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Sociedad O Economía O Politica

. ' 1 r, CESAR ¡f LTAMlRA ° País en transición y recomposición d'eila izquíe - DAN] -; 4 (:[EZA 0 El F.P.: Una experiencia inédita en Argéntina

I. BE N. AMIN (:0R1AT ' 0 Taylorismo, Fordismo y Nuevas Tecnologías _ ' CARLOS DEGREGORI ' °Sendero Luminoso. -' HHH)! HARTMANN ' °Marxísmo y.feminisïno

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Cuadernos del Sur

Número -5 I Marzo-Mayo 1987

CONSEJO EDITORIAL

Argentinazm / Eduardo Lucita / Roque Pedace / Alberto I. Pla / Carlos Suárez

México: Alejandro Dabat / Woo / Adolfo Guilly/José Maria Iglesias (Editor)

73: 2579..- 1/55,? s: ¿af/,76 (1 ¡{pr en 0

Italia: Guillermo Almeyra

Brasil: Enrique Anda

1:" GPU ¿tzï'r r _/ 5‘2'5512,»”.() El Comité Editorial está constituido por los miembros del Consejo Editorial residentes en Argentina

Publicado por © Editorial Tierra del Fuego Número s

Argentina, Marzo-Mayo ¡9-87

Toda correspondencia deberá dirigirse:

En Argentina:

Casilla de Correos No. 167, 6-B, C.P. 1406 Buenos Aires - Argentina

INDICE

CESAR ALTAMIRA 'O País en transición y recomposición de la izquierda (en busca del eslabón perdido)

DANIEL CIEZA O El Frente del Pueblo: una experiencia inédita en la Argentina

EDUARDO LUCITA O Breves consideraciones sobre la reforma laboral (o acerca de la imposición de nuevas realaciones jurídicas entre las clases)

BENJAMIN CORIAT O Taylorismo, fordismo y' nuevas tecnologías en los países semiperiféricos (entrevista de Gifly/Palacios)

CARLOS DEGREGO'RI O “Sendero Luminoso” lucha armada y utopía autoritaria

ROBERTO SEGRE O Tendencias y alternativas de la vivienda en Cuba socialista

HEIDI HARTMANN O El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo

Artista Plástico invitado: CARLOS BOCCARDO

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CUADERNOS DEL SUR responde a un acuerdo entre personas, las que integran el Consejo Editorial. La revista es ajena a toda organización. La pertenencia, actUal o futura, de cualesquiera de sus integrantes a partidos o agrupamientos políticos sólo afecta a éstos de modo individual; no compromete a la revista ni ésta interfiere en tales decisiones de sus redactores.

CUADERNOS DEL SUR es un órgano de análisis y de debate; no se propone, ni ahora ni en el futuro, ser un organizador político ni promover .reagrupamientos programáticos.

El Consejo asume la responsabilidad del contenido de la revista, pero deslinda toda responsabilidad intelectual en lo que atañe a los textos firmados, que Corren por exclusiva cuenta de sus autores, cuyas particulares ideas no son sometidas a otro requisito que el de Ia consistencia expositiva. El material de la revista puede ser reproducido si se cita fuente y se añade la gentileza de comunicárnoslo. Las colaboraciones espontáneas serán respondidas y, en la medida de nuestras posibilidades, atendidas.

L , J

PAIS EN TRANSICIÓN Y RECOMPOSICION DE LA lZQUIERDA (en busca del eslabón perdido)

César Altamira-

La Argentina transita una época de cambios. Las tansicio- nes, en cuanto a tales, suelen teñir la trama de los movimien- tos de reacomodación del tejido social, presentando como esenciales a quellos que, tal vez, no son más que formales, y al contrario, pintando de apariencia a desplazamientos que hacen a la esencia misma de la transición. Nos encontramos así en un tiempo de confusión, de marchar y contramarchar en la percepción de los fenómenos sociales. en el que las ten- dencias profundas se ven frecuentemente enmascaradas por la superposición de películas accesorias, originadas en ámbi- tos los más diversos, por lo cual a menudo los análisis se focalizan en problemáticas que en proyección resultan secun- darias, dejando de lado aspectos a los que el futuro otorga- rá, probablemente, relevancia ahora insospechada.

Ejemplo claro de estos trastocarnientos lo constituye sin duda la visión cortoplacista que se tiene de la crisis eco- nómica del país, desde un amplio espectro de sectores polí- ticos. Visión cortoplacista por parte de la propia dirigencia obrera cuando se desliza sin solución de continuidad desde el diálogo con el 'gobierno. hacia la confrontación, a partir de diferencias en cuanto a los aumentos salariales, sin incor- porar las alternativas de la recomposición capitalista y sus consecuencias sobre el movimiento obrero. Visión cortopla- cista de los empresarios en cuanto la preocupación se ciñe al movimiento de los precios y salarios, postergando la disCusión de los nuevos perfiles del acumulación.

Si a esta situación agregamos la ausencia de un sector de la intelectualidad argentina como resultado directo del accionar terrorista militar; si le sumamos el trasvasamiento ultraopor- tunista de la intelectualidad que, sobreviviente’a la dictadura,

(j MARZO 1987

se arroja hoy a los brazosdel oficialismo bajo distintas varian- tes'y produce un discurso político sembrado de amnesia y contagiado por un ‘ïacademicismo que hace del marxismo le- tra muerta y lo intenta. borrar de su matriz intelectual; si aceptamos y computamos la desaparición real de impertantes cuadros sindicales y reconocemos la lenta recuperación del movimiento obrero y de sus aliados populares, nos acercamos quizás a comprender qué nos pasa hoy.

Todo esto no hace más que confirmar la profundidad de la lesión infringida por el terrorismo de Estado al conjunto de nuestra sociedad. Y contribuye, sin agotarlo, a explicar el nebuloso panorama de la transición. Transición política. Transición económica. Yuxtaposición de, sus campos, más allá de las especificidades propias, ¡que vuelve difícil el alum- bramiento y la búsqueda'de recomposición que nos debemos.

En esta situación de oscurantismo existen, empero, coinci- dencias. Confluencias que hacen a la definición de una ma- triz elemental, pero que, a poco de andar, se dividen, bifur- cándose en tantos caminos como expresiones políticas exisv ten. En efecto, una coincidencia entre .los distintos estratos políticos argentinos puede ser ubicada en la afirmación um? sona de que el país atraviesa una crisis. Pero luego de traspo- ner las puertas de tal reconocimiento, comienzan las divergen- cias, Así, es posible recalar en puertos donde la causa funda- mental de la misma se encuentra en elf desmesurado creci- miento del Estado, su déficit, la creciente estatización de la economía y 'el -=cercenamiento de los ámbitos de la actividad privada. Por lo que la superación de la crisis partiría de apli- car las correspondientes recetas de la- económía social de mer- cado, encontrándose ahí el camino de la recuperación. Sin demasiada. agudeza política se puede indentificar a sus de- fensores con los sectores políticos más-reaccionarios de la sociedad argentina», la UCD y acíólitos. También es posible acercarse a. posiciones defendidas .por unamplio sector polí- tico para ¡el cual lla. causa fundamental de nuestra crisis se encuentra en la inmensa deuda, externa, que se convierte en inmediato en la, hacedora principal de la imposibilidad de cre- cer. No importa cómo crecer, ni con qué. perfil, ni hacia dón- de. .En este caso; el no pago de la deuda consistiría en el fun- damental y decisivo factor que levantaría el obstáculo al des- pegue. El. espectro político es ancho: abarca desde sectores importantes del PJ, Renovadores Pero-nistas, Peronistas Re-

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volucionarios, Miguelismo y hasta el Ubaldinismo, pero inclu- ye también el PI, a la Democracia Cristiana y alcanza al .pro- =pio FREPU, MAS y- PC. Más allá de las diferencias políticas qu expresan estos sectores, se reconoce ese común denomina- ïdor, independientemente de los objetivos y de las Vías plan- teadas por cada uno.

Finalmente, encontramos-como en oposición a eate aba- nico la posición del gobierno, quizás, la qUe mejor expresa y defiende la‘superviviencia del sistema en el país: considera que existe un modelo de crecimiento agotado —el de suetítuh ción de importanciones—' y que resulta necesario enfrentar la situación 'de crisis a partir de un nuevo modelo que permita reacomodar las cargas y revertir el estancamiento económicos Propone "el modelo exportador. Pero,_rnás "allá, intenta el despegue en otros terrenos: la ref0rma del Estado (obligada para cualquier moderniZaCÍón capitalista), la reforma de las lli‘uerzas Armadas (Condición neceSaria aunque no suficiente (para institucionalizarlas) y, aunque tod‘avíano se laadVÍ‘erLa para cualquier modernización capitalista), la reforma "de las Fuerzas Armadas (Condición necesaria "aunque no suficiente para institucionaliZarlas) y, aunque todavía nose la "advierte. en su real trascendencia, en el aspecto social más' económico, las reformas próximas a establecerse en el núcleo mismo de la explotación capitalista, en la- propia fábrica, a través de l'a le- galización de una nueva relación entre capi-tal y trabajo, cons- tituyen otros tantos frentes de combate del partido oficial que homogeinizan y dan sustento a la posición dela actual gestión.

El objetivo de estas reflexiones es- el de acercarnos a una caracterización de la crisis económica actual, desarrollar un. análisis específico de la misma sin. detenernós en las aristas vecinas políticas, sociales y laborales, más que cuando. nos' resulte imprescindible para fundamentar nuestra argumen- tación, con el objeto de aportar al debate en curso.

La tesis que sustentamos parte. de reconocer que la actual crisis económica es de caracter estructural; que la deuda ex- terna no constituye: por lo tanto. la causa fundamental de la misma y que la posibilidad de salida del estancamiento no podrá obviar un desarrollo intensivo del capitalismo en el país, ni tampoco la tendencia a una mayor integracióna la economía mundial, direccionamiento que deberá ajustarse al realineamiento que se viene produciendo- en es'e..,marco a

8 MARZO 1987 partir de la nueva división internacional del trabajo. El Movimiento Obrero, sujeto u objeto de la reestructuración:

El abordaje de la crisis económica plantea la necesidad de ruptura con una visión endogenista, intemista del compor- tamiento de la economía argentina, visión que encuentra su matriz en el modelo de funcionamiento semicerrado al que se ajustó el sistema económico nacional durante los últimos cua- renta años.

En efecto, la idea de un funcionamiento “autónomo” del capitalismo nacional llevó inevitablemente a desviar la mirada hacia el mercado interior como el único elemento dinamiza- dor de la economía, interpretando así a la historia económi- ca, los ciclos y depresiones, más como el resultado de las acciones y Sumatoria de voluntades de las distintas políticas económicas, que como expresión del desarrollo de leyes de funcionamiento de la economía política

Esta fetichización de la economía derivó en el surgimiento y posterior fortalecimiento de posiciones políticas, que tras; una fachada chauvinista asumieron una única lectura del de-' sarrollo, hecho que inequívocamente llevó a catalogar de proimperialista o fondomonetarista cualquier actitud que en_ el terreno económico, posibilitara algún grado de integración a la economía mundial (si bien es cierto que estos objetivos fueron impulsados po'r las fuerzas políticas reaccionarias na- cionales o bien por gobiernos militares). Estas mismas ideas, defensoras acérrimas de una burguesía o empresariado nacio- nal, retrasado en su momento, no competitivo y ya en vías de extinción, añoran al mismo‘tiempo la integración mundial. brasileña y envidian el formidable desarrollo alcanzado por' ese país, sin detectar el profundo grado de inserción de esa economía en el mundo.

En definitiva, tras esa visión endogenista, defensora de un desarrollo basado en lla ampliación del mercado interno, en la redistribución del ingreso y en la incorporación abierta del Estado en la economía, se levanta la idea de la postula- ción de un desarrollo hacia adentro, parcializando, limitando los grados de integración al mercado mundial.

Se trata pues de romper con esa visión arcaica y de rescatar en el análisis las distintas formas en que las relaciones econó- micas nacionales se insertan en la economía mundial, enten-

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diendo a ésta como “el conjunto de relaciones de producción y de cambio correspondientes que abrazan a la totalidad del mundo”.1 Es en este sentido que la economía muncial capi- talista debe ser vista como un sistema articulado de relaciones que incorpora al mismo tiempo a los países más avanzados cuanto a los menos desarrollados, vinculados entre sí‘ por re- laciónes capitalistas de interdependencia basadas en una divi- sión internacional del trabajo.

De esta manera, la economía mundial es comprendida como una totalidad compleja constituída por espacios eco- nómicos disímiles y desiguales, los espacios de valorización y de reproducción nacionales, que se encuentran integrados a través del mercado mundial, el que brinda el espacio de cir- culación del capital y al mismo tiempo genera una fuerza cen- tripeta ¡tendiente a la articulación del conjunto.

Sólo de. esta manera puede ser visto el mercado mundial como __el producto del desarrollo capitalista (tendencia del ca- pital a expandirse ilimitadamente allende sus fronteras) y como una combinación de las economías y naciones de de- sarrollo desigual, que se constituyen en la contrapartida complementaria a la concentración, delimitando los límites geográficos de la valorización nacional.

Por otra parte, al rescatar un análisis con este marco con- ceptual obliga a modificar las variables clásicas utilizadas por las distintas escuelas económicas latinoamericanas, keynesia- nas y postkeynesianas, y que tan hondo han calado en la izd- quierda argentina. Se trata, en todo caso, de adentrarse en determinación de elementos tales como desarrollo del capital, la conformación y dinámica de las clases sociales, las carac- terísticas'salientes del Estado. El objeto es pues recuperar el estudio de la dinámica interna de los procesos, de las raí- ces materiales de las clases sociales y las determinantes del modo de producción, y reemplazar así el excesivo hincapié. en el comportamiento superficial de las clases sociales y su correlación de fuerzas.

En este contexto ¿cuáles son las fuerzas objetivas imperan- tes en la sociedad argentina y que desatadas son capaces de generar un acelerado desarrollo del capitalismo? ¿Es posible una salida capitalista a la crisis? O, si se quiere invertir la pre- gunta, ¿La resolución de la crisis supone necesariamente una transformación revolucionaria de la sociedad?.

Creemos que la situación objetiva es de tal gravedad que,

l'.0 MARZO 1987

por un lado, se potencian las condiciones materiales para una transformación revolucionar-ia, pero que, al mismo tiempo, el movimiento social se encuentra debilitado, disperso, su- friendo los embates de una ofensiva que en el marco de la crisis lo arroja irremediablemente a una posición defensiva. No se trata hoy pues de avanzar sobre el poder social del ca- pital, sino en. todo caso de retroceder _lo menos posible; de frenar la marcha del retroceso; de desentrañar las políticas que en elj contexto de resolución capitalista de la crisis per- mitan una_salida_ de la misma lo más solidamente armado para poder hacer frente a la nueva etapa que ha de abrirse. Debe- mos com-prender nacesariamente en esta situación desfavora- ble que la calificación de la salida, coloca al movimiento obre- ro como objeto de la reestructuración y no como el elemento dinámico, propulsor y sujeto de la misma. Esta idea bajo ningún, punto de vista supone enfrentar a 'la crisis en la pasi- vidad. Por el c0nt-rario el movimiento obrero seguirá dando luchas, globales y parciales, con rasgos más y menos eConomicistas, pero estamos seguros que en el desarrolllo de esas luchas se encuentra también la posibilidad material, ob- jetiva, de alumbrar nuevas propuestas. '

El análisis de la crisis económica del país requiere la incor- poración de tres aspectos que, superpuestos, constituyen par- te’s de un todo cuÏya comprensión sólo es posible sobre la ba- se dela desagregación parcial: '

a) carácter estructural de la crisis

b)legados del Proceso y el escenario de la crisis: la deuda

externa

c) la crisis mundial del capitalismo y su influencia sobre

Argentina

Del' modelo semicerrado a la apertura de la economía.

El primer aspecto señalado considera que la crisis actual de la economía argentina tiene características estructurales, por lo tanto no puede ser abordada como las- anteriores. En efec- to, desde hace ya más de cuarenta años la Argentina se viene debatiendo entre la inmensa voluntad de crecer, y sus posi- bilidades objetivas de lograrlo en forma estable. Durante este lapso prolongado, el capitalismo se desarrollóechandomano inicialmente a un desarrollo extensivo del "mismo «época de los 3.0 a los 50-, para luego en la década. de los sesenta pivo-

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tear sobre un modelo de acumulación que presentaba rasgos mucho más intensivos.

a) Del país agrario a la industrialización liviana:

A partir de los años 30 la Argentina vive un proceso de cambios que la convierten en un país semiindustrial, sobre la base de la incorporación de una tecnología intensiva en la u, tiIÍZación de fuerza de trabajo, lo que habría de traer impor- tantes consecuencias económicas‘ y sociales.

Este primer momento de industrialización que Corre hasta los 50 aproximadamente y se edifica sobre la prodUcción de bienes de consumo durables, provoca. una primera etapa de Sustitución de importaciones, Este tipo,- de desarrollo indujo un rápido crecimiento del‘ mercado interior de bienes de con- sumo, cobrando un empuje formidable a partir de la política peronista de redistribución del ingreso. La extensión geográ- fica del mercado interno, impulsando la! incorporación en el mismo de sectores importantes de la sociedad argentina, esti- muló los proCeSOS de integración nacional así como su desa- rrollo.

El pequeño taller, propio de la época anterior, comienza a ser reemplazado por la fábrica, cimentándose así el nacimien- to de un movimiento obrero fabril que tiende a nuclearse en el gran centro de producción, contrapu'esto pues al' pequeño núcleo de maestros y aprendices de la primera época- Es-el momento de consolidación de la estructura sindical argenti- na, que se acelera notablemente a partir del peronismo,

Este proceso de acumulación de capital tiene lugar en un contexto de cambios importantes de las relaciones nacionales con el resto del mundo. La situación, de conflicto mundial que se vivía había provocado laüautonomización de los espa- cios de valorización nacional, al mismo tiempo que dificul- tab'alel. comercio mundial. De esta manera el. desarrollo inter- no aCOmpaña las tendenciasimperantes .a nivel inter-nacional, acelerandeose así el proceso de sustitución de importados nes.

En. este modelo. de industrialización el Estado jugó un rol central, transfiriendo recursos, redistribuyendo la plusvalía- social generada, actuando como regulador social-'37,:árbitro de disputas redistributivas, Así, durante esta etapa de industria,-

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lización liviana el Estado va a cumplir funciones que van des- de la protección y financiamiento de la pequeña y mediana- industria nacional hasta erigirse en uno de los factores esenciales en la constitución del mercado de capitales nacionales.

Al mismo tiempo, de la mano de la política oficial se va conformando un nuevo estamento de capitalistas nacionales, diferenciado del sector agroexportador, más directamente re- lacionado a la dinamización del mercado interno y fuerte- mente favorecido por la política redistributiva y de aumento del salario real. Se produce pues la confluencia entre este nue- vo sector capitalista, el movimiento obrero y el propio apara- to estatal, impulsor desde arriba de Ia conformación del nuevo bloque de poder hegemónico en el país, ¿que viene asi a disputar los espacios políticos y económicos del orden conservador imperante hasta esos días.

La modificación de los precios relativos entre agro e indus- trias, los créditos subsidiados, las excenciones impositivas, las gravaciones a las exportaciones, las altas barreras arancela-- rias, en-última instancia la transferencia de fondos del sector agro-exportador al urbano industrial, conforman las medidas, contracara legal del nuevo bloque de poder, que iba a marcar el futuro político argentino. '

Todos estos cambios acelerados durante la época peronista provocaron sin duda un rápido proceso de industrialización con características particulares que le otorgaron un perfil propio. Así podríamos afirmar que esta industrialización no se debió tanto a una acción renovadora, transformadora, dina- mizada por parte de los sectores industriales, cuanto a la acción protectora del propio Estado. Y es precisamente en esta época donde hay que sondear el surgimiento de las visio- nes mercado internistas, no sólo en los propios grupos in- dustriales sino como idea central que se transmite al con- junto de las fuerzas sociales beneficiadas por el proceso y que va a marcar también a las fuerzas políticas independiente- mente del signo a que pertenezcan.

La izquierda argentina verá con buenos ojos todo desarro- llo que privilegie la ampliación del mercado interno, sin en- trar a considerar el tipo de desarrollo ni tampoco su grado de verosimilitud, las consecuencias que el mismo pueda traer so-ï bre el movimiento obrero. En todo “caso va a pesar más la ex- periencia populista que la racionalidad del modelo.

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Este tipo de industrialización significó la liquidación de to- da actividad exportadora industrial y atentó contra la integra. ción horizontal, provocando la proliferación de pequeñas y medianas empresas'generando divisiones al interior de la pro- pia burguesía industrial.

El Estado, de esta manera, se constituye en el articulador del bloque hegemónico que, albergando a clases sociales con- trapuestas, presentan intereses comunes abisagrados tras el desarrollo del mercado interno (intereses populares, industria- les y de importantes sectores medios), excluyendo así del nuevo esquema de poder a la oligarquía argentina la que se ve alejada del poder político, pero conservando todo su poten- cial económico. Claro ejemplo éste de disociación del poder político y económico.

Finalmente como factor social importante a tener en cuen- ta en este proceso de industrialización se destaca el hecho anómalo de la constitución previa de un movimiento obrero organizado fuerte, antes que la nueva clase capitalista indus- trial tuviese representación autónoma en el aparato estatal y se consolidase como tal.

Pero el obstáculo que presentaba el sector externo para la provisión de divisas necesarias para la adquisición de equipos y tecnología, apuntalado por la drástica caída de la producción agrícola así como la de la productividad del tra- bajo, asentada esta última en los fuertes incrementos del sa- lario real, generaron fenómenos incompatibles con la lógica de acumulación de capital. Esta comienza a resentirse, a de- teriorarse. Se impone pues la necesidadde reestructurar la ali- caída rentabilidad capitalista, echando mano .a la clásica reducción del salario y ala búsqueda de una. reestructuración, mediante un modelo de acumulación que tuvo como eje arti- culador a la producción de bienes de capital en reemplazo de la de bienes de consumo. Nos referimos al impulso desarro- llista de la generación de grandes obras de infraestructura, e- nergía, transporte y siderurgia, en las que el Estado jugó un papel central. A estos sectores se van a sumar en el terreno privado, la petroquímica y el automotor,

b )De la industria liviana a la pesada:

Así entonces en el período 60-73 se produce un cambio

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sustancial en el proceso de acumulación. La elevación de la composición orgánica de capital, el alargamiento del ciclo de rotación del mismo debido a las inversiones en bienes de e- quipoy capital que trastocan la relación capital /tra_-bajo_, pro- vocan una dinamización importante de la economía argentiJ na. Es la etapa del desarrollo intensivo del capitalismo asenta- do en la incorporación de una tecnología moderna de capital intensivo, y que provocaría a la postre el nacimiento de la segunda etapa de sustitución de importaciones.

Este proceso de búsqueda de aumentos de la productividad del capital a través de la incorporación de tecnología, provoca una explotación mucho más intensa de la fuerza del trabajo,. elevando así los márgenes de beneficio. Los cambios produci- dos se generaron a partir del agotamiento del modelo de capi- talismo extensivo y cuando la expansión sólo es posible in- ducirla a través del abaratamiento de los costos. En el caso ar- gentino existe un elemento adicional: el escaso ejército industrial de reserva, rápidamente incorporado al proceso de producción en el ciclo expansivo, contribuía a mantener elevados los salarios, más allá de los altos niveles históricos.

Esta época se caracteriza también por la presencia im- portante de la inversión extranjera directa, al mismo tiempo que se aceleran. los procesos de endeudamiento internacional.

El resultado de esta nueVa fase se puede sintetizar en un 'fuerte incremento del grado de monopolización y el surgi- miento no sólo de grupos de nacionales que dominan impor- tantes sectores de la economía sino también del fortaleci- miento de grandes monopolios internacionales en la produc- ción industrial (automóviles, barcos, alimentos, etc.).

El gran capital nacional se cohesiona con grupos financie- ros centralizando así importantes inte’réses industriales y ban- carios, agrarios y comerciales. En este modelo de crecimiento las empresas transnacionales jugaron un papel central de tal manera que el final del período colocó a los grandes monopo- lios internacionales en el primer lugar de la producción in- dustrial, al mismo tiempo que se verificó un creciente desa- rrollo en otras ramas como finanzas, agricultura, y ganadería- a expensas del conjunto. de la gran burguesía argentina.

Este proceso de monopolización de la industria argentina genero una importante industria pesada, amplió la indus- tria automovilística y siderúrgica y como consecuencra de

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ello dió lugar a un sector obrero moderno, con un grado mayor de especialización, al mismo tiempo que incorporaba a la masa de asalariados a los estudiantes, intelectuales y la población femenina, iniciando el engrosamiento del sector servicios, y empobreciendo a la pequeña idustria.

Todo ello contribuyó a conformar una nueva estructura so- cial, mucho más politizada y sensible al accionar social, for- taleciendo los arcos de Solidaridad así como contribuía a soldar la unidad del campo popular.

La persistencia de un modelo de crecimiento industrial con altas barreras arancelarias habría de provocar:

a) El reforzamiento de las características particulares ya mencionadas en cuanto a la estructura industrial (esca- sa integración horizontal, plantas de tamaño inadecua- do internacionalmente aptas para funcionar tan sólo en mercado" interno, elementos estos que habrían de pos- tergar la modernización productiva).

b) La reducción de la competitividad internacional limitan- do así su grado de integración mundial. Este aspecto colocaba a la Argentina a contracara de la tendencia im- perante a nivel mundial. En efecto el mecanismo de internacionalización de la economía tendía a imponer a las economías nacionales, las determinaciones de valor existentes a nivel mundial, por lo que los distintos paí- es se veían forzados a generar internamente procesos va- riados de modernización industrial que los direcciona- ba a acercarse tecnológicamente a los países centrales so pena de quedar definitivamente marginados del mercado -'mundial.Esta marginalidad en situaciones de cambios ace- lerados a nivel productivo mundial provocaba limitacio- nes crecientes y dificultades en cuanto a las importacio- nes, estancamientos tecnológicos, reducción de los

procesos de acumulación y el consiguiente deterioro so- cial.

El Estado asume un rol importante en este proceso; pasa a ser ahora el impulsor de las grandes obras de infraestructura, cobrando de esa forma la inversión pública un peso enorme al mismo tiempo que se comienzan a dar los primeros pasos para el endeudamiento público externo.

El- hecho de que la industrialización argentina estuviera o- rientada a satisfacer más las necesidades del mercado interno

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que la" competencia o colocación de sus productos en el ex- tranjero, generó indudablemente también una frontera clara para la expansión de la producción. Es lógico. pensar que un reducido mercado interno se convierte rápidamente-en un lí- mite preciso para un incremento de la producción. Si a este factor se le agrega el de la escasa rentabilidad del capital pro- ducto de la respuesta favorable que hubo que dar en términos de demandas salariales ante la ofensiva popular desarrollada a partir de la segunda mitad de los 60 y el hecho de que la renovación tecnológica se retrasara en llegar, producto de las altas barreras arancelarias, entonces se podrá comprender con facilidad como es que se llegó a la nueva situación de cri- sis del capitalismo a partir de mediados de los 70. Entendida ésta, ahora, como agotamiento del modelo.

El comportamiento cíclico de la economía —con un sector externo que oficiaba de cuello de botella, limitando y redu- ciendo temporalmente la fase expansiva del ciclo- se presen- taba ahora mucho más agudizado, por cuanto la renovación tecnológica implicaba costos mayores al mismo tiempo que ya se, había entrado en la fase recesiva de la economía mun- dial. La situación planteada es pues la reformulación de los marcos estructurales de' acumulación del capitalismo en el’ país, a través de un reddblamiento de la acumulación intensi- va de capital mediante la modernización tecnológica.

Agotado el modelo de acumulación de capital basado en el mercado interno, 'tanto extensivo como intensivo, la opción se orienta entonces hacia los mercados externos.

De las desventuras de la economía y el fracaso de la política.

Así es como llegamos a 1976, cuyos legados de política económica conforman el segundo factor al que nos refería- mos anteriormente.

La nueva conducción se propuso a) alterar con carácter de permanente las reglas que imperaron en el proceso de acumu- lación hasta ese entonces; b) modificar consecuentemente la estructura de acuerdos sociales cimentados en corresponden- cia con el modelo de acumulación. Se parte de rechazar ambos caracterizándolos como antieficientistas y estatizantes. Uno y otro rasgo se superarían vía el retiro del Estado de la

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economía y dejando librado al mercado la asignación de los recursos económicos. La Empresa privada jugaba un rol central en este modelo al mismo tiempo que las ventajas comparativas constituían la lógica de la especialización a ni- vel internacional. Pero la aplicación de este plan requería de un objetivo previo: el abatimiento de la inflación.

Este objetivo subordinó prácticamente todo el esquema e- conómico, pasando desde el clásico abatimiento del salario, el quiebre de la estructura sindical y la prohibición de las huelgas como elementos indispensables que garantizaran una disminución de la inflación, hasta la tregua de precios y final- mente la apertura de la economía, precedida esta última de la reforma financiera. En este contexto el mercado financiero operaba reasignando los recursos eficientemente. Se instaura- ba así el modelo del enfoque monetario de la balanza de pa- gos.

Esta apertura externa financiera se generó en un marco de tremenda laxitud de los mercados internacionales de capita- les, provocando al mismo tiempo una penetración importan- te de la banca internacional en el mercado nacional que, en función de las condiciones internas imperantes (altas tasas de interés), entró a jugar un papel central en el otorgamiento de créditos externos. Facilitaba el acceso a los mismos a los ope- radores locales, quienes “tablita” de por medio y sin ningún tipo de trabas, con altas tasas internas, enjugaron cuantiosos beneficios sin necesidad de riesgo alguno. La vinculación con los mercados internacionales no sólo era patrimonio de los bancos extmajeros sino que en ese juego entraron también los bancos nacionales tanto privados como públicos.

Es así como en el marco de la apertura de la economía y de la reforma financiera paralela, se produce un acelerado proceso de desindustrialización. Las empresas se ven acorra- ladas por una tasa de interés sumamente'positiva así como por una fuerte disminución de la producción interna, sin po- sibilidades de competir internacionalmenten en su gran mayo- ría producto del crecimiento con alta distorsión tecnológi- ca que se había producido en los años anteriores. La creciente incompatibilidad entre una tasa de ganancia en paulatino des- censo con una voracidad desmedida del capital financiero, provocó la crisis financiera y la creciente insolvencia de las entidades internas no así para las tranSnacionalizadas que tenían acceso al mercado internacional. Pero sin duda que el

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impacto más grave se produjo sobre el sector externo de la economía argentina con el crecimiento desmedido y a tasas jamás alcanzadas de su deuda eXterna producto sin duda de la política económica desarrollada.

Es indudable que los resultados obtenidos no fueron los declamados en el' Acta de Reorganización Nacional. En todo caso la economía real reaccionó de manera muy distinta a la esperada por la conducción económica. Su política, apegada al funcionamiento de las variables económicas según la escue- la de Chicago y asentada en la operabilidad del mercado como elemento reasignador de los recursos, no fructificó. La realidad económica, la reacción de los operadores comercia- les, de los industriales, de la economía en su conjunto le jugó una mala pasada. El proyecto “transformador y no menos modernizante” de la dictadura, que tendía a realinea'rse según la operatividad de la ley del valor, habría de fracasar estrepitosamente como anteriormente. lo habían hecho otros tantos proyectos “modernizadores”. No basta que el modelo de crecimiento se oriente siguiendo las leyes tendenciales de funcionamiento de la economía capitalista mundial, se requiere también una gran dosis de realismo económico, Las. posibilidades de éxito dependen en un momento determinado delas orientaciones inducidas desde “arriba”.

En el terreno político, echar-a andar la idea de la liberaliza- 'Ción de la eConomía, significaba subordinar al movimiento o- brero a la lógica de Ia economía política del capitalismo, rele- gánd'olo “a un segundo plano en la vida política y social, de manera tal de comenzar a superar en ese terreno, las causas de' la crisis social a Ia que se había llegado a partir de la segunda mitad de los 60. Se requería del disciplinamiento social de la clase. Con este fin concurren no sólo la intervención sindi- cal, sino también y como medida a más largo plazo, los acuer- dos salariales acotados po'r fábrica o en el mejor de los ca- sos por sindicatós, lo que habría de generar una profunda dis» persió’n salarial. Este proceso unido al creciente cierre de industrias habría de producir importantes fisuras en el movi- miento obrero' lesionando los’ arcos de solidaridad que hasta entonces lo habían caracterizado. Es este mismo proceso de diferenciación salarial que hoy todavía se" arrastra, el que provoca serias divisiones al_ interior de los propios sindicatos. por rama y fomenta el individualismo extremo.

Los otros resultadOs ya son Conocidos: elevada desindus-

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trialización, disminución del peso cuantitativo y por ende so- cial del movimiento obrero, con la consiguiente alteración del mapa social nacional; desaparición vía competencia de grandes franjas de capitalistas (aquellos que operaban con al- tas barreras arancelarias) otrora sostenes de proyectos políti- cos y afianzamiento de nuevos y viejos sectores industriales altamente selectivos, drástica caída de la inversión produc- tiva; subordinación de la dinámica interior a la del capital financiero siguiendo así la lógica impuesta internacional- mente y sumiendo al país en un gran mercado especulativo. En f-in, un país devastado, desarticulado, disgregado, y con un agudizamiento de las causas crónicas del estancamiento eco- nomico.

Deuda y Crisis.

La problemática de la Deuda Externa debe encararse como uno de los legados más dramáticos del Proceso. Esta —la deu. da-- constituye en realidad el escenario en el cual se desarro- lla esa crisis más de fondo; la crisis estructural de agotamien- to ya mencionada. Al mismo tiempo que la profundiza, de igual manera la oscurece, relegándola a un segundo plano. La crisis de la deuda —crisis en el sentido de la. imposibilidad del pago- constituye en elffondo la clásica manera de manifesta- ción del estancamiento latinoamericano en general,- el sector externo como condicionante de la acumulación interna y argentino en particular, aunque si bien en nuestro caso este. problema se vio agravado por:

a) Un aumento excesivo e indiscriminado de las importa- ciones durante el período de Martínez de Hoz, en espe- cial luego de 1979 A

b)Los aumentos desmedidos de la tasa de “interés a nÍVel internacional impulsados pó‘r el creciente déficit fiscal norteamericano

c) La revaluación Constante del dólar por idénticos “moti- VOS

d)El deterioro del poder de compra, de las exportacio- nes.

En este sentido podríamos considerar. que la dictadura _mi.-

.litar- se encargó, vía su política, de exacerbar los. males endé- micos de la economía argentina, subordinando la actividad.

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interna a los intereses del capital financiero internacional, modalidad dominante del capital mundial. Los aumentos des- medidos de la deuda estuvieron favorecidos por la alta liqui- dez internacional, los préstamos fáciles otorgados por la ban- ca privada, y por la necesidad de tomar dinero por parte de los países menos desarrollados en virtud del deterioro de los términos de intercambio comercial. En este sentido los “fá- ciles” préstamos otorgados por la banca internacional no tu- vieron' otro efecto más que el de prolongar la agonía de un modelo de crecimiento cuyos últimos alientos sehabían mani- festado en los comienzos de los 70. La fabulosa deuda exter- na de América Latina, expresa por un lado la relativa autono- mía del capital financiero frente al productivo, así como las funciones que el capital dinero cumple en épocas de crisis: prolongación en el tiempo del estallido de ésta haciéndola al mismo tiempo más intensa.

De aquí entonces que no se puede confundir el efecto con la causa principal de la crisis: la deuda ex terna argentina cons- tituye el efecto de una crisis estructural de un modelo de acu- mulación del capitalismo argentino que se vio potenciada tan- to por política nacional cuanto por las medidas de política' económica a nivel internacional.

Más aún, de no existir una deuda de la magnitud de la pre- sente, podemos afirmar que la actual crisis persistiría.

No resulta muy difícil detectar la manera en que los distin- ‘tos sectores políticos se acercan a la problemática de la deu- ,da externa. Hasta se puede plantear que existe un común dew ‘nominador: el tratamiento aislado de la deuda, como un pro- blema en mismo, sin relación con los aspectos estructura- les de la economía, tanto cuando se lo analiza a nivel nacio- ,nal, cuanto internacionalmente, en el marco latinoamerica- no. En todo caso, la deuda es vista‘ como el efecto buscado por un capital financiero internacional perverso quien prestó para generar dependencia sin importarle el monto ni los.pla- zos, y no como la voracidad implacable del mismo en busca de ganancias mayores, hoy puestos en peligro ante la insolvencia manifiesta de los deudores; ni tampoco como las consecuencias obligadas de economías que, insuficientes para generar divisas internas para su crecimiento, tuvieron que re- currir al Capital financiero internacional con el objeto de re- mover los obstáculos exteriores al desarrollo. Así es como la misma superficialidad que caracteriza ese enfoque de la deu-

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da se encuentra presente en las distintas alternativas propues- tas: desde la suspensión de los pagos, el pago de un porcen- taje de las exportaciones, el no pago, el no reconocimien- to de la misma hasta la ruptura frontal con el FMI. Pero el problema no se detiene ahí, ya que tampoco se analizan las consecuencias de estas medidas; no en términos económicos solamente, sino las consecuencias sociales y políticas que pro- duciría tal determinación, tanto en el país como internacio- nalmente. La responsabilidad política de cualquier posición seria exige mínimamente un análisis ex-ante de sus conse- cuencias. Tampoco se propone qué hacer con las divisas pro- venientes del saldo de la balanza comercial, fondos destina- dos hoy al pago de la deuda, que se destinarían eventualmen- te al aumento de la inversión interna en el caso del no pa- go de la misma. Por otra parte, conviene señalar que los mon- tos remanentes del. saldo de la balanza comercial, son abso- lutamente exiguos respecto de la exigencias de dinamización de la economía.»

A nuestro entender, resulta importante recuperar la pro- blemática de la deuda en la medida que la misma condense una posición política antiimperialista, pero ello no implica adherir automáticamente a consignas poco consistentes o a propuestas cuyas consecuencias no harían, 'e'n el estado ac- tual de desarticulación social, más que agravar l'a crisis global.

El marco internacional.

El tercer elemento a tener en cuenta incorpora los facto- res externos que contribuyeron a precipitar y mantener la crisis. En efecto, la crisis mundial capitalista —clásica cri- sis de sobreacumulación de capital, desatada “cuando la ple- ¡na realización del nuevo valor creado por la sociedad no pue- de llevarse a cabo por medio de los intercambios orgánicos entre los dos sectores productivos”2— arrastra a los países menos desarrollados a su propia dinámica, subordinándolos en forma creciente a través del mecanismo de la dependencia financiera. La Argentina, como la gran mayoría de los países capitalistas menos desarrollados se encuentra apresada a la marcha que impone el capital financiero internacional, como Sector más parasitario del capitalismo a nivel mundial. El ele- mento nuevo de la década de los 80 lo constituye, en todo caso, la dependencia con respecto al mismo.

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No es menos cierto tampoco que el proceso de salida de la crisis del país se encuentra cada vez más atado a los avatares de la economía mundial. Así lo imponen la creciente interna- cionalización del capital, y la subordinación de las economías nacionales a la marcha de la economía mundial, nueva moda- lidad adoptada a- partir de loscambios operados en el capita- lisrno internacional en los últimoslveinte años. En efecto, en este sentido es importante apuntar que:

* El desarrollo extensivo del capitalismo provocó una ampliación de la base social de su valorización y repro- ducción a nivel internacional, lo que replanteó nuevos niveles de contradicción globales del capital.

* El desarrollo intensivo del mismo asentado en la revolu- ción científico-técnicay el nuevo impulso ala revolución verde modificó la estructura ocupacional, vía integra- ción de la mujer, los estudiantes y los intelectuales al mercado de fuerzas de trabajo, originando una nueva di- visión internacional del trabajo, con concentración en los países centrales de la tecnología de punta y el surgi- miento de países capitalistas. intermedios en la perife- ria que se desarrollan a ritmos mayores que los países del Tercer Mundo.

* La intervención del Estado en la economía, favoreció la “socialización” del capital, estando concentrada su par- ticipación fundamentalmente en el terreno nacional, o- perando en ese sentido como un intento de preservar las bases nacionales de valorización frente a la internaciona- lización del- mis-mo. La intervención estatal, si bien alen- presiones inflacionarias, posibilitó una mejor regula- ción. del ciclo económico registrándose una participación más intensa del Estado en los países más atrasados. '

* La fase de internacionalización del capital se asentó en: a) un crecimiento más rápido del comercio en la produc- ción mundial b) universalización de dicho mercado a través de la des- trucción de los viejos mercados coloniales .c) internacionalización del proceso productivo vía-x in- tercambio mercantil de medios degproducción y standa- rización: internacional de modalidades. de producción.

L'o: esencial de este proceso de internacionalización no es la disolución de las bases fundamenta-les ¡nacionalesde laecono-

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mía de los países capitalistas, sino la subordinación o integra- ción de las diversas economías nacionales al proceso de inter- nacionalización del capital, lo que implica lahtendencia a la homogeneización del ciclo económico mundial. Al parecer la contradicción entre la base nacional como forma predomi- nante de la acumulación y la tendencia a la internacionaliza- ción del mismo no alcanza todavía a resolverse en el marco del desarrollo capitalista; su permanencia provoca sin duda tensiones dando al conjunto del sistema inestabilidad econó- mica y política.

El capitalismo está atravesando por su crisis más aguda de post-guerra: fábricas cerradas, millones de parados, ideolo- gías de austeridad, discursos impotentes, y oleadas de violen- cia constituyen imágenes de los días contemporáneos de la sociedades capitalistas más avanzadas. En ese marco de tensionamiento, la potencia imperial del Norte busca recupe- rar a través de la violencia política el terreno que perdió en el campo económico a manos de Japón y Alemania funda- mentalmente. El reemplazo de los discursos económicos esta- dounidenses por el lenguaje político-militar reganiano, cons- tituye una prueba elocuente de esta situación. Las presio- nes ejercidas sobre Europa (Alemania) y Japón para que contribuyan a recuperar el terreno perdido y las altas tasas de interés manejadas expresan la firme voluntad} ‘d‘e que ¡la sali- da de la crisis debe montarse sobre la base del fortalecimien- to de los EEUU en detrimento de sus competidores, al mis- mo tiempo que expresan la subordinación del capital produc- tivo al parasitario capital financiero internacional.

Mientras tanto, al amparo de un proteccionismo selectivo por parte de los países centrales, se viene gestando la nueva división internacional del trabajo, que permita sobre la base de la incorporación de una- tecnología altamente moderna (creciente robotización, automación “blanda”) .en dichos paí- ses recuperar la productividad del capital para contrarrestar la alicaída tasa de ganancia. Esta nueva división internacional del trabajo que comienza a perfilarse a nivel mundial, reserva a los países. menos desarrollados el rol de productores "funda- mentales de materias primas y determinados rubros industria- les sobre la base de la incorporación de nuevas tecnologías de características mucho menos intensiva en mano de obra que la utilizada en años anteriores. La Argentina indudable- mente no escaparía a esta franja de países; una modalidad

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tecnológica de este tipo indudablemente traerá sin duda consecuencias políticas y sociales fundamentales para el comportamiento del movimiento obrero. Este marco intema- cional sintéticamente esbozado constituye una referencia o- bligada a incorporar, ante la mayor interdependencia econó- mica mundial, para cualquier política económica racional que se intente impulsar.

Algunas reflexiones sobre los nuevos tiempos modernos.

A partir de enmarcar el proceso más general del desarrollo de la crisis, creemos posible afirmar que:

1)la crisis económica actual constituye en su aspecto más simple, pero no menos relevante, interrupción del proceso de acumulación, d‘e reproducción normal del capital; es por ello que la misma significa también estancamiento y depre- sión acompañados de la expulsión de los sectores más débi- les y marginales del circuito económico.

2)esta crisis expresa al mismo tiempo el fin de un ciclo histórico con su consiguiente correlato político, el esta- llido de las alianzas que en el terreno social constituyeron la base de sustentación de esos modelos ya agotados.

3)esta nueva situación obliga al replanteamiento poli- tico .global de las viejas tesis sustentadas; debe descartarse la viabilidad de cualquier tipo de planteo que apoyándose en las viejas estructuras —hoy casi inexistentes- pretenda dar salida a la actual situación. Por el contrario, la adhesión a vie- jas consignas y proyectos políticos, producto más de rémoras del pasado que de realidades del presente, resulta irrespon- sable y peligrosa, por cuanto puede arrojar a los sectores obreros y populares a un-callejón sin salida, aumentando así los desencantos y agotando las ilusiones.

4) se tiende hoy día hacia una modernización del enfren- tamiento entre las clases en el país sobre la base de la nueva división internacional del trabajo, la incorporación de un nuevo tipo de tecnología, la recomposición-del mapa social nacional y de las alianzas y enfrentamientos, así como de la intervención del Estado en la economía. Como consecuencia -de ello es que la disputa del movimiento obrero con lo's sec- tores dominantes ya no versará solamente alrededor del sala- rio, sino que sufrirá un desplazamiento hacia el propio cora- zón de la explotación capitalista: el proceso de trabajo. Más

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concretamente, se ubicaría en el terreno de la racionaliza- ción y la intensidad del trabajo.

'5) en este contexto el papel del Estado en la economía no sólo tenderá a la recomposición de un mercado de capitales de mediano y largo plazo, mediador del crédito externo, sino que también deberá necesariamente apoyar la violencia del capital internacional en sus exigencias de racionalización, in- tensificación y adecuación de los procesos de trabajos a las actuales exigencias.

6) la salida más probable de la crisis significará la potencia- ción productiva de aquellos sectores que contribuyan a la consolidación de nuevos mercados externos, lo que induda- blemente lleva a privilegiar la renovación tecnológica en las ramas productoras de mercancías industriales exportables.

Los incrementos salariales y la consiguiente eventual am- pliación de la demanda de bienes de consumo, no consti- tuyen en ese sentido, una palanca inicial importante para la recuperación capitalista. Más bien, el abaratamiento de los medios de consumo, vía incremento de la productividad del trabajo podría llevar a una disminución de los precios y por tanto de costos de producción importantes para la sociedad en su conjunto, siempre que no se vea sometido a la in- fluencia perniciosa de las altas barreras arancelarias.

7) Como consecuencia de ello, este modelo de acumulación tiende por un lado a alejar aún más los márgenes de reconsti- tución del viejo bloque hegemónico que se consolidó en la primera fase de la sustitución de importaciones, así como a a- cercarnos al nacimiento de nuevas hegemonías políticas y so- ciales. De afirmarse un mecanismo de acumulación de capital más integrado y dependiente del mercado mundial, es proba- ble que nos encontremos en la antesala de la estructuración de una nueva alianza integrada por el Estado, los sectores e-

conómicos que emergieron fortalecidos luego de Martínez de Hoz —la gran burguesm argentina monopolica—, comunmen-

te llamada los “capitanes de la industria” y -las empresas transnacionales afincadas en el país; alianza que se própone no sólo el desarrollo capitalista del país sino también, en lo que al gobierno se refiere, el asegurar la estabilidad institu- cional.

8) El “aggiornamiento” producido en el radicalismo —debi- do al nuevo diagnóstico que hace de la crisis, a partir de ju- nio de 1985- indujo a la generación de cambios sustancia-

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les en cuanto a cómo salir de la misma. Así, desde una visión que mostraba puntos de contacto con la impulsada en el úl- timo gobierno peronista (gestion Gelbard) y apoyada con el advenimiento de la democracia por Grinspun, a la impulsa- da por Sourrouille, existe, nadie lo duda, un abismo referen- cial. En este sustancial cambio reside la adaptación oficial a los tiempos modernos.

El partido gobernante emprende así una etapa inédita en la historia política argentina: por primera vez en casi cuarenta años, un gobierno surgido del voto democrático se ubica como timonel principal de una misión cuyos lugartenien- tes provienen de aquel sector de la burguesía argentina -‘-la gran burguesía monopólica y financiera- que ha sido histó- ricamente aliada y base social tradicional (conjuntamente con la oligarquía agroexportadora) de las dictaduras milita- res nacionales. En esto reside el hecho inédito e insólito, no previsible, que enmudece y descoloca a quienes operábamos como persistiendo y persiguiendo detectar en escenas contemporáneas, repeticiones de otras tantas ya vividas o le- ídas. Resultaba' en todo caso “lógica” y previsible la política de Grinspun de crecimiento vía disminución de la capacidad ociosa con aumentos salariales, a la vez que se postergaban con evasivas constantes las definiciones en el frente externo, con fuertes desvastaciones; hacia la patria financiera.

El Plan Austral sorprende a la sociedad argentina; la medi- da no tenía antecedentes nacionales ni internacionales. Pero atrás de los vericuetos de la tablita del desagio, de los contro- les de precios inducidos desde arriba, de la política oficial del gobierno en el terreno de los Derechos Humanos (Juicio a las Juntas), de los llamados a la ética y'a la solidaridad se co- menzaba a gestar lo imprevisible: el grupo económico aliado y beneficiario directo de la politica de la dictadura militar pa- saba a convertirse, por acción del gobierno democrático, en su principal aliado económico interno.

9) En esta histórica voltereta radical se asienta, creemos, el gran cambio social, que coloca al país mucho más cerca de ¡posibilidades de crecimiento aunque sin alteración de las rela- ciones sociales.

A Pero así como el radicalismo se moderniza, la resistencia al cambio y la persistencia de un proyecto que remite antes bien a un pasado nostálgico que al presente de la crisis, cobra peso en el resto de las fuerzas políticas argentinas, situación

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que no deja de envolver a la izquierda. En efecto, desde un amplio abanico político --renovadores peronistas, huestes intransigentes y democristianas, socialistas de distintas va- riantes y en algunos aspectos también el mismo FREPUF, se adhiere a una alternativa que, sin trasponer las fronteras del actual sistema de relaciones sociales, presenta todos los rasgos de lo perimido, obsoleto y'en ese sentido grotescamen- te utópico. El núcleo de esta alternativa gira alrededor de la dinamización del mercado interno objetivo que se alcanzaría a través de un aumento sustancial de la demanda provocada por una fuerte redistribución del ingreso. Esta visión no detecta el problema del mediano y largo plazo en cuanto al mecanismo de acumulación de capital. Conjleva más bien un enfoque, cortoplacista de la crisis económica y sus respuestas tienen más el carácter de contestatarias en el terreno político que de formulación de una propuesta global a la sociedad. Se busca reeditar las viejas experiencias económicas y sus corre- latos políticos, sin incorporar los cambios sustanciales produ- cidos en la estructura productiva y social, nacional e inter- nacionalmente. Así, se intenta hacer transitar la sociedad sobre la recomposición de un bloque de poder cuyas par-tes ya no existe-n. Esta idea resulta entonces doblemente fetichi- zante y por ello también peligroso: inicialmente falsa, porque autotitulándose liberadora se monta sobre una política que la enchaleca y la mantiene dentro de los márgenes del sistema; y, en segundo lugar, falsa también porque "la misma resulta en la actualidad imposible de concretarse tanto porque sus ac- tores ya no existen como porque no tiene posibilidad de fruc- tificar en el tiempo. He aquí el rasgo distintivo de utopía: lejós de alejarnos de la crisis, la agudiza, en una coyuntura in-v negablemente desfavorable para los sectores populares. _

10) Pero el apostar a la lógica de funcionamiento del capi- talismo no garantiza necesariamente el crecimiento ni la acu- mulación. En todo caso, las leyes de funcionamiento del sis- tema se expresan en tanto leyes tendenciales, por loque per- miten la “filtración” de los elementos subjetivos. No sólo al- canza al accionar del movimiento obrero como clase social contestataria, sino que también involucra a los propios ope- radores económicos: empresarios, banqueros, agricultores, criadores, etc.., cuya reacción no forzosamente debe coincidir con la manifestación de las leyes.

Por otra parte, cabe preguntarse ¿cuáles son las posibili-

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dades de crecimiento hacia afuera, en un mundo que procrea el proteccionismo, al mismo tiempo que estimula inexorable- mente una división internacional del trabajo tras la cual nuestro crecimiento no sólo puede retardarse sino quizás nunca arribar? Más allá de cualesquiera expresiones de de- seo, cabe recordar que los márgenes actuales de la situación mundial lo limitan fuertemente. Puede ocurrir que, a pesar de los esfuerzos, el final del camino nos encuentre en una situa- ción no muy distante de la que estamos, con costos sociales y políticos elevados. '

De está'maner'a , el favorecer “desde arriba” la integración a nivel mundial no significa necesariamente que esta integra- ción se vaya a alcanzar y que, si se la obtiene resulte, la de- seada. La posibilidad de arribar a una u otra variante depen- derá tanto de factores internacionales cuanto domésticos. En este camino se tropieza con algunos datos que marcan se- rios obstáculos para lograr la ansiada integración:

a) el alto grado de proteccionismo existente a nivel mun- dial;

b)la caída experimentada en los volúmenes de comercio mundial;

c) la postergación de la recuperación capitalista en los paí- ses centrales;

d) el endurecimiento de la banca internacional para ofrecer préstamos tendientes a favorecer la integración;

e) la disminución de las inversiones directas en los países en vías de desarrollo;

f) la caída de los precios de los productos primarios;

g) el mantenimiento de las altas tasas de interés intema- cionales;

h) los elevados servicios de la deuda externa.

Si a esta situación le sumamos las características parasita- rias y espec‘ulatiVas de la clase empresarial nacional, se cierra un cuadro de situación harto difícil para generar el despegue. En este marco resulta posible comprender que el problema que suscita la deuda externa, pese a su relevancia no puede considerarse primordial.

11) Ante esta situación de crisis objetiva, con un capitalis- mo nacional inmensamente débil, la gran tarea que tienen a- signadas las organizaciones populares es la de aproximar el signo de las disposiciones subjetivas con las condiciones ob- jetivas que exhibe nuestro país. La crisis, al mismo tiempo

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que significa el riesgo de estancamiento, involución o debacle, ofrece también la posibilidad de replantear los términos de re- lación de los actores políticos.

Si bien el capitalismo nacional adquiere hoy día rasgos de notable fragilidad, ello no implica su descomposición ni su caída inevitable. La debilidad capitalista argentina se presenl ta como el dato objetivo, esencial, de una sociedad cuyos ras- gos fundamentales se edifican sobre la fragmentación y centrifugación de sus clases sociales. Este dato no está internalizado ni aprehendido socialmente. Por el contrario, hoy todavía es posible rastrear con cierta facilidad los sueños de la Argentina Potencia o la Tierra Prometida del Proceso, aunque con otros actores y otras quimeras. ¿O es que la “modernización” alfonsinista escapa a estas fronteras, más a- llá de los espacios democráticos (diferencia que no deja de ser fundamental) en los que se mueve, si la comparamos con las viejas utopías?.

Por todo lo expuesto, es muy probable que a pesar de los llamados “desde arriba”, del voluntarismo de “los que man- dan” y de las buenas intenciones que rodean a quienes los acompañan, no exista ningún despegue; que nuestro país per- manezca al garete, que no aumente la inversión, que la acumulación de capital sea cada vez más débil, y que tanto el actual gobierno como los que sobrevengan se limiten tan sólo a la mera administración de la crisis.

Ello supone pensar que la crisis se instala en la sociedad con todas sus consecuencias sociales y políticas. Siguiendo este razonamiento ¿tendrá la Argentina algún día la posibili- dad de construir un capitalismo “en serio”? o, por el contra- 1'10, ¿su destino no seguirá siendo el de un país a la deriva, con remotas probabilidades de desarrollo de sus fuerzas pro- ductivas?

Es dentro de ese panorama que corresponde entonces in- terrogarse sobre qué papel está llamado (y dispuesta?) a jugar la intelectualidad argentina.

Entendemos que la necesidad de recomposición de la iz- quierda y, a partir de ella, la articulación con los sectores obreros y populares, en ese horizonte capitalista harto difí- cil, deben convertirse en elemento ordenador de cualquier actividad social que se proponga liberadora.

Recuperar el marxismo, sus categorías, su visión del mun- do, a partir del necesario y oportuno “aggiornamiento” -que

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incorpore necesariamente la experiencia histórica de las úl- timas décadas-—- significa no sólo el intento de encauzar el análisis social a través de bases científicas sólidas, sino, al mis- mo tiempo, rescatar una concepción de marxismo, más allá de ciencia, como subversión de la realidad, eje alrededor del cual sea posible estructurar una politica que incorpore la di- námica de transformación revolucionaria de la sociedad. Recuperar aún, una perspectiva del poder como fin de un camino que permita la construcción de una sociedad de nue- vo tipo, edificada sobre relaciones entre los hombres genui- namente solidarias. Recuperar, en fin, una dinámica de dis- cusión política, de planteos de estrategias, de cuestionamien- tos al poder, de polemización entre etapas o niveles de trans- formación social. Sería quizás un primer paso en la búsque- da de ese eslabón perdido entre teoría y praxis, que nos lleva- ría al reencuentro del socialismo como utopia legítima y proyecto posible, capaz de volver a aglutinar las fuerzas mili- tantes hacedoras en otros tiempos de la idea de un nuevo mundo.

Buenos Aires, Agosto de 1986

l Nicolai BUJARIN - La Economía Mundial y el Imperialismo Ed. Pasado y Presente. Michel ALIETTA - Regulación y Crisis del Capitalismo - Ed. Siglo XXI.

EL FRENTE DEL PUEBLO: UNA EXPERIENCIA INEDITA EN LA ARGENTINA*

por Daniel Cieza**

Circunstnnciu no previstas impidieron publicar este ar- tículo con anterioridad. No obstante el retraso el CE. de C d S. lo publica como un aporte mis al necesario debate en ll izquierda argentina, sin que implique compromiso politico alguno.

I) Introducción.

En- las elecciones legislativas de 1985 apareció en la Argen- tina una alianza electoral denominada “Frente del Pueblo” (FP). La integran grupos del “Peronismo de izquierda”(1), el Partido Comunista argentino (PC), el Movimiento al Socia- lismo (MAS), de orientación trotskista, y grupos menores de la izquierda tales como el Partido de la Liberación, de origen maoísta, el Movimiento Democrático Popular Antimperialista (MODEPA), el Partido Socialista 1 de Mayo, el Partido Nueva República, y militantes que conforman un “Bloque Socialis- ta” en algunos distritos. Se suman a la alianza política, aunque a título individual, algunos Cristianos, militantes por los Derechos Humanos y personalidades independientes.

El acuerdo político-electoral entre fuerzas tan heterogé- neas y realizado en forma sorpresiva despertó muchos comentarios en observadores nacionales y extranjeros. Se enfatizó, por ejemplo, lo insólito de una alianza-entre fuerzas con orientaciones ideológicas tan dispares como el naciona- lismo revolucionario, el comunismo pro-soviético, el trots- kismo, el maoísmo, el guevarismo, el Socialismo y el Social- Cristianismo.

Sin embargo, un enfoque impresionista o. meramente perio- dístico del FP deja de lado elementos realmente inéditos. Por primera vez se da una alianza electoral entre grupos del Pero- nismo de izquierda y Partidos de la izquierda no peronista. Por primera vez se conforma un frente que involucra a la ma- yoría de los sectores de la izquierda “realmente existente”. Por primera vez en la historia contemporánea el P.C. de la

* Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en el Congre-

s%816atinoamericano de Sociología. Río de Janeiro, Brasil, marzo 1 .

** Daniel Cieza integra la Corriente del Peronismo de las Bases”,.y es Director del periódico “26 de Julio”.

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Argentina forma parte de un frente y realiza una campaña po- lítica con perfiles revolucionarios. Por primera vez algunos grupos menores de la izquierda peronista y no peronista en-- sayan una respuesta electoral e incursionan abiertamente en. la superestructura política.

La hipótesis central de éste trabajo es que el aparentemen- te insólito FP responde a una necesidad profunda de la mili- tancia popular de la Argentina. La respuesta político-electoral de tipo frentista responde a un proceso de maduración de las fuerzas populares y a una necesidad coyuntura] de aparecerL con cierto peso en la superestructura política so pena de continuar en la marginalidad y el aislamiento al que los em- pujó la derrota sufrida a partir de 1976.

II) Dominación Parlamentaria y acumulación popular.

Con el advenimiento del Gobierno Constitucional de Raúl Alfonsín, comenzó en la Argentina una nueva fase de dominación política. Agotado el Terrorismo de Estado que caracterizó al último régimen militar, se intentó desarrollar un nuevo modelo de dominación político-ideológica que se conocerá como “Pacto Democrático”.

Pero antes de caracterizar el proyecto político del Alfon- sinismo conviene caracterizar brevemente la situación eco- nómÍCO-social y la política económica del Gobierno de la. U.C.R.. La formación social argentina presenta hoy una eco- nomía estancada, con una recesión crónica, con retrocesos en los indicadores globales de producción e inversión en los últi- mos años diez años, y con un agudo proceso de centraliza- ción y concentración del'capital. A nivel social se verifica una' creciente polarización y empobrecimiento de los sectores po- pulares, junto a un crecimiento inédito del ejército industrial de reserva. En éste marco, el Gobierno de la UCR ha venido intentando llevar adelante un plan de “Modernización” global,- uno de. cuyos instrumentos fue el conjunto de medidas anti-inflacionarias conocido como “Plan Austral’ú.

El elenco gobernante, que pareció retomar en los primeros tramos de su gestión algunas tradiciones nacionalistas burgue- sas de la UCR, se convirtió poco a poco en una tecno-buro- cracia que se relacmnó estrechamente con grupos económicos del gran capital local (“los capitanes de industria”) y que impulsó una política económica coherente con las tenden-

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cias actuales del capitalismo internacional. El plan de “a- =juste” impulsado por el Gobierno trajo una serie de conse- cuencias negativas para el nivel de vida de los sectores popula- res, ya que siguió cayendo el salario real, la ocupación y la atención estatal a problemas como la salud o la vivienda3

A pesar de que el Gobierno puso en práctica algunos palia- tivos, como un Programa de entrega gratuita de alimentos (PAN) y más recientemente la provisión de medicamentos y algunos créditos para vivienda, la situación global es que con- tinúa el retroceso del nivel de vida de las mayorías populares respecto a 1973-1975 y también a hitos históricos como el primer Gobierno Peronista (1946-1952). Argentina sigue sien- do uno de los pocos país'es del mundo en que los indicadores sociales están hoy. por debajo de los que había diez años atrás y, a veces, treinta años atrás4 . Esta singular decadencia eco- nómico-social no ha sido revertida hasta el momento por los planes “modernizantes” del Gobierno, y nada hace pensar que lo será en el futuro inmediato.

En el terreno político-ideológico el Alfonsinismo se encon- tró con una sociedad sumída en el individualismo, en el escep- ticismo y que no había superado aún el terror de una etapa negra. Se encontró también con unas fuerzas populares de- rrotadas, con una militancia de izquierda diezmada y con un notable retroceso en las convicciones y las energías liberado- ras. En un primer momento, un sector del oficialismo intentó impulsar “el tercer Movimiento Histórico” para capitalizar así la crisis profunda del Movimiento Peronista e incorporar sectores juveniles que miraban con simpatía y esperanzas el nuevo ciclo. El marco socio-económico no resultó favorable para una propuesta con rasgos populistas, y también en la po- lítica sonó la hora de los “especialistas”. Así como en el área económica se impusieron los tecnócratas, en el área políti- ca los demo-populistas de comité fueron reemplazados por los “científicos”s . Se fué elaborando, entonces, un modelo bipartidista de rotación en el Gobierno de los Partidos de “centro” y un esquema más general de estabilización del sis- tema político en base a cuatro grandes fuerzas. Los dos parti- dos que deben rotar en el Gobierno son la U .C.R. y un Par- tido Justicialista “renovado”6 quedando como derecha insti- tucionalizada una alianza de grupos liberales y conservadores, y como “izquierda sensata” el.Partido Intransigente (PI). To- do lo que escapa a éste modelo pasa a considerarse“desesta-

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bilizador” y a formar parte de uno de los “demonios” según la jerga oficial. La continuidad del sistema queda garantizada por la alternancia en el Gobierno de los dos partidos mayori- tarios, y en el seno de los mismos se promueve una capa de. tecnócratas que hablan un lenguaje común y que más allá de su barniz socialdemócrata aceptan como dada la actual rela- ción de fuerzas entre las clases y conocer perfectamente las reglas del juego que impone el gran capital internacional.

Concientes de que no hay margen para una política dis- tributiva o para recrear un Estado benefactor, el equipo go- bernante concentra la dominación en el terreno político- ideológico. Alfonsín aparece como alternativa al caos y al de- sorden, y cuando se erosione la figura del Presidente surgirá en el primer plano algún otro líder carismático, centrista y “democrático” 7

Los conflictos sociales se tratan de canalizar al sistema electoral, ya que allí competirían libremente las distintas fuerzas y propuestas, El parlamento se vacía de contenido y actúa como aparato ideológico de dominación. En efecto, aunque existe la ficción de que “las grandes decisiones na- cionales” son tomadas. en base a una discusión democrática entre “los representantes de la voluntad popular” reunidos en el Congreso de la Nación, en realidad decide el Poder Ejecuti- vo, o en casos especiales las decisiones surgen de consultas a nivel de cúpulas de los grandes partidos._El Parlamento queda reducido, entonces, a un ámbito dónde se ventilan cuestio- nes menores, que generalmente implican contradicciones. interburguesasa, y a una tribuna dónde sólo tienen acceso, hasta el momento, los partidos tradicionales. El esquema de dominación política se completa con el control oficial de los medios de comunicación de masas y la utilización de la admi- nistración pública con fines electoralistas tanto por la UCR icomo por el PJ (que controla algunas provincias y munici- pios). Por último, en el terreno ideológico se fomenta un .democratismo liberal que pone al mismo nivel el autoritaris- mo de las dictaduras militares o de la burocracia sindical con los errores de las organizaciones políticas de” izquierda de pr1nc1pios de los 70, 'y omite denunciar el autoritarismo y la barbarie de un capitalismo decadente.

Así, los resultados electorales y el funcionamiento del Con- greso cumplen una función de legitimación de la política ofi- cial impuesta por el gran capital. Toda la propaganda oficial

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gira en torno a que el Plan Austral y otras medidas del Go- bierno han sido respaldadas por el pronunciamiento popular en las urnas. A su vez, se descalifica ala izquierda por el esca- so porcentaje de votos obtenidos, y se pretende reducir la vida política a las anodinas sesiones del Congreso.

Resumiendo, si toda dominación estatal implica combina- ción de dominación y consenso, en la actual etapa el meca- nismo fundamental de la dominación política es de tipo i- diológico y consiste en afirmar que la “competencia en el nmercado electoral” y la vida parlamentaria reflejan y expre- san las contradicciones políticas reales. Todo lo demás sería marginal y desestabilizador.

En este marco, la izquierda Argentina se encuentra en un estado de gran dispersión y de marcado retroceso organizati- vo, situación que no permite una recuperación más rápida de su fuerza. Pero la derrota del 76 no sólo fue organizativa, fue también política e ideológica. Entonces la izquierda debe remontar una notoria marginalidad política. En parte, esta es consecuencia del “escarmiento” del 76 que dejó como saldo no sólo la desaparición física de una generación de activistas, sino también un temor generalizado en los sobrevivientes que aún no se ha disipado. Es, además, consecuencia de la falta de respuestas a un nuevo país generado por profundos cambios socio-económicos e ideológicos. La disminución del proleta- riado industrial el crecimiento inédito del ejército de desocu- pados, el aumento de la pauperización y la marginalidad, la quiebra de niveles de solidaridad en barrios y fábricas, el indi- vidualismo, el aumento del misticismo religioso en las clases populares, la despolitización y la apatía de la juventud, son algunos de los datos que obligan a repensar las propuestas po- líticas. En el nuevo clima ideológico, impregnado de demo- cratismo liberal, el populismo rebelde y contestatario de prin- cipios de los ‘70 no tiene grandes posibilidades de expansión.

La izquierda argentina debe enfrentar además los fantas- mas del pasado. En este sentido, el PC arrastra toda una carga negativa de desencuentros con el movimiento popular, a lo que se suma el arraigado mackartismo de nuestra sociedad. Menos pesada es la herencia del troskismo "en la Argentina, aunque sin duda han quedado muchos reproches sobre apre- suramientos, vanguardismos y sectarismos en la militancia po- pular. Por su parte, el peronismo de izquierda debe demostrar a cada paso que nada tiene que ver con el “montonerismo”.

Todos estos fantasmas, presentes en la memoria popular, son agitados por la derecha en forma más o menos burda, y manejados con sutileza por los ideólogos y publicistas del actual régimen.

En este estado, la izquierda argentina debe encarar la acu- mulación de fuerzas. Esta ya había comenzado en luchas par- ciales y con ejes reivindicativos: La participación activa en el proceso de normalización sindical, la inserción en organismos vecinales, la lucha por los derechos humanos, las movilizacio- nes contra el Fondo Monetario Internacional, las elecciones estudiantiles, permitieron un discreto crecimiento de las fuer- zas de izquierda en la nueva etapa abierta con el advenimien- to del Gobierno Constitucional. Sin embargo, la disputa po- lítico-electoral es la forma principal de acumulación políti- ca en la fase actual. Bajo el esquema de dominación polí- tico-ideológica imperante, sólo se hace “política” propia- mente dicha en las coyunturas electorales.

Ento‘nces, para la izquierda no hay alternativas: relacionar los avances reivindicativos con la lucha electoral y avanzar en presencia política, o seguir en la marginalidad y retroceder en el trabajo reivindicativo. Aquí aparece con mayor claridad la hipótesis que hemos planteado: el FP, como respuesta unita- ria del núcleo central de la militancia y activismo de izquier- da ante la nueva etapa. Lo anterior no significa desconocer que hay otras respuestas y proyectos de la militancia y el activismo de izquierda. Es innegable que los grupos que intentan transformar el Partido Justicialista o radicalizar las posiciones del PI pertenecen a esta categoría, al igual que otras agrupaciones de la izquierda no peronista que no se integraron al FP9

III) Los antecedentes: de lo reivindicativo a lo electoral.

Se puede afirmar que, en cierto sentido,.el FP surgió en las

luchas por la recuperación sindical del período 1983-1985. En las listas amplias de oposición aparecieron muchas veces peronistas combativos, comunistas y socialistas revoluciona- rios. Un listado de algunos de los sindicatos recuperados muestra esta composición (Cuadro 1). Con algunas variantes, el mencionado espectro aparece en elecciones estudiantiles, obteniéndose triunfos resonantes como el de Sociología de la Universidad de Buenos Aires.

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La experiencia frentista también se fue desarrollando en organismos amplios como el Movimiento de Juventudes Polí- ticas (MOJUPO), el Foro para la Liberación, de la Capital Federal, y distintas Comisiones Multisectoriales que se gesta- ron en el Gran Buenos Aires y algunas localidades del inte- rior. En estos organismos amplios participaron además, el PI y corrientes internas del PJ y la UCR, mientras que el MAS no se incorporó.

Más concretamente, el FP reconoce como antecedentes dos alianzas electorales en el interior. Una de ellas es la formación en la provincia de Mendoza del Frente para la Li- beración (FREPALI), donde también participan un sector disidente del PI y la agrupación peronismo Revolucionario (PR). La otra es la "alianza municipal Frente del Pueblo 'de Quilmes (FREPUQ). Estas alianzas se concretan días antes del vencimiento del plazo para formalizar alianzas naciona- les y sirven de estímulo para la formación del FP.

Para no caer en‘el espontaneísmo, conviene señalar que por detrás de los antecedentes reseñados hay una activa partici- pación de la Comisión de Relaciones Políticas del PC, la or- ganización de mayor envergadura y con un trabajo más sis- temático en función de un Frente. Pero también cabe preci- sar que la política de alianzas diseñada por el PC, no coinci-- dió con los resultados finales. En efecto, tanto en el terreno sindical como en el de la juventud, el PC venía desarrollan- do alianzas con fuerzas reformistas, y resulta evidente que in- tentó construir un frente electoral sobre la base de fuerzas más “moderadas”l °

En rigor, la alianza emergente'fue más el resultado de com- partir las luchas sociales, que el colofón de las relaciones te- jidas pacientemente por el PC. Lo que finalmente se expresó en el FP fue la corriente principal de una “izquierda real” que comprendió en las luchas de recuperación sindical, en el trabajobarrial, en la defensa de los Derechos Humanos, la necesidad de unificar fuerzas y dejar de lado los hegemonis- mos, la soberbia y el sectarismo de otras épocas. Es la debili- dad y la marginalidad, las dificultades en la construcción co- tidiana, lo queimpulsa el frente. Como lo había pronosticado Cooke, el frente posible surge como resultado de un proceso dinámico que se vive en las bases de las organizaciones de izquierda. Los acuerdos de “alto nivel” se hicieron a última hora y muchos de los dirigentes que los rubricaron se habían

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visto por primera vez. Una vez más, como también le gustaba señalar a Cooke, el proceso revolucionario se burla de los es- quemas trazados de! antemano con escuadras y tiralíneas.

IV‘) La "escena y losactores.

A mediados de 1'98‘5- la escena político-electoral se presen- taba sin grandes incógnitas. Todo indicaba un nuevo triunfo de 'la- UCR y una? división del PJ en la provincia de Buenos Ai- res que favorecía a la' corriente “renovadora”. Todo indicaba, también, un gran avance del PI, que ocuparía el andarivel de izquierda de: la política institucionali Dentro de la izquierda tradicional sólo se visualizaban los intentos del PC, por gene- rar un frente que lo ’sacara del aislamiento y las conversacio- nes del MAS y el Partido Obrero para dar- una respuesta co- mún desde la óptica del trotskismo. En este contexto se empezaba a imaginar un polo de centro-izquierda a- constituir en el mediano plazo y que tendría al PI y a la corriente reno- vadora del Justicialismo como protagonistas centrales, y al que se deberían sumar los partidos o grupos de izquierda so pena de quedar totalmente marginados. Incluso se ponía fe- cha para la formación 'de este polo dez “izquierda”: las elec- ciones de Gobernador de 1987.

La sorpresiva aparición del FP en Setiembre de 1985, horas antes de que-se cierre el plazo para registrar alianzas, fue el hecho nuevo. en la coyuntura "electoral. Ya hemos señalado que el FP es inédito‘por muchos motivos.Detengámonos en los actores de la heterogéna coalición. Jurídicamente aparecen dos partidos: el PC y el MAS. El. PC. es una formación polí- tica fundada en 1918, C‘on una tradiéión reformista por lo menos desde fines de la década 'del 30 1 1 A diferencia de otros partidos comunistas, como el chileno, el PCA nunca logró un desarrollo de masas, y se caracterizó por su orto- doxia ideológica y su lealtad ala Unión'Soviética. [Como he- rencia neïra‘tiva de su dilatada trayectoriacarga con sus posicio- nes antiperonistas. del 45 y con su errónea‘ caracterización del golpe militar de 1976, más allá de otras posiciones criticables sobre la cuestión del poder 12. Sin embargo, en casi 70 años de existencia ¡y de continuidad organizativa, el PC ha desarro- llado un aparato político, cultural y financiero nada despre- ciable. Esto y su carácter de representante oficial de la Unión Soviética 'hace que sea ingenuo tratar con frivolidad el tema

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de los comunistas en la Argentina. El MAS es un partido [de raigambre trotskista, cuyos antecedentes se remontan a la década del 50 y que ha cambiado repetidas veces de nombre y fisonomía (Palabra Obrera, PRT La Verdad, Partido Socia- lista de los Trabajadores). En .la política nacional ha _sido in- surreccionalista (muy crítico del “guerrillerism.o”) y ha desa- rrollado relaciones contradictorias y cambiantes con elsindi- calismo peronistal 3 ,En lo internacional, el MAS encabeza uno de los grupos trotskistasdisidentes de la Cuarta Interna- cional orientada por E. Mandell 4 Los dos partidos mencio- nados tuvieron escasa presencia en la década de los 70, en particular durante la coyuntura de ascenso impetuoso de la Juventud Peronista (1972-1975). Pero desde los inicios de los 80 y hasta nuestros-días se han convertido en. las fuerzas de izquierda con mayor capacidad de movilización y han avan- zado notablemente enel movimiento sindical, en particular a nivel de Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas. Este fenómeno está ligado, obviamente, a la crisis profunda del peronismo de izquierda después de 'la derrota sufrida entre 1976-1979 y a las ambigüedades del P115

La “otra pata”, del FP' fueron los grupos del Perónismo de izquierda que se integraron. Entendemos en estas notas por “peronismo de izquierda” distintas agrupaciones y g'rupós po- líticos cuyos antecedentes se remontan a principios de los 70 y que formaron. parte de la denominada “tendencia re- volucionaria”. De estas agrupaciones, —entre las que pode- mos nombrar el Peronismo Revolucionario, —la Juventud Peronista Unificada, la Corriente 26 de Julio, Peronismo de Base, y agrupaciones .r.e-gionales- solamente se integraron al FP los “peronistas de base” y agrupaciones locales o regio- nales‘ 6. Sin embargo, el peso histórico que tiene el peronis- mo de izquierda y la pérSonalidad de algunos de sus dirigen- tes, como José Osvaldo Villaflor, hicieron que la “pata pero- nista” se transformara en fundamental para la incipiente es- tructura que se instaló con deSparpa‘jo en la escena política argentina.

Completan la alianza pequeñas formaciones políticas tales como el Partido de la Liberación, que recoge la herencia maoísta de Vanguardia Comunista; el MODEPA, que reedita con algunas diferencias, el Frente Antimperialista y por el Socialismo (FAS) de los años 70, el Partido Socialista 1 de Mayo, una pequeña escisión del viejo tronco socialistay el

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Partido Nueva República, que agrupó a luchadores por los derechos humanos de la Capital Federal.

Todas las fuerzas mencionadas formaron parte del Coman- do Electoral Nacional del FP. Además hubo furezas regiona- les, grupos independientes y personalidades que participaron a nivel municipal o provincial, .lo que le el FP un carácter aún más heterogéneo y abarcador.

Lo que aglutina a un espectro tan amplio es un programa de 23 puntos que traduce un nacionalismo revolucionario avanzado, y el consenso sobre la necesidad de que se formen listas pluralistas encabezadas por el sindicalismo combativo

peronista o, en su defecto, por luchadores reconocidos: En cuanto al programa, los 23 puntos recogen y profun-

dizan los enunciados de la Constitución Peronista de 1949, de los programas históricos del movimiento sindical comba- .tivo _y de los programas partidarios en relación a la deuda ex- terna y la lucha antimperialista (16). Se incorporan, también los temas de la defensa irrestricta de los Derechos Humanos y la solidaridad con los pueblos latinoamericanos. En cuanto a las listas de candidatos, el esquema general fue que el primer lugar sea ocupado por un peronista de izquierda, el segundo por un comunista y el tercero por un socialista del MAS, incorporándose a continuación otras fuerzas, o repi- tiendo los mencionados partidos en ese orden. Este modelo no se repitió con prolijidad en todas las provincias, entre o- ,tras cosas porque no siempre se incorporaron grupos pero- nistas de envergadura (17).

Como ya los hemos señalado, la alianza electoral aparece- en una primera aproximación como insólita y totalmente mo- mentánea. El periodismo se encargó de enfatizar las pocas perspectivas que tenía un frente integrado por peronistas de izquierda, comunistas ortodoxos, troskistas, maoístas, gue- varistas y socialistas. Sin embargo, hilando más fino es posible descubrir ciertos postulados ideológicos comunes ante la aparente diversidad. Hay cierto populismo de izquierda que se expresa en la sigla FP y que acepta ciertas premisas básicas: el antimperialismo, el respeto a1 sindicalismo combativo (considerado “columna vertebral” del frente) la necesidad de un frente de liberación que englobe distintos sectores popula- res, etc. Estas concepciones, mitos —o como quiera llamarse-

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siguen siendo los términos de acuerdo de la izquierda real en la Argentina, más allá de las refutaciones teóricas que se han hecho desde distintos ángulos en los últimos tiempos. En efecto, tanto para la tecnocracia modemizante como para el ultraizquierdismo de laboratorio, temas como la dependen» cia, los movimientos populistas o el nacionalismo revolucio- nario hoy están pasados de moda y deben reemplazarse por nuevas categorías de análisis y propuestas de acción (18). En este sentido, cabe acotar que la ideología expresada en el FP no está exenta de cierto populismo obrerista con nostal- gias de la 'década del ‘70 y que no responde a cambios socio- económicos recientes. Pero el problema de fondo es que, co- mo señalara Gramsci, los fenómenos ideológicos colectivos siempre están retrasados respecto a la estructura económico

social, y es en el terreno de las ideologías que los activistas y las masas se van organizando. En este sentido, el FP expre- en sus programas y consignas electorales la realidad polí- tico-ideológica del sector mayoritario de la militancia argentina de izquierda.

V) Los candidatos y la campaña.

Uno de los acuerdos básicos que presidió la conformación del FP fue que las listas de candidatos a legisladores y conce- jales serían encabezados por sindicalista combatiVos. Aquí surge un paralelismo digno de señalar con el proceso de elec- ciones sindicales que se desarrolló en los dos años anteriores. En buena medida, el FP de los distritos más importantes fue la continuación de las elecciones sindicales. Esto se puede apreciar en la provincia de Buenos Aires el distrito electoral más importante del país. En primer lugar, las listas se forma- ron con el criterio de la representatividad y el pluralismo, siendo encabezadas en los lugares más importantes por el sindi- calismo combativo de oposición (Cuadro 2). En segundo lu- gar, hubo un apoyo explícito de las agrupaciones, Comisiones Internas y miembros de Comisiones Directivas de Sindicatos recuperados a los candidatos del FP, que se hizo- efectivo por diversos mediosl 9.

En las listas del FP también aparcen en forma destacada fi- guras de la lucha por 10s Derechos Humanos. Tanto en la Ca- pital Federal como en la provincia de Buenos Aires, conoci-

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dos luchadores por los Derechos Humanos se integran al FP ya sea representando a su partido o a título individual”. Como se puede apreciar, el FP trata. de unir luchas reinvindi- cativas parciales con una propuesta político-electoral a tra- vés de los candidatos propuestos. En este sentido, el rostro público del FP fueron los sindicalistas combativos peronistas José Osvaldo Villaflor y Walter Vezza, el comunista F. Nadra y el dirigente del MAS y defensor de los Derechos Humanos, Luis Zamora, tratando de sintetizar así tres aspectos funda- mentales de las luchas sociales recientes: la recuperación sin- dical, la- lucha por los derechos humanos y la movilización an- timperialista contra el FMI.

La campaña electoral fue presidida por dos consignas gene- rales: “Arriba los de Abajo” y “Meta pueblo en el Congreso”, que registraron correctamente la situación de marginalidad política del activismo popular y fueron recibidas con sim- patía.

A pesar del boicot oficial, de cierta improvisación y de algunos mensajes contradictorios, la propaganda del FP pe- netró en las grandes fábricas, en los barrios populares, en sectores juveniles y en el activismo disperso. Esto se com- probó en el acto de cierre de campaña, el tercero en mag- nitud después de los organizadospor la UCR y por los reno- vadoÏresdel PJ; y. en la icampañarealizada en las grandes ciu- dades, donde se constituyó en la tercera fuerza y despertó un gran entusiasmo.

VI) Lo cuantitativo y lo cualitativo: Elementos para un balance.

Los resultados electorales no guardaron proporción con los avances político-organizativos que había logrado el FP. Una vez más no existe relación entre la capacidad de movilización y el caudal electoral de las fuerzas de izquierda. El FP ob- tiene a nivel nacional alrededor de 350.000 sufragios, que¡ representan el 2,5% de losvotos emitidos. y lo ubican en el 50 lugar, después de la UCR, el PJ, la derecha liberal y el PI. En las urnas se repitió la polarización .de 1983, al darse un neto predominio de los dos partidos “centristas”. Pero además pareció, estabilizarse la escena político-electoral al- rededor de las cuatro fuerzas ya mencionadas (Cuadro 3).

El análisis de los cómputos velectoralesmuestra una,rela-

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ción poco significativa de- la población ante la nueva alter- nativa frentista, ya que el FP obtuvo en 198.5 un 60% (130.000 votos) más que los obtenid0s por el PC y el MAS. en 1983, diferencia que se explica engran medida' por la participación de corrientes peronistas. Es evidente que los partidos tradicio- nales y la propaganda oficial siguen pesando en la conciencia de un electorado que todavía teme elret-órno-a unaDiCta’du- ra Militar El populismo contestatario del FP no encon- tró un eco masivo en un clima ideológico impregnado de un democratismo individualista, y quedó. reducido a una expre- sión minoritaria. En términos cuantitativos, el debutelecto- ral del FP fue pobre, muy inferior, por ejemplo, al realizado por otras experiencias latinoamericanas. como la Izquierda Unida de Perú o el Partido Socialista Unificado de. México21

¿Lo anterior quiere decir que el FP fracasó? Creemoquue no es así dado el amplio. apoyo obtenido en el activismo obre- ro y popular movilizado. Esto se manifestó en los resultados en el cinturón industrial del Gran Buenos Aires, donde el- pro- medio duplicó el porcentaje nacional. En las barriadas obreras el voto por el FP aparece como una tendencia firme y horno,- génea que supera el 5%-de los votos emitidos. Este porcentaje, coincide en líneas generales con el activismo, es»,de_cir con, los sectores. .más- dinámicos, concientes y movilizados.- El FP re- cibió el apoyo de los delegados fabriles, de 'los__ miembros ,de organizaciones vecinales, de los, estudiantes más politizados. El análisis de los votos por Municipio demuestra que en aquellas localidades con mayor participación obrera .ybexpe- riencia de lucha el porcentaje de votos obtenidopor el FP es más alto (Cuadro 4).

En resumen, la base electoral del FP fue _el activismo obre- ro y la militancia popular. Si relacionamos esto con la necesi- dad primaria de reorganizar el.camp0-,popular, resulta claro que el perfil del FP no estuvo mal orientado. El, nuevo proce- so de acumulación ¡política en la Argentina requiere como ac- tores principales lo__ mejor delactivismo sindical y‘ de las capas medias radicalizadas. ,Hacia ellos apuntó .la campaña del FP.

En ¡una formaciónhsocial cada .vezv más estratificada ,ypola- rizada no se puede conformar a todos los sectores. El PI di- luyó .su. discurso y .si bien aumentó su caudalelectotal per- ,dió parte de su. militancia juvenil y entró eau-nz, proceso de agudo debate interno.,L_os ‘Írenovadores”.delPJsumarQn vo-

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tos con su peronismo maquillado, pero avanzaron en los sectores medios y perdieron terreno en su baluarte histó- rico, los barrios obreros”. El FP, aunque no consiguió una sola banca se convirtió en la tercera fuerza en el estratégico cordón industrial de Buenos Aires.

VII) Las consecuencias inmediatas.

La Súbita aparición del FP produjo una serie de conse- cuencias en el plano político. Para importantes sectores del ac- tivismo sindical, encuadrados o no, y para un amplio seg- mento de la militancia popular y juvenil aparece una nue- va esperanza y un referente claro. Sin tener la magnitud del caso del Frente Amplio en Uruguay, comienza a surgir una militancia independiente que se identifica con el Frente, sin afiliarse a ninguna de las organizaciones participantes.

La derecha económica vió con preocupación la aparición del FP, y en sus órganos de prensa alerta sobre los resultados electorales en el cordón industrial. Para los ideólogos y publi- cistas socialdemócratas que colaboran con el Gobierno la táctica a seguir es la disolución: hacen hincapié en el magro porcentaje electoral y apuestan a la” disolución del FP alentan- do rencillas ideológicas y recordando la historia de desen- cuentros de las fuerzas que lo integran23

La experiencia del FP también produce consecuencias in- mediatas en el seno de las fuerzas que lo conforman. En el PC se consolida una línea de autocrítica que se plasmó en un proyecto de Tesis aprobado por el Comité Central días des- pués de las elecciones. La autocrítica incluye la falta de una estrategia de poder y una incorrecta caracterización del golpe militar de 1976, siendo recibidas con mucho interés“. En el MAS surgen discusiones entre las fracciones que profesan un trotskismo más ortodoxo y reciben las presiones internacio- nales, y por otro lado los grupos con una vocación frentista más definida. Dentro del. Peronismo de izquierda se consolida una corriente que, adoptando el nombre de “Peronismo de las Bases”, se plantea una alternativa independiente de las estructuras del, Justicialismo. Esta corriente recoje antiguos .planteos y algunos militantes del Peronismo de Base de los años ’70, pero recibe además el aporte de grupos provenientes de la Juventud Peronista y del peronismo revolucionario. A su‘ vez, otras fuerzas de izquierda, como el PL o el MODEPA.

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superan el aislamiento total y reafirman su vocación frentista.

En líneas generales las fuerzas políticas que participan del FP salen fortalecidas y superan el riesgo de la virtual desapari- ción política que acarreaba la coyuntura electoral. Prueba de ello es que grupos pequeños como el P.B. o el mismo MODE- PA se lanzan después de los comicios a obtener personería electoral propia. El caso del P.B. es significativo: de ser una corriente sin presencia política saltó a conformar una estruc- tura nacional25

VIII) Movimiento social y frente político.

El FP surge como resultado de un proceso unitario que se viene gestando en la militancia de base. Pero en los hechos apa- rece como una alianza electoral entre partidos políticos, La conducción efectiva queda en manos de una Coordinadora Nacional formada por representantes delos distintos partidos. En este ámbito, se comienza una discusión después de los comicios sobre la continuidad del FP como frente político, en la que los trotskistas del MAS tienen la posición más res- trictivazvó.

Más allá de las discusiones de cúpula, el FP sigue funcio- nando en diversas regiones como frente político. Figuras como la de Villaflor trascienden al grupo a que pertenecen y son reclamadas en barrios obreros y tomados como referente por un activismo que se reconoce frentista.

Pero el frente sigue teniendo aún más vigencia y más rique- za e_n el seno de los que podría denominarse “movimiento so- cial”. En laslistas pluralistas de recuperación sindical, en las luchas barriales, en los Colegios Secundarios y Universidades se sigue verificando un “frente de bases” donde coinciden ¡peronistas de izquierda, comunistas, socialistas, independien- tes, cristianos y, muchas veces, activistas intransigentes o ra- dicales. Este frente “natural” excede los estrechos marcos del F.P., y los intentos de reducirlo a un acuerdo multipartidario siempre chocan con una realidad mucho más compleja y dinámica.

En otros términos, pasada la coyuntura electoral se de- muestra con claridad meridiana que: un frente multipartidario y con una orientación vanguardista no puede absorber ni re- presentar el conjunto del movimiento social en la Argentina. Ampliar el F.P., relacionarlo con el movimiento de masas,

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buscar la incorporación de otras fuerzas políticas, es la única forma de avanzar en la construcción de un auténtido Frente de Liberación.

Sin embargo, ésta concepción no parece estar presente en la dirección del MAS y en algunas corrientes internas del PC, que arrastran resabios e ideas vanguardistas. Para ellos, lo fundamental es constituir un “frente de izquierda” capaz de “dirigir” a las masas, sin visualizar que existe una profun- da crisis de hegemonía que no se resuelve con la alianza entre dos grandes “aparatos”. Felizmente, y aún en los menciona- dos Partidos, está ganando terreno la concepción de un Fren- te inspirado en modelos que se dieron en Centroamérica y que poco tienen que ver con el esquema libresco de un- “frente revolucionario de izquierda”. No obstante, las ideas y la práctica frentista avanzan todavía muy lentamente, ya que encuentran como obstáculo un arraigado sectarismo y lo que Gramsci llamaba el “patriotismo de partido” y las “peque- ñas” ambiciones. Es necesario asumir que hoy ninguna de las fuerzas políticas está en condiciones de unificar, por sola, el campo popular y generar una organización poderosa capaz de orientar el proceso revolucionario. Esto fue posible a prin- cipios de la década del 70, cuándo el campo popular se ha- bía “peronizado” en su gran mayoría y la JuVentud Peronista se constituyó en una estructura de masas. Pero hoy es impo- sible unificar al campo popular desde el peronismo de izquier- da, y aún más utópico es intentar hacerlo desde una izquierda tradicional sin un arraigo de masas.

IX) Conclusiones: Frente Chico y Frente Grande.

Hemos tratado de demostrar que el FP fue una respuesta del núcleo principal de la militancia y el activismo popular sobreviviente del “Proceso de Destrucción Nacional” ante una coyuntura crítica que amenazaba con marginarlos total- mente. Como tal es el “frente posible” en la situación actual de lenta recuperación de la derrota. Es un “frente chico” en tanto hoy no participan otras fuerzas progresistas, como pue- den ser corrientes internas del PJ, del PI, de la Democracia Cristiana y de la misma UCR, ni algunos pequeños grupos de militantes revolucionarios; pero apunta a resolver los dos problemas centrales de la militancia popular argentina: vla dispersión y la marginalidad.

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Sólo a partir de un reagrupamiento y penetración en el te- jido social de la izquierda “real” será posible ir gestando un “frente grande” al estilo del Frente Democrático Revolucio- nario de El Salvador, del Frente Patriótico Nicaragüense, o sin ir tan lejos el mismo Frente Amplio de Uruguay. Este frente “grande” de Liberación requiere una vanguardia (que puede ser interna), un núcleo dirigente que oriente el proceso global de acumulación de fuerzas y que evite que la alianza se transforme en una herramienta meramente electoral o en una suma de membretes y “notables”. Esta vanguardia, en la Argentina de hoy no se construye con comandos guerrilleros sino con núcleos que sean parte del movimiento de masas. El FP puede ser un primer paso, a condición de que integren otros grupos de izquierda que hoy disputan las “internas” de los partidos tradicionales y que profundicen su inserción en el movimiento de masas. Pero al mismo tiempo deberá ir apun- tando al “Frente Grande” lo que se logra teniendo propuestas para distintos sectores sociales, no sólo en lo electoral, sino también en las luchas cotidianas. Las Comisiones Multisecto- riales, nacidas espontáneamente en muchas zonas pueden ser el embrión del futuro frente de Liberación, a condición de que el FP (o el “frente chico” que lo suceda) sea capaz de coordinarlas y orientarlas.

El FP sería entonces, al mismo tiempo, un embrión de un frente revolucionario, y el organismo que debe impulsar me- diante própuestas concretas la constitución de un Frente am- plio de Liberación. Ambas partes se relacionan dialécticamen- te y deben encarnarse simultáneamente, pero teniendo pre- sente que la prioridad sigue siendo la reorganización de la mi- litancia popular después de la derrota. Esa reorganización, para. ser eficaz, debe realizarse con criterios unitarios. Esa unidad, en la que creyó Cooke hace más de 20 años y que no se practicó en la década de los 70, está hoy presente en la conciencia colectiva del activismo popular. Esta es la garantía para que el FP u otros frentes semejantes se desarrollen en la Argentina.

Julio de 1986.

NOTAS

Dentro del Peronismo de izquierda se destaca la Corriente Nacional

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26 de Julio-—Péronismo de Base, las Agrupaciones 17 de Octubre y 26 de Julio que hegemonizan el Bloque Peronista de la Capital Fe- deral y el Movimiento de Liberación 17 de Octubre (ML 17) surgido en el Partido de la Matanza.

"Sobre el plan Austral se puede consultar los artículos de Carlos Aba- lo en el Semanario “El Periodista de Buenos Aires”, Ed. La Urraca, Buenos Aires.

Según datos oficiales el salario real de 1985 está alrededor del 34% más bajo que en 1974. Pero lo más grave es la desocupación, ya que se estima que hoy existen 500.000 puestos de trabajo menos que

'hace diez años.

El salario real, la participación de los ingresos de los asalariados en el ingreso nacional y la construcción anual de viviendas están muy por debajo de los indicadores de 1950. El ingreso per cápita es bastante inferior a 1974.

El Presidente Alfonsín es asesorado por jóvenes universitarios (Abo; gados en su mayoría) que militan en la Junta Coordinadora Nacional de la UCR y por algunos politólogos y sociólogos sin trayectoria mi- litante en la UCR, y en algunos casos con formación marxista.

El diario oficialista La Razón se ha dedicado en los últimos meses a promocionar las figuras del “Peronismo Renovador“, tales como el diputado por la Capital Carlos Grosso, el diputado por la Provincia de Buenos Aires Antonio Cafiero y el Gobernador del La Rioja, Car- los Saúl Menem.

Ya se está preparando la imagen pública de Juan Manuel Casella, presidente de la UCR en la Provincia de Buenos Aires y precandidato a Gobernador para dicho distrito. Paralelamente, la prensa está dan- do gran relieve a la figura de Carlos Menem, Gobernador Justicialista de la pequeña provincia de La Rioja que fue visitado recientemente por el Senador Kennedy, quien brindó por que su anfitrión sea el próximo Presidente.

Uno de los temas principales de las sesiones parlamentarias es el de las rivalidades entre el Gobierno Nacional y las administraciones pro- vinciales por cuestiones presupuestarias.

Dentro del Partido Justicialista actúan como corrientes internas fuer- zas de izquierda como la Juventud Peronista Unificada o el Peronis- mo Revolucionario. Dentro del PI hay diversas corrientes radicaliza- das, como la que lidera" Néstor Vicente. Entre las agrupaciones de izquierda que no participaron del FP se puede mencionar al Parti- do Obrero (PO) de orientación trotskista, que presentó listas propias. El PC tuvo c_onversaciones sobre una alianza electoral con el PI, con el Peronismo Renovador y con el Socialismo Auténtico (reformista) hasta poco días antes del vencimiento del plazo.

En sus orígenes, y hasta fines de la dédada del 30 el PCA desarrolló una posición de avanzada en el movimiento sindical, llegando a diri- gir gremios fundamentales como la construcción, textiles, metalúr- gicos, carne y la madera. Desde principios de los 40, y con la apari- ción del fenómeno peronista el PCA dejó de estar a la cabeza del movimiento de masas.

El PCA basó parte de su estrategia de poder en la posibilidad del sur- gimiento de un movimiento cívico-militar progresista.

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Entre 1955 y 1958 los trotskistas desarrollaron una táctica “entris- ta” en el movimiento sindical peronista. En coyunturas posteriores apoyaron a sectores del sindicalismo combativo peronista y llegaron a tener acercamiento con fracciones de la burocracia sindical.

Sobre la trayectoria de la fracción trotskista disidente de la Cuarta Internacional puede verse la Revista Correo Internacional.

Los grupos de la izquierda peronista no han logrado establecer una línea coherente y estable a nivel sindical, mientras que el PI no ha logrado desarrollarse en el seno del proletariado industrial.

El programa del FP sostiene, entie otros puntos, la moratoria por 10 años en el pago de la Deuda Externa, la nacionalización del Comer- cio Exterior y la Banca, la Reforma Agraria y la Solidaridad con los pueblos de Nicaragua y El Salvador.

En Provincias importantes como córdoba y Santa Fé, la presencia pe- ronista en el FP fue muy débil y las listas fueron encabezadas por Comunistas o Socialistas del MAS.

Un libro representativo de la crítica de “izquierda” al dependen- tismo y el populismo es el de Miguel Angel García “Peronismo: Desarrollo económico y lucha de clases en la Argentina”, Mario A- costa Editor, Barcelona. La crítica desde el ángulo reformista y so- cialdemócrata la han realizado autores como Marcelo Cavarozzi “Autoritarismo y Democracia (1955-1983) CEAL, Bs. As.

Como parte de la campaña electoral se sacó un aviso pago dónde alrededor de 500 sindicalistas, en su mayoría vinculados a los gre- mios recuperados y Listas de Oposición, apoyan al FP.

La propaganda oficial giró en torno a la opción entre Alfonsín o el regreso al autoritarismo. Días antes de layelecciones el Presidente de- nunció un supuesto complot de derecha y decretó el Estado de Si- tio. Estas medidas aumentaron el temor popular de que retorne un gobierno militar.

Por ejemplo, el PSUM mexicano obtuvo en su debut electoral más del 5 °Íode los votos emitidos, aunque cabe recordar que en ese país el voto no es obligatorrio, lo que aumentaría el porcentaje de las fuer- zas de izquierda ante el gran abstencionismo._

El Partido Justicialista recuperó terreno en el Distrito Capital, pero retrocedió en el Gran Buenos Aires, que'había sido el baluarte his- tórico del Movimiento Peronista desde su surgimiento._

El vocero de la derecha económica es el diario “Ambito Financiero” que alertó sobre el avance del FP en el cordón industrial y la radi- calización del PC. La otra táctica se expresa a través de algunos co- lumnistas de la Razón, diario oficialista y del semanario independien- te “El Periodista de Buenos Aires”,de gran influencia en los secto- res medios.

La autocrítica de los comunistas argentinos ha sido comentada por todos los periódicos de izquierda y recibida con mucha preocupación por el Gobierno. Es la primera vez que el PCA realiza una autocrí- tica pública de envergadura.

El P.B. tiene en la actualidad regionales en Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Chubut y grupos en formación en otras provincias. La figura de José Osvaldo Villa- flor se ha convertido en un referente 'nacional para el activismo pe-

MARZO 1987

ronista combativo y para sectores de la juventud. El P.B. tiene otros puntos de referencia-regionales en los dirigentes sindicales José La- gar (Cervecero) en el sur del Gran Buenos Aires y Miguel Montero (Calzado) en Córdoba.

Durante el período post-electoral que coincidió con el verano ar- gentino los representantes del MAS plantearon “congelar” el FP hasta que se profundizaran los acuerdos en la política sindical.

Una de las diferencias tácticas es la actitud ante la UCR, el PI y el PJ, que son denunciados en bloque por el MAS, mientras que las otras fuerzas coinciden en que es necesario buscar acuerdos con co- rrientes internas de estos Partidos.

CUADRO N0 1

Composición de algunas listasíde oposición sindical triunfantes entre

1983-1985.

GREMIO Cerveceros de Quilmes

COMPOSICION

.Per.

comb., PC,MAS

Cerveceros de Hudson Per. comb., PC Gráficos Per. comb., MAS,PO Metalúrgicos de la Matanza Per. comb.,,PC Metalúrgicos Quilmes Per. comb., MAS

Metalúrgicos de Villa Cosntitución Vidrio de Berazategui

Luz y Fuerza de Mercedes Telefónicos de Bs.As.

Bancarios Bs.As.

Bancarios Rosario

Bancarios Córdoba

Indep, Per. comb., PC

Per. comb., PC, MAS

Per.- comb., PC, MAS.

Per. comb., PC

Indep. PC, MAS, Per. comb.

Per. Per.

comb., PC, UCR comb., PC, UCR

Bancarios Bahía Blanca Per. comb., PC, PI Cal-zado Córdoba Per. comb., MAS UOCRA La Plata(Construcción) Per. comb., PC, PI UOCRA Neuquén Per, comb., MAS, PO UOCRA Lomas de Zamora MAS, Per. comb. UOCRA'Misiones Per.lcomb., UCR

Sanidad .de Bs. As.

Per. comb., MAS, PC

CUADERNOS DEL SUR 5

CUADRO 2

Sl

Diregentes sindicales que encabezaron las listas del FP en provincias- y ciudades importantes (Capital Federal y Buenos Aires).

Distrito o ciudad

Provincia de Bs.As.

Capital Federal La Plata Quilmes

La Matanza Florencio Varela Berazategui Bahía Blanca Olavarría Brandsen Necochea

Nombre y gremio del candidato Partido José Osvaldo Villaflor(Gráfico) Peronista de Base

Walter Vez'za (Municipal) Juan C. López(Construcción) José Lagar(Cervecero) Alberto De'voto(Telefónico) Juan González(Cervecero) Marcelo Marcolin(Municipal) Juan Larrea(Telefónico) Carlos Iturregui(Ferroviario) Cosme Torrenti(Mecánico) Luis Graciano(Luz y Fuerza)

CUADRO No 3

Bloque Peronista P.B.

iii?“

ZÏ" ¡.A q

e nista

narrar O

nuboso

Resultados electorales en 1983 y 198.5 en Capital Federal y Provin- cia de Buenos Aires (porcentajes).

Partido

UCR

P.J.

F.P.

PI

UCD

P.Federal P.Dem.Crist. Partido Obrero P.Dem.Prog Unidad Socialista

Partido

UCR PJ(Renov.) FREJULI PI

Capital Federal 1983

49,5 23,6

5,8 8,6

3,7

Prcwincia de Buenos Aires 1983

49 e (4o.)

3,4

1985

41 27 10 10

52 MARZO 1987

PREPU 4 Al. de Centro 1,13 4 P.Federal - 2 Unidad Socialista 1 Partido Obrero - 0 P.Dem.Prog. - 1

oloredondeados

Fuente: Centro de Cómputos (cifras provisorias)

CUADRO No 4

Porcentajes de los votos emitidos obtenidos por el FP en el Gran Buenos Aires.

5,49 . Í General Sarmiento

".1! San (E2153. Muro Movóq \ 'Mman )yicmu l m

I n 4,01 l 4,04 I Esteban Echeverria I. Lomo!

r ¡' 5, I 1 Í II Florencio Ver-lo I, 4,64

¡w .---.-.../' Bom-mn

I \ BO'¡!u|

Fuente: Solidaridad Socialista 7/11/85.

BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LA REFORMA LABORAL

(0 acerca de la imposición de nuevas Relaciones Jurídicas en- tre las clases)

Eduardo Lucita

Aquí no se trata de una toma de posición dogmática, que revela prejuicios pasionales e irracionales. Se trata por el contrario de una conclusión lógica que se desprende del aná- lisis de las tendencias profundas del capitalis- mo contemporáneo, examinadas desde el punto de vista de la lucha de clases.

E. Mandel “Consejos obreros, Control obrero y Autogestión "’— Antologia

1. Argentina atraviesa un período de profundas transforma- ciones que implican cambios en los patrones de acumulación y reproducción del capital; en las formas de_ extracción y realización de la plusvalía; en los procesos de trabajo; en el redimensionamiento e interacción de las clases y fracciones de clase, y en los modos de control y dominación del aparato estatal.

En el marco de la crisis estos cambios resultan expresión de las tendencias mundiales que se combinan con los rangS específicos producto de las contradicciones de nuestra sociedad capitalista dependiente, con un desarrollo insufi- ciente y deformado de sus fuerzas productivas.

Si toda crisis constituye “un momento de libertad, relativa”, como acostumbra decir Adolfo Gilly, es ese grado de relativa libertad que está usufructuando la clase dominante para po- tenciar la ofensiva generalizada del capital sobre el trabajo.

En estas breves consideraciones trataré solamente de pun- tualizar lo que creo son los. rasgos esenciales de la reforma laboral, partiendo de la hipótesis de que la misma tiende a cubrir tres requisitos esenciales:

a) garantizar las necesidades del nuevo patrón de acumu-

lación de capital

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b) reemplazar .el hoy insuficiente modelo de control estatal sobre los sindicatos por uno compatible con la desestatización de la sociedad y el mayor predominio del mercado

c) recrear las formas de dominación del capital en función de las transormaciones operadas y de la naturaleza de la etapa política inaugurada el 30.10.83.

2. Luego de casi cuatro décadas Argentina ha cerrado un ciclo de su historia. En forma abrupta ha clausurado un largo período reformista-burgués en el que la distribución del ingreso, 'la expansión del mercado interno, la sustitución de importaciones y una fuerte intervención estatal definían los patrones de valoriZación y acumulación de capital.

Esta forma de gestionar las fuerzas productivas encontraba su correlato en la superestructuraideológica a nivel de las mediaciones del aparato estatal y de una particular articula- ción de las relaciones sindicato/ Estado, que resultaba privilegia- da frente a la relación sindicato] clase. Esto contenía, en cuanto a la ecuación de dominación y consenso, una relación subor- dinada de la clase obrera que cedía su independencia frente al Estado al mismo tiempo que jerarquizaba una dirección- sindi‘cal que funcionaba como mediadora e instrumento de control. de las'masas trabajadoras, negociando en su nombre concesiones salariales y sociales.

3. La internacionalización del capital y las intenciones de reinsertar a la Argentina en las nuevas corrientes del mercado mundial han hecho aflorar los cambios operados en. la base material de nuestra sociedad: Centralización y Concentración del capital. La primera producto de un amplio movimiento de- fusión empresarial, la segunda, que fortaleció a las cúpulas oligopólicas, resultado. de la exprOpiación- interburguesa. Agotarniento nde las- antiguas alianzas sociales y reconstitución de un nuevo bloque de poder económicoasentado en la frac- ción más dinámica y moderna del gran capital nativo y extranjero, quevintenta ima alianza con el Estado, y cu-y'o esquema de acumulación requiere extraer r'l'a plusvalía en el mercado local y realizarla en el- internacional. Esto implica necesariamente la incorporación de tecnología, la: racionalizaé ción de los procesos productivos y nuevos criterios de gestioé‘ ,nar la- fuerza de trabajo, unos y Otros-r apuntan a‘mejorar la competitividad del capitalismo local.

CUADERNOS DEL SUR 5 55

Quien mejor ha receptado estos cambios ha sido el Gobier- no radical (en rigor el núcleo “alfonsinista”), y fue expuesto con absoluta claridad por el propio Presidente Alfonsín en el recordado y fundacional discurso de Parque Norte, cuando en el marco de una convocatoria amplia a la “Modernización” del país requirió: “. . .una mayor flexibilidad de las normas de trabajo, de producción y de gestión” para adecuar la productividad y los ritmos de producción a las exigencias de la valorización internacional.

Pero las tendencias de la tranformación si bien muestran una ligazón de continuidad con el pasado inmediato, que condiciona el presente y en buena medida también el futuro, no operan políticamente de igual manera en el régimen dictatorial que en un régimen democrático. En otras palabras hay una continuidad inevitable en las tendencias económicas como producto de la concentración del poder, pero no hay un continuismo en el plano de lO político.

Esto significa que bajo la dictadura militar la imposición de los criterios y las formas de “explotación del trabajo por el capital no requerían de Consenso social alguno, eran sancionados e impuestos por el "poder omnipotente del Estado, en la actualidad con la plena vigencia de la democra- cia parlamentaria la relación de dominación requiere necesa- riamente de consenso explicitado en —el orden jurídico y convalidado por las instituciones del sistema.

Una_ vez más fue el propio Alfonsín quien avanzó el planteo cuando en el discurso mencionado hizo un llamado a “. . .conciliar la existencia de una pluralidad diferenciada de sujetos sociales con un principio ordenador que intermedie en las posiciones y conflictos”.

Precisamente ,"de esto trata la reforma laboral,lde estable- cer criterios reguladores de la lucha de clases, imponiendo nuevas relaciones jurídicas entre los sujetos sociales antagó- nicos.

4. La crisis tomada en su globalidad' se expresa en las más variadas direcciones y es enfrentada con variadas propuestas, en el plano económico éstas se condensan en el “programa de ajuste positivo” enunciado por el. Ministerio de Economía que en la actualidad transita por la apertura y la integración con el Brasil; la capitalización de la deuda; las privatizaciones y ¿la redefinición del.rol del Estado; la' reforma financiera, y que en las relaciones de “capital/trabajo arequiere una mayor

56 MARZO 1987

“flexibilidad”, entendida ésta como un mayor grado de li- bertad a las fuerzas del mercado y la reducción de la influen- cia de los sindicatos en la formación de los salarios y el empleo.

Una síntesis de las iniciativas emprendidas desde el Estado puede puntualizarse en:

a) una baja generalizada de los ingresos reales de los asalariados, acompañada de la cristalización de una estructura regresiva de distribución del ingreso; b) el avance hacia la descentralización de las negociaciones colectivas; c) el favorecimiento de los diferenciales salariales por ramas de la producción y al interior de las mismas según niveles de productividad; d) limita- ciones a la intervención reguladora del Estado en la economía.

En este contexto el paquete de leyes es presentado en el mensaje elevación como un mecanismo de transición que apunta a “. . .desestatizar progresivamente las relaciones de trabajo transfiriendo poderes del Estado patemalista a la autonomía colectiva y a la responsabilidad y prudencia de las organizaciones sociales”. En síntesis se busca regular la lucha de clases controlando a uno de los contendientes al mismo tiempo que se liberan las fuerzas del mercado bajo la hegemonía del otro.

5. “La primera parte de los proyectos de reforma laboral que van a ser debatidos en e‘l Parlamento superan el marco temporal y conceptual del Plan Austral porque son nada más y nada menos que las bases institucionales de un importante cambio. Sus mecanismos entre otras ventajas, facilitan la gobernabilidad de la economía, sobre todo en situaciones de profundas crisis.” (El Periodista de Buenos Aires, Nro. 101 - 15 al 21 de agosto de 1986).

“. . . la 14.250 ‘vinculada al gobierno peronista se apoyó en la lógica de la distribución, pero a raíz de la crisis econó- mica la negociación debe pasar de esa anterior lógica distri- butiva a otra de producción”. (Clarín - 22.8.86).

Estas dos citas, pertenecientes a diferentes exposiciones del SubseCretario de Trabajo, Armando Caro Figueroa, encierran en mismas, más allá de toda discusión jurídica o interpretación legal, la esencia misma, el núcleo ideoló- gico, de las modificaciones propuestas.

CUADERNOS DEL SUR 5 57

La reforma, de la que los cuatro proyectos presentados son sólo una parte ya que en un futuro incluirá la reglamenta- ción explícita del derecho de huelga y la Ley Sindical, avan- _Za tanto en las relaciones al interior de las organizaciones sindicales, como en las de compromiso entre capital y traba- jo, pero la esencia de la misma es el pasaje del anterior modew lo de convenciones colectivas de la Ley 14.250 al nuevo modelo, que contempla serias limitaciones a la libertad y autonomía sindical, base fundamental del derecho laboral, vaciando de contenido a la huelga como acto jurídico colec- tivo.

En esencia el contenido de la legislación propuesta encierra una forma nO explícita de reglamentación del derecho de huelga instituyendo el arbitraje Obligatorio con carácter per- manente (arts. 22 a 26). En tanto que deroga leyes de la dictadura (art. 38) refuerza el autoritarismo de Estado al facultar discrecional'mente al P.E. para “en especiales cir- cunstancias económico sociales” limitar el crecimiento de los salarios, imponer topes máximos y límites mínimos, suspender cláusulas de ajuste, etc.. Como contrapartida puede también suspender despidos por causas económicas O tecnológicas (arts. 27 al 29).

Como queda bien explícito en el mensaje se trata de un “. . . régimen de excepción apto para regular este derecho en situaciones de crisis”. . . “previendo mecanismos alternativos que sin negar la posibilidad negocial, la encuadren, ajusten y adapten a los requerimientos de la emergencia”.

Pero la reforma es compleja no trata sólo de limitar el de-' recho de huelga, o dejar abierto el camino para soluciones propias del autoritarismo de estado, se trata también de convalidar jurídicamente situaciones de hecho.

Tal es el caso de la descentralización de la negociación colectiva ya que abre la negociación hacia la empresa, intro- duciendo así un principio de fragmentación de la organiza- ción gremial con la quiebra de la homogeneidad que le otor- ga la convención colectiva. “En ésto se trata de cristalizar la situación actual, en que al mantenerse bajo los mínimos de convenio y dejar el resto de las escalas supeditadas a las distintas productividades por sector se produce una_ gran dis- persión en las escalas salariales que privilegia a los trabajado- res de las grandes empresas (por mejores condiciones tec- nológicas y mejor relación de fuerzas) con lo que se debilita

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O

el papel del sindicato como negociador colectivo ya que la discusión se instala entre las comisiones intemas y las patronales en forma individual.

Así a la división entre ocupados y desocupados se agrega una fragmentación adicional: a los ocupados se los vuelve a dividir con las escalas salariales diferenciadas, en tanto se mantiene la discriminación a los empleados públicos al no reconocérselessu derecho a la contratación colectiva.

6. NO obstante la clase dominante no ha echado en saco roto las experiencias de la década del ’60 cuando para debi- litar a la burocracia sindical peronista alentó la creación de los “sindicatos‘por empresa” y una mayor autonomía de sec- cionales y regionales. Buena parte de los destacamentos clasistas que durante toda una época combatieron frontal- mente la voracidad del capital surgieron de estas experien- cias, ya que estaban en mejores condiciones de escapar a la tutela burocrática. Así, la “ley es sabia”, intenta fragmentar pero no quebrar totalmente la unidad del aparato sindical ya que mantiene un reconocimiento a los representantes estatutarios de las organizaciones con personería gremial, incluso Viola el principio de la “norma más favorable”(clave del derecho del trabajo) al especificar que los' convenios homologados pueden modificar y derogar condiciones de trabajo fijadas en acuerdos de empresa (art. 8).

Pierden así validez los argumentos de los burócratas sin- dicales, que formados bajo la tutela estatal, hacen la crí- tica desde el lugar privilegiado del aparato sindical antepo- niendo a cualquier discusión el modelo de Ley de Asocia- ciones Profesionales, cuando en realidad de lo que se trata es de una cuestión de clase.

La burguesía está llevando adelante su más serio intento de expropiar jurídicamente (con aval parlamentario) a los trabajadores de su derecho a luchar de conjunto, profundi- zando la ruptura de los lazos de solidaridad internos, soca- vando su potencialidad de pesar en la política nacional como sujeto social colectivo: como clase independiente.

_7. La reforma propuesta aborda otros aspectos importan- tes, cono son los de “Participación informativa” y “dirección de empresas estatales“, que han sido recibidos con» gran beneplácito por la gran mayoría de los dirigentes sindicales, especialmente aquellos que aparecen directamente vinculados a tendencias socialdemócratas (CIOLS-ORIT) y socialcris-

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tianas (CMT-CLAT), en algunos casos aislados solamente han expresado su ‘disgusto’ por la falta de “participación en las ganacias”. La sustancia ideológica de estas proposicio- nes requiere de una peque-ña disgresión. Años atrás ya señala- ba E. Mandel cómo “el eje de la lucha de clases se va despla- zando no a causa de una agitación O de una conspiración maligna de los marxistas, sino por la evolución del propio modo de producción capitalista”.

La etapa del reformismo estatal y de distribución del in- greso ‘está agotada en el país poniendo serios límites a las políticas meramente economicistas, así el centro de gravedad de la lucha de clase-s se desplazará “desde los problemas de repartición de la renta nacional hacia los problemas de organización del trabajo y la producción, es decir hacia el problema de las propias relaciones de producción capita- lista”.

Las franjas más capaces del capitalismo, y a mi juicio buena parte de la poca intelligentzia que queda en el país se encuentra en el “núcleo alfonsinista”, comprende con cla- ridad esta situación inevitable, producto de la propia natu- raleza de la crisis, y trata de. reorientar este desplazamiento hcia la “colaboración y no la impugnación de clases”, éste es el verdadero sentido de las figuras de la “participación” y la “cogestión” generalizadas a fines de la década del ’60 por la socialdemocracia europea, y hacia donde apunta la legislación que comentamos.

Es más, asociar a los trabajadores a la gestión de “su” fábrica es una nueva forma de fragmentación, pues aún en los casos de participación igualitaria en los directorios o de reparto de acciones, de lo que se trata es de introducir la competencia del mercado capitalista en el seno de las orga- nizaciones obreras rompiendo así su unidad social pues pri- man los intereses de empresa frente a la cooperación y soli- daridad de todo el gremio.

No obstante la reforma no va todavía tan lejos, y los "trabajadores pueden montarse sobre la espontaneidad que de sancionarse legalmente ella desatará. Así la constitución de Comités de Fábrica, y aún por ramas de la industria, para discutir la organización del trabajo, y los ritmos ,de pro- duccióm, para tomar en sus manos los problemas de la se- guridad y salubridad en el trabajo; para negociar las nuevas techologías y los puestos de trabajo y la capacitación ade-

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cuada; el control de los costos de producción y distribución de las mercancías. En fin se puede avanzar también en la fiscalización de la tributación impositiva, en el depósito en tiempo y forma de las cargas sociales, etc.

En síntesis operar con un verdadero sentido de contralor social al interior de las unidades de producción ejerciendo “el derecho a veto de los trabajadores en toda una serie de dominios que conciernen a su existencia cotidiana en la empresa O durante su trabajo.”

8. Finalmente y más allá del cuerpo jurídico que se sancio- na, la recuperación de mejores condiciones de venta y repro- ducción de la fuerza de trabajo no será de resolución inme- diata. Los trabajadores argentinos tienen por delante un ar- duo camino, pero si es cierto aquello de la “libertad relati- va” la crisis del populismo entendida como ideología deja la posibilidad de avanzar sobre el núcleo de las relaciones de producción abriendo el camino para que las nuevas gene- raciones impugnen la naturaleza de la dominación de clase y de la explotación capitalista, se escribirá así una historia cualitativamente diferente a la que intensamente hemos vivido.

Buenos Aires, Agosto 1986

No tratamos aquí la participación de los trabajadores en las empresas nacionalizadas, que n'os parece positiva y creemos hay que potenciar- la, no quedándose en el nivel de “dirección” sino participando demo- cráticamente en todos los niveles decisionales, desde la base hasta la cúspide, condicionando así la figura del “director-obrero” evitando que resulte'cada vez más director, y cada vez menos obrero.

TAYLORISMO. FORDISMO Y NUEVAS TECNOLOGIAS EN LOS PAISES SEMIPERIFERICOS

Benjam in Coriat

Entrevista de Adolfo Gilly y Luis Hernández Palacios

Benjamín Coriat, investigador francés, autor de El cronómetro y el taller y de diversos estudios sobre el proceso de trabajo y sus transformaciones, estuvo en México a fines de noviembre de 1984 para participar en dos seminarios internacionales sobre nuevas tecnologías, empleo e integración industrial Norte-Sur. Al concluir dichos seminarios se realizó la siguiente entrevista. Los robots, su lugar actual entre las innovaciones tecnológicas y la relación entre estas innovaciones y la crisis fueron el tema inicial de la conversación.

Benjamín Coriat. Hay algunas novedades muy importantes en el uso_ de la robótica y la microelectrónica. Pero se debe decir también que la robótica y la n-icroelectrónica no son la única vía buscada por el capital en la crisis. Hay otras vías completamente retrógradas, como la relocalización de indus- trias en regiones con bajo costo de mano de Obra y sin orga- nización sindical. Hablaré de la robótica, pues es el tema que nos ocupa y en virtud de que los otros fenómenos son más conocidos. Sin embargo, tengamos presente que el movimien- to hacia las nuevas tecnologías no es el único movimiento del capital y que hay movimientos regresivos, hacia las condiciones iniciales del fordismo perdidas en los países centrales.

En cuanto a las nuevas tecnologías, podemos mencionar, en síntesis, tres novedades, a las cuales me referí en el semi- nario. La primera concierne a los robots.

A través de los robots, existen nuevos medios de programa- ción de las rutinas de trabajo que permiten expropiar el saber obrero mediante la reproducción en tiempo real de los gestos; Obreros efectuados en el espacio. Es el caso de los robots, pintores, donde el Obrero pintor al efectuar los gestos de su

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Oficio permite, gracias a robots electrónicos unidos a compu- tadoras, un registro de sus trayectorias. Y esto a su vez permite automatizar puestos de trabajo que antes no eran automa- tizables porque la descomposición de esos gestos Obreros en el espacio estaban fuera del alcance de los medios automáticos de trabajo. '

Adolfo Gilly._Esto significará que el estudio de tiempos y movimientos del taylorismo se haría ahora por medios elec- tronicos.

B.C. En realidad, ya no es el estudio de tiempos y movi- mientos sino apropiación en bloque del movimiento, sin pasar por el estudio de los tiempos y los movimientos. Esto es una gran novedad, que determina una gran aceleración en lo que se denomina la descalificación'obrera, aunque prefiero la expresión “expropiación del mber por las máquinas”. Esta es la primera novedad.

Luis Hernández Palacios. En tus conferencias en México, señalabas algunas. condiciones de existencia de la robótic y la automatización. Sería muy importante tenerlas presente para comprender el sentido y la dirección de lO que esto sig- nifica.

B.C. No son las condiciones de existencia, sino las condi- ciones y el contexto de aparición de la robótica y de las nue- va tecnologías. Se trata de una triple'crisis del taylorismo y del fordismo que determina estas Condiciones de aparición.

La primera es la crisis de la eficacia del taylorismo como .técnica de control social. El taylorismo fue un medio para controlar grandes masas de gente en el trabajo en forma relativamente eficaz y relativamente costosa, con líneas jerárquicas sumamente complejas, duras, según el modelo militar. Hoy estas formas de control social están en crisis en muchos países. Esto se vio en lasgrandes huelgas obreras contra el trabajo parcelado y repetitivo, no sólo en los países centrales sino en algunos países semiperiféricos como Brasil, donde las grandes huelgas del ABC indicaron, con algu-

nos años de retraso, ese mismo rechazo alas formas tayloristasv

de mando en un espacio semiperiférico y semiindustrializado.

Las nuevas tecnologías van a tratar de reimponeruna forma de control social que ya no pase por el modelo mihtar tale-

rista sino por la tecnología. La segunda condición de aparición es la crisis de eficiencia del fordismo desde el punto de vista de la economía del

.-

CUADERNOS DEL SUR 5 63

capital. Para esto me baso en diferentes trabajos de las Oficinas de investigación de ingenieros y administradores del capital: no hace falta ir a buscar sociólogos marxistas... Esos estudios están de acuerdo en que, para parcelar el trabajo, hay que consumir un tiempo, improductivo de cir- culación de las piezas muy importante, y que en estas condi- ciones hay formas de organización del trabajo más eficaces que es preciso ensayar. r

La tercera crisis del taylorismo está ligada con el hecho de que éste se adapta a grandes producciones rígidas, y con las actuales fluctuaciones del mercado son necesarias organi- zaciones más flexibles, capaces de adaptarse a series más, cortas, a modificaciones en la demanda del producto que precisan de una organización más flexible.

Estas tres condiciones de aparición de las nuevas. tecnolo- gías son fundamentales. Es sobre la base de una crisis de los grandes modos capitalistas de organización de la producción que nacen las nuevas tecnologías. Y hasta puede decirse. que nacieron en una actitud defensiva del capital en relación con un movimiento en claro ascenso de las clases obreras centrales y de ciertas clases Obreras periféricas que jaquearon al taylorismo. La situación actual consiste en que, a partir de esta posición de defensiva estratégica, el capital, gracias a las nuevas tecnologías, pero también gracias a la crisis y .a la desocupación que han roto las defensas de la clase obre- ra, ha podido transformar esta defensiva estratégica en una Ofensiva de similar índole.

Pero creo que nO hay que olvidar, si se miran las cosas a mediano y largo plazo y con calma, que el conjunto de esta Ofensiva del capital se desarrolla sobre un terreno que es, para ella, sumamente frágil. Es el terreno de; la crisis en su forma histórica de dominación sobre el trabajo, el taylorismo y el fordismo. No quiero dar opiniones artificialmente optimistas, porque nO soy demasiado optimista; creo que el período es duro. Pero hay que tener presente que es sobre 'una base sumamente frágil, y fragilizada, de la criSis de su modo central de dominación sobre el trabajo, que se desa- rrollan las nuevas tecnologías. Desde. este punto de vista podría haber grandes rupturas, O grandes rebeliones, de las cuales no habría. que asombrarse demasiado. NO. es esto inevitable, pero conviene tener presente el punto.

A.G. Nos hablabas al comienzo de tres novedades, con

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respecto a las nuevas tecnologías. Nos has mencionado ahora las condiciones de su aparición. ¿Y en cuanto alas novedades?

B.C. Sí, es cierto, vamos a las tres novedades, en relación con el taylorismo: la primera, ya mencionada, es una segunda generación de técnicas de expropiación del saber Obrero mediante la microelectrónica.

La segunda concierne a una nueva gestión de la circulación de los productos, que es la respueta a la crisis de la economía taylorista del tiempo; se trata precisamente de volver a encon- trar la eficiencia productiva comprimiendo los tiempos im- productivos de circulación de las piezas y de los productos en' la fábrica y el taller.

La tercera novedad son los equipos flexibles que, con costos de reprogramación muy bajos, son capaces de produ-

' cir un conjunto variado de piezas, a partir de una pieza matriz. Es la respuesta a la rigidez taylorista, con base en la flexibi- lización que introduce en los instrumentos de trabajo. Si se, quiere, en cierto modo, la nueva tecnología trata de respon- der, rasgo por rasgo, a la crisis histórica del taylorismo y del fordismo. A la crisis de su eficacia como modo de control social, se trata de responder volviendo aún más rígidas las coerciones tecnológicas sobre los flujos y .los ritmos de pro- ducción para hacer menos sensibles las líneas de producción 'al trabajo Obrero y alos ritmos obreros. Se trata de disminuir los tiempos muertos a través de la nueva gestión de la circula- ción de pieza, de herramientas, de materiales y de consumo de energía. Y, en tercer lugar, se'flexibilizan las cosas.

Sin embargo, desde el punto de vista del capital, personal- mente yo me cuidaría de cualquier tipo de triunfalismo. Está a la ofensiva, esto es evidente pero lo está sobre una base productiva sumamente frágil, porque estas nuevas tecnologías no reemplazan al taylorismo y al fordismo, simplemente se agregan a éstos.

Es una situación muy paradójica, porque estas nuevas tec- nologías no son una sustitución sino una adición a las exis- tentes, lo cual toma frágil el terreno de la Ofensiva.

L.H. En el análisis tuyo, la crisis de la eficacia del taylo- rismo y del fordismo, ¿sería una de las bases de la actual crisis capitalista internacional?

B.C. Sí. Yo creo que esta crisis en las condiciones de ex- tracción del plustrabajo y en el mando del capital sobre el trabajo es el punto central de la crisis mundial. N o subestimo

Praxis

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Sociedad O Economia O Politic-

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el hecho de que el shock monetario, las fluctuaciones en el flujo de las materias primas y los problemas de crecimiento de la deuda provocan ondas de choque con capacidades de absorción muy desiguales segím los países. Todos estos son elementos desestabilizadores de las relaciones económicas internacionales y de la acumulación en general. Pero si estas ondas de choque han podido ser tan eficaces desde el punto de vista de la ruptura, es porque el núcleo central de las condiciones de producción está en crisis. Y este núcleo son las relaciones de explotación alrededor del taylorismo y del fordismo. Para mí, este es el corazón de la crisis: me manten- go muy firme en este punto, y en mi opinión es el único análisis marxista de la crisis actualmente posible, y además eficaz para interpretar lO que está ocurriendo.

A.G. dijiste que considerabas a los robots la superficie más visible de las nuevas tecnologías pero que, por lo menos hoy, existen cosas más importantes y más profundas en este campo. Para la introducción de estas etecnologías, es imprescindible en primer lugar un uso capitalista de la crisis, para romper la resistencia obrera: los obreros son despedidos primero, y sólo después se introducen las nuevas tecnólogías.

B.C. Se combina. Tienes razón cuando insistes sobre un punto: en muchos casos la introducción de las nuevas tecno- logías se produce después de un ataque central contra la clase obrera que rompe su capacidad de resistencia y permite después introducir esta rigidez en las relaciones de trabajo, por intermedio de la tecnología. Es el caso de la Fiat en Italia, por ejemplo, donde hubo una batalla central en Turín, en 1980, cuando la. empresa hizo una enorme provocación anunciando que iba a despedir a muchos miles de trabajado- ‘res. La Fiat ganó esta batalla, en lo cual creo que el sindicato tiene cierta responsabilidad, al llevar una guerra de posiciones sin comprender la naturaleza de la batalla entablada. Pero no quiero echar sobre el sindicato una responsabilidad mayor dela que tiene: se engañó sobre lo que estaba en juego real- mente en la batalla. En todo caso, sobre la base de esta derrota la Fiat entró de inmediato, y, a gran velocidad, en la automatización.

Pero en cierta cantidad de casos, automatizaciones veladas, puntuales, son elementos dispersos a través de la fábrica para romper el control del ciclo productivo por la clase obrera y a continuación despedir. Entonces, no se puede

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decir que haya un esquema único de introducción de las nuevas tecnologías. . .

A.G. Es decir, ¿se comenzaría por la introducción puntual de las nuevas tecnologías para probar la situación, después se utilizaría la crisis para los despidos y después se establecería la nueva relación de fuerzas?. . . Mi pregunta viene de lo que planteó Perter Kelly en el seminario: dijo que en la General Motors y en la Ford se despidió a los obreros argumentando que había disminuido la venta de automóviles. Pero después no los retomaron: automatizaro‘n.

B.C. Sí. . . Pero no creo que se pueda deducir un esquema único. Según las relaciones de fuerzas y las condiciones locales, los despidos preceden a la introducción de- nuevas tecnolo- gías; O, al contrario, estas nuevas tecnologías modifican las: relaciones de fuerza, lO cual permite luego los despidos. Creo que hay que seguir con atención cada caso.

L.H. has señalado que esta innovación tecnológica toma un aspecto de piel de leopardo, que se presenta en forma de manchas, en ciertos puntos. Además de la industria del automóvil, que es aquella sobre la cual tenemos mayor documentación y conocimientos, ¿en qué otras ramas se viene modificando también en términos técnicos las- condiv ciones del trabajo?

B.C. La industria del automóvil es el sector piloto para la introducción de las nuevas tecnologías, porque tiene enor- mes medios y una tradición considerable de máquinas herra- mienta. Ella absorbe por sola alrededor del 60 por ciento de los nuevos materiales. El otro 40 por ciento se distribuye entre las demás industrias. Pero se distribuye parejamente en todos los otros sectores. de producción en grandes. series, por ejemplo los electrodomésticos, la producción electrónica (la impresión de componentes se hace ahora automátiCamen- te), el sector metalmecánico que produce piezas para la gran industria del automóvil. . . Ésta desempeña el papel piloto de experimentación para los otros sectores, pero las nuevas "tecnologías se difunden también 'en éstos.

A.G. En este punto, quiero plantearte una pregunta más amplia, a través de dos cuestiones que toca Paola Manacorda en el prefacio de su libro Trabajo e inteligencia en la era microe- lectrónica. Es un poco largo. Leo: ¿Es suficiente aceptar las dos interpretaciones habituales de las motivaciones que fun- damentarían la introducción de las nuevas tecnologías: la

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macroeconómica, que remite todo a las exi encías d'é competencia del mercado; y la totalmente poïítica, qúefiré en la reestructuración tecnológica sólo los últimos y’ refinados instrumentos de la dominación del capital? ¿(Ü-¿"sé puede formular la hipótesis de que,'entre tantos otros mecanisï' mos que han entradoen crisis en los últimos diez años, estáït‘aini bién el de la acumulación y que por lo mismo la reestructurál“ ción del proceso de trabajo es también un instrumento"«>para' revitalizar este 'mecanismo? ¿Y qué, además de esto-“está presente,_-aunque todavía muy poco visibles porque poco ex- plícito, sobre t'odo en los procesos de producción, intelectual, como el de la inteligencia artificial? Es un poco compliCado, pero creo que esto te permite resumir tu pensamiento de conjunto sobre estas cuestiones.

B.C. Sí, sí. . . Bien, ante todo hay que decir que elr'desaá rrollo de las tecnologías con el- objeto de establecer nuevos modos de mando y disminuir los costos de producción“,an 'son líneas de desarrollo contradictorias. A'l contrario, una, favorece a la otra. Las condiciones de explotación, las condi- ciones de producción de valor de cambio —de plusvalor, para decirlo pronto- son inseparables de la eficacia de las técnicas de mando. Esta es la primera enseñanza del taylorismo. Pe__r- sonalmente, yo estoy totalmente en contra de cualquier línea de interpretación que quiera oponer una y otra cosa. Esta línea de interpretación existe en ciertas corrientes del obrerismo italiano moderno, que plantean el control social como el elemento clave. No: es el control social con el Objeto de la producción de valor, no es control por el control mismo. Creo que esto es absolutamente importante. En este sentido, por ejemplo, creo que sigue funcionando la ley del valor: no es una dialéctica amo-esclavo, es una dialéctica capital- trabajo para la producción de valor. Y si para esta producción son eficaces formas de control social flexibles, en grupos autónomos, en islotes de trabajos, entonces se utilizarán éstos.

Del mismo modo, otra línea de análisis es la que viene de Michel Foucault. Quiero ser preciso sobre este punto. Pienso que Foucault ha hecho grandes contribuciones sobre la teoría del poder y sobre la .microteoría del poder. No tanto Michel Foucault como sus giscípulos —o sus epígonos- al aplicar el pensamiento de oucault al espacio productivo llegan a resultados catastróficos, porque se convierte preci-

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¡ingente en una teoría del control por el control mismo. ritgnces se pierde de vista totalmente que el problema [A capitalista no es controlar la fuerza de trabajo: eso le impprta un bledo. El problema del capitalista es controlar la marga de trabajo para la producción del valor. Y esto da tépipas de control que están determinadas por la producción (¿simulan Repito: no es una dialéctica amo-esclavo, y creo age es absolutamente importante comprenderlo.

¿3.¡i-.,,_ntonces, a la pregunta de Paola Manacorda, respondo que¿¡no existe oposición entre ambos aspectos, que existen los dos y que se condicionan entre sí.

¿En cuanto a la dimensión más propiamente macroeconó- mica, personalmente pienso, como la corriente teórica de la cual formo parte, la de la teoría de la regulación (aun- que, tengo ciertas divergencias con ella), que el núcleo racional crisis es la crisis de las condiciones de extracción de plustrabajo; y que en el corazón de la fábrica es donde resi- den las razones últimas de la crisis.

_,A-_hora bien, estas nuevas tecnologías son una salida de la crisis en la medida en que restablecen la productividad y la rentabilidad . En esto quiero ser muy preciso: pienso qUe en las actuales condiciones sumMente desfavorables de la rela- ción de fuerzas entre las clases, además de estas nuevas tecno- logías hay fuertes posibilidades de que veamos restablecerse la rentabilidad individual de las empresas. Esto ya empezó. La Fiat restableció su rentabilidad. La General Motors resti- tuyó en forma superespectacular. Ford y Chrysler también la restablecieron. Y todo esto en un contexto de caída cada vez mayor de la ocupación. Esto es sólo para decir que la recuperación de la rentabilidad de las empresas no garantiza en modo alguno la recuperación de la acumulación del capital social en su conjunto. Se puede tener perfectamente-y es la perSpectiva que más temo para el futuro- empresas alta- mente rentables en un mundo de miseria. Es una imagen que cuesta aceptar en Francia. Cuando un anda por México, comprende que no se trata de una visión del futurozpuede ser una imagen actual en cierto número de espacios del Tercer Mundo. _

Una enorme masa de trabajadores mantenidos fuera de las conquistas sociales en condiciones miserables alimentan la rentabilidad de Fiat. Esta perspectiva negra es una perspec- tiva posible para los próximos años, pues extraer productivi-

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dad no garantiza acumulación. Para que la productividad se traduzca en acumulación hacen falta ciertas condiciones sociales, salariales, de reparto de la productividad, de difusión de las conquistas de productividad, de fortalecimiento de la demanda efectiva y de los salarios. Hoy está de moda atacar a Keynes y las teorías de la demanta efectiva. Debo decir que estoy completamente en contra del ataque a las teorías keynesianas, que está absolutamente determinado por este poder de las empresas que hoy son capaces de hacer creer nuevamente que la acumulación pasa a través de la rentabili- dad de las empresas. Hay cosas ya superadas en la teoría keynesiana. Pero lo que no funciona en ella no es cierta- mente la teoría de la demanda efectiva, es decir, la necesidad de un salario estable, poderoso, en crecimiento, para asegurar la acumulación. Mientras esa condición no exista, la producti- vidad no se traducirá en acumulación. Y la perspectiva negra a la cual me referí, es una probabilidad fuerte para los próxi- mos años.

A.G. Esto nos lleva directamente a otra pregunta que quería hacerte. Al final de tu informe en el seminario, hablabas de que la modernización tecnológica está con- dicionada por la modernización social. Decías que no hay que olvidar que el éxito del fordismo estuvo unido al New Deal, al rooseveltismo, si se quiere. . .

B. C. Efectivamente.

A.G. Y bien. Estamos viviendo la crisis de la forma de Estado que viene de aquellos años Éste es al menos uno de los grandes componentes de la crisis. ¿Qué problemas va a plantear en este contexto la introducción de, estas nuevas transformaciones en el proceso de trabajo?

B.C. Quiero repetir lo que dije en el seminario y que me parece completamente fundamental. Lo que ha asegura- do la acumulación de capital hasta nuestros días, por lo menos en los países centrales, no son sólo las tecnologías fordistas, es la suma de las tecnologías .fordistas, más el' reconocimiento de la estructura sindical, más‘ el estableci- miento de contratos regulares, que garantizan la conver- sión de la productividad el aumento de los salarios y del 'poder de compra, más el Estado de Bienestar social (Welfare State). Es decir, nuevas tecnologías de esa época, o sea el fordismo, más el reparto de los incrementos en la productivi- dad, más aumentos de salarios, más Welfare State: esto es lo

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que aseguró el éxito del fordismo como modelo de acumula- ción. Por esta razón sostengo que hoy el restablecimiento de la productividad de las empresas, en la medida en que va acompañado por la ruptura del antiguo compromiso for- dista sobre la conversión de la productividad en salarios, por la ruptura del mantenimiento de la demanda efectiva a través de los ingresos indirectos y otras vias, puede muy bien no conducir a la acumulación.

Ahora bien, pienso que no se pueden reproducir tal cual ¿eran los antiguos compromisos fordistas, porque la crisis es profunda y ha laminado las bases históricas de ia eficacia del fordismo. Con las nuevas tecnologías hay que—establecer un nuevo tipo de contrato social.

A.G. Es decir, que no se puede ir en busca del fordismo

perdido. . . B.C. No, nadie tiene interés en ir en busca del fordismo

perdido; en todo caso, no los trabajadores, porque no todo es defendible en el modo de acumulación que se hunde. En este modo de acumulación en crisis hay que ver que, si bien obtuvieron beneficios algunas categorías sociales, esa acumulación se hizo a expensas de muchas otras categorías y hoy la defensa del antiguo pacto social no es lo mejor que se puede hacer. El movimiento obrero también debe apode- rarse del cambio para modificar la naturaleza del pacto, restablecer cierto número de desequilibrios que iban unidos al viejo pacto social. Quiero ser claro: el fordismo benefició a toda una serie de capas sociales, pero esto se hizo en detri- mento de los obreros no calificados, de los trabajadores inmigrantes, de los campesinos urbanizados, de las mujeres sin calificación profesional, etc. No queremos reproducir esto. Nadie quiere defender a la fábrica fordista. Hay que aprehender- la ocasión qUe ofrecen las nuevas tecnologías para pasar hacia otro tipo de fábrica y otro tipo de pacto, que sea más favorable que el pacto precedente. No tengo una actitud “pasadista” de defensa de la fábrica fordiana. Sencillamente: hay que pensar las nuevas formas del contrato salarial. Pienso lo siguiente: ¿qué eran el pacto fordista en la empresa y el pacto social fordista? Eran una relación pro- ductividad-salarios: conversión de una parte importante de la productividad en salarios, en poder de compra y en salarizació-n. Esa es la base del compromiso fordista. Son los

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acuerdos al nivel de la General Motors, lo que recordaba Pete Kelly en el seminario: 3 por ciento de aumento salarial por año, más el ajuste por costo de vida (Cost of Life Adjus- tement, COLA), etc. Y esto garantizaba el empleo; es decir, el peso contractual sobre la relación productividad-salarios garantizaba la ocupación a través del mercado. Hoy es evi- dente que hay que cambiar el centro de gravedad contractual, y hacerlo recaer directamente sobre la relación productividad- empleo. No se puede dejar la ocupación librada a los azares del mercado. La ocupación debe ser contractualizada a partir de la utilización de la productividad. Y esto en dos direcciones: por una parte, hay que obtener que los incrementos de pro- dutividad se conviertan en inversiones productivas y hacer subir el contrato salarial hasta el uso de la inversión y la política industrial, y, por otra parte, disminuir drásticamente las horas de trabajo para conservar el empleo. Es la consigna de los sindicatos europeos: “Trabajar menos, trabajar todos”.

Creo que, en la crisis, una salida positiva, una especie de“ compromiso debe cargar el peso contractual sobre producti- vidad-empleo a través de la utilización de los incrementos productivos ligados a las nuevas tecnologías. Este es el es- quema general. Ahora, esto se hace a través de compromisos y acuerdos que son diferentes según los países o ramas de industria.

L.H. Ese esel problema que plantea que los compromisos sean distintos según los paises. Yo tengo la impresión de que en el caso de los países de América Latina el pacto fordista no existió como tal, salvo de_una manera muy limitada. Lo que tú. has señalado tiene validez y vigencia para los países centrales. En el caso de los países de América Latina el fordismo se ha implantado más como una forma de organi- zación de la producción y sólo ha afectado a algunasc’apas de los trabajadores de los sectores de punta.

B.C. ¡Exactamente! Lo que reseñé es, efectivamente, el esquema de la acumulación en los países centrales. En el caso de cierto número de países periféricos -México, Argentina, Brasil, aunque tal vez Argentina se algo diferente de los otros dos- se establecieron las técnicas de producción fordista sin el conjunto de la relación salarial fordista. Elresultadoque hoy tenemos a la vista es que, para mantener en existencia estos aparatos fordistas con la caída casi total de la demanda interna, esos países se convierten en nuevas bases de exporta-

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ción, porque hubo tecnologías fordistas, líneas de producción fordistas, sin el contrato salarial fordista. Esto no produce acumulación, sino condiciones de producción de mercancías a bajo costo para la exportación. Y con la crisis económica que castiga a las claSes medias que se beneficiaron de la fuerte industrialización que tuvo lugar en los años precedentes, la tendencia es acentuar la parte exportadora de estas industrias.

En cuanto a las nuevas tecnologías y los países semiperi- féricos —Brasil, México, Argentina, etc., lo que otros llaman “paí ses de nueva industrialización“: ¿en qué punto estamos? Tenemos aparatos fordistas instalados como líneas produc- tivas, establecidos por razones simples: ventajas relativas por bajo costo de la mano de obra, por localización de las materias primas, o por la existencia de mercados potenciales importantes, etc.; y por otra parte están las nuevas tecnolo- gías que incitan a las grandes multinacionales a regresar a sus bases para beneficiarse de las economías externas, de la presencia de los complejos tecnológicos centrales, etc. Enton- ces era posible suponer '—y estas son hipótesis que se han formulado- que todo eso iba a marginar a los países semi- periféricos y que tendría lugar un regreso en masa de los aparatos de producción hacia el centro.

En primer lugar, debe mencionarse que no es esto lo que sucede. Las grandes multinacionales, como ocurre en el caso del automóvil, en los últimos años han tomado una serie de decisiones estratégicas que confirman sus inversiones en los países semiperiféricos. Es loque sucede en México, con la integración, de la frontera norte con Estados Unidos de América; y es también el caso de Brasil, de Corea, de Taiwán, en que se han constituido enormes joint ventures con la General Motors, con Ford, con Chrysler.

¿Cómo explicar esto? Creo que es sencillo: es posible conservar las mismas ventajas relativas, en términos de costo de la mano de obra, de localización cercana de ciertas mate- rias primas, en particular para la fabricación de motores allí donde existen siderúrgicas, y beneficiarse también con los subsidios de ciertos países del Tercer Mundo que construyen .puentes de oro para atraer a las multinacionales, gozando al mismo tiempo de lo más importante que tienen las nuevas tecnologías. Aquí vemos desarrollarse un proceso selectivo de introducción de las nuevas tecnologías en los espacios semiperiféricos. ¿A qué se refiere esta selectividad? En los

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países semiperiféricos se introducen aquellas nuevas tecnolo- gías que desempeñan un papel decisivo para la determinación de las normas de calidad mundial que permiten mantener la posición exportadora en términos de normas tecnológicas ya que en términos de costo está ampliamente garantizada dado el diferencial en el precio de la mano de obra.

Creo que hay que ser muy riguroso a este respecto. Todo lo que ahora se dice sobre la disminución de la importancia de los costos de mano de obra, tiene cierta validez en abstracto. Pero en la práctica de la actual competencia multinacional las ventajas relativas sobre el costo de mano de obra siguen siendo considerables. Hay que tener en cuenta que un obrero de la General Motors cuesta 25 dólares por hora cuando está instalado en Detroit y cuesta entre 1.5 y dos dólares por hora cuando está instalado en la frontera norte de México, a dos pasos de Estados Unidos. ¡Esta es una notable ventaja! 'Hay que leer las lista de outsourcing de la General Motors: hay tres páginas de inversiones externas de esta multinacional, Y esto no se cortará mañana.

Existe la posibilidad de combinar estas ventajas relativas con las nuevas tecnologías en todos los “puntos estratégicos”. La soldadura, en los países centrales, está automatizada en un 85 a 90 por ciento de los puntos de soldadura. En Brasil, como pude verificarlo personahnente -y pienso que lo mis- mo sucede aquí en México- sólo un 9 a un 10,por ciento de los puntos de soldadura están automatizados. . .

A.G. ¿Cuántos son los puntos de soldadura?

B. C. Hay alrededor de cuatro mil puntos de. soldadura en un automóvil. Depende de los modelos: cuanto más se avanza menos hay. Hoy tenemos alrededor de dos mil seiscientos puntos de soldadura.

A.G. ¿También en este caso sigue siendo el 10 por ciento?

B.C. Sí, en cada caso es siempre más o ménos el 10 por ciento, pues este 10 por ciento son los puntos que los propios fabricantes llaman las soldaduras de referencia, que son aque- llas que garantizan la calidad del conjunto de la soldadura. Ese 10 por ciento está automatizado. Son los que garantizan las normas internacionales de calidad, mientras el costo de la mano de obra garantiza la competitividad. Ford penetra en los mercados del norte de Europa con automóviles com- pletamente fabricados en Brasil, el Ford Escort. Fiat exporta 600 mil motores Diesel a Italia. En estos casos se combina.

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muy poca automatización, pero determinante para la calidad, con las ventajas relativas habituales: el acero brasileño que cuesta muy poco a las multinacionales allí establecidas, y la mano de obra brasileña que tiene un costo igualmente redu- cido. No doy ejemplos de México porque no conozco sufi- cientemente el país, pero estoy seguro de que el lector mexicano podrá colocar los nombres correspondientes.

L.H. De las ventajas comparativas, la más significativa es el costo de la fuerza de trabajo, que permite las ventajas de la relocalización, combinado con condiciones técnicas que hoy permiten la segmentación del proceso productivo. En ese marco, lo que se da son nuevas formas de integración que pasan por la relocalización de segmentos productivos, fundamentalmente. En este contexto, ¿qué perSpectivas observar para lo que sería la región del Pacífico?. . .

B.C.' Primero, la conclusión sobre la inversión de las multinacionales en los países semiperiféricos. Creo que en los próximos años —en 30 o 40 años más ya veremos, porque nadie puede saber lo que sucederá en ese plazo- las tendencias previsibles, las que ahora están en curso de desarrollo, indican una rediferenciación de los propios espacios periféricos. Esto es claro. Las multinacionales, ciertamente, van a recon- centrar sus inversiones sobre cierto número de espacios semi- periféricos: aquellos donde ya hay cierta tradición industrial, donde hay mercados interiores potenciales importantes y donde ya tienen inversiones de base y una experiencia que les permite asegurar la transición hacia las nuevas tecnologías. Probablemente, desaparecerán las inversiones marginales en- ciertos países periféricos. Habrá desindustrialización de países marginales y probablemente fortalecimiento de la vocación exportadora de cierto número de países semiperi- féricos. Para América Latina, por ejemplo, es claro que Brasil, México y Argentina forman parte de este nuevo espacio de diferenciación.

Vamos ahora a la región del Pacífico. Este es un gran problema. En primer lugar, los flujos comerciales en la región del Pacífico se han vuelto superiores a los flujos comerciales en sala zona del Atlántico, y ésta es probablemente una muta- ción estratégica del capitalismo mundial. ¿Por qué?

En realidad, no sólo existe esta mutación cuantitativa de los flujos del Altántico Norte al Pacífico sino que esto va acompañado por el hecho de que no se trata en absoluto de

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los mismos productos. Son sobre todo los productos ligados a .la electrónica, a la gran electrónica de masas —aparatos estereofónicos, videos, bienes ,de consumo, calculadoras, etc.- los que componen este flujo. Entonces tenemos un cambio a la vez geográfico y de sectores de producción.

En cuan-to a la nueva importancia de la misma, ¿qué es la región del Pacífico? El centro de la actual región del Paci- fico, desde el.punto de vista de los intercambios comerciales, es California, Japón, Taiwán, Corea, a lo cual hay queagregar, en forma periférica, pero cada vez más importante, Filipinas, Singapur, etc. No se puede dejar de apuntar que se trata de zonas con bajo costo de la mano de obra, ausencia de sindica- lización, con zonas francas, etc. Sin embargo, nadie lo hace notar: sólo se habla de nuevas tecnologías, mientras las loca- lizaciones se llevan a cabo en zonas de bajo costo de la mano de obra. Esto es una confirmación de lo que decía antes, es decir, que por el momento hay una posibilidad total de hacer compatibles el uso de ciertas tecnologías nuevas con las ventajas relativas del bajo costo salarial, que se reproducen sistemáticamente. Incluso California es una zona con débil sindicalización, y la otra cara del Silicon Valley significa tam- bién el trabajo a comicilio, no sindicalizado, a destajo, etc. Es' el revés del milagro, del cual se prescinde hacer cualquier referencia.

Todo esto es para confimar lo que decía al inicio de esta entrevista. Por un lado está la búsqueda de nuevas tecnologías, pero del otro lado están las formas retrógradas'de reconstitu- ción de las condiciones iniciales del fordismo, con grandes masas de trabajadores sin tradición sindical y con bajos salarios. Estos dos aspectos convergen hoy en la región del Pacífico. Veremos cómo evolucionará esto en el futuro, pero creo que no es por casualidad que-esta zona de la elec- trónica sea una zona de bajo costo de la fuerza de trabajo, de no sindicalización, de zonas francas, de ausencia de protección. social para los trabajadores.

A.G. ¿Cómo se combina esto con la extrema heterogenei- dad de la planta productiva y la todavía lenta difusión de una verdadera cultura y disciplina sociales industriales moder- nas en estos países?

B.C. Por el momento, existe esta heterogeneidad: esto es sumamente claro. Heterogeneidad en los segmentos produc- tivos, en las tecnologías, en las formas de control social, etc.

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Personalmente, creO' que la tendencia impuesta por las nuevas tecnologías, en especial por la automatización, es la sustitu- ción de un modo de control social taylorista militar por un modo de control social más participativo, más flexible. En particular todas esas iniciativas alrededor de los círculos de calidad, de los grupos de trabajo, que se van desarrollando en todas partes, incluso en regiones con bajo costo de la mano de obra, están ligadas al hecho de que estas nuevas tecnologías son frágiles en cuanto a su funcionamiento y demandan otro modo de control social.

Dicho esto, pienso que durante un largo período de tiempo el combate se mantendrá indeciso entre la tentación de reproducir el modo tradicional en donde sea posible —y esto en los países de nuevo fordismo ya que en los países de antiguo fordismo éste no tiene futuro—-, es decir, de mantener el modelo fordista cuyas ventajas son conocidas. y la necesidad de pasar a una forma de control social más flexible, más participativa, a través de círculos de calidad. Lo determinante será la eficacia de la resistencia obrera frente al fordismo en los países de nuevo fordismo, o de fordismo periférico, para decidir el paso a un nuevo modelo de control social.

Mi impresión es que, con nuevas tecnologías o sin ellas, mientras el “buen y viejo fordismo”, el “buen y viejo modelo militar” funcione, será eso lo que se utilizará.

A.G. ¿Y cuál es tu impresión sobre los modos de control social y las nuevas tecnologías en Japón?

'B.C. Es una pregunta difícil. Quisiera simplemente trans- mitir aquí una opinión que no es mía, sino de un economista y sociólogo japonés cuyos trabajos aprecio mucho, quien sostiene que la revolución microelectrónica constituye la amenaza mayor para el Japón, en lugar de ser la base de su éxito, como se supone. ¿Por qué? Este autor sostiene la tesis de que el verdadero éxito de Japó'n se basa, que en el uso de las nuevas tecnologías, en formas de control social ligadas a formas patemalistas, al feudalismo japonés que ha continuado reproduciéndose en- la empresa. Ahora bien, las nuevas tecnologías son poco compatibles con esas formas semifeudales, semiburocráticas y semipatriarcales, familiares, de control social. Por el contrario, exigen formas de jerarquia basadas en la competencia y en la iniciativa, pero sobre todo en la competencia técnica. Entonces existe el peligro de que,

H

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en los años venideros, se plantee un conflicto relativamente fuerte entre el modo tradicional de control social y las éiÉil- gencias tecnológicas de la difusión de las nuevas tecnologías en los aparatos de producción. Esto sin mencionar el hech'ó de que, hasta el momento, en Japón el empleo ha podido salvaguardado, a pesar de la difusión de las nuevas tecnologías; gracias a la capacidad exportadora de Japón. Pero se manifies- tan ya síntomas de debilitamiento de la capacidad exportadora de Japón en relación con la mano de Obra que necesita ab!- sorber. Entonces, existen amenazas pendientes sobre Japóm una está'ligada al aumento de la desocupación, que no parade que pueda eludir del mismo modo que lo hizo en los años pasados; y la otra es esta contradicción entre el modelo patemalista de gestión de la fábrica y las exigencias ligadas a diferentes formas jerárquicas de organización del traban surgidas de las nuevas tecnologías.

Creo que no hay que exagerar nuestra propia astucia: los acontecimientos venideros dirán si todo esto es así. Para) transmito aquí este punto de vista porque lo considero muy importante y creo que proporciona una idea idferente dada que habitualmente se difunde sobre Japón. Basado en xmi propia experiencia, tengo la impresión de que se trata de opiniones sumamente serias. f5"

L.H. Una última cuestión: en un país como México llama mucho la atención que las direcciones sindicales y buena parte de los sectores y grupos de la izquierda sólo de mané‘fh muy limitada y muy reciente hayan tomado percepción-‘Ide los procesos de introducción de las nuevas tecnologíadïy los cambios que implican para la clase Obrera en general. Desde este punto de vista, es muy importante e interesante para nosotros acercarnos a conocer cuáles son las experiencias y las posiciones de las corrientes Obreras y sindicales frent’eáa la introducción de las nuevas tecnologías en otros país'éQ. ¿Qué nos podrías decir al respecto? i?“

B.C. Aquí, una vez más, hay que decir las cosas como so‘h'l. Incluso en los países centrales el movimiento sindical aborda estos problemas con grandes dificultades, en una relacióní‘de fuerzas muy desfavorable. Y no tiene soluciones, creo que sobre esto hay que sef claro. Es una búsqueda sumamente difícil, incluso para los movimientos sindical y obreroildia Europa. D19

Sin embargo, es bastante evidente que hay tres grandes

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cuestiones importantes ligadas a las nuevas tecnologías. La primera es la de la conquista de nuevos derechos en relación con la información previa sobre las nuevas tecnologías. Es absolutamente importante señalar que el movimiento sindical no se encuentra en una posición estrictamente defen- siva frente a los hechos consumados en lo tocante a la intro- ducción de nuevas tecnologías, porque en ese momento ya está terminada la capacidad de resistencia y la capacidad de pesar. Por consiguiente, se debe conquistar un espacio.de nuevos derechos en torno a la información previa, el derecho del sindicato a recurrir a un examen de expertos propios sobre el proyecto, de manera de poder hacer propuestas. alternativas a todos los niveles: desde el punto de vista de las condiciones de trabaje, del tipo de uso de las nuevas tecnolo- gías, etc. Este es un‘ primer desafío.

En cierto número de países europeos se han hecho algunas conquistas en este sentido. No hay que tener el menor triunfalismo: es muy difícil de lograr, porque atañe a las prerrogativas patronales, a las cuales los patrones, por supues- to, dan enorme importancia y sobre las cuales se defienden con encarnizamiento. Este es el primer espacio.

En cuanto al segundo espacio, se trata de la formación en las nuevas tecnologías. Y esto tiene mucha importancia, ¿porque estas tecnologías pueden ser la ocasión de modificar. laicomposición .de la clase obrera reclutando, en el exterior del. ésta, fuerza de trabajo joven, móvil, que tiene comporta- miento totalrnente diferente de los de la clase obrera tradi- xcional. Creo que el movimiendo sindical debe asumir el hecho de que él mismo tiene que dar abrigo y abrirse a estos nuevos sectores de la clase Obrera, a estos jóvenes. Creo que sería ¿un error enorme que la clase obrera defendiera los puestos rie, trabajo existentes contra los jóvenes que llegan al mercado de, trabajo. Debe ser capaz de elaborar una estrategia en la cual la incorporación de los jóvenes se haga simultáneamen- te con la recalificación y 1a formación de la mano de obra local para llegar a una. nueva composición del colectivo de trabajo. Para el movimiento sindical y la clase obrera, la entrada de los jóvenes sobre las nuevas tecnologías constituye, por lo demás, un enriquecimiento; uno de los peligros que hay que evitar a toda costa esque mediante el reclutamiento externo de los jóvenes las direcciones de empresas se puedan ¡parmitir poner en competencia a los obreros internos con los

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jóvenes que llegan al mercado de trabajo. El movimiento sindical debe afrontar este desafío, hacerse responsable y garante del empleo de los jóvenes, al mismo tiempo que asegurar la conversión de las clases obreras tradicionales. Por lo tanto, el segundo desafío se juega en torno a la forma- Clon.

El tercer desafío, y tal vez el más importante, es la reduc- ción de la jornada de trabajo. Es evidente que estas nuevas tecnologías son destructoras masivas de empleo en los años venideros. A largo plazo, la cuestión es más compleja, pero en los próximos años destruirán empleos en masa. Es necesario entonces que haya una política sistemática de reducción de la jornada de trabajo, de modo que se puedan proteger los niveles de ocupación. Sobre esto, tanto en Francia como en Alemania ha habido ciertos progresos, que deben continuar; pero creo que se trata de un terreno estratégico que debe ser defendido por los sindicatos y que hoy tiene mucho más importancia que en el pasado.

“SENDERO LUMINOSO": LUCHA ARMADA Y UTOPIA AUTORITARIN‘.

Carlos Iván Degregori

La madrugada del 18 de mayo de 1980, en la comunidad de Chuschi (provincia de Cangallo, Ayacucho), un grupo de jóvenes pretendió impedir el desarrollo del proceso electoral, irrumpió en el local donde se guardaban las ánforas y las que- en la plaza pública. Su boicot no prosperó porque hacia mediodía. nuevas ánforas procedentes de la capital provincial arribaron al pueblo y los chuschinos se apresuraron a su- fragar durante toda la tarde. La noticia apareció perdida entre la avalancha de información sobre las primeras elecciones pre- sidenciales realizadas en el Perú en 17 años. Sin embargo, el PC del P. “Sendero Luminoso” reconoció dicho aconteci- miento como el inicio de la “guerra popular” que desde en- tonces desarrolla con violencia creciente en el país.

En líneas generales, podemos distinguir dos grandes eta- pas en las acciones armadas senderistas. Una primera etapa de avance, que se extiende desde mayo de 1980 hasta fines de 1982. La entrada en combate de las FF.AA_. en las navidades de ese año, constituye un punto de inflexión y abre una se- gunda etapa caracterizada por el desencadenamiento de la llamada “guerra sucia”, la expansión de las acciones sende- ristas hacia otras áreas del país, mientras que al mismo tiem-

* Esta es la segunda parte de un documento presentado al Seminario

“Movimientos Sociales en América Latina”, Universidad de Nacio- nes Unidas - CLACSO., Lima, 26-29 de enero de 1985. En la primera parte se analizó el contexto histórico regional, el mar- co institucional y la voluntad política que permiten el surgimiento y desarrollo del PC. del P. “Sendero Luminoso". Tratamos ahora de explicarnos brevemente las acciones armadas desencadenadas por di- cho grupo a partir de 1980. Nos ,imitam'os estrictamente a lo sucedi- do en la zona de Ayacucho hasta 1984.

82 MARZO 1987

po sufría duros reveses en la región ayacuchana, teatro ori- ginal de la guerra. Es necesario distinguir dentro de la prime- r.. etapa un período clave: el segundo semestre de 1982 durante el cual, al tiempo que la “guerra popular” senderista alcanza su apogeo en Ayacucho, empiezan a salir a luz los errores y limitaciones existentes en un avance hasta entonces casi lineal.

¿Por qué avanza Sendero Luminoso, durante los años

80-82?

l

Men'cionemos en primer lugar dos factores que, si bien resultan decisivos, contribuyen de manera importante al avan- ce senderista. Por un lado, las acciones se desencadenan pre- cisamente cuando las FF.AA. se retiran desgastadas después de 12 años de gobierno militar y al parecer ni ellas deseaban hacerse cargo de la represión, ni el gobierno civil de Fernando Belaúnde deseaba encargarles la tarea. Esto deja a SL enfren-' tado duranto todo ese período únicamente con las Fuerzas Policiales. Por otro lado, resulta imprescindible tomar muy en cuenta el componente de voluntad política mostrado por la dirección de SL, su audacia, su capacidad de organización y de funcionamiento descentralizado, que han sorprendido posiblemente a todos. SL avanza, además, porque en el cam- po ayacuchano existían en cierto modo las “condiciones objetivas y subjetivas” para ello. Pero queremos precisar que no son exactamente las “condiciones revolucionarias” defini-' das clásicamente por Lenin, sino más bien las condiciones precisas para la implantación y desarrollo de una propuesta y una estrategia como la de “Sendero Luminoso”. Desarrolle-. mos esta idea.

Las acciones de SL se inician en ambas márgenes del Al- to Pampas, que forma justamente el límite entre las provin- cias de Cangallo y Víctor Fajardo; luego se extienden hacia la cuenca del río Caracha en Víctor Fajardo; hacia el Bajo Pam- pas, entre la provincia ayacuchana de La Mar y la provincia apurimeña de Andahuaylas; y hacia las alturas ubicadas entre Huanta y La Mar. En la primera parte de_este trabajo, hemos mencionado las condiciones de pobreza extrema de esas pro- vincias, especialmente Cangallo y Víctor Fajardo, que a nues- tro parecer, y a diferencia de lo que postula Cynthia McClin-

CUADERNOS DEL SUR 5 83

tock (1984), no bastan para entender el éxito senrista en la zona.

La dicotomía puna-valle propuesta por Favre (1984), se- gún la cual los campesinos de las zonas bajas apoyarían a SL mientras que los de las alturas estarían en su contra, nos parece también demasiado parcial, pues tanto las punas como los valles son a estas alturas bastante heterogéneos. U- na cosa es Huancasancos, por ejemplo, comunidad de altura ganadera y rica; otra es Uchuraccay, también en las punas pero extremadamente pobre. En Huancasancos hay campesi- nos ricos, laneros, hay escuelas y colegio secundario, hay hi- jos del pueblo que han estudiado en la UNSCH... y en una é- poca Huancasancos llega a ser zona semiliaberada. Igualmen- te, en cierto. período SL tiene éxito en el valle de Huanta, pero no en el de Huamanga.

Ensayaremos, por tanto, una explicación que nos parece más cabal. Tanto el Alto Pampas y el Ccaracha, como las altu- ras ubicadas entre Huanta y La Mar, son justamente las zonas de mayor densidad comunal en Ayacucho (Urrutia, 1981). Pareciera que SL hubiera acertado en su estrategia, si se tiene en cuenta que según las posiciones desarrolladas en- tonces por la izquierda peruana y también de acuerdo con antropólogos especialistas en el tema, comunidades campesi- nas como las allí existentes, relativarmnte alejadas de hacien- das, podrían ser uno de los principales motores de una “gue- rra popular”: campesinos“libres” de zonas periféricas o “campesinos _tácticamente móviles” como los denomina Wolf (1972, p. 396.). Pero más que por ser zonas de comunidades, o además de ello, las acciones se inician allí porque al ser zo- nas comuneras son zonas de escuelas, ya que las comunidades son las que más han reclamado y conseguido la apertura de centros educacionales y son, por consiguiente, las zonas rura- les- con mayor proporción de estudiantes y maestros, estra- tos originarios del senderismo ayacuchano.

Pero a pesar de la existencia de escuelas, en muchos casos de implantación reciente, son comunidades con poca tradi- ción de organización moderna, cuya‘ población adulta no ha pasado en su gran mayoría por los grandes movimientos de tomas de tierras de los años 60 y.70, ni por los grandes mo- vimientos de organización gremial en la CCP y la CNA du- rante l'os años 70. A pesar de sus limitaciones, estos proce- sos proporcionaron una nueva perspectiva que sacó a las co-

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munidades de sus estrechos linderos, las llevó a desarrollar nuevos niveles de organización democrática: asambleas, elec- ciones con voto universal, etc. y les proporcionó una mayor apertura hacia la es'cena política nacional. Por ejemplo, las delegaciones de Ayacucho que asisten al V Congreso Nacio- nal de la CCP realizado en 1978 en la comunidad de Cha- cán (Anta, Cuzco), posiblemente el evento campesino más grande y espectacular realizado en el Perú actual, son muy pocas. La única importante es la Federación de Campesinos del río Apurímac (FECVRA) y algunas pequeñas federacio- nes y comunidades dispersas influenciadas por la UDP, pero prácticamente ninguna de la zona del Pampas y el Caracha. Estas son, pués, comunidades muy encerradas en mismas y, además, reticentes al Estado. Tanto la Zona de Huanta-La Mar como la zona de Congallo-Víctor Fajardo tienen una antigua tradición de lucha antiestatal expresada, por ejem- plo, a través 'de los llamados “movimientos fiscales”, desde por los menos fines del siglo pasado cuando los campesi- nOS iquichanos se levantan contra la elevación del impuesto a la sal (ver Husson, 1983), hasta los movimiento de La Mar en la década de 1920 (ver, por ejemplo, Kapsoli, 1984). Incluso en 1979, campesinos de Mollepata, en el distrito de Cangallo, expulsan a la policia y se niegan a aceptar un puesto policial en su localidad. Asimismo, en Vilcashuamán y sus anexos Pomacocha, Chanen y Chito, escenario del único movimiento campesino de envergadura en la zona du- rante la década de 1960, los campesinos se negaron persis- tentemente a la instalación de un puesto policial en el dis- trito.

Era factible, por consiguiente, que Sendero Luminoso asal- tara los puesto policiales diseminados por la región durante 1981 y 1982, con cierto beneplácito o al menos neutralidad campesina. Pero el rechazo a la cara represiva del Estado no se hacía extensivo a otros aspectos estatales como la escue- la o los registros públicos. Finalmente, no existía tampoco un rechazo al mercado. Todo esto saldrá a luz hacia fines de 1982., cuando comiencen a hacerse visible los limites del avance senderista.

¿Cómo llega Sendero a esas comunidades?.No como el resto de la izquierda, por más errores de iluminismo que ésta haya tenido durante la década pasada. Su llegada es distinta y se inscribe netamente dentro del aspecto autoritario de la'

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tradición andina. SL aparece realmente como un nuevo te- rrateniente bueno, casi una especie de Inkarri que llega desde arriba a imponer un nuevo orden o restaurar, quizá, otro an- tiguo, más justo pero no necesariamente democrático. Tomemos un caso que parece ser típico. Un testigo relata:

“En el 82 aparecen más o menos en agosto; han venido tra- yendo cinco abigeos, cinco me parece, cinco abigeos que según ellos eran personas que habian hecho sufrir a los co- muneros, robaban su ganado, y así. Entonces llegan con cinco abigeos, a cuatro los azotan, con cincuenta golpes en la espalda, y al quinto lo asesinan, porque éste es un perro que ya no tiene cara para seguir viviendo y pam. .

Con esta medida se ganan de un solo golpe la simpatía de buena parte de la población. Los “ajusticiamientos” comien- zan antes, en bolsones del Bajo Pampas y Huanta, donde to- davía sobrevivían algunos rezagos terratenientes. En realidad, ya no quedan para entonces grandes hacendados sino peque- ños terratenientes, comerciantes intermediarios y gamonali- llos sin mayor poder económico O político, pero altamente perjudiciales para el campesinado, y que SL equipara a los “shensis malvados” de la revolución china. A principios de 1982 SL ajusticia al terrateniente del fundo Ayzarca y la me- dida tiene gran acogida entre el campesinado. A partir de en- tonces los ajusticiamientos de estOs personajes se mulitiplican y crece la adhesión a SL. Poco después la escena se traslada a las comunidades del Alto Pampas, de donde proviene el ante- rior testimonio. Allí las víctimas no son ya terratenientes sino abigeos y elementos delincuenciales que viven a costa del campesinadol , así como malas autoridades.

Casi sin solución de continuidad, la estrategia del castigo se extiende del campo económico y político al moral. SL co- mienza a implantar un nuevo orden social y a azotar o cor- tar el pelo a todo aquel que trasgrese las normas de la fami- lia monogámica, bebe demasiado alcohol, etc. En algunas comunidades del Pampas llegan incluso a prohibir el vida michiq, tradicionales encuentros de adolescentes para can- tar, bailar y buscar pareja. (Sobre el vida michiq ver Ronca- lla, 1977).

SL gana así la adhbsión de la gente: “ah, porque ahora nadie nos va a robar. ah, porque si mi esposo me saca la

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vuelta, le aviso a los compañeros. . ”. Esta estrategia va a te- ner posteriormente consecuencias imprevistas y explosivas, pero en un primer momento su éxito es notorio.

Por otra parte, luego del asalto al CRAS (Cárcel) de Hua- manga y la fuga de casi un centenar de senderistas presos en marzo de 1982, surge una especia de sentimiento regionalis- ta entre los ayacuchanos urbanos, hart0s del secular abando- no del gobierno central. El multitudinario entierro de la jo- ven jefa guerrillera Edith Lagos, a mediados de ese año, mar- el momento más, alto de apoyo urbano a SL.

El fin de la utopía.

Es durante la segunda mitad de 1982 que el tiempo políti- co se acelera en la región. Para entonces, Sendero Luminoso ha desalojado a la policía de amplias zonas rurales, empuján- dola hacia los pueblos más grandes y las capitales provincia- les. Alcaldes, jueces y otros representantes del Estado han sigo obligados a renunciar o huir, cuando no han sido ajus- ticiados. En varios lugares, SL comienza a conformar “Co- mites Populares” que se encargan del gobierno comunal. No son estrictamente zonas liberadas en el sentido clásico maoísta, pero están cerca de serlo; son algo más que bases de apoyo, “zonas rojas” donde SL vuelve a imperar de manera absoluta “—como antes en el Frente de Defensa, de la Unií versidad O el Guamán Poma- y donde , al iniciarse el año agrículo 82-83, se apresta a organizar la producción. Es en- tonc’es que SL decreta el “levantamiento de las cosechas”, co- piando el nombre de un episodio de la guerra de liberación en China, y pretende, además, comenzar a “cercar la ciuda- des desde el campo”, específicamente Huamanga, durante la temporada de lluvias que se inicia a fines de 1982. Nueva- mente el partido lo dirige todo, pero esta vez a una escala pocos años antes impensada. Y una vez más, es entonces, en pleno apogeo, que comienzan a aflorar sus deficiencias y a mostrarse los límites del su avance.

Ya desde sus inicios, la implantación de SL en el campo tiene fragilidad al basarse demasiado en estudiantes y maes- tros. y no tanto en los propios campesinos. Esta debilidad se agrava cuando SL desconoce buena parte de las organiza- ciones tradicionales de las comunidades y las reemplaza por Comités Populares conformados por representantes de

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organismos previamente conformados por el propio partido: Movimiento de Obreros, Trabajadores y Campesinos (MOTC), movimiento juvenil, femenino e intelectual. Esta concepción, que pronto revelará sus grandes debilidades, tiene que ver con la antigua tesis senderista de “reconstitución desde sus cimientos” de las organizaciones gremiales, basada a su vez en la tradición de exacerbado iluminismo que hace del parti- do y el ejército las formas exclusivas y casi únicas de organi- zación. También desde esta tradición se explica la táctica de “batir al campo”, es decir, “limpiarlo” de cualquier elemento que no sea SL y el campesinado, para a partir de allí construir la nueva sociedad a imagen y semejanza de su utopía partidaria. Con este objetivo, y dados los éxi- tos de los primeros ajusticiamientos, comienzan a buscar “shensis malvados” allí donde ya no los había, profundizado diferencias reales entre campesinos ricos y pobres. El frágil equilibrio comunal, construido a partir de múltiples vincu- los parentesco, compadrazgo y de participación en institucio- nes cívicas y religiosas (sistemas de cargo, hermandades, cofradías, etc.) que atraviesan las diferentes capas sociales existentes en las comunidades, colaps'a en muchas partes rá- pidamente.

Es con estas debilidades, producto de su estrategia, que SL se lanza a “levantar las cosechas”, a cercar Huamanga y a organizar la producción en amplias zonas, especialmente de Víctor Fajardo y Cangallo. El énfasis está puesto ¡en los trabajos colectivos, no sólo a nivel comunal sino en escalas mucho mayores, que hacen recordar de alguna manera las antiguas formas prehispánicas de producción en gran esca- la con mitayos. Así, por ejemplo, centenares de campesinos de Cangallo convergen sobre Allpachaca, la antigua hacienda experimental de la Universidad saqueada poco antes por Sen- dero, para cultivar colectivamente sus tierras. Relatos simila- res sobre grandes trabajos colectivos en los fundos abandona- dos del Bajo Pampas se multiplican hacia fines de 1982. En todos los relatos, los participantes aparecen tomando parte al menos parcialmente de manera voluntaria e incluso con en-. tusiasmo.

No sabemos si este renacer del colectivismo tuvo igual aceptación en todas partes, pero los problemas surgen cuando SL pretende regresar a una economía autárquica, blo- queando carreteras, amenazando con cerrar ferias o cerrán-

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dolas, e incluso tratando en otros casos de restringir las exten- siones sembradas. En otros artículos (Degregori y Urrutia,. 1933), hemos sostenido que esto tenía que ver con una uto- pía autárquica de SL. Ahora nos parece más bien que la raíz de estas acciones está en la concepción de guerra popular clásica que manejan y que los lleva a tratar de crear áreas inaccesibles, buscando casi ingenuamente cerrarle el paso al Ejército a través del bloqueo de carreteras, por ejemplo. El' discurso autárquico surge como una necesidad dentro de una estrategia militar que les exige cerrar caminos (y, por consi- guientes, ferias) en un momento en que la represión, todavía policial, se intensifica y en que hay que defender, aislándo- las, las “zonas rojas”.

LO cierto es que el malestar campesino se extiende a partir de estas medidas en los sitios más disímiles. Es cuando cierran la feria de Lirio (Huanta), que lo iquichanos, campesinos po- bres y de relativamente poco desarrollo mercantil, se rebelan contra SL2 . En el otro extremo, geográfico y social, los cam- pesino ricos de Huancasancos se rebelan también, entre otras causas, cuando SL pretende paralizar la construcción de la carretera hacia Lucanas y la costa “porque por allí podría subir más fácilmente la represión”.

El andamiaje senderista comienza pues a crujir a nivel económico y se desploma en el plano militar con la entra- da de las FFAA en el escenario de la guerra, a fines de diciem- bre de 1982. El efecto, la estrategia de SL de replegar sus cua- dros militares al llegar el Ejército, provoca una decepción generalizada entre 'la población campesina. De muchas partes se recogen testimonios como el siguiente:

“Por qué no nos cuidan, nos han metido en este problema y no nos cuidan; deben cuidamos, deben defendemos. ¿Cómo nos han dicho que ellos iban a luchar primero y nosotros íbamos a ir detrás? ¿Dónde están? Acá no se ve la presencia de ellos, ellos nos meten en este lío y se qui- tan, no puede ser!”

Poco después, en varias zonas rojas, comienzan a aparecer banderas blancas.

Complementariamente, fracasa el cerco físico de la ciudad de Huamanga durante la temporada de lluvias 82-83: los puentes destruidos son repuestos por el Ejército, las carrete-

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ras cerradas van poco a poco reabriéndose. Finalmente, den- tro de la ciudad misma, el apoyo a SL decrece ya desde fines de 1982 cuando los atentados contra el alcalde, el director de la filial del Instituto Nacional de Cultura y otros, crean un clima de inseguridad especialmente entre los sectores medios y agudizan la represión en la ciudad que repudia, por otra parte, el saqueo, la voladura de tractores y la destrucción de valiosos laboratorios en los fundos experimentales universi- tarios de Allpachaca y Huayllampa.

Al parecer, la estrategia de Sendero era doble. BuSCaba, por un lado, “comprometer” comunidades enteras a partir de la_ inclusión en sus filas de algunos de sus miembros, los cuales arrastrarían la solidaridad del resto, voluntaria o: impuesta por la represión que no 'distinguiría entre senderistas y fami- liares. Este procedimiento tendría, al parecer, antecedentes, tanto en la “Campaña de la Breña” desarrollada por Andrés Avelino Cáceres durante la guerra del Pacífico (1879-1883), como en la guerra de liberación de Vietnam. Pero, en este caso, el “compromiso” fracasa por que el Ejército es capaz de “comprometer” más efectivamente que SL, por su mayor capacidad represiva y económica. Si de “señores” se trata, el campesinado opta con frecuencia por ponerse a la sombra del señor más poderoso.

Por otra parte, SL esperaba que la represión militar genera- ra tal descontento y odio entre la población, que ésta se vol- caría masivamente hacia SL que podría entonces, regresar victorioso a las zonas de las cuales se replegaba temporal- mente. En realidad, la “guerra sucia” ha producido cierta- mente ingentes cantidades de odio, pero sobre todo un gran cansancio frente a ambos bandos y a la guerra en general. Por otro lado, ha desatado una serie de conflictos y aconte- cimientos impensados, que han escapado de las manos de los actores centrales, produciendo gran confusión y desen- cadenando un clima de violencia y brutalidad infinita, que pocos en el Perú de 1980 podían haber previsto.

1983: una sangrienta caja de pandora

Sometido a una insoportable presión contradictoria por parte de la FFAA y SL, el campo ayacuchano explota a par- tir de 1983 enuna serie de conflictos no previstos.

Por im lado, se agudizan las rivalidades intracomunales.

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La. posibilidad de acusar y castigar el adúltero o al que abusa del alcohol, degenera en enfrentamientos entre familias, muchas veces largamente contrapuestas por infinidad de pro- blemas. Afloran entonces las peores facetas de la ideología campesina: acusar a un vecino de “soplón” ante los senderis- tas, o de senderista ante las FFAA, puede llevar a su elimina- ción física y abrir la posibilidad de apoderarse de sus escasos o muchos bienes, por ejemplo. g

La figura se repite a nivel mayor, exacerbándose los enfren- tamientos intercomunales. Estos pueden tomar a veces la figura que enfatiza Favre (1984), con la capital adherida a SL y los anexos enfrentados a éste; pero también puede su- ceder exactamente lo contrario, como es el caso de Huahua- puquio (Cangallo); O la figura pueder ser todavía más comple- ja'como en Chuschi (Cangallo), donde la capital se adhiere más o menos entusiastamente a SL a fines de 1982, pero nun- ca como el vecino anexo Quispillacta, donde la implantación senderista resulta más profunda, mientras un tercer anexo, la comunidad de Canchacancha, nunca vió con buenos ojos a SLy estuvo entre las primeras en'anarbolar banderas blancas en la zona. Hemos intentado explicar este caso rastreando .di- ferente‘s variables, pero ninguna funciona cabalmente: en los tres lugares hay escuelas y maestros; los tres se ubican más o menos a igual altitud, por lo cual no funciona la oposición puna-valle; los tres tiene un nivel económico similar y similar grado 'de integración al mercado. Quizá la realidad ayacucha- na sea demasiado fragmentada como para aventurar generali- zaciones; pero existe una variable que puede darnos pistas y es la configuración étnica de la región.

Dijimos al principio que las zonas del Pampas y del Cca- racha, y en general las cinco provincias del norte de Ayacu- cho, constituían una zona'de gran diversidad étnica desde el s. XV. Chischi, por ejemplo, estaba poblada en el momento de la Conquista por. mitimaes Antas Orejones provenientes .del Cusco, mientras que al lado se asentaban los Quispillac- tas, también del Cusco, que dieron nombre a la comunidad vecina. Ambas comunidades han estado secularmente enfren- tadas por problemas limítrofes y- en sus alegatos han mostra- do documentos donde indican que están allí desde la época

del emperador Hauyna ac. En este caso, el enfrentamien- to no se exacerbo; por e contrario, durante el brevrsrmo

lapso de su hegemonía, la administración senderista trató

CUADERNOS DEL SUR 5 9]

de solucionar definitivamente los problemas limítrofes. Dis- tinto fue el caso de la cuenca del Caracha, donde los en- frentamientos sangrientos y sucesivos entre Huancasancos y Lucanamarca llegaron varias veces durante 1983 a las pri- meras páginas de los diarios por su ferocidad. En Huanca- sancos, fueron ubicados hace cinco siglos mitimaes huan- cas de la zona del valle del Mantaro; Lucananarca fue pobla- da en esa misma época por Lircanas o Rucanas. Ambas Comunidades se encuentran secularmente enfrentadas, al parecer desde antes de la llegada de los españoles, según señalan John Earls e Irene Silverblatt (1979).

Si en algunos casos se exacerban los conflictos interet- nicos, en otros son las viejas coaliciones étnicas las que pa- recen, aún cuando efímeramente, revivir. Es el caso de los iquichanos de las alturas de Huanta. Pocos días antes de la masacre de periodistas en Uchuraccay, una gran asamblea de las comunidades que antiguamente conformaron la etnia iquichana: Uchuraccay, Huaychao, San José de Secce, Cullu- chaca, entre otras, había decidido expulsar de la zona a SL.

Finalmente, atrapadas entre dos fuejos, agotadas, desan- gradas, despobladas, las comunidades han optado en muchos casos por replegarse sobre mismas, enconcharse, aumenta- do así su cohesión interna, pero perdiento toda perspectiva regional o nacional. SL encendió pues la chispa en una pra- dera a todas luces reseca, pero llena de ocultos avisperos.

1984: “montoneras” y cataclismo regional

En esta situación , ya de por s1 extrema, una nueva desgra- cia se abate sobre la población rural ayacuchana a partir de 1984. En efecto, una vez que restauran a sangre y fuego ,la presencia estatal en buena parte del campo ayacuchano, las FFAA pasan a una segunda parte de su estrategia contra- insurgente al crear en un número creciente de comunidades y centros poblados de sierra y selva los “Comités de Defen- sa Civil” o “montoneras”, llamados “mesnadas” por SL. La creación de montoneras está precedida por la centrali- zación de pequeñas poblaciones, o de campesinos que vi- vían dispersos, en un solo centro poblado convertido en una mezcla de campamento militar y campo de concentración. Se' trata, en cierta forma, de reproducir en los Andes las “aldeas estratégicas” creadas por los norteamericanos en Vietnam.

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Pero esa práctica tiene antecedentes en nuestra propia histo- ria, en la estrategia desarrollada por el Virrey Toledo duran- te la segunda mitad del s. XVI, para el mejor control de la población aborigen. Las FFAA reeditan en Ayacucho, en pleno siglo XX, las “reducciones” toledanas con 'una gran diferencia: que esta vez, aparte de lo que significan como opresión y violación de derechos humanos de las poblacio- nes afectadas, no resultan en absoluto viables económica- mente. La “reducción” de campesinos en aldeas estratégi- cas esta acabando de arruinar la economía regional, especial- mente en la selva, donde la naturaleza de los cultivosexige un patrón disperso de población.

Estos campesinos así “reducidos” son precariamente arma- dos con piedras y palos, superficialmente entrenados y envia- dos a combatir contra SL, entendiéndose como senderista muchas veces simplemente a aquellos individuos O centros poblados que no aceptaron o no llegaron todavía a nuclear- se en alguna aldea estratégicas. Las montóneras sansionan la fragmentación del campo ayacuchano y nos enfrentan con la triste realidad de campesinos brutalmente enfrentados entre (ver al respecto, Gonzáles, 1985). Peor aún, sin posibilida- des de desarollar sus labores agropecuarias y especialmente cultiVar la tierra, las “montoneras” degeneran en bandas para- militares que asolan el campo o se enfrentan entre sí, según testigos muchas veces con el beneplácito o la complicidad de las fuerzas militares. Las “montoneras” marcan así la descom- posición final del campesinado ayacuchano, que tardará mu- chísimo en recuperarse de este verdadero cataclismo.

Paralelamente se multiplican los hallazgos de fosas comu- nes que según diversos órganos de prensa y organismos de Derechos Humanos, son producto de fusilamientos sumarios a cargo de las FFAA.

En estas circunstancias SL se repliega al parecer en desor- den hacia la selva del río Apurímac, donde lo esperan tam- bién las “reducciones”, las “mesnadas” y los yana urnas (cabezas negras) como ellos llaman a los campesinos enrola- dos en los Comités de defensa Civil, la mayor parte de las ve- ces por la fuerza y sin alternativa posible. La respuesta de SL es desesperada y brutal: acuchillamientos, degüellos y mutilación de “montoneras” que ensangrientan todavía más y sin ninguna perspectiva el campo ayacuchano, atrapado en- tre las fosas comunes y los degüellos de los contricantes en-

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frentados en esta, con razón, llamada “guerra sucia”.

Pero al tiempo que recibe fuertes golpes en Ayacucho, SL logra expandir sus acciones fuera de la zona inicialmente de- clarada en estado de emergencia. El análisis de la expansión de la violencia a otras zonas del país escapa a los límites del presente trabajo. Podemos, sin embargo, aventurar. la hipó- tesis siguiente: son otras historias regionales, otros contextos sociales y otra implantación —más reciente y superficial- de SL en esas zonas. Consideramos por tanto difícil —más aún con las FFAA en acción- la reproducción de situaciones si- milares a las que vivió el campo ayacuchano durante el apo- geo de la utopía autoritaria senderista hacia fines de 1982.

Conclusiones

1. La lucha armada desencadenada por SL a partir de 1980, si bien muestra la altísima voluntad política de su dirección, el potencial de reclutamiento de cuadros para tales acciones y los amplios flancos que Ofrece el Estado burgués, revela, tras más de cuatro años y especialmente a partir de 1983, la inviavilidad en el Perú de una estrategia victoriosa de “guerra popular” semejante a la desarrollada en China.

2. Existen, sin embargo, altas probabilidades de que, una vez más, SL convierta una derrota a nivel de masas en forta- lecimiento ideológico (aunque lo duro puede resultar a ve- ces más fácil de quebrar) mostrado en diferentes reportajes por los presos senderistas recluídos en diferentes estableci- mientos penales. Sus reglas internas: rechazo del venusterio porque “desvía de la preocupación principal que es la gue- rra”, revisión de cartas de familiares para evitar la filtración de ideas derrotistas, reducción de raciones para los mayores y repartición de ese excedente entre los más jóvenes “porque son más útiles para la guerra”, castigos corporales a quienes no se comporten dentro de las normas establecidas por el grupo, confianza sin fisuras en la “jefatura única” del pre- sidente Gonzalo; son signos exteriores de esta evolución que coloca a_SL --dicho esto sin ningún ánimo peyorativo sino estrictamente científico- a nivel de fenómenos como los que tuvieron o tiene lugar en el Irán de los Ayatollahs, la Kampu- chea de los Khmer Rouge, algunos movimiento anarquistas

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mediterráneos o la respuesta de algunos grupos étnicos pre- clasistas frente al avance destructor del capitalismo.

3. Es posible, además que el mensaje autoritario de SL y su gran voluntad política le permitan reproducir una cierta base social a nivel- nacional, entre la franja relativamente estrecha pero explosiva constituida por sectores juveniles empobrecidos, especialmente de origen andino, que no encuentran lugar en el país en medio de la crisis y sus efec- tOS corrosivos.

4. Pero existen limites a nuestro parecer infranqueables para la expansión significativa de SL más allá de esa franja, al menos en las actuales condiciones del país. Por un lado, la tradicional estrechez de sus alianzas se ve agudizada por un balance, desde nuestro punto de vista erróneo del fracado de ,la Revolución Cultural China dirigida por el “grupo de Shan- gai” o “Banda de los cuatro”. Según dicho balance, el gran error de Mao fue plantearse un gobierno de cuatro clases, incluyendo a la burguesía nacional.El intento de'rect-ificar ese error lleva a SL a proponer un “gobierno de obreros y campe- sinas”, fórmula que se asemeja curiosamente a la del trots- kismo clásico.

Esta estrechez de alianzas, unida al vanguardismo exa- cerbado que necesita que el partido lo dirija todo, marca los límites de SL para extenderse hacia otros sectores. A ello contribuye también la ubicación social de su liderazgo, si- tuado en un extremo del espectro social, demasiado provin- ciano y preicapitalista para la complejidad del país.

Pero el límite más grave para la expansión de SL radica en que éste lanza con coherencia total lo que sería en términos de Gramsci una “estrategia de asalto frontal” al poder, jus- tamente cuando la sociedad civil en el Perú se fortalece y, sorpresivamente, en vez de polarizarse con la crisis, corre relativamente hacia el centro-izuierda del espectro político. Son índices de este fortalecimiento de la sociedad civil la in- finidad de organizaciones obreras, campesinas, barriales, po- pulares, juveniles, femeninas; el funcionamiento de colegios profesionales, órganos periodísticos y partidos políticos; el fortalecimiento de una opinión pública a nivel nacional, etc. Es el desarrollo masivo de este tejido organizativo, espe- cialmente en los últimos 10 o 15 años, y no el Estado incapaz y represivo, el que pone el límite central y al menos por ahora infranqueable, a la estrategia de SL. Y son esta socie-

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dad civil y sus representaciones políticas democráticas, las que pueden encontrar una alternativa de reconstrucción naéional y democracia, frente a la violencia que desangra Ayacucho y amenaza engullir todo el país.

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TENDENCIAS Y ALTERNATIVAS DE LA VIVIENDA EN CUBA SOCIALISTA

Roberto Segre*

1. Las leyes esenciales de la Revolución

La vivienda constituyó uno de lOs mayores problemas de la población cubana de escasos recursos. Por ello, apartir del 1ro. de enero de 1959, se tomaron de inmediato medidas que aliviaron la presión económica que ejercía la vivienda, mejoraron las condiciones materiales de vida y establecieron las bases norr'nativas para el desarrollo futuro. La primera determinación legal fue la Ley Nro. 26, del. 26 de enero de 1959, que suspendía los juicios de desahucio contra aquellos inquilinos que no pagaban el alquiler y eran expulsados de la vivienda urbana y puestos en plena calle con sus pertenen- cias personales, por el respaldo que las leyes de la sociedad burguesa otorgaban al propietario. Posteriormente, la Ley Nro. 86 -17 de febrero de 1959-, crea el Instituto Nacional. de Ahorro y Vivienda (INAV), cuyos recursos provienen de la Renta de la Lotería Nacional y que asume la responsabi- lidad de construir la mayor parte de las viviendas del país, entre los años 1959 y 1961, fecha en que se crea la Dirección de Viviendas. Urbanas del Ministerio de Obras Públicas. La ley respaldaba dos Objetivos esenciales: realizar en corto tiem- po un número elevado de viviendas aprovechando los recursos financieros existentes y convertir la negativa tradición del juego en forma de ahorro revirtiendo el dinero obtenido de la lotería en la producción de viviendas.

Ese mismo año se promulgan dos leyes que afectan la espe- culación sobre la renta de la vivienda y la renta de la tierra. La Ley Nro. 135, del 10 de marzo de 1959, rebaja en un 50 por/

* Arquitecto. Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura de La Habana. ISPJAE/CUJAE.

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ciento los alquileres de los estratos más necesitados de la pobla- ción, al evidenciarse la desproporción existente entre el nivel de los salarios y la cifra destinada al pago del alquiler de la vivienda. La Ley Nro. 691, del 23 de diciembre de 1959,. establece el precio y la venta forzosa de los solares 'yermos y homogeiniza el valor de los terrenos en toda la ciudad. El 14 de octubre de 1960, se cumple una etapa fundamental del proceso de desmantelamiento de la estructura capitalista sobre el territorio, iniciada el año anterior con la Ley de Reforma Agraria. La Ley de Reforma Urbana, cuya esencia expresa uno de los contenidos básicos de la sociedad socialis- ta, en la que. nadie puede enriquecerse con el trabajo ajeno ni a costa de las necesidades elementales de la comunidad, es la primera de este tipo en América Latina.

Sus artículos estipulaban la normativa a seguir en cuanto a la renta urbana: “Seproscribeel arrendamiento de inmuebles urbanos O cualquiero otro negocio o contrato que implique la cesión del uso total O parcial de un inmueble urbano”; o sea, tendía a la eliminación del lucro con la vivienda, uno de los negocios favoritos de la burguesía cubana. En cuanto a la política de la vivienda para los estratos populares, terminaba. definitivamente con el desahúcio y eliminaba el pago de los alquileres en las “ciudadelas casas de vecindad, cuarterías o solares, cuya propiedad se transfería al Estado sin que los propietarios reciban cantidad alguna en concepto de precio”. Su trascendencia radica en la definición de la vivienda como servicio social, principio que se ha mantenido inalterable a lo largo del proceso revolucionario y reforzado por la nueva Constitución promulgada en 1976, en su artículo 8: “El Estado socialista. . . c) trabaja para lograr que no haya familia que nO tenga una vivienda confo'rtable ”.

Los principios rectores del conjunto de leyes que surgieron al comienzo de la Revolución perduraron hasta la década del 60, y mantuvieron el principio general del pago del diez por“ ciento del salario del trabajador, en concepto de alquiler de la vivienda, sin que incidiera en el importe, el tamaño, la loca- lización o la calidad de la misma. Mientras este principio regía todas las construcciones realizadas por el Estado a partir de 1959, quienes ocupaban las viviendas construídas antes de esa fecha, tuvieron la posibilidad de convertirse en propietarios por medio del pago de mensualidades hasta alcanzar el valor establecido por el Estado en cada caso. A

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partir de 1970, con el desarrollo del sistema de la"‘microbri- gada”, el alquiler de los apartamentos realizados por esta vía, correspOndió al seis por ciento del salario. También fueron entregadas casas a los campesinos, que dejaban los tradiciona- les bohíos para vivir en los nuevos pueblos y trabajar en las fincas estatales, sin cobro de alquiler alguno.

En enero de 1985 entró en vigencia la Ley General de la Vivienda, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular a finales de 1984, que introduce fuertes cambios respecto a la legislación anterior. El principio más importante radica en la cesión en propiedad a todos los ocupantes de viviendas del país, en base al valor de las casas O apartamentos, de acuerdo a la fecha de construcción, su superficie, su ubicación y su calidad constructiva. Establece además, una mayor flexibilidad cn cuanto a la posibilidad de adquirir O vender las viviendas por parte de los usuarios; y facilita el alquiler de habitaciones en las viviendas cuyo tamaño lo permita y prevé 'la creación de cooperativas de trabajadores, quienes de libre acuerdo se unen para construir edificios dei. apartamentos, financiados por ellOs mismos y acordes a la. normativa fijada por el Instituto de la Vivienda y el Instituto de Planificación Física.

El espíritu de“ la nueva ley no cambia sustancialmente el valor social básico con el cual la Revolución ha enfocado este tema, sino que se adecúa a la realidad técnico-económica que impera en el presente período. La propiedad de la vivienda facilita grados de libertad del usuario en cuanto a las mejoras, transformaciones, adaptaciones y mantenimiento que puede realizar en ella. Al mismo tiempo, se produce una relación más inmediata entre el Valor personal que asume el inmueble y sus habitantes, en una etapa en la cual, todavía, el grado de desarrollo de la conciencia respecto a la propiedad social no ha alcanzado los niveles requeridos. En la etapa anterior, el mantenimiento de los edificios estaba totalmente en manos del Estado, cuyos recursos no le permitieron resolver el problema acorde a las necesidades existentes. Con la nueva ley, si bien el Estado sigue responsable de un mantenimiento “profundo”, los problemas inmediatos y de fácil solución pueden ser afrontados en forma directa por medio. de la participación el iniciativa de los usuarios. La posibilidad de construir por parte de la iniciativa privada, se ha incre- mentado en los últimos años al existir una diSponibilidad

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de materiales para la venta directa a la población. Elincre- mento acelerado de las construcciones por medio del esfuerzo propio hizo necesario regular esta iniciativa, tanto en térmi- nos legales, como en cuanto a la reglamentación urbanística y arquitectónica. También la variación del valor de la vivienda, de acuerdo a su calidad material, superficie y ubicación en la ciudad, responde a la existencia de diferentes niveles de vida, de salarios, de necesidades y posibilidades individuales, factores con los cuales se relacionan la diversidad de edificios construidos así como las características de la calidad ambien- tal y la densidad de servicios que diferencian los diversos sectores urbanos. Se trata, en definitiva, de establecer un marco legal flexible y dinámico, adecuado a los condicionan- .tes' específicOs que definen la vida social y económica del pais.

2. La alternativa de la prefabricación: vivienda y tecnología

El caminosde la prefabricación pesada 'se inicia con una reinterpretación cubana del _sistema de grandes paneles, ,surgido en Europa a partir de la Segunda Guerra Mundial. La solución elaborada por la Dirección de Investigaciones Ténicas del Ministerio de la Construcción consiste en el aligeramiento de los paneles y la simplificación de las juntas, así como la producción en plantas a Cielo abierto con una infraestructura simple de equipos mecánicos. El carácter elemental de ambos procesos 'de fabricación y montaje-, y la reducida inversión inicial requerida, hicieron posible la- rápida difusión en todo el país del Sistema Gran Panel IV, encontrándose en funcionamiento, en 1975, 22 plantas con una capacidad anual de producción de 500 viviendas cada una. El modelo del bloque habitacional típico —cuatro plan- tas y 24 apartamentos—, aunque esquemático y poco elabo- rado en términos de diseño, fue el más difundido hasta ahora en barrios urbanos y en las nuevas comunidades rurales. Los mayores conjuntos se encuentran en las capitales de pro- vincia y en las áreas de expansión industrial: Cienfuegos, Nuevitas, Moa, Nicaro, Levisa, etc. _

En 1963 el ciclón Flora devasta el territorio de la provincia de Oriente y destruye un alto número de viviendas. La URSS dona a Cuba una “fábrica” de viviendas equipada con una

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alta tecnología, capaz de producir 1700 unidades anuales,_ que se ubica en Santiago de Cuba e inicia su funcionamiento en 1965. Esta planta de prefabricación permite la formación de cuadros ténicos familiarizados con los métodos productivos 'más avanzados del sector de la construcción. En cuanto a urbanistas y arquitectos, constituye una experiencia im- portante la necesaria vinculación entre los proyectos y los determinantes productivos y de montaje de las unidades habitacionales. La adecuación de los componentes construc- tivos y de los esquemas tipológicos —de la vivienda y de la estructura urbana-, a las condiciones ecológias y de vida de la sociedad cubana, exige a los diseñadores el estudio de soluciones específicas de paneles de cierre y de fachada que permitan el paso de la brisa y el control de los rayos solares. Se produce una solución “tropical”, cuya validez se demues- tra también en otras regiones de América Latina: el modelo fue adoptado en Chile, en la planta soviética KPD, instalada en Valparaíso. durante el gobierno de _Salvador Allende. Con esta tecnología se ha desarrollado el Distrito “José Martí” en Santiago de Cuba, con una población de. 72.000 habitantes, y equipado con las infraestructura de servicios, que posteriormente se aplicarán en las urbanizaciones en gran escala en diversas provincias del“ país. '

Con el fin de superar el reduccionismo formal y espacial del paisaje urbano, producido por la reiteración de los bloques de cuatro plantas, a partir de 1967 se ensayó la construcción de un prototipo de bloque alto, por medio de la tecnología de moldes deslizantes.

El estudio de las variaciones tipológicas de las unidades prefabricadas, se establecen los diseños de los edificios tí- picos cuya fisonomía caracteriza el paisaje urbano de Cuba en esta década: en el sistema IMS de tecnología yugoeslava, las alternativas de 5, 12 y 14 plantas; la torre de 20 plantas con la tecnología de moldes deslizantes. Con sistemas mixtos, .de elementos estructurales tradicionales y componentes prefabricados, se realizan los modelos SP 72_ de 5 y 12 plan- tas. Aunque todavía predomina la tipología de 4-5 plantas, desde 1970, hay un progresivo incremento de los edificios altos —suman más de 30 los construidos en todo el país-—, con el fin de compactar las urbanizaciones y elevar la“ densidad de la población urbana por hectárea. "Sin embargo, resultan modelos de vivienda en los cuales los factores tecnológicos,

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económicos y funcionales no _han encontrado aún sus formas expresivas en .termmos de diseño, al persistir el carácter anonimo y monocromo de pantallas y torres.

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3. Construcción y participación popular: la Microbrigada

A pesar de las cuantiosas inversiones realizadas en las plan- tas de prefabricado, a finales de los años sesenta se produce una fuerte disminución en la producción anual de viviendas estatales. Ello se debe, por una parte, al ritmo lento de la puesta en marcha de las fábricas de elementos constructivos pero también a la brusca disminución de la mano de obra empleada en este sector, asimilado en otrosfrentes producti- vos; en particular a todas las actividades complementarias a la agricultura, que concentra el esfuerzo del país con el fin de llevar a cabo la gran zafra del 70. Contemporáneamente, aumenta de manera considerable el monto de unidades construidas por iniciativa popular, o sea, por la autocons- trucción.

La visión idealista de las posibilidades implícitas en la tecnología avanzada, había ocasionado la subvaloración de los sistemas constructivos artesanales y la participación popular en la realización de viviendas. Al percibirse la afecta- ción Ocasionada a los índices anuales de producción por esta visión limitada de la realidad, se planteó una solución re- volucionaria que permitiera recuperar el ritmo constructivo existente a comienzos de los años sesenta. El Comandante Fidel Castro sugirió la formación de brigadas de trabajadores no especializados que asumieran la responsabilidad de construir las viviendas de su propio centro de trabajo, identificándose la,“microbrigada” con el concepto de plustrabajo, totalmente. diferente al sistema imperante en América Latina, de “es- fuerzo propio y ayuda mutua".

La Microbrigada está formada por 33 hombres, equipo de trabajadores no calificados necesariamente, indispensables para acometer un edificio de cinco plantas con 30 apartamen- tos, en un tiempo aproximado de nueve meses. El colectivo posee una composición heterogénea y sólo. algunos miembros poseen conocimientos del oficio: éstos, con los asesores téc- nicos, realizan las tareas especializadas y entrenan al resto del 'CO'Iectivo en el aprendizaje tecnológico básico que se lleva

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a cabo en la misma Obra. El proyecto típico utlizado —mode- lo E ,14—, es de construcción simple, con muros portantes de bloques y losas de hormigón fundidas a pie de obra; Aunque el proyecto es uniforme para todo el país, la existencia de profesionales en las áreas de concentración de las microbrigadas- ha permitido introducir variaciones y mejoras al modelo original, tanto a nivel pr‘ofesional O como resultado de la inventiVa de los propios trabajadores.

Resulta de interés establecer una comparación entre los fundamentos de la microbrigada y la situación imperante en el Continente. En el nivel económico, mientras la diSponi- bilidad de recursos en la solución del esfuerzo propio y ayuda mutua, vigente en la actualidad en América Latina, depende -de las capacidades individuales O de préstamos cooperativis- tas a comunidades pequeñas, —O sea, más vinculados a la iniciativa privada que a la ayuda estatal—, que atomiza y fragmenta en forma irregular la distribución de los recursos nacionales al no responder a un planificación coherente de. los mismos, la base material y la fuerza de trabajo de esta solución alternativa aplicada en Cuba, proviene de una relación estrecha entre necesidad y posibilidad social, que se define a escala de todo el territorio del país. El Estado asigna los materiales y los equipos técnicos de construcción dispo- nibles, y los sitúa en las diferentes ciudades y pueblos que configuran la armadura urbana del territorio, en base a las prioridades que establecen los organismos de producción, quienes aportan la mano de obra para ejecutar las viviendas.

El carácter individual que posee el esfuerzo propio y la ayuda mutua hace que la fuerza de trabajo provenga del tiempo libre del trabajador o de la colaboración de su núcleo familiar; o en la mayoría de los casos, de la disponibilidad de tiempo producto de_ la sub-ocupación o desocupación que predomina en el Continente. En Cuba, por el contrario, al socializarse los medios de producción, se establece una relación directa entre el centro productivo, cuyas ganancias se revierten en Obra de beneficio colectivo, y la respuesta a las necesidades de viviendas del. colectivo de trabajadores de dicho centro, .que se resuelve a través de la racionalización de la producción y del compromiso de los trabajadores de mantener la productividad de la fábrica, centro administrati- vo, docente, etc., con un número menor de trabajadores, al asignar una cuota del _total de la fuerza laboral a las tareas

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de construcción de viviendas para todos. Es decir, es un vínculo dialéctico entre el esfuerzo especial que se realiza en la fábrica y la disponibilidad de mano de Obra para la construcción que éste permite. La solución, denominada de plus-trabajo, que responde a una toma de conciencia de la realidad socialista, por parte de los trabajadores, de los problemas implícitos en el desarrollo económico del país al que contribuyen colectivamente con su esfuerzo, y de su participación directa en la solución de los mismos, es radicalmente diferente de la sobreexplotación típica de los países capitalistas donde el obrero, después de vender al patrón propietario su fuerza de trabajo, tiene que acometer la construcción de su vivienda, forma solapada de apropiación de plusvalía por parte de los empresarios capitalistas, en lo que este proceso significa como tiempo de trabajo y otorgamiento de recursos a través de los préstamos inmobi- liarios o de materiales, acompañados de sus respectivas cuotas de beneficios.

En el nivel social, el sistema de esfuerzo propio y ayuda mutua es considerado una “solución” en América Latina debido a las estructuras socioeconómicas dependientes, y al escaso desarrollo tecnológico de la construcción y a la masa de millones de desocupados, que en parte pueden ser canalizados hacia este sector, que conserva los niveles primi- tivos de la producción artesanal. En Cuba, la movilización social hacia la construcción artesanal se considera como una etapa intermedia, tendiente a transformarse en la medida en que avance el proceso de industrialización y la utilización .de los sistemas de prefabricación. Pero al mismo tiempo se trata de producir un reflujo hacia el sector de la construcción, a partir de 1970, recuperando la masa de trabajadores que a -lo largo de la década de los años 60 fueron absorbidos por la expansión agrícola, industrial y de servicios —en particular, salud pública y educación—. La estabilización de las estruc- turas productivas —primaria, secundaria y terciaria—, .la aplicación de nuevas tecnologías y _el establecimiento de normas para racionalizar y optimizar las diferentes tareas, permitieron liberar un número considerable de trabajadores —cerca de cuarenta mil se integraron en Microbrigadas—,_ y reabsorberlos en el sector de la construcción, en coinciden- cia con la expansión edilicia que caracteriza la década del setenta.

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_En el plano de la significación ideológica, esta se evidencia en la identificación entre el sentido colectivista de la Revolu- ción, la desaparición de la propiedad privada de los medios fundamentales de producción y la búsqueda de una cohesión social de la comunidad. Objetivamente se manifiesta en la priorización de la construcción de edificios de apartamentos sobre las viviendas individuales, el pago del 6 por ciento del ingreso familiar en concepto de alquiler y la asigración de la de la vivienda a los trabajadores por estricto orden de méritos y necesidades, con independencia de su participac1on directa en la Microbrigada. O sea, se mantiene el principio de la vivienda como servicio social, vinculado al centro de produc- ción y al colectivo de trabajadores, a quienes corresponde -la asignación del apartamento a cada familia, a través de la asamblea Obrera. Esta toma de conciencia del problema de la vivienda alcanza a toda la población y se expresa en la participación de la comunidad a través de los centros de trabajo, las organizaciones de masas o los Comités de Defensa de la Revolución, en el trabajo voluntario realizado en las obras de construcción de las Microbrigadas. Inclusive, la importancia que asume la solución del mismo trasciende nuestras fronteras al integrarse en estas tareas las brigadas intemacionalistas formadas por jóvenes provenientes de los diversos continentes.

Las soluciones arquitectónicas y urbanísticas realizadas por medio de la Microbrigada hasta el presente, no están a la altura de su significación social e ideológica. La repetición del bloque típico —E 14- establece una uniformidad exce- siva, solo alterada por los edificios que contienen los servicios y algunas unidades en altura, realizadas recientemente. Los diseñadores, además de efectuar algunas innovaciones forma-. les en el tratamiento exterior, han caracterizado las diversas- unidades residenciales por medio del uso del color, no vincu- lado a las preferencias de los usuarios, y de la acentuación plástica lograda con la supergráfica. La organización urbanís- tica resulta sumamente elemental y la inexistencia de un diseño paisajístico crea espacios vacíos entre los edificios, carentes de forma _y de uso social. El concepto de participa- ción no ha alcanzado aún el vínculo diseñador-usuario; esto será factible en la medida en que se multipliquen los cuadros técnicos y operen directamente a escala de la comu- nidad; en coincidencia con los niveles de determinación del

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espacio habitable realizado por los Poderes Populares. No: cabe duda, que si bien la construcción artesanal coincidente con las Microbrigadas ha demostrado un menor rendimiento económico y una calidad arquitectónica menos elaborada que las tecnologías más avanzadas, lo que constituye desde el punto de vista constructivo, una etapa a superar una vez que la base económica del país se desarrolle, queda la positiva experiencia de la participación, de la educación técnica, del trabajo colectivo y conciente de las masas que debe ser integrado permanentemente a lo largo de las nuevas formas de producción y de gestión del hábitat urbano.

4. El camino de la experimentación

A lo largo de este cuarto de siglo, han sido elaboradas diversas propuestas de sistemas de viviendas, con el fin de resolver las contradicciones existentes entre base ec'onómica y técnica, calidad de diseño y participación popular. El arquitecto Fernando Salinas sobresale en estas búsquedas, por su continuidad y la evolución de supensamiento que ha incidido en años recientes en algunos proyectosrealizados por arquitectos de las nuevas generaciones. También debemos señalar la significación alcanzada por el arquitecto venezolano Fruto Vivas, quien trabajó en Cuba en los primeros años de la década del sesenta y ya en aquellos tempranos años, proponía la materialización de un diseño de elementos ligeros, tipificados, construidos con los materiales locales y de fácil manipulación por los usuarios, que proponía se integraran en brigadas para realizar lo que él llamaba “la zafra de la construcción”.

'Las ideas de Salinas se resumen en el concepto de hábitat dialéctico y transformable, en el tiempo y el espacio, en las sucesivas adecuaciones de las soluciones a las posibilidades técnico-económicas y la constante participación de los usuarios. Para él la solución de este problema no debe enfo- carse en términos restringidos a los factores técnicos o fun-_ Cionales, solamente. Se trata, ante todo, de un problema social, cultural y humano, que concierne a millones de habitantes del llamado Tercer Mundo, cuyas condiciones infrahumanas de existencia son generadas por la cruel explo- tación impuesta a los países subdesarrollados por los países

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capitalistas desarrollados. En su visión dialéctica de la realidad, Salinas trata de alcanzar un equilibrio entre dos articulaciones fundamentales: el uso social y cultural de la arquitectura y la base económica y funcional de la tecnología. En el primer caso, el objetivo es adecuar laproducción masiva de viviendas económicas a la “necesidad humana de dar' expresión indivi- dual 'a la vivienda” y a la significación cultural variable de las funciones individuales y sociales: “Nuestra sociedad, en rápida transición revolucionaria, determina grandes cambios en la concepción usual de la vivienda. En su interior, los espacios dedicados comúnmente a distintas funciones cam- bian de valor con la transformación de la vida y la misma vida no es vivida de igual forma por todos”. En el segundo plan- teamiento, la premisa básica consiste en alcanzar un desarrollo armónico e integrado entre los avances tecnológicos y la progresiva disponibilidad de recursos y la configuración homogénea del hábitat, a partir de procesos internos de transformación de las propias estructuras habitacionales. O sea, no llevar a cabo un avance por cortes bruscos, por etapas invariables, cada. una representativa de un nivel de desarrollo, sino por sucesivas adecuaciones producidas dentro de un sis- tema estructural coherente y suficientemente flexible como para asimilar desde la producción artesanal hasta los compo- nentes tecnológicos industriales.

La concreción de estas ideas se verifica a través demodelos reales y teóricos. El conjunto de viviendas para trabajadores en el barrio de Jesús María —Tallapiedra—, La Habana, cons- truidas en 1960, dentro de la normativa fijada por el INAV (Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda), constituye el primer intento de particularizar y caracterizar un espacio urbano a patrir de una continuidad entre las estructuras tradicionales y los nuevos bloques que conservan la trama bloqueada" y el patio interior tradicional comunitario. En 1962, la construcción de una comunidad rural, realizada con bloques de viviendas colectivas —el conjunto de La Campana, Manicaragua, Provincia de Villa Clara—, permitió verificar la aplicación de elementos prefabricados. Constituía una planta totalmente atípica respecto a las usuales en Cuba, determinada por la respuesta a los condicionantes ecológi- cos y por los grados de libertad concedidos a los usuarios para la determinación de sus funciones cotidianas.

Esta experiencia significó un paso adelante en la verifica-

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ción del comportamiento de los siguientes componentes: la creación de una estructura por paneles semi-ligeros con un mínimo de elementos, la concentración de la unidad baño- cocina y la flexibilidad de los locales interiores. Faltaba aún, para completar el sistema, la separación entre estruc- tura portante y paneles de cierre y el estudio del equipa- miento como parte integral de la solución arquitectónica. Entre 1965 y 1969 se define integralmente el sistema Mul- tiflex, culminación de este proceso investigativo cuya con- cepción de vanguardia se evidencia, por una parte en la participación de un grupo de alumnos de la Facultad de Arquitectura de La Habana bajo la orientación del profesor Salinas, quienes obtienen el primer premio en el Concurso de Escuelas de Arquitectura organizado por el IX Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos celebrado en Buenos Aires en 1969; por otra, con la verificación real del módulo experimental, construído en el Wajay. La Habana.

No se trata sólo de transformaciones técnico constructi- vas sino también de una concepción diferente de la arquitec- tura, basada en una vinculación dialéctica entre el diseñador y el usuario, quienes participan en los diversos niveles de .determinación de la configuración del hábitat. Mientras el diseñador proyecta la escala de conjunto, la agrupación de células y espacios, el usuario concreta la fisonomía exterior e interior de la célula: _las características de los modelos de paneles, .el color, el nivel de equipamiento necesario, etc'. El estudio del sistema de montaje y fijación de los paneles exte- riores e interiores, permite, en la medida en que el desarrollo económico haga factible una mayor disponibilidad de recur- sos, el cambio y sustitución de los viejos elementos por ‘los nuevos. Se lograría así una configuración dialéctica del ambiente, en proceso de transformación, fiel reflejo del movimiento dinámico, creador y colectivo que caracteriza el cambio revolucionario de la sociedad y la economía.

Algunas propuestas recientes, surgidas de la producción y del ámbito universitario, retoman los principios que for- mulara reiteradamente Salinas desde la década del sesenta, como camino adecuado para resolver creativa y científica- mente las presionantes- necesidades de viviendas y construc- ciones existentes en los países llamados del Tercer Mundo: a) el principio de la economía; b) el cambio y el crecimiento; c.) de la transformación; d) del mantenimiento económico;

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e) de la flexibilidad: f) de la variedad en la unidad; y por último g) la visión dialéctica de la naturaleza, del pensamiento de la sociedad y de la cultura, en los creadores de la nueva arquitectura, que permitirá concebir- ésta en su unidad y diversidad como un todo integral. Se trata de equiparar el desarrollo dialéctico de la economía, de la sociedad, 'de la política y de la cultura, con una visión dialéctica de la arqui- tectura, basada en la interrelación creadora, de los componen- tes estéticos, técnicos y de participación comunitaria.

Cuatro alternativas elaboradas por el Ministerio de la Construcción y la Facultad de Arquitectura de La Habana, definen las orientaciones perspectivas actuales de la vivienda, continuadora de las pautas enunciadas, a través de nuevas concepciones de diseño, que permiten su integración en el contexto urbano y en las cuales juega un papel esencial la participación de los usuarios y el uso de fuentes no con- vencionales de energía, determinantes de la arquitectura “_bioclimática”.

Más próximo a nuestra realidad se encuentr el proyecto de un grupo de estudiantes de arquitectura —Jorge Tamargo, Alberto Rodríguez, Andrés Hernández y Maricela N iebla-, que resultó premiado por la Unesco en el concurso internacio- nal del “Hábital del Mañana”, que preludia la exposición, de trabajos presentados en Tokyo en 1985. El jurado, en su elaboración crítica valoró que “este proyecto, basado en la utilización del cubo, propone un conjunto bien implantado en su entorno y deja abierta la posibilidad de expresiones variadas, evoluciones y expansiones en eltiempo y el espacio”. El estudio retoma los principios establecidos por el sistema “Multiflex”, elaborado por un equipo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura bajo la dirección de Salinas, en cuanto a la concepción de la célula habitacional progresiva y el sistema estructural que permite su integración en el sistema urbano, definido por la articulación constante entre calle y patios interiores. A ellos se agrega la investigación sobre las fuentes de energía renovables —la planta solar, eólica y para la obtención del biogás—, que caracteriza el proyecto no sólo en términos técnicos, sino en la configuración formal de las unidades habitacionales.

Un equipo de profesionales, bajo la dirección del arquitecto Raúl Izquierdo, estudian la inserción de los nuevos cojuntos habitacionales dentro del tejido de la ciudad, sin alterar las

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cualidades ambientales y funcionales del entorno que los asimila, lograr espacios libres interiores para el uso colectivo, vincular las viviendas con áreas de servicios y comercios y alcanzar niveles de densidad que superen los mil habitantes por hectárea, sin superar la altura de cuatro plantas. El pro- yecto, situado en el pleno centro histórico de La Habana —entre las calles Vivies y Arroyo—, resulta una clara repre- sentación de la nueva tendencia que se inicia en Cuba en la presente década y de la reorientación establecida en la relación vivienda-sistema urbano. Se trata de recuperar la ciudad y limitar el crecimiento físico hacia los suburbios y de aprovechar los espacios libres y las áreas remodeladas para mantener la diversificada vida social urbana y al mismo tiempo aprovechar al máximo las instalaciones técnicas y las infraestructuras de servicios contenidas históricamente en los diferentes centros o subcentros de barrio. Ello implica superar la negación y marginación de los problemas de diseño, que fueron sacrificados por una mal entendida primacía de los factores técnicos y económicos, que generaron cojun- tos despersonalizados y carentes de contenidos culturales, y afrontar el problema de la vivienda en términos de la creación de la cultura ambiental inherente al desarrollo armónico de los niveles educacionales y culturales que alcan- za en el presente la sociedad cubana.

La célula habitacional y el espacio urbano, enmarcan en forma permanente la vida de la comunidad y por lo tanto condicionan sus formas de vida, sus hábitos, sus sistemas de valores estéticos, sus concepciones de las formas y los espa- cios. Definen también, la existencia de una continuidad o ruptura de la herencia cultural que transmite la ciudad. El nuevo ambiente social revolucionario no puede prolongar el esquematismo y el reduccionismo figurativo heredado de las manifestaciones comerciales de la vivienda a escala urbana, propias del sistema de explotación capitalista, de su dinámica economicista, ajena a toda significación cultural, en los espacios de vida de las clases más humildes. Así como el pueblo cubano tiene ahora acceso a las más altas manifes- taciones artísticas de la cultura nacional y universal, también debe existir cotidianamente en ambientes constantemente enriquecedores, educadores y renovadores de las experiencias plásticas, formales y espaciales que permite en cada instante la vida urbana, en el manifestarse de las funciones esenciales:

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el trabajo, el descanso, la recreación, los contactos sociales. El, desafío, hoy más que nunca presente, ante la proyección histórica latinoamericana y universal que ha alcanzado, no sólo la ciudad de La Habana, sino el ambiente global del país, como representación física del proceso revolucionario.

La Habana junio de 1986

NOTAS

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Vivas, Fruto. Reflexiones para un mundo mejor. Edición del Autor, Caracas, 1983.

EL INFELIZ MATRIMONIO ENTRE MARXISMO Y FEMINISMO

Heidi Hartmann

. El _“matrimonio” de marxismo y feminismo, ha sido Como el matrimonio d'e esposo y esposa, tal como se estableceen la Ley Común Inglesa: marxismo y feminismo son uno, y ese uno es marxismo]. Recientes intentos para integrar marxismo- y feminismo'son insatisfactorios para nosotras las feministas, porque ellos subordinan la lucha femnista a la lucha más amplia contra el capital. Para continuar nuestra comparación necesitaremos, más adelante, bien sea un matrimonio saludable o un divorcio.

Las desigualdades en esta unión, como la mayoría de los fenómenos sociales, no son accidentales. Muchos marxistas arguyen, generalmente, que el feminismo, en su mejor senti- do, es menos importante que el conflicto de clases y, en su peor sentido, divide a la clase trabajadora. Esta instancia. politica produce un análisis que absorbe al feminismo en la lucha de clases. Más aún, el poder analítico del marxismo con reSpecto al capital, ha oscurecido sus limitaciones con relación al sexismo. Nosotras argumentaremos‘ que, mientras el análisis- marxista provee de conocimientos esenciales sobre las leyes del desarrollo histórico, y aquellas del capital en particular, las categorías del marxismo relativas al sexo, están ciegas. Sólo un análisis específicamente feminista revela el carácter sistemático de las relaciones entre hombresy mujeres. Aunque el análisis feminista por si mismo es inadecuado porque ha sido ciego a la historia e insuficientemente materialista. Ambos, el análisis marxista, particularmente su método

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histórico y materialista, y el análisis feminista, eSpecialmente la identificación del patriarcado como una estructura histórica y social, deben ser tomados en cuenta si queremos entender el desarrollo de las sociedades capitalistas occidentales y la cuestión de lasumujeres en ellas. En este ensayo nosotras suge- rimos una nueva dirección para el análisis del feminismo marxista.

La Parte I de nuestra discusión examina varias aproximac- ciones marxistas a la “cuestión de la mujer”. En la Parte II, presentamos el trabajo de las feministas radicales. Después de señalar las limitaciones de las definiciones del feminismo radical sobre el patriarcado, nosotras ofrecemos las nuestras. En la Parte III, tratamos de utilizar las potencialidades de ambos, marxismo y feminismo, para hacer sugerencias a los dos, acerca del desarrollo de las sociedades capitalistas y acerca de la presente situación de las mujeres. Procuramos emplear una metodología marxista para analizar los objetivos feministas, corrigiendo la falta de balance en el reciente traba- jo feminista socialista, y sugiriendo un análisis más completo de nuestra actual formación socio-económica. Nosotras sos- tenemos que un análisis materialista demuestra que el patriar- cado no es simplemente una estructura psíquiCa, sino tam- bién económica y social. Sugerimos que nuestra sociedad pude ser mejor entendida una vez que sea reconocido que está organizada delos dos modos: el capitalista y el patriar- cal. Al señalar las tensiones enre los intereses patriarcales y los capitalistas, argumentamos que la acumulación de capital se acomoda a la estructura social patriarcal y ayuda a per- petuarla. Sugerimos en este contexto, que la ideología sexista ha asumido una forma peculiarmente capitalista en el presente, ilustrando la forma en que las relaciones patriarcales tienden a reforzar al capitalismo. Creemos, en resumen, que la alianza entre el patriarcado y el capitalismo ha evoluciona- do.

En la sección final, Parte IV, argumentamos que las rela- ciones políticas entre marxismo y feminismo reflejan la domina-ción del primero sobre el segundo en "la concepción del primero sobre el segundo en la concepción de'la izquierda sobre la “cuestión de la mujer". Una unión más progresista del marxismo y del feminismo requiere, no sólo de una comprensión intelectual más desarrollada de las relaciones de clase y de sexo, sino, también, que la alianza reemplace a

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la dominación y a la subordinación en las políticas de la izquierda.

l. El Marxismo y la cuestión de la mujer

La “cuestión de la. mujer” nunca ha sido la. “cuestión feminista”. La “cuestión feminista” está dirigida a las causas de la desigualdad sexual entre mujeres y hombres, a la domi- nación masculina sobre las mujeres. La mayoría de los análisis marxistas acerca de la posición de las mujeres toman como su problema la relación entre la mujer y el sistema económico y ,no la relación entre las mujeres y los hombres, aparente- mente asumiendo que ésta será explicada en la discusión de aquella.

Los análisis marxistas acerca de la cuestión de la mujer han tomado tres formas principales. Todos ven la opresión de la mujer en nuestra conexión (o falta de ella) con la producción. Al definir a las mujeres como parte de la clase trabajadora, estos análisis consistentemente subordinan la relación mujer- hombre a la relación trabajo-capital. Primero los marxistas clásicos, Marx, Engels, Kautsky y Lenin, vieron al capitalismo arrastrando a la mujer a la fuerza de trabajo asalariado, y vieron a este proceso destruyendo la división sexual del traba- jo. Segundo, los marxistas contemporáneos han incorporado a las mujeres en su análisis de la “vida cotidiana” en el capita- lismo. Desde esta perspectiva, todos los aspectos de nuestras vidas sirven para reproducir el sistema capitalista en el que todos somos trabajadores. Y, tercero, las feministas-marxistas han estudiado el trabajo doméstico y su relación con el capital. Algunas argumentan que eltrabajo doméstico produce un plusvalor y que las ama de casa trabajan directamente para los capitalistas. Estas tres aproximaciones serán examinadas sucesivamente.

Engels, en “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada- y el Estado” reconoció la posición inferior de las mujeres y la atribuyó a la institución de la propiedad privadaz. En las familias burguesas, según Engels, las mujeres tenian que servir a sus señores, ser monógamas y producir hijos que heredaran la propiedad. Entre los proletarioS, decía Engels, las mujeres no estaban oprimidas, porq’ue no había propiedad privada que heredar. Más aún, argumentaba que, como la extensión del trabajo asalariado destruía a la pequeña propiedad cam-

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pesina y las mujeres y los niños se incorporarían a la fuerza de trabajo asalariada junto con los hombres, la autoridad masculina de la familia se debilitaría y las relaciones patricar- cales serían destruidas".

Para Engels, entonces, la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo era la clave para su emancipación. El capi- talismo aboliria las diferencias de sexo y trataría igual a todos los trabajadores. Las mujeres se convertirian en económican mente independientes de los hombres y podrían participar al igual que ellos en la gestación de la revolución proletaria. Después de la revolución, cuando toda la gente pudiera ser trabajadora y la propiedad privada abolida, las mujeres podrían ser emancipadas, tanto del capital como de los hombres. Los marxistas se daban cuenta de las dificultades que significaba la participación de las mujeres en la fuerza laboral para ellas mismas y las familias, pues resultaba que tenían dos trabajos: el doméstico y el asalariado. No obstante, su énfasis se centró menos en la subordinación continuada de las mujeres en el hogar, y más en el carácter progresista de la “erosión” del capitalismo en las relaciones patriarcales. Bajo el socialismo, el trabajo doméstico también sería colectivizado y las muje- res se verían libres de esta doble carga.

Las implicaciones políticas de esta aproximación marxista son claras. La liberación de las mujeres requiere primero que ella se conviertan en trabajadora asalariadas como los hombres y, segundo, que se unan a los hombres en la lucha revolucio- naria contra el capitalismo. El capital y la propiedad privada, según los primeros marxistas, son la causa de la opresión específica de las mujeres, justamente como el capital es la causa de la explotación de los trabajadores en general.

Aunque estaban conscientes de la situación deplorable de las mujeres en su tiempo, estos marxistas fallaron al enfocar las diferencias entre las experiencias de los hombres y de las mujeres bajo el capitalismo. No enfocaron las cuestiones feministas —cómo y por qué las mujeres son oprimidas como mujeres. Por consiguiente, no reconocieron los intereses creados que los hombres tenían en que continuara la subor- dinación de las mujeres. Como indicamos en la Parte III, los hombres se beneficiaron de no hacer el trabajo doméstico, de tener a las eSposas e hijas sirviéndoles y de tener los mejo- res puestos en el mercado laboral. Las relaciones patriarcales, lejos de ser residuos atávicos, rápidamente pasados de moda

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por el capitalismo, como los clásicos marxistas lo habían sugerido, han sobrevivido y se han desarrollado a su lado. Y como el capital y la propiedad privada no causan la opre- sión de las mujeres, como mujeres, su sola desaparición no traerá como consecuencia el fin de esta opresión.

La serie por Eli Zaretsky en “La Revolución Socialista” tal vez es el más popular de los artí culos recientes que ejempli- fica la se da aproximación marxista: la escuela de la vida cotidiana . Zaretsky está de acuerdo con el análisis feminista cuando argumenta que el sexismo no es un fenómeno nuevo producido por el capitalismo; pero él enfatiza que la forma paticular en que el sexismo actualmente se manifiesta ha sido modelada por el capitalismo. El se centra en las experiencias diferentes de los hombres y de las mujeres bajo el capitalismo. Escribiendo un siglo después que Engels, una vez que el capi- talismo habia madurado, Zaretsky señala que el capitalismo no ha incorporado a todas las mujeres en la fuerza laboral en términos iguales con los hombres. Más bien, el capital ha creado una separación entre el hogar, la familia y la vida personal, por un lado, y, por el otro, el lugarldel trabajos.

El sexismo se ha tornado más virulento bajo el capitalismo, de acuerdo con Zaretsky, por esta separación entre el trabajo asalariado y el trabajo doméstico. El aumento de la opresión de las mujeres es causado por su exclusión del trabajo remu- nerado. Zaretsky dice que, mientras los hombres están oprimidos por tener que hacer el trabajo remunerado, las mujeres lo están porque no se les permite realizarlo. La exclu- sión de las mujeres de la fuerza de trabajo asalariada ha sido cusada originalmente por el capitalismo, porque éste crea el trabajo asalariado fuera del hogar y requiere que las muje- res trabajen en la casa para reproducir a los trabajadores asalariados para el sistema capitalista. Las mujeres reproducen la fuerza laboral, proveen alimento psicológico para los trabajadores y suministran una isla de intimidad en un mar de alienación. Desde el punto de vista de Zaretsky, las mujeres trabajan para el capital y no para los hombres; y es sólo la separación del hogar del lugar de trabajo y la privatización del trabajo doméstico, efectuada por el capitalismo, la que crea la apariencia de que las mujeres trabajan privadamente en su hogar para el hombre. La diferencia entre la apariencia, que las mujeres trabajan para los hombres, y la realidad, q'ue las mujeres trabajan para el capital, ha causado una mala

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dirección de las energías del movimiento de las mujeres. Las mujeres deberían reconocer que ellas también son parte de la clase trabajadora, aunque trabajen en el hogar.

Desde el punto de vista de Zaretsky:

“El ama de casa emergió junto con el proletariado [como] los dos trabajadores característicos de la sociedad capitalista desarrollada, "6 y la segmentación de sus vidas oprime tanto al esposo proletario como a la esposa ama de casa. Sólo una reconceptualización de la “producción”, que incuya el trabajo de la mujer en el hogar, y todas las otras actividades socialmente necesarias, permitirá a los socialistas luchar para establecer una sociedad en la cual esta separación destructiva sea vencida. De acuerdo con Zaretsky, los hom- bres y las mujeres juntos (o separadamente), deberían luchar para juntas las esferas dividas de sus vidas, para crear un socialismo humano que reúna todas las necesidades tanto públicas como privadas.

Reconociendo al capitalismo como la raíz de sus proble- ma, los hombres y las mujeres lucharán contra el capital y no. contra ellos mismos. Como el capital causa la separación de nuestras vidas, tanto públicas, como privadas, el fin del capitalismo terminará con tal separación, reunirá nuestras vidas y terminará con la opresión, de hombres y mujeres.

El análisis de Zaretsky debe mucho al movimiento feminis- ta; pero él esencialmente arguye por una redirección de todo el movimiento. Zaretsky ha aceptado el argumento feminista de que el sexismo es anterior al capitalismo; ha aceptado, también, el argumento. de las feministas marxistas que se refiere a que el trabajo doméstico es crucial para la reproducción del capital; reconoce que el trabajo doméstico es duro y_no lo desvaloriza y utiliza los conceptos de supremacía masculi- na y sexismo, Pero, finalmente, su análisis descansa sobre la noción de la separación, sobre el concepto de la división como lo crucial del problema, una división atribuible al capitalismo. Así como el argumento de “las esferas comple- mentarias”, de comienzos del siglo XX, que sostiene que las esferas de hombres y mujeres eran complementarias, separadas, pero igualmente importantes, Zaretsky niega la existencia y la importancia de la desigualdad entre hombres y mujeres. Su punto de vista reside en las relaciones de las mujeres, la familia y la esfera privada para el capitalismo. Además aun cuando el capitalismo creó la esfera privada

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como arguye Zaretsky, ¿por qué entonces las mujeres trabajan ahí y los hombres en la fuerza laboral? Seguramente esto no puede ser explicado sin referirse al patriarcado, la dominación sistemática de los hombres sobre las mujeres. Desde nuestro punto de vista, el problema en la familia, el mercado de trabajo, la eConomía y la sociedad, no es simplemente una división entre los hombres y las mujeres, sino una división que coloca a los hOmbres en una posición superior y a las mujeres en una subordinada. _

Así como Engels ve la propiedad privada como la contri- bución capitalista a la opresión de las mujeres, así Zaretsky ve el aislamiento. Las mujeres están oprimidas porque traba- jan privadamente en el hogar. Zaretsky y Engels idealizaban a la familia preindustrial y a la comunidad —donde los homi bres, mujeres, adultos y niños trabajan juntos en una empresa centrada en la familia y todos participaban en la vida comu- ‘nal. El socialismo humano de Zaretsky reunirá a la familia y recreará ese taller feliz.

Mientras decimos que el socialismo está en el interés tanto de hombres como de mujeres, no es muy claro que estemos luchando por la misma clase de “socialismo humano" o que tengamos el mismo concepto de la lucha que se requiere para llegar a este punto; mucho menos que el capital en mismo sea reSponsable de nuestra opresión actual. Mientras Zaretsky piensa que el' trabajo de las mujeres aparenta ser para los hombres, cuando en realidad es para el capital, no- 'sotras pensamos que el trabajo de las mujeres en la familia es realmente para los hombres, aunque claramente reproduce al capitalismo. El conceptualizar la “producción”, nos ayu- dará apensar acerca del tipo de sociedad que deseamos crear; pero entre ahora y su creación, la lucha entre los hombres y las mujeres tendrá que continuar junto a la lucha contra el capital.

Las feministas marxistas que han examinado al trabajo doméstico, también han subordinado la lucha feminista dentro de la lucha contra el capital. El análisis teórico de Mariarosa Dalla- Costa sobre el trabajo doméstico es esencial- mente un argumento acerca de la relación de este trabajo con el capital y el lugar del trabajo doméstico en la sociedad capitalista y no acerca de las relaciones de los hombres y las mujeres como se ejemplifica en el trabajo doméstico’. No obstante, la posición política de Dalla Costa, de que las

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mujeres deberian demandar salarios por su trabajo doméstico, ha incrementado en sumo grado, la conciencia de la impor- tancia de dicho trabajo entre las mujres en el movimiento femenino. La demanda era, y todavía es, debatida entre los grupos de mujeres a lo largo de los Estados Unidos“. Hacien- do el reclamo de que las mujeres en el hogar no sólo proveen servicios esenciales para el capital reproduciendo la fuerza de trabajo, sino que también crean plusvalor a través de ese trabajo”, Dalla Costa incrementó, también en sumo grado, la conciencia de la izquierda sobre la importancia del trabajo doméstico y provocó un largo debate en la relación entre este trabajo y el capital”.

Dalla Costa parte del concepto feminista sobre el trabajo doméstico como trabajo real, para reclamar su legitimidad bajo el capitalismo arguyendo que deberia ser remunerado. Las mujeres deberian demandar salario por el trabajo del hogar, en vez de dejar que se les fuerce a ingresar a la fuerza de trabajo tradicional, donde, haciendo una “doble jornada”, deberán seguir suministrando los servicios gratuitos del trabajo doméstico para el capital, así como su trabajo asala- riado.

Dalla Costa sugiere que si las mujeres recibieran salarios por su trabajo doméstico, estarían capacitadas para organizar colectivamente el trabajo doméstico proveyendo para la comunidad: cuidado de los niños, preparación de alimentos, etc. Demandando salarios y recibiéndolos elevarían su con- ciencia sobre la importancia de su trabajo, verían su signifi- cación social, así como su necesidad privada: un primer paso necesario hacia un cambio social más amplio.

Dalla Costa arguye que lo que es muy importante social- mente acerca del trabajo doméstico, es su necesidad para el capital. En esto reside la importancia estratégica de las mujeres. Al demandar remuneración por su trabajo y recha- zando participar en el mercado de trabajo, las mujeres podrían conducir la lucha contra el capital. Las organizaciones comu- nales de las mujeres pueden ser subversivas y poner las bases, no sólo para la resistencia al abuso del capital, sino también, parala formación una nueva sociedad.

Dalla Costa reconoce que los hombres resistirian la libera- ción de las mujeres (esto ocurrirá en tanto las mujeres se organicen en sus comunidades) y que las mujeres tendrán que luchar contra ellos; pero esta lucha es un auxiliar que debe

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ser remanerado para alcanzar la última meta del socialismo. Para Dalla Costa, la lucha de las mujeres es revolucionaria, no sólo porque ellas son feministas, sino también porque son anticapitalistas. Dalla Costa encuentra un lugar en la revolución para la lucha de las mujeres haciendo que éstas sean productoras de plusvalía y, como consecuencia, parte de la- clase trabajadora. Esto legitimiza la actividad política de las mujeres“.

El movimiento de las mujeres nunca ha dudado de la importancia de su lucha porque para las feministas, el objeto es la liberación de las mujeres, la cual, solamente puede resultar de las luchas de ellas mismas. La contribución de Dalla Costa para aumentar nuestro entendimiento de la natu- raleza social del trabajo doméstico, ha sido un avance incal- culable. Pero como la otra concepción marxista revisada aquí, su método enfoca al capital, y no a las relaciones entre los hombres y las mujeres. El hecho de que los hombres y las mujeres tienen diferencias de intereses, metas y estrategias, está oscurecido por su análisis de cómo el poderoso sistema capitalista nos mantiene a todos abajo y el importante y, tal vez, estratégico papel del trabajo de las mujeres en este sistema. La retórica del feminismo está presente en los escritos de Dalla Costa (la opresión de las mujeres, lucha contra los hombres) pero el enfoque del feminismo no está presente. Si éste estuviera, Dalla Costa podría argüir, por ejemplo, que la importancia del trabajo doméstico como una relación social descansa en. su papel crucial de perpetuar la supremacía masculina. Que las mujeres hagan el trabajo doméstico, realizando trabajo para los hombres, es crucial para el mantenimiento del patriarcado.

Engels, Zaretsky y Dalla Costa fallan en analizar el proceso de trabajo dentro de la familia. ¿Quién se beneficia del traba- jo de las mujeres? Seguramente los capitalistas; pero, también seguramente los hombres, quienes como eSposos y padres reciben servicios personalizados en el hogar. El contenido y la extensión de los servicios pueden variar por clase) por grupos étnicos o raciales; pero el_hecho de su recepción no varía. Los hombres tienen niveles de vida más altos que las mujeres en términos de consumo de lujo, tiempo de descanso y servicios personalizados1 2. Una aproximación materialista no debe ignorar este punto crucial”. Entonces tenemos que los 'hombres tienen un interés especial en que continúe

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la opresión de las mujeres. A largo plazo, esto puede ser una “falsa conciencia” puesto que la mayoria de los hombres se podría beneficiar de la abolición de la jerarquía dentro del patriarcado. Pero, a corto plazo, esto se suma al ,control sobre el trabajo .de otras personas, control al cual los hom- bres _no quieren renunciar voluntariamente.

Mientras los primeros marxistas ignoraron el trabajo do- méstico y enfatizaron la participación de la mujer en la fuerza de trabajo, las dos aproximaciones más recientes enfatizan el trabajo doméstico a tal grado que ignoran el papel actual de las mujeres en el mercado laboral. No obstante, las tres intentan incluir a las mujeres en la categoria de la clase trabajadora y entender la opresión de las mujeres como otro aspecto de la opresión de clase. Al hacerlo se da absolución al Objeto del análisis feminista: las relaciones entre hombres y mujeres. Mientras que nuestros “problemas” han sido ele- gantemente analizados, han sido igualmente mal entendidos. El foco de análisis marxista ha sido las relaciones de clase; el objeto de dicho análiSis es comprender las leyes de la di- námica en una sociedad capitalista. Mientras nosotros cree- mos que la metodolOgía marxista puede ser empleada para formular la estrategia feminista, estas aproximaciones femi- nistas marxistas discutidas anteriormente, no lO hacen así; su marxismo claramente domina a su feminismo.

Como ya lo hemos sugerido, esto se-debe en parte al poder analítico del marxismo en si. El marxismo es una teoría del desarrollo de la sociedad de clases, del proceso de acu- mulación en las sociedades capitalistas, de la reproducción del dominio de clases y del desarrollo de las contradicciones y la lucha de clases. Las sociedades capitalistas son impulsa- das por las demandas del proceso de acumulación, más sus- cintamente sumarizadas por el hecho de que la producción está orientada al intercambio y no al uso. En el sistema capitalista, la producción es importante sólo en la medida que contribuye a producir ganancia, y el valor de uso de los productos es únicamente una consideración incidental. Las ganancias se derivan de la capacidad de los capitalistas para explotar la fuerza de trabajo: pagar a los trabajadores menos que el valor de lo que ellos producen. La acumulación de ganancias sistemáticamente transforma la estructura social, asi como transforma las relaciones de la producción. El ejército industrial de reserva, la pobreza de gran número de

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gente y la casi pObreza de muchos mas, estos reproches húmanos al capital, son subproductos del proceso de acumu- lación en mismo. Desde el punto de vista del capital, la reproducción de la clase trabajadora puede “ser dejada a salvo a si misma"“. Al mismo tiempo, el capital crea una ideologia que crece junto a él, de individualismo, de competitividad, de dominación, y, en nuestro tiempo, de determinado tipo de consumo. Cualquiera que sea la teoría sobre la génesis de la ideología, uno debe reconocer a estos como los valores dominantes de las sociedades capitalistas.

El marxismo nos habilita para comprender muchas cosas acerca de las sociedades capitalistas: la estructura de su pro- ducción, la generación de una estructura ocupacional parti- cular y la naturaleza de la ideología dominante. La teoría de Marx sobre el desarrollo del capitalismo es una teoria del desarrollo de “lugares vacíos”. Marx predijo, por ejemplo, el crecimiento del proletariado y la desaparición de la peque- ña burguesía. Más preciso y con más detalle, Braverman, entre otros, ha explicado la creación de “los lugares” de los empleados, obreros y trabajadores de servicios en las socie- dades capitalistas avanzadas1 5.

Así como el capital crea estos “lugares”, indiferente a los individuos que los ocupan, las categorías del análisis marxista “clase”, “ejército del reserva”, “trabajadores remunerados”, no nos explican por qué ciertas personas ocupan ciertos lugares. No nos da indicios acerca de por qué las mujeres están subordinadas a los hombres dentro y fuera de la familia y por qué no es de otro modo. Las categorías marxistas, como el capital en mismo, son ciegos al sexo. "Las categorías del marxismo no nos pueden decir quienes llenarán los “luga- res vacíos”. “El análisis marxista sobre la cuestión de la mujer ha sufrido desde este problema básico.

Hacia un feminismo marxista más útil

El marxismo es también un método de análisis social, es el materialismo dialéctico, histórico. Juliet Mitchell y Shula- mith Firest‘one, poniendo este método al servicio de las Cuestiones feministas, sugieren nuevas direcciónes para el marxismo feminista. Mitchell dice, acertadamente, que:

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No es “nuestra relación con el socialismo lo que deberia ser siempre la cuestión; es el uso del socialismo cientí- fico (lo que llamamos método marxista) como un método para analizar la naturaleza especifica de nuestra opresión y de ahí nuestro papel revolucionario. Dicho método, creo, necesita ser entendido por el feminismo radical, tanto cóomo por las teorías socialistas desarrolladas previa- mente .

Como Engels escribió:

De acuerdo con la concepción materialista, el factor de- terminante en la historia, es, en última instancia, la pro- ducción y reproducción de la vida inmediata. Esto, a su vez, tiene un doble carácer, de un lado, la producción de los medios de existencia, comida, vestimenta, alojamiento y las herramientas necesarias para la producción; del otro lado, la producción de los seres humanos por si mismos, la propagación de la especie. La organización social bajo la cual, la gente de una época histórica particular vive, es determinada por ambas clases de producción. . .1 7.

Este es el tipo de análisis que Mitchell ha intentado. En su primer ensayo “Mujeres, la revolución más larga”, ella examina tanto el mercado laboral como el trabajo de repro- ducción, la sexualidad y la crianza de los niños.1 3

Mitchell no obtiene completo éxito, quizás porque no todo el trabajo de las mujeres cuenta para ella como producción. Sólo el mercado de trabajo se identifica como producción; en las otras esferas (lo que se llama negligentemente familia) el trabajo de la mujer es identificado como ideológico. El patriarcado, el cual organiza -reproducción, sexualidad y crianza de hijos, no tiene base material para Mitchell. En “La Condición de la Mujer”, versión ampliada de este ensayo, se preocupa mucho más en desarrollar el análisis del mercado de trabajo de las mujeres, que en desarrollar el análisis del ‘trabajo de la mujer en la familia. El libro se relaciona mucho más con las relaciones de las mujeres con el capital y de su trabajo para el- mismo, que con la relación de las mujeres con los hombres y de su trabajo para ellos; está más influido por el marxismo que por el feminismo radical. En un trabajo

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posterior, titulado “Psicoanálisis y Feminismo”, Mitchell explora un área importante para estudiar las relaciones entre las mujeres y los hombres, especialmente la formación de diferentes personalidades basadas en el género”. El patricar- cado opera, parece decir la autora, primariamente en el ámbito psicológico, donde niños femeninos y masculinos aprenden a ser mujeres y hombres adultos. Aqui Mitchell enfoca las esferas que inicialmente soslayó, como reproduc- ción, sexualidad, crianza de niños; pero colocándolo en el ámbito ideológico. Ella continúa con la debilidad fundamen- tal de su análisis anterior. Claramente presenta al patriarcado como una estructura ideológica fundamental, así como el? capital es la estructura económica fundametal:

Para hablar esquemáticamente. . . estamos. . ¡tratando con dos áreas autónomas: el modo económico del capi- talismo y el modo ideológico del patriarcado 3°.

/ Aunque Mitchell examina este interpretación, su incapaci-

dad de dar al patriarCado una base material en la relación entre la fuerza de trabajo de las mujeres y de los hombres, y su similar incapacidad para advertir el aspecto material del proceso de la formación de la personalidad y la crea- ción del género, limita la utilidad de su análisis.

Shulamith Firestone crea un puente entre marxismo y feminismo, incorporando el análisis materialista para referir- se al patriarcado”. La utilización que hace del análisis mate- rialista no es tan ambivalente como el de Mitchell. La dialéc- otica del sexo, dice, es la dialéctica histórica fundamental, y la base material del patriarcado es el trabajo de las mujeres al reproducir la especie. La importancia del trabajo de Fires- tone, al emplear el marxismo para analizar la posición de las mujeres, al aceptar la existencia de una base material del patriarcado, no puede. ser sobreestimada, porque enfatiza demasiado en lo que respecta a biología y reproducción. Lo que es necesario comprender es cómo el sexo (hecho biológico) se convierte en género (fenómeno social). Es necesario ubicar el trabajo de la mujer en su contexto socio- histórico y no sólo en su aspecto reproductivo. Aunque Ofrece un uso nuevo y feminista d'e la metodología marxista, su insistencia en la primacía de la dominación de los hombres sobre las mujeres, como base en la que descansa toda opresión

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(clase, raza, edad) sugiere que su libro está mas cercano a los feministas radicales que a las feministas marxistas. Su trabajo queda en una exposición completa de la posición feminista radical.

El libro de Firestone ha sido dejado de lado, felizmente, por los marxistas. Zaretsky, por-ejemplo, lo llama “implo- ración para la subjetividad”. Aunque lo más excitante para las mujeres del libro de Firestone fue su análisis del poder de los hombres sóbre las mujeres y la saludable ira que provocó esta situación. El capítulo sobre el amor era central para nuestro entendimiento, y todavía lo es. No sólo una “ideologia masculinista” con la cual los marxistas deben tratar (solamente una cuestión de actitudes), sino una exposi- ción de las consecuencias subjetivas del poder de los hombres Sobre las mujeres, y qué es lo que se siente vivir en un patriar- cado. “Lo personal es politico" no es, como Zaretsky lo hubiese dicho, una imploración para la subjetividad, para sentirse mejor: es úna demanda para reconocer el poder de los hombres y la subordinación de las mujeres como una realidad social y politica.

2. Feminismo Radical y Patriarcado

El gran empuje de los análisis del feminismo radical ha sido dirigido a la fundamentación del slogan “lo personal es polí- tico’Ï El descontento de las mujeres, arguyen, no es un lamento neurótico de los inadaptados, sino una respuesta a la estructura social en la cual las mujeres son sistemáticamente dominadas, explotadas y oprimidas. La posición inferior de la mujer en el mercado laboral, la falocéntrica estructura emocional del matrimonio de clase media, el uso de la mujer en la publicidad, el tan llamado entendimiento de la psiquis de la mujer como neurótica, popularizado por la psicologia académica y clínica, y todos los aspectos de las vidas de las mujeres en una sociedad capitalista avanzada, han sido in- vestigados y analizados. La literatura feminista radical es enorme y desafía cualquier sumario. Al mismo tiempo, su enfoque sobre la psicología es consistente, El documento. principal de las feminista radicales de Nueva York es “La- Política del Ego”. “Lo personal es político”significa, para las feministas" radicales, que la división de clase original y básica

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es entre los sexos, y que la fuerza que motiva esto en la his- toria es el esfuerzo de los hombres para dominar y mantener su poder sobre las mujeres la dialéctica del sexo”.

De acuerdo con esto, Firestone reescribió a Freud para hacer comprender la evolución de niños y niñas hacia hom- bres y mujeres, en términos de poder”. Sus caracterizaciones de qué es “masculino” y “femenino” son típicas de una estructura feminista radical. Lo masculino busca poder y dominación; él es egocéntrico e individualista, competitivo y pragmático; el “modo tecnológico” según Firestone, es masculino. Lo femenino es artístico, filosófico, el cuidado y

crianza de los niños; el “modo estético”es femenino. _ No hay duda que la idea de que el “modo estético” es

femenino seria realmente un shock para los giegos antiguos. Aquí radica el error del analisis feminista radical. “La dialéc- tica del sexo” como las feministas radicales lo presentan , proyecta a toda la historia las características masculinas y femeninas, tal como aparecen en el presente. El análisis feminista radical tiene su mayor fuerza en sus introspeccio- nes en el prsente. Su gran debilidad es la de centrarse en la psicología, lo que las ciega para la historia.

La razón para esto no radica sólo en el método radical feminista, sino también en la naturaleza del patriarcado por. si mismo porque el patriarcado es una forma de organización social notablemente resistente y flexible. Las feministas radicales usan el término “patriarcado” para referirse al sis- tema social caracterizado por la dominación masculina sobre las mujeres. La definición de Kate Millet es clásica:

Nuestra sociedad. . . es un patriarcado. El hecho es evidente si recordamos que la milicia, la industria, la tecnologia, las universidades, oficinas de ciencia política, finanzas, en fin todo acceso al poder dentro de la sociedad, incluyendo la fuerza coercitiva dela policía, está enteramente en ma- nos masculinas“.

Esta definición de patriarcado del feminismo radical se aplica a la mayoría de las sociedades que conocemos y no se puede distinguir entre ellas. El uso de la historia por las feministas radicales está típicamente limitado a suministrar ejemplos de la existencia del patriarcado en todos los tiempos y lugares”. Para los marxistas y las principales corrientes de

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científicos sociales, anteriores al movimiento feminista, el patriarcado se refería a un sistema de relaciones entre hom- bres que formaban los lineamientos económicos y políticos de sociedades feudales y de algunas prefeudales, enlas cuales la jerarquía seguía ciertas características adscritas. Las sociedades capitalistas son entendidas por los científicos sociales burgueses, como meritocráticas, burocráticas e impersonales. Los marxistas ven las sociedades capitalistas como sistemas de dominación de clase“.

Para ambas clase de científicos sociales, ni las sociedades patriarcales históricas, ni las sociedades capitalistas occiden- tales se entienden como sistemas de relaciones entre los hombres que les permite dominar a las mujres.

Hacia una definición del patriarcado

Podemos definir 'el patriarcado como un conjunto de rela- ciones sociales entre los hombres que tienen una base mate- rial, y aun cuando son jerárquicas, crean o establecen inter- dependencia y solidaridad entre los hombres y los capacitan para dominar a las mujeres. Aunque el patriarcado es jerárqui- co y los hombres de diferentes clases, razas o grupos étnicos ocupan diferentes puestos o lugares en él, están unidos para compartir su relación de dominación sobre las mujeres; ellos son dependientes unos de otros para mantener tal dominación. La jerarquía “funciona” al menos en parte, porque crea intereses específicos en el status quo. Aquellos de niveles más altos pueden “sobornar” a los de niveles más bajos ofreciéndoles poder sobre los que están todavía más abajo. En la jerarquía del patriarcado todos los hombres, cualquiera que sea su rango,_son “sobornados”ofreciéndoles la capacidad de controlar, al menos, a algunas mujeres. Hay alguna evidencia que sugiere que cuando el patriarcado fue primero institucionalizado en las sociedades de estado, los gobernantes en ascenso hicieron de los hombres literalmente cabezas de sus familias (reforzando su control sobre sus esposas e hijos), y, a cambio de ello, los hombres cedían algunos de sus recursos tribales a los nuevos mandatarios27 Los hombres son dependientes unos de otros (a pesar del orden jerárquico) para mantener su control sobre las muje- res.

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La base material sobre la que descansa el patriarcado, está fundamentalmente en el control que los hombres ejercen sobre la fuerza de trabajo de las mujeres. Los hombres man- tienen este control excluyendo a las mujeres del aCceso a algunos recursos productivos esenciales (en las sociedades capitalistas, por ejemplo, trabajos que dan salarios para vivir) y restringiendo la sexualidad de las mujeres. Un matrimonio monógamo heterosexual es una forma relativamente reciente y eficiente que parece permitir al hombre controlar ambos campos. Controlando el acceso de las mujeres a los recursos y a su sexualidad, permite a los hombres controlar la fuerza del trabajo de las mujeres, ambos con el propósito de servir a los hombres de muchas maneras, personal y sexualmente, y para el propósito de criar hijos. Los servicios que las muje- res prestan a los hombres y que los exhonera de realizar traba- jos desagradables (como limpiar los inodoros) ocurren tanto dentro como fuera de la familia. Ejemplos de esto último incluyen el hostigamiento de las mujeres trabajadoras y estudiantes por jefes y profesores masculinos, así como el uso común de secretarias para llevar recados personales, hacer café y proporcionar ambientes “sexy”. La crianza de los niños (sea o no, la fuerza de trabajo de los niños de inmediato beneficio para sus padres) es, sin embargo, una tarea crucial para perpetuar el patriarcado como sistema.

Tal como la sociedad de clases debe ser reproducida por medio de la escuela, loslugares de trabajo, normas de consumo, etc., deberá ocurrir con las relaciones sociales patriarcales. En nuestra sociedad los niños son generalmente criados por mujeres en el hogar, mujeres sociahnente definidas y recono- cidas como inferiores a lqs hombres, mientras ellos aparecen en el cuadro doméstico sólo raramente. Los niños criados de este modo, generalmente aprenden bien su lugar en la jerar- quía del género. Sin embargo, las áreas fuera del hogar son centrales en este progeso donde se enseña el comportamiento patriarcal y se refuerza la posición inferior de las mujres: las iglesias, escuelas, deportes, clubes, sindicatos, ejércitos, fábricas, oficinas, centros de salud, prensa y medios de comu- nicación en general.

La base material del patriarcado no descansa sólo en la educación de los niños en la familia, sino en todas las estruc» turas que capacitan al hombre para controlar la fuerza de trabajo de las mujeres. Los aspectos de las estructuras sociales

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tuyen un segundo aspecto de nuestro modo de producción, la producción y reproducción de la gente. Sería más preciso referirse a nuestra sociedad simplemente como capitalista, sino como “capitalista patriarcal”, con supremacía de los blancos. (En la Parte III ilustramos un caso del capitalismo, adaptándose y "haciendo uso de órdenes raciales y varios ejemplos .de las interrelaciones entre el capitalismo y el patriarcado.

El desarrollo del capitalismo crea los lugares para una jerarquía de los trabajadores; pero las categorías tradicionales marxistas no nos pueden decir quiénes ocuparán cada uno de esos lugares. Las jerarquías de raza y de género determinan quién va a ocupar esos lugares vacíos. El patriarcado no es simplemente una organización jerárquica, sino una jerarquía en la cual, gente específica ocupa lugares específicos. Es en el estudio del patriarcado que aprendemos por qué las mujeres son las dominadas y cómo. Aunque creemos que la mayoria de las sociedades conocidas han sido patriarcales, no vemos este sistema'como un fenómeno universal e inmutable. Más bien, el patriarcado, el conjunto de interrelaciones entre hombres, que permite a los varones dominar a las mujeres, ha cambiado con el tiempo, en fOrma e intensidad. Es crucial que la relación de interdependencia de los hombres y su habili- dad para dominar a las mujeres sea examinada en sociedades históricas. Es crucial que la jerarquía entre los hombres y su diferencia de acceso a los beneficios patriarcales, sean examinados. Seguramente la clase, raza, nacionalidad y aún el estado marital y la orientación sexual, así como la edad, juegan un importante papel aquí. Las mujeres de diferente clase, raza, nacionalidad, estado marital, grupos de orienta- ción sexual, están sujetas a diferentes grados de poder patriar- cal. Las mujeres pueden, por si mismas, ejercer el poder de clase o de raza o aún el poder patriarcal (a través de sus conexiones familiares) sobre los hombres inferiores o sus parientes masculinos en la jerarquía patriarcal.

Para recapitular, definimos el patriarcado como un con- junto de relaciones sociales que tiene una base material y en la cual hay relaciones jerárquicas entre los hombres y solida- ridad entre ellos, lo que les permite dominar a las mujeres. La base material del patriarcado es el control de los hombres sobre la fuerza de trabajo de las mujeres. Dicho control se mantiene negando acceso a las mujeres a los recursos produc-

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tivos econgmipos necesarios y restringiendo su sexualidad. Los hom res ejercen su control al recibir servicios personales de las mujergs: al no tener que hacer trabajo doméstico, o criar a sus” tener acceso a los cuerpos de las mujeres para la ¿accion sexual smtiéndose y siendo poderosos. Los elementos cruciales del patriarcado, como actualmente los experiméntamos, son; el matrimonio heterosexual (y su correspondiente"homofobia), el cuidado de los niños y el trabajo doméstico a cargo de las mujeres, la dependencia económica femenina (reforzada por los arreglos en el mer- cado laboral), el Estado y numerosas instituciones basadas en relaciones'social'es entre hombres: clubes, deportes, sindi- catos, profesiones, universidades, iglesias, corporaciones y ejércitos. Todos estos elementos necesitan ser examinados si queremos entender el capitalismo patriarcal.

Ambos, jera'quia e interdependencia entre los hombres y la subordinación de las mujeres, son integrales para el fun- cionamiento de nuestra sociedad; esto es, estas relaciones son sistemáticas. Dejamos de lado el problema de la creación de estas relaciones y preguntamos, ¿podemos reconocer relacio- nes patriarcales en las sociedades capitalistas? ¿Debemos _descubrir en las sociedades capitalistas esos mismos lazos entre hombres, que los científicos sociales, tanto burgueses como marxistas, afirman que ya no existen, o son, a lo más residuos sin importancia? ¿Podemos entender cómo estas relaciones entre hombres son perpetuadas en las sociedades capitalistas? ¿Podemos identificar los modos en los que el patriarcado ha modelado el curso del desarrollo capitalista?

3. La asociación del patriarcado y del capital

¿Cómo reconocer las relaciones sociales patriarcales en las sociedades capitalistas? Parece como si cada mujer fuera oprimida por su hombre aisladamente; su opresión parece ser un asunto privado. Las relaciones entre los hombres y entre las familias parecen igualmente fragmentadas. Es muy difícil reconocer relaciones entre los hombres y entre los hombres y las mujeres como sistemáticamente patriarcales. Argüimos, sin embargo, que el patriarcado es un sistema de relaciones entre hombres y mujeres que existe en el

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a ésta al tedioso trabajo en una hilanderia de algodón’”°.

En 1854, en los Estados Unidos, el Sindicato Nacional Tipográfico resolvió no “fomentar el empleo de mujeres cajistas”. Los hombres sindicalizados no quisieran dar protec- ción sindical a las mujeres trabajadoras y, más bien, trataron de excluirlas. En 1879, Adolfo Strasser, Presidente del.Sin- dicato Internacional de Fabricantes de Puros, dijo: “.No podemos despedir a las mujeres, pero restringir su cuota diaria de trabajo por medio de las leyes fabriles’“.

Mientras que el problema de la competencia barata, pu- diera haber sido solucionado por medio de la organización de las mujeres y los jóvenes, el problema de la ruptura de la vida familiar no podía ser resuelto. Los hombres reserva- ron la protección sindical para ellos arguyendo que querían leyes protectoras para las mujeres y los niños3 7. Las leyes protectoras, aunque .mitigaban los peores abusos contra las mujeres adultas en muchos de los trabajos “masculinos”B a. Los hombres, generalmente, buscaron conservar para si los trabajos mejor pagados y elevar los salarios masculinos. Argüían que necesitaban mantener a sus familias. Este siste- ma_de “salario familiarTF gradualmente se-hizo comun para las familias estables de la clase trabajadora a fines del siglo XIX y comienzos del XX”. Varios observadores han decla- rado que la esposa que no tenía trabajo asalariado era parte del nivel de vida del trabajador“. En lugar de pelear por remuneraciones iguales para hombres y mujeres, los traba- jadores masculinos prefirieron el “salario familiar”, porque deseaban conservar los servicios de sus mujeres en el hogar. En ausencia del patriarcado, la clase trabajadora unida debería haberse enfrentado al capitalismo; pero las relaciones sociales paratriarcales dividieron a la clase trabajadora, de- jando que una parte (hombres) se “vendiera”a expensas de; la otra (mujeres). En este proceso de resolución, fue crucial la jerarquía entre los hombres y la solidaridad entre ellos. Se puede entender el “salario familiar” como una solución al conflicto en torno ala fuerza de trabajo de las mujeres, que ocurría entre los intereses del capital y del patriarcado en ese tiempo.

El salario familiar para los hombres adultos implica la aceptación y su complicidad, en cuanto a remuneraciones más bajas para otros, gente joven, mujeres y los hombres social- mente definidos como inferiores (irlandeses, negros, etc.,

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los grupos más bajos en la jerarquía patriarcal, a quienes se les niegan muchos de los beneficios patriarcales). Las bajas remuneraciones para mujeres, niños y hombres inferiores eran reforzados por la segregación en el mercado laboral, a su vez mantenida por los sindicatos, así como por institu- ciones auxiliares como colegios, programas de entrenamiento y, también, por sus familias. La segregación laboral por sexo, al garantizar que las mujeres tengan los trabajos peor pagados, asegura su dependencia económica y refuerza las "nociones de esferas apropiadas para mujeres y hombres. La implantación del salario familiar aseguió, para muchos hom- bres, la base material de la dominación masculina de dos maneras. Primero, las mujeres ganan menos que los hombres. El salario menor que reciben las mujeres en el mercado laboral, perpetúa la ventaja material de los hombres sobre ellas y las estimula a escoger el matrimonio como carrera. Segundo, entonces, las mujeres hacen el trabajo del hogar, el cuidado de los niños y otros servicios en la casa, que bene- fician a los hombres directamente“. Las responsabilidades de las mujeres en el hogar, a su vez, refuerzan su posición inferior en el mercado laboral“ 2.

La resolución que se desarrolló a comienzos del siglo XX, benefició al capitalismo, así como a los intereses patriarca- les. A menudo se arguye que los capitalistas reconocieron que en las condiciones extremas que prevalecían en la indus- tralización del siglo XIX, las familias de la clase trabajadora no podían reproducirse adecuadamente. Reconocieron que las amas de casa producían y mantenían trabajadores más saludables que las mujeres que laboraban fuera de ella y que los niños con educación eran mejores "operarios que los que no la recibían. El acuerdo de pagar salario familiar al hombre, y dejar a la mujer en casa, convenía a los capitalistas y alos trabajadores. Aunque los términos del pacto se han alterado con el tiempo, es muy cierto que la familia y el trabajo de las mujeres en ella sirven al capital, al proveer fuerza laboral y también sirven a los hombres dándoles espacio para ejercitar sus privilegios. Las mujeres, al servir a los hombres y a sus familias sirven, igualmente, al capital como consumidoras”. Como ya lo ha explicado Firestone, la Escuela de Frankfurt y muchas otras, la familia es el lugar donde se aprende la dominación y la sumisión“. Los niños obedientes serán tra-

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implicaría tratar de obligar a los blancos de Sudáfricaa lavarse con los negros).

Si el primer elemento de nuestro argumento acerca del curso del desarrollo del capitalismo es que el capital no es todOpoderoso, el segundo es que éste es tremendamente flexible. La acumulación capitalista se encuentra con formas Sociales pre-existentes, las destruye y se adapta a ellas. La “adaptación” del capital puede ser vista como un reflejo de la fuerza de estas formas pre-existentes para persistir en nuevos ambientes. Aunque ellas persisten, no p'errhanecen invariables. La ideología con la cual la raza y el sexo son hoy día concebidas, por ejemplo, está en gran parte moldea- da por el reforzamiento de las divisiones raciales y sexuales en el proceso de acumulación.

La familia y el salario familiar hoy en día

Hemos manifestado más arriba, con respecto al capitalismo y al patriarcado, la adaptación, o acomodo mutuo, tomó la forma de desarrollo del salario familiar a comienzos del siglo XX. La remuneración familiar comentó la sociedad entre el patriarcado y el capital. A pesar del incremento d'e la partici- pación de las mujeres en la fuerza de trabajo, particularmente rápida desde la Segunda Guerra Mundial, el ingreso familiar es aún, sostenemos, la piedra angular de la actual división sexual del trabajo, en la cual las mujeres son primariamente responsables del trabajo doméstico y los hombres primaria- mente del trabajo asalariado fuera del hogar. Las remunera- ciones más bajas de las mujeres en el mercado de trabajo (combinadas con la necesidad de alguien para cuidar a los hijos) aseguran la prolongada existencia de la familia como una unidad necesaria de ingreso. La familia, mantenida por el salario familiar, permite así el control del trabajo de las mujeres por parte de los hombres, tanto dentro como fuera. de ella. ,

Aunque el aumento de los salarios de las mujeres puede causar trastornos en la familia (similares a los trastornos de Kautsky y Engels notaron en el siglo XIX), sería erróneo pensar que como consecuencia, los conceptos y las realida- des de la familia y de la división sexual del trabajo, podrían desaparecer pronto. La división sexual del trabajo reaparece

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en el mercado de trabajo, donde las mujeres trabajan en empleos de mujeres, a menudo los mismos trabajos que solía hacer en el hogar: preparación de la comida y servi- cios, limpieza de toda clase, cuidado de personas, y así por el estilo. Como estos trabajos tienen un bajo status y una baja remuneración, las relaciones patriarcales permanecen intactas aunque su base material se desplaza un tanto de la familia al salario diferencial. Carol Brown, por ejemplo, ha sustentado que estamos avanzando, de un patriarcado basado en la familia, a otro basado en la industria, dentro del capita- lismo”.

Las relaciones del patriarcado basadas en la industria están reforzadas de muchas maneras. Los contratos con los sindicatos que especifiéan salarios más bajos, menores bene- ficios y menor oportUnidad de ascenso para las mujeres, no son sólo extensiones atávicas —un caso de las actitudes sexis- tas O de la ideología de la supremacía masculina- sino que mantienen la base material del sistema patriarcal. Mientras algunos van tan lejos que sostienen que el patriarcado está ya ausente de la familia (véase, por ejemplo, Stewart Ewen, “Los Capitanes de la conciencia”)5‘, nosotros no lo haría- mos. Aunque los términos del compromiso entre el capital y el patriarcado están cambiando a medida que más tareas localizadas anteriormente en la familia, son capitalizadas, y el despliegue de la fuerza laboral de las mujeres se transfiere 52, es, no obstante, verdadero, como hemos manifestado más arriba, que la diferencia salarial ausada por la extrema segre- gación del empleo en el» mercado laboral, refuerza a la familia, y, con ella, la división doméstica del trabajo, incentivando a las mujeres a que se casen. El “ideal”de una remuneración familiar —que un hombre pueda ganar lo suficiente para mentener a una familia entera- puede estar dando fOrma a un nuevo ideal de que tanto los hombres como las mujeres contribuyan con su remuneración a los gastos totales de la familia. El salario diferencial, entonces, llegará a ser crecien- temente necesario para perpetuar el patriarcado, el, control masculino sobre la fuerza de" trabajo de las mujeres. La diferencia en la remuneración ayudará a definir el trabajo de las mujeres como secundario frente al de los hombres, al mismo tiempo que hace necesario que las mujeres sigan siendo económicamente dependientes del hombre. La divi- sión sexual del trabajo en el mercado laboral'y en cualquier

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control capitalista y deslegitima ciertas formas de lucha contra el capital.

Ideología en el siglo XX

El patriarcado, al establecer y legitimar una jerarquía entre los hombres (permitiendo que los hombres de todos los grupos controlen por lo menos a algunas mujeres), refuerza el control capitalista y, los valores capitalistas, dan forma a la definición del bien patriarcal.

Los fenómenos psicológicos identificados por Firestone són ejemplos particulares de lo que sucede en las relaciones de dependencia y dominación. Ellos provienen de realidades del‘ poder social del hombre —el que es negado a las mujeres- pero son moldeados por el hecho de que ocurren en el contexto de una sociedad capitalista“. Si examinamOs las características de los hombres como los describen las femi- nistas radicales —competitivos, racionalistas, dominantes- concuerdan en gran parte con nuestra descripción de los valores dominantes de la sociedad capitalista.

Esta “coindicencia” puede ser explicada de dos formas. En primer lugar, los hombres, como trabajadores remunera- dos, están absorbidos por las relaciones sociales capitalistas en el trabajo, llevados a la competencia que estas relaciones prescriben, y absorben los valores correspondientes”. La descripción feminista radical de los hombres no estaba del: todo fuera de lugar en las sociedades capitalistas. Segundo, aun cuando los hombres y las mujeres no se comportan realmente dentro de las normas. sexuales prescritas ellos reclaman para mismos esas características que son valora- das en la ideología dominante. Así, por ejemplo, los autores de “Crestwood Heights” hallaron que mientras los hombres que eran profesionales, pasaban sus días manipulando a sus subordinados (a menudo empleando técnicas que aplean a motivos irracionales fundamentales para inducir el compor- tamiento preferido), los hombres y las mujeres caracterizaban a los primeros como “racionales y pragmáticos”. Y mientras las mujeres empleaban grandes energías en el estudio de métodos científicos para la crianza de sus hijos y su desarro- l'lo, los hombres y las mujres de “Crestwood Heights” las caracterizaban como “irracionales y emocionales”58.

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Esto ayuda a explicar no sólo las características “mascu- linas” y “femeninas” en las sociedades capitalistas, sino la forma particular que la ideología sexista toma en estas sociedades. Así como el trabajo de las mujeres sirve al doble propósito de perpetuar la dominación masculina y la pro- ducción capitalista, asi la idelogía sexista sirve al doble propósito de glorificar las características masculinas / valores capitalistas,y denigrar las características femeninas / necesi- dades sociales. Si las mujeres fueron degradadas, sin poder eh otras sociedades, las razones (racionalizaciones) que los hombres tuvieron para esto fueron diferentes. Solamente en una sociedad capitalista tiene sentido mirar a las mujeres emocionales o irracionales. Como epítetos, no habría tenido sentido en el Renacimiento. Sólo en una sociedad'capitalista tiene sentido mirar a las mujeres como ‘dependientes’. La dependencia como un epíteto no tendria sentido en las so- ciedades feudales, ya que la división del trabajo asegura que las mujeres como esposas y madres en la familia están grande- mente comprometidas con la producción de valores de uso; la denigración de estas actividades oscurece la incapacidad del capital para satisfacer necesidades socialmente determinadas al mismo tiempo que degrada a las mujeres a los ojos de los hombres, facultando a éstos para su dominación. Un ejemplo de esto puede ser visto en la peculiar ambivalencia de los comerciales de televisión. Por un lado, ellos se enfrentan a los obstáculos reales para crear las necesidades socialmente determinadas: detergentes que destruyen la ropa e irritan la piel, toda clase de mercaderías mal hechas. Por otro lado, el interés por estos problemas debe ser denigrado, esto es, efectuado burlándose de las mujeres, las trabajadoras que deben enfrentar estos problemas.

Un argumento paralelo que demuestra la asociación del patriarcado y del capitalismo puede hacerse en la división sexual del trabajo en la fuerza laboral. La división sexual coloca a la mujer en empleos poco remunerados y en aquellas tareas que se piensa que no son apropiadas para el papel de las mujeres. Las mujeres son profesoras, trabajadoras sociales, y la gran mayoría de trabajadores en las áreas de salud. Los papeles de cuidado que las mujeres juegan en estos trabajos son de bajo status, en parte porque los hombres denigran el trabajo de las mujeres. Son también de bajo nivel, porque el capitalismo enfatiza la independencia personal y la habiliv

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Y, desde luego, muchas organizaciones de izquierda se benefician con el trabajo de las mujeres. Por consiguiente, muchos análisis de izquierda (tanto en forma progresista como tradicional) se sirven a mismos, tanto teórica como políticamente. Ellos buscan influir en las mujeres para que abandonen su intento de desarrollar una comprensión inde- pendiente de la situación de las mujeres que adopten la suya. En cuanto a nuestra respuesta a esta presión, es natural que, así como recurrimos al análisis marxista, tratemos de per- tenecer a la “fraternidad” usando este paradigma, y podemos terminar tratando de justificar nuestra lucha ante la fraterni- dad, más que tratando de analizar la situación de la mujer para mejorar nuestra práctica política. Finalmente, muchos marxistas están satisfechos con el análisis marxista tradicional acerca de la cuestión de la mujer. Ellos ven las clases como el mareo correcto con el cual entender la posición de las mujeres. Las mujeres deberían ser entendidas como parte de la clase trabajadora; la lucha de la clase trabajadora contra el capitalismo debería tener preferencia sobre cualquier otro conflicto entre hombres y muj_eres.,No se debe permitir que el conflicto sexual interfiera con la solidaridad de clase.

Como la situación económica de los Estados Unidos ha empeorado en los últimos veinte años, el análisis marxista tradicional_se ha vuelto a imponer. En los años sesenta, el movimiento de los derechos civiles, el movimiento estudiantil por la libre expresión, el movimiento ecologista y el incre- mento de la militancia entre los trabajadores de cuello blanco y de los profesionales, plantearon nuevos interrogantes a los marxistas. Pero ahora, el retorno de los problemas económicos obvios como la inflación y el desempleo ha eclipsado la importancia de estas demandas y ha regresado a la izquierda hacia la “política fundamental” la clase trabajadora ( en un sentido estrech'o). Las crecientes sectas marxistas-leninistas se proclaman antifeministas, tanto en la teoría cómo en la práctica. Y existen signos de que la presencia de las cuestio- nes feministas en la izquierda académica está declinando. Las guarderías están desapareciendo de las conferencias de. izquierda. A medida que el marxismo y la economía política se volvió aceptable intelectualmente, la red de los viejos ,muchachos de la academia liberal es reemplazada por la red de los jóvenes camuadas marxistas y radicales, igualmente

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masculina en sus miembros y perspectivas, pese a su juVentud y radicalismo. _ j

Las presiones sobre las mujeres radicales para abandonar esta tonta tarea y ser. Evolucionarias “Serias” se han incre- mentado. Pareciera que nuestro trabajo es una pérdida de tiempo comparado con la “inflación” y el “desempleo”. Es sintomático de la dominación masculina que nuestro desempleo nunca fue considerado una crisis. En la última y mayor crisis económica, la de 1930, el vasto desempleo fue parcialmente negociado excluyendo a las mujeres de todo tipo de trabajos —un salario de trabajo por familia, y ese trabajo era el del hombre. El capitalismo y el patriarcado se recobrarOn fortalecidos de esta crisis. Así como las crisis económicas sirven para restaurar la función del capitalismo corrigiendo los desequilibrios, aSÍ ellas podrían servir al patriarcado. Los años treinta pusieron a las mujeres en su lugar original.

La lucha contra el capital y el patriarcado no puede tener éxito si el estudio y la práctica de los fines del femi- nismo son dejados de lado. Una, la lucha dirigida sólo contra las relaciones de opresión capitalista, fracasará sino se toman en cuenta las relaciones patriarcales de opresión qUe le sirven de soporte fundamental. Y el análisis. del patriarcado es esencial para una justa definición de la clase de socialismo que podría destruir al patriarcado, la única clase de socialis- mo útil para las mujeres. Mientras los hombres y las mujeres. comparten la necesidad de derrocar al Capitalismo, ellos retienen intereses particulares a su género. No está muy claro —desde nuestro esbozo de la historia, y de los socialistas. masculinos- que el “socialismo” por el que se lucha es el. mismo para' hombres y mujeiés. Para un “socialismo huma- no” se requeriría no sólo un Consenso acerca de lo que debe ser la nueva sociedad y lo que debe ser una persona saludable, sino, más concretamente, se requeriría que los hombres deja- ran sus privilegios.

Como mujeres no debemos permitirnos ser persuadidas de la poca urgencia e importancia de nuestras tareas, como tantas veces 'lo hemos sido en el pasado. Debemos combatir el intento de coerción, tanto sutil como no sutil, para que abandonemos los objetivos feministas.

Esto sugiere dos consideraciones estratégicas. Primero, una lucha para establecer el socialismo debe ser una, lucha en la

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por Mariarosa Dalla Costa y Selma James (Bristil, England: Falling Wall Press, 1973, segunda edición) panfleto, 78 pp.

a Es interesante señalar que en el artículo original (mencionando en la'

¡nota núm. 7, más arriba), Dalla Costa sugiere que loslsalarios para el trabajo del hogar sólo tenderían a aumentar la institucionalización del papel de la mujer como ama de casa (pp. 32-34). Pero en una nota (núm. 16, pp. 52-53) ella explica la popularidad de la demanda y uso como una herramienta para crear conciencia. Desde entonces ella ha apoyado activamente dicha demanda. Véase Dalla Costa, “A General Strike", en All Work and No Pay; Women, Housework, and the Wages Due, ed. Wendy Edmond y Suzie Fleming (Bristol, England, Falling Wall Press, 1975).

9 El texto del artículo dice: “Debemosaclarar que, dentro del salario, el trabajo doméstico produce no sólo valores de uso sino que es esencial para la producción de plusvalía” (p. 31). La nota 12 dice: “Lo que queremos decir exactamente es que el trabajo doméstico como trabajo, es productivo en el sentido marxista, es decir, produce plusvalía” (p. 52, cursivas desde el original). Hasta donde sabemos, esta demanda nunca ha sido hecha más rigurosamente por los grupos que promueven el salario por trabajo doméstico. De todas ma'neras, los marxistas han

respondido a dicha demanda copiosamente.

La literatura del debate incluye a Lisa Vogel, “The Eartth Family”, Radical America, vol. 7, núms. 4-5 (julio-octubre, 1973), pp. 9-50; Ira Gerstein “Domestic Work and Capitalism”, Radical America, vol. 7, núms. 4-5 (julio-octubre, 1973) pp. 101-128; John Harrison, “Poli- tical Economy of Housework”, Bulletin of the Conference of Socialist Economists, vol. 3 núm. 1 (1983); Wally Seccombe, “The Housewife and her Labour under Capitalism”, New Left Review, nüm. 83 (enero- febrero, under Capitalism, A. Critique”, New Left Review, núm, 89 (enero-febrero, 1975), pp. 47-58; Ian Gough y John Harrison, “Unpro- ductive Labour and Hosework Again" Bulletin of the Conference of Socialist Economists, vol. 4, núm. 1 (1975): Jean Gardiner, Susan Himmlweit y Mauren Mackintosh. “Women’s Domestic Labour”, Bulletin of the Conference of Socialist Economist, vol. 4, núm. 2 (1975); Wally Seccombe, “Domestic Labour: Reply to Critics”, New Left Review, núm. 94 (noviembre-diciembre, 1975) pp. 85-96; Terry Fee,“Domestic Labor: An Analysis of Housework and its relation to the Production Process", Review of Radical Political Economics, vol. 8, núm. 1 (primavera, 1976) pp. 1-8; Susan Himmelweit y Simon Mohun, “Domestic Labour and Capital”,‘Cambridge Journal of Economics, vol. 1, nüm. 1 (marzo, 1977) pp. 15-31.

ll En los Estados Unidos, la crítica política más común sobre los grupos prosalario por trabajo doméstico, ha sido de oportunismo.

12 Laura Oren documenta esto para la clase trabajadora en “The W_el- fare of Women in Laboring Families: England, 1860-1950”, Feminists Studies, vol. 1, núm. 3-4 (invierno-primavera, 1973), pp. 107-125.

13 Stephen Wymer nos hizo notar una debilidad básica del análisis de

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Engels en Origins. . . debilidad que se presenta debido a que Engels deja de analizar el proceso de trabajo dentro de la familia. Engels argumenta que los hombres pusieron en práctica la monogamia porque querian dejar sus propiedades a sus propios hijos. Hymmer, arguía que más que ser un “regalo” entre los pequeño burgueses, la posibilidad de heredar se usa como un “palo” para hacer que los, hijos trabajen para sus padres. Uno debe mirar el proceso laboral y quién se beneficia con el trabajo de otros.

14 Esta es una paráfrasis. Karl Marx escribió: “El mantenimiento y re- producción de la'clase trabajadora es y debe ser siempre una condición necesaria para la reproducción del capital. Pero el capitalista puede sin ningún riesgo, dejar su cumplimiento a" los instintos del obrero para su propia conservación y propagación” (Capital [New York: International Publishers, 1967], vol. 1, p. 572).

15 Braverman, Harry, Labor and Monopoly Capital (New York, Monthly Review Press, 1975).

16 Mitchell, Julie, Women's'Estate (New York: Vintage Books, 1973) p. 92.

1’ Engels, Origin. “Preface to the First Edition”, pp. 71-72. La continuación de esta acotación dice: ". . .por la fase de desarrollo del trabajo por un lado, y de la familia por el otro”. Es interesante ver que implícitamente, el trabajo se excluye de las actividades dentro de '

IB Mitchell, Juliet, “Women: The Longest Revolution”, New Left Review, núm. 40 (noviembre-diciembre, 1966), pp. 11-37, también vuelto a imprimir por New England Press Free.

19 Mitchell, Juliet, Psychoanalysis and Feminism'(New York: Pantheon Books, 1974).

Mitchell, Psychoanalysis. . ., p. 412.

21 Firestone, Shulamith, The Dialectic of Sex (New York: Bantam Books, 1971).

2’ “Politics of Ego: A Manifiest for New York Radical Feminists”, puede encontrarse en Rebirth of Feminism, ed. Judith Hole y Ellen Levine (New York: Quadrangle Books, 1971), pp_. 440-443. Las “fe- ministas radicales” son aquellas que sostienen que la dinámica más fun- damental de Ia historia son los hombres tratando de dominar a, las mujeres. “Radical” en este contexto no quiere decir anticapitalista, socialista, contracultura, etcétera, sino que tiene el significado específi- co de este conjunto particular de creencias feministas o de grupos de feministas. . . Otros escritos adicionales de feministas radicales de los cuales el de Feminista Radicales de Nueva York fue probablemente el que más influyó, pueden encontrarse en Radical Femimsm, ed. AnnKoedt (New ¡Yorkz Quadrangle Press, 1972).

B El enfoque del poder fue un paso adelante muy importante, e_n la crítica feminista d-e Freud. Firestone arguye, por ejemplo, que si_las niñas “envidiaban” lOs penes era debido a que reconocían que los ninos crecian para convertirse en miembros de la clase poderosa y las ninas

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de todos los capitalistas contra fas protestas de algunos, asi también las legislaciones proteccionistas para mujeres y 'i‘iiños, deben haber sido creadas por el Estado con miras a la reproducción de clase trabaja- dora. Sólo un punto de vista completamente instrumentalista del Estado, negaría que las leyes de las fábricas y las legislaciones proteccio- nistas legitiman al Estado proveyendo concesiones y" son respuestas a las demandas de la' clase trabajadora en sí.

38 Para una discusión más completa sobre legislación proteccionista del trabajo y las mujeres, véase de'Ann C. Hill, “Protective Labor Legisla- tion for Women: Its Origin and‘ Effect”, mimeografiado (New Haven, Conn. Yale Law School, 1970) "partes de las cuales han sido publicadas .en Barbara A. Babcok, Ann Freedman, Eleanor H. Norton, y Susan C. Ross, Sex Discrimination and the Law: Cases and Remedies (Boston: Little, Brown ( Co., 1975) un excelente texto de ley. También véase Hartmann, “Job segregation by sex, pp. 164-166.

39 Una lectura del libro de Alice Clark, The Working Life of Woman, e Ivy Pinchbeck, Women Workers, sugiere que la expropiación de la pro- ducción desde el hogar, fue seguido por un proceSO de ajuste social que creó la norma social del salario familiar. Heidi Hartmann, en Capitalism and Women-.‘s' Work in the Home, 1900-1930, disertación inédita para el doctorado ¡en Filosofía, Yale University, 1974, Temple University Press, 1980’, arguye basada en datos cualitativos, que' este “proceso ocurrió en Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Uno debería ser capaz de probar esta hipótesis cuantitativamente examinando estudios y presupuestos familiares de diferentes años" y notando la tendehCía'de la proporción dentro de los diferentes grupos de ingresos. Sin embargo, esta información _no se encuentra disponible en forma Comparab'le para nuestro período. La solución del salario familiar ha sido probablemente socavada en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Carolyn Shaw Bell, en “‘Working Women’s Contributions to Family Income”, Eastern Economic Houmal, vol. 1, núm. 3 (julio 1974) pp. 185-201, presenta información actual y arguye‘que ahora es incorrecto asumir que el hombre es el principal proveedor en la familia. Sin embargo, cualquiera que sea la situación actual de hoy o de comienzos de siglo, mantendremos que la norma social era y es que los hombresdeberían ganar lo suficiente para mantener a sus familias. Decir que ésta ha sido la norma no quiere decir que haya sido aplicada universalmente. De hecho, es precisamente el fracaso _de aplicar dicha norma que lo hace indigno de mención. De ahí la observación que en ausencia ‘de salarios suficientemente altos los moldes familiares “normativos” desaparecen, como por ejemplo, entre inmigrantes del siglo XIX y americanos del Tercer Mundo hoy en día. Oscar Handling, Boston Immigrant’s (New York: Atheneum, 1968) discute el Boston de mediados del siglo XIX, donde las mujeres irlandesas trabajaban en textiles; las mujeres cons- tituían más de la mitad de los trabajadores asalariados, y muy a menudo mantenían a sus esposos desempleados. El debate sobre la estructura familiar entre los.americanos negros aun hoy continúa en forma violen- ta; véase Carol B. Stack All Our Kin: Strategies for Survival in aBlagk Community (New York: Haper y Row, 1974) esp. cap. 1. Tambien podríamos argiiir (vé-ase abajo) que para la mayoría de las familias,

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la norma es mantenida por los lugares relativos que hombres y mujeres ocupan en el mercado laboral.

Hartmann en Women’s Work, sostiene que la esposa que no trabajaba,. era considerada, generalmente, como parte del'nivel d'e Vida del hombre a principios del siglo XX (véase p. 136, núm. 6) y Gerstein “Domestic Work” sugiere que la norma de la esposa que trabaja forma parte de la determinación del valor de la fuerza de trabajo masculina. Véase p. 121.

41 La importancia del hecho que las rn'ujeres realicen servicios de traba- jo para los hombres en el hogar, no puede ser demasiado enfatizada. Como dice Pat Mainardi en “The Politics of Housework”: “el tamaño de tu opresión es tu resistencia” (en Sisterhood is powerful, ed. Robin Morgan [New York: Vintage Books, 1970], p. 451). Su artículo quizás es tan importante para nosotros, como el de Firestone sobre el amor, que es un análisis de relaciones de poder entre mujeres y hombres ejemplificado por el trabajo doméstico.

42 Libby Zimmerman ha explorado la relación de los miembros en los- mercados laborales primarios y secundarios, con los patronales familia- res en Nueva Inglaterra. Véase Women in the Economy. A Case Study of Lynn, Massachusets, 1760-1974 (disertación inédita para el doctora- do en filosofía, Heller Schoool, Brandies, 1977). Batya Weinbaum está actualmente explorando la relación entre papeles familiares y lugares en el mercado laboral. Véase su “Redifining the Question of Revolu- tion”, Review of Radical Political Economics, vol. 9, núm. 3, (Fall, 1977) pp. 54, 78 y The Curious Courtship of Women’s Liberation and Socialism (Bóston: South End Press, 1978). Estudios adiciónales de la interacción de capitalismo y patriarcado pueden ser encontrados en Zillah Eisentein, Capitalist Patriarchy and the Case forSocialist Feminist Revolution (New York: Monthly Review Press, 1978);

43 Véase Batya Weinbaum y Amy Bridges, “The Other Side of the Paycheck: Monopoly Capital and the Structure of Consumption”, Monthly Review, vol. 28, núm. 3 (julio-agosto, 1976), pp. 88-103.

44 Para saber el punto de vista de Frankfurt School, véase Max Hork- heimer, “Authority and the Family”, en Critical Theory (New York: Herder & Herder, 1972) y-Frankfurt Instituto of Social Research, “The Family”, en Aspects of Sociology (Boston: Beacon, 1972).

45 Carol Brown, “Pathriarcal Capitalism and the Female-Headed Fami- ly”, Social Scientis (India), núms. 40-41 (noviembre-diciembre, 1975) pp. 28. 39.

46 Para más información sobre órdenes raciales, véase Stanley Green- berg, “Business Enterprise in A Racial Order” Politics and Society, vol 6, _núm. 2 (1976) pp. 213-240, y Muchel Burroway, The Color of Class in the Copper Mines: From African Advancement to Zambiani- zatíon (Manchester, England: Manchester University Press, Zambia Papers, núm. 7, 1972).

47 Véase Michel Reich, David Gordon, y Richard Edwards. “A Theory of Labor Market Segmentation”, American Economic Review, vol. 63, núm. 2 (mayo, 1973) pp. 359-365,_y el libro que ellos editaron,