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Adolfo Gilly
Cuba en octubre
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Glademos del Sur
Año 19 - N° 36 No'viembre de 2003
NUEVAS DIRECCIONES
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Rodney 171 - D° 77 (1427BNC) Buenos Aires, Argentina
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Comité editorial Eduardo Lucita, Alberto Bonnet, Katharina Zínsmeister, Hernán Ouviña, Juan Grigera, Mabel Bellucci
Coordinación artística Juan Carlos Romero
Cuadernos del Sur, número 36 publicado por:
Editorial Tierra del Fuego Argentina, noviembre de 2003
Composición y Diagramación: Taller del Sur Ilustraciones: Norberto Onofrio
Toda correspondencia deberá dirigirse a: Rodney 171 - D° 77
(1427BNC) Buenos Aires, Argentina Email: ¡nfo@cuadernosdelsur.org.ar
ISSN: 1666-8804 - Cuadernos del Sur es una publicación semestral que aparece en mayo y noviembre.
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EDITORIAL
FRÉDÉRIC'LÉVÉQUE EDUARDO LUCITA
GUGLIELMO CARCHEDI
MABEL THWAITES REY LUIS MATTINI
MABEL BELLUCCI y GABRIELA MITIDIERI ADOLFO GILLY
FLAVIO RAPISARDI
Indice
América latina: el comienzo de una nueva fase ........ .. 5
Mitos y realidades: El movimiento
obrero venezolano en transición ...... .. 9 Libre comercio, cambios en el Estado
y nueva soberanía .............................. .. 31 Marx y las pirámides ......................... .. 57
Autonomía y autogestión en las prácticas políticas La autonomía como mito y como
posibilidad ......................................... .. 87 Autogestión productiva y
asambleismo ...................................... .. 102 Asambleas barriales:
unprimer balance ............................. .. 110 A la luz del relámpago:
Cuba en octubre ............................... .. 119
Las izquierdas y el cuerpo de la revolución ......................................... .. 145
Norberto Onofrio/2003
Serie Los horonables
América latina: El comienzo de una nueva fase
a gran victoria popular en
Bolivia es el punto más alto
y el ejemplo más espectacu- lar de un proceso que, en un par de meses, llevó aun cuarto de millón de campesinos y ecologistas franceses al al- tiplano de Larzac, para oponerse a la política de la Organización Mundial del Comercio, movilizó también a decenas de miles de personas en la lejana y ex- clusiva Cancún, donde se hundieron las negociaciones de la otrora omnipo- tente OMC, lleva ahora a los sindicatos italianos a enfrentar al gobierno con una nueva huelga general en defensa de las jubilaciones y ensiones, sostiene la decisión de los campesinos del Brasil, con el Movimiento de los Sin Tierra, de ocupar directamente sin depender del gobierno de Lula empeñado en Su giro a la derecha, mantiene ardiente la resistencia iraquí y estimula la resisten- cia de los campesinos y trabajadores de Venezuela contra los intentos perma- nentes de golpe de Estado organizados por Estados Unidos y la oligarquía. Es- te no es, sin embargo, un proceso rectilíneo, siempre ascendente.
Por ejemplo, el ingreso de los indígenas ecuatorianos en el gobierno de Lu- cio Gutiérrez, donde tuvieron cuatro ministros y centenares de funcionarios, se saldó con una catástrofe política que sólo el paso a una oposición activa, vol- viendo. a tornar contacto con la tierra y con sus bases, permitió evitar que con- dujese a la ruptura de la CONAIE y de su instrumento electoral, Pachakutik. En otros puntosvde nuestro continente se registran zigzagues similares: en efec- to, el movimiento masivo de los campesinos mexicanos —El Campo no Aguanta Más- oscila entre la presión sobre un gobierno que ni quiere ni pue- de hacer concesiones y la decisión -que podría llevarlo a la ruptura en la di- rección con los “posibilistas'L de imponer directamente sus reivindicaciones mediante la movilización masiva y la construcción, a la boliviana, de poderes duales regionales. .O la importante decisión del Ejército Zapatista de Libera-
CuademosdeiSur' 5
ción Nacional de construir regiones autónomas reuniendo los municipios re- beldes chiap'anec'osiy dándoles gobiemos —las Juntas de Buen Gobiérno- con poder de policía, judicial, de planificación económica y de asistencia social, hasta ahora sólo ha encontrado un débil eco en el resto de México incluso en- tre los mismos indígenas. En tanto que en Argentina los fuertes movimientos sociales autónomos y hasta autogestionarios (de los cuales quedan fundamen- talmente las fábricas recuperadas, los locales ocupados por las asambleas, así como centros de reflexión) han refluido aunque la experiencia permanece al volcarse las expectativas de buena parte de la población empobrecida que an- tes se movilizaba hacia la tradicional esperanza en el aparato de Estado dirigi- do por un candidato a Líder. Está también lejos de ser definitiva la misma vic- toria de los obreros, campesinos y trabajadores urbanos sindicalizados en Bo- livia, que derribó al gobierno neoliberal apoyado por la embajada estadouni- dense, anuló los planes de exportar gas a través de Chile (que habrían separa- do a Bolivia del Mercosur y habrían facilitado el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas que promueven Washington y Santiago de Chile). A la vez arrancó la promesa de castigar a los asesinos y de convocar una Asamblea Constituyente. Lo conquistado en las calles, en efecto, debe ser aún confirma- do organizando elfrente social vencedor con la necesaria unidad detrás de un programa alternativo, superando las diferencias entre las distintas fuerzas in- surgentes para imponer así que las promesas se cumplan. Ello es indispensa- ble para dirigir la» Asamblea Constituyente, si ésta se logra, y para impedir —manteniendo la iniciativa política- que las clases dominantes se reorganicen con la ayuda de la intervención estadounidense.
Incluso en Bolivia, donde está el punto político y programático más alto de los movimientos sociales actuales, las luchas preceden la comprensión teórica y la formación de direcciones que, haciendo un balance de las experiencias del pasado, superen el pragmatismo que ha provocado los errores y la crisis de la CONAIE o las políticas erráticas del zapatismo. Aún queda por comprender cuá- les son los márgenes que deja la mundialización para una política de liberación nacional y social, cuáles son las fuerzas sociales en pugna en cada ¿país y cuál es el nivel de conciencia de las mayorías. Por ejemplo, en la Argentina eso evita- ría a muchos hablar de insurrección e incluso de la posibilidad de instaurar un poder de los trabajadores cuando está paralizado el movimiento obrero —salvo en su relativamente reducida expresión piquetera—, cuando más de la mirad del país vota por la derecha neoliberal, menemista .o no, y cuando la inmensa ma- yoría de la otra mitad está en .espera todavía de un Salvador providencial.
Lo nuevo en esta fase de la mundializaciónvdirigida por el capital financie- ro es que en vastos sectores de la población mundial comienza a resquebrajar-
6 Noviembre de 2003
se la dominación, la introyección. por las clases dominadas de las ideas y valo- res del capitalismo y el sentimiento fatalista de que no habría alternativa a la política neoliberal pues ésta sería la única posible. Dado que el capital es una relación social, los cambios que se producen en la subjetividad en vastos sec- tores de las clases dominadas, debido al ejemplo de los movimientos sociales y a los latigazos de la recesión,.modifica'n la relación de fuerzas entre la mino- ría explotadora y las grandes mayorías. Por otraxparte, si el Estado es consen- somás coerción, el resquebrajamiento del primero deja al desnudo al aparato estatal, estimula la autoorganización de los trabajadores, provoca movimien- tos como el de Bolivia. Simultáneamente, el debilitamiento del centralismo, la fragmentación del territorio y el abandono por parte del aparato del Estado de las funciones que le procuraban consenso (desde las garantías de supervi- vencia a los ancianos y a los sectoresdesprotegidos hasta una educación públi- ca gratuita y para todos o servicios sociales de todo tipo) facilitan la búsqueda de soluciones recurriendo a la autonomía y la autogestión. Es cierto que tam- bién reaparecen tendencias al regionalismo, al local'ismo e incluso .en algunos países donde la población campesina es‘ indígena, una. peligrosa tendencia al retorno al encerramiento del esencialismo étnico, y que ellas retrasan la uni.- ficación de las protestas sociales y ponen en el orden del día la exigencia de un gran trabajo teórico y político para hacer de todas las diversidades un solo haz anticapitalista. Pero sobre todo reaparece la conciencia histórica profunda. Por eso 74 años después del asesinato de Emiliano Zapata, hay quienes se alzan en armas en su nombre, como si aún viviera, en una zona que no conoció en su momento ni el zapatismo ni la Revolución mexicana o los indígenas ecuato- rianos, bolivianos o chilenos unen el recuerdo de los levantamientos contra los Conquistadores al recuerdo político clasista del medio siglo pasado. No estamos así ante una indiscriminada “multitud” sin conciencia ni memoria si- no que, en los campos de Bolivia o de Ecuador, a la modernidad brutal del ca- pital financiero se le opone, implícita o explícitamente, la modernidad de la lucha de Clases por la democracia y el socialismo. Ante el recrudecimiento de la acción imperialista, con su' guerra preventiva que amenaza a todos, con la utilización crecientemente fascista-del Estado por parte del imperialismo esta- dounidense y la amenaza explícita de ocupar todos los territorios que conten- gan recursos esenciales (como el gas, el petróleo o el agua) los indígenas-cam- pesinos recurren al reforzamiento de su poder en su territorio y al intento de construir también, desde sus autonomías, las bases para un Estado indepen- diente y que sirva los intereses del desarrollo nacional satisfaciendo las nece- sidades de la población. Ellos comprenden que, en la resistencia al imperialis- mo y en la lucha por su desarrollo social, el Estado es un arma, pero saben
CuadernosrlElSur 7
también que el que está en crisis es este Estado dependiente y en su lucha in- tentan sentar las bases de otro, apoyado sobre la democracia directa y que rompe la dependencia del capital. Por lo tanto, en la construcción de nuevos poderes, como en Chiapas, en México, no hay ninguna peligrosa reproduc- ción del poder capitalista sino una lucha por el poder, a la vez en el territorio y en la cabeza de las poblaciones locales. Basados en su experiencia histórica, tan abundante en materia de territorios liberados, republiquetas, doble poder, los indígenas de todo el continente, que son hoy la parte más avanzada de los movimientos sociales de masa junto con los campesinos sin tierra, buscan crear y defender sus territorios autónomos con su fuerza y en alianza con otros sectores oprimidos, buscan crear y extender su poder local enfrentando al poder central capitalista y, lejos de prescindir de la política, hacen política buscando aliados y construyen una identidad a la vez particular y general sin disolverse en una amorfa multitud.
Más que nunca corresponde a los socialistas salir de los estrechos marcos de una visión. falsa sobre la unidad nacional contra el imperialismo y del de- pendentismo que ve las causas de todos los males en las maniobras del imper- rialismo y en las “traiciones” de los gobiernos. Más que nunca hay que apren- der a analizar los problemas de cada región desde el punto de vista de clase, ese que los neoliberales ——para dominar mejor- naturalmente declararon inútil y obsoleto. Para ser útiles y poder colaborar programáticamente a la construcción de un movimiento anticapitalista de masas, hay que ofrecer po- sibles soluciones a los problemas fundamentales. Las críticas son necesarias pero mucho más lo son propuestas sobre qué hacer ante el problema rural mexicano, cuáles pueden ser las alternativas para la industrialización del gas boliviano y la solución a la carencia de tierras, qué hacer con el monopolio de tierras y divisas de la oligarquía finan- ciera-terrateniente argentina.
Si estamos entrando en una nueva fase de los movimientos, los so- cialistas tenemos que entrar también en una nueva fase de nuestro quehacer teó- rico-práctico.
GUILLERMO ALMEYRA Buenos Aires, Octubre de 200-3
8 Noviembrede-aoóg
Mitos y realidades: El movimiento obrero venezolano en transicióm
Frédéric Lévéque**
bajadores (UNT) que, a decir de sus integrantes, reagrupará la mayo-
ría de los sindicatos del país en desacuerdo con la línea política lle- vada adelante desde hace dos años por la Confederación de los Trabajado- res de Venezuela (CTV). Este acontecimiento es propicio para analizar en profundidad el tipo de sindicalismo desarrollado históricamente y en la ac- tualidad reciente por la CTV y su dirección que, en alianza con la patronal, participó activamente en la organización, hace un año y medio, de un gol- pe de estado contra el gobierno presidido por Hugo Chávez Frías.
Desde el inicio de la campaña de la oposición contra el gobierno vene- zolano en diciembre de 2001, la Confederación de los Trabajadores Vene- zolanos, hasta hace poco la principal central sindical del país, desempeñó un rol preponderante. Dirigentes como Carlos Ortega, Manuel Cova o Alfre- do Ramos se convierten entonces en figuras emblemáticas del conflicto so- cial y político que desgarra a la nación caribeña. Pero, ¿a quiénes represen- tan? ¿Por qué la CTV se opone tan férreamente a un proceso de cambio que se calificó reiteradas veces de popular o progresista? ¿Cómo se explica esta extraña alianza entre los representantes del Trabajo y los del Capital ?
E l 5 de abril de 2003 nació en Venezuela la Unión Nacional de Tra-
' Este artlculo fue publicado originalmente en francés, en junio de 2003, por la Red de Información y Solidaridad con América Latina RISAL (Réseau d'lnforrnation 8. de Solidarité avec l’Amérique Latine) http://risal.collectifs.net/article.php3?id_article=47l, con el titulo Mythes et rea/¡tes du mouvement ouvrier vénézué/ien. Para su publicación en Cuadernos del Sur, fue actualizado por el autor y la traducción preexistente al castellano por Gil B. Lahout fue actualizada y revisada por Katharina Zinsmeister.
" Politólogo belga y administrador del sitio web RISAL -Red de Información y Solidaridad con América Latina http://risal.co||ectifs.net. Trabaja para el Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) e integra el Colectivo 'Venezuela 73 de Abril' asl como el Comité 'Daniel Gillard’ de defensa de los derechos humanos en Colombia en Bruselas.
Cuadernos del SÏrr 9
El nacirniento, de‘la CTV?"
“Todo, comenzó en_...1.936, cuando estalla. una ‘verdadera’ huelga ,petrole- ra en Venezuela. En Cabimas, en el Estado dÉZulía, los trabajadores habían decidido de cruzar los brazos hasta que sus reivindicaciones básicas fueran respondidas satisfactoriamente. (.2, .) Fue también en 1936 que fueron apro- badas varias leyes destinadas a proteger a”lOs trabajadores en todo el país. Es- tas leyes que nunca fueron aplicadas. Surgió un grupo de dirigentes sindi- cales ‘genuinos’ cuyo principal objetivo era de proteger a los trabajadores, en particular aquellos del sector petrolero, que se sentían excluidos de la le- gislación del trabajo de 1936. Así nació la CTV que, al igual que la Federa- ción Venezolana de Maestros (FVM), reunión a un equipo comprometido y determinado de dirigentes. sindicales en todo el país”. Estos dirigentes,lcq- munistas en su mayoría, prácticamente no podrán desarrollar legalmente s’u labor sindical. Con .los cambios brutales de régimen queïconoció el país al final de la-primera mitad del siglo xx, la CTV se vio sucesivamente legaliza- da y luego prohibida y recién logró desarrollarse e institucionalizarse defi- nitivamente con la llegada del sistema llamado puntofrjista.
La CTV, pilar del sistema puntofijista
¡Para comprender el papel a‘Ctual de la CTV, hay que remontarse a los al- bores de la democracia representativa venezolana: el 23 de enero de 1958, cuando los venezolanos hacen caer definitivamenteaa Marcos Pérez Jimé- nezz, se instala un sistema político basado en el Pacto de Punto Fijo (31 de octubre de 1958) en el cual los principales partidos, Acción Democrática (AD, socialdemócrata e integrante de la Internacional Socialista), COPEI (so- cialcristiano) y la Unión Republicana Democrática, rápidamente margina- da se aliaron3 para compartir el poder yzneutralizar a los comunistas. Ró-
l Alvaro Sanchez, L'agenda politique des partis et les besoins des travail/eurs vénézué- liens, en RISAL, février 2003. http://risal.coIlectifs,net/article.php3?id_article=12.
2 Cabe señalar que, en ese derrocamiento, los trabajadores estaban organizados en sin- dicatos clandestinos y contribuyeron ampliamente con la desestabilización del régimen, rea- lizando una‘serie de huelgas parciales a partir de diciembre de 1957.
3 "AI aprobar el pacto de Punto Fijo, (...) los partidos se comprometieron, por un lado, a respetar el proceso electoral y, por otro, a apoyaral presidente electo, incluso bajo la hipóte- sis que determinados de ellos se reencontrasen en la oposición por veredicto de las urnas. El ’pacto de Punto Fijo' selló en consecuencia una alianza formal entre tres partidos firman- tes en la cual cada uno de ellos renunciaba aocupar una posición hegemónica. Pero, poco a poco, este pacto (...) pasó a significar la construcción de un sistema informal, de gobierno de unidad nacional, si se toma en cuenta la consulta y Ia participación en las decisiones gu- bernamentales de actores sociales tan diversos como los empleadores, el mundo del traba-
ro Naviemlnede 2003
mulo Betancourt, líder- de Acción Democrática y elegido primer presiden- te de la llamada Cuarta República (1959), restableció la Federación de Campesinos de Venezuela '(FCV), así como la CTV y ubicó en sus direccio- nes a miembros de la AD.
“La Central de Trabajadores de Venezuela siempre fue un apéndice de Acción Democrática. Ellos siempre estuvieron muy relacionados con los empresarios. Esa’alianza, que era subterránea, cristalizó ahora”, sostienejaia me Ortiz; Bustamante, chileno refugiado en. Venezuela después de 1975 y profesor de la Universidad de Carabobo4. “A-partir de la consolidación de] régimen, (. . .) sus líderes fueron poco a poco incorporados al pacto conser- vador, con la tarea de contener las luchas sociales e eliminar los focos con- testarios”, explica el periodista Bre-no Altman5. Así, la paulatinamente va logrando la representación casi exclusiva de los trabajadores, con cuan- tiosos subsidios provenientes de la renta petrolera. Así se va trans-formando en uno de los pilares del sistema puntofrjista. Para contrarrestar la subordi- nación de la CTV al AD, el partido COPE] crea suspropia- organización sindiï- cal: la Central General de Trabajadores (CGT) (que terminará escindiéndo- se). Los comunistas hacen lo propio en 1963, fundando la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV).
Se observa que así, desde'los comienzos de la-democracia venezolana, las centrales sindicales se van creando como organizaciones al servicio de los partidos políticos, otorgándolescredibilidad y una base social, y no como her. mrientasde los trabajadores en su lucha por mejores condiciones de vi- da. P2 'a Maurice Lemoine, periodista de Le Monde Diplomatique, la CTV es un ejemplo típico de “un sindicalismo a la mejicana”6. Para Francisco Itu- rraspe7, se trata de un sindicalismo “partidarizado”, que luego se estatizará progresiva-mente.
La base social de la CTV se consolida principalmente en el sector petro- lero y en la administración pública. En aquel entonces, formar parte de la
io, las fuerzas armadas y la Iglesia." Extraido de Frédériqtie Langue, Histoire du Venezuela de la conquéte a nos jours, L'Harmattan, París, 1999.
4 Venezuela: los remezones de una revolución verdadera, entrevista publicada en Rebe- lión, 02 de enero de 2003. http://www.rebelion.org/venezueIa/ortizOZOlO3.htm
5 Gtado en Altamiro Borges, "0 golpismo e a máfia sindical da Venezuela", en Resistir In- fo http://resist¡r.inio/venezueIa/mafiajindiealthtml
5 Declaraciones realizadas en Ia' Conferencia “Prueba de fuerzas en Venezuela“, Universi- dad Libre de Bruselas, 16 de enero de 2003.
7 Francisco lturraspe, "El movimiento sindical venezolano en la época de Ia mundializaw ción: la transición del 'puntofijismo' al 'bolivarianisrno’; En Los sindicatos frente a los proce- sos de transición política, CLACSO, Buenos Aires, octubre de 2001.
Sur n
función pública significaba casi automáticamente adherir a una central sin- dical, y la cuota sindical se descontaba directamente del salario. La libertad y la autonomía sindical no existían verdaderamentejaime Ortiz Bustaman- te expresa duras críticas a las prácticas de la CTV: “Lo que ocurre es que co- piaron un sistema de sindicalismo con mafias, con dirigentes que contratan espalderos y sicarios. Para ingresar a una empresa como» PDVSA, tienes que pagarles a ellos. Es un estilo de sindicalismo donde se compran los votos o se consiguen con un bate en la mano. Esto empieza en el tiempo de Rómu- lo Betancourt, que se dio cuenta de que el PC venezolano tenía una impor- tante presencia entre los trabajadores, y los comenzó a arrinconar hasta obligarlos a'irse a la guerrilla. Entonces, ellos aprovecharon ese espacio pa- ra apropiarse de los sindicatos a la fuerza. Fue una guerra sucia. Había mu- cho dinero para corromper. Te portabas bien con los dirigentes de ADECO y conseguías un cargo en el gobierno”?
Hugo Chávez, ¡presidente!
El sistema puntofrjista durará 40 años. Tendrá su apogeo en los años 70, en la época de la llamada “Venezuela Saudita”. Comienza a desintegrarse en los años 80 con la devaluación de la moneda nacional, el bolívar, y el endeu- damiento. En los años 90, se derrumba literalmente en un torbellino de es- cándalos de corrupción, reformas neoliberales, tentativas de golpes de esta- do y luchas sociales nacidas al calor del Caracazo de 19899.
Dicha “apertura económica” iniciada en 1989 por el presidente adeco Carlos Andrés Pérez, con los ajustes estructurales, “El Gran Viraje”, bajo auspicio del Fondo Monetario Internacional (FMI), lleva poco a poco a la desindustrialización del país (ya antes poco industrializado) y a una baja ge- neralizada en el nivel de vida. Con el aumento del desempleo por las refor- mas económicas, se van debilitando y perdiendo el control que ejercían so- bre los trabajadores. Las privatizaciones y desregulaciones son acompañadas or una creciente intervención del estado en las relaciones colectivas, preci- samente para reprimir las huelgas “ilegales” en aumento. Earadójicamente, las luchas sociales y obreras se van intensificando, incluso en los sectores
3 Rebelión, lbidem. "Espalderos" es el término venezolano para 'patotas" (N.d.T.).
9 La duplicación de las tarifas de transporte del 27 de febrero de 1989, consecuencia de medidas económicas impuestas por el FMI, sirvió de detonador para un levantamiento espon- táneo y anárquico de los barrios populares de Caracas y de otras ciudades. Este acontecimien- to conocido como "Carachazo" fue reprimido con sangre por el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez y tuvo varios miles de víctimas.
12 Noviembre de 2003
sindicales tradicionalmente favorables al poder, frente a las reducciones de personal en la administración pública.
En 1999, beneficiándose del desmoronamiento del cuadragenario pun- tofrjismo y de la ola de luchas sociales de la década de los noventa, Hugo Chávez Frías se convierte en presidente de la República. Tal como lo había prometido durante su campaña, el nuevo presidente lanza une serie de re- formas, empezando por el plano jurídico e institucional, entre las cuales la aprobación, por referéndum, de una nueva constitución considerada gene- ralmente como muy progresista. Nació así la Quinta República .
La Constitución Bolivariana es redactada por una asamblea constituyen- te, a través de un proceso (quizás insuficiente, pero real) de participación y consulta popular con diversos sectores sociales. La nueva Carta Magna am- plía los derechos políticos, sociales y culturales establecidos en la constitu- ción anterior (de 1961). Así, al menos en teoría, los derechos de losltraba- jadores experimentan un considerable progreso: garantía del: derecho al tra- bajo, igualdad entre hombres y mujeres, reconocimiento de la jornada de ocho horas yrde la progre'sividad de los derechos del trabajo, reconocimien- to del derecho a sindicalizarse y a organizar huelgas, etc.
Para la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Li- bres (CIOSL), de la cual la CTV es la afiliada venezolana, “la Constitución, que contiene algunos elementos innovadores en materia de derechos humanos, incluye tam- bién disposiciones contrarias que, en nombre de la salvaguarda de derechos políticos, entre ellos el derecho de voto, trasgrediendo la libertad sindical encarnada por los Con- venios 87 y 88 dela OIT El artículo 95 de la Constitución exige que los estatutos de los sindicatos prevean que los mandatos de sus dirigentes no sean renovables y que es- tén sometidos al sufragio universal, directo y secreto, lo que pone de many‘iesto una in- tromisión en los asuntos sindicales.”10
Un movimiento sindical debilitado
Para Francisco Iturraspe, el movimiento sindical venezolano se institu- cionalizó progresivamente a lo largo de los años: “esta institucionalización puede llevar a numerosos sindicatos a compartir espacios importantes de poder a disponer de estructuras y de medios financieros y, en ciertas ocasio- nes, a integrarse formalmente informalmente al aparato del estado."Cuan- do ese estado es dirigido por el mismo (o los mismos partidos) que contro-
lo CIOSL, Venezuela: Rapport annuel des violations des droíts syndicaux 2002 (Informe anual devrolaciones de los derechos sindicales 2002). http://www.icftu.org/displaydocumen- t.asp?lndexr-—-991215858&Language=FR
Cuadernos del Sur 13
lan los sindicatos, aparecen fenómenos corporativistas o neocorporativistas: estos sindicatos, más allá de sus discursos dirigidos a presentarse como re- presentante de los trabajadores, representan en realidad el estado frente a estos mismos trabajadores.”11 Iturraspe cita luego una anécdota significati- va al respecto: el presidente y el secretario general de la principal central (CTV) comenzaron a tener teléfonos interministeriales como si fueran mi- nistros.
Como parte del aparato del estado, la CTV recibió con todo las embesti- das de los años 90. Los cambios económicos y sociales entran en contradic- ción con el modelo sindical hegemónico. El aumento del desempleo, el de- sarrollo del trabajo en el sector informal, la reducción del sector público, el descrédito del sistema en la población, etc. I-Iarán mermar su número de afiliados y la tasa de sindicalización. En 1999, 23% de los asalariados esta- ban sindicalizados y de éstos 80% en el sector público”. El movimiento sin- dical venezolano era minoritario y estaba divido. Apenas representaba a un millón de trabajadores distribuidos en cuatro confederaciones nacionales y sindicatos no confederados. Sin embargo, aún así, la CTV seguía siendo to- davía la central más importante por número de afiliados. Si bien se celebra- ban elecciones sindicales de tanto en tanto, nunca era para elegir direccio- nes nacionales, pues según el dicho, “un dirigente de la CTV sólo abandona su puesto cuando muere.”¡3. Fue el caso de al menos dos de ellos: Augusto Malavé yjosé Vargas. Para el Departamento de Estado norteamericano, “la CTV y AD tradicionalmente se influenciaban.”‘4 Hablemos claro: la mayoría de los dirigentes de la CTV integraban al mismo tiempo la dirección políti- ca de AD.
Ante esta inamovilidad de los dirigentes de la CTV, siempre existió un movimiento de democratización y autonomía sindicales en Venezuela que retomó vigor a partir de 1998 y de la entrada en vigencia de la nueva cons- titución en 2000. A partir de la cual forrnalizan la participación política y el papel protagónico del pueblo en la toma de decisiones'através de “la elec- ción para las funciones públicas, el referéndum, la consulta popular, la re-
” Francisco Iturraspe, ibid, p. 117.
2 Consuelo lranzo, Jacqueline Richter y Thanalí Patruyo, "Reestructuración económica y mercado de trabajo en Venezuela", en Reestructuración productiva, mercado de trabajo ysin- dicatos en América Latina, CLACSO, Buenos Aires, agosto de 2000.
‘3 Citado en Alvaro Sanchez, L'agenda politique des partis et les besoins des travail/eurs vénézuéliens, RISAL, febrero de 2003.
‘4 Informe del Departamento de Estado sobre los Derechos Humanos en Venezuela, 3lde marzo de 2003.
r4 Noviembre de 2003
vocabilidad del mandato, las iniciativas legislativas, constitucionales y cons- tituyentes, el cabildo abierto, y la asamblea de ciudadanos.. ."’ (art.70).
Luego del proceso de redacción de la nueva Carta Magna, el poder cons- tituyente realizó un conjunto de consultas e iniciativas hacia el movimien- to sindical venezolano, e incluida la CTV, en una tentativa de unificar un movimiento sindical atomizado (de más de 3.000 sindicatos) sobre la base de un referéndum en torno a la democratización de los sindicatos, federa- ciones y confederaciones
Un referéndum y elecciones sindicales controvertidas
'El 10 de octubre de 2000, la Asamblea nacional adoptó un decreto que permitía realizar una consulta popular para convocar una asamblea sindical constituyente”. El presidente Hugo Chávez no ocultó el objetiVo de ese re- feréndum e incluso declaró de manera poco diplomática que “es un misil contra la CTV y eso no tenemos porqué disfrazarlo con palabras bonitas”lv6. Bajo ataque, la dirección de la CTV organizó una marcha que fue un fraca- so. Dos importantes organizaciones sindicales miembros de la misma, Fe- depetrol et Fetraconstrucción, solicitaron la anulación del decreto parla- mentario ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). Finalmente, la CTV lla- mó al boicot del referéndum que finalmente se realizó el 3 de diciembre de 2000 con un porcentaje de 76,57% de abstención17 . Los sectores “boliva- r-ianos” lo ganaron con el 72,34%“, lo que automáticamente significaba la convocatoria, en un plazo de 180 días, a elecciones para renovar las direc- ciones sindicales, así como la suspensión inmediata de todos los cargos. La CTV decidió finalmente de participar en estas elecciones.
Entre los meses de agosto y octubre de 2001, el proceso de renovación de las direcciones sindicales se desarrolló ampliamente en los sindicatos de base, parcialmente en las federaciones y de manera fraudulenta en la estruc- tura de la CTV.
Las elecciones sindicales, las primeras de su tipo, fueron fuertemente
‘5 El decreto fue apoyado tanto por los diputados del Movimiento Quinta República (el partido de Chávez) como por algunos de la oposición: MAS, Proyecto Venezuela y COPEI. Ci- tado en Francisco Iturraspe, ibid, p.128.
'5 Citado en Rolando Díaz "Revolución sin sindicatos”, en Globalización, mayo de 2002.
¡7 Gregorio Salazar, Libertades sindicales en Venezuela en los comienzos de la V Repúbli- ca, CLACSO, Buenos Aires, octubre de 2000.
¡3 Según cada sector, el análisis de ese referéndum varía. Se lo puede considerar como une victoria para los "bolivarianos" ya que ganaron efectivamente. Pero la alta tasa .de absten- ción mostró un fuerte desinterés de la población por la cuestión o, incluso, una cierta victo- ria de la dirección de la crv que había llamado al boicot.
Cuadernos delSur 15
politizadas. Las eleccionesse hicieron por listas y los candidatos. a delegados ostentan de forma abierta sus posicionamientos políticos. :El “candidato de la revolución” era Aristóbulo lstúriz, miembrode la dirección nacional de Patria Para Todos (PPT), el partido de la coalición gubernamental que apo- ya al presidente Chávez, y actualmente Ministro de Educación. Su princi- pal contrincante era Carlos Ortega, de. Acción Democrática“).
Durante la campaña, se acusó al Presidente de la República de inmis- cuirse en las elecciones, pues Chávez se mostró en reiteradas oportunida- des en público con su candidato. Pero vale la pena reubicarse en el con- texto.
Pese al derrumbe del sistema puntofrjista, la oposición sigue en pie. Yno alcanza con la victoria electoral de un Candidato atípico no surgido de los partidos tradicionales para erradicar como por arte de magia, las prácticas del pasado, el clientelismo, las redes de compromisos quese fueron cons- truyendo durante varias décadas. La CTV como pilar del sistema derrocado por el Comandante, es una de esas instituciones que se resisten al cambio. Desde la victoria de Chávez, los sectores ‘bolivarianos’ también llevan ade- lante una lucha de hegemonía en numerosas instituciones para concretar las reformas sociales y económicas deseadas e impulsarvuna sólida base social y política organizada y autónoma a favor del proceso. Una de las debilidades manifiestas del movimiento ‘revolucionario bolivariano’ es su gran falta de cuadros políticosy de verdaderas estructuras partidarias. De hecho, los par- tidos políticos como el Movimiento Quinta Republica o Patria Para Todos, que forman parte de la coalición gubernamental, son más que nada creacio- nes electorales. En una entrevista para Le Monde Diplomatique Edición Cono Surzo, Chávez cuenta como tuvo que recorrer Venezuela para ayudar a sus partidarios, entonces totalmente desconocidos por la población, a conquis- tar gobernaciones, municipios, etc. Es en este marco que hay que compren- der porqué el Comandante se involucró en las elecciones sindicales (las pri-
‘9 A estas elecciones se presentaron varias listas, entre ellas: 1) el Frente Unitario de Tra- bajadores, una alianza de fuerzas sindicales de AD y COPEI que precisamente propone a Car- los Ortega para la presidencia de la Central- y a Manuel Cova como Secretario General. Esta lista fue apoyada por la CIOSL-ORIT; 2) la alianza Nuevo Sindicalismo - Movimiento Primero de Mayo, con Alfredo Ramos y Rodrigo Penso, como candidatos y apoyados igualmente a ni- vel internacional por la ClOSL-ORlT, 3) la Alianza Autonomía Sindical, lista de la Fuerza Boliva- riana de Trabajadores, corriente político-sindical que apoya el "proceso bolivariano" y propu- so como candidato a Aristóbulo lstúriz, miembro de la dirección nacional de Patria Para To- dos, partido de la coalición gubernamental y actualmente Ministro de Educación.
0 “Chávez y la Revolución Bolivariana ¡Conversaciones con Luis Bilbao", en Le Monde Di- p/omatíque - Edición Cono Sur, enero de 2002.
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meras realizadas en Venezuela por mandato, constitucional). Esta implica- ción le valió muchas críticas. El investigador del Instituto.,Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) Rolando Díaz llegó a comparar la política sin- dical del presidente venezolano a la del General‘ísimo Franco de la España fascista”. El gobierno venezolano también recibió observaciones críticas de la Oficina Internacional .del- Trabajo (OIT) por la'intromisión del Consejo Nacional Electoral (CNE)22 en el proceso electoral interno delos sindicatos, lo cual le valió una sanción simbólica en la Conferencia Internacional del Trabajo realizada en junio de 2002 en Ginebra. La OIT (presionada por .la CIOSL) condenó “la intromisióndel estado venezolano” en los asuntos sin- dical‘es, lo que implica pasar por alto que la intervención del CNE en las elec- ciones sindicales fue reclamada por la misma CTV durante la Asamblea Constituyente”, y que ese dispositivo fue incluso incorporado a la propia carta orgánica de la CTV, reformada poco antes de los cómiciosz‘l.
Sea como fuere, la estrategia de los sectores “bolivarianos” representó, en general, un fracaso. Desde el punto de vista de los derechos sindicales, significó un grave error convocar a toda la población venezolana entorno a la necesidad o no de renovar las directivas sindicales.
La mayoría presidencial actuó en esta área casi 'comousi los sindicatos fueran oficialmente instituciones estatales, violando su autonomía. formale. El Presidente de la República incluso se jactó de lo “poco que me importa lo que dice la OIT”25, a pesar de que los conveniosde esta organización sus- critos por el país tienen rango constitucional. Resultó mucho más difícil obtener la victoria en las elecciones dentro de los sindicatos que ganar las elecciones generales. En los sindicatos de base, las fuerzas bolivarianas re- gistraron importantes avances, rnás no así dentro de la estructura de la CTV. Además, los dirigentes actuales de la CTV se autoproclamaron vencedores de las elecciones sobre la base del 48% de los sufragios, de los cuales menos
2‘ Citado en Rolando Díaz, “Revolución sin sindicatos", Tal Cual, 13-08-01.
La nueva constitución venezolana definió cinco poderes: el poder ejecutivo, el poder le- gislativo, el poder judicial, el poder ciudadano y el poder electoral, representado por el Con- sejo Nacional Electoral (CNE) que tiene como función justamente organizar y asegurar el buen funcionamiento de las elecciones y de los referéndum previstos por Ia constitución.
Froilan Barrio, dirigente de la crv, fue elegido constituyente por las banca chavista en 1999. Él elaboró en gran parte lo referido a la cuestión sindical en la nueva Constitución que favorece la intervención de'l CNE en las elecciónes sindicales. Luego volvió a la oposición.
24 El Convenio 87 de la OIT estipula .que las elecciones deben estar supervisadas por miembros del sindicato o de una organización no gubernamental. En el caso venezolano, el gobierno estaba infringiendo esta cláusula.
5 Citado en Gregorio Salazar, ibid.
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de 10% fueron convalidados en medio de numerosas denuncias de» irregu- laridades en todo el país”.
La ofensiva de la oposición
La campaña de la oposición venezolana llevaba tiempopreparada, pero cobra fuerza a partir del mes de diciembre ’de 2001, poco después de que la Asamblea nacional adoptara los 49 decretos-ley destinados a llenar de con- tenido los derechos'consagrados en los 350 artículos de la ConStitución-bo- livariana. De esta manera, después de dos años de reformas jurídicas e ins- titucionales que contaron con un apoyo popular incuestionable (en vista de las elecciones y referendos ganados por el gobierno), la Revolución Boliva- riana entraba concretamente en el terreno de las reformas económicas y so- ciales.
El primer “paro” patronal tiene lugar el 10 de diciembre de 2001. Esta acción será la primera de una larga. serie. Las movilizaciones, en “ambos bandos” (y salvando las proporciones de cada uno), irán in crescendo hasta el golpe de Estado de abril de 2002.
En el trascurso de esta fase de desestabilización, la CTV juega un papel impulsor. En marzo lanza une serie de huelgas parciales, sobre todo entre los médicos y docentes así como en la gerencia de la empresa petrolera na- cional PDVSA, aunque con poco éxito. El 9 de abril, la federación patronal y la CTV convocan a un “paro nacional” de 24 horas, que es renovado al día
25 Una vez más, el análisis de estas elecciones depende del sector de donde proviene. Así, para la CIOSL, "no obstante, los medios no estuvieron a la altura de las ambiciones y a pesar de la presencia de variOS observadores, pudieron comprobarse numerosas irregularidades en ambos campos: varias urnas desaparecieron, se quemaron boletas de voto o el material para votar se entregó con retraso. Por ejemplo, todas las urnas del Sindicato de Trabajadores de la Alcaldía de Caracas fueron saqueadas por trabajadores a las órdenes directas del alcalde, Freddy Bernal, miembro del partido en el poder, el Movimiento Quinta República (MVR). Las elecciones tuvieron que ser suspendidas en varios Estados, entre los que se encuentran el Es- tado de Bolívar y de Zulia, que cuentan ambos con un importante número de trabajadores/as sindicados. Un mes después de realizadas las elecciones en el Estado de Zulia, la comisión electoral de Ia crv proclamó vencedor a Carlos Ortega, antiguo dirigente de la Federación de Trabajadores del Petróleo (FEDEPEI’ROL) y candidato del Frente Unitario de los Trabajadores (FUT), con un 57% de los sufragios. Aún cuando todos los sectores reconocieron la victoria de Carlos Ortega, el gobierno se obstinó en no querer reconocer a la nueva dirección, ame- nazando con llevar el caso ante el Tribunal Supremo de Justicia, y conmínó al CNE a declarar ilegales las elecciones sindicales. No obstante, a finales del año 2001, el CNE todavía no habia tornado una decisión a este respecto. En todo caso, su decisión se revelan'a ilegal, ya que en virtud .del Convenio 87 de la OIT, las elecciones sindicales han de ser supervisadas por los miembros de los sindicatos y ninguna instancia gubernamental puede intervenir en el proce- so." CIOSL, Venezuela : Rapport annuel des violations des drois syndicaux 2002.
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siguiente. Mientras, el libreto bien preparado para el golpe empezaba a de- sarrollarse. El resto de la historia ya es conocido.
En uno de sus informes recientes”, la CIOSL hace una larga lista de ob- servaciones al gobierno venezolano, retomando de hecho una buena parte de la argumentación de la oposición. Aunque pudiera parecer sorprenden- te, no hace en ninguna parte referencia al golpe de estado de abril del 2002 y del papel jugado por la CTV a la que califica en varias oportunidades como central “independiente”. Semejante “olvido” descalifica parte el contenido de ese informe del cual solamente se destaca una profunda hostilidad hacia el rumbo del gobierno venezolano, así como una flagrante falta de objetivi- dad respecto de la naturaleza de la CTV.
La misma tuvo un papel central en la puesta en escena del golpe de es- tado. Las imágenes de Carlos Ortega llamando a marchar sobre el palacio presidencial de Miraflores están en la memoria de todos y todas. Las mar- chas y los “paros” estuvieron coordinadas con los diferentes sectores cons- piradores de la oposición, sean los directivos de PDVSA, el ejército, los me- dios comerciales, los partidos u organizaciones de la oposición, etc. En nin- gún momento se formularon reivindicaciones de tipo sindical. El discurso de ese conjunto de organizaciones estuvo, obsesivamente, centrado en la sa- lida del poder de Chávez.
Al decir del The New-Ybrle Times”, en el momento del golpe de estado, la CTV había sido beneficiada con fondos de apoyo de los Estados Unidos a través de la agencia National Endowmentfirr Democracy”, una agencia no- gubemamental creada y financiada por el estado federal y conocida por servir a los intereses de seguridad nacional del Tío Sam, incluso los más sórdidos.
Otro elemento que la CIOSL no cita en su informe, es la presencia, den- tro del gabinete del gobierno golpista de Pedro Carmona Estanga, de León Arismendi como Ministro de Planificación y Desarrollo. Este último fue durante más de 15 años asesor de la CTV, miembro de la junta de Conduc- ción Sindical de la CTV y delegado de los trabajadores de Venezuela a la 89‘l
27 crosr, Internationa/Iy-recognised core labour standards in Venezuela - a report for the WTO General Council review of trade policies of Venezuela, Ginebra, 27y 29-11-02. http://www.icftu.org/displaydocument.asp?lndex=991 2 1 6849&Language=EN
2 Christopher Marquis, 'U.S. Bankrolling ls ,Llnder'Scrutiny for Ties to Chávez Ouster", en New York Times, 25-04»02.
29 Se puede consultar al respecto: André Maltais, -"F¡nancement discret des putschistes vé- nézuéliens - Syndicalisme et démocratie au service de la CIA”, en L'aut’Journal, febrero de 2003; David Corn, "Our Gang in Venezuela?", en 771e Nation, 18 de julio de 2002.
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Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT. en Ginebra en junio de 2001, precisamente cuando el gobierno venezolano fue condenado.
.En el nivel internacional, el rol jugado por Carlos Ortega en la ruptura del orden constitucional en Venezuela fue reconocido» en los hechos en el interior de la OIT. Según Venpres, en junio de 2002, el presidente de la CTV fue excluido de la lista de candidatos presentados por la CIOSL para integrar el Consejo de Administración de la OIT. Una de las principales razones de la decisión había sido su implicación en la preparación y ejecución del gol- pe de estado del 11 de abril de 2002. Otro miembro de la CTV fue elegido en su lugar, pero no recogió grandes consensos, a diferencia de los demás candidatos.
¿Para? ¿Qué para?
Para el 2,de diciembre, y por tercera vez en un año, FEDECAMERAS, la CTV y la Coordinación Democrática, con el apoyo de los medios comerciales, convocaron a un paro general. En abril, la parálisis del país había sido un fracaso, pero la huelga sirvió como telón para un golpe de estado (...). En octubre, otro intento de paro fracasa. La “huelga general” es un concepto que sólo puedeaplicarse a la conducta de los trabajadores. Cuando son. los empresarios quienes convocan a detener la actividad productiva y comer- cial, el término que describe el hecho es la voz inglesa lock-outIEsta es la pri- mera razón por la cual en Venezuela no hubo huelga el lunes 2 y mucho menos los días siguientes. La segunda, es que el sector patronal que adhirió a la medida de fuerza friemínimo, circunscrito sobre todo, al sector comer- cial y dentro de éste al área rica de Caracas, en la zona Este. La tercera, es que en esta oportunidad un gran número de establecimientos cerrados por sus dueños fueron abiertos por los trabajadores, lo cual sumado al hecho de que funcionó sin mengua el transporte, completó un panorama de casi to- tal normalidad en la capital venezolana y tanto más en-el- interior del país.”3“
Con excepción del sector'petrolero, ninguna rama de .la.industria nacio- nal estuvo realmente parada durante diciembre de 2002 y enero de 2003. Sin cese, los medios internacionales difunden las declaraciones de los diri- gentes de la CTV según las cuales el 70 a 90% de los trabajadores se había ad- herido al paro y ninguno de esos medios da cuenta de que la SUTISS (side- rurgia), uno de los sindicatos más emblemáticos de Venezuela, y FEDEPE- TROL (Federación de Trabajadores del Petróleo, mayoritaria en- el sector con
3° Luis Bilbao, "Decisiva prueba de fuerza. Dos semanas de fraude en Venezuela", en ¿e Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, 16 de diciembre de 2002.
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más de 30.000 afiliados), ambos integrantes. de laCTV', nunca apoyaron ofr- cialmente el paro. Fue igual con otros sindicatos importantes como el de los subterráneos de Caracas o los de Bauxilum y de Venalum (industria del alu- minio) en el estador‘industrial de Bolívar, o con los trabajadores del sector eléctrico organizados en FETRALEC (con unos 34.000 afiliados) cuyo presi- dente anunció que su organización se iba a desafiliar de la CTVï“. Estos sin- dicatos por sí "solos representan a los trabajadores de los sectores que apor- tan con cerca del 80% al Producto Bruto Interno (PBI) (oficial, sin- contar la economía informal) de Venezuela.
Ylos buhoneros
La verdad también se trunca mediante la omisión, sea, ésta voluntario o no. En este sentido, quien quiera darse una idea de la situación actual del mundo. laboral venezolano debe tomar en cuenta la rea-lidad amenudo ig- norada de estos trabajadores, trabajadoras y... niños que, día tras día, con su parasol» o toldito de plástico para protegerse de la intemperie y del sol, ins- talan sus puestos ailo largo de las calles para vender-su: mercancía. En Vene- zuela son llamados “buhoneros”, trabajadores del sector informal. Repre- sentan alrededor del 50% del mundo laboral del país.
Obviamente, los buhoneros jamás siguieron el llamado. de la oposición venezolana a parar els trabajo. Una primera razón evidente es que, a diferen- cia de los comerciantes y empresarios, su situación económica no se lo per- mite y no se benefician de ningún apoyo económico del exterior. La venta cotidiana de pilas, dentífrico, CDs, jugos de fruta, etc. los ayuda para “lle-' var el pan de cada día a la casa”. Otra razón es que este sector, en su ‘mayo- ría, es uno de los pilares de apoyo del proceso bolivariano. La llegada al po- der de Chávez, si bien no ha cambiado radicalmente sus vidas, les permite vender sus mercancías sin ser víctimas sistemáticas de persecuciones, como la “matraca”, por parte de las fuerZas del orden y los comerciantes. Otros avance significativo del cual se beneficiaron es la supresión de las matrícu- las en las escuelas, lo que permite ahora a los buhoneros y a sus hijos tener oportunidades de acceso a la educación. Finalmente, este sector que jamás estuvo organizado en los sindicatos, no es inmune a la ola de autoorganiza- ción popular que atraviesa el país, a esta voluntad radical de participar en la vida pública y en la gestión de los retursos, derechos elementales formali- zados por la Constitución bolivariana*de.1>999'.
Ïfl Citado en Benito Perez, "Les travailleurs vénézuéliens disent ‘leur vérité’ ", en Le Cou- mer, Ginebra, 08 de abril .de 2003. http://risal.co|lectifs.net/article.php3?id_article=7
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Una central sindical sin base social real
En el mes deagosto de 2002, en Maracay, estado de Aragua, el día ante- rior a de una manifestación de la‘oposición, los dirigentes de FETRARAGUA, federación sindical estatal afiliada a la CTV, organizaban en sus oficinas una conferencia de prensa con-el fIn de expresar su adhesión a la manifestación en cuestión. El mismo día, ala misma hora, en el mismo edificio, varias dos- cenas de delegados sindicales de base convocaban a su vez en otra sala a la prensa para expresar su desacuerdo con la dirección sindicaL Más allá de lo anecdótico que pueda ser este acontecimiento por si solo, expresa clara- mente la situación actual del movimiento sindical y obrero en Venezuela 32.
Sin querer negar la capacidad de movilización de la oposición, notable- mente entre los ejecutivos de la empresa petrolera nacional PDVSA y delas cla- ses medias, se puede afirmar, a la luz de lo ocurrido, que la dirección de la CTV está relativamente desconectada de todo tipo de movimiento de base.- En consecuencia-solo pudo paralizar ciertos sectores sin la ayuda de la federación patronal (FEDECAMERAS), y en muchos casos, lo poco que paralizó fue por la vía de la imposición y’de la amenaza. Por ejemplo, en los grandes centros co- merciales, unabuena parte de los trabajadores estuvo en su puesto de traba- jo pero los patrones habían cerrado los negocios. Lo mismo vale para los ban- cos donde .se les pagó a los empleados para que se queden en casa.
La actitud de la empresa transnacional Parmalat es un ejemplo al respec- to. En el trascurso de la tercera semana del supuesto paro general lanzado por la oposición, determinados productos básicos como la leche fresca co- menzaron a faltar. Para remedir eso, el gobierno anunció que iba a sacrifi- car una parte de su presupuesto para: importar estos productos. Inmediata- mente, Parmalat, laempresa que controla casi la totalidad de la distribución de leche en el país, decidió de tomar distancia con el lock-out y distribuir rá- pidamente el producto, reacción debida probablemente en la creencia .que perdería participación en el mercado. No eran los trabajadores quienes im- pidieron la distribución.
Otro ejemplo significativo: el del grupo venezolano Empresas Polar que goza de un casi monopolio en la distribución y producción de harina en el país. En la cuarta semana del lock-out; los directores de la empresa anuncia- ron que no se harían responsables de la falta de harina en el país, dado que la escasez se debía a los trabajadores “en paro”. Como reacción directa a es- tas afirmaciones, numerosos trabajadores de empresas como Mavesa, Pro- masa, Chivacoa y Remavenca, pertencientes al grupo, organizaron asambleas,
32 El autor de este artículo estuvo presente en estas conferencias de prensa.
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donde se pronunciaron contra el paro y declararon no poder trabajar por es- tar las puertas de las fábricas cerradas.
Estos hechos variados no son anodinos, sino quejson elementos que permiten descifrar la situación; Pero los Imedios comerciales muy pocas veces se hicieron eco de este tipo de experiencias. Se empecinaron. en compilar los despachos de agencias o en resumir los comunicados, ha- ciendo así el juego, conscientementeo no, a la propaganda y a la, desilïfor- mación.
Claro, está,- que ¡la atomización- del movimiento sindical venezolano por sí sola no es suficiente para explicar esta situación, Tomemos el ejemplo del sector. de transportistas. A fines deenero, la agencia EuropagPress difundió el llamado de la Federación Venezolana-de Transporte a parar el trabajo el 22 de enero33. Esta noticia fue transmitida directamente a nivel nacional e in- ternacional. No pasó lo mismo con el comunicado-de Venpres, laagencia de prensa oficial, con la, posición del Consejo Nacional de Transporte, com- puesto por 32 sindicatosa nivel nacional, que afirmó no aoyar en absolu- to este paror En este. juego de propaganda y contra-propaganda, los víncu- los internacionales del. ‘bloque de la prensa’ venezolana se mostraron mu- cho más eficaces que lOs servicios de comunicación del gobierno de Chár vez. Un problema de comunicación que el Presidente en persona "ha reco- nocido reiteradamente.
El casovcle PDVSA
Si laeconomía venezolana tiene una peculiaridad, ésta es su dependen- cia del petróleo. La lucha por el control del oro negro es central en el con- flicto social venezolano. Y es precisamente en la empresa nacional petrole- ra donde la oposición intentó imponer una relación de fuerzas que le fuera favorable.
Yaen abril de 2002, Petróleos de Venezuela (PDVSA) estuvo en el centro de las, jornadas de “paro nacional” que precedieron el golpe de estado. El gobierno había querido cambiarla dirección de la petrolera estatal, como todo gobierno- democrático suele nombrar los dirigentes de las empresas públicas. Pero la plana mayor de PDVSA se había negado, .en nombre de la “meritocracia” yen oposición a la “politización”, a obedecer las órdenes del gobierno, desenCadenando' así un conflicto que aglutinó a laoposición y le sirvió de pretexto para el golpe de estado-
33 "La Federación venezolana de ¿Transporte convoca para este miércoles a un paro nacio- nal de transporte" en Europa Press, 21-01-03.
Cmdernosdebfiur ' i 23
De regreso en el poder, Chávez adoptó una actitud conciliatoria y no volvió a atacar de frente a la dirección de una empresa que‘8uele ser califi- cada de “estado dentro del. estado” y que posee un poder'financiero supe- rior al del mismo estado venezolano. Su gobierno dejó en manos de la opo- sición un arma poderosa a la cual recurrió nuevamente en diciembre de 2002 para intentar de hacer caer al Presidente de la República. Logró'paraa lizar en parte la empresa y bajar drásticamente la producción pero, al final, la movilización popular y la intervención del ejército permiten al gobierno ganar esta batalla por el control de un recurso cuyos rendimientos consti- tuyen la mitad del presupuestodel estado.
Aunque el paro se prolongó durante dos meses, los primeros diez días parecen haber sido cruciales para la relación de fuer-zas. Varios plantes pa- ra atestar un nuevo golpe habían sido desbaratados enlese intervalo. El 9 de diciembre, enparticular, parece haber 'sido decisivo. Para'Luis Bilbao, “Por un lado, cientos de miles de personas rodearon los canales de televi- sión, en una pacífica pero no por ello menos amenazante demanda de que se dejara de mentir y de convocar a la violencia y al golpe. Por otro lado, los obreros-petroleros comenzaron a actuar para neutralizar el accionar de la plana mayor asociada a los golpistas. Yaquí ocurrió un hecho importan- te: cuando la antigua cúpula de I'a empresa vio que comenzaba a perder te- rreno ante la embestida obrera, lanzó una ola general de acciones de sabo- taje: si no lo puedo controlar, lo paralizo o lo destruyo.”34 Estas medidas de sabotaje se vieron facilitadas por el hecho que PDVSA es una empresa al- tamente informatizada. Los trabajadores y el gobierno, al militarizar la empresa (en particular para'recuperar los buques petroleros en manos de la oposición),- demoraron en recuperar el control de la empresa. Ahora han vuelto al nivel de producción previo al lock-out; Afirma Félix Roque Rivero, secretario general de FEDEPETROL, que recuperar el nivel de pro- ducción “no ha sido fácil, pues hubo actos de saboteo, las contraseñas fue- ron cambiadas, señales y turbinas fueron destro'zadas,='los sistemas infor- máticos fueron traficados, kilómetros de conductos, sobre todo gasoduc- tos, fueron dañados. Pero en PDVSA, los trabajadores de base también son técnicos. Ellos son quienes siempre han estado al frente, que saben cómo poner a funcionar las instalaciones. Y con la ayuda de jubilados que no querían dejar que se destruyera la obra de su vida y se colocaron otra vez el uniforme, a los 6, 70 e incluso ¡75 añosl, pudieron volver a arrancar las
34 Luis Bilbao, "Épreuve de force au Venezuela", en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, 16-12-02.
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instalaciones. Además deeSte trabajo, aprendieron a administrar la empre- sa, a sustituir a los gerentes.”35
El principal sindicato del sector petrolero, FEDEPETROL, un miembro im- portante de la CTV y que fue dirigido por Carlos Ortega durante varios años, nunca convocó al paro. Antes del golpe .de Estado esta organización sindi- cal y el gobierno habían tenido algunos conflictos. Sin embargo, en vista del papel asumido por ‘la dirección de la'CTV en los días de abril de 2002, FEDE- PETROL se fue distanciando de las consignas de su central nacional. “La in- mensa mayoría de los trabajadores petroleros venezolanos no participó en la huelga convocada en diciembre de 2002 por la nómina mayor de PDVSA”, afirma un comunicado de prensa conjunto36 de las tres federaciones sindi- cales activas dentro de la empresa: FEDEPETROL, FETRAI-IIDROCARBUROS y SINUTRAPETROL.
« Hay que estar claro: el paro fue convocado por FEDECÁMARAS y ningu- na de las tres centrales sindicales del sector petrolero lo apoyó. Este movi- miento nunca tuvo ningún contenido social y ninguna reivindicación sin- dical jamás fue formulada. En abril-mayo de 2002 habíamos planteado al- gunas reivindicaciones y obtuvimos satisfacción. Hace'seis meses firmamos un nuevo contrato colectivo que incluye mejorías y por primera vez en la historia, ni siquiera tuvimos que ir a la huelga. El 90% de nuestros miem- bros plebiscitaron el resultado de estas negociaciones. En consecuencia, cuando llegamos al 2 de diciembre, nuestro Comité Directivo decidió por unanimidad no asociarse con esta acción meramente política”, afirma Ra- fael Rosales, presidente de FEDEPETROL.
Los impulsores de la parálisis de la empresa estatal fueron la nómina ma- yor y los ejecutivos de PDVSA, quienes constituyen una vanguardia privile- giada del proceso de privatización en curso desde hace ya varios años.
A principios de enero, el diario Últimas Noticias daba cuenta de algunas propuestas de la comisión Proyecto País de la Coordinadora Democrática (CD) para'el período post-Chávez”. Entre las medidas contempladas para “reconstruir el país”, la CD proponía “profundizar la apertura petrolera, re- visar la posición de Venezuela dentro de la OPEP, abrir espacios para la in- versión privada en el sector energético y privatizar las empresas eléctricas”. De manera general, dichas medidas van en sentido contrario a las del go-
35 Citado en Benito Pérez,idem.
35 Ibidern.
37 Carolina Hidalgo, "Proponen participación privada en PDVSA - Oposición presentó agen- da de planes post-Chávez”, en Ultimas Noticias, 06-01-03.
Cuadernos del Sur 25
bierno venezolano que, con la Constitución Bolivariana y la- Ley de Hidro- carburos que reafirma firmemente que los recursos naturales del país no se- rán privatizados y que deberán beneficiar realmente al pueblo venezolano.
Durante meses se fueron celebrando en todo el país centenares de foros de educación popular llamados “PDVSA por dentro”, para informar a la po- blación sobre el verdadero funcionamiento de la empresa durante años, en particular desde su nacionalización en 1976. Según el experto petrolero Víctor Poleo, “es la coexistencia de dos estados en un mismo territorio la que hadado lugar, en este año, a una crisis política- (...) En el año 1976, de cada 100 dólares de factura petrolera, 80 dólares fueron al fisco nacional (. . .). Transcurridos 26 años de nacionalización, esta relación se invierte: 20 de cada 100 dólares són entregados al fisco nacional y 80 decada 100 dóla- res son reservados por la industria, ya no sólo para los costos corporativos, sino también para las transferencias de renta al capital petrolero internacio- nal. Esto nos lleva a concluir que la empresa nunca fue nacionalizada, que PDVSA ha actuado como un enclave del capital petrolero internacional en -la misma Venezuela. (. . .) N o habrá paz política en Venezuela hasta tanto PDV- SA no sea genuina y plenamente nacionalizada.”33
Está claro, entonces, lo que está en juego: ¿en qué deben utilizarse los ingresos'petroleros de Venezuela? Parece que esta batalla, el gobierno vene- zolano la tiene en parte ganada, pues la reactivación de la empresa y el des-‘ pido de cerca de 20 mil ejecutivos, empleados y operarios39 que habían par- ticipado en el lock-out y en el proyecto 'desestabílizador, significan una tre- menda derrota para la oposición.
Autogestión y cogestión
El sabotaje que sufrió la industria petrolera venezolana permitió con- cientizar a muchos trabajadores en cuanto a la importancia del control de ese sector para el país: profundizar la llamada “Revolución Bolivariana” pa- sa por un control total de PDVSA. Pero es fácil decir que hay que controlar, pero ¿qué tipo de control hay que aplicar?
En el proceso de recuperación de PDVSA, los mismos trabajadores imple- mentaron diversas experiencias de contro-l obrero, en especial en el llenade-
33 Declaraciones de Victor Poleo en el video "PDVSA y el golpe”.
39 Entre los miles de despedidos se encuentran básicamente altos gerentes y empleados de los sectores "administrativos" de la empresa. También fueron despedidos de conformidad con Ia Ley del Trabajo unos 2.500 obreros que dejaron de asistir a su trabajo durante el lock-out de diciembre de 2002 y enero de 2003. Se creó una Comisión de Revisión de los Despidos con- juntamente con FEDEPETROL esta negociando con la dirección de la estatal petrolera.
26 Norriembmde 2093
ro de Yagu-a y en las refinerías de Puerto La Cruz y el Palito. En esta última, decenas de obreros trabajaron día y noche para contrarrestar el sabotaje eco- nómico. También fue la presión de los trabajadores la que obligó a la empre- sa de transporte Ferrari a reabrir sus puertas para distribuir el combustible.
En otros sectores de actividad se dieron experiencias similares. En efec- to, en pleno lock-out, trabajadores tomaron las empresas y exigieron la rea- pertura y un control obrero directo sobre la producción. Así pasó en la em.- presa Texdala, empresa textil de Maracay, o en la Central Carora, ingenio azucarero del estado de Lara. Las acciones de los trabajadores fueron decisi- vas durante el llamado paro. En Ananco, el alcalde y el gobernador impidie- ron el envío de gas hacia las empresas estatales de la Corporación Venezola- na de Guyana en el estado de Bolívar. Miles de trabajadores de la siderúrgi- ca, agrupados enel sindicato SUTISS (que estaba. afiliado a la ctv) viajaron en autobús hacia Ananco y, con el apoyo de trabajadores de PDVSA y vecinos de la zona, obligaron a restablecer el abastecimiento de gas para el normal fun- cionamiento de las empresas“). En muchas agencias bancarias, los clientes obligaron a los gerentes a mantener las puertas abiertas. Y en el barrio cara- queño de Manicomio de La Pastora, en las colinas de Caracas, una escuela cerrada por orden del alcalde mayor Alfredo Peña fue recuperada por ex alumnos, padres y algunos profesores. Desde entonces, la escuela está auto- gestionada y se convirtió en un símbolo del “proceso boliviariano‘”.
Estas experiencias dan .cuenta de la radicalidad de un: proceso de trans-' formación social y concientización, que rebasa en mucho el. personaje del Comandante Chávez. Dan cuenta de un amplio movimiento democrático de base, de una voluntad popular de participar y administrar su empresa, su barrio, los recursos municipales, etc. En fin, dan cuenta de la voluntad de las clases populares de ser protagonistas de su propio desarrollo.
Refundación del movimiento sindical
Aunque parezca paradójico, la línea política decidida por la CTV y sus alianzas chntra-natura en el conflicto venezolano son las que quizás permi- tieron y aceleraron el nacimiento de un nuevo sindicalismo de lucha en el país. El estado de la economía nacional, en particular-1a raíz de los días de lock-out patronal y la coyuntura internacional, está, causando despidos masi- vos y cierres de empresas. Muchos patrones están ahora tratando de pasar factura a su personal, lo que multiplica losconflictos laborales en todas las
4° Citado en Jorge Martin, "Venezuela, crónica de cuatro semanas deconspiración anti-de- mocrática”, en El Militante, 30-12-02.
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regiones del país. Y desde empresas ocupadas por sus trabajadores y admi- nistradas por control obrero, hasta movilizaciones en contra de los despi- dos, son múltiples las experiencias que atestiguan la resistencia y radicaliza- ción de buena parte del movimiento obrero venezolano.
En este contexto parecen acelerarse las cosas: el 5 de abril de 2000 se creó oficialmente una nueva confederación sindical nacional con el nombre de Unión Nacional de Trabajadores (“UNETE”). La decisión de crear esta nue- va central es el resultado de dos años de lucha, asambleas y debates a lo .lar- go y ancho de Venezuela, principalmente entre dirigentes sindicales de ba- se. Y sobretodo, esta iniciativa es impulsada por la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT), una corriente político-sindical nacional, cuyos miem- bros pertenecían, en buena parte, av la CTV.
Según la CIOSL, “desde su creación en 2000, la FBT ha sido la mano de- recha de Chávez para controlar el movimiento sindical venezolano e impo- ner la revolución bolivariana a los trabaj-adores”41 [35]. Estas acusaciones, pordemás simplistas, niegan el actual proceso de cambio en Venezuela, así como la historia de las corrientes de renovación sindical en el país. En efec- to, la FBT es una expresión. del movimiento obrero y de ninguna manera constituye un'intento por parte del gobierno de hacerse con la clase obrera. Más aún, parece que la CIOSL ignora la existenciay el desarrollo de una In- tersindical llamada Frente de Defensa de las Prestaciones Sociales (1989-1997). En el período puntofijista, varios sectores relativamente importantes del movimiento sindical venezolano hicieron importantes experiencias de au- tonomía y democracia sindical ’dentro o fuera de los sindicatos institucio- nalizados. Semejantes acusaciones por parte de la CIOSL expresa en parte una suerte de desprecio por todos estos dirigentes que lucharon durante años por un verdadero sindicalismo 'y, por otro lado, proceden de una so- breestimación del poder del gobierno central que ya no sería válida si ese poder no reposase sobre un apoyo popular masivo.
La Fuerza Bolivariana-de Trabajadores, obviamente, rechaza este tipo de acusaciones y con frecuencia reafirma su autonomía y su naturaleza anti- neoliberal, aunque no calla tampoco su compromiso con el actual proceso de cambio social. Además, la FBT no es una corriente homogénea, sino que está conformada por varias corrientes, entre las cuales la Waz de 'Ii'abajadores y el Bloque Clasista y Democrático, tendencias relativamente importantes42
41 CIOSL, Venezuela: Rapport annuel des violations des droits syndicaux, 2002. 42 Principalmente implantado en el estado industrial de Carabobo,el Bloque Clasisto y De- mocrático reagrupa unos 52 sindicatos, entre ellos los de Firestone, Mavesa, Ford, Sidetur,
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que desarrollan un discurso de tipo marxista revolucionario y muy críticas respecto del gobierno.
Con el apoyo de sus numerosos delegados sindicales de base, la FBT ha contribuido con la creación de esta nueva- herramienta al servicio de los tra- bajadores y con la propuesta de “constituir una directiva transitoria, hori- zontal, colegial, democrática, clasista y combativa, independiente de los pa- tronos y sus partidos, independiente del gobierno y del Estado, tanto a ni- vel nacional como regional”. A decir de Ramón Machuco, miembro del sindicato siderúrgico de Guayana y de la FBT, se impulsará un código de ética sindical que prohibirá la “partidización” del movimiento sindical've- nezolano. Este dirigente sindical agrega que la revocación de los mandatos estará incluida en los estatutos de la nueva central, al igual que en la Cons- titución Bolivariana (Venpres, 18-03-02). El 6 de abril de 2003, el diario Úl- timas Noticias anunciaba que la naciente UNT contaba con casi un millón de trabajadores”, convirtiéndose así en la principal central sindical del país. El primero de mayo, j‘osé Khan, coordinador nacional de 'la FBT, declaraba que la UNTya tenía másde‘ 1.200 sindicatos afiliados y que se pensaba al- canzar cerca de 2 millones de miembros para el mes de junio (Venpres, 01'- 05-03).
Si las acusaciones que atribuían a Chávez un comportamiento autorita- rio en materia sindical y la voluntad de crear un sindicato “oficialista” no ca- recen de todo de fundamentos respecto de los primeros años de su gobier- no, la situación evolucionó radicalmente luego del comienzo de la campa- ña de la oposición y el golpe de estado de los medios y de la oligarquía. La conciencia política y la auto-organización se incrementaron exponencial- mente en los sectores populares. Es posible que desde ahí se puede explicar el crecimiento vertiginoso de la UNT.
La nacionalización de los bancos, la apropiación por los trabajadores de las empresas cerradas por los patrones, la negativa a pagar la deuda externa, la reducción del tiempo de trabajo a 36 horas, la creación de nuevas empre- sas bajo el control de los trabajadores, éstos fueron por cierto los temas abordados en plenarios o grupos de trabajo del primer congreso de la UNT que tuvo lugar el 1° y 2 de agosto del 2003 en Caracas. Aproximadamente 1300 delegados presentes discutieron también estatus internos de la nueva
Tuboauto, SH Fundiciones, General Motors, etc. Véase Jorge Martín , "Venezuela: entrevistas a dos dirigentes sindicales del Bloque Sindical Clasista y Democrático", El Militante, 10-01-03.
43 Carolina Hidalgo, "UNT se funda con cerca de un millón de trabajadores", en Ultimas No- ticias, 06 de abril de 2003.
Cuadernasdel Sur 29
confederación y su modo de financiamiento. No se privaron tampoco de atacar de manera enérgica determinados integrantes del gobierno y la Ins- pección social, y de terminar el,Congreso con una declaración que conde- na el Plan Colombia y las invasiones estadounidenses a Afganistán e Irak.
El nacimiento de la UNT permite hoy esclarecer la situación del movi- miento obrero y sindical venezolano y contribuye a fortalecer de forma or- ganizada a las fuerzas populares favorables al cambio. Todavía sería prema- turo juzgar la nueva organización sindical y su capacidad para organizar y movilizar a los trabajadores. ¿Cuál será su grado de autonomía real en rela- ción al poder en un país con poca tradición en este sentido? ¿Cómo será el- funcionamie‘nto interno en términos de democracia cuando se sabe que di- rigentes corruptos se sumaron al mismo por oportunismo? ¿Cuál será la ac- titud frente al movimiento de empresas ocupadas que se está desarrollando en el país, con un auge durante el lock-out patronal de dos meses? ¿Cuál es su verdadero anclaje en la base, en las empresas? ¿Cómo trabajar y coordi- narse con el sector laboral informal, sabiendo que la defensa de las conquis- tas sociales de los trabajadores del sector formal suele ser vista por la socie- dad como una “lucha coporativista por privilegios”44? ¿Cuál será su capaci- dad de respuesta ante un eventual retorno de la oposición al poder luego de un posible referéndum revocatorio contra el presidente Chávez, más allá de la escasa probabilidad de que suceda? Nofaltan interrogantes ni desafíos, a lo largo de los meses por venir, la situación se volverá más nítida.
Bruselas, octubre de 2003
44 Francisco lturraspe, ibid, p. 125.
3o Noviembre de 2003
Libre comercio, cambios en el Estado y nueva soberanía (a propósito del ALCA y la Guerra)
Eduardo Lucita**
“El primer acto de libertad es decir No flente a lo inaceptable. ” Albert Camus
l momento de redactar esta ponencia restan menos de dos añd's per-i ra, llegado abril del 2005, convalidar con la firma los tratados de la “Asociación de Libre Comercio para las Américas” (ALCA).
Este III Coloquio de los Economistas Políticos de la América Latina es un escenario más que adecuado para debatir esta problemática. Esta ponen- cia trata de interpelar acerca de la relación entre el libre comercio, los cam- bios en el Estado y la imposición de una nueva soberanía a escala mundial, aspectos todos mediados por la guerra.
Con la reunión de la Coordinadora Intersindical del Cono Sur en noviembre del 2000, y el 1er. Foro Social Mundial de Porto Alegre, en enero del 2001, los temas del ALCA comenzaron a ser noticia entre nosotros y culminaron en una movilización de más de 20.000 personas en Buenos Aires ese mismo año.
Pero esto notuvo continuidad, a partir de una se- rie de acontecimientos internacionales, tanto las discusiones como las movilizaciones ingresaron en ¡sb otra America un cono de sombra. A tal punto que se suspendió la É es "03m",
* Ponencia en el Ill Coloquio de Economistas Politicos de América Latina, realizado en Ia Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, 16 de octubre de 2003. Una primera versión de este trabajo fue presentada en el Seminario "Expansión imperialista. ALCA y Guerra", que se desarrolló en el marco de las Jornadas Nacionales de Resistencia al ALCA, Centro Cultural de‘ la Cooperación, Buenos Aires, Abril 2003.
*"‘ Integrante de EDI-Economistas de Izquierda, miembro del comité editor de Cuadernos del Sur, integrante de la 'Autoconvocatoria No al ALCA" Buenos Aires, Argentina.
Cuadernos del Sur 31
reunión de presidentes a realizarse en Buenos Aires en el pasado mes de abril.
Sin embargo, y reafirmando aqupllo de las tenderjcias delargo plazo in- dependientes de los movimientos de coyuntura, la aprobáción por el Con- greso de los EEUU de la Ley de Autoridad de Promoción Comercial vul- garmente conocida como “vía rápida” (fast-track) y el viaje de O’Neill, un empresario devenido en secretario del Tesoro de los EEUU, colocó nue- vamente a las negociaciones enel centro de la escena.
Claro que a diferencia del período anterior esta “reentrée” se dio en el marco de una ofensiva general por reorganizar la dominación imperialista en la región. La profundización de la guerra en Colombia, el Plan Puebla Panamá; los fallidos golpes de Estado en Venezuela, la ruptura de relaciones de Uruguay con Cuba, el “soltarle la mano” a nuestro país en el marco de la más profunda crisis de nuestra historia, son las aristas más destacadas de esta ofensiva, de la que el proyecto ALCA forma ya parte indisociable.
Esta reinstalación del tema ha tenido rápidas respuestas. Una: en el Fo- ro Social Mundial-Argentina donde el proyecto ALCA fue colocado enel centro de latcrisis latinoamericana. Otra: el plebiscito organizado eanra- sil en los-primeros días de septiembre de 2002, donde en los 27 estado fe- derados, y sus 4.000 municipios, votaron más de 10 millones de personas que se expresaron claramente en contra del acuerdo. Una tercera fue la decisión de lanzar una Campaña Continental que va tomando forma en Las Jornadas N aCionales de Resistencia al ALCA, realizadas en Quito, en octubre de 2002 y en Buenos Aires y en La Paz, en abril y julio del co- rriente año. Quedan aún, las anunciadas consultas populares en Argenti- na, Bolivia y Ecuador.
El discurso oficial presenta este acuerdo como “.. el esfuerzo más impor- tante de integración regional llevado a cabo entre países desarrollados y en vías de desarrollo con el objetivo común de lograr el libre comercio y la in- versión en bienes y servicios basados en reforzadas y disciplinadas reglas coa merciales”
Por su parte localmenteíha sido presentado como “..elinstrumento libe- rador del comercio que permitirá finalmente concretar el MERCOSUR en su verdadera dimensión e ingresar a los mercados del Norte”
Ahora ¿Qué es efectivamente el ALCA?, ¿Es un verdadero acuerdo de integración?; ¿Cuál es su origen?'; ¿Cuáles son las razones geopolítiCas que subyacen en la propuesta?, ¿Cuáles las consecuencias de su puesta en mar- cha?
32 Noviembredeaoog
1
Para comprender el significado del ALCA y del actual despliegue bélico de los EEUU. es necesario partir del escenario mundial que se abrió con el colapso del bloque socialista y el fin del enfrentamiento Este-Oeste.
Este acelerado proceso que tuvo su momento culminante en el bienio 89/91 del siglo pasado -caída del Muro de Berlín e implosión de la URSS- no sólo dio nuevos aires al neoliberalismo a escala mundial, que por ese entonces daba» signos de agotamiento, sino que concluyó con las políticas de enfrentamiento entre bloques. En este punto radica el origen de la perdida de consistencia de la Alianza Atlántica, donde la desapari- ción del enemigo común juega un papel decisivo e, incluso, del debilita- miento de la arquitectura jurídica que cohesionaba, y dotaba de sentido a las Naciones Unidas.
En este contexto de cambios fue tomando forma .una nueva matriz de re- laciones internacionales. En ellala apertura de los. mercados, la interdepen- dencia creciente y la conformación de bloques económicos regionales son componentes determinantes de esta nueva fase de La mundialización capi- talista que conocemos como globalización.
Los países más poderosos del mundo reunidos en .el G7+1 (EE.UU.; Canadá; Francia; Reino Unido; Alemania; Italia yJapón más Rusia) y. las grandes corporaciones internacionales -que en una dinámica de asociación, absorción y fusión casi permanente van controlando monopólicamente las principales ramas de la actividad económica mundial- son la base de la con- formación de estos bloques económicos regionales. En estos megamerca- dos las “ventajas comparativas” del período anterior van siendo reemplaza« das por las “ventajas competitivas” de este tiempo.
Este es un resultado directo del forzado cambio en el papel de los Estados. El pasaje de la etapa del Estado Nacional del Bienestar (ENB), a lo que algu- nos autores llaman la etapa del Estado Nacional de Competencia (ENC).
En la etapa del ENB, el Estado jugaba un papel regulador de los merca- dos al interior de los Estados-nación y se hacía cargo .- de la satisfacción de necesidades y servicios sociales de alto valor para las sociedades y sus ciuda- danos. Entanto que en el plano internacional ofertaba los productos nacio- nales resultantes de la combinación de sus recursos naturales, la calidad de su mano e obra, la capacidad industrial instalada y la disposición de tecno- logía y'capacidad de financiamiento propia, etc.
Por el contrario, en el ENC el papel del Estado es muy distinto. Se de- sentiende de toda función reguladora y promueve la mercantili-zación de las necesidades sociales, q‘vue deben negociarse en el mercado. En tanto que en
CuaderowsdelSur I '33
el mercado mundial son las corporaciones, y las empresas locales que logran vincularse, las que , ofrecen sus producciones. en cuanto que el- Estado solo opera como demandante de financiamiento, y” ofreciendo a cambio desregulación .de los merca- dos, reducciones impositivas, libre movimiento de capitales, contralor social, etc. En este contexto, una política exportadora per- manente se convierte en una necesidad para las na- ciónes y, porlo tanto, adquiere cada vez mayor irn- portancia la competitividad en los mercados mundiales.
La-articulación de las relaciones comerciales sobre la base de Estados na- Cionales que las regulaban mediante tratados ha sido reemplazada por un llamado “sistema global” donde los temas comerciales tienen gran prepon- derancia. En tanto que la Organización Mundial de Comercio (OMC) es la institución emergente en esta etapa.
Claro está que este escenario, «que combina una nueva matriz de relacio- nes internacionales con los cambios en el rol del Estado no es un lecho de ro- sas. En el mÍSmo, las grandes naciones buscan disputar, reCuperar y ampliar viejas y nuevas zona5'(y formas) de dominación a la par que tienden a’agudi- zarse los desequilibrios económico-financieros y la brecha tecnológica.
Lo que está en desarrollo, como lo muestran tanto la reciente reunión del G8 como la Convención, que aglutinó a los países mas poderosos de la Unión Europea (UE), es un profundo proceso de confrontación no anta- gónica, aunque si contradictoria, que tiene como objetivo el reordenamien- to del mundo.
Es la forma de gestión para el futuro del planeta lo que está en discusión. Por un lado, los EEUU. y sus socios que plantean un capitalismo unipolar bajo su hegemonía y gestionado por las instituciones financiera afines. Por el otro, un capitalismo multipolar gestionado políticamente desde las N acio- nes Unidas con participación de sus propias instituciones financieras y multinacionales.
Es la disputa entre la zonas de influencia del dólar y el euro. Algo que se ha acelerado en los últimos años cuando los perro-dólares comenzaron a transformarse en potro-euros. A la par que lapresencia de inversiones eu- ropeas en América Latina y en la ex Unión SoviétiCa, también .en parte de Asia, es creciente.
Los sectores dominantes europeos avanzan así en su intento por trans- formarse en un polo de referencia frente al delos EEUU”. La implanta.-
5" lltra américa o) es nosrlrle
34 Novionbmrdeaoog
ción del euro como moneda única fue un .claro avance en este sentido así .como el proceso de transformación de las instituciones, la ampliación de la Unión al Este r-con la incorporaciónde diez nuevos países- la Carta social y la Constitución europeas, el espacio judicial y policial común, etc. La agudización de la competencia económica y la ofensiva militarista de los EEUU. obligan a la ¡b
UE a acelerar la construcción de un aparato su- rbd, ggsgfigca
pra-estatal capaz de articular y defender los inte- reses de las burguesías europeas.
Todos estos temas, tratados en la Convención Europea, tienen por objetip vo poner límites al unilateralismo de los EEUU. Tanto la guerra contra Irak. como el proyecto ALCA, operan en el sentido de acelerar este proceso.
Ha sido la confrontación interimperialista entre la UE,-el Bloque del Pa- cífico y los EE.UU., la que llevó a este último a impulsar la constitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, NAFTA se- gún sus siglas en inglés ) con Canadá primero (1990) y el forzado ingreso de México después (1994).
No es un dato menor, el hecho de que los EEUU. acumulenvtres- gran- des fracasos en los últimos años: el bloqueo francés al Acuerdo Multilate- ral de Inversiones(AMI) que implicaba la libertad absoluta para los movi- mientos de capitales; el frustrado intento de imponer una zona de libre co- mercio en el área del Pacífico asiático y, sobre todo, el fracaso ‘de la OMC en la publicitada ronda del milenio en Seattle. Acontecimiento dado por la formidable movilización conjunta de los sindicatos estadounidenses y mo- vimientos juveniles y sociales de todo tipo, pero también de inocultables disputas entre el TLCAN y la UE.
Se comprende entonces porqué la principal potencia mundial de la his- toria busca reforzar su capacidad de negociación, reorganizando la domina- ción de su “propio” bloque. Con el fin de la guerra fríay la estabilidad ma- croeconómica de los ‘90 la región ha reingresado en la escala de prioridades para los EEUU.
El ALCA será el mayor acuerdo comercial de la historia. Abarcará a 783 millones de personas, con un PBI de 11 billones de dólares y significará el 23% del comercio mundial.
Los EEUU. aportan hoy el 20% del PBI mundial, la UE el 19% y el Ja- pón el.7%. El ALCA aportará el 31%.
Cuadernos del Sur 35
Una primera conclusión:
El ALCA es resultado de las disputas y contradicciones interimperiali'stas en el mercado mundial. Y es el primer proyecto de fuerte contenido económico desde la Alianza para el Progreso en los años ‘60.
2
El TLCAN entró en vigencia el 1° de enero de 1994. No es ocioso recor- dar que en esta misma fecha hizo irrupción el Ejército Zapatista de Libera- ción Nacional (EZLN) con un pliego de demandas que incluía entre otras la reivindicación de su territorio y de su cultura, y las cuestiones indigenistas y ambientales, pero también el rechazo al ingreso de México al TLCAN. Mu- chas de sus denuncias de entonces fueron realmente anticipatorias en cuan- to a sus consecuencias para México, que hoy han tomado estado públicol.
Casi un año después, en diciembre del ‘94, el gobierno de los EEUU. convocó a la “Primera Cumbre de lasAméricas” para “...discutir la unifi- cación de las economías del hemisferio occidental bajo un solo acuerdo de libre comercio”. Este objetivo, cuya fecha de concreción está planteada pa- ra el 2005, es lo que ha tomado forma como “Área de Libre Comercio pa- ra las Américas”.
No obstante fue recién a fines de 1999 que las tareas tomaron un ritmo creciente y también no público. No deja de ser interesante señalar que en ese período las sesiones se hicieron bajo la presidencia de Argentina.
l Luego de más de ocho años de ingresar al TLCAN México pasórde ser exportador a irn- p0rtador de sus principales cultivos: maíz y frijoles.- Prácticamente ha duplicado sus importa- ciones agrícolas en el período pasando de 2.9 mil millones a 4.2 mil millones de dólares. De ser uno de los principales países agricolas del mundo a pasado a ser uno de los principales importadores perdiendo su "Soberanía Alimentaria” y millones de campesinos'harr' quedado sin trabajo. _
En la zona de la maquila — zona franca donde las empresas se instalan para aprovechar la ausencia de regulación estatal y tradición sindical, así como exenciones impositivasy aran- celarias con la sola condición de no‘ orientar su producción al mercado interno- si bien se in- crementó en estos años el número de trabajadores los salarios cayeron casi un 20%, de 2.10 dólares la hora en 1990 a 1.90 dólares en 1994.
Como producto de esa falta de regulación estatal, que permite el no tratamiento de los efluentes cloacales e industriales, el promedio de enfermedades como la hepatitis es de dos a tres veces superior al existente en el resto del territorio mexicano.
En estos años no sólo se incrementó el número de maquiladoras en la tradicional zo- na fronteriza, sino que el fenómeno se extendió a zonas del interior del país provocando en- tre otras cosas, un retiro de las automotrices del térritorio nacional. De casi 700 empresas de hace dos décadas hoy no quedan más que 70.
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Con las-informaciones y los textos disponibles, ya circulan dos borra- dores del acuerdo, no es difícil deducir que el ALCA no es más que la cu- bierta que pretende enmascarar la extensión del TLCAN a todo el con- tinente americano. Esta expansión es la que se ha negociado en forma se- creta por los ministrós de economía 'y comercio de todos los-países en lo que se conoce como OMC plus, ya. que incluye los temas tradicionales del comercio internacional —protecciones arancelarias, sistemas de prefe- rencias, acuerdos bilaterales, etc.apero incorpora disciplinas y temas nue- vos —servicios, propiedad intelectual, inversiones extranjeras, regímenes de comprasgubernamentales, polítiCas de competencia, medio ambien- te, normalización técnica, etc.
La negociación del ALCA sigue un cronograma establecido que ahora ha entrado ya en zona de definiciones y de ofertas por países, encuen- tra vía libre una vez resuelto el debate político-parlamentario en los EEUU. ’En un momento, donde el sector más “librecambista” logró vencer la resistencia del sector “aislacionista” del Partido Republicano e imponer la vía rápida (fast-track),
Esta idea de una zona continental delibre comercio fue lanzada tempra- namente, en 1990, en el marco de la “Iniciativa para las-Américas”, por el primer presidente George Bush. Fue retomada por el presidente Bill Clin- ton en 1992 y pareciera se concretará quince años después, con la presiden- cia del segundo presidente George Bush (h), en 2005. Esto es, cuenta con el visto bueno de republicanos y demócratas.
Una segunda conclusión: El ALCA constituye una política de Estado para los EEUU.
3
No debe pasarse por alto al momento de contrastar el tiempo transcurri- do ‘con los avances concretos alcanzados el hecho de que a pesar del fraca- so del modelo por sustitución de importaciones, que hizo eclosión a fines de los ‘70, muchas burguesías latinoamericanas mantuvieran estos años vie- jos resabios de independencia y de cierta autonomía, buscando mecanismos de integración que escaparan al control de las corporaciónes y al poder eco- nómico-militar de los EEUU.- Fue necesario una década de intensa ofen- siva neoliberal, articulada por .el Consenso de Washington, con sus devasta- doresefectos de desintegración económica y social y de perdida de sobera- nía de nuestros países, para que los ideólogos del neoliberalismo estuvieran
Cuadernos del Sur 37
en condiciones de descalificar todo intento de integración regional de raíz latinoamericana. Asimismo, lograr la adhesión subordinada de la mayoría de las burguesías latinoamericanas. Sólo Brasil y Venezuela dan señales de cierta oposición a la constitución del ALCA.
Claro que sus posiciones son diferentes. Venezuela, bajo la presidencia de Chávez, rechaza de plano su ingreso al ALCA, por el contrario Brasil, tanto bajo la presidencia de Cardozo, como ahora con Lula, no rechaza su ingreso pero busca demorarlo, ganar tiempo para fortalecer la unión adua- nera del MERCOSUR y para que los diversos sectores productivos se rees- tructuren para hacer frente a los desafíos que lleva implícito el libre comer- cio. No obstante debe notarse que ha puesto ciertas condiciones que no son aceptables para los EEUU. (por ejemplo: discutir inversiones, servicios y derechos intelectuales en la OMC).
En esto juega un papel importante la interpretación de los acuerdos po- líticos alcanzados en la III Cumbre Ministerial, en mayo del Ï97 en Belo Horizonte. Allí, se fijó la fecha del 2005, pero si para los EEUU. este es el momento en que el tratado debe estar formalizado en su totalidad, para Brasil y otros países “ese año es un punto de llegada para los acuerdos y un punto de partida para la implementación de los mismos”, que puede durar una década o más. Por otra parte recientemente Brasil, con el apoyo de Ar- gentina, ha solicitado que se postergue al 2007.
Pero aún en las nuevas condiciones impuestas por las corporaciones y aún cuando la mayoría de los gobiernos actuales acuerdan en la integra- ción comercial subordinada tal como está planteada, estos mismos gobier- nos difieren muchas veces en sus concepciones y en sus proyectos para la región.
Por otra parte, los acuerdos comerciales en discusión no son sólo nume- rosos y complejos sino también trabajosos de concretar pues deben respon- der a la multiplicidad de intereses económicos y políticos de las corporacio- nes, delos grandes grupos empresarios locales y de los propios países invo- lucrados.
Esto explica, al menos en parte, la dualidad de la estrategia de los EEUU. en este período. Por un lado impulsa la liberalización de las rela- ciones comerciales, por el otro levanta los aranceles, por ejemplo a la miel argentina (60%) y al acero brasileño (30%), a los textiles y ciertos produc- tos frutihortícolas, e incrementa los subsidios a sus productores agrarios, con lo que tira abajo los precios y perjudica a países exportadores como el nuestro. A la par que busca un acuerdo global con el ALCA impulsa en si- multáneo negociaciones bilaterales con distintos países. El caso del TLC
38 Noviembrede 2003
que se acaba de firmar con Chile, o el que está discutiendo con Centroa- mérica, son un claro ejemplo de estoz.
Estas estrategias de acercarse al libre comercio continental, que son pre- sentadas como los acuerdos que garantizan “igualdad de trato y libre acce- so a los mercados del norte”, esconden en realidad la crisis de la economía norteamericana que se sostiene sobre la base de un enorme déficit comer- cial y financiero.
Los EEUU tienen un déficit de la balanza comercial del orden de los 520.000 millones de'dólares al año, consecuencia de que por un lado han perdido posiciones en exportaciones en ramas que antes dominaban —fabri- cación de aeronaves y automóviles, por ejemplo- y son fuertes importado- res en otras —como máquinas herramientas; por el otro hay una brecha cre- ciente entre consumo y producción. El resultado es que la balanza comer- cial estadounidense sólo es superavitaria en el subcontinente latinoamerica- no y deficitaria con el resto del mundo y este desequilibrio supera ya el 5% de su PBI.
En tanto que el..—dé.ficit fiscal, que este año alcanzará lacifra record ide 445.000 millones deudólares, se ha visto agravado con la aprobación de par- tidas presupuestarias para la guerra ( mas un 45%) y la política de la admi- nistración Bush de reducir impuestos (menos 16%) especialmente al sector empresario, para inducir una política ofertista.
Esa debilidad del sector externo impulsa dos políticas globales. Por un lado requiere ampliar su dominación en el mercado mundial para garanti- zarse el acceso a recursos naturales y a la vez colocar su producción exce- dente. Por el otro busca equilibrar sus cuentas externas con ingresos finan- cieros del exterior lo que conduce a otro problema tanto o más grave. Los EEUU. absorben hoy el 70% neto de las exportaciones mundiales de capi- tal, y. son el mayor deudor del mundo.
.Si la guerra es uno de sus principales mecanismos para ganar nuevos mercados y esta se financia con nuevos créditos fiscales, la crisis se encuen- tra en un verdadero círculo vicioso.
Este es uno de los principales puntos de controversia entre el dólar y el euro. Pues. al acentuarse la tendencia a tornar al euro como moneda de re-
2 Los acuerdos con Chile y Centroamérica no. tienen gran significación económica, sin em- bargo juegan como mecanismo de presión. En el caso del TLCCA (CAFTA según sus siglas en inglés) adquiere un carácter logístico importante ya que será paso obligado para todos los embarques de mercaderías, de ahí la importancia estratégica del Plan Puebla Panamá que es un gran proyecto de infraestructura para la región.
Cuadernos del Sur 39
serva o a utilizarlo como referencia en licitaciones internaciónales, decae la demanda de dólares y se está poniendo encuestión la capacidad futura-de los,EE.UU. para financiarse.
Aún con esta debilidad estructural los EEUU. son .hoy' el poder econó- mico y.- militar hegemónico a- escala mundial, pero esto no se traduce en he- gemonía política, por el contrario estos intentos provocan numerosos con- flictos.
Sustentado en acuerdos comerciales busca cristalizar' las relaciones eco- nómicas pero sobre todo políticas de los EEUU. con ladAmérica Latina r-y caribeña, reforzando así su capacidad de disputa frente a los otros compo- nentes de la triada: Unión Europea yjapón. Claro está que .no son ajenas a estas políticas las cuestiones de seguridad y de gobernabilidad política del continente.
Una tercera conclusión:
El ALCA está impulsado por su crisis económica y, sin dejar de lado los intereses comerciales; constituye‘un objetivo político para los EEUU.
4 A través de este acuerdo se profundizarány generalizaran en la región medidas —que en Argentina 'y Chile por ejemplo están muy adelantadas- li- beralizadora‘s del comercio, los servicios y delos movimientos de capital. Estas pueden agruparse en grandes lineamientos: * Liberalización económica: que incluye la libertad de circulaciónrpa- ra los capitales —apertura a los flujos financieros de inversiónes externas y fondos de cartera-; la equiparación competitiva de los mercados laborales (salarios y condiciones de trabajo), y 'la creación de un mercado de “servicios”. Síalavlrla En esta categoría que abarca: salud, educación, agua, energía, saneamiento, postales, previsión so- cial, penitenciarios, etc. se eliminarán todo tipo de subsidios estatales permitiendo la competencia de las empresas extranjeras. En el caso de servicios brindados por el Estado y el sector privado, debe- - rán ser puestos en las mismas condiciones de con- ntra América currencia en el mercado. d; es ¡“Hime * Apertura de la economía: reducción a cero
4o Noviamlrrede 2003
derlos aranceles de importación -dando igual tratamiento a los bienes y productos importadosque a los nacionales-y eliminación de los subsidios internos y a las exportaciones en la agricultura, en tanto quese rebajaran los aranceles dejando librada la producción local a la competencia con las grandes corporaciones del sector.
* Apertura de los mercados estatales: las empresas de los países sus-, criptores del acuerdo podrán solicitar ser equiparadas a “empresas naciona- les”1(tratamiento no- discriminatorio), con lo que podrán presentarse a lici- taciones a nivel de los estados nacional, provincial y municipal, sin obliga- ción de tomar mano de :ob‘ra e insumos locales, con lo que se perderá toda posibilidad de impulsar políticas activas que favorezcan el interés. nacional * Expropiación de derechos: Imposición de la biotecnología y de las se- millas genéticamente modificadas, con loque los agricultores se verán obli- gados a comprar a precios monopólicos las semillas patentadas; Control de las patentes farmacéuticas y apertura de- la posibilidad de que las Compañías del sector puedan patentar medicinas tradicionales, expropiando así a los indígenas de su saber antestral y su herencia cultural.
En ¡general los acuerdos alcanzados no han tomado demasiado en cuen- ta-las asimetrías —macroeconómicas, comerciales, productivas y arancela- rias-entre los países del continente.
Esto es particularmente importante si. se tiene en cuenta que los EEUU. aportan el 83% del PBI continental, seguidos de Brasil con el 6% y Canadá con el 5.5%.
Si se miden los intercambios comerciales se verifica que «los EEUU. controlan más del 60%. delas exportaciones y más del 50% de la importa- ciones, siendo neeesario edistinguir aquellos paísesque son fuertementede- pendientes del mercado estadounidense, como los de Norte y Centroamé- rica (México y Venezuela), de vl'os que tienen un comercio exterior con des- tinos más diversificados como los del Sudamérica (Argentina y Brasil), para quienes las negociaciones con la UE tienen una particular significación.
La estructura arancelaria es otro aspecto a tener l) en cuenta. Primero porque la brecha de producti- vidades del trabajo entre EEUU. y el resto de los 'l países es enorme, y segundo por los diferenciales entre los- aranceles promedios de importación. En
Si a la lrlrla . *
un enfermo está“ ¡05 EE-UU- Y Canadá en el or- 9% '>ï_,.;í‘., , den del 6 al 6.5%, y en el otro México, Brasil y Ar- ¿bd? om ¡mmm gentina del orden del 13 al tb es nosilrle
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Más aún, si se tiene en cuenta el=sistema de Preferencias Generalizadas (SPG) y otros regímenes de importación de los EE.UU., se comprueba que muchas de las exportaciones a ese mercado están exentas del pago de dere- chos o tributan aranceles muy bajos. Por ejemplo, el 45% de las exportacio- nes industriales de Argentina ingresan bajo arancel 0%, en tanto que el 27% lo hace con un arancel del 1 al 4%. Esto es más del 70% de las exportacio- nes industriales argentinas tributan un arancel inferior al 4%. Por lo que una rebaja generalizada de aranceles no produciría un impacto significativo en el comercio exterior.
No es entonces en la industria donde está la traba de acceso a los mercados del norte sino en la agricultura. Los EE.UU., también Canadá, mantienen una fuerte política de subsidios a sus agricultores, lo que opera en un doble senti- do. Por un lado actúa como precio sostén, lo que independiza a su producción de los vaivenes de precios en los mercados cerealeros, por el otro genera ex- cedentes de producción que, a precios de “dumping”, inundan el mercado perjudicando a países productores como Argentina, Brasil o México3.
Los EE.UU. se niegan a' discutir esta política de subSidios en el marco del ALCA bajo el argumento de que su eliminación no libraría al continen- te de la competencia de productores extra zona, como por ejemplo los eu- ropeos y japoneses, cuyos países también tienen una fuerte política de sub- sidios al agro4. Por lo tanto, plantean discutirlo en la OMC.
Cuarta conclusión:
Una rebaja generalizada de aranceles y derechos de importación no significará un incremento significativo en el comercio delos países de la América Latina y caribeña, por el contrario beneficiará a los países del norte, particularmente a los EE.UU.
3 Los EE.UU. tiene una producción agraria anual del orden de los 194.000 millones de dólares, en tanto que los subsidios a esa misma producción alcanzan a los 90.000 millones de dólares. Con la recientemente sancionada Ley de Seguridad Alimentaria este monto será elevado a 180.000 millones de dólares para el año 201 i. Estos subsidios operan como un precio sostén para sus productos, generando una superproducción de granos que inciden en el mercado mundial tirando abajo los precios.
4 El total anual de subsidios al agro de los grandes países (EE.UU., Canadá, UE y el Japón) está en el orden de los 280.000 a 320.000 millones. Sin embargo, los criterios con que se asignan estos subsidios son diferentes en cada pais y esta discusión, que incluye apertura de mercados, reducción de subsidios a la exportación y de ayudas internas directas a la produc- ción, amenaza —como ya sucedió en Seattle (1999) y en Qatar (2001)- con hacer fracasar la nueva Cumbre Ministerial de la OMC que se reunirá en el próximo septiembre en Mérito.
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Con =lo que resulta difícil de verificar la “igualdad de trato y acceso a los mercados” que sostienen los defensores del ALCA.
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No obstante el punto determinante del ALCA es el establecimiento de derechos. jurídicos favorables a las corporaciones. Derechos que aun no lo- graron imponer a escala mundial a través de la OMC, se intenta imponer- los, al menos en el continente americano, a través del. ALCA.
A partir del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y de la decla- ración unilateral de guerra por los EE.UU., en la que todo el planeta pue- de ser campo de batalla, las tendencias al unilateralismo en las relaciones in- ternacionales se acentuaron y toman ahora forma definitiva con la invasión a Irak Una nueva noción de soberanía esta en juego, y la relación entre mi- litarismo y ALCA queda en evidencia.
Como es conocido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) esta- ba hasta ahora sostenida por una estructura legal que llevaba implícita la reso- lución jurídica de los conflictos entre naciones. Los países miembros de la co- munidad internacional se comprometían, en pos de la “seguridad colectiva", a dejar de lado la guerra como herramienta de las relaciones entre ellos y a pri- vilegiar el ordenamiento jurídico de alcance internacionalS.
El reparto del mundo que emergió luego de'la Segunda Guerra Mundial así como el equilibrio de fuerzas resultante en el marco de la guerra fría fa-
5 Esto no significa un embellecimiento de la ONU. Chechenia, el Kosovo, Ruanda, Afga- nistán, son las muestras mas recientes de su inoperancia cuando no complicidad, y del com- promiso de su Consejo de Seguridad. Por otra parte, Ia ONU es también responsable del ge- nocidio, con sus doce años de sanciones a Irak —votadas por Alemania, Francia, Rusia y Chi- na| entre otros - mientras no hubo una sola sanción a Israel por su masacre sobre el pueblo pa estino.
5 Recientes estimaciones sostienen que concluida la guerra y con un muy bajo nivel com- parativo de inversión la producción iraquí alcance entre 2.5 y 3.5 millones de barriles diarios. Lo que significará ingresos del orden de 15.000 a 25.000 millones de dólares anuales, esto explica Ia disputa entre EE.UU. y Europa, y también los iraquíes que reclaman por su riqueza, por Ia apropiación de esos ingresos. Por otro lado Rusia-y China exigen se cumplan sus con- tratos petroleros preexistentes. Sin embargo, a partir del empantanamiento de los EE.UU. en la región y el crecimiento de la resistencia popular, todas estas previsiones han quedado sus- pendidas y la producción cóntinua en niveles muy escasos frente a sus potencialidades. Otro tanto puede decirse sobre la disputa por la adjudicación de los contratos para la reconstruc- ción de Irak cuyo costo oscila entre los 80.000 y 100.000 millones de dólares. Mientras los EE.UU. buscan adjudicar los contratos a empresas norteamericanas o de sus aliados directos, intentan también que los europeos paguen parte de los costos de la reconstrucción, perdo< nando parte de la deudade miles de millones de dólares que lrak tiene con sus grandes acreedores —Francia, Alemania y Rusia entre ellos.
Cuademosdel Sur il 43
vorecieron la lógica de este sistema, que llevaba implícita la declinaeión de la noción clásica de soberanía y su reemplazopor una juridicidad suprana- cional, que primaba sobre el derecho de las naciones a la guerra.
Esta arquitectura jurídica internacional, que se mostraba cada vez más debilitada por transgresiones y violaciones permanentes; subsistió hasta la implosión de la URSS y el desplome del bloque soviético. Pero a partir de la ruptura del status-quo de post-guerra, la noción de soberanía está de nuevo en la mesa de discusiones, justamente, cuando tanto se habla y se discute acerca de la debilidad y el agotamiento de los Estados-nación. Pero se trata ahora de una soberanía de nuevo tipo, nacida de un mundo unipo- lar que solo reconoce un único sujeto soberano.
Es desde esta perspectiva que el otorgamiento de-derechos a las corpora- ciones aparece resignificado ya que tendrá implicancias políticas. de enverga- dura. No es otra cosa que la aplicación del capítulo 11 del TLCAN que esta- blece los contenidos de lo que define como una nueva relación Estado/inver- sionistas. (Capítulo 15, artículos. 7 y 11 en los borradores del ALCA)
Esta nueva relación se estructura en tomo a la noción dezque todo inver- sor de un país miembro del ALCA podrá entablar juicio a los Estados de los países suscriptores del acuerdo, 'por la sanción de leyes protectoras o regu- laciones que afecten los costos de producción y las condiciones- de presta- ción de sus servicios y, por lo. tanto, su tasa de ganancias.
Por si algo faltara, la solución de controversias entre países suscriptores del tratado estará en la orbita de mecanismos supranacionales de carácter privado, similares a los establecidos por la OMC.
Se refuerza así el poder de las corporaciones multinacionales y se limita la ya escasa capacidad de los gobiernos para, en algún momento, intentar re- vertir las políticas neoliberales implementadas en las ultimas décadas.
Quinta Conclusión:
El tratado vulnera la soberanía de los países ya que las corporaciones podrán llevar a juicio a Estados soberanos. Y al poner los derechos de los inversores por sobre los de los ciudadanos, vulnera la soberanía popular, las instituciones y el propio régimen democrático.
6
Y es aquí donde el ALCA se vincula-con la reorganización geopolíti- ca del mundo en curso. Porque este tratado es presentado como un
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acuerdo comercial cuando en realidad esconde un proyecto hegemóni- co que vulnera la soberanía de nuestros países. .En tanto que la guerra, que en el caso de Irak ha sido presentada como de liberación para el pue- blo iraquí, y por alguno de sus críticos superficiales como una nueva guerra por el petróleo, esconde la imposición de una nueva soberanía in- ternacional.
Y no es que el petróleo, el agua o las ganancias de la reconstrucción no hayan tenidoimportancia. Claro que la tienen, solo pensar que Irak es el se- gundo reservorio petrolero del mundo con muy bajos costos de produc- ción. O que es el único país de la región que tiene cursos de agua en su te- rritorio. O basta ver los cuestionamientos de Rusia, Francia y Gran Breta- ña por el control de la reconstrucción (política y económica) que formula la administración americana7.
Incluso el petróleo alcanza unvalor estratégico mayor al económico si se lo Considera desde la perspectiva geopolítica.
Pero el problema es más profundo.
En el reciente Foro Social Mundial de Porto Alegre, Noam Chomsky señaló, como bien recuerdajohn Brown en un artículo reciente7, que quien mas se adaptaba a la definición de terrorismo dada por .el Dpto. de Defen- sa de los EE.UU. era la propia administración- americana. ¿Qué dice esta definición?: “Utilización calculada de la violencia con el oly'etiuo de coacciOnarloïin- timidar a gobiernos o sociedades persiguiendo objetivos que son generalmente políticas, religiosos o ideológicos”.
Ahora bien, a poco más de dos meses del atentado a las Torres, en di- ciembre 2001, esta definición fue levemente modificada, el calificativo-sus- tantivo “ilegal” acompaña desde entonces a la palabra violencia. Este cam- bio resulta fundamental para comprender todo el despliegue bélico de los EE.UU. luego del 11/9, porque resultaba indispensable en el marco de la violencia política calculada de la administración americana.
Es fundamental porque, como acertadamente señala Brown en el artícu- lo citado, esta nueva definición admite la lógica de excepción. Esto es, si hay una violencia ilegal significa que hay también una violencia legal. Si antes la violencia del Estado sobre otros estados aparecía encubierta ahora se la presenta como legítima.
Lo que hay aquí de nuevo no es obviamente la violencia del Estado con-
7' Brown, John: “ La guerra del lmperio: lógica de excepción y retorno de la soberanía" en Revrsta Viento Sur n" 66, Madrid, España reproducido en Cuadernos del Sur n°135, Buenos Aires, Argentina.
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tra otros estados o pueblos, sobre los que hay de- masiados-¿antecedentes y más en nuestra América Latina. Lo nuevo es que esa violencia se reconozca como legítima. , 'ï _ ' _ a Y es" este nuevo concepto de soberanía el que ha I puesto en crisis toda la arquitectura jurídica del dere- ¿D rw 1': cho internacional construido en la última mitad del ¿,3 ' ' , siglo pasado. A la vez, liquida también el estado de tb om “maca derecho a nivel nacional cb esnoslhl - Si en el Kosovo la agresión militar se disfrazó de “guerra humanitaria”; si en Afganistán fue “guerra antiterrorista", ahora en Irak se trata de una “guerra preventiva”. Se habla ya del eje del mal con Irán y Corea del Norte, al que últimamente se ha agregado Cuba... Es que esta soberanía de nuevo tipo a escala mundial necesita para le- gitimarse mantener un estado de guerra permanente y esto lleva a redefi- nir el enemigo en forma continua, a elegirlo y a inventarlo...
¿"E . .v V . I
1 r
Sexta conclusión:
En este contexto, la política de la administración Bush es colocar a los EE.UU. al tope de una nueva soberanía mundial, u'n imperio reconocido como tal por las otras potencias, especialmente por la UE, Rusia y China3.
Ahora, no es este un camino sin tropiezos.
7
La invasión a Irak ha puesto en dificultades a los diversos regímenes árabes normalmente aliados de los EE.UU. Ahora ven posibilidades con- cretas de una expansión de la Intifada palestina en sus territorios y se sien- ten empujados hacia Siria e Irán para defender sus tradiciones de la inva- sión de la cultura americana. Los EE.UU, ven cuestionada su política por los aliados más fuertes que tenía en el continente europeo, Francia y Ale-
8 En la actualidad, los EE.UU. disputan áreas de influencias y zonas comerciales con la UE, pero es posible que en el largo plazo el verdadero adversario de los EE.UU. lo constituya Ia China continental que hoy ya representa el 12% del PBI mundial y que ha sido una de las principales fuentes de acumulación de capital en Ia última década, absorbiendo gran parte de la inversiones extranjeras directas, y que se proyecta como la primera potencia industrial del mundo para el próximo cuarto de siglo.
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mani-a. En tanto que Rusia, con cuya complicidad, contaba para hacer su política en Asia, que ahora siente peligrar sus intereses en Asia meridional, lo ha enfrentado de la manera más explícita desde el fin de la guerra fría.
Con la ruptura de la OTAN y de la política atlantista y la crisis en que ha sumido ala ONU, V t está forzando una. alianza, que buscó impedir por ¿,3 ‘ años. entre Francia Alemania Rusia y China. ¿Ó 2;” “gen”
’ ’ ’ Illl ¡lll!
Cuando intenta reforzar su capacidad de nego- ciación imponiendo el ALCA ha hecho entrar en contradicciones a go- biernos aliados como el de Chile, .el de México o el de Argentina y pro- fundizado la autonomía de Venezuela.
:¿Cuál es la consecuencia? Que la legitimaciónde la política del terror de estado imperial a escala mundial [no alcanza el nivel de legitimidad social necesario. Por el contrario, esta guerra imperialista ha enfrentadoel pico de sentimiento antinorteamericano más. alto de la historia, no solo en los paí- ses jdel terCer mundo, sino también en el centro de las grandes potencias.
Séptima conclusión:
Hoy se hace más que evidente que la actual política de guerra permanente y la. militarización imperialista son. un resultado directo de la lógica de un sistema de acumulación del capital sostenido en la mundialización mercantil.
Yes esta constatación colectiva a nivel mundial la que está ligando la lu- cha contra la guerra con la lucha contra —el neoliberalismo —ALCA incluido —y la lucha por otro mundo posible. Claro que todavía hay que recorrer un largo camino.
8
Todo intento de integración regional debe partir de una precondición ineludible: Decir No al ALCA. Esto es decirle no a un proceso de integra- ción sostenido en criterios yr conceptos estrictamente mercantilistas. Un proceso de integración regional no puede estar acotado al ámbito de la eco- nomía, no puede estar centrado en la libertad de comercio como principio rector, no puede apenas ser una unión aduanera.
“Sin embargo, decirle N o al ALCA debe ir acompañado por la afirmación
Sur 47
de que el MERCOSUR tal como está no sirve a una integración" real' de nueStros pueblos y países; La estrategia de profundizar el MERCOSUR pa- ra ingresar al ALCA, no es más que una variante de lo se conoce como “in- tegración abierta”, que sólo busca negociar en bloque la integración subor- dinada, o en el mejor de los casos una integración limitada.
Las actuales políticas de libre comercio son como se ha señalado, pro- ducto de la nueva matriz de relaciones internacionales pero también rece- gen los resultados de los cambios estructurales’impuestos por un cuarto de siglo de políticas neoliberales. Son estas dos cuestiones las que hay que te- ner en cuenta al momento de formular una integración alternativa.
Y esta requiere caracterizar desde el inicio el proceso de integración co- mo un objetivo político-estratégico para el desarrollo de nuestras naciones. El concepto de que una integración reales producto de una asociación en- tre iguales debe ser constitutivo, ya que lleva implícito el apoyo de las na- ciones más favorecidas a las más atrasadas.
En las actuales condiciones impuestas por veinticinco años de neolibe- ralismo, es necesario precisar el punto- de partida. Por un lado la coordina- ción de políticas que pongan la cuestión social en el centro de la integra- ción, particularmente el emergente más acuciante que reina en el subcon- tinente: la exclusión social y el hambre. Por el otro constituir un bloque de países que se opongan al pago de la deuda externa, sin contar con estos re- cursos'rio habrá integración real posible.
Estas dos cuestiónes son condiciones necesarias para impulsar un proce- so de integración, aunque no suficientes.
Sin que esto signifique una enumeración taxativa, sino apenas el- inicio de un debate, será necesario fijar como un objetivo político prioritario aVanzar en la eliminación de las asimetrías:
Macroec‘onómicas, estableciendo una moneda y Una política moneta- ria y fiscal comunes;
Comerciales, estableciendo políticas comunes en ramas estratégicas como la energética, alimenticia, insumos intermedios y bienes de capital con criterios de complementación y no de competencia;
Arancelarias, imponiendo un Arancel EXterno Común, armoni'zando las políticas arancelarias de los países integrantes contemplando un régimen preferencial para los países menos desarrollado, y garantizando la libre cir- culación de los- bienes en la región;
Productivas, armonizando las políticas laborales (salarios, condiciones
de trabajo), buscando reducir al máximo posible las diferentes productivi- dades.
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Asimismo la definición de políticas tendientes a definir planes y progra- mas alimenticios y energéticos comunes, sobre la base de la existencia de recursos abundantes y complementarios en la región es decisivo.
La creación de un'fOndo financiero común para financiar los intercam- bios regionales y obras de infraestrúctura física, así como el establecimien- to de pautas que tiendan a integrar nuestras culturas, respetando la diversi- dad y riqueza delas mismas, tanto como políticas migratorias comunes que permitan la libre circulación de las personas.
Última conclusión:
Otra integración es posible, si se trata de “una asociación entre iguales destinada a crear las condiciones para la libre circulación de las 'mercancías, el capital y las personas, en un contexto de transformaciones económicas, sociales y políticas y de apoyo a las naciones más atrasadas a fin de alcanzar en el marco de sus culturas la homogenización del espacio común”.
9
Nada es definitivo y todo tiene su contrapartida. Así después de Seat- tle, una generación que no se ha formado en la política de enfrentamien- to entre bloques; que no ha estado sometida a las presiones de la política estalinista; que está en condiciones de pensar con cabeza propia, ha in- gresado a la lucha contra la mundialización mercantilista y a la lucha con- tra la guerra. Y estas actividades son fuertemente movilizadoras y politi- zantes..
Como bien señala Daniel Bensaïd‘o, “la hora actual sigue siendo la hora de las riesistencias. Pero la multiplicación, en menos de tres años, de los Fo- ros Sociales (Porto Alegre, Florencia, Buenos Aires, I-Iyderabad, Ramalá), prepara la hora de las alternativas.” Es esta realidad la que está forjando un nuevo internacionalismo de masas, apoyado no solo en las resistencias sino también en la proposición de alternativas.
En este sentido, el ALCA tiene la capacidad de ser un catalizador de la
9 "No al ALCA", documento emitido por el Comité de movi/¡zación en Argentina contra el ALCA, Buenos aires, marzo 2001.
° Bensaïd, Daniel: "La Guerra tendrá lugar" en Boletín Electrónico de Ia Cuarta Internacio- nal para América Latina y el Caribe n° 580.
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unidad y la resistencia de fuerzas sociales y políticas muy diversas en toda América Latina —organizaciones sociales y eclesiásticas, pueblos indígenas y campesinos, ambientalistas, trabajadores ocupados y desocupados, profe- sionales, intelectuales..— se va generando así un proceso de articulacióna ni- vel continen'tal que tiene pocos antecedentes, si es que los tiene.
De la capacidad del movimiento social y político para aprovechar las grietas y los espacios-que provoca la disputa interimperialista; de. nuestras iniciativas para impulsar la coordinación del movimiento internacional for-. taleciendo en su seno una corriente anticapitalista; de nuestros esfuerzos por frenar el ALCA y las política neoliberales; depende en gran parte nues- tro é)dt0 contra el terror de estado imperial, el rechazo a esta imposición del libre comercio y de una nueva soberanía a escala mundial, y la viabilidad de una integración real de nuestrospaíses ty nuestros pueblos.
Buenos Aires, octubre de 2003i
Textos consultados:
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ca‘ Latina ,n" 9 enero 2003
Alonso, Santiago Roque; “Una de las verdaderas razones de la guerra con- tra Irak”, s/d.
Barlow, Maude: “ALCA y la amenaza para los programas sociales, la susten- tabilidad del medio ambiente y la justicia social en las Américas”, s/d. Bensaïd, Daniel: 'i‘La guerra tendrá lugar” en Boletín Electrónico de la Cuarta
Internacional para América Latina y el Caribe n° 580 ».
Bensaïd, Daniel: “En un Contexto de crisis desafíos que bien valen una apuesta arriesgada. Un nuevo reparto violento” en Boletin Electrónico de la Cuarta Internacional para América Latina yel Caribe n." 819.
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50 Navi'er'nbre ale-2003
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Varios autores: “¿MERCOSUR vs. ALCA?”, dossier en Archivos del Presen- te, Enero-Marzo 2001, Buenos Aires, Argentina.
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“10 razones para que nuestro país declare una moratoria de tres años a‘l' ca- pítulo agropecuario del TLCAN ”,. documento del Movimiento El Campo
"No Aguanta Más. Febrero 2003, México.
“Datos sobre la situación del campo en México” en Bandera Socialista " n°4, diciembre 2002, México, DF.
“Página oficial del ALCA”: www.ftaa-alca.org y webmaster@ALCA- FTAAORG
Notas y artículos periodísticos en diarios Clarín, Página 12 y La Nación , Buenos Aires, Argentina
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..._¿—-- F-
Otra vez sopa: políticas keynesianas y acumulación
ocas-veces una reflexión tan rigurosa como la del artículo que sigue lo-
gra estar disponible a tiempo para responder a las tiranas demandas
teóricas que dicta la coyuntura como en este caso. A apenas seis me- ses del comienzo del gobierno del “señor K”, y después de más de cuatro años de una larga recesión y'una crisis inclusiva de todos los ámbitos de lo social, las políticas keynesianas hacen otra vez escena tras un gobernante que se autodefne como “neokeynesiano” y un amplio espectro de fuerzas políti- cas “anti-neoliberales”. Si el estoico pragmatismo del PJ, salvando a Kirchner mismo, no se digna referir a fuentes teóricas fuera de su fundador, sí lo ha- cen en cambio de modo más regular los planes económicos de este último ámbito, como el Frenapo o el Plan Fénix. De cualquier modo la situación no es privativa de Argentina y las políticas keynesianas comienzan a aplicarse en distintos países de América Latina a modo de supuesta concesión a los movi- mientos de protesta contra el neoliberalismo y de respuesta a la crisis econó- mica. Guglielmo Carchedi en el artículo que sigue evalúa la efectividad de las políticas keynesianas como salida de las crisis, pero desde la perspectiva de la ley del'valor. Rescataremos a priori algunas de sus conclusiones que no pue- den pasarse por alto en ningún programa de izquierda.
Continuidades dei neoliberalismo y keynesianismo Carchedi distingue las políti- cas redistributivas (las legitimadoras de la intervención estatal) de las polí- ticas de inversión keynesianas (la apropiación estatal de una parte del capi- tal para invertir en obra pública o en otros sectores). Aun cuando éstas se planteen como antagónicas, las políticas keynesianas y el neoliberalismo tie- nen continuidades esenciales. Además del carácter de clase de unas y otras, los condicionamientos objetivos de las políticas keynesianas de inversión
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son a la postre los mismos que los dél neolibeïáliSmo. Estrategias distintas que responden a la necesidad común de la acumulación de capital, recom- posición de la tasa de ganancia y fortalecimiento de la relación de fuerzas de la clase capitalista. Estrategias que comparten además las mismas restriccio- nes: la resistencia obrera y la necesidad de tasas de explotación cada vez ma- yores. “El terreno para las políticas neoliberales [...] fue preparado por las PKI. El neoliberalismo es una continuación lógica de las PKI”.
Las políticas keynesianas, agregamos, son ahora también la continuación lógica del neoliberalismo. La actual configuración del trabajo hace que las políticas keynesianas redistributivas tengan claros límites (y manifiesta inu- tilidad en su formulación tradicional si se considera el actual terreno mina- do por la flexibilidad laboral, la fragmentación de la clase obrera y los múl- tiples disciplinamientos a los que está sometida) y que probablemente se li- miten a políticas de inversión que continúen la presión por aumentar pro- ductividad o bajar los salarios, ahora por vía de la inflación.
Naturaleza de clase de las políticas keynesianas. N o alcanza con señalar, correcta- mente, que no es posible una alianza de clases, menos aún con una burgue- sía nacional que no existe o que deberá inventarse desde el Estado (como propone el Frenapo). Una disección cuidadosa de las políticas keynesianas no hace sino poner de manifiesto que “las PK son intentos de mejorar las condiciones de vida y de trabajo dentro de este marco teórico determinado por una visión de clase.” Carchedi desenmascara este carácter clasista al ob- servar las políticas keynesianas desde la perspectiva de la ley del valor que nos muestra una radiografía única de los artificios de la explotación. Así ve- remos que aquéllas conllevan necesidades objetivas contrarias a los intereses de la clase trabajadora; el’precio de postponer la crisis y de las mejoras redis- tributivas deberá ser pagado por los trabajadores más adelante, posiblemen- te con intereses, mediante un aumento de la tasa de explotación.
Travestimiento de los indicadores. Otro relevante grupo de consideraciones que debe tenerse en cuenta en coyunturas como las actuales habla de la falsedad de algunos indicadores. Si la reactivación o los “veranitos económicos” son elementos legitimadores del Estado keynesiano, debe quedar claro que in- crementos en el PBI, el empleo y los salarios son indicadores que no impli- can que se haya evitado una marcha hacia la crisis. Las políticas keynesianas son efectivas estimulando la demanda (de allí el aumento del PBI que mi- de valor realizado, no producido) al absorber y utilizar capital monetario en desuso (por vía de impuestos y otros). Pero este aumento de la demanda
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puede que descanse sobre una caída de la tasa de ganancia, por tanto en continuar camino a la crisis.
La contradicción otra vez en su lugar Carchedi señala además que las políticas keynesianas son contradictorias en su misma formulación. Las estrictas condiciones de las que depende el éxito de las políticas de inversión son además puestas en riesgo por las medidas redistributivas. “Cuanto más irn- portantes las PKR, más pequeña la tasa de ganancia y menores las posibili- dades de restaurarla gracias a las PKI.. [...]_Las PKR, aunque aliviaban los problemas de realización, contribuían con la caída de la tasa de ganancia al hacer caer la rentabilidad y frenar los posibles efectos positivos de las PKI. En otras palabras, el Estado keynesiando falló debido a la naturaleza contradictoria de sus políticas”. Las políticas keynesianas son al mismo tiempo la expresión de la contradicción real de lia lucha de clases y el intento-Con fuerte conte- nido ideológico (‘legitimador) pqr negarla. Romper con esta felicidad enga- ñosa, este opio moderno,--es demandar la felicidad réiil. La critica de esta ilu'-' sión es la que sigue en el artículo de Carchedi.
Algunos casos debieran distinguirse de este análisis, donde las políticas keynesianas re3ponden a movimientos internos del capital, como la presión política de sectores menos productivos para conseguir crédito y tolerancia ante las quiebras, o los requerimientos de la acumulación: períodos en que grandes obrasson realizadas-por el Estado sólo porque no existen capitales que tengan el nivel necesario de acumulación (y cuyas ganancias son recu- peradas por los capitales privados con mecanismos tales como la “patria contratista”).
Por último, el oportuno artículo que nos enviara Gugliemo Carchedi no abarca, ni podría hacerlo, todas las novedades que esa nueva reforma de‘l Es- tado (sobre los cimientos de la pulverización de la exigua cuota presupues- taria y legal de los trabajadores durante los ‘90) plantea. Cuadernos del Sur es- pera al menos contribuir con este aporte a una parte de esta necesaria dis- cusrón.
JUAN GRIGERA
Cuadernos del Sur 55
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Marx y las pirámides
Gulielmo Carchedi=I=
“Es ¿tal vez poco conocido que» Marxera de origen egipcio. Esto pue-
de explicar por'qué, haciael fin de su vida, al darse cuenta de que no
podía teorizar sobre la construcción de pirámides bajo el capitalis-
mo. se deprimió profundamente," ‘Qut‘dó a su discípulo, favorito, J.M.Keynes, la tarea de completar su obra.”
F.Engels, The Lye and‘VVork of My Great Friend,
Marx-Engels Collecred Works, Vol. 1-68(II),
1-Trabajo y valor
Mientras la fe en el neoliberalismo se ve sacudida de manera creciente por sus propios errores de política macro(scópica), políticos y científicos sociales bien intencionados han comenzado nuevamente a abogar por un retorno a políticas keynesianas, con la esperanza de que estas políticas lo- grarán lo que el neoliberalismo no ha podido.
Los que promueven estas políticas argumentan desde una perspectiva keynesiana. Estas, en cuanto concierne a los propósitos del presente artícu- lo, enfatizan: 1) la producción de valores de uso; 2) su distribución, básica- mente mediante la interacción de oferta y demanda; y 3) la estimulación de la demanda (y así el multiplicador) para reanimar la actividad económica. Una valoración diferente de estas políticas, basada en la teoría de valor-tra- bajo, ha estado largamente ausente del debate. Desde esta perspectiva alter- nativael énfasis está puesto 1) en la producción de (plus)valor (que está i-n-
’ Guglielmo Carchedi es profesor de economía de la Universidad de Amsterdam y autor de, entre otros, On the economic Identification of social classes (1977), Frontiers of Political Economy (1991), For another Europe (2001) y, ' junto a Alan Freeman, de Marx and non-equilibríum economics (1996).
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corporado en valores de uso y que se nos presenta empíricamente como di- nero), 2) en su distribución, basada en la nivelación de tasas de ganancia de las diferentes ramas y la igualación de precios dentro de cada sector según las modificaciones introducidas por la interacción de la oferta y la deman- da; y 3) en la destrucción ..de valor como “requisito básico para que una eco- nomía salga de una crisis. Esta última es la visión de este artículo.
Desde esta perspectiva sólo el trabajo puede crear valor. Este el presu- puesto inicial de la teoría. Una acusación de “fundamentalismo” revela tan solo una ignorancia fundamental de cuestiones metodológicas. Cualquier teoría, incluida la teoría del valor, debe descansar sobre supuestos iniciales que no pueden ser demostrados. Más aún, en este caso particular, la elec- ción de este supuesto inicial está basada de forma indirecta en los errores
lógicos en los que naufragan todas las teorías de valor y precio alternativas (Ver Carchedi, 2001, Cap. 3, 2002).
2 Algunas observaciones sobrelas crisis
Para valorar las políticas keynesianas desde .el punto de vista de este artí- culo, es conveniente comenzar con algunos elementos de una teoría de las crisis basada-en la teoría de valor-trabajo.1 En esta sección se dejará de lado el papel del Estado, pero este se convertirá en el centro del análisis en las secciones siguientes.
Para comenzar, la forma ¡básica en que los capitalistas compiten entre sectores es introduciendo técnicas nuevas y más eficientes. Estas innovacio- nes incrementan la productividad, definida como unidades de producto por unidad de capital invertido. El innovador produce más bienes con las mis- mas unidades de capital invertidas. Igualmente como regla, esta mayor can- tidad de productos se logra reemplazando personas por maquinaria, es-de- cir, con más medios de producción y menos fuerza de trabajo. De este mo- do, mientras se produce una mayor masa de producto por unidad de capi- tal invertido, se emplean menos personas y en consecuencia, ceterís paribus, se produce menos valor. Tanto la mayor producción como cada unidad de producto incorporan menos '(plus)valor. Dicho de otro modo, esta unidad de capital ha producido más valores de uso pero menos valor. Este es el re- sultado contradictorio ocasionado por el innovador tecnológico, quien, en pos de simplicidad, asumiremos que se trata del líder tecnológico.
l Evidentemente, esta breve seccion sólo provee elementos básicos estrictamente nece- sanos para nuestros objetivos. Para un análisis más desarrollado, el lector debe referirse a Car- diedi 199l, 1999 y 2001.
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Debido a la tendencia de igualación de precios de bienes similares, los innovadores producen y venden una mayor producción al mismo precio (por producto) que sus competidores. De este modo estos hacen efectivas mayores ganancias por cada unidad de capital invertido, o sea, obtienen una mayor tasa de ganancia. Sin embargo, como el innovador produce menos plusvalor, su mayor tasa de ganancia s‘ólo puede ser alcanzada mediante la apropiación de plusvalor de otros productores, tanto de su propia rama (a través de la tendencia de igualación de los precios) como (bajo condiciones de movilidad de capital) de otras ramas, debido a la tendencia de nivelación de todas las tasas de ganancias en una tasa de ganancia media (ARPZ). Co- mo el innovador ha producido menos valor por unidad .de capital inverti- do, la ARP cae. Esta caída es un efecto combinado del aumento de la tasa de ganancia del innovador y de una caída mayor de la tasa de ganancia del resto de la economía. La caída de-la ARP suma este doble movimiento. Es- te movimiento afecta a los diferentes capitales en forma desigual, de acuer- do a su nivel de rentabilidad. Causa mayores dificultades y posiblemente la bancarrota de las unidades con menores tasas .de ganancia. Es por esto que la ARP es un indicador del estado de la economía. Si los rezagados introdu- cen la misma (la nueva) técnica productiva con el objeto de incrementar su tasa de ganancia, ellos también incrementan su productividad. Esto provo- ca un descenso adicional del empleo, el valor producido y la ARP, En pala- bras de Marx, “la tasa de ganancia no cae porque el trabajo se vuelva menos productivo, sino porque éste se vuelve más productivo” (1967, Pág. 240) ..3
En tanto que esta mayor productividad ha sido alcanzada despidiendo trabajadores, el poder de compra del trabajo disminuye. Esto no puede me- nos que significar problemas de realización en los sectores de bienes sala- rio, sin importar dónde se hayan introducido las innovaciones tecnológicas en primer término. De todos modos esto no significa que la crisis se mani- fieste primero en ese sector. La menor demanda de bienes salario no afecta sólo a estos bienes, sino también a la demanda de medios de producción, y
2 Por sus siglas en inglés: Average Rate of Profit (N.deI.T.)
3 Otros enfoques proponen que, como el innovador tecnológico consigue una mayor ta- sa de ganancia, cuanto mayor sea la cantidad de innovadores, mayor será Ia tasa general (me- dia) de ganancia. Una innumerable cantidad del. autores ha tomado esta postura, entre ellos el más conocido es Okishio. Para unejemplo reciente véase Brenner (1998). Para una críti- ca de Okishio puede consultarse Carchedi (1991)y.para una crítica de Brenner véase Car- chedi (1999). Básicamente, todas estas visiones consideran, explícitamente o no, que una economía capitalista produce valores de uso en vez de (plus)valor contenido en valores de uso. Desde su punto de vista, el incremento en la productividad aumenta tanto la tasa de ga- nancia del innovador como la tasa medía de ganancia (ARP).
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las dificultades resultantes para los capitalistas de estos dos sectores afecta también la demanda de bienes de lujo. Esta menor demand-a de bienes sa- lario afecta entonces a todos los rezagados tecnológicamente en los tres sec- tores, sólo la coyuntura determinará qué rezagado, en- qué sector, quedara primero panza arriba. Es en este sentido, que “La causa última de toda ver- dad‘era'crisis reside en la pobreza y el limitado consumo de las masas, fren-a te a la tendencia del capitalismo por desarrollar las fuerzas. productivaslla productividad del trabajo mediante la innovación tecnológica, G.C.]r como si- su límite no fuera otro que la capacidad de consumo absoluto de la socie- dad” (Marx, 1967, Pág. 484).4
Si este proceso avanza lo suficiente,- algunas de las empresas rezagadas tecnológicamente enlcualquier sector comienzan .a irse a la bancarrota, Consecuentemente, aumenta eldesempleo. Las ventas caen no sólo a eau- sa de la’ caída del poder de compra' (como resultado del desempleo) sino además porque ante el futuro incierto los trabajadores empleados incre- mentan sus ahorros. También debido'a que el capital de aquellos capitalis- tas que han quebrado o de quienes no ven ubicacionesrentables para. sus inversiones permanece endesuso. Esto próvoca consecuentes caídas de la demanda. Le siguen más bancarrotas. La crisis se ha instalado. Por un lado, capital en tanto relaciones sociales ha sido destruido: larelación entre tra- bajadores y capitalistas se ha roto. Por el otro, capital dinero permanece en desuso. Esto es coincidente con la existencia de mercancías que no pueden venderse. Se han creado capital mercancía y capital dinera-rio excedentes. Las crisis generan tanto excedentes de capital (en forma de dinero y de mercan- cía) como faltantes de capital. (como relación social). Esta es sólo la tendencia. Existen a su vez numerosas contratendencias que, de todas. formas, no pue- den ser 'discutidas aquí.5
4 Esta cita no tiene relación alguna con una visión subctinsumista. De acuerdo a la teoria subconsumista, sería teóricamente imposible que trabajadores y capitalistas materialicen to- do el valor y el plusvalor producido. Esta es la causa última de todas las crisis. Para Marx, en cambio, no existe semejante imposibilidad teórica (ver los esquemas de reproducción en El Capital, Volumen ll). Aún cuando se realice todo el valor y plusvalor, la ARP seguiría cayendo y la crisis emergerá tarde o temprano.
5 En períodos de depresión económica, la reducción de la producción de (plus)valor, y de la tendencia a generar crisis, puede ser seguida de una caida en los precios unitarios, si la ofer- ta monetaria no se incrementa (lo suficiente), o por un aumento de los precios, si la oferta monetaria aumetna lo suficiente. De cualquier modo, los cambios en la oferta monetaria no son los causantes de las depresiones o las crisis; ésta es en eI- mejor de los casos, un catali- zador de estos últimos. Son los cambios en la produccion de (plus)valor los que producen cambios en la oferta monetaria, incluyendo m0vimientos inflacionarios, como una política an- ti-inflacionaria. En los períodos de crecimiento económico, los precios, es decir la manifesta-
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¿Cómo revierte el sistema las crisis? La condición para que el sistema salga de una crisis es que se destruya suficiente cantidad de capital en forma de rela- ciones sociales durante la fase descendiente del ciclo. Si suficientes empre- sas han quebrado, los nichos en el mercado que han sido dejados abiertos pueden ser; llenados por las empresas sobrevivientes. La perspectiva de mer- cados en expansión estimula las inversiones y así al empleo. Inicialmente, el mayor producto al igual que la adquisición de medios de producción y fuerza laboral, pueden ser financiados con el capital dinerario en desuso y el ahorro. Subsecue‘ntemente, gracias al aumento en el empleo, a la mayor cantidad de-producto le corresponde un mayor poder adquisitivo necesario para comprarlos. La mayor- cantidad de producto se combina con el poder adquisitivo necesario para comprarlo. El problema de la realización desapa-i rece. Al mismo tiempo, los innovadores ganan, tanto delos mayores nive- les de productividad como del menor nivel de salario real (mayor tasa de plusvalor) resultante de la depresión y las crisis. Su rentabilidad (tasa de ga- nancia) se incrementa, y dada la mayor tasa de plusvalor, la ARP también crece. De aquí en adelante, el capital como relación social sere-crea en una escala ampliada; la mayor cantidad de producto (valor) es absorbida gracias al aumento del poder de compra derivado de aUmento del empleo-¡tanto de fuerza laboral como de medios de producción; y la rentabilidad crece, me- dianteel aumento de la tasa de plusvalor. En este último análisis,.es la com- petencia tecnológica la que determina las crisis, las recuperaciones y los booms, a través de su determinación del movimiento contradictorio de las diversas rentabilidades del capital, tal como se combinan en laARR La caí- da de la ARP es un indicador de las dificultades económicas y eventuales bancarrotas de los tecnológicamente rezagados (las unidades menos renta- bles). Un aumento indica exactamente lo contrario.6
3 ¿Pueden las políticas keynesianas reestablecer la rentabilidad? Introduzcamos ahora al Estado. Durante épocas de depresiones econó-
ción monetaria de valor y por tanto de la cantidad de dinero asociada a valores de uso, pue- de caer debído a un incremento en la productividad y a un nivel de oferta montearia insufi- ciente para cubrir esa caída. No obstante esto, el salario real en términos de valores de uso puede aumentar incluso mientras que el porcentaje total de valor destinado a salarios cae, es decir, aun mientras el salario real en términos de valor cae.
5 Una versión mas extensa de este articulo argument-a" que (l) un aumento del empleo durante una recuPeración no implica necesariamente una caída de la composición orgánica del capital, (2) un aumento del empleo no necesariamente favorece una recuperación eco- nómica y (3) no existe una relación automática entre el aumento en la tasa de ganancia y la recuperación.
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micas y crisis, el Estado puede recurrir a políticas. keynesianas (de aqui en más: PK). La característica básica de estas políticas es una redistribución del capital al trabajo. Hay dos formas elementales de lograr este objetivo. Una es la redistribución pura (básicamente políticas monetarias y fiscales). Lla- maremos a estas poíticas keynesianas redistributivas (PKR) .En. términos gene- rales, la redistribución toma de algunos y les entrega a otros; su efectov'po- sitivo depende desi los receptores del poder de compra extra tienen mayor propensión a gastar que aquéllos a los que se les haquitado. Aun cuando la propensión a gastar se incrementara debido a estas medidas redistributivas, como la crítica del multiplicador en la sección 4 argumentará, el incremen- to del gasto afectaría la realización y no la producción de valor. En lo que a rentabilidad se refiere, las PKP aumentan el poder de compra del trabajo, reduciendo de este modo los problemas de realización en el sector de bie- nes-salario, pero al mismo tiempo .hacen caer la tasa de ganancia al reducir la tasa. de explotación.
La otra forma consiste en la apropiación, básicamente. por medio de la imposi- ción impositiua estatal, de capital en desuso y/o ahorros del trabajo con el objeto de co- misionar obra pública y/o armamento al sector privado. Las llamaremos Políticas Keynesianas de Inversión (PKI). Lo específico de las PKI es que el Estado se apropia de capital ocioso, que la producción se. incrementa gracias a la intervención es- tatal y. que la realización de este producto está garantizada. Este es el caso mas fuer- tede- esta intervención anti-cíclica.7
Clarifiquemos dos puntos antes de continuar. En primer lugar, el Esta- do puede llevar a caborla construcción de obra pública o fabricación de ar- mamento él mismo a través de empresas de propiedad estatal. Esta es una diferencia relevante en un'contexto diferente, pero, en lo que a este trabajo concierne, es decir, los efectos anti-cíclicos de lasPKI, no hay diferencia al- guna entre que estas actividades las lleve a cabo el capital privado o el Esta- do. En ambos casos el propósito es inducir la producción sin reducir las ta- sas de ganancia del capital privado mientras que se garantiza al mismo-tiem- po la demanda para el producto extra. En segundo término, en esta sección, el énfasis se pone en la obra pública, es decir en las PKI civiles (el keynesia- nismo militar es el tema de la sección siguiente). En este caso la burguesía
7 Se hace hincapié sobre obras públicas y armas no sólo porque éstos son por mucho los destinos más relevantes, pero tambien porque otros destinos posibles de las PKI, como ca- var pozos y luego llenados, pueden ser estudiados sencillamente con el mismo marco teóri- co provisto en este trabajo. Además, Ia construcción, de obras públicas es, en cierto grado, ¡n'- dependiente de las crisis y depresiones. Aunque este grado esté ciertamente-condicionado por las fases del ciclo.
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estatal se convierte en el dueño de la obra- pública. Esta es una desventaja para el capital privado (quien puede, sin embargo, recuperar la propiedad de estas obras mediante su privatización, si la situación política e ideológi- ca se torna favorable, como durante los años ‘90). Aunque también hay ven- tajas. Por ejemplo, la obra pública no sólo no compite con el capital priva- do, no sólo alivia las dificultades posteriores de realización, sino que tam- bién se convierte en una condición de reproducción ampliada del capital privado. La pregunta ahora es: ¿tienen las PKI efectos antcíclicos?
"Supongamos primero que la inversión .cae en un porcentaje determina- do. Estoes capital monetario excedente que permanece en desuso en manos de los capitalistas. Al mismo tiempo, si ..este capital no se invierte, determina- dos medi-os de producción y fuerza laboral no son comprados y'por lo tan- to tampoco vendidos.8 Dado que la tasa de ganancia se computa sobre el to- tal de capital disponible para invertir, independientemente de si está efecti- vamente invertido ono, y dado que el capital no invertido no produce ga- nancias, ¡la tasa de ganancia de las firmas con capital excedente .cae. También lo hacen las tasasde ganancia de aquellos capitales cuyos bienes no han si- do comprados. La tasa media de ganancia (ARP) cae de igual manera. Para contrarrestar esta crisis de rentabilidad, el Estado carga impositivamente al capital monetario excedente y lo usa para comisionar trabajos públicos a ca- pitalistas privados. En definitiva, trang'brma las pérdidas potenciales "de algunos capitalistas en-pérdidas verdaderas, y a estas pérdidas reales en capital activo de otros capitalistas. Con este capital, los productores de obras públicas compran me- dios de producción y fuerza laboral y producen (plus) valor.9 La pregunta ahora es: ¿puede este plusvalor extra compensar la pérdida inicial provocada por la apropiación de valor por parte del Estado para encargar obra pública?
Si. la ARP debe ser llevada a su nivel previo o a uno mayor, el sector de obra pública debe generar (por medio de la utilización de capital ocioso)
8' Claramente, el capital no invertido (Io mismo se aplica al ahorro del trabajador) no se guarda bajo colchones sino-que se deposita en instituciones financieras que deben invertir- lo. Sin embargo, durante las depresiones y las crisis se torna crecientemente difícil para estas instituciones invertir estas sumas de dinero. Además estas inversiones se encuentran crecien- temente en la esfera financiera y especulativa, es decir, en Ia esfera de (plusvalor) improduc- tivo. Por tanto, en lo que concierne a las medidas anticiclicas (es decir medidas contra la cri- sis de la rentabilidad), las inversiones en los sectores improductivos no tienen impacto algu- no. La noción de trabajo improductivo (y por tanto capital improductivo) es de fundamental importancia para una teoria marxista de las crisis.
Esto implica Ia tesis que en caso que las obras públicas sean llevadas a cabo por el Es- tado, las empresas de propiedad estatal producen tanto valor como plusvalor..Véase Carche- di (1977), cap. 2.
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una rentabilidad igual o mayor que la pérdida sufrida por los otros sectores. El resultado depende de la tasa de plusvalor (—s’) y de la composición orgá- nica del capital (coc) en ese sector. En lo que concierne a la tasa de plusva- lor, podemos- suponer que, como regla, asumiendo movilidad, del trabajo y del capital y el accionar de sindicatos, etc., :esta tasa es más o menos la mis- ma enel sector de obra pública que en el resto de la economía. La variable relevante es entonces la diferencia de composición orgánica, para la cual no hay razones para asumir una tendencia de igualación entre sectores. Lo que sigue trata el caso más simple: dos sectores (sectór público y el resto de la economía) y dos clases (trabajo y capital). Sin embargo los resultados se aplican igualmente para casos más complicados y desagregados.
Dado que el capital ocioso puede aparecer en cualquier sector y dado que el Estado no grava ese sector específico pero sí todos los capitales (sin importar aquí ren qué proporción), el problema es si lacomposición Orgá- nica del capital ponderada de los capitales gravados (coc*) es mayor o me- nor que la del sector de obra pública (cocSP). ¡0 Sicoc* es menor que cocSP, menos plusvalor se'produce y la ARP cae. La política keynesiana de inver- sión (PKI) falla.
En el caso opuesto (coc* es mayor que cocSP), las PKI logran producir más plusvalor. Sin" embargo, el éxito esta lejos de estar asegurado. Si el ca- pital se mueve, debido a la apropiación estatal y los encargos subsecuentes, desde-sectores de alta COC a sectores de baja COC, el plusvalor total au- menta mientras que el capital total invertido permanece constante. La pre- gunta es, entónces, si ¡el plusvalor extra producido por el sector degobra pú- blica (SP) es suficiente para contrarrestar la perdida de otros capitales debi- do a los impuestos. Llamemos A a los capitales gravados y asumamos que tienen una alta coc (90c/10v) y que el sector de obra pública tiene una baja cocSP (10c/90v), y que la tasa de plusvalor (s’) es del 100%. Entonces A: 90c+10v+105 = 110V y SP: 10c+90v+905 = 190V La tasa media de ga- nancia ARP = 50%. Supongamos que en A aparece un capital ocioso igual a 10 (por ejemplo debido a una caída de las ventas por esta cantidad). Esta pérdida hace caer la ARP hasta 45%. El Estado se apropia de estos 10 y en- carga obra pública. Entonces A invierte -10 de acuerdo a su coc* (un pre- supuesto necesario si excluimos cambio tecnológico en este punto), de mo,- do que A: 81c+9v+9s = 99Vy el SP: 11c+99v+99s = 209V Total s = 108. Sin embargo, la pérdida de 10 (los impuestos apropiados de A por el Esta-
10 Las conclusiones que siguen no cambian si asumimos que el Estado solo puede gravar el sector que tiene capital ocioso.
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do en el ciclo anterior) deben ser restados del plusvalor total. La ARP es ahora (108-10)/200 = 49% < 50%. Aquí también fallan las PKI aun cuan- do la pérdida fue menor. La razón es que el capital invertido en el sector de obra pública debe ser en parte invertido en capital constante, que no gene- ra plusvalor, y que s’ no es lo suficientemente alta como para generar plus- valor que cubra esa pérdida.
En este ejemplo, para que las PKI sean efectivas, s’ debiera haber sido su- perior al 100%. Por ejemplo, suponiendo que inicialmente s’ = 30055. En- tonces A: 90c+10v+305 = 130V, y SP: 10x+90v+2705 = 370V. La ARP es 300/200 = 150%. Si 10 se extrae con impuestos de A y se invierte en el Sec- tor de obra pública, A: 81c+9v+27s = 117V y SP: 11c+99v+297s = 470V. Ahora la ARP = (324-10)/200 = 157%. Las PKI fueron exitosas. Sin em- bargo, suponiendo diferencias menos extremas entre occ y occSP, A: 90c+10v+305 = 130V y SP: 70c+30v+905 = 190V Entonces la ARP = 120/200 = 60%. Si el Estado grava el capital ocioso en un valor de 10 y en- cara obra pública, A: 81c+9v+27s = 117Vy SP: 77c+33v+99s = 209V. La ARP es (126-10)/200 = 58% < 60%. La ARP cae y las PKI fallan nueva- mente.
Para resumir, las PKI pueden ser exitosas sólo bajo los siguientes supues- tos. Primero, occ* > occSP (una situación muy poco probable dada la fre- cuentemente alta composición orgánica del sector de obra pública y dado que el Estado grava todos los capitales, incluyendo aquellos cuya occ es me; nor que la occSP). Segundo, s’ debe ser suficientemente alta: si no lo es, deberá ser aumentada. -Más específicamente, s’ debe ser más alta (1) cuanto menor la diferencia entre occ* y occSP y (2) cuanto menor la tasa de capital acti- vada a través de las PKI. Tercero, las PKR tendrán un efiecto contradictorio. De una parte, al apropiar capital y redistribuirlo a los trabajadores éstas disminuirán s’ (aumentan el salario real) y por tanto disminuyen la rentabilidad y la ARP. Por otra, conspiran contra el éxito de las PKI que requieren una alta y cre- ciente s’. Cuanto más importantes las PKR, más pequeña la ARP y meno- res las posibilidades de restaurarla gracias a las PKI. En un límite, las PKI tienen mayores chances de éxito ante la ausencia de PKR. A pesar de esto, las. PKR son poderosas legitimadoras del Estado keynesiano. En teoría las PK] pueden ser exitosas, pero las condiciones son tan estrictas y contradic- torias que su éxito es prácticamente imposible.
Tres conclusiones pueden extraerse. Estas van contra la opinión general, tanto a izquierda como a derecha del espectro teórico. Primero, el terreno para las políticas neoliberales, con su acento sobre la mayor s’ fue prepara- do por las PKI. El neoliberalismo es una continuación lógica de las PKI, en vez de
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ser una ruptura radical con estas políticas. Segundo, en el caso extremely po- co probable en que las; PK] realmente sean exitosas, éstas lo hacen sólo por- que son pagadas por el trabajo, es decir, solo si el trabajo es explotado lo su- ficiente. En cada nueva ola de innovaciones tecnológicas, la necesidad de incrementar s’ aumenta, si las PKI deben compensar la caída de la rentabi- lidad. Las PKI no son amistosas con los trabajadores. Los trabajadores deben li- berarse de una vez y para siempre de este mito. Tizrc'ero, el Estado de bienes- tar basado en PKR y PKI estaba condenado a la ruina porque las PKR, aun- que aliviaban los problemas de realización, contribuían con la caída en las ARP al hacer. caer la rentabilidad y al frenar los posibles efectos positivos de las PKI sobre la ARP. En otras palabras, el Estado keynesiandofirlló debido a la naturaleza contradictoria de sus politicas, porque requería un incremento enla explotación del trabajo y resultó en una caída de la rentabilidad del capital. Debido a esta no hay razón alguna para argumentar en favor de un retorno al keyne- síam'smo civil como una panacea anticoyuntural.
En este punto será provechoso examinar otra opción. ¿No sería posible apropiarse de los ahorros de los trabajadores o reducir los salarios para en- carar obras públicas? Estas no serían PK, serían políticas de obra pública so- bre principios neoliberales. Sin embargo, es instructivo considerar si estas pueden ser instrumentos anticiclicosaefectívos.
Supongamos primero que, dada la tensa situación económica que con- lleva el aumento del desempleo, los trabajadores aumentan sus ahorros y disminuyen sus compras por el mismo monto.“ Capital. excedente en for- ma de mercancía se acumula como bienes-salario no vendidos. Las ganan,- cías caen y la ARP también. El estado se aprOpia de los ahorros de los tra- bajadores y encarga. trabajos públicos. La diferencia con el caso anterior es que la inyección de capital fresco en el sector de la obra pública (SP) no es el equivalente a una pérdida en otros sectores sino verdaderamente capital nuevo, ahorros capitalizados, capital variable capitalizado. De todos modos existe una pérdida. Éstacorresp‘onde a un determinado plusvalor en el sec- tor de bienes-salario (BS) que no ha sido realizado debido a la caída de las ventas. El resultado depende aquí también de la dirección de los movimien- tos de capital y del tamaño de la tasa de plusvalor (s’).
Aquí se dan dos casos. Primero, BS tiene una composición orgánica cocBS menor que cocSP. Por- ejemplo BS: 70c+30v+305 = 130V y SP:
” _Esta hipótesis es de interés más teórico que práctico, ya que en tiempos de crisis los trabajadores ya han consumido sus ahorros y pueden incluso tener altas tasas de endeuda- miento.
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90c+10v+105 = 110V. La ARP es 20%. Supongamos que los trabajadores ahorran un valor de 10. Entonces BS puede vender -10, es decir sufre una pérdida de 10. En el próximo ciclo el Estado .se apropia de esos ahorros y encarga obra pública. Entonces SP: 99c+11v+1ls = 121V. Al mismo tiem- po BS puede vender sólo por un valor de 120 (debido a que el poder de compra de los trabajadores cayó en 10), es decir invierte 12/ 13 menos tan- to en capital variable como constante. Entonces BS: 64.6c+27.7v+ 27.75 = 120V Los trabajadores ahora tienen menos poder de compra, pero lo suficiente para comprar el menor producto total de bienes-salario. Ahora el plusvalor total es 27.7+11 = 38.7. Sin embargo, SP absorbió sólo una unidad extra de capi- tal en bienesde salario de modo que BS. sufre una pérdida de 9..La ARP es (38.7-9)/202.3 = 15% < 20%. El lector puede verificar que el resultado no cambia si (1) la diferencia entre occSP y occBS aumenta y (2) s’ aumenta (es 100% en este ejemplo). La razón es que el capital extra (ahorro capitali- zado) invertido en SP produce plusvalor extra, BS reduce su escala de ope- ración, empleando menos trabajadores y produciendo menos plusvalor. Como occSP es mayor que occSP, el plusvalor extra producido en el prime- ro debiéra ser mucho menor que la caída en el plusvalor producido en el último. Además, como no todos los bienes-salario no vendidos son absor- bidos por SP, existe una pérdida extra que debiera considerarse para calcu- lar la ARP La ARP debe caer.
Por razones opuestas, el plusvalor total debe aumentar si la occBS > occSP. Supongamos que SP invierte 70c+30v y BS invierte 90c+10v, con un s’ = 1000%. Entonces, SP: 70c+30v+3005 = 400V y BS: 90c+10v+1005 = 200V ARP = 200%. Los trabajadores ahorran 10, esto representa una pérdida para BS yesta es apropiada e invertida, mediante el Estado, en SP. Entonces SP:77c+33v+3305 = 440V. BS debe reducir su producción en 10, de 200 a 190. Tanto su capital constante como variable debe reducirse 19/20. BS: 85.5c+9.5v+955 = 190V.12 La pérdida de 10 en el período previo sólo se compone parcialmente de empleo extra en SP (y por tanto de compra de bienes-salario), este sector emplea +3 (de 30 a 33). La pérdida de BS es —7. La ARP es entonces (330+95-7)/205 = 204% > 200%. Tal como en el caso anterior referido a las PKI, este resultado positi- vo depende de (1) que la composición orgánica del sector que recibe capi-
‘2 Nótese que en este caso, a diferencia de las obras públicas financiadas mediante apro- piación de capital, el capital extra (10) invertido en SP no corresponde a una reducción de inversiones de lo en BS porque ese valor se aprOpia a los trabajadores. La reducción de la escala de inversiones en BS depende de la reducción de la escala de su producción.
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tal sea menor que la del sector que lo pierde (2) un s’ suficientemente alto, es decir que la ARP aumenta sólo si el plusvalor extra producido en SP es mayor que la perdida de plusvalor en BS. Aquí también s’ tendrá que ser mayor cuanto (1) menor la diferencia entre occSP y occBS y (2) menor el porcentaje de ahorro del trabajador activado por el estado.
La diferencia aquí es que el obstáculo impuesto por la naturaleza contra- dictoria de las PKR y PKI está ausente. Pero existe un obstáculo diferente. Primero la capitalización de ahorros encuentra su barrera cuando los aho—_ rros se han consumido. Segundo, considérese el ejemplo anterior. Luego de la intervención estatal el empleo aumentó de 30+10=40 a 33+9.5=42.5. Sin embargo, la producción de bienes-salario cayó de 200 a 190. El resulta- do para los trabajadores es una caída de la disponibilidad de bienes salario para un mayor número de trabajadores. De modo que luego de que se ha- yan utilizado todos los ahorros, la única alternativa es reducir los salarios por medio de impuestos. Esto implica una sucesiva reducción de las inver- siones de BS y mayores inversiones en SP (como en el ejemplo anterior). Nuevamente el empleo aumenta pero la disponibilidad de mediosvpara la reproducción física de los trabajadores cae. Este mecanismo se renueva ca- da vez que los innovadores tecnológicos reducen la ARP BI límite, entonces, es la capacidad de los trabajadores de reproducir su propia fiierza de trabajo (mientras prmliirvn más y más obra pública) sin que se haya detenido la caída de la ARP Esta cx la realidad tras la estimulación neoliberal de la demanda inducida con obras públicas, en tanto que la ideología antiestatal neoliberal y la lucha de los trabajadores toleren esta política. En este sentido, las PKI, aun cuando no son amistosas con los trabajadores, son menos hostiles que este tipo de políticas neoliberales porque las PKI no implican una reducción en la pro- ducción de bienes-salario; Ambos tipos de políticas dependen, sin embar- go, en una s’ suficientemente alta y en una diferencia favorable de las com- posiciones orgánicas. Solo una masiva destrucción de capital puede relan- zar la economía nuevamente.
Finalmente, se puede objetar que, en vez de gravar, el Estado puede re- currir, y de hecho recurre, al préstamo, es deciral gasto deficitario.“ Sin embargo, si el Estado se endeuda con capital monetario ocioso de capitalis- tas privados, debe devolverlo o caer en default. La devolución implica irn- puestos y el default tiene el mismo efecto que los impuestos. Alternativa- mente, el Estado puede endeudarse con los trabajadores. Pero en este caso
‘3 Comparado con los impuestos, el crédito fiscal tiene ventajas y desventajas para el Es- tado. Este punto no será tratado debido a la falta de espacio.
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también la deuda debe devolverse o caer en default. Esto implica recortes sa- lariales a futur-o. En suma, los déficits de presupuesto pueden estimular la realización y tal vez la, rentabilidad pero bajo las condiciones ya menciona- das. El valor prestado deberá pagarse con apropiaciones de valor futuras y por ende solo puede postponer las crisis. El Estadorespera pagar esa deuda en el futuro, cuando el ciclo se encontrará nuevamente en su fase ascenden- te. Pero esa devolución pesará sobre la recuperación y en cualquier caso ni las políticas. keynesianas ni neoliberales de estimulación pueden dar cuenta de esa recuperación.
4- ¿Por qué el Estado recurre alas políticas keynesianas?
Si las KP son impotentes para reestablecer la rentabilidad, ¿por qué debe- ría el Estado recurrir a ellas? Una primera respuesta es que las PK son pro- movidas por economistas keynesianos, quienes por no razonar en términos de la teoría del valor, no son capaces de ver lo que esta teoría revela. Pero existe también una razón aún más poderosa para apelar a estas políticas: que las PK pueden incrementar el PBI, el empleo, y los salarios y al mismo tiempo ocultar la caída de la ARP. El último movimiento, a diferencia de los primeros, no es empíricamente observable. El incremento en el PBI, el empleo y los salarios son políticamente relevantes y por esto son buscados po_r el Estado. La razón del incremento en el PBI, los salarios y el empleo es que, aunque las PK no pueden parar la marcha de la economía. hacia una crisis, absorben el capital monetario en desuso que corresponde a fuerza laboral ociosa y medios de producción no vendidos. Este capital o parte de él, es apropiado por el Esta- do para financiar obra pública. Con este capital los productores de obra pú- blica compran la fuerza laboral en desuso y medios de producción (descui- damos aquí las desproporcionalidades, que se autocorrigen). Una parte y posiblemente todas las mercancías ociosas pueden ser vendidas. El PBI cre- ce posiblemente hasta su nivel previo. El empleo y los salarios totales tam- bién aumentan tanto cuanto capital en desuso sea utilizado para adquirir fuerza laboral en el sector de obra pública.“
Entonces, inicialmente, a través de la financiación de obra pública me- diante impuestos al capital, el PBI y/o el empleo y/o los salarios pueden cre-
‘4 Nótese, sin embargo, que uno o más de estos tres. indicadores (empleo, PBI, salario) pue- de aumentar mientras que eI/los otro/s cae/n. Supongamos que'el sector privado reduce las inversiones en 2V = -0.5c-l .Sv. El 'PBI cae en 2. El Estado se apropia de estos 2V, se los da al sector de obra pública que lo invierte como lc+lv. Dado una tasa de plusvalor del 200%, el PBI crece lc+1v+25 = 4V. En suma, el PBI crece 4-2=2V pero el empleo cae- +l-i .4=-O.5v. Cual de estos indicadores cae o sube depende de la interaccion de las diferentes variables.
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cer y aun así la rentabilidad media cae relativamente, es decir no puede vol- ver a sus. niveles anteriores. Una mejoría del PBI, el empleo y los salarios puede ocultar la marcha de la economía hacia depresiones y crisis. Mayores caídas de las inversiones, y por tanto mayores trabajos en obra pública in- ducidos por el Estado, sólo pueden empeorar la rentabilidad. En un deter- minado punto, el PBI, el empleo y los salarios comenzarán a caer y conti- nuarán cayendo hasta que la próxima fase del ciclo comience de nuevo, es decir hasta que la ARP crezca nuevamente debido a la destrucción de capi- tal excedente en forma de relaciones sociales.15 Con todo, por un tiempo, las PK pueden ser usadas para “comprar paz social”, es decir, para incre- mentar el empleo, los salarios totales y el PBI. Pero. los trabajadores son en- gañados. Este incremento no solo oculta un nivel de rentabilidad decre- ciente (la marcha inexorable hacia una crisis) y de esta forma, futuras difi- cultades para los trabajadores, sino que también, como veremos próxima- mente, contribuye a trasladar la crisis a un momento más lejano en el tiem- po y a un nivel más profundo.
Los keynesianos de izquierda concuerdan que las PK no pueden impe- dir las crisis, pero por motivos diferentes. Primero, cuanto mayores sean las inversiones inducidas por el Estado y así la propiedad estatal, mayor serála burguesía estatal y mayor la resistencia del capital privado a futuros amplia- ciones de la burguesía estatal mediante PK. Segundo, cuanto mas se acer- que la economía al pleno empleo mediante PK, mayor será la amenaza (al capital) de mejores salarios. Es por estas y otras razones similares que, se- gún los economistas keynesianos, las PK no pueden ser desarrolladas com- pletamente. Estos argumentos, aunque son en parte válidos, no van al co-. razón del asunto. El punto es que las PK no pueden elevar la ARP a su ni- vel anterior a la crisis, es decir que no pueden evitar que caiga. El PBI, el empleo y los salarios totales puede que se eleven (circunstancialmente) pe- ro, en tanto este aumento esconde una rentabilidad decreciente,_ los capitalistas no in- crementarán sus inversiones, salvo como resultado de obra pública inducida por el Esa tado. En otras palabras, la inversión privada y por tanto el crecimiento, no
¡5 Durante el New Deal, los gastos en obra civil estatales crecieron desde USS 10.2 miles de millones en 1929 a USS 17.5 miles de millones en 1939. Sin embargo, en este mismo período, el PBI cayó desde USS 104.4 mil millones a USS 91.1 mil millones y el desempleo trepó desde 3.20/0 a 17.2% del total de la fuerza de trabajo. Fue solo en diciembre de 1941-, en que los Estados Unidos entraron en guerra que la economía norteamericana salió de la crisis (Giacché, 2001, pp.i 11-112). Como veremos más adelante, al contrario de las PK, las guerras si pUeden‘crear las condicionespara relanzar la economía debido a su masiva des- trucción del capital.
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son auto sustentables. Estas se detienen si la inversión inducida por el go- bierno se detiene, tal vez con cierta demora debido a la realización induci- da (ver a continuación).
Lo visto nos permite introducir algunos comentarios sobre los ciclos lar- gos.16 Fuertemente a un lado de las intervenciones gubernamentales (PK), los capitalistas reaccionan al advenimiento de las crisis de numerosas for- mas, por ejemplo, moviéndose a sectores donde la tasa de ganancia es ma- yor, reduciendo salarios (también de diferentes maneras, por ejemplo, pre- sionando al Estado en pos de recortes presupuestarios favorables al capital), introduciendo técnicas mas eficientes, exportando capital excedente e invir- tiendo en actividades especulativas. .De esta manera una ,parte de los capita- les menos eficientes se mantiene a flote y la destrucción de capital resulta insuficiente. Las contradicciones qUe causaron la crisis y la depresión son así resueltas sólo en parte. Un nuevo ciclo de crecimiento comienza, pero este es un ciclo más corto porque, independientemente del tiempo que du- re, este durará un período menor que el que hubiese durado si una mayor cantidad de capital hubiese sido. destruida. Las contradicciones no resueltas, se acumulan de ciclo corto en ciclo corto mediante recuperaciones cortas, en un largo ciclo descendente, hasta q'u'e explotan -a escala mas-iva. Esta des- trucción, cuando ocurre, es así, aún mas masiva y más extendida, y el. co- lapso que conlleva es tanto más grande. Gracias a' esta mayor destrucción de capital se producen mejores oportunidades y más largos períodos de recu- peración y boom le siguen. En un largo ciclo de crecimiento económico, se producen depresiones de corta duración y crisis, pero, dado que la condi- ción para un largo, ciclo de crecimiento económico (la previa destrucción masiva de capital) ha sido creada, son menos severas que aquellas que ocu- rren en un ciclo largo de depresión económica (cuando la destrucción ma- siva aún no ha ocurrido).17
La novedad estriba en que, a partir de los años '30, los gobiernos se han unido al capital privado en un intento conciente de contener las crisis. Pe-
‘5 Es innecesario aclarar que lo que sigue son sólo unos breves comentarios sobre Ia teo- ría de los ciclos largos. Un tratamiento más detallado requeriría un trabajo por separado.
La diferencia entre esta visión de los ciclos largos y loque suele referirse como ondas de Kondratieff son al menos dos. Primero que esta última se enfoca en indicadores tales co- mo precios y producto, es decir en la realización y no en Ia producción de valor. Hemos vis- to que ésta puede aumentar cuando Ia otra está cayendo; Segundo, para Kondratieff y aque- llos que siguen su tradición (Shumpeter), las 'ondas .largas' indican que el capitalismo se au- tocorrige, una noción muy cercana a Ia de equilibrio. Desde nuestro punto de vista el capita- lismo tiende a crisis a través de depresiones, crisis, recuperaciones y booms. También es in- necesario aclarar que esto no implica necesariamente el colapso del capitalismo.
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ro nosotros hemos visto que las PK no pueden sostener la caída de la ARP. Esto significa que algunos capitalistas, que sin estas políticas se hubiesen ido a la bancarrota, pueden sobrevivir hasta la próxima recuperación. De esta forma las PK también posponen la destrucción masiva de capital, y contri- buyen asia la formación del largo ciclo descendente. Sin embargo los ciclos largos no son causados por las PK, ellos existen desde mucho antes de la in- troducción de estas políticas. Las PK sólo pueden modificar el desarrollo y las características temporales de ocurrencia tanto del ciclo corto como del largo, pero no pueden ni causarlos ni erradicarlos. La única salida de las cri- sis es mediante la destrucción de capital. El movimiento de los trabajadores debe deshacerse del mito de que la estimulación de la demanda (mediante PK como las aquí definidas, o mediante medidas redistributivas a favor del trabajo) puede sacar a la economía de las crisis.18
A esta altura un economista keynesiano podría objetar que nuestra expo- sición anterior ha descuidado el multiplicador keynesiano. En economía key- nesiana una inversión inicial se traslada en un incremento equivalente del in- greso. Una parte de este ingreso mayor es ahorrado y la otra es consumida. Este mayor consumo a su vez, genera un incremento en el ingreso que da lu- gar ahora, a consumo y ahorro, etc. En cada ronda, el ingreso aumenta, pero menos que en la ronda previa, dado que, en cada momento, una parte del in- greso no es gastado sino ahorrado. En esta teoría, el ingreso y de esta forma el bienestar se ven incrementados mediante sucesivas rondas de gasto, en au- sencia de inversiones, excepto las iniciales. Un incremento inicial de las inversio- nes produce un aumento en el ingreso varias veces mayor. El coeficiente en- tre la variación en el ingreso y bienestar, y la variación en las inversiones, es el multiplicador keynesiano. Pero esta visión es incorrecta.
Aun cuando es cierto que un incremento inicial en los gastos puede re- sonar a lo largo de la economía, en ausencia de mayores inversiones y por ende de producción extra, la gente sólo puede adquirir bienes que ya hayan sido producidos pe- ro aún no vendidos. Las estadísticas no indican entonces, cuánto se ha incre- mentado el bienestar (más allá del valor y plusvalor producido por la pri- mera inyección de inversión que, como hemos visto, no puede retrotraer la ARP a su nivel de anterior a la crisis). En cambio, indican cuántos bienes que permanecían sin vender han sido vendidos (es decir, cuánto valor pre-
¡3 ParadójiCamente, es la escuela austriaca la que se acerca más a la postura sostenida aqui. Esta argumenta que la intervención-estatal (expansión del crédito) da un destino equi- vocado a las inversiones mediante Ia' inflación. En esta visión, inflar la'economía sólo puede hacer más lento el proceso de ajuste en vez de eliminarlo; Las diferencias entre los dos en- foques son sin embargo fundamentales.
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viamente producido ha sido realizado). Además de la inversión inicial in- ducida por el Estado, no hay incrementos en el bienestar (valor),producido, sólo un incremento en el bienestar (valor) realizado. No hay tal multiplicador keynesia- no (producción inducida). Sino que, en ausencia de nuevas inversiones, sólo puede haber realización inducida.19
La realización inducida introduce un nuevo problema para el sistema capitalista. Perrnitámonos asumir, en favor del argumento, que el pleno empleo puede ser alcanzado (veremos en un momento que este no es el caso). Si solo una parte del capital excedente y/o ahorros de los trabajado- res deben ser invertidos (mediante PK) con el propósito de alcanzar la si- tuación de pleno empleo tanto de los medios de producción como de las fuerzas laborales, la inversión de todo el capital excedente y/o ahorros del trabajo no pueden sino causar inflación. El dilema es entonces: menor ocupación que la de pleno empleo sin inflación o pleno empleo con infla- ción. El estado de felicidad, de pleno empleo sin inflación, escapa a aque- llos que manejan la política económica, no por errores humanos (que, di- cho sea de paso, se repiten curiosamente una y otra vez) sino porque es imposible. Más aún, el pleno empleo es imposible en el capitalismo. El ar- gumento de que este estado de felicidad ha sido empíricamente observa- do, y que entonces debe ser posible, está basado en un truco, la noción de tasa “natural” de desempleo (la que, además, es cuantificada diferente acorde a las circunstancias). La tasa de desempleo, se define entonces, co- mo aquella que supera la así llamada tasa natural. O bien, mientras solo hay un desempleo “natural”, hay pleno empleo. El desempleo se esfuma. ¡Milagro de las estadísticas!
Por supuesto que es posible que la realización inducida estimule nuevas inversiones. En ese caso, de todos modos, no estaríamos tratando con el multiplicador (que asume sólo una inversión inicial). Pero, más allá de es- to, ¿podrán estas inversiones relanzar una nueva recuperación económica? La respuesta es negativa. Dejando de lado el hecho de que estas inversiones deberían estar en la esfera productiva, si los “sentimientos” (es decir la eva- luación negativa de los empleadores de las perspectivas económicas, en su- ma, las perspectivas de rentabilidad), son malos ya que la recuperación aún no ha comenzado (es decir que no se ha destruido suficiente capital, alias competidores), la realización inducida por la inversión inicial y la inversión inducida por esta realización pueden ser‘bajas e incluso nulas: sólo se gasta una parte pequeña del ingreso extra generado por la inversión inducida por
‘9 Contrariamente a la opinión general, el PBl mide valor realizado y no valor producido.
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el Estado.20 Si los “sentimientos” son buenos (debido a la situación- econó- mica,-es decir si la rentabilidad ha comenzado a mejorar) probablemente se gastará una porción mayor.2| Brevemente, la realización inducida por la in- versión inicial y las posibles nuevas inversiones inducidas por esta, son (más) efectivas cuando la economía se encuentra ya en la fase de recupera- ción (es decir cuando menos se necesitan, ya-que las condiciones de renta- bilidad en el sector privado han-sido rccompuestas) que en el caso contra- rio, cuando este efecto es más necesario. Entonces la realización inducida, y las inversiones posiblemente desencadenadas por ésta, no pueden provo- car la recuperación: solo pueden acelerarla si la recuperación ha comenza- do, es decir, después de que haya sido destruido suficiente capital .
El saldo es entoncequue las PK no pueden evitar las crisis. En el mejor de los casos solo pueden posponerlas bajo el disfraz de incrementos en el PBI, el empleo y salario. Más aún, el precio de postponer la crisis y de es- tas mejoras temporarias se deberá pagar después, con intereses y por los tra- bajadores (eventualmente a través de un incremento en la tasa de explota- ción. Como ya se ha dicho antes, las PK son menos hostiles al trabajo que las políticas neoliberales. Pero ambas políticas descansan sobre tasas altas y crecientesde plusvalor y ambas están enmarcadas en una teoría funcional a la reproducción de las relaciones de producción capitalistas. Esta teoría, en todas sus varias variaciones, se basa sobre el presupuesto de que el único comportamiento racional es el egoísmo individualista. Las PK son intentos de mejorar las condiciones de vida y de trabajo dentro de este marco teóri- co determinado por una visión de clase. Los trabajadores deben estar al taria to de la naturaleza de clase de las PK. No debe rechazarse la lucha por mejo- res condiciónes, sin'o la perspectiva keynesiana dentro de la cual esta lucha se enmarca. La reducción de las- cargas de trabajo, la creación de nuevos puestos tal vez por medio de la obra pública, la imposición de restricciones legales y de otro tipo al capital, un ingreso mínimo garantizado, cambios en el tipo de mercancías producidos hacia productos menos dañinos ecológi- camente, etc, deben ser entre las varias concreciones. de una nueva visión que enfatiza la solidaridad, la igualdad y la autodeterminación detodas las
2° Durante las recesiones las inversiones existen pero Son básicamente bajo la esfera es- peculativa y financiera.
2' Esto no significa negar que las creencias de los empleadores nosean relevantes. Estos tienen que percibir la coyuntura económica. Sin embargo, las diferentes fases del ciclo no son causadas por las creencias, sean estas correctas o no. Si los empleadores conft‘inden una re- cesión con un auge y expanden su actividad, se verán forzados a cambiar su punto de vista debido a Ia situación objetiva y. deberán reducir su nivel de actividad.
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esferas de la sociedad. Sin esta'nueva visión, esas demandas se volverán, co- mo muestra la experiencia pasada, condiciones para la reproducción del ca- pitalismo. Es esta perspectiva que, mientras lucha por reformas y mejoras en las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores, desarrolla también una conciencia alternativa y es de este modo consonante con la superación del sistema capitalista. Aun la lucha de la más modesta reforma debe basar- se en esta visión radicalmente distinta.
5. Sobre guerras y pirámides
Desafortunadamente, la obra pública (keynesianismo civil) no es el único tipo de intervenciones estatales contra las crisis. Dicho en palabras simples: si las mercaderías no son vendidas, pueden ser compradas por el Estado y luego destruidas. Por ejemplo, en el marco de la Common Agricultural Policy”, la leche excedente se convierte en leche en polvo, que se utiliza para alimentar pollos y chanchos. Esta es una degradación económica, la destrucción de paru te del valor de la mercancía. Alternativamente, la leche puede ser convertida en manteca y esta a su vez en grasa no apta para consumo humano. Más aún, tomemos el caso del vino. Este es evaporado de modo tal que sólo queda su contenido alcohólico y éste es utilizado en la industria química. Algo similar ocurre con los cereales: “Hoy en día, los pollos, las ovejas, los cerdos y el ga- nado comen el 57% de la producción de granos de la Unión Europea... Otro 7% es exportado. De esta forma la gente en la Unión Europea está producien- do 3 veces la cantidad de cereal que come” (Roodman, 1997, pág. 140). Has- ta 1974 la Comunidad Europea acostumbraba a pagar premios por desnatura- lización. En el caso del trigo esto significa utilizar colorante o aceite de pesca- do para asegurarse de que no podrá ser utilizado como alimento humano. Por ejemplo, en 1972 los premios por desnaturalización ascendieron a 7.7 millo- nes de euros (Harris, Swinbanck, Wilkinson, 1983, tabla 4.2, pág. 64). Breve- mente, el desperdicio puede utilizarse para contrarrestar crisis de realización. Pero este método encuentra obstáculos políticos forrnidables, especialmente si el nivel de vida de la clase trabajadora de ve disminuido a causa de la crisis. Y, en cual- quier caso, contrarresta la crisis de realización sin ser capaz de detener la cri- sis de rentabilidad. El capital del cual el Estado necesita apropiarse con el ob- jeto de adquirir y destruir estos bienes, es perdida‘pura para el capital privado, una pérdida que no es ni parcialmente compensada como suCede en el caso de la producción de (plus)valor en la obra pública,
22 Common Agricultural Policy (politica agricola común) es un conjunto de legislación adoptado por la Unión Europea para proteger su agricultura (N. del T.)
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Una opción ideológicamente más aceptable y económicamente más efec- tiva esta dada por los gastos militares. Los gastos militares pueden compa-rar- se con la inversión en obra pública. En primer lugar, se prestan para ser usa- dos de manera anti-cíclica. Segundo, tampoco son necesariamente inflacio- narios. Si son financiados mediante impuestos o préstamos estatales; no hay necesidad de generar inflación.23 Tercero, también son-efectivos en el mismo modo en que lo es la obra pública. También pueden ser acompañados por un aumento del PBI, los salarios y el empleo.24
Pero también hay diferencias. Primero, la producción de armas induci- da por el Estado no implica un fortalecimiento de la burguesía estatal.25 Se- gundo, los gastos militares están mucho más ligados a las vicisitudes de la política internacional.26 Tercero, la industria militar, a diferencia de los tra- bajos públicos, produce mercancías (armas) que, en tiempos de paz, no son utilizadas. Algunas lo serán, por ejemplo aquellas necesarias para el entre- namiento de soldados y el simulacro de guerras, pero la mayoría no (por ejemplo las armas nucleares). Por un lado, la Opinión pública se forma pa- ra aceptar la producción de armas, y por otro lado es incomprensiblemen- te feliz si no son usadas. En tanto no son utilizadas, el valor de uso de las armas (la destrucción de otros valores de uso a través de su propia destruc-
23 Si la producción de amias se financia con la creación de dinero, la inflación se desata- rá (como en el caso del financiamiento de Ia guerra contra Vietnam por los EE.UU.) Las po- líticas monetarias no son la causa última dela inflación. En verdad son causadas por la nece- sidad de contrarrestar la crisis de realización, que a su término es causada por la crisis de ren- tabilidad. La causa última de la inflación es la crisis de rentabilidad.
24 La caida de la tasa media de ganancia no se debe, como sostiene la economía sraffiana, al hecho de que las industria 'armamentística (o de bienes suntuarios) no tenga efecto sobre la tasa de ganancia (véase M.Kidron, 197). Estas industrias sí producen valor y sí afectan la tasa media de ganancia del mismo modo que lo hace la obra pública inducida por el Estado.
25 Esto no significa, naturalmente, que el capital privado sea internamente hamionioso. Los fabricantes de armas son un lobby poderoso que promueven sus propios intereses por so- bre los otros sectores del capital. La AIA, en Washington CD, representa más de 50 de las más grandes productoras de armas de Estados Unidos. Su lobby incluye el financiamiento de candidatos presidenciales y de miembros claves del congreso, la contratación de ex-miem- bros del congreSo como lobbistas, Ia movilización de trabajadores para la campaña "Salven nuestro trabajo", las coimas de gobiernos extranjeros para aumentar su compra de armas, y la influencia sobre la política exterior para incitar a carreras armamentísticas en diversos pai- ses del mundo.
25 Desde 1991 a 2000, después de la caída de la URSS, el gasto militar mUndial cayó un 11% con un pequeño aumento entre 1999: y 2000. Esta tendencia negativa general esconde un importante decenso en Norteamérica .y Europa occidental y un gran aumento en el resto del mundo (a excepción del Medio Oriente y los países centro europeos. Vease la SIPRl 2001, tabla 4.1). Los ataques del H de septiembre de 2001 marcaron un resurgimiento de los gas- tos militares, particularmente en Estados Unidos. Otorgaron Ia oportunidad de oro para revivir la economía estadounidense que venía arrastrando una larga crisis antes de esa fecha.
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ción), se deteriora o bien se desvanece (posiblemente debido a obsolencia). Luego, ex-post, el trabajo contenido en ellas ha sido derrochado (aquí halla- mos una similitud con el trabajo contenido en las mercancías para uso civil no vendidas: ese trabajo también es derrochado). Entonces, este trabajo, es primero productor de plusvalía y luego derrochado. El dinero gastado en la producción de armas indica el valor que ha sido apropiado inicialmente por el Estado de otros sectores de la economía para ser entregado a los produc- tores de armas, subsecuentemente utilizado por ellos para producir nuevo valor y plusvalor en forma de armas, y finalmente destruido mediante la destrucción del valorvde uso (armas) en el que se encuentra contenido va- lor. Brevemente, indica la redistribución del valor, seguida de una produc- ción' de valor que será posteriormente destruida. Desde el punto de vista de los rocursos, es puro derroche.27
Finalmente, hay cuarto razones por las cuales la producción de armas es mejor que- la obra pública. Primero, la producción de nuevas armas ¿conlle- va nuevas inversiones, especialmente en la producción de conocimiento. Esta, al igual que la producción de mercancías materiales, es producción de valor y plusvalor, si es realizada bajo relaciones capitalistas de producción. Las inversiones en este sector son así más efectivas que las inversiones en obra pública como política anti-cíclica. Segundo, el nuevo conocimiento producido en la industria militar se filtra en los sectores civiles, donde in- crementa la productividad, resultando en una ventaja comparativa en rela- ción a otros países (conjuntamente, por supuesto, con" la superioridad mili- tar). Tercero, el uso de obra pública, si son libres o subsidiados, puede tor- narse parte del valor de la fuerza laboral, incrementando de esta forma los salarios reales. Este “peligro” es abolido si los recursos son canalizados ha- cia la industria militar. Cuarto, aparte de la producción y realización indu- cida por este sector, relativamente poco (plus) valor es creado en él, debido a su muy alta composición orgánica del capital. En sí misma, la producción de armas, financiada por el Estado, afecta negativamente la ARP, de la mis- ma forma en que lo hace la obra pública. Pero este efecto negativo debería ser comparado con los efectos positivos de la producción y realización in- ducidas. La producción de armas, es de esta forma, más beneficiosa para la producción de (plus) valor y posiblemente para la ARP que los trabajos pú-
27 Nótese, dicho sea de paso, la diferencia con trabajo destructor de valor (Carchedi, 1991). Este, a diferencia del trabajo que se fue en Ia producción de armas, no puede ser pro- ductor de plusvalor porque destruye valores de uso de una mercancia y por tanto el (plus- )valor contenida en esta. Entonces, en este caso, la forma monetaria del valor indica la des- trucción en vez de la producción de valor.
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blicos. Más aún, su alta COC noves un problema si la armas pueden ser (co- mo de hecho son) exportadas. En este caso, los productores no obtienen sus ganancias del plus valor producido internamente, sino del apropiado por sus clientes extranjeros. Dadas las enormes sumas involucradas, se apropian grandes cantidades de plusvalor internacional. Esto tiene un efecto positivo en la ARP nacional. Es por esta razón que la exportación de armas es acti- vamente apoyada y estimulada por los gobiernos de los productores.28
A modo de aclaración, esto nos permite pinchar enfáticamente el cínico argumento a favor de la industria militar: esta industria, se dice, puede ser moralmente objetable, pero es no obstante necesaria para la creación de empleo y por su contribución al PBI. En lo que a creación de empleo se re- fiere, la respuesta es que las inversiones militares inducidas por el Estado, no sólo generan relativamente pocos puestos laborales, debido a su alta COC, sino que también, al igual que la obra pública, pueden a lo sumo re- trasar las crisis, crisis que cuando erupcione será mucho más fuerte, y cu- yas. facturas serán seguramente pagadas en su mayoría por los trabajadores. Estos son los términos del intercambio, este es el precio que el trabajo co- mo un todo debe pagar por la creación de empleos en la industria militar. En cuanto a esta contribución de parte de la industria al bienestar nacional, el argumento cínico descuida el hecho que es más bien el trabajo extranje- ro antes que el nacional el que efectúa la mayor contribución al PBI de las naciones productoras de armas.
Existen por supuesto límites a la producción de armas en tiempos de paz. Primero, más allá de cierto limite, el derroche inherente a este tipo de producción socava la capacidad del sistema en su conjunto de reproducirse a si mismo.29 Segundo, mientras la acumulación de armas procede, justifi-
28 En nuestros días, "la mayor parte de los apoyos de ventas de los gobiernos tienen la for- ma de préstamos garantizados a los gobiernos extranjeros condicionados a la compra de armas hechas en Estados Unidos. Un nuevo programa de 315 mil millones fue aprobado por el Con- greso en 1995 para cubn'r las perdidas de la industria de defensa en negocios de exportación. Muchos otros programas financian defaults o eximen de tasas a los exportadores y a los impor- tadores. Las embajadas de Estados Unidos en todo el mundo colaboran para llegar a estos acuerdos. Actualmente, 6500 empleados de tiempo completo en los departamentos de Co- mercio, Estado y Defensa, trabajan para promover y financiar las ventas militares en el exterior. En ¡995 los costos de subsidiar y promover la venta de armas (incluyendo los sueldos de los 6500 empleados gubernamentales) fueron mas o menos equivalentes a las reducdones de gastos de ayuda social". Vease http://vwvw.wecom.com/ncecd/bp18.htrnl#appendixa.
29 En la URSS, que no funcionaba sobre la base dela rentabilidad (aun cuando no era un pais socialista), no existia capital excedente, sino por el contrario una falta permanente de ca- pital. Para esta, cuanto más grande el presupuesto militar, peor. La guerra fria tenía el propó- sito de socavar la economia sovietica al extraerle recursos de su esfera productiva hacia Ia in-
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car nuevos incrementos se torna problemático (aunque las naciones impe- rialistas muestra-n un gran ingenio en la búsqueda, o creación, de nuevos enemigos). Tercero, dada la mentalidad propensa hacia la guerra de los mi- litares, Cuanto mayor sea la producción de armas, mayor será la probabili- dad de que sean utilizadas, es decir, la probabilidad de guerra.
Paradójicamente, sin embargo, las guerras pueden ser un instrumento anti-crisis más efectivo que los gastos militares en tiempos de “paz (que, en su momento, son más efectivos que los gastos en obra pública). Las guerras no son sólo una manifestación de las crisis del capital, sino también un mé- todo especifico y potente de destrucción de capital excedente, de valor que no puede ser realizado en tiempos de paz debido a la crisis económica. Ellas son un ejemplo especial de la teoría marxista de las crisis, y en particular de la tesis de que las economías salen de las crisis sólo si se destruye (suficien- te) capital excedente. La especificidad de las guerras no es tanto la e'normi- dad de capital y fuerza laboral que se desvían desde otros sectores hacia la industria militar (con los efectos positivos resaltados anteriormente), sino que, cuanto mayor capital en forma de mercancías es destruido (sea en for- ma de armas o de las mercancías que son destruidas por éstas), mayor es el valor que puede ser creado posteriormente. Esto refuerza al capital como relaciones capitalistas de producción.30
Una vez finalizada la guerra, le sigue un periodo de reconstrucción. En los países golpeados por la guerra, la producción de bienes de consumo e inversión debe recomenzar y la infraestructura debe ser reconstruida. Las condiciones para la recuperación económica han sido creadas. En los países que han lanzado la guerra ¡sobre territorios de otros países, esta destrucción de capital excedente no ha tenido lugar, excepto por la destrucción de aque- llas armas que han sido utilizadas para sostener la guerra. De todas formas las condiciones para la recuperación económica han sido creadas si estos países proveen tanto los bienes como el capital necesario para la reconstruc-
dustria militar. En el período 1953-65, "los gastos de defensa de Ia URSS eran tres veces el promedio de los de Europa occidental y diez veces los de Japón" (van der Pijl, p.10). Esto no pudo sino dañar la economía soviética y es una de las principales razones, si bien no la úni- ca, de Ia caída de la URSS. En una economía capitalista, donde la rentabilidad determina la existencia y el tamaño del plusvalor, un presupuesto militar grande puede (aunque no nece- sariamente) ser mejor que uno pequeño. Más allá de cierto límite, sin embargo, la reproduc- ción de la esfera productiva puede verse dañada.
5° Claro que las guerras también son causadas por factores politicos e ideológicos. Estos factores están determinados a su vez por factores económicos pero son de singular impor- tancia para los tiempos y formas de la conflagración. La idea de que las guerras son factores 'extra-económicos” es sencillamente incorrecta.
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ción del país donde lar guerra tuvo lugar. Destruyendo primeramente otro país y luego ofreciendo “ayuda”, ellos-z crean salidas para la producción y ex- portación de sus propios productos sin tener que sobrellevar ellos mismos la destrucción y la miseria. Si las guerras son de alcance mundial, la destruc- ción masiva de capital puede ser la condición para una recuperación econó- mica masiva y de largo plazo (como el Plan Marshall después de laSegun- da Guerra Mundial)?“
Keynes dijo una vez: “La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar la riqueza" (1.964, pág. 129). Este artículo ha analizado los límites de las PK, tanto civiles como militares en tiempo de paz. La construcción de pirámides (o cavar pozos para luego taparlos) es tan sólo un caso especifico de estas políticas. Además de tener los mismos limites que el resto de la PK, son también el resultado de traba- jo inútil, “valores de uso sin uso”. Al igual que en el caso de las guerras, la destrucción de valor causadas por ellas se teoriza como si fueran (lamenta- blemente) necesarias para reiniciar la economía en cualquier país. En realie dad, sólo funcionan para los países imperialistas y, sólo en tanto, las condi- ciones para un recomienzo vigoroso de la acumulación de- capital no sean destruidas. La teorización de “construcción de pirámides, terremotos y has- ta las guerras” desde el keynesianismo es sólo una apología del imperialis- mo, una apología que requiere necesariamente los errores teóricos resalta- dos anteriormente. Un análisis marxista revela tanto su contenido ideoló- gico como sus errores teóricos. La pregunta, en ultimavinstancia, es: Marx o Keynes, uno u otro.
GUGLIELMO CARCHEDI Amsterdam, 18 de Abril de 2003
Traducción: German Thgfir Revisión: juan Gngera
3' Los efectos "benéficos" de las guerras dependen también de la escala de destrucción y por ende de la capacidad para reiniciar Ia producción. Si un país queda completamente des- truido por la guerra y el capital extranjero no se interesa en invertir en él, ninguna rewpera- ción seguirá.
8o ' Naviamlim demos
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SIPRI Yearbook 2001, Edición en Internet: http://editors.sipri.se- /pubs/yb01 .html
Gradernos del Sur
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Cuadernos del Sur 81
¿yn
La ctica
La persistencia de una crisis —eco- nómica, social, política, cultural- tan extendida en el tiempo como pro- funda por su contenido y lo abarca- dor de sus consecuencias, ha tenido entre las reacciones notables un ex- tendido proceso de autoorganización social.
Muchos de los componentes de este movimiento general datan de varios años atrás. Es innegable, sin embargo, que la revuelta popular del 19/20D y los acontecimientos posteriores lo potenciaron. Un mo- vimiento al que se lo identifica por sus vertientes más visibles o diná- micas —fábricas recuperadas, movi- miento piquetero y asambleario, clubes del trueque- pero que es mucho más vasto y polifacético, co- mo quedó en evidencia en distintas instancias, entre ellas en e] Foro So- cial Temático-Argentina, en agosto del 2002.,
La solidaridad, la cooperación no forzada, criterios y métodos de de- mocracia y acción directa, formas
- t, , a», saw?”
.q’gfle'sitión íticas
autogestivas, cuestionamiento al or- den de cosas existente y a los límites de lo posible, son todos valores fun- dantes de estas experiencias que es- tán tal vez prefigurando un futuro diferente de organizaciónsocial.
En numerosas oportunidades es- tos movimientos se mueven al mar- gen del orden establecido. Porque cuando los trabajadores desocupa- dos se constituyen en “piquete” y cortan puentes y rutas están traban- do la libre circulación de personas y mercancías que está garantizado por la Constitución Nacional. Cuando en las fábricas abandonadas por sus patrones los trabajadores ocupan, resisten y luego se ponen a producir bajo su gestión directa están vulne- rando el principio de la propiedad privada que nuestra Carta Magna consagra como un bien intangible. Cuando las asambleas barriales de- baten en plazas y esquinas dejan de lado el principio de la Ley Funda- mental de la Nación que establece que el pueblo solo delibera y go-
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bierna por medio de sus represen- tantes. La práctica hace al derecho y en tanto estas experiencias “ilegales” sobreviven a la represión impugnan la legalidad establecida y construyen una legalidad futura.
Es claro que son aún experien- cias limitadas y que están sometidas al flujo y reflujo de la acción políti- ca y social que nunca evoluciona li- nealmente, pero aún en esta escala hay en ellas un cuestionamiento al orden instituido y tal vez un princi- pio de nuevo orden instituyente.
La importante ausencia de una alternativa política capaz de articu- lar la diversidad y fragmentación de este complejo movimiento social, cuyas causas podríamos indagar en la negación, la impotencia, los sec- tarismos varios, se suma hoy a en- contrarlo en un “impasse”. Y, sin embargo, esta situación objetiva no puede ocultar la intensidad del de- bate que recorre a todo el movi- miento y que nos habla nuevamen- te de su riqueza.
Potencialidades y límites es sin duda el leit motiv de este debate. Aunque tratándose de un movi- miento esencialmente práctico, sos- tenido en hechos y acciones cotidia- nas cruzadas por la necesidad de su- pervivencia, el mismo no puede menos que expresarse en términos concretos, es decir alrededor d‘e si- tuaciones concretas.
Así el eje que articula al conjunto de proposiciones en confróntación
es la autonomía frente al Estado. Es- te fenómeno se ha ido desarrollando en forma contemporánea en casi to- do el subcontinente, aunque ad- quiere formas propias en cada país. Aquí se expresa a través de las for- mas organizativas, los mecanismos decisionales, y el tipo y grado de re- lación con los niveles estatales.
En el movimiento de fábricas ges- tionadas por sus trabajadores el his- tórico debate entre cooperativismo y control obrero, y de éste con la auto- gestión, adquiere formas- concretas cuando, por ejemplo, se discute ¿có- mo contrarrestar las desviaciones en que normalmente cae el cooperati- vismo bajo la presión del mercado? ¿cómo mantener la autonomía cuan- do se exige la estatización bajo con- trol de los trabajadores, o cuando se plantea que el Estado reoriente parte de su demanda hacia estas fábricas o que aporte para la formación de un fondo de capital operativo?
En las asambleas populares, re- fugiadas casi todas ellas en la reso- lución de problemas inmediatos, se discute acerca de cómo superar o darle un sentido político general al asistencialimo que forzosa y legiti- mamente todas practican, cómo in- terrelacionar las propuestas locales y las más generales sin caer en el va- cío del consignismo, qué relaciones mantener con los poderes eStatales descentralizados y las ONGs.
N o obstante, por la densidad so- cial alcanzada, es al interior del mo-
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vimiento de trabajadores desocupa- dos donde este debate adquiere ma- yor significación. Este se expresa en relación a-los subsidios estatales —sea bajo la forma de raciones alimenti- cias o de planes de empleos transito- rios—. ¿Estos subsidios se emplean sólo para subsistencia de las familias o se destina —colectivamente- una alícuota a la puesta en marcha de emprendimientos productivos? y luego, el producto de estos empren- dimientos ¿se limita a la producción para autoconsumo y se prioriza no generar excedentes y mantenerse al margen del mercado? ¿o se generan excedentes para su venta y se intenta así capitalizar los emprendimientos? ¿Implica esto un retorno al mercado capitalista? ¿en qué condiciones?
En este mismo contexto ¿cuál es el sentido que se le da al trabajo? ¿se reivindica y se lucha por trabajo ge- nuino sometido a la explotación del capital y al despotismo patronal, que fija horarios, disciplina, retribucio- nes y productividades- o se vuelcan los esfuerzos al trabajo autónomo, independizado del capital, que fija sus propios horarios y ritmos de tra- bajo? ¿cómo se mantiene de este modo la unidad de trabajadores ocu- pados y desocupados?
Én todos estos intercambios de opiniones. y conceptos ronda una cuestión: ¿es posible transformar es- tas experiencias solidariassen .ágtosu- ficienfies, con nuevas relaciones ,cle producción? ¿es posible construir una
economía alternativa, no capitalista, al interior del mercado capitalista? Así parecen sugerirle numerososintentos teóricos y prácticos por construir re- des de economía solidaria, o de la lla- mada economía de la vida real.
¿El movimiento se aferra al tra- bajo marginal, y por lo tanto impro- ductivo y le deja el trabajo producti- vo alrcapital? ¿Se vuelve el movi- miento funcional al capital prove- yendo la reproducción barata de la mano de obra y garantizando la so- breexplotación? ¿es real este debate entre quienes luchan por la inclu- sión y quienes hacen una virtud de la exclusión social?
Claro está que los problemas del poder y la política no son ajenos. Se trata en rigor de un proceso, com- plejo y contradictorio, de búsqueda común, donde no se plantea el po- der pero se lo cuestiona desde los llamados contrapoderes o poderes
"locales; donde es central la organi-
zación con autonomía del Estado pero donde se presiona sobre la ins- tituciones que lo integran, donde s‘e impulsan formas autogestivas pero se busca no quedar encerrado al in- terior de las mismas:
Todas estas tendencias constitu- yen un proceso objetivo, '¿pero, ex- presan un proyecto de futuro? ¿es- tamos frente a una suerte de virtud devenida de la necesidad? ¿é o por el contrario hay“ un embellecimiento de situaciones queen realidad están impuestas por la crisis del capital?
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bierna por medio de sus represen- tantes. Lapráctica hace al derecho y en tanto estas experiencias “ilegales” sobreviven a la represión impugnan la legalidad estableciday construyen una legalidad futura.
Es claro que son aún experien- cias limitadas y que están sometidas al flujo y reflujo de la acción políti- ca y social que nunca evoluciona li- nealmente, pero aún en esta escala hay en ellas un cuestionamiento al orden instituido y talvez un princi- pio de nuevo orden instituyente.
La importante ausencia de una alternativa política capaz de articu- lar la diversidad y fragmentación de este complejo movimiento social, cuyas causas podríamos indagar en la negación, la impotencia, los sec- tarismos varios, se suma hoy a en- contrarlo en un “impasse”. Y, sin embargo, esta situación objetiva no puede ocultar la intensidad del de- bate que recorre a todo el movi- miento y que nos habla nuevamen-' te de su riqueza.
Potencialidades y límite-s es sin duda el leit motiu de este debate. Aunque tratándose de un 'movi- miento esencialmente práctico, sos- tenido en hechos y acciones cotidia- nas cruzadas por la necesidad de su- pervivencia, el mismo no puede menos que expresarse en términos concretos, es decir alrededor de si- tuaciones concretas.
Así el eje que articula al conjunto de proposiciones en confróntación
es la autonomía frente al Estado. Es- te fenómeno se ha ido'desarrollando en forma contemporánea en casi to- do el subcontinente, aunque ad- quiere formas propias en cada país. Aquí se expresa a través de las for- mas organizativas, los mecanismos decisionales, y el tipo y‘ grado de re- lación con los niveles estatales.
En el movimiento de fábricas ges- tionadas por sus trabajadores el his- tórico debate entre cooperativismo y control obrero, y de éste con la auto- gestión, adquiere formas concretas cuando, por ejemplo, se disCute ¿có- mo contrarrestar las desviaciones ‘en que normalmente cae el cooperati- vismo bajo la presión del mercado? ¿cómo mantener la autonomía cuan- do se exige la estatización bajo con- trol de los trabajadores, o cuando se plantea que el Estado reoriente parte de su demanda hacia estas fábricas o que aporte para la formación de un fondo de capital operativo?
En las asambleas populares, re- fugiadas casi todas ellas en la reso- lución de problemas inmediatos, se discute acerca de cómo superar o darle un sentido polític° general al asistencialimo que forz‘osa y legiti- mamente todas practican, cómo in- terrelacionar las propuestas locales y las más generales sin caer enel va- cío del consignismo, qué relaciones mantener con los poderes estatales descentralizados y las ONGs.
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vimiento de trabajadores desocupa- dos donde este debate adquiere ma- yor significación. Este se" expresa en relación a los subsidios estatales —sea bajo la forma de raciones alimenti- cias o de planes de empleos transito- rios—. ¿Estos subsidios se emplean sólo para subsistencia de las familias o se destina —colectivamente- una alícuota a la puesta en marcha de emprendimientos productivos? y luego, el producto de estos empren- dimientos ¿se limita a la producción para autoconsumo y se prioriza no generar excedentes y mantenerse al margen del mercado? ¿o se generan excedentes para su venta y se intenta así capitalizar los emprendimientos? ¿Implica esto un retorno al mercado capitalista? ¿en qué condiciones?
En este mismo contexto ¿cuál es el sentido que se le da al trabajo? ¿se reivindica y se lucha por trabajo ge- nuino sometido a la explotación del capital y al despotismo patronal, que fija horarios, disciplina, retribucio- nes y productividades—— o se vuelcan los esfuerzos al trabajo autónomo, independizado del capital, que fija sus propios horarios y ritmos de tra- bajo? ¿cómo se mantiene de este modo la unidad de trabajaOres ocu- pados y desocupados?
En. todos estos intercambios de opiniones y conceptos ronda una cuestión: ¿es posible transformar es- tas experiencias solidariaseen autosu- ficientes, con nuevas relaciones de producción? ¿espnsible Construir una
economía alternativa, no capitalista, al interior del mercado capitalista? Así parecen sugerirle numerosos intentos teóricos y prácticos por construir re- des de economía solidaria, o de la lla- mada economía de la vida real.
¿El movimiento se aferra al tra- bajo marginal, y por lo tanto impro- ductivo y le deja el trabajo producti- vo al«capital? ¿Se vuelve el movi- miento funcional al capital prove- yendo la reproducción barata de la mano de obra y garantizando la so- breexplotación? ¿es real este debate entre quienes luchan por la inclu- sión y quienes hacen una virtud de la exclusión social?
Claro está que los problemas del poder y la política no son ajenos. Se trata en rigor de un proceso, com- plejo y contradictorio, de búsqueda común, donde no se plantea el po- der pero se lo cuestiona desde los llamados contrapoderes o poderes locales; donde es central la organi- zación con autonomía del Estado pero donde se presiona sobre la ins- tituciones que lo integran, donde se impulsan formas autogestivas pero se busca no quedar encerrado al in- terior de las mismas.
Todas estas tendencias constitu- yen un proceso objetivo, "¿pero ex- presan un proyecto de futuro? ¿es- tamos frente a una suerte de virtud devenidade la necesidad?..j¿ o por el contrario hay u'n embellecimiento de situaciones que en realidad están impuestas por la crisis del capital?
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¿Volvemos una vez más al viejo de- bate entre Marx y Prohudon, entre marxistas y anarquistas? ¿O es nece- sario resigniflcarlo en las nuevas condiciones impuestas por el capita- lismo del Siglo M?
Estos debates (y seguramente otros) gestados al interior de este formidable laboratorio de experien- cias sociales que es la lucha de cla- ses están presentes, aun cuando es- tén expresados en otro nivel en los
artículos que integran este “dos- sier” Es de este modo que Cuader- nos del Sur busca dar continuidad a otros artículos que hemos publica- do en números anteriores y aportar a este debate.
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Revista de debate y crítica marxista
VII-"MMM
POR UNA IZQUIERDA ALTERNATDVA
espués del llamado “argen-
tinazo” de diciembre de
2001, se ha dado una inte- resante revitalización de los discur- sos y las prácticas encaminadas a re- cuperar las ideas de participación y autonomía popular en la lucha polí- tica y social. La experiencia de auto- gestión de las fábricas recuperadas y de auto-organización de los vecinos de las asambleas barriales y de los movimientos piqueteros, especial- mente, han abierto nuevas posibili- dades y debates en torno a la noción misma de AUTONOMÍA. Esto nos in- vita a efectuar una revisión concep- tual de las' distintas cuestiones teóri- cas y prácticas que se ligan a la idea de autonomía.
En primer lugar, podemos distin- guir tres niveles de análisis:
1- Autonomía obrera frente al capital. Se refiere a la capacidad de los trabajadores para gestionar la producción autónomamente, con independencia del poder de los capi- talistas en el lugar de trabajo y, en una dimensión amplia, como clase. En un sentido más acotado se vincu- la a la autogestión de los trabajado- res, a su capacidad para hacerse cargo de la producción sin la existencia de patrones. (Soy autónomo del capital, pues éste no me impone su regla de la ganancia para producir los bienes sociales). Como postura filosófico- política más general, se vincula con las corrientes que postulan la auto-
* Esta versión preliminar fue escrita para debatir en el Centro Cultural de Ia Cooperación
el 20 de mayo de 2003.
*’* Mabel Thwaites Rey es Profesora de Teoría del Estado e Investigadora en la Facultad de Gencias Sociales de la UBA Autora de Alas rotas. Privatización y quiebra de Aerolineas Ar- gentinas (2001) y junto con Andrea López, de Fuera de control. La regulación residual de
los servicios privatizados (2003)
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nomía del conjunto de los trabajado- res respecto al capital y todas sus for- mas institucionales.
2- Autonomía con referencia al Estado. Supone la organización de las clases subalternas de modo inde- pendiente de las estructuras estatales dominantes, es decir, no subordinada a la dinámica impuesta por esas insti- tuciones. (Soy autónomo respecto al Estado porque éste no me determina o condiciona). En algunas versiones implica el rechazo a todo tipo de “contaminación” de las organizacio- nes populares por parte del Estado burgués, ipara preservar su capacidad de lucha y autogobierno y su carácter disruptivo. En otras, supone el recha- zo de plano a cualquier instancia de construcción estatal (sea transicional o definitiva) no capitalista.
3- Autonomía en relación a los partidos políticos (y sindicatos). Al rechazar el poder del Estado, esta perspectiva apuesta a la existencia de organizaciones de la sociedad que no se someten a la mediación de los par- tidos y operan de manera indepen- diente para organizar sus propios in- tereses. Conlleva la noción de auto- organización. (Soy autónomo de los partidos porque éstos no enajenan mi representación: decido yo cada vez).
En segundo lugar, en un plano teórico distinto hay que distinguir, a su vez, otras cuestiones.
1- La autogestión y el auto-go- bierno popular como forma de
organización social superadora del capitalismo, como forma de expresión del socialismo al que se as- pira llegar como meta, una vez alcan- zado el poder del Estado. Se contra- pone a las nociones de “socialismo de Estado”, poniendo el énfasis en la idea de asociaciones libres de trabaja- dores que se articulan en un espacio común. Esta noción aparece en mu- chos análisis que se imaginan la for- ma que deberá adoptar el socialismo. (Lucien Séve, jaques Texier, Cathe- rine Samary y la polémica entre ellos, por ejemplo)
2- La ampliación de formas autonómicas como anticipato- rias del socialismo, como formas de construcción “ya desde ahora” de relaciones anti-capitalistas en el seno mismo del capitalismo, pero que so- lo podrán florecer plenamente cuan- do se de un paso político decisivo al socialismo, a partir de la conquista o la asunción del poder del Estado. Es- ta podría ser la línea “gramsciana”, y remite a la recuperación de las expe- riencias de auto-organización obrera y popular.
3- La escisión completa, y ya desde ahora, de las formas de or- ganización de la producción so- cial y de la sociedad misma res- pecto a las formas capitalistas, sean de producción o de organiza- ción política —propiedad privada ¿y democracia burguesa—. Es decir, se descarta completamente la conquista del Estado, por considerarlo irreduc-
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tible y por entenderse que la lucha por el poder del Estado, en sí misma, es una forma de reproducir el poder. Se postula el anti-poder. Se glorifica la potencia autonómica de las masas populares y se concibe que el cambio radical se hará por fuera, autónoma- mente de las estructuras del Estado. Aquí se engloban las posturas tribu- tarias del anarquismo, el comunismo libertario y el “consejismo”, en sus variantes de autonomismo, situacio- nismo, “marxismo abierto”, zapatis- mo, etc. (Negri, Holloway, Bone- feld, etc.)
Veamos algunos ejemplos de esta postura:
“En la medida en que la autonomía propone la autoorganización, rechaza las mediaciones exteriores (tipo partido de turno intentando dirigir a los «inmaduros» movimientos sociales). La gente es lo sufi- cientemente lista para saber qué es lo que quiere y como lo quiere. Coherentemente con lo dicho, la autonomia opta por la to- ma de decisiones de jbrma asambleario, por la democracia directa como flrrma po- sibilitadora (aún con sus limitaciones) de garantizar el respeto a la diversidad, frenar la jerarquización, el autoritarismo, la pér- dida de independencia y autonomia en las
l Tomado de www.|ahaine.org
luchas,... Lo que busca en definitiva la autonomía es que los seres humanos sean capaces de definir sus proyectos de vida, que sean ellos quienes gestionen y decidan, de la forma más democrática posible, cada uno de los aspectos que atraviesan nuestra cotidianeidad: desde el trabajo a la sexua- lidad, desde el ocio a la alimentación, etc. "1 (Lucha Autónoma, Madrid, s/f) “La verdadera autogestión es la gestión directa ( no mediada por ningún liderazgo separado) de la producción, distribución y comunicación social por los trabajadores y sus comunidades () El mundo sólo pue- de ser puesto de nuevo sobre sus pies por la actividad colectiva consciente de aquellos que construyen una teoria acerca de por que' está patas arriba”.3 (Núcleos de Iz- quierda Radical Autónoma. 1975) En general, la exaltación del auto-
"nomismo tiene una profunda rai-
gambre anarquista. Como señala Rodriguez Araujo, diferenciando a marxistas de anarquistas, “estos esta- ban en contra de la acción politica, de la organización de los trabajadores, de la existencia de dirigentes y jerarquías, de cualquier jbrma de gobierno y, desde lue- go, de la existencia de cualquier tipo de Estado”. También pensaban que “el poder político debe ser sustituido por la or- ganización de las fuerzas productivas y el
2 "Construyendo tu propia teoría revolucionaria (manual para principiantes)”. Núcleos de Izquierda Radical Autónoma. Publicado por primera vez en The spectac/e, EE.UU. en 1975, adaptado y ampliado por Spectacular Times, Reino Unido, en 1985 y traducido en Chile en Setiembre de ¡2002.1 Publicado en el website de Rebelión, 3 de octubre del 2002.
3 “La izquierda en el mundo, problemas y perspectivas". Octavio Rodríguez Araujo, toma- do del website de Rebelión, 14 de octubre de 2002.
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servicio económico, sin gobierno alguna Y aqui interesa destacar en el discurso anar- quista la presencia de la idea de que los se- res humanos, incluso los consagrados tra- bajadores como sujetos históricos de la re- volución socialista, sean capaces de reno- varse radicalmente o de llegar a ser como los han imaginado sin ninguna base de realidad: personas confiables, no mezqui- nas ni codiciosas y capaces de organizarse en comunidades autogestionarios y libres siempre y cuando no existe el gobierno, el poder politico, el Estado. Esta situación no ha ocurrido, ni siquiera en las comunida- des zapatistas en Chiapas o en las comu- nidades Amish y Menonitas de Estados Unidos, Canadá y México, donde reco- nocen líderes y jerarquías a pesar de sus supuesta horizontalidad”4 (Rodríguez Araujo, 20023)
Estas posturas tienen mucha in- fluencia en la llamada “izquierda so- cial”, que suele ser antipartidos, anti- gobiernos y contraria a la globaliza- ción neoliberal. “La izquierda social, a dfirencia de la nueva izquierda de los años setenta del siglo pasado, no se refiere (en general) al socialismo, suele rechazar el marxismo y sus categorias analíticas so- bresalientes, y se acerca más a las posicio- nes anarquistas que a otras dela larga his-
toria de la izquierda”,5 (Rodriguez Araujo, 2002b)
Rodriguez Araujo observa acerta- damente que “los anarquistas tenian coincidencias con los socialistas. 'Iïzmbién aspiraban al socialismo, pero a dfi'erencia de los marxistas que subrayaban la impor- tancia de los obreros industriales, los, anar- quistas se referían como sujeto de cambio social a los mismos trabajadores, a los pe- queños propietarios (rurales y urbanos), al lumpenproletariat y a otros sectores o cla- ses sociales, sin tomar en cuenta sus con- tradicciones, su heterogeneidad”.6 (R0- dríguez Araujo, 2002a) Por eso, apunta que “no es casual que buena par- te de esta izquierda social tenga cercanía a las posiciones anarquistas del pasado. Muchos de quienes componen esta iz- quierda social son lumpen-proletariat, pe- queñoburgueses desposeidos y desesperados y campesinos pobres, y como bien señala- ban Novacle y Frankel, éstos eran los sec- tores sociales entre lo cuales “Baleunin buscaba la base social para su movimiento revolucionario”.7 (Rodríguez Araujo, website de Rebelión, 2002b)
II Desde otro costado teórico, tam- bién es preciso analizar qué quiere
4 "lzquierdas e izquierdismo". Octavio Rodríguez Araujo, tomado del website de Rebelión,
ll de junio de 2002
5 "La izquierda en el mundo, problemas y perspectivas". Octavio Rodríguez Araujo, toma- do del website de Rebelión, 14 de octubre de 2002. 5 "lzquierdas e izquierdismo”. Octavio Rodríguez Araujo, tomado del website de Rebelión,
ll de junio de 2002
7 Se puede consultar, en este sentido, el trabaja de Guillermo Cieza "Argentina: Ideas pa- ra el debate sobre Ios,nuevos movimientos sociales autónomos". En MMJahaineorgfinter-
nacional/ideas_autonomos.htm.
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decir la autonomía en términos concretos de organización y ges- tión de los asuntos comunes. En este punto, hace falta definir:
1. Quién es el “sujeto” real —o potencialmente autónomo: ¿*el individuo, *la clase, *el grupo social, *la organización, *la multitud, *la comunidad?
2. Cuál es el alcance de la au- tonomía, en qué “escala” se concibe su ejercicio: ¿la fábrica, la escuela, el barrio, el municipio, la nación?.
3. Cómo se expresa la autono- mía, es decir, las reglas de juego pa- ra la participación individual y colec- tiva en la toma de decisiones: ¿asam- blea, delegación, representación?.
Una cosa es la autonomía de las
clases dominadas respecto de las
dominantes, en términos de no su- bordinación a las imposiciones so- ciales, económicas, políticas e ideo- lógicas de éstas. Ganar autonomía, por ende, es ganar en la lucha por un sistema social distinto. Es no some- terse pasivamente a las reglas de jue- go impuestas por los que dominan para su propio beneficio. Es pensar y actuar con criterio propio, es elegir estrategias auto-referenciadas, que partan de los propios intereses y valoraciones.
La posibilidad misma de este tipo de autonomía lleva aparejada toda una lucha “intelectual y moral”, co- mo pensaba Gramsci, por vencer el proceso de fetichización que escinde el hacer del pensar ese hacer, para
poder reproducirlo constantemente. Es preciso hacer consciente la explo- tación, comprenderla, para imaginar un horizonte autónomo, que con- temple los intereses propios y no los de quienes nos someten. La autono- mía no brota espontáneamente de las relaciones sociales, hay que gestarla en la lucha y, sobre todo, en la com- prensión del sentido de esa lucha. Así corno la fetich'ización es un 'pro- ceso constante, permanente, de ocultar la verdadera naturaleza de las relaciones sociales tras la fachada de la igualdad burguesa, la autonomía también es un proceso de autonomi- zación permanente, de comprensión continuada del papel subalterno y de la necesidad de su reversión, que tie- ne sus marchas y contra-marchas, sus flujos y reflujos.
Otra cosa, vinculada con lo ante- rior pero conceptualmente distinta, es la noción de autonomía en rela- ción a las instancias de organiza- ción que puedan representar in- tereses colectivos (partidos, sin- dicatos). La posición mas radicali- zada, al respecto, es la que rechaza cualquier forma de delegación y re- presentación y reclama la participa- ción individual directa en todo pro- ceso de toma de decisiones que invo- lucren lo colectivo. Esta posición, in- cluso, apuesta a bloquear la emer- gencia de liderazgos, acotando a la categoría de portavoces rotativos a quienes eventualmente hablan en nombre del colectivo. Es una postu-
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ra compatible, a lo sumo, con orga- nizaciones pequeñas, donde funcio- na fácilmente la relación cara a cara. Y aún así, las experiencias de los MTD también revelan la ineficacia de los agrupamientos que se niegan a darse estructuras organizativas mas claras (lo que no quiere decir separa- das, jerárquicas o rígidas).3
Al respecto, es interesante lo que apunta Bárbara Epstein respecto a los movimientos antiglobalización: “El absolutismo moral del enfoque anar- quista de la politica es dificil de sostener en el contexto de un movimiento social. La igualdad absoluta interna es dificil de sos- tener. Los movimientos necesitan lideres. La ideologia antiliderazgo no puede eli- minar a los conductores, pero puede llevar a un movimiento a negar que tiene con- ductores, dificultando asi el control demo- crático sobre aquellos que asumen roles de conducción y conspirando también contra la jbrmación de vehiculos de reclutamiento de nuevos lideres cuando los existentes es- tán demasiado cansados como para conti- nuar (...) Los movimientos dominados por una mentalidad anarquista son pro- pensos a consumirse rápido”9 (Epstein, 2001)
Y Epstein observa lo que podría ser aplicado a algunos movimientos de autogestión en la Argentina: “mu- chos activistas del movimiento antiglobali-
zación no ven a la clase obrera como la principal fuerza del cambio social. Los ac- tivistas del movimiento asocian anarquis- mo con la protesta indignada y militante, con una democracia de base y sin dirigen- tes, y con una visión de comunidades la- xas y de pequeña escala. Los activistas que se identifican con el anarquismo son por lo general anti-capitalistas; y entre ellos al- gunos se reconocerian también como socia- listas (presumiblemente de la variante li- bertario), y otros no. El anarquismo tiene la contradictoria ventaja de ser más bien vago en términos de prescripciones sobre una sociedad mejor; y también de una cierta vaguedad intelectual que deja abier- ta la posibilidad de incorporar tanto a la protesta marxista contra la explotación de clases como ala indignación liberal contra la violación de los derechos individuales”. (Epstein. 2001)
III
En términos concretos y prácti- cos, todos estos niveles y problemas suelen darse en conjunto, y generan debates muy variados y, a veces, con- fusos.
1-. Uno de los problemas crucia- les para la revolución socialista no es que la mayoría de las personas que viven en el capitalismo crean que el sistema “realmente existente” es jus- to y bueno. La fetichización no es, ni
8 “El Anarquismo y el movimiento Antiglobalización '. Barbara Epstein. Monthly Review Vo- lume 53, Number 4, 2001. Versión en castellano (inédita) de Isabel Stratta) '
9 Construcción de poder desde abajo. Clanes para una nueva estrategia. Isabel Rauber. Propuesta Comunista, PCPE, Valencia, Junio de 2000
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nunca fue, completa, y en la vida co- tidiana cada uno puede percibir los miles de efectos perversos de una or- ganización’ social injusta. Sin embar- go, la creencia de que no hay ningu- na alternativa práctica al actual siste- ma es algo que mantiene a la gente resignada. La cuestión esencial pasa porque la mayoría vea que la forma actual de vivir no es la única posible y eterna, sino que conciba que es po- sible cambiarla, a partir de su propia acción, enlazada con la de otros. Co- mo dice Isabel Rauber:
“Ser sujeto de la transj‘brmación no es una condición propia de una clase o grupo social sólo a partir de su posición en la es- tructura social y su consiguiente interés-ob- jetivo en los cambios. Se requiere, además, del interés subjetivo, es decir, activo-cons- ciente, de esas clases o grupos. Esto supone que cada uno de esos posibles sujetos reco- nozca, intemalice esa su situación objetiva y que además quiera cambiarla a su favor. El aplotado, por ejemplo, por el hecho de ser explotado no esta' necesariamente inte- resado en cambiar su situación de explota- ción, tiene, en primer lugar, que tomar conciencia de su condición de explotado, de quiénes son los que lo explotan y porqué. Y esto tampoco basta, es necesario que quiera revertir esta situación a su favor: Recién alli entra en discusión cuáles son los cambias que reclama, si éstos son posi- bles o no ycua'les son los medios para rea-
lizarlos. O sea, la noción de sujeto no re- mite a la identficación de quiénes son, si- no que alude, sobretodo, a la existencia de una conciencia concreta de la necesidad de cambiar; a la existencia de una voluntad de cambiar y a la capacidad para lograr construir esos cambios (dialéctica de querer y poder)”. 1° (Rauber, 2000)
Es indudable que las formas auto- gestivas y autoorganizativas ensaya- das al interior de las sociedades capi- talistas “realmente eia'stentes”, pue- den servír para anticipar la experien- cia de relaciones alternativas a las do- minantes, para construir opciones materialmente distintas a las capita- listas, basadas en el intercambio en- tre iguales. Pero debemos recordar con Gramsci que estas formas no-ca- pitalistas nunca podrán ser comple- tas ni suficientes hasta que no se al- cance un horizonte general de supe- ración del capitalismo como sistema económico y social global.
La autogestión obrera (que hoy se expresa en el amplio movimiento de fábricas recuperadas) ofrece la oportunidad de profundizar una experiencia de superación de las relaciones jerárquicas de explo- tación. Pero no hay que olvidar, en relación al caso argentino, que estas prácticas autogestivas crecieron co- mo consecuencia de una crisis pro- funda que determinó el abandono de
1° En este punto, es sumamente interesante el análisis de los integrantes del Taller de Es- tudios Laborales (TEL), Oscar Martínez y Federico Vocos, "Las empresas recuperadas por los trabajadores y el movimiento obrero”, Buenos Aires, 2002, mimeo. Ver website del TEL.
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¿nochegenióinicos que ¿no pudieion o “Sup op competir. El horizonte, sin embargo; no puede,;,¡seri'ïfsala ganar ¿“‘á'reasï‘l‘ilargingle' '¿idei‘ip‘r’adii' _ '
turas pre-capitalistas, que apunten a satisfacer consumos mínimos y ele- mentales de la población. Y ello po- drá ser muy romántico, pero no pa- rece un fundamento firme para una organización social inclusiva, pero desarrollada y compleja.‘l
Por eso, para transformar una ex- periencia valorable como la de las fá- bricas y los micro-emprendimien- tos, hace falta tener una organi- zación que articule experiencias y gane peso político propio.
2- Esto nos lleva a la cuestión central de la forma de organiza- ción política. Recupera entusiasta- mente el nombre de POLITICA como referencia a los asuntos comunes de la polis, del colectivo capaz de definir sus reglas de vida. Cualquier forma de organización de
ll
la vida en común, queestablezca re- glas para tomar decisiones que afec- ten a todos es, por definición, POLI- TICA. No es solo respecto al poder del Estado capitalista que se define la política. (por eso discrepo con el amigo Holloway, con su concepto de anti-política, y también con Werner Bonefeld y los compañeros del Open Marxism). Pero también es cierto que la categoría Estado-nación aún tiene, y por muchos años creo que seguirá teniendo, una centralidad in- solayable para pensar la acción colec- tiva. N o puede ser entonces que, por decreto de nuestra decisión intelec- tual, logremos eludir la referencia al Estado como instancia central de la lucha política actual. No creo tam- poco que su poder y dominación disminuyan por el hecho que deci- damos darle la espalda e ignorar sus determinaciones. Tampoco estimo esperable que,.de ignorar nosotros el poder social del capital que se expre- sa y articula en el Estado, éste nos permita buena y pacíficamente orga- nizar una sociedad alternativa en sus entrañas. La disputa por el poder es- tá inscripta en la lógica misma del orden social. La cuestión es, en todo caso, como disputarlo y que, en esa disputa, no se diluyan nuestras me- tas y principios. Esta es sin duda una tarea ardua y difícil, pero imprescin- dible e ineludible.
"El Anarquismo y el movimiento Antiglobalización". Barbara Epstein. Monthly Review
Volume S3, Number 4. 2001. Versión en castellano (inédita) de Isabel Stratta.
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Por ese hace falta acometer la organización política que nos permita acumular las fuerzas que necesitamos para cambiar el mundo. ¿Es ésta el partido? Si por partido entendemos una secta jerár- quica y degrnática de dirigentes que se colocan por encima del resto y de- ciden según su voluntad los caminos a seguir por los demás, no estamos de acuerdo con que esa sea una he- rramienta ni útil ni deseable de construir.
¿Y cuál sería una herramienta de organización que parta dela autono- mía de sus integrantes, que no subs- tituya, que permita la libre expresión de las voluntades, que articule inte- reses, que respete tiempos/perspec- tivas y diferencias diversas y, a la vez, logre armonizar disidencias y en- cuentre los puntos de unidad que permitan avanzar hacia las metas c0- lectivamente propuestas?
Esta organización, que a mi me remite a la manera gramsciana de en- tender el “intelectual colectivo”, el “príncipe moderno”, debe articu- lar la confrontación social con la lucha política, debe amalgamar la riqueza de la diversidad social en puntos en común que referencien respecto a la pelis.
La autonomía no puede equi- valer a atomización desorgani- lada ni a primacía de la pulsión individual, por mas libertaria que sea. La autonomía no tiene por qué renunciar a encontrar puntos de
síntesis, que aunque provisorios, vi- ves, cambiantes, deben permitir la acción, avanzar, crear; deben evitar la parálisis de la discusión eterna e el regedeo en los matices abstractos. Al respecto, podemos tomar le que plantea Epstein en relación a la lucha antiglobalización: “Hay razones para temer que el movimiento antiglobali- zación pueda no ser capaz de ampliarse de la manera que esto requeriría. Una nube de mosquitos es buena para hostigar, para perturbar el desenvolvimiento plácido del poder y hacerse de ese modo visible. Pero probablemente hay limites para el número de personas que están dispuestas a adoptar el rol del mosquito. Un movimiento capaz de transfirmar estructuras de poder tendrá que involucrar alianzas, muchas de las cuales probablemente necesitarian de fiar- mas más estables y duraderas de organiza- ción que las que existen hoy en el rnovi- miento antiglobalización”. Como refie- re esta autora, la ausencia de esas es- tructuras es, precisamente, una de las razones para la reticencia de mucha gente a participar. Y agrega que “si bien el movimiento ar-rtrglobalización ha desarrollado buenas relaciones con muchos activistas sindicales, es difícil imaginar- se una alianza firme entre el movi- miento sindical y el movimiento anti- globalización sin estructuras másflr- mes de toma de decisiones y de rendi- ción de cuentas de las responsabilida- des que las que hoy existen. Una alian- za entre el movimiento antiglobalización y las organizaciones de color, y los sindica- tos, requeriria grandes cambios politicos
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dentro de estos últimos. Pero también exi- giría probablemente cierta relajación de los principios antiburocráticos y anty'erárqui- cos de parte de los activistas del movimien- to annglobalización”.12 (Epstein, 2001)
3- ¿Y cómo debe expresarse la autonomía, la autogestión, la au- toorganización? ¿Cuál es la for- ma democrática de existencia? Muchas veces se parte de una noción muy elevada de participación demo- crática, que podría ser teóricamente deseable como aspiración, pero tan difícil de poner en práctica que ter- mina siendo contraproducente su mera formulación. De tan “huma- na”, en su sentido de ética y dignidad superiores, la apelación a la autono- mía indoblegable termina por ex- cluir la verdadera humanidad rasga- da y contradictoria de la que está he- cha la mayoría de los humanos.
Hay quienes postulan que el ideal es que todos participemos, plenos de voluntad y conciencia, de todas las decisiones sobre asuntos que nos in- cumban y afecten. Este ideal perfec- to de democracia directa, la historia lo demostró, es solo practicable en comunidades muy pequeñas y senci- llas, cuya agenda de cuestiones co- munes tiene un formato limitado. También es practicable en ámbitos acotados, como un lugar de trabajo, una escuela, una organización social, etc. Sin embargo, también aquí se ponen en juego otras cuestiones:
a. ¿Qué características y tama- ño debe tener el espacio asam-
bleario donde todos puedan real- mente emitir su opinión razonada y escuchar y evaluar los argumentos de los demás, para alcanzar la mejor de- cisión posible?
b. ¿Qué recursos intelectuales y de información deben poseer los miembros de ese colectivo que toma decisiones para estar en igual- dad real de condiciones, a la hora de decidir?
En muchas perspectivas autoges- tivas de tipo asambleario hay un enamoramiento descomunal so- bre la forma misma, sin tener en cuenta estas dos cuestiones y una tercera: la vocación real, la volun- tad de participación activa y ple- na de los miembros del colectivo potencialmente habilitado para tomar una decisión que lo afecte. La pregunta es ¿es necesario que es- tén todos, que participen todos, para que las decisión sea legítima? ¿Basta con que estén notificados? ¿Quién está habilitado, entonces, para defi- nir el momento y el lugar? ¿El que no va, delega la representación o pre- serva su capacidad de decisión? ¿Hay un deber de participar en las decisio- nes y acciones colectivas o es un de- recho que se ejerce o no? ¿Qué es lo que legitima una decisión tomada en un ámbito asambleario: el espacio mismo definido como abierto o el número de participantes, o una corn- binación de los dos? ¿Y quién y có- mo decide esto?
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IV
Estos problemas de orden filosó- fico-práctico nos llevan a hacernos otras preguntas sobre la autogestión, la autorganización y los formatos de representación. Esto es bastante útil para entender también el auge y cier- to ocaso de las asambleas barriales. Se ha cargado mucho las tintas sobre el papel de los partidos de izquierda en el “desinfle” de la participación asamblearía, por su intento de apara- tear o empujarlas a definiciones polí- ticas generales de tipo consignista. Sin embargo, amén de que esto'haya pasado en mas o en menos, según los lugares, el reflujo participativo nos deja algunas buenas enseñanzas.
1. Es algo sumamente saludable que la gente, el pueblo, los vecinos, los ciudadanos, como querramos lla- marlos, se hayan distanciado de los formatos de representación existen- tes, tan alejados de sus verdaderas necesidades e intereses. Como pri- mera salvedad, es preciso aclarar que no. todo el que se lanzó a las calles bajo la consigna “que se vayan todos” tenía las mismas motivaciones. En el fragor de las cacerolas se mezclaron ahorristas defraudados, vecinos sen- sibles, deudores asustados, desocu- pados, sobreexplotados, lúmpenes, consumidores del 1 a 1 desilusiona- dos, 'politízados y descolgados de to- da laya. Sin embargo, en un momen- to de crisis extrema pudo verse el in-
terés genuino de una porción no desdeñable de la sociedad, de recu-
perar protagonismo, de recobrar aquello que supuestamente había entregado a quienes debían ejercer la representación por mandato legal: capacidad de deliberación y de- ci'sión.
Así fue como muchos dejaron atrás obligaciones laborales yaperso-
nales para abocarse a la acción co-
mún en el fragor de una crisis: con- formar asambleas, redes solidarias, acciones comunitarias. Sin embargo, mucho antes de que los políticos lo- graran reciclarse, la mayor parte de los autoconvocados volvieron a refu- giarse en sus quehaceres, haciendo balances diversos de su experiencia participativa. ¿Esto quiere decir que la gente ya no tiene ganas de partici- par en nada? No lo creo, sólo creo que los formatos de participa- ción no pueden basarse en el reunionismo pleno, militante y permanente que le impusieron al- gunos honestísimos y conscientes luchadores. Ni menos someterse a los ries de una reflexión políticí
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Cuadanas‘delm
cordobesa reciente y lamentable- mente fallecida, en una sociedad enajenada como la nuestra, donde la gente tiene que destinar la mayor parte de su ¿tiempo a ganarse la vida y a atender como pueda a su familia, 'más que falta de voluntad hay falta material de tiempo para destinarlo a acciones colectivas. Mas aún, esa misma sociedad compleja, nos atra- viesa en órdenes muy variados que requerirían nuestro involucramiento decisional activo: como trabajadores, en nuestro ámbito laboral y en el sindicato, como padres, en la escuela de nuestros hijos, como estudiantes, en nuestras instituciones, como ve- cinos, en los problemas barriales, co- mo usuarios de servicios, en los vai- venes de cada uno de ellos, etc., etc. Y, nada menos, como ciudadanos en las decisiones cotidianas sobre los asuntos que nos afectan y en la elec- ción de rumbos de acción generales.
3. En este punto, adelanto mi opi- nión: radicalizar la democracia no significa que tengamos que construir mitos en torno a la par- ticipación autónoma, o autoges- tiva. No hay que inventar seres ma- ravillosos que se involucran en cada cosa que les compete y, de allí, medir las conductas de todos los demás. No hay que pedir aquello que es hu- manamente imposible. Hay que construir, en cambio, los canales apropiados para la participación efectiva, real, consciente, cuando esta es necesaria, cuando es im-
perativa. Porque la experiencia en- seña que gran parte de la gente quie- re participar en las grandes decisio- nes, en aquello que define cuestio- nes importantes. El caso de Esquel, cuyo pueblo impidió la instalación de una mina de oro que les iba a cambiar brutalmente no sólo el me- dioambiente, sino su estilo de vida, es un ejemplo claro.
Sin dudas, hay que combatir con fuerza el sustituismo extre- mo de los formatos clásicos de repre- sentación y procurar la apertura de ámbitos genuinos de partici- pación, donde se decida aquello que verdaderamente cuenta. En este sen- tido, cabe decir que la autonomía puede resumirse en el poder de deci- dir y ejecutar políticas, pero no es lla- mando al reunionismo activista y de- silusionándose luego de la escasez de convocatoria como resolveremos la cuestión. Se trata, en cambio, de que imaginemos, impulsemos y ponga- mos en práctica canales específi- cos que permitan expresar las opi- niones y elecciones en tomo a los asuntos relevantes y aportar verdade- ramente a la construcción de lo deci- sivo. Como ya dijimos, la mayoría de las personas —atribuladas por el pade- cimiento cotidiano de ganarse la vi- da- no suele participar en forma ge- nérica, es decir, por el solo interés de “participar”, sino a través de canales y situaciones concretas cuando entien- de que su participación cobra algún sentido. A partir de estas realidades
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concretas es que se abre la posibilidad de expresión y contribución demo- crática para la elaboración de las es- trategias de resolución de los proble- mas comunes. Para que esta posibili- dad no se frustre es preciso generar, con hechos, el convencimiento de que las acciones encaminadas a mo- dificar la realidad son el resultado de la propia participación junto a la de otros y no, en el mejor de los casos, la consecuencia de una “interpretación” por parce de la dirigencia.
Por otra parte, la participación no puede excluir el concepto básico de confianza, que incluye la delega- ción en distintos niveles y acciones.
Esto vale especialmente a la hora de-
conformar organizaciones políticas capaces de aunar la mas amplia aper- tura a la expresión autónoma _y activa del conjunto de sus miembros, co- mo a las gestiones efectivas desde las estructuras de poder. Porque sin sentido de pertenencia a un colec- tivo —por compartir ideales y proyec- tos- y confianza básica en la integri- dad y buena fe de sus miembros, no hay posibilidad de acción colectiva relevante alguna.
Porque ninguna sociedad —ni grupo asociativo- puede evitar con- tar en alguna medida con la buena voluntad y el sentido común de sus integrantes. El hecho es que los abu- sos que pudieran llegar a cometer los designados para la realización de de- terminadas tareas son menos posi- bles bajo las formas de participación
autogestiva plena y generalizada que bajo cualquier otra forma de organi- zación de tipo representativo-jerár- quica.
La clave pasa por definir que, cuando se trate de cuestiones impor- tantes, la gente encuentre canales claros para decidir, vigilar o contro- lar. Pero en la mayoría de los casos de gestión cotidiana, se puede dar a los delegados un margen razonable de libertad de acción para utilizar su propio criterio y creatividad en be- neficio de todos.
4. Hay varias razones que sue- len 'frustrar las experiencias au- togestiva-s desarrolladfiün el se- no de la sociedad civil:
a. La ausencia de instancias que enlacen de manera consis- tente las luchas parciales y les den algún sentido de unidad relevante, trascendente, que permita constatar algún grado de acumulación del es- fuerzo colectivo realizado. Esas ins- tancias solo pueden ser construidas en base a denominadores comunes basados en la confianza y la buena fe. Sin confianza, no hay formas de de- legación y coordinación posibles.
b. La reacción anti-jerárquica y anti-liderazgos impide la defi- nición clara de tareas y, o se ter- mina reemplazando esta ausencia or- ganizativa explícita con la emergen- cia de caudillismos espontáneos que resuelven lo que hay que hacer y/o lo ejecutan, o todo se diluye en discu- siones inorgánicas e improductivas.
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c. La imposibilidad de darle continuidad a las acciones por falta de recursos materiales y organizativos básicos para prose- guir en los términos que se propu- sieron.
d. Muchas experiencias auto- gestivas se frustran cuando son superadas sus posibilidades de acción por la magnitud, de las ta- reas que se proponen o por la di- mensión de los poderes que deben enfrentar para llevarlas a cabo.
V
.Esto nos lleva a- plantear una cuestión crucial: el Estado.
Sabemos que el Estado no es una instancia mediadora neutral —como se pretende-, sino el garante de una relaciónsocial desigual —capi- talista- cuyoobjetivo es, justamente, preservarla. No obstante esta restric- ción constitutiva incontrastable, que aleja cualquier falsa ilusión instru- mentalista —es decir, “usar” libre y ar- bitrariamente el aparato estatal como si fuera una cosa inanimada operada por su dueño—, es posible y necesa- rio forzar el comportamiento real de las. instituciones estatales para que se adapten a ese “como si” de neutralidad que aparece en su definición formal. Hay que aprovechar la apelación al “interés general” que justifica la existencia del Estado para arrancar medidas, para imponer instituciones que preserven el interés de las clases subaltemas.
Claro que esto no es algo-sencillo y entraña peligros intrínsecos. Por- que la ficción del interés general se enfrenta cotidianamente a la coopta- ción de las instituciones estatales por intereses específicos, que plasman, se materializan, en las propias insti- tuciones. Se tratará, entonces, de for- zar al Estado a actuar “como si”, ver- daderamente, fuera una instancia de articulación social. Esto es, forzar de manera consciente la contradic- ción intrínseca del Estado, provo- car su acción en favor de los mas dé- biles, operar sobre sus formas mate- riales de existencia sin perder de vis- ta, precisamente, el peligro de ser cooptados, de ser adaptados, de ser subsumidos. Pero este peligro no nos puede hacer abandonar la lucha en el seno del Estado mismo, en el núcleo de sus instituciones. De he- cho, el neoliberalismo impulsó en- tusiastamente la emergencia de “or- ganizaciones no gubernamentales” para desembarazarse de las tareas que antes encaraba el Estado. Es una forma de “ahorro” muy conveniente e insistentemente recomendada por el Banco Mundial, por ejemplo. (“capital social”)
Es cierto, y vale, que la autonomía es del orden de nuestra propia orga- nización, pero no podemos darnos el lujo de “regalar” todo el territorio es- tatal a la minoría en cuyo beneficio existe como instancia opresiva. Allí hay recursos imprescindibles para resolver cuestiones vitales y, de últi-
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ma, para fortalecer la lucha popular. Y está claro que muchas de las expe- riencias frustradas de participación autogestionaria no se deben al des- gaste de la práctica democrática sino, amén de a la falta de coordinación política de acciones y reivindicacio- nes, a la carencia de recursos para materializar las decisiones. Insis- to: el involucramiento de la sociedad civil y de sus organizaciones autóno- mas en la cuestión pública debe estar asegurado por un respaldo institu- cional efectivizado en la disponibili- dad de recursos.
En ese “como sí” tiene que con- formarse un espacio para una gestión
progresista y un camino para empu- jar en el sentido del autogobierno popular, de la irrupción irreverente de “lo plebeyo” en la escena pública, de la utopía indeclinable del socialis- mo. Debemos caminar permanente- mente en esa tortuosa contradicción de luchar contra el Estado para eli- minarlo como instancia de desigual- dad y opresión, a la vez que lucha- mos por ganar territorios en el Es- tado, que sirvan para avanzar en nuestras conquistas. Se trata de ras- gar, rasguñar‘, arrancar del Estado mismo las formas anticipatorias de. nuevas relaciones sociales igualitarias y emancipatorias,
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abel Thwaites Rey esti-
mula el debate sobre
grandes interrogantes del momento con un oportuno análisis de las posibilidades inmediatas de los movimientos autónomos que se de- sarrollan por diversos puntos del globo terrestre'1
El debate se presenta entre consi- derar esas iniciativas como luchas acumulativas hacia un clásico pro- yecto de poder popular o verlas co- mo expresiones embrionarias de contrapoder o no-poder.
La discusión se complica cuando se revalorizan categorías como “polí- tica” o “no-política”, tema que cierto marxismo arrogante ha vulgarizado al adjudicarle a los movimientos so- ciales el calificativos de “no políti- cos” como si fueran un escalón infe- rior en las relaciones humanas. Es evidente que la polémica no es banal:
uno u otro criterio llevan a conside- rar las posibilidades hacia un socia- lismo por la vía del Estado nacional o la emancipación por el desarrollo de experiencias comunales. Al mismo tiempo el eje de la discusión tiene una faz común: cómo ha de actuarse, aquí y ahora, en terreno de la socie- dad capitalista que es la que sufri- mos, superando el corsé del sindica- lismo, el corporativismo, y el dere- cho burgués que es el derecho por definición.
Por momentos, y como paradoja histórica, pareciera que estamos dis- cutiendo en la Europa post revolu- ción francesa, dicho esto sin inten- ción peyorativa, por el contrario, una demostración más de las limitacio- nes del mito del progreso y de cómo el pasado suele regresar como puro presente.
Sea como fuere, lo importante es
* Publicado en La Fogata del 1 de julio de 2003.
l de 2003.
[02
Ver: "Autogestión social y nuevas formas de lucha", http://wvwv.lafogata.org, 5 de junio
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¡“ccoger la riqueza de aquella polémi- ca polarizada entre anarquistas y marxistas que dejó como. saldo una producción intelectual sustanciosa.
No es motivo de este-trabajohis- toriar la misma, sólo precisar que la diferencia enrtre el anarquismo y el marxismo previo a la Comuna de París, en su sen-tido “estratégico”, no eran mn disímiles como luego la his- toria lOS: hizo distanciar cada vez más. En ese sentido es al menos una ligereza hablar de los marxistas como “políticos” y los anarquistas como “no políticos”.
Ia diferenciaesencial, más allá de los durísirnos enfrentamientos tácti- cos y los. floridos epítetos de Engels a los anarquistas durante. la Primera Internacional, fue sobre todo des- pués de la Comuna de París, en tan- to en cuanto los anarquistas seguían sosteniendo que no era posible cam- biar la sociedad “desde arriba” y, en consecuencia, su negación de la teo- ría de “la dictadura del proletariado”
La historia inmediata a esos he- chos, larevolución rusa y su formi- dable influencia durante todo el siglo veinte, le dio la razón al marxismo, pero la historia en su palabra actual parece hacernos comprender que el anarquismo tenía también sus razo- nes. Por eso es que este momento tiene cierta analogía con el Marx de los e‘ma-nuscritos de 1848.” y aquellos escritos en que Marx y Engels irnagi- nan la sociedad postcapitalista por la vía de la Gemeinwesen: la comuna.
Enel artículo mencionado, Ma- bel Thwaites Rey procura poner pa- ños fríos al exceso de entusiasmo so- bre las posibilidades inmediatas de los emprendimientos autónomos y el asambleismo. Y tienen razón, ya que la virtud esencial de todo ese proceso iniciado el 19 y 20 de di- ciembre de 2001, no fue no sólo tirar por tierra las veleidades primermun- distas, sino también. y principalmen- te, haber puesto en evidencia la crisis de representatividad, incluida en ella el fracaso de la vía estatal hacia el so- cialismo (expresado en- la catástrofe electoral de la izquierda orgánica) dejando hacia el presente y el futuro más interrogantes que respuestas. La teoría de la “toma” del poder está siendo cuestionada, no por especula- ción racional en los foros internacio- nales, sino por la vía del “cuerpo que piensa”, en las calles, las fábricas re- cuperadas y en las plazas.
Esto no debería ser novedad, pero ocurre que el enorme y legitimo prestigio de esa gigantesca experien- cia universal que fue la revolución rusa parecía haber abierto la era del “tránsito del capitalismo al socialis- mo”, mandando al “basurero de la historia”, no sólo la teoría sino la ri- ca práctica de experiencias autóno- mas. En efecto: la instauración del Estado soviético, sobre todo después dela muerte de Lenin (sin olvidar los terribles cos-tos de la colectiviza- ción forzada a cargo de Stalin) pare- cía demostrar la posibilidad de cam-
CundemasdelÉir
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biar la sociedad “desde arriba” (ha- blamos de cambios radicales, se en- tiende, no de las indiscutidas mejo- ras sociales logradas por el socialis- mo real en, alfabetización, vivienda, salud pública, etc) Gramsci había di- cho a propósito que fue la “revolu- ción contra Marx” y, más allá de la expresión textual, sus reflexiones so- bre la hegemonía y sus metáforas so- bre la “guerra de posiciones” indican que el italiano pasaba revista almar- xismo de la Segunda ' nacional. Porque en ; »
el pensamiento mandstarae .¿üïaiïn
con el anarquismo tanunque'icon ferencias con respeCÏ ¿alásu'et‘o- es"
mo sólo posible en ¡"los-erp, tie, i _ mente desarrolladosg'porque e Sapi- talismo contradicto' creado la condicignïa obj- (producción material) ’ vas (conciencia y orga clase llamada a desplaï sía). El “poder” sólq‘iit _ mo un corto periodb“ d i de “dictadura del proletariado”.
Ello implicaba, de suyo, que la so- ciedad iba cambiando “desde abajo” y —al igual que la gran revolución francesa- la “toma del poder” sería el acto final y no el inicio de la revolu- ción. La revolución, en lo económi- co, lo social, cultural y antropológico ya estaría hecha: el gran acto político seria la captura del aparato estatal y el inicio de su ineluctable extinción.
Lenin tampoco perdió este punto
de vista tan caro al marxismo. No impulsó la toma del poder hasta que las consecuencias de la revolución burguesa de febrero del 17 le hicie- ron ver, sobre la marcha de los he- chos, la incapacidad de la burguesía rusa para una radicalidad similar a la francesa en su tiempo; Percibió la posibilidad de la toma del poder por el proletariado revolucionario en alianza con los campesinos. Así, lan-
u ahora onunca” apostando a nÉ'Í’itivaría el detonante
objetÑaÉy subjetivas para el pase al ‘Ïs‘ó'Eialismo Roji? Luxemburgo, salu-
Vglchewques, pero a la Ï' polémica con ellos, mas.» íáïdfignencia que debería s V de hierro por su ¡ os los tiempos:"no Ï idad virtud”.
ue y es cruel: “trans- . idad en virtud” una de las mayores trampas del ser hu- mano ha recorrido todo el siglo vein- te y sigue presente.
La “necesidad hecha virtud” se instituyó como práctica, se “jerarqui- zó” como teoría y se cristalizó como dogma en el llamado socialismo es- tatal. El fracaso de la revolución mundial obligó a la joven república de los soviet a acentuar el poder del Estado. A las dificultades para elv‘ de- sarrollo de la sociedad socialista, aco-
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Noviembredezoog
rralados por el cerco del capitalismo mundial, lejos de aplicarle cada vez menos Estado, recostando- la respons- sabilidad sobre la población, se apli- có cada vez más Estado, En definiti- va loque se construyó fue capitalis- mo de Estado, administrado por par- tidos comunistas, supuestamente re- presentantes del proletariado.
Hoy después del colapso soviético, los socialismosi “realmente existentes” no parecen dirigirse del Estado por la vía i p0pular sino más bieáL dos mixtos con cada _ sencia de. empresas pgiyadas. g juicios sobre cómo cada
a.
imperio, sólo. recuerdpj? necesidad virtud”. '
El asunto es obse: l cepto de cambiar la i abajo” (el que por o, o ' fica en toda la history . dad, salvo en los q l 'ï nes externas) es tan i del marxismo original. Cierto es que Marx, como buen científico alemán, era más “prudente” que los ácratas, quienes, como buenos poetas, solían dar rienda suelta a la imaginación y pronosticame formas futuras. Aún así'Marx sueñaien varias oportunida- des con un futuro en donde desapa- recería la división del trabajo, del que hoy se desentienden los marxistas profesionalizados que hablan de “la em delrconocimientn”.
' cióngwgontr d
Clpal e ‘
“N o hacer de la necesidad virtud” repito, .sin embargo, esto no quita que la necesidad suele ser un buen estímulo a la creatividad. Tal es el ca- so de los actuales emprendimientos autónomos en nuestro país. Thwai- tes Rey hace bien en prevenir contra el exceso de entusiasmo, porque en la búsqueda de romper dogmas sue- len gestarSe nuevos dogmas. En este caso puede pensarse que se .ha en- ..a. ¿laüfórmula mágica para
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1 ‘ lrficomo objetivo prin- iñïñé iiiio una solución con- creta para la angustiante situación de desempleo y, en tanto eso, obedecen a la necesidad. Por las mismas razo- nes no se los puede subordinar a su- puestas “estrategias” sean estas la “toma del poder” o las que fueren, ni trazar reglas teóricas y recetas para todos por igual; las experiencias son variadas, cooperativas igualitarias, cooperativas con gestión empresa, rial, en casos más complejos hasta exigencia de intervención estatal. Por
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otro lado nadie sabe cuál será el des- tino de cada fábrica recuperada.
Pero, desde el punto de vista de su función social y sea cual fuere la resultante futura, presentan en el ha- cer del hoy, experimentaciones. no sólo de nuevas formas productivas, sino, sobre todo, de relaciones socia- les y agrupaciones profesionales que podrían tener insospechadas conse- cuencias en una reconsideración de la relación entre sujeto, trabajo e identidad. No existen garantías para el futuro, insisto, nadie puede asegu- rar que no serán cooptadas por el sis- tema y se transformarán en empresas capitalistas como ocurrió con la ma- yor parte del viejo cooperativismo, incluido el de origen anarquista. Pe- ro la apuesta bien vale la pena.
La dificultad mayor para com- prender las posibilidades de estos ca- minos alternativos que parecen “re- troceder” a formas precapitalistas su- puestamente “superadas”, tiene su origen en la propia teoría del conocia miento que sufren las ciencias socia- les hegemónicas, particularmente" las hijas de la Ilustración, que alimentan el sistema de creencias de la izquier- da de origen marxista. En primer lu- gar el mito del progreso, el que su- pone automáticamente al presente como “superior” al pasado, y al futu- ro como “superior” a ambos: la his-' toria como: una espiral ascendente sin solución de continuidad. Entran- do en el tercer milenio tenemos so- brados elementos de juicio para sos-
pechar que esto es válido sólo en lo referente al progreso técnico-cientí- fico, una de las formas del conoci- miento, no la única. Pero eso deja de ser absoluto cuando lo encaramos desde otras formas del conocimien- to, de relaciones humanas, calidad de vida y hasta de técnica.
En segundo lugar la pretensión: del ultraracionalismo de conocer y vaticinar por medio del lo analítico- previsible. Sabemos que los hombres no son .lo que dicen ser sino .lo que hacen y esto no se debe a una cues- tión moral, a doble discurso malin- tencionado, sino a la propia distor- sión del conocimiento del hombre sobre el hombre mismo. Porque ese “creer ser” es una construcción ra- cional que supone al cerebro como el centro del pensamiento y desco- noce “cuanto piensa y puede el cuer- po” En consecuencia nunca se saben a priori las consecuencias de nues- tros actos. De lo que se trata no es tanto .de saber sino de, sino de actuar “a pesar de” y hacernos cargo de los mismos.
El pensamiento de la izquierda marxista está enfermo del mito “pre- visor” basado en el conocimiento de supuestas leyes del desarrollo social, a punto. tal que ni siquiera tiene la modestia de revisar lo pasado para hacerse cargo. Por eso siempre ha podido interpretar lo que ha'pasado y lo que va a pasar, raras veces lo que está pasando. A este pensamiento, más que a nadie; le cabe el aforismo
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“el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma pie- dra”.
Desde estas consideraciones y ha- ciendo un punto y aparte sobre las ya mencionadas soluciones inmediatas a los problemas de desempleo, el as- pecto más vital en la mayoría de ves- tos: emprendimientos es subjetivo. Un campo de prácticas sociales con contenidos potencialmente muy ra- dicales en una forma productiva en apariencias “reformista”. En primer lugar la asimilación corporal del “se puede”; se pasa sobre el gran fetiche de “el poder” para asumir el “poder hacer” a pesar deL“Poder”.
Asimismo se registra un gran cambio en un aspecto poco tratado en todo enfoque sobre el trabajo: la tendencia, por la vía práctica, a cues- tionar la jerarquización laboral, una de las consecuencias de la división del trabajo, como una de las ataduras subjetivas de la dominación. No se trata de desconocer las mayores o menores complejidades, las tareas que necesitan mayores o menores ta- lentos, conocimientos o habilidades —incluso hasta reconocer razonables diferencias de ingresos- sino su des- jerarquización social. Asumir que en un colectivo productivo desde el punto de vista social todos somos iguales.
Este aspecto es una verdadera re- volución, es de una radicalidad. in- sospechada y sólo por ello vale la apuesta con todos los riesgos que
conlleva. También aquí es donde las experiencias autónomas se tocan con el asambleismo, porque ponen en. la picota el mito central del Estado Moderno: la representación. El “so- cialismo real” que supimos cons- truir, en el mejor de los casos, había cambiado los representantes, repro- duciendo .el sistema representativo. Se trate de partido único o pluralidad de partidos, son formas distintas de representación. Si aceptamos ( aun- que a regañadientes) que los partidos representan las clases sociales en la sociedad burguesa,an el socialismo, superadas las clases y la lucha de cla- ses, toda la sociedad debería ser un gigantesco partido, que se depura a sí mismo de los resabios del capitalis- mo. Mabel Thwaites Rey, en el trabajo citado, expresa que “”La fetichización no es, ni nunca fue completa” (se re- fiere naturalmente al “fetichismo de la mercancía”, quizás el más impor- tante aporte de Marx al conocimien- to de__ la sociedad capitalista) con lo cual reintroduce un concepto verda- deramente radical negado por el mar- xismo oficial por cuanto éste, al to- mar l-a fetichización como algo abso- luto —inherente de las leyes objetivas de la sociedad capitalista- considera que la misma sólo puede ser supera- da por los representantes del partido, los “desa'lienados” portadores. de la verdad. Este aspecto es clave, el parti- do, al tomar “conciencia” de la alie- nación, es el que tiene del monopolio
CMdemosdelSur
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de la verdad sobre masas alienadas que ignoran la alienación. Por lo tan- to el miembro del partido es el “re- presentante” “Representar”, es ha- cer presente lo que está ausente. ¿Qué es lo que estaría ausente? Esa “verdad” ocultada por el fetiche y que el partido la conoce porque conoce los secretos de la economía capitalis- ta. No obstante, la autora, con feme- nina nitidez, agrega: “en la vida coti- diana cada uno puede percibir los miles de efectos perversos de una or- ganización social injusta. Sin embar- go, la creencia de que no hay ningu- na alternativa práctica al actual siste- ma es algo que mantiene a la gente resignada” Si bien la autora no lo menciona así, ni sé si esa ha sido su intención, yo interpreto que introdu- ce un cuestionamiento al papel deter- minante de la conciencia como “es- pejo subjetivo de la realidad”. Con ello podemos empezar a hablar de “querer hacer” y compromiso con el deseo. La autora emplea una palabra muy precisa: “cada uno puede perci- bir”. justamente, es el cuerpo el que percibe y resiste la fetichización que ha capturado al Cerebro, el que ha de- sarrollado la “creencia de que no hay ninguna alternativa”
En efecto: cuando los trabajado- res desocupados, los vecinos, por imperio de la “necesidad” se ven obligados a hacerse cargo de lo que antes hacían sus “representantes”, el patrón, el jefe, el técnico, el delega- do sindical, el partido, el municipio,
el Estado, portadores de la “concien- cia”, monopolistas del saber. cuando esa gente encuentra la alternativa que antes le estaba velada precisa- men‘te por. esos representantes, se pone en movimiento y el deseo su- pera la limitación de la conciencia. (La conciencia es el estrecho pensar del cerebro; el deseo es toda la po- tencia del pensamiento del cuerpo) Porque esa falta de “creencias” en al- ternativas que menciona con toda razón Thwaites Rey, no se debe tan- to a la falta de imaginación, inteli- gencia, ni siquiera conocimientos, como a la persistencia de un sistema de creencias llamado “conciencia” que les ha dicho cuál es-al lugar de cada uno en el mundo. Es su “repre- sentante” el que diciendo cuál es el papel del obrero, del maestro, del ingeniero o el taidsta, en tanto porta- dor del “saber”, le ha impedido dejar libre al poder del cuerpo, al deseo. Si es el patrón habrá dicho, “los obre- ro's no se pueden administrar” (y es- to reforzado generosamente por to- do el sistema educativo y los medios de información). Si es el Estado le ha dicho “el pueblo no delibera ni gobierna”. Si es el delegado sindical habrá alertado contra la “irresponsa- bilidad” o los “aventureros”, acu- diendo a la disciplina gremial supe- ditado a lo que dirá el secretario ge- neral. Y si es el partido le habrá in- sistido sobre la maduración de las condiciones “objetivas y subjetivas” y la necesidad de la espera ¡de los
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Noviembre de 2003
“momentos” (el momento del asalto al poder) porque cada acción es par- te del la gran “estrategia” Obedecer al que “sabe” es lo que la Moderni- dad llama conciencia, forma supe- rior de la creación, alojada en el ce- rebro, opuesta al “primitivismo pa- sional” de la acción espontánea ex- presada por el cuerpo.
Cualquier militante tendría dere- cho a mandarme a Siberia por com- parar al patrón con el partido. N o es—, toy haciendo paralelos éticos ni dudo de la mejores intenciones. De lo que se trata es de desnudar la lógica co- mún más allá de nuestra “concien- cia” e intenciones. La lógica de la so- ciedad capitalista En tal sentido re- doblo la afirmación: El fetichismo de
la mcm‘ancía, al operar principal- mente sobre la “conciencia”, irn- pregna con mayor fuerza a la pobla- ción más “educada” que a la menos educada, y se supone, que el partido es la forma superior de la educación. A un sólo ejemplo me remito: toda- vía se sigue sosteniendo que las elec- ciones sirven para “medir la concien- cia política de los trabajadores”
Por eso es que este fenómeno de autonomías y asambleismo tienen la virtud de romper con la “conciencia” para dar lugar al deseo y liberar las fuerzas creadoras de la multitud. No se trata de un canto al caos, al nihilis- mo. Son búsquedas por medio del cuerpo que piensa y que en ese cami- no aprende lo que ese cuerpo puede.
Periferias
Revista de Ciencias Sociales
Ediciones FISyP Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas
Cuadernos del Sur
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de la verdad sobre masas alienadas que ignoran la alienación. Por lo tan- to el miembro del partido es el “re- presentante” “Representar”, es ha- cer presente lo que está ausente. ¿Qué es lo que estaría ausente? Esa “verdad” ocultada por el fetiche y que el partido la conoce porque conoce los secretos de la economía capitalis- ta. No obstante, la autora, con feme- nina nitidez, agrega: “en la vida coti- diana cada uno puede percibir los miles de efectos perversos de una or- ganización social injusta. Sin embar- go, la creencia de que no hay ningu- na alternativa práctica al actual siste- ma es algo que mantiene a la gente resignada” Si bien la autora no lo menciona así, ni sé si esa ha sido su intención, yo interpreto que introdu- ce un cuestionamiento al papel deter- minante de ‘la conciencia como “es- pejo subjetivo de la realidad”. Con ello podemos empezar a hablar de “querer hacer” y compromiso con el deseo. Ia autora emplea una palabra muy precisa: “cada uno puede perci- bir”. justamente, es el cuerpo el que percibe y resiste la fetichización que ha capturado al Cerebro, el que ha de- sarrollado la “creencia de que no hay ninguna alternativa”
En efecto: cuando los trabajado- res desocupados, los vecinos, por imperio de la “necesidad” se ven obligados a hacerse cargo de lo que antes hacían sus “representantes”, el patrón, el jefe, el técnico, el delega- do sindical, el partido, el municipio,
el Estado, portadores de la “concien- cia”, monopolistas‘ del saber. cuando esa gente encuentra la alternativa que antes le estaba velada precisa- men'te por esos representantes, se pone en movimiento y el deseo su- pera la limitación de la conciencia. (La conciencia es el estrecho pensar del cerebro; el deseo es toda la po- tencia del pensamiento del cuerpo) Porque esa falta de “creencias” en al- temativas que menciona con toda razón Thwaites Rey, no se debe tan- to a la falta de imaginación, inteli- gencia, ni siquiera conocimientos, como a la persistencia de un sistema de creencias llamado “conciencia” que les ha dicho cuál esval lugar de cada uno en el mundo. Es su “repre- sentante” el que diciendo cuál es el papel del obrero, del maestro, del ingeniero o el taxista, en tanto porta- dor del “saber”, le ha impedido dejar libre al poder del cuerpo, al deseo. Si es el patrón habrá dicho, “los obre- ro's no se pueden administrar” (y es- to reforzado generosamente por to- do el sistema educativo y los medios de información). Si es el Estado le ha dicho “el pueblo no delibera ni gobierna”. Si es el delegado sindical habrá alertado'contra la “irresponsa- bilidad” o los “aventureros”, acu- diendo a la disciplina gremial supe- ditado a lo que dirá el secretario ge- neral. Y si es el partido le habrá in- sistido sobre la maduración de las condiciones “objetivas y subjetivas” y la necesidad de la espera de los
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“momentos” (el momento del asalto al poder) porque cada acción es par- te del la gran “estrategia”. Obedecer al que “sabe” es lo que la Moderni- dad llama conciencia, forma supe- rior de la creación, alojada en el ce- rebro, opuesta al “primitivismo pa- sional” de la acción espontánea ex- presada por el cuerpo.
Cualquier militante tendría dere- cho a mandarme a Siberia por com- parar al patrón con el partido. No es-. toy haciendo paralelos éticos ni dudo de la mejores intenciones. De lo que se trata es de desnudar la lógica co- mún más allá de nuestra “concien- cia” e intenciones. La lógica de la so- ciedad capitalista En tal sentido re- doblo la afirmación: El fetichismo de
la mcnrancía, al operar principal- mente sobre la “conciencia”, im- pregna con mayor fuerza a la pobla- ción más “educada” que a la menos educada, y se supone que el partido es la forma superior de la educación. A un sólo ejemplo me remito: toda- vía se sigue sosteniendo que las elec- ciones sirven para “medir la concien- cia política de los trabajadores”
Por eso es que este fenómeno de autonomías y asambleismo tienen la virtud de romper con la “conciencia” para dar lugar al deseo y liberar las fuerzas creadoras de la multitud. N o se trata de un canto al caos, al nihilis- mo. Son búsquedas por medio del cuerpo que piensa y que en ese cami- no aprende lo que ese cuerpo puede.
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un primer’ibálánce*
Mabel Bellucci y Gabriela Mitidieri"
l modo de organización asam-
bleario que supone el carácter
constitutivo de las asambleas barriales, dispone de antecedentes de largo alcance dentro del amplio espa- cio movimientístico. No olvidemos que esta metodología ya seaplicaba en movimientos de significativo protago- nismo histórico como el de trabajado- res fabriles, el estudiantil y ahora el pi- quetero, entre otros tantos. Supuesta- mente, será de este último de donde el mundo asambleario extrae esta moda- lidad asociativa. La misma se singulari- za por presentar formas laxas e indefi- nidas que, presumiblemente, no sólo
confrontan los modos tradicionales de intervención pública sino que vienen a configurar algo diferente. Por lo tanto, la ductibilidad de su dinámica lleva a que hoy somos una cosa y mañana seamos otra.
Por nuestras experiencias, podría- mos caracterizar a una asamblea como un espacio político, en el cual se pro- cesan transformaciones fluctuantes entre la vertiginosidad y el reflujo, propio de los ámbitos fugaces y de in- mediatez. Este es un punto importan- te a destacar en tanto que muchos de sus integrantes las definen como un organismo o una organización. Estas
* Este artículo es el resultado de las concordancias y discordahcias expresadas en una ronda de reflexión que se llevó a cabo, el 3 de Septiembre de 2003, por dos asambleas ba- rriales de la Ciudad de Buenos Aires.
** Mabel Bellucci es integrante de la Asamblea Vecinal Plaza Rodríguez Peña y Gabriela Mitidieri, integrante-de la Asamblea Popular El Cid' CampeadonAmbas se encargaron de re- dactar este muestrario de ¡deassin un cierre y aierto a, múltiples miradas. En la anualidad, circulan nuevos escritos de un número de activistas; quienes abrierOn Interrogantes acorde a estos nuevos escenarios y, a la vez, generan un polo de producción teórica e intelectual hacia el interior de las asambleas, a partir de pensar nuestras prácticas, saberes y' acciones políticas. Asl, contarnos como referencias los borradores de investigación d‘el Colectivo Situa- ciones; los análisis del Colectivo Nuevo Proyecto Histórico; el folleto de Gradocero; los artí- culos de Pablo Bergel; Nicolás Furlani; Mito Djanikian; Martín Krymkiewia; Franco lngrassia y de Ezequiel Adamovsky, entre otr@s tantos y tantas.
no Noviembrerle 20.03
categorías 'rememoran a modelos 0r- ganizativos tradicionales provenientes de partidos políticos y sindicatos. Y por determinadas razones, que desarrolla- remos- a lo largo del texto, no significa lo mismo una‘cosa que otra. Veamos entonces: las instituciones clásicas se proponen como meta un absoluto to- talizador por sus lógicas representati- vas adjudicándose delegaciones, por su
dictadoprogramático, por una retórica
central que fija prioridades y especifi-
cidades pese a los matices periféricos.
así como por su lucha por ocupar te- rreno en la estructura del Estado. A di- ferencia de éstas, en las asambleas ba- rriales; la participación es una de las va- riables substanciales que garantiza su sostén en el tiempo y su visibilidad pú- blica. En esta dirección, ellas se mue- ven al ritmo oscilante de sus miem- br@s que intentan sostener modos al- ternativos‘ al hacer político tradicional, aunque dicha intención después no se ve plasmada en experiencias concretas. Más aún: a veces, viejas fórmulas que se impugnan desde la retórica, al mis- mo tiemposon puestas en práctica. En la‘escenografia activista, los hechos se configuran en relato a partir de las in- terpretaciones que de ellos se hacen. No existe, por lo tanto,- una sola ver- dad certificada y centralizada en ma- nos de unos pocos sino tantas miradas como integrantes tenga una asamblea.
En sus orígenes, la potencia de las mismas radicó en la posibilidad de irrumpir subjetividades que ya;venían experimentandose en ámbitos tanto
nuevos como. viejos y también permi- tió emerger otras modalidades de so.- ciabilidad. Es decir: .en ellas confluyen y confluyeron memorias y continuida- des de protestas precedentes e, inclu- so, de pérdidas y derrotas.
Es posible que se'haya logrado rup- turas que, como toda ruptura, genera vacíos; incertidumbres, acontecimien- tos sin discursos y discursos sin acon- tecimientos. Cabría pensar que en sus inicios, se singularizaron por un estilo de intervención pública cuestionadora y destituyente aunque con su transitar no siempre alcanzaron armar algún ti'-. po de ordenamiento instituyente. Al disolverse la proyección de inmediatez simbolizada en el lema paradigmático “Que se vayan todos y que no quede uno solo”, somos conscientes de que nuestra posición ya no es la misma.
A raíz del embrionario proceso de articulación y coalición que llevaron, tiempo atrás, muchas asambleas con fábricas recuperadas; movimientos pi- queteros; frentes de luchas obreras; partidos políticos de izquierdas así co- mo con colectivos artísticos, genéricos y de orientación sexual, surge enton- ces el interés por definir nuestro esta- do actual. Aunque también nos posibi- lite entender que, posiblemente, esta- mos alineando una nueva identidad.
z ¿Seguimos constituyéndonós des- de el territorio? ¿Construimos nuevos sentidos en el mismo? ¿Cómo parar- nos frente a los resultados electorales últimos cuando en muchosbarrios se votócon una amplia mayoría a figuras
Cuadmos-dslfiw
m
de centroderecha y derecha? ¿Qué es ser asambleísta en la actualidad? Asimismo, después de la revuelta del 19 y 20 de diciembre de 2001, con- figuramos un imaginario al pensar que estábamos organizándonos por fuera dell sistema político. De tal modo, creíamos en nuestro potencial y supu- simos que íbamos a llevar a cabo el cambio junto con el desplazamiento del régimen. Por eso, cuando se logró desde el poder la restï' ‘ ¿E6 den hegemónicoyla Inti: en y, , titucional en la medifgfg __ as
flictos sociales, quedamó’s
y retraídas. Se hizo pgth un de ii l
C colectivo de Estado, re51 ' ïfiïíïadcïii
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i Épeggusionespolíticas de alto voltaje; en
De inmediato, tanto esa fecha como el acontecimiento político explícito se convirtieron en un lema emblemático, que dudamos que disponga del mismo significado para Argentina en su con- junto. Más aún: dentro de la retórica alternativa y del contrapoder se natu- ralizó la idea de su expansión y réplica a nivel nacional. Por lo menos, eso se escucha cuando se habla del argentina- zo o cuando teóricos de talla suponen paísgen masas participó de Y ,l ¡t plebeyo así como de
políticos. Es hora de discurso efectista que momento, provocó re-
‘3
.lÏactualidáéái “¿ha cumPlldo su Obje-
¿gb
ro—- qqu omo una herramienta
19 y 20 de diciembre ¿revuelta porteña o nacional?
El 19 y 20 de diciembre de 2001, suponemos, que continúa indeleble
en la memoria colectiva pero no tanto
a nivel nacional sino más bien circuns- crito a Buenos Aires, de los dos prime- ros cordones del ‘Gran Buenos Aires, Rosario y urbes aledañas; Es para pen- sar que dicha revuelta significó el hito fundacional de las asambleas barriales, básicamente dentro del radio porteño.
'jibilizar las situaciones "gíperimentadas. No es "¿que esta visión Ian di- gado fuerte dentro del _ mÉÏBrio; provocando una "l; idad autorreferencia- p p _ y como resultado se vivió un cierto aislamiento al creer que solamente nuestros espacios eran nue- vos, distintos y originales a diferencia delos otros que .ya venían operando con anterioridad.
De todas maneras, el clima de re- vuelta y sus consecuencias en las ca- lles, potencializó a todos los demás movimientos en acción.
En la actualidad, en el intento por garantizar una legitimidad y goberna- bilidad prácticamente nulas, el Estado tuvo que apropiarse de gran parte de
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nuestros reclamos, al institucionalizar- los y, por lo tanto, despojarlós de su verdadero significado y construcción de sentido inicial.
Ello provocó que las lógicas del sis- tema representativo ocuparan el eje central de la confrontación política, con el agravante de retraer la participa- ción colectiva en la calle. Es simple ob- servar el tiempo que se invirtió en dis- cutir sobre los escrutinios de Buenos
Aires. se
¿Es posible penséis —nton es que .
nuestro futuro comoiesp
tivo depende también de dichosvesïígl-t
tados electorales? ¿‘
sea el ganador o el pe: De una u otra que las elecciones pre' tar una visión totalizÏ'M dad: exhiben lo que el” lo que no existe- DV _ '1, ._ . .. abren una posibilidad: ese escenario aglutina a todo el conjunto de las con- ducciones políticas partidarias y nos permite armar a simple vista un ma- peo general de éstas mismas. Seguro que lo que decimosresulta una obvie- dad.- No obstante, sin ellas, las dirigen- cias nacionales, provinciales y munici- pales expuestas en la vitrina, no siem- pre pueden ser registradas ya sea por desconocimiento o invisibilidad en nuestra cotidianeidad ciudadana. Además, si ¡bien las encuestas y re-
___,forr'nas . Inqwcontenidos simbolizan
sultados son las niñas mimadas del es- tablishment; no dejan por ello de po- ner blanco sobre negro.
¿Entonces con las cifras en mano dónde nos ubicaríamos o nos desubi- caríamos? ¿qué quedó de lo nuevo y qué de lo viejo? Esto no significa resig- narse frente a los hechos consumados. Más bien, pensar con criterio estraté- gico en tomo a los aciertos y a los erro- res de nuestras propias prácticas; por
I u.
l ¿laprbductividad del acto en si provoque dispersión, parálisis y en-'
fltiíhíaün'entosi} Pese a todo, es revela-' ordar' que no continuamente ' los'acontecimientos van acompañados
degurepresentación. Más de las veces, los discursosliacen escuchar el ruido
hechos esenciales. En el sistema repre- sentativo sea del cuño que sea, pesa más los contenidos que las formas. Más aún: sus modos relacionales sos- tienen un perfil populista, vertical, au- toritario, clientelar y desconectados de sus bases. En cambio, en las asambleas debería .primar como objetivo fundan- te‘ la interacción. Así, se diseñaría una potencial necesidad de ser nosotros mismos, asumimos como personas autónomas en las decisiones y en las acciones, de intentar la igualdad sin 'ór-
CuadernosdaISur
113,,
denes jerárquicos. Es todo un desafío procurar reproducir y replicar estas formas por dentro y fuera de las mis- mas para que cada uno y una sea pro- tagonista de su propia vida. No obs- tante, en muchas de ellas se precisa que ese modelo de participación espe- cífica debe mantener fidelidad a sus orígenes. De allí, se comienza a repro- ducir mecanismos que ritualizan tra- diciones; por más-que los telones de fondo del presente poco y nada tengan que ver con. la revuelta del 19 y 20 de diciembre de 2001.
Ahora bien, frente al rodeo electo- ral y a un vuelco de lleno hacia pique- teros y estudiantes universitarios, se retiran de manera estrepitosa un nú- mero de partidos de izquierdas de va- riados tintes y también organizaciones sindicales y sociales; Al menos, la inje- rencia de este amplio arco de institu- ciones sobre las asmbleas, provocó rupturas, tensiones intempestivas por captación e imposiciones de propues- tas de sus agendas electorales en el in-. terior de las mismas. En muy pocas aún permanecen activistas de dichas corrientes, aunque los que están in- corporados ya no son l@s mism@s . En determinados casos, se encuentran en la disyuntiva entre reproducir la ilí- nea de su partido y acomodarse a la la- xitud de su asamblea. Ello se expresa cuando asumen ciertas posiciones po- líticas y uso de metodologías que no siempre coinciden con‘el perfil de sus sedes.» matrices. Es posible que quienes
se autoreivindican asambleístas se ha-u
yan contaminado de ese clima polifó- nico y elijan coexistir con ambas ads- cripciones a la vez.
Lo que sí recorrió como un fantas- ma fue la política de intervención abierta por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires al intentar implicarlas en su proyecto del presu- puesto participativo y en los Centros de Gestión y Participación (CGP )', sin olvidar la embestida intimidatoria ha- cia algunas asambleas, que se manifess tó en amenazas de desalojo y diversas agresiones. Era previsible que con to- das estas interferencias institucionales que se presentan tanto por fuera como por dentro de las mismas, generase un clima de tironeos y desgastes; provo- cando un debilitamiento de sus fuer- zas expresado en estallidos y divisiones y hasta extinción de muchas de ellas.
Transcurridos más de dos años de su irrupción y con un presente carac- terizado por la incidencia determinan- te de nuevos elementos coyunturales, sería de significativa importancia pre- guntamos dos cuestiones:-
Primero ¿continuamos en estado puro asambleario?. Segundo ¿abandoa namos ya nuestra condición de vecino genuino de nuestros inicios?.
Reflexionar en tomo a estos temas no resulta caprichoso, puesto que se atravesó un proceso de fuertes ,cam- bios que podrían reformular la noción y sus 'caracterizaciones originarias. Va- le decir: ¿las asambleas del. presente mantienen el mismo perfil que cuán.- do nacieron al calor de la revuelta ple-
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N de anos
beya del 19 y 20 de diciembre? Y a continuación ¿pasamos a convertirnos en activistas .asamblearios?
Es posible que incluso no aparez- can respuestas a estas dudas intuitivas exhibidas de manera abierta. Y si las hay, aún se encuentran en un embrio- nario proceso de elaboración. No obs- tante, todavía mantenernos muchas de nuestras variadas especificidades, tales como la transversalidad heterogénea —etárea, genérica, sexual, política, ideológica, de clase o cultural-.
Dicha variable constituye una fuente de riqueza en tanto que todas las diferencias visibilizadas deben coe- xistir en un mismo espacio y tiempo, bajo posiciones simétricas y de igual- dad. Una modalidad horizontal debe- ría condecirse con una práctica en el día a día que conlleve un grado de compromiso similar en el hacer. Des- de ya no siempre se logra plasmar ese objetivo; sin embargo, uno de sus ma- yores potenciales consiste en impug- nar elv estilo clásico de enfrentamientos irreconciliables-como atravesamos en el bestiario externo, sea de manera in- dividual o colectiva. Diríamos enton- ces que estamos en un camino de aprendizaje a escuchar aquello que no nos gusta escuchar y a convivir con quienes nos costaría compartir un mismo escenario. Esta confluencia suele presentar matices ríspidos: En una cantidad importante de asambleas se abrieron proyectos nuevos e ingre- saron colectivos diversos que no siem- pre están dispuestos a responder arti-
culadamente al criterio esencial-ista asambleario. Dicha posibilidad de in- dependencia y de autarquía de unos sobre otros fue generando fuertes fric- ciones al coexistir bajo un espacio co- mún.
Tiadicionalmente, los movimien- tos configuran su identidad a partir de un único perfil aglutinador y homogé- neo, con un fm preciso y sus protago- nistas son los actores de una historia común pasada y presente. A diferen- cia, las asambleas reúnen de todo co- mo en botica: desocupad@s, ocu- pad@s, veteran@s y jóvenes activistas, amas de casa, artesan@s, profesiona- les, comerciantes, personas en situa- ción de calle, miembr@s de partidos políticos, agrupaciones de base, estu- diantes secundarios y universitarios, jubilad@s. Tod@s en ese mismo ac- cionar diario y anónimo, estaríamos provocando significativos cambios culturales para el orden político impe- rante: romper con el ideario de delega- ción, presupuesto de la democracia ca- pitalista y liberal. Cada integrante es un protagonista colectivo.
Es preciso recalcar que la ardua ta- rea que nos propusimos al desnatura- lizar tantos conceptos y prácticas ca- racterísticas de la política representati- va, constituye un proceso de ensayos y errores donde ciertas construcciones acartonadas yacen implícitas en nues- tra esencia de sujet@s polític@s. No se trata entonces de instituir una o la identidad dentro del colectivo, sino de ICVertir valores y mecanismos indivi-
CuademasddSur
ns
duales propios de la sub- jetividad capitalista, de la cual surgimos como or- ganismos “gérmenes” de cambio. Asimismo, se intenta resignificar la potencia transformadora de experiencias históri- cas anteriores.
Parte de su ideario, consiste en inventar otros espacios-tiempos donde sean posibles nuevas acciones y relaciones que configuren modos distintos de existencia, superadores de una lógica mercantil que nos determina de ma- nera invisible y silenciosa.
A nuestro entender, esa misma transversalidad heterogénea es la que lleva a que estemos en permanente conmutación bajo la incidencia directa que ejercen los escenarios históricos sobre las mismas. No sólo funcionan como telón de fondo sino también configuran subjetividades sociales. En suma: existe una relación directa entre la dinámica de los conflictos sociales y sus efectos en el interior de estas nue- vas formas de participación. Y esta co- rrelatividad entre modalidades inter- nas y externas a las asambleas, se plan- tea como un factor que supone una forma de acción consecuente con el contexto en el que nos ubicamos. Aunque, más de las veces, signifique un devenir sometido a los tiempos prefijados por el Estado.
En cierta medida, las mismas fun- cionaron como un termómetro que
marcó el clima de suba o baja de las protestaspo- pulares. Así, la disminu- ción del grado de im- pugnaciones colectivas al modelo capitalista y al neoconservadurismo in- cidió sobre su dinámica y un pliegue hacia aden- tro que, posiblemente, haya colaborado a un proceso de necesidad organizativa.
En su momento inicial, provocaron un salto cualitativo al inaugurar prácti- cas concretas de intervención pública y de construcción de sentido. Ahora bien, en la actualidad
¿Podríamos sostener que represen- tamos una esfera paralela a las institu- ciones tradicionales? ¿Qué fines nos proponemos? ¿Estamos a la deri- va?¿Estamos por acostumbramiento? ¿Qué es ser asambleísta más allá de la visión romántica imperante?
El presente nos devela la existencia
de una significativa retracción tanto de
los movimientos sociales como de las acciones colectivas o, al menos, un irn- passe dialoga! entre estas formaciones políticas y el Estado. Por ello, resulta imperioso pensar y escribir al calor de los acontecimientos. Y no sólo eso, también nos permite reflejar las posi- bilidades reales de una situación, sin mediaciones especulativas o elaborati- vas que vayan en dirección a los res- puestas buscadas. Además, podemos reflexionar en torno a nuestros posi- bles y a nuestros imposibles. Una for-
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ma de superar el reflujo sería enriquecer a las asambleas con el aporte de otros movimientos, colectivos y organizacio- nes que del mismo mo- do están sumidos en una crisis no del todo cerrada y que, históricamente, han tenido una relevan- cia sustancial en la con- frontación capital-trabajo.
A nuestro entender, es de suma im- portancia desprenderse del retrato y la fotografía de lo que en un momento fuimos. Esta misma es una imagen fija y detenida. Ahora pasamos a ser una película ya que nos vemos en movi- miento.
Ahora bien, hoy ya no somos lo que éramos al inicio de la experiencia. [a acumulación de lo aprendido hasta el momento, nos atravesó de alguna u otra manera. Pero tampoco somos lo que imaginariamente creíamos ser. En fin, somos lo que hacemos pero, a ve- ces, las ideas y las prácticas no van en una misma dirección. Situación incó- moda, por cierto, en tanto y cuanto se caiga en la tentación de marcar objeti- vos inalcanzable que den como resul- tado un andar a la deriva. En este pun- to hagamos un pie de página: existe una diferencia sustancial entre las asambleas que realizaron tomas de aquellas que aún funcionan en lugares abiertos. En líneas generales, una ocu- pación garantiza, por un lado, la conti- nuidad del proceso y, por el otro, una
menor dispersión de sus integrantes. Pero, soste- ner una toma conlleva constantemente a en- frentarse a un clima de adversidad e intimida- ciones que, en algunos casos, genera encierro y, a la vez, provoca una pérdida del sentido co- mo un ámbito público, abierto y descentralizado.
Desde hace más de un año, buena parte de las asambleas populares de Buenos Aires, del cordón urbano y de Rosario organizan emprendimientos de economía social; huertas comunita- rias; ollas populares, merenderos, bol- sones de comida y comedóres, entre otras tantas experiencias. Esta fase ac- tual deviene como factor de primer orden, direccionada a paliar la pobreza extrema creciente como un hecho más de la iconografía urbana.
Los motivos que llevan a este pun- to son múltiples y entrecruzados y no constantemente se aglutinan bajo un común denominador ya que los perfi- les específicos de cada barrio marcan la confrontación de sus propios límites.
A aquellas que no concretaron pro- yectos de más largo alcance, les queda- ban dos caminos: desaparecer o desen- vestir su sentido. Un número cuantio- so eligió esta última opción: armar, con sus más y sus menos, estrategias asistenciales con los riesgos que ello implica de instalar viejas modalidades junto con nuevas prácticas. En esta di-
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rección, se podría caer, muchas veces de manera involuntaria, en replicar modos tradicionales de atención a los sectores marginales y de exclusión to- tal como los utilizados por parte del Estado; la iglesia y la política clientelar del peronismo.
A nuestro entender, las que atravie- san esta experiencia se encuentran an- te un gran desafío: devenir el asisten- cialismo en un espacio de participa- ción, contención y resistencia activa para que las condiciones materiales de la vida no se transforrnen en el único eje motivador de ese emprendimiento que si bien es necesario pero no sufr- ciente. Ese devenir significaría poner palabra a la acción, inscribirla en el te- rritorio político y estimular la autoges- tión de estos grupos. Si ellas sólo se circunscriben en tomo de esa pro- puesta podrían quedar entrampadas en una suerte de política benefactora clá- sica.
Otro punto a pensar, es en torno a los comentarios que hablan de nuestra muerte y desaparición. Uno de los ar- gumentos más duros y perdurables consta en la fuga de sus participantes. Se recalca que antes éramos 200 y aho- ra somos 10. No obstante, si aún esta- mos dónde estamos, algo quiere decir. Quizás, nuestra capacidad de perdurar esté ligada con nuestra habilidad para continuar mutando. Será fundamental que manejemos un criterio de supera-
ción respecto a nuestros contenidos y a las gamas de posibilidades de “for- mas” a explorar como territorio políti- co transversalizado por las heteroge- neidades.
Sólo medir en términos cuantitati- vos significa una lógica imperativa de cuño partidocrático representativo en la cultura política argentina. Pocas son las organizaciones, independiente- mente de su naturaleza, que se eximen de ese categórico. Sí, es cierto en el pa- sado fuimos muchos y en la actualidad somos pocos. Pero también en los ini- cios de las asambleas, se reunían per- sonas que no siempre disponían de una mirada crítica; de un proyecto al- ternativo, etc. etc. Pasaban porue veían luz y subían.
En este momento, quienes la inte- gramos somos mayoritariamente acti- vistas comprometidos con el espacio y perrnanecimos mediante un proceso de organización para adentro, de pen- samos como colectivo. En suma: des- pués de la catarsis vino la decantación.
A modo de cierre podríamos supo- nerque, posiblemente, vayamos carni- no hacia nuestra disolución en la me- dida en que releguemos las interpela- ciones confrontativas del presente para fijamos al retrato del 19 y 20 de di- ciembre de 2001.
Quizás, las palabras del viejo topo no fueron antojadizas: nTodo sólido se desvanece en el aire”.
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A la luz del relámpago: Cuba en octubrea=
Adolfo Gilly**
Para Roberto Acosta, ingeniero cubano, yjosé Lungarzo, metalúrgico argentino. Para Ezequiel Martínez Estrada, escritor argentino. 'Ibdos ellos en Cuba en octubre. En memoria.
ace cuarenta años, a fines de octubre de 1962, el mundo estuvo al
borde de la guerra nuclear. La Unión Soviética había instalado co-
hetes estratégicos en Cuba desde junio de 1962. Estados Unidos confirmó su presencia el 16 de octubre. El 22 de octubre, el presidente John F. Kennedy lanzó un ultimátum: retirada inmediata o bombardeo, in- vasión y guerra. Era claro que esta guerra no podía ser sino con armas nu- cleares. El primer ministro soviético Nikita Jruschov cedió y, sin consultar a Cuba, desde el 25 de octubre hizo saber a Washington que se reple'garía. Los cubanos se enteraron de esta decisión, que afectaba a su soberanía y su territorio, apenas el 28 de octubre. Se abrió allí una segunda y grave crisis, no militar sino política, entre Cuba y la Unión Soviética.
Esta serie de complejos acontecimientos, en los cuales la destrucción nu- clear planeó sobre el mundo, es conocida bajo tres nombres: en Estados Unidos la llaman “la crisis de los cohetes”; en Rusia, “la crisis del Caribe”; en Cuba, “la crisis de Octubre”. Para Washington, el significado era la ame- naza nuclear de los cohetes soviéticos sobre su territorio; para la Unión So- viética, era la extensión de sus bases militares hacia el Caribe, lejos de su te-
* Presentado en el Congreso Internacional "México, América Central y el Caribe durante la guerra fría", Ciudad de México, 7-9 noviembre 2002. Las citas entre comillas o en cursiva son textuales y de cada una existe la fuente. El aparato de referencias y la bibliografía se in- cluirán en la publicación de las Memorias de este Congreso.
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rritorio; para Cuba, era la defensa de la nación, de su independencia y de su territorio en un momento precisode su historialíocmbre de 1962, contra las agresiones que a partir de la invasión de Playa Girón (abril 1961) en adelan- te se multiplicaban desde territorio de Estados Unidos y bajo la planeación y la cobertura de su gobierno. Los tres nombres, como suele suceder, no son caprichosos. Dice, cada uno, diferentes vivencias, sentidos e interpre- taciones de un mismo acontecimiento.
Los días 11 y 12 de octubre de 2002 se realizó en La Habana una confe- rencia internacional sobre esta crisis. Estuvieron presentes, a título perso- nal, delegaciones de Estados Unidos, Rusia y Cuba. Protagonistas de pri- mera línea de aquel entonces pudieron volver a dialogar: entre ellos, Fidel Castro, presidente de Cuba, Robert Mc Namara,entonces secretario de De- fensa dejohn P. Kennedy, y el general Anatoly Gribkov, entonces jefe de las fuerzas soviéticas estacionadas en Cuba. Se dieron a conocer documentos recientemente desclasifrcados y se cruzaron los testimonios y las reflexio- nes de quienes hace cuarenta años se habían enfrentado como combatien- tes enemigos en un duelo militar cercano a la guerra y a la catástrofe nu- clear. El respeto y el diálogo fueron la norma de las discusiones, cuyo int?- rés históricoypolitico no es preciso subrayar. Enviado por La jomalda,‘*tuv_e ocasión de. presenciar en pantalla y en vivo, com uno más de los varios cientos-deespectadores reunidos en una sala contigua. al salón de sesiones; el desarrollo ¡íntegro de la Conferencia.
A la luz del relámpago: Cuba en Octubre es un testimonio. de cuanto desde allí pudo verse, unido a la lectura dedocumentos hace poco desclasifrcados y de las actas de la Conferencia preCedente, realizada en La Habana en oc- tubre de 1992.
*‘k‘k
1. Cuba-Estados Unidos: El todo por el todo
El 23 de octubre de 1962, a las 19 horas,John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, anunció a la nación y al mundo que, habiendo comprobai do su gobierno la existencia de “armas estratégicas ofensivas” (misiles con carga nuclear) en la República de: Cuba, instaladas secretamente por la Unión Soviética, denunciaba este hecho como una amenaza a “la paz y la seguridad” del continente americano y declaraba una cuarentena naval so- bre la isla: primero, todo barco que se dirigiera a Cuba sería inspeccionado y obligado a retroceder si traía carga de “armas ofensivas”; segundo, se au- mentaba la vigilancia sobre la isla y se reforzaba militarmente la base de
no Noviembrir‘lea‘ooa
Guantánamo; tercero, se declaraba la movilización y el estado de alerta de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Informado de que esa tarde el presidente Kennedy haría un anuncio de extrema importancia y en vista de grandes movimientos militares en el Ca- ribe, el gobierno cubano se adelantó y, desde las 16 horas, declaró la movi- lización general y el alerta de guerra en toda Cuba. Uncronista de esos-días lo contó de este modo:
“A las armas”. Un cartel rojo con un civil enarbolando una metralleta y sólo tres palabras en grandes letras blancas: “A las armas”, apareció cubrien- do -todas las calles de La Habana el martes 23 de octubre de 1962. Desde las 18 horas del día anterior, Cuba estaba en pie de guerra. Kennedy había lan- zado la amenaza de invasión y Fidel Castro había llamado a la movilización general. El cartel —un color, tres palabras y un gesto- sintetizaba la'reacción instantánea del pueblo cubano.
Fue como si una larga tensión contenida se aflojara, como si todo elpaís como un solo cuerpo dijera: “¡Por frn!”. La larga espera de la invasión, la guerra de nervios, los pequeños ataques, los desembarcos de espías, el blo- queo, todo eso estaba atrás. Ahora era la hora de la lucha y todo el mundo se lanzó a ella en cuerpo y alma.
“Alarma de combate” / “La nación en pie de guerra”, fueron el 23 de octubre los dos títulares en grandes caracteres del periódico Revolución. Trescientos mil hombres y mujeres armados movilizó el gobierno en el ejército, las mi- licias, los centros de trabajo y de estudio, los barrios y las calles de las ciu- dades: el pueblo en armas. En algunos centros de reclutamiento —el Hotel Habana Riviera, por ejemplo- pudieron acudir a ocupar su puesto en el conflicto inminente los ciudadanos de otros países que en ese momento es- taban en la isla. A la salida de sus tareas los trabajadores hacían ejercicios mi- litares en calles y plazas, bajo una lluvia persistente. Al mismo tiempo, co- mo pudo c’omprobarse después, aumentó la productividad y la disciplina en las empresas. Siguió contando elcronista:
El dia 23 el ejército y todas las milicias estaban movilizados. Las unidades de combate de las milicias comenzaron a salir hacia el interior del país. Las unidades de defensa popular se distribuyeron por toda La Habana. Decenas de miles de hombres y mujeres que no estaban hasta entonces en las milicias se presentaron voluntaria- mente y comenzaron su instrucción. 'lirda Cuba era un campamento militar en pie de guerra.
Cuarenta años después, el historiador persiste en constatar lo que enton- ces registró aquel crOnista: ese llamado audaz de una dirección que reunió en su torno a todo su pueblo y se colocó así bajo su protección, su influen-
Cuadmro’s del Sur mr
cia y su impulso; esa movilización inmediata y en masa; esa participación de todos en todas partes; esa agitación de los espíritus y de las armas fue lo que hizo toda la diferencia con lo que se vivía en esos mismos momentos en Es- tados Unidos y en la Unión Soviética: un enfrentamiento al bordevdel es- tallido entre los gobiernos y los ejércitos de dos potencias sin que sus pue- blos fueran convocados a ser otra cosa que espectadores pasivos, contenien- do el aliento como todo el planeta y esperando que allá en las alturas sus di- rigentes no los arrastraran al abismo de una guerra nuclear.
Cuba sólo podía usar las armas que tenía, incluídas sus baterías antiaé- reas de mediano alcance, mientras que los disparadores nucleares, en todas partes, estaban bajo el control exclusivo de las dos potencias: Estados Uni- dos y la Unión Soviética. Los misiles instalados en territoriocubano esta- ban bajo mando soviético y únicamente por órdenes de Moscú podían ser disparados. El enfrentamiento nuclear era, pues, entre los grandes. Pero quienes se estaban jugando literalmente el todo por el todo eran Cuba y su revolución, el primer blanco seguro en caso de enfrentamiento nuclear.
¿Cómo se había llegado a ese límite. último?
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Desde junio de 1962, como después veremos,-por iniciativa soviética y acuerdo cubano había comenzado la febril y secreta operación de instala- ción de misiles de alcance medio, con carga nuclear, en territorio de Cuba. Un objetivo, después =se dijo, era proteger a la isla de la amenaza de una in- vasión, amenaza siempre presente en las operaciones de sabotaje y hostiga- miento desde territorio de Estados Unidos, con el apoyo de los servicios de inteligencia de este país, intensificadas desde ,l-a derrota de la invasión de Playa Girón en abril de 1961 y aprobadas por Washington bajo el nombre de clave de Operation Mongoose (Operación Mangosta). El otro objetivo, también se dijo, era equilibrar la relación de fuerzas nucleares entre Esta- dos Unidos y la. Unión Soviética.
Los misiles en la isla debían disuadir las amenazas contra Cuba y com- pensar la cadena de bases nucleares de Estados Unidos en las vecindades. de la Unión Soviética. Los cubanos querían que la operación quedara cubier- ta jurídicamente por un pacto militar público entre dos naciones, una de- claración de que cualquier ataque contra Cuba sería considerado como un ataque contra la Unión Soviética. Según ese pacto, cada paísrejercería el de- recho soberano de proveerse de las armas que creyera pertinentes, sin tener que dar a nadie explicaciones al respecto.
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Nikita Jruschov y el gobierno soviético consideraron que la operación de instalación de los misiles (denominada Operación Anadyr) debía ser secreta y sería revelada a fines de 1962, una vez concluída y en condicio- nes operativas, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ponien- do a Estados Unidos ante un hecho sorpresivo y consumado. Este criterio se impuso.
“¿Cómo podían creer ustedes, rusos y cubanos, que una operación de tal envergadura no iba a ser descubierta en su desarrollo por la vigilancia de las fuerzas armadas de Estados Unidos?”, preguntó Robert McNamara, en aquel entonces secretario de Defensa del presidente Kennedy, durante la Conferencia de La Habana deroctubre de 2002. “¿Cómo imaginaban que Estados Unidos iba a responder a la instalación de los misiles en Cuba? ¿Pa- ra qué desplegaron armas tácticas nucleares,que según ustedes eran para di- suadir de una invasión, si no sabíamos de su presencia en la isla y entonces no podían disuadir a nadie? ¿Cómo planeaban los soviéticos usar esas armas si hubiera habido una invasión?”
Desde julio de 1962, el gobierno de Estados Unidos había registrado un notable aumento del movimiento de barcos de carga entre la Unión Sovié- tica y Cuba. Intensificó entonces la vigilancia aérea con los aviones U-2, que volaban a 20 mil metros de altura. El 16 de octubre los analistas de las fotografías de esos vuelos informaron al presidente Kennedy que había mi- siles instalados y en curso de instalación en la isla, sin poder decir si ya eran o no operativos. Si lo hubieran sido habrían podido, según también dijo McNamara en La Habana, “lanzar armas nucleares sobre grandes ciudades de la costa este de Estados Unidos, poniendo en riesgo a 90 millones de personas”.
Percibida la situación de esta manera en Washington, Kennedy formó un Comité Ejecutivo de Seguridad Nacional (Bxcomm) con unos pocos aseso- res inmediatos y pidió a éstos una opinión documentada, manteniendo el más completo secreto. Mientras tanto, ordenó una enorme movilización de fuerzas de tierra, mar y aire sobre el extremo sudeste del territorio de Esta- dos Unidos, la cual fue detectada por los servicios de espionaje soviéticos. (“Los estábamos vigilando desde Estados Unidos hasta con avionetas de fumigacion. Esa operación era muy visible y estaba mal hecha. ¿Cómo podían creer ustedes que no nos daríamos cuentaP”, dijo en la Conferencia de La Habana uno de los exper- tos rusos allí presentes).
El domingo 21 de octubre de 1962 se reunió el Excomm con el presiden- te Kennedy para aconsejar la línea de acción a seguir contra Cuba. Según el informe de McNamara en La Habana, hubo dos posiciones. El general
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Maxwell Taylor argumentó en favor de lanzar una invasión inmediata, con un bombardeo masivo inicial (1080 incursiones el primer día) y un desem- barco también masivo después: cinco divisiones del ejército, tres. divisiones de la marina (unos. 140 mil efectivos, incluidos 14 500 paracaidistas). El se- cretario de Defensa, Robert McNamara, defendió la propuesta de una cua- rentena inicial, antes de cualquier operación de guerra.
A pregunta expresa del presidente, la mayoría del Excomm, según recor- dó McNamara en La Habana, estuvo a favor del ataque inmediato. Ken- nedy, entonces, preguntó al jefe del Comando Aéreo que dirigiría el ataque contra la isla, general Walter Sweeney, si podía asegurar que sus fuerzas po- dían destruir en un primer golpe los misiles desplegados en Cuba. El gene- ral respondió que garantizaba una destrucción inmediata de un 90 por cien- to al menos, pero que no podía asegurar que unos pocos misiles y cabezas nucleares no escaparan de ese primer golpe y no fueran lanzados en repre- salia contra el ejército y el territorio de Estados Unidos. El presidente mi- dió el riesgo y optó entonces por la línea de acción propuesta por el secre- tario de Defensa McNamara: decretar una cuarentena inicial sobre la nave- gación hacia Cuba. La anunció en su discurso del 23 de octubre.
La línea de cuarentena marítima en torno .a Cuba, en efecto, entró en aplicación desde las 10 horas de la mañana del miércoles 24 de octubre.
*
Pero en esos momentos el mando estadounidense no sabía aún que las armas nucleares, no sólo los misiles, ya estaban en la isla. Así lo recordó también McNamara el 11 de octubre pasado en La Habana:
“No fue sino hasta después de casi treinta años desde aquellos sucesos, cuando supimos, a través del general Gribkov y su testimonio en la Confe- rencia de enero de 1992 (realizada en La Habana, en esta misma sala), que las armas nucleares, tanto las-estratégicas como las tácticas, ya habían llega- do a Cuba antes de que la línera de cuarentena fuera establecida: 162 cabe- zas nucleares en total. Si el presidente hubiera llevado adelante el ataque aé- reo y la invasión a Cuba, las fuerzas, es casi un hecho, se habrían encontra- do con fuego nuclear, lo cual habría requerido el mismo tipo de respuesta de Estados Unidos.”
Robert McNamara continuó diciendo que, en la Conferencia de diez años atrás, esa información significó una conmoción para ellos. (Fidel Cas- tro le recordó allí mismo, sonriendo, cómo en aquella ocasión- McNamara se había agarrado la cabeza con ambas manos). ‘.‘Le pregunté entonces al presi-
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dente Fidel Castro”, prosiguió McNamara, “qué habría hecho en caso de ataque con esas armas y cuál habria sido el desenlace para Cuba. La respuesta del presidente hizo recorrer un escalofrío por mi espinoza”. Repitió en ese punto (de la: versión en inglés) las palabras de Fidel Castro en aquel entonces. (Se reproducen aquí en formarmás completa):
“Nosotros partíamos del supuesto de que si había una invasión de Cuba, la guerra nuclear habria estallado. De esto estábamos seguros. Aquí todo el mundo estaba senci- llamente resignado al destino de que habríamos tenido que pagar el precio, que habria- mos desaparecido. Vimos el peligro, lo digo con franqueza, y la conclusión, señor Mc- Namara, que podemos sacar es que si nos vamos a basar en el miedo, nunca seremos capaces de evitar una guerra nuclear. El peligro de guerra nuclear tiene que ser elimi- nado por otros medios. No. se la puede evitar sobre la base del miedo a las ¡armas nu- cleares o de que los sereshumanos van a ser detenidos por el miedo a las armas nucleo.- m. Nosotros hemos vivido la experiencia muysingular de habernos convertido prác- ticamente en el primer blanco de ¿sas armas nucleares: nadie perdió su ecuanimidad -o su calma ante tal peligro, a pesar de que se supone que el instinto de supervivencia sea más poderoso. Por eso la existencia actual de 50 mil cabezas nucleares es una simple locura. Los seres humanos han estado haciendo locurasrcon la tecnología, que está . mu,- cho más desarrollada que sus capacidades de organizarse y hacer politica. []>”
“¿Usted quiere mi opinión en el caso de una invasión con todas sus. tro- pas ‘y con 1190 incursiones aéreas? ¿Habría yo estado dispuesto a usar ar- mas nucleares? Sí, hubiera estado de acuerdo en usarlas. Porque, en todo caso, dábamos por seguro que se hubiera convertido de todos ¿modos en guerra nuclear y que íbamos a desaparecer. Antes de tener nuestro territo- rio ocupado, totalmente ocupado, estábamos dispuestos a morir endefensa de nuestro país. Usted me ha pedido que hablara» con toda franqueza y así lo he hecho. Si el señor McNamara o el señor Kennedy hubieran estado en nuestro lugar y les hubieran invadido su país, o sin su país estuviera por ser ocupado, dada una enorme concentración de fuerzas convencionales, ellos también habrían usado armas nucleares tácticas.” [“Pero”, dijo a continuación, los cubanos “no teníamos control de las armas nucleares tácticas. Puede estar segtrro de que en tal caso no nos hubiéramos precipitado a usarlas.”]
¿Cómo habría terminado en tal caso el conflicto?, se preguntó McNa- mara en La Habana el 11 de octubre pasado: l-‘La respuesta, pienso, es: en un absoluto desastre, no sólo para Cuba sino para la Unión Soviética, para mi propio país y para el resto del mundo ". Por esta razón, agregó, “he regresado esta vez a La Habana: para saber cómo las lecciones aprendidas de aquella crisis de octubre de 1962 podrían ayudarnos a quienes estamos interesados en la reducción del peligro de una ca- tástrofe nuclear en el siglo XXI [] en un mundo que posee alrededor de 20 mil ar-
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mas nucleares y donde sola uso de cuatrocientas o quinientas podría signficar la des- trucción total de naciones completas”.
Debe decirse que, desde e] primer momento, las motivaciones políticas de actualidad de la presencia de Robert McNamara en La. Habana fueron explícitamente relacionadas con su preocupación por el peligro actual. de guerra en Irak y en Medio. Oriente.
Establecida la cuarentena, la presión sobre Cuba no cesó de crecer. Apar- te de los vuelos regulares de loslU-2, invisibles para el pueblo cubano, Es- tados Unidos estableció la práctica de vuelos rasantes de reconocimiento cada mañana, a 100 metros de altura o menos. Los artilleros cubanos, con orden estricta de no disparar, hasta podían ver las caras de los pilotos. Co- mo diría después Fidel Castro, esos vuelos no tenían objetivo militar, salvo el de desmoralizar a sus tropas y a sus gentes, pues el reconocimiento foto- gráfico lo hacían los U-2; Más de una vez los oficiales tuvieron que calmar a los milicianos“ que querían hacer fuego.
Casi cuarenta años después, un lejano amigo cubano de aquel cronista le escribió estos recuerdos:
Me movilicé a diez kilómetros de Guanajay, donde existía una cantera de piedra y estaba desplegado el batallón de la Universidad como posta ex- terior de una base coheteril soviética. [...] Pasaban los aviones yanquis, tan bajo que a veces se le veían los cascos a los pilotos. Nosotros estábamos en una pequeña elevación que dominaba la Carretera Central, en la punta de un campo de caña, por techo un naylon, por cama la paja de caña. [...] Fue- ron unos días imborrables, hermosos, de tremenda "hermandad entre los hombres. [...] Nunca sufrimos una humillación como aquellos aviones “pintorreados” USAF que nos sobrevolaban, hasta que Fidel dio la orden de ni un'vuelo más. La rabia era .tanta que recuerdo un_ día en que un vie- jo albañil negro, que era ayudante de una ametralladora pesada de fabrica- ción checa que-era una pieza acompañante, trató de hacerles fuego, pero no había orden. ¡Qué alegría cuando supimos que los CAD30, cañones an- tiaéreos de dos bocas calibre 30, comenzaron a hacer fuego de práctica de- trás de nosotros!. Eran nuestros compañeros de la Universidad que esta- ban en esa arma.
Reacciones como ésta fueron generales en los puestos de combate. Hay que anotar, sin embargo, que si bien expresaban el estado. de ánimo de los soldados y de la mayoría de la población, las tropa-s que nunca han estado
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bajo fuego real son proclives a estas emociones, mucho más controladas y maduras en los veteranos de otras batallas.
ir
E124 de octubre Bertrand Russell hizo llegar aJruschov un llamado a la prudencia y pidió a Kennedy que “detenga la locura”. Jruschov respondió que la Unión Soviética no tomará “decisiones insensatas” y que si Estados Unidos lleva adelante su “acción piratesca”, la URSS no tendrá otro reme- dio qtie “usar sus medios de defensa contra el agresor”.
La prudencia, sin embargo, parecía abrirse paso por momentos. El 25 de octubre en Estados Unidos se informa oficialmente que por lo menos do- ce barcos soviéticos han virado en redondo y emprendido el regreso antes de pasar la línea de cuarentena. Sólo un petrolero la atravesó, pero después de haber sido interceptado y autorizado sin haberlo abordado.
Ese mismo día, bajo la impresión, después no confirmada, de la inmi- nencia de una invasión de Cúba por Estados Unidos, Jruschov redactó una primera carta a Kennedy, proponiendo el retiro de los misiles a cambio de una garantía de Estados Unidos de que Cuba no será invadida. Esta carta fue entregada el 26 de octubre en la embajada de Estados Unidos en Mos- cú. De inmediato el Excomm se reunió para considerar la nueva situación.
Mientras tanto se barajan en privado en Washington y en Moscú varias alternativas de solución, entre ellas un retiro simultáneo de los misiles so- viéticos de Cuba y de los misiles de la OTAN de Turquía. Esta solución es propuesta a título personal por el periodista Wálter Lippman en su colum- na, por sugerencia de la Casa Blanca. Después aparecerá en una segunda carta de Jruschov a Kennedy.
Aesta altura, 26 de octubre, las negociaciones entre Kennedy eruschov ya están abiertas, por iniciativa de éste, con una, oferta explícita de ceder a las exigencias de aquél y retirar los cohetes a cambio de una promesa de no invasión a la isla. Sin embargo, Fidel Castro y los cubanos noha sido hasta entonces consultados, y ni siquiera informados, de lo que Washington y Moscú están tratando por encima de sus cabezas. Sus informes y sus per- cepciones les dicen que el ataque es inminente, idea compartida por los je- fes de las tropas y las bate-rías soviéticas en la isla.
Entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de octubre Fidel Castro es- cribe una carta urgente aJruschov, en la cual dice que, según sus informes y sus análisis, considera que “la agresión es casi inminente dentro de las próximas 24 y 72 horas”. La carta prevé dos variantes: la más probable, un
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ataque aéreo para destruir determinados objetivos; “la segunda, menós pro- bable aunque posible, es la invasión”. Después de asegurarle que Cuba va a resistir el ataque, cualquiera éste sea, le dice que “el estado moral del pue- blo cubano es sumamente alto y se enfrentará al agresor heroicamente”
Fidel Castro agrega a continuación su opinión personal: si tiene lugar la segunda variante y se produce la invasión de Cuba, “el peligro que tal polí- tica agresiva entraña para la humanidad es tan grande que después de ese hecho la Unión Soviética no debe permitir jamás circunstancias en las cua- les los imperialistas pudieran descargar contra ella el primer golpe nuclear”. Si Estados Unidos lleva adelante “un hecho tan brutal y violador de la ley y la moral universal como invadir a Cuba, ese sería el momento de eliminar para siempre semejante peligro en acto de la más legítima defensa, por du- ra y terrible que fuese la situación, porque no habría otra”. (Fidel Castro te- mía, dijo después, que la Unión Soviética pudiera repetir la trágica conduc- ta de Stalin en junio de 1941 cuando, pese a todos los informes y adverten- cias, permitió el ataque nazi sin haber preparado la menor respuesta, con un inmenso 'costo militar en destrucciones, en pérdida de territorio y en millo- nes de muertos). Siguen luego frases de afecto, de reconocimiento y de so- lidaridad con jruschov, para concluir: “Hasta el ültimo momento, no obs- tante, mantendremos la esperanza de que ‘la paz se salve y estamos dispues- tos a contribuir con Ilo que esté a nuestro alcance. Pero al mismo tiempo, nos disponemos con serenidad a enfrentar una situación que vernos muy real y muy próxima”.
Esta carta, enviada en la ignorancia del intercambio epistolar entre Jrus- chov y Kennedy, alarmó sobremanera a Jruschov, quien interpretó en ella algo que el texto claramente no dice: una propuesta de que la Unión Sovié- tica lanzara un primer golpe nuclear preventivo. En efecto, el 30 de octu- bre, es decir, todavía en plena crisis, jruschov se reunió en Moscú con una delegación del Partido Comunista de Checoslovaquia. Les informó que Fi- del Castro le había propuesto, en una carta, “que seamos nosotros los pri- meros en iniciar una guerra atómica”, y agregó: “Sólo una persona-que no tiene idea de lo que significa una guerra nuclear, o que está enceguecido por la pasión revolucionaria, como sucede con Fidel Castro, puede hablar de ese modo”.
Como diría Fidel Castro en la Conferencia de octubre de 2002, bajo la enorme presión del momento el primer ministro soviético estaba perdien- do el control de sus nervios.
En la misma convicción de la inminencia de un ataque sobre Cuba- que su carta registraba, ese 26 de octubre Fidel Castro dio orden a sus baterias
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antiaéreas de abrir fuego sobre los vuelos rasantes. Así sucedió en 'la madru- gada del 27, sin que avión alguno fuera- alcanzado pues de inmediato alza- ron la cota de vuelo. Ese día no hubo más vuelos. Vista desde Moscú, esta orden parecía un sabotaje de las negociaciones con Washington. Pero-de és- tas los cubanos nada sabían.
El 27 de octubre uno de los jefes militares soviéticos, el general Stepan Grechko, decidió por su cuenta que ya era basta, y dió orden de abrir fue- go con sus baterías SAM sobre el U-2 piloteado por el mayor Anderson. El avión fue derribado a las 10:27 sobre el municipio de Banes, en el oriente de —Cuba, y murió e-l piloto._]ruschov creyó entonces y siguió creyendo des- pués que la iniciativa había sido de los cubanos.
En 1992, en una entrevista, el general Georgy Voronkov, que ordenó el disparo, explicó que las tropas soviéticas estaban convenci'das de que esta- ban allí “para proteger a Cuba” . Ese día la tensión era enorme, dijo, el ata- que parecía inminente y ellos no sabían si la guerra estaba por estallar o ya había comenzado. Entonces, cuando el .U-2 apareció en el radar, dio orden de disparar. El general insistió mucho, en esa entrevista, en que con esos so- brevuelos la situación en tierra “se había vuelto sencillamente intolerable” Era la misma sensación que tenían los jefes cubanos y sus tropas.
En la Conferencia de La Habana de 1992, Fidel Castro declaró su acuer- do con el disparo:
“Estuve en total acuerdo con el derribo del avión. [...] Pienso que fue lo único consistente que hicimos en aquellos días. Creo que lo único co- rrecto, militar y defensivamente, era estar listos para prevenir a cualquier costo el. ataque por sorpresa. [...] No sabíamos nada de lapropuesta del re- tiro de los-misiles a cambio de una garantía; no sabíamos nada de lo que es- taba pasando el 27 y no sabíamos nada de la respuesta de Kennedy. [...] =En esas condiciones,.actuamosde' acuerdo con nuestro juicio. Era totalmente correcto; Más todavía, si toda la operación hubiera sido llevada adelante con esa misma resolución,'la salida habría sido diferente y no hubiera habido guerra. Lo cierto es que a menudo es la vacilación lo que conduce ala gue- rra, nola firmeza. ¿Qué tenemos que lamentar? ¿De qué tenemos que arrepentirnos? ¿Cómo pueden ustedes probar que lo que se hizo era equi- vocado? ¿Sobre qué bases?”
En Washington decidieron no revelar en lo inmediato el derribo del U- 2 para no llevar la tensión al punto-de ruptura. A esta altura, según reiteró
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McNamara en la Conferencia de octubre de 2002, los acontecimientos pa- recían estar descontrolándose y escapándoseles de las manos tanto a Moscú como a Washington. Por añadidura, un avión U-2 que volaba sobre Alaska se había extraviado en el espacio aéreo soviético, lo cual podía ser interpre- tado por Moscú como un acto de guerra.
Por otro lado, en ese mismo día catorce unidades estadounidenses ubi- caron a un submarino soviético, el B-59, lo rodearon y comenzaron a lan- zar cargas de profundidad para obligarlo a salir a la superficie. Los atacantes no imaginaban que ese submarino traía un torpedo con cabeza nuclear. El comandante soviético, exasperado y sin contacto con el cuartel general, des- pués de cuatro horas de hostigamiento ordenó armar el torpedo nuclear y preparar el disparo: “Tal vez la guerra ya estalló allá arriba y nosotros deján- donos zarandear aquí abajo. ¡Les disparamos ahora mismo! Nos vamos a morir, pero los vamos a hundir a todos juntos. ¡No vamos a deshonrar a nuestra Flotal”. Los dos oficiales inmediatos lo calmaron. No hubo dispa- ro y salieron a la superficie. Las naves de Estados Unidos, logrado su obje- tivo, no atacaron. La guerra no estalló allí, aunque sólo muchos años des- pués los estadounidenses vinieron a saber que habían estado acosando has- ta el borde del disparo a un submarino provisto de un torpedo nuclear.
Desde el 24, los cubanos habían decidido proteger las instalaciones de misiles soviéticos con sus propias baterías antiaéreas y habían puesto sus ra- dares en acción. Ese mismo 27 de octubre todavía se discutía en Washing- ton la opción de lanzar un ataque el lunes 29. Los diplomáticos acreditados en Cuba trasmitían ,a sus gobiernos, entre el 26 y 27, la inquietud y la in- certidumbre de] ataque inminente.
En La Habana existía la convicción de que ese día 27 se produciría el de- sembarco. Aquel mismo cronista que caminaba las calles registraba:
Recorrí La Habana esa mañana. En ninguna parte había signos de alarma. Pa- radójicamente, sólo los supuestos bendicíarios: de la invasión, los contrarrevolutiona- rios, estaban paralizadas: no tenían nada que defender ni jórma de luthm; sólo espe- rar: En el Ministerio de Industria pude hablar con uno de los pocosfimcionarios que allí quedaban para atender los asuntos urgentes, Manuel Manresa, secretario personal del Che Guevara. “Esperamos el ataque para esta tarde entre las tres y las cuatro”, me dijo. 'Iiwimos una breve conversación y me retiré.
Eran las once de la mañana. En el ascensor; un miliciano decía a otro que no se había rasurado esa mañana: “Parece que vienen dentro de un rato. Ahora no te rasu- ras hasta después de la guerra ”. Me fill caminando hasta mi domicilio, no lejos del ho- tel Habana Riviera. La calle de mi casa estaba arbolada por flamboyanes en todo el esplendor de sus flores rojas. Por la acera de enfrente pasaba una muchacha hermosa
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como todo lo hermoso. La miré caminar bajo los árboles florecidos y se me quedó gra- bado mi pensamiento de ese instante: “¡Qué lástima que todo esto va a desaparecer en- tre las tres y las cuatro de la tarde!”. No era una idea triste, sino ma's bien irónica y dubítativa. Después me fui hacia el Riviera, por cuyos rumbos tenía aún cosas que ha- cer
Treinta años después, recapitulando la situación en Cuba ese 27 de oc- tubre, Fidel Castro explicaba a la Conferencia de La Habana de 1992:
“En ese momento, cuando'ya habíamos adoptado todas las medidas hu- manamente posibles, me entrevisté con el mando militar soviético. Me in- formaron que todo estaba listo. Todas las armas que acaba de informar en esta reunión el general soviético, y la moral estaba en alto. Había —¿cómo podría decirlo?- esa extraña situación entre las tropas soviéticas, que estaban enfrentadas con un gran peligro y al mismo tiempo estaban muy serenas. La población cubana también estaba completamente calma. Si hubieran en- cuestado a la población y le hubieran preguntado: “¿Ustedes quieren que devolvamos los cohetes?”, el noventa por ciento habría dicho: “No”. La po- blación estaba serena e intransigente en ese punto. No querían que se lle- varan los cohetes.”
El 28 de agosto N ikitajruschov, quien también sentía que el curso de los acontecimientos se le iba de las manos, decidió adelantarse a nuevos impre- vistos y dio a conocer por radio las propuestas soviéticas de retiro de los co- hetes. Apenas entonces, y por ese medio público, supieron el gobierno y el pueblo cubanos lo que se había estado tratando a sus espaldas entre sus ene- migos y sus aliados.
Lo que a continuación sucedió es digno de ser contado.
***
2. Cuba-Unión Soviética: El agravio.
El día 28 de octubre, por Radio Moscú, la dirección cubana se enteró de la carta de jruschov a Kennedy en la que disponía el retiro de los cohetes. Sólo horas después llegó el mensaje personal de Nikita jruschov a Fidel Castro informándole de lo ya resuelto.
La dirección cubana se indignó. No aceptó el argumento de que “la falta de tiempo” había impedido consultarlos. jruschov, en sus mensajes a Ken- nedy, ni siquiera había propuesto la participación cubana en las negociacio- nes. Es evidente que puede ser más díficil un acuerdo entre tres que entre dos. Pero la guerra y la paz, la vida y la muerte, se estaban jugando sobre el territorio de la República de Cuba, no en otra parte. Los cubanos sintieron
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que estaban siendo tratados como una simple pieza de cambio entre ambas potencias. Cuando lo supo el día 29, “la reacción del pueblo fue de profunda indigí nación, no fue de alivio”, recordó Fidel Castro en la Conferencia de 1992.
En efecto, el 29 de octubre el periódico Revolución apareció con este titu- lar: “jruschov ordena retirar los cohetes de Cuba” y dio a conocer los tex- tos de las cartas intercambiadas entre jruschov y Kennedy, junto con los despachos de las agencias noticiosas desde el comienzo de la crisis hasta es- te desenlace, que tampoco había sido publicados por la prensa cubana en los días anteriores. El mensaje era claro. Al mismo tiempo, se dieron a conocer los cinco puntos de Cuba, sin los cuales el gobierno de La Habana conside- raba que no existían las garantías de que hablaba el presidente Kennedy: l) Cese del bloqueo económico. 2) Cese de todas las actividades subversivas. 3) Cese de los ataques piratas. 4) Cese de toda violación aeronaval del terri- torio cubano. 5) Retirada de la base naval de Guantánamo.
En cartas aJruschov primero, y a U Thant, secretario de la ONU, des- pués, Fidel Castro hizo saber que Cuba no permitiría, bajo ningún motivo, inspecciones sobre su. territorio: cuestión de soberanía, de dignidad nacioa nal y de supervivencia.
El cronista caminador registró en aquel entonces estos hechos:
La reacción fue instantánea. Esa mañana, en" cada esquina de La Habana, había grupos que comentaban indignados el retiro de los cohetes. “¿Por qué no nos consultaron, si los que estábamos aquí para morir éramos nosotros?”, oí decir a uno. “Nos traicionaron como en España”, escuché a otro. La pro- testa furiosa porque Cuba no había sido consultada y porque había sido una retirada, aparecía en todas partes. [...] En las esquinas, en las fábricas, en la universidad, la gente analizaba línea por línea los cables publicados y palabra por palabra las cartas de jruschov. Era impresionante ver la unanimidad, sin discusión previa, sin acuerdo previo. Los juicios eran de condena. Nadie aceptaba que jruschov le dijera a Kennedy “respetado presidente” o que le di.-. jera “usted y yo conocemos bien qué significa la guerra atómica”. “Ah sí, y nosotros, los que estamos aquí jugándonos la vida, no lo sabíamos, y por eso no nos consultan”: con palabras parecidas, oí varias veces este mismo comen- tario. [...] Y sin embargo, ni los diarios, ni la radio, ni- el gobierno, habían di- cho todavía nada de eso. ,Se habían limitado a informar y a medir la reacción. [...] Desde las trincheras, las fábricas, las granjas y las ciudades, todos que- daron a la espera de una declaración oficial de Fidel Castro, anunciada para el 1° de noviembre. Éste recorrió personalmente, del 29 al 31, calles y luga- res de La Habana y unidades en las trincheras. Las protestas y las presiones que recibió en todas partes fueron las mismas. [...]
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Cuando Fidel Castro habló, declarando que había divergencias con el gobierno de la Unión SOViética, era seguro que no podía decir una palabra menos de las que dijo. Cuba entera estaba pendiente de la televisión en las casas, en los locales públicos, en los comités de defensa. La declaración de Fidel Castro provocó un estallido unánime frente a los televisores, una misma escena repetida cientos y miles de veces en toda la isla: “ !Ahí está! ¡Lo que nosotros decíamos!”.
*
Cuarenta años después, en la Conferencia de La Habana en octubre de 2002, al tocar el' tema del retiro inconsulto de los misiles vimos a Fidel Cas- tro volver a indignarse a medida que hablaba, como si todo hubiera ocurri- do el día de ayer:
“Lo que yo ví era lo más parecido a una capitulación. ¡Han cedido! El 26 de octubre enviaron el primer mensaje, medio dulzón, al gobierno de Was- hington. ¡Actuaban en forma precipitadal. ¡En esas circunstancias hay que mantener los nervios, y los nervios se perdieron, cuando se aceptan las exi- gencias a cambio de una promesa! Cuando vi el acuerdo, vi un retro- ceso sin freno. Pedimos que quedara algo simbóliCo, una unidad al menos: si no se llevaban todo, hasta el último soldado. Esperábamos que nos deja- ran todo lo que no fueran armas nucleares. <[...] ¡Se había producido un re- troceso total! Nosotros no creíamos en una garantía de palabra. Pero lo qur más nos ofendía era el tipo de acuerdo y la forma en que lo hicieron. ¡Era ridículo! ¡Garantía con ataques piratas, con bloqueo, con planes de asesina- to, con base naval en nuestro territorio! ¡La base naval de Guantánamo es- tá por la fuerza! Y jamás hemos hecho 'un acto hostil contra esa base, que es una provocación. Los cinco puntos eran para que el acuerdo pudiera tomar una forma .deCorosa. En cambio, todo lo que se hizo fue errático. ¿Para qué se instalaron proyectiles y se permitió el vuelo de los U-2? Hubo errores políticos y debilitamiento moral...”
Terminó su todavía indignada intervención con una voz más calma. Se refirió a lo dicho por otro participante de la Conferencia, en el sentido de que Cuba aparecía desde el inicio como el único posible perdedor en el acuerdo entre los dos grandes. Negó que así fuera:
“No, no fue ni hubiera sido una derrota para nosotros. ¡Si morimos todos, no es una derrota! Los pueblos pueden ser exterminados, pero no pueden ser dominados El hombre inventa cosas y contrarresta hasta las armas más sofisticadas. La guerra sólo trae más guerra, más odio y más espíritu de venganza. ”
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La alusión a la actualidad pareció evidente, Allí terminó la tercera sesión de la Conferencia en la mañana del segundo día, el 12 de octubre.
*
En la tarde de ese día, durante la última sesión Theodor Sorensen, ase- sor cercano de john F. Kennedy durante la crisis de 1962, pidió la palabra y respondió dando un punto de vista diferente:
“Puedo asegurar que victoria y celebración no eran la actitud en el Excomm en esos momentos. El 28 de octubre el Excomm no habló de victoria y señaló la capaci- dad de estadista de jruschov. No creo que los cubanos fueron los perdedores. Si hubie- ran ganado los balcones, entonces sí Cuba hubiera sido el perdedor: En cambio, obtu- vo una garantía sincera contra la invasión. Tampoco creo que jruschov capituló. Ob- tuvo el fin del bloqueo, la garantía para Cuba y el retiro de los misiles de Turquía. ¡Es- to no es una rendición! [] Durante la» crisis hubo en las tres partes errores de infor- mación (misinformation), errores de comprensión (misunderstanding) y errores de predicción sobre lo que harían los otros. Fue al final un manejo brillante de la cri- sis, pero sería mejor cultivar el arte de evitar las crisis. En efecto, la primera reacción de Kennedy en el Excomm fue también dar de inmediato un golpe preventivo. Después comprendió que no era posible n'i deseable. Cualquier presidente que crea en golpes preventivos, debe reflexionar sobre esto. Hay que tener coraje para mantener negocia- ciones con el enemigo. El contacto nunca se rompió. Kennedy dio su importancia a los aliados, a los amigos y a la opinión pública mundial.”
El historiador Arthur Schlesingerjr., consejero de Kennedy en 1962, di- jo en su intervención que, a su juicio, en aquel momento “cada gran potencia había perdido el sentido de la otra ”. Retomaba así algo ya dicho por -McNama- ra: “La primera lección de esta crisis es que hay que saber ponerse en ellugar del otro, para comprender cómo puede reaccionar”. Agregó el historiador: “Nunca se debe acorralar al enemigo, sin dejarle una salida. [..] En esta era del terrorismo, hay que saber ponerse en el lugar de los terroristas para prever sus reacciones. Si una lección queda para hay, es que ir a la guerra en un mundo nuclear es altamente incontrolable y peligroso”.
También aquí, la alusión a la actualidad resultó obvia.
*
En los primeros días de noviembre, después de un denso intercambio de cartas contradictorias entre Fidel Castro y N ikitajruschov (Iruschov a Cas- tro, 28 octubre 1962; Castro a jruschov, 28 octubre; jruschov a Castro, 30
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octubre; Castro ajruschov, 31 octubre), llegó a La Habana Anastas Miko- yan, el dirigente soviético que mejores relaciones había establecido con los cubanos. Ven-ía para tratar de resolver lo que llegóa ser la “crisis de noviem- bre”, es decir, el conflicto entre los soviéticos y los cubanos por el retiro in- consulto de los misiles y por la forma en que La Habana había sido ignora-a da en las negociaciones entre Moscú y Washington.
Entre los documentos más reveladores presentados en la Conferencia de octubre de 2002 están los dos extensos informes de Mikoyan a su gobierno sobre las conversaciones con los dirigentes cubanos el día 5 de noviembre de 1962. De ellos está tomado el relato que sigue.
Mikoyan fue recibido amistosam‘ente por toda la dirección Cubana, in- cluídos Fidel y Raúl Castro y el Che Guevara. En su posterior reunión con los dirigentes cubanos —Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Osvaldo Dor- ticós y Carlos Rafael Rodríguez—, en la mañana del 5- de noviembre, Miko- yan expuso extensamente las razones del proceder soviético en los días de la crisis —22 al 28 de octubre- y susinterlocutores escucharon en silencio y con atención. Estaba presente también el embajador de la Unión Soviética, Alejandro Alekseev, quien tenía una buena relación con los cubanos.
Fidel Castro, según el informe de Mikoyan, aceptó buena parte de las ex- plicaciones pero, acerca de la propuesta de retirar los misiles hecha por Jruschov a Kennedy el 26 de octubre, precisó:
Cuando Kennedy aceptó esa propuesta (nosotros no sabíamos que la había acepta- do), había condiciones para desarrollada y preparar una declaración de acuerdo entre ambas partes. Ustedes podrían haber dicho a Estados Unidos que la Unión Soviética staba dispuesta a desmantelar esas instalaciones, pero quería discutirlo con el gobier- no cubano. En nuestra opinón, así es como debió haberse resuelto la cuestión en lugar de dar inmediatamente instrucciones para el retiro de las armas estratégicas. Esta acti- tud nos habría permitido aliviar la tensión internacional y nos habría dado una opor- tunidad para discutir esta cuestión con los norteamericanos en condiciones más favora- bles y para obtener una declaración firmada.
Fidel Castro concluyó sus obServaciones reiterando el agradecimiento por las explicaciones recibidas y su “inconmovible respeto por la Unión So- viética". “Después de escucharlo —escribe Mikoyan- parecía claro que el es- tado de ánimo había mejorado en comparación con los momentos iniciales del encuentro”.
El dirigente soviético, sin embargo, sintió .la necesidad de ampliar sus ex- plicaciones. Insistió sobre la imposibilidad de consultar con Cuba en los momentos críticos dada la urgencia extrema de la situación. ExPlicó que las armas no estaban en Cuba para defender al “campo socialista", como decía
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.Fidel Castro, sino sólo para defender a la prbpia “Cuba revolucionaria, que tiene gran" importancia para todo el campo socialista”.
Esta era una de las contradicciones más notorias de la situación. Mien- tras los- cubanos afirmaban que para la defensa de Cuba no eran necesarios los cohetes, y que sólo los habían aceptado en solidaridad con la defensa del “campo socialista”, los soviéticos insistían en que. ellos no necesitaban co- hetes en Cuba para su defensa y que sólo los habían llevado para proteger a Cuba. Es decir, cada uno ponía en riesgo por el otro su propia seguridad. No era ese el momento para dilucidar con argumentos la cuestión.
Sin darse cuenta de que había dejado pasar el momento preciso para ca- llarse —esto lo registró en una carta posterior-, Anastas Mikoyan continuó explicando a los cubanos qué convenía hacer en lo sucesivo, pues “nuestra victoria en impedir un ataque militar contra Cuba debe ser confirmada ahora con una victoria diplomática”.
Uno puede imaginar todavía hoy las caras de los dirigentes cubanos mientras Mikoyan desarrollaba su paternal'exposición. Pero el soviético no parece haberse dado cuenta, pues siguió diciendo: “Nos interesa terminar todo con un documento internacional que defienda los intereses de Cuba y termine con el bloqueo y con la peligrosa situación en la cuenca del Ca- ribe”
¿Cómo lograrlo? El secretario general de la ONU, U Thant, “que ob- viamente simpatiza con Cuba, puede desempeñar un gran papel”. Sería bueno que para esto “los camaradas cubanos ayudaran a U Thant para que tenga a mano suficientes argumentos para una declaración en el Consejo de Seguriad”, en el sentido de que las armas “ofensivas” han sido retiradas. Estados Unidos ya ha reconocido que, conforme a sus inspecciones aéreas, esas armas han sido desmanteladas. “Queda una dificultad, que puede ser planteada por nuestros enemigoszes el hecho de] embarque y retiro de es- tas armas en los barcos soviéticos”.
Es fascinante ver, en el informe, cómo su condescendencia hacia los cu- banos, que lo escuchan en silencio, lo lleva a dar el siguiente e irreparable paso. Según su propio informe, les-dijo: “Creo qUe ustedes pueden permi- tir que los representantes neutrales de U Thant lleguen por barco a un puerto cubano y, sin poner pie en territorio cubano, obServen la carga y el despacho de esas armas en los barcos soviéticos. Requeriría tres o cuatro días y todo :el trabajo estaría concluido en ese lapso”
A este punto, Mikoyan abre un paréntesis en su informe y anota: “Sen- tí que ya habíamos llegado a un entendimiento tal que los cubanos acepta- rían la propuesta. El camarada Alekseev, sentado a mi lado, me susurró al
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oído que los cubanos definitivamente la aceptarían”. No imaginaban lo que estaba a punto de suceder.
Mikoyan agregó que no pedía una respuesta 'en ese momento: que tal vez podían suspender la reunión, consultarse los cubanos a-solas entre ellos y después volver a reunirse para escuchar la opinión. Mikoyan, es obvio, no estaba entendiendo nada de cuanto ocurría en las mentes de sús interlocu- tores. De ahí su sorpresa en los párrafos sucesivos:
Entonces repentinamente Fidel, en tono calmo, hizo la inesperada declaración si- guiente:
“Una inspección unilateral tendría un efecto monstruoso sobre la moral de nuestro pueblo. Hemos hecho grandes concesiones. Los imperialistas norteamericanos llevan adelante con toda libertad sus fotografias aéreas, y nosotros no se los impedimos por pe- dido del gobierno soviético. Quiero decir al camarada Mikoyan, y lo que le digo rifle- ja la decisión de nuestro pueblo entero: No vamos a aceptar una inspección. No que- remos comprometer a las tropas soviéticos y poner en peligro la paz del mundo. Si nuestra posición pone en peligro la paz del mundo, entonces creemos que es más co- rrecto considerar a la Unión Soviética liberada de sus obligaciones y nosotros resistire- mos solos por nuestra cuenta. Tenemos el derecho de defender nosotros nuestra digni- dad”.
No me preocupó su negativa a permitir las inspecciones en los puertos. Me sacudió la parte final de su declaración. deos se quedaron en silencio durante varios minutos. Yo pensaba: ¿cómo salgo adelante en esta cuestión?
Decidí no comentar el exabrupto (shocking statement). 'Ibl vez se trababa deal- go no muy bien pensado [] Después de un momento, Dorticós dijo que Fidel expre- saba la opinión de todos ellos. El resto permaneció en silencio.
Prácticamente, allí concluyó esa discusión.
"I:
La reunión se reanudó en la tarde del 5 de noviembre. Estaban presen- tes Guevara, Dorticós y Carlos Rafael Rodríguez. Dijeron a Mikoyan que Fidel Castro no había venido pues no se sentía bien. “Se percibía claramen- te que querían borrar lo que había sucedido: no querían que tomáramos en serio el exabrupto de Fidel”, comenta el informe de Mikoyan. La obvia ra- zón de la amencia no era la salud, sino laindignación. Pero el funcionario soviético, en su informe, trataba de atenuar la medida de su propio descon- cierto ante‘ la situación creada.
Esa sesión de la tarde comenzó con una declaración del presidente Os- valdo Dorticósconfirmando el rechazo a la inspección en los pnertos cuba-
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nos: “Debemos rechazarlo, pues en principio nopermitimos inspecciones en territorio cubano, ni en nuestro espacio aéreo, ni en nuestros puertos”. El gobierno cubano, agregó, hará una declaración unilateral en ese sentido. Sólo las'aceptarían, agregó, si al mismo tiempo las hubiera en el territorio de Estados Unidos. “Si las inspecciones en Estados Unidos están excluidas, entonces, del mismo modo, también están excluídas las inspecciones en te- rritorio cubano”.
Pero, a continuación, la discusión se encaminó hacia un extraño diálogo entre el Che Guevara y Mikoyan. El Che, como si estuviera dirigiéndose a un compañero revolucionario y no a un funcionario soviético, le explica los perjuicios que la actitud soviética provoca a la causa de la revolución en América Latina. Han estallado divisiones, le dice, están apareciendo fraccio- nes:
Estamos profundamente convencidos. de la posibilidad de tomar el poder en varios países latinoamericanos, y la experiencia práctica enseña que no sólo es posible tomar- lo sino conservarlo- en una serie de países. Por desgracia, muchos grupos latinoameri- canos creen que en los actos políticos de la Unión Soviética durante los-hechos recien- tes hay dos serios errores. Primero, el intercambio [se refiere a la propuesta de cambiar los misiles en Cuba por los misiles en Turquía], y segundo, la concesión abierta. [] Se puede esperar ahora una declinación del movimiento revolucionario en América Latina,_-que se habíafirrtalecido- mucho en los últimos tiempos. Esta es mi opinión per- sonal y_:la digo con franqueza.
Mikoyan, famoso por haber sido uno de los poquísimos dirigentes so- viéticos de los años veinte sobreviviente de las purgas de Stalin, da una res- puesta tan evasiva como reveladora de su idea sobre sus interlocutores: “Las reuniones-y conversaciones con el camarada Fidel Castro tuvieron para mí un gran significado. Me ayudaron a comprender más profundamente el pa- pel del factor psicológico para los pueblos de estos países”.
El Che ignora este comentario sobre la psicología de los aborígenes lati- noamericanos e insiste: “Creo que la política soviética tiene .dos .lados débi- les. Ustedes no comprendieron el significado del factor psicológico para las condiciones cubanas. Fidel Castro lo dijo en forma original: “Estados Uni- dos nos quería destruir fisicamente, pero la Unión Soviética, con la carta de Jruschov, nos destruyó jurídicamente”.
Mikoyan se asombra: “¡Pero nosotros creíamos que ustedes estarían contentos con nuestra decisión! Hicimos todo lo necesario para que Cuba no fuera destruida. Vemos la disposición de ustedes a morir bellamente, po- ro nosotros creemos que no vale la pena una hermosa muerte”.
Guevara vuelve a ignorar la condescendencia del comentario y otra vez
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insiste: “Ustedes nos ofendieron al no consultarnos. Pero el peligro mayor está en la‘ otra debilidad de la política soviética. Ustedes han reconocido el derecho de Estados Unidos a violar el derecho internacional. Esto. los lesio- na a ustedes y nos preocupa. Daña la unidad de los países socialistas”
Mikoyan le asegura que están haciendo mucho por esa unidad: “en cuanto a ustedes, camaradas, estaremOS siempre con ustedes pese a todas las dificultades”.
“¿Hasta el último día?”, le pregunta el Che, cobrándose con cuatro pa- labras lolde la “hermosa muerte”.
Mikoyan decide dejar pasar el filo de la pregunta y le responde: “Sí, que mueran nuestros enemigos. Nosotros debemos vivir, vivir como comunis- tas. Estamos convencidos de nuestra victoria. Una maniobra no es lo mis- mo que una derrota”. Entonces, arrastrado al parecer por una irresistible in- clinación a subestimar a sus interlocutores, les cuenta su reciente encuen- tro con un alto funcionario estadounidense: “Bromeando en una conversa- ción, me dijo que la presencia de oficiales soviéticos en Cuba lo tranquili- zaba. Los cubanos pueden abrir fuego sin reflexionar, observó. Pero los ru- sos lo van a pensar.” Y, muy ufano de su chiste, agrega: “Por supuesto, pue- de haber críticas a' esa observación, pero el aspecto psicólogico sí está toma- do en cuenta”. Sigue a continúación su perorata-explicándoles, a los tres di- rigentes cubanos, la lógica leninista, el tratado de Brest Litovs'k y las posi- ciones de Bujarin: “Aunque fue reprimido, lo considero una buena perso- na”, les advierte. (En realidad, no fue “reprimido”, fue fusilado después de un falso proceso montado por Stalin en 1938, con la aquiescencia entonces del mismo Mikoyan. Pero en fin, parece que el hombre cree estar hablan- do con párvulOs).
Luego les explica que, pese al apoyo soviético, “EStados Unidos puede impedir las comunicaciones y no permitir la entrega de petróleo a Cuba. PodríamOS sacar doscientos millones de personas a las calles como demos- tración de protesta, pero esto no hubiera proveído petróleo alguno para us- tedes”. Puede imaginarse, frente a esta declaración, el silencio de los diri- gentes cubanos, que en esos mismos momentos mantenían la alarma de combate y la movilización de todo el país.
“Estudien a Lenin”, agrega. “Morir h'eroicamente, eso no basta” CarIOS Rafael Rodríguez le hace notar que hace’mucho tiempo que 'él viene leyen- do a Lenin, pero ahora se trata de evaluar la situación presente.
Sin embargo, Mikoyan sigue sinceramente preocupado por la reacción de Fidel Castro esa mañana. Dice que no la entiende: “¿Talvez dije alguna tontería, uséunto‘no equivocado?"No, no lo creo, no dí motivo, sólo dije
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que había que ayudar a U Thant. [...] Tal vez expuse mi idea en forma ex- temporánea. Soy un viejo, pero tengo las limitaciones de los jóvenes”. De- clara su desacuerdo con las opiniones del Che, pero le ofrece volverse a reu- nir todas las veces que él quiera para discutir las diferencias. “Estoy satisfe- cho de" estas reuniones con ustedes. Creo que tenemos acuerdos básicos”, concluye. “Sin embargo, debo decir que yo creía que había llegado. a enten- der a los cubanos, pero entonces escuché al camarada Che y comprendí que no, que todavía no los conozco”
Y en este punto de la sesión, el embajador Alekseev, allí presente, pone el broche, de oro: “Pero .el Che es un argentino”, dice.
*
El 19 de noviembre Fidel Castro y Mikoyan tuvieron otra reunión. Aquél trató una vez más de explicar al dirigente soviético las razones cuba- nas:
Es dificil sentir el impactoiemocional desde la Unión Soviética, a tanta distancia. Imagínese, nuestros soldados lloraban en las trincheras porque no se les permitía hacer
fuego contra los aviones. 'Iimía un efecto terrible en su moral, y ustedes deben recordar que el enemigo nos seguirá amenazando por mucho tiempo. Los cubanos no quieren la guerra. Entienden que es muy peligrosa. Sin embargo, el odio del pueblo hacia los imperialistas es tan grande que pareciera que incluso prefieren la muerte.
Mikoyan. no tomó en cuenta estas razones y, en cambio, le pidió que en- contrara el modo de eXplicar el punto de vista soviético al pueblo cubano: “Usted tiene tanta autoridad y goza de tal confianza que podrá conseguir elvcambio necesario en el estado de a'nimo del pueblo”. Fidel Castro contestó exasperado: “No, yo mismo soy culpable de la situación que se ha presentado... Cuba no puede ser conquistado, sólo puede ser destruida ”.
El punto de vista de Mikoyan es, por supuesto, muy diferente. De ahí su insistencia en tratar de disuadir a sus interlocutores de 'toda idea, según él, de “muerte heroica” o de “hermosa muerte”. Mikoyan no los comprende pero los respeta, como tuvo ocasión de decirle al embajador de Hungría en La Habana, jános Beck: “Los dirigentes cubanos son gente joven y honesta, leales a la. revolución y al pueblo. En una dificil situación en su país fueron capaz de asegurar mayor unidad _ y menor desorden que cuanto hubiera ocurrido en otras naciones..,Me- recen respeto y aprecio y hay que confiar en ellos y en que progresara'n en el fiituro”.
El embajador húngaro trasmitió esta opinión a su gobierno y se sumó a ella. En el mismo informe, el 1° de diciembre, envió su detenido análisis so- bre las ideas políticas de los cubanos, elaborado en consulta con los embaja-
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dores de Polonia, Rumania y Checoslovaquia con quienes estuvo en contac- to permanente durante la crisis de octubre. Esta opinión, en forma tal vez más elemental, explicita también el pensamiento no expresado de Mikoyan acerca de sus interlocutores, que nutre su insistente discurso disuasivo 'sobre “la bella muerte”: Escribe jános Peck asu gobierno, después de expliCar las razones históricas del celo cubano por la defensa de su soberanía:
Un segundo factor, qtre tiene un papel en todos los niveles, y también en las gran- des masas del pueblo cubano, pero es particularmente fuerte entre los dirigentes, puede ser denominado romanticismo revolucionario con muchos rasgos anarquistas y peque- ñoburgueses. Se puede también decir que el pueblo cubano y, por supuesto, sus actua- les dirigentes, nunca han experimentado grandes acontecimientos que sacudan a toda la sociedad cubana, como una guerra, una revolución o una catástrofe natural. Enton- ces no saben nada acerca de la miseria en una nación, la decadencia posterior a la Gran Guerra, la participación de grandes masas en la lucha revolucionaria, o el hambre que castiga a toda una sociedad o al menos a la mayoría, y otros golpes similares. Una ca- racteristica de las grandes masas cubanas y, debo repetirlo, particularmente de sus diri- gentes, de los dübrentes niveles de las capas dirigentes, es lo que puede describirse con el término español: “inmolación”. Este término sólo puede traducirse como autosacri r- cio. Aquí se puede mencionar la falta de conocimiento yíla subestimación del trabajo de construcción económica, de hacer pequeños trabajos cada. día. durante un largo tiempo, y el imaginar todas las soluciones a través de grandes y heroicos hechos revolucionarios.
Difícil lograrrnás claridad y sinceridad enla expresión de lo que el his- toriador británico E. P. Thompson, acérrimo enemigo de la guerra, habría llamado una “enormecOndescencencia”.
*
Fueron después atenuándose y-cesando estos enfrentamientos de la ho- ra de crisis y hubo, en los años sucesivos, muchos acuerdos prácticos de mutua necesidad y conveniencia. .Pero aquella brecha =no volvió a cerrarse. Reaparecería otras veces, la última cuarenta años después, en las discusio- nes de la Conferencia de La Habana de 2002, más de diez años después de la desaparición de la Unión Soviética.
En esa,- Conferencia, el presidente Fidbl Castro repetidas veces se refirió en términos elogiosos, hasta afectuosos, a sus relaciones e intercambios con Anastas Mikoyan y Nikita jruschov y a la actitud de ambos hacia la revolu- ción cubana. Pero: cada vez que la discusión tocaba octubre, la indignación era la misma de aquellos “días luminosos y tristes”, como losllamó el Che Guevara en su carta de despedidaa Fidel Castro.
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El 19 de noviembre se aceptó el retiro de Cuba de los bombarderos IL- 28, última exigencia de Kennedy a la Unión Soviética, y el 20 de noviem- bre Estados Unidos dio por terminada la crisis militar y la alerta de guerra.
Nuestro cronista habanero cerraba así sus notas de esos 'días:
Ma's tarde, cuando por La Habana pasaron casi a escondidas camiones cargados de soldados soviéticos que se iban, con sus valijas y vestidos de civil, he visto a mujeres, niños, hombres que se encontraban en Ia calle por casualidad al paso de. las camiones, decirles adiós con la mano, entre sorprendidos y emocionados, y algunos con lágrimas en los cy'os.
Cuando Fidel Castro, el 15 de noviembre de 1962, advirtiendo que en lo sucesi- vo las baterías cubanas abrirían fuego contra los vuelos de aviones norteamericanos so-‘ bre la isla, terminaba su declaración diciendo que Cuba no sera' vencida “mientras quede un hombre, mujer o niño capaz de empuñar un arma en esta tierra”, no expre- saba una mera convicción personal sino una decisión elaborada hasta lo más profundo por el pueblo cubano en los años de su revolución y confirmada en los días históricos de octubre.
La luz de un relámpago es breve pero muy intensa. La del octubre cuba- no iluminó por un momento visiones diferentes del mundo, del ser huma- no, de las revoluciones y del socialismo. Esa luz es invisible desde el punto de mira de la guerra fría entre las grandes potencias. Sólo es posible divisar- la si el historiador considera aquellos días cruciales desde donde los vivie- ron sus protagonistas verdaderos, los hombres y las mujeres de la isla de Cuba.
Articular históricamente el pasado no signfica conocerlo “como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro, había escrito en 1940 Walter Benjamin en sus Tesis sobre la historia.
***
Epílogo: “No desenfundes si no piensas tirar”.
La crisis de octubre de 1962 se presentó-para muchos, a comenzar por los gobiernos de las dos grandes potencias involucradas, como un enfren- tamiento de la guerra fría, ocurrido en territorio cubano y en las aguas del mar Caribe. Su inicio, su contenido y su desenlace fueron explicados en ese marco interpretativo.
Octubre fue vivido en cambio por los cubanos como un episodio culmi- nante de. su lucha por su independencia, por su revolución y por su afirma- ción como nación soberana:
Estados Unidos y la Unión Soviética movilizaron a sus fuerzas militares
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de aire, mar y tierra, incluídas sus armas nucleares. Sus respectivos pueblos y el resto del mundo quedaron como espectadores conteniendo el aliento. El gobiemo cubano llamó a las armas al pueblo entero, declaró la alarma de combate y convirtió a la crisis en una movilización de la nación en el mo- mento del supremo peligro: la desaparición de la isla bajo el fuego nuclear. Esta experiencia única dio en Cuba su sentido a la crisis de octubre: ser uno de los grandes momentos constitutivos de la nacrón.
Cuba afirmó su independencia no sólo frente a la amenaza imperial de Estados Unidos, sino también frente a la política exterior soviética, para la cual el “campo socialista” era sinónimo de su propia zona de dominación y de seguridad en los equilibrios entre las grandes potencias. En esos pocos días, la dirección cubana vivió una imborrable experiencia sobre la realidad y los límites de las alianzas y los pactos entre los Estados en lo que se deno- minaba el “campo socialista”.
En la confrontación de octubre hubo dos partes que se mostraron re- sueltas a no replegarse y a llevar el conflicto hasta el límite último antes del choque: john F. Kennedy y Fidel Castro, Estados Unidos y Cuba. Eran los dos que se estaban jugando un interés vital de la nación. Estados Unidos no aceptaba cohetes soviéticos en su frontera sur, a noventa millas de sus cos- tas y a pocos minutos de vuelo de sus grandes ciudades de la costa este. Cu- ba, por su parte, necesitaba un argumento militar definitivo para acabar con los hostigamientos, los sabotajes y la amenaza permanente de invasión des- de el norte.
La Unión Soviética yjruschov, en cambio, sólo buscaban mejorar a su favor la relación de fuerzas entre el Pacto de Varsovia y la OTAN, empla- zando una base nuclear en el lejano mar Caribe. Esa fue la lógica que des- pués llevó a la propuesta de intercambiar los cohetes de Cuba por los de Turquía (profundamente ofensiva para los cubanos, cuando pudieron co- nocerla). Queda todavía por investigar en los archivos y en las memorias de la época cuánto influyó en ese apresurado repliegue el estado de ánimo de la población soviética, donde la generación entonces adulta y viviente había sufrido en su territorio, menos de dos décadas atrás, una devastadora gue- rra con muchos millones de muertos.
A diferencia de Kennedy y de Fidel Castro,jruschov sólo estaba apostan- do al éxito o al fracaso de una movida temeraria en una gran partida de aje- drez estratégico. De ahí la pertinencia de la pregunta indignada de Fidel Castro en la Conferencia de La Habana: “¿Para qué pusieron los cohetes si en el momento de peligro no estaban dispuestos a usarlosP”.
De los tres, jruschov era el único que no arriesgaba un interés vital. Por
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eso estuvo dispuesto a ceder cuando vio que Estados: Unidos sí demostraba tenerlo y actuaba en consecuencia. Si a Cuba se le hubiera permitidoocupar su lugar en la negociación, tampot':o habría habido guerra —puesto que, abierta la negociación, nadie quería inmolarse- y el resultado habría sido más favorable par-a Cuba y menos humillante para jruschov y para los soviéticos.
Por el contrario, los-momentosde mayor peligro, al borde mismo de la guerra nuclear, fueron los días de la crisis en que tanto Kennedy comojrus- chov mantuvieron a la dirección cubana en la ignorancia de sus- tratativas y en la convicción de que el ataque era inminente. De esta irresponsabilidad extrema, propia de la soberbia de las grandes potencias frente a quienes consideran sus vasallos, parecen todavía no haberse dado cuenta.
Pero el hecho de fondo sigue siendo el mismo: Nikita jruschov, gran apostador en la política mundial, violó la regla elemental de los duelos del Lejano Oeste: “Don’t draw you don’t mean to shoot”. (No desenfundes si no piensas tirar). Por eso a la hora de la hora, como anotó Fidel Castro, le fa- llaron los nervios. Yasí no se salva la paz, sino que se postergan la derrota, la desintegración y la guerra.
Cuba en octubre fue uno de los episodios culminantes de la era de revo- luciones coloniales y movimientos de liberación abierta al terminar lasegun- da guerra mundial. Esas fueron las guerras de la segunda mitad del siglo XX, y no el equilibrio armado entre la OTAN y el Pacto de Varsovia al cual se le dio el nombre más bien arbitrario de “guerra fría”. Contra esos movimien- tos, en donde el bloque soviétiCo también movía sus piezas, se lanzó en ple- no la contraofensiva militar, financiera, política y de operaciones encubiertas de Estados Unidos y las potencias de Europa occidental, bajo el pretexto de la “guerra fría” y del anticomunismo y con el apoyo y la cobertura de las oli- garquías locales de la tierra y el dinero, protagonistas y beneficiarios de las dictaduras, y de los ejércitos a su servicio, ejecutores de la represión.
En América Latina, los movimientos nacionales, las. rebeliones y las re- voluciones tienen su sentido propio fuera del marco de los conflictos entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La crisis de octubre de 1962 en Cu- ba es un reveladOr de ese sentido histórico. El marco interpretativo de la “guerra fría” deriva de una 'visión metropolitana. Hay que recuperar el sen- tido de esta historia desde la experiencia y la mirada de quienes la vivieron como pueblos, clases, etnias y grupos subalternos,,es decir, de quienes la vi- vieron desde el mundo de la vida y el trabajo y no desde las potencias de las armas y el dinero.
Ciudad de México, noviembre de 2002.
144 Noviembrede 2003
Las izquierdas y el cuerpo de la revolución Izquierdas argentinas y movimientos de "minorías sexuales”
Flavio Rapisardi*
Un rosa amanecer
Cuando finalizaba la década del 60 y el gobierno del dictador Onganía languidecía en su acelerada agonía luego del Cordobazo, maricas bonae- renses, en el barrio de Gerli, cerca de una villa miseria, discutían como or- ganizarse políticamente. Entre ellos, Héctor Anabitarte, cuadro del Partido Comunista Argentino en el Sindicato de Correos, se animó a coordinar es- te “raro emprendimiento” que pasaría a llamarse “Nuestro Mundo” y que es la primera experiencia activista homosexual en América Latina.
Nos dice Anabitarte “En Nuestro Mundo participaban personas del pueblo, al- gunas" de las cuales eran portadoras de la ideología más reaccionaria y conservadora. Repartíamos boletines... Los periodistas que me recibían se quedaban helados. Pero ud. es homosexuaIP... armaba los boletines en la sede de la agencia de noticias DAN... [que] estaba vinculada de alguna manera al Partido Comunista. Su director; un co- munista de toda la vida... se daba cuenta de esta otra tarea, pero nunca dijo nada. Tiempo antes había llegado a las oficinas de DAN, vía Partido Comunista, un in or- me donde se me denunciaba como homosexual. El director me llamó a su despacho y me dijo que, de haberlo sabido antes, no me tomaba. Pero que después de conocerme y tratarme no encontraba un solo argumento para echarme. ”'
* Flavio Rapisardi es docente dela Universidad de Buenos Aires, coordinador del Área de Estudios Queer del Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA) y asesor en derechos humanos del Partido Comunista en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
l Héctor Anabitarte, Estria‘amente vigilados por/a locura, Editorial Hacer, Barcelona: 1982.
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En el relato de Anabitarte se articulan claramente las complejidades que luego se “desplegarán” en la: historia de la relación entre las izquierdas preo- cupadas por la revolución y la formulación abstracta de los derechos huma- nos y los movimientos de maricas, lesbianas, feministas y, de manera más reciente, travestis, y que podemos plantear ren tres cuestionamientos:
1.- ¿Cuál es la relación entre las maricas conservadoras y reaccionarias que se sumaron al primer grupo homosexual y las posturas de izquierda de los fundadores y sostenedores de Nuestro Mundo?
2.- Una pregunta más fácil de responder es por qué un informe del vie- jo PC “denunciaba” a Anabitarte en su lugar de trabajo: El sovietismo del PC en la década del ‘70 lo llevó a sostener las posturas reaccionarias de la refiexología rusa del Dr. Fedotov que con una dialéctica hegeliana sostenía que la homosexualidad se “superaba” con el injerto de rectos de plásticoz.
3.- Y la charla en el despacho del director de DAN con Anabitarte y su decisión de sostenerlo en su puesto de trabajo a pesar de la denuncia y de saber que trabajaba en sus horas laborales para un grupo homosexual habla de la deconstructibilidad de la homofobia y de la posible articulación entre las políticas de estos colectivos con las políticas de las izquierdas, ya que, podemos preguntamos ¿Qué hubiese pasado si esta denunciavhubiese lle- gado a las oficinas de un director de una agencia de noticias católica? ¿Hu- biese conservado su puesto de trabajo? ¿Hubiese podido seguir trabajando para Nuestro Mundo? La homofobia no es una, sino un complejo conglo- merado de políticas, que se refuerzan entre si, no cabe duda, pero cada en cada una de sus apariciones abre múltiples líneas de resistencia y opresión que se configuran de modos distintos.
Prosigue Anabitarte: “[Nuestro Mundo] no tenía nada que ver con el Mayo Francés ni con el movimiento gay de Estados Unidos. Antes bien, manteníamos co- rrespondencia con los españoles, que vivían atemorizados por la ¡Ley de Peligrosidad Social del franquismo, que incluía a los homosexuales. No éramos intelectuales, la ma- yoría veníamos del sindicalismo...”3
El sindicalismo y la izquierda autóctona fueron entonces, contra ciertas interpretaciones actuales que privilegian enfoques que resaltan el carácter globalizado del movimiento de “minorías” ya desde la década del ‘604, los/as que dieron el puntapié a la genealogía de un movimiento enel que luego explotarían tendencias y enfrentamientos políticos y culturales comunes al
2 Héctor Anabitarte, ob. cit. 3 Héctor Anabitarte, ob. cit. 4 Ver la entrevista a Ernesto Laclau en el Ojo Macho.
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contexto histórico de aquella época. Pero este “luego” fue pronto. Para ser más precisos, en el año 1971, el movimiento toma contacto por medio del escritor y poeta juan José Hernández, uno de los frecuentadores del Gru- po Sur, con intelectuales y la ebullición cultural gay neoyorquina5.
La caída relativa del centralismo democrático marica
El año 1971 es un punto de inflexión: Nuestro Mundo avanza hacia la confederación en el Frente de Liberación Homosexual: aquellas maricas sindicalistas y comunistas del Gran Buenos Aires se mudan al barrio de Once, a la calle La Rioja. Y esta diáspora no fue solo geográfica, sino tam- bién políticay cultural: Pronto se sumarán con grados variables de compro- miso un mandarín del Grupo Sur, Pepe Bianco, niño mimado de Victoria Ocampo, que prestaba su departamento como centro de reuniones y hasta el escritor Manuel Puig6 que ayudó a solventar los gastos de la publicación Homoswcuales con el que el Frente hacía su primera declaración política in- tegral, compleja y pública7.
Esta diáspora del Gran Buenos Aires al barrio de Once abrió las puertas a los/as estudiantes universitarios/as. Entre ellos/as aparece Néstor Perlong- her: un joven politizado en las lecturas y en la práctica de trotskismo. Esta “nueva” segunda generación de activistas produjeron una revuelta antijerár- quica, cuestionaron y arrebataron la conducción del FLH que se organiza- ba bajo los dictados leninistas del “centralismo democrático”. Perlongher, desde su grupo Eros, motorizaba la vanguardia de este movimiento, que a pesar de sus críticas al machismo y jerarquización de la antigua conducción, incorporó a sus filas a un grupo católico que sostenía que sus acciones eran "movidas por el Espíritu Santo”8. El FLH, entonces, fue mucho más que Perlongher. Y su revueltaantijerárquica no cohesionó un discurso de iz- quierda, sino que complejizó y articuló en su interior algunas posturas que Anabitarte señaló como “reaccionarias” en el momento de fundar Nuestro Mundo con las posturas políticas de las izquierdas.
Héctor'Anabitarte señala que en esta segunda generación de activistas si influyeron las vanguardias del Mayo Francés y su discurso de la “nueva iz- quierda” antijerárquica. Entre los/as integrantes de esta segunda ola, la per-
5 Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli, Fiestas, Baños y Exilios Los gays porteños en la última dictadura, Editorial Sudamericana, Buenos Aires: 2001.
5 Sobre el debate de la participación de Manuel Puig en el FLH ver Flavio Rapisardi y Ale- jandro Modarelli ob. cit..
7 Ver publicación del FLH, Homosexua/es, Año VI, Buenos Aires: julio de 1973.
8 Revista Somos, nro. 5, Buenos Aires.
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sonalidad y la capacidad arrolladora de """" M "‘ '“\__ Perlongher se impondría hasta casi __ " I' identificar al FLH a su persona. Y. esto ,' h Mg, no es metáfora. El solo, con su solojui- a cio, llegó a decidir la permanencia de Y r f1 ¡Compañeros en las filas del’movimiento: " ,fi ‘ sus posturas antijerárquicas muchas ve-
; . ces no lo incluían. l Los planteos de la primera generación
._ . decapitada en el 71, eran, al decir de Ana- bitarte, “reformistas” y “realistas” frente a las posturas “radicales” del grupo Eros. Pero aquí debemos reflexionar con una mirada histórica. ¿Qué signifi- ca ,“reformista” para un militante comunista como Anabitarte en aquella épo- ca? A nuestro entender, en la primera etapa del movimiento, Nuestro Mun- do pretendía articular una espacio policlasista, más amplio que el campo de la izquierda. ¿Con qué fm? El propio Anabitarte lo aclara: "Yi: he dicho que treo en Ia utilidad dcl’rqbrmismo, mientras que-él [Perlongher] quería cambios abruptos, ra- dicales”. ¿Qué implicaba “reformismo” para este movimiento? El reformismo incluye elv. contexto del lugar de enunciación. Para algunos sectores de la iz- quierda argentina .(el Partido Comunista en los 70, sectores trotskistas, o la propia estrategia “entrista” en el peronismo por parte de sectores de izquier- da, por ejemplo) graduaban su camino al poder y al cambio social en una pri- mera etapa de acumulación y construcción de conciencia para luego avanzar a la “conciliación revolucionaria”: las ideas de alianzas antiimperialistas y frentes populares (por ejemplo la APR y las candidaturas de Oscar Alende y Horacio Sueldo en Argentina) son manifestación de esta estrategia.
La postura perlonghiana, por el contrario, estaba más cercana a la diatri- ba trotskista por más que el se autoexcluyó del movimiento Palabra Obre- «ra por su negativa a incluir el tema de la homosexualidad en sus -reinvíndi-. caciones. Pero visto a la distancia, Perlonhger se fue de ese grupo trotskista por izquierda, no por derecha. Con esto, no decimos que Petlongher profe- sara la postura de los partidos trotskitas nacionales que pronostican crisis revolucionarias con la misma exactitud que nuestro Servicio Metereológi- co Nacional, sino que su derrotero político e ideológico privilegiaba una ac- titud rupturista antes que gradualista. Y esta postura. se articuló con sus lec- turas de los filósofos del Mayo Francés: el postestructuralismo y s‘u pro- puesta de fragmentación y antiautoritarismo interpretativo. Perlongher nunca renegaría de su pasado trotskista al que complejizó y reforzó cuando se autodenominó como “Rosa Luxemburgo” o “Rosa L. de Grossman” co-
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mo respuesta al estalinismo que lo llevó a criticar duramente, y justamen- te, los campos de reeducación cubanos (UMAPs) en los que eran encerra- dos los raros o “pájaros” de la isla..
¿Cómo leía- nuestra izquierda este “fenómeno” político que pavoneaba su sexualidad estigmatizada por las calles de Buenos Aires? La leía de ma- nera homofóbica, pero con las miles de caras que la c0mplejidad de la ho- mofobia articula como política. Palabra Obrera se decidió por el silencio y la pérdida de un activista e intelectual como Perlongher; el Part-ido Comu- nista osciló entre el espanto, el paternalismo y la no promoción en sus cua- dros de los homosexuales; El trotskismo morenista fue más abierto a la in- clusión, pero por la puerta de servicio porque, como sostenía Nahuel Mo- reno, las masas aún no estaban preparadas. Entre las fuerzas de la guerrilla el panorama fue también complejo. Para elERP, la homosexualidad era pe- ligrosa por su cercanía a las prácticas de delación. Mientras que Montone- ros se despegó de la acusación de la revista lopezrreguista El Caudillo con el cantito “No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros”. Sin embargo,,Montoneros era un conglomerado de células, columnas e internas dirigenciales. Y parece ser, que entre las paquetas célu- las de Agronomía, los montoneros no temían el deambular gatuno de pan- talones oxford y suecos de compañeros que compartían bolsa de dormir en los campings de instrucción. Recuerda Luis B., un activista d-e Montoneros: “Cuando salíamos a las manifestaciones, o en las corridas de las pintadas, yo iba en zapatos de platajorma y pantalones superajustados, ni loca me ponía ese unifiarme de campera y zapatillas. A veces zafé por eso, quién iba a pensar que semejante putón po- dría ser montonero y no del FLH. Me entendía ma's ton la ideología de los peronistas de izquierda que con la delas trotskas del Frente... Quise armar dentro de mi cuadro un grupo de reflexión sobre Io gay y la gente se negó... Sobre el famoso cantito “No so- mos putos..” sabía que wcistía, pero para mi formaba parte de la ortodoxia más jodi- da...nosotros éramos más liberales. ”9
Sin embargo, era esa ortodoxia, la que luego viajaría por México, París y España, traicionándose por los dólares depositados .en Cuba, la que conducía Montoneros“). Y en ese intento fallido por crear un grupo de reflexión sobre el tema al interior de Montoneros se manifestó su postura oficial sobre el te- ma: el deseo que no osa decir su nombre puede circular entre los cuerpos mientras no melle con su voz el mantra unitario de la revolución nacional.
9 Ver Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli, ob. cit.
¡o Un enfoque sobre la complejidad interna del Movimiento Peronista Montonero ver Mar- celo Larraquy y Roberto Caballero, Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros ala CIA, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires: 2000.
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Pero el FLH perlonghiano no se amedrentó con la izquierda. Fue el Frente Antiimperialista y Socialista en el que activaba Agustín Tosco y el PRT el que les dio un lugar, nuevamente secundario, pero este espacio no temió ser acusado de “puto” por la Triple A como si algún comentario de esos fascistas fuera una injuria. Este lugar fue nominal, pero las palabras tie- nen su fuerza, y allí puede reconocerse uno de los intentos más interesan- tes y productivos de articulación entre la iunierda y el movimiento que por aquel entonces se denominaba homosexual.
Pero el momento en que se conformaba esta alianza era el de mayor ofensiva del terrorismo estatal isabelista, lo que sumado a la complejidad de la alianza ensayada, la dispersión y los recaudos adoptados no permitieron profundizar este encuentro entre sexualidad y revolución, entre activistas del deseo y el cuerpo revolucionario.
El Frente, entonces, se articuló con el feminismo en el grupo Politica Se- xual y desde allí movieron volantes, consignas, manifestaciones y críticas“. Pero prónto le llegaría al FLH una aviso en forma de cadáver: Federico, un activista del Frente de quien ya nadie recuerda su apellido, aparece flotan- do en el Río de La Plata con un tiro en la cabeza. Algunos/as temen. Se guardan. Se exilian. De los cientos de militantes que se animaban a desafiar al machismo criollo, solo treinta quedan sosteniendo la bandera, ya no tan alta, sino disimulada para poder guardarla cuando los perros rabiosos de la última dictadura salían de caza bajo la extraña ceguera de la mayoría de un país. En ese mismo año, 1975, una casa en la que los últimos activistas del FLH estaban preparando una protesta contra el Papa es allanada. ya nada es seguro. .Es hora de guardarse. El Frente de Liberación Homosexual se de- sarticula como frente político y continúa trabajando, los pocos/as que que- dan en Buenos Aires, como un grupo de reflexión. Algunos/as huyen a Eu- ropa y Brasil, otros/as desaparecen.
Durante la noche de la dictadura no hay posibilidad de activismo. La Ciudad sitiada por su propio ejército no es lugar seguro. ‘La dictadura es una época de detenciones, emigraciones hacia el conurbano o las provincias, las islas del Tigre, tortura y chantajes en las comisarías.12
” La articulación entre movimiento feminista y movimientos glttb en Argentina, fue y es compleja. Para una historización "paralela" y puntos de contacto entre estos movimientos ver Mabel Bellucci y Flavio Rapisardi, Alrededor de la identidad Las luchas pol/ticas del presen- te, Revista Nueva Sociedad nro. 162, Caracas: julio y agosto 1999.
'2 Durante la última dictadura militar, “los gays porteños fueron uno de los sectores sobre el que se descargó la "acción ejemplificadora“ del poder moral que establece llmites cultura- les de una "buena" sociedad liberal. La socióloga británica Mary McIntosh en su fundante tra-
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Los 80 o que lindo es ser gay Todo continúa igual, hasta que en el \ año 1982, con la apreciable debacle del régimen político militar, algunos gays i l comienzan a reorganizarse en domici- 4, ' g 9:," l lios privados para reflexiona-r sobre la ‘_ i' ‘ 'ï ' f
,4
experiencia de ser gay. Pocos sabían, sal- fi la“ vo excepciones, sobre la experiencia delaïiïz A' . . “7,;”;,,>; "y FLH. En sus reflemones se va articulan- 1: “mad, '
do una agenda acorde con la época: sei; comienza a hablar de derechos, de espacios ropios. El discurso socialde- mócrata atrae a la comunidad gay porteñaque vota masivamente por Alfon- sín. El peronismo asusta por sus posturas que no privilegiaban los derechos individuales y reproducía la funesta teoría de la unidad cívico-militar”. El triunfo de Alfonsín fue vivido como propio: laAv. Santa Fe, espacio privi- legiado de circulación gay, fue una fiesta el día de su triunfo. Los gays que habían migrado al conurbano se animan a volver a la Capital a festejar no con banderas rojas y blancas, sino con su pavoneo por las calles lo que creían era el inicio de una nueva época. Sin embargo, al poco tiempo se da- rían cuenta que nada había cambiado: las razzias policiales utilizando los edictos y la Ley de Averiguación de Antecedentes se hace cada vez más fre- cuenta. Hasta el que una gigantesca razzia en un boliche de San Telmo de- cide a los grupos de reflexión que aún estaban discutiendo en la tibieza de los hogares a organizarse y salir a la luz pública bajo la sigla CHA.
Esta primera CHA organiza su agenda bajo el lema “El libre ejercicio de la sexualidad es un derecho humano”, al que pretendían articular con un presupuesto: Los derechos humanos son indivisibles. Este es el mo- mento en que comienzan las relaciones con lo que podríamos denomi- nar “izquierda social”, es decir, los organismos de derechos humanos. Si bien estos organismos aceptaban el presupuesto de la indivisibilidad, no les fue tan fácil reconocer a la sexualidad como algo a incorporar a sus agendas. Los intentos de articulación con los organismos fueron intermi- nables: marchar con ellos, adherir a sus marchas, intentar firmar sus vo- lantes, ir a sus reuniones. Pero la articulación tan deseada nunca se pro-
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bajo The Homosexual Role señala como el Estado "marca" culturalmente en las sociedades
el límite a tolerar con el objetivo de rearticular su hegemonía en términos de clase y diferen-
cia cúltural. El trabajo de McIntosh fue publicado en diversas compilaciones, entre ellas se
puede consultar Steve Seidman, Queer Theory/Sociology, Blackwell Publishers, Oxford: 1996. ‘3 Ver revista El expreso imaginario nro. 3, Buenos Aires: marzo de 1986.
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dujo. En el año 1989 dos hechos marcaron lo que a mi entender fue el punto de ruptura y de una nueva inflexión: La organización de la marcha “N o al indulto” y la firma de un documento conjunto contra la represión policial.
En primer lugar, la firma del documento. La CHA incorpora a uno de sus documentos políticos denominado “Política en sexualidad en un estado de derecho”14 la consideración de las fuerzas policiales como uno de los es- labones del aparato represivo no desmantelado por el alfonsinismo y la idea que la represión ejercida por el Estado se hace de manera diferenciada. Los organismos, si bien reconOcían a la policía como parte del aparato represivo, no constituía aún para ellos una preocupación que podemos denominar co- mo de agenda. Pero la segunda consideración, el carácter diferenciado del ejercicio de la violencia estatal directamente era obviado por estas organiza- ciones. En las reuniones organizadas para la firma del documento contó con la ausencia de todos los organismos, salvo Catalina Guagnini, activista del Partido Obrero y de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Los otros organismos se regodeaban en señalar que el documento carecía de importancia y que solo perseguía el objetivo de incluir la palabra “gay” en la lista de los sectores castigados por la policía, como si fuera poca cosa. Finalmente otras organizaciones hicieron llegar su adhesión, pero nunca consideraron al documento como relevante. Y este intento de articu- lación culminó con la publicación de su texto en la sección Carta de Lecto- res del diario Sur. A los organismos no les interesó convertir este documen- to en una solicitada en la que se denunciaba la persecución policial a la co- munidad gay, a los/as habitantes de casas tomadas y los/as jóvenes.
Con motivo de la organización de la marcha contra el indulto menemis- ta, la CHA participó de todas y cada una de las reuniones de organización. Allí se plantearon interminables discusio- nes sobre la consigna. Sectores de la iz- quierda querían ampliar el “No al indul- to” hacia consideraciones sobre la econo- mía y el gobierno menemista. Mientras que los organismos y entre ellos la CHA proponían una consigna paraguas, “No al indulto”, y luego libertad para las consig- nas sectoriales. Fue así como la CHA marchó con la consigna “No al indulto.
‘4' Documento mimeo.
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Desmantelamiento del aparato represivo. Basta de razzias”. Pero aquellos/as que se pronunciaban contra la estrechez de la consigna oficial arremetieron contra la postura de la CHA con un argumento hasta hoy incomprensible. Dijeron: “no tiene nada que ver”. Los y las que agitan, de manera correcta, denuncias contra el FMI hasta en la denuncia por baches en un barrio, se volvieron de un momento a otro simplificadores, es decir, conservadores. Sin embargo se marchó con la consigna propia, pero también se compren- dió que había llegado el momento del divorcio de los organismos ya “tradi- cionales”.
¿Qué ocurría en esa misma época con los partidos de izquierda? El Par- tido Comunista estaba sacudido por su viraje del XVI Congreso en el año 1986 en el que, en un primer momento, se consideró todo el trabajo de lo- s/as comunistas en los movimientos sociales como algo sospechado por una posible desviación socialdemócrata. Hasta el fuerte e interesante trabajo de la izquierda comunista en la UMA (Unión de Mujeres de la Argentina) fue considerado sospechoso ideológicamente. Si bien el viraje había terminado con la gerontocracia comunista que llegó a considerar a Videla como mili- tar del sector democrático de las FFAA y a criticar sus posturas sobre la ne- cesidad de confluencia cívico-militar, alianza con el fascistoide peronismo post 83 y la herrnenéutica soviética; este giro arrolló con la posibilidad de articulación con los movimientos sociales ya en esta época glttb (gays, lés- bicos, travestis y transexuales) y con el propio feminismo”. Esta postura del Partido Comunista se reflejó en un volante del Frente del Pueblo, frente electoral que el PC había formado con el MAS en 1985, cuando en un vo- lante se proponía, que “para cambiar la mano” había que votar con la iz- quierda, y graficaban este mensaje con una prolija seguidilla de manos “equivocadas”: Una mano en la lata, una garra y una muñeca quebrada de una mano masculina llena de anillos. Esta postura del Partido Comunista mostró Señales de cambio,en una nota publicada en su semanario Nuestra Propuesta el 21 de enero de 1993. Allí, se publica en una nota de doble pági- na bajo la clasificación “derechos humanos” una nota titulada “El lado oscu- ro de la moral. Discriminación sexual". La nota, que consiste en dos reportajes, uno a Ca'rlos Jauregui de Gays por los Derechos Civiles y otra a Mónica Santino, copresidenta de la Comunidad Homosexual Argentina, es prece- dida por una editorial firmada por Mirta Israel.,:En esta editorial, Israel se-
15 Ver José ‘Schulman, El viraje del Partido Comunista. Quince años por la unidad de /a ¡z- quierda. Este documento se puede consultar en la dirección electrónica www.pca.org.ar/d¡- recciones/direcciones_home.htmI
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ñala: “Cuando me propuse escribir a cerca del tema de la homosexualidad en nuestro país, pensé hacerlo solamente desde la discriminación que sufren estos grupos minori- tarios y la falta de propuestas desde la izquierda con relación a sus reclamos y reivin- dicaciones concretas. La idea comenzó a transformarse luego de una discusión que sos- tuue con algunos militantes de izquierda donde la mayoría de ellos hablaban de ma- nera despectiua, con soma, burla y considerándalos enfermos, palabra que utilizan los Quarracino y los ma’s altos dignatarios de la Iglesia. Entonces terminé reflexionando acerca de la moral revolucionaria... Para abordar; en un principio, la discriminación sexual... entendi que lo mejor era que se expresaran los protagonistas...” Si bien p0- demos disentir con algunas categorías y estrategias discursivas aquí utiliza- das como “grupos minoritarios” y el tratamiento del tema en términos de “moral revolucionaria”, es interesante señalar como en el texto de Israel se marca el divorcio entre izquierda y movimiento de “minorías sexuales” y se realiza una clara crítica a la homofobia en la izquierda“. ¿Puede tomarse una nota como síntoma de cambio de posición de un partido político? Pa- ra ahondar ¡sobre esta cuestión entrevistamos a Mirta Israel que hoy es di- rectora del semanario comunista en cuestión. Israel sostuvo en la entrevis- ta que la nota generó críticas y adhesiones. Algunos y algunas sostuvieron literalmente “cómo le dan‘ una página a los putos” temiendo un corrimien- to de clase. Para Israel, estas actitudes se explican básicamente en la falta de claridad» y de discusión en las izquierdas marxistas del debate cultural y so- bre la concepción de poder y sujeto. Según Israel, con lo que coincidimos, las posturas vanguardistas de sectores de la izquierda marxista producen una autoexclusión del” Sujeto autoproclamado y una consecuente y preten- dida inimputabilidad e imposibilidad de revisión crítica de las propias pos- turas que frenan toda posibilidad de construcción en sentidos democráticos compartidos.
La izquierda trotskista del MAS (Movimiento al Socialismo), en cambio, intentó un acercamiento en el año 1986 con el movimiento que en aquel momento hegemonizaba la CHA. En su periódico de la juventud Socialista La Chispa, se reproduce una conferencia que Carlos Jauregui dio en el local central de ese partido. En esta nota, los/as trotkistas del MAS proponen un discurso libertario en que consideran la “liberación sexual”, sin ahondar'en su caracterización, como un item de una moral revolucionaria y antiburgue- sa. En esta misma época, algunos activistas descontentos con la conducción de la CHA se organizan en el MAS como un grupo autodenominado Alter-
‘5 Ver Nuestra Propuesta. Semanario del Partido Comunista. Año 3, nro. 157, Buenos Ai- res: 21 de enero de 1993.
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nativa Socialista Homosexual, pero la dinámica del discurso universalizante de la izquierda arrollará con esta expe- riencia hasta volver el discurso glttb co- mo un gran ausente en todas las varian- tes trotkistas en la actualidad”.
Ya hablamos de los partidos de iz- quierda, pero ¿Cuál era la postura de la CHA en ese momento hacia los parti- dos de izquierda, posición que tampoco propiciaba su articulación? Podemos decir que a la lógica desconfianza hacia partidos que'no eran capaces de comprender ni articular una política eman- cipatoria en el tema glttb, se sumaba la problemática política de la “identi- dad gay” de la CHA y otras organizaciones que comenzaban a aparecer y que por su carácter de clase (media y media alta) y por su aceptación del marco liberal de negociación como perspectiva para impulsar sus reclamos no se podía articular un espacio de encuentro de las culturas de izquierdas y la nueva generación de movimientos glttb. Esta política llegó al extremo de in- visibilizar el apoyo de la izquierda a las demandas de la CHA, por ejemplo cuando en el boletín Vimos a Andar serborraron en una fotografía de una marcha las banderas del MAS, que aparecían detrás de la pancarta de la co- munidad”. O cuando Carlos Jauregui, de Gays por los Derechos Civiles, criticó el nombre del partido en el que su agrupación había ubicado un can- didato a diputado nacional porque figuraba la palabra “izquierda”?
El desencuentro entre las izquierdas y el movimiento glttb en la década de los 80 y el 90 fue un proceso a “dos puntas”, es decir, el de una oscila- ción problemática y cada vez más necesaria de revisión entre movimiento social y movimiento político ysus consideraciones sobre el carácter de las
¡7 La publicación La Chíspa tuvo una corta vida. Sus ejemplares no se encuentran en el ard'livo del MAS. Respecto a la posición actual de los partidos trotskistas sobre el tema glttb, este se reduce a lo que podríamos denominar como "apoyo de hecho que pocas veces se traduce en alguno". En laspublicaciones de izquierda trotkista no se dedica una linea al te- ma. Las únicas excepciones son el mensuario Apuntes del grupo Piquete Socialista y Nues- tra Propuesta del Partido Comunista. Ver Apuntes... Del Futuro, año nro. l, nro. 4, Buenos Ai- res: septiembre/octubre de 2002. Y Nuestra Propuesta Año 1,], nro..595, 25 de julio de 2002; nro. 600, 29 de agosto de 2002 y nro. 612, 21 de noviembre de 2002.-
"3 Testimonio de Gustavo Pecoraro, diagramador en aquella época del mensuario Vamos a Andar de la CHA.
¡9 Nos referimos a José Luis Pizzi, candidato a diputado nacional por el Frente Democra- cia Avanzada.
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sociedades del presente, de la participación política, del poder, de la cultu- ra y del sujeto del cambio.
Finales y principios de siglo: cuando rojo gira con la rosa roja
Los finales de la década del 90 no fueron solo el fin de un siglo, sino el de una de las peores utopías: la neoliberal. Con el rápido muestreo de las atrocidades de las politicas neoliberales en nuestro país desde la debacle cavallista en 1995, también cae la ilusión la posibilidad de “inclusión” ili- mitada a la mesa de reparto estatal de nuestro capitalismo. El 95 es tam- bién el momento de la ruptura del movimiento glttb: la aparición de las travestis puso en tela de juicio el caracter neutral en términos de clase de las políticas glttb, lo que produjo una prolija división en dos: Los grupos articulados en torno a los temas identitarios y los que privilegiaron las alianzas en los conflictos desatados en torno a las demandas del colectivo de las travestis contra la policía y por el acceso a los circuitos de participa- ción y consumo”.
Dos son las experiencias que aquí podemos citar para hablar de esta nue- va etapa: la Candidatura a diputada nacional de una activista travesti por la alianza electoral Izquierda Unida y el debate producido en el encuentro de la izquierda latinoamericana en el “Seminario Internacional: El‘socialismo, experiencias y perspectivas”, realizado en la ciudad de San Pablo en diciem- bre de 2000.
La candidatura a diputada nacional de Lohana Berkins, activista travesti del grupo ALITT (Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transe- xual), por el Partido Comunista en Izquierda Unida en las elecciones de 1999 también marcó una nueva etapa en las relaciones entre izquierda y movimientos glttb. Ya en dos ocasiones anteriores, partidos políticos ha- bían propuesto un activista gay o del movimiento glttb como candidato. En el 85 fue el Partido Humanista el que candidateó a un activista de la CHA, pero que fue expulsado de la organización por sus posturas antisemitas. Y luego el Frente Democracia Avanzada. - Izquierda Democrática, postuló como diputado al abogado de Gays por los Derechos Civiles,josé Luis Piz- zi, con el apoyo de otros grupos glttb de la Ciudad de Buenos Aires. Pero
2° Esta división se produjo a partir de los conflictos desatados en torno al Código Contra- vencional en la Ciudad de Buenos Aires. Para una comprensión de este tema ver el trabajo de Sofia Tiscornia y María José Sarrabayrousse Oliveira El Código deConvivencia Urbana y los comentarios de Flavio Rapisardi y Eduardo Jozami en Martín Abregú y Silvina Ramos, edi- tores de La sociedad-civil frente a las nuevas formas de institucionalidad democrática, Cua- dernos del Foro, CEDES/CELS, Año 2 nro. 3, Buenos Aires: 2000.
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la candidatura de Lohana Berkins fue la primera por parte de una partido de izquierda marxista. La candidatura de Lohana fue presentada pública- mente bajo el lema “Tus derechos son mis der-echos”, es decir, al igual que la nota publicada en 1993, el PC propuso un discurso basado en una retó- rica de derechos. Pero a diferencia del discurso del 93 que solo ataba la cuestión glttb al debate sobre los derechos humanos (lo que puede consi- derarse como un reflejo tardío de la estrategia de los movimientos en los años 80), la candidatura de Berkins ubica y articula la conquista de dere- chos por parte de la comunidad glttb a un conjunto de luchas anticapita- listas. Puede leerse en el volante que consagra su candidatura: “Nuestros de- rechos son tus derechos, ya que todos y todas somos victimas de las consecuencias del modelo neoliberal. Luchar por el empleo, contra la discriminación, por la salud, por la educación y por la vivienda es enfi'entarse al sistema en su conjunto... y sumarse desde nuestra diferencia a una lucha que debemos dar las minorías junto con los/as es- tudiantes, trabajadores/as...” 2‘1 El planteo que a‘q‘uí se propone coincide con la agenda de uno de los sectores de la escisión del movimiento glttb en el año 95 a partir de la inclusión de las travestis al movimiento y de la lucha con- tra los intentos de regulación estatal a través del Código Contravencional. El rojo giraba con la rosa roja.
Los días 4, 5 y 6 de diciembre se realizó en la ciudad de San Pablo, Bra- sil, el- Seminario Internacional “El socialismo, experiencias y perspectivas” organizadas por la revista-América Libre22. Este seminario se dividió en tres mesas temáticas: 1.- ¿Por qué socialismo? 2.- Experiencias del socialismo y 3.- Perspectivas del socialismo. Se leyeron 42 ponencias de autores de todas América Latina en las que se abordó el problema de la construcción del so- cialismo en las sociedades contemporáneas. Sobre la lectura de estas 42 po- nencias podemos hacer una serie de comentarios que articularemos con to- do lo antes desarrollado:
1.- La construcción del sujeto del so- cialismo. Claramente se pueden dife- renciar dos líneas político/teóricas en esta cuestión: la que sigue apelando a, un discurso economicista y, por lo tan- to, privilegiando el discurso sobre la “clase obrera” como único sujeto revo-
2‘ Documento mimeo.
_22 Para todas las ponencias aqui citadas ver re- VIsta América Libre nro. 18, Buenos Aires: julio de 200].
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lucionario. Y otra posición más interesante, que complejiza el discurso económico con consideraciones sobre la existencia de otros antagonismos y contradicciones socioculturales que deben sumarse en la construcción del socialismo. Veamos un ejemplo de la primera posición. Rubén Zardo- ya, representante del Partido Comunista de Cuba, se queja de los que no hacen más que “... desbordar de retórica especulativa, de conceptos y términos asi- milados de uno u otro discurso puesto de moda por los ideólogos de la burguesía... [como] la incorporación no utilitaria de reivindicaciones de los movimientos fiminis- tas, juveniles, ecologistas, de minorías étnicas y sociales, etc. por lo general desconoce- doras o conocedoras solo a través de libros, comentarios de sobremesa y visitas esporá- dicas de la naturaleza de una revolución social triunfante... ”Y más adelante agre- ga ‘... pese al mensaje del llamado pensamiento único es posible un mundo diferen- te de aquel de los monopolios transnacionales, la especulación financiera, los cama- vales electorales, la exclusión social...” Y continúa, “Se insiste en el poder Decre- ciente de *la clase obrera... Yse afirma que los intereses y motivaciones de los llama- dos nuevos sujetos sociales no encuentran explicación ni lugar en la teoría de la lucha de clases” A mi entender no se equivoca Zardoya al señalar la existencia de ciertos movimientos que se encuadran. dentro del marco de las democra- cias liberales, sin embargo, su exposición no tiene una línea que reconoz- ca la validez, necesidad y utilidad cultural y política de la articulación de lo que él denomina “nuevos sujetos sociales”. El representante del PC cu- bano reproduce el mismo esquema conceptual de los amplios sectores de la izquierda argentina de la época del "rosa amanecer” y de algunos parti- dos actuales, es decir, reproducen una noción idealista de la cultura que los lleva a caracterizar a estos movimientos, que a pesar de la descripción de Zardoya y en muchos sentidos no tienen nada de “nuevo”, como “me- ramente culturales”, como si la cultura no fuera un campo material de lu- cha de clases. Zardoya se ataja de esta acusación al cerrar-su ponencia con una frase de José Martí “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace. Ga- némosla a pensamiento”, frase maravillosa que no le permite borrar con el codo lo que ya escribió con la mano: para Zardoya la contradicción. de cla- ses se resume en una frase analítica y una consideración reduccionista ya que la “lucha de clases es la lucha de clases” y las clases son las que deter- minan la propiedad de los medios y la extracción del plusvalor. Si bien es- tas cuestiones son ciertas, podríamos problematizar su posición cuestio- nando ¿Una travesti que no accede a ningún puesto formal o informal de trabajo, propiedad y consumo forma parte de algún partido en la lucha de clases? Aun los y las que sostienen elconcepto de ciudadanía reconocen inequidad material en el problema que plantean los movimientos glttb y
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feministas”, pero para Zardoya como para la izquierda de la primera épo- ca en nuestro país se aferran al mantra “clase obrera” y pierden detrás de él la complejidad de la lucha de clases que es cada vez más profunda, am- plia y transversal a un conjunto de colectivos sociales, y su radicalización y no su reducción es la vía para la construcción del socialismo. En esta lí- nea argumentativa suele combinarse la cuestión de clase con la denomi- nada cuestión nacional.
Frente a este planteo que hemos caracterizado como analítico y reduc- cionista y que se repite en algunas exposiciones, hay otra línea de pensa- miento reflejada en las exposiciones de Alejandro Moreano (investigador ecuatoriano y miembro del movimiento Pachakutik), Tomás Moulian (so- ciólogo y director del Instituto Paulo Freire de Chile), Lohana Berkins (ac- tivista travesti y ex-candidata a diputada por el PC en IU) quienes hacen re- ferencia explícita al movimiento glttb. También hay referencias al movi- miento feminista en el trabajo de Nalu Faria que es coordinadora de Siem- previva Organización FeminiSta. Mientras que en la misma dirección, pero sin referencias explícitas, se pronuncian los trabajos de Plinio de Arruda Sampaio, Leonardo Boff,- Vicente Zito Lema, Emir Sader, Tarso Genro, Lu- la, Patricio Echegaray, Jussara Rezende Capucci, Cesar Benjamín ¿Qué es lo que caracteriza estos trabajos? Básicamente sostienen, aunque con mati- ces cuyo análisis formaría parte de otro trabajo, que: “... no podemos seguir de- pendiendo de un enfoque de socialismo dependiente exclusivamente de un sujeto social reducido a la clase obrera. Entendemos que el capitalismo actual... ha generado una amplitud de agresión que ha diversficado enormemente al sujeto social... la cantidad de factores de sujetos que pueden integrarse a la lucha anticapitalista ha crecido enor- memente, destacándose los sectores de las comunidades originarias, las mujeres.” Es decir, desde esta segunda postura político-teórica, se reconoce la compleji- dad dela lucha de clases en las sociedades del preSente sin desconocer el ca- ríetEr de? clase de la misma ni de las sociedadesni de la crisis actual. Este planteo parte de lo que-Emir Sader plantea como tarea prioritaria de la iz- quierda que es concebir al socialismo como “negación del capitalismo”, desde sus contradicciones reales “para entender que sectores están interesados en construir una sociedad nueva. "Y de reconsiderar las luchas emancipatorias no como meramente “utilitarias”, sino como campos y fuerzas ya articuladas en el conflioto de clases. Si bien estos trabajos no;proponen una teoría de la
23 El planteo de este debate es desarrollado por una serie de trabajos en Eugenia Hola y Ana María Portugal, editoras, La ciudadanía adebate, Isis Internacional y Centro de Estudios de la Mujer. Santiago de Chile: 1997.
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articulación, y muchos solo proponen un planteo de sumatoria, es intere- sante resaltar el reconocimiento teórico y político de la complejización de la lucha de clases por parte de activistas y teóricos de la izquierda latinoa- mericana en épocas en las que el capitalismo se sacude y cruje sobre la vida de millones de personas y la dicotomía “Socialismo o barbarie” ya vuelve a
sernos cercana.
dialéktica
Revista de Filosofía y Teoría social
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uadernos
[y Editorial
Frédéric’Lévéque l i, Eduardo Lucita
Gugli'é‘lmo Carchedi
A Dossier
4 Mabel Thwaites Rey Luis Mattini G. Mitidieri / M. Bellucci Adolfo Gilly
Flavio Rapisardi
del Sur
América latina: el comienzo de una nueva fase -
Mitos y realidades: el movimiento obrero venezolano en transición
Lib’e comercio, cambios en el Estado y nuevas soberanía
Marx y las pirámides Autonomía y autogestión en las
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La autonm; como mito y"’como posibilidad A gestión productiva y asambleismo Asambleas barriales: un primer balance
A la luz del relámpago: Cuba en octubre
Las izquierdas y el cuerpo de la revolución
Artista plástico invitado: Norberto Onofrio
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