SOCIEDAD - ECONOMÍA ' PU’LÍTIC‘A
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D. Campione IW. Estellann / Fernando Ló’pezfi¿.¿ï¿_ c o v u n T u BA LATIN 0A M-Enïl'c, A . ' ’ i .. _ ;-._ Ïï
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J. Hirsch /A. Gilly / E. Grüner/J. Holloway
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Gladernos del Sur
Año 19 - N° 35 Mayo de 2003
NUEVAS DIRECCIONES
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Cuadernos del Sur, número 35 Toda correspondencia deberá dirigirse a: publicado por: Rodney l7l - D°77
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ISSN: 1666-8804 - Cuadernos del Sur es una publicación semestral que aparece en mayo y noviembre.
4 números (2 años)
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EDITORIAL
ALEX CALLINICOS ROBERT BRENNER
DANIEL BENSAÏD JOHN BROWN
DANIEL CAMPIONE WASHINGTON ESTELLANO FERNANDO LÓPEZ ROMERO
MABEL BELLUCCI
EDUARDO GRÜNER (Trad.)
JOACHIM H‘IRSCI-I
ADOLFO- GILLY JOHN HOLLOWAY
Indice
Argentina: ¿Fin de la belle époque?
Nuevo unilateralismo mundial:
economía, política, guerra, soberanía
La estrategia general
del Imperio Norteamericano ........... .. Después del boom. Un diagnóstico de l'a economía mundial ................... .. La guerra tendrá lugar
La Guerra del Imperio: lógica de la excepción y retorno de la soberanía ..
Apuntes sobre la coyuntura latinoamericana
Elecciones del 27 de Abril ................. .. Bolivia en la encrucijada ................... .. Ecuador: ¿Argentina,
segunda parte? ................................... ..
Los movimientos antibelicistas de contestacion femenina ................. ..
Polémicas en el marxismo
Breve diccionario de la actualidad (no 'solo) argentina ............................ .. Poder y anti-poder Acerca del libro de John- Holloway, Cambiar el mundoï'siñ tomar el poder ...................... .. El hacedor .......................................... .. Tiempo para la revuelta
Reflexiones sobre Imperio
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La textil Brukman es de
l@s trajador@es ‘\
Argentina: ¿Fin de la belle époque?
a . os olvidamos a veces de nuestra sombra o es que nuestra som- bra nos abandona de vez en cuando?.” ¿Cambian las relaciones de fuerza de modo violento en pocos meses o evaluamos de
modo erróneo los procesos sociales? ¿Asistimos solo al florecimiento del
potencial proletario durante una crisis burguesa? “¿Será posible que haya- mos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia?” ¿Acabó esta crisis y asistimos a la vuelta a la “normalidad”? ¿Intentamos exorcizar esta normalidad cantando “reflujo”? “¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud?” ¿Compramos la baratíja ilusoria de sobrevaluar- la fuerza real o la desperdiciamos reduciéndola a trizas en un conjunto de errores tácticos? “La ternura que nos infunde”, es justamente,
a diferencia de Girondo, la que nos obliga a contestar estas preguntas.
La supuesta belle ¿poque abierta por sucesos del 19-20D parece tener su indubitable fin en estos comicios. Una Pax Duhaldísta se impone con fuer- za cada vez más asentada desde fines del 2002, y como toda buena paz de poderosos lo'hace sobre la base de domesticación y represión de las luchas sociales, y de la unión de grupos hegemónicos por necesidad y espanto.
La Pax Duhaldista se funda en sus éxitos de gobierno. La relativa estabili- dad del' tipo de cambio (el dólar), la relación con el FMI, los tímidos pasos hacia renegociar la deuda, la contención del proceso inflacionario y de los aumentos de tarifas de servicios públicos, la neutralización de algunos con- flictos sindicales con la devolución del 13% y el aumento de suma “fija (ape- nas efectivizado) en el sectorprivado. El enfriamiento del conflicto de aho- rristas con el paulatino descongelamiento de depósitos bancarios, “corrali- oo y corralón”, y los subsidios a la banca para contener su debacle. En vano citar muchos más.:'los comicios. probablemente coronen los' esfuerzos de la cantosa adrrúnistración por rearrnar un bloque hegemónico y domesticar las sombras que se levantaron 19-20D.
Cuadernos del Sur 5
La Pax Duhaldista no se construye, en vano sería engañarse, con solucio- nes de fondo. Bonos, inflación, deuda, tarifas de servicios, planes sociales, la crisis' solo se ha pospuesto. Ysin embargo, “solo” posponerla representa el éxito. Ésta era precisamente la tarea que esta administración tenía enco- mendada. Reasegurar la gobernabilidad, administrar la protesta y refinan- ciar los tiempos mientras el bloque hegemónico se reconstruye.
A la novedad de las formas de protesta nuevas y potenciadas del 19-20D se le ha tejido además una fina tela. Los sutiles hilos de la hegemonía han privilegiado todas las herejías domesticables al interior de estas sombras. Los piqueteros vieron reconvertidos la miríada de planes sociales en el “plan jefes y jefas de hogar”, reasignados por los “consejos de crisis” donde se domestica los reclamos de su mayoría en una mesa común de negocia- ciones y se favorece a los sectores más clientelares y socialdemócratas (ETV, CCC). Las fábricas tomadas dentro del viejo cooperativismo o bajo el MNER son favorecidas por las expropiaciones. Las asambleas se intentan asimilar a los CGP. Para los irreductibles, aquello que intenta cortar esta fina tela, que- dan los no tan sutiles carabinazos y palos: los asesinatos del Puente Puey- rredón, el encarcelamiento de piqueteros en el norte del país y la ofensiva del Estado sobre la textil Brukman y la cerámica Zanón, el desalojo del ex- Banco Mayo entre los sucesos más visibles. A estos factores se suman los propios internos. Las debiblidades de cada uno de estos movimientos tam- bién se manifiestan más claramente y hoy las asambleas perdieron densidad y se refugiaron en el asistencialismo, comprensible y solidario pero despo- litizado, ¡las luchas piqueteras se rutinizaron y carecen de perspectiva clasis- ta ni de buena integración con el movimiento ocupado mientras los cortes de ruta pierden aceleradamente legitimidad, las fábricas tomadas dejaron de extenderse desde septiembre y se encuentran en una necesaria postura de- fensiva.
Hoy parecemos sentir lo que Peter Schlemihl, a quién abandonara su sombra compañera.
N ormalidad cívica en los comicios
Apenas quince meses después de Que se vayan todos, y menos tiempo aún de su versión domesticada (renovación total de cargos), el consenso pasivo impuesto por la normalidad de la elección presidencial no debe observarse como un dato menor. La profunda “crisis de representación” se intenta ce- rrar con un período de contiendas electorales esparcidas a lo largo de todo el año. Es posible que el próximo ballotage no solo consagre, la continuidad de la Pax Duhaldista, sino que de también fin al ciclo de crisis del P}.
6 Mayo de 2003
En menos de quince días, un marco de indiferencia y apatía dio relativo paso a un clima de contienda electoral. Los comicios del 27 de abril pasa- do convocaron a una participación cercana al 80% del padrón electoral, un ausentismo apenas mayor al 19,5% registrado en las presidenciales de 1999 y muy inferior al 26,3% de las elecciones de octubre de 2001.l Pero el no- voto (la suma entre voto en blanco y anulado) retrocedió aún más decidi- damente. El voto en blanco del 0,9% fue el menor registrado desde las elec- ciones de 1946 .y el voto anulado se situó apenas en un 1,6%. El no-voto, entonces, alcanzó un 2,5% en 2003, contra el 21,1% registrado en 2001. La estrategia de rechazo a las elecciones implementada por algunas. corrientes de izquierda (AyL en primer lugar, el PCR, como lo venía haciendo durante las últimas elecciones, el PTS, MAS y otros), algunos sectores del movimien- to piquetero (la CCC desde luego, la CTD Aníbal Verón, los MTDS) y algunas asambleas barriales (la mayoría de todos estos sectores organizados en un Frente de Rechazo) resultó entonces en un rotundo fracaso. Un fracaso, además, perfectamente previsible desde hacía varios meses.
Los comicios también fueron testigos de una interna del PJ en simulta- neo con las elecciones generales, de un resultado previsible (un ballotage entre peronistas) y de una fragmentación de los partidos mayoritarios (ca- da uno en tres). Esta fragmentación, la crisis del peronismo (el partido del poder), es el hecho característico de esta elección. La fragmentación es el producto no sólo de los enfrentamientos entre integrantes de las cúpulas de esos partidos sino la expresión de la disputa abierta entre las distintas frac- ciones del capital. Hay aquí dos procesos que caminan en paralelo: por un lado la resolución de l-a crisis al interior del peronismo, por el otro resolver la cuestión de la hegemonía entre las fracciones del capital que permita pre- sentar un bloque unificado.
La izquierda no logrórepresentar en los resultados elecciónarios su par- ticipación e influencia en el nivel de movilización social. Los partidos de la izquierda que sí presentaron candidatos, IU (PC-MST) 1.7% y PO 0.8%, in- crementaron su participación respecto de las presidenciales de 1999 (IU du- plicó y P0 creció un 25%) pero vieron reducir sustancialmente su votación
' Representa una desaceleración de la tendencia al aumento del ausentismo registrado en las elecciones presidenciales durante los 80 y 90 (14,4% en 1983, 14,7% en 1989, 17,9% en 1995, 19,5% en 1999) y significa una rotunda calda respecto del ausentismo re- gistrado en las parlamentarias de 2001, intensificado por el hecho de que también en las par- lamentarias ¡pareoe registrarse una tendencia al aumento del ausentismo durante los 90 (19,1% en 1985, 17,5% en 1987, 19,7% en 1991, 19,7% en 1993, 21,8% en 1997 y ese 26.3% en 2001).
Cuadernosdel Sur 7
respecto de las últimas legislativas. El movimiento no logra canalizarse en la política institucional y la izquierda partidaria, que debiera justamente cumplir ésta función, tiene sobre sí la gran responsabilidad de no haber si- do capaz de brindar ese canal, presentando, por ejemplo, una estrategia de lucha unificada. El sectarismo endémico de los partidos de izquierda loca- les, contribuyó a este fracaso. Pero la responsabilidad principal recayó sobre los partidos y organizaciones que decidieron dar la-espalda a las elecciones —e incluso denunciaron a los partidos de izquierda que decidieron partici- par en las mismas— en nombre de razones que más parecen necesidades (confundiendo la propia marginalidad e impotencia con el auténtico recha- zo del sistema, o el propio encierro con una alternativa a la intervención en los enfrentamientos generales de la política nacional).
Husionesy baratijas
Este cielo azul que todos vernos, no es cielo ni es azul. No lo era en la desenfrenada búsqueda de soviets por las plazas de la Capital Federal, ni lo es “ese espantoso abuso de la estadística” que nos entrega la ultima elección. Dos imágenes ilusorias que mirar con detenimiento llevarán mucho más que esta pobre nota editorial,
La primer ilusión es la de esa “belle époque” que arroja sospechas desde su inicio al asentarse sobre muertos, desnutrición, pauperización extrema y deterioro del salario. Ilusiones de diagnósticos irresponsablemente exitistas fundados sobre un “cuarteto sagrado” (piquetes, asambleas, trueque, fabri- cas tomadas) sobredimensionado, que sin ser representativo era al mismo tiempo vulnerable a represión, competencia hegemónica y contradicciones internas.
La segunda imagen ilusoria es la que hoy nos convida a ver un proceso completamente inútil o completamente cerrado. Dos saldos de importan- cia deben notarse. El primero es la naturaleza de la nueva “normalidad”. De una parte la alianza del bloque hegemónico aparece como profundamente más débil que la de los años noventa (esto no significa en modo alguno que carezca de los acuerdos básicos para reprimir tanto cuanto sea necesario). El saldo del ballotage el próximo 18 de mayo será el de un gobierno con un bajísimo nivel de consenso social (al que no va a cambiar una aplastante vic- toria de Kirchner; recuérdese que incluso una semana antes de las eleccio- nes entre 30 y 40% de los votantes eran aún “volátiles”). El segundo saldo positivo es el conjunto de experiencias que exploraron potencialidad y lími- tes de la autogestión: el control obrero, fiscalización obrera, en menor me- dida también asambleas y trueque. Los desafíos ideológicos planteados al
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orden capitalista no pasaron desapercibidos y la autogestión se estableció en amplios ámbitos como un fenómeno posible, existente y deseable.
Una última ilusión: La política argentina parece desarrollarse en un os- curo confín independiente y autónomo de un mundo camino hacia un uni- lateralismo con pocos precedentes. La coyuntura internacional abierta post-11 de septiembre, reafirmada recientemente en el ataque imperialista contra Iraq debiera ser una pauta de los muchos caminos muertos a que lle- van estrategias puramente nacionales.
De todas estas ilusiones da cuenta el número que sigue. Nos devuelve el contexto mundial Alex Callinicos al rastrear la estrategia del imperio ame- ricano y poner de manifiesto con un trabajo delicado la interna de las fuer- zas políticas. Robert Brenner cuenta las costillas del gigante afirmando que larecesión del imperio Vino para quedarse. La compleja coyuntura latinoa- mericana, ilusión y realidad, recorre las páginas que siguen en un raconto de las elecciones en Argentina, y las coyunturas en Ecuador y Bolivia. Por ultimo Hirsh y Gilly se enredan en una polémica con Holloway. La fina iro- nía de Grüner resume buena parte de los errores e irresponsabilidades de esta belle époque. Completa el número Bellucci con una mirada de género sobre la guerra.
juan Grigera Buenos Aires, mayo 15 de 2003
camada Sur 9
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La estrategia generl del Imperio Norteamericanm
Alex Call‘inicos
l unilateralismo norteamericano se ha convertido en el asunto pre- dominante dela política mundial. Es uno de los rasgos más visibles del actual gobierno norteamericano desde que George W Bush asu- mió en enero del 2001. Al denunciar Bush el protocolo de Kioto sobre el recalentamiento global, el Financial Times de Londres comentó: “La posi- ción antirregulatoria en lo interno y el enfoque unilateralista en lo externo son señales de que el gobierno estadounidense será el más conservador des- de la Segunda Guerra Mundial [1939-45].”1 Esta tendencia se reforzó en forma dramática a raíz del 11 de septiembre del 2001, sobre todo con el vi- goroso avance del gobierno de Bush hacia una guerra para imponer un “cambio de régimen” en Irak, con el apoyo obsecuente de siempre de Tony Blair. En el primer aniversario de los atentados en Nueva York y Washing- ton se dio a conocer una Estrategia de Seguridad Nacional nueva que comien- za con la afirmación: “Estados Unidos posee una fuerza e influencia sin precedentes —y sin igual- en el mundo” y concluye con la advertencia: “Nuestras fuerzas tendrán el poder suficiente para disuadir a los adversarios en potencia de iniciar una escalada militar con la esperanza de superar o igualar el poderío de Estados Unidos.”2 Esta afirmación contundente de que, al decir del periodista de derechas Anatole Lieven, EEUU. aspira a “la dominación unilateral del mundo por medio de la superioridad militar absoluta”, ha sido una desagradable sor- presa para los que se tragaron la idea —muy difundida en la inmediata pos- guerra fría- de que la globalización económica vendría acompañada por el
* Publicado en International Socialism (verano 2002).
l G. Baker, "Bush's Tough Stand", Financial Times, 31- de marzo de 2001. Agradezco a Sarn Ashrnan y John Rees sus comentarios sobre‘el borrador de este articulo y a Sebastian Budgen y Chris Harman su ayuda para obtener materiales.
2 The National Security Strategy of the United States of America, Septiembre 2002, vwwv.whitehouse.gov, págs. 1, 30.
Cuadernos del Sur 11
surgimiento de “métodos globales de gobierno” capaces de superar la cen- tenaria lucha por la supremacía entre las grandes potencias.3 Nadie ha de- fendido esta posición con mayor energía que [el primer ministro británico Tony Blair, quien expuso su “Doctrina de la comunidad internacional” por primera vez durante la guerra de los Balcanes de 1999 y la reafirmó en el congreso del Partido Laborista de septiembre del 2001.4 Los exaltados elo- gios de Blair al “reordenamiento del mundo” se dan de patadas con el acer- tado pronóstico de Condoleezza Rice, la asesora de Seguridad Nacional de Bush, de que su gobierno “actuará desde el terreno firme de los intereses nacionales, no los de una comunidad internacional ilusoria”.5
Comprender al imperialismo norteamericano
La moralina farisaica que emplea Blair para proporcionar una fachada de justificación a la Realpolitile de Bush y sus asesores tiene su aspecto absurdo. Pero lo importante es comprender lo que está en juego en el impulso beli- cista norteamericano actual. Edward Luttwak define la estrategia general de la siguiente manera: “es la dimensión del conflicto entre Estados en la cual lo militar se desenvuelve en el contexto más amplio de la política interior, la diplomacia internacional, la actividad económica, y todo lo que fortalece o debilita”.6 ¿Cuál es entonces la estrategia general del imperio norteameri- cano bajo George W Bush?
Uno de las características salientes de la teoría marxista del imperialismo es que trata los conflictos diplomáticos y militares entre los Estados como instancias del proceso más general de competencia que impulsa al capitalis- mo. En concreto, tal cómo la formuló Nikolai Bujarin durante la Primera Guerra Mundial [1914-18], la teoría del imperialismo sostiene que duran, te el siglo XIX, dos procesos hasta entonces relativamente autónomos —la ri- validad geopolítica entre los Estados y la competencia económica entre los capitales- tienden a fusionarse cada vez más. Por un lado, la industrializa- ción creciente de la guerra significaba que las grandes potencias ya no po- dían conservar sus posiciones sin desarrollar una base económica capitalis-
3 A. Lieven, ’“lhe Push to War“, London Review of Books, 3 de octubre de 2002, pág. 8.
4 T. Blair, "Doctrine of International Community”, discurso en el Economic Club de Chica- go, 22 de abril de 1999, www.fco.gov.ulc Véase una critica en A. Callinicos, Against the Third Way (Cambridge, 2001), cap. 3.
5 C. Rice, "Campaign 2000 - Promoting the National Interest”, Foreign Affairs, enero/fe- brero 2000 (edición internet), www.foreignpolicy2000.org.
5 E. Luttwak, Strategy (2nd ed., Cambridge MA, 2001), pág. 89. Luttwak, un conservador norteamericano brillante y sensible, desarrolló por primera vez su-version del concepto en The Grand Strategy of the Roman Empire (Baltimore, 1976).
12 Mayo de 2003
ta. Por el otro lado, en virtud de la concentración e internacionalización crecientes del capital, las rivalidades económicas entre empresas traspasaban las fronteras nacionales para convertirse en enfrentamientos g'eopolíticos en los cuales los combatientes requerían el apoyo de sus respectivos Estados. La competencia económica y por la seguridad se entrelazaban en conflictos de carácter cada vez más complejo que desembocaron en la era terrible de las guerras interimperialistas desde 1914 hasta 1945.7
Esta teoría proporciona el marco más adecuado para comprender el 'ac- tual impulso belicista norteamericano. Pero antes de seguir, es necesario aclarar una cuestión crucial. Tanto partidarios como críticos de la teoría mandsta del imperialismo suelen reducirla a la afirmación de que los Esta- dos imperialistas actúan motivados exclusivamente por razones económi- cas. 'Un ejemplo reciente es la difundida idea de que el verdadero objetivo del ataque occidental a Afganistán fue el deseo del gobierno de Bush y las empresas petroleras con las cuales está estrechamente aliado de construir un oleoducto a través del país para exportar el petróleo y el gas del Asia Central.8
Indudablemente, las reservas de combustibles constituyen un factor de peso en los intereses de Washington en la región, pero reducir la guerra en Afganistán a esos intereses sería un grave error. Como veremos, Estados UnidOs atacó Afganistán sobre todo por razones políticas centradas en la reafirmación de su hegemonía global después del 11 de septiembre. Su ma- yor acceso al Asia Central fue un subproducto importante del derrocamien- to de los talibán, no el motivo principal de esa acción. Con todo, sería un
7 N. Bujarin, Imperio/¡sm and World Economy (Londres, 1972). Desde luego que la riva- lidad económica entre los Estados es anterior a la época del imperialismo: el acceso al botín fue un factor crucial en las luchas entre las potencias europeas a partir del siglo xvr. Pero só- lo en el caso de Holanda y más adelante Inglaterra los contendientes operaban sobre bases económicas capitalistas, lo cual les daba una ventaja importante sobre sus rivales absolutis- tas. En un sentido, lo que sucedió en el siglo xrx fue qde el modelo anglo-holandés se gene- ralizó en el contexto de la industrialización de masas que incrementó la organización del ca- pital. Véase A Callinicos, “Bourgeois Revolutions and Historical Materialism", ¡n P. McGarr y A. Callinicos, Marxism and the Great French Revolution (Londres, 1993). Sobre la vigencia ac- tual de la teoria marxista del imperialismo, véase A. Callinicos, "Manrism y Global Governan- ce”. en D. Held y A. McGrew, comps., Governing Globalization‘ (Cambridge, 2002), y An An- fi-Capita/ist Manifesto (Cambridge, 2003), págs. 50-65.
3 Véase la crónica de Ahmed Rashid sobre los recientes conflictos económicos y geopo- liticos en Afganistán en Taliban: Islam, Oil y the New Great Game in Central Asia (Londres, 2000). Gore lfidal, ese gran critico del imperialismo norteamericano, presentó recientemen- te una versión cauta de la teoria conspirativa, centrada en la aparente ineptitud de Washing- ton con respecto al 11 de septiembre: "The Enemy Within", Observer, 27 de octubre de 2002.
Cuademosdel Sur 13
error igualmente grave reducir la estrategia nor-tamericana a la geopolítica: el control del petróleo del Medio Oriente es, como se verá, uno de los fac- tores de-mayor peso en los planes bélicos de Washington.9
Durante. la historia del imperialismo, las grandes potencias han actuado por una mezcla compleja de razones económicas y geopolíticas. A fines del siglo XDC, la clase dominante británica empezó a ver en Alemania un gran peligro para sus intereses, principalmente ante la decisión del II Reich* de construir una fuerza naval de primer orden. Esto constituía una amenaza a la supremacía naval británica, de la cual dependían tanto la seguridad de las Islas Británicas como el control del imperio y el flujo de ganancias delas in- versiones en ultramar.10
Para dar Otro ejemplo, Hitler era un gobernante movido intensamente por su ideología, cuyo objetivo a largo plazo era asegurar la dominación de la gran masa de Eurasia por una Alemania purificada racialmente. Sin em- bargo, los- factores económicos tenían gran peso tanto en la estrategia mili- tar (las decisiones de iniciar la Segunda Guerra Mundial, extenderla a la Unión Soviética y tratar de tornar Stalingrado obedecieron en gran medida al temor de que escasearan las materias primas), como en la visión hitleria- na de una Rusia colonizada para resolver las contradicciones económicas del capitalismo alemán."
I-on es importante comprender que la teoría marxista del imperialismo analiza las formas bajo las cuales se entrelazan la competencia geopolítica y económica bajo el capitalismo; bajo ningún concepto se trata de reducir la una a la otra.
La estrategia de Estados Unidos-después de la Guerra Fría
El origen de la “fuerza sin precedentes y sin igual” de la cual se jacta el gobierno de Bush radica, claro está, en el desenlace de la última etapa de competencia interimperialista, la Guerra Fría (1945-1990). Tras las revolu- ciones en Europa central y oriental en 1989 y el derrumbe dela Unión So- viética en 1991, Estados Unidos quedó como potencia militar dominante.
9 Para un análisis sistemático, véase J. Rees, "lmperialism: Globalization, the State y War", International Socialism, (2) 93 (2001).
* El ll Reich (Segundo Imperio alemán) fue el régimen surgido luego de la Guerra Fran- co-Prusiana de 1870-71 y que se derrumbó con la Revolución de 1918. Lo sucedió la Repú- blica de Weimar hasta 1933, año en que Hitler tomó el poder constituyendo el lll Reich, que finalizó en 1945 con Ia derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial.
1° P. Kennedy, The Rise of the Anglo-German Antagonism, 1860-1914 (Londres, 1980).
“ Véase, por ejemplo, l. Kershaw, Hitler 1936-1945: Nemesis (Londres, 2000), cap. 5, y págs. 400-7, 517, 528-30.
14 Mayo de 2003
El capitalismo norteamericano ahora pudo conseguir acceso a regiones que hasta entonces le estaban vedadas debido a la división del mundo durante la Guerra Fría en bloques dominados por las superpotencias rivales, princi- palmente el Asia Central, con sus importantes reservas de combustibles y su situación estratégica en la frontera entre las esferas de'influencia rusa y china. No obstante, la desintegración del sistema estalinista no abolió la ri- validad entre las grandes potencias. Sin dejarse amedrentar por la cháchara triunfalista sobre “el fin de la historia” y el advenimiento de un segundo si- glo norteamericano, algunos marxistas sostuvieron que, al ser eliminada la disciplina relativa impuesta por la estructura bipolar de la política interna- cional durante la Guerra Fría, el mundo ingresaba en un período de com- petencia geopolítica intensificada, y por lo tanto, de peligro e inestabilidad mayores de los que habían reinado antes de 1989.12 Concretamente, Estados Unidos enfrentaba dos posibles desafíos. El primero surgió en el seno del bloque capitalista occidental. Durante la Gue- rra Fría, Alemania yJapón se habían subordinado a la conducción política y militar de Washington, pero se habían convertido en grandes rivales econó- micos del capitalismo norteamericano. El retroceso económico relativo de Estados Unidos frente a este desafío fue una de las fuerzas motrices princi- pales de la nueva era de crisis de la" economía mundial a finales de los 60.13 Liberados de las restricciones impuestas por la unidad contra el bloque oriental, Alemania yjapón podrían tratar de afirmarse en el terreno geopo- lítico y convertirse en potencias mundiales capaces ¡de amenazar la hegemo- nía norteamericana. Aunque la Alemania reunificada hiciera alarde de su in- dependencia de Washington (por ejemplo, al provocar la desintegración de Yugoslavia en 1991-92 frente a los intentos del gobierno de Bush padre [1989-93] de mantener unida la federación), era el Japón que aparecía como la amenaza mayor en virtud de. su penetración en los mercados norteameri- canos y sus inversiones en el propio territorio de EE.UU. A principios de los 90, George Friedman, de la consultora de seguridad Stratfor, fue coautorde un libro que anunciaba The Coming War with japan- [La inminente guerra con japón]. El segundo grupo de rivales en potencia provenía de afuera del bloque oc- cidental. Aunque empobrecida y sumida en el caos Social y político, Rusia se-
‘2 Véase especialmente A. Callinicos y cols., MarxismA-and the New Imperio/¡sm (Londres, 1994), y G. Achcar, "The Strategic Triad", reproducido en T. Ali, comp, Masters of the Univer- se? (Londres, 2000).
‘3 Véanse C. Harman, Exp/dining the Crisis (Londres, 1984), cap. 3, y R. Brenner, "The Eco- nomics of Global Turbulence”, New Left Review, (I) 229 (1998).
Cuadernos del Sur 15
guía siendo una gran, potencia, con sus miles de ojivas nucleares, su gran te- rritorio que abarca Europa y Asia, y sus vastas reservas de combustibles.
China era una amenaza aun mayor. El crecimiento económico veloz re- gistrado por los chinos desde que sus gobernantes adoptaron'el estalinismo de mercado en los años 80, aparecía como una reivindicación del capitalis- mo liberal, pero también les dio los recursos para crear una importante po- tencia militar en la región geopolítica más inestable del mundo.‘4 A medi- da que el desafío económico japonés retrocedía a lo largo de los 90, China surgía como la amenaza a largo plazo para el capitalismo nórteamericano. Recientemente, el principal analista norteamericano de relaciones intema- cionales, John Mearsheimer, escribió:
“Otra manera de ilustrar el futuro poderío de China si su economía si- gue creciendo rápidamente es mediante la comparación con Estados Uni- dos. El PBN norteamericano es de 7,9 billones de dólares. Si el PBN per cá- pita chino es equivalente al de Corea [del Sur], el PBN global chino sería de unos 10,66 billones de dólares, 1,35 veces el de Estados Unidos. Si llega a la mitad del PBN per cápita japonés, el PBN global chino sería 2,5 veces el de Estados Unidos. A título. de comparación, la riqueza de la Unión Soviética equivalía aproximadamente a la mitad de la norteamericana durante la ma- yor parte de la Guerra Fría... En pocas palabras, China tiene el potencial de ser mucho más poderosa incluso que Estados Unidos.”15
Sobre la base de esta proyección, Mearsheimer elabora una hipótesis sombría para el noreste asiático y, en realidad, el mundo entero:
“China no sólo sería mucho más rica que cualquiera de sus rivales asiá- ticos... sino que su enorme ventaja en materia de población le permitiría construir un ejército mucho más poderoso que el de Japón o Rusia. Ade- más tendría los recursos para adquirir un arsenal nuclear impresionante. El noreste asiático sería mucho más peligroso de lo que es ahora. Como todos los hegemónicos en potencia que la precedieron, [China tendería a conver- tirse en un hegemónico real, y todos sus rivales, incluido Estados Unidos,
la cercarían para tratar de impedir su expansión.” "6 7
'4 Véase, por ejemplo, K.E. Calder, Asia’s Deadly Triangle (Londres, 1997).
‘5 JJ. Mearsheimer, The Ii'agedy of Great Power Politics (Nueva York, 2001), pág. 398.
15 Ibídem., pág. 400. Mearsheimer sostiene que la hegemonía sólo puede ser regional, no global: Estados Unidos, como antes Gran Bretaña, es un “equilibrador extraterritorial" protegi- do por los mares, que trata de impedir el surgimiento de potencias hegemónicas en Europa y Asia: véase ibídem., caps. 2, 4, y 7. Esta concepción excesivamente restrictiva de la hege- monía deriva en parte de que Mearsheimer iguala hegemonía con dominación politica abso- luta: "Un estado hegemónico es tan poderoso que domina todos los demás Estados en el sistema", ibídem., pág. 40. Aparte de cualquier otra cosa, esta definición pasa por alto la di-
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Otros analistas como Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter (1977-1981), son mucho más escépticos acer- ca de la capacidad de China de desafiar seriamente la hegemonía norteame- ricana, sobretodo cuando las predicciones se basan (como posiblemente las de Mearsheimer) en “la confianza mecanicista en las proyecciones estadís- ticas”.17 Con todo, Brzezinski es uno de los que alega con mayor energía que el desafío que enfrenta la clase dominante norteamericana desde el fin de la Guerra Fría es el de conservar su liderazgo sobre los estados capitalis- tas occidentales y extenderlo para incorporar a las demás grandes potencias. El principal triunfo geopolítico del gobierno de Clinton (1993-2001) con- sistió en mantener una hegemonía norteamericana reorganizada en Eura- sia. Esto se vio facilitado en gran medida por el contexto económico. Du- rante la mayor parte de los 90, la economía norteamericana conoció un b00m que fue adquiriendo fuerza a lo largo del decenio."3 En ese mismo período, la economía alemana se estancó y la japonesa sufrió la caída defla- cionaria más grave de cualquier estado capitalista importante desde los años 30. Este cambio relativo de la relación de fuerzas económica a favor de Es- tados Unidos se vio reforzado por el uso selectivo de la fuerza militar por parte del gobierno de Clinton. El bombardeo de Serbia por la OTAN* en 1995 a raíz de la cuestión de Bosnia y —en escala mucho mayor-de Kosovo en 1999 sirvieron para poner de manifiesto ladependencia de la Unión Eu- ropea de la conducción política y la fuerza militar norteamericanas para re- solver las crisis, incluso en su propio patio trasero b'alcánico.
La expansión de la OTAN hacia Europa oriental y central durante la gue- rra de los Balcanes de 1999 cumplió una triple función: 1) mantuvo la po- sición de Estados Unidos, ganada durante la Guerra Fría, de potencia do-
mensión económica del poder (salvo como fuente de fuerza político-militar: véase ibídem., cap. 3). Pero los Estados capitalistas, además de perseguir objetivos geopolíticos, tratan de fa- vorecer los intereses de los capitales radicados en su territorio. Yo empleo el término "hege- monía" para referirme a. Ia capacidad, siempre relativa y cuestionada, del Estado más pode- roso del sistema mundial para conseguir que otros Estados apoyen sus objetivos geopolíticos y económicos. Véase una evaluación crítica del análisis de Mearsheimer en P. Gowan, "A Cal: culus of Power”, New Left Review, (II) 16 (2002).
¡7 Z. Brzezinski, The Grand Chessboard (Nueva York, ¡997), pág. 159; véase ibídem., cap. 6. Henry Kissinger, aunque su posición general sobre la posición geopolítica de Estados Uni- dos es similiar en lofundamental a la de Brzezinski, cree que "China está en camino a alcan- zar el estatus de superpotencia", DÍp/omacy (Nueva York, 1994), pág. 826.
‘3 C Harman, "Beyond the Boom", International Socialism, (2) 90 (2001), y R. Brenner, The Boom and the Bubble (Londres, 2002).
* OTAN: Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATo: North Atlantic Treaty Organiza- tion), alianza militar formada en 1949 por eeuu, Canadá, 13 países de Europa occidental y Turquía para enfrentar a la Unión Soviética.
Cuademosdel Sur 17
minante en Europa Occidental y la extendió hacia el este; 2) legitimo la pe- netración en la zona estratégica y económicamente clave del Asia Central por una OTAN, ya bajo la conducción norteamericana, y ahora autorizada a realizar operaciones “extrazona”; 3) redundó en una nueva estrategia para cercar a Rusia, que en opinión de los autores de la política norteamericana, dificilmente se transformaría en una democracia liberal próspera y por lo tanto debería ser contenida.19
Los resultados de la primera prueba que enfrentó la nueva OTAN contra Serbia fueron equívocos, en el mejor de los casos, ya que el bombardeo (que causó escasos daños graves al ejército yugoslavo) fue sólo uno entre varios factores que llevaron a Milosevic a abandonar Kosovo: la negativa ru- sa a respaldarlo y su presión para que llegara a un acuerdo fue un factor de gran .peso, por ejemplo. Pero fue en la guerra de los Balcanes que se invo- có con mayor insistencia la ideología de la intervención humanitaria, sobre todo por parte de Blair, que afirmaba el derecho de la “comunidad interna- cional” —en este caso, Estados Unidos y sus aliados europeos- de atropellar las. soberanías nacionales y librar la guerra, ostensiblemente al menos, para castigar a los “Estados facinerosos” que violan los derechoshumanos.20
A primera vista, pareciera que el gobierno de Clinton aplicó una estrate- gia multilateralista. Pero los verdaderos motivos de su estrategia fueron ex- puestos con la mayor claridad por Brzezinski, uno de los arquitectos prin- cipales de La expansión de la.OTAN. En The Grand Chessboard señaló que es- ta estrategia encajaba dentro de de un enfoque más amplio cuya finalidad era mantener la dominación norteamericana mediante una política conti- nental de dividir para dominar. Brzezinksi emplea el lenguaje del imperio (“La supremacía global norteamericana evoca de alguna manera a imperios anteriores”), al abogar por la construcción de coaliciones para incorporar y subordinar a rivales en potencia, como Alemania, Rusia, China yJapón:
“A corto plazo, conviene a Estados Unidos consolidar y perpetuar-el plu- ralismo geográfico imperante en el mapa de Eurasia. Esto reconoce el valor de la maniobra y la manipulación para impedir el surgimiento de una coa- lición hostil que, con el tiempo, desafiaría la supremacía norteamericana, por no mencionar la posibilidad remota de que algún Estado en particular intentara hacerlo. A mediano plazo [en los próximos veinte años], se debe
¡9 J. Rees, “NATO y the New Imperialism", Socia/ist Review, June 1999, G. Acapcar, "Ras- putin Plays at Chess” y P. Gowan, "The Euro-Atlantic Origins of NAIOÏS Attack on Yugoslavia", ambos en Ali, comp, Masters of the Universe?
2° A. Callinicos, "The Ideology of Humanitarian lntervention", en Ali, comp., Masters of the Universe?
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hacer hincapié cada vez más en el surgimiento de socios más importantes pero a la vez más estratégicamente compatibles que, bajo una conducción norteamericana, ayudarían a forjar un sistema de seguridad transeurasiático más dispuesto a la colaboración. Más adelante, en un plazo mucho más lar- go, lo anterior podría llevar a un núcleo de responsabilidad política autén- ticamente compartida.”21
Es importante comprender que a pesar del énfasis que pone en la cons- trucción dexooaliciones (y la disposición de Brzezinski a visualizar la posi- bilidad de una relación. de auténtica cooperación entre las grandes potencias en un futuro muy remoto), la estrategia del gobierno de Clinton no puede considerarse multilateralista, al menos en términos sencillos. Promover la expansión de la OTAN y la Unión Europea sirvió para mantener la hegemo- nía norteamericana en Eurasia, no para crear una alternativa a ella. Clinton y sus asesores eran al decir de un conservador norteamericano, “multilate- ralistas funcionales”: “Los norteamericanos prefieren actuar con la sanción y el apoyo de otros países, si es posible. Pero tienen fuerza suficiente para actuar por su cuenta si necesitan hacerlo.”22
Estados Unidos inició la guerra de los Balcanes de 1999 bajo la égida de la OTAN, sin acudir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El gobier- no de Clinton ya había desairado a la ONU cuando bombardeó Irak en 1998 con el apoyo de Gran Bretaña y Kuwait; Madeleine Albright, la secretaria de Estado de Clinton que se destacaba por su ineptitud y arrogancia, justificó un ataque previo a Irak con misiles crucero con el siguiente argumento: “Si tene- mos que usar la fuerza, es porque somos Estados Unidos. Tenemos nuestro orgullo. Miramos hacia un futuro más lejano.”’—3 Esta clase de soberbia impe- rialista provocó la siguiente advertencia por parte de Samuel Huntington, ve- terano servidor del Estado norteamericano: “Al actuar como si éste fuera un mundo unipolar, Estados Unidos se encuentra cada vez más solo en el mun- do... Mientras denuncia a diversos países como ‘Estados facinerosos’, Estados Unidos se convierte alos ojos de muchos en la superpotencia facinerosa.”24
2' Brzezinski, The Grand Chessboard, págs. 10, 198. La "geoestrategia" de Brzezinski para dominar Eurasia está muy influenciada por Halford Mackinder, geógrafo académico y parla- mentario irlandés que a principios del siglo >o< desarrolló la concepción de Eurasia como una "Isla Mundial”, centro de la lucha entre las grandes potencias: Véase H.J. Mackinder, Demo- cratic Idea/s and Reality (Londres, 1919).
22 R. Kagan, "Multilateralism, American Style", WashingtOn Post, 13 de septiembre de 2002.
23 Citado en C. Johnson, Blowback (Nueva ’York, 2000), pag. 217.
24 S.P. Huntington, "'lhe Lonely Superpower”, Foreign Affairs, Marzo/Abril 1999 (edición online), www.foreignpolicy2000.org.
Cuadernosdei Sur 19
La doctrina de Bush: “represalias preventivas”
La superpotencia facinerosa se ha lanzado a un asalto rabioso. Las atroci- dades terroristas del 11 de septiembre del 2001 representaron lo que el poli- tólogo norteamericano Chalmers Johnson llamó una “explosión de revés” La reacción que provocó el poder imperial norteamericano, sobre todo en Medio Oriente, ya había costado la vida a miles de civiles norteamericanos inocentes.25 Pero los atentados en Nueva YorkyWashington dieron al gobier- no de Bush (hijo) un margen mucho mayor que antes para seguir una estra- tegia global cualitativamente más unilateralista que la de sus antecesores.
El desdén del gobierno por la construcción de coaliciones quedó mani- fiesto en su actitud hacia la OTAN. El 12 de-septiembre del 2001, la alianza del Atlántico Norte invocó, por primera vez en su historia, el artículo 5 del tra- tado de 1949 que creó la OTAN, al declarar que todos los Estados miembros de la alianza se consideraban víctimas de los ataques a Estados Unidos. Bush aceptó esta declaración de solidaridad junto con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, pero el Pentágono ni siquiera asoció a la OTAN en su guerra contra Afganistán. La OTAN, que dos años antes había sido el instru- mento preferido por Washington para su intervención en los Balcanes, esta vez era tratada con el desdén que los norteamericanos suelen reservar para la ONU. El documento del gobierno norteamericano National Security Strategy (La estrategia de seguridad nacional) le dedica apenas tres párrafos.
Esta preferencia por la acción unilateral reflejaba en primera instancia el golpe simbólico grave sufrido por el poder estadounidense el 11 de sep- tiembre. Después de los ataques espectaculares a su centro financiero y al cuartel general de sus errzas armadas, era imprescindible que el Estado norteamericano devolviera el golpe directamente, sin acudir a las fuerzas de seguridad internacionales. El poder norteamericano había sido violado: el poder norteamericano debía vengarse. Ya durante la guerra de los Balcanes de 1999, los jefes del Pentágono expresaban su impaciencia ante los proce- dimientos torpes y lentos de la OTAN. Pero desde la caída de Kabul en no- viembre del 2001, resultaba claro que el gobierno de Bush iba a utilizar la “guerra contra el terrorismo” para justificar una estrategia geopolítica mu- cho más agresiva, que emplearía el poder militar para eliminar algunas ame- nazas e intimidar a todos.
El primer paso fue la ampliación de los objetivos de la guerra, anuncia- da por Bush en su discurso sobre el Estado de la Nación el 29 de enero del 2002. Al reafirmar que “nuestra guerra contra el terror apenas comienza”,
25 Véase la crítica asombrosamente clarividente de Johnson en Blowback.
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Bush declaró que, además de atacar directamente las redes terroristas, “nuestro segundo objetivo es impedir que los regímenes que patrocinan el terror amenacen a Estados Unidos, nuestros amigos o nuestros aliados con armas de destrucción masiva”, y designó a Irán, Irak y Corea del Norte co- mo integrantes de un “eje del mal”.26 El subsecretario de Estado John Bol- ton posteriormente extendió la red para incluir a Libia, Siria y Cuba como “Estados patrocinadores del terrorismo que están construyendo o tienen los medios para construir armas de destrucción masiva”.27
Pero la plena envefgadura de la estrategia del gobierno se dejó ver clara- mente cuando Bush anunció, en un discurso en la academia militar de West Point el 1 de junio del 2002, lo que el Financial Times llamó “una doctrina totalmente nueva de acción preventiva”.23 Bush dijo:
“Durante buena parte del siglo pasado, la defensa de Estados Unidos se basó en las doctrinas de la Guerra Fría de disuasión y contención. En algu- nos casos, esas estrategias siguen vigentes. Pero nuevas amenazas requieren ideas nuevas. La disuasión —la promesa de represalias en gran escala contra las naciones- no tiene sentido contra furtivas redes terroristas que no tienen nación ni ciudadanos que defender. La contención no es posible cuando dic- tadores desequilibrados que poseen armas de destrucción masiva podrían lanzarlas con misiles o proveerlas clandestinamente a sus aliados terroristas.
“No podemos defender a Estados Unidos y nuestros amigos con espe- ranzas. No podemos confiar en la palabra -de los tiranos, que solemnemen- te firman tratados de no proliferación y los violan de manera sistemática. Si esperamos a que se realicen plenamente las amenazas, habremos esperado demasiado tiempo. (Aplausos.)
“La defensa interior y la defensa antimisilística son parte de la seguridad reforzada, prioridades esenciales para Estados Unidos. Pero la guerra con- tra el terror no se gana a la defensiva. Debemos llevar la batalla al terreno del enemigo, desbaratar sus planes, enfrentar las peores amenazas antes de que surjan. (Aplausos.) En el mundo en que hemos entrado, el único cami- no hacia la seguridad es el camino de la acción. Y esta nación actuará.”(A- plausos).29
25 "lhe Presidents State of the Union Address”, 29 de enero de 2002, www.whitehouse- .gov. Discurso anual del presidente ante el Congreso.
27 J. Bolton, "Beyond the Axis of Evil”, 6 de mayo de 2002, www.state.gov.
23 R. Wolff, ’lhe Bush Doctrine”, financial Times, ‘21 de junio de 2002.
29 "Remarls by the President at 2002 Graduation Exercise of the United States Military Aca- demy, West Point, New York", l de junio de 2002, www.whitehouse.gov. Discurso del presi- dente a los graduados de Ia Academia Militar.
Cuadernosdel Sur ' 21
La “doctrina Bush” de las “represalias preventivas” (como la llamó un funcionario del gobierno) está consagrada. en el documento La estrategia de seguridad nacional: “Si bien Estados Unidos tratará constantemente de obte- ner el apoyo de la comunidad internacional, no vacilaremos en actuar por nuestra cuenta, si es necesario, para ejercer nuestro derecho de autodefen- sa mediante la acción preventiva.”3°
La primera prueba de» esta doctrina eslrak. La política norteamericana en el Medio Oriente después de la guerra del Golfo Pérsico de 1991 fue de “contención doble”, diseñada ¡para aislar a Irán e Irak. En el caso de este úl- timo, se aplicó una combinación de sanciones-económicas y bombardeos para mantener el régimen de] Ba’ath de Saddam Hussein débil y a la defen- siva. Para fines de los 90, esta política se derrumbaba desde el punto de vis- ta diplomático ya que tanto Francia y Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como los Estados árabes mostraban un creciente in- terés en fortalecer sus vínculos económicos y diplomáticos con Irak. Para mantener el aislamiento de Irak, Washington y Londres se vieron obligados a tomar medidas unilaterales, en particular la intensificación de la campaña de incursiones aéreas.31
Ya en el 2000, Condoleezza Rice (entonces profesora en la Universidad de Stanford y asesora del candidato Bush) abogaba por la prolongación de esta política. En alusión a “Estados facinerosos” como Irak y Corea del Norte, escribió:
“Estos regímenes viven en un tiempo prestado. No debe haber sensa- ción de pánico con respecto a ellos. Más bien, la primera línea de defensa debería ser una declaración clara y clásica de disuasión: si adquieren armas de destrucción masiva, no podrán usarlas porque cualquier intento en ese sentido-provocará la aniquilación nacional.”2
Cuando Se le cuestionó recientemente acerca de estas afirmaciones, Ri- ce bromeó a la defensiva que “los académicos pueden escribir cualquier co- sa”, y se respaldó en la espantosa advertencia del 11-9.33 El argumento no es persuasivo. La amalgama que intentan hacer Bush y Blair entre regímenes como el de Saddam y la red terrorista Al-Qaeda pasa por alto que no se ha encontrado la menor prueba que vincule a Irak con el 11 de septiembre. Nada de lo sucedido desde esos atentados altera el hecho de que un Estado
3° National Security Strategy, pág. 6
3' Véase una crónica periodística bien informada en A. Y P.- Cockburn, Saddam Hussen: An American Obsession (ed. rev., Londres, 2002).
32 Rice, "Campaign 2000 — Promoting the National Interest”.
33 Entrevista en Financial Times, 23 de septiembre del 2002.
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que montara un ataque nuclear, químico o biológico contra Estados Uni- dos cometería un suicidionacional. Y desde luego, las acusaciones sobre ar- mas de destrucción en masa pasa por alto los enormes arsenales nucleares de Estados Unidos y otras potencias dominantes, así como el desarrollo de esas armas por Estados estrechamente alineados con Washington como Is- rael y Pakistán. Para comprender la Doctrina Bush, es necesario echar una mirada más profunda al gobierno .de Bush mismo.
Bush H: la derecha republicana toma el timón
Al principio se solía presentar al gobierno de Bush hijo como una con- tinuación del de su padre. Así, se dice que la guerra prevista contra Irak bus- ca saldar una vieja cuenta familiar. Pero esta clase de interpretaciones son fundamentalmente erróneas.34 Si bien varios altos funcionarios del gobier- no actual —en particular el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Es- tado Colin Powell y el de Defensa Donald Rumsfeld- cumplieron funcio- nes importantes bajo Bush padre entre 1989 y 1993, ideológicamente Bush II se remonta ala era de Ronald Reagan, presidente durante la última etapa de la Guerra Fría, de 1981 a 1989.
Fue Reagan quien denunCió a :la Unión Soviética-como un “imperio del mal” y autorizó a la CIA y el Pentágono a que respaldaran guerrillas dere- chistas contra regímenesnacionalistas del Tercer Mundo en Nicaragua, An- gola y Afganistán, que Según Washington se habían alineado con el bando equivocado en la Guerra Fría.35 El archicínico HenryKissinger sintetizó en estos términos de admiración la política exterior reaganiana: “La sublime retórica wilsoniana en apoyo a la libertad y la democracia era matizada con un realismo casi maquiavélico... la Doctrina Reagan se resumía en la estra- tegia de ayudar al enemigo del enemigo: Richelieu la hubiese aprobado” (uno de los beneficiarios de esta estrategia fue Osama bin Laden) .36
Bush hijo evidentemente ha adoptado el estilo personal de Reagan, el gran cómunicador campechano que se concentró en pintar a grandes bro- chazos y limitarse a las cuestiones de más importancia (desde el. punto de vista de la derecha republic-ana). Es más: la política del reaganismo es el eje central de su gobierno. Bush padre era producto de la elite intelectual del Este de EE.UU.; el tono de su política exterior lo daba el secretario de Esta-
34 Acerca de la visión general del gobierno, véase-un análisis en N. Lemann, "The Next World Order”, The New Yorker, l de abril de 2002 (edición online).
35 Véase la crónica-de Fred Halliday sobre la ofensiva contrarrevolucionaria de EE.UU. duran- te los 80 en Cold War, Third World (londres, 1989).
35 Kissinger, Dip/omacy, pág. 774.
Cuadermsdel Sur 23
do James Baker, quien construyó una gran coalición basada en la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU para librar la guerra contra Irak y ne- gó a Israel una garantía para un préstamo de 10.000 millones de dólares pa- ra obligar al primer ministro derechista Yitzhak Shamir a participar en la conferencia de paz de Madrid con 'la Organización para la Liberación de Pa- lestina.37
Cheney, el secretario de la Defensa de Bush padre, era entonces una fi- gura relativamente aislada. En marzo de 1992, el diario New York Times ob- tuvo una copia de un documento del Pentágono sobre política de defensa. En lo principal, anticipaba la estrategia de seguridad nacional de Bush hijo: “Nuestro primer objetivo es impedir el resurgimiento de un nuevo-rival... que represente un desafío de la magnitud de la Unión Soviética... Nuestra estrategia debe cambiar de enfoque y concentrarse en impedir el surgi- miento de un futuro competidor global en potencia.”33
Uno de los autores del documento (que fue repudiado por el gobierno del primer Bush) era Paul Wolfowitz, hoy lugarteniente de Rumsfeld. Se- gún Frances Fitzgerald, Rumsfeld era “el mentor de Cheney en Washing- ton, su amigo de más de treinta años. Como jefe de personal y luego secre- tario de Defensa de [el presidente Gerald] Ford, Rumsfeld provocó un fuerte viraje a la derecha del gobierno de Ford [1974-1977] y frustró el in- tento de [el secretario de Estado] Kissinger de firmar el tratado SALT II”, que reducía los arsenales nucleares de las superpotencias.39
Hoy, Cheney, Rumsfeld, y Wolfowitz conforman el núcleo de un grupo de intelectuales republicanos de derecha que determina la política del go- bierno de Bush, junto cOn Condoleezza Rice en el Consejo Nacional de Seguridad; el subsecretario de Estado de Control de Armas y Asuntos In- ternacionales, John Bolton; y Richard Perle, el legendario “príncipe de las tinieblas” derechista bajo Reagan, hoy presidente de la Junta de Política de Defensa, un organismo asesor. Como dice Fitzgerald, “la que había sido una posición minoritaria en el gobierno del primer Bush se había conver- tido en mayoritaria en el segundo”.40 Ahora Colin Powell, jefe del Estado Mayor Conjunto y arquitecto de la guerra del Golfo Pérsico de 1991 bajo Bush padre, queda aislado cuando aboga por la construcción de unacoali- ción. La posición de Powell tuvo alguna influencia en el período inmedia-
37 A. Shlaim, The Iron Wall (Londres, 2001), pág. 487.
33 Citado en Mearsheimer, Tragedy of Great Power Politics, pág. 386. 39 Fitzgerald, "George Bush", pág. 81.
4° Ibídem., pág. 84.
24 i Mayod‘eaoog
to posterior al 11 de septiembre, pero últimamente está siendo marginado cada vez más por los unilateralistas de derecha. ¿Cuál es el plan de éstos?
Como dice James Fallows, la visión de la derecha “se define por el pesi- mismo, el optimismo y la impaciencia ante los formalismos”.‘“ El pesimis- mo se refleja principalmente en la suposición de que la supremacía nortea- mericana podría verse enfrentada en poco tiempo al surgir competidores de su mismo rango. Wolfowitz expresó este punto de vista en un ensayo que escribió en la época de Clinton. Allí comparó el triunfalismo post-1989 so- bre la victoria del capitalismo liberal y “el fin de la historia” con la posición, muy difundida a fines del siglo XIX, de que la guerra se había vuelto obso- leta debido al crecimiento económico y la integración internacional:
“El fin de este siglo se asemeja al fin del anterior en otro sentido impor- tante, pues el umbral del siglo XXI pone en tela de juicio las grandes esperan- zas de. paz y prosperidad.Junto con el progreso notable y pacífico que se pro- ducía a fines del siglo pasado, el mundo abordaba —más precisamente, no lo- graba controlar- el surgimiento de nuevas grandes potencias. No sólo Japón se volvía poderoso en Asia, sino que Alemania, que ni siquiera existía antes de fines del siglo XIX, se convertía en una fuerza dominante en Europa.
“Hoy, el mismo crecimiento económico espectacular que reduce la po- breza, extiende el comercio y crea nuevas clases medias también está gene- rando nuevas potencias económicas y posiblemente militares. Esto sucede sobre todo en Asia... El surgimiento de China presentaría por sí solo pro- blemas de magnitud; el surgimiento de China junto con otras potencias asiáticas presenta una ecuación sumamente compleja. En el caso de China, existe el factor de su evidente marginalidad. Comparándolo con el fin de si- glo anterior, se presenta la analogía evidente y perturbadora [con] la posi- ción de Alemania, un país convencido de que le habían negado su ‘vlugar al sol’, de que las demás potencias lo habían tratado mal y que estaba resuelto a ocupar el lugar que le correspondía mediante la afirmación nacionalista.”2
Esta visión histórico-mundial respalda la preocupación del equipo de Bush por afirmar el poder militar norteamericano e impedir el surgimien- to de retadores. Como dijo Zalmay Khalilzad, colaborador de Cheney en los 90 y ahora asesor especial del presidente para asuntos del Oriente Pró- ximo, el Sudeste Asiático y el Norte de Africa, “corresponde a los intereses
4‘ .l. Fallows, ’l'he Unilateralist: A Conversation with Paul Wolfowitz", The Atlantic Monthly, marzo 2002 (edición online), www.theatlantic.com.
42 P. Wolfowitz, "Bridging Centuries: Fin de Siecle All Over Again”, The National Interest, 47 (¡997) (edición online), www.nationalinterest.org.
Cuadernos deÍSur I 25
vitales de Estados Unidos estar dispuesto a usar la fuerza en caso de nece- sidad” para “prevenir el surgimiento de otro rival global en un futuro inde- terminar:lo”.43 Una comisión creada por el grupo derechista Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano (y que incluye a Wolfowitz junto con to- da una galería de ideólogos republicanos) advirtió en el2000:
“En la actualidad Estados Unidos no enfrenta un rival global. La estrate- gia general norteamericana debería apuntar a conservar y extender esta po- sición ventajosa lo más posible hacia el futuro. Sin embargo, existen Esta- dos potencialmente poderosos descontentos con la situación actual y deses- perados por cambiar, si pueden, con consecuencias que pondrán en peligro la situación relativamente pacífica, próspera y libre que disfruta el mundo hoy. Hasta ahora, les ha disuadido el poderío y la presencia global de la fuer- za armada norteamericana. Pero a medida que decae ese poderío, en térmi- nos tanto relativos como absolutos, las condiciones felices que derivan de él se verán inevitablemente socavadas.”44
Así, el impulso para mantener la hegemonía norteamericana correspon- de a una visión de debilidad potencial a largo plazo. Pero lo sustenta una confianza que deriva en parte del desenlace de la Guerra Fría. Como dice Fallows:
“La confianza radica en la convicción de que Estados Unidos puede ga- nar si enfrenta a los enemigos ‘malignos’. Prueba de ello es, claro está, la caída de la Unión Soviética. Ronald Reagan ganó la presidencia, no con in- vocaciones a la distensión sino con llamados a lograr la victoria total sobre el ‘imperio del mal’. Diez años después, el imperio había desaparecido. Ca- si todos los miembros actuales de la conducción de la defensa eran inte- grantes del equipo de Reagan. El recuerdo de ese triunfo subyace la prome- sa de George W Bush de que los terroristas no sólo serán contenidos, co- mo los narcotraficantes, sino derrotados como los nazis y los soviéticos.”45
Esta confianza es reforzada por los éxitos de las fuerzas armadas en la posguerra fría, en particular por el papel de la- fuerza aérea en la victoria contra Irak en 1991, Yugoslavia en 1999 y Afganistán en el-2001.46 Aun an- tes del 11 de septiembre, Rumsfeld peleaba por una transformación de las
43 Citado en Lemann, "Next World Order".
44 Project for the New American Century, Rebuilding America's Defenses, de septiembre de 2000, mmnewamericancenturyorg, pág. l
45 Fallows, "The Unilateralist'.
45 Dos evaluaciones muy divergentes de Ia eficacia militar del poder aéreo estratégico, compárense Luttwak, Strategy, cap. 12, y Mearsheimer, Tragedy of Great Power Politics, págs. 96-1 'lO.
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fuerzas armadas ante la resistencia del Pentágono. Para ello utilizaba la lla- mada “revolución en los asuntos militares” posibilitada en particular por el desarrollo de la tecnología informática, con el fin de reorganizar las fuerzas armadas norteamericanas en unidades especializadas relativamente peque- ñas, apoyadas por distintas formas de poder aéreo con municiones de pre- cisión. En un discurso clave de enero del 2002, Rumsfeld comparó el asal- to a Mazaar-e-Sharif por la Alianza del Norte y las Fuerzas Especiales nor- teamericanas durante la guerra de Afganistán con la Blitzkrieg (guerra re- lámpago) nazi de 1939-41:
“Lo revolucionario e inédito en la Blitzkrieg no radicaba en los nuevos re- cursos empleados por los alemanes, sino más bien en la forma revoluciona- ria e inédita de mezclar recursos nuevos y existentes. Asimismo, la batalla por -Mazaar provocó transformaciones.
“Las fuerzas coaligadas utilizaron recursos militares existentes, desde las más modernas armas guiadas por láser hasta antigüedades cómo los B- 52 de hace 40 años, e incluso lo más rudimentario, un hombre a caballo. Los usaron de maneras inéditas, con consecuencias desastrosas para las posiciones enemigas, la moral enemiga, y esta vez, para la causa del 'mal en el mundo.”7
La misma fe en la destreza militar norteamericana se refleja en la afirma- ción de Richard Perle, de que bastarían apenas 40.000 soldados norteame- ricanos para derrocar a Saddam: “Me sorprendería que necesitáramos’ esos 200.000 soldados de los que suele hablar la prensa. Una fuerza mucho me- nor, integrada principalmente por fuerzas especiales con el respaldo de al- gunas unidades regulares, debería ser suficiente.”43 Después de derrocar a los talibán, el equipo de Bush se cree capaz de cualquier cosa.
Estados Unidos contra Europa
Esta certeza explica lo que Fallows llama su “impaciencia con los forma- lismos”. En primer lugar, están aun menos dispuestos que sus predeceso- res demócratas o republicanos a respetar las instituciOnes internacionales. John Bolton resumió esta actitud cuando dijo: “No existen las Naciones Unidas. Existe una comunidad internacional que puede ser dirigida por la única potencia verdadera que queda en el mundo, que es Estados Unidos,
47 Citado en R. Wolfe, ‘Tecapnology Bring’SïPower with "Few Constraints", Financial Times, 18 de febrero de 2002.
43 "Saddam's Ultimate Solution/Richard Perle lntervieW', 1 1 July 2002, vwvw.pbsiorg. Cifra de 40.000 citada por E. Boehlert, "ihe Armchair General", Salon.com News, 5 de septiembre de 2002, www.sa|on.com.
Cuadernos delSur 27
cuando conviene a nuestros intereses y cuando podemos conseguir que otros nos sigan.”49
Esta. posiciónno representa tanto una ruptura con el pasado como un cambio de énfasis: como hemos visto, el gobierno de Clinton estaba per- fectamente dispuesto a soslayar a la ONU y tomar medidas unilaterales cuando lo consideraba necesario. Pero el gobierno de Bush hijo expresa con mayor franqueza su desdén por los demás Estados capitalistas princi- pales de Europa Occidental y Asia oriental. Enfrentó desde sus comienzos una serie de conflictos con la Unión Europea en tomo del protocolo de Kioto, el comercio (particularmente al imponer tarifas aduaneras sobre el acero) y la oposición norteamericana al Tribunal Internacional en lo Cri- minal. El desprecio implícito de la derecha republicana por los europeos fue expresado con franqueza por Perle, quien como asesor ad honorem del gobierno puede darse el lujo de la indiscreción. Cuando se le pregun- tó si Estados Unidos necesitaba el respaldo de la UE para derrocar a Sad- dam, respondió:
“El mismo fenómeno en virtud del cual los europeos toleran a Saddam Hussein —es decir, toleran a quien esté en el poder- los llevará a apoyar al régimen que suceda a Saddam. Cambiarán rápidamente... Harán lo que convenga asus intereses. Quiero decir, que ahora están atestando los hote- les de Bagdad para firmar contratos que entrarán en vigencia cuando se le- vanten las sanciones. Estarán en los mismos hoteles, buscando los mismos contratos, con el próximo régimen.”5°
A veces, este desdén por Europa se vuelve hostilidad lisa y llana, como lo evocó vívidamente Anatol Lieven, un periodista británico vinculado con la derecha republicana, inmediatamente después del 11 de septiembre:
“Poco después de que asumió poder e] gobierno de Bush en enero, fui a almorzar en un lujoso restaurant de Nueva York con un grupo de jefes de redacción y periodistas de un influyente diario de derecha. Los platos y el vino eran sumamente caros, el decorado lujoso pero discreto, la clientela muy bien vestida y buena parte de la conversación alcanzaba un grado de demencia más que mediano. Con respecto a la mayor parte .del mundo fue- ra de Estados Unidos, la actitud de mis anfitriones era una combinación de repugnancia, desprecio, desconfianza y miedo: no sólo hacia los árabes, ru- sos, chinos, franceses y otros, sino hacia los ‘gobiernos socialistas europeos’, cualquiera que fuese el significado de esa expresión. Esto iba acompañado
49 Citado en Fitzgerald, "George Bush", pág. 84. 5° "Saddam's Ultimate Solution/Richard Perle Interview/C
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de un fuerte deseo —al menos teórico- de lanzar acciones militares contra una amplia gama de países del mundo.”51
Según Lieven, un importante político republicano preguntó: “¿Quién dice que tenemos valores comunes con los europeos? Ni siquiera van a la iglesia.” Robert Kagan, colega de Lieven en el instituto conservador de in- vestigaciones Carnegie Endowment for International Peace, ha desarrolla- do un análisis un tanto más sutil, según el cual la tendencia norteamerica- na hacia el unilateralismo y la posición firme de los europeos a favor del multi-lateralismo derivan de la “brecha de poder” entre los dos bandos:
“El problema transatlántico actual no es un problema de George Bush, sino un problema de poder. El poderío militar norteamericano ha genera- do una inclinación a utilizar esa fuerza. La debilidad de Europa ha genera- do un rechazo perfectamente comprensible hacia el ejercicio del poder mi- litar. Por el contrario, ha dado lugar a un fuerte interés europeo por habi- tar un mundo donde la fuerza no importa, donde predominan el derecho y las instituciones internacionales, donde está vedada la acción unilateral por parte de sectores poderosos, donde todas las naciones independiente- mente de su fuerza gozan de igualdad de derechos y están bajo la protec- ción igualitaria de normas internacionales de conducta acordadas en co- mún. Los europeos están profundamente interesados en devaluar y final- mente erradicar las leyes brutales de un anárquico mundo hobbesiano* donde el poder es el determinante de última instancia de la seguridad y prosperidad nacionales.”52
Kagan sostiene que estas consecuencias de las diferencias de poder ma- terial entre Estados Unidos y Europa se vieron reforzadas por el desarro- llo, a través de la integración europea, de instituciones multilaterales que alientan laconciliación de los intereses nacionales. Pero Europa pudo do- minar las rivalidades interestatales por hallarse bajo el paraguas militar nor- teamericano:
“Gracias a la seguridad que le da Estados Unidos, el gobierno suprana- cional europeo no tiene necesidad de brindarla... La situación actual abun- da en ironías. El rechazo de la política del poder por los europeos y su des- dén por la fuerza militar como herramienta de las relaciones internaciona- les' dependen de la presencia de las fuerzas armadas norteamericanas en tie-
5‘ A Lieven, "After the Attacks: America’s NewCoId War”, Guardian, 28 de septiembre 200-]. * Thomas Hobbes (1588-1679): filósofo inglés que en Leviathan (1651) sostuvo la nece- sidad de un Estado con poderes ilimitados que mediante métodos de terror mantuviera el or- den entre los hombres, que por su propia naturaleza tienden a vivir en guerra unos contra otros. 52 R. Kagan, (2002) "Power y Weakness", www.ceip.org.
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rra europea. El nuevo orden kantiano* de Europa sólo pudo florecer bajo el paraguas del poder norteamericano ejercido según las reglas del antiguo orden hobbesiano. Gracias al poder norteamericano, los europeos pudieron creer que el poder dejaba de ser importante”.53
Sobre la base de esta tesis, Ka‘gan critiCa la idea, expuesta por Francis Fu- kuyama y sus discípulos, como el diplomático británico Robert Cooper, de que con “el fin de la historia” el capitalismo avanzado ha entrado en una era “posmoderna, poshistórica”, en la cual la guerra es obsoleta dentro de este bloque, aunque la amenaza aún existe en las regiones “modernas” o aún “premodernas” del mundo.54 Tal vez Europa pudo trascender la historia, sostiene Kagan, pero “aunque Estados Unidos ha cumplido la función cla- ve de introducir a Europa en el paraíso kantiano, y todavía cumple un pa- pel al hacer posible ese paraíso, él mismo no puede ingresar en él- Mantie- ne la guardia en las murallas, pero no se le permite atravesar los portones. A pesar de su vasto poderío, Estados Unidos sigue atrapado en la historia, debe hacerse cargo de los Saddam y los ayatolas, los Kim Jong Il y los Jiang Zemin, mientras otros recogen los beneficios.”55
Esta imagen que tienen los estadounidenses de sí mismos como centine- las abnegados mientras los europeos corretean despreocupados por el paraí- so posmoderno naturalmente genera encono. Algunas de las tensiones sub- yacentes afloraron en septiembre del 2002 cuando el canciller alemán Ger- hard Schroeder, en peligro de perder las elecciones federales, orientó al Par- tido Socialdemócrata hacia una firme oposición a un ataque norteamericano a Irak. Cuando la ministra de Justicia alemana comparó a Bush con Hitler, Condoleezza Rice dij'o' que “se ha creado una atmósfera envenenada”.56 Mientras Schroeder festejaba en Berlín su victoria por margen estrecho, D0- nald Rumsfeld repetía la protesta en una reunión de la OTAN en Varsovia. Ri- chard Perle fue más allá al declara-r que lo mejor que podía hacer Schroeder para restaurar las relaciones germano-estadounidenses era renunciar.57
* Immanuel Kant (1724-1804): filósofo alemán que en La paz perpetua (1795) teorizó un proyecto de sistema internacional europeo que erradicara las guerras.
53 Ibídem. En el siglo xvru, el gran filósofo alemán Immanuel Kant trató de definir las con- diciones bajo las cuales una Europa desgarrada por la guerra podía alcanzar la "paz perpetua”.
54 Véase, por ejemplo, R. Cooper, (2002) "Reordering the World", www.fpc.org.uk.
55 Kagan, "Power y Weakness". Desde luego, no es verdad que la UE ha trascendido los an- tagonismos nacionales: véase en particular el clásico de Alan Milward, The European Rescue of the Nation-State (Londres, 1994).
55 Financial Times, 21 de septiembre de 2002.
57 "Schróder Should Quit to Heal “es - US Adviser", Reuters, 1 de octubre de, vwvw.alert- netorg.
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Imperialismo de libre mercado
Con estavisión histórico-mundial, el equipo de Bush está convencido de que se les ha abierto una oportunidad para usar la supremacía militar y así consolidar la posición del capitalismo norteamericano a largo plazo. El 11 de septiembre y la “guerra contra el terrorismo” han creado la oportuni- dad para esta campaña, pero Estados Unidos busca peces mucho más gor- dos que el 'esquivo bin Laden y su red Al-Qaeda. Un pasaje clave de La es- trategia de seguridad nacional del gobierno de Bush advierte: “Estamos atentos a la posible renovación de los antiguos patrones de competencia entre las grandes potencias. Varios aspirantes a grandes potencias están en período de transición interna, en particular Rusia, la India y China.”
Aunque repite que estas potencias comparten ciertos intereses y valores con Estados Unidos, el documento apunta concretamente a Pekín: “Un cuarto de siglo después de empezar a despojarse de los peores. rasgos del le- gado comunista, los gobernantes chinos todavía no han pasado a la serie si- guiente de decisiones fundamentales sobre el carácter del Estado. En su búsqueda de recursos militares avanzados capaces de amenazar a sus veci- nos de 'la región del Pacífico asiático, China sigue un camino anticuado que en definitiva impedirá la búsqueda de su grandeza nacional. Con el tiempo, China descubrirá que la libertad social y política es la única fuente de esa grandeza.”53
Dicho de otra manera, el consenso entre las grandes potencias al que as- piran Bush y sus asesores debe estar basado en las condiciones impuestas por Estados Unidos. Esto es así en la esfera militar. El Tío Sam es el único autorizado a desarrollar “recursos militares avanzados”. Según la comisión de estrategia para la defensa de la derecha republicana: “En última instan- cia, la magnitud y el carácter de nuestras fuerzas nucleares no debe obede- cer a la paridad numérica con los recursos rusos sino al mantenimiento de la superioridad estratégica norteamericana, y con esa superioridad, la capa- cidad de disuadir posibles coaliciones hostiles de potencias nucleares. No hay motivos por avergonzarse de la superioridad nuclear de Estados Uni- dos, que antes bien, será un factor esencial para conservar la supremacía norteamericanaen un mundo complejo y caótico.”59
A la luz de semejantes declaraciones, no es casual que Rusia y China te- man que la denuncia del Tratado sobre: Misiles Balísticos (ABM) y la cons- trucción de un Sistema Nacional de Defensa Misilística por el gobierno de
53 National Security Strategy, págs. 26, 27. 59 Project for an American Century, Rebui/ding America’s Defenses, pág. 8.
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Bush tengan por objeto otorgar a Estados Unidos la capacidad de dar el pri- mer golpe nuclear, con el fin de perpetuar la supremacía norteamericana.
En octubre del 2002, Paul Wolfowitz se jactó de los “progresos veloces” en el desarrollo de la Defensa Misilística Nacional: “Por fin, Estados Uni- dos está en libertad de desarrollar las defensas misilísticas sin las limitacio- nes artificiales de un anticuado tratado de hace 30 años con un país que ya no existe.“0 El Estudio sobre posición nuclear del gobierno, divulgado a princi- pios del mismo año, nombraba a Rusia, China,___Corea-del Norte, Irán,Jrak, Siria y Libia como adversarios nucleares en pótencia. y proponía la integra- ción de las armas'nucleares con 15‘; convencionales: por ejemplo, el agrega- do de ojivas nucleares a los misiles antibúnker diseñados para matar a go- bernantes enemigos como Saddam Hussein.“
Al mismo tiempo, la guerra contra el terrorismo brindaba a Estados Unidos la oportunidad de instalar una serie de bases militares en el Asia Central —una región que le estuvo vedada durante la Guerra Fría- y regre- sar a Filipinas, donde había clausurado sus bases a principios de los 90.62 La estrategia de seguridad nacional destaca que éste no es un proceso del momen- to: “Para afrontar la incertidumbre y los muchos desafíos de seguridad, Es- tados Unidos necesitará bases y destacamentos dentro y más allá de Euro- pa Occidental y el Noreste Asiático, así como dispositivos de acceso tem- poral para el despliegue de sus fuerzas a larga distancia.“3 Nadie puede re- prochar a los gobernantes chinos por ver en estas medidas la primera etapa de una estrategia destinada a cercarlos.
Con todo, es importante advertir que la estrategia general del gobierno de Bush no apunta sola-mente a mantener la preeminencia geopolítica glo- balde Estados Unidos sino también a imponer el modelo angloamericano del capitalismo de libre mercado en el mundo. El prólOgo de Bush a La es- trategia de seguridad nacional afirma desde el principio: “Las grandes contien- das del siglo xx entre la libertad y el totalitarismo culminaron en una victo-' ria decisiva para las fuerzas de la libertad, y dejaron un único modelo sus- tentable para el éxito nacional: libertad, democracia y libre empresa.” A continuación, Bush afirma su intención de “crear un nuevo equilibrio de poder que favorece la libertad humana; condiciones en las que todas las na-
50 Financial Times, 25 de octubre de 2002.
5‘ W.M. Arkin, "Secret Plan Outlines the Unthinkable”, Los Angeles Times, 10 de marzo de 2002.
52 Véase, por ejemplo, el editorial, "From Suez to the Pacific: US Expands ¡B Presence across the Globe", Guardian, 8 de marzo de 2002.
63 National Security Strategy, pág. 29.
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ciones y sociedades puedan escoger para sí mismas las gratificaciones y los desafíos de la libertad política y económica.” Un capítulo entero del docu- mento esboza las políticas neoliberales que “pondrán en marcha una nueva era de crecimiento global por medio de los mercados libres y el libre co- mercio” El documento advierte: “La estrategia de seguridad nacional de EEUU. se basará en un internacionalismo particularmente estadounidense que refleja la unión de nuestros valores y nuestro éxito nacional.” Es en ver- dad un internacionalismo muy particular el que concede a los pueblos la li- bertad de optar por el “único modelo sustentable para el éxito nacional”: el capitalismo liberal al estilo norteamericano. Se podrá evitar una nueva era de competencia entre grandes potencias siempre y cuando los posibles de- safiantes como Rusia y China adopten los “valores comunes”, es decir, cla- ro está, los valores capitalistas liberales norteamericanosfi4
El economista Robert Wade, liberal de izquierda, ha trazado un retrato notable de la estructura de la economía mundial desde el derrumbe del sis- tema de Bretton Woods a principios de los 70, y en qué medida esto ha fa- vorecido los intereses del imperialismo norteamericano:
“Supongamos que tú eres un emperador romano moderno, cabeza del país más poderoso de un mundo de Estados soberanos y mercados interna- cionales. ¿Qué clase de economía política internacional crearás para que, sin necesidad de matonear demasiado, las fuerzas normales del mercado sustenten la preeminencia económica de tu país, permitan a tus ciudadanos consumir mucho más de lo que producen y mantengan a raya a los compe- tidores?
“Quieres autonomía para determinar tu tasa de cambio y política mone- taria propias, y a la vez obligar a los demás países a depender de tu apoyo para manejar sus economías. Quieres la capacidad de provocar volatilidad y crisis económicasren el resto del mundo con el fm de obstaculizar el creci- miento de los centros que podrían desafiar tu preeminencia. Quieres que los exportadores del resto del mundo compitan intensamente entre ellos para darte un flujo de importaciones a precios constantemente decrecientes con respecto al precio de tus exportaciones...
“¿Qué rasgos permanentes introduces en la economía política interna- cional? Primero, la libre movilidad del capital. Segundo, el libre comercio (exceptuando las importaciones que amenazan las industrias nacionales cu- yo destino puede afectar tu reelección). Tercero, inversiones internaciona- les libres de normas discriminatorias que favorezcan a las empresas nacio-
54 Ibídem., págs. iv, 17, 1.
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nales por medio .de la protección, las compras públicas, la propiedad estatal u otros recursos, destacando en particularla libertad de tus. empresas para buscar clientela entre las elites nacionales para la administración de sus bie- nes financieros, educación privada, salud, pensiones y cosas afines. Cuarto, tu moneda como principal moneda de reserva. Quinto, nada de limitacio- nes a tu capacidad para crear tu moneda a voluntad (por ejemplo, un vín- culo dólar-oro) para que puedas financiar déficits comerciales ilimitados con el resto del mundo. Sexto, préstamos internacionales a tasas de interés variables nominados en tu moneda, lo cual significa que los países prestata- rios en crisis tienen que pagarte más cuando tu capacidad es menor. Esta combinación te permite consumir mucho más de lo que ellos producen (y provoca inestabilidad y crisis financieras periódicas en el resto del mundo). Para supervisar el marco internacional, quieres organizaciones internacio- nales que aparentan ser cooperativas de Estados miembros y aportan la le- gitimidad del multilateralismo, pero son financiadas de manera que las pue- das controlar.”65
Esta es una descripción de lo que Peter Gowan llama el Régimen Dólar- Wall Street (RDWS) mediante el cual los gobiernos desde Nixon en adelan- te han tratado de organizar los mercados financieros globales durante lós últimos treinta años.66
Se exagera su peso en tres sentidos. En primer lugar, Gowan en particu- lar da una explicación demasiado conspirativa del desarrollo del RDWS. La casualidad (por ejemplo, el éxito en modo alguno previsible del plan de pri- vatizaciones de Thatcher) y las innovaciones de los actores financieros cumplieron un papel importante en esta historia. Además, como señala con razón Robert Brenner, el dólar sin respaldo oro como centro del sistema fi- nanciero internacional no siempre ha sido ventajoso para el capitalismo norteamericano. El Acuerdo del Plaza de septiembre de 1985 entre los principales Estados capitalistas provocó unacaída del dólar que resultó cru- cial para la recuperación de la competitividad internacional de EEUU. Pero lo que Brenner llama “el Acuerdo del Plaza inverso”, diez años después, cuando el gobierno de Clinton adoptó una políticade dólar fuerte para rea- nimar la deprimida economía japonesa, sentó las bases para la crisis de ren- tabilidad del sector manufacturero norteamericano de fines de los 90.67
65 R.H. Wade, 'Tne American Empire”, Guardian, 5 de enero de 2002.
55 P. Gowan, The Global Gamble (Londres, 1999).
67 Brenner, The Boom and the Bubble, caps. 2 y 4. También me resultó útil una conferen- cia de Bob Brenner en la libreria Bookmarks de Londres el 29 de octubre de 2001.
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En segundo lugar, las instituciones dominadas por Estados Unidos que rigen el RDWS —lo que Wade llama el complejo Secretaría del Tesoro de EE.UU.-FMI-Wall Street- en cierta medida proporcionan “bienes públicos” que favorecen a todas las economías capitalistas desarrolladas, no sólo la norteamericana: así, multinacionales europeas como Suez han sido las más beneficiadas por la privatización del agua en el norte y el sur, exigida por el acuerdo neoliberal llamado Consenso de Washington.
Tercero, esto indica que el capitalismo europeo y japonés, aunque son actores geopolíticos relativamente marginales, al mismo tiempo son actores económicos protagónicos, cuyos intereses y reclamos Washington y Wall Street no pueden simplemente pasar por alto.
Disipada la euforia que rodeó el boom norteamericano de fines de los 90, y al salir a la luz sus componentes de especulación y de fraude liso y lla- no, los elogios a la “Nueva Economía” norteamericana —cuyo rendimiento, al decir de Alan Greenspan, presidente de la Junta de Reserva Nacional, le permitía “trascender la historia”— se han desinflado junto con la burbuja de Wall Street. Brenner destaca que el crecimiento .de la productividad nortea- mericana durante el boom “no fue decisivamente. superior al de sus princi- pales competidores. Mientras entre 1993 y el 2000 la productividad del tra- bajo manufacturero aumentó a una tasa anual del 5,1 %, las de Alemania Occidental y Francia crecieron a tasas del 4,8 % (hasta 1998) y 4,9 % res- pectivamente.”63
Richard Layard extiende esta comparación a las economías en su con- junto: “En los últimos diez años, la producción por hora ha crecido más rá- pidamente en los países de la eurozona que en Estados Unidos, y en Fran- cia y Alemania es ahora tan alta como en aquél. En términos per cápita, la producción ha crecido tan rápidamente en la eurozona como en Estados Unidos, en los últimos diez años y en los últimos tres.”69 Según el FMI, ¡en el 2001 no sólo Alemania y Francia sino incluso Italia superaban a Estados Unidos en producción por hóral70
La enorme ventaja militar de Estados Unidos sobre las demás potencias no debe ocultar el hecho de que la competencia económica, en particular
53 Ibídem., pág. 222.
59 R. Layard, "Britain Vlfill Pay the Price of Exclusion", Financial Times, 15 de octubre de 2002. La diferencia entre las dos medidas es importante porque los trabajadores en EE.UU. y Gran Bretaña trabajan muchas más horas que en Europa Continental, de manera que la pro- ductividad per cápita mejora la apariencia del rendimiento económico de algunos países y la de productividad por hora la de otros.
7° M. Wolf, “Berlin's Turn to Suffer a Trap of its Own Invention”, Financial Times, 23 de oc- tubre de 2002.
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con la UE, está mucho más equilibrada.7| Esto implica que la supremacía norteamericana actual depende de un conjunto de circunstancias altamen- te contingente y transitorio. Precisamente por ello, los gobiernos norteame- ricanos han debido librar una batalla feroz para mantener su hegemonía —antes sobre el capitalismo occidental, ahora en escala global- durante la ge- neración pasada. El gobierno de Bush aprovecha la coyuntura actual para inclinar la balanza aun más a favor del capitalismo norteamericano. Pero, parafraseando el título del libro de Gowan, esto es un riesgo, y no hay una salida garantizada.
“Cambio de régimen” y política petrolera
Con todo, la prioridad inmediata para el equipo de Bush no es enfren- tar a los grandes rivales de Estados Unidos sino derrocar a Saddam Hussein por la fuerza. Este proyecto cumplirá dos funciones principales. Primero, una guerra victoriosa contra Irak serviría pour encourager les autres: si la fuer- za abrumadora norteamericana es capaz de derrocar al dictador recalcitran- te de una potencia menor del Oriente Medio, los que pretendan competir con Washington en pie de igualdad harán bien en tener cuidado con lo que hacen- Segundo, el derrocamiento de Saddam cumpliría una función con- creta en el plan ambicioso de por lo menos algunos miembros de la dere- cha republicana, de reorganizar el Oriente Medio en su totalidad.
“Lo que la gente no termina de comprender aquí es que después de Irak tienen una larga lista de países que quieren reventar”, dice el especialista en defensa John Pike acerca de Richard Perle y sus congéneres. “Irak no es el capítulo final sino el inicial.”72 Uno de los primeros en la lista de blancos es Arabia Saudita. En julio del 2002, Perle provocó una conmoción cuando presentó ante la Junta de Política de la Defensa a Laurent Murawiec, analis- ta de la Rand Corporation y antiguo seguidor de Lyndon LaRouche, el no- torio teórico conspirativista que se desplazó sin esfuerzo de la extrema iz- quierda a la extrema derecha de la política norteamericana. El organismo asesor escuchó con estupor a Murawiec cuando dijo que Arabia Saudita era el “meollo del mal” y que “debe ser incluida entre ‘nuestros enemigos’, y en
7‘ Las tensiones económicas entre EEUU. y Japón son una realidad, pero hasta ahora han sido refrenadas sobre todo por el vinculo de la interdependencia financiera mediante el cual empresas y bancos japoneses tienen activos enormes en dólares, lo cual permite simultánea- mente mantener baja la tasa de cambio del yen (y con ello los precios de las exportaciones japonesas) y ayuda a EEUU. a manejar un enorme déficit de la balanza de pagos con el res: to del mundo: véase R.T. Murphy, "Japan's Economic Crisis', New Left Review, (ll) 1 (2000).
72 Boehlert, "Armchair General".
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caso» de necesidad, Estados Unidos debe amenazar a las dos ciudades más sa- gradas del Islam, La Meca y Medina, que se encuentran en Arabia Saudita.”73
En medio del alboroto, Rumsfeld y Perle se apresuraron a tomar distan- cia de estos desvaríos. Pero las ideas de Murawiec tienen algunos partida- rios en la derecha republicana.
Según Michael Leeden, del instituto de investigaciones políticas Ameri- can Enterprise Institute, “la red terrorista —de Al-Qaeda aJizbolá, de Yihad Islámica a Hamás y diversos grupos de la Organización de Liberación de Palestina- es tan poderosa debido al apoyo que le brindan cuatro regímenes déspotas, que yo llamo los ‘dueños del terror’: Irán, Irak, Siria y Arabia Sau- dita.” Leeden no llega a proponer que Estados Unidos vaya a la guerra con- tra Arabia Saudita. Sostiene que el primer blanco de Washington debe ser Irán, que “creó, entrenó, protegió, financió y apoyó al grupo terrorista más mortífero del mundo,Jizbolá”; lo que viene a significar que matar soldados israelíes es un crimen más odioso que masacrar civiles norteamericanos.74 Sin embargo, que un aliado crucial de Estados Unidos en el mundo árabe desde los años 40 pase bruscamente a integrar la lista washingtoniana de los Estados más facinerosos es un trastrocamiento asombroso.
Tres factores intervienen en este cambio. El primero es el 11 de septiem- bre. El gobierno mismo trató de pasar por alto las raíces de bin Laden en la clase dominante saudita, así como el origen saudita de la mayoría de los que perpetraron el atentado, pero muchos en la derecha republicana exigen abiertamente una rendición de cuentas: “Los saudíes están'activos en cada nivel de la cadena del terror, desde el. planificador hasta el proveedor de fondos, desde el oficial hasta el soldado raso, desde el ideólogo hasta el que aplaude desde la tribuna”, dijoMurawiec a la Junta.75
Los parientes de las víctimas han entablado juicios por un billón de dó- lares contra varias instituciones saudíes y tres miembros de la familia real por financiar el terrorismo. Un análisis más honesto hubiera apuntado el dedo al gobierno de Estados Unidos —al de Reagan en particular- por su es- trecha alianza con Arabia Saudita al financiar, entrenar y- armar a las guerri- llas islámicas que combatieron en Afganistán durante la última etapa de la Guerra Fría. Pero en el prisma deformante de la visión mundial republica-
73 Financial Times, 21 de agosto de 2002, y Boehlert, "Armchair General".
74 M. Leeden, "1he Real Foe is Middle East Tyranny", Financial Times, 24 de septiembre de 2002. Conrad Burns, un parlamentario republicano, argumentó a favor de una asociación con Rusia como fuente alternativa de petróleo: "America Must Wean ltself Off Saudi Oil”, ibí- dem., 11 de octubre de 2002.
75 Financial Times, 22 de agosto de 2002.
Cuadernosdel-Sur 37
na de derecha, el 11 de septiembre ayudó a introducir a Arabia Saudita en el eje del mal.
Segundo, en una medida mucho mayor que generaciones anteriores de conservadores norteamericanos, muchos derechistas contemporáneos apo- yan incondicionalmente el Estado de Israel. Por ejemplo, Perle es un direc- tor del jerusalem Post y trató de usar su influencia en Israel en un intento tor- pe por sabotear las conversaciones de Camp David del 2000. El apoyo a Is- rael refuerza la aprensión de la derecha republicana frente a Irak, al que Is- rael considera una amenaza mayor desde hace mucho tiempo. Como seña- ló Perle en 1996, derrocar a Saddam es “un importante objetivo estratégico israelí por derecho propio”.76
Los derechistas republicanos (entre ellos los cristianos fundamentalistas que consideran a Palestina la tierra que Dios dio a los judíos en el Antiguo Testamento) tienden a coincidir con dirigentes del Likud como Ariel Sha- ron y Binyamin Netanyahu en su hostilidad hacia el proceso de paz en el Oriente Medio. Por eso detestan a los Estados árabes conservadores como Arabia Saudita y Egipto, que presionan a Washington para que obligue a Is- rael a regresar a la mesa de negociaciones. Según Anatol Lieven, “Murawiec era partidario d'e enviar un ultimátum a los saudíes para exigir no sólo que su policía coopere plenamente con las autoridades norteamericanas, sino también que supriman las críticas públicas a Israel y Estados Unidos den- tro del país, algo imposible para cualquier Estado árabe.”77
En lugar de negociar con los palestinos, la derecha aboga por una rees- tructuración del mundo árabe por la fuerza. En medio de la crisis de Jenín en mayo del 2002, Vñlliam Kristol y Robert Kagan sostuvieron que Bush no debía “sumergirse en el proceso de paz” hasta el punto de olvidar “el ca- mino que conduce a la verdadera paz y seguridad: el camino que atraviesa Bagdad”.73 Derrocar a Saddam sería el comienzo de un proceso de “reduc- ción” —como las contrarrevoluciones manejadas por Estados Unidos en Centroamérica y el derrumbe del estalinismo en Europa Oriental en los 80- que extendería la democracia liberal por el mundo árabe. Según el III/all Street journal, “liberar a Irak de Saddam y auspiciar la democracia no .sólo eliminaría una gran amenaza militar de la región. Al mismo tiempo, envia- ría un mensaje al mundo árabe de que la autodeterminación como parte del
75 Citado en Boehlert, "The Armchair General".
77 Lieven, "The Push to War", pág. 8.
7° W Kristol y R. Kagan, "Remember the Bush Doctrine", Weekly Standard, 15 de abril de 2002.
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mundo moderno es posible.” Si esta conmoción democrática llegase a reemplazar la dinastía Saudita por un gobierno antinorteamericano, esto “obligaría a tomar una decisión sobre la ocupación de los campos petrole- ros saudíes, lo cual sería el fin de la OPEP.”79
Condoleezza Rice ha dicho que Washington puede usar su poder mili-
tar para extender las fronteras del capitalismo liberal: “Si el derrumbe de la Unión Soviética y el 11 de septiembre son los extremos de un gran cambio en la política internacional, este período presenta no sólo grandes peligros sino también oportunidades enormes... Es un período similar al de 1945 a 1947, cuando la primacía norteamericana amplió el número de Estados de- mocráticos —Japón y Alemania entre las grandes potencias- para crear un nuevo equilibrio de poder que favoreció la libertad.”80
La realidad subyacente tras estas fantasías triunfalistas de imponer la de-
mocracia liberal en el Oriente Medio radica en el tercer factor, el más decisi- vo en el pensamiento de la derecha republicana con respecto a la región: el petróleo. El hecho de que Arabia Saudita contiene los yacimientos de petró- leo más grandes del mundo es lo que ha unido a las clases dominantes nor- teamericana y saudí desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Bush, estrechamente vinculado con las empresas de combustibles fósiles —Mike Davis lo llama el comité ejecutivo del Instituto Norteamericano del Petró- leo- está obsesionado por el acceso a largo plazo a las reservas de combusti- bles.al En mayo del 2001, Washington divulgó el Plan nacional de energía, re- dactado (con ayuda de la Enron) por un equipo encabezado por Dick Che- ney.
Acerca de este Plan Michael Klare escribe: “En esencia, el informe Che-
ney establece tres cuestiones principales:
“ ° Estados Unidos debe importar una parte creciente de su demanda de petróleo. (En la actualidad, Estados Unidos importa unos 10 millones de barriles diarios, que representan el 53% de su consumo total; para el 2020, la importación diaria sumará casi 17 millones de barriles, el 65% del consumo.)
“-' Estados Unidos no puede depender exclusivamente de las fuentes tradicionales de oferta como Arabia Saudita, Venezuela y Canadá pa- raobtener el petróleo adicional. Deberá obtener una provisión adi-
79 Citado en J. Lobe, "A Right-wing Blueprint for the Middle East", 4 de abril de 20.02, ww- w.a|temet.org.
3° "RemarlG by National Security Advisor Condoleena Rice on Terr0rism‘ and Foreign Po- IicV’, 29 de abril de 2002, wmv.whitehouse.gov.
3‘ Discurso en Marxism 2002, Londres, julio de 2002.
Cuadernos del Sur 39
cional de nuevas fuentes como los Estados del Caspio, Rusia y Afri- ca.
“0 Estados Unidos no puede confiar exclusivamente en las fuerzas del mercado para acceder a esta provisión adicional, sino que se necesita- rá un esfuerzo significativo de parte de las autoridades del gobierno para superar la resistencia“ a la extensión hacia el exterior de las em- presas norteamericanas de combustibles.
“De acuerdo con estos tres principios, el plan Cheney pide al gobierno de Bush que apruebe una amplia gama de iniciativas destinadas a incremen- tar la importación del petróleo desde fuentes de ultramar. En particular, pi- de al presidente y a los secretarios de Estado, Energía y Comercio que co- laboren con los gobiernos del Asia Central y Azerbaiján para incrementar la producción en la región del Caspio y construir oleoductos hacia Occiden- te. Pide a los funcionarios norteamericanos que convenzan a sus homólo- gos en África, el Golfo Pérsico y Latinoamérica a que abran sus industrias petroleras a la participación de las grandes empresas norteamericanas y en- víen más petróleo a Estados Unidos.
“Al abogar por estas medidas, el equipo Cheney es consciente de que los esfuerzos norteamericanos por acceder a cantidades crecientes de petróleo extranjero podrían suscitar resistencia en algunas regiones productoras. El informe destaca que para el 2020, Estados Unidos ‘importará casi dos de ca- da tres barriles de petróleo [que consume], una condición de dependencia creciente de potencias extranjeras no siempre dispuestas a favorecer los in- tereses norteamericanos’.”32
Lo que Klare llama la “estrategia de adquisición global de petróleo” per- mite explicar muchas acciones del gobierno de Bush: planes para el gran in- cremento de las importaciones de petróleo ruso, instalación de bases mili- tares en la región del Caspio, apoyo oficial al fracasado golpe de derecha ve- nezolano en abril, la ofensiva militar del gobierno colombiano con respal- do estadounidense. Pero también pone de relieve la importancia estratégica de los Estados petroleros del Oriente Medio. Como se ha visto, la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita se deteriora, y por ambas partes. En agosto del 2002, el Financial Times informó que “saudíes enfadados” retira- ron últimamente hasta 200.000 millones de dólares de Estados Unidos, lo que ayudó a debilitar el dólar. Se citaron entre otros motivos el apoyo nor- teamericano a Israel y el reclamo por parte de analistas de derecha de que se congelasen los bienes saudíes en Estados Unidos. “Desde Riad, incluso
32 M.T. Klare, "Bush's Master Oil Plan”, 23 de abril de 2002, www.alternet.org.
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en la prensa cercana al gobierno, se reclama una revisión de la relación es- tratégica con Estados Unidos. En la elite saudita también se discute, de ma- nera menos pública, si no conviene poner el precio del petróleo en euros, en lugar de dólares, para castigar a Estados Unidos.”3
Arabia Saudita ha cumplido un papel crucial en la OPEP al usar sus enor- mes reservas para convencer a los demás miembros del cartel que manten- gan niveles de producción y precios capaces de mantener un flujo constan- te de ingresos, pero sin afectar demasiado las ganancias de las empresas oc- cidentales ni alentar las inversiones en regiones productoras menos eficien- tes no controladas por OPEP. Pero aunque la familia real saudita siga en es- te rumbo, su petróleo no es suficiente para abastecer el capitalismo nortea- mericano. Irak es el número dos del mundo en cuanto a reservas. Un go- bierno post-Saddam impuesto y mantenido en el poder por las armas: nor- teamericanas sería, en el mejor de los casos, una criatura débil, como el ré- gimen títere de Karzai en Afganistán; incluso existen señales de que Was- hington piensa instalar su propio gobierno militar para gobernar Irak du- rante una prolongada “transición democrática" según el modelo de la ocu- pación de Alemania yJapón en la posguerra.84
Algunos-especialistas en petróleo creen que Irak, dominado por Estados Unidos, se retiraría de la OPEP. En el peor de los casos, aumentaría su pro- ducción, frenada desde 1991 por la falta de inversiones y el embargo de la ONU, lo cual bajaría los precios del petróleo. The Economist. comenta estas hipótesis:
“¿Habrá una inundación de petróleo iraquí? Es posible. Cualquier futu- ro gobierno en Irak, que necesitará dinero en enormes cantidades para re- construir el país, tratará de ampliar el sector petrolero con la mayor rapidez. Por lo menosalgunos directivos petroleros piensan que esta bonanza podría atraer muchas inversiones extranjeras a la producción petrolera iraquí. Aunque el nuevo gobierno no rompiera sus lazos con la OPEP, como prefe- riría Estados Unidos, probablemente pediría —teniendo en cuenta los años de supervisión de sus exportaciones petroleras por la ONU- una prolonga- da exención de las cuotas. ¿OPEP, QEPD?
“Pues bien, parecería que al noquear al señor Hussein matarían dos pá- jaros de un tiro: sería el fin de un dictador peligroso, y con él, el de un car-
83 R. Khalaf, "A Troubled Friendship”, Financial Times, 22 de agosto de 2002.
34 D.E. Sanger y E. Scapmitt, "US Has a Plan to Occupy Iraq, Officials Report", New York Ti- mes, 11 de octubre de 2002.
35 "Don"t Mention the O-Word - Iraq's OilÏ', The Economist, 14 de septiembre de 2002.
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tel que durante años ha manipulado precios, manejado embargos y perju- dicado a los consumidores de diversas maneras.”35
The Economist sostiene que diversos obstáculos se interponen en el cami- no de este desenlace: Arabia Saudita podría negarse a cumplir su papel ha- bitual de productor de última instancia y no incrementar la producción pa- ra evitar que los precios del petróleo se vayan a las nubes en caso de una guerra en el Oriente Medio; la infraestructura petrolera iraquí está tan dete- riorada que se necesitarán años y grandes inyecciones de inversión extran- jera para lograr un aumento notable de la producción, y así sucesivamente. Pero aun con estas salvedades, es evidente que uno de los grandes factores en juego en una guerra con Irak sería que Estados Unidos pasaría a contro- lar las segundas reservas petroleras del mundo. Esto no sólo aliviaría sus preocupaciones acerca del acceso a largo plazo a los combustibles, sino que aumentaría el poder de Washington sobre aliados y rivales como Alemania yJapón, aun más dependientes del petróleo importado que Estados Uni- dos. Una vez más, se advierte cómo los factores económicos ygeopolíticos están indisolublemente ligados en la estrategia general del imperialismo norteamericano.
Bush I contra Bush II: el debate en el seno de la clase dominante
La Doctrina Bush y los planes del gobierno para atacar a Irak han provo- cado una polémica notablemente pública e intensa en la cima de la clase do- minante norteamericana. Lo más notable es el enfrentamiento entre el pri- mer gobierno Bush y el segundo.
En agosto del 2002,‘James Baker y Lawrence Eagleburger, secretarios de Estado sucesivos bajo Bush padre, se opusieron públicamente a una acción unilateral de Estados Unidos contra Irak. A ellos se sumó Brent Scowcroft, asesor. de seguridad nacional del primer Bush, quien resumió así el alegato de los críticos:
“Lo central es que cualquier campaña contra Irak, cualesquiera que sean la estrategia, el costo y los riesgos, seguramente nos desviarán por un plazo indeterminado de nuestra guerra contra el terrorismo. Peor aun, en el mundo existe consenso virtual contra un ataque a Irak en este momento. Mientras persista ese sentimiento, EEUU. estaría obligado a actuar por cuenta propia, lo cual incrementaría las dificultades y costos de las opera- ciones militares...
“Las consecuencias más funestas serían posiblemente las que afectarían la región de Medio Oriente. La opinión generalizada allá es que Irak es an- te todo una obsesión norteamericana. En cambio, la obsesión regional es el
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conflicto palestino-israelí. Si parece que estamos volviendo la espalda a ese conflicto enconado —cuando la región, con razón o sin ella, considera que está en nuestro poder resolverlo- para perseguir a Irak, habría una explo- sión de furia contra nosotros, pues estaríamos dando la espalda a un interés crucial del mundo musulmán, en aras de lo que se considera un interés mezquino norteamericano.
“Aun sin la participación israelí, los resultados bien podrían desestabili- zar alos regímenes árabes de la región, lo cual, irónicamente, facilitaría uno de los objetivos de Saddam. Como mínimo, impediría la colaboración con- tra el terrorismo e incluso podría engrosar las filas de los terroristas.”86
A estos críticos se sumaron figuras importantes del gobierno de Clinton como Madeleine Albright y Richard Holbrooke, así como veteranos de pre- sidencias anteriores como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski. Kissin- ger criticó la doctrina Bush ante el COmité de Relaciones Exteriores del Se- nado: “No puede ser favorable a los intereses nacionales norteamericanos ni a los del mundo desarrollar principios que otorguen a cada nación el de- recho irrestricto de tomar medidas preventivas contra-r las amenazas a su se- guridad nacional tal como ella misma las define.”87 Al viejo criminal de gue- rra no le tembló el pulso para ordenar acciones preventivas durante su pe- ríodo en el gobierno: por ejemplo, cuando Estados Unidos invadió Cam- boya en mayo de 1970. Lo que él temía era el peligro de adoptar pública- mente la doctrina de la acción preventiva, que lejos de intimidar a los riva- les, podría alentarlos a seguir el ejemplo.
No obstante, el debate entre el gobierno de Bush y sus críticos tiende a referirse a las tácticas más que a los fines. Por ejemplo, Holbrooke apoyó el objetivo del “cambio de régimen” en Irak, pero sostuvo:
“El camino a Bagdad pasa por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El gobierno de Bush debe reconocer esta verdad elemental si de- sea obtener el apoyo internacional que es esencial para el éxito en Irak. Pa- ra construir ese apoyo se necesita una nueva resolución del Consejo de Se- guridad, que autorice el uso de la fuerza si» Saddam Hussein se niega a per-
35 B. Scowcroft, "Don't Attack Saddam”, Wall Street Journal, 15 de agosto de 2002.
37 Financial Times, 27 de septiembre de 2002. Destacados académicos "realistas" que conciben el sistema internacional como una anarquía impulsada por la lucha por el poder en- tre Estados, también dudan de las bondades de la estrategia oficial. John Mersheimer, por ejemplo, escribe: "La mejor manera de aplastar Ali-Qaeda no es construir un imperio mundial basado principalmente en la fuerza militar sino que EEUU. mantenga una presencia militar más discreta en el mundo y mejore su imagen en el mundo islámico”. "Hearts and Minds”, The National Interest, 69 (2002), pág. 16. Véase también K. M. Waltz, "The Continuity of In- ternational Politics”, en K. Booth y T. Dunne, Worlds in Col/¡Sion (Londres, 2002).
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mitir un régimen total de inspecciones de armas, es decir, de inspecciones sin aviso previo, en cualquier momento y lugar. Semejante resolución da- ría un pretexto legitimador vital para la acción a aquellas naciones (Turquía, Gran Bretaña) que quieren apoyar una ofensiva para derrocar a Saddam, a la vez que presionaría a aquellas que vacilan o se oponen, como Alemania, Francia y Arabia Saudita.”38 [j
Esto equivaldría en esencia a regresar a la estrategia' el primer gobierno Bush en el prólogo a la Guerra del Golfo Pérsico de 1991: utiliZar la auto- ridad de la ONU para legitimar el uso de la fuerza'militar por Estados Uni- dos, o al decir de Robert Kagan, “el puño de hierro unilateralista en el guan- te de seda multilateralista”.89 Scowcroft y Brzezinski presentaron argumen- tos muy similares.90 En este caso, el gobierno se desplazó un poco en ese sentido con el discurso de Bush a la Asamblea'General en el primer aniver- sario del 11 de septiembre. Pero Bush y sus asesores dejaron sentado que para ellos, una nueva resolución del Consejo de Seguridad era un preludio a la acción militar contra Saddam en lugar de una alternativa, como espera- ban Francia y Rusia. Bush se mofó de la ONU al recordarle la suerte de la Liga de las Naciones, que fue incapaz de impedir el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y advirtió: “Trabajaremos con el Consejo de Seguridad de la ONU para elaborar las resoluciones necesarias. Pero que nadie ponga en duda los propósitos de Estados Unidos. Se impondrán las resoluciones del Consejo de Seguridad... o la acción será inevitable, Y un régimen que ha perdido su legitimidad también perderá su poder.” La alternativa para la' ONU era darle el sello de legitimidad a la guerra de Washington o sentarse a un lado a contemplar el ataque de Estados Unidos y Gran Bretaña a Irak.9|
Las críticas de ese sector de la clase dominante se fundamentaban en un conocimiento de las realidades del poder en el Oriente Medio y en la esca- la global. La estrategia estadounidense en'la región se ha valido de una se- rie de alianzas con Estados clave: por un lado, Israel, y por el otro,,los regí- menes árabes conservadores, sobre todo los de Egipto y Arabia Saudita. Is- rael es un aliado valioso; su aislamiento en la región y su enorme arsenal provisto por Estados Unidos lo convierten en un contrapeso fiable a cual-
35 R. Holbrooke, "High Road to Baghdad", Guardian, 29 de agosto de 2002.
39 Kagan, “Multilateralism American Style".
9° Para las posiciones de Brzezinski, véase, por ejemplo, "Right and "Wrong Ways to Wage a War", International Herald Tribune, 19 de agosto de 2002.
9‘ "Remarks by the President in Address to the United Nations General Assembly, New York”, 12 de septiembre de 2002, www.whitehouse.gov. Discurso de Bush en la Asamblea General de Ia ONU. Véase el lúcido análisis de Anatol Lieven, "America Has Put The UN in a No-Win Situation", Guardian, 13 de septiembre de 2002.
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quier régimen indígena que intente desafiar los intereses norteamericanos. Pero, como señalaron los críticos, al depender exclusivamente de Israel los intereses norteamericanos quedarían peligrosamente expuestos a la hostili- dad de las masas populares en la región. El primer gobierno Bush hizo grandes esfuerzos por mantener a Israel al margen de la guerra de 1991 (a pesar de la vigorosa oposición de Ariel Sharon), consciente de que la parti- cipación israelí socavaría la posición de sus aliados árabes en la coalición contra Saddam.92
Esta concepción estratégica suele ser reforzada por los intereses materia- les derivados de los vínculos económicos estrechos que aún mantienen unidas a las clases dominantes norteamericana y árabe. Bush padre y Baker son miembros del Grupo Carlyle, una furtiva empresa privada de inversio- nes con importante participación saudita. Quiso el destino que el Grupo Carlyle estuviera reunido en Manhattan el 11 de septiembre del 2001: así, pilares del establishment norteamericano y un hermanastro de Osama bin La- den contemplaron codo a codo el derrumbe de las Torres Gemelas en me- dio de las llamas y el polvo.
El imperialismo norteamericano no puede operar en escala global sin aliados. Con todo su poderío militar y económico, su posición geográfica lo sitúa a distancia de la masa terrestre eurasiática donde se concentran la mayor parte de la población y riqueza del mundo. Para proyectar su poder militar, Estados Unidos necesita aliados y clientes que le proporcionen ba- ses en Europa y Asia. Las clases eurasiáticas capitalistas, incluso las más dé- biles, tienen recursos e intereses propios. Para asegurarse su cooperación, no basta la coerción, sino que se necesitan el soborno y la persuasión. Co- mo señala en particular Brzezinski, la construcción de coaliciones es in- diSpensable para mantener la dominación norteamericana del continente eurasiática.
El equipo de Bush no tiene paciencia para los compromisos y las demo- ras que requieren la construcción y el mantenimiento de las coaliciones necesarias. No los mueve el mero fervor, sino la convicción de que la su- premacía actual de Estados Unidos les brinda una oportunidad singular» para liquidar a rivales en potencia. Pero aunque pone más énfasis que sus antecesores en la acción unilateral y la coerción, el gobierno actual no pue- de sustraerse a las limitaciones del poder norteamericano. Así, cuando Sha- ron advirtió que Israel no accedería, como en la guerra de 1991, al pedido norteamericano de no tornar represalias ante un ataque iraquí, Rumsfeld
92 Shlaim, The Iron Wall, págs. 472-84.
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intervino rápidamente para reclamar moderación a los israelíes en caso de una guerra contra Irak: “La no participación beneficiaría de manera abru- madora los intereses de Israel”, dijo el funcionario.93 La misma derecha re- publicana tiene que sopesar los riesgos políticos que implica provocar la hostilidad del mundo árabe.
Conclusión
Sería excesivamente simplista calificar los planes del gobierno de EEUU. de irracionales, como hizo el especialista en sociología histórica Immanuel Wallerstein al denunciar a Bush como “un geopolítico incompetente. Ha permitido que una camarilla de halcones lo induzca a tomar una posición sobre la invasión a Irak, de la cual no puede retractarse, que sólo tendrá consecuencias negativas para Estados Unidos, así como para el resto del mundo.”94
Como he intentado demostrar, el plan del equipo de Bush se basa en una lectura acertada de las amenazas económicas y geopolíticas a largo plazo que enfrenta el capitalismo norteamericano, e implica la decisión de aprovechar el 11 de septiembre y la actual supremacía militar para modificar el actual equilibrio global de poder económico y político aun más a favor suyo. Si bien la estrategia contiene elementos irracionales —que surgen sobre todo de los lazos crecientes entre las derechas norteamericana e israelí-, de ahí no se desprende que todo el enfoque es una aventura al estilo del Doctor Insólito. Aunque sectores de la clase dominante la cuestionan, la estrategia representa una visión de. cómo favorecer de la mejor manera posible los in- tereses globales del capitalismo norteamericano.
Con todo, es mucho lo que está en juego en la guerra inminente con Irak. En términos políticos estrechos, el fracaso —acaso incluso la decisión de retractarse de atacar a Irak- le quitaría a Bush la posibilidad de una se- gunda presidencia. Blair se ha jugado tanto en el apoyo a la guerra que una debacle militar podría significar su propia caída. En términos más amplios, dice Anatol Lieven: “La guerra con Irak forma... parte de lo que es en esen- cia una estrategia de emplear la fuerza militar norteamericana paradescar- gar sobre el resto del mundo los costos ecológicos de la economía nortea- mericana existente, sin necesidad de exigir sacrificios a corto plazo al capi- talismo, a la elite política ni al electorado norteamericanos.”5 La estrategia
93 Financial Times, 21 de septiembre de 2002. 94 I. Wallerstein, "Iraq War: The Coming Disaster”, Los Angeles Times, 14 de abril de 2002. 95 Lieven, 'The Push to War", pág. 8.
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del gobierno de Bush sintetiza las razones que han atraído a millones al mo- vimiento anticapitalista desde las protestas de noviembre de 1999 en Seat- tle: sobre todo, la expansión imperialista del sistema capitalista que amena- za con liquidar el planeta mediante la guerra y la destrucción del medio am- biente.
Pero, como hemos visto, este impulso belicista ha dividido a la clase do- minante norteamericana y aislado a Estados Unidos de las demás principa- les potencias. Es una inversión asombrosa de la situación imperante luego de los atentadosven Nueva York y‘Washington, cuando el diario parisino Le Monde, antiguo crítico de la política exterior norteamericana, proclamó: “Todos somos norteamericanos.” A nivel popular, el antinorteamericanis- mo en el mundo es más fuerte que antes del 11 de septiembre, siempre que no se lo entienda como odio hacia los norteamericanos comunes o su cul- tura, sino como oposición a las políticas globales del Estado y las grandes empresas. Incluso dentro de Estados Unidos, el unilateralismo de Bush tie- ne escaso apoyo popular. En una encuesta reciente de opinión pública, el 65 por ciento se declaró a favor de la guerra contra Irak sólo con la aprobación de la ONU y el apoyo de los aliados, y el 77 por ciento apoyó el fortaleci- miento de la ONU- Sólo el 17 por ciento coincidió en que “como única su- perpotencia que queda, Estados Unidos debe seguir siendo el líder mundial preeminente en la solución de los problemas internacionales”.96
Estas divisiones pueden suscitar dos clases de reacciones equivocadas. Por un lado, Walden Bello, uno de los críticos más destacados de la globa- lización capitalista, ha caracterizado el cisma entre Estados Unidos y Euro- pa como “un paso positivo para la mayor parte del mundo. Abre la posibi- lidad de que los europeos empiecen a abordar de manera positiva los pro- blemas de injusticia y pobreza en el mundo en desarrollo afrontando las es- tructuras de dominación occidental de cuya construcción ellos son en gran medida responsables. Allana el camino para alianzas globales novedosas que pueden beneficiar la mayor parte del mundo, incluida la futura creación de una alianza Europa-África-América Latina-Asia contra la hegemonía nor- teamericana.
“Desde luego que Europa ha aplicado un conjunto propio de prácticas de opresión tales como la Política Agraria Común, una de las causas prin- cipales de los trastornos agrícolas en el mundo en desarrollo. Sus empre- sas suelen ser tan explOtadoras como las norteamericanas. Sus restriccio-
95 "Worldviews 2002 Survey of American and European Attitudes and Public Opinion", 2 de octubre de 2002, www.worldviews.org.
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nes a la migración suelen ser más draconianas que las de Washington. Sin embargo, la necesidad de buscar aliados para contrarrestar el unilateralis- mo de Washington puede servir de incentivo para empezar a reformar es- tas instituciones.”97
La idea de Bello de que la UE puede ser un aliado contra el imperialismo norteamericano probablemente encontrará eco en el ala del movimiento anticapitalista —representado en particular por la conducción de A'TTAC de Francia- que quiere reconstruir el poder del Estado nacional como contra- peso a la globalización capitalista. Pero esta clase de estrategia da por senta- do la existencia de un mundo dividido en Estados nacionales que compiten entre sí. Quiéranlo o no sus autores, esto se basa en la lógica de que la riva- lidad imperialista es inevitable y trata de construir un contrapeso al poder hegemónico existente. Como dice Bello, “una alianza Europa-África-Amé- rica Latina-Asia contra la hegemonía norteamericana”. Pero el problema del mundo actual no es la dominación norteame'ricana. La situación actual no mejoraría en lo fundamental si la Unión Europea desafiara la supremacía estadounidense. Al contrario, al canalizar fondos aun mayores hacia las fuerzas armadas y desatar una nueva carrera armamentista, crearía un mun- do aún más injusto y peligroso.
Por el otro lado, Perry Anderson, director» de New Left Review, sobre la base de un análisis del pensamiento estratégico norteamericano muy simi- lar al expuesto aquí, considera que las divisiones dentro de las clases domi- nantes occidentales y la amplia oposición al unilateralismo norteamericano tienen poco que ver con el problema. Descarta con desdén “la efusión de protestas entre la intelectualidad atlántica” para destacar la continuidad en- tre las intervenciones militares basadas en la doctrina de la “comunidad in- ternacional” y los derechos humanos preferida por Bush padre, Clinton y Blair, y la guerra que se está planificando bajo la nueva Doctrina Bush:
“Se pretende hacernos creer que las guerras del Golfo, los Balcanes y Af- ganistán eran una cosa. Esas expediciones suscitaban el apoyo entusiasta de este estrato... Pero un ataque norteamericano a Irak es otra cosa, explican ahora las mismas voces, ya que no cuenta con la misma solidaridad de la co- munidad internacional y requiere una doctrina criminal de acción preven- tiva. A lo cual, el gobierno republicano responde sin problemas, en las pa- labras del Marqués de Sade: “Encore une efi'ort, citoyens” [un esfuerzo más, ciudadanos]. La intervención militar en Kosovo para impedir la limpieza ét-
97 W. Bello, "Unravelling of the Atlantic AllianceT‘, 25 de septiembre de 2002, www.focus- web.org
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nica violó la soberanía nacional y se mofó de la Carta de la ONU cuando se le dio la gana a la OTAN. Entonces, ¿por qué no se ha de intervenir militar- mente en Irak para prevenir el riesgo de las armas de destrucción en masa, con o sin el consentimiento de la ONU? El principio es exactamente lo mis- mo: el derecho —más aun, el deber- de los Estados civilizados de aniquilar las peores formas de barbarie, no importa dentro de cuáles fronteras nacio- nales se producen, para hacer del mundo un lugar más seguro y pacífico.”9“
Anderson insinúa que el talón de Aquiles de muchos opositores a la gue- rra en Irak es su confianza en las Naciones Unidas:
“Uno o dos meses de masajes oficiales consecuentes a la opinión públi- ca en ambas márgenes del Atlántico es capaz de obrar milagros. A pesar de la gran manifestación antibélica de Londres en noviembre, las tres cuartas partes de la opinión pública británica apoyaría un ataque a. Irak si la ONU le extendiera su hoja de parra. En ese caso, parece bastante posible que el cha- cal francés participe del festín... En resumidas cuentas, se puede dar por sentado que Europa asentirá a la campaña.”99
Semejante enfoque ultimatista es sorprendente por tratarse de un inte- lectual tan sutil. Es verdad que las justificaciones ideológicas de las anterio- res guerras imperialistas en el Golfo y los Balcanes implican el criterio de que se puede violar la soberanía nacional en nombre de “valores” capitalis- tas liberales supuestamente más elevados, el mismo que utilizan Bush y Blair en apoyo a un ataque a Irak. Pero los movimientos políticos no se ri- gen exclusivamente por las leyes de la lógica. La incoherencia que supone el apoyo a guerras anteriores y la oposición a ésta se puede resolver de va- rias maneras. Podría conducir a los que sustentan estos puntos de vista a una posición general belicista. Alternativamente, la oposición al ataque a Irak podría generalizarse como posición. antiimperialista más amplia. Los cientos de miles que coreaban “Victoria para el Vietcong” en 1968 no eran todos revolucionarios antiimperialistas. Al principio, algunos eran pacifistas o liberales o incluso conservadores. La dirección que sigue la mayoría de la gente en esas circunstancias depende de la constelación global de fuerzas políticas. El hecho es que, primero la guerra en Afganistán y ahora el ataque previsto a Irak han provocado movimientos de oposición, tanto en Europa como en Estados Unidos, mucho más grandes de los que suscitó el bom-
98 P. Anderson, "Force and Consent”, New Left Review (II) 17 (2002), pág. 28.
99 Ibídem., pág. 19.
¡0° Véase P. Anderson, "Renewals", New Left Review, (II) 1 (2000) y G. Acapcar, '"I'he 'His-. torical Pessimism' of Perry Anderson”, International Socialism, (2) 88 (2000).
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bardeo de Yugoslavia en 1999. Esto refleja un cambio en el clima político que el pesimismo histórico de Anderson no toma en cuenta.|°°
Si bien algunos de los opositores más prominentes de la actual aventura angie-norteamericana no se opusieron a guerras anteriores y conservan ilu- siones en la ONU, su posición actual ayuda a legitimar la resistencia al im- pulso belicista de Bush. En todo caso, estas ilusiones tienen, menos peso ahora que durante la Guerra del Golfo de 1991, cuando críticos tan desta- cados del imperialismo norteamericano como Noam Chomsky y Tony Benn reclamaron que la ONU aplicara sanciones a Irak. A nadie se le ocu- rriría proponerlo ahora, después de las terribles consecuencias humanitarias del bloqueo de la década pasada. La experiencia de una sucesión de guerras imperialistas, cada una librada en nombre de los derechos humanos para fa- vorecer sobre todo los intereses norteamericanos, ha generado un proceso de aprendizaje que ha consolidado ideológicamente el centro del movi- miento antibélico. Además, ahora existe una corriente de radicalización an- tiimperialista que faltaba a principios de los 90, lo cual refleja la diferencia de contexto político: entonces, el triunfalismo capitalista tras la caída del es- talinismo; ahora, la resistencia anticapitalista inspirada en las grandes pro- testas de Seattle y Génova, y los Foros Sociales Mundiales de Porto Alegre.
En verdad, la oposición ala guerra en Irak es extremadamente heterogé- nea desde el punto de vista ideológico, al abarcar en Gran Bretaña desde po- líticos laboristas tradicionales y clérigos islámicos respetables hasta sindica- listas de izquierda y jóvenes anticapitalistas. Pero fue Perry Anderson quien escribió alguna vez: “La problemática central del frente único —el último consejo estratégico de Lenin al movimiento obrero occidental antes de mo- rir, la primera preocupación de Gramsci en la cárcel- conserva toda su va- lidez. Históricamente nunca ha sido superado.”|0l Uno de los objetivos de la táctica del frente único es reunir fuerzas políticas diversas en torno a un ob- jetivo común específico: dentro de este frente único, los socialistas revolu- cionarios tienen la responsabilidad de tratar de infundir a esta lucha la ma- yor combatividad posible y cuestionar las ilusiones políticas que aún atan a algunos participantes al orden dominante. En el clima político imperante en Gran Bretaña, la oposición a la guerra contra Irak es muy amplia, pero la movilización está a cargo del ala antiimperialista del movimiento.
La oposición a la “guerra contra el terrorismo” ha servido para radicali-
‘01 P. Anderson, ’T he Antinomies of Antonio Gramsci”, New Left Review, (I) 100 (1976-7), pág. 78. Véanse algunas reflexiones contemporáneas sobre el frente único en A. Callinicos, "Unity ¡n Diversity", Socia/ist Review, de abril de 2002..
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zar aún más el movimiento anticapitalista al darle una faceta antiimperialis- ta. Existe el potencial para construir el movimiento antibélico internacional más grande desde la era de la guerra de Vietnam. Lo que está en juego en estas luchas es el desarrollo de un movimiento que apunte no sólo contra el gobierno de Bush y su impulso belicista, sino contra el sistema imperia- lista en sí, que hunde sus raíces en la lógica capitalista de la explotación y la acumulación.
Londres, junio de 2002
Quilmes del Sur
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Después del boom Un diagnóstico de la economía mundial
Robert Brenner
Introducción
La larga expansión económica de EE.UU. ha terminado. Cualquiera que sea la evolución de la recesión actual, todos los factores son contrarios a una vuelta a las condiciones que permitieron el boom de la segunda mitad de los 90. Puede que incluso sea difícil a medio plazo evitar el estancamiento y el débil crecimiento de la economía, si no ocurre algo peor.
La razón por la que la economía mundial, incluyendo su componente principal, EE.UU., se enfrenta en el sentido más general a unas perspectivas tan negras es porque no fue capaz de superar definitivamente, durante la fa- se expansiva de los 90, la larga fase económica depresiva que sufrió desde comienzos de los años 70 hasta comienzos de los 90. Los responsables fun- damentales de este persistente estancamiento en todo el sistema han sido la sobre-capacidad y la sobre-producción como causas de una reducción de los beneficios en el sector manufacturero a escala internacional y el fracaso de los sucesivos intentos de gobiernos y empresas de encontrar soluciones. Y sigue sin haber indicios claros de que se haya superado el problema. La fuerte caída de la tasa de ganancias entre 1965 y 1973, y el fracaso de su re- cuperación, han provocado un crecimiento lento de las inversiones y de la producción en las dos décadas siguientes en la mayor parte de la economía mundial y, consecuentemente, una reducción sustancial del crecimiento de la productividad y de los salarios, así como altos niveles de desempleo.
La base real del boom de EE.UU. de los 90 fue, inicialmente, un creci- miento importante de la tasa de ganancias del sector industrial entre 1985 y 1995. Pero el crecimiento de los beneficios y, eventualmente, el crecimien-
Este artículo, "The economy after the boom: a diagnosis", incluido en los International View- point Archives 342, julio-agosto de 2002, y traducido del inglés por G. Buster, se basa en el último libro publicado por R. Brenner (The boom and the bubble: the US ¡n the world eco- nomy, Londres, Verso, 2002)
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to económico en EE.UU. fue paralelo a —y en cierto sentido causado por- una caída de los beneficios y una fuerte recesión en la mayor parte del resto del mundo capitalista avanzado, incluyendo Japón y Europa Occidental, du- rante la primera mitad de los 90. Este fuerte frenazo en el crecimiento de la mayor parte de la economía capitalista avanzada y la subsiguiente amenaza de crisis obligaron a un cambio fundamental de la política de EE.UU., pasan- do de defender un dólar débil a apoyar un dólar fuerte. Esto, a su vez, limi- tó la expansión en EE.UU. y, en la segunda mitad de los años 90, la tasa de ganancias del sector industrial cayó significativamente y, con ella, la condi- ción esencial de una recuperación económica de EE.UU.
Pero a pesar del declive de los beneficios empresariales entre 1995 y el 2000, la bolsa inició una carrera alcista sin precedentes, aumentando de ma- nera masiva y virtual el valor de las empresas en los papeles, ayudada por la revaluación del dólar. El “efecto riqueza” del aumento de los precios de las acciones fue así capaz de reemplazar la recuperación de los beneficios del sector industrial como principal motor de la economía. Las empresas se en- contraron con que la sobrevaluación de sus acciones en bolsa les abría las puertas de una financiación casi ilimitada. Sobre esta base, fueron capaces de mantener un poderoso boom de inversiones y la expansión de los 90 pu- do continuar.
Sin embargo, el creciente abismo entre el cada vez más alto precio de las acciones y la aceleración del crecimiento económico, por una parte, y la caí- da de los beneficios, por la otra, no podía durar. Desde mediados del 2000, las empresas que habían liderado el boom —sobre todo en nuevas tecnologías, medios y telecomunicación (TMT)- sufrieron una tras otra caídas desastrosas de sus beneficios y los mercados bursátiles se desinflaron. El “efecto rique- za” de la burbuja bursátil comenzó a actuar en sentido contrario: para las empresas fue cada vez más difícil encontrar financiación y se vieron obliga- das a recortar inversiones, empujando a la economía a la recesión.
Pero el problema fundamental era el enorme exceso de capacidad acu- mulado por las empresas durante la fase alcista de la bolsa, en la que habían utilizado su valor virtual multiplicado en los papeles para ampliar conside- rablemente sus plantas y equipos, sin ninguna justificación desde el punto de vista de la rentabilidad porque la tasa de ganancias seguía cayendo. De- masiada capacidad para demasiada producción. Y las empresas no podían vender su producción a precios que les permitieran obtener unos benefi- cios suficientes, si llegaban a obtener alguno.
La tasa de ganancias del sector industrial -que ya había caído de manera significativa entre 1997 y el 2000- se desplomó en el 2000-2001, hundien-
Cu‘ademos del Sur 53
do al sector en una profunda crisis. Esto desencadenó la clásica espiral de- presiva: la menor inversión (con menor demanda de medios de produc- ción) provoca mayor desempleo, lo que conduce a una caída de la deman- da de bienes de consumo, que conduce a su vez a un aumento del número de bancarrotas y de deudas impagas, y vuelta a empezar.
A medida que la recesión se fue agravando en EE.UU., el crecimiento de la demanda comenzó también a caer fuertemente. Yel resto de la economía mundial, que depende enormemente de las importaciones de EE.UU., fue arrastrada en esta dinámica. La contracción de la economía internacional causó una caída drástica del crecimiento de las exportaciones norteamerica- nas, agravando la recesión en EE.UU. El resultado ha sido una depresión de la economía internacional mutuamente retroalimentada con una caída de las inversiones y del crecimiento económico de EE.UU. que, desde media- dos de 1999-2000'hasta mediados del 2001-2002, ha sido la mayor tras la II Guerra Mundial.
En el curso del 2001, la Reserva Federal de EE.UÚ. fue recortando la ta- sa de intereses con una rapidez e intensidad sin precedentes. Como resul- tado, la deuda privada familiar se desató, permitiendo a los consumidores incrementar su gasto muy rápidamente. Se alentó así a las empresas a repo- ner sus existencias. El tenebroso fantasma de la crisis económica fue ahu- yentado temporalmente y el PNB volvió a crecer con fuerza el primer tri- mestre del 2002.
Sin embargo, la tasa de ganancia empresarial siguió siendo la más baja de las últimas dos décadas, las inversiones continuaron reduciéndose de ma- nera alarmante, las exportaciones siguieron en crisis y, reflejando todo ello, la bolsa fue incapaz de recuperarse. El resultado final sigue siendo un inte- rrogante. El objetivo de este texto es proporcionar elementos para una com- prensión mas realista de lo que puede pasar.
Leyendas del boom: la versión oficial
En la versión oficial del boom de EE.UU., el punto de partida es la “nueva economía” y a partir del mismo se describe el carácter excepcionale inno- vador de la economía de EE.UU. Si el resto de los países del mundo se limi- tasen a seguir este modelo, se dice, los problemas de la economía mundial desaparecerían. Pero este discurso puede ser tan positivo porque se concen- tra exclusivamente en los cinco años del boom 1995-2000, fuera de todo contexto histórico o comparativo, ignorando las debilidades intrínsecas del boom y haciendo abstracción del sistema económico mundial como un. to- do, para estudiar de manera aislada la economía de EE.UU., a pesar de la es-
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trecha conexión y de que fueron los problemas de la economía mundial los que acabaron provocando la crisis.
La "nueva economía” como ideología de la burbuja bursátil. En la versión oficial - santificada por el Informe Económico para el Presidente del 2001, del Con- sejo de Asesores Económicos (publicado a comienzos de ese mismo año), así como los discursos de Alan Greenspan (quese pueden consultar en la página de internet de la Reserva Federal)- la economía de EE.UU. se apoya- ba en sus mercados abiertos y en sus instituciones financiero-empresaria- les, en especial sus muy desarrolladas compañías de capital de alto riesgo, sus nuevas empresas de alta tecnología y sobre todo la bolsa, para iniciar una ruptura revolucionaria en la tecnología de la información y salir definitiva- mente de la larga fase de estancamiento.
La larga fase de estancamiento de los 70 y 80 era supuestamente el resul- tado de un repentino agotamiento (no justificado ni demostrado) de la in- novación tecnológica del boom de posguerra, que sería el responsable de la caída del crecimiento de la productividad a largo plazo. Pero con la repen- tina aparición de las tecnologías de la “nueva economía” a comienzos de los 90, según la versión oficial, aquellas compañías que pudieron movilizar el necesario “capital intangible” —en la forma de capacidad inventiva, nuevos modelos organizativos, etc.- tuvieron oportunidades sin precedentes de be- neficios. Los fondos de capital de alto riesgo tuvieron así los estímulos ne- cesarios para invertir en nuevas empresas de alta tecnología que prometïan generosos beneficios y una alta rentabilidad, cuando sus acciones salieran a la bolsa por primera vez en ofertas públicas por las que los entusiastas in- versores estaban dispuestos a pagar precios exorbitantes, en lo que parecía un carrusel sin fin de rentables empresas de tecnología de la información. Y los bancos, por las mismas razones, estaban dispuestos a conceder los créditos que fueran necesarios.
Como no se cansó de explicar el Presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, las promesas de un crecimiento de la productividad de la “nue- va economía” dispararon las expectativas sobre la tasa de ganancias, inflan- do los precios de las acciones en la bolsa. El aumento del precio de las ac- ciones de las compañías (especialmente las de los sectores de alta tecnolo- gía, medios y telecomunicaciones) les permitió un fácil acceso a la financia- ción, permitiéndoles aumentar sus inversiones (el llamado “efecto rique- za”). Una. acumulación del capital más rápida hizo posible nuevos saltos ha- cia delante en tecnología, permitiendo que la productividad creciera aún más. Y ésta infló de nuevo las expectativas de beneficios y el precio de las
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acciones, permitiendo nuevas inversiones en un ciclo de expansión econó- mica, que Greenspan calificó de “virtuoso”, cuyo eje era la bolsa y los capi- tales de .alto riesgo.
En el discurso de la versión oficial, los increíbles beneficios de la salida al mercado de las acciones de la compañía Netscape en agosto de 1995 fue- ron la proclamación de la enorme potencialidad de la “nueva economía”. A partir de ese momento se disparó el crecimiento retroactivo de la bolsa y el boom económico. La sinergia entre la bolsa y la economía real produjo lo que el Consejo de Asesores Económicos insistió en llamar los “extraordi- narios beneficios de ejecución” de 1995-2000 (Informe Económico para el Pre- sidente 2001, página 23).
Un boom apoyado en la burbuja bursátil. De hecho, el funcionamiento de la economía norteamericana en la fase álgida del boom, de 1995 a 2000, aun- que fue mejor que en cualquier otro quinquenio desde que comenzó la on- da larga de estancamiento en 1973, tampoco fue extraordinaria. Si se com- paran los indicadores habituales, el funcionamiento de la economía de EE.UU. en los .cinco años 1995-2000 no es comparable a la de los 20 años 1948-1973, y el crecimiento de la productividad, supuestamente el motor del salto adelante de la economía de EE.UU., fue inferior en un 15% (ver cuadro 1).
Cuadro l La economía de EEUU: 1948-1973 versus |995-2000 (crecimiento medio anual en %, excepto para la tasa de desempleo)
19484973 19952000
PNB 40 4J Acumulación neta de capital de los sectores no-agrícolas I 3.5 L 3.8 Productividad del trabajo de los sectores no-agrícolas 2.9 2.5 Horas de trabajo reales de los sectores no-agrícolas 2.8 2.0 lnflación/IPC 2.4 ‘ 2.4 Tasa media de desempleo 4.2 4.7
Es más, si el boom de EE.UU. de los 90 hubiera tenido unos fundamentos sólidos y hubiera sido capaz de auto-sostenerse, es muy posible que hubie- ra permitido la superación definitiva de la onda larga de signo depresivo tanto en EE.UU. como internacionalmente. Per-o el factor más destacado de la expansión económica de EE.UU., especialmente. de 1995 a 2000, es que ca-
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da vez ha dependido más del alza de los mercados bursátiles, y no al con- trario, porque no se sustentó en un aumento de los beneficios. Las institu- ciones financieras y empresariales de EE.UU., con la indispensable ayuda de la Reserva Federal, produjeron no tanto un boom, como una burbuja.
Los fondos de capital de riesgo inyectaron una gran cantidad de dinero en las nuevas compañías de altas tecnologías. Pero su contribución fue mí- nima hasta 1999, cuando el alza del precio de las acciones llegó a su techo. Alcanzado ese punto, los fondos de capital de riesgo ya no tenían que de- pender para la realización de sus beneficios de la productividad efectiva o de la capacidad real, por pequeña que fuera, de las compañías de alta tecno- logía para obtener beneficios en el mercado. Sus ganancias se generaban por la venta de acciones de esas compañías, con unos precios disparatados, en las ofertas públicas de su salida a bolsa.
Los inversores en bolsa en un sentido general ayudaron a financiar a es- tas nuevas compañías, y a otras ya más consolidadas de tecnologías de la in- formación, comprando acciones. Pero no fue así porque que estas compa- ñías obtuvieran grandes beneficios gracias a sus poderosas tecnologías, sino porque el precio de sus acciones en bolsa no hacia más que subir como un cohete gracias a la especulación. La mayoría de las empresas de nuevas tec- nologías jamás consiguieron obtener beneficios. E incluso las principales compañías de tecnología, medios y telecomunicaciones (TMT) que eran el supuesto motor de la “nueva economía” se quedaron muy lejos de conse- guir unas ganancias comparables al alza del precio de sus acciones.
Las empresas desencadenaron un boom de inversiones y fueron capaces de aumentar el crecimiento de la productividad con el mismo. Sin embar- go, pudieron hacerlo porque el d'isparatado precio de sus acciones facilita- ba el acceso a la financiación, no porque la “nueva economía” hubiera au- mentado la posibilidad de beneficios. La brecha entre el precio de las accio- nes y los beneficios, que al comienzo alimentó la. expansión, constituyó su principal debilidad al final y acabó por provocar la caída en el abismo en el 2000-2001, como veremos más adelante.
La economía de EE.UU. no pudo, en última instancia, sostener su tasa de ganancias y su impulso más allá de mediados del 2000 porque seguía ínti- mamente unida a una economía global caracterizada por el estancamiento resultante de la persistente y cada vez peor sobre-capacidad y sobre-produc- ción. La debilidad intrínseca de la totalidad del sistema y de su componen- te EE.UU. se manifestó en el hecho de que, durante el ciclo económico de los 90, los resultados económicos de las economías capitalistas avanzadas tomados como un todo —y en todos los indicadores como crecimiento del
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PN B, renta per capita, productividad del trabajo, salarios reales y tasa de de- sempleo- no fueron mejores que los de los 80. Y estos habían sido a su vez peores que los de los 70, que no se pueden comparar ni de lejos, por su- puesto, a los de los 60 y 50.
És decir, a pesar de la aplicación generalizada de las políticas neolibera- les y pro-mercado de los 80, la economía del centro del sistema ha sido ca- da vez más incapaz de satisfacer las necesidades de la gente común y co- rriente. En el conjunto de los países capitalistas avanzados, el crecimiento de los salarios en la última década cayó al nivel más bajo de posguerra, la ta- sa de desempleo se disparó hasta el nivel más alto de posguerra (fuera de EE.UU.) y el estado de bienestar, aunque con ritmos diferentes, empezó a ser desmontado. Y ello a pesar de los enormes estímulos artificiales inyectados en la economía mundial por el boom económico, creado por la burbuja bur- sátil, de EE.UU. (ver cuadro 2).
Dado que la economía global durante la última década ha sido incapaz de superar definitivamente la onda larga de signo depresivo, necesitamos partir de su análisis para comprender su trayectoria reciente y futura. Pero la realidad de lo sucedido es más o menos contradictoria con la versión ofi- cial. I-Iay muy pocas evidencias de un avance tecnológico sustancial o de la aparición de nuevas invenciones en los 70 y los 80. Pero hay, sin embargo, datOS irrefutables de que en esos años se redujo sustancialmente la tasa de ganancia, especialmente en el sector industrial, y no sólo en EE.UU. sino in- ternacionalmente. Y ello explica en buena parte la desaceleración a largo plazo de la acumulación de capital y la consiguiente reducción de las inver- siones sobre las que recae en gran medida la responsabilidad de la falta de innovaciones y la caída a largo plazo y en todo el sistema del crecimiento de la productividad.
La larga depresión. Dicho de manera breve y esquemática, a finales de los 60 y comienzos de los 70 la intensificación de la competencia internacional, impulsada especialmente por la entrada en el mercado de productores con bajos costes, especialmente de Japón pero también de Europa Occidental, puso fin al largo boom de posguerra. Y ello debido a la sobre-capacidad y so- bre-producción en el conjunto del sistema, precipitando la caída de la tasa de ganancia en el sector manufacturero internacional que provocó en gran medida la caída de beneficios de las economías capitalistas avanzadas en su conjunto. Durante los años 70, la sobre-capacidad y sobre-producción del sistema empeoraron. En todo el mundo, las compañías intentaron respon- der a sus problemas de competitividad y rentabilidad aumentando sus in-
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Cuadro 2 Declive del dinamismo económico (cambios de la media anual en °/o)
60-69 69-79 79-90 90-95 95-00 90-00
PNB
EEUU 4,6 Japón 10,2 Alemania 4,4 Europa (12) 5,3 G-7 5,1 PNB per capita
EE UU 3,3 Japón 9 Alemania 3,5 G-7 3,8
(eo-73) (73-79)
3,3 5,2 3,6 3,7 3,6
2,5 3,4 2,8 2,1
2,9 4,6 2,15 2,4 3
1,9 4
1,9 1,9
2,4 1,7 2
1,6 2,5
Productividad del trabajo en toda la economía (PNB/trabajadores)
EEUU 2,5 Japón 8,6 Alemania 4,3 Europa (l 1) 5,2 G-7 4,8
(so-73) (73-79)
1,3 4,4 3
3,2 2,8
1,15 3 1,5 1,9 2,55
Rendimiento real en toda la economía (por empleado)
EEUU 9,7 Japón 7,3 Alemania 5,1 Europa (1 1) 5,6 Tasa de desempleo
EEUU 4,8 Japón 1,4 Alemania 0,8 Europa (15) 2,3 G-7 3,1
(so-73) (73-79) Inversiones extranjeras (economía comercial privada)
EEUU (neto) 3,9 Japón
(bruto) 1 1,3 Alemania _ (bruto) 6,6 G-7 (bruto) 4,8
2,7 5. 4,3 4
6,21 1,7 2,05 4,6 4,9
3,8
9,5
4,5 4,6
0,7 1,6 1,1 0,8
7,1 2,5 5,77 9,1 6,8
3
6,9
3 3,9
,1 ,2 0,7 2,1 1,9 1,7
0,6 0,8 2 l
5,9 2,9 8,2 9,8 6,7
2 (95-98) 4,5 (90-93) 3, 1
4,1 0,8 1,7 2,5 1,9
3,4 1,1 1,6 2,5
2,3 1,2 1,2 1,3
1,9 0,2 0,1 0,3
4,6 4,1 8,6 9,9 6,4
3,8
3,2 1,3 1,9 2
3,1
2,35 1,1 4,3 1,8
1,8 0,9 1,7 1,6
1 ,3 0,5 0,95 0,6
5,25 3,5 8,2 9,9 6,6
2,9
Futures: OECD: Historical Statistics, ¡960-1995, Paris, 1995, Tablas 2.15, 3.1, 3.2; 'Statistical Annei' en European Eco- nomy, no.71, 2000, Tablas 1 l, 31, 32; OECD: Economic Outlook, n°67, 2001, Anexo, Tabla 21; lMF: World Economic Ou- tlook, Washington, D.C., Mayo 2001; Base de Datos, Tablas 1 y 4; Armstrong et al: Capitalísm Since 1945, p.356, Tabla A6.
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versiones en sus líneas habituales de producción, en vez de mudarse a otras, agravando de hecho el problema. Al mismo tiempo, las compañías de las nuevas economías en desarrollo de Asia Oriental —y en parte de Brasil, Mé- xico y otros- descubrieron que podían introducirse en ciertos mercados ob- teniendo beneficios, a pesar de la sobre-capacidad, agravando aun más la si- tuación. Sólo los subsidios públicos a la demanda de las políticas keynesia- nas y el aumento del gasto público y el déficit pudieron evitar en la década de los 70 que estallara una grave crisis (ver cuadros 3 y 4).
A comienzos de los 80, con el objetivo de luchar contra la inflación y res- tablecer la tasa de ganancia, EE.UU. y otras economías capitalistas avanzadas intentaron combatir la sobre-capacidad y la sobre-producción heredadas de la era keynesiana a través de altas tasas de interés y una dura austeridad. El objetivo de estas políticas era, en primer lugar, aumentar la tasa de desem- pleo para reducir el crecimiento de los salarios. Pero también retirar del mercado y recortar la masa extedente de medios de prodücción de alto cos- te y baja rentabilidad que estaban hundiendo la tasa de ganancia. Con todo, el resultado inmediato de estas políticas fue el estallido de la crisis de la deu- da externa en el Tercer Mundo, acompañada de una recesión seria en EE.UU., que amenazaba con convertirse en una depresión. Hubo que re-in- troducir de manera vergonzante el keynesianismo, a través del gasto militar masivo de Reagan y el recorte de impuestos para los ricos.
Cuadro 3: Tasas de ganancia neta industrial y no industrial(no agricola) en EE.UU. - 1948-1999 (con corrección de los impuestos indirectos)
0,3500
.3 0,2800- A
Fu / \
l:
a, 0,2100 VAv
11 \/\ A
g 0,1400 . ,.-"-._ . _
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60 Mayo-de 2003
Cuadro 4: Tasa de ganancia neta industrial: Alemania, Japón y EE.UU.
1948-1999 5. 0,42 '-_ .. _: ': .9 í."- s '- :‘-. -' e ‘-. fl . -"-"..-" ' -_ '5 0,28 ' . , : -, E u 1...°I :- 5 ‘ '-. u , '- o ‘ ’ v My g 0,14 y VA . I a Vw 0,00 'Il'lllllllllllllrrll'llI||lIIIIÍIIIIIIIIIIIIITIIIIII
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Japón Alemania EE.UU I
La combinación de ajuste financiero y altos déficit presupuestarios en EE.UU. estabilizaron las economías capitalistas avanzadas, pero también fre- naron la retirada de fábricas, equipos y mano de obra excedentes de altos costes, que era imprescindible para recuperar la tasa de ganancias y —muy importante- elevar las tasas de interés real. Los estados capitalistas avanza- dos no estaban dispuestos a sufrir el tipo de depresión profunda que en el pasado había servido para eliminar los medios de producción y la mano de obra superfluos y asentar las bases de un nuevo ciclo expansivo. Pero el pre- cio de la estabilidad económica fue un aumento sin precedentes del costo de los créditos que, combinado con la baja tasa de ganancia, frenó la acu- mulación de capitales y el crecimiento económico, que siguió siendo muy dependiente del déficit presupuestario hasta finales de los 80.
Debido a esta reducción drástica de las expectativas de beneficios en la inversión en nuevos equipos y fábricas, el capital se orientó en los 80 de ma- nera muy especial hacia el sector financiero. Pero, con la economía real pro- duciendo un excedente tan reducido, era muy difícil obtener beneficios prestando dinero o es-peculando, excepto con la ayuda directa o indirecta de los gobiernos, como por ejemplo a través del endeudamiento público a al- tas tasas de interés o a través de la corrupción, aprovechando las oportuni- dades de las privatizaciones y la desregulación. A finales de la década ya ha- bía estallado una gran burbuja en .el‘: sector inmobiliario comercial. La carre- ra de fusiones y absorciones de compañías que-había caracterizado la expan-
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sión financiera de los 80 se había parado en seco y en la ignominia. Las compañías, fuertemente endeudadas y tremendamente expuestas a los ban- cos, estaban en condición muy precaria, exacerbando y extendiendo la re- cesión que golpeó en 1990. La situación de estancamiento económico se perpetuó en los primeros años de los 90.
La recuperación industrial de EE. UU. En este escenario de tasas de ganancia muy reducidas y débil crecimiento internacional, el sector industrial de EE.UU., y la economía privada en su conjunto, protagonizó entre 1986 y 1995 una notable recuperación de los beneficios y, en última instancia, de su vitalidad. Lo consiguió aprendiendo de sus principales rivales intemacio- nales, Alemania y Japón, renovando su competitividad internacional y su capacidad exportadora. Pero las industrias de EE.UU. no aumentaron su competitividad y su rentabilidad con nuevas inversiones para ayudar a in- crementar la productividad. O, al menos, no hasta muy avanzado este jue- go. Lo hicieron a través del mecanismo capitalista clásico de recorte de los medios de producción de alto coste y baja rentabilidad y la redistribución del ingreso en perjuicio de los asalariados y sus rivales extranjeros.
En la larga recesión cíclica de la primera mitad de los 80 y el primer ter- cio de los 90, las compañías de EE.UU. redujeron una gran cantidad de me- dios de producción de alto coste y baja rentabilidad y también de mano de obra, comenzando así una recuperación del crecimiento de la productivi- dad del trabajo en el sector industrial sin la ayuda de un aumento de las in- versiones. También se beneficiaron congelando los salarios reales durante diez años a partir de 1985 y aprovechando los recortes fiscales de la admi- nistración Reagan, que les permitieron reducir drásticamente la presión fis- cal sobre las ganancias. Paralelamente también pudieron sacar partido de la devaluación del dólar de entre un 40-60% en relación con el marco alemán y el yen japonés. Este cambio en las cotizaciones de las divisas tuvo lugar en 1985, cuando EE.UU. obligó a sus principales aliados y rivales económicos a aceptar los “Acuerdos del Plaza”, que implicaban una devaluación sustancial del dólar tras cinco años de aumentar su cotización. Por último, la Admi- nistración Clinton, desde su toma de posesión en 1993, comenzó a equili- brar el presupuesto. De esta manera redujo el crecimiento de la demanda agregada, ayudando a bajar la inflación y las tasas de interés a largo plazo, mejorando la competitividad al mismo tiempo que ejercía presión para contener los salarios.
Entre 1985 y 1995 el sector industrial manufacturero de EE.UU. aumentó su tasa de ganancia en unos dos tercios. Y gracias a ello creció la rentabilidad
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del conjunto de la economía privada por encima de sus niveles de 1973 por primera vez en veinte años. El despegue de la rentabilidad del sector indus- trial de EE.UU. dependía en gran parte de la extraordinaria recuperación de su competitividad y las exportaciones crecieron más deprisa en los próximos diez años que en ninguna otra década de posguerra. La consecuencia más importante fue que se dejó atrás el largo período de estancamiento i-nverSor en la industria. Más o menos desde 1994, la acumulación de capital se ace- leró y la productividad dio un salto adelante, multiplicando el crecimiento de la rentabilidad y sentando las bases para la expansión de los 90.
Estancamiento industrial en japón y Europa Occidental. En un mundo ideal en el que las producciones especializadas se complementaran, la revitalización de la economía de EE.UU. hubiera terminado por arrastrar a la economía mun- dial a una nueva era de crecimiento. Pero antes de mediados de la década de los 90, en el mundo real de sobre-capacidad y producción industrial exce- dente, la recuperación de EE.UU. no sólo sumó poco dinamismo a la econo- mía mundial, sino que tuvo lugar a expensas de las economías de sus prin- cipales competidores y socios comerciales, especialmente Japón ‘y Alema- nia. Y esto es así porque, hasta finales de 1993, se hizo en un contexto de sobre-capacidad y sobre-producción industrial.
Los fabricantes de EE.UU. consolidaron sus beneficios básicamente gracias a un dólar devaluado y unos salarios reales congelados, junto con una redu- cida presión fiscal sobre las empresas, pero sin la ayuda de un aumento sig- nificativo de las inversiones. En lo que resultaría ser en buena parte una si- tuación de suma-cero, aumentaron su tasa de ganancias reduciendo costes hasta conquistar cuotas de mercado de sus rivales, imponiéndoles al mismo tiempo sus precios más bajos. Pero en este proceso generaron un crecimien- to muy limitado de la demanda, tanto de inversiones como de consumo, pa- ra los productos de sus rivales. Cuando el gobierno de EE.UU. comenzó a equilibrar su presupuesto en 1993, el crecimiento de la demanda generada por EE.UU. en el mercado mundial sufrió un nuevo choque negativo.
El otro lado de la moneda es que desde 1985 las economías industriales de Japón, Alemania y otros lugares de Europa Occidental sufrieron los efec- tos‘de un creciente estrangulamiento. La revaluación de sus divisas y el cre- cimiento de sus salarios redujo su competitividad, aumentando la presión negativa sobre una tasa de ganancias y Un ritmo de "acumulación del capital ya reducidos. Mientras tanto, el declive del crecimiento de las inversiones, el consumo y la demanda pública en el conjunto de la economía mundial resultó en un estancamiento de la capacidad de compra de mercancías tan-
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to en sus mercados internos como externos, sobre todo en EE.UU. Estas economías no pudieron evitar que sus problemas se agravasen en la segun- da mitad de los 80, ni las severas crisis que sufrieron en la primera mitad de los 90 y, desde 1991, se hundieron en la peor recesión de la posguerra. A mediados de la década de los 90, cuando el yen se situaba a 79 por dólar, su nivel más alto de posguerra, la industria japonesa dificilmente podía tener beneficios y la economía japonesa comenzó a congelarse.
La burbuja-bursátil como motorde la expansión 1995-2000
En la primavera de 1995 la revaluación del yen comenzó a amenazar la estabilidad internacional. El gobierno de EE.UU., traumatizado por la crisis del peso mexicano y su colateral “efecto tequila”, no encontró. otra salida que intervenir para rescatar la economía industrial japonesa. Lo hizo de una manera muy similar a como habían intervenido los gobiernos japonés y ale- mán en 1985 para rescatar la economía industrial de EE.UU. de la crisis, en colaboración con las otras potencias del G-7, sosteniendo una revaloriza- ción del dólar. Los llamados “contra-Acuerdos del Plaza” de 1995 supusie- ron un cambio de orientación de la economía mundial, con la consiguien- te revalorización del dólar y de las monedas de Asia Oriental ligadas al mis- mo, y un declive paralelo del yen y del marco, iniciando una nueva época respecto delas tendencias en el desarrollo económico internacional que ha- bían prevalecido en la década anterior.
Declive de los beneficios, revalorización del precio de las acciones. Apenas el dólar comenzó a revaluarse a finales de 1995, después de una década de deprecia- ción, el fardo de la sobre-capacidad y sobre-producción internacional en el sector industrial se desplazó de nuevo desde Japón y Europa Occidental ha- cia EE.UU. La revaluación del dólar cortó en seco la creciente competitivi- dad de la industria de EE.UU. que había permitido la recuperación de su ta- sa de ganancias. En 1996 y 1997, la expansión industrial de EE.UU. pudo sos- tenerse en la medida en que creció la producción, se ac'eleró el crecimien- to de la productividad y los costes de producción se redujeron significativa- mente. Sin embargo, la industria de EE.UU. perdió vitalidad, estrangulada por la intensa presión negativa sobre los precios resultante de la abundan- cia de oferta internacional y del incremento de sus costes relativos debido a la'revalorización del dólar. De hecho, si los empresarios de EE.UU. no hu- bieran sido capaces de recortar los salarios reales en estos. dos años, la tasa de ganancias del sector industrial hubiera comenzado a caer inmediatamen- te. Pero no tardó mucho en suceder.
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—Mientras tanto, en 1995, según los términos de los “contra-Acuerdos del Plaza” mediante los cuales las potencias del G-7 habían decidido cambiar los tipos de cambio del dólar, el yen y el marco, EE.UU., Alemania y sobre todo el gobierno japonés inundaron de fondos el mercado de dinero de EE.UU. para empujar la reValorización del dólar, fundamentalmente a través de la adquisición de bonos del Tesoro. Pronto les siguieron los gobiernos de Asia Oriental y los especuladores de fondos de inversión de todo el pla- neta. Como resultado, los intereses a largo plazo de EE.UU. cayeron en pi- cada y paralelamente la Reserva Federal comprimió las tasas de interés a corto plazo (para ayudar a combatir la crisis del peso mein'cano).
El relajamiento de los mercados financieros que tuvo lugar en 1995 y la revalorización del dólar provocaron la gran carrera alcista de las bolsas. De hecho, entre 1980 y 1995, el precio de las acciones en las bolsas de EE.UU. había subido considerablemente, pero no más que la tasa de ganancias em- presarial. En otras palabras, hasta 1995 la carrera alcista del mercado de va- lores se justificaba plenamente en base a los beneficios empresariales. Pero, a partir de ahí, los precios de las acciones crecieron mucho más que los be- neficios empresariales, sobre todo cuando la tasa de ganancias industrial co- menzó a ser negativa. Y la mayor burbuja bursátil de la historia de la bolsa de EE.UU. estalló (ver cuadro 5).
Cuadro 5: Índice de beneficios de las empresas netas de intereses después de impuestos. Índice compuesto de la Bolsa de Nueva York 1900-2000
1 80,00 8 11 120,00 :1 e é .5 60,00 0,00
I" '——'— Bolsa de Nueva York ------- Beneficios después de impuestos I
Cuadernos del Sur 55
Si los cambios financieros internacionales de 1995 desencadenaron la ca- rrera alcista de la bolsa, Alan Greenspan y las empresas la consolidaron. A finales de 1996, Greenspan declaraba públicamente su preocupación por la “exuberancia irracional” de los precios de las acciones. Pero en privado es- taba mucho más preocupado por un posible parate de la economía de EE.UU., sobre todo teniendo en cuenta la revalorización del dólar y las am- bigüedades iniciales del crecimiento de la economía. Por ello, Greenspan no hizo el menor intento de controlar el enorme aumento de liquidez que provocaron el aluvión de dinero extranjero y sus propios recortes de la tasa de interés. De hecho, con la excepción de un aumento en un cuarto de punto a comienzos de 1997, Greenspan mantuvo invariable la tasa de inte- rés desde comienzos de 1995 hasta mediados de 1999, con el resultado de que en la segunda mitad de los 90 la oferta monetaria creció cuatro veces más que en la primera mitad de la década. El relajado régimen monetario de Greenspan infló aún mas los mercados de valores y no por casualidad dio pie al llamado “efecto riqueza”. Es decir, proporcionó a las empresas y las familias la riqueza virtual que les permitió endeudarse más fácilmente y aumentar sus inversiones y consumo, alimentado la expansión económica.
Las empresas de EE.UU. rápidamente sacaron tajada del dinero fácil que Greenspan proporcionaba. Entre 1995 y el 2000 aumentaron sus créditos en relación con el PIB empresarial hasta niveles sin precedentes, no tanto para invertir en nuevas fábricas y equipos, sino para poder recomprar sus propias acciones. De esta manera-evitaban el engorroso proceso de tener que crear un valor real para los accionistas mediante beneficios obtenidos en la producción y venta de sus mercancías y servicios, pero al mismo tiem- po incrementaban el valor en bolsa de las acciones para beneficio de esos mismos accionistas y de sus gerentes ejecutivos, que eran remunerados ge- nerosamente también en acciones. Las empresas de EE.UU. fueron los prin- cipales compradores netos en el mercado de valores entre 1995 y el 2000.
El efecto riqueza del alza de los precios de las acciones. La carrera alcista del mer- cado de valores permitió que la expansión de EE.UU. continuara y se acele- rara entre 1995 y el 2000, incluso cuando la presión negativa de la tasa de ganancia industrial privó a la expansión de su sólida base inicial. En tanto el valor virtual de sus activos creció con la burbuja bursátil más allá de cual- quier valor económico real, las empresas pudieron disponer de grandes fuentes alternativas de recursos prácticamente gratuitos, independientes de los beneficios industriales. Podían emitir acciones a los precios inflados de la bolsa y podían obtener créditos sin límite utilizando como garantía el va-
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lor inflado de susactivos. De esta manera fueron capaces de mantener, e in- cluso de aumentar, la tasa de crecimiento de sus inversiones en nuevas fá- bricas y equipos, a pesar de la contribución cada vez menor, en términos re- lativos, de los beneficios industriales. Gracias a este “efecto riqueza” la ex- pansión alcanzó una gran vitalidad.
Los limites del “efecto riqueza”
Sin embargo, una expansión económica alimentada por la carrera alcista de los mercados de valores cuando al mismo tiempo se estancaba, si no- caía, la tasa de ganancia, tenía poco futuro. Más pronto que tarde la caída de la tasa de ganancia tendría que reflejarse en la bolsa. Además, cuando el pre- cio de las acciones comenzó a caer, el “efecto riqueza” comenzó a actuar 'en sentido contrario y la economía, con cada vez más sobre-capacidad y sobre- producción, se hundió en la crisis.
La crisis internacional de 1997-1998. Los problemas de rentabilidad y de bur- bujas bursátiles ya no eran exclusivas de EE.UU. en este momento. Entre 1985 y 1995, las economías industriales de Asia Oriental habían alcanzado un extraordinario crecimiento, basado en las exportaciones, gracias sobre todo a la devaluación de sus monedas. Éstas, que estaban ligadas al dólar y le seguían en su caída, confirieron a sus economías unas ventajas enormes de competitividad y cuotas de mercado frente a sus competidores japone- ses. Pero, a comienzos de 1995, las cosas cambiaron. La misma revaloriza- ción del dólar que estaba hundiendo la tasa de ganancia industrial en EE.UU. e impulsando la carrera alcista de los mercados de valores provocó la subi- da de las divisas de Asia Oriental. Las economías de Asia Oriental comen- zaron a sufrir las mismas tendencias contradictorias, con reducción de la competitividad industrial, presión negativa sobre la tasa de ganancia indus- trial y, por otra parte, aluvión de fondos extranjeros que aumentaron el pre- cio de las acciones en la bolsa, igual que en EE.UU.
La reacción en cadena no se detuvo ahí. Entre 1985 y 1995, como res- puesta al alza del yen, los empresarios japoneses habían reorientado su pro- ducción a Asia Oriental, aumentando la exportación de bienes de capital a la'región, desplazando hacia esa zona la producción industrial de menor va- lor agregado. Cuando el yen comenzóa caer a partir de 1995, como conse- cuencia de los “contra-Acuerdos Plaza”, los empresarios japoneses pudie- ron recuperar cuotas de su mercado doméstico a expensas de sus rivales de Asia Oriental y expulsarlos a su vez de terceros mercados. Pero la crisis con- siguiente de la industria de Asia Oriental se volvió contra la economíajapo-
Cuadernos del Sur 67
nesa, porque privó a las empresas y bancos japoneses de lo que se había convertido recientemente en su mejor mercado. En 1998, Japón se había hundido de nuevo en la crisis;
La economía de EE.UU. tampoco fue invulnerable. Como consecuencia del estallido de las burbujas bursátil, inmobiliaria y de la construcción y la huida del dinero de la región, la crisis de Asia Oriental estalló en 1997-1998 y fue agravada por la vuelta a un crecimiento negativo de Japón. Los fabri- cantes de EE.UU. perdieron cuotas de mercado en Asia Oriental yJapón y a la vez en los propios EE.UU. y otros países por la exportaciones con bajos costos de Asia Oriental. En 1998 y 1999, las exportaciones de EE.UU., ha- biendo aumentado a un ritmo sin precedentes durante la mayor parte de los 90, de pronto dejaron de crecer del todo, mientras que las importaciones seguían al mismo ritmo acelerado que antes. Con semejantes presiones, la tasa de ganancia de las industrias de EE.UU. cayeron un 17% entre 1997 y el 2000 y fue la responsable de una caída paralela de la tasa de ganancia del sec- tor no-financiero del 9% en el mismo período (vercuadro 6).
Cuadro 6: Tasa de ganancia neta de empresas industriales y empresas no industriales no financieras - EE.UU. 1986-2000
0,1800 N - /—/\j__\ I! V U E 5 0,1200 Y. u Ü 'H É _ ____ ..... 0,0600 ............. - 0,00 I 1 l r r 1 1 . ¡. I l l l I
1986 1987 1988 1989 1990 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000
1991
I .— Empresas industriales Empresas no financieras I
Mientras tanto, desde mediados de 1998, el precio de las acciones de las empresas de EE.UU. comenzó a desplomarse, siguiendo la caída de los be- neficios empresariales, bajo la doble presión de la crisis de Asia Oriental y la sobrevaluación del dólar. 'Iïas las crisis rusa y brasileña, EE.UU. se sumer- gió, a comienzos de 1998, en su crisis económico-financiera más seria tras la posguerra. Pero si EE.UU. había'caído en la recesión, gran, parte de la eco-
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nomía mundial, tan dependiente del mercado nortamericano, podía acabar en una depresión.
La Reserva Federal sostiene la burbuja y la burbuja sostiene el boom. En septiem- bre-octubre de 1998, mientras los mercados financieros se congelaban, Alan Greenspan y la Reserva Federal ingeniaron su famoso salvamento del fondo de inversiones LTMC y redujeron la tasa de interés en tres ocasio- nes. Lo hicieron, en primer lugar, para frenar el desplome de la bolsa y con- tener una crisis que amenazaba con hundir todo el sistema financiero inter- nacional. Pero Greenspan no intervino sólo para salvar a corto plazo la bol- sa y el mercado financiero internacional del. desastre. Lo hizo también para dar garantías a los inversores de las bolsas que querían que los precios de sus acciones siguieran subiendo, de manera que el “efecto riqueza” de la ca- rrera alcista de los mercados de valores pudiera seguir sosteniendo la eco- nomía de EE.UU. y del mundo.
Lo que Greenspan intentaba podría calificarse de “keynesianismo bur- sátil”. En las políticas keynesianas tradicionales, el gobierno federal “sub- vencionaba” la demanda a través de un creciente déficit público que supe- raba a los ingresos fiscales. En la versión de Greenspan, por el contrario, son los crecientes déficits privados de las empresas y las familias más ricas los que debían financiar la demanda, alentándolas a gastar por encima de sus medios gracias a1 “efecto riqueza” Virtual de la burbuja bursátil. Hacia 1997-98, la campaña del gobierno para reducir el déficit y equilibrar el presupuesto acabó por marginar cualquier tentación keynesiana tradicio- nal. Para alentar la demanda de inversiones y de consumo y contrarrestar el declive de la competitividad, las exportaciones y la tasa de ganancia, la Reserva Federal no tenía otra opción que seguir sosteniendo el alza del mercado de valores.
Greenspan alcanzó en gran medida sus objetivos a través de sus garan- tías formdes a las bolsas y sus alabanzas de .la “nueva economía”, con unos resultados sin precedentes. Desde finales de 1998 hasta mediados del 2000, el mercado de valores siguió subiendo y el boom de la economía de EE.UU. entró en su fase más álgida. Los precios de las acciones alcanzaron su techo histórico, a pesar de la caída de la tasa de ganancia, y todas las empresas —pe- ro especialmente las de telecomunicaciones, medios y tecnología (TMT), que explicaban una parte desproporcionada del, alza de los valores bursáti- les- tuvieron acceso a una financiación sin límites. Sobre esta base se desen- cadenó una nueva fase de crecimiento, acumulación de capital y aumento dela productividad, acelerando la expansión aún más (ver cuadro 7).
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Cuadro 7: Tecnología, medios y telecomunicaciones. Precio de las acciones y beneficios, marzo 1995 - marzo 2000
700,00
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Indice
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I — Beneficios Precios de las acciones 1
Además, por si faltase algo, el impresionante aumento de la demanda en EE.UU., que fue resultado de la aceleración de la expansión, junto con la re- valorización del dólar, rescató a la economía mundial de su crisis de 1997- 98 y desencadenó un nuevo ascenso económico internacional en 1999-2000. El efecto del muy rápido crecimiento de las importaciones de EE.UU. fue es- pecialmente evidente en Asia Oriental, donde la demanda sin precedentes de componentes de alta tecnología sacó a las nuevas economías industriali- zadas (NEI) y, en cierta medida, ajapón, de la profunda depresión, empu- jándolos a un crecimiento rápido. Pero este aumento de la demanda de EE.UU. fue también imprescindible para Europa Occidental. El crecimiento de las exportaciones hacia EE.UU. de automóviles, máquinas herramientas y otros productos posibilitaron una rápida recuperación de las economías ale- mana e italiana, mientras que la baja cotización de las divisas de la zona eu- ro permitió a los fabricantes europeos el acceso a terceros 'mercados.
Del hundimiento de la bolsa a la recesión
Los mercados de valores se movían al borde del abismo pero, mientras los inversores no mirasen hacia abajo buscando. los beneficios empresaria- les, podían continuar sin vértigo su carrera alcista. Durante los últimos años de la década de los 90, la caída de la tasa de ganancia fue mitigada, parcial y momentáneamente, por los grandes aumentos de productividad consegui- dos por lOs fabricantes gracias al crecimiento de las inversiones financiadas
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gracias al “efecto riqueza”. También fue posible en parte por un crecimien- to del consumo del 20% de los hogares más ricos de EE.UU., que pudieron disponer del 90% del aumento de la riqueza virtual generada por la subida de la bolsa. Esto fue responsable, todo hay que decirlo, de una reducción sin precedentes históricos de la tasa de ahorro personal en EE.UU. durante los 90. Con todo, el hecho es que en estos años, a pesar del aumento de la productividad y el crecimiento del consumo, la tasa de ganancia industrial cayó significativamente y el uso de la capacidad instalada no se elevó, indi- cando que se estaba acumulando un exceso de capacidad enorme, a pesar de que el boom alcanzaba su punto más álgido.
Las bolsas comenzaron finalmente a caer en la primavera del 2000, para hundirse definitivamente a :finales del verano de ese año, mientras se publi- caban una serie interminable de informes sobre los malísimos beneficios empresariales que ayudaron a pinchar todavía más la burbuja bursátil. Un gran número de empresas de comercio electrónico que nunca habían teni- do beneficios fueron las primeras en hundirse, a medida que simplemente se fueron quedando sin nuevas inversiones. Pero pronto la caída de la bol- sa arrastró a casi todas las principales estrellas del sector TMT, incluyendo al- gunas empresas tan importantes como los fabricantes de equipos Cisco, Lucent y Nortel y los de componentes JDS Uniphase y Sycamore. Quizás hasta un tercio de los activos que se consideraban más sólidos al comienzo del 2000 se habían desvanecido en el aire.
Como consecuencia de la caída del valor de las acciones, el “efecto ri- queza” comenzó a actuar en el sentido contrario. Una vez que el valor de sus activos en acciones se redujo drásticamente, las empresas y las familias no sólo tuvieron más dificultades para financiarse, sino también menos es- tímulos, especialmente cuando la amenaza de la bancarrota y el desempleo comenzaron a materializarse, obligándolas a equilibrar unas contabilidades estiradas hasta términos angustiosos. Por otra parte, como es natural, habían reducido su gasto en bienes de consumo y capital. Pero con la caída del cre- cimiento de las inversiones, el crecimiento de la productividad se redujo también, aumentando la presión negativa sobre los beneficios.
La economía se encontró, sobre todo, con una enorme masa excedente de fábricas, equipos y software, especialmente cuando el consumo se hun- día. La sobre-capacidad que se gestó tuvo como consecuencia que los bene- ficios industriales absolutos (sin intereses), se redujeran en el 2001 a un 41% de los de 1997, cuando alcanzaron su techo; desplomando la tasa de ganan- cia del sector empresarial no financiero un 25% por debajo de la de 1997.
Bajo el impacto ahora negativo del efecto riqueza y con semejante gigan-
Cuaaiernos deTSur 71
tesca capacidad excedente, el crecimiento de la producción y de las inver- siones cayó más deprisa que en cualquier otro período comparable poste- rior a la Segunda Guerra Mundial. El crecimiento del PNB se redujo del 5.2% a mitad del 2000 a un 0,8% en la primera mitad del 2001 y el creci- miento de las inversiones productivas del 11% a un —7.4% enel mismo pe- ríodo. El colapso de las inversiones por la sobre-capacidad industrial y el hundimiento de los*beneficios fue el motor de la recesión cíclica.
El empleo y la producción industrial comenzaron 'a caer inmediatamen- te de manera profunda, arrastrados por el hundimiento del mercado de va- lores y el declive de los beneficios. Pero solamente a mediados del 2001 la economía de EE.UU. como un todo comenzó a sufrir laprofunda reducción de sus mercados, que era la consecuencia lógica de las caídas del crecimien- to y de la acumulación del capital, y a adoptar las medidas clásicas de super- vivencia. Desde entonces, las empresas de EE.UU. han venido desprendién- dose de una parte importante de su capacidad productiva y, en particular, de su fuerza de trabajo, en un esfuerzo por intentar restaurar su competitivi- dad y sus contabilidades, ejerciendo al mismo tiempo una enorme presión sobre sus rivales para adaptarse también ellos a la situación de crisis. El efec- to agregado ha consistido en una poderosa espiral negativa con caída de in- versiones, consumo, bancarrotas, créditos impagos, despidos en masa, que a su vez reducen la demanda, y una acumulación de las tendencias negati- vas que hacen más aguda la recesión.
El resto del mundo siguió de cabeza a EE.UU. en esta recesión. La última carrera alcista del mercado de valores había rescatado no sólo a la economía de EE.UU., sino también a la economía mundial, de la crisis económica in- ternacional de 1997-98 iniciada en Asia Oriental. Pero con el derrumbe de la bolsa y de las inversiones en EE.UU., especialmente en alta tecnología, la moviola comenzó a proyectar la película en sentido contrario. Bajo el im- pacto de la caída en picada de las importacionesen EE.UU., las economías de Asia Oriental, Japón, y quizás Europa Occidental, han perdido impulso a mayor velocidad que EE.UU. Ycomo consecuencia las exportaciones nortea- mericanas se han reducido aún más deprisa. El resultado ha sido un efecto retroactivo internacional reCesivo.
¿Pueden las políticas expansivas contener la marea?
Para contener la temible caida de la economía en la crisis en el 2001, la Reserva Federal bajó» los tipos de interés muy rápida y fuertemente. La idea era, por supuesto, alentar el gasto abaratando cuanto fuera posible el precio de los créditos.
u
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Sin embargo, fiie evidente desde el primer momento que esta política tendría un escaso efecto directo en la acumulación del capital, que en defi- nitiva es la clave para cualquier recuperación. Las empresas poseían ya de- masiadas fábricas y equipo y, simplemente, no querían invertir por muy ba- ratos que fueran los créditos. En este sentido la Reserva Federal estaba, en palabras de Keynes, “tirando de una cuerda suelta”
La reducción sin precedentes de las tasas de interés había tenido, a pesar de todo, un éxito considerable por lo que se refiere a su objetivo a corto pla- zo, es decir alentar el consumo privado de las familias. Los créditos super- baratos provocaron un aumento extraordinario de la deuda de las familias, especialmente a través de la refinanciación de las hipotecas, a pesar de que el desempleo crecía. La demanda privada parecía haber salvado por el momen- to ala economía. En el 2001 y en el primer trimestre del 2002 el crecimien- to de la deuda familiar aumentó más deprisa que en cualquier otro momen- to de la década de los 90. Ello permitió que el gasto en consumo personal creciera en un 3.1% el 2001 y diese un salto al 6% en el cuarto trimestre de ese mismo año. En respuesta a este aumento del gasto de los consumidores, las empresas reconstituyeron sus almacenes, que habían dejado vaciar du- rante la recesión, y el PN B creció igualmente. Fue esta cadena causal de cre- cimiento de la deuda familiar, crecimiento del consumo y crecimiento de las existencias almacenadas la responsable del salto adelante sustancial del PN B en el cuarto trimestre del 2001 y el primer trimestre ,del 2002.
Pero, precisamente porque la recuperación se había basado casi excluSi- vamente en el rápido crecimiento del consumo privado y en la deuda pr'i- vada implícita, sus bases fueron muy débiles. El crecimiento de las inver- siones productivas, la clave para una economía saneada, se había despeñado de una. media anual del 14% en.la primera mitad del 2000 a un 4% en la se- gunda mitad del. año para aterrizar en un —3.2% en la primera mitad del 2001. El crecimiento de las exportaciones también se derrumbó: de un 11% en la primera mitad del 2000 a un 3.3% en la segunda mitad y a un —4.5% en el 2001 (aunque comenzó a recuperarse un poco en la primera mitad del 2002).
La caída de las inversiones y de las exportacionesfue la causa de la espi- ral negativa que atenazó a la economía hasta el final del 2001. El objetivo de los políticos es naturalmente mantener abierta la canilla del gasto y el con- sumo para que funcione la economía ,hasta que __p.uedan recuperarse la in- versión y las exportaciones, si es posible-mediante inversiones atraídas por el aumento dela demanda privada. Pero la preocupación sigue siendo que el exceso de fábricas y equipos, responsables de la caída de la tasa de ganan-
Cuademos. dsTSur 73
cia, vuelva a frenar una nueva recuperación de las inversiones. De hecho, en el primer trimestre del 2001, la inversión productiva cayó un 6.8% adi- cional (sobre una base anual). Por lo que se refiere a las exportaciones, aun- que hay que esperar que aumenten hasta el punto que la recuperación en EE.UU. aliente el crecimiento del resto de la economía mundial, es casi se- guro que seguirán estando por detrás de las importaciones, aumentando la presión del ya altísimo déficit de cuenta corriente de EE.UU.
Una pregunta clave es la de cuánto tiempo el recorte de las tasas de in- terés podrá mantener el consumo privado. En el 2001, el crecimiento de la deuda familiar en relación con el PNB alcanzó su punto más alto desde 1980 (excepto en 1985) y la deuda de las familias en relación con el PNB alcanzó su récord histórico con casi un 25% más que en 1990. Es bastante posible, sobre todo si empeora el desempleo, por lo tanto, que las familias tengan que recortar su demanda de créditos y reducir su gasto. El consumo de las familias creció en el primer trimestre del 2002 la mitad de lo que ha- bía crecido en el último trimestre del 2001 y quizás ésta sea una señal de que el proceso ya está en marcha. Si es así, la recuperación puede estrangu- larse. En este horizonte de profunda incertidumbre, los enormes “desequi- librios” que son la herencia de la burbuja de los 90 nublan cualquier salida.
El crecimiento sin precedentes de la deuda de las familias, y especial- mente de las empresas, fue un elemento central del boom. Pero a medida que las expectativas decaían y las banCarrotas aumentaban, las empresas re- cortaron drásticamente-su demanda de créditos para ser menos vulnerables. Si esto continúa a gran escala, afectará muy negativamente a las inversiones.
En el 2001, los déficit: de cuenta corriente y comercial de EE.UU. habían alcanzado un récord histórico por tercer año consecutivo. Hasta hace muy poco los inversores extranjeros estaban dispuestos a cubrir ese déficit, ha- ciendo grandes inversiones directas en EE.UU. y enormes compras de accio- nes y bonos de empresas norteamericanas. Pero la recesión de la economía de EE.UU. ha frustrado las expectativas y- los mercados de valores siguen muertos, mientras el resto del mundo comienza a encontrar menos atracti- vos los activos norteamericanos. En el 2001, aunque la compra de bonos por inversores extranjeros se mantuvo, las inversiones directas para com- prar o crear empresas en EE.UU. cayeron un enorme 60.4%, mientras que la compra de acciones norteamericanas por el resto del mundo se redujo más de un 35%, y un 45% anualizado más en el primer trimestre del 2002. C0- mo resultado de este desencanto con los activos norteamericanos, la presión
sobre el dólar ha sido fuerte y ha comenzado a caer de manera significativa (junio del 2002).
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Si estas tendencias se mantienen, la Reserva Federal se encontrará pron- to en una encrucijada: o bien deja caer el dólar y se arriesga a una venta ma- siva de activos norteamericanos en manos de inversores extranjeros, que puede no sólo provocar una crisis de los mercados bursátil e inmobiliarios sino también una devaluación real del dólar, o bien sube la tasa de interés y se arriesga a empujar la economía de nuevo a la recesión.
El precio de las acciones ha caído significativamente como respuesta a este horizonte empresarial cada vez más negativo. Pero, paradójicamente, su caída no ha sido capaz de re-equilibrar el valor de las acciones en rela- ción con los beneficios reales, porque los beneficios también han caído sig- nificativamente. Las acciones siguen estando muy por encima de su valor real, y el mercado de valores puede todavía sufrir caídas importantes. Para peor, los escándalos de Enron, Adelphia y otras grandes empresas, que hasta hace muy poco eran las niñas bonitas del mercado de valores, han provoca- do una crisis de confianza de los inversores en la contabilidad de todas las empresas... y con buenas razones. De acuerdo con un reciente informe de SmartstockInvestoncom, las empresas del Nasdaq 100 declararon. beneficios en los tres primeros trimestres del 2001 de 19.000 millones de dólares, apro- vechándose de los formularios estándar “pro forma” que se les permite uti- lizar a este fin. Sin embargo, tuvieron que declarar pérdidas de 82.300 mi- llones de dólares a la Comisión de Garantías del Mercado de Valores para el mismo período, usando el formulario de contabilidad GAAP que exige di- cha comisión. Si la bolsa sigue cayendo, con una recuperación económica tan frágil, los efectos en la confianza empresarial y en la economía en gene- ral serán probablemente muy negativos, con la posibilidad de una espiral descendente retroactiva que afecte al dólar y al precio de las acciones.
Nubes en el horizonte. En última instancia, lo fundamental es que la tasa de ganancias, de la que depende cualquier recuperación, sigue muy deprimida y las fuerzas que la sostuvieron y reforzaron en los 90 han desaparecido. En el 2001, los beneficios de las empresas industriales cayeron a su nivel más bajo desde 1986. Al mismo tiempo, la tasa de ganancias de las empresas no financieras descendió a su nivel más bajzo desde 1981. Sin embargo, el dó- lar sigue estando relativamente alto, frenando la competitividad internacio- nal de los fabricantes de EE.UU. y haciendo extremadamente difícil la recu- peración de la tasa de ganancias industrial. Y, por supuesto, hace tiempo que el “efecto riqueza” generado por la carrera aICista de la bolsa ha dejado de alentar la demanda o de hacer que las inversiones cuesten muy poco (ver cuadro 8).
Cuadernos del Sur Y 75
Cuadro 8: Tasa de ganancia de empresas no financieras EE.UU. 1992-2000
0,1100
0,0900 ,-" a - . '
0,0700
Aunque el crecimiento económico se ha acelerado hasta casi un 6% en el primer trimestre del 2002, la Reserva Federal no se ha atrevido a aumen- tar la tasa de interés, señal de que no confía en que la economía esté despe- gando y la recuperación esté asegurada. Por las mismas razones, el merca- do de valores sigue con la misma tónica, cayendo hasta situarse en los nive- les más bajos en el otoño del 2001 y tras los atentados del 11 de septiembre. Es evidente que el gran capital tiene serias dudas sobre una recuperación basada en el consumo. Greenspan ha declarado que la recesión ha termina- do. Pero la economía está lejos de mostrar señales de recuperación.
Detriot, junio del 2002
Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas
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La guerra tendrá lugar
Daniel Bensaïd*
RESISTENCIA GLOBAL
110 a 13 9118113 118
No es difícil imaginar el informe que los B cerebros fértiles de la Casa Blanca o del Pentá- gono podrían haber presentado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas después de las inmensas manifestaciones del 15 de fe- brero, para revelar las pruebas de un complot internacional: “Más de diez millones de miem- bros de una red terrorista —cuyos lazos con Al- Kaeda son casi indudables- han salido súbita- mente y simultáneamente de las sombras en numerosas capitales vociferando slogans hostiles al eje del Bien. Esos terro- ristas se han desvanecido tan rápidamente como aparecieron, fundiéndose hábilmente en una pretendida “opinión pública”. La más mínima medida de seguridad exige ubicar dicha opinión bajo alta vigilancia, etc.”
El 15 de febrero constituye, en efecto, una gran primicia mundial: la de la globalización de las resistencias a la privatización del mundo y a la guerra imperial. Los medios de comunicación redondearon la cifra en diez millo- nes de manifestantes en Melbourne, Berlin, New York, Londres, París, Bru- selas, Río, Tokyo, Roma. Sin embargo, están lejos de la cuenta. Más allá de los inmensos cortejos de Madrid y Barcelona, más de cuatro millones de personas desfilaron en el territorio español.
Sólo un ciego muy hexagonal puede ignorar el aumento en potencia de este mar de fondo: 300.000 manifestantes en Londres desde noviembre del
melnunloalmresom‘m
* Filósofo marxista, militante del Mayo 68, miembro de la Liga Comunista Revoludonaria (sección francesa de la lV Internacional). Artículo publicado en el diario Le Figaro 17-3-03.
Cuadernos dol‘Sur 77
2002, centenas de miles en enero. en Washington y en San Francisco, un mi- llón en Florencia para el Foro social europeo. Respondiendo al llamado del movimiento anti-guerra norteamericano, es este Foro el que lanzó la idea de una jornada mundial contra la guerra el 15 de febrero.
Antes del comienzo del pasaje a la guerra misma, la administración esta- dounidense se enfrenta a una movilización que sobrepasa de lejos el movi- miento contra la guerra de Vietnam en sus inicios. Debe enfrentarse a una opinión masivamente hostil. La Santa Alianza “antiterrorista” se fisura y la autoridad imperial se divide. La jornada de pruebas prometida por George Bush y Tony Blair para el 14 de febrero, se convirtió en el día de la comedia de engaños con la presentación por parte de Colin Powell de un malísimo plagio universitario.
La obstinación en ir a la guerra de los cruzados del Occidente en estas condiciones es la apuesta a un juego de pocket planetario muy riesgoso. Si ese riesgo es, no obstante, aceptado, es porque lo que está en juego está a la altura de la apuesta.
El problema del petróleo está claramente establecido. Se trata del control de las reservas y las rutas, del cual depende para los decenios que vienen el aprovisionamiento energético del mundo en general y de los Estados Uni- dos en particular. Lo que está en juego a nivel geopolítico es también serio. La instalación en Bagdad de un régimen dócil al imperio de todas las virtu- des modificaría el mapa de la región, establecería una ubicación fuerte en la plataforma de Asia Central y de Medio Oriente, crearía una línea-de conten- ción frente a una eventual expansión china.
La apuesta económica es igualmente importante. El relanzamiento del presupuesto armamentistico es una forma clásica de sostener una economía anémica: permite al Estado invertir en un tipo de producción (armas y mu- niciones), en la que el consumo destructivo no necesita del “consumo inter- no” y del aumento del poder de compra; es, entonces, perfectamente com- patible con las políticas de austeridad salarial y de desempleo masivo. Ahora bien, los Estados Unidos son de ahora en más un coloso militar que descan- sa sobre pies de barro. Se espera que el endeudamiento público y privado lle- gue a niveles récord, el año pasado vio más quiebras que durante los veinte años precedentes, y la caída fracasante de la casa Enron simboliza la debacle de la nueva economía especulativa.
Medidas de relanzamiento ordinarias no serán suficientes para salir del marasmo. Las condiciones para la apertura de un nuevo período de acumu- lación de capital a escala mundial son de otra amplitud. Implican una modi- ficación radical de la relación de fuerzas, una nueva repartición de territo-
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rios, nuevas relaciones entre las clases fundamentales, nuevos dispositivos institucionales y jurídicos. Tal conmoción no se opera amigablemente, sobre las alfombras verdes de las cancillerías, sino por el hierro y el fuego de los campos de batalla. En la época de la mundialización mercantil, la guerra sin fronteras se transforma así en guerra global, ilimitada'en el tiempo y en el es- pacio, como lo anunciaba G. Bush en su discurso del 20 de septiembre del 2001. Las tensiones aparecidas entre Dolarlandia y Eurolandia se inscriben en esta lógica. Europa hoy no es más que un gran mercado y una moneda, un espacio gelatinoso sin consistencia política ; pero el euro pude transfor- marse un día en candidato al relevo del dólar, como el relevo del dólar por la libra marcó entre las dos guerras el desplazamiento al otro lado del Atlán- tico del liderazgo capitalista. Para los dirigentes, la hora de elegir, entre una Europa atlántica rodeada por la OTAN y una “Europa potencia”, tanto rival como aliada de los Estados Unidos, se precisa.
Poniendo a los europeos entre la espada y la pared —”El que no está con no- sotros está en contra nuestro”— los halcones de la Casa Blanca toman la de- lantera.
La rompiente del 15 de febrero no alcanzará probablemente a detener la guerra. Pero maximiza desde ya el costo político para los dueños del mun- do. En la hipótesis de un pasaje inminente al acto militar, un desenlace rápi- do continua siendo probable (ya que el régimen de Saddam es impopular y está carcomido). La instauración de un orden imperial durable en la región es mucho más problemático. El imperio victorioso estará pronto amenaza- do por el fardo de sus propias conquistas y empujado a recargar estos costos sobre sus vasallos. Ya en obra desde hace decenios, la transferencia planeta- ria de plusvalía en detrimento de los más frágiles (por el círculo vicioso de la deuda notoriamente) se amplificará con su cortejo creciente de desigual- dades e injusticia. La descomposición política y social del continente latinoa- mericano prefigura esas convulsiones previsibles.
En'este nuevo desorden mundial, como lo ilustra la situación argentina a la víspera de las elecciones, los dominadores pueden todavía beneficiarse de la gran distancia entre el ascenso de las resistencias sociales y de los movi- mientos anti guerra, y las ruinas de las fuerzas políticas de izquierda, desvas- tadas por veinte años de contra-reforma liberal, desorientadas por la destruc- ción metódica de los pactos keynesianos (en Europa) y populistas (en Amé- rica latina y en ciertos países árabes) sobre los cuales reposaba la relativa es- tabilidad del largo período de expansión.
Pero la guerra es un potente factor de politización. Pone al desnudo la ló- gica de un sistema en el que el militarismo imperialista es el corolario obli-
Cuaderms del Sur 79
gado de la mundialización mercantil. Así después de las manifestaciones inaugurales de Seattle en 1999 contra la Organización Mundial del Comer- cio, una generación, que no ha conocido ni la guerra fría ni la Unión Sovié- tica, haCe su entrada tumultuosamente en política. Es esta juventud rebelde la que engrosa las manifestaciones contra la guerra. Sus próximas citas ya es- tán fijadas, en marzo contra la guerra anunciada, en junio en Francia contra la cumbre del G8, en septiembre contra la cumbre de la OMC en Cancún. La hora sigue siendo de las resistencias.
Pero la multiplicación, en menos de tres años, delos Forum Sociales (Porto Alegre, Florencia, Buenos Aires, Hyderabad, Ramalá!), prepara la ho- ra de las alternativas. Así como la mundialización victoriana creó en el siglo )GX las condiciones de la Primera Internacional, el nuevo militarismo im- perial nutre un nuevo internacionalismo de masas que lo sigue como la sombre al cuerpo. El espíritu de Davos y el de Porto Alegre representan dos concepciones del mundo, dos concepciones contradictorias de la humani- dad y de su porvenir. Entre las dos no hay, en última instancia, ni “tercera vía” ni coexistencia pacífica posible.
Es por eso que la doctrina de la “guerra preventiva”, oficializada por el Pentágono, es también una doctrina de lacontra-revolución preventiva, de desarrollo del Estado penal y militar en detrimento del estado social, de la criminalización de las resistencias sociales.
Tarde o temprano, la guerra de Troya —en Babilonia o en otra parte- ten- drá lugar. Comenzó desde la caída del muro de Berlin, con la primer guerra del Golfo. Se continua en América Central y Latina, con los planes Colom- bia y Puebla. Causa estragos en los territorios ocupados de Palestina.
El 15 de febrero constituye el acta de nacimiento de un movimiento an- tiguerra mundial. Es sólo el comienzo de una muy larga marcha. 9
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La Guerra del Imperio: lógica de la excepción y retorno de la soberanía
John Brown IIo a Ia guerra 118
BUSH
¿“Remoto itaque iustitia quid sunt reg'na nui-magna latrotinia? ¿quia et latrocinia quide sunt nisi parua regna?”l Augustinus'a DE" Civ1tate 'Dei.
¿El Departamento de Defensa escucha a N. Chomsky?
Noam Chomsky, había recordado en su intervención pública en Porto Alegre que, si había un actor político en este mundo cuya —práctica corres- pondiese a la definición de terrorismo del Departamento de la Defensa de los EE.UU., este era sin duda la administración norteamericana. La interven- ción en Afganistán (como tantas otras anteriores) respondía con bastante exactitud a la definición o'ficial que da el Departamento de Defensa de este fenómeno: “una utilización calculada de la violencia o la amenaza de una acción violenta con el objetivo de coaccionar o intimidar a gobiernos o sociedades persiguien- do objet-ivos que son generalmente de carácter político, religioso o ideológico”.2
Esta definición fue modificada por el Departamento de la Defensa en el mes de diciembre de 2001- y la palabra “violencia” va acompañada desde en- tonces del calificativo “ilegal” o “ilegítima”, en inglés “unlawful”.3 La obser- vación de Chomsky no tuvo probablemente ningún papel en este impor-
l ¿"En efecto, qué son los imperios sin Ia justicia, si no grandes bandas de ladrones?" Y qué es una banda de ladrones sino un pequeño imperio. "Agustín de Hipona, Ciudad de Dios, lV.4".
2 a The calculated use of violence or threat of violence to inculcate fear; intended to coer- ce or to intimidate govemments or society in the pursuit of goals that are generally political, religious, or ideological. n Department of Defense lnstrUction Number 2000.14 June 15, 1994, httDJ/wwvudtic.m¡ths/directives/corres/textfiZ000l4p.brt'
3 Department of Defense, Dictionary of Military Terms, Terrorism, http.//1MM/1/.dtic.mil/doc- Fine/jeydoddict/dáta/t/OSZQO.html revisión, 19 de diciembre de 2001.
CuadernosdelSur 81
tante cambio; éste sin embargo se había hecho indiSpensable en el marco del programa de utilización generalizada de. la violencia política calculada que, después del 11 de septiembre caracteriza la acción exterior de la admi- nistración americana.
La primera definición —que data de 1994- se limitaba a delimitar el con- cepto de terrorismo: la segunda supone la existencia de una excepción siempre que el sujeto de los actos que definen el terrorismo actúe de ma- nera legítima (lawful). En el primer caso, la violencia de Estado permane- cía púdicamente ocultada; en el segundo, esta misma violencia aparece co- mo el reverso “legítimo” del terrorismo. Un terrorismo que ya no se llama así porque lo practican los Estados Unidos y subsidiariamente sus aliados.
Se trata, pues, en la definición más reciente, de explicitar esta excepción. Lo que es nuevo no es que el Estado —y más concretamente el Estado ame- ricano- nunca se haya privado de ejercer la violencia política contra la po- blación de otros países y contra su propio pueblo, sino que reconozca abier- tamente que el ejercicio de esta violencia es para él un derecho legítimo. Consideramos esta pequeña adición como un signo esclarecedor del proce- so constituyente que está en curso y que está encaminado a establecer una soberanía a escala mundial. La creación de esta nueva soberanía pone en cuestión el conjunto del derecho internacional y liquida también el Estado de Derecho a nivel nacional. Por otra parte, la nueva soberanía se ve obli- gada, para buscarse una legitimación, a mantener una guerra permanente en la cual el enemigo es constantemente redefinido.
Abandonando toda búsqueda de legitimación por un pacto social basado en la redistribución dela riqueza y en políticas de desarrollo del Tercer mundo, el nuevo poder capitalista sólo puede en adelante obtener el asen- timiento de sus súbditos colocándose de manera permanente en una situa- ción de riesgo existencial real o enteramente inventada. El Estado, reduci- do a su mínima expresión en el neoliberalismo, se convierte en la instancia que protege a los individuos y al pueblo del riesgo del otro por medio de una guerra sin fin y de un control social sin límites. En el marco de una ex- cepción permanente, debe siempre presentarse como si estuvieran él y la sociedad al borde del abismo. La amenaza exterior y la inseguridad interior, cuyos límites recíprocos son ya completamente difusos, constituyen los .dos grandes pilares de su autoridad.
Lógica de la excepción En primer lugar, nos enfrentarnos aquí a un problema de lógica: si la vio- lación del derecho por un Estado se convierte en un derecho legítimo, nos
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encontrarnos ante una paradoja innegable, pues una norma legal reconoce explícitamente a un determinado sujeto “legítimo” el derecho a infringirla. Esto tiene por consecuencia que, si este sujeto actúa ilegalmente, está en la legalidad, puesto que la ley lo consideracomo el único posible autor legíti- mo de la transgresión y que, por la misma razón, aun actuando legalmente, podrá infringir la ley... Así pues, el Estado americano, ayer en Afganistán y mañana, si nada lo impide, en Irak, realizará actos que define él mismo co- mo terroristas. Si comete aCtos de terrorismo cuando juzga que es necesa- rio hacerlo, no contraviene su propia legalidad, puesto que actúa de mane- ra legítima, y si actúa en toda legalidad puede incluir entre sus actos aqué- llos que califica como terroristas cuando otros sujetos los cometen. En la si- tuación excepcional que es: la suya, el soberano está siempre dentro y fuera de la ley. Según Carl Schmitt: “El caSo de excepción revela con. la mayor claridad la esencia dela autoridad del Estado. En él, la decisión se separa de la norma jurídi- ca y (para fierularlo paradójicamente), en e’l la autoridad demuestra que, para crear el derecho, no es para nada necesario actuar conjbrme a derecho. "4
Esta lógica5 de la excepción es- desde, su origen la del Estado soberano moderno para el cual el soberano está "al mismo‘tiempo dentro y fuera del ordenamiento jurídico. Se encuentra fuera del ordenamiento jurídico cuando decide sobre la excepción, cuando reconoce los riesgos existencia- les que incurre el Estado y, en particular, cuando nombra el enemigo como origen de este riesgo. El horizonte de la política en una teoría de la sobera-
4 Carl Schmitt, Théo/ogie politique, NRF, Gallimard 1988, p.23-24
5 La paradoja de la soberanía constituye un caso particular de la paradoja de los conjun- tos: consideremos el conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos. ¿Se contiene tal conjunto a si mismo? En caso afirmativo se contradice la definición del elemen- to del conjuntosque él mismo es. En caso negativo, no satisface su propia definición como conjunto. La forma más popular de esta paradoja es la paradoja del peluquero: consideremos a un peluquero que afeita exclusivamente a todos los hombres que no se afeitan a sí mis- mos. ¿Se afeitará a si mismo? Si lo hace, no queda satisfecha la propiedad que lo define, si no lo hace, no es barbero. Consideremos en nuestro caso —como nos invita a hacerlo ese ló- gico improvisado que es el Departamento de Defensa americano- a un Estado que incrimi- naría como terroristas a los actos de los que —no teniendo legitimidad para hacerlo- no in- criminan al terrorismo. ¿Cuando el propio Estado que incrimina el terrorismo lo practica a su vez, se incrimina a sí mismo? Sí, porque no lo incrimina cuando lo practica. N0, porque lo que practica no es terrorismo, puesto que lo incrimina.
La teoría de los tipos de Bertrand Russell intentó aportar una solución a estas parado- jas. Según esta teoría: “todo lo que implica la totalidad de una clase. no puede ser miembro de esta clase". De este modo, la clase de todas las clases n07.podria ser una clase del mismo tipo que las clases que incluye, lo que soluciona la paradoja descartando toda consideración lógica de la propiedad "ser miembro de sí mismo". Se buscaron otras soluciones en una ló- gica trivalente donde es posible que una clase se contenga a sl misma, que no lo haga o que pueda a la vez contenerse 0 no contenerse a si misma.
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nía es siempre un horizontede guerra: “el caso de guerra sigue siendo, hasta hoy, la prueba decisiva por excelencia[. .. ] Un mundo del que la posibilidad de esta lucha se hubiera eliminado y descartado enteramente, un planeta definitivamente pacificado sería un mundo sin discriminación del amigo y del enemigo y por lo tanto un mundo sin política “6.
En la actualidad inmediata, caracterizada por un proceso constituyente que se desarrolla :aïescala mundial, encontramOS.numerosasrilustraciones de esta posición. Lahprodumión sistemática de unsrasusbelli con el fin de inter- venir en un país para defender determinados intereses emalgo familiar mu- cho antes de la primera guerra del Golfo y de la guerra de Kosovo, sin em- bargo, nunca de una r'n‘anera tan clara como. hoy, cuando los Estados Uni- dos intentan imponer una guerra contra Irak, eSta‘ lógica de la excepción so- berana ha sido tan manifiesta,'-':Nunca,. tá‘rñpoccipfha mostrado su aspecto constituyente de manemtan explícita. Tomaremoseom'o ilustración la jus- tificación del ataque ‘Épreventivoi’ 'contraulrak‘por parte-de la administración Bush y de algunos de sus “aliados” europeos.-
La marcha hacia Bagdadw
Recuérdese que, esta nueva dinámica polítieohmilitar se inscribe en el marco de la reestructuración de las relaciones de hegemonía después del 11 de septiembre de 20015-9-Isa primera-reacción del Gobiernoamericano des- pués de los atentados fugdeclarar-una guerra “contra quien corresponda” cuyo primer objetivo fue AfganiStán, pero cuyo destino es prolongarse en una serie indefinida de ataques;cOntra'¿un número indefinido de Estados in- controlados (rogue states). Sieláfionsejo de Seguridad aprobó el ataque con- tra Afganistán en clara violación deÁJarCaJ’ta'Ïde las Naciones Unidas", con el pretexto de qué elvgobierno de los; talibanes albergaba a Laden, hoy el ¿asus belli contra arte, es absurdo afirmar que el régimen laico iraquí sea el aliado de una organización inte- grista como Al-Qaeda que alberga hacia él una profunda hostilidad. El ar- gumento para atacar Irak debe buscarse en otra parte: en el hecho improba- ble de que este país arruinado por las sanciones estaría, según la administra- ción Bush, en condiciones de producir armas de destrucción masiva capa- ces de amenazar a los Estados Unidos. Irak en respuesta a las primeras ame- nazas americanas autorizó la vuelta sin restricciones de los inspectores de armamento de las Naciones Unidas a su territorio para probar que no po-
5 Carl Schmitt, La nation de politique,--Champs-Flammarion, p.73. 7 Francis Boyle, No war in Afghanistan, httD://vi/mraticul.org/ratvil/e/CAl-Vfabl12901.pdf
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see tales armas y ajustarse a las Resoluciones de las Naciones Unidas co- rrespondientes. Al Gobierno americano no le pareció suficiente. La Reso- lución de las Naciones Unidas que sirve de base a las inspecciones tuvo que modificarse y sustituirse por un texto más duro y en principio inaceptable para Irak, puesto que implica -como para Yugoslavia en los acuerdos frus- trados de Rambouillet- una presencia militar americana en territorio ira- quí. Por otra parte, el Presidente Bush y otros miembros de su administra- ción no ocultan que su “objetivo no es hacer respetar la ley internacional si- no forzar un cambio de régimen en Irak, o incluso hacer asesinar a Saddam Hussein... En este contexto, Donald Rumsfeld, enuncia un principio epis- temológico que ilustra perfectamente esta lógica de excepción: “the absence of evidence is not the evidence of absence” (la ausencia de pruebas no constituye laprueba de la ausencia. .. de armas de destrucción masiva). Más allá de to- da lógica jurídica, Rumsfeld propone justificar una guerra de agresión con- tra Irak... porque nunca se sabe. Si la norma penal exige que el crimen se pruebe antes de castigar al culpable, aquí la ausencia de pruebas del crimen no sirve para impedir el “castigo”. Cuando se designa al enemigo de mane- ra soberana, esta designación no tiene ya que hacerse en el marco del dere- cho... La idea de una guerra “preventiva”, que es la base de la nueva doc- trina de seguridad nacional de la administración Bush constituye así una ex- presión de la nueva soberanía planetaria.
Del ordenamiento jurídico mundial al Imperio soberano
En la marcha forzada hacia el ataque contra Irak, es necesario destacar que el proceso de justificación de la intervención tiene lugar a dos niveles contradictorios: por una parte, existe una voluntad, por parte de un amplio sector de las élites americanas y europeas, de salvaguardar la forma de las instituciones internacionales al hacer aprobar el conjunto del proceso por las Naciones Unidas, pero por otra parte, es esencial que los EE.UU. pongan de manifiesto que existe también un poder soberano a escala mundial que se expresa a través-de l'os dirigentes de este país. Tenemos así un marco ju- rídico, y también un sujeto cuyo objetivo es situarse en posición de excep- ción con relación a él. La soberanía se expresa así muy clásicamente como una relación paradójica con el derecho. La fuerza no basta para asentar la 50-. beranía, puesto que ésta debe expresarse como excepción: el soberano debe estar a la vez dentro y fuera del derecho.
El sistema de las Naciones Unidas prevé una resolución jurídica de los litigios internacionales. El gran teórico del derecho que sentara las bases de este sistema, I-Ians Kelsen, pretendía sustituir a la lógica de la soberanía y la
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guerra por normas jurídicas de alcance universal que comprometiesen a los miembros de las Naciones Unidas y que excluyesen la guerra como instru- mento de las relaciones internacionales. “La idea de soberanía debe eliminarse radicalmente... la concepción de la soberanía del propio Estado es hay un obstáculo para todos los que pretenden que se cree un ordenamiento jurídico internacional, inser- tado en una organización basada en una división planetaria del trabajo; la idea de so- beranía impide a los órganos especiales funcionar para que desemboquemos en el per- feccionamiento, la aplicación y la actualización del. derecho internacional, bloquea la evolución de la comunidad internacional en dirección de una ....civitas maxima (in- cluso en el sentido político y material de la palabra). Representa una tarea infinita la constitución de esterEstado-mundial en el cual debemos, con todos nuestros esfirerzos, colocar la organización mundial "3 Este proyecto implica un desaparición de la soberanía clásica y la primacía del ordenamiento jurídico mundial sobre el derecho a la guerra y el derecho de guerra. La idea de una prueba de fuer- za decisiva entre Estados queda sustituida por la de un ordenamiento jurí- dico mantenido por una fuerza común. Este sistema, a pesar de las constan- tes violaciones de sus normas básicas, pudo mantener una existencia apa- rente en el marco de la guerra fría cuyo particular equilibrio de fuerzas ha- cía imposible la aparición de una auténtica soberanía mundial. Después del hundimiento del bloque soviético, no pudo ya mantenerse esta apariencia y el regreso de la soberanía está de ahoraen adelante al orden del día. Salvo que la nueva soberanía sólo reconoce ahora un único sujeto soberano. Todo esto queda ampliamente ilustrado por los avatares del Tribunal Pe- nal Internacional (TPI);ir-Este tribunal tiene por objeto juzgar el genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra9 siguiendo la inspiración del tribunal de Nuremberg que juzgara a los dirigentes del ré- gimen nazi. El TPI se enmarca plenamente en el sistema de Naciones Uni- das. Había recibido en julio de 2002 un número suficiente de adhesiones de Estados del mundo entero paraentrar en funcionamiento. Los actuales dirigentes de los Estados. Unidos no lo- reconocen y, hacen lo que pueden para impedir su funcionamiento. Entre otras medidas, aprobaron un acto sobre la responsabilidad de sus agentes (ASPA) que pretende sustraerlos a la acción del tribunal y proponen a los distintos. Estados que se adhirieron a los Estatutos del tribunal que suscriban con los Estados Unidos acuerdos bilaterales de inmunidad para los nacionales de los Estados Unidos. Con
3 Hans Kelsen, Das Problem der Souverünitüt und die Theoríe des Vólkerrechls, Túbin- gen, 1928, pp. 320 ss. 9 Artículo 5 del Estatuto de Roma del Tribunal penal internacional
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arreglo a estos acuerdos, sería competencia de los tribunales americanos juzgar a los ciudadanos americanos acusados de crímenes perseguidos por el Tribunal Penal Internacional. Cabe preguntarse cuál sería el resultado de estos juicios, cuando los Estados Unidos se reservan explícitamente el de- recho a practicar una serie de actos, que, perpetrados por otros Estados, constituirían actos de terrorismo o figurarían entre los más graves crímenes internacionalmente reconocidos. Sería obviamente imposible que un tribu- nal americano condenase a los pilotos americanos que destruyeron instala- ciones civiles en Irak o Yugoslavia siguiendo órdenes de sus autoridades.
La UE, que apoya unánimemente al tribunal se vió dividida debido a que algunos de sus Estados miembros(Gran Bretaña, España, Italia...) suscri- bieron o se preparan a suscribir acuerdos de este tipo con los Estados Uni- dos. Para alcanzar una posición unitaria, el Consejo de la UE autorizó a sus Estados miembros a negociar tales acuerdos con algunas limitaciones más retóricas que reales merced, a las cuales se pretende establecer una sutil dis- tinción entre la impunidad y la inmunidad: “toda solución debe incluir disposi- ciones operativas adecuadas para garantizar que las personas que hubieren cometido crimenes que caen bajo la jurisdicción del 'Ii'ibunal no gocen de impunidad. Estas dis- posiciones deberían garantizar una investigación adecuada y cuando haya pruebas su- ficientes, el enjuiciamiento por tribunales nacionales de las personas reclamadas por el Tribunal Penal Internacional "'0.” Esto equivale a autorizar a los. Estados Uni- dos a realizar los propios actos que el Tribunal debe perseguir, pero que la primera potencia mundial considera legales (lawful) cuando es ella quien los comete. Nos encontramos así, de nuevo, ante un caso típico de recono- cimiento de soberanía, en la medida en que los Estados Unidos reivindican que se les reconozca una posición de excepción con relación al derecho in- ternacional.
Conclusión
El objetivo de la administración Bush es colocar Estados Unidos a la ca- beza de una nueva soberanía mundial, un Imperio reconocido como tal por las otras potencias, .en particular, por Europa, Rusia y China. Dos atributos fundamentales de esta nueva soberanía son ya visibles: la capacidad de de- signar al enemigo en los raros Estados u organizaciones quevno reconocen la soberanía imperial y por consiguiente de decidir el estado de guerra (perma- nente) en nombre de la comunidad internacional y el hecho de que la posi-
‘° Conclusiones del Consejo de Asuntos Generales 30.9.2002, http//ue.eu.int/news- room/nemnain.asp?lang=2.
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ción de excepción (impunidad, derecho al terrorismo legítimo) con relación al derecho internacional "que ocupan los Estados Unidos y su satélite israelí obtenga un reconocimiento tácito o expreso casi universal. Sigue siendo problemático otro nivel de legitimidad : el consenso popular a escala mun- dial -incluso en los países del centro del sistema imperialista clásico, en par- ticular, los propios Estados Unidos- que por el momento no logra consoli- darse más allá de la nueva “nomenklatura” que representan las élites globa- lizadas. La edificación de un orden imperial soberano encuentra aquí un grave obstácrggqíie hoy se traduce en las maniobras dilatorias de los euro- peos en la ONU para frenar el ataque contra Irak. Los fundadores del Im- perio aún no cruzaron el Rubicón: a nosotros nos corresponde impedírselo aprovechando las divergencias entre antiguas potencias imperialistas. El éxi- to de Florencia y el mantenimiento de la movilización en Europa y los Es- tados Unidos constituyen pasos muy importantes en la buena dirección. Q
DESDE LOS PUNTOS
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Elecciones del 27 de Abril
Daniel Campione
e frente a las
elecciones presi-
denciales del año 2003 en Argentina, es im- prescindible tomar en cuenta una serie de puntos para alcan- zar un análisis medianamente sa- tisfactorio, que no se ahogue en la estrechez del corto plazo, o en un examen superficial que compare la imagen de los candidatos. A saber:
l. La completa anormalidad de estas elecciones en cuanto a su diseño: Sólo a presidente y vice, des- fasada de los mandatos legislativos y de los gobiernos locales, loque abre una difícil convivencia. Esta extrañe- za se completa con la legislación hí- brida urdida por el gobierno provi- sional, que permite presentar varios candidatos por partido (y que sólo utiliza uno de ellos, el peronismo), y que produce la paradoja de un asen- timiento generalizado a la idea de que las elecciones las ganará uno de los candidatos de un partido desarticula-
do y afectado por una crisis que lo excede. Todo el proceso electoral tuvo un dejo de irreali- dad, con permanentes cam- bios de fecha y de normas, dudas sobre su efectiva reali-
zación, candidaturas lanza- das y frustradas al poco tiempo. Y a ello hay que añadir que las ‘muestras’ de procesos electorales, internos y lo- cales, fueron lo suficientemente irre- gulares como para constituir un anuncio de irregularidades y proble- mas en el comicio nacional.
2. El profundo desgaste de todos los partidos tradicionales, pero que paradójicamente ha dejado a éstos casi solos en el escenario. Esto se produce por: a) La abdicación de las corrientes más críticas, algunas
'por rechazo global y sin matices a la institucionalidad política, otras por
decidir no convalidar las elecciones con su presentación, b) La fuerte dee cisión de la dirigencia política de
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convertir su desprestigio, su falta de diferenciación entre sí, sus manejos desorganizadores y desmovilizado- res, en factores igualmente funciona- les a su continuidad, que apunta a un consenso negativo, a una aquiescen- cia resignada con su permanencia. Incluso se produce el ‘acostumbra- miento’ a las conductas más aberran- tes, como la manipulación de fechas, el fraude y la violencia electoral que han menudeado en estos meses. (Ca- tamarca, la interna radical) c) El des- gaste acompañado de la falta de res- puestas, puede desatar en algunos sectores una paradójica tendencia al regreso a identidades en crisis. d) La peculiar ‘clonación’ del peronismo que han permitido los ‘neolemas’, dan múltiples oportunidades de se- guir votando o volver a votar pero- nista a quienes alguna vez sostuvie- ron esa identidad.
3. Las secuelas del 19-20 de di- ciembre han incrementado, en lugar de disminuir, el sentimien- to de impunidad de la dirigencia política. Sobre todo a partir de la constatación de que han podido atra- vesar incólumes aun el repudio cla- moroso y generalizado de los prime- ros meses de 2002. Entonces, ‘todo está permitido’, desde hacer un ho- menaje a Rodolfo Walsh con Aldo Rico como candidato a gobernador en la tribuna (como Adolfo Rodrí- guez Saa), a proponer la supresión de la cámara de senadores para encubrir
que en realidad se quiere eliminar ...a la de diputados (como propuso Me- nem hace pocos días); ser hombre de derechas por origen y convicción (y seguir opinando como tal) y propo- nerse como el Lula argentino (Ricar- do López Murphy), etc. El conjunto social, agotada la capacidad de asom- bro, y sin alternativas que le intere- sen, tiende a ‘naturalizar’ esta situa- ción.
4. El complejo cuadro que ofrece el peronismo. Es el partido de go- bierno, y ha logrado estabilizar preca- riamente la situación, Pero no tiene un liderazgo reconocido, presenta una triple candidatura de las cuales una de ellas emerge de un profundo proceso de desgaste (Kirchner llega a la candidatura luego de que Reute- mann se niega a ser candidato y De la Sota no logra apoyos sustantivos) y las otras dos son claramente oposito- ras al gobierno actual. Y sin embargo, el voto peronista aparece más expan- sivo que otras veces, como efecto de esta ‘ley de lemas' híbrida, y de la desvalorización de las otras opciones, sea por no tener posibilidades de triunfo o por no garantizar ‘gobema- bilidad’. Esta última se instala como tema desde el poder político, mien- tras los manejos preelectorales y el cocktail de fechas apuntaron a difiqu- tarla para cualquiera que no cuente con el respaldo del PJ, y a partir de una comprobación histórica: ningún otro partido fuera del peronismo ha
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logrado terminar un período de go- bierno completo desde 1946 en ade- lante.
5. La ‘asombrosa’ pervivencia de Menem: Por un lado, es el candida- to del establishment, pese a las prema- turas evaluaciones de que le habían ‘soltado la mano’. Paralelamente, si- gue buscando con éxito alos sectores más pobres y despolitizados, a partir de las promesas genéricas de orden y estabilidad, de la reavivación de vín- culos emocionales, y de la pobrísíma pedbrmance de cara a esos sectores de quiénes lo siguieron en el gobierno. Por una mirada deshistorizada, ajena a causalidades que no sean inmedia- tas y evidentes, muchos lo desvincu- lan del estallido de la crisis, que se debería al desmanejo delarruista y a la pesificación duhaldista, y no a la con- cepción estratégica de Menem. El riojano es también la promesa de ‘limpiar las calles’, de inundar el país con policías y militares. Encarnaría el regreso a esos primeros años 90’, donde crecía el huevo de la serpiente, pero una mirada superficial veía in- flación que tendía a desaparecer, ni- veles de desocupación todavía» bajos, afluencia de inversiones extranjeras, modernización tecnológica y del per- fil de consumo
Hay otro factor menos visible, y con una incidencia ‘policlasista’: Me- nem encarna al más radical pragma- tismo, al imperio de los valores con- cretos, materiales, de satisfacción in-
mediata. Es un hombre que gusta so- bre todo de la riqueza, el deporte, las mujeres, y esas inclinaciones son compartidas por una vasta propor- ción de sus conciudadanos, y en ese sentido es ‘el que sabe’, el que no se fatiga con complicaciones éticas y es- crúpulos legales, el pragmático por excelencia dedicado a ‘vivir la vida’, con los recursos que proporciona el poder como herramientas a su servi- cio a realizar apuestas fuertes con- fiando en salir siempre ganador...
El riojano es también la promesa de ‘limpiar las calles’, de inundar el país con policías y militares, una apuesta factible para el ‘partido del orden’. Y la ideade que su primer go- bierno, el ‘bueno’, significó, con un despliegue de talento pragmático, la posibilidad de acceder a modalidades de consumo, vida cotidiana e infor- mación que colocaba sino a la socie- dad, al individuo, en un sedicente ‘primer mundo’ que los errores de otros terminaron de frustrar.. Ese perfil humano seduce a un número no desdeñable de votantes de diver- sas extracciones sociales y conforma- ción cultural.
6. El ascenso de López Murphy, al que no se sabe si calificar de ‘asom- broso’ o más bien. de deseado y pro- movido con sectores con poder eco- nómico y-especialmente comunica- ciónal, capitaliza el costado más con- servador y desideologizado de la anti- politica (se necesita saber y honesti-
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dad, nada más), al servicio de un ideario duro de derecha presentado con un olfato político relativamente alto para los modestos estándares de la derecha liberal en ese campo. Esta vez abandona el economicismo, adopta consignas de lejano sabor populista (la escoba y la lavandina en manos de la ciudadanía, las deci- siones importantes en sus manos), y un corrimiento general hacia el ‘centro’ con alguna incursión indolora hacia ma- quillajes progresistas superficiales (y los apoyos de antiguos ‘progresistas’ y profetas del alfonsinismo que co- rren a sus brazos).
7. Todas las candidaturas que se visualizan como ‘pre- sidenciables’ (desde L.M has- ta Carrió) no tienen otra mira que ‘correrse hacia el centro’, acompañada de la persistencia en la ‘despolitización’ de las campañas políticas. Todo son refe- rencias a cualidades morales e inte- lectuales, experiencia, saber, seriedad, honestidad, las propuestas programá- ticas y las ideas ocupan un segundo plano. La propaganda parece respon- der más a las pautas de una selección de personal jerárquico de una empre- sa que a un debate político. Subyace un consenso implícito entre todos: lo existente es invariable en sus grandes líneas, se trata de tener buenas cuali-
dades para administrarlo con eficien- cia y decencia, sin provocar grandes catástrofes. La creciente intención de voto a López Murphy, mas allá del campo de la derecha liberal tradicio- nal, abreva en ese clima.
8. El papel del grueso de los me- dios es particularmente deleté- reo. Procuran reforzar la ‘naturali- zación’ de lo existente, aíslan lo elec- toral del decurso social general, ha- cen caer sobre la so- ciedad responsabili- dades más fuertes que sobre la dirigen- cia, y se convierte en inocente al gran capi- tal, el autor mayor del desaguisado. ‘Sociologis- mos’ baratos buscan en ca- racterísticas idiosincráticas de la sociedad argentina la raíz de los problemas, mientras más disimulan las verdaderas res- ponsabilidades cuando mayor es la acumulación de poder de los culpa- bles. La creciente red de comunica- ción alternativa, que se ha apoderado con brío de las radios alternativas y el ‘cyberespacio’, no alcanza a ser un contrapeso, pese a su importante cre_ cimiento en llegada y calidad.
9. El componente e invocación de ‘amenazas’ es fuerte en estas elecciones. Sólo el peronismo podría gobernar (los opositores no lo han logrado), y se necesita de algún modo
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restaurar el ‘orden’ (frente a la delin- cuencia y frente al movimiento social que ha quedado virtualmente dueño de las calles). Construir una Argenti- na justa queda como un objetivo re- legado, frente a la pretensión más pragmática de construir una Argenti- na ‘gobemable’. El enorme poder de atracción de la derecha se manifiesta también en este campo, y se produ- cen desplazamientos desde una no- ción de ‘gobernabilidad’ más compleja a la idea de pasar a la represión como forma de en- frentar el movimiento social. Menem marcó el camino en esto: “La calle está tomada por marxistas y delincuentes”. Y allí van todos, empezando por el go- bierno provisional, que desaloja fábricas tomadas y clausura espa- cios de asambleas a velocidad cre- ciente.
10. La posición de la gran em- presa. Está iniciando hoy una" reor- ganización gremial (AEA, ADEBA), y ensayando un nuevo discurso, con polo en las empresas exportadoras y cierta reivindicación del capital. ‘na- cional’, buscando desligarse del des- prestigio que afecta sobre todo a las empresas de servicios públicos y a la banca extranjera. Juegan a- Menem y López Murphy, pero toman en cuen- ta que, dentro de los candidatos con reales posflailidades, nadie busca otra
cosa que no distanciarse demasiado de sus intereses y postulados, y si- guen temiendo mucho más el dis- gusto- del capital que el del trabajo: Allí está Carrió con su vice extraído de un partido conservador de rancia prosapia, y Kirchner con el suyo sali- do no sólo de las filas del gobierno de Menem, sino correspondiendo al es- tereotipo de ‘éxito’ que Menem construyó. Ambos pidiendo disc-ul- pas cada vez que dicen algo que pa- rezca tentar los lími- tes del consenso del gran capital. Los grandes empresarios reparten donativos entre los candidatos, los hacen desfilar a todos frente a sus ‘foros’ más importantes, y aportan sus equipos técnicos. Salvo ex- cepciones, los candidatos bus-
can el calor de los think tanks
y las consultoras afines al gran capital. Algún outsider (Lo Vuolo, Carbonetto), no altera el cuadro ge- neral.
11. El proCeso de protestas y de apogeo de formas no tradiciona- les de organización, que tuvo picos en las elecciones de octubre de 2001 y en las movilizaciones que poblaron, a’ partir del 19 y 20 los primeros me- ses de 2002, y se desenvuelve cotidia- namente en nuevos espacios y activi- dades ganados por asambleas, pique- teros y organizaciones de todo tipo,
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incluyendo un importante movi- miento de información alternativa, no tuvo canalización política eficaz hasta el momento. Tendió a consoli- dar las construcciones en el plano ‘micro’, dotó de alta visibilidad a las nuevas formas de organización (pi- quetes, asambleas, fábricas recupera- das), pero no se consolidó en movi- miento articulado ni en propuesta, ni siquiera por la negativa. Ni las asam- bleas vecinales están al borde de la extinción, como suele creerse, ni el movimiento piquetero ha sido coop- tado por entero por el aparato estatal, como algunos opinan, pero la dismi- nución del impulso inicial y algunos contrastes en que los partidos de iz- quierda, por un lado y los sectores más conciliadores por otro, tuvieron bastante que ver, les han restado fuerzas a la hora de plantarse en la crítica al proceso electoral.
12. Contra lo prometido por al- gunos (la corriente de Zamora en primer lugar), no hubo movi- lización que denunciara la mani- pulación y restricciones de este proceso electoral. Las formas de abstención no han estado articuladas ni propagandizadas públicamente. De esa forma, el rechazo a la elección aparece como una forma de refugio individualista, plagada de ambigüe- dad, una pura renuncia a la política (incluso con sesgo reaccionario en al- gunos casos), más que una acción concertada contra el sistema. El por-
centaj e de abstención y voto negativo podrá ser mayor o menor que en las últimas elecciones, no lo sabemos, pero no ha sido respaldado en la mo- vilización, ni dotado de un significa- do medianamente claro.
13. Los sindicatos atraviesan el período de menor presencia pú- blica de la historia. La pasividad sindical se ha hecho un modo de vi- da desde hace mucho para dirigentes como Cavalieri, josé Rodríguez o West Ocampo, y hace un tiempo que alberga a Moyano y los suyos. Están dispuestos a cabalgar no sólo sobre la apatía, sino sobre el repudio de sus propias bases, mientras eso sea com- patible con la no articulación de al- ternativas a su dominio. Pero, en gra- do diverso y con otras características, esto tiende a extenderse a la CTA, que no logra articular luchas reivin- dicativas de resonancia, y tampoco una propuesta política coherente. Luego de encarnar la reivindicación de un sindicalismo alternativo, con otras prácticas y sistemas de decisión más democráticos, de romper con la superstición de la unidad sindical, de captar la importancia de lo territorial y de las formas no convencionales de organización, ha quedado estancada, perdiendo peso específico el factor de los trabajadores organizados, ganan- dola los grupos más conciliadores de los ‘piqueteros’. En lo ideológico ha quedado ‘presa’ de sectores que tien- den a derivar hacia la política tradi-
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cional, sus postulados y prácticas. Mientras los ‘gordos’ apoyan a Me- nem a la callada, Moyano milita en la corriente ‘adolflsta’, y la CTA no pu- do generar una opción propia, mas allá de la adscripción aquí o allá de al- gunos de sus referentes.
14. Las propuestas políticas de izquierda sufren la paradoja de que la figura más rutilante (Luis Zamora) es abstencionista y repu- dia a sus congéneres de los partidos de izquierda, además de que tamiza sus bases de apoyo con un criterio in- dividualista y ‘antipolítico’. Por su parte, los partidos tradicionales de la izquierda, no logran despegar de sus conductas atávicas: la falta de manejo de los tiempos (la ilusión del triunfo fulminante), el vanguardismo, las disputas de secta, el desprecio por cualquier rasgo de autonomía del movimiento social, la incapacidad de generar alianzas amplias (y aun estre- chas). Quedaron dueños de las calles junto con el movimiento piquetero y las asambleas, crecieron en su base militante y en el apoyo a su acción desde fuera de sus filas, e incluso en el plano electoral, pero siguen siendo propuestas desarticuladas, testimo- niales, con candidatos nombrados en conciliábulos misteriosos y entredi- chos entre grupos incomprensibles para el resto de los mortales. La apti- tud de armar alianzas dentro o fuera del espacio propio tiende a cero, y buena parte del movimiento social se
define como de izquierda pero desde el rechazo explícito a los partidos, a menudo sin excluir al alternativismo de Autodeterminación y Libertad.
La perspectiva inmediata
Si hay un escenario ‘abierto’ éste es el de la Argentina actual. No tanto por el resultado electoral, ya que los candidatos comparten la mediocri- dad de las propuestas y la falta de vo- luntad, o de audacia, a la hora de pro- poner innovaciones de fondo. Sino por lo que ocurra, cualquiera sea el triunfador, después de las elecciones.
El primer problema es el grado de legalidad y legitimidad que ofrezca el resultado electoral. Es probable que la primera minoría tenga un porcen- taje muy bajo, los perdedores no se conformen con su condición de tales, haya protestas e impugnaciones, y el próximo gobierno parta de una situa- ción inicial de debilidad, de inestabi- lidad de su base de sustentación. También que la segunda vuelta, cele- brada entre candidatos con propues- tas similares y su carga propia de des- prestigio, tenga un porcentaje mayor de voto negativo que la primera, con- tribuyendo también a debilitar la le- gitimidad de origen.
N o puede predecirse la configura- ción del sistema de partidos en el fu- turo inmediato, ya que éste vive una transición que dista de haber madu- rado. Uno de los polos del bipartidis- mo tradicional, el radicalismo, apare- ce muy disminuido y con pocas espe-
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ranzas inmediatas de remontar su suerte. Este es un elemento muy fuerte, ya que el radicalismo se man- tenía como una de las dos fuerzas predominantes desde hace casi cien años.
El Frepaso, tercer emergente de la década de los 90’ frente a un biparti- dismo que ya evidenciaba su crisis, se desmembró casi por completo, y la formación más perfilada para reem- plazarlo en ese espacio, el ARI, es de una fragilidad e inestabilidad muy altas. La dere- cha hace décadas que crea opciones que se deshilvanan sin alcan- zar a volverse mayorita- rias, a menudo cooptadas por el bipartidismo, y está por verse si la coalición ge- e nerada en torno a López Murphy logra seguir un derro- tero diferente.
Las perspectivas de la moviliza- ción popular no deben subestimar- se, absteniéndose de sacralizar el ac- tual parate y los pujos de ‘normaliza- ción’ que se impulsan desde el poder. No sólo la mal llamada ‘clase políti- ca’, sino también-el poder judicial, los sindicatos, buena parte de la gran empresa (los bancos, las compañías de servicios públicos) amplios ámbi- tos institucionales están abarcados en la puesta en tela de juicio del lugar queocupan, en un escepticismo radi- cal siempre al borde del repudio acti- vo, no cristalizado hasta ahora en po-
siciones alternativas que cuenten con respaldos sólidos.
.Frente a ello, las asambleas veci- nales (qúe siguen existiendo y te- niendo fuerza dentro y fuera del Co- nurbano), el movimiento piquetero, las empresas recuperadas, el movi- miento estudiantil post-Franja Mo- rada, las agrupaciones culturales con- testatarias, los medios de comunica- ción alternativos, todo lo que de nue- vo ha parido una voluntad y creativi- dad autónoma de los centros de po- der, son puntales de una organización so- cial renovada y pode- rosa, que no encuen- tra todavía su articu- lación, y en ocasiones se encandila con un en- foque ‘post-político’, que pretende prescindir del ni- vel ‘macro’ y de la disputa del poder estatal. La atenuación de
la ilusión antipolítica que
rescate sus mejores valores, y el desarrollo de las búsquedas más coherentes de renovación (más bien re-fundación o re-creación) de laiz- quierda partidaria, si logran conver- ger de alguna manera, tienen un vas- to futuro por delante. Lo más agudo de la crisis, apenas disimulado hoy, reverdecerá en cualquier momento. Y la imaginación constructiva, la ca- pacidad de organización y lucha, la capitalización de las experiencias fra- casadas, brotará con fuerza en cuanto
.la capa de desencanto que hoy parece
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cubrirlo todo se resquebraje ante nuevas esperanzas. Los tiempos elec- torales no coinciden, ni tendrían por qué coincidir con el proceso de cam- bio cultural y organización, pero sus resultados lo afectarán de diversas maneras.
Nada sustancial va a cambiar por el resultado de estas próximas elec- ciones. Mucho e importante, sin em- bargo, puede ser modificado por el desarrollo del movimiento social y político de los próximos años, sobre todo si logra incluir eficazmente lo político-institu- cional en su agenda, eludiendo el tn'ple ries- go del purismo absten- cionista, el vanguardismo declamatorio, y la coopta- ción por los poderes existen- tes. Y si el- movimiento logra prepararse adecuadamente para escaladas represivas que sin duda sobrevendrán..
Postdata 28 de abril
El cuadro fragmentado que se au- guraba, se ha confirmado en la vota- ción del domingo. Ningún candidato llegó al 25%, y fueron cinco en total los que sobrepasaron holgadamen-te el 10%. En cuánto al bautizado ‘voto bronca’, brilló por su ausencia: bajo nivel de ausentismo y reducida inci- dencia de votos nulos o en blanco. Estas :eleCciones, las más ‘anormales’ en cuánto a su planteo (exclusiva-
mente a presidente y vice, con los hí- bridos ‘neolemas’, con» constantes cambios de fecha y legislación), ter- minaron dando un resultado, dentro de esos parámetros, bastante previsi- ble. Si se hace abstracción de la su- rrealista situación de que dos candi- datos de un mismo partido diriman una segunda vuelta de elecciones a presidente, probablemente única en la historia electoral mundial, po- dríamos decir que nos encontramos con resultados ‘normales’. No se y dio el ominoso cua- dro de una segunda vuelta entre las dos variantes más a la de- recha, y nadie inespe- rado irrumpió en los primeros lugares. Quizás valga la pena explorar mí- nimamente el sentido de‘ los diferentes sufragios.
El voto a Menem. Casi una cuarta parte de los sufragan- tes se inclinaron por el ex presidente. Con más presencia en las áreas peri- féricas y en los centros urbanos me- dianos y pequeños, el riojano parece haber conjugado el voto de los nos- tálgicos de los primeros años 90’ y sus halagos al individualismo y la sa- tisfacción consumista, con el de sec- tores de bajo nivel de politización e información, que siguen apostando al perfil de astucia, espíritu siempre ganador y cercanía emotiva de Me- nem, junto también a la reivindiCa-
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ción de los años de estabilidad eco- nómica, si bien con matices diferen- tes a los del grupo ante'rior. Alcanzó para mostrar la renovada vigencia de un hombre que hace menos de un par de años llegó a parecer un cadáver político, pero no para ponerlo en condiciones reales de disputar la se- gunda vuelta Con éxito. Más de la mí- tad del electorado afirma que no lo votaría en ninguna circunstancia, y el hombre de Anillaco no parece tener otro ‘reservorio’ de eventuales sufra- gios en la segunda instancia que una parte del electorado de López Murphy, el que votó al ex ministro con adhesión consciente a su progra- ma neoliberal, y ‘no los que se pren- daron a último momento de su ima- gen de hombre ‘serio y honesto’ viéndolo como una renovación fren- te a los políticos profesionales tradi- cionales. Y tal vez alcance ‘arañar’ parte del electorado de Rodríguez Saa, el más subyugado por las prácti- cas caudillistas, y menos interesado en el discurso nacionalista y cercano al peronismo ‘tradícional’ del hom- bre de San Luis.
Kirchner. El amago de crecimiento vertiginoso de L.M, mezcla de reali- dad con ‘operación’, le dio el enw'ón final al candidato de Duhalde. Pero sobre una base creada previamente: La creencia de que Kirchner era el único candidato que garantizaba la gobernabilidad, en medio de este proceso institucional deforme en el
que cualquier otro elegido se hubiera enfrentado a un Congreso y a gober- naciones provinciales abrumadora- mente hostiles. Mucha de esa pru- dencia casi ‘fatalista’ impulsó ese vo- to. Y en otra dirección, el gobernador consiguió buena parte del voto pero- nista que repudia la deriva conserva- dora del menemismo, pero al mismo tiempo se considera definitivamente ‘de vuelta’ de cualquier amago de ra- dicalización o de énfasis en el nacio- nalismo económico, ese que en una forma algo fantasmagórica encarnaba Rodríguez Saa. Todo ello, por cierto, con el valiosísimo aporte del gigan- tesco ‘aparato’ bonaerense, y de otros no tan imponentes pero con impor- tantes grados de efectividad.
López Murphy. Ortodoxia y or- den. El economista ha logrado catali- zar el voto tradicional de la derecha, con un porcentaje que se aproximó al de los mejores momentos de los casi fenecidos partidos de Alzogaray y Cavallo. No todo es homogéneo allí, ya que LM. supo hacer'campaña co- mo ‘hombre de orden’ a secas, mas allá de la ortodoxia económica, y también como figura reflexiva, capaz de dialogar con intelectuales ‘y hasta de acercarse a los ‘progresistas’. Eco- nomista de nota, hombre de fortuna propia», recogió asimismo beneficios de la ‘antipolítica’ más desideologiza- da, aquélla que considera que el pro- blema fundamental es que los políti- cos ‘dejen de robar’, y por tanto tien-
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de a confiar en alguien con medios propios de vida y que no es un ‘pro- fesional de la política’. Apoyado por La Nación, elevado a las nubes por al- gunos encuestadores, su figura ahu- yentó hacia Kirchner votos dubitati- vos y en definitiva, dejó planteada una vez más una opción de derecha, las que hasta ahora siempre terminan por disolverse en Argentina. Está por verse que sucederá ahora.
Lilita y la “centroizquierda”. Mezcla de pudor de quienes apenas llegan al ‘centro’, y de rótulo fácil pa- ra un periodismo enemigo de las de- finiciones complejas, el ‘centroiz- quierda’ sufrió de las secuelas de la enorme desilusión del Frepaso, de sus propias reyertas internas, del per- sonalismo y la carga emotiva de su lí- der; todos manjares pesados para los paladares ‘progre’, y hay que recono- cerlo, de la franciscana pobreza de re- cursos de su campaña. Pero tal vez lo peor de la actuación de Carrió es que, pese a la tremenda experiencia reali- zada, repitió los gestos de ‘modera- ción’, y los guiños hacia la derecha de sus antecesores. Dejó ir sin pena a sus aliados socialistas, atrajo con fruición a sus amigos conservadores, mientras pareció empeñada en no dotar de contenidos concretos el supuesto vi- raje radical que su propuesta entraña- ba. Todo sonó a menos de lo mismo, y seguramente muchos optaron por el paraguas de Kirchner a la hora de
conjugar los peores fantasmas. Con
todo, consiguió los votos suficientes como para mantenerse en vigencia, por lo menos en el rol de oposición ética y flscalizadora, y tiene una base para recomponer relaciones o buscar nuevas alianzas.
Rodríguez Saa. Los políticos argen- tinos, después de superar penosa- mente el acoso de los primeros meses de 2002, plagados de ‘escraches’ y re- pudios públicos de todo tipo, tuvie- ron la paradójica actitud de incre- mentar su sentimiento de impuni- dad. Si habían logrado sobrevivir a un momento tan difícil, se podía ha- cer casi cualquier cosa. Cómo por ejemplo, volver como candidato a un cargo del que se había huído rápida- mente y con explicaciones confusas muy poco tiempo antes. El puntano lo intentó, y en aras de la audacia, se permitió homenajear a Rodolfo Walsh y a las Madres de Plaza de Ma- yo con Aldo Rico en la tribuna, o ha- cer propuestas nacionalistas en los afiches que se desmentían en los re- portajes o en las exposiciones ante empresarios. No logró casi apoyos dentro del P], ni arrastró entusiasmos mayores dentro del establishment em- presario o en los medios de comuni- cación, quedó a mitad de camino en- tre la apelación a una renovación que mal podía representar, y el levantar la vuelta a un peronismo ‘nacíonal y popular’ que su propia larguísima gestión en San Luis desmentía larga- mente. Algunos le creyeron, pero no
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los suficientes para ponerlo a tiro de ballotage.
El “que se vayan todos” y la iz- quierda. El presentismo electoral volvió a las cotas pre-2001, lo mismo que el nivel de voto en blanco y nuv- lo, y el voto positivo por fórmulas de iunierda se mantuvo en niveles muy reducidos. ¿Significa esto que la movilización en contra de la dirigen- cia política y del entramado de poder más amplio que de una u otra manera la respalda capotó de modo defi- nitivo? Creemos que no se trata de eso, sino de un fenómeno más acotado: quienes .proclamaron la abs- tención desde el movimiento social no se pusieron de acuer- do para darle un sentido claro, ni hicieron una movilización fuerte en favor de ella. Luis Zamora, la ‘nueva figura’ dentro del espacio de izquierda, amagó convertir el ‘voto bronca’ en actividad, pero se diluyó rápidamente y hasta bordeó conflic- tos y prácticas de la política tradicio- nal, en una muestra práctica de las contradicciones inherentes a impug- nar la institucionalidad política desde una construcción hecha desde dentro de ella. Evidentemente, la propuesta de no ir a votar, o de hacerlo con bo- letas de repudio o en blanco, quedó circunscripta a cuadros y dirigentes de las organizaciones que lo propicia-
ron, y perdió atractivo para la amplia mayoría de los que inicialmente sim- patizaban con ella.
En cuánto al voto positivo por iz- quierda, enfrentaba un diseño electo- ral de movida poco favorable, como es una elección presidencial exclusi- va, sin resquiCio para pensar en agen- tes de cambio a nivel legislativo o lo- cal, ni para operar con el corte de bo- leta. Por añadidura, quedó enredado en algunas taras tradicionales, como la de amagar frentes a último momento, destinados a frustrar- se con la misma lige- l reza con que se ini-
ciaron, o llevar adelan- te alianzas que luego no comparten ni los afiches (los de Izquierda Unida son del MST o del PC, sólo tienen en común el rostro de
Patricia Walsh), prácticas que a los ojos de muchos po- tenciales votantes los emparentan con la liviandad de principios de los políticos tradicionales, o los retro- traen al sectarismo tradicional en ese espacio. El crecimiento de los princi- pales partidos de izquierda en el mo- vimiento piquetero y en las fábricas recuperadas, no parece haber tenido esta vez repercusión electoral, quizás porque las ‘bases’ de esos movimien- tos perciben de algún modo la dis- tancia que media entre la infatigable disposición a la lucha y la construc- ción social de los militantes de iz-
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quierda, y la propensión a los conci- liábulos secretos y al desprecio por el movimiento social real de algunos de sus dirigentes.
A modo de conclusión
Una lectura pesimista (y afín a los intereses del establishment) podría sa- car la conclusión de que ‘aquí no ha pasado nada’, de que buena parte de la sociedad cree entender que los po- líticOs tradicionales son tan de- sagradables como inevitables, que el máximo de audacia al que puede aspirarse en el electorado mayori- tario, es el sufragio a un ‘progresismo’ difuso y con guiños hacia la derecha co- mo el de Elisa Carrió, y que asistimos a un proceso de re- constitución plena de las hege- monías políticas tradicionales, o bien al despuntar de fuerzas nuevas pero que tengan como base el acata- miento a la supremacía de la propie- dad privada y a la intangibilidad de la institucionalidad política actual en sus grandes líneas.
Otra lectura posible es que estas elecciones se desenvolvieron en me- dio de una transición, en la que la evolución social y cultural no se vin- cula necesariamente en sus tiempos ni en sus expresiones coyunturales, con el comportamiento eleCtoral. Lo cierto es que los dos partidos tradi- cionales atraviesan una grave crisis,
en que las alternativas dentro del ‘sis- tema’ se expresan más en personas y marketing electoral en torno a ellas que en fuerzas políticas con alguna solidez, y que la conexión entre el amplio proceso de organización y movilización social de los últimos años y una articulación política de al- cance nacional que pueda expresarla sin mediatizarla y mucho menos so- meterla, requiere de una experiencia y un proceso de construcción todavía no llevado a término, " o mejor dicho, casi recién iniciado. Queda claro, con todo, que las herra- mientas ideadas para cuestionar al poder desde las urnas, no funcionaron en estas extrañas eleccio- nes, exclusivamente presi- denciales. Aun sumando —operación con bastante de arbitrario- los escasos votos a la izquierda ‘concurrencista’ con los también escasos votos ‘nulos’ y ‘en blanco’, quedan bastante mas acá de la décima parte del electorado. Todo el impulso de los piqueteros, las fá- bricas recuperadas, las asambleas po- pulares, no logró manifestarse en el plano electoral. Tampoco se hizo de- masiado para que ello ocurriera, tal vez en el error que la apatía masiva se
'iba a mantener ‘espontánearnente’ en
el momento de decidir concurrir o no, o qué cosa meter efectivamente en la urna, pero "es evidente que, no
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sin vacilaciones y reparos, la gran ma- yoría decidió incidir de alguna mane- ra en el resultado electoral. Y muy probablemente, muchísimos de los que simpatizan con alguno de esos movimientos decidirán ir a precaver- se de una tercera presidencia del hombre de Anillaco, mas allá de los renovados y enriquecidos llamados a la abstención para el segundo turno. A no desesperar, el tiempo social es más largo que el de la instituciona-
lidad política, el cambio cultural y la construcción de organizaciones re- quieren de nuevas etapas, ninguna transformación verdadera es instan- tánea, ni siquiera breve... La apuesta a la transformación social profunda ga- na en profundidad y consecuencia cuando se logra apartarla de las ur- gencias de superficie.
Buenos Aires, 26 y 28 de abril del 2003
Ebdaballo
Revnfla de ploca
cultura
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Bolivia en la encrucijada
Washington Estellano*
espués de los
bloqueos del 13
de enero que cul- minaron con el acuerdo en formar siete mesas, entre el gobierno y la oposición, que se , encargarían de discutir y propo- ner sobre los grandes temas, el motín policial y las jornadas del 12 y 13 de febrero, reprimidas por fuerzas militares, marcaron el punto más ba- jo de falta de autoridad e iniciativa por parte del gobierno del presiden- te Gonzalo Sánchez de Lozada. Fren- te a la crisis de Estado y el vacío de poder, los partidos de la oposición (el Movimiento Al Socialismo (MAS) y el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP), también fueron sorprendidos y sobrepasados por los acontecimien- tos y no ofrecieron una respuesta y propuestas a la altura de las circuns- tancias.
Fuerzas en pugna
Hay en realidad una relación de cuasi empate entre las fuerzas en pugna. El gobierno vive la inoperancia e incapacidad manifiestas para salir del ato-
lladero. No ofrece otra al- ternativa que continuar hundiéndose en amenazas de represión y va desli- zándose hacia “soluciones” militares cuando el problema es político y so- cio-económico. Aquí se muestra el fracaso sin salidas del modelo neoli- beral. Después de experimentos do- lorosos para el pueblo y la sociedad, Bolivia no avanza en la modernidad prometida sino que es hoy menos moderna que hace 20 años.
Por su parte, Evo Morales y el MAS con sus cuarenta parlamenta- rios, casi todos de origen indígena y campesino, que son el cuerpo de oposición más contundente, tam-
* Sociólogo
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bién estuvieron remisos frente a un acontecimiento que les exigía obrar como dirección nacional. Y mostrar su disposición y capacidad dirigente ante los 600 mil votos recibidos y an- te la sociedad toda. Siendo correcta la propuesta de la Asamblea Constitu- yente Popular, y la necesidad de re- fundar el Estado, en la coyuntura ac- tual lo prioritario es defender los res- quicios de la democracia que aún so- breviven y avanzar en propuestas que busquen una salida que permita profundizar los espacios conquista- dos. Asimismo, realizar acuerdos po- líticos que revisen las privatizaciones y sus aportes a las finanzas públicas, en vez de recurrir a “impuestazos” contra la población trabajadora y an- dar por el mundo con la mano ex- tendida del mendigo.
El problema es que esta situación ambigua no va a durar eternamente. Evo Morales y el MAS apuestan a to- mar distancia de cualqüier acuerdo esperando las elecciones municipales en noviembre de 2004 y las naciona- les del 2007. Es demasiado tiempo en esta época de veloces cambios y virajes.
El doble juego de la Nueva Fuerza Republicana
El Embajador de los EE.UU., Da- vid Greenlee y su gobierno, no pue- den soportar esta situación de pro- greso de las fuerzas populares. Ya se lo dijo el Embajador Greenlee al Vi- cepresidente Carlos Mesa, sobre la
preparación de un golpe de Estado'y el asesinato de Evo Morales y de los principales dirigentes populares que circulan en una “lista negra”. En esto no está ajena la Nueva Fuerza Repu- blicana (NFR) de Manfred Reyes Vi- lla, vinculado al “experto en opera- ciones encubiertas” y enviado espe- cial de la Casa Blanca para América latina, el cubano-norteamericano Otto Reich. El coqueteo de Reyes Vi- lla y la NFR con el MAS para involu- crarlo en un golpe de Estado contra el presidente Sánchez de Lozada, es- tá en esa línea. El pueblo boliviano ya tiene suficientes testimonios del uso de los golpes de Estado para asesinar a líderes políticos emergentes. Y de la utilización de las fuerzas de izquierda para entronizar a militares de la con- fianza de los EE.UU. como fue el as- censo en 1964 del general René Ba- rrientos a la presidencia, luego del derrocamiento de Víctor Paz Estens- soro. Y antes aún, el colgamiento del Mayor Gualberto Villarroel en julio de 1946.
En política es aceptable que la iz- quierda se alíe eventualmente con el centro para una acción puntual, pero es tácticamente equivocado asociarse a la derecha para echar abajo un go- bierno débil .
Es evidente que luego del enfren- tamiento de la policía contra el ejér- cito del 12 y 13 de febrero, el presi- dente Gonzalo Sánchez de Lozada buscó un apoyo que cada día se acen- túa, en las FFAA. Así lo dijo directa-
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mente en un acto de la Marina, seña- lando que “eljüturo depende de las Fuer- zas Armadas de la Nación”. En ese mis- mo acto, el Ministro de Defensa Teo- dovic afirmó, respondiendo a presio- nes del Ejército, que fue el presiden- te Sánchez de Lozada, quien, como Capitán de las Fuerzas Armadas, au- torizó la intervención del Ejército en la represión de los policías amotina- dos. No se refirió en forma concreta a los francotiradores responsables de varias muertes, pero ello sale sobran- do. Vale recordar que durante los nueve meses del gobierno de Sán- chez de Lozada, fueron asesinadas se- senta personas. Sólo en los aconteci- mientos del 12 y 13 de febrero hubo treinta y cuatro muertos y más de doscientos heridos.
Otro aspecto de la debilidad del gobierno es su afirmación de que “dg‘enderá este gobierno democrático in- cluso con las armas como fue en la revolu- ción de abril de 195 ”. En realidad son dos hechos distintos: en el ‘52 fueron los obreros quienes enfrentaron y derrotaron al ejército de la oligar- quía, mientras que ahora, ¿quién proporcionará las armas y contra quiénes se apuntarán? Los hechos del 12 y 13 de febrero nos dan la res- puesta anticipada.
La acechanza golpista
Según trascendidos originados en el entorno presidencial, existen dos planes de golpe de Estado. Uno que surge de la exigencia dela Embajada
norteamericana que habría dado pla- zos al gobierno de Sánchez de Loza- da para lograr la pacificación de país y seguir adelante con su plan de go- bierno. El otro, con la intervención directa del embajador Greenlee, se pondría en marcha “si acontece una convulsión social de envergadura". Indu- dablemente, para la ejecución de este segundo plan, la embajada cuenta con sus amigos tanto en los altos mandos de las FEAA. como en el pro- pio Movimiento Nacionalista Revo- lucionario (MNR), donde ya existe una lucha enconada entre dos ten- dencias: una dura, vinculada a la Em- bajada y a la alta oficialidad del ejérci- to, dirigida por Carlos Sánchez Ber- zain; la otra, acaudillada por los jóve- nes diputados Hugo San Martin y por el jefe de la bancada parlamenta- ria del MNR, Oscar Arrien.
Los planteamientos de las organi- zaciones patronales de Santa Cruz amenazando con actitudes separatis- tas, las acciones de bandas armadas que se enfrentan con las autoridades del Estado en el agro cruceño; las reuniones de las élites económicas y políticas de Cochabamba manipula- das por la NFR con el propósito de formar un movimiento regionalista de derecha, son todos hechos que van socavando la autoridad central y
*están preparando el ambiente para salidas detfuerza.
‘Con. esa misma intencionalidad, se inscriben los espectáculos monta- dos por el actual Ministro de Gobier-
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no, Yerco Kukoc, un hombre del gru- po de Sánchez Berzaín. Éstos están dirigidos a comprometer al diputado Evo Morales con las FARC de Co- lombia, con grupos irregulares del Perú y con el narcotráfico. A esos fi- nes se montó en estos días una burda falsificación con la detención de un miembro de Derechos Humanos de Colombia, dirigentes de los cocaleros de Yungas, y de un ex alcalde campe- sino del MAS; para cuya acción se invitó a periodistas y camarógrafos. Nun- ca pudieron presen- tar pruebas creíbles en su contra e, igualmente, el juez los mandó a la cár- cel de alta seguridad, sin dictar sentencia. Hay una campaña mediática orquesta- da desde el Ministerio de Ku- koc, orientada a cuestionar a dia- rio el comportamiento político y personal del diputado Evo Morales. Son todos factores que concurren para crear el ambiente sicológico pro- clive al golpe de Estado.
Los desafios para Evo Morales y el MAS
Mientras tanto en una reciente encuesta realizada por la consultora “Apoyo”, Evo Morales recibió el 39 por ciento de aprobación a su ges- tión, mientras el presidente Sánchez de Lozada registra un índice de apro- bación del 19 por ciento, y con una desaprobación que se mantiene en el
79 por ciento cuando apenas tiene nueve meses en el cargo.
Más allá, empero, de los siempre relativos registros y- representatividad de las encuestas, el MAS tiene el desa- fio de conquistar a las masas de las ciudades y avanzar en su organiza- ción en toda la amplia gama de los embrionarios movimientos sociales urbanos. Un factor favorable es la reanimación del movimiento obrero y la alianza objetiva con el movi- miento campesino. Esto se expresó clara- mente en las masivas marchas de decenas de miles de trabaja- dores en el reciente Primero de Mayo, mos- trando no sólo la comba- tividad de las masas obre- ras, campesinas y de clase media empobrecida sino, so-
bre todo, la reorganización
que se está procesando en las organizaciones de obreros fabri- les, de los mineros y en las Centrales Obreras Departamentales. En los re- cientes congresos de los mineros y de los fabriles hubo una barrida de los viejos dirigentes - —la mayoría copta- dos y vendidos al MNR. Y los dirigen- tes de la Central Obrera Boliviana (COB) fueron expulsados de la mar- cha del Primero de Mayo.
El desafío para el MAS —y para Evo Morales, que es empujado a una “je- fatura” de caídas caudillescas—, es conformar una fuerte estructura par:-
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tidaria. Las grandes masas populares que se centralizaron electoralmente en el MAS, tienen una composición en alto grado heterogénea.
Como es sabido y lo señalaba el diputado Antonio Peredo, el MAS es- tá compuesto por tres tendencias: una de composición andina, campe- sina indigenista (que también es la base del MIP); otra tendencia relacio- nada a las posiciones originadas en la Teología de la Liberación; y, final- mente, la tendencia guevarista que, aclara Peredo, ya existía en el MAS antes que él ingresará. Por otra par- te, reúne a grandes masas sin partido que están dispuestas a ser conquista- das para la lucha por la transforma- ción social.
Esta situación exige una reorgani-
zación interna y una definición pro- gramática, que está implícita en los grandes temas y en el combate contra el neoliberalismo, pero que exige ele- var la formación teórica y política de sus dirigentes, cuadros medios y de base. Es decir, una refundación, co- mo dicen los militantes y dirigentes del MAS, que elabore una táctica y es-- trategia de poder con base en la recu- peración de la riqueza hidrocarburí- fera, una plataforma contra el ALCA y el problema de la tierra y el territorio. Ypropuestas concretas para enfrentar la parálisis económica, los cierres de empresas y la desocupación y miseria crecientes que agobian a la gran ma- yoría de los bolivianos.
La Paz, mayo 2 de 2003.
dialéktica
Revista de Filosofía y Teoría Social
Cuadernos del Sur
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Ecuador: ¿Argentina, segunda parte?
Fernando López Romero*
n tiempos de horrores genera- lizados y dolorosamente com- partidos por los explotados y oprimidos de todo el mundo, es mu- cho más que obligatorio aprender de unos y todos, especialmente las for- mas de lucha y resistencia. Después de Argentina, ¿acaso será Ecuador la nueva vitrina del neoliberalismo que salte en pedazos? El siguiente informe de situación no pretende dar respuesta a esta pre-
gunta, solo Compartir algo de la expew
riencia de más de dos décadas de re-
sistencia a la barbarie neoliberal y la angustia y la esperanza que nos con- vocan en estos días. (NdR: Esta es la segunda parte de un extenso artículo cuyo texto completo puede consul- tarse en nuestra página web)
El último período de la lucha de clases: perspectivas y urgencias Del derrocamiento de Mahuad al gobierno de Lucio Gutiérrez
La victoria de Lucio Gutiérrez, fue en un comienzo una victoria de todo el campo popular. Reveló la cri- sis política de las clases dominantes y de sus representantes políticos, el fra- caso de sus propuestas neoliberales y el profundo anhelo de cambios del pueblo ecuatoriano. En ese sentido la victoria electoral recogió las luchas del 21 de enero, del 5 de febrero y los innumerables levantamientos y ac- ciones; de resistencia,
* Dirección Nacional de la Corriente Democracia Socialista, Sección Ecuatoriana de la
Cuarta Internacional.
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A partir de la derrota del 22 de enero del 2000 la CONAIE había co- menzado a discutir con fuerza el te- ma de las elecciones presidenciales del 2002, planteándose la posibili- dad de ir con un candidato de sus propias filas. Al no concretarse esta posibilidad se decidió e] apoyo a Lu- cio Gutiérrez quien en ese momen- to era el candidato presidencial de su partido, la “Sociedad Patriótica 21 de Enero” fundada luego de su salida del Ejército y constituida principalmente por policías y mili- tares en servicio pasivo, y apoyado también por el pequeño y viejo Par- tido Socialista con el apoyo de sec- tores campesinos, indígenas y sindi- cales. La dirección del Movimiento Pachakútic miró en Gutiérrez la continuidad de la lucha del 21 y la posibilidad de una votación signifi- cativa que le permitiera al Movi- miento mantener su registro electo- ral y fórtalecer la participación par- lamentaria y en los gobiernos loca- les. Gutiérrez, a pesar de que se comprometió con un programa de oposición al neoliberalismo, a la guerra en Colombia, al ALCA y a la Base de Manta, era visto con des- confianza por‘ la mayoría del Movi- miento, no solo por sus ambigüeda- des ideológicas sino porque- se des- confiaba de la fuerza electoral que realmente podía representar. La vic- toria: en la primera vuelta fue una sorpresa para la que el Movimiento no estuvo preparado.
La definición del carácter de clase del Gobierno
Antes de —la primera vuelta se ha- bían acercado a Gutiérrez personajes como Mario Canessa del Banco de Machala y hoy Ministro de Gobier- no. Entre la primera y la segunda vuelta sectores empresariales que se habían beneficiado de gobiernos an- teriores iniciaron el cerco a Lucio Gutiérrez. Se cambió el discurso y se hicieron más visibles personajes co- mo el banquero Guillermo Lasso del Opus Dei, representante del Banco de Guayaquil y futuro embajador iti- nerante, que había sido una especie de super ministro durante el Gobier- no de Jamil Mahuad.
El personaje más importante y quien realmente detenta el poder, es el Economista‘iMauricio Pozo cerca- no al Grupo Banco del Pichincha y al PRODUBANCO y con estrechos lazos con un grupo de tecno-burócratas de origen ecuatoriano al servicio de or- ganismos financieros internaciona- les, especialmente del BID, Banco Mundial y la Corporación Andina de Fomento, como Augusto de la Torre y Fideljaramillo, quienes habían sido funcionarios importantes de los go- biernos de Sixto Durán Ballén y Fa- bián Alarcón. El poder de Pozo radiv ca en sus vínculos con la gran bur- guesía y en la oferta hecha 'a Gutié- rrez, de que bajo su dirección se fir- maría de inmediato una Carta de In- tención con el FMI que garantizaría la estabilidad macroeconómica del fu-
Cuademos del Sur
10.9
turo Gobierno. Antes de la Segunda vuelta electoral del 24 de noviembre Lucio Gutiérrez buscó y recibió la santificación de los grandes medios de comunicación, la Cámara de Co- mercio Ecuatoriano Americana, la Cámara de Comercio de Quito, la Embajada de los Estados Unidos, la jerarquía de la Iglesia Católica, el Al- to Mando Militar, el Departamento de Estado Norteamericano y el Pen- tágono. Para ello dio un viraje de un discurso popular cercano a la izquier- da hacia un discurso de unidad na- cional: “el Ecuador es mi ideología”.
De la alianza electoral de la pe- queño burguesía y los sectores indí- genas y de trabajadores con una débil presencia burguesa en la primera vuelta, a la alianza de clases entre el pueblo y un sector de la burguesía en la segunda y a la consolidación del ca- rácter de clase burgués del gobierno de Gutiérrez transcurrieron menos de cinco meses. El proceso de confi- guración de los cuadros de gobierno fue una primera batalla. El ala iz- quierda del Gobierno, Pachakútic y el Movimiento Popular Democráti- co, fue relegada a ministerios perifé- ricos o sin capacidad de decisión. El Partido de Gutiérrez se ha reservado el control del Fondo de Solidaridad y el Ministerio de Bienestar Social, po- siciones claves para impulsar la crea- ción, mediante mecanismos cliente- lares, de una base social de apoyo.
La burguesía a través de Pozo y Canessa controla el área económica y
de Gobierno. El poder de Pozo sobre el Ministerio de Economía y el área económica es casi absoluto y lo ejer- ce a través de una serie de funciona- rios de importancia que han perma- necido en sus puestos desde el go- bierno anterior. La pequeño burgue- sía del partido de Gutiérrez ha pasa- do de aliada del movimiento indio y Pachakútic a instrumento de la bur- guesía. Su juego propio es copar puestos que le permitan acceder a re- cursos económicos y capacidad de movilización política. Hay una cada vez mayor concentración del poder en Gutiérrez, sus colaboradores cer- canos y los ministros neoliberales. En tanto se ejecutan acciones para divi- dir al movimiento popular organiza- do que nos recuerdan al bucaramato.
En el periodo de transición, antes del cambio de mando el pasado 15 de enero, crecieron las dudas y sospe- chas. Hasta la firma de la Novena Carta de Intención, Gutiérrez pre- tendió jugar un papel de tipo bona- partista: árbitro de los distintos secto- res. Si la primera vuelta fue una vic- toria popular y la segunda una victo- ria compartida con sectores burgue- ses, la transición'y la configuración del gobierno comenzaron a oler a de- rrota. Esto ha llevado a muchos a pensar que Lucio Gutiérrez fue el hombre oculto del Imperio en el 21 de enero y a sospechar de sus relacio- nes con los servicios de inteligencia del Ejército que le habrían servido para ser Edecán de los presidentes
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Abdalá Bucarám y Fabián Alarcón Rivera y hombre muy cercano al Ge- neral Mendoza, miembro militar de la junta del 21 de Enero del 2000, que fue quien en la madrugada del 22 renunció y entregó el mando a Gus- tavo Noboa Bejarano.
Sin descartar por completo esta teoría de la conspiración, lo que ha definido, más allá de cualquier decla- ración pública, el carácter de clase del nuevo gobierno son tres cuestiones: la firma de la carta de Intención, su acerca- miento a la derecha socialcristiana y social li- beral y su alineamiento , con Washington en la gue- rra colombiana.
La inmouilidad de las oganizacio- nes populares
Lo que no debe dejarse de la- do en el análisis es que desde ene- ro y febrero del 2001 no hemos te- nido grandes movilizaciones de sec- tores populares como las que prece- dieron y fueron el marco para el de- rrocamiento de Jamil Mahuad. No se deben olvidar tampoco los con- flictos. internos de la CONAIE que llevaron al acortamiento de manda- to de Antonio Vargas, quien fue miembro del Triunvirato del 21 de Enero y a quien se acusó de errores en la conducción del movimiento indígena que produjeron una im- portante pérdida de credibilidad al haber falsificado miles de firmas en
Cuadernos del Sur
una campaña para llamar a una Consulta Nacional sobre privatiza- ciones, Plan Colombia y Base de Manta.
Como explicaciones posibles ca- ben varias reflexiones. La campaña electoral se produjo en frío, sin gran- des movilizaciones autónomas, sin presiones por demandas, sin luchas significativas y hasta hoy el movi- miento indígena no ha vuelto a mo- vilizarse, las luchas parciales por pago de salarios que estu- vieron presentes en _ enero y febrero han
cesado por comple- to. La lucha social y de clases pasó del te- rreno electoral hasta el interior del aparato es- tatal en condiciones com- pletamente desfavorables para el campo popular. El
Movimiento indígena ha
perdido la iniciativa, ha perdido parcialmente credibilidad y sus dirigentes y brazo político se en- cuentran entrampados en las redes’ del gobierno y del Estado.
Visiones y límites del Movimiento Pacha- kútic y del movimiento ¡indígena
No se debe dejar fuera del análi- sis que el Movimiento Pachakútic h‘a concebido la participación en el Gobierno como un espacio con- quistado para impulsar el proyecto político de la CONAIE y desarro- llar la lucha popular, como unejer-
III
cicio de responsabilidad con sus propias luchas y las del conjunto del pueblo y para darle continuidad a la resistencia. Pero después de la defi- nición de clase del Gobierno resul- ta difícil y peligroso permanecer co- mo un aliado subordinado, y en los hechos como cómplice de las políti- cas antipopulares. El argumento de que no se debe ceder espacio a la oligarquía dentro del gobierno re- sultada cada vez más difícil de sostener.
Dentro del Mo- vimiento, su direc- ción y una parte de los dirigentes de la CONAIE no están dispuestos a sa- lir del Gobierno. No se debe entender esto solo co- mo una cooptación por par- te del gobierno y del Estado, sino como la expresión de la idea de la complementariedad que es uno de los principios que rigen la cultura indígena. Además, durante décadas el movimiento in- dio ha luchado contra la exclusión del Estado uninacional y unicultural y no quieren volver a ser excluidos. El movimiento indígena y su brazo político no son fuerzas socialistas, se han identificado por su capacidad de ligar su propio proyecto político de Estado plurinacional y pluricultural con la oposición a las políticas de ajuste y las privatizaciones, lo que les ha tornado de hecho en fuerzas anti- capitalistas, pero para el tránsito con-
ciente hacia posiciones revoluciona- rias explícitas faltan muchas luchas.
Necesidad de decisiones
El Movimiento Pachakútic debe- ría condicionar su permanencia en el Gobierno a un cambio político que contemple las siguientes medidas: re- visión de los acuerdos con el FMI; defensa de los bienes nacionales; au- ditoria inmediata de la deuda externa e interna para impulsar una política de suspensión inme- diata del servicio de la deuda; impulso a la producción nacional para el mercado inter- no y entrega de tierras para comunidades y cam- pesinos y respeto efectivo de los derechos territoria-
les; políticas de integración que reemplacen al ALCA; defi-
nición de una posición de
mediación frente a la guerra Colombiana y derogatoria de los acuerdos de la Base de Manta y pro- hibición de nuevos emplazamientos militares; condena de la agresión a Irak; respeto de la autonomía de las organizaciones populares; salida de los ministros neoliberales.
Esta política solo puede llevarse adelante con la movilización inde- pendiente de los sectores populares que modifique las actuales relaciones de fuerzas y saquen a las organizacio- nes populares de la inmovilídad en la que se encuentran.
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Las políticas de ajuste y las privatiza- ciones.
Las medidas contenidas en la No- vena carta de Intención continúan las políticas de ajuste estructural y con- centración de la riqueza, se mantiene la servidumbre de la deuda externa y se anuncian políticas de enajenación de bienes nacionales a través de agre- sivas privatizaciones.
Las arcas vacías dejadas por el Go- bierno de Noboa han servido como pretexto para la adopción de las polí- ticas de ajuste. Pero el gobierno ha dedicado solo una pequeña parte de los recursos obtenidos del crédito de estabilización del FMI a cubrir la brecha fiscal, la parte más importante se ha destinado al servicio de la deu- da externa que Noboa había suspen- dido en el año 2002. En realidad las cifras verdaderas del déficit fiscal per- manecen ocultas.
Por sobre el Informe presentado por el ex Presidente Gustavo Noboa quien, para variar, dijo que dejaba un país en marcha (no aclaró en marcha hacia dónde...) la situación de la eco- nomía ecuatoriana era para comien- zos del'2003 extremadamente crítica. Según datos elaborados por el econo- mista Carlos Noir, si bien a partir de la dolarización ha existido un creci- miento del producto interno bruto de 2,33% en el 2000, de 5,64% en 'el 2001 y de 3,47% en el 2002, a partir del tercero. y cuarto trimestre del 2002 se empieza a producir una fuer- te desaceleración del ritmo de creci-
miento de la economía. En el año 2003 la desaceleración será mucho mayor pese al optimismo oficial que plantea un crecimiento del PIB en un 3,5 a 4 %, en una nueva previsión en el mejor de los casos solo crecería en- tre el 0,5 y el 1%. Los sectores más vulnerables son el agrícola y el indus- trial.
De otro lado, el Estado verá redu- cidos sus ingresos por una baja de la producción y de los precios del pe- tróleo, una caída de las exportaciones agrícolas y una disminución de entre un 20 al 30% de los dineros remitidos por los trabajadores emigrantes. La propuesta de Presupuesto aprobada para el año 2003 contempla el 38% para el servicio de la deuda y apenas el 4% para inversión. Se estima que se necesitarán entre 2500 y 3000 mi- llones para servir la deuda externa en tanto aumenta en similares propor- ciones el servicio de la deuda interna, que ha crecido debido a la emisión de bonos del Estado para cubrir necesi- dades presupuestarias y el salvataje del sistema bancario.
La carta de Intención y las consabidas medidas de ajuste.
Se vienen alzas en el gas domésti- co, combustibles, tarifas eléctricas y de otros servicios. Pero lo más grave son las reformas que seguirán a los ajustes y que han salido anunciadas yatpor el gobierno: privatización de la refineríalywde los principales campos petroleros; nuevas concesiones en el
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sector de telecomunicaciones y eléc- trico; aumento de los impuestos para los asalariados y asalariadas; unifica- ción salarial; flexibilización laboral; privatización de los fondos de pen- siones; privatización del agua; pro- fundización de las políticas aperturis- tas para las inversiones y el comercio; aplicación del ALCA.
Los más importantes grupos eco- nómicos construyen consensos para llevar adelante y para beneficiarse de este conjunto de reformas de Segun- da Generación.
Este programa conducirá hacia la quiebra masiva de empresas. Se esti- man en 1500 las empresas ecuatoria- nas que desaparecían si se aplican los Acuerdos de Libre Comercio. Ten- dremos un incremento del desem- pleo, lo que afectará a los salarios rea- les contribuyendo a una mayor con- tracción de la demanda, incremento de los precios, caída del PIB y mayor inestabilidad económica y política. Una situación de esta naturaleza sólo podrá ser sostenida por un régimen político cada vez más autoritario y re- presor de las luchas sociales.
El panorama de terror se comple- ta con una mayor participación en la guerra colombiana en la que las Fuerzas Armadas actuarán como fuerza de contención en la frontera norte según el diseño estratégico del Pentágono atrayendo la guerra a nuestras tres provincias fronterizas. Nuestra existencia nacional estaría amenazada de muerte.
La salida de la dolarización y la consolidación del poder de la clase dominante
Ya en el corto plazo la dolarización es insostenible para la economía ecuatoriana. Proporcionó un marco de estabilidad macroeconómica a un costo social y productivo altísimo, pero esa situación está terminando. Los supuestos en los que descansa una economía polarizada no se han cumplido. No se ha detenido la infla- ción; no han bajado las tasas de inte- rés bancario; la única inversión ex- tranjera es la que ha llegado para la construcción del nuevo oleoducto, que pronto se acabará y la que ha lle- gado por incremento de la deuda. No han aumentado las exportaciones y en el caso del petróleo hay una baja; las remesas de los trabajadores mi- grantes, segunda fuente de ingresos para el país hasta el año anterior, han comenzado a caer. De otra parte la economía no está en capacidad de competir ni con los vecinos inmedia- tos y harán falta muchos años para superar la brecha de competitividad.
LOS mismos sectores que hace tres años impulsaron, aplaudieron y se beneficiaron de la dolarización han comenzado a empujar hacia una salida que les favorezca: importado- res, financistas, exportadores, em- presarios, políticos corruptos, narco- traficantes. Una salida de la dolariza- ción daría enormes ganancias a quie- nes tienen depósitos en dólares en el exterior estimándose en 16000 mi-
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llones de dólares el dinero ecuatoria- no que al momento está en Miami, Panamá y otros paraísos fiscales. To- do esto según Carlos Noir significa alrededor del 76% del PIB. En el nuevo esquema monetario se conge- larían los dineros de los pequeños, medianos y hasta grandes ahorristas y las cuentas de las empresas. En su lugar se les entregarían nuevas mo- nedas que paulatinamente irán per- diendo valor. Todo este mecanismo enriquecerá aún más a la banca. Los exportadores tendrán en la devalua- ción un colchón para superar sus
problemas de competi- tividad. El panorama es terrible para quienes tie- nen créditos en dólares.
Prepararnos para resistir
La primera evidencia de un cambio en la situación de inmo- vilidad, desaliento y confusión del campo popular la ha dado el úl- timo Congreso de ECUARUNARI. La
principal filial de la CONAIE ha anun- ciado su independencia con respecto al Gobierno, su distanciamiento con la línea de Pachakútic y su disposi- ción para pasar a la movilización. La lucha en las nuevas condiciones será mucho más dura que en el pasado y solo puede ser sostenida con un pro- grama y direcciones amplias que ga- ranticen acciones unitarias de todos los sectores populares.
Un papel decisivo, ante la crisis de las direcciones políticas del campo popular, principalmente de Pachakú-
tic, deberán desempeñar las fuer- zas de la izquier- da anticapitalista, por ahora disper- sas. La unidad de ésta izquierda en un frente dotado de un programa común es la tarea estratégica fundamental.
Quito, 29 de abril del 2003
Cuadernos del Sur
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Los movimientos antibelicistas de contestacion femenina
Mabel Bellucci*
esde principios del siglo XX hasta la actualidad, con un perfil espon-
táneo y fugaz, emergen colectivos de mujeres contra la lógica belicis-
ta y a favor de la legitimación de la vida. Sus reclamos abarcan un am- plio abanico de posiciones que convergen en una misma dirección. Es decir: accionan contra el sistema de la guerra, los levantamientos y golpes militares; el alistamiento obligatorio; las ocupaciones de territorios bajo la intervención de potencias que esgrimen razones humanitarias. Asimismo, denuncian el irrespeto a la autodeterminación de los pueblos bajo limpiezas étnicas y reli- giosas. A la vez, consideran que toda confrontación bélica responde a una ne- cesidad del mercado armamentístico y también a un control hegemónico del mundo por parte de las naciones imperiales.
Valdría suponer entonces que, por un lado, cuestionan el orden patriarcal militar del Estado capitalista, al desnudar su carácter autoritario y represor. Por el otro, se oponen a colaborar con las fuerzas armadas, convocando a la deser- ción de las filas y, en algunos casos, haciendo un llamamiento a la huelga de vientres.
En líneas generales, estos variados movimientos intervienen de manera irruptora y autogestiva a través de frentes, redes, comités o multisectoriales; generando una multiplicidad de acciones de resistencia y de desobediencia ci- vil que fi'anquean las fronteras nacionales, étnicas y religiosas. Más de las ve- ces su presencia 'es discontinua justamente por no estar instituida y también por esa forma de denuncia y malestar con la coyuntura histórica atravesada:
Charles Tilly llama a estos estilos de emergencia “acciones colectivas comuna- les"; definiéndolas de esta manera: “Lógicas que, aún cuando no sean asumidas ba-
* Feminista, asambleísta y activista autónoma y nómade.
CuadernosdelSur 117
jo Iajbrma de políticas conscientes por parte de sus actores, conllevan un alto grado de sig-
nificación social y política, en la medida en que se presentan como oly'etivas y ‘respuestas’ al nuevo orden de cosas, ‘orden’ éste que es suly'etivamente percibido, en verdad, como ‘dc- sorden’”.2
El grado de envergadura social que representa esta agitación de conjunto tiende a cristalizar grupos humanos con intereses comunes. O, mejor dicho, transforma sedes de individuos en grupos de afinidades.
Lógicamente, no sólo las mujeres representan sujetos activos que se apron- tan a la contestación y a la resistencia autoorganizada ante las flagrantes viola- ciones consideradas de lesa humanidad, pero es posible que ellas logren visibilizar el sentimiento de indefensión y horror que afecta a la sociedad en su conjunto. No obstante, el sentido común hegemónico supone que las mu- jeres se posicionan frente al sistema de la guerra porque prevalece el senti- miento de preservación de la vida a partir de su papel reproductor. Esta pre- misa remite a una mirada esencialista que debería ser puesta en discusión al no contemplar que esta tendencia genérica podría asumirse como una moda- lidad alternativa en tanto y cuanto esos mismos intereses sean potencializados organizativamente en colectivos en agitación.
Aunque son conocimientos no reconocidos desde lo social —ya que surgen de las experiencias adquiridas dentro de la unidad doméstica y en el espacio local—, el saber cotidiano y la conciencia práctica3 de ciertos sectores de muje- res, hábilmente aplicados en la acción (por más que después no se fomlulen desde el discurso)4, podrían representar el punto de partida de sus prácticas movimientistas. Posiblemente, les permitiría entonces procurar estrategias en situaciones de riesgo.
Desde esta mirada, se logra resignificar una posición que hasta entonces era vivida como natural. Así, las mujeres, al configurar colectivos adquieren una nueva dimensión social y política de acuerdo a ciertas prioridades. En- tre ellas, legitimar la vida para oponerse a las posiciones militaristas y arma- mentísticas, lo cual encierra la posibilidad de una solución no violenta del conflicto y la inmediata apertura de negociaciones. Así también desnuda las
‘ Trlly, Charles (1978): From Movilizatíon to Revolution, Adison Wesley Publishing Cp, Rea- ding, EE.UU., pág. 69.
'2 Grüner, Eduardo (1991): "Las fronteras del (des)orden. Apuntes sobre el estado de Ia so- ciedad civil bajo el menemato", en El Menemato, Edit. Letra Buena, Buenos Aires.
3 Conciencia práctica: conocimiento táctico, hábilmente aplicado en la orientación de cursos de conducta, pero que el actor no puede formular discursivamente. Véase Schmukler, Beatriz (1986): “Las madres y la producción cultural en la familia". En Estela Grassi (comp.): La antro- pología social y los estudios dela mujer, Edit. Humanitas. Buenos Aires, pág. 173.
4 Schmukler Beatriz, op.cit, pág. 36.
R Mayodezoo3
lógicas de la barbarie capitalista expresadas por el racismo, el etnocentrismo y la xenofobia.
Txems Finez, en el debate sobre la objeción de conciencia llevada a cabo por el movimiento de insumisos en España, sostiene que no se puede seguir manteniendo la autonomia de lo militar frente a lo civil para preservar una organización que se gobierna según sus propias leyes y en atención a particulares intereses. Urge enton- ces la necesidad de recuperar la conciencia cívica como conciencia crítica de la lógica anti- militarista y de derechos humanos para potencializar respuestas organizadas, mixtas o de miy'eres, que apuestan a métodos no violentos de resistencia como una jbrma de desobede- cer las normas presa-¡ptas del sistema militar —patriarcalS.
Al mismo tiempo, los presupuestos antibelicistas y de derechos humanos deberían ser la nutriente de todos aquellos movimientos que bregan por vivir en igualdad, respetando las dfi’rencias. Cabe recordar que, hacia finales del XIX, esos mismos presupuestos representaron el eje de] pensamiento obrero inter- nacionalista.
El movimientos antibelicista y antimilitarista de mujeres Haciendo historia...
En la mayoría de los países centrales, mujeres de distintas vertientes ideo- lógicas y sectoriales ponen en marcha instancias organizativas autónomas pa- ra manifestar sus posiciones antibelicistas.
La Primer Guerra Mundial genera tensiones en cuanto divide al mun- do entre reclutamiento militar para los varones e industrial para las mu- jeres.
En los últimos días de paz del verano de 1914, la campaña en favor de la neutrali- dad se había extendido por numerosos paises. Entre los grupos, se encontraba la Alianza Internacional Par el Voto dela Mujer, cuyas múltiples acciones incluyeron la recaudación de doce millones de firmas de mujeres de veintiséis países en favor de un intento de solu- ción pacifica 6.
Asimismo, un año después, Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin son las promotoras de la Primera Conferencia Internacional por la Paz, en La Ha- ya, posibilita la creación de una plataforma para la mitad de la humanidad ba- sándose en el sentimiento antibélico7. De su tradición heredamos también esta
5 FÍDEZ Txems (1990): "Los grandes retos actuales." En: El debate sobre la objeción de con- ciencia, Papeles para la paz, Consejo de Ia Juventud. N° 38, Euskal Herria, España, pág. 221.
5 Castellanos Roig, Mercedes (1982): La Mujer en laáHistor'ia. Francia, Italia, España. Sig/os XVII-fit, Serie Estudios 3, Instituto de la Mujer., Ministerio de Cultura, Madrid, pág. 292.
7 Evans, Sara M. (1993): Nacidos 'para la libertad, Edit Sudamericana, Buenos Aires,
pág. 168.
Gmdemosdel Sra ng
convicción fundada contra la guerra. Son las mujeres alemanas quienes ad- vierten, en su propia tierra, como el militarismo condena al exterminio hu- mano. A raíz de este multitudinario evento se constituye, en Nueva York, el Rartida de Mujeres por la Paz y La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Li- bertad. Fue un intento de síntesis precursor entre los movimientos pacifistas y feministas.
En vísperas de la entrada de Ita-lia en la guerra, aparece en el diario Avanti, el llamado del Comité Internacional de las ,Mry'eres Socialistas a las obreras del mundo para evitar que millones de ciudadanos sean reducidos a ca- dáveres, mutilados, inválidos, desocupados, mendigos, viudas y huérfanos 3. Yter- minan diciendo que estegrito se alza en todas las lenguas y encuentra eco en to- das las trincheras 9.
Otro dato que no se puede soslayar, es la significativa importancia de la Unión de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, colectivo constituido, en 1933, dentro y fuera de España"). Su sede funciona en París, presidido por Dolo- res Ibarruri, Irene Falcón y Victoria Kent, entre otras tantas mujeres de des- tacada trayectoria. Entre sus objetivos fundacionales, se encuentran la lucha contra el fascismo enemigo de la mujer; contra la guerra, por la incorporación de la mu- jer antifascista, por la libertad y el trabajo y por la educación y mejorade los derechos fe- meninos“.
Finalizando la década de los cincuenta, en Washington, se funda el movimiento Huelga de Mujeres por la Paz. Su convocatoria numerosa y su posición confrontativa con los lineamientos de la Guerra Fría lleva a que el subcomité de Actividades Antinorteamericanas de la Cámara de Re- presentantes, intenteprobar la infiltración de comunistas dentro de sus filaslz.
En tanto que en las periferias de las universidades, los estudiantes se reú- nen para discutir sobre la aterradora guerra nuclear y sobre el materialismo de la cultura norteamericana, dando paso al movimiento pacifista. En 1962, se crea el Comité de Acción No Violenta‘3 dirigido hacia un nuevo público atento por la ética de la guerra y los peligros de la carrera armamentística nuclear. Durante ese mismo año, a raíz de una nube radiactiva proveniente de una prueba nuclear, se organiza una huelga de 50.000 mujeres que abandonan sus
3 Parca, Gabriella (1981): L’ aventurosa storia del feminismo, Edit. Mondadori, Milán, pág.88.
9 Parca, Gabriella, op. cit,‘ pág. 88.
1° Castellanos Roig, Mercedes, op. cit., pág. 292.
” lbarruri, Dolores ( 1939): El único camino, Moscú, pág. 210.
'2 Evans, Sara M., op’. cit, pág. 255.
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hogares y cocinas para exigir al poder político que terminen con la carrera arma- mentista, no con la raza humana”.
Iniciados los setentas, los desafíos del movimiento feminista; de los fren- tes estudiantiles de izquierdas; de la comunidad negra por su autodefmición; de la resistencia de. las minorías sexuales así como de la oposición frontal a la guerra de Vietnam, generan una radicalidad de las luchas políticas y cultu- rales. Clima, por cierto, pocas veces atravesado por la potencia del norte. Así, en enero de 1969, las mujeres blancas y negras se movilizan aWashington co- mo señal de protesta contra la guerra. Esa marcha se la conoce como Brigada de jeanette Rankin”, en homenaje a la primer mujer congresal que votó en contra sde la participación de su país durante las dos guerras mundiales.
En tanto que en 1988 surge, en Israel contra la ocupación de ese país a Cisjordania y Gaza, el movimiento de Mujeres de Negro contra la Guerra. To- mando el modelo de las Madres de Plaza de Mayo, su accionar se centra en denunciar la tragedia que sufren los pueblos agredidos por las potencias imperiales.
Así, comienzan a juntarse con sus pares palestinas y pueblan las calles de la plaza Hagar ,en jerusalén, y hacen oír su voz bajo la consigna Basta a la ocupa- ción“.
Mujeres de Negro condenan todo tipo de violencia, desde la masculinidad heterosexista que ejerce formas diversas de violencia contra las muje- res hasta el militarismo y la guerra. En vigilias silenciosas apoyan la democra- cia multiétnica e intentan construir una política de paz internacional ante cualquier avasallamiento al derecho de las minorías. Sin olvidar su propósito de desmantelar el orden patriarcal militar vigente. Sus campañas se caracteri- zan por unir a mujeres de bandos encontrados para realizar plantones una vez a la semana de forma permanente”.
Dos años más tarde, después de haberse multiplicado por Medio Oriente, se suman las ex yugoslavas. Ellas denunciarán la violación como arma y botín de guerra, el nacionalismo colonialista así como la militarización de lo's Bal- canes.
‘3 Rowbotham, Sheila (1980): La mujer ignorada por la historia, Edit. Pluma y Debate, pág.169.
‘4 Ruiz, Reina (1990): "Mujer y Ejército". En: El debate sobre la objeción de conciencia, Papeles para la Paz. N" 38. Consejo de Ia Juventud Euskal Herria, España, pág. 241.
'5 Evans, Sara M., op.cit, pág. 275.
¡6 Gemetro, Florencia: "Resistencias. Por Ia paz". Suplemento LaS/'12, Diario Página/12 del 21.2.2003, Buenos Aires, pág. 1 1.
‘7 Cockbum, Cynthia (1999): Poder Decir: Ni esto ni lo otro, Peace Brigades International, The National Peace Council, Londres, pág. 3.
Cuadernos del Sur 121
Con el correr de la década de los noventas, el movimiento logra extender- se a Italia, España, México, Alemania, Gran Bretaña, India, Turquía, Sudáfri- ca y Filipinas.
Una de sus principales propuestas, consta. en Queremos convertirla resistencia en una desobediencia pública como alternativa a la guerra. No aceptamos la globaliza- ción económica del capital productivo y especulativola.
Frente a la actual agresión contra Irak, el movimiento convoca a apoyar a to- dos los militares, hombres o mujeres, de cualquier facción que decidan deser- tar de las fuerzas armadas durante dicho conflicto. En el escrito, las Mujeres de Negro recuerdan que lo vienen haciendo desde hace 20 años en las diferentes contiendas, tales como la de Israel con Palestina, en Kosovo y Sarajevo. A la vez, expresan su solidaridad con la población civil en Irak y, en especial, con las mujeres, también con los movimientos pacifistas en Estados Unidos.
Para ellas, ambos ejércitos deben facilitar el acceso a las operaciones hu- manitarias así como respetar los acuerdos de Ginebra sobre el trato a prisio- neros de guerra”.
Por último, al efectuar un repaso de nuestro belicoso siglo XX (Primer y Segunda Guerras Mundiales, Guerra Civil Española, Medio Oriente, Golfo Pérsico, Kosovo, Sarajevo) se devela que si los colectivos de mujeres —que no siempre fueron numerosos- se movilizan, parten de cuestionar el orden prescripto en su conjunto al priorizar la legitimación de la vida y denunciar el militarismo patriarcal del sistema capitalista.
En Argentina
Durante las primeras décadas del siglo pasado, las primeras voces premo- nitorias que se alzan para cuestionar los efectos devastadores del militarismo y la guerra, parten de las filas del movimiento obrero. Pese a que estos deba- tes son levantados por las referencialidades masculinas de la época, grupos de mujeres activistas, intelectuales y de sectores populares se organizan es- pontáneamente a la hora de hacer oír su repudio. A modo de ejemplo, se po- dría recordar determinados acontecimientos políticos significativos llevados a cabo por colectivos y vóces individuales.
Durante 1900, se plantea una perspectiva de guerra entre Argentina y Chile: Gabriela Laperriére de Coni —dirigente socialista y feminista- expre-
13 Comunicado por la agresión a Irak del movimiento de Mujeres de Negro contra la Gue- rra. MN/MEL, 2.3.2003.
‘9 Idem.
2° Feiióo, María del Carmen y Hilda Sábato (1983): “Las mujeres frente al Servicio Militar". En revista Todo es Historia, Buenos Aires.
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sa la posición de su partido en conferencias en torno a la paz, que se desa- rrollan en ambos países en conflictoï".
Un año después, en nuestro país se sanciona la obligatoriedad del servi- cio militar. Ello moviliza a las fuerzas más representativas de las corrientes librepensadoras de la época, sean anarquistas, liberales como socialistas. Nuevamente, Gabriela Laperriére de Coni aparece en el escenario público asumiendo posiciones antimilitaristale.
En 1928, se desencadena la Guerra del Chaco. La misma significó una de- nodada lucha entre dos compañías petroleras transnacionales ( una de ori- gen norteamericano y otra inglesa) instaladas en la zona del Chaco boreal. Frente a tales circunstancias, el Partido Comunista Argentino organiza una comisión La Alianza Femenina'Antjguerrera para rechazar la acción bélica de- satada entre Paraguay y Boliviaï'.
En ese mismo año, se lleva a cabo, en la ciudad de Buenos Aires, el Tercer Congreso Internacional Femenino, auspiciado por el Club Argentino de Muje- res. Uno de sus puntos pragmáticos considera que este simposio debe cons- truir al afianzamiento de la paz universal. El taller la Mujer y su opinión sobre la guerra fue el más concurrido y el que más estado público adquirió”. Asisten al mismo, figuras de notable trayectoria internacional y nacional, tales como la escritora Salvadora Onrubia, la activista anarquista juana Rouco Buela, la socialista Sara justo, la feminista Paulina Luisi, por nombrar algunas de las más aguerridas expositoras.
En tanto que a lo largo de la década del '30 -por efecto del crack econó- mico capitalista del '29 y el ascenso del fascismo en Europa- bajo el marco interno de militarización del poder, un grupo de mujeres motorizan sus fuerzas intelectuales para elaborar denuncias y cuestionamientos al sistema imperante. Escriben muchísimo contra la guerra y otras formas de explota- ción humana e injusticia social. Tanto es así que el quincenario de mujeres anarquistas Nuestra Tribuna lanza la propuesta de una pronta organización de un Congreso Antimílitarista Panamericano Femenino por la paz de los pueblos, amenazada por el los intereses hegemónicos de las clases dominantes. Apa- recen así, innumerables artículos, editoriales, reportajes, elaborados por y
2‘ Feijoo, María del Carmen, op. cit.
22 Datos extraídos de entrevistas con Fanny Edelman y de Jacinto Macizo. La primera fue una antigua dirigente del Partido Comunista Argentino, mientras que Macizo activó en el mo- vimiento anarquista y participó en la resistencia española. Entrevistas realizadas entre mayo y junio de 1985.
23 Rouco Buela, Juana: "La mujer y su opinión sobre la Guerra". En: Revista Mundo Argen- tino, Noviembre de 1928, Buenos Aires, pág. 23-24. Véase también Bellucci, Mabel (1988): "Entonces la Mujer”. En: Revista Todo es Historia. Buenos Aires, págs. 55 a 57.
Cuadernos del Sur ' 123
para mujeres; sin olvidar sus colaboraciónes en los principales diarios obre- ros y revistas de la época“.
Otro detalle importante es la obra de teatro escrita por Elías Castelnuo- vo, El Mutilado que —con una visión anticipatoria-al fenómeno de las Ma- dres de Plaza de Mayo- describe la caminata congojosa de un grupo de ma- dres que reclaman la devolución de sus hijos a un sanguinario empera- dor25.
Hacia finales de 1936, se prepara la Conferencia Interamericana de la Paz, bajo el nombre Debates y Derechos de la Mujer ante los problemas de la Biz. A este evento asiste un numeroso contingente de activistas sociales y feminis- tas que recomienda a los gobiernos americanos adoptar en sus legislacio- nes el reconocimiento integral a la población femenina de los derechos ciudadanos”).
El desenlace de la Guerra Civil Española vuelca a la mayoría de los nati- vos de ese país residentes en Argentina y, en una buena medida, a sus muje- res, a la defensa de la República. Se genera una pronta respuesta a través de la creación de asociaciones que se enrolan en el frente de batalla. También se llevan a cabo tareas de recolección de ropa, alimentos y medicina así como expresiones de repudio por intermedio del teatro, los manifiestos y el perio- dismo”.
El horror de la Segunda Guerra Mundial, en Europa, moviliza a las acti- vistas socialistas, comunistas, anarquistas y liberales de nuestras principales ciudades a denunciar y accionar contra las atrocidades de la contienda bélica.
En tanto que durante la última dictadura militar, llevada a cabo entre 1976 y 1982, las mujeres resisten tanto contra el terrorismo de Estado como la Guerra de las Malvinas. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las madres
24 Rouco Buela, Juana (1964): Historia de un ideal vivido por una mujer, Edit Recons- truir, Buenos Aires, pág. 53. Véase también Belluci, Mabel, op. cit.
25 Rouco Buela, Juana (1927) "La guerra", En: Revista Mis proclamas, Edit. Lux. Chile. Pág.14-15. ,
25 Gregorio Lavié, Lucila (1948): Las Mujeres de América y la Paz, Secretaría de Educa- ción de la Nación. Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, pág. 3.
27 Rouco Buela, Juana: "El Porqué de un Congreso Anarquista Femenino" En: Periódico Nuestra Tribuna, N° 39 del 1.7.1925. Buenos Aires, pág. 1. Evidentemente, ella intenta mo- vilizar a las mujeres también con sus declaraciones públicas asi como con sus articulos pe- riodísticos.
En la publicación chilena “Mis Proclamas" (1927) es columnista. En varios de- sus escritos entrelaza posiciones pacifistas con propuestas insurreccionales. Veamos: "(...) Y es bueno estar preparados, sobre todo las mujeres, para contestar a la guerra con la revolución" (...) "Las mu- jeres están llamadas a desempeñar en nuestros días un importantísimo papel antimilitarista. ¡Abajo la Guerra! ¡Abajo las armas! ¡Que cese la violencia organizada!"
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de los soldados combatientes y los grupos objetores de conciencia contra el alistamiento obligatorio, son ejemplos emblemáticos de los modos de au- toorganización espontánea y de resistencia civil. Esos mismos que expresan la necesidad» de recuperar la identidad ciudadana en el marco de los derechos humanos.
1991: surgen las Mujeres de Negro en Argentina
Al iniciarse el conflicto en el Golfo Pérsico, en 1991, amplios sectores de las izquierdas y del nacionalismo popular local, apoyan las posiciones de Irak, amparándose en la aventura “antiimperialista” experimentada por el gobierno militar de F. Galtieri (1982) contra el dominio colonial de Gran Bretaña sobre las Islas Malvinas, en el Atlántico Sur23.
En este contexto pro-saddamista se constituye un movimiento alternati- vo a las posiciones tradicionales de las izquierdas, el Comité NO a la Guerra en Medio Oriente.
Posiblemente, este frente significa un intento de retomar el espíritu anti- belicista y antimilitarista de las vanguardias obreras e intelectuales de las pri- meras décadas del siglo, a partir del ingreso de las corrientes inmigratorias de ultramar.
El Comité NO a la Guerra agrupa aproximadamente cuatrocientos perso- nas que expresan un amplio arco de la cultura y de la intelectualidad de Bue- nos Aires y de otras ciudades del país.
Esta iniciativa toma estado público mediante una solicitada a través de la cual se repudia tanto al ataque militar de las fuerzas norteamericanas y sus aliados como la aventura de Saddam Hussein en el Kuwait. Ante esta situa- ción, exhortan al conjuntodc la sociedad a pronunciarse contra la guerra y por el cese inmediato de todos los bombardeos. Asimismo, piden junto al retiro de las naves argentinas, la inmediata apertura de negociaciones en la región del Golfo, a tra.- vó de una Conferencia Internacional, que busque una salida integral a los conflictos de Medio Oriente, en base al respeto del derecho de autodeterminación de los pueblos y, en particular; los derechos del pueblo palestino, evitando por todos los medios la continui- dad de las hostilidades”.
En tanto que las mujeres que integran el Comité, en buena parte femi- nistas autónomas, figuras referenciales de los organismo de derecho huma-
23 Bellucci, Mabel y María A.Gutiérrez (2000): "La guerra es el problema no la solución. El Comité No a la guerra en Argentina". En: Revista Doxa', Año X. N° 20, Buenos Aires, págs.151 a ¡53.
29 Volante del Comité No a Ia Guerra.
Cuadernos del Sur ¡25
nos, de frentes estudiantiles y artistas- junto con el Servicio Paz yJusticia (SERPAJ) y el apoyo de Greenpeace- convocan a manifestar públicamente su repudio contra la guerra. Nuestro frente de Mujeres de Negro marcha por las calles de Buenos Aires y finaliza su accionar y performance en la Pla- za de Mayo; concentrándose a lo largo de las escalinatas de la Catedral Me- tropolitana. La actriz Cristina Banegas lee un conmovedor documento, es- crito por María Moreno y Martha Rosenberg.
Una parte del texto dice: Empecinadas en devolver como resistencia lo que se nos adjudica como única alternativa, y así como el blanco dejó de signficar rendición, sino todo lo contrario en los pañuelos de lasmadres de Plaza de Mayo, queremos extender el sentido del luto para convertirlo en arma política; ya no es sólo el signodel dolor por la pérdida de un ser querido, la tragedia privada y su rito acotado entre cuatro paredes. Estamos de luto por nosotras y por las otras madres, por hy'os, amantes, hermanos que nunca conoceremos. Estamos de luto pero ermegrecidas por el petróleo cuyo botín hacen muertos vivos de los seres vivientes en los mares contaminados por el desecho industrial. Estamos de luto porque nos negamos a ser las viudas de la sociedad civil y queremos que el negro de nuestros vestidos sea un borrón en medio de la Obscenidad de las imágenes de la guerra en el Col/b. Estamos de luto como Antigona porque como ella creemos que hay leyes no escritas, leyes que aún no han sido promulgadas, ni selladas en la mesa de negociaciones ante las Naciones Unidas, pero que conducen a la resistencia. 30
Por esos días, Madres de Plaza de Mayo- Línea Fundadora, expone tam- bién una posición contraria al envío de tropas argentinas a la zona del con- flicto“. En un documento, ellas expresan:
Nosotras, las Madres, condenamos todo acto de ocupación de territorios en otro pais. Nuestra lucha se basa en .la libre determinación de los pueblos. Nosotras condenamos las injerencias de paises que, con el pretexto de defender la paz, ocultan sus mezquinos intereses políticos y económicos”. En consecuencia, nosotras no aceptamos el envio de Fuerzas Armadas al Golfo, porque
1) Es una cuestión que deben solucionar los paises árabes, sin intervención mctrana jera como jue la de Estados Unidos y la OTAN en momentos de la invasión a las Mal- vinas
2) Las Fuerzas Armadas Argentinas no tienen reservado ma's que un sólo lugar
3° Este documento fue entregado por Ia feminista Martha Rosenberg.
3‘ Manuscrito presentado por Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo- Linea Fundadora. El petitorio presentado el 8 de Marzo de 1991 a la Cámara de Diputados‘de la Na- ción incluye las siguientes demandas: 1) el cese inmediato de las acciones de guerra. 2) El re- tiro de las naves y Fuerzas Armadas argentinas. 3) EI respeto a la autodeterminación de todos los pueblos de Medio Oriente. 4) La salvación pacífica de los conflictos con negociaciones in- mediatas entre las partes.
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dentro de la historia de la humanidad: la prisión. Ellas esta'n inhabilitadas porque son responsables del genocidio argentino.
3) Nosotros somos un pais que sufi'e por lo hecho por las mismas Fuerzas Armadas y la policia sin escrúpulos que participaron con ellos.
Bajo el lema internacional la guerra es el problema no la solución, este aconte- cimiento político se repetirá ocho años más tarde, contra la intervención multinacional de la OTAN. Esgrimiendo “razones humanitarias”, decide “res- catar” al pueblo yugoslavo de la opresión y limpieza étnica del régimen de Milosevic.
Todas estas expresiones de repudio por parte de las integrantes del Corni- ré NO a la Guerra, representan propuestas inaugurales y antecesoras de la úl- tima manifestación llevada a cabo, en Buenos Aires, por un grupo de muje- res de partidos políticos junto con organismos de derechos humanos contra la masacre lanzada por Estados Unidos e Inglaterra sobre Irak.
Buenos Aires, Abril de 2003
“INAH INIA
Revista de debate y crítica marxista
VIEIVÏ 0 M
POR UIA llOUIEIIDA ALÏkRNAÏIVA
Cuadernos del Sur 127
Poder y anti-poder Acerca del libro de John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder
Joachim Hirschv'r
uien espera un consejo práctico de cómo hacer para cambiar de
unavez por todos el mundo, quedará decepcionado con este libro.
Porque, antes que nada, afirma que, si los objetivos son la eman- cipaci y la liberación, la manera como seguramente no podrá cambiar es mediante la toma del poder (estatal). El libro busca demostrar que el desa- fío está en desarrollar anti-poder, poder creativo; que cambiar el mundo de- be entenderse como negación de lo que comúnmente se llama política y que se agota en la reproducción permanente de relaciones de poder y sumi- sión. Una “sociedad sin relaciones de poder” es la meta a alcanzar.
Tres ejes conceptuales sostienen la argumentación: el grito; el poder ins- trumental versus el poder creativo; y la fetichización. Por “grito” se entien- den la furia frente al status quo, la rebeldia y la negación a seguir siendo .par- tícipe que se encuentran en el comienzo de toda reflexión crítica. la fu, ria, no la razón, la que impulsa la idea. En un retorno a la subjetividad in- mediata que tiene algo de existencialista, “la resistencia a aceptar lo inacep- table” y la conciencia de la posibilidad de un “ser diferente radical” se cons- tituyen en punto de partida del pensamiento y de la acción. En las condi- ciones sociales existentes, el poder genuino, creativo de los seres humanos, su capacidad de configurar autónomamente la vida social, negada por la “in- terrupción del flujo social de la acción”, la heteronomía que resulta en esencia de la separación de las condiciones de su actividad. De ahí surge el poder instrumental que interrumpe el flujo de la acción y encuentra su cul.- minación histórica en la relación bapitarlista y la racionalización de las rela- ciones sociales que ella conlleva. Esta racionalización se evidienciaen el pro-
* Economista
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ceso de fetichización, en la cosificación de las relaciones sociales por la cual lo producido por los hombres se transforma en poder objetivo sobre ellos, tal como lo describen Marx y Engels en la “Ideología alemana”. La fetichi- zación encadena a los hombres con el status quo, tanto en su pensamiento como en su acción, completando su “deshumanización“. La reproducción de dominación y explotación por el propio pensamiento y la propia acción, la penetración del poder instrumental en todos los sujetos, constituye el problema central de una teoría de la revolución.
A partir de ahí, los intentos comunistas —fracasados- y socialdemócratas de transformar el mundo mediante la toma de poder estatal, deben criticar- se en general. El juego de poder y contrapoder terminan reproduciendo las relaciones instrumentales de poder de distintas formas. El Estado es, dela misma manera que la mercancía y el dinero, expresión de la fetichización de las relaciones sociales. No es el espacio de poder sino la manifestación de las divisiones que caracterizan la sociedad capitalista. Para decirlo con los términos de la teoría materialista del estado, el Estado es parte de las rela- ciones de producción capitalistas y no externo a las mismas, por lo tanto no puede ser un instrumento neutral. Crista-liza las divisiones, e identificacio- nes que forman parte del poder instrumental. Entonces hay que deshacer- se del fetiche del estado en vez de adoptarlo. De esta manera se llega al cues- tionamiento de la tradición del marxismo “científico” que, al positivizar la teoría marxista, cae en el fetichismo de la sociedad burguesa. Al quedar atrapado en el concepto instrumental de poder, lo reproduce en la teoría y la práctica: La liberación se trasforma en acción de vanguardias, no a través de sino “para” los oprimidos, como espectáculo de un partido que lleva la etiqueta de “revolucionario” sin merecerlo en lo más mínimo.
Sin embargo la sociedad capitalista tampoco es una caja cerrada de obe- diencia ciega. La fetichización no es un estado sino un proceso en lucha permanente. Resulta así porque el poder instrumental sigue dependiendo de los potenciales de poder creativo, su utilización y explotación, lo cual brinda posibilidades para una acción liberadora. Se dirige contra todas las identificaciones y clasificaciones, sea como clase, sexo o nación, que repre- sentan la antítesis del reconocimiento mutuo. “Para la teoría burguesa la subjetividad es identidad, mientras que en nuestro argumento, la subjetivi- dad es la negación de la identidad.” (p., 112). El desafío está entonces en “buscar la esperanza en la naturaleza del poder capitalista mismo. Un po- der ubicuo implica una resistencia ubicua.“ (p. 120). Esta resistencia des- cansa en que los hombres mismos son quienes reproducen el status quo, crean y reproducen su opresión. La dependencia del poder instrumental
Cuadernos del Sur ' Y 1.29
—del capital- del poder creativo es la causa de su fragilidad y vulnerabilidad. Es a partir de ahí que se vislumbra la esperanza para otro estado de cosas. La crisis permanente del capitalismo, que solo adopta distintas formas his- tóricas, resulta de que el capital esté forzado a liberarse del poder creativo del productor y, al mismo tiempo, a someterlo de maneras siempre nuevas. Así, resistencia y lucha forman parte intrínseca de la relación de domina- ción y explotación existente.
Holloway desarrolla en su libro un esbozo de teoría crítico-materialista que ya tiene tradición. Parte de una interpretación de Marx orientada en sus escritos tempranos y trabaja con la misma intensidad y mirada crítica los es- critos de Georg Lukács y la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. Eximi- do de toda crítica queda sin embargo Marx mismo. Las problemáticas y contradicciones contenidas en su obra no se someten a análisis. Holloway toma como referencia y radicaliza los hallazgos de una teoría del Estado que retorna la definición de las formas sociales en un lenguaje atractivo y com- prensible probablemente éste sea un mérito también de la traducción (que, sea dicho al paso, cs excelente y cuenta con una serie de comentarios apro- piados)‘. Sin embargo, reproduce de esta manera la problemática ya muchas veces discutida del marxismo “hegeliano”. Aunque admite que los sujetos son marcados, formados, “dañados” por las relaciones sociales existentes, su argumentación se basa en el supuesto de una subjetividad esencial y “hu- manidad” —más allá de todas las condiciones sociales- que se enajena a sí misma en una relación de separación y fetichización que atraviesa la histo- ria y encuentra su culminación en la sociedad capitalista: el sujeto se “de- subjetiviza” y la humanidad se “deshumaniza” a causa del despliegue del poder instrumental. De esta manera, Holloway formula una posición con- traria a las teorías postestructuralistas y deconstructivistas de la actualidad, pero también deja de lado algunas críticas desarrolladas en este contexto. El retorno existencialista, para llamarlo de alguna manera, a la subjetividad in- mediata en la categoría del “grito” no sólo cae simpático, seguramente es necesario como punto de partida de toda teoría crítica.‘Es dudoso, sin em- bargo, si es suficiente para lograr deshacer el nudo gordiano definido por la dimensión y el sujeto de la crítica. El concepto de sujeto en Holloway trans- forma la liberación en la recuperación de algo originario, existente en la esencia del ser humano, precisamente en “des”enajenación. Frente a esta concepción, la frase de Marx que el hombre es un “conjunto de relaciones sociales” debería reconsiderarse seriamente. De otra manera, ni siquiera es
l [N.d.T.] El elogio de Hirsch se refiere a la traducción al alemán por Lars Stubbe.
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necesario plantear la- pregunta: ¿cuáles son los sujetos que luchan, por cuál libertad y forma de existencia social están luchando? y se llega al- peligro de que la “dignidad” —el parámetro normativo enunciado una y otra vez- se transforme en una metáfora vacía. También hubiera sido valioso en este contexto discutir más detalladamente el “antihumanismo teórico” de Alt- husser, que se opuso a las implicaciones totalitarias de una interpretación hegeliana de Marx.
Holloway presenta argumentos importantes y extraordinariamente considerables para una crítica de las teorías de izquierda, entre otras, su po- sitivismo siempre soslayado, su funcionalismo, su familiaridad en última instancia con el poder dominante. Al mismo tiempo demuestra una falta de rigor considerable a la hora de tratarlas con mayor profundidad. Así, Foucault es reconocido como un teórico de las relaciones de poder com- plejas, pero no se profundiza en que su concepto de poder es diametral- mente opuesto al del autor, pues para el primero, la relación entre poder instrumental y poder creativo no es simplemente “antagónica” Por otra parte, Holloway mismo es bastante impreciso respecto de esta relación cuando, por ejemplo, llama la atención a que nosotros formamos parte, “profunda e inevitable” del antagonismo entre poder instrumental y poder creativo (p. 73). No aclara si es así por principio o solamente en la socie- dad capitalista. En el primer caso, Foucault podría haber argumentado de una manera similar, sin embargo le reprocha haber quedado atrapado en las categorías burguesas, algo poco sostenible en esta simpleza. Tornar más en serio a Foucault hubiera significado, sin embargo, problematizar el principio de oposición entre “poder” y “anti-poder” sobre el cual descan- sa todo su argumento.
Gramsci la saca aún mucho peor, quedando prácticamente descalificado en unas pocas palabras como otro más que se dejó engañar por el fetiche, concretamente, la política de vanguardia centrada en el Estado. Seguramen- te es posible criticar a Gramsci en este contexto, pe- - ro la afirmación de que habría pasado por alto la im- portancia de las luchas permanentes (de clase), es simplemente insostenible. Mete en la misma bolsa a la teoría de la regulación, criticándola por su “vi- sión del capitalismo como una sociedad relativa- mente plácida que se autoreproduce, en la que cual- quier cosa necesaria para la reproducción capitalista automáticamente sucede.“ (p. 201). El problema del funcionalismo se discute extensamente al interior
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de la misma teoría de la regulación, pero con una diferenciación mucho mayor. Aquí hubiera sido más útil una crítica más concisa que una descali- ficación genérica. No hay que olvidarse que la teoría de la regulación plan- tea justamente cómo el capitalismo, en cuanto sociedad antagónica atrave- sada por luchas de clase, es capaz de lograr una relativa estabilidad y formu- la condiciones para que ello ocurra y que de ninguna manera son garanti- zadas “funcionalmente” sino justamente expuestas. a luchas. La reproduc- ción plantea, además, un problema. Holloway vincula, en general, toda teo- ría de la reproducción con la imposibilidad de comprender la fetichización, pero queda debiendo una explicación de por qué lo ve así. Hay que recor- dar que Marx había señalado —y algunos de sus dichos citados en el texto lo demuestran- que la relación capitalista de producción y dominación solo puede ser comprendida desde su reproducción y que lo importante es com- prender en detalle este proceso. Toda teoría crítica-materialista es conscien- te de que la reproducción es lucha de clases. La “regulación” de la repro- ducción solamente se logra mientras las luchas no hacen estallar las formas capitalistas (o el “fetiche” en el lenguaje del autor). Sería fácil rescatar todos estos puntos de textos ampliamente conocidos y Hol10way encontraría en ellos algunos puntos de partida interesantes para su propio argumento, por ejemplo en relación con los conflictos y contradicciones que forman parte del proceso de fetichización y del surgimiento de las formas sociales. En ge- neral, llama la atención que la crítica teórica de Holloway en su conjunto se caracteriza por una notableestrategia de inmunización.
Sin embargo, el texto se destaca por el intento de aplicar coherentemen- te el pensamiento dialéctico de Marx y de seguir desarrollándolo. Holloway comprueba muy bien que la teoría crítica malogra su objetivo cuando se niega a adoptarlo. El problema surge cuando interrumpe esta dialéctica en puntos decisivos e invierte la negación en 'positivización. Siendo el poder creativo la negación del poder instrumental, el primero se encuentra —co- mo él mismo dice-—, en una relación contradictoria, ergo “inevitable” con el segundo. Al mismo tiempo, Holloway positiviza el poder creativo como esencial y libre de toda contradicción. La identificación se define como “an- títesis” de reconocimiento mutuo para el desarrollo del poder creativo, omitiéndose que el reconocimiento requiere al mismo tiempo de identifi- cación —una contradicción que se desarrolla mucho más concluyentemen- te en algunos debates actuales sobre “política de identidad”. Una aprorn'ma- ción igualmente “no dialéctica” caracteriza en cierto sentido al tratamiento que Holloway da a los conceptos de fetiche y fetichización. Enuncia breve- mente qüe se halla también un elemento de libertad y autodeterminación
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en la imposición de las formas capitalistas, de la forma mercancía y de las relaciones de dinero, en la centralización del poder y en la separación entre estado y sociedad, pero sin que esta mención tuviera consecuencias para la argumentación. La ilustración llega a quedar reducida a un “complemento filosófico del establecimiento de las relaciones sociales capitalistas” (p. 106). No se plantea la pregunta si y de qué manera una sociedad diferenciada y libre requiere de formas objetivas, es decir de una verdadera racionalización específica, pues entonces lo importante sería posiblemente no abolirlas simplemente sino de manejarse concientemente frente a ellas y “superar” así la fetichización en el sentido hegeliano. N o es casual, entonces, que Ho- lloway denomine “comunidad” y no “sociedad” las relaciones sociales a al- canzar. El ideal de una comunidad simple, del tipo de un comunismo pri- mitivo es el parámetro. En general hubiera sido fructífero un análisis de la “dialéctica de la iluminación” de Horkheimer y Adorno, y más allá de ellos. Holloway ni menciona las relaciones sociales de la naturaleza, un elemen- to central de la teoría crítica.
Sorprende que tampoco aparece la política. “Política” y “anti-política" se tratan oponiéndolas en forma abstracta. El concepto de “anti-política” es im- portante en cuanto señala que aquella acción política que se limita al terre- no de las formas políticas dominantes, al Estado, a la separación entre “po- lítica” y “economía”, entre “Estado” y “sociedad”, no es capaz de lograr una calidad capaz de transformar radicalmente la sociedad. Es un hecho que el desafío está en redefinir el concepto de política. La denominación “anti” ad- quiere sin embargo de nuevo el carácter de una oposición abstracta. El de- sarrollo de poder creativo no puede limitarse a la simple negación del poder dominante, sino requiere su análisis concreto. El Estado no es solamente un fetiche abstracto, sino también un campo de luchas sociales. Probablemen- te, Poulantzas (cuya “teoría del Estado” ni siquiera se menciona) fue quien caracterizó con mayor acierto este hecho, señalando, al menos en sus escri-' tos tardíos, la relación necesaria y al mismo tiempo conflictiva entre política institucional y extrainstitucional, entre “poder” y “anti-poder”. Holloway mismo escribió hace tiempo un texto llamado “In and against the State”2. Este concepto aparece en su libro (p. 149), pero no lo desarrolla. En el pre- facio cita con empatía el lema de los rebeldes argentinos: “¡Qué se vayan to-
2 [N.d.T.] Publicado en ingles en 1980. Existe una..traducc¡ón abreviada de este teXto en castelano con el título "El Estado y/a lucha cotidiana',’ publicada en la colección de textos de John Holloway, Marxismo, Estado y Capital. La crisis como expresión del poder del trabajo, Cuadernos del Sur, Fichas temáticas n° 5, Buenos Aires 1994.
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dos!”. Suena bonito. Pero, mientras tanto, la expe- riencia demostró que eso solo no implica una trans- formación social, si no se logra desarrollar concep- ciones sociales alternativas que superen las luchas fragmentadas. De ahí surge la cuestión de la hegemo- nía que Holloway descalifica como expresión del po- der instrumental, como concepto que consolida y le- gitima el status quo (p. 200). La lucha contra las rela- . ciones sociales dominantes, contra el poder requiere de un acuerdo sobre objetivos, concepciones sociales, sobre aquello que ha- ce a la .vida digna y buena. El desarrollo de poder creativo sería en sí mismo un proceso conflictivo. Lo que esto significa no se encuentra simplemente en la “esencia” de los seres'humanos para ser liberado en el proceso de las luchas. Su realización sería siempre objeto de disputas, compromisos y ne- gociaciones —y con ellos- también de poder.
Cuando Holloway se refierea luchas concretas, lo hace en forma de una rara enumeración sumatoria que va de los zapatistas mexicanos, pasando por los estibadores de Liverpool hasta las “demostraciones internacionales contra el poder del capital dinero”, críticas de la globalización (p. 226). Ad- mite que estas luchas mismas están atravesadas por contradicciones, ya que son llevadas adelante p'or sujetos “enajenados”, dañados, sometidos a la fe- tichización. Sin embargo apenas las analiza, sino que aparecen más bien co- mo un problema secundario que de alguna manera se superará. Segura- mente es correcto liberarse de la proyección de un sujeto revolucionario preestablecido —como “la clase obrera”- y de una unidad predeterminada de las luchas. Sin embargo, Holloway reintroduce de hecho esa unidad, de alguna manera por la puerta trasera, cuando proclamacomo lema la “lucha” como tal, definida en forma totalmente abstracta. N o se plantea la pregun- ta qué significa en la práctica luchar contra la fetichización, aunque sabe muy bien que existen también luchas que confirman y consolidan el feti- che social —la forma de dinero o de estado, las identificaciones-. Habría que preguntarse entonces ¿hasta qué punto se logra traspasar las formas fetichi- zadas de la vida social en el despliegue de las luchas y desarrollar formas dis- tintas —más libres- de socializaciónP. Es decir: ¿Hasta qué punto es posible abandonar el terreno de conflicto establecido por el poder dominante?. En el transcurso de la historia mucho se ha escrito y también se realizaron ex- periencias pero no parecen merecer ni siquiera ser discutidas. Los paráme- tros planteados por Holloway al respecto son “amor”, “comunidad”, “soli- daridad” —todos conceptos apenas superables en su generalidad abstracta,
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sin decir que resulta difícil imaginar una sociedad li- bre basada únicamente en estos principios.
En consecuencia, el concepto de revolución que- da tan difuso como abstracto. Es cierto que la revo- lución debe ser llevada adelante por sujetos que son formados ellos mismos por el poder dominante, y que la contradicción que este hecho acarrea recién podrá superarse en luchas y conflictos en los cuales la transformación de las personas mismas es esen- cial. Pero, ¿quién lucha entonces, quién se rebela, quién se decide por la ne- gación? La repuesta de Holloway es: todos nosotros — o al menos “la mayo- ría de las personas” (p. 230). Finalmente somos casi todos víctimas de la fe- tichización y del poder instrumental —mirándolo bien, tampoco están ex- cluidos los propios capitalistas. A pesar que Holloway critica acertadamen- te a Hardt y Negri por los equívocos teóricósque contiene “Imperio” (p. 242 ss.), y no comparte su afirmación secreta del neoliberalismo, recae en un modo argumentativo sorprendentemente similar: También él postula que la crisis del capital es una expresión de “nuestra” fortaleza, es decir de la capacidad de sustraerse a la fetichización y al poder instrumental. Eso es un sobreentendido en tanto la lucha de clases y la crisis están implícitas en el concepto del capital. La cuestión es ahora en qué condiciones y en qué formas las luchas son aptas para trascender la reproducción del capital y cuestionarlo efectivamente, —con lo cual la política vuelve a estar a la orden del día.
Es llamativo que Holloway desarrolle una concepción que se asimila, a pesar de todas las críticas, demasiado al de la “multitude” de Hardt y Ne- gri. La pregunta es qué pasó para que esta figura argumentativa —la cons- trucción de una “multitud” no especificada, rebelde, luchadora- se consti- tuya últimamente en algo así como el mainstream de la teoría de izquierda. Podría pensarse que este hecho se relaciona no solamente con la pérdida de viejas certezas revolucionarias y con los problemas para reorientarse teóri- camente luego de esta pérdida, sino también con la percepción de una es- tructura de poder aparentemente cerrada e ineludible, a la cual solo se pue- de oponer la negación abstracta. La reacción frente a la pérdida del sujeto revolucionario concreto Consiste en su generalización difusa. El llamado :‘a la negación, a la ruptura con el status quo, al no-p'articipar-más es sin duda- importante, pero solo produce impacto político cuando se articula teróric'aa‘g; mente con un análisis detallado de las formas cambiantes de reproducción del capitalismo y sus transformaciones históricas concreta, en resumen, de
todo aquello que Holloway denuncia generalizandocomo teoría legitiman- te del status quo.
Bajo estas condiciones, la teoría asume como finalidad esencial desper- tar esperanza y éste es el objetivo principal del libro de Holloway. Sin em- bargo, la esperanza solo puede lograr un efecto transformador en el contex- to de una utopía concreta que tome en cuenta el status quo con todas sus contradicciones. El mensaje de Holloway —el tipo de lenguaje que utiliza no es casual- tiene un dejo pastoral que resulta extraño. Se trata de una filoso- fía social con rasgos sorprendentemente teológicos y una estrategia de in- munización teórica. En varias Oportunidades se impone la sensación de que se trataría solamente de la interpretación correcta de los escritos correctos. Como las condiciones materiales concretas, las formas de socialización, el manejo del poder o una especificación del concepto de política no aparecen, Holloway incurre en el peligro de quedarse en un llamado idealista al cam- bio de conciencia.
Sin embargo es de destacar que la lectura del libro es extraordinariamen- te recomendable e importante. Holloway recupera elementos muchas ve- ces olvidados de una teoría crítica materialista y sigue desarrollándola. An- te el hecho de que los mismo elementos ya no parecen ser considerados ni discutidos en el contexto de una “Realpolitik” de la izquierda autodenomi- nada como pragmática, su intervención es tan necesaria como saludable. Para dar solamente un ejemplo, su exposición sobre el significado y el va- lor teórico de la teoría del valor de Marx es brillante. Y por supuesto, hay que tomar en serio su crítica de la construcción teórica actual de la izquier- da, aún cuando no la desarrolle demasiado bien. Aporta una crítica acerta- da de todas las concepciones político-teóricas que culminan en querer combatir al status quo con sus propias armas, sea por la conquista de o la influencia sobre el poder estatal. De esta manera se toma posición frente a los principales debates al interior del movimiento antiglobalización, por ejemplo. “Este es un libro que no tiene un final” escribe Holloway al ter- minar, “es una pregunta, una invitación a discutir” (p. 309). Habría que res- ponder sí o sí a esta invitación, criticando no solamente sus lagunas, sino to- davía más algunos de sus fundamentos teóricos. De esta manera se crearía un espacio para, se favorecería la posibilidad de... etc., etc... poner nueva- mente una teoría radical de la liberación a la orden del día. Lo "cual segura- mente responderá a la intención del autor.
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Breve diccionario de la actualidad
(no solo) argentina
(Traducción: Eduardo Grüner)
0ta Bene: Lo que sigue no es más que la traducción (probablemente muy imperfecta) de un fragmento de Diccionario Enciclopédico encontrado por arqueólo- gos entre las ruinas de un antiguo país, en una lengua ideográ- fica de muy dificultosa reconstrucción. De todas maneras, nos ha parecido útil hacer conocer estos restos, en tanto los conside- , ramos ilustrativos de un célebre dictum de un oscuro pensador de Tréveris del siglo XDC, quien afirmaba, aproximadamente, que la Historia, en tanto Tragedia, tenía la tendencia a repetirse, pe- ro la segunda vez como Farsa (si bien algunos proponen otras traducciones del término, tales como “comedia”, “parodia” o “sarcasmo”, lo cual no es poca diferencia, ya que .esos diferentes géneros discursivo-literarios producen, como es obvio, diferen- tes efectos de lectura), pero que también sugería, como conno- tación de esa frase, que alguna vez, para poder realmente reirse de ella, había que tomarse la farsa en serio . Está de más aclarar, por lo demás, que el traductor, asumiéndose desde ya como res- ponsable de la traducción, no puede ser imputado como culpable de los conceptos. I
multitud (lat. multitudo / multitudine ): palabra .súbitamente puesta de moda —a partir exactamente del 20 de diciembre del 2001, fecha en la cual se presume que habría emergido de la Na- da la porción de realidad por ella nombra_da— entre sociólogos, politólogos y activistas políticos (especialmente del movimiento estudiantil anarco-espontaneísta) argentinos. Dícese de un apre-
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tujamiento heterogéneo, heteróclito, heteronómico y heteroglósico de su- jetos/as que realizan actividades varias y colectivas de desorden público, re- sistencia cultural y desobediencia civil, no inmediatamente inteligibles ni clasific'ables por las ciencias sociales, ni por las naturales o “exactas”, tales como las denominadas “cacerolazos”, “escraches”, “asambleas”, “piquetes”, etcétera. Originariamente, el concepto proviene del Tratado 'Iïzológico-Político del filósofo holandés Baruch de Spinoza (siglo XVII), que sindica a la multi- tudo como “nuevo sujeto histórico" (claro está que esta traducción del latín spinoziano, debida al desconcierto jergoso de los cientistas sociales de fines del siglo xx, es apenas aproximativa) de una democracia radical (en el sen- tido anglosajón de radical , con acento en la primera petite “a”), o también de- mocracia absoluta, incluso absolutista , ya que es entendida no como régi- men de gobierno —que podría ser de cuafquier naturaleza, aún monarquí- co- sino como praxis política permanente de la totalidad de los ciudadanos. En la literatura teórica reciente, el concepto fue hecho célebre (y celebrado) por el autonomista italiano Antonio “Toni” Negri, que lo ha complicado in- necesariamente con componentes tomados desde Maquiavelo hasta Deleu- ze y Badiou, pasando por Hegel, Marx, Gramsci y Carl Schmitt, cuando ya en Spinoza quedaba perfectamente claro de qué diantres se estaba hablan- do. A saber: de una tensión no sintetizable o “dialéctica negativa” (el térmi- no, muy posterior, es de Adorno, pero viene bien) entre lo Uno y lo Múl- tiple; o, en otras palabras, entre la unidad abstracta dada por un objetivo to- talizador aunque circunstancial del colectivo que se pone en acción, y los intereses individuales, singulares, concretos y/o inmediatos de los indivi- duos que componen dicho colectivo, que pueden, en el límite, ser contra- dictorios entre sí; como dicha “tensión” es en principio indecídible (como se dice ahora, pero no en la época de Spinoza, tiempo feliz en el que los inte- lectuales tomaban decisiones), las acciones de la multitud son espontáneas e imprevisibles. O sea, no se sabe para dónde van a rajar/ por dónde va a saltar la liebre / dónde está la madre del borrego / en qué cancha se van a ver los pingos / cuándo van a aparecer los monos con navaja, y otras metá- foras de similar cuño animalesco —todas ellas anteriores al famoso “aluvión zoológico”— utilizadas en las mismas latitudes en que la noción de multitu- do es actualmente tan fizshion , y tendientes a demostrar que allí ningún po- lítico tiene la vaca atada, para seguir en la misma línea prosop.opéyica. En otra literatura teórica reciente, esta categoría ha sido prolijamente hecha tri- zas por Juan B. Ritvo, quien con buenas razones la califica de “fiestera”, lo cual desde luego no forzosamente la descalifica, aunque sí revela (para esta perspectiva teórica) su perfecta inutilidad política. Agreguemos que la inne-
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cesaria complejización del concepto aludida ut supra ha recibido última- mente su merecido castigo, a manos de un sedicente aunque ignoto discí- pulo del “Toni” Negri, un tal Paolo Virno, columnista del endeudado ma- tutino Clarín / 12, que buscando volver a simplificarlo (aunque, hay que decirlo, sin lograr acceder a la lúcida sencillez del maestro Baruch) ha con- seguido eliminar de su seno toda remisión a cosas como la “clase”, la “na- ción”, el “Estado” y similares vetusteces superadas por una Historia en fran- ca agonía, y retrotraerlo a la “gente” (lat. gen: ) del erudito Prof. Grondona, cuando no a la venerable Doña Rosa (lat. rosa / rosae ) del Lic. Neustadt (a quien ya en su momento Jorge Luis Borges acusara de llamarse, en reali- dad, “Villanueva”, pero esa' es otra historia). Asimismo, según el profesor escocés john Holloway, es la acción como ya dijimos indeterminable de las multitudes anónimas la que permitiría —según una fórmula que a principios del siglo XXI se hizo canónica- “cambiar el mundo sin tomar el poder” (mu- chos analistas de la época, seguramente poco sensibles a la sutil dialéctica subyacente a tal fórmula, interpretaron la misma como un llamado objeti- vo a dejarles el poder... a los que ya lo tienen). Con todo lo cual, como de- bería resultar obvio, el concepto ha quedado completamente vaciado de to- do el contenido político con el cual había sido acuñado por Spinoza, y que aún conservaba en Negri, malgre' sus sofisticaciones postestructuralistas, y ha por consiguiente ascendido al rango de “significante vacío”, apto tan só- lo para que el Prof. Ernesto Laclau llene un próximo libro de 500 páginas, que por suerte —puesto que Laclau escribe en Londres- no podremos com- prar, siendo lo que son los precios de la cultura importada. Pero de nuevo nos estamos desviando. Sea como sea, sí queda claro a esta altura que la no- ción de “multitud” debe distinguirse rigurosamente de otras aparentemen- te conexas aunque más frecuentadas por la literatura socio-antropo-histo- rio-psico-politológica, como masa (colectivo unificado por una doble iden- tificación horizontal —de los sujetos entre sí- y vertical —del conjunto con un líder personal o ideal, que puede ir desde Cristo al general Seineldin, pa- sando por los Redonditos de Ricota (lat. ríccota / riccotae )7, horda (que es una especie de masa, reputada por el Dr Freud como más primitiva, y a cuyos miembros no nos une el amor sino el espanto, además del impulso irrefre- nable de matar al jefe y después sentirse culpables y obedecer sus manda- tos, fundando la llamada “retroactividad de la Ley” (y demostrando de pa- so que, aunque parezca raro, es la: transgresión- 'la que instaura la norma y no al vesre), serie .(término inventado por el" filósofo Jean-Paul Sartre para denominar a los colectivos efimeros que tienen un objetivo inmediato co- mún pero entre cuyos miembros no hay vínculos cooperativos ni solida-
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rios; el ejemplo princeps es la cola del Banelco, pero a nivel macro es el mo- delo de sociedad ideal del individualismo liberal). Como puede observarse, ni la “masa” ola “horda” (que son pura unidad indiferenciada), ni la “serie” (que es una pura diferencialidad desupificada) pueden ser asimiladas a la “multitud” (que es impura unidad diferenciada o diferencia unificada, aun- que no se nos pregunte cómo se las arreglan Spinoza o Negri para explicar esto). Lo que sí comparten todos estos conjuntos es su carácter estrictamen- te irrepresentable por el sistema político parlamentario clásico (tan :irrepresen- table, en todo caso, como la ilustrada voluntad general de Rousseau, de la cual ya nadie parece acordarse); en efecto, ningún criterio de representación (ver ) alcanzaría para contener ni la unidad absoluta de la masa-horda, ni la serialidad dispersa del uno-por-uno de la serie, ni los desajustes del Uno- Múltiple de la multitud. Ahora bien: como las entidades que sí serían tra- dicionalmente representables (la clase, el pueblo o la nación, por ejemplo) han caído en desuso desde hace algunos años, los cientistas sociales —sumi- dos en la más absoluta de las confusiones- han terminado optando por de- clarar que lo que solía llamarse “sociedad” (ni hablemos de la argentina) es algo completamente contingente, incognoscible, imprevisible y, en el lími- te, imposible (lo que no han declarado es de qué piensan ocuparse ellos de aquí en adelante: esperemos que de nada). Los más desesperados, incluso, llegan a adoptar para esos conceptos la consigna que han acuñado las mul- titudes para los políticos y similares: que se vayan todos (ver).
que se vayan todos (lat. tours prestamente vafimgulum sunt ): sintagma acu- ñado en las márgenesoccidentales del Río de la Plata, y con frecuencia complementado con la frase —semánticamente redundante y políticamente incorrecta, ya que sólo alude al género masculino- “que no quede ni uno solo”. Originalmente, según ciertas investigaciones filológicas, la expresión habría nacido en las canchas de fútbol, para indicar la disconformidad de los hinchas con el estilo de juego desarrollado por su equipo, y su voluntad de que los jugadores sean reemplazados por las jóvenes promesas de los así lla- mados “semilleros”, quienes supuestamente tienen mejor puesta-la camise- ta (metáfora epocal por cierto bastante enigmática) y aún no han sido co- rrompidos —¿o se dice “corruptos”?— por el dinero, el prestigio, el interés de
clase o el poder. Trasladada al ámbito de lo político, la frase parece expresar más o menos lo mismo, a saber el deseo de las multitudes (ver ) de. que los actuales funcionarios, en todos sus niveles de responsabilidad político-ad- ministrativa, se vayan a la mierda y le dejen la cancha a otro tipo de jugado- res: por ejemplo, las gorditas con inclinaciones místico-mesiánicas o los ho- nestos vendedores de libros, de lo cual puede deducirse una interesante vo- cación popular de sustitución de la política por la religión y la cultura (y también por la comida, un bien cada vez más escaso en las regiones en las que se ha vulgarizado la expresión de marras). Ciertos estudiosos, profun- dizando en el análisis semiótico del sintagma, han interpretado que el mis- mo “connota” lo que se denomina una grave “crisis de representación” (ver). Por su parte, algunos filósofos políticos, siguiendo tardíamente —co- mo es su costumbre- a los comentaristas deportivos, afirman que la exhor- tación carece totalmente de eficacia real, ya que no sirve para nada cambiar a los jugadores si previamente no se ponen en serio debate las reglas del jue- go, puesto que con las mismas reglas los nuevos jugadores no podrían ha- cer nada sustancialmente diferente. Para colmo, en u'n reciente Congreso Global de Gramática Española, sostenido en Rejkjavik (Islandia) se ha de- sarrollado una profunda discusión (que por supuesto no ha llegado a con- clusión alguna) sobre la verdadera naturaleza sintáctico-semántica del sin- tagma, yen particular sobre el semantema inicial “que”: en efecto, en tan- to el enunciado no adopta inequívocamente el modo imperativo (no dice, por ejemplo, “¡váyanse todosl”) podría interpretarse como un ruego, un pe- dido o simplemente una irrealizable expresión de deseo, del tipo “(por fa- vor/ Dios quiera/ ojalá / hágase la voluntad del Señor) que se vayan todos”. Finalmente, un calificado equipo de etnógrafos ha discutido recientemente la falta de eficacia aducida por los citados politólogos, si bien admitiendo un desplazamiento del público receptor de la frase. Efectivamente, la admoni- ción parece después de todo haber tenido muy cOncretas consecuencias materiales, a juzgar por las largas colas de suplicantes que se podían obser- var hasta no hace mucho a las puertas de las embajadas de Italia o España. Esto había despertado en la “clase política” fundadas esperanzas en que, una vez despojado de sus habitantes —ya fuese'por inanición o por autoimpues- to ostracismo- el país se tomara por fin “gobernable”.
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representación (lat. representatio ): dícese —o por lo menos lo dice Ernst Kantorowicz en su muy erudito texto Los Dos Cuerpos del Rey — de ciertas efigies, normalmente talladas en madera, que se colocaban sobre el féretro del Rey muerto en las procesiones medievales, ya que por obvias razones (la técnica de conservación de los cadáveres estaba en la época mucho menos desarrollada que entre los antiguos egipcios) el cadáver regio no podía ser expuesto a la mirada de los súbditos, so pena de quesu estado de putrefac- ción real se trasladara a su significación simbólica , afectando la eficacia de los emblemas de poder. La crónica histórica registra un par de ocasiones en las que por accidente el féretro cae al suelo y se rompe, exhibiendo el cuerpo en avanzado estado de descomposición, con las consiguientes perturbacio- nes sociales y políticas derivadas de esta “caída” de las referencias simbóli- cas. El asco y el odio provocado por semejante derrumbe de la representaría explicaría la frecuente así llamada “iconoclasia” de las situaciones revolucio- narias o insurreccionales, en las cuales las multitudes (ver) rebcladas suelen empezar por destrozar las estatuas, quemar los retratos o incendiar los edi- ficios que oficiaban de emblemas del poder del antiguo régimen. Ahora bien: hay quien afirma que todo esto describe adecuadamente lo que esta- ría sucediendo en la República Argentina a partir del 19 de diciembre del 2001: la exhibición desnuda de la descomposición. del “cuerpo” social de la na- ción provocada por los efectos de la “globalización subordinada” y el “capi- talismo salvaje”, con su consecuencia de destrucción de las categorías socia- les “representables” por el sistema político (llámense “pueblo”, “ciudada- nía”, “clase”, etcétera) habría hecho caer la eficacia simbólica de todos los criterios de representación, que ya venían siendo cuestionados por su alie- nación respecto de ese mismo cuerpo social, cuando no- su directa compli- cidad con las-clases dominantes beneficiarias del proceso. El colapso de esas categorías simbólicas, de esos “representables” que ya eran “representacio- nes” (puesto que en efecto, nadie ha visto nunca, empíricamente hablando, a un “pueblo”, una “ciudadanía” o una “clase” caminando por la calle) ha- bría operado un retorno de los reales irrepresentables (las'multitudes, ma- sas, hordas y demás), de modo que la así llamada “crisis de los representan- tes” sería ante todo una “crisis de los representables”, incluyendo ese “re- presentable” principal de toda lógica económica llamado “proceso de pro- ducción” y su representación en el equivalente general del poderoso caba- llero Don Dinero, hoy reducido a impotente lacayo. De allí que la invoca- ción a un que se vayan todos (ver) que suponga un mero recambio del per- sonal institucional, o incluso la convocatoria a una Asamblea Constituyen- te que cambie las reglas del juego de la representación política no aparezca
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como suficiente para dar cuenta de la profundidad del problema. Toda la cual explicación es muy plausible y no carece de cierta elegancia académica (o “profesoral”, según fue calificada en una de las reuniones de redacción del presente Diccionario), pero a decir verdad, no sirve para nada. La sen- cilla y más que obvia constatación de que la sociedad argentina está sumida en una crisis de enorme envergadura que por otra parte está muy lejos de ser la primera de su historia, sin que ninguna de las anteriores (incluyendo guerras civiles, golpes militares, rebeliones populares de todo tipo, insu- rrecciones armadas de todo signo, desaparición de decenas de miles de per- sonas, conflictos bélicos con potencias de la NATO, obediencias eternas e in- dultos indebidos, casas en desorden y pascuas infelices, procesos hiperinfla- cionarios, décadas de liquidación de las ruinas paródicas de soberanía nacio- nal, pasajes a la más absoluta miseria de la mitad de la población y otras yer- bas de varia especie) haya provocado semejante grado de histeria colectiva y calificaciones apocalípticas, esa mera constatación, decíamos, no explica por qué esta vez si la “crisis de representación” nos habría conducido al “borde del abismo”, al “caos” y al “Armageddon”, en un país cuyo sistema político ha estado prácticamente durante toda su historia (con brevísimas excepcio- nes) viciado de legitimidad desde el propio diluvio del 25 de mayo de 1810, ya sea que en aquélla fausta fecha. se hubieran o no ya inventado los' para- guas, como discuten. nuestros historiadores de las mentalidades con su acostumbrada sensibilidad para los temas realmente prioritarios. No falta quienes sospechen que semejante retórica apocalíptica sólo puede ser tribu- taria de cierta hegemonía ideológica imperante desde aproximadamente 1983, según la cual el ejercicio de la democracia se limita al consenso sobre el sistema de representaciones ya existente, cuya crisis o estallido impediría la existencia de la democracia tout court , conclusión perfectamente lógica dadas sus premisas silogísticas.
elecciones (lat. electio cum putrtfactío delenda est ): llámase así a un ritual pe- riódico que ciertas culturas arcaicas se empeñan en conservar en su pura formalidad y sin revisar lo que en épocas aún más arcaicas se solía llamar “bases materiales”, pese a su probada inutilidad para mejorar las cuestiones esenciales, y que suele estar acompañado por infinitas dramaturgias ten- dientes a demostrar que esta vez sí las ¿cosas serán diferentes, que esta vez sí aparecerá el movimiento “progre” que inventará esa “nueva forma de hacer política” que finalmente no fue la de: 1) Frondizi; 2) Cámpora; 3) Alfonsín; 4) Alende; 5) Chacho y/o Graciela; 6) Zamorita; 7) ¿Lilita?; 8) Etcétera —porque que hay otros que vendrán, los hay—. Hay también, en el campo de
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la antropología de las religiones, quienes nos explican que cada retorno del ritual sirve para renovar las expectativas de las multitudes (ver) en que fi- nalmente podrá ser fundada unanueva ecclesia (griego, polis ), y que ese ‘so- lo reverdecer de las creencias alienta efectos políticos impredecibles —o “i'n- decid-ibles”, como dicen los ex-post estructuralistas- con los que es impres- cindible contar para diseñar -la gran estrategia emancipadora que, contra el‘ ALCA y más allá del MERCOSUR, puenteando Lulas y Locoschavez, nos llevará de una buena vez al paraíso de los Estados Unidos Socialistas de América Latina —como se dice que alguna vez, en otra era geológica, propu- so el “Colo” Ramos-, conformando el bloque que permitirá enfrentar al Imperio con considerable mayor eficacia que las desplegadas por Afganisa tán e Irak. Y bien, todo puede ser en esta vida. Después de todo, la movili- zación de las multitudes producida como efecto de la crisis de representa- ción (ver) no tuvo tiempo —y analistas particularmente escépticos agregan que tampoco tuvo la habilidad, o siquiera el deseo- de construir la célebre “alternativa” que todos los que no tenían por qué irse preconizaban, mien- tras se aplicaban prolijamente a destruírla en su propio embrión, subordi- nando ese proyecto a trascendencias considerablemente mayores tales co- mo las “internas” de la IV Internacional o algo por el estilo. Faltando esa al- ternativa que pudiera. dar alguna clase de expresión más identificable a la propuesta “Que se vayan todos” (ver) las masas —como podía fácilmente an- ticiparse- se replegaron sobre los códigos y sistemas de representación ya conocidos (la política, como se sabe, tiene horror al vacío) y en buena me- dida legitimaron las verdaderas “novedades” que presentaba el retorno del ri- tual aludido, como por. ejemplo al Shaman de turno Ricardo López Morfi (lat. Rega/Regae ). De todos modos, los más optimistas —a la fuerza- respira- ron aliviados, y no sin sus razones, al comprobar que se había logrado ahu- yentar lo peor (ritual de exorcismo que los etnógrafos denominan apotro- peico ) para quedarse simplemente con lo muy malo. Lo cual es, desde ya, perfectamente defendible como sentimiento, aunque debería mover a la re- flexión de todos los que —dando por descontado que el deseo de que se va- yan todos nada tenía que ver con ellos-— dedujeron con soberbia epistemo- lógica tanto como política que los disturbios llamados del “19/20” inaugu- raban el nuevo Milenio Prerrevolucionario, y que por supuesto ellos esta-
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ban destinados a conducir al pueblo elegido hasta las riberas rebosantes de miel y leche deljordán (sin embargo, los redactores de este Diccionario de- ben confesar que no creen que esa reflexión —en otros tiempos denomina- da con el aporético título de “autocrítica”, con lo cual habitualmente se quería decir que se iba a seguir procediendo con el mismo estupor pero ya perdonados de antemano por la correspondiente Iglesia- vaya a producirse antes de la Segunda Edición del mismo, pautada para los inicios del siglo xxm). Dicho sea esto, no hace falta aclararlo, con todo respeto por el sacri- ficio y espíritu militante de los sujetos antedichos, que deben ser rigurosa- mente diferenciados de aquéllos para quienes las “masas” lo son simple- mente “de maniobras”: pero los autores de este Diccionario no pueden por menos que reconocer que el respeto y la solidaridad no obstan —más bien al contrario, obligan — a una polémica franca y frontal. Por similares razones, ello no debería implicar que aquéllos aún capaces de cierto pesimismo de la razón pierdan su optimismo de la voluntad, orientado a, por lo menos, re- conducir la Farsa a su estado originario de Tragedia.
Sartre, Jean-Paul (ver) (1905-1980): filósofo, escritor y pensador francés, hoy en día prácticamente desconocido, y del cual en esta nuestra última en- trada al Diccionario nos limitaremos a citar un breve párrafo: “El mundo de hoy se nos aparece horrible, malvado, sin esperanza. Esta es la tranquila desazón de un hombre que morirá en ese mundo. No obstante, es justamente a eso a lo que me re- sisto. Ysé que moriré esperanzado. Pero es_necesario crear un fundamento para la es- peranza”
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El hacedor
Adolfo Gilly!
Para Victor Rico Galán, cuya ironia gentil se apareció de golpe entre las lineas. En memoria
palabras fueron el esbozo en el cual Ernst Bloch resumió lo que des-
pués vendría a ser El principio esperanza. Si no estoy equivocado, este es también el punto de partida de john Holloway en su libro Cambiar el mundo sin tomar el poder. Holloway parte del grito, de la protesta, del no, del princi- pio de negación como fuerza activa del mundo, es decir, del cambio, porque el mundo es el cambio y no la conservación.
Afirma john Holloway que cambiar el mundo por medio del Estado ha sido el paradigma de la izquierda en el último siglo, cuando en realidad “to- mar el poder” significa conservar, transfiguradas, las relaciones de domina- ción que ese poder encarna. De lo que se trata, prosigue (si es que yo bien traduzco y simplifico para ustedes y para mí sus postulados), es de destruir, desmontar, deshacer la relación de poder en cuanto poder de unos seres hu- manos sobre otros: lo que Holloway llama en su libro el poder-sobre. De lo que se trata, prosigue, es de liberar al poder-hacer, a la capacidad de hacer, definitoria de la condición humana de cada uno, del poder-sobre ella que la domina y la niega. De lo que se trata es de que, siendo esa capacidad, el ha- cer, en su existencia misma, la negación del poder sobre ella que la domina, encierra en si misma la posibilidad —la única que la tiene- de destruir ese po- der en el acto y el proceso de su liberación, es decir, de su libre realización como poder-hacer.
Es central en la argumentación de Holloway la categoría mandsta de feti-
“ l o que existe no puede ser verdad”: dicen los que saben que estas siete
1 Leido en la presentación del libro de John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder - El significado de la revolución hoy (Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2002, 320 ps.), en la Facultad de Filosofia y Letras del la Universidad Nacional Autónoma de México, el 18 de noviembre de 2002.
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chismo, la descripción de Marx de un mundo del capital en el cual las relacio- nes entre humanos se presentan como relaciones entre cosas, un mundo don- de los' que se relacionan entre sí no son los trabajos y los días de los seres hu- manos, sino sus productos, las mercancias, un mundo de cosas mediadas por el dinero donde nosotros mismos y nuestras vidas nos volvemos cosas, mer- cancías, encarnaciones (es decir, representaciones de carne y hueso) del valor. Esta realidad inhumana es tal que para poder entrar a los intercambios de la vida hay que entrar como mercancía, como fuerza de trabajo enajenada me- diada por el dinero como sustancia del valor. El valor de uso, el mundo de la vida y de la creación, se disuelve en el valor de cambio, el mundo fantasma- górico de la intermediación, el Reino del Medio donde todo es igual porque todo es fantasma de si mismo. El ser humano se disuelve en mercancía, en el valor abstracto e intercambiable —es decir, desechable- en que se han conver- tido sus trabajos y sus días para poder existir en el mercado, es decir, en el mundo del capital que cosifica y entonces deshumaniza al mundo de la vida.
Si entiendo bien —y si no, es que me estoy solamente entendiendo a mi mismo- por este camino va el razonamiento de john Holloway cuando nos dice que el hacer está dominado por lo ya hecho, que el hacer se trasforma co- mo es natural en ya hecho, pero al ser un hacer enajenado —un hacer vuelto mercancía en el salario- se acumula en lo ya hecho —que es ajeno- y crea y re- produce sin cesar su propia subordinación a este ya hecho. En otras palabras, la acumulación pasada y siempre renovada de lo ya hecho domina y subordi- na al hacer. Lo ya hecho sería inmóvil y muerto sin el hacer: depende de éste como de su alimento vital y reproductivo. Pero el hacer necesita de lo ya he- cho corno el instrumento y el medio objetivo para su realización como hacer: depende por lo tanto de él. Esta dependencia mutua es antagónica y contra- dictoria: lo ya hecho quisiera no depender del hacer, existir como riqueza sin la amenaza de esta fuerza activa de la vida; el hacer quisiera liberarse de lo ya hecho, existir como actividad y como vida humana sin la subordinación a la dominación inhumana de lo ya hecho. En hacer estallar esta contradicción consiste, si bien entiendo, el proyecto marxista de john Holloway.
Dicho en otras palabras, no exactamente iguales pero más conocidas, el tra- bajo muerto domina al trabajo vivo de cuya sustancia se alimenta para existir en el mundo de la vida. Pero el trabajo muerto presente no es más que la acu- mulación de trabajo vivo pasado. El trabajo vivo presente en su existir se con- vierte en pasado, como cualquiera de nesotros. Pero en ese existir hace, crea; y para ser creador y hacedor, tiene que resistir a la dominación del trabajo pa- sado, tiene que ser él y crear, tiene que ponerse en libertad —existir- aún den- tro de la dominación. Entre la dominación y la subordinación existe siempre,
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ineludible como la vida, la resistencia. Hacer es también resistir. El domina- do, mientras no rompe la dominación, resiste aun cuando parece que no re- siste. El dominador, que no puede prescindir del dominado, frente a la resis- tencia cede aun cuando parece que no cede, negocia aun cuando no negocia, pues resistir es la vida del uno y negociar es la existencia del otro.
La insubordinación, la rebelión, la revolución es el momento único y má- gico, pero siempre renaciente y repetido, donde esa relación se rompe y don- de, como dice la letra original de La Internacional, quienes hoy no son nada de- ciden ser todo (nous ne sommes rien, soyons tout): “esos raros momentos de elec- tricidad política cuando, a menudo por primera vez en la historia, el discurso oculto se lanza en público y frente a frente en las narices del poderÏ’, como di- ce james C. Scott en Los dominados y el arte cle la resistencia.
Es el momento explosivo donde se revela, es decir, se libera del mundo de las apariencias fenoménicas bajo las cuales existe, la identidad de la identidad y la no-identidad, núcleo de la dialéctica que hace muchos años me exponía Víctor Rico Galán caminando en redondo por nuestra crujía de la cárcel de Lecumberri.
El problema -o más bien, uno de los problemas- surge cuando se trata de dar el peligroso e indispensable salto: si la teoría quiere vivir, tiene que saltar a la historia, es decir, a nuestro cotidianoy sustancial mundo de la vida. De es- ta otra dialéctica negativa (¿pero es que hay dialéctica positiva?) entre teoría e historia, cuya ausencia tal vez esté significada en el hecho de que el libro de john no tiene punto final (para descubrirlo, claro, hay que llegar hasta la últi- ma página), quiero ocuparme en los once puntos que a continuación enuncio.
Dejo de lado algunas diferencias, en especial el demasiado remanido nin- guneo de Friedrich Engels, siempre desmentido por la historia y por la vida, que sería en si mismo un tema específico de discusión: ¿por qué las escuelas de la “práctica teórica”, es decir, de la teoría sin historia y la historia sin suje- to, persisten siempre en no tomar a Engels como lo hizo Karl Marx: en su mé- rito propio y no en la función de espejo de Dorian Gray?
Vamos pues a los puntos:
1. La resistencia es un componente permanente de la relación entre domi- nante y subalterno en todas las sociedades. Esa resistencia —y la negociación, dicha o no dicha, que la sucede y acompaña si la dominación ha de persistir- tiene lugar dentro de un marco común de significado aceptado por todos en la comunidad dada (William Roseberry). La conformación de ese marco co- mún: el fetichismo, las ilusorias apariencias, el símbolo por la cosa y la cosa por la relación humana, la ideología compartida y dominante, la religión, la
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mercancía, la propiedad, tiene lugar en la historia de la comunidad dada, que es también donde vive, como separación y como cemento unificador, la resis- tencia.
2. Cada comunidad humana está constituida por una comunidad superior y una comunidad inferior, unidas en una comunidad ilusoria. Ilusoria no sig- nifica inexistente, sino real y vivida en la ilusión de ser una en lugar de ser dos separadas, pues la una no vive sin la otra.
3. La lucha es el principio activo de la relación, es su negación y su cemen- to, su savia vital. Las formas de reificación de la lucha (organizaciones, sindi- catos, partidos, asociaciones) tienden en el tiempo a ser contenedores (la con- tienen en su seno y contienen su impulso). Sin embargo, en el tránsito de la teoría a la historia esas formas son tan indispensables en la realidad como tran- sitorias en el tiempo.
4. En esta relación en la sociedad del capital, el capital es reactivo y defen- sivo frente al trabajo. El motor de sus trasformaciones no son la ciencia ni la tecnología, sino la necesidad de defenderse del trabajo y de desarticular las lí- neas y las formas en que éste materializa su resistencia, su principio activo, su negación del capital.
5. El marxismo es la teoría del no, de la negación, de la lucha por lo que no es y será porque quiere ser (nous sommes rien, soyons tout) contra lo que es y no permite ser. Es la teoría del conflicto: no de su solución, sino de su persisten- cia en la vida y en la historia. El marxismo es una teoría de la dominación (fe- tichizada), de la explotación (objetivada), de la revolución (organizada) y de la liberación (en la comunidad real y ya no más ilusoria). “Nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia: aunque, por supues- to, sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado”, escri- bía en 1940 Walter Benjamin.
6. La dominación del capital no es solamente ideología, imaginario o ilu- sión compartida. Es violencia organizada: contra la economia natural, contra el trabajo vivo, contra la naturaleza como relación humana. Rosa Luxemburg vio lejos cuando fue a buscar y a desentrañar esta violencia en la voluntad de destruir la economía natural: aún hoy, la mayoría inmensa de la humanidad no vive sus vidas en la relación de capital, aunque ésta tienda a .subordinar a todas las demás relaciones. El capital, por otra parte, no existe en la historia co- mo uno, sino como muchos capitales ¿en lucha mortal entre sí: la violencia se ejerce entre ellos bajo las formas de la‘ violenciade la guerra, la violencia del dinero, la violencia del crédito. Argentina es el último experimento de esta guerra sin cuartel y sin piedad entre los capitales. en la CUal se practican ver- daderos y rituales sacrificios humanos para revitalizar con ellos al capital.
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7. No hay capital ni relación de capital sin violencia organizada sobre la so- ciedad y contra el trabajo, sin potencias coloniales y guerras coloniales, sin ge- nocidios, sin Auschwitz, sin pestes exterminadoras, sin torturas. No hay capi- tal global sin Pentágono. La dimensión colonial sigue siendo componente vi- tal del capital, lo acompaña desde su nacimiento: las rebeliones coloniales no son tanto rebeliOnes nacionales cuanto rebeliones del antiguo mundo de la vi- da que no quiere su muerte sino su perduración bajo formas renovadas. El trabajo vivo bajo todas sus formas existe porque resiste, resiste porque existe.
8. La nueva doctrina moral del capital y de su centro de violencia univer- sal, el Pentágono, está condensada en un párrafo del extenso documento nor- mativo del Presidente de Estados Unidos titulado “Estrategia de seguridad na- cional”, del 20 de septiembre de 2002. Dice: “El concepto de libre comercio surgió como un principio moral aun antes de convertirse en un pilar de la eco- nomía. Si uno puede hacer algo que para otros tiene valor, debe poder ven- dérselo a éstos. Si otros hacen algo que para uno tiene valor, debe poder com- prárselo a aquéllos. Esta es la verdadera libertad, la libertad de una persona —o de una nación- para ganar su vida (to make a living). Para promover el libre co- mercio, Estados Unidos ha desarrollado una estrategia completa”.
En otras palabras, es la mercancía elevada a principio moral primigenio: ver, al respecto, el capítulo primero de El Capital. En defensa de este princi- pio, la violencia sin confines ni límites será desencadenada.
9. La relación de capital concentra la violencia en un polo y pone en peli- gro de muerte a la especie humana: Auschwitz e Hiroshima son la prefigura- ción de esta muerte en ciernes si nadie la detiene. El socialismo es una posi- bilidad, no una certidumbre, entre las contenidas dentro de la relación de ca- pital. Todo el soplo de los Griindrisse, ese espíritu activo que vive dentro de cada página de El capital, toma su inspiración de este supuesto. La otra posibi- lidad es lo que Rosa Luxemburg quiso llamar la barbarie: un mundo carente del sentido dado por la historia, donde en lugar del espíritu humano sólo exis- ten el fragor y la furia. Tal vez a esto aludía Benjamin cuando en sus Tesis so- bre la historia escribió: “Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con es- to: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Yeste ene- migo no ha cesado de vencer”.
10. Las revoluciones son relámpagos de lo posible, de lo ya contenido pe- ro todavía no realizado, de la negación de lo que es, negación que se aparece muchas veces antes de que llegue a ser lo que todavía no es . No es en la eco- nomía ni en la política sino en la historia donde hay que ir a buscar el código genético de cada revolución.
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11. Si la dominación es un proceso y el capital también, la resistencia es un proceso y también lo es la constitución del mundo que podrá ser dentro del mundo que es. Toda la escuela histórica de la economía moral gira, a mi en- tender, sobre este supuesto.
Otras discusiones, también necesarias, hay más allá de estos once puntos. Quedan como cuestión abierta. Para otro día serán, pues hoy estamos aquí pa- ra celebrar el libro dejohn Holloway y su nítido “no” a lo que existe pero que no puede ser verdad, porque esta verdad está en la indignación, en la negación y en la lucha: “The. tigers of wrath are wiser than the horses of instruction”, decía Wi- lliam Blake en sus Proverbios del in remo.
Para esta celebración, quiero recordar a josé Carlos Mariátegui, padre y hermano de todos nosotros, quien ensu ensayo titulado La lucha final escri- bió:
“El mesiánico milenio no vendrá nunca. El hombre llega para partir de nuevo. No puede, sin embargo, prescindir de la creencia de que la nueva jor- nada es la jornada definitiva. Ninguna revolución prevé la revolución que vendrá, aunque en su entraña porte Su germen...
“El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vi- da antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero gene- ralmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambicio- na más que lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada”.
Y éste no es aquel que dice “yo soy el que soy”, sino aquel que dice “yo soy el que hace”. Es decir, el hacedor.
Ciudad de México, 18 noviembre 2002
Cuadernos del Sur 151
Tiempo para la revuelta Reflexiones sobre Imperim
John Holloway
¿Qué es lo que me enoja de Imperio?l
No es la tesis básica. La idea de que el capitalis- mo es un sistema de dominio descentrado y dester- ritorializante, de que la vieja comprensión del mundo en términos de imperialismo no es válida, es un argumento inobjetable. Pero entonces siem- pre fue un error ver al capital como algo vinculado de alguna manera a un país particular. El capital es una relación de domi- nación inherentemente no territorial. El concepto leninista de imperialis- mo estuvo mal concebido desde el principio. Lo objetable en el argumento de Hardt y N egri de que el imperialismo ha sido reemplazado por el impe- rio es la suposición de que el concepto de imperialismo solía ser válido —y entonces esto refleja la ambigua relación con Lenin que siempre ha estado presente en los escritos de Negri e, incluso, en gran parte de la’lliteratura autonomista, comenzando por la brillante obra de Tronti Lenin in England: el argumento de que las cosas han cambiado desde la época de Lenin, que ahora debemos repensar la estrategia, hacer lo que Lenin hizo en Inglaterra.
Lo que me enoja del libro es que lo veo como la traición a un impulso rico y poderoso. O mejor, dado que “traición” es una palabra extraordinar- iamente tonta: el libro lleva a su extrema culminación una contradicción que, probablemente, siempre estuvo presente en ese impulso.
Con “rico y poderoso impulso” me refiero al marxismo autonomista (al
"' Publicado como 'Trme to revolt. Reflections on Empire” en The commoner. Traducción del inglés: Marcela B. Zangaro.
l Para un desarrollo completo de muchas de las ideas aqui presentadas, véase Holloway (2002).
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que a veces se hace referencia como .operaismo), el movimiento de poner el sujeto en el centro de la teoría revolucionaria. Vale la pena volver a men- cionar la crítica de Tronti al marxismo ortodoxo, tan a amenudo citada: “Nosotros también hemos trabajado con un concepto que pone al desar- rollo capitalista en primer lugar y a los trabajadores en segundo lugar. Esto es un error. Yahora debemos poner el problema de cabeza, revertir la polar- idad y empezar otra vez desde el comienzo: y el comienzo es la lucha de clase de la clase obrera”(1979, p.1). Este es el núcleo de aquello a lo que Moulier se refiere cuando afirma que “el operaismo es (...) la inversión copernicana del marxismo” (1989, p. 19). Mientras que el marxismo orto- doxo se concentra en el análisis del capital y de las formas de dominación capitalista, comprendiendovla tarea de la teoría como la del análisis del marco en el que la lucha de clase tiene lugar, el autonomismo coloca a la lucha de la clase trabajadora en el centro de la comprensión del capitalismo. Esto no significa simplemente adoptar una perspectiva de clase trabajadora, sino, en total oposición con el enfoque marxista tradicional, ver a la lucha de la clase trabajadora como lo que determina el desarrollo capitalista. “Al nivel del capital socialmente desarrollado, el desarrollo capitalista está subordinado a las luchas de la clase trabajadora; el capital las sigue y ellas marcan el paso al que deben marchar los mecanismos políticos de la propia reproducción del capital” (Tronti, 1979, p.1).
El impulso autonomista, esta inversión del mandsmo ortodoxo, ha tenido enorme importancia al revivir al marxismo como una teoría de la lucha. El problema es que no va suficientemente lejos: “la dificultad inher- ente a- los enfoques ‘autonomistas’ no es que ven al ‘trabajo’ como lo pri- mario, sino que esta noción no es desarrollada hasta su solución radical”(Bonefeld, 1994, p.44). La lucha de la clase trabajadora no puede ser realmente el punto de partida, porque el concepto “lucha de clase traba- jadora” presupone una constitución anterior de la clase trabajadora. Hasta el mismo Marx es mucho más radical cuando insiste en que el pivote es “la naturaleza bifacética del trabajo contenido en las mercancías”(1965, p. 41). La naturaleza bifacética del trabajo ya está, por supuesto, en la lucha de clases, la lucha entre trabajo concreto y trabajo abstracto, la lucha entre el hacer deliberado (el que distingue al arquitecto de la abeja) y su negación. El peligro de comenzar a partir de una “lucha de la clase trabajadora” precon- stituida es que la crítica del marxismo ortodoxo (como se conoce general- mente al engelsianismo-leninismo) no profundiza suficientemente, que se acepta demasiado sin cuestionar de la tradición qUe se critica. Existe también una ten-dencia a tornar la “lucha de la clase trabajadora” en su valor nominal,
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como lucha de macho-militante-en-la-fiíbrica-o-en-la-calle. Tomar la lucha de la clase trabajadora como el punto de partida nos conduce con facilidad al sujeto puro (la lucha de la Clase Trabajadora), mientras que la naturaleza bifacética del trabajo nos conduce inmediatamente al sujeto contradictorio desesperadamente auto-antagónico. El modelo de militante de Hardt y Negri, introducido en el último párrafo de Imperio (2000, p. 45), es San Francisco de Asís, no tan macho, pero una figura tan pura como cualquiera de las que se puede encontrar en los monumentos heroicos del realismo Socialista.'Una broma, quizás, pero una broma reveladora.
El impulso autonomista tiene que hacerse más radical, debe llevarse más allá de “el comienzo es la lucha de clase de la clase trabajadora”. El comien- zo es la naturaleza bifacética del trabajo o la existencia auto-antagónica del hacer, un hacer que grita contra su propia negación. Colocar al sujeto en el centro de la teoría revolucionaria en un mundo que niega al sujeto (como sujeto-social) es criticar y la crítica es posible sólo sobre la base del hacer. La crítica es la voz del sujeto que dice a un mundo objetivo: “tu me niegas, pero yo te hice (e hice tu negación de mí)”. Poner al sujeto en el centro de la teoría no es sólo cuestión de decir “aquí estamos”, sino de criticar todo lo que niega nuestra presencia, todo lo que niega nuestra fuerza creativa, todo lo que niega-el hecho de que somos la única fuerza creativa, de que somos los únicos hacedores.
El hacer del cual partimos es un hacer social. Esto es una tautología: todo hacer es social. El hacer es inconcebible sin el hacer previo o simultáneo de los otros. El hacer es parte de un flujo social del hacer en el que lo hecho de algunos es la condición previa del hacer de otros. Pero este flujo social se rompe, de manera tal que el hacer aparece como un hacer individual. El flujo social se rompe cuando alguien se apropia de lo que ha sido hecho, cuando dice: “¡esto es míol”. Dado que lo hecho es la condición previa del hacer, estas personas poseen los medios del hacer y son capaces de contro- lar el hacer de los otros.
La apropiación de lo hecho rompe el flujo social del hacer. El hacer aparece entonces como un hacer individual, el sujeto es convertido en un sujeto hollywoodense, la subjetividad de la vasta mayoría es totalmente negada. La ruptura del flujo social del hacer clas-ifica a la sociedad sepa- rando a aquellos que dicen “¡esto es mío!” respecto ¿le aquellos que son forzados a transformar su hacer en trabajo-para-otros. Pero esto va mucho, mucho más allá: tal como sostiene Marx en su discusión del fetichismo y de la alienación, la ruptura del flujo social del hacer es la ruptura de cada aspecto de nuestra existencia. El hacer vivo está sometido a lo hecho-pasa-
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do. El hacer vivo está sometido a las cosas hechas por el hacer pasado, cosas que dependen de sí mis- mas y niegan todo hacer. Marx comienza El capital con la terrible violencia de esta negación: “una mer- cancía es, en primer lugar, un objeto externo a nosotros”(1965, p. 35). [“Die Ware ist zuná’chst ein a'ujierer Gegentstand”(1985, p. 49) ]. Lo que domina es la negación del hacer, mercancías, valor, capital que niegan su origen en el hacer social de los seres humanos. La socialidad del hacer, las relaciones sociales entre los hacedores (las personas), existen como cosas.
El hacer vivo está sometido al ser muerto. El capitalismo es el dominio del ser, la negación del hacer. El ser, quebrado en fragmentos de ser, en identidad e identidades, se convierte en la base del pensamiento. La identi- dad se convierte en la categoría clave del pensamiento social, no sólo para la sociología y la psicología, sino para el pensamiento social burgués en gen- eral; la identidad repta también por los conceptos y por las luchas en-con- tra-de. En un mundo de identidad, nosotros somos, luchamos para decir que somos o para manifestar lo que somos. El mundo, entonces, es un mundo de equilibrio, un mundo que niega por ridícula la idea de que la socialidad del hacer podría ser completamente diferente, de que podríamos hacer un mundo distinto. La identidad proclama que somos mientras que el hacer siempre destruye lo que es. El hacer proclama que somos-y-no- somos. En un mundo del hacer, lo que se encuentra en el centro es la negación de la eseidad, la creación de eso que no es (o no-todavía). La única manera en la que podemos siquiera plantear la pregunta por el comunismo es viendo que las cosas no son como son, negando que “así son las cosas”, proclamando que el mundo es simplemente nuestro hacer. Colocar al suje- to en el centro (el impulso de la teoría autonomista) significa, si queremos ser consistentes, que debemos atacar con toda nuestra fuerza un mundo que “es”, que debemos criticar, que debemos colocar el hacer en el centro de nuestro pensamiento.
La negación del hacer es la homogeneización del tiempo. El negar el hacer social-intencional es subordinar el hacer al ser, a aquello que es. El hacer de hoy es subordinado al hacer de ayer, el hacer de mañana sólo puede ser concebido como una continuación del hacer de hoy. El tiempo, entonces, se convierte en un tiempo tic-tac, en un tiempo reloj, como la extensión de una vía de tren. El tiempo tic-tac mide duración, mide un ser separado respecto del hacer, una existencia separada respecto de la consti-
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tución. El capitalismo es la separación de los obje- tos respecto de sus sujetos, de las cosas que son respecto del hacer que las hizo, de la existencia reSpecto de la constitución. Esta separación crea duración, crea la idea de que las cosas “son”, inde- pendiente del hacer que las ha creado. El valor, por ejemplo, aparece teniendo una existencia indepen- diente del hacer auto-dividido que lo ha creado: El capital de Marx (la teoría del valor trabajo) es sobre todo un ataque a la duración, una crítica de la sepa- ración entre existencia y constitución, una restauración en el pensamiento del hacer negado por la duración.
Una de las grandes ventajas de este tiempo homogéneo, el tiempo- duración, es que puede ser quebrado en períodos, en extensiones de tiem- po. Esto resulta crucial para la organización del trabajo en la fábrica, en la oficina, en las escuelas y en las universidades. El tiempo homogéneo es cru- cial en la organización del hacer de los otros para quienes el hacer es traba- jo sin-propósito, sin-objeto. Pero esto va más allá. Permea nuestro pen- samiento social, la manera en que damos forma a y pensamos nuestras rela- ciones sociales. El tiempo deviene indigerible, casi sólido, algo que puede ser cortado en trozos, en períodos, en paradigmas, separado por millones de kilómetros del tiempo-sin-tiempo del amor intenso o del compromiso. Pero entonces el comunismo, el mundo en el que damos forma a nuestro propio hacer, el mundo en el que el hacer es emancipado respecto del ser, el mundo en el que hacer y ser, constitución y existencia se vuelven a unir explícitamente, sólo puede ser concebido como un mundo en el que rompemos la homogeneidad del tiempo, un mundo en el que la duración es despedazada, en el que el tiempo no es una larga vía de tren o una rebanada de pizza, sino que tiende hacia la intensidad del jetztzeit (el tiem- po-ahora) de Benjamin (1973) o el nunc stans de Bloch (1964), hacia el tiem- po-sin-tiempo del amor o el compromiso que todo lo absorbe.
El pensamiento burgués, por supuesto, no tendrá nada de esto. El pen- samiento burgués se basó en la identidad, en extender lo que es en lo que será: el pensamiento burgués está obsesionado con el etiquetamiento, con la clasificación, con el hacer que las cosas encajen entre sí, con crear com- partimentos ordenados, con paradigmas. De ahí tantas tesis doctorales, tan- tas aplicaciones para la obtención de fondos de investigación que deben mostrar la coherencia del mundo, que deben mostrar cómo las cosas enca- jan entre sí, cómo el mundo es un mundo de correspondencias. Pero cada
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correspondencia cierra el mundo, excluye la posibilidad, niega el poder- social-de-hacerlo-de-otra-manera. En la izquierda, en los márgenes del marxismo, en el trabajo de aquellos que lo convertirían, de la teoría intol- erable del grito insoportable, a alguna escuela de entrenamiento casero de ciencias sociales: en este área sombría, hemos visto en los últimos veinte o treinta años el crecimiento de la teoría de la regulación, la obsesión por el etiquetamiento de todo como fordista, posfordista o neofordista. Lo incor- recto aquí no son los fenómenos que estos teóricos señalan, tampoco las interconexiones; lo que está mal es el remate, la sistematización, el impul- so a hacer que todo encaje, a cerrar el mundo. En algunos aspectos, la teoría de la regulación ha sido estimulante, pero su efecto en conjunto es mortal.
Periodizar el presente ya es cerrar el mundo, proyectar el presente en el futuro, homogeneizar el tiempo, establecer la duración. En la actualidad, la existencia del capital se baSa en la explotación de millones de personas, en la exclusión y la miseria de millones, en las muertes innecesarias de cuán- tos varios miles de niños. Quizás también asesine y explote a millones mañana. Quizás lo haga, pero si lo damos por supuesto entonces ya estamos cerrando la posibilidad de que puede no hacerlo, ya estamos asumiendo nuestra propia derrota. Y si extendemos ese después de mañana hasta el próximo día, el próximo año, hasta un período o un paradigma, entonces resulta claro que estamos tomando parte activamente en la lucha por nues- tra propia derrota. Si suponemos de un día para el otro que seremos derro- tados, entonces progresivamente excluimos cualquier posibilidad de que podamos hacer el mundo de otra manera. Si ponemos el presente en perío- dos o paradigmas, participamos de manera activa en el sometimiento del hacer al ser, en la creación de un mundo que “es”, en la separación de la existencia respecto de la constitución. Y con eso renunciamos a toda esper- anza, a todo Marx y a toda crítica. Marx dedicó su vida a la crítica, es decir, a colocar el hacer social humano en el centro de nuestra comprensión. Poner énfasis en el hacer humano social en un mundo que niega ese hacer es absurdo, por supuesto, pero la lucha por un mundo diferente es, precisamente, la misma absurdidad necesaria de manera urgente.
Periodizar el presente, entonces, siempre es reaccionario. Esto suena tonto, pero no lo es. Es, en realidad, perfectamente obvio. Pensemos, por ejemplo, en la tortura: presumiblemente es posible hablar de nuevos paradigmas de tortura, o de abuso
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sexual de los niños. Sin embargo, discutir esas nuevas tendencias como si tuvieran alguna estabilidad, como si constituyeran un paradigma cerrado es, seguramente, dar a esas actividades una estabilidad que pocos de nosotros querría. Así sucede con el capitalismo. Hablar del paradigma presente de la dominación capitalista es dar un aire de normalidad a la existencia del cap- italismo cuando toda nuestra lucha es por mostrar que no hay nada de nor- mal en él, que la posibilidad de que la acción humana pueda recrear el cap- italismo mañana es una abominación que nunca puede ser aceptada como normal.
Ahora debería resultar claro por qué objeto Imperio. No es por su con- tenido (que a menudo resulta muy estimulante, a pesar del lenguaje) sino por su método. El libro traiciona el impulso autonomista en el sentido de que encarcela al sujeto en una estructura, en el sentido de que participa en la subordinación del hacer al ser, en el sentido de que extiende el método de la teoría de la regulación, dándole un giro “de izquierda”. Su método se basa en la duración. Aunque por momentos rinde homenaje a la idea de que es la lucha contra el capitalismo lo que impulsa sus formas cambiantes, la perspectiva general de la discusión se encuentra, en gran parte, en la direc- ción opuesta. Sigue los aspectos clásicos de la ortodoxia marxista (engel- sianismo-leninismo) al no centrarse en la lucha sino en las estructuras de la dominación. Sus ideas del estado y de la crisis son estructuralistas-fun- cionalistas. Para una argumentación que proviene de antecedentes autono- mistas, se destaca por el establecimiento de un dualismo del estilo “pero- también” entre capital y lucha: esto quizás no es sorprendente, porque la noción misma de paradigma de dominio oculta lo que cada capitalista sabe, es decir, que la existencia del capital es una lucha constante, cotidianamente repetida. Lo que es peor de todo, quizás, es el eclipsamiento total de la ceu- tralidad del hacer en el desarrollo del concepto “multitud”. El concepto “clase trabajadora”, con todas sus dificultades, con todas sus deformaciones fetichizadas, tiene por lo menos el mérito de llevarnos a la centralidad de la actividad humana intencional, al hacer social. En el concepto de multitud, esto se pierde completamente. La clase trabajadora hace, aunque en una forma fetichizada; la multitud no hace. Pero si el hacer no se encuentra en el centro de nue- stro pensamiento, todo lo que queda es oposición. no esperanza.
¿Enojo y regaño? Sí, quizás. El libro es mejor que muchos, por supuesto. Pero ese no es el problema. El
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problema es que su enorme éxito es la expresión de con cuánta deses- peración las personas están buscando un camino hacia delante, con cuánta desesperación están buscando una revolución que no sea una repetición .de la salmodia revolucionaria del pasado. Este libro los lleva a un hartazgo metodológico, a un mundo de tesis doctorales, a una clausura. Eso es lo que
me enoja.
Puebla, Octubre 2002
Referencias
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Hipólito Yrigoyen 1116 (1088) Buenos Aires
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uadernos
Editorial
Alex Callinicos Robert Brenner
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Eduardo Grüner (Trad.)
Joachim Hirsch
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del Sur
Argentina: ¿Fin de la belle epoque?
Nuevo unilateralismo mundial:
economía, política, guerra, soberanía
La estrategia general del Imperio Norteamericano Después del boom. Un diagnóstico
de la onomía mundial
La gÏutra tendrá lugar
La Guerra del Imperio: lógica de la
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Apuntes sobre la coyuntura.
.. latinoamericana
Elecciones del 27 de Abril Bolivia en la encrucijada
7' ¿Ecuadorí ¿Argentina, segunda parte?
I i Los movimientós antibelicistas
de contestación femenina
Polémicas en el marxismo
Breve diccionario de la actualidad (no solo) argentina Poderzyz. anti-poder Acerca del libro
de John Holloway, Cambiar el
mundo sin tomar el poder
El hacedor
Tiempo para la revuelta. Reflexiones sobre Imperio
Artista plástico invitado: Marcelo Lopinto
ISSN 1666-88“
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