SOCIEDAD-ECONOMÍA-POLÍTICA
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Gladernos del Sur
Año 18 - N° 34 Noviembre de 2002
NUEVAS DIRECCIONES
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Cuadernos del Sur, número 34 dirigirse a:
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EDITORIAL
ERNESTO HERRERA RICARDO ANTUNES WASHINGTON ESTELLANO
EDUARDO LUCITA
Índice
Alcances y limitaciones de la insurrección del 19-20D
América latina: la resistencia
viene del sur
El Brasil de Lula y algunos desafíos de la izquierda social
Bolivia: la agonía del modelo ..................... ..
Ocupación y gestión obrera Ocupar, resistir, producir
JOSEFINA MARTÍNEZ Fábricas ocupadas y gestión obrera
ANGEL FANJUL / ROQUE MOYANO
DEBATES EN EL PSM-Argentina
PABLO PERAZZI
SLAVOJ ZIZEK
WERNER BONEFELD
MABEL BELLUCCI
directa. Apuntes para una
reflexión histórico-teórica .......................... .. Continuidades y cambios en el movimiento de ocupación
fabril. Entrevista .......................................... ..
L@s trabajador@s toman la palabra Emprendimientos productivos, respuestas obreras al cierre de empresas
y la desocupación ......................................... .. Radiografía de los MTD’s. Un enfoque antropológico ............................................... ..
Qué hacer con el ¿Qué Hacer?
¿Qué puede decirnos Lenin sobre
la libertad hoy? ............................................. .. Estado, revolución y
auto-determinación ..................................... ..
Reseña La protesta política como acontecimiento cultural. Videos “Matanza” y “Piqueteras”
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Fraglegfiggiznflzsór
El manifiesto comunista (Marx/E Este many‘iesto es uno de los documen o? l y " ' habian acabado de plasmar ¿gonna ü ucionaria y canse izquierda hegeliana. [Alto resaparecido toda la parte de ' ‘í- 'ïr iran de los antecesores yfalsifi- cadores y hubiera ganad ni impacto revolucionario. Pero las tesis funda 7' "Heidi: ' vq'ecen y pueden ser ' escritos de agitación polític u ‘ "' m aya producido la
ismo. Está escrito cuando sus autores no
"¿w algo de la pedanteria filosófica de la
Esteesuletodedivulgación escn l , .- 3'- i'i' 'MiseriadelaFilosofia'y" 'opicodelossalariosylaventadelafiurza asuprofimdidadenElC. 4 ' ' ‘ ' "
E118 ¡ii a " LM .
ï ¡naparte (Marx) ‘ Marx sobre el destino de Francia a partir de este momento. La crítica
M ' General de la Asociación Internacional de los
La guerra civil en Fri 5 Este conjunto de análisis ' i : clase..." " ' "
que m IA '-I
¿”"35 ll’ .7 :i: "
El origen de t ' a: Hi“ 31’)
A pesar de que el ibm desam I rff ‘ ideas e Morgan sobre la familia primitiva, la
“¿permitan l.>l,...r4. tratado de iniciación marxista. Es uno de lo i mentales para enten ista y dialéctica de la historia.
El Estado y la revolución (Lenin) 5“ - j y Este libro es como una biblia de bolsillo para los revolucionarios. La i i'm. de Lenin donde aparece el revolucionario integral y ortodoxo. Algunas de b cumplir en su pais y debió hacer concesiones q r I ' i u _ .¿ - b - estaban para experimentos a largo plazo; hab; I r ‘ r ' comer a un ¡"7" w 1 ‘ u nizar la defensa con- tra posibles ataques. Frente a la realidad de bag? “ estado y la revolución" es la fuente teórico-práctica más clara y fecunda de la literatura marxista.
i Revista Marx Ahora No. 3, ¡997, La Habana, Cuba.
Alcances y limitaciones de la insurrección del l9-20D
uienes vivimos y actuamos en este momento, quienes encaramos ini- ciativas como, entre otras, publicar esta misma revista, nos despedazamos entre el dolor y la esperanza extremos, convivimos e interactuamos con ni- ños desnutridos en una extremo y con obreros autogestionados en el otro. En efecto, la crisis y la insurrección popular de diciembre inauguraron una nueva sociedad donde el marco de lo posible ya no es el mismo, hay lugar para todo esto junto, pero ya no más para esa normalidad de los poderosos reinante durante la década pasada.
Crisis e insurrección tenían su historia. La depresión económica ya era una catástrofe inédita, en cuanto a su profundidad, duración y consecuen- cias sociales, cuando el modelo de convertibilidad se hundió en el crack de diciembre. Los sujetos sociales que protagonizaron las luchas del 19 y 20 también se habían ido organizando y consolidando durante, por lo menos, la segunda mitad de los noventa. La insurrección, sin embargo, emergió co- mo un nudo de confluencia donde esos sujetos conformaron de hecho una nueva alianza, poniendo en circulación y amalgamando sus modalidades de lucha, con sus piquetes en la city, y sus demandas, con el clamor comparti- do de ¡que se vayan todos, que no quede uno solo!
Durante estos diez meses que nos separan del diciembre último, esos su- jetos sociales, contra muchos pronósticos pesimistas, se sostuvieron y en al- gunos casos tendieron a consolidarse. Las asambleas barriales nacidas al ca- lor de la insurrección sufrieron una crisis, para lograr luego, en Buenos Ai- res, reestructurar sus modos de organización -impulso de las comisiones, horizontalidad sin referencialidades representativas, nuevos mecanismos de vinculación entre asambleas, elección de delegados y mandatos—, reorientar sus demandas -hacia las empresas de servicios públicos, las municipalida- des- y radicalizar sus intervenciones -con la oleada de ocupación de loca- les. El movi-miento de trabajadores desocupados siguió desarrollando sus
Cuadernos del Sur i 5
iniciativas de construcción en los barrios y lucha en las calles y, después de enfrentar las represiones del gobierno -con el masivo repudio contra los asesinatos de Puente Avellaneda- consolidó un mayor consenso entre otros sectores de la sóciedad. El movimiento de ocupación de empresas por par- te de sus trabajadores también registró avances significativos. Se multiplica- ron las fábricas cooperativizadas o gestionadas bajo control obrero (Ghelco, Grissinópoli, y decenas de otros casos) y el movimiento se extendió hacia empresas no industriales (Clínica junín de Córdoba, Supermercado Tigre de Rosario, pizzerías, panaderías) y comenzó a integrarse a través de una red de encuentros y actividades solidarias.
La dinámica profundamente democrática y autonómica puesta en juego por estos sujetos sociales, con sus prácticas asamblearias, su desconfianza ante el estado, su empeño en resolver sus problemas con sus propias fuer- zas auto-organizadas, el descubrimiento de las propias capacidades otrora negadas por la hegemonía burguesa es seguramente uno de los rasgos más prometedores de la coyuntura.
Muchos de estos sujetos sociales —ignorados o desconocidos por la gran mayoría- tuvieron ocasión de reunirse e intercambiar experiencias de lucha e ideas en varios eventos recientes. La realización del Foro Social Mundial en nuestro país convocó a unas veinte mil personas en cerca de trescientas actividades que juntaron a trabajadores ocupados con desocupados, a mo- vimientos territoriales con administraciones obreras, a asambleístas con co- lectivos en lucha por la soberanía alimentaria o por los derechos de las mu- jeres, de los colectivos por orientación sexual e identitaria y de frentes au- tonomistas locales e internacionales. El Seminario Internacional organiza- do por las revistas Cuadernos del Sur, Herramienta y Realidad Económica en el marco del mismo se convirtió, de hecho, en un espacio masivo de discusión de ideas anticapitalistas. Y algo parecido puede decirse de la multitudinaria asamblea nacional de los Autoconvocados por el No al ALCA.
Pero también las debilidades de esa alianza social conformada en las jor- nadas de diciembre siguen presentes. El movimiento de ocupación de em- presas es ciertamente una de las experiencias de lucha mas avanzadas de nuestros días, pero sigue siendo minoritario y estando restringido general- mente a pequeñas y medianas empresas en situación de quiebra o vacia- miento. Su contracara es una notoria ausencia de conflictos de magnitud —incluso de luchas sindicales frente a la pulverización inflacionaria de los salarios registrada durante estos meses- entre amplios sectores de la clase trabajadora, en particular entre los del sector privado.
La amenaza del desempleo y la precarización de los contratos y condi-
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ciones de empleo, que siguen intensificándose cOn la profundización de la depresión económica, parece haber exiliado la lucha de los- trabajadores y sindicatos respecto de muchos lugares de trabajo. Un importante contin- gente de atavismos de corte populista gana nuevamente lugar como alter- nativa y carga sobre el neoliberalismo, el nuevo tío malo del capital, la cuen- ta de todos los fracasos. Las intensas revueltas desarrolladas en otros ámbi- tos podrían operar ciertamente como “catalizadores”, como diría Marcuse, que relancen un proceso de luchas en los lugares de trabajo, desafiando el despotismo patronal reinante y deshaciéndose de las conducciones sindica- les burocráticas. Pero por ahora sigue siendo nada más que una posibilidad. La masividad alcanzada por la lucha de los sectores medios en los cacerola- zos de diciembre o en lOs escraches a los bancos y a la Corte Suprema de Justicia durante enero y febrero carece de precedentes. Sin embargo, la ex- periencia organizativa resultante de aquellas movilizaciones, materializada principalmente en las asambleas barriales, es mucho más minoritaria. Mientras tanto, algunos componentes decisivos y tradicionalmente dinámi- cos de esos sectores medios —corno el movimiento estudiantil- no han en- trado en escena y otros —los ahorristas organizados o los comerciantes re- clamando seguridad- comenzaron a desnudar la ambigüedad política de al- gunas de sus demandas.
La lucha por ¡que se vayan todos!, para retomar la consigna de la insurrec- ción de diciembre, atraviesa un impasse y unos cuantos riesgos de domesti- cación. La debilidad política de la administración de Duhalde es tan profun- da que debió adelantar las elecciones con el fin de mantenerse unos meses más en el gobierno. Hoy esas mismas elecciones presidenciales programa- das para marzo, en ausencia de un movimiento unitario de rechazo integra- do por el conjunto de los movimientos sociales y partidos de izquierda, si- guen presentándose mientras tanto como un trámite que se resuelve en la interna del PJ ante la apatía generalizada de la gran mayoría. La eventual ad- ministración parida por semejante trámite, en el previsible escenario de un comicio signado por una negativa a votar generalizada, gozaría ciertamente de un consenso apenas mayor al que acompaña a la actual administración duhaldista. El ¡que se vayan todos! seguiría entonces acechando a los persone- ros del régimen, pero apenas como una sombra. Mientras tanto, como su reflejo perverso, otra sombra cuida la espalda de los sectores populares: mu- chos dinosaurios salieron ya de su’s cuevas para montar su escenario de amedrentamiento.
Nada de esto debería sorprendernos, de todas maneras. Las coyunturas de crisis profundas y auge de las luchas sociales siempre están atravesadas
Cuadernos delSur 7
de contradicciones, de nuevos avances extraordinarios que contrastan con persistentes atrasos, de innovaciones organizativas que enfrentan la desin- tegración social, de esperanzas contra dolOres. La clave radica, hoy como siempre, en poner en tensión nuestro pensamiento para que sea capaz de reconocer las promesas presentes en la coyuntura y en reorientar nuestras prácticas apostando a esas promesas. A propósito del carácter novedoso de las luchas obreras norteamericanas respecto de las europeas, Mario Tronti señalaba que “las luchas obreras tienen hoy necesidad de una nueva unidad de medida” También nosotros necesitamos hoy pensar una nueva unidad de medida: una unidad que nos permita medir los alcances y limitaciones de los nuevos modos de organización y lucha sociales, no con el objeto de ob- servarlos desde lejos, naturalmente, sino con el propósito de aportar a la construcción colectiva de una estrategia. Esta nueva entrega de Cuadernos del Sur, desde los artículos e intervenciones a propósito de los movimientos so- ciales en curso en nuestro país, pasando por el debate alrededor del ¿Qué hacer? —ese referente ineludible de las discusiones organizativas de la iz- quierda del siglo xx- en su primer centenario, hasta los artículos sobre la política de otros países latinoamericanos, aspira a contribuir a aquella tarea.
ALBERTO BONNET Buenos Aires, noviembre de 2002
Gradernos del Sur
incluye los sumarios de sus ediciones en la base de datos de Latbook (libros y revistas)
Disponible en Internet en la siguiente dirección: http.//www.latbook.oom
América Latina: La resistencia que viene del sur
Ernesto Herrera
uando esta edi-
ción de Cuadernos ¿Q
del Sur llegue a las ¡te manos de las y los lecto- l res, el resultado dee lacciones en Brasil ya se confii I hace pensar, Lu I riosos, la fase d ca abierta en . a más que profundizars . rviosismo de los “mercados financiegjps”,,_(del
¡naaa ,olíti-
imperialismo y los capitales nsña'; “ii
cionales, para hablar clama en mento. En todo cas que l dilucidarse la pugna entr grama de “transición grad' alianza con los empresarioggté‘ r i-
pulsa la mayoría de la dir, ‘l _ nado]
Pl" (abandonando la ide ¿grúa-(má n adfiïu de clases es indiscutible, en la medida
con el neoliberalismo-23)..
una Ilmérlca es noslnle
e fi«matfifestacïbi‘ñies
De todas maneras, ese po- sible gobierno petista, que sólo puede entenderse en el cuadro de una crisis so- cioeconómica brutal y de sus aparatos
v _ 1- como ti áfitïiïufilïeses de dominación, Ï'ï-usalenzvic a v ' ' a n el proceso en Argen-
tina que vino a acelerar la crisis de di- rección política burguesa regional en un cuadro de debacle económica, re- sistencias, protestas y rebeliones so- n ‘Un cli'rr‘iaíde insurrección y deso- hidléfida e ha instalado en la H intensidad de sus ' de ser unifor- p' y espárrarioiesi de inestabilidad e ’lïa'ernabilidad. El carácter transito-
aíïo‘ de eigïinuevo período de la lucha
l y las enormes fuerz‘a‘s'w'so que la disputa por las relaciones de
apoyan al partido nacidme' l'seno
de la clase obrera, fic" lúchan Éqfí un cambio radical ' laygpndiciones
de vida de millones deiwbrasileños, por el otro.
fuerza lejos está de arribar a un desen- lace; Bajo! tales condiciones, el impe- rialismo reorganíza su estrategia de mediana-ación, lanzando una ofensi- va que pretende asegurar su domina-
Cuadernos del Sur
ción combinando factores tanto polí- ticos como económicos y militares. Las fuerzas militantes de la iz- quierda anticapitalista actúan decidi- damente en este nuevo período de la lucha de clases. Comparten las refle- xiones y las experiencias de combate
ira, pen-
samiento crítico, democrático, ¿libera?
dor, socialista. En la refundación, dei” un programa alternativo zonte estratégico. Con de un reagrupamiento de la radical. %
í i ai;
Reorganización de la fa;
dominación imperialis%i
El voto de condena
i‘oc‘omo- á 6.555992 10533: fi: ,
mailizfiión de a si i i i
Con México y Centroamérica alinea- dos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN/NAFTA) y el Plan Puebla-Panamá, con el Cari- be sometido al control absoluto de Washington, la batalla prindpal se li- bra ahora en América del Sur.
Esta ofensiva se ha reforzado tras los hechos del 11 de septiembre 2001 ' ' macional contra el , principalmente, luego de la apertura de un proceso re- volucionario en Argentina y la crisis en Venezuela.
La política norteamericana para la rïéfgiónjatingarrnericana reposa en tres pilar-ici? el militar y la cri- i testa y las resis- tencias:¿_sóciale' ¿[o el argumento la‘alíai‘ ha “terrorismo” o Wiiiiïircotgirqnliïáï i strategia de re- colojfiüción económica vía una “libe- rdliágción cqfircial” completa que bus-
.i
. garantizar y expandir las inversio-
on- iii tra Cuba (apoyado por lï‘rpaygklekánes de las empresas norteamericanas
los gobiernos latinoame o la ruptura de las relacion fimáticas? de Uruguay con la 1 ‘ ora la ofensiva anticubana del temo-de Fox); el fallido golpe de Estado en Ve- nezuela; la profundización de la gue- rra en Colombia; y la destrucción eco- nómica de Argentina para comprar el país a bajo precio, liquidar el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) e impo- ner el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), marcan una nueva fase de la ofensiva del imperialismo norteamericano sobre el continente.
y el robo de los recursos naturales vía megaproyestés Kigïïíïzonia, Patago- nia, Isuïngá-gentroamericano); una redefinición-ide]! rol de instituciones continentales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR). Esta política de “se- guridad hemig‘e’rica” pretende jugar el rol de blindaje ante la crisis de legiti- midad de las clases dominantes loca- les, y actuar como factor de estabilin zación en un escenario de ingobema- bilidad político-institucional, protes-
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ta social y,- en ciertos casos, de crisis del sistema de dominación.
En este contexto, las élites gober-
nantes se encuentran subordinadas y apenas esbozan una patética mueca de disgusto. Solo las contradicciones con Brasil y Venezuela (42% del PBI de América Latina) en torno al ALCA, los subsidios agrícolas ' 'V'“
en cinco áreas fundamentales : bienes industriales, agricultura, servicios, compras gubernamentales e inversio- nes directas extranjeras. Sobre las compras gubernamentales, Estados Unidos pretende que se apliquen las reglas del ALCA, no solamente a nivel federal o nacional sino también a los gobiemos estaduales, provinciales y
petróleo sacuden laság‘glí’ Es' r . ' l. decir, una fgobeman- tados Unidos con a
región. Depenci económico imp I ’ norteamericanos y eu o a a » ciones de los organismos financieros internacionales como el EMI-L, Mundial, BID), y atadas a
del.
reclamos por un “comercio li j
7‘
l
la OMC, las élites burguesaisiloei í rinden o apenas manifiestanfiíébilgí?
Sr y ,togest'ionan'a.
Las reglas que son buenas para la mundialización del capital serían im- puestas hasta el nivel local, robando vez más la soberanía de la pobla- de definir sus propios caminos figïarrollb.¿Es' nueva condición i ' al corazón de de democracia
justo”. 1 i M" úrneifio dé-rï: als-presiones impe-
En la reciente cumbre 1 i 681w? ¿Egepa‘íses Brasil y Argentina ne-
los gobiernos latinoamer" y
. v a.» nalis. ‘ se hace en un momento don-
vieron a recibir una bófpita afin“; esitan reducir el déficit de sus balan- o
que fueron a buscar unfisólidd‘ _ ción estratégica birregional” cqmlaiülfiión Europea, sólo obtuvie l na negatit- va en razón de la ‘firl' ein ¿ración y estabilida ”, mientras que ' ' i a Argentina medidas de ajuste más duras y un acuerdo con el FMI.
En las reuniones por el ALCA de Caracas y Panamá (mayo 2002), Esta- dos Um'dos insistió en forzar una convergencia en torno a sus intereses, al tiempo que aumentaba sus medi- das proteccionistas sobre la agricultu- ra. La insistencia imperialista se cen- tró en la "liberalización de los mercados"
own comerciales para cubrir el pago de
los intereses de la deuda externa, re- n' internas y a eses las elecciones brasile- - “‘ssi‘iiiiïué" , . . ¡«agregáiido asr otro cond1c10na- miento al futuro gobierno.
La reorganización estratégica de Estados Unidos se inscribe en la do- ble perspectiva de realización de un proceso de librecambismo continen- tal y de represión al movimiento po- pular. El despliegue militar está en marcha a fm de controlar —si es pre- ciso, por la fuerza- la globalización mercantil y los desórdenes y rebeldías
Cuadernos del Sur
II
sociales que engendra. El interés es- tratégico de la región andina hace de ella una de las prioridades de la políti- ca de seguridad de Estados Unidos. El Plan Colombia .(rebautizado como Iniciativa Regional Andina) ocupa un lugar central en el disposi- tivo contrainsurgente. Tercer país re- ceptor de “ayuda militagg; de Is-
al tiempo que abre escenarios favora- bles para las empresas multinaciona- les norteamericanas. Y es evidente que el Plan Colombia no tiene lími- tes de fronteras ni de competencias. Que la intervención norteamericana no se detendrá en ningún país ni se ajustará a ningún otro interés que al de Estados Unidos.
rael yEgipto), cuartogpc ¿comerciafi' wide este dispositivo de Estados Unido '¿ quirita econo « o de Panamá incre-
mía latinoamericari ‘ laboratorio de u i ‘_ gran escala.
Mientras que el ultradereChista Uribe, con vínculos paranulaítares} trata de involucrar a un ci?“
tambn, es el
w
menta su presencia militar en la zona del Darién y ha utilizando una cláu- sula del acuerdo del Canal que prevé la_p.osibilidad de que Washington en- ‘ÏÏÉ tropas. Se han instalado bases mi-
¿y Aruba-Gnragao, en Manta
te al
viles en la guerra, ya msnm/¿58" Cornelapa (Salvador) Te-
. i r en. como “sapos” (informantes), yflé’c'largfy. el Estado de Conmoción Intema”\,¿_f redobla la apuesta. Ya fueron voÉd-bsw los 68 millones de dólares adjáiúnalegatz
(Honduras) y
ZgibeñaÏACostÏRica] se han puesto “¿iii marcha "el;_opera'tÍVO Nuevos Ho-
rizoïnÏg-‘S‘Üemy La ocupación de Vie-
para la lucha contra el (PuegféÏÉRico), el Plan Dignidad
y en el 2003 habrá 98 mill?!) S r ,
dó-Éiiitién Bolivia, la Operación Cabañas
lares para crear un “ejércibïjéholerti”; 956352001 (Argentina) y el entrenamiento
mercenarios para. cuidar lb‘ódüc- tos de laOccidentalP ‘ y m. En el. “patio trasero" y por razfisdg seguri- dad, Estados Unidos estáfiec’idido a" no permitir un “Estado flacasado”. Me- nos en una región .rica en petróleo, carbón y minería.
En tales condiciones, el Plan Co- lombia no solo apunta contra la in- surgencia armada (particularmente las FARC) y el conjunto del movi- miento social, sino que actúa como mecanismo disuasivo contra las resis- tencias populares en, América Latina
de militares en Concepción (Para-
Ïig'uaY) 1331i?” de un esque;
mahéligp ¿egignal que disfruta de un accieáb’e'icclusiïvo a la base de Alcánta- ra en Brasil.
La preocupación norteamericana por la “inseguridad hemisfenca” se ex- presa en el documento del estado mayor del ejército de Estados Unidos —Visión Conjunta 2020- publicado en junio del 2001. Reiterando allí la nefasta doctrina de la “seguridad nacio- nal”, los. militares norteamericanos alertan sobre los focos de inestabili-
12
Noviembre de 2002
dad principales: el "triángulo radical” (Colombia, Ecuador, Venezuela), Pe: rú, Panamá y Argentina. Lo mismo en el documento “Política de Estados Unidos con respecto a la Región An- dina”, elaborado por el Departamen- to de Estado el 17 de mayo del 2001, donde se prevé una inyección de
ciamiento Militar miento y Educación» tranjero”. Estado la CIA, la DEA, el . cio de Guardacostas"* - a Sur para poner en práctica esaígolítig ca de intervención. y x
La estrategia contrímrgenï 2 = " _
continental se acompañawtde» ciones multilaterales en la pe de una fuerza de intervenci
esta reorganización tam-iii
rrolla. Se revitaliza la ó‘É‘lïy ¿asequi- y de?) . del config": nente (Carta Demoémng í terame5_¡,< ricana, votada en Lima luego del 11-"
truye un paradigma de “s. mocrátka” para los p ,
de septiembre 2001) articulando “la dg‘ensa de los derechos humanos” y una buena 'Zgobemanza regional”. Mientras tanto, los aparatos represivos se mo- demizan, la impunidad del terroris- mo de Estado se asegura, y la “limpie- za social" de los sujetos “desechables” (como en Colombia, Guatemala, Chiapas, Argentina y Brasil) es parte del combate al “delito organizado”, al
“if? Hp, 4’ -:.v
“contrabando”, al “narcotráfico”, a la “de- lincuencia” de la “economía ilícita” de las “clases peligrosas "
Esta ‘igobemanza” interamericana pretende instaurar un derecho de in- jerencia, mandando al basurero los principios de no-intervención y el respeto de la soberanía nacional, muy vivos en países cuya historia entera , -. o?" las luchas antiimpe- las intervenciones
extranjeras.
Simultáneamente, la crisis de legi- timidad y gobernabilidad de las élites ¡tigrguesas impone mecanismos y le- e control. social y recortes en los 1" xicos de la “sociedad
glustarngie, la crisis del “paradigma
esaÉ-t; 'i’MCOIlberal” como fase actual de la mundialización capitalista y el fracaso
en “modemizarh el subdesarrollo”, son l" pesa pérdida de legi_
ti wc hïesión del discurso do- Yánl'íl; siquiera franjas muy
amplias de la “clases medias” pueden ser seducidas con la promesa consu- mista. Por el contrario, pasan a la oposición militante a través de la mo- vilización, el voto protesta o la abs- tención.
La crisis de legitimidad y goberna- bilidad ha sido una constante de los últ'u'nos años en América Latina, lo que resalta la inestabilidad política en
Cuademosdel Sur
13
la región. Esta crisis alcanza de lleno en la línea de flotación de la “democra- cia representativa”. La institucionalidad se ha visto quebrada por las luchas de- mocráticas de masas, que derumba- ron en los últimos tres años a presi- dentes electos, re-electos o impuestos por los parlamentos y congresos: Cu- bas Grau (Paraguay), Bucagan'y Ma-
ha ejercido el principio a .-
dad y de democracia directa, dejandcu a un lado la delegación de poderes. “a? Digg-W; , Es en este cuadro que sgeïpgne en”i‘ pie —en los planos economicoïrgiïrligafib ¡ro
f1 ¿P9 ' ¡D .i, _ a
del Plan Puebla-Panamá; reforzar con el bloqueo criminal e infligir una derrota final a la revolución cubana; crear condiciones de “estabilidad demo- crática” que permitan el ingreso segu- ro de los capitales norteamericanos en la disputa por los mercados con la Unión Europea.
La crisis socioeconómica del “mode- lo neoliberal” tanto como la crisis de los proyectos de integración regional su- bordinada (MERCOSUR, CAN-Comuni- daÏii'Andina de Naciones, Mercado
y Centroamericano) se acelera- del crack financiero de
y político- una “arquitectura ¿gilaofensiva en direc-
. , . . mi. . . «A - x- “rra-q . cional” ue debena ermltir re , cgó‘n Mmg.Aun s .y w, l Ï \ Y 7 'W
¡sgonsideramos de
mar la supremacía imperialista. ¿(si que palabra en Los objetivos que figurarfién to u L por un lado debido a las
agenda de Wahington apa‘ ros: aplastar el nuevo asc s.
ñ classe; n ‘ cogéiifiones (proteccionistas) pg ¿"fine el Congreso de Estados Unidos le
lar, la amplitud de la dï'swbegieii 'aNha puesto a Bush a través de la Ley de
civil y la radicalidad de ciales; revertir el proceso nario abierto en Argentinaíícooptarn neutralizar o directamentbasaboteari un posible gobierno de Lula en Bra- sil; derrotar a la insurgencia armada y asegurar el suministro del petróleo colombiano; desestabilizar al gobier- no de Chávez —culpable de un dis- curso nacionalista y de alianza con La Habana; aplastar la resistencia zapa- tista en Chiapas y de las comunidades indígenas, campesinos, pobladores y sindicalistas que se oponen al saqueo
asso- evolucio-
Autoriglad de Promoción Comercial o aiéaíitïst+track)apor otro debido u ente, de la movilización y la pro-
l: S , . . gy"; “t y "‘"iïji'oli “.1 :5; :1: -‘. i n. 'tiasfitsoeialtcontra el ALCA.
Al mismo tiempo, la gravedad de la crisis no solamente demuestra los efectos destructivos del programa de contrarreformas liberales, sino las consecuencias brutales de un proyec- to verdaderamente neocolonial irn- puesto a los países latinoamericanos. Ésta es una de las causas que explican la reorganización de la estrategia im- perialista de dominación.
14
Noviembre de aooa
Este “nuevo pacto colonial” implica una transferencia gigantesca de los diversos tipos de recursos hacia los grandes grupos imperialistas (socie- dades industriales-comerciales-fi- nancieras) y hacia una minoría de sus socios locales. Este proyecto incor- pora una corrupción monstruosa y un parasitismo típicggg‘ clase
fiscal, que en s y transferencia de riqu . . e pasa por la destrucción. de capas
transformaciones registradas en la re- gión:
l) El aumento del endeudamien- to exterior a partir de los años 80; 709.000 millones de dólares (1999) mientras que entre 1982 y 1998, se pagaron 796.000 millones por el pago de intereses. El pago del servicio de la deuda compromete el futuro de las
' - equivale al 39% del . las exportaciones; La destrucción del tejido in- dustrial en muchos países, con el re- troceso de ramas industriales ligadas aldesarrollo (estrategia de sustitución
2)
enteras y de un grado sin importaciones) y con la implanta- tes de concentración de? Ii". “e sectores Strechamente liga- desastre social, crisis “dps. xportadora de las
nancieras y recesiones cada ‘tg'irande'Ï nacionales; prolongadas. - , detggibróuf‘ l: [los términos de El choque implica una gifitercáfnbiïgíes Él air, del valor res- ción industrial de los países,” g pevgngeqvllas exportaciones en rela- álllovï" diam-7a lasgíïiiportaciones (déficit de
i?»
relativo. Los golpes de u '
zación del capital que obliga ses ‘Ésubdesarrollados” economías en la lógi ‘ Y tructural” y el pago
ll'
na para satisfacer las exigen ' de los?
países imperialistas y sus grupos transnacionales, ha destruido el po- tencia] de la región. Casi todo ha sido privatizado y lo que resta está a la venta: reservas de agua y petróleo, electricidad, tierras, minas, puertos, servicios de salud.
Las causas estructurales de la crisis económica se ven acentuadas cbn el desequilibro de las cuatro grandes
img’isïli-éüilas balanzas comerciales); al '
4) Aumento de la pobreza y la de-
v M5151 sigualdad: 44%,.de la población lati- ': "iioarriericana más de 90 mi-
llones personas sobreviven con
¿menos-ale”.dosÏidólares diarios, y el
10% que se apropia de más del 50% del ingreso nacional. Si para el cinis- mo del Foro EcOnómico Mundial de Davos y New York, la pobreza es an- te todo “falta de infimnación”, los datos que muestra la región dan vuelta to- das las falacias ideológicas de los due- ños del dinero: en plena era de Inter- net, casi la mitad de la población lati- noamericana no tiene acceso a una lí-
Cuadernos del Sur
I5
nea telefónica y el promedio de esco- laridad apenas alcanza a 5,2 años.
La recesión global afecta directa- mente a la periferia latinoamericana: el crecimiento de las exportaciones bajó del 12% al 2% en el último año, la inversión externa se contrajo y el estancamiento del PBI en el 0.5% (2001) solo podría elevarse al 1.1% en el mejor de los casos.
La debacle se concentra actual- mente en Argentina. La deuda externa supera una vez y media al PBI y equi- vale a más de cinco años de exporta- ciones, deuda que aumentó con las es- candalosas privatizaciones. En los últi- mos dos años cerraron más de 3.000 empresas, el desempleo supera al 25% mientras que los pobres son 19 millo- nes (de los cuales más de 8 millones son indigentes). Simultáneamente, los costos 'de la devaluación han sido pa- gados por los asalariados que perdie- ron, desde diciembre 2001, más del 40% de su poder adquisitivo.
Este gigantesco robo de recursos, de transferencia neta de riqueza, y de expropiación de ingresos, y de priva- tización del Estado, encuentra sin embargo, una respuesta colosal del movimiento popular. Y sintoniza con un nuevo período de la luchas de cla- ses en América del Sur.
El relanzamiento de las luchas populares
Asistimos a un relanzamiento de las luchas populares de masas, de
reorganización de los movimientos sociales y de reconstitución de Una conciencia de clase. Es decir, el peor momento de retroceso ha sido supe- rado. Aunque todavía existan situa- ciones de fragmentación y confu- sión, este proceso de franca recupe- ración de los ámbitos de socializa- ción de las diversas experiencias de lucha tiene un carácter amplio y radi- cal, vinculando demandas y progra- mas que incorporan contenidos eco- nómicos, sociales, políticos, demo- cráticos, ecologistas, culturales y ét- nicos.
Este proceso no se detuvo por la intoxicación ideológica de los atenta- dos en las Torres Gemelas y la cam- paña terrorista del imperialismo y los poderes mediáticos. Al contrario, la polarización social se acentuó luego del 11 de septiembre 2001. El "argen- tinazo” y la sublevación popular con- tra el golpismo en Venezuela, tanto como el aumento de las protestas, huelgas y caceroleos masivos en Uruguay y las luchas cada vez más amplias y radicales en Paraguay y Bo- livia, confirman este nuevo período de lucha de clases.
Estas luchas de los movimientos sociales levantan programas y de- mandas que adquieren una visibili- dad “antineoliberal”, pero se inscriben en una dinámica concreta de carácter antiimperialista y anticapitalista de la resistencia.
Movimientos y luchas como las protagonizadas por la Coordinadora
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Noviembre de 2002
de Defensa del Agua y la Vida en Co- chabamba, los cocacoleros de'l Cha- pare y las marchas campesinas en Bo- livia, la CONAIE ecuatoriana y el MST de Brasil, los zapatistas en Chiapas, la movilización impulsada por el Con- sejo Democrático del Pueblo en Pa- raguay, los maestros, estudiantes y mapuches en Chile, los pobladores de Vleques, empleados públicos y movimientos populares en Colom- bia. Las innumerables móvilizaciones sindicales (con coordinaciones como las de las centrales del Cono Sur), lu- chas campesinas (que han tenido en Vía Campesina un motor fundamen- tal), de trabajadores desempleados (el ejemplo piquetero se ha extendido a varios países), del movimiento negro, mujeres, activistas por los derechos humanos y contra la impunidad, es- tudiantes y pobladores de los barrios, las radios comunitarias, vienen ju- gando el papel de articuladores de las distintas dimensiones de esta resis- tencia que contiene elementos —aún parciales- de contraofensiva.
Se destaca en este nuevo escenario el “resurgimiento” de los pueblos indí- genas, sus organizaciones y sus de- mandas. Pueblos indígenas que se le- vantaron contra la conmemoración de los 500 años de la conquista de América.
También, la continuidad de la in- surgencia armada en Colombia en el cuadro de una guerra sin tregua y con decenas .de miles de víctimas.
Y, en muchos países, el relanza-
miento de un sindicalismo antiburo- crático y de clase, opuesto a las estra- tegias conciliadoras de las direccio- nes, como es el caso de Argentina, Colombia, y Uruguay.
Este nuevo período de luchas y concientización democrática radical explica, entre otras cosas, la victoria (provisoria) de las masas más pobres contra los golpistas en Venezuela. Provisoria en la medida de que el na- cionalismo-populista de Chávez no asegura el aplastamiento de la conspi- ración contrarrevolucionaria, ni la autonomía de los Círculos Bolivaria- nos, ni la autoorganización de las fuerzas radicalmente antiimperialis- tas que emergen al interior de la “re- volución bolivariana”.
Todas estas luchas -que no se limi- tan a la periferia de “exclusión social” o “desproletan'zación”, ni pueden caracte- rizarse como luchas de una “multitud” amorfa y ecléctica sin pertenencia de clase: Abarcan a sectores cada más amplios de las clases explotadas, en- ganchan con el crecimiento de un movimiento de resistencia a la mun- dialización capitalista, se vinculan a las campañas, a las redes de solidaridad y las grandes confrontaciones contra las instituciones financieras internacio- nales, confirrnando a la vez, la emer- gencia de un renovado intemaciona- lismo (cuya expresión masiva se ha expresado desde Seattle al Foro Social Mundial de Porto Alegre).
Es en este movimiento antagonis- ta, de lucha de clases, donde surge
Cuadernos del Sur
I7
una nueva izquierda social radical, que no solo. reflexiona y escribe sobre “el socialismo del futuro” o “el otro mundo posible” sino que interviene en la lu- cha de clases, protagoniza rebeliones, disputa las relaciones de fuerza, ejer- cita diariamente la construcción de “contrapoderes” latentes.
El “argentinazo” ha recomposición del pular tanto como
,7 esta
clases en América . se puede subestimar la capacidagdeia,
burguesra y el impenalrsmofgpar‘ggora,
trienio po- mis o mod a ¿»Manganime
recolonizador que Estados Unidos ha diseñado en tomo al ALCA.
El “argentinazo” ha significado un salto en calidad en esta recuperación de los movimientos sociales, no solo como articuladores de la resistencia “antineolíberal”, sino en la perspectiva de construcción de un movimiento antiimperialista y anticapitalista. Del ue ha servido como
la deslegitimación del discurso y el programa neoliberal. Es la apertura de este proceso revolu- cionario lo que cuestiona, como nun- ca, el papel del FMI y los capitales transnacionales, la deuda externa, las
ganizar una- salida contrafitj‘lgüciowga- piigggtizacionefiiy entreguismp de
naria, la fuerza del moviInsigiiiti‘c‘iuiF
nuevas formas-de democracia l'Ï
i
o lar va sedimentando, lentmggn
a, ¡nvidiarïm’ El?“
cionario abierto,
h .2. y expeáïncia de demo- Hay una línea que conecta la chi; ti’éïïi'a'cia alizada pemai-
de masas en Argentina (y en
' aut: te
lagriíeiacción entre las diversas es-
Latina de conjunto) con trifiÉatpüras ¿ïfie surgen: piqueteros,
de Seattle y Génova, c y miento contra la mundialrj ci
talista, tanto como con las" n- cias, la desobediencia civi‘ , protes- tas y, sobre todo, con ' ble ra-
dicalización de una da vez: más amplia de la juventud a escala mundial.
Y, en el caso de América Latina, de las mujeres trabajadoras, desemplea- das, jefas de hogar, las cuales juegan un rol esencial en la recomposición de una izquierda social radical.
El “argentinqzo”, a su vez, ha forta- lecido ese clima antiimperialista que es la principal amenaza al proyecto
‘ - mov1-
arnbleas barriales, grupos de peque-
__fiiiïgi-rs;¿fiifios ahorristas, trabajadores de servi-
cios y de las fábricas. Esta confluencia reduce la Lgadicional entre ,2 “deser'npleados” y “clases meu
' 1
“avalados: dias".
Las experiencias del movimiento piquetero y las asambleas vecinales permiten la posibilidad de ir constru- yendo un movimiento revoluciona- rio, un poder popular democrático y de perspectiva socialista. La ‘jgran re- vuelta” ha puesto en Ia agenda la cues- tión de una estrategia que vincule re- sistencia y Incha por el poder, la de- mocracia representativa y/o el princi-
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Noviembre de 2002
pio de revocabilidad, los “saqueos” co- mo acto de autosubsistencia alimenta- ria. Inclusive experiencias de autoges- tión obrera, o sea, de cuestionamiento a la propiedad privada y al monopolio del proceso de producción.
En Argentina, un inmenso movi- miento de masas, radical y democrá- tico ha subvertido y ggslpcado todos los mecanismos .Ïiiw‘ii i ' " política e instituc” en cuestión el m
expresa una posibi . . hacia formas de doble poder, =¿En sentido, la afirmación de '
le'sentacrog a pita
único y la unidad de la izquierda, co- mo la construcción de una fuerza re- volucionaria con implantación de masas y capacidad dirigente, son ta- reas fundamentales e inmediatas de la izquierda radical. Esas tareas no se pueden ni siquiera pensar en la sole- dad del sectarismo.
En tal sentido, la izquierda antica- s debgfio tar, sin vacilaciones, . - ,ión política de rea- grupamiento de la izquierda radical, de unidad de la izquierda revolucio- naria. extrema polarización de lucha 'i’cï-lases agudiza tanto las relaciones
Trotsky asume plena vigenc- tti'iii‘La‘sv gi iglos debate ‘sen la izquierda lati-
., ., a masas no van a la revoluciorgb’bn ng
preconcebido de sociedad nueva, asii) _ un sentimiento claro de la imposibééiid e
squir soportando la sociedad vieja: agpfoye __ , 558:»; V
Construir una izquierdïá
' F, _ epectiva' estratégica de poder vuel-
anticapitalista
is
i binïiix .
_ diana i'rno a las estrategias
‘é solia. 0do, abre una brecha _ istencia social y
,9 '"li‘tico ¿alieiinativa
__ restio'n de articular resistencia
cofiiopuesta política en una
En América Latina a colocarse con más fuerza y actua- en América del Sur, se fivéiuflifigitua- lidad: La lectura unilateral de “reforma
ción excepcional. Se combinan la tensidad de una cris" -» cigeconómii
ca y del “modelo neoliberalifion uni?-
crisis institucional (de gobemabili- dad) y de dirección política burguesa. El proceso de contrarreformas ha perdido toda su legitimidad política e ideológica, y la amplia y radical natu- raleza de las luchas populares colocan con más fiserza la necesidad de una refundación programática en un sen- tido antiimperialista y anticapitalista. En este cuadro, tanto el frente
revol" "Ií’ix'hpyiáda,paso a la urgencia revolución para la
F1
rdflsfir‘maaonsï'del orden imperante”' tal
cual lo proponía Rosa Luxemburgo.
La distancia entre una izquierda radical cuya naturaleza de confronta- ción es indudable, y otra izquierda qué —sin dejar de tener una base so- cial amplia y también de resistencia- se ubica en un horizonte estratégico de disputa institucional, se hace más evidente.
Al tiempo que la primera acentúa
Cuadernos del Sur
I9
sus rasgos “resistentes” y para-institu- cionales, la segunda se consolida en términos de gobiernos municipales, parlamentos y, en algunos casos, co- mo opción electoral nacional. Mien- tras que retrocede en lo programático y se adapta (aún de manera conflicti- va) a las reglas del sistema de domi- nación, polariza con sobre los “modelos de pa' i ' confirma en las pri ciones que compo ’r' Pablo. En la izquierda que ‘ _ los grandes partidos y frentes,esfeblirrrer
” sde San
reforma impositiva expropiatoria del capital, ni una ruptura con las condi- ciones que imponen los organismos financieros internacionales, ni políti- cas proteccionistas con cierta desco- nexión de la lógica ‘jglobalizadora”. Tampoco se inscriben ya en una es- trategia de “ruptura democrática” o “re- volución democrática ”. Lo que prevalece
.1: . " Curso sesifialfiimïgirecciones mayo- ‘Qrganiza- ' i s . ismo sin “rgbrrnas
estructurales”.
En la izquierda mayoritaria predo- mina una visión “redistributiva” sin medidas radicales de redistribución
pone una estrategia politicade conci‘ü-j dé] uagresoxyEia riqueza.
liación de clases, “concertaci
zas con sectores empresaiiialesíítmgïé' _ gresistas” o directamente liberales. ¿era-v im
enAmérica Latina la de pla y la prepoten- "Éalifiiádqiiirieron tal mag-
" ' 1 A“ = 31: “progresismo” se acerca cada vezfii, : rïitudiaquelos espaer . para el “progre- . . . . . “ " Ï '3" 5' i . viv socralrberallsmo de la “izquierda ¿pillar silimo’fxgegh ‘- «vapor-a o. La desastro-
,39-
.91.
¡tv '¿ï‘
mln Es el caso del PT, el San
plio y el FSLN.
e’
’ériencia del gobierno de la gentina es el mayor
Atrapadas en el síndrome, i la Y cuando aparece un tímido
Rúa ni Chávez, pero tamÏ‘ót‘b u
las direcciones mayori ima" hzan un programa de “mode desarrollo" con énfásis lo: ¿1 ial”, en
la “erradicación de la pobreza “para supe-i
rar “la pesada herencia neoliberal”: en- deudamiento, desnacionalizacón, de- sempleo, pobreza, estructura produc- tiva dominada por los capitales trans- nacionales.
Sin embargo, en los programas no aparecen ni la moratoria de la deuda, ni la re-estatización de las empresas públicas privatizadas y los fondos pri- vados de la seguridad social, ni una
‘ÏÉrnativo de,
[andyfiïfiiproceso de nacionalismo y populis-
mo social, corno en Venezuela, la de- Cs reaccionarios de la Iglesia, los militares y las multinacio- nales ¿con imperialismo detrás, or- ganizan la desestabilización.
Esta operación contrarrevolucio- naria -de la cual ya se habla si gana el Frente Amplio en Uruguay- se in- tensificará si el PT obtiene una victo- ria en Brasil. La derecha puede no contar con la fuerza'para impedir un triunfo electoral de Lula, pero si para hacer fracasar su gobierno por la vía de la desestabilización y el sabotaje, o
20
Noviembre de aooa
por la de su completa desnaturaliza- ción. Por el momento, las multina- cionales y los “inversores” hablan de que “esperarán seis meses antes de tomar decisiones” frente a un gobierno del PT. En este contexto, la evolución de la dirección del PT y de Lula ha dejado de ser “contradictoria”, y se consolida hacia el ‘
‘acuerdo social "g "' de “madurez” desarrb punto de ruptur __ imponen la mu ta y el imperialisi
I r
capital-is-
Re-pensar el programa ¿A
Una puesta al día programática L _ , . . Graw ‘w la Izqu1erda latinoamenc e pue-«v y;
ill
de hacerse divorciada ¿las-r" concretas” en un período de raiiíf Y ción de la lucha de clases. Es
la intervención en las luchas por “otro mundo posible”...sirr ' mo; de vinculación con , populares que se radicali H
liz é,
y construyendo alterna? a láeii‘ii‘def-m mocracia de mercado”, de atalla conï
ist er. . g ‘* 5‘. , ha“ .. .. ispolrtresuelvas, nueva . la e: Íñigleien los, SUJÉÏBÏI’ÉÏC se reprodu- x , ra
' ' than altéglo‘“
121%
tiimperialismo concreto); la refor- mulación de los procesos de integra- ción regional como alternativa a] ALCA (propuestas de un real desarro- llo); el no pago de la deuda; la lucha contra las privatizaciones; la cuestión de la democracia política, de re-apro- piación de los derechos confiscados, tanto como el carácter, alcance y lími-
ll"" i «'t n tación de “democracia ri lalógicapat local o municipal
(la izquierda latinoamericana gobier- na ciudades capitales tanto como pe- queños pueblos en Brasil, Uruguay, México, El Salvador, Ecuador, Perú,
i la organización formas que ad-
1.
“2.?
e la‘i- a entación de la clasgáí'ibrera (piqueteros, asambleas ‘ «ulareskggcupantes de tierras y vi-
, tioéñyviendas, experiencias de autodefensa,
nando de hecho la profii‘ié’da 5
"barrios que pelean por los servicios
públicos, espacios juveniles, mujeres
laiíiitósubsistencia, las
tra el posibilismo quéxuñprg a hoy experiencias de economía de
las direcciones mayoritaria'swde la iz: '
quierda, y del derrotismo y la pérdida de autoestima que impregna a fuerzas marxistas y revolucionarias.
Ese “programa transicional” pasa por cuestiones como el carácter ,que asu- me la recolonización económica --y la cuestión de la soberanía nacional (an-
políticas de alianzas so- ciales y políticas (en el cuadro de una propuesta programática de frente único); las opciones de construcción de organizaciones de la izquierda re- volucionaria.
Montevideo, Septiembre de 2002
Cuadernos del Sur
21
El Brasil de Lula
y algunos de los
desafíos de la izquierda social
Ricardo Antunes*
Estamos presencian- do una contundente victoria política de Lula en las elecciones recientes ,1, en Brasil. Escribo este texto faltando menos de una semana para la segunda vuelta de las eleccio- nes y, según todas las previsiones, Lu- la saldrá claramente victorioso de es- ta contienda luego de derrotar las dis- tintas alternativas ideadas por Fer- nando Henrique Cardoso (FHC) cu- yo gobierno salió de las elecciones salvajemente derrotado. Con todas sus limitaciones —que son grandes-, la victoria de las izquierdas y de Lula en Brasil constituye un aconteci- miento promisorio que podrá alterar la historia reciente de nuestra Améri- ca Latina. Desde luego que la victoria de Lu- la implica una resonante derrota polí- tica del neoliberalismo que viene des-
¿Q
cb esuosIIIIe
trozando a toda América Latina desde, por lo me- nos, mediados de los años ‘80. Si el inicio del neolibe- ralismo en Brasil se dio con Collor en 1990, fue con el go- bierno FHC que de hecho tomó ím- petu. Acarreó cambios profundos que destrozaron al país aumentando enormemente sus heridas sociales. Al igual que en casi toda América Latina proliferaron el desempleo, la precari- zación del trabajo, la exclusión social y la barbarie. El Brasil de FHC no fue diferente.
Después de su primera victoria en 1994, que siguió al desastre de la fase Collor, FHC consiguió su reelección en 1998. Si se hubiera dado por satis- fecho con su primer gobierno, quizás no habría terminado en la historia del Brasil como un gobierno tan desas- troso. Pero la movida reeleccionista
* Profesor Titular de Sociología en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Uni- versidad 'de Campinas (UNICAMP) y autor, entre otros, de Os Sentidos do Traba/ho (Boitempo, Brasil) y ¿Adiós al Trabajo? (Herramienta/ Ed. Antídoto, Argentina). Traducción: Katharina Zins-
meister.
Cuadernos del'Sur
23
apostó más arriba al unir las necesida- des socio-reproductivas del capital con la vanidad subjetiva de los parti- darios del PSDB, partido de Fernando Henrique Cardoso. Fue, al final, ree- lecto y termina ahora melancólica- mente su trágico (des)gobiemo. ¿Qué hemos tenido en ese período? Debemos comenzara: ifirï’mando que el parque procéi'iïr y,
fue enormemente ante‘lado y en su lugar Viene sur; e que se encuentra literal sto de energía, desindu o en
unos cuantos sectores e integrado al ora}, den por la vía de la desintegraciónsóc‘ül. y
La corrupción se exte casi: i ,0,
todos las esferas del gob a
la compra de votos Para la ron incontables sectores produe 3,55,, de Punta, anteriormente estgktá‘lgsgjïbï des .3
hasta las privatizaciones que
espionaje y la represión ‘i
mantienen vivas y en‘ susïs
)
brasileñoga
ién afirmaba que el e <gigcer “cincuenta años en
des?“
Imperio norteamericano y de las cri- sis financieras internacionales que ca- da vez tenemos más la sensación de que el desmantelamiento del país producido bajo el gobierno FHC fue incomensurable, e incluso, irreversi- ble. Ha de haber sido la lectura que FHC hizo del lema de Juscelino Ku- bitscheck, presidente del Brasil en la
cinco”. FHC, a quien tanto le gusta re- flejarse en JK, adaptó este lema de es- te modo: “Destruí 50 años en poco más de reinco”.
¿Ahora quee] escenario intemacio- rriáSïnefiisto de las últimas _ fi" {sigue el está comple- tarnenfefagui d la razón instru- nÏíÉnmhÉoman adï» ¿eg la mercancía-
- iñi‘iieroguñqï os UU. y su poderío
-‘ o e'ercitan una política im- péiggilf - , unilateral, neocolo-
Qggnásb'iïgiirialista e imperialista, la dependencia
rudos no consiguen discïiaflir gtigiélafisabrasileña de las oscilaciones y la crisis
pujanza del MST y la delinpfign iii-“dei narcotráfico. ï' w
La destrucción delfiaj. My de las clases trabajadoras avanza 5111305 agi- gantados; el desempleo es explosivo y las privatiZaciones destruyeron casi todo el sectór productivo estatal. La dependencia externa se inCrementó y el país se volvió aún más vulnerable. La crisis económica más reciente con las oscilaciones del dólar —todos los días con una cotización diferente- demuestra que Brasil se subordinó de tal forma a los dictámenes del FMI, del
internagional muestran lo que fue ca- i tierras el go- bierno destructivo del PSDB de Fer- Cardoso. Hoy se puede ver lo que quedó del país, de- pendiente y sin rumbo, como una manga de aire en medio de una tur- bulencia grande y persistente.
Lo que había sido concebido co- mo un camino de integración del Brasil hacia qfiiera resultó en realidad la vía completamente desintegradora para aden- tro. Hoy, después de una década con Collor y FHC, el país es otro, más dé-
24
Noviembre de 2002
bil, más humillado, más destrozado, más menospreciado.
¿Qué puede significar la victoria electoral de Lula y del PT para Brasil (y también para América Latina) en este contexto?
Debemos comenzar recordando que en pleno embate electoral, pocos
oficialismo. El artilugi se concretó tan próximo al actdgelegr toral que alteró las posibilida de
coaliciones partidarias, bastante el proceso electdral e x
‘ “Siri É fueron alteradaéïg á _ÉSS¿
didatura de josé Serra, del PSDB, el ti- ro salió por la culata. La disputa entre el PSDB y el PFL sacudió la unión en- tre los dos partidos que sustentaron el esquema FHC y llevó a un enfrenta- miento electoral inusitado entre los principales partidos del orden. Las consecuencias de esa escisión fueron bastante significativas para el escena- ¡áaggl ¿{a victoria de Lula. frcl‘ poderosos intereses en tomo de la candidatura Serra, ésta naufragó con el neoliberalismo (gro- tescamente llamado social-liberalis- mo.) de FHC que, como sabemos, co- j'qj'sueteziba con. la chera Vía de Tony al no'lograjr_¿que la candidatu- S'qffra despegue, el gobierno no
H «¿O
. “1 ' .1 ¿ . . - en». . lana. E, 7 - ur n .- 1 srl. Hace recordar un poco nuestggí, consiguio imggïdlrflel avance de la
historia casi prusiana en la cua to más hablan de “cambios” nu Ïgñkáy' clases propietarias, más fugrïewlsqyafi
las intenciones de cons ¿HÉÉÍÓMW preservación. Cuanto n-ÉyOre“ sea Ïé son los riesgos de innobïíació' más las cosas deben contibuffitïómo están.
Es este un rasgdïaeonstitutivo de nuestra formación socialjnïcon diri- gentes políticos cuya ingeniería polí- tica y engranajes de dominación tie- nen como característica concreta la conciliación hacía arriba. Y es esto mis- mo lo que intentan implementar ahora, una vez más. Pero esta vez pa- rece que las medidas no traerán los beneficiosesperados por los partidos del Orden.
Si el intento fue beneficiar la can-
ÏÉandidaturagÉ ll¡Equie'gd‘as¿{ilíííasile‘nas. Y es aquí que
a, aga
del PT y de las
y su candidatura. L w v:
¿«(a "
A excepción de 1989, cuando Lula disputó con Collor, nunca el escenario fue tan favorable para unavvicítoria-de larzguierda en Brasil,
.,des_pués¿,de una década de desmante-
lañiiénto social, político y económi- co, consecuencia del enorme fracaso del neoliberalismo brasileño de la era FHC.
Pero, es preciso decir que, en su política electoral, el PT hizo muchas concesiones, aliándose incluso a un pequeño e "insignificante partido, el PL —Partido Liberal- bastante con- servador. Aliarse con el PL implicó una enorme presión sobre la militan-
Cuademos del Sur
25
cia de base del PT, los trabajadores y traba- jadoras, los movimientos socials, el sindi- calismo de clase y el combativo MST. Esta política, dictada por los sectores ma- yoritarios y dominantes del PT, fue considerada por ellos mismos como inevitable para que la victoria polítiCa y electoral se concretase. Contrariando los fendió a lo largo de dencia mayoritaria impuso esta política aliarse a antiguos v %elr¿ , y también de las clases . ras. Pero, paralelamente a esa política conciliadora, nunca la fuerzaeléttoral"
que de-
ad" al
W
1.7-" , l .i , oiiiiíláactlem ‘
mente, el candidato del P'T' y de las iz- quierdas brasileñas tendrá entretanto que rehacer y rqfi'rmular su propuesta y, de este modo, buscar representar efec- tivamente los anhelos populares, a la clase-que-vive-del-trabajo en todos sus segmentos y que contiene tanto a los empleados como a los desempleados, a los hombres y a las mujeres, a los jó- ianos, a blancos, ne-
fin, al conjunto de los que desean cambios substantivos y concretos, como el MST y otros movi- mientos sociales, como el sindicalis- mo de izquierda presente en la CUT ¿fiinitener miedo o recelo de ser de iz-
. . . '91?» ; ‘ ,5 . . “35:, -' . I de Lula fue tan Significatqu yJÏue eri?" Permanecer, mas cercano a los-
l
este momento, cuandotñïse‘ i eneïntoside una" burguesía transna-
que Lula sería derrotado vez, que su fuerza electoral y
se amplió todavía más sumandÏgïihc=
* ’ei‘o‘nal‘ su desfacha- h déeélasekykquealgíora, sin altemati-
iïís elggtoraïeï se néeita a Lula, no da-
porción de los sectores popuja- ni Lula el sostén necesario hasta entonces no se habí _ "1 caño" p‘áÏílos caégios que son inevitables y
electoralmente en tomo al} y 6%¿5 Cluierdas. i
un conservadurismo efifie, elitista e insensible, que sierii. s. moviliza para impedir los cambios que son in- dispensables para rescatar la dignidad de nuestro pueblo, tan humillado y menospreciado, la victoria de Lula tiene un signficado real y simbólico que trans- ciende por mucho su política de alianzas. Bastaría decir que, por primera vez, tal vez la más importante en toda la historia social del Brasil, un candida- to de origen obrero llega al poder.
Al resultar victorioso electoral-
"Ïgñue solamente ocurrirán aconsecuencía l _ Ï,’ 1 el ímpetu y de la fiierza populares. Como Brasil es un paíïeloüfló de
I :esCeriario permite vi- “ para los próximos años, e‘l tégreséiyéllavance de las luchas so- ciales en Brasil en un peldaño supe- rior al actual. Para eso, entretanto, es muy importante elaborar una alter- nativa de los movimientos sociales y partidos políticos de izquierda contra el orden tendiendo en cuenta la cen- tralidad del mundo del trabajo en lo cotidiano y con lineamientos básicos que se contrapongan claramente a la lógica destructiva del capital que has-
26
Noviembre de 2002
ta ahora siguió con rigor el nefasto programa del FMI y su recetario.
El desafío mayor será diseñar un programa alternativo y contrario al mo- delo actual, formulado bajo la óptica central del mundo del trabcy'o, capaz de responder a sus reivindicaciones in- mediatas y urgentes pero un horizonte societal g tenga ilusiones en ' destructivo y excl del capital hoy p ' que ese avances . base de un enorme aban ciales provenientes del trabajo (yatajnbién de los que se encuentran “accluidp ‘Ï’ XOPIÏI lógica destructiva del capital)ga;ín
Un punto cruelal sbña: 1th eliminación de la sobreaxplo trabajo que caracteriza al cap’ '
g. i
que castiga a los pueblo ‘ e Tercer Mundo cuyo sÏlfiljo
tiene niveles degradantes’ e la fuerza e importanci -= su aparatga productivo como en” Y, ¡de Brasil,
Ese proyecto deberá, efiwsús linea?- mentos básicos, iniciar la desarticula- ción del padrón de acumulación capi- talista vigente a través de un conjun- to de medidas que se oponen a la glo- balización y la integración destructivas ambas impuestas por la lógica del ca- pital mundializado y transnacional que es integradora para afliera y desinte- gradora internamente.
Deberá realizar una reforma agraria
j iafire i"Sabio; ‘ . ,ÏÏÏl-í I as fo as latinoamericano (y también w
leño), inserto en una divisi' cional del trabajo y del caps"
amplia y profimda, contemplando los distintos intereses solidarios y colectivos de los trabajadores y desposeídos de la tierra que son liderados ejemplarmen- te por el MST, el movimiento social y po- lítico más importante del Brasil.
Cabra además al gobierno de Lula promover el avance tecnológico bra- sileño sobre fundamentos reales, con
' . :ch ¿o ogía de punta desa-
. ' " sestro país, así como buscar la cooperación de países que tienen similitudes con Brasil y cuyo eje de avance tecnológico y científico sg.,,priente prioritariamente hacia la su- " ión deïvilas carencias más profun- Ï gblación trabajadora.
I A I ¿{3 contraponerse al pita] financiero y li- ! ."ÏÏLeágtpmsiÓn y espe- c " «capitalïdinero, incenti- fgrmas de producción orien-
' ‘ ‘ ' ha v' . necesidades sociales de
ala población trabajadora, hada la P'O' aducción de cosas socialmente útiles, avan-
zandoéde este mpdo en la lucha inicia- ' i ’ " Braga, Génova etc., aptiii‘áación” del mundo. 'ientos rurales y asenta- mientos colectivos organizados por el MST son ejemplos importantes a seguir y a profundizar en todo e'l Brasil, pen- sando en el universo agrario brasileño y sus potencialidades.
En esta fase de enorme rebeldía y de profimdas potencialidades en toda AméricaiiLatina (como se puede ver en Argentina, con la creciente y cru- cial rebelión de los “de abajo”, de la
Cuadernos del Sur
27
cual también tenemos ejemplos en Ecuador, en Venezuela, en Colombia, en Uruguay, en México, entre tantas experiencias en curso) -por no hablar de Cuba—, los desafíos del gobierno de Lula tendrán enorme impacto. Nuestro mayor desafio —que, rei- teramos, en nuestro entender sola- mente sera' posible si se basa sobre un mo- vimiento social y político de masas significa- tivo- será dar los primeros pasos hacia una sociedad que va más allá del capital. Pero ofreciendo, desde luego, claras respuestas frente a la barbarie que asola la vida cotidiana de los trabaja- dores y desposeídos. Eso solamente será posible mediante la articulación de acciones que tengan como punto de partida dimensiones concretas de la vida co- tidiana, articuladas con los valores universalizantes, capaces de posibili- tar la visualización de una vida auténti- ca, dotada de sentido, dentro yficera del tra- bajo a partir de la propia vida cotidiana. Nuestro horizonte ,debe ser, cada vez más, la búsqueda de un sistema de metabolismo social, como decía Marx, orientado a la producción de cosas útiles, de valores de uso y no valo-
res de cambio. Sabemos que la humani- dad que trabaja podría reproducirse socialmente, en escala global, elimi- nando la producción destructiva y avi- sando la producción de bienes social- mente útiles. Aunque todavía estamos aparentemente lejos de este escenario social, nuestra América Latina se le- vantó y dijo a los cuatro vientos y a to- dos que la quieren oír que ya no acep- ta más tanta destrucción, tanta falta de humanidad y tanta barbarie. Y que, por lo tanto, aquella bandera en la búsqueda de un nuevo modelo societal, alternativo y socialista ya no está tan lejos.
Es este el principal reto que resue- na de las urnas que están otorgando una fuerte victoria electoral a Lula. Y que tendrá por cierto un impacto enorme en toda América Latina. Por eso, la actual batalla que se libra en Brasil es parte integral y constitutiva de las luchas sociales y políticas de to- do el pueblo latinoamericano por la recuperación de su dignidad y por la construcción de una humanidad que se vuelva verdaderamente social.
San Pablo, octubre de 2002
Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Politicas
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Noviembre de 2002
Bolivia: la agonía del modelo
Washington Estellano
Una situación de crisis javorece la imaginación, pusto que busca soluciones nuevas. En cierto sen- tido favorece las posibilidades cre-
Q
31’ ' mn america
Los nuevos sujetos políticos Las masas indias y mestizas
ativas y progresivas del hombre... EDGAR MORIN
os resultados electorales del 30
de junio pasado están mos-
trando que el modelo neolibe- ral, luego de 17 años de aplicación, se está agotando en Bolivia. Sus para- digmas de “libre mercado” y “demo- cracia representativa”, esgrimidas he- gemónicamente desde la sociedad, los intelectuales del sistema y el go- bierno y bajo la premisa del “pensa- miento único”, se erosionan a ojos vista. La peculiaridad boliviana de un fenómeno mundial es que ese proce- so de disgregación forma parte, es el resultado de grandes movilizaciones de las masas indias que irrumpen a la vida política con cada vez mayor agresividad. El fenómeno no es nue- vo, ro ahora cobra mayor impulso, conciencia y masividad, proyectan- dose al país todo.
aymaras y quechuas, y los indígenas guaraníes del oriente boli- viano, se han expresado electoral- mente en forma autónoma, manifes- tando su identidad cultural y su vo- luntad y capacidad de autogobierno. Y son las que exigen cambios en el sis- tema polín'co, del cual han sido ex- cluidas desde siempre, salvo en el acompañamiento como pongos1 de sus patrones. Ahora han constituido sus propios vehículos de participación democrática y de deliberación, como son las asambleas comunitarias, de los ayllus, asambleas regionales, cabildos, organización de bloqueos de caminos y carreteras. Y como búsqueda de en- samblar estos movimientos autóno- mos con las instituciones estatales en crisis —que no los integran ni repre-
sentan- reivindican la Asamblea Na-
cional Constituyente, que exigen sea integrada por todos los sectores socia- les de Bolivia.
Cuadernos del Sur
29
Estos cambios del panorama políti- co, la emergencia de movimientos so- ciales regionales buscan influir y ame- nazan con desestabilizar las incipien- tes y confusas alianzas como la realiza- da entre el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y su “eterno adversario”, el Movimiento de la Iz-
quierda Revolucionariaígwlfifl Buscan
, - r . sar; .' . conformar el proxi ‘ der 'Ejecutis vo e intentar con ”
oposición parlam precisamente por; (el Movimiento Al sa . el Movimiento Indigenista Pachacuti
(MIP) y otros sectores: algunos ,"dÉSer-‘É:
tores de la Nueva Fuerza (NFR) y otros que ya no varía der a la “verticalidad del maridos;
los viejos partidos tradicionalesïüáé . . . É"! " La muerte de la VleJa lz_
Otro aspecto nuevo es ’ ' '
ción política entre izquie1¡_
‘ cas w Y ' x: e > l ' ,.._<;órrdpmon, ,9
_ a. si"
habían desaparecido tanto del pano- rama electoral. como de una interven- ción militante en los conflictos y mo- vilizaciones sociales. Muchos mili- tantes y dirigentes de esa izquierda agonizante se habían pasado con ar- mas y bagajes a los partidos tradicio- nales. Hasta el AND, partido formado y dirigido hasta su muerte por el ex
¡y ¿a __ ugo Banzer se vio " á} transfugio político de la izquierda arrepentida.
A principios de los años ‘80, Boli- via vivió un proceso de movilizacio- nes, en la búsqueda de consolidar el derriogc‘rático en lucha contra
" 'l militares que, vés intenfignos, controlaron el A 7 ” ,,.a=la más extendida ,_ rn rn al narcotráfico, WÏÏ‘hep Ï'smfi'talav' presiónydesapa- " V. sicaide los opositores. La últi- i'ctad - ilitar del general Gar-
eiíiy
y
"Ïiéía Meza aprovechó en la forma más
- a» ., 7 r chas. La izquierda duraiïïe' el -.13Éi2iiaoiïaadescarada y con la ayuda de la Dm
período había desaparecidüágle **s¿:e- nario político. La ausleáfiïi de una oposición seria y coñs'Éc‘uentg era lo que daba lugar a ese concepitso de “de- mocracia pactada”, para formar go- biernos que eran “colchas de reta- zos”, pomposamente llamados “me- gacoaliciones”. En realidad, la iz- quierda tradicional —el Partido Co- munista, los restos del Partido Socia- lista fundado por Marcelo Quiroga Santa Cruz (asesinado por la dictadu- ra del general Luis García Meza) y al- gunos grupos de origen trotskista-
(agencia norteamericana contra el 1 . _ ,riCeï-"ïla'lirïodacción Y exporta- ción, Fue cuando la Uni- dad ‘embéiiítiim y Popular (UDP) en- cabezada por Hernan Siles Zuazo, (1980) obtuvo un. amplio triunfo so- bre el MNR (histórico) de Víctor Paz Estenssoro y contra la ADN del general Banzer. Antes que asumiera el doctor Hernán Siles Zuazo, los militares die- ron un golpe sangriento el 17 de julio de 1980. Finalmente la resistencia de- mocrática impuso al Dr. Hernan Siles en la Presidencia dos años después.
30
Noviembrede 2002
La UDP estaba conformada por sectores nacionalistas del Dr. Siles, nacionalistas de izquierda del MIR, del Partido Comunista y otros grupos menores. Enfrentado por las movili- zaciones obreras y campesinas, por los empresarios, comerciantes y te- rratenientes de Santa Cruz y por una ofensiva de los banque-í' a ¿l gobier- no de la UDP qued I las pocas semanas sus ministros). e Q , del gobierno de s de- pósitos bancarios. Est o una in- flación que llegó hasta el 20 mi], por
grave, error
ciento. Finalmente, Siles Zigazóïa _¿ É
marc; apoyo Si ¿e
de mineros y obreros fabriles. En res- puesta se hicieron grandes marchas hacia La Paz que fueron reprimidas por el ejército. La vieja izquierda nunca se recuperó de tamaño golpe. En estos 17 años de “democracia pactada”, de “gobernabilidad”, los partidos tradicionales de la burguesía (ADN, MNR, MIR) se repartieron a su ' lo . estos en el Estado se i i- ggfigïrrupción, el prelien- dismo, el nepotismo. Los gobiernos de jaime Paz Zamora (1993) y de Gonzalo Sánchez de Lozada (1997) pgofundizaron la política neoliberal, y neral Banzer (1998) yjorge Qui-
. . - A" "7" a; Y Mir.» .. Y . gerencna de la Iglesra Catóïj'cfiacort 1 ¿riega- (2001) continuaron en la misma
É ,
en un año su mandato. MÍ“ i corrio i’lós- mejores discípu- ¡ . a norteamericano, del
La democracia pactada wii-"¿Mundial FMI. En las nuevas elecciones Q0 5,0 ¿fiiseeuiïéricia del cierre de virtual empate entre el M las y la expulsión de miles de
Estenssoro y la ADN del ïn
",ájadogáá? la Central Obrera Boli-
zer quienes acordaronága ‘ lapresif’fzbviana (COB) y la Federación de Mine-
dente fuera el Dr. Pa aunque Banzer había wifiifima pequeña diferencia 1% i or. Fue primera experiencia ' ap ¿ación de la llamada “democracia pasada.” La izquierda prácticamente desapareció desde entonces. El gobierno de Paz Estenssoro tuvo las manos libres para aplicar toda la política de ajustes es- tructurales, apertura comercial y libre mercado. Por un Decreto Supremo desmanteló las empresas del Estado, particularmente las dependientes de la Corporación Minera de Bolivia, mandando a la desocupación a miles
se debilitaron al punto de perder
su antiguo poderío. Desde su crea- Ïabril"”de 19:52 junto con el de ‘ la, Revolución Nacional
“qiÏi'e nacidñaliü las minas, y apoyó un
proceso de reforma agraria y de libe- ración del campesinado indígena que vivía bajo un sistema semi feudal, la COB tuvo un peso y autoridad políti- ca descollantes.
En la actual etapa, algunos sindica- tos y federaciones departamentales de la COB, como los maestros y los fabri- les de Cochabamba, trataron de man- tener el antiguo papel combativo, so-
Cuadernos del Sur
31
bre todo aquellos sindicatos que se vincularon con los movimientos so- ciales emergentes. Pero la dirección nacional de la COB quedó sumida en una serie de conflictos internos y per- dió el liderazgo de antaño.
Los nuevos movimientos sociales
La reorganización¿..de .-:rnovimien;gícl
to popular iba a vertird .manps de lo movimientos sociÏ: ' rnp'eza- ron a estallar, pri _ y mientos regionales: li? . del Altiplano, el movimientoide los
plantadores de coca en el (¿Chapare
n
Tropical en el departameriióuge Co.-
chabamba, donde fueronüa‘ experiencia sindical y política neros desalojados de las minas;,i‘los. . . . ‘Ér' -.¿‘ mov1m1entos de los TrabajadoresSinw
- - r: ‘17: ..a Tierras del chaco bolmangngiue sr
sido aprobados por el parlamento y el Poder Ejecutivo. Fue el primer caso de ruptura con el proceso de privati- zación.
Los indios en la política
El movimiento campesino organi- zado en la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos ' _V ,_‘:_ CB) desde su funda- í La“. h 5 protagonizado im- portantes luchas y ha sufrido las re- presiones de diferentes gobiernos. A través de marchas y bloqueos de ca- minos, ha obligado a los gobiernos de t‘üi‘no a pactar decenas de reivindica- ciones, la mayor parte incumplidas. Enwrïnuchas oportunidades los blo- queos deifcarniiïós y Carreteras tronca-
cóïño la l Oruro, Cocha- Ségíta GEuz, han práctica- meri‘iféiiparalizado el flujo comercial y han extendido al norte di'lfiliipar’ta:— '
déqgfiente dÉÏÉSas vías de tránsito.
mento de Santa Cruz; laa.“ Otros movimientos sociales que
fi i L.‘ ,s r All“: c . . . . , dora del Agua de Cocliabamba,due’%shan tomado la m1c1at1va son los lnCll-
i
en abril del 2000 protagoriiZó iii-ha re- belión popular en d del agua potable, cuya empresáshabíaïsido ena- jenada a una consorcio trahÉnacional. Aplicaron métodos democráticos de asambleas y cabildos abiertos, y barri- cadas en plena ciudad. Ese funciona- miento participativo de toda la pobla- ción a través de la Coordinadora del Agua que agrupó a organizaciones de base de “regantes”, obreros fabriles, campesinos, profesionales, universi- tarios, amas de casa y jóvenes, logró anular los convenios que ya habían
genas de las tierras bajas de Bolivia. Sonlos comprendidos por la organi- zación Confederación de Pueblos In- dígenas del Oriente Boliviano (Cl- DOB) que agrupa a los guarayos, gua- raníes y otras etnias que reclaman el control de sus territorios comunita- rios como espacio, para la vida de sus poblaciones y al mismo tiempo tie- rras aptas para trabajar. Éstos organi- zaron, en las semanas previas a las elecciones del 30 de junio, la IV Mar- cha Indígena que recorrió cientos de kilómetros exigiendo Tierra y Tbrri-
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Noviembre de 2002
torio, y que se convoque a una Asam- blea Nacional Constituyente con la participación de todos los sectores so- ciales de Bolivia. Tanto el gobierno y el parlamento que culminan su ges- tión, como el presidente electo, Gon- zalo Sánchez de Lozada, pretenden sustituir la forma y contenido de una Asamblea Constituye simples
nes de campesinos de los departa- mentos de Po'tosí y Oruro.
Hoy, el presidente electo y los par- tidos del sistema han tirado por la borda lo acordado con los indígenas y pretenden contemplarlos con algunas reformas a la Constitución que no cambia nada, y realizar un referen- dum para legitimarlas.
reformas a la vieja itiición, si- i y , .°' dar lugar a las üááaiigggges de la hoja de
pueblo indio y anl ¿ama Constitución qu' i " sen- te a la actual socieda a y que
de cabida a las grandes masasijnïgígqa nas que constituyen la otra
coca
El movimiento de los plantadores de coca surge a partir del gobierno de Paz Estenssoro (1985-89), cuando los 'ÉE.UU. intervinieron en la zona pro-
El reclamo de Los EEUU. dic-
Constituyente que incoípbre,_aegg a
el objetivo de incorporar no _ 6a; frase de que Bolivia es un p
' ' dígenas, a los campesinos yt ' ' s i¿[.008 qp‘b, a ¿3h sectores progresistas de Bolivifienjí.
a Bolivia la Ley ͑elo del principio
,Ïbnátiituciona de —inïqcencia, presume
“la culpflailidgd de s;
_ .‘.,\,';_ . .
. lufiü‘á nogfii'iuebei lo contrario. Esa Ley dis- 95?
cusado mientras
cultural y multiétnico” caí? la producción tradicio-
Primero de la actual ConÉ'ti
plenos con todas las ob“i y sobre todo sus inalie ’s' derechos
de los que fueron exp Opiraldos hace más de 500 años. Hai Aquella Marcha Indígena que al principio aparecía como una medida fuera de lugar en medio de la campa- ña electoral, fue cobrando importan- cia y recibió el apoyo de la Confede- ración de los Ayllus y Markas del Qllasuyu (QONAMAQ), de los indíge- nas del Beni y Pando; de los campe- sinos colonizadores del norte de La Paz, de los Yimgas, de las federacio-
fiffanal de la coca y objeto cultural desde
. c .' , no de ser considemdófiiuáfifio
“atiempos inmemoriales, de lo que lla-
man “ producción excedentaria” co- mo l'a del Chapare/Chi- more aquella Ley, debe ser erradiéada; Allí comienza la lla- mada “Guerra —jalsa- contra las dro- gas”. Se establece una base militar norteamericana, y los pequeños e in- defensos productores o peones mi- grantes andinos seran vistos como el “enemigo”, obviamente desarmado.2
En ese contexto surge Evo Mora- les como líder de los productores de la hoja de coca. Al haber perdido pro- tagonismo los sindicatos mineros con
Cuadernos delSur
33
el desmantelamiento de las empresas mineras del Estado, la Coordinadora de los Productores de Coca (seis fe- deraciones y cientos de sindicatos, muchos de los cuales llevan el nom- bre del yacimiento minero de donde provienen) se convierte en uno de los principales baluartes del movimiento popular. La presencia, _ in- cluidos los llamados}, d ii l —por ser organiza y
nanciados por la i l de» sfis- . WB, -
tados Unidos en Bb '. ‘ o la
expulsión de Evo Mo Parla-
mento,(quien fue elegido difiutadq con el más alto porcentajegg, x hecho más que fortaleceggalámovi
f' cenariosÏsÍp ¡_ a. -
has»
y Sugsxsasnpañem de (3°-
Katari (EGTK). Encarcelado junto con el grupo, estuvo varios años en pri- sión, que los aprovechó con intensas lecturas, y estudió historia en la uni- versidad. Sin que se le dictara senten- cia por falta de pruebas, actualmente goza de libertad provisional que los gobiernos utilizan como chantaje, lo que no hace más que aumentar su
1980 y luego de su
prisión militó en sindicatos campesi- nos y fue elegido para la dirección ejecutiva de CSUTCB, cargo que ejer- ce actualmente luego de pasar por di- finos: conflictos intemos con Evo
. , . i .. , i , - miento con caracteristicasï‘anw' cha ,__l¿i‘a, el d nte campesmo rialistas y con un rasgo étnic i: filejo Ugliz. , a " defensa de “la sagrada hoja d' ' _, Elka‘iño 20f ’ cenario de una
legada por los dioses a los pueb,l
dinos”. Luego, Evo Morïï-SIÏ‘EÉ quqrfia compañeros y algunos ¡riña diese K"
—Ï'YÏEÉlicar un paquete de medidas recla- 0‘ Ómadas por las bases. Se realizan blo-
de Cochabamba formanïíe; i mento político”, al tiemïïbfque movimiento sindical lib "‘ in ' “Sos
y temerarios combat tra el god;-
biemo y sus fuerzas animadas y poli- ciales.
Los indios aymaras de Felipe Quispe, el Mallku
Felipe Quispe Huanca, el Mallku, viniendo de otro entorno, las masas aymaras de la altiplanicie andina, for- ma parte del movimiento Katarista3 de los años 70. Luego de pasar por la experiencia de grupos armados, orga- niza el Ejército Guerrillero Tupac
Seiier,“ a, c‘ leÓ'a‘v ultisectoriales,
x.
sim}. aprovechados tanto por Emomofir el Mallku para reivin-
queos_,de caminos, primero en abril y dejaron ais- las ades. Se empezó a sentir la escasez? ide alimentos y de inter- cambio comercial, debiendo cerrarse varias industrias, lo que finalmente obligó al gobierno a buscar acuerdos. El Mallku tuvo en este movimiento un papel bastante destacado. Los par- tidos tradicionales empezaron, en- tonces, a disputarlo como posible candidato a la vicepresidencia. Pero el 14 de noviembre del 2000 creaba en Peñas su partido, el Movimiento In-
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Noviembre de 2002
dígena Pachakuti (MIP), el mismo día y-lugar en que Tupac Katari fuera eje- cutado 219 años antes.
Los cambios de escenarios
En todo el período que compren- de el inicio de los años 2000 hasta principios del año 2002, Evo Morales y el Mallku Felipe . i É ' '
del Chapare.Yhub1 ‘ de erradicar las plantaciones ¿de (coca
en los Yung-as de La Paz, las
' “se:
efectivos del ejército que‘ dos y tuvieron que retirarse acia
4 , .
. fl ., ‘ gabi; l. Y“) (Kutxa
por los sindicatos y federac ¿ s ada es uí‘ _ .g _ lisa r. ei regiones controladas por las seiï‘feüee' "ral
0 55a
los plantadores de coca, es
raciones dirigidas por Evo El gobierno envió efectiv%, a la región del Lago Tigo
1 está asentada la localidad'tle i
costo terrible de vidas h- nianas, el gobierno salió derrotado y tuvo que firmar acuerdos, pero que en su ma- yoría nunca se cumplieron.
Cada medida que tomaba el go- bierno y la Embajada de los Estados Unidos (que actuaba y actúa como el poder detrás del trono), como fue el despojo de la banca de diputado a Evo Morales, y las gestiones e intro- misiones permanentes del embajador
ws "._‘. ¡D .i
Manuel Rocha durante la campaña electoral, no hacían más que aumen- tar el prestigio del dirigente de los productores de coca, que de esa ma- nera iban proyectando su influencia a todo el ambito nacional.
Todo este largo recuento de movi- lizaciones, marchas, asambleas, blo- queos de caminos, es lo que explica,
rales y también, en una escala más restringida, la del Movimiento Indí- gena Pachakuti de Felipe Quispe.
I Como analiza, empero, el sociólo-
Alyaro García Lineras: “En el fimdo,
américa, que no es '. se ha experimenta- de las élites domi- ¿i'o , cholos y plebe so-
,‘e
mas. ñïte "la del
“a? . , j ' a. I- . thliviantada; estáy en una socredad ra-
F
cjs lavüboliviana donde la contabili- Ïggnuméiigíilel poder es menos importan-
aá ndéÏÉÏte que la validación ‘razalisiada’ de la obe- i ‘ acawiencia, ese es un tipo de derrota aún ma's
contundente yflztal, pues pone en entredi-
chi, la población que, yt mo p H w cuartel general del A . En todds=' i the; inapelable y natu- estos intensos enfis’e - J .fÏíentos ab
privilegiados habían
todo este tiempo ".4
El carácter de la crisis
Estamos en una etapa de transi- ción hacia nuevos escenarios. Esto se muestra en la agonía de un modo de dominación y en las maniobras, rea- comodos, cambios de frente con que las élites tratan de no perder el control y evitar ser avasallados por la insur- gencia indígena campesina y del mes-
Cuademo‘s del Sur
35
tizaje del campo y las ciudades. Esa agonía de los viejos resortes del poder es al mismo tiempo expresión de una crisis de Estado, porque las institucio- nes, entre ellas el sistema político, a pesar de los intentos de modemiza- ción, padecen de una estructura cor- porativa, dislocada y conservadora. Ahí radica el temor papi ' F‘d'e las éli-
. v", . . ., tes a convocar una lea Comas: e ‘ r :7
tuyente, de integra}
representativa de 1.o 5' sociales de la soci‘e‘ sea capaz de repensar É cir un proyecto autónomo quozüfiaih
ri“'idern"ocrática
manera optima de canalizar las "eteriü‘ï
. . o - . . .‘«‘:f.w°' ' Ñ“. ' Cialidades, micrativas y gregntgndad t, i. - ,r- I a fiü_ 1le g.
:a‘ï
que expresan los nuevos‘ririovignñigÜ
tos sociales. Mientras que Ü ‘
ba la “gobernabilidad” para aplicar sin grandes sobresaltos el modelo neoli- beral. No había izquierda ni movi- mientos sociales. Esto es lo que ha cambiado. La ADN, igual que su fun- dador, prolonga artificialmente su agonía. El MNR se mantiene estanca- do, que es igual que retroceder. Y se ve obligado a pactar con la corrup- los otros. El MIR no i , ni en su interior ni para afuera, su figura desgastada por tantas volteretas. Y la Nueva Fuerza Republicana (NFR) no es más que un averara de corto vuelo.
a" pactos actuales son endebles las élites políticas, las clases aunque "los intuyen, no “inpize‘ifiiizlerrlgsfïproblemas de la co-
recha la respuesta, ante la debii‘gaj\ n" Ptúíihrquegs pla? an graves situa- crisis del Estado, es fortalec ' Clones;de iriéstabilid d, de crisis eco-
cuerpos represivos frente a la,
ble ruptura de la “gobemalgilé ._ "¿isaa- LS .
El MNR no va a acepiag v pasivamente a la nueva ¡“Bandai de el escenario de la polítiÏ ¿s .- di- latado hacia las calles, .. i arrios, los caminos y las carreteizas, donde el
Parlamento, especialment’eÏ-ila oposi—-‘
ción jugará un papel que será impor- tante aunque subsidiario.
Lo importante es ver que estamos en la fase terminal de una época polí- tica. En estos últimos 20 años, la ADN fue un factor concurrente en la es- tructuración de la “democracia pacta- da”, que con el MNR y el MIR sostu- vieron todo el armazón que legitima-
nó 1’ iïae‘política y social. Y los recla-
__ rñ‘gg'de arnfillos sectores sociales, es- .W' v7 . . .
ers ¿sfzpeaalmente de los campesmos indí-
. —c‘üllagenas y mestizos, que exigen su lugar
en esta historia. Los períodos de con- euïiñestabirlidad social y po- lírica abren espacios donde todo está a
«disposición. Todo depende en última
instancia de la capacidad de la clase dirigente para sortear el momento. Y en especial del comportamiento de los movimientos contestatarios, que hoy emergen como un nuevo sujeto político para intervenir y conducir es- ta coyuntura, que no será eterna.
La Paz, octubre de 2002
36
Noviembre de aooa
Notas
' Ring), vocablo derivado del aymara punkuquesignifiapuenamelqueduerme en la puerta. Es el indio que cumple tareas do- mésticas en la casa del terrateniente.
2 Véase Xavier Albo. Web/os indios en la politica Plural-Cipca, La Paz, 2002
3 Tupac Katari, líder indígena que mantuvo un mino de La Paz en el año 1781/2. Final- mente, junto con su esposa Bertolina Sisa, fue detenido por las tropas españolas y descuarti- zado en la localidad de Peñas en el departa- mento de La Paz.
4 A. García Lineras, "El Ocaso de un ciclo estatal", Semanan'o Pulso, 19/07/2002, La Paz.
Cuadamsdelfiur
DESDE LOS PUNTOS
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Fábricas ocupadas y gestión obrera en Argentina Ocupar, resistir, producir
Eduardo Lucita*
‘Aquí no se trata de una toma de posición dogma'tica, que revela prejuicios pasionales e irracionales. Se trata por el contrario de una conclusión lógica que se desprende del análisis de las tendencias profundas del capitalismo con- temporáneo, acaminadas desde el punto de vista de la lucha de clases. ”
Ernest Mandel
Consejos obreros, control obrero y autogestión Antología.
omo resultado directo de la extraordinaria e inédita combinación de una crisis social y política, tan profunda como prolongada, con un ex- tendido proceso de autoorganización social, Argentina es hoy un for-
midable laboratorio de experiencias sociales.
Estas experiencias adquieren forma concreta en la creación y recreación de formas de lucha y organización que están en correspondencia con los cambios operados en el capitalismo mundial, particularmente con las rapidas
y profundas transformaciones del capitalismo local en la década de los ’90 y su impacto sobre nuestra formación social.
Es claro que esta correlación entre cambio estruc- tural y respuesta social se puede verificar en distintos momentos históricos del país, sin embargo el actual se da en un marco político en que el arrollador avance de la ofensiva del capital —en su fase neoliberal- ha lle- vado al límite de la ilegitimidad al sistema de repre- sentación político-social y ha diluido el papel integra- dor que en el juegan las instituciones de la democra- cia representativa.
oo EL PODERQA’ LOS‘ PNES enamoran“
* Revista Cuadernos del Sur. Integrante de EDI-Economistas de Izquierda
Cuadernos del Sur
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En este contexto el movimiento social no encuentra canales institucionales y tiende a radicalizarse. Radicalización que se da en sus formas y en sus conte- nidos, que toma expresión concreta en la organización autónoma y autogesti- va de los trabajadores desocupados; en la inédita expansión de los clubes del trueque; en la persistencia de las asambleas barriales.l
La solidaridad, la cooperación, la igualdad, la resistencia, el cuestionamien- to al orden de cosas existente, la democracia asamblearia y la acción directas, son atributos que parecen generalizarse a medida que la crisis se profundiza y que están prefigurando valores constituyentes de una nueva sociedad.
A esta tendencia general se agrega ahora el movimiento de ocupación jabril y de gestión obrera, al que intentamos describir y conceptualizar en este breve artículo.
Crisis del capital y respuesta obrera
Desde hace más de dos años un formidable y creciente movimiento de ocupación de empresas y la puesta en producción bajo gestión de sus trabaja- dores se está desenvolviendo en el país.
La base material que sustenta este movimiento no es otra que el intenso proceso de destrucción de fuerzas productivas que provoca la crisis.
Más de cuatro añosde recesión han concluido con la economía ingresan- do en un ciclo de depresión y estancamiento, con fuertes caídas de la deman- da agregada, del producto bruto interno y de la inversión bruta fija.
En un gigantesco vaciamiento, cientos de empresas cierran sus puertas,2 lo que encuentra su contrapartida en la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo, en la fenomenal caída de la tasa de empleo y en la instalación del mie- do y la inseguridad laboral entre quienes aún conservan su trabajo, impulsan- do a la desesperación a quienes lo pierden.
Éstos, frente al abandono de los capitalistas se “atrincheran” en su territo- rio laboral: ocupan las plantas primero, resisten los desalojos después —por medio de batallas legales y físicas— y por último gestionan su producción.
Se trata entonces de un proceso objetivo, no hay aquí ninguna predetermi- nación ideológica. Por el contrario es la propia mecánica de la crisis del capital la que ha desplazado el centro de la lucha, sacandola de la órbita de la distri- bución de la riqueza y recolocándola en el plano de las propias relaciones de producción. Con su consecuencia inevitable: el cuestionamiento del sacrosan- to principio de la propiedad privada.
Es un proceso objetivo pero que entronca con la tendencia histórica que muestra cómo, en distintas etapas y períodos, con distinta fuerza e intensidad, el trabajo ha intentado desplazar al capital, reemplazarlo perla orpnización obrera, buscando tomar en sus manos el control de las empresas.
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Jaque al patrón, todo el poder al peón*
Ernest Mandel en su clásica antología “Consejos obreros, control obrero y autogestión”3 señala que ya en 1819 “. . .obreros ingleses del tabaco luego de ll meses de huelga comenzaron a producir por su propia cuenta”, o en 1833 “. . .los franceses del vestido acordaron ‘trabajar solamente en asociación’, eli- minando a los patrones.”
En más de un siglo y medio de luchas, los trabajadores del mundo han da- do muestras de que esta tendencia permanece y resiste el paso del tiempo. Son tan numerosos los casos que no es posible citarlos aquí, pero hay uno de ellos que es por demás emblemático, el de la fábrica de relojes Lip, en 1973 en Fran- cia, que conmocionó a toda Europa. “¡Les patmns licencient... licencions les pa- tronsl”; “On travaille, on vend, on se paie” una y otra consigna resumen perfecta- mente el carácter de las acciones desarrolladas por aquellos trabajadores y de- muestran el contenido universal que ellos le dieron a su lucha.4
En nuestro país en el inicio de la segunda mitad del siglo que acaba de fi- nalizar, estas tendencias reaparecen una y otra vez. En los primeros años ’50 con la crisis del sector externo y su impacto sobre el mercado local, son nu- merosas las ocupaciones, especialmente en la rama textil.5 En el período 1958- 1962, con la crisis del modelo de acumulación de capitales por la vía externa, una nueva oleada de ocupaciones se desenvuelve.6
En la mayoria de estos casos la ocupación fabril resultó inmediatamente se- guida por la puesta en funcionamiento y la comercialización de su producción. El nivel que alcanzaron estas acciones muestra la profundidad y la orientación de las reflexiones políticas de esa época que se sintetizaron en los históricos programas de “La Falda” (1957) y “Huerta Grande” (1962).7
Más recientemente, en los inicios de los años ’70, los casos de la petroquími- ca PASA, en Rosario, y la papelera Mancusso y Rossi en La Matanza, así como la ocupación y puesta en producción de la automotriz FORD en Pacheco, en 1985, son los. antecedentes inmediatos del proceso actualmente en curso.
Descontrol patronal y gestión obrera
Tal es la magnitud de la crisis en el país que al escribirse este artículo unas 120 empresas, la mayoría de ellas abandonadas por los capitalistas, que ocupan a unos 10.000 trabajadores y que cubren una variada gama de ramas industria- les, han sido recuperadas por sus trabajadores y vueltas a la producción —o están en ese proceso-, la mayoría bajo el-régimen cooperativo, las menos bajo gestión obrera directa, exigiendo la estatización con control obrero.
* Tomado de un cartel en la fábrica ocupada Grissinópoli.
CWMSW 41
Esta realidad ha reinstalado con fuerza propia al interior de los sectores más avanzados del movimien- to obrero y popular, fundamentalmente entre los pro- tagonistas directos, el debate histórico entre control obrero y cooperativismo.
Este debate encuentra en el país una base material concreta en el más de un centenar de fábricas ocupadas, sin embargo encierra una cuestión más profianda.
Como es sabido, bajo el régimen de producción capitalista, los trabajadores como productores colecti- A vos se encuentran formalmente privados del conoci- miento integral y de toda autoridad sobre el proceso productivo, sobre lo pro- ducido por su trabajo y sobre el resultado de la venta de ese producido. El mo- nopolio de ese conocimiento y de esa autoridad está formalmente fuera de su alcance, en manos del capital.
De hecho, y más allá de que estos hechos resulten hechos conscientes, la acción autónoma de ocupar, resistir; producir, comercializar por los propios trabaja- dores cuestiona el monopolio de la autoridad y el monopolio del saber.8 De hecho, y aún en forma larvada o embrionaria, un poder distinto comienza a oponerse al poder constituido
Bajo la ley del capital el trabajo se convierte en abstracto, el producto de ese trabajo aparece como una cosa exterior al trabajador, como algo que tiene exis- tencia fuera de el. No es otra cosa que la enajenación del trabajo obrero, que la alineación del trabajo por el capital. BaSe ideológica en la que se apoya, co- mo se puede comprobar todos los días, la naturalización de las relaciones so- ciales bajo el modo de producción capitalista. Esta da como un hecho cierto y definitivo que esas relaciones resulten relaciones de explotación y domina- ción, que en el mejor de los casos pueden mejorarse o modificarse para hacer- las simplemente mas humanas, pero no eliminarlas.
Que los trabajadores se hagan cargo de las empresas que los patrones aban- donan, echa luz sobre una de las grandes mistificaciones sobre las que fun- ciona el sistema: “..que no es producto de la naturaleza ni de un hecho divi- no inevitable que sea el patrón quien mande”, tampoco “..que la máquina sea de otro y no del que la hace funcionar y producir todos los días”. De ahí el carácter universal de las consignas que universalizó la lucha de Lip: “Nosotros producimos, nosotros vendemos, nosotros nos pagamos”; “Los patrones despiden. . .- des- pidamos a los patrones”, porque llevan implícita una solución de clase a la crisis nacional.
En el debate entre cooperativismo o control obrero subyace esta cuestión, que
EL Pooca'ÏoÏ PEES
42 Nawernlrredeaooa
no es otra que la oposición entre la ruptura con la lógi- ca del capital o la reintegración a la misma.9
Bajo la forma cooperativa, que presupone adhesión voluntaria y gestión autónoma, se logra la recuperación de las fuentes de trabajo, una distribución más igualita- ria de lo ingresos al interior de cada unidad de produr;-- ción, incluso es posible un mayor rendimiento pro- ducto de una racionalidad administrativa diferente.
Es claro que estas son condiciones infinitamente mejores que las existentes, —sean bajo el dominio pa- tronal y más aún cuando este abandona—, sin embargo no pueden escapar a la lógica del sistema: la competencia en el mercado. Lo que implica que los niveles salariales, las condiciones de trabajo y las productivida- des están siempre en juego. Porque tanto las remuneraciones, las condiciones de venta de la fuerza de trabajo y los tiempo y ritmos de la producción inciden sobre los costos finales del producto, y este es fundamental para la competencia intercapitalista.
En los casos concretos que se dan en el país hay que agregar que muchos es- tán supeditados a que las legislaturas provinciales o municipales declaren a las empresas sujetas a expropiación. Ésta puede ser total del establecimiento o li- mitarse a las maquinarias, equipos, marcas y patentes por un tiempo limitado, dos o cuatro años, y dados en comodato. Al cabo del período, los bienes expro- piados salen a remate y los trabajadores se ven en la disyuntiva de capitalizar sus acreencias por indemnizaciones y/o salir a en busca de capitales.
Esto es, son reformas que el sistema puede reintegrar.
Por el contrario, el control obrero, que también supone adhesión volunta- ria y autonomía, mantiene la empresa bajo la titularidad del capital, sea priva- do o estatal, pero los trabajadores asumen el control de todo el proceso, así co- mo de los registros contables.
Se trata de una “reforma no reforrnista”, propia de un período de alza de la lucha de clases, que no resulta integrable por el capital y cuyo futuro depende de una generalización y un cambio profundo en la relación de fuerzas sociales.
En Argentina después del 19 y 20 de diciembre pasado hay un cambio en la situación general, una suerte de giro a la izquierda de sectores de la socie- dad, pero ¿es tan profundo el cambio q‘ue permite una generalización de estas características?
La coyuntura argentina actual presenta particularidades propias, ya que frente a la huida de los capitalistas y la negativa del Estado a asumir responsa- bilidades, hay empresas que están funcionando bajo una forma de control
LOS PEONES y
Cuadernos del Sur 43
obrero “sui géneris” ya que no hay patrón, sea capitalista o estatal, a quien con- trolar. Por otra parte, en aquellas empresas donde los trabajadores se han de- cidido por la forma cooperativa y están pendientes del trámite que declara la expropiación por parte de las legislaturas, éste suele ser tan lento que pasan muchos meses produciendo y comercializando de hecho, sin definiciones que legalicen la situación.
En este contexto, lo que predomina es la gestión obrera directa, donde los tra- bajadores se hacen cargo de la administración integral de la empresa, en un proceso que tiene claros razgos autogestivos.
Esta solución de clase es resultado directo del carácter de la crisis que atra- viesa el país. No se trata de una crisis revolucionaria pero es una situación don- de el alto grado de concentración del capital no parece dejar espacios, al me- nos por el momento, para salidas de tipo reformista generalizadas. Se trata, en rigor, de una crisis orgánica latente que no logra consumarse, y cuya extensión en el tiempo no es posible predecir.
En estas condiciones, ¿cuál es el curso a seguir por la intervención políti- ca?, ¿es necesario afirmarse en la idea del control obrero con independencia de sus posiblidades futuras reales? ¿o solo son viables las formas cooperativas, que sí tienen futuro pero no cuestionan la lógica última del capital?10
Una respuesta más ajustada pareciera surgir de la propia crisis, de los es- fuerzos y aspiraciones de los trabajadores. Y esta respuesta —condicionada por la prioridad de los trabajadores: conservar sus fuentes laborales- es la tenden- cia a la gestión obrera, con independencia de la forma que ésta asuma, ella im- plica el desplazamiento de los patrones para ocupar su lugar.
Ésta es una conclusión objetiva, que encierra una disputa no explicitada co- mo tal, por cuál es la clase que puede acaudillar la salida del país del marasmo en que está metido. Y es necesario apoyarse en esta conclusión, porque aun cuando estas experiencias resultaran limitadas, o condicionadas por la situa- ción general, constituyen acciones prácticas concretas en el manejo y control de las empresas, un ejercicio indispensable para la maduración de la concien- cia colectiva.
Sin embargo, es necesario hacer una advertencia: Cualquiera sea la forma que adquieran, si los trabajadores que gestionan estas empresas vuelcan sus es- fuerzos y creatividad exclusivamente hacia el interior de sus establecimientos, si abandonan todo intento de coordinación y de solidaridad con otras fábricas y experiencias, están indefectiblemente condenadas a recaer en la competen- cia capitalista y en la autoexplotación.
Si el movimiento de ocupación fabril y gestión obrera es capaz de superar los estrechos límites de cada una de las fábricas en cuestión, si se afirma en el carác-
44 ' Now'emhedeaooa
ter social 'de su producción —diferenciada por tanto de la lógica de la ganancia- y avanza en las coordinación y planificación de sus producciones --diferencián- dose por lo tanto de la anarquía capitalista—, estara exponiendo ante la sociedad, que da muestras de una adhesión y simpatía hacia el movimiento pocas veces conocida, que otra forma de producir y de planificar son posibles, y que otras re- laciones de producción son necesarias para resolver la crisis del país."
Aun en forma contradictoria la situación actual presenta condiciones favo- rables. El movimiento de ocupación fabril y gestión obrera tiene puntos de contacto con los otros movimientos. Comparte con ellos el carácter asam- bleario, ésto es la discusión sobre quién decide y cómo se decide; con el mo- vimiento piquetero el caracter autogestivo de los emprendimientos que rea- lizan, ésto es tornar en sus manos la resolución de los problemas, aspecto que también han comenzado a tomarlas asambleas; en conjunto coinciden en el carácter democrático y de pluralidad política que debe prevalecer, rasgo im- prescindible para mantener la unidad del movimiento.
Más allá del tiempo que puedan perdurar estas formidables experiencias y la profundidad que alcancen, ellas muestran objetivamente que hay destaca- mentos de trabajadores que, impulsados por la crisis, han tomado la palabra, que han dejado de ser solamente obreros, empleados, técnicos, profesionales, intelectuales, etc.,. para avanzar a convertirse en sujetos colectivos, en sujetos sociales conscientes.
De la capacidad que muestren los trabajadores para sacar sus propias con- clusiones del proceso en curso, y también del caracter que asuma nuestra in- tervención política para aportar al mismo, dependerá que estos sujetos socia- les conscientes se comprometan con el cambio de las relaciones de fuerza y con otro modelo de sociedad.
Buenos Aires, octubre de 2002.
Notas
l El explosivo crecimiento de las tasas de desocupación y la extensión de la pobreza hasta limites desconocidos dio como resultado un Movimiento de Trabajadores Desocupa- dos (MTD) que por el grado de organización y extensión geográfica 'alcanzado y por su per- sistencia en el tiempo no encuentra antecedentes en nuestro país y probablemente en el mundo. La combinación de hartazgo, frente a una situación económica agobiante, y des- confianza, frente a los partidos y las instituciones, hizo explotar el 19 y 20 de diciembre del 2001 las tensiones acumuladas en una década, dando lugar al Movimiento de las Asam- bleas Populares (MAP), organismos embrionaríos de debate y deliberación que, con altiba- jos, en medio de múltiples contradicciones y tensiones, se prolonga hasta el presente.
Cuadernos del Sur 45
2 Según estimaciones son alrededor de 1200 las empresas que se encuentran en esta situación, —que se han endeudado real o ficticiamente; que han transferido activos a terce- ros; q'ue mantienen fuertes deudas impositivas y de' servicios públicos—, que concluyen re- curriendo al concurso preventivo o directamente a la declaración de quiebra.
3 Ernest Mandel, Consejos obreros, control obrero y autogestión, Antología. Edic. Carlos Mariátegui, Santiago de Chile.
4 Gilbert Marquis, l/ y a vingt ans... Lip! Rev. Utopie Critique n°l, París, 19'73.
5 La ocupación de las textiles Produtex, Royaltex y Medias Paris forma parte de esta ex- periencia histórica. En el primer caso, los trabajadores recorrían los barrios con los camiones de la empresa vendiendo lo producido. En Medias Paris una asamblea de trabajadores de- cidió, frente a la caída de la demanda en el mercado local, enviar una delegación al Uruguay para comerciar la venta de su producción. ‘
6 Son destacadas en esos años la ocupación del Ingenio Santa Lucía, en Tucumán, que en una semana de producción alcanzó el record histórico; la ocupación y puesta en funcio- namiento de la automotriz Kaiser, el 15 de enero del 63, donde los trabajadores retuvieron a todo el personal jerárquico desde capataces para arriba, y luego pusieron en marcha la producción sin ellos. La textil Piccaluga, en Avellaneda, que funcionó durante tres meses ba- jo control obrero.
7 Estos programas fueron resultado de la combinación de una recesión económica agu- da con las disputas al interior de la CGT entre las distintas fracciones del movimiento sindi- cal. Esto llevó a "un giro a izquierda” de la central obrera que facilitó la influencia de secto- res de izquierda, particularmente de las corrientes trostkistas, que fueron quienes entre otras consignas programáticas impulsaron el Control Obrero de la producción.
9 En rigor es más que el cuestionamiento, se trata de la reapropiación del saber obrero, que el capital expropia cíclicamente con Ia racionalización y sistematización de los procesos productivos, la implantación de nuevas tecnologias y el reemplazo del trabajo "vivo" por el trabajo "muerto".
9 Ver Paul Mattick, "La gestión obrera”, en Integración capitalista y ruptura obrera, Edic Laia/paperback, Barcelona 1978.
‘0 En la actual coyuntura dos tendencias disputan la orientación general del movimiento. Por un lado el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), donde se agrupan la mayoria de las empresas ocupadas bajo formas cooperativas, claramente orientado por la Iglesia, a través de la Pastoral :Social, miembros del Partido Justicialista (PJ) y la Central de Trabajadores Argentinos (CFA). Por el otro, un polo de empresas bajo Gestión Obrera Direc- ta (GOD) que tiene como eje a la textil Brukman, a la cerámica Zanón y a la minera reesta- tizada Río Turbio, gestionadas bajo control obrero y que nuclean además un número impor- tante de empresas autogestionadas bajo formas cooperativas y cuentan con el apoyo de los movimáentos de trabajadores desocupados, algunas asambleas populares y los partidos de iquIer a.
1‘ En este sentido es necesario valorizar la iniciativa de un grupo de estudiantes de Cien- cias Económicas nucleados en la Agrup En Clave Roja que han convocado, entre otros, a los miembros del EDI, para constituir grupos de trabajo en el seno de una Comisión de Pla- nificación Económica que aporte a la resolución de los problemas de gestión de las empre- sasI ocupadas y avance en la planificación de la producción y el consumo de productos so- cra es.
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Fábricas ocupadas y gestión obrera directa Apuntes para, una reflexión histórica y teórica*
Josefina Martínez
Argentina: nuevo siglo. Obreros sin patro- nes
I
Un sábado, a inicios de Septiembre de este año, en una avenida del barrio porteño de Once se mon- tó un escenario. Detrás, una bandera: “Fábrica toma- - 0° El PODÉÏÏ
,, -. 4 -. Los PEONES da , un puno rompiendo las cadenas, los rostros de hombres y mujeres Obreras, “Control obrero”.
Es el segundo encuentro de fábricas ocupadas frente a la textil Brukrnan. Se‘ reúnen en la mesarepresentantes de algunas decenas de fábricas y estableci- mientos ocupados por sus trabajadores y puestos a producir por ellos mismos.l Cerca de 40 asambleas populares enviaron representantes, jUnto con delegacio- nes estudiantiles, partidos de izquierda, organizaciones feministas y de derechos humanos.
Durante toda la tarde, luego de una presentación de las fábricas ocupadas, loa-Cerca de 2000 asistentes al encuentro discutirán en comisiones (comisión de producción, de coordinación, de política, de mujer y de medios) las reso- luciones y propüestas que terminarán siendo aprobadas por amplia mayoría al caer la noche. “Si nos tocan a una nos tocan a todas”, esa es la convicción que se repite de una comisión a otra, lo que confirman cada uno de los participantes del encuentro. Porque son diversas las experiencias que se intercambian ese día, desde emprendimientos que han optado por la forma de cooperativa has-
’ Este trabajo es parte de'un proyecto de investigación y elaboración en curso, coordi- nado “por Raúl Godoy'dirigente obrero de Zanón y del PTS, junto a otros obreros, y estudian- tes dela agrupación En Clave Roja como J. Martinez
CuadamdelSur ' 47-
ta los trabajadores que como en Zanón y Brukman decidieron un camino de lucha por la estatización de las fábricas bajo control obrero. A pesar de esta he- terogeneidad, la necesidad de luchar en común, más allá de cada fábrica o ca- da barrio, se hace sentir.
Una de las mociones más destacadas es la que plantea conformar un jbndo de huelga nacional para aportar a que las luchas de los trabajadores no sean que- bradas por el hambre. Celia, obrera de Brukman, expone en'la comisión su ambición de crear un fondo de huelga no sólo nacional sino internacional, “no me digan que es utópico lo que planteo, los trabajadores somos capaces de ha- cerlo...” Los obreros de Zanón cuentan que han votado en asamblea donar medio jomal y algunos pallets de cerámicos para empezar a formar este fondo de huelga, llegando a la suma de 15.000 pesos en el mes, en un ejemplo de so- lidaridad obrera excepcional.
Parecen resonar como un eco las tradiciones de las primeras asociaciones de cooperación obreras, que tenían como parte de sus principios el aportar los fon- dos excedentes a otras organizaciones de trabajadores, para sostener otras luchas, o para la salud, la educación o la cultura común de los trabajadores.
Junto con esta propuesta se escuchan otras: algunas asambleas populares discuten ocupar fábricas abandonadas en cada barrio y dar trabajo a los deso- cupados de la zona, junto a la creación de escuelas de oficio para que los jóve- nes que nunca tuvieron un trabajo puedan capacitarse. También llega el apo- yo desde los estudiantes, que proponen no sólo juntar dinero en las facultades sino también poner sus conocimientos al servicio de esta lucha: abogados, in- genieros, historiadores que pueden brindar desde su profesión el apoyo nece- sario para que los trabajadores sigan adelante tomando en sus manos la pro- ducción.
II
Algo realmente inédito sucede en nuestro país. Algunos medios de comu- nicación ya dan cuenta ampliamente de éste fenómeno. Fábricas ocupadas porsus obreros y puestas a producir: Obreros sin patrones. Expropiación. Se' ha puesto en dis- cusión la noción misma de propiedad, la relación entre legalidad y legitimidad. ¿Qué ha sucedido?
Quizá la primera vez que este reclamo empezó a cobrar cuerpo fue hace nueve meses, cuando el empuje expropiador de los grandes capitalistas que confiscaron los ahorros terminó convirtiéndose en una fuerza social inversa que, al compás del ruido de las cacerolas, puso en el centro del ataque al go- bierno de la Alianza y a los grandes grupos económicos. La expropiación de los ahorros suscitó el reclamo de la nacionalización de la banca. La expropiación
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del trabajo y el pan desencadenó los primeros saqueos de aque] 19 de diciem- bre, protagonizados por el pueblo pobre de las grandes ciudades. La expropia- ción de las ilusiones depositadas en la “democracia representativa” hizo nacer el grito de que “se vayan todos”. En la clase trabajadora, este nuevo fenómeno de ocupación de fábricas y gestión obrera, coloca en el nivel de la producción el reclamo de expropiar a los que provocaron la crisis.
III
Este fenómeno no puede entenderse por fuera de la magnitud de la crisis capitalista que vivimos. El colapso financiero fue el detonador, después de más de dos años de recesión económica.
En noviembre del 2001, la fuga de reservas en la semana del 26 al 30 fue de 2.727 millones de dólares.2 El sistema basado en la convertibilidad murió an- tes de que el gobiemo de Duhalde decretara la devaluación. Con la corrida bancaria desaparecieron los depósitos de miles de ahon'istas. Los bancos na- cionales fueron los primeros en violar los principios más elementales de la le- galidad capitalista, consumando un verdadero saqueo a la nación.
Pero la crisis capitalista no es sólo la del colapso financiero, sino que se ex- presó con la parálisis del circuito comercial y productivo, con la caída de la producción industrial y miles de fábricas cerradas. La ocupación promedio de la capacidad instalada no supera el 50%, y en algunas ramas de la producción los niveles son más escalofriantes, menos del 20% en las ramas automotriz y la construcción.3
Una profunda crisis capitalista que implica una enorme destrucción de fuerzas productivas. Y la principal fuerza productiva, los hombres y mujeres trabajadoras, soportan esta decadencia sobre sus propios cuerpos. Los índices de desocupación superan todo récord histórico. 18 millones de pobres y cer- ca de tres millones de niños en situación de indigencia. Precarización del tra- bajo. Casi un 50 % de los asalariados reciben menos de S300 (80 dólares). Las condiciones de vida han decaído resucitando enfermedades del pasado, desnu- trición infantil, hacinamiento, cartoneros que recorren las calles de las ciuda- des. Esta enorme decadencia es el fruto podrido de la crisis capitalista, que ha- ce temblar todos los cimientos sociales en la Argentina.
IV
En el marco de esta catástrofe social, surge el nuevo fenómeno de ocupa- ción de empresas. Su potencia se liga en parte a que reposiciona la emergen- cia de un sujeto transformador en una fracción del movimiento obrero. Du- rante muchos años hemos debido escuchar intelectuales que anunciaron la
MMS” 49
muerte de la clase obrera y la desaparición del proletariado como sujeto de cambio social radical. Desde las visiones más escépticas a inicios de los años 90, en pleno auge del “neoliberalismo”, hasta las posteriores teorizaciones' so- bre la aparición de nuevos sujetos sociales. Del campesinado o el “sujeto pi- quetero”, pasando por las visiones más socialdemócratas del “poder-ciudada- no”. Unas y otras se apoyaron en su momento en un elemento de la realidad, que la clase obrera no estaba en el centro de la lucha de clases en los nuevos procesos abiertos en nuestro continente, pero llevando al absoluto este elemen- to para justificar sus teorías y su política.
Que hoy se esté desarrollando un fenómeno dinámico en un sector de la clase trabajadora, echa nueva luz sobre estas discusiones. En pequeñas expe- riencias se muestra incipientemente la potencia de los obreros y obreras para dar una respuesta a la crisis, tomando en sus manos la producción y la» resolu- ción de su propio destino. Reposiciona al sujeto de cambio social en el cora- zón del modo de producción capitalista, partiendo de las unidades de produc- ción y en el rol de la clase trabajadora.
V
Alrededor de 100 empresas hoy en la Argentina están siendo gestionadas por sus trabajadores, bajo diversas modalidades. Algunas formadas como coo- perativas: Renacer, IMPA, Milhojas, La Baskonia, El Aguante, Imprenta Chila- vert, Grissinópoli. Otras como Zanón y Brukman que, sin estar bajo la forma legal de cooperativa funcionan bajo control obrero y reclaman la estatización. Salvo algunas excepciones, la mayoría son fábricas o establecimientos peque- ños: la cooperativa El Aguante, con 17 trabajadores, Clínicajunín, 35 trabaja- dores, Fricader con 40, Milhojas con 9, por tomar algunos ejemplos. De‘ las fá- bricas que en los últimos meses fueron puestas en movimiento por sus obre- ros, una de las más grandes y de más altos niveles de la producción es Zanón en Neuquén.
El fenómeno del control obrero o la gestión obrera directa de las fábricas no se ha excendido aún a las grandes concentraciónes industriales, sino que viene desarrollándose desde los márgenes. En las fábricas que poseen niveles bajos o medios de producción y que, producto de la crisis económica, entra- ron en proceso de quiebra o colapso. Los trabajadores actúan ante la gravedad de la crisis. Es una respuesta defensiva a la catástrofe económica que se trans- forma en una ofensiva al tomar en sus manos la producción.
No son la vanguardia social del proletariado, concentrado en- las grandes empresas de la siderurgia, automotrices, las alimenticias, los servicios y el transporte, pero si están actuando hay-como su vanguardia política.
5o Noümbvleaeoa
Pero a pesar de ser en su mayoría empresas pequeñas o medianas, la poten- cia está demostrada. Si este fenómeno se extendiera al conjunto de las ramas de producción o a sus sectores neurálgicos, un verdadero poder obrero se al- zaría a nivel nacional.
VI
Han aparecido dos modalidades centrales en estas experiencias. La forma- ción de cooperativas o la lucha por el control obrero y la estatización. “¿Auto- nomía o estatización?” titula una extensa nota un periodista de Página/ 12, dan- do cuenta del II Encuentro de fábricas ocupadas del 7 de setiembre de 2002 en Brukman. Éstas dos opciones son las que más aparecen, aunque también exis- ten otras propuestas como la “administración judicial”4 o “administración mixta” con sectores de la patronal. Respecto de la propuesta de cooperativa, es el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas impulsado por el abogado Caro junto a sectores de la iglesia, la UOM y el peronismo el que más la está desarro- llando. Así también lo Viene haciendo la Fencooter, organización también li- gada al peronismo y organismos estatales. El MNER realizó un encuentro en la fábrica La Baskonia de la Matanza el mismo 7 de setiembre. El mismo día en el encuentro realizado en Brukman se comprometieron a luchar en común empresas ocupadas bajo la modalidad de cooperativa junto a las que luchan por la estatización bajo control obrero en un polo de fábricas ocupadas
Sin dejar de lado que el lema de “Si nos tocan a una, nos tocan a todas” fue el eje de ese encuentro, es importante profundizar en la investigación acerca de las posibilidades y contradicciones que se abren ante una y otra modalidad elegida por los trabajadores.
Para esto nos parece interesante retomar, como un intento de aportar a en- riquecer el debate, algunas experiencias históricas así como debates teórico- políticos sobre experiencias de este tipo que se dieron en el seno de las orga- nizaciones obreras durante más de un siglo.
Cooperación obrera: Historia y utopías
I
Nos centramos en la investigación de la problemática de las cooperativas obreras.5 Ypara hacerlo queremos abordar brevemente una perspectiva histó- rica.
Las formas de cooperación tienen raíces en los orígenes de la formación de la clase obrera moderna. Incluso previamente a la formación de los primeros sindicatos como organizaciones regionales o nacionales, otras formas de coopera-
Cuadmros dtlSur 51
QUE A}qu ción empezaron a desarrollarse. Las mutuales, como for- ¡> paguina .p, “
ma de protección mutua, y las cooperativas como asocia- ción de productores o consumidores.
Las cooperativas de consumo o. de producción obreras se desarrollaron con ejemplos importantes en el siglo XD<, sobre todo en Inglaterra y Francia.6
o EL p cuña En una modesta ciudad de Inglaterra, donde el
Los PEONES desarrollo de la industria del tejido de franela crecía en
‘¡vííiïï‘lif' 'a' ‘r I importancia, un grupo de trabajadores inició una expe- riencia que los convertiría en unos de los pioneros del cooperativismo obre- ro. Los “Pioneers de Rochdale” se agruparon por primera vez para dar forma a una cooperativa de consumo, al día siguiente de una discusión sobre sala- rios e inmersos en una grave crisis de desocupación. Comenzaron siendo 12 trabajadores, poco después 28, que se comprometieron a entregar 12 pení- ques por semana a un fondo común. La Sociedad de los Justos Pioneros de Rochdale se registra el 24 de octubre de 1844. Diez años después, la cantidad de sus miembros será de 1400, y el capital de la sociedad ascenderá a 11.000 libras. Su éxito estimulará la creación de varios cientos de cooperativas que al unirse conforman la Sociedad Inglesa Cooperativa al por mayor]
En Francia se desarrollan, por la misma época, las experiencias de coopera- tivas obreras de producción. Bouchez, discípulo de Saint Simon, es el que lle- va adelante la primera cooperativa de joyeros de París, y se multiplican los em- prendimientos cooperativos de producción en ésta y otras ciudades como Lyon.
Pero los precursoresvdel cooperativismo pueden rastrearse en los proyectos de los utópicos Fourier y Owen, en las primeras décadas del 1800, de los cuales los pioneros de Rochdale y Bouchez tomarán parte de sus doctrinas.
Fourier diseña en su mente los planos de una sociedad futura: el jalansterio, En una colonia instalada en una finca, de forma cuadrada, al centro se ubicará el palacio social. Con un gran comedor, bibliotecas y salas de aprendizaje. En los cuerpos laterales, talleres de trabajo y de juego para los niños. Todos los miembros de la colonia vivirán allí, agrupados en falanges de entre 400 a 2000 miembros. Cada uno de ellos elegirá una ocupación que le resulte atractiva, y las actividades variarán hasta 8 veces al día, para no mantener sesiones de tra- bajo por más de 1 hora y media o dos. Tres cuartas partes de la colonia se de- dicarán a la agricultura, y el resto a la industria. En EEUU. llegaron a fundarse más de 30 colonias fourieristas, pero todas fracasaron.
Owen, después de adquirir la fábrica de su suegro-en New La’mark, un pneblo miserable, contrata albañiles para construir habitaciones decentes para
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sus obreros. Abre un almacén para venderles artículos a precio al por mayor, anula el sistema de Castigos en la fábrica y resuelve reducir la agotadora joma- da laboral de 18 horas, primero a 12 y luego a 10 horas. La fábrica de New La- mark se convirtió en una “colonia modelo”, la empresa además había aumen- tado hasta el doble de su valor y rendido abundantes ganancias.
En este primer período “patemalista” de Owen, la “buena sociedad” ingle- sa lo recibe en sus salones y lo felicita, aunque el apoyo concreto de aportes monetarios para sus proyectos nunca se destaca.
Pero Owen no estaba satisfecho y, partiendo de esta primer experiencia se propone fundar aldeas agrícolas e industriales, para enfrentar los “tres grandes obstá- culos, que según él, se alzaban en su camino de la rgbrma social: la propiedad privada, la religión y la forma actual del matrimonio”.s Apelando a la colaboración de ricos fi- lántropos y utilizando su propia fortuna, en 1825 funda la colonia “Nueva Ar- monía” en EE.UU., aunque esta experiencia fracasa rápidamente.
"Sus teorías incipientes no hacen más que reflq'ar el estado incipiente de la producción capitalista, la incipiente condición de clase. Se pretendía sacar de la cabeza la solución de los problemas sociales, latente todavía en las condiciona económicas poco desarrolladas de la época. (... ) 'Ii'ata'base por 60 de descubrir un sistema nuevo y ma's peg‘ecto de orden so- cial, para implantado en la sociedad desde afliera, por medio de la propaganda, y a ser po- sible, con el q'emplo, mediante experimentos que sirviesen de modelo. Estos nuevos siste- mas socials nacían condenados a moverse en el reino de la utopía; ”
El sueño utópico de Owen encerraba mucho de paternalismo filantrópico y de ilusiones en la confluencia de intereses entre ricos y pobres, pero a pesar de estas debilidades abrió el terreno para que germinara un pensamiento que proyectó en el futuro la imagen de una sociedad igualitaria. Y este programa de futuro fiie inspirador para muchos dirigentes de la naciente clase obrera in- glesa. En primer lugar, porque Owen enseñó “que la medida natural del tra- bajo humano se debería tomar como la medida práctica del valor”, y que los productos “deberían ser intercambiados según el trabajo incorporado a ellos”, eliminando la parte que hacía al puro “parasitismo del capitalismo”.9 Esta concepción se adecuaba fácilmente a la realidad de un proletariado en formación, con prácti- P sigui, i cas del artesanado o del pequeño taller, que vivían en el ‘ " mismo patio de vecinos y a veces se intercambiaban sus " ' productos sin intermediarios.
Tiempo después algunos de los discípulos de Fourier y Owen intentarán llevar adelante otros proyectos con- cretos, pero no sin muchas dificultades.
El doctor King de Brighton creó en 1827 una coo-
UALO'H- “isr-
Cuadernos deliSit'r 53
perativa de consumo, fue redactor del periódico El Cooperador y animó la {OE-.- mación de cooperativas que sesionaron en varios congresos entre 1831-35. Allí proclamó el principio de neutralidad de las cooperativas, y las fundamen- tó en la necesidad de los trabajadores de comerciar para ellos mismos y trabajar pa- ra ellos mismos, apropiándose del beneficio de capital generado por este medio.
Las Equitable Labour Exchanges fueron fundadas en Londres y Birmingham en 1832-33, funcionando en base a vales de trabajo e intercambio de peque- ños productos. En el primer congreso cooperativo de Liverpool,lo ya se pien- sa en un plan nacional de cooperación, donde las cooperativas intercambiaran sus productos entre sí.“
También en Inglaterra conocemos la formación de la Asociación para la promo- ción del conocimiento cooperativo, de Manchester, y la difusión de varios periódicos, entre ellos, el United Trades Cooperative journal. “Hacia 1832, mcistían quizás 500 so- ciedades cooperativas en todo el país, que tenian al menos 20.000 miembros”.‘2
En Francia, otro cooperador, Michel Derrion, planteó que la fuerza de los trabajadores no residía en su carácter de productores, sino en el de consumi- dores, “allí se encuentra vuestra única fuerza rgbrmadora, la paloma que Arquímeda pedía para mover el mundo”!3 Y bajo este supuesto fundará una sociedad coope- rativa con 8 despachos de menudeo, pero que no vivirá más de 3 años.
Los principios del cooperativismo que fueron planteados en aquellos mo- mentos iniciales se pueden sintetizar en algunos puntos básicos:
a) La democracia intema, “un hombre un voto”.
b) La política de puertas abiertas, o la incorporación permanente como miembros de todos los que quisieran sumarse.
c) La eidstencia de. un fondo inalienable. Si la cooperativa se disolvía, el fondo recaudado no se dividía entre los miembros, sino que debía donarse a otra empresa cooperativa o mutual obrera. Dado que se consideraba que ese patrimonio no era propiedad individual de los miembros, sino que pertenecía a la sociedad. i
d) La neutralidad. Este principio a inicios del siglo XD( respondía a la varie- dad ideológica en el movimiento obrero, pero luego sería utilizado por los conservadores para resistirse a una definición política socialista o comunista de las cooperativas.
Mientras que muchos de estos emprendimientos cooperativos no perdura- ron más que unos pocos años, otros crecieron y se extendieron. La sociedad de los Pioneros de Rochdale llegó a conformarse como una gran cooperativa de consumo, que hacia 1913 manejaba un. monto de treinta y un millones de libras esterlinas y empleaba a veinte mil personas. Sin embargo, ya a esta altu- ra de su desarrollo no perdurará ninguno .de los principios postulados en el
54 Noviembredeaooa
momento de su fundación. De una cooperativa obrera se había convertido en asociación de comerciantes; en vez de lograr abolir el comercio se había inser- tado —en el sistema capitalista como una empresa mercantil más.
Las cooperativas francesas de producción también siguen un rumbo simi- lar. La de los joyeros de Bouchez se transforma en una empresa capitalista en la medida que rechaza la participación de nuevos adherentes, y la de fabrican- tes de espejos fundada en 1849 hacia fines del siglo cuenta con 60 asociados frente a 1500 asalariados. Para estos últimos, lo mismo daba un patrón indivi- dual que uno “colectivo”.'4
II
Las Cooperativas obreras fueron parte de los primeros pasos del naciente movimiento obrero por afirmar su'unidad como clase, y enfrentar las terribles condiciones de explotación y vida miserable a que loscondenaba el capitalis- mo. Los pioneros de Rochdale, junto con la combativa lucha de los obreros cartistas'5-o los que forjaron las primeras organizaciones sindicales nacionales son parte de esta heroica tradición.
Mostraron, tan pronto como a los inicios del siglo XIX la potencia futura que vivía en las manos de la clase trabajadora, la posibilidad de que hubiera obreros sin patrones.
Las cooperativas obreras mostraban, con su sola existencia, las contradic- ciones del sistema general.
Así l'o reconocía Marx en el Manifiesto Inaugural de la Asociación Interna- cional de Trabajadores:16
“B imposible negar la importancia de atos grandes aperimentos sociales que han mostrado, con hechos, no con simpla argumentos, que la producción a gran escala y al ni- vel delas de la ciencia moderna, podía prescindir de la clase de los patronos, que utiliza el trabajo .de la clase de las ‘manos’; han mostrado también que no es necesario'a la producción que los instrumentos de trabajo estén monopolizados como instrumentos de dominación y de ocplotación contra el trabajador mismo; y han mostrado, porfin, que lo mismo que el trabajo esclavo, .lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no a si- no una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cum- ple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría. ”
El reconocimiento de Marx al sistema cooperativo como “una de las fuerzas transformadora de la sociedad presente” vuelve a aparecer, otorgándole el mérito de demostrar prácticamente que el sistema capitalista basado en la subordinación del trabajo al capital puede ser reemplazado por un sistema superior, basado en la libre asociación de los puctores y consumidoresflY el I Congreso de la Internacional Comunista recomienda a su vez a los trabajadores que “esti-
Crardemm dels” 55
mulen la cooperativa de producción ma’s bien que la de consuma, pues ésta toca solamen- te la superficie del sistema económico actual y la otra lo ataca parla base.”
Sin embargo, ¿podían las cooperativas por si mismas, alcanzar aquel sueño prometido por los utópicos? Ese sueño donde “¡La abundancia se extenderá por el país! ¡Aumentara' el conocimiento! ¡Florecera' la virtud! La felicidad sera' reconocida, ase- gurada y difiutada."|3
El gran sueño pacífico de Owen no aconteció, y en cambio, hacia fines del siglo XIX las cooperativas que prosperaron lejos estuvieron de liquidar el parasi- tismo capitalista y la sed de ganancias patronales. Terminaron adaptándose a las condiciones existentes y reproduciendo esas mismas relaciones de explotación a su interior. El caso de las cooperativas obreras inglesas y francesas, que por su crecimiento llegaron a contar con plantaciones propias de café y té en las colo- nias, lo muestra fatalmente. No hace falta mencionar que los trabajadores de las plantaciones no gozaban de ninguno de los beneficios de la asociación.
En la primer mitad del siglo XIX, todavía la propiedad privada jugaba un rol relativamente progresivo, y el capitalismo se expandía motorizado por la libre competencia entre los capitalistas. Pero la competencia entre los capitalistas, cada vez más intensa, llevó a la conformación del monopolio, y a la lucha de- senfrenada de los grandes monopolios entre sí, una enorme concentración de capitales que dejaba en el camino a los más pequeños. Marx previó en parte esta tendencia, que no dejaba ya espacio para que las cooperativas obreras mantuvieran su independencia previa.
“Al mismo tiempo, la experiencia del período comprendido entre 1848 y 1864 ha pm- bado hasta la evidencia que, por útil que se muestre en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estrechamente a los afirerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias. Este es quizás, el verdadero motivo que ha decidido a algunos an'stócratas bien intencionados, a filantrópicos charlata- nes burgueses y hasta economistas agudos, a calmar de repente de elogios nauseabundos el sistema de trabajo cooperativo, que en vano habían tratado de sry‘bcar en germen. Para emancipar a las masas trabajadoras, la cooperación debe alcanzar 'un desamollo nacional y, por consecuencia, ser jómentada por medios nacionales. Pero los señores de la tienta y los señores del capital se valdrán siempre de sus privilegios políticos para dg‘ender y perpetuar sus monopolios económicos. () La conquista del poder político ha venido a ser; por lo tan- to, el gran deber de la clase obrera”.|°
III
Hacia fines del siglo XIX, como señalamos, muchas de las experiencias coope- rativasfracasaron, pero otras en cambio se extendieron y prosperaron.
56 Navr'mbeleaooa
Si bien .Marx y Engels ya habían señalado los límites de los emprendimientos cooperativos, y la necesidad de que la clase obrera por medio de la revolución comunista liquidara las relaciones sociales capitalistas, el debate volvió a desa- rrollarse. En el seno del movimiento socialista surgió una corriente que plan- teó que las cooperativas de consumo y de producción junto con otros elemen- tos, ‘podrían ser vías para una transición pacífica y evolutiva hacia el socialis- mo. Esta corriente tuvo a su principal teórico en Bernstein, dirigente del ala derecha de la socialdemocracia alemana.
En un maravilloso trabajo, Refirrma o Revolución, Rosa de Luxemburgo ex- pondrá las enormes limitaciones de este planteo, su inconsistencia desde el punto de vista económico, y su carácter reaccionario desde el punto de vista político para la clase trabajadora:
“En lo que respecta a las cooperativas, muy particularmente a las de producción, repre- sentan, debido a su esencia interna, un algo híbrido dentro dela economía capitalista; una producción socializada en pequeño dentro del régimen capitalista de cambio. Pero en la economía capitalista el cambio domina a la producción, convirtiendo, en vista de la con- currencia, la aplotación desmedida, es decir el sometimiento completo del proceso de pro- ducción a los intereses del capital, en condición necesaria de' la empresa. "
Las cooperativas de consumo tienen ese carácter híbrido a su interior. Sin embargo, las condiciones generales del modo de producción capitalista impli- can la subsunción real del trabcy'o al capital.
Para sobreer en el marco de la desenfrenada competencia capitalista, las em- presas deben regirse por la tendencia a aumentar la plusvalía absoluta y funda- mentalmente la plusvalía relativa. Esto conlleva la necesidad, de introducir constan- temente innovaciones de orden tecnológico, y al mismo tiempo a intensificar la explotación capitalista como vía de aumentar la productividad del trabajo. En el mismo proceso, se incrementa la concentración de capitales, y el capital inicial necesa- rio como punto de partida para cada proceso de producción aumenta a su vez. Las pequeñas empresas capitalistas perecen o son absorbidas por otras más poderosas. Esta es la tendencia que de la competencia hace nacer al monopolio.
Las primeras cooperativas obreras, en cambio, se desarrollaron en un momen- to donde la subsunción del trabajo al capital todavía era formal, y las jbrmas de orga- nización del trabajo mismo tenían más que ver con la antigua producción artesanal o de pequeños talleres que con las grandes industrias capitalistas modernas.
En las nuevas condiciones del modo de producción capitalista las coopera- tivas se enfrentan a- contradicciones más agudas.
“Por ello en las cooperativas de producción se da la necesidad contradictoria de que los trabry'adorrs, dueños dela empresa, han de regirse con todo rigor, incluso contra si mismos, para poder desempeñar el papel de empresarios capitalistas. En ata contradicción perece la
Cmfirmsúlsur 57
cooperativa de producción, retrocediendo hacia la empra'a capitalista, o disolviéndose, en caso de que los intereses de los obreros fueran másjuertes. "20
Respecto de las cooperativas de consumo, podrán asegurar su existencia dentrode la eConomía capitalista sólo si por algún medio logran escapar a és- ta contradicción obviando las leyes de la competencia. Yesto será posible sólo si des- de el inicio cuentan con un mercado de consumo asegurado, al que no puedan in- gresar el resto de las empresas capitalistas. Y así las cooperativas de producción, ligadas a las cooperativas de consumo podrán encontrar un mercado también para sus productos.
Sin embargo, las contradicciones son más que evidentes. En primer lugar, to- das las ramas más importantes de la producción capitalista quedan excluidas “a priori”. ¿O cómo encontrarían un “mercado de consumo cooperativo” las gran- des empresas siderúrgicas, metalmecánicas, petroquími- cas, de construcción, de maquinarias, etc.?
En segundo lugar estos pequeños círculos de consumo asegurados para las cooperativas sólo podrían lograrse a niveles locales, prescindiendo del mercado mundial. “Es decir; según su esencia, supondrán un retroceso desde la produc- ción mercantil del alto capitalismo a la producción medieval”.21
Los “remedios de reforma social” de la corriente socialista encabezada por Bernstein se manifestaban co- - mo incapaces de transformar el modo de producción capita- lista. A lo más que llegaban era a un intento de-disputar a los grandes capitalis- tas una parte en el reparto del beneficio total. Es la renuncia a luchar contra la forma capitalista de producción, limitando los objetivós socialistas a un intento por
obtener algunas migajas en la distribución de las riquezas generadas por la so- ciedad. La perspectiva socialista se transforma, de una lucha concreta contra el sistema capitalista en un ideal ético pronosticado por los “intelectuales socia- listas” para un futuro muy lejano.
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Explotación y valorización en el proceso. de trabajo
I
En el terreno del mercado capitalista, en las relaciones de intercambio, tanto los obreros como los capitalistas, o los comerciantes cualquiera, se enfrentan como iguales: vendedores y compradores de mercancías que se intercambian de acuerdo a su valor, o sea de acuerdo a la cantidad de trabajo socialmente ne- cesario incorporado en ellas.
Pero entonces, ¿cómo se deriva la desigualdad de la igualdad?
58 NaHeMbmairaaoa
Para develar este “secreto” del capitalismo, Marx se adentra en el terreno de la producción. Será allí donde lo igual se transformará en fuente de la desigual- dad, donde los valores que ingresan al proceso productivo darán como resul- tado de este mismo proceso, una magnitud acrecentada de valor. Y la apropia- ción de este plusvalor por los capitalistas será el carácter específico del moderno modo de producción.
Por eso, en nuestra época, “La lucha de clases no es otra cosa que la lucha por la plusvalía. Quien posee la plusvalía es el dueño de la situación, posee la riqueza, po- see el poder del Estado, tiene la llave de la iglesia, de los tribunales, de las ciencias y de las artes.”22
¿Cómo sucede este fenómeno particular, y tan vital para el capitalismo? Si el capitalista compra mercancías, materias primas, medios de producción y fuerza de trabajo a su valor, ¿cómo recibe luego un valor acre- centado? Esto sucede porque una de esas mercancías no es igual a las otras. La jueza .de trabajo del obrero que se vende de acuerdo a su valor, posee la propiedad gloriosa que no tienen ninguna de las otras: su valor de uso, el tra- bajo mismo, es fuente de creación de nuevos valores. Co- mo el capitalista compra esta fiJerza. de trabajo mediante un contrato que asegura una jornada de trabajo extensa, de
_ . ' _ _ .L‘Et Poor la drferencra entre el tiempo de traba/o necesano para solven- Los ronss
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tar el valor de la fuerza de trabajo y el resto de la jornada laboral surge el plusvalor, apropiado por el capitalista. Es tiempo de trabajo ex- cedente del obrero que no se le paga.” La experiencia de los obreros de Zanón develó rápidamente este “secreto” de la producción capitalista. Los obreros de- mostraron, según sus propios cálculos, que en dos días de producción alcanza- ba para generar el equivalente a los salarios de los obreros por todo un mes.
El proceso de producción capitalista, es la unidad inmediata de dos procesos: del proceso de trabajo real y del proceso de valorización (o creación de plusvalía) .24 Y el proceso de valorización del capital no puede desarrollarse sino encarnado en este proceso de trabajo concreto.
Dentro del proceso de producción es el trabajo vivo el que impulsa como fuerza de trabajo una transformación de valores de uso en otros valores de uso, acrecentando su valor. Pero esta fuerza de trabajo ingresa al proceso de pro- ducción como una mercancía más, comprada por el capitalista y considerada —al igual que las materias primas o los instrumentos-de trabajo- tan sólo como una parte del capital.
Al desarrollarse de este modo, se asienta una visión —falsa- que naturaliza la existencia del capital. Como el capital necesariamente aparece corporizado du-
Cuadmras delSur 59
rante el proceso de producción en los medios de producción —medios de tra- bajo y objetos de trabajo-, y como éstos existen ya como mercancías antes de ingresar al proceso productivo; “se llega a la conclusión de que todos los medios de producción son potencialmente y en la medida en que funcionen como medios de produc- ción; realmente (actu) capital; y por ende de que el capital es un elemento necesario del proceso laboral humano en general, abstracción hecha de toda forma histórica del mis- mo; y por lo _'tanto.de que el capital es algo eterno y condicionado por la naturaleza del tra- bajo humano”!-5
Se considera al capital como una cosa, que desempeña en el proceso de pro- ducción el rol de una cosa. Se oculta que el capital es en primer lugar una relación so- cial entre los hombres.
Porque identificar a los medios de producción con el capital mismo, es una falsedad absoluta. El capital necesita a los medios de producción para existir, pero no a la inversa.
Es como si un economista, de golpe transportado a la antigua Grecia, al ob- servar el proceso de trabajo en el campo tuviera que responder a la pregunta ¿qué es un trabajador? y entonces dijera: “un esclavo”. Que los trabajadores fueran esclavos en Grecia no determina que sea esa la “esencia” del trabajo. Del mismo modo: del hecho de que el trabajo asalariado y el capital dominen en nuestra época no puede desprenderse su “naturaleza eterna”.
La experiencia de la gestión obrera directa, como en Zanón, Brukman y otras, cuestiona esta “naturalidad” del capital. Por eso son enormes las poten- cias que se desencadenan, partiendo de la actividad concreta que llevan ade- lante los trabajadores produciendo sin patrones.
II
En estas experiencias se despliegan elementos anticapitalistas, que por lo tanto ponen en cuestión la alienación capitalista.
“La dominación del capitalista sobre el obrero es por consiguiente la de la cosa sobre el hombre, la del trabajo muerto sobre el trabajo vivo, la del producto sobre el productor; ya que en realidad las mercancías, que se convierten en medios de dominación sobre los obreros (...) no son sino meros resultados del proceso-de producción, los productos del mismo”.26
El mismo proceso de enajenación se da por ejemplo en la religión, la conver- sión del sujeto en objeto y viceversa. Históricamente, este proceso se muestra como una transición necesaria para imponer por medio de la violencia la crea- ción de una multiplicada riqueza social, con el desarrollo de las fuerzas produc- tivas, de la industrialización a gran escala, la ciencia, la técnica, y la propia clase obrera moderna. Esta es la .n‘íbase material de una sociedad humana más libre”.
60 Novünrbrerkaoaa
Bajo las relaciones capitalistas, la enajenación se extiende al conjunto de la sociedad, incluyendo a la burguesía —como agente del capital- y atraviesa todas las relaciones, no sólo económicas, sino políticas, culturales, y personales.
Sin embargo, para el obrero “se trata del proceso de enajenación de su propio tra- bajo. Aquí el obrero 5rd desde un principio en un plano superior al del capitalista, por cuanto este último ha echado raíces en ese proceso de enajenación y encuentra en él su sa- tisfacción absoluta, mientras que por el . contrario el obrero, en su condición de víctima del promo, se halla de entrada en una situación de rebeldia y lo siente como un proceso de avasallamiento.”27
El proceso de alienación que en el capitalismo atraviesa al conjunto de las relaciones entre los hombres, tiene su arranque en la forma específica de la pro- ducción capitalista, la producción de plusvalor y su apropiación privada.
En el proceso-de producción esa enajenación se expresa en una múltiple in- versión: cuánta más riqueza genera el obrero con su trabajo, su miseria aumen- ta; cuanto más se desarrollan las fuerzas productivas y se le gana “al viejo Cro- nos en su propio terreno”, más agotadora y larga se vuelve la jornada de traba- jo sin disponer el obrero de tiempo libre para su regocijo. Cuanto más se ma- quiniza la producción, en vez de liberarse de las cargas del trabajo, el obrero se convierte en un apéndice de las máquinas, con el consiguiente deterioro físi- co y espiritual. Más rutinario y determinado se vuelve su trabajo cuánto más se acumulan los capitales. Cuánto más largo, y desagradable sea el trabajo asig- nado, menos se les paga a los trabajadores que lo desempeñan, que “apenas pueden comprar el derecho a no morir”.
Todas estas consecuencias parten del carácter del proceso productivo. “De- tenninadas por el hecho de que el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un objeto extraño. (...) El trabajador pone su vida en el objeto, pero a partir de en- tonces ya no le pertenece a él, sino al objeto. () La enajenación del trabajador en su pro- ducto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia ex- terior; sino que acrstefitera de e'l, independiente, maraña, que se convierte en un poder in- dependiente fiente a él, que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa ex- traña y hostil. "23
Marx señala que esta enajenación es la que oculta la Economía Política, dado que no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la pro- ducción.
Hasta el momento se ha considerado la enajenación respecto del producto de su trabajo. “Pero el extrañamiento no se muestra sólo en el resultado, sino en el acto de la producción, dentro de la actividad productiva misma”. “El produc- to no es más que el resumen de la actividad de la producción. Por tanto, si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enaje-
Cvaalams deISur 61
nación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación.”¿9 Con el desarrollo del modo de producción capitalista esta enajenación al- canza grados mostruosos cuando las relaciones capitalistas dominan el conjun- to de la sociedad. Las fuerzas productivas sociala del trabajo se incrementan: mediante la cooperación, la división del trabajo, las máquinas, la aplicación de las ciencias naturales a la producción, la química, la mecánica, así como los tra- bajos a gran escala, la informática, las telecomunicaciones, la biotecnología, la ciencia de conjunto. Y este producto general del desarrollo social se presenta “como fuerza productiva del capital, no como fiierza productiva del trabajo, o sólo como fuerza productiva del trabajo en cuanto éste es idéntico al capital, y en todo caso no como jueza productiva ni del obrero individual ni de los obreros combinados en el proceso de produc- ción. La místificación implícita en la relación capitalista general se desarrolla ahora mu- cho ma's de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción pu- ramentejormal del trabajo en el capital. “30 Es evidente, pues, que la experiencia de la gestión obrera al interior de una
fábrica, no puede lograr superar esta alienación general intensificada en el modo de producción capitalista. Dado que los obreros no pueden controlar desde una fábrica el conjunto de esas fuerzas productivas que seguirán oponiéndoseles co- mo extrañas en tanto perdure la hegemonía de las relaciones capitalistas, el po- der burgués en la sociedad. La superación íntegra de la alienación capitalista só- lo puede alcanzarse si la clase obrera logra apoderarse de esa plétora de fuerzas productivas en sus máximos niveles de desarrollo. La abolición de la propiedad pri- vada sólo es el primer paso necesario en el camino de liquidar toda alienación. Roto el chaleco de fuerzas de la propiedad privada, del máximo desarrollo de las fuerzas productivas podrá surgir el manantial de las riquezas.
III
Sin embargo, al interior de la fábrica ocupada y puesta a producir bajo con- trol obrero, empiezan a superarse aspectos de esa alienación en el proceso de trabajo. Aparecen allí gérmenes de comunismo. Plantearé esquemáticamente al- gunos elementos centrales de este proceso, basándome centralmente en la ex- periencia de Zanón, y otras.
a) Uno de los elementos en que se funda el proceso de producción capi- talista, es en la separación entre las condiciones objetivas del trabajo y la capaci- dad viva de trabajo. El trabajador, privado de medios de producción y de me- dios de subsistencia, la única mercancía que posee es su fuerza de trabajo que vende al. capitalista mediante el contrato laboral.
En Zanón, al producirse la ocupación de fábrica y la gestión de la misma
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por sus obreros, ellos expropiaron de hecho —rompiendo la legalidad capitalis- ta- algunos de esos medios de trabajo. Aunque otros medios de trabajo, como la materia prima, sigue perteneciendo a los capitalistas, lo mismo que los me- dios de subsistencia de las familias obreras que deberán adquirir en el merca- do mediante sus salarios. Pero en el caso de Zanón, las máquinas y el predio han sido expropiados en los hechos por los trabajadores. Dado el capital fijo acumulado en estos elementos, cuentan a su favor con un valor acumulado que en este momento ya no pertenece a un capitalista sino a los propios obre- ros asociados. Por otro lado, en el caso de Zanón, ellos consiguieron con el fa- llo de lock-aut ofensivo que decretó la justicia, la expropiación de un 40% del stock acumulado, que utilizaron para el pago delos salarios adeudados e ini- ciar la producción. En el caso :del Tigre de Rosario, también hay una expro- piación “de hecho” del predio y algunas máquinas, pese a que el vaciamiento anterior de los patrones fue enorme. Ellos reclaman actualmente que se lega- lice la expropiación sin indemnización del predio.
Nfientras que en una fábrica controlada y dirigida por los capitalistas, los medios de producción se presentan “como medios para la explotación del tra- bajo ajeno”, en el caso de las fábricas ocupadas y gestionadas por sus trabaja- dores los medios de producción se convierten en simples medios para la rea- lización del trabajo, o en todo caso, para la explotación del trabajo propio.
b) Al controlar el proceso de producción, los obreros de Zanón no buscan, como lo hacía la patronal, aumentar sin detenerse ante nada sus propias ganan- cias. Por el contrario, han fijado un límite a sus salarios al nivel de un salario digno, y en vez de imponerse condiciones de sobre explotación, discuten co- mo mejorar la organización del trabajo en su beneficio. El salario en Zanón ac- tualmente es de 5800.
c) Los aspectos de ruptura con la alienación se expresan como una irrup- ción de la- creatividad obrera respecto al trabajo. En Zanón, durante las jornadas de trabajo” realizadas en la fábrica los obreros discutieron los problemas que enfrentaban en la producción. Allí pudo notarse la iniciativa y creatividad de los obreros que, considerando que trabajan para ellos mismos, comenzaron a plantear nuevas formas de organización del trabajo e incluso la posibilidad de rotación entre diversas tareas.
Porque en la producción controlada absolutamente por el capitalista, al pro- pio trabajador se le vuelve indiferente la naturalezavconcreta de su trabajo, convertido solamente en un medio para su subsistencia. En cambio, en la producción con- trolada por los obreros, el carácter particular de su trabajo cobra otro sentido.
CuaderuasdeISur H 63
Al ingresar a trabajar en una empresa capitalista normal, un cartel advierte, como en las puertas del infierno: “Al cruzar éste umbral, abandonad toda es- peranza”. El despotismo patronal durante el proceso de trabajo busca conver- tir aI obrero en un apéndice de la máquina, o un engranaje más en el proceso productivo. El control obrero de la fábrica comienza por hacer jirones ese mandato, y coloca un nuevo lema en las puertas de la producción: “nosotros somos los dueños de nuestro propio destino”.
d) En la producción capitalista normal, el proceso de cooperación quo se pro- duce dentro de la unidad de producción entre diversas funciones (personifi- cadas en ingenieros, técnicos, obreros manuales de diversos oficios, peones, coordinadores del trabajo, etc.) se les aparece a los obreros como propiedad del capital. “Así el carácter social de su propio trabajo, el carácter social que las condicio- nes de producción han asumido en cuanto condiciones de producción colectivas del traba-
jo combinado aparece como capitalista, como trabajo inherente a estas condiciona de pro- ducción en cuanto tales, independientemente de los obreros.32
En Zanón, mediante las jomadas de discusión de la producción, las asambleas, la elección de coordinadores de producción, y de cada área de la misma, los tra- bajadores destrozan esta mistificación del capital, mostrando como su contra- cara la posibilidad de un obrero colectivo que gestione la producción.
e) Es muy importante la colaboración brindada por ingenieros y técnicos que se han sumando solidariamente a la lucha de los trabajadores de Zanón. Dado que es en la aplicación de la ciencia donde más se desarrolla la mistifi- cación del capital. En, condiciones normales de producción capitalistas, su aplicación se realiza completamente separada del saber y la destreza de los obreros. En cambio la colaboración de los ingenieros o técnicos en la fábrica gestionada por sus trabajadores implica la aplicación de la ciencia en un pro- ceso controlado por los mismos obreros. En el caso del supermercado Tigre de Rosario también han recibido la colaboración de es- tudiantes. Es muy significativo el-hecho de que estu- gij sr, ¡,1 .diantes de 'la Facultad de Humanidades pusieron en l " funcionamiento un centro cultural en las instalaciones del supermercado, con charlas, teatro, cine”, talleres, una biblioteca en formación y diversas actividades. Así lograron agrupar en el Centro Cultural La Toma a cen- tenares de jóvenes y artistas solidarios con el proyecto de los trabajadores.
En el caso de Brukman se ha formado una comi-
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64 t Nm'errrhedeaaoa
sión de planificación económica con estudiantes de la UBA, impulsada por En Clave qua.
La capacidad que demuestran los obreros de Zanón en una fábrica de alta complejidad, en condiciones de ile- galidad, y sometidos a la presión del boicot patronal j un- to al gobierno y la vieja burocracia sindical, señala la po- tencialidad de la clase obrera para hacerse cargo de la ges- tión del conjunto de la producción capitalista. Demues- v tra palmariarnente que el papel de los capitalistas no es necesario para la moder- na producción de las riquezas, sino por el. contrario, que sólo juegan un rol pa- rasitario de la misma, apropiándose del trabajo ajeno.
IV
Pero en toda producción de plusvalor capitalista, ésta debe llegar a realizar- se para poder ser apropiada efectivamente. Si la plusvalía robada por el capita- lista alos obreros nose realiza en el mercado mediante la venta del producto, en vano habrá sido el proceso productivo.
Aquí entramos en un terreno que supera al de la producción directa, e in- gresamos al terreno de la circulación y la distribución. Y el proceso total de producción capitalista implica necesariamente todos estos momentos para lle-' gar a su fin, la obtención de la- ganancia.
Los obreros que gestionan su fábrica, en el terreno de la comercialización vuelven a encontrarse desposeídos. Ya que si bien poseen los productos como propios, que pueden vender, no son dueños de las condiciones generales de com- pra-venta capitalistas, no controlan el mercado. Y es allí donde las mayores contradicciones se les presentan a los trabajadores que gestionan la produc- ción. Tanto en la venta de sus productos, como en la compra de las materias primas. Más aún, porque las condiciones del mercado no son neutrales en ab- soluto, sino que tienen un definido carácter de clase. Y la clase de los capitalis- tas no les va a facilitar este terreno a los obreros rebelados contra el capital en una fábrica. Los propios capitalistas expropiados, como los Zanón, actúan me- diante sus relaciones personales y de clase para boicotear la producción de los obreros. El estado provincial y nacional adiciona obstáculos, dejando a los tra- bajadores en el terreno de la ilegalidad.
La creatividad de los obreros vuelve a aparecer,v.mostrando que incluso és- tos obstáculos pueden ser superados parcialmente. De hecho, como nos expli- caba un trabajador de Zanón, el coordinador de compras, “los capitalistas tam- bién venden y compran en negro” por lo que esta vía se presenta como facti-
Crrademosdelsur 65
ble. Además, los capitalistas que poseen intereses colectivos como clase, al mismo tiempo deben dar lugar a sus intereses individuales, lo que permite que algunos se interesen en comprarles cerámicos a los obreros de Zanón a un precio por debajo del medio del mercado.
Pero es evidente que esta situación no puede perpetuarse indefinidamente. Éste es uno ‘de los hechos que hace más contradictorio el planteo de l'os‘ que quieren asentar a estas fábricas ocupadas como cooperativas. Ni que hablar de si las fábricas bajo control obrerovpertenecieran a ramas de la producción como el petróleo o la siderurgia. Allí, el terreno de la comercialización de los produc- tos se convertiría en un verdadero infierno para los trabajadores insurrectos.
Por este hecho tan concreto, junto con otros elementos no menos impor- tantes, es que los trabajadores de Zanón reclaman la estatización de la fabrica ba-
jo control obrero. Para que sea el estado el que garantice la compra de los produc- tos, mediante un plan de obras públicas.
En el caso del supermercado Tigre de Rosario, han establecido lazos y acuerdos con más de 30 microemprendimientos y cooperativas de la región para vender sus productos en el supermercado. Actualmente proyectan insta- lar una “galería de las luchas" donde se exhiban los productos de las distintas fábricas ocupadas y también permita su. difusión.
Sin embargo, aún en este caso, son conscientes los trabajadores de que pa- ra instalar un verdadero mercado comunitario necesitan en primer lugar la ex- propiación efectiva del predio, sin indemnización, y alguna financiamiento es- tatal para poder solventar la inversión necesaria. Al cumplirse un mes de pues- ta en funcionamiento del mercado informan que hasta ahora han llevado ade- lante el proyecto con el equivalente a 6,5 planes Trabajar. Demostrando así que con el dinero destinado a miserables planes Trabajar sería posible abrir miles de nuevas fuentes de trabajo genuino.
En el II Encuentro de Fábricas Ocupadas el 7 de septiembre en Brulonan se resolvió de común acuerdo entre los trabajadores de Zanón y de Brulqnan, que luchan por la estatización bajo control obrero, y otros trabajadores de em- presas convertidas en cooperativas, el reclamo de la “expropiación de las má- quinas y los predios” y que “el estado se comprometa a comprar los produc- tos, su comercialización, así como un subsidio para la compra de materias pri- mas” en todas las fábricas puestas a producir por sus trabajadores.
V
El proyecto de estatización bajo control obrero que agrupa a un polo de fá- bricas bajo gestión obrera directa alrededor de Brukman y Zanón, implica un profundo contenido social en la lucha de esos obreros.
66 Y Nm'embrelmooa
Dado que no ubican como fin el constituirse en una empresa cooperativa, sino que la gestión obrera aparece como un medio de lucha proletaria contra la crisis capitalista existente. Esto marca un avance cualitativo en la conciencia obrera que emerge de estas experiencias. El control directo de la producción no es el momento de culminación de la lucha, sino el inicio de la misma. Los trabajadores de Zanón en. numerosas entrevistas expresan esto de un modo sencillo: “Nosotros tenemos dos pilares en nuestra lucha. Uno, fundamental, es la producción. Para poder subsistir. Pero el otro pilar es la coordinación con Otros sectores y nuestroproy'ecto de estatización bajo control obrero.”33 La su- peración de la división entre economía y política en el seno de estas experiencias avanzadas señala el surgimiento de una nueva subjetividad de clase, un salto en la conciencia obrera muy importante.
Y el proyecto de un plan de obras públicas liga la lucha de los trabajadores de esas empresas con el conjunto de la comunidad. Los trabajadores de Brukman han planteado la posibilidad de fabricar delantales y guardapolvos para las es- cuelas. Y también sábanas y barbijos para la clínica que fue ocupada por asam- bleístas de la ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de brindar asistencia mé- dica a las fábricas gestionadas por los trabajadores
En el caso de Zanón, el más avanzado, esto se ha expresado en una profun- da unidad con el MTD de Neuquén. Un movimiento de desocupados comba- tivo que lucha por trabajo genuino y que levanta como reivindicación propia la estatización de Zanón bajo control obrero. Es ampliamente conocido el he- cho de que 20 desocupados de diferentes organizaciones de la región han in- gresado a trabajar en la fábrica controlada por los obreros.
El surgimiento de la Coordinadora del Alto Valle, en Neuquén, que agru- pa a una varios sindicatos combativos junto a listas opositoras a la burocracia, estudiantes y desocupados, también es un hecho novedoso, subproducto de la heroica lucha de los ceramistas por superar las barreras de los viejos sindi- catos y lograr una verdadera unidad con los trabajadores y sectores en lucha de la región.
¿Estatización o autonomía?
I
Llegamos así a uno de los planteos que hicimos al inicio de este trabajo: la discusión acerca de las diversas modalidades que han elegido los trabaja- dores para las empresas ocupadas. Actualmente, diversos periodistas o inte- lectuales han comenzado a dar cuenta de este debate como una polémica en- tre la “estatización” o la “autonomía”. En realidad no es ésto, sino la diferen-
Cma'nmdd 67
cia entre los proyectos de cooperativas como fin o los proyectos de estatización bajo control obrero que es parte del programa de lucha los obreros de Zanón y de Brukman.
La corriente del MNER liderado por la iglesia y el peronismo, plantea la “in- dependencia respecto al estado” en la cooperativa. Es claro que en este caso la “autonomía” no implica ninguna intención de enfrentar al capitalismo, sino simplemente la de integrarse en su seno. Es una corriente abiertamente defen- sora del capitalismo.
Sin embargo existen otras corrientes políticas que ven en las cooperativas una forma de lograr un “comunismo alternativo”, que por su propia expan- sión logre forjar una alternativa al capitalismo. Ytambién hay algunas corrien- tes autonomistas o autogestionarias, que se oponen al reclamo de estatización bajo control obrero.
Ahora bien, ya plantearnos que una de las mayores contradicciones que se les presentan a las fábricas gestionadas por sus obreros aparece en el terreno de la comercialización y la compra de materias primas. Dado que las materias pri- mas ingresan al proceso productivo no sólo como medios de trabajo sino como medios de valorización, como mercancías. Y dado que los bienes producidos por los obreros deben venderse para que ellos puedan disfrutar de su valor, vivir dignamente y poner en marcha un nuevo ciclo productivo. Las relaciones ca- pitalistas persisten al interior de la' fábrica ocupada por los obreros, que no pue- den obviar estas relaciones capitalistas generala.
La discusión de los que plantean que mediante la estatización los obreros perderían su “autonomía”, se demuestra fa‘lsa en varios sentidos. En primer lu- gar porque la autonomía lograda en las fábricas ocupadas y gestionadas por los proletarios, en el marco de la subsistencia de las relaciones capitalistas generales, es muy relativa. En segundo lugar porque los trabajadores de Zanón y Brukman no plantean una estatización burguesa de las plantas, sino que luchan por la esta- tización bajo control obrero.
H
La lucha por la estatización bajo control obrero, es un proyecto que impli- ca una lucha contra el estado, por imponerle que garantice las vías para la so- cialización del trabajo de las fábricas ocupadas mediante la comercialización de los productos y su aplicación para planes sociala.
Pero en un momento en que el estado “abandona posiciones”, ¿no es una contradicción absoluta pretender la estatización las fábricas? Como los propios trabajadores de Zanón han planteado una y otra vez, el estado provincial neut- quinoya ha subsidiado mediante fondos de la comunidad a la patronal privada, en
68 Nambabredevzooa
una suma de varias decenas de millones de dólares. Aún más, la empresa con- tó con subsidios especiales para el consumo de luz y otros servicios. Respecto al estado nacional, éste implementó en el último período distintas vías de es- tatización de las deudas privadas. No es un impedimento esencialmente econó- mico el que impide la estatización de las fábricas, sino que es fundamentalmen- te político. Como subproducto de la lucha de clases, la estatización de una fábri- ca o ramas enteras de la producción no es un imposible. Decenas de experien- cias históricas lo muestran.
Pero si la estatización es una respuesta burguesa a la lucha de clases ofensi- va del proletariado y sus aliados, los capitalistas intentarán por todos los medios impedir el control obrero efectivo en esas empresas. Deberán permitirlo si la situación lo impone, mientras al mismo tiempo buscarán derrotar el proceso revolucionario abierto. Mediante los “cantos de sirena” de las concesiones in- tentarán frenar y desarmar la lucha de clases, para imponer por fin mediantevel látigo directo del capital y sus fuerzas represivas un retroceso a un equilibrio anterior. La experiencia chilena, por dar tan sólo un ejemplo, lo muestra clara- mente. La lucha por la estatización bajo control obrero de una planta o de de- cenas de fábricas es una medida transicional que se engarza de este modo a un proceso de lucha revolucionario contra el poder burgués en toda la sociedad. Demuestra la íntima relación entre economía y política, y la necesidad de la cla- se obrera insurrecta de dotarse de una perspectiva de poder.
III
La “autonomía” de las cooperativas, desligada de una lucha política contra las condiciones generales capitalistas, se convierte en un medio para la sobrevi- vencia de estas relaciones de explotación.
Cuando las cooperativas venden sus productos lo hacen inmersos en la competencia con otras empresas capitalistas. Nuevamente el obstáculo de la dis- tribución surge rebelándose contra la producción, porque el mercado de consu- mo capitalista en condiciones de profimda recesión económica como hay en la Ar- gentina, lejos de expandirse se ha reducido. Si para ganar en esta competencia, la cooperativa vende por debajo de los precios del mercado, puede salvar su si- tuación momentáneamente, pero seguramente llevando a la quiebra o al cie- rre' a las empresas de la competencia. Si cientos de trabajadores quedan en la calle por este motivo, es claro que la c00perativa no será una solución para la clase trabajadora de conjunto.
Solamente destinando esos productos a necesidades sociales, a fines no regidos por la ganancia, podría darse lugar a un mercado de consumo efectivo. La ne- cesidad de la planificación social racional del conjunto de la economía se presen-
Cuaa'mm ablSicr 69
ta así como una cuestión de vida o muerte para la clase trabajadora y el resto del pueblo pobre.
“La abolición dela propiedad privada de losmedíos de producción es el primer pre-re- quisito para la economia planificada, es decir, para la introducción de la razón en la ¿9%- ra de las relaciones humanas, primero en una escala nacional y, finalmente, en una esca- la mundial”34
Mientras que el control obrero enfrenta el despotismo patronal al interior de la fábrica, es necesario trascender esas fronteras para enfrentar la anarquía de la producción capitalista. Solamente mediante un plan económico racional podrían ponerse en marcha las ruedas de la producción. De este modo no se- ría un sueño la utopía de poner a funcionar las miles de fábricas cerradas, mo- dernizar las que están obsoletas, abrir otras nuevas. Para trazar nuevos carrii- nos y vías férreas, llevar las comunicaciones a todas las regiones, y garantizar los servicios mínimos de agua, gas, luz en todas las barriadas del país. Cons- truir viviendas, hospitales, escuelas y universidades, abriendo centenares de miles de puestos de trabajo. Escuelas de oficio para capacitar a los jóvenes que nunca tuvieron empleo, universidades con salarios docentes dignos y becas para los hijos de los trabajadores. Para aumentar los presupuestos de salud, educación y las jubilaciones de los ancianos. Y sólo estamos hablando así, de conquistar una vida digna para millones.
Pero para liberar a la técnica de la intriga de los intereses privados y colocar al gobierno al servicio de la sociedad es necesario “expropiar a los expropiadores”.
“Unicamente una clase poderosa, interesada en su propia liberación y opuesta a los ex- propiadores monopolistas es capaz de realizar esta tarea. Unicamente unida a un gobier- no proletario podra' construir la clase calficada de los técnicos una economía verdaderamen- te cientg'fica y verdaderamente nacional, es decir; una economía socialista. ”
Claro que sería mejor para todos lograr este objetivo de manera pacífica y gradual. Pero nunca una clase dominante ha cedido su lugar en la historia sin oponer resistencia, y menos aún lo hará la decadente burguesía monopolista. “La fiierza es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva ”. La revolución comunista no será una excepción a esta conclusión tan simple de la historia.
Rosario, Octubre de 2002. josefinamar@hotmail.com
Notas
1 Dirigentes del sindicato ceramista de Neuquén, de la fábrica Zanón, Cerámica del Va- IIe y de la planta Stefani de Cutral Có (aquella ciudad del sur argentino donde años atrás los
7o Nawembmdeaaoa
'fogoneros" dieron inicio a los primeros piquetes en la ruta), Clínica Junín y Flexicoop de Cór- doba, Imprenta Chilavert, Supermercado Tigre, Frigorífico JJ. Gómez de Río Negro, Coopera- tiva El Aguante (ex panificación 5), Fábrica tomada Flash, Cooperativa general Pehuel, Meta- lúrgica Renacer.
Junto a ellos están los trabajadores mineros de Río Turbio, Choferes de Río de La Plata, de Ia comisión fiscalizadora del Astillero Río Santiago y- otras decenas de representantes de lis- tas opositoras a la burocracia en diversos gremios. Se desataca también -|a presencia de los movimientos de desocupados que luchan por trabajo genuino, el MTD de Neuquén, y de- legaciones del MTD de Solano y Allén.
2 Informe de H. Zamboni al Confederal de abogados de la CTA.
3 Informe de Gigliani, economista del EDI. Charla en Rosario, Septiembre de 2002.
4 Esta es la propuesta que llevó la CCC el 24 de agosto de 2002 a Brukman para ser te- nida en cuenta, propuesta que esta corriente llevó adelante en el Ingenio La Esperanza de Jujuy.
5 Sobre el fenómeno del cooperativismo debemos separar en primer lugar lo que son las cooperativas consolidadas como empresas capitalistas, de las cooperativas obreras que hoy están emergiendo como respuesta ante la crisis. Sancor, por ejemplo, es una coopera- tiva, pero de productores lecheros del campo, que se ha convertido en una de las empre- sas ubicada en los niveles altos de la facturación capitalista y que contrata masivamente ma- no de obra asalariado extrayéndoles plusvalía como cualquier otra empresa capitalista.
5 Pueden rastrearse formas de cooperación pre-capitalistas, desde las sociedades de ar- tesanos de la Edad Media, hasta las primitivas formaciones de trabajo comunales en la an- tigüedad. El excelente trabajo de Iñaki Gil de San Vicente "Cooperativismo obrero, consejis- mo y autogestión socialista.” publicado en la página electrónica Rebelion da cuenta históri- camente de estas experiencias y recorre la relación entre autogestión y consejos obreros a lo largo de todo el siglo )0(
7 English cooperation wholesale.
3 Engels, Del socialismo utópico ol socialismo científico.
9 Tomado de E. P. Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra.
1° Octubre de 1932.
ll "Si nuestros amigos de Birmingham se comprometen a vestirse con nuestras telas, no- sotros nos comprometeremos a cortar nuestro cordero y nuestro budln (cuando podamos comemos alguno) con sus cuchillos y tenedores; y a tomarnos la sopa y las gachas de ave- na con sus cucharas; y si nuestros hermanos de Londres hacen lo mismo, nos pondremos, tan pronto como sea posible, su pañuelos de seda alrededor del cuello." Lancashire y Yorle- hire Cooperator N" 2. Citado por E.P. Thompson, La formación de lo close obrero en Ingla- terra.
‘2 E.P. Thompson, Lo formación de lo clase obrera en Inglaterra.
'3 Periódico L’indicateur journal industriel de Lyon, artículos entre 1834 y 1835.
‘4 Ver, Pablo Constantini, "Mutuales y Cooperativas", en Historia del movimiento obrero, vol. l, CEAL
‘5 Movimiento combativo que luchaba por los derechos obreros al sufragio en Inglaterra, y otros derechos políticos.
15 1864.
‘7 Ver Resoluciones del l Congreso de la AIT reunido en Ginebra en septiembre de 1866
‘3 Owen, 1820.
‘9 Manifiesto Inaugural de la AIT, 1864.
2° Rosa Luxemburg, Reforma o Revolución, Ed. Nativa, Uruguay.
2‘ Rosa Luxemburgo, Reforma o revolución, Ed. Nativa, Uruguay.
22 León Trotsky, El pensamiento vivo de Marx.
23 ‘La función verdadera, específica del capital es pues, la producción de plusvalor, y es- ta, como se expondrá más adelante, no es otra cosa que producción de plustrabajo, apro-
CuadmrosdelSur Y i i 71
piación —en el curso de producción real- de trabajo no pagado, que se ofrece a la vista y objetiva como plusvalía” Marx, El Capital, Libro I, Cap.Vl inédito.
24 bio. 25 26 27 2a 29 30 3|
Así como la mercancia es la unidad inmediata entre el valor de uso y el valor de cam-
Marx, El Capitol, Libro I, cap. VI inédito.
Marx, El Capital, Libro I, cap. VI inédito.
Marx, El Capital, Libro I, cap. VI inédito.
Marx, Primer Manuscrito. Manuscritos. Ed. Altaya.
Marx, Primer Manuscrito. Manuscritos, Ed. Altaya.
Marx, El Capital, Libro I, cap. VI inédito.
Jornadas realizadas en la fábrica, donde los obreros discutieron en comisiones (de p0-
litica, de coordinación, de producción, etc).
32 33 34
Marx, El Capital, Libro I, cap. VI inédito. Declaraciones de Andrés Blanco en el programa de cable de PyE. León Trotsky, El pensamiento vivo de Carlos Marx.
Ebdaballo
Revista de politica y
cultura
Continuidades y cambios en el movimiento de ocupación fabril
Eduardo Lucita a nombre de Cuadernos del Sur conversó sobre la situación actual y sobre algunas experiencias históricas de control obrero con Angel Fanjul, abogado laboralista, militante del marxismo crítico y con Roque Moyano que supo ser activista y dirigente sindical en gremios como el panadero, textil, papelera, y que hoy es un activo militante asamblearia.
—Hay un movimiento general de ocupación de fábricas, producto la mayoría de las veces de la desesperación de la gente por quedarse sin trabajo. Ocupan, resisten, y luego comienzan a producir bajo alguna forma de gestión obrera. ¿Como ven este proceso que ya alcanza a más de un centenar de empresas y agrupa a unos diez mil trabajadores?
AF —Aunque no puedo decir que sea un problema generalizado en el país, este movimiento está mostrando el inicio de la maduración de una concien- cia, de una maduración hacia la solución de la crisis. Esta solución ¿pasa por resolver el pago de salarios, la ocupación, etc.? ¿o pasa por la puesta en funcio- namiento de las empresas que cierran sean privadas o estatales?
Aquí se combinan dos aspectos: por un lado es la culminación de una ex- periencia hecha con las privatizaciones, que tuvo como consecuencia la gene- ralización de la economía privada con cierta expectativa de la gente. Por otro lado, con la conclusión de esa experiencia, se da también el abandono de sus fábricas por las patronales.
En última instancia, tanto en aquella experiencia como ahora, se pone en tela de juicio la propiedad. Lo que ocurre es que en aquel entonces estaba en juego la propiedad estatal y hoy está en juego la pro- piedad privada, socialmente considerada.
Es decir que si bien no puedo afirmar que este es un'nivel de conciencia de toda la sociedad, si creo es- tá expresando que culmina una experiencia acerca de cómo resolver las crisis. Si estas se resuelven por la vía del sostenimiento de las actuales relaciones de producción o es necesario cambiar estas relaciones. En última instancia el movimiento obrero no esta
" 5:. Po r . ..¿msütlülglil
Cuadernosdelóur 73
planteando en general una reestatización, que es en parte una ideología de épocas pasadas, la estatolatría, que es parte de la tradición de la vieja izquierda revolucionaria. Yo percibo que no lo está planteando desde un punto de vista genérico, sino que lo que está planteando es una modificación del carácter de la propiedad. Esto es si debe primar la propiedad privada o la propiedad social generalizada.
—Creo entender que esto Ud. lo está planteando como un proceso obje- tivo.
AF —Claro, es un proceso que se está planteando en la realidad. Porque tam- bién es cierto que sectores de vanguardia, que se referencian en la izquierda or- gánica, están planteando la reestatización bajo control obrero. Pero yo creo que el movimiento obrero no comparte mucho esta posición, yo creo que está avan- zando a comprender que es necesario un nuevo tipo de relaciones sociales.
—Pero de todas formas, Angel, en estas fábricas ocupadas, salvo el ca- so de la minera Río Turbio en el sur, no hay ninguna fábrica reestatiza- da, porque siempre fireron privadas, incluso cuando se esta planteando la estatización con control obrero no me parece a mí que se trate de un proceso de estatización clásico. Es otro tipo de solución porque en la otra forma, la forma cooperativa, los trabajadores recaen en las relacio- nes sociales capitalistas. Hay aquí un fuerte debate, que por otra parte es un debate histórico.
AF —Claro, y es un debate que va a tener sus consecuencias, porque por ahora evidentemente ante la falta de trabajo la solución es la lucha por el fun- cionamiento de la fábrica, sea bajo la forma que fuere. La defensa de la fuente de trabajo es importante para el obrero, pero esta defensa como cooperativa implica reestablecer las relaciones sociales existentes, en esto estoy de acuerdo con lo que dices, y con lo que escribes en tu artículo.l Es decir que se mantie- ne la vigencia de aquellas formas que son las que provocan la crisis. Los traba- jadores no pueden resolver la crisis tomando en sus manos la producción des- de el punto de vista capitalista, sino que lo que está en juego. es el tipo de rela-a ciones, es'lla relación del trabajo, en última instancia, la emancipación del tra- bajo. Hay un análisis interesante, de una muchacha, josefina Martínez,2 de Rosario, que señala cómo estas formas cooperativas mantienen la forma alie- nada del trabajo.
Pero tenemos que ser claros, la comprensión de esta cuestión central es aún muy incipiente, porque entre otras cosas no hay una experiencia social gene- ralizada.
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RM —Si, yo comparto esto último que dice Angel, para mí en la situación política actual hay muchos elementos positivos, distintas experiencias que co- mienzan a entrelazarse, pero todavía hay muchos elementos defensivos. La ocupación de fábricas es uno de ellos, pero contradictorio, porque en su afe- rrarse a las máquinas los trabajadores avanzan.
Fijate que en décadas anteriores, los años ‘50 y los ‘60, hay muchísimas ocupaciones de fábrica, pero son muchas menos las que efectivamente son puestas en producción, esto que pasa ahora es un gran avance, producto de la profimdidad de la crisis del sistema.
Yo quisiera agregar que en todo esto hay un gran estímulo a partir del 19 y 20 de diciembre y del movimiento asambleario que nace allí, que ha oxigena- do todo el proceso. Que está" introduciendo una nueva cultura política, en las formas de hacer política, y está haciendo reflexionar al movimiento obrero, tanto al desocupado como al ocupado.
-¿Y como relacionas esto con el movimiento de ocupación febril?
RM —iClaro que esto está relacionado con las ocupaciones! Porque en las asambleas de esas fábricas, en los comités de solidaridad, participan las asam- bleas barriales, participa el barrio, participa la gente, y esto es lo nuevo. Porque asambleas en el movimiento obrero h‘ubo siempre, pero no como ahora, no de esta forma. Ahora se hacen con la mayor participación y la menor delegación posible.
Claro que esto, tanto en las asambleas barriales como en la ocupaciones choca con la posición de muchos partidos de izquierda, que en lo concreto cuestionan esta practica democrática y autónoma, sus formas de intervención producen choques de intereses y fricciones. Esto se expresó en las discusiones por los actos del 1° de Mayo, y después también. Rompimientos, expulsiones, luchas estériles por la hegemonía.
No hay una verdadera comprensión de lo que significa, luego de tantos años de ataduras, la independencia y la autonomía del movimiento, su poten- cialidad, que es lo verdaderamente nuevo.
Fijate vos la cuestión de la solidaridad, hoy no es solamente declarativa, no es solamente firmar un documento o una solicitada, tampoco es necesario ha- cer una asamblea en el barrio para saber si se acerca solidaridad o no. El caso Brukman es un ejemplo, un simple llamado telefónico bastó para que los ve- cinos de numerosas asambleas rodearan 'a la fabricade una solidaridad activa, neal y efectiva. Entiendo que en Zanón pasa lo mismo y por lo que vos nos contas algo así también está pasando en Grissinopoli.
Es que la solidaridad es un acto conciente que responde a una necesidad
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concreta, y de ahí surgen otras articulaciones con los otros movimientos. El sistema no logró, a pesar de los esfuerzos de los CGP3y de partidos del régi- men, domesticar a las asambleas, no logró utilizar a los desocupados contra los ocupados, en ésto hemos avanzado. Se avanza en la lucha por la autono- mía de los aparatos sindicales y políticos. I-on las tomas de fábrica y puestas en produccióm están avaladas por las asambleas, que las apuntalan en esta for- ma de resistencia. Se avanza cuando se toman medidas para apoyar a los pi- queteros y estos a su» vez para apoyar a los que ocupan. Todavía no se desarro- lló una política para los trabajadores ocupados pero creo que esto está embrio- nariamente en la cabeza de la mayoría de los que militamos en estas experien- cias sociales.
—Angel, desde esta perspectiva me interesa recuperar el caso que se- guramente Ud. conoce muy bien, que fue muy importante en los pri- meros años ‘70 en Francia, el caso de la fábrica de relojes Lip. ¿Qué re- cuerda, qué conclusiones saca de aquella experiencia que impactó a toda Europa, y que también llegó por estas geografíasl
AF —La conclusión es que estas grandes experiencias para que sean tales, para que trasciendan, se deben dar en procesos de lucha generalizadas. En el'ca- so de la fábrica Lip en los años ‘71 y ‘72, —incluso creo que casi hasta el ‘75, porque cuando yo estuve en el ‘74 una de las actividades casi obligadas para la militancia era visitar la plata de Besangon en cierta forma fue la continuidad, lejana pero que repercutía, del Mayo francés. El movimiento de 1968 no alcan- za a dominar socialmente pero tiene su expresión concreta en Lip, es su expre- sión más elevada como experiencia autogestionaria y de lucha antiburocrática muy profunda, y de ahí su repercusión general. Eran dos plantas fabriles que se mantuvieron un tiempo prolongado autogestionadas por sus trabajadores. Ellos producían, ellos vendían y ellos se cobraban.
Y en esto hay una vinculación con la situación en Argentina, porque todo este movimiento de ocupación está en el marco de la situación política abierta por la in- surrección popular del 19 y 20 de diciembre pasado.
—Regresando a la Argentina y pensando en al- gunas experiencias históricas, me interesa algu- na referencia, porque entiendo que Uds. partici- paron en ellas, al Ingenio SantaLucía en Tucu- mán, y a la papelera Mancusso y'Rossi en La Ma- tanza.
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RM —Bueno, yo puedo hablar del ’caso de la papelera donde participé ac- tivamente pero no de los ingenios, en esa época yo ya estaba en Buenos Aires trabajando como panadero. Pero sí recuerdo que esos años fueron años de cri- sis para la industria del azúcar, que había una lucha muy fuerte en el interior del movimiento obrero azucarero, y que el Ing. Santa Lucía era de los más grandes de la provincia, pero también estaban en conflicto el Santa Ana y el San Martín, pero de esto mejor que hable Angel.
AF —Es importante porque hay una experiencia histórica nacional e inter- nacional que hay que recuperar. Pero hay que ubicar cada lucha en el contexto político en que esta lucha se da. La toma del Santa Lucía fue una expresión de la lucha interna por la diferenciación tanto en el interior del movimiento sin- dical como en el movimiento peronista local. En aquella época estaba la Fede- ración Nacional de los Trabajadores Azucareros, la PUNTA, integrada también por la federación tucumana, la FOTIA, que tendía-a una nueva dirección en lu- cha contra la burocracia. Sus principales dirigentes estaban influenciados por nosotros, que éramos una coniente del trostkismo de aquel entonces. Esa lu- cha interna era la expresión de la crisis que alcanzaría su mayor manifestación años después con el “rodrigazo”, en 1975, y el surgimiento de las Coordinado- ras de Gremios en Lucha. Era expresión del inicio del agotamiento del viejo keynesianismo bajo la forma populista que adquirió en nuestros países y de las formas de lucha del movimiento obrero en ese keynesianismo.
En este aspecto, en el Ingenio Santa Lucía —yo intervine directamente en la ocupación—, como en el Ingenio Santa Ana, que si mal no recuerdo tam- bién entró en conflicto en ese entonces, los trabajadores ocuparon el estableci- miento y pusieron a funcionar la planta. La ocupación no duró mucho tiem- po, porque para que se cristalizara era necesario generalizarla al resto de la in- dustria. Si bien la ocupación tuvo mucha solidaridad del resto de los trabajado- res azucareros no fue posible extenderla a otros inge- nios, pero si recuerdo que en pocos días se lograron records de producción y los trabajadores mostraron toda su capacidad y su potencialidad como clase.
La ciudad de San Miguel de Tucumán vivía y se desarrollaba al ritmo de la industria azucarera, fue una ciudad rodeada por decenas de ingenios. Y ésto mos- tró otra faceta del conflicto.
Mostró una contradicción muy grande en la socie- . ,_ v dad tucumana, que en ese entonces dejé sentado en Y DO EL PODER‘A' un artículo que llame “Fronteras de Clase en la Socie- ¡tu N1 a dad”. Porque si bien los ingenios estaban entrelazados i '
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con la ciudad por múltiples relaciones, eran dos mundos distintos y el pique- te de huelga trazaba verdaderamente una frontera entre esos dos mundos. Por- que el sindicato decidía quien pasaba o no por esa zona. Sí, era una verdadera frontera de clase.
¿El sindicato participaba de la toma y la puesta en producción?
AF —Claro. No te olvides que el sindicato, la FOTIA, formaba parte de la corriente que luchaba por una nueva dirección en el movimiento obrero, co- rriente que se expresó hasta el golpe de 1976.
Esto quedó claramente expresado en la intervengión qugelíecretario Ge- neral Amaya tuvo en la Facultad de CicnfiaÏs'AÉconómicasde Buenos Aires; donde planteó que la lucha'dé'la FOTlA era una lucha por el poder'obrero, di- ferenciandose así del resto de la burocracia. Una lucha que Én Tucumán tenía muy fuerte influencia de la tendencia de clase, representada por dirigentes co- mo Amaya, Aparicio, Romano y Santillán. Una tendencia que no rompía to- talmente con el peronismo en cuanto movimiento popular, pero constituía y expresaba una lucha hacia una nueva perspectiva política y social de los traba- jadores.
Expresabah la lucha al interior de la burocracia sindical, al interior del mo- vimiento peronista y también en la conciencia del movimiento obrero. En ciertos aspectos aquella lucha es expresión del inicio del final del bonapartis- mo peronista de aquel entonces.
Este proceso culminó en la formación del Partido Unión Provincial, nosotros logramos imponer que los candidatos fueran elegidos en asambleas, y en fiinción de esta resolución nuestra corriente política resigno nuestros candidatos, y las 14 candidaturas a diputados fueron elegidos por asambleas de fábrica. Inevitable- mente, este partido luego degeneró hacia las peores expresiones ,burguesas.
—En cuanto a la otra experiencia que me interesaba rescatar, la de Mancuso y Rossi en La Matanza, ya en los años 70...
AF —Sí, eso fue ya en 1974/75 en pleno rodrigazo, en las vísperas del gol- pe del ‘76. Mancuso y Rossi era una fábrica papelera importante y estaba in- mersa en serios problemas financieros y económicos. No podía resolverlos y los patrones alentaron en más de una oportunidad medidas de fuerza en com- binación con el sindicato, en lo que fue una tradicional práctica vandorista, de modo de presionar al gobierno para conseguir créditos que le permitieran pa- liar la situación.
RM —Yo había entrado a la fábrica unos años antes y ya su situación eco- nómica era crítica. Yo estaba buscando trabajo porque me habían despedido de
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varios lugares y puedo entrar porque por la propia situación de la fábrica no había demasiados controles. Claro que a mí me interesaba entrar también por una cuestión política.
Lo que se planteaba allí era: ¿qué hacemos fi'ente al problema del abando- no de la patronal de sus obligaciones económicas para con los trabajadores? No era como ahora que los patrbnes abandonan todo. Allí la patronal no aban- donaba el control de la producción, pero sí el pago de los salarios y todo lo que fuera insumos para la producción.
Se realizan varias asambleas donde interviene el sindicato y también la Fe- deración del Papel, siempre tratando de buscar soluciones que eran imposi- bles, porque la patronal no estaba en condiciones de dar respuesta.
—O sea, el sindicato allí intervenía.
RM —Sí, venía a la planta exigido por las basessEn esa época el sindicato era una referencia todavía, la gente lo sentía como propio, y le exigía ala bu- rocracia que dé respuestas. POr eso es que luego de varias asambleas, como la seccional no daba esas respuestas, tuvo que bajar la burocracia de la Federación del Papel. Hoy la gente desconoce al sindicato, lo deja de lado porque lo ve‘co- mo formando parte del enemigo, del gobierno y de la patronal, pero en ese en- tonces se vivía de otra manera.
—-Se discutía para ver si se resolvía bajo la forma de cooperativa y re- sulta que se plantea el Control Obrero, en una asamblea donde inter- viene también Ángel.
AF —Por ese entonces había surgido en todo el país un fuerte movimien- to antiburocrático, que se expresaba en las Coordinadoras de Gremios en Lu- cha, y formando parte de este movimiento se constituyó una tendencia clasis- ta en el gremio papelero, tendencia que se enfrentaba a la vieja burocracia de Donaires.4
RM —Permitime una acotación, porque en medio del conflicto de Man- cusso, hubo elecciones en la Seccional, sobre un padrón real de algo más de 900 afiliados nosotros sacamos más de 800 votos, pero la burocracia sacó de la manga un padrón de varios miles de afiliados, hizo votar a cualquiera y desco- noc-ió el resultado.
AF —En esa combinación de lucha antiburocrática y de intervención pa- tronal para preservar sus intereses surgió; la toma de la fábrica. Hay que com- prender que a veces en la lucha entran también en juego los intereses patro- nales, que la usan como mecanismo de presión para conseguir créditos o sub- sidios estatales.
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En esa experiencia, como ahora, se dio la discusión de la ocupación y su puesta en funcionamiento bajo la for- ma cooperativa o del control obrero. Nosotros, yo era el asesor legal de los trabajadores, sostuvimos la posición del control obrero y lo impusimos. Fue la primera vez que his- tóricamente el control obrero no solo se resolvió en asam- blea de los trabajadores, sino que el control obrero fue ¡ho- mologado por el Ministerio de Trabajo! Duró bastantes meses.5
RM —Al principio era un control obrero a medias, porque intervenían los jefes de la planta, la burocracia que buscaba subvenciones para tener capital pa- ra hacerla funcionar, y nosotros. En los primeros períodos la fábrica ingresaba como materia prima basura prácticamente, se juntaba esto que ahora hacen los cartoneros, te diría que ahora el trabajo que ellos hacen es más limpio. Yo lo conocía bien porque trabajaba justamente en la máquina que preparaba la pas- ta base, con esa basura, para hacer luego el papel, de esa máquina dependía la producción.
Era una fábrica que tenía una tecnología tan avanzada que podía producir papel con basura clasificada. Pero después, cuando se consiguió la subvención del gobierno, el control obrero ya empezó a ser otra cosa.
Se funcionaba en asamblea, pero a través de la Comisión Interna se formó una comisión que se llamó directamente de Control Obrero, era un control re- lativo porque la CI era gente honesta y muy combativa, no eran burócratas, pe- ro tenían pocos conocimientos. Había, sí, uno de los compañeros que tenía co- nocimientos contables yzera él quien intervenía los libros de la empresa. Inclu- so en la Seccional había algunos burócratas pero el resto era gente común, tra- bajadores, más todavía porque en la Federación había varias seccionales donde la gente era muy de izquierda, digamos de una izquierda social.
En un determinado momento, el gobierno, que seguía aportando los sub- sidios, nombró un interventor. El control comenzó a ser más efectivo. Se cor- tó el negociado de la empresa, que compraba camiones completos de papel que hacía figurar como tal en los registros contables, pero en realidad la car- ga no era papel sino que era material descartable, basura. Nosotros estableci- mos el control de la materia prima y fiscalizábamos el' ingreso de los carnic- nes a la fábrica y resolvíamos qué camión se aceptaba y a cuál no se le permi- tía el acceso a la planta. Y también controlábamos la salida porque la patronal hacía figurar menos producción y ventas:un las reales.
Es una diferencia con la situación actual, porque ahora hay abandono pa- tronal, en realidad no hay a quien controlar.
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RM —Claro, la diferencia es muy grande, porque en esa experiencia la patronal estaba, y estaba la intervención del gobierno. Era una situación combinada muy particu- lar, llegamos a un acuerdo la Comisión de Control Obre- ro y el Administrador del Estado, él controlaba los subsi- dios a la producción y nosotros teníamos el control de esa producción y de la venta y también del pago de los sala- _ rios. Entre todos decidíamos qué deudas se pagaban, qué I 1° créditos eran reales, cuanto dinero ingresaba a la empresa “7'” mm" y cuanto de esos ingresos se debían retener para el pago de salarios
—Esto duró hasta el golpe. de estado del 76.
RM —Sí, y pudo durar más porque el control obrero estaba legalizado y porque la burocracia de Donaires no era de las peores.
AF —Sí, era una burocracia débil, pero no te olvides, Negro, que hubo una maniobra de la burocracia para ahogar a Mancusso y Rossi y no permitir que esa experiencia se extendiera a otras fábricas papeleras. Incluso en una asam- blea del gremio, Donaires intentó desnaturalizarla, planteó abandonar el con- trol obrero y pasar a la forma cooperativa de producción. Parte del capital de trabajo se formaría con las indemnizaciones, era una forma indirecta de libe- rar a la patronal de sus deudas.
Esta maniobra fue denunciada por mí en esa asamblea, en mi calidad de asesor legal de los trabajadores. Ésto casi casi nos cuesta la vida porque era en plena vigencia de la Triple A y la burocracia, impulsada por el peronismo de la zona, me amenazó con hacerme aparecer en una zanja de Ia Matanza.
RM —Sí, es cierto. Incluso por esos días a nosotros nos informaron que en la unidad básica de la zona hubo una reunión con la presencia de la burocra- cia papelera, Lorenzo Miguel, Miguel Angel Toma, el que ahora está en la SI- DE y que era asesor de la Federación, y otros dirigentes peronistas donde se planteó que Mancusso y Rossi no podía seguir así.
Después de eso, a mí me despiden de la fábrica con el argumento de que como yo era el que dirigía el control de los camiones que entraban y salían de la plan-ta, entorpecía todo el trabajo. Estuve despedido una semana solamente porque la gente peleó y logró mi reincorporación.
Después vino el golpe, muchos compañeros aceptaron la indemnización, yo estuve hasta último momento, no tenía una idea justa de la dimensión del golpe, finalmente me convencieron y dejé de ir. justo a tiempo. Ocho años después cuando volví por La Matanza, varios compañeros me comentaron que al otro díaque dejé de ir, el ejército me fue a buscar a la fábrica.
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Por esos años, 1983/84, volví a la fábrica, otra vez a pedir trabajo, me man- daron a la oficina de personal, me encontré con que el jefe de Personal era el compañero de la Comisión de Control Obrero que. sabía de contabilidad. Me dijo que le pidiera cualquier cosa,,menos volver a la fábrica...
—¿Funcionaban los mecanismos de solidaridad?
RM —Teníamos solidaridad de otras fábricas de la zona, del movimiento estudiantil y de las organizaciones de izquierda, y sobre todo de la Coordina- dora de Gremios en Lucha de Zona Oeste, donde había fábricas muy impor- tantes. Pero no era como ahora que hay una gran simpatía y solidaridad de la gente. I-on hay una gran solidaridad social.
AF —Es que hay que comprender en qué marco se dio aquel conflicto, era una solidaridad del activismo, era el final de un período, no el nacimiento de uno nuevo. En aquel momento ésto no se percibía, pero hoy, a más de 25 años, se puede ver con mucha claridad.
Por último, ¿cómo avanzar en este proceso de romper con la alienación, cómo hacer para que los protagonistas saquen sus própias conclusiones, cómo intervenir políticamente para elevar el nivel de conciencia?
AF —Es una pregunta con una respuesta compleja. Porque hay un avance objetivo aunque limitado del movimiento, pero ¿hasta qué grado la izquierda contribuye a hacer avanzar este proceso? Por un lado yo creo que sí en tanto traen la experiencia histórica del movimiento obrero, son portadores del cono- cimiento histórico. Pero por el otro está la contradicción de que se orientan en un viejo esquema, de un viejo movimiento que no existe más. Volvemos a la fa- mosa discusión del obrero fordista y el obrero social. Para mi hay una expresión combinada de una transformación social muy profunda, que no alcanza a- ex- presarse todavía teóricamente, pero que se está planteando.
La crisis del sistema fordista de producción trae consecuencias muy serias no sólo en el papel protagónico clásico de los trabajadores, sino también en el pa- pel de la burocracia sindical, no es solo su traición y su política burguesa sino también el agotamiento de una relación social de producción. Se agota el fordis- mo y anuncia su presencia lo que llamaríamos el trabajador social. Hay una me- tamorfosis en el Capital, metamorfosis que se expresa en la llamada globaliza- ción o mundialización capitalista. Si hay una metamorfosis en el Capital, tam- bién la hay en la relación social. Es importante, siguiendo a Robert Castels, sa- ber distinguir en la metamorfosis, qué es lo que cambia y qué se mantiene. Sin duda hay una unidadentre el gusano, la crisálida y la mariposa, en todas ellas vi- ve el gusano, pero no es lo mismo el gusano que la mariposa.
RM —Yo pienso-que hay que apoyarse en lo nuevo, en la participación de-
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mocrática y en la no delegación. Hay que aportar ideas y concepciones pero respetando la autonomía y la independencia del movimiento, y también sus tiempos para elevarse a la comprensión de la necesidad de cambiar el sistema de dominación capitalista.
AF —I-Iay que saber qué cambia y qué se mantiene. Se mantiene la explo- tación del Capital al trabajo, pero no son 'la mismas bases hoy. Asistimos a lo que se llama la explotación de la inteligencia masiva, o sea un nuevo elemen- to de la explotación del Capital. Si cambia la explotación, cambia también el carácter del sujeto o los sujetos sociales y su metodología de organización. Es- ta metamorfosis explica la generalidad, extensión y profundización de las for- mas asamblearias y no verticalistas de intervención, que se corresponde a la fa- se abierta en las luchas sociales. Ahora bien, ¿cómo avanzamos en las tareas de tu pregunta? Entiendo que es esencial avanzar sobre el concepto de propiedad estatal, avanzando a la precisión de bienes de dominio público, que no tienen una titularidad del dominio. Apoyamos en todas estas experiencias para pro- gresar hacia una autogestión social generalizada que nos conduzca hacia una planificación democrática de la producción de acuerdo a las necesidades de los sujetos sociales.
Recordando a Holloway, el trabajo no necesita del Capital, pero si el Capi- tal del trabajo. La experiencia actual alienta la lucha por la efectiva emancipa- ción del trabajo.
Ituzaingó, Octubre de 2002
Notas
l [Nota del editor: Se refiere al articulo de Eduardo Lucita, “Ocupar, resistir, producir", en este mismo numero]
2 [Nota del editor: Josefina Martinez, "Argentina después del 19 y 20. Experiencias de gestión obrera" publicado en Rebelion Internacional, reproducido por el Correo de Prensa de la IY Internacional, Boletín electrónico n°367.]
Fe; [tïlota del Editor: Centros de Gestión y Participación de Ia Municipalidad de la Capital era .1
4 [Nota del Editor: Secretario General de la Federación del Papel y de la CGT en 1966.]
5 [Nota del Editor: esto fue durante el Gobierno de Isabel Perón, cuando el dirigente me- talúrgico Ricardo Otero era Ministro de Trabajo]
CuadernosdelSur 83
Debates en el FSM-Argentina L@s trabajador@s toman la palabra
Emprendimientos productivos: respuestas obreras al cierre de empresas y la desocupación
Presentamos la transcripción completa de la actividad organizada por la revista La Maza en el marco del Foro Social Mundial-Argentina el 23 de agosto de este año en Colombres 25 (La Casona), coordinado por Mario Hernández (La Maza), con la participación de Roberto Martino (M'IR), Valdemar (MT D-Solano), Héctor (MTD-Guernica), 'IZ'o (Escobar), Ivana Agüero (Gn'ssinópoli), Gladys Guerrero (Brukman), Raúl I/Vanzo (Sec. Gral. ATE- Río 'Iirrbio), Andrés Blanco (CD SOECN- Cerámica Zanón), Rubén Dri (filósqfia) y Oscar Martínez (TEL).
Mario Hernández (La Maza): —Vamos a empezar con la actividad. En pri- mer lugar quiero agradecerles a los compañeros que nos han facilitado hoy el lugar en la Casona de los trabajadores del ex-Banco Mayo, Susana, Oscar, bue- no a todos los compañeros. No hemos podido sentarnos todos en la mesa, por suerte ¿no? A todos los compañeros de los distintos lugares que han venido, a algunos no los conozco, por eso les voy a pedir que se presenten, a otros sí, es- tá el compañero Martino, del MTR de Florencio Varela, la compañera Ivana de la fábrica Grissinópoli, el compañero Andrés de la fábrica Zanón, la compañe- ra Gladys de Brukman, Oscar Martínez del Taller de Estudios Laborales y el prof Rubén Dri. Les voy a pasar el micrófono al resto para que se presenten: Héctor del MTD de Guernica, también están los compañeros de Escobar que han empezado una experiencia reciente, el compañero Teo, y estamos muy honrados con la presencia de Helios Sarthou, ex-senador del Frente Amplio de la Corriente de Izquierda de Uruguay;
La idea de esta actividad, que organizó la revista La Maza en el marco de las actividades autogestionadas del FSM que se está desarrollando hasta el día do- mingo en nuestro país, era fundamentalmente poder escuchar las distintas ex-
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periencias del movimiento obrero, comprendiendo a los trabajadores ocupa- dos y desocupados, que vienen llevando-adelante emprendimientos producti- vos con el. objeto de responder al cierre de empresas y a la desocupación.
Son experiencias, como uds. van a poder observar, distintas, algunas apun- tan a la toma de fábricas con control obrero como es el caso de Brukman y Za- nón, otras como el caso de Grissinópoli están intentando constituir una coo- perativa y creo que hoy hicieron las primeras 500 cajas ¿no? de grisines, ha em- pezado a producir la fábrica y también las respuestas de los trabajadores deso- cupados a través de los emprendimientos productivos, de allí la invitación a los compañeros de los distintos MTD’s y a Roberto Martino del MTR.
Nosotros creemos que son parte de esta experiencia, creo que, en este sen- tido, talvez la más desarrollada es la de General Mosconi (Salta) donde la UTD ha desarrollado más de 300 proyectos productivos, muchos de ellos se han puesto en práctica y otros no, de distinta envergadura, inclusive han proyecta- do una Ciudad Universitaria, en Vespucio, a 4 Km. de Mosconi. Esto habla de una capacidad de los compañeros. Y nos faltaría, porque va a llegar un poqui- to más tarde, ya que ahora está en un programa de radio, Raúl Wanzo, el se- cretario general de ATE en Río Turbio, que es una experiencia diferente, por- que como ya explicó el compañero en este mismo lugar, creo que el viernes pasado, es impensable poner en funcionamiento una mina de carbón si no se cuenta con el capital necesario, y ese capital tiene que ser aportado por el Es- tado; es decir, tenemos experiencias de todo tipo.
La invitación al profesor Dri y a Oscar Martínez, fue un poco con la idea que nos den alguna conclusión de todo esto, el profesor Dri fundamental- mente porque es un intelectual y un militante que conoce muy de cerca el tra- bajo de los trabajadores desocupados a través de su participación en la COPA y en los talleres con los compañeros de Solano en más de una oportunidad; y Oscar Martínez porque pertenece a un grupo muy interesante de compañe- ros que conforman el Taller de Estudios Laborales, que hace 12 años vienen trabajando sobre los cambios que se han producido en el mundo del trabajo.
Entonces, vamos a tratar de hacer lo posible para que puedan hablar todos, tratando de focalizar sobre los puntos centrales de cada una de las experien- cias, dar lugar después para que hagan preguntas, para después invitar a Oscar y a Rubén a que hagan una reflexión más general de lo que escuchemos hoy aquí. Bueno, ¿quién quiere empezar?
Roberto Martino (MTR): —Bueno es dificil empezar, ser el primero, por eso vamos a contar la experiencia nuestra. En nuestro movimiento tenemos emprendimientos productivos, en. estos
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momentos tenemos un taller de costura que produce muy poco pero lo ele- mental para ir sorteando problemas, esto en el marco de lo que nosotros nos planteamos que es resolver las cuatro cuestiones fundamentales, a nuestro en- tender, de las necesidades de nuestra gente, que son el calzado y la vestimen- ta, el alimento, la saludvy la educación. Desde ese punto de vista este taller tiende a eso, tenemos una serie de huertas y, desde hace dos días estamos co- menzando a trabajar una cantidad de vegetales más grandes apuntando no só- lo a solventar las necesidades inmediatas sino también en vistas a producir pa- ra el mercado. Además, estamos produciendo lavandina, detergente, suavi- zante, estamos produciendo café de soja y en Tigre estamos poniendo en mar- cha 'chacinados, tarnbién'tenemos emprendimientos de pequeñas panaderías que fundamentalmente están orientadas hacia el consumo, pero en lugares como La Matanza y Tigre también a la venta. En el caso de Fcio. Varela he- mos puesto en funcionamiento, a partir del 1° de Mayo, un laboratorio de análisis clínicos, que apunta, además de resolver la cuestión de los análisis en general, es parte de un proyecto de salud más integral, donde en la primera etapa tiende a combatir la parasitosis. Junto a ese laboratorio se ha formado un grupo de compañeras que desarrollan una labor de agentes multiplicadores de salud, o sea, estas compañeras visitan permanentemente a los compañeros del movimiento a fin de colaborar con los médicos que a su vez llevan adelante la tarea. Tenemos funcionando un banco de remedios, en realidad está en todos los locales del movimiento en todos los distritos y estamos peleando, tenemos asegurado ya el lugar fisico, para poner en marcha lo que nosotros llamaría- mos una economía solidaria o economía paralela, para eso hemos estado tra- bajando con la gente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, la idea fundamental es abrir un Mercado Central Piquetero, en Mosconi están bastante avanzados, los compañeros de Zanón también y, como hay otros mo- vimientos de desocupados que también están en este camino, la idea es co- menzar a poder lograr que las diferentes cosas que se producen tengan un cir- cuito de circulación. Esto es importante porque creemos que es parte funda- mental del proceso de las tomas de empresas por los propios trabajadores y, si bien el paso de tomar una empresa es importante, si la producción no tiene salida el proyecto va a caminar muy poco tiempo, entonces desde ese punto de vista creemos que, o por lo menos le darnos mucha importanciaa esta po- sibilidad, a través de las reuniones con la ¿gente del Instituto Movilizador es- tamos estudiando la puesta en marcha de este proyecto. En parte, nosotros elegimos hacer un proyecto para resolver el problema inmediato de nuestra ' gente, pero creemos que la solución definitiva del problema no va a salir del mejor o peor funcionamiento de estos proyectos en sí, si esto no está en el
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marco, a nuestro entender, de una estrategia política más general, o sea, pen- sar en un proyecto productivo por más imperioso y bueno que pueda ser pa- ra sobrevivir como isla dentro de un mercado capitalista creemos que es im- posible, por eso es que todo esto es parte de una lucha mucho más vasta que ponga al conjunto de las empresas, al conjunto de los elementos necesarios para producir en manos de los trabajadores. Por eso es que, a la par que hace- mos esto, nosotros le damos muchísima importancia a la construcción políti- ca también witden‘trodeiesa; - debemos en- tender el pto “so; 'i pañeros, H la cual participautod ' Desde ese punto
pectiva de no toma en tiempo una sino con un desde este como para s enterába- el cajón de trabajadora , justamen- , es respon- . . ._ s que per- mitan soluiïr‘o, 9 ente p g ,’__:,- , sino que además crearía toda una relación, independientemente de' la voluntad de, mu- chas de las organizaciones o de los dirigentes políticos o sociales que intervie- nen en este proceso, sino crearrtoda una red en la cual hasta a los propios com- pañeros les sería mucho más fácil entender porqué tenemos que defender a Zanón, cuando a Zanón se lo ataca, o porqué tenemos que defender a Mos- coni, cuando a Mosconi se lo ataca, o porqué Mosconi tiene que defender al MTD de Solano o a algún otro movimiento cuando éstos son atacados. Éste es el desafio y, desde esta perspectiva, es que nosotros le damos mucha importan- cia a la construcción política, a la construcción del Bloque Piquetero, a la lu!
nacional, no solamente ‘ï
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cha dentro del Bloque y con el Bloque con los demás compañeros de otras or- ganizaciones a efectos, no solamente de que pongamos en marcha este em- prendimiento, sino a efectos que también entendamos que tan importante co- mo la construcción local a la que podemos estar abocados, es la construcción de una nueva herramienta política que la inmensa mayoría del pueblo argen- tino hoy reclama, porque por ahí podemos correr el riesgo que por fijamos na- da más que en nuestro propio entorno, o hacia adentro, perdamos de vista lo que está sucediendo en elu-pars» eneste momentos -,.=a:es-«indudable.:que hoy, in-
‘i * ' ‘ - 'j one ha millonesïde rgentinos que Halle n todos ósl'jrincoíies _el país, y esa l A esta , sformación, ,r política acti-
11 vaCi‘azdas' en realidad paciencia i explo_ . I "A
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, ,- mos y que no nos dimos la oportunidad de sabe Hace poco vino a nuestra fábrica un señor, se presentó como delegado de una gráfica, que venía a trabajar, pero él quería saber cómo habíamos organiza- do el paro de la producción, porque él temía que en su fábrica pasara lo mis- mo, quería prepararse. Ésto indica que la gente toma más conciencia, que no- sotros antes vivíamos metidos en una nube, que no veíamos, porque nos que- jábamos del salario pero de todas maneras teníamos trabajo y no. nos acordaba- mos o no sabíamos que había otros movimientos que ya tenían una lucha. Ha-
ce unaño, prácticamente, ya no recibíamos el sueldo, cuando tratamos de ver
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si podíamos hacer el fondo de desempleo, ese poco dinero que nos daría la oportunidad de pagar por lo menos las deudas que adquiríamos, nos enterarnos que hacía 3 años y medio no se habían hecho los aportes al ANSES pero sí se ha- bían descontado. Nos organizamos, empezamos a tomar contacto con otras ex- periencias, como la de Panificación Cinco, y bueno empezamos a hablar entre nosotros qué hacernos, qué' defendemos, por qué peleamos. En realidad, un año de sueldo o una indemnización hoy no significa nada, lo que sí tenemos que tener en claro es que afuera de esta fábrica, afuera de Grissinópoli, el obre- ro de Grissinópoli ya no tiene nada, estamos muy aferrados a eso, se jugó a que el obrero se cansara y se fuera y el efecto fue contrario, se reforzó, aprendió, es- cuchó, compartió otras experiencias, conocimos muchas personas, escuchamos todo, absolutamente todo lo que se nos habla, atendemos a todas las personas, lo adquirimos como experiencia para aprender y para poder comunicamos. Como este señor que nos preguntaba cómo empezamos, a dónde fuimos, quién era el abogado y tomaba nota y tomaba nota, y yo pensaba si esto lo hu.- biéramos hecho antes tal vez nuestra condición hubiera sido otra. Nosotros gestionamos una cooperativa, hicimos la presentación, confiamos en la justi- cia. La justicia fue pateando este proyecto nuestro hacia delante hasta ser dete- nido por la feria judicial. Al levantarse la feria la expectativa nuestra era mucho mayor, era empezar a trabajar, tratar de buscar otra vez los clientes pero, cuan- do vamos al juzgado la jueza ya no nos recibe, el pro-secretario nos comunica que era inminente la homologación hacia un tercer grupo que nosotros sabía- mos era puramente inmobiliario, y cuando hay un negocio inmobiliario el obrero estorba, el obrero no sirve. Lo que se quería de Grissinópoli era com- prarlo por 580.000. No sé si alguna persona conoce la planta porque se puede vender a muchísimo más. Nadie se iba a hacer cargo de la deuda, ni de la in- demnización, ni de ANSES, ni del sueldo, el obrero simplemente iba a ser des- pedido. En ese momento nos dimos cuenta que con esa indemnización y ese año que nos debían no íbamos a poder vivir, entonces firmemente decidimos seguir en el puesto de trabajo, no escuchar ofertas de nadie, no nos interesasi la compran o la venden. Hoy, después de tres meses volvimos a producir y fue diferente, hoy fue un jolgorio, fue aplaudimos entre nosotros mismos, damos cuenta de que podíamos, en realidad siempre pudimos. Y yo creo que sería bueno que la gente que tiene trabajo preste atención, escuche, pregunte, y la gente que no lo tiene se informe y cuente sus experiencias para que estas co- sas, en algún momento dejen de pasar. La lucha es muy larga. Nosotros vamos aprendiendo día a día, encontrarnos las piedras cada vez más grandes pero sa- bemos saltarlas porque estamos unidos, porque escuchamos, entendemos, y nos gustaría que sólo fuera un movimiento: ocupados y desocupados todos en
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una misma unidad, pienso. que así podríamos llegar a conseguir que alguien nos respete como trabajadores y como seres humanos.
[Respuesta a la pregunta de un concurrente]
Bueno, te explico, cuando nosotros fuimos a gestionar el fondo de desem- pleo, teníamos que presentar el telegrama considerándonos despedidos, eso era lo que no queríamos hacer y ahora, con el tema de la cooperativa, está en proceso porque la ley todavía no nos ha otorgado la cooperativa, está en pro- yecto, la presentación está hecha, si hay un grupo especulativo que pone dine- ro, obviarnente lo nuestro siempre va a ir para atrás.
Andrés Blanco “Chaplin” (Cerámica Zanón): —Bueno, yo soy delegado de la comisión interna de Cerámica Zanón y estoy en la comisión de compras.
Las historias son muy similares. ¿Cómo se llega a esta instancia?, nosotros un poco, como decía la compañera, nos dimos cuenta de que había un vacia- miento en la empresa, ya veníamos con una serie de conflictos con Zanón por atrasos salariales y, la instancia que nos llevó a tomarla determinación de ocu- par la planta y ponernos a producir fue todo un proceso.
Primeramente, Zanón plantea el cierre de la planta de la siguiente manera: empieza a sacar el servicio de enfermería, el comedor, mandó a parar los hor- nos dentro de la planta, ésto fue a los dos días del mes de octubre del año pa- sado. Ese mismo día nosotros decidimos parar la planta, hacer una asamblea y determinar qué hacíamos, qué pasos dábamos, porque ya veníamos analizan- do que se estaba dando un vaciamiento. En ese momento deterrninarnos, des- pués de tanto tiempo, de tantas peleas, dijimos: bueno, acá se plantea el cierre de la fábrica, nosotros no lo vamos a permitir y ocupamos la fábrica. Ahí em- pieza el conflicto grande, el conflicto grueso, que ya lleva 10 meses, tenemos 10 meses en la planta y 7 meses trabajando, produciendo. Todo el proceso que hicimos antes de llegar a esto, fue un laburo con la comunidad, con distintos sectores, desde hacía ya un tiempo antes veníamos organizandonos con algu- nos grupos de desocupados, con algunos sectores, esto es lo que veníamos ha- ciendo. El conflicto arrancó en octubre pero antes tuvimos otros conflictos que nos habían obligado a salir a la calle, y el salir a la calle nos puso por ejem- plo en la ruta a hacer fondo de huelga, a salir a los barrios a pedir alimentos, porque hubieron cuatro meses en los que no tuvimos ningún ingreso, el úni- co sustento fue la calle, el apoyo de la comunidad y, el trabajo que se hizo pa- ra que apoyen lo que nosotros estábamos "haciendo. Tratamos de conformar una mesa coordinadora ahí en la región que hoy es una realidad y ya ha dado sus primeros pasos. El sábado pasado hubo un. encuentro en Neuquén, había-
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mos convocado a todos los sectores, a las fábricas que están en la situación nuestra, cooperativas o lo que sea, sectores de desocupados, o sea era un en- cuentro general, era un poco lo que decía Martino, coincido mucho con él, los ocupados y los desocupados tenemos que ser uno solo, estamos convencidos de eso y en ese sentido estamos dando pasos. Nosotros tenemos otro objetivo en relación a las cooperativas, pero apoyamos y respetamos muchísimo esos avances de los trabajadores de cuidar sus fuentes de trabajo, de pelear por su
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Nosotros-«decimos que la y ¿ágiggrgfigspleno puede ocupar hasta 600 pg": mfiiiéiñplsb dentrqrgde la fábrica, ' ' 'lan de obras
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ser también orientado hacia los desocupados, porque son trabajadores, noso- tros estamos convencidos que son trabajadores y en ese sentido hace dos se- manas dimos un paso e incorporamos a 10 desocupados de los movimientos que hay en Neuquén a la planta, nos estaban, haciendo falta y queríamos dar un poco también la idea de lo que queremos hacer. Hoy hay 10 compañeros desocupados, de los distintos movimientos de desocupados que hay en Neu- quén que están trabajando dentro de la fábrica. Estamos orgullosos de eso, queremos avanzar más todavía, queremos llegar a un objetivo concreto que es cambiar un poco esta historia que nos está agobiando.
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Es muy triste ver en la televisión lo que pasa todos los día‘s y preguntarse porqué no se plantean una alternativa, yo creo que falta un poquitito más de diálogo o, a lo mejor, un poco más de coordinación, de unidad, porque aun- que estemos tan lejos, las situaciones son las mismas, entonces creemos que tiene que haber un punto de unidad o tiene que haber un movimiento, como decía el compañero Martino, tiene que haber un movimiento que marque una diferencia, un cambio, y nosotros creemos que nuestra coordinadora puede servir como, r . amamantar,- "
e un gru- ellos nos
Yes así, tienen diez mil herramientas para trabarte, el sistema en el que es- tamos metidos te estrangula un poco, pero siempre hemos sabido salir adelan- te con el apoyo solidario de todos los sectores que nos han ayudado y, en ese sentido, nuestro mensaje es de unidad permanente, nuestra invitación a tratar de llegr en algún momento a una relación para poder entendemos sobre cuál es nuestro objetivo. Nos interesa contar nuestra historia pero fundamental- mente pnar la simpatía y tratar de ponernos de acuerdo en los puntos que tengmos-de acuerdo, como con los compañeros que han participado en el en-
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cuentro del sábado pasado y hemos avanzado mucho. Y bueno el agradeci- miento por habernos dejado hablar y desde ya, desde Cerámica Zanón, les puedo asegurar que no vamos a bajar los brazos, que el camino que empren- dimos lo vamos a terminar como sea, a pesar de las amenazas de que nos van a desalojar, todo eso lo hemos pasado y lo eStamos peleando y lo venimos ga- nando. Muchas gracias por el espacio.
Gladys (Confecciones Brukman): —Que tal, buenas noches, prácticamente es la primera vez que estoy acá frente a tanta gente, soy de Brukman, hace once años que trabajo en la empresa, prácticamente desde muy jovencita. Empecé a trabajar y dije: no, esto no me gusta, mañana no vuelvo, y así fue como me quedé once años.
La situación de Brukman, en este momento es para nosotros bastante difi- cil, si bien llevamos ocho meses de lucha creo que hace mucho más, deben ha- cer tres años, porque nosotros venimos desde e] 98 sin cobrar los sueldos, sin cobrar quincenas, no tenemos aportes en el 97/98, no se nos consideraba ab- solutamente nada, yo desde el año pasado, desde noviembre, en mi caso y de otro compañero más fuimos despedidos por haber pedido que nos paguen el Sueldo, a mí me debían como 55.000 de sueldo, tenía acumulado aguinaldo, vacaciones, me mandaron a mi casa, sin conocerme, estaba totalmente desco- nocida de la empresa, mi compañero también. Nosotros sabíamos que algo te- níamos que hacer, algo tenía que pasar con la situación que pasaba ahí aden- tro, la situación era terrible, los tratos eran ya insostenibles, el trato con el per- sonal, sacaban personas para un costado de la máquina y los trataban como a ellos se les cantaba, no tenían respeto y bueno creo que de ahí empezó a sur- gir la necesidad que teníamos que hacer algo pero no sabíamos qué.
Un día empezaron a surgir cosas internamente, fue la idea de tornar la fá- brica, ésto ocurrió un 18 de diciembre, yo en ese momento no estaba, estaba en mi casa, de vacaciones, y el primer corte de calle que hicimos fue el 28 de diciembre y ahí me sumé con los compañeros y desde ese día estoy ahí den- tro de la fábrica, ya que uno de los motivos por los cuales ellos estaban pelean- do era nuestra reincorporación.
En enero empezamos a trabajar, empezamos a producir, empezamos a ven- der y así fue como empezamos a subsistir y de esa forma también a pagar la luz, el gas, organizamos de alguna forma para seguir trabajando y comprar los insumos. En todos esos meses pasaron muchísimas cosas, ir al Ministerio de Trabajo, las marchas, miles de cosas que por ahí las primeras veces tantas co- sas nuevas no nos permitieron organizamos, por ahí ahora estamos un poco más organizados, más acostumbrados pórque como hay compañeras, incluso
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yo, que nunca habíamos ido a una marcha, nunca habíamos estado cerca de un piquetero. Nosotros trabajabamos y escuchábamos ‘los piqueteros van a cortar la ruta’, y decíamos ‘ya están molestando’, pero ahora nos damos cuen- ta que llegó el momento que estamos prácticamente todos juntos, todos por la misma razón, tratar de tener un trabajo digno.
En ese momento internamente nosotros estábamos muy preocupados por- que no formábamos una cooperativa, estábamos pidiendo también como en el caso de Zanón, la estatización, a mí particularmente el tema de la estatización no me convence, te lo digo honestamente, no sé, por ahí tendré que ver más el tema para llegar a darme cuenta de otras cosas pero no tengo confianza, con el tema de la cooperativa tampoco estoy muy convencida. Entonces todas esas cosas hacen que nos distorsionemos un poco y estemos como alterados, esta- mos con la situación de qué vamos a hacer, tenemos que hacer algo que nos ampare, estar en una situación de estar tranquilos, de poder trabajar.
Valdemar (MTD Solano): —Buenas noches somos del Movimiento de Traba- jadores Desocupados de Solano e integramos también la Coordinadora de Desocupados Anibal Verón. Vamos a contarles nuestra experiencia organizati- va, voy a contarles algunos aspectos, por ejemplo nuestras consignas de lucha, nuestras características y nuestros principios organizativos. Las consignas de lucha son: Ti'abajo, Dignidad y Cambio Social.
Todos saben lo que significa el trabajo, acerca de la dignidad, nosotros rei- vi-ndicamos que al tener un trabajo digno podemos cambiar las relaciones hu- manas entre nosotros, tener derecho a la educación, a la cultura, al arte.
Con respecto al cambio social, es una palabra q'ue para muchos representa distintas cosas. En realidad, nosotros cuando hablamos de cambio social lo que sí tenemos en claro es qué tipo de sociedad es la que no queremos, y decimos que para el cambio social no hay que esperar el futuro sino que tenemos que empezar a construirlo a partir de ahora.
Los ejes de construcción que tiene el movimiento son tres: trabajo, lucha y formación. Estos ejes responden a los principios organizativos del movi- miento qire son: democracia directa, horizontalidad y autonomía. La demo- cracia directa es que nosotros no elegimos a alguien para que decida por no- sotrOS y nos represente en algún lugar, sino que la asamblea cuando toma una decisión y envía a un compañero a algún lugar, él dice lo que la asam- blea eligió, no hay posturas personales sino que se hace lo que todos los com- pañeros eligen en la asamblea. En el movimiento no existen militantes ren- tados, no erdsten dirigentes, no existen diferencias entre un compañero y otro. Esto se debe a la horizontalidad, todos se dedican a trabajar. Todos los
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compañeros que integran el movimiento ganan 5150, todos los compañeros tienen que cumplir las cuatro horas de trabajo en los talleres. La horizonta- lidad la entendemos así, porque muchos van a decir ‘si son todos iguales, si nadie es dirigente, qué hacés vos acá o qué hace fulano allá o por qué ese ti- po sale en la prensa’. Nosotros entendemos la horizontalidad de forma tal que el compañero que habla en un lugar tiene el mandato de una asamblea, los compañeros se reúnen en asamblea o en la mesa general y ahí se decide quién va adetermiuado-lugar.Astcomofestán-¿lgsmesas de prensa, estan las d)” plagio w pólíiic‘asjíiíiodas las áreas ' que sonda autonomía,
El tema d'e-hla'ïautonomíggrrósótros decirnos no pertenecemos a ningúnïsindicatomi
2:5, cuando com, »
. Porque 1°8 aceptabamb‘s” _ __ _, , . u, . 081%,; porque no había que aceptar las migajas qu o. En ese momento en- tendimos que no aceptabamos las migajas sino que le arrancábamos los Planes al gobierno por medio de la lucha, y que esos Planes nos iban a servir para au- toorganizamos, para autogestionamos y realizar los proyectos productivos. Aún tenemos esos proyectos, algunos con las Madres de Plaza de Mayo, don- de vamos a tratar de desarrollar una huerta.
Con el tema de la salud, nosotros trabajamos con la prevención de la salud, talvez no tenemos ni médicos ni enfermeros, talvez no tenemos una farma- cia completa 'pero. el proyecto es armar algunos consultorios médicos. Noso-
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tros, los proyectos productivos los- hacemos así, le arrancamos los Planes Tra- bajar'al estado por medio de la lucha y los utilizamos en nuestros proyectos.
Mario Hernández: Les pido un momento porque Helios Sarthou se tiene que retirar y antes de hacerlo quiere decir unas palabras, no sé si están todos de acuerdo.
Helios Sartl'rou (ex-senador'idelvfrenteArnplio, organiza- ción de los compañeros desocupadosrne: parece muy auspiciosa; '_Íuy impor- tante, allá en,1rrïriÏ‘páíS'las‘. person; uaxérangficpulsadas de. preferían gastar la sumaíáÏuCn-‘ec'ibíarïíf tionar el seguro de pago». Estoy:.‘r}nuy conten- to, una felicitaéi'ónausted i i h í yo creo que la autogestión
talista. Muchas, gracias.
o, -yq...5á_b'y Héctor del MTD__._dé;Guemica, , ¿no les 'ijüéda contar grande“ experiencias ' mpañero de Sqlano, per-07 tratar de
hacer un relatohcorto de .. , dos de Guerfiiííiggel más chiquito y el más que "participa
nes Trabajar i ' mos concre
travésdelos p 7. ' gunas asambl " Era ¿mola asamblea de Corrien- tes que está de N ¿z y compañeros. del :HospitalgFinochiet-
to, que donan; y 40 adultos. ' ;
Tenemos Y i biblioteca.pbpular;:_‘un , empezamos a hacer una huerta, y estamos intentando conseguir una compu- tadora para empezar a enseñar computación a los chicos del barrio.
Quizás yo no elegiría el tema político, no porque no sea necesario sino por- que tengo otra visión, quizás porque somos los más chiquititos y vivimos el día a día y sí centrarnos un poco más en el tema de la represión. Primero porque la sufrímOs a diario, nos persiguen, nos acosan, nos amenazan, nos escriben no- tas y nos las tiran diciéndonos “ya murieron dos y van a seguir cayendo”, que- ría hacer un llamado de atención a toda la sociedad por intermedio de ustedes que formen una cadena inmensa trasladando esta preocupación.
Her el-cOmedor donde come
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Nosotros creemos que la represión es un peligro inminente, del- cual tene- mos que empezar a prepararnos para contenerlo y desarticularlo, creemos que hay que formar no sé si un dique entre todos, entre todos los movimientos, entre todos los partidos, porque no sé si ustedes se habrán dado cuenta que nos están imponiendo la militarización en la provincia de Buenostires, tene- mos gendarrnes en los trenes, hay policías en las barreras e incluso hay denun- cias de que esos gendarmes, a desocupados, a personas que no tienen boleto, los han maltratado e incluso hasta torturado.
Entonces yo quería hacer un gran hincapié en que tenemos que formar un gran frente entre toda la sociedad para evitar que la represión avance y que no nos comamos los versos que pasan por los medios de comunicación de que acá el problema es la seguridad. Acá el problema son los pibes que se mueren de hambre, los desocupados que no tienen trabajo, la marginalidad de muchos sectores, el problema de la educación, de la salud, y creo que si dejamos de ser incapaces para unirnos y enfrentar todo este marco represivo que se está gene- rando, creo que vamos a hacer un gran avance para después acordar en un gran frente también en lo político, que sería lo que podría resolver la política.
Bueno, yo con estas palabras terminaría para que intean otro compaq ñero, para no hacerlo demasiado extenso, no sé si entendieron el mensaje, me parece que hay que apuntar a formar un gran frente de ocupados, desocupa- dos, movimientos políticos, entre todos juntos. Gracias.
Valdemar (MTD Solano): Bueno me faltó hacer una aclaración, con respec- to a lo que es la Aníbal Verón, nosotros hoy estamos representando a nuestros movimientos, no vín'imos a hablar en nombre de la Aníbal Verón porque la Aníbal Verón no es una organización única, centralizada, sino es una coordi- nadora de movimientos que son autónomos y que tienen su propia forma de construcción.
Lo que une a la Aníbal Verón son cinco puntos básicos que elaboramos con el correr del tiempo que son: los métodos de lucha o sea acción directa, el no construir para la lucha electoral, el respeto por las autonomías de los distintos movimientos que están dentro de la Coordinadora Aníbal Verón ya que en ningún momento se le puede imponer a otro la forma de construcción por más grande que sea ese movimiento y todos los movimientos que forman la Aníbal Verón tienen igualdad de condiciones.
Entonces, resumiendo, los puntos básicos de la Coordinadora Aníbal Verón son la no conStr-ucción por lo electoral, el respeto de las autonomías, la acción directa como método de lucha, otro es la independencia de clases, es decir en la sociedad hay distintos sectores, cuando hablamos de clases sabemos bien de
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qué estamos hablando, la clase burguesa es una cosa, la clase trabajadora es otra y eso lo tenemos bien en claro. Y otro punto es la cuestión de la represión, an- te cualquier hecho represivo, ante cualquier preso político, la Coordinadora Aníbal Verón. da respuesta automáticamente, y la respuesta nuestra se traduce en la calle y es con la lucha. Cuando fuimos el 26 al Puente Pueyrredón uno de los puntos era que se termine la amenza de desalojo a los compañeros de Zanón y en apoyo a la lucha de los compañeros de Brukman, entonces ante cualquier hecho represivo nuestra respuesta es inmediata.
Mario Hernández: La compañera Ivana pidió retirarse ya que mañana tie- nen el encuentro de fábricas ocupadas.
Concurrente: Antes de retirarte quiero hacerte una pregunta ¿cómo hacen para sacar la mercadería de la fábrica, quién la compra?
Ivana (Grissinópoli): —Mirá, nosotros hoy laburamos y la vendimos a los ve- cinos, a los almacenes, así se vende. Bueno les agradezco que me dejen ir.
Mario Hernández: Bueno, acaba de llegar y se incorpora a la mesa, el Secre- tario General de ATE Río Turbio, Raúl Wanzo, ya les había avisado que iba a llegar un poquito más tarde.
Raúl Wanzo (ATE Rio Turbio): —Antes que nada buenas noches, disculpen que por ahí no tengo mucha noción de cómo vino la presentación hasta ahora.
Bueno, brevemente les puedo contar la experiencia de ATE-Río Turbio que tiene que ver con dos pueblos enclavados en el extremo sudeste de la Argen- tina, a lo largo de la frontera con Chile, somos 15.000 habitantes que depen- demos casi exclusivamente de la mina de carbón de Río Turbio.
Ahí somos 1.100 trabajadores sobre 15.000 habitantes lo que da la magni- tud de la importancia de nuestra empresa para estos dos pueblos.
Nuestra empresa era una empresa estatal, Yacimientos Carboníferos Fisca- les, que en 1994 fue privatizada, en el momento de mayor clima del menemis- mo fue concesionada a un empresario privado, Sergio Taselli en sociedad con la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, y a partir de ahí em- pezó a cambiar un poco la historia de nuestro pueblo con este empresario pri- vado que lo único que privilegiaba era su gananciaen función de ahorrar di- nero delos subsidios que paga el estado para el funcionamiento del yacimien- to y file destruyendo nuestra fuente de trabajo, abandonando todo, sin cuidar los bienes del estado que estaban ahí y, después de seis años de inacción por
Camada/sy} ' 99
parte de la Comisión de Fiscalización que dependía de la Secretaría de Ener- gía, nosotros, después de una pelea un poco histórica de enfrentamiento con la burocracia de ATE, ganamos la Seccional y comenzamos a enfrentar esta po- lítica de no hacer nada en contra de este empresario. Para recuperar la mina comenzamos una tarea muy dura, de apretar a la Fiscalizadora y demás con una consigna que era “FUERA TASELLI” para recuperar la empresa y poner- la al servicio de toda la comunidad, ya que es una infraestructura muy impor- tante que puede llegar adar beneficiqsirgrmtros aspectqsigmásvail‘a; de la fuente
Comunidad.
plimientos tal vez sea la primera f ..
este caso, ¿esionadas a unprivado, laprimera'qu'e“ vuelve a manos del es- tado a trav un interventor, esose'dio i vés del decreto A los 5 días que se apqu lï'decretO, Duhalde. dejó a' ñ ¿Em empresagcasizeíglusivamente en mantenimientojprohibiendo la eXplotación dellyacimiie‘nt lgtéual era prác-
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ticamente un cierre, quedábarnosïïenunam mi“ te y un gru-
montón de
cia de San- esivo, segu- 'dos una se-
lados, que
., _ ,. ¿e i ¿ 7' J y; mos tapa en todos los diarios y salió en la televisión provincial, en el resto del país ni ente- rados del problema que nosotros tenemos.
Ahora con la recuperación del yacimiento, si bien estamos en un momen- to de una pelea legal —ya que hay un concurso de acreedores en el medio y es- te decreto 1052 que paraba la explotación del yacimiento—, ya existe un pro- yecto de ley votado por unanimidad el miércoles pasado en Diputados. Éste pasa al Senado y contempla nuestro planteo de que la empresa siga siendo es- tatal, con lo cual tampoco haría falta la conformación de la empresa en sí des- de el punto de vista legal para ponerla bajo el control de los trabajadores, por
roo Navúmhedeaooa
un lado para fiscalizar los subsidios que se necesitan para que ésto funcione. Ya que hasta lograr el punto de equilibrio de la empresa se necesitan subsidios sino es imposible que el yacimiento funcione. Y también con un planteo que nosotros hacemos de la generación de energía a través del carbón en el propio Río Turbio, es decir, construir una usina termoeléctrica allí, que en vez de ex- traer el carbón para que se consuma en la central termoeléctrica de San Nico- lás, a 3.600 kilómetros, consumirlo directamente ahí y vender la energía eléc- V I I mejorar Cl PrQQipd “ nergía eléc-
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mayor, Por CJ"? ._ .. , . . ,. ,t . . ,. ., , ¿"05, Y que la gente con una organización que se haga a través de los trabajadores, que ese pedido se haga una vez por mes y la gente misma vaya a buscarse su propio pe- dido. Es un poco la idea en general, utilizar toda esa infraestructura que no se está utilizando para nada, éste es el planteo que por ahí tiene un poco que ver con lo que se está charlando hoy acá.
Teo (Escobar): —Bueno yo soy Teo, soy de Escobar y participo de la multi- sectorial que hay en Escobar que la integran la Corriente Clasista y Combati- va y nosotros que somos de la izquierda independiente. Dentro de la multi-
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sectorial están representados 32-comedores comunitarios, entre comedores y merenderos, y ahora estamos empezando a tratar de generar proyectos pro- ductivos, emprendimientos productivos, entre ellos una carpintería, trabajan- do siempre dentro del criterio que expresaron los compañeros de Solano, a quienes tratamos de imitar, de generar una economía solidaria. Por ejemplo, con la carpintería comenzar a trabajar abasteciendo a los comedores de mue- bles, de alacenas, esas cosas que necesitan. También. tenemos para empezar a trabajar una pañalera con el mismo criterio, se presentó la discusión de si la pa- ñalera iba a empezar a trabajar para vender los productos en el mercado tradi- cional y despue's con el resto abastecer a los chicos de los comedores o si pri- mero empezar a trabajar con un sentido solidario y después si queda algo ven- derlo en el mercado y con eso abastecer a una especie de capital solidario, te- ner plata para seguir generando proyectos. Bueno, estamos inclinados a traba- jar como plantean los muchachos de Solano.
Después estamos tratando de generar también una cooperativa de cartone- ros para conseguir un mejor precio eso fundamentalmente en Gral. Savio que es una localidad dentro del partido de Escobar que tiene alrededor de 30.000 habitantes muy golpeados por la desocupación y conseguimos una máquina para envolver plásticos con lo cual se podría empezar. De esta manera, los compañeros desocupados que están en el tema del reciclado de los residuos domiciliarios podrían tener un mucho mejor precio de venta.
Nosotros partimos de que las cosas se tienen que conseguir a través de la lucha, hicimos una manifestación de alrededor de 1.000 personas a la Muni- cipalidad de Escobar y, a través de eso, conseguimos que nos den un terreno de 4 hectáreas donde pensamos hacer una huerta comunitaria y nos dieron un subsidio para harina, que nosotros repartimos equitativamente entre los 32 co- medores para que cada cual haga lo que quiera, fideos, etc.
Por un lado, siento una gran envidia de los compañeros que han podido en- contrar una forma organizativa, como es una tradición de todos los que están acá. Nosotros recién empeZamos y cuesta mucho, cuesta mucho romper, un poco con lo que dijo Valdemar, con el capitalismo que tenemos todos los tra- bajadores en nuestra propia cabeza, costumbres que tenemos del populismo, del peronismo, también a veces es muy difícil ponernosde acuerdo con sec- tores de la izquierda tradicional. Les tengo envidia, pero por otro lado me sien- to como suertudo de poder imitar algunos de los proyectos, de todos estos compañeros se pueden aprender muchas cosas. Nosotros tenemos conciencia que vamos a una lucha durísima para poder conseguir las cosas que los traba- jadores necesitamos hoy, pero a la vez con la idea de saber que a la sociedad la tenemos que cambiar sí o sí, y que eso no lo vamos a poder hacer evolutiva-
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mente sino que vamos a tener que ganarlo a través de una lucha sangrienta. No nos van a permitir qüe con el tiempo nosotros nos convirtamos' en una al- ternativa, ya hemos tenido la demostración con los muchachos de los MTD’s.
Entonces nos parece que nosotros tenemos que ir, a la vez de-generar em- prendimientos productivos o formas de autoorganización con los compañeros desocupados, también ir tratando de poner los cimientos en una organización que pueda hacer que los trabajadores con unidad seamos una expresión polí- tica, anticapitalista, tratando de buscar una sociedad donde la mercancía no sea el centro de todas las cosas.
Den-tro de la multisectorial estamos únicamente los de la CCC, compañe- ros independientes y el único concejal de izquierda independiente que hay en el partido de Escobar que está presente en esta reunión.
Venimos acá, yo no pensé venir a hablar, pensamos en venir a aprender co- sas para empezar a desarrollar todos estos emprendimientos para lo cual tuvi- mos ocasión de hablar con los compañeros de Zanón, de Grissinópoli, pre- guntándoles una serie de cosas. Lo único que les quiero dejar claro que estas actividades a las que venimos varias veces que realiza La Maza, a nosotros nos sirven mucho porque conocemos una serie de compañeros y creemos que, ca- da vez está más cerca la posibilidad de formar un frente común dentro de los trabajadores, me parece que nos tenemos que meter en la cabeza tratar de unirnos en un sentido más estratégico. Nada más.
Rubén Dri: En primer lugar quiero agradecer a Mario por esta invitación, y agradecer a los compañeros y las compañeras que nos han brindado una expe- riencia riquísima, creo yo en uno de los aspectos más dinámicos de esto que representa el movimiento popular hay otros sectores del movimiento popu- lar, pero creo que aquí hay una muestra, una etapa, digamos un punto de ini- cio, un punto de inicio histórico. Desde las jornadas del 19 y 20 de diciembre, los sectores populares que han salido a la calle, han puesto en escena nuevos valores, nuevas utopías, nuevos proyectos, que son los que hoy están llevando a la práctica y de los cuales han hablado los compañeros.
Quiero, simplemente, hacer alguna reflexión tomando un poco uno o dos aspectos de cada una de las exposiciones, me parece de una gran riqueza lo que han expresado.
En primer lugar, de la exposición de Martino me pareció extraordinaria la creatividad que es propia de los sectores populares. Cuando realmente se po- nen las pilas los sectores populares encuentran nuevas maneras de trabajo, nuevas maneras de emprendimientos, un laboratorio es realmente de una ri- queza extraordinaria, lo que erqaresaba Martino de todo loque están haciendo
e
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ellos, realmente es una demostración de esta riqueza y, mirando más lejos, lo expresa también en el marco de un proyecto político. Es decir, que no creo que él crea que es suyo el proyecto político sino que expresa la necesidad de un proyecto político, que esto vaya mucho más allá de manera que haya una ver- dadera transformación de esta sociedad, y esa transformación tiene como ba- se el desarrollo de la creatividad de los movimientos de base.
De la exposición de Ivana yo quiero rescatar algo que me parece tan impor- tante, que es :íel‘aprender a-:'escuchar. ‘Estamos aprendiendo. a-’;escuchar’, dijo. Muchas veCes_¿Cn_:os”hemos escuchado, todos tienenla verdad hoy nos damos sus] ' tíees'unïgran aprendizaje ques‘.esúmoí'hïciendo, lo que están haciendo ó‘s rediripiañeros: en los movimientosï‘d‘e trabajadtii’es desocupa- dos, los companer'os‘ qiíewtorñan hoy fábriCaááo 'úel-tomaii‘ empresas, en las asambleas, estamos aprendiendo a escuchar Éntlestéiilaboratorio realmente nos estamos transformando y estamos tratando. ,‘GïFÓIÏVGTtÍmOS. Al capitalista que tenemos adentro estamos tratando de, sacarloft‘ra'tando de convertirlo, y yo creo que, realmentees’cucïhando-a los corripar'ieros y escuchando'a las compa- ñeras es como" Je‘VaÏprod-udéfndflo'en nosotrds'ï¿é'sm transforr‘naci‘wn
De la exp'oSici¿iii-:‘delicornpañeroi Andrés quiero rescatarït'o; altar un poco esta unión de los trabajadoresocupados y desocupados esf recuperar la dignidad del’ti‘abajador, sea ocupado o des: y no’per‘r'r’iitir ese tipo de división quehac‘e el capitalismo, que hace materna, que ¿me que nosotros tengamos ¿etnias 'Ïde divisióne's, Creo queÏ'Ïes'ta e‘s unaexpérieri ainteresantí- sima, peró‘ ésto =éxtendérloïïtambién—a los?" i asambleas! n" alidad traSpasari'd/ ¡l‘esta barreraítofii que se está dando en 'aliímovimiEnto popular, ybicmo que esa esil'a iïpresión de la necesidad de ' ambiarilahistoria. ' " "
.la’cór'ñpañf rÏ'a’que rep ' Y e: ¿"tia no e aiïíalïclaro-"ís’i. ' tización, si es cooperativ, Í _ separas; hay qu hay que tratar de profundizar esto, de esa manera se va avanzando. Yo creo que ese también es un aprendizaje qu: estamos haciendo que, sin duda, yo creo que nos va a servir para avanzar en un proyecto de transformación para cambiar es- ta sociedad.
Con respecto a la exposición de Solano, quisiera rescatar el tema de la dig- nidad que ya en otra parte lo he expuesto, nosotros hemos pasado una etapa, la década del ‘90 y, creo que fue la sensación de todos, en que nos sentíamos completamente humillados. Nos han humillado, ésto no es para decir el pue- bio no sabe luchar, etc. N o. Nos han golpeado terriblemente, nos han fraccio-
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nado, realmente después del terrorismo de estado han venido cosas terribles, la hiperinflación que pasó como una aplanadora, todo el plan neoliberal, toda la época menemista. Y ahora sentirnos que el pueblo, o sea nosotros, estamos recuperando la dignidad.
A veces existe la idea que simplemente son piqueteros que luchan, lo úni- co que saben es luchar. N o, son compañeros que no solamente tienen creati- vidad, que no solamente piensan, sino que ven la necesidad de la formación, hacen talleres,,,ti_enen .emprendirnientosï,hacenseminarios, buscan la forma- ción. Me parece que ¿Sitges otroagpec fundamental que a'jriosotros nos re- sulta sumamé .inter'esahte. I '- _de;¿Querrúca1queíliabló sobre la clggteniér en cuen- ¡a el tema de la eprÉSióii,iun que aunquel " .¿iteneniosgen- cuenta hay que profundizar porque naturalrne tegeste sistÉma i ¿"unica-manera de poder sos-
i larepi'ésiónyicon nai-Tepresión mayor, en-
esta nueva Iriarte .
¡a j" '- _’,_ vai-¿hr ,
mediatas de la
._ Is' es la'ïut’opíi expresada Por lo “39;; , a 7 ,.:.=\5ti.el'132 de los em‘ presarios, del capitalism , no queremos saber mas nada. Y por lo positivo es esto, todo lo que se ha expuesto acá, esta creación, estos nuevos proyectos, es- tos nuevos emprendimientos, la horizontalidad, el poder popular que se está creando, la recuperación del sujeto popular. Yo creo que esto es lo positivo, los nuevos proyectos que van configurando'la nueva sociedad.
Y quiero terminar diciendo esto: cuando uno escucha a los compañeros y a las compañeras, y uno participa realmente de todos estos proyectos, uno di- ce: a pesar que nos estén pegando terriblemente, es un privilegio estar en Ar- gentina, porque es un privilegio ser protagonista. Hoy el pueblo nos ha pues-
.fi' M ;: 1' peja pólígg
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to en esa obligación de ser protagonista y yo creo que no hay nada más gran- de que eso precisamente, el ser protagonista de una nueva etapa histórica
Oscar Martínez (TEL): —Bueno, yo también quiero agradecer inmensa- mente a los compañeros de La Maza y a los compañeros que han expuesto, por lo que decía el compañero Dri, acerca de la cantidad de cosas que se apren- den. En ese marco y después de haber escuchado la exposición de los compa- ñeros uno se pregunta qué puede aportar. Es más, cuando Mario me invitó a participar yo le decía que los compañeros que estamos en el Taller de Estudios Laborales venimos trabajando con sindicatos hace bastante tiempo en. temas como la reestructuración empresaria, flexibilidad, privatizaciones, respuestas sindicales, y este es un tema muy distinto, entonces ¿qué podía aportar yo? y Mario me planteó “dar una mirada desde cómo se engancha esto con toda la dinámica de la estructura productiva, de la marcha del capitalismo”. Entonces, voy a intentar decir algunas cosas retomando lo que dijeron los compañeros pero desde esta mirada.
Primero, a partir de una cosa que plantearon varios compañeros acerca de la unidad de los ocupados y desocupados, y pensando la dinámica del capita- lismo, creo que hay que polemizar con algunas interpretaciones acerca de que los movimientos de autogestión, de control obrero, de microemprendimien- tos y demás, en términos que son un resultado del fin del trabajo, que prácti- camente no existe más el trabajo asalariado y lo que tiene que hacer la gente es auto-ocuparse.
Yo creo que es todo lo contrario, al revés, la dinámica del capitalismo es la que, por un lado hace que cada vez haya más trabajadores asalariados, más pro- letarios. Pensemos por ejemplo, los médicos, los abogados, arquitectos, y otro tipo de profesionales, en otro momento eran trabajadores independientes con bastante plata y bastante acomodados, hoy por el contrario están directamen- te subordinados al capital trabajando como cualquier asalariado en un hospi- tal o en un estudio, con ritmos y formas de trabajo, con horarios determina- dos por el empleador. Otro tanto le pasa a muchos comerciantes y pequeños productores.
Pero la dinámica también del Capitalismo hace que, así como por un lado a unos los convierte en asalariados, a otros los expulsa. La dinámica de la acu- mulación del capital, y la propia competencia entre capitalista-s llevan a la bús- queda de aumentos en la productividad, lo que conduce a la incorporación creciente de maquinaria, y el reemplazo de mano de obra por equipamiento; por lo que a mayor desarrollo capitalista se genera una mayor superpoblación relativa para las necesidades del capital. De-aquí que la desocupación sea inhe-
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rente al proceso histórico de acumulación capitalista y sólo puede existir ple- no empleo en lugares y momentos muy acotados.
Esto se ve potenciado en un momento de crisis capitalista mundial, y más aún en un país como el nuestro que lleva varios años seguidos de recesión. En este marco no funcionan los mecanismos que amortiguan la expulsión de tra- bajadores asalariados.
Entonces es la dinámica del capitalismo la que fabrica ocupados —explota- dos- por un lado y desocupados por el otro. Entonces cuando se piensa cómo luchar contra la explotación y contra el capitalismo se debe pensar en esta mis- ma unidad.
No es un tema fácil. Lo hemos estado trabajando con muchos sindicatos. Sabemos que es dificilísimo, que el compañero que está ocupado en general está preocupado por otra cosa, decirlo desde acá en este marco suena fácil, construirlo cotidianamente es muy difícil porque el que está ocupado cuida su situación y el que está desocupado da la pelea como sea. A mí me parece im- portante esta idea de la unidad. Pero también en este sentido quiero remarcar que si no se da la lucha de los ocupados como trabajadores organizados, es muy difícil pensar en revertir la relación de fuerzas.
En este marco, recién el compañero Dri hablaba de “que se vayan todos” y alguien acotó “también los sindicalistas”, creo que cuando él lo dijo cada uno debe tener centenares de nombres en su cabeza de burócratas sindicales y en esto coincidimos todos pero, por ejemplo, acá hay compañeros gremialistas digo, una cosa es criticar y que se vaya toda la burocracia y otra cosa es decir no al trabajo sindical y gremial cuando hay infinidad, hay miles de compañe- ros delegados, activistas, que están construyendo un camino de resistencia. No hay posibilidad de revertir la relación de fuerzas sino entra el movimiento obrero organizado,
Yendo al terna de todas estas experiencias que son excelentes, yo haría algu- nas precisiones, como decía el compañero de Zanón “nosotros no tomamos la fábrica, sino que nos obligaron a tomar la fábrica”. Un punto clave para defi- nir los alcances de estas experiencias es ver su carácter defensivo. Es decir, que responden a una actitud de resguardo de los trabajadores de sus puestos de tra- bajo, ante la posibilidad o, directamente, la concreción del cierre de la empre- sa. Aunque pueda parecer una obviedad es necesario remarcar que no respon- de a un proceso de ofensiva de los trabajadores, un proceso donde se ocupó, expropió a las patronales y se decidió organizar fábricas con control obrero.
Pensemos que la mayoría de las empresas recuperadas corresponden a sec- tores débües del capital, empresas abandonas por sus patrones, cerradas o a punto de cerrar, en proceso de quiebra. No estamos hablando de sectores di-
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námicos, empresas en producción de la gran industria que son arrebatadas a transnacionales o a grandes grupos económicos.
Es esencial tener presente esto para no “exigir” a estas experiencias más de lo que pueden dar. Reconocer el carácter defensivo de la lucha que empren- den los trabajadores en mantener su puesto de trabajo y la propia superviven- cia, debe llevar también a redoblar los esfuerzos para darle apoyo y contención para garantizar su continuidad.
,_ ida, la edu- ias que han
pero reclamar construyendo y organizando, esto me parece que es el dato fun- damental. Sólo haría una alerta, en cuanto a las empresas recuperadas, del pe- ligro de adoptar la lógica de la competencia, de mimetizarse con el capital en la búsqueda de productividad a cualquier costo para sobrevivir.
Repito, en términos económicos se trata de una posición defensiva, y lo más relevante tiene que ver con los aspectos políticos y de la conciencia, todo el proceso de construcción de poder popular, y creo que es imprescindible dar a conocer lo más que se pueda estas experiencias. Lamentablemente, tuvieron
108 y Noviembredeaooa
que morir Maximiliano y Darío para que se supiera que eran algo más que gente que cortaba la ruta y no digo de la opinión pública en abstracto, digo ¡del movimiento popular, la impresión que había no era que se trataba de una coordinadora de movimientos que estaban construyendo, y aparte cortaban rutas, sino que la impresión era que sólo se cortaban rutas; esta desinforma- ción es una falencia del campo popular.
Opino también que lamentablemente los partidos de izquierda con su po- lítica de quin?sóloï-propagandizan.yv'difun‘denilo que perteneceo-¿está vincu- lado a su po, ngovque ho " "dia, os Íartidos de-izquierda._tieïnen más en el debe que; _ en.” A 7, o'a,-la_wn jj‘ll,t1cción_-,ïp.orque " decía Ru- bén, no hay: ejerci, de ’luchai',"hay,.más; ejercicio ir a decir lo que se debe HaeérfEiirealidad tamos enu ‘iiprïocesoïinmcnsprde aprendiza- je y construcción, y acá no? 'die ques l se va a cons u ' » ' , no hay recetas, h I
, antés'quenadaagradecerles que _ ,ta dign dad 'Ït‘anto trabajo,..»tarita valentía y
, ,_ "‘) _ m ,_, 'sotrósnp-Ïtenemos ningúnïtlpo de rela- ción con el estado. Cuando hay una cierta cantidad de compañeros que nece- sitan los Planes, y vienen a la asamblea y dicen “venimos porque acá dan Pla- nes Tiabajar”, nosotros decimos “no, acá no damos Planes Trabajar, acá conse- guimos los planes entre todos, vos necesitás tu plan vení, entre todos los com- pañeros que ya tienen su plan te vamos al, acompañar y vamos a conseguir un plan paravos”. Nuestra relación con el Estado esuna relación de mierda, de lucha, el estado está allá y nosotros estamos acá. Todo lo que le arrancamos al estado .es a través de la lucha y los Planes Trabajar se reparten también colecti- vamente, la asamblea se reúne y pregunta “bueno, quiénes son los campame-
Cuadernos ¿[Sur 109
ros que necesitan el plan". Por lo general, cuando vamos a alguna lucha por los planes nos ha pasado que conseguimos la cantidad que necesitamos, nosotros nunca pedimos más que la cantidad de planes que necesitamos, consideramos que es indigno que un compañero se lleve el plan sin haber luchado, enton- ces a los compañeros que no luchan no se les da planes. Luchamos por el que lucha, esa es la consigna. No sé si quedó claro.
Concurrente (ATE Sur): —Lo mío no es una pregunta, yo soy de ATE Sur, no- sotros hicimos una actividad solidaria con los compañeros de ATE Río Turbio que están luchando, junto con la Casa de la Resistencia de Lomas de Zamora, lo que tenía que hacer es traer la solidaridad a los compañeros y ya que estoy les voy a entregar los S30 que reunirnos, también estamos levantando firmas que se las vamos a traer cuando las hayamos completado, también tenemos que rendir bonos. Nada más.
Raúl Wanzo (ATE Rio Turbio): —Quiero agradecerles mucho a los compa- ñeros de ATE Sur que se han jugado a fondo por nuestro conflicto y por ahí va- le aclarar que nosotros, si bien somos parte de un sindicato, un aparato sindi- cal, no manejamos un centavo, el Concejo Nacional de ATE y la CTA no nos
aportó ni un peso, esto lamentablemente es así. Bueno, como venimos pelean- do solos buscamos la solidaridad en distintos lugares, que por suerte existe, es más, eidstió en nuestra comunidad, en la ciudad de Río Gallegos, muchas de las cosas se han hecho gracias a la solidaridad, incluso un festival solidario. El último viaje que nosotros hicimos, se organizó un festival, una peña con bai- le y cena, que se hizo en la localidad vecina de Puerto Natales, en Chile, o sea que allá hay una confratemidad de hecho, estamos pegados a la frontera, hay muchos trabajadores chilenos que trabajan en la mina y en esto valió el inter- nacionalismo proletario del que muchas veces se habla por ahí. Por suerte allá se practica en forma cotidiana.
Bueno, y este tema de la solidaridad para poder luchar es importantísimo, y el tema que planteó Oscar, de ver cómo se unen los ocupados y los desocupa- dos es importantísimo y tiene que ver con lo que planteó acá el compañero con los servicios públicos, el ferrocarril, la electricidad, que está en manos privadas y que sólo les interesa la tasa de la ganancia que tienen en exceso por brindar un servicio, sin importar si perjudica o no a millones de personas, bueno si lo- gramos tornar conciencia y tomar en nuestras manos este tema sería importan- tísimo. En esto creo que el rol que hoy juegan, y lo digo por la cantidad de de- socupados y gente que está por- debajo de la línea de. pobreza que es más de la mitad de la población, si empiezan a protestar, me acuerdo siempre de esa ex-
no Naw'mbmdeaooa
periencia que hicieron los pibes en Inglaterra, que todos se pusieron a saltar a la misma hora y provocaron un sismo, me parece que nos falta eso, o sea que si toda la población sale a la calle en vez de zapatear, ahí sí que no queda ni uno solo. Bueno, tenemos que hacer un gran esfuerzo a ver si logramos eso, si su- peramos algunas cuestiones que se plantearon acá, que cada uno cuida su quin- ta y demás, para fortalecer esta lucha, ocupados y desocupados porque va a ser la mejor forma de ir realmente forjando esta pelea contra este sistema capitalis- ta que nos está arrojando absolutamente en la miseria a todos.
Concurrente: Es una pregunta general pero especialmente para Valdemar, desde hace un tiempo tengo la sensación de que los medios nos manejan la ca-
beza.
Valdemar (MTD Solano): —Tenemos que buscar medios alternativos, hay FMs, periódicos, boletines, etc, porque en los medios oficiales cada vez los es- pacios que tenemos son menores y la desinformación es terrible.
Quiero decir cuales son a mi modesto entender los medios alternativos: Indymedia que cubre toda la información del campo popular, Página/12 en es- tos momentos es un medio alternativo a lo que está presentando Clarín o La Nación, fue el que mejor tocó el tema de la represión el 26 de junio, por ejem- plo, y ha sacado notas casi todos los domingos, desde antes de la represión, sa- caba notas del laburo que veníamos haciendo nosotros en los barrios, había una que decía “Disparen a la Aníbal Verón” y decía por qué, no solamente por el hecho de córtar rutas que no es ese el peligro para el sistema, no es el tema de cortar rutas, sino lo que se está generando por abajo que es lo que realmen- te a ellos les duele. Argentina Arde, El Ojo Obrero, existen varios medios alter- nativos alos cuales podemos recurrir. Red Acción, que es una agencia recono- cida como agencia nacional de noticias y quiero recordar una frase que decía “si seguimos creyéndole a los medios de comunicación del sistema, vamos a terminar poniendo al asesino en el lugar de la víctima”.
Concurrente: Los que estamos acá sabemos eso, el problema es cómo hacer con la gente que no sabe.
Valdemar (MTD Solano): —Con el boca ren boca. Concurrente (Asambleísta): —Lo mío más que una pregunta es una refle-
xión. SoyHéctor de la asambleade Medrano y Corrientes, de acá nomás, de este barrio, y realmente para mí es un placer estar acá esta noche escuchando-
CmdmrasddSzir i rn
los a todos ustedes como pequeño comerciante de este barrio y como ex tra- bajador metalúrgico. El sistema me expulsó y a los 40 años me tuve que re- convertir, hoy tengo 43, tuve que poner todas mis fichas y a toda mi familia en un proyecto personal para poder morfar, pero esta es una experiencia personal y de nada vale si no nos juntamos, si no nos coordinamos y seguimos luchan- do por un país mejor. La pregunta y la reflexión que me hago es: los piquete- ros nos enseñaron a construir movimientos apartidistas, ¿qué quiere decir apartidista?, ¿que —vanjmás alláde la expresióndeglospartidos políticos y que reflejan una negeSidad y queÏsOn apartidistas' solamente en apariencia, entre comillas, y así-"surgieron las asambleas l es, sentidó.yicon esa orien- tación? Entonces-la reflexión que yo méihfago "pz’rjr-rtir'degun elemento central que está en discusión y querereo, que lo bién el cdmpañero Mar- tino en función de la nece'sidadflde constrii la la herramienta que nos permita; construir poder'popular. 1 LV
Poder pópular en la unidad, y launidad se co’ri‘Stmye a partir de una herra- mienta queiïpaï'ra-¿mí entender‘es un frente; ' ara desempolvar.‘ justamente ese dogmatisni’o, liÏÏrefleñón-q'ueyo es"'si ‘oil'legó la hora; co'ji'pañeros, que entre piqueteros-yasambleas " al encuentro encorrrrir'i; x relación en común, de consenso, de ir, ' " " miento obre:er ocupado. Es lagunercera pi: ellos mismosïlrefleidonen y construyan dé da, su propi i-rnofimientozapartidistaque los que halSia'ÏÏ " " ,_ ¿
tercera pata que está fal ' papel para la que fue j te en la his-
toria comq tr' , _ junto a la articulacró d cam ipï’opular 'ï
nt por abajo
¿Estamos preparados los piqueteros y las asambleas para ir al encuentro del movimiento obrero ocupado y resolver este problema frentista de la construc- ción de la unidad? Esa es la pregunta.
Martino (MTR): —La verdad es que es una pregunta difícil. Mirá yo creo que es muy difícil, muy difícil.
Desde nuestra perspectiva, nosotros creemos que hasta que no surja una fuerza mucho más cohesionada desde el movimiento de los trabajadores de- socupados y las asambleas, la amenaza que tienen los trabajadores. ocupados
rra I Navzkmheltaooz
con los despidos a partir de sus reclamos es una espada muy grande, muy grande, y no es que los ocupados de las grandes industrias no tengan funda- mentalmente los mismos sentimientos, los mismos deseos nuestros, ¡sí los tienen! Lo que pasa es que yo creo que es muy difícil que se de ese salto orga- nizativo si no se ve antes un poderoso movimiento en el cual respaldarse. Por- que nadie va a sacar la cabeza si sabe que se la van a cortar.
Y la única forma que saque la cabeza es cuando vea que hay un poderoso movimientoque escapazde: eso. Esq todavía no está. muy importan- te lo qu ósgtros hacÏemoS ¡oji "I ' gorros, en, el mejojjdie los casos, to- 'Ï ientos dedeáïocupado llegamos a nuclear/"100.000 compa-
ñeros. Yi; "hablando que en es} "‘aís- hay"6ï.-,OÓO.QQQ¿de desocupados. Nosotros" tenemos una .-tremenda ta'r'e p: \,delarite‘ gue esavanzar en la orga- niZación de ese tremendoxesl'aacio ene tua. bdavíaisornos una gota. Creo que el avancege va a dar, nos ,¿x e, n
5"
y __ tira,” sde todos estos sectores, del desarrollo pr " las'organizaciones, aún de izquierda. w ¿resciertotquerlï ,, 'ones de izquierda tienen en su debe de cosas deseo que muchos" dé Ibis que están acá son de organizaciones.;deiizq.. er‘da, no de derechagEs gran parte del
tén'ninoÏá ne ningun .j H ,_ ,_ Laadernog _. ‘ia obrera no es un problema de hoy, es un problema“ desde ¿el origen del movimiento y ¿la ho- rizontalidad es superior a la democracia ¿brera? Es increíble. Yo creo que esto sí merece un buen debate, porque si no pónemos las cosas en claro el movi- miento que estamos gestando no tiene gran perspectiva. Pareciera ser que to- das las categorías que la clase obrera elaboró como medio de lucha las tenemos que tirar a la basura, nosotros creemos que no, en absoluto, que al contrario, delo que se trata es de recuperar todas las categorías y es lo único que nos va a permitir salir de esta situación. Y, de alguna forma, recién dijo acá el compa- ñero, que en la exposición de todos nosotros están presentes las diferencias y
CudemasdrISar 113
esto es muy importante. Para señalar una, acá el compañero Valdemar decía, en Solano hicimos el debate y la resolución fue producir sólo para el reparto entre los propios compañeros, porque lo otro sería medio, a ver si entendí mal, caer en el capitalismo
Valdemar (MTD Solano): —No, yo dije que no podía competir en el merca- do capitalista.
Martino (MTR): —Bueno, ¿vamos a poder salir de esto si no somos capaces de generar una economía que esté en condiciones de competir? Porque sea-.- mos realistas, si producimos zapallitos a 52 el kilo y el capitalismo los produ- ce a 50,50, mal que nos pese, nuestro proyecto no tiene perspectiva.
En última instancia, nos guste o no nos guste, todos los proyectos los esta- mos haciendo en el marco del régimen social capitalista, no es el socialismo. En Cuba también se ha discutido esto y Cuba no hubiese podido subsistir si no hubiese resuelto adaptar todo esto a la competencia del capitalismo. El pro- pio socialismo no significa la desaparición lisa y llana, de un momento a otro, de la mercancía, no es que todo lo repartimos de acuerdo a las necesidades, eso no es posible, es una utopía. Lamentablemente éste no es un proyecto nacio- nal, este es un proceso que va mucho más allá de lo nacional, entonces esas le- yes todavía rigen y no solamente en la cabeza de los hombres, sino en la vida cotidiana. Entonces yo creo que hemos dado grandes pasos, no me cabe la me- nor duda que hemos dado grandes pasos, pero yo creo que estas son cuestio- nes que en serio tenemos que sentarnos a debatir profundamente. Esto no de- pende de la experiencia de Solano, ni la experiencia de Varela, ni la experien- cia de Río Turbio o de Zanón, acá estamos dependiendo de que podamos di- lucidar adecuadamente la suerte del conjunto del movimiento obrero argen- tino y latinoamericano, ése es el problema.
Raúl Wanzo (ATE Rio Turbio): —Una cuestión cortita, porque la verdad que da para discutir horas y horas este tema, con este tema de la cantidad de deso- cupados organizados nos damos cuenta dónde estamos parados y realmente cuántos somos los que estamos de un lado y cuántos los del otro y cuántos los que están indefinidos. Esto es importante para no pasarnos de rosca en los ob- jetivos inmediatos porque si no nos vamos a dar contra la pared. Yo vengo de una experiencia, y no es por jactarme, hemos ido a asambleas con el 10% de la población, 15.000 habitantes, asambleas de 1.500, movilizaciones de 2.000. Que si lo transforrnamos a la proporción de lo que es Buenos Aires, viene a ser una asamblea con 300.000, cosa que no existe, allá se da por una cuestión
114 Now'mhvdeaooz
en particular, somos poquitos, nos conocemos hasta los perros y los nombres de los perros de todos los vecinos. Sin embargo, también es muy difícil soste- ner eso después, también hay que decirlo porque sino parece que fuera todo muy fácil y va todo viento en popa y no es así, como decían algunos nuestras cabezas están formadas por el capitalismo, algunos tenemos más conciencia y otros ni la tienen y, en todo ese proceso es importante ir masificando esta pe- lea. Por lo menos para nosotros sí hay que ver cómo masificamos un punto concreto que es el tema del capitalismo y explicar, y no cansarse de explicar, cómo funciona este sistema, cómo somos parte de la mercancía, etc., etc. Pa- ra ir avanzando en esto, porque no vamos a hacer la revolución mañana, no vamos a cambiar el sistema de un día para el otro, a cualquiera le gustaría cam- biar todo de un día para el otro pero con las ganas no alcanza. Evidentemen- te, hay algo en lo que estamos fallando todos porque todavía seguimos hacien- do estas reuniones de 100 personas y acá enfrente, en la otra manzana, viven 10 veces más de los que estamos acá. Si no entendemos esa realidad vamos a estar jodidos, vamos a creer que vamos a hacer un montón de cosas y no lo va- mos a lograr, el esfuerzo tiene que ser muy grande y va a ser muy grande.
Pero es importante el esfuerzo de los que hoy estamos acá y de los que ha- cen otro tipo de reuniones como estas y ver cómo dejarnos de lado- muchas cuestiones de la propia quinta, como pasa generalmente en muchos partidos de izquierda, de los que yo no reniego —en esto coincido con Martino—. N o soy antipartido, me parece que hace falta una organización, una cosa así muy en el aire tampoco es garantía para enfrentar a un poder que sí tiene organiza- ción, que tiene represión, que tiene un montón de cosas, tiene escuelas, edu- ca en este sistema, tiene todo, medios de difusión y demás. Por eso, el tema es ver cómo logramos que todos los que estamos, que estos 100.000 nos ponga- mos de acuerdo, sería el primer pumo para poder seguir avanzando y poder por ahí crecer geométricamente, si eso se llega a dar sería realmente importan- tísimoelver cómo se avanza en serio hacia la unidad y tiene que ver con esto de coordinar y mezclar estas experiencias concretas como dar de comer, que tienen que ver con la vida cotidiana de toda la gente, con esa cantidad de mi- llones que hoy no están sumados a la tarea organizada, tiene que ver con eso. Por ejemplo, el caso de Zanón. La otra vez, un compañero nuestro viajó y les comentó que nosotros tiramos un subproducto que sale del carbón que se uti- liza para construir cerámica. Yo estuve en el INTI en una asamblea y ahí está la gente que se dedica a investigar y vimos cómo empezar a coordinar un mon- tón de cuestiones que están latentes y eso va a hacer que en forma paulatina se vaya sumando la cosa.
CaldtrmsldSur 115
Concurrente: Yo me voy a presentar, soy Madre de Plaza de Mayo, vieja lu- chadora, luchando contra todo, contra todos, incluso contra nuestro pueblo. Nos golpearon, asesinaron a nuestros hijos, nadie sabía nada, miraban para un lado, miraban para el otro. El Mundial de 1978 es uno de los recuerdos más espantosos que tenemos las Madres. En medio de la matanza, nosotras dijimos: vamos a seguir luchando, y contra la indiferencia de nuestro pueblo seguimos luchando y seguimos luchando. Algunas decían: “no vamos a lle- gar a ningún lado”, y les contestábamos: “sos una cagona de mierda, sos una depresiva”. Y seguimos luchando, seguimos contra todo, llorando, sufriendo, y pasaron 27 años. Yo personalmente no digo que el 19 de diciembre no fue un punto culminante, sí, pero la lucha venía de antes. He estado en muchas reuniones obreras donde los luchadores de siempre buscaban la forma de meter a su gente, y ver qué no entendían los obreros, dónde estaba la verdad. El 19 de diciembre yo estaba acá, en una reunión, les aseguro que esa noche he recorrido todo Buenos Aires, he caminado, vieja como soy, los pies ya no nos daban, mis compañeros habrán dicho “mirá la vieja loca como llora”, y yo pensaba “bien pueblo, bien pueblo”, salió la gente enloquecida, el pueblo, el mismo que estuvo tantos años sumergido en la ignorancia, en el miedo, en el pánico, en el terror y en el periodismo que nos enseñó a través de la tele- visión a mirar para otro lado, el “no te metas”. Esto es maravilloso, se los digo yo después de 27 años de lucha. Es muy difícil, compañeros, muy difícil, el enemigo es sumamente poderoso, nosotras también decíamos “no vamos a llegar a nada, tenemos lo peor que es el imperialismo, no vamos a llegar a na- da, no vamos a recuperar a nuestros hijos”, no importa, porque a pesar de to- do, ellos siguen viviendo, están latentes, están acompañando cada una de las luchas, no pudieron sepultar la memoria.
Cuando te tocó, tomaste conciencia y dijiste “no me quedo en mi casa, sal- go a la lucha”, perfecto, pero perfecto, no tengas miedo, porque eso es lo que hicieron con el pueblo argentino por el miedo, por el espanto, por el terror que sembraron estos malditos, fue un sistema perfecto. Realmente es una ma- ravilla como están trabajando, en medio de la angustia, del hambre, de la de- sesperación, como no se arnilanan y siguen adelante. Adelante, a todos ustedes y a vos te pregunto ¿vos cómo podés trabajar ahí en Escobar, con el asesino que tienen? Nosotras recordarnos muchísimo a Cambiasso y Rossi, yo cono- cí personalmente a Cambiasso, había salido en 1982, era un muchacho gran- de ya, extraordinario como ser humano, fue el que puso límites en la cárcel de Rawson, a los chicos que estaban detenidos a disposición del PEN los tenían en Rawson, donde hubo suicidios por la desesperación, la tortura psicológica y había momentos que pretendían levantarse por la locura, la desesperación.
116 Nambmkaooa
Cambiasso les hablaba, les tenía una paciencia, los hacía trabajar, siempre con- teniéndolos. Cuando le dieron la libertad condicional era un tipo peligroso porque pensaba, porque razonaba, porque se sentía libre, y ¿quién fue el en- cargado de asesinarlo?, el sargento de policía Patti, a la vista de todo el mundo, junto al pibe Rossi, entró a los tiros en una confitería. Así que yo les digo: us- tedes son héroes si están haciendo las cosas que están haciendo, porque uste- des tienen el enemigo ahí.
La vez pasada estuve en una reunión con maestras y les decía: trabajen so- bre el futuro que son los niños, hablen, conversen, no vayan a ser muy, muy duras, pero tienen que empezar a trabajar como están trabajando todos uste- des por los niños, darles la comida y enseñarles a pensar que lo que ven en la tele es todo mentira, eso es lo único que yo les dije, las trabajadoras de la vida, yo fui maestra también, me considero una obrera del pizarrón. Dediquémo- nos a los niños, a enseñarles a pensar. i
Estoy muy emocionada. Con esta organización me puedo morir tranquila porque sé que la Argentina está bien, a través de ustedes.
Mario Hernández: Broche de oro. Les agradezco mucho a todos los com- pañeros.
Buenos Aires, agosto de 2002
ü realidad Económica
Hipólito Yrigoyen 1116 (1088) Buenos Aires
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Radiografía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados
Un enfoque antropológico
Pablo Perazzi
as «visiones espasmódicas»
I dominan el discurso sobre los orígenes y el. desarrollo del movimiento piquetero. El historia- dor marxista Edward P. Thompsonl solía advertir de los disparates come- tidos en los análisis de los mal llama- dos “motines de subsistencia”, y de- mostraba que las versiones abrevia- das del hombre económico no eran —para sorpresa de muchos- propie- dad exclusiva de los intelectuales de derecha. la izquierda —o, para ser honestos, una parte de ella- suscribió durante décadas a las tesis del pontí- fice máximo de la escuela espasmó- dica, Walt Wilthman Rostow, una fi- gura no precisamente enrolada en las corrientes emancipatorias. El princi- pal mérito de Rostow fue haber ela- borado, allá por 1948, su famoso “gráfico de la tensión social”: no hay más que correlacionar las tasas de de- sempleo y el aumento de precios, pa- ra obtener una imagen acabada de la evolución de los disturbios sociales. En el contexto rioplatense, los más
fieiés exponentes del modelo del Rostow se aglutinan en el inclasifica- ble Centro de Estudios para la Nue- va Mayoría. Su director, Rosendo Fraga, y su doxósofo estrella, julio Burdman, no han cesado en su cru- zada por convertir a las revueltas pi- queteras' en simples y espasmódicas rebeliones del estómago, a expensas de los muy democráticos La Nación y La Prensa.2
El crecimiento del desempleo y el alza en los precios no constituyen novedad en la historia del capitalis- mo, ni han engendrado idénticas for- mas de resistencia social. En ese sen- tido, el propósito del trabajo consiste en intentar superar, por un lado, los argumentos paternalistas que subya- cen a las visiones espasmódicas de las revueltas populares, y en mostrar, por el otro, que las múltiples formas que adoptan los nuevos movimien- tos de masas no se relacionan en un ciento por ciento con cuestiones de naturaleza estructural. La hipótesis de la que se parte es que aunque el
Calamar del Sir
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desempleo y, en particular, el replie- gue del Estado, han entrañado las condiciones para el surgimiento de un movimiento de las características del que se pretende examinar, su so- la mención en modo alguno explica o agota los particulares rasgos del fe- nómeno.
1- El piquete: lecciones de Cutral Có
El piquete remite a una vieja y ya clásica modalidad de presión sindi- cal. Consiste en obstruir el ingreso a las fábricas, paralizar la producción y, una vez transcurrido un cierto tiem- po -el que se entienda necesario de modo de interrumpir el proceso y el ritmo de trabajo normales—, obtener el suficiente poder de negociación como para satisfacer los reclamos que dieron origen a la medida. La práctica tradicional del piquete supone como condición básica la existencia de un espacio social específico —la fá- brica—, donde se originen conflictos de intereses entre sectores antagóni- cos. El común denominador entre quienes deciden llevar a cabo un pi- quete y quienes se oponen a él, radica en que ambos se encuentran insertos en una trama de relaciones sociales —el mercado de trabajo—, a partir de la cual definen y redefrnen las estrate- gias de acción y asociación respecti- vas. La constitución de sujetos políti- cos nunca adopta la forma de una construcción radicalmente nueva, si-
no que reúne lo viejo y lo nuevo en el proceso de formación. De allí que algunos investigadores hundan las cortas raíces del fenómeno piquetero en la larga historia del movimiento obrero argentino.J Resulta conve- niente, sin embargo, examinar aque- llos aspectos que —siquiera en cier- nes- parecen no avenirse por com- pleto a formas de lucha tradicionales. Aunque es indudable que no hay so- lución de continuidad entre los “pi- quetes de huelga” y los “cortes de ru- ta”, también es cierto que los así lla- mados “movimientos de trabajado- res desocupados” (MTD’s) vienen en- sayando dinámicas de socialización política hasta ahora no muy explora- das.
Por de pronto, el piquete ya no re- presenta únicamente una medida de acción directa —y, por lo tanto, de du- ración limitada-, sino un modo de organización relativamente estable que suele exceder la inmediatez del reclamo puntual. Los movimientos" de desocupados ven en el corte de ruta un instrumento de lucha, un medio de presión a través del cual ca- nalizar reivindicaciones específicas (planes “Trabajar”, bolsas de alimen- to, útiles escolares, ropa y calzado, etc.). La práctica del piquete prosigue, además, un objetivo estratégico: visi- bilizar idearios político-sociales; tras- ladar la realidad barrial ala geografia pública.
No hay piquete sino “piqueteros”, no hay medidas aisladas sino un
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Nan'mheéaooa
emergente definido que, aunque in- cipiente, se ha convertido en un nue- vo factor de poder popular, un “mo- vimiento” con dinámicas de organi- zación y representación distintivas, y sus consiguientes modalidades de ac- ción y asociación. La construcción de una “identidad piquetera” —pues en rigor de eso se trata- supuso un pro- ceso en el que fueron articulando an- tiguas y nuevas experiencias de inter- vención política.
La denominación “piqueteros” aparece por primera vez en junio de 1996, a propósito de los sucesos de Cutral Có y Plaza Huincul. Si bien en la actualidad el término integra, con un sentido positivo, el lenguaje corriente de las organizaciones de desocupados, en aquel entonces fue utilizado por la prensa con la inten- ción de tipificar negativamente una rebelión popular de grandes dimen- siones.4 Se sabía, por otra parte, que se estaba frente a un acontecimiento dificilmente comparable con el ocu- rrido en Santiago del Estero en di- ciembre de 1993.
El “santiagazo” había sido prota- gonizado por asalariados (empleados públicos, maestros, comerciantes y pequeños productores), que se ma- nifestaron en rechazo de la llamada “ley ómnibus”, un proyecto que pre- veía recortes salariales y despidos masivos en el Estado y que dejaba al sector privado al borde del colapso. El desempleo no representaba toda- vía un problema estructural.5 En Cu-
tral Có la situación fue distinta: el desempleo alcanzaba los 20 puntos, un 15% de la población no lograba satisfacer sus necesidades básicas, ha- bía concluido el boom de consumo generado por el pago de indemniza- ciones, y se había abortado, a partir de 1991 con la privatización de YPF, una cultura de años.
En ese contexto, la práctica del pí- quete, aunque todavía en su molde tradicional, contuvo en estado em- brionario el sentido que solidifrcará en los próximos años. Los manifes- tantes debatieron en “asambleas po- pulares” los términos de la negocia- ción con el gobierno provincial, en- cabezado por el inefable Felipe Sa- pag, quien sufrió la peor humillación en sus 33 años de administración. Ante tamaña protesta, la jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles no tuvo más remedio que declararse in- competente: “Esto es un virtual alza- miento del pueblo contra el gobierno de la provincia, es más que sedición. Yo no tengo competencia sobre es- to”,6 declaró. Las “asambleas” se lle- varon a cabo en Puesto Torre, obsta- culizando el ingreso y el egreso de camiones de la refinería, circunstan- cia que se repetirá en regiones cen- tralmente ligadas a la explotación pe- troquímica.7
Ya no se trataba de, una “estallido espontáneo” —si es que tal cosa existe- sino de un modelo de protesta dife- rente, que volverá a activarse en el mismo lugar en abril de 1997. Esa fue
emana;-
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la razón por la que la prensa, al tanto de que se asistía al nacimiento de una nueva forma de lucha, decidió retirar la denominación original e imponer la de “fogoneros” La palabra “fogo- neros” no hace otra cosa que “folklo- rizar” —por así decir- un hecho emi- nentemente político, relacionar a los sectores en conflicto con cuestiones toponímicas y ancestrales: kütral leo es un sintagma de raíz mapuche que sig- nifica “agua de fuego” (petróleo).
No es casual que el origen de la revuelta —y menos aun del movi- miento piquetero- se vincule en for- ma estrecha con el problema petro- químico. El general Enrique Mosco- ni había presagiado sesenta años an- tes que la concesión de las riquezas subterráneas a empresas extranjeras iba a constituir “el germen de graves perturbaciones de orden económico y social”.3 El petróleo invoca una de las más consistentes experiencias de organización social, una obra de in- geniería humana montada y sosteni- da por el Estado por encima de los recambios gubernamentales. Yaci- mientos Petrolíferos Fiscales (YPF) remite a la colonización de territorios hasta entonces poco habitados, a la creación de ciudades, al acceso a be- neficios sociales, un salario digno y una vivienda confortable, a la idea de ascenso social, un futuro previsible y una jubilación decente. Constituye, en definitiva, todo un estilo de vida. Cuando una cuadrilla daba con un yacimiento se abrían enormes expec-
tativas; estaba preanunciando el em- brión de una nueva ciudad y la re- producción del ansiado estilo de vi- da. En su mejor época, YPF llegó a emplear a 100.000 operarios. Cada ype/iano —así se autodenominaban- podía alcanzar una cobertura social integral, que incluía desde útiles es- colares hasta una chequera de viajes. Las ciudades se nutrían de centros comerciales, lugares de esparcimien- to, cinematógrafos, clubes deporti- vos, transportes públicos, fuerzas de seguridad, hospitales, parroquias, etc.. Incluso en algunas (p. e. Plaza Huincul) existían “casas de citas” pa- ra satisfacer —según argumentaran las autoridades- las “necesidades” de los obreros solteros.9 Como la ubicación de los principales yacimientos coin- cidía con sitios de frontera, las ciuda- des cumplían una triple función: agrandar las arcas públicas, generar dispositivos sociales de organización burocrático-militar, y sustituir a los fortines, que hasta ese momento ha- bían ejercido la custodia de las fron- teras, por conglomerados sociales autosuficientes. A través de YPF el Es- tado no sólo inscribía en el cuerpo social las claves de la Nación, sino que transfería a los operarios una dis- ciplina rígida y “las virtudes del sol- dado”.lo
Un trabajador no calificado que había ingresado a la empresa en con- dición de obrero raso, sabía que si cumplía al pie de la letra con la rutina de trabajopodía obtener un aumento
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Nam'mbreleaooa
salarial o un ascenso de categoría. La política de rotación y traslados llevaba a un mismo empleado a recorrer, en el transcurso de una vida, más de un centro de explotación, pasando del frío polar de Comodoro'Rivadavia al calor tropical de General Mosconi, adquiriendo un conocimiento vasto de la geografía nacional. Concluido el ciclo, se le garantizaba una jubilación holgada y la participación en las ga- nancias de la empresa.
El Estado funcionaba, además,- co- mo una máquina expendedora de fa- milias petroleras: los ypg‘ianas transfe- rían a los hijos la disciplina de la que ellos mismos habían sido objeto. Aun- que durante la gestión de Mosconi la actividad sindical fue celosamente re- primida, acusando de “agitadores” a quienes osaban hablar de paros y huel- gas, y llegando incluso a destruir a la efimera Federación de Obreros Petro- leros y a establecer la ley marcial, lo cierto es que a partir de 1946, con la creación del Sindicato Unidos Petro- leros del Estado, se comenzó a fortale- cer el tejido gremial y a cultivar una sólida consciencia obrera."
La privatización de YPF, además de acarrear —como presagiara Mosconi- “graves perturbaciones de orden eco- nómico y social”, aniquiló la capaci- dad'reproductiva de todo un estilo de vida y extinguió el principio de coo- peración antagónica que regulaba la relación entre la conducción buro- crático-militar y el ejército ypdianos. El desempleo era, por así decir, el
menor de los males posibles. La ma- yor desgracia tenía que ver con la di- solución de un sistema de organiza- ción integral, un auténtico microcos- mos social.. El mismo no sólo había dotado de sentido a la vida, sino ade- más inculcado férreos mecanismos de subordinación. Sin ellos se des- membraba una cultura de años.
2- Miradas sobre el poder: organizaciones, posicionamientos, encuadres Los primeros piquetes se produ- jeron, como se dijo, en lugares dis- tantes en cientos de kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y de los principales centros urbanos. El mo- vimiento creció en volumen y fuerza a través de una dinámica de acción centrípeta (de la periferia al centro) y no —como cabría suponer- de acción centrífuga (del centro a la periferia). Uno de los tantos errores en los que suele incurrir un cierto frente de análisis es el de confundir al piquete con un aséptico “corte de ruta”. Si bien es verdad que la forma que adopta el primero no se corresponde en un ciento por ciento con el mode- lo clásico, su reemplazo por el con- cepto de “corte de ruta” no sólo no resuelve el problema, sino que lo su- merge en un océano de imprecisio- nes. El procedimiento consiste en lo siguiente: asirse del término “corte de ruta” para intentar demostrar, cuadros estadísticos mediante, que los asalariados in latu sensu continúan
Cuadernos a'eISIir
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siendo los principales referentes de la protesta social. Caben, pues, algunas reflexiones.
En primer lugar, el intérprete no puede menos que interrogarse acerca de a quiénes se incluye, como con- tendientes intelectuales, en dicha premisa. La respuesta no es difícil de imaginar: a aquellos que, desde los claustros, pregonan, munidos de la ficción del “fin de la historia", la de- saparición de la clase obrera. Aunque esta cruzada en defensa del trabaja- dor asalariado despierta mayores simpatías que la de sus oponentes, tropieza no obstante con las limita- ciones de su. más fiel herramienta de análisis: la estadística. Para el caso, los teóricos del “fin de la historia” tam- bién se valen de sesudos informes sociográficos para “demostrar” el su- puesto repliegue de la clase obrera. Constituye, en efecto, una discusión estéril: ninguna correlación de fuer- zas se define —que se sepa- en térmi- nos cuantitativos. El problema es mucho más complejo de lo que pare- ce a primera vista.
En segundo lugar, la premisa tien- de a colocar entre paréntesis a aque- llo que, a todas luces, representa la más novedosa forrna de lucha que se haya gestado en la Argentina en los últimos años: las organizaciones te- rritoriales y de desocupados. En la medida en que el. “corte de ruta” in- volucra a un conjunto indetermina- do de sujetos sociales (estudiantes, empleados públicos, jubilados, mi-
norías sexuales y étnicas, ahorristas, desempleados, vecinos, villeros, etc.), los MTD’s terminan desdibu- jándose en una compleja trama for- mada por compartimentos, colum- nas, números y cálculos de la más va- riada naturaleza.
En tercer lugar, hay quienes di- cen, tal vez intentando congraciarse con algunos sectores en lucha, que el “corte de ruta” se ha convertido en la nueva forma de resistencia. Pero lo cierto es que desde las huelgas de los obreros egipcios en reclamo de me- jores condiciones de trabajo durante la construcción de las pirámides que se viene apelando a la interrupción de caminos como señal de protesta. Si hay algo que nada tiene de nove- doso, eso es el “corte de ruta”. ¿Por qué tantos reparos en llamar a las co- sas por su nombre? ¿Cuáles son, pues, las diferencias entre el “corte de ruta” y los piquetes de los MTD’s?.
El piquete supone la interrupción de la circulación y la ocupación efec- tiva del territorio. No se trata, sin embargo, de un espacio fisico cual- quiera, sino de rutas provinciales y nacionales, es decir, de las arterias de circulación económica. Dicho de otra manera, es el flujo de la Nación el que resulta interrumpido. Los pi- quetes involucran una pluralidad de factores, una mixtura que supera con creces la imagen remañida difundida por los medios. Cutral Có fue, en ese sentido, un laboratorio de futuras ex- ploraciones.
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Noviembre de 2002
En noviembre de 2000 tiene sede en distintos puntos del conurbano el primer piquete en escala.|2 La medida colocó al movimiento en el centro de la escena pública, posicionándoloco- mo un nuevo sujeto político. Los medios focalizaron la mirada en La Matanza (ruta 3, kilómetro 22, a la altura de Isidro Casanova) e invisibi- lizaron —o no creyeron trascendente- lo que, al propio tiempo, estaba ocu- niendo en los partidos de Almirante Brown y Quilmes, donde distintos MTD’s articularon una serie de activi- dades, con independencia de las re- soluciones adoptadas por los dirigen- tes de la Federación de Tierra y V1- vienda- (FIV) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).‘3
Los hechos constituyeron, no obstante, una acción de masas sin precedentes, en la medida en que: a) fueron concebidos por sus protago- nistas como una medida legítima, y b) los intereses aglutinantes se defi- nieron en oposición al orden político y social existente y se canalizaron por vías no institucionalizadas. Las muje- res y hombres que, durante seis jor- nadas completas, acamparon a ambos lados de la ruta, entendían estar de- fendiendo derechos inalienables: tra- bajo, salud, vivienda y educación. La sordera oficial y las sistemáticas vio- laciones a derechos adquiridos, lleva- ron a adoptar medidas de acción di- recta (“piquetes”) consideradas deli- tos federales,
Las acciones de masas presentan,
empero, múltiples facetas. Lo que diferencia a los piqueteros de otros movimientos sociales es la manera en que, entre otras cosas, conceptua- lizan y hacen uso del territorio. Pero este tópico también plantea diver- gencias: no todas las organizaciones entienden o se apropian del territo- rio de la misma forma. Hay organi- zaciones que, debido a una particular historia de construcción política, centraron su accionar en la ocupa- ción de tierras fiscales, el estableci- miento de alianzas con otros sectores y la conformación de una fuerza multisectorial: FTV-CTA y CCC. Otras, en cambio, entienden que el pasaje de la fábrica al barrio no es más que una etapa transitoria —una limitación impuesta por el creci- miento del desempleo y el aleja- miento de la dirigencia sindical de las bases obreras- en la que deben ges- tarse condiciones de lucha que coac- cionen en favor de un retorno a las plantas industriales, pero bajo el con- trol de los trabajadores: Polo Obrero (PO), Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), Federación de Trabajadores Combativos (FTV), Coordinadora de Unidad Barrial (CUBA) y Movimien- to Territorial de Liberación (MTL). Estas últimas conforman el denomi- nado Bloque Piquetero Nacional (BPN). Por último, organizaciones que, siendo conscientes de la distan- cia que las separa de- constituir una alternativa real de poder, ligan un proyecto de clase —en un sentido am-
Crmdmws ¿[Sur
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plio, que incluye a todos los sectores del campo popular- a una construc- ción territorial capaz de rescatar los valores del mundo del trabajo, pero cuya aspiración de máxima —esto es, a largo plazo- consiste en romper con el patrón de acumulación capita- lista y sus coletazos culturales: Coor- dinadora de Trabajadores Desocupa- dos “Aníbal Verón” (CTD-AV).
Aunque sus dirigentes se empe- ñen en sostener lo contrario —y a me- nudo sobreactúen diferencias—, los principales movimientos piqueteros (FIV-CTA, CCC y P0) comparten mu- chas más cosas de las que sus jefatu- ras imaginan.|4 Por de pronto, visibi- lizan a la conducción,” tienen sim- patías por tal o cual partido político,16 identifican figuras de los gobiernos municipal, provincial o federal con las cuales negociar,l7 admiten la posi- bilidad de intervenir en reyertas elec- torales y reconocen antecedentes de organización de base. sindÍCal-com- bativa.
Mientras se desarrollaba una de las más importantes acciones de ma- sas de las últimas décadas,IB convoca- da por MTD’s de todo el país, se pro- dujo un hecho confuso que derivó en acusaciones cruzadas, rupturas y reposicionamientos políticos. Mili- tantes del MTR, a quienes se les adeu- daba el pago de los planes de asisten- cia,'no acataron las resoluciones de la Primera Asamblea'Nacional de Or- ganizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados (julio de 2001)
—dejar caminos alternativos y evitar situaciones de violencia—, y ocuparon una sucursal del Banco Provincia (Florencio Varela) y a la semana si- guiente la sede del Ministerio de Tra- bajo provincial (La Plata). Alrededor de 50 militantes, incluido Roberto Martino —principal dirigente del MTR-, fueron detenidos. La conduc- ción de la FTv-CTA no tuvo mejor idea que, metamorfoseándose con el discurso oficial, acusar a Martino de estar trabajando para los servicios de inteligencia.
Desde entonces las divisiones se han vuelto inconciliables, impidien- do la planificación de programas de lucha progresivos.|9 Esta circunstan- cia da cuenta del estado embrionario en el que se encuentran algunas or- ganizaciones y el marcado retroceso que evidencian otras. No se ha he- cho más que circunscribir el debate a planteos dicotómicos y de muy esca- sa relevancia: “reformistas” vs. “revo- lucionarios”; “cortes parciales” vs. “cortes totales”, “menos violentos” vs. “más violentos”.
Las trayectorias políticas de Luis D’Elía (FTV-CTA) y Juan Carlos Alde- rete (CCC) encaman grosso modo los perfiles típicos de la dirigencia pique- tera: a) dirigentes de base social-terri- torial, y b) dirigentes de base político- sindical.20 D’Elía recibió una forma- ción salesiana y se conectó, de joven, con las comunidades cristianas de ba- se de las villas de La Matanza, donde vivía y trabajaba como maestro. A me-
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Noviembrnlraoaa
d-iados de los ochenta integró un mo- vimiento de ocupación territorial. Las condiciones de vida en el campamem to de El Tambo y la negativa de las au- toridades a conceder créditos accesi- bles para la compra de tierras, se vol- vieron un verdadero calvario. Cuando estaba a punto de desistir ocurrió un hecho desgraciado que torcerá su des- tino. La líder de la torna, una mujer madre de 12 hijos, fue asesinada du- rante un intento de desalojo. Fue así como D’Elía decidió involucrarse por completo en el movimiento. Se crea, entonces, la cooperativa “Unidad, So- lidaridad y Organización”, eje de la transformación del asentamiento en barrio. A finales de los ochenta cono- ce al dirigente demo-cristiano Carlos Auyero. Durante la gobernación de Cafiero es designado consejero gene- ral de educación. En 1995, “Chacho” Álvarez lo convence de sumarse al Frente Grande y, tras una dura interna con Mary Sánchez, obtiene en 1997 una vacante como concejal en La Ma- tanza. Al año siguiente, como referen- te de la Federación de Trabajadores por la Tierra e imbuido de las ideas del líder del Movimiento de los sin Tierra Joao Stédile, reúne el apoyo de diri- gentes agrarios y religiosos e instala el debate sobre expropiación y torna de tierras. La discusión generó la rápida reacción del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Enrique Crotto, quien instigó a las autoridades a repri- mir sin miramientos las ocupaciones
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Alderete proviene de una familia de militantes sindicales salteños. Su padre fue dirigente de la CGT hasta 1955, año en que termina tras las re- jas por decisión del gobierno militar. Alderete incursiona en el sindicalis- mo como delegado de la empresaAr- genlac, conocida por haber reempla- zado el envase de vidrio por el sachet de plástico. Durante la dictadura fue perseguido y detenido bajo el cargo de tentativa de secuestro del presi- dente de la Ford. Desde 1978 hasta 1981 estuvo preso en la cárcel de Ca- seros. En 1983 recala en el asenta- miento Santa Elena (La Matanza), donde participa en tomas de tierras y en la creación de barrios y cooperati- vas. Atraído por la intransigencia del dirigente de los municipales Carlos “Perro” Santillán, viaja a la provincia de Jujuy e integra el núcleo funda- cional de la CCC. Así resuelven de co- mún acuerdo ampliar la organiza- ción y dividir tareas: Santillán iba a conservar el liderazgo sobre los gre- mios enrolados en la Corriente y Al- derete se aventurará a formar una fuerza nacional con las masas de de- socupados.
3- Un caso aparte: la Coordinadora de Trabajadores Desocupados “Aníbal Verón”
En su corta historia, la CTD-AV ha conSeguido lo que diversas organiza- ciones, desde hace muchísimo tiem- po, vienen intentando con mediana o
MusúISur
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escasa fortuna: discutir el poder en sus múltiples dimensiones. Mientras los intelectuales se devanan los sesos tra- tando de explicar la realidad argentina de la última década —aferrados. en la mayoría de los casos, a un arsenal conceptual deficiente e incapaz de au- torregenerarse—, un puñado de dísco- los militantes de una no menos dísco- la “turba” de desocupados pone el gri- to en el cielo y exhorta: el mundo es más complejo de lo que parece. La CTD-AV era considerada, hasta hace al- gunos meses, poco más que la reen- carnación del socialismo utópico de Fourier o una versión caricaturesca de Utopía-de Moro. La “masacre de Ave- llaneda”, a la que un grupo de aveza- dos doxósofos basados en “comple- jas” prognosis (p.e., el gobierno de transición no querrá cargar con la res- ponsabilidad de episodios represivos) creía francamente improbable, tuvo el tn'ste mérito de enrostrar a quienes sólo entienden de números aquello que el sociólogo Wright Mills deno- minó “fetichismo del concepto”, a sa- ber: a) que el método determina el problema, y b) que ello imposibilita un descenso a los hechos.n
Una cantidad importante de ana- listas de izquierda que sigue invocan- do, con sobradas y científicas razones, a la lucha de clases como motor de la historia, suele impugnar —más por elevación y comodidad intelectual que por un conocimiento real de pro- blema- el ideario político de la CTD- Av, por concebirlo sujeto a la impro-
cedente máxima de John Holloway acerca de «cómo cambiar el mundo sin tomar el poden). Pero el asunto es, nuevamente, mucho más complejo de lo que parece.
La CTD-AV se conforma en agosto de 2001 como alternativa política a: la dirigencia de La Matanza. Aunque los MTD’s que pasarán a integrar la Coordinadora nunca mostraron de- masiadas simpatías por los líderes de la FTV-CTA y la CCC, hubo un hecho —ya mencionado páginas arriba- que profundizó diferencias y precipitó la emergencia del nuevo frente pique- tero (las declaraciones públicas sobre el supuesto protagonismo de servi- cios de inteligencia en las tomas del Banco Provincia y el Ministerio de Trabajo). La Coordinadora, para la que el desprocesamiento y la libera- ción de los “presos por luchar” cons- tituyen principios inalienables, seña- ló que sus diferencias con la dirigen- cia de La Matanza en modo alguno involucraba a las bases. Las políticas quedesde entonces viene fogonean- do la conducción de la FTV-CI‘A y la CCC, cuyos objetivos centrales con- sisten en ganar —a cualquier precio- el apoyo de los 'siempre vacilantes sectores medios, no sólo les ha costa- do asumir una posición más que frá- gil respecto de acontecimientos de la magnitud _de los de diciembre, sino que, por si fuera poco, han provoca- do fricciones internas e incluso algu- nas rupturas.23
Los MTD’s que actualmente cons-
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Navz’emhrdraooz
tituyen la Coordinadora surgieron en 1997, en simultáneo con la segunda revuelta en Cutral Có y las primeras puebladas en Tartagal, Mosconi y Ge- neral San Martín. No es un capricho, en ese sentido, que hayan bautizado a la organización con el nombre del co- lectivero desocupado Aníbal Verón, asesinado en noviembre de 2000 mientras participaba en un piquete en la ruta nacional 34 a la altura de Gene- ral Mosconi. Tampoco es un capricho que se hayan apropiado de los valóres cultivados por las mujeres y hombres que mantuvieron en aquella ciudad, resistiendo los vejámenes de las fuer- zas de seguridad, una llamada “Plaza del Aguante”. Y menos aún que mu- chos de los que protagonizaron aque- llos episodios sean miembros de fa- milias de ex trabajadores petroleros y todavía conserven, como ocurre con integrantes de la Coordinadora, “pe- didos de captura por sedición”. La in- dependencia de jefaturas políticas, in- terlocutores, partidos y sindicatos, y la cotidiana práctica de la democracia di- recta —constantes dolores de cabeza de punteros y dirigentes- los han vuelto objeto de los mayores y más crudos ensañamientos represivos. A pesar de ser organizaciones numéri- camente reducidas —por comparación con 'la FIV-CTA, la ccc y el BPN-, cuentan con el triste récord en canti- dad de víctimas-24
Si bien resulta difícil imaginar una transformación en escala sin tornar el poder —sea por asalto o por vías insti-
tucionalizadas—, mucho más difícil resulta imaginar que un cambio se- mejante pueda concretarse sin gene- rar condiciones para una verdadera revolución cultural y de las costum- bres. Las izquierdas tradicionales suelen decir, con mucha razón, que en la medida en que el hambre se cierna sobre el pueblo no habrá otro remedio que establecer un orden de prioridades. Pero ni el hambre se re- suelve con expresiones de deseos ni los cambios se construyen o sostie- nen en base a un índice temático. El problema es —ya se dijo- mucho más complejo de lo que parece a primera vista.
La CTD-AV entiende que no sólo es posible sino también necesario unir sus modos de autoorganización con programáticas a largo plazo. Los talleres productivos (panaderías, fá- bricas de indumentaria, huertas, car- pinterías, bloqueras, etc.)25 deben complementarse con talleres de for- mación política y de educación po- pular. La formación ocupa, pues, un lugar central. Allí se debaten los principios organizativos básicos: ho- rizontalidad, autonomía, participa- ción y democracia directa. La “auto- nomía” no es sinónimo de “inde- pendencia” del Estado y sus institu- ciones (partidos, sindicatos, iglesia), sino la construcción horizontal de un proyecto de clase. El concepto es sencillo: “lo que genera conciencia —señalaba Carlos Olmedo- no es la miseria, sino la comprensión de que
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es injusta”.2" Y ello insume, mal que pese a improvisados y paternalistas, años, de esfuerzo y de trabajo diario.
La sociedad argentina asiste, se sa- be, a un momento histórico sin pre- cedentes, para el que se requiere, al mismo tiempo, pasión e inteligencia. Las grandes estructuras piqueteras, a las que parecen urgir los tiempos electorales, se enfrentan entre sí con el único propósito de sumar adhesio- nes de los sectores medios, como si con ello bastara para consolidar una alternativa de cambio. Más allá de sus diferencias en cuanto a criterios y tra- yectorias, dan la impresión de no as- pirar a otra cosa más que a la confor- mación de fuerzas políticas, fuerzas apenas capaces de disputar espacios de poder en las muy devaluadas institu- ciones públicas, sin mediar debates ideológicos en los que se deslice —si- quiera en forma remota- la posibili- dad de cimentar auténticos frentes so- bre la base de acuerdos surgidos en el seno de los movimientos. 1a suerte está echada. ¿No será hora de tomar- nos las cosas en serio?.
Notas
l Edward P. Thompson, "La economía «moral» de la multitud en la Inglaterra del si- glo XVlll" en: Costumbres en común, Barce- lona, Grijalbo, i998, pp. 213-293.
2 "El fenómeno piquetero se ha ido de- sarrollando en forma paralela al crecimiento del desempleo como fenómeno social", Ro- sendo Fraga, "EI fenómeno piquetero creció
con el desempleo", La Nación, 28 de junio de 2002. "Las condiciones socioeconómicas son la causa principal del fenómeno [pique- tero] y el camino de su disolución", Julio Burdman, "Origen y evolución de los pique- teros", La Prensa, 3 de abril 2002.
3 Nicolás Iñigo Carrera, "Más de 100 años de historia", Clarín, 1° de septiembre de 2002.
4 Según el diario Clarín del 26 de junio de 1996 unas 20.000 personas tomaron las rutas nacional 22 y provincial 17, sobre un total de 45.000 habitantes.
5 En el Censo de 1991 aparece una de- socupación urbana cercana a los cuatro pun- tos.
6 CIar/n, 26 de junio de 1996.
7 En mayo de 2000 y junio de 2001 en los accesos a la empresas Tecpetrol y Refinor en General Mosconi (Prov. de Salta), en fe- brero de 2002 en destilerías de Dock Sud (Prov. de Buenos Aires) y en agosto último en la planta de Repsol-YPF de la localidad de Las Heras (Prov. de Santa Cruz).
3 Enrique Mosconi en: Mario Wainfeld, "¿Qué quiere decir MosconIT, Página 12, 24 de junio de 2001.
9 Enrique Mases y Rafart G. "Entre Bis- marck y Beven'dge. Los inicios de las políticas de bienestar en la Argentina: el caso de YPF, 1922-1946", Realidad Económica, N° 149, julio-agosto 1997, p. 109.
l° idem,p. 103.
H ldem, pp. 109-111.
12 Entre diciembre de 1997 y enero de 1998 se presentó una situación semejante en Ia ruta 36, en la localidad de Bosques, donde un centenar de desocupados mantu- vo un piquete durante una semana en recla- mo de fuentes de trabajo.
'3 "A un año del primer piquete”, docu- mento inédito del MTD "Darío Santillán" de Almirante Brown, s/f.
‘4 Representan organizaciones numén'ca y territorialmente importantes. La FIV-CFA y la CCC administran alrededor» de 90.000 planes de asistencia sobre un total de 130.000 mili-
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Navri'mbMJeaooa
tantes, y tienen influencia en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Formosa, Santiago del Estero, Córdoba, Jujuy, Tucumán, Chaco, Salta y Chubut EI PO administra alrededor de 15.000 planes sobre un total de 25.000 mili- tantes, y tiene influencia perrnanente en la Ca- pital Federal, Florencio Varela, Quilmes, Lanús, Avellaneda, San Martín, Berazategui y La Plata, y una influencia en crecimiento en algunas provincias del interior del país.
‘5 Luis D'Elía, Juan Carlos Alderete y Nés- tor Pitrola.
'5 Frepaso, Frente para el Cambio, Partido Comunista Revolucionario y Partido Obrero.
‘7 Por mencionar sólo a algunas: el inten- dente de La Matanza Alberto Balestrini, el efí- mero presidente Adolfo Rodríguez Sáa, el ex secretario general de Ia Presidencia Aníbal Fernández, la ministra de Trabajo Graciela Camaño y Ia ministra de Desarrollo Social Nélida Dogo.
¡8 Comparable, quizá, con la que organi- zaran las tres centrales sindicales en noviem- bre de 2000, en repudio a Ia represión per- petrada en la provincia de Salta que le costó la vida al piquetero Anibal Verón. Consistió en una huelga general de 36 horas con mo- vilizaciones en todo el pais. A pesar de las amenazas del gobierno, la medida fue un éxito completo: unas 250.000 personas par- ticiparon de las protestas, “algo que —según el periodista Horacio Verbitsky- no ocurría desde hace décadas”. Página 12, 26 de no- viembre d’e 2000.
‘9 Algo semejante ocurrió el 19 y 20 de diciembre (2001) y el 26 de junio (2002), en la "masacre de Avellaneda".
2° Luis Bruschtein "Las vidas paralelas de los líderes piqueteros", Página 72, 25 de ju- lio de 2001.
2‘ Página ¡2, 8 de septiembre de 1998.
22 Wright Mills, G., La imaginación socio- lógica, México, FCE, 1979, cap. Ill, pp. 68-92.
23 Un sector importante del Movimiento Barrios de Pie se alejó de Ia FI'V. La CTA en- frenta, por su lado, serios problemas con par- te de la Juventud.
24 Teresa Rodríguez en Cutral Có; Aníbal Verón, Carlos "Charly" Santillán y José Oscar Barrios en General Mosconi; Hugo Barrio- nuevo, Darío Santillán y Maximiliano Costeki de los MTD’s de provincia de Buenos Aires.
25 En la panadería del MTD de Solano tra- bajan unas 20 personas, en turnos que cu- bren las 24 horas. En una jornada exitosa pueden llegar a producir unos 200 kgs. de pan. El pan se distribuye en los comedores comunitarios; cuando sobra se vende a un peso el kilo. En la bloquera del MTD del ba- rrio La Fe (Lanús) trabajan unas 30 personas. En 48 horas (una "tanda") el obrador puede producir hasta 200 bloques, cantidad sufi- ciente para levantar las cuatro paredes de un cuarto de mediano tamaño. Laura Vales, "Au- togestión", Página 12, 2 de junio de 2002.
25 Carlos Olmedo, citado en: "A un año del primer piquete", documento del MTD "Darío Santillán” de Almirante Brown, s/f.
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Mi Revista. de Filosofia y Teoría Social
Qué hacer con el ¿Qué Hacer?
Lenin y las formas de organización política
El proceso abierto en la Argentina a partir del 19 y 20 de diciembre último viene sig- nado, entre varias demandas, por una persistente demanda de renovar las organiza- ciones políticas, de superar burocratización, verticalismo, representación y delegación. Es sumamente importante reconocer que este aspecto de la revuelta impugna tanto las instituciones burguesas como las organizaciones políticas de izquierda y abre la po- sibilidad de un debate necesario, que bien podría ser profundo.
Esta coyuntura y la generosidad del calendario (que nos ofrece la excusa de cum- plirse cien años del ¿Qué Hacer.7), nos han-persuadido de conformar este dossier. Le- nin es, a la hora de discutir formas de organización política, mucho más que una re- ferencia insoslayable. Es, también, el más encumbrado anatema del discurso hege- mónico burgués, son apenas una excusa que nos brinda generoso el tiempo para traer a Lenin al centro del debate.
Desde que Science & Sodety en 1995 dedicara un número entero a releer y re- novar a Lenin, pasando por el número 3 de Historical Materia/¡sm en 1998 y el con- greso organizado por Zizek en Essen en el 2001, el debate contemporáneo ha ido tomando cuerpo. El interés que éste presenta hoy y aquí nos ha llevado a tomar dos artículos de este conjunto y presentados al lector de Cuadernos del Sur en las pági- nas siguientes.
No quisiera, sin embargo, obviar una presentación crítica de los textos que siguen. Slavoj Zizek pone a Lenin en el centro de la crítica, urticante para la socialdemocracia, al considerar de modo cmdo el significado dela libertad en el marco de la democra- cia burguesa y evaluar la política y la acción con la ineludible vara de la eficacia. Que- remos una revolución real, no solo "compromiso". Ezek pone en entredicho, además de la inmaculada idea de "libertad", a las bases mismas de la elección y la concien- cia, límites que bien podn’an pensarse en resonancia con reclamos de "democracia directa". Zizek despliega también un dudoso camino al deducir de la matriz teórica de Lenin varios problemas de la revolución rusa o al implicar que el totalitarismo se sos- tiene oon “eficiencia simbólica", imposibilitando una consideración materialista de la hegemonía.
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Bonefeld arremete de lleno contra Lenin en un punto importante: el partido repro- duce las prácticas sociales fetichizadas del estado capitalista. La reproducción dela or- ganización y disciplina fabril en el "trabajo" revolucionario conlleva el riesgo de produ- cir una revolución que no es comunista porque no es el movimiento real de la clase trabajadora. Pero Bonefeld, al forzar elorigen de todos los males en las formas capi- talistas, acaba por enredarse en identificar cualquier forma estado como capitalista y por sostener que el modo de producción en el régimen soviético fue capitalismo de estado. Esta caracterización de las prácticas sociales unilineal olvida que el autoritaris- mo no es un patrimonio exclusivo del capital. Bonefeld minimiza los alcances de la hegemonía burguesa y vulgariza a Lenin (Alan Shandro recientemente se dedico a rescatarlo justamente en este punto) cuando, sin discutir sus causas, entiende arban- rio el rol de la vanguardia y acaba por confundir a Lenin con "un blanquista que no necesita de Ia acción de la masa”. Aquí, al igual que Ia socialdemocracia, pierde de vis- ta Ia ineludible vara de Ia eficacia.
La "eficiencia" en el discurso económico liberal y la "emergencia" en el discurso jurídico del menemismo son fórmulas recurrentes que logran posponer la discusión política (para luego sentenciar sobre los hechas conSumados). La "espontaneidad" y las "fórmulas probadas” (incontestablemente ineficaces) operan de un modo terrible- mente similar respecto de las formas de organización política de la izquierda. Que ha- cer y como hacerlo son preguntas que no deben abandonarse jamás de la reflexión teórica y la práctica social de la izquierda, esperamos que, cualquiera sea el camino de respuesta que intente cada uno, este dossier contribuya al menos a perturbar la falaz tranquilidad de una respuesta eternamente certera y concluyente.
JUAN GRlGERA
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¿Qué puede decirnos Lenin acerca de la libertad hoy?*
Slavoj Zizek
oy, incluso los auto-proclamados radicales post-marxistas aprue- ban la separación entre ética y política, relegando la política al do- minio de la opinión, de las consideraciones y los compromisos pragmáticos que siempre, y por definición, no cumplen con la demanda ética incóndicional. La idea de una política que no sea una serie de meras intervenciones prag- máticas —una política de la Verdad- se desecha como “totalitaria”. La ruptura de este obstá- culo, la reafirmación de una política de la Verdad hoy, tendría la forma de un re- torno a Lenin. ¿Por qué Lenin? ¿Por qué no simplemente Marx? ¿No es el retorno adecuado un regreso a los orígenes mismos? Hoy, el “volvera Marx” ya es una moda aCadémica menor. ¿Qué Marx obtenemos en estos retornos? Por un lado, se encuentran el Marx de los Estu- dios Culturales, el Marx de los sofistas posmodernos, de la pro- mesa mesiánica; por el otro, está el Marx que predijo la dinámica de la globalización actual y que es evocado como tal incluso en Wall Street. Lo que
"a Publicado en Rethiiiléiñfi MMMVSL is, ixi° 2, verano 2001. Traducción ¿e'I’i'ñ’gíész Marcela B. Zangaro
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estos dos Marx tienen en común es la negación de la política misma. La re- ferencia a Lenin nos permite evitar estos dos peligros latentes.
Dos características distinguen la intervención de 'Lenin. En primer lugar, no se puede enfatizar lo suficiente el hecho de la externalid‘ad de Lenin con respecto a Marx. Lenin no era un miembro del “círculo íntimo” de los inicia- dos de Marx; nunca se encontró ni con él ni con Engels. Por otra parte, pro- venía de una tierra ubicada en los límites orientales de la “civilización euro- pea”. (Esta externalidad es parte del argumento racista occidental común con- tra Lenin: introdujo en el marxismo el “principio despótico” ruso-asiático. En una mudanza ulterior, los rusos mismos lo repudiaron señalando sus orígenes tártaros.) Sin embargo, sólo es posible recuperar el impulso original de la teo- ría desde esta posición externa, exactamente de la misma manera en que San Pablo, quien formuló los principios básicos de la cristiandad, no era parte del círculo íntimo de Cristo, y como Lacan llevó a cabo su “retorno aFreu-d” uti- lizando como medio una tradición teórica totalmente diferente. (Freud era consciente de esta necesidad, por lo que depositó su confianza en Jung como no-judío, como un marginal, para salirde la comunidad iniciática judía. Su elección fue mala, dado que la teoría jungiana funcionó en sí misma como una Sabiduría iniciática; Lacan tuvo éxito donde Jung falló.) Así,'de la misma ma- nera en la que Lacan y San Pablo vuelven a inscribir la lección original en un contexto diferente (San Pablo reinterpreta la crucifixión de Cristo como su triunfo; Lacan lee a Freud a través del espejo [through the mirrorstage, a través del estadío del espejo] de Saussure, Lenin desplaza violentamente a Marx: quita a su teoría del contexto original, la transplanta a otro momento histórico y así la universaliza de manera efectiva.
En segundo lugar, sólo por medio de un desplazamiento tan violento la teoría “original” puede ser puesta en funcionamiento y realizar su potencial de intervención política. Resulta significativo que la obra en la que la voz única de Lenin se escucha por primera vez de manera clara es el Qué hacer? —texto que exhibe la voluntad incondicional de Lenin de intervenir en la situación, no en el sentido pragmático de “ajustar la teoría a los reclamos realistas por medio de los compromisos necesarios”, sino en el sentido de disipar todos los compromisos oportunistas, de adoptar la posición radical inequívoca desde la cual sólo es posible intervenir de manera que nuestra intervención cambie las coordenadas de la situación. Este contraste es claro con respecto a las “post- políticas” de la Tercera Vía de hoy, que enfatiza la necesidad de dejar atrás las viejas divisiones ideológicas y de confrontar nuevos temas, munidos del cono- cimiento experto necesario y de la libre deliberación para tornar en cuenta las necesidades y las demandas concretas de la gente.
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Como tal, la política de Lenin es el verdadero contrapunto de este oportu- nismo pragmático de la Tercera Vía y de la actitud izquierdista marginalizante de lo que Lacan llamó le narcissr'sme de la those perdue [el narcisismo de la cosa perdida]. Lo que tienen en común un verdadero leninista y un conservador político es el hecho de que rechazan lo que se podría llamar la “irresponsabi- lidad” izquierdista liberal: abrazar grandes proyectos de solidaridad, libertad, etcétera y, sin embargo, evadirse cuando se debe pagar el precio por ellos bajo la forma de medidas políticas concretas y a menudo “crueles”. Como un au- téntico conservador, un verdadero leninista no tiene miedo de pasar al acto, de asumir todas las consecuencias, por más desagradables que sean, de realizar su proyecto político. Rudyard Kipling (a quien Brecht admiraba) despreciaba a los liberales británicos que defendían la libertad y la justicia mientras que, si- lenciosamente, contaban con los conservadores para hacer el trabajo sucio que necesitaban; y lo mismo puede decirse de la relación de los izquierdistas libe- rales (o “socialistas democráticos”) con los comunistas leninistas . Los izquier- distas liberales rechazan el “compromiso” socialdemócrata: quieren una ver- dadera revolución. Sin embargo, rehuyen el precio que se debe pagar por ella. Prefieren adoptar la actitud de un Alma Bella y mantener sus manos limpias. En contraste con esta falsa posición radical del izquierdista (que quiere la de- mocracia verdadera para el pueblo, pero sin la policía secreta para luchar con- tra la contrarrevolución y sin que sus privilegios académicos sean amenaza- dos), un leninista, como un conservador, es auténtico en el sentido de que asu- me las consecuencias de su elección —es decir, en el sentido de que es comple- tamente consciente de lo que de hecho significa tomar el poder y ejercerlo.
El retorno a Lenin es el esfuerzo por recuperar el único momento en que un pensamiento se ha transpuesto a sí mismo en una organización colectiva, pero todavía no se ha fijado en una Institución (la iglesia establecida, el IPA, el partido de estado stalinista).
N o apunta a volver a realizar de manera nostálgica los “buenos viejos tiem- pos revolucionarios” ni a ajustar oportunista y pragmáticamente el antiguo programa a las “nuevas condiciones”, sino que apunta a repetir, en las actuales condiciones mundiales, el gesto leninista de iniciar un proyecto político que socavaría la totalidad del orden mundial liberal-capitalista global y se afirrnaría de5caradamente como actuando en beneficio de la verdad, interviniendo en la situación global presente desde el punto de partida de su verdad reprimida. Deberíamos hacer con respecto al Imperio de hoy. (véase Hardt y Negri, 2000) lo que hizo la cristiandad con respecto al Imperio Romano (esa organización “multiculturalista” global).
¿Cómo están las cosas, entonces, con la libertad? I-le aquí como Lenin afir-
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ma su posición en una polémica de 1922 contra de la crítica de los menchevi- ques y de los socialistas revolucionarios al poder bolchevique: “Efectivamen- te, los. sermones que (...) los mencheviques y los socialistas revolucionarios predican expresan su verdadera naturaleza: ‘La revolución .ha ido muy lejos. Lo que ustedes están diciendo ahora nosotros lo hemos estado diciendo todo el tiempo, permítannos decirlo nuevamente’. Pero en respuesta nosotros .de- cimos: ‘Permítannos ponerlos frente a un- pelotón de fusilamiento por decir eso. O bien se abstienen de expresar sus puntos de vista, o, si insisten en ex- presar públicamente sus puntos de vista políticos en las presentes circunstan- cias, cuando nuestra posición es mucho más dificil de lo que era cuando los guardias blancos estaban atacándonos directamente, entonces sólo podrán cul- parse a sí mismos si los tratamos como el peor y más pemicioso elemento de la guardia blanca” (Lenin, 1965, p.283).
La libertad de elección leninista —no “¡La bolsa o la vida!” sino “¡La crítica o la vida!”— combinada con la actitud de rechazo hacia la noción “liberal” de libertad, da cuenta de su mala reputación entre los liberales. Esta se basa ma- yormente en el rechazo de los liberales a la habitual yuxtaposición marxista- leninista de libertad “formal” y “real”. Como hasta liberales-izquierdistas co- mo Claude Lefort enfatizan una y otra vez, la noción misma de libertad es “formal”, de manera que la “libertad real” equivale a falta de libertad (Lefort, 1988). Es decir, con respecto a la libertad, se recuerda mejor a Lenin por su famosa réplica: “Libertad, sí, pero ¿para QUIÉN? ¿Para hacer QUÉ?”. Para él, l'a “libertad” de los mencheviques para criticar al gobierno bolchevique devino efectivamente en “libertad” para socavar el gobierno de los trabajadores y los campesinos en beneficio de la contarrevolución. ¿No resulta más que obvio hoy, después de la aterradora experiencia del Socialismo Realmente Existen-a te, en qué reside la falla de este razonamiento leninista? En primer lugar, re- duce una constelación histórica a una situación cerrada, completamente con- textualizada, en la que las consecuencias “objetivas” de los actos propios están completamente determinadas (“independientemente de tus intenciones, lo que estás haciendo ahora sirve de manera objetiva..."). En segundo lugar, la posición de enunciación de tales afirmaciones usurpa el derecho a decidir lo que tus actos “significan objetivamente”, de modo que su aparente “objetivis- mo” (el centrarse en el “significado objetivo”) es la forma aparente de su opuesto, un completo subjetivismo: yo decido lo que tus actos significan ob- jetivamente, dado que yo defino el contexto de una situación (digamos, por ejemplo, si yo considero mi poder como la expresión inmediata del poder de la clase trabajadora, entonces todo el que se oponga a mi es “objetivamente” enemigo de la clase trabajadora). En contra de esta contextualización comple-
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ta, uno debería enfatizar que la libertad es “real” precisamente y sólo como la capacidad de trascender las coordenadas de una situación dada, de “afirmar los supuestos” de la propia actividad (como Hegel lo hubiera dicho) —es de- cir, de redefinir la situación misma en la cual uno es activo. Además, como más de una crítica lo ha señalado, el propio término “Socialismo Realmente Existente”, aunque acuñado para afirmar el éxito del Socialismo, es en sí mis- mo un signo del ulterior fracaso del Socialismo- a saber, el. fracaso en legiti- mar los regímenes socialistas. El término “Socialismo Realmente Existente” aparece inesperadamente en el momento histórico en que la única razón le- gitimante del socialismo era el mero acto de su existencia.
¿Es esto, sin embargo, todo lo que puede decirse? ¿Cómo funciona efecti- vamente la libertad en las democracias liberales mismas? Si bien la presiden- cia de Clinton resume la claudicación de la Tercera Vía de la (ex) izquierda de hoy ante el chantaje ideológico derechista, su programa de refomia de la salud no obstante sería una clase de acto, por lo menos en las condiciones actuales, dado que se habría basado en el rechazo de la idea hegemónica de la necesidad de reducir el gasto y la administración del Gran Estado; de alguna manera, “haría lo imposible”. N o es de extrañar, entonces, que haya fracasado; y su fra- caso —quizás el único hecho significativo, aunque negativo, de la presidencia de Clinton- da testimonio de la fuerza material del concepto ideológico de “li- bre elección". Aunque una gran mayoría de las llamadas “personas comunes” no estaba adecuadamente familiarizada con el programa de reforma, el lobby médico (dos veces más fuerte que el infame lobby de defensa) tuvo éxito en imponer sobre el público la idea fundamental de que, con el cuidado univer- sal de la salud, su libre elección (en asuntos concernientes a la medicina) sería amenazada. Contra esta referencia puramente ficticia a la “libre elección”, to- da enumeración de “hechos duros” (por ejemplo, el cuidado de la salud en Canadá es menos costoso y más efectivo, sin menos libre elección) demostró ser inefectiva.
Aquí nos encontramos en el nervio central mismo de la ideología liberal: el concepto de libre elección, basado en la idea de un sujeto “psicológico” dota- do de inclinaciones que él o ella buscan cumplir. Este tiene'vigencia especial- mente hoy, en la era de lo que sociólogos como Ulrich Beck (1992) llaman la “sociedad de riesgo”, cuando la ideología dominante se esfuerza por vender- nos la inseguridad misma causada por el desmantelamiento del estado de bie- nestar como una oportunidad para nuevas libertades. ¿Tienes que cambiar de empleos cada año, confiando en contratos a corto plazo en lugar de en com- promisos a largo plazo, estables? ¿Por qué no ver esto como una liberación de los constreñimientos de un empleo fijo, como la oportunidad de volver a in-
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ventarte a ti mismo una y otra vez, de darte cuenta de, y de comprender, los potenciales ocultos de tu personalidad? ¿Ya no puedes contar con un seguro de salud y un plan de retiro corrientes y por lo tanto tienes que optar por una cobertura adicional por la cual tienes que pagar? Y si esta situación te provoca ansiedad, el ideólogo posmodemo o de “segunda modernidad” inmediata- mente te acusará de ser incapaz de asumir una completa libertad, de tratar de “escapar de la libertad”, de ser inmaduro y de permanecer atado a formas an- tiguas, estables. Mejor aún, cuando esto se inscribe en una ideología del suje- to como individuo psicológico dotado de habilidades y tendencias naturales, entonces automáticamente puedo interpretar todos esos cambios como resul- tados de mi personalidad, no como el resultado del hecho de que soy tironea- do por las fuerzas del mercado.
Tales fenómenos hacen necesario hoy volver a afirmar la oposición entre li- bertad “formal” y “real” en un sentido nuevo y más preciso. Lo que necesita- mos hoy, en la era de la hegemonía liberal, es un traité de la servitud libe'rale [tra- tado de la servidumbre liberai] “leninista”, una nueva versión del Tmite' de la semitude volantaire [Tratado de la servidumbre voluntaria] de La Boétie, que jus- tificaría completamente el aparente oxímoron de “totalitarismo liberal”. En psicología experimentalJean-Leon Beauvois (1994) ha dado el primer paso en esta dirección con su precisa exploración de lasparadojas creadas al conferir al sujeto la libertad de elegir. Repetidos experimentos establecieron la siguiente paradoja: si, después de obtener el acuerdo de dos grupos de voluntarios para participar en un experimento, se les informa que éste involucrará algo displa- centero, algo que incluso va en contra de su ética, y si entonces se les recuer- da a los integrantes del'primer grupo (pero no a los del segundo) que tienen la libertad de elegir decir no, Beauvois encuentra que en ambos grupos el mis- mo porcentaje (muy alto) estará de acuerdo en continuar con su participación en el experimento. Esto significa que en ciertos aspectos la
concesión de libertad formal no provoca ninguna. di- ferencia: aquellos a los que se les dio la libertad de elegir harán lo mismo que aquellos a los que (im- plícitamente) se les negó. Esto, sin embargo, no significa que el hecho de recordarles/concederles la libertad de elección carece de toda diferencia. Aquellos a los que se les dio tal libertad pueden ten-
der a elegir lo mismo que aquellos a los que se les ne-
gó, pero también tienden a “racionalizar” su “libre” de- cisión de una manera en particular. Incapaces de tolerar la así llamada disonancia cognitiva (el conocimiento de que ac-
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tuaron libremente contra sus intereses, inclinaciones, gustos o normas), tende- rán a cambiar su opinión con respecto al acto que se les pidió cumplir. Permi- tasenos decir que a un individuo se le pide en primer lugar que participe en un experimento que implica el cambio de sus hábitos alimenticios con el fin de luchar contra el hambre.’ Entonces, luego de haber estado de acuerdo en participar, se le pide que trague un gusano vivo, con la advertencia explícita de que si encuentra que este es un acto repulsivo puede negarse, dado que tiene libertad completa para elegir. En la mayoría de los casos lo hará, pero enton- ces lo racionaliza diciéndose a sí mismo algo así como: “Lo que-se me pidió que hiciera es desagradable, pero no soy un cobarde. Debería mostrar cierto coraje y autocontrol; ¡si no los científicos me verán como a una persona débil 'que se rinde ante el primer obstáculo menor! Además, de hecho, un gusano tiene un montón de proteínas y podría efectivamente ser utilizado para ali- mentar a los pobres. ¿Quién-soy yo para obstaculizar tan importante experi- mento a causa de mi insignificante sensibilidad? Y, finalmente, quizás mi aprensión por los gusanos sea solamente un prejuicio, quizás no sea tan malo. Por otra parte, ¿no sería el degustarlo una nueva y audaz experiencia? ¿Y qué si ésta me permite descubrir una dimensión inesperada, ligeramente perversa de mí de la que hasta ahora era inconsciente?
Beauvois enumera tres modos de lo que lleva a las personas a realizar un ac- to que va en contra de sus inclinaciones y/o intereses percibidos: el autoritario (la orden pura: “¡Debes/hacerlo porque yo lo digo, sin cuestionarlol”, susten- tado en la recompensa, si el sujeto lo hace, y en el castigo, si no lo hace); el to- talitario (la referencia a una Causa más alta o un Bien común mayor que el in- terés percibido del sujeto: “¡Deberías hacerlo porque, si bien es desagradable, sirve a nuestra Nación, a nuestro Partido, a la Humanidadl”); y el liberal (la re- ferencia a la naturaleza íntima del sujeto: “Lo que se te pide que hagas puede sonar repulsivo, pero mira en tu interior y descubrirás que hacerlo está en tu verdadera naturaleza; lo encontrarás atractivo; co- nocerás dimensiones nuevas, inesperadas de tu persona- lidadl).
A esta altura, Beauvois debe ser corregido: un au- toritarismo directo es prácticamente inexistente. In- cluso hasta el régimen más opresivo legitima públi- camente su reino con referencia a algún Bien más alto. El hecho de que, en definitiva, el “tienes que obedecer porque yo lo digo” sólo reverbera como su suplemento obsceno, discemible entre líneas. En verdad, la naturaleza del autoritarismo es referirse a un
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Bien más alto (“icualesquiera sean tus inclinaciones, debes seguir mi orden en función del Bien supremol”), mientras que el totalitarismo, como el liberalis- mo, interpela al sujeto en nombre de su propio bien (“ilo que puede parecerte una presión externa es, en realidad, la expresión de tus intereses objetivos, de lo que realmente quieres sin ser consciente de ellol”). La diferencia entre estos dos reside en otro lugar. El “totalitarismo” impone sobre el sujeto su propio bien, incluso si este bien está en contra de su voluntad.l Aquí nos encontrarnos con el tema del jacobinismo tardío de la felicidad como factor político, así como con la idea de Saint-Just de forzar a- las personas a ser felices. El liberalismo tra- ta de evitar esta paradoja (o, mejor aún, de encubrirla), manteniendo la ficción de la libre e inmediata auto-percepción del sujeto (“ ¡Yo no afirmo conocer me- jor que tú- lo que quieres; sólo mira bien profundo en tu interior y decide li- bremente lo que quierdsl”).
La razón de esta falla en la argumentación de Beauvois es que fracasa en reconocer que la autoridad tautológica profunda (el “¡Esto es así porque yo lo digo!” del Amo) no opera solamente por medio de las sanciones (castigo/re- compensa) que implícita o explícitamente evoca. Es decir, ¿qué es, efectiva- mente, lo que hace a un sujeto elegir libremente lo que se le impone c‘ontra sus intereses y/o inclinaciones? Aquí no es suficiente una indagación empíri- ca en las motivaciones “patológicas”(en el sentido kantiano del término). La enunciación de un mandato que impone sobre aquel al que se dirige una obligación/compromiso simbólico evidencia una fuerza inherente propia, de modo tal que lo que nos lleva a obedecerla es la misma característica que pue- de aparecer como un obstáculo: la ausencia de un “por qué”. Aquí Lacan pue- de ser de ayuda dado que el “Significante Amo” lacaniano designa precisa- mente esta fuerza hipnótica del mandato simbólico que descansa sólo en su propio acto de enunciación: “eficiencia simbólica” en su estado más puro. Los tres modos de legitimar el ejercicio de la autoridad (“autoritario”, “totalitario”, “liberal”) no son más que tres maneras de encubrir, de cegamos ante el po- der seductor de, el abismo de este llamado vacío. En cierto sentido, el libera- lismo es incluso el peor de los tres, dado que naturaliza las razones para la obe- diencia dentro de la estructura psicológica interna del sujeto. Así, la paradoja es que los sujetos “liberales” son, en cierto sentido, los menos libres. Cam- bian su propia opinión/percepción de sí mismos —aceptando que fue impues- to sobre ellos como originado en su “naturaleza” —e incluso ya no son más conscientes de su subordinación.
Tomemos la situación de los países de Europa oriental en los años 90, cuan- do el Socialismo Realmente Existente estaba cayéndose a pedazos y se arrojó repentinamente a las personas a una situación de “elección política libre". Sin
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embargo, ¿se les planteó realmente la pregunta fundamental de qué clase de nuevo orden querían? ¿N o se encontraban en la situación exacta de víctima- sujeto del experimento de Beauvois?
Primero se les dijo que estaban entrando a la tierra prometida de la libertad política; poco tiempo después se les informó que esta libertad implica la pri- vatización salvaje, el desmantelamiento de la seguridad social, etc. Todavía tie- nen la libertad de elegir, de manera que, si quieren, pueden estar en desacuer- do. Pero no, nuestros heroicos europeos del este no querían desilusionar a sus tutores occidentales. De modo que estoicamente persistieron en la elección que nunca hicieron, convenciéndose a sí mismos de que debían comportarse como sujetos maduros conscientes de que la libertad tiene su precio. Es por esto que la noción del sujeto psicológico dotado de inclinaciones naturales —que tiene que darse cuenta de su verdadero Ser y de sus potenciales y que es, por lo tanto, finalmente responsable de su éxito o de su fracaso- es el ingre- diente clave de la libertad liberal. Y aquí uno debería atreverse a volver a intro- ducir la oposición leninista entre libertad “formal” y “real”: en el acto de liber- tad real, uno precisamente se atreve a romper con este poder seductor de efi- ciencia simbólica. En esto reside el momento de verdad, en la réplica cruel de Lenin a sus críticos mencheviques: la elección verdaderamente libre es aque- lla en la que no elijo meramente entre dos o más opciones dentro de un con- junto de coordenadas establecidas previamente, sino aquella en la que elijo cambiar el conjunto de las coordenadas mismas. La trampa de la “transición” del Socialismo Realmente Existente al capitalismo fue que las personas nunca tuvieron la oportunidad de elegir el ad quem de esta transición. Más bien fue- ron (casi literalmente) “arrojadas” en una nueva situación en la que se les pre- sentó un nuevo conjunto de elecciones dadas (liberalismo puro, conservadu- rismo nacionalista...) En tal situación de elección forzada, la “libertad real” en tanto acto de cambiar conscientemente este conjunto de elecciones ocurre só- lo cuando uno actúa como si la elección nofirera forzada y “elige lo imposible”.
De esto se tratan las obsesivas diatribas de Lenin contra la libertad “formal” y aquí reside el “meollo racional” que vale la pena salvar hoy. Cuando él su- braya que no existe una democracia “pura”, que deberíamos preguntar siem- pre a quién sirve la libertad (i.e., su papel en la lucha de clases), su objetivo es, precisamente, mantener la posibilidad de una elección radical verdadera. A es- to apunta, finalmente, la distinción entre libertad “formal” y “real”: libertad “formal” es la libertad de elegir dentro de las coordenadas de las relaciones de poder existentes mientras que libertad “real” designa el lugar de una interven- ción que socava esa coordenadas mismas. En resumen, el objetivo de Lenin no es limitar la libertad de elección sino mantener la Elección fundamental.
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Cuando interroga por el papel de la libertad dentro de la lucha de clases, está preguntando precisamente: “¿Contribuye esta libertad a la Elección revolucio- naria fundamental o la constriñe?” ¿No tuvo lugr en la Unión Soviética a fi- nales de los años veinte y principios de los treinta algo homólogo a la inven- ción del individuo psicológico liberal? El arte de vanguardia ruso de principio de los años veinte (el futurismo, el constructivismo) no sólo apoyó celosa- mente la industrialización, sino que incluso se dedicó a reinventar un nuevo. hombre industrial: ya no se trataba más del viejo hombre de pasiones senti- mentales arraigado en las tradiciones sino del nuevo hombre que gustosamen- te acepta su papel como un perno o un tornillo en la gigantesca Máquina in- dustrial. Como tal esto era subversivo en su misma “ultraortodoxia” —es decir, en su sobreidentificación con el núcleo de la ideología oficial: la imagen del hombre que tenemos en Einsenstein, en Meyerhold, en las pinturas construc- tivistas, etc., poniendo énfasis en la belleza de sus movimientos mecánicos, por medio de su despsicologización.
Lo que en el oeste se percibió como la última pesadilla del individualismo liberal —el contrapunto ideológico a la “taylorización”, a la cinta de montaje fordista- en Rusia fue saludado como la perspectiva de la liberación. Recorde- mos cómo Meyerhold afirmó violentamente el enfoque “conductista” para ac- tuar —ya no una familiar-¡zación enfática con la persona que el actor está repre- sentando, sino un entrenamiento corporalmente despiadado que apuntaba a una disciplina corporalmente fría, a la habilidad del actor para representar una serie de tareas mecanizadas (véase Buck-Morss 2000, en especial caps. 2-3). Esto es lo que resultaba intolerable para y en la ideología stalinista oficial, de manera tal que el “realismo socialista” stalinistafire efectivamente un intento de reafirmar un “socialismo con un rostro humano” —es decir, de reinscribir el proceso de industrialización en los límites del individuo psicológico tradi- cional. Los textos, las pinturas y las películas del Realismo Socialista presentan a los individuos como personas cálidas y apasionadas, ya no como partes de la Máquina global.
El reproche obvio que se impone aquí es este: ¿no son las características bá- sicas del sujeto “posmodemo” actual (es decir, el sujeto que basa la autoridad de su discurso en su status como víctima de las circunstancias más allá de su control) el opuesto exacto del sujeto libre que se experimenta a sí mismo co- mo responsable en última instancia de su destino? En la actualidad, cada con- tacto con otro ser humano se experimenta como una amenaza potencial. Si el otro fuma o si me lanza una mirada codiciosa, ya me daña. Hoy esta lógica de la victimización está universalizada, va mucho más allá de los casos comunes de acoso sexual o racial. Recordemos la creciente industria financiera de pago
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de reclamos por daños, desde el acuerdo de la industria del tabaco en los Esta- dos Unidos y los reclamos financieros de las víctimas del Holocausto y los tra- bajadores forzados en la Alemania nazi, hasta la idea de que los Estados Uni- dos deberían pagar a los afro-americanos cientos de miles de millones de dóla- res como compensación por todo aquello de lo que se vieron privados debido a la esclavitud pasada. Esta idea del sujeto como una víctima no responsable im- plica la perspectiva narcisista extrema desde la cual cada encuentro con el Otro aparece como una amenaza potencial al precario equilibrio imaginario del su- jeto. Como tal no es el opuesto sino más bien el complemento inherente del sujeto libre liberal. En la forma de individualidad predominante de hoy, la afir- mación auto-centrada del sujeto psicológico se superpone paradójicamente con la percepción de uno mismo como una víctima de las circunstancias.
El caso de los musulmanes como grupo étnico, y no meramente religioso, en Bosnia resulta ejemplar aquí. Durante toda la historia de Yugoslavia, Bos- nia fue el lugar de tensión y disputa potenciales, el lugar en el que se desarro- llaba la lucha entre los serbios y los croatas. El problema era que el grupo más grande en Bosnia no era ni el de los serbios ortodoxos ni el de los croatas ca- tólicos, sino el de los musulmanes, cuyos orígenes étnicos siempre estuvieron en disputa: ¿eran serbios o croatas? (Este papel de Bosnia hasta dejó una hue- lla en el idioma: en todas las naciones ex-yugoslavas, la expresión: “¡De mane- ra que Bosnia está tranquila!” se utilizaba para señalar la dispersión exitosa de un conflicto potencial.) Para detener este foco de conflictos potenciales (y ac- tuales), los comunistas dominantes en los años sesenta impusieron una inven- ción milagrosamente simple: proclamaron que los musulmanes constituían una comunidad étnica autóctona, no sólo un grupo religioso, de manera tal que los musulmanes fueran capaces de evitar la presión de identificarse como ser- bios o croatas. Lo que en el comienzo fue un artificio político pragmático pau- latinamente se hizo popular y los musulmanes efectivamente comenzaron a percibirse como una nación, elaborando sistemáticamente su tradición.
Sin embargo, aún hoy queda un componente de elección refleja en su iden- tidad. Durante la guerra post-yugoslava en Bosnia, uno finalmente se veía obli- gado a elegir su identidad étnica. Cuando un militar detenía a una persona, pre- guntándole de manera amenazadora: “¿eres un serbio o un musulmán?”, la pregunta no se refería a la pertenencia étnica heredada de la persona. Siempre resonaba un eco de “¿qué lado escogiste?" (por ejemplo, el director de pelícu- las Emir Kusturica, proveniente de una familia que tiene una mezcla étnica musulmana-sabia, ha elegido la identidad serbia). Quizás la dimensión pro- piamentefiustrante de esta elección está mejor presentada en la situación de te- ner que elegir un producto en un negocio on-line, en donde uno tiene que ha-
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cer casi un sin fin de elecciones: si lo quiere con X, presione A; si no, presione B; etc. La paradoja es que lo que está completamente excluido de estas “socie- dades reflexivas” post-tradicionales en las que somos bombardeados por la ne- cesidad de elegir —en las que incluso características “naturales” tales como la orientación sexual y la identificación émica se experimentan como materia de elección- es la básica, auténtica elección en sí misma.
Referencias
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Lenin, VI. [1922] (1965): “Political report of the Central Commitee of the R.C.P. (B.)”, 27 de marzo, en Collected Works, vol.33, Moscú, Progress Pu- blishers.
Nota
l Recuérdese la famosa (e infame) afirmación del rey Carlos: "Si alguien es tan tontamen- te no natural como para oponerse a su rey, a su país y a su propio bien, lo haremos feliz, con la bendición de Dios —incluso en contra de su voluntad"(Car|os l al Conde de Essex, 6 de agosto de 1644).
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Estado, revolución y auto-determinacióm
Werner Bonefeld'
“'Ibda emancipación es la restitución del mundo humano y de las relaciones
humanas al hombre mismo. ” K. MARX
l comunismo es la anticipación
teórica y práctica de la sociedad
de los libres e iguales — la
emancipación completa del Hombre, la
emancipación humana. Es una sociedad
digna del Hombre, una sociedad en la que
el Hombre ya no está dominado, explotado
ni rebajado a un ser condenado a funcionar
como un mero recurso humano en la acumula-
ción de riqueza abstracta por el bien de la acumula-
ción. Es una sociedad en la que el Hombre existe como
un propósito y no como un recurso explotable. El comunismo no denota una
igualdad abstracta ante la ley, el dinero o el estado. El Comunismo es, más
bien, la emancipación del Hombre respecto de la igualdad abstracta y, como
tal, una emancipación que declara que el individuo social recibe de acuerdo
con sus necesidades y cada individuo social contribuye de acuerdo con su ha-
bilidad. El comunismo, entonces, es la crítica práctica de la dominación del Hambre por el Hombre.
* Publicado originalmente como "State, Revolution and Self-Determination” en Bonefeld, W. (ed), What is to be dobe? New Times and the Anniversary of a Question, Londres, Macmillan, 2002. La presente traducción fue hecha por Marcela Zangaro para Qué hacer. La cuestión dela revolución cien años después, BUAP y Fontamara, Puebla, (en prensa).
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La sociedad de los libres e iguales conlleva la idea de la “asociación de hom- bres libres que trabajen con los medios. de producción colectivos” (Marx, 1983, pp. 82-3). El Comunismo no es la transformación de la sociedad en una sola oficina o una sola fábrica en la que todos se convierten en trabajadores, como Lenin propuso en su obra El estado y la revolución. ¿Necesita el proleta- riado aquello que Lenin exaltó, es decir, la disciplina fabril? ¿Es realmente eso lo que la comunidad de Hombres libremente asociados decidiría para sí mis- ma estando libre de coerción? El Comunismo y la disciplina fabril son mutua- mente excluyentes y su propuesta coextensión en nombre del proletariado es vergonzosa. Tal como Marx lo comprendió (1983, p. 477): “ser un trabajador productivo no es (. . .) una suerte, sino una desgracia.” La idea de que el comu- nismo conlleva la generalización de la desgracia en la fon'na del estado de los trabajadores es grotesca: proyecta la subsunción capitalista de todos y todo al dictado de la racionalidad económica como comunismo y agrega que el comu- nismo es diferente del capitalismo porque reemplaza el mercado por una re- gulación de la economía política del trabajo centralmente planificada. El Co- munismo ‘no es la reproducción social por medio de los seres humanos; es la reproducción social para los seres humanos, para y por ellos mismos de acuer- do con sus necesidades. Sin embargo, el comunismo no significa la nacionali- zación de la industria. Significa la socialización de los medios de producción, es decir, su transformación en-‘med'ios de emancipación, medios que son cOn- trolados y aplicados por el Hombre mismo en completa posesión de su pro- pia existencia como sujeto.
La libre asociación de individuos y la forma del estado son mutuamente ex- cluyentes. El Comunismo conlleva la abolición de todas las formas de poder sobre y por encima del individuo humano, restituyendo el mundo humano al Hombre mismo. El Comunismo, en resumen, significa la emancipación hu- mana y, por esto, es una crítica de la emancipación política, del estado. Como sostuvo Marx: “toda emancipación es un regreso del mundo humano y de las relaciones humanas alos seres humanos mismos. La emancipación política es la reducción del hombre, por un lado, a miembro de la sociedad burguesa, a un individuo egoísta e independiente; por el otro, a un ciudadano del estado, a una persona moral. No es sino hasta que el hombre individual real haya to- mado al ciudadano abstracto y lo haya vuelto a sí mismo y, como un hombre individual, haya convertido su vida genérica en su vida empírica, en su traba-
jo individual y en sus relaciones individuales, no es sino hasta que el hombre reconozca y organice sus ¡fuerzas propias’ como fuerzas sociales y así ya no se- pare las fuerzas sociales de sí mismo en la forma de fuerzas políticas, no es si- no hasta entonces que la emancipación humana se habrá completado.” (Marx,
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1964, p. 370). En resumen, la sociedad de los libres e iguales no conlleva la li- beración del Hombre por medio del estado sino la emancipación del Hom- bres respecto del estado.
La emancipación política denota la existencia del individuo social como un individuo individualizado dotado con derechos abstractos. Estos derechos son los de los individuos atomizados por el mercado, que son todos iguales ante la ley a pesar de su desigualdad en la propiedad. El divorcio, entonces, del traba- jo respecto de los medios de producción conlleva la emancipación de lo polí- tico respecto de la sociedad. Así, la forma del estado es la “concentración de la sociedad burguesa” (cf Marx, 1973, p. 108): su propósito es garantizar y ase- gurar la desigualdad en la propiedad por medio de la subsunción de los indi- viduos individualizados bajo la ley de la igualdad abstracta. Esta, entonces, es la subordinación de las relaciones sociales a la ley de la propiedad privada, es decir, la igualdad, la libertad y Bentharn (cf. Marx, 1983, p. 172). El tratamien- to de todos como iguales ante la ley caracteriza la forma del estado como una “comunidad ilusoria” (cf. Marx y Engels, 1962). Trata a los individuos reales existentes como “personajes” o “personificaciones” del capital y adopta el in- terés común a todos los personajes: su existencia universal para cada uno de los otros como un recurso, como una utilidad —la así llamada república del mercado. La forma del estado, entonces, es adecuada a su contenido: garanti- zar y proteger la esclavitud del trabajo como un mero factor humano de pro- ducción que se vende e intercambia en el mercado y, una vez que se lo con- trata, se lo convierte en trabajador “bajo el comando del capital” (cf. Marx, 1973, p. 508). La libertad capitalista del trabajo respecto de los medios de pro- ducción implica que los productos del trabajo parecen dominar al Hombre, en lugar de ser controlados por él (cf. Marx, 1983, p. 85). La libertad del trabajo respecto de los medios de producción conlleva la libertad de los productos del trabajo respecto del trabajo y esto es la subordinación del trabajo social al mun- do de las cosas que él mismo crea. La emancipación política de lo político en la forma del estado, su abstracción respecto de la sociedad, lleva en sí como contenido el sostenimiento de los derechos de contrato; la forma de libertad burguesa. La libertad de relaciones de intercambio capitalistas presupone la ex- plotación del trabajo y esta explotación presupone el divorcio del trabajo res- pecto de los medios de producción, convirtiendo al trabajo social en una me- ra mercancía que se compra y se usa. Así, la forma del estado indica la libertad formal y la igualdad formal, cuyo contenido es la “perpetuación del trabaja- dor”; el “sine qua non de la existencia del capital” (Marx, 1983, p. 536). En re- sumen, la explotación del Hombre por el Hombre y la dominación del Hom- bre por el Hombre son inseparables y cada una es condición de la otra.
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El Comunismo significa el retorno al Hombre de todo lo que parece exis- tir separado de él. Exige, entonces, la autonomía social, es decir, auto-determi- nación social: “lo existente, lo que crea el comunismo es precisamente la base real para hacer imposible cuanto existe independientemente de los individuos, en cuanto ese algo existente no es, sin embargo, otra cosa que un producto del intercambio anterior de los individuos mismos.” (Marx y Engels, 1962, p. 70). En resumen, “las leyes no hacen revoluciones” (Marx, 1983, p. 703), ni tam- poco las hace el estado ni son hechas por medio de él. La adopción leninista del estado como el vehículo de la revolución social confunde la autonomía so- cial con la del estado y, al hacerlo, afirma la esencia del estado: la subsunción de la actividad intencional humana a las relaciones de igualdad abstracta, una igualdad que niega la dignidad humana: trata a todos, sin tener en cuanta las necesidades, como individuos abstractos dotados de derechos formalmente iguales. l
El Comunismo es el movimiento real de la clase trabajadora (Marx)
La afirmación que planteó Lenin en El estado y la revolución, la de que el es- tado proletario es un estado burgués sin burguesía, era correcta. Se abolió la burguesía, se cambiaron las relaciones de propiedad privada, pero el modo de producción siguió siendo capitalismo de estado. En la medida en la que las re- voluciones dejan incólume la base material de una sociedad —y efectivamente apuntan a producir la “industrialización”, es decir, la “capitalización” por me- dio de la expropiación llevada adelante por el estado y la planificación econó- mica- el cambio revolucionario llega a ser meramente una revolución polid- ca, un cambio de clase política. La nacionalización no supera el divorcio del trabajo social respecto de los medios de producción; meramente centra este divorcio en la forma del estado.
La concepción de Marx del comunismo como una sociedad sin clases se pone de cabeza en el leninismo: la sociedad consiste sólo de una clase: la tra- bajadora. Tal como Lenin lo afirmó: “el conjunto de la sociedad tendrá que convertirse en una sola oficina y en una sola fábrica con igualdad de trabajo e igualdad de paga” (Lenin, 1971, p. 91). La disciplina fabril de la empresa capi- talista tiene que ser “extendida a toda la socieda " (ibid. p. 91). El estado pro- letario tiene que controlar a los “trabajadores corrompidos” (ibid.) y ejercer “control sobre los perezosos" (ibid. p. 92) y deben imponerse “serios castigos” para asegurar el acatamiento. Sin embargo, como Lenin sostuvo, “la necesidad de observar las simples reglas básicas de. todo intercambio humano pronto se convertirá en hábito. Y entonces seabrirá la puerta para la transición del pri-
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mero estadio del comunismo al segundo en el que el estado desaparece” (ibid). En otras palabras, la intemalización de la disciplina fabril capitalista como un hábito social es adoptada como el requisito previo para la desaparición del es- tado. La idea de la sociedad como una fábrica centralmente planificada y de los seres humanos como factores de producción socializados cuya habilidad para pensar y soñar es expropiada y reemplazada por la intemalización de órdenes refleja y refuerza la existencia capitalista de la práctica social humana como una mera personificación de las relaciones de intercambio. La idea de que la eman- cipación social puede ser realizada por medio del estado proletario y la com- prensión del comunismo como la emancipación del Hombre como el sujeto son mutuamente excluyentes. La primera se basa en la economía del trabajo y .la segunda en la libertad de la sociedad para controlar sus propios asuntos.
Marx vio anticipada la sociedad de los libres e iguales en la “comunidad de proletarios revolucionarios, que toman bajo su control sus condiciones de existencia y las de todos los miembros de la sociedad (. . .) en ella toman parte los individuos en cuanto tales individuos. Esta comunidad no es otra cosa, pre- cisamente, que la asociación de individuos (partiendo, naturalmente de la pre- misa de las fuerzas productivas tal y como ahora se han desarrollado), que en- trega a su control las condiciones del libre desarrollo y movimiento de los in- dividuos, condiciones que hasta ahora se hallaban a merced del azar y habían cobrado existencia propia e independiente frente a los diferentes individuos precisamente por la separación de éstos como individuos (. . .)” (Marx y En- gels, 1962, p. 74). En otras palabras, Marx consideró al comunismo como el movimiento real de la auto-determinación humana. Para que los seres huma- nos entren en relaciones mutuas no como individuos separados cuya existen- cia social se pone de manifiesto a sus espaldas por medio de la forma valor si- no como individuos sociales, como dignidades humanas que están en control de sus condiciones sociales, debe abolirse el “dominio económico del capital sobre el hombre” de manera tal que la reproducción social del hombre sea “controlada por él” (cf. Marx, 1983, p. 85). Lo que tiene que superarse, enton- ces, es la alienación de la práctica social humana respecto de sus condiciones. Es esta ahenación la que constituye la relación entre trabajo asalariado y capi- tal. ¿Qué funciones se le dejan al estado en una sociedad que está en posesión de sí misma y organiza su reproducción social sobre la base de la igualdad de necesidades? ¿Qué base social tiene el estado en una sociedad en la que los productores asociados mismos organizan cooperativamente el reino de la ne- cesidad por medio del reino de la libertad.22
El cambio radical de las relaciones de opresión fracasa si los medios de la revolución: no anticipan el propósito de la revolución social: la emancipación
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humana. Los fines tienen que justificar los medios —si no es así, los medios meramente se adecuan a las mismas condiciones que, ostensiblemente, la revo- lución social busca abolir. Las revoluciones sociales que adecuan sus medios organizacionales y sus métodos a las relaciones de opresión existentes sólo perfeccionan la maquinaria del estado en nombre del proletariado: Lenin proclamó que los trabajadores es- tarían participando en igual medida en la administración de la industria y el estado y les exigía subordinaciónal par- tido comunista porque el partido era lo que expresaba su volun- tad rnás urgente y soberana. En resumen, Lenin sostuvo que cada individuo es capaz de realizar funciones avanzadas y mundanas en tanto reconoce y se su- bordina a una autoridad superior: el partido. El proletariado, entonces, funcio- na como un partido obrero en todos los aspectos de su vida práctica. No se lo toma como la esencia de la revolución, es decir, no se lo avala como un suje- to revolucionario que reconoce su propio poder social para dejar atrás todas las relaciones de opresión.
El Comunismo no puede ser decretado, tampoco puede serlo el gobierno en favor de las personas. El Comunismo no es la economía política del traba- jo. Es la auto-actividad de la multitud que determina sus propios asuntos co- mo sujetos sociales autónomos. Los esclavos, como afirmó Marcuse, “deben ser libres para su liberación antes de que puedan ser libres” (Marcuse, 1967, p. 61). En otras palabras, la sociedad de los libres e iguales ya tiene que estar pre- sente en la conciencia y en la práctica de las masas subordinadas y tiene que al- canzar existencia material en la revolución misma. En resumen, el propósito de la revolución social, i.d. la emancipación humana, tiene que ser efectivo en los medios o métodos revolucionarios mismos.
Los medios de emancipación son cruciales. La idea de Lenin (1902) de que la conciencia revolucionaria debe ser aportada a las masas desde afuera porque la clase obrera, por sus propios medios, es sólo capaz de desarrollar una con- ciencia sindical, i.e., una conciencia económica, justifica la idea de un partido revolucionario como el tribuno de las personas. Como tal tribuno, el partido se concibe como un comité de revolucionarios profesionales que dirigen a las masas. Así, de manera necesaria se ve a la democracia y a la organización revo- lucionaria como mutuamente excluyentes: dado que se supone que las masas son incapaces de determinarse a sí mismas, la democracia meramente minaría los esfuerzos revolucionarios del partido, sometiéndolo a exigencias “econó- micas” que desvirtúan el propósito del partido revolucionario. Dado que se
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considera que los trabajadores son incapaces de tener con- ciencia revolucionaria, el partido, por medio de su dic- tadura sobre la clase obrera, es el encargado de educar a las masas en la disciplina y el espíritu revoluciona- rios de manera tal que se transforme en una clase para-sí. Sin embargo, ¿quién educa a los revolucio- narios? ¿Con qué propósito tienen que ser educa- dos los trabajadores? La respuesta de Lenin es el comunismo: “Nuestra tarea”, sostiene, “consiste en combatir la espontaneidad, en apartar el movimiento obrero de este afán espontáneo de tradeunionismo (. . .)y
enrolarlo bajo el ala de la socialdemocracia revolucionaria.” (ibid. p. 41). N o hay aquí necesidad de repetir la crítica de Luxemburg a Lenin. Es suficiente con decir que Luxemburg no consideró la espontaneidad como una acción “instintiva” en contraste con la dirección consciente. Consideró la espontanei- dad como la fuerza conductora no sólo de la revolución sino del liderazgo de vanguardia mismo, como lo que lo mantenía a la izquierda. Es correcta su ca- racterización de Lenin como un blanquista que, operando por medio de cons- piraciones, no necesita de la acción de la masa excepto en el día de la revolu- ción. En Lenin, los medios se vuelven contra los fines. Tanto para los leninis- tas como para cualquier otra autoproclamada vanguardia revolucionaria, la crí- tica de la espontaneidad es automática. Refleja el prejuicio burgués que consi- dera a las masas dependientes como una multitud mal educada que tiene que ser cónducida por líderes “responsables” para que cumpla con su función his- tórica de alcanzar el comunismo. Sin embargo, el comunismo no es el crea- dor de la conciencia de clase; más bien, el comunismo crece a partir de ella. En resumen, la idea del partido como la vanguardia que dirige y educa a las ma- sas para el comunismo niega el hecho de que el comunismo es el movimien- to de la clase traajadora. La suposición leninista de la inmadurez de la clase trabajadora, en lugar de justificar la idea de partido “revolucionario” justifica en cambio la existencia del partido como un fin en sí mismo. ¿No implicaría esto que el partido es el freno más poderoso al movimiento real del comunis- mo, la clase trabajadora?
La idea de “partido revolucionario” es una contradicción en los términos. La idea básica del partido revolucionario es que la clase trabajadora es incapaz de emanciparse a sí misma, de hacer la revolución y que, por lo tanto, no pue- de hacerlo sin un partido de revolucionarios profesionales. ¿Cómo podría el partido revolucionario ser capaz de tornar el poder? La respuesta es: por me- dio de un levantamiento de masas. ¿Llegará a algún lado el partido sin las ma-
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sas? La respuesta es autoevidente: el éxito del partido revolucionario depende de las masas, de su ingenio y de su voluntad de acción. Sin embargo, ¿qué pa- pel queda para el partido revolucionario una vez que las masas se han hecho cargo de sí mismas? ¿Se volverá parte de ellas y abandonará así el “liderazgo” o proclamará su liderazgo sobre las masas revolucionarias? ¿Cómo puede ha- cerse esto cuando las masas persisten en su esfuerzo de alcanzar la autodeter- minación? El conflicto entre la revolución y el antiguo “régimen” se transfor- ma, entonces, en un conflicto entre las masas y el partido. Aunque su propio “éxito revolucionario” dependa de la actividad revolucionaria de las masas, es- ta actividad amenaza el papel de liderazgo del partido y, así, es juzgada como un factor de desorden y anarquía (cf. Lenin, s.d.). El partido, en resumen, de- be alcanzar a las masas revolucionarias, detenerlas y, una vez que se haya to- mado el poder, volver a educarlas y disciplinarlas para “crear” el socialismo en su beneficio.
De acuerdo con esta perspectiva, a la clase trabajadora se le debe enseñar a ser emancipada. La educación implica la supervisión de la clase trabajadora para ase- gurar su sumisión a las leyes de la emancipación tal como fueron concebidas por el partido revolucionario. En otras palabras, a las masas se les permite ser tan li- bres como el partido decrete y no como ellas determinen. Cualquier intento de libertad o autodeterminación por parte de las masas es visto, necesariamente, como una amenaza contrarrevolucionaria. El partido conduce porque las masas dependientes son inmaduras y están contaminadas por prejuicios burgueses. Cualquier afirmación de independencia de acción por parte de ellas es, así, de manera necesaria, juzgada como una amenaza al liderazgo del partido y en con- secuencia, ala revolución misma. Entonces, la ecuación de la revolución con el liderazgo del partido significa que, en nombre de la revolución, el partido tiene que utilizar todos los métodos y medios disponibles para mantener el más es- tricto control sobre las masas cuya conciencia es considerada o bien trivial o bien burguesa (i.e., economicista), y, una vez que se ha tomado el poder, subversiva y potencialmente contrarrevolucionaria.
Marx sostuvo una vez que el socialismo es la “revolución permanente, la dictadura del proletariado un período de transición necesario hacia la abolición de todas las clases” (1969, p. 89)". ¿Puede esta revolución permanente ser anunciada por el partido y su estado? Si así fuera, ¿cómo puede la revolución permanente progresar sin poner en cuestionamiento al partido y su estado? ¿O la dirige el partido y su estado? Si es así, ¿cómo revoluciona? Marx concibió la revolución permanente en términos de la dictadura del proletariado. ¿Qué se entiende por la dictadura de clase del proletariado? Trotsky, a quien se le atri- buye la idea de revolución permanente, proporcionó una respuesta: el soviet
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revolucionario de Kronstadt en 1921 no señaló una revolución permanentesi- no que, en cambio, puso de manifiesto una contrarrevolución que tenía que ser aniquilada y cuyos participantes tenían que ser “asesinados como faisanes” (Trotsky), como de hecho sucedió. El Kronstadt de 1921 ingresó en la mito- logía del estado bolchevique: la así llamada contrarrevolución fue vencida per- mitiendo la consolidación del estado proletario. El día que el Comité Central anunció la NEP y conmemoró la Comuna de París de 1871, Kronstadt cayó. Desde la perspectiva de la toma del poder por parte del partido esta subordi- nación sanguínaria de la revolución permanente en acción tiene sentido.
Históricamente, las revoluciones políticas nunca han transformado el mo- do de producción. Cambiaron la forma del estado, perfeccionaron su maqui- naria y reemplazaron una clase política por otra. Como sostuvo Marx en el 18 Brumario, todos los levantamientos políticos han perfeccionado el estado en lu- gar de hacerlo pedazos. No existe duda de que los “levantamientos políticos” son bastante incapaces de realizar el ideal de “la sociedad de los libres e igua- les”. La caída de Kronstadt eliminó los órganos de autodeterminación, i.e. los soviets, y los incorporó como órganos administrativos en la estructura del po- der, reforzando la concepción del socialismo como “organización socialista más electrificación”. Esta concepción imitó en la práctica la división del traba- jo taylorista y afirmó que el estado proletario implicaba la estandarización de la vida social basada en una economía del trabajo planificada centralmente. La idea de la sociedad como una enorme fábrica centralmente dirigida implicó la “introyección de las normas capitalistas de eficiencia, disciplina laboral, indus- tria y acumulación” (Dyer-Witheford, 1999, p. 6-7). Esta concepción del so- cialismo caracterizó al “partido revolucionario” desde sus comienzos: la divi- sión entre el partido (director) y las masas (dirigidas). La destrucción del Kronstadt de 1921 llevó a una catastrófica derrota del comunismo: suprimió la revolución por la auto-organización social, es decir, puso la autonomía so- cial en favor de una_concepción del socialismo no como alternativa a sino co- mo competidor del capitalismo.
El desafio crucial está en convertir a la esperanza en práctica en lugar de hacer a la desesperanza convincente
Sólo en pocas ocasiones Marx hizo referencia a la dictadura del proletariado. Sin embargo, fue sobre este término que la tradición marxista-leninista constru- yó todo un edificio de legitimación. Habitualmente la dictadura es utilizada, de manera correcta, para describir un estado en el estado de sitio. En el leninismo, el términoïsignifica la organización “socialista” de la sociedad por el partido y su estado. Las pocas alusiones de Marx a la dictadura del proletariado se refieren a
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ella como a la dictadura del proletariado como una clase, la mayoría de la socie- dad. Millones de personas no pueden ser dictadores concentrados en la forma del estado. Tal dictadura, por su propia naturaleza, está limitada a un pequeño número de personas. ¿Es esta concepción leninista de la dictadura del proleta- riado lo que Marx tenía en mente? Si así fuera, malo sería para Marx.
Godelier (2000, p. 163) sostiene que no hay nada en Marx que pueda su- gerir que defendió un “poder estatal o burocrático contra las masas trabaja- doras”. Marx no afirmó que el proletariado tenía que ser educado por su “propia” dictadura para adquirir disciplina fabril. Más aún, continúa Gode- lier, “la dictadura de las personas no tenía que volverse contra las personas si- no contra sus enemigos, contra los representantes de las antiguas clases ex- plotadoras que se estaban oponiendo a las transformaciones revolucionarias de la sociedad con las armas y con otros medios.” Entonces, no tenía que ser una dictadura de partido en beneficio de y sobre la clase trabajadora. Fue concebida como una dictadura de la mayoría de las personas contra la mino- ría, es decir, contra aquellos que poseen los medios de producción y cuyos intereses, intereses de la sociedad burguesa, están concentrados en la forma del estado. La dictadura del proletariado, entonces, se relaciona con la lucha rayolucionaria de los productores cooperativos libremente asociados por la democracia. El éxito de esta fase depende de si los medios de producción son socializados y los controla el trabajo asociado o si triunfa la contrarrevolu- ción. Entonces, la dictadura del proletariado parece referirse a la lucha por la autonomía social contra las existentes relaciones de poder constituido ”es precisamente necesario evitar una y otra vez contraponer ‘sociedad’, como una abstracción, al individuo” (Marx, citado en Dunayevskaya, 1992, p. 20). Dicho simplemente, el capitalismo no puede ser superado por un cambio en el comando sino sólo por la abolición del acto de comandar. En lugar de to- mar el poder se trata de la abolición del poder, no después sino durante la re- volución misma. El primer paso en esta abolición, como sostuvo Marx en el Manifiesto Comunista, es la lucha de la clase trabajadora por la democracia. ¿Cómo puede entenderse la ecuación de la dictadura del proletariado con la democracia?
La consideración del estado como el vehículo para la sociedad de los libres e iguales confunde la emancipación humana con la emancipación del estado respecto de la sociedad. La idea de república “social” significa la subordinación social de la sociedad al estado. La idea del estado como agente de la dictadura del proletariado significa la subordinación militar de la sociedad a la autoridad del estado. Laidea de que la sociedad va a liberarse por medio del estado, co- mo enseña el leninismo y, icon él, todos los conceptos vanguardistas de libera-
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ción, acepta el estado como si fuera una “entidad independiente que posee sus propios principios intelectuales, morales y libres” (Marx, 1973b, p. 28). El re- chazo de Lenin del estado capitalista y su afirmación de la dictadura del prole- tariado por medio del estado parece implicar que el estado es capitalista sólo porque está administrado por la burguesía y que una vez que el poder estatal haya sido tomado por la vanguardia, el estado se convierte en un instrumento de emancipación. Así, la noción de Marx del estado como la “violencia orga- nizada de la esclavitud del trabajo” (1979, p. 541) no es negada por Lenin sino que la violencia organizada va a ser perpetuada por el estado proletario para lo- grar la organización socialista de la sociedad.
El proyecto de la emancipación humana y el de la toma del poder político son mutuamente excluyentes: el estado no puede ser utilizado con el propó- sito de la emancipación humana (Marx, 1979, p. 336). El rechazo de Marx al estado como un instrumento revolucionario implica que el proyecto de la emancipación humana tiene que reflejarse en los medios de la transfmmación revolucionaria misma y debe darles forma. En términos de la dictadura del proletariado esto significaría la extensión de la democracia a toda la sociedad. En resumen, la dictadura del proletariado significa la auto-organización de- mocrática de la sociedad en y por medio de la negación del estado. Desde es- ta perspectiva, la dictadura del proletariado no sólo no asume la fonna del es- tado. Es, de hecho, la negación del estado. La valoración de Marx de la Comu- na de París es explícita sobre este punto: la Comuna fue la “negación de todo poder estatal” (ibid., p. 542) y fue una revolución contra el estado (ibid., p. 541). Fue la forma organizacional por medio de la cual la sociedad devolvió a sí misma su propia vida social (cf. ibid). La Comuna no implicó una transfor- mación revolucionaria del estado en la que se transfería el poder de una clase política a la otra. Más bien fue una revolución que destruyó la forma política de dominación de clase, i.e., el estado (cf. ibid.). En otras palabras, reemplazó el poder de subordinación organizado por su propio poder, creando sus pro- pias formas autodetemrinadas de organización social. La Comuna, entonces, fue el contra poder social organizado y, como tal, la forma política de la eman- cipación social (ibid. p. 545). En lugar de buscar la “salvación” por medio del estado, la Comuna significó la autonomía de la sociedad, su auto-determina- ción y auto-organización, en oposición al estado durante la lucha revoluciona- ria contra la burguesía, cuya fuerza concentrada es el estado. El estado, enton- ces, no es ni el agente ni el instrumento de la dictadura del proletariado. Más bien, como sostuvo Marx (1973b, pp. 28231); es el estado el que neCesita ser educado por las masas. ¿Qué función le queda al estado una vez que esta edu- cación ha seguido su curso?
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Marx (1979, p. 546) consideró ala Comuna como el “medio más huma- no” para la lucha por la autodeterminación social y esto en un punto de tran- sición, es decir, durante la intensa batalla entre las fuerzas de la revolución y la violenta contrarrevolución. La Comuna anticipó, en sus medios y métodos re- volucionarios, el propósito de la emancipación humana. Comenzó la “eman- cipación del trabajo” (ibid. p. 546). Sin embargo, no fue la sociedad de los li- bres e iguales. FUe el medio organizacional de la auto-determinación social durante el levantamiento revolucionario mismo. La Comuna, en resumen, es.- tableció los elementos de una nueva sociedad en libertad durante el período revolucionario de lucha. Marx lo denominó como la fase del proceso revolu- cionario de dictadura del proletariado y sostuvo que, en relación con la Co- muna, esta dictadura reflejó en sus medios el propósito de la revolución social. En resumen, la valoración de Marx de la Comuna muestra la dictadura del proletariado de una manera diferente: la negación práctica del estado en y por medio de la auto-organización democrática de la sociedad, una democracia de la mayoría social y, como tal, una democracia que comienza, en oposición a las relaciones de opresión existentes, la emancipación del trabajo.
Cada revolución sólo puede desarrollar y madurar el germen que ya existe y se abrió paso en la conciencia del Hombre. Las revoluciones por sí mismas no pueden crear estos gérmenes o generar mundos nuevos de la nada. La so- ciedad de los productores cooperativos asociados no es algo que el comunis- mo inventa .o crea. Si efectivamente se ve al comunismo como algo que se in- venta a sí .mismo, entonces la noción de Engels del comunismo como “el sal- to de la humanidad del reino de la libertad al reino de la necesidad” (Engels, 1973, p. 226) es adecuada. El leninismo descansa sobre esta concepción del co- munismo como un “salto”: es creado por el partido como el guardián teórico y la expresión organizacional de la conciencia de clase trabajadora. En. cambio, Marx no concibe el reino de la libertad como el resultado de un salto históri- co. Más bien, el comunismo fue visto como el movimiento de la clase traba- jadora en y contra las relaciones sociales capitalistas mismas. En resumen, el comunismo crece a partir de la lucha-de clases. Entonces, la idea de Lenin de que las masas por sí mismas son incapaces de conciencia revolucionaria niega la posibilidad de revolución y, en cambio, confirma que el cambio revolucio- nario sólo puede ser provocado desde arriba, forzando, por decirlo así, a la cla- se obrera a “saltar” hacia el comunismo.
La emancipación humana no puede ser impuesta. Se desarrolla por medio del conflicto, y este conflicto organiza, basado en una historia de experiencia de lucha, sus propias formas organizacionales de autodeterminación en opo- sición a las relaciones de explotación y dominación existentes. Las relaciones
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de poder, entonces, constituyen la base sobre la que y contra la cual descansa la lucha por la emancipación humana (Marx, 1979, p. 632). En consecuencia, las formas organizacionales de emancipación humana se desarrollan en la ma- triz de la sociedad existente (ibid. p., 343) y son modeladas por ella. Sin em- bargo, los medios de emancipación tienen que ser adecuados a su propósito. Si los medios meramente reflejan las relaciones de poder existentes, entonces no ha surgido nada nuevo: en lugar de El Hombre creando sus propias orga- nizaciones sociales y medios de producción se toma el poder pero no se lo abole y se expropian los medios de producción capitalista y se los impone a la sociedad para crear el nuevo Hombre socialista: un Hombre de emisión es- tandarizada. La insistencia de Marx en que la dictadura del proletariado es u‘n período de transición, es decir, un período de lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre la autodeterminación social y las relaciones de poder constituido, reco- noce que la nueva sociedad surge a partir de la antigua sobre la base de una lu- cha de clases permanente que contrapone su propio objetivo de autodetermi- nación a las relaciones de poder existentes.
En resumen, las revoluciones no se hacen ni por leyes ni por decretos. Tampoco pueden ser anunciadas por un comité central, ni ser dirigidas por él. El proyecto de emancipación humana crece dentro de las relaciones de poder existente, se desarrolla por medio del conflicto con ellas y, o va más allá de ellas o es cercenado sólo para comenzar de nuevo: “La fuerza es la comadrona de toda vieja sociedad preñada con la nueva” (Marx, 1966, p. 703). Marx agrega: “Es en sí misma un poder económico" (ibid). La lucha de clases es la “presu- posición lógica e histórica para la existencia de los capitalistas y los trabajado- res índividuales” y “la base sobre la que descansa la explotación” (Clarke, 1982, p. 80). Las relaciones sociales capitalistas descansan en la lucha de clases y se desarrollan por medio de ella: el capital tiene que explotar al trabajo a fin de reproducirse: “como fanático de la valorización del valor, el capitalista constri- ñe implacablemente a la humanidad a producir por producir despiadadamen- te, fuer'za a la raza humana a producir para bien de la producción”, expandien- do “la masa de material humano explotado” (Marx, 1983, p. 555). La lucha de clases es constitutiva de la reproducción expandida del capi-tal y es la fuerza por medio de la cual nace lo nuevo. La idea leninista del partido como el director de la lucha de clases pone al partido en el papel de la comadrona. Sin embar- go, la comadrona no está luchando por nacer. No es su papel. Ella no nace. Una vez que lo que ha nacido “grita” (cf. Holloway, 2001), la comadrona es innecesaria a menos que se empecine en que a lo que ha nacido no se le per- mite ser libre. Como afirma Mattick (1991, p. 198): “los trabajadores que se comprometieron con los consejos revolucionarios defendieron la dictadura
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porque para ellos los consejos revolucionarios llegaban a la dictadura del pro- letariado. No se opusieron a Lenin porque exigió la dictadura sino porque exi- gió la dictadura del partido." En el leninismo los medios se vuelven contra el fm. En lugar de la autodeterminación, la educación del proletariado por la dic- tadura del “partido proletario” condujo a la industrialización forzada que, ba- jo el stalinismo, constituyó nada menos que una versión de “acumulación'pri- mitiva” (cf. Dyer-Witheford, 1999).
Pensar significa aventurarse más allá (Bloch)
El comunismo significa la emancipación del trabajo respecto de todas las abstracciones que dominan al individuo social. No significa la emancipación respecto del trabajo ni tampoco la liberación del trabajo respecto de la anarquía del mercado por medio de la planificación económica centralizada. En cada so- ciedad, toda producción es una apropiación de la naturaleza y la apropiación significa el intercambio con la naturaleza por medio del trabajo. El trabajo es necesario. No se trata de una pregunta por la necesidad del» trabajo. Se trata, más bien, de la pregunta por la forma de la organización social de esta necesi- dad. “Precisamente, los trabajos realmente libres, como por ejemplo la compo- sición musical, son al mismo tiempo condenadamente serios, exigen el más in- tenso de los esfuerzos. El trabajo de producción material sólo puede adquirir este carácter: 1) si está puesto su carácter social, 2) si es de índole científica, a la vez que trabajo general, no esfuerzo del hombre en cuanto fuerza natural adiestrada de determinada manera, sino como sujeto que-se presenta en el pro- ceso de producción, no bajo una forma meramente natural, espontánea, sino como actividad que regula todas las fuerzas de la naturaleza.” (Marx, 1973, p. 61 1-12) .3 En resumen, la emancipación del trabajo alcanza la autonomía social del trabajo sobre su propio ejercicio, su carácter social como práctica autode- terminada, su existencia como un sujeto. La apropiación social de las fuerzas vitales del Hombre significa que se las devuelve al Hombre, trayéndolas bajo el control de los productores cooperativos libremente asociados.
En el marxismo-leninismo esta apropiación es entendida en términos me- ramente judiciales. No defiende la apropiación social de los medios de pro- ducción sino más bien su expropiación. Proyecta la transferencia de los dere- chos de propiedad del capitalista al estado. No es el individuo social, entonces, el que está en control de los medios de producción sino la burocracia partida- ria y su estado. En resumen, la separación de los productores originales res- pecto de los medios de producción no es abolida, es meramente concentrada: el socialismo de estado llega a una rebelión contra la anarquía del mercado cu- yo desarrollo impredecible va a ser superado por medio de ‘la aplicación sin
róo Novimheúaaoa
restricciones a toda la sociedad de la disciplina fabril capitalista. Entonces co- mo sostuvo Lenin, el socialismo “no es más que el monopolio capitalista-es- tatal que se aplica en beneficio de todas las personas y que, por lo tanto, deja de ser monopolio capitalista” (citado en IFS, p. 77). El carácter destructivo del capital es así cuestión de grado y, por lo tanto, corregible por medio de la or- ganización socialista, es decir, por medio de la combinación de la disciplina la- boral capitalista con la organización socialista. El problema con el capitalismo, entonces, no es la explotación del trabajo basada en la separación entre el tra- bajo y los medios de producción. El problema es, más bien, la falta de organi- zación efectiva, falta que parece derivar de las relaciones competitivas y auto- destructivas del mercado basado en la propiedad privada. Se considera a la transformación socialista del monopolio capitalistazen la propiedad del estado como lo que reemplaza la fuerza destructiva del capital por medio de la admi- nistración racional de las relaciones económicas.4 Esta organización de la re- producción social requiere liderazgo central y burocratización. No puede ha- cerse sin ellas. Elliderazgo,entonces, no es sólo- una cuestión de conquista del poder. Esta es íntegramente la presuposición del leninismo.
Por lo tanto, la afirmación de Trotsky de que la “crisis del mundo es una crisis de liderazgo” (citada en Dunayevskaya, 1986, p. xxxi), es adecuada. Sin considerar el hecho de si Trotsky hubiera sido un mejor líder que Stalin, el concentrarse en el liderazgo refleja la idea del líder de negocios del capitalis- mo de luisa-faire y la traspasa al estado proletario. Se necesitaba del liderazgo revolucionario porque, como sostuvo Lenin, “Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde afuera, es decir, desde afuera de la lucha económica, desde afuera del campo de las relaciones entre obreros y patro- nos.” (1902, p. 79). La idea, entonces, de subordinar a los trabajadores a ellos mismos en la forma de estado proletario descansa en desconfiar de los traba- jadores que en el mejor de los casos, por sus propios medios sólo son capaces de desarrollar conciencia económica. De ahí su afirmación de que el partido debe “dotar de conciencia política a los trabajadores” (ibid.). La idea de Trotsky de crisis como crisis de liderazgo meramente repite las preocupaciones de Le- nin: las masas deben ser liberadas por la fuerza y su educación, una educación para la libertad (l), no. debe dudar en utilizar la compulsión y la violencia con- tra aquellos en cuyo beneficio el partido lidera.
El argumento del atraso histórico del proletariado no resiste análisis. Sos- tiene que con el antecedente de las condiciones de miseria existentes, el pro- yecto de emancipación tiene necesariamente/que ser del liderazgo del partido. La concepción, entonces, de la dictadura del proletariado como una forma de dictadura educacional descansa teóricamente en una tradición que se extiende
Omdamrflfiur 161
de Platón a Rousseau. Como sostuvo .Marcuse (1967, p.60) resulta sencillo ri- diculizar esta posición pero es mucho más difícil contradecirla. Esto es así por- que, sin. hipocresía, reconoce las condiciones mismasque obstaculizan la au- todeterminación humana. El argumento, entonces, descansa en la así llamada objetividad delas condiciones existentes y, aceptándolas, refuerza su carácter objetivo. De esta manera, se pone de cabeza la idea de Marx de que la dicta- dura del proletariado enseña una lección al estado, reemplazando la soberanía artificial y no menos poderosa del estado por la verdadera soberanía de los in- dividuos sociales que organizan su propia reproducción social. La idea de la “educación de las masas en el socialismo” no sólo reconoce las condiciones que impiden la autodeterminación social. También refleja esas condiciones y, por lo tanto, las proyecta en la “nueva” sociedad.
Con el antecedente de las condiciones de indignidad humana existentes, la idea leninista de liderazgo parece persuasiva: la exigencia de auto-determinación humana parece evocar ilusiones románticas, haciendo al leninismo creíble por defecto. Sin embargo, ¿qué debe entenderse por condiciones “objetivas”? El marxismo ortodoxo sostiene que a causa de su posición en el proceso de pro- ducción, la clase trabajadora es la única clase revolucionaria. Sin embargo, esta posición es en sí misma una condición “objetiva”: la clase trabajadora existe en sí y, a fin de realizar su potencial como clase revolucionaria, debe ser transfor- mada en una clase para sí. Esta transformación requiere “liderazgo”. El concep-. to “en sí” se refiere a las relaciones sociales capitalistas como relaciones consti- tuidas, es decir, como relaciones en las que la práctica social humana subsiste co- mo si fuera una mera personificación de las cosas mismas. Así, “en sí” se refie- re a la existencia establecida del capital, a su Dasein constituido. Las explicacio- nes ortodoxas, entonces, emplean los conceptos “en sí” y “para sí” para indicar la posición “objetiva” de la clase trabajadora y su potencial como una clase revo- lucionaria (“clase para sí”). Este dualismo entre objetividad y subjetividad no tiene sentido cuando se lo mira a través de los lentes de la crítica al fetichismo de Marx. Su crítica mostró que la práctica humana existe para sí como una prác- tica pervertida en la forma de relaciones sociales capitalistas y sostuvo que todas las relaciones sociales son esencialmente prácticas. Su crítica revela que las for- mas constituidas del capital son, de «hecho, formas en y por medio de las cuales “existe” la práctica humana: “en sí”, como relaciones entre cosas cuya forma constituida es la separación de la práctica social respecto de sus condiciones, y “para sí” porque las relaciones sociales humanas subsisten en y por medio-de las relaciones entre cosas. (Mejor aún: esas relaciones adquieren vida como formas p'ervertidas de existencia de las relaciones sociales humanas constituidas de ma- nera capitalista; un mundo de cosas reproducido por “actividad humana” en y
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por medio de su práctica social dividida). Se sigue que la práctica social huma- na subsiste también “contra sí”, por un lado, como una categoría social perver- tida y, por el otro, como un poder que hace historia y es así capaz de dejar atrás su propia existencia pervertida. La práctica humana, entonces, existe en sí, para sí y contra sí en la forma de capital. La concepción dualista de objetividad (en sí) y subjetividad (para sí) pertenece firmemente a una tradición de pensamiento que frustra una comprensión de nuestro mundo social como un mundo hecho por el Hombre y dependiente del poder de transformación del Hombre. El tra- tamiento de la clase como un “en sí” existente conduce a un acomodamiento a las “condiciones objetivas” es decir, conduce a descripciones afirmativas de un mundo “pervertido” (cf. Horkheimer, 1992, p. 246). En resumen, como afirma Horkheimer (1985, p. 84), la separación de la “génesis” respecto de la “existen- cia” constituye un punto ciego de pensamiento dogmático. La presuposición de esta separación meramente conduce a la aceptación crítica de las “condiciones objetivas” a partir de las que se deriva la práctica social. humana y sobre las que se basan los cálculos estratégicos para la conducción de la lucha de clases. En cambio, la crítica de Marx al fetichismo no afirma condiciones objetivas: las di- suelve como condiciones que subsisten en y por medio de la práctica social hu- mana sin impOrtar cuánpervertida esta práctica pudiera estar en la forma del ca- pital. En otras palabras, la idea leninista de “liderazgo” refleja el mundo perver- tido que, aparentemente, empieza a disolver. Los! espejos suministran reflejos que, sin importar cuán defectuosamente lo hagan, no proporcionan imágenes del “todavía-no” (Bloch, 1973) que eidste en forma pervertida en las relaciones capitalistas como su poder constitutivo: la cooperación humana en, por medio y contra la forma pervertida del valor.S Al margen de la afirmación ortodoxa de las condiciones objetivas, la crítica tiene la tarea de iluminar lo que concierne a la verdadera constitución del mundo de las cosas. El iluminismo es un asunto completamente subversivo. Duda de que las cosas sean como aparecen y pien- sa el mundo de cabeza a fin de revelar su esencia: el ser humano que existe con- tra sí como el productor de sus propias condiciones abandonadas y para sí co- mo el sujeto todavía-no existente que se relaciona consigo mismo en dignidad, esto es, que existe para sí como un propósito y no como un recurso.
La presuposición de las condiciones de producción social capitalista es la li- bertad de la clase trabajadora respecto de su condición; esta presuposición in- forma y da forma al movimiento real de las relaciones. sociales capitalistas. El capital “como fanático de la valorización del valor” (Marx, 1983, p. 555) no puede hacer otra cosa que intensificar la división del trabajo para incrementar su poder productivo. No existe duda de que “la subdivisión del trabajo es el asesinato de un pueblo” (U rquhart citado en Marx, 1983, p. 343); sin embar-
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go meramente consolida la separación “original” del trabajo respecto de sus condiciones por medio de cada vez más fragmentaciones del proceso social del trabajo,.de_smembrando al Hombre (cf. Marx, 1977, p. 155). Sin embargo, sin importar cuan fragmentado, dividido y subdividido sea el trabajo social, la cooperación humana permanece como “la forma fundamental del modo de producción capitalista” (Marx, 1983, p. 317). Esta cooperación existe contra sí en la forma valor que integra el “asesinato de un pueblo" con las formas res- petuosas de relaciones de intercambio libres e iguales. La cooperación huma- na, entonces, tiene que ser liberada de su lazo antagónico con la organización capitalista de reproducción social.
El trabajo “es y sigue siendo el presupuesto” del capital (Marx, 1973, p. 399). El capital no puede liberarse del trabajo; depende de la imposición del trabajo necesario, el lado constituyente del .plustrabajo, de las clases trabajado- ras del mundo. Tiene que afirmar el trabajo necesario al mismo tiempo en que tiene que reducirlo a lo máximoa fin de incrementar la plusvalía. Esta reduc- ción desarrolla el poder productivo del trabajo y, al mismo tiempo, la posibili- dad real del reino de la libertad. La circunstancia de que cada vez se necesite menos tiempo de trabajo socialmente necesario para producir, a falta de una expresión mejor, las necesidades de la vida, limita el reino de la necesidad y permite así el florecimiento de lo que Marx caracterizó como el reino de la li- bertad. En la sociedad capitalista, esta contradicción puede ser contenida sólo por la fuerza (Gewalt), incluyendo no sólo la destrucción de las capacidades productivas, el desempleo, el empeoramiento de las condiciones y la genera- lización de la pobreza sino también la destrucción de la vida humana por me- dio de la guerra, el desastre ecológico, el hambre, la destrucción de la tierra, el envenenamiento del agua, la devastación de comunidades y la creación de nuevas oportunidades aprovechables tales como la producción de bebés por beneficio, el uso del cuerpo humano como una mercancía que puede ser in- tercambiada o sobre la que se puede operar, la industrialización de la produc- ción humana por medio de la clonación, etc. La existencia del Hombre como un ser degradado, explotado, deteriorado, abandonado y escla‘vizado muestra que la producción capitalista no es producción para los seres humanos: es pro- ducción por medio de seres humanos. En otras palabras, la forma valor no só- lo representa una abstracción del individuo social real. Es una abstracción que es “verdadera en la“ práctica” (cf. Marx, 1973, p. 105): abstrae al ser humano y lo reduce a una mera personifiCación de su práctica vital. La reducción univer- sal de toda práctica social humana específica a la forma abstracta del trabajo, desde el campo de batalla al laboratorio de clonación, indica que la separación que comenzó con la acumulación primitiva aparece ahora en la determinación
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biotécnica para expropiar a los seres humanos. Esta miseria es indigna del Hombre. Exige una transformación revolucionaria. Parafraseando a Marcuse (1998), el ser humano es un ser pensante y si el pensamiento es el lugar de la verdad, entonces el ser humano tiene que poseer la libertad, tiene que ser con- ducido por el pensamiento a fin de comprender lo que se reconoce como ver- dad, es decir, que la práctica social humana misma es constitutiva de un mun- do que lo esclaviza.
Marx consideró la aparición de las cooperativas obreras y de las fábricas propiedad de los trabajadores como signos a la vez directos e indirectos de que ya había comenzado la transición al comunismo. Vio la lucha por la reducción de la semana laboral, sin importar cuán contradictorios fueran los resultados para el trabajo asalariado (Marx, 1983) como “el requisito previo básico” de la emancipación humana (Marx, 1966, p. 820). Además, mostró la fuerza con- tradictoria de la cooperación. “No sólo tenemos aquí un incremento en la fuerza productiva del individuo por medio de la cooperación, sino la creación de un nuevo poder, a saber, el poder colectivo de las masas” (Marx, 1983, p. 309). Marx sostuvo que la lucha capitalista para contener el trabajo como un recurso para la acumulación de riqueza abstracta contiene la tendencia hacia una “monstruosa desproporción entre el tiempo de trabajo aplicado y su pro- ducto (.. .) El trabajo ya no parece estar tan incluido en el proceso de produc- ción, más bien, el ser humano viene a relacionarse más como un observador y regulador del proceso de producción mismo (. . .) [El trabajador] se para al lado del proceso de producción en lugar de ser su principal factor” Marx, 1973, p. 705). Además, “la naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, vías, telégrafos eléctricos, ni hiladoras alternativas automáticas, etc. Estos son productos de la industria humana; material natural transformado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza, o de participación en la naturaleza. Son órganos para el cerebro humano, creados por la mano humana, el poder del conocimiento objetivado. El desarrollo del capital fijo indica a qué grado el conocimiento social general se ha convertido en una fuerza de producción di- recta y hasta qué grado, por lo tanto, las condiciones del proceso de vida social han pasado a estar bajo el control del intelecto general y han sido transforma- das de acuerdo con él. Hasta qué grado las fuerzas de producción social han sido producidas no sólo en la forma de conocimiento sino también como ór- ganos inmediatos de práctica social, del proceso vital real.” (Marx, 1973, p. 706). En otras palabras, aunque condenado a ser un mero factor de produc- ción, el trabajo vivo organiza la producción y lo logra transformando su prác- tica vital en un guardián y regulador dotado de conocimiento humano intelec- tual general y de poder intelectual. Esta transformación, concerniente a rela-
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ciones contemporáneas, implica una reducción del trabajo necesario en y por medio del trabajo y el capital desempleados, llevada adelante por la crisis (cf. Marx, 1966, p. 251). El capital, en la forma de dinero, está desempleado por- que existe en exceso con respecto a los requerimientos productivos de la acu- mulación ampliada. Allí desarrolla entonces una “superestructura crediticia” en abstracción respecto de la producción de plusvalor, en la que el dinero se hace a partir del dinero. Este divorcio entre acumulación productiva y acumu- lación monetaria es violento —implica una hipoteca sobre la explotación futu- ra del trabajo, una hipoteca que, como lo indica cada estallido o crisis financie- ra, no sólo es insostenible sino destructiva especialmente para aquellos sobre cuyo trabajo descansa el mundo del capital" El límite del capital es el capital mismo: a fin de afirmarse por medio de la acumulación ampliada, tiene que contener el poder productivo humano por medio de la destrucción de los me- dios de producción. en el altar del dinero. Cualquier crisis de un deudor mues- tra cómo funciona esto en la práctica.
Sin embargo, esta miseria es hecha por el Hombre en y por medio de rela- ciones de reproducción social organizadas de manera capitalista. La afirmación de Marx de que la clase trabajadora sólo puede liberarse a sí misma plantea el problema real de la revolución. El problema es el de la auto-organización del trabajo, una auto-organización que plantea una alternativa real al capitalismo y refleja así el fin de la lucha revolucionaria en sus medios organizacionales. En resumen, el gran problema de la organización revolucionaria es el de en- contrar un medio o método de lucha que sea digno del Hombre y que, al mis- mo tiempo, sea capaz de soportar no sólo la reacción más encamizadamente armada sino, lo que es importante, el llanto minúsculo del poder en la prácti- ca vital cotidiana. Este primer principio de transformación revolucionaria es la democratización de la sociedad, es decir, la autodeterminación contra todas las formas de poder que condenan al Hombre como un mero recurso. La demo- cratización de la sociedad significa, esencialmente, la organización democráti- ca del trabajo socialmente necesario. La democratización de la sociedad y la or- ganización democrática deltrabajo necesario son una presupuesto de la otra. La democratización del trabajo necesario en libertad respecto de cualquier coerción y violencia implica la exigencia de autonomía social en todas las áreas de la vida humana. La autonomía humana significa soberanía y, por lo tanto, dignidad humana como sujeto. Significa la abolición de todas las relaciones que convierten al Hombre en un ser degradado dominado por abstracciones. La autonomía social, en resumen, significa la autodeterminación social en y por medio de las formas organizacionales de resistencia que anticipan en su método de organización el propósito de la revolución: la emancipación huma-
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na. “La sociedad de los libres e iguales” (cf. Agnoli, 2000) implica el fin de la clase, una sociedad sin clases en la que el Hombre reconoce y organiza sus “propias fuerzas" como sus propias fuerzas sociales (cf. Marx, ,1 964, p. 370). El tema al que nosotros enfrentamos, entonces, es el de alcanzar el poder sin to- mar el poder (Holloway, 2002).
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¡68 Narn'mbrealezooz
Notas
l Quiero agradecer a Mike Rooke por sus valiosos comentarios.
2 "De hecho, el reino de la libertad sólo comienza allí donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuación a finalidades exteriores; con arreglo a la naturaleza de las cosas, por consiguiente, está más allá de la esfera de producción material propiamente dicha. (...) La libertad en este terreno sólo puede consistir en que el hombre socializado, los pro- ductores asociados, regulen racionalmente ese metabolismo suyo con Ia naturaleza, ponién- dolo bajo su control colectivo, en vez de ser dominado por él como un poder ciego (...). Pe- ro éste siempre sigue siendo un reino de la necesidad. Allende el mismo empieza el desa- rrollo de las fuerzas humanas, considerado un fin en sí mismo, el verdadero reino de la liber- tad, que sin embargo sólo puede florecer sobre aquel reino de Ia necesidad como su base.” (Marx, 1966, p. 820). Para una valuación, véase el útil intercambio entre Vlfildcat y Holloway (VWIdcat, 1999).
3 Adaptado del original alemán (Marx, 1974, p. 505).
4 La idea del estado como un planificador económico no deriva de Marx sino de Hegel. En su Fenomeno/ogía del Espíritu Hegel sostuvo que en el progreso de la razón todo final-' mente se subsume en el estado. Aunque Hegel no sostuvo que la propiedad privada tuvie- ra que ser subsumida en el estado, Ia idea socialista del estado como organizador y planifi- cador de la sociedad afirma la idea de Hegel del progreso de la razón con más lógica que en Hegel mismo.
5 Sobre estos temas, véase Bonefeld (2001).
6 Para una valuación detallada de estos desarrollos en relación con los contemporáneos, véase el volumen editado por Bonefeld y Holloway (1995).
YUI VIII ILUUIEHUA ALI‘NIIIIVA
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m La protesta política como acontecimiento cultural
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II
Mabel Bellucci*
n un pasado no muy lejano, el territorio social que definía el . conflicto era la fábrica, la uni- versidad, el sindicato, el partido polí- tico, la villa o la organización armada. En la actualidad, con la irrupción de nuevos colectivos de experimenta- ción social bajo dinámicas de acción novedosas junto con la implementa- ción de prácticas del pasado, se tran- sita una reapropiación de los espacios públicos y sociales que no siempre está mediada por los órdenes institu- cionales clásicos. Así, un número sig- nificativo de rebeliones y luchas ac- tuales se concretan en la toma y apro- piación de las calles, rutas, vías de co- municación, esquinas, plazas, tierras fiscales, viviendas, bancos, estableci- mientos fabriles y comerciales deso- cupados tanto en los asentamientos como en los barrios, básicamente de Buenos Aires y Rosario. La revuelta plebeya del 19 y 20 de diciembre no sólo representó un an-
tes y un después para la acción políti- ca en su más amplio sentido sino también la irrupción impugnativa y de disconforrnidades de todo tipo y color, entre ellas, la de colectivos ju- veniles que entienden la política y lo político como acontecimiento cultu- ral. Vale nombrar la multiplicidad de boletines, folletos, revistas, redes electrónicas, sitios web, murales y grqfi'ití, grupos de arte de acción direc- ta y callejera, performances de teatra- lización titiritera, programas en ra- dios alternativas, piquetes culturales, centros sociales okupados, bandas musicales así como la configuración de un circuito de lenguajes visuales. En este último confluyen aquellos fotógrafos, videastas y documentalis- tas que venían trabajando con ante- rioridad a la revuelta junto a los que emergen a partir de la misma. Tal es el caso de Boedo Films; Fundación Alumbrar; 1° de Mayo; Argentina Arde; Ojo Obrero; Venteveovideo;
* Asambleísta y activista autónoma y nómade.
C uaa'ernas del Sur
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Contraimagen; Proyecto ENERC; Movimiento de Documentalistas; Indymedia Video, la Asociación de Realizadores Audiovisuales del Neu- quen (ARAN)como también la pro- ducción de las escuelas de artes visua- les, entre otras tantas expresiones.
Si hablamos del documental, po- dríamos decir que constituye un gé- nero artístico de exploración vital, de movimiento y de relatos vivos que se amolda con suma familiaridad a la narración exigida por el contexto po- lítico presente. En suma: se rueda en el mismo espacio del acontecimiento y se toma en el momento y en el lu- gar en que los hechos están transcu- rriendo con las mismas personas que lo protagonizan. Cada colectivo al es- tar inserto dentro de la comunidad que los origina, trabaja sobre su terre- no geográfico y social; abriendo así indiscutibles posibilidades al docu- mental para la producción de sentido y para la captación de imágenes que posibilitan al cine convertirse en un testigo invalorable de todos este pro- ceso emancipatorio en tránsito. Asi- mismo, los materiales y los relatos es- pontáneos por más que sean seleccio- nados por los propios realizador@s, adquieren una impronta de naturali- dad manifiesta sin condicionamien- tos argumentales.
En América Latina, la década de los sesenta imprimió una cinemato- grafía altemativa- en cuanto a sus te- máticas y modos de circulación-(co- nocido como cine político o revolu-
cionario) testimoniando las experien- cias de cuño socialista y de izquierdas nacionales que se llevaron a cabo du- rante esos años en nuestros países.
Mucho de lo elaborado hasta el momento, son productos sostenidos mediante la autofinanciación de gru- pos o de iniciativas individuales, ge- nerando un incentivo pujante al do- cumental. Así, este género va nu- triendo al incipiente movimiento po- lítico cultural que acompaña de ma- nera comprometida las rebeliones y las nuevas prácticas de participación popular.
A modo de ejemplo, tomaremos dos documentales de acceso masivo: Matanza y Piqueteras. Si bien se erd'ri- bieron en salas convencionales, el fuerte de ambos fue ser proyectados en agrupaciones y actividades pique- teras; en asambleas barriales de Bue- nos Aires, Rosario; barrios del Gran Buenos Aires y en otras ciudades del país; ocupaciones de inmuebles abandonados; fábricas bajo gestión obrera; universidades nacionales co- mo privadas; ciclos especializados; organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y en el Foro Social Mundial en Argentina así como en otra diversidad de espacios de discu- sión y de modalidad activista.
Matanza
Recientemente, durante el Festi- val de Cine Independiente se presen- tó la opera prima Matanza del grupo autogestivo de documentalistas 1° de
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Noviembre le 2002
Mayo, conformado por alrededor de ocho cineastas. Dicho Festival permi- te a los nuevos realizadores mostrar sus producciones y convertirse en ju- gadores de un tablero internacional del circuito independiente.
Matanza se produjo previamente a los acontecimientos de diciembre. Se comenzó a rodar en 1998 y tuvo al- gunos intervalos frente a la falta de presupuesto y finalmente se terminó a principios de 2001.
Su escenario se centra en [a Ma- tanza, el partido más grande que dis- pone la provincia de Buenos Aires. Básicamente, recoge las luchas de los excluidos en las tomas de tierras, los cortes de la ruta 3, las selecciones dis- crecionales que aparecen con la en- trega de los Planes Trabajar, las for- mas organizativas que llevan adelante los desocupados y sus mujeres de los barrios más carenciados. A la vez, desnuda la interpelación y los diálo- gos tensionantes entre el movimien- to piquetero y las instancias estatales, sean funcionarios del municipio co- mo diputados nacionales.
Es de remarcar el celoso trabajo y participación plena en el terreno de los hechos que efectuó el grupo do- cumental 1° de Mayo. Sus autores conocen muy bien el paño. Es de presumir que su compromiso cultu- ral a partir de su procedencia política partidaria fue intenso en tiempo y sin respiro.
Es un documental denunciativo y propagandístico. Matanza no intenta
provocar rupturas sino continuidades.
No es intención cuestionar sobre la elección de producir bienes cultu- rales que tienen como objetivo visi- ble el proselitismo político. Y esto no escapa a ningún espectador la proce- dencia partidaria de este colectivo. Lo único que se acotaría es la sobreabun- dancia de imágenes relacionando las luchas populares en La Matanza con los signos emblemáticos de la Co- rriente Clasista y Combativa. Des- pués de la primer escena introducto- ria, ya se sabe quienes son. De allí que cabe la pregunta ¿ por qué insistir una y otra vez con la misma iconografía? Posiblemente, este hecho puntual se enmarca dentro del modo relacional populista enquistado- en la cultura de las izquierdas actuales, al menos en Argentina.
Por cierto, esta forma de interven- ción en los conflictos sociales, políti- cos y culturales devino en una suerte de voces autorizadas por parte de las dirigencias frente a sus bases. Hoy, todo está en discusión, revolucionado por los nuevos acontecimientos que intentan disolver los órdenes. Desde una visión movimientística autoges- tiva, todas las premisas vigentes debe- rían ser interrogadas, abiertas a la dis- cusión en el marco de un contexto histórico de revueltas y resistencias multitudinarias contra el capitalismo globalizado y la democracia liberal y sexista.
Más allá de lo señalado, Matanza dispone de una riqueza y, por mo-
Cuarlemas ¿[Sur l
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mentos, de una frescura testimonial de significativa importancia. Por un lado, interpela desde el infierno dan- tesco que representa la exclusión y la miseria más abyecta de la condición humana. Pero por el otro, esas muje- res, adolescentes y hombres que es- tán allí con sus palabras y'con sus ac- ciones develan que el horror no es ili- mirado.
Sin embargo, la literalidad y toda la puesta en juego, no deja margen pa- ra profundizar en otras direcciones, esos mismos testimonios. Matanza aparte de la unicidad protagónica de los desocupados en alzamiento, filtra sutilmente otras realidades que son sumamente sugestivas y que quedan desplazadas, quizá de manera invo- luntaria. Abarcar una totalidad es im- posible ya que una selección y limita- ción de la temática encierra también opciones y omisiones. Se desperdicia- ron oportunidades jugosísimas que están presentes en el documental y quedan flotando enel ambiente. Es el caso cuando se pincela la vida cotidia- na de sus protagonistas, las relaciones de pareja, la maternidad, el aborto y métodos anticonceptivos, la autoges- tión de las mujeres para estrategias mínimas de supervivencia, las cos- tumbres heredadas sinespíritu crítico, la sabiduría común organizada a través de la práctica social. Todos estos pla- nos también emergen de las propias realidades materiales y simbólicas de los pobladores abordados por dicho documental. De igual forma son una
palestra de elementos constitutivos del conflicto político con. un entreeru- zamiento de saberes, experiencias y acciones dentro de un proceso de construcción dinámica que encierran tensiones, ambigüedades y asimilacio- nes.
Piqueteras
Filmada entre noviembre de 2001 y febrero de 2002, este mediometraje de 43 minutos recibió críticas elogio- sas al ser presentado en diferentes festivales cinematográficos europeos. Inauguró el ciclo 2002 del Forum des Images en París. y recorrió el Festival de Cine Latinoamericano de Bor- deaux, Toulouse, París Nantes y Pau. En España, la película fue invitada al Festival de, Cine Documental de Má- laga, al Festival Apolo de. Nuevos Realizadores en Barcelona, al Certa- men de Cortos en Avilés y al Salón del Libro de Gijón.
Este fotodocumental es una opera prima realizada, producida y finan- ciada por Malena Bystrowicz yVeró- nica Mastrosimonte, con música de Miguel Magud.
Piqueteras es un documental de cu- ño histórico que transita entre dos es- cenarios que se retroalimentan mu- tuamente. Por un lado, los orígenes del movimiento piquetero- tanto en Cutral-Có (Neuquén), Mosconi (Salta) como en Ledesma (Jujuy) - con imágenes riquísimas aportadas por los canales locales y muchas de ellas son primicias al menos en Bue-
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Nom'mbrea’e 2002
nos Aires. Por el otro, devela la viven- cialidad cotidiana y modalidades de resistencia de las mujeres que inte- gran mayoritariamente dicho movi- miento. Pese a que la mayor parte de las referencialidades de los distintos grupos piqueteros reflejados en pan- talla son varones, quizás para provo- car un efecto de peligro a la audien- cia, pero en realidad quienes inicia- ron, organizaron y sostuvieron y sos- tienen a estos frentes, son las muje- res. Ellas representan el cimiento fundamental para la emergencia y el desarrollo de los piquetes. Yésto es lo que Piqueteras con una. intencionali- dad explícita visibiliza que a diferen- cia de otros de su tipo, las mujeres son omitidas o bien aparecen en un
plano secundario. Tampoco Piqueteras las disfraza de guerreras. Todo lo con- trario: sus cuerpos emergen marca- dos por el hambre y la indignación por estar excluidas en su triple condi- ción: de clase, genérica y étnica.
Así Piqueteras se convirtió en el primer documental que aborda el acontecimiento de la desocupación y la marginalidad desde una mirada de mujer. Pero también ellas desocupa- das o compañeras de desocupados, resignifican el dolor en orgullo de ser luchadoras y solidarias, innovadoras de dinámicas autogestivas y promo- toras de espacios productivos y redes sociales colectivas.
Buenos Aires, Octubre de 2002
“traia/m EMA
Revista de debate y crítica marxista
Esta edición de 500 ejemplares se terminó de imprimir en A.B.R.N. Producciones Gráficas S.R.L., Wenceslao Villafañe 468, Buenos Aires, Argentina, en noviembre de 2002.
nadamas del Sur
Editorial . Alcances y limitaciones de la insurrección ‘ del 19 y 200. Ernesto Herrera América latina: la resistencia viene del sur. ' Ricardo Antunes , Brasil: Lula y algunos desafíos de la ' izquierda social. Washington Estellano Boliv'F: la agonía del modelo. DOSSIER: OCUPACIÓN Y GESTIÓN OBRERA Eduardo Lucita Ocupar, resistir, producir. Josefina Martínez Fábricas ocupadas y gestión obrera. Apuntes
y , , t para una reflexión histórica y teórica. Angel Fanqu / Roque Moyano Continuidades y cambios en el movimiento de ocupación fabril. Entrevista.
i L@s TRABAJADOR@S TOMAN LA PALABRA Debates en el FSM-Argentina Empr ndimientos productivos, respuestas , ' U g obreras al cierre de empresas y la desocupación. Pablo Perazzi Radiografía de los MTD’s. Un enfoque 1 antropológico.
DOSSIER: QUÉ HACER CON EL ¿ouÉ HACER?
“¡Slavoj Zizek ¿Qué puede decirnos Lenin sobre la libertad hoy? Werner Bonefeld Estado, revolución y auto-determinación. RESEÑA Mabel Bellucci La protesta política como acontecimiento
cultural. Videos “Matanza” y “Piqueteras”.
Artista plástico invitado: Juliano Borobio
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