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Gladernos del Sur
Año 20 - N° 37 Mayo de 2004
www.cuadernosdelsur.org.ar
Tlcrdráfiucgo
Consejo Editorial Argentina: ¡Eduardo Lucita, Roque Pedace, Alberto Plá, Carlos Suárez, -.:;‘.¿Gusta\io Guevara
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Brasil: ¿Enrique Anda Bolivia; Washington .Estellano Perúz' ,_ u Alberto di Franco México: Y Adolfo Gilly, Alejandro Gálvez C., ' “¿John Holloway, Guillermo Almeyra Escocia: Werner Bonefeld España: Daniel Pereyra Francia: Hugo Moreno / Michael Lówy Rusia: Boris Kagarlitsky
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Cuadernos del Sur, número 36 Toda correspondencia deberá dirigirse a: publicado por: Rodney 171 - D° 77
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ISSN: 1666-8804 - Cuadernos del Sur es una publicación semestral que aparece en mayo y noviembre.
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EDITORIAL
GÉRARD DUMÉNYL Y DOMINIQUE LÉVY ELLEN MEIKSINS WOOD
MICHEL HUSSON
ADOLFO GILLY JOÁO MACHADO HERNÁN OUVIÑA
ALBERTO BONNET
GERALD A." LEVY
Indice
Panorama mundial: un horizonte menos oscuro ............. .. 5
Imperialismo y Estado
en el neoliberalismo
El imperialismo en la era
neoliberal ........................................... .. 8 El imperio capitalista y el
Estado-nación: ¿Un nuevo
imperialismo norteamericano? ........ .. 35 Europa — Estados Unidos: Un desequilibrio inestable ............... .. 48
Luchas sociales -
Nuevas radicalidades
Bolivia: Una revolución
del Siglo XXI ..................................... .. 66 Brasil: Balance del gobierno Lula .... .. 80 Zapatistas, piqueteros y sin tierra. ‘
Nuevas radicalidades políticas
en América latina .............................. .. 110 Diciembre en los pasillos de la
academia. Luchas sociales
y micropolíticas posmod'ernas .......... .. 128 Paul M. Sweezy (10/41910-27/2/2004)
Una bueve’ remenbanza y areciación. 144
Hipólito Yrigoyen 1116 (1088) Buenos Aires
Panorama mundial: un horizOnte menos oscuro
a alianza de grandes empresas de la energía y fabricantes de medios
militares que, con la gran finanza, se valen del gobierno de Estados
Unidos para hacer su política imperialista en el Cercano Oriente y llevar a cabo la “guerra preventiva”, está empantanada en su ocupación de Irak. Este hecho fundamental tiene importanciamundial.
El imperialismo -—francés, primero, estadounidense, después- fue derro- tado en Vietnam por un pueblo en armas. Pero esa fue una guerra de ejér- citos (el de Vietnam del Norte contaba además con el apoyo económico, las annas y las informaciones chinas y soviéticas) y por eso la victoria antiim- perialista en Vietnam fue vista, a la vez, como un triunfo de la lucha mun- dial por la independencia y la descolonización, por la democracia, y como una victoria diplomática del llamado “bloque socialista” en la Guerra Fría. El efecto sobre el pueblo estadounidense del primer aspecto, si bien fue muy fuerte, pronto fue oscurecido por el segundo y el bloque militar- industrial en Washington pudo unir entonces la aceleración de la Guerra Fría con una gran campaña mediática, policial, y jurídica para reconstruir el consenso perdido durante la matanza en Vietnam, reforzar el campo inter- no y preparar nuevas agresiones a escala latinoamericana y mundial.
La resistencia actual en Irak, en cambio, como l'a que echó al imperialis- mo francés de Argelia, se apoya en una voluntad y movilización popular; aunque cuenta con la simpatía de los gobiernos de Irán y de Siria (que están en la lista de las próximas víctimas de la agresión imperialista) no tiene otro interlocutor que la decisión masiva pero desorganizada, de los pueblos de todo el mundo de imponer la paz, de derrotar la guerra preventiva del esta.- blíshment estadounidense y del presidente George W Bush. Su fuente de armamentos es esencialmente el arsenal que Estados Unidos proveyó du- rante años al gobierno de Saddam Hussein, sus combatientes son los hijos
Cuadernos deiqu 5
de los veteranos de laguerraáde'lfG'olfoáy de los- ocho años de combate con- tra Irán, su ideología .es la. nacionalista.¿antiimperialista, que comparten todos los grupos resistentes, incluyendo los diversos sectores islámicos (chiítas y sunitas) que el ocupante colonialista de siempre (disfrazado de Coalición entre el tigre y los chacales) no pudo enfrentar entre sí.
Los trabajadores y los demócratas en todo el mundo, inclusive en Estados Unidos, están viendo que el gobierno imperialista había decidido la guerra antes de los cada vez más sospechosos atentados contra las Torres Gemelas, que mintió sobre el supuesto peligro que habría representado el armamento iraquí, que está haciendo una atroz guerra colonial para prepa- rar otras guerras (contra Siria e Irán y, sobre todo, a más largo plazo, contra China), que la aventura iraquí forma parte de un plan para imponer la dominación imperialista estadounidense desde Mauritania, en África 063i; dental, hasta Afganistán, en la frontera china y para controlar el petróleo ide toda esa región. Están viendo que las medidas supuestamente antiterroris- tas que en'Estados Unidos y en elmundo limitan los derechos democráti- cos, son tomadaspara cubrirlas decisiones de un puñado de representantes del capital financiero, destructores del nivelde vida de todos los domina- dos, incluso en sus propios países y mentirosós sobre el carácter una guerra presentada-como de. “liberación” y que es conducida con métodos nazis contra la resistencia de quienes, decía Bush, recibirían a los ocupantes con los brazos abiertos, «como 'salvadores. El impacto mundial de la resistencia iraquí ya causó la caída del,fascista»español_]osé María Aznar, la derrota elec- toral aplastante de Tony Blair, la derrota de la derecha holandesa, que mandó tropas ali-ak. Causó también la derrota moral de Bush que, tras de pisotear a la ONva a losggobiernos de “la Vieja Europa” se ve obligado a pedir a ambos una intervención salvadora en Irak que le permita salir del atolladero sin perder la cara por completo. Ese impacto probablemente también le costará la reelección a Bush enlos comicios presidenciales de noviembre,.lo cual, independientemente de quién es su contrincante, esti- mulará los movimientos sociales en todos los países, sobre todo europeos, como Inglaterra, Italia, Francia.
Esta es laotra característica de: esta fase: son los movimientos, y no “los partidos ni las elecciones, los que derrotan a los gobiernos (aunque lo deban hacer recurriendo al voto por algún opor varios partidos de oposición). El movimiento porla paz en el'Reino Unido se expresó en las- urnas .de mil maneras (abstención o dispersión del voto laborista de‘izquierda,‘vouo a‘ los nacionalistas galeses, escoceses,nirlandeses, voto por los liberales, que se habían movilizado contra la guerra) pero lo decisivo fue la voluntad cons-
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truida y amasada en las calles. Los movimientos masivos. yvcrecientes son también la base de la izquierda sindical y socialdemocrática en Alemania o de la constitución reciente del Partido de la Izquierda Unida Europea. Los movimientos, en Bolivia o en Brasil, con el MST, o en Uruguay, dando la base al Frente Arnplio, o en Argentina, con lo quequeda delas Asambleas Populares, con la recuperación de fábricas y empresas’en todo el país y con la persistencia de los piquetes, son el eje para la reconstrucción de la izquierda socialista.
La crisis económica mundial, que prosigue y con los altos costos de la energía que castiga fuertemente los niveles de vida, demuestra, como la Re- sistencia iraquí, que el régimen capitalista es socialmente intolerable, es una amenaza a la ecología mundial y pone en cuestión la paz, la democracia y las bases mismas de la civilización. El capitalismo y la política imperialista de Bush están dando lecciones-políticas a cientos de millones de personas que reaccionan contra el capitalismo aunque no tengan aún una alternativa programática ni claridad sobre el proceso que están viviendo. Esto da un papel fundamental a la discusión de análisis, ideas y propuestas socialistas, a la reflexión teórica que fecunde y explique la acción cotidiana y decidida de los explotados y oprimidos de todo el mundo.
GUILLERMO ALMEYRA 9 de junio de 2004
MMM ÏHÏA
Revista de debate y crítica marxista
Cuadernos del Sur
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El imperialismo en la era. neoliberal1
Gérard Duménilz y Dominique LévyJ
1 — Introducción
En la historia del capitalismo jamás ha existido un periodo de armonía y de no violencia. Las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los años llamados “treinta gloriosos”, parecen retrospectivamente el paraíso perdido. Sin embargo, ¿no fueron acaso los años del colonialis- mo y de las guerras de independencia, de la guerra supuestamente fría y de los ardientes enfrentamientos que ella provocó, como en Corea O Vietnam? ¿Y qué decir de la subversión en todas las partes del mundo, y particular- mente en América latina, cada vez que estaba amenazado el control de los gobiernos de los países de la periferia por las clases O camarillas favorables a Estados Unidos...?
Pero el nuevo curso del capitalismo, desde hace un cuarto de siglo, se singulariza por el resurgimiento de formas de violencia que se habrían podido considerar superadas. La caída del contraimperio soviético así como el fracaso de las luchas revolucionarias -en lo que entonces recibía el nom- bre de tercer mundo cuando todavía existía un segundo- no condujo a las clases dominantes y a la primera potencia mundial a moderar su domina- ción, a civilizar sus métodos. Violencias de la economía, de la guerra y de la subversión siguen siempre en el orden del día. Sea cual fuere los resultados de las pretendidos cruzados de la democracia y de la lucha contra el terra- rismo, su naturaleza no ha cambiado.
¿Cuál fuerza oscura y subterránea está detrás de esta dinámica? La res-
' Traducción al español de Guillermo Almeyra, profesor-investigador de la UAM-Xochimilco. 2 MODEM-CNRS, Universidad de París X-Nanterre, 200, av. de la République, 92000, Nanterre, Francra. Email: gerard-dumenil@u-paris10.fr
3 CEPfREMAP-ENS, 48 bvd Jourdain, 75014, París, Francia. Email: dominique.|evy@cepre- map.ens. r.
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puesta no sorprenderá a los marxistas: una lucha 'de clases de envergadura histórica y mundial. Sobre la base de lo logrado con la destrucción del segundo mundo, se trata, para las clases dominantes, de una reconquista, de una restauración, en el sentido en que se restaura un régimen político. El precedente de lo que se convino en llamar “restauración” a comienzos del siglo XIX° en. Francia, no fue más radical. Las clases dominantes están en una lucha dirigida a restablecer su preeminencia, tal como ésta era antes de la gran depresión de los años 1930 y de la Segunda Guerra Mundial. En ese proyecto, su audacia" no tiene límites. Desde el punto de vista de la poten- cia estadounidense, lo que. está en juego es, además, la consolidación de su dominación, en un mundo en el que otros ¿países llegaron a niVeles de desa- rrollo comparables, sabiendo que a fines de los años 1980muchos analistas profetizaban una declinación. Las clases y una nación, son esas fuerzas sociales las que dieron a los últimos decenios del siglo XX° su violencia específica y el comienzo del siglo XXI° se coloca efectivamente en la conti- nuidad de esta empresa.
Neoliberalismo e imperialismo, es mediante esas dos realidades que este estudio se esfuerza por caracterizar el periodo que se extiende desde cerca de 1980 hasta los primeros años 2000. Las dos no tienen la misma edad. Evidentemente, el neoliberalismo es un objeto nuevo y el imperialismo una cosa vieja. La sección 2 propone algunas definiciones. Las dos secciones siguientes ofrecen, cada una a su manera, las informaciones que permiten aclarar, esencialmente en. un plano económico, la naturaleza y las caracte- rísticas del neoliberalismo (sección 3) y del imperialismo (sección 4). La relación entre neoliberalismo e imperialismo puede entonces establecerse. La dominación imperialista sobre el resto del mundo se benefició formida- blemente con las transformaciones neoliberales; el estadio neoliberal del imperialismo demuestra ser particularmente fructuoso para las clases y los países dominantes que drenan enormes ingresos del resto el mundo; y, de reflejo, se refuerza el proyecto que encarna el neoliberalismo, el del resta- blecimiento del poder y del ingreso de las clases propietarias de los medios de producción. Ese proyecto de transformación social reaccionaria, sin embargo, está atravesado por contradicciones (sección 5). Provocó impor- tantes derivaciones, particularmente en el corazón del corazón 'del sistema, de parte de las clases dominantes de Estados Unidos. El mantenimiento de esas tendencias zaparía los fundamentos delas empresas y por consiguien- ne, hay que prever una rectificación. ¿Cuáles serán las consecuencias de la misma?
Cuadernos del Sur 9
2 — N eoliberalismo e imperialismo e ,
Existe, por cierto, unaideolagía neoliberal pero el neoliberalismo define una realidad: el nuevo curso del capitalismo desde, ' por lo menos, los comienzos de los años 1980: l n
La ideología y la propaganda neoliberales destacan lasrvirtudes del mer- cado y de la libre empresa, lo cual esuna manera disfraZada de hablar del capitalismo; la- intervención del Estado debería ser limitada a lo estricta- mente necesario. Esos principios no son extraños al nuevo curso neoliberal del capitalismo. En cada paísaumentó lalibertad de empresa, de-comprar y devender, deemplear y despedir trabajadores, de comprar filiales y fusio- narse, etc; losderechos de los trabajadores retracedieron. En el plano inter- nacional, se redujeron las fronteras comerciales, e incluso se suprimieron, y'los capitales adquirieron el derecho decircular libremente. Por lo menos todos esos procesos están en curso. Sin embargo, en muchos campos se reforzó el poder de los Estados. Así sucedió, en particular, en el caso de las políticas monetarias Cuyo Objetivo actual es, ‘casi' exclusivamente, la estabi- lidad de los precios, despreciando la desocupación; en todas partes los Estados fueron los vectores "del establecimiento del neoliberalismo, en los planos nacional e internacional, Las palancas en manos de los promotores del orden neoliberal son principalmente a nivel de las empresas, las tasas de interés ¡elevadas ys un “gobiernoempresar-ial” (léase “gestión”) orientado hacia los intereses de los accionistas; un elemento clavees la nueva disci- plina quese ha impuesto'a los trabajadores y a los administradores.- Al nivel del Estado, se aplican nuevas políticas, macroeconómicas (débil inflación) o sociales (disminución del Costo del trabajo) que buscan promover los mismos interesesEn el plano internacional se trata de la mundialización del orden neoliberal mediante ¡la eliminación de las barreras a la circulación de los bienes y de los capitales .y la apertura de los países al» capital interna- cional, y en particular la venta a bajo precio de las empresas públicas‘pot’en- cialmente rentables; la exportación. de capitales, las tasas de interéselevadas y los precios bajos y en disminución de las materias primas permiten trans- ferir enormesmasas .de ingresos hacia los países imperialistas.
Es-difícil fijar el origen cronológico de unas transformaciones tan com- plejas como la emergencia del neoliberalismo. El fm del año 1979 reprév senta, sin embargo; una fecha emblemática. Paul Volcker, nombrado a. la cabeza del banco central de Estados Unidas por jimmy. Carter al final de su mandato, decidió aumentar las tasas de interés a cualquier nivel para acabar con la inflación. Otras transformaciones ya estaban en curso desde, en par-
IO ' Maysd‘e 2004
titular, la crisis dei-dólar, a comienzos de los años 1970, como el abandono de las paridades fijas características del sistema de Bretton Woods, estable- cido al terminar la Segunda Guerra Mundial; ya estaban en curso «la 'elimi- nación de las barreras o simples restricciones a la libre. circulación de los capi-tales, La potente máquina financiera de los euromercados y del eurobanco ya estaba bien establecida en el plano internacional, liberada del control =de los bancos dentrales. La incapacidad de enfrentar'la crisis estructural-que afec- tó.aa'las princiales economías capitalistas en los años 1970, en particular la inflación acumulativa, creó las condiciones económicas, sociales y políticas que permitieron establecer el nuevo orden social4: por consiguiente, se combinaron el fracaso d'el viejo orden y las presiones de los promotores del nuevo orden. A eso se agregaba el fracaso, cada vezmás evidente, del mode- lo soviético y el debilitamiento del movimiento obrero.
Esas transformaciones fueron hechas por la fracción superior'de las cla- ses capitali‘stas. En un capitalismo donde la propiedad y la administración están separadas la propiedad de esas grupos sociales sobre los=medios de. producción se expresa mediante la. posesión de acciones, es‘d‘ecir, de; títu- los; son. igualmente acreedores, es decir, tienen títulos de crédito que les dan derecho sobre una parte de las ganancias de las empresas. Esta’propie- dad tiene pues un carácter financiero y Marx reunía la posición de los accio- nistas y prestamistas, que a menudo son los mismos, en la categoría de capi-‘ tal de préstamo. El hecho de que lagestión de las empresas pase a manos de los asalariados habría podido significar una pérdida de poder de los propie- tarios “financieros” pero el: poder de esos 'propietariosse concentró, desde el comienzo, en potentes instituciones financieras, como los bancos,..los holdings financieros y los diversos :fondos (de pensión, para el financia- miento de las jubilaciones, tu otros) Llamamos finanza a esas fracciones superiores de las-clases capitalistas y a sus instituciones financieras. N o se trata de una industria particular, como la banca. En el capitalismo moder—. no; la clase de los grandes propietarios de capital está relativamente unifica- da y'posee partes de todos losvsectores de la economía (por sus títulos) y las controla (mediante sus instituciones financieras)? Esa no impide: que. las actividades financieras y el‘sector financiero hayan adquirido, en el neoli- beralismo, Kuna mayor importancia. Por una parte, esas activi'dades‘se han hechomucho más“ rentables y, pori-otra-parte, el control de la economía nacional y mundial por las instituciones financieras es crucial para mante-
4 G.Duménil, D. Lévy, 2004. 5 G. Duménil, D. Lévy, 2004, cap. 23.
Cuadernosdel‘Sur n
ner y-perpetuarel orden neoliberal. Por esas razones se habla a menudo de financiarización y de mundialización financiera.6
Si Lenin trazó en El imperialismo, jose superior del capitalismo7 un cuadro extraordinario de la realidad del capitalismo a principios del’ siglo XX°, no le damos el mismo contenido al término imperialismo. Nos parece más justo hacer de éste una característica general y permanente del capitalismo. Desde sus orígenes más lejanos y todavía embrionarios (se puede pensar en la Liga Hanseática) el capitalismo busca ganancias fuera de sus metrópolis con la avidez que lo caracteriza.
Esta búsqueda, estructural en el capitalismo, siempre estuvo acompaña- da por un proceso de dominación de todo tipo que va desde la simple imposición de la apertura de las fronteras a países con desarrollo inferior, con las consecuencias dramáticas que conocemos,a hasta el colonialismo puro y-simple pasando por todos los procedimientos de presión y de extor- sión.- Sus medios son la guerra y la subordinación, la aculturación y, en el pasado, la evangelización: la esclavitud fue un episodio particularmente horroroso, pero las condiciones en que viven, actualmente, las poblaciones de las maquiladoras o de otras partes similares están lejos de ser envidiables. El conjunto de esas relaciones constituye el sistema del imperialismo, defi- nido por la búsqueda de beneficios en el exterior de las metrópolis capita- listas mediante métodos opresivos.
Si el imperialismo no es una fase del capitalismo, pasa él mismo por dife- rentes fases que son el eco de las transformaciones en los países imperialis- tas mismos. Las características principales cambian. Por ejemplo, las rela- ciones comerciales fueron dominantes en los primeros estadios. Muy rápi- damente se combinaron con modos definanciamiento particulares, rela- cionados con la exportación de. capitales, como en el imperio americano de España en el cual los comerciantes españoles financiaban la agricultura y las minas de los criollos. Muy rápidamente se ligaron estrechamente las mer- cancías y los capitales. De este modo el imperialismo neoliberal posee natu- ralmente sus características propias, como lo muestra este estudio, en par- ticular la importancia de las inversiones financieras.
El imperialismo no es el resultado de la acción de un país, sino de un conjunto de países. Estos tienen relaciones de lucha que llegan hasta las confrontaciones armadas entre dos potencias o grupos de potencias en sis-
6 F. Chesnaix, 2004. 7 V.|. Lenin, 1916. 3 Ya descritas por Manr: 1853
¡a Mayoría 2004
temas de alianza pero también de‘cooperación. Cada Estado representa en él los intereses de sus clases dominantes. Un país puede ocupar una posi- ción hegemónica, como Estados Unidos, que dirige, en el mundo unipolar contemporáneo, el grupo de los países imperialistas. La relación de domi- nación se establece entonces a un doble nivel entre el país dominante y los otros miembros del grupo y entre esos países imperialistas y los otros paí- ses dominados. En realidad se trata de una jerarquía de poderes donde el más fuerte explota al más débil.
Evidentemente, en ese mundo neoliberal e imperialista, los países y Estados siguen desempeñando un papel central a pesar de la globalización, y esto desde diversos puntos de vista. Las grandes sociedades son más trans- nacionales que multinacionales, en el sentido de que sus propiedades y su administración permanecen ligadas a un país particular. -Los propietarios todavía tienen una nacionalidad. A pesar de los paraísos fiscales podemos ver establecerse en beneficio de ciertos países los flujos de ingresos inter- nacionales. Las situaciones macroeconómicas de los diferentes países no son equivalentes y esas particularidades tienen efectos mayores. Mostraremos en particular las consecuencias del hecho de que Estados Unidos no esté sometido a la necesidad de equilibrar su contabilidad exte- rior debido a su potencia misma. Esta permanencia de los anclajes naciona- les se manifiesta, por Otra parte, sin ambigüedades en la acción de cada Estado en defensa de sus intereses nacionales,
3 - Neoliberalismo: ingresos, patrimonios y tren de vida de [las clases más ricas.
Antes de analizar lo que es el neoliberalismo conviene refutar la tesis que lo convierte en un modelo de desarrollo. Ni en el centro ni en la periferia, el neoliberaüsmo aparece así. Mismo en Estados Unidos, la tasa de creci- miento de la producción y la tasa de acumulación del capital (la tasa decre- cimiento del stock de capital fijo, es decir, el conjunto de las construccio- nes y de los materiales de los cuales dispOnen las empresas para producir) registradas desde 1980 son menos elevadas que las alcanzadas en los dece- nios anteriores desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Estados Unidos goza de una situación privilegiada debido a su posición dominante. En Europa, la reducción de las tasas de crecimiento y de acumulación fue dramática. En Francia, por ejemplo, la tasa de acumulación de las socieda- des no financieras llegaba al 8% a comienzos de los años 1970, después cayó brutalmente durante la crisis estructural de esos años y no se reestableció
Cuadernos del Sur 13
con el neoliberalismo; 'a fines del siglo XX oscilaba en torno al 2%. Correla- tivamente, Europa no llega a escapar a su desocupación estructural.
La situación es particularmente dramática en muchos países de la perife- ria. Si dejamos de lado modelos muy particulares, como el de Corea y algu- nos países como China, India y Chile, el cuadro es impresionante en América latina y catastrófico en Africa, La figura 1 muestra el perfil de la producción en Brasil, México y Argentina desde hace varias décadas. En esos tres países, la ruptura del crecimiento se manifestó a comienzos de los años 1980. No es aparente ningún restablecimiento posterior a pesar de la docilidad de esas países frente al orden neoliberal y, en el caso de México, de la asociación" con Estados Unidos y Canadá desde 1994 en el seno del TLCNA. La caída de las tasas 'de crecimiento y la inestabilidad macroeco- nómica (la repetición de recesiones) son particularmente evidentes para ese último país, donde todo comenzó, brutalmente, con la crisis de la deuda en 1982.
-r Se puede notar, en el caso dela Argentina, que la transición hacia el neo- liberali‘smoven 1990 vino después de un periodo de estancamiento. Fue seguida por algunos años de crecimientovmás sostenido. que supuestamen- te demastraba las potencialidades del modelo neoliberal ¡pero conocemos el desenlace!
Figura i. Producción (PNB) en-la periferia (miles de millones de dólares de 1996): Brasil, México y Argentina
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14 .Mayodeaooit
Los datos están expresados en paridades de poder adquisitivo, lo cual da sentido a la comparación de los niveles absolutos y refleja el tamaño de los tres países. s '
Los fines del orden neoliberal sonde otra naturaleza que el desarrollo de -la periferia o incluso la acumulación en» el centro. Se refieren a la restaura- ción de los ingresos y patrimonios de las fracciones superiores de las clases dominantes. N o existen estadísticas que permitan caracterizar clases. Pero ciertos trabajos e investigaciones nos dan datos relativos a la concentración de lós ingresos y de las riquezas. La figura 2 muestra la fracción de los-ingre- sos disponibles totales de los hogares enïEstados Unidos que recibe el 1% másrico.9
Figura 2. Parte del ingreso disponible de los hogares en posesión del 1% .de los-ingresos más elevados (0/0): Estados Unidos
20-,
16'-
|2-
19134998
l l a r ' " l I I Ï — , 1920 1940 1960 1930 2000 Vemos en esta figura-que el 1% de los hogares con los ingresos másele- vacios recibía más del 16% del ingreso total antes de la crisis de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial: “dichoSos” tiempos de un capitalismo domina- do por una burguesía fácilmente identificable. A fines de la guerra ese por- centaje cayó repentinamente al 8%, quedó a ese nivel hasta los años 1980. Los beneficios delcapital habían disminuido profundamente y las jerarquí- as salariales habían sido reducidas fuertemente. Esas décadas a menudo son
9 T. Piketty, e. Saez, 2003.
Cuademosrdel Sur 15
designadas como las del compromiso keynesiana. Además de esta reducción de las desigualdades, ellas se caracterizaban por una gran autonomía de los cuadros (managers) tanto en el nivel de las empresas como al de las instan- cias centrales responsables de las políticas económicas y de la gestión social (educación, sanidad, etc).-Como los propietarios del capital, el sector finan- ciero estaba poco remunerado; las ganancias permanecían en las empresas donde eran reinvertidas. Con el neoliberalismo, los porcentajes de la figu- ra 2 se elevan hacia niveles similares a los de la preguerra.
El estudio de la riqueza total de esas clases dominantes muestra su-fuer- te disminución relativa durante 13‘. crisis de los años 1970.lo Mientrasen la postguerra el 1% de los hogares más ricos poseía cerca de un tercio-de la riqueza total del país, ese porcentaje cayó en pocos años al 22% a comien- zos de los 1970, En no muchos más años el neoliberalismo restablecía la concentración de los patrimonios (siempre relativamente‘al conjunto de la población) en los niveles anteriores a la crisis o incluso más elevados.
La restauración del status de esas clases sigue siendo, sin embargo, ina- cabada. Un elemento crucial es la reducción de la fiscalidad directa sobre los altos ingresos. Se está llevando a cabo a pesar de la presión constante que ejerce la existencia de tenaces desequilibrios presupuestarios.
¿Cómo fueron posibles tales variaciones de ingresos y de riquezas? Durante los años 1970, las tasas de inflación eran superiores a las tasas de interés; las empresas eran poco rentables y distribuían pocos dividendos; correlativamente, el nivel de la bolsa, corregido por la inflación había sido dividido por dos y se estancaba. Se puede comprender fácilmente que algu- nas clases, cuyo ingreso deriva en gran medida de la posesión de títulos, considerasen en riesgo sus ingresos y su riqueza.
El neoliberalismo cambió todo eso. Las tasas de interés corregidas res- tando la inflación que antes eran bajas se elevaron hasta cerca del 5% (para las tasas de interés a los créditos a largo plazo a las empresas mejor cotiza- das). La rentabilidad de las empresas mejoró y distribuyeron una fracción creciente de sus ganancias .como dividendos. Desde cerca del 30% de ganancias tras pago de intereses e impuestos, el porcentaje subió gradual- mente hasta llegar prácticamente al 100% al final del siglo XX". Los cursos bursátiles (siempre sustrayendo la inflación) se multiplicaron por tres con respecto a su nivel anterior a la crisisrde los años 1970.
Por consiguiente no hubo ningún milagro. Todo consistió en un pro- blema de poder y de relación de fuerzas, nacional e internacionalmente.
'0 E. Wolf. 1996.
16 Mayo de 2004
Este reforzamiento de los ingresos y de los patrimonios modificó pro- fundamente los comportamientos de las clases dominantes. Desde prácti- camente el comienzo de la era neoliberal los hogares estadounidenses aumentaron formidablemente sus gastos, consumo y alojamiento y, sobre todo, .el consumo.
La figura 3 muestra la parte del consumo delos hogares estadounidenses en el producto interno bruto (PIB) desde los años 1950. Se ve claramente en la misma que esatasa oscilaba en torno al 62% o 63% antes del neoliberalis- mo. Desde comienzos de los años 1980. esa tasa aumentó regularmente y de modo espectacular para sobrepasar el 70% a comienzos del siglo XXI°
Este aumento del consumo de los hogares tiene dos orígenes: el alza de la parte de su ingreso en el PIB y la disminución de su tasa de ahorro (el alza de la parte de su ingreso destinada al consumo). Esos dos mecanismos se refieren a los hogares más ricos.
En lo que respecta a la baja de la tasa de ahorro, un estudio de la Reserva Federal“ permite identificar las capas de la población que originan esa caída. El estudio divide los hogares en‘ cinco grupos según su nivel de ingreso (el
Figura 3. Relación del consumo de los hogares con respecto al PIB (datos trimestrales, olo): Estados Unidos.
72 _ 70- 68 ._' 66 - 64 _ 62 a 50 _' 58 - 56 - 54 I , | r T I .1 l fi l Ï l 52. l;03.4 1955 1965 ¡975 1985 ¡995 2005
El consumo de los hogares es la suma ide compras de bienes y servicios (incluido el alojamiento) Fuente: NIPA (BEA).
“ D. Maki, M.Palumbo, 200i.
Cuadernos del Sur 17
20% con ingresos más altos, :el 20% que constituye el grupainmediatamen- te inferior, etc.). Toda la caída del ahorro se concentró'en el grupo con ingre- sos más fuertes, tradicionalmente la fuente del ahorro en el país (pues los pobres ahorran poco). Afines del siglo pasado la tasa de ahorro de esas capas acomodadas se tornó negativa, lo que significa que gastan más de lo que ganan=(sin duda en relación con los cursos de la bolsa), endeudándose. Elalza formidable de las tasas de endeudamiento de. los hogares es.- otra característi- ca de la macroeconomí'a’ estadóunidense sin que se sepa 'en cuál medida se concentra .en esta fracción de las unidades domésticas. más acomodadas.
Las consecuenciasde'eseproceso fueron amplificadaspor el hecho >de que esas capas concentran los ingresos financieros que sonlos que aumen- taron'fuertemente. Entre A1952 y -*1 979, es decir, antes del neoliberalismo, los ingresos financieros (intereses y dividendos; sin tener en cuenta‘las ganan- cias en capital) representaron, en promedio, 10%'del ingreso total delos hogares; entre 1980 y el 2003 ese porcentaje llegó al 17%.
El costo parar/otras clases y países fue considerable: crecimiento lento, desocupación, desarticulación delas sociedades, miseria, etc. Pero desde el punto de vista de sus objetivos, el neoliberalismo fue un éia'to brillante.
4 — Potencia del imperialismo estadounidense
No se puede comprender, sin embargo, la dinámica de los ingresos del capital en Estados Unidos sin examinar las relaciones entre ese país y el resto del mundo. Allí entra en juego la presión imperialista propiamente dicha.
No existe ningún medio simple de aprehender el efecto de la relación de Estados Unidos con el resto del mundo sobre los ingresos del capitalen ese país. Los mecanismos, en efecto, son múltiples. Conocemos, por ejemplo, la importancia de la compra de materias primas, incluidas fuentes de ener- gía, a un precio favorable para los paises Compradores. En el curso de las décadas neoliberales, esos precios han caído sin cesar, a veces cayendo a un tercio de su precio inicial. Otros mecanismos, como la importación de cerebros del resto del mundo (el brain drain) contribuyen fuertemente, no sólo a los ingresos de Estados Unidos, sino también al mantenimiento de su preeminencia tecnológica. También en este caso es problemática la cuan- tificatión. A la inversa, los sistemas de contabilidad-nacional dan estimacio- nesdel flujo de ingresos, llamados financieros, tales‘como los pagos de divi- dendos y de interese-s, así como de los beneficios. de las sociedades transnah cionales retenidos en el extranjero pero que son propiedad de las socieda- des madres estadounidenses. '
18 wMayodeaaaet
Previamente a esta investigación, hay que precisar un punto terminolo- gico. Se entiende generalmente por inversión 'la suma que se le hace al :capi- tal fijo en el curso de cierto período. Se puede agregar a eso la variación de los stocks. El mismo término se utiliza, sin-embargo, cada vez más a menu- do para hablar de una COIOCación financiera de dinero, por ejemplo-,- de la compra de una acción O de una obligación. Cuandose trata de una inver- sión directa, es decir de la toma de participación por una sociedad de más dell-0% del ¡capital de ótra‘,“lo que 'la' convierte en una filial, no son adecua- dos ninguno delos dos adjetivos “física” y“fin'anciero”.- Se opondrá, sin embargo, la inversión en capital fijo y en stocks, física, a la inversión finan- ciera, incluida la inversión directa. Las inversiones de portafolio O de carte- ra son las inversiones financieras diferentes de las inversiones directas.
Consideraremos, en primer lugar, las inversiones directas en el extranjero de las sociedades transnacionales de Estados Unidos. Las gananciastrealizadas con esas inversiones se componen de dividendos, intereses y lucros conser- vados en el extranjero. Los datOs disponibles permiten separarlos de la masa de otras ganancias calificadas de “lucros domésticos”. Evidentementealgunas de esas ganancias domésticas se sacan del resto del mundo, debido a los bajos precios de las materias primas o a los pagos realizados por extranjeros direc- tamente a sociedades establecidas en Estados Unidos (como una parte de los pagos de intereses de la deuda de la periferia). _ _
En el 2000, el conjunto de las ganancias resultantes de la inversión direc- ta de Estados Unidos, o sea las ganancias de las filiales de las transnaciona- les en otros países, representó el 53% de las ganancias doméstiCas. Sabiendo que éstas contienen'aún una fracción de ingresos tomados del resto del mundo, esa cifra da ya una idea notable de‘ la impartancia'para'los ingresos del capital en Estados Unidos de la apertura internacional de esta economía.
La figura 4 muestra la evolución de ese porcentaje de las ganancias de las transnacionales sobre sus inversiones [directas en el extranjero sobre las ganancias dom'é‘sticas. 'Se' ve un crecimiento bastante regular de cerca del 10% en 1948, a 53%, el punto culminante en el 2000. ESte progreso es el'de la mundialización ¡de la economía y el neoliberalismo no constituyeanin‘gu- na ruptura; Ene‘fecto, este orden social, poco favorable'a la inversión'fïsica, redujo considerablemente el ritmode crecimiento del flujo de inversiones directas de las transnacionales de Estados Unidos, tanto en. volumen como en la parte de la producción total de ese país. ‘ ,
Disponemosvigualmente de una medidandetodos los ingresos prove- nientes de todas las “categorías de inversión,financiera,i-ncluyendO-la inver- sión directa, de agentes estadounidensesen el resto del mundo. Se puede
Cuadeniosdel Sur 19
igualmente relacionarlos con 'las ganancias domésticas para apreciar la dimensión. El porcentaje llega a 100% en el 2000. Es decir, que la masa de ingresos extraídos del resto del mundo bajo la forma de dividendos, de inte- reses y de ganancias mantenidas en las filiales en el extranjero fue igual a la de las ganancias domésticas. No se trata pues de un pequeño complemen- to de la actividad territorial.
Figura 4. Relación de los ingresos provenientes del extranjero con las ganancias de las sociedades realizadas en Estados Unidos
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80'
70-
60-
501
Ingresos totales provenientes del extranjero / Ganancias domésticas (——) Ingresos de las inversiones directas en el extraniero/ Ganancias domésticas (- - -)
La serie de las ganancias domésticas de'las sociedades utilizada en el cál- culo ha sido un poco alisada para evitar las fluctuaciones que reflejan las variaciones coyunturales del nivel general de actividad. Las fluctuaciones res- tantes son principalmente el efecto de las variaciones de las tasas de interés.
La figura 4 describe igualmente la variación de ese porcentaje en el tiem- po. Encontramos en ella el punto culminante de 100% en el 2000. La obser- vación más notable, sin embargo, el alza espectacular de fines de los años 1970, consolidada en el neoliberalismo. Todo el período neoliberal aparece así marcado por el signo de esta punción del ingreso financiero sobre el resto del mundo. El porcentaje oscila. en torno a un piso de 80%.
La primerísima fase del alza, a fines de los años 1970, reflejaiel creci- miento de los intereses sobre la deuda entonces llamada del Tercer Mundo.
20 ' Mayo ¿132004
Pero en esa época la desvalorización de esa deuda por la inflación significa- ba una Contratransferencia .a. favor de los prestatarios que no toma en cuen- ta la medida que se describe en la figura. Con el fin de la inflación, la pun- ción adquirió toda su amplitud propiamente neoliberal. Es el efecto del alza de las tasas de interés reales y de las distribuciones de los dividendos. Contrariamente a la componente de esos ingresos correspondientes a las inversiones directas, el aumento de los ingresos en las inversiones de por- tafolio fue en muy gran medida el efecto del aumento de las tasas de inte- rés y es, por lo tanto, emblemática del orden neoliberal.
Se puede retenerpor consiguientela principal enseñanza de este análi- sis, a pesar de las limitaciones de los datos disponibles: en el 2000, los ingre- sos financieros que Estados Unidos obtiene de su relación con el resto del mundo son superiores al total de las ganancias de sus sociedades en'Estados Unidos. Un imperialismo musculoso, pues, crucial para la remuneración del capital en ese país.
No es necesario decir que los extranjerosxtambién hacen inversiones financieras en Estados Unidos, lo cual aumenta la importancia de los flujos
Figura 5. Tasa de rendimiento aparente de los haberes de Estados Unidos en el resto del mundo y de los haberes ‘del resto del mundo e'n Estados Unidos, restándoles la inflación (0/0)
l 960-2002 I 1965 1975 ¡985 ¡995 2005
Tasas de rendimiento aparente real de los haberes de Estados Unidos (—-) Tasas de rendimiento aparente real de los haberes del resto del mundo (- - -) Fuerte: International Transactions data (BEA): NlPA (BEA)
Cuadernosdel Sur 21
de ingresos extraídos. del: resto del mundo. Nos limitaremos transitoria-
mente av un solo aspecto de esta relación‘ bilateral referente a los rendi-
mientossde las inversiones de unos y otros; .‘
Sevobserva-rá que. aquí consideramos sólo las: inversiones financieras que realizan en Estados Unidos agentes‘del resto del mundo y no sus inversio- nes en todos los terceros países. A la inversa, consideramostodas las inver-d siones de Estados vUnidos en cualquier país. Se. trata por consiguiente de examinar la posición de Estados'Uvnidos como inversionista y como lugar de inversión.
La figura 5 muestra las tasas de rendimiento de las:inversiones de los agentes estadounidenses en elextranjero y de los extranjeros: que invierten ensEstados Unidos. Se‘zcorrigió .laldesvaloriza‘ción de la deuda debida a la inflación. Seimponen dos stipos de comentarios,
1. Los dos perfiles son similares. Se nota un fuerte aumento de los rendi- -mientos decerca de-4 puntos de porcentajea fines de los años 1970-, lo rq‘ue. marca la aparición de las fuertes tasas de’interés características de los años neoliberales. Las tasas cayeron un poco en los años 1990.
2. principal descubrimiento esla diferencia muy pronunciada delos ren:- dirnientos, cerca del 4% entre unapunta y laïlotra del periodofista dife- rencia es la expresión .de una fuerte.asimetría.. Cuando Estados Unidos hace inversiones financieras en el resto del mundo los mismos son muy remunerativos, entre 7%_y 9% según el subperiodo, y muy superiores a los rendimientos que obtienen los extranjeros invirtiendo en Estados Unidos. Esa diferencia de ¡rendimiento aparece en cada componente de la inversiónfinanciera, 'la inversión de cartera y la inversión directa”.
La composición de las inversiones de Estados Unidos en el extranjero es muy diferente de las de los extranjeros que invierten en Estados Unidos. Está formada, en cerca de un 50%, por inversiones directas, a diferencia del 20% correspondiente a los extranjeros en Estados Unidos. Ese país funcio- na pues, según la terminología de Marx, como una especie de “capitalista activo” mientras que los extranjeros tienen más un comportamiento de “prestamistas”, siempre según la terminología de Marx que reunía a los ac‘cionistas que noparticipaban en la gestión de las empresas y a los acree- dores bajo la rúbrica de capital de préstamo. Esos rentistas son, por ejemplo, familias ricas de América latina o empires del Medio Oriente, o ¡también
¡2 R. J. Mataloni, 2000.
22 nom
bancosioentrale's que inviertenesus haberesen dólares en’ bonosdel Tesoro estadounidense, comportá-ndose así como ,‘ÉEstados rentistas”. Esta diferen- cia en la composición explica en parte la diferencia de- rendimientosen el conjunto de las inversiones financieras; ' > ' -
5. Una trayectoria insostenible
n "‘
135i secciones precedentes ponen claramente bajo los reflectores la potencia del imperialismo estadounidense; ¿Las ¡extracciones al resto del mundo son formidables por su magnitud y .porsu eficacia, que se expresa bien en los rendimientos, Se comprende, incidentalmente, cuales motiva- ciones puede tener ese'país, y:-en. particular losgobiernos del mismo, para preservar esta dominación por ,todos los meios, económicos, políticos y militares. 'Pero igualmente seapuede verla-dependencia así creada, Esta tra- yectOria, :sin embargo, está atravesada .por una» contradicción: mayor, cuya naturaleza trataremos-dedescribir en fiesta sección; :
En primer lugar, examinaremos la relación existente entre 'elltahorro y la inversión en Estados Unidos. Entendemos aquí por inversión la inversión en capital fijo de las empresas, según las definiciones dadas antEriormente. Ahorro e inversión están expresados en porCentaje-dela producción total de Estados Unidos (el Producto Interno Neto, PIN), igual al ingreso total. teniendo en cuenta los flujos de ingresos con el extranjero. "
El contraste entre las décadas neoliberales y los primeros decenios de la posguerra es impresionante. Antesde 1980, las taSas de ahorro yide inver- sión de Estados Unidos oscilaban en torno al 4 o al 5%. Ambas tasas caye- ron con el inngSO en el neoliberalismo: una disminución moderada, aun- que significativa, de la tasa de inversión, de 4,1% antes de 1980 a 3,5% pos- teriormente, y una caída espectacular de la tasa de ahorro de 4,5% a 1%, en los mismos periodos. Con una rapidez desconcertante Estados Unidos comenzó a invertir mucho más de lo que ahorraba a comienzos de los años 1980. Globalmente, eso significa que gastaban, en consumo e inversiones, netamente más que sus ingresos.
En esta formidable ola de gastos hay dos componentes. En primer lugar y de un modgsúbito, a comienzos de 1980 apareció un fuerte déficit pre- supuestal. El mismo resultaba del alza de las tasas de interés, de la dismi- nución de los ingresos y del aumento de los gastos militares (la “guerra estelar”de Ronald Reagan). Pero existe otro componente que se impuso gradualmente e irremisiblemente; es el. aumento del consumo de los hoga- res descrito en la figura‘3, queítrajo aparejada la Caída de sus tasas 'de ahe-
23
rro y sobre el. cual hemos observado que es el producto de los gastos inmo- deradOs-de las clases más acomodadas.
¿Cómo es posible?
Por razones contables, la brecha entre el ahorro y la inversión de la figu- ra 6 es igual al saldo de la balanza corriente de Estados Unidos, o sea a la suma de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) y el saldo del flujo de ingresos con el extranjero (casi las transferencias unilate- rales). Es el primer componente, los flujos comerciales, lo que amplió la brecha. La figura 6 manifiesta pues. un" déficit de la balanza de pagos corrientes en los años neoliberales.
Cuando Estados Unidos importa más de lo que exportan, los extranje- ros son pagados en dólares, sin contrapartida financiera (esos dólares no resultan de un préstamo, por ejemplo). Si los extranjeros vendiesen esos dólares, el curso de esa moneda bajaría, lo que .tendería a corregir el déficit externo (sin'que ese ajuste sea automático); De hecho, los extranjeros, debi- do a la fuerza de la economía estadounidense y a la debilidad de la situación macroeconómica de su propio país, hacen inversiones financieras en acti-
Figura 6. Relación entre el ahorro neto y la inversión neta con el producto interno neto (0/0): Estados Unidos
-1- -2- _3—1 .44
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2.1-032 -6 l ‘
l 2005
r i i l r l Í 1 i l I ¡955 ¡965 ¡9757 ¡985 1995 Tasa de ahorro neto: (—)
Tasa de inversión neta: (- - -)
'¡3 Ese control de la demanda demuestra ser, en promedio, eficaz pero a menudo se pro- ducen descarrilamientos":_los recalentamientos y las recesiones.
24 Maya-dem“
vos estadounidenses. Participan así en el financiamiento de la economía de Estados Unidos comprando acciones, prestando a las empresas, a las uni- dades domésticas o al Estado. La política monetaria de Estados Unidos, que ajusta las masas de los créditos domésticos al nivel requerido para mante- ner una actividad estable, dosifica los complementos a este aporte exte- rior'3.Este curso de las cosas puede seguir mientras los extranjeros estén satisfechos con esta utilización de su poder de compra en dólares.
La inversión es la inversión física de las empresas: el ahorro es el exce- dente del ingreso nacional sobre todos los gastos, con excepción de esas inversiones. La inversión neta es igual a la inversión bruta menos el consu- mo de capital.
Figura 1. Relaciones con el producto interno neto (de Estados Unidos) de los haberes del resto del mundo sobre Estados Unidos y de los haberes de Estados Unidos sobre el resto del mundo
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'10 I l l l I - l . l I' I l l 1965 1965 1975 1985 ¡995 2005
Haberes del resto del mundo sobre Estados Unidos (—-) Haberes de Estados Unidos sobre el resto del mundo: (- - -) Haberes netos del resto del mundo sobre Estados Unidos: (_)
' Por razones contables, la variación del saldo (_) es por completo el efecto de los desequilibrios de la balan- 1.a corriente (el saldo de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios y de los flujos de ingresos). Toda operación financiera (inversión directa o no, crédito, operación cambiaria...) no produce cambios en los dos stocks de haberes (—) y (- - -) o los modifica en la misma cantidad, no alterando por consiguiente su diferencia. Fuente: How of Funds (Federal Reserve).
Un aspecto evidente de esa trayectoria es el crecimiento relativo de los haberes de los extranjeros en Estados Unidos con relación a los haberes de
Cuadernos del Sur 25
ese país en elresto del mundo. figura.:7 describe estos dosstocksrde habe- res, dividid'os' por la producción estadounidense; rr
Podemos obserVarel aumento gradual de los ï‘haberes de EStados Unidos en el resto del mundo de ,cercazdel- 11% ¡en los años1959 ¿36% al‘fin del periodo. La curva de los haberes del resto del mundo en Estados Unidos comienza ¡[muy por debajo dela-precedente pero la cruza en 1985, con 22%. El aumento esuirreversible, hasta 78% de la producción de Estados Unidos. La'tercera curva rnds da la medida de la brecha existente entre los dos stocks. Los valores -negativos-del«-primer periodo expresan el excedente. delas habe- res de Estados Unidos respecto a los-del resto delamundo hasta el=cambio de signo en 1985. ¡En el 2003 el excedente de los haberes del resto del mundo sobre los de Estados Unidos representó el 40% de la producción de ese país! Se habla! airecesi de una-deuda externappero esos haberes contie- nen elementOS, como las acciones,’*que .no corresponden a uns-endeuda- miento. Es posible, sinembargo, afirmar que lo: esencial del deterioro corresponde a una deuda creciente.
¿Es grave? Un primer problema es el de la voluntad de los extranjeros de conservar sus dólares y, por consiguiente, de efectuar sus inversiones financieras (porque evidentemente no tienen interés en conservar esos haberes en dinero líquido, sin remuneración).sabiendo que aquí hablamos del total de las inversiones de los extranjeros, independientemente de las de Estadós Unidos en el extranjero. Vista en los primeros meses del 2004 es posibleïipreguntarse si la caída del dólar desde el 2002 es la expresión de tal cambio; Sin embargo hay que notar que el dólar estaba alto en el 2002. Se puede pensar igualmente que Estados Unidos deseó esta baja y muy pro- bablemente contribuyó a la misma para sostener su economía que eStaba en recesión. Pero incluso si los extranjeros deseasen seguir invirtiendo, se ve surgir una contradicción que pone en Cuestión el prosegu-imiento de la tra- yectoria de la economía estadounidense a más largo plazo. l
El problema es simple. A fuerza de permitir el financiamiento exterior mediante el nivel de sus importaciones,EstadosUnidos dio al aporte de los extranjeros un lugar importante Ven el'financian’riento de su economía y debe, por. consiguiente, remunerarles. Muy feliz-mente parala economía estadounidenselas inversiones de los extranjeros están mal remuneradas pero sin embargo crece la punción-sobre los rendimientos del capital en Estados Unidos. '
26 ' Mayodeaom
Figura a. Relación con ela'-product0»“intenno neto ¿de los flujos devinïgresos sobre los haberes de Estados Unidos en el restoi'del mundo y del resto del mundo en Estados Unidos.
5.0 -
4.5 — V ni 4.o — i'
I. vc 3.5 — A / ler A
3.o f 2.5 - 2.o - 1.5 -- 1.o -
0.5 -
0.o — 1 46.1-02.3 I
-o.5 l
r l I I T r l I ' I r i 950 1960 1970 1980 1990 2000
Ingresos de Estados Unidos provenientes del resto del mundo: (——) ‘l Ingresos del resto del mundo provenientes de Estados Unidos: (- - -) Ingresos netos de Estados Unidos: (_) " Un signo positivo de la diferencia (_) significa que el resto del mundo recibe más ingresos provenientes de Estados Unidos que Estados Unidos provenientes del resto del mundo. Fuente: Intemational-Transactions data (BEA); INIPA (BEA);
La figura 8 muestra los'flujos de ingresos entre Estados. Unidos y el resto del mundo, flujo entrante y saliente. .La primera curva (—-) describe, como enla figura 4, los flujos de ingresos entrantes pero el denominadores, esta vez,‘ la productiónde Estados Unidos. Esos- flujos representaron el 4%‘d’e'l PIN- en el 2009. Ese porcentaje es menos impresionante que el dela figura 8 pero hay que tener presente que las ganancias-de las sociedades no repre- sentan sino una “débil” fracción del ingreso total“. La misma figura. mues- tra también el pórcentaje creciente de los flujos salientes (- - -).
"4 En el 2600, las ganancias dor'nésficas después de los impuestos se elevaron al 7,1% del PIN de las sociedades quepa-su vez, equivale al' 61,6%,delzPledel conjunto de la economía, ‘
szdenwsdei Sur ¿27
Figura 9. Flujos netos, (entrantes menossalientes) de ingresos entre Estados Unidosy América latina.
1965 1975 ¡985 ¡995 2005
Ingresos netos totales (—)
Ingresos netos provenientes de las inversionesdirectas (- - -) Otros ingresos netos (— - -)
Fuente: International Transactions data (BEA); NIPA (BEA).
Se pueden distinguir tres periodos. Desde 1946 hasta 1972, ambos por- centajes se elevaron lentamente, mientras que su separación también aumen- taba de a poco. El periodo 1973-1979 ocupa una posición intermedia. Los flujos entrantes crecieron más rápidamente hasta el 2,7% y los salientes sola- mente-hasta el 1,5%.Peroeste aumento de los flujos entrantes no estaba a la altura de su ascenso espectacular en el curso delas dos últimas décadas. Mientras que los flujos entrantes se estancaban, los salientes continuaron su aumento hasta alcanzarlos, llegando a un máximo de 4% en el 2000.
La tercera línea de la figura (——) describe la diferencia existente entre los dos flujos, o sea el flujo entrante neto de Estados Unidos. Esos flujos netos, ventajosos para Estados Unidos, crecieron sensiblemente entre 1973 y 1980. Pero la innovación radical fue la interrupción de ese crecimiento y después su caída en los años siguientes. Ese aumento de los ingresos extra- ídos por Estados Unidos del resto del mundo se anuló entonces y, desde el 2002, incluso fue negativo durante ciertos semestres.
La explicación devesta caídaes, evidentemente, el creciente excedente de los haberes de los extranjeros en Estados Unidos descrito en la figura 7. A
28 Mayoría 2004
pesar de la fuerte rentabilidad de las inversiones de ese país en el extranje- ro, su posición exterior se deterioró a tal punto‘que comenzó a pagar a los extranjeros más ingresos financieros de los que recibe. Recordaremos que la causa de ese movimiento es la ola de consumos de los hogares más ricos.
Es posible ilustrar esta nueva situación examinando los flujos de ingre- sos entre Estados Unidos y América latina en la figura9. Los flujos consi- derados són flujos netos, es decir, flujos entrantes en Estados Unidos desde América latina menos los flujos salientes de aquel país con destino a esa región del mundo. Una curva se refiere al total y dos curvas a los flujos correspondientes a las inversiones directas y de cartera, que son los dos componentes del flujo total.
La figura 9 muestra que los flujos netos totales a favor de Estados Uni- dos subieron hasta más del 0,5% de la producción de-ese país a comienzos de los años 1980 (esos flujos no tienen en cuenta la desvalorización de las deudas a causa de la inflación). Después disminuyeron hasta un piso de 0,15% por año, antes de hundirse en la crisis de fin del siglo pasado (la rece- sión estadounidense y la crisis en América latina, particularmente en Argentina). América latina es, por consiguiente, una de las regiones del mundo que contribuyó a la baja-de los flujos de los ingresos del resto del mundo en favor de Estados Unidos.
Lo más interesante, sin embargo, es la descomposición por tipo de inver- sión. Allí encontramos características ya identificadas. En primer lugar, la figura revela la importancia y la estabilidad de los ingresos obtenidos de las inversiones directas de las transnacionales estadounidenses, que se establece alrededor del 0,2% de la producción de ese país. En segundo lugar, observa- mos la caída delos ingresos netos con relación a las inversiones de cartera, y después el carácter negativo de esos flujos, lo que significa que Estados Unidos pagó y sigue pagando en este fin de periodo, ingresos financieros, intereses y dividendos, a inversionistas de América latina superiores a los que reciben (a pesar de la deuda de la periferia). Esta es la imagen de la fuga de los capitales de las clases ricas de esos países hacia la madre patria capitalista estadounidense. Se puede notar, en particular, el aumento de esos flujos netos 'de ingreso (una reducción en la figura) a partir del 2000. Ese movi- miento refleja un flujo neto creciente de inversiones de cartera. Con la excepción del año 1998, América latina financió, de hecho, el largo boom estadounidense dela segunda mitad de los años 1990. Ese-cuadro de América latina acreedorade Estados Unidos caracteriza de manera impresionante la nueva configuración de las relaciones financieras en el plano mundial. Para esta región del mundo, el problema consiste, por supuesto, en la separación
Cuadernos del Sur 29
entre los Estados y las empresas en deuda y-algunbshogares: ricos; Como sabemos todos, no-todos sufren enel continente latinoamericano.
6. Conclusión
Los mecanismos descritos en las secciones precedentes revelanla existen- cia de una contradicción en el sistema del- imperialismo estadounidense enla época neoliberal. Se puede resumirdel modo siguiente toda la cadena:
Ingresos elevados y ganancias en capital de las .capas acbmodadas.(reforzadas por la punción sobre el resto del mundo) y política monetaria [relativamente laxa.
¿y Crecimiento del consumo de las clases acomodadas l i; ': I Déficit creciente de la Cuenta corriente J; Crecimiento de la deuda externa 4 l Crecimiento del flujo de ingresos pagados al resto del mundo
i l /
Disminución de los rendimientos del capital en Estados Unidos
El mantenimiento de la trayectoria actual está sometidoa dos condicio- nes inmediatas: (1), que los extranjeros acepten. invertir sus dólares en Estados Unidos, o sea, que el curso del dólar se mantenga; (2) que la dife-. r_encia-que-existe entre las remuneraciones de las inversiones financieras de los extranjeros (figura 5) con relación a las delos estadounidenses no dis.- minuya. Se puede observar, desde este último puntode vista, que si Estados Unidos debiese pagar a los extranjeros tasas de rendimiento iguales a las que obtiene, ¡el flujo saliente sería igual al total de las ganancias internas de las sociedades estadounidenses! N o esrnecesario decir que jamás ‘se llegará a esa situaciónu
Desde un-vpunto de vista estadounidense, esta trayectoria largano' puede prolongarse sinpdner en cuestión la dominación de ese país y la opulencia de sus clases dominantes. Ella transfermaría a Estados Unidosen proveedor de ingresos financieros al resto del mundo en detrimento de su propia clase dominante. Por .lotanto, lo que está en cuestión es un cambio de trayectoria.
En la discusión delos escenarios futuros conviene. establecer claramen- te una diferenciaentre neoliberalismo e imperialismo. Enrprimer lugar, así
30 Maya. de 2004
como Estados Unidosera ya imperialista durante las décadas "del compro- miso-leynesiano (de hecho, desde que existe), o sea antes del neoliberalis- mo, seguiría siéndolo en la eventualidad de una nueva fase, más allá del neoliberalismo. En segundo lugar, hay “que observar. que el encadenamien- to mostrado, más arriba es propio del neoliberalismo y' norde'l'r imperialismo. La capacidad imperialista de Estados Unidos sigue plena y enterae incluso se ha reforzado. .4
¿Cuáles cambios? Se pueden ver cuatro componentes ¡5: (1) la reducción del consumo de las capas más. acomodadas; (2) tasas de acumulación más elevadas financiadas por el aís mismo; (3) una demandadirigidahacia la producción nacional; (4).- eyentualmente, una mayor presiónsobre el resto del mundo. Sin embargo, hay múltiples problemas: '
El nuevo cursopodría estar en contradicción con _.el mantenimiento de laurempresa-neoliberal. Un método, que en el pasado «demostró ‘Su eficacia para reestablecer las tasas de acumulación, Consiste en conservarlas ganan- cias en las sociedades no financieras, en lugar deliquidarlas bajola forma de intereses y dividendos.¿Pero qué sucedería entonces con los ingreses de las clases dominantes y, porsupuesto, con su tren de'vida? Se pueden también encarar medidas spara' estimular las inversiones 'de las empresas. Pero! tasas de interés _más bajas chocarían, una vez, con los 'objetivos del" neoliberalis- mo. Pero el Estadoipodría implicarse en el financiamiento de lasvtasas dife- renciales ode las medidas de incitación fiscal'y tomar a su Cargo los riesgos, cosa que haCe ya con los préstamos de los hogares.-
Una solución que seencara para remediar el déficit externo es dejar caer elcursodel‘dólar. Se conocen los. límites de ese procedimiento. Algunos países indexaron su moneda con. el dólar y un cambio en el curso del mismo no modifica las condiciones 'del. ' comercio entre esos países y EstadosUnidos. No existe una panacea. El ejemplo del comercio. entre Estados Unidos yjapón muestra que el aumento del yen .no basta para rec- tificar las trayectorias. Pero unatasa'decambiodébil y la amenaza de que esa baja se mantenga en general se consideran incompatibles Con los obje- tivos :imperialistas de Estados Unidos. Del mismo modo, nueVos avances hacia un mayor proteccioniSmo o cualquier limitación a la movilidad de los capitales si se retirasen peligrosamente de Estados Unidos, desencadenarí- an medidas de reciprocidad que minarían ladominación imperial estadou- nidense en sus modalidades neoliberales.
¡5‘ Este esmdio hace abstracción de las nuevas tendencias del cambio técnico y de las pre- siones para reducir el costo del trabajo. Ver, G. Dumenil ,y D. .Lévy, 2000.
Sur 31
Detrás de esos mecanismos hay que identificar una gigantesca lucharde
clases y por el poder. La salida será por lo tanto política. Como. decía Marx, los hombres hacen su propia historia pero la hacen en condiciones deter- minadas. La ambición de este artículo es representar esas condiciones, esen- cialmente económicas. Pero eso no destruye la primacía de lo político.
Estas luchas deben ser entendidas tanto a nivel nacional como interna-
cional.
1.
En el plano nacional, el neoliberalismo se apoya sobre un compromiso social con las clases medias superiores,.poseedoras de títulos, directa- mente o en sus fondos de pensión. Esas capas adquirieron el sentimien- to de haber accedido al maravilloso universo de la propiedad capitalista. Si las distribuciones de dividendos y de tasas de interés reales fueran ajustados hacia abajo, ese compromiso estaría en discusión. ¿En qué sen- tido? ¿Hacia un nuevo compromiso social más allá del neoliberalismo, más “democrático”, como el compromiso keynesiano anterior, o hacia un orden'social más autoritario y represivo?
. En el plano internacional aparecen nuevasformas de lucha, las de cier-
tos Estados de la periferia que toman conciencia de la suerte que lestoca en este mundo de los potentes (pensemos enel fracaso de las negocia-
‘ciones de Cancún en el 2003) y la de capas de la población que perciben
la convergencia de sus intereses en el plano mundial en el movimiento “altermundialista”. Esas luchas se desarrollan sobre el telón de fondo del ascenso de los movimientos extremistas, sean éstos los del integralismo islámico o los de los nuevos cruzados de la derecha.
. Una rectificación de la trayectoria resultará delicada por la necesidad de
estabilizar la situación macroeconómica del país. Ahí resurge la cuestión de la crisis no como episodio catastrófico, que desestabilice definitivamente el orden capitalista e imperialista, sino como una traba para el mantenimiento de la trayectoria estadounidense. La política monetaria sostiene la demanda en ese país, dejando aumentar la deuda de los hogares. Este es el mecanis- mo central de apoyo a lasdemanda, más allá del poco ortodoxo déficit pre- supuestal. El endeudamiento de las unidades domésticas siguió creciendo durante la recesión de comienzos de los 2000 y cualquier tentativa de fre- narlo hacía correr el rieSgo de transformar la recesión en un derrumbe mucho más importante. Conciliar la rectificación de los desequilibrios exte- riores, causados por el gasto excesivo de los hogares, y el sostén a .la deman- da interna es una tarea altamente problemática, sin hablar de los riesgos que corre el Estado al transferir a organismos públicos créditos de los hogares contraídos con el sistema baneario.
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4. Evidentemente se puede conjeturar que Estados Unidos hará todo lo que esté a su alcance para acentuar las extracciones al resto del mundo. Pero el deterioro de su posición exterior” podría aumentar el costo de su financiación extranjera mediante la aparición de una prima de riesgo en desfavor de Estados Unidos.
El vigor de la presión que esas luchas pueden ejercer dependerá mucho de las contradicciones de la trayectoria económica estadounidense que este artículo intentó describir. ¿Quién podrá reaccionar con mayor eficacia a esas tensiones? ¿Las fuerzas de la reacción social o las del progreso hacia ese mundo mejor tan esperado? Hay que ser zahorí para prever el desenlace lde estos enfrentamientos.
VIENÏOM
PUHUIA llull ¡"DBALIINNAI VA
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Revista de política "cu tura
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EI imperio capitalista y el Estado-nación: ¿Un nuevo imperialismo norteamericano?*
Ellen Meiksins Wood**
ntes de la última guerra en Irak, cualquiera que acusara a los Estados
Unidos de imperialismo era probable que se encontrara con la obje-
ión de que los EEUU. no ocupan ningún territorio colonial en
ningún lugar del mundo. Ahora que es muy visible en la ocupación de Irak, todo parece haber cambiado de la noche a la mañana.
Usted podría decir que la ocupación de Irak representa un enorme ale- jamiento de EEUU. respecto de su política exterior desde. la segunda gue- rra mundial —y muchos críticos sólo han dicho eso. Estados Unidos real- mente parece, en su rostro, estar retrocediendo a una forma anterior de dominación colonial directa. Realmente parece estar rompiendo con el patrón de evitar enredos coloniales que generalmente ha preferido.
Aún si tomamos en cuenta los despliegues más ofensivos del imperialis- mo de los Estados Unidos en el pasado medio siglo, todas las guerras locales del Tercer Mundo en las que estuvo involucrado, todos sus esfuerzos clan- destinos, y no tan clandestinos, para cambiar regímenes en América latina y otras partes, es cierto, en general, que el modo de imperialismo de los EEUU. no ha sido el del viejo tipo colonial; y lo que Bush está haciendo ahora ciertamente parece un quiebre importante con el pasado de posguerra.
Pero no estoy absolutamente segura de eso. Realmente no quiero negar que Bush y cía. han llevado las cosas a extremos insanos, que es probable
* Título original ‘Capitalist empire and the nation-state", en Against the Current Vol. XVIII, Nro. 6, septiembre-octubre de 2003. Traducción de Vlctoria Rouge (revisada por Alberto Bonnet). '
*"‘ Frlósofa política norteamericana, ex profesora de la Universidad de York (Canadá). Es- cribió Democracia contra capitalismo (edición en inglés 1995, edición en castellano por Siglo XXI, 2000), Rising from the Ashes (1999), The origin of Capíta/ism (2002), The Empire of Capitalism (2003).
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que lleven a la auto-derrota, especialmente porque Bush está SOCavando una de las fortalezas del'imperialismolde EE.UU., la contención que tiene de sus aliados. l y ' '
Los: extremistas de derecha 'deli régimen de Bush ciertamente están empleando el poder militar de EEUU. de una manera nueva, excesiva, que ya está demostrando ser insostenible. Pero no estoy segura de que Bush represente un quiebre tanv grande;"por dos razones principales.
Una de las razones es que pienso que incluso Bush, y tal vez incluso los fanáticos derechistas guiados por la ideología que los rodea, preferirían que- darse fuera de enredos coloniales y volver a un imperialismo no-colonial. Digo esto no porque piense que estos muchachos tengan una chispa de decencia o algún compromiso residual con la democracia —la propia idea es ridícula.
Elpunto es simplemente que el imperialismo no-colonial es mucho menos riesgoso y costoso, y mucho más lucrativo. Si los Estados Unidos pueden usar su'poder económico masivo, respaldado por la amenaza de su avasallante superioridad militar, para comandar la economía mundial,_,¿por qué querría empantanarse en la dominación colonial?
Lo que estuvo sucediendo en Irak quizás compruebe el punto. El desas- treque estuvieron haciendo los Estados Unidos con la ocupación puede confirmar simplemente que la ocupación a largo plazo no era realmente lo que tenían en mente;
Como estuvo diciendo mucha gente, la administración Bush estaba pla- neando que podría solamente decapitar el régimen y dejar el Estado iraquí básicamente intacto, pe'rio'con un liderazgo más sumiso y menos ‘espinoso, y con las compañías norteamericanas bien atrincheradas en la economía. Esa es. seguramente la estrategia preferida, aún'cuando las aventuras impe- rialistas como estas tienen una posibilidad de ir mal y de crear sus propios imperativos.
Mi segunda razón para rechazar la idea que el régimen de Bush repre- senta un quiebre con la anterior política exterior norteamericana es que no hay manera de entender lo que está haciendo, a no ser en el. contexto de lo que sucedió antes. El punto más obvio es que Bush no podría hacer loque está haciendo si los Estados Unidos no hubieran estado construyendo su poderío militar masivo durante décadas, con la intención explícita de con- vertirse de lejos en la fuerza militar más poderosa del mundo.
De hecho es verdad quela administración Bush ha sido notablemente abierta sobre sus intenciones de ejercer una hegemonía global absoluta. Incluso ha producido documentos diciéndolo con todas las letras, en parti-
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cular, el documento de estrategia de seguridad publicado en septiembre del 2002. Ese documento deja en claro, sin ambigüedades, que el objeto es tener un poderío militar tan superior al de los otros que ningún Estado, enemigo o amigo, sueñe con desafiar a los Estados Unidos como potencia global o incluso regional.
¿Pero cuán diferente es esto de lo que pasaba antes? Otras administra- ciones pueden no haber sido tan claras y explícitas sobre esto. Pero el pro- yecto de Bush sería una ilusión si los Estados Unidos no hubieran creado una fuerza militar que, según algunas mediciones, es mayor y más podero- sa que la de todos los demás juntos.
Esta fuerza no es solamente mayor y más poderosa que cualquier ene- migo concebible, o incluso que todos los enemigosvcombinados, sino -—y esto puede ser todavía más importante- mayor y más poderosa que todos sus competidores amigos, por separado o todos juntos. El punto es que esta fuerza militar masiva no ha sido construida en un momento de descuido, y Bush no está desplegando el poderío militar norteamericano simple- mente porque está ahí. Este es un asunto de política y lo ha sido por mucho tiempo.
Las políticas de Bush son ciertamente extremas y temerarias, pero segu- ramente podemos ver sus raíces en lo que las precedió. Seguramente pode- mos ver su conexión con el patrón de política norteamericana de hace al menos medio siglo, desde que los Estados Unidos se embarcaron en su proyecto de hegemonía global de dos caras a fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando el sistema de Bretton Woods estableció efectivamente su hegemonía económica y su supremacía militar fue exhibida con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
Diría de inmediato que no pienso que sea suficiente atribuir todo esto a las relaciones de EEUU. con la Unión Soviética. No creo que sea sufi- cientedecir que los Estados Unidos construyeron su poderío militar sim- plemente para contener a la Unión Soviética y mantener su posición en el mundo bipolar que se desarrolló como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.
A primera vista, se podría pensar que esto es lo que cualquier potencia imperial trataría de hacer. ¿N o es evidente que cualquier potencia imperial trataría de alcanzar superioridad militar sobre cualquier potencial rival?
Para contestar esta pregunta, obviamente tenemos que conocer algo de la naturaleza específica del poder capitalista. Sabemos, primero, cómo opera al nivel de explotación de clase. El capital puede explotar al trabajo sin esgri- mir directamente lo que Marx llamaba-la “fuerza extra-económica” —por
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ejemplo, del tipo de los poderes militar, político y judicial que constituían el poder de explotación económica de los señores feudales.
En el capitalismo, son imperativos econórm'cos, las compulsiones de los desposeídos, los que errzan a los trabajadores a vender su fuerza de traba.- jo por un salario y permiten al capital ejercer poder sobre ellos. El medo de explotación capitalista no opera a través del poder .de la coerción directa sino a través del medio económico del mercado. , w
Obviamente, hay un montón de coerción en los lugares de trabajo, pero la característica distintiva de la dominación capitalista es el poder ejercido no directamente por los amos sino por los mercados; y loque lo hace posi- ble es la dependencia de los productores directos respecto del mercado.
Entonces, esa es la naturaleza específica de la dominación de clases en el capitalismo, que la diferencia de otras formas. Y hay una diferencia análoga entre el capitalismo imperialista y las formas precapitalistas. El imperialis- mo precapitalista, para simplificarlo, era el ejercicio directo, de la fuerza coercitiva para capturar territorio, para extraer trabajo o recursos de pueblos sometidos, o para tomar el control de rutas comerciales.
El Imperio Romano era una simple operación de anexión de tierras, principalmente. en interés de una oligarquía terrateniente. El Imperio Español creó una nuevaoligarquía de conquistadores que explotaba el tra- bajo indígena en Sudamérica, ¡mientras que la economía en España depen- día cada vez más del oro y la plata extraídos de las colonias. Los imperios comerciales como el Imperio Musulmán Árabe, los imperios Veneciano y Holandés, usaron su poder para controlar las rutas comerciales o para imponer monopolios. Y así sucesivamente.
Ciertamente no estoy sugiriendo que-los poderes capitalistas no estuvie- ran profundamente involucrados en este tipo de imperialismo. El Imperio Británico hizo todas las cosas que acabo de mencionar y más.-_ El punto es, sin embargo, que el capitalismo ha creado su propia forma distintiva de hegemonía imperial, que nunca había sido posible antes.
Como la explotación de clase capitalista, esta forma capitalista del impe- rialismo descansa no tanto en la coerción directa como en la dependencia de los actores económicos respecto del mercado y en la capacidad del poder imperial de manipular los mercados.
Ciertamente es verdad que las economías subordinadas tienen que ser convertidas en dependientes del mercado, así como los productores inde- pendientes tenían que ser convertidos en dependientes del. mercado a trae vés de. la expropiación para producir una clase-trabajadora capitalista. Y la transformación a la dependencia'del mercado ha sido frecuentemente un
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asunto sangriento —aunque hoy tenemos algo llamado “ajuSte estructural”.
Pero'una vez que la transformación es alcanzada, buena parte del traba- jo del imperialismo puede ser realizado por las operaciones del mercado, a través del. control de los sistemas financieros, la deuda, y demás. Yen balan- ce, cualquier economía capitalista lo suficientemente dominante para hacer su trabajo imperial de esa manera preferirá esta modalidad económiCa de dominación imperial -corno ha hecho generalmente Estados Unidos- antes que la costosa y peligrosa práctica de dominación colonial directa.
Es cierto que ha llevado un muy largo tiempo perfeccionar esta clase de imperio. Los británicos nunca pudieron llegar a manejarlo. Pero los Estados Unidos lo han hecho, al menos desde la Segunda Guerra Mundial. Pero aquí tenemos un problema.-
El capitalismo crea un tipo derelación peculiar entre el poder político y el económico. En cierto sentido el capitalismo es el único sistema del que puede decirse que tiene poder económico distinto y separado del político o militar.
Obviamente esto no significa que otras formas sociales no fueran mode- ladas decisivamente por sus condiciones materiales de existencia y repro- ducción social. Lo que quiero decir es que el capitalismo ¿es el único siste- ma del que se puede decir que tiene una “esfera”- económica distintiva, el único sistema en el que hay imperativos puramente económicos, lOs impe- rativos del mercado, los imperativos de la competencia y la maximización de beneficios, y demás.
Esto también significa que el capitalismo es la única formación social que puede permitir sistemáticamente que el poder de la-r explotación y la acumulación sobrepasen por mucho la extensión de la dominación política o militar directa. En formaciones no capitalistas, sin importar cuánto exce- dente produzcan los productores directos, la capacidad de explotar a las cla- ses para apropiarse de ese excedente no puede sobrepasar sus poderes extra- económicos, por ejemplo, sus poderes políticos, judiciales o militares. El poderrde la clase capitalista no está limitado de es'a manera, y lo mismo sucede con el imperialismo capitalista.
Pero el capitalismo no puede existir sin el respaldo del poder extra-econó-il mico, aún si ese poder es esgrimido por separado del capital mismo.'La capa- cidad del capital para imponer su poder económico a tan amplia escala depen-¿ de de su capacidad para apartarse de las limitaciones de la dominación militar y política. Pero todavía necesita la ayuda de los poderes políticos y militares, para mantener el orden social y crear 'condicionesde acumulación de capital.
De hecho, el capitalismo más que cualquier otra fórmación social nece-
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sita un orden legal, político y administrativo elaborado, estable y predeci- ble. El hecho de que el capital Prospera apartándose del poder extra-econó- mico significa que tiene que apoyarse en poderes políticos y militares exter- nos a él para proveer ese orden. Sobre todo, tiene que apoyarse en un poder estatal separado.
Para decirlo de otra manera, las mismas características que permiten al capital extender su poder económico son las que lo hacen dependiente de algo como el Estado moderno.
Ahora, en estos días, nos dicen regularmente que la llamada “globaliza- ción” está haciendo al Estado-nación irrelevante. También se habla mucho del llamado “gobierno global”. El supuesto parece ser que la relación‘entre la economía y el Estado es una muy simple y mecánica relación entre base y superestructura: una economía global necesariamente significa un gobier- no global, si no un Estado global.
Por supuesto, estas teorías reconocen que las formas políticas han sido lentas en ponerse a la par de la economía global. Pero el argumento parece ser que, al menos, hay una relación inversa entre el alcance geográfico del poder económico y la importancia del Estado-nación o cualquier tipo de Estado territorial.
Esta no es una afirmación hecha sólo por los teóricos convencionales de la globalización. Es también laraíz de la teoría de “imperio”, actualmente más de moda, a partir del libro de ese nombre de Michael Hardt y Antonio N egri. Todo su argumento se basa en la premisa que la expansión global’del capital significa el desarrollo de un nuevo tipo de soberanía.
“Nuestra hipótesis básica”, dicen Hardt y N egri en su libro, “es que la sobe- ranía ha tomado una nueva forma, compuesta de una serie de organismos nacionales y supranacionales bajo una sola lógica de dominación. Esta nueva forma global de soberanía es lo que llamarnos Imperio.” (Empire, p. xii)
Su síntoma primario es “la declinante soberanía de los Estados-nación y su creciente incapacidad para regular los intercambios económicos y cultu- rales...” Y aquí está la parte importante: “en este espacio uniforme del Imperio, hay un no-lugar de poder —está en todas partes y en ningún lado. El Imperio es una ou-topía, o realmente un rio-lugar" (p. 190).
. Volveré más tarde sobre las implicaciones políticas de ese argumento. Por ahora,.sólo quiero insistir en que esta noción. de la relación entre el poder económico y el político en el capitalismo global simplemente está mal. ,
El capital no depende menos de los Estados territoriales de lo que-lo hizo siempre. En algunasformas, es todavía más dependiente, y ciertamente el
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mundo es más que antes un mundo de Estados nacionales. El capitalismo no inventó a los Estados-nación, pero no es accidental, como dicen, que el periodo que ha visto extenderse a los imperativos capitalistas por el mundo ha sido también el periodo en el cual los Estados-nación se han convertido más o menos en la forma política universal.
Lo que estoy diciendo es que el orden legal, político y administrativo que necesita el capital simplemente no puede coincidir con la extensión del poder económico capitalista, y no me puedo imaginar un día en que coincida.
Sin duda es verdad que el Estado-nación está teniendo que responder a las demandas del capital global. Y sin duda es verdad que ciertos principios sociales, legales y administrativos se han internacionalizado para facilitar los movimientos del capital a través de las fronteras nacionales.
También es cierto que hay ciertas organizaciones internacionales que hacen el trabajo del capital global. Si esto es a lo que la gente se refiere cuan- do habla de la “internacionalización” del Estado, no tengo objeciones. Pero afrontémoslo: los principales instrumentos de gobierno global siguen sien- do, sobre todo, los Estados-nación.
Así que necesitamos ser muy claros sobre la continuidad y la importan- cia crítica de los Estados territoriales para el sistema capitalista. Aún si no estuviéramos viviendo en un mundo de desarrollo desigual, es difícil —de hecho imposible- imaginar algo remotamente similar a una organización global del orden finamente sintonizado que necesita el capital.
Pero, por supuesto, vivimos en un mundo de desarrollo desigual. Y aquí hay otra razón para la coexistencia de una economía global con un sistema fragmentado de Estados locales: nos dicen rutinariamente que la llamada globalización significa una economía integrada, pero no es así.
El punto básico es que el capital global se beneficia de lo que nosotros llamarnos globalización, pero lo que no hace y no puede hacer es organizar la globalización. Algunos investigadores han demostrado que las corpora- ciones globales no pueden organizar sus propias operaciones internaciona- les, ni hablar de la economía global. En cualquier caso necesitan Estados que organicen el mundo para ellas, y cuanto más global se convirtióla eco- nomía, más circuitos económicos fueron organizados por relaciones estata- les e interestatales. Son los Estados, no las organizaciones internacionales como el FMI o la OMC, los que son_ indispensables para el capital global.
Lo que quiere decir todo esto es que la relación entre el poder econó- mico y político en el capitalismo, entre el capital y el Estado, no es sólo una simple relación mecánica de una superestructura reflejando a una base. Es una relación de contradicción. Y sólo ahora estamos empezando a ver las
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implicaciones de iesa contradicción.
En la medida enqueïhubo una conexión más omenos clara entre las economías nacionales y los Estados-nación, esa contradicción, o potencial contradicción, era más o menos manejable. Pero ahora-la desconexión se está volviendo muy visible. l
De nuevo,'el punto no es que el capital haya escapado a los límites del Estado-nación haciéndolo irrelevante. Si realmente fuera verdad que el capital global crea necesariamente un Estado global correspondiente, no estaríamos hablando de contradicciones. Pero si el capital global realmente necesita Estados territoriales -como insisto en que necesita- entonces real- mente hay un.problema.-
Lo que estoy diciendo aquí es que el nuevo imperialismo, el, imperialise mo de los Estados Unidos de hoy, es un asunto complicado y contradicto- rio. Su esencia es un orden económico global administrado por un? sistema de múltiples Estados locales. Y no hace falta demasiadacimaginación para verque esta puede ser la fuente de severas inestabilidades y peligros paraael dominio del capital global.
No deberíamos sorprendernos de que la hegemonía imperial de hoy se sienta compelida a confrontar ela contradicción tratando de controlar el sis- tema de múltiples Estados. Ni nos debería sorprender que la fuerza militar juegue una función clave en este'intento; ;
Pero es allí donde empiezan a emerger problemas serios en esta estrate- gia. imperial. En los días-del imperialismo clásico solía ser bastante claro para qué ¡era esa fuerza militar. Después de todo, no hay nada misterioso acercade ‘la función de la guerra en la conquista de colonias ‘o .en las rivali- dades interimperialistas sobre territorios coloniales. r
¿Pero qué es, precisamente, lo que la fuerza militar tiene que hacer en el nuevo imperialismo? ¿Cuál es, exactamente, su función en el manteni- miento de la hegemonía del capital global? ,
El problema más elemental es que incluso una fuerza militar tan pode- rosa como los Estados Unidos no puede estar activa en todas partes todo el tiempo; y, en cualquier caso, el desorden social ocasionado por la guerra constante en varios frentes difícilmente conduzca a la acumulación del capital.
Un problema todavía más bási‘co Cs que‘el objeto de la fuerza militar no es algo tan claro y definido como capturar algún territorio identificable o derrotar a algún rival en particular. ¿Cuál es la función de la fuerza militar en el control de un sistema de» múltiples Estados que se supone que están manteniendo. el orden en una, economía global? ¿Cómo mantener- a. esos
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Estados en línea sin negarles la capacidad de hacer su trabajo para el capital global?
De hecho, la situación es aún más complicada. La competencia capitalis- ta es un asunto bastante más complicado-que una rivalidad directa de suma cero sobre territorios coloniales. Las principales potencias capitalistas hoy tienen poca probabilidad de ir a una- guerra entre ellas, aunque sea porque, a pesar de cuán dañadas estén sus economías por la competencia, se nece- sitan unas a otras como mercados‘y fuentes de capital.
Así que la hegemonía imperial en el mundo del capital global depende de controlar a los Competidores sin ir a la guerra con ellos.
Pienso que lo que estamos viendo ahora en el régimen de Bush es una respuesta a estas contradicciones; La doctrina Bush es una doctrina de gue- rra de final abierto, guerra sin objetivos específicos y‘ sin límites en el espa- cio y e‘l tiempo. Como dije antes, no negaría ciertamente que esta adminis- tración es realmente loca y temeraria en la implementación de esta doctri- na, y que posiblemente al final terminevconduciendo a una auto-derrota.
Pero aún si consideramos que la doctrina del régimen de Bush ha lleva- d'o a la doctrina militar de EEUU. a nuevos e insostenibles extremos, es difícil imaginar una doctrina muy diferente que fuera apropiada para el pro- yecto de hegemonía imperial en este tipo de mundo.‘El eXtremismo de'la actual administración puede estar socavando su propio proyecto; pero la doctrina de la guerra sin fin, en propósitos o en tiempo, no es realmente nueva.
Por esa razón, es difícil imaginar qué otro tipo de doctrina militar podría sustentar la hegemonía del capital global de EEUU. en una economía glo- bal adm‘inistrada'por muchos Estados locales. Y las administraciones ante- riores a Bush realmente'no ofrecieron algo muy diferente. Pensemos Sola- mente en la manera en que la más benigna administración Clinton amplió los horizontes de la guerra con su llamada guerra “humanitaria”.
Cualquier proyecto de hegemonía imperial en un sistema global admi- nistrado por múltiples Estados necesitará poderío’militar para desempeñar una variedad de funciones diferentes, ninguna de las cuales son claramen- te definidas yaautolimitadas. Las tareas de la-fuerza militar enun proyecto como este probablemente sean de final abierto, sin objetivos específicos, sin final del juego o estrategia de retirada. ’
Seguro, hay objetivos obvios, como el control de los abastecimientos de petróleo o el cambio de régimen parainstalar un poder estatal obediente. Pero estas metas relativamente biendefmidas son, si pensamos en ellas, sólo una pequeña parte de lo que se "necesita hacer para sustentar este tipo de
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hegemonía global. Por algo es que hay relativamente pocos candidatos serios para e] cambio de régimen por medio de la guerra.
No sólo estoy hablando de los peligros para los Estados Unidos y sus aliados de enfrentarse a un adversario realmente riesgoso como Corea del Norte, más que a un peligro superficial, como Irak. También estoy hablan- do de los problemas de invadir ciertos otros países que, desde el punto de vista norteamericano, han tomado un curso errado, no estados fallidos o estados bellacos, sino lo que podríamos llamar estados más normales, con- vencionales.
Tomemos el caso de Brasil, por ejemplo. Supongamos que Lula, en lugar de seguir los consejos de los economistas neoliberales, hubiera hecho lo que esperábamos que hiciera y diera un ejemplo a las fuerzas opositoras en todo el mundo. Los Estados Unidos no estarían muy contentos. Pero —a pesar de que se me podría probar, por supuesto, que estaba embarazosa- mente equivocada sobre esto- a mi me parecería completamente inconce- bible que los Estados Unidos respondieran invadiendo Brasil.
Entonces: ¿qué otros objetivos de acción militar existen? El llamado “efecto demostración” es siempre, y crecientemente, una consideración prinh- cipal, para mostrar al mundo que la fuerza militar de EEUU. puede ir a todos lados en cualquier momento. Precisamente porque los Estados Unidos no pueden estar en todas, partes todo el tiempo y porque no pueden estable- cer un sistema de Estados subordinados por medio de la guerra constante, tienen que demostrar su supremacía militar con cierta regularidad.
El efecto demostración puede ser alcanzado de mejor manera yendo a la guerra contra amenazas inexistentes, contra blancos escogidos precisamen- te porque no significan ninguna amenaza real, porque pueden ser derrota- dos fácilmente, e idealmente en lugares en los que a los Estados Unidos no les importe mucho lo que suceda con el adversario.
Eso, por ejemplo, es lo que pasó en Afganistán. Y se podría decir que es en gran parte lo que pasó en Irak también; Claro, en Irak está la cuestión del petróleo, y también la consolidación de la presencia militar de EEUU. en la región, mientras se retira .de Arabia Saudita. Pero pienso que es segu- ro decirque, cualesquiera sean los otros objetivos que los Estados Unidos puedan haber tenido, uno de sus principales objetivos era, en sus propias palabras, “shock y pavor” —no sólo shock y pavor para Saddam Hussein .o incluso para los otros regímenes recalcitrantes de la región, a pesar de que ese fue un factor importante, especialmente en relación con Irán, sino tam- bién shock y pavor para todo el mundo,'incluidos sus propios aliados.
El régimen de Bush no escogió a Irak porque representaba una amena-
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za para los Estados ,Unidos o sus aliados sino, por el contrario, porque no representaba una amenaza real para nada, y la llamada coalición podría infundir “shock y pavor” con poco riesgo para sí misma.
La tarea más dura, sin embargo, es mantener las relaciones hegemónicas correctas con competidores amistosos. Este problema es más difícil para los Estados Unidos que nunca antes, por dos razones principales. Por un lado, la desaparición de la Unión Soviética ha privado a occidente de un enemi- go común y ha hecho más difícil alinear a los aliados de EE.UU..
Incluso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos gozaban de una hegemonía económica bastante incuestionable, se apoyaban en alianzas dominadas por ellos como la OTAN para mantener su dominación sobre las otras potencias capitalistas. I-on la situación es más complicada, porque la hegemonía económicade los EE.UU. no es tan incuestionable como lo era antes.
Esto significa que Estados Unidos está tendiendo a apoyarse más pesa- damente que nunca en su incuestionable supremacía militar, pero lo está haciendo en un momento en que no hay ningún-objetivo militar claro para perseguir y en que no existe un enemigo común obvio. Por supuesto, han tratado de reproducir los efectos de la Guerra Fría con la llamada “guerra contra el terrorismo”; pero eso no es muy convincente como una tarea para una fuerza militar masiva.
' Lo mejor que ha podido hacer Estados Unidos —y el objetivo explícita- mente anunciado de la Doctrina Bush- es hacer a su fuerza militar tan masiva que ningún potencial rival soñaría con desafiarlo o intentar igualar- lo como potencia global o incluso regional.
La supremacía militar no puede ser suficiente hasta las últimas conse- cuencias —especialmente cuando la potencia dominante no puede ir a la guerra contra sus principales competidores. Pe-ro el poderío militar masivo tiene al menos un efecto de advertencia. Entonces Estados Unidos ha hecho lo posible para evitar que sus aliados desarrollen fuerzas militares independientes.
Los aliados sin duda estuvieron contentos de dejar que los Estados Unidos sean la policía del mundo para el capital global. Pero todo lo qUe escuchamos. frecuentemente sobre el, fracaso de Europa para hacer su tra- bajo en la alianza disfraza el hecho de que los Estados Unidos hubieran pre- ferido que los aliados se mantuvieran en su lugar, y han hecho todo lo posi- ble para asegurarse de eso. -
Cuando Estados Unidos alienta algún tipo de reforma militar en Europa, está diseñada para mantener su supremacía intacta —por ejemplo, la
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“modernización” de la OTAN, que tendría el efecto de mantener a las fuer- zas európeas aún más dependientes de los sistemas técnicos y de comuni- cación norteamericanos, para que fuera de la alianza sólo puedan operar de una manera degradada. Al final, ¿qué posibilidad o incentivo hay para tra- tar de igualar la siempre más cara fuerza militar de los Estados Unidos?
Esa es la mala noticia. Estoy segura de que ningunode ustedes necesita que lo convenzan de que esta estrategia representau‘n enorme peligro para el mundo entero. El proyecto de hegemonía glóbal norteamericano está impulsándolo constantemente a revolucionar los instrumentos de la guerra, y estos instrumentos son inservibles si no son testeados‘ y usados.
Pero también hay buenas noticias. D'éjenme plantearlo de esta manera. Supongamos que fuera verdad que la ec'onomía global significa la crecien- te irrelevancia de los Estados territoriales. Supongamos, por ejemplo, que Hardt y N egri tienen razón sobre la emergencia de un nuevo tipo de “sobe- ranía” que está desplazando al Estado. ¿Cuáles serían las implicaciones polí- ticas?
Bueno, Hardt y N egri mismos nos dicen bastante claramente cuáles son esas implicaciones —y tengo que admitir que en este punto al menos tienen razón. Aquí está lo que dicen sobre las implicaciones de un mundo en el cual no hay, según sus palabras, “lugar de poder”, un mundo en el que Imperio es un “no-lugar”:
-“La’ idea de contrapoder y la idea de resistencia contra la soberanía moderna en general, se vuelve así menos y menos posible... Tendría que enContra'rse un nuevo tipo de resistencia que fuera adecuada a las dimen- siones de la nueva soberanía... Hoy, también, podemos ver que las formas tradicionales de resistencia, como las organizaciones institucionales de tra- bajadores desarrolladas durante la mayor parte de los siglos diecinueve y veinte, han comenzado a perder su poder” (p. 308).
Pensemos cuidadosamente en lo que esto significa. No hay, sugieren ellos, concentración identificable de poder capitalista en el Imperio global de hoy. Esto significa que tampoco es posible un contrapoder. Sobre todo, las lúchas políticas en general, y los partidos de la clase obrera en particular, ahora son u'na irrelevancia.
Hardt y Negri también son muy críticos de las fuerzas opositoras que se contentran en luchas locales y nacionales, que también son consideradas irrelevantes. Entonces, ¿qué clase de resistencia es posible? Desafío a cual.- quiera a zambullirse en todo el libro de Hardt y Negri encontrar algo que cuente'de manera convincente como una oposición efectiva.
Lo que tenemOs es una charla casi mística sobre cómo un Imperio que
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está en todas partes y en ningún lado puede ser atacado en cualquier punto —en gran parte cambiando subjetividades._ Muchas personas han leído este libro como un manifiesto optimi'Sta para el movimiento antiCapitalista. Pero para mí es menos convincente como un manifiesto para una nueva estrate- gia anticapitalista que como un argumento derrotista de la imposibilidad de oposición.
Mi punto es que la primera premisa de ese derrotismo está errada. Estoy de acuerdo en que, si el Imperio realmente fuera un no-lugar, en todos lados y en ninguna parte, el juego estaría terminado para nosotros los socia- listas. Pero lo que estoy discutiendo aquí es que ese imperio es un “lugar” como siempre lo fue, que hay concentraciones realmente visibles de poder capitalista, que el Estado es ahora más que nunca un punto de concentra- ción de poder capitalista, y que ese contrapoder no sólo es posible sino necesario.
'. El principal lugar de poder capitalista es, por supuesto, Estados Unidos. Pero que lo que estuve tratando de sugerir aquí es que este poder imperial no sólo depende de su propio Estado doméstico, sino de todo el sistema global. de múltiples-Estados. Eso significa que cada uno de esos Estados es un ámbito :de lucha y, un potencial contrapoder. '
N o es necesario decir que laszluchas en el corazón del imperio tendrían el mayor efecto. Pero cada Estado del que depende el capital global es un blanco importante para sus propias fuerzas opositoras ypara la solidaridad internacional. Protestas contra las cumbres de la Organización Muñdial del Comercio o el G8 pueden sin duda cambiar el clima político. Pero al final, no sustituyen a la oposición políticamente organizada al poder del capital organizado enEstados-naciones.
La lucha política organizada puede parecer más difícil de alcanzar que el tipo de Oposición simbólica que ni siquiera se considera como un contra- poder. Pero negar la importancia, hasta la posibilidad, de ese tipo de lucha política me parece una conclusión muy pesimista,
Esa conclusión efectivamente significa que el capital global no ofrece blancos visibles ni posibilidades reales de lucha. Significa que no hay mucho'más que hacer que resignarse .a la realidad del capitalismo y, a lo mejor, negar al sistema en. nuestros corazones. Bueno, yo simplemente no lo creo.
CuadernosïelSur 47
Europa - Estados Unidos: Un desequilibrio inestab|e*'
Michel Husson“
a economía mundial está ubicada hoy bajo el signo de las paradojas y de las equivocaciones. Más que tratar la coyuntura en sí, buscaremos sacar a la luz las contradicciones de una configuración cada vez más inestable.
Regreso a la paradoja del Euro
Toda la concepción de la construcción europea se basaba en el postula- do según el cual la moneda única no podía nacer más que como una mone- da fuerte, pero lo que ocurrió es lo contrario. La década consagrada a la ade- cuación con los criterios de Maastricht se inauguró en 1992 con una crisis de especulación monetaria que no impidió que el euro, o más bien la canas- ta de divisas equivalente, se reforzara frente al dólar y alcanzara en 1995 un valor elevado de 1,31 dólares. Pero en su lanzamiento en enero de 1999, fecha en la cual las tasas de cambio de las monedas que lo constituyen se fijan para toda la eternidad, el euro no vale más que 1,18 dólares. Y conti- nuará cayendo hasta un mínimo de 0,90 alcanzado en 2001, que equivale a una devaluación de hecho de 30% con relación a la cumbre precedente.
¿Qué fue lo que ocurrió? No se puede sospechar que las autoridades euro- peas hayan querido devaluar el euro y ese deslizamiento fue acogido con sor- presa y una cierta inquietud. En realidad, no es el euro el que bajó, sino que más bien es el dólar el que ha subido. Se benefició de un círculo virtuoso gra- cias a los rendimientos elevados ofrecidos por la economía estadounidense, que servía además de refugio a los capitales repatriados de los países golpea-
* M. Husson: "Europe / Etat-Unis: un desequilibre inestable", en Inprecor 489-490, enero- marzo de 2004. Traducción de Rossana Cortez (revisada). ** Economista francés del INSEE. Integrante del comité científico de A'ITAC y del grupo de estudios "un socialismo para mañana" (Groupe d'Études a un Socialisme pour Demain", GESD). Página web: http://hussonet.free.fr/ Correo electrónico: hussonet@free.fr
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dos por las sucesivas crisis financieras (México, luego Asia, luego Rusia). El dinamismo de Estados Unidos, basado en los encantos de la “nueva econo- mía”, compensaba ampliamente la profundización del déficit externo, que por ende era fácil de financiar por este flujo permanente de capitales.
Del lado europeo, la experiencia tamaño natural de la reactivación 1997 - 2001, estimulada por la baja del euro, ha permitido retroactivamente tornar conciencia de los estragos ejercidos por esta política llamada de “desinflación competitiva”, quese había convertido en la nueva norma en Europa. Se pudo verificar hasta qué punto las exportaciones europeas eran sensibles a la tasa de cambio. Así, un estudio del Ministerio de la Industria1 muestra que una variación de la tasa de cambio del 10% frente al dólar “ejerce al cabo de 3 años efectos importantes sobre la producción de ciertos sectores, del orden de 2 a 3% para un vasto sector como el material eléctri- co, hasta 8 a 10% para sectores más pequeños, como los textiles o los zapa- tos”. Además, una apreciación del dólar favorece la actividad en los sectores más ricos en empleos. Por lo tanto, no es sorprendente que la baja del euro haya estimulado las exportaciones europeas en su conjunto, haciendo salir a la coyuntura europea de una morosidad ambiente, la misma que había convencido a Chirac a disolver la Asamblea Nacional en 1997.
Parece que entonces se plantea, entre Estados Unidos y Europa, una forma de división del trabajo más operativa. El crecimiento en Estados Unidos se transmite a Europa por medio del comercio exterior sobre la base de una fuerte demanda de uno y de “una buena competitividad de los otros. Incluso se puede hablar de un juego triangular que se ajusta sobre Japón: este es aplastado en el estancamiento, hundido en parte por la sobre- valuación del yen. japón sigue obteniendo importantes excedentes comer- ciales, ya no en razón de la competitividad de sus exportaciones, sino de un crecimiento interno aproximadamente nulo. Estos excedentes equivalen a salidas de capitales que fluyen hacia Estados Unidos y la “nueva economía”, viniendo Europa y el resto del mundo a completar el financiamiento del déficit estadounidense. Este esquema ya estaba ampliamente desequilibra- do, pero pocos comentaristas se preocupaban por el mismo, porque había grandes esperanzas basadas en la “nueva economía”: a partir del momento en que esta engendrara importantes ganancias de productividad, se podía pensar que su generalización al conjunto de la economía mundial vendría a darle un fundamento tangible a la euforia ambiente.
1 SESSI - Ministerio de Ia lndustria: "El impacto sectorial de la tasa de cambio del dólar", en Las 4 páginas 81, septiembre de 1997.
Cuadernos del Sur 49
Los límites de la nueva economía
El concepto de “nueva economía” apareció en una fase coyuntura] par- ticular (y por lo demás, de corta duración: 1996 .- 2001) que se-eximía, apa- rentemente, de un cierto número de leyes económicas. El descenso de la desocupación no parecía estimular los salarios, elcrecimziento de la Bolsa parecía ser indefinidamente prolongado-por fuera de todo lazo con la eco- nomíareal, y la economía de Estados Unidos parecía haber encontrado así el secreto de un crecimiento sostenido.- Esta-configuración le ha permitido aEstados Unidos, ciertamente, registrar un cre‘cimiento netamente supe- rior a-los de Japón y de Europa, y restablecer su situación hegemónica en dos‘dóminios estratégicos: la tecnología y el armamento. Esta configura- ción, sin embargo, era contradictoria desde el principio, porque estaba acompañada de la puesta en marcha de lo que, en un artículo bastante pre- monitorioz, Wynne Godley llamaba A“los siete procesos. que no pueden durar”, que podemos recordar brevemente: 1) caída de la tasa de ahorro de los hogares, 2)aumento del endeudamiento neto del sector privado, 3) cre- cimiento acelerado del encaje real dela moneda, 4) crecimiento del precio de las acciones mucho más rápido que el delas ganancias, 5) aumento del excedente presupuestario, 6):.aumento del déficit corriente, 7) aumento del endeudamiento externo.
Efectivamente, no hay escapatoria a la contabilidad: para un país dado, las necesidades y las capacidades de financiamiento deben equilibrarse y ninguna “nueva” economía permite eludir esta regla. La necesidad de aho- rro de los privados debe estar cubierta por entradas-de capital provenientes del-resto del mundo o repercutir en el déficit presupuestario. La configura- ción de ¿Estados Unidos durante la nueva'economía, desde este punto de vista, puede resumirse así: 1) un fuerte aumento de-la inversión; 2) una baja regular del ahorro de los hogares que vienen a consumir-100% de su ingre- so; 3) un excedente del presupuesto federal que no bastapara cubrir la necesidad de ahorro de los privados; 4) un déficit creciente de la balanza comercial, que tiene como contrapartida una entrada masiva de capitales. La “nueva economía” no concierne solamente a la oferta (ganancias de pro- ductividad y progreso técnico) sino al menos también ‘a la demanda: cual- quier economía habría registrado unbuen crecimiento con tal dinamismo de consumo que ha aumentado más rápido que el ingreso, cercanoa un punto cada año entre 1995 y 2000. El crecimiento relativamentesostenido
2 W, Godley: Seven Unsustainable Processes Medium e Term Prospects and Policies for the United States and the World, Levy Economics Institute, 2000.
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de Estados Unidos durante los años 90 se' ha basado en un doble movi- miento: aumento del consumo de los hogares y boom de la inversión. Pero, a falta de financiamiento interno, había allí una ecuación imposible de resolver de otro modo que mediante una profundización tendencial del déficit externo, cuyo orden de magnitud es por otra parte semejante: apro- ximadamente un punto del PIB cada año. '
Esto nos lleva a decir entonces que la acumulación del capital y el endeu- damiento de los hogares han sido financiados en gran parte por entradas regulares de capitales, provenientes de Japón o de Europa, pero también de los países emergentes después de la crisisfinanciera. Este »movimiento de atracción de capitales era tani poderoso que contribuyó al refuerzo del dólar, a pesar del déficit, que lo hubiera debilitado si no se hubiera tratado'de la moneda dominante. Como hemos visto, esta apreciación del dólar ha esti- mulado las exportaciones europeas y habría sido una de las condiciones (paradójicas) de éxito del euro. Pudo parecer que se intentaba con esto un acuerdo relativamente cooperativo que. permitía a Europa reanudar el' cre- cimiento. Incluso hubo economistas que. anunciaron que ‘ la Unión Europea, desde entonces munida del euro, podría convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial, ‘si consentía únicamente en invertir a su vez en las nuevas tecnologías. Los teóricos apresurados de lanueva eco- nomía, tales como MÍChel Agliet-ta3, han ignorado su carácter fundamental- mente asimétrico que obstaculiza toda extensión al resto del mundo, ya que se basa justamente en un aplazamiento de las obligaciones hacia los dos otros grandes polos imperialistas. Todos los discursos sobre el retraso'que se habría registrado en relación a “la economía del conocimiento” dejan de lado la realidad: los capitales europeos han invertido mucho en alta-tecno- logía, pero en el otro lado del Atlántico. A título irónico, podríamos poner de relieve que Estados Unidos no admitiría integrar la Unión Europea si se lo pidiera, porque está lejos de satisfacer los criterios que los países euro- peos se han infligido a sí mismos.
El segundo obstáculo con el que la “nueva economía” ha tropezado remite a las determinaciones más clásicas de la tasa de ganancia. Esta se ha reVertido, solamente un año después del comienzo de la “nueva economía”: el costo de las inversiones high tech ha conducido. a una pesadez de la com- posición orgánica del capital y la parte de los Salarios terminó aumentando. A pesar de las condiciones favorables en materia de financiamiento, es entonces sobre una muy “vieja” compulsión de la ganancia que la ola de la
3 M. AgliettazlEl capitalismo del mañana, Nota de la Fundación Saint - Simon, 1998.
Cuadernos del Sur 51
“nueva economía” ha venido a romperse. En resumen, lo que no podía durar no duró, y el regreso de las corridas bursátiles pusieron fin brutal- mente a muchas de estas ilusiones.
El descenso imperial del dólar
Tomando como pretexto el 11 de septiembre, el gobierno de Bush tomó entonces una serie de medidas para evitar un escenario de catástrofe resul- tante de un grado de endeudamiento sin precedenteSFSe trata de un giro importante hacia una. nueva estrategia centrada en un único objetivo: pre- servar a cualquier costo las condiciones de crecimiento estadounidense, sin dejar de exportar la recesión al mundo entero. Toda una serie de decisiones han ilustrado esta nueva orientación: en principio existió el rechazo a los acuerdos de Kyoto, con el pretexto afirmado claramente de que los intere- ses de la economía estadounidense debían estar ante toda otra considera- ción. También unilateralmente, y en contradicción flagrante con el libre cambismo impuesto a los otros, Estados Unidos tomó medidas típicamen- te proteccionistas sobre las importaciones de acero -que finalmente acaban de reducir- y aumentó nuevamente las subvenciones del agro-business. La política presupuestaria tomótambién un giro radical con la aceptación de un déficit que comenzó a acrecentarse rápidamente a causa del aumento de los gastos militares, pero sobre todo por la considerable baja de impuestos consentida en favor de los ricos. Bush exceptuó redondamente los dividen- dos de todo impuesto sobre el ingreso. En el plano monetario, el giro tam- bién es muy claro: el dólar comenzó a bajar en relación al euro. Dicho de otro modo, Estados Unidos eligió una ofensiva comercial para reducir (en parte) su déficit gracias al dinamismo de exportaciones más competitivas en losucesivo.
La tasa de cambio del dólar en relación con el euro (o, retrospectiva! mente, en relación con una canasta de monedas equivalente) conoció amplias fluctuaciones en el curso de los últimos treinta años, ya que ha variado prácticamente de uno a dos (gráfico 1). Se pueden distinguir cinco grandes fases4:
1) la primera fase se abre con la crisis del dólar de 1971: después de haber sido separado del oro, el dólar ¿pierde su valor a lo largo de la década
2) la segunda fase, que va desde 1980 a 1985, está marcada por una apre- ciación muy fuerte del dólar en detrimento de las monedas europeas;
4 J. Teiletche: "La tasa de cambio euro - dólar. Una perspectiva a largo plazo", en Revue Emnomique, marzo de 2003.
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0,7
Gráfico I
3) la tercera fase es inaugurada por los acuerdos de Plaza de 1985 que deciden una apreciación forzada de las monedas que no sean dólares, prin- cipalmente 'el yen y" el marco. Una vez hecha esta devaluación de hecho del dólar, su tasa de cambio registra fluctuaciones bastante fuertes, pero sigue a un nivel más bien bajo;
4) la cuarta fase se inicia en 1996 y se expresa en una brusca apreciación del dólar con respecto a las monedas europeas que se preparan para consti- tuir el euro. Esta tendencia no se desmiente con el nacimiento del euro el 1 de enero de 1999;
5) la quinta fase corresponde a una nueva inflexión del dólar, que co- mienza a bajar a partir de los comienzos del año 2002. Entre febrero de 2002 y octubre de 2003, el curso del euro se apreció en más de un tercio.
El alza del euro y la revancha del club Med
Después de haber perdido hasta el 30% de su valoren relación con' el dólar, el euro ha vuelto a encontrar su curso .de' recuperación. Sin embargo, ¿este restablecimiento es un signo de buena salud de la economía europea? Para los maníacos de la moneda fuerte, esto evidentemente va-de suyo, ya que esta ¡buena ubicación del euro ofrece una protección contra las tensio- nes inflacionistas importadas. Pero si se toma un poco de distancia se per-
CuadeniosdelSur 53
cibe que la situación es muy incierta, tanto es así que una moneda fuerte no implica una economía fuerte. El repunte del euro hoy va a la par de una ralentización dela economía europea que flirtea con la recesión.
Todos los esfuerzos hechos para la realización del euro —y el débil creci- miento que iba con él-‘estaban justificados por los favores deduci'dos por la moneda única. Gracias a ella, finalmente sería posible llevar adelante una verdadera política macroeconómica europea, que permitiría reanudar el crecimiento y el empleo. Se pudo tener la impresión que esto funcionaba, ya que se crearon diez millones de empleos en la Unión Europea entre 1997 y 2001. Pero esta era una ilusión óptica, porque este “embellecimien- to” era, en gran parte, el fruto de la baja del euro que ha estimulado las exportaciones europeas. Todo ocurrió como si se hubiera aplicado a nivel europeo esta política de “devaluación competitiva” denunciada como una aberración para cada uno de los países miembros. Este período muy parti- cular pudo dar la impresión, falsa, de que se podía aceptar simultáneamen- tela lógica de los criterios 'de convergencia y llevar adelante políticas más favorables al empleo.
Frente a la nueva ofensiva comercial de Estados Unidos acarreada por la baja del dólar, aparece entonces un vacío abierto en la construcción euro- pea: hay una moneda única, pero no hay política de cambio. ¿En dónde se sitúa el niv‘el deseable del euro' en relación con el dólar? El Banco Central vigila enla ¡línea del 2% de inflación, pero,‘por increíble que pueda parecer, nadie sabe cuál e's su objetivo de cambio. Y este pequeño detalle no es abor- dado en ninguno de los tratados de fundación. Esto lleva a preguntarse si la función principal del euro era verdaderamente monetaria y si no estaba más bien concebido como un instrumento de disciplina salarial. En todocaso, si se quería haCer' de él una'verdadera mOnedaïinternacional, capaz de com- petir con el dólar, sería necesaria otra política coherente en materia de cam- bio ytasa de interés. En Otros términos, sería necesario sostener un discur- so europeo autónomo en relación con las inyecciones monetarias (y otras) de Estados Unidos. '
Incluso dentro de Europa, la actual reversión hace aparecer una enorme paradoja, ya que es el estancamiento de la economía alemana el qúe‘contribu- ye__a hundir la coyuntúra de toda Europa. Durante los años que precedieron a la colOCación del euro,=una parte de las burguesías financieras estaban inquie- tas por la entrada en el euro de monedas que debilitarían su credibilidad. Los países del sur (España, Italia, Portugal, Grecia), designados de manera despreé ciativa con el vocablo “Club Mediterráneo”, debían, según algunos, mante- nerse apartados de una Zonaveuro que era mejor construir, en un‘primer
5.4 MfiyO'dÜÏOO4
momento, alrededor dEl núcleo duro franco - marco. Esta opción era conside- rada seriamente antes de la inflexión del dólar, cuando la coyuntura europea todavía estaba dominada por la morosidad. De pronto, los críticosrdel euro de inspiración soberanista denunciaban en él una simple excrecencia del marco. El futuro Banco Central europeo era visto como un calco del Bundesbanle que impondría a Francia las mismas disciplinas absurdas que él mismo se había infligido para defender la paridad del franco frente a la del marco.
En realidad, el retroceso de la hegemonía alemana estaba ampliamente iniciado a partir de la reunificación. Esta condujo a la economía alemana a volver a centrarse en el mercado interno, de tal suerte que los extraordina- rios excedentes industriales tendieron a diluirse y, con ellos, el fundamen- to de la supremacía de la economía alemana. Es justamente este debilita- miento relativo el que ha permitido al “Club Med’? integrar la zona euro a partir de su puesta en marchagYhoy, Alemania es la primera entrampada en la lógica monetarista que ha contribuido a imponer a sus vecinos. Su tasa de cambio se fijó eternamente. enzun nivel demasiado elevado y, a falta de poder jugar con esta variable, está obligada a frenar su economía y a cues- tionar su modelo social, con la esperanza de aj‘uStar sus costos-reales. Esta lógica de competitividad extiende el clima de cuasi recesión a todos lOs paí- ses vecinos para quienes Alemania'es un cliente importante.
La manera en que se congelaron-l'as tasas de cambio en el seno de euro puede leerse entonces como una fábula amoral, en todo caso, si se toma el monetarismo como criterio de virtud. En líneas generales, los malos alum- nos devaluadores, como España e Italia, se las han arreglado mejor, desde el punto de vista de su participación en el mercado, que los buenos alumnos con moneda fuerte. Entraron ten-el euro con una tasa de cambio más bien Ventajosa mientras que Alemania, y Francia en menor grado, sufren una tasa de cambio sobrevaluada. Y como la posición relativa de Alemania se degrada continuamente desde un doble punto de vista, del crecimiento y de los excedentes, la tensión ejercida por una tasa de cambio demasiado fuer- te se hace sentir cadavavez más. En otros tiempos, hubiera sidojuicioso que el marco sedevaluara, aún cuando la carga simbólica habría sido particular- mente fuerte. En todo caso, con el euro, esta vía de ajusteestá excluida. Por lot-tanto, es necesariofrenar el crecimiento relativo de »la-economía alema- na, ya mediocre, o restablecer su cmnpetitividad sobre. la base de una baja importante del costo salarial. Este es exaétamente el sentido de la Agenda 2010, esteprograma radical de contrarreformas puesto en marcha por el gobierno plural alemán (socialista y verde) que representa -un profundo maltrato del modelo alemán.
Crudtmosdd Sur I 55
CUADRO 1 - VEINTE AÑOS DE PIB 1981-1991 1991-2002
Estados :Unidos 2,9 3,2 Unión Europea 2,8 2,0 - Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo 2,7 1,6 - resto de Ia Unión Europea 2,9 2,3 Japón . 4,1 0,9
Tasas de crecimiento anuales medios - Fuente : OCDE
Se asiste entonces a la profundización de una doble desviación a lo largo de los años 90. Por un lado, el crecimiento en Estados Unidos se volvió netamente superior (más de un punto) al de Europa, mientras que la tasa de crecimiento era semejante en la década del 80. (Cuadro 1). Por otro lado, una segunda diferenciación se opera en el interior mismo de Europa. En la última década, el crecimiento promedio fue de 2%‘para el conjunto de los países europeos. Pero este ha sido claramente menos marcado (1,6%) para la “zona franco —- marco” (Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo) que para el resto de la Unión Europea (2,3%), y en particular para un grupo de países (España, Reino Unido, Irlanda y Finlandia) que tuvieron un creci- miento promedio de 2,8%, cercano al de Estados Unidos (gráfico 2).
La trayectoria de japón obedece a una cronología parecida. Hasta princi- pios de los años 90, su tasa de crecimiento era netamente superior a la de los otros dos polos de la economía mundial. A partir de esta fecha, la eco- nomía japonesa se instala en una década de cuasi estancamiento y se desen- gancha completamente de la progresión promedio de la economía mundial. El comienzo de los años 90 representa entonces un giro de gran amplitud: antes, el crecimiento entre Estados Unidos y Europa, y dentro de Europa, era bien homogéneo. Después, ocurre como si la divergencia Estados Unidos / Europa funcionara como una palanca que viene a polarizar un cre- cimiento europeo hasta aquí relativamente homogéneo. El gráfico 2 ilustra bien esta doble apertura del abanico que, sin dudas, está en la base de la cri- sis que acaba de conducir al abandono del Pacto de estabilidad.
Frente a la fractura creciente dentro de la Unión Europea, los intereses específicos de cada estado, con sus relaciones de clase particulares, tienden a triunfar sobre los intereses colectivos, cuya gestión está delegada en la Comisión. Esta es la. clave de la crisis actual del Pacto de estabilidad. El punto de partida es la incapacidad, económica y política, por parte de Francia y de Alemania de respetar la regla por la cual el déficit presupues-
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Gráfico 2: La desestabilización del pacto, o el impasse burgués
tario no debía en ningún caso superar el 3% del PIB. Estos dos países, que representan cerca del 40% del PIB europeo, obtuvieron enseguida de la mayoría de los otros gobiernos que no se establecieran a este respecto nin- guna de las sanciones explícitamente previstas por el Pacto. Esta decisión evidentementeprovocó la furia de la Comisión, cuya legitimidad y autono- mía deriva en gran parte de su función de guardián del Pacto de estabilidad.
La crisis va aún más lejos de sus aspectos técnicos y conduce al cuestio- namiento de modalidades esenciales del proceso de construcción europea. Se puede decir que los inconvenientes del euro tienden a triunfar sobre sus ventajas. Por cierto, siempre existe un acuerdo profundo entre las burgue- sías europeas acerca de la orientación neoliberal y, sobre todo, acerca de la necesidad de disciplinar los salarios y de ampliar el campo de la mercancía privatizando los servicios públicos y la protección social. Por eso, los défi- cits presupuestarios en Francia y Alemania no resultan de unavoluntad de aplicar una política de reactivaciónllamada keynesiana, Son el producto mecánico del encuentro entre una mala coyuntura y una política dogmáti- ca de baja de impuestos para los ricos. A término, Pacto sí o no, el proyec- to es regresar al equilibrio reduciendo los gastos sociales, como lo muestra el programar de “reformas” bautizado Agenda 2010 en Alemania, o el con-
Cuademos delSur 57
gelamiento‘de lOs sueldos de los empleados en Francia. Estamos muy lejos de una verdadera alternativa, que pasaría por el aumento de los impuestos que pesan sobre los ingresos del capital.
Esta crisis es tanto más aguda cuanto que las contradicciones no son estrictamente económicas: ya sea con referencia ala intervención en Irak o sobre la arquitectura institucional, la pareja franco -. alemana tiende a opo- nerse al resto de la Unión. Los globos sonda de una “Unión” entre los dos países van en ese sentido y se’unen a los proyectos más antiguos de una Europa a dos velocidades, con un núcleo duro y una periferia de países aso- ciados. Sin embargo, hay que insistir en eSto,'esta diferencia no se refiere a la defensa de modelos sociales diferentes: los gobiernos francés y alemán, por el contrario, llevan adelante una política de contrarreforma muy siste- mática que apunta a un alineamiento acelerado (pero nunca bastante rápi- do, desde su punto de vista) en un modelo neoliberal estándar. Se trata ante todo de un repliegue sobre los intereses nacionales, o más bien sobre una gestión nacional de los intereses de clase, que va a hacer difícil la puesta a punto del proyecto de Constitución en el seno de la Conferencia Intergu- bernamental. Aun cuando también existe la tentación de reforzarse para evitar el estallido de una crisis abierta, la cohesión de la burguesía europea está hoy ampliamente reducida.
Esta constatación dela crisis conduce a regresar a la lógica de la cons- trucción europea. A diferencia, por ejemplo, del modelo alemán del siglo XIX, no se trata de la formación por adición de una nueva economía nacio- nal. Una de las razones- de ello es que, cada uno por su parte y con su pro- pia eSpecialización, los países europeos ya han “accedido al mercado mun- dial. La fase de internacionalizaciónha comenzado a fines de los años 60 y la constitución: de un mercado único, y luego-de la moneda única, no pue- den an‘aliZarse-como las condiciones previas de un movimiento semejante. Por lo Ïtanto,‘ existe un desfazaje particular entre la base europea y el-hori- zonte e'stratégiCo mundial de los grandes grupos. El mercado único no es forzosamente la salida' principal sino el cimiento de un objetivo más amplio. i
Para algunasrïamas, la construcción europea obedece sin embargo a una lógica “agregativa” de constitüción de “campeones” europeos según un eSquerna que, en un sentido, extiende a escala europea la estrategia De Gaulle -vPo‘r'npidou de lOs campeones nacionales. Pero esta orientación, más bien característica de sectores financieros como los bancos las asegu- radoras, está lejos de representar la estrategia dominante queconsiste en anudar alianZas transcontin'entales de manera de acceder directamente 'a
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todos los compartimientos del mercadosmundialrLa interpenetración de los capitales conduce ala formación de. una Í‘economía transatlántica”, reto- mando el título de un estudio de referencia5; ella ya ha alcanzado a partir de ahora un grado que hace difícil hablar de Estados Unidos y dela Unión Europea como de dos entidades separadas y competitivas;
En estas condiciones, los grandes grupos tienen expectativas particulares con respecto a- la construcción europea, y su concepciónde mercado único aclara sus prioridades. Sehabría podido concebir muy bien que el mercado único esté más o menos protegido de la competencia internacional. En eSte caso, el objetivo habría sido hacer caer todas las barreras internas para la cir- culación de mercancías y de capitales, mientras se mantienen, e incluso se refuerzan frente al resto del mundo, formas de protección más o menos declaradas. Aquí también, es el modelo francés el que sirve de referencia, con una sinergia muy fuerte entre comandos ¡públicos y estructuración de gran- des grupos industriales, en el marco de una política industrial europea actié va. Ahora. bien, es claramente otra vía la que se ha elegido en ocasión del Acta único de 1986. Este no se conforma con levantar las “rigideces” internas sino efectúa además una elección decisiva, la de abrir los mercados públicos a la competencia al no introducir ninguna “preferencia europea”. Esta elección es coherente con el posicionamiento muy liberal de la Comisión, y en particu- lar de su Dirección de Competencia, que consiste en rechazar el principio mismo de una política industrial y toda intervención en este terreno. ” l
Dicho de otro modo, el mercado único es unmercado abierto a todos, porque los grandes grupos que dan el ejemplo en la construcción europea apuntan de entrada al mercado mundial. Este punto es muy importante porque permite comprender mejor el carácter subordinado de la “cláusula social”, en la medida en, que el proyecto de los sectores más poderosos de la burguesíano es el de construir un conjunto realmente estructurado e inte- grado. Incluso se puede ir más lejos .y nuevamente plantear dudas bastante sistemáticas en cuanto a la necesidad real de una moneda única. Si se hubie- ra tratado de construir el mercado europeo, como una entidad integrada, entonces la moneda única habría sido absolutamente necesaria para dirigir la interfaz entre una zona europea compacta y el mercado 'mundial. Pero, en la medida en que-el mercado único en cuestión es concebido como un mercado que tiene que ser abierto, la necesidad de una moneda ¡única es mucho menos evidente.-
5 J. P. Quinlan: Drifting Apart or Growing-Together? The Primacy of the Transatlantíc Economy. Center for Transatlantíc Relations, 2003.
Cuadernosdrl Sur 59
La principal virtud del pasaje a la moneda única, sin dudas, no reside en su función de herramienta monetaria, sino más bien la de instrumento dis- ciplinario. Era en nombre de laimperiosa necesidad de una moneda única que se hacía necesario frenar los gastos públicos y “moderar” los salarios, o sea, poner en marcha un programa típicamente neoliberal. Esto caía bien porque era precisamente la intención de cada uno de los gobiernos. Este proyecto permitía unificar los programas neoliberales y procurarles una doble legitimidad, al invocar en un mismo movimiento las exigencias de la economía y el ideal europeo.
Algunos años más tarde, se descubre que el Pacto de estabilidad es “estú- pido” y las burguesías constatan que habían sobrestimado su propio grado de cohesión. El Pacto de estabilidad es perfecto desde un punto de vista neoliberal, excepto que presupone una coordinación entre las políticas eco- nómicas que no está dada para nada por adelantado. Todo ocurre aquí como si las burguesías se hubieran dejado llevar por su propio discurso y hubie- ran terminado olvidando los elementos de fragilidad de sus propios dispo- sitivos. Esto da lugar a una nueva paradojafi en cuanto al grado de concilia- ción de las políticas presupuestarias. A partir del momento en qu‘e los défi- cits presupuestarios son redactados por escrito en una moneda única,'están en un sentido a la carga del conjunto de los países integrantes del euro: “Dedo. cambio imprevisto es soportado por el conjunto de los socios, pOr medio de tasas de interés más altas en los préstamos del estado”. Antes del euro, los mercados financieros podrían ejercer una presión más diferencia- da al exigir una prima de riesgo o al hacer presión sobre la tasa de cambio. I-on, “la impunidad está garantizada” en la medida en que el Pacto de esta- bilidad no se basa en una verdadera voluntad política. Por lo tanto, no ha resistido a la primera tormenta, simplemente porque su funcionamiento postula una comunidad de intereses entre las burguesías que no existe y que no podría construirse políticamente, por falta de crisol institucional ade- cuado.
Las diferentes economías nacionales disponen de una inserción en la economía mundial específica, y la resultante de estas posiciones no define una comunidad de intereses: los países son más o menos sensibles a la com- petitividad - precio, están más omenos bien ubicados para captar la deman- da mundial, 'son más o'menos capaces de atraer los capitales. El reciente debate sobre la “decadencia” de la economía francesa es por cierto caricatu-
5 P.-A. Delhommais: "Las múltiples paradojas del euro", en Le Monde, 8 de mayo de 2003.
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resco, pEro plantea unv‘problema'real, a saber, la persistencia de‘imperialis- mos nacionales que todavía constituyen el marco de‘puesta en forma de los intereses sociales. Uno de los principales elementos de crisis sin duda se debe a esto: a partir de la aplicación de la desregulación neoliberal, un cier- to número de reglas y obligaciones que habían permitido hacerla pasar, pr‘e- sentan hoy más inconvenientes que ventajas.
La ¡polarización en Europa remite en lo esencial a consideraciones eco- nómico - estratégicas. Para ir rápido, la diferenciación se opera de una manera relativamente homogénea en función de dos Criterios, la elasticidad - precio y la- aceptación de la predominancia de Estados Unidos. Tal es la base de la oposición entre el polo franco - alemán y los otros grandes paí- ses de 'la Unión, principalmente el Reino Unido, Italia y España. Estos últi- mos "países tienen menos necesidad de una integración estructural institu- cional compacta, de una política industrial, de una competitividad estruc- tural, e incluso del euro en el caso británico. El Reino Unido desempeña un papel particular al llevar un modelo de integración muy específico, pero bastante parecido al de Estados Unidos, desde el punto de vista ¡de su nece- sidad de atraer capitales y de su capacidad para hacerlo7. Se vuelve a encon- trar esta polarización sobre muchos otros puntos, por ejemplo, en lo con- cerniente a las modalidades de apertura al Este. Pero el ejemplo más» sór- prendente concierne a la toma de posición con respecto a la guerra de Irak, en donde‘la línea de división es prácticamente idéntica. Aun cuand'ono se puede reducirla 'a una divergencia de intereses económicos, en todo caso se puede destacar la coherencia de estas diversas posiciones.
La economía mundial: una configuración inestable 8
El capitalismo necesita una estructuración de la economía mundial ade- cuada a su modo de funcionamiento actual. La mundialización plantea esta exigencia enetérminos relativamente nuevos y tal vez sea útil retornar entre otras la tipología propuesta por Ernest Mandel9 hace alrededor de 30 años. Este distinguía tres configuraciones posibles: ultraimperialismo, superim- perialismo y continuidad de la competencia interimperialista.
La primera hipótesis, la del ultraimperialismo, debe ser claramente re-
7 W. Godley-y A. Izurieta: Coastíng on the lending bubble both ¡n the UK and ¡n the US, Annual Meeting of the Society of Business Economists, Londres, 25 de junio de 2003.
3 Aquí retomo algunos elementos de un texto publicado con el confuso título de "Una configuración nueva del imperialismo, una hegemonía que no está segura de sl misma", en Cane Rouge 25, abril de 2003. ‘
9 E. Mandel r: Le troisieme age du capítalisme, Les-Editions de la Passion, 1997.
Cuadenwsdel Sur 61
chazada. Tal-escenario, ya entrevisto en su tiempo por Kautsky, correspon- dería a una configuración en la que, retomando los términos d’e Mandel, “la interpenetración internacional de los¿capitales está avanzada hasta el punto en que las divergencias de interesesdecisivos, de naturaleza económica, entre propietarios de capitales de diversas nacionalidades, han desaparecido completamente”. Estamos manifiestamente muy alejados de un caso así y es necesario sacar las lecciones de ello. La ilusión de un condominio equi- librado entre los tres polos de la “Tríada”(Estados Unidos, Europa yjapón) ha fracasado. La gente hablaba en una ép'oca de toyotismo-y de “nuevo modelo de trabajo” y se extasiaba con los nuevos recursos de la productivi- dad de» la- industria japonesa. En resumidas cuentas, se pensaba que Estados Unidos asistiría sin reaccionar a una lenta-erosión de las bases mismas de su dominación y que jugaría el razonable juego de una mundialización que algunos, como Alain Minc, no dudaron de calificar como “feliz”.
También, la noción de “Imperio” adelantada por Michael Hardt y Antonio Negrilo está a punto de sufrir una enorme desmentida práctica. Para convencerse de esto basta con recordar el núcleo duro de su tesis, así resumida por Negri: ‘.‘En la actual fase-imperial, ya no hay imperialismo .- o, cuando subsiste, es un fenómeno de transición hacia una circulación de valores y de poderes a escala del Imperio. Asimismo, ya no hay Estado- nación: le escapan las tres características sustanciales de la soberanía —mili- tar, política, cultural- absorbidas o reemplazadas por los poderes centrales del Imperio. La subordinación de los antiguos países coloniales a los esta-_ dos-nación imperialistas, aligual que la jerarquía imperialista de los conti- nentes y de las naciones desaparecen o se debilitan así: todo se reorganiza en función del nuevo horizonte unitario del Imperio”11.
, Sin embargo, Hardt busca mantener la tesis del Imperio, contra todas las oposiciones. "En una tribuna reciente, insiste en los intereses comunes de las “élites” de Estados Unidos y las de los otros países, en particular en la esfera económica: “Los hombresde negocios através del mundo recono- cen queel imperialismo no es algobueno para sus negocios, porque eleva barreras que traban los flujos globales. Las ganancias potenciales de la mun- dialización capitalista, que agudizaba en todas. partes el apetito de los ambientes de negocios hace apenas algunos años, dependen de la apertura de los sistemas de producción y de cambio. Incluso los- industriales esta-
- 1° M. HardtyA. Negri: Empire, Exils, 2000. Y 11 A. Negri: "El Imperio, estadío supremo del imperialismo", en Le Monde Diplomatique, enero de 2001. Ver también Cuadernos del Sur N° 33, marzo 2002.
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dounidenses sedientos de petróleo tienen interés en esto”12. Michael Hardt llega-hasta-a presentar el “Imperio” como una alternativa al imperialismo yanqui, mientras denuncia a las élites “incapaces de actuar en función‘de sus propios intereses”. Después de haber sermoneado de este modo a lds poderosos de este mundo, Hardt dirige sus consejos al movimiento anti- guerra13. Por cierto, dice, su- antiamericanismo se nutre .del unilateralismo y del antieuropeísmo de la administración Bush. Pero eSto no quiere decir que no seauna trampa que conduce a una visión del mundo" demasiado bipolar, o peor, nacionalista. I-I'ardt opone esta estrechez de visión a la cla- rividencia del movimiento altermundial-ista, que había logrado no pensar más la política “a partir de rivalidades entre naciones o: bloques de nacio- nes”. Esta disociación carece de fundamento y la actitud de Hardt expresa un sOrprendente voluntarismo teórico que consiste en negar una realidad bien palpable hoy, que es el gran regreso de las contradicciones interimpe- rialistas.
—La-supremacía absoluta que parece revelar el unilateraliSmo de Estados Unidos merece que se considere también el escenario de superimperialis; mo.‘En esta configuración, siempre con la definición de M'andel, “una gran potencia imperialista única detenta una hegemonía tal que los otros estados imperialistas pierden toda autonomía real y se reducen al estado de poten- cias semicoloniales menores”. Aun cuando la Unión Europea no puede caracterizarse evidentemente como “potencia semicolonial menor”, este esquema parece corresponderse con la jerarquía reafirmada entre las poten- cias imperialistas que consagra el rol dominante de Estados Unidos en todos lossectores: económico, tecnológico, diplomático y militar. .-
Pero esto no da cuenta de dos rasgos sorprendentes de la economía mundial contemporánea. El primero es la fragilidad de la dominación esta- dounidense, que se puede Sintetizar como sigue: de manera bastante inédi- ta, elimperialismo dominante no es exportador de capitales y, por el con- trario, su supremacía descansa en su capacidad de drenar un flujo perma- nente de capitales que vengan a financiar su acumulación y a reproducir las bases-tecnológicas de esavdominación. Se trata entonces de un imperialis- mo predador, más bien que parásito, cuya gran debilidad es no poder pro-' poner ïun régimen estable a sus vasallos»,
La segunda novedad se deriva del grado de integración transcontinental
12 M. Hardt: "Folly of Our Masters of the Universe", enThe Guardian, 18 de diciembre de 2002. . 13 M. Hardt: ’A trap set for protesters", en The Guardian, 21 de febrero de 2003.
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de los capitales alcanzado hoy. Se haría necesario la constitución de un con- dominio Estados Unidos / Europa, un G2, retomando la fórmula reciente- mente adelantada por el secretario de Estado de Finanzas alemán, Caio Koch-Weser14. Para regular un espacio económico también integrado, una instancia política de coordinación se vuelve efectivamente una necesidad objetiva, desde elpunto de vista mismo de los intereses colectivos de la'burr guesía. Pero, parafraseando ajaurés, el capitalismo lleva en él la competen- cia como el nubarrón trae la tormenta, y la cooperación mundializada inte- rimperialista es un espejismo. A falta de un superimperialismo que dispon- ga de una supremacía suficiente como para imponerla, es entonces hacia-la tercera configuración que el mundo está por caer, la de la competencia inte- rimperialista..La definición que daba Mandel de esto es muy acorde con la situación actual: “la interpenetración internacional de los capitales está sufi- cientemente avanzada como para que un número más elevado de grandes potencias imperialistas independientes sea reemplazado por un número más pequeño de superpotencias imperialistas, pero está fuertemente traba- da por el desarrollo desigual del capital y la constitución de una comunidad global de intereses del capital fracasa”. Las contradicciones no resueltas entre Europa y Estados Unidos continuarán pesando sobre una economía mundial duraderamente desequilibrada.
“La economía mundial vuela con un solo motor”
Esta expresión es de Lawrence Summers, el ex ministro de Presupuesto de Clinton, y ha servido de título de un importante informe aparecido en The Economist“. Una cifra resume bien este funcionamiento asimétrico-de la economía mundial: desde 1995, cerca del 60% del crecimiento mundial es atribuible a Estados Unidos, que, sin embargo, no represente más que el 30% de la economía mundial. La tesis general de The Economist es que “el mundo no puede continuar contando con el gasto de Estados Unidos”.
Casi todos los economistas que se plantean la cuestión. consideran que el modo de crecimiento adoptado por Estados Unidos desde el'comienzo de la ,“nueva economía” no es sostenible. Actualizando su estudio precedente, Wnne Godley15 muestra que si nada cambia, el déficit comercial, que ya es del 5% del PIB, continuará aumentando hasta alcanzar 6,4% del PIB, a lo
14 C. F. Bergsten y C. Koch-Weser: "Restoring the Transatlantíc Alliance", en Financial Times, 6 de octubre de 2003.
15 "Flying on one engine", en The Economist 18- de septiembre de 2003.
15 W. Godley: The US Economy. A Changing Strategic Predicament, Levy Economics Institute, Febrero de 2003. f
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que hay queiagregarllawïrnasa ¡creeiente‘ de intereses que EstadóS “Unidos deben pagar sobre la deuda externa. Evalúa en 200 o 300 mil millones de dólares este flujo neto de intereses, que llevaría a 8,5% el conjunto del défi- cit corriente. Si el sector privadocompromete nuevas capacidades de aho- rro, entonces el equilibrio contable tendría como contrapartida un impre- sionante hundimiento del déficit presupuestario. Simplemente para estabi- lizar el déficit comercial, sería necesario de todas manera reproducir cons- tantemente la atractividad de Estados Unidos para los capitales extranjeros. Ahora bien, la inestabilidad de la situación global corre el riesgo de desa- lentarlos. Su entusiasmo tenía una base objetiva que era la dinámica de la productividad del trabajo y los buenos niveles de rentabilidad que parecía poder garantizar duraderamente, pero estas perspectivas favorables son las que están cuestionadas hoy. Para la economista Catherine Mann17, cuyo estudio es una autoridad, lo más probable es que los inVersores en el mer- cado mundial “van a alcanZar el punto en que ya no deseen acrecentar la parte de los activosestadounidense que detentan en cartera”. Por lo tanto será: necesario contar con la baja del dólar para reducir el déficit corriente.
Pero nos podemos preguntar si tal “aterrizaje suave”, evitando un episo- dio recesivo mayor, es posible todavía. La vía de la baja del dólar está sem- brada de trampas. La primera resulta de la amplitud de la tarea: para reducir significativamente el déficit, sería necesario, según los especialistas, una deva- luación considerable, del orden del 40%, que llevaría al dólar a un punto bajo jamás alcanzado. Admitiendo que sea posible, tal escenario se chocaría con varios obstáculos. El primero es que esta baja reduce el valor en euros de los títulos emitidos en dólares: sus detentores extranjeros podrían's'er tentados entonces a vender estos activos para limitar la pérdida. Estas ventas desenca- denarían un nuevo movimiento a la baja que no podría cortarse más que por un alza fuerte de las tasas de interés que vendría entonces a pesar sobre el cre- cirnxientouUn'a devaluación agresiva del dólar conduce a abrir una guerra comercial. El déficit comercial de Estados Unidos puede-ser enjugado en parte, pero en detrimento de sus principales competidores, a saber la Unión Europea yjapón. En este caso Estados Unidos. exportaría su recesión, que podría regresarle como un boom'erang si fuera lo suficientemente profunda como para romper la dinámica de la economía mundial, o si desencadenara medidas de salvaguarda de parte delos demás imperialismos. Tal es entonces la base económica de las tensiones por venir.
17 C. Mann: 'Perspectives on the US Current Account Deficit and Sustainabllity”, en Journal ofEconomic Porspectives, verano de 2002..
Cuadernosdal Sur 65
Bolivia: Una revoluciónadelrSigloXXl y
Adolfo Gil'ly
La Revolución es lo que ha de venir
bien a todos. Es como el Viejo, Cóndor delos.
altos carros con su penacho blanco y que nos ha de cobiiar a todos con sus poderosa: alas.
Francisco Chipana Ramos, 1945 y
(Silvia Rivera, cit.)
1. El movimiento insurreccional de
septiembre-octubre 2003 en Bolivia ‘_
aparece, en sus formas, sus protagou: nistas y sus contenidos, como un producto de las trasformaciones im- puestas por la reestructuración neo.- li'beral de fines del sigloXX en la so-
ciedad,- en la economía y,:sobr.e todo, .. a. en la vida, los territorios y las rela-w
ciones de las clases subalternas. Es
un movimiento nuevo, con actores-
antes inexistentes, con una capaci- dad fresca para unir -<las demandas más inmediatas a las propuestas na- cionales más generales -gas, agua,
hidrocarburos, coca, república- y:
con métodos de organización y de enfrentamiento de antigua estirpe pero también nutridos por cuanto las nuevas tecnologías han puesto a su alcance.
En la insurrección boliviana des- puntó una combinación inédita. de rasgos antiguos y modernos y un uso nuevo de la violenciapopular. Más que explicar la insurrección del alti- plano por comparación/con las revo- luciones del pasado, hay que anali- zarla en relación con las 'transfora maciones de la sociedad y de las-for- mas de dominación del capital esta-
blecidas desde la última década del
siglo XX.
Si esto es así, en la violenta y vic- toriosa. insurrección boliviana que culminó en octubre de 2003 estaría- mos =ante laprimera revolución del siglo XXI. Conviene trata-r de desci- frar sus contenidos, sus motivacio- nes ysus presagios.
2
E117 de octubre de 2003, aymaras,
campesinós, trabajadores y trabaja-
. doras con empleo y sin-empleo,‘ven- dedoras de los mercados y de las ca-
lles, estudiantes indígenas, mineros, migrantes de los cuatros rumbos .-la indiada, pues, la indiada tan temida-
66
Mayodezocm
contla violencia de sus cuerpos y sus muertos tomaron La Paz y derriba- ron al Presidente de la República de los Señores y los- Ricos, Don Gonza- lo Sánchez de Lozada;
Ellos,:pues, esosmismos, que es.- taban bloqueando caminos desde inicios de septiembre y en huelga general‘desde el 8 de octubre. Con la violencia de sus cuerpos,=sí, porque a más de piedras, palos, hondas, tres fusiles viejos y unos cachorrosde di- namita, armas no tenían.‘ Con laÏvio- lencia de sus muertos,*sí, porque el ejército, qUe para. romperbloq-ueos había recomenzado a matar indios el 20 de septiembre en la localidad de Warisata, altiplano pac’eño, 'el do:- mingo 12 de octubre ya los había masacrado en El Alto.
Esos, los mismosy 'lasi mismas que el lunes 13,, mientras el ejército allá abajo en La Paz seguía matando, habían llevado. sús muertos a. los atrios de sus iglesias y a los patios de sus casas; yílos' habían velado; y se habían contado y habían contado a quien quisiera oír las atrocidadesdel ejército y, la resistencia con las ma- nos desnudas; y con la ira en los ojos habían mostrado a los reporteros, como quien presenta una ofrenda, las manos juntas llenas de casquillos vacíos ¡recogidos por las calles de El Alto; y habían. hablado entre ellOs en voz baja y se habían aconsejadotoda la noche. Yelmartes 14, a la mañana, en cortejos porlas calles polvorien- tas habían llevado a sus muertos an-
te sus iglesias y habían asistido en
masa a las misas de cuerpopresente;
y habían conversado en las juntas ve-
cinalesde cada esquina con sus diri- gentes; y habían decidido, entonces,
que ahora sí bajarían a La Paz y, así costara quinientos muert‘os:más,‘-*esa cifra dijeron, esta vez tumbarían al odiado presidente asesino. Con la violencia de sus muertos, dije,‘.con la violencia de sus Cuerpos.
3. Bajarían a La Paz, dije. La Paz está en una hoyada, cuatrocientos metros más abajo que el altiplano donde, al borde mismo de la hondonada, se encuentra El Alto con casi 800 mil habitantes, sus casas de autócons- trucción y los espléndidos nevados de la Cordillera Real en su horizon- te. Las laderas caen hacia la capital en forma abrupta, y por ese lado están tbtalmente cubiertas por los anti- guos barrios. de los trabajadores - Munaypata, Pura Pura, Villa Victo- ria- :‘qvue también tienen su historia de luchas'y masacres: Villa Victoria fue bombardeada por aire en 1950." Por sus avenidas, calles, callejue- las y senderosvempezó a bajar la to- rrentera aymara el día miércoles 15. A su paso, los vecinos de las laderas los recibencon júbilo, les dan refres- cos, agria, comida, y se van: sumando sellos-El 16 llegarían los mineros de Huanuni, después de sortear, ame- naZando y negociando, el bloqueo del ejército cien kilómetros atrás, en
Cuadmws del Sur
67
Patacamaya, dondeal fin el destaca- mento militar había dejado pasar sin atacarlos a los 60camiones de mine- ros, hombres y mujeres (palliris), que venían desde Oruro, la capital minera: Dejado pasar, dije, señal de duda que todos percibieron.
,Ya habían llegado para entonces por decenas de miles los campesinos aymaras de la provincia Omasuyos y de otros rumbos del altiplano, que desde hacía un mes mantenían el bloqueo carretero. También llega.- ban los de su capital rebelde, Acha- cachi, varias veces masacrada a lo lar- go del tiempo, donde se alza una es- tatua de Tupaj Katari, el jefe aymara vqueï'en 1781 puso cerco a La Paz y es- tuvo al-borde de tomarla antes de ser derrotado por los españoles. Venían también destacamentos de cócaleros de los Yungas y de otras regiones templadas o calientes. Los estudian- tes de la Universidad Pública de El Alto (UPEA) se movían por todas partes, entre las fogatas de llantas viejas y las barricadas hechas con los puentes peatonales tumbados sobre las avenidas a fuerza de muchos bra- zosjalando sogas.
Esta vez, octubre de 2003, La Paz estaba bajo el cerco indio, aymara, el cerco del cierre de caminos y la huelga general. No permitían entrar alimentos ni mercancías ni gasolina. Exigían la renuncia del presidente; la no venta del gas al exterior por los puertos chilenos; la no. erradicación de los cultivos de coca, sustento de
los -cocaleros,-artículo de consumo popular y planta sagrada de-las anti- guas civilizaciones; una Asamblea Constituyente para refundar la' Re- pública; y otras 80 demandas,'entre las más diversas, que cada sector y comunidad traía consigo. El idioma, los gestos y hasta la bandera aymara, la wiphala, se habían hecho receptá- culos y portadores de las grandes de- mandas nacionales.
Desde 1781,. el cerco indio de la ciudad es el fantasma que alucina la imaginación de las clases dominantes: ‘Lapesadilla del asedio indio sigue in- comodando el sueño del criollaje bo- liviano’, escribía hace veinte años-Sil- via Rivera Cusicanqui. Ahora parecía hacerse realidad. Mientras tanto des- de el sur, allá donde el cauce de La Paz desciende hacia lugares más templa- dos, alláï por donde están las casas de los ricos, cerraban el cerco y venían avanzando los indios de los valles de más abajo, los comuneros de Oveju- yos, que subían por los'barrios boni- tos sin tirar a su paso una piedra ni romper un cristal ni cortar una flor. Nomás subían como río en reversa para ir a tumbar al presidente.
4.
Para romper el cerco, disipar la pesa: dilla, hacer un escarmiento y permi- tir el ingreso a la ciudad de gasolina y abastos, había entrado el ejército el día 12 a masacrar aEl Alto, esa enor-' me ciudad autoconstruida en dos décadas por los desplazadosy las víc-
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Mttyo oie 2004
timas del neoliberalismo: migrantes rurales del Altiplano, obreros mine- ros y fabriles ‘relocalizados’ de Oru- ro y Potosí, empleados de oficinas de La Paz, comerciantes pobres y me- dianos, el 80 por ciento de todos los cuales en el último censo (2001) se declararon a sí mismos ‘indígenas’, aymaras y quechuas, de comunida- des diversas.
En 1950, cuando los aviones an-.
daban bombardeando‘ a los poblado- res de Villa Victoria, El Alto tenía 11 mil habitantes, colgados allá arriba al borde de la hoyada. En el 2001, se.- gún el censo, tenía ya 650 mil, en un país de 8 millones de habitantes. En estos años. siguió creciendo. ,‘Del to- tal de la población trabajadora de El Alto, el 69 por ciento lo hace en el ámbito informal, de empleo preca- rio y bajo relaciones laborales se- miempresariales o familiares. Pese a ello, poco más del 43 por ciento de los alteños son obreros, operariOs o empleados, lo que la convierte en la ciudad con mayor porcentaje de obrerosdel país’, anota Alvaro Gar- cía Linera. Esa población es muy jo- ven: un 60 por ciento son menores de 25 años y sólo un 10 por ciento tiene más de 50 años de edad. El 70 por ciento de los hogares no tiene al- cantarillado ni instalación sanitaria, los servicios hospitalarios son preca- rios, los servicios educativos tam-
bién. En El Alto se encuentran los.
mayores índices de trabajo infantil y el promedio más alto de personas
ocupadas por hogar. Pero al mismo tiempo el 60 por ciento de los hogar res-está por debajo de la línea depo- breza y la mitad de éstos últimos en la indigencia.
‘El Alto es una ciudad construida por sus vecinos en cuanto al aporte de su mano de obra y capital econó- mico para la construcción de sus ca- lles, avenidas, mercados, canchas de futbol, etc. Además, hay una c0ns- trucción social propia de la vida coti- diana fundamentada en amplias re- laciones de parentesco, compadraz- gos dispersos en el espacio urbano, amistades interbarriales de los jóve- nes, relaciones más o menos comu- nes de procedencia desde los ayllus y comunidades del. altiplano, los valles y las regiones subtropicales de los Andes’, escribe el sociólogo aymara Pablo Mamani. ‘Existen en las pro- testas sociales [...]' formas de mani- festación aymara en el lenguaje de la vestimenta y sus significados: la po- llera, los sombreros y el lenguaje de los símbolos: yatiri, coca, pututus y wiphalas que desde una posición de destierro social gestan actos y rituali- dades alternas a los elementos sim- bólicos del Estado’.
Esta ciudad joven, moderna, de- safiante, alzada por las propias ma- nos de sus vecinos, es la que surgió delcapitaliSmo en su fase neoliberal, con la apertura comercial y la rees- tructuración iniciadas en’ 1985 me- diante eldecreto 21060 -hoy objeto del odio popular-, bajo cuyos efectos
Cuadernos dolSur
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se desprotegió a las economías cam- pesinas y artesanales, cayeron los precios de sus productos, se cerraron minas y manufacturas, cayeron sala- rios y empleo, se privatizaron los hi- drocarburos y los servicios públicos, se desencadenó una masiva emigra- ción interna y externa, se desgarró el tejido social popular urdido desde la revolución de ¡1952.
El capitalismo neoliberal creó así, sin proponérSelo, la masa popular, la dimensión territOrial y las condicio- nessociales de lainsurrección. Des- truyó las antiguas institucionalida- des negociadoras, implantó brutal- mente una nueva dominación. Pero a latoerci'ón con que lo hizo, no la acompañó el consentimiento de los dominados. El neoliberal es un mo- do de dominación que busca desor- ganizar y atomizar, que no pretende negociar nada con nadie, sino sólo tratar con individuos 'solitarios e in- defensos. Al .final, resultó que no pudo. Esa masa nueva recomenzó a organizarse en sus territorios nuevos con sus» saberes antiguos, que no es- taban en las instituciones desmante- ladas sino en sus. mentesy en sus cuerpos. La nueva dominación no ha logrado llegar a establecer una he- gemonía, -un consentimiento que acompañe y sea el mediador de la co—- erción, como lo habían logrado me- dio siglo antes en Argentina el pero- nismo, en México el: PRI, en Bolivia la revolución de 1952 y el MN R. Al mismo tiempo, las reglas propias de
la nueva dominación: excluyen, por el momento, las dictaduras militares como vía ‘legítima’ de salida de los conflictos y de administración del Estado, y esta novedad ha sido debi- damente registrada por los domina- dos.
5.
Contra esta dominación sin hegemo- nía —como en otro contexto denomi- na el historiador Ranajit Guha a la larga dominacióncolonial británica en la India-, contra esta dominación neoliberal en un Estado de matriz co- lonial, que la casta oligárquica ha querido afirmar en Bolivia a punta de tanque y bala a principios del siglo XXI, entró en rebelión desde el año 2000 el puebloboliviano en sucesivas ‘guerras’, revelador nombre bélico que el pueblo mismo ha dado a sus movimientos: la guerra contra la pri- vatización del agua en Cochabamba en 2000; la guerra en defensa de los plantíos de coca en el Chapare contra el ejército y la policía en enero de 2003 (13 cocaleros muertos,-60 heri- dos); la guerra contra el impuesto a los salarios en La Paz en febrero de 2003 (másde 30 muertos); la guerra del gas en septiembre y octubre de 2003 (80 muertos), hasta culminar con- la toma indígena de La Paz y la caída del gobierno. Este modo de do- minación, además, ha venido a agu- dizar la fragilidad congénita de un Estado racista de matriz colonial co- mo el de Bolivia. -
7o
Mayo de 2004
En este mando-neoliberal moder- nizador que no logra afirmar su he- gemOnía podría verse, tal vez, un eco lejano de lo sucedido con las refor- mas borbónicas del siglo XVIII, guiadas por ideas iluministas de ra- cionalización y centralización del mando, a las cuales respondieron en la región andina, en 1780 y 1781, las gigantescas rebeliones indígenas de TupajAmaru y Tupaj Katari. En .un sugerente estudio, .‘Costumbres y reglas: racionalización y- conflictos sociales durante la era borbónica’, el historiador Sergio Serulnikov sos- tiene que las nuevas normas fueron interpretadas diversamente en la re- gión andina según los intereses de los españoles y criollos o los de los indios. Estos vieron también en ellas ‘un instrumento de la resistencia ari/- d-ina contra. arraigadas costumbres de explotación y opresión política en los pueblos rurales’, mientras los go- bernantes coloniales usaron los pro- yectos racionaliza'dores para el opuestofin de consolidar su mando.
‘El punto clave, sin embargo’, anota Serulnikov, ‘es que la insu- rrección indígena más radical du- rante la época colonial fue el resulta- do del entrelazamiento, no del cho- que, entre procesos de movilización social desde abajo y de trasforma- ción política desde arriba. Vista des- de esta contexto particular, la crisis de legitimidad colonial puede haber sido Menos elvresultado de la impo- sición de univnuevo pacto colonial
que de las inesperadas formas en que ese nuevo proyecto hegemónico contribuyó al c01apso del viejo or- den sin consolidar, en el camino, una alternativa viable (subrayado mío, A.G.).'Las políticas borbónicas aumentaron la carga económica so-
bre las comunidades andinas al mis-
mo tiempo que-dieron a éstas más poder para confrontar'la autoridad local’.
¿Habrá sido esta última insurrec- ción del altiplano, sin cabezas visi- bles, sin partidos dirigentes, sin grandes centrales sindicales, sin to- ma del poder, una violenta flor de un solo día; o, como en la. revolución de 1781 contra el‘Estado‘ Colonial, como en la revolución de 1952 contra el Estado oligárquico, estamos ante una'precursora de respuestas simila- res contra la presente'dominación neoliberal en otras zonas de esta re- gión del mundo?
Aunque sólo fuera para respon- der a esta pregunta, hay que prestar- le atención y, sobre todo, no dejarla sola.
6.
Para romper el cerco de La Paz había entrado el ejército el día 12 de octu- bre a masacrar El Alto, dije. Esrque
_ no habíaotro. modo para ellos, pues l ElAlto;esa ciudad de migrantes de-
sarraigados, en esos días estaba asombrosamente organizada, con bloqueos de calles y avenidas, juntas vecinalese‘n cada manzana, vigilias
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voluntarias llamadas por altavoces en las esquinas, barricadas con pie- dras y alambres y llantas, radios in- dependientes trasmitiendo las 24 horas de cada día, guardias populares para evitar saqueos a los negocios, asambleas-en las-calles, en los locales sindicales y en las parroquias. Entre sus escasas pertenencias, los migran- tes habían traído consigo la herencia inmaterial del saber organizativo.
‘La organización comunitaria tra- ída del altiplano y los centros mine- ros anuló por completo al gobierno, que tuvo que llegar al uso discrecio- nal dela fuerza para romper los cer- cos - de la protesta’, escribiría con cierta lucidez dos semanas más tar- de, el 30 de octubre, el periódico conservador La Razón.
Es hasta cierto punto cierto, pero no es todo. Pues ese saber comunita- rio está materializado también en las formas organizativas que desde hace décadas, con altibajos de auges y re- cesos, vinieron construyendo sus portadores: la- Central Obrera Boli- viana (COB), debilitada pero viva, encabezada por jaime Solares; la Central Obrera Regional de El Alto (COR), decisiva en este movimien- to, Iencabezada por Roberto de la Cruz; la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (C’SUTCB), fuerte enel altiplano aymara, dirigida por el ‘Mallku’ Felipe Quispe; en la zona cocalera y otras regiones, el Movi- miento al Socialismo (MAS), enca-
bezado por Evo Morales; en los va- lles centrales, los campesinos regan- tes de Omar Fernández; en la ciudad de Cochabamba y su-periferia, los trabajadores fabriles y la Coordina- dora del Agua, encabezada por Os- car Olivera, que en e12000 conduje- ron la guerra del agua.
Podría verse aquí un nuevo epi- sodio de lo que Silvia Rivera Cusi- canqui describe como ‘el proceso di- fícil y contradictorio’ de ‘la síntesis entre la memoria larga (luchas anti- coloniales, orden ético prehispáni- co) y la memoria corta (poder revo- lucionario de los sindicatos y mili- cias campesinas apartir de la revolu- ción de 1952)’.
Sin embargo, en la rebelión de El Alto fueron los vecinos y sus juntas locales, y no esas organizaciones ni sus dirigentes, los que articularon el entero movimiento. Es lo que regis- traron La Razón y otros órganos de prensa'escrita y radial en esos días. Por eso el ejército se lanzó a ciegas contra todos, sin ir a buscar las ine- xistentes cabezas del movimiento.
‘Así, al amanecer del domingo 12’, prosigue la crónica retrospectiva de La Razón, ‘un enorme Operativo militar inició en la zona norte la ma- tanza que al! final de la tarde cobraría la vida de 28 personas. :El‘convoy compuesto por carros cisternas y di- rigido por tanques .y caimanes bien pertrechados avanzó por la Avenida 6 de MarZo hasta el cuartel Ingavi, con ráfagas de metralla que se res.-
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ponden con cachorros de‘ dinamita, petardos y piedras, dejando a su paso muertos y heridos’.
Con la violencia de sus cuerpos y sus muertos, dije: ‘Los movimientos políticos y sindicales casi desapare- cieron del conflicto’, sigue refirien- do la crónÍCa. ‘Fueron los vecinos los que organizaron la radicalización. La noche del miércoles'15 la furia po- pular movió nueve vagones de tren, cada uno de diez toneladas, y los de- jaron caer desde el puente sobre la Avenida 6 de Marzo, cerrando el pa- so sobre esa ruta’.
Basta. Ya no pasa ningún convoy, carajo.
Entonces los que empezaron a bajar fueron los vecinos, los deudOs y parientes y conocidos de los muer-_ tos, los heridos y los perseguidos, la masa enfurecida creada por años de neoliberalismo, los herederos de la organización comunitaria y de las luchas sindicales, los aymaras y los quechuas, los indios y los cholos, los que viven por sus manos, la indiada urbana, pues, la indiada urbana por la casta divina tan temida. Mientras tanto, por la otra punta dela ciudad, cerraban el' embudo de La Paz los comuneros indios que subían desde el sur.
7.-
Aesa altura, después de la matanza del 12 de octubre en El Alto, en La Paz misma estaba ocurriendo un vuelco que sería decisivo. Decenas
primero, cientos y cientos después de profesionistas, universitarios, ar- tistas, escritores, periodistas, secto- res de clase media, habían empezado a‘hacer ‘piquetes’ —así los llamaron- en las iglesias, declarándose en huel- ga de hambre ‘en solidaridad con la ciudad de El Alto y con las familias de los que han sido asesinados’, de- cía su primer comunicado, denun- ciando ‘la culpabilidad de la clase po- lítica’ y exigiendo la renuncia de ‘Sánchez de Lozada y su gobierno’.- El grupo iniciadorde la huelga de hambre temía un enfrentamiento inminente entre la multitud, que ya ocupaba calles -y plazas,'y. el ejército. Al amanecer del día 17' la masa cerca- ba la plaza Murillo y amenazaba al Palacio Quemado, mientras una pri- mera línea de policías y una segunda y tercera líneas de militares protegí- an la sede presidencial. Según Ana María Campero, ex Defensora del Pueblo, figura política destacada y promotora de los ‘piquetes’ de huel- guistas de hambre, entre el 16 y el 17 éstos se movilizaron con angustia para ‘convencer a unos y otros para que no dieran lugar a un enfrenta.- miento que hubiera costado mucha sangre’: Una semana después, el 24 de octubre, campero narraba en la revista Pulso. lo que, según lo vivió desde su ubicación en» el conflicto, había sido esta función ‘mediadora’ de los huelguistas de hambre: ‘Mientras los celulares se activa- ban para contactar a los líderes socia-
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les, Sacha Llorenti, Ricardo Calla y Roger Cortés fueron valencuentro de los marchistas. La respuesta de éstos fue que no harían nada que pu- diera provocar enfrentamientos. Yo logré hacer contacto con elgeneral Juan Veliz, Comandante General del Ejército, con quien mantuve una larga charlaque empezó con la invo- cación: ‘Por favor, general, no dispa- ren contra el pueblo’. Juan Ramón Quintana hizo lo mismo con otros altos jefescastrenses. De acuerdo a los informes, esa misma noche los militares, le dijeron a Sánchez de Lo- zada que se replegarían a sus cuarte- les. Por la tarde habían dejado pasar en Patacamaya a un contingente de mineros’.
Hubo quien me dijo semanas después, desde la izquierda,.que ha-
bía sido una mezcla de miedo e hi—'
pocresía lo que se encubría tras ese vuelco de profesionistas, intelectuae les y artistas. Miedo es seguro que había en todaspartes, le dije, en El Alto y en el barrio bonito de Sopoca- chi. Pero las: clases no actúan por hi- pocresía.
.‘Miedo teníamos aquí, en Villa Ingenio’, me dijo el- padre Wilson Soria, unode los curas de El 'Alto que en su Parroquia del Cristo Re- dentorse la jugó con los suyos desa- fiando las balas pararescatar a-I-los he- ridos, y con los vecinos firmó des- pués un manifieSto excepcional pi.- diendo, por ‘respeto a la dignidad humana y la: fraternidad en laplura-
lidad cultural’, nada menos que ‘la disoluciómprogres-iva del ejército’: Es seguro que el padre Soria no ha- bría sido recibido por el generaljuan Veliz,ni que tampoco habría sido esa su aspiración ni su tarea.
‘En La Paz, miedo teníamos to- dos’, me dijojenny Cárdenas, can- tante sin par de la música boliviana, iniciadora también de los piquetes. ‘Pero yo no entré a la huelga de ham- bre por miedo, sino porque no quie- ro vivir en un país donde para gober- nar tengan que seguir matando al pueblo’. No era miedo. Era el des-_ plazamiento repentino de una clase hacia otra, propio de los grandes
"movimientos de la sociedad. Era el
12*de enero de 1994, cuando el Zó- calo entero de la ciudad de México exigió el alto al fuego y a la matanza militar de los zapatistas y las comu- nidades indígenas insurrectas en Chiapas.
Este vuelco en La Paz,’ que se ex- tendió el 15 y el 16a Cochabamba, Oruro, Potosí, Tarija, Sucre, Santa Cruz y otras ciudades de la repúbli- ca, terminó de aislar al presidente, al ejército, a la embajada de Estados Unidos y a los núcleos irreductibles del racismo oligárquico reunidos en torno a ese terceto. Cuando el man- ‘do militar dio un paso al costado, se quedaron solos el presidente y la Embajada. Pese al apoyo explícito del Departamento de Estado en Washington, la caída era inminente
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El jueves 16 de octubre todo el centro de La Paz, las avenidas, las plazas, las calles aledañas, estaba ocupado por la multitud venida de El Alto, del alti- plano, de Oruro, de los Yungas, de los valles del sur, de los barrios popula- res, de las universidades y escuelas, de los mercados, de arriba de las montañas y de abajo de la tierra.
.La Paz, ciudad tomada. Con la violencia de sus cuerposysus muer- tos, dije, los insurrectos habían con- quistado la ciudad. Se aprestaban ahora, literalmente a cualquier costo, a tomar la residencia del presidentey sus subordinados más cercanos, en especial Carlos Sánchez Berzain, mi- nistro de Defensa, el artífice de las masacres. Y a colgarlos, decían. A és- tos los protegía sólo un mando mili- tar con fisuras, que ya había tenido que ejecutar soldados indios que se negaban a disparar contra los suyos, un mando que sabía que eso de los quinientos muertos más, era verdad; y después de esa matanza qué, sino la desba-ndada y la deshonra.
El 17 de octubre a la madrugada, dicen las crónicas, ‘los militares tení- an muchos reparos en continuar dis- parando contra la población’.-El pre- sidente recibió el informe de que los mandos habían ‘flexibiliZado’ su po- sición y le pedían quese fuera. Por las calles se esparcía el rumor de la renuncia. A las 13 horas, Sánchez de Lozada la redactó. Tres horas des- pués, junto con sus ministros más
cercanos,- escapó de su residencia en helicóptero. Desde el aeropuerto 'de Santa Cruz de la Sierra, todos vola- ron esa noche hacia Miami.‘Una vez que el avión hubo despegado, desde el aeropuerto alguien envió por. fax la carta de renuncia al presidente de la Cámara de Diputados. En este fi- nal de opereta posmoderna el presi- dente en fuga, como despedida, acu- só todavía a l-¿as organizaciones socia- les de ‘desintegración nacional’, ‘au- toritarismo corporativista y sindical’ y ‘violencia fratricida’.
Ahí se acabó. Los insurrectos ha- bían ganado. El vicepresidente Car- los Mesa, que el día 13 se había aparr tado del presidente, se hacía cargo 'de la presidencia. En los días siguientes prometía 'el referéndum sobre la venta del gas, la asamblea c0nstitu- yente yvotras demandas del movi- miento popular. Los campesinos se regresaban a sus-comunidades, los mineros se volvían a Huanuni: ‘Ahí cuando haya que tumbar otro presi- dente, nomás nos avisan y regresa-
- mos’, dicen los vecinos de El Alto
que los mineros dijeron al partir:
l El nuevo presidente no era de ellos. Pero tampoco era el masacra- dor. No habían ‘tomado el poder’. Habían dejado 81 muertosy 400 he- ridos. Pero habían conseguido lo que buscaban desde la rebelión de febrero de 2003 en La Paz, que ya les había costado otros 33vmuertos, va-. rios deel-loS caídos, por el fuego de francotiradores del ejército. Esta vez
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habían tumbado al asesino. Habían ganado.
Unavez más la pregunta: ¿fue es- ta insurrección una estación violenta de una breve semana, apagada des- pués en el retornoa la dominación cotidiana del .Estado y sus rutinas de opresión,» o fue una anunciadora de algo que vendrá o que ya está en ca- mino?
No sabría ahora responder. Pero sí he podido ver que el sentimiento de haber ganado es perceptible, fuerte y duradero; y con ese senti- miento extraño, inusual, que no cal- ma la rabia porque poco han conse- guido mientras ven que la casta polí- tica vuelve a sus rejuegos, con ese sentimiento los insurrectos de octu- bre prosiguen ahora su vida de traba- jo y deliberan en sus lugares, a ver cómo le hacemos, a ver por dónde, y no-nos d'escuidcmos .porque éstos nada .van a querer cumplir, nomás promesas nos ofrecen para que los votemos. ¿Y todos esos muertos, he- ridos y descalabrados, nomás para que ellos ganen unas elecciones y unas curules y todo siga igual? ¿Para eso. .pusimos nuestros cuerpos y nuestros muertos?
La violencia sigue incubando en Bolivia, la violencia de los que gana- ron pero no vencieron, de los que no quieren otra vez Ser burlados por los catrines, los ‘blanquitos’, losq’aras, los eternos señores de la dominación racista y oligárquica del Capital; y también la otra violencia, la de los
señores, que en este inestable inte- rregno" se recomponen y cocinan el desquite.
9.
¿Pero es ésta una revolución? ¿Cuál re'volución,si no destruyó el aparato estatal y su fuerza represiva, no tomó el poder un partido revolucionario de los trabajadores, no tuvojefes, no sacó proclamas? ¿Cuál revolución, si nomás tumbó a un presidente y' su camarilla de asesinos? ¿Cuál revolu- ción, si no se quedaron los insurrec- tos en La Paz, si se volvieron a sus comunidades, a sus parcelas, a sus minas y talleres, a sus barrios y sus hogares, a su vida cotidiana, pues?
Lo que en Bolivia acaba de suce- der es antiguo como las rebeliones y a la vez es nuevo, radicalmente nue- vo. Todos los interrogantes son en- tonces legítimos. Ensayemos res- puestas.
Una revolución no .es algo que pasa en el Estado, en sus institucio- nes y entre sus políticos. Viene desde abajo y desde afuera. Sucede cuando entran al primer plano de la'escena, con la violencia de sus cuerpos y la ira de sus almas, esos que siempre están, precisamente, abajo y afuera: los postergados de siempre, losdiri- gidos,-aq—uellos a quienes los dirigen- tes consid‘eran sólo suma de votan- tes, clientela electoral, masa de aca- rreo, carne de encuesta. Sucede cuando ésos irrumpen, se dan un fin político, se organizan según sus pro-
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pias decisiones y saberes y, con luci- dez, reflexión y violencia, hacen en- trar su. mundo al mundo de los que mandan y logran, como en este caso, lo que se habían propuesto. Loque viene después, vendrá después.
Si la revolución sucediera sólo cuando conquista el poder del Esta- do una nueva elite dirigente, ¿dónde quedarían las revoluciones de 1848 en Europa, la revolución de 1857 en la India (que los británicos llaman ‘motín’),¿la revolución de 1905 en Rusia, la revolución alemana de 1919, la revolución española de 1936, la revolución griega de 1944, la revolución húngara de-1956, la revo- lución guatemalteca, la revolución salvadoreña, y tantas otras canoniza- das en las historias de la izquierda?
En julio de 1917, ante las incóg- nitas de un movimiento de masas sin precedentes iniciado en las tierras rusas, Vladimir Ilich Lenin se "pre- guntaba:.‘¿Qué es lo que define a una revolución?’. Esta era su. res- puesta:
‘Si tomamos como ejemplos las revoluciones del siglo XX, tendre- mos que reconocer como burguesas, naturalmente, las revoluciones por- tuguesa y'vturca. Pero ni la una ni la otra son revoluciones ‘populares’, pues ni en la una ni en la otra actúa perceptiblemente', de un modo acti- vo, por propia iniciativa, con sus
propias reivindicaciones económi-
cas y políticas, la masa del pueblo, la inmensa mayoría de éste- En cam.-
bio, la revolución burguesa rusa de 1905 a 1907, aunque no registrase éxitos tan ‘brillantes’ como los que alcanzaron en ciertos momentos las revoluciones portuguesa y turca, fue, sin duda, una revolución verda- deramente popular, pues la masa del pueblo, la mayoría de éste, los estra- tos sociales de más abajo, aplastados por la opresión y la explotación, se levantaron por propia iniciativa y es- tamparon en todo el curso de la re- volución el sello de sus reivindica- ciones, de sus intentos de construir a su modo una nueva sociedad en lu- gar de la sociedad vieja que había de ser destruida’.
Vladimir Ilich sabía que estaba ante hechos nuevos, engendrados por la expansión del capital en las dé- cadas precedentes y por la violencia de sus guerras: las primeras revolu- ciones del siglo XX. No los definía por. sus direcciones, sus programas y sus resultados, sino por sus protago- nistas, sus dinámicas y sus hechos. Buscaba definir y nombrar lo que era nuevo. A comienzos del siglo m, después de otra onda expansiva de la dominación [del capital en las décadas pasadas, estamos otra vez ante la incógnita.
10.
Cuesta darle a esta insurrección bo- liviana el nombre de ‘revblución’. Cuesta empezar de nuevo cOn ese viejo cuento, cuando ya parecía que ‘había consenso’ en que las revolu-
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ciones eran- cosa del'pasado y ahora nomás elecciones habría, transicio- nes democráticas, gobernabilidades, acuerdos y consensos. Cuesta tener que tratar otra vez con lo intratable: la‘revolución, otra vez aquí, otra vez violenta, confusa, sucia, mal vestida, mal comida, mal hablada, oliendo a pobre, otra vez tirándonos encima con violencia sus cuerpos y sus muertos. ‘ Mejor digamos que esto no fue una revolución, sino un granmotín, una rebelión, .una insurrección que cometió muchos yerros, que no te- nía partido dirigente, que eranómás por el gas y por los sembradíos de coca, un movimiento popular, una asonada grande y poco más. Quedémonos‘entonces con el ba—,
lance del periódico La Razón, lúcido .
vocero conservador, que'el 30 de oc- tubre escribía: ‘En un confuso,.de'- sarticulado y sangriento conflicto de 41 días, el presidente boliviano había renunciado, derrotado por unabata- lla que nunca lideró, asfixiado porsu entorno más cercano, aislado de la gente, pero seguro de que no se equivocó en su segunda gestión de 437 días, iniciada el. 2de agosto de 2002’. Con cierto desencanto por .es-. te derrumbe sin honor y sin gloria, el articulista agregaba: ‘Se impuso el
conservadurismo presidencial, alen-
tado por la administración tecnocrá- tica del Estado y la pasión .por las en- cuestashechas encasa’.
‘Confuso, desarticulado y sana
griento conflicto’: cada uno descri-, be, con las palabras y los sentimien- tos que le son afines, lo quedesde su mirador ve y desde la conciencia de su ubicación social percibe. La del articulista de .La Razón no deja de ser una conciencia que se siente desdi- chada ante los acontecimientos que sus percepciones registraron.
Yo sigo creyendo, en cambio, que estamos ante una revolución, cuyo momento de victoria fue la toma de la ciudad de La Paz y la caída y la fu- ga del gobierno de Sánchezjde Loza-L- da el ‘17vde octubre de 2003. No sé que vendrá después: Sé que. la reVo- lución está otra vez en estas tierras latinoamericanas, aunque para las miradasconservadoras. aparezca co- mo ‘un conflicto confuso, desarticu- lado y Sangriento’.
11.
Losindios, los cholos, los hombres y las mujeres de las clases subalternas, con sus formas de organizarse y de- cidir, con sus organizaciones de múltiples niveles o sin ellas, con los dirigentes que tuvieron a la mano, con la violencia de sus cuerposy sus muertos y con la furia de sus almas, tomaron'La Paz, paralizaron al-ejér- citoy’ tumbaron al presidente y al gobierno delos asesinos. Cualquier cosasu’ceda después, que todavía no sabemos, eso se llama revolución. Regatearle el nombre es regatearles esta dificil victoria. a sus protagonis- tas: los indios, los cholos, las muje-
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res y los hombres de las clases subal--'.
ternas de Bolivia. Mejor tengámoles confianza.
Escritos citados:
Silvia Rivera Cusicanquí, Oprimi- dos pero no vencidos - Luchas del campesinado aymara y qhechwa, 1900-1980, Ediciones Yachaywasi, La Paz, 2003, 210 ps. (4a. edición en castellano).
Sergio Serulnikov, ‘Costumbrcs y reglas: Racionalización y conflic- tos sociales durante la era borbó- nica (Provincia de Chayanta, si- glo XVIII)’, en Forrest Hylton et al, Ya es otro tiempo el presente - Cuatro momentos de insurgen-
cia indígena, Muela'del Diablo Editores, La Paz, 2003, 279 ps., ps. 78-133.
Alvaro García Linera, ‘El Alto insu- rrecto’, en Eljuguete Rabioso, La Paz, año 3, no 90, 12 octubre 2003.
Pablo Mamani, ‘Levantamiento en El Alto: el rugir de la multitud’, en www.econoticiasbo|¡v¡a.com
Ana María Campero, ‘Los piquete- ros de la esperanza’, en Pulso, oc- tubre 24 a octubre 30, 2003, p. 6.
Silvia Escobar de Pabón, ‘Ajuste y lí- beralización, cuna de los movi- mientos sociales’, en Pulso, no- viembre 14 a noviembre‘ 20, 2003, ps.8-9.
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Brasil: Balance del gobierno ,-Lu|a*
Joáo Machadoint
I - Introducción
Poco antes de completar los 14 meses, el gobierno Lula cayó en una crisis de la cual un mes después no ha salido todavía. Desde fines de febrero viene enfrentando una combinación de gravísimas denuncias de corrup- ción de miembros del gobierno con un crecimiento de la oposición a su política económica.
La denuncia de corrupción más espectacular fue la divulgación, el día 13 de febrero, de un video en el cual un ciudadano hasta entonces desco- nocido para el público, Waldomíro Diniz, aparece conversando con un capitalista de juego clandestino, ne- gociando y pidiéndole contribucio- nes financieras para campañas electo-
rales, así como un, porcentaje para sí _
mismo. En la época de lagrabación (en 2002), Diniz-era el presidente de la Lotería del Estado de Río de janei-
ro (Loterj). Con el inicio del gobier- no Lula, fue nombrado subjefe para Asuntos Parlamentarios de la Casa Civil. En ese carácter estaba encarga- do de las relaciones del gobierno con los parlamentarios. Ocupaba, por lo tanto, una función clave: era uno de los principales asistentes del ministro José Dirceu, sino el principal. Ade- más era amigo íntimo del ministro, con quien ya había hasta compartido el domicilio.
josé Dirceu era uno de los dos mi- nistros más fuertes del “núcleo duro” de Lula, responsable por la articula- ción política y la coordinación del go- bierno. Englavíspera de la divulga- ción del video, fue clasificado por el presidente, quien se expresa frecuen- temente en metáforas futbolísticas, como “capitán del equipo” de minis- tros. Su drástico debilitamiento, sin embargo, no pudo evitarse. Las dos
* Título original: "Balanco do governo Lula: 14 meses e enfrentando sua primeira grande crise". Traducción de Katharina Zinsmeister y Graciela Poblet.
** Joao Machado es economista y miembro de la dirección nacional de Ia tendencia Democracia Socialista (DS) del Partido de los Trabajadores (PT).
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justificaciones que presentó se mos- traron fragilísimas: que su confianza en un amigo había sido traicionada, ya que desconocía por completo lo que su asistente había hecho, y que los actos ilícitos de Diniz habían sido anteriores al gobierno Lula. El hecho de que Diniz hacía negocios oscuros cuando era presidente de la Lotte era ampliamente conocido. por los miembros del PT de Río dejaneiro, y el propio José Dirceu — entonces pre- sidente nacional del, PT - había sido informado del asunto. Además, las investigaciones demostraron luego que Diniz continuó cometiendo ac- tos ilícitos durante el período en el cual tenía un cargo de confianza en el gobierno Lula.
El debilitamiento de josé Dirceu pareció, a primera vista, fortalecer la posición del otro pilar del “núcleo duro” lulista, el ministro de Hacien- da, António Palocci. Sin embargo, es- ta impresión duró poco. La divulga- ción, a fines de febrero, que el PBI (Producto Bruto Interno) brasileño se había reducido en 0,2 % en 2003 fue la señal para el recrudecimiento de las críticas al carácter ultra-conser- vador de la política económica del gobierno Lula.
Esta divulgación no constituyó una sorpresa total: En los últimos meses ya se venía sabiendo que el re- sultado iba a ser muy malo. El gobier- no, sin embargo, todavía esperaba al- gún crecimiento, aunque superase poco-el cero. Y una reducción en 0,2
% contrasta mucho más vivamente con lo que el gobierno Lula dijo du- rante casi todo el año 2003. En el pri- mer semestre, mientras el equipo económico hablaba de un crecimien- to del orden del 2 o 3% durante 2003 (un crecimiento muy bajo para las necesidades de la economía brasile- ña), Lula prometía el “espectáculo del crecimiento”.
Más allá de eso, la reducción del PBI no fue el resultado económico divulgado más negativo. Peor que ello fue, por ejemplo, el hecho de que el ingreso medio de los trabajadores había caído un 12,9 % en términos reales durante 2003 — la sexta caída anual consecutiva (datos del IBGE, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, un órgano oficial).
Así que no es sorprendente que las críticas hacia la política económica se fueron acentuando mucho, incluso por parte de partidos que forman par- te de la “base aliada” delgobierno, co- mo el PC do B, el PMDB y hasta el PL (este último fue el partido que más se destacó en la crítica: su presi- dente pidió explícitamente la renun- cia del ministro Palocci y del presi- dente del Banco Central, Henrique Meirelles). Hasta el PT mismo (de manera tímida y, sobretodo, extrema- mente ambigua) comenzó a pedir cambios. en la política económica. También los sindicatos y el movi- miento social en general, de un lado, y los empresarios, del otro, elevaron el tono de las críticas a la política eco-
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nómica, vista como. benéfica apenas para el" sector financiero, interno y externo.
Para agravar-las. cosas para el mi- nistro Palocci, las denuncias de co- rrupción comenzaron a amenazarlo también a él, conlla difusión de que un ex secretario suyo (Rogério Bu- ratti.) trabajaba junto a. Waldomiro Diniz.
a Así, entre febrero y marzo, la-si- tuación del'gobierno Lula cambió.ra-‘ dicalmente. Deun gobierno conside- rado fuerte, con una base parlamen- taria amplísima y un prestigio popu- lar razonable pasó‘ a ser visto como un gobierno frágil. Su popularidad está sin duda estancada; la base parlamen- taria, incluso la más conservadora, critica el: gobierno; y las desavenen- cias internas se mostra-ron más’agu- das.
Vale‘notar que las dificultades del gobierno Lula se explican por una ra- zón totalmente diferente de 'los ries- gos que, en el momento de la elec- ción, se solían imaginar que iba a co- rrer. Se pensaba que el gran problema del gobierno sería la oposición de los sectores conservadores; que el go- bierno podría correr peligro si quería hacer cambios demasiado radicales, para los cuales no podría tener sufi- ciente base de apoyo; y que enfrenta- rían la oposición del FMI, de los ca- pitales internacionales, etc. De he- cho, el gobierno enfrenta oposición y desprestigiopor Ser demasiado con- servador,:por haber agravado la situa-
ción económica heredada de F; H. Cardoso manteniendo una política edonómica muy similar, y por pare-. cerse a los gobiernos anteriores hasta en los métodos de hacer política que el PT siempre combatió: El gran pro- blema del gobierno Lula es la frustra- ción que comienza a provocar en aquel-los que creían que el PT en el gobierno haría lo que siempre había prometido haceruï;
Sin embargo, todavía-hay sectores de la población brasileña y hasta de militantes de izquierda que creen que el gobierno Lulapodráícambiar de carácter y retomar, por lo menos parcialmente, la agenda con la cuai fue electo. Durante los primeros me,- ses de 2003, a parte, la dirección del PT y los propios miembros del nú- cleo delgobierno decían que habría una “etapa de transición”, y que des- pués aparecería la verdadera cara del gobierno Lula. Esta. idea está ahora bastante desacreditada y ya no es usa- da como argumento básico para de- fender e=l gobierno. Por. otro lado, fue puesta en evidencia otra idea: que ha- bría una disputa en el propio núcleo del- gobierno entre un ala de derecha conservadora y neoliberal (represen- tada sobretodo por el ministro Paloc- ci)'y un ala más propiamente'etista, que estaría todavía luchando para que el gobierno asumiese algún carácter de izquierda, representada principal- mente por el ministro José Dirceu. Los defensores-más enfáticos de esta línea de argumentación llegaron a
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decir que las denuncias de corrup- ción que amenazan a J osé Dirceu for- marían parte de una maniobra de los sectores más neoliberales del gobier- no, interesados en debilitarlo.
Que éste haya sido el principal ar- gumento en .defensa del gobierno, por lo menos en el ámbito de los que se identifican con la orientación his- tórica del PT, ya dice mucho sobre la frustraciónvque está invadiendo el pa- ís. Si el gobierno Lula tiene tales de- savenencias en su “núcleo”, ¿qué se podrá esperar de. él? Y aún admitien- do que la iniciativa de las denuncias podría haber sido de los liberales, ¿por qué josé Dirceu eligió como asistente a alguien como Waldomiro Diniz? Por otro lado, está claro que no hay un fortalecimiento del “ala neoliberal” en detrimento del “ala petista” del gobierno; .lo que hay es un debilitamiento del gobierno en conjunto.
De cualquier manera, es útil dis- cutir cuáles son las posibilidades aún existentes de cambiorde orientación del gobierno Lula. Éste es el objetivo de este artículo; para eso, procurará evaluar cuál es. el carácter fundamen- tal del gobierno —Lula.
Nose hará ningunaevaluación di- recta del proceso de corrupción-exis- tente .en el gobierno; admitimos ge- nerosamente que si existe (como to.-' do indica), no forma-parte de su na- turaleza fundamental . Tampoco será comentada la sorprendente ineptitud de diversossecrores del gobierno, re-
pitiendo la misma hipótesis generosa. Serán abordadas dos cuestiones: 1) ¿cuáles fueron. las opciones funda- mentales del gobierno en suprimer año, evaluando las. iniciativas a las que el propio gobierno da mayorim- portancia; y 2) ¿cuál es la naturaleza de las polémicas existentes en el “nú- cleo del gobierno”, o incluso del go- bierno en conjunto?.
.Este tratamiento es el más favora- ble posible a la'hipótesis que el go- bierno Lula podría pasar por un cam- bio fundamental en su orientación. Sin embargo, la conclusión deeste análisis no se revelará, de, ninguna manera," favorable a esta hipótesis. El carácter conservador del gobierno Lulakno parece estar en cuestión.
II - Las opciones fundamentales del primer año de gobierno
a) Realizaciones en el frente econó- mico: recuperación de la confianza y control de la inflación (é?)
Desde el inicio, el gobierno Lula asumió un carácter muy diferente a aquel que la gran mayoría de los vo- tantes yobservadores esperaba. Esa diferencia se expresa más agudamen- te enel hecho de que viene siendo un gobierno. citado como ejemplar por el FMI —como por ejemplo en la con- ferencia de Anne Krueger divulgada en el sitio web del FMI bajo el título “Las reCompensas de la virtud”, don- de ella cita a Brasil como ejemplode país que estaría comenzando a cose-
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char los beneficios de la “dura políti- ca fiscal” adoptada en 2003 (desde .el comienzo el gobierno Lula anunció ,la elevación del superávit fiscal pri- mario, esto es, de los recursos desti- nados al pago de la deuda pública, del 3,75 % del PBI al 4,25 %). Virtud, pa- ra el FMI, como se sabe, es justamen- te la “dura política fiscal”, por el lado de la política monetaria ortodoxa que mantienen las tasas de interés brasile- ñas entre las más altas del mundo, etc.
La línea de argumentación de An- ne Krueger es la misma utilizada por el equipo económico del gobierno Lula: los “sacrificios” de 2003 habrí- an sido necesarios, y la recompensa por esta opción. virtuosa vendría en 2004. Según el gobierno Lula, los “sacrificios” de 2003 habrían hecho posible evitar la crisis de insolvencia externa (ganando la “confianza” de los mercados) y' controlar la infla- ción. Los principales indicadores pa- ra la superación de- la crisis externa habrían sido la reducción del llamado “riesgo Brasil” (que llegó a quedar debajo de los 400 puntos, para apro- ximarse en el segundo semestre de 2002 a 2000'puntos) y de la tasa de cambio del dólar (que después de es- tar cerca del 4 reales por dólar cayó a poco menos de 3 reales).
Incluso ahora, luego de la divulga- ción de la reducción del PBI en 2003, del aumento del desempleo, de la ca- ída del ingreso del trabajo (mientras los rendimientos: financieros crecie-
ron), el equipo económico continúa afirmando que la política de 2003 fue completamente correcta, y anuncia una recuperación brillante de la eco- nomía para 2004. El propio presiden- te de la República, en un discursodel día 11 de marzo, defendió la política económica aplicada y garantizó que ella será mantenida. Defendió inclu- so uno de sus aspectos más criticados recientemente hasta por economistas conservadores, que es la rígida políti- ca de metas de inflación. Se mostró contrario a cualquier flexibilización de la misma. Reaccionó, entre otras cosas, a una nota oficial del PT que pidió cambios en la política econó- mica sin explicitar ninguna crítica di- recta.
Diversos economistas ya llamaron la atención al hecho de que las “con- quistas” en el frente externo se debie- ron a una mejora general de los, lla- mados “mercados emergentes’desde fines de 2002, con un retorno a los mismos de los capitales de corto pla- zoi'El caso brasileño no fue muy dife- rente en este aspecto al de otros paí- ses. Además, 2003. fue un año duran- te el cual la situación'internacionalde la economía estuvo razonablemente favorable para los países dependien- tes; y, en general, los mismos tuvie- ron resultados económicos mucho mejores que Brasil.
Por otro lado, lafragilidad de las “conquistas” brasileñas en el frente externo quedó evidenciada en la se- gunda: quincena de enero, cuando
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una reducción general en los movi- mientos de capitales de corto plazo para losmercados “emergentes” (ex- plicada principalmente por la percep- ción ‘de que las tasasde interés en lOs EE.UU. aumentarían más temprano que lo previsto) hizo subir el “riesgo Brasil” y el dólar; subas que se repi- tieron a mediados de febrero, cuando el estallido del escándalo de corrup- ción provocó dudas respecto de la so- lidez del gobierno Lula; y otra vez en marzo, como conseCuencia de la ins- tabilidad provocada por el atentado de 11 dermarzo en España. Por otro lado, el control razonable de la infla- ción se explica en gran medida por la caída del dólar, con la posterior esta- bilización de-su valor.
Las ganancias obtenidas con la po- lítica económica ultra-conservadora son escasas: e ilusorias. '
Por otra parte, tuvo un mal resul- tado respecto de uno de susprincipa- les objetivos —impedir el crecimiento de la deuda pública como proporción del PBI. Esto fue visto como la clave para conseguir la “credibilidadlante los mercados. La elevación del “supe- rávit primario” llevó al aumento del pago de intereses; pero laelevación de elas'tasas de interés hizo que los in- tereses adeudados por el sector públi- co aumentasen todavía más (el sector público pagó 9,25% del PBI en inte- reses; la relación. deuda pública/ PBI llegóïa 58,16%). Por esta razón, entre otras, la recuperación-de la “confian- za de los mer'Cados” fue muy frágil.
El impacto negativo de esta políti- ca sobre los indicadores económiCos en cuanto a la situación de los trabaja- dores fue dramático. El mercado de trabajo continúa siendo una calami- dad, por lo menos en los grandes cen- tros urbanos. El desempleo y la infor- malidad aumentaron, los salarios rea- les cayeron. Los datos del IBGE, re- feridos a las seis principales regiones metropolitanas del país, muestran que la tasa media de desempleo abierto aumentó del 11,7% entre marzo y diciembre de 2002 al 12,5% en el mismo período de 2003. Según el mismo IBGE, el ingreso medio su- frió una reducción de “nada menos que del 12,9% en términos reales (el ingreso medio de los trabajadores ca- yó por sexto año consecutivo): El nú- mero de ocupados registrados en el Sector privado dÍSminuyó en» térmi- nos absolutos, pasando a representar el 43,5% del total de los ocupados en diciembre de 2003. La tasa de desem- pleo abierto medida por el DIEESE en la región metropolitana de Sao Paulo se ubicó en promedio para 2003 en el 19,9%, un récord histórico (es la mayor tasa desde 1985, cuando este relevamiento empezó a hacerse).
Mientras el ingreso de los trabaja- dores caía, los bancos tuvieron au- mentos en sus ganancias y los posee-i dores de riqueza financiera en gene- ral ganaronmucho. 2003 fue el año en el c‘ual el sector público pagó un monto récord de intereses (como vi- mos, 145.000 millones de reales, el
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9,25 %vdel PBI). En 2003, este gasto había sio de 1141000 millones de re- ales (8,47 %del PBI).
Otro problema clave de la econo- mía brasileña en el primer año del go- bierno Lula fue la reducción de las in- versiones. El sector público no pudo invertir por la obligación de lograr el “superávit fiscal primario”; el sector privado (nacional y extranjero) invir- tió poco porque las perspectivas de crecimiento de la economía no eran buenas y por lo tanto las expectativas de ganancias tampoco. El gobierno espera revertir esta situación con la implementación de la .“Asociación Público-Privado”, programa inspira- do en el thatcherismo británico. El propio sector privado, mientras tanto, no se muestra entusiasmado con esta posibilidad, Pide mayores garantías, además de una política orientada al crecimiento de la economía.
La política económica del gobier- no Lula logró por lo.tanto grandes “conquistas” . para los mercados fi- nancieros y degradó de forma muy significativa la situación de los traba- jadores. Comprometió las posibilida- des de crecimiento de las economía. Mientras tanto, ¿Lu-la y el núcleo de su gobierno la consideran un gran éxito y anuncian que será mantenida. Tan- to por-su lógica enteramente orienta- da/hacia los mercados, como por su carácter de clase pro-capital financie- ro y anti-popular, esta política econó- mica solo’puede ser clasificada como neoliberal.
b) La aprobación dela reforma previ- sional
El gobierno Lula dedicó: sus ma- yores esfuerzos políticos durante 2003 a la aprobación de las reformas previsionales-y tributarias. La aproba- ción de la reforma previsional fue además considerada por .el gobierno como una de sus grandes victorias en el año.
En teoría, el principal objetivo de esta reforma fue la reducción de los gastos previsionales, vistos por el go- bierno (y por los. mercados) como muy elevados e injustos. Mientras tanto, en este aspecto, sus resultados serán, bajo la mejor de las hipótesis, muy modestos, además deverse re- cién en el largo plazo. Se estima que en 20 años habrá una economía de cerca de 40.000 millones de reales (¡menos de un tercio del gasto del sector público con intereses solo en el año de 2003!). Por otro lado, la re- ducción delos salarios reales y el au- mento de la informalidad (esto es, de la existencia de trabajadores sin ga- rantías laborales, que no realizan contribuciones previsionales, nitam- poco sus patrones) llevaron en 2003 a un empeoramiento. significativo de l-a situación previsional. El gobierno calcula el déficit en un 1,7 % del PBI para 2003.,
Así, al contrario de lo que se suele decir, la reforma previsional no, fue puesta en marcha principalmente por cuestiones fiscales. La razón funda- mental del empeño con que el go-
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bierno Lula la encaminó fue sin duda la dedar una “señal positiva” a los mercados: si era capaz de cambiar una posición tradicional de su parti- do (reafirmadaïhastar'en la campaña electoral en 2002) y de enfrentar una de sus principales bases sociales — los funcionarios públicos para agradar a los mercados, ciertamente podía ser considerado por ellos “confiable”.
Es importante recordar que, con esta reforma, el gobierno Lula no só- lo enfrentó un sector de su base so- cial, sino que enfrentó también a un amplio sector de su propio partido, no aceptando el cambio de posición del PT. Por otra parte, los especialis- tas del PT en cuestiones previsiona- les rechazaron casi unánimemente la reforma encaminada. Yla cuestión de la reforma previsional estuvo en el origen del proceso en el cual cuatro parlamentarios del PT fueron expul- sados del partido a fines de 2003.
, La otra reforma constitucional aprobada —la reforma tributaria- se redujo finalmente a una parte peque- ña de las intenciones iniciales. No puede de hecho ser considerada una refor-r'na.
c) La política exterior
La política exterior del gobierno Lula es considerada, con razón, como uno de los puntos en que su gobierno se diferencia positivamente del de F.H.Cardoso. Sus aspectos positivos son la búsqueda de relaciones más es-
trechas con los países de América -la-.
tina y del TerCer Mundo en general, y
una postura. algo más independiente ante los Estados Unidos. Diversos sectores del PT y de otrOs partidos .de izquierda, frustrados con el conjunto delas políticas del gobierno Lula, vie- ron en esta política la demostración de que, por lo menos una 'cosa que el gobierno ponía en práctica, tenía una ca-ra de izquierda.
Sin embargo, incluso ahí las limi- taciones del gobierno Lula se mues- tran de manera llamativa. La defensa de intereses brasileños se hace en ge- neral bajo la banderadel “libre co- mercio”; la posición de los EE.UU, respecto del ALCA es criticada sobre- todo .por la defensa del proteccionis- mo en la agricultura y en otros secto- res, y por lo tanto por su incoherencia en esta cuestión. Brasil se enfrenta a la versión del ALCA deseada por los EE.UU.; pero contrapone la de un “ALCA light”, una versión en que los perjuicios para los países de América latina serían reducidos, pero no eli- minados,
El hecho de que un nuevo gobier- no brasileño haya adoptado una. pos- tura más independiente y más efecti- va en la defensa deciertos intereses nacionales respecto del anterior, no es suficiente para concluir que la política internacional es “de izquierda’ïBasta verque en la oportunidad en qUe pro_ bablemente Brasil afirmó más clara- mente esta postura —en la conferencia de Cancúnde la OMC- tuvo como socio a la India, gobernada por un partido claramente de derecha.
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Aún más importante para dejar en claro las limitaciones de la política ex- terior del gobierno Lula es. el hecho deque una parte fundamental de la misma es conducida por el Ministe- rio de Hacienda y por el Banco Cen- tral. Las relaciones con el FMI y otras instituciones financieras deben ser consideradas parte de la política exte- rior. Del mismo modo, la adopción de la'libertad para los movimientos de capitales forma parte de las buenas relaciones con los mercados finan-
cieros-internacionales. Como vimos,»
elgobierno Lula es presentado como modelo por el FMI. Esto se contra- pone a los esfuerzos de aproximación con países de América latina: en 2003, Brasil no dio apoyo a la resis- tencia conducida por el gobierno Kirchner antes las presiones del FMI (en 2004 hay una pequeña mejora en este aspecto: Lula defendió la- flexibi- lización de algunas reglas del FMI, y
se aproximó al gobierno Kirchner),
Además, el gobierno Kirchner, que ciertamente es un gobierno burgués, estuvo en general a la izquierda del gobierno Lula. .
'En realidad, el impacto interna- cional del gobierno Lula fue sobre- todo’ negativo, y muy negativo. Este
gobierno se volvió un modelo para-
el FMI y un apoyo para los sectores
más neoliberales de la socialdemow
cra'cia; Peor todavía, el. hecho de que “hasta el mismo”'Lula y el PT (que por más de dos décadas fueron vis- tos como» representantes de una iz-
quierda auténtica) estén llevando adelante una política económica conservadora, ortodoxa, neoliberal, es usado por la derecha internacio- nal para confirmar el famoso argu- mento de Margareth Thatcher: “no hay alternativa”.
d) La consolidación de la base aliada
Otra cuestión decisiva para la eva- luación del carácter del gobierno Lu- la es su política dealianzas. Fue a ella que el m‘inistrojosé Dirceu dedicó la mayor parte de su esfuerzo.
En este aspecto particular, la si- tuación no podría ser más evidente. La reforma ministerial al inicio de 2004 sirvió para consolidar la incor- poración de casi todos los partidos conservadores al gobierno, inclu- yendo al- PP de Paulo Maluf, mayor expresión de la derecha brasileña. En la derecha (si dejamos de lado el mi- núsculo partido del diputado Enéas, bastante folclórico) solo los partidos que formaban el eje del gobierno de F. H. Cardoso, el PSDB y el PFL, no forman parte de la base de apoyo del gobierno. Aún así, un sector del PFL, liderado por el senador Antó- nio Carlos Magalháes (otro símbolo de la derecha brasileña), lo apoya en general; y la mayor parte de estos dos partidos apoyó las iniciativas legisla- tivas centrales del gobierno Lula (como la reforma previsional) con el argumento (correcto) de que esta- ban apoyando las políticas que siem- pre defendieron.
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El método fisiológico' con que es- tas alianzas fueron construyéndose fue puesto, en evidencia con el: escán- dalo reciente, la revelación de co- rrupción del subjefe para Asuntos Parlamentarios dela'Casa Civil, Wal- domiro Diniz, quien tuvo que re- nunciar. No hay duda de que alguien como Diniz fue elegido para cuidar las relaciones 'con los parlamentarios por su experiencia en negociar-venta- jas para unos y otros.
Además de eso, con el estallido del escándalo, los nuevos aliados conser- vadores mostraron una importancia más decisiva que nunca para el go- bierno. Su mayor preocupación pasó a ser la de evitar la instalación de un Comisión Parlamentaria de Investi- gación (CPI), sin duda recordando el precedente de la CPI de 1992, que fue uno de los principales instru- mentos para hacer caer el gobierno Collor. Ocurre que tradicionalmente el PT defendía tales CPIs, siempre con el'argumento de que es preciso investigar las denuncias que se hacen contra el gobierno: “quien no debe, no teme", etc. No tenía mucha expe- riencia, por lo tanto, en ,“impedir” la formación; de las CPIs.
Los comentaristas políticos seña- lan de manera unánime que'el perso- naje decisivo para evitar la formación de una‘CPI fue el presidente del Se-
nado,josé Sar-ney (ex presidente de la República, y jefe de una de=las oligar- quías regionales más importantes del país; integra formalmente el PMDB, pero tiene profundas vinculaciones
.con el PFL, donde militan sus hijos).
Tambiénquedó clara la importancia de otros personajes que selmueven con soltüra en este tipo. de cuestio- neszr los senadores Antonio Carlos -Magalháes yRenan Calhe-i'ros (este último del PMDB, que fuera un ele- mento clave del gobierno Collor). Con las alianzas hechas, el gobier- no Lula controla, en' teoría, casi el 80% del Congreso. Al comienzo de 2004, la consolidación de .esta‘base parlamentaria fue presentada como gran victOria del gobierno. Se supo- nía que esto le daría tranquilidad para gobernar. Mientras tanto, la evolu- ción de la situación política en febre- ro y marzo está mostrando que no es tan así. Esta base parlamentaria fue capaz de evitar la creación de una CPI; pero no apoyó al gobierno en la política económica. Tanto el PMDB como el PL expresaron muchas críti- cas. Probablemente, estose explica tanto por razones. electorales (co- mienza a quedar en evidencia que mostrar una ciertaindependencia del gobierno será útil en las elecciones de este año) como por la- búsqueda de mayOre-s ventaj as en-el gobierno. Con
' En la jerga política'brasileña, "fisiológico" se contrapóne a "ideológico". Métodos fisioló- gicos son los que no apelan a las convicciones políticas de cada uno, sino a los intereses materiales más directos: cargos en el gobierno, ventajas financieras, etc.
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la fragilidad del gobierno revelada, estos sedtores están exigiendo más a cambio de su apoyo. .
Los defensores de la política» de alianzas decían que era necesaria para viabilizar el gobierno; justificaban hasta la utilización de los métodos f1- siológicos, con el argumento de que en lasvcondiciones brasileñas serían inevitables, por un lado, y que no comprometerían la orientación polí- tica del gobierno, por el otro. Es ver- dad que las mayores presiones nega- tivas sobre laorientación del gobier- no no provinieron delos políticos conservadores, sino- delos “merca- dos” y- dos de sus representantes (gran parte de los economistas y la mayor parte de la prensa). Pero no hay-¿duda que el-gobiérno Lula se vol- vió prisionero de su base parlamenta- l'la;
III —‘Las disputas al'interior del. gobierno
a).Un gobierno atravesado por di- vergencias, pero con una orientación hegemónica evidente.
El objetivo aquí será hacer un ba- lance de las principales divergencias que se expresaron con alguna nitidez públicamente por parte de miembros del gobierno o de dirigentes y parla- mentariosdeerT, principal partido del. gobierno. Naturalmente «deben existir en los debates internos del go- bierno otras divergencias, algunas tal vez más agudas. Sin embargo,'no es posible aquí intentar evaluar debates
que no se expresan, de alguna mane-
ra públicamente, en primer, lugar por
falta de la información correspon-
diente. Por otro lado, 'es razonable suponer que lasdivergencias que tie- nen mayores posibilidades de influir en la orientación general:del gobier- no terminan volviéndose públicas, por lo menos en alguna medida.»
Prácticamente,’ desde el comienzo del gobierno .Lu-la hubo manifesta- ciones de divergencias de miembros del gobierno referidas a los diversos aspectos de su orientación, y en parti- cular a la política económica. Los propios criterios de compoSición del gobierno llevaron a que así fuera. De hecho, Lula armó su cuerpo de mi- nistros contemplando los diversos sectores del PT, incluso lOs que están a su izquierda, y el conjunto de los partidos que apoyaron su candidatura en el segundo turno de las elecciones de 2002. Siendo este un espectro muy heterogéneo, no podría dejar de haber grandes diferencias entre sus miembros.
En el área económica garantizó sin embargo que eleje estuviera alineado con la orientación del gobierno ante- rior, es decir, con el de F. H; Cardoso. N ombró a António Palocci (un mé- dico, ex diputado. e intendente de una ciudad del interior de Sao Paulo, Ri- beiráo Preto, que hasta entonces no había participado del debate econó- mico ni en el PT ni en la sociedad) para el Ministerio de Hacienda. Éste armó un equipo con claro predomi-
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nio de economistas ortodoxos '(algu- nos de ellos vinieron del gobierno .de F. H. Cardoso). Y nombró para la presidencia del Banco Central a Henrique Meirelles, ex presidente del Banco de Boston, y recientemen-a te electo diputado v federal por el PSDB; Meirelles mantuvo en el Ban- co Central a todo el directorio desu predeCesor, Arminio Fraga:
Lula nombró para el área. econó- mica ados ministros queson grandes empresarios y tienen vínculos con el PSDB (ambos apoyaronla campaña de josé Ser-ra para presidente), para los ministerios de'Desarrollo, Indus- tria y Comercio Exterior (Luiz Fer- nando Furlan) y de Agricultura (Ro- berto Rodrigues). El predominio del PSDB y del pensamiento conserva- dor en el área económica se volvió, por lo tanto, avasallador.
El contrapunto en el área econó- mica provenía principalmente del BNDES (Banco Nacional. del Desa- rrollo Económico y Social), un im- portante banco público orientado ha- cia el financiamiento del desarrollo. Para su presidencia fue nombrado el economista Carlos Lessa, afiliado al PMDB, pero miembro de su “ala progresista”. El BNDES está formal- mente vinculado al ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, pero Lessa, elegido directa- mente por Lula, posee una razonable independencia. Además, Lula nom- bró para el ministerio 'de Planea- miento al economista Guido Mante-
ga, afiliado al PT, que armó un equi- po no alineado al pensamientóe‘co- nómico conservador. Lessa, sin em- bargo, tiene un ámbito de actuación limitado, y' Mantega es un ministro débil y se opone poco a Palocci o'al Banco Central.
A partir de la composición del go- bierno y tomando en cuenta su desa- rrollo posterior, es posible formular una hipótesis sobre cuáles la estrate- gia seguida por Lula yipor el núcleo del gobierno. VEl nítido predominio de la ortodoxia conservadora en el equipo económico y la fuerza otorga- da a este equipo por el presidente de la República, sugieren que la inclusión de ministros que divergen de esta or- todoxia (en general representando posiciones tradicionales del PT) co- rrespondió principalmente al objeti- vo de absorber .y neutralizar estas di- vergencias. Dicho de otra manera: hubo una opción clara por garantizar una orientación económica conserva- dora y por subordinar a ésta toda la política del gobierno, dando al mismo tiempo algún espacio (por consi- guiente, subordinado) a las posicio- nes tradicionales del PT. Esta opción sería necesaria para garantizar la bue- na convivencia con “los mercados” (preocupación obsesiva desde el ini- cio), quiere decir, con la burguesía, en particularcon su sector'financiero, y también con su sector-internacional (en un lenguaje más claro, con el im- perialismo). Y permitiría, por otro la- do, evitar una explosión del PT. .
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.Esta opción se explica, probable- mente, por una doble convicción abrazada por el núcleo del gobierno, y especialmente «por el propio presi- dente. En primer lugar, por-la con- clusión de que no hay alternativa a la economía capitalista, y que es preciso por lo tanto aceptar su marco general. Esta falta dealternativa se derivaría de la correlación de fuerzas (inclusive, pero noúnicamente las electorales), pero también del.desencanto con la posibilidad de construir cual-quier forma de socialismo. En segundo lu- gar, por la idea'de que es posible me- jOrar la situación del pueblo en este marco. O sea: seria posible otorgar un espacio (subordinado) a la defen- sa de las preocupaciones tradiciona- les del PT; g.
Es verdad que, como vimos, la po- lítica del gobierno Lula no solo ha si- do coherente con la manutención del capitalismo — ha sido profundamen- te ortodoxa y neoliberal e impidió ca- si completamente ‘la ejecución de las políticas que agradarían al PT, El pa- saje de la defensa del capitalismo en general a la defensa del capitalismo hoy dominante, es 'con todo una con-1 secuenciamás o menos inevitable de la aceptación de la correlación de fuerzas existente, y puede ser consi- derada un.- desdoblamiento de. la. op- ción política básica.
Vale la pena notar que esta doble convicción de sentido'también a la política de alianzas con sectores bur- gueses, cuya construcción se,:-.:ínició
durante la campaña electoral y fue re- forzada después al comienzo del gos bierno (principalmente con la elec- ción del vicepresidente,josé Alencar, granempresario del tramo textil, y en ese entonces senador por un partido conservador, el Partido Liberal).
En este marco, la inclusión de di- versos. ministros identificados con las políticas defendidas tradicionalmens te por. el PT, no puede ser vista-como una manera de poner en duda la orientación básica del gobierno. Muestra solamente, como fue dicho anteriormente, la preocupación de evitar una explosión del PT, y el es- fuerzo por comprometer hasta la misma izquierda del. partido con la opción conservadora adoptada.
Es posible que en el núcleo del go- bierno haya alguna discordancia con relación a esta estrategia. Todo el de- sarrollo del gobierno Lula hasta aho- ra, sin embargo, la confirma. Todo indica que, si hay discordancias en el núcleo del gobierno, éstas tienen muy poca fuerza. -
b) Divergencias en cuanto a lapolíti- ca económica.
Desde el comienzo del gobierno hubo manifestaciones de discordan- cia con relación a las medidas econó- micas, Hubo ante todo cuestiona- mientos a la limitación de los gastos públicos, que se deriva de la exigencia de un superávit fiscal primario eleva- do y l-a manutención de elevadas tasas de interés;
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Obviamente, estos cuestiona- mientos no son nada sorprendentes. Incluso. quien esté de acuerdo con la prioridad de pagar intereses de la deuda pública puede oponerse a re- ducir gastos en su propia área, y a na- die le gusta la recesión que es una consecuencia inevitable de una polí- tica que restringe fuertemente la de- manda agregada de la economía. Así, estos cuestionamientos, por sí mis- mos y desvinculados de la propuesta de un curso alternativo, no indican una divergencia en la orientación ge- neral de la política económica. Hasta representantes del “mercado”, defen—- sores explícitos de políticas neolibe- rales, han criticado los excesos de las tasas de interés brasileñas. En el inte- rior del gobierno, mientrastanto, el crítico más persistente de las elevadas tasas de intereses fue el vicepresiden- te,_Iosé Alencar, del PL.
Una divergencia más importante que las quejas contra la escasez de re- cursos y las tasas de interés es la opo- sición a una de las propuestas básicas del ministro Palocci, la de formalizar la autonomía del Banco Central. En este tema, quedó clara la posición di- vergente del ministro josé Dirceu, uien anunció que la cuestión no es- taba en agenda para este año, después de que Palocci la había definido co- mo prioritaria en diciembre pasado.
Mientras tanto, por más que esta cuestión tenga importancia (la auto- nomía del Banco Central es una de las propuestas más caras a los neoli-
berales), no debe ser exagerada. Se trata de un tema en el cual Palocci es- tá en la ofensiva, y donde los que se oponen solo defienden el status quo. Uno de los argumentos usados con- tra la formalización de la autonomía del BC, además, es que no es indis- pensable, pues el BC ya dispone en la práctica de esta autonomía. Así, en vez de ser un indicio para una diver- genc'ia central, la posición de josé Dirceu r parece reflejar apenas una mayor preocupación respecto de las repercusiones políticas negativas de la formalización de la autonomía del BC, especialmente en el PT y en la CUT (que tradicionalmente comba- tieron esta propuesta).
Otro debate importante que se desarrolló en el área económica se re- fiere a sus tentativas de dirigir tam- bién las políticas sociales del gobier- no. En abril de 2003,vel Ministerio de Hacienda divulgó un documento, “Política económica y reformas es- tructurales”, en el cual expuso su es- trategia básica. Se trata de un docu- mento inspirado en una propuesta que circuló durante la- campaña de 2002, coordinada por el economista josé Alexandre Scheinkman, brasile- ño que vive hace años en los EE.UU., y quien fue jefe del Depar- tamento de Economía de la Univer- sidad de Chicago, famoso por su con- servadorismo. En este documento, el Minis-terio de Hacienda defiende la focalización de los programas socia- les del gobierno, propuesta formula-
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da por el Banc Mundial y típica- mente neoliberal. Este documento provocó un vivo debate en la época, y fue criticado pordiverSos integrantes del gobierno. Más recientemente, en noviembre, el Ministerio de Hacien- da difundió otro documento, “Gasto Social del Gobierno Central: 2001- 2902”, en el cual está implícitavla crí- tica a la existencia de universidades públicas. También este documento provocó muchas críticas, inclusive del ministro de Educación de la épo- ca, Cristovam Buarque, además de diversos dirigentes del PT.
También en este caso,'sin embargo, es elvMinisteri'o dei-Iacienda que está a la ofensiva, intentando tomar mayor influencia» sobre el conjuntodel go- bierno, y sus críticos apenastratan de defenderse. En el'caso de la enseñanza pública, además de eso, la substitución del ministro CristóVam Buarque por Tarso Genro en la reforma ministerial de enero señaló un cambiode orienta; ción en eliMinisterio de Educación: este último: ha encaminado propues- tas que amplían el espacio de laense- ñanzasuperior privada.
Lo que debe ser-resaltado con re- lación a las divergencias entre miem- bros del gobierno (y principalmente de ‘su"“núcleo duro”) respecto de la política económica,.es que en ningún momento: apareció la propuesta de un cambio general en su orientación. Por ejemplo, nadie propuso el recha- zo a-l enfoque de buscar la “confianza de los mercados” a través de políticas
favorables para los mismos, o la adopción de controles sobre los mo- vimientos de capitales. Esto seria esencial para tratar de ampliar la soa beranía del gobierno brasileño en la definición de sus propias políticas, .y debería ser el punto de partida para el diseño de Otra orientaCión económi- ca. Nadie puso en duda la importan- cia de priorizar el pagodel servicio de ladeuda pública (a pesar de haber crí- ticas al exceso del “superávit prima- rio”), y menos se planteó la hipótesis de renegociación de. la deuda pública (aunque la renegociación de la deuda externa pública formó explícitamen- te p'arte de los documentos progra- máticos. de Lula en 2002, y aunque estos documentos criticaron la prio- ridad otorgada por F. C. Cardoso en su segundo mandato).
Incluso por parte de los sectores mayoritarios del PT nadie se animó a defender la recuperación de las propuestas económicas tradicionales del partido. Asimismo recientemen- te, el 5 de marzo, con la ampliación de las críticas a la política de Palocci y Meirelles, lo máximo que la mayo- ría del PT hizo fue emitir una nota enla cual el 80%del espacio fue de.- dicaclo a defender y enaltecer al mi- nistro josé Dirceu, y apenas un páe rrafo pedía tímidamente cambios en la política económica: “Vamos a- tra- bajar con ahínco para que el gobier- no implemente las medidas necesa- rias para que el año 2004 marque el inicio de un nuevo y sustentado ci-
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clo de desarrollo económico y social del país, a través de cambios enla po- lítica económica necesarios para la implantación y consolidación de to- dos nuestros programas sociales, económicos y administrativos, así como de desarrollo, con miras siemv pre-a la- conquista de mejorescondi- ciones de vida para todos los brasile- ños, enfrentando con eficiencia los problemas coyunturales y estructu- rales que afectan nuestro país y a nuestro pueblo.”
Como esta posición no repercutió positivamente en la prensa y en los mercados,rel presidente del PT, josé Genoino, aclaró enseguida que no se trataba de pedir el cambio de los ejes de la política económica,- como el su- perávit fiscal primario del 4,25,. % del PBI. Tampoco se trataba de pedir otra política monetaria. “Apoyamos inte- gralmente la gestión macroeconómi- ca del ministro Palocci”, aclaró,(¿?) Genoino. En fin, lo que la dirección del PT. parecería pedir era la manu- tención de la política económica, pe- ro sin “las consecuencias negativas que se derivan de la misma.
Hay otros hechos :significativos que hacen evidentes los' limites de las críticas hechas al área económica del gobierno. Por un lado, que el núcleo del, gobierno apoyó de modo total- mente unificado la propuesta de re- forma previsional, central para el equipo económico, y orientada, co- mo, vimos, a la búsqueda de la con- fianza de los“5mercados”. Por otro,
que todos losmiembros'de este nú- cleo destacaron siempre las “con- quistas” de la orientación económica del,=prim‘er añ'o del gobierno, el con- trolde la inflación y la recuperación de la “confianza” de los mercados en el país.
De esta forma, las críticas que se hicieron a laorientación d'e la política económica, o más directamente al área económica del gobierno po'r par- te de sectores del gobierno, o del'sec- to‘rmayoritario del PT, tuvieron poca consistencia, y no indican la defensa de una línea alternativa. Su carácter es mucho más el deun lamento por las consecuencias dañinas de opcio- nes básicas, y estas no Son puestas en cuestión. Pueden existir divergencias en cuanto a la orientación general en la política económica en el núcleo del gobierno — pero, hasta ahora, éstas no se manifestaron.
Así, fueron los economistasvin- culados al PT - incluso muchos de los que participaron de la formula- ción del programa de gobierno du- rante la campaña de 2002 -, sectores de la izquierda del PT y más limita- damente de otros partidos qUe parti- cipan en el gobierno, así como secto- res de los- movimientos sociales del ámbito del PT y de la izquierda-que expresaron críticas-más amplias a la política económica neoliberal, y que propusieron un curso alternativo. Pero no tuvieron hasta ahora ningún impacto sobre el núcleo dominante en el gobierno.
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c) ALCA y negociaciones interna- cionales
Una de las áreas en que las diver- gencias en el interior del gobierno se manifestaron más claramente es la de las negociaciones internacionales. La más importante es la del ALCA.
La ventaja-de la posicióndel go- bierno Lula con relación al gobierno de F. H. Cardoso en estas cuestiones fue comentada anteriormente. Esta posición refleja antes que nada el pensamiento del Ministerio de Rela- ciones Exteriores (conocido como Itamaraty), yestuvo expuesto a un bombardeo constante por una parte del gobierno: por el ministro Rodri- gues (Agricultura), por el ministro Furl-an (Desarrollo), y por el equipo del Ministerio de Hacienda (el mis- mo ministro Palocci no se manifestó públicamente). Estos sectores son más favorables al ALCA y defienden en las negociaciones, e'n general, una mayor “flexibilidad” para aceptar las propuestas de los EE.UU..
Por cierto, esta divergencia atra- viesa el núcleo del gobierno: el mi- nistro Dirceu dio muestras de apoyar la posición del Itamaraty, y el minis- tro Palocci obviamente apoya los po- Sicionamientos de su propio equipo. También es cierto que ésta fue una de las divergencias más importantes del gobierno Lula.
Sin embargo, más de una vez es preciso registrar que en esta cuestión quienes están en la ofensiva son los sectores más liberales. I-on, el ALCA
no está en vigor. Así, la lucha de los sectores más preocupados por la so- beranía nacional y por la preservación de las posibilidades de un proyecto de desarrollo nacional (las cuestiones que están'en. juego en la discusión del ALCA) tiene-como objetivo evitar la firma de un tratado que empeoran'a enormemente las cosas para Brasil.
En otros aspectos de la política del Ministerio de Relaciones Exteriores es posible concluir que la iniciativa está en los sectores más progresistas del gobierno. Es lo que acontece en la política de priorizar las relaciones con Arnérica latina y las alianzas con el Tercer Mundo en general. Sin em- bargo, ya señalamos arriba que esta iniciativa, a pesar de ser importante, no predomina en el conjunto de la política exterior brasileña. Más que un país preocupado por la unidad y el refuerzo de las posiciones de los paí- ses del Tercer Mundo, Brasil. aparece internacionalmente como un país identificado con las políticas del FMI y de los “mercados”.
Es interesante notar que el sector que es visto como responsable por los aspectos más progresistas del gobier- no Lula, el Ministerio de Relaciones Exteriores, no es dirigido por un afi- liado del PT. El ministro Celso Amo- rim es un diplomático de carrera, que ya había ocupado el mismo cargo en el gobierno de Itamar Franco, y que está más vinculado políticamente al PMDB. Aunque curioso, este hecho no revela una incoherencia: como vi-
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mos, no es posible identificar lapolí- tica del Itamaraty como de izquierda.
Es importante observar igualmen- te, que las posiciones de los sectores de izquierda del PT y de los» movi- mientos sociales políticamente próxi- mos al PT y de otros partidos deiz- quierda, son distintas incluso de los aspectos más progresistas de la políti- ca del Itamaraty. Por ejemplo, secto- res como el MST y la Coordinación de los Movimientos sociales mantu- vieron una posición contraria al AL- CA en su totalidad, y reivindican que cualquier acuerdo al respecto sea so- metido a un plebiscito. Aunque críti- co con relación al ALCA, Itamaraty está guiado por la defensa del “ALCA light”, y no apoyó la idea del plebiscito.
d) Reforma agraria
La cuestión de la reforma-agraria es una de las más importantes para la evaluación del gobierno Lula, por dos razones. Una, porque los movi- mientos agrarios — especialmente el MST -— están entre los sectores de los movimientos sociales más activos-de Brasil. El-MST tiene una importan- cia en la izquierda brasileña que va mucho más allá de la importancia es- pecífica de la cuestión de la reforma agraria. La segunda razón es que el ministro de Desarrollo Agrario,- Mi- guel Rossetto, es el principal repre- sentante en el gobierno de la izquier- da del PT. El MDA es responsable de la agricultura familiar (mientras el Ministerio de Agricultura se ocupa
sobretodo del agro-negocio) y dela reforma agraria.
Aunque el gobierno Lula definió formalmente la reforma agraria co- mo una de las prioridades de su go- bierno, esto no se ve en la práctica. Como los demás ministerios, el
.MDA sufrió con la exigencia del “su-
perávit primario” (que hasta le impi- de emitir TDAs, los títulos de la deu- da agraria para expropiar tierras) y re- cibió presupuestos modestos, insufi- cientes hasta para mantener el volu- men de asentamientos realizado en el gobierno de F. I-I. Cardoso.
El ministerio intentó compensar estas limitaciones con la mejora de la calidad de la reformaagraria ya reali- zada (es decir, procuró garantizar las condiciones de infraestructura, de tecnología y de crédito necesarias pa- ra viabilizar económicamente los asentamientos), por un lado; por el otro se esforzó por conseguir la am- pliación de los recursos para la refor- ma agraria.
En noviembre de 2003 fue apro- ba'do por el gobierno un Plan N acio- nal de Reforma Agraria que quedó debajo de las reivindicaciones de los movimientos agrarios. Hubo hasta un debate entre especialistas sobre si su alcance sería suficiente para carac- terizarlo como una verdadera refor- ma' agraria; ’Muchos entendían que, por su timidez, no cambiaría de for- ma significativa‘ia estructura agraria brasileña. Pero el PNRA representa- ría, de cualquier manera, un gran au-
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mento del volumende "asentamien- tos (400.000 familias en los cuatro años del gobierno‘Lula, siendo que en el primer-año fueron poco más de 30.000 familias). Así, la primera reac- ción del MST al plan fue más positi- va quenegativa, y lo mismo pasó con los otros sectores de los movimientos agrarios brasileños.
Para viabilizar este plan, sin em- bargo, los recursos para la reforma agraria tendrían que ser aproximada- mente tres veces mayor de lo que es- taba previsto en el presupuesto 2004, en aquel momento en discusión en el congreso. Lula se comprometió for- malmente a garantizar estos recursos. Mientras tanto, el presupuesto oficial no fue modificado, y hasta ahora no está claro que los recursos necesarios seránde hecho obtenidos. Por el con- trario, la tendencia del gobierno fue reducir la liberación "de recursos para el conjunto de los ministerios, y este problema tiende a agravarse ante la posibilidad muy real que el desempe- ño de la economía brasileña en 2004 sea peor que el proyectado (en .los primeros meses del año, este desem- peño es bastante más débil de lo que se esperaba: además hay una tenden- cia aldeterioro de la situación inter- nacional).
La situación, del MDA es, por lo tanto, muydifícil. Las críticas al go- bierno por parte de los movimientos agrarios (en particular por parte del MST y de los seCtOres más a la iz- quierda de la Iglesia) aumentaron por
la lentitud en la realización de la re-
forma agraria. Son críticas al gobier- no en general, pero obviamente afec- tanztambién al MDA. Sin poner en marcha al menos el Plan aprobado en noviembre,.será imposible justificar la' permanencia en este ministerio de un ministro de izquierda, compro- metido con la reforma agraria (y que defiende una línea general de gobier- no muy diferente de la que se está l-le- vando adelante).
e) La disputa que no se concretó: la política de alianzas
Para concluir esta-evaluación del significado delas principales disputas de orientaciónen el gobierno, es im- portante señalar que hay una disputa clave de la cual no se ven trazos signi- ficativos con relación a las alianzas re- alizadas por elvgobierno.
Desde el comienzo del gobierno, esta disputa fue muy reducida. De hecho, hubo una disputa durante la campaña. electoral. La izquierda del PT Se opuso-a la alianza con el Parti-
do Liberal, y la senadora Heloísa He-
lena, en ese entonces candidata a go,- bemadora de su estado, Alagoas, se rehusó a aceptar esta alianza. Por eso su candidatura fue retirada por la die rección nacional del PT.
Sin embargo, como’Lula al final ganó las elecciones, en alianza con el PL, y recibiendo en el-segundo turno el apoyo formal de otros partidos conservadores (como el PTB) y de sectores de partidos todavía más con-
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servadores (como los apoyos de josé Sarney y de António Carlos Ma- galháes, entre otros), prevaleció en la práctica la idea de que la política de alianzas era un hecho consumado, y que no estaba más en discusión. La entrada del PP de Paulo Maluf a la '“base aliada” (que apoyó en el segun- do turno al candidato del PT a gober- nador de Sao Paulo, josé Genoino, y declaró su simpatía por la candidatu- ra de Lula), no provocó mayores tur- bulencias. El nombramiento de mi- nistros burgueses y vinculados al PSDB (Furlan y Rodrigues) pasó casi sin críticas. En aquel momento, Lula estaba en el auge de su popularidad, e incluso la izquierda del PT estaba in- hibida y le resultó difícil criticarlo públicamente. Finalmente, se decía, la elección de los ministros es una prerrogativa del presidente electo.
El mismo hecho probablemente más escandaloso del inicio del go- bierno, el nombramiento del ban- quero afiliado al PSDB, Henrique Meirelles, como presidente del Ban- co Central, fue relativamente poco criticado. La oposición más impor- tante fue la contestación indignada de la senadora Heloísa Helena, quien se negó a votar favorablemente al nom- bramiento de Meirelles (el presiden- te y los directores del Banco Central deben ser aprobados por el Senado); hubo todavía algunas críticas por la prensa (una de ellas hecha por el di- putado Raul Pont, ex intendente de Porto Alegre); Poco después, el
acuerdo para llevar al senador josé Sarney a la presidencia del Senado fue recusado solo por la senadora Heloísa Helena.
Durante el año 2003,1as críticas más fuertes a la mezcla del PT con los partidos de derecha se dirigieron a un tipo muy particular de “alianza”: la apertura de las filas del PT a políticos burgueses, conservadores y en algu- nos casos notoriamente corruptos. Fue criticada , por ejemplo, la afilia- ción al PT del gobernador electo en el estado de Roraima‘, posteriormen- te alejado del PT, cuando quedó en evidenCia su participación en un am- plio esquema de corrupción. Aún así, estas críticas vinieron solo de la i'z- quierda del PT, y no consiguieron impedir un amplio proceso de afilia- ción y de pérdida de identidad del PT.
Por otro. lado, en general la iz- quierda del PT centró sus críticas mucho más en las orientaciones polí- ticas (por ejemplo, en la política eco- nómica), y no pidió en casi ningún momento la sustitución delos res- ponsables por estas políticas (quein- cluían a los representantes de otros partidos en el gobierno, pero tam- bién a dirigentes del PT, como Paloc- ci); El úniCo ministro, salvo error, cu- ya Sustitución llegó a ser pedida, e in- cluso así de forma pocoenfática, y por un sector muy reducido de la iz- quierda del PT, fue Roberto Rodri- gues. Aún así, esto ocurrió cuando este ministro notoriamente vincula-
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dora la derecha ruralista defendió el derecho de los “fazendeiros” de ar- marse para enfrentar las ocupaciones de tierra.
“En el casode la política de alian- zas, no es posible siquiera vislumbrar alguna divergencia en el núcleo del gobierno o en la dirección del campo mayoritario del PT. El ministro di- rectamente responsable por lanego- ciación de las alianzas fue josé Dir- ceu, supuestamente el defensor más firme dentro del “núcleo duro” de una cara más petista para el gobierno.
IV — Un gobierno social-liberal Es un. hecho que el gobierno está atravesado por muchas contradiccio- nes, y vive muchos conflictos inter- nos, algunos de ellos muy importan- tes (por ejemplo, con relación al AL- CA o a la reforma agraria). Pero el análisis hecho anteriormente no deja dudas en cuanto a la existencia de una orientación general claramente hege- mónica, que se expresa antes que na- da en la política económica neoliberal y en la política de alianzas. La política económica ha recibido muchas críti- cas, pero su continuidad está siendo garantizada por Lula. En cuanto a la política de alianzas, ni siquiera está expuesta a una crítica significativa. Es bastante claro que los conflic- tos en el interior del núcleo del go- bierno no ponen en duda la continui- dad de la política económica neoli- beral, y que la política de alianzas am- plias con todos los sectores burgueses
es defendida por todos sus miem- bros. Por lo tanto, la continuidad de estas alianzas alcanza para impedir cualquier cambio significativo en la orientación general del gobierno. Nadie con sentido común puede es- perar que el senador joSé Sarney, el senador António Carlos Magalháes o el ex intendente Paulo Maluf acepten una orientación progresista del go- bierno.
El núcleo del gobierno está clara- mente mucho más identificado con los ministros más conservadores y burgueses (con Palocci — él mismo miembro del núcleo de gobiemo - y su equipo, con Rodrigues, con Fur- lan) que con los ministros más a la iz- quierda, que defienden intereses po- pulares. Estos últimos tienen un pa- pel claramente limitado y subordina- do, y son mantenidos en el gobierno como concesión a la base social tradi- cional del PT, para evitar que ésta va- ya toda para la oposición.
Aunque los sectores contrarios al ALCA en el interior del gobierno vie-’- nen impidiendo su implementación, la orientación general de la política económica no será alterada. Tampoco la hipótesis (que no parece muy rea- lista) de ejecución del Plan de refor- ma agraria defendido por el MDA se- ría suficiente para revertir el carácter de subordinación a la amplia alianza realizada con sectores burgueses, que el gobierno impuso a los intereses populares.
Tal vez uno de los hechos que me-
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jor expresa el carácter del gobierno sea la constatación de que, en rigor, no tiene oposición desde la derecha. La razón es clara: el gobierno Lula puso en práctica, en lo fundamental, el programa de la derecha. De hecho, las iniciativas políticas centrales del gobierno Lula siguieron y profundi- zaron proyectos anteriores del go- bierno de F.H.Cardoso, siguieron el modelo del FMI y del Banco Mun- dial, y fueron diseñadas principal- mente para agradar a los mercados fi- nancieros.
Por supuesto hay sectores que se diferencian por derecha de ciertas orientaciones del gobierno Lula, y que las combaten; La prensa más conservadora (por ejemplo, la revista Veja y el diario Oki-Estado. de S. Paulo) desarrolla una campaña permanente contra la posición del Ministerio de Relaciones Exteriores, contra las po- siciones del MDA y contra las posi- ciones del Ministerio del Medio Am- biente (el tema del medio ambiente es uno delos temas en el cual hay más divergencias internas en el gobierno Lula). Pero en esta pelea, esta prensa apoya y es apoyada por sectores del propio gobierno. O sea, los sectores que están más a la derecha en algunas áreas más progresistas del gobierno Lula están también representados en
el mismo gobierno. Por ejemplo, por
el ministro Roberto; Rodrigues, por el equipo del Banco Central o por los sectores dominantes del equipo del Ministerio de Hacienda.
La conclusión a la que debemos llegar es por lo tanto muy clara. El go- bierno Lula no está en disputa, si por es- to entendemos la disputa de su orien- tación general. Todo indica que un cambio significativo de sus rumbos solo podrá darse si la insatisfacción social y la oposición popular tuvieran un crecimiento suficiente para deses- tabilizar el gobierno (yvla dirección del PT), para obligarlo a reformular toda su política de alianzas, y a apo- yarse en la movilización social, etc. Este cambio, empero, ya sería un cambio contrariando la orientación am- pliamente hegemónica del gobierno. Y nada garantiza que ante una crisis más grave el gobierno Lula, con su composición y orientación actuales, se inclinaría para la izquierda. Ade- más de eso, a pesar de que la insatis- facción social esté creciendo, aún es- tamos lejos de una rebelión popular.
Al comienzo del gobierno Lula, la idea que él. tenía “dos almas" era aceptable (como fue argumentado en el artículo de joáo Machado, “Les deux ames du gouvernement Lula”, en Inprecor n" 478/479, enero-febrero 2003). Ya en ese entonces era posible percibir que de las dos almas la con- servadora predominaba, y el argu- mento más'fuerte para mantener una perspectivaTrelativamenteaabierta era laípreocupación de no hacer una. eva- luación- dernasiado negativa al inicio, ante las esperanzas que el gobierno Lula despertaba incluso en la izquier- da — un realismo más riguroso enton-
Cuadernos del Sur
IOI
ces-podía ser considerado una mani- festación derrotista de pesimismo. Después de más de 14 meses, sin em- bargo, es preciso decir que el “alma” de izquierda está siendo completa- mente sofocada.
Los argumentos que todavía se encuentran a la izquierda para man- tenerla idea de que es posible dispu- tar la orientación general del gobier- no, pertenecen más al terreno del wishful thinking que al análisis políti- co. Pesa mucho en la búsqueda de es- tos argumentos la visión de que la frustración con el gobierno Lula re- presentará una derrota histórica para la izquierda brasileña. Aunque sea muy difícil evaluar el marco que ten- dremos después del gobierno Lula, es ciertamente probable que la izquier- da auténtica esté por algún tiempo más débil que en el período desde 1989 hasta 2002, durante el cual el PT era un partido socialista capaz de dispütar el gobierno de Brasil. Aquel PT, sin embargo, está siendo destrui- do por su dirección, y por el gobierno que ayudó a elegirla. La negativa a mirar esta situación de frente solo
podrá agravar el impacto negativo de la derrota.
El gobierno Lula tiene una orientación general neoliberal, o social-liberal, to- mando en cuenta que aplica una políti- ca neoliberal apoyándose antes que nada en un partido de traditión socialista. Es un gobierno de colaboración de clases, que subordina los intereses popula- res a una alianza privilegiada con la burguesía, tanto brasileña como im- perialista.
La explicación de cómo fue posi- ble que el PT llegara a encabezar un gobierno con estas características va más allá de los limites de este artícu- lo. También excede estos limites la discusión de la posición que los sec- tores de izquierda deben adoptar en el difícil marco brasileño actual.
Sin embargo, una cuestión se deri- va directamente del análisis realizado: la participación en el gobierno Lula es cada vez más contradictoria con la de- fensa de los intereses populares y el socialismo. La izquierda socialista del PT (y de otros partidos) se encuentra ante la necesidad cada vez más apre- miante de romper con este gobierno.
dialéktica
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zapatistas, piqueteros y sin tierra Nuevas radicalidades políticas ' en América latina
Hernán Ouviña*
No digan que el movimiento social excluye el movimiento político.
No existe movimiento político que no sea so-
cial al mismo tiempo
Karl Marx
l presente trabajo tiene por
objeto realizar un breve aná-
lisis comparativo de los prin- cipales movimientos sociales que han emergido y se han consolidado al calor de la implementación de las políticas neoliberales en las dos últie mas décadas en la'región. Nuestra intención, por supuesto, no es ago- tar el tema, sino más bien esbozar una introducción a la problemática en cuestión, denominada por la ma- yoría de los autores como “Nuevos Movimientos Sociales” (en adelan-
te nms), a partir de la investigación en tres países: México, Argentina y Brasil.
Se comenzará discutiendo en "un nivel teórico qué entendemos por nm; y cuan innovadores resultan con respecto a las organizaciones y gru- pos precedentes. Luego, se realizará una distinción entre los movimien- tos europeos y los de nuestro sub- continente. En tercer lugar, a partir de una serie de ejes y características generales (composición social, orga- nización, discurso emitido y formas de lucha) que tornan plausible su comparación, se abordará el surgi- miento y la dinámica del zapatismo (México), el movimiento piqueterol (Argentina) y el Movimiento de Tra- bajadores Rurales Sin Tierra (Bra-
/
* Docente de la Facultad de Ciencias Sociales '(UBA). Investigador Becario del CONICEI'. Compilador del libro La rebelión en pasamontañas. Lecturas y diálogos a diez años del alza- miento zapatista, de próxima publicación. Integrante del comité editorial de Cuadernos del Sur.
1 En este caso, "haremos hincapié en los movimientos de trabajadores desocupados de carácter autónomo, entendiendo por tales a aquellos que, desde una construcción territorial cotidiana de nuevas relaciones sociales, no dependen de ningún partido político ni central sin-
dical.
Cuadernos del Sur
103
sil), intentando dar cuenta de las di- ferenciasy similitudes, entre ,ellos. Por último, como complemento a modo de Apéndice, s‘e’iprofundiZará en el estudio de cada uno de los mo- vimientos mencionados.
Una aclaración necesaria: que hay de nuevo en los nms
Se ha convertido en un lugar co- mún hablar de nms a la hora de refe- rirse a los sujetos colectivos que irrumpieron en los últimos veinte años en buena parte de América lati- na, al calor de la creciente “exclu- sión” social, la crisis de representa- ción y la erosión. de los mecanismos de participación política. Sin embar- go, es preciso desmistificar su carác- ter totalmente novedoSo. Como bien expresan'Riechman y Fernan-,- dez Buey (1994) “la historia misma de lassociedades modernas es una historia de movimientos, sociales”, por lo que referirse de esta manera a aquellos grupos humanos que pre- senten características innovadoras resulta, cuanto menos, un exceso te- órico y político,
No obstante, sería igualmente absurdo suponer . que estos movi- mientos socio-políticos son una co- pia fiel de aquellos derrotados, o co-
optados a nivel” institucional, en los tumultuosos añ‘ós ‘70 y ‘80. La trage-
dia no se ha repetido, pues, como
farsa. ¿Cuáles son entonces, a gran- des rasgos, los factores que inducen
(aillamarlosde esta forma? Previa- mente, es preciso poner de mani-
fiesto un escollo mayúsculo existen- te al interior de la teoría crítica con- temporánea, respecto del análisis de este cúmulo de fenómenos recien- tes: no lograr gestar y dar a luz una nueva matriz de intelección, que lo ha- bilite para pensar dichos sucesos, distinguiendo lo nuevo de la expe- riencia tradicionalz. Tal vez estemos, como ha enunciado Raquel Gutié- rrez Aguilar (2002) “ante la necesi- dad de una nueva pauta sintética de comprensión de los eventos, que contribuya a iluminar el hacer y a trazar esquemas de horizontes posi- bles”. Lo cierto es que se torna im- prescindible el surgimiento de teorí- as que, desde variados ángulos con- ceptuales e' interdisciplinarios, abor- den la complejidad de este fenóme- no actual.
Por ello, una primer cuestión. a destacar es que la emergencia de es- tas originales formas de protesta res- ponde en parte a una nueva estruc- tura socio-económica marcada por
2 Hace varias décadas, a propósito del carácter novedoso de las luchas obreras norte- americanas respecto de las europeas, Mario Tronti (2001) señalaba que "las luchas obreras tienen hoy necesidad de una nueva unidad de medida". Tal como se expresa en el Editorial de Cuadernos del Sur N° 34 de noviembre de 2002, también Ia teoria política requiere hoy pensar una nueva unidad de medida, que le permita medir efectivamente los alcancesy limi- taciones de los innovadores modos de organización y lucha sociales.
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la paulatina desindus-trializa'ción y la pérdida de derechos colectivos (Gu- tiérrez Aguilar, 2002). Si en las déca-, das pasadas la mayoría de las luchas remitían al espacio laboral --predo- minantemente el fabril- como ám- bito 'cohesionador e identitario, hoy en día las modalidades de protesta social exceden la problemática del trabajo, anclándose más-en prácticas de tipo territorialesJ. La vivienda y la comida, la ecología, los servicios pú- blicos, los derechos humanos ola recuperación de valores tradiciona- les, que tienden a sersubsumidos dentro del proceso de globalización capitalista en curso, sonalgunos de los principales ejes que atraviesan'a los nmr‘. La sociedad misma deviene un instancia de confrontación don-a de la producción y la reproducción tienden a confundirse5.
En segundo lugar, es importante señalar que los partidos políticos es- tablecidos,=m'áS€allá de su tendencia ideológica, han internalizado la cri- sis del Estado “intervencionista” (sea en" su faceta benefactora en Eu- ropa, o en la populista en América latina) y, por lo tanto, ya no se muestran aptos para mediar en la relación Estado-Sociedad. Esto se constata,lcomo indica Claus Offe (1996), en su incompetencia mani- fiesta y su capacidad de respuesta insuficiente ante -el conjunto de problemas que plantean una nece- saria resolución en términos públi- cos y comunitarios.
Esta conjunción de factores ge- neró precisamente la emergencia de organizaciones qu'e cuestionanlo'slí- mite: de politica institucional, y que. la literatura especializada denominó
3 A este fenómeno, Sergio Tischler (2002) lo ha llamado 'ïcrisis del sujeto leninista”.
4 Huelga aclarar que esto no implica que anteriormente no existieran este tipo de deman- das, sino que más bien en la etapa actual han cobrado un protagonismo y relevancia inusi- tados.
5 De manera premonitoria, Evers, Muller-Plantenberg y Spessart (1982) advertían ya a comienzos de los años '80 sobre las consecuencias políticas de una interpretación ortodoxa de las luchas en la esfera de Ia reproducción: "muchas organizaciones de la izquierda latino- americana asignan una relevancia secundaria a estas formas de resistencia social. Por consi- guiente, el ’avance' de estas organizaciones se identifica con su subordinación a las 'verda- deras’ organizaciones de lucha social -sindicatos y partidos- para disolverse tendencialmente en ellas” (...) "Si no se consigue hegemonizar un determinado movimiento, se pasa a utili- zarlo -como campo de agitación y de reclutamiento, cuando no se lo boicotea y denuncia abiertamente como ’desviación’ de la verdadera lucha de clases”. Esta práctica instrumenta» lista se asemeja (en grado sumo a la relación que en nuestro país han intentado establecer la mayoría de los partidos políticos con los nrns (engespecia‘licon los sectores piqueteros y asamblearios): ‘
6 Locual no significa, por supuesto, que no sean ala vez movimientos políticos, .en la medida en que (reivindicanser reconocidos como actores politicos por la comunidad amplia —aunque sus formas de acción no disfruten de una legitimación conferida por instituciones sociales establecidas- y que apuntan a objetivos cuya consecución tendria efectos que afec- tarían a la sociedad en su conjunto más que el mismo grupo solamente" (Offe, 1996).
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nms: Más allá‘ de sus especificidades, ellos surgen como una respuesta social a un vacío políticoó. En Arné- rica latina, en particular, expresan ’un cierto desencanto con'relación a los partidos políticos y, en especial al Estado, como espacios únicos de ca- nalización de demandas o elimina- ción satisfactoria de conflictos. De acuerdo a Eslavoj Zizek (2000), di- fieren de los movimientos tradicio- nales “por una cierta autolirn‘ita- ción, cuyo reverso es un cierto ex- cedente”: son renuentes a entrar en la disputa habitual por el poder, su-‘ brayando su resistencia a convertir- se en una estructura partidaria rígi- da que aspire a devenir en futura mayoría gubernamental, pero al mismo tiempo dejan-en claro que su-meta es mucho más. radÍCal, en tanto luchan por una transforma- ción fundamental del _modo de ac- tuar y de las creencias. Este proyec- to integral “de cambio de paradigma de vida”, dirá Zizek, “necesaria- mente socava las bases mismas de la democracia formal”. , Por otra parte, a la hora de definir su carácter novedoso, es preciso te- ner en cuenta que el mismo no ne- cesariamente está vinculado con una cuestión cronológica, sino ante todo cualitativa. Definiremos en- tonces a los nms, siguiendo a Michel Vakaloulis (2000), como un conjunto cambiante de relaciones sociales de pro- testa que emergen en el seno del capitalis- mo contemporáneo. Estas relaciones se
desarrollan de forma‘ desigual eri sus ritmos, su existencia reivindica- tiva, su constancia y su proyección en el futuro y en su importancia po- lítica e ideológica. El origen común es el conflicto, rde forma directa e indirecta, con lamaterialidad de las relaciones de poder y dominación. No obstante, cabe aclarar que según esta, concepción el movimiento so- cial no constituye un proceso lineal que —en términos de una visión ,de-. terminista de la lucha de clases- ex- presaría el carácter inexorable de las resistencias a los procesos de explo- tación y de dominación capitalista. Al mismo tiempo, podemos men- cionar como característica distintiva de los nms, el hecho de que al no es- tar bajo el mando de elites políticas externas, tienen con frecuencia for- mas de organización menos autori- tarias. En este aspecto, según Luis Alberto Restrepo (1990), hay inclu- so “una ruptura consciente con las modalidades verticales de ejercicio de la autoridad propias de los movi- mientos tradicionales”. No son es- tas, por cierto, las únicas distincio- nes sustanciales que nos obligan a utilizar la noción de nms para deno- minar a movimientos tales como los sin tierra, los zapatistas y los pi- queteros. Como veremos más ade- lante, también entran en juego en los últimos años nuevos grupos so- ciales, originales fórmas de lucha, así como motivaciones políticas dis- tintas a las clásicas.
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Algunas diferencias y similitudes entre los nms de América latina y los de países capitalistas centrales
Un primer punto a tener en cuenta al realizar una comparación entre los nms de los países capitalistas occidentales y los de la periferia es que, a diferencia de los del llamado Primer-Mundo (feminismo,,ecolo- gisrno, pacifisrno, “vglobalifóbicos”, etc.), que constituyen casi en su to- talidad acciones colectivas desde sectores del centro, los de latinoa- merica pueden verse como una rebe- lión desde los márgenes. Esto se debe fundamentalmente a su composi- ción social: silos múltiples colecti- vos que pululan en Europa, N ortea- mérica y Canadá son integrados por hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, de buena posición econó- mica (nueva clase media, vieja o tra- dicional clase media, y en menor medida sectores periféricos al mer- cado de trabajo), con un nivel alto de educación y perdida de algunos be- neficios del Estado de Bienestar, en el caso de América latina buena par,-
te de las luchas actuales són protago-‘
nizadas por móvimientos compues- tos por “excluidos” —sean estos deso- cupados, indígenas o trabajadores
rurales-, con escaso o nulo nivel edu- cativo.
.En segundo término, cabe desta- car que el tipo- de relación que establecen con las estructuras del Estado varía: mientras que en Europa gran parte de los nms han devenido en organi- zaciones cuyas acciones apuntan a consolidar un espacio de negocia- ción y transformación soCial en el sel- no del Estado-mismo (el- movimiento ecologista alemán, a través de la con- formación del Partido de los Verdes, es paradigmático al respecto), en nuestra reg-ión, el zapatismo, los Sin Tierra y los piqueteros no parecen fo- caliza'r‘susacciones hacia una vocación de gobierno. El caso extremo lo repre- senta el EZLN, quien tiene como premisa excluyente para la totalidad de sus miembros el renunciar a la as- piración de cualquier tipo de cargo político. La apuesta es, esencialmen- te, hacia el fortalecimiento de la “so- ciedad civil” y de sus redes horizon- tales de solidaridad y resistencia. Al- go similar ocurre con la mayoría de los movimientos piqueteros en Ar- gentina. Salvo la Federaciónde‘Tie- rra y Vivienda, que postuló margi- nalmente como candidato a Luis D’Elia, el resto .de ellos descree del proceso electoral y del Parlamento
7 Así lo manifiestan, por ejemplo, los Movimientos de-Trabajadores Desocupados de Solano, Almirante Brown y Lanús (2001): “Hacemosnpolitica, al organizamos en los barrios, al confrontar contra las instituciones del ..Estado que sostienen este sistema -de hambre y muerte, al organizar nuestro futuro al margen de los aparatos burocráticos, los partidos polí- ticos y los sindicatos tradicionales, al defender exclusivamente los intereses de los trabajado- res y el pueblnY seguiremos haciendo 'esta’ política hasta conquistar el CAMBIO SOCIAL que garantice una vida digna y un futuro con justicia y libertad para todos”.
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como instancia decisoria prioritaria. Ello no implica, por supuesto, que no sean conscientes de que, aunque de forma diferenciada, realizan una práctica política constante7.- Sí supo- ne la no subordinación del movi- miento alos tiempos estatales. La re- lación del MST con el Partido de los Trabajadores es al respecto ejempli- ficadora: Si bien mantienen un vín- culo estrecho, alpunto de postular en algunos estados candidatos en conjunto, no omiten denunciar a la corriente hegemónica del PT como “gerenciadora de la crisis” (Stedile, 1998), ni menguan su capacidad de presión a través de la toma de ha- ciendas en aquellos distritos gober- nados por tendencias de izquierdaB. En tercer lugar, la construcciónde organismos de contra-poder tiene co- mo precondición lacreación y experi- mentación de nuevas relaciones. sociales no escindidas de lo cotidiano: las cooperati- vas rurales de los campesinos brasile- ñ0s, los proyectos productivos de tra- bajo realizados por los piqueteros, y
las tierras comunales cultivadas en los Municipios Autónomos chiapanecos, constituyen en todos los casos instan- cias donde lo político y loeconómico, lejos de verse como compartimentos separados, se amalgaman concreta- mente‘). Los tres movimientos plas- man así de manera embrionaria, en sus prácticas territoriales mismas, los gérmenes de la sociedad futura por la cual luchan,,en la medida en que en.- sayan “aquí y ahora” una transforma- ción integral de la vida. Se amplía, pues, la esfera de lo politico, arraigando cada vez más en el seno mismo de la sociedad civil. Por contraste, muchos de los grupos que conforman el mo- vimiento “alter-globalizador”, tien- den a subsumir sus prácticas a los es- pasmódicos momentos en que los principales funcionarios de los orga- nismos financieros internacionales se reúnen en ciudades europeas, priori- zando el carácter mediático y virtual de la protesta por sobre la territoriali- zación y expansión de nuevos víncu- los sociales").
3 Esta tensión, inherente a la lucha misma en y contra la sociedad capitalista, es sinteti- zada por Claudio Albertani (2003) en los siguientes terminos: "Los Estados-nación siguen ahí; son nuestros enemigos y también son nuestros interlocutores. No podemos bajarla guardia: tenemos que presionarlos, hostigarlos, acosarlos. En ocasiones habremos de negociar y lo haremos con autonomía". '
9 A esto se ha referido en reiteradas ocasiones el MST al postular que "democracia es tener el estomago lleno”, pregonando al mismo tiempo que "no es posible la justicia sin Reforma Agraria”
¡0 Una de las pocas excepciones es el caso tanto de los "sin papeles" (migrantes ilegales) como del "precariado" (hombres y mujeres cuyas dimensiones de la vida, incluida la labo- ral, se encuentran asoladas por la incertidumbre y la movilidad impuesta), quienes —no exen- tos de contradicciones- intentan generar desde su cotidianeidad una nueva sociabilidad insu- misa y no capitalista, desligada de esta lógica espectacular. Desde otra perspectiva, los een- tros sociales okupas pueden verse como ámbitos de similar construcción auto-gestiva.
108 Mayo deao04
No obstante, más allá de-estas y otras tantas diferencias reales, se han ido generando espacios de coordina- ción e intercambio de experiencias de lucha y organización entre ambos movimientos, entre los que cabe des- tacar al Foro Social Mundial realizado en la ciudad de Porto Alegre (Brasil) durante sus primeros tres años“, y en la India en su última convocatoria, así como la Via Campesina, en el ámbito rural. De menor envergadura —aun- que no radicalidad—, el Encuentro Inter- nacional cle-Pensamiento Autónomo, con- vocado en enero de 2004 en el sur del Gran Buenos Aires, ha sido también un terreno de diálogo y reflexión de aquellos movimientos que apuntan, sin perder su vocación universalista, a una construcción más de tipo experi- mental. Estos encuentros han sido sumamente fructíferos para generar una perspectiva internacional que, respetando la diversidad de intereses antes descripta, pueda llegar a amalga- mar a escala mundial los discursos y práCticas contra-hegem‘ónicos de los sectores perjudicados por la imposi- ción de políticas neoliberales. De to- das maneras, retomaremos esta dis- cusión en las conclusiones finales.
América latina en resistencia: cartografia de tres movimientos
En México, Brasil y Argentina
existen hoy en día amplios movi-
mientos sociales y políticos que, más allá de sus particularidades, tienen una serie de característicasgenerales que permiten esbozar un análisis comparado”. Los principales ejes que los atraviesan son los siguientes:
1. Composición social. 2. Organización.
3. Discurso emi-tido.
4. Formas de lucha.
Respecto del primer punto, pue- de afirmarse que la progresiva margi- nalidad conforma un rasgovcovmún de estos sectores en lucha. Campesinos y trabajadores rurales empobrecidos en el caso de los SinTierra, indíge- nas sometidos a una cultura -y una dinámica laboral ajenas, en Chiapas, así como desocupados, pobres es- tructurales, y clase media pauperiza- da, en las zonas periféricas de Argen- tina, dan cuenta de similares grupos sociales, mayoritariamente defini- dos por su carácter de “excluidos”'3,
¡1 También se han organizado, en paralelo, Foros "temáticos" en Argentina, Italia y Uruguay.
12 Vale Ia pena recordar que, no casualmente, los tres paises han atravesado profundas cri- sis financieras (México en 1994, Brasil en 1999, y Argentina en 2001). En términos econó- micos, en cada uno de los casos se constataron mecanismos'similares que las fomentaron: tipos de cambio sobrevaluado, endeudamiento, incapacidad de mantener los niveles de deuda y creciente especulación bursátil, entre otros (Sader, 2002). '
13 Huelga aclarar que esta caracterización no supone concebir a estos sujetos sociales como ajenos o externos a la dinámica capitalista. Antes bien, se encuentran precisamente incluídos en una variedad de redes de'control y reproducción de Ia vida en tanto que exclui-
Cuademos del Sur
IOQ
en sociedades “que, co‘mparativa- mente, resultan las más industriali- zadas de la región. ur .,
No estaríamos en presencia, por lo tanto, de un simple antagonismo en- tre capital y trabajo, entendido en. su sentido clásico y restringido, aunque tampoco podemos expresar, como ha- ce Alain Touraine. (1984), que se han “disuelto” los conflictos de clase. Lo que ha ocurrido, creemos, es una cre- ciente complejización de dichas ten- siones, en el marco de una heteroge- neidad estructural de las relaciones so- ciales que torna específica y diferen- cial a América latina respecto de Euro- pa. Por ello, siguiendo a Arturo Fer- nandez (1991) podemos decir que si bienlos conceptos de clase y movimien- to social no pueden confundirse ni sub- sumirse, Y es imperioso realizar un ‘Ïanálisis flexible y particularizado de la naturaleza de clase de cualquier mo- vimiento sOcial”, a los efectos de-“en- riquecer y clarificar su comprensión y estudio prospectivo, sobre todo en re- giones como la latinoamericana”.
Con relación al segundo punto, el ejercicio de la democraciadirecta
y un alto grado de horizontalidad són dos de los ejes vertebradores de los movimientos, de manera tal que los fines propuestos por ellos están contenidos en sus propios medios de construcción, despojándose del cri- terio instrumentalista predominante durante décadas en la izquierda clá- sica. La organización del zapatismo, por ejemplo, invierte la lógica tradi- cional de los partidos leninistas: las “bases” son las que se encuentran en la cúspide decisional, por debajo de la cual —se ubica el Comité Clandesti- no Revolucionario Indígena, cuyos miembros son nombrados por las mismas. comunidades, instancia de máxima jerarquía al interior del EZLN; Esta estructura es la que ga- rantiza en último término que “el que mande, lo haga obedeciendo”, como ellos dicen. La reciente crea- ción de las juntas de Buen Gobierno" no hace más que profundizar este proceso democrático. También el movimiento piquetero se delinea a través de lapráctica asamblearia, más allá de las diferencias ideológicas en- tre los diversos grupos‘s; El órgano
dos de los medios y recursos necesarios para garantizarla de manera autónoma con respec- to al capital y a| Estado.
14 Surgidas en agosto de 2003, pueden ser vistas como instancias regionales de autogo- bierno, que intentan coordinar la actividad de los Municipios Autónomos en Rebeldíq crea- dos, en diciembre de 1994 con el objetivo de quebrar elcerco militar impuesto por el gobier- no de Salinas de Gortari. De acuerdo al EZLN (2003), cada Junta "representa un esfuerzo organizativo de las comunidades, no sólo para enfrentar los problemas de la autonomía, tam- bién para construir un puente más directo entre ellas y el mundo”
‘5 El Movimiento Teresa Rodriguez expresa por ejemplo en su Libro Celeste (especie de manifiesto fundacional): "el alma de nuestro Movimiento son los Cabildos (asambleas). Quienes integramos el MTR gobernamos y deliberamos a través de nosotros mismos. No delegamos en nadie ni el gobierno ni nuestracapacidad de deliberar. Nos reunimos en
no Mayo, de 2004
supremo donde se toman las deci- siones se encuentra conformado por delegados de cuadrillas de trabajo, emprendimientos productivos o con medores barriales. El Movimiento Sin Tierra, por su parte, se estructu- ra sobre la base de comisiones que designan democráticamente una di- rección política “colectiva”, evitando las figuras de presidente, secretario y tesorero. Ello no implica, por su- puesto, que no existan en lostres ca- sos ámbitos representativos. Pero sí supone una dinámica participativa y de discusión permanente por parte del conjunto de los miembros del movimiento, en las diferentes ins- tancias deliberativas conformadas por una red de articulación basada en el consenso.
Otra característica singular que atraviesa a estos grupos es que sus dirigentes y referentes máximos tie- nen un compromiSo vital muy fuer- te con las comunidades donde se de- sarrollan las luchas y experiencias autónomas. Allí habitan, y compar- ten con la comunidad las condicio- nes de existencia, como bien señala Guillermo Cieza (2002). Se percibe, por lo tanto, un distanciamiento so- cial relativamente pequeño entre los líderes y los demás miembros o inte- grantes, por contraste a las agrupa-
ciones tradicionales (sindicatos, par- tidos políticos, etc.), cuya estructura organizativa de tipo piramidal escin- de en muchos casos al extremo las bases de sus respectivas cúpulas‘diri- gentes;
En tercer lugar, los discursos pre- gonados se sustraen en grado su'mo al de los años ’70, si bien en todos los casos recuperan algunas consignas elaboradas por aquel entonces, re- signiflcándolas en función de sus prácticas concretas de resistencia. Además del humanismo guevarista, resulta llamativa la influencia en los tresmovimientos, aunque en grados diferentes, de la teología de la libera- ción: los curas y militantescristianos de base brindaron un aporte funda- mental para la conformación de las primeras agrupaciones de trabajado- res deSocupados'ó en Argentina. Las
comunidades eclesiásticas de la
“Iglesia progresista”, a su vez, dieron sustento a la lucha del MST brasile- ño desde sus inicios, propagando el “espíritu misionero” de compañe- rismo y solidaridad en el campo, a través de la Comisión Pastoral de la Tierra. En San Cristóbal de las Ca- sas, por su parte, la acción del obispo. Samuel Ruiz y de su diócesis ha con- tribuido enormemente a la consoli-
dación del zapatismo.
Cabildos y decidimos por consenso o por mayoría que se hace o se'deja de hacer. Además, elegimos entre nosotros a los compañeros que consideramos los más capaces para encabe- zar la-ejecución —y sólo la ejecución- de lo resuelto."
1° Cabe mencionar los casos de Alberto Spagnolo, ex párroco y miembro del núcleo fun- dador del MTD? de Solano, y Luis D'Elia, demócrata cristiano y máximo referente de la FI'V.
Cuadernos del'Sur
III
Estas tradiciones de lucha se com- binancon dos rasgos que denotan una radical innovación: la demanda de au- tonomía frente al Estado y la ausencia de una auto-proclamación de van- guardia”. Al mismo tiempo, la apela- ción permanente a la palabra “digni- dad” atraviesa, curiosamente, a los tres movimientos”. La negatiuidad o el rechazo hacia políticas estatales o cor- porativas excluyentes es, asimismo, central”: El grito de ¡Ya basta! con el cual se dio a conocer el 1 de enero de 1994 el EZLN, o el bloqueo de rutas y caminos por parte de los grupos pi- queteros, obstruyendo la circulación
del capital”, son ejemplos claros de
ambiente y de los recursos naturales, y la problemática de género, se en- cuentran entre sus principales reivin- dicaciones. N o obstante, aunque cada uno de estos nm: nace expresando un profundo desacuerdo con el orden exis-. tente, no es cierto que seagoten en la misma protesta. Proponen, en parale- lo, variadas soluciones frente al actual estado de cosasll. Basta leer las De- mandas Políticas, Económicas y Cul- turales puestas a discusión por el za- patismo en la Primer Consulta Na- cional e Internacional por la Paz y la Democracia, o los sucesivos Progra- mas de la Asamblea Nacional de Tra- bajadores Ocupados y Desocupados
ello. También la defensa del medio votados por los diferentes movimien-
17 Si Joao Pedro Stedile (1998), dirigente nacional del MST, ha manifestado su rechazo al calificativo de "vanguardia", lo propio han hecho los zapatistas al expresar que el, cambio revo- lucionario que preconizan es "anti-vanguardista". En cuanto al movimiento piquetero, si bien existen divergencias en su seno, gran parte de ellos efectúan críticas a la concepción marxis- ta tradicional de vanguardia, en especial los MTD’s (nucleados o no en torno a la Coordinadora de Trabajadores Desocupados-Anibal Verón) y la Unión de Trabajadores Desocupados de General Mosconi.
13 En el caso de los piqueteros, la consigna levantada por todos ellos es "trabajo, dignidad y cambio social”. Los zapatistas, a su vez, han definido su movimiento como una "revuelta de la dignidad”. El Movimiento Sin Tierra, por su parte, postula como uno de los ejes centrales de su Programa de Reforma Agraria de 1995 "la construcción de la dignidad a través de la democratización de la tierra y de los medios de prodUCCión".
19 En este sentido, Alain Touraine (1984) define a la “oposición” (contra quién luchan) como uno de los tres principios de existencia de los movimientos sociales. Los otros dos prin- cipios son el de "identidad" (a quien representan) y el de totalidad (en nombre de qué valo- res generales lo hacen). Raúl Zibechi (2002) ha llegado incluso a calificar a esta iniciativa como una “capacidad de veto" por parte de los nrns, que tiende a desmembrar los meca- nismos de reproducción del sistema._ I
20 Si bien no podemos ampliarla en el presente texto, coincidimos con la hipótesis for- mulada por Friedrich Jameson (1998) de que en la fase de subsunción real del capital se vive "un transito de la producción a la circulación”. En este contexto, el piquete adquiere una creciente centralidad en la dinámica antagonista de la lucha de clases.
2' Parafraseando a Antonio Negri (2003), podemos decir al respecto que "el trabajo vivo no sólo rechaza su abstracción en el proceso de valorización capitalista y de producción de plusvalor, sino que a su vez plantea un esquema alternativo de valorización, la autovaloriza- ción del trabajo".
112 Mayo de 2004
tos piqueteros, o los numerosos do- cumentos de Reforma Agraria elabo- rados por los Sin Tierra de Brasil. Finalmente, en cuanto a las me- todologías de lucha y confrontación, lo que los moviliza a la acción directa es la necesidad de luchar contra el intento de desartiCular instancias, valores y culturas arraigados en la comunidad. En este sentido,lha sido fundamental la oposición al NAFTA (surgimiento del zapatismo como respuesta a su puesta de vigencia en México) y, de manera más generali- zada, a la futura implementación del ALCA (Tratado de Libre Comercio de las Américas) en el continente, al punto de condicionar varias de las prácticas resistencia utilizadas por los múltiples movimientos sociales. Ca- be mencionar como proceso corn- plementario la creación de espacios territoriales autónomos —o “públicos no estatales”- a los efectos de generar un ámbito material independiente de las formas tradicionales de rela- ciones sociales, que recupere la uni- cidad cultural, e incluso en algunos casos lingüísta y étnica, sin descuidar en paralelo el respeto ala diversidad. Si en el caso del MST, la centralidad de la demanda de tierra se percibe en sunombre mismo, en el zapatismo también cumple un papel funda- mental: tal como expresa Harry Cle- aver (2000), uno de los puntos noda-
les del conflicto actual en Chiapas se encuentra en el cercado y privatiza- ción de terrenos comunales indíge- nas, a partir de la modificación del artículo 27 de la Constitución Na- cional en 1992. En menor medida, también el movimiento piquetero basa buena parte de sus prácticas en la constitución de un eSpacio auto- gestionario de producción colectiva. La exigencia por parte'de trabajado- res desocupados de la apertura de antiguos polos industriales que es- tructuraban la vida de pueblos ente- ros, en especial en ciertas regiones periféricas del país, subordinado a las Asambleas Vecinales que gestio- nan de manera democrática los pla- nes de empleo (v.g. - Mosconi) da cuenta de una dinámica similar. La ocupación de predios, fábricas y es- tablecimientos en desuso, y su pues- ta en funcionamiento teniendo co- mo horizonte el trabajo desmercan- tilizado, es parte de este proceso; Ca- be destacar que, en los tres casos, aún cuando no se valen de los cana- les tradicionales para efectuar sus re- clamos, en numerosas ocasiones los utilicen. Por ello, si bien las modali- dades de protesta son menos institu- cionalizadas, sin duda ha habido un avance desde acciones más desarti- c‘uladas, a formas sistemáticas de manifestación”, sustentadas por re- cursos y fuentes no convencionales
22 El ejemplo más claro son las cortes de ruta en la Argentina: de ser manifestaciones espon- táneas y caótic'as, han devenidoen un mecanismo de presión frente al Estado, sumamente
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que potencian la desobediencia Civil.
Sinzembargo, sería erróneo idea- lizar este tipo de prácticas, descono- ciendo que muchas de las demandas solicitadas por estos movimientos se vinculan con garantizar una subsis- tencia minimamente digna. En este sentido, cabe preguntarse si las nue-‘ vas formas de protesta —de las cuales el zapatismo, los sin tierra y los pi- queteros son una desus mayores ex- presiones, aunque desde ya no la única23- no se hallan en parte más orientados a la Satisfacción de nece- sidades básicas, siendo más puntua- les y defensivas que las correspon- dientes alas formas clásicas (v.g. mo- vimiento obrero europeo).
Vale la pena, por último, reflexio- nar en» torno al vínculo que los nms establecen con los partidos políticos más afines a sus intereses. En el caso de los Sin Tierra, la relación con el Partido de los Trabajadores es suma- mente ambigua: por un lado, man- tienen una relación fraternal, al pun-
to de. que algunos integrantes del MST, tal como. mencionamos, son legisladores electos por el PT. Aún así, no puede ser considerado el “brazo rural” del par-tido, debido a que las decisiones fundamentales de losSin Tierra son t‘omadas por fuer-a de ese ámbito“. Más allá de esta teni sión, si bien las organizaciones parti- darias de izquierda se han visto for- talecidas con las últimas elecciones nacionales y estaduales, el triunfo de Lula hasta el momento no redundó en un avance concreto hacia una po- sible toma de posición favorable del Estado, respecto de la conflictiva cuestión de la Reforma Agraria en BrasilZS.
En la Argentina, por constraste, la crisis-de representación» luego del 19 y el 20 ha dado como resultado una desestructuración del sistema de partidos y una erosión colosal de los niveles de credibilidad de la pobla- ción para con las organizaciones tra- dicionales, al punto de aparecer co-
planificado a través de variadas instancias de coordinación, tales como la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, el Bloque Piquetero Nacional y Ia'CTD Anibal Verón.
13 Otros casos paradigmáticos son el Movimiento Pachakutik de Bolivia y la Confederación de Nacionalidades lndígenas del Ecuador, que por razones ‘de eSpacio y complejidad no desa- rrollamos en este artículo.
.24 De hecho, Ia fuerza principal del MST radica. en su confrontación extraparlamentaria: la invasión de terrenos improductivos, el bloqueo de carreteras, la ocupación de los Institutos para la Reforma Agraria. La táctic‘a, la estrategia y los debates ideológicos del MST se deciden dentro del movimiento y no están subordinados al PT oa sus representantes parlamentarios. Por el contrario, ha sido el MST, ¿mediante estas. acciones, quien ha garantizado el compro- miso de los dirigentes con la lucha agraria.
25 Desde fines de marzo y durante el mes de abril de 2004, alrededor de 15.000 familias nucleadas en torno al MST iniciaron una ofensiva de toma de tierras como mecanismo de presión, ocupando más de 50 terrenos en 14 estados brasileños. '
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mo: una delas pocas consignas aglu- tinadoras el “¡que se vayan todos!” - al menos hasta marzo de 2003, mo.- mento en el cual tiende a perder vi- gencia. Los movimientos piquete- ros, si. bien en algunos casos forman parte de agrupaciones políticas de mayor envergadura, no han logrado aún configurar un espacio de coordi- nación transversal lo suficientemente sólido como para poder incorporar en la agenda pública sus demandas fundamentales26. Tampoco en el corto plazo se vislumbran iniciativas gubernamentales que apunten a erradicar los problemas de fondo que sentaron las bases de la actual desocupación estructural, por lo que no es descabellado pensar en un in- tento de represión estatal a mediana escala sobre los grupos más radicali- zados, en paralelo a la cooptación (a través de prebendas y concesiones materiales) de aquellas agrupaciones más propensas a la conciliación.
En México, finalmente, se ha abierto -con el quiebre de la prolon- gada hegemonía del Partido Revolu- cionario Institucional- un proceso de democratización todavía incierto, aunque el Partido de la Revolución Democrática no parece. generar ma- yores perspectivas de cambios pro- fundos. Sin embargo, enilos tres par- íses, más allá de las particularidades
descriptas, asoma un adelgazamien- to ’de la capacidad institucional del régimen representativo burgués pa- ra funcionar como mediación eficaz ante la protesta social'que inevitable- mente engendran las políticas neoli- berales santificadas desde el Con- senso de Washington (Yunez, 2002). Los partidos tradicionales, deposita-
.rios de la confianza y la expectativa
iniciales de las masas en la democra- cia en tanto garantes de ésta, fueron asimismo los primerosven sufrir el creciente descrédito popularthacia los pilares del sistema político;
Al parecer, no es entonces este el eje directriz que permitiría “empa- rentar” a los tres movimientos. Si en un comienzo el triunfo del PT -li- mitado en términos de márgenes de maniobra política y alianzas con sec- tores de centroderecha- avizoró un futuro venturoso para el Cono Sur, en especial respecto de la constitu- ción de un polo opositor a la imple- mentación del ALCA, hoy en día, tras la expulsión de varios legislado- res de su ala más radical ante la nega- tiva de votar en el Parlamento políti- cas de ajuste en el sector público, se desvanecen las ambiguas expectati- vas que se habían depositado-en las
potencialidades de un gobierno de
izquierda en el país más poblado de America latina. En la Argentina, no
26 La "Mesa de Diálogo" conformada por la Iglesia y el gobierno de Eduardo Duhalde durante 2002, de la cual desde entonces forman parte la CCC y Ia FI'V, no es más que una forma caricaturesca con la que el poder intenta ¡nstitucionalizar -a la vez que fragmentar- al sector máslmoderado del movimiento piquetero. ‘ ' '
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se observa en los movimientos so- cialestódaVía una" voluntad real de construir ¿tomando en parte como ejemplo la gestación del Frente Am- plio uruguayo y del PT de Brasil, pero también experiencias menos “estatalistas” como la de la Coordi- nadora del Alto en Bolivia- un espa- cio crítico que evite la disgregación y permita fortalecer (o trascender, según sea el caso) las disímiles de- mandas de las organizaciones que componen el campo popular (secto- res sindicales, piqueteros, estudian- tiles, vecinales, e inclusive agrarios).
Con todo,-es preciso tener en claro
que no hay posibilidad alguna de recons- vtituir el movimiento local si no es desde
una perspectiva internacional; En este sentido, el Foro Sociar Mundial (al margen de sus limitaciones) y otras instancias más combativas aún, co- mo la Vía Campesina, emergen sin duda como “archipiélagos.” agluti- nantes y posibles puentes de comu- nicación al interior de este múltiple crisol de luchas contemporáneas que demuestra que —más que nun- ca- la rebeldía es tan global como el capital.
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Gradernos del Sur
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Maya de 2004
APÉNDICE Breve itinerario de los nms
Un, dos, tres, cuatro, cincomil, la lucha de Argentina es la de México y Brasil Consigna cantada en la Marcha contra el ALCA. Foro Social Mundial 2002, Porto Alegre
1. México: “para que nos vieran, nos enmascaramos”
El EZLN hizo su aparición pública el 1° de enero de 1994, el mismo día en que entraba en vigencia el NAFTA. Al grito de ¡Ya Bastal, ocuparon la ciu- dad de San Cristóbal de las Casas, jun- to con otras seis cabeceras municipa- les de Chiapas. Luego de cruentos combates —que dejaron un saldo de ca- si 200 muertos y más de un millar de heridos-, el 12 de enero se estableció una tregua que hasta el día de hoy no fue rota, si bien el Ejercito Federal y la policía, en combinación con diversos grupos paramilitares de la zona, han desencadenado desde entonces una guerra de desgaste integral que incluye asesinatos, requisas y amedrenta- mientos cotidianos a los indígenas y campesinos que participan en, o sim- plemente simpatizan con, el movi- miento zapatista.
Este primer levantamiento, lejos de ser un acontecimiento espontáneo,
estuvo preparándose más. de diez años. Meses atrás, el EZLN festejó el 17 de noviembre de 1983 como la fe- cha de su fundación. En aquel enton- ces, un pequeño grupo de revolucio- narios miembros de las Fuerzas de Li- beración Nacional se estableció en las montañas dela Selva Lacandona j unto con algunos indígenas y mestizos. Sin embargo, este núcleo de militantes marxista-leninistas se topó con algo totalmente innovador. En palabras del Subcomandante Marcos (1998) “nuestra cuadrada concepción del mundo y dela revolución quedó bas- tante abollada en la confrontación con la realidad indígena chiapaneca. De los golpes salió algo nuevo, que hoy se conoce como ‘el neozapatismo’”. De esta forma, poco a poco, de ser un mi- núsculo grupo guerrillero, el movi- miento se fue convirtiendo en una co- munidad en armas (Holloway, 1997). Lo que irrumpe finalmente el 1° de enero no es, por tanto, un foco terroris- ta compuesto por revolucionarios profesionales, sino una comunidad rebelde “armada de verdad y de fue- go”, en donde el acento está puesto en las primeras palabras. Esto explica por qué a pesar de existir desde hace tiem- po numerosas guerrillas en Méxic027,
27 En la actualidad, varios grupos insurgentes armados operan en catorce estados mexica-
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ninguna de ellas ha podido hasta aho- ra alcanzar el consenso social y políti- co logrado por el EZLN, no sólo en su país, sino en buena parte del mundo.
En efecto, lo que caracteriza a es- tos ignotos encapuchados es precisa- mente su alejamiento respecto de las formas tradicionales de hacer políti- ca. A diferencia de los partidos y mo- vimientos de izquierda clásicos, no propugnan la toma del poder, ni pre- tenden arrogarse el título de van- guardia. Tampoco ansían devenir un grupo corporativo, que peticiona de- mandas meramente particulares; Su famosa máxima “para todos todo, para nosotros nada”, no hace más que ratificar el carácter anti-sectario del zapatismo, aún=cuando recupe- ren históricos y legítimos-derechos indígenas pisoteados por más de 500 años de sometimiento”. La realiza- ción de un Encuentro Intergaláctico, bajo el lema “contra el "neoliberalis- mo y por la humanidad”, amplió aún más el tono internacionalista de su discurso. Veamos, pues, algunos de los ejes antes descriptos.
El primero es su subversiva con- cepción de la revolución. De ser una
respuesta, la transformación sustan-
cial ide la¿sociedad se convierte en un interrogante. que se contesta en la propia experiencia vivencial de las comunidades. Todas las decisiones importantes son discutidas antes de llegar a un consenso, aplicándose el principio de “mandar obedeciendo”. El propio Marcos (1998) admitió que “nuestra única virtud como teó- riCos fue tener la humildad para re- conocer que nuestro esquema teóri- co no funcionó, que era muy limita- do, que teníamos que adaptarnos ala realidad que se nos imponía”. ‘La- re- volución debe ser entonces, al decir de los zapatistas, un proceso auto- creativo, gestado en el propio trans- curso de la experiencia, esencial- mente ‘democrático, no sólo en el sentido de que tiene a la democracia como meta,«sino en la medida en que es democrática la forma misma de'lucha. De ahí que sea imposible pre-definir un punto de llegada (Holloway, 1997). Su noción de la revolución es, además, anti-instrue mentalista, por cuanto no se entien- de como un medio para lograr un fin. No es la preparación de un
nas. Entre ellos, se destacan el Ejercito Popular Revolucionario (EPR), el Ejercito Wlista Revolucionario del Pueblo (EVRP), las Fuerzas Armadas Revolucionarios del Pueblo (FARP) y el Ejercito Revolucionario Popular (ERP). _ I j
23 'La tensión entre actuar a modo de grupo réivindicativo de los derechos indígenas y ser considerado un movimiento de carácter nacional ha atravesado al zapatismo'desde sus orí- genes. De hecho, en un primer momento las comunidades de la Selva Lacandona miembros del EZLN habían barajado la posibilidad de darse a conocer el 12 de octubre de 1992, fecha conmemorativa de los 500 años de dominación occidental en el continente. Sin embargo, luego de un profundo debate, se optó por "emerger" el mismo dia en que se efectuaba Ia puesta en vigencia del NAFTA (Tratado de Libre Comercio) en México.
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evento futuro, sino la transforma- ción hoy de las prácticas y formas de relacionarse. También resulta en parte anti-definicional: camina pre- guntando, no contestando; supone un viaje constante más que un hori- zonte determinado de manera teleo- lógical‘). La apertura y la incertidum- bre son, por tanto, inmanentes al concepto zapatista de revolución. Resignificando a Antonio Grams- ci, en su noción de sujeto revolucio- nario, la “sociedad civil” es el verda- dero agente del cambio radital. En ella se incluye a los múltiples actores sociales y políticos que luchan a dia- rio “contra el neoliberalismo y por la humanidad”, a través de formas de organización autónomas. La lucha por la dignidad (por el control sobre nuestras propias vidas) no es de acuerdo al zapatismo privilegio de ningún grupo definido. Tal como afirman en una de sus proclamas, “la revuelta de la dignidad viene del fondo de nosotros mismos” (...) “es esa Patria sin nacionalidad, ese arco iris que es también puente, ese mur- mullo del corazón sin importar la sangre que lo vive, esa rebelde irre- verencia que'burla fronteras, adua- nasy guerras” (EZLN, 1995). Asimismo, su forma organizativa implica que el autogobierno y la ho-
rizontalidad son ejesdirectrices. El “mandar obedeciendo” no es una mera consigna, sino que 'encarna en el conjunto de instituciones que han dado luz en la selva Lacandona.» Los llamados Municipios Autónomo: son el mejor ejemplo que este ejercicio de democracia directa y participación política ampliada. Como ha expresa- do Marcos (1998), su creación “es la forma en que las comunidades indí- genas cumplen y aplican los acuerdos de San Andrés”. Estos acuerdos “re- conocen la capacidad de los pueblos indígenas para gobernarse según sus usos y-costumbres, según sus formas internas, y eSo es lo que se está apli- cando-y eso es lo que da sentido a los Municipios Autónomos. Esto es lo que pasa ahora; aún si el gobierno no cumple los acuerdos, ellos los dan por acordados y lo están aplicando”. Sin embargo, sería erróneo pensar que el zapatismo no hace más que re- vitalizar las instancias tradicionales de organización indígena. Antes bien, lo que se ha producido es una especie de híbrido entre estas formas propias de los pueblos originarios y elementos innovadores. Si por un la- do se ha mantenido la tradición se- gún la cual la asamblea de cada co- munidad es el órgano máximo de de- cisión, por el otro se ha adoptado un
29 De ahí las numerosas caravanas y movilizaciones realizadas, entre la que se destaca la "Marcha del Color de la Tierra‘l, del 24 de febrero al 2 de abril-de 2001. También el MST ha realizado incontables caminatas y marchas con un objetivo similar: "dialogar con lasociedad" y "explicarle a Ia población el sentido de la lucha” intentando "romper el aislamiento" que los sucesivos gobieinos tratan de imponerle al movimiento (Stedile y Fernandez, 2000).
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funcionamiento consejista para la co- ordinación de acciones (Abad Do- mínguez, 2002).
2. Argentina: “¡piqueteros, carajo!”
En nuestro país existen una mul- tiplicidad de movimientos sociales en lucha. Podríadecirse que si en los años ’80 los derechos humanos fue- ron el aglutinante mayor, envlos ’90 la desocupación y la descomposición social de las clases medias dieron lu- gar al surgimiento de organizaciones que intentaban impugnar las políti- cas neoliberales aplicadas de manera sistemática a lo largo de la llamada .“década menemista”30. De esta for- ma, en los primeros años del gobier- no del Partido justicialista se fueron generando, al calor del aumento es- trepitoso de los índices de desem- pleo, numerosos grupos y coordina- doras que nucleaban a, trabajadores desocupados. Teniendo como dispa- rador originario en diciembre de 1993* el estallido social conocido co- mo Santiagazo, comienzan a irrum- pir en la escena pública sucesivas “puebladas”. Su surgimiento estuvo vinculado a los procesos de ajuste emprendidos inicialmente por los gobiernos provinciales a instancias
de la política de desguace estructural del Estado impulsada por el gobier- no de Carlos Menem.
'Como expresa Marina Farinetti (1.999), a partir de 1994, por el im- pacto del aumento de las tasas de in- terés en EEUU y, particularmente, de la devaluación mexicana, la estrar- tegia económica que permitió al go- bierno nacional afrontar el ajuste (altamente dependiente del flujo de capitales externos y de la expansión. de la demanda interna) mostró su fragilidad. Los gobiernos provincia- les, jaqueados por la crisis financiera, el descenso de los recursos fiscales y el acrecentamiento de las presiones del gobierno nacional por imple- mentar el ajuste, no tuvieron otra opción que poner en marcha las re- formas que habían evitado hasta en- tonces: centralmente, la privatiza- ción de empresas públicas y la trans- ferencia de los sistemas previsiona- les al Estado central. Esta vuelta de tuerca del ajuste puso a las adminis- traciones provinciales en gravísimos apuros. En muchos casos, no pudie- ron ni siquiera afrontar el pago de los salarios de sus empleados.
A lo largo de 1997, elcorte de ru- ta se generaliza en tanto modalidad de protesta. Es así como emerge la
3° Con esto no estamos afirmando que las organizaciones de derechos humanas hayan dejado de tenerun protagonismo en las luchas sociales y políticas. El caso más ejemplifica- dores el de la agrupación juvenil'H.lJ.O.S (Hijos por Ia Identidad-y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio), que a través de los "e'scraches populares” ha instalado una nueva forma de condena social, frente a la impunidad otorgada desde el EStadoa cientos de represores de
Ia última dictadura militar.
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práctica del piquete“: en los pueblos de Cutral Co y Plaza Huin-cul (y posteriormente enTartagal) en los meses de mayo y j uni032:-;Frente aes- te panorama, el gobierno comienza a implementar los Planes Trabajar c0- mo herramienta de descompresión del conflicto.
Inmediatamente luego de estos acontecimientos, en la zona sur del Gran Buenos Aires surgen varios grupos que se autodefinen “piquete- ros”, emulando la acción realizada por los desocupados de otras provin- cias del país. Durante la segunda mie tad del año se registran en el conur- bano un total de 23 bloqueos de ru- tas y accesos a la Capital Federal. Sin embargo, la gran expansión del fe- nómeno sezproduce recién en tiem- pos del gobierno de Fernando De la Rúa. Cómo explica Julio Burdman (2001) “con el doble objetivo de afectar la estructura clientelista en la provincia de Buenos Aires y limitar el crecimiento de pequeños grupos
de piqueteros en el conurbano, el Ministerio de Desarrollo .Social a cargo de Fernández Meijide intro- duce una modificación en la distri- bución de los planes —en general, en manos de los municipios-, propo- niendo que estos sólo sean asignados a ONG’s que se responsabilizan de su ejecución. Pero en lugar de conte- ner la práctica piquetera, esto la ins- titucionaliza y la potencia”.
Así fueron consolidándose, a par- tir de la acción directa basada enel trabajo territorial, además de los MTD’s (Movimiento de Trabajado- res Desocupados), la CCC (Co-
rriente Clasista‘ y Combativa), la
FTV (Federación de Tierra y Vivien-
da), así como otras organizaciones,
en muchos casos de menorenverga- dura, como el .MTL (Movimiento Territorial del Liberación), el MTR (Movimiento. Teresa Rodriguez), el PO (Polo Obrero), el Movimiento Barrios de Pie, el MIjD (Movimien- to Independiente dejubilados y De-
3‘ Tal como nos recuerda Perazzi (2003), el vocablo remite a Ia clásica modalidad de pre- sión sindical consistente en obstaculizar el ingreso a las fábricas, paralizandola producción y, una vez transcurrido un cierto tiempo, obtener el suficiente poder de negociación como para satisfacer los reclamos que dieron origen a Ia medida.
32 Ya en 1996, en Cutral Co y Plaza Huincul, más de 20 mil personas (alrededor de la mitad de la población total), decidieron espontáneamente apropiarse durante semanas de las rutas nacionales yprovinciales, para solicitarla instalación en la zona de una planta fertilizan- te con el objetivo de obtener nuevos puestos detrabajo (Perazzi, 2003). Vale la pena men- cionar este antecedente, a los efectos de contrastar las formas organizativas que asumen y el tipo dedemandas que hoy en día exigen los diferentes movimientos piqueteros, las cuales exceden ampliamente la mera creación de fuentes de empleo. Al respecto, puede consultar- se el Programa votado el 28 y 29 de septiembre de 2002 por la Tercer Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, convocada por el Bloque Piquetero Nacional, el Movimiento Barrios de Pie, la Coordinadora de Trabajadores Desocupados y el Movimientos independiente de Jubilados y Desocupados.
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socupados), el MST (Movimiento Sin Trabajo) ry- la .CTD (Coordina- dora de Trabajadores Desocupados), en tanto esfuerzos colectivos por tre- construir el tejido social roto por la Dictadura Militar a partir del Golpe de Estado de 1976. También diversas son las prácticas que constituyen al movimiento piquetero: desde las modalidades más creativas de traba- jo informal, hasta‘las ollas populares, pasando por el trueque y la inven- ción de formas de convivencia en los propios cortes de ruta.
Cabe destacar que, en los pique- tes,- las asambleas son'no sólo órga- nos de decisión política, sino autén- ticos dispositivos de regulación'de la vida tomando como parámetro la solidaridad y el compañerismo. De esta manera, tal como expresa Pablo Perazzi (2002) poco 'a poco el pique- te l‘deja. de representar únicamente una medida de acción-directa —y por lo tanto de duración limitada-, ex- presando cada vez más un modo de organización relativamente estable que suele exceder la inmediatez del reclamo puntual”, buscando tornar visible idearios político-sociales, a través del traslado de la oscura reali- dad barrial a una geografía pública.
Por ello, si los primeros piquetes se produjeron a cientos de kilóme- tros de los principales centros urba- nos, a'medida que crecía la capacidad
de movilización y envergadura de las diferentes organizaciones de trabaja- dores desocupados, los cortes asu- mían una dinámica de acción centrí- peta (Perazzi, 2002). Es así como en noviembre de 2000 se realiza en dis- tintos puntos del conurbano bonae- rense un piquete coordinado en es- cala. De ahí en más, la cantidad de prácticas de este tipo irán en aumen- to, al punto de llegar en el año 2002 más de 1.100 los cortes de ruta en to- do el país, registrándose enel 2003 cerca de 250 piquetes solamente en la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, sería incorrecto re- ducir a estos movimientos a la inte- rrupción o bloqueo del transito. De hecho, buena parte de las acciones que los constituyen como tales se encuentran por fuera del piquete: en los barrios y espacios autogestiona-
‘dos por ellos mismos. En efecto, al
igual que los zapatistas y los sin tie- rra, en dichos ámbitos intentan componer instancias de subsistencia autónomas con respecto al mercado y al Estado. A ello apuntan los múlti- ples “emprendimientos de trabajo”: fábrica de grasa, herrería, panadería, bloquera (producción de ladrillos), cuadrillas de construcción, elabora- ción de artículos de limpieza, rope-' ros y farmacias comunitarios, me- renderos, comedores populares, y demás prácticas cooperantes”.
33 Esta es quizás una de las mayores limitaciones del movimiento piquetero: a diferencia del MST (que cuenta con alrededor de 4.000 asentamientos y millones de hectáreas bajo
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3. Brasil: “tierra y libertad”
Tal como relatan Frei Sérgio» Gor,- gen yJoa-o Pedro Stedile (1984), la historia del Movimiento Sin Tierra no tiene una fecha especifica“ en cuanto a su origen. Sus más cercanos antecedentes se los puede encontrar en los diferentes acontecimientos que se desarrollaron principalmente en 1978.-Es a partir de esta fecha que las luchas de los agricultores sin tie- rra comenzaron a organizarse para la conquista de una área de tierra, multiplicándose así las ocupaciones en distintas regiones. Pero todavía estas acciones eran aisladas, siendo recién en 1981 cuando comenzaron los encuentros de los dirigentes de estas luchas localizadas, encuentros promovidos por la Comisión Pasto- ral de la Tierra. Como resultado de estas articulaciones de las diferentes luchas que se estaban dando, se rea- lizó en enero de 1984, en Cascavel (Paraná), el Primer Encuentro N a- cional de los Sin Tierra.
Como factores que determinaron el surgimiento del MST puede men- cionarse, en primer lugar, el econó-- mico: durante la década de los 70 hu- bo una gran concentración de la. tie-
rra y una expansión de la- mecaniza- ción de los cultivos, de la utilización delos insumos industriales. Muchos trabajadores fueron así reemplazados por maquinaria, por lo que resulta- ron expulsados de las tierras. Este y otros catalizadores agudizaron la re- ducción de la mano de obra en esas haciendas. También se fue tornando cada vez más inviable para los trabaja- dores rurales excluidos-de la agricul- tura la emigración hacia regiones amazónicas o el éxodo rural hacia las ciudades. En tercer lugar, el trabajo de la iglesia católica, a través de las pastorales rurales, llevo a cabo una concientización de los campesinos sobre sus derechos a la tierra. Todo esto generó unacorriente de trans- formación en los sindicatos rurales tradicionales, que se volvieron más combativos, pasando a estimular y apoyar la lucha por territorios pro- pios. Por ultimo, elproceso de aper- tura democrática y la derrota del régi- men militar, durante el gobierno de Figueiredo, influyó positivamente en las posibilidades de que los campesi- nos sin tierra se organizasenen sindi- cato y en movimiento, al perder el miedo a la represión política.
control comunitario) y de los zapatistas (cuya zona de influencia directa abarca a más de la mitad del estado de Chiapas), los trabajadores desocupados de la periferia urbana no han logrado aún conquistar un espacio territorial autónomo de envergadura, donde ensayar nue- vas formas de producir su propia vida en términos colectivos. De más está decir que esta perspectiva no implica adscribir a aquellos proyectos que ilusoriamente conciben la posibili- dad de consolidar a mediano y largo plazo una autosustentación, en pequeña escala, al mar- gen de las relaciones sóciales capitalistas. Creemos que, más que a "islas", habría que apos- tar la conformación de "archipiélagos" que tengan como horizonte articularse a nivel nacio- nal, regional y hasta planetario.
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Respecto de su composición so- cio-económica, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil reúne a aparceros, arrenda- tarios, medieros, asalariadosrurales, ocupantes, y pequeños campesinos. Dentro de esta diversidad de secto- res, predomina el campesino‘rural, si bien entendido como trabajador en un sentido amplio.-
En cuanto a los objetivos y metas del MST, podemos afirmar que a grandes rasgos tres son los ejes direc- trices por los que lucha: la tierra, la re- forma agraria y una sociedad mas jus- ta. El primer objetivo atiende a una necesidad económica de superviven- cia de cada familia que no-tiene tierra. El “sin tierra” aspira a la tierra como una oportunidad de trabajo, no piensa ni en el enriquecimiento ni en la espe- culación, no tiene intención de ven- derla mas adelante ni conservarla co- mo una reserva de capital. Por lo tan- to, la motivación prioritaria del movi- miento es conseguir resolver el pro- blema de la supervivencia de millares de familias de agricultores. El segundo objetivo, que es-la Reforma Agraria, se entiende como un conjunto amplio de medidas que tienen que ser toma- das por el gobierno para cambiar la es- tructura del país y garantizar la tierra a
todos los agriCultores que quieran tra- bajarla. Se incluirían, .por supuesto, medidas complementarias de política agrícola, como créditos, precios, asis- tencia técnica y seguridad rural, nece- sarias para garantizar la viabilidad y rentabilidad de la pequeña produc- ción. Por último, el tercer objetivo es luchar por una sociedad más justa, sin explotadores ni explotados. Este pro- pósito tiene un claro carácter político, pues está relacionado con la organiza- ción de la sociedad y con el poder po- lítico dentro de ella. Luchar por la re- forma .agraria es luchar por cambios revolucionarios en la totalidad del país (Stedile, 1998).
En este sentido, es importante aclarar que el MST se considera a si mismo un movimiento de masas cu- ya principal base social son los cam- pesinos sin tierra, por lo que tiene un carácter, al mismo tiempo, sindical (en la medida en que su resistencia su vincula con la resolución del pro- blema económico de las familias), popular (porque participan diferen- tes sectores oprimidos que deman- dan reivindicaciones populares, es- pecialmente en los asentamientos)-y político (no en términos partidarios, sino en el sentido que quiere contri- buir a un cambio social radical)“.
34 Entre las reivindicaciones fundamentales del movimiento, cabe destacar las siguientes: a) Expropiación de los latifundios; b) Expropiación de las tierras de propietarios multinacio- nales; c) Definición de un tamaño máximo para la propiedad rural; d) Una política agrícola pensada para el pequeño productor; e) Autonomía para las áreas indígenas; f) Áreas de irri- gación enel-Nordeste; g) Cobro sumario .del impuesto Territorio Rural-ITR. Para un desarrollo
de los mismos, véase Gorgen y Stedile (1984).
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Con relación a las metodologías de-lucha, podemos expresar que la conquista de la reforma agraria se ha- ce concreta, en parte, a través de la ac- ción inmediata por la tierra. En los últimos 15 años, el MST ha desarro- llado varias formas de confrontación para enfrentar el poder político y-eco- nómico de los latifundios y presionar a los gobiernos federal y estatal a dis- tribuir tierra entre los agricultores. Es así como en primera instancia se rea- lizan audiencias con las autoridades políticas, buscando la negociación con los órganos de gobierno. Las mismas tienen dos características: por un lado, los agricultores siempre negocian en grupos grandes; por otro lado, los trabajadores cobran punto por punto las promesas de los gober- nantes (Llusia, 1997).
Cuando el gobierno se niega a atender a las reivindicaciones de los trabajadores, estos pasan a utilizar modalidades de presión política mas contundentes, en vistas de obligar a los gobernantes a dialogar con el movimiento. La ocupación de tierra es la mas fuerte de estas acciones. Los agricultores organizados en el MST, agotadas las tentativas a través delas audiencias, entran en un lati- fundio, de propiedad particular o del gobierno, y no salen de allí sin una solución para las familias ocu- pantes. Las ocupaciones son hechas por grandes grupos de campesinos procedentes de municipios distin- tos, e incluso distanCiados, q’ue lle-
gan, de madrugada, a un latifundio previamente escogido. Ya estableci- dos en el terreno, se delimita el local del campamento y se inicia la conse trucción de las barracas forradas de plástico y letrinas, como primeras medidas.
La, ocupación crea una situación de conflicto que obliga al gobierno y a la sociedad a fijarse en el problema de los Sin Tierra. Inmediatamente, el MST, a través de la Comisión de Negociación de la ocupación, busca las autoridades del sector para en- contrar soluciones y tierras para asentar a las familias ocupantes. Normalmente los ocupantes no exi- gen la tierra ocupada, pero sí que se encuentren tierras paraa'asentarlos dentro del Estado donde la acción directa se ha efectuado.
Respecto de la forma organizati- va, en buena medida se encuentra condicionada por sus prácticas de acción directa. En los diferentes campamentos permanentes, con una población variable entre 500 y 800 personas, la organización inter- na se crea básicamente a partir de núcleos de base formados entre 10 y 30 familias. Son organizados por proximidad, casi siempre con refe- rencia al mismo municipio desde el que vinieron al campamento. En es- tos núcleos se organizan los princi- pales servicios .y tareas: alimenta-a ción, salud, higiene, educación, reli-. gión, recreación, etc. Para cada fun- ción se escoge un responsable. Estos
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responsables forman losequipos de servicio del'campamento y se orga- nizan regularmente para evaluar y planear sus actividades. Existe ade- más un sistema de coordinación ge- neral del campamento, responsable de dar unidad al trabajo de los distin- tos equipos, encaminar las luchas del campamento, negociar con el- go- bierno y relacionarse con la socie- dad. Esta organización incluye a la Asamblea General del campamento (órgano-máximo de decisión que se reúne periódicamente), a los lideres de núcleos, que se reúnen también periódicamente, organizan las tareas del campamento, mantienen los nú- cleos informados de las negociacio- nes, a la Coordinación del Campa- mento, electa por los acampados (Gorjeen y Stedile, 1984). Los prin- cipios ¡que orientan a la organización son la democracia, la participación de todos en el. procesóide toma de decisiones, la división de tareas y la dirección'colectiva. El campamento sei sustenta con el trabajo de los acampados, con la contribución de los miembros del movimiento que ya conquistaron tierra, la solidaridad de- las personas y entidades, y los re- cursos reivindicados al gobierno. De esta manera, podemos concluir
expresando junto a Stedile (1998)
que, más allá de sus tensiones, “la ex- periencia del MST muestra un nuevo estilo de acción: lo político (la Refor- ma Agraria) se articula con el benefid
cio personal y familiar concreto (la ocupación de la tierra la conquista de una parcela). Lo utópico (el socia- lismo) es vivenciado en actividades colectivas (asentamientos y coopera- tivas). Por último, lo ético (la militan- ciay las marchas) encuentra mótiva- ciones estéticas (los símbolos, como la bandera, la música y el ritual de los encuentros)”;
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Diciembre en lospasillos de la academia. Luchas sociales y micropolíticas posmodernas
Alberto Bonnet*
N o vamos a ocupamos aquí de
las características del movi-
miento de masas que protago- nizó el ascenso de las luchas sociales que culminó en la insurrección de diciembre 2001.l Vamos a discutir el sentido que un variopinto espectro de intelectuales atribuyó desde afuera a ese movimiento de masas - intelectuales, aunque la palabra in- quiete algunas de sus fibras más po- pulistas; desde afuera, aunque la ex- presión conmueva su antileninismo tan políticamente correcto. Habla- mos de un espectro de individuos y pequeños grupos de opinión cuya ideología es tributaria del progresis- mo de nuestros sectores medios‘ur- banos —aunque esta referencia de clase los alarmarïa sobremanera pues querrían flotar libremente. Hablamos pues de individuos y pe- queños grupos cuya existencia esca- samente material se desenvuelve
principalmente en las universida- des, en medio de esa miríada de puestos ambulantes y publicaciones de engorrosa lectura que puebla los pasillos de las facultades de Ciencias Sociales, Filosofía y Letras o Psico- logía porteñas, pero también en al- gUnas pocas y céntricas asambleas barriales, en las cuales encaran una invalorable misión de autoayuda entre vecinos agobiados por sus problemas cotidianos, en algunos novísimos movimientos sociales, que no se distinguen por su credo o ideología sino por el selecto número de sus miembros, e incluso entre los mentores de cierta curiosa red polí- tica de estructura familiar. No nos ocuparemos aquí, por consiguiente, de evaluar los aportes que tradicio- nes de. lucha y de‘ pensamiento emancipatorio tan ricas como el anarquismo o el autonomismo po- drían brindamos a la hora de enten-
‘ Propusimos un análisis de esta insurrección y de la crisis de la convertibilidad en su con- ¡unto en "Crís¡s, Insurrección y caída de la convertibilidad", en Cuadernos del Sur 33, BsAs,
mayo de 2002.
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der las características del movimien- to de masas de nuestros días. No volveremos entonces sobre las ac.- ciones y las ideas de aquellos que protagonizaron lOs primeros sindi- catos y huelgas generales en la Ar- gentina de las décadas de 1880 y 1890 ni de aquellos que impulsaron las grandes ocupaciones fabriles del norte de Italia durante las décadas de 1960 y 1970.2 Nos ocuparemos ape- nas de cierto discurso neo-anarquis- ta sqft o neo-autonomista post-struc- turalisée, de moda en algunos pasillos académicos en nuestros días.
Aquí vamos pues a discutir el sig- nificado político que ese espectro de intelectuales atribuyó desde afuera al movimiento de masas que culminó en las jornadas de diciembre de 2001. Pero vale preguntarse: ¿por qué ocupamos de estos intelectua- les? La respuesta es sencilla. Estos intelectuales mantienen .una rela- ción parasitaria con el movimiento de masas consistente en procesar desde afuera sus prácticas de organi- zación y de lucha y presentarlas ante los otros (la propia academia, los medios de comunicación, los foros internacionales) e incluso ante algu- nos de nosotros (asambleas barria- les,ísectores del movimiento pique- tero) por medio de discursos enlos cuales resultan transmutadas en mi-
cropolíticasposmodemas. Pero sabemos que cualquier discurso cuenta siem- precon una dimensión performati- varEl discurso de estos intelectuales contribuyó así —junto con una serie de factores, ciertamente mucho más importantes, que no podemos revi- sar en estas páginas- al reflujo regis- trado por ese movimiento de masas desde mediados de 2002. Se justifi- ca, entonces, que nos ocupemos del mismo, mientras aguardamos su in- tegración definitiva en los mercados académicos.
2. Consciente del carácterglobal de las relaciones de explotación y opre- sión propias de la sociedad capitalis- ta, el pensamiento revolucionario anticapitalista se caracteriza por su
sholismo, es decir, por un rasgo que
podríamos llamar —importando de la esfera gnoseológica al campode ba- talla de la política la conocida expre- sión .lukacsiana- una aspiración de totalidad de la práctica revoluciona- ria. La transformación global de las relaciones sociales capitalistas siem- pre escapa-a la capacidad de inter.- vención de cualquier organización y lucha particulares, desde luego, pero eso nunca implicó para el pensa- miento revolucionario que debieran renunciar a intentar situar su inter- venciónvven esa empresa de transfor-
2 Véanse en este sentido los interesante aportes de Mabel Thwaites Rey, en su discusión con Luis Martini, publicados en la última entrega de la revista: M. Thwaites Rey: "La autono- mía como mito ycomo osibilidad” y L Mattini: "Autogestión productiva y asambleismo', en
Cuadernos del,5ur, 36 e noviembre de 2003.
Cuafinos del Sur
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mación global: Sin embargo, preci- samente cuando esas relaciones de explotación y opresión inherentes a la sociedadcapitalista devienen más globales que nunca, emergen dis- cursos signados por un incontenible rechazo a pensar en términos globa- les. “Si como lógica cultural de una tercera etapa ampliada del capitalis- mo clásico —dice Jameson-., el movi- miento posmoderno es de muchas maneras una expresión más pura ‘y más homogénea de aquella última, muchos de cuyos enclaves de dife- rencia socio-económica hasta aquí sobrevivientes han sidoborrados (a través de su colonización -y absor- ciónrpor'la forma mercancía), en- tonces tieneïsentido sugerir que el decrecimiento de nuestro sentido de la historia, y más particularmente nuestra resistencia a- los conceptos globa‘lizadores o totalizadores como el de modo de producción mismo, son una función precisamente de esa universaliz‘ación del capitalismo. Donde todo es, de aquí en más, sis- témico, la misma noción de sistema parece perder su razón de ser, regre- sando sólo por la vía de un ‘retorno de lo reprimido’ en las formas más pesadillescas del ‘sistema total” fan- taseado por Weber o Foucault o por la gente de 1984”.3
Esta'holoflabia se pone de mani-
fiesto entre nuestros intelectuales a través de los más .curiosos síntomas, como muecas, alaridos y retorcijo- nes de’tripas, ante la. mera invoca- ción del Estado, del capital, del siste- ma, de la revolución o de cualquier otra cosa que recuerde. aquella di- mensión global de las relaciones so- ciales. El Colectivo Situaciones define “lo que sucede hoy con la política: la emergencia de la multiplicidad co- mo clave de la nueva radicalidad so- cava la fe en la centralidad del po- der”.4 Bastaría con revisar algunas afirmaciones de Foucault y Poulant- zas, por ejemplo, para advertir que este suceso de hoy sería en el mejor de los casos uno de anteayer. Pero dejemos esta cuestión de lado. Re- marquemos apenas que la centrali-
- dad del poder de estado aparece aho-
ra como un mero objeto-de fe del que afortunadamente está desha- ciéndose, sino la propia burguesía, por lo menos estos intelectuales. “Decimoquue el escenario central dela política-representativa (la del Estado y los-partidos), con» la'figura de los políticos hablando aquí y allá, es precisamente eso, un ‘escenario’, un espectáculo que se mira por tele- visión, se lee en los diarios, se escu- cha en la radio, se comenta en cada opinión al pasar”, sentencia Gradoce- ro,-y. acontinuación conVOca a “ale-
3 F. Jameson: "Marxismo y posmodernismo”, en Ensayos sobre el posmodernismo, BsAs,
Imago Mundi, 1991, pLI'iB-‘Q.
4 Colectivo Situaciones: "Por una política más allá de la política", en AAW: Contrapoden Una introducción, BsAs, De mano en mano, 2001, p. 23.
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jarse de esa relación”.s Podríamos preguntamos acerca de si este desati- no se habrá inspirado en la sociedad del espectáculo de Debord o,,sim- plemente, en la imagen que ya la concepción burguesa clásica tenía de la representación política. Pero .no importa. Reconozcamos que, gracias a la holofobia deestos intelectuales, aprendemos ahora que el Estado, el régimen político y el sistema de par- tidos no eran sino un teatroydel que uno puede retirarse a su gusto cuan- do se aburre.
Pero resulta que este teatro sigue ahí, aunque decidamos retirarnos, causando ciertos problemas a estos intelectuales. Veamos, por ejemplo, la manera en que L. Mattini entien- de la relación que deberían mante- ner las asambleas populares con un Estado empecinado en seguir exis- tiendo ahí afuera, “La población en las calles es ejercicio de la soberanía, de la democracia directa, y demues- tra quequienes gobiernan lo están haciendo ilegítimamente, sólo por el poder de la fuerza, porque son el re- sultado de la acción de los represen- tantes del pueblo quienes han perdi- do dicha representación. N o se trata entonces, ni del, momento del asalto
al poder ni siquiera de una estrategia v
de toma del poder total de Estado, si-
. no de cómo mantener la'iniciativa de
modo tal que quienes están al frente de los aparatos centrales del Estado gerencien, administren -por así de-
,cirlo- condicionados por la gente en
las calles. La política, o sea la poten- cia,,e_stá en las calles, en los barrios, en la iniciativa popular. El poder, el gobierno, es el lugar. de la impoten- cia, de la acción condicionada, sea quien fuere que gobierne, incluso nosotros. En esa dinámica las asam-
bleas populares podrán ir haciéndo-
se cargo de administraciones locales, por comunas, desarrollando formas de contrapoder que condicionen el propio poder central. Y acaso sea po- sible pensar que en esta práctica se desarrollen-tanto las formas políticas como jurídicas que respondan a una nueva racionalidad, como así tam- bién a las personas de la muchedum- bre a quienes se les confíe la tarea transitoria de gobernar”.6 Las asam- bleas deben constituirse en. instan- cias de ejercicio de contrapoder, nos dice Mattini, pero no entendido a la manera de un doble poder en dispu-
, ta con el poder de Estado (según una
concepción consejista que, de todas maneras, excedería la capacidadde intervención propia de las asamble- as) sino a la manera de un control de las políticas estatales por parte de
5 Gradooero: "Pensamiento asambleario en Argentina,(12 herramientas de autoorganiza- ción social), en Athenea Digital. Revista de Pensamiento e Investigación Social 3, 2003,
wvm.antalya.uab.es.
5 L Martini: "La hora de las comunas”, en AAW: Qué Son las asambleas populares, BsAs,
Ediciones Continente, 2002, p.50.
andamos del Sur
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unos organismos aún' no institucio- nalizados. Aunque ciertamente con- trapoder es una palabra un poco exce- siva para designar estos mecanismos liberales de checks and balances que Mattini nos propone para “resignifi- car y reorientar el Estado nacional”...
3. 'La etiología de esta holofobia nos conduce directamente a un primer mecanismo que estructura el discur- so de estos intelectuales. Este meca- nismo es la conocida conversión de la necesidad‘en virtud: “el hecho de des- cartar la idea de totalidad en unata- que de holofobia les provee, entre otras cosas positivas, de un consuelo muy necesario”, advierte sagaimente Eagleton. “Cuando las llamadas ‘mi- cropolíti’cas’ parecen estar a la orden del día, es vivifica'nte convertir esta necesidad en virtud, para persuadirse uno mismo de que los propios lími- tes políticos tienen, como sucedía, una sólida base ontológica en el he- cho de que la totalidad social es en cualquier caso una quimera. No irn- porta si no hay agente pólítico a mano para transformar la totalidad, dado que no hay en realidad ninguna tota- lidad para ser transformada”.7 En efecto, aquella conversión de la nece- sidad en virtud que estructura el dis-
curso de estos intelectuales resulta de una experiencia de derrota polítiéa, ya sea que se encuentre grabada en sus propias cabezas o vague más am- biguamente en el'ambiente dela cul-
' tura dominante. Hablamos, natural-
mente, de la derrota’del ascenso de las luchas sociales de fines de los sef senta y comienzos de los setenta, aquí y en otras latitudes, y de sus secuelas.El Pero no hablamos propiamente de una derrota efectiva en la lucha de clases —semejante afirmación debería ser mucho más matizada- sino de una experiencia inscripta como una de- rrota en unas biografías e' historias culturales muy particulares. Nos re- ferimos a unos pocos caciques que peinan canas de militantes setentis- tas, posteriormente teñidas en alguna peluquería europea de moda durante sus exilios. Y a unos muchos indios más jóvenes, que echaron barbas en los ochenta esperando ver cumplidas las promesas de la democracia alfon- si-nista, democracia que había sido parida precisamente por la derrota de aquellas Inchas de setentistas. Dos generaciones, dos desencantos, ante un mismo empeño de convertir la necesidad en virtud para mochar las astillas más hirientes de experiencias polítiCas asumidas como derrotas.
7 T. Eagleton: La ilusiones del posmodernismo, Bs.As., Paidós, 1997, p. 27.
3 La derrota de la oleada europea de luchas sociales de fines de los 60 y comienzos de los 70, y particularmente de la francesa 'asOciada al mayo del 68, se encuentra ciertamente en los orígenes del posmodemismo europeo. Ver, además del ensayo de T. Eagleton antes mencionado, A Callinicos: Contra el posmodemismo. Una crítica marxista, Bogotá, El Ancora,
1993.
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Pero el precio político y social a pagar por este consuelo psicológico individual es altísimo: estos intelece tuales convalidan ideológicamente, de esta manera, la derrota que la bur- guesía impuso alos trabajadores, su- mándose alas huestes de la reacción. Porque su holofobia no seinspira en una critica-de la ideología que repre- senta a la s‘ociedad capitalista como una totalidad armónica como, por ejemplo, en. aquella» afirmación de Adorno de que “’sociedad’ es un con- .cepto antagónico”, Se inspira. en algo mucho más pedestre, a saber, en la asunción acrítica de la representación individualista de la sociedad. propia de la ideología liberal, en- sintonía con aquella sentencia de Thatcher de que “no existe algo así como la sociedad”. Y, muCho más-importante aún, por- que su holofobia no conduce al re- chazo ,de la posibilidad de represen- tamos positivamente la sociedad co- munista que Constituye nuestra única esperanza, como en la “prohibición de imágenes” de Adorno. Conduce en: cambio a la denuncia conservado- ra de esa sociedad comunista como una utopía totalitaria, es decir, a una callada aceptación del capitalismo co- mo'horizonte insuperable de nuestro tiempo, en fina sintonía con aquella otra sentencia de Thatcher de que “no hay alternativa”.-
4. Comprometido con los intereses.-
y los deseos de los explotados y opri- midos,'una amplísima mayoría d'en-
tro de la sociedad capitalista, y con- vencido de que la emancipación de esa mayoría de explotadosy oprimi- dos debe ser obra de ellos mismos, el pensamiento revolucionario antica- pitalista se caracteriza asimismo por su aprecio hacia los movimientos sociales y políticos de masas. El pen- samiento revolucionario no afirma que cualquier movimiento de masas apunta a acabar con las relaciones so- ciales capitalistas, ciertamente, pero sí afirma que la tarea de acabar con esas relaciones sociales capitalistas sólo puede ser encarada por un mo-, vimiento de masas. En cualquier ca- so', cuenta con unaserie de criterios bastante efectivos, aprendidos a par- tir de una vasta experiencia histórica, para discriminar entre movimientos de masas revolucionarios y reaccio- narios. En cambio estos intelectuaa les, como contracara. de- aquella ho:- lofobia, padecen de una suerte de apego enfermizo hacia las iniciativas minoritarias y marginales. -
Sería arduo discutir aquí si esta micrqfilia encuentra sus raíces en un individualismo de estirpe liberal, anarquista o mixta, en un aristocra- tismo de suburbios o simplemente en esa maternal simpatía por las co- sas pequeñas que nos induce a‘ amar a los ositos mientras tememos a los osos grandes. Pero lo cierto es que este apego enfermizo por las iniciati- vas marginales y minoritarias suele conducir a las más excelsas expresio- nes del disparate. Dice el metaecono-
Cuadernos.“ Sur
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mista Mr Benasayag, por ejemplo, que “si bien la .completitud, el con- junto complejo, no es ordenable, po- demospor el Contrario pensar prác- ticas e hipótesiseconómicas-que se- an ‘ordenadïas’ o,dicho de otro- mo.—. do, ‘consistentes’, pero que’ lo sean bajo el‘necesario abandono, que es más bien la puesta entre paréntesis, de la completitud (...) De esta mane- ra,-en todas partes dentro de nuestro fatigado mundo, vemos hoy emer- ger prácticas de solidaridad, que no parten de'un modelo o de un progra- ma económico, como sucedía en el caso de' los años de la contestación revolucionaria clásica, sino que sur- gen :de una exigencia consistente: ‘lai población, de este barrio ocupa tie-" rras y hace todo para que cada habi- tante pueda vivir dignamente, satisé faciendngor medio de la-solidari- dad, las necesidades básicas de cada uno’. (.'..) .A la vez, es forzoso consta- tar que estosproyectos no pueden subordinarse a lo económico, sino que deben construirse y existir en un ‘más allá de lo= económico’ que, co- mo veremos más adelante, a mi pa- recer no‘ se opone a. él, por eso no es- tán m' par ni contra lo económico. (...) Estos proyectos desarrollan en sí verdaderas zonas y tendencias no ca- pitalistas dentro de unimundo orde- nado y dominado por el capitalismo. Las zonas son lugares donde la vida no está regida por el capitalismo”.9
El metaeconomista dicezestas cosas y otras semejantes, en su peculiar jer- ga, sin haber reparado en qUe su eme presa de auto-marginamiento en- frenta algunas dificultades no meno- res. Revisemos, por ejemplo, la ex- periencia de los clubes. de trueque, hoy desaparecidos en su gran mayo- ría, Recordemos, por» una parte, el primer principio de la Red Global de Trueque, que rezaba: “nuestra reali- zación rcomo seres humanos no ne- cesita estar condicionada por el di- nero”. Recordemos, por otra part-e, que los créditos emitidos por los clubes tenían como unidad de refe- renciaa la moneda capitalista, que las relaciones cuantitativas entre los bienes trocados en dichos clubes re- mitían al sistema de ¡precios vigente en el mercado capitalista, que los clubes de trueque quedaron así so- metidos a procesos inflacionarios... El mercado capitalista .no=' es un me- canismo insuperable de asignación del trabajo social, desde luego, pero una proliferación de supuestas “zo- nas donde la vida no estéregida por el capitalismo” no parece constituir alternativa alguna:
Sin embargo, no vamos a alimen- tar angustias .holofóbicas conside- rando la propuesta de una planifica- ción democrática de la economía, porque ya hubo quienes se encarga- ron de enseñarnos que conduce ine- xorablemente al terror de una socie-
9- M. Benasayag: ¡”Fundamentos para una metaeco'nomía", en op. cit, p.60-62. .. .
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dad totalitaria. En efecto, .no sabe- mos a ciencia cierta qué tendrá en mente nuestro metaeconomista cuando rechaza “los modelos y pro- gramas económicos de-la contest-a- ción revolucionaria clásica”. Pero podemos recordar la crítica de Ha- yek a la planificación: “el precio de la democracia es que las posibilidades de un Control explícito se hallan res- tringidas a los campos en que existe verdadero acuerdo y que en algunos campos las cosas tienen que abando- narse a su suerte. Pero en una socie- dad cuyo funcionamiento está sujeto ala planificación central, este con- trol no puede quedar a merced de la existencia de una mayoría dispuesta a dar su conformidad. Con frecuen- cia será necesario que la voluntad de una pequeña minoría se imponga a todos, porque esta minoría será el mayor grupo capaz de llegar a un acuerdo dentro de ella sobre la cues- tión disputada”.1° Podemos recordar también las objeciones de Popper a la ingeniería utópica: “la tentativa de alcanzar un estado ideal, sirviéndose para ello de un plano de la sociedad total, exige, por su carácter, el go- bierno fuerte y centralizado de un corto número de personas, capaz, en consecuencia, de conducir fácil- mente a la dictadura”.11 Y podríamos seguir record-ando más cesas, por-‘ que la tradición de pensamiento re-
accionario en la que se inscriben es- tas citas se remonta hasta Burke, pe- ro no vale la pena.
Digamos simplemente que el ca- rácter minoritario y marginal de una iniciativa .suele convertirse en una suerte de nuevo criterio de aproba- ción política entre los intelectuales en cuestión. Iniciativas como la or- ganización de una huerta o de un co- medor comunitario, de un nodo de trueque o de una panadería, tienden entonces a perder. sus nexos con :la conservación de la 'identidady los vínculos solidarios perdidos junto con el empleo, o- simplemente con unaautoconservación a secas tam- bién a punto de perderSe, de los su- jetos implicados en= ellas. Y resultan milagrosamente transmutadas en un discurso que las nombra como privi- legiados espacios instituyentes de subjetividades impolutas y otros dis- parates se_mejantes-El pequeño nú- mero ‘de sujetos que a duras penas logran reunirse para encarar una ini- ciativa y su involuntaria amargina- ción respecto del Estado y del mer- cado capitalistas devienen, en este discurso, virtudes supremas de es'a' iniciativa. La necesidad, nuevamem te, es convertía en virtud, para be- neplácito de los empresarios que pueden seguir manteniendo depri- midos'lós salarios de sus empleados y de los funcionarios que pueden'se-
l° F. A. Hayek: Camino de sen’rídumbre, Madri, Alianza, 1995, p.100-101. ” K. R PoppEr: La sociedad abierta ysus enemigos, BsAs, Hyspamérica, 1985, p.159.
Cuadernos del Sur
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guir desentendiéndose de la suerte de los: desempleados. Afortunada- mente los sujetos implicados en im- portantes iniciativas sociales y políti- cas como aquellas, empeñados en esa pedestre militancia que consiste en sumar compañerosy enfrentar las Violencias del Estado y el- merca- do, apenas prestan sus oídos a este zumbido microfïl‘ico.12 Desprovis- tos de oídos, entonces, estos intelec- tuales quedan condenados a compe- tir en sectarismo con las peores sec- tas de. izquierda -y no olvidemos que muchos de ellos son ex militan- tes de- esaszmismas sectas que, diga- mos, se demoraron un domingo en alguna asamblea antes de regresar a su hogar y su familia. V
5. La etiología de esta microfilia nos conduce, a su vez, a un segundo me- canismo que estructura el discurso de estós intelectuales.- Me refiero al conocido distanciamiento respecto de una realidad angustiante propia del alma bella.'En el alma bella, decía Hegel hace dos siglos, “la absoluta certeza de sí mismo se- trueca, pues, de modo inmediato, para ella misma como conciencia, en el apagarse de un sonido, en la objetividad de su ser
para sí; pero este mundoes creado en su discurso, que ha escuchado tam- bién de un modo inmediato y del que‘solamente retorna a ella el eco. Este retorno no tiene, pues, la signi- ficación de que en'ese acto la con- ciencia sea en sí y para si, pues la esen- cia no es para ella un en sí, _sino*que es ella misma; ni tiene» tampoco auten- cia, pues lo objetivo noslogra llegar a ser un negativo del sí mismo real, del mismo modo que este no alcanzare- alidad. Le falta la fuerza de la enaje- nación, la fuerza de convertirse en cosa y soportar el ser. Vive en la an- gustia de manchar la gloria de su in- terior con la acción y la existencia; y para conservar la pureza de su cora- zón, rehuye todo contacto con la re- alidad y permanece en la obstinada impotencia de renunciar al'propio sí mismo llevado hasta el extremo de la última abstracción y de darse sustan- cialidad' y transformar su pensa- miento en ser y confiarse a la dife- renciaabsoluta”.13 Las almas deestos intelectuales son perfectamente be- llas -y la belleza impoluta, se sabe, si- gue siendo privilegio de las cosas pe- queñas. Estos intelectuales simple- mente querrán distanciarse de las sucias realidades del Estado, del
¡2 EI MTD-Solano es, seguramente, la organización piquetera más parasitada por estos intelectuales. Sin embargo, leemos_en uno de sus boletines: "Autonomía no quiere decir inde- pendencia absoluta de sectores, Estados o instituciones como mero puritanismo. Podemos ser autónomos articulando con otros movimientos u organizaciones, construyendo en estos espacios de coordinación nuestro propio proyecto político; esto también puede ser una forma de construir autonomía” (MTD-Solano: El pikete 7, agosto de 2002).
¡3' G. W. F. Hegel: Fenomeno/ogla del espíritu, México, FCE, 1985, p.383-384.
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Mayadeaooi;
mercado, de las elecciones, de la-po- licía. Tomarán en préstamo palabras como autonomía, entonces, para nombrar más dignamente su histe- ria. Y se dedicarán a mimar en las vi- trinas de sus almas bellas las imáge- nes de piqueteros que no negocian subsidios de desempleo, de empree sas recuperadas que no venden mer- cancías, de elecciones en las que na- die vota y de- insurrecciones que no enfrentan en las calles a la violencia represiva del Estado mediante su propia violencia de masas. Es cierto qüe tales imágenes no suelen corres- ponder a cosa alguna existente en la realidad. Pero el discurso de estos intelectuales no intenta interpretar la realidad para transformarla, sino más bien dar rienda suelta a la expre- sión de los más puros impulsos ínti- mos de sus cultores. Ningún mentís proveniente de esa sucia realidad, por consiguiente, podrá. de5alentar a estos intelectuales. Seguirán conser- vando la belleza de sus almas. Toma- rán distancia de la suciedad de este mundo. Se refugiarán'en iniciativas minor-harias y marginales que parez- can reflejar la inmaculada belleza de sus almas, mientras puedan, y se en- cerrarán desencantados en ellas, cuando ya no puedan. Para conser- var la pureza de sus corazones, resu- miría Hegel, rehuirán todo contacto con la'realidad y permanecerán en una obstinada impótencia. El Colec-
tivo Nueuo‘Proyecto Histórico, una ex- presión. ambiciosa que en realidad designa una maraña de multitudes, biopol-íticas y posfordismos‘ copia- dos de los escritos de N egri en una página web, convoca entonces a los desocupados a “autonomizarse del trabajo asalariado”. El grito, nombre de un periódico de escasa circula- ción inspirado en el primer párrafo de un artículo de Holloway, refle- xiona por- su parte acerca de la prác- tica de las‘asambleas barriales: “en la acción nos topamos condos cami- nos: resolver nosotros/as mismos/as los problemas-o reclamar al Estado que.lo haga. Dos caminosrhacerzo pedir. .Ser o'no, ser”.14 Los empresa- rios y funcionarios no esperarían menos de nuestros príncipes riopla- tenses.
6. Los intelectuales en cuestión guardarán por consiguiente una pe- culiar relación, o mejor, carencia de relación, con la realidad que los. ro- dea. Su mundo, diría Hegel, será una creación de su discurso. Pero por fuera de las vitrinas donde mi- man sus puras imágenes religiosas suceden acontecimientos sociales y políticos claves, esperanzadores a veces, otras veces desalentadores,
», aunque siempre menos puros, que
aquellas imágenes. Estos aconteci- mientos desatarán la histeria de nuestros intelectuales -hay que re-
‘4 El grito'2, BsAs, marzode 2002, editorial.
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conocer que, en algunos casos, no es para menos. Consideremos por caso .los cambios, 'en las: relaciones de fuerza sociales y políticas registrados durante el período que se extiende entre la insurrección de diciembre de 2001 y las elecciones de abril de 2003. Explicar esos cambios resulta una empresa compleja, aunque via- ble, pero ya sabemos que el discurso de estos intelectuales no es proclive a
proveer explicaciones. Digamos en-.
tonces que chamullar. un relato fan- tástico que comience con la irrup- ciónex nihilo de una multitudlque protagoniza un acontecimiento pa4 recido a un carnaval ïcarioca,”sa'lvo quizás por el excesivo. porcentaje de disfraces de policía, para concluir-en una masa de ciudadanos de pasiones tristes sometido en masa en los cuar- tos oscuros, parece en cambio una empresa completamente inviable.15 Emprender semejante ' narración histerizaría a cualquiera -y con más razón a quien debiera incluir en esa narración el estrepitoso fracaso de su propia convocatoria a rechazar esas elecciones.
Veamos. El periódico 'gritón antes mencionado sostenía días antes de las elecciones, repetimos, días antes: “las consignas-que llaman a la abs- tención lleganaños tarde a plantear
algo: que lapoblación ya viene ha- ciendo: mostrar el rechazo a la con- ducción política tradicional a través del voto blanco, nulo, o la absten- ción. (...) Seguramente, el 27 de abril mostrará una vez más el agotamien- to del sistema representativo”.16 Desde luego que mucho antes de las elecciones y de la publicación del pe- riódico gritón 'ya'era previsible .-al menos en la sala de la bolsa, si no en los pasillos de la academia- que no sucedería nada semejante. Y los re-
.sultados de las elecciones serían
contundentes: una desaceleración de la tendencia al aumento del au- senti-smo registrada en las elecciones presidenciales de los 80 y 90, un re- troceso absoluto del au-sentismo res- pecto de lasprevias elecciones parla- mentarias, una caída del voto en blanco al menor índice registrado desde las elecciones de 1946y un vo- to anuladoinsignificante.
Muchos de‘ estos intelectuales prefirieron guardar un sano silencio, sano para nosotros, tras incurrir en semejantes. disparates. Pero unospo+ cos,- desafiando su propia histeria, se atrevieron a continuar discurseando. Apreciernos una de las espeluznan- tes criaturas resultantes de esta auda- cia: “un poder destituyente nonece- sariamente trabaja. según los reque-
l.5 El más minucioso de estos relatos fantásticos acerca de la insurrecciónde didembre de 200], desgraciadamente, se publicó antes de las elecciones de abril de 2003. Me refiero a R. Zibechi: Genealogía de Ia revuelta. Argentina: la sociedad en movimiento, BsAs, Letm
libre / Nordhan-Comunidad, 2003. ¡6 El grito 7, Bs. A5., abril de 2003.
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vivieyodeaooa
rimientos de lo instituyente. Di- ciembre de 2001 no fue el surgi- miento de un sujeto político; De allí quetal sujeto no se haya manifesta- do. Fue, sí, una ruptura, y una visibi- lización de un nuevo protagonismo social. Pero ese protagonismo es lo que es, precisamente, porque no en- tiende la política como se lo hacía una década atrás. De allí que no sea prudente lamentarse de que estas fuerzas no hayan actuado como si fueran ese sujeto. Más aún: los efec- tos de las jornadas del 19 y 20 fue-ron tan radicales —y subsisten a tal pun- to- que las elecciones estuvieron completamente afectadas por aq-ue-: llas jornadas. Pero esto no habilita de ningún modo a establecer una rela- ción a priori directa entre luchas ca- llejeras y. la elaboraciónvde experien- cias de contrapoder y el resultado de las elecciones como tal. De hecho, las mismas personas que han partici- pado votando a tal o cual candidato son enmuchos casos las mismas que luego participan de las experiencias alternativas de contrapoder. O me- jor'aún: no son las mismas, ya que en el cuarto oscuro no se es el mismo que en la asamblea, o en el corte de ruta. Ambos sitios se .instituyen se- gún reglas heterogéneas: si las elec- ciones pretenden representar todo loque existe y decretar, por tanto, la inexistencia de aquello que no logra capturar y medir, Ïlas experiencias de
contrapoder, al contrario, existen só- lo en situación, en un territorio,.una especificidad, una disposición cor- poral y un tiempo autodetermina- dos”.17 Si usted considera que el cha- mullo precedente es un merodispa- rate carente de cualquier resto de sentido, coincidiremos, pero recuer- de que es un relato redactado por in- telectuales de carne y hueso y no un chiste producido por el posmodernist generator. El relato farfulla, envsínte- sis, que. las elecciones: de abril de 2003 “estuvieron completamente afectadas” por la insurrección de di- ciembre de 2001 porque los que vo- taron al PJ en esas elecciones eran y no eran los queprotagonizaron la insurrección. ¿Protagonizar una in- surrección es, un requisito previo, entonces, para votar al justicialismo? Si fuera el caso, no sabemos en qué insurrecciones habrán participado los votantes por el justicialismo en anterioreselecciones. ¿O bien los protagonistas de la insurrección no son los mismos que votaron al justi- cialismo?-Si este fuera el caso, no sa- bemos en qué consiste esa completa afección, a priori o a posteriori, neu- rótica o esquizo, que sufrieron estas elecciones por parte de aquella insu- rrección. Se trata de una poco ele- gante manera de desentenderse de Cualquier explicación de los aconte- cimientos‘y, en particular, del fracaso de su propia convocatoria a rechazar
17" Golectivo Situaciones: "Causas y azares", en La fogata digital 21/5/03‘.
CandamddSur
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las elecciones. El colectivo en cues- tión puede así consolarse colectiva- mente concluyendo que, en defini- tiva, las elecciones fueron rechaza- das...' porque quienes votaron en ellas no eran los mismos que habían protagonizado la insurrección.
7. Ahora bien, si este discurso tien- de a no guardar relación alguna con la realidad: ¿ante qué tipo de discur- so estamos? Ante un discurso expre- sivo que aspira exclusivamente a po- ner en escena los impulsos íntimos de' susemisores. vNo nos: sorprende- rá entonces que ciertas reuniones políticas se convierten en prólonga- dísimas sesiones de terapia de grupo (aunque un diputado ejerza como terapeuta) ni, mucho más importan- te, que las acciones de masas sean confundidas con carnavales (aunque los disfrazados de policías se tomen demasiado en serio sus roles). Nuestros disparatólogos se apro- piaron de una vieja palabra,'multitud, para bautizar a los participantes de sus carnavales y aproximarse a sus comportamientos. El diccionario nos permite una primera aproxima- ción a esta vieja palabra. “Multitud (lat. Multitudo / multitudine): palabra súbitamente puesta de moda —a par-
tir exactamente del-ZO de diciembre de 2001, fecha en la cual se presume que habrá emergido de la Nada la porción de ¡realidad por ella nombra- da —entre Sociólogos, politólogos y activistas políticos (especialmente del movimiento estudiantil anarco- espontaneista) argentinos. Dícese de un apretujamiento heterogéneo, he- teróclito, heteronómico y hetero- glósico de sujetos/as que realizan ac- tividades varias y colectivas de de- sorden público, resistencia cultural y desobediencia civil, no inmediata- mente inteligibles ni clasificables por las ciencias sociales, ni por las naturales o ‘eXaCtas’, tales como las denominadas ‘cacerolazos’, .‘escra-
ches’, ‘asambleas’, ‘piquetes’, etcéte-
ra”.13 En su uso por parte estos inte- lectuales, empero, nuestra vieja pala- bra merece unarsegunda aproxima- ción. Lamultitud en cuestión no es la masa moderna disecada por la psi- cología de masas del positivismo, ya sea en sus'versión. europea a la Le Bon o en su versión rioplatense ala Ramos Mejía. La multitud autócto- na quiere mentar una proliferación posmoderna de subjetividades, aca- so a-la N egri y Hardt, aunque su sa- bor populista sepamás en este caso a Mate Listo que a Sopa Campbell.19
"3 E. Grüner (trad.): "Breve diccionario de la actualidad (no sólo) argentina", en Cuadernos
del Sur 35, BsAs, mayo de 2003-, p.137-8.
'9 Para versiones autóctonas de este populismo posmoderno, desatado alrededor de la noción de "multitud", véanse el artlculo de L. Mattini "¿Clase obrera versus imperialismo o multitudes contra el imperio?”, en La Fogata 14/8/02, el reportaje a H. Gonzalez en Página 12 24/2/02 o el» dossier de La escena contemporánea 4, mayo de 2000. '
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Sin embargo, no estamos ante “el pueblo” del viejo populismo pero- nista, sino ante “la gente” del nuevo populismo posmenemista que, co- mo ya sabemos, es su versión diet y digestiva para el liberalismo. ¿Proli- feración de subjetividades? ¿Multi- plicidad y diferencia de estilos de vi- da? Recordemos los argumentos de tino de los padres del liberalismo: “puesto que es útil, mientras durela imperfección del género humano, que existan opiniones diferentes, del mismo modo será conveniente que haya diferentes maneras de vivir; que se abra campo al desarrollo de la diversidad de carácter, siempre que no suponga daño a los demás; y que cada uno pueda, cuando lo juzgue conveniente, hacer la prueba 'de los diferentes géneros de vida”. Es cier- to que el señor Mill, cuando ilustra- baese “daño a los demás”, mostraba en público las hilachas de su libera- lismo: “la opinión que afirma que los comerciantes de grano hacen morir de hambre a los pobres o que la propiedad privada es un-robo, no debe inquietar a nadie cuando sola- mente circula en la prensa; pero puede incurrir en justo castigo si se la expresa oralmente en una reunión de personas furiosas, agrupadas a la puerta de uno e esos comerciantes, o si se la difunde por medio de pas-
quines”.20 Pero no importa. Estos in- telectuales viven entre niños deSnu- tridos en un país capaz de alimentar a su población multiplicada por cin- co, pero no acostumbran cuestionar la propiedad de la tierra ni de la ren- ta agraria. La tolerancia de Mill -o mejor: la tolerancia represiva disecada en Marcuse- alcanza para que sigan expresándose en sus terapias de gru- po y sus carnavales.21
8. El discurso de estos intelectuales, dijimos, asimila las dimensiones po- líticas de las luchas sociales digirién- dolas como micropolíticas posmo- dernas. Las organizaciones y las lu- chas particulares deben, entonces, mantenerse diferenciadas y renun- ciar a inscribirse en una empresa de transformación revolucionaria más amplia. En relación con la insurrec- ción de diciembre de 2001 leemos así ‘ en La Escena Contemporánea: “pensar las experiencias de otro mo- do, supone no creerlas escalones en una marcha ascendente hacia la me- ta que en el futuro espera. Antes bien, se trata de encontrar en cada una aquello que ya tiene, lo que por- ta como realidad. Se trata de afirmar que no ganamos nada midiendo el grado de revolucionarismo que por- tan oclasificándolas en fáciles y pe- dagógidas ‘izquierdas y derechas’. La
2° J. S. Mill: Sobre la libertad, Madrid, Hyspamérica, 1985, p.72, 71. y 2" H. Marcuse: ’Repressive tolerance”, en R. P. Wolff, B. Moore Jr. y H. Marcuse: A critique
of pure toleranae, Londres, J. Cape, 1969.
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revolución futura -la haya o norea-l- mente-s no nos da la medida de las luchas presentes, ni las justifica ni las valoriza. Si tienen un valor, una jus- tificación, es por lo que crean aquí y ahora”.22 -Y el “¿Colectivo Situaciones asevera, a propósito del movimiento piquetero: “los medios de comuni- cación han contribuido a volver ac- cesible el movimiento. Muestran la lucha piquetera subordinada a las coordenadas de la coyuntura política y económica. La\lucha de los pique-‘- tes pierde toda singularidad para transformarse en un elemento de una situación ‘otra’, más importante porque más general: la situación na- cional. La lucha piquetera deja de ser, en sí misma, una situación con la que comprometerse, para pasar aser .un actor, una parte, un elemento de la situación general. Pero aceptar la inevitabilidad del punto .de vista de lo general implica a la vez subordinar toda situación a mera porción o seg- mento de una totalidad siempre ya constituida. (...) ¿De dónde se parte para pensar la propia situación: del concreto situacional que se habita o de una hipotética —y no siempre efectiva- situación nacional? ¿De dónde se parte para elaborar el senti- do de la experienciaP-Si se aCepta la premisa de un pensamiento que abs- trae las condiciones concretas de su
intervención y extrae su sentido de una situación general se arriba a una subjetividad gobernada por los tiem- pos y los requerimientos de las co- yunturas políticas”.2 Discursos como estos promovieron la adopción de posiciones políticas. decididamente reaccionarias entre los movimientos sociales-como, por ejemplo, aquella del boicot a las iniciativas de unidad del movimiento de desocupados que tomaron cuerpo en los congresos pi- queteros y los planes de lucha unitav rios de fines del 2001, iniciativas que contribuyeron de manera decisiva a la propia insurrección de diciembre. Pero no podemoslexaminar aquí ca- da una de las implicancias políticas de estos discursos. Preferimos en cambio concentrarnos en las carac- terísticas generales de la micropolíti- ca posmoderna que promueven.
A esta altura resulta evidente que esta micropolítica posmoderna, en su renuncia a cualquier perspectiva de transformación global de las rela- ciones sociales capitalistas, es laantír tesis .misma de cualquier política re- volucionaria. La micropolítica pos- moderna es, más exactamente, un menú que. los Estados capitalistas contemporáneos se dispusieron a di- gerir sin mayores dificultades esto- macales; R. N ozick sostuvo hace treinta años, a propósito del marco
22 La escena contemporánea: "La vorágine", en La escena contemporánea 9, octubre
2002.
23 MTD Solano yy Colectivo Situaciones: La h
De mano en mano, 2002.
ipótesis 8.91. Masa/lá de los piquetes, Bs.As,
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Mogoda 2004
instaurado por su Estado mínimo: “aunque la estructura eslibertaria y de laissez-faire, las comunidades in- dividuales dentro de ella no necesi- tan ser así, y tal vez ninguna comu- nidad dentro de ella escoja ser así. De esta manera, las características del marco no necesitan introducirse en las comunidades individuales. En este sistema de laissez-faire —se entu- siasmaba Nozick- podría resultar que, aunque están permitidas, no hayinstituciones ‘capitalistas’ real- mente funcionando; o bien, que al- gunas comunidades las tienen y otras no, o- que algunas comunidades tienen algunas de ellas, o lo que us- ted quiera”.24 Sin embargo, la natu- raleza positiva de esta micropolítica posmoderna puede seguir resultan- do poco evidente. Hagamos explíci- to, entonces, algo que venimos sugi- riendo desde el comienzo: la micro- política posmoderna es apenas una versión plebeya del liberalismo de los señores y los individuos y peque- ños grupós de opinión que la impul- san son vástagos del liberalismo de nuestros sectores medios urbanos, con unas pocas líneas de fiebre y al- guna cita de moda a la mano. S. Zi- zek sostenía, en un debate reciente
sobre las políticas posmodernas de otras latitudes, que “se producen so- bre el fondo de cierta renunciación y aceptación silenciosa: la renuncia a la idea de un cambio global en las rela- ciones fundamentales de nuestra so- ciedad (¿quién cuestiona todavía Se- riamente al capitalismo, el Estado y la democracia política?), y, por con- siguiente, la aceptación del marco capitalista democrático liberal, que sigue siendo el mismo, el telón de fondo incuestionable, de toda la prolifera- ción dinámica de la multitud de sub- jetividades nuevas”. Y concluía que “la izquierda tiene hoy una opción: o acepta el horizonte democrático li- beral predominante (democracia, derechos humanos y libertades...) y emprende una batalla hegemónica dentro de él, o arriesga el gesto opuesto de rechazar sus términos mismos, de rechazar directamente el chantaje liberal actual de que propi- ciar cualquier perspectiva de cambio radical allana el camino al totalitaris- mo”.25 También nosotros, ante las versiones vernáculas de estas micro- políticas posmodernas, preferimos arriesgar un gesto a favor dela revo- lución.
24 R. Nozick: Anarquía, estado y utopía, México, FCE, 19'90, p.308. Es interesante recordar queuno de los ejemplos más desarrollado por Nozick de estas comunidades no capitalistas admitidas. dentro del marco de su estado capitalista mínimo remite a unidades productivas
manejadas por sus propios productores.
25 S. Zizek: "Mantener el lugar", en J. Butler, E. Laclau y S. Zizek: Contingencia, ironía y uni- versalidad Diálogos contemporáneos enla izquierda, BsAs, FCE, 2003, p.322, 327.
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Paul M. Sweezy (lO/4/1910.-27/2/2004) Una breve remem'branza y apreciación
Gerald A. Levy
En el otoño de 1975, mientras aún era profesor en la New York University, parti- cipé de una clase titulada “Leyendo y usando El Capital” dictada en la Facultad de Posgrado de la New School for Social Research por un miembro visitante: Paul M. Sweezy. Sweezy aceptó dictar ese curso para cubrir el temporario aunque devastador vacío en el Departamento de Economía de la New School, causado por la muerte de Stephen H. Hymer, de 39 años, en un accidente automovilístico en febrero de 1974.
El curso fue diferente de cualquiera otro curso que había tomado. Fue un fenó- meno y un reflejo de un tiempo en que era muy fuerte el entusiasmo por estudiar a Marx y a la economía política marxista. Fue también un signo de admiración aplica- do a la alta estima que los estudiantes de económía política tenían por Sweezy.
Déjenme contarles un poco sobre aquello. Para comenzar, no había un aula en el edificio de la Facultad de Posgrado de la 5il Avenida tan grande como la enorme aula —que, si recuerdo correctamente, había sido una cafetería- que se había reservado en el piso 12. No recuerdo cuántos estudiantes había en la clase —por lo menos 150, qui- zás 200. Yo tuve que infiltrarrne en el aula mostrando un carnet de computadora que encontré tirado cerca del laboratorio de computación de la New York University y que se parecía a la tarjeta requerida para la admisión. No recuerdo ninguna otra clase en la New School donde se requiriera una tarjeta de admisión para ingresar al aula. Nunca antes había habido una clase tan masiva, e incluso nunca desde entonces, dic- tada en el Departamento de Economía de la New School. N o fue sólo una clase, fue un evento.
N o recuerdo cuántos grupos de estudio había —quizás una docena. Yo conocí y más tarde me volví amigo del asistente de Paul,John Ernst. Hay alguna ironía en ello porque john había estudiado previamente con Paul Mattick Sen. No había mucho tiempo para la discusión y Sweezy descansaba grandemente en las cabezas de los gru- pos de estudio para asistir a los estudiantes en su estudio de El Capital (Volumen I). Era una clase tan masiva que pocos estudiantes podían recibir instrucciones indivi- dualizadas de Paul. Lo que recuerdo más vívidamente acerca de la clase es que la mayoría de los estudiantes estaban simplemente tomando notas, anotaban práctica- mente palabra pór palabra de las clases de Sweezy. Debe recordarse que esto sucedía en el momento de máxima influencia de la “escuela de la Monthly Review”. La abru- madora muchedumbre de estudiantes simplemente lo adoraban.
Yo no encontré su estilo de enseñanza particularmente impresionante. juzgado por las reacciones de sus estudiantes, ellos no acordaban. Era muy... digamos... prq'e- sional en su estilo. No era ciertamente un orador de masas como Luxemburgo, Lenin o Trotsky. Pero, a su manera, era una leyenda viviente. Estaba entre los pocos marxis- tas en la academia de los Estados Unidos que mantuvo Su integridad política y perso- nal durante los años negros del macarthismo. El, junto al último Leo Huberrnan, cre- aron en 1949 una revista que ayudó a mantener viva la llama del marxismo en' los Estados Unidos durante ese período de represión. Y mostró en varias ocasiones que estaba deseoso de reviSar sus posiciones después de eventos que demostraron que era necesaria una revisión. El no fue un dogmático. Fue un alumno. Empujó a otros mar- xistas a pensar por sí mismos y a defender aquello en 'l'o que creían. Lo echaremos muchísimo de menos.
nadamas
Editorial
Gérard Duménil / Dominique Lévy '
Ellen M. Wood
‘
Michel Husson l Adolfo GiIIy Joao? Machado Alberto Bonnet
Hernán Ouviña
Gerald Lévy
del Sur
Un panorama menos oscuro
El imperialismo en la era neoliberal
,E""mperio capitalista y el Estado-nación.
nuevo imperialismo norteamericano? Europa-EEUU: Un equilibrio inestable
Bolivia: Una revolución del Siglo XXI
Brasil: Balance del gobierno Lula
y Lamas sociales y micropolítica posmoderna
Zapatismo, piqueteros y sin tierra, nuevas radicalidades
Paul M. Sweezy Una breve remembranza y apreciación
ISSN 16668804
Tierraí'liicgn \l\'l , t