Incluso medios progresistas se sumaron gustosos a la verdadera campaña de demoniza- ción de la violencia callejara desatada tras la in- surrección: revisense, por ejemplo, las edicio- nes de enero de Le Monde Diplomatique y Pági- na/12.
37 Es interesante advertir que estas acciones directas de violencia callejera pueden equipa- rarse, en muchos sentidos, a las acciones del de- nominado “movimiento anti-globalización” que se extendió de Seattle, pasando por Géno- va, hasta Barcelona.
33 La noción de “mediadores evanescentes”, que emplea Slavoj Zizek para referirse al papel de los disidentes anti-stalinistas durante el pro- ceso de restauración del capitalismo en la ex URSS, se aplica perfectamente al papel de estos partidos de centro-izquiera durante las transi- ciones entre administraciones signadas por la continuidad de las políticas neoconservadoras (véase S. Zizek: “Multiculturalismo, o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en F.Ja- meson y S. Zizek: Estudios culturaks. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Bs.As., Paidós, 1998).
39 Así como ese disciplinamiento impuesto por la convertibilidad es un caso más de las po- líricas monetarias de disciplinamiento del traba- jo implementadas por el neoconservadorismo, corno en el monetarismo thatcherista, este con- senso pasivo no es sino un caso de los caracte- rísticos consensos “TINA” (del "There is no alter- native” de M. Thatcher) construidos por el neo- conservadurismo.
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Maya de 2002
El mar en una botella*
Ana María Fernández Sandra Borakievich Laura B. Rivera
I. Introducción
A partir de los acontecimientos que se vienen sucediendo en nuestro país desde fines de diciembre de 2001 y continúan aún hoy, diversos sectores sociales comenzaron a parti- cipar en diferentes úpos de moviliza- ción y formas de protesta que no res- pondían a las modalidades habitua- les. La opinión de los medios, de di- rigentes políticos y de intelectuales de diversas orientaciones. políticas y/o ideológicas que consideraron en un primer momento que se trataba de una protesta de la clase media por la recuperación de sus ahorros pare- cía quedar estrecha para dar cuenta de este fenómeno.
Si los piquetes en sus comienzos sorprendieron por las formas de con- testación y modos de organización que instituyeron —diferentes a aque- llos que históricamente habían carac- terizado a los obreros argentinos- los
cacerolazos y posteriormente las asambleas barriales también parecen hoy exceder las categorías con que habitualmente se clasifican las pro- testas ciudadanas.
Desde esta inquietud, desde el mes de enero del 2002 se conformó un equipo de investigación de la Cá- tedra I de Teoría y Técnica de Gru- pos, Facultad de Psicología, U.B.A., con el propósito de realizar una rápi- da indagación que apuntara a distin-
* Este artículo ha sido publicado-en la revista El Campo Grupal, Año 4, Nro. 32, Bs. A5., mar- zo, 2002, y en versión abreviada, en el diario Página/12, Bs. A5., 14 de marzo, 2002.
Cuadernos del Sur
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guir algunos imaginarios políticos espontáneos de esas expresiones ciudadanas.
Una primera caución de método en la tarea planteada fue garantizar, dentro de lo posible, una lectura no homogeneizante de las significacio- nes que sostienen las prácticas antes aludidas, por lo cual el criterio que guió la pr0pia formación del equipo de trabajo ha sido mantener en el mismo la mayor heterogeneidad de inscripciones políticas, generaciona- les, de géneros y de grados de forma- ción y trayectoria académica entre sus integrantes.l
Por otro lado, la indagación, cu- yas primeras impresiones —aún pre- carias- se relatarán en esta comunica- ción, se realiza recolectando material a partir de la asistencia a distintos ca- celorazos (barriales, contra la Corte Suprema de Justicia, nacionales), a asambleas vecinales y a la asamblea interbarrial de Parque Centenario.
En estos espacios, se llevan a cabo observaciones generales y de las ca- racterísticas de funcionamiento de los dispositivos, como así también entrevistas a quienes concurren plan- teándoles, inicialmente, dos pregun- tas: I) ¿por que' vino? y 2) ¿cómo sigue estoi, con el fin de explorar de qué modos los propios participantes signi- fican estas prácticas.
En cuanto al dispositivo de traba- jo que el equipo se ha dado, habi- tualmente se realiza una breve reu- nión previa al inicio de las observa-
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ciones y entrevistas, se trabaja duran- te aproximadamente una hora rele- vando entrevistas y realizando obser- vaciones en terreno de los dispositi- vos que se implementan, y se cierra la actividad del día con otra reunión de equipo en la que se realiza un in- tercambio de impresiones iniciales acerca del material, al mismo tiempo que se despliegan las distintas impli- caciones de las/ os integrantes del equipo que ese día realizaron trabajo de campo. Posteriormente, se reali- zan reuniones en las cuales, más ale- jados de la inmediatez de la expe- riencia, se avanza en la lectura y aná- lisis de los datos.
II. Algunas primeras impresiones
1. La potencia del vacío: acerca de la consigna ‘fQue se vayan todos, que no quede ni uno solo ’Ï
Es sin duda la consigna de mayor insistencia y tal vez la de mayor vol- taje emocional. Es también la prueba que da- ría la razón a
aquellos que piensan que ca- cerolazos y asambleas no
tienen ninguna propuesta con- sistente, “no van a ningu'n lado? “Si se van todos, despue's que?”. En
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estos casos la consigna tiende a inter- pretarse en su literalidad. Si es pen- sada como una guía de acción su in- consistencia se vuelve evidente.
Pero tal vez podn’a interpretársela de otro modo. No ya en su literali- dad explícita sino desde aquello-que- deja-ahí latiendo el “que se vayan to- dos. .. que no quede ni uno solo’Ï
Históricamente los movimientos de revuelta social se han aglutinado alrededor de diferentes tipos de con- signas y éstas han sido siempre fuer- tes organizadores de sentido progra- mático y/o de acción, como también catalizadores identitarios. En algu- nos casos operan desde su literalidad, pero no siempre y de única manera. “Libertad, Igualdad y Fraternidad? “Paz, pan y tierra ’j “La tierra para quien la trabaja? “No pasarán? “Ni yankees ni marxistas, peronistas? son algunas de ellas.
En otros casos, como “Prohibido pro- hihir” o ‘É‘lparición con vida” no ope- ran como una propuesta pro- gramática. La primera no planteaba la po- sibilidad de con- cretar la aboli- ción de las pro- hibiciones, ni las Madres espe- raban ya que sus hijos estuvieran aún vivos. Su potencia enun-
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ciativa radica justamente en lo que su inviabilidad pone de manifiesto. Confrontan con la política pensada como arte de lo posible y ponen en evidencia tanto el agotamiento de esas formas de la política como la ra- dicalidad de aquello que habrá que inventar colectivamente. Ponen a ca- da quien las canta y a cada quien las escucha frente a un vacío de sentido y de acción que no sólo denuncia, también interpela a inventar nuevos sentidos, a inaugurar formas de ac- ción.
Es en el linaje de estas consignas que tal vez habría que pensar “Que se vayan todos... que no quede ni uno so- lo”. Allí donde para algunos radicaría la limitación de este movimiento es donde abrevaría su potencia. Su im- portancia no estaría en la literalidad de una propuesta, sino justamente en el vacío que deja cuando recla- ma aquello que no es posible. Va- cío de sentido que desde sus erran- cias necesarias —y a partir de las la- tencias que provoca- demanda un desafio colectivo: la ineludible in- vención de lo por-venir. De tal mo- do podría decirse que es una consig- na que desde sus significancias va- cías desafia, provoca a la dimen- sión instituyente de la imaginación colectiva para inventar nuevos uni- versos de significación y nuevos cursos de acción.
2. Lajicerza de Ia diversidad
Si hubiera que buscar una impre-
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sión más fuerte que otras a la hora de pensar reflexiones sobre estas accio- nes, es que quedan desbordadas las categorías habituales para pensar los procesos sociales. Decir que es un fe- nómeno de la clase media aún desde un criterio descriptivo no dice mu- cho ya que participan sectores más “bajos” y más “altos” que la “clase media”.
En el cacerolazo a la Corte2 im- pactaba la presencia de familias muy pobres, desocupados de Los Polvori- nes, Carapachay, La Matanza, Zona Sur, Haedo, Villa 21 (CCC) junto a señoras de sectores “altos” de San Isi- dro. Una de ellas, a la pregunta “por que' vino?’j responde “Para apoyar al pueblo ”. No se desclasa, ella no se considera parte del pueblo —y no se equivoca-, pero algo la convoca y participa. En el otro extremo, escu- chamos a una mujer de 53 años, de- sempleada, de Los Polvorines: “Ven- go porque falta el trabajo, porque quere- mos que se vayan todos e'stos que nos go- hernaron mal durante tantos años. Que- remos darle de comer a nuestros hijos?
Las clases sociales convergen pero no se mezclan, y ésto se expresa en el emplazamiento espacial: los sectores más humildes se ubicaron por Lava- lle, a la izquierda del Palacio de Jus- ticia; los más “acomodados”, prove- nientes de Zona Norte, a la derecha, las asambleas barriales en el centro.
No debe ser tan habitual que una protesta convoque a tan amplio es- pectro de sectores sociales.
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Si bien ésta es una característica general de cacerolazos y asambleas, en el caso específico de los cacerola- zos contra la Corte Suprema es bas- tante sorprendente la fuerza agluti- nante de esta convocatoria por cuan- to el distinguir la importancia estra- tégica de la re-estructuración de una Corte Suprema y concurrir hasta allí exige comprensiones y compromisos ciudadanos de mayor elaboración e implicación que salir a la calle en un rapto de indignación como —según el relato de algunos protagonistas-3 ha- bía sido el motivo de salir a la calle de muchos de los manifestantes del cacerolazo del 19/12/2001, posterior al discurso del todavía presidente De la Rúa.
Junto a la diversidad de sectores sociales que participan de cacerola- zos y asambleas, otra nota es la diver- sidad etaria, desde adolescentes hasta ancianos/as. Ancianos/as muy com- bativos, creativos, enojados, diverti- dos. Algunos/as con bastantes difi- cultades para desplazarse. No son pocos. Sin duda, en la movilización de los/as ancianos/as opera como antecedente el movimiento de jubi- lados.
No menor es la diversidad de gé- nero; los varones no hegemonizan ni la palabra ni las acciones. Las vecinas amas de casa aportan su sentido or- ganizativo al mismo tiempo que ga- rantizan cuestiones de “la seguridad” de las asambleas (conocen a los veci- nos). Cortan el tránsito, discuten con
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la policía, organizan las compras co- munitarias o la comida para los ni- ños indigentes de la cuadra.
En el trabajo de campo, la frase “yo no tengo nada que perder” aparece recurrentemente en respuesta a la pregunta “por que'vino?’f La consigna “que se vayan todos. .. que no quede ni uno solo” y la respuesta “yo no tengo nada que perder”, son las frases que más han insistido hasta ahora.
En esta situación los que no tie- nen nada que perder pertenecen a muy diversos sectores sociales. Atra- viesa las clases sociales y justamente hace potencia en su transversali- dad.
Los que “no tienen nada que per- der” han sido pensados histórica- mente como aquellos capaces de sa- lir a la calle para cambiar las cosas. Desde los marxismos han sido sinó- nimo de “clase obrera”, “proletaria- do”, y desde los peronismos sinóni- mo de “el pueblo”, “los descamisa- dos”.
Ante la vertiginosidad de la crisis los que no tienen hoy nada que per- der en Argentina desbordan los re- cortes sociales hechos desde las teo- rias. Esta movilización de muchos estaría reflejando, más que a los que históricamente no tienen nada que perder: los de más bajos ingresos de una sociedad salarial, a aquellos que vertiginosamente han perdido lo que tenían: salario, empleo, jubila- ción, ahorros, empresa, vivienda, profesión u oficio, pero también fu-
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turo, dignidad: “Vengo por el futuro de mis hijos” es otra frase muy escucha- da. Se produciría así una particular convergencia social desde la diversi- dad de sus históricas pertenencias de clase. Dice una vecina: ‘Hunque no tengo un problema personal, vengo por solidaridad con la gente que sz’ lo tiene. Además, a la larga lo voy a tener yo ” (31 años, empleada, asamblea de Scalahrini Ortiz y Santa Fe).
Realismo en acto de tiempos som- bríos de próximos desposeídos. Des- poseídos de hoy con próximos des- poseídos que intentan transitar a contramano la pendiente social. “El trabajo en conjunto es la u’nica manera de sacar las cosas adelante. Individualmen- te no se podría lograr”.4 Particular con- vergencia de los pobres de siempre, los nuevos pobres y los futuros po- bres. Distintos grados de pobrezas materiales, distintos grados de pen- diente social, pero todos despojados de sus bienes simbólicos, expropia- dos de firturo, sustraidos hasta la ex- tenuación de sus esperanzas.
Ya no se trata de reivindicaciones de una clase, género, organización, sino que converge una multiplicidad de componentes, motivos y recla- mos. Protesta rizomática y no verti- cal, donde la potencia estaría en la diversidad de:
— motivos de reclamos: corralito, desocupación, por el futuro de los hijos, por la salud, la educación, por los créditos hipotecarios, en defensa de los hemofilicos, por los pibes de
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' SlÓn cacerola, llave ro,s tapas de cacerolas, botellas de plástico, campanita, bongóes, mara- cas, trompetas, muñecos alegóricos de diverso tamaño, pancartas caseras: “Justicia. Hoy: Suprema a la cacero- la”, “Chorros”, “Para vivir el mañana hay que pelear el ahora”, “Disculpe las molestias, estamos manifestando por usted” , etc.
— edades.
— implicaciones emocionales: bron- ca, hartazgo, insultos, alegría, triste- za, angustia, entusiasmo, euforia.
— grados de participación: una veci- na manda un e-mail a la asamblea de Colegiales: “Los miro desde la ventana, todas las semanas. lbrlavia no me anime' a bajar’Ï Otro dice emocionado: “Tengo 57 años y es la primera vez que participo de una asamblea? junto a an- tiguos militantes que participan con renovado entusiasmo.
— Saberes: vecino/as que son médi- cos/as, arquitectos/as, abogados/as, aportan sus conocimientos técnicos en relación al problema de los medi- camentos, para proyectos de auto- construcción de viviendas, para re- clamos legales, etc. Vecinos/as que han sido militantes arriman criterios
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de seguridad para el traslado de las columnas de sus barrios a Plaza de Mayo. Vecinas amas de casa que aportan lógicas domesticas para las más variadas cuestiones organizati- vas. Jóvenes que traen su experiencia de las canchas de fútbol. Dice una vecina de Almagro- Balvanera: “Hay que transmitir los saberes. . . los jóvenes vienen de toda una experiencia en la can- cha. La otra vez los veia en la Plaza. ...habz’a una columna de pibes que hacía el aguante a la policía. YEm’an una facili- dad para inventar consignasl. .. Uno me dijo ‘Ïyo tengo cinco años de Riverl”... La policía les da con palos, les tira gases en la cancha... Tienen una gimna- sia...!!!”
— estrategias frente al Estado: petito- rios, reclamos, escraches, gestión de ayudas, subsidios, planes Trabajar, re- cursos de amparo, presupuesto parti- cipativo, etc.
— estrategias con prescindencia del Estado: formas de gestión altemati- vas y/o autogestionarias, compras comunitarias, clubes del trueque, censo de vecinos desocupados, bol- sas de trabajo, comedores, atención psicológica en la plaza del barrio, etc.
— estrategias frente a la gobemabili- dad: coexisten acciones de reconoci- miento y acciones de deslegitima- ción a la democracia representativa. Se plantean opciones como eleccio- nes ya, asamblea constituyente, jun- to a “son todos corruptos”, “que se vayan todos”, etc.
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— puesta en acto de la democracia directa que no entra en contradic- ción con los puntos anteriores. Fuer- te preocupación en algunas asam- bleas barriales por garantizar la libre deliberación.
— formas de organización: las asam- bleas son muy dispares en cuanto al tipo de comisiones que ya han for- mado y el grado de producción de las mismas alcanzados hasta la fecha, como así también de los modos y formas de seguridad que vienen adoptando.
3. De vagabundeos identitarios
El barrio —hasta ahora y en la ma- yoria de los barrios más céntricos de la Capital Federal, sólo lugar de loca- lización habitacional y en algunos de ellos signo directo o indirecto de sta- tus- pareciera comenzar a cobrar otras significaciones más de corte identitaria.
Los vecinos se nuclean previa- mente en su esquina para concurrir muchas veces en familia, con bebés y niños de diversas edades, a Plaza de Mayo a los cacerolazos. Esperan a otros barrios más alejados e inclu- so una vez que han partido vuelven a nuclearse nuevos grupos en la es- quina.6
Asambleas y comisiones de traba- jo también se reúnen allí para sus de- liberaciones. Ahora comienzan a pertenecer al barrio en el que viven.
En las asambleas las mujeres pi- den la palabra sin inhibiciones. Su
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Salir a la calle ya no es más patri- monio de hombres (ver documenta- les de los años ‘40-‘50) o de jóvenes (años ‘70). Ni de organizaciones (sin- dicatos, partidos, centros de estu- diantes). Ni de gente suelta (últimos aniversarios del Golpe de Estado).
En un cacerolazo a la Corte Su- prema una mujer se identifica como “desocupada - empresaria ’Ï Se identifi- ca (construye identidad) ya no por su clase social (propietaria de em- presa) sino por el rasgo desocupada. No dice “ex-empresaria”, que la ubi- caría en el conjunto “empresarios sin empresa”, sino “desocupada - em- presaria’j estableciendo una línea identitaria al rasgo con el conjunto “desocupados” que ya recorre trans- versalmente muy amplios sectores sociales.
Al finalizar una asamblea interba- rrial, un joven se nos acerca espontá- neamente a comentar las resolucio- nes de la asamblea y se presenta co- mo “un asambleísta’Ï
En ambos casos, la participación en las acciones colectivas introdu- ce nuevos referentes identitarios que dan cuenta de investimentos en
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acto con otros —con nuevos otros- de sus percepciones de sí.
“El barrio” no reemplaza ni sub- sume a otras formas de instituciones sociales sino que agrega —tal vez en- trame- pertenencia, filiación. Identi- dades, pertenencias y filiaciones que se instituyen por agregación en el bordado de las prácticas y per- cepciones de sí con las transforma- ciones simultáneas de las prácticas y percepciones de sí de muchos otros. Es un entre-muchos.
4. La radicalidad de la inmediatez: “Si pago los impuestos no como’í
En una asamblea de Congreso, frente a un incipiente debate sobre si habrá que llamar a elecciones y/o Asamblea Constituyente, un joven vecino, que dice que es la primera vez que concurre, plantea:
“lb ni se' lo que quiere decir Asamblea constituyentel.
Vamos a elegir siempre a los mismos,- ellos van a arreglar la Constitucióná que' van a solucionar... 16 no le quiero pedir nada al Estado. Si pago los impuestos no como. Resolvamos los problemas de la cuadra: compras comunitarias, ver cuán- tos desocupados hay en el barrio... Yáne- mos que coordinar actividades concretas en el barrio. Si Duhalde se tiene que ir, si hay que llamar a Asamblea Constituyen- te... No se’... ¿Dónde concentramos las energias? 0 en organizamos para ver que' podemos hacer nosotros o si hay que lla- mar a elecciones. . . ”
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Pese al contenido de la interven- ción, el tono no es desesperado, sino que habla más bien invitando a la re- flexión. Es aplaudido, aún por los que intentaban debatir el tema de las elecciones.
Otro dice muy indignado (grita, gesticula) en un cacerolazo: “No la quieren entender... Nos estamos cagando de hambrelll. . . ’Ï
Tradicionalmente se ha pondera- do la capacidad transformadora de una "revuelta social —entre otras co- sas- por la radicalidad de su utopía. Aquí ésto tampoco parecería ser un parámetro del todo pertinente. En las expresiones: “si pago los impuestos, no como ”, “nos estamos cagando de hambre’j la radicalidad, si la hubie- ra, estaria dada por la fuerza feroz de la inmediatez.
Sin narrativa utópica, pero con brutal lucidez de los despojos come- tidos, “El Estado”, “los políticos” ya no generan expectativas. En el pri- mer cacerolazo, después de la asun- ción de Duhalde, en la Plaza de Ma- yo, una vecina dice, frente a la cues- tión de las elecciones: “No se' si se tie- ne que ir Duhalde. Me da igual. Que se uede y lo arregle, que e'l -
e: rte deneste desas- Ot i
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potencia colectiva que hoy sale a la calle e inventa, diseña también —en su diversidad- formas poco demo- cráticas. De hecho, las incipientes formas de democracia directa que van apareciendo no siempre deciden desde posiciones “progresistas”. En varias asambleas barriales se ha vota- do que no se atienda a extranjeros en los hospitales públicos y que se pon- ga coto a la inmigración desde países limítrofes. En algunos el rechazo a oradores de partidos de izquierda o gremialistas no sólo expresa la nece- sidad de resguardo de la libre delibe- ración y/o el descreimiento de estas formas muy instituidas de la política. Muchas veces constituyen francas ex- presiones de intolerancia y/o opinio- nes de derecha.
En otros casos, no es la intoleran- cia sino el dolor frente a las izquier- das que no pueden salir de sus esque- mas históricos y pensar — y escuchar — de otro modo. Dice una asambleís- ta de Almagro/ Balvanera, docente, “con años de militancia sindical y politica”: “yo creo que toda la dirigencia tiene que revalidar sus titulos, también los de izquierda. El imaginario politico detaizqu da sta ue!
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tencialismo clientelar —opciones his- tóricas argentinas- parecen haber desgastado sus universos de significa- ciones.
Si la representación, los líderes mesiánicos, las “vanguardias”, el au- toritarismo ya no serían los modos por los que la protesta tome cauce, por dónde entonces?
En el mar de la protesta, inquieto, torrnentoso, nada permite predecir hoy el rumbo. Los sentidos políticos conocidos parecen estallados, pero pueden ser recapturados aún en sus formas más tradicionales. Y tal vez sea, justamente, en la imprevisivili- dad de poder anticipar su curso que radique otro de los elementos por donde pueda pensarse la doble di- mensión de maravilla y horror de una revuelta social.
En los vaciamientos de sentido circulantes en cacerolazos y asam- bleas hay hartang e indignación, pe- ro no están abrumados ni paraliza- dos; tienen mucho por hacer.
En la diversidad de estos “mu- chos” parece haber un brumoso “nosotros” que produce empodera- miento, potencia, sentido. ¿Habrá tiempo?
5. La brutal vem'ginosidad
Es difícil pensar fenómenos socia- les que se transforman de un modo tan vertiginoso. De las cacerolas sin palabras, del ruido y la bronca sin discurso de las primeras manifesta- ciones, semana a semana se produ- cen en las asambleas barriales avan-
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ces en la organización, en la refle- xión y comprensión de lo que ha su- cedido y de las tareas para empren- der.
Cuesta creer que estas asambleas barriales que espontáneamente aglu- tinaron a los primeros caceroleros tienen menos de dos meses de fun- cionamiento. Muchos de los veci- nos/as han aprendido acelerada- mente los modos de participación y coordinación de estas formas delibe- rativas. Se agregan con otros —que desempolvan viejas prácticas de asamblea posiblemente estudianti- les y/o sindicales- y en variados en- tramados de saberes y prácticas anti- guos y nuevos avanzan en la cons- trucción de sus rutinas democráti- cas.
Es interesante observar también el vertiginoso avance en la calidad de las propuestas. De la bronca, la que- ja, el testimonio angustiado de situa- ciones personales, a propuestas que —en algunos casos- llaman la aten- ción con su originalidad.
Vertiginosidad creativa en las for- mas de soluciones alternativas que
compras comunitarias, v bolsas H
emergen:
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bian todos los dias. .. ”), recursos de amparo. Producción de genéricos pa- ra próveer al hospital del barrio, clu- bes del trueque, incipientes proyec- tos de cooperativas autogestivas, etc.
Sólo a título de ejemplo, ya el 11 de febrero la asamblea vecinal de Ca- rapachay resolvió:
“—Desocupados:
Se creó una comisión que se encargará de censar a los vecinos.
Se aprobó la moción de buscar la ma- nera de instrumentar la creación de uni- dades productivas con desocupados.
Se aprobó reunir los telegramas de des- pido para presentarles colectivamente en la Municipalidad de Vicente López, jus- tificando de esta manera el no pago de impuestos y servicios para que no sean cortados, ni se inicien contra los vecinos acciones legales.
Se aprobó buscar la manera de instru- mentar legalmente el no pago generaliza- do de la tasa de alumbrado-barfido-lim- pieza, mediante la creación y depósito de los montos en una cuenta judicial.
—Municipal:
No se aprobó el escrache a concq'ales municipales, debido a que se está discu- tiendo la posibilidad de citarlos previa- mente a la asamblea para responder a las inquietudes de los vecinos acerca de sus sueldos, horarios de trabajo, proyectos en los que haya trabajado, etc. De no presen- tarse, se realizan'an los escraches corres- pondientes.
Se aprobó pedir una auditoria pública
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para saber en que' gasta el municipio el di- nero de los vecinos.
Se aprobó dirigirse a la delegación municipal para conocer a sus miembros e intentar saber sus horarios de trabajo, sueldos y una explicación a la gran canti- dad de empleados que posee siendo el nuestro un barrio pequeño.
Se formó una comisión del trueque, con motivo de formar un nodo en nuestro barrio.
Se flirmó una comisión del comercio, que se encargará de hablar con los comer- ciantes del barrio para tratar de mantener los precios lo ma's bajos posible y de esa manera intentar presentarle competencia real al supermercado Norte.
Se aprobó la moción de buscar la ma- nera de instrumentar algu’n tipo de segu- ridad para esta asamblea, tanto cuando se reu'na como para cuando asista a mar- chas o protestas masivas.
Se aprobó apoyar al Htal. V. López y buscar la manera de instrumentar algu'n tipo de intercambio de materiales necesa- rios con otros hospitales de la zona.
Se creó una comisión de educación que se encargará de informar a la asamblea de que' se trata la Municipalización de las Escuelas. Dq'ando sentada la disconfor- midad de los vecinos con esta intención ’Ï
También es de relevancia subrayar que esta vertiginosidad no surge de la nada. Se apoya en experiencias ba- niales previas, a veces de larga data, que no han tenido espacio en los medios y suelen ser muy poco cono- cidas. Sirven de base a esta ola que va transformando lo anterior en algo
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nuevo. Es muy elocuente al respecto el testimonio de una integrante de la asamblea de San Telmo:7
“Nosotros, en San 721m0, trabajamos con el trueque desde hace mucho tiempo;y tambie’n con la gente. 16 hace siete años que vengo interviniendo en asociaciones de vecinos. Impedimos que enrejaran el Parque Lezama, trabajamos en la comi- sión de Derechos Humanos de San 721- m0, con la colonia para los chicos. De ese modo uno va sabiendo las necesidades de su barrio. Los primeros dias de enero nos juntamos en un grupo de vecinos para ar- mar una asamblea, porque se veia que era necesario. La gente enseguida vino.- clase baja, clase media e incluso clase me- dia tirando a alta. Empezamos a traba- jar, a organizamos, a ver que' necesidades había, a marchar como todos. Corta’ba- mos todos los jueves Independencia y De- fensa. Ki no era un cacerolazo, era un pi- quete. Ese sector del barrio es la zona ma's carenciada, hay hoteles municipales, ca- sas tomadas, departamentos alquilados de los que se deben meses de alquiler. li) hace dos meses que no pago el alquiler ni expensas, porque no cobro el sueldo, aun- que tengo que seguir trabajando.
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reunión empezamos a crear comisiones: de Desocupados, de Prensa y Drfitsión, de Gestión -encargada de hablar con el Gobierno de la Ciudad-, de Salud, de Prensa Barrial —distribución de volan- tes, poner una mesa y hablar con la gen- te-. La comisión de Desocupados se creó con el concepto de que todos los que par- ticipen deben ser desocupados del barrio porque nadie sabe mq'or que ellos la si- tuación que pasan, y quie'n está peor que el otro’Ï
Diversidad y vertiginosidad pre- sentan una constante: consideran que el valor, la fuerza de la protesta está en que sea pacífica. Avanzan en medidas de seguridad frente a posi- bles provocadores y/o represión po- licial. “Violencia es mentir’Ï Los cace- roleros al interior de los bancos no toman el banco, lo cacerolean. No siempre, ni en todos es una expre- sión de bronca, suelen bailar al son de la cacerola. Se organizan “Cama- vales de la Protesta” en Liniers.
Vertiginosidad en las implicacio- nes personales. Muchos dicen haber salido de la desesperación en el tra- bajo colectivo. Qiienes trabajan en los centros telefónicos de atención al suicida comentan que los días de ca- cerolazo disminuyen sensiblemente los llamados de eventuales suicidas.
Vertiginosidad también en las transformaciones de ideas o recelos previos a unirse con otros sectores golpeados por la crisis como, por ejemplo, los piqueteros. Luego de la
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Asamblea Interbarrial del 26/1/02, un joven se nos acerca y dice que al principio no estaba de acuerdo con unir ambas manifestaciones ‘por las internas de los piqueteros... Ahí están muy metidos los sindicatos”, pero co- menta que en el transcurso de la asamblea cambió de opinión. Es in- teresante el argumento desde donde pensó que debía ir a recibirlos a Li- niers: “¡Mientras yo estaba en un tupper ellos estaban haciendo el aguante en la ru- ta, cómo ahora no voy a ir?. .. ”
Producción de subjetividad en ac- to, abrochamiento de sentido que es posible a partir de un dispositivo (la asamblea y su particular forma de coordinación) que dispone un mu- chos que no unifica molarrnente ni tampoco disgrega. QR descree de los poderes establecidos, se aleja del Estado, para resolver lo inmediato, pero no lo abandona, en tanto pro- pone su control. Un “muchos” que no es el pueblo de la nación, aunque se grita ‘Hrgentina, Argentina” con fervor.
Tal vez ya no es sólo una protesta. Tal vez se esté gestando un proceso de imaginación colectiva instituyen- te que descree del estado, pero le exi- ge y tratará de “controlarlo”. Descree del estado como garante del bien co- mún, pero le exige. Se autonomiza de él pero tratará de controlarlo. Se plantea no transferir sus derechos; no intenta transformarse en gobier- no y parece combinar la radicali- dad de la inmediatez con estrate-
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gias sin tiempo en la construcción poderes ciudadanos.
Habrá que pensar cómo se esta- rían articulando la diversidad (de clases, de edades, de géneros, de mo- tivos, de implicaciones, de formas de organización, de saberes) con la ver- tiginosidad (de los hechos, de los avances organizativos, de las pro- puestas alternativas, de las implica- ciones personales; de los cambios en la comprensión de lo que sucede, en la percepción de sí y de los otros y en las decisioneslde lo que hay que ha- cer). Diversidad y vertiginosidad producen tal vez la singularidad de las potencias que día a día constru- ye esta invención colectiva. Un mu- chos que hoy no se asusta del caos, que no teme la anarquía, que parece haber estallado los cercos de sentido y de acción de la representación po- lítica y el asistencialismo.
Son momentos de otras formas de empoderamiento colectivo. Nada ga- rantiza a dónde irá. Los cercos de sentido instituidos se agotan, esta- llan, “no va ma’s’j pero nadie puede asegurar que no serán recapturados. Y lo que es peor, nada garantiza que sus actores no puedan ser amedrenta- dos o ferozmente reprimidos. Es ta- rea de cada uno/a aportar en la construcción de las libertades por venir.
III. A modo de Muchos han salido a la calle en la Argentina. Es más sencillo, posible-
Cuadernos del Sur
mente, decir de dónde vienen que adónde van. Espacios y movimien- tos colectivos de los que no puede predecirse derrotero pero que pare- cen tomar el desafio de armar sus po- tencias desde la brutalidad de los sa- queos de diverso orden de los que han sido objeto, pero también desde ese hacerse cargo finalmente de sus vacíos de significancia.
Ya no queda tiempo ni lugar para sostener inocencias. Imposible saber si lograrán producir realidad desde una imaginación colectiva institu- yente que sea capaz de inventar nue- vos universos de significación y nue- vos cursos de acción, pero lo inten- tan. Balbuceos y torpezas que ganan en el día a día de la esquina y la pla- za alguna lucidez y no menores pre- cisiones.
Parecen empoderarse desde inago- tables diversidades, de allí tantos es- fuerzos -no sólo de las izquierdas, si- no de todo el espectro político- de meter el mar en una botella. Arma potencia en sus transversalidades. En agregación nuclea a muchos. Mu- chos que vertiginosamente han per- dido todo o gran parte de lo que te- nían y desde tales pérdidas comien- zan a mirar de otro modo a los que nunca tuvieron. Todavía los miran desde lejos pero éste entre-muchos pareciera desplegar débilmente aún nuevas pertenencias y filiaciones que arman vacilantes rasgos identitarios —impensables hasta hace poco- y combina particulares bordados de
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prácticas y percepciones de sí en si- multáneo con las de muchos-otros.
Despojos múltiples, diversos, que instalan una inmediatez que tal vez construya alguna radicalidad trans- formadora. Vertiginosidades de todo tipo que impiden en cada uno que algo quede como antes era. Vertigi- nosidad e inmediatez parecieran arti- cularse, agregarse desde sus diversi- dades en potencia colectiva.
Singularidad de este salir a la calle que parece sostener desde sus empla- zamientos la angustia de la vertigino- sidad de la pendiente junto a los acu- mulados saberes históricos, colecti- vos, de las estrategias sin tiempo. Pre- mura y paciencia en esta loca idea de querer inventar, al borde del abismo, una apuesta colectiva.
Buenos Aires, marzo de 2002
Notas
1 Formación del equipo de investigación: Lic. Ana Maria Femández (Profesora Titular), Lic. Sandra Borakievich (Jefa de Trabajos Prácti- cos), Lic. Laura B. Rivera (Ayudante de Primera), Lic. Roxana Amendolaro, Diego Busciglio, Lore- na Cascallana, Amaranta Ibáñez y Rodrigo San- tillán (Ayudantes de Segunda) y, recientemente incorporadas, Paloma Herrera y Lic. Cecilia Ca- lloway.
2 Se observó el segundo cacerolazo (17/1/02) y ya había asambleas barriales de gran número de barrios de la Capital Federal (Villa Urquiza, Barracas, Villa del Parque, Balvanera,
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Belgrano, San Telmo, Belgrano-Núñez, Paternal, Flores Norte, Saavedra).
3 Se entrevistó también a personas que parti- ciparon en cacerolazos, con posterioridad a los mismos.
4 Asambleísta de San Telmo, diario Pági- rra/12, suplemento ¡“Las Doce”, 2240202.
5 Los damnificados de créditos hipotecarios manifiestan haciendo sonar su llavero y, general- mente, tratan de que sus reclamos se identifi- quen y diferencien del resto de este modo.
6 Es muy interesante observar el movimien- to de los vecinos autoconvocados en su esquina un dia de cacerolazo. A las 20hs. llegan los pri- meros con el cartel del banio y alguna cacerola. Se van agrupando; cuando son más ya pueden cortar el tránsito y, en algunos casos, queman bolsas de basura. Los “habitues” de la asamblea vecinal se saludan, hay un clima festivo, amiga- ble. Esperan a otros barrios más alejados en la lí- nea de la avenida en la que están situados. A eso de las 22hs parten muchos hacia la Plaza de Ma- yo, quedando unos pocos en la esquina. Poco a poco ésta se vuelve a poblar de caceroleros re- cientes que toman la posta; otra vez son muchos y permanecen allí hasta altas horas. A veces al llegar nuevos grupos de otros barrios parte otro contingente a la plaza. Desde Nuñez y Belgrano, por Av.Santa Fe. Desde Liniers y Flores por Av. Rivadavia. La esquina queda un poco despobla- da, pero al rato se vuelve a nutrir de nuevas ca- cerolas. Así hasta muy tarde. Lo mismo ocurre en Plaza de Mayo donde, en algunas ocasiones, las columnas de los barrios más alejados están entrando a la plaza cerca de las 24hs., cuando los que llegaron más temprano ya comienzan a des- concentrar. Nadie parece dirigir estos sucesivos desplazamientos y agrupamientos que, sin em- bargo, parecen tener sus propios ordenamientos.
7 María Eugenia Corvalán Alarcón, inte- grante de la asamblea barrial de San Telmo, pu- blicado por suplemento “Las Doce”, diario Pági- na/IZ, 22/02/02.
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Que venga lo que nunca ha sido
Eduardo Lucita
uele decirse que “cuando lo
extraordinario se vuelve co-
tidiano” es porque transfor-
maciones profundas se es- tán desarrollando en la sociedad y firndamentalmente en las cabezas y en las conciencias de las gentes.
En Argentina luego de un cuarto de si ' terrninable, en que el te- rrorismo de estado primero, el Elian- taje rnflacionano y‘fi demonrzacrón dET Estado después colocaran al mer- cáüó yï dinero como la ¿nedidafide vairï’clé’t’ód'cïïóïvaïores, algo muy prafiiíd'oy se H5 que-liado.
Los ciudadanos que, puestos en un brete or esa ló ica del capital en su fase neoTiberal, se habían re- fugiado en el individua- liín'o el consu sus problemáticas per- sonales, en sus a es cotidianos, ue risio- neros de la rutinariza- ción de sus vidasl e sus
gestos y de sus actos pa- recían vivir en una suer-
Cuadernos del Sur
te de presente permanente, con in- dependencia de todo pasado y de la experiencia social que hay en ellos, de pronto han recuperado el centro de la escena política, han roto con la cotidianeidad y sus rutinas.
En la Argentina de estos días so- mos protagonistas y tem- tos de- una srtuacrón excepcronal. LWientos se han sucedi- do y se suceden aún con rapidez vertiginosa, con esa vertiginosidad que es propia de las grandes crisis y de esos momentos inigualables que quedan en la historia. Esta se desen- vuelve por los surcos que ella mis- ma se trazó: de la rece- sión a la depresión, a la improvisación econó- mica y al caos político.
Esta excepcionali- dad esta dada tanto por la profundidad y alcan- ces de la crisis —econó- mica/social/política—, sus interrelaciones con la crisis mundial y sus rasgos específicos, pro-
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pios de nuestra for- mación so- cial históri- ca, como por la diná- mica que el movimiento social está imponien- do. Dinámi- ca que por su prolongación en el tiempo, por su extensión geográfi- ca, por los sujetos sociales involu- crados y por las formas y conteni- dos del debate y organización que va asumiendo, no tiene preceden- tes en el país.
Es indudable que estos aconteci- mientos están emparentados con el movimiento antiglobalización que desde Seattle (1999) hasta Barcelo- na (2002), pasando por numerosas escalas intermedias y los Foros So- cial Mundiales de Porto Alegre, so- brepasa —como la propia globaliza- ción- las fronteras de los estados- nación para elevar sus protestas y denuncias. Sin embargo lo sucedi- do en nuestro país muestra, con re- lación al movimiento intemacio- nal, un rasgo diferencial: forma par- te de ese movimiento pero tiene en- camadura social en los marcos de nuestro estado-nación; se levanta contra los efectos locales de la glo- balización del capital, pero lo hace en forma autónoma del estado y de las instituciones del régimen.
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l La potencialidad social desplega- da en estos días y en estos tiempos pareciera señalar con angustia y es- peranza que, si “otro mundo es po- sible”, otra Argentina es necesaria.
Los acontecimientos del 19, 20 y 28 de diciembre pasado, por su ma- sividad y decisión desplegada en los enfrentamientos contra el régimen y sus instituciones, por la potencia- lidad social puesta en evidencia, tie- nen características inéditas. Fue en sus inicios un profundo ejercicio de resistencia, incluida la violencia co- lectiva, que en su desarrollo conclu- yó cuestionando el poder de man- do y orden del estado.
Por primera vez en nuestra histo- ria un gobierno elegido democráti- camente no fue derrocado por un golpe de estado sino por la acción directa de las masas populares. A la par que se reivindicó la soberanía popular se puso en práctica concre- ta la revocabilidad del mandato, y luego se expulsó a un nuevo gobier- no, que sólo duró días, que podría tener la legalidad formal del régi- men —elegido en una Asamblea Le- gislativa amañada y controlada por el Partido Justicialista- pero que ca- recía totalmente de legitimidad.
No sólo se tumbaron dos gobier- nos, ha sido todo el régimen de la democracia delegativa, sus institu- ciones, sus personeros, lo que fue rechazado e impugnado por ilegíti- mo.
Pero así como los acontecimien-
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tos del 19 y 20 de diciembre son un punto de quiebre que sintetiza y proyecta toda la experiencia de lu- cha acumulada en años de enfrenta- miento, este punto de quiebre tam- bién ha abierto una nueva situación política, donde los elementos a te- ner en cuenta son la profundidad de la crisis de la burguesía —su falta de orientación y su inestabilidad política- y la dinámica de moviliza- ción, de energía social liberada, que los hechos mismos han precipitado y que se recrea continuamente.
Cuatro aspectos se han combina- do en esta situación general:
1) La continuidad de la crisis económica que se mantiene y se profundiza desde hace varios años, pero que ahora está siendo someti- da a una fuerte y renovada presión imperialista. Tanto por los organis- mos financieros internacionales co- mo por la administración republica- na del presidente Bush que tiene una visión mucho más doméstica de los problemas intemacionales, que ha aislado al país buscando evi- tar la expansión de la crisis a otros países de América Latina, pero que a más de 90 días de declarado el “default” no ha brindado ningún ti- po de apoyo concreto.
2) La instalación de una nue- va dinámica social de características asamblearias y de ejercicio de de- mocracia directa que incluye la constitución de organismos de de-
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bate y deliberación, plurales y pro- fundamente democráticos, con per- manencia en el tiempo, que prefi- guran potenciales organismos de poder popular.
3) El derrumbe del régimen político de la democracia burguesa, el descrédito de toda forma de ins- titucionalización y de representa- ción tradicional que ha arrastrado a los grandes partidos del sistema.
4) Un crecimiento, relativo pero sostenido en el tiempo, de la influencia social de la izquierda. Es- to se manifiesta en la recepción de sus propuestas, en su implantación social, en el crecimiento de su mili- tancia, que fuera precedida por avances significativos en el plano electoral.
Esto exige una caracterización del momento y del período que se inicia —reflexión que no puede ser sino provisoria dada la velocidad de los acontecimientos en curso- para lo cual las viejas categorías y los an- tiguos modelos nos sirven como un punto de re- ferencia pe- ro no nece- sariamente nos permi- ten interpre- tar cabal- mente la nueva situa- ción en Ar- gentina.
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El contexto socio-económico
Si bien el modelo neoliberal se fue implantando desde hace más de un cuarto de siglo es en la década de los ’90 cuando este avanza arro- lladoramente transformando y po- larizando fuertemente a nuestra so- ciedad.
La fuerte disputa al interior de las clases dominantes por la apro- piación de la riqueza social, que fuera una de las características de todo el período anterior, se cierra en 1991. Es en torno al Plan de Convertibilidad que se logra disci- plinar a las distintas fracciones de la burguesía que asumen así un pro- grama común bajo la hegemonía del capital financiero El centro de
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sector público al capital privado, su eje articulador.
En tanto que la ofensiva genera- lizada y sostenida del capital sobre el trabajo —que sin solución de con- tinuidad se desplegaba desde 1975- se consuma en este período impo- niendo una relación de fuerzas ab- solutamente desfavorable a las cla- ses subalternas.
Esto fue acompañado en el pla- no político por una suerte de alian- za de “ricos y pobres” que legitima- ba al régimen y otorgaba el necesa- rio consenso en torno a la política y a la cultura dominante en el perío- do.
Al cabo de una década la rees- tructuración productiva, la desin- dustrialización, la reforma del esta- do, la nueva inserción internacional del país' dejaron como contraparti- da altísimos niveles de desocupa- ción y exclusión social, una profun- da caída estructural de los salarios y
niveles de pobreza no conocidos.
La lógica del modelo implantado implicaba la acumulación de capita- les bajo un mecanismo de valoriza- ción financiera que generaba conti- nuos excedentes de capital que se expatriaban al extranjero y como contrapartida requería el permanen- te acceso al mercado internacional de capitales, con lo que se generó un continuo endeudamiento públi- co, absolutamente necesario para
sostener la dinámica del modelo.l A mediados del ‘95 el modelo
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comenzó a dar muestras de su debi- litamiento y de haber perdido su ca- pacidad para continuar con las transformaciones regresivas de la sociedad. El agotamiento de la polí- tica de privatizaciones y las cada vez mayores dificultades para acce- der a los mercados internacionales de crédito jugaron un papel deter- minante. El blóque de clases domi- nante comenzó a resquebrajarse. Su contrapartida fue un reanimamien- to de las luchas populares, que tuvo su momento particular en los ini- cios del ‘96 con el llamado Santia- gazo y la aparición, a mediados de ese año, del movimiento “piquete- ro” en Cutral-Co y ¡Plaza Huincul.
La curva de conflictos comienza así una lenta pero persistente recu- peración. Sin embargo, sin dejar de considerar los conflictos sindicales tradicionales —incluidas las huelgas generales-, es necesario señalar que son otros los sujetos que llevan el peso de la protesta social: los traba- jadores desocupados, formaciones territoriales, organismos de solidari- dad, etc. La combinación de viejas y nuevas formas de lucha y organi- zación esta así estrechamente rela- cionada con los cambios en las ba- ses materiales en la sociedad.2
La reapertura de la crisis de hege- monía se expresó en toda su ampli- tud en el gobierno de la Alianza, que en muy pocos meses debió cambiar tres ministros de economía —que aún en el marco del modelo
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marchas, y de las debilidades para darle un rumbo claro al país.
Es en el marco de esta disputa in- terburguesa, por la apropiación de la riqueza social y por dirimir qué fracción hegemoniza e impone la salida a la crisis, que ha hecho irrup- ción con fuerza propia el movi- miento social.
Una nueva dinámica social
Ha sido la condensación de esta situación social insostenible, com- binada con una fuerte presión im- perialista y la disputa al interior del gran capital, la que precipitó la re- vuelta popular del 19 y 20 de di- ciembre, su continuidad el 28 y la caída de dos gobiernos.3
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Hartazgo, frente a una situación económica agobiante. Desconfianza fi'ente a los partidos y las institucio- nes de la democracia delegativa. Madurez en la comprensión de que hay que tomar la resolución de los problemas en sus propias manos. Autoorganizacio'n. Son los rasgos que han desencadenado una nueva dinámica social, que expresa las vi- vencias y la experiencia acumuladas en la década.
Un gobierno impotente para ha- cer frente a la crisis, que para conti- nuar con el pago de los servicios de la deuda externa recurrió a la inmo- vilización de los depósitos banca- rios, a la parcial confiscación de los salarios de los trabajadores y a una obligada bancarización, concluyó cortando la cadena de pagos y ha- ciendo que la moneda —el equiva- lente general de las mercancías- de- sapareciera del mercado paralizan- do prácticamente todas las activida- des comerciales y financieras.4
La respuesta social no se hizo es- perar: desde los distritos y regiones que muestran los índices de desocu- pación y de pobreza extrema más elevados, miles y miles de excluidos de la producción y del consumo ro- dearon las grandes cadenas de su- permercados exigiendo comida, y donde no se la daban la tomaban por su propia cuenta. Grandes ne- gocios de artículos para el hogar fueron también expropiados por la multitud, que a su vez había sido
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saqueada durante décadas, y accio- nes de vandalismo, propias de cuando la acción social es desbor- dada a si misma, se realizaron con- tra pequeños negocios, impulsados por sectores de la derecha más reac- cionaria.
La declaración del estado de sitio y un discurso del presidente de la nación tan soberbio como carente de contenido, precipitó la reacción de los trabajadores y las capas me- dias. Esta fire masiva en la Capital Federal y el conurbano del Gran Buenos Aires, pero la reacción tuvo alcance nacional.
Haciendo sonar sus cacerolas, ti- biamente en la puerta de sus casas primero, en los principales cruces de calles luego y desplazándose por las grandes avenidas finalmente, una multitud de hombres y muje- res, trabajadores, amas de casa, estu- diantes, jubilados, profesionales, pequeños empresarios —la ciudada- nía en presencia- convergió sobre la más que emblemática Plaza de Ma- yo (tal vez entre 60 y 80.000 perso- nas en la noche del 19 al 20 de di- ciembre).
Decenas de miles de personas exigieron la renuncia del ministro de economía primero, del presiden- te de la Nación después y finalmen- te “Que se vayan todos, que no que ni uno solo”, en clara alusión a las insti- tuciones y a quienes las integran.
Las sedes de numerosos bancos, de empresas multinacionales, los
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cajeros automáticos, las casas de nu- merosos políticos fueron, y conti- núan siendo, blancos de la angustia y la bronca de la multitud, en una actitud más que simbólica de los manifestantes.
Estas acciones se repitieron el 28 hasta expulsar a un nuevo gobier- no, “elegido” por un contubemio de las cúpulas d'el Partido Justicialis- ta, sin un programa burgués consis- tente y absolutamente rechazado por el pueblo.
La memoria social como susten- to de la espontaneidad
Por la forma en que el movimien- to social ha hecho irrupción y por la autonomía que el mismo mostró, han sido muchas las caracterizació- nes-que priorizan, cuando no le asig- nan un valor excluyente, al carácter espontáneo de los sucesos del 19 y 20 de diciembre pasado.
Por el contrario, desde otras pers- pectivas se pone el acento en la au- sencia del “factor” conciente, en la falta de organicidad y direccionali- dad del movimiento.
De una u otra forma el viejo de- bate entre lo “espontáneo” y lo “conciente” vuelve aquí a reprodu- cirse, pero esta vez es en tomo a acontecimientos que no tienen pre- cedentes en el país, producto de la extraordinaria e inédita combina- crón de una crisrs social y pcfigica prolífigada con un extendido mo- vranento de autoorganización.
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Sin embargo a poco que se pro- fundice el análisis es posible com- probar que ambos componentes es- tán presentes en los acontecimien- tos de diciembre y en el proceso posterior.
Es indudable que la espontanei- dad esta dada por la originalidad del formato que adquirió la revuel- ta, por su autoconvocatoria, por que no reconoció consignas prees- tablecidas ni respondió a estructu- ras organizativas preexistentes, me- nos aún a direcciones reconocidas ni a liderazgos personales y tampo- co fue expresión de una determina- da clase social.
Pero no ha sido esta acción co- lectiva un rayo caído de un cielo se- reno. La espontaneidad es siempre relativa. Las grandes crisis tienen la virtud de expresar en la coyuntura las contradicciones y las tensiones sociales que subyacen en una for- mación social determinada y que se van acumulando, a veces en largos períodos.
“Lo espontáneo” entonces nunca es puro, siempre alberga en su inte- rior, aún embrionariamente, com- ponentes de “lo conciente”. Está allí presente la experiencia social acu- mulada, aún cuando de esto no re- sulten conscientes los propios pro- tagonistas.5
Una multiplicidad de conflictos sociales, de acciones de rechazo al orden de cosas existente fue acumu- lando una profunda disconformi-
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r» w s on llones de abstenciones, de votos en blanco e impugnados, millones de votos perdidos por los grandes par- tidos del sistema, y una elección más que significativa por parte la iz- quierda fragmentada y dispersa, lo atestiguan.7
La Consulta Popular, organizada por un frente de organizaciones so- ciales y políticas, llevada a cabo del 14 al 17 de diciembre, con sus tres millones de votantes forma parte del clima de rechazo. Una adecuada lectura de la actitud de los votantes hubiera permitido entrever que quienes se acercaban a las urnas ca- llejeras lo hacían por algo más que el Seguro de Empleo y Formación
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y rechazo al orden establecido: mi-
por el que fue convocada la consul- ta.
La crisis de representatividad que desde hace años se venia expresando quedó asi expuesta en toda su dimen- sión y se transformó en pe'rdida de legiti- midad del regimen.
La combinación de estos hechos: incremento de la conflictividad so- cial, pérdida de legitimidad del régi- men y ejercicios de democracia di- recta se expresaron y dieron susten- to “conciente” a la “espontaneidad” del 19, 20 y 28 de diciembre pasa- dos.
Sin duda que las clases y su expe- riencia histórica han estado presen- tes en el movimiento, pero este no se identifica a priori con ninguna de ellas. Hay una suerte de corte trans- versal que atraviesa clases y fraccio- nes, un conjunto social heterogé- neo de trabajadores ocupados y de- socupados, excluidos, sectores me- dios empobrecidos, pequeños co- merciantes. Con un rasgo particular que es necesario subrayar: fuerte pro- tagonismo de mujeres y jóvenes.
Es un dato que la clase obrera como tal estuvo ausente,- que la ac- titud claudicante de las tres centra- les obreras la privó de una participa- ción organizada, y los trabajadores aparecen así diseminados y desdi- bujados en un movimiento general mucho más amplio, que está consti- tuyendo un sujeto social de caracte- rísticas inéditas.
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Un sujeto complejo, contradictorio, con expresiones políticas e intereses muy variados, que se constituye en la acción y que se va redefiniendo en la práctica concreta.
Las masas en movimiento pasa- ron por sobre las organizaciones so- ciales y políticas que dicen repre- sentarlas, desafiaron a un estado que se mostró impotente para disci- plinarlas, no obstante el alto costo en vidas humanas que se cobró, y por el cual sus responsables debe- rán ser juzgados y condenados.
Tamaña represión ( 35 muertos, 439 heridos, 3273 detenidos) solo pudo ser llevada a cabo sobre la ba- se de un acuerdo político de los grandes partidos del sistema y estu- vo destinada a impedir que en nue- vas embestidas la gente ingresara por la fuerza en la Casa de Gobier- no con las consecuencias políticas imaginables.
El desafio al estado de sitio, la reivindicación del “Nunca .Ma's” co- reado por la multitud, contiene una profunda reivindicación democráti- ca y afirmó el ejercicio concreto de la soberanía popular y la acción di- recta, rompiendo con las prácticas delegativas, sostén ineludible del ré- gimen democrático parlamentario.
La acción directa e independien- te delas masas avanzó así con cono- cimiento de lo que no quiere, de lo que no acepta y rechaza, pero aún sin la conciencia de lo que efectiva- mente quiere. En un proceso de ma-
Cuadernos del Sur
s sulto . conclusa por-
que no t-vo lOs ‘ ' ' las
da con mucha firerza y consenso so- cial por el diputado nacional por Autodeterminación y Libertad (AyL) Luis Zamora en las dos asam- bleas legislativas- una de las fuentes de debilidad del nuevo gobierno.
Se expresó una crisis del régimen institucional de dominación pero los trabajadores y el conjunto de las clases populares no estaban en con- diciones de disputar ese vacío de poder vacante.
Nuevos organismos de debate y deliberación
Estos límites y carencias no inva- lidan que se haya abierto un nueva situación política en el país. Desde hace más de tres meses un estado
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asambleario permanente, una suer- te de “continuum deliberativo”, se ha instalado en la sociedad. Inicia- do en la misma noche del 20, se ha desenvuelto con epicentro en la Ca- pital Federal para rápidamente di- fundirse al conurbano del Gran Buenos Aires y a las principales ciu- dades del país.
Los acontecimientos de diciem- bre liberaron una fuerza social acu- mulada durante más de una década, que una vez que se expresara cen- tralizadamente en esos días se frag- mentó en múltiples fracciones para tomar forma en cada una de las asambleas barriales, en un movi- miento de características sinérgicas se vuelve a centralizarse —poten- ciándose- en cada una de las gran- des movilizaciones.
Así el movimiento ha avanzado en la construcción de organismos autónomos de debate y delibera- ción, las Asambleas Populares, orga- nizadas por barrio, y la Asamblea de Coordinación Interbarrial, que, supe- rados los primeros momentos de catarsis colectiva, poco a poco va delineando una política y formu- lando propuestas para enfrentar la crisis.8
En los hechos las asambleas han puesto en cuestión los pilares en los que se asienta la constitución bur- guesa: “el pueblo no delibera ni go- bierna sino a través de sus represen- tantes”, “el rol de los partidos polí- ticos como instituciones funda-
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mentales del sistema democrático”; cuestionaron “la irrevocabilidad de los jueces supremos”; instalaron la discusión sobre “la revocabilidad de los mandatos”, etc.9
Estos organismos de debate y de- liberación, su incipiente coordina- ción centralizada, constituyen una verdadera experimentación de for- mas extraparlamentarias, no repre- sentativas en el sentido de la no de- legación, que contienen una fuerte resistencia a toda forma de deposi- tar confianza, sea en el estado, en las instituciones, en los partidos, en las organizaciones sociales tradicio- nales
Las asambleas discuten numero- sas cuestiones que pueden catalo- garse en cuatro agrupamientos:
a) Procedimientos asamblearias: criterios de organización y seguri- dad; formas de intervención en el debate; actividades concretas de gestión y movilización a desarrollar en la semana.
b) Política de relaciones: con otras Asambleas (coordinaciones zonales), con la Interbarrial, con las instituciones.
c) Proposiciones políticas de nivel más general: la cuestión de la deuda y de la banca; la confiscación de sueldos y de los ahorros; la desocu- pación, las remarcaciones de pre- cios, el futuro de las empresas de servicios públicos privatizadas y sus tarifas; la presión de los EEUU, de
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las grandes potencias y de los orga- nismos financieros internacionales; el rol de los medios de comunica- ción, los políticos y la política, etc.
d) Problemas locales (del barrio): administración y presupuesto de hospitales públicos; emprendimien- tos productivos; reconexión de ser- vicios cortados; compras comunita- rias, formas de solidaridad al inte- rior de la comunidad barrial.
Junto con los acuerdos generales coexisten puntos de tensión que se manifiestan una y otra vez en las distintas convocatorias asamblea- rias. La preocupación por el mante- nimiento de las formas plurales y democráticas, —que se expresa en la actitud de escuchar y querer ser es- cuchado- es acompañada por una disputa por instalar mecanismos que eviten cualquier tipo de tenta- ción hegemónica por parte de los “militantes organizados” y de some- terse a toda forma de dirección preestablecida.
Hay una reapropiación de los es- pacios públicos y una redefinición de los llamados “asuntos comunes” de la sociedad, que se expresa en el tratamiento de los problemas loca- les. Su ejecución resulta fundamen- tal para afianzar al movimiento y preparar las condiciones para un salto cualitativo.(10) Sin embargo se corre el riesgo de llevar al movi- miento asambleario a una posición minimalista, de gestión de su pro-
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pia crisis, de empujarlo a integrarse a las instituciones que dice impug- nar, de transformarlo en un sinnú- mero de Juntas Vecinales. Quienes ponen el acento en la'acción barrial se oponen a una perspectiva maxi- malista que se expresaría en la coor- dinadora Interbarrial, que si bien le- vanta propuestas programáticas aceptadas, muchas veces se plantea objetivos que superan el nivel de conciencia y de comprensión exis- tente.
Se reconoce a la Asamblea Inter- barrial, como espacio que permite centralizar e ir unificando las pro- puestas y socializando las experien- cias, pero al mismo tiempo se es muy cuidadoso de que la centraliza- ción no vulnere la autonomía de las asambleas barriales.
En última instancia estos puntos de tensión no dejan de estar presen- tes en la consigna original y en cier- ta forma fundante del movimiento. “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo’Ï Una y otra vez —luego de corearla en conjunto- las asambleas se indagan a si mismas acerca del contenido de la consigna, de su sig- nificado, intuyen que es algo más que una expresión de rechazo a to- do lo existente, a las formas institu- cionales y a los sujetos que las en- caman.
Esta indagación no es ajena a la segunda gran pregunta ¿Adónde van las asambleas?
Y la realidad es que el contenido
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se está definiendo y el futuro se es- tá construyendo.
Por eso es que lo que le da tanto vigor a la consigna, y permanencia a las asambleas, es que se trata de un proceso de maduración colecti- va, de un verdadero laboratorio so- cial donde cuenta más la imagina- ción que los conceptos preestableci- dos, que se sustenta en una nueva sociabilidad, en la unidad de lo di- verso, en el debate sobre las pro- puestas locales y las más generales y como interrelacionarlas.
Un proceso de búsqueda común que aun no se plantea el poder, pe- ro lo cuestiona; que se organiza en forma autónoma del estado pero presiona sobre la instituciones; que intenta desarrollar formas autogesti- vas pero trata de no quedar encerra- do en el barrio; que no dispone de un programa acabado pero sí de un conjunto de ideas que fluyen de la realidad impuesta por la propia cri- sis.
Ese programa, ausente desde el punto de vista de su formalización, está hoy en las calles, en las esqui- nas y en las plazas. Muchas de las propuestas de la izquierda que no mucho tiempo atrás eran cuando menos ignoradas, si no rechazadas, están hoy en debate y deliberación
Se trata de un proceso que no re- conoce jefaturas ni liderazgos, pero sí una innumerable cantidad de proto-dirigentes. De un proceso que está a la búsqueda de nuevas
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formas de representación con la menor delegación posible, de nue- vas relaciones entre representantes y representados (criterios de rotación, mecanismos de control, revocabili- dades).
En síntesis se trata de la puesta en escena de la capacidad colectiva de pensar, de decidir y de hacer con autonomia y sin tutelas. Esta lógica estará de ahora en más en debate en las organizaciones políticas, sociales y sindicales.
El desafio de la convergencia
No obstante el movimiento de- be resolver aún nuevos desafios. En los años pasados numerosas luchas se dieron al margen de las estructuras y los métodos tradicionales, con formas em- brionarias de autoorganiza- ción y ejerci- cios de demo- cracia y acción directas —en lo que constituye un claro ante- cedente a la si- tuación actual- mientras que otras fueron encabezadas por las organi- zaciones sindi-
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cales no comprometidas con el go- bierno, en un proceso social de convergencia objetiva cuyo rasgo distintivo es el profundo contenido democratizador que recorre todo el movimiento.
El punto más alto de este proce- so fueron los llamados “Congresos Piqueteros”, que "aparecieron como un centro político capaz de centra.- lizar y orientar las luchas sociales. Sin embargo este proceso fue inte- rrumpido tanto por la actitud de una fracción del movimiento pi- quetero que puso límites a la conti- nuidad de los congresos, como por la CTA, la central alternativa, que no participó de las jornadas de lucha, que las descali- ficó, y que lue- go depositó confianza en los gobiernos surgidos de la crisis tirando por la borda todo un esfuer- zo de construc- ción de una dé-
cada.
Pero fue la propia crisis, pasando por
encima de to- das las formas preexistentes y poniendo en cuestión el dis- curso y las pro-
Cuaa'ernos del Sur
pias prácticas que de él se despren- dían, la que favoreció la recomposi- ción de una fracción social que es quien encabeza los cacerolazos y las asambleas barriales, "en una nueva sociabilidad política.
La confluencia, en el marco de los nuevos organismos de debate y deliberación, del movimiento de las Asambleas Populares con el pique- tero y el movimiento obrero como tal es entonces el gran desafío del momento.
Algunos pasos en esta dirección se han dado. La marcha a mediados de enero de una fracción piquetera (CCC y FTV-CTA) que por primera vez recibió el apoyo público de co- merciantes y ciudadanos a su ingre- so a la Capital Federal; el cacerola- zo del viernes 15 de febrero que contó con la presencia del Bloque Piquetero y también por primera vez de una columna de la CTA; la “Asamblea Nacional de Trabajado- res Ocupados y Desocupados” del 16 y 17 de febrero, convocada por el Bloque Piquetero y a la que fue- ron invitadas las Asambleas Popula- res, que en la Interbarrial votaron su asistencia. Esa misma tarde una delegación de la Asamblea Nacio- nal se hizo presente en la Coordina- dora Interbarrial para comunicar sus resoluciones, llevar su solidari- dad y plantear acciones conjuntas. Finalmente la “Asamblea Nacional de Asambleas” del 17 de marzo fue un punto de encuentro superior
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que abre nuevas instancias en este proceso.
En esta convergencia está la posi- bilidad de soldar la fractura entre la militancia social y la militancia po- lítica-partidaria que fue una de las características en la última década y al mismo tiempo de que este movi- miento autónomo y profundamen- te democrático ponga límites al sec- tarismo de las políticas partidarias y de algunas organizaciones sociales. Unos y otras se empeñan con es- fuerzos dignos de mejores objetivos en poner sus intereses de autocons- trucción por sobre las necesidades de construcción del movimiento.
El régimen político
La magnitud de la crisis abierta se muestra en que en apenas dos se- manas pasaron cinco presidentes y que a más de dos meses de desatada la crisis política el país no tiene un rumbo claro y definido.
Esto ha impactado en la superes- tructura política nacional. Todo el esfuerzo del régimen en estos años por instalar un sistema de pluralis- mo político basado en el bipartidis- mo estalló en las elecciones de oc- tubre pasado. Con la revuelta popu- lar de diciembre las instituciones de la democracia representativa, los partidos y aun los sindicatos, han quedado convertidos en simples cascarones vaciados de contenido con escaso o ningún consenso en la sociedad.
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Hay una crisis de dirección bur- guesa. Los partidos han perdido consenso y no alcanzan ya a expre- sar los intereses de sus representados y hay un profundo debilitamiento del sentido común en tomo a la po- lítica y a la cultura dominante.
En tanto que las distintas fraccio- nes del capital no logran aún re- constituir un bloque capaz de im- poner una salida a la crisis. La clase dirigente mantiene el control del es- tado —a tal punto que ha producido una licuación de los pasivos de las grandes empresas y una brutal transferencia de recursos a favor de los grandes grupos económicos- pero ha perdido hegemonía en la sociedad. Para decirlo en términos gramscianos: solo se muestra como clase dominante.
CLuienes han visto con absoluta claridad esta situación, y los peli- gros que encierra para la domina- ción burguesa, son los economistas del Instituto Tecnológico de Massa- chussets, Dombusch y Caballero, que descartan que la ayuda del FMI resuelva los problemas del país y proponen la intervención de un Comité Internacional para adminis- trar las políticas fiscal, monetaria y tributaria.
Esta propuesta se apoya en un diagnostico claro: “... es imposible llegar a un acuerdo nacional por que nadie cree en nadie y no hay grupo de poder que pueda confiar el timón a otro para salir de la crisis”;
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Es en este sentido que hay una suerte de crisis orgánica latente, pe- ro todavía no hay una organización que alcance a expresar políticamen- te los intereses del conjunto de los explotados, oprimidos y excluidos por el capital. Así la crisis orgánica no logra consumarse.
La situación contiene enormes posibilidades pero también serios peligros. El fuerte grado de concen- tración del capital entra en contra- dicciones con el régimen democrá- tico —en las actuales condiciones, aún con la más formal democracia representativa- y frente al despresti- gio de los partidos y de las institu- ciones del régimen, se presentan condiciones para la aparición de fi- guras providenciales. Aunque por el momento nadie pareciera poder cumplir con ese rol...
El agotamiento del estado de bienestar nacional define, entre otras cosas, las enormes dificultades del régimen para neutralizar e inte- grar las demandas de los trabajado- res y el conjunto de las clases subal- ternas. Es esto, más allá de corrup- telas y prebendas, lo que está en la base del vaciamiento de las institu- ciones de la democracia representa- tiva y, como contrapartida, la ten- dencia al autoritarismo del estado y su conversión en un estado policial si la dinámica social y la ingoberna- bilidad tienden a crecer...
Sin embargo la formidable movi- lización del 24 de marzo con moti-
Cuademos del Sur
vo de cumplirse un nuevo aniversa- rio del golpe de estado de 1976, en que las Asambleas Populares tuvie- ron una presencia masiva, fue no solo un recordatorio del significado de aquella fecha sino, y sobre todo, una clara advertencia de la sociedad frente a todo intento de implantar cualquier forma de autoritarismo de estado.
Por otra parte el avance arrolla- dor del neoliberalismo en los años '90 desarticuló las formas de media- ción entre la sociedad civil y el esta- do. El movimiento, así, no encuen- tra canales institucionales, tiende a radicalizarse y a buscar por sí mis- mo las soluciones. Del interior del mismo surgen tendencias a conjurar las consecuencias disgregadoras del neoliberalismo, a resolver la frag- mentación y la heterogeneidad.
Es un hecho que cada grupo o fracción de clase golpeado por la crisis avanza con sus propias de- mandas y reivindicaciones, sin em- bargo la crisis que sacude a nuestro país es de tal magnitud y profundi- dad que el destino de la nación está en juego. Para la mayoría de la gen- te, más allá de los problemas econó- micos y políticos, es una crisis de futuro. No alcanzan a percibir un horizonte que no sea el de un agra- vamiento del presente, de las actua- les condiciones de fi'agmentación, empobrecimiento, exclusión social y sometimiento al gran capital nati- vo y extranjero.
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Es esta noción de ausencia de fu- turo, el presentimiento de que las generaciones futuras estarán peor que la actual, la idea de que la na- ción misma está en juego y que la nación misma no es hoy otra cosa que el pueblo en acción —los explo- tados, los oprimidos, los exclui- dos—, el hilo conductor que está re- solviendo la fragmentación, sutu- rando el tejido social y dándole una direccionalidad al movimiento.
Es claro que no se trata de apelar al nacionalismo en un mundo glo- balizado, donde el período de ex- pansión de los estados-nación ha concluido, sino de recuperar el con- cepto de nación como territorio co- mún que pertenece a la colectividad de los hombres y mujeres que lo ha- bitan.
La situación política creada a partir del 19 y 20 de diciembre pa- sado tiene una potencialidad excep- cional apoyada en el estado delibe- rativo, en la. autonomía social y la independencia política del movi- miento en construcción. La izquier- da organizada o no, en sus distintas variantes y fracciones, forma parte constitutiva de este movimiento y es la única expresión política que puede aportar ideas y propuestas con perspectiva de futuro. El resto no es otra cosa que el pasado.
No obstante el estado asamblea- rio, la pluralidad de sujetos, el ejer- cicio democrático real, sintetizan
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una situación política y social para la que la izquierda no estaba prepa- rada y en este sentido la participa- ción en las asambleas implica, tam- bién para nosotros, todo un ejerci- cio de aprendizaje.
Un dato no menor de la actual situación es la aparición de una nueva camada de militantes jóvenes junto con la recuperación de mili- tantes de otras décadas que aportan su experiencia pero que en general coinciden en el rechazo a las estruc- turas partidarias y a la imposición de criterios decididos por fuera de los ámbitos de debate y delibera- ción.
Por primera vez en muchos años se insinúa un cambio en la relación de fiierzas sociales y se abre’una si- tuación excepcionalmente rica para las ideas y concepciones anticapita- listas.
Por esta vez la situación parecie- ra depender de nosotros, a condi- ción de ser capaces de extraer las conclusiones necesarias del proceso en curso, si entendemos la impor- tancia de intervenir en el movi- miento volcando ideas para elevar el nivel del debate y la comprensión de los orígenes de la crisis, si apor- tamos argumentaciones que ayuden a señalar las contradicciones del ca- pitalismo y la barbarie a la que nos está llevando.
Si somos capaces de preservar la autonomía y la independencia del
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movimiento y hacerlo avanzar de conjunto hacia aquel objetivo que un graffiti pintado en las paredes de un tradicional barrio de la porteña Ciudad Autónoma de los Buenos Aires testifica con todo orgullo: “¡Que venga lo que nunca ba sidol’Ï
Notas
1 Bajo la presión de una deuda pública del orden de los 130.000 millones de dólares - equivalente a la totalidad del PBI anual al nue- vo tipo de cambio- la economía se ha hundi- do en un ciclo de depresión y estancamiento luego de cuan años continuados de recesión, y cuando las expectativas para el 2002 son co- mo mínimo una caída del 8% del PBI, una in- versión inexistente y una inflación esperada no inferior al 30%. Los efectos sociales de una dé- cada de neoliberalismo han llevado la desocu- pación actual al 23% de la PEA, y la subocupa- ción superior al 20%, en tanto que la caída es- tructural de los salariOs hace que el 50% de los asalariados gane menos de 400 pesos (160 dó- lares a una paridad de 2.50 pesos por dólar). La combinación de altas tasas de desocupación y fuerte caída salarial, hace que más de 15.000.000 de personas estén por debajo de la línea de pobreza, 480 pesos (192 dólares) y que cerca de 5.000.000 estén por debajo de la línea de indigencia, 140 pesos (56 dólares).
2 Véase N.I.Carrera / M.C. Cotarelo / A. Piva / E. Lucita: “Protesta Social: Viejas y nue- vas formas de lucha”, en Cuadernos del Sur n° 32, noviembre 2001
3 Esta sección es tributaria de la declara- ción de los Militante: Socialistas de diciembre 2001.
4 La desaparición del circulante y la ruptu- ra de la cadena de pagos impactó fuertemente sobre la llamada economía “no registrada" (en
Cuadernos del Sur
negro), lo que dejó sin sus paupérrimos ingre- sos a miles y miles de personas que viven de la recolección de desechos reciclables, particular- mente los llamados “cartoneros” que cobran a razón de 54 los 100 kilos de cartón. Buena par- te de los saqueos —expropiación de alimentos- estuvo impulsada por esta situación.
5 Las puebladas de Cutral-Co y Tartagal que dieran origen al movimiento “piquetero” con sus asambleas multitudinarias sobre las ru- tas, que se repitieron una y otra vez en La Ma- tanza, son un claro antecedente del actual esta- do asambleario. Más en los inicios de la déca- da pueden rastrearse también antecedentes en el conflicto ferroviario de los años 1990-92. Ver “La huelga que dirigieron las bases”, en E. Lu- cita (comp.): La patria en el riel. Un siglo de luchas de los trabajadores ferroviarios, Ediciones del Pen- samiento Nacional, Buenos Aires 1999.
6 En el período 85/89 los conflictos obre- ros fueron en promedio 715 por año; en 90/94: 444; en 95/00: 266, el total de conflictos labo- rales en el 2001: 1006, con una recuperación de los conflictos en el sector privado que en el total anual superan levemente a los del sector público. Los cortes de rutas muestran la si- guiente evolución: 1997: 14; 98: 51; 99; 252; 2000: 514; primeros nueve meses del 2001: 996. Fuente: Informe de Coyuntura Laboral - SET Consultores y Centro de Estudios Nueva Mayoría.
7 Ausentismo: 26.3% (6.540.000); blancos e impugnados: 21.1% ( 3.871.000); votos a la izquierda tomados en conjunto: 6% (1.500.000). La Alianza gobernante perdió casi 5.500.000 de votos; en tanto que el Partidojus- ticialista 1.200.000. Para un análisis detallado véase A. Bonnet l‘Elecciones 2001: nadie vota a nadie” en Cuadernos del Sur n° 32, noviembre 2001.
8 Si bien no se cuenta con una enumera- ción taxativa, promediando el mes de marzo se estima que en Capital Federal funcionan unas 77 Asambleas Populares; 52 en el Gran Buenos Aires; 40 en la provincia de Santa Fe y 20 en la de Córdoba, se conoce la existencia del movi-
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miento en el resto del pais pero no hay aun precisiones cuantitativas. En la Capital Federal las asambleas funcionan con una reunión se- manal, y otro día para las comisiones, con una asistencia mínima de 80 personas y un máximo que oscila entre las 120 y las 150.
9 Ver el artículo del senador por la UCR R. Terragno: “La revolución social ya tiene estatu- to” en diario Clarín del 11-02-02.
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1° La solución de problemas locales puede aportar a la reorganización de la vida social y a la recuperación de la cultura del trabajo, a seme- janza Como lo hace en el movimientopiquete- ro. Claro que se trata de una cultura del trabajo sustentada en nuevas relaciones sociales. basa- das en la solidaridad, en la cooperación mutua, en el reconocimientode las capacidades y de las necesidades concretas de cada uno.
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La explosion de la deuda externa
Guillermo E. Gigliani
l estallido de la convertibi-
lidad provocó un verdade-
ro cataclismo social y polí-
tico en la Argentina. En es- tos días, el producto se ha desplo- mado un 20% en relación al nivel del segundo trimestre de 1998, el salario real se encuentra en caída li- bre y la desocupación, según las es- timaciones más cautelosas, ronda el 25%.
Asimismo, la crisis ha trastocado todas las relaciones financieras. El sistema bancario quedó destruido por la incautación de los depósitos en dólares. A su vez, en diciembre pasado, el gobierno se vio obligado a suspender unilateralmente el pago de la deuda pública por la sencilla razón de que sin crédito externo no podía afrontar los vencimientos de 2002 que ascendían a 10.351 millo- nes de dólares de intereses y 21.069 millones de capital.
Otro hecho que patentiza como pocos la gravedad del momento ac- tual es la explosión de la deuda ex- terna. En el mes de febrero, el pre-
Cuadernos del Sur
sidente Eduardo Duhalde dispuso, en forma coercitiva, la conversión en moneda nacional de casi un ter- cio de la deuda pública nominada en dólares a una paridad de 1.40 pe- sos, lo cual implica, a la cotización de mediados de abril, una pérdida de valor superior al 50%.
La transformación a pesos de la deuda externa, un hecho que para todos los políticos del arco burgués representaba la imagen viva del apocalipsis, sobrevino por la propia dinámica de la crisis. Ello ocurrió, sencillamente, porque el país pasó a ser un limón exprimido al cual re- sulta imposible extraerle un dólar más. El recorte de la deuda no cons- tituye, qué duda cabe, una medida
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antiimperialista. Fue decidido nada menos que por un presidente que tuvo que arrodillarse ante sus amos en la cumbre de Monterrey y com- prometerse a continuar con el ac- tual ajuste contra los trabajadores ocupados y desocupados y contra las provincias.
Todos estos hechos, que hicieron trizas el proyecto neoconservador entronizado por Menem y Cavallo en 1991, vienen a confirmar lo que las distintas corrientes de la izquier- da argentina anticiparon desde hace años en el sentido de que la magni- tud del endeudamiento con el exte- rior y las exigencias del sistema im- perialista provocarían, tarde o tem- prano, una crisis de proporciones extraordinarias.
El default argentino y la quita de la deuda externa
Es muy posible que la enorme depreciación de los titulos que el gobierno acaba de establecer no constituya sino el primer paso de un proceso que habrá de continuar en el futuro. En efecto, si la Argen- tina logra un acuerdo con el FMI
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tendrá: que iniciar tratativas con los acreedores financieros del exterior. Y en esta negociación es probable que, más allá de todos los condicio- namientos que el país deba asimilar, los bancos internacionales reduz- can una parte de los pasivos de un deudor que a todas luces está fundi- do. Esto es lo que ha ocurrido en los últimos años con Rusia, Ecua- dor, Ucrania y Paquistán.
Dicho claramente, la deuda ar- gentina ya empezó a ser recortada y con toda probabilidad será recorta- da más aún en el futuro si el gobier- no logra recomponer con el Fondo. Naturalmente, todo esto está sujeto a que Duhalde logre seguir aplican- do su actual política que está tritu- rando el salario real, pero este curso no está asegurado porque una nue- va embestida de la lucha popular puede hacer naufragar sus planes.
De poder mantener este camino, el gobierno argentino tratará de conducirse con el máximo sigilo y hará todo lo que esté a su alcance por “despolitizar” las negociaciones externas. Creemos que tiene que pasar todo lo contrario y que exis- ten nuevas condiciones para que así suceda. En primer lugar, la izquier- da —a la cual el periodista Horacio Verbistky denominaba “paleolítica” por su posición frente a la deuda- cuenta hoy con la autoridad de ha- ber hablado claramente desde el primer momento y tiene por delan- te el desafio organizar la lucha con-
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tra los efectos catastróficos de la po- lítica impuesta por el FMI. Tam- bién el movimiento piquetero to- mó una posición muy definida en este asunto. Y a partir del 20 de di- ciembre pasado, todas las asam- bleas populares del país unánime- mente dijeron que no hay que pa- gar la deuda porque el país está que- brado (Claudid Katz, El Paisaje de la Gran Rebelión, marzo de 2002).
Más recientemente, un numero- so grupo de economistas socialistas dio a conocer un proyecto altemati- vo que comprende un conjunto de- tallado de medidas tales como im- puestos al capital, suba de salarios y moratoria del pago y que demuestra que cualquier salida a la crisis actual necesariamente tiene que hacer re- caer los costos sobre los capitalistas (Luis Becerra y otros, Propuestas pa- ra el Debate, Cuadernos del Sur No. 33, mayo de 2002).
Las posibles ventajas de acordar una quita de la deuda
En relación a la posibilidad de que se llegue a un acuerdo con la banca internacional que incluya una quita de la deuda, resulta im- portante señalar con claridad tres puntos. Primero, el acuerdo va a re- cortar un capital ficticio, reprogra- mando a una paridad más elevada los títulos argentinos que hoy se co- tizan en Wall Street al 20% de su valor nominal. De esta forma, los bancos podrán beneficiarse con una
Cuadernos del Sur
revaluación parcial de sus créditos y recomponer sus relaciones con la Argentina sobre bases contables más realistas.
Segundo, la burguesía argentina -que de acuerdo a estimaciones del propio Ministerio de Economía po- see en el exterior 106.400 millones de dólares- tiene un interés eviden- te en llegar a un arreglo con el im- perialismo. Ello es así porque el bloque de clases dominantes —mas allá de las disputas que se suceden hoy entre sus distintas fracciones- aspira a un entendimiento con los acreedores que restablezca condi- ciones para la libre circulación de sus capitales.
Tercero, aunque la quita del capi- tal sea muy alta —supóngase que los bancos internacionales concedan una rebaja del 50% del valor nomi- nal- ello no representará un alivio significativo de la vulnerabilidad del sector externo argentino. Tal co- mo se mostrará más abajo, ni si- quiera una quita de esa magnitud atenuará los indicadores de solven- cia del país en relación al pasado in- mediato.
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Deuda pública total 2001 (en miles de millones de dólares)
Deuda total Participación Ïotal deuda pública 141.8 Deuda no sujeta a reestructuración Préstamos 42.2 30% Org. Internacionales 33.1 otros bilaterales 9.] litulos no suietos a reestructuración 5.3 4% Deuda sum a reestructuración letes 3.2 Ïítulos públicos 91.] 64% 'Ïramo l' (préstamos garantizadas) 41.9 Bancos 12.8 AFJP 16.9 Resto 12.2 'Trama II' 45.6 Exduidos inicialmente 3.5 Future: Carta Económica, marzo 2002.
La deuda externa en el 2002
Repasemos, brevemente, la situa- ción de nuestras obligaciones con el exterior. A fines de noviembre de 2001, la deuda pública ascendía a 141.800 millones de dólares (pesos). Este pasivo total se dividía de la si- guiente forma: 1) 42.200 millones en préstamos de organismos inter- nacionales y de gobiernos, 2) 91.100 millones en títulos, y 3) 8.000 millones de un conjunto de pasivos adicionales.
Como se recordará, hacia fines del 2001, cuando la tasa de riesgo- país empezó a empinarse y se acele- raba la mayor fuga de capitales de la historia argentina (23.000 millones de dólares durante ese año), el mi-
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nistro Cavallo hizo un intento de- sesperado por alejarse del default mediante una renegociación de to- da la deuda que estaba instrumenta- da en títulos.
Estos títulos, a su vez, compren- dían dos partes o “tramos”. El llama- do “tramo I”, que ascendía a 41.900 millones y que correspondía a los acreedores residentes en el país (bancos, AFJP, ART y grandes inver- sores), pudo ser efectivamente rees- tructurado por Cavallo en el mes de noviembre con una tasa fija del 7% anual, que era sustancialmente infe- rior a la tasa del mercado.
En cambio, la reprogramación del “tramo II” (45.600 millones) con los prestamistas del exterior —en la
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cual se tenía la expectativa de obte- ner una quita del capital- no pudo ser llevada a cabo por el hundimien- to del gobierno de la Alianza. Cabe destacar, por lo demás, que las obli- gaciones con los organismos inter- nacionales no están sujetas a una re- programación. Por eso mismo, el proyecto de presupuesto que envió el ministro Remes al Congreso con- templa su pago estricto.
Duhalde paga en pesos la deuda en dólares
Como se señalara, en febrero de 2002, tras la liberación del tipo de cambio y la reprogramación forzosa de los depósitos bancarios (“corrali- to”), el gobierno de Eduardo Duhal- de convirtió a moneda nacional, en forma unilateral, los 41.900 millo- nes del “tramo I” a la paridad 1.40 pesos por dólar. Este recorte brutal se registró en el contexto de una enorme puja de intereses entre las diversas fracciones del bloque de clases dominantes en el que se con- jugan pérdidas de los sectores liga- dos a la banca y a las finanzas, pre- siones desesperadas de las multina- cionales por indexar sus tarifas al rit- mo del dólar y la decisión de la bur- guesía industrial y agraria de ir por todo, oponie’ndose a que sus fabulo- sas ganancias derivadas de la deva- luación y de la licuación de sus deu- das sean afectadas por un aumento de las retenciones sobre la exporta- ción (Basualdo, Lozano y Schorr,
Cuadernos del Sur
Las transferencias de recursos a la cúpu- la econo'mica durante la presidencia de Duhalde, marzo de 2002).
A su vez, las distintas fracciones burguesas que se han beneficiado con un enorme subsidio estatal por la licuación de sus deudas en dóla- res con el sistema financiero local (que fiaeron convertidas en pesos a la paridad uno a uno) empezaron a reclamar un subsidio por su deuda en divisas (principalmente, obliga- ciones negociables) contraída direc- tamente con prestamistas del exte- rior. De acuerdo al presidente del Banco Central Mario Blejer, la deu- da privada externa ascendería hoy a 50.000 millones de dólares.
Lo cierto es que las sucesivas mo- ratorias y reestructuraciones provo- cadas por la crisis ponen en eviden- cia el grado de compromiso de los partidos del sistema con el imperia- lismo. Tanto la Alianza, como el justicialismo y el ARI siempre pro- piciaron el mantenimiento de rela- cionesa aceitadas con el FMI y los prestamistas foráneos a fin de que la Argentina pudiera “recuperar la confianza” y que en algún momen-
to “volvieran los capitales”. Prueba contundente de esta afirmación es que durante la campaña electoral de octubre pasado, cuando el país estaba siendo devorado por la crisis, todos ellos cerraron filas en defensa de la convertibilidad (Alberto Bon- net, “Elecciones 2001: nadie vota a nadie”, Cuadernos del Sur No. 32, di- ciembre de 2001).
La renegociación con los bancos internacionales
Si Duhalde logra sortear las exi- gencias impuestas por Anoop Singh y puede firmar un acuerdo con el FMI, tocará de inmediato el turno de los bancos del exterior. Los ban-' cos necesitan mejorar el valor de los papeles argentinos que actualmente se cotizan al 20% de su valor en Wall Street. No obstante, la banca
internacional de ninguna manera atesora la fantasía de reorganizar las deudas sobre la base del 100% del valor nominal.
En realidad, a lo largo de 2001 cuando se tuvo la impresión de que la Argentina se precipitaba ha- cia el abismo, en los círculos finan- cieros de Estados Unidos empezóca discutirse la necesidad de una sali- da que inevitablemente compren- dería una poda de los títulos. Entre otros expertos, Meltzer, Roubini, Calomiris y Hausmann presenta- ron propuestas sobre estas bases, algunas de las cuales tuvieron difii- sión en una reunión que organizó el Banco Central en Buenos Aires en abril de ese año.
De acuerdo a las distintas ideas que se barajan —y también al crite- rio que empieza a privar en el go-
Deuda pública PBI (en miles de millones de dólares)
Efecto de devaluación Efecto de pesificacióL devaluación, reestructuración de Efecto de la pesificación deuda y sistema Stock al aya/01 devaluación reestructuración financiero v emisón deuda pública para provincias I ll Ill IV Deuda sector púbfico nacional 141.8 140.4 96.6 ¡10.1 en / del PBI 53% 105% 73% 83% Bono compensación bancaria 13 Bono interprovincial 0.5 Deuda sector público provincial 24.9 18.9 18.9 18.9 en / del PBI 9% 14% 14% 14% Deuda pública consolidada 166.7 159.3 115.5 129% en % del PBI 62% 120% 87% 97% PBI en dólares 268.638 133.230 133.230 133.230 Entrar: (arto Económica, marzo de 2002
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bierno de Bush de que los bancos prestamistas carguen con una parte del quebranto- es muy probable que las tratativas concluyan con una reducción muy grande, que po- dría llegar hasta el 50%, una hipóte- sis que acaba de evaluar el consul- tor económico Miguel Broda.
Esta cifra, que podría ser consi- derada algo optimista, es menor, empero, a la quita del 60% que pro- puso recientemente el representante de BCP Securities Walter Molano durante su estadía en Buenos Aires (La Nacio'n, 14 de abril de 2002). Un escenario optimista: cómo el país seguiría tan vulnerable co- mo antes
Para tener una idea de cuál pue- de ser el impacto de una reestructu- ración de este orden sobre la situa- ción del país, analicemos la hipóte- sis de que la banca internacional ac- ceda a una reducción del 50%. Ve- remos que aún con semejante re- ducción las cosas no registran una mejora.
El siguiente cuadro muestra la si- tuación argentina a diciembre de 2001. El valor de la deuda pública consolidada (nacional y provincial) ascendía a 166.700 millones de dóla- res y la relación deuda pública/PBI, que constituye un indicador muy importante de la vulnerabilidad ex- terna del país, registraba un valor del 62% (columna 1). Adviertase ade- más, una innovación en la contabili- dad de las cuentas financieras. La
Cuadernos del Sur
deuda provincial —que hasta ahora no era contabilizada explícitamen- te- a partir de este año comenzó a ser coadministrada por el gobierno central y a ser computada como par- te del pasivo total del sector público
Al producirse la devaluación, se verifica un salto impresionante del mencionado indicador, al 120% (co- lumna 2), principalmente porque —además de sufrir una caída en tér- minos reales del 100/0- el PBI de 2002 valuado en dólares registra una gran reducción debido a la modifi- cación del tipo de cambio (133.200 dólares, que resulta de un tipo de cambio promedio de 2.5 pesos).
La columna 3 muestra los bene- ficios que se obtendrían con una re- ducción de toda la deuda externa instrumentada en títulos. Este re- corte abarca al “tramo I” convertido en pesos que ahora pasa a valer 23.700 millones de dólares (utili- zando el tipo de cambio recién mencionado) y una reducción del 50% de los títulos en manos de los prestamistas internacionales (“tra- mo II”). En este caso, los 45.600 mi- llones de dólares pasan a ser 27.800
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' it's-
millones. De esta forma la reestruc- turación de ambos “tramos” deter- minará una notable disminución de la deuda del gobierno nacional que caería de 140.400 millones a 96.600 millones de dólares. Con estos nue- vos valores, se tendrá así una deuda pública total (nacional y provincial) que representará el 87% del PBI.
Finalmente, la columna 4 incor- pora un dato muy importante que consiste en computar la nueva deu- da pública del 2002 por el equiva- lente a 10 puntos adicionales del PBI en concepto del salvataje estatal a la crisis bancaria originada en la ex- plosión del modelo. Este monto comprende: 1) el bono que el go- bierno le va a entregar a los bancos por las pérdidas originadas en la “pesificación asimétrica” (présta- mos pesificados 1 a 1 y depósitos pesificados 1 a 1.40), 2) el valor es- timado de los bonos que el gobier- no va a entregar a los ahorristas co- mo opción a la reprogramación for- zosa de los depósitos y, 3) un bono de cancelación de deudas de la na- ción a las provincias.
Incorporando estos nuevos. pasi-
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vos, la relación deuda/pública as- cenderá al 97% frente al 62% que registraba a fines del 2001. Dicho con toda claridad, aún cuando el país logre una reestructuración de la deuda externa que complete una re- ducción del valor nominal de 43.800 millones de dólares, el mon- to de la nueva deuda del 2002 y el impacto de la megadevaluación de- terminan que los indicadores del sector externo empeoren en rela- ción a fines del 2001.
Conviene aclarar que estas pro- yecciones están realizadas con ci- fras provisorias, que pueden verse modificadas ya sea por la evolución del índice de precio o del tipo de cambio.
La lucha por el no pago de la deuda.
Por otra parte, esta perspectiva también está fuertemente condi- cionada por el desarrollo fiituro de los acontecimientos ya que cual- quier vuelco imprevisto —por ejem- plo, un nuevo ataque del dólar co- mo el que ocurrió a fines de mar- zo- puede hacer trizas el plan y arrojarlo a Duhalde a la dolariza- ción o al vacío.
Sin dejar de tomar en cuenta es- tas posibilidades, las proyecciones muestran que por más amplia que sea la reprogramación, no hay un alivio efectivo sobre los indicadores de vulnerabilidad externa sino que los indicadores empeoran. Ello sig-
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nifica que si no hay una vuelta de los capitales, el panorama continua- rá siendo sumamente sombrío. Des- pués de diez años, la aplicación del “proyecto de modernización” de la burguesía —con su secuela de en- deudamiento, superexplotación y desocupación- ha dejado una gi- gantesca hipoteca que toma suma- mente complejas ias perspectivas de reanudar la acumulación.
Por otra parte, el derrumbe de la convertibilidad ha puesto de mani- fiesto muchas cosas. Primero, el quiebre de las políticas neoconser- vadoras y el extendido desprestigio del sistema de partidos que susten- taron esas políticas. Segundo, para toda la población ha quedado claro que la deuda externa es, en gran parte, una deuda con la burguesía
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local que detenta una parte suma- mente importante de las obligacio- nes financieras. Por consiguiente, cualquier política en relación a la deuda implica necesariamente una política de expropiación contra el bloque dominante local. Tercero, a partir de las luchas populares inicia- das el 20 de diciembre, los trabaja- dores, los desocupados y las clases medias se han puesto de pie con nuevas formas de organización y de protesta, clausurando la larga etapa de luchas defensivas de la década menemista. Esto significa que la ac- tual ofensiva del capital está plan- teada en condiciones políticas dis- tintas, de auge de las luchas popula- res y de creciente influencia de las ideas socialistas y anticapitalistas entre las clases subordinadas.
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Documentos: Propuestas para el debate
uego de la reunión realiza-
da el 9 de enero pasado en
la Facultad de Económicas,
quedó planteada la necesi- dad de trabajar en la formulación de propuestas alternativas frente a la crisis. Con el siguiente documen- to pretendemos abrir el debate, su- brayando que nuestras iniciativas se rigen por el principio de que el pe- so del extraordinario desastre desa- tado debe recaer enteramente sobre los capitalistas que fundieron al país y no sobre los trabajadores, los desocupados, los profesionales y los pequeños productores, comercian- tes y ahorristas.
La crisis supera ampliamente las precedentes de 1975, 1981 o 1989 por la gran intensificación de la po- breza, el desmantelamiento indus- trial y la desintegración regional. Por otra parte, la depresión que atravesa- mos no es un resultado exclusivo de la “convertibilidad”, el “modelo” o la “apertura” sino que expresa el efecto combinado de las convulsio- nes periódicas del capitalismo, de su
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inserción periférica y de la política neoliberal de la última década.
Nuestra iniciativa se hace eco de la revuelta popular que tumbó al gobierno hambreador y que conti- núa a través de las protestas y cace- rolazos cotidianos.
Participamos activamente en la movilización popular y rechazamos el régimen político actual, que se ba- sa en el gobierno por decreto al ser- vicio de la clase dominante, en la de- legación legislativa de poderes a los ejecutores del ajuste y en el manteni- miento de los jueces que garantizan impunidad a los saqueadores del te- soro nacional. Apoyamos las mani- festaciones que golpean las puertas de los bancos y de las empresas pr‘i- vatizadas y alentamos la discusión de soluciones a la actual catástrofe social en las asambleas populares que surgen en distintos barrios y lo- calidades. Nuestro punto de partida es la oposición total a las medidas que está implementando el gobierno ilegítimo que surgió de un contuber- nio en la Asamblea Legislativa.
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Las siguientes caracterizaciones delinean la orientación de nuestras propuestas y constituyen una prime- ra aproximación al programa que buscamos propiciar. Somos con- scientes de que estas metas sólo po- drán ser implementadas a través de una decidida profundización del proceso abierto en diciembre últi- mo. Además, creemos que las movi- lizaciones deben apuntar claramente a cambiar la dirección de las expro- piaciones descargadas contra el bol- sillo popular y hacerlas recaer sobre los capitalistas. Esta perspectiva de- be orientar las luchas por el aumen- to de los salarios, el seguro de de- sempleo y la devolución de los de- pósitos que se quieren confiscar. Pe- ro, al mismo tiempo afirrnamos que la solución de las aspiraciones del conjunto de la sociedad sólo podrá ser alcanzada en el contexto de una transformación socialista.
l) La devaluación fue dispuesta pa- ra perpetrar una nueva transferencia regresiva de los ingresos a favor de la clase dominante y su efecto se traducirá en el encarecimiento de los alimentos, los remedios y los bienes de consumo básicos. Si la cotización del dólar libre continúa disparándose comenzará una esca- lada inflacionaria que provocará mayores sufrimientos al pueblo. El panorama es ya aterrador, porque los 14 millones de pobres con in- gresos familiares inferiores a 460 pe-
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sos mensuales incluyen 4,5 millo- nes de indigentes que apenas pue- den adquirir una canasta de alimen- tos esenciales valuada en 70 pesos. Se estima que si el aumento de los precios llega al 10% el número de pobres se ampliará en 1,3 millones de personas y si el incremento trepa al 30% la nueva pauperización afec- tará a 3,7 millones de habitantes.
Semejante descenso al infierno de la miseria no puede ser atenuado por el gobierno devaluacionista que precipitó la nueva escalada de sufri- mientos populares. Sus medidas de control de precios serán inefectivas frente al aumento de los bienes in- dustriales y agropecuarios y ya ha aparecido el desabastecimiento de artículos e insumos indispensables. La especulación cambiaria resurgió a pleno y es financiada por el pro- pio Banco Central con la venta sub- sidiada de divisas a las casas de cam- bio. Las disposiciones para limitar el desempleo encareciendo los des- pidos resultan insustanciales en el marco de la hiper-desocupación ac- tual y del contexto de congelamien- to salarial, que aprueban las banca- das mayoritarias del parlamento.
El “seguro de empleo y forma- ción” de 200 pesos que prepara el gobierno es una burla de la deman- da de 450 pesos más el salario uni- versal por hijo de 60 pesos que se planteó en la reciente consulta po- pular. En nuestra opinión, la elimi- nación inmediata de la pobreza es
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factible, pero depende de una reor- ganización planificada de la pro- ducción y de una redistribución contundente del ingreso y no de ex- pectativas en la futura reinversión empresaria. Serán los propios traba- jadores y no la clase dominante los artífices de un “círculo virtuoso de crecimiento” favorable al pueblo. Frente a la dramática situación ac- tual nuestra propuesta es sencilla y contundente: establecer un inmedia- to seguro de desempleo de 500 pe- sos, mientras se reduce la jornada la- boral, se reparten las horas de traba- jo existentes y se contratan nuevos empleados. Esta medida junto a la fijación de un salario mínimo y uni- versal de 600 pesos permitiría co- menzar a recomponer el. poder ad- quisitivo, en la perspectiva de alcan- zar a la brevedad un piso salarial equivalente al costo de la canasta fa- miliar de 1.030 pesos. Además, las jubilaciones mínimas deben ser ele- vadas a 450 pesos y este monto debe alcanzar también a todas las perso- nas mayores de edad que carecen de cobertura de la seguridad social. Por supuesto que se plantea el problema de la financiación de estas medidas. Proponemos tres vías de recauda- ción de los fondos requeridos para este plan: la suspensión total del pa- go de la deuda externa, el estableci- miento de impuestos inmediatos a las grandes fortunas y la restaura- ción de los aportes previsionales. En los últimos presupuestos nacio-
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nales se contemplaban 9.000 millo- nes de pesos anuales para el pago de la deuda y esta cifra supera los 5.000 millones en la propuesta ela- borada para el 2002.
En materia impositiva se puede establecer un gravamen equivalente al 10% de los activos de las cien em- presas de mayor facturación y otro 5 °/o a las compañías con ventas supe- riores a los S millones de pesos y una imposición especial a las ganancias obtenidas por los rentistas. En los ca- sos necesarios y para impedir elusio- nes, el impuesto sobre los activos se- rá sustituido por un suplementario extraordinario a las ganancias o a las ventas de las empresas. Estos gravá- menes permitirían recaudar más de 20.000 millones de pesos. Asimismo, debería establecerse una tasa del 30 °/o sobre el capital radicado en el ex- terior que no tenga el carácter de in- versión directa, afectándose los bie- nes registrados en el país para el cumplimiento de esta obligación.
En tercer lugar pensamos que la inmediata eliminación de las AFJP y el establecimiento de un sistema único de jubilaciones solidarias en base a la restauración de los aportes patronales, facilitará la recupera- ción de 4.000 millones de pesos anuales para el fisco. De igual ma- nera, deben eliminarse exenciones, diferimentos y subsidios que favo- recen a grupos capitalistas y empre- sas privatizadas. De la suma de estas tres fuentes de financiamiento, jun-
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to al conjunto de medidas que se exponen en este documento surgi- rán los fondos iniciales para enfren- tar la emergencia social.
2) El corralito que instauró Cavallo para socorrer a los banqueros a cos- ta de los pequeños ahorristas se ha convertido ya en un inocultable instrumento de expropiación de la clase media. Para proteger a los ban- cos se paralizó primero toda la acti- vidad financiera y se reforzó luego el cerrojo con mayores limitaciones a la extracción de fondos.
Duhalde mintió al prometer que los depósitos serían “devueltos en su moneda original”. De los bancos ya no sale un solo dólar y es inminente la pesificación forzosa de todos los depósitos, es decir su confiscación explícita. Cuánto más trepa la coti- zación del dólar más se afianza la es- tafa a los pequeños ahorristas, que recibirán pesos devaluados o certifi- cados desvalorizados por las sumas que entregaron alos bancos. Un pri- mer cálculo que hemos realizado de esta expropiación en términos finan- cieros indica que rondaría el 50% del valor actual de los depósitos, es decir 23.000 millones de dólares.
Las entidades financieras, que han sido el canal para la fuga de más de 20.000 millones de dólares en el 2001, deben ser conminadas a la de- volución de los depósitos mediante el cobro anticipado del crédito a las grandes empresas (las grandes firmas tienen deudas bancarias que cubri-
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rían el valor de los depósitos peque- ños y medianos), con aportes sumi- nistrados por las casas matrices e in- cluso con su capital propio. Se esti- ma que sólo el patrimonio de los bancos extranjeros totaliza los 6.200 millones de pesos.
Se afirma que frente a esta exi- gencia, las entidades extranjeras se irían del país y las nacionales se de- clararían en quiebra. Si optan por este camino habría que proceder a la inmediata confiscación de todos los bienes vinculados a estas institu- ciones. Qiiénes se van deberán de- jar todos sus activos incluyendo las propiedades directas, encubiertas y asociadas
Pensamos que de ninguna mane- ra la sociedad puede asumir los cos- tos de los quebrantos bancarios me- diante el recurso de la licuación de sus pasivos por la vía inflacionaria o de una nacionalización ruinosa de estas entidades. Esta solución es tan nefasta como la extranjerización completa (“off-shorizaciórr”) que promueven otros grupos financie- ros, porque su costo será descomu- nal para el país. El socorro a los bancos insumió un gasto equivalen- te al 25% del PBI mexicano luego de la crisis de 1994, del 16 % del PBI coreano y del 40% del PBI in- donesio luego de desplome asiático de 1997-98. En el caso argentino ya hubo un precedente cercano luego del tequila, pero en el estado actual de las finanzas públicas este rescate
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propinaría el tiro de gracia a la eco- nomía nacional.
3) La otra cara del corralito incluye a la masa de individuos que se endeu- daron para comprar algún bien. Pe- ro, como se señaló, el grueso de los deudores son empresas, que al cabo de cuatro años de depresión enfren- tan graves dificultades para pagar los créditos que obtuvieron. El gobierno afirma que la cobranza acelerada de estos préstamos para liberar el corra- lito provocaría la quiebra generaliza- da de las empresas. Pero si las empre- sas quiebran: ¿quién debe pagar los platos rotos? ¿Sus dueños o el resto de la sociedad ? ¿Quién es responsa- ble de la caída, los propietarios o los empleados? ¿Es posible que los gran- des capitalistas del país tengan el mismo nato que deben recibir las pe- queñas empresas?.
Como en el caso de los banque- ros, el gobiemo se dispone a obligar al pueblo a pagar también esta factu- ra. Los hombres del gobierno traba- jan para generalizar la licuación de pasivos iniciada con la devaluación. Los destinatarios de la “nueva alian- za productiva” propuesta por Duhal- de son Macri, Soldati, Eumekian, Te- chint, Bridas, Perez Companc y to- dos los grupos que hicieron fortunas limpiando en los 80 sus pasivos con el proceso inflacionario. Gran parte de los capitalistas que vendieron sus empresas en la última década e invir- tieron en el exterior se preparan, ade-
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más, para liderar el negocio de la compra devaluada de activos.
Todos estos grupos negocian en secreto y al más alto nivel la pesifica- ción de sus deudas, esperando el mo- mento apropiado para sancionar las leyes que convaliden esta estafa. Mientras se organiza este salvataje, el gobierno dejó de lado a los deudores no bancarizados provocando todo ti- po de arbitrariedades entre la clase media endeudada por la compra de un departamento, un auto o material de trabajo. A los pequeños deudores les espera la misma confiscación que a los pequeños acreedores, porque forman parte del mismo sector gol- peado por un gobierno que se ha fi- jado el objetivo de socorrer a las grandes empresas capitalistas.
Frente a esta situación propone- mos que los industriales reciban el mismo trato que los banqueros, es decir que respondan con su patri- monio, sus inversiones en el exte- rior, sus fortunas personales y sus testaferros por la deudas que man- tienen con los bancos. Debe proce- derse a la cancelación anticipada de los créditos de las grandes compa- ñías que concentran la mitad del to- tal de los préstamos del sistema. Si la empresa amenaza con cierres y despidos debe ser nacionalizada e incorporada a un nuevo sector pú- blico de propiedad colectiva y ges- tión democrática bajo control de los trabajadores y el pueblo basada en claras prioridades de inversión,
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ahorro y consumo, democrática- mente discutidos y aprobados por la población.
4) La cesación de pagos en que se encuentra la Argentina confirma la total inutilidad del sacrificio realiza- do por el pueblo durante años para cumplir con los pagos de la deuda pública. Está a la vista la imposibili- dad de hacer frente a vencimientos de intereses que triplicaban los gas- tos de administración del gobierno e insumía seis veces más fondos que la asistencia social y 23 veces más recursos que los planes de empleo. Además, ya no pueden ser refinan- ciados con nuevas privatizaciones porque el patrimonio del estado ha sido totalmente rematado. Numerosas investigaciones de- muestran que el grueso de la deuda fue en su origen fraudulenta y care- ció de contrapartida en inversiones productivas, es decir que fue el re- sultado de maniobras especulativas que enriquecieron a los acreedores y a sus socios locales. Por eso reite- ramos aquí el reclamo básico, ya compartido por gran parte de la po- blación, de una suspensión inme- diata de .los pagos de la deuda que en gran parte se compone de títulos que están en manos de los capitalis- tas argentinos. Esta suspensión de- be ser complementada con el aban- dono de todas las negociaciones con el FMI, el desconocimiento de- finitivo de todos los pasivos fraudu-
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lentos, la renegociación de líneas de crédito vinculadas a transacciones comerciales prioritarias y el estable- cimiento de un sistema futuro de pago sólo acotado a los pequeños tenedores nacionales de títulos. To- das las alternativas que se han ensa- yado para evitar esta salida llevaron al desastre actual. El plan Brady y las sucesivas reducciones de intere- ses y ampliaciones de los plazos de pago sólo condujeron a engrosar el pasivo y a condicionar toda la acti- vidad económica a exigencias de los acreedores.
Este mismo camino está reco- rriendo nuevamente el gobiemo, cuando en pleno default acelera las negociaciones con el FMI para fijar un nuevo cronograma de pagos. Buscan retornar el rumbo que trazó Cavallo con el canje de los títulos en manos de los acreedores exter- nos y el reconocimiento de los nue- vos bonos entregados a las AFJP y los bancos locales. Para asegurar es- te continuismo Duhalde ha coloca- do al frente del Banco Central a un representante directo del FMI.
A esta altura resulta indispensa- ble admitir que las dificultades que ocasionaría el desconocimiento de la deuda serían muy inferiores a los padecimientos que genera la conti- nuidad de su pago. ¿Qué escenario peor al actual podría desatar una moratoria? ¿Mayor corte del crédito internacional interrumpido desde hace más de un. año? ¿Mayor ausen-
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cia de inexistentes inversiones? ¿Mayor aumento del riesgo país? ¿Incautación de los irrelevantes bie- nes públicos en el exterior? Todos los fantasmas anunciados ante un eventual desconocimiento de la deuda ya se han materializado por haber evitado esta decisión. Llegó el momento de iniciar otro camino: una emancipación de los acreedores de la deuda externa —incluyendo a aquéllos que residen en el país- que contará con la solidaridad de todos los pueblos del mundo sometidos a las mismas cadenas. La sublevación popular que existe en nuestro país ha provocado una gran conmoción internacional y un gran temor al “contagio político del ejemplo ar- gentino” entre los acreedores. Estas condiciones favorecen la imple- mentación inmediata de la decisión soberana del no pago.
5) El desconocimiento de la deuda permitiría una reformulación total del nuevo presupuesto 2002, deba- tido por la población y sin ninguna supervisión de técnicos del FMI. El proyecto oficial abandona el “défi- cit cero” pero no el principio de ajustar sueldos, jubilaciones y parti- das provinciales en función de la re- caudación, porque contempla la prioridad de pago de 5.275 millones de pesos de intereses de la deuda a organismos internacionales y acree- dores locales. Por eso convalida el recorte que hizo Cavallo del 13%
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de los salarios y lo extiende a todo el ejercicio. En las partidas de edu- cación no se contempla el pago del incentivo docente y se perpetúa el desfinanciamiento del PAMI y de los hospitales públicos. Pero como la devaluación ha iniciado un pro- ceso inflacionario y la recaudación seguirá cayendo durante la recesión récord del semestre en curso, el re- corte presupuestario del 2002 será muy superior a todo lo conocido. Por eso pensamos que cualquier plan fiscal debería adaptarse a los objetivos enunciados anteriormen- te: aumento salarial y seguro al de- socupado financiado con el desco- nocimiento de la deuda y los im- puestos al gran capital.
6) En medio del desangre económi- co que sufre el país, las empresas privatizadas continúan gozando de los grandes beneficios que le brindó su apropiación de los resortes estra- tégicos del proceso productivo. El impuesto a las compañías petroleras para socorrer a los bancos se man- tiene tan indefinido y la renegocia- ción de las tarifas de los servicios públicos ya quedó abierta durante el reciente tratamiento parlamenta- rio del tema. Las compañías y sus representantes diplomáticos (desde embajadores hasta presidentes) ejer- cen una presión descarada para amortiguar las retenciones a las ex- portaciones petroleras, exigir segu- ros de cambios y compensaciones
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tarifarias. Pero la mentalidad colo- nial y la aceptación del trato servil ya es tan común entre los funciona- rios, que nadie repudia esta ingeren- cia en las decisiones económicas del país.
Las compañías privatizadas no han abandonado su proyecto de dolarizar la economía para conti- nuar remitiendo utilidades al exte- rior. Simplemente apuestan a rein- troducirlo a otra paridad como en Ecuador luego de un caos inflacio- nario. Mientras preparan esta nueva versión de la convertibilidad, traba- jan en lo inmediato en planes de in- dexación tarifaria.
Las nefastas consecuencias de las privatizaciones están a la vista. Las compañías lograron una inédita acumulación de beneficios a costa del resto del país. Adquirieron las empresas por sumas irrisorias, intro- dujeron inversiones mínimas en al- gunos sectores y vaciaron las em- presas en otras ramas. Se apropia- ron de la renta petrolera, destruye- ron los ferrocarriles, liquidaron las aerolíneas, estafaron a los transpor- tistas con los peajes, encarecieron los teléfonos, el agua y la electrici- dad. Cómo ya usufructuaron abusi- vamente de contratos fraudulentos, llegó la hora de poner fin a esta de- predación para iniciar la reconstruc- ción económica del país.
Un programa de emergencia que represente los intereses de los traba- jadores debería propiciar la reestati-
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zación de las empresas privatizadas sin ningún tipo de indemnización a fin de remodelar por completo su funcionamiento al servicio del país, abaratando las tarifas (actualmente impagables y en mora generaliza- da), asegurando la inversión y reci- clando las ganancias y la renta den- tro del circuito productivo nacio- nal. La reestatización es indispensa- ble, porque las empresas se especia- lizan en burlar todas las formas de control y regulación de su actividad! y porque resulta imposible desen- volver un plan económico popular sin el manejo estatal de las compa- ñías estratégicas. Para evitar el retor- no a la experiencia pasada de. buro- cratización, corrupción y enriqueci- miento de grupos asociados a las empresas públicas, proponemos la introducción de nuevas formas de gestión democrática, basadas en la participación directa de los trabaja- dores y usuarios.
7) Entre otras medidas, un progra- ma de emergencia debería asegurar un manejo centralizado del comer- cio exterior y el control de cambios. También resulta imperiosa la rees- tructuración de las economías re- gionales sacudidas por la decaden- cia productiva, la indigencia y la si- tuación generalizada de endeuda- miento y asfixia impositiva de los pequeños productores. Asimismo creemos que debería establecerse una inmediata reducción de las ta-
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sas del IVA. Finalmente, los im- puestos al capital que aquí se pro- ponen deben ir de la mano de una reformulación total de la estructura impositiva que, entre otras cosas, erradique la escandalosa evasión de 20.000 millones de dólares al año.
8) Las propuestas presentadas a tra- vés de este documento constituyen sólo un punto de partida de la dis- cusión realizada el 9 de enero pasa- do en Económicas. Buscamos alen- tar la elaboración de programas concretos en cada uno de los temas genéricamente abordados en este primer análisis.
Durante los últimos años de neo- liberalismo, la profesión de los eco- nomistas quedó identificada con la actividad de los gurúes, técnicos y hombres de negocios que aparecen en los medios de difusión para justi-
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ficar los atropellos contra el pueblo. Nos proponemos transformar por completo esta imagen, demostrando que existen economistas críticos del capitalismo, que trabajan en abierta oposición a las fiJndaciones de la clase dominante. Nos ubicamos jun- to a las reindicaciones de los trabaja- dores, las demandas de los piquete- ros, las movilizaciones de la juven- tud y los reclamos de la clase media, que han confluido en un proceso ex- traordinario de luchas que cambiará el futuro de la Argentina.
Buenos Aires, enero de 2002
Luis Becerra, Alberto Bonnet, Alfonso Florido, Guillermo Gigliani, Claudio Katz, Eduardo Lucita, Jorge Marchini, Alberto Teszkiewicz
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Nuevas controversias sobre Imperio
Apenas fue publicado, Empire, de Antonio Negri y Michael Hardt, se convirtió en un auténtico best sel/er. Y muchos de los intelectuales de izquierda mós importantes de nuestros días se hicieron eco inmediatamente de sus provocativas propuestas. A Ia publicación original en inglés, en el 2000, le sucedieron sendas traducciones francesa, portuguesa, china, turca, órabe, en un escaso plazo de dos años. La edición española, después de que una traducción circulara ampliamente a través de internet, acaba de ser publicada por Paidós. Los principales periódicos del mundo, así como Clariny ía Nación en nuestro medio, se hicieron eco de su aparición. Revistas como New left Review o Rethinking Marxism dedicaron numerosas póginas a su recensión. "Negri y Hardt ofrecen nada menos que una reescritura del Manifiesto Comunista para nuestro tiempo”, declaró S. Zizek, "la nueva nueva gran sintesis teórica del nuevo milenio", diio F. Jameson, "un sorprendente tour de farc "un libro extraordinario”, sintetizaron E. Balibar y S. Sassen. Empire, finalmente, acaba de ser motivo de un rico debate entre Hardty Bensaïd en una mesa del reciente encuentro del FSM de Porto Alegre.
¿Una simple moda intelectual? Ciertamente no. Empire merece muchos de los calificativos arribo mencionados. El libro apunta nodo menos que a proponer una amplia interpretación de las transformaciones en curso en las formas de soberanía a escala mundial. Y sabemos que Negri es uno de los intelectuales marxistas mas importantes de las últimas décadas, y que tampoco Hardt es un recién llegado. El resultado es, sin duda, un libro que merece ser leido y discutido por todos aquellos que combatimos el dominio del capital. Pero también es cierto que Empire estó siendo asimilado como una moda. los periodistas de los medios masivos de comunicación, siempre ansiosos por aggiornar su discurso, incluyen ahora Ia palabra "imperio" en su ierga. Algunos de los populistas de siempre, posmodernizados, parlotean de las "multitudes", cuando no sobre Ia extinción de los estados-nación. Y asi sucesivamente. Las originales y subversivos ideas de Negri y Hardt, esas que reclaman un debate crítico, comienzan así o ser silenciadas en medio de los últimos gritos de Ia moda intelectual.
Cuadernos del Sur ya publico en el número anterior un extenso reportaje a Negri y una reseña crífica de Empire. En este número incluimos un artículo en el que el autor presenta algunas de las principales ideas del libro y una crítica de Bensaïd a las mismas. Este debate adquiere formas concretas en nuestra pais a la qu- de los acontecimientos de diciembre pasado, a los que estó dedicado buena parte de esta entrega, y esperamos que resulte de utilidad para nuestros lectores.
122 Mayo de 2002
El Imperio, etapa superior del imperialismm
Antonio Negri
o En qué difiere el sistema de dominación mundial del capitalismo del imperialismo tal como lo definió la tradición marxista? ¿A qué trans- C formaciones económicas, tecnológicas, sociales y políticas del mun- do responde esta evolución? ¿Y cuáles son sus consecuencias para las luchas de los estados occidentales, de los países en transición y del Tercer Mundo? He aquí las cuestiones centrales que trata Imperio, un libro escri- to por Toni Negri en colaboración con el estadounidense Michael Hardt. Originales, y es más, provocativas, sus tesis merecen ser conocidas.
Dos ideas fundamentales están en la base del libro Imperio que escribí a cuatro manos con Michael Hardt, entre la guerra del Golfo y la de Koso- vo. La primera es que no existe un mercado global (en la forma en que se habla de él desde la caída del Muro de Berlín, es decir, no solamente co- mo paradigma macroeconómico sino como categoría política) sin forma de estructura jurídica, y que el orden jurídico no puede-existir sin un po- der que garantice su eficacia. La segunda es que el orden jurídico del mer- cado global (que nosotros llamarnos “imperial”) no se refiere simplemen- te a una nueva figura del poder supremo que tiende a organizar si no da cuenta también de potenciales de vida y de insubordinación, de produc- ción y de lucha de clases que son novedosos.
Desde la caída del Muro de Berlín, la experiencia política internacional ha confirmado ampliamente esta hipótesis. Llegó entonces el momento de plantear una verdadera discusión y de verificar de forma experimental los conceptos (mejor dicho, las denominaciones comunes) que proponemos
* Título original: “L’Empire, stade supre‘rne de l’impe'rialisme’Ï En: Le Monde diplomatique, enero de 2001. bmw/Amino.monde-durlomaniyuefi/ZOOI/Ol/NEGRI/l4678. Primera publicación en castella- no en Correo de la Prensa Internacional n° 31, mayo de 2001. Revisión de la traducción del francés por Katrin Zinsmeister.
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con el fin de renovar la ciencia política y jurídica a partir de la nueva or- ganización del poder global.
Hay que estar loco para negar que actualmente existe un mercado glo- bal. Basta con navegar por Internet para darse cuenta de que esta dimen- sión global del mercado no representa solamente una experiencia origina- ria de la conciencia, o incluso, el horizonte de una amplia práctica de la imaginación (como nos cuenta Fernand Braudel a propósito del final del Renacimiento), sino una organización actual. Más aún, un nuevo orden.
El mercado mundial se unifica políticamente en torno a lo que, desde siempre, se conoce como signos de soberanía: los poderes militar, mone- tario, comunicacional, cultural y lingüístico. El poder militar por el hecho de que una sola autoridad posee toda la panoplia del armamento, inclui- do el nuclear; el poder monetario por la existencia de una moneda hege- mónica a la que está completamente subordinado el mundo diversificado de las finanzas; el poder comunicacional se traduce en el triunfo de un único modelo cultural, incluso al final de una única lengua universal. Es- te dispositivo es supranacional, mundial, total. Nosotros lo llamamos “Im- perio”.
Pero todavía hay que distinguir esta forma “imperial” de gobierno de lo que se ha llamado durante siglos el “imperialismo”. Por ese término enten- demos la expansión del estado-nación más allá de sus fronteras; la creación de relaciones coloniales (a menudo camufladas tras el señuelo de la mo- dernización) a expensas de pueblos hasta entonces ajenos al proceso euro- céntrico de la civilización capitalista; pero también la agresividad estatal, militar y económica, cultural, incluso racista, de naciones fuertes respecto a naciones pobres.
En la actual fase imperial ya no hay imperialismo —o, cuando subsiste, es un fenómeno de transición hacia una circulación de valores y poderes, a escala del Imperio—. Lo mismo que ya no hay estado-nación: carece de las tres características sustanciales de la soberanía —militar, política, cultu- ral—, absorbidas o reemplazadas por los poderes centrales del Imperio.
Desaparece o se extingue así la subordinación de los antiguos países co- loniales a los estados-nación imperialistas, al igual que la jerarquía irnpe- rialista de los continentes y de las naciones: todo se reorganiza en función del nuevo horizonte unitario del Imperio.
¿Por qué llamar “Imperio” (insistiendo sobre la novedad de la fórmula jurídica que el término implica) a lo que podría considerarse simplemente como el imperialismo norteamericano posterior a la caída del Muro de Berlín? Sobre esta cuestión, nuestra respuesta es clara: contrariamente a lo
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que sostienen los últimos defensores del nacionalismo, el Imperio no es norteamericano; además, en el transcurso de su historia, estados Unidos ha sido mucho menos imperialista que los británicos, los franceses, los rusos o los holandeses. No, el Imperio es simplemente capitalista: es el orden del “capital colectivo”, esa filerza que ha ganado la guerra civil del siglo XX.
Por tanto, luchar contra el Imperio en nombre del estado-nación pone de manifiesto una total incomprensión de la realidad del mandato supra- nacional. De su imagen imperial y de su naturaleza de clase: es una mixti- ficación. En el Imperio del “capital colectivo” participan tanto los capita- listas norteamericanos como sus homólogos europeos, lo mismo quienes construyen su fortuna sobre la corrupción rusa como los del mundo ára- be, de Asia o de África, que pueden permitirse enviar sus hijos a Harvard y su dinero a Wall Street.
Un orden más eficaz, más totalitario. Está claro que las autoridades nor- teamericanas no podían rechazar su papel de gobierno imperial. Sin em- bargo, Michael Hardt y yo pensamos que habría que matizar esto. En ade- lante, la propia formación de las élites norteamericanas dependerá amplia- mente de la estructura multinacional del poder. El poder “monárquico” de la presidencia norteamericana sufre la influencia del poder “aristocrático” de las grandes empresas multinacionales, financieras y productivas, lo mis- mo que ha de tener en cuenta la presión de las naciones pobres y la fun- ción movilizadora de las organizaciones de trabajadores, en resumen, del poder “democrático” de los representantes de los explotados y excluidos.
De ahí la reactualización de una definición del poder imperial “a lo Po- libio”,l que daría a la Constitución norteamericana una expansión que le permitiera desarrollar, a escala mundial, una multiplicidad de funciones de gobierno e integrar en sus propias dinámicas la construcción de un espa- cio público mundial. El famoso “fin de la historia” consiste, precisamen- te, en este equilibrio de las funciones real, aristocrática y democrática, fija- do por una Constitución norteamericana ampliada de manera imperial al mercado mundial.
En realidad, muchas de las pretensiones dominadoras del Imperio son completamente ilusorias. 'Lo que no impide, sin embargo, que su orden ju- rídico, político y soberano sea sin duda más eficaz (y desde luego, más to- talitario) que las formas de gobierno que le han precedido. Porque se arrai- ga progresivamente en todas las regiones del mundo, influyendo sobre la unificación económico-financiera como un instrumento de autoridad del derecho imperial. Y, lo que es peor, profundiza su control sobre todos los aspectos de la vida.
Cuadernos del Sur 125
Por eso subrayamos la nueva cualidad “biopolítica” del poder imperial, con el acontecimiento que ha significado su emergencia; a saber, el paso de una organización “fordista” del trabajo a una organización “postfordista”, y del modo de producción manufacturero a formas de valorización (y de explotación) más amplias: formas sociales, inmateriales; formas que inva- den la vida en sus articulaciones intelectuales y afectivas, los tiempos de producción, las migraciones de los pobres a través de los continentes... El Imperio construye un orden biopolítico porque la producción se ha hecho biopolítica.
Mientras que el estado-nación se sirve de dispositivos disciplinarios pa- ra organizar el ejercicio del poder y las dinámicas del consenso, construyen- do así, a la vez, cierta integración social productiva y modelos de ciudada- nía adecuados, el Imperio desarrolla dispositivos de control que invaden to- dos los aspectos de la vida y los recomponen a través de esquemas de pro- ducción y de ciudadanía que corresponden a la manipulación totalitaria de las actividades, del medio ambiente, de las relaciones sociales, etc.
Si bien la deslocalización induce a la movilidad y a la flexibilidad socia- les, aumenta también la estructura paramidal del poder y el control global de la dinámica de las sociedades afectadas. Este proceso parece ahora ya irreversible, bien se trate del paso de las naciones al Imperio, del desplaza- miento de la producción de la riqueza de las fábricas a la sociedad y del trabajo a la comunicación, o bien de la evolución de modos de gobierno disciplinarios hacia procedimientos de control.
¿Cuál es la causa de esta transición? En nuestra opinión, es el resultado de las luchas de la clase obrera, de los proletarios del Tercer Mundo y de los movimientos de emancipación que han atravesado el antiguo mundo del socialismo real. Se trata de una aproximación marxiana; las luchas que ge- neran el desarrollo, los movimientos del proletariado producen la historia.
Así, las luchas obreras contra el trabajo taylorizado aceleraron la revolu- ción tecnológica que, a su vez, condujo a la socialización y a la informati- zación de la producción. Igualmente, el irremprimible empuje de la fuer- za de trabajo en los países post-coloniales de Asia y África engendró a la vez sobresaltos en la productividad y movimientos de población que han convulsionado las rigideces nacionales de los mercados de trabajo. Final- mente, en los países llamados socialistas, el deseo de libertad de la nueva fuerza de trabajo técnica e intelectual hizo saltar la vetusta disciplina so- cialista y, por lo mismo, destruyó la artificial distorsión estalinista del mer- cado mundial.
La constitución del Imperio representa la reacción capitalista a la crisis
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de los viejos sistemas que servían para disciplinar la fuerza del trabajo a es- cala mundial. Al mismo tiempo inauguró una nueva etapa de lucha entre los explotados y el poder del capital. El estado-nación que encerraba la lu- cha de clases agoniza, como lo hicieran antes que él el estado colonial y el estado imperialista.
Atribuir a los movimientos de la clase obrera y del proletariado esta mo- dificación del paradigma del poder capitalista es afirmar que los hombres extraen su liberación del modo de producción capitalista. Y es tomar dis- tancias respectosa los que derraman lágrimas de cocodrilo por el final de los acuerdos corporativistas del socialismo y del sindicalismo nacional, co- mo los que lloran por la belleza del tiempo pasado, nostálgicos de un re- formismo social impregnado del resentimiento de los explotados y de los celos que —a menudo- se disfrazan de utopía.
No, nos encontrarnos dentro del mercado mundial, e intentamos ser los intérpretes de esa imaginación que soñó, un día, con unir a las clases ex- plotadas en el seno de la Internacional comunista. Porque vemos cómo de ahí nacen fuerzas nuevas.
¿Las luchas pueden convertirse en lo suficientemente masivas e incisivas como para desestabilizar, e incluso, desestructurar la compleja organización del Imperio? Esa hipótesis incita a los “realistas” de todo pelaje a la ironía: ¡El sistema es tan fuerte! Pero, para la teoría crítica, una utopía razonable no n'ene nada de raro. Además, no hay otra alternativa porque estamos siendo explotados y dirigidos en este Imperio, y no en otro lugar: Imperio que representa la actual organización de un capitalismo en plena reestruc- turación, después de un siglo de luchas proletarias sin equivalente en la his- toria de la humanidad. Nuestro libro supone, por tanto, cierro deseo de co- munismo. De hecho, el tema central que aparece a trave's de todos estos análisis se reduce a una sola cuestión: ¿cómo puede estallar, en el Imperio, la guerra civil de las masas contra el capital mundo? Las primeras experien- cias de batallas, declaradas o subterráneas, en este nuevo territorio del po- der, proporcionan tres índices preciosos. Estas luchas exigen, aparte de un salario garantizado, una nueva expresión de la democracia en el control de las condiciones políticas de reproducción de la vida. Se desarrollan en los movimientos de poblaciones más allá del marco nacional, aspirando a la supresión de las fronteras y a una ciudadanía universal. Comprometen a in- dividuos y multitudes que intentan reapropiarse de la riqueza producida gracias a instrumentos de la producción que; a causa de la revolución tec- nológica permanente, .se han convertido en propiedad de los sujetos; más aún en auténticas prótesis de sus cerebros.
Cuadernos del Sur 127
La mayor parte de estas ideas nació durante las manifestaciones parisi- nas del invierno de 1995, aquella “Comuna de París bajo la nieve” que exaltaba mucho más que la defensa de los transportes públicos: el auto-re- conocimiento subversivo de los ciudadanos de las grandes ciudades. Nos separan algunos años de aquella experiencia. Sin embargo, en todos los lu- gares en que se han llevado a cabo luchas contra el Imperio, han puesto de manifiesto un fenómeno por el que se han empleado a fondo: la nueva conciencia de que el bien común está tanto en la vida como en la produc- ción, tanto más que el bien “privado” y el “nacional”, por utilizar térmi- nos envejecidos. Sólo el “común” se dirige contra el Imperio.2
Notas
1 Nacido entre el año 210 y el 202, Polibio, exiliado en Roma tras el hundimiento de la poten- cia macedonia, se convirtió en el principal historiador de la victoria de Roma sobre Cartago, y de la expansión romana hacia Oriente. Pragmático, intentó explicar las causas de los acontecimientos históricos que presenció. Murió alrededor del 126 a.C.
2 El “común” es un concepto en el que trabaja Toni Negri. No es el “bien común” sino el “co- mún" en referencia a Spinoza.
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Revista de debate y crítica marxista
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y Letras - ('ic'nr'irrs Srrr'iarlr-s Suscrrpcron por 3 numeros: S 20 Chile 1362 - 1098 Capital Federal - TeI./Fax; 381-2976 e-mail: herramca‘prnoscom
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128 Mayo de 2002
El Imperio, ¿etapa terminal?
Daniel Bensaïd
l libro de Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio,1 ha recibido
una acogida más que calurosa por parte de eminentes intelec-
tuales. Un elogio a veces excesivo, pero justificado en la medi-
da en que se trata de saludar un esfuerzo de síntesis interdisci- plinaria en oposición al pensamiento desmenuzado y que aborda el gran “pasaje” en el que el mundo está embarcado desde un punto de vista materialista posmarxista, nutrido de Spinoza y Maquiavelo, Deleuze y Foucault.
Si es imposible abarcar aquí todas las cuestiones tratadas, la tesis cen- tral está bien resumida, sin embargo, por el título de la obra, Imperio. Mi- chael Hardt y Toni Negri registran sin nostalgia las consecuencias del pa- saje de la modernidad a la posmodernidad. Saludan esta “transición ca- pital en la historia contemporánea” como el advenimiento de una libera- ción y la oportunidad de una política de mestizaje y de nomadismo, opuesta a las lógicas binarias y territoriales de la modemidad. Registran sin lamentarse la declinación de las soberanías estatales y nacionales en beneficio de un Imperio sin límites: mientras que el imperialismo clási- co significaba la expansión del estados-nación más allá de sus fronteras, no habría ya, en la actual fase imperial, estados-nación ni imperialismo: a este nuevo dispositivo “supranacional, mundial, total, lo llamamos Im- perio”.2 El Imperio no es pues americano ni por otra parte europeo, sino “simplemente capitalista”.
* Título original: “L’Empire, Stade terminal?', publicado en Rouge, abril de 2001. Mim/{mln- mugeorg/debat/debaüülbtml. Traducción del francés para Espai Marx de Alberto Nadal, revisada por Katrin Zinsmeister.
Cuadernos del Sur 129
“Sin exterior”
Se habría formado, al final de la guerra fría, a través de la concentración de un capital transnacional y las operaciones policíacas en el Golfo y los Balcanes. Representaría “una nueva forma de poder”, no-lugar pascaliano cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. Abolien- do la frontera entre lo interno y lo extemo, el Imperio sería desde ahora ca- rente de exterior. Esta situación haría obsoletas las preocupaciones de la “vieja escuela revolucionaria”. Pondría al orden del día una contra-mundia- lización, animada por un deseo inmanente de liberación. “Ser republicano hoy” consistiría en “luchar en el interior del Imperio y en construir contra él en terrenos híbridos y fluctuantes”. En su ambición totalizante, la hipó- tesis es seductora. Su justificación permanece, sin embargo, frágil en mu- chas partes desde el punto de vista empírico y conceptual.
El análisis de la realidad actual de la acumulación capitalista es a menu- do evasivo y el mercado mundial, cuando no es relegado a un segundo pla- no sombrío, se reduce a una abstracción. ¿Cuál es la relación precisa de la concentración del capital con,su localización territorial y sus logísticas es- tatales (monetarias y militares)? ¿Cuáles son las estrategias geopolíticas en juego? ¿Cómo opera la tensión entre un derecho supranacional emergente y un orden mundial que todavía reposa sobre una estructura interestatal? ¿Cuál es la relación entre la movilidad de capitales y mercancías, el control de los flujos de mano de obra y la nueva división internacional del traba- jo? El hecho de que las dominaciones imperiales no puedan más ser pensa- das en los términos en que lo fueron a comienzos de siglo por Luxembur- go o Hilferding o de que sea útil retornar el debate entre Lenin y Kautsky sobre el ultraimperialismo, no significa que sea posible despedirse de estos clásicos sin reexaminar lo que cambió. Si el Imperio funciona “sin afuera”, toda la cuestión pasa a ser la de saber cómo el desarrollo desigual y combi- nado necesario a su metabolismo pudo ser “intemalizado” bajo la forma de un sistema transformado de dominaciones y dependencias.
La “multitud”
Carente de precisiones, la tesis de Hardt y Negri vacila y evoca, en su parte prospectiva, una propuesta sumamente modesta cuyos elementos constituyentes son el ingreso universal, la libre circulación y el bien co- mún. Se oscila entre una resistencia sin horizonte de ruptura y una tenta- ción catastrofista según la cual toda insubordinación respecto del orden del capital devendría inmediatamente subversiva: habiendo el capital ago- tado su espacio de expansión, sus contradicciones devendrían cada vez
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más insuperables. Hardt y Negri se defienden de toda profecía de hundi- miento evocando la vieja “Zusammenbrucbstbeorie’3 de la III Internacional. Se preguntan cómo las resistencias y las acciones de la multitud pueden “volverse políticas”. Pero “esta tarea de la multitud sigue siendo más bien abstracta”. ¿Cuáles prácticas concretas van a llenar de vida este proyecto político? qNo se puede decir por el momento”. Hardt y Negri sostienen no obstante que elorden imperial “abre la posibilidad real de su derrocamien- to y de nuevas potencialidades de revolución”.
La dificultad proviene en gran medida de la insuficiente clarificación po- lítico-filosófica del concepto de multitud que en principio sustituiría los de pueblo o de clase. Esta multitud puede, así como la clase, representar el re- flejo isomorfo del orden imperial o del “nuevo espíritu del capitalismo”.
Para conjurar los efectos de la reificación y de la alienación mercantiles no hay que conformarse con fórmulas que opongan la multitud al pueblo, los flujos desterritorializados al patrullaje de fronteras, la reproducción biopolítica a la producción económica. Hardt y Negri saben que la merca- dotecnia, “posmodema avantla lettre”, es capaz de incumbrar la pluralidad y transformar “cada diferencia en oportunidad” de consumo. Saben tam- bién que la apología de contrapoderes locales puede expresar una impo- tencia frente al poder sin más. Saben que “la hibridación, la movilidad y la diferencia no son liberadoras en sí mismas” y que no basta con oponer al “pueblo” mítico, “síntesis instituida preparada para la soberanía” ten- diente a lo homogéneo y lo idéntico, una multitud “hecha de individuali- dades y de multiplicidades irreductibles”. No dejan de afirmar que, en la posmodernidad, el “subyugado sumiso” habría “absorbido al explotado” y la “multitud de la gente pobre” se habría “tragado y digerido a la multitud proletaria”. Esta apuesta a la multitud coquetea paradójicamente con una representación populista, haciendo de los rechazados del mundo “el fun- damento de la multitud” y “también el fundamento de toda posibilidad de humanidad”.
¿Qué salida?
En fin, Hardt y Negri parecen utilizar la noción problemática de posmo- dernidad en el sentido de una periodización cronológica. Conciben enton- ces la modemidad y la posmodernidad como épocas sucesivas y no como dos lógicas culturales complementarias y contradictorias de la acumulación del capital: centralización por un lado, fragmentación por otro; cristaliza- ción del poder y disolución generalizada; petrificación de los fetiches y flui- dez de la circulación mercantil. La separación en el tiempo de estas tenden-
Cuadernos del Sur 131
cias gemelas hace aparecer el nuevo orden imperial como “posmoderno”, “poscolonial” y “posnacional”. Refuerza la ilusión del “después”.
En realidad, el orden imperial mundializado no suprime el antiguo or- den de las dominaciones interestatales. Se superpone a él. Sacando conclu- siones extrapoladas de tendencias aún contradictorias, la fórmula de “el im- perio, etapa superior del capitalismo” corre el mismo peligro que la del im- perialismo como “etapa superior del capitalismo”:‘ la de una interpretación catastrofista unidireccional, para la cual la “etapa superior” se convierte en etapa terminal, sin salida alguna. La política, como arte de las relaciones de fuerzas y de los contratiempos, se disuelve entonces en el punto de fusión entre los límites del capital y los deseos ilimitados de la multitud.
Notas
1 Empire, Editions Exils, París, 2000. Versión en castellano: Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002.
2 Negri, A.: “L’Empire, stade supréme de l’ impe’rialisme”, en Le Monde diplomatique, enero de 2001.
3 “Teoría del derrumbe” (N. d. T.)
DESDELOS PUNTOS
A
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132 Mayo de 2002
Foro Social Mundial II ¿La esperanza de quién?
Juan Grigera
ohannes Scotus Erigena afirmaba que las Sagradas Escrituras contie-
nen un número infinito de significados, al igual que contienen infini-
tos tonos las tornasoladas plumas de un pavo real. El problema con
que se encuentra quien quiera dar cuenta del Foro Social Mundial de Porto Alegre 2002 es del mismo orden: el embarazoso y parcial relato de haber mirado a través de un Aleph.
Las cifras de asistencia hablan de esta diversidad con suficiente elocuen- cia: 15 mil delegados de 131 países, 5 mil delegaciones, un total de 70 mil participantes. Pero, además de esta masividad en la concurrencia, está la que va por cuenta de los 700 talleres, 100 seminarios y 27 conferencias. El
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tabloide de 150 páginas con el programa de actividades oficiales persuadía al delegado rápidamente de la magnitud del evento. No contento con es- to, una infinidad de volantes y carteles anunciaban innumerables charlas no oficiales y otro tipo de eventos “satélite” que tenían lugar en otros lu- gares de Porto Alegre.
La diversidad es la característica saliente del evento y el leitmotif de los balances del FSM. La diversidad es en buena parte una medida del éxito de la convocatoria y por tanto el orgullo de los organizadores. En un en- cuentro por “otro mundo posible” es positivo que exista esta masividad y diversidad, si es que la lucha será, como la de los zapatistas, “por un mun- do donde quepan muchos mundos”.
La heterogeneidad no carece sin embargo de patrones. Porque, con to- do, el Foro no fue completamente “inescrutable, caótico, dispersivo”.l Sus cotas pueden detectarse, al igual que se hallan las cotas de las plumas del pavo real cuando se las mira sin persistir en embobarse con su tomasol. A izquierda y derecha el infinito del foro tiene límites muy notorios, algunos delimitados por sus organizadores y otros por las propias tensiones de los movimientos que acaban encontrándose en Porto Alegre.
Existe para empezar, un mínimo denominador común, menos substan- cioso de lo deseable: el “anti-neoliberalismo”2 o la “anti globalización neo- liberal”. El anti-capitalismo no es un denominador común, ni tan siquiera una postura hegemónica. Las palabras de Lula da Silva, el candidato del PT van en el mismo sentido: “es necesario que formemos un gran bloque antineoliberal para vencer, gobernar y cambiar el Brasil”3 Buena parte de los balances del Foro“ se esfuerzan en recalcar este punto que no es con- flictivo, pretendiendo esquivar así otros más ríspidos. Este “denominador común” encuentra su límite en la caricatura grotesca del Financial Times: “La mayoría de los participantes dijeron que no estaban en contra de la globalización, sino en favor de una forma equitativa de la misma, con una participación internacional más amplia en la toma de decisiones”.S Un fo- ro que no molesta porque no va a cambiar nada.
Si analizamos el componente de los participantes, encontramos que las nacionalidades de los delegados se repartían mayoritariamente entre brasile- ros (67%) e italianos, argentinos y franceses (23%). Esto es que el 90% de los delegados provenían de solo mcuatro nacionalidades.6 También puede seña- larse que mayoritariamente el componente europeo provenía del movimien- to anti-globalización (varios señalan la incidencia de Génova para explicar la importante cantidad de_italianos, la segunda delegación más grande por nacionalidad) mientras que en el caso latinoamericano se trata de otro con-
134 Maya de2002
junto de organizaciones (como el PT, ONGs y movimientos sociales). Hardt señala otra tendencia en el componente étnico: “Porto Alegre fue, en con- traste [con la Conferencia de Bandung] un evento predominantemente blanco. Había pocos participantes de Asia y de Africa, y las diferencias ra- ciales de América estaban dramáticamente subrepresentadas.”7
Concurrir de elegante sport
A los no triviales sesgos que razones geográficas y económicas imponen al Foro (la escasa representación africana o asiática no parece responder a mejor motivo) los organizadores, aferrándose a su carta orgánica, agrega- ron algunas más: vetaron la invitación a Fidel Castro, rechazaron la ins- cripción de las FARC y Batasuna (una organización vasca) y no invitaron a los zapatistas, José Bové, o a las Madres de Plaza de Mayo.
Más allá de las divisiones que engendran y las acusaciones del giro so- cialdemócrata de estas medidas, lo grave es que se excluye organizaciones políticas que no parecen tener poco que decir sobre “otro mundo posible”. Los zapatistas y las FARC, por ejemplo, desarrollan una actividad que no puede reducirse a la propiamente militar que supuestamente motivó la ex- clusión. Aún más: parece prematuro y mojigato clausurar de modo tan de- finitivo la participación y la discusión sobre el rol de las organizaciones ar- madas en la lucha específica de algunos pueblos.3 Naturalmente que esto no hizo que faltaran participantes zapatistas (que se inscribieron a través de algunas de sus organizaciones satélites), ni las FARC (que tenían stands en los alrededores del Foro), ni José Bové,9 ni Hebe de Bonafini.1° Las ex- clusiones sólo nos dejan percibir cuales son los limites oficiales de la diver- sidad, no las cotas reales del movimiento.
Mientras los organizadores del Foro mostraron fuerza y ganaron auto- ridad rechazando el derecho de participación a una delegación del Banco Mundial que había expresado su interés de hacer el viaje a Brasil, del vice presidente del FMI y del primer ministro belga, las autoridades de la ciu- dad de Porto Alegre recibían a un grupo de alto nivel del Banco Interame- ricano de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD), en el FSM se inscribía al segundo de Chirac, Serge Lepeletier y se recibía una carta del secretario General de la ONU Kofi Annan.ll Francisco Whitaker, miembro del co- mité organizador, declara en el Financial Times “Tenemos que construir el movimiento popular pero al mismo tiempo negociar y hacer lobby.”.12 Los representantes del Banco Mundial no faltaron, como también notó el mis- mo diario: “Le sumaron legitimidad al Foro el Banco Mundial y los oficia- les de las Naciones Unidas, además de otros diseñadores de política que se
Cuadernos del Sur 135
encontraron privadamente con varios grupos para aprender y debatir.”13 La presencia de figuras e instituciones del reformismo tradicional no es un he- cho menor.14 Es un signo inequívoco del impacto del Foro, pero debe leer- se además como una de las señales de que el Foro es visto por la socialde- mocracia como la alternativa de reconstrucción de su propio espacio._
Por último, al mismo tiempo que se agitó la carta del Foro para vetar la invitación de “figuras partidarias” como Fidel Castro,15 ésta no fue óbice para que se muestren hasta el hartang candidatos del PT (Luiz Inácio Lu- la da Silva, Olívio Dutra o Marta Suplicy), o del PS Francés, en lo que par- te de la prensa identificó como una plataforma de lanzamiento de sendas campañas electorales.“
Programa o debate
El futuro del Foro depende del curso que sigan los puntos claves de contradicción. Una de estas es la presión por contar con un eje programá- tico,17 y la conciencia de varios sectores de que no es posible ni aún desea- ble preocuparse por consensuarlo.
El FSM es hoy indudablemente un gran lugar de encuentro y en menor medida también de debate. Como dice Naomi Klein “el corazón del FSM no estaba en los eventos oficiales sino en los momentos fiiera del guión”.13 Pero decir que “otro mundo es posible” obliga en cualquier caso a prever que a esta afirmación se sigue la interpelación “¿cuál?”.19 La presión por contar con un programa se desprende de la obligación de mostrar una vía consistente que sostenga la consigna.
Puede que el Foro logre preservarse como un congreso, como el lugar “inigualable para establecer nexos organizativos y desarrollar redes políticas y sociales globales”, donde cierto diálogo y debate son los objetivos primor- diales. Abandonando este camino el Foro se encuentra de una parte expues- to a una evidente ruptura (entre sectores socialdemócratas y de izquierda), pero además ante el riesgo de perder su carácter democrático.20 Ya mencio- namos la falta de una “diversidad representativa”, pero a esto hay que sumar- le que “muchas de las ONGs de Europa y los EE.UU. que estuvieron pre- sentes son organizaciones en el papel y la mayoría de las ONGs del Tercer Mundo son miembros de pequeños grupos de profesionales con pocos (si acaso) simpatizantes organizados y poseen escaso poder de convocatoria. Por otra. parte, hubo un reducido número de participantes de movimientos de masas africanos que representaron a cientos de miles de activistas de ba- se”.21 Mencionamos ya el componente étnico, y puede agregarse la perspec- tiva del género: las mujeres fueron el 43%de las delegadas.22
136 Mayo de 2002
La carta del Foro “...establece, explícitamente, que el Foro Social Mundial de Porto Alegre no tiene un carácter deliberativo.”23 La creación de un foro resolutivo desde el espacio político del FSM no sería un ab- surdo, pero este definitivamente tendría que estructurarse de otra forma y con otro modo de organización, pasando por un debate no ajeno de interés sobre las formas con que construir instancias verdaderamente de- mocráticas.
“Huyendo para adelante”, la tensión entre programa y foro de debate se templó este año con un cierto viso movimientista. La declaración final de los movimientos sociales acordó un calendario global de movilizaciones para los dos próximos años. En un positivo acuerdo por “mundializar la resistencia”, la lista de actividades incluye recuperar el 1° de Mayo como día del trabajador y las trabajadoras, manifestaciones contra el ALCA y re- pudios a las distintas instancias de reunión de las organizaciones intema- cionales del capital.
Heterogeneidad y hegemonía
Heterogeneidad no es antónimo de hegemonía. Por el contrario es con- dición de ésta última. A nivel oficial no cabe dudar que los dos grandes protagonistas fueron el PT y ATTAC,24 hecho previsible del nivel de com- promiso que tenían ambas organizaciones en la logística del Foro. Estos tuvieron un decisivo papel en las conferencias plenarias, en la prensa y en los reportes oficiales.
Los balances del Foro muestran un patrón repetido: los sectores social- demócratas persisten en enfatizar la diversidad, mientras que los más radi- cales señalan la tensión entre una y otra tendencia. Hardt, por ejemplo, identifica una estrategia común en la anti-globalización del PT, ATTAC y Le monde diplomatique: identificar al capital global como el enemigo y pro- poner el refortalecimiento de Estados nacionales soberanos, libres de opre- sión imperialista para que estos regulen las fuerzas de la globalización ca- pitalista. Contrario a esta estrategia es la de identificar el capital como el problema, oponerse a cualquier alternativa nacional y proponer alguna forma de alternativa socialista, globalización “no-soberana”(Hardt), o de- mocrática (por ejemplo Boff).25 Alianzas “estratégicas” aparte, ambos diag- nósticos son indudablemente distintos e irreconciliables.
De hecho cierto intento de zanjar estas diferencias avanzando una serie de “propuestas concretas” puramente defensivas (loables como cancelar la deuda, contradictorias como la soberanía alimentaria o estériles como im- plementar un impuesto Tobin para reducir la movilidad transnacional del
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capital financiero) dista mucho de resolver el verdadero problema de cons- truir una agenda seria y “positiva”.26
Cuando se abandona el terreno de la organización se halla un espacio donde es mucho más complejo señalar ninguna clara hegemonía. Los de- bates que buscaban propuestas se radicalizaban rápidamente, manifestán- dose descontento con alternativas puramente “defensivas” y desestirnando en general enfoques reformistas para enfrentar la globalización capitalista. El caso argentino era reiteradamente puesto como ejemplo de la voracidad del capital, de un país destrozado y expropiado por las privatizaciones y la globalización.27
Esta radicalización de algunos espacios nos lleva a preguntarnos por la presencia de la clase obrera.28 Si bien no faltó ni la presencia de intema- cionales obreras de derecha (como la ICFTU que también participó del Foro de Davos) o de otras centrales sindicales nacionales como la CUT o la CTA,29 éstas se perdieron largamente entre la multitud. El FSM no es “antes de todo, un encuentro para que las clases trabajadoras sean oídas, sean capaces de organizarse, trazar estrategias”.3° Aún cuando no sea me- ramente una reunión de movimientos sociales y ONGs,3l el Foro se pre- senta de forma dominante a lo largo de todo su discurso (aún el más ra- dical), como el lugar de encuentro de las organizaciones de la “sociedad civil”.32 La participación de las centrales obreras es, justamente, en este marco, en el mismo nivel que otras “identidades”,33 sin que un eje clasis- ta logre imponerse.
La heterogeneidad, con las tendencias que venimos señalando, es un fe- nómeno buscado por los organizadores. La convocatoria ha hecho del Fo- ro un espacio relevante y atrayente. La amplitud del espectro y la diversi- dad del mismo serán la fuerza de quien logre hegemonizarlo,34 si es que alguna de todas las tendencias tiene la capacidad de hacerlo.
¿Nuevo internacionalismo?
Se oyeron voces que algo triunfantemente celebraban la creación de un “nuevo intemacionalismo”.35 Lo dicho hasta aquí alcanza para poner en duda que nada de este estilo se este forjando. El FSM tiene dos significa- dos distintos para las corrientes que se encuentran en él.
La violenta derrota de la socialdemocracia en sus ilusiones de un capi- talismo humano durante los años ’80 y ’90, el “pensamiento único” y la adopción de políticas neoliberales de parte de los partidos socialistas euro- peos en el gobierno pueden apresuramos a concluir que ya no existe lugar para políticas reformistas. El Foro, precisamente, es para la socialdemocra-
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cia por sobre todo un gigantesco esfiierzo (no necesariamente exitoso) de reconstrucción del proyecto reformista.
Para la izquierda, el FSM podría significar un importante capital políti- co si lo logra convertir en el espacio de acercamiento y confluencia con aquellos sectores radicales anticapitalistas y globalifóbicos que no son so- cialistas.36
Un foro, dos foros, muchos foros
“Otro Foro es posible”, convida Petras si el año que viene el de Porto Alegre persevera en el reformismo. Alguno podrá creer que la plétora tor- nasolada de temas del FSM y la existencia del antitético Foro Económico de Davos no dejan lugar para más manifestaciones. El Ying y el Yang sin embargo no son todo en el mundo de los Foros: las contradicciones que la organización del FSM engendró tuvieron algunos subproductos como el “Foro del MST”, paralelo al FSM oficial, que no logro demasiada reper- cusión entre los participantes del FSM oficial, pero que reagrupó a mud'ros militantes del MST que preferían no pagar los USSZS de inscripción37 y adquirió una clara definición socialista. Parte de la organización oficial pe- ro ligeramente más radicalizado fue el II Foro Social Mundial de la juven- tud, con su ciclo “otro mundo socialista es posible”.
Los Foros de izquierda que han decidido no comulgar con las cotas de la diversidad del FSM tienen también su contrapartida en otra serie de Foros que exceden también los límites, pero en el extremo derecho del plato. Des- conectados del FSM existieron el Foro de Parlamentarios (que no logro con- sensuar ni una tímida declaración en contra de la guerra) y el Foro de las ONGs. Mientras que en el primero se incluyen partidos que apoyan la ma- sacre de Afganistán o dan apoyo “con reservas” a la ofensiva de Bush.38
Conclusiones
El balance final, si se compara con las tendencias de los ’90 y con las. te- mibles predicciones respecto de la militarización y nueva ofensiva del li- beralismo posterior al ataque al World Trade Center y el Pentágono, es al- tamente favorable. En el terreno ideológico algo esta cambiando y lo está haciendo de modo serio. La repercusión mediática del FSM y los reportes autoflagelatorios del Foro Económico Mundial39 hablan de una hegemo- nía discursiva que comienza a mostrar sus grietas.
El FSM no está exento de los riesgos de ser cooptado o institucionali- zado como proyecto del reformismo. Hardt4° nos da un argumento para alimentar cierta esperanza: la “multitud” (léase las bases) pasarán por enci-
Cuadernos del Sur 139
ma de la dirigencia. Si la cara visible fiieron los candidatos del PT y la di- rigencia de ATTAC, estos no están exentos de ser víctimas de un “que se vayan todos”. Para Esnaola, de Batasuna, la socialdemocracia sólo logró hegemonizar la retórica y la imagen, debajo de las que estaba “lo realmen- te interesante”.4l La fuerza de estos argumentos reside en conservar una perspectiva acertada: el Foro es la expresión de diversos movimientos po- líticos y sociales, ni remotamente un mero encuentro de partidos.42 La evo- lución de estos movimientos es la que determinará la evolución del Foro. Si perdernos esto de vista y lo analizamos por su mera expresión superfi- cial tendríamos que concluir junto con el Financial Times, que el FSM es “poco más que un carnaval con contenido social, una feria para vendedo- res, artistas y políticos donde vender sus productos y sus ideas.”43
“Otro Mundo es Posible” refleja también un recuerdo del desastre: el de un tiempo donde a muchos les cabía dudar que lo es. Hoy algo más alivia- dos podemos pensar en otras consignas. En el campamento de la juven- tud, un pequeño grupo del MST proponía un canto más agiomado: “Os moderados que se preparem, é socialismo ou barbarie”.
La Plata, abril de 2002
Notas
l Michael Hardt, “Today’s Bandung?”, New Lefl Review, Segunda serie, No 14, Marzo-Abril 2002.
2 “No será considerado como parte integrante del movimiento aquel que no se oponga al neo- liberalismo y a la guerra”, Livio Maitan, “Forum Social Mondial II”, Inprecor, No 468/469, mar- zo-abril de 2002, Salvatore Cannavó, “De l’éve'nement au mouvement", Inprecor, No 468/469, mar- zo-abril de 2002, y, fundamentalmente, la propia declaración de los movimientos sociales: “Nos hemos reunido de nuevo para continuar nuestra lucha contra el neoliberalismo y la guerra, ratifi- cando los acuerdos del Foro anterior...”.
3 Publicado en Febrero en el sitio web del PT (www.pt.org.br).
4 Especialmente los que figuran en el listado oficial, http://www.forumsocialmundial.org- .br/eng/balanco_fsm_2002.asp.
5 “Behind the theatrical expressions of proteSt, the forum was marked by a serious exchange of ideas and proposals, such as refonns of the WTO’s intellectual property right agreements. Most participants said they were not against-globalisation but for a more equitable form of it with a broa- der international participation in decision-making." Raymond Colitt, “Serious ideas behind the theatrics: World Social Forum: Anti-globalisation lobby has recovered its momentum", Financial Times, 5 de febrero de 2002.
6 Petras, James “Porto Alegre 2002: A Tale of Two Forums”, Montbbv Review, Vol 53, No ll, Abril 2002"
7 Hardt, Michael l"Today's Bandung?', op.cit. También “...existen otros problemas: la presen-
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cía desproporcionada en primer plano de hombres blancos y ocidentales en casi todas las activida- des”, José Correa Leit, “Forum social mondial II: un progres significatif", Inprecor, No 468/469, mar- zo-abril 2002.
3 Fermín González o'bjeta también si es legítimo excluir organizaciones sociales “que son víc- timas y producto de la agresividad o la violencia del sistema. Estas pueden verse conducidas a in- volucrarse en la autodefensa armada en virtud del derecho legítimo de un movimiento a transfor- marse en poder popular”. Fermín González, “Le Foro de Sao Paulo révéle les clivages”, Inprecor, No 468/469, marzo-abril 2002.
9 Si participaron de las mesas otros representantes de Vía Campesina, como Rafael Alegria o Paul Nicholson. La cúpula del I’I' intentó distanciarse de Bové por recomendaciones de los aseso- res de campaña “PT fenta distanciar-se de figuras como Bové”, 0 Estado de S.Paulo, l de febrero de 2002.
1° Quien sentenció “Tiene un propósito mucho más socialdemócrata”. Ver “PT tentou evitar ex- tremismos no Fórum Social”, O Estado de S.Paulo, 4 de febrero de 2002 y la Folba de S.Paulo del mis- mo día.
11 Este concurrió al Foro de Davos pero envió una carta que leyó en el Foro José Antonio Ocampo. http://www.un.org/News/Press/dócs/ZOOZ/sgsm8l l3.doc.htm
12 “We need to build the popular movement but lobby and negotiate at the same time.” Ray- mond Colitt, “Serious ideas behind the theatrics. World Social Forum: Anti-globalisation lobby has recovered its momentum”, Financial Times; 5 de Febrero de 2002.
13 'Adding to the forum’s legitimacy were World Bank and UN officials, and other policy ma- kers who privately met many groups to learn and debate.” Raymond Colitt, op.cit.
14 Salvatore Cannavó lo ve como un fenómeno durable quecolabora con el aumento de legi- timidad y una exigencia de reflexionar sobre las relaciones del movimiento con las organizaciones tradicionales y sus representates. “De l’événement...”, op.cit.
¡5 Esto suscitó una polémica olvidable sobre quién vetó la presencia de Fidel. ATTAC y Lula fueron acusados de verlo como políticamente indeseable por su compromiso revolucionario. Cas- sen niega que haya sido ATTAC quién lo hizo y defiende el “núcleo duro” de acuerdós del Foro. Luego agrega: “Si Fidel viniera a Porto Alegre, eso significaría que, sin duda, dándonos gusto en lo inmediato dentro del marco de una manifestación contra el ALCA, dividirr'amos el movimiento antiglobalización separándonos de fuerzas indispensables." El affaire está también relatado en Trias, Ivonne “Segundo FSM: Más amplio o más profundo”, Brecba, Año 17 No 844, l de febrero de 2002 y se desarrolló en Laerte Braga, “Los ‘negocios’ de la izquierda”, 10 de enero del 2002, http://www.rebelion.org/sociales/braga100102.htrn, Bernard Cassen, “Carta enviada por Bernard Cassen”, 13 de enero del 2002, http://www.rebelion;org/sociales/cassenl30102.htm, y ATTAC- Brasil, “Como se calunia o ATTAC e por que”, 14 de enero del 2002, http://www.rebelion.org/so- ciales/brasill40102.htm.
16 Daniel Piza, “PT foi o foco dominante do Fórum neste ano”, 0 Estado de S.Paulo, 5 de feve- reiro de 2002.
17 Sergio Ferrari, (“Un foro social crecido que no oculta sus contradicciones” Boletín Electróni- co No 259, Correo de prensa de la IV internacional). identifica esta necesidad con contrarrestar “uno de los argumentos más reiterativos del poder mundial”, que "se ensaña en criticar a la sociedad ci- vil planetaria por falta de imaginación y de realismo.”
18 Naomi Klein, “Memorias de Porto Alegre y Nueva York: La revuelta desde las 'costuras’”, http://www.forumsocialmundial.org.br/eng/balaneo_fsm_2002.asp
¡9 Es interesante pensar la consigna del Foro del mismo modo que Fernandez et.al. analizan “Qre se vayan todos’, (ver “El mar en una botella”, en este mismo número).
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2° Como bien señala además Ivonne Trias “El problema [las tensiones entre diversas ideas] se vuelve inmanejable si se confunden los planos deliberativo y resolutivo, es decir si se confunde al FSM tal como está definido con un foro estnrcturado cuyos consejos u órganos tengan carácter re- solutivo.” Trias, Ivonne “Segundo FSM: Más amplio o más profundo”, Brecha, Año 17, No 844, l de Febrero 2002.
21 Petras, James “A tale...”, op.cit.
22 Cándido Grzybowski, “¿Es Posible un Mundo Más Femenino?”, http://www.forumsocial- mundial.org.br/esp/balanco__Candido_mulheres_esp.asp
23 Francisco Whitaker, “Lecciones de Porto Alegre”, http://www.forumsocialmundial.org- .br/eng/balanco_ChicoW_esp.asP
24 Aún cuando el presidente de ATTAC-Francia persista en negarlo: I"I'odo el mundo sabe, o de- bería saberlo que no es ni Attac Francia ni el PT quienes organizaron el Foro Social Mundial, si- no un comité que agrupa 8 organizaciones brasileñas, entre las cuales están la CUT, el MST y At- tac Brasil.” Bemard Cassen, “Carta...”, op.cit. Una revisión de los temas, ejes temáticos y persona- jes de las 27 conferencias centrales puede dar una idea más acabada del peso de las organizaciones.
25 Desde un ángulo distinto se alinea también Leonardo Bofl', quien asienta una teleología que va de una globalización competitiva y excluyente a otra solidaria, valorizadora del espíritu huma- no. Boff, Leonardo “¿Cuál globalización?”, http://www.forumsocialmundial.org.br/eng/balanco- _LeonardoBoff_esp.asp
26 Immanuel Wallerstein, “Porto Alegre 2002”, http://www.forumsocialmundial.org.br/eng/ba- lanco_fsm_2002.asp
27 Una nota de vergonzoso color lo dio al respecto la delegación argentina, que organizó dos reuniones para dar cuenta la situación. Una fue organizada por diversos partidos de izquierda que se obstinaron en identificar una situación pre-revolucionaria en los sucesos del 19 y 20 de diciem- bre. Y la otra fue organizada por CLACSO, que dio participación casi exclusivamente a la gran au- sente del proceso de marras, la CTA.
23 Un análisis de las condiciones de producción y reproducción del modo de producción capi- talista justifica la decisión de preguntarse por la participación de la clase obrera como clase en cual- quier altemativa de cambio revolucionario durable.
29 Un reporte exhaustivo de la particpación de distintas internacionales obreras y de la clase obrera en general puede encontrarse en Peter Waterman, “The still unconsummated marriage of in- ternational unionism and the global justice movement. A labor Report on the World Social Fo- rum”, GroundZero, Articulos del 18 de Enero al 15 de Febrero de 2002, http://www.commoner.or- g.uk/Ol-Sgroundzero.htm.
30 Como afirma de modo demasiado entusiasta Laerte Braga, “Los ‘negocios'...", op.cit.
31 “[El FSM] es un espacio plural y abierto creado por las organizaciones sociales” o I'el FSM ha quedado legitimado como un espacio de diálogo y encuentro de una miríada de movimientos sociales, ONGs y asociacidnes de todo tipo” Boron, Atilio, “Reflexiones a propósito del FSM 2002”, Boron, Atilio. “Uni mundo en Lucha. FSM 2002”, Encrucp'adas (UBA), No 17, Marzo 2002http://www.forumsocialmundial.org.br/eng/balanco_ATilio_A_boron_esp.asp
32 “The very concept of ‘civil society,’ which is so popular of late, erases the borders between social classes that exist in society. How, for example, is it possible to include in the same category of ‘civil society' both the exploited and the exploiters, the bosses and'workers, the oppressors and oppressed - not to mention the churches, NGOs, and government and UN representauvesP”, Tu- rra et.al. 'Open Letter to the Trade Unionists and Activists Participating in the World Social Fo- rum 2002”, 2 de enero de 2002, email de la ILC (International Liaison Committee).
33 Como en la enumeración de la declaración de los movimientos sociales: “mujeres y hombres,
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jóvenes y adultos, campesinos-campensinas, pescadores-pescadoras, pobladores de la ciudad, los y las trabajadoras, desempleadas, estudiantes, profesionales, migrantes, pueblos indígenas y gente de todas las creencias, colores y orientaciones sexuales”.
34 Obsérvese, por ejemplo, la declaración final de los movimientos sociales que insiste en ala- bar a la diversidad (“Nuestra diversidad es grande: hombres y mujeres, jóvenes y adultos, ...”) y en identificada como la base de la fuerza y unidad del movimiento.
35 Noam Chomsky por ejemplo, afirmo que 'una nueva internacional esta por nacer”. También dijo algo similar Fausto Bertinotti.. Aún más lejos va Atilio Borón al creer que estamos ante un in- temacionalismo más ‘concreto’: “El FSM es el embrión de un nuevo intemacionalismo más nece- sario que nunca. No se trata en consecuencia de un intemacionalismo abstracto sino de otro muy concreto, arraigado en las luchas nacionales”, Boron, Atilio “Reflexiones...', op.cit.
35 José Bové “A farmer’s intemational?”, Nero Lefl Review, segunda serie, No 12, Noviembre/Di- ciembre 2001.
37 Calisto, Acacio et.al. “Forum Social Mundial II: ‘nouvelle intemationale’ ou 'camaval globa- Iisé”, http://www.forumsocialmundial.org.br/eng/balanco_fsm_2002.asp.
33 Los escraches como forma de censura a los funcionarios tomaron brevemente una modalidad "Los tres Chiflados": un tortazo se estrelló en la cara de la ministra de la juventud fancesa Ma- rie-Georges Buffet como protesta a la actitud del gobierno ante la guerra y las medidas del gobier- no en contra de los inmigrantes y activistas post-ll de septiembre. Losson, Christian “Planche sa- vonnée et tarte r la creme pour Buffet. Venue au nom du PCF, elle a payé pour le gouvemement.”, Liberation, 6 de febrero de 2002, http://www.liberation.com/quotidien/semaine/020206- 020015087POLI.html. Salvatore Cannavó, “De l’événement...”, op.cit.
39 ILa realidad es que el poder y la riqueza de este mundo están muy, muy desigualmente re- partidas, y demasiada gente está condenada a vidas de extrema pobreza y degradación [...] La per- cepción compartida por muchos es que la culpa Ia tienen... las personas que atienden este encuen- tro” (secretario general de la ONU Kofi Annan en el Foro Económico Mundial. “...entonces se respiraba el triunfalismo de la nueva economía[...] [Hoy] la certeza ha desaparecido. Hemos en- trado en un tenitorio nuevo y desconocido”, Jefl'rey Garten. Bañales,Jorge “Foro de Davos: Las du- das de los de arriba”, Brecba, 8 de Febrero 2002, Año l7 No 845. También Jonquieres, Guy de et.al. "Down at sea level, Davos has lost its rarefied atmosphere: Moving the forum to New York has not been an unqualified success”, Financial Iïmes; 5 de Febrero de 2002.
4° Michael Hard, “Today’s Bandung?”, op.cit.
41 Isidro Esnaola, “El Otro Foro de Porto Alegre”, http://www.batasuna.org/prentsa- /2002/02/g_ia1801.htm
42 Como bien notó Eduardo Tagliaferro “Más que un anti Davos”, Pagina/12, 5 de febrero de 2001.
43 Colitt, Raymond “Serious ideas...", Financial 77mes, op.cit. La misma línea de pensamiento (desestimar los movimientos detrás del Foro) la expresan Wilson Tosta y Vera Rosa, “Fórum Social termina em ‘camaval globalizado"I 0 Estado de Sao Paulo, 6 de febrero de 2002.
Cuadernos del Sur 143
Revista e ideas, historia olr'tr'ca
Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Politicas
VIENTO I '
POR UIA IZQUIERDA ALTERNAÏlVA
¿Pensamiento o práctica única?
(Reseña de los libros Pensamiento Único en Filosofia Política, Actuel Marx, Buenos Aires, 2001 y Pensamiento Unico 71s. Pensamiento Crítico, Le Monde Diplomatique - Edición Española, Madrid, 1998).
orría el año 1995 e Ignacio Ramonet, director de Le Monde Di-
plomatique, utilizó por primera vez el concepto “pensamiento
único” para denominar aquella forma de reflexión que, de ma-
nera unívoca, era la autorizada por una invisible y omnipoten- te policía de la opinión para empantanar el estado de cosas actual.l
Casi una década más tarde, se ha tomado ya un lugar común afirmar que nuestra época se encuentra signada por este fantasma. El concepto ha devenido, en buena medida, una categoría-fetiche a la cual todo in- telectual políticamente correcto debe acudir en busca de una explica- ción sensata ante la ausencia de alteridades no capitalistas. Así, la impo- sibilidad de construir una fuerza contra-hegemónica radicaría, según va- rios de los autores de ¿Pensamiento Único en Filosofia Política .9, en el vacío o hueco teórico existente al interior de los sectores subalternos. Estruc- turado sobre la base de un Dossier originario, publicado en el año 2000 en París en el marco de la revista Actuel Marx, y con una vasta cantidad de aportes complementarios de escritores latinoamericanos y especial- mente argentinos, la propuesta se enmarca en los sucesivos coloquios y congresos internacionales organizados por la revista en el continente eu- ropeo.
La prioridad de las intervenciones condensadas en la primera mitad del libro es, por lo tanto, indagar en la existencia o no de otras filosofías polí- ticas que aporten a la reflexión crítica y la resistencia teórica. Esta es, aun- que pueda sonar paradójico, la principal potencialidad y limitación del li- bro. Por un lado, su aporte al pensamiento “radical” resulta sin duda de una importancia considerable. Sin embargo, en la medida en que subyace en gran parte de las exposiciones una inversión de la famosa frase del bar- budo de Tréveris, sustituyendo el arma de la crítica (al parecer) a la crítica por las armas, el “marxismo de cátedra” -como solía catalogarlo Engels-
Cuadernos del Sur 145
emerge como la única lucha posible frente a la cruenta reestructuración ca- pitalista desencadenada en las últimas décadas.
También el libro Pensamiento Unico 71s. Pensamiento Crítico queda, desde su nombre mismo, entrampado en esta falsa dicotomía. Dividido en diez capítulos (pensamiento único-pensamiento crítico, la era de la globaliza- ción, demolición social, refundar la democracia, planeta y especie huma- na, mujeres y equidad social, refugiados e inmigrantes, nuevos desafios para los medios de comunicación y cultura y mercado), dentro de los cua- les se condensan varios artículos por ejes temáticos, la compilación resul- ta un mix heterogéneo de posiciones teórico-políticas, dentro de la que se destacan las de Armand Mattelart, Samir Amin, y Eduardo Galeano. No obstante, más allá de estos aportes notables, se huele en parte del resto de los textos una especie de nostalgia por “los buenos tiempos”: ¿Agonía de la cultura?, El cine europeo, desamparado y Culturas en venta, son tres de los títulos que rememoran viejas épocas de bonanza capitalista en las que la sociedad del espectáculo, tan bien descripta por Debord, parece estar au- sente.
Por sobre todo, ambas compilaciones tienen —al margen de sus particu- laridades- un objetivo en común: amalgamar un cúmulo de artículos y po- nencias que, desde variadas posturas teóricas, intentan impugnar un dis- curso por demás en boga como es el del “pensamiento único”. Tanto sus críticos como sus apologéticos coinciden en diagnosticar el mal (o bien, se- gún sea el caso) de esta reformulación del planteo firkullámico. Sin embar- go, quienes intentan trascender el estado de cosas actual no logran perci- bir que, más que un pensamiento, lo que acontece es una práctica única. Esto cambia radicalmente el eje de discusión (y sobre todo de acción): el problema de fondo no sería el contenido de lo enunciado, ya que hoy la “tolerancia pluralista” permite decir lo que a cada uno se le antoje, siem- pre y cuando se respete la flrrma en que se lo expresa, así como su anclaje dentro de los márgenes de la mera retórica.
Actualmente, el capitalismo “posmodemo” se ha tomado una especie de mosaico fragmentario de discursos contrapuestos, posibilitando más que nunca la coexistencia de las sagradas diferencias. Desde esta óptica de bricolaje (o “pastiche”, como gusta llamarla Jameson), todo puede ser dicbo, al punto de convivir sin tensión alguna, múltiples particularidades comu- nicativas, equivalentes entre sí y plausibles de ser absorbidas por las insti- tuciones burguesas. La ley del valor actúa también así en el ámbito del pensamiento, y el tráfico mercantil de ideas parece afectar incluso a los otrora más respetados filósofos.
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Teniendo en claro esto, podemos expresar entonces que, más que estar en contra de un pensamiento único (sabemos que ello no ocurre en nu- merosas Universidades y organismos públicos, donde existe pluralidad de corrientes, y hasta una parcial hegemonía “marxista”) debemos combatir la unidimensionalidad de las prácticas sociales y políticas que —más allá del conte- nido específico que porten- reproducen de cuajo las relaciones de poder, sometimiento y explotación sobre las que se solventa la sociedad capita- lista! Lo que subyace al planteo de gran parte de la intelectualidad pro- gresista que colabora de manera “desinteresada” en este tipo de compila- ciones es precisamente eso: la eliminación total del compromiso militan- te, en el más amplio sentido de la palabra.3 Decía Vico que conocer es, ante todo, hacer. Parándose desde esta definición, cabe preguntarse qué conocimiento pueden llegar a generar buena parte de los “pensadores crí- ticos”, respecto de los procesos actuales de lucha e intervención política, cuando se encuentran totalmente ajenos a ellos. El caso más ejemplar en Argentina es el de las Asambleas barriales y los movimientos piqueteros, que a partir de un distanciamiento “cientificista” se presentan ante los ojos de los investigadores bajo un ropaje cosificante, tal como añoraban Comte y Durkheim. Precisamente este derrotismo teórico-político, que sobrevuela de manera subrepticia la infinidad de “papers” académicos ela- borados hoy en día, tiene como una de sus bases principales esta cuestión problemática.
Con este planteo, no es nuestra intención rememorar las viejas discusio- nes sobre el “voluntarismo” (que van, entre otros, de Lenin y Luxembur- go a Sartre y Merleau Ponty). Si pretendemos, en cambio, dejar clara nues- tra posición con relación al tema: esencialmente somos nuestras prácticas. La lq'anr'a existente entre los textos eruditos que habitan libros y revistas “del palo”, y la experiencia concreta que constituye al acontecer político, no desaparece por su omisión, sino que —en términos del compañero Freud- es reprimida. Su retorno, por supuesto, se toma inevitable. Esta bre- ve reseña pretende justamente reintroducir la molesta piedra de la unidad indisoluble entre teoría y acción, en el desgastado zapato de la crítica crí- tica, tan en auge en estos días.
Somos conscientes de lo provocativo de estas palabras, pero creemos que resulta imperioso un debate a fondo acerca de este tipo de in(ter)ven- ciones. En este sentido, vale la pena recordar lo que expresó Marx, hace más de un siglo y medio, como corolario de sus conocidas Tesis sobre Feuerbach: “los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo de diver- sas maneras, cuando de lo que se trata es de transformarlo”. Era plenamen-
Cuadernos del Sur 147
te consciente que el problema no radicaba en el carácter unívoco del pen- samiento, sino en la ausencia de una praxis política que posibilitara que aquel se hiciera carne en la cotidianeidad militante. Esto nos lleva a expre- sar que, si bien la reflexión teórica resulta indispensable para la práctica emancipatoria (“sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria”, solía postular Lenin) es incapaz por sí misma de operar el cambio radical necesario.
Nuestra anomalía no ha de ser, por tanto, más que la actuación experi- mental a escala colectiva, alternativa de (y autónoma con respecto a) las prácticas burguesas. La enseñanza de Maquiavelo, actualizada por Louis Althusser, es desde este ángulo más pertinente que nunca: para compren- der a los príncipes es preciso bacerse pueblo. De manera análoga, el pensa- miento “crítico” sólo es plausible de ser fructífero si se concibe al interior de los sectores subaltemos.4 Desde ellos, lo meramente formal deviene real.
Partiendo de esta perspectiva, el pensamiento crítico —o, para decirlo en términos de Toni Negri, la teorización del puño levantado- tendría por función no sólo (como parecen entender varios de los autores compilados en ambos libros) la construcción de un nuevo sentido (o relato) que desar- ticule el discurso dominante, anclado enla interpretación burguesa de la so- ciedad capitalista como eterna y natural. Si se acotara a ello, tal como ex- presamos anteriormente, el arma de la crítica seria ala vez la crítica por las armas, en la medida en que la lucha se reduciría a una mera confrontación teórica por re-significar el (des)orden simbólico que constituye a —e inter- viene en- la realidad social. Intentando trascender esta postura, Deleuze postulaba en su precoz relectura de David Hume5 que la filosofía solo te- nía sentido si se concebía como construcción permanente de lo que hace- mos.
Por ello, la emergencia de lo nuevo debe entenderse como la capacidad (auto)creativa de i(nte)rrumpir prácticamente (en) la continuidad homogé- nea y farsante de lo histórico, no reeditando lo caduco, sino inventando vínculos de manera tal que la política devenga una necesidad humana constante. A partir de este movimiento, la praxis en tanto quiebre de la re- producción capitalista estallará imprevistamente como lo hizo el 19 y el 20 de diciembre. Qiizás sea pertinente (re)tomar para ello el concepto de “fi- losofia de la praxis”, elaborado por Antonio Gramsci-en su período carce- lario. En él, la articulación entre teoría y acción revolucionaria, lejos de ser una mera quimera, deviene una realidad concreta, sintetizada en la famo- sa figura del intelectual orgánico.
148 Mayo ¿2002
Por todo lo antedicho, se toma imprescindible que no sólo los “teóri- cos” de la izquierda, sino también el conjunto de los sectores populares, realicemos una profunda autocrítica con respecto a las formas tradiciona- les de construcción del pensamiento crítico y la intervención política. Más aún de cara a lo sucedido en los últimos meses en nuestro país y en el mundo. La principal enseñanza de estos acontecimientos estriba en que es hora ya de dejarse de pelear con los gendarmes del pensamiento único por los inútiles “tenedores” de la crítica crítica, cuando todo parece indicar que lo que llueve es‘s0pa.
Hernán Ouviña
Notas
1 LeMonde Diplomatique, enero de 1995. La traducción corresponde al N° 7 de la Edición Es- pañola, mayo de 1996.
z Un claro ejemplo de ello es la Central de los Trabajadores Argentinos, quien se esmera en for- ma permanente por gestar un “nuevo pensamiento”. Durante la heroica jornada del 20 de diciem- bre, cumplió un papel vergonzoso: si por un lado la dirigencia de la FI'V denunciaba a gritos que la rebelión popular había sido “organizada por la derecha”, por el otro el FreNaPo convocaba a las 18 horas (con una clara intención desmovilizadora) a una reunión en el local central de Capital Fe- deral “para debatir sobre la grave situación nacional”.
3 Podría afirmarse incluso que la inmensa mayoría de estos autores/espectadores se encuentran un paso auás de aquellos que Perry Anderson cobijaba bajo el paraguas del “mancismo occidental”, en la medida en que los intelectuales contenidos dentro de este término escindian la teoría crítica dela praxis revolucionaria. En la actualidad, más que un bian entre una y otra, exista una total au- sencia de la última.
4 Lo cual, por supuesto, no implica caer en una lógica de “proletarización”, tan cara para la iz- quierda revolucionaria de los años ’70.
5 Empirismo y subjetividad, Ed. Gedisa, Barcelona, 1981.
Cuadernos del Sur 149
Esta edición de 500 ejemplares se terminó de imprimir en A.B.R.N. Producciones Gráficas S.R.L., Wenceslao Villafañe 468, Buenos Aires, Argentina, en mayo de 2002.
uariernos del Sar
“¡Editorial A ' ‘ ,,— Autoorganización y diversidad en .. e las lucha sociales.
¿.¿iÁlejlandro’Valle Baeza . Dos crisis de inicio de siglo: " - - EE.UU y México. ‘f‘v .. Iii-7;. i. . i 4 y A r .rilanette‘Habel » ' . Estados Unidos - América latina: if _ - ’ . . la reorganización de un modo de-_ , en; y V_ ' y a x dominación. x . . ‘_ sader j 7 . p Argentina: una crisis de nuevo tipo. Alberto Bonnet 9 " -- ““aQue se vayan todos. Crisis, insurrección p- ' ‘ ycaída de la convertibilidad. A. Fernández / S.Borakievich / - EI mar en una botella. L. RiVera Eduardo Lucita ¡Que venga Io que nunca ha sido! i GUiilermo Gigliani La explosión de la deuda externa. Didcumentos Propuesta de los economistas de , , - _ izquierda. Antonio Negri El Imperio, etapa superior del y k ¿Í' imperialismo. Daniel Bensaïd V El Imperio, ¿etapa terminal?
Juan 'Grigera Foro Social Mundial ll: . , ¿La esperanza de quién?
Tlerpïfuego
Reseñas e